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Declaración de La Misión

Este documento presenta una declaración sobre la misión educativa lasaliana en el siglo XXI. Resume la historia y principios fundamentales de la tradición pedagógica lasaliana desde su fundación por Juan Bautista de La Salle en el siglo XVII. También describe los desafíos actuales y futuros de la educación lasaliana y los actores involucrados en llevar a cabo su misión, incluidos los hermanos lasalianos, educadores laicos, estudiantes y otras partes interesadas. El objetivo es definir una visión

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Declaración de La Misión

Este documento presenta una declaración sobre la misión educativa lasaliana en el siglo XXI. Resume la historia y principios fundamentales de la tradición pedagógica lasaliana desde su fundación por Juan Bautista de La Salle en el siglo XVII. También describe los desafíos actuales y futuros de la educación lasaliana y los actores involucrados en llevar a cabo su misión, incluidos los hermanos lasalianos, educadores laicos, estudiantes y otras partes interesadas. El objetivo es definir una visión

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BORRADOR

DECLARACIÓN
SOBRE NUESTRA MISIÓN EDUCATIVA LASALIANA
EN EL SIGLO XXI

Introducción

PRIMERA PARTE

1.1 El fundamento humano de la fraternidad 5


1.2 Dos ideas preponderantes para La Salle
1.3 La Guía de las Escuelas Cristianas: un proyecto educativo comunitario
1.4 Los objetivos educativos de la Guía de las Escuelas Cristianas
1.5 Evolución y enriquecimiento de la tradición pedagógica lasaliana
1.6 Crecimiento del instituto fuera de Francia
1.7 Consolidación de los principios fundamentales
1.8 La Declaración del Hermano de las Escuelas Cristianas en el Mundo Actual:
fuente de vida y vitalidad para el Instituto
1.9 Hacia una misión compartida y nuevas realidades

SEGUNDA PARTE
Los actores implicados en la evolución de la misión educativa lasaliana a comienzos
del siglo XXI

2.1 Hermanos de las Escuelas Cristianas 12


2.2 Nuevos agentes de la misión lasaliana
2.3 Aporte de las mujeres a la misión
2.4 Aporte de los fieles de otras religiones a la misión lasaliana
2.5 Bienhechores Lasalianos
2.6 Jóvenes y Voluntarios Lasalianos
2.7 Antiguos alumnos lasalianos
2.8 Educación Superior Lasaliana
2.9 Otros grupos que comparten el carisma lasaliano
2.10 Organizaciones de la Sociedad Civil
2.11 Aportes de otros grupos dentro de la misión lasaliana

TERCERA PARTE
Principios inspiradores y perdurables de la tradición pedagógica lasaliana

3.1 Valores lasalianos fundamentales. 19


3.2 El núcleo de la misión lasaliana: La comunidad
3.3 La asociación es muy importante
3.4 La pedagogía de la fraternidad
3.5 Educar en y para la vida: Las características de la educación lasalIiana
3.5.1. La dimensión social de la educación
3.5.2. Educación integral e integradora
3.5.3. Educación cristiana
3.5.4. Educación centrada en el alumno

1
BORRADOR



3.5.5. Educación ligada a la vida
3.5.6. Educación eficaz y eficiente
3.5.7. Educación abierta a la sociedad, a la iglesia, a la familia

CUARTA PARTE
Mirando hacia el futuro. Desafíos educativos y pedagógicos

4.1 “Juntos y por asociación” PARA el servicio educativo de los pobres.


Nuevas pobrezas y diversas urgencias educativas 27
4.2 Nuestra respuesta a estos desafíos educativos
4.3 Humanismo y ciencia en educación
4.4 La apuesta por la democracia y la institucionalidad. Educar para la ciudadanía
y la vida política
4.5 Educar para el sentido crítico y la interioridad. Un desafío frente a las nuevas
tecnologías, las redes sociales, y la relativización de los principios y las
realidades.
4.6 El “cuidado de la Casa Común” y la educación en perspectiva de la ecología
integral
4.7 La educación lasaliana: una red mundial en pro del humanismo, la justicia y la
paz
4.8 La educación más allá de la escuela formal
4.9 Jesucristo: referente, inspiración, sostén y vida
4.10 Pedagogías para caminar, educar y transformar
4.11 Desde los paradigmas emergentes
4.12 Desde la inclusión al humanismo solidario
4.13 Desde el aprendizaje más que desde la enseñanza
4.14 Desde la ética hacia la formación del ciudadano responsable
4.15 El maestro: su rol irremplazable y su poder educador

5 Nuestra herencia educativa lasaliana


5.1 El testamento de San Juan Bautista de La Salle
5.2 Declaración Final 41

Glosario 44

2
BORRADOR

Introducción

Cuando escuchamos la palabra Declaración, solemos pensar en importantes


declaraciones históricas como, por ejemplo, la Declaración de Independencia de los
Estados Unidos de Norteamérica, la Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente durante la Revolución
Francesa y la Declaración Universal de Derechos Humanos de la UNESCO.

En 1966 -1967, después del Concilio Vaticano II de la Iglesia Católica, los Hermanos
de las Escuelas Cristianas tuvieron una reunión internacional (llamada Capítulo
General) con Hermanos delegados provenientes de más de 80 países. Estos
delegados representaban a casi 17.000 Hermanos y 3.000 miembros más jóvenes
que estaban en formación. Un número significativo de Notas fueron enviadas al
Capítulo sugiriendo que los Hermanos que así lo desearan pudiesen ser ordenados
sacerdotes y seguir siendo miembros del Instituto. Como expresión de la voluntad del
Instituto y de la más profunda conciencia de su naturaleza y misión, los Hermanos
consideraron apropiado formular una declaración de su identidad mediante una
Declaración titulada El Hermano de las Escuelas Cristianas en el Mundo Actual
(Declaración). Este documento no sólo reafirmó el carácter laical del Instituto, sino que
también enfatizó el llamado al “retorno a los pobres”. Las cartas Circulares publicadas
de 1966 a 1981 muestran hasta qué punto el Instituto tomó en serio el “retorno a los
pobres”.

La experiencia en todo el Instituto había llevado a los autores de la Declaración de


1967 a reconocer una expansión continua de la Misión, a través del creciente número
de hombres y mujeres que, sin ser miembros del Instituto, se encontraban preparados
para respaldarla como educadores. El texto de la Declaración los acogía
gustosamente por su valiosa contribución al desarrollo y expansión de los trabajos del
Instituto.

Esta Declaración, además, dio a conocer los principios que han conformado el
patrimonio educativo lasaliano desde sus inicios. Observar los casi 340 años de
historia del Instituto, nos permite identificar momentos de fortaleza, de supresión y
recuperación temporal, y de expansión más allá de su país de origen. El pasado de la
Misión Educativa Lasaliana parece sugerir que su desarrollo futuro no dependerá
exclusivamente de los Hermanos ni de los Capítulos Generales del Instituto.

En respuesta a la Propuesta 17 del 45º Capítulo General, Nosotros, miembros del


Consejo Internacional de Asociación para la Misión Educativa Lasaliana (CIAMEL),
presentamos a todos quienes están comprometidos en la educación lasaliana una
Declaración de la Misión Educativa Lasaliana para el s. XXI.

Como herederos del legado pedagógico y espiritual de Juan Bautista de La Salle y de


todos aquellos que han seguido sus pasos desde los orígenes hasta el presente, todos
ustedes comparten el título de educadores lasalianos:

a. siempre que se consideren hermanas y hermanos entre ustedes, asociados


en el desarrollo de sus actividades profesionales compartidas; y como

3
BORRADOR



hermanas y hermanos mayores de las personas que han sido confiadas a su
cuidado;

b. siempre que intenten responder a las necesidades físicas, materiales,


culturales y espirituales de niños, jóvenes y adultos a quienes sirven;

c. siempre que compartan sus dones personales y su tiempo libre y


desinteresadamente;

d. siempre que ayudan a otros seres humanos a superar los obstáculos que les
impiden vivir su vida digna y plenamente;

e. siempre que su propia fe los impulsa a amar y servir a otros menos


afortunados.

En la medida que hacen vida las características anteriores,

TODOS USTEDES COMPARTEN LA HERENCIA LASALIANA

4
BORRADOR

PRIMERA PARTE

En respuesta a la solicitud del Capítulo General de 1993, el Consejo General del


Instituto publicó, en 1997, el documento La misión lasaliana: educación humana y
cristiana: una misión compartida, cuya introducción comienza de la siguiente manera:

“Queridos Lasalianos:
Bienvenidos a esta introducción a vuestra HERENCIA LASALIANA, a la Tradición Viva
que os vincula con la primera escuela creada por Juan Bautista de La Salle en Reims,
en 1679, y, de igual manera, con todas las personas cuya misión educativa está
inspirada en la misma visión”.

La expresión “herencia lasaliana”, por lo tanto, se refiere a los principios


fundamentales de la labor educativa iniciada por Juan Bautista de La Salle y los
hombres que se reunieron en torno a él, para fundar el grupo conocido en la historia
como Hermanos de las Escuelas Cristianas. Este movimiento educativo fundado en
un momento determinado, en un país en particular, hace casi 340 años, continúa hoy
en día enriquecido por las diversas culturas en las que se ha encarnado, pero siempre
reconocible debido a ciertos principios fundamentales inalterados. Como estos
principios forman la herencia pedagógica lasaliana, aquellos de ustedes que los
salvaguardan pueden, con razón, considerarse como herederos.

Vamos a analizar esta herencia destacando la secuencia general de eventos, que


marcan el desarrollo de la educación [pedagogía] lasaliana, a partir de las primeras
escuelas de Reims, Francia, en 1679. Durante más de tres siglos, los Hermanos han
estado a punto de desaparecer en Francia por dos veces, pero hoy siguen existiendo
en casi 80 países. ¿Cuáles son los principios fundamentales que han permitido a
esta fraternidad y a su misión continuar con semejante vitalidad durante tanto tiempo?
¿Qué hizo posible la aplicación exitosa de estos principios en tantos países y culturas
diferentes? ¿Qué hizo posible superar barreras como raza, género, idioma y religión?

1.1 El fundamento humano de la fraternidad

La fraternidad lasaliana estuvo formada en sus orígenes por un grupo de hombres


que, en lugar de referirse a sí mismos como “maestros” o “profesores”, eligieron
llamarse “hermanos entre sí”, en la comunidad, y “hermanos mayores de los jóvenes
confiados a su cuidado”. Esta doble comprensión de la “hermandad” manifestaba a la
vez una identidad y una misión.

En la educación de los niños pobres por medio de la “escuela cristiana”, podemos


descubrir desde el inicio un importante tema unificador: la apertura para responder a
las necesidades locales, asociándose con otros para brindar un enfoque unificado
y ordenado resumido por La Salle en su conocida frase: juntos y por asociación. Los
principios prácticos para implementar esta visión basada en una relación cercana con
los alumnos fueron:

5
BORRADOR



• La comprensión que los Hermanos tenían de sí mismos como Hermanos entre
sí y hermanos mayores para los jóvenes confiados a su cuidado;
• La gratuidad de la escuela y su apertura a todos.
• La enseñanza en francés;
• La capacitación docente a los Hermanos. Además, La Salle, por tres veces en
su vida, puso en marcha el servicio de los seminarios para maestros rurales;
• El conocimiento y la atención a las necesidades locales.

1.2 Dos ideas preponderantes para La Salle

Juan Bautista de La Salle, sacerdote francés del siglo XVII, logró equilibrar dos ideas
preponderantes. Primera, todos merecen llegar a conocer a un Dios creador y
amoroso y apreciar su dignidad como cristianos practicando su religión. Pero ésta no
era simplemente una garantía vacía de la creencia cristiana en una vida futura feliz.
Segunda, desde un punto de vista práctico, los “hijos de los artesanos y pobres”
necesitaban recibir una educación gratuita que les permitiera encontrar trabajo en el
nuevo tipo de sociedad comercial que estaba emergiendo en pueblos y ciudades de
Francia, a lo largo del siglo XVII. Para La Salle y sus primeros Hermanos, esto
significaba no sólo aprender a hablar francés sino también aprender a escribirlo; en
aquel momento, éste era un privilegio reservado al gremio de los maestros que
enseñaban la escritura y recibían pago por ello. La Salle y sus primeros Hermanos
comprendieron también que la cortesía era esencial para que sus alumnos se
convirtieran en ciudadanos respetables.

Ambas ideas fueron abordadas por medio de la escuela lasaliana. La Salle recordó a
sus primeros Hermanos que: “estando los niños mañana y tarde bajo la dirección de
los maestros, puedan éstos enseñarles a vivir bien”. También instruyó a sus
Hermanos que recordaran a los padres que tenían la intención de sacar a su hijo de
la escuela, para obtener un beneficio temporal, que no lo hicieran, ya que “por pocos
alcances que tenga, sabiendo leer y escribir, será capaz de todo”6.

1.3 La Guía de las Escuelas Cristianas: un proyecto educativo comunitario

Tras 25 años de experiencia, durante los veranos de 1705 y 1706, La Salle convocó
a los “maestros más antiguos y experimentados” a compartir las mejores prácticas en
la escuela y a ponerlas por escrito. El fruto de estas reuniones fue el primer
manuscrito de lo que después se llamaría Guía de las Escuelas Cristianas (Guía).
Dicho manuscrito fue enviado a las comunidades para ser puesto en práctica. En
1717, los Hermanos fueron invitados a enviar sus comentarios y sugerencias a La
Salle, quien trabajó en la preparación de la versión impresa de la Guía. Como indica
el prefacio de la edición príncipe de 1720, La Salle redactó esta Guía “sólo después
de un gran número de intercambios entre él y los Hermanos más antiguos del Instituto
y los más capaces de dirigir bien una escuela”. Este manual pedagógico, considerado
como un clásico de la educación occidental, estableció los principios de la educación
lasaliana. El carácter consultivo de su elaboración había ya iniciado con el diálogo que
llevó a los maestros a llamarse a sí mismos “Hermanos”, y continuó con la formulación

6
La Guía de las escuelas, Obras Completas p. 110

6
BORRADOR



de los importantes principios perdurables de la pedagogía lasaliana. Además de los
Hermanos, muchos otros grupos dedicados a la enseñanza, dentro y fuera de Francia,
hicieron uso extenso de la Guía. Igualmente, algunas congregaciones de religiosas la
adaptaron para la enseñanza de las niñas.

1.4 Los objetivos educativos de la Guía de las Escuelas Cristianas

La Guía de las Escuelas Cristianas no fue un tratado teórico sobre la educación


porque se basaba en la experiencia de los maestros que enseñaban a los “hijos de
los artesanos y los pobres”. En sus cartas a los Hermanos, La Salle a menudo repetía
su deseo de que “la escuela marchara bien”. El Hermano Léon Lauraire, en el cuarto
volumen de sus estudios sobre la Guía7, resumió los seis objetivos de la misma de la
siguiente manera:

a. Favorecer la promoción socio - económica de los alumnos;


b. Experimentar en la escuela una sociedad fraterna fundada sobre el respeto
recíproco, la ayuda mutua permanente, las relaciones interpersonales afables;
c. Construir una iglesia más evangélica, viva y dinámica;
d. Formar personas libres y autónomas, capaces de situarse en la sociedad y en
la Iglesia mediante su trabajo;
e. Establecer relaciones educativas fuertes y de gran calidad;
f. Trabajar en equipo educativo y buscar sin cesar el consenso.

Sustentada en los seis objetivos anteriores, la obra de La Salle se expandió en Francia


y continuó educando a los “hijos de artesanos y pobres”, a lo largo del siglo XVIII, a
pesar de los ataques persistentes de los filósofos. Éstos intelectuales advirtieron que
la educación de los pobres amenazaba la estructura tradicional de la sociedad
francesa, ya de por sí turbulenta.

1.5 Evolución y enriquecimiento de la tradición pedagógica lasaliana

El Hermano Léon Lauraire resume la evolución de la respuesta del Instituto a las


nuevas necesidades, durante el siglo XIX, mediante la siguiente lista:
“Orfanatos, cursos en las cárceles, escuelas para sordomudos, cursos para jóvenes
aprendices y para obreros, Escuelas Normales, Obras de Perseverancia, la Sociedad
de San Francisco Javier, los clubes juveniles, cursos de agricultura, cursos para
soldados analfabetos, la enseñanza secundaria moderna, la obra de San Benito José
Labre”. Buscar cita…

Es notable que todas estas respuestas se desarrollaron principalmente en la escuela,


incluso cuando una necesidad particular pudiera haber surgido fuera del contexto
escolar. Conforme las sociedades se desarrollaban y los gobiernos iban tomando
gradualmente el control de la educación, seguía existiendo una relación simbiótica
entre las llamadas actividades extracurriculares y la importancia perdurable de la
noción de escuela. Cada vez más, los Hermanos fueron asumiendo la tarea de la

7
Cahiers lasalliens No.67, pp.20-21

7
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composición y publicación de libros de texto para las escuelas primarias, secundarias
y cursos profesionales nocturnos para adultos, por ejemplo, trabajadores ferroviarios
del gobierno francés.

En la reforma educativa de Guizot, en 1833, al Instituto se le confiaron escuelas


primarias públicas. A medida que fueron tomando conciencia de las nuevas
necesidades de los pobres, los Hermanos continuaron abriendo obras como “cursos
complementarios”, “escuelas primarias superiores”, 39 internados, escuelas
comerciales y escuelas agrícolas.

Con el apoyo del estado, más de 200 Hermanos trabajaron en prisiones, impartieron
clases especiales para los hijos de oficiales de aduanas, enseñanza para grumetes y
una escuela para personal de la marina. Después de recibir la capacitación adecuada,
a los Hermanos se les encomendaron tres escuelas para sordos y mudos. Las
escuelas de Vaugirard e Issy-les-Moulineaux, en 1862, capacitaron niños y jóvenes
como talladores de la madera y del bronce, fabricantes de instrumentos musicales,
ópticos, joyeros, diseñadores de chales, doradores de la madera, talabarteros,
escultores, carpinteros y otros. “La enseñanza de la agricultura, iniciada por primera
vez en la escuela de Beauvais, en la década de 1840, ha continuado en algunas
escuelas lasalianas de Francia hasta la actualidad, y la escuela original ahora forma
parte de la Universidad Católica de París8.

1.6 Crecimiento del instituto fuera de Francia

Durante el largo periodo de liderazgo del Hermano Philippe Bransart como Superior
General, el Instituto se desplazó del mundo francófono a Egipto y Palestina, a partes
del entonces Imperio Británico (Penang y Singapur, 1852), y al Ecuador y Argentina,
en América Latina. Durante el generalato del Hermano Philippe, de 1838 a 1874, hubo
en total 1002 nuevas fundaciones, más de una cuarta parte de las cuales estaban
fuera de Francia.

La expansión del Instituto a los Balcanes, Egipto y el Mediterráneo oriental puso a los
Hermanos en contacto diario con alumnos que eran judíos o musulmanes. En las
escuelas de Egipto y Palestina, y en otras de Asia, como las de Penang, Singapur,
India, Sri Lanka y Hong Kong, los cristianos eran una minoría entre los alumnos
musulmanes, hindúes, budistas y confucionistas.

1.7 Consolidación de los principios fundamentales

El desarrollo de la educación pública en Francia y, en general, en todo el mundo


occidental, durante el siglo XIX, supuso inevitablemente un desafío para algunos de
los principios fundamentales desarrollados en las escuelas del Instituto,
especialmente a medida que más y más fundaciones se hacían fuera de Francia.
Cuatro de estos desafíos fueron:


8
Los ministros Duruy y Simon que visitaron las secciones agrícolas de las escuelas de los Hermanos en
Passy y Beauvais comentaron: "Esperamos, señores, que no se molesten si seguimos sus pasos"
Boletín del Instituto No.13, enero de 1925, p.305

8
BORRADOR



a. La oposición del Instituto, después de 1817, a la llamada Enseñanza Mutua9.
Este tipo de enseñanza era una adaptación de la metodología de Lancaster-
Bell utilizada en algunos lugares de Inglaterra, según la cual un solo maestro
transmitía su enseñanza a unos monitores, quienes, a su vez, se la pasaban
a un máximo de diez alumnos. En su oposición a la introducción de este
método en Francia, los Hermanos pusieron de relieve la importancia de la
relación de los hermanos mayores con sus alumnos.

b. El principio de la gratuidad establecido en el período de la fundación se hizo


cada vez más difícil de mantener en Francia. Después de las leyes estatales
de educación de 1833, los Hermanos encontraron mayores dificultades para
mantener las escuelas primarias en las aldeas, porque las autoridades locales
esperaban que los padres proporcionaran el dinero para el mantenimiento de
las escuelas.

c. La histórica prohibición sobre la enseñanza del latín se convirtió gradualmente


en una fuente de conflicto fuera de Francia, en especial, aunque no
exclusivamente, en el mundo de habla inglesa; la educación en Italia y en
Europa Central también requería el latín. En los Estados Unidos, donde en
ocasiones hubo una marcada oposición contra las escuelas católicas, la
jerarquía eclesiástica solicitó a los Hermanos abrir escuelas secundarias y,
más tarde, universidades de las que egresarían las futuras generaciones de
clérigos. Como la matriculación universitaria no era posible sin el latín, la
jerarquía de los Estados Unidos insistió en que el latín era esencial para las
instituciones de los Hermanos. Visto objetivamente, el hecho de que el
Consejo General no haya apreciado las diferentes circunstancias de la Iglesia
fuera de Francia, especialmente en el mundo de habla inglesa, estuvo a punto
de provocar un cisma que no se resolvió sino hasta la concesión de un
rescripto papal, en 1923.

d. A pesar de que la celebración nacional en Francia de la canonización de Juan


Bautista de La Salle, en 1900, resaltó la importancia de las escuelas de los
Hermanos, el movimiento anticlerical, que se desarrolló fuertemente a lo largo
del siglo, acusó a la Iglesia Católica y a todos aquellos asociados a ella de
favorecer a la nobleza durante el Imperio de Napoleón III, en lugar de apoyar
el creciente movimiento de la clase trabajadora.

La llegada del siglo XX supuso para los Lasalianos nuevos desafíos, nuevos lugares
y nuevas realidades. También significó que el Instituto tuvo que renacer en diferentes
culturas y establecerse en lugares impensables en tiempos del Fundador.

La historia lasaliana de este siglo hasta el 39º Capítulo General de 1966 - 1967 se
desarrolla en el contexto de las “leyes de la secularización” de 1904 en Francia, la
Primera Guerra Mundial de 1914-1918, la depresión económica mundial de finales de
los años 20 hasta mediados de la década de 1930, la Guerra Civil Española de 1936-
1939, la Segunda Guerra Mundial, los comienzos de la Guerra Fría, los conflictos en
Corea y Vietnam, y la celebración del Concilio Vaticano II. La misión educativa del
Instituto, ahora de dimensión mundial, se vio afectada por todos estos eventos


9
Método de enseñanza mutua

9
BORRADOR



trascendentales. Los siguientes temas tuvieron una relevancia significativa para el
futuro del movimiento lasaliano:

a. la creciente dedicación a estudios serios sobre la vida, los tiempos y los


escritos de Juan Bautista de La Salle. La publicación de dichos estudios
fortaleció el patrimonio histórico, espiritual y educativo del Instituto, al
proporcionar un material excelente para los programas de formación de los
Hermanos y de sus colaboradores;
b. la revisión y actualización de las Reglas Comunes según el espíritu del
Concilio Vaticano II. El éxito de los esfuerzos que, entre 1987 y 2013,
condujeron finalmente a que la Iglesia reconociera oficialmente la importancia
histórica del voto fundacional de 1694: la Asociación;
c. la aprobación de la Declaración de los Hermanos de las Escuelas Cristianas
en el Mundo Actual. Este documento confirmaba la identidad laical esencial
del Hermano y, en el espíritu del Concilio Vaticano II, reconocía formalmente
el papel de los laicos como asociados en la educación lasaliana;
d. la disminución, a partir de la década de 1970, del ingreso de nuevos miembros
en el Instituto y, por otra parte, la salida creciente de Hermanos profesos;
e. la elección del Hermano Charles Henry Buttimer, de los Estados Unidos,
marcó en el Instituto el cambio del liderazgo tradicional francés a una
representación cada vez más internacional.

1.8 La Declaración del Hermano de las Escuelas Cristianas en el Mundo Actual:


fuente de vida y vitalidad para el Instituto

El tema común abordado por el Concilio Vaticano II y por sucesivos documentos de


la Iglesia como “opción preferencial por los pobres” ha marcado la renovada atención
del Instituto a su misión educativa como “servicio a los pobres por medio de la
educación”. El Capítulo VI de la Declaración hizo un amplio análisis del servicio a los
pobres planteando cuestiones tales como: ¿Quiénes son los pobres?, ¿Cómo
erradicar la pobreza?, ¿Qué tipo de escuela para los pobres? ¿Cómo atender a otras
clases sociales? ¿Cómo ayudar verdaderamente a los más necesitados? Este
Capítulo considera también la necesaria preparación y orientación práctica para este
trabajo. Las palabras finales destacan el desafío planteado al Instituto por la
necesidad de “regresar a los pobres”10.

Otro tema considerado en la Declaración como fuente de vitalidad es el papel del


“maestros laicos”. Tanto la Regla de 1967 como la Declaración hicieron referencia a
este tema. La Regla especifica que los Hermanos:
“Colaboran, estrechamente unidos con los maestros seglares y los demás
responsables, a la educación de los jóvenes. Trabajan asociados a todos aquellos
que promueven la justicia y la unidad entre los hombres”11.

La Declaración, por su parte, ofreció una visión más amplia señalando que:

“La comunidad escolar sólo podrá surgir si existe de antemano la


comunidad educadora, cuya riqueza depende de la diversidad y

10
Declaración 34,4
11
RC 9,K

10
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unidad entre sus miembros. Por lo cual, deben colaborar gustosos los
Hermanos con los seglares que suministran a la comunidad educadora
la aportación irremplazable de su conocimiento del mundo, de su
experiencia familiar, cívica y sindical. Procedan de tal modo, que los
maestros seglares estén en condiciones de ocupar dignamente su
puesto en toda la vida de la escuela…”12

Ambos documentos llaman la atención sobre lo que ahora reconocemos con mayor
claridad como la participación creciente de los laicos en el carisma lasaliano,
especialmente a través de su trabajo en escuelas que se inspiran cada vez más en la
visión educativa de Juan Bautista de La Salle.

1.9 Hacia una misión compartida y nuevas realidades

La misión de la educación lasaliana, iniciada y preservada por generaciones de


Hermanos durante mucho tiempo, se ha ampliado y enriquecido cada vez más con
los dones que han aportado todos aquellos que se han asociado con los Hermanos
en esta misión y que la comparten de diversas maneras. El incremento más notable
en las obras lasalianas en los últimos años ha sido el número de mujeres. Los dones
aportados por los laicos han enriquecido el movimiento gracias a su diversidad de
identidad y vocación.


12
D 46,3

11
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SEGUNDA PARTE

Los actores implicados en la evolución de la misión educativa lasaliana a comienzos


del siglo XXI

2.1 Hermanos de las Escuelas Cristianas

Reconocemos el inmenso valor de lo que Juan Bautista de La Salle y los primeros


Hermanos, bajo la guía amorosa de Dios, lograron al dar inicio a la fundación de uno
de los frutos más bellos de la vida de la iglesia: la creación de un Instituto, entregado
total y exclusivamente a la educación cristiana de niños y jóvenes. Muy pronto, este
Instituto fue conocido como Hermanos de las Escuelas Cristianas. Entonces, como
hoy, un trabajo tan brillante no hubiera sido posible sin la pasión sostenida que emana
de una comunidad que vive para llevar a cabo dicha misión.

Inspirados y atraídos por el carisma inicial de los primeros Hermanos, miles de jóvenes
y adultos a lo largo de la historia, en muchos países y culturas, han continuado la
misión de la educación humana y cristiana. Para ello, han consagrado sus vidas a
esta misión dedicándole lo mejor de sí mismos a fin de difundirla. De esta manera,
han vivido plenamente su vocación personal fortalecida en el seno de una comunidad,
siempre al servicio de la sociedad y de la Iglesia. Durante casi tres siglos, hablar de
Instituto fue sinónimo de hablar de los Hermanos. Hoy en día, en muchos lugares, las
obras lasalianas, como colegios y escuelas, todavía se conocen como obras de los
Hermanos.

Debido a circunstancias históricas concretas, en algunos casos, y por iniciativa propia


en otros casos, los Hermanos irradiaron su obra en muchos países y culturas. Esta
presencia internacional siempre ha sido releída y celebrada, en lenguaje cristiano,
como una gracia más del Espíritu para anunciar la Buena Nueva del Evangelio a todos
los pueblos. Pero el énfasis en el “presente” ha favorecido la toma de conciencia de
todos los lasallistas acerca de las necesidades humanas de las personas con quienes
entran en contacto.

El compromiso de difundir el evangelio en forma adaptada al presente, la adhesión al


modelo de Iglesia impulsado por el Concilio Vaticano II y la atención a los signos de
los tiempos, han motivado a los Hermanos, en las últimas décadas, a compartir el
carisma lasaliano con los laicos más cercanos a ellos, cuya presencia en las obras ya
era significativa. La rápida comprensión de la misión compartida, un tesoro que
desbordó la comunidad de los Hermanos, hizo posible que tanto laicos como
Hermanos, animados por una confianza mutua, se embarcaran en una aventura
común, para responder mejor a una misión que, definitivamente, entendemos como
nuestra.

El mismo celo, la misma pasión, el mismo amor de los orígenes, continúa inspirando
hoy a muchos jóvenes y adultos que encuentran atractiva la misión lasaliana, por ser
actualmente mucho más rica, plural y participativa. Esta atracción lleva a muchos de
ellos a dedicar sus vidas a una misión cuyo origen y finalidad es la educación integral
de los pobres. Estos jóvenes y adultos encuentran en la vida fraterna y en la misión
compartida, vividas ambas en comunidad, un tesoro gracias al cual logran satisfacer
sus aspiraciones más profundas.

12
BORRADOR

2.2 Nuevos agentes de la misión lasaliana

Desde su inicio, la pedagogía lasaliana siempre ha tenido un carácter muy distintivo y


singular porque sitúa las relaciones fraternas en el centro de su actividad. Los
Hermanos entre ellos mismos y en su vida en común, los Hermanos respecto a sus
alumnos en la realización de actividades diarias, los alumnos entre sí en su
convivencia cotidiana hacen visible el ideal del evangelio: todos ustedes son
hermanos. Este entorno fue el ecosistema natural del crecimiento fraterno lasaliano.
La semilla de una fraternidad vivida sencillamente, aprendida por ósmosis,
contrastada continuamente con el mensaje de Jesucristo, ha sido uno de los valores
proféticos aportados por la actividad lasaliana en favor de la iglesia católica y de la
sociedad.

A partir de la segunda mitad del siglo XX apareció en este entorno un nuevo actor: el
profesor laico, hombre o mujer. Esta presencia ha tenido un crecimiento notable y
constante hasta hoy; muestra de ello es que, en cuatro décadas, llegó a representar
más del 95%. Este crecimiento constituyó una especie de revolución copernicana,
rápida, imprevisible y compleja de gestionar. ¿Cómo podrían estos agentes mantener
y/o fortalecer el estilo de relación fraterna viviendo el mismo compromiso, haciendo el
mismo trabajo, estableciendo relaciones fraternas, pero viviendo estilos de vida
diferentes? ¿Cómo serías las relaciones en una nueva comunidad educativa en la que
la presencia de los Hermanos fuera menos visible? ¿Podrían estos profesores laicos
mostrar el dinamismo y asumir los roles ejercidos por los Hermanos durante más 300
años?

Desde la perspectiva católica el Concilio Vaticano II ha sido uno de los mayores dones
de Dios para el mundo moderno, en particular por promover la solidaridad de la Iglesia
entera con las alegrías, esperanzas y temores de todos los pueblos. La reflexión
teológica, la doctrina social, la comprensión del mundo, de la historia y, más
concretamente, de la Iglesia, desarrolladas por el Concilio, han abierto caminos y
ofrecido respuestas creativas a preguntas fundamentales que se plantean los seres
humanos hoy. La nueva comprensión de la Iglesia como pueblo de Dios, la defensa
de la dignidad e igualdad de todos los seres humanos sin distinción, la recuperación
de la importancia de la consagración bautismal, por enumerar algunos aspectos
relevantes fruto del Concilio, han sido determinantes en la evolución de la comunidad
educativa lasaliana.

En esta Comunidad enriquecida por los aportes del Concilio, Hermanos y Laicos se
sienten convocados y reunidos por Dios, cada uno con su vocación personal, para
responder a las necesidades de la sociedad. La asociación para la misión lasaliana
se vive hoy en diversos lugares, como respuesta a la llamada específica de personas
con diferentes estilos de vida, tradiciones culturales e, incluso, religiones. Esa llamada
es recibida y vivida como el ministerio que, en palabras de La Salle, consiste en ser:
“embajadores y ministros de Jesucristo”, y que han ejercido los lasalianos desde los
orígenes.

Cada vez más, un mayor número de laicos se consideran a sí mismos portadores del
legado de Juan Bautista de La Salle y así lo afirman con orgullo. Motivados por su
compromiso, junto con los Hermanos se declaran corazón, memoria y garantía de la
misión compartida. Por mucho tiempo, este papel perteneció exclusivamente a los

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Hermanos. Gracias a su fuerza asociativa, la misión lasaliana congrega hoy a decenas
de miles de personas que, con diversidad de funciones y dones, caminan junto a
personas, prácticamente de todas las edades, para ayudarles a alcanzar la plenitud
humana. Además de estos educadores, existen también decenas de miles de
personas que trabajan en la administración y en otros servicios y lo hacen con el
mismo espíritu de fe y celo. Todos cuantos participan en las obras lasalianas están
listos para ofrecer lo mejor de sí mismos, animados por el espíritu de
corresponsabilidad y subsidiariedad contenido en la expresión tradicional de La Salle:
juntos y por asociación. Este principio constituye la principal fortaleza de las
Comunidades Lasalianas.

La contribución de los laicos, inicialmente vista y aceptada con reservas en obras


dirigidas exclusivamente por los Hermanos, es reconocida y valorada como plena
colaboración. Este ha sido un paso decisivo en el desarrollo de la misión educativa
lasaliana. En este contexto, cada vez más laicos aceptan participar en las estructuras
del Instituto y ayudan a definir la identidad lasaliana de manera más amplia. El Instituto
considera esta comunión como una gracia extraordinaria. Nunca antes como hoy, la
misión ha involucrado a gente de tantas nacionalidades, culturas, tradiciones y
religiones como está sucediendo en la actualidad.

Estos cambios tan profundos vividos las últimas décadas han sido una transformación
colosal. La presencia de colaboradores laicos en las obras lasalianas representa
aproximadamente el 98% del total de agentes comprometidos en la misión. Gracias
al trabajo de todos ellos, la misión responde a las necesidades de los niños, jóvenes
y adultos con un impacto y alcance inusitados.

El 41º Capítulo General de 1986 reconoció este importante crecimiento de la


participación de los laicos en la misión definiéndola como: una misión compartida,
para destacar la estrecha colaboración entre Hermanos y laicos. Es importante
destacar también que la palabra aceptada por los delegados de los principales grupos
lingüísticos para referirse a los laicos fue "colaboradores".

Por su parte, el 43º Capítulo General del año 2000, reconoció la figura del Asociado.
Un Asociado es una persona que, además de compartir la misión, escucha la llamada
a profundizar la espiritualidad y la dimensión comunitaria del carisma. Los Asociados
siguen un itinerario dinámico que incluye experiencias tales como: el servicio a los
pobres, la vida de fe, la pertenencia a la comunidad y la apertura universal. Por otro
lado, alcanzan un alto nivel de formación lasaliana y se comprometen por un tiempo
determinado. Algunos Asociados eligen hacer un compromiso formal mientras que
otros viven su compromiso de facto.

Es importante destacar también entre estos nuevos agentes la presencia


complementaria y valiosa de sacerdotes, religiosos de otros institutos y
congregaciones no lasalianas, y otras personas consagradas, quienes aportan la
diversidad de sus carismas. Esta colaboración es por sí misma un mensaje importante
para los niños y los jóvenes y un factor importante en su formación.

14
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2.3 Aporte de las mujeres a la misión

Las recientes estadísticas anuales del Instituto revelan el crecimiento continuo del
número de mujeres en el panorama educativo de la educación lasaliana. La presencia
femenina ha supuesto una parte integral de la misión lasaliana desde los inicios, por
ejemplo el apoyo de Madame de Maillefer y Madame de Croyères a las dos primeras
escuelas de Reims. Hoy en día, a través de su creciente número, las mujeres
lasalianas hacen posible brindar una educación de calidad y, a diferencia de los
orígenes, extendida hoy a hombres y mujeres, en todos los niveles y diversos tipos de
educación.

Los lasalianos están orgullosos de la presencia femenina en todos los aspectos del
espectro educativo, desde la enseñanza, la administración, la investigación. La mujer
lasaliana es consciente del alcance y valor de su aportación a una educación que
pretende ser más integral y armoniosa. Las mujeres, en general, aportan a la
educación lasaliana una fuerte dosis de sensibilidad y empatía que enriquece la tarea
educativa con una dimensión previamente poco estimada. El instinto femenino y, en
muchos casos, la experiencia de la maternidad representa valores preciosos para una
educación más armónica.

Junto con sus colegas masculinos y de manera complementaria, las mujeres


recuerdan a los estudiantes que una complementariedad saludable representa una
gran riqueza que hace posible al ser humano lograr lo mejor de sí mismo.

2.4 Aporte de los fieles de otras religiones a la misión lasaliana

Ser Lasaliano es, sobretodo, una manera de vivir, de ser portador de los valores de la
propia religión, que se enriquecen cuando se comparten. Por tanto, ser lasaliano no
depende de una cultura o de un credo religioso. Esta convicción ha hecho posible la
existencia y relevancia de lasalianos que profesan religiones diferentes a la católica
en zonas geográficas caracterizadas por su carácter multirreligioso. Gracias a estos
lasalianos no católicos, el mundo de La Salle es más universal y más fraternal.
Tenemos que agradecer a varios Superiores Generales por haber declarado
firmemente que los lasalianos pueden ser miembros de otras religiones, o incluso no
creyentes. El documento de Misión Compartida de 1997 del Consejo General afirma
claramente en 3.2.6:

Todos los educadores que trabajan en las escuelas y obras lasalianas


están invitados a compartir los principios comunes y los acentos
particulares que son esenciales a la herencia lasaliana. En la medida que
estos educadores sientan que pueden aportar sus propios dones a la
educación lasaliana, pueden sentirse legítimamente copartícipes de la
total misión educativa, llevada a cabo en su respectiva institución.

También deberían sentir que están aportando los elementos distintivos


de sus propias tradiciones religiosas como cristianos protestantes,
musulmanes, judíos, budistas, hindúes, confucionistas o sintoístas, a las
comprensiones religiosas y a las tradiciones espirituales que son
esenciales para la educación lasaliana. En un sentido muy importante,
los educadores lasalianos deberían considerarse a sí mismos como

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contribuyentes a la ampliación y enriquecimiento del tradicional sentido
de responder a las necesidades, propio de la herencia lasaliana, cada vez
que comparten y aportan a los alumnos sus talentos personales. En este
intercambio fundamental de dones, la escuela lasaliana puede ayudar a
desarrollar aún más los importantes principios del diálogo ecuménico e
interreligioso.

Po su parte, el Papa Francisco después de su visita a los Estados del Golfo en febrero
de 2019 publicó conjuntamente con el Gran Imán de Al-Azhare un documento sobre
la Fraternidad Humana para la Paz Mundial y Vivir Juntos. Ellos nos recuerdan que:
"La fe lleva al creyente a ver en el otro a un hermano o hermana que debe ser apoyado
y amado (par.1).

Y continúan:
Un documento que invita a todas las personas que tienen fe en Dios y en
la fraternidad humana a unirse y trabajar juntos para que sirva de guía a
las generaciones futuras en el avance de una cultura de respeto mutuo
en la grandeza de la gran gracia divina que hace a todos los seres
humanos hermanos y hermanas. (par.5)

2.5 Bienhechores Lasalianos.

La herencia lasaliana muestra que en los orígenes del Instituto, las fundaciones de
escuelas respondían, sobre todo, a invitaciones de las autoridades eclesiales, tales
como obispos o párrocos. Sin embargo, cada vez más aparecieron escuelas
sostenidas por laicos reconocidos como bienhechores. Desde principios del siglo XVIII
hasta el presente, la historia de cada Región del Instituto registra el apoyo de
numerosos bienhechores que han hecho posible el establecimiento y desarrollo de la
obra lasaliana.

2.6 Jóvenes y Voluntarios Lasalianos.

Es ampliamente reconocida la capacidad de los jóvenes para entrar en contacto con


las personas más vulnerables de la sociedad. Aunadas a esta capacidad, su
disponibilidad para la movilidad, su trabajo en red, y sus conexiones, auguran un
futuro prometedor. Mención especial merecen los voluntarios lasalianos quienes se
comprometen con la misión a corto y mediano plazo, dentro y fuera de sus lugares de
origen, tanto en la ciudad como en las áreas rurales. Cada año, grupos de jóvenes y
adultos realizan actividades de servicio en los cinco continentes, por ejemplo:
construcción de viviendas, enseñanza de idiomas, trabajo educativo y de salud, entre
otras. Recientemente y en algunos lugares, no son pocos los jóvenes que han
experimentado durante algún tiempo los diferentes aspectos de la vida de comunidad
de los Hermanos.

En las dos últimas décadas, el Consejo Internacional de los Jóvenes Lasalianos se ha


consolidado. Este organismo respaldado por el gobierno central del Instituto coordina
numerosos proyectos y actividades a nivel global. Su actividad está inspirada por los
tres valores lasalianos fundamentales: fe, comunidad y servicio. Además, esta
actividad es siempre respetuosa de la diversidad cultural y religiosa de los

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destinatarios porque es interpretada como una manifestación del Espíritu que da vida,
fortalece la relación fraterna y mueve corazones.

2.7 Antiguos alumnos lasalianos.

Al final de su formación, muchos jóvenes muestran su interés de pertenecer a una red


que continúe acompañándolos durante el resto de sus vidas, no sólo para perpetuar
recuerdos sino, sobre todo, para proseguir su formación y fortalecer su conexión
profesional. Al mismo tiempo, muchos buscan pertenecer a otras redes mundiales con
capacidad para poder establecer conexiones extraordinarias, como lo hacen varios a
través de la Unión Mundial de Antiguos Estudiantes Lasalianos (UMAEL).

Los graduados aprecian el impacto que los métodos y principios lasalianos han tenido
en su desarrollo personal. La gran cantidad de asociaciones de antiguos alumnos
demuestra que la experiencia de la escuela ha creado un vínculo y una cercanía con
el carisma lasaliano. Los antiguos alumnos no se aferran simplemente a los recuerdos
nostálgicos, sino que participan activamente en el desarrollo de la misión iniciando en
escuela de origen. Sus ideas y experiencias enriquecen el patrimonio cultural
lasaliano. Los antiguos alumnos constituyen un criterio útil y apropiado para
determinar en qué medida la educación lasaliana es un instrumento de salvación
personal y un servicio a la sociedad.

2.8 Educación Superior Lasaliana.

No obstante que la educación superior en el Instituto tuvo sus inicios desde mediados
del s. XIX, especialmente en Francia y en los Estados Unidos de Norteamérica, la
creación de universidades lasalianas es una realidad más reciente. La creación y
consolidación de una red de estas instituciones recibió un impulso extraordinario
durante la segunda mitad del siglo XX y comienzos del siglo XXI; y en la actualidad
sigue creciendo. El impulso a la formación de la Asociación Internacional de
Universidades Lasalianas (AIUL) ha puesto de relieve el reconocimiento del Instituto
al valor de la educación universitaria. Esta Asociación se ha convertido en la segunda
red más grande del Instituto.

Los últimos Superiores Generales y Capítulos Generales han destacado la


importancia de este nivel educativo entre los servicios que presta el Instiuto a la
sociedad, entre otras razones por que:
a. permite a los jóvenes educados en centros lasalianos o en otros centros,
acceder a una formación universitaria;
b. completa una educación que para muchas familias resultaba inconcluso;
c. contribuye a la formación de personas, en el amplio sentido del término, pues
gracias a su formación promoverán la transformación de la sociedad;
d. ofrece posibilidades de colaboración con el resto de instituciones educativas
lasalianas, tales como: la formación y actualización de docentes, la difusión de
la cultura, entre otras;
e. brinda posibilidades de investigación y transferencia de conocimiento en
asuntos de interés institucional.

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2.9 Otros grupos que comparten el carisma lasaliano.

A lo largo del siglo XX, el carisma lasaliano atrajo a grupos de seguidores que
deseaban crear instituciones educativas con personalidad jurídica propia, para
responder a necesidades. En el nacimiento de estos centros siempre estuvo presente
la influencia decisiva de algunos Hermanos de La Salle. Así pues, existen otras
instituciones que comparten la finalidad que el Instituto y contribuyen notablemente a
la difusión de la pedagogía lasaliana. Una declaración sobre la forma de educar con
el estilo lasaliano no estaría completa sin tener en cuenta la riqueza de estas obras.

La espiritualidad y el carisma de Juan Bautista de La Salle inspiraron la fundación de


un Instituto secular llamado: Unión de Catequistas de Jesús Crucificado y de María
Inmaculada. Posteriormente, fueron fundados también dos institutos femeninos de
vida consagrada: Hermanas Guadalupanas de La Salle y La Salle Sisters. Más
recientemente, se fundó también la fraternidad Signum Fidei.

2.10 Organizaciones de la Sociedad Civil

La llamada para atender a los más débiles, a los excluidos y a los últimos, ha movido
eficazmente al mundo Lasaliano a buscar soluciones de enorme creatividad y
solidaridad. Una de ellas ha sido acudir a Organizaciones de la Sociedad Civil
externas y a establecer las propias, las cuales se han convertido en agentes
privilegiados para canalizar las fuerzas de toda la red lasaliana hacia zonas menos
favorecidas y para promover iniciativas globales.

2.11 Aportes de otros grupos dentro de la misión lasaliana

El convencimiento del carácter relevante de los principios de la educación lasaliana


hace que más personas y grupos se asocien con sus valores y métodos. Conscientes
del potencial de la educación lasaliana para promover la transformación personal, los
patrocinadores y los bienhechores actuales coadyuvan a los procesos educativos de
las instituciones lasalianas. Al mismo tiempo, familias, amigos, asociaciones,
empresas y otros agentes desean contribuir a los proyectos de las instituciones
lasalianas. De esta manera, trabajando codo con codo en las instituciones lasalianas,
promueven la igualdad de oportunidades para niños y jóvenes.

La Cuarta Parte de esta Declaración desarrolla una reflexión sobre el tipo de desafíos
a los que se enfrentan los educadores lasalianos en el mundo de hoy.

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TERCERA PARTE

Principios inspiradores y perdurables de la tradición pedagógica lasaliana

La Primera y Segunda Partes de esta Declaración resumieron la evolución continua


de las obras lasalianas, durante más de 300 años. Con esa base, las páginas
siguientes presentan las convicciones subyacentes que han sido y siguen siendo los
principios fundamentales de la educación lasaliana.

En la Primera Parte, sólo fueron mencionados los principios pedagógicos lasalianos,


tal como fueron expuestos por el H. Léon Lauraire en su extraordinaria obra sobre la
Guía de las Escuelas. Es importante ahora profundizar esa magnífica síntesis acerca
de una educación que persigue promover la formación de personas libres y que saben
vivir bien, y así mismo, preparar para la vida y para la construcción social. Ambos fines
se consiguen a partir de una pedagogía fraterna, sustentada en los valores
evangélicos y en la calidad de las personas que conforman la comunidad educativa13.

3.1 Valores lasalianos fundamentales.

Lo específicamente lasaliano tiene que ver con un estilo, una metodología y una
tradición que se explicitan en una relación pedagógica rica, constructiva y
personalizada. Esta relación pedagógica está inspirada en una espiritualidad que se
sustenta en la fe, la fraternidad y el celo ardiente. Estos tres valores resultan
significativos y relevantes para el mundo de hoy.

3.1.1 En la triada clásica de La Salle, la fe consiste en “no mirar nada sino con los ojos
de la fe, no hacer nada sino con la mira puesta en Dios, y atribuirlo todo a Dios”. Esta
tríada ha sido releída en la actualidad como contemplación, discernimiento y
abandono, respectivamente.

La fe no sólo nos remite a una relación con Dios que actúa como ‘maestro’ sino que,
además, genera una relación pedagógica característica y diferenciadora. Hoy, el
espíritu de fe demanda varias dinámicas personales y comunitarias, coherentes con
la mediación pedagógica para crear confianza en sí mismo, en el otro, en la
humanidad, y para desarrollar la conciencia de la presencia continua de Dios, a quien
podemos contemplar en la acción educativa.

Así, entendemos la “fe como fundamento de una esperanza que se traduce en


compromiso”.14 Nuestra fe de Lasallistas es una fe activa, comprometida, en “salida”
de la quietud de nuestras comunidades y de las zonas de confort de nuestras
misiones. Es también una fe que busca, fe que arriesga, fe que se compromete, fe
que descubre a Dios en los avatares de la historia y encuentra a Jesucristo en las
nuevas periferias y en los rostros de los excluidos e irrelevantes.


13
RC 1, 31
14
Sauvage y Campos. Anunciar el Evangelio a los pobres

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Los lasalianos de otras confesiones o sin creencias religiosas se encuentran con
niños, jóvenes y adultos pobres que carecen de apoyo para poder vivir con dignidad
humana, y expresan su humanidad común al acercarse a ellos para proporcionarles
diversos tipos de apoyo para mejorar su situación.

3.1.2 La fraternidad hoy adquiere connotaciones esenciales en un mundo


individualista y masificado. La educación lasaliana, aunque haya enfatizado la
dimensión comunitaria, no ha sido ajena a cierto narcisismo. En algunos casos, ha
insistido mucho en el triunfo personal, en el proyecto personal de vida, en las
competencias que acentúan lo competitivo más que los solidario. Procediendo así, ha
adoptado el ideal de la modernidad, la cual hace del hombre dueño, señor del mundo
y medida de todas las cosas.

Por otra parte, la fraternidad se manifiesta también cuando compartimos nuestra mesa
y el camino, no solamente con quienes creen y piensan como nosotros sino,
especialmente, con aquellos que piensan distinto, cuyas opciones religiosas son otras
o ninguna, con quienes nos contradicen y cuestionan, pero con quienes, a pesar de
todo, podemos también encontrar sueños comunes. En el ámbito del disenso se
encuentran con más facilidad los caminos hacia la innovación que en ambientes
cargados de autorreferencialidad y de alabanzas mutuas. Responder al llamado a ir
“más allá de las fronteras”, requiere también dialogar con quienes piensan diferente.

La fraternidad lasaliana también debe expresarse en nuestra visión de Iglesia-


Comunidad y, consecuentemente, traducirse en la vida de la comunidad educativa.
Felizmente, en los círculos católicos surge con fuerza una concepción de Iglesia
sinodal y servidora, que rompe, por su mismo eje, el paradigma de poder eclesial
atrincherado en algunos sectores de la jerarquía. Un Instituto que nació laico, cuyos
miembros consagrados son religiosos laicales, y que cuenta con una impresionante
presencia de asociados y colaboradores laicos, ¿cómo podría entender de otra
manera la Iglesia si no es en esta perspectiva sinodal? Todos nosotros, como
hermanos y hermanas, somos personas que disciernen, no simplemente personas
que obedecen.

3.1.3 El celo ardiente se traduce en pasión, compromiso, constancia y alegría por ser
parte de una misión que consiste en “mover corazones”, señalar horizontes, inspirar
sueños y participar de los procesos educativos que abren las puertas de las
oportunidades, aportan a la construcción de equidad, y fortalecen la democratización
de las sociedades. La alegría, el compromiso, la disponibilidad, la adhesión al
proyecto común han de ser características del proyecto lasaliano y, si el celo es
ardiente, el fuego y la pasión han de ser nuestras marcas distintivas.

3.2 El núcleo de la misión lasaliana: La comunidad

La piedra angular que sustenta la construcción de esta misión ha sido y será siempre
la comunidad. Fue sin duda una de las grandes intuiciones del Fundador y de los
primeros Hermanos. Varios proyectos similares a los de Juan Bautista de La Salle
fracasaron porque no estaban fundados sólidamente en una comunidad. Es la
comunidad quien educa, fortalece a sus miembros, se preocupa por los débiles, nutre
su espíritu; es la mejor garantía para responder a los mayores desafíos imaginables.

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Ser Lasaliano, por definición, es pertenecer a una comunidad y a comprometerse
dentro de la misma.

Comunidad y misión son dos caras de la misma moneda. La comunidad es para la


misión y la misión crea comunidad; no puede haber una sin la otra. La documentación
lasaliana lo ha declararlo así desde los orígenes. El impacto de la misión compartida
ha sido tan espectacular gracias a esta convicción. Basta mirar a lo que está
ocurriendo ahora nuestro alrededor para captar rápidamente la fuerza transformadora
de la comunidad.

3.3 La asociación es muy importante

Desde hace más de 300 años, "Juntos y por asociación" es nuestro estilo peculiar, un
aspecto fundamental de nuestro carisma. Aunque al principio sólo los Hermanos eran
protagonistas de la misión lasaliana, recientemente hemos sido testigos que esta
misión se ha convertido en una misión compartida; compartida con otros lasalianos
de diferentes estados de vida, e incluso de diferentes creencias.

Hoy, Hermanos y otros Lasalianos descubren en la Asociación el sentido profundo de


la comunidad lasaliana. Por un lado, los Hermanos han recuperado el voto de
Asociación, primero entre ellos, como columna vertebral para releer su Regla de Vida.
Por otro lado, otros lasalianos se sienten llamados no sólo a compartir el trabajo, sino
también la espiritualidad y las relaciones comunitarias. Esto nos abre a la nueva
dimensión de la Asociación, que va más allá de compartir la misión. Como en el tiempo
del Fundador, hoy estamos invitados a responder en asociación a los desafíos que
nos plantea la misión lasaliana. La asociación está entonces a la base de nuestro
compromiso y es tambén expresión del sentido de pertenencia.

La asociación es, pues, un itinerario vocacional que nos invita a formar comunidades
de fe vibrantes e intencionadas, formadas por Hermanos y Colaboradores. Unos y
otros encontramos en ellas un espacio y tiempo para compartir nuestra fe, nuestra
experiencia y el sentido de nuestra vida. Hay una diversidad de maneras de pensar y
organizar estas comunidades, pero estamos convencidos de que es una llamada de
Dios, a través de los signos de los tiempos, a ser creativos y a responder mejor a las
necesidades de hoy. Para ello, necesitamos adaptar y fortalecer nuestra formación
lasaliana, aprender a discernir juntos, y acompañarnos unos a otros.

Cada Hermano está llamado a implicarse y a acompañar esta nueva realidad. Cada
Lasaliano está invitado a desarrollar, recorrer el itinerario, formativo y de experiencia,
hasta convertirse en Asociado. Juntos recorremos este camino de Asociación, juntos
nos complementamos, nos reconocemos y nos comprometemos en las nuevas
comunidades lasalianas.

3.4 La pedagogía de la fraternidad

La centralidad de la comunidad se hace realidad en una pedagogía que se ha


desarrollado con las siguientes características: una fraternidad afectuosa que se
expresa en el trato de hermanos y hermanas entre los educadores y también con
aquellos a quienes servimos; una fraternidad cortés porque se basa en buenos

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modales y respeto; una fraternidad ambiciosa porque trasciende el ámbito educativo
y se proyecta hacia la transformación personal y social; una fraternidad universal y
solidaria porque incluye personas compasivas y creativas; una fraternidad universal
porque no conoce fronteras, trabaja con redes de hombres y mujeres muy diversos
en sus orígenes culturales y religiosos; una fraternidad evangélica porque hunde sus
raíces en el mensaje de Jesucristo como un ejemplo formal de fraternidad humana y
de ecumenismo.

a. Una fraternidad afectuosa. Las relaciones humanas son un elemento central


de la escuela lasaliana. Todos los actores de la vida escolar se hallan
implicados: alumnos, maestros, padres e incluso, indirectamente, las
instituciones sociales y políticas. Para La Salle, existe también otro agente
esencial en la relación educativa: Dios. Todo indica que La Salle comprendió
bien que el crecimiento personal y, en consecuencia, el proceso educativo
depende esencialmente de las relaciones humanas. No es de extrañar
entonces que La Salle pida a los maestros ganarse el corazón de los niños. La
Regla de los Hermanos insiste en emplear palabras de amor y de ternura,
sobre todo con a aquellos que más lo necesitan.

b. Una fraternidad cortés. La Salle creció en una atmósfera familiar


caracterizada por la urbanidad y la cortesía; experimentó sus beneficios y sus
ventajas personales y sociales; asimismo, comprendió su utilidad para la vida.
La publicación de las Reglas de Cortesía y Urbanidad Cristianas es una
manifestación de la importancia que atribuía a estas cualidades de la
convivencia social. Eran una de las bases de su antropología, pues la
urbanidad es una condición necesaria para vivir juntos en sociedad, es el
fundamento humano de la fraternidad. Existe una coherencia evidente entre la
educación para la urbanidad y el deseo de proponer una pedagogía fraterna.
El tema sigue siendo de candente actualidad. Cuando desaparece la
urbanidad, el tejido social se resiente. Para La Salle y para los Hermanos del
siglo XVII, educar a los hijos “de los artesanos y de los pobres” en la urbanidad,
era darles una oportunidad suplementaria de inserción social y de promoción
profesional, lo cual sigue siendo válido aún hoy.

c. Una fraternidad ambiciosa. Esta ambición se cimentaba, en primer lugar, en


una sincera confianza en las capacidades de desarrollo de los alumnos, con
tal que estuviesen bien orientados y formados. Eso fue lo que condujo a La
Salle y los primeros Hermanos a proponer aprendizajes más exigentes, más
rigurosos y más elevados. Por ejemplo:
- En la lectura, no era suficiente aprender a leer para estudiar el catecismo,
sino que era necesario leer inteligentemente: en caracteres ordinarios de
imprenta y en todo tipo de manuscritos.
- En la escritura, no bastaba con adquirir la escritura ordinaria, sino que
había que dominar la caligrafía redondilla y cursiva. Había que conocer las
reglas ortográficas y de redacción.
- En aritmética, además de ejercitar las cuatro operaciones elementales, era
necesario resolver problemas, a partir de las situaciones concretas de la
vida, pues se podía llegar a conseguir un empleo de contable.
- En resumen, la escuela lasaliana buscaba en todo la calidad y la
excelencia, con el fin de acrecentar las oportunidades de promoción de los

22
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alumnos. Y esa excelencia era y es aplicable, en primer lugar, a los mismos
maestros.
- Al origen de estos cambios, estaba el deseo de ofrecer a los alumnos
aquello que era nuevo y útil para su futuro profesional y para su inserción
en la sociedad en la que vivían.
- Eso explica la evolución global del Instituto en función del incremento de
los niveles de cualificación. Así es como aparecieron, en primer lugar, los
centros educativos de enseñanza secundaria y, luego, los de enseñanza
superior.

d. Una fraternidad solidaria. Guiado por el Evangelio y por su sentido de la


fraternidad, La Salle no se encontraba satisfecho con la separación que existía en su
época entre escuelas que segregaban en vez de unir. Haciendo referencia – como lo
hace con frecuencia – a San Pablo, quería como él “anunciar el Evangelio a todos”.
No quería que los pobres se sintiesen estigmatizados y rechazados, sino, por el
contario, aceptados e integrados. En otras palabras, quería idénticas oportunidades y
caminos de promoción socioeconómica iguales.

Esta “fraternidad solidaria” se amplió progresivamente, a medida que el Instituto se


fue desarrollando. No se limitaba a los niños que asistían regularmente a las escuelas,
sino que se extendió a otros jóvenes que sufrían necesidades educativas o pastorales
que, de otra forma, no habrían podido continuar su formación; por ejemplo, niños que
eran admitidos en la escuela sólo para el catecismo de los Domingos y las Fiestas,
los “Pensionistas forzados” admitidos en Saint Yon.

En los siglos XIX y XX, el abanico de servicios educativos se amplió de manera


considerable gracias a la apertura de centros en favor de los aprendices, de los
obreros, de los presos, de los soldados, de los huérfanos, de los sordomudos, entre
otros. El siglo XX ha sido aún más prolífico en la diversificación de las obras en el
mundo entero. Pueden mencionarse sólo algunos ejemplos: orfanatos, centros para
drogadictos, ciudades de los muchachos, personas itinerantes, centros de
alfabetización, animación rural, apoyo escolar. Estas iniciativas demuestran que la
Fraternidad Lasaliana es universal pues, por medio de la educación, se esfuerza por
reintegrar a los jóvenes con dificultades en la escuela, en la Iglesia, en la sociedad.
Toda acción de integración contribuye a la fraternidad humana.

e. Una fraternidad universal: La visión de Juan Bautista de La Salle abarcaba todas


las diócesis de Francia y más allá. No había duda de que la visión de La Salle lo
impulsaba a establecer el Instituto en Roma, el centro de la Iglesia. Se trataba de un
testimonio de catolicidad esencial para el Instituto.

Asimismo, La Salle descubrió que Los maestros tenían una función irremplazable,
pero necesitaban prepararse para ella. Necesitaba maestros bien educados y
profesionalmente competentes, preparados para la búsqueda continua de la calidad,
de la excelencia. Por e so, constantemente pedía a los Hermanos: “que la escuela
vaya bien”. Con esa finalidad, organizó rápidamente la formación de los maestros.
Esta preocupación por la formación de los maestros se prolongó a lo largo de toda la
historia del Instituto y se extendió en todas sus Regiones, particularmente en el siglo
XX. La adquisición de conocimiento y el desarrollo de competencias son un deber de
justicia hacia los alumnos y no una simple búsqueda de notoriedad personal.

23
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Además, desde siempre, hemos creído en maestros que trabajan en asociación. Las
razones que impulsaron a La Salle al cambio son ciertamente variadas, pero éste fue
el aspecto más fecundo de sus intuiciones educativas. Sabemos que la asociación se
convirtió en la característica fundamental, primero del Instituto, actualmente del
mundo lasaliano. Fueron necesarios años de experiencias, de dificultades, de
reflexión y de oración, para llegar a una clara conciencia del espíritu y del trabajo en
asociación.

De esta forma, el dinamismo asociativo hunde sus raíces en una historia


sorprendente. El impacto positivo de la asociación no se detuvo en el tiempo del
Fundador. Resulta sorprendente ver cómo la fuerza de la asociación ha permitido al
Instituto superar oposiciones y ofrecer soluciones alternativas, provisorias o
duraderas, a los desafíos que enfrenta. Desde hace algunas décadas, hemos tomado
conciencia con mayor claridad del papel central de la asociación en el funcionamiento,
el dinamismo y el futuro de la Red de centros lasalianos. Seguramente eso depende
del hecho que, desde su origen, la asociación garantizaba:

- la cohesión de los equipos educativos,


- la calidad del discernimiento colectivo,
- la fuerza de la estabilidad en un proyecto común,
- la disponibilidad y la solidaridad de sus miembros,
- la calidez de la convivencia, y
- las posibilidades de apertura a lo universal.

Además de la fuerza de la comunidad y la pedagogía de la fraternidad, esta historia


enfoca sus propuestas con otras ideas-fuerza que le dan identidad y carácter.

3.5 Educar en y para la vida: Las características de la educación lasalIiana

Los tres siglos que nos separan de San Juan Bautista de La Salle han sido fértiles,
prueba de ello son la continuidad de su legado pedagógico y espiritual y la afirmación
de sus intuiciones primigenias en diversidad de contextos. La tradición sigue viva
porque evoluciona permanentemente, se actualiza constantemente, sigue
proponiendo y ofreciendo caminos, horizontes, oportunidades y creaciones, y es
capaz de entrar en diálogo con las corrientes pedagógicas y didácticas que surgen
frecuentemente.

3.5.1. La dimensión social de la educación. La educación lasaliana tiene una


dimensión social irrenunciable, porque hunde sus raíces en el Evangelio y en “la
promoción de la dignidad humana, la solidaridad entre todos los seres humanos y el
desarrollo integral y sostenible”. Cuando se opta por la humanización y la justicia como
inspiración, el resultado educativo es fundamental, la neutralidad no es posible.

La Salle, desde los orígenes, hizo opciones claras por “los hijos de los artesanos y los
pobres”. En nuestra realidad actual son muchas las pobrezas y urgencias educativas,
pero no resulta muy difícil encontrar las poblaciones que han de ser privilegiadas en
nuestra misión. De hecho, el servicio educativo de los pobres es el que da
“especificidad al Instituto”. No se trata de excluir a otros grupos humanos; de hecho,
nos hacemos presentes en diversos escenarios sociales, políticos y económicos.
Hace ya 40 años, el Instituto, señalaba que el servicio educativo de los pobres es

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inseparable de la promoción de la justicia. Y no sólo los pobres han sido condenados
a una vida que niega las condiciones de dignidad, sino, también, los excluidos, y los
convertidos en irrelevantes.

El mundo global que tanto ilusionó al final del siglo XX con la apertura de las
economías, la circulación del conocimiento y los capitales, “la aldea global”, hoy
muestra facetas que revelan que la ilusión dio paso a la decepción. Los ejemplos son
numerosos: nuevos muros segregan los países, las puertas se han cerrado para los
inmigrantes, la xenofobia se exacerba por doquier, pueblos enteros se atrincheran en
sus miedos a los “diferentes” y se radicalizan para cerrarse en posturas endogámicas
que favorecen violencias, racismo. En suma, asistimos a la pérdida del sentido de que
la historia es una sola, interconectada y común, y que la suerte de la humanidad está
en peligro.

3.5.2. Educación integral e integradora. Es integral porque aborda la totalidad de la


persona, sus hábitos, el cuidado el cuerpo, las buenas maneras, el desarrollo
intelectual, la formación de los valores, la dimensión ética y estética, la preparación
profesional, la dimensión espiritual expresada en la interioridad y en el conocimiento
de Dios. Es integradora porque une teoría y práctica, da unidad y sentido, prepara no
sólo al ‘cristiano’ sino también al ´ciudadano´; es decir, “enseña a vivir bien”.

3.5.3. Educación cristiana. La escuela lasaliana tiene origen cristiano. Esta


afirmación suscita preguntas que es importante analizar pues definen el sentido de la
evangelización, la catequesis, el estudio de las tradiciones religiosas, la comunicación
de valores comunes, la presentación o predicación de Jesucristo, el misterio de la
Iglesia.

Temas relativamente resueltos hace pocas décadas, tales como el papel de lo


religioso en la vida social, la relación del ser humano con la trascendencia, la
salvación, la búsqueda espiritual más allá de lo religioso, hoy resultan complejos, o al
menos son tratados en forma diferentes. La comprensión del papel de la Iglesia en un
mundo plural y el papel de los creyentes al interior de la Iglesia son temas importantes
que determinan los mismos procesos evangelizadores y catequísticos. No pueden
perderse de vista estos temas en tanto que un número muy importante de Lasalianos,
estudiantes y profesores, pertenecen a otras denominaciones cristianas, diferentes
credos y tradiciones religiosas, o viven una espiritualidad muy personal sin
afiliaciones. Esta indudable riqueza también supone importantes desafíos para los
Lasalianos en el terreno del ecumenismo, la libertad religiosa, y la interculturalidad.

3.5.4. Educación centrada en el alumno. Uno de los fundamentos esenciales de la


pedagogía lasaliana es el conocimiento que el maestro debe tener de los alumnos, de
todos y de cada uno de ellos. ¿Por qué es tan importante ese conocimiento? Porque
es condición para el adecuado trato pedagógico de cada alumno, es decir, la puesta
en practica del binomio conocer-proceder. Conocer “distintamente” a cada uno -sus
peculiaridades, su ritmo de aprendizaje, su personalidad, etc., es condición para
proceder con atención diferenciada, atención adaptada y atención personalizada. Así,
se llega a entender ciertos principios pedagógicos esenciales que son requeridos por
el progreso pedagógico: exigencia, flexibilidad, seguimiento lógico, complejidad.

3.5.5. Educación ligada a la vida. Está vinculada estrechamente a la vida porque


parte de experiencias vitales y prepara para una exitosa inserción en la sociedad,

25
BORRADOR



especialmente en el ámbito laboral. A partir de las realidades del contexto y las
necesidades particulares de los niños y jóvenes la escuela prepara al cristiano, al
ciudadano y al profesional. La didáctica lasaliana es práctica, con secuencias bien
determinadas, con observación constante, y con evaluación permanente de las
‘adquisiciones y productos’.

3.5.6. Educación eficaz y eficiente. “Que la escuela vaya bien” no es un simple


anhelo, y menos una inspiración vacía; es el resultado de un trabajo concertado. El
trabajo de crear, innovar o transformar y, en todos los casos, prever, organizar,
ejecutar y evaluar. Todo lo cual implica, providencias pedagógicas, correctivas y
propositivas.

3.5.7. Educación abierta a la sociedad, a la iglesia, a la familia. El H. Leon Lauraire,


citado anteriormente, resume el significado de esta apertura con la expresión:
fraternidad universal.

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BORRADOR

CUARTA PARTE

Mirando hacia el futuro. Desafíos educativos y pedagógicos

Los procesos sociales vertiginosos que vive el mundo impactan dramáticamente las
propuestas educativas, directa o indirectamente. Las evidencias se acumulan, por
ejemplo las migraciones están cambiando el perfil de las sociedades; las disrupciones
tecnológicas han transformado nuestra manera de vivir y relacionarnos; el
consumismo depredador ha cambiado el paisaje natural y amenaza la supervivencia;
las dinámicas políticas han resquebrajado la democracia y la libertad; la biotecnología
ha alterado el concepto de la vida y de la muerte; el quiebre de los megarrelatos ha
sacudido las religiones y los sistemas éticos; y la llegada de la cuarta etapa de la
revolución industrial o –mejor– la primera de la era digital, ha mostrado la incapacidad
del estado-nación para reglarla o gobernarla. Así, lo permanente es el cambio y la
incertidumbre su característica.

Hemos de vivir las turbulencias del presente como herederos de una tradición
tricentenaria que nos une y también nos convoca a repensar la educación para las
nuevas generaciones. Sólo así responderemos al reto de ofrecer una educación que
sea relevante para los niños y jóvenes actuales. Sin embargo, es claro que una
tradición está muerta si no logramos actualizarla y releerla teniendo en cuenta las
nuevas realidades y desafíos de cada lugar donde se encuentra. Sería anacrónico
simplemente trasladar los métodos y procesos de los orígenes de nuestra tradición
sin adaptarlos al contexto actual. Además, es necesaria una reflexión que permita a
los valores fundamentales y las intuiciones primigenias iluminar el actuar en el
presente.15 Resulta apasionante hacerlo, pero no como disquisiciones intelectuales
sino como oportunidades para crear, arriesgar, decidir y actuar.

4.1 “Juntos y por asociación” PARA el servicio educativo de los pobres. Nuevas
pobrezas y diversas urgencias educativas.

Los tiempos actuales manifiestan diferentes rostros de la pobreza y la marginación


que desafían a la Asociación Lasaliana. En muchos lugares del mundo, la promesa
moderna de la escuela para todos es aún solo una ilusión. Son muchos los niños que
tienen mala o nula educación por causa de la pobreza, las guerras, los procesos
migratorios, la marginación social, las epidemias, la imposibilidad de acceso a las
nuevas tecnologías, los conflictos internos, la segregación racial o de género, el
embarazo adolescente, el trabajo infantil y otras formas de exclusión. La pobreza
golpea con fuerza especialmente las zonas rurales profundas de los países en
desarrollo y los cinturones de miseria de la periferia de las ciudades. En este contexto
cobra pleno sentido la defensa de los derechos de los niños.


15
De esta forma la educación lasaliana continúa su desarrollo motivando el discernimiento
comunitario y la creatividad pedagógica. Este crecimiento constante permite que organismos como
las Asambleas Internacionales, Regionales, Distritales, incluso, Consejos de la Misión encuentren su
origen y se fortalezcan con la asociación.

27
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En las últimas décadas, la mayor parte de los países -incluso los más pobres- han
aumentado significativamente la oferta de escolaridad, pero sin asegurar la calidad de
los procesos educativos; de esta manera, han convertido la educación en el factor
mayor de exclusión. En otras palabras, persiste la tensión entre cobertura y calidad,
entre escolaridad y aprendizaje. La pobre educación para los pobres los priva del
acceso a las oportunidades que la cuna, el apellido o la condición social les ha negado;
perpetuando así su marginación y las condiciones de miseria en las que muchos de
ellos viven. La educación de calidad es un motor de movilidad social porque fortalece
la democracia, disminuye significativamente la pobreza y genera inclusión y equidad.

No obstante, el compromiso educativo con los pobres es insuficiente si no va


íntimamente vinculado a la causa de la justicia social y la equidad16. La miseria y la
marginación son productos de sistemas políticos y económicos que fabrican pobreza
porque privilegian a algunos pocos, concentran la riqueza, propician la corrupción y
olvidan la esencia de la política como constructora del bien común. El servicio
educativo de los pobres es, esencialmente, un servicio a la causa de la justicia que, a
su vez, promueve sociedades equitativas, incluyentes, y respetuosas de la dignidad
de las personas y atentas a la satisfacción plena de sus necesidades.

En este contexto, el gran desafío de la educación lasaliana es, precisamente, ser


accesible a los más pobres. Otros desafíos incluyen formar ciudadanos críticos y
conscientes de las realidades, comprometer sus proyectos de investigación al servicio
de las causas que pretenden superar la marginación y vencer la miseria, proponer
soluciones a los problemas del hambre, y ahondar en la comprensión de los procesos
sociales y políticos. En suma, la educación lasaliana está llamada a crear propuestas
educativas que permitan la expansión de la educación de calidad y articular los
procesos educativos superiores con los básicos, para alinear la mejora de los
sistemas educativos como un continuum integrador.

La solución de los grandes problemas de la educación de los pobres y el servicio a la


justicia no son exclusivos de los Lasalianos. Nuestra asociación no es solamente entre
nosotros sino también con numerosas organizaciones eclesiales, confesionales,
civiles, no gubernamentales y estatales, con las cuales hacemos causa común en
favor de la humanidad. La superación de sectarismos y gregarismos es necesaria para
ser parte de las fuerzas que, unidas, pueden lograr mucho por la justicia y la equidad.
Los protagonismos son enemigos de la solidaridad y propiciadores de egoísmos
parasitarios que corroen la fuerza del Evangelio y entorpecen la superación de los
grandes problemas de la humanidad.

4.2 Nuestra respuesta a estos desafíos educativos

Las realidades del mundo nos instan a asumir posiciones proactivas y no reactivas.
Gracias a una actitud o posición proactiva nos colocaremos a la vanguardia de la
innovación educativa, a través de proyectos creativos que presentan propuestas
relevantes para los contextos actuales. Estos contextos se caracterizan, entre otras
cosas, por la desaparición de las fronteras entre las ciencias y la relativa autonomía
de la física, la biología y las tecnologías digitales, que ha favorecido el surgimiento de

16
FSC. Circular 412

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la bioinformática, la biotecnología y la infotecnología. Estas combinaciones nuevas de
ciencia y tecnología desafían todos los modelos y los posicionamientos éticos,
religiosos, filosóficos, políticos, sociales e históricos.

A lo largo de la historia, la educación ha jugado también un papel político. No en vano,


ha sido en buena medida la responsable de la formación del ciudadano y la formación
para la ciudadanía. Contemporáneamente, la educación formal también se ha
convertido en generadora de conocimiento y en árbitro epistémico en el profuso,
difuso y confuso mar de la información.

Por todo lo anterior, la educación tiene un profundo impacto social que no podemos
desdeñar; por el contrario, debemos tener una clara comprensión de sus
intencionalidades, enfoques y énfasis. Nunca como hoy, ha sido fundamental la
clarividencia sobre el tipo de sociedad y de persona que queremos ayudar a construir,
así como también del papel del educador y de la escuela en los contextos actuales.
“El conocimiento es poder” –enseñaba Francis Bacon— pero, de la misma manera,
todo el proceso educativo tiene una dimensión social y política muy importante.
Consecuentemente, hay unos temas de hondo significado que -hoy en día- la
educación lasaliana debe abordar y comprender bien; por ejemplo, el proceso
educativo en la sociedad del conocimiento, la formación para la ciudadanía, la
construcción de equidad en el marco de la justicia social, el fortalecimiento de la
democracia, y la educación de personas críticas, libres y autónomas.

4.3 Humanismo y ciencia en educación

Ya en el siglo XX, se vislumbraba lo aquello que sería realidad en los albores del siglo
XXI. Los avances vertiginosos de la ciencia cambiaron no solamente las estructuras
de poder sino, fundamentalmente, los medios de producción y las relaciones
personales, familiares, sociales y laborales.

Esta realidad, por tanto, está impactando la viabilidad misma de la escuela como tal
e igualmente todos sus procesos organizativos y curriculares, así como también las
interacciones educativas, la formación permanente de los profesores, la evaluación, y
la axiología que la inspira. En pocas palabras, la realidad vivida impacta los proyectos
educativos reales y explícitos, no los idearios tan hermosos como inalcanzables que
no logran señalar horizontes relevantes para las nuevas situaciones.

Resulta irrenunciable, entonces, tener claro que la intencionalidad de nuestros


proyectos educativos es propiciar el diálogo entre la ciencia y el humanismo. Podría
pensarse que la universidad es el lugar privilegiado para tal diálogo. Y, sin duda, lo
es, porque en ella deben existir los espacios para el debate. En el curso de este
debate, la ciencia cuestiona la ética y la dimensión espiritual de las personas y, al
tiempo, éstas problematizan y cuestionan el conocimiento científico. Esto no obsta
para que en la educación básica y secundaria favorezcan tanto la apreciación de los
conocimientos humanistas y el tipo de conocimientos que los sustentan, así como la
belleza, la lógica y el método característicos de la ciencia. Bertrand Russell lo expresa
magníficamente: “En educación como en otros asuntos humanos, sólo hay un camino

29
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hacia el progreso y es el siguiente: ciencia ejercida por el amor. Sin ciencia, el amor
es impotente; sin amor, la ciencia es destructiva. 17

4 .4 La apuesta por la democracia y la institucionalidad. Educar para la ciudadanía


y la vida política

El sistema democrático es una de las grandes conquistas de la humanidad. Muchos


siglos de ensayos que van desde las sociedades tribales y esclavistas, pasan por los
absolutismos imperiales y monárquicos, las dictaduras de todos los matices, hasta los
regímenes de partido único, nos permiten pensar que el modelo político más civilizado
es la democracia. Aunque es imperfecto y perfectible, incluso cuestionado, es la mejor
manera que ha encontrado la humanidad para preservar la libertad, buscar la justicia
y administrar la vida social.

Si bien es cierto que el advenimiento de la democracia no ha representado en todos


los casos el anhelado desarrollo y la impostergable equidad, la respuesta a las
limitaciones de la democracia no es negar su potencial sino comprometernos en su
fortalecimiento. Hemos aprendido lecciones dolorosas al respecto y ellas son también
un cuestionamiento serio a nuestros procesos educativos. La participación y el control
político –connaturales a la democracia– han sido con bastante frecuencia olvidados
en nuestra formación y acción. Nos contentamos con el voto electivo, pero nos
despreocupamos del seguimiento y la petición de cuentas a los elegidos.

La fragilidad de las organizaciones sociales y la deficiente formación de ciudadanos


conscientes de sus responsabilidades políticas han favorecido la propagación de la
corrupción aparentemente incontrolable y la existencia de ciudadanos indiferentes a
los problemas políticos. Estas problemáticas llevan en su seno el germen de la
destrucción de las instituciones y el marchitamiento de la democracia. No somos
ajenos a la existencia de proyectos educativos acríticos que veladamente favorecen
modelos contrarios a la comunión, la justicia social, la defensa de la vida, y los valores
genuinos del Evangelio y de otras venerables tradiciones religiosas.

Como quedó establecido en la sección anterior, la tradición educativa lasaliana es


humanista. Nuestra apuesta formativa ha favorecido el cuidado y la preservación de
lo que es humano. Nuestra búsqueda no ha estado guiada por un sentido
reivindicativo de las lógicas excluyentes del antropocentrismo, sino, justamente, por
la pregunta originaria acerca del fundamento mismo de la existencia. Una pregunta
que se enriquece constantemente, que abre el camino, que cuestiona sus
condiciones, posibilidades y formas de expresión que, al final, son la dinámica misma
de la educación.

La formación ética es esencial en nuestra propuesta. Tradicionalmente, hemos


asumido los principios rectores del pensamiento cristiano sobre la ética. No obstante,
la comprensión de la ética cristiana en los contextos secularizados está más allá de
la interpretación dogmática o autista de sus valores; está más bien en el constante
despliegue efectivo de sus apuestas, es decir, en la actualización de su pertinencia
en ambientes que, como nunca, son heterogéneos e incluso hostiles.

17
Bertrand Russell. On Education, especially in Early Childhood. Routledge, Londres, 2003 (primera
publicación en 1926), p.153

30
BORRADOR

Estos temas son muy sensibles para la educación lasaliana, pero su abordaje es
mucho más crítico y angustiante en la universidad, donde no se pueden evadir ni se
pueden convertir en propuestas dogmáticas. El diálogo entre la fe, la ética y la razón
siempre es el escenario donde se puede enriquecer la propuesta cristiana, en diálogo
con los contextos actuales. No se trata de un “relativismo práctico” ni tampoco de un
“relativismo doctrinal”, tal como lo define el Papa Francisco en Evangelii Gaudium y
en Laudato Si’. Por el contrario, el diálogo precisa la aceptación de los referentes de
la ley natural y la verdad revelada, las cuales ponen en contexto las realidades sin,
por eso, dar “prioridad a las conveniencias circunstanciales”.

Así, nuestra escuela no puede renunciar a su papel crucial en la formación de


ciudadanos capaces de ejercer sus derechos, cumplir sus deberes, defender lo
público, fortalecer el tejido social, participar en los procesos democráticos, interesarse
en la política y en lo político. Estos ciudadanos son poseedores de una ética cívica
que se manifiesta consecuentemente en su actuar cotidiano, a través de la probidad,
la solidaridad, la transparencia, la responsabilidad y la conmiseración.

4.5 Educar para el sentido crítico y la interioridad. Un desafío frente a las nuevas
tecnologías, las redes sociales, y la relativización de los principios y las realidades.

Las nuevas tecnologías tienen un gran potencial educativo. Ellas hacen posible tener
grandes cantidades de información a mano, navegar en océanos inconmensurables
de conocimiento, acceder a millones de documentos, conocer en tiempo real lo que
se descubre y los temas sobre los que están trabajando los científicos. Gracias a ellas,
podemos interactuar con personas para discutir e intercambiar ideas y experiencias;
en fin, sus posibilidades rebasan lo imaginable. Ciertamente que estas posibilidades
conllevan también sus peligros. Sabemos, por ejemplo, cuántos problemas ha
suscitado la comunicación indiscriminada con personas que acechan, corrompen,
destruyen, atraen, roban y utilizan, protegidas tras el anonimato de las redes.

Enfrentamos la urgencia inaplazable de educar para la contemplación, la interioridad,


y la profundidad. En pocas palabras, hoy más que nunca es importante formar el
criterio de las personas, ayudarles a desarrollar su capacidad de análisis y de
pensamiento crítico, convertir sus dudas en motor de búsqueda. Un aprendizaje
esencial hoy consiste en saber digerir, mediante la contemplación y la reflexión, la
abundante información ingerida, usarla para comprender el mundo y sus relaciones,
y comunicarse con otros expresando un pensamiento propio, reposado y
argumentado. La educación hoy debe ser paciente, pausada. Estas cualidades
pueden expresarse a través de las metáforas de “la rumia mental” y de “cocer a fuego
lento”.

Urge propiciar pedagogías para fomentar la lectura que suscite discusión, que
acreciente los argumentos y que genere posiciones personales con opiniones
informadas y conceptualización clara y precisa. Este tipo de lectura es indispensable
ante la impresionante fragmentación que resulta de la lectura en la Web; los hyperlinks
sugieren saltar de una idea a otra idea, de un autor al siguiente, hasta inundar de
información que no llega a formar una idea completa y distinta acerca de un tema. La
lectura de libros completos, el análisis correspondiente, la discusión grupal son

31
BORRADOR



medios que favorecen la hondura, el meta-análisis, el diálogo con el autor, así como
también entender otras perspectivas. Todas éstas son condiciones necesarias para
lograr la profundidad de pensamiento y la superación de la superficialidad que impone
la fragmentación.

En este mundo globalizado, que favorece la levedad y la pérdida de la interioridad


hasta la vaciedad, la educación lasaliana se siente llamada a ofrecer medios que
favorezcan la reflexión y la toma de conciencia, así como opciones que propicien
respuestas a las preguntas por el sentido de la vida. Si la superficialidad y las
concepciones light de la vida son realidades evidentes, existen más asuntos cuya
seriedad es causa de mayor preocupación. Por ejemplo, vivimos bajo el imperio de la
“post-verdad”; su influencia ha hecho que los hechos objetivos importen menos a la
opinión pública que las emociones y las creencias personales.

Así, este imperio sustituye la verdad por mentiras frecuentemente repetidas que
exacerban los sentimientos y suscitan posiciones que desarticulan lo que se siente y
piensa con lo que se dice. Además, institucionaliza la mentira apoyado en ese morbo
secreto que, en lo íntimo, acepta acríticamente decisiones políticas basadas en
falacias, aunque el discurso proclame algo distinto. Un agravante de la situación es
que este mundo “líquido” empieza a ser gobernado por personas que mienten
abiertamente y resultan convincentes; niegan lo innegable (calentamiento global,
evolución de la vida, derechos de las minorías, inclusión y respeto de la mujer),
prometen lo inalcanzable y despiertan al anarquista, racista, homófobo, narcisista, que
se alberga frecuentemente en algunos corazones.

En un mundo que privilegia el consumismo, el materialismo, la comprensión


reduccionista de la afectividad, entre otras, los jóvenes encuentran dificultad para
responderse preguntas existenciales, incluso para planteárselas y, por lo mismo,
muchas veces no encuentran una respuesta que satisfaga su sed, su razón de ser.

Por otro lado, el educador lasaliano, inflamado de celo apostólico, se siente retado a
promover la dimensión espiritual y la interioridad en los jóvenes. Para este fin, diseña
metodologías, crea alianzas, motiva a los jóvenes a acrecentar esta dimensión
humana capaz de darle brillo a su ser. El uso exagerado y acrítico de los medios
tecnológicos de comunicación, el deseo de la inmediatez, de las relaciones efímeras
y la autocomplacencia impiden a los jóvenes conocerse y desarrollarse en plenitud.
Aquellas virtudes que se cultivan y florecen desde el interior de la persona necesitan
de un espacio para su consideración y florecimiento.

Así, la educación lasaliana propiciará el pensamiento crítico, la interioridad y una ética


que nos haga obrar en la verdad. Apasionante responsabilidad para el “lasalianismo”
que expresa el humanismo cristiano en la educación preferencial de los pobres y
marginados.

La crisis espiritual se manifiesta fundamentalmente en la pérdida del sentido de la vida


y en religiosidades incoherentes con la defensa de lo profundamente humano y sin
expresiones reales de misericordia y responsabilidad en la relación con los otros. Esta
realidad debe llevarnos a trabajar denodadamente para que las redes sociales sean
también redes humanas. La soledad llena de ruidos, la vida de los adolescentes en
burbujas de mundos virtuales, las dependencias absolutas y la pérdida de libertad en
el mundo de las nuevas tecnologías están minando las relaciones interpersonales y

32
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la comunicación profunda del ser y el sentido. Lo lasaliano es relacional; es, por tanto,
expresión de los valores más genuinos del Evangelio y de todas las tradiciones
religiosas más venerables, estos valores incluyen amar al prójimo como a sí mismo,
perdonar, acompañar, y expresar en la misericordia la presencia de Dios que es amor.

4.6 El “cuidado de la Casa Común” y la educación en perspectiva de la ecología


integral

Las posibilidades de la educación lasaliana para ser referente de propuestas


educativas para la “ciudadanía ecológica” (LS, 211) son enormes. De entrada,
’Laudato Si’ propone una educación que tome en cuenta y dé importancia a las
realidades de una “Casa Común” degradada, irrespetada, sobrexplotada y poco
cuidada. Así, conviene recordar que: “La educación será ineficaz y sus esfuerzos
serán estériles si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser
humano, la vida, la sociedad, y la relación con la naturaleza” (LS, 215)

El currículum, los contenidos, la defensa de la biodiversidad y la vida humana, las


prácticas cotidianas, el conocimiento de los espacios geográficos, la contemplación
del paisaje, los modelos sostenibles que sustentan la economía de la institución
educativa, las decisiones de compras y consumos, y otros más, son ejemplos de
medios que la educación lasaliana pone al servicio del desarrollo de la consciencia
del papel que todos jugamos en la protección del medio ambiente. Estos mismos
medios auxilian el sentido de responsabilidad intrínseca asociada a todas las
decisiones sociales y personales, y recuerdan que toda acción, por pequeña que
parezca, puede tener efectos devastadores o constructores de la Casa Común.
Ciertamente, el tema ecológico atraviesa todo el proyecto educativo, sus relaciones,
sus propuestas, sus criterios de calidad, sus intencionalidades y su práctica real.

En síntesis, los procesos educativos lasalianos forman seres humanos para vivir otros
estilos de vida alternativos a las lógicas de la dominación, del consumo desmedido y
depredador, del irrespeto por la vida, de la ambición y el egoísmo destructor. Estos
estilos irán propiciando transformaciones culturales que generen otras lógicas
sociales, un nuevo comienzo, como lo dice el Papa Francisco.

4.7 La educación lasaliana: una red mundial en pro del humanismo, la justicia y la
paz

La educación lasaliana no puede ser ajena a la evolución impresionante que las


instituciones escolares han experimentado en las últimas décadas. Para empezar, le
es necesario ganar la confianza de la sociedad ofreciendo una propuesta educativa
de calidad, que reafirme su capacidad de inspirar los valores y actitudes para los
actuales contextos, que enseñe a aprender, que abra puertas a espacios y señale
caminos hacia la felicidad.

Deberemos potenciar el valor inmenso de ser parte de una institución internacional,


presente en todos los continentes y en diversas culturas. Nuestras redes educativas
podrán afianzar las posibilidades derivadas de su universalidad gracias a la pluralidad
de sus propuestas educativas, la expansión de sus miras, la realización de proyectos

33
BORRADOR



comunes y la optimización del talento humano y de las infraestructuras. Una propuesta
con estas características será muy significativa para el mundo.

Nuestro compromiso con lo profundamente humano y con una educación coherente


con la realidad, nos obliga a superar la tentación de crear o mantener escuelas y
universidades exitosas en sociedades fracasadas; o bien, escuelas y universidades
fracasadas en sociedades que se transforman y mundos que evolucionan.

Ese compromiso nos impulsa también a asumir cada vez con más valentía la apuesta
fundamental, el riesgo de ser lasaliano. Dicha apuesta implica la clara declaración de
un marco de valores, la formación de la fe, la vivencia de la solidaridad, la opción por
la justicia, el encuentro con Jesucristo, amor y misericordia. La integración y
articulación de la calidad de la escuela con el mensaje cristiano debe ser natural y
evidente en el modelo educativo que propongamos. Calidad y mensaje cristiano no
son dos componentes aislados, son uno solo en la propuesta educativa lasaliana.

4.8 La educación más allá de la escuela formal

Indudablemente que la acción educativa lasaliana ha privilegiado la institución formal,


ya sean escuelas básicas, medias o universidades. No obstante, en lugares donde no
es posible o conveniente establecer estas instituciones, nuestra misión ha encontrado
otros cauces, por ejemplo, la educación no-formal, informal, la acción pastoral, la
evangelización en otros areópagos, y recientemente, la presencia en los medios
virtuales y desescolarizados. Las realidades suelen desbordar la imaginación. Nuestra
reflexión sobre la transmisión de valores a través de nuevas formas virtuales de
relación pedagógica fraternal es aún incipiente.

La educación no debe ser entendida como sinónimo de escuela. La validez de esta


afirmación queda confirmada por el crecimiento inusitado de la educación on-line, de
la escuela en casa (home-schooling), de la relativización del valor de los “títulos
universitarios” que están siendo reemplazados por certificaciones en competencias
laborales o asumidos por las universidades corporativas. La velocidad a la que se van
dando cambios como los mencionados nos impele a desarrollar modelos de
inspiración lasaliana para hacer presencia significativa en estas nuevas realidades.
Posiblemente no tengamos que estar en todas las creaciones educativas
contemporáneas, pero tampoco podemos desconocerlas.

Los planteamientos recientes sobre la misma educación superior no están lejos de


suponer que la institución universitaria tradicional podría tener sus años contados. De
hecho, la pérdida de estudiantes presenciales en muchas de nuestras instituciones es
sostenida. Más aún, la rigidez como se piensa la propuesta universitaria tradicional
genera grandes preocupaciones, entre otras, la sostenibilidad misma de las
instituciones, la demanda de investigación de alta calidad, el desarrollo de
infraestructura. Mientras tanto, crecen las propuestas de educación virtual, las redes
universitarias con ánimo de lucro (for-profit), la oferta estatal y la educación para el
trabajo; todo ello en detrimento de la educación humanística y clásica.

34
BORRADOR



4.9 Jesucristo: referente, inspiración, sostén y vida

Juan Bautista de La Salle concibió al Hermano como ministro de Dios, testigo de


Jesucristo en el mundo de la educación, y partícipe de la misión evangelizadora de la
Iglesia. Esta intuición sigue vigente y plantea serias demandas a quienes optan por
consagrar su vida “enteramente” a esta misión; entre otras, radicalidad en el
seguimiento de Jesucristo, disponibilidad total para ir a las nuevas fronteras,
compromiso para transparentar el amor misericordioso de Dios, y ser testigos
confiables y, por tanto, capaces de ganar los corazones y transformar vidas,
especialmente en el mundo de los pobres. Solo así, quienes se consagran a esta
misión podrán tener autoridad para ser corazón, memoria y garantía de la historia
iniciada por La Salle.

De la misma manera, los educadores lasalianos asociados que viven su fe en la Iglesia


han de asumir su vocación como un ministerio que manifiesta la alegría del Evangelio
y el poder salvador de la educación cristiana. Los Lasalianos de otras confesiones
comprometidos en la misión, son también llamados a hacer visibles los valores
fundamentales de esta tradición espiritual, tales como la fe, la fraternidad, el celo
ardiente, y la coherencia de vida para abrir mentes y mover corazones.

Si bien no hay exclusividades absolutas entre los miembros de la familia lasaliana, sí


hay especificidades que definen estilos de vida diferentes. Esta diversidad de estilos
enriquece la propuesta, la hace actual, y permite vivir con gozo y esperanza el
compromiso de construir un mejor mundo donde reine la paz, la convivencia, la
equidad, la justicia y la comunión entre los pueblos, por medio de la educación

4.10 Pedagogías para caminar, educar y transformar

Las últimas décadas han sido pródigas en desarrollos educativos. Entre los más
importantes puede señalarse el progreso de la psicología cognitiva, las ciencias
computacionales, las tecnologías de la comunicación, la neurociencia, los avances de
la genética, la reflexión filosófica, las perspectivas críticas de los sistemas sociales, y
nuevos paradigmas que plantean concepciones diferentes sobre la disciplinariedad
misma y los métodos científicos. Todos ellos han impactado como nunca la educación
y, por consiguiente, las pedagogías y las didácticas. Nuevos paradigmas educativos
emergen y, sin duda, inspiran, cuestionan y desafían, consciente o
inconscientemente, explícita o implícitamente, los procesos educativos que
adelantamos los Lasalianos.

Nuestra tradición, nacida en pleno surgimiento de la modernidad, no fue ajena a los


procesos que rompieron, en su momento, las tendencias educativas y plantearon
novedades significativas, expresadas fundamentalmente en la Guía de las Escuelas.
Así, la escuela lasaliana se distinguió por aproximaciones pedagógicas muy
importantes que siguen teniendo vigencia, aunque demanden actualización y
recontextualización.

La escuela lasaliana se ha distinguido por ser un proyecto de educación integral18



18
Gallego, Saturnino, San Juan Bautista de La sale II. Escritos, .45

35
BORRADOR



implementado a través de pedagogías fundamentadas en la intensa relación
educativa maestro-alumno, así como en la fuerza de la comunidad fraterna y del grupo
como mediador del aprendizaje. La pedagogía de la escuela lasaliana insistió en la
educación del cuerpo, la preparación para los oficios, la importancia de la civilidad y
la cortesía, el trabajo ordenado y metódico, la motivación permanente, el
acompañamiento constante, la participación solidaria y aprendizaje con mediación de
pares. Este ambiente educativo propició la formación de “verdaderos cristianos” que
no solo sabían el catecismo, sino que vivían consecuentemente con los principios
cristianos, especialmente la fraternidad. De esta forma no sólo preparaba al hombre
para su participación en la sociedad sino, además, hacía real un proyecto de
humanización por medio de la cultura en el cual la ciencia, la fe y la sociedad
encontraban un cauce común.

Los tiempos presentes son diferentes; no obstante, muchas de las inspiraciones


originales de la educación elemental - alfabetización, aritmética, aprendizaje de
idiomas, destrezas profesionales y una razón para vivir- mantienen su poder
inspirador. Consecuentemente, pueden ser releídos en los contextos actuales sin
entrar en ahistoricismos insostenibles, como querer encontrar las raíces de los nuevos
paradigmas en las pedagogías de la escuela del siglo XVIII, actualizadas en las
siguientes centurias. Las revoluciones cognitivas y los desarrollos de la ciencia y la
tecnología de las últimas décadas eran, sencillamente, inimaginables entonces.

4.11 Desde los paradigmas emergentes

Las décadas del final del siglo XX y los años transcurridos del presente siglo han sido
fértiles en todos los frentes del conocimiento. Las turbulentas décadas de los 60 y 70
permitieron la creación de proyectos educativos alternativos y de posicionamientos
pedagógicos liberadores y críticos que aún hoy siguen mostrando su fortaleza; por
ejemplo, las experiencias novedosas de educación popular. No obstante, el abanico
hoy es mayor y propicio para fértiles diálogos entre tradiciones educativas
centenarias, como la nuestra, y propuestas teóricas que sustentan los proyectos
educativos actuales.

Hoy también aparecen con fuerza nuevos paradigmas que impactan la educación. El
paradigma emergente de la complejidad supone una ruptura con el determinismo y el
positivismo de la ciencia, la fragmentación de los saberes, la linealidad del
pensamiento, y el surgimiento de problemas y amenazas insospechadas. Al mismo
tiempo, este paradigma supone aproximaciones diferentes, como la
interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad, para el abordaje del conocimiento y la
solución de los problemas, el pensamiento sistémico, la hologramática, la teoría auto-
organizacional, es decir, una nueva epistemología que plantea desafíos enormes a la
educación y a la escuela.

Seguir insistiendo en una escuela compartimentalizada para la aproximación a la


aprehensión del conocimiento es, sencillamente, imposible. Así, para nosotros los
Lasalianos se imponen diálogos honestos que enriquezcan los saberes
imprescindibles para los tiempos actuales con nuestra herencia pedagógica que,
ciertamente, puede favorecerlos. La relectura de los valores fundantes de nuestra
tradición y el estudio de las implicaciones históricas, sociales éticas y políticas harían
más pertinentes nuestras propuestas educativas si se abordan desde la perspectiva

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BORRADOR



de los problemas complejos, las pedagogías para la mediación de los conflictos y el
disenso, y el aprendizaje cooperativo.

La ecología integral es, pedagógicamente, uno de los mejores generadores de


enfoques educativos que podrían ser característicos de la nueva propuesta
pedagógica lasaliana. Ésta, a su vez, favorecería currículos planteados a partir de la
búsqueda de sentido, y del aprendizaje basado en problemas. Este tipo de
aprendizaje permite construir conocimiento, aprender con fenómenos que tocan la
mente y también los afectos, y entender la posible interrelación de las ciencias
naturales, sociales y humanas, así como sus consecuentes impactos éticos.
Asimismo, podríamos hablar de la democracia y la condición humana como realidades
generadoras del estudio de la historia, de las tradiciones políticas, culturales y
religiosas, del poder y la intangibilidad de las decisiones que reposan difusas en
gobiernos constituidos para un estado-nación que pareciera no responder ya a los
problemas de gobernabilidad y estabilidad mundial.

4.12 Desde la inclusión al humanismo solidario

Fieles a nuestra tradición, el proyecto lasaliano nació en las fronteras de la


deshumanización. La Salle y los primeros Hermanos, “impresionados” por la suerte
de los pobres, crearon la escuela cristiana para generar posibilidades de inclusión, de
acceso al conocimiento y a las artes y oficios a quienes estaban marginados de la
educación. Esta escuela incluyente abrió puertas en las rígidas divisiones sociales
predominantes en su tiempo. Esta presencia cristiana lasaliana, como lo muestran
abundantemente nuestros documentos históricos, nunca fue solamente para lograr
conversiones o hacer proselitismo.

Hoy, la inclusión no es suficiente, ni siquiera la justicia social y la equidad pueden


estar circunscritas a la realidad de un país o una demarcación geográfica. La suerte
del planeta exige una opción por el humanismo solidario y universal. Aquí tenemos
que plantear la pedagogía de la fraternidad; es un componente esencial de nuestra
propuesta, porque constituye una característica esencial de nuestra herencia y
tradición de tres siglos. La fraternidad, sin duda, se expresa en la solidaridad, como
valor consecuente.

Asimismo, la fraternidad humaniza la educación porque ayuda a interrelacionar las


diferentes generaciones, globaliza la esperanza, y crea conciencia de responsabilidad
por el cuidado de las personas, de la naturaleza, de la vida en el planeta y de la
sostenibilidad del desarrollo. Así, reconocernos como hermanarnos tiene también
impacto en el amor civil y político porque frena la degradación moral, compromete con
el bien común, y aísla de cualquier cultura nociva.

4.13 Desde el aprendizaje más que desde la enseñanza

La escuela y el maestro ya no son más los dispensadores de conocimiento. Imposible


hacerlo en un mundo en el cual los recursos informáticos ponen al alcance de todas
las personas el conocimiento acumulado en las más diversas áreas. Obviamente que,
en este mismo mundo, conviven conocimiento, verdad, falsedad, mentira, y toda

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suerte de planteamientos que demandan criterio para discernir y carácter para buscar
la verdad.

Se plantea así un cambio fundamental de las funciones de la escuela y del maestro.


Hoy, más que la información misma importa generar las condiciones para el
aprendizaje y asegurar el acompañamiento para formar el criterio y el carácter.
Surgen, entonces, la necesidad de pedagogías para la formación del criterio y una
función consecuente para el maestro. Esta función consiste en la mediación
pedagógica entre el sujeto que aprende y el objeto a ser conocido, entre la
heteronomía del criterio de verdad atribuido al maestro y la autonomía de quien va
aprendiendo a discernir con criterio propio.

Los valores de la tradición lasaliana encuentran la posibilidad de ser actualizados en


la pedagogía del acompañamiento. Esta pedagogía reafirma las posibilidades de cada
uno, sus capacidades de encontrar el propio camino, y la necesaria libertad para
caminar con autonomía responsable.

La lectura crítica, el regreso a los clásicos, el diálogo permanente, el debate


propositivo, la discusión que propicie el entendimiento de las distintas posturas u
opiniones acerca de diversos temas, la exploración de diferentes aproximaciones
teóricas o planteamientos políticos, el estudio de las tradiciones religiosas, la
aproximación a las culturas, son ejemplos de mediaciones pedagógicas esenciales
hoy en el proyecto educativo lasaliano.

4.14 Desde la ética hacia la formación del ciudadano responsable

Asimismo, podríamos hablar de pedagogías para la formación de valores esenciales


para el humanismo; por ejemplo, el acercamiento a las realidades sociales de las
periferias existenciales y sociales. Este acercamiento es generador de
cuestionamientos que forman marcos axiológicos, suscitan comportamientos éticos,
y articulan conocimientos sobre la realidad, la responsabilidad social y el futuro mismo
de la humanidad.

En todo caso, se trata de una formación para la ciudadanía, a través de mediaciones


pedagógicas que construyen conocimientos sustentadores de una ética de la
responsabilidad y del cuidado. La escuela tiene un papel fundamental, aunque no
exclusivo, en esta formación. Para cumplir con su papel, ella misma debe crear un
ambiente propicio de respeto y orden, mediante el establecimiento de normas claras,
políticas para el manejo del conflicto. Más aún, la formación para la ecología integral
y el cuidado de la estética posibilitarán que los espacios también eduquen y faciliten
el aprendizaje.

4.15 El maestro: su rol irremplazable y su poder educador

Si algo distingue la propuesta lasaliana, desde sus orígenes, es la dignificación del


maestro, la importancia asignada a su rol en el proceso educativo, y el reconocimiento
de su capacidad para impactar la formación del carácter de los niños y jóvenes. En la
actualidad han cambiado funciones, metodologías, paradigmas; no obstante, la
presencia de un maestro íntegro, generoso, creativo, y respetuoso sigue siendo la
principal mediación para el éxito del proceso educativo.

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Integridad, ejemplo, profundidad, visión, respeto, celo ardiente, fe y esperanza


siempre serán virtudes que caracterizarán al maestro íntegro y hábil para la
mediación. Haciendo uso de todas sus virtudes, señala caminos, impulsa a soñar,
muestra horizontes, acompaña hacia la conquista de la autonomía, desafía, y genera
escenarios mediadores. El resultado de todas estas acciones es el crecimiento
personal del educando, la potencialización de sus capacidades personales y la
solidaridad con los proyectos comunes.

No en vano, San juan Bautista de La Salle concibió el maestro como hermano mayor,
ángel custodio, ministro de Jesucristo, modelo a seguir, reflejo de la trascendencia y
la hondura e inspirador de oportunidades y proyectos. La rica relación pedagógica que
crea es generadora de vida, formadora del carácter, posibilitadora del aprendizaje,
constructora de fraternidad, y potenciadora de la vocación personal de cada niño y
joven que educa.

5. Nuestra herencia educativa lasaliana

Después de haber estudiado, al menos en líneas generales, la evolución continua --a


pesar de oposición y supresiones-- de las obras lasalianas durante más de 300 años,
parece apropiado ahora establecer las convicciones subyacentes que han sido y
siguen siendo los principios fundamentales de la educación lasaliana.

5.1 El testamento de San Juan Bautista de La Salle

Hacia 1694, al escribir las “Memorias de los Inicios”, San Juan Bautista de La Salle
comprende cómo el plan de Dios se fue realizando en él y en el Instituto que había
fundado junto con sus Hermanos. Él mismo lo expresó con estas palabras:

Dios, que gobierna todas las cosas con sabiduría y suavidad, y que no
acostumbra a forzar la inclinación de los hombres, queriendo
comprometerme a que tomara por entero el cuidado de las escuelas, lo
hizo de manera totalmente imperceptible y en mucho tiempo; de modo
que un compromiso me llevaba a otro, sin haberlo previsto en los
comienzos.

De la misma manera lo hace hoy.

Los Lasalianos saben que la historia iniciada hace más de 340 años continúa
sorprendiéndonos hoy porque expresa el plan de Dios. Con sabiduría y amabilidad,
Dios ha guiado al Instituto para encontrar en cada siglo, según las circunstancias y los
lugares, los medios, las personas, los grupos comprometidos y asociados para
continuar la misión de educar humana y cristianamente a los niños y jóvenes,
especialmente a los pobres. De ese modo, la aventura que comenzó con un pequeño
grupo de maestros se convirtió, primero, en una comunidad de Hermanos y, a lo largo
de los años, en un enorme grupo de lasalianos comprometidos. Estos hombres y
mujeres pertenecientes a muchas culturas, idiomas y tradiciones, dedican sus vidas a
proponer horizontes, mover corazones e inspirar mentes, a través de una educación

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que capacita para crear oportunidades que promueven la transformación de vidas,
personas y sociedades.

La época contemporánea está marcada por un extenso debilitamiento de la


credibilidad de las instituciones para llevar a cabo una misión que exige propuestas
creativas. A pesar de ello, el momento presente es un tiempo de esperanza y
creatividad. Las sociedades y las personas parecen encontrar caminos para superar
muchos problemas de la época marcada por la desigualdad y la injusticia, así como
los medios para hacer florecer aquello que favorece el desarrollo de la esperanza. La
vida de los grupos educativos lasalianos se alimenta de su pasión por la educación
de los pobres. Antes que estimar el pasado preferimos construir el futuro; optamos
por la vida y la esperanza, reafirmamos nuestra fe en la bondad de los seres humanos
y nuestra pasión por la humanidad.

De esta manera, fortalecidos por nuestras convicciones y tradiciones, hacemos


propuestas para el presente y para el futuro. Asumimos el presente con gozo y
miramos al futuro llenos de esperanza, animados por la fe profunda de que este
camino que estamos siguiendo es la obra de Dios, por lo que:

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DECLARAMOS

1. Que creemos en la capacidad transformadora de la educación. La educación


es la intervención más importante para la formación del ser humano en la medida que
permite la comunicación de valores, la aprehensión del conocimiento, la construcción
de redes humanas, la formulación de sueños y la transmisión de un nuevo paradigma
acerca del ser humano, la sociedad, la vida y la relación con la naturaleza. La
educación construye equidad en la medida que genera oportunidades para el
desarrollo personal, comunitario y social, al tiempo que dignifica las personas y
transforma las sociedades.

2. Que creemos que la comunidad educativa es componente medular en la


construcción de la persona y la transmisión de los valores. La fraternidad y el sentido
de comunidad son el mayor y mejor aporte de la pedagogía lasaliana a los procesos
educativos. Esta fraternidad potencia el crecimiento armónico de las personas, ayuda
a encontrar sentido a la vida, posibilita la creación de lazos afectivos y solidarios,
comunica seguridad y respeta la diferencia. Además, ayuda a la construcción de
sueños comunes y compromisos transformadores.

3. Que creemos en el poder inspirador y mediador del educador. El maestro es


fundamentalmente un testigo que acompaña e inspira porque su ejemplo entusiasma,
cuestiona, acompaña y orienta. Es también mediación fundamental de los procesos
educativos porque crea una relación pedagógica que favorece el crecimiento integral
de los niños y jóvenes con quienes comparte su vida y su misión. Su presencia
ilumina, señala horizontes, genera ambientes para el aprendizaje, promueve la
autonomía, sugiere caminos y transmite principios; de esta forma contribuye a la
formación de personas libres, autónomas y responsables.

4. Que creemos que la educación lasaliana es una expresión del humanismo


cristiano. Nuestra propuesta educativa es una expresión del humanismo porque su
objetivo es la formación integral. Consistentemente, en esta propuesta, el desarrollo
intelectual, el desarrollo de la fe, la aprehensión de la ciencia, y la vivencia de los
valores, no son entendidas como dimensiones aisladas, sino como dimensiones que
se implican y se retroalimentan mutuamente. Por tanto, el objetivo de la educación
Lasaliana es formar personas de fe madura y robusta, con criterios éticos claros, que
ejercen liderazgo a través del servicio y comprometidas a trabajar por el bien común
y la construcción de sociedades más justas y promotoras de la paz.

5. Que creemos que otro mundo es posible y que la educación es una fuerza
fundamental para construirlo. Nuestra perspectiva educadora ambiciona construir
sociedades donde sea posible la paz, la equidad, la justicia social, la participación
ciudadana, la construcción de sueños comunes, y el respeto a la libertad y a la
diferencia. Hacemos visible nuestro compromiso con una sociedad más democrática
y más justa, así como nuestra opción por el desarrollo humano integral y sostenible
que beneficie a todos. Educar para la paz es educar para la justicia y la solidaridad

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6. Que creemos que en el rostro de los empobrecidos y vulnerables nos


encontramos con el poder salvador de Dios. Nuestra tradición hunde sus raíces en el
servicio preferencial por los pobres, los excluidos, los irrelevantes, es decir aquellos
niños y jóvenes para quienes su condición vulnerable es un obstáculo para la
construcción de sus sueños y para tener una vida digna y feliz. Hoy nuestro
compromiso consiste en identificar las nuevas pobrezas, que siempre están en las
fronteras de la deshumanización, de la falta de oportunidades, de la marginación, y
servir a quienes las padecen.

7. Que creemos firmemente que los niños y los jóvenes son un llamado a la
esperanza y al compromiso. Nuestras instituciones y proyectos educativos se centran
en la persona y favorecen su desarrollo integral. Para tal fin, generan ambientes sanos
y respetuosos, defienden los derechos de los niños, jóvenes y adolescentes, y crean
las situaciones donde deberes y derechos se defienden, respetan y promueven.

8. Que creemos que la educación hace posible la búsqueda y transmisión de la


verdad. Tenemos una mirada positiva sobre la capacidad de los jóvenes de
apasionarse por ella. Todas nuestras instituciones comparten ese optimismo
constantemente alimentado por la convicción fundamental de que la indagación, a
través de las distintas disciplinas, nos descubre diferentes saberes complementarios,
y que todos apuntan hacia el conocimiento de una verdad trascendente que nos elude
y, al mismo tiempo, nos atrae irresistiblemente.

9. Que creemos que nuestra asociación lasaliana es un don de Dios al mundo y


un medio extraordinario para continuar el legado recibido de nuestra tradición
tricentenaria. Nuestra asociación se expresa también en redes de comunidades
educativas que se dejan impresionar por las realidades de los educandos. Hermanos
y Seglares, mujeres y hombres comprometidos en la misión educativa, somos la
expresión actual del plan de Dios, y, por tanto, respondemos juntos y por asociación,
a las necesidades de la niñez y juventud de los pueblos.

10. Que creemos en la fuerza evangelizadora de la escuela. La propuesta


educativa lasaliana se alimenta de los valores más genuinos del Evangelio, tales como
el respeto por las personas, el amor al prójimo, la misericordia y la compasión, la
libertad y la responsabilidad, la justicia y la equidad, el cuidado de la vida y la
naturaleza. Creemos, además, que la presencia del amor de Dios en cada hombre y
mujer manifiesta que la vida es sagrada y la paz es el bien mayor de nuestra
convivencia.

11. Que creemos que las realidades actuales demandan asumir riesgos y ser
creativos. La escuela siempre debe actualizarse, ser capaz de rehacerse y responder
a las necesidades de la niñez y la juventud. Por lo mismo, nuevos proyectos
educativos deben nacer y seguramente otros deben morir. Nuestros pueblos nos
urgen a mirar las zonas rurales, a los grupos indígenas, a los migrantes, a los

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cinturones de pobreza de las megalópolis, a las fronteras de la deshumanización, para
responder creativamente a sus necesidades específicas y apremiantes.

12. Que creemos que la educación es un recurso fundamental, poderoso y


eficiente para el cuidado de la Tierra y la defensa del hábitat donde la vida pueda
florecer y sostenerse. Nuestra propuesta educativa tiene que ser motor real del
compromiso con una ecología integral para impugnar, con paradigmas alternativos, el
consumismo depredador, la tiranía tecnocrática, los estilos de vida incoherentes con
el desarrollo humano e integral. Sabemos que cooperamos a este tipo de desarrollo
si aseguramos que sea socialmente participativo, culturalmente apropiado,
técnicamente limpio, ecológicamente compatible, económicamente equitativo,
políticamente impactante, éticamente responsable y espiritualmente significativo.

Con la mirada puesta en Dios, nuestra fe en la bondad del ser humano y nuestro
compromiso con la niñez y la juventud, avanzamos hacia los horizontes demandantes
y apasionantes de este Siglo XXI. La convicción de que un mundo mejor es posible
nos mueve, la pasión por la humanidad nos congrega, y la esperanza nos alienta en
el camino.

ASÍ MISMO DECLARAMOS


Que todos aquellos que lean esta Declaración y que, desde sus diversos contextos,
se encuentren compartiendo los PRINCIPIOS EDUCATIVOS LASALIANOS tal como
quedaron establecidos anteriormente, están invitados a aportar su contribución
personal, religiosa y ética dondequiera que compartan el patrimonio lasaliano descrito
en este documento.

Indivisa Manent

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GLOSARIO
[palabras por orden de aparición]
(puede no corresponder en la traducción)

Declaración
Un pronunciamiento solemne;

Concilio Vaticano II
Reunión de obispos y otros delegados de la Iglesia Católica en 1963-1965;

Iglesia Católica
Organización religiosa cristiana de sacerdotes, monjes, fraternidades, hombres y
mujeres administrados desde el estado del Vaticano, en Italia, bajo el liderazgo del
Papa

Hermanos de las Escuelas Cristianas


También conocidos como Hermanos de La Salle;

Instituto
Estatuto oficial como organización de los Hermanos antes citados en la Iglesia
Católica;

Capítulo General
Reunión internacional de los delegados elegidos del Instituto, ahora cada 7 años;

Miembros profesos
Hermanos con votos perpetuos;

Formación
Proceso de capacitación del Hermano antes de tomar la opción de permanecer en el
Instituto para toda la vida;

Laicos o seglares
Personas comunes que no han recibido la ordenación o consagración solemne;

Misión
La tarea apostólica particular asignada al Instituto dentro de la Iglesia Católica;

Regla de vida
Exposición oficialmente aprobada de los principios religiosos según los cuales viven
individual y colectivamente los Hermanos;

Principios educativos
Las ideas y prácticas estándar que se fueron desarrollando gradualmente conforme
más escuelas iban formando parte de la red original dentro y alrededor de Reims;

Carisma
La gracia o el don particular que llevó a La Salle a comenzar las primeras escuelas y
dedicar su vida como Fundador de los Hermanos;

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Colaboradores
El título aceptado oficialmente por los delegados al Capítulo General de 1986 para los
educadores lasalianos que no eran miembros de la Congregación;

Asociación
La Asociación tiene sus raíces en nuestra historia fundacional, ya que los Hermanos
se comprometieron juntos y por Asociación para la Misión, lo expresan a través del
voto de Asociación. Hoy, la Asociación se ha desarrollado para abarcar el camino de
la pertenencia vocacional para todos en la Familia Lasaliana y así asegurar la
sostenibilidad de la Misión. Consulte la definición de Asociado al final de la sección
2.3 de este documento.

Gratuidad
Principio fundamental según el cual las escuelas lasalianas deberán ser siempre, en
la medida de lo posible, libres y abiertas a todos los que deseen asistir a ellas;

MEL [misión educativa lasaliana]


Misión educativa lasaliana;

Asamblea MEL
Reunión internacional de delegados lasalianos elegidos, de los cuales dos tercios son
laicos y un tercio Hermanos;

Legado (Herencia) Lasaliano/a


Principios y prácticas establecidos y mantenidos desde la fundación de la misión
educativa lasaliana;

Pedagogía Lasaliana
Prácticas tradicionales de la educación lasaliana históricamente basadas en los
principios de La Guía de las escuelas, impresa en 1720;

Identidad
El estatus oficial, aprobado por la Iglesia Católica, del Instituto como “una sociedad de
vida consagrada”;

Filósofos
Pensadores y escritores franceses del siglo XVIII;

Meditaciones
Escritos espirituales de san Juan Bautista de La Salle para apoyar la vida de oración
y los objetivos educativos de los primeros Hermanos;

Doce virtudes
Una lista de 12 virtudes tomada de los escritos de Juan Bautista de La Salle,
desarrollada como libro por el Hermano Agathon, 5º Superior General, publicado en
francés y traducido al italiano, español, alemán e inglés;

Canonización
Proceso de investigación de la Iglesia Católica mediante el cual se declara que la vida
y los escritos de una persona son los de un Santo;

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Imperio Turco Otomano


Hasta 1912, territorios musulmanes de Europa del Este, Oriente Próximo y el
Mediterráneo donde los Hermanos tenían 43 escuelas;

Casa Generalicia
Residencia oficial de la administración del Instituto en Roma, desde 1936;

Superior General
Líder electo del Instituto por un período determinado, con posibilidad de ser reelegido;

Consejo General
Consejeros elegidos por un Capítulo General para ayudar en el gobierno del Instituto;

Rescripto papal
Un documento oficial del Papa autorizando algún cambio en la Regla del Instituto;

Secularización
Leyes promulgadas en Francia en 1904 que prohibían a las congregaciones
educativas de mujeres u hombres que mantuvieran escuelas y usaran sus hábitos
tradicionales o vistiesen como miembros de una Congregación;

Estudios críticos
Estudios eruditos serios sobre el contenido y la autoría de los escritos originales de
Juan Bautista de La Salle;

Congregación para los Religiosos


La organización oficial del Vaticano responsable de las congregaciones religiosas;

Misión compartida
El reconocimiento en la Regla de los Hermanos de que la misión educativa lasaliana
es compartida por laicos que no son miembros del Instituto;

Familia lasaliana
Reconocimiento oficial, por parte del Capítulo General de 1986, de los múltiples
grupos que eligieron ser asociados en la misión lasaliana de "educación humana y
cristiana";

Cahiers lasalliens
Una serie de estudios críticos lasalianos encargados por el Capítulo General de 1956
para ser preparados y finalmente publicados;

Signum fidei
Primer emblema oficial del Instituto; también, desde 1986, un grupo de laicos que se
comprometen formalmente en un estilo de vida como educadores lasalianos;

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