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Aadc 3

Este documento es el índice general del Volumen III del Anuario Argentino de Derecho Canónico de 1996. Contiene una lista de artículos, notas, jurisprudencia, actualidad y legislación particular argentina publicados en dicho volumen.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
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B.C.A.

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA


SANTA MARÍA DE LOS BUENOS AIRES

FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO


"SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO" ~'"
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Anuario
Argentino de
Derecho
Canónico

Volumen m 1996
Editado por la Facultad de Derecho Canónico
"Santo Toribio de Mogrovejo",
de la Pontificia Universidad Católica Argentina,
Santa María de los Buenos Aires.

Consejo de Redacción
Ariel David Busso
Director
Alejandro W. Bunge
Secretario
Nelson Carlos Dellaferrera
Carlos 1. Heredia

Con las debidas licencias

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723


ISSN: 0328-5049

Editor responsable
FACIII.TAD DE DEnECIIO CANÓNICO "~ANTO TOnlRlO DE MOGROVEJO"

Dirección y administración:
ANIIARIO AnC:ENTINO DE DERECHO CANÓNICO

Av. Alicia Moreau de Justo 1500 - 1055 Buenos Aires


República Argentina
Teléfono (541) 349-0451{53 - Fax (541) 349-0433 .

Suscripción ordinaria en el país: $ 30.-


Suscripción ordinaria en el exterior: U$S 40.-
Suscripción extraordinaria de apoyo: $ 80.-
ÍNDICE GENERAL

Abreviaturas y Citas ........................................................... .......... 11

ARTicULOS
Nelson C. Dellaferrera, ÚIS pericias y las pruebas de informes
en la audiencia episcopal de Córdoba del Tucumán (1688-
1888) ........................................................................................... 15
Péter ErdG, Uffici e funzioni pubblichc nella Chiesa .................. 47
Jorge M. Mejía, El servicio de la Santa Sede a las Iglesias parti-
culares a través de la Congregación para los Obispos ........... 107
Marcelo Daniel Colombo, El examen psicológico de admisión al
seminario y la protección de la intimidad (can. 220) ............. 129
Alfredo Di Pictro, El divorcio en el del'echo romano cristiano... 169
Carlos l. Heredia, El diácono permanente en el derecho eclesial
latino vigente '" ...... ........ ...... .... ......... ............ ..... ........................ 211

NOTAS
Luis Alcssio, La Liturgia de las IIorclS en el Código latino ........ 233
Cormak Burke, El objeto de la donación conyugal de sí ............ 247
Juan G. Navarro Floria, Matrimonio civil y matrimonio religio-
so en la República Argentina.................................................... 263
Carlos 1. Heredia, El orden de los Sacramentos de iniciación... 275

JURISPRUDENCIA
c. R. P. D. Raphaele Funghini, Tribunal de la Rota Romana, sen-
tencia del 19 de diciembre de 1994, Prot. N. 16.568, nulidad
de matrinl0nio ........................................................................... ; 285
Luis Okulik, Comentario a la sentencia c. Raphaele Funghi-
ni del 19 de diciembre de 1994 ....................................... :.... 309
c. Carlos l. Heredia, Tribunal Interdiocesano de Córdoba,'~Em-
tencia del 11 de abril de 1991, nulidad de matrimonio';......... 319
8 ÍNDICE

c. José María Arancedo, Tribunal Eclesiástico Nacional, Decre-


to confirmatorio de la sentencia de primera instancia del Tri-
bunal Interdiocesano de Córdoba del 11 de abril de 1991, nu-
lidad·de matrimonio .................................................................. 335
José Bonet Alcón, Comentario a la sentencia c. Heredia del
11 de abril de 1991, del Tribunal Interdiocesano de Córdo-
ba, ya su ratificación por decreto del Tribunal Eclesiásti-
co Nacional............................................................................ 339

ACTUALIDAD
Tercer Coloquio Internacional de Salamanca, 8-14 de abril de
1996 ............................................................................................ 347
El Acuerdo entre la Santa Sede y la República Argentina del 10
de octubre de 1966 ............ ............ ........... ........................ .......... 353
1.- Acto Académico con ocasión del 30° Aniversario del Acuerdo
entre la Argentina y la Santa Sede .......................... ........... 353
1. Introducción del Decano de la Facultad de Derecho Ca-
nónico, Pbro. Dr. Ariel Busso ......................................... 353
2. Palabras del Director del Instituto de Derecho Eclesiás-
tico, Dr. Pedro J. Frías .................................................... 357
3. Discurso del Emmo. Cardenal Agostino Casaroli ......... 360
4. Palabras del Seretario de Culto de la Nación, Dr. Angel
M. Centeno....................................................................... 369
n.- Ariel D. Busso, El discurso no pronunciado del Ministro
de Relaciones Exteriores y Culto Don Miguel Angel Zava-
la Ortiz .................................................................................. 373
1. El discurso no pronunciado del Ministro de Relaciones
Exteriores y Culto Don Miguel Angel Zavala Ortiz ..... 373
2. La doctrina conciliar ....................................................... 376
3. Las negociaciones en el período Illia .... ........... .............. 379
4. La posición de la República Argentina enel discurso de
Zavala Ortiz ......................... ,............................................ 382
5. La coherencia en el texto.... ................................. ........... 388
Anexo: Texto del discurso de Zavala Ortiz .............. ........... 389
III.- Texto del Acuerdo entre la Santa Sede y la República Ar-
gentina del 10 de octubre de 1966 ................. ...................... 404
Tesis Doctoral del Presbítero Alejandro W. Bunge ..................... 411
Crónica de la Facultad de Derecho Canónico, Curso lectivo
1996 ............................................................................................ 413
ÍNDICE 9

Crónica del Curso del R. P. Urbano Navarrete SJ del 9 al 17 de


abril de 1996 ..................................... ;........................................ 421

LEGISLACIÓN PARTICULAR ARGENTINA


Estatutos del Consejo presbiteral, Arquidiócesis de Mendoza ... 431
Estatutos del Consejo presbiteral, Diócesis de Gualeguaychú ... 437
Alejandro W. Bunge, Comentario a los Estatutos de los Conse-
jos presbiterales de la Arquidiócesis de Mendoza y la Dióce-
sis de Gualeguaychú ........................... ...................................... 443
Reglamento del Tribunal Interdiocesano Bonaerense. ............... 449
Víctor E. Pinto, Comentario al Reglamento del Tribunal Inter-
diocesano Bonaerense .......................... .......................... ........... 457
Reglamento del Tribunal Interdiocesano de Córdoba ................. 461
Alejandro W. Bunge, Comentario al Reglamento del Tribunal
Interdiocesano de Córdoba. .......... ...... ...... ........... ........... .......... 465

RECENSIONES
S. Barbero, E. M. Astrada, J. Consigli, Relaciones ad limina de
los Obispos de la diócesis del Tucumán (s. XVII al XIX), Pro-
sopis Editora, Córdoba 1995, ISBN 987-95660-0-9, XXXV +
246 págs. . ............ ............ ...... ...... .............. ...... ..... ............ ........... 469
Universidad Austral, Facultad de Derecho, Volúmenes 1 (1994)
Y 11 (1995),390 Y 342 páginas, Editorial Abeledo Perrot ....... 471
AA. Vv., La funzione di santificare delZa Chiesa, Coll. Quaderni
della Mendola, 2, a cura del Gruppo Italiano Docenti di Di-
ritto Canonico, Ed. Glossa, Milano 1995,232 págs. ............... 475
ABREVIATURAS Y CITAS

Nota: Además de las abreviaturas que se reportan a continuación,


se han respetado otras utilizadas por los diversos autores, confor-
me a los modos más comunes de abreviar en obras de derecho
canónico. Del mismo modo, se han respetado los diversos modos
de citar libros y artículos utilizados por los diversos autores, siem-
pre que han resultado claros y unívocos en cada artículo.

AADC Anuario Argentino mc. inciso


de Derecho Canónico incs. incisos
AAS Acta Apostolicae Sedis IVC Instituto de Vida
arto artículo Consagrada
arts. artículos LG Lumen gentium
c. coram ME Monitor Ecclesiasticum
can. canon n. número
cáns. cánones nn. números
CCEO Codex Canonum op. cit. opere citato (en la obra
Ecclesiantm citada)
Orientalium
pág. página
cn Christlls Dominus
págs. páginas
cnc Código de Derecho
Canónico PB Pasto". Bonlls
CEA Conferencia Episcopal REnC Revista Española de
Argentina D$l"OCho
. Canónico
cr. confrontar SC Sacrosanctum Concilillm
CIC Codex Illris Canonici Sín. Sínodo
(1983) SRRD Sacrae Romanae Rotae
CIC '17 Codex Iuris Calwnici Decisiones
(1917) ss. siguientes
IC IllS Canonicllm SVA Sociedad de Vida
lE Ills Ecclesiae Apostólica
ARTÍCULOS
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES
EN LA AUDIENCIA EPISCOPAL
DE CÓRDOBA DEL TUCUMÁN (1688-1888)
Nelson C. DELLAFERRERA

SUMARIO: Introducción. 1. Textos legales en uso durante este período. 11.


Pericias médicas en los juicios por esponsales. III. Certificados médi-
cos en las causas de divorcio. IV. Testigos médicos en causas de ma-
trimonio por sorpresa. V. Pericias médicas en las causas de nuli-
dad matrimonial. VI. Relatos curiosos de casos de demencia según
las actas de divorcio. VII. Exámenes médicos en las causas crimina-
les. VIII. Asesores teólogos en las causas criminales. IX. Certificados
médicos para quienes estaban encarcelados por disposición del juez
eclesiástico. X. Informes de jueces pedáneos y de la policía. Conclu-
sión.

Introducción
1. La relectura del libro IV del CIC 17: De processibus, me hizo no-
tar que los cánones que normatizaban la actividad de los peritos (1792-
1805), así como el acceso y el reconocimiento judicial (1806-1811) care-
cían de fuentes en el Corpusluns Canonici, a excepción de los cánones
1792, 1796 Y 1806. Los cánones restantes encontraban su fundamenta-
ción en las Regulae servandae in iudiciis apud Sacrae Romanae Rotae
Tribunal, del 4 de agosto de 1910.
De los cánones referidos a la inspección corporal, en las causas de
impotencia o de inconsumación del matrimonio (1976-1982), sólo el ea-
non 1979 § 2 tenía su sustento en las Decretales. Los demás abreva-
ban sus fundamentos en las disposiciones de las congregaciones roma-
nas.
El canon 2145 § 2, referido a la aplicación de las sanciones penales,
que manda admitir únicamente testigos y peritos jurados carece de fuen-
tes jurídicas.
Esta particularidad -la ausencia de referencias en el Corpusluris
Carwnici, oomo fuente-, me llevó a examinar las actas procesales de la
antigua Audiencia de Córdoba del Tucumán. Me pareció interesante ob-
16 NELSON C. DELLAFERRERA

servar a los jueces en acción, cumpliendo con las disposiciopes legales


entonces existentes. ,
Por eso, antes de escribir estas líneas he leído atentam~nte los le-
gajos referidos a los procesos de divorcios y nulidades matHmoniales,
los juicios por esponsales, y las causas criminales en el pro~ongado pe-
ríodo que va desde 1688 hasta 1888 1 • I

2. Puestos estos antecedentes, baste recordar que en qo pocos ca-


sos judiciales, particularmente en las causas matrimoniale~, pero tam-
bién en los juicios por esponsales y en las causas criminale~, la prueba
podía, y muchas veces debíli, articularse en base a la colalj>oración de
los peritos, cuya actividad era prescrita por el derecho o de~retada por
eljuez. La pericia que era yes necesaria o conveniente parar'comprobar
un hecho o conocer la naturaleza de una cosa, sigue repitié dose en la
actual legislación canónica. ,
Las actas que me ocupan ahora, trpen un número sUficIente de pe-
ricias y de informes que permiten demostrar que, en los pr meros dos-
cientos años de esta Audiencia Episcopal, ni los jueces n las partes
desestimaron estos medios de prueba. I

Las fuentes legislativas son escasas. El Decreto de GrJ.'ciano y las


Decretales establecían normas mínimas, de acuerdo con na ciencia
médica todavía rudimentaria, para los casos de impotencia de no con-
sumación del matrimonio. Pero es sólo a partir de la segun a mitad del
siglo XIX, que los documentos emanados de la Santa Sedel insisten en
estos temas con mayor precisión. '
En las hipótesis de enajenación mental, la ley se manifie~ta bastante
clara, pero la terminología de los canonistas y pandectistasj medievales
que continuaba en uso, es confusa, y la ciencia en esta maferia prácti-
camente inexistente, al menos hasta el siglo pasado. ¡

I
l. Los textos legales en uso durante este período I

3. El Corpus Iuris Canonici y el Corpus Iuris Civilis, s$pletorio del


canónico, cuando éste no había normatizado un punto concteto, propor-
cionan los elementos básicos para una buena dirección del1rocedimien-
too Así, ya en la antigüedad, no era raro recurrir a los agr mensores si
se trataba de establecer los límites parroquiales; a los arqu tectos si era

1 La razón de esta determinación en el tiempo, radica en que 1~88 es la fecha


de la primera causa de divorcio existente en el archivo del tribunai' y en 1888 se
sanciona la ley de matrimonio civil. A partir de este momento, la Igl sia deja de ser
el tribunal competente, único y exclusivo en las causas matrimonia es. No analizo
procesos de beatificación, por que no existen en el archivo durante e te período.
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 17

necesaria la reparación de las iglesias, o se interponía una denuncia por


daños. De la misma manera, se acudía a los médicos para dictaminar
sobre el homicidio o las heridas padecidas por alguien, como en los ca-
sos de no consumación del matrimonio2 y de impotencia3 •
Esta antigua temática se enriquece doctrinalmente con la respues-
ta que Sixto V dio al Nuncio en Madrid el 27 de junio de 1587 4 , Los
autores, basados en estos textos y en la ley de Partidas 5 , establecían la

2 "Nec aliqua putet se posse hac excusatione defendi, quod inspici et probari
possit, an virgo sit, quum et manus obstetricum et oculi saepe fallantur" (C 27, q. 1,
can. 4). Este texto del Decreto, tomado a ra letra de la carta que San Cipriano dirige
a Pomponio, obispo de Dionisiana en Bizacena en el año 249, vertido al castellano
dice: "No ha de imaginarse ninguna de ellas que puede justificarse con la excusa de
que pueden examinarla y comprobar si es virgen, pues se engañan con frecuencia las
manos y los ojos de las comadronas" (J. CAMPOS, Obras de San Ciprimw, ed. bilin-
güe, BAC Madrid 1964, p. 374). Más adelante, el mismo Decreto señala: "inspician-
tur iterum virgines ab obstetribus diligenter [... ]" (C 27, q. 1, can. 5). A su vez las
Decretales confirman: ''Et quia, ut dicit canon, saepe manus fallituret oculus obstetri-
cum, volumus et mandamus, ut adhuc honestas matronas providas et prudentes de-
putare curetis ad inquirendum, utrum dicta puella virginitatis privilegio sit muni-
ta, causamque nobis sub vestris sigillis instructam plenius remittatis" (X 2.19.14).
3 Las Decretales colocan un sugestivo epígrafe a este título, De (rigidis et ma-
leficiatis, et impotentia coeundi: "[oo.) Licet autem per archipresbyterum tuum super
hoc fuisses edoctus, tu tamen volens super hoc habere certitudinem pleniorem, quas-
dam matronas suae parochiae providas et honestas ad tuam praesentiam evocasti,
districte illis iniungens sub periculo animarum, ut mulierem ipsam prudenter inspice-
rent, et perquirerent diligenter, utrum idonea esset ad viriles amplexus; quae tan-
dem in fide sua tibi asseruere constanter, quod eadem mulier numquam poterat esse
mater aut coniux, tamquam cui naturale deerat instrumentum [oo.]" (X 4.15.6). "Ex
litteris tuis accepimus, quod quidam sedecim annorum vel eo amplius quandam an-
norum tredecim duxit in uxorem, qui cum debitum reddere deberet, et non posset,
mulier tam gravem infirmitatem contraxit, ut omnino viro sit facta inutilis, et ins-
trumentum eius sit impeditum ita, quod vir ei commisceri non potest. Respondemus
igitur, quod, si vitium illud mulier a natura contraxit, nec ope medicorum poterit
adiuvari, viro aliam accipiendi libera m tribuas facultatem. Si vera ex culpa viri hoc
provenit, licet non sit tutum indulgeri ei, ut aliam accipiat: tamen sub dissimulatio-
ne poteris sustinere, etc" (X 4.15.3). Cf. X 2.14.19; X 4.15.7.
4 SIXTO V, ep. Cllm {requenter, en P. GASPARRI, Codicis ¡uris Canonici Fon-
les, t. 1, Romae 1923, nI! 161, pp. 298-299, (en adelante Fontes). Tanto la doctrina
canónica antigua sobre la impotencia, como la establecida por el Papa Sixto, son
excelentemente tratadas y resumidas en F.J. HERVADA XIBERTA, La impotencia
del llm'ó" en el derecho matrimonial canónico, Pamplona 1959, pp. 61-119. Cf. 1.
GORDON, "Adnotationes quaedmn de ua.lore ma.trimonii uirorum qlli ex toto secti sllnt
a tempore Gl'atialti llsque ad Bl'eue Cum {I'eqllenter", en Periodica de re morali calw-
nica et iuridica, Roma 1977, vol. 66, pp. 179-186 (en adelante Periodica). Un buen
estudio histórico-crítico sobre esta cuestión puede verse en M. ZALBA, "Decl'etllm
circa impotentiam quae matrimonillm dirimit et Breve Cllm {I'eqllel~ter Sixti V', en
Periodica, Roma 1979, vol. 68, pp.5-58.
5 Partida 4, tito 8, LL. 3-6, en Los Códigos E.~paj¡ole8 concordados y anotados,
Madrid 1872, t. I1I, pp. 444-445 (en adelante CC.EE.).
18 NELSON C. DELLAFERRERA

necesidad de la pericia médica. El Cardenal De Luca afirma, e el siglo


XVIII, que la mayor evolución de este tipo de prueba se prod ce a tra-
vés de la jurisprudencia rotal 6 •
Por consiguiente, para que eljuez pueda declarar nulo un trimo-
nio por impotencia, o por no consumación, debe obtener la pr eba ple-
na. En estos casos, además de la testimonial, se hará necesar o el exa-
men físico, llevado a cabo por los médicos si se trata de varón, por las
obstétricas si la periciada es una mujer, atendiendo a los p ibles in-
formes médicos antecedentes. ,
a) Si el asunto es controvertido y supera la ciencia de las bstétri-
cas, el caso debe ser deferido a IGS médicos cirujanos. b) Corres onde al
juez elegir a las obstétricas; también pueden ser elegidas y usadas
por las partes. c) Es necesario se exija a las obstétricas la máx'ma dili-
gencia; y así no basta que miren lOs genitales de la mujer, sino q e hagan
tacto con suficiencia y sagacidad7 • i

Procesalmente, estas pruebas, comúnmente denominadastista de


ojo, podían ser solicitadas en cualquier momento del juicio, inc uso des-
pués de cerrado el período probatorio, porque esta prueba no, ebe ser
excluida, ya que ella supera todo tipo de prueba8 •
I

4. Por lo que toca a la enajenación mental, los decretista~ly decre-


talistas exponían la doctrina al comentar los cánones del Ca U8 /uris
Canonici. El Decreto de Graciano en su capítulo neque furiosl sostie-
ne, de manera poco clara, que el furioso no puede contraer matrimonio,
, '

6 Cf. M. LEGA, Praeleetiolws de iucliciis f!cclesiasticis, Romae 1905, t 1, p. 443.


El Cardenal De Luca refiriéndose a las pericias dice: "Datur item frequen r in praxi
illas species probationis, quae fiat cum judicio peritorum. Quamvis eteni ista, pro
frequentiori contingentia, aecidentia potius, quam substantiam percutere s leat, puta
aestimationem, seu liquidationem valoris, vel alterius qualitatis, vel qua titatis, et
sic declarationem aut detectio ejus quodjam inest; sed nobis, pro nostri hu ni inte-
Uectus imbecillitate, ignotum est, certificari autem patest, mediantibus lis ali-
cujus artis, vel scientiae, unde propterea ad peritos in ea recurrere oporte t". Luego
añade: "Id autem praesertim practicari solet per Rotam, et quandoque tiam per
Cameram. Et sic per magna et collegiata tribunalia" (G.B. DE LUCA, T" almm (le-
rilatis el iusliliae, vol. VIII, Venetiis J 734, L. XV de ilUliciis, Discep. 33, 19 Y 30).
7 Cf. T.SÁNCHEZ, lJf! scuwlo malrimonii sacrculw"to di8P"tatiOl"'~'" Viterbii
1754,lib. 7, disto 94, n Q 5,6; lB. lib.. 7, disto 1.1~, ~v 11, ~1; lB. !i~. 7, di~t: 1 ,n".6; P.
MURlLLO VELARDE, Curslls .Jurls CCUWIUN lI,spmu f.'.t ¡"d,e" Matrltí 1 91, lib. 4,
tito 15, pp. 88-91, n Q 139-142.
• "(... ] tunc judex advertat, an sint elapsa omnia tempora probatoria;
fuerint videat an ill.a, quae dixit pars velle facere, sint talia, quae extra rminum
$Si elapea

probatorium fieri possint, Veluti si per ÜISpt'Clionem ocrdorum Judicia veli para ali-
quid probare de sua intentione, quia talis probatio numquam censetur cluaa, et
superat omnem apeciem probationis" (G. SUAREZ de PAZ, Prcucis f!C(!k iastica el
IUlf!.Clllaria, Matriti 1780, t. 1, l' Parte, Temp.8, p. 99, n" 129). . I
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 19

pero si la amencia no es habitual, es válido el matrimonio celebrado


antes o después del acceso de locura, y no deben ser separados9 • Por su
parte, Inocencio 111 se dirigía al obispo de Vercelli el 28 de diciembre de
1205 con su famoso capítulo dilectlls en que habla de amencia conti-
nuada de continuo fllrore y le ordenaba separar al esposo amente 10•
La legislación española, basada en la doctrina y en las distinciones
de los decretalistas, afirmaba:

"Prometer puede a otro, todo ome a quien non es defendido


señaladamente. E porque ciertamente puedan saber, qua les son
aquellos a quien es defendido, queremoslos aquí nombrar. E
dezimos, que son estos: el que es loco, o desmemoriado, e el
menor de siete años, a quien llaman en latín infans, o el pupilo
que es menor de catorze años, e mayor de siete"ll.
En la glosa a este texto, Gregorio López hace suya la distinción es-
tablecida por Baldo, entre mentecato y furioso. Para este autor del si-
glo XIV, el furioso tiene un furor patente y el mentecato un furor laten-
te 12• Sin embargo, ambos se equiparaban jurídicamente.
"Desde el lejano derecho romano hasta la actualidad, la expresión
"lúcido intervalo" es usada sin la necesaria precisión, como muchos otros
términos médicos cuyo empleo en las leyes modernas -proveniente de
conceptos oscuros y anticuados- no corresponde a la verdad científica"13.
Esta afirmación de Nerio Rojas permite ver que el lúcido intervalo fue
el gran problema de canonistas y juristas en general.
No entraré ahora en esto, porque la demencia, como defecto de con-
sentimiento, nunca fue tratada en esta Audiencia Episcopal. No hay

y "Neque Curiosua, neque Curiosa matrimonium eontrahere poesunt; sed si con-


traetum Cuerit, non separentur". A lo que Graciano añade: "Ut ergo ex praemissis
colligitur, non licet huie dimissa uxore aliam ducere. Manet enim inter eos quoddam
vinculum coniugale, quod nee ipaa separatione dissolvitur" CC 32, q. 7, can. 26). CC.
P. GASPARRJ, Trc,dCltUfI í'Cmollic,," de 1Itntrimonio, Parisiis 1904, vol. 11, pp. 11-12,
nl/884.
10 "Quum autem eadem mulier eum ipeo viro, qui continuo furare laborat, mo-
rari non poesit, et propter alienationem Curans, legitimus non potuerit intervenire
consensua, Cratemitati tuae per apostolica seripta, mandamus, quatenus inquisita
plenius veritate, si rem ita esse novens, praefatas personas cures suhlato appella-
tionis diffugio ah invicem separare" (X 4.1.24).
11 Partida 5, tito 11, L. 4, en los CC.EE. t. 111, p. 694.
12 11. "Mente captus est, cui mens deficit et consilium animi non habent; nu-
llum tamen furorem ostendit, [...] et iste babet furorem latentem; Curiosua vero pa-
tentem [...]. ltem demens, id est, sine mente, vel destitutus mente [...] et istud de
mente capto (...] quando nihil rationis habet, seu omnino nihil rationis sapit" (Gloaa
a la ParlüL. 5, tito 11, L. 4, v. O desmemoriado, en los CC. EE. t. 111, pp. 694-695).
Ce. alMa a la ParlicL. 4. tit. 2, L. 6, V. El que fuese loc~o, en lB. pp. 414-415.
20 NELSON C. DELLAFERRERA

rastros en las actas que indiquen que la falta de uso de razón! fuera pro-
puesta en algún juicio de nulidad matrimonial. Sólo hay alu~iones a la
enfermedad mental de alguno de los esposos en orden a mE'ijor probar
la sevicia y los malos tratos en las causas de divorcio. •.
Pero, esta sola afirmación negativa, es procesalmente i~teresante,
porque, como decía el cardenal De Luca: "Quaestio haee de tEtamento-
rum ob mentis defeetum invaliditate videtur de magis invo utis, quas
habemus, non qllidem inpllneto iuris, dum nullam legum an ·nomiam,
vel dubillm intelleetum desuper habemus, sed ex varietate seri entium "14.

5. Alrededor de la segunda mitad del siglo pasado, diverslas congre-


gaciones romanas dieron normas procesales más detalladals para los
casos de impotencia e inconsumación del matrimonio. Así s~ determi-
naba que, para la inspección del varón, eljuez debía designat al menos
dos peritos médicos, de entre los de mayor renombre en la ciy.dad. Para
la inspección de la mujer nombraba a dos obstétricas. .
En este último caso, el dictamen escrito de las obstétriqas era so-
metido al criterio de los médicos. Si quedaban dudas, las obsté~ricas eran
nuevamente interrogadas por los médicos. Finalmente, Sij.10S profe-
sionales de la medicina no alcanzaban la certeza necesar a, debían
inspeccionar personalmente a la mujer, en presencia de una comadro~
na designada de oficio. Todos, tanto médicos como obstétric4s y coma-
drona eran examinados por eljuez l5 • Se indicaba el modo del1constituir
el tribunal, cómo redactar las actas y también, las pregun as funda-
mentales que habían de proponerse a los testigos y las gara tías a ob-
servar en la inspección médica.

6. Para la buena comprensión de las actas, se ha de tenet presente


que el perito no tiene función procesal decisoria, sino solame~te proba-
toria 16. De Luca advertía que los peritos podían intervenir 1omo árbi-

13 N. ROJAS, Medicina legal, Buenos Aires 1979, p. 378.


B G.B. DE LUCA, 'I'ltectlrum ... oc, vol. V, L. IX De testamentis, Dispp. 38, nI! 2.
15 Cf. S.C.C. lnstr. a. 1840, Cum moneat glossa., en ASS, t. 1, Rom4e 1872, pp.
439-444; S.C.S.Off. Instr. a. 1858, en GASPARRI, Fontes IV, Romae 1~26, n 2 946,
pp. 220-222; lB. Instr. Ad episcopos ritlllan orientalium, a. 1883, nI! 1016, pp. 408-
410, tito VI, arto 45-50. !

16 Los autores antiguos no coinciden en este aspecto. Para algunosl de ellos, la


pericia supera toda forma de prueba: "quia talia probatio numquam cen~etur exclu-
sa, et superat omnem speciem probationis" (G. SUAREZ de PAZ, Praxis:, ... oc, t.I, 11
Parte, temp. 8, p. 99, nI! 129). "y de aquí se infiere, que si en juicio (sob~e cosas que
consisten en pericia, ciencia, o arte) se cometiere a pe!,sonas peritas erl ellos, hace
fe, y se ha de estar a su deposición [ ... ]" (J. HEVIA BOLANOS, Curia Phili1r,'ca, Madrid
1761, p. 86, nI! 26)."[ ... ] per medicos et chirurgos, dum inquiritur de gra 'tate infir-
mitatis, vel vulneris, si dubitetur, an aliquis sit occisus ex vulnere, vel n n; per obs-
I
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 21

tros o como testigos peritos 17 . En el primer caso, la fuerza de la pericia


es definitiva, y se aplican las normas establecidas para el arbitraje. En
el segundo caso, las partes tienen derecho a impugnar la pericia, y el
juez puede apartarse de las conclusiones periciales con razones funda-
das.
Para una mayor claridad y mejor división del trabajo voy a distin-
guir entre las pericias exigidas en los juicios por esponsales, divorcios,
matrimonios por sorpresa, nulidades matrimoniales, juicios criminales
y la producción de informes.

11. Pericias médicas en·'osjuicios por esponsales


7. Entre las causas por las que se disolvían los esponsales, se enu-
meraba la del delito carnal consumado con tercera persona. En ese caso
la parte inocente podía retractarse y disolver el contrato esponsalicio.
De ahí la actitud del provisor en los casos siguientes:
El 28 de marzo de 1794 solicitaba la pericia ginecológica de la ac-
cionante: "Respecto a que nada se deduce de las anteriores declaracio-
nes, que pueda comprobar el parto que se le imputa a Doña Petrona
Iriarte, y a que para este caso, ha pedido su contrario el reconocimiento
por mujeres peritas; procédase a él; y para este efecto se nombra [ ... ]
quienes declararán bajo juramento lo que advirtieron según su enten-
der"18.
Es interesante, desde el punto de vista de la práctica de la medici-
na en esta región, el interrogatorio a que son sometidos médicos, cu-
randeros y simples testigos, frailes y laicos de la ciudad, a propósito
del embarazo y posibles abortivos que denuncia la accionante, frente a
la promesa de esponsales no cumplida.
En primer término declara el franciscano Pedro Luis Pacheco. Lue-
go son examinados a tenor del interrogatorio de la accionante el mula-
to Pantaleón, boticario del Hospital Betlemítico; Pedro Vargas, esclavo

tetrices foeminae inspiciuntur, et aliquando etiam per medicos, quando dubitatur


de mulieris potentia, vel utrum sit virgo, vel an gravida inveniatur. Et sic de simili
bus. Nam unicuique in sua arte perito credendum est in materia suam artem con-
cernentem, duo tamen sunt adhibendi, qui juramento dicent, quod verum judicent,
et quid in ilIo puncto sentiant juxta suae artis principia, et propriae conscientiae
dictamen, et sic fidem facient" (P. MURILLO VELARDE, Cllrslls ... oc, lib. 2, tito 19,
pp. 281-282, n 2 146).
17 Cf. G.B. DE LUCA, Theatrum ueritatis et jllstitiae, vol. VIII, Venetiis 1734,
L. XV, De llldidis, Disc. 33, n 2 20; V. PALESTRO, Le perizie, en AA.VV. 1 mezzi di
prava ltelle call.~e matrimoltiali secoltdo la gillrisprlldeltza ratale, Citta del Vaticano
1995, pp. 72-78.
18 AAC, Leg. 193 Juicios por espoltsales 1794-1797, t. IV, Exp. n 2 5, s/f.
22 NELSON C. DELLAFERRERA

del convento de San Francisco; el facultativo en medicina ¡pon Miguel


del Mármol. A propósito de los abortivos, Clementa Gigena~ esclava de
Don Pablo Gigena, declara: "que es cierto que Don Franciscq [Vázquez]
Maceda llevó a casa de la declarante, en una de las noches cile Navidad
último, un día miércoles, un frasquito de cristal, mediano, ~nvuelto en
un pañuelo, lleno de cierta agua, que según tiene especie eI1a colorada;
y dentrándose en la sala vieja, donde estaba la declaran~ con otras
criadas rezando el rosario, esperó allí dicho [Vázquez] Mac da que en-
trase su señorita Doña Isabel que estaba con su madre en 1 sala prin-
cipal [... ] y le entregó dicho frasco a vista de la declarante"!! .

8. En otro caso de promesa de matrimonio no cumPlid~y embara-


zo, la parte demandada se presenta el 18 de julio de 1798 bajo jura-
mento: "dijo que es cierto que por el mes de abril del prese te año dio
palabra de casall)iento a Valentina García, pero que no ha enido acto
carnal alguno con ella" :W, cosa que ha afirmado la mujer e, su escrito
de demanda. '
J.\l mismo tiempo, solicitaba pericia sobre la mujer acc~onante. El
provisor designa al cirujano Don Martín Pavón y a la part~ra Ana Pa-
vón, para que reconozcan si Valentina García está embara ada. Fren-
te a esta resolución, la accionante dice: "que se excusase 1 diligencia
de su reconocimiento respecto a que estaba ya cierta que no tenía el
embarazo que se había supuesto al principio de esta causa~ como se lo
habían indicado otras inteligentes"2!. :

19 AAC, Leg. 193 Juicios por et,/xmsule-B 1797-1798, t. V, Exp. úni


19v, 35r-36v, 42r. 42v-43v, 43v-46r, 54v. La sentencia afirmativa ser
de marzo de 1798, es decir, que consta de la promesa de matrimonio. e impone al
demandado la obligación de contraer matrimonio o de dotar a la es en $ 3000
(fs. 329-330). El demandado apela por ante el metropolitano de Cha s en la causa
de esponsales, e introduce el recurso de fuerza por ante la Real Audie cia en lo que
hace al estupro y a la cantidad de la dote por ser privativos del conocim ento del juez
real.
20 AAC, Leg. 193 .Juicios por esponsales 1798.1807, t. VI, Exp. n ll ,fs. 2r.
21 AAC, Leg. 193 Juicios por esponsales 1798-1807, t. VI, Exp. n ll 3, fs. 2r, 15r-
16r, el resto s/f. Encarcelado, el marido pide al provisor la libertad pa a curarse de
su enfermedad. El juez resuelve: "[2 de julio de 1799] que el facultativ que asiste a
la curación de los presos certifique la enfermedad de esta parte y hech se proveerá
sobre su soltura" (s/f). El médico José Miguel Mármol informa: "[3 de ulio de 1799]
el facultativo que asiste en la Real cárcel cumpliendo con el decreto de,V.S. certifica
haber reconocido y curado en ella al reo que se halla entre puertas Ale~' . ndro Murúa,
el que padece de una gonorrea purulenta gálica antigua, agregándose a la dicha cau-
sa un dolor en el bacío izquierdo, cuyas dos enfermedades necesitan p lija curación,
y no siendo el paraje donde se halla a propósito para ello, podrá V.S. nerle en li-
bertad para verificar su curación".
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ...23

lIJ. Certificados médicos en las causas de divorcio


9. En los pocos juicios matrimoniales del siglo XVII, sólo hay una
referencia a la atención médica que indicaré más adelante. En el siglo
XVIII se registra un único caso en 1788. La intervención de los peritos
médicos comienza a percibirse en la década inicial del siglo XIX.
En el primero que exponen las actas, una parda libre, frente a los
violentos castigos que le inflige el marido, solicita se recabe el corres-
pondiente certificado expedido por el médico que la atendió. El provisor
pasa un oficio al Gobernador Intendente para que mande dar el certifica-
do. El médico lo extiende en estos términos:

"[21 de septiembre de 1801] Don Miguel del Mármol, facul-


tativo en cirugia y medicina, certifico, en cumplimiento del de-
creto antecedente, que es cierto haber estado asistiendo, por
orden verbal del Señor Alcalde de 111 voto, Don Ambrosio Fu-
nes, a Sinforosa Castillo, de resultas de unos golpes en cade-
ras, espaldas, brazos y cara acardenalados, y hechos al parecer
con instrumento magullante y contundente, como lo es un lazo
o cosa semejante; a la que inmediatamente sangró de ambos
tobillos el Maestro Savedra; cuyas sangrías se deben, como asi-
mismo mis asistencias y medicamentos que importan diez pe-
sos. Dicha Sinforosa Castillo se halla en el día libre de peligro,
aunque algo débil de la cabeza. Es cuanto puedo certificar en la
materia''22.
10. En las parroquias de campaña solía bastar el informe del pá-
rroco, dado por sí mismo o con el asesoramiento del juez del partido. En
este último caso, decía:

22 20. AAC, Leg. 199 Di"orc;oB .. , 1800-1802, t. VI, Exp. nI! 4, s/f. lB. Exp. nI! 10,
s/f. aparece como perito médico Gerónimo Ameller, quien se autodenomina "Tenien-
te subdelegado del Superior Tribunal del Real Protomedicato". En alguna ocasión, el
cura y vicario ordena el examen de la m4ier. El 25 de julio de 1807 el cura y vicario
del Río Cuarto, manda que Ciríaca Torres maltratada por su marido sea "reconocida
por tres mujeres honestas quienes depondrán bajo la gravedad del juramento, el es-
tado en que s.e halla el cuerpo de la querellante para poder dar parte con el resultado
de esta causa al Señor Provisor". Las mujeres designadas coinciden en sus conclusio-
nes y dicen que la esposa tiene: "las espaldas maltratadas y Uena de cardenale., no
obstante hacer algunos días que había sido castigada [•..] tenía dos o tres heridas.
una de ellas del ancho de cuatro dedos en el costado izquierdo, otra en el hombro y
sobre el vientre [ ...] una lista morada que cruzaba de parte a parte, que cerca de 1..
rodillas tenía varios cardenales; que nunca conoció otras partes del cuerpo porque el
pudor y la vergüenza de la paciente no lo permitieron" (MC, Leg. 200 Dioorcu. ...
1803-1810, t. VII, Exp. n" 9, s/O.
24 NELSON C. DELLAFERRERA

"[lschilín 7 de marzo de 1825] Certifico en cuanto puedo y


ha lugar en derecho, que es verdad que por dos ocasi~nes ha
puesto queja Doña Josefa Figueroa sobre la mala vers~ción de
su marido Don Antonio López, y que aún habiendo tOn}ado las
medidas de precauciones, que se han creído necesari~s, para
contener tan grande mal, éste ha seguido adelante, y crep a efec-
to de la indolencia de los jueces. Por lo que respecta a Ir
impu-
tación [de] sevicia, ultrajes, golpes y azotes, a más de,ser tan
público en el vecindario de su residencia, he tenido a bi~n infor-
marme del actual juez Don Nicolás Arce, de su celator Don
Rufino Rodríguez, quienes después de la soba hicieron, ista de
ojo, y declaran haberla encontrado hecha pedazos las ~spaldas
y brazos. En esta virtud y para los efectos que a la pa~te con-
vengan, doy éste firmado en el mismo día, mes y año'''.
En circunstancias parecidas, el cura y vicario de San Ff,anCiSCO del
Chañar, Roque Gregorio Henestrosa, solicita al juez secu ar con sede
en esa localidad, Don Ramón Bustamante, para que en c mpañía de
personas honestas verifique los castigos infligidos a la mu er, antes de
ordenar la separación. El juez cumple su cometido y el c~ra y vicario
decreta la separación provisional de los esposos, el 28 de m4'tyo de 1863.
Las actas son elevadas al provisor24 •

11. No falta la mujer que demanda divorcio por la enfermedad con-


tagiosa del marido. En ese supuesto, el provisor resuelve: i

"[12 de enero de 1822. Dr. José Rodríguez 25] Doña] Geróni-


ma Toca y Maza solicita divorcio de su marido, Don ~orberto
García, interim se restablece de enfermedades que dicb son in-
compatibles con su salud en la reunión social. Sír~ase Ud.
imponerse de otras enfermedades y certificar a contin~ación el
resultado de su reconocimiento para el conocimiento ~ebido de
esta causa".
El médico practica el examen e informa:

"[15 de enero 1822] Certifico en virtud del decrett,que an-


tecede que habiendo visto y reconocido exactamente a on Nor-
berto García no le he hallado ninguna enfermedad ctual ni
I

23 AAC, Leg. 202 Diuoreios ... 1815-1825, t. IX, Exp. n V 31, s/f.
24 24. AAC, Leg. 204 Diuol'cios ... 1850-1866, t. XI, Exp. n 20, ~/f.
V

25 Cf. F. GARZON MACE DA, La medicina en Córdoba, t. 1, Bueros Aires 1916,


pp. 204-208. •
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 25

contagiosa, y en el término de siete años que resido en ésta no


le he asistido de ninguna de dichas enfermedades; y si sólo pa-
dece por tiempos, principalmente en verano, y cuando sufre
muchas insolaciones, dolores vehementes de cabeza o de jaque- .
ca y de seguida una estilación fuerte por las narices, que él mis-
mo confiesa es algo fétido, pero no muy duradero, pues con los
baños y algún otro pequeño medicamento pasa luego; lo que creo
no es impedimento para la separación del matrimonio en la ac-
tualidad''26.

12. En los pleitos de divorcio por alcoholismo de la mujer, al que se


añade el embarazo de la misma por un tercero, el marido acciona, sea
para liberarse del pago de la cuota alimentaria, sea para la tutela de
sus derechos de legítimo esposo. Previa petición de parte, el provisor
resuelve que la mujer sea examinada por el perito médico. Los térmi-
nos solían ser los siguientes: .

"[14 de noviembre de 1833] Señor Provisor y Vicario Gene-


ral: Don Miguel Carrera, vecino y del comercio de esta Ciudad,
en autos con mi esposa Doña Romana Sotomayor, sobre divor-
cio [... ], digo: que tengo antecedentes y sospechas las más vehe-
mentes para persuadirme del estado de preñez en que actual-
mente se halla dicha mi esposa, y sin embargo, de no haberse
mandado recibir la causa a prueba, temeroso de que se desem-
barase naturalmente, o de algún otro modo antes de terminar
el probatorio, se ha de servir la justificación de V.S. mandar se
reconozca por el facultativo que sea de su superior agrado, con
el posible sigilo, y que hecho se me dé vista para en oportuni-
dad hacer uso de mi derecho".
El médico designado, Dr. Pablo Pastor 7, hace dos visitas a la mu-
jer. La descripción que deja asentada el profesional, es suficiente para
advertir las dificultades en que se encuentra y la índole de la mujer
actora en el caso. Las anoto íntegramente, antes y después del parto,
porque son de interés para advertir el contexto en que se movía el mé-
dico, en esa época.

"[25 de noviembre de 1833, Dr. Pablo Pastor] En virtud del


oficio que recibí de V.S. fui a imponerme del estado en que se
hallaba Doña Romana Sotomayor, en quien se manifestaron

26 26. AAC, Leg. 202 Dinol'(úm ... 18/5-1825, t. IX, Exp. nO 20, s/f.
27 cr. F. GARZON MACE DA. lJa medicina ... oc, t. I, pp. 186-187).
26 NELSONC.DELLAFERRERA

síntomas, algunos dudosos, y otros, que fueron los más, que está
embarazada como de seis meses, y no obstante de los prjimeros,
me afirmo por los otros, me afirmo más en su preñez,~ por la
acción que hizo cuando fui la segunda vez a reconocer a, para
afirmarme en mi juicio; porque pretextando ir al fon de su
casa, se desapareció, sin haber podido averiguar a d~nde se
había ido, acción que con ella da a entender sospechab'l que yo
había conocido la primera vez el estado en que se hallab~, y para
que yo no me afianzase en mi juicio, evadió el segundo ~noci­
miento, porque de no ser efectivo su embarazo, a qué ~pugnar
hiciese la segunda diligencia"28.
Producido el parto, el provisor reitera el pedido de visi~ médica:
,

"[28 de diciembre de 1833] Sírvase v.m. pasar al ¡recono-


cimiento de Doña Romana Montemayor [sic], sobre la terifica-
ción de su parto, y resultas de ello, pasando a esta C).¡ria las
noticias correspondientes para los efectos consiguie~tes". El
médico responde: .

"[30 de diciembre de 1833, Dr. Pablo Pastor] El fa~ltativo


que suscribe, fue ayer tarde a practicar el reconocimi~nto que
en anterior oficio se expresa, y habiéndole manifestadq a dicha
Doña Romana Montemayor [sic] la diligencia que de otden su-
perior iba a practicar, me contestó: que ella no tenía padie la
mandase sino Dios y el Señor Alcalde; a dicha contes~ación le
reproduje [que] en lo eclesiástico podía también man~arla el
Señor Provisor del Obispado, de cuya orden iba yo, YI así que
condecendiese a que cumpliese yo a lo que se mandaba¡. A cuya
reconvención contestó lo mismo que había dicho al: primer
requerimiento, y que no quería prestarse a ello. En cOr)secuen-
cia, le hice presente que condecendiese, que de no. darí~ tal vez
lugar a que se tomasen providencias más fuertes en ~rtud de
su oposición. la misma que hizo la segunda vez [que] ltabía yo
ido para cerciorame del primer reconocimiento, que ~e había
transportado a otra parte, siendo así que me dijo que l~ aguar-
dase en su cuarto; el que esperando que entrase, ca~sado de
esperar, dije a sU,hermana que fuese a ver qué hací, que no
venía, y la contestación de ésta fue: que no se hallaba ~n el fon-
do de la casa, ni sabía a dónde había ido; cuya acción ~e la hice
presente a Doña Romana, así que no hiciese repugna.cia, que
i

:la AAe, Leg. 203 Dil1ordo.'I •.• 1826-1849, t. X. Exp. 9


n 27, s/f.
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 27

yo verificase la diligencia que me había obligado a ir a su casa,


a lo que contestó: que aquella acción la había hecho porque le
daba la gana, lo mismo no le daba la gana que yo hiciese la
diligencia, porque no quería. Y viendo su resistencia me fui sin
haber ejecutado el reconocimiento que se me pidió, y se me or-
denó fuese a practicar''29.
13. El estilo de estos informes o certificaciones médicas no varían
mayormente. Sin embargo, presentan su interés y ponen de manifiesto
la particular sensibilidad del juez. Una pobre mujer que acciona su di-
vorcio por sevicia y malos tratos refiere:

"[24 de julio de 1863] digo que para comprobar cumpli-


damente cuanto tengo expuesto en mi demanda con relación a
los últimos actos de sevicia de mi esposo, presento un certifica-
do del boticario, que me ha suministrado los medicamentos en
la última enfermedad, causada por el cruel tratamiento que he
sufrido, pidiendo que reconocido en forma por la persona que lo
suscribe, se reserve en calidad de prueba'J3O.
El provisor resuelve: "por presentada con el certificado que adjun-
ta: comparezca el firmante a reconocerlo, previa citación contraria". Con
este decreto el notario del tribunal da el paso siguiente, y anota en la
minuta:

"[28 de julio de 1863] acompañado de Don Agustín Pío Cas-


tro [demandado], pasé a la botica de Don Manuel Tejada a que
reconociera su firma del certificado adjunto, y en su vista dijo:
que realmente él había dado dicho certificado y que por consi-
guiente era su firma propia la que en él aparecía; y para que
conste lo firmó como que doy fe'l6I.

14. En un extenso proceso, accionado por el marido, presuntamente


celoso, por supuesto adulterio de la mujer, y que concluye dejando libre
de culpa y cargo a la esposa, los peritos médicos se limitan a informar
sobre la: enfermedades que padece la mujer; haciendo constar que la han
encontrado en compañía de sus familiares:

29 28. MC, Leg. 203 Dil'OI"ciOB ••• 1826·1849, t. X, Exp. nO 27, s/f.
30 AAC, Leg. 204 DilPO/'CiOB 1850-1866, t. XI, Exp. nI! 21, fa.
31 El boticario había escrito: "[23 de julio de 1863] Certifico ser verdad haber
visto a Doña Felipa Chavarría con un golpe en el hueso cerca del ojo, y por sus cir-
cunstancias escasas me rogó le diése los medicamentos necesarios, lo que efectué"
(AAC, Leg. 204 Dil>OrciOB ••• 1850-1866, t. XI, Exp. nO 21, fs. 12-13r).
28 NELSON C. DELLAFERRERA

"[6 de noviembre de 1866. Dr. Luis Warcalde 32] Se or No-


tario Eclesiástico: En virtud de la notificación que Ud me ha
hecho en esta fecha, por orden del Señor Provisor, digo, ue sólo
recuerdo haber asistido durante pocos días, a mediados del año
pasado de mil ochocientos sesenta y cinco, a Doña Cru Rodrí-
guez, de una afección intestinal".

"[6 de noviembre de 1866. Dr. Mateo J. Molina 33] Se or Pro-


visor: Cumpliendo con lo mandado por V.S. certifico: q e hace
algunos años que con frecuencia asisto a la señora Do a Cruz
Rodríguez de Moyana; que recuerdo que las enfermeda es más
frecuentes que ha padecido la mencionda señora, han si o afec-
ciones a la garganta, y en estos últimos tiempos la he~SistidO
una vez de una disentería, otra de una fiebre intermi ente, y
una o dos veces de una gastroenteritis (inflamación d 1 intes-
tino); que siempre que la he visitado en sus enfermed des, la
he encontrado asistida por sus deudos"34. ¡
,
,
,

15. Hay circunstancias en que el provisor dice escuetalnente: "In-


forme el médico Dr. Don Virgilio Moyana, como se solicita ep el 22 otro-
sí del escrito de la querellante, previo el juramento de estil~". El facul-
tativo expone: '

"[10 de febrero de 1882. Dr. Virgilio Moyan0 35] En virtud de


lo solicitado por el Señor Rodríguez de la Torre y orden~do por
el decreto de fecha de hoy, debo declarar: que el cinco I del co-
rriente fui llamado por Don José Repetto para asistir a ISu. hija
Teresa Repetto de Faure la que tenía las contusiones ~iguien­
tes en vía de resoluciones: la primera en la parte anteri~r de la
articulación húmero radial izquierdo; otra en la parte ~nterior
de la articulación escápula humeral izquierda; una telera en
la región masto idea del temporal derecho, y una rasadura so-
bre la rótula izquierda que le había levantado la epide mis"36.

:u Cf. F. GARZON MACE DA, La medicina ... oc, t. 1, pp. 257; 30q-302).
33 Dr. José Mateo Malina. ''Llegó a Córdoba en 1854 [ ... ]. Fué po*mUChOS años
médico del Colegio de Huérfanas, del Convento de Santa Catalina; y t va en el pú-
blico clientela selecta [ ... ].Los contemporáneos.y su posteridad lo han calificado de
hombre probo, caritativo, celoso y abnegado; cualidades que se revel ron en grado
superior durante la epidemia del cólera" <F. GARZON MACEDA, La" dicina ... oc,
t. 1, p. 262; lB. t. I1I, Buenos Aires 1917, p. 688). !

34 AAC, Leg. 205 lJil1orcio8 ... 1866-18?~, t. XII, Exp. nI! 1, fs. 47r~8r.

3G Cf. F. GARZON MACEDA, La medu·ma ... oc, t. 1, pp. 287-289 .

36 34. AAC, Leg. 210 Dil'orcio8 ... 1877-1884, t. XVII, Exp. nI! 11, . 11.
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 29

IV. Testigos médicos en causas de matrimonio por sorpresa


16. En un sonado caso de matrimonio por sorpresa S7, celebrado el
10 de septiembre de 1788, entre Pedro Fabián Pérez y María Antonia
Farías, el cura párroco de la catedral, Dr. José Antonio Moyano, impu-
tado y procesado en la causa, solicitaba fueran citados como testigos dos
médicos de la ciudad.

"[10 de diciembre de 1788] ... se ha de servir Usía mandar


que Don Miguel Mármol, y el Padre Fray Martín Torres, a conti-
nuación de éste absuelvan las preguntas siguientes:
"1 11 Primeramente, digan y declaren, que si a causa de mis
achaques crónicos y habituales, soy propenso a ciertos movi-
mientos violentos de temor, sorpresa y turbación. 2 11 Item, si les
consta que en tiempos pasados, estos efectos son los que se han
notado como principales resultas en mis enfermedades. 311 Item,
digan asimismo, que si en dichos tiempos he padecido algunos
meses sin interrupción, causando en mis achaques, o haciendo
en estos el principal papel, los dichos efectos de miedo, temor,
etc. 4!l Item, si saben y entienden, que sin concurso de otra cau-
sa que mi interior indisposición, se experimentan en mi cada
día estos mismos efectos''98.

17. El primer testigo médico, legítimamente citado, es el Reveren-


do Martín Torres, quien, obtenida la venia de su prelado religioso, se
presenta y declara en estos términos:

"[19 de diciembre de 1788] A la primera pregunta dijo: que


le consta, que el que le presenta, padece habitualmente
obstrucciones cirrosas de hígado y bazo; las que son causa de
los movimientos de sorpresa, miedo y turbación que padece, y
responde. A la segunda pregunta dijo: que es cierto el contexto
de la pregunta, y responde. A la tercera pregunta dijo: que es
cierto el tenor de la pregunta, y responde. A la cuarta dijo: que
no puede absolver dicha pregunta, y responde ser la verdad, so-
cargo del juramento que ha prestado. Yleída su declaración, dijo
estar bien escrita y que no le corresponden la generales de la
ley; que es de edad de veintinueve años y lo firmó con S.S.".

37 Cf. N.C. DELLAFERRERA, "Ma.trimonios clandestinos en la. Córdoba diecio-


c/t(~sca", en Crit(~rio, Buenos Aires 1989. pp. 440-447.
38 16. AAC, Leg. 196 Di/lorcio8 ... 1786-1790, t. III, Exp. nI! 6, fs. 13v-14r.
30 NELSON C. DELLAFERRERA

El otro médico es don Miguel Mármo1 39, quien expresa:


,

"[19 de diciembre de 1788] A la primera pregunta dilo: que


ahora año y medio le llamó el que le presenta, para que ló cUra-
ra de una destilación capital, lo que no tuvo efecto, que d~pués
acá ignora sus padecimientos''4o. Dice desconocer las dern+s pre-
guntas.

18. El promotor fiscal rechaza con dureza las afirmacio~es de uno


de los médicos y descalifica sus conocimientos técnicos:

"[23 de diciembre de 1788] Aún concedido, que pade~ re-


gularmente de tem. ores, sorpresas y espanto, de que no t~ene el
menor apoyo en la declaración de Don Miguel Mármol, ~ue ne-
cesidad había de que en este número [sic] caso experim~ntase
aquellos temores, ni de que éstos llegasen al extremo de Ptivarle
de la libertad, principalmente cuando como lleva expu~to el
fiscal, las circunstancias que concomitaron a aquel acto ~o son
por sí capaces de influir el menor temor [...]". Ocho mes+S más
tarde, el promotor fiscal insiste: "[18 de agosto de 1789] Asimis-
mo, no encuentra el fiscal razón que lo persuada, ni qUf le fa-
vorezca para decir que padeció perturbación de sus senti4°s, tal
que le privó la libertad, y esto sin que sea necesaria ot~ causa
o agente que su interior indisposición, pues si esto tuviera en
qué apoyarse (dejando como infundada y sin que merizca la
atención de un tribunal, la certificación del Padre Fray ldartín
Torre.s, así por no tener la más mínima tintura de cienci~ en la
facultad médica, como ni reputarse por el número de m~ico de
esta ciudad) se seguiría que dicho Doctor Moyano era I inepto
para el ministerio de cura [... ]"41. I

3!1 17. Don José Miguel Mármol, médico y boticario, ejerció la med~cina en Cór-
doba entre 1776-1815. Su biografía, su actividad y sus pleitos en F. Gf'\RZON MA-
CEDA, IJu meclirilto oo. oc, t. 1 Buenos Aires 1916, pp. 99-112; 340; 347;
40 18. AAC, Leg. 196 Dit'orcios ... 1786-1790, t. III, Exp. nI/ 6, fs. 1)4v-15v.

41 19. AAC, Leg. 196 IJit,or('io8.oo 1786-1790, t. 111, Exp. nl/6, Cs. 1~ 29r. En su
respuesta, el cura de la catedral deja sentada la situación de la medici~ en Córdoba
y dice: "Redunda el fiscal en negarme la perturbación que padecí en e~ acto del ca-
samiento por la sorpresa que me hicieron los contrayentes. Para estQ ni~ga lo prime-
ro esa indisposición interior ocasionada de mis achaques, dando por ~umento fe-
ble de toda autoridad, el certificado de fray Martín Torres por care~r de ciencia
médica, y de facultad para curar en esta ciudad, sin advertir, que 1o4os los demás
son médicos por tolerancia, sin facultades ni título de ningún Protom~icato, y que
en esta deplorable constitución, nadie podría documentar sus enferm~des [...]" (lB.
Cs. 35v-36r).
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA .•. 31

En el caso hay que tener presente que el asesor letrado, designado


a pedido del cura imputado, dice: "que sin embargo que el Fiscal por su
.escrito folio trece, puso la acusación a todos, no se ha seguido la causa
ni oído a otro que al Dr. Moyano ... por todos estos defectos sustancia-
les soy del sentir que se debe declarar nulo todo lo obrado en esta causa
desde que se puso la acusación, y ponerla en estado de sumariaJll2 No
se sabe exactamente en que concluye la causa, porque el cura párroco
muere poco tiempo después.

v. Pericias médicas en los casos de nulidad matrimonial


19. En este terreno sólo existe una pericia completa por impotencia
masculina, en un largo proceso que recorre las tres instancias43, con re-
sultado adverso para la mujer actora. En los demás casos, sólo se hace
alguna referencia a la impotencia del varón. El vicario foráneo informa
al provisor y da cuenta de los pasos dados 4 ".

42 AAC, Leg. 196 n;,1Ordotl ... 1786-1790, t. 1I1, Exp. n" 6, fs. 41r-421-.
43 Conviene recordar que el primer arzobispo de Buenos Aires, Mariano José
Escalada, organiza los tribunales eclesiásticos por decreto del 17 de diciembre de 1866,
de acuerdo con el breve ¡':xpo"wit w·bitll'" pastoralis oflidi del Papa Gregorio XIII.
En consecuencia, dice el arzobispo: "podrá apelarse de las sentencias de los señores
obispos sufragáneos o sus provisores, a la curia metropolitana de Buenos Aires. De
la sentencia de primera instancia de la curia de la arquidiócesis se podrá apelar al
sufragáneo más inmediato que lo es el de Paraná. Dos sentencias conformes harán
cosa juzgada". Respecto a la tercera instancia, establecía que las apelaciones se in-
terpusieran "ante el obispo sufragáneo más inmediato y declaramos que lo es para
las primeras instancias de Buenos Aires, el de Paraná; [para las) de San Juan y Sal-
ta, el de Córdoba; para las de éste y del Paraguay, el de Paraná" (cf. Antecedentes y
resol"dolH'.Jf sobre el c,,,lto. /lf~mp;¡clCión enmmemlcula por el /<:xc.mo Selior Ministro
d(~ RelclC;olW-S Exteriores y C"llo a la SIlb-sec,.,.tClría cJe JIl.'1tieia, Buenos Aires 1899,
pp. 205-206). En este caso concreto, San Juan fue la primera instancia con resolu-
ción adversa a las pretensiones de la actora. Apelada a Buenos Aires, obtiene sen-
tencia afirmativa. La tercera instancia radicada en Córdoba concluye negativamen-
te, es decir que no consta de la nulidad del matrimonio por impotencia del marido
demandado.
'" [3 de diciembre de 1827] Los esposos se presentan, en audiencia verbal con-
junta, ante el cura y vicario de Mendoza, José Godoy, por desavenencias en la vida
matrimonial. El cura y vicario expone al provisor que la mlÚer "alegó no poder ni
querer usar del matrimonio a causa de la extraordinaria magnitud y desproporción
del miembro viril de aquél, por cuyo motivo la única ocasión que lo intentó efectuar
el día de su desposorio [ ...] nunca pudo conseguirlo, esto es completarlo, sino sólo
causarle a su consorte una grave enfermedad de copioso flujo de sangre. Con este
motivo determiné remitirlos a particular examen y reconocimiento al cirujano Don
Juan Antonio Martínez, a fin de esclarecer la verdad, cuyo resultado manifiesta el
documento que original incluyo, para que en su vista se sirva V.S. deliberar lo que
convenga, quedando ambos entretanto separados [... ]" (AAC, Leg. 203 Di"orc;os ...
32 NELSON C. DELLAFERRERA
I

En el otro supuesto, se acusa formalmente la nulidad daematrimo-


nio, pero las actas están incompletas y no se conocen ni las dec araciones
de los testigos, ni la posible pericia 45 . Con todo, vale la pena u lectura
en base a la defensa que hace el marido demandado -médic . diagnos-
ticando el mal padecido por su ml\Íer, y los argumentos médic~ y jurídi-
cos que implementa para defender su matrimonio y su m~rmalidad
sexual 46 . -
El único caso que consta en actas de una pericia complet*, es reali-
zada dentro de los cánones de la medicina de fines del sigl1 XIX. Los
puntos a discutir son expuestos con claridad. Los pasos proc~sales im-
plementados por eljuez se resumen así: •

"[Mendoza 7 de mayo de 1872] Nómbrase para co~poner


la comisión médica que ha de practicar el reconocimiento solici-
tado a los Doctores Edmundo Day, Manuel Bonilla 47 y Ab aham
Lemos; dirigiéndoseles por secretaría el oficio de estilo"4 .
!

1826-1849, t. X, Exp. nI! 8, s/f}. El certificado médico a que hace menci~n el cura y
vicario no ha sido archivado en esta causa. '
45 Se trata del matrimonio celebrado [21 de agosto de 1800] entre an Fermín
Gordon e Isidora Zamudio, viuda de Domingo Garay, (AAC, Catedral- a.trimonio8,
t. 11, fs. 210v). Consta que "Don Juan Gordon y Díaz [es] médico ciruja de la Real
Armada de S.M.". Los testigos de información dicen haberlo conocido en C diz "cuando
el dicho Juan vino de su patria a estudiar en aquel Colegio la Faculta de cirujía"
(AAC, Leg. 79 Expedientes matrimonia.les 1800, t. 1, Exp. nI! 69). La muj r interpone
demanda e nulidad [5 de marzo de 1801] invocando la impotencia del m rido. No se
conoce la pericia (AAC, Leg. 199 Diuorcios ... 1800-1802, t. VI, Exp. nI! ,s/f). A este
mismo Dr. Juan Gordon se lo ve actuar como médico en un proceso de ivorcio ini-
ciado en Mendoza e13 de julio de 1817 (AAC, Leg. 202 Divorcios 18151825, t. IX,
Exp. nI! 10, fs, 27r). Cf. N.C. DELLAFERRERA, Catálogo ... oc, pp. 71- 2.
46 44. Este y otros casos debieron ventilarse en la ciudad. En la ca sa de divor-
cio [28 de mayo de 1802] por sevicia y malos tratos, entre Marcelina A osta y José
Simón Ascoytia, el marido demandado afirma: [25 de septiembre de 1 2] que ella
andaba buscando pretextos para tener en qué fundar el divorcio, cual f e uno de és-
tos, y me levanta la especie más horrorosa y criminosa, de que fue porqu no condes-
cendió con mi brutal concúbito, cosa por cierto que escandaliza, no s 'lo pensarlo,
cuanto más el asentarlo de plano por escrito, que no puede llegar a más atrevimien-
to de una mujer que quiere sacudirse el yugo, que ella propia se buscó; e que tene-
mos infinitos ejemplares a la vista, y recientemente el de la finada oña Isidora
Zamudio, que atribuía a su marido cosas inauditas, que nunca llegó a co probar [ ...]
(AAC, Leg. 199 Divorcios ... 1800-1802, t. VI, Exp. nI! 10, s/f). pOSibleiente, estas
causas de divorcio y nulidad matrimonial, fueran conocidas en la peque a ciudad de
entonces. Así en un juicio matrimonial se expresa: "Fue acaso necesari algún vicio
orgánico en el esposo de la finada Doña Manuela Viscarra, para que és contrajese
una enfermedad bien análoga a la de mi expresada consorte" (AAC, Le . 199 Divor-
cios ... 1800-1802, t. VI, Exp. nI! 5, fs. 35v). :
47 Cf. F.GARZON MACEDA, IJa. medicina '" oc, t. 1, p. 273. '
48 AAC, Leg. 207 Diuorcios ... 1872-1873, t. XIV, Exp. nI! 1, fs. llv'l
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 33

Los facultativos se expiden en una primera consulta:

"[Mendoza 16 de mayo de 1872] Los infrascriptos Doctores


en medicina, habiendo sido nombrados por el Vicario Foráneo
para asociarse y declarar sobre si hay impotencia absoluta y
antecedente al matrimonio del individuo Valentín Togni con
Catalina Carrera, y habiendo examinado detenidamente al ex-
presado Togni, han encontrado que éste padece de un vicio de
conformación congénito del miembro viril, denominado hipos-
padia, que no impide la cópula, pero que lo hace inhábil para
fecundar. Honorarios quince pesos cada uno. Son cuarenta y
cinco pesos''49.

20. Varios años más tarde, uno de los médicos reforma su dictamen
con estas precisiones:

"[Mendoza 28 de febrero de 1876] El que suscribe Doctor en


medicina de la Facultad de Buenos Aires, nombrado por dispo-
sición del Juez Eclesiástico para, en asocio de los Doctores Day
y Bonilla dé su dictamen sobre si el individuo Valentín Togni
tiene una impotencia absoluta y anterior al matrimonio ultima-
mente contraído con Catalina Carrera, habiendo opinado, de
acuerdo con sus colegas, en la conferencia habida el 16 de mayo
de 1872, que dicho Togni por efecto de un vicio de conformación
podía copular pero no fecundar, y en virtud de pedirse un nue-
vo examen y una declaración categórica sobre dicha cuestión,
creo indispensable para llenar este requisito, exponer los
fundamentos científicos en que ha basado su apreciación, con
las modificaciones que sus investigaciones subsiguientes han
impreso a su primer juicio. En el reconocimiento pericial, que
sobre Valentín Togni se practicó el 16 de mayo del 72 se cons-
tató la existencia de un hipospadia y también ausencia de erec-
ción en el pene. El vicio de conformación llamado hipospadia
consiste (en el caso presente) en una viciosa colocación y aber-
tura del canal urinario, que dislocado de su acostumbrado si-
tio, se abre a la mitad de la longitud del pene y no en su extre-
midad. En estas condiciones, supuesta la ereción (que hemos
dicho ser imposible en Togni), la cópula puede verificarse, pero
el líquido seminal no será recibido en el vas femineum sino que
se extraviará de su natural camino. No obstante, se han visto
casos en que los hipospádicos y los hermafroditas masculinos

49 AAC, Leg. 207 Dil1orcio8 .•. 1872-1873, t. XIV, Exp. nI! 1, fs. 16r.
34 NELSON C. DELLAFERRERA

que son sus análogos han podido fecundar. P"ro, en ~l caso


presente, es otro el verdadero obstáculo, cual es la falta d~ erec-
ción, esa ausencia de deseos venéreos, extinción del fU~' del
amor, en que la mujer no tiene encantos, el sexo ningún es ímulo
ni la cópula placer alguno. Esta disposición era conocida de los
sabios mucho antes de la redacción de las Siete Pártida~, y es
allí mencionada con el nombre de fria natura. Es este el] acha-
que de Togni y lo que lo imposibilita para llenar los finesl socia-
les del matrimonio. Que esta ausencia de la facultad ~iril es
anterior al matrimonio de Togni con la Car.~era, parec~ indu-
dable, pues según todos los datos, tanto contestes en aut~, como
de los recogidos por diferentes conductos Togni era incapaz de
consumar la cópula antes de su matrimonio. Bajo este p~nto de
vista, no siendo el hipospadias lo que lo constituye imPttente,
aun supuesto el caso de que por medios artificiales pudi ra re-
mediarse el vicio de conformación, quedaría siempre por ufna
natura [...] achaque refractario también a la acción tera~éutica
[...] Por estos fundamentos, está el que suscribe conven ido de
que Valentín Togni es impotente absolutamente desde a tes de
su matrimonio con C. Carrera''lío. i
I

El dictamen pericial se concluye, cuando a pedido del fis~al, el pro-


visor Dr. Braulio Laspiur, libra exhorto aljuez eclesiástico dF Mendoza
para que cite a los tres médicos, para que bajo juramento,jratifiquen
sus respectivos dictámenes y haber llenado su cometido a ci~ncia y con-
ciencia fil I .

VI. Relatos curiosos de casos de demencia


según las actas de divorcio '
21. No he encontrado en el archivo ninguna causa de iUlidad por
demencia. Lo más, son algunas insinuaciones de locura, o a menos de
rarezas, que son invocadas para fundamentar la causal de ivorcio. En

'
AAC, Leg. 207 Dillorcio8 ••• 1872-1873, t. XIV, Exp. nll 1, fs. 91 92r.

1
!lO

61 Esta ratificación permite conocer la nacionalidad y el estado d los tres pro-


fesionales. El Dr. Manuel M. Bonilla dice "ser mayor de cuarenta y ocho ños de edad,
natural de Brasil, domiciliado en esta ciudad, de estado soltero de p~esión médi-
'ro". El Doctor Edmundo Day dijo "ser mayor de edad, natural de Ingla rra y domi-
ciliado en esta ciudad, de estado casado, de profesión médico". El Doc r Abraham
Lemos dijo "ser mayor de edad, natural y vecino de esta ciudad de Men oza, de esta-
. do casado, de profesión médico" (AAC, Leg. 207 Dillordos '" 1872-1873~ t. XIV, Exp.
nI! 1, fs, 103r-104v). i
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA oo. 35

uno de los casos se menciona al médico que curó al enfermo, pero no


consta que el facultativo fuera citado a declarar.
En un proceso iniciado el 19 de diciembre de 1699, Doña Sabina Zelis
de Quiroga interpone demanda de divorcio, por sevicia y malos tratos,
contra su marido, Don Sebastián Bustos de Albornoz. En la sumaria
información, previa a la causa de divorcio, la mujer actora presenta como
testigos a dos hermanos de su marido. Ambos declaran contestes acer-
ca de la enfermedad mental del demandado.

"[22 de diciembre de 1699. Lic. Antonio Bustos de Albornoz,


Presbítero] Y que estas acciones y otras que pueden haber acon-
tecido se infieren del delirio que en la ocasión padecía el dicho
Sebastián de Bustos, su hermano; lo cual le decía y repetía a
este declarante, la dicha Doña Sabina Zelis, su cuñada; que no
tenía el dicho su marido sosiego de noche, y que se levantaba
de ordinario' de la cama en que estaba acostado [...]. Y que en
cuanto a la demencia y locura, que dice la dicha Doña Sabina,
padece el dicho Sebastián Bustos, tiene ya dicho y que le acon-
teció estando en esta Ciudad. Y para repararle de ella, llama-
ron al Maestre de Campo, Don Juan Fernández de León52 para
que lo curase; como en efecto lo hizo. Y que no sabe este decla-
rante si quedó del todo sano, porque le ha oído quejarse en al-
gunas ocasiones de que se le enfría la cabeza que no la puede
calentar; de que infiere este testigo que dicho Sebastián de Bus-
tos SU hermano habrá quedado con alguna lesión"53.

22. El marido acciona contra su mujer para que se la compela a salir


de la casa de sus padres y habitar en el domicilio conyugal. La causa
está trunca, pero hay elementos suficientes para hacer ver los funda-
mentos de la queja de la esposa. Al primer mandato del juez que le or~
dena reintegrarse al domicilio de su marido, la mujer responde que obe-
dece, pero que no saldrá de la casa de sus padres, y responde en estos
términos:

"[2 de abril de 17891 Su genio local [sic] sin que pasasen


muchas horas después de casados en La Lagunilla, lo
experimentaron sus padres, los míos y demás convidados; por-

62 36. "Don Juan Fernández de León, era Capitán de los Ejércitos-reales, sabía
leer y escribir, tenía experiencia médica de doce años, había traído drogas de Espa-
ña y además poseía libros de estudio, habiendo curado a muchos capitulares" (F.
GARZON MACEDA, I..a medicina oo. oc, t. 1, p. 49).
&3 AAC; Leg. 194 Dil.orcios ... 1688-1745, t. 1, Exp. nI! 4, Cs. 3v-5r.
36 NELSON C. DELLAFERRERA

que levantándose furibundo de la mesa, en la que virtió un cuen-


to de fruslerías y disparates, se subió sobre la casa, se ¡fingió
enfermo, y en la misma hora se quería regresar a esta Cludad,
cediendo a poco rato la locura a persuación de los asistent~ [...].
Ni qué menos se debe presumir de un hombre que infini~as ve-
ces se le ve trepar por los tejados a deshoras de la noche{ tanto
en la ciudad como en el campo; que tiene por diversión Ibailar
públicamente en la maroma; que toma el ejercicio de cuetero
para quemar a otros [ ... ]"54. .

VII. Exámenes médicos en las causas criminales


23. La india María Justa Calderón se querella por ant~ el Gober-
nador Intendente, Marqués de Sobremonte, por los azotes qu, le ha pro-
pinado su patrón, clérigo presbítero. La autoridad civil ofici~ al provi-
sor:

''Pásese esta representación al Sr. Provisor, Dr. DoJ Nico-


lás de Videla con el correspondiente oficio, para que en~erado
del hecho en la forma que estime convenir el grave exc~so, de
que se querella la libre María Justa Calderón, se sirva1proce-
der a la corrección, que le parezca justa, e indemnizacipn, así
del daño inferido, como de la Real Jurisdicción, y pro~ección
agraviada con semejante hecho; quedando testimonio p~ra los
efectos que convenga [ ... ] espero se sirva V.S. tomar la ~eria y
pronta providencia que corresponde al exceso y circuns~ancias
del castigo en una mujer libre, y en el justo concepto de ~ue los
derechos de la Real protección que el Rey Nuestro Se~or dis-
pensa a sus vasallos, y estoy obligado a sostener, me po~en en
el caso de solicitar la indemnización de esta querellante, y la
condigna ejemplar corrección del eclesiástico, que en tal raso se
ha excedido gravemente, y aun en agravio conocido de fa Real
Jurisdicción a que debía haber recurrido en el caso de ~er ella
delincuente"55.
,

Son interesantes las certificaciones médicas solicitadas c~mo prime-


ra medida por el provisor. De acuerdo con la testimonial, el rstigo pro-
pinado a la india habría sido monstruoso.

64 AAC, Leg. 196 Divorcios ... 1786-1790, t. 111, Exp. n 5, fs. 3r~3v; 7r. En el
2

interrogatorio presentado por la mujer, entre otras cosas, se pregunta~ ''1tem. si sa-
ben o les consta, o han oído decir que dicho Samudio tiene genio alo~do, y comete
frecuentemente acciones irregulares, expresen las que saben y las cualid$des de ellas".
56 AAC, Leg. 37 Causas criminales 1789-1794, t. III, Exp. n 2 2, fs~ 2r, 3r.
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 37

En una causa criminal por azotes, intentada por Carmen González


contra el clérigo presbítero Salvador Isasa, actúan como médicos peri-
tos, los doctores Pablo Pastor y José Rodríguez 56.

24. En un juicio por incesto, el provisor designa a las perito-parte-


ras en los siguientes términos:

"[1 de septiembre de 1769], atendiendo a que la referida


declarante María Antonia, hija de dicho Don Matías Hidalgo,
no había prestado su juramento por su poca edad, y que se ha-
cía preciso según el progreso de la causa, que algunas matro-
nas, o mujeres de bastante edad, prudencia y experiencia, re-
gistrasen a dicha niña conforme a derecho, pareciéndole a S.S.
que bastarían tres, aunque prescribe más el derecho, nombró
para este efecto a Doña Petrona Olmos, a Doña Juana Vega y
Ana Díaz, a quienes mandó S.S. que el presente notario les
notificase, ejecutasen dicha operación, cada una por sí y todas
juntas, de modo, y con apercibimiento de que concluida digan y
certifiquen con juramento ante dicho notario si en Dios y con-
ciencia han hallado por dicho registro que la referida niña Ma-
ría Antonia, hija de dicho Matías Hidalgo está lastimada en sus
partes naturales o tiene señales de haberlo estado, de modo que
se conozca por alguna de ellas que ha sido en algún tiempo vio-
lada, violentada o forzada por persona extraña''57.

VIII. Asesores teólogos en las causas criminales

25. Este tipo de asesoramiento no es frecuente. Sólo he podido dar


con dos casos en que la asesoría es solicitada formalmente. En el pri-
mero se trata de una típica violación de la inmunidad eclesiástica en
las que están imputados y procesados como reos los alcaldes de 111 Y 211
voto de la ciudad de Córdoba.
El provisor, antes de dictar la sentencia por la que consta la grave
violación de la inmunidad eclesiástica, consulta a teólogos de prestigio,
por tratarse de las autoridades capitulares más relevantes en la ciu-
dad colonial. Impone la pena, sólo después de haber recibido asesora-
miento de los consultores, R.P. Presentado Fr. Juan Ignacio Ruiz op.,
R.P. Fr. Antonio Mercadillo ofm. y R.P. Ladislao Orosz sj58. Éstos re-

56 Cf. AAC. Leg. 37 Callsas criminales 1816-1827. t. VI, Exp. nI! 20, fs. 9r.
57 AAC, Leg. 37 Callsas criminales 1757-1788, t. 11, Exp. nI! 20, Cs. 17r-17v, 19r.
58 Para una nota biobibliográfica sobre este docto jesuita húngaro, puede verse
a G. FURLONG, Ladislao Orosz y Sil "Nicolás del Techo" (1759), Buenos Aires 1966.
38 NELSON C. DELLAFERRERA

unidos en sesión el 21 de marzo de 1757, aconsejan la imposlición de la


excomunión mayor59 • •
,

26:En los autos por presuntas proposiciones heréticas bstancia- *!


dos contra Fr. Rafael de Belén religioso betlemita, el provis r requiere
el asesoramiento de los teólogos Fr. Francisco Solano Busta ante y Fr.
Domingo Leyva. !

La causa es por demás interesante desde ángulos diferen . El fraile


es acusado de negar la existencia de Dios y del infierno. P ocesado y
encarcelado "en su propio convento, en su celda con absoluta reclusión,
sin libertad para salir de ella con ningún pretexto [...] hall ' ndome re-
ducido a una estrecha prisión en mi celda, la que es sumam nte húme-
da y fría, suplico' ... se sirva moderar algún tanto el rigor de la prisión,
permitiéndome salir de la celda en la cerca del convento tan o para to-
mar sol como para ensanchar mi ánimo oprimido'!f30. ¡

La sentencia dictada el 22 de diciembre de 1814 será n,gativa, es


decir que no consta del delito de herejía, y se declara inocerte al reo.
En ella se dictamina:

SIl Cf. AAC. Leg. 37 CUUIlClS C!l'iminales 1757-1788, t. 11. Exp. nI! 1,ls/f. Ei relato

del procurador del convento de Nuestra Señora de la Merced, pone de anifiesto la


violencia ejercida por la autoridad secular. En efecto: "han entrado es tarde, con
estrépito de armas ofensivas y ministros armados (es a saber), que el so redicho Don
Manuel de Castro entró por nuestra puerta falsa a caballo hasta jun a las celdas
de los RR.PP. Superiores en seguimiento de unos reos; y ambos dos s ñores jueces
impusieron manos violentas en dos religiosos, emp\\iándol08 y encarán oles los tra-
bucos montados, por haber éstos salido en defensa de dicha nuestra nmunidad y
clausura, siendo uno de ellos, el R.P. Presentado y vicario de esta casa pitular, Fr.
Simón Rodríguez, a quien uno de los ministros le tiró violentamente do cuchilladas
con un sable, y tratando al otro religioso con improperios y baldones pú licamente el
mencionado Don Juan Antonio de la Bárcena ... y para complemento d sus sacn1e-
gos y nefandos desacatos, se ha mandado sitiar nuestro convento por chos señores
con una compañía de gente armada". •
60 AAC, Leg. 37 Causas cl'imiIHúes 1807-1815, t. V, Exp. nI! 36, b4V_5r, 16r,
20r. Adviértase que el reo se declara "americano, católico, apostólico, ro no" y hace
presente al juez que, al ser encarcelado en el convento de San Francisco "exigí se me
manifestase por qué y de orden de quién se violaba mi fuero y derechos e ciudadano
libre". Más adelante, al conocer que ha sido arrestado por orden de~rovisor dice:
"V.S. ha violado los derechos de un ciudadano libre, y por consiguiente quebrantado
el Soberano Decreto de seguridad individual e igualmente el que. se di ó la S.A.G.C.
[Soberana Asamblea General Constituyente] expedir en veinticuatro e marzo del
año anterior, a efecto de suprimir el déspota tribunal de la Inquisición, afue se agrega
Señor Provisor, que según infiero, soy delatado por un hombre comple mente pros-
tituído y enemigo capital de la sagrada causa de la libertad y por cons guiente mío,
pues soy decidido patriota" (fs. 7r). La certera respuesta del asesor 1 trado puede
verse a fs. 15v-16r). ,
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 39

''Vistos: por lo que resulta del proceso, se declara improba-


da la creencia heterodoxa del Padre Fray Rafael de Belén: en
consecuencia se le declara inocente, y por de ortodoxa y católi-
ca creencia; pero se le previene se abstenga en lo sucesivo de
proferir en materias de Fe proposiciones de igual naturaleza a
la proferida (la que consta de su misma confesión fs. 13) cuan-
do se le interrogó si había infierno, especialmente entre perso-
nas de escasas luces y limitados conocimientos, en precaución
del resultivo escándalo de pequeños, y en respecto a la delicada
escrupulosidad y clara pureza, que justamente se merecen to-
dos los artículos de nuestra Religión Cristiana hasta en los dis-
cursos privados y conversaciones familiares. Téstense las expre-
siones injuriosas, que ha vertido en su libelo de fs. 37 el
expresado religioso contra la benemérita persona que ha ejer-
cido el empleo respetable de Promotor Fiscal en causa tan pri-
vilegiada como la presente. Hágase igual diligencia con las pa-
labras ofensivas que el Promotor Fiscal ha estampado en su
vista de fs 33v; y devolviéndosele al religioso fray Rafael los
documentos originales que ha presentado, como lo solicita,
poniéndose antes en los lugares respectivos de ellos, las
correspondientes notas con agregación a los autos de los tres
escritos últimos que corren sueltos; archívese el proceso en el
archivo secreto, dándoseles a los interesados en la forma que
corresponde los testimonios que pidiesen de este auto''6l.

IX. Certificados médicos para quienes estaban


encarcelados por disposición del juez eclesiástico
27. En aquellas situaciones en que los esposos habían cometido al-
gún delito que llevase consigo la pena de prisión, el provisor ordenaba
la revisación médica. La certificación expedida por el facultativo, fren-
te a las dolencias y enfermedades experimentadas por los reos, que so-
licitaban ser excarcelados para poder curarse, solía ser detallada y con
las debidas distinciones.
Diego Quevedo, vecino de Traslasierra, preso en la cárcel pública
por orden de la autoridad eclesiástica, solicitaba el 7 de julio de 1770 se
le diera libertad para curar su salud. El obispo Manuel Abad Illana,
designa médico para que lo revise y éste en la misma fecha, dice:

"Fray Atanasio de la Piedad, religioso de nuestro Padre San


Francisco, cirujano aprobado en el arte de cirugía y anatomía
61 AAe, Leg. 37 Causa.'! cl'im;,~ales 1807-1815, t. V. Exp. nI! 36, s/f.
40 NELSON C. DELLAFERRERA

en el Hospital Real de Todos los Santos de la ciudad de ~isboa,


por mandado de S. Illma. y de mis Prelados, he visto a DOI1 Diego
Quevedo, unas cicatrices producidas de un balazo que r1ecibiój
no obstante estar las heridas sanas, por las partes que ~ueda­
ron ofendidas, necesitan de remedios; y por ser verdad, ffasa la
presente jurada por en juramento de mi cargo y arte"'1 En el
mismo día, el obispo ordena que el preso salga de la cárc,l, pre-
via fianza 62 •

28. "[El 29 de octubre de 1802, Miguel del Mármol] El facul-


tativo en medicina de esta Ciudad y Real Cárcel, en cump~imien­
to del anterior decreto, dice que aunque es verdad [que] Iha pa-
decido Don Bernardo de la Llera, las enfermedades que e~presa
el pedimento que antecede, pero en el día se halla resta~lecido,
no obstante que [al] presente adolezca las angustias y ~emás
penalidades que acarrea una prisión'>63.
Para la mujer en cambio señalaba:
¡

"[29 de octubre de 1802. Miguel del Mármol] El facuf.tativo


en medicina de esta Ciudad y Real Cárcel, en cumplimie to del
anterior decreto, dice que puede V.S. siendo servido d cretar
inmediatamente la soltura de Doña Isabel Moyano en ~os tér-
minos que la solicita, pues a más de ser cierto cuanto e~. presa
en el pedimento que antecede, advierto en ella síntomas e una
calentura peligrosa, diaria y continua, que unida a la de ilidad
del sexo y al profundo humor melancólico que padece, p oveni-
do en la mayor parte de la prisión e incomodidades de la cár-
cel''64.

x. Informes de jueces pedáneos yde la policía


29. Son numerosos, tanto en la época española, como e~ el período
de la independencia nacional. En general, estos informes enlm concedi-
dos previa solicitud de la autoridad judicial eclesiástica o 4el párroco
del partido. Es comprensible que, dadas las grandes distan~ias de una
diócesis tan dilatada, los jueces eclesiásticos solicitasen la cpoperación
de las autoridade5 del E5tado. Citaré alguna5 a manera de ~jemplo.

62 AAC, Leg. 37, Causas criminales 1757-1788, t. 11, Exp. n 2 12.


63 AAC, Leg. 199 Diuorcios ... 1800-1802, t. VI, Exp.n2 8, fs. 32v.
64 AAC, Leg. 199 Diuorcios ... 1800-1802, t. VI, Exp. n 2 8, fs. 34r. i
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 41

En un caso de nulidad matrimonial por afinidad en 111 grado por


cópula ilícita, el juez pedáneo de Tulumba, Don Bartolomé Echegoyen,
firma en Guayasacate a 20 de julio de 1795 un oficio, dirigido al cura y
vicario del partido, Don José Francisco Echenique, del siguiente tenor:

"A más de esta notoriedad [se refiere a que el impedimento


era públicamente conocido en el lugar], me consta por el mismo
Florentino que habiendo pretendido dispensa, cuando pasó por '
San Pedro el Ilustrísimo Señor Doctor Don Angel Mariano M05-
coso, dignísimo obispo de Córdoba, no pudo conseguirla; en cuya
virtud me suplicó me empeñase con el cura a este fin, y le res-
pondí que respecto a que se había expuesto la imposibilidad de
conseguirla, era infructuoso mi empeño, todo lo que certifico en
forma, a pedimento del contenido cura y vicario de este parti-
do'165. .

30. La mujer que ha iniciado pleito de divorcio por enfermedad con-


tagiosa del marido, es depositada hasta tanto justifique la enfermedad
del marido. Audazmente, abandona el depósito y se fuga de la ciudad.
El alcalde de 211 voto de la ciudad, Felipe Gómez, proporciona el auxilio
del brazo secular. La justicia de Tulumba, a cargo de José Andrés Acu-
ña, se expresaba así:

"[ ...] Majadilla, 4 de enero de 1822, pasé, hoy día de la fe-


cha, acompañado de dos soldados a la estancia del Portezuelo
solicitando a Doña Jerónima Toca y Maza y no la encontré. Sólo
sí encontré a Don Manuel Torres, a quien pregunté por dicha
Jerónima y respondió que se había ido días ha, y requerido por
mí ante los testigos, que si sabía para dónde se había dirigido,
dijo: que sí sabía que para Córdoba se dirigía; pero que en su
concepto, tal vez no llegara a Córdoba, y que tampoco se acuer-
da el día cierto que ha salido de esta del Portezuelo. Y para que
conste lo pongo por diligencia'166.

31. "[6 de agosto de 1863] Al Señor Jefe de Policía Don Adolfo


Ortiz. En el juicio de divorcio, que se sigue escriturado en esta
Curia Provisoral, entre los esposos Agustín Pío Castro y Doña
Felipa Echavarría, se hace preciso se sirva informar a continua-
ción el Señor Jefe de Policía sobre los hechos siguientes: si en el

ss AAC, Leg. 198 Dil1orcio8 .•• 1795-1799, t. V, Exp. n ll 3 s/f.


66 AAC, Leg. 202 Dil1orcio8 •.• 1815-1822, t. IX, Exp. n ll 20, s/f.
42 NELSON C. DELLAFERRERA

año próximo pasado el hijo político de los indicados espos~, Don


Tomás Díaz, practicó a nombre de la esposa algunas dili~ncias
ante el Comisario de Ordenes a fin de evitar los escándfl05 y
vida licenciosa del esposo, y además, si el resultado de lestas
diligencias fue el depósito de la joven Teresa N. [sic] en l~ casa
de Don N. Tarrio". La autoridad policial se expedía en est~ tér-
minos: '
¡

"[7 de agosto de 1863] En cumplimiento de la nota prece-


dente y por orden del Subintendente de Policía, informo ~ V.S.
que desempeñando en la época a que se refiere, el cargo 4e Co-
'- misario de Ordenes interino, se presentó ante este Departljlmen-
to el Sr. Don José F. Díaz, quien conducía a una joven ll~mada
Teresa N .[sic] a quien exigía se depositase en alguna ca~a que
estuviere distante de la de Don Agustín Pío Castro, a fin 4e que
la distaneia pudiera hacer que no se continuase la vida licen- ¡

ciosa y escándalo que había producido en consecuenciaJ y de-


seando cortar el mal deposité.a la mucha~ha en casa tle una
señora que vive en el Río Segundo y pariente de las seño~ Tar-
rios''67.

Conclusión
A lo largo de estas páginas he procurado exponer las diiersas mo-
dalidades empleadas por los jueces eclesiásticos de esta re~ón en la
práctica de las pericias médicas y en la prueba de los inform¡es. Se tra-
ta siempre de un esfuerzo para esclarecer los hechos som~tidos a su
jurisdicción. De ordinario, en cualquier proceso, la prueba sue.e ser com-
pleja y difícil. La complejidad puede aumentar en las causa~ matrimo-
niales. Esto se verifica tanto en las que plantean la nulida~, como en
las de divorcio, en razón de la cantidad de títulos jurídicos que pueden
alegarse. ,
Esta necesidad de esclarecer los hechos alegados obligab~ a emplear
la ayuda de los peritos en los casos determinados por la ley q cuando el
juez lo estimaba necesario. En estas páginas se ve aljuez de~'gnando a
los peritos, después de haber escuchando a las partes o a p puesta de
ellas, o asumiendo los dictámenes que pudieron realizar ot peritos.
Así como exigiendo los informes que juzgaba indispensableslo aceptan-
do los que exhibían las partes.

61 AAC, Leg. 204 Di"orcios ... 1850-1866, t. XI, Exp. nI! 21, fiI. 14rh5v. cr. Leg.
202 Di¡IoI'Ci08 .:. 1815·1825, t. IX, Exp. s/n entre 31 y 32.
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA ... 43

A través de las actas queda claro que los jueces de hoga~o no des-
echaron cuantos medios les servían para el esclarecimiento de los he-
chos controvertidos, según las circunstancias de cada caso. Siempre se
los ve respetuosos de la ley procesal y de la ley moral, como si llevaran
grabado. el viejo principio romano: "Los demás indicios, que lW se recha-
zan por el derecho, lW hacen menos fe para la prueba que los instrumen-
tos''68.
Estos procesos permiten apreciar el derecho canónico, tal como se
aplicó entre nosotros, en el tema de las pericias y de los informes de los
jueces pedáneos y de la policía. Es una manera de contemplar el arte
del derecho desde dentro y valorar cómo la Iglesia articula sus esfuer-
zos en la tutela de los derechos de las personas en todos los campos de
su actividad y particularmente en el del sacramento del matrimonio.
El canonista no debe olvidar que el derecho existe para ser llevado
a la práctica. El texto legal que no tiene aplicación real es sólo un fan-
tasma del derecho. Se ha dicho con razón que "el oficio de administrar
justicia es el necesario complemento del deber de legislar y gobernar, y
consecuentemente como el coronamiento de todo el derecho. Pues como
sostuvo Juan XXII: Pantm esset iura condere, nisi qui ea tueatur exis-
tat'>69. En cambio, lo que se realiza como derecho aplicando los grandes
principios de la justicia, es verdadero derecho, real y viviente, aunque
no se haya expresado en formas técnicas, aunque no se haya tomado
plena conciencia de éFo.
Las pericias y los informes, cada uno en su campo, son un medio de
prueba que permite el derecho procesal. En algunos casos, se prescribe
la obligatoriedad de la pericia, pero en no pocas circunstancias, la peri-
cia es potestativa y corresponde aljuez requerir el examen y el voto de
los expertos para comprobar un hecho o conocer la verdadera naturale-
za de una cosa (cf. can. 1792). Si se trata de informes de cualquier ín-
dole, son presentados por el correspondiente conducto legal para la ex-
hibición de documentos, como puede observarse en las actas, a fin de
puedan ser examinados por el juez y por el adversario.

68 e 3.32.19.
69 D. STAFFA, De na.tltl"a pastorali a~lmiltistra.tio"is illstitiae in Ecclesia, en
Periodica, t. 61, Roma 1972, p. 12.
10 ''Le droit existe pour se réaliser. La réalisation est la vie et la verité du droit;
elle est le droit lui-meme, Ce qui ne passe point dans la réalité, ce qui n'existe que
dans leslois et sur le papier, n'est qu'un fantOme de droit, ce ne sont que des momo
Au contraire, ce qui se réalise come droit, est droit, meme lorsqu'on ne le retrouve
pas dans les lois, et que le peuple et la science n'en ont pas aequis la conscience" (R.
von IHERING, L 'Esprit dll Droit Romai", traducción francesa de O. Meulenaere, t.
III, Paris 1877, pp. 15·16).
44 NELSON C. DELLAFERRERA

Es interesante advertir que las actas no traen ejemplos qe casos en


que se adjunten informes irrelevantes, inútiles o impertinent~s, que lle-
varan a una complicación del juicio. Esto es índice de una p~áctica que
aplicaba una buena economía procesal, ya que al juez corre~ponde re-
chazar los informes y cualquier otra prueba que no se apo)tase en los
títulos jurídicos establecidos en la litiscontestación, tal como 110 estable-
cían las Decretales 71 •
Aunque sea modesto el patrimonio documental de las a~tas proce-
sales de este remoto tribunal eclesiástico, si lo comparamos cdn los gran-
des tribunales de la Iglesia en Europa y en otras regiones qe América
española, sin embargo, su importancia no puede ser disminllida.
Las actas silenciosas y elocuentes al mismo tiempo, pernhiten apre-
ciar lo que estaba vivo y lo que había muerto de la cultural clásica en
esta tierra. En este sentido y desde un ángulo global se pupde hablar
de un aporte del derecho canónico a la cultura jurídica del país.
Pienso que es poco lo que se sabe acerca de la actividaq de los tri-
bunales eclesiásticos, y no se sabrá mucho más, si no se escribe la his-
toria de cada uno de ellos. Se hace imperativo revisar sus ¡archivos y
examinar las actas de los procesos por esponsales, las causa" matrimo-
niales, los juicios criminales, los testamentarios y las llama~as causCJe
iurium 72 •
Este estudio permitirá conocer la preparación jurídicalde los jue-
ces, los promotores fiscales, los defensores del vínculo y loe¡ abogados.
El número de causas instruidas y el tiempo empleado para su$tanciarlas.
Las fechas de iniciación, las causales invocadas en cada cas~, el sexo de
los accionan tes o si fueron substanciadas de oficio. El cont~nido de las
sentencias, su fundamentación jurídica y su aplicación a lo~ hechos. Si
hubo apelaciones, o se interpusieron recursos de fuerza. La~ penas im-
puestas a cristianos que se apartaban o se enfrentaban con la normati-
va eclesiástica, y cómo la Iglesia de esta región aplicó, segdn los tiem-
pos, el principio de Graciano: "Quia peccator est, corripe: qu~a homo est,
miserere''73. ,
En las causas matrimoniales importa poder distinguir entre nuli-
dades, divorcios contenciosos y juicios verbales de separación~ Una buena
veta de investigación, casi inexplorada hasta ahora, es el e~tudio de la

71 X 2.5, cap. un. .


72 cr. N.C. DELLAFERRERA, Ell'ribunal Eclesiástico de Córdob'(L en la segun-
da. mitad del siglo XIX, trabajo presentado y leído en las XVII Jornadll1s de Historia
del Derecho Argentino (Mendoza) 4-7 de septiembre de 1996 (en pren$a).
73 Graciano que en este caso hace suyo el pensamiento de San Agustín, añade:
"Non ergo sllscipiamlls peccatores, propterea. quod sunt peccatores, sedl tamen eos ip-
sos, quia et homines SIl1~t, humaJta consideratione tra.cteI1Uls; perseqllwtulr in eis pro-
priwn iniqllitatem, miserewnllr coml1umem conditionem" (C 23, q. 4, 6an. 35).
LAS PERICIAS Y LAS PRUEBAS DE INFORMES EN LA AUDIENCIA oo. 45

fundamentación de las sentencias, de las vistas fiscales, de las obser-


vaciones de los defensores del vínculo, para descubrir las fuentes em-
pleadas para cimentar sus decisiones. Es de interés especial descubrir
el origen de las citas: escriturísticas, legales y doctrinales u otras que
sugieran el análisis de las mismas actas procesales74 •

74 Cf. N .C. DELLAFERRERA, Fuentes escriturísticas, legales y doctrinales en


los procesos matrimoniales: Córdoba 1688-1810, en Cuadernos de Historia, N° 5,
Córdoba 1995, pp. 77-102.
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CIUESA
PéterERDÓ

El presente artículo presenta, en sustancia, el texto de las conferen-


cias pronunciadas por el autor en la Facultad de Derecho Canónico de
la Pontificia Universidad Católica Argentina, en Buenos Aires, en los
días 28, 29 Y 30 de agosto de 1996.

PRIMA PARTE:
LA NUOVA NOZIONE DELL'UFFICIO ECCLESIASTICOl

l. Precedenti terminologici: la nozionedell'ufficio,


del "munus" e del ministero

11 ''ministerium'', il ''munus'' e l' "officium" sono in gran parte sino-


nimio Come termini tecnici, ad eccezione dell' "officium", esse vengono
raramente usate nel diritto canonico. Dopo la promulgazione del CIC
1917, tuttavia, appaiono alcune di queste parole neitesti normativi della
Chiesa con significati che non figura vano ancora nel Codice Pio-Bene-
dettino. Altre parole di questo gruppo, che avevano un valore tecnico
gia nellinguaggio del CIC 1917, hanno ottenuto in seguito altri signifi-
cati tecnici, o persino una nuova definizione legale. In questi cambia-
menti si esprimono, secondo gli autori, certe nuove questioni cÍloca la
potesta nella Chiesa, circa la possibilita di parlecipare o cooperare
nell'esercizio della medesima, circa la parlecipazione dei fedeli aBa tri-
plice missione (anzi, ai "tria munera") di Cristo, ecc. Tutte queste sono
delle questioni teologiche e pratiche che riguardano tra I'altro la po8si-
bilita di affidare diverse funzioni pubbliche della Chiesa ai fedeli laici.
Ma oltre a questi punti, dei quali, oggidi, si parla parecchio, sorgono
anche altre domande che riguardano il modo di organizzare le funzioni
pubbliche della Chiesa. Tale questione e, per esempio, l'utilita pratica

I La prima parte del testo segue in gran parte la n08tra pubblicazione latina
Mi"islerium, """"'8 el officilllu in Codice luri8 CUlw"ici, in Periodica 78 (1989) 411-
436.
48 PÉTERERDÓ

dell'istituto gíuridico che si chiama ufficio ecclesiastico ("offic~um eccle-


siasticum''). .
Per poter esa minare tali questioni, bisogn,a esporre con Ichiarezza
il significato dei termini sopraindicati e anche la relazione i~terna tra
di loro. Questo sembra ancor piu necessario se consideriamo ill fatto che
per la codificazione orientale -diversamente da quella latina- ~ono state
prestabilite dei criteri circa l'uso di queste parole2 • In quellofhe segue
cerchiamo di esaminare quindi: 1) Quale e il significato d lle parole
''ministerium'', ''munus'' e "officium" nel CIC. 2) Quale e il ra porto tra
queste parole nei loro diversi significati. 3) Come differisce q esta rela-
zione da quella che avevano questi termini nel Codice Pio-B~nedettino
e nei documenti del Concilio Vaticano 11.4) Quali conclusionli si danno
da queste relazioni per l'interpretazione del Codice vigente. ; I
!

1.11 Codice Pio-Benedettino


A. Laparola "ministerium"
La paro la ''ministerium'' si incontra 50 vol te nel CIC 1917~, mai pero
nel testo dei titoli. Da questa piccola mancanza e dal modes~o numero
dei luoghi dove la parola viene usata, si puo concludere ch+ essa era
meno importante nel Codice precedente. In base al dizionariq di Rudolf
Kostler\ al trattato di KIaus Morsdorf della terminología gíttridica del
CIC 19175 e ai principali vocabolari della lingua latina 6 pos~iamo dis-
tinguere tre significati principali di questa parola nel Codice Ipreceden-
te:
1) Il "ministerium" significa nel Codice del 1917 genera Intente (cioe
in 41 dei 50 casi) l'azione di ministrare, di svolgere qualch~ servizio7 •
Cosi si parla di ministero quando si vuol indicare il servizip o l'aiuto
,
2 Cf. L'operato del "Coetus de coordinatione", in Nuntia 27 (1988) 117-18. 33.
3 Cf. LADER, A., lndex lIerborum Codicis luris Canonici, Typ. Po,. Vat. 1931,
359.
4 Worterbllch zllm Codex ]¡u·is Canonici, M ünchen 1927, 224, dove ¡'engono dis-
tinti quattro significati della parola "ministerium": 1) ''Dienst, Amt, etatigung,
Tatigkeit"; 2) "Aufgahe, Verrichtung, Dienstleistung"; 3) "(kirchlicher) ilfsdienst";
4) "Hilfe, Dnterstützung, Beistand, Mitwirkung". I

5 Die Rechtssprache des Codex lllris Canonici. Eine kritische Ulflersllchung


(Gorres -Gesellschaft, Veroffentlichungen der Section für Rechts- unq Staatswis-
senschaft 74), Paderhorn 1937 (repr. 1967), 186-187. I
6 Soprattutto Thesallrus lingllae latinae, ed. iussu et auctoritate Consilii ah
academiis societatibusque diversarum nationum electi, VlII/7, Lipsiae 19~5, col. 1006-
1015.
7 Tale significato si trova in KOSTLER, Worterbllch 244, n. 1 e 1; ma anche
sotto il n. 1 A 1 (e 2) in Thesallrlls 1007-1009. I
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 49

che prestano per esempio gli avvocati o i giudici. Tale senso tuttavia,
nel Codice Pio-Benedettino, non e tecnico. Tanto e yero che questa pa-
rola indica spesso l'azione di servire nella Chiesa, come nell'espressione
"evangelicum ministerium" (can. 1347, § 2*)8 o "ministerium paroecia-
le" (can. 482*). Anzi, nell'espressione "sacra ministeria" (vedi infra) essa
sembra indicare funzioni liturgiche proprie dei chierici (can. 497, § 2*),
ma non ancora come termine tecnico, poiché tali funzioni si chiamano
altrove assai spesso "divina officia" (cf. can. 2256, 1*).
2) Questa parola significa (anche se raramente - 7 vol te) una cosa
di cui si prescrive che venga fatta. In tale senso, secondo il Thesaurus
linguae latinae 9 , questo vocabolo e sinonimo con certi significati delle
parole "munus" (1), "negotium", ma anche "officium" ed "OpUS"lO. Qui si
tratta quindi di una obbligazione nel senso oggettivo, come per esem-
pio nel can. 54, § 1 *, dove l"'exsecutionis ministerium" indicava il com-
pito di esecuzione.
3) In un solo canone (can. 416*), ma due volte incontriamo la paro-
la "ministerium" in un senso molto stretto per indicare un certo grado
inferiore di funzioni rispetto a quelle che si chiamano "officium"ll. I1
canone, infatti, contrappone il ministero del diacono e del suddiacono
all'ufficio del sacerdote celebrante.

B. La paro la "munus"
La parola "munus" si utilizzava piu frequentemente che il "minis-
terium". Essa, infatti, si riscontra nel Codice Pio-Benedettino ben 175
volte, e in altri 5 casi nella forma plurale di "munia "l2. 1 suoi significati
principali erano tre, che venivano distinti gia dal famoso giureconsulto
romano Paolo: "munus -inquit- tribus modis dicitur: uno donum ... , al-
tero onus ... , tertio officium"l3:
1) Nel CIC 1917 il "munus" significa regalo soltanto in pochi casi,
come per esempio nei cann. 1624* e 1941, § 2*14.
2) Questa parola significa piu spesso una obbligazione (cioe una
specie di "officium"), un lavoro da fare, e in questi casi essa equivale al

8 I canoni del CIC 1917 vengono indicati con asterisco.


9 Col. 1010, n. I B 1.
10 CC. anche KOSTLER, Worterbltch 224, n. 2.
11 CC. KOSTLER, Worterbuch 224, n. 3; Thesullrus col. 1010, n. I B 2a.
12 LAUER, fndex 371-372.
13 D. 50.16.18 = Corpus fltris Civilis. J. IllstiniU/,i Digesta, ed. MOMMSEN, T.,
sBerolini 1899, 857.
14 CC. MORSDORF, Rechtssprache 187; KOSTLER, Worterbllch 230, nr. 3; The-
SU/11"llS VlII/9, Lipsiae 1966, col. 1063-1065, nr. I B.
50 PÉTERERDO

secondo significato sopra descritto del "ministerium"lli (comel' per esem-


pio nel can. 374, § 1 *, dove del cancelliere viene affermato che il suo
compito -''munus''- principale e di conservare gli atti della ~uria).
3) Il terzo senso del ''munus'', che prevaleva nel CocHce p cedente,
era quello di un cerio grado di dignita o funzione 16 • In tale se so il "mu-
nus" era sinonimo con il terzo significato sopra menzionato el "minis-
terium". Ma nell'ambito di tale significato principale si poss no distin-
guere diverse sfumature, poiché il "munus" indica a volte i campo di
azione o di funzione di qualcuno a chi e affidato qualche mini tero. Cioo
equivale all"'officium" nel senso generale 17 sia largo che stret (che era-
no distinti nel CIC 1917, come nella stessa definizione del n. 145, §
1*). Altre volte il "munus" indicava soltanto gli uffici in sens largo che
non erano stabilmente costituiti o non comportavano alcun1artecipa-
zione alla potesta di ordine o di gíurisdizione, come nel can. 425, § 2*,
dove si tratta del "munus" dei consultori diocesani, o nel n. 1797, §
1*, in cui si parla del "munus" dell'esperto. Anzi, nel CIC 1 17 anche
alcune funzioni secolari venivano ch~aI]1ate "munus" (cf. ca . 984, 7*).
. I

I
C. Laparola "officium"

L"'officium", nel CIC 1917, era una parola molto frequ ntemente
usata. Esso si riscontra in ben 422 casi, tra i quali 8 volte ne la rubrica
dei titoli 18. Questo fenomeno dimostra che la parola "officiu " non era
solo frequente, ma aveva anche grande importanza. Tuttavi ,gli auto-
ri criticavar.o abbastanza la terminología del Codice Pio-B nedettino
sotto questo aspetto. Anche se la parola "officium" e ricchi ima di di-
versi significati, in questo Codice si potevano distinguere tre ensi prin-
cipali di questa parola: i

1) Il primo senso principale, che si esprimeva spesso co~la parola


"officium", era l'obbligazione (o funzione). Tale senso e ugual al secon-
do senso sopra descritto del "munus" e al secondo senso de "ministe-
rium"19. Significati speciali nell'ambito di questo primo senso
dell"'officium" sono: I

16 cr. MORSDORF, Rechtssprache 186 ("Amtspflichten"); KÓSTL~R, Warter-


buc" 230, nr. 1 ("Pflicht, Obliegenheit, Aufgabe"); 7'/&CBCUll'llB VIII, col. ~063, nr. 1 A
("praevalente notione q. e. officium").
16 cr. KOSTLER, Worlerbuch 230, nr. 2 ("Amt, Dienst, Pflichten-j Aufgaben-,
Wirkungskreis"); Tll.eBCUlrllS VIII, 1065-1066, nr. 11 A-B. I

17 cr. MORSDORF, Reclussprache 186 ("Oberbegrifl' für ane Ki~niimter").


la LAUER, Imle.x 397-400.
19 cr. KOSTLER, Worlerbllch 244, nr. 7 (e 8: "Pflicht, Obliegenhei , Verbindli-
gkeit, Schuldigkeit"); ThesCUll"llB IX!2, Lipsiae 1968-1981, col. 519-521, • 1 A e B.
UFFlCI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 51

a) Le azioni doverose del culto divino in senso speciale, ossia i "divi-


na officia" (cf. can. 483*). Nel diritto penal e del Codice precedente, il
senso dei "divina officia" aveva una definizione legale esplícita:
" ... functiones potestatis ordinis, quae de instituto Christi vel Eccle-
siae ad divinum cultum ordinantur et a solís clericis fieri queunt" (can.
2256, 1*).
b) La liturgia delle ore in genere, come nel can. 1201, § 4*, o -nella
forma "divinum officium"- anche in un senso piu stretto. Questa espres-
sione aveva anche un'altra definizione legale che si trovava nel can. 413,
§ 2*. Secondo questa definizione, il "divinum officium" significava "psal-
modiam horarum canonicarum et celebrationem cum cantu Missae con-
ventualis"'.lO.
c) "Officium" aveva, sempre nell'ambito del primo significato prin-
cipale, anche il senso di obbedienza o di esecuzione dell'obbligazione. Tale
senso pero non si riscontrava che una sola volta (can. 1640, § 2*), nel
contesto dell'espressione "ad officium reducere'''2I.
2) IL secondo significato principale dell"'officium" era quello preva-
lente nel Codice Pio-Benedettino, e indicava un insieme di diritti ed
obblighi affidati ad una persona. Tali diritti ed obblighi riguardavano
generalmente l'amministrazione ecclesiastica. In questo senso l' "offi-
cium" equivaleva al terzo significato sia del "munus" che del ''ministe-
rium'''22. Bisogna osservare che l"'officium" nel senso generale indicava
anche delle funzioni civili non ecclesiastiche (per esempio cann. 139, §
2-3*; 1258, § 2*; 1722, § 2*). Nell'ambito di questo secondo senso prin-
cipale possono pero essere distinti due significati speciali, che sono i piu
importanti per la nostra ricerca, e che si riscontrano nell'espressione
"officium ecclesiasticum":
a) L'ufficio ecclesiastico nelsenso lato, secondo la definizione legale
del can. 145, § 1* era: "quoddam munus, quod in spiritualem finem le-
gitime exercetur" (qualche incarico che si esercita legittimamente per
uno scopo spirituale).
b) L'ufficio ecclesiastico nelsenso stretto invece era, secondo lo stes-
so canone: " ... munus ordinatione sive divina sive ecclesiastica stabili-
ter constitutum, ad normam sacrorum canonum conferendum, aliquam
saltem secumferens parlicipationem ecclesiasticae potestatis sive ordi-
nis sive iurisdictionis" (cioe un incarico costituito stabilmente con dis-
posizione divina o ecclesiastica che deve essere affidato al titolarp- se-

zo cr. KOSTLER, WOl'lel'bllch 243-244, nr. 1-2; ThesallrllS lX/2, col. 521, nr.
1 C.
KOSTLER, WortR.rbllch 244, nr. 8.
21
cr. KOSTLER, Wo,.le,.bllch 243-244, nr. 4-5; Tlwsallrll8 IX/2, col. 521-523,
22
nr. I1Ae B.
52 PÉTERERDO

condo i sacri canoni, e che comporta almeno qualche partec~pazione aUa


potesta ecclesiastica di ordine o di giurisdizione). •
Di questo secondo senso dice il can. 145, § 2* che nel dititto l'ufficio
ecclesiastico ha sempre questo significato, a meno che da~ontesto non
risulti diversamente. Ma gia nel canone successivo (can. 1 6*) illegis-
latore usa, col significato appena definito deU""officium ecc esiasticum"
nel senso stretto, la semplice paro la "officium" senza a ungere "ec-
clesiasticum" (cf. anche cann. 148, § 2*; 153*, § 1 *; 154*-15 * ecc.). Tale
modo di parlare causava poi diverse difficolta di interpre3:zione.
3) Il terzo significato dell"'officium" nel CIC 1917 era: na istituzio-
ne di amministrazione pubblica nella Chiesa, ossia l'insie e di persone
che vi svolgevano illoro servizio23 • Con tale senso viene usat91""officium",
quando si tratta degli Uffici della Curia Romana (cf. canq.. 242*-245*
ecc.). Quando la parola porta questo senso, comincia con lettera maius-
cola.

2. 1 documenti del Concilio Vaticano II

Nei documenti dell'ultimo concilio ecumenico queste ~re parole si


troyano in una proporzione ben diversa. .

A. La parola "ministenum"

Il "ministerium" viene usato dal Concilio molto piu fre~uentemen­


te che nel Codice Pio-Benedettino. Essa si incontra, infat~i, 148 volte,
delle quali tre volte nel testo dei titoli 24, anzi una volta ne~ titolo gene-
rale del decreto Presbyterorum Ordinis che porta il titolo "I1>e Presbyte-
rorum ministerio et yita". I significati della parola sono sifnili a quelli
descritti a proposito del CIC 1917, ma con qualche calmbiamento
nell'importanza e nelle sfumature. I

1) L'azione di ministrare e rimasta il significato priIicipale della


parola nei testi conciliari (per esempio SC 7,3; 29,2 e 4)25, ma tale senso
non e tanto prevalente quanto era nel CIC 1917. Appar~ anche una
espressione speciale, nell'ambito di questo significato, per indicare il
servizio o l'azione di propagare e predicare il verbo di Dio. Iuesta "nuo-
va" espressione e il "ministerium verbi" - il ministero dell parola (CD
15,14; LG 26,24; DV 24,7; DV 25,2; PO 4,22; AA 6,5; 30,1 ).

23 cr.
Thesaurus IX/2, col. 522, nr. II BIb.
24 cr.
OCHOA, X., Inde.x verborum Cllm docllmentis Concilii V~icani Secllndi,
Roma 1967,303-304. I

25 1 testi conciliari vengono citati, in questo capitolo, secando l'i~dice di Javier


Ochoa (vedi sopra nt. 24).
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 53

2) 11 ministero pero significa non di rado nel Concilio un compito da


{are o una obbligazione, e in tale senso equivale al secondo senso sopra
descritto del "munus" (compito) e al primo senso dell"'officium" (cr. SC
35,6; PO 12,32; 14,10; 18,23). Tale significato si riscontra in forma clas-
sica nell'espressione "Deus ...servandi vitam ministerium hominibus
commisit" (Dio ha commesso agli uomini il ministero di conservare la
vita -GS 51,14). Nell'ambito di questo senso generale la parola si usa-
anche se raramente - pure con il significato speciale piu dell'opera do-
verosa, cioe del culto divino, che dell'azione liturgica concreta. In tale
senso si parla di "sacrum ministerium" (per esempio LG 31,10:
"Membra ... ordinis sacri ... ex professo ad sacrum ministerium ordinan-
tur"). Tuttavia, il sacro ministero alcune volte quasi come termine tec-
nico indica tutta la missione o tutto il servizio ossia tutta la funzione
delle persone che hanno ricevuto gli ordini sacri (LG 21,21; CD 6,16;
OT 19,3 ecc.).
3) 11 terzo senso del "ministerium" e un grado speciale di dignita.
Tale senso potrebbe rientrare nell'ambito del secondo significato prin-
cipale dell"'officium" e anche nel terzo significato della parola "munus".
In tale senso pero il "ministerium" si riscontra una sola volta nel CIC
1917, mentre tale uso e piu frequente nei testi conciliari. Nel Concilio
si parla del ministero che viene distinto dalI'ordine (LG 28,46), del mi-
nistero dei diaconi che e inferiore al sacerdozio (LG 29,2) e parla anche
dei vari ministeri costituiti nelIa Chiesa (LG 18,2; AG 15,50). Anzi, il
ministero ha una sola volta un significato del tutto speciale, quando
indica l'autorita o la potesta che appartiene ad una certa dignita. Cosi
si dice: "sub Episcopi sacro ministerio" (sotto il sacro ministero del Ves-
covo) (LG 26,11).

B. La parola "munus"

Tra i tre termini esaminati, e la parola "munus" che viene usata il


piu frequentemente nei tes ti conciliari. Essa si incontra 252 volte e al-
tre 4 volte nelIa forma plurale di "munia". 11 "munus" sta 10 volte nel
testo dei titoli, il che e un segno della sua grande importanza. I docu-
menti che usano piu frequentemente questa parola sono documenti di
estrema importanza, cioe la costituzione dogmatica Lumengentium, il
decreto Christus Dominus e la costituzione pastorale Gaudium et spes26 •
Le caratteristiche delI'uso delIa parola nei suoi sensi principali sono:
1) Anche il Concilio usa la parola "munus" per indicare i regali
("dona") (per esempio LG 13,23). Tale uso pero e molto raro nel Con-
cilio.

26 cr. OCROA, X., Index lIerborllm ... VatiCCUli Secllndi 317-319.


54 PÉTER ERro

2) Fra i sensi di questa parola spicca il significato di Obj;" ligazione,


lavora, incanco, funzione o missione in genere (GS 56,27 ecc.) Tale senso
era il secondo significato sopra descritto del vecchio Codice. 11 Concilio
pero introduce una novita utilizzando questa parola come ~rmine tec-
nico teologico soprattutto per indicare i ''tria munera" di Cr~sto, cioe la
sua triplice funzione o 'missione, quella di santificare, inse .are e go-
vernare (cf. per esempio SC 7,15; LG 12,1; 28,12; 28,3; 28,2 ; 31,4; UR
2,25; PO 6,1 ecc.) o anche certe funzioni, in questi tre campi, d lIa Chiesa
che partecipa alle funzioni di Cristo (GS tan. 40; 58,22; P 10,3; LG
12,1; cf. LG 9-13 ecc.). Spesso si parla anche di "munera" ei Vescovi
che alimentano e guidano pastoralmente i loro fedeli eser ndo i ''mu-
nera" di insegnare, santificare e governare (CD 11,8-9). Anc e i presbi-
teri assumono da parte loro i "munera" dei Vescovi e di C isto stesso
(PO 6,1; LG 28,35). Ma -sempre nel modo che corrisponde alla loro con-
dizione- anche tutti i fedeli partecipano a questi "munera" affidati da
Cristo alla sua Chiesa. Ma i pastori hanno una parte speciale in questa
funzione. Il compito, cioe il "munus" dei pastori viene descri to dal Con-
cilio come segue: "Munus autem illud, quod Dominus pastor bus populi
sui commisit, verum est servitium quod in sacris Litteris 'di konia' seu
ministerium significanter nuncupatur" (11 compito che il ignore ha
affidato ai pastori del suo popolo, e un vero servizio che nella acra scrit-
tura si chiama "diakonia" ossia ministero) (LG 24,9-11). In uesto bra-
no, infatti, il'''munus'' viene descritto con la parola "minist rium". Da
questo pero non segue che il ministero fosse un concetto p u generale
del "munus". Nel contesto, infatti, si accentua il carattere i servizio e
non di signoria della funzione dei pastori nella Chiesa. Qu sta descri-
zione specifica del compito dei pastori e chiaramente distin dal senso
cosiddetto canonico della stessa parola, che indica invece q alche com-
pito, ufficio o grado di dignita. Nella Nota esplicativa previ della Lu-
men gentillm si dice, infatti, che senza la comunione gerarc ica il "mu-
nus" sacramentale ed ontologico, che va distinto d ll'aspetto
giuridico-canonico, non puo essere esercitato (NEP 4·, 20).
Per tali fondamenti teologici, messi in rilievo da Concilio,
l'espressione ''munus'' sembra contenere una certa profondi ' teologica
anche quando significa obblighi, oneri o qualche lavoro n lIa Chiesa,
come per esempio il ''munus'' dell'educazione in generale (G 12, 15), il
''munus'' di essere padre o madre (GS 48,31), il ''munus'' co iugale (GS
48,34), ma anche i compiti, i "munera" dei presbiteri (PO 1 ,1) eoc.
3) Il terzo senso del "munus" nel Concilio, similmente he nel CIC
1917 -che e uguale al senso generale del secondo significato ell'ufficio-
e quello di un certo grado di dignita o ufficio in genere, n~ senso piu
largo e non tecnico della parola, o anche Ol"wre e cio sia nell societa ci-
vile (per esempio GS 82,17) che nella Chiesa (per esempio O 15,11). E
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 55

in questo senso che il Concilio utilizza la parola "munus" anche nella


definizione dell'ufficio di cui parleremo ancora. Nello stesso senso larg-
hissimo di un ufficio usa la parola "munus" la Lumen gennum quando
afferma dei laici che essi sono capaci ad essere assunti dalla gerarchia
in qualche funzione ecclesiastica (''munus'') che deve esercitarsi per un
fine spirituale (LG 33,19-21).

c. La parola "officium"
La nozione di ufficio nei documenti del Concilio e stata analizzata
da eccellenti autori. Basta far cenno alle ricerche del professore Olis
Robleda 2'7 che trattava della nuova definizione e del nuovo senso tecni-
co dato aquesta parola dal Concilio Vaticano II. l testi conciliari utiliz-
zavano, infatti, meno frequentemente la parola "officium" che
l'espressione "munus". Il termine "officium" si riscontra in questi testi
247 volte, dalle quali una volta in un titolo28 •
1) Il primo senso dell'ufficio, cioe quello di obbligo o compito pres-
critto, viene usato spesso nel Concilio essendo molto piu frequente che
gli altri sensi della parola. La parola "officium" significa obbligazione
in generale nelle espressioni "officia et iura" (GE 3, 17; 3, 21; 6,8; DH
6,4; cf. GS 87, 14), "officium et ius" (GE 6, 1; AA 8, 18; DH 3,7; cC. GS
65, 17), "officium est" (AG 1, 6), "officio teneri" (AG 36, 3), "omcio a/dl
stringi" (GS 75,18), "officium incumbit" (AG 5, 14; 6, 39; GS 79,3.8) ecc.,
ma viene usata in questo senso anche senza alcun attributo (per esem-
pio GE 3, 26; 5, 12).
Come nel Codice precedente, ma piu frequentemente, si troyano
nell'ambito di que:;¡to senso generale, anche dei casi, quando questa
parola indica in se stessa (per esempio SC 88, 1; 89, 1), ma soprattutto
nella forma "divinum Officium" (per esempio SC 90, 3; 98, 2; 98, 5; 99,
1; 100, 3; 101, 1 ecc.) con maiuscola, ma anche con minuscola (pC 9,13),
le funzioni prescritte del culto divino. Tale senso pero non e uguale a
quello definito nel diritto penale del CIC 1917 (cioe non indica tutti gli
atti di culto pubblico con esercizio della potesta dell'ordine), ma non co-
incide neppure con il senso definito nel vecchio can. 413, § 2* (cioe con
le ore canoniche e la Messa conventuale insieme), significa invece es-
clusivamente la liturgia delle ore e cio molto spesso nella costituzione
Sacrosanctum Concililtm (SC tan. 83; 83,8; 84,1), ma anche altrove (pO
13,32; cf. OT 8,9 - con minuscolo).

2'1 Notio o{ficii ecclesiustici in COIJCilio VaticatlO 11, in Periodica 58 (1969) 175-
179 (= (/uaestioIJes displttatae illridieo catlOnicae, Romae 1969, 132.150).
211 cr. OCHOA, lmJ.ex IJerbortlm ... VaticaJ,i &~:lmdi 339-341.
56 PÉTERERDÓ

2) Il secondo senso dell'ufficio, cioe il grado di dignita o ~'insieme di


diritti ed obblighi, soprattutto amministrativi affidati a qua cuno si ris-
contra nei testi conciliari molto raramente. Eppure, il Concil o usa ques-
ta espressione nel senso stretto del CIC 1917 (per esempi LG 24,17;
cn 27,1; 28,9; 31,10-11; 31,17-18; PO 20,24; 20,27). Ma n ll'ambito di
questo secondo senso illuogo piu importante e quello, in c i il Concilio
da una nuova definizione dell'ufficio ecclesiastico con l'inte zione di es-

tico in senso stretto29 • Nel Presbyterorum ordinis, infatti, i legge che


l'ufficio e "quodlibet munus stabiliter collatum in finem $piritualem
exercendum" (qualsiasi compito stabilmente conferito a qpalcuno, da
1
cludere o cambiare la vecchia definizione codicia le dell'uffic o ecclesias-

esercitarsi in un fine spirituale) (PO 20,29-30). i

In base al contesto e alla storia del testo del decreto Pr~sbyterorum


ordinis gli autori mettono in rilievo che, in questa definizipne, i Padri
conciliari volevano adottare il senso largo30 dell'ufficio sec~ndo il can.
145* CIC 1917, e volevano escludere il senso stretto, fino ,llora usato
come termine tecnico. •
U n'altra intenzione dei Padri era di abbandonare il si~tema bene-
ficiale. Tutto sommato: a) La nuova definizione di per se nop escludeva
i benefici, e non ha mutato con valore retroattivo nemmenol il senso dei
canoni del Codice Pio-Benedettino31 • b) Essa ha aperto la ppssibilita di
chiamare uffici ecclesiastici le funzioni che potevano esserF affidati ai
laici 32 , anzi ha prescritto questa terminologia. c) Il Concili~ non ha ne-
gato, in nessun modo, la differenza tra uffici che devono es~ere affidati
a dei ministri sacri e gli altri uffici 33 • d) La nozione conciliarf dell'ufficio
,

29 cr. ROBLEDA, Notio oflicii 138.


30 cr. Acta Synodalia Sacrosancti Concilii Oecllmenici Vaticani~l, III/lV, Typ.
PoI. Vat. 1974,240 (Relatio de singulis propositionibus. De propositio eN. 10: "Offi-
cía deinceps intelligenda sunt qllaelibet munera stabiliter collata in nem spiritua-
lem exercenda, in iure enim Codicis luris Canonici officia sensu stric~o illa tantum
sunt munera stabiliter collata [sid], qua e aliquam secumrerunt participationem
potestatis ecclesiasticae sive ordinis sive iurisdictionis <can. 145>:~tum ergo ex-
primitur ut latius accipiatur officíum''). Come si vede, non si ha affe ato espressa-
mente la differenza tra la stabilita collativa e la stabilita costitutiva d ll'ufficio, anzi
il relatore vede nella definizione del CIC 1917 la stabilita del conrerim nto (stabilita
collativa). •
31 cr. MOSIEK, U., Verfassllngsrecht del' Lateinischen Kirche. 'and l. Grlln-
dfragen, Freiburg 1975, 107-110. 112.
32 cr. per es. DANEELS, F., De sllbiecto officii ecclesiastici at~enta doctrina
Concilii Vaticani II (Analecta Gregoriana 192), Roma 1973, 85-86; ~OBLEDA, O.,
lllrisdictio-oflicillm ecclesiasticllm, in Periodica 59 (1970) 684.
33 cr. LG 33, 19-21, dove si dice dei laici: "aptitudine gaUden~,..ad quaedam
munera ecclesiastica ad finem spiritualem exercenda". Questi incaric . pero, se ven-
gono costituiti stabilmente, sono gia degli uffici nel senso della d finizione del
PO 20.
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 57

non coincide con il concetto dell'ufficio in senso largo del CIC 1917, per-
ché non significa qualsiasi funzione da esercitare per un fine spiritua-
le, ma contiene anche l'elemento deBa stabilita. e) La stabilita deB'ufficio
nel senso conciliare e una stabilita collativa (o di conferimento - "stabi-
l'iter collatum") e non e una stabilita costitutiva (ossia oggettiva), come
nel caso dell'ufficio ecclesiastico nel senso stretto del Codice Pio-Bene-
dettino ("stabiliter constitutum")34.
La nuova nozione tecnica conciliare dell'ufficio quindi comportava
con se diversi problemi che.dovevano essere risolti mediante la revisio-
ne del Codice. Di queste difficolta osservava Olis Robleda che bisognera
determinare i requisiti di conferimento di questi uffici talmente diver-
si. Che bisognera trovare i criteri per indicare l'autorita competente per
la provvisione, precisare gli aspetti dell'idoneita e della capacita giuri-
dica dei candidati (soprattutto perché puo trattarsi anche di laici), bi-
sognera descrivere con precisione l'atto di concessione, l'incompatibilita
ecc. e definire il regime diverso dell'esercizio stesso dei diversi tipi di
uffici,· nonché determinare in modo sfumato i casi e le moda lita della
perdita di tutti questi uffici 35.
Come ha potuto rispondere..il nuovo Codice a tutte queste esigenze,
ved remo in quello che segue.
3) Per concludere il discorso sulla terminologia concili,re, bisogna
aggiungere che nel decreto Inter mirifica la parola "officium" viene us-
ata, non meno frequentemente che nel CIC 1917, anche nel suo terzo
senso per indicare gli istituti o gli organi dell'amministrazione pubbli-
ca o il gruppo degli addetti aqueste strutture. In questo decreto, la
parola, usata in tal senso, comincia sempre con maiuscolo (1M 19,3; 21,2;
21,4; 21,9; 22,4; 23,3).

11. L'ufficio ecclesiastico e la sua posizione


concettuale nel Codice vigente

1. n "minislerium" nel CIC


La parola "ministerium" si incontra 70 volte nel nuovo Codice lati-
no, delle quali una volta in un titolo. Cioe, essa e piu frequente che nel

34 Questi due tipi di stabilitil sono tuttavia differenti, ma con contrario La sta-
bilita collativa riguarda l'aspetto soggettivo, la stabilita costitutiva invece si riferis-
ce all'ufficio nel senso oggettivo, cioa all'insieme delle funzioni. Cf. ROBLEDA, Notio
ofllcii 150, nt. 45 ("Potuisset Concilium absque dubio officium etiam obiective defi·
nire. Non fecit, tamen, quia voluit officium solum concretum, existens in rerum na-
tura solum definire; officium vero, prout seu quod in rerum natura existit, non est
munus conferendum, sed collatum").
35 ROBLEDA, Notio of{icii 145.
58 ptTERERDO

CIC 1917, ma molto meno frequente che nei testi del Concili•. Tale fatto
trova, in qualche misura, la sua spiegazione nella natu~ stessa d~l
Codice, che doveva essere un documento legislativo. La diyisione e la
proporzione dei vari sensi di questo vocabolo sono simili a ~uelle che si
troyano nel CIC 1917, con una piccola differenza: I

. 1) U primo senso che rimane principale e quello dell'~One di mi-


nistrare. Si incontra nel CIC 57 volteo Tuttavia, nell'ambi o di questo
senso generale appaiono nuovi significati speciali, che era o usa ti vo-
lentieri gia nel Concilio. Tali sono: a) il "ministerium verbi" 1(9 volte); b)
il "ministerium sacrum" (15 volte). Questa seconda espressipne sembra
indicare in senso quasi tecnico l'attivita dei ministri sacri o~sia di que-
lli che sono insigniti dall'ordine sacro (cf. per esempio can. 2~3, § 2), e si
riferisce a tutta la loro attivita speciale e non soltanto a qUilla liturgi-
ca (cf. can. 249; 256, § 1), anche se l'aspetto cultico di ques a funzione
riceve necessariamente un accento in questa espressione (c . can. 1722:
"a sacro ministerio vel ab aliquo officio" - dove il sacro mipistero puo
significare quello che esprimeva la parola "divina" nel ca~. 1956· del
CIC 1917). Anzi, a volte "sacra ministeria", in plurale, semf.a indicare
gli atti del culto divino (can. 611, § 3).U "ministerium sacru ", nel CIC,
proviene spesso da fonti conciliari3s, e nel can. 232 sostituis il ''minis-
terium ecclesiasticum" del Codice precedente, mentre nel n. 237, § 1
sostituisce la formula "status clericalis" del CIC 1917. Alcunlvolte ques-
ta espressione si incontra anche in testi che avevano una onte conci-
liare, in cui pero non veniv~ usato il "ministerium sacrum". U can. 256,
§ 1 parla di "sacrum ministerium" in un contesto, dove la s a fonte (OT
20) menzionava l'esercizio dell'arte catechetica e omiletica "in arte ca-
techetica et homiletica exercenda''). Con altro attributo s a la parola
"ministerium" nell'espressione ''ministerium pastorale" er indicare
tutta l'attivita pastora le. Nel can. 551 si tratta del ministe pastorale
in un luogo di cui fonte faceva ancora menzione di "officium pastorale".
U ministero indica talvolta anche opera od attivita (o in al uni luoghi
forse gia compito, funzione) di Cristo (can. 519) o della C iesa (cann.
618; 654; 1025, § 2) o del sacerdote (can. 889, § 1). Tra le fo ti dei cano-
ni che utilizzano la parola in questo senso, prevalgono i te ti del Con-
Cili0 37 •
2) Nel suo secondo senso generale, che indica qualche ~ffare, qual-
che cosa da {are o qualche obbligo (soprattutto nel senso o~ttivo), il
''ministerium'' viene usato in forma relativamente rara (7 "iolte). Ma le
,

:rl er.
CO(w,x ¡'U'iB Ccuumici, uuctorita'/'e locumiB Pculli PP. J/ prO~UllgatUB' fon-
tillm awwtatioue et indice (uwlytico-alphabe.tico CUI~tllB. ed. Pontifi a Commissio
Codici luris Canonici Authentice Interpretando, Citta del Vaticano 1 89, passim.
:n er. ClC {ontillm aduotatione passim. .
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 59

espressioni indicate nel numero precedente non sano sempre chiare. Piu
di una volta rimane incerto se si tratta dell'azione s~essa o del compito
oggettivo da fare (per.esempio nei casi dove si fa menzione del ministe-
ro di Cristo, della Chiesa o del sacerdote nel senso teologico).
3) Il terzo senso del ministero, che indica qualche grado di dignita
(in generale qualche grado inferiore) o il compito di seroire, si riscontra
6 volte nel Codice, cioo piu frequentemente che nel CIC precedente. Anzi
in 4 dei 6 casi esso ha un significato tecnico del tutto nuovo, indicando
il grado del seroizio liturgico stabilmente conferito dei lettori e degli ac-
coliti (cann. 230, § 1; 1035, § 1; 1050, 3J. La fonte di questi canoni e il
Motu Proprio Ministeria quaedam (15 agosto 1972, n. 11)38, in cui ques-
ti gradi vengono costituiti invece degli ordini minori.

2. n "munus" nel CIC

La parola "munus" si riscontra nel nuovo Codice latino con una fre-
quenza un po' maggiore che nel CIC precedente, ma molto piuraramente
che nel Concilio. Essa si trova, infatti, in 189 luoghi, dei quali 3 volte in
titoli 39• Due di questi titoli sono persino titoli di libri interi (lib. 111 e lib.
IV) del Codice stesso. Cosi, anche se il "munus" viene usato meno che
nei testi conciliari, esso ha una funzione centrale nel Codice.
1) Nel Codice vigente il "munus" non significa regalo in nessuna
parte.
2) Esso significa obbligo o singoli atti dovuti, ma assai raramente
in luogni non del tutto chiari (can. 364: "munus est"; cann. 482, § 1; 502,
§ 1; 1333, § 1, 3": "munera officio inhaerentia"; cf. cann. 775, § 3; 1733,
§ 2: "munus sit'')40. Ma come gia il Concilio, cosi anche il nuovo CocHce
usa il ''munus'' nel quadro di questo senso principale frequentemente
con un significato speciale, teologico, dei ''tria munera" di Cristo (can.
204, § 1) e della Chiesa (tac. 747; taco 834) (cf. anche cann. 375, § 2;
519). Con questo senso sano collegati anche i luoghi, nei quali illegisla-
tore parla di "munus" di San Pietro (can. 331) o del Romano Pontefice
(cann. 332, § 2; 333, § 1-2; 334). Tale senso speciale di obbligazione
oggettiva e gia collegato strettamente con il terzo senso del "munus"

38 AAS 64 (1972) 532 ("Ordines, qui hueusque minores vocabantur, 'ministeria'


in posterum dicendi sunt").
39 OCHOA, /tulRx /lerborum ... CfC 264-266 er. cann. 652, I 5 e 1454, nei quali
inveee di uffieio si parla di "munus".
40 cr. ERDG, P., Expressionl'.s obligationis et exhortationis in Codice furÍB CQ¡o
nonici, in Periodica 76 (1987) 19; URRUTIA, F. J., La oblig(Jl!ión de la ley eclesiásti-
ca, in AA.VV., Estudios ca/tónicos, Salamanca 1988, 122-123, nt. 7.
60 PÉTERERDÓ

che indica un grado di dignita o un insieme di diritti e dove~i nel senso


oggettivo.
3) A proposito di questo terzo senso e chiara l'intenzion~ del Codice
di usare il vocabolo "munus" oltre il significato speciale sop~ descritto
(di obbligo oggettivo teologico), quasi sol tanto in questo sen~o di ufficio
nel senso larghissimo per indicare complessi di funzioni (ob~lighi e di-
ritti)41. Cosi il "munus" diventa la lrozione piu generale del I di ri tto che
riguarda gli uffici e i servizi o ministeri (ossia le funzioni pubbliche).
La parola "munus" puo indicare tuttavia veri uffici anch~ nel senso
stretto del CIC 1917 (cf. can. 1747, § 1: "munus paroChi")!. nel senso
tecnico del Codice vigente (cf. can. 253, § 1: docente; can. 3 7: Legato;
can. 425: Amministratore diocesano42 ; can. 1428: uditore), m anche nel
vecchio senso largo dell'ufficio ecclesiastico, cioe viene usat anche per
funzioni non stabili, transitorie, occasionali, come sono quel o delletto-
re occasionalmente designato o del commentatore (can. 230f § 2), anzi,
anche per compiti secolari (can. 225, § 2). !

Come termine generale, il "munus" viene a volte ancpe opposto


all'ufficio, come nell'espressione "officia ecclesiastica et mupera" (can.
228, § 1).

3. L' "officium" nel CIC


Come nel Codice Pio-Benedettino (ma diversamente d~.l Concilio,
dove il "munus" era usato piu frequentemente che l"'offici~m"), anche
nel CIC vigente e l"'officium" la parola piu usata tra i tre t,rmini esa-
minati. Essa si incontra, infatti, 270 volte 43 , delle quali 5 vofte nei tito-
li. I sensi fondamentali sono rimasti gli stessi che erano pIjima, eccet-
tuati i significati tecnici che non coincidono esattamente n~ con il CIC
1917, né con il Concilio. I

1) Il senso di obbligo o di opera dovuta si incontra 80 tolte tra le


quali sono frequenti le espressioni "officium et ius" o "ius ~t officium"
(cann. 789; 793, § 1; 794, § 1; 810, § 1-2 ecc.), "officio teneri" (~nn. 1287,

41 cr. URRUTIA, F. J., De normis generalibus. Adnotationes in C~dicem: Liber


1, Romae 1983, 99.
42 Tali incarichi sono generalmente considerati come veri uffici, inche se, per
la loro natura stessa, possono essere vacanti per lungo tempoj cr. MO~IEK, Verfas-
-sllngsrecht 1, 111 ("Es gibt vieImehr eine Reihe von Kirchenamtern, die Idurchaus als
solche im engeren Sin n anzusehen sind, obwohI sie ihrer Natur nach I~nge Zeit hin-
durch vakant bIeiben ... wie die Ámter des Kapitelsvikars"). ,
43 cr. OCHOA, lndex lIerborum ... CIC 286-288 tranne i cann. 652,1§ 5 e 1454, il
testo promulgato dei quaIi non parla piu di uffici, ma di incarichi ("murfera"), perché
in essi non si tratta di uffici nel senso tecnico della paroIa.
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 61

§ 1; 1430 ecc.), "officio adstringi" (cann. 225, § 2; 540, § 1), "officio obs-
tringi" (can. 510, § 2)44.
Il significato speciale dell"'officium" come azione liturgica, nel CIC
si incontra una sola volta (can. 556) in un brano che proviene dal CIC
17 (cf. can. 479*). L'espressione "Officium Divinum" (o "divinum offi-
cium''), che era usata in vari sensi come termine tecnico sia nel CIC 1917
che nel Concilio, ha perso completamente il suo valore tecnico ed e sta-
to eliminato dal testo.
Un altro senso speciale, quello del modo doveroso di comportarsi
(CIC 1917 can. 1640, § 2*) e rimasto conservato in un canone (can. 1470,
§ 2: "ad officia reducere")45. Anche nella formula "officium proprium"
(cann. 235, § 1; 236; 529, § 1; 773) la parola "officium" indica una obbli-
gazione.
2) Il secondo senso dell'ufficio e quello principale nel CIC. Esso es-
prime un grado di dignita o un insieme di diritti ed obblighi affidati a
qualcuno, ossia un "munus" (un incarico) speciale. Tale significato si
riscontra nel CIC 185 volteo Il legislatore piu di una volta usa questa
parola in senso generale per indicare degli uffici (o compiti) secolari
(cann. 285, § 3-4; 289, § 2). La fonte dei brani che contengono la parola
in quest'uItimo senso, e iI CIC 191746 •
Tale senso generale appare anche nell'espressione "ex officio" che
viene usata molto spesso. Ma nell'ambito di questo secondo senso prin-
cipale prevalgono i casi, nei quali l"'officium" sta nel suo nuovo senso
tecnico che viene definito nel can. 145, § 1:
"Officium ecclesiasticum est quodlibet munus ordinatione sive di-
vina sive ecclesiastica stabiliter constitutum in finem spiritualem exer-
cendum" (L'ufficio ecclesiastico equalunque incanco costituito stabilmen-
te per disposizione sia divina sia ecclesiastica, da esercitarsi per un fine
spirituale).
La nuova nozione dell'ufficio ecclesiastico, come noto, differisce dal
senso stretto usato nel CIC 1917, in quanto non richiede l'esercizio di
potesta di ordine o di "giurisdizione" (cioe di governo). Differisce dal
concetto conciliare anche perché contiene l'elemento della stabilita cos-
titutiva e non sol tanto quello di stabile conferiment047 •

44 cr. ERDO, Expl'essiones obligatiolú:; 18. .


45 Codex des kanonischm Rechtes. Lateinisch-delltsche Allsgabe, 2Kevelaer 1984,
647 ("zu einem gebührenden Benehmen anhalten").
46 cr. CIC fontillln amwtalione 81-82 .
•7 Non mancavano gli autori che ritenevano che la definizione conciliare non
obbliga la nuova legislazione, cr. SOUTO, J. A., La noción canónica de oficio, Pam-
plona 1971,94-95. Altri hanno affermato che la stabiliÜl collativa del ufficio gia pre-
suppone la stabiliÜl della sua costituzione, cf. ROBLEDA, llll'isdictio-officillm 665;
62 PÉTER ERDÓ

L'amministrazione pubblica, infatti, non sembra che Issa rinun-


ciare agli uffici stabilmente costituiti. Anche la stabilita ric ve pero un
accento nuovo in quanto nel can. 145, § 2 viene ribadita 1 possibilita
di costituire e conferire un vero ufficio con lo stesso decreto ell'autorita
ecclesiale. Il Codice vigente distingue tra gli uffici che richied no la piena
cura pastorale o in generale l'esercizio dell'ordine sacro e gli
altri che
possono chiamarsi anche laicali. Mette in rilievo anche il cafaitere pub-
blico dell'ufficio in quanto parla della sua costituzione divi a od eccle-
siastica.
Bisogna osservare che la definizione si riferisce all"'o
siasticum" (espressione che viene usata in questo senso 24
sono casi nel CIC, dove la sola parola "officium" ha lo stess significato
tecnico (cf. can. 1457, § 1 e spesso). E da notare anche che d lla propor-
zione dell'uso dei vari sensi di questa parola nel CIC risulta che illegis-
latore si dava premura di usare questo vocabolo, almeno nel mpo delle
strutture amministrative e delle funzioni pubbliche, esclusi amente nel
suo nuovo significato tecnico. Tale intenzione seria si dim stra anche
nel fatto che, nell'ultimo momento della revisione e stata ncellata la
parola "officium" in diversi brani dello Schema e al suo pos o si scrive-
va l'espressione "munus", dove il significato non rispondev aUa defini-
zione tecnica (per esempio cann. 652, § 5; 1454). Ma, come ab iamo visto,
la parola "officium" e troppo carica di diversi significati e ercio in se
stessa non poteva servire come termine tecnico esclusivo. Per cui era
necessaria la formula tecnica di "officium ecclesiasticum".
3) Nel CIC vigente si riscontra 5 volte anche il t rzo senso
dell"'officium", cioe quello che indica una istituzione di pub lica ammi-
nistrazione come struttura oggettiva. L'importanza di quest senso della
parola pero e rimasta cosi modesta come era pure nel Codi preceden-
te e nel Concilio. La parola, nel CIC, non comincia piu co maiuscolo
come prima (cf. cann. 451 411; 775, § 3; 173, § 2-3).

PETRONCELLI, M., Polemiche sulla IUJzioue di uflicio ecclesiCUJtico e gl~'i"segname"ti


clel Coucilio VaticcuUJ 11, in Liber Amicorum Mouseig"eur Onclin, ed. NDEMANS,
J. - DEMEESTER, H. (Bibliotheca Ephemeridum Theologicarum Lovanienaium 42),
Gembloux 1976, 315.
.... La parola indica in questo contesto un organo della conrereJa episcopale
(ef. per es. Coch.'x des kemouitwltlm Uechles 205: "Ámter"j Tite Code o{ cu,o" Law i"
Euglish lrculslaüou, prepared by The Canon Law Society of Great B 'tain and Ire-
land in association with The Canon Law Society of Australia and Ne Zealand and
The Cánadian Canon Law Society, London - Sydney 1983, 81), anCh} se altre tra-
duzioni sembrano attribuire un altro senso aquesta parola (Cocle ele droit CCUUJ"i-
que. Texle oflieiel el trcullldiou r,.cmrais, par la Société internationale e Droit cano-
nique et de Législations religieuse comparées, Paris 1984, 82: "foncti na").
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 63

lIT. Significato e conseguenze sistematiche


dei cambiamenti terminologici
Dopo ayer visto i significati principali del "ministerium", del ''mu-
nus" e dell"'officium" e la relazione organica tra di loro, abbiamo trova-.
to un certo sviluppo dal Codice Pio-Benedettino fino al Codice vigente.
Anche se i sensi principali sono rimasti quasi gli stessi, nell'ambito di
questi sensi possono osservarsi dei cambiamenti notevoli nei significa-
ti speciali. Tali sono:
1) E' stata abbandonata la nozione e l'espressione "divinum officium"
che era ancora presente nel CIC 1917 e anche nei testi conciliari.
2) E stata cambiata la nozione tecnica dell'ufficio e cio due volte, in
due sensi diversi, prima dal Concilio, poi nel nuovo Codice.
3) E stata introdotta la nuova nozione teologica del "munus" (in di-
versi varianti), che nell'ambito del significato generale di obbligo costi-
tuisce un senso speciale sia nei documenti del Concilio che nel nuovo
Codice.
4) Nel nuovo Codice non si incontra piu il sostantivo "munus" nel
senso di regalo.
5) Nel nuovo Codice viene applicata assai spesso e con notevole pre-
cisione la nozione speciale di sacro ministero per le azioni dei ministri .
sacri.
6) La parola "ministerium" -che in questo senso non era usata ne-
mmeno nei testi conciliari- as sume nel Codice vigente un nuovo signi-
ficato tecnico per i servizi stabili degli accoliti e dei lettori (can. 230,
§ 1).
Si puo osservare un progresso nelle relazioni tra questi termini esa-
minati nel nuovo Codice. Anche se, sotto aspetto terminologico, il lin-
guaggio non e perfettamente conseguente,il "munus"significa gis quasi
sempre, con poche eccezioni, un'opera da fare, un compito, a volte con
carattere teologico speciale, o un insieme di diritti ed obblighi affidati a
qualcuno come una funzione unica; l'''officium'', almeno nel suo senso
piu frequente, significa una specie di questo genere. 11 "ministerium",
nel suo significato assolutamente prevalente, indica l'azione di seroire
(anche se questo senso non si distingue sempre facilmente da quello della
funzione da fare). Esso riguarda cosi piu la funzione o l'azione stessa
che la parola "munus". Il ''ministerium'', nel Codice vigente, ha non di
rado una relazione intima con iI sacramento deIl'ordine.
Il problema giuridico proviene soprattutto dalla nuova nozione di
ufficio. Anche se oggi I'ufficio ecclesiastico nel senso tecnico significa un
incarico stabilmente costituito per disposizione divina od eccIesiastica,
da esercitarsi per un fine spirituale, indipendentemente dal fatto se esso
chiede l'esercizio dell'ordine sacro o meno, le regole riguardo la costi-
64 PÉTER ERDÓ

tuzione, il conferimento, la perdita e l'esercizio sono ugua¡i per tutti


questi uffici. La regolamentazione difTerenziata dei diversi ipi di uffi-
ci, che Olis Robleda ha ritenuto cosi necessaria, non e stata introdotta,
ad eccezione forse della norma che stabilisce che l'ufficio ch~ comporta
la piena cura delle anime, alla quale si richiede l'ordine sacerflotale, non
puo essere conferito validamente a colui che non e ancora stj:tto ordina-
to sacerdote (can. 150). Le condizioni concrete di abilits. vef..gono indi-
cate nel Codice per vari uffici. A noi pare, tuttavia, che 'omissione
dell'introduzione della duplice regolamentazione degli uffici lericali da
una parte e di quelli accessibili ai laici dall'altra parte sia da considera-
re piuttosto come segno di saggezza e non come negligenza ~ellegisla­
toreo Se, infatti, i due tipi di ufficio non avrebbero niente di Fomune 01-
tre al mero nome di ufficio, non potrebbe trattarsi della rif~rma di un
o
istituto giuridico, ma soltanto di un cambiamento nominale della crea-
zione di un nuovo istituto conservando anche quello preced$nte.
La differenza teologica tra gli incarichi stabili che Hchiedono
l'esercizio del sacro ministero e gli altri uffici sembra essere ~ufficiente-
mente protetta dalla norma sopra citata. .
Esiste pero anche un altro problema che si rassomiglia ~lle difficol-
ts. indicate gis. da Olis Robleda ed altri aut<?ri che interpre*ano oggi il
Codice vigente (per esempio Georg May49). E, infatti, in qu'lche modo
inadatto o incomodo applicare una unica regolamentazione, tutti i tipi
di uffici. E cio sembra ancor piu difficile se teniamo prese~te che tale
regolamentazione e rimasta in sostanza quella che estata colncepita nel
ClC 1917 per gli uffici nel senso stretto. Per alcuni tipi di ufíici e vera-
mente difficile 9.pplicare questa disciplina. Tali uffici pero nqn sono sol-
tanto quelli cosiddetti laicali (cioe accessibili ai laici), maj. nche altri
che vengono affidati a delle persone che non si dedicano p 'enamente,
principalmente e definitivamente al servizio ecclesiastico. uesto pro-
blema quindi sembra essere meno teologico-giuridico che pi ttosto giu-
ridico-pratico o giuridico-sociale. Ai religiosi o anche alle rer' giose son o
state applicate anche anticamente molte norme provenient dal diritto
che regolamentava gli uffici. Ad altri invece, soprattutto i laici, ma
anche ai diaconi permanenti sia sposati che celibi, che han~ un lavoro
principale secolare, non si applicano diversi diritti ed obblig i riguardo
agli uffici e alla remunerazione (cf. cann. 281, § 2; 1274; 15 ). Nellibro
V del CIC si prescrive inoltre che i contratti (anche quelli di lavoro) de-
vono osservare le norme del diritto civile, tranne se esse soqo contrarie
al diritto divino o se i canoni dispongono diversamente (ca~. 1290).

49 Da:! Kirchenamt, in Handbuch des kalholischen Kirchenrechtr' Hrsg. LIS-


TL, J. - MULLER, H. - SCHMITZ, H., Regensburg 1983, 142.
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 65

La difTerenza pratica esiste quindi tra:


1) gli uffici affidati a delle persone pienamente e definitivamente
dedicate al servizio ecclesiale;
2) gli uffici affidati ad altre persone a titolo gratuito, anche se essi
lavorano a tempo pieno;
3) gli uffici ecclesiastici affidati a tali persone con contratto civil-
mente valido.
Alcuni ordinamenti giuridici secolari (come anche quello unghere-
se) chiamano il primo tipo sopra elencato di incarichi ecclesiastici rar
pporto di lavoro ecclesiastico e lo esimono dalla maggioranza delle nor-
me di diritto dellavoro50 • Per il secando e iI terzo tipo di incarichi le nonne
proprie di varie Chiese particolari prevedono che essi, per semplicita,
non vengano eretti come uffici eccIesiastici, o per certi aspetti di tali
funzioni fanno un rinvio aBe Ieggi civili, se esse non sono contrarie ai
canoni e rispettano le proprieta del servizio ecclesiastico da esercitarsi,
anche in questi casi, per un fine spirituale.
Sembra invece richiedere nuove ed uIteriori ricerche la questione
su quali sono i modi in cui qualcuno possa dedicarsi definitivamente e
principalmente allavoro specificamente ecclesiastico. Sarebbe da desi-
derare anche uno studio comparativo approfondito per chiarire le rela-
zioni tra la disciplina dellavoro nelle legislazioni particolari delle Chiese
di diverse regioni e l'istituto giuridico dell'ufficio.

SECONDA PARTE:
GLI UFFICI DEI LAICI E DEI CHIERICI

l. Gli uffici dei laicili1

1. La questione: In che senso sono capaci i laici


di avere uffici nella Chiesa

La cooperazione dei laici aUe funzioni interne della Chiesa ha una


motivazione essenzialmente teologica, ''poiché i laici, membri della Chie-
sa aIlo stesso titolo dei chierici. .. , radicalmente uguali nella dignita e
nelle responsabilita ecclesiali, sono anch'essi impegnati nell'edificazione

50 Cf. per es. ERDÓ, P., Aktllelle staalskirc.,I&e"recl,tlicl&e Frage" i" Ur&gCJr1&, in
Ostel'l'eichise/ws Al'chill f¡¡,. Kin'he"l'eeht 40 (1991) 394-396; ID., Die Orde1&8le,de Il"d
die Sozicúllersich(~rung in lIngar". Sta.alskind&e"recl&tlicl&e ll1&d kano"istisclJe Aspe-
kte, in Folia Theologiea 6 (1995) 100-103.
5\ Questo capitolo I risale in gran parte alla nostra pubblicazione Ilse1&8o della
eapacitii (ú~i la.iei agli "fliei "ella CI&iesa, in Fidelillm Jllra 2 (1992) 165-186.
66 . PÉTER ERDÓ

del Popo lo di Dio (can. 208; cf. LG 32; GS 49, 61) ed banno l'~bligo di
promuovere e sostenere I'attivita apostolica anche median~ proprie
iniziative (can. 216; cf. LG 37; AA 24,25; PO 9), in forza del bf1ttesimo
e della confermazione"52. Il Concilio Vaticano II, infatti, nel dEtcretoAd
gentes stabilisce che "La Chiesa non si puo considerare realmr.nte C08-
tituita, non vive in maniera piena, non e segno perfetto della resenza
di Cristo tra gli uomini, se alla Gerarchia non si affianchi e col abori un
laicato autentico" (21 a). I

Dal contesto teologico della valorizzazione dell'apportol dei laici


all'edificazione della comunita cristiana sorge la necessita del ricon08-
cimento giuridico piÍl esplicito di questa cooperazione ecc~e5iale53.
Un'espressione giuridica di questa vocazione teologica dei laic~ e la loro
capacita agli uffici. I

In base aUa nuova nozione dell'ufficio ecclesiastico (cf. cain. 145) il


Codice di Diritto Canonico stabilisce che i laici p05sono esse~ assunti
dai sacri pastori in certi uffici ecclesiastici (can. 228, § 1). Qu. si tratta
di una capacita che sembra rivestire un carattere speciale. ~l Codice
stesso pronuncia questa abilita dei laici sotto varie condizionl.
La capacita giuridica in generale significa l"'idoneita na~urale ge-
nerale della persona ad essere soggetto di rapporti giuridici''541. In ques-
to caso invece si tratta precisamente di una abilita giuridica ~d essere
titolari di uffici M •
Data I'estrema abbondanza della letteratura laicologica 51, in ques-
to luogo ci limitiamo a studiare quali siano le caratteristicljle di tale
capacita dei laici in rispetto di quella dei chierici; quale sia ilqontenuto
di questa capacita; quale sia il valore teologico dell'istituto giur~dico della

l\l! CHIAPPE'M'A, L., 11 Cocliee eli cliriUo c'emonioo.Corumento gill"4dieo-palllo-


raJe, 1, Napoli 1988, 294, nr. 1287. :
53 cr. per es. HERRANZ, J., Slucli :mlla IUIOIICI legi.'1lazione dellCl Cf,iesCl (Cen-
tro Accademico Romano della Santa Croce. Monografia giuridiche), Milanq 1990, 220-
221.
M PARISI, N. - RINOLDI, D., DiziOlwrio elei ter",ini giu"idi~i, Firenze
1988,40. :
55. ~ pa~ola h.a~ilis nel can. 228 § 1 ha il significato di questa abili~ giuridi~
e non mdlca l'ldonelta naturale della persona concreta, cr. REINHARDT,i H. J. F., m
MÜ/~slerisc"er KomllHmlClI' Zlllll Cm/ex luri.'1 (,'mw"i('i, Hrsg. LÜDICKEj, K., Essen
1985 ss (Stand Nov. 1990), 228/1, nr. 2.
sr. Per una bibliografia vedi per es. 11 laicalo. RCl8seguCl bibliografic'a., a cura di
SCOLA, A. et alii <lstituto Giovanni Paolo U, Teología e filasofia 10), Ci~ del Vati-
cano 1987; AAVV., ¡Al mi.'1i/m cid laic'o (m la Ig/(~siCl yen el ""melo. Actr18 del VII/o
Simposio iute,.uaC!Íoual el.' '1'('o[ogía el" la lI,,;,wI'sielClCI el.· Ncwarra, 22-24! abril 1987,
Pamplona 1987; MAGNANI, G., I.a c'o:¡iciclella leologia cú'¡ la¡ccUo hCllmolslcultto teo-
logico?, in Vaticcllto 1/: Hilwwio e prcm/wlli/w /wuticiuCJlle cu",i dopo (J~2-1987), a
cura di LATOURELLE, R., Roma-Assisi 1987, 1,493-543. .
UFFICI E FUNZIONI PUBBLlCHE NELLA CHIESA 67

capacita dei laici agli uffici; e infine in che senso possiamo parlare di
una capacita generale dei fedeli agli uffici nella Chiesa.

2. Le conseguenze dei cambiamenti


terminologici e concettuali
A. 1 tipi fondamentali degli u.ffici: uffici clericali e laicali

Subito dopo la nuova definizione dell'ufficio ecclesiasÍico (can. 145,


§ 1), iI Codice vigente precisa: "Gli obblighi e i diritti propri dei singoli
uffici ecclesiastici sono detenninati sia dallo stesso diritto, da cui l'utlicio
e costituito, sia dal decreto di costituzione e di conferimento dell'ufficio
da parte dell'autorita competente''fj7 (can. 145, § 2). Diversamente dal
Codice Pio-Benedettino, il nuovo Codice non richiede nella definizione
che l'ufficio sia connesso con l'esercizio della potesta dell'ordine o di
quella di giurisdizione. Eppure rimane l'esistenza di tali uffici. Per con-
seguenza iI can; 274, § 1 ribadisce che "soltanto i chierici possono otte-
nere uffici, per il cui esercizio si richiede la potesta di ordine o la potes-
. ta di governo ecclesiastico". Anzi, il can. 150 pronuncia iI principio
secondo il qua le l'ufficio "che comporta la piena cura delle anime, per il
cui adempimento e necessario l'esercizio dell'ordine sacerdotale, non puo
essere conferito validamente a chi non e stato ancora insignito del sa-
cerdozio".
Dato che secondo il can. 129 alla potesta di governo sono capad i
chierici, ma anche i laici possono cooperare all'esercizio di tale potesta,
gli autori vedevano una certa tensione tra questo canone e la disposi-
zione sopra citata del can. 274, § 1. Come ben noto, in una fase della
preparazione del testo, il passo che rispondeva al can. 274, § 1 attuale
suonava cosi: "Soli clerici obtinere possunt officia ad quorum exercitium
requiritur potestas ol'dinis et potestas regiminis ecclesiastici ordine sacro
innixa'JfiK. Questo ordilLe sacro ilLltixa non si trova pi\¡ nel testo definiti-
vo. La Commissione, tenuta presente tutta la ricchezza
dell'insegnamento del Vaticano II sulla materia, non voleva affermare
l'origine sacramentale -cioe la provenienza da} sacramento dell'ordine-
della potesta di govel'no nella Chiesa!ill, ma non voleva neppure negare
il rapporto tra l'ordinazione e la capacita all'esercizio di questa potes-

57 Le citazioni italiane del CIC 80no prese dalla traduzione pubblicata in CHIA-
PPETTA.
SI> Co",,,,"niCCllicm(~,, 14 (1982) 72.
5" cr. GHIRLANDA, G., in BONNET, P. A. - GHlRLANDA, G., De c"ristifide-
li/m". 1)'" eOl"ll'" ;Ilri/m .." ch- lClic;s, eL.- COUsocilllionibll8. Aebwtationes ¡n Codicem, Ro-
mae 1983, 65.
68 PÉTERERDO

tao Il testo definitivo del canone ribadisce proprio questa rela~ione teo-
logica tra il sacramento dell'ordine e la capacita alla potesta di gover-
no. La differenza tra il sacerdozio comune e il sacerdozio mini$teriale e
infatti essenziale (cf. LG 10 b). E cosi che gli autori chiamano ttffici ele-
ricali semplicemente quelli che richiedono l'ordine sacro come pondizio-
ne60 • Ma l'ordine sacro puo essere richiesto in vari modi: medf' nte una
menzione espressa della necessita dell'ordine sacro per un u lcio con-
creto o mediante l'indicazione delle funzioni. In questo secon o caso le
funzioni aderenti all'ufficio possono essere liturgico-sacrali. e invece
queste funzioni precisate dalla norma che costituisce l'ufficiq sono di-
rettamente connesse con la sola potesta di governo, possono ptesentar-
si dei casi, nei quali e difficile decidere sul carattere elerical~ o laica le
dell'ufficio. Tanto e veroche il Codice elenca tutta una serie d. funzioni
collegate "con maggiore o minore intensita con la funzione le~slativa,
esecutiva e giudiziaria''61. Come osserva giustamente Luis ¡Navarro,
"queste funzioni si possono dividere in funzioni di consulenza~ di carat-
tere tecnico, ed altre che sono piu connesse alla potesta di gilIrisdizio-
ne, funzioni stabili e temporanee, istituzionalizzate e non isti~uzionali­
zzate'~. Questo vuol dire che non tutti gli uffici che sono con¡nessi con
qualche cooperazione all'esercizio della potesta di governo c0Vtportano
anche l'esercizio stesso della medesima potesta. Eppure vi ~ono casi,
quando non puo esser negato che i laici possono essere titolatti di uffici
di questo ultimo tipo.
Un criterio teologico e stato formulato nella risposta dell~ S. Con-
gregazione per la Dottrina della Fede del 8 febbraio 1977, in ~ui si dice
che "dogmatice exclusi tantum sunt ab officiis intrinsece hierarchicis,
quorum capacitas a receptione sacramenti ordinis dependet'~.
Rimane necessario pero un ulteriore approfondimento cilrca le ca-
ratteristiche degli llffici che comportano qualche' parteqipazione
all'esercizio della potesta di governo, rita sono accessibili ai laici. Per
alcuni il criterio principale sarebbe che gli uffici laicali che c0lnportano

al Ivi.
61 NAVARRO, L., Il fedde laico, in AAVV., 1l diritto "el mistero :¡lla Chiesa.
11. Il¡JQpolo di Dio, slali e I;mzio"i "el pO¡JQlo di Dio, Chiesa particolare e llniversale,
la {tmzio"e di i"seg"w-e (Quaderni di Apollinaris 9), Roma 1990, 165. er l'analisi
delle Cunzioni concrete vedi CIPROTTI, P., fluid "el "/laVO Codice di di,v.tto ewumi-
co, in Apollinaris 56 (1983) 450-452; PETRONCELLI, M., I laiei e la "JXjtestas iudí-
cialis" "d codice cwwnico, in AAVV., Raccoltu di scritti in Olwre di Pio Ffdele, Peru-
gia 1984, 1, 369-382; OLMOS ORTEGA, M. E., La participación de los lPicos en los
órgwW8 de gobiertw de lu Iglesia (con especial referencia a la mlljer), i,,: Revista es-
JXlliola de derecho cwwnico 46 (1989) 89-114.
trl Il fedele laico 165. !

63 Ed. BEYER, J., Illde.x laiclls (lir (Iel mlllier, in Periodica 75 (198f»I 59.
UFFICI E FUNZIONI PUBBLlCHE NELLA CHIESA 69

l'esercizio di potesta di governo, hanno il carattere di partecipazione, e


non si esercitano autonomamente. Il giudice laico per es. non puo deci-
dere una causa in veste di giudice unico, ma puo giudicare come uno
dei almeno tre membri del turno (can. 1421, § 2). Giuseppe Dalla Torre
parla aquesto proposito di una partecipazione "non piena e comunque
secondaria ed eventuale''64. Per altri invece la partecipazione dei laici
alla potesta di giurisdizione -anche nel quadro degli uffici- non si es-
aurisce necessariamente "in forme di cooperazione subordinata e ri-
flessa''65.
Comunque, bisogna riconoscere che questo problema tecnico dei
criteri degli uffici laicali connessi con una certa partecipazione
all'esercizio della potesta di governo proviene dal fatto che la questione
teologica dei rapporti tra l'ordine sacro e la potesta di governo non e
stata risolta univocamente nemmeno dalla Commissione codificatrice,
anzi costituiva una delle maggiori difficolta nel processo della codifica-
zioneB6 •

B. Le carattenstiche della capacita dei laici agli uffici

1) Il principio della capacita dei laici

Come dicevamo sopra, il Codice vigente seguiva le intenzioni


dell'ultimo Concilio ecumenico stabilendo una nozione dell'ufficio, la
quale e aperta ai laici. In questo contesto generale dobbiamo conside-

64 DALLA TORRE, G., Considerazioni preliminari sui laiei in diritto eanonieo,


Modena 1983, 85. Dello stesso parere e PREE, H., Die Stellllng des kirehliehen Laien-
dienstnehmers im CIC/ 1983, in Reeht im Dienste des Mensehen. Eine Festgabe Hugo
Sehwendenwein zllm 60. Geburtstag, Hrsg. LÜDICKE, K. - PAARHAMMER, H. -
BINDER, D. A., Graz - Wien - Koln 1986, 477, n. 15 ("Can. 129 § 2 spricht dem Laien
... nicht die Moglichkeit der Teilhabe an der potestas zu, sondern nur die Mogliehkeit
[kein Recht!] des Mitwirkens [nicht selbstandige Tragerschaft, wie etwa der einzel-
ne Laie im Drei-Richter-Kollegium!] an der Ausübllng [nicht an der Gewalt selbst!]").
65 BERLINGO, S., l laici nell(t ehiesa" in AAW., Il fedele cristiano. La condi-
zione gillridiea dei battezzati (Il Codice del Vaticano n, dir. LONGIDTANO, A., 6),
Bologna 1989,202.
66 cr. LOMBARDJA, P., Lezioni di cliritto C!aJwnico, Milano 1984, 129 (secondo
l'autore il can. 129 e "volutamente impreciso" dato che illegislatore non voleva deci-
dere in una questione cosi controversa); HERRANZ, J., Le statut j/lridiq/le des lal'es:
l'apport des doC!uments conciliaires et du Cocle de droit eaJtonique, in St/ldia Canoni-
ca 19 (1985) 229-257; FELICIANI, G., Il popolo di Dio (La nuova scienza, Serie di
diritto), Bologna 1991, 106; MALUMBRES, E., Los laicos y la potestad de régimen en
los trabajos de reforma, codicial: una C!llestión controvertida, in l/ls Canonie/lm 26
(1986) 563-625; BONNET, P. A., Una c¡uestione aJlcora aperta: l'origine del potere
geral'chico nella Chiesa, in Ephemerides luris CaJloniei 38 (1982) 62-121; CHIAP-
PETTA J, 174-176, nr. 807-813.
70 PÉTERERDO

rare il can. 228, § 1, secondo il quale "i laici che risultino idolei, posso-
no essere assunti dai sacri Pastori in quegli uffici ecclesi stici e in
quegl'incarichi, che possono essere svolti da essi secondo le di posizioni
del diritto". .
11 testo proviene dallo Schema della Lex Ecclesiae Fundqmentalis,
dove sia nel Textus prior che nel· Textus emendatus67 veniv~' oollocato
non sotto il titolo dei doveri e diritti fondamentali dei fedeli ma sotto
quello sulla diversita degli stati dei fedeli. Né in questi Sch mata, né
nel testo proposto dai professori Winfried Ayrnans, Heribert H~inemann,
Klaus Morsdorf e Richard A. Strigl GS viene fuori la parola "offi~ium", ma
si parla soltanto dei "munera". !

Il valore principale di questo paragrafo del nuovo canon promul-


gato sembra essere proprio il fatto che la capacita dei laici n n risulta
soltanto indirettamente della definizione dell'ufficio, ma vien pronun-
ciato espressamentecome uno dei dirittigenerali dei laici. 1 qu sto modo
tale capacita dei laici acquista la qualita di un principio ge erale del
diritto canonico. I

Si puo domandare pero, perché si colloca questo prinCiPjO tra i di-


ritti e doveri dei laici e non tra quelli di tutti i fedeli. La bas teologica
della partecipazione dei Iaici aIle funzioni di Cristo viene cos ituita daI
battesimo e dalla confermazione. Questi sacramenti pero so o comuni
dei fedeIi. Se invece consideriamo iI tenore del can. 228, § 1, vi trovia-
mo una serie di riserve e limitazioni che si riferiscono precisatente alla
capacita dei laici. ;

2) Le condizioni della capacita dei laici

Il citato primo paragrafo del can. 228 contiene due oont'zioni che
sono necess~rLperché un laico sia capace ad un ufficio deter inato:
a) La persona deve risultare idonea all'ufficio concreto. 1 giudizio
sull'idoneita della persona spetta ai sacri Pastori che la ,ssumono
all'ufficio, come risulta daI testo del can. 228, § 1 (vedi il pu4to 3). Per
certi uffici vari criteri di idoneita sono determinati dalla le,ge stessa
(cf. per esempio cann. 483, § 2; 1421, § 3). I

b) L'llfficio deue esser tale che possa esser suolto da un lai 'o. Questa
possibilita viene misurata "secondo le disposizioni del diritto" (can. 228,
§ 1). Esistono uffici che sono accessibili soltanto ai chierici pe la norma
generale del can. 274, § 1, laquale si basa ai dati teologici, a possono
esserci anche altri uffici riservati ai chierici per una disposi ione spe-
ciale, come quello del cancelliere o notaio nelle cause in cui

6'1 Ed. dei due testi l.egge e VlIltgdo (1972) 483-556.


68 Ed. Arehi,' /;"ir KCllholi:whe... Kirdw"r<~chl 140 (1971) 404-506.
UFFICI E FUNZIONI PUBBLlCHE NELLA CHIESA 71
in discussione iI buon nome di un sacerdote (can. 483, § 1). In questo
contesto si vede la portata pratica del problema sopra accennato
dell'incapacita dei laid agli uffici che comportano qualche parlecipazione
all'esercizio della potesta di governo.

3) 1 diritti dei laici provenienti dalla loro capacita agli uffici

La prima cosa che va precisata e che l'efTetto della capacita dei Iaici
agli uffici consiste nel fatto che la persona puo esser a8sunta (libera-
mente) dai sacn Pastori al rispettivo ufficio. Cioe illaico non ha diritto
agli uffici. Certamente non lo ha a quelli che comportano I'esercizio della
potesta di governo, come afferma giustamente Gianfranco Ghirlanda69 •
Ma sorge la domanda se i laici abbiano diritto agli altri uffici in genere,
cioe a quelli che non richiedono l'esercizio della potesta né dell'ordine,
né di governo. Ghirlanda vi risponde affermativamente dicendo che
questo diritto sia fone/ato proprio nella loro capacita. Aggiunge che a
diversi uffici che comportano l'esercizio della potesta di governo, i laici
sano ugualmente capaci, eppure non vi hanno diritto per la disposizio-
ne del can. 274, § Fil.
Del chierico invece possiamo affermare che ha veramente diritto per
lo meno "a essere posto in condizione di poter realmente svolgere le fun-
zioni a cui e stato destinato con l'ordinazione'~l. Gianfranco Ghirlanda
dice persino che i chiel'ici "per se ius habent ad officia ecclesiastica ad
quorum exercitium requiritur potestas ordinis aut potestas regiminis
ecclesiastici", perché "non datur clericus qui ad nihil ordinatur'~2. Da
questa verita segue almeno iI diritto del chierico a qualche incarico
ministeriale7 :J. Se e veramente necessario che questa funzione sia un

611 BONNET - GHIRLANDA, /JI' c/¡rillli/idelibIl8 65. cr. CHIAPPETTA 1, 174,


nr.810.
70 Ivi 66.
71 FELICIANI, II jJojJo[o eli Dio 67; cr. RINCON, T., in FERRER ORTIZ, J. -
RINCON, T., [,011 .'Iujetcm ele! orelinamenlo canónico, in AAVV., Manual de derecho
ca.uónico, 194 (l'autore parla di diritto-dovere del chierico ad esercitare il minis-
tero).
72 BONNET - GHIRLANDA 65.
73 Altri autori ribadiscono che nessuno ha diritto ad essere assunto al partico-
lare servizio, cf. PREE. ¡Ji!' Slellung 467. Questo sembra poter valere al massimo
nel caso quando si tratta di un ufficio o di un altro incarico concreto. Dei chierici
invece, ordinati proprio al sacro ministero, si puo negare difficilmente che abbiano
diritto di poter esercitarlo almeno in forma di qualche incarico casuale che non e
qualificato ufficio. Piu sfumata sembra la posizione di AYMANS, W.CDie Triiger kir-
chlic/wr lJiensle, in IlmullJ/wh ele.'I kulholi:w/wlt Kircheltrechts, Hrsg. LISTL, J. -
MÜLLER, H. - SCHMITZ, H., Regensburg 1983, 193), il quaIe sottolinea con chia-
rezza che IWSIIIlIW ha cliriuo di ellser OSIIWIlo lIel clero, ma una volta ordinato, il chie-
72 PÉTERERDÓ

ufficio ecclesiastico nel senso tecnico della parola, risulta m~no chiaro.
Durante la discussione sul testo del Codice la Commissione Isi occupa-
va di questa questione. Il brano rispettivo e stato cancella~o proprio
perché i consultori non potevano arrivare a una posizione sibura 74 •
1 laici hanno pure diritto ad una decorosa rimunerazione, adeguata
alla loro condizione, "che consenta di provvedere convenie~temente,
anche nel rispetto delle norme del diritto civile, alle necessit~ proprie e
della famiglia; hanno inoltre diritto che si provveda debita~ente alla
loro previdenza e assicurazione sociale e alla cosiddetta ass~stenza sa-
nitaria" (can. 231, § 2). Tale diritto -proveniente del resto d~l Magiste-
ro sociale della Chiesa 75_ non econnesso pero con la capacitalagli uffici,
ma con il fatto che illaico e addetto in modo sia ~ermanente ~ia tempo-
raneo ad un particolare servizio della Chiesa. E possibile ~he questo
servizio non possa essere qualificato ufficio. Ma e anche pO/5sibile che
un ufficio affidato a un laico non rispondi ai criteri del can. 1231, § 1, il
quale viene interpretato (cf. can. 17) anche in base alle su~ fonti che
dimostrano le circostanze della legge e il mente dellegislatqre. 1 docu-
menti del Concilio, del resto sono anch'essi un cdterio per
l'interpretazione del Codice come ha indicato Giovanni Paqlo II nella
costituzione apostolica Sacrae disciplinae leges76 • Nel decrettAdgentes
(n. 17) si legge infatti che tale rimunerazione compete aquel i laici "che
si d~dicano completamente", cioa a tempo pieno a una siff91tta funzio-
neo E evidente che non tutti gli uffici rispondono a criterio. Il ~iritto alla
rimunerazione quindi non segue direttamente dalla capaciF dei laici
agli uffici. .

4) 1 doveri provenienti dalla capacita agli uffici

Per quanto riguarda i chierici, il can. 274, § 2 afferma ~hiaramen­


te, che essi se non scusati da un legittimo impedimento, "$ono tenuti
ad accettare e adempiere fedelmente l'incarico ("munus"!) affidato loro
dal proprio ordinario". Questo dovere proviene in modp generale
dall'obbligazione di tutti i fedeli di obbedire ai Pastori (carl.. 212, § 1),

rieo ha diritto di poter servire nel suo ministero; ef. SCHMITZ, H., FrCllfen des Inkar-
diuatiO/~srechtes, in Ecclesia et ills. Ii'elltgabe li1r A. Schellermann Zll~ 60. Geburts-
lag, Hrsg. SIEPEN, K. - WEITZEL, J. - WIRTH, P., Münehen - Pad~rborn - Wien
1968, 146-148.
74 CommlluicatioHes 14 (1982) 73-74. !

75 AA 22; AG 17; ef. GS 67, vedi speeialmente la nota 144; LEO~E XIII, Ene.
Rerum Houamm: ASS 23 (1890-1891) 649-662; PIO XI, Ene. Qlladragesifn0 armo: AAS
23 (1931) 200-201; GIOVANNI XXIII, Ene. Mater et magistra: AAS ~3 (1961) 419,
eee.
76 Nr. 18: AAS 75 (1983) Pars 1I, XI.
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 73

ma assume una dimensione speciale in base al principio del can. 273,


secondo il quale i chierici "sono tenuti all'obbligo speciale di prestare
rispetto e obbedienza al Sommo Pontefice e al proprio Ordinario". 1 ti-
toli di questo dovere di particolare obbedienza al proprio Vescovo son o
molteplici: sia la partecipazione al medesimo sacerdozio e ministero.
apostolico (LG 28 a), sia la comunione gerarchica (pO 7 b, 15 b), sia
l'incardinazione (cf. can. 269, 3), sia la promessa di obbedienza fatta
nel ordinazione77 • Tutti questi titoli pero sono in qualche modo collega-
ti con il sacramento dell'ordine. L'obbligo speciale dei chierici ad obbe-
dire ai propri Vescovi concerne "esclusivamente l'esercizio del loro mi-
nistero e quanto abbia con esso una relazione obiettiva, diretta e
immediata''7I\ L'accettazione degli uffici ecclesiastici fa parte quindi di
questo dovere speciale. Il chierico assume nell'ordinazione di essere al
servizio della Chiesa (can. 1025, § 2; cf. can. 269, 31. Questo fatto costi-
tuisce, secondo alcuni, un ulteriore titolo di obbligazione ad accettare
gli ufficF9.
Riguardo ai laici il caso sembra quasi contrario. Non mancano au-
tori che sottolineano che i laici non devano accettare uffici ecclesiastici
e che i sacri Pastori possono assumere i laici a tali uffici soltanto con il
loro consenso espIicito. Anzi, ribadiscono che nessuno deve essere ma-
nipolato o moralmente costretto agli uffici 80 • Ci sono seri argomenti,
soprattutto teologici, a favore di questa posizione (che non possiamo
condividere - vedi infra).
Prima di tutto e "specifico dovere" dei laici "di animare e perfezio-
nare con lo spirito evangelico l'ordine delle realtil temporali, e cosi ren-
dere testimonianza a Cristo specialmente nell'organizzazione di tali
realtil e nelI'assolvimento dei compiti secolari" (can. 225, § 2). Questo e
il campo specifico dell'apostolato dei laici secondo l'insegnamento con-
ciliare (LG 31 b; AA 24) confermato anche dal Magistero pontifici08 !.
Giovanni Paolo 11 nelIa esortazione apostolica post-sinodale Christifi-
deles laici precisa che iI Concilio affidi ai laici "una vocazione che riguar-
da proprio la situazione intramondana". In tal modo "l'essere e l'agire
nel mondo sono per i fedeli una realta non solo antropologica e sociolo-
gica, ma anche e specificamente teologica edecclesiale''82. In questo con-

77 cr. CHIAPPETI'A I, 348-349.


78 FELICIANI, Jl popolo di Dio 65; RINCON, in Manual de derecho canónico
189; CHIAPPETI'A I, 349, nr. 1452.
79 cr. CHIAPJlETI'A I, 350, nr. 1454.
IIOBOEKHOLT, P., Del' IJaie in del' Kirche. Seine Rechte und Pflichten im nellen
Kirchenrecht, Kevelaer 1984, 72.
81 PAOLO VI, Ene. Populorum progressio 81: AAS 59 (1967) 296-297; Ene. Dcto-

gesima ad/l(miens 48 b: AAS 63 (1971) 437-438; ecc.


82 Christilicleles lltid 15: AAS 81 (1989) 415.
74 PÉTER ERDÓ

testo veniva segnalato il perico lo di una certa "clericalizza~ione" dei


laicis.i'; Dopo che il Sinodo dei Vescovi del 1987, pur esprimen~o apprez-
zamento per la disponibilita di molti laici ad assumere compit~ che sono
normalmente svolti dai chierici, ha segnalato gli inconvenien~i a cui un
uso indiscriminato di questa possibilita puo dare luogo, Giov~nni Pao-
lo II nell'esortazione apostolica Christifideles laici (23) denu~cia il pe-
ricolo della confusione e del livellamento tra il sacerdozio coPtune e il
sacerdozio ministeriale, nonché la tendenza "alla «clericalizza~ione» dei
fedeli laici e il rischio di creare di fatto una struttura ecclesial~ di servi-
zio parallela aquella fondata sul sacramento dell'ordine'J8.4. In base a
tutte queste considerazioni risulta chiaro che l'interol discorso
sull'esistenza o non esistenza di un dovere dei laici di accetta*e uffici in
genere nella Chiesa si riferisce ai laici nel senso della tripartizione dei
fedeli, cioe ai laici secolari. Se invece teniamo presente illai~ nel sen-
so della bipartizione, vale a dire della definizione indiretta del can. 207,
§ 1, gli argomenti provenienti dalla secolarita del laico non sonp del tutto
convincenti. E per es. evidente che un laico religioso e tenutp ad acce-
ttare l'ufficio che gli viene legittimamente assegnato. E questp dovere e
strettamente connesso anche con la sua capacita all'ufficio c'i'me laico,
benché l'obbligazione non provenga unicamente dalla capaci~a.
Allo stesso tempo bisogna tener presente il principio teqlogico gia
menzionato della partecipazione attiva di tutti i fedeli alla rpissione e
all'apostolato della Chiesa, sul 'quale il Concilio ha insistito Icon tanta
chiarezza. Si tratta della partecipazione di tutti i cristiani, itlt forza del
battesimo, alla triplice funzione della Chiesa e cosi al triplic~ ufficio di
Cristo (cr. LG 9-17,31,34-36; AA 2, 6,7,9,10; can. 204, § l).ICerto che
la partecipazione dei laici e diversa da quella dei chierici, ma e anch'essa
reale in rapporti di intima connessione, perché la Chiesa e ,na comu-
nione gerarchica (LG 10 b; PO 15 b; cf. cann. 336; 375, § 2).!jt.lon si puo
affermare quindi che un ufficio riguardante la vita interna qella Chie-
sa sia quasi estraneo alla vocazione propria dei laici, essendq anch'essi
veri fedeli. Questo vale soprattutto agli uffici che non c~mportano
l'esercizio della potesta di governo. I

Ma c'e di pill, pur rimanendo nelcampo della vita secolar~, nel qua-
dro dell'animazione delle realta temporali possono esistere reri e pro-
pri uffici ecclesiastici nel senso della definizione del can. 1t5, § 1. Se

83 Vecli giil COREceo, E., /'ro/ili i.~tilllziona1i dei movimeuti nel~a Chiesa, in
AAVV., 1 mOllimellti delta Chie.~ct neglj ClImi 'SO, a cura di CAMISASCJ\ M. - VITA-
LI, M., Milano 1982, 221-234; ID., A8fJelli clella ricezioue del Vaticcuw ~I nel codice
eLi diriuo CUlw"i(~o, in II Vuliecllto 11 e la ,,/tiesCl, a cura di ALBERIGO, C)} • .JOSSUA,
J. P., Brescia 1985,365-367.
M AAS 81 (1989) 431.
UFFlCI E FUNZIONI PUBBLlCHE NELLA CHIESA 75

mediante il perfezionamento evangelico della vita terrestre si esercita


la missione della Chiesa, nulla impedisce che vengano costituiti stabil-
mente incarichi da esercitare per un fine spirituale anche in questo cam-
po. :E certo che questa attivita dei laici non richiede di per se un incari-
co speciale da parte dell'autorita ecclesiastica, tanto meno un ufficio,
ma nulla esclude che si presentino casi in cui a giudizio dell'autorita
ecclesiastica competente la forma migliore o necessaria della realizza-
zione della missione della Chiesa sia il conferimento di un tale ufficio
ad un laico. La stessa cosa puo accadere anche nel settore piu collegato
con il ministero dei sacri Pastori, come sono l'evangelizzazione, certi
compiti liturgici, la partecipazione alle strutture di consultazione, di
proposizione, di reciproca formazione e informazione ecc.815 • Per molte
di queste ultime attivita vale iI principio del can. 225, § 1, secondo il
quale i laici essendo deputati da Dio all'apostolato mediante il battesi-
mo e la confermazione86, "hanno l'obbligo general e e insieme il diritto,
sia singolarmente che riuniti in associazioni, d'impegnarsi perché il di-
vino messaggio della salvezza venga conosciuto e accolto da tutti gli
uomini del mondo intero; tale obbligo si fa piu urgente in quelle situa-
zioni in cui gli uomini non possono ascoltare il Vangelo né conoscere
Cristo, se non per mezzo loro"1I7. La necessita puo richiedere pure
l'impegno di laici anche in certi compiti liturgici (can. 230, § 3) ecc.88•
Dei ministeri di supplenza in questo settore osserva giustamente Julio
Manzanares che i laici sono capaci di essi, ma non hanno il diritto sog-
gettivo ad ottenerli, trattandosi di "compiti, che sono piu intimamente
collegati con i doveri dei pastori" (AA 24 089•
Di tutto cio risulta chepossono esistere ufficiossia uffici ecclesiasti-
ci nel senso del can. 145 ai qllali i laici in determinate situazionip0880-
no essere obbligati dai sacri Pastori, dato il dovere generale
dell'obbedienza di tutti i fedeli a questi Pastori, sancito nel can. 212, §
1 (cf. LG 37). Questo dovere dei laici proveniente ~alla loro capacita agli

lIS Per diversi elenchi di possibln' compiti dei laici vedi per es. NAVARRO, Il
fi.~(lele lcúco 156-157, 160-167; BERLINGO, Ilcúci nella Clliesa 202-218.
116 Della portata speciale dell~ cresima come base di ministeri dei laici vedi
BERLINGO, l laid udla Chie8tt~i8-223.
61 Del problema dei ministeri di supplenza vedi per es. LIGIER, L., Ministeri
lcticali eli supplmza. Loro {cmelclllwnli uei (wcllmenti clel VaticCJIw 11, in VaticCJIW 11:
BilCJI,do (~prospelti"e ¡wulicinque (muí dopo (1962-1987), a cura di LATOURELLE,
R., Roma-Assisi 1987, 1, 737-751.
llIl Su questi vedi specialmente GHIRLANDA, in BONNET - GHIRLANDA 66-
69; ID., De lcú<'Ís i/lxla I~O¡'Il1" Coclieem, in Periodica 72 (1983) 53-70; MANZANA-
RES, J., L(~s lal"es el la lIie lilurgilJlle, in UAww.e cCJlw"iqlle 29 (1985-1986) 123-140;
specialmente 135-136.
¡;¡¡ I..es lares (~l la ¡,ie liturg;c¡IU' 136.
76 PÉTERERDO

uffici e dalloro essere "christifideles" non e pero illimitato.1l ~iritto del


Vescovo di comandare ad un laico l'accettazione di un ufficip non puo
violare né la giusta autonomia dei laici riconosciuta nelle att~vita della
citta terrena (GS 36; can. 227)90, né il diritto naturale alla vi~a e al sos-
tentamento (anche delle famiglie), né altri diritti canonici o ~etacano­
nici della persona. Quando si tratta poi di un ufficio che Icomporta
un'impiego a tempo pieno, si deve os servare pure il can. 23~, § 2 della
decorosa rimunerazione dei laici addetti ad un particolare s,rvizio de-
lla Chiesa. Va precisato, tuttavia, che le possibilita concrete ~i un laico
ad assumere un ufficio possono esser misurate dallaico stes~o. 11 Con-
cilio ha prescritto ai Pastori di avere nei rapporti con i laici "iJ massimo
rispetto per la giusta liberta che spetta a tutti nella citta terr~stre" (PO
9 b; cf. LG 37 c). Lo stesso Concilio ha fortemente accentuatq la liberta
dei "christifideles" di tendere all'unione con Dio (LG 40 b-41 la), di san-
tificarsi, di autorealizzarsi in Dio nel popolo di Dio con la li~erta crea-
trice, esercitando i carismi ricevuti "per il bene degli uoypini e per
l'edificazione della Chiesa nella Chiesa e nel mondo, con la li~erta dello
Spirito Santo ... , e al tempo stesso nella comunione con i frate~li in Cris-
to, soprattutto con i propri pastori" (AA 3 d)91. Di tutto quesito dobbia-
mo concludere: la possibilita che un laico secolare sia tenuto ~i accetta-
re un ufficio dal suo Vescovo e piuttosto teonca, e le situaziolni quando
essa puo presentarsi nella prassi sono del tutto eccezionali. ~i puo par-
lare qui di una obbligazione giuridica, in cui la fattispecie c9n la quale
e collegata l'obbligazione, deve esser concretizzata con la coqperazione
dell'autonomia dei destinatari della legge92 . i

90 Per i casi eccezionali, quando l'autorita ecclesiastica puo Obbli~are giuridi-


camente nelle questioni temporali ve di per es. DE FUENMAYOR, A., ljuicio mo-
ral de la Iglesia sobre materias tempurales, in Ius CUl,onicllm 12 (1972 117; GON-
ZALEZ DEL VALLE, J. M. - RINCON, T., Iglesia, Estado y concienc a cristiana,
Madrid 1972, 118.
91 Dell'insegnamento del Vaticano 11 su questa liberta vedi per es.~ARACENI,
G., Notazioni problematiche per 1m cuncetto giuridico di liberta nella C ,iesa, in Ius
¡XJpuli Dei. Mú;cellanea, in honorem Rayl1umdi Bidagor, Roma 1972,1, 85-413, spe-
cialmente 406-412; BONNET, P. A., II "christi{idelis" recuperato prota¡J,onista uma-
no nella Chiesa, in Vaticano ll. Bilwwio e prospettive venticinqlle annil dopo (1962-
1987), a cura di LATOURELLE, R., Roma - Assisi 1987,1,483-486.
92 Per questo tipo di norme nel nuovo diritto canonico vedi ERD~"P., Expres-
Si01WS obligationis et e.xhortationis in Codice Iuris CUlwnici, in Periodi a 76 (1987)
3-27, specialmente 26, nr. 2. Questo caso puo esser considerato come e mpio della
differenza e della somiglianza tra le leggi giuridicamente obbliganti ma bisognosi di
ulteriore concretizzazione e quelle che contengono una mera esortazione'eel rapporto
tra questi due tipi di leggi -con accento forse un po' troppo forte sulla lo o diversita-
vedi WACHTER, L., Gesetz im katwnischen Recltt. Eine rechtssprachlic .,e und syste-
matisch-normatiue UnterlHudumg ZIl Unllulproblemen der Erff:l8sung de~ Gesetzes im
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 77

Molti altri doveri (cann. 229, § 1; 231, § 1 ecc.) dei laici, in quanto
connessi con gli uffici, non provengono direttamente dalla capacita agli
uffici, ma dal fatto di voler assumere o di aver gis. ottenuto qualche uffi-
cio concreto.

C. Questioni pratiche

Le numerose questioni pratiche trattate nell'abbondante letteratura


sorgono quasi tutte a proposito del rapporto degli uffici ecclesiali con il
diritto statale dellavoro93• Se prendiamo in considerazione che riguar-
do aUa rimunerazione dei laici addetti ad un particolare servizio della
Chiesa lo stesso can. 231, § 2 fa rinvio aUe norme del diritto civile, ri-
sulta che, in alcuni casi, le tensioni tra il diritto canonico degli uffici e
quello secolare siano quasi necessarie.
Ma le stesse tensioni si incontrano pure tra la nozione attuale
dell'ufficio e la regolamentazione vigente della materia. Mentre il con-
cetto e definito in un modo nuovo, le norme che dirigono il funziona-
mento di questo istituto giuridico sembrano rispecchiare ancora la vec-
chia concezione. Mentre per es. il can. 147 cerca di dare un elenco
tassativo dei modi della provvista degli uffici, per gli uffici che non ri-
chiedono l'ordine sacro, iI can. 199, 6 offre anche un'altra via 94.
Per questo non e sorprendente se alcuni autori, come Helmuth Pree,
cercando di abbozzare un sistema delle forme del servizio ecclesiale, non
sentono il bisogno di usare la eategoria dell'ufficio95• Il professore Pree
distingue due tipi fondamentali del servizio ecclesiale: il servizw spe-
ciale (''besonderer Dienst"), per il quale si richiede la missione ufficiale,
e ilservizio comune ("allgemeiner Dienst''). 1 servizi speciali si dividono
in servizi ministeriali ("geistlicher Dienst"), i quali presuppongono
l'ordine sacro, e in servizi non ministeriali ("nicht-geistlicher Dienst"). 1
sevizi comuni invece possono essere espressioni della misswne dei laici

Katholisclum Kirehenreeht (Münchener Theologische Studien, 111/43), Sto Ottilien


1989,297.· .
98 Dell'abbondantissima bibliografia vedi per es. MAYER-MALY, T., ArbeilB-
recht im kirchlichen Dienst, in 6stern.~ie"isc/le8 Arc"iv für Kirc/umrecht 28 (1977)
64-80; PREE, H., 6sterreichisches Sta.alskirc/lenrec"t, Wien - New York 1984, 115-
122; HAUNSCHMIDT, F., Das Arbeitsr(~"tsl/(~r"iilt"i8 der Laienmilarbeiter im Be-
rdeh ele,. kCltholischen Kirche (Dissel'tationen der Johannes-Kepler-Universitat Linz
82), Wien 1989; FRUGIUELE, L., ¡..(woralori "ella Cl&iesa, in Jl Diritto Ecclesiastico
(1989) I, 87·101; DOLE, G., Les pro/(~ssio"s ecclé.siastiqlles. Fictionj,uidique el réa,.
lité 8ociologiqlle, Paris (1988].
9-1 Cf. ERDO, P., QIlClestiO/les qttaedam de prol1isiolle offreion,m in ecclesia, in
Perioclic(I 78 (1988) 363-379.
96 Die Stellung 467.
78 PÉTEREROO

come tali (per esempio apostolato nel mondo, nel matrimoniq e nella
famiglia) o rapporti contrattllali di servizio, nei quali il pres~tore di
lavoro non deve essere necessariamente cristiano96 • Anche se so~to ilsolo
aspetto tecnico si possa osservare che rapporti contrattuali qi lavoro
possono o, secondo il diritto canonico -almeno quello particolare+, a volte
anche devono stabilirsi pure per altri ti pi di servizi ecclesial~ (anche
speciali), sembra chiaro che la categoria attuale dell'ufficio ecdlesiasti-
co non risolve pienamente il problema della regolamentazion~ dei ser-
vizi ed incarichi nella Chiesa97 •

3. Conseguenza: il diritto del fedele al servizio dellal Chiesa


Se vogliamo collocare l'esame rapido e schematico fatto n~i prece-
denti nel contesto del discorso sui diritti -detti anche fondamerltali- dei
fedeli, risulta quanto segue:
1) La categoria dell'uflicio ecclesiastico nel senso del dirittc¡, canoni-
covigente e talmente relativa che non puo considerarsi fond~mentale
neppure un diritto con essa collegato. La missione teologicanlente ne-
cessaria dei fedeli puo realizzarsi in tante altre forme diverse dagli
uffici.
2) Per molti autori nemmelW il concetto del laico e fondaPtentale,
anzi viene qualificato di per se superfluo98• Come abbiamo vis~o sopra,
la base- t~ologica ~ella capacita dei laici agli ~ffici non si t~~n~l l~ro
essere laiCO, bensl nel fatto che sano battezzatl (o anche Cre51 atl), Cloe
"christifideles". I1 vero protagonista e soggetto di diritti detti fo damen-
tali neBa Chiesa e il fedele.
3) La capacita generale dei laici agli uffici deve considerarsi pna delle
espressioni di un diTitto '1ondamentale JJ dei fedeli. Questo dititto con-

116 Die Stdlllug 467-468.


11'1 Per tale insufficienza della regolamentazione dei servizi nelIa ~iesa mal-
grado la nuova nozione dell'ufficio ecclesiastico vedi per es. MÜLLER, H.t.Zur Frage
dl'r Stdlllug eles l.d';(~u im CIC /1983. in Miuisterilllu i'llllitiae. Felltllchrit' {;ir Herí-
Ix'rt lIeím.mwUl ZIII' VollemJ,mg el(~B 60. Lebeullja"re.ll, Hrsg. GABRIELS, lA. - REIN-
HARDT, H. J. F., Essen 1985, 208. .
!IIl Cosi per es. HEiMERL, H., IBt ele,. l..aienbegrítT ,wcl, aktllell?, inl La Chiella
elopo il COlu!ilio 11 VatÍ<!Cllw. Allí tÚd CougrelJllo lutemaziomúe di Dirittq Canol&ico.
RolUCI 14-19 g(·''''ctío 1970, Milano 1972,11/2, 797-806: KAISER, M., Der~!? ín der
K;,.du~, in a,."mlrilJ8 dR.s mwhkouziliaren Kire/w.nrechtll, lirag. LISTL, J • ., MULLER,
H. - SCHMITZ, H., Regensburg 1980, 1~.3: ID., Die Laien, in lIamlbllch clfll katlwli8-
C!/u·" Ki,."'u~u,.e('''t8, Hrsg., USTL, J. - MULLER, H. - SCHMITZ, H., Rege~burg 1983,
184-186; MÜLLER, Zllr /<'rage "(I(,h cle,. SteU,mg dell Laien 206 ("der f.laienbegritT
bei dem ekklesiologischen Ansatz, den der CIC/1983 glücklicherweiae ge".hlt hat•.. , .
eigentlich entbehrlich ist"); CORECCO, E., l laic; "el ""01/0 Codice di iDirítto Ca-
Iw"ieo, in l..tI SCllole, CaLtolíca 112 (1984) 208.
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 79

siste nel diritto di tutti i fedeli, proveniente della loro dovere di parteci-
pare alla missione della Chiesa, di svolgere qualche seroizio ecclesiale.
Per quei servizi che richiedono una commissione da parte dell'autorita
ecclesiastica, i fedeli SOM capaci -pur Mn vi avendo il diritto- a condi-
zione che siaM personalmente idonei e che il seroizio non presupponga
un carattere sacramentale della persona con il quale non siano insig-
niti.

11. Sacri ministeri e ministri sacriw

1. La questione
Seguendo le direttive del Concilio Vaticano 11, il Codice di diritto
canonico, nel canone 145, ha introdotto un nuovo concetto dell'ufficio
ecclesiastico ("officium ecclesiasticum"). Questa nuova definizione ren-
de possibile che ven.gano chiamati uffici ecclesia~tici anche diverse fun-
zioni che sono accessibili ai Iaici. Tale nuova regolamentazione dellin-
guaggio doveva produrre un nuovo atteggiamento pastorale e facilitare
delle soIuzioni legislative che rispondano meglio al fatto teologico
dell'uguale dignita di tutti i fedeli (LG 32 b, e) e della loro vocazione
alla partecipazione attiva all'esercizio della triplice funzione di Cristo
(LG 31 a).
Aquesto proposito, in occasione del sinodo dei Vescovi del 1987, i
padri sinodali hanno chiesto maggior chiarezza sulle parole "ministe-
ro", "compito" (ossia funzione) e "ufficio". 11 chiarimento sembrava ne-
cessario specialmente per quanto riguaroava i ministeri istituiti; cioe i
servizi che si esercitano stabilmente a nome e con l'autorita della Chíe-
sa, e che implicano una speciale partecipazione aUa triplice funzione di
Cristo lllo • In base alla legisIazione canonica in vigore cerchiamo in se-
guito di riassumere gIi elementi principali dell'attuale sistema delle
funzioni pubbliche nella Chiesa con speciale riguardo aUa realta del·
sacramento dell'ordine.

911 Questo capitolo 11 risa le in sostanza ad una parte della nostra pubblicazione
"Sacra Miuisteriu" e unid ecdesiw~tici pe,. ('e'C(·llell,za. in iriS ir, "ita et in ",issione
Eccl(~si(le. Aeta sympoxii iuter"aliOlHlÜx i",.is cauonici o(!currente X o,,,nil1ersario
promlllgctlioltis Codicis Illrill CClI/,ouici (Ciuc;. lid Vaticalw, 19-24 aprilis 1993), Citta
del Vaticano 1994, 855-878.
loo SINODO DEI VESCOVI (1987), Elenchus ultimus propositionum Post dis-
cc!plationem, 29. X. 1987, prop. 18: l~w,lúricúm VaticalUuu. X. Bologna 1989, nr. 2146.
80 PÉTERERDÓ

2. 1 "sacra ministeria" - una realta teologica


Come dicevamo sopra, il sacro ministero significa nel li~'guaggio
canonico attuale l'attivita propria dei ministri sacri. La no ione del
ministro sacro non viene direttamente definita nel Codice la ino, ma
significa una persona insignita dal sacramento dell'ordine (cf. cl:an. 207,
§ 1). 11 Codice dei canoni delle Chiese orientali invece offre un~ defini-
zione di questo concetto. Nel suo canone 323, infatti, stabili,ce che i
ministri sacri "sono dei fedeli cristiani che, eletti dall'autorita Efclesias-
tica competente, mediante il dono dello Spirito Santo ricevuto rella sa-
cra ordinazione, sono deputati ad essere ministri della Chies~ parteci-
pando alla missione e alla potesta di Cristo Pastore" (§ 1). .
11 significato del sacro ministero non si limita alla funzion~ liturgi-
ca, ma comprende ogni attivita propria alle persone che hannolricevuto
iI sacramento dell'ordine 101 . Questo ministero, assieme al s~cerdozio
stesso, del quale costituisce la ragion d'essere, appartiene aglil elemen-
ti costitutivi d~lla Chiesa~ come ri~adisce Sua Santita GiOV~~ni Paolo
Il, nell'esortazlone apostohca post-smodalePasto~8 daba VOb~8 n.16)102.
''11 ministero ordinato sorge dunque con la Chiesa ed ha nei escovi, e
in riferimento e comunione con essi nei presbiteri, un particolaIt rappor-
to al ministero originario degli apostóli" (ivi)lOS. 11 sacerdote, ipfatti, in
ragione dell'ordine ricevuto e chiamato ad aiutare i suoi frat~lli con i
servizi propri cel suo ministero della paro la e dei sacramentPOf, nonché
del governo pastorale, perché il sacerdote ministeriale -+secondo
l'insegnamento del Concilio- "con la potesta sacra di cui e inve$tito, for-
ina e regge il popolo sacerdotale" (LG 10 b)105. .
Per conseguenza, esiste una differenza tra i sacri ministeri p gli altri
ministeri ossia le altre funzioni pubbliche nella Chiesa. Quefta diffe-
renza -come quella tra il sacerdozio comune dei fedeli e il s4cerdozio
ministeriale- e essenziale e non solo di grado (cf. LG 10 b). P,r questo
nel decreto conciliare Optatam tOtill8 si afferma che "il mister9 di Cris-
to, il qua le compenetra tutta la storia del genere urna no, agi~ce conti-
nuamente nella chiesa e opera principalmente attraverso il ypinistero
sacerdotale" (n. 14 a)l06. .
Bisogna precisare pero che il sacro ministero non indica sqltanto le
funzioni insostituibilmente sacerdotali, le quali non possono es~ere eser-

101 cr. ERDÓ, Miuisll'rilllll 426-427.


102 Del 25. III. 1992: AAS 84 (1992) 681. ,
103 Testo italiano: Cittit del Vaticano 1992, 33. :
1M cr. DEL PORTILLO, A., I~ui(:i e {edeli "ella Chiesa, Milano 1969~ 23.
106 Testo italiano: Ij]uehiricliou Valicwm", 1/312. I

106 Testo italiano: EIlchir;cliou Valic,cllmlll 1/800.


UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 81

citate validamente da persone non aventi l'ordine rispettivo, nemmeno


in caso di necessita, ma comprende pure le attivita proprie aUe persone
ordinate che, se necessario, possono essere esercitate sussidiariamen-
te, anzi a volte con carattere di collaborazione per ragioni di utilita 107 ,
anche dai laici. Cosi anche le funzioni dei diaconi si qualificano sacri
ministeri (cf. cann. 232-233; CCEO cann. 323, § 1 e 331, § 1 dove il sa-
cro ministero viene usato come sinonimo dello stato clericale in gene-
re).
E caratteristico in questo contesto che vi sono neUa Chiesa delle
funzioni che appartengono alla missione speciale dei ministri sacri, ma
aIlo svolgimento delle quali sono capaci anchE1 i fedeli laici. Essi, infat-
ti, godono per esempio della capacita lO8 di ricevere dall'autorita eccle-
siastica il mandato di insegnare le scienze sacre (can. 229, § 3), ma -come
ribadisce Sua San tita Giovanni Paolo 11 nel suo discorso indirizzato ai
Vescovi della Germania nordoccidentale il 14 dicembre 1992 (n. 6)- i
professori delle facolta teologiche devono essere generalmente dei sa-
cerdoti 109 • L'esercizio di certe attivita aderenti al sacro ministero de-
gli ordinati che si effettua da laici abilitati da un mandato necessario
non e da qualificarsi sacro ministero, ma semplicemente ministero, os-
sia funzione pubblica. Non mancano autori che ribadiscono per esem-
pio la differenza tra la predicazione (diversa dall'omelia) dei ministri
sacri e quella dei laici 110. La radice teologica della differenza sostanzia-
le tra un sacro ministero e un'attivita simile svolta da una persona non.
ordinata puo identificarsi nel fatto che il sacro ministro, secondo la de-
finizione del Codice orientale, partecipa in modo speciale "alla missio-
ne e alla potesta di Cristo pastore" (CCEO can. 323, § 1), o come viene
messo in rilievo nell'esortazione apostolica Pastores dabo vobis (n. 16),
il sacerdote "partecipa, in modo specifico e autorevole, alla 'consacra-
zione/unzione' e alla 'missione' di Cristo" e rappresentando Cristo capo
"si pone non soltanto nella Chiesa ma anche di fronte alZa Chiesa"l11.

107 Come tale attivita viene qualificata la predicazione (ma non l'c>melia) e an-
che la catechesi ufficiale da E RRAZURI Z, C., Jl "munlls docendi Ecclesiae": diritti e
doveri dei /i!.deli (Ateneo Romano della Santa Croce, Monografie giuridiche 4), Mila-
no 1991, 223, nt. 95.
108 Del fatto che in questo caso si tratta di una capacita e non di un diritto vedi
ERRAZURIZ 223-239.
109 Testo tedesco: Anspraclwlt von Pctpsl Johannes Palll [J. allS AnlafJ der Ad-
limilta-Besllche der cúmlsc:hen Bischü/i!. (Verlautbarungen des Apostolischen Stuhls
108), Bonn 1992, 29.
110 Cf. FEUCIANI, G., La précJication de lal'cs daJJS le Code, in L'Almée canoni-
qlle 31 (1988) 130; ERRAZURIZ 223, nt. 95.
III AAS 84 (1992) 681; testo italiano: ed. cit. 32.
82 PÉTEREROO

E invece una questione aperta, quali sono le forme o le ttivita con-


crete aderenti aUa missione dei ministri sacri che, per mot vo della ra-
ppresentanza di Cristo capo da parte degli ordinati, onto ogicamente
non possono essere esercitate dai laici. Per alcuni gia l' melia della
Messa e una tale funzione ll2 • E comunque difficile trova un chiaro
criterio teologico per una distinzione cosi delicata. Dobbiamp notare che
la problematica assai difficile e complessa dei limiti della p ssibilita dei
laici a partecipare nell'esercizio della potesta di governo co tituisce sol-
tanto uno degli as.petti di questa medesima questione. Sta i fatto pero
che le persone non ordinate non sono capaci a svolgere le ttivita ade-
renti propriamente alla missione dei ministr~s,cri, cioe i s cri ministe-
ri. Se per alcune di queste funzioni ricevono un mandato, le loro atti-
vita sara materialmente identica o simile aquella dei mi istri sacri,
ma cio non di meno rimarra una difTerenza essenziale per 1 quale essa
non potra chiamarsi sacro ministero. .
Una delle istituzioni giuridiche che esprimono questa ~ifTerenza e
il carattere suppletivo di certi ministeri dei laici (cf. cann. 23~, § 3; 910 113;
1112, § 1; 1421, § 2).

3. Conseguenza per gli uffici ecclesiastici:


uffici "sacri" ed altri uffici

Gli autori chiamano uffici clericali semplicemente queqi che richie-


dono l'ordine sacro come condizione l14 • Ma l'ordine sacro -cpme diceva-
mo sopra- puo essere richiesto per un ufficio ecclesiastico sta mediante
una menzione espressa della necessita dell'ordine sacro c~e mediante
la semplice indicazione delle funzioni aderenti al rispettiV¡o ufficio. In
questa seconda ipotesi possono presentarsi dei casi, nei qU~li e difficile
.decidere sul carattere clericale o laicale dell'ufficio. Secon o quanto e
stato detto sopra, la medesima attivita puo essere, infatti, ichiesta nel
quadro di un ufficio sia come sacro ministero, quindi con ",n carattere
speciale, sia in riferimento alla semplice funzione. I

Possiamo distinguere quindi tra gli uffici un gruppo ~he richiede


l'esercizio del sacro ministero, cioe delle attivita, le quali onto10gicamente

112 ERRAZURIZ 221. i

113 cr. S. CONGREGAZIONE PER LA DISCIPLINA DEI SAC$NTI, Istr.


l",mewme cw"itatis, 29. I. 1973, nr. 1: AAS 65 (1973) 265-266; PON FICIA COM-
MISSIONE PER L'INTERPRETAZIONE AUTENTICA DEL CIC, Ri posta, Utrum
",i"ister e.xtraordinarius, 1. VI. 1988: AAS 80 (1988) 1373.
114 cr. GHIRLANDA, G., in BONNET, P. A. - GHIRLANDA, G., Pe cl",.istifide-
libllS. [Je (~arrtm illriblls, de laicis, ele ccmsociatio"iblls. Ad"otatianes it~ Codicem, Ro-
mae 1983, 65. I
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 83

non possono essere esercitate dai non ordinati, o delle attivita, alle quali
sono materialmente capaci tutti i fedeli, ma che vengono richieste
nell'ambito di questo ufficio concreto in modo tale che costituiscano
l'esercizio del sacro ministero. Un esempio per questa seconda catego-
ria potrebbe essere l'ufficio del giudice diocesano chierico (can. 1421, §
1). Tutti questi uffici potrebbero chiamarsi "uffici sacri", perché richie-
dono l'esercizio del sacro ministero.
Dato che nel ministero sacerdotale opera principalmente il mistero
di Cristo (OT 14 a), 'gli uffici che comportano tale attivita rispondono
maggiormente alla nozioile dell'ufficio ecclesiastico perché si dirigono
eminentemente al fine spirituale della Chiesa. Questa ordinazione al
fine spirituale, infatti, appartiene agli elementi costitutivi della nozio-
ne dell'ufficio ecclesiastico (can. 145, § 1). Cosi tutti gli "uffici sacri"
possono essere considerati "uffici per eccellenza". Tra essi spiccano pero
alcuni pochi (come quello del Romano Pontefice e del Vescovo diocesa-
no) che -non soltanto come funzioni, ma anche come uffici stabili- han-
no un ruolo indispensabile nella costituzione della Chiesa. Questi ulti-
mi uffici comportano del resto anche il pieno esercizio del sacro
minister0 1l!l.
Gli altri uffici non richiedono l'esercizio del sacro ministero, ma
anche in essi si svolge una attivita ufficiale pubblica della Chiesa, cioe
un ministero.

In. Riassunto: verso un nuovo sistema


delle funzioni pubbliche

Riassumendo possiamo costa tare che tutti i fedeli sano chiamati a


contribuire con la loro vita aUa missione salvifica della Chiesa. Quan-
do agiscono con propria responsabilita e autonomia, soprattutto i laici
quando compiono la loro vocazione che riguarda la situazione intramon-
dana (can. 225, § 2; LG 31 b; AA 24 ecc.), essi svolgono una azione ec-
clesiale, ma non ecclesiastica, non ufficiale, non fatta in nome della Chie-
sa l16 ,
Le azioni svolte nel nome della Chiesa, cioe le attivita pubbliche
della medesima possono chiamarsi ministerio Tra questi ministeri al-

116 cr. ERDO, P., QllaesliOlw:J de oflieiis (~edesi(J8licis laicorum, in Periodica 81


(1992) 191-194.
116 HERRANZ, J., Slllcli sulla "/lOlla legislaziolle cJella ehiesa (Centro Accade-
mico Romano delta Santa Croce, Monografie giuridiche), Milano 1990, 253; delta re-
lazione tra la categoria di ufficio e le funzioni pubbliche nella Chiesa vedi recente-
mente ARRIETA, J. l., ¡?Illlzioltl.' ¡mbblicCl e u/licio ecclesiastico, in llls Ecclesiae 7
(1995) 91-113.
84 PÉTER ERDÓ

cuni appartengono alla missione speciale dei ministri sacri el si chiamano


opportunamente sacn ministen. Altri sono i ministeri semplici. Qualo-
ra l'esercizio di qualche ministero si efTettua nel quadro di un istituto
giuridico che comporta l'af,fidamento di un complesso di d~· itti e doveri
riguardanti tale attivitli pubblica a una persona, si puo p rlare di una
canea, ossia di un "munus" pubblico nel senso speciale. S·a i sacri mi-
nisteri che quelli semplici possono essere esercitati occasipnalmente o
nel quadro di una carica. .
Quelle cariche pubbliche stabilmente costituite che r~spondono ai
criteri elencati nel canone 145, si chiamano uffici ecclesiasti4i. Tra questi
alcuni si qualificano "uffici sacri", altri invece uffici semplici che non
comportano l'esercizio del sacro ministero.
11 problema teorico-pratico da chiarire attraverso nu~ve ricerche
sarebbe la differenza fra le funzioni pubbliche che costitui~cono un sa-
cro ministero e quelle altre materialmente simili o identiche che non
hanno questo aspetto speciale. La questione quindi non e ~oltanto que-
lla dei limiti della possibilita dei laici a partecipare all'e~ercizio della
potestli di governo, ma si riferisce all'intero ambito della ,triplice mis-
sione di Cristo e della Chiesa. 11 primo passo verso un chililrimento po-
trebbe essere l'elaborazione dei principi metodologici dell'esame siste-
matico della tradizione dottrinale e discipl,inare della Chies~ sotto questo
aspetto.

TERZA PARTE: i

LA MISSIONE COME CATEGORIA GENERALa


PER L'ORGANIZZAZIONE DELLE FUNZIONI
PUBBLICHE NELLA CHIESAl17

l. Premesse
La ragion d'essere delta Chiesa e la missione di Cristo Iche va conti-
nuata dalla Chiesa attraverso la storia dell'umanitli 118. Al questa mis-
sione, cioe all'esercízio della tríplice funzione di Cristo, ttitti i membri
della Chiesa sono chíamati a partecipare (per esempio c~nn. 204, § 1;
781; 747, § 1; 835). Tale partecipazione pero viene compiufa secondo la

117 (Jllesta parte del nostro teNto rislIle culllna nostra pllbblicazi~ne comune con

Julio Garda MaJ·tín cm¡: (La missione come principio Organizzativldella Chiesa -
Un aspelto particolare: la, missione elei presbiteri e dei vescovi, in Per odica 84, 1995,
425-454) al quale va un sen tito ringraziamento per il suo consenso d to alla presen-
te pubblicazione.
\l8 er. GARcfA, J., L'azione mi¡;¡;ionaria della Chiesa nella legisldf:ione canonica,

Roma 1993, 9-13, 16-22.


UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 85

condizione di ciascun fedele e i compiti loro assegnati (cann. 204, § 1;


208). La condizione dei fedeli -prescindendo per adesso dagli altri pos-
sibili significati del termine nel diritto canonico vigente1l9- consiste, nella
Chiesa, principalmente nel loro essere laici o nell'essere costituiti "mi-
nistri sacri" (can. 207, § 1). Molti interpreti qualificano come "condizio-
ne" pure lo stato dei consacrati mediante la professione dei consigli evan-
gelici (can. 207, § 2).
Per chiarire le conseguenze giuridiche esistenti e possibili, rilevan-
ti per l'organizzazione dell'attivita della Chiesa, giova esaminare il con-
tenuto della missione ricevuta da una parte nel battesimo e nella cresi-
ma, e ottenuta dall'altra parte nei diversi gradi dell'ordine sacro e vedere
le conseguenze istituzionali nel diritto canonico vigente.

11. La missione ricevuta nei sacramenti


del battesimo e della confermazione

1. Dati teologici
La missione che i fedeli sono chiamati ad esercitare in base al loro
battesimo El la stessa missione di Cristo. Per cui anch'essa ha una di-
mensione universale e ne scaturiscono i doveri (cf. cann. 209, § 2; 210)
verso la Chiesa universale e particolare, ma ne scaturiscono anche i
diritti (cf. cann. 211; 215; 216; 225, § 1 ecc.)120. Tutto cio si riferisce in
modo speciale ai laici, la condizione dei quali, riguardo alla loro missio-
ne ecclesiale, si basa soprattutto sui due sacramenti del battesimo e della
cresima (cf. can. 225, § 1). La specificita della missione dei laici consis-
te poi nell'animare e perfezionare l'ordine delle realta temporali (cC. LG
17; 33; AG 35; 36; 41)121. Lo stato coniugale aggiunge altre missioni
specifiche aquesta Condamentale (cC. can. 226, § 1 ecc.).

2. Conseguenze canoniche
Da questo dato teologico segue il riconoscimento dell'autonomia dei
laici nelle cose temporali (cf. can. 227), sempre con la dovuta attenzio-
ne riguardo aUa dottrina proposta dal magistero della Chiesa. Qui si
tratta di un'attivita ecclesiale, ma non ecclesiastica nel senso di una

119 Cf. per es. cann. 96-112 (tac. 96:"De personarum physicarum condicione ca-

nonica"), 155; OCIIOA, lndex lIerborum ... CIC, 82-83.


120 cr. GARCIA, J., Deber de todo el pueblo de Dios para con las misiones liAd Gen-
tes", in Commentarillm pro Religiosis et Missionariis 73 (1992) 217-242.
121 GIOVANNI PAOLO 1I, Esort. Ap. Christi/ideles laiei, 30. XII. 1988,35; lo., Lett.
enc. Redemptoris missio, 7. XII. 1990, 71; cf. can. 225.
86 PÉTERERDÓ

funzione pubblica, esercitata in nome della Chiesa. Pero i llci possono


essere assunti dalla gerarchia a cooperare in determinate fu zioni pub-
bliche l22 , cioe in vari uffici e incarichi nella Chiesa (can. 228, 1). Queste
funzioni pubbliche vengono pero esercitate dai laici in due odi fonda-
mentalmente diversi: alcune in adempimento della loro proBria missio-
ne, altre invece in sostituzione dei ministri ordinatP23. Perlle funzioni
specificamente «laicali», nell'ordine delle cose temporali -che pero
anch'esse costituiscono un esercizio della missione generale¡del cristia-
no- , ma anche per quelle funzioni pubbliche che vengo no l«l>ro affidate
dalla gerarchia ma non a sostituzione dei chierici, sembra ~he valga il
principio della sussidiarieta, che invece non si applica per lelfunzioni di
supplenza 124. La sussidiarieta evidentemente non rend~ superfluo
}'incarico proveniente dal Superiore gerarchico. Tale incari~o o missio-
ne pero puo esser data, e i competenti sono spesso invitati 4al diritto a
dare tali incarichi, ai laici che anche in queste funzioni pub~liche eser-
citino la loro missione propria di cristiani. 1 parroci, per ese1npio, devo-
no riconoscere e promuovere il ruolo che hanno i fedeli laic~ nella mis-
sione della Chiesa, favorendo le loro associazioni che si propongano
final ita religiose. Sono invitati anche a collaborare con il vEcOVO e con
il presbiterio della diocesi e ad impegnarsi perché i fedeli i prendano
cura di favorire la comunione parrocchiale e si sentano me bri sia de-
lla diocesi che della Chiesa universale e perché partecipinole sostenga-
no le opere destinate a promuovere la comunione (can. 52~, § 2).

m. La missione del presbitero come principio orga~zzativo


1. La missione speciale del singolo presbitero
A. Dati teologici generali

Il sacramento deU'ol'dine, nel grado del presbiterato, cJ~ferisce una


missione specifica che consiste nella partecipazione al s$cerdozio di
Cristo in modo sostanzialmente diverso da quella dei laic~, e non sol-

122 cr. ERDÓ, P., Ilseu80 ddlu c(lp(l(~ita de; luici agli Il(fr.ci neUa q,iesa, in FieJe-
lilll" luru 2 (1992) 165-186.
123 Cf. ERDli, P.,"SllC,.a. ",i"í"teriu" e {Il"zion¡ prtbbliche "ella C~,iesa, in Folia
7'heologicCJ 4 (1993) 71-72; lo., (/llCwsliones de ofTiciis ecclesiasticis la¡corllm, in Pe-
rioclicu 81 (1992) 191-194; In., IJuj/wle Kircheuiimler Imd kirchlicheslArbeitsverhiíl-
tuis mil besoncú~1"Iw Rilcksicht Ult{ Uugum, in Polia Tlreologica 3 (l99~) 112-115; ID.,
Elementos de 1m sistema de las limciOlU!8 públicas en la IgleBia Begrí" el Código eJe
De,.echo Cemó"ico, in Ills Cwwni("/l/U 33 (1993) 551-552.
124 Cf. per es. ERIx\ Laikeúe KirelwIliimler 115-116.
UFFICI E FUNZIONI PUBBLlCHE NELLA CHIESA 87

tanto con riguardo al grado (cr. can. 835, § 2; LG 10 b, 28, 41 ecc.). Ma


bisogna precisare il contenuto teologico e allo stesso tempo giuridico-
istituzionale di questa missione, per vederne le conseguenze giuridiche
organizzative e concrete nell'ordinamento positivo della Chiesa.
La missionespeciale delle persone, che abbiano ricevuto il sacra-
mento dell'ordine, si chiama molto spesso, nei testi del Vaticano 11 e nei
due codici, "sacrum ministerium"125. Il ministero sacro che si riceve nei
vari gradi, si concretizza nell'esercizio di diverse funzioni particolari sia
stabili che occasionali. Esaminiamo alIora, quali siano i contenuti prin-
cipali di questo ministero sacro.

B. La missione di santificare: Eucaristia

1) Dati teologici

Un aspetto centrale della missione del presbitero, ma anche del


sacerdote cristiano in genere, e la celebrazione eucaristica. Infatti, per
l'eucaristia vive e cresce la Chiesa, viene significata e prodotta la sua
. unita ed edificato il popolo di Dio (cr. can. 897). E proprio per il sacro
ministero -soprattutto ma non esclusivamente quello eucaristico- che
esiste nella Chiesa l'ordine sacro (cr. LG 10 b)126.

2) Conseguenze canoniche

Tale importanza dell'eucaristia e il motivo per cui il legislatore in-


vita tutti i sacerdoti aBa celebrazione frequente (can. 904) e impone
anche l'obbligo aí fedeli di partecipare aUa messa ogni domenica e le
altre reste di precetto (can. 1247). In base aquesta modalit& di eserci-
tare la propria missione, iI presbitero ha il diritto di essere ammesso a
celebrare in una chiesa, anche se e sconosciuto a patto che esibisca le
lettere commendatizie del proprio Ordinario (can. 903). Un altro aspetto
giuridico, che dimostra il riconoscimento della specifica missione euca-
rística dei presbiteri (e di tutti i sacerdoti), consiste nel fatto che il Co-
dice dei canoni delle Chiese orientali ríconosce iI diritto di tutti í sacer-
doti a celebrare la sacra liturgia sull'altare di qualsiasi chiesa cattolica
(CCEO can. 705, § 1).

126 cr. OCIIOA, l"dex lIeroorum ... Va.tieal,i Sectmdi, 303-304, 438-439; ID., lndex
,'erborllllt ... CIC, 277 ("Ministerium sacrum"); ZUZEK, 1., lndu Analyticua Codicia
Cemo/mm EedesiaJ"/l11t Orietttalillm, Roma 1992; ERro, Mi"ialerium, munua el ofli-
cillm 411-436.
12f¡ cr. GIOVANNI PAOLO 11, ES01·t. Ap. Pastorea daba (labia. 25.111. 1992, 16; ERro,
El(mwlttos 545.
88 PÉTERERDÓ

c. La missione di santificare: altri sacramenti


Anche per gli altri sacramenti e le altre funzioni liturgiche, che
appartengano alla missione esclusiva o almeno aquella speciale dei
sacerdoti, esiste una lunga serie di norme giuridiche che re$Olamenta-
no l'esercizio concreto delle medesime. Tutte queste azioni contribuis-
cono eminentemente all'edificazione della Chiesa. Come ins1gna il Con-
cilio: "Cristo, consacrato e mandato nel nome del Padre (cf. ,ov. 10,36),
per mezzo dei suoi apostoli ha reso partecipi della sua cons~crazione e
della sua missione i loro successori, cioe i vescovi, i quali ha no legitti-
mamente affidato, secondo diversi gradi, l'ufficio del loro inistero a
vari soggetti nella Chiesa. Cosi il ministero ecclesiastico diiistituzione
divina viene esercitato in diversi ordini, da quelli che gis. a~ticamente
sono chiamati vescovi, presbiteri, diaconi"(LG 28). La miss~one dei sa-
cerdoti (e cosi anche dei presbiteri), come continuazione pie~a e specia-
le della missione di Cristo, costituisce quindi l'attivits. in cui ilgisceprin-
cipalmente il mistero di Cristo nella storia e nella Chiesa (<PT 14 a).

D. La missione di insegnare
1) Dati teologici

Un altro aspetto specifico della missione del presbiterol· e quella di


annunziare il Vangelo in veste di cooperatore dei Vescovi (can. 757),
perché sui Vescovi viene senz'altro insegnato che sono i sUfcessori de-
gli apostoli, messaggeri principali della parola e moderatori d ll'esercizio
di tutto il ministero della parola nella Chiesa particolar. (can. 756,
§ 2).

2) Conseguenze canoniche

Da questo dato teologico discende nella legislazione vigente che il


presbitero con la stessa ordinazione riceve ~l diritto
("Presbyterorum ...proprium est Evangelium Dei annuntiare'b, ma anche
l'obbligo di annunziare la parola di Cristo (can. 757).
Dalla missione speciale dei sacerdoti, nell'ambito del s~rvizio della
parola e dei sacramenti, scaturisce anche il diritto dei fedeli a ricevere
dai sacri pastori gli aiuti spirituali derivanti dalla parola ~ dai sacra-
menti (can. 213).
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 89

E. La missione di governare

1) Dati teologici

Nel quadro della continuazione speciale della missione di Cristo sano


i sacerdoti che compiono in forma completa anche il ministero del go-
verno. "11 sacerdote ministeriale -secondo il Concilio- , con la potesta.
sacra di cui e investito forma e regge il popolo sacerdotale" (LG 10). "I
ministri infatti, che sono dotati di sacra potesta, sono a servizio dei loro
fratelli, perché tutti coloro che appartengono al popolo di Dio, e percio
godono della vera dignita cristiana, aspirino tutti insieme liberamente
e ordinatamente allo stesso fine e arrivino alla salvezza" (LG 18).

2) Concretizzazione giuridica

11 Codice, da parte sua, concretizza giuridicamente questa missio-


ne di governo attraverso la norma generale, secondo cui sano abili alla
potes~a di governo coloro che sono insigniti dell'ordine sacro (can. 129,
§ 1). E per questo che solo i chierici possono ottenere uffici -ma certa-
mente anche altre funzioni non cosi stabili come l'ufficio I27- che richie-
dono la potesta di ordine o la potesta di governo ecclesiastico (can. 274).
Cosicché l'ufficio che comporta la piena cura delle anime, per adempie-
re la qua le si richiede l'esercizio dell'ordine sacerdotale, non puo essere
conferito validamente che ad un sacerdote ordinato (can. 150).

2. Jl rapporto tra la missione dei presbiteri e dei laici:


il fenomeno delle funzioni preferenzialmente clericali

Nel quadro della missione speciale dei presbiteri (o dei sacerdoti in


genere) ci sono delle funzioni concrete per l'esercizio delle quali sano
ontologicamente capuei anche i laici. Eppure queste funzioni apparlen-
gono specialmente alla missione dei ministn suen. Nel caso di mancan-
za o scarsita di questi ultimi, i laici possono essere assunti per alcuni

127 Per alcuni specialisti autorevoli la distinzione tra la capacita dei chierici aUa
potesta di governo e la capacita dei laici aUa cooperazione neU'esercizio della me-
desima sta nel fatto che i primi la ricevono per ufficio e i secondi soltanto per delega;
cf. GUTIÉRREZ, A., Canones circa. in:;tituta. vitae consecratae et societates vitae aposto-
licae vagantes extra pertem eoru/lt propria/lt, in Commentarium pro Religiosis et
Missionariis 64 (1983) 90-96, specialmente 92; STICKLER, A. M., De potestatis sacrae
natura et origine, in Periodica 71 (1982) 65-92; ID., Origine e natura della "sacra
potestClB", in GIIERRO, S., (ed.), .')Ludí sul primo libro del Codex iuris canonici, Padova
1993, 87-89.
90 PÉTER EROO

uffici o incarichi ecclesiastici che rientrano nelIa categoria d~lIe funzio-


ni proprie dei sacerdoti (cf. per esempio can. 517, § 2). COS'l' per esem-
pio, nel campo della funzione di santifieazione (il eui esercizi viene eon-
giunto talvolta con quello del ministero di insegnare) vale 1 principio
secondo cui, ove la necessita della Chiesa lo suggerisca, i la' ci possono
supplire ad aleune funzioni dei sacerdoti (can. 230, § 3). Lo tesso feno-
meno si riscontra anche nella funzione di insegnare (ef. can~. 230, § 3;
785, § 1 ecc.). Anche la capacita dei laici di ricevere dall'autp.rita eccle-
siastica un mandato di insegnare le scienze sacre presso le facolta ec-
clesiastiche (can. 229, § 3) ha un aspetto simile. Questo la oro appar-
tiene inoltre, in modo prevalente, alla missione dei sacerdot . In questo
caso il laico non sostituisce il sacerdote nell'esercizio di tal funzione,
ma realizza la propria missione di cristiano; esiste pero una preferenza
teologica e giuridica per le persone insignite dal sacro ordin . Il rispet-
tivo canone non stabilisce neppure la preferenza giuridica can. 253, §
1 ecc.), ma le norme esecutorie contengono tale distinzione l 8.
Dalla specificita della funzione di predicare, che corri ponde alla
missione propria dei sacerdoti (cf. LG 28)129 (presbiteri e V scovi), dis-
cende il diritto dei fedeli di ricercare la parola di Dio dalle labbra dei
sacerdoti (cf. can. 762).1 sacerdoti quindi -anche per quest diritto dei
fedeli, ma soprattutt.o direttamente per la loro missione icevuta da
Cristo- (cioe per la loro partecipazione specifica alla sua trip ice funzio-
ne; cf. Mt 28, 16-20; can. 1008)- sono anche tenuti a pronunziare una
omelia nei giorni di domenica e nelle feste di precetto (cf. ca .767, § 2).
In questo contesto si comprende perché illegislatore riservi l' melia della
messa ai sacerdoti e ai diaconi (can. 767, § 1)130. !

128 S. CONGI(EIlAZIONF. I'~:I( 1:1';¡¡IlCAZION~: CA"I"rOLICA, Istr. parto Ratio fifndamentalis


inslillltionis s(J{'erclotalis, 19. 111. 1985, nr. 33: X. DCIIOA, Leges Ecclesifre. post Codi-
cem iuris cauoniei edita~~. VI, Roma 1987, col. 9085 ("Pro disciplinis s~riS Professo-
res sint communiter sacerdotes"); GIOVANNI PAOLO 11, Discorso Ad qu dam Germa-
ni(le episcoJlos [¡mina Aposlo[orllln "jsilcmt<~s, 14. XII. 1992, nr. 7: AAS 5 (1993) 993
("Professoren an theologischen Fakultaten in der Regel Priester sein s llen"); EROO,
/<1lementos 546. !

129 Cf. MUSSINGIIOFF, H., in LOmcKE, K., (ed.), M¡¡"sterischer K0'!f,~,e"tar zum
Cocwx ¡'I.~·js CClno"ici untel' besondel'el' Be",'cksichtigung der RechtslfKe in De/tes-
chlcuul, Ostel'l'eich Ilnd del' Schweiz, Essen 1985 SS., 764/1.
130 Per alcuni autori l'omelia costituisce giil una specie di attivi dei ministri
sacri, la quale ontologicamente non puo essere esercitata dai laici a usa della ra-
ppresentanza di Cristo capo da parte dei ministri sacri; cf. C. J. E . URIZ, JI "mu-
lms docelUli Ecclesiae": clil'itti e dopel'i de; {e(ieli, Milano 1991, 221; cf. V 24; AA 6;
PONTIFICIA COMMISSIONE I'ER I:INTEHI'It~:TAZIONE ALn'ENTICA DEL CIC, Risposta (26. V. 1987):
AAS 79 (1987) 1249. Il can. 767 § 1 parla espressamente di riserva. ato che la ri-
serva e una disposizione che vieta l'esercizio di qualche attivita a dell persone che
di per sé ne sarebbero capaci. certi specialisti, pur non negando la p eferenza dei
chierici in questo campo, affermano la capacita ontologica dei laici a nere omelía
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 91

3. L'aspetto comunitario della missione del presbitero


A. Dati teologici

Il sacro ministero in sé contiene gia un riferimento fondamentale


all'intera comunita dei fedeli. Come sintetizza chiaramente Salvatore
Berlinga, la rispettiva dottrina magisteriale: "il ministero degli ordina-
ti risulta oggettivamente piu immedesimato con la dimensione comuni-
taria degli interessi dei fedeli e appare piu direttamente inteso
all'obiettivo dell'unita (per quanto pluriforme) della Chiesa. Per tale
ragione l'ordine dei chierici e rappresentativo dell'ufficio di Cristo capo
del corpo mistico"131. Dltre aquesto aspetto comunitario generale del
ministero, pero, il presbiterato comporta anche una relazione specifica
tra quelli che sono stati assunti in questo sacro Ol"cline.
n presbitero, per la sua ordinazione, e in rapporto di valore teologi-
'::0 con gli altri presbiterio Il Presbyterorum ordinis, al numero 8, infat-
ti, insegna: "1 presbiteri, costituiti neIl'ordine del presbiterato median-
te l'ordinazione, sono tutti tra loro uniti da intima fraternita
sacramentale". Questo si riferisce a tutti i membri dell'ordine del pres-
biterato in tutta la Chiesa. Per questo, alcuni autori sono arrivati aIl'idea
di equiparare in un certo modo l'ordine presbiterale al collegio dei Ves-
COVi I32 . Certamente, il Concilio non parla di un presbiterio della Chiesa
universale comprendente sia i presbiteri che i Vescovi, bensi di un uni-
co presbiterio formato dai soli presbiteri della Chiesa (cf. LG 28)133. SuIla
questione dell'appartenenza del Vescovo al presbiterio diocesano ritor-
neremo in seguito.

B. Concretizzazione canon.ica

Una forma istituzionale eminente dei legami di fraternita speciale


tra presbiteri -pur appartenenti al presbiterio di diverse diocesi- con-

nella messa; cf. URRUTlA, F. J., UesfJonsa PontificiaR. Commiaaionia Codicia ¡Itria Ca-
nouid Aut/wntice Intelpretamw, in Perioelica 77 (1988) 613-624.
131 DlIl "",iHtero" al "mi"in/ero": ¡',,{fido ecclesiastico, in Ilts EccleaiaR. 5 (1993)
106.
l3'l Cf. GIUI.I.M~:IER, A., in Lexikon {iir T"eologie ,,,,el Kirclt.e. Das Zweite Vatika-

Itisd,,~ Ko"zil. Koustitltlioueu, Dekrele Itnel Erklür,mgen. Lateinisclt. Itnel cJelttaclt..


Kommentare, 1, Freiburg - Basel - Wien 1966, 252 ("Eben wegen der Verwirklichung
wahren Priestertums in den Presbytern besteht zwischen Ihnen und dem Ordo der
Bischofe [wie auch dem Einzelbischofl eine solche Gemeinschaft, dass sich aus bei-
den ein einziges Presbyterium bildet").
133 Cf. CoRF.cCO, E., Scwerclozio (~ presbiterio l/.el CIC, in Serllizio migrant; 11
(1983) 358.
92 PÉTER ERDÓ

siste nella comunita del ministero negli istituti religiosi cle~icali, o an-
che nelle societa di vita apostolica dello stesso tipo. I pres~iteri di un
istituto religioso clerical e, infatti, realizzano il proprio mini~tero sacer-
dotale in forma comune ed organizzata, ma non nella forma Idel presbi-
terio di una sola diocesi. Rappresentano, quindi, illivello sORradiocesa-
no del carattere comunitario della missione presbiterale. Vna simile
affermazione puo valere anche per le associazioni clericali ~azionali e
internazionali, riconosciute o anche raccomandate dal dirit~o canonico
(cf. cann. 298; 302; 312; 278, § 1 e 2). Tali societa "assumon~ l'esercizio
dell'ordine sacro" (can. 302) e "mediante una regola di vit adatta ... e
mediante l'aiuto fraterno, stimolano alla santita nell'esercizio del mi-
nistero e favoriscono l'unita dei chierici fra di loro e col propr·o vescovo"
(can. 278, § 2). Per facilitare la realizzazione di questo aspe to del loro
ministero, i candidati al sacerdozio devono esser formati ne seminario
in modo tale che possano anche collaborare con il proprio V scovo, ma
anche con i loro fratelli nel presbiterato (can. 245, § 2).

4. L'aspetto comunitario della missione


presbiterale nella Chiesa particolare
A. Dati teologici

Parlando dell'aspetto comunitario sopraindicato del mi~istero sa-


cerdotale, il Concilio lo applica con un accento eminente ~lla Chiesa
particolare, dicendo che i presbiteri "in modo speciale ... ffrmano un
unico presbiterio nella diocesi al cui servizio sono assegnati ~otto il pro-
prio vescovo" (PO 8). Il presbiterio, infatti, eun elemento costitutivo della
diocesi, come risulta gia dalla definizione conciliare della m~esima (cf.
CD 11), ma anche dal Codice vigente (can. 369), che mette i evidenza
come la diocesi sia quella porzione del popolo di Dio che vie e affidata
al Vescovo con la cooperazione del suo presbiterio. In que~to modo il
Codice mette in evidenza il rapporto esistente tra i minis~ri sacri e i
fedeli. La missione dei presbiteri e dunque costitutiva per l~ Chiesa, in.
quanto questi sono parte del presbiterio unito al Vescovo. Per questo,
la logica teologica richiede che tutti i presbiteri appartengano al pres-
biterio di qualche Chiesa particolare. i

B. Concretizzazione canonica

L'importanza teologica del presbiterio viene concretizzjta giuridi-


camente in numerosi canoni (cosi per esempio cann. 245, § ; 369; 400,
§ 2; 495, § 1; 499; 529, § 2; 713, § 3; 757). Merita un'attenzi ne partico-
lare la norma che ricollega illavoro del parroco a tutto il pre8~iterio della
UFFICI E FUNZIONI PUBBLlCHE NELLA CHIESA 93

diocesi (can. 529, § 2). Anche il consiglio presbiterale (cr. PO 7)184 costi-
tuisce una (ma certamente non la sola e nemmeno quella unica impor-
tante) espressione giuridico-positiva della realta teologico-istituzionale
precanonica del presbiterio l35 • Altre istituzioni, considerate come esempi
per la realizzazione giuridica del ruolo del presbiterio, sono anche il
collegio dei consultori (cr. can. 502)136, ma pure il gruppo dei parroci,
costituito dal consiglio presbiterale, dal quale il Vescovo sceglie volta
per volta due membri che vengono consultati nei singoli casi di rimo-
zione o di trasrerimento dei parroci (cr. cann. 1742, § 1; 1745, 2; 1750)187.
Non si puo ne~re il rapporto intrinseco neppure tra i capitoli (cr. cann.
503-510) e il presbiterio della diocesi. Malgrado la presenza dei laici al
sinodo diocesano, secondo il diritto pi\,¡ recente, anche tale sinodo -sia
per la sua origine storica 138 che per il suo carattere tuttora specialmen-
te rappresentativo dei presbiteri (cf. cann. 460; 461, § 1; 463, § 1, 4 e
8)- costituisce un'espressione istituzionale della collaborazione del pres-
biterio con il Vescovo. Forme istituzionali analoghe si riscontrano an-
che nelle Chiese cattoliche orientali, cosi sono, ad esempio, il consiglio
presbiterale e il collegio dei consultori (cr. CCEO cann. 264-271). An-
che l'istituto dei vicari foranei nella Chiesa latina (cr. cann. 553-555) o
quello deiprotopresbiteri nelle Chiese orientali (cr. CCEO cann. 276-278)
hanno una relazione con il carattere comunitario della missione dei
presbiterio Il can. 757 inoltre, come dicevamo sopra, mette in relazione

134 cr. PAOLO VI, MP Ecclesiae Sanctae, 6. VIII. 1966, 1, 15, 17: AAS 58 (1966)
766-767.
135 cr. VALDRINI, P., Presbyterillm, in Catholicisme hier - aujollrd'hlli - demain,
XI, Paris 1988, coll. 835-837; vedi gia BEYER, J., Le conseil presbytéral, in L'Année
Calwuique 15 (1971) 83-95; SCHMIT'¿, H., Die Konsllltationsorgane des Diozesanbis-
cho(s, in LISTL J. - MÜLLER H. - SCHMIT'Z H., (ed.), fhmdbuch des katholischen Kirch-
enrechts, Regensburg 1983, 355-359 (356: "Der Priesterrat ist Reprasentanz des Pres-
byteriums der Diozese"; con bibliografia); KOT'lUIA, S., Der Prieslerrat. Ekklesiologische
Prinzipien Ilnd kmwnistische Verwirklichllng, Leipzig 1983.
136 cr. VALDRINI, Presbyterillm coll. 837-838; NGUYEN VAN HIEN, M., College des
consulleurs diocésa.ins el conseil presbytéral. Points de dissemblance, in L'Année
CalJonique 20 (1976) 111-124; SCIIMI'IZ, Die Konsultationsorgane 359 ("Das Konsul-
torenkollegium istoo. ein vom Bischor gebildeter Ausschuss des Priesterrats").
137 cr. V ALDRINI, Po, Recours el conciliation da.ns les conlroverses avec les Sllpé-
rieurs, in L'Année Canoniqlle 28 (1984) 83-89; ID., Presbylerillm col. 838; CoCCOPALME-
RIO, Fo, De CallSi!/ (uI amotionem paJ'ochorufU reqllisitis (can. 1740-1741), in Periodi-
ca 75 (1986) 273-302.
138 cr. per es. GAUDEMET, Jo, Le gouvernemenl de l'Égtise a l'époqlle classiqlle. II"
pal·lie. Le gouvernement local (Histoire du Droit et des Institutions de l'Église en
Occident VlII/2), Paris 1979, 147; AAvv., /l sinodo diocesano nella leologia e nella
storia. Atti del Con/Jegno di sludi, Caümia 15-16 Maggio 1986 (Quaderni di Synaxis
3), Catania 1987; ERD(), P., Az egyhcízmegyei zsinat intézménye a Wrlénelemben, in
Vigilia. 53 (1988) 807-811.
94 PÉTER ERDÓ

l'esercizio del ministero del singolo presbitero con il Vesco~o e con tutto
il presbiterio. Qui si distingue nettamente il Vescovo da~ suo presbi-
terio. .

5. L'aspetto universale della missione del presbi~ero


A. Dato teologico

''11 dono spirituale che i presbiteri hanno ricevuto nell' rdinazione,


ti prepara ad una vastissima ed universale missione di s lvezza" (pO
10)139.11 sacerdozio come partecipazione speciale alla missione di Cris-
to ha un aspetto profondamente universale.1l sacerdote, inf1 tti, in qua n-
to inviato dal Padre per mezzo di Cristo, appartiene in m o immedia-
to alla Chiesa universalel~n, che ha la missione di annunzi~re il vangelo
su tutta la terra 141. ¡

B. Concretizzazione canonica

La Santa Sede pertanto invita i presbiteri ad avere p~ena coscien-


za e a vivere questa realtil missionaria del sacerdozio in pi na sintonia
con la Chiesa, che sente iI bisogno di inviare i suoi minist i nei luoghi
dove la loro missione e piu urgente (cf. can. 271; LG 2 ; PO 10)142.
Un'altra norma che deve probabilmente considerarsi comf manifesta-
zione di questi dati teologici nell'ordinamento canonico e q ella che sta-
bilisce che la facoltil di confessare concessa ad un presbitero
dall'Ordinario del luogo della propria incardinazione o de proprio do-
micilio vale per tutto il mondo (cf. can. 967, § 2). i

139 cr. GIOVANNI PAOUl 11, Esort. ap. post-sinodale Pastores vobis, 25. III.
1992,32: AAS 84 (1992) 709-710; CON(J\(~:GAZIONK PER 11. CLERO, Diretto '0 per il mi"is-
tero e la Ilita CÚ~¡ presbit¡'r¡ (31. I. 1994) 14: Citta del Vaticano 1994, 5.
140 cr. CONC;R~XlAZI()NE PER LA DO'rrlUNA DEU.A FEDE, Lett. Comnu" ionis natio, 28.
V. 1992, 10: AAS 85 (1993) 844.
141 cr. Alli 1,8; GIOVANNI PAOUl 11, Lett. ene. Rede"'ptoris ",issi~ 23 a: AAS 83
(1991) 269; Cmmr{~XlAZIONE PER 11. CI.~~I{o, Diretlorio per il ",i"islero e l~ IIita dei prP.B-
biteri, 31. 1. 1994, 14: Citta del Vaticano 1994, 15. ~
142 cr. GIOVANNI PAOI.O 11, Esort. ap. post-sinodale Pastores cJaJ>q (lobis, 25.111.

1992, 32: AAS 84 (1992) 709-710; S. CONIlIU~¡;AZI()NE PER IL CLERO, NO~ direttive Pos-
tqua", Apostati, 25. III. 1980: AAS 72 (980) 343-364; CONG EGAZIONE PER
L'EVANGEU7,zAZIONE DEI POPOU, Gllicia pWilorale fJf,~r i sacerdotí dioces Ji delle Chiese
dipemlenti dallá Congr¡'gazione perl'/t:11augelizzClzione de; Popoli, 1. . 1989, 4; CoN-
GREGAZIONE I'ER 11. CLERO, Dil'(,ltorio fJf'" ilmi"isl...ro e la Ilita dei presbi .rí, 31. 1. 1994,
15: Citta del Vaticano 1994, 16. ,
UFFlCI E FUNZIONI PUBBLlCHE NELLA CHIESA 95

IV. La missione del Vescovo e le sue conseguenze istituzionali

1. La missione episcopale

La dinamica della relazione teologica dell'episcopato con la perso-


na di Cristo Signore e attraverso di lui con il Padre viene espressa in
modo particolarmente accentuato mediante la nozione della missione.
"1 vescovi -insegna il Concilio Vaticano II -, quali successori degli apos-
toli, ricevono dal Signore ... la missione di insegnare a tutte le genti e di
predicare il vangelo a ogni creatura, affinché tutti gli uomini, per mez-
zo della fede, del battesimo e dell'osservanza dei comandamenti, otten-
gano la salvezza (cf. Mt 28, 18-20; Mc 16, 15-16; Atti 25, 17 ss.). Per
compiere questa missione, Cristo signore promise agli apostoli lo Spiri-
to santo e il giorno di Pentecoste lo mando dal cielo, perché con la forza
di questo Spirito gli fossero testimoni fino alla estremita della terra,
davanti alle nazioni e ai popoli e ai re (cf. Atti 1, 8; 2, 1 ss.; 9, 15)" (LG
24 a)14:1. Questa stessa missione viene chiamata nel medesimo testo
conciliare funzione, compito (munus) e anche ministero (LG 24 a).

2. La dimensione universale e comunitaria dell'episcopato

A. Dati teologici

Un'espressione del tutto speciale ed eminente della missione uni-


versale inerente al sacramento dell'ordine nel suo grado episcopale a
l'ufficio del Rommw Pontefice. Il Sommo Pontefice, infatti, capo del co-
llegio dei Vescovi, ottiene la sua suprema, piena, immediata e univer-
sale potesta sulla Chiesa "con I'elezione legittima, da lui accettata, in-
. sieme con la consacrazione episcopale" (can. 332, § 1; cf. soprattutto LG
18, 20, 22, 23; NEP 3 e 4; cn 2). La sua potesta e il suo ufficio son o
quindi veramente episcopali, dato che il successore di Pietro a ''Pastore
qui in terra della Chiesa universale" (can. 331). Il carattere pastorale e
cosi episcopale della funzione del Romano Pontefice non significa pero
che il suo ufficio sia deducibile dalla sola consacrazione episcopale. La
successione di Pietro, la quale oggi si effettua in forma di elezione ed
accettazione, comporta la missione specifica, cioa primaziale l44, la qua-
le tuttavia rimane intrinsecamente episcopale. Una profonda relazione

14.1ef. GAItdA, /./(Izione missionaria 294-299.


144 Per l'esercizio del potere primaziale prima dalla consacrazione episcopal e del
Pontefice eletti si trovano molti riferimenti storici; cf. STlCKLER, Origine e natura della
"sacra. poteslu.o¡" 79-83.
96 PÉTER ERDO

tra l'episcopato e il Pontificato si es prime nel fatto che collegio deiill


Vescovi come soggetto della "suprema e piena potesta sullal Chiesa uni-
versale" (can. 336) e inseparabile dal suo capo (cf. CD 2 b) J45.
Come generalmente noto, nell'insegnamento del Conci~io Vaticano
11 sull'episcopato appaiono centrali anche gli aspetti com~.mitari e co-
llegiali, e nel loro contesto pure quelli universali, dell'ord~ne dei Ves-
covi. Il nuovo Codice riconosce in forma speciale la mission~ universal e
dei Vescovi che sono successori degli apostoli, "maestri di ~ottrina, sa-
cerdoti del sacro culto e ministri del governo" (can. 375, § 11)146. Con la
stessa consacrazione episcopale, infatti, essi ricevono, con lla funzione,
con il compito (munus)147 di santificare anche quello di inlSegnare e di
governare. Queste funzioni tuttavia, per la loro natura, on possono f'
essere esercitate se non nella comunione gerarchica 148 col apo e con le
membra del Collegio (cf. can. 375, § 2; LG 21; NEP 2; ecc ..

B. Concretizzazione canonica

Dell'aspetto comunitario e collegiale, inerente gia al ¡sacramento


dell'ordine nel suo grado episcopale, la prima conseguenz~istituziona­
le e che non si puo ottenere la potesta episcopale pronta ad agire se non
in comunione gerarchica, evidentemente con la dovuta det rminazione
canonica. L'espressione giuridico-canonica di questo fatto e qhe per avere
tale potesta, "deve accedere la canonica o 'giuridica determ~nazione' (iu-

145 Cf. RAIINER, K., in Lexikon fiir Theologie Ilnd Kirehe. Das ZU1eite Vatikanis-
ehe Konzil (cit. nota 15) 1, 221-229; HAMER, J., I soggetti delta sllpren~a potesta nella
Chiesa: visione teologiea, in Apollina.ris 56 (1983) 475-485; ~ROOTAERS' J.,
(présenté ... par), Primauté et collégialité. Le dossier de Gérard Phil ps sur la nota
praevia (L/lmen gentium, chapo In) (Bibliotheca Ephemeridum The logicarum Lo-
vaniensium 72), Leuven 1986; ecc.
146 Cf. PIO XII, Enc. Mystici COIporis, 29. VI. 1943: AAS 35 (194~) 211-212; LG
19,20; CD 2; S. CONGrtEGAZIONE PER 1 VESCOVl, Direltorio per il ministe10 pastorale dei
Veseovi, 22. 11. 1973, 32-38: Enehiridion Vaticanllm 4/1997-1999; ec~.
147 Quella versione italiana che traduce la parola munllS del can; 375, § 2 con la
parola llfficio (mentre altrove, cosi ad esempio nel titolo del Libro !In e IV, nella
medesima edizione italiana per lo stesso TlUl1UlS viene adoperata mol~ giustamente
la parola fimzione), sembra rendere meno chiaramente quella realta Iche viene tras-
ferita nella consacrazione episcopale e che certamente non e ancora 1'In'ufficio eccle-
siastico nel senso del can. 145, § 1. La stessa soluzione terminologica, meno chiara si
trova in una traduzione italiana molto diffusa della NEP 2 della LO (Enchiridion
Vaticanllm 1/450), dove sia la parola mUnllS che il vocabolo officillm Ivengono trado-
tte con Ilffico. j

148 Cf. GHlRLANOA, G., "/lierarchica commllnio" - Significato de?la. formula nel
"Lllmen Gentium" (Analecta gregoriana 216), Roma 1980; ID., De hierarchica com-
mllnione /lt elemento constitutivo o{(icii episcopalis iuxta "Lllmen GeTl:tillm" in Perio-
dica 69 (1980) 31-57. '
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 97

ridica detenninatio) da parte dell'autorita gerarchica. Questa determi-


nazione del potere puo consistere nella concessione di un particolare
ufficio o nell'assegnazione dei sudditi, ed e concessa secondo le norme
approvate dalla suprema autorita" (LG, NEP 2)149. E significativo che
tale concretizzazione (determinazione) giuridica della missione teologi-
co-sacramentale dei Vescovi viene chiamata dal Concilio missio cano-
nical50 •
Altre conseguenze istituzionali del carattere universale e comuni-
taria (ma anche comunionale) della missione episcopale sono tutte le
istituzioni connessi con il funzionamento del collegio dei Vescovi, come
il concilio ecumenico (cf. cann. 337-341), ma anche altre forme che pur
non essendo espressioni della collegialita effettiva, ossia non essendo
istituzioni nelle quali agisce direttamente il collegio dei Vescovi, mettono
in pratica la missione ricevuta nella stessa consacrazione episcopale che
si riferisce non soltanto ad una sola Chiesa particolare, ma comporta
anche un impegno a livello della Chiesa universale. Tali forme sono ad
esempio il sinodo dei Vescovi (cf. cann. 342-348), il Collegio dei Cardi-
nali (cf. cann. 349-359), in cui ormai tutti i membri devono essere Ves-
covi consacrati (cf. can. 351, § 1)151, ma anche diversi uffici della Curia
Romana, nei quali numerosi Vescovi rendono un servizio speciale alla
Chiesa universale (cf. can. 360)152. Tale carattere ha anche la funzione
dei Legati pontifici (cf. cann. 362-367), i quali -anche prescindendo dal
fatto se sono anch'essi Vescovi consacrati o meno- hanno come base
teologica del loro ufficio non soltanto la missione piramidale del Roma-
no Pontefice, ma anche la collegialita episcopale, il molteplice servizio
della comunione universale e il mandato missionale dato alla Chiesa 1li3 •
Similmente si riflette la missione universale dei singoli Vescovi nelle
istituzioni come la conferenza episcopale 154 (cf. cann. 447-459), le forme

149 Enehiridion Vaticawun 1/450.


150 LG 24 b ("La missione eanoniea dei veseovi puo essere fatta per mezzo delle
legittime eonsuetudini, non revoeate dalla suprema e universale potesta della eme-
sa, o per mezzo delle leggi fatte dalla stessa autorita o da essa riconosciute, oppure
direttamente dallo stesso successore di Pietro").
151 Cf. gis. GIOVANNI XXIII, MP Cllm gNwissima, 15. IV. 1962: AAS 54 (1962) 256.
:fu possibile pero la dispensa dall'obbligazione dei presbiteri diventati cardinali di farsi
consacrare Veseovi.
152 Cf. GIOVANNO PAOLO 11, Cost. Ap. Pastor Bonlls, 28. VI. 1988: AAS 80 (1988)
841-912; Ar.BERlGO, G., Institlltions exprima:nt la commllnion entre l'épiscopat Ilniver-
sel et l'élleqlle de Rome, in ID., Les Égüses apres Vaticw, l/. Dynwnisme et prospecti-
ves. Actes dll Colloqlle intemational de Bololf1te 1980 (Théologie historique 61), París
1981, 259-295; eec.
153 Cf. Ef 4, 16; AG 5; PAOLO VI, MP Sollicitlldo Omnillm Ecclesiarum, 24. VI.
1969: AAS 61 (1969) 473-484; EROO, P., Egyházjog, Budapest 1992, 238-239; ecc.
154 Del valore teologico delle conferenze episcopali nell'insegnamento di Giovanni
Paolo 11 vedi FELlCIANI, G., Le conferenze episcopali nel magistero di Giovwmi Paolo
98 PÉTER EROO

internazionali di eollaborazione tra queste conferenze (er. <*n. 459), i


concili particolan (er. cann. 439-446), le province e le regioni ~cclesiasti­
che (cC. cann. 431-434), i Metropoliti (cC. cann. 435-438; CCEO blnn. 133-
139; 155), i Primati, soprattutto se banno una certa potesta ~i governo
in base al diritto speeiale (eC. can. 438), ma in modo particolalre le orga-
nizzazioni che svolgono la loro attivita con la parteciPazio:ldi diversi
Vescovi in ravore di una intera Chiesa "sui iuris" secondo il d ritto delle
Chiese orientali. Tra tali istituzioni spiecano prima di tut le stesse
Chiese "Sllí iuris" in tutti i casi quando e5se eomprendono piu Chiese
partieolari (eC. CCEO cann. 27; 55; 57: Chiese patriarcalil; 151-152:
Chiese arcivescovili maggiori; 155: Chiese metropolitane "sui liuris''), ma
vi appartengono pure tali strutture come l'u(fr.cio del Patriarcq (cC. CCEO
eann. 56-62), dell'Arcivescovo maggíore (er. CCEO cann.1 151-154),
I'assemblea patriarca le (eC. CCEO cann. 140-145) e le analokhe assem-
blee di altre Chiese "Sllí iuris" (eC. CCEO eann. 152; 172), il ~inodo dei
Vescovi della Chiesa patriarcale (eC. CCEO cann. 102-113)~ iI Sinodo
pennallente (eC. CCEO cann. 114-115), gti organi rispettivi cklle Chiese
arcivescovili maggion (eC. CCEO can. 152), iI Consiglio dei Ge'J:,YUChi delle
Chiese metropolitane "slli iuns" (eC. CCEO cann. 156, § 2; 157, § 2; 164-
171).

3. La missione episcopale nella Chiesa parlkola,.


A Dati teologici

La natura teologica dell'episcopato che comporta anche 'a missione


al governo pastorale e rivolta ad un gruppo dei fedeli, da d~terminare

11. in ~iormlllw"ti H(x·il,li 38 (1987' 141·154; per l'intero eottofond~ teologico eC.
r
per es. LV,.!HtASIl H. - MAN7.ANARKS J. - GARCiA y GARdA A..(ed.). Natllra (uturo delk
("o"¡"n"u,, ('lIillt·o/H,li. Allí tI"l Colloqllío ¡IIternazíoIJale di Salamcu,cai (3-8 ge,,,,aio
1988), Bologna 1988¡ Mfru.F.R H. - P!~EYER H.J., (ec!.). Die .B;'C~w(81ui,,,ere~lZ, Diía-
seldore 1989; R¡.;RSF., TH. J., (ed.), Ji.¡/)l8COpal COII(erellcetJ. U,.toncal, qa,w,ucal culd
Tlwoú~Í<,cJ HtIUÜ'·H. Washington. D.C. 1989¡ B.lIldi B"lk co,,(erellU epi~i, in Ills
EC"'¡"'8U1P 1 (1989) 3-91; MAN7.A.'IAR¡':<;. J., Retw.xfOlw.Il aobre el documento I 'Estatuto ka-
lógico y jllríclit·o ,le lCUI ('O"(l'rPlw;a.', episcopales. in Re"iBla Espaiiolp. de Derecho
Ccuwltim 46 (1989) 189-202; GIIIRLANDA. G., De l'piacopomm con(erelllt;. reflexíOlJes,
in Pl'rilHüt"CI 79 11990. 625-661; NAVARRO, M. L .• Mcuú(etltaziollí gillridiclw. della co-
"''''';OlU' tm i ''''8('O"í, in 1"" Eccú'"iae 3 (1991) 573-585; GUlLLEMET'I'E.IF•• Les ccm(é-
rPIICf'S ':pÍtK"O/HJ,·" tIOl,,-dlI'IJ une iltstitlltioPl de la coUégiaJíté épiBcopaf,e'!. in SlIuJia
CCUWII;C'(I 25 (1991) 39-76; ANTóN, A., Le co"(,,nmze l'f)iBcopali. Istanze ¡J,termeclie'! Lo
"tato lpo[ogi("o cJl'llCl qlleHliolJe, Cinisello Balsamo 1992; eo,.(énmces ~ éuéQ!,e8 el
colwill'B piU'lit"uli¡'''''. in lA sylUxlalité. La parlicipatú»' all /1OIuJernemP.1'~ cúu,. rEgUse.
At"tl'B clll VII' í'O"Il,-es i"w,."atio1l(ú ele Droit ccuwlúqlle. París. Unesco, ~1-28 8epw",-
bre 1990 (/:At"W(~ ClIIw"iqll", Hors série). Paria 1992. l. 285-516. '
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 99

mediante la missione canonica (ef. LG, NEP 2). Questo gruppo pero non
e qualsiasi assemblea, ma una eomunita organizzata di eui struttura
proviene anche dal fatto di essere affidati ad un Vescovo come proprio
pastore (cf. can. 369). 1 Vescovi, infatti, "reggono le chiese particolari a
loro affidate, come vicari e delegati di Cristo ... anche con l'autorita e la
sacra potesta, della quale pero non si servono se non per edificare il
proprio gregge nella verita e nella santita" (LG 27 a). Proprio della mis-
sione intrinseca del Vescovo anche al governo ecclesiale nel pieno sen-
so della parola deriva la necessita dell'assegnazione giuridico-canonica
di quella parte del popo lo di Dio, in favore della quale egli esercita tale
ministero. Cosi si deve vedere una eoneretizzazione della natura teolo-
gica della missione episcopale nella descrizione dell'ufficio del Vescovo
diocesano (ef. cann. 381-402; CCEO eann. 177-211) al quale compete
"nella diocesi affidatagli tutta la potesta ordinaria, propria e immedia-
ta che e riehiesta per l'esercizio" della sua funzione (munus) pastorale,
fatta eeeezione per le materie riservate (can. 381, § 1; cf. CD 8).

B. C01Lcretizzazione ca1Wnica
L'intima relazione della stessa missione teologica del Veseovo con
la Chiesa particolare e il ruolo imprescindibile del presbiterio nella
medesima (ef. can. 369), almeno nella forma classica della Chiesa par-
ticolare che e la diocesi, hanno per effetto che il ministero episcopal e e
intrinsecamente ordinato anche alla collaborazione con il presbiterio
della propria diocesi. Tutte le forme giuridiehe (vedi sopra 111. 4) della
cooperazione dei presbiteri con il Vescovo sano da considerarsi -oltre
che realizzazioni della missione specifica, connessa con il Vescovo e da
lui dipendente, dei presbiteri- anche espressioni di questo earattere
speeiale dell'episcopato.
Una questione di interesse particolare e quella del rapporto del
ministero dei Vescovi titolari con la Chiesa particolare. La missione, il
munU8 rieevuto nella consacrazione, si riferisce, anche nelloro caso, in
un certo senso aUa totalita di qualehe Chiesa particolare. Per avere
anche la potesta (rispettivamente la facolta) concreta di realizzare tale
missione teologica, essi hanno "bisogno" di un ufficio (o almeno di un
incarico) ecclesiastico che otTra la possibilita di svolgere tale fli.nzione
per lo meno in Cavore dell'insieme di una Chiesa particolare. Un segno
della riscoperta di tale carattere teologico della missione del Vescovo e
il riconoseimento del diritto ossia della facolta dei Vescovi di predicare
e di amministrare dei sacramenti dovunque nel mondo (ef. cann. 763;
879 -che nel CIC/1917 non ha nessun parallelo -; 967, § 1, ecc.). Gli
ufficiali dei dicasteri della Curia Romana, i Legati pontifici e i Vescovi
che hanno uno speciale incarico a livello di una ConCerenza episcopale
100 PÉTERERDO

(cf. can. 450, § 1) praticano la loro missione episcopale sopríttutto nel


suo aspetto universale o comunitario. 1 Vescovi coadiutori e uelli ausi-
liari invece sono coUegati con una diocesi. Per la natura deU'o dine epis-
copale, il diritto prescrive che i coadiutori e gli ausiliari for iti di spe-
ciali facolta vengarw rwminati dal Vescovo diocesarw Vican g neraU (cf.
can. 406, § 1), mentre gli altri Vescovi ausiliari devono esser costituiti
Vican generali o almerw Vicari episcopali (cf. can. 406, § 2; CD 26)155.
Dato che il principio teologico ribadito dal Concilio riguard aUa mis-
sione dei Vescovi vale per tutte le Chiese rituali, e che il Mo u Proprio
Ecclesiae Sanctae, nel punto 1, 13, § 2 parla sia di Vicari che i Sincelli,
anche il Codice orientale contiene quasi la stessa norma, he in esso
viene pero formulato in modo piu chiaro e radicale. Vi si richi de infatti
che il Vescovo coadiutore venga nominato Protosincello (cf. CEO can.
215, § 1), mentre l'ausiliare, a meno che il coadiutore abbia gia
quell'ufficio, riceva la nomina di Protosincello. Per poter c stituire il
Vescovo ausiliare soltanto Sincello (incarico che risponde al V cario epis-
copale della Chiesa latina), si richiede che siano piu ausi iari (o un
coadiutore e almeno un ausiliare) nella medesima eparchia, u o dei quali
abbia l'ufficio del Protosincello (cf. CCEO can. 215, § 2). A differenza
del Codice latino (cf. can. 406, § 2), secondo la legge comune p r le Chiese
orientali non e quindi ammissibile che in una eparchia il P tosincello
sia un presbi~ero mentre un Vescovo ausiliare abbia soltant l'ufficio di
un Sincello. E yero pero che anche nel Codice latino viene tabilito il
principio secondo cui, anche se il Vescovo ausiliare sia Vic rio episco-
pale, sara dipendente soltanto dall'autorita del Vescovo dio esano o da
quella del Vescovo coadiutore od ausiliare fornito di speciali facolta (cf.
cann. 403, § 2; 406, § 2). La norma che richiede tali uffici p r i Vescovi
coadiutori ed ausiliari, viene integrata dalla diSPOSizione,~econdO la
quale questi Vescovi devono essere consultati dal Vescovo di cesano (cf.
can. 407; CCEO can. 215, § 3). In questa logica si inserisc anche la
regola che vieta al Vescovo diocesano di affidare "abitualm nte ad un
altro i diritti episcopali e le funzioni che il Vescovo coadiutor o ausilia-
re possono esercitare" (can. 408, § 2). Lo stesso divieto si ritro a del resto
anche nel Codice orientale, ma in forma meno rigida. L'affi amento di
tali attivita episcopali ad una persona diversa dal Vescovo c adiutore o
ausiliare vi e vietata soltanto se questi Vescovi la "possono e vogliono
esercitare" (CCEO can. 216, § 2). :
Di queste ultime espressioni normative della specificit~ della mis-
sione dei Vescovi risulta che, pure in questo contesto, vale fna "sussi-
,

156 cr. VI, MP Ecclesiae Scmctae, 6. VIII. 1966,1, 13 § 2:


PAOLO MS 58 (1966)
764; S. CONGREGAZIONE PER 1 VESCOVI, Direttorio per il ministero pastoralf dei Vescolli,
22.11. 1973, 199, 201: Enchiridion Vaticanum 4/2268-2269, 2277. i
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 101

diarieta inversa". Come molte funzioni che appartengono alla missione


propria dei presbiteri, per la loro mancanza o impedimento, possono
essere affídati, con carattere ausiliare, anche ai laici (nella misura in
cui essi vi sono ontologicamente capaci)156, cosi pure diversi compiti spe-
cificamente episcopali, che pero per illoro valido esercizio non richiedo-
no necessariamente la consacrazione episcopale 157, possono essere affí-
dati ai presbiterio Tali funzioni preferenzialmente episcopali sono ad
esempio il governo della diocesi prima dell'elezione dell'amministratore
diocesano (cf. can. 419), o nel diritto orientale, anche gli uffíci di Proto-
sincello e Sincello ecc. Anzi, in genere, si puo dire che il governo di una
qualsiasi Chiesa particolare richiede necessariamente, anche per
l'aspetto costitutivo dell'eucaristia per la Chiesa (cf. can. 369; AG 19
a), la missione tipica del presbitero, ma richiede anche la missione pro-
pria del Vescovo come successore degli apostoli. Per questo il ruolo del
presbitero che guida una Chiesa particolare (come prefetto apostolico,
amministratore apostolico, amministratore diocesano ecc.) e sempre di
carattere sostitutivo o vicario.

V. Risultati

Da questo quadro schematicamente disegnato della missione dei


fedeli, dei presbiteri e dei Vescovi con la varieta delle sue manifestazio-
ni istituzionali emerge la posizione eminente del principio stesso della
missione per l'intera organizzazione della Chiesa, sia a livello univer-
sale che aquello particolare. Gia la parola e i sacramenti (in plurale!),
considerati da molti, a giusto titolo, come fattori costituenti ossia isti-
tuzionalizzanti della Chiesa, sono mezzi privilegiati, dati dal Signore
per portare avanti questa missione salvifica (AG 6 c). L'unico mandato
missionario, infatti, contiene le tre funzioni di insegnare, di santificare
e di governare.
Questo mandato esplicito che e stato dato agli apostoli e «che l'ordine
episcopale, coadiuvato dai ¡:¡acerdoti ed unito al successore di Pietro e
supremo pastore della chiesa, ha ereditato» (AG 5 a)158, e al quale cias-

156 Vedi sopra III. 2.


157 Per gli asp~.tti storiei della differenza tra l'ordine episeopale e quello presbi-
terale vedi per es. OItSY, L., 7'he Difference Between the Order of Episcopate and the
O,.der of p,.esbyterale in Gratialt's Decree miss. PUG), Roma 1962. Per gli aspetti
dogmatieo-giuridiei er. ALTER, J., Die Sakramente de,. Ki,.che, Regensburg 1972, 358-
363; MÜLLER, H., Die Ordination, in LISTL, J. - MÜLLER, H. - ScHMITZ, H., (ed.), Hand-
bllch des kalholischen Kirehenrechts, Regensburg 1983, 718; GHIRLANDA, G., De Ec-
clesiae mllnere sanctifieandi. De Ordine. Adnotationes in Codicem, Romae 1983, 5.
158 Enchiridion Vaticawan 1/1096.
102 PÉTER ERDÓ

cun fedele partecipa in virtu del battesimo e della conferm~zione, la


struttura e l'azione organizzata della Chiesa. Per questo, per uJil trattato
teologico-giuridico del popolo di Dio, sembra molto convenientje seguire
la logica di questa missione sacramentalmente trasmessa, ci~e il fatto
che il principio organizzativo fondamentale della Chiesa e la missione,
anzi la Chiesa esiste come missione, perché trae la sua ori~ne dalla
missione di Cristo (AG 2).
E cosi che sia il principio della sussidiarieta che il princi,io gerar-
chico troyano la loro legittimita nella Chiesa in funzione dellalmissione
stessa. Una missione che richiede diversi ministeri e una uni~a organi-
ca. Per le funzioni che appartengono alla propria missione (lI1nche sa-
cramentalmente fondata) di tutti i fedeli sembra valere il pr~ncipio di
sussidiarieta. Per le funzioni che rientrano nella missione sp~cifica dei
ministri sacri la sussidiarieta si manifesta in forma inversa l1elle fun-
zioni ausiliarie e di sostituzione. La stessa dinamica si oss~rva nella
distribuzione delle funzioni tra Vescovi e presbiteri e anche pella loro
collaborazione. Tale collaborazione quindi non puo essere non gerarchica
e non organica e aIlo stesso tempo rispetta il pieno sviluppo 4.ella mis-
sione dei singoli fedeli cristiani. In questo senso la missione d, ciascuno
e di tutte e singole categorie dei fedeli, considerata!secondo
l'insegnamento del Concilio Vaticano 11 e del Magistero succe$sivo, cos-
tituisce un principio di interpretazione di tutte le norme canqniche che
si riferiscono alla struttura e aIl 'ordine delle funzioni del popcj>lo di Dio.

APPENDICE 1

1 SENSI DEL "MINISTERIUM", DEL ''MUNUS'' E


DELL"'OFFICIUM"

l. CIC 1917:

A. Ministerium: 1º azione di servire (41x)


2º compito da fare (7x)
3º certi gradi di dignita (2x)
B. Munus: 1º regalo (raro)
22 obbligo, incarico, lavoro (df. A. 2)
32 dignita, campo di azione ~f. A. 3)
C. Officium: 12 obbligo (cf. A. 2; B. 2)
a) atti del culto (cf. cc. 483*; 2256, 111*)
UFFICI E FUNZIONI PUBBLlCHE NELLA CHIESA 103

b) liturgia delle ore (cf. c. 413, § 2*)


c) obbedienza (cr. c. 1640, § 2*)
211 insieme di diritti e doveri, dignita
(cf. A. 3; B. 3)
a) Ufficio ecclesiastico in senso lato
(cf. c. 145, § 2°*)
b) Ufficio ecclesiastico in senso
stretto (cr. c. 145*)
311 istituzione di amministrazione
pubblica (cf. cc. 242-245*)

1I. Concilio Vaticano 1I:

A. Ministerium (148x): 111 azione di servire (cf. CIC 17 A. 1)


Specialita: "- verbi"
211 compito da rare (cf. CIC 17 A.2)
Specialita: azione liturgica, compi-
ti deBe persone ordinate "saerum-"
311 dignita (ef. CIC 17 A. 3, B. 3, C. 2)
B. Munus (252 e 4x): 111 regalo (cf. CIC 17 B. 1)
211 obbligo, incarico, funzione (ef. CIC 17
A. 2, B. 2; Vat 11 A. 2)
Specialita: "tria munera" di Cristo,
dei Vescovi, della Chiesa
311 grado di dignita, campo di azione (cf.
cle 17 A. 3, B. 3, C. 2; Vat 11 A 3)
C.Officium: 111 obbligo (cf. CIC 17 A. 2, B. 2; Vat 11
A. 2, B. 2)
Specialita: funzioni del culto divino,
liturgia delle ore
211 grado di dignita, insieme di diritti e
doveri (ef. CIC 17 C. 2 eee.)
Specialita: "- ecclesiasticum" (PO 20)
311 istituzione od organizzazione di pub-
blica amministrazione (cf. CIC 17
C.3)
104 PÉTERERDO

lll. CIC 1983:


A. Ministerium (70x): 1° azione di servire, ministrar (ef. CIC
17 A. 1; Vat 11 A. 1) ,
Speeialita: a) "- verbi" (9~
b) "- saeru "(15x)
-at tivita de ministri
saeri (c. 23~, § 2- ef.
Vat 11 A. 1-2)1
2° obbligo, lavoro da fare (7~) (ef. CIC
17 A. 2; Vat 11 A. 2) .
31! grado di dignita (uffieio) (pf. CIC 17
A. 3; Vat II A. 3) I

Speeialita: ministero litu~gieo sta-


bilmente eonferito (c. 230. § 1; 1035,
§ 1; 1050, 3°)
B. Munus (189x): 1° regalo ----- non piu
2° obbligo, atti dovutt (raro)
Speeialita: "tria munera", bbligazio-
ne oggettiva, teologiea ~ef. Vat II
i
B.2)
3° insieme di funzioni, diritt~ e doveri -
senso speeiale prevalente ef. CIC 17
C.2)
C. Offieium (270x): 1° obbligo, compito da fare (Ff. CIC 17
C. 1; Vat 11 C. 1)
a) in generale (prevale) !
b) azione liturgiea (Ix)
e) dovuto modo di eompoI)tarsi (c.
1470,§ 2) I

2º grado di dignita, insiemeldi diritti e


doveri affidati ad una pe~ona (185x)
(ef. CIC 17 A. 3, B. 2, C.~; Vat II A.
3, B. 3, C. 2)
Speeialita: "offieium eecl~siastieum"
(c. 145, § 1) - a volte sem~liee mente
"offieium" :
3º istituzione di amministrtzione pub-
bliea (5x) (ef. CIC 17 C. 3; Vat II
C.3)
UFFICI E FUNZIONI PUBBLICHE NELLA CHIESA 105

APPENDICE 11

SISTEMA DELLE FUNZIONI NELLA CHIESA


FUNZIONI ("munera")
FUNZIONI PUBBLICHE ("munera pubblica" =''ministeria'')
Sono direttamente spirituali, svolgono le funzioni della Chiesa stes-
sa, si esercitano nel nome della Chiesa, si ricevono mediante collazione
o missione -anche se data in forma di legge - ricevuta dall'autorita ec-
clesiastica:

Ministeri stabili Non stabili Relazione con


(ufficiJ il diritto civile
- funzioni fondamen- --- il diritto eivile di la-
tali (uffiei fondamenta- voro non puo essere
li, uffiei saeri, eostituiti pienamente applieato
con disposizione divina) per la natura della stes-
sa disposizione divina
(per es. il Romano Pon-
tefiee non potrebbe es-
sere impiegato della
Chiesa nel senso di un
ordinamento seeolare)

- altre funzioni sta altri saeri ministeri la legge della ehiesa


bili e sacre ("saeri uffi- eselude in gran parte
ci" che riehiedono il sa- l'applieazione del di-
eramento dell'ordine) ritto civile di lavoro) ef.
can. 281

altre funzioni stabil- altre funzioni pubbli- il diritto eivile di lavo-


mente eostituite (uffiei che (al tri ministeri) ro puo essere applieato
non "saeri", laieali) con qualehe riserva (ef.
Can. 231, § 2, ma anche
can. 1286)

FUNZIONI IN FAVORE DELLA CHIESA (non direttamente spi-


rituaIi, non si esercitano neI nome della Chiesa, possono essere affidati
ai non cattoIici, si richiede -anche se non sempre- un contratto scritto
con il rappresentante di alcuna persona giuridica pubblica della
Chiesa)
Per tali funzioni, iI diritto civiIe di lavoro si applica pienamente e
molto opportunamente (cf. Can, 1286)
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE
A LAS IGLESIAS PARTICULARES
A TRAVÉS DE LA CONGREGACIÓN PARA LOS OBISPOS
Mons. Jorge MEJfA
Secretario de la Congregación para los Obispos

El 13 de septiembre de 1995 Mons. Jorge Mejía, Secretario de la


Congregación para los Obispos, respondiendo gentilmente a la invita-
ción de la Facultad de Derecho Canónico Santo Toribio de Mogrovejo,
de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los
Buenos Aires, disertó en el Aula Magna del Colegio Mallinckrodt, de la
Ciudad de Buenos Aires, sobre el tema que da título a esta reseña. El
texto grabado de la conferencia fue llevado al papel, y, con la autoriza-
ción del autor, que lo revisó personalmente, lo publicamos a continua-
ción. Es necesario advertir que no se ha querido modificar el estilo colo-
quial de esta disertación, para conservar la frescura, riqueza y
espontaneidad de las palabras de Mons. Mejía.

Introducción

Como el Decano de la Universidad Católica acaba de decir, a mí se


me pidió una clase, una clase en la cual yo explicara y me expusiera a
recibir preguntas sobre este tema: "el servicio de la Santa Sede a las
Iglesias particulares, a través de la Congregación para los Obispos" (hay
que tener presente la preposición para, como explicaré después).
¿Cuál es el sentido de este título? la Santa Sede, como los canonis-
tas saben y los católicos debieran-saber (y además debieran vivirlo), la
Santa Sede existe para servir a las Iglesias particulares. La función de
la Santa Sede es el servicio de las Iglesias particulares, de las diócesis.
No es una entidad abstracta hacia la cual se mira solamente, sino que
hay un movimiento en los dos sentidos. La Santa Sede asiste al.santo
Padre precisamente en su función de servir a las Iglesias particulares.
Ustedes saben que el Santo Padre (todos sabemos eso, pertenece a la
doctrina católica), preside todas las Iglesias particulares. En realidad,
es superior de los Obispos y de cada uno de ustedes, como ustedes sa-
ben, el Santo Padre es el superior directo de todos los fieles.
108 JORGE M. MEJÍA

El Santo Padre ejerce su ministerio de servicio a las Igles' as parti-


culares especialmente en función de la unidad de las Iglesia particu-
lares. Ustedes saben que el Papa desde siempre, pero espe ialmente
Juan Pablo II define su ministerio como un ministerio de u idad. El
Concilio Vaticano 11 dice, por ejemplo, en la Constitución Lu en gen-
tium, que "el Papa es el fundamento visible de la unidad". a unidad
de la Iglesia el Papa la realiza con este servicio a las Iglesias articula-
res. Para hacer este servicio usa un organismo que se llama "Sa ta Sede"
o "Curia Romana".
La Curia Romana está en relación directa con el título qule el Papa
tiene desde el tiempo de Gregorio el Grande, desde finales d~l siglo VI
y principios del VII: "el siervo de los siervos de Dios". Esto o es una
fórmula elegante solamente, sino que define el ministerio del Papa con
referencia a las Iglesias particulares. En la extrema compleji ad de las
cosas modernas, la estructura de la Curia Romana y su mod s operan-
di, el modo como la Curia Romana trabaja, se deduce de est función:
la ayuda y la asistencia del Papa a las Iglesias particulares Por eso,
este es un segundo punto que querría que todos ustedes tuvieran pre-
sente. I

Es verdad que el Vaticano 11 durante las discusiones qu se hicie-


ron durante el Concilio, y en los documentos que lo convier en en un
magisterio definitivo para toda la Iglesia, se ocuparon bast nte de lo
que en la Santa Sede y/o la Curia Romana les parecía que spondía
menos a este ideal necesario. Lo cual a nadie le debe escand lizar de-
masiado porque toda, institución humana (y la Iglesia es un institu-
ción humana), necesita de constantes reformas. Y el mismo oncilio lo
ha afirmado, por ejemplo en el documento Unitatis Redint ratio (el
decreto que trata de la restauración de la unidad entre los c istianos).
Después del Concilio, Pablo VI (el Papa que, como ustedes sa en, llevó
al Concilio a su conclusión) estudió su Curia. La estudió aten amente a
la luz de lo que se había dicho en el Concilio. Además, recogi' algunas
sugerencias concretas del Concilio sobre el funcionamiento d la Santa
Sede. I

Les cito dos solamente: una fue la creación del Sínodo d~ los Obis-
pos. Este no es propiamente un organismo de la Santa Sede, ~'ero sí sir-
ve a la misma cosa: la relación del Primado con las Iglesias articula-
res y el constante intercambio (el Papa Juan Pablo 11 lo llama
"intercambio de dones") entre el Primado y las Iglesias parti ulares.
Pablo VI especificó ya la vez promulgó las reformas que él recogía
del Concilio y las que a él le pareció que se debían introducirfn la Cu-
ria en la constitución apostólica Regimini Ecclesiae Univers . En esa
constitución apostólica una de las cosas que recogió (y es 1 segunda
referencia que quería hacer), fue el pedido explícito del Conc~lio, que el
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE A LA IGLESIAS PARTICULARES... 109

Papa creara un órgano en la Curia Romana que se ocupara de lajusti-


cia internacional y de la Paz. El órgano se llamó, cuando el Papa lo creó
en 1967, Pontificio Consejo (en aquel momento era Comisión, ahora
Consejo) Justicia y Paz, en el cual yo he trabajado un buen período de
tiempo, como se ha dicho hace un momento.
El estudio de la adaptación de la Curia Romana y su funcionamiento
a este ideal, continuado bajo Juan Pablo 11, se publicó en un documen-
to que todos ustedes conocen, intitulado con las palabras Pastor Bonus,
que rehizo otra vez el estatuto de la Curia Romana. Y es el estatuto
que hoy rige.
Ahora yo quisiera dar tres ejemplos de la orientación que tomaron
las reformas de Pablo VI y de Juan Pablo 11 en relación con las discu-
siones y las decisiones conciliares. Los ejemplos que doy han permitido
-me parece- un funcionamiento más adecuado de la Curia Romana en
relación con el fin que ella se propone, que es ayudar al Papa en su ser-
vicio a las Iglesias particulares.
1 º) Incluir Obispos, o sea, jefes de las Iglesias particulares,
en los organismos de la Curia Romana. Esto se hizo creando en cada
organismo de la Curia un equipo (si se quiere llamar así) de un cierto
número de Obispos- que, en principio, llevan adelante el trabajo del
organismo correspondiente. Se vio, sin embargo, que para algunos di-
casterios, los Obispos no bastaban. Porque, por ejemplo, el Pontificio
Consejo de Justicia y Paz requería la presencia de especialistas laicos,
mujeres y hombres. Y entonces en el equipo que forman los que técni-
camente se llaman miembros del dicasterio, el Papa incluso nombra, si
le parece oportuno, a una serie de personas que pueden ser laicos mu-
jeres y hombres. Esta primera observación ya se inserta en otra gran
orientación de la reforma que ~s la
2º) Internacionalización de la Curia Romana. Una cosa era cla-
ra. Por razones históricas pero también por razones prácticas, la Curia
Romana era muy italiana. Esto tenía sus ventajas, porque los italianos
tienen muchas virtudes, y uno puede estar muy contento de trabajar
con italianos. Pero no se podía limitar demasiado a un solo grupo hu-
mano, y entonces el propósito fue invitar a los Obispos locales que man-
daran o aceptaran que se nombraran en la Curia Romana a personas
de sus propios países. Después voy a dar el ejemplo concreto de mi Con-
gregación actual, la Congregación para los Obispos. En el Pontificio
Consejo de Justicia y Paz la mayoría eran mujeres, los miembros del
staffinmediato, tres eran italianos y el resto eran no italianos.
3º) Otra importante creación a la que ya he hecho alusión es la crea-
ción del Sínodo de los Obispos, del cual Juan Pablo 11 ha hecho un
instrumento esencial de su gobierno. Esto se ve en dos particulares as-
110 JORGE M. MEJÍA

pedos: el primero es la lista de sínodos que el Papa ya ha ¡realizado,


sean asambleas generales de Obispos, sean parciales: para ~arte de la
Iglesia. El último es el sínodo para África. Pero en la exhorta¡ción apos-
tólica Tertio Millenio Adveniente la carta que Juan Pablo 11 ~a manda-
do a la Iglesia para preparar el gran jubileo del año 2000, ellPapa pre-
senta a la Iglesia un programa de Sínodos escalonados has.a el 2000,
algunos de los cuales ya se encuentran con preparativos avapzados. El
ve la preparación del gran jubileo del año 2000 muy especi~lmente en
función de Sínodos que va programando. Es inútil dar aquí Ila lista de
los Sínodos, pero se refieren a diferentes partes del mundo ~ a diferen-
tes problemáticas del mundo. Por ejemplo, el sínodos que ~e prepara
ahora en el Pacífico y Australia, tiene mucho que ver con la~ peculiari-
dades de esas iglesias y la importancia de las religiones no fristianas.
Esto es para hacer ver cómo el Papa concibe su gobierno, y por consi-
guiente la participación nuestra en el suyo, como un gobietno que se
puede llamar "sinodal". I

A esto yo querría añadir 'lo que se refiere a las visitas fullimina.


Esto toca más de cerca mi Congregación en la cual entrarePtos en se-
guida; el Papa ha querido reformar la realización de estas VE·'sitas en la
constitución apostólica Pastor Bonus, en la que hay un apé dice sobre
esto, pero sobre todo en un documento publicado por nuest Congre-
gación. Estas visitas son el camino normal de contacto de la Santa Sede
con las Iglesias particulares, o sea de los Obispos de una par:r del mun-
do, de una nación o de una región, con la Santa Sede. Este :ftO de visi-
tas ha cambiado completamente de aspecto. Es notable que ¡la reforma
de las visitas ad limina sigue precisamente las líneas, no e.ctamente
de la internacionalización, sino de la realidad del contacto ent~ la Santa
Sede y las Iglesias particulares en un clima de comunión eSp'iritual.
Las visitas ad limina se han convertido desde ahora, desde este
documento nuestro, en una especie de retiro espiritual, en el cual se
inserta todo el resto de la visita, es decir, lo técnico, lo admiqistrativo y
lo jurídico. Dicho esto, creo que hay que tener muy en cuen~a que este
tipo de reformas no es permanente y definitivo, sino que, $i se revela
necesario, podrán cambiar todavía. Estas refo1"JTVls tienen ~odo un es-
píritu. Especialmente el Papa actual podemos decir que es ~n espíritu
de comunión, El Papa Juan Pablo 11 insiste mucho en esta e/Jepresión, y
él dice que la eclesiología conciliar es una ec/.esiología de comunión. Es
decir, que confol"me a esta eclesiología las iglesias se interpomunican
de una manera que no es solamente jurídica, técnica, ad¡qinistrativa
sino de modo tal que la intercomunicación tenga el valor qu~ tiene en sí
la comunión de la Iglesia, una comunión sacramental, fUI1dada en el
sacramento de la Iglesia misma, fundada en el episcopado, fundada en
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE A LA IGLESIAS PARTICULARES... 111

la herencia del Colegio Apostólico, y en última instancia en el modelo


de la Santísima Trinidad.
La forma concreta de la comunión del episcopado es la colegialidad,
que da a los Obispos un vínculo de unión real, sacramental, y al mismo
tiempo crea entre ellos una relación personal ya la vez colectiva. Per-
sonal porque se refiere al afecto de un Obispo por todos los demás, y
colectiva, porque se refiere al afecto de un Obispo por la situación de
toda la Iglesia, más allá de la situación de su diócesis. Estos dos con-
ceptos teológicos y la realidad que está detrás, me parece que explican
esta serie de reformas, de las cuales no he dado nada más que algunos
ejemplos.
La internacionalización es una manera de hacer real, sensible, prác-
tica y eficaz la comunión. Lo mismo pasa con la decisión de traer Obis-
pos a la Curia, y lo mismo con la creación del Sínodo de Obispos, que es
un instrumento de la colegialidad. Hay otros ejemplos, como podrían
ser los viajes del Papa, que se convierten en ejemplos típicos de la pre-
sencia de él como quien preside a la comunión de la Iglesia, y de todas
las Iglesias particulares, y de la colegialidad de los Obispos en ella. Di-
cho esto como una introducción general que, me parece, sitúa bien el
problema, hablemos ahora de la Congregación para los Obispos.

La Congregación para los Obispos


Yo diría que en este contexto de la renovación de la Curia en fun-
ción del espíritu de comunión y colegialidad, -las dos expresiones y los
dos conceptos tienen relación directa con el episcopado- en el centro de
esta reforma se sitúa la Congregación para los Obispos. Veamos por qué.
Yo creo que en la Curia Romana hay dos articulaciones que cuen-
tan prioritariamente, y que tienen un valor primordial. La primera es
el testimonio conjunto, o sea,en y para toda la Iglesia, de la fe apostóli-
ca. Es decir, el testimonio de la fe apostólica que la Santa Sede al servi-
cio del Papa, tiene que dar para todo el mundo en la Iglesia (y también,
necesariamente, fuera de la Iglesia). Este testimonio conjunto se cen-
tra dentro de la Santa Sede en la Congregación para la Doctrina de la
Fe. No se trata sólo de la defensa de la fe, sino de la promoción de la fe.
Es un testimonio para hacer adelantar la fe apostólica en el mundo. Por
eso, hay que notar bien esto, el título de la Congregación no es "Con-
gregación de la Doctrina de la Fe", Congregatio Doctrinae Fidei en la-
tín, sino Congregación para la Doctrina de la Fe, Congregatio pro Doc-
trina Fidei. Pro, porque se trata de favorecer el conocimiento y ayudar
a la promoción de la fe. Las preposiciones en latín, como en castellano,
tienen muchaimporlancia y en la Pastor Bonll8, los canonistas y los
latinistas estudiaron bien por qué en este caso la preposición no tiene
112 JORGE M. MEJÍA

que ser "de" sino "para". Lo mismo diremos dentro de un momf.to acerca
de la Congregación para los Obispos. La preposición es la isma que
en el caso de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y n seguida
diré por qué. .
De modo que lo primero es el testimonio de la fe apostóli a. Yo creo
que la reforma de la Curia tiende a que ese testimonio sea si mpre más
unido en toda la Iglesia. Y en el centro de ese testimonio, de arte de la
Santa Sede, está la Congregación para la Doctrina de la Fe Todos co-
nocen al Cardenal Ratzinger, el Prefecto de esa Congregaci n.
En el mismo contexto se sitúa la Congregación nuestra. Porque la
Congregación para los Obispos está destinada a favorecer la vivencia y
la promoción de la colegialidad en la comunión. Estas dos ~alidades,
que ya mencionaba antes, aquí se unen orgánicamente. La ongrega-
ción para los Obispos está para promover algo que es esenci 1 a la Igle-
sia: la colegialidad de los Obispos y la comunión de los Obis os entre sí
y con el Papa, y en realidad con el misterio divino. I

La Congregación lo hace mediante el intercambio entre oma (que


es la sede apostólica por antonomasia) y las Iglesias parti ulares. El
intercambio, como lo he dicho desde el principio, no es un ammo en
una sola dirección, sino que es un camino que intenta tene dos direc-
ciones. De nuevo quiero repetir: no se trata primariamente n la Con-
gregación para los Obispos, del control y/o la dependencia,
ces se dice. Por esto me hace gracia cuando a veces los Obis os vienen
a verme a mí y me dicen: "usted es nuestro superior" o "e Cardenal
Gantin es nuestro superior", nosotros no somos superiores ás que de
nuestro grupo de personas que trabajan allí, el superior es 1 Papa. La
Congregación, lejos de ser "superior", intenta servir a la cole 'alidad en
la comunión, para el intercambio entre la Santa Sede y los Obispos y
las Iglesias particulares.
No hay control, en el sentido que esa palabra suscita e nuestros
oídos, ni dependencia, sino servicio. Esta palabra es la qu he usado
desde el principio. Servicio y mutuo enriquecimiento. Cuand vienen los
Obispos, personalmente o en grupo, en las visitas ad limin ,nosotros
somos enriquecidos por ellos, y ellos pueden ser enriquecido por noso-
tros, pero somos nosotros los que más aprendemos, gracias los Obis-
pos, de qué manera tenemos que ayudar al Papa en el gobie no. He di-
cho los Obispos, pero vienen también muchas personas ue no son
Obispos y nos ayudan también en este enriquecimiento. Est es lo que
el Papa dice muchas veces, y ustedes también a lo mejor 1 han oído
decir, lo que el Papa llama el "intercambio de dones". La Ig esia es un
intercambio constante de dones. La Congregación para 1 Obispos
intenta intercambiar dones que vienen desde los Obispos través de
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE A LA IGLESIAS PARTICULARES... 113

nosotros hacia el Papa y del Papa a través de nosotros hacia los Obis-
pos y, por consiguiente, para las Iglesias particulares.
En el mismo orden de cosas, en el mismo centro de la comunión en
la colegialidad se sitúa la Congregación para las Iglesias Orientales,
por lo que se refiere a las Iglesias particulares de rito oriental (o, me-
jor, de ritos orientales, por eso el título de la Congregación es en plural,
"Congregación para las Iglesias Orientales") y la Congregación para la
Evangelización de los Pueblos. Pero digo, y me parece que esto es obje-
tivo, la Congregación para los Obispos tiene la parte principal (la parte
del león, como se dice en latín, y se puede usar aquí esta expresión), ya
que se ocupa de todas las Iglesias particulares que son de derechoco-
mún.
E insisto una vez más que la Congregación no es de los Obispos,
sino para los Obispos. Sin embargo, en cierto sentido también es "de"
porque es la Congregación a la cual los Obispos miran en Roma y a la
cual los Obispos pueden referirs~ ..En ese sentido es también de ellos,
pero primariamente el sentido es "nosotros para ellos", a favor de ellos.
Como se ve. la importancia de las preposiciones no es una cuestión pu-
ramente semántica.
Ahora paso a exponer cuatro aspectos acerca de la Congregación
para los Obispos: primero daré una idea de la estructura de la Congre-
gación; a continuación presentaré una parte estadística, que siempre
es útil, para que se vea en cifras cuál es el alcance de nuestra labor y
nuestra responsabilidad; después expondré el modo de trabajo, algún
problema particular; por último aquello que es más técnico, o sea la
capacidad jurisdiccional de la Congregación o, en términos canónicos,
su poder de jurisdicción.

1.- Estructura de la Congregación

La Congregación consta primero de un staff permanente (staff es


un término que ha entrado en todas las lenguas y también se usa en la
Curia Romana). El staff está compuesto por el Prefecto (la denomina-
ción es la antigua, que viene del latín, y se la conserva). La palabra
"Prefecto" tiene una connotación administrativa muy especial, en Ita-
lia, pero creo que acá también. Se mantiene este término en la Curia
Romana. El Prefecto es el Cardenal Bernardin Gantin, que todos cono-
cen, por lo menos de nombre. Es de Benin, era Arzobispo de Cotonou, y
fue llamado por Pablo VI a la Curia Romana. Desde 1986 es el Prefecto
de la Congregación para los Obispos, y además es el decano del Sacro
Colegio Cardenalicio (por primera vez en la historia es un africano).
El Secretario, que soy yo. Para evitar equívocos, hay que decir en
seguida que el Secretario no es el secretario del Cardenal Prefecto, sino
114 JORGE M. MEJÍA

de la Congregación. Es decir, es el funcionario (si ustedes qfieren lla-


marlo así) que mantiene en contacto al·Cardenal Prefecto ~n la vida
cotidiana de la Congregación. Todo pasa por el Secretario. Lqs Secreta-
rios de Congregaciones son siempre Arzobispos (los Secretarios de los
otros dicasterios que no son Congregaciones pueden ser o nq ser Obis-
pos).
Hay también un Subsecretario, que es el instrumento d~l Secreta-
rio para hacer funcionar las cosas. Y unos 20 colaboradores, ~ue se lla-
man en la jerga de la Curia (la Curia también tiene su jerta) "oficia-
les". Esta expresión no tiene !1i!da de militar, es u~ término
administrativo italiano que ha quedado en nuestro uso. So* todos sa-
cerdotes, menos algunos laicos. Los laicos avanzan en la Cujria Roma-
na, felizmente. Cuando yo estaba en Justicia y Paz todo mi e~uipo eran
laicos, excepto un mexicano que entró el año que yo me fui~ y los tres
superiores: el Cardenal Presidente, el vicepresidente, que era yo, y un
subsecretario. Los laicos avanzan tanto, gracias a Dios, que lahora hay
dos dicasterios en la Curia Romana que tienen Subsecreta~io laico: el
Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, y nat'-tralmente,
después de mucho tiempo, el Pontificio Consejo para los L4icos, cuyo
Subsecretario es un señor uruguayo. Yo espero que llegue e~día en que
el Subsecretario se convierta en "Subsecretaria"; en este añ de la pro-
moción de la mujer, el Papa insiste en que tiene que promove e la mujer
y espero que esta sea una de las formas de promoción en lai Curia Ro-
mana. En mi dicasterio de antes (el Pontificio Consejo Just,cia y Paz)
las mujeres estaban muy bien representadas. En el actuali dicasterio
r
hay varios laicos: un señor que trabaja en la catalogación distribu-
ción de los informes que las Conferencias episcopales nos ~andan, mi
secretario privado, que es un argentino, y una señorita de up instituto
secular, una mujer, la única en el dicasterio por ahora, qu, es la que
tiene el contacto con todo el mundo, porque es la telefonista~ Esto es la
estructura básica, los que estamos todos los días en nuestral oficina.
Quisiera decir que hay 12 naciones por lo menos repres,ntadas en
los miembros del dicasterio. Ustedes pueden ver así cómo se Iconcretiza
la internacionalización de la Curia Romana. Y pertenecen aitres conti-
nentes. No voy a dar la lista completa, porque no vale la pen~, pero hay,
por ejemplo, un sacerdote de Ruanda que es colaborador nutstro y que
es extremadamente eficaz. Hay dos americanos (ahora se ra ido uno
porque trabaja en el obispado castrense americano; queda *no, y ven-
drá otro). Hay un polaco, hay tres o cuatro españoles, hay dps mexica-
nos, un chileno, etc., de modo que el dicasterio es completam~nte inter-
nacional; el Cardenal es africano, de Benin, yo soy ar~entino, el
Subsecretario es italiano. .
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE A LA IGLESIAS PARTICULARES... 115

En segundo lugar consideramos los miembros de la Congregación,


de los cuales hablé primero, que el Papa Pablo VI había querido que
hubiera en todos los dicasterios, Cardenales y Obispos de todo el mun-
do. En nuestro grupo de miembros no hay laicos, hay nada más que
Cardenales y Obispos, que son nombrados por 5 años, con el objetivo
de traer Obispos diocesanos a la Curia o de incluir otros organismos de
la Curia en los diferentes dicasterios. Hay miembros ex officio. El Car-
denal Secretario de Estado es miembro ex officio de nuestro dicasterio.
y el Arzobispo que es Secretario de la Secretaría de Estado para las
relaciones con los estados, también es miembro ex o{ficio.
Los miembros son 30, de diferentes partes del mundo. Les doy bre-
vemente dos o tres ejemplos. El Cardenal Quarracino, Arzobispo de
Buenos Aires, es miembro de la Congregación para los Obispos, el Car-
denal O'Connor, Arzobispo de Nueva York, también lo es, el Cardenal
Majarski, Arzobispo de Cracovia, es miembro de nuestra Congregación,
y así sucesivamente. Y lo notable es que, personas como el Cardenal
O'Connor, me manda al principio del período de reuniones de la Con-
gregación la lista de las veces que él va a venir a la Congregación (los
miembros se reúnen, como diré en seguida, dos veces por mes; el Car-
denal fielmente, no digo todas las veces, pero casi una vez por mes, hace
el viaje desde Nueva York a Roma y vuelve de Roma a Nueva York,
sólo para participar de estas reuniones). El Cardenal de París, que es
miembro, el Cardenal Lustiger, hace lo mismo. No necesito decirles con
estos ejemplos las naciones representadas, pero quiero añadir una más
que tendemos a olvidar, que es Australia. El Arzobispo de Tasmania,
que es una gran isla en el extremo sur de Australia, es miembro de la
Congregación. Este viene menos, porque no es fácil venir desde Aus-
tralia, pero viene dos veces al año. Me avisa: ''voy a estar en talo cual
Congregación". Nosotros siempre mandamos el programa al principio
de cada período, y así cada uno puede organizarse con tiempo, y avisar
cuándo vendrá.
La Congregación, y esto lo quiero subrayar mucho, consiste sobre
todo en estos Cardenales y Obispos miembros, que, por consiguiente,
deliberan y proponen al Papa en nombre de la Congregación las resolu-
ciones que se toman. El grupo está presidido por el Cardenal Gantin, el
Secretario de Estado está a su lado, y el Secretario de la Congregación
está al otro lado para representar a la Congregación.
Hemos visto el staff, y los miembros Obispos y Cardenales. Terce-
ro: hay un cierto número de consultores, que son teólogos y canonistas
a quienes nos dirigimos cuando necesitamos (muy frecuentemente) ase-
soramiento técnico o doctrinal sobre problemas que se phntean a la
Congregación. Son unos diez, y también el nombramiento (de los unos
como de los otros, es decir, el nombramiento de teólogos y canonistas)
116 JORGE M. MEJÍA

I
dura cinco años. Todos los conocen: el padre Beyer es consqltor nues-
tro, el decano de la Rota es consultor nuestro también. Co viene que
los consultores estén cerca, porque a veces hay que llamarlo de un día
para otro, o por un trabaJo de una semana. En realidad, e o se hace
hoy más fácilmente, porque ahora hay más medios (ustedes aben que
hay técnicas muy eficaces, se puede pedir una consulta a un señor que
está en Alemania o en Estados Unidos, y obtener de inmedi to la res-
puesta).

2.- Estadísticas

Yo creo que hay que iluminar esto que acabo de decir c n la esta-
dística. El esquema estructural se ilumina bien con la estad stica, y se
ve además la desproporción entre los que componen la Con egación y
la tarea que se realiza, o se espera que realicemos. La Co
empezó hace cuatro siglos, con Sixto V. Entonces el mundo
más chico, la Congregación también era mucho más chica. oy nues-
tra competencia se extiende a poco más de 1655 circunscripc ones ecle-
siásticas (puede haber cambiado, si se crea otra diócesis pas do maña-
na). No digo diócesis, porque las circunscripciones eclesiásti as no son
solamente diócesis, se entienden con nosotros también muc as prela-
turas llamadas territoriales, como las del norte de Argenti a, los lla-
mados "ordinariatos militares", -la expresión no es muy feli en la Ar-
gentina pero se la usa corrientemente-, u obispados castrense ,también
las que se llaman "administraciones apostólicas permanente "o "tran-
sitorias" cuando están en territorios que son de competencia e la Con-
gregación para los Obispos. Ustedes vean que un grupo de u as 20 per-
sonas con 1655 circunscripciones eclesiásticas que hay q e seguir,
naturalmente no todas el mismo día o en el mismo período pero muy
frecuentemente con yuxtaposiciones que no prevemos, pero que suce-
den. Por eso, si el Evangelio dice, en el Sermón de la montañ ,"a cada
día le basta su malicia", nosotros a veces recibimos dos o t s proble-
mas, que no son ni buenos ni malos, sino que son eso, proble as.
Las iglesias orientales no tienen nada que ver C!on nosot os, por lo
menos directamente, y tampoco los territorios de misión, po ue depen-
den de la Congregación para la Evangelización de los Puebl s. Todo el
resto del mundo es nuestro. Y les doy algunos ejemplos: e Asia, las
Filipinas depende de la Congregación para los Obispos, porq e es una
vieja nación cristiana y siempre ahí ha intervenido la Congre ción para
los Obispos. Cuba, en América Latina, es competencia nuest y siem-
pre lo ha sido. En cambio, en Europa la Secretaría de Estad se había
reservado, por razones bastante explicables, las diócesis de a Europa
central y de la Europa oriental. Aunque las cosas se aclararo política-
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE A LA IGLESIAS PARTICULARES... 117

mente, o por lo menos cambió el sistema, en el año 1989, nosotros no


nos ocupamos de estas regiones.
Por razones prácticas, en la Secretaría de Estado también se reser-
varon Alemania. En parte porque estaba el problema de Alemania orien-
tal, cuando ésta apareció, pero también por la dificultad de los concor-
datos alemanes -que son dos, el prusiano y el bávaro, siempre vigentes,
y extremadamente complicados-Alemania quedó en la competencia de
la Secretaría de Estado. En cambio, a nosotros nos pertenece Suiza,
cuyos concordatos con los diversos cantones son también extremamen-
te complicados pero en fin, nos los han dado a nosotros, y nos ocupamos
de esas diócesis en estrecha relación con la Secretaría de Estado.
La gran mayoría de estas circunscripciones eclesiásticas son dióce-
sis de rito latino:
- 2 patriarcados occidentales, que es muy fácil saber cuales son: el
de Venecia y el de Lisboa;
-306 iglesias metropolitanas: son los arzobispados que tienen una
cierta supervisión sobre las diócesis. El signo que utilizan sus Arzobis-
pos es el palio, que el Papa impone en el día de San Pedro y San Pablo.
- 32 arquidiócesis no. metropolitanas,
- 1197 diócesis,
- 56 prelaturas territoriales;
- 24 ordinariatos militares,
- 13 abadías territoriales (son abadías benedictinas generalmente,
pero no todas porque hay cistercienses también), de las cuales depende
un territorio con parroquias; en Italia hay 5 o 6, y otras en varias par-
tes del mundo también; son 13 en total.
Si ustedes hacen la cuenta, verán que no coinciden exactamente con
1655, porque la cuenta de 1655 se hizo agregando otras que no están
aquí listadas.
En cambio, los vicaria tos apostólicos y las prefecturas apostólicas
son competencia de la Evangelización de los Pueblos.
Para no dar a ustedes la impresión de una fragmentación excesiva,
las Conferencias Episcopales que reúnen estas circunscripciones son de
nuestra competencia. Y lo mismo las organizaciones episcopales regio-
nales en las cuales confluyen las Conferencias Episcopales, por ejem-
plo el CELAM, Consejo Episcopal Latinoamericano, que es la asocia-
ción de las Conferencias Episcopales de América Latina, es competencia
nuestra. Lo mismo el CCEE que es el Consejo de las Conferencias Epis-
copales de Europa, que el Papa acaba de reformar, después del Sínodo
de Europa, que tiene actualmente por cabeza al Cardenal de Praga, sede
que es también competencia nuestra.
118 JORGE M. MEJÍA

Esto da,junto a lo que dije de la estructura, el esquem~ estadístico


fundamental. De todos modos, lo que es ahora cambia a c4da momen-
to, y voy a decir en seguida de qué modo, pero querría aña~ir (yeso es
útil para tener una idea de cómo está constituido el episcppado mun-
dial), algunas estadísticas de los Obispos que provienen ge institutos
religiosos:
- los hermanos menores franciscanos tienen la parte qel león, son
92 Obispos, más 6 Cardenales; .
-luego vienen los salesianos con 84 Obispos y 5 Card~nales;
-los jesuitas son 76, más 6 Cardenales. De éstos, 2 no ~on Obispos,
porque pidieron al Papa, al ser elegidos Cardenales, no ser ordenados
Obispos, porque eran ya de mucha edad;
-los francis.:!anos capuchinos son 66 Obispos. i

Esto es lo estático o sea, lo que sucede en un moment~ dado, pero


hay que tener en cuenta que la situación cambia todo el t~empo, como
es normal.

3.- El trabajo en la Congregación para los Obisws


y el modo de ejercer su competencia específica .

Les quiero dar una idea de cómo se vive en un año en l~ Congrega-


ción. El ritmo cambia un poco de año a año, según los ePitPados que
realizan la visita ud limina. Los grupos de Obispos de las isitas ud li-
mina del año pasado (1995) pueden llegar a 20. En el añ en curso la
Conferencia Episcopal de Brasil, la CEBB como la llama~ ellos, viene
con 13 grupos a lo largo del año. Algunos de esos grupos t~ene 35 o 40
miembros. Esto les da una idea de lo que es el trabajo de I~COngrega­
ción en una estadística que tiene en cuenta lo dinámico, el ovimiento.
Los nombramientos episcopales en un año pueden ser 1 O, sin men-
cionar las renuncias y las transferencias de un Obispo dei· na diócesis
a otra. Acerca de las renuncias, conviene saber que en el presente en
toda la Iglesia, y por consiguiente no sólo en la compete cía nuestra,
hay 900 Obispos emérito..c:;, o sea jubilados. Ustedes se dan uenta de lo
que eso representa. En el episcopado mundial hay unos 4pOO Obispos
(es otra estadística que proporciono), estamos casi llegan~o a casi una
cuarta parte del episcopado emérito. Esto es fruto de variasl causas, una
de las cuales es la prolongación de la esperanza de vida. r.p gente vive
más, los Obispos llegan a los 75, después presentan la renunFia y el Papa
la acepta cuando él decide, no necesariamente a los 75 ni mefánicamente
a esa edad. Y después siguen viviendo.
El párrafo del NI! 75 de la Pastor Bonu8 que nos intetesa, corres-
pondiente a las funciones de la Congregación, dice que es~ Congrega-
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE A LA IGLESIAS PARTICULARES... 119

ció n examina (este es el mandato que tenemos nosotros del Papa), lo


referente a la constitución y provisión de las Iglesias particulares, así
como al ejercicio de la función episcopal en la Iglesia Latina. Los núme-
ros siguientes explicitan esto.
¿Qué significa "lo referente a la constitución''? La constitución no
es la constitución entendida como la carta orgánica de un Estado, como
la constitución argentina, por ejemplo, sino que es la creación de las
diócesis, y la provisión de las diócesis. Significa el trabajo necesario para
proveer a que las diócesis tengan Obispos. De modo que significa "crea-
ción de diócesis y nombramiento de Obispos". Pero, al mismo tiempo,
nosotros tenemos que seguir el ejercicio de la función episcopal, es de-
cir, no sólo el principio y el nombramiento del Obispo, y eventualmente
el examen del mandato del Obispo, sino todo lo que es el desarrollo pas-
toral en la vida de una diócesis.
Yo esto lo digo en tres o cuatro puntos. Nos toca seguir la vida de
las circunscripciones eclesiásticas, -insisto- con máximo respeto de la
libertad, porque eso es lo que nos enriquece a nosotros y hace que ellos,
cada uno, desempeñe su papel como corresponde según las leyes de la
Iglesia y según el carisma de cada uno. Pero, en ese seguir las circuns-
cripciones eclesiásticas, atendemos especialmente al ejercicio y al modo
del ejercicio del ministerio episcopal en todas sus dimensiones, es decir,
la dimensión magisterial, la dimensión litúrgica o sacerdotal específi-
camente y la dimensión de gobierno.
Nosotros tenemos que seguir esto, y para ello estamos en relación
constante con los Obispos. Ustedes no ignoran que los Obispos de cada
diócesis del mundo tienen que mandar cada 5 años (:y esto desde hace
muchísimo tiempo, no es una invención reciente), lo que se llama la ''re-
lación quinquenal". Es la información completa (según un esquema que
mandamos nosotros a todas las diócesis y que ahora esta siendo revisa-
do), de lo que ha sucedido en la diócesis en el último período de cinco
años. Y nosotros lo estudiamos, y así sabemos perfectamente lo que pasa
en cada circunscripción eclesiástica. Además, digamos que esa relación
la tienen que dar precisamente el año que vienen a la visita ad limina.
Cuando seguimos la vida de las diócesis tenemos que mirar las es-
tructuras internas de comunión, es decir, si el Obispo gobierna su dió-
cesis en función de la comunión, si existe el colegio de consultores dio-
cesanos, si existe el consejo presbiteral, si hay un consejo pastoral, si
existe el consejo de administración, las diversas estructuras de comu-
nión que gobiernan las diócesis. Yen particular seguimos la realización
de los sínodos diocesanos, es decir, las diócesis que hacen sínodos nos
tiene que informar antes y después sobre su realización. También ob-
servamos las relaciones de las diócesis entre sí y con la Conferencia
Episcopal correspondiente, las relaciones de la Santa Sede con cada dió-
-1

120 JORGE M. MEJÍA


I

cesis y también tenemos una atención especial (y esto por esbecial man-
dato del Santo Padre), a los Obispos diocesanos eméritos. lIay que sa-
ber qué hacen, si están bien, si les falta algo, si la Conferepcia se ocu-
pa de ellos. ~
Una vez más, ustedes ven los dos conceptos del princip~o: la comu-
nión interna de cada diócesis, de cada Obispo entre sí y del todos en la
colegialidad. Esto tenemos que seguirlo para cada Obispo~ para cada
Iglesia particular. Segundo, debemos seguir la vida de las Cpnferencias
Episcopales. Esto lo resumo así: I

Tenemos que aprobar los estatutos de las conferenCilS episcopa-


les. La Conferencia nos manda sus estatutos y nosotros t nemos que
aprobarlos, y esto se llama la "aprobación". También nos orresponde
el reconocimiento (recognitio, como dice la fórmula latina) e los decre-
tos generales que esas Conferencias emiten. Los canonista~ saben muy
bien que en las Conferencias Episcopales se pueden y de en resolver
ciertas cosas según el mandato del Código de Derecho Canónico. Las
Conferencias episcopales tienen que transmitirnos esas re~oluciones a
nosotros, que las reconocemos, es decir, les damos valor jutídico.
Nos toca dar el reconocimiento a los decretos de los c~ncilios pro-
vinciales o nacionales. Cuando una provincia eclesiástica ( or ejemplo,
ahora la de Tarragona, en España), o una nación, hacen un concilio
nacional o provincial, tienen que mandar los correspondien~es decretos
a nosotros antes de publicarlos, para que los revisemos y delmos el reco-
nocimiento. !

y por último y muy importante, nos corresponde segui~ las relacio-


nes entre cada Conferencia Episcopal y la Santa Sede y ad~más de las
Conferencias episcopales entre sÍ.
El momento fuerte de esta competencia nuestra res~.ecto de las
Conferencias Episcopales y de cada Obispo, lo he dicho an es, y ahora
lo repito y lo explícito un poco más, son las visitas ad limi a. No sé si
ustedes saben lo que significa la expresión ad limina, que les la expre-
sión tradicional. Los Obispos visitan el umbral de la tumba ¡de los Após-
toles porque no se puede entrar a las tumbas de Pedro y ~e Pablo. Se
llega al umbral (ahora se llega bastante cerca), yeso da e nombre de
la visita, porque limen, limina en latín, significa umbral e castellano.
La visita no consiste én rendir cuentas administrativamen e: he hecho
todo esto y me falta todo lo otro, yo tengo tantas vocacio es y tantos
sacerdotes ... Lo primero no es eso. Lo primero es que el bispo y/o la
Conferencia Episcopal renueve su vínculo con las dos col mnas de la
Iglesia, Pedro y Pablo, que fundaron y viven siempre en 1 Iglesia Ro-
mana, y sobre todo Pedro, representado por el Papa. Por so, en la re-
forma de las visitas a las cuales aludí hace un momento, s, las ha con-
vertido casi en un retiro espiritual. Y hay dos cosas que so~ esenciales:
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE ALA IGLESIAS PARTICULARES... 121

las dos concelebraciones eucarísticas, una en San Pedro y la otra en San


Pablo extramuros. A lo cual se añade que los Obispos tengan (y es reco-
mendada) una concelebración en Santa María Mayor, en honor a la
Virgen, y otra en San Juan de Letrán porque es la catedral de Roma. Y
a eso ha añadido Juan Pablo II la concelebración eucarística con el Papa
en su capilla privada. Además, los invita a todos a almorzar, lo cual es
una forma muy humana de expresar la comunión y la colegialidad.
Repito, la visión que la Congregación tiene de la realidad de la par-
te de Iglesia que es competencia nuestra, depende sobre todo de estas
visitas y de estos intercambios. Nosotros comprendemos las cosas que
pasan y nos damos cuenta de lo que tenemos que proponerle al Santo
Padre para el gobierno de las diócesis de este mundo, porque oímos a
las diócesis. Por consiguiente, se puede decir que la Congregación es
también un "órgano de escucha", para escuchar lo que dicen los Obis-
pos. Recuerden que el Apocalipsis dice a varios ángeles (pero, en reali-
dad, son los Obispos de las Iglesias a las que se escriben las siete car-
tas que abren el Apocalipsis junto con sus comunidades): "escuchemos
lo que el Angel (el Obispo) dice a las iglesias". Eso es lo que nosotros
tenemos que hacer: escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias.
Entonces,
12) seguir la vida de las diócesis,
22) seguir la vida de las Conferencias,
32) preparar la creación, constitución y supresión de las circunscrip-
ciones eclesiásticas (hay diócesis que se suprimen), la fusión de las cir-
cunscripciones eclesiásticas con los relativos nombres (de nosotros de-
penden también los nombres). Cuando se funden dos diócesis, como pasó
en Italia en el año 1986, cuando se fundieron muchas diócesis por pro-
puesta de la Conferencia Episcopal, fuimos consultados antes que el
Papa tomara la decisión. Cuando se crea una diócesis nueva el nombre
lo propone la diócesis primera, de la cual la nueva diócesis se separa, y
nosotros tenemos que decir si el nombre es correcto o si no está confor-
me a las tradiciones de la Iglesia (generalmente lo está).
42 ) Ustedes habrán oído que también nos tocan a nosotros los nom-
bramientos episcopales. Yo quizás no entre aquí en todos los detalles,
porque no creo que sea el caso, pero quiero decir que esto de los nom-
bramientos -siempre dentro de las circunscripciones que son de com-
petencia nuestra-, incluye las renuncias episcopales (todas pasan por
nosotros). Incluso las que van directamente al Papa son mandadas in-
mediatamente a la Congregación con la sigla del Papa en el papel, pero
muchos las mandan directamente a nosotros, y luego nosotros las man-
damos al Papa. Las transferencias, cuando hay el traspaso de un Obis-
po de una diócesis a otra, también son de competencia nuestra, yeven-
122 JORGE M. MEJÍA

tualmente (sucede a veces) la remoción de un Obispo. Hay up caso muy


sonado, hace poco, en Francia. Eso, desgraciadamente entra también
dentro de nuestra competencia. .
¿En qué consiste exactamente la competencia para el noIltbramiento
de los Obispos? Yo quisiera que esto estuviera muy claro, ~osotros no
hacemos los Obispos, rw rwmbramos a los Obispos, es el fapa quien
rwmbra a los Obispos. Y los nombra muy conscientemente, n, solamente
del nombramiento que hace, sino de que es él el que nombrll. Nosotros
preparamos los nombramientos para que sean sometidos ~l Papa. El
procedimiento más general es así: las propuestas vienen de los lugares,
de los Obispos mismos. Según el Código de Derecho Canópico actual,
pueden proponer nombres las provincias eclesiásticas, la~ diócesis, a
través del Nuncio. Generalmente en las Conferencias epirscopales se
hacen listas de presbíteros que son buenos candidatos a O~ispos, y se
mandan sus nombres a través del Nuncio. I

El Nuncio tiene la misión de examinar posibles candidaturas, y,


cuando se trata de una diócesis particular, el Nuncio consulta previa-
mente a una serie de personas que están determinadas enl el Código y
en las instrucciones que mandamos nosotros. Se forma ~na terna, y
después de formar la terna, la cual es también presentad~ a nosotros,
el Nuncio es autorizado a hacer el estudio de cada candid~to, con una
amplia consulta, a muchísima gente. Se consulta no sola~ente sacer-
dotes diocesanos. También a religiosos,-religiosas o simp~es laicos, o
laicas, y nosotros tendemos a que los laicos y laicas sean ~ídos en esta
materia.
La Congregación recibe toda esa documentación, que a veces es
extremadamente voluminosa, porque se nos manda todo lo/que el Nun-
cio recibe, en copia (los originales quedan en la Nunciatura). La Con-
gregación estudia todo eso y el que hablará en la reunión plenaria en la
que se presentará el caso tiene, como una de sus prime~ funciones,
leer todo ese material, que son cientos y cientos de páginas. for supuesto
que mis colaboradores (cada uno tiene una región del mu~do o varias),
me ayudan a leer, ya veces leen más de lo que yo puedo lJer. Yo tengo
que leer todo, pero ese colaborador lee la parte que le toca Ia él no más.
Todo eso va a la Congregación Plenaria, la Congregación plenaria son
Obispos y Cardenales que ustedes ya conocen, que son los miembros de
la Congregación. Uno de ellos presenta el argumento pa~ tal diócesis
como ha sido expuesto por el Nuncio y revisado por nosotrqs. Da su opi-
nión, los demás dan la suya, eso se presenta al Santo Padr~ en un resu-
men. Y él resuelve. Para esto ~s muy importante saberlQ-- la Congre-
gación tiene una audiencia con el Papa todos los sábados ~el período de
trabajo en la Curia, es decir, desde octubre hasta principios de julio.
*
Luego el trabajo sigue, pero el Papa se va de vacaciones la montaña
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE A LA IGLESIAS PARTICULARES... 123

ellO o el 12 de julio, entonces no hay más audiencias. Una audiencia


por semana, en este momento no quedan nada más que dos audiencias
semanales regulares en la Curia (antes había otras), la de la Congre-
gación para la Doctrina de la Fe, que es el viernes a la tarde, y la nues-
tra, que es el sábado también por la tarde. A esa audiencia va o el Car-
denal Prefecto generalmente, o, cuando el Cardenal no está, o está
impedido, va el secretario.
Como el tiempo no alcanza, y esa es una de mis preocupaciones,
porque las cosas se atrasan, y el espacio entre finales de junio o princi-
pios de julio y octubre es largo, y el mundo se mueve como todos sabe-
mos, sin pararse, el Papa Juan Pablo II resolvió que él tendría una
audiencia con el Prefecto o con el Secretario, pero preferentemente con
el Prefecto, el 6 de agosto, que es a mitad del verano europeo, cuando él
no ha retomado todavía sus audiencias regulares, con otras personas y
con Obispos, cosa que hace después de lo que se llama en Italia el fe-
rragosto y la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen (15, 16, 17 Y
18 de agosto). Se eligió agosto, porque es la mitad del verano y porque
es el aniversario de la muerte de Pablo VI, que el Papa celebra siem-
pre. Este año yo acompañé al Cardenal a la misa por Pablo VI, después
el Papa nos invitó a tomar el desayuno al Secretario de Estado, a otros
Obispos que había de la Curia y a nosotros, y después se reunió con el
Secretario de Estado y con el Cardenal Gantin para los problemas y
propuestas que nosotros teníamos que hacer.
Siempre tenemos una audiencia en septiembre, porque también ahí
hay un período largo y las cosas se acumulan, y hay algunas que son
urgentes. La última fue la semana anterior en este mes de septie~bre,
y no está excluido que haya otra cuando el Papa vuelva de su viaje por
África. El Cardenal Gantin habrá vuelto a África entretanto, porque
quiere ordenar a un Obispo ello de octubre, ese sábado la audiencia
probablemente la tendré yo.
La Congregación Plenaria, que ustedes han oído, de Obispos y Car-
denales que estudian estas cosas, se reúne dos veces por mes, el segun-
do y cuarto jueves de cada mes, de manera regular~ El calendario está
hecho, como he dicho, desde antes de empezar el período anterior. En
julio los Cardenales y Obispos miembros tenían ya el esquema para el
período 95-96. Este período de fines de junio -este año fue desgracia-
damente antes de fines de junio- a octubre queda vacío, porque esa es
tradición de la Curia Romana. Yo creo que es una de las cosas que pi-
den revisión. Siempre hay cosas que revisar. Me parece que es difícil
tener cosas en suspenso, que se van acumulando, porque llegan cons-
tantemente propuestas de Nuncios para nombramientos de Obispos o
por renuncias, o para lo que sea, que quedan en la Congregación hasta
que se encuentre el momento de mandarl~s a la Plenaria.
124 JORGE M. MEJÍA

Se puede decir que las Plenarias de octubre y noviem~re están ya


llenas, porque no se puede tener en una Plenaria, que du a desde las
9:30 hasta las 13 horas (a veces termina a las 13:30 o a 1 s 13:45 ho-
ras, sin coffee break, se sigue sin parar), más de cuatro o ci~co propues-
tas o ponencias, como las llamamos nosotros, o provisionesl, porque no
se da a basto, la atención no alcanza. !

Dos indicaciones importantes que completan la anterio : la Congre-


gación puede ir directamente al Santo Padre, sin pasar por la Plenaria
y lo hace, en cuestiones de urgencia, porque los candidato para talo
cual lugar son absolutamente indiscutibles, y entonces es s perfluo dis-
cutirlos, o por otras circunstancias especiales. Y además, y sto es muy
importante, el Santo Padre es obviamente libre de tomar la ecisión que
él quiera, para la diócesis que se le ocurra, y lo único que hace entonces
es informar a la Congregflción por medio del Secretario de stado o di-
rectamente al Cardenal. A veces el Cardenal o yo vamos a ~ audiencia
y nos dice: "me parece que la persona para tal diócesis es al persona,
¿a usted qué le parece?", y si tenemos algo que decir, lo de irnos.
!

4.- La capacidad jurisdiccional

Un último punto, para no abusar de la paciencia de ust~des que ya


está bastante probada, es la capacidad jurisdiccional de l~ Congrega-
ción. Esto es más bien para los canonistas, pero a lo mejor I~S otros que
no son canonistas también se interesan. La Congregación iene un po-
der de jurisdicción: decide cosas que tienen un valor jurídi o a iure, el
derecho nos da ese poder.
Emitimos los decretos, que tienen valor jurídico, de crea~ión, fusión,
supresión de diócesis. Los decretos de nombramientos de Pbispos los
hacemos nosotros. Después van a la Secretaria de Estado, ~a cual hace
escribir a mano la Bula episcopal, que ustedes pueden ver, por ejemplo
en el despacho de monseñor Martina o en el mío, y así cOn}probar que
son preciosos manuscritos, firmados por el Papa. !

Para el nombramiento de Obispos titulares, el decret correspon-


I

diente lo prepara la Congregación, nosotros somos los que amos jurí-


dicamente las diócesis titulares. No hay demasiadas dióces s titulares.
Por suerte, los americanos, que siempre tienen un sentido ráctico, nos
mandaron la lista de diócesis suprimidas en su país, que n estaban en
la lista nuestra. Nosotros la hicimos estudiar por la Comis ón de cues-
tiones históricas de la Santa Sede, porque tiene que haber na opinión
más, dijeron que estaba bien, y ahora tenemos 13 diócesis ti ulares más
en Estados Unidos, que podrían ser adjudicadas a, sobre ~odo a Obis-
pos americanos; ojalá que se encuentre alguna en Argentin~ ... nos ayu-
daría mucho. :
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE A LA IGLESIAS PARTICULARES... 125

Nosotros damos los decretos de reconocimiento como he dicho, de


las decisiones de las Conferencias episcopales, de los decretos con valor
jurídico de los concilios provinciales y nacionales. No de sus declaracio-
nes, ya que de eso se ocupan ellos y, eventualmente, consultan a la
Congregación para la Doctrina de la Fe.
También los decretos de nombramiento de administradores apos-
tólicos sede vacante. Los proponemos y el Santo Padre los nombra, lo
mismo que los administradores apostólicos con sede plena. Los nombra
el Papa a propuesta nuestra. Los que son sede vacante, nosotros tene-
mos facultades para nombrar, pero siempre se informa al Santo Padre.
También en el caso de los decretos para los nombramientos de los
representantes pontificios, los Nuncios, el decreto lo hace la Congrega-
ción para los Obispos.

Conclusión

Vamos a ir terminando así ustedes tienen algún momento, porque


quizás querrán hacer preguntas. ¿De qué se trata en todo esto, y cuál
es la función, de nuevo, de esta Congregación, desde las personas que
son de suyo responsables, como yo, que estoy delante de ustedes? Se
trata de mantener viva y promover en la Iglesia (con todos estos aspec-
tos jurídicos, teológicos, incluso pasos administrativos y técnicos), es
decir, que sea más intensa en la Iglesia, la comunión, la relación de
sacramento que une las Iglesias particulares entre sí y con el Papa. Que
eso sea siempre más real y más vivo, que la relación no se degrade, no
caiga, convirtiéndose solamente en "yo mando y ustedes obedecen", o
"ustedes hacen cosas y nosotros vemos si están bien o mal". Eso puede
ser una parte, pero eso adquiere su sentido eclesial si eso se ve en el
seno de un Colegio cuya característica es un sacramento que nos une a
todos en la comunión, tomando a la Santísima Trinidad como modelo,
y, por consiguiente, adquiere en ese contexto su verdadero sentido.
y como la colegialidad es la expresión de la comunión entre los Obis-
pos y entre las iglesias, también se trata de promover la colegialidad.
Que los Obispos se sientan responsables, no solamente de su propia
diócesis, lo cual no es poco, sino también de las otras diócesis, en la
medida en que eso puede hacer y debe hacerlo un Obispo, no gobernan-
do sino interesándose y viviendo las otras diócesis, y la responsabilidad
por el mundo entero. Ustedes saben que la Iglesia está fundada sobre
el Papa, pero también sobre el Colegio Apostólico con el Papa. Esta es
la comunión y la colegialidad que la Congregación para los Obispos tie-
ne como deber y misión promover, y, por consiguiente, con la ayuda de
Dios, realiza. Ojalá favorezcamos más la comunión y el intercambio
entre las iglesias, de cada una con el Papa y entre sí.
126 JORGE M ..MEJÍA

Yo encuentro que el esquema jurídico actual de la Con~gación,


que he expuesto brevemente, sirve suficientemente a este filn. Pero no
es ciertamente irreformable. Yo creo que hay cosas, alguna~ muy ele-
mentales como el problema cronológico, que podría cambiar. lUna reali-
dad tan delicada, sin embargo, que tiene una experiencia q~e viene de
antiguo y tiene también una experiencia reciente, requiere I un rodaje
de bastantes años para cambiar algún mecanismo. Hay qu~ tener en
cuenta que cambiar un aspecto implica cambiar otros, por copsiguiente
t
hay que estar muy seguros de que este cambio es necesario no arrui-
nará una parte o la totalidad del mecanismo. •
Yo creo que para cambiar algo, hay que cumplir dos cqndiciones:
primero, estar seguros de haber individualizado inequívoc~mente los
defectos del actual sistema. Por consiguiente, hay que conoqerlos muy
bien. No podemos decir "a mí me parece, de lejos, que tal cqsa no fun-
ciona". Hay que decir, en todo caso: "esto no funciona por tal~s y cuáles
razones".Si la persona que habla está convencida que la cosi observa-
da no funciona, entonces se la estudia. Y segundo, y muy i portante,
hay que estar seguros de haber encontrado otra solución mej r, o quién
propone, o nosotros en relación con los Obispos. Dentro de l~ humana-
mente posible, yo creo que es muy difícil encontrar solucion~s satisfac-
torias siempre para todo, porque las cosas cambian en el m*ndo, y en
la Iglesia las realidades cambian, las personas cambian, en onces hay
que estar seguros de que la solución que se propone no sólo si e en 1996
o 1997, sino que servirá también en el segundo milenio. Porque no se
pueden cambiar las cosas todos los años. Es una tremenda rfsponsabi-
lidad pero es la condición para que las cosas se hagan bien.
Dicho esto, me parece que lo que importa más en la n~ma, en la
estructura, en el funcionamiento, tal como ahora está, es el e píritu con
que se aplican las normas, y esto puede corregir defectos. o creo que
más que mecanismos que se cambian, lo que importa es qu nosotros,
que somos los responsables, pero también los Obispos con Inosotros y
nuestros colegas de la Curia Romana, muchos de los cuale~ están re-
presentados en la Congregación como miembros, nos demos cqenta siem-
pre de que esto funciona mejor, no tanto porque se cambi~ talo cual
mecanismo, sino porque intentamos servir con el alma ente~a, con todo
lo que el Señor nos ha dado, de lo cual nos pedirá cuenta, l~ comunión
en la colegialidad.
Para lo cual la Congregación tiene que hacer periódi,*mente un
examen de conciencia. Y se han introducido ahora dos co~as en este
sentido: una capilla, que fue creada el año pasado (de los aptiguos di-
casterios, ninguno tenía una capilla donde encontrarse para rrzar; ahora
son varios los que tienen). En esta capilla, los Obispos q~ vienen a
vernos, van a rezar, allí se toma a los Obispos recién nombr~dos la pro-
I
EL SERVICIO DE LA SANTA SEDE A LA IGLES1AS PARTICULARES... 127

fes ión de fe o el juramento de fidelidad al Papa que deben hacer al prin-


cipio de su mandato, o con nosotros (la profesión de fe), o (normalmen-
te) con el primero de los Cardenales diáconos, el juramento de fideli-
dad. En ella pedimos luz al Señor, celebramos juntos la misa de vez en
cuando. Pero también hay un retiro al año, que hace la Congregación,
o un retiro cada dos años en el cual se piensa bien si estamos a la altu-
ra de lo que nos pide la Iglesia, de lo que nos pide el Papa y de lo que la
Iglesia espera de nosotros. Examen de conciencia delante de Dios, pero
también delante de las personas con las cuales tenemos que tratar, ante
todo los Obispos. De modo que si viene alguien a la Congregación y nos
dice: "a mí me parece que eso no está bien", muy bien, nos dirá por qué
y nosotros tendremos el deber de pensarlo. Ustedes ven que el proceso
es no solamente un proceso de fijación de una realidad, sino un proceso
de una constante apertura, para que el Espíritu nos pueda inspirar para
que nuestro servicio sea siempre más real y haga funcionar de veras,
como se debe, los mecanismos que son por el momento de nuestra bien
difícil responsabilidad.
Gracias.
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN
AL SEMINARIO Y LA PROTECCIÓN DE LA INTIMIDAD
(CAN. 220)
Marcelo Daniel COLOMBO

Este artículo reproduce sustancialmente el capítulo IV de la tesis


doctoral del autor, La protección de la intimidad (canon 220 CIC) y el
examen psicológico en la admisión a la formación sacerdotal, Disserta-
tio ad lauream in Facultate luris Canonici apud Pontificiam Universi-
tatem S. Thomae in Urbe, Roma 1995 (reproducción anastática), por él
mismo adaptado para su publicación en el Anuario Argentino de Dere-
cho Canónico.

Introducción

Si examinásemos las normas, los documentos y los pronunciamien-


tos eclesiales en materia de formación sacerdotal desde el eIC 1917
hasta la fecha, podríamos comprobar cómo la Iglesia no excluye en modo
alguno el recurso al auxilio de la ciencia psicológica pueda prestar
en este área, más precisamente en el aspecto del discernimiento voca-
cional.
Ciertamente en la actualidad se dispone de muchos medios peda-
gógicos y científicos de gran utilidad en el área de la formación general
y sacerdotal en particular. Tanto la sociología como la psicología han
hecho aportes sustanciales sobre la conducta humana individual como
la relativa a distintos grupos humanos en diversos niveles de relación.
Pero a pesar de la aceptación general en línea de principio, la incorpo-
ración de los elementos científicos al área de la formación, sobre todo
en el marco de un discernimiento inicial, serio y efectivo, conserva a nivel
práctico cierta vaguedad e indefinición. Toda intervención educativa,
siendo siempre una intervención sobre los.elementos psíquicos de la
persona, hace necesariamente uso de los instrumentos psicológicos. El
problema reside en advertir en modo más real y profundo estos proce-
sos psíquicos, y dados los progresos de las ciencias en este campo, acep-
130 MARCELO DANIEL COLOMBO

tar de modo positivo, pero también prudente, la contribución científica


hoy disponible. 1
Como trataré de poner de relieve, la relación entre el d,recho a la
propia intimidad enunciado en el canon 220 del CIC 2 y la lincorpora-
ción de los instrumentos psicológicos en la etapa de la admi~ión, o a lo
largo del ¡ter f0n.n~:ivo, no se resuelve presentán~ola en 14 dinámica
de una contraposlclOn de derechos y de deberes en Juego, en IlaS que es-
tán por un lado la persona, y por otro la Iglesia, a través del la diócesis
o la comunidad religiosa. Esta contraposición nos llevaría a ¡la falsa al-
ternativa de elegir unos u otros derechos. Se trata de advettir que es-
tamos llamados a integrarlos y complementarlos.s
Conociendo los criterios que condujeron a la configuraqión del ac-
tual canon 220 y su ¡ter elaborativo4, intentaré determin~r el marco
canónico del examen psicológico del joven que se acerca a uIl seminario
o institución religiosa para ser admitido, en relación con el¡! canon 220
de protección de la intimidad. Por eso me parece importante,considerar
inicialmente la problemática vinculada con la incorporacióIl de los ins-
trumentos y aportes de la psicología en la formación sace~otal, para
describir más tarde el momento donde se dan las condicio~es para un
discernimiento adecuado, la admisión al seminario, y propo¡ner el mar-
co ético y canónico en el que sea posible conjugar esta ayuda¡ que presta
la psicología al proceso de discernimiento de una vocación su forma-
ción, con el derecho a la propia intimidad, a fin de que los aportes cien-
r
tíficos sigan siendo efectivos y útiles, sin vulnerar aquell~s derechos
elementales inherentes a la dignidad humana.5 .
En la problemática del empleo de la psicología en la fotInación sa-
cerdotal, particularmente en el discernimiento inicial, se en~nciarán la
aplicación indiscriminada de metodologías, en conflicto co~ una antro-
polqgía cristiana, los criterios prácticos de implementación ae tal servi-

'1 CC. G. VERSAWI. Celibato scwerdolal: atlpecloa cOliÓ"icos;y psiCO~ÓgiCOB, en AA.


Vv. ValicOIw 11: BaltuJCe;Y penpeclil1atl (mr. Renée Latourelle), 900 y t.a formaziolJe
del 8(J("(>rdote ,w.l dirillo COIIOI,ico, Comunicación al Simposio Internafional "Pasto-
res dabo vobis. El sacerdote hoy", PUG, Roma 1993,3. '
2 .. A "mlie le eA licilo (•..) l/rolar el dereeJw de cada pertlO1la a p'fteger 811 i"ti-
",¡dad...
3 Cf. G. VERSAWI, La (om,azw"e del sacerdole "el dirillo COIwIJir.o, 4; R. ZAVA-
lUlNI. Tec"iclw. d'ü",eatigazione e ¡.ita prillala, en Al,'oniOlulm 52 (l9V7) 603.
4 Cf. M. COWMBO, La protección de b i,lR",idad (carw" 220 Clf:) ;y el examen
psicológico en la ad",isión a la fornwciÓl' sacerdotal, Dissertatio as I.'uream in Fa-
cultate luris Canonici apud Pontificiam Universitatem S. Thomae in urbe, Roma 1995
(reproducción anastática). .
5 CC. CONGR. DE EOUCAClÓN CATÓUCA (DE LOS SEMINARIOS E INS'ITI'UI'fls DE Es'rumo),
4
DireUi'lf! 811U(l preparaziorle degli edl,calori dei senu"ari, Suplemento L'Osseroalore
ROFl&arw, 10.1.1994,227. '
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 131

cio, la vinculación de los formadores y el equipo de la admisión con el


mundo de la psicología, y la relación de est~ d.scemimiento con las exi-
gencias éticas y jurídicas del ordenamiento civi1.6
Respecto a la admisión, como momento fuerte del discernimiento
vocacional, me detendré a puntualizar el valor de la consulta psicológi-
ca como parte de la propuesta formativa a los jóvenes que se acercan al
seminario o al centro vocacional, y describir sus características de ser-
vicio a la verdad y la caridad. Al considerar un marco necesario para
tal prestación psicológica al momento de la admisión, examinaré el punto
de partida, los protagonistas del proceso que trátamos y la finalidad de
tal recurso, los tipos de auxilios y tests que ofrece la psicología, para
arribar a los criterios de licitud en que tal colaboración debe desarro-
llarse, así como el uso y conservación que se hará de la información
obtenida.
L' esploraziolll! dello psicllismo 11011 e inl1i118ecamellt.e illeci-
too Se rosi f08se, lWll potrebbe mol dil'elltare lecita. L "iTWiolabilita
della "privacy" 11011 eabsoluta, ma n!lativa. Non va pero dimell-
ticato clle l'esploraziolle psicllica, bellcllé in se stesBa legittima, e
tllttavia, in forza della Blta Btessa natura, particolarme1lfe SUB-
cettibile di abllsi. Perció e llecessarW, alio socopo di mante11en!
il procedimellto illvestigativo entro l'ambito della liceita. c(J11tra-
pporn! a qllesta possibilita di deviaziolze e corruzi011e morale,
alclt11e calltele (... )'

Se deben establecer pautas y criterios para que el ~jel'Cicio del ser-


vicio de la ciencia no empañe los reales aportes que ésta brinda, y cum-
pla con eficacia la finalidad para la cual es empleada. Así por ejemplo,
Hostie propone el carácter puramente consultivo de la colaboración de
los especialistas, y es favorable al examen sistemático de los candida-

6 En el contexto general de este capítulo, cuando utilizo expresiones tales como


"ordenamiento cil1il". "sociedml cü,il", "derecllO cil,il", "lf'gialaciót. cil1U", "di.apoaíci~
,.,..8 legllles ci"ilf'.8". lo hago con el alcance que éstas tienen en campo canónico, como
indicativo o propio del ordenamiento jurídico estatal o de la sociedad secular, distiÍl-
to del canónico. Así por ej. los cáns. 22, 98 1 2, 194 1 1, 3", 197, 231 1 2, 281 1 3, 285
13,2891 2,35314,492 § 1,660 § 1,79312,797,799, 1041,3", 1059, 10621 1, 1152
1 2, 1240 1 1, 1254 1 1, 12741 5, 1284 1 2. 3", 1286.111, 1288. 1290, 1540 1 2, 1672,
1689, 1692 § 2 Y 1 3, 1707 1 1, 1714, 1716 § 1 Y I 2. Evidentemente no hago uso de la
terminología en el sentido específico de los distintos ordenamientos jurídicos estata-
les, donde la expresión "civil" designa un ámbito jurídico preciso diferenciado del
"comercial", "penal". "procesal". "laboral", etc. y regulado por las respectivas codifica-
ciones civiles.
1 cr. R. ZAvALLONr, "Tec,üclw d"ilwealigazÍOlw e ,.ita privata-, 603-604.
132 MARCELO DANIEL COLOMBO

tos al ingresar al seminario, si se determinan tres aspec~os: el tipo


de examen, la tarea de los eS.pecialistas y el el ámbito del se<teto profe-
siona1. 8 •

1. Panorama de la problemática

En los últimos años, muchas diócesis o institutos reh! .. osos han


puesto como exigencia de ingreso al seminario, o para confe ir la admi-
sión a las órdenes mayores, la realización de un examen sicológico
previo. Al contrario, otros seminarios e instituciones han eli inado por
completo toda intervención psicológica o la han pedido sÓloEn algunos
casos donde se sospechan dificultades serias, o frente a eve tuales pa-
tologías. 9 Muchas han sido las experiencias al respecto en ateria de
implementación, y los resultados de distinta apreciación. 10 I

a) Problemática de índole científica y ética

La complejidad de los deberes involucrados en esta di~1usión tor-


nan conflictiva la relación entre las exigencias científicas y éticas y la
praxis actual,u El problema no surge respecto a la posibili ad del uso
de las ciencias psicológicas en el discernimiento y en la for ación sa-

8 R. HOSTIE, Il discemimento delle 1I0cazioni, Borla, Torino 1964 [bitado por G.


CoMI, L'esame psicologico dei candidati al saeerdozio, en La SCllola ~attolica 112
(1984) 475].
9 cr. T. COSTELLO, Relación al Sin. Ob. 1990, en CAPRILE, Il Sino~dei Vescovi,
OttavaAssemblea Generale Ordinaria. (30 sett.-27 ott. 1990), Ed. La Ci ilta Cattoli-
ca, Roma 1991,401; R. HILL, Screening candida-tes: the need to know, n Revieu for
religiolls 45 (1986) 458. ! •

10 cr. L. RULLA, Psicologia e formazione sacerdotale: premesse pe un dialogo,


en Semirwl"ium 18 (1978) 439; R. CHAMPOux, Nuolle prospettille nella for lazione reli-
giosa. lIna. integrazione delta spiritllalitá. e della psicologia del profon ,en La Ci-
vilta Cattolica., 127/111 (1976) 136-152; T. COSTELLO, Tite use of Psychol gyas an Aid
to Priestly Forma/,Íon, en Seminarillrn 32 (1992) 635; R. MATIGNON, Mot vations de la
IIocation, en Le Supplément de la Vie Spirituelle 14 (1961) 60-74; A. P É, Una expé-
rience de discernement des 1I0cations, ibid, 75-191; E. FIEDLER, Psycho ogical scree-
ning of candidates for the diocesan priesthood aJ,d considera.tions of eeent roman
direetilles, en Seminarium 3 (1963) 447-458; L. GENDRON, Sorne moral roblems eon-
nected with psychological testing ol"religiolts, semincu'icws, cu,d ccuulid es, en LineY
ere Quarterly, mayo 1979, 167-177; G. COMI L'escune psicologieo dei c didati al sa-
cerdozio, en La, Scuola Cattoliea 112 (1984) 463-482. M. E. MOORE Tite apist, Client
and Superior in Relationship, en Relliew for religious 49 (1990) 539-5 4.
11 cr. T.COSTELLO, Psyehological ellaluations 01" 110cations, en Hu HIn develop-
ment 6 (1985) 37; E. LOPEZ AzPITARTE, Ética y vida. Desafíos actuales, d. Paulinas,
Madrid 1990, 329-330.
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 133

cerdotal, sino en el modo de emplear estos aportes. 12 Creo importante


señalar algunas de las dificultades o problemas que pueden tornar
menos nítida y oportuna la colaboración científica del psicólogo. Tem-
pestivamente señalados, harían más fructífero este servicio al discer-
nimiento eclesial de una vocación.
Una primera dificultad se relaciona con la aplicación indiscrimina-
da de ideas y de métodos psicológicos a la formación religiosa. No todas
las escuelas y líneas de pensamiento psicológico son compatibles con la
revelación cristiana. 13 En muchos casos, tienen una postura negativa o
prejuiciosa respecto a la temática vocacional cristiana en general y sa-
cerdotal en particular. 14
(...) la visione antropologica, da cui muovono numerose co-
rrenti nel campo delle scienze psicologiche del tempo moderno, e
decisamente, nel suo insieme, inconciliabile con gli elementi
essenziali dell'antropologia cristiana, perché chiusa ai valori e
significati che trascendono il dato inmanente e che permettono
all'uomo di orientarsi verso l'amore di Dio e del prossimo come
sua ultima vocazione.
Tale chillsura einconciliabile con quella visione cristiana che
considera l'lwmo un essere "creato ad immagine di Dio, capace
di conoscere e di amare il propio Creatore" (GS, n. 12) e neUo
stesso tempo diviso in se stesso (ibid, 10). Le ricordate correnti
psicologiche invece partono o dall'idea pessimistica, secondo cui
l'uomo non potrebbe concepire altra aspirazione che quella im-
posta dai slloi impulsi o dai condizionamenti sociali o, per
l'opposto, dall'idea esageratamente ottimistica secondo la quale
l'uomo avrebbe in sé, e potrebbe raggiungere da solo, la sua
realizzazione. 15

Esto involucra ciertamente la razón misma de ser de la utilización


de las ciencias. En nombre de preconceptos, estructurados muchas ve-
ces sólo en base a informaciones o ideologías, no se puede correr el ries-

12 cr. L. RULLA, Psicologia e formazione sacerdotale: premesse per un dialogo,


en Seminarillllt 18 (1978) 439; G. VERSALDI, La formazio"e del sacerdote "el diritto
canonico, 2; R. ZAVALLONI, Tecniche d'investigazione della vita privata, 606.
13 cr. L. RULLA, Psicologia e formazione sacerdotale: premesse per un dialogo,
en Seminariullt 18 (1978) 438; T. COSTELLO, Relación al Sin. Ob. 1990, en CAPRI-
LE, 401
14 cr. A. MANENTI, Vocazione, psicologia e grazia, EDB, Bologna 1992 [22 ed.],
55.
15 cr. JUAN PABLO 11, Alocución a la Rota Ramalla, en AAS 79 (1987) 1455.
134 MARCELO DANIEL COLOMBO

go de arruinar la dimensiones humana e institucional de re~puesta a


la llamada de Dios a una persona.
Un segundo ítem que exige un necesario esclarecimientq para en-
frentar las dificultades específicas y prácticas de la cotidiar-eidad, 10
ofrece el examen y determinación de la naturaleza y licitud ciie las téc-
nicas psicológicas. Marcozzi distingue: a) Técnicas psicológipas no re-
veladoras de la intimidad o interioridad de la persona (v.g. lqs tests de
desarrollo intelectual, actitudinales, de rendimiento y profesio~ales) que
inclusive podrían ser impuestos; b) Técnicas psicológicas o te$ts de per-
sonalidad que tratan de conocer la parte más íntima y escon~ida de la
personalidad: la interioridad personal. Para ser usados se exlge el con-
senso informado y libre del interesado. De no obtenerse tal cqnsenso se
viola un derecho natural de la persona. 16
Zavalloni critica esta distinción por inexacta científicamtnte. Para
él, dividir las técnicas y considerar la licitud en función de sp. carácter
exteriorístico o no, no ayuda a entender el problema. No se t~ta de téc-
nicas intrínsecamente ilícitas o no, sino de ver el modo como!se la efec-
túa y la finalidad. Por eso propone otra distinción que justifique inclu-
sive el diagnóstico médico en cuanto tal. Así, los exámenes Rueden ser
"en función de la persona" o "contra ella". Si bien ésta úlUma de las
expresiones no es muy feliz como conceptualización, se entiepde que se
trata de destacar de la primera, donde la finalidad primaria y principal
aparece con claridad: colaborar en el bien del candidato que ~e acerca a
pedir la admisión. i

En los exámenes en función de la persona, ésta constitu)1e la finali-


dad inmediata, aunque no exclusiva. Para Zavalloni en es~e caso, el
consenso libre e informado perdería gran parte de su importancia. El
bien de la persona debe buscarse aún contra su voluntad. Eqla hipóte-
sis de técnicas investigativas para verificar la existencia 01 no de ele-
mentos constitutivos y por tanto esenciales, de la vocación religiosa o
sacerdotal, se debería procurar detectar la presencia o no d~ contrain-
dicaciones no tanto para evitar un daño a la institución conilo tal, sino
para conocer las reales condiciones del candidato.
Criticando todavía la distinción de Marcozzi, señala que habría téc-
nicas de tipo exteriorístico que serían ilícitas por el uso o fiI1alidad con
que se efectúan. A esto hay que agregar que el mencionado autor opta
por una noción más amplia de privacy, superadora del concepto de inti-
midad o interioridad y equivalente al de vida privada. Así s~ alarga la
esfera ética, y pueden resultar ilícitos, según el uso que se jhace, tam-

16 cr. v. MARCOZZI, /ndagini p.'1icologiche e diriUi clella persona, tn La Ciuiltu


CaUoliccl 127 JII (1976> 545-546. •
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 135

bién elementos de tipo exterior pero relativos a la vida privada de la


personaP
Me parece que ambas visiones pueden complementarse adecuada-
mente. El consenso libre e informado es siempre exigible, ya que sólo
de esta manera el examen "en función" de la persona recibe la convali-
dación que necesita. Es delicado dejar excesivamente librado al arbi-
trio de un formador determinado la noción un tanto genérica de "en
funcic?n de la persona". Reconozco que como propuesta es más abarca-
dora de las reales motivaciones que inducen a una institución formati-
va a encarar una tarea de orientación y esclarecimiento vocacional.
La protección del derecho a la propia intimidad es una de las aris-
tas que más pueden verse desatendidas en el interés por procurar al
discernimiento de la vocación una mayor eficacia a partir del empleo
de la psicología. Un uso indiscriminado de metodologías, o la imposi-
ción inadecuada (por ej. como condición) de un examen psicológico, fue-
ra de las características que la normativa eclesial indica, vulnerarían
conjuntamente el derecho a la propia intimidad, y el derecho de la co-
munidad eclesial a informarse y formarse una idea adecuada de la per-
sona que acepta en un itinerario de formación vocacional. En todos los
casos, siempre es imprescindible contar con la libre y responsable cola-
boración del candidato, sin la cual sería vano todo trabajo de índole
vocacional. El canon 220 protege esta libertad y responsabilidad, pues-
to que el ejercicio del derecho a tutelar la propia intimidad es el presu-
puesto o condición para el uso de los medios psicológicos.1 8

b) La formación de los educadores, el proyecto educativo


del seminario y el uso de la psicología

En relación con los formadores y su preparación, se han examinado


los reclamos insistentes del Sínodo de 1990.
(...) gli educatori non si improvvisano ma si preparano con
competenza e serieta. Abbiamo bisogno di un nuovo tipo di edu-
catori. In primo luogo, questi educatori nuovi dovrebbero avere
riconosciuto e sllperato in se stessi le loro inconsistenze al fine di
evitare di trasferire sllgli altri i propri problemi, fare una tras-

17 cr. R. ZAVALLONI, Tecniche d'i"vestigazione evita priva/,a, 617-620.


18 cr. G. VlmSALDI, La {ormazione del sacerdote "el diritto calwnico, 4; Las orien-
taciones del Congreso organizado por la Association Catholique Internationale
d'Etudes Médico-Psychologiques, celebrado en Padua, en julio de 1969, sintetizados
por L. B~~[NAERT, ¡..es types d'aide psychologiqlle dans la. {ormation sacerdotale el reli-
giellse, en Sllpplément Vie Spiritllelle 91 (1969) 483-490.
136 MARCELO DANIEL COLOMBO

missione soggetiva e parziale del messaggio cristiano e fJvorire


inconsciamente negli altri un atteggiamento di compromdsso. In
secondo luogo devono avere integrato neUa loro persona ~a ma-
turita psicologica con le dimensioni spirituali e sopranndlf;urali.
In terzo luego, tramite una preparazione scientifica dOVltbbero
essere in grado di scoprire nelle persone che si rivolgonol a loro
per aiuto, gli indizi -a volte sottili- di inconsistenze incofi,sce.
A fianco di questa prima categoria -capace di discemere le
difficolta vocazionali- occorre una seconda categoria di~duca­
tori capaci anche di aiutare il soggetto a superare tali di icolta.
La natura spesso inconscia di tali difficolta esige da que ti edu-
catori una seria fonnazione in psicologia del profondo. 19

A pesar de que no se puede pretender que todos los formafores sean


psicólogos -si se piensa en lo difícil que resulta para una iócesis en
muchos casos poder disponer de sacerdotes para la formació ,en razón
del escaso número de clero-, es cierto que la complejidad ~e la labor
formativa exige una mayor capacitación pedagógica y huma~a en quie-
nes tienen esta misión. 20 Un ejemplo en esta línea lo dan las !iniciativas
de cooperación entre las diócesis, los importantes esfuerzos I interdisci-
plinares de instituciones de discernimiento vocacional, y lo~ institutos
que operan en el campo de la formación de educadores con especial acen-
to en este área de la psicología y las motivaciones vocacion~les.21
Si bien el aporte de la ciencia moderna al campo form~tivo es de
reciente implementación, no se puede ignorar en la historial de la espi-
ritualidad cristiana, la importante tradición de los maestro~ del espíri-
tu, verdaderos formadores y expertos en humanidad. 22 La dflicada mi-
sión de los formadores constituye un motivo importante parp. que éstos
tengan un conocimiento global de los conceptos generales delPsicología,
sobre todo en el área de la formación, así como la sensibili~ad que les

. 19 Cf. A. MANENTI, Vocazione, psicologia e grazia, 77; Anteriorm~te esta idea


había sido explicitada por L. RULLA, Psicologia e formazione sacerdot e: premesse
per un dialogo, 456-457; R. CHAMPOUX, Nuol1e prospettil1e nella {ormazi ne religiosa.
Una, integrazione della spiritllalitá e della psicología del profondo, n La Civiltit
Caltolica 127/l1 (1976) 152.
~ Cf. A. MANENTI, Vocazione. psicología e grazia. Prospettive di lintegrazione,
47.
21 Cf. A. MANENTI, Vocazione, psicologia, grazia, 77; R. CHAMPOUX~ Nlloue pros-
r
pettive nella, formazione religiosa. Una integrazione della spiritllalitá delta psico-
logia del profondo, 135. i
22 Cf. H. GRATIDN, Quelches expériences d'investigation psychologi'glle et de psy-
chofhérapie aupres des candidats au sacerdoce, en Supplément de la \1'ie Spiritllelle
10 (1957) 355. I
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 137

ayude a percibir los aspectos positivos, las motivaciones y las dificulta-


des de los jóvenes que concurren para ser admitidos al seminario, o más
tarde, los seminaristas. Así, podrán desempeñar con mayor idoneidad
su función, captando en líneas generales los diversos aspectos que cons-
tituyen el específico dominio de la psicología sin asumir el rol de psicó-
logos, que no les corresponde, salvo que lo sean efectivamente.
Si existe el can. 253 que dicta las condiciones para la ense-
ñanza en los seminarios, no encuentro un canon análogo que
indique los elementos esenciales para adquirir la debida compe-
tencia por parte de los superiores en la formación integral de los
alumnos. Sin embargo, el can. 1051 encarga al superior de la
formación o rector que formule un testimonio sobre las cualida-
des necesarias en el candidato. Después de ver cuán profundas y
escondidas pueden ser las fragilidades de la persona, resulta hoy
muy difícil esta tarea de discernimiento sin una integración pro-
porcionada de los recursos tradicionales con los que puede ofre-
cer una sana y seria psicología en las personas mismas de los
formadores. La posibilidad de error en el discernimiento voca-
cional (por lo que se refiere tanto a la existencia de la llamada
sobrenatural como al grado de formación alcanzado por ellla-
mado) está también en proporción con la preparación que han
recibido los superiores. 23.

Esta preparación los hará respetuosos de los aportes de la psicolo-


gía, sea en materia del exámenes psicológicos en la admisión, u otros
eventuales servicios terapéuticos posteriores. ¿Qué puede decirse res-
pecto a la actitud de los educadores en lo referente a los instrumentos
psicológicos, al presentarlo a los que se acercan al seminario, o quienes
hacen una experiencia de formación? La respuesta es que siempre se
requerirá en ellos indicaciones en un modo unitario; su participación
debe ser positiva y convencida. En muchas oportunidades se verifican
ambigüedades o mensajes contradictorios de parte de los formadores.
Ciertamente, no ayuda a la conereción de la finalidad perseguida, pre-
sentar esta propuesta sin convieción en la validez de su realización, con
desacuerdos explícitos, o silencios en respuesta a las preguntas que se
formulan. 24
Finalmente, entre las cuestiones formativas más importantes que
se discuten sobre el empleo de la psicología como auxiliar del discerni-

23 cr. G. VERSALDI, Celibato silCerdotal: aspectos canónicos y psicológicos, en AA.


Vv. Vaticano /J: BalO1U!e y perspe,:til1as (dir. por Renée Latourelle). 900.
24 Ce. G. VER.~ALDI, La {ormO'Ziolle del sacerdote "el diritto canonico, 5.
138 MARCELO DANIEL COLOMBO

miento vocacional, está su adecuada implementación en el mérco de un


proyecto formativo eclesial. No se pone en tela de juicio su ilncorpora-
ción activa, en las etapas que hemos tenido ocasión de nomprar, sino
en el modo concreto en que tal auxilio viene prestado. Se deb~ evitar la
superposición de roles y de servicios eclesiales; específicame~te me es-
toy refiriendo al binomio dirección espiritual-ayuda psicológica. En la
encomiable voluntad de integrar el aporte científico al área Ide la for-
mación, incluso en el caso de tratarse de especialistas lai s activos
participantes en la comunidad eclesial, con el interés de impr car a toda
ésta en la formación de sus sacerdotes, en muchos casos se h llegado a
·r
hacer del psicólogo un director espiritual alternativo o indi~cto.

c) La observancia de los criterios de la legislación civil

Un elemento adicional a tener en cuenta en el marco de la comple-


ja interacción de derechos y deberes son las propias exigenc~as de lici-
tud y seguridadjurídic.as de la sociedad civil. En algunos paíse/5, el marco
de licitud de la consulta al psicólogo, así como la eventual co,servación
del material a ella inherente, ha sido confrontado con las ca4a vez más
escrupulosas normas legales tuitivas de la intimidad. La e~pe1Íencia
de tales sociedades se vincula con la existencia de efectivos y eventua-
les conflictos judiciales.25 Recientemente muchos autores ~el mundo
anglosajón sobre todo, han abordado esta temática de la p~tección de
la intimidad en la hipótesis de demandas judiciales que puliíeran ini-
ciarse en distintos supuestos,26 por ejemplo en el caso de un posterior
reclamo por mal desempeño en el ministerio, o el manejo de informa- ta
ción obtenida con ocasión del proceso de admisión del candi~ato.
A una diócesis o a una institución religiosa podría llegar a deman-
dársele pues, no sólo por el ejercicio incorrecto del ministerio por un
sacerdote o religioso, sino también a título de culpa por una ¡negligente

25 M. DI PIETRO, Legal cousideralious in the use of pre-admission psychological


testing, en Proceedings of the Canon Law SlY!iety of America 1989, 1 r3-175; cf. F.
MORHISEY, [Ja (ormaüon d,es sémimu'isles et le Tespeet de [a, per80une, en I Studia cano-
nica 22 (1988) 23; CAPHILE, 130. .
26 Entre otros: F. MORRISEY, [S8/l(~S of eonfidentiality in religiol18 ~ife, en News-
lelter 76 (1988) 21-34 Y Procedures lo be applitd in cases of alleged sexual miscon-
duet by a priest, en Studia Ca.nonica 26 (1992),39-73; J. PAULSON, TJ~ cliT~ical and
ccmouical considerali01/,S in eases of pedophilia; ¡he bishop's role, en S'tdia Cano"i~
ca 22 (1988) 77-124; T. DOYLE, The cm,ol,ical rigl,ts of priests accllsed c;( sexual abu-
se, en Studia Cal,onica 24 (1990) 335-356; K. McKENNA, Confidential qlergy matters
and tite secrel archil1eS, en Stlldia Catwnica 26 U992) 191-207; N. C~AROO, Stol&eS
iHstea.d o{ bread: S¡>xually abusille priests iH mini:try, en Sllldia Catrol~ica 27 (1993)
145-172.
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 139

realización del discernimiento en el proceso formativo, al no haber adop-


tado las debidas diligencias tendientes a separar oportunamente a la
persona inidónea. Ciertamente muchos de quienes patrocinan este tipo
de demandas millonarias, y la prensa que condena en la mayoría de los
casos a los demandados mucho antes de que la justicia pueda o no ha-
cerlo, no se parten de una visión creyente del ministerio sacerdotal o la
vida consagrada. Pero, independientemente de la opinión que merez-
can tales actitudes especulativas, estas dolorosas hipótesis judiciales
hoy se verifican. Por eso son necesarios observar, y considerar con sen-
sibilidad e idoneidad, en la medida de su compatibilidad con el ordena-
miento canónico, las disposiciones legales civiles.27 No son pocas las di-
ficultades que acarrea a las instituciones eclesiales la ignorancia de los
respectivos ordenamientos civiles. En muchos casos se vive o se preten-
de vivir como si éstos no existieran o no afectaran razonable y efectiva-
mente la vida de las personas de Iglesia, en un determin.ado país y so-
ciedad concreta. Se trata entonces de precisar los aspectos menos nítidos
que la praxis eclesial de discernir una vocación a lo largo del proceso de
formación, pudiera ofrecer al exterior.

2. La etapa de la admisión al seminario,


momento fuerte del Discernimiento

La diócesis o la institución religiosa antes de convocar a un hombre


a un ministerio eclesial, tiene el encargo de confirmar o rechazar con
responsabilidad el discernimiento personal vocacional del candidato. Es
una obligación ciertamente grave, vinculada sobre todo con la fidelidad
de la Iglesia a su propia misión, en relación con el servicio pastoral al
Pueblo de Dios, donde se incluye la verdad sobre la elección vocacional
del mismo candidato. Es ciertamente inadecuado subrayar la cuestión
superficial del número de ingresos descuidando en cambio los criterios
razonables y exigentes de selección y capacitación de los futuros minis-
troS.28 Se impone pensar en términos de metodologías idóneas a apli-
car, más que en resultados pragmáticos de número y cantidad.
(...) Il peso enonne della cura pastorale nchiesto quotidia-
namente ad ogni sacerdote, la continua e logorante tensione cui
egli viene sottoposto dai piú vari ed assorbenti problemi, i nu-

27 cr. M. DI PIETRO, l..e.gal co"sicú~l'atio"s iu the use o/,pl'e-admissiolt psyc/wlogi-


cal testiug, 173-175; F. MORRISEY, La /,ol'maliou des sémiuw'istes et le I'espect de la
personne, 17.
28 cr. A. MANEN·I1, Vocazione, psicologia. e grazia., 75; P. LAGHI, Relación al Sin.
Ob. 1990, en CAI;KILE, 354.
140 MARCELO DANIEL COLOMBO

merosi pericoli che lo insidiano ad ogni passo nell forzat con-


tatto con un ambiente che spesso ha perdzdo el senso cris ano e
obbedisce ad una morale paganeggiante, impongono alZa Chie-
sa la piú grande cautela nella scelta dei candidati. JI dan che
essa soffrirebbe, sia nella sua stima che nel bene comune i cre-
denti, sarebbe troppo grande, se permettesse l' accesso agli Ordi-
ni Sacri anche solo dei meno idonei. L'inetto di oggi sará erta-
mente l' indegno di domani. Soltanto su una gioventUlsana
moralmente, aperta ai piú santi ideali, forte di convinzio i pro-
fonde, pronta al sacrificio e all'oblazione di se stessa, puó onta-
re la Chiesa per presentarla al divino suo Sposo perché l'im ronti
del sigillo della sua consacrazione. 29 i

Más tarde, el seminario en nombre de la Iglesia, asumij el acom-


pañamiento del formando y trabajará con él su capacidad umana y
espiritual para sostener una camino de crecimiento vocacional y de com-
promiso ministerial. 30 I

É necessario tener conto dello stato biologico e psicologico del


candidato, per orientarlo armonicamente alsacerdozio, se ondo
le sue reali condizioni e capacita. Non contentarsi d'un gi dizio
frettoloso e superficiale, ma nel caso ricorrere anche al gi dizio
d'un medico o di uno psicologo competenti (... ) Gli erro i nel
discernimento non son rari, e in troppi casi i difetti psico ogici,
talvolta di carattere patologico, si rivelano dopo l'ordin ione.
Un'indagine tempestiva aiuterebbe ad evitare dolorose e tragi-
che esperienze. La scelta dei candidati e difficile; richiede repa-
razione e dev'essere fatta conforme a una diagnosi psico ogica
moderna, senza perdere di vista i fattori soprannaturali e l com-
plessita di influssi umani sopra un individuo. 31

El examen psicólogico de quien aspira a ingresar en un s~minario o


institución formativa o del seminarista, se inscribe en el con exto más
amplio del discernimiento vocacionap2, entendido como un p ceso ho-
mogéneo, progresivo y gradual que culminará con el juicio re idonei-

29 cr. S. CONGR. DE LOS ESTUDIOS, Lit. Circo Parto Ad Universos Ep~scopos Mis-
sae, Occasione tertii Centenarii ah obitll S. Vincentii a Pauto, circa rectGJr' institlltio-
nem clericis in Semiltaris TradendGJIt (27.9.1960), en LE III/col. 4104. !
30 cr. T. COSTELLO, "Psychological ellalllation of lIocalions", 41. I

3\ cr. P. LAGHI, Relación al Sin. Ob. 1990, en CAPRILE, 355. i

32 er. A. MANENTI, Vocazione, psicologia e grazie. Prospettiue di i~,tegrazione,


53.
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 141

dad a cargo del obispo diocesano.88 Por este motivo, la labor del psicólo-
go constituye un servicio al discernimiento eclesial de una vocación.
(...) Un processo di discernimento vocazionale ben istruito puo
aiutare il candidato a raggiungere un livello piu profondo e piu
oggetivo di autoconoscenza, e questa e la base imprescindibile
di ogni crescita vocazionale. 84

El servicio profesional puede darse de acuerdo con las diversas


modalidades institucionales previstas en las diferentes Rationaciona-
les, o en los reglamentos de los seminarios. Lo más común es que se
produzcan en estos momentos o instancias: a) En la etapa del ingreso,'
constituida por los encuentros, entrevistas, y pedido formal de ingreso
al instituto formativo; b) Durante el tiempo de formación como parte
de la evaluación ordinaria prevista, o a pedido del seminarista en el mar-
co de una crisis vocacional, o por indicación de los formadores frente a
la necesidad de un aporte profesional cualificado; c) Antes del escruti-
nio y juicio de idoneidad para las sagradas órdenes.
La implementación de este servicio en una de las citadas etapas,
no excluye su verificación en las restantes. Lo más habitual es que se
verifique la primera de las hipótesis, como parte normal del proceso de
admisión. Esto puede darse por diversas razones: el psicólogo puedejuz-
gar que más adelante el formando requiera ulteriores verificaciones o
ayudas. No desaconseja el ingreso pero piensa que con posterioridad
podrá ser necesario algún tipo de servicio de clarificación o diálogo pro-
fesional con el candidato; puede ser también que la misma validez tem-
poral de las opiniones con ocasión del examen verificado, requiera en
algunos casos algún ajuste por nuevas circunstancias de la vida de una
persona. Así por ejemplo, frente a determinados acontecimientos, ines-
perados o de mucho relieve p~ra la persona, como la muerte de alguno
de los padres, de un sacerdote modélico en el itinerario vocacional, de
un compañero de seminario, o alguna situación traumática, dolorosa, o
seriamente conflictiva para el conjunto de la vida del seminario, pudie-
ra hacerse necesaria una nueva ayuda del experto psicólogo por un tiem-
po prudencial.
En los tres momentos citados, la colaboración de la ciencia a través
de un examen psicológico o cualquier otro tipo de asistencia terapéuti-
ca, no constituye el criterio único de discernimiento, sino que configura
un auxilio a los otros niveles institucionales de la formación, sea en re-

38 cr. G. RoORIGUEZ MELGAR&lO, Elementos de lW curso i1ltl'odllctol'io para la for-


mación sacerdotal, Eo. DEVYM-CELAM, Bogotá 1989, 197-198.
30\ cr. T. COSTELLO, Relación al Sin. Ob. 1990, en CAPRILE, 399.
142 IlARCELO DANIEL COLOMBO

lación al equipo que tiene a su cargo la admisión al seminariq, el grupo


de formadores, o el director espiritual, cuya regularidad es indispensa-
ble para una eficaz formación seminarística.35 Cabe reiterat pues, un
criterio afirmado en otra ocasión, respecto a la necesidad de situar co-
rrectamente el empleo de la ciencia psicológica, articulando erte aporte
en función del discernimiento global a cargo de la Iglesia, y (\0 sobredi-
mensionándolo en peIjuicio de las responsabilidades de los formadores,
incluido el director espiritual.36
Quien discierne su vocación y pide ingresar en un semin~rio, tiene
que percibir claramente que el encuentro de evaluación psi~lógica, o
los tests consecuentes, son un servicio ofrecido por la Iglesialpara ayu-
darlo a conocerse mejor así como las motivaciones que lo l1ev~n a optar
por el sacerdocio para poder tener así más libertad de adhesjpn'y reali-
zación de sus ideales vocacionales.37 Si en cambio lo viviese Icomo una
ingerencia indebida en su vida, no prestará su parte de colaboración
imprescindible en el proceso de discernimiento, porque la ~cción in-
mediata será la de protegerse de la presunta invasión, nepndose a
participar activamente en esta parte del trayecto, o haciénd~o con des-
interés o pasividad. En todos los casos, no se lo debe presentar como
una fría práctica administrativa, con el estilo de un requisitp burocrá-
tico sino como colaboración con la persona y su discernimiento vocacio-
nal. Es una etapa de gran apertura y receptividad, un momr.nto privi-
legiado de encuentro con el joven candidato para su bien, y el de la
Iglesia, a la cual quiere consagrarse para servir a los herm~nos.S8
Si entra per realizzare dei valori trascendenti, ta~ e vero
che SpeS80 il candidato 1Wn chiede neanche come e ilsemtnario.
quali 801W i programmi di studio e quali prospettive di ¡lavaro
se
futuro gli 801W aperte, oppure clúede queste infonnaziq.ro ni 1Wn
801W e88e a costituire i fattori detenninanti della scelta. Appena
entrato, ilsoggetto si sente in fcue di preparozione: si aspf!tta da
se SteS80 di cambia:t"e e vuole cambiare. sa che ancora n4n e un
chiamalo ma che si prepara ad esserlo e aspetta e prete,"* dalla

s er. T. OSI'Eu.o. ibid. 398.


311 er. M. COWMBO, IA~' de la ¡"ümiJad (cal"," 220 c~c;y el ezanlell
paicológieo e" la adn,¡"ióI, a la fonmlCÜÍl' aQC(>.rJotal. cap. ID, 105-14 • H. GRAnoN,
QrlelqllP.II ezptfri",U'.eII d'úwealigalion pBy("lwlogiqlle el de pa;yclwt/W.,.. aupre. da
ccuu/idatll al, lIacerdore, en Sllpplénw.lu de la Vie Sl'irilllelle 10 (1957) 354.
m er. CoN(lR. DE EDlJCACIÓN CATÓLICA COR UlS SEMINARIOS K INS'ITI'U'JUI!¡ DE EsTuDIO),
Dirdli"f! a.dla pref'al"azione degl; edr,catori nei se"'¡IJari. 227; G. VSRSALDI. La
fomuuio"e del alMY'rdote nel diriUo callOIlioo, 6; T. CosTKu.o, Pay«-J~ evalllQ,o
tion o(.lOCaIio,,", 38. .
.. Cf. T. COSTlW.o, Pa;yclwlogical etJtJl"OÜOlI of IJOCatiOl... 37.
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y lA.. 143

istituzione di essere aiutalo in questa preparazione. Questa pre-


valenzadegli ideali sulle capacita concrete e la disp08izione psi- '
cologica che {avorisce l'apertura alla grazia e la disponibilita a
trascendersi superando le tensioni quotidiane. 39

La intervención a tiempo ayudará a la persona a reconocer y supe-


rar las inconsistencias propias del crecimiento humano y espiritual, que
de otra manera podrían convertirse en futuras dificultades insupera-
bles 40 y a determinar verdaderas incompatibilidades con el ministerio
al cual la persona busca consagrar su vida.U No es justo alentar a al-
guien a iniciar o tentar probar un camino, si se puede prever razona-
blemente que tendrá una capacidad reducida de crecer vocacionalmen-
te, o llevar adelante en forma normal un compromiso religioso como el
que supone esta elección.
Inversamente, también es injusto pedir a un seminario que asuma
personas en situaciones de inconsistencia humana o espiritual tal, que
implique un desgaste desproporcionado en tiempo y energía, arriesgando
muchas veces el acompañamiento de los otros candidatos, capaces de
un crecimiento vocacional, por ofrecerse un ambiente inaceptable, don-
de la atención se concentra en situaciones de profunda inmadurez o
inconsistencia, para tener que arribar a ayudar a la persona a decidir
por sí misma dejar.42
. Questo lavoro di discernimento costituisce il primo pas80 del
programma di {ormazione. Prima ancora di entrare, il candidato
e aiutato a conoscere le oree della sua personalita che necessita-
no una crescita; viene aiutato a tralasciare qu. egli atteggiamenti
che in lui sono un puro residuo del passalo e che ora 08tacolano
la novita di vita; si programma insieme come {are per aBsimila-
re i nuovi valori e assumere attegiamenti vocazionali che reali-
zzino non tanto le esigenze della istituzionemail desiderio del
soggetto di crescere nella strada intrapresa.

39 Cf. A. MANEN'11, Psico/ogia. (JOCOZiOlW-, grazia. Pros¡w.ltilJe di ilúegrazíOlle, 71.


40 cr. A. MANENn, VocaziolW-, ptlirologia e grazia. 55; T. Cob-reuo. Paye/wlogical
e"al"atio" of ,/()("(JtiOllB, 42; También su relación y las de Mons. Henry y el card. Lag-
hi al Sin. Ob. de 1990, G. CAPRILE, 399,131 Y 355 respectivamente; P. PARROT, Poi"t
de lllle d" "l.édeeu, psyclwloglle sllr lea aplit"dP~ paycJuqlletl a "'Ie UOCatiOlJ religiell-
se, en Sllpplé"wIJI VÜ~ Spil-itllt'lle 13 (1960) 106.
41 H. GRATroN, rllcompatibilit':.II payeJuqlu'~ U1JeC l'état sacerdotal. Essqi BIlr les
IwrnW.II pr"dP."tiellt'~ conUIlIlIW.II ara ptlycolIW.rCIpt.'Iltea el ara direcw.f,rtI ele COBcier4Ce,
en S"pplé"w.nl ele la Vie Spirilllelle 12 (1959) 154-182.
42 cr. T. ~'TEu.o. Relación al Si,,_ Ob., en CAPRlLE., 398-399.
144 MARCELO DANIEL COLOMBO

Ritorna cosi evidente la necessita di un discerniment~ fatto


prima dell'ammissione:e un servizio di chiarezza e di carita ver-
so chi si vuole consacrare a Dio (... )43 .
i

Evidentemente, la apertura del candidato a una ayuda dp este tipo


dependerá del momento personal en que se verifica. SiemPtdebe su-
ponerse que se trata de alguien que busca con buena fe y do ilidad ve-
rificar su propia personal o aptitud de respuesta vocacional. o será lo
mismo presentarle el examen como parte del programa de dmisión o
discernimiento a un joven cuando se acerca al seminario, q~e una vez
producido el ingreso sugerir al seminarista una consulta al sicólogo.44
Probablemente lo vivirá como un juicio sobre su vocación, y olaborará
con reticencia por la angustia que esto le provoca y la necesi ad de de-
fenderse de esta invasión.45 A la mayoría de los jóvenes les sqn familia-
res los tests, porque han debido superarlos con motivo del i~greSO a la
Universidad, o con ocasión de buscar un empleo. 46 Raramen e reaccio-
narán con una negativa en la etapa inicial de admisión. S trata no
obstante ello, de presentarles el aspecto superador que en es e caso re-
visten para prestarles un servicio que va más allá de una ntera selec-
ción. I
Ne viene allora una domanda: come fare par aiutire chi
bussa alla porte delle nostre case di formazione ad ave e una
visione realista di cio che chiede, senza nutrire false illusi ni che
si trasformeranno prima o poi in vere delusioni? !

Una risposta puo essere questa: elaborare un progra~ma di


ammissione e di discernimento, non per ostacolare ma ptr aiu-
tare a capire cosa Dio chiede al individuo. !

Abbiamo il diritto del discernimento? la prassi attu~ sem-


bra negarlo: a tutti colore che si presentano deve essere ata la
possibilita di entrare, sopratutto in questi tempi di cares ia.
Molti fatti pero vanno contro questa prassi. Innanzi t tto la
storia di questi ultimi 15 anni: sacerdoti che 1asciano 14 voca-
zione, altri che non riescono ad affrontare il cambiament't, altri

43 cr. A. MANENTI Psicologia, lJocazione e grazia, 75. i

40t cr. G. RODRIGUEZ MELGARE.JO, Elementos de Ult curso introductori para la for-
mación sacerdotal, 202.
45 cr. Las orientaciones del Congreso organizado por la Associatio Catholique
Internationale d'Etudes Médico-Psychologiques <Padua, 1969) en L. EINAERT, Les
types d'aide psychologique dClnS la formation sacerclotale et religieuse, en Supplément
Vie Spirituelle 91 (1969) 483-490.
46 cr. T. Me CARTHY, L'itwestigation psychologiqlle de la persol~nalité dans
l'examen eles [JOcati01¿S religiellses, en Sllpplément Vie Spiritllelle 13 (1'60) 347.
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 145

che rimpiangono le vecchie strutture protettive, altri ancora che


senza alternative, si costruiscono il proprio nido. Questi fatti
mostrano senza commento che non tutti riescono a vivere nella
vita sacerdotale e religiosa, soprattutto se manca la stima di se
stessi e il senso di autonomia. Ma la ragione piu importante in
favore del discernimento iniziale e quella della carita: se si acce-
ttano i candidati a scatola chiusa, il discernimento viene riman-
dato a dopo l'entrata e quello che prima era un servizio di carita
dopo puó di ventare sinonimo di giudizio. Molti interventi edu-
cativi rimandati alla fine del noviziato o agli ultimi anni di teo-
logia sono interpretati dal candidato come interventi punitivi e
di critica e non come aiuti per crescere. Vengono quindi accolti
con sospetto e risentimento creando una barriera di incompren-
sione fra i candidati e gli educatori. Ció che prima dell' entrata
era un programma di formg,zione corrispondente alle caratteris-
tiche delle singole persone, dopo corre il rischio di essere visto
come il classico bastone fra le ruote. 47

Evidentemente, en razón de un verdadero respeto a la persona y


no por consideraciones superficiales, en esta etapa inicial de discerni-
miento no debe faltar la verdad. En esta perspectiva se inscribe la rea-
lización de un serio programa inicial de discernimiento como parte del
servicio de la caridad a la vocación. Esto implica la posibilidad de forta-
lecer motivaciones, vencer desconfianzas, e inclusive sanar afecciones
perfectamente superables antes de la admisión. 48 En el Sin. Ob. 1990,
se afirmó en esta línea la necesidad de procurar algunos elementos con-
siderados fundamentales para que la institución formativa pueda tra-
bajar y sostener un proceso vocacional.
(...) Prima dell'ammissione in seminario, ogni candidato
dovrebb'essere esaminato da persone esperte nella formazione sa-
cerdo tale e pastorale, e valutato del punto di vista psicologico da
specialisti,per vagliarne la stabilita di carattere, l'assenza di
patologie serie, la prova comportamentale di atteggiamento po-
sitivo verso se stesso e la propia sessualita, tipo de personalita,
l'assenza di manierismo esagerato che sarebbe un ostacolo alla

41 CC. A. MANENTI, Vocazione, psicologia e grazia. Prospettille di integrazione,


73.
48 CC. Mons. HENRY, Relación al Sin. Ob. 1990, en CAPRILE, 131; también cf. la
presentación de las funciones de la psicología, de A. MANENTI, Psicologia, vocazione e
grazia. Prospettive di integrazione, 54-55.
146 MARCELO DANIEL COLOMBO

funzione di guida, l'espressa intenzione di vivere vita ce~ibata­


Tia (... )49

Quien pide ingresar a un instituto de formación saeezilotal, o es


admitido en un seminario, manifiesta un interés por se~ir }m camino
particular de consagración en el ministerio presbiteral. El e~ el primer
responsable en colaborar con el discernimiento de la proPi vocación.
Partiendo de la base que busca sinceramente comprender ué le está
l
pidiendo Dios, este proceso de discernimiento le puede perm'tir captar
en totalidad las dimensiones de tal llamada. En muchos ca+os será la
primera oportunidad en que se lo ayudará a abrir su corazqn. Por eso
es necesario que desde los primeros contactos con los form~dores del
seminario, reciba con claridad de parte de éstos, la indicacióq de que su
pedido de ingreso, y también su eventual admisión al centro de forma-
ción, no son el fin, sino el comienzo de un compromiso que,w.'bien está
finalmente orientado al sacerdocio, ePi lo inmediato será asu ido como
disponibilidad a la formación según las modalidades que of ece la ins-
titución. Así, quien se acerca al seminario con intención de menzar el
camino de formación sacerdotal y los formadores que lo accjgen y sos-
tienen en este proceso convienen en un punto capital para ,1
esfuerzo
eclesial que se configura: la confianza del candidato en el pr9yecto edu-
cativo al cual quiere incorporarse. 5o ,

3. El examen psicológico en la admisión al seminario


I

a) La finalidad de la consulta

Al considerar la etapa de la admisión como momento fuerte del dis-


cernimiento eclesial, se han relevado las razones de caridadl, justicia y
verdad que exigen un adecuado discernimiento vocacional, 'sobre todo
en esa primera etapa donde la apertura y disponibilidad de quien se
acerca para emprender un camino de formación sacerdotal son mayo-
res. I

Algunos autores~ refiriéndose al examen psicológico prev~o al ingre-


so, sostienen su necesidad y dan el ejemplo de las eXigenCitS que una
empresa, un comercio, o la universidad, normalmente requ' eren para
considerar el ingreso:'íl Creo que la analogía no se adecua a a realidad
que estamos estudiando, ya que a la diócesis o la comunida~ religiosa

49Cf. Mons. F. HENRY, R'elcwión al Sin. Ob. 1990, en CAPRILE. 131~


10Cf. G. VERSALm, La {ormaziolbe elel sacerdote "el eliritto carwllic~, 5.
51 Cf. P. CARllNE, P8ychological aspects o{ admission lo the semi,ary, en Tlle
Juri.t 44 (1984) 445. '
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 147

no las guían en el discernimiento consideraciones de eficacia e idonei-


dad al modo de esas realidades extraeclesiales. Aunque puedan inclu-
sive considerarse las condiciones intelectuales para la vida académica,
la diócesis o la comunidad religiosa tienen en cuenta el bien de toda la
persona del candidato, hacia el que profesan un respeto que va más allá
del momento o la instancia presente del examen. Así, en la hipótesis de
una eventual decisión contraria a la admisión, procurarán aconsejarlo
y acompañarlo. Será en primer lugar, un servicio a la verdad, que no
excluye la caridad exigida por la naturaleza misma de la Iglesia. 52 Por
eso, se llega a preferir al concepto de selección, que apunta a una consi-
deración de la persona en función de los requerimientos de tipo laboral
o académico, el de orientación, más humano y educativo.53
Manenti propone, en cambio, superar una visión simplista del con-
cepto selección, como exclusión de los no idóneos y aceptación de los
restantes, para considerarla un proceso de discernimiento sobre las
cualidades de las predisposiciones del candidato.54
La Iglesia tiene que confirmar la llamada al ministerio en perso-
nas que tengan un nivel básico de integración humana y espiritual.55
Es en armonía con este derecho-deber de la Iglesia, que deben pautar-
se las reglas de una válida y prudente admisión al seminario.

b) Los protagonistas

Creo que resulta de particular importancia determinar quiénes son


los sujetos llamados a participar en esta parte del discernimiento ecle-
sial que es el examen psicológico. Considero que tres son los protago-
nistas "claves" del examen psicológico en el momento de la admisión: el
candidato, el psicólogo y la diócesis, a través de su seminario y otras
instancias formativas.
Ciertamente no se trata de una consulta de tipo particular que se
hace al psicólogo, y por la cual una persona se acerca a éste a efectos de
su prestación profesional. Tampoco se trata de un servicio del especia-
lista psicólogo brindado a la institución eclesial, prescindiendo del inte-
rés y el bien de la persona. De una oportuna clarificación inicial de ro-
les y responsabilidades depende el éxito del empleo de los exámenes y

&2 Cf. P. PARROT, Point de lme dll méd(>.Cin psyc/wloglle sllr les aptitudes psychi-
qlles a llne l1ocation religiellse, en Sllpplément Vie SpirUllelle 13 (1960) 107.
63 Cf. R. ZAvALWNI, Tecniche d'inllestigaziOl,te della lIita pri.,ata, 620; L. BEINAERT
Les types d'aide psychologiqlle d(UlS la formation socerdotale el religiellse, 483-490.
M Cf. A. MANEN", Psicología, .'ocaziolw- e grazia. Prospetti"e di integrazione,
54.
66 Cf. T. COSTELW, Psychological e.mlllation of lIocations, 41.
148 MARCELO DANIEL COLOMBO

aportes de la psicología, y a través de éstos, del servicio que IBOS procu-


ran al discernimiento eclesial. Mientras algunos autores h blan sim-
bólicamente de un "triángulo problemático", al tener a la v sta proba-
blemente las dificultades de la vida concreta, los conflicto entre las
distintas partes interesadas, los roces naturales, y las div .rsas pers-
pectivas que pueden entrar en contraste, otros, con un enroque más
optimista, se refieren a la necesidad de una aproximación h1lística a la
interacción de este "triángulo".56 I

Las dificultades en la interacción a la cual este servicio profesional


apela, pueden ser previstas, evitadas o atenuadas, siempr~ que haya
una correcta adopción de los recaudos legales necesarios, vitidos en el
espíritu de colaboración, clara autocomprensión de l~s propias
responsabilidades, y confianza. Los tres protagonistas está!) llamados
a colaborar activa y positivamentemente, para sostener un disfernimien-
to serio como el que supone clarificar un llamado al servicilo ministe-
rial. .
Ya se ha dicho que esta colaboración podría verse disminqida o afec-
tada por parte del psicólogo convocado a prestar su servici9 profesio-
nal. Este sería el caso de un profesional, que si bien no debió er escogi-&.

do, podría estar ya desenvolviendo esta tarea, cuando por pr juicios de


tipo ideológico, conceptual o inclusive religioso, presta su apo e con las
notas y características distintas de las que la Iglesia precisa! para este
tipo de examen psicológico.
No colabora la institución eclesial si equivoca la elección! del psicó-
logo, desconociendo la importancia del punto de partida antropológico
en el cual debe inscribirse su actuación. También, si se dejal guiar por
el criterio insustancial del número de vocaciones antes qUf el mejor
servicio a la persona que discierne con seriedad su camino ~caCiOnal.
Además, falla la institución eclesial en su participación posit va en este
proceso cuando no ofrece esta propuesta con la nitidez y clari ad que se
necesitan para afrontarla en el marco del proyecto educativQ del semi-
narIO.
Finalmente, deja de colaborar no ya la institución en s~ conjunto
sino un formador, cuando con reticencia, ambigüedad o sosp~ha, pare-
ce invalidar la decisión eclesial de dejarse auxiliar por la psifología en
esta etapa de la admisión, o a lo largo del proceso educativo Ide forma-
ción.

56 ef. MARY E. MOORE, Therapist, client (md sllperior in relationship, en Review


for religiolls 49 (1990) 539; J. HARRlS, ''Therapy for religious. The troubl+~ome trian-
gle", en Review fO,. religiolls 52 (1992) 282-288; T. CosTELLO, "Psycholofca1 evalua-
tions of vocations", 40. :
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 149

La falta de colaboración del candidato o del seminarista, podría


darse de varias formas. El candidato a ingresar al seminario, para quien
se ha pensado necesaria antes la realización de un psicotest de admi-
sión, podría rehusarse al mismo. Estaría en todo su derecho de hacerlo
y no podría ejercerse sobre él ningún tipo de presión. Quedan siempre
los medios tradicionales.57 Sin embargo, la autoridad religiosa compe-
tente no está obligada a admitir en el seminario a quien no aceptó sa-
tisfacer uno de los requisitos normales de admisión ni evidenció un mí-
nimo de confianza, apertura y docilidad a aquellos criterios que se han
pensado en función de servir mejor a la llamada de Dios en la vida del
candidato, y necesarios para la buena marcha del seminario en cuanto
institución formadora. 58 Legítimamente se puede pensar que, si después
de presentada convenientemente la finalidad del examen psicológico,
la persona no logra incorporar como valor su realización, en el futuro
tendrá dificultad para seguir todo el proceso formativo que en el semi-
nario se imparte.
También podría darse en el candidato o en el formando, un even-
tual ocultamiento de información. No se trata de una actitud basada
sobre la mala fe, sino a partir de aquellas defensas que levantadas
subconscientemente para protegerse frente a la intervención de otro en
el marco de la vida propia personal. Algunas de tales defensas fueron
edificadas en un pasado distante; otras en cambio, pertenecen al presen-
te. 59 En todo caso, su incidencia en el nivel de las motivaciones vocacio-
nales puede ser importante. En esta segunda posibilidad juega una
importante función la competencia del profesional consultado.
En materia de autocomprensión de las propias responsabilidades,
la diócesis o la congregación religiosa, tiene la obligación y el derecho
de buscar suficiente información para ser capaces de confirmar o recha-
zar responsablemente el discernimiento personal vocacional del candi-
dato. Esto implica determinar condiciones que gobiernen la admisión
al seminario.60 Obviamente se debe tratar de condiciones razonables y
en conformidad con el derecho canónico, las disposiciones de la Ratio,
las normas de las conferencias episcopales y las Ratio nacionales, y las
normas del Reglamento del propio seminario. Tales condiciones cada
vez con mayor frecuencia surgen como fruto de encuentros de trabajo o

57 cr. G. VER.<;ALDI, La formazione del sacerdote nel diritto catwnico, 7.


58 cr. T. CoSTELLO, Psychological evaluation ofvocations, 38; G.RoDRlGUEZ MEL-
GAR&JO, Elementos de un curso introductorio para la formación sacerdotal, 202.
59 cr. L. GENDRON, Some moral problems cO/mected with psychological testing
of religious, seminat·ians, at~d cat~didates, en Linacre Quarterly (may 1979) 171; J.
LoFTus, Victims of abuse as cattdidates, en Review for religious 45 (1986) 725-738.
60 cr. G. ROORIGUEZ MELGAR&JO, Elementos de un curso introductorio para la for-
mació" sacerdotal, 202.
150 MARCELO DANIEL COLOMBO

cursos de capacitación de formadores, en el marco de la com¡unión y co-


rresponsabilidad eclesial. ,
En la eventual y posible consulta a un psicólogo que colaijore en esta
etapa del discernimiento eclesial, no basta que la diócesis la institu- q
ción formativa lo enuncie en su Reglamento a un nivel generfil, sino que
le toca en el plano de la praxis concreta, definir con claridad Iqué espera
de tal servicio profesional, y el marco dentro del cual se dese~VOIVerá el
mismo. Parece necesario, incluso en función de la sensibil' dad que se
ha reclamado frente a la sociedad civil, suscribir algún tipo e contrato
escrito, donde se precisaran las respectivas formas de actu~ción, e in-
cluso el nombre y el número de las personas concretas qu~ entran en
contacto con el psicólogo por expresa indicación del seminariojcomo parte
del proceso de discernimiento vocacional. 61 .
En esta clara autocomprensión de las propias respons~bilidades y
por reflejo, de las responsabilidades de los otros protagonis~as de la in-
teracción, no puede estar ausente la honestidad. Se desea c,nstruir so-
bre la verdad, sin alentar falsas expectativas, ambigüedad 9dobles dis-
cursos. Yen esto, los tres sujetos considerados deben ser c~ncordes.
En materia del derecho a proteger la propia intimidad, correspon-
de precisar los márgenes de la confidencialidad desde el pri .er momen-
to, y cerciorarse de que las tres partes lo hayan entendidO.~.
En el caso del candidato, éste debe conocer el propósito el examen
psicológico que se le efectuará,l32 el tipo de datos que se le ped rá en ellos,
y el uso que se hará de los resultados. 63 La eficaz articula ión de este
servicio se funda en una correcta presentación del recurso 4 la psicolo-
gía como parte de la propuesta educativa del seminario.
Esta introducción tiene dos niveles o momentos. Hay ury primer ni-
velo momento en la presentación, de índole más general, al cargo de la
institución formativa o el equipo de admisión. Esto debe ha~erse de un
modo veraz y pedagógico, que manifieste la verdadera fina idad de las
entrevistas y su relación con el discernimiento, en el marc de la pro-
puesta educativa del seminario. Así, el candidato percibirá que se está
trabajando en función de su propio bien, y el de la comunid~d a la cual
quiere consagrarse un día como ministro. El psicólogo tien~ a cargo el
segundo momento de la presentación al candidato. Con tépninos que
la persona pueda captar, evitando consideraciones técnicas A.ue lejos de

81 ce. J. HARRIS, Thel'apy fol' I'eligiolls. The tl'ollblesome tl'iwlgle, ~n Review (01'
religiolls 51 (1992) 285. ¡

112 cr. M. CtlVA.'> II consenso informato in medicina, en La Civilta paltoUea 144/


11 (1993) 61-62. '
83 cr. K.. Me KENNA, The I'ight of conficumtiality wld the elergy, enl Tlle Priest 47
(1991) 39. .
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 151

clarificar, induzcan al miedo y a la incertidumbre, indicará los propósi-


tos del examen psicológico.64
A pesar de que los jóvenes están habituados a la noción de test o
examen psicológico, y ésta hoy no aparece tan afectada por prejuicios o
malosentendidos, en este caso concreto donde se requiere una colabo-
ración consciente de quien pide ingresar a un seminario, se debe evitar
asustar con terminologías poco claras o demasiado técnicas pueden ge-
nerar cuando se trata de una decisión que compromete tanto el ser de
la persona. 65
Hay un principio ético por el cual un profesional que pide a un par-
ticular la revelación de cierta información, a través de un test o la au-
torización a divulgar tal información, deberá adquirir la certeza de que
la persona capta el propósito de la entrevista o el test a practicar, y cómo
se dispondrá de tal información.66
Finalmente, para encarar su tarea, el psicólogo necesita contar con
la confianza que le sepan dispensar tanto el candidato cuanto la insti-
tución eclesial. Es necesario que la autoridad religiosa que encomienda
la tarea de examinar psicológicamente a los candidatos, confíe en la
calidad profesional del psicólogo, y a su vez, sepa respetar los márge-
nes dentro de los cuales desenvuelve su actividad, para no ejercer in-
útiles presiones sobre el mismo.
Es fundamental que el candidato confíe en la institución que lo ha
recibido y con él está discerniendo, así como en la labor del profesional
y la consiguiente confidencialidad que protegerá aquello que sea comu-
nicado o hecho conocer con ocasión de la prestación profesional del
psicólogo.67 Esta confidencialidad que preside la relación del psicólogo
con el candidato, tiene una doble razón de ser: en primer lugar, el bien
de la persona, su intimidad, que debe ser salvaguardada a toda costa,
excepto en algunos casos límites donde esté en peligro la salud o la vida
del candidato, o el eventual peligro o daño a un tercero. 68 Una segunda
razón se relaciona con la función misma del psicólogo en la sociedad.
La gente perdería confianza y estima a una profesión frágil a la hora
de custodiar el material tan delicado que se ha depositado en sus ma-
n05. 69

64 cr. M. CUYAS, II consenso i"formato in medicü¡a, 65.


66 CC. M. CllYAS , ibid, 63.
66 cr. .AMERICAN PSYCHOLOGICAL A8s(ICIATlON, Ethical stcmdarm of psychologists
[citada por G. JEAN, Whence come the candidates?, en Re"iew for ,.eligiolls 49 (1990)
342].
67 cr. J. HAKRIS, Tlwrapy fo,. religiolls. Tite troublesome triCJ/'gle, 285.
68 cr. V. MARCOZZI, Il diritto alla. propria i"limita "el "'tolla Codice di Diritto
Canoltico, en La Cif,ilta CaUolica, 134/IV n 983) 558.
89 cr. L. GENtlKON, Some moral problems coruu~cled wit" psyc/wlogical testing
of ,.eligiou8, semilKlrüUJs and calldilÚrte., 174; B. PETERS, La (laleur morale d l'intimité
152 MARCELO DANIEL COLOMBO

c) El marco de licitud del examen psicológico


i

En esta parte de la investigación, se reunirán los eletentos que


aseguran el respeto del derecho a la intimidad, a la par qu satisfacen
e~ espíritu de las normas de la Iglesia respecto a la admisió al semina-
no. i
I

c.1) El consenso del candidato


Nadie está obligado a realizar los exámenes o tests psico ógicos para
la admisión al seminario. Dicho de otra manera: los exám nes o tests
no pueden ser una condición para ser aceptados en el proces de discer-
nimiento. Supuesta su necesidad, a partir de su articulació como par-
te de la propuesta educativa, los tests son en cierto modo u ingreso en
la intimidad de la persona. Necesitan por tanto, ser autoriz dos previa
y explícitamente para su completa validez. Este consenso deberá ser
informado y libre. 70
Per consenso infonnato s'intende que lo psicologo o l' nalista
dovra illuminare lealmente sulla vera natura dell'es e e dei
fini che si propone. Dovra dire all'interessato che potran veni-
re alla luce sentimenti, inclinazioni, avversioni e altro di cui
neppure sospetta. Dovra pure manifestargli il margine i incer-
tezza e di difficolta morali che tali generi di indagine co porta-
no. Dovra Í1wltre ottenere il pennesso, se deve parlare cqn terzi,
i quali a loro volta saranno tenuti al segreto. 71 I

Al referirme a la autocomprensión de las propias respon abilidades


y por reflejo, a la percepción de las responsabilidades de lo otros, sos-
tuve que en orden al consenso era necesaria la presenta ció de la fina-
lidad y los instrumentos de la consulta del psicólogo, preced da por una
instancia previa o preparatoria, a cargo de la institución lesial, sea
su equipo de admisión, sea el formador designado para ello
r

persOlmelle, en Stlldia MOl'alia 2 (1964) 249; M. C. MARTORELL y E. PREZ DELGADO,


Reflexiones sobre el código deontológico del psicólogo, en MOl'alia 5 (1 83) 517.
70 cr. L. GENDRON, Some moral problems cOlmected with psycholo ical teting of
religiolls, seminarians and candidates, 168; V. MARCOZZI, JI diritto all propria inti-
mite;' nel lUlO110 Codice di dil'itto caltonico, 558; T. COSTELW, Psyc/wlogi al el1aluation
of(Jocations, 41; M. C. MARTORELL y E. PÉREZ DELGADO, Reflexiones sobre e código deon-
tológico del psieológo, 525.
71 cr. V. MARCOZZI, lndagini psicologiche e diritti della persona, ~50.
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 153

Il consenso libero implica una decisione responsabile della


volonta razionale; i suoi elementi costitutivi sono quattro: conos-
cenza, possibilita di alternativa, deliberazíone e volonta libera.
Trattando dell'appellativo "i nform ato" preciseremo i requisiti
della conoscenza presupposta; qui basti notare che ci si riferisce
a ció che cerca la volonta e alle sue conseguenze, con le circos-
tanze che ne costituiscono il contesto concreto. La possibilita di
alternativa presuppone la facolta di scegliere tra vari estremi;
por lo meno tra l'accettare o meno il trattamento. Deliberazione
equivale a capacita di ponderare riflessivamente i fattori in gio-
co, inclusa la valutazione morale. Volonta libera significa poter
scegliere e volere direttamente o indirettamente (se, come male
minore) ció che si e deciso, senza che uno si troví detennínato
interiormente o dall'esterno (... )
(...) Nei casi di particolare imporlanza vale la pena di pro-
vare l'esistenza anche di un quinto elemento, certamente non
costitutivo della responsabilita personale in se stessa, ma punto
essenziale per confermare l'esistenza reale dei quattro elementi
elencati: l'autenticita. Questa eonsiste nella coerenza della deci-
sione adottata con la scala di valori e con il modo abituale di
procedere dell'interessato(... )
(...) Poiché le conseguenze del trattamento possono modificare
esistenzialmente la qualita della vita dell'interessato, questi deve
considerare i dati oggetivi alla luce dei fattori soggettivi, che
devono lasciargli chiarezza suBe ripercussioni e l'imporlanza che
puó avere il trattamento; da qui l'uso dell'aggetivo informato (for-
mato in, concepito, assimilato) di contenuto piiJ. pregnante della
mera conoscenza nozionale dei dati. 72

Prescindiendo de que estas notas se refieren al consenso informado


en el contexto más abarcador de la medicina en general, y utiliza el con-
cepto de "tratamiento" que excede largamente a nuestro examen psico-
lógico en orden al ingreso, o con ocasión de la formación, ciertamente
se trata de notas muy importantes para captar el alcance de lo que sig-
nifica la libertad en el consenso, y de cómo ésta no puede ser simple-
mente presupuesta, sino constatada en todo el momento de la interac-
ción profesional. Como bien destaca el autor citado, la importancia de
la decisión de aceptar este examen psicológico en relación con la vida
de la persona, hace que se necesite en ésta una conciencia cualificada
respecto a la entidad del paso que se está dando. La mencionada au-

72 cr. M. CUYAS, "Il consenso informato in medicina", 63-64.


154 MARCELO DANIEL COLOMBO

tenticidad, supone que la conformidad del consenso debe vedficarse con


el conjunto de la vida del interesado en iniciar este camino 4e discerni-
miento eclesial. .
No se trata de darle al psicólogo un mero permiso paralPreguntar,
obviamente esto es un aspecto del objeto del consenso, sin<~ en autori-
zar y aceptar la intervención y colaboración de éste en el m~rco de una
reflexión más abarcadora. 73 Debe poder contar con la buena conscien- f
te disposición de la persona, en orden a la prestación eficaz ~e su servi-
cio profesional. I

El consentimiento informado y libre del interesado debe litacerse por


escrito. Cuando alcanza la posibilidad de la extensión finalqe un infor-
me escrito o verbal a la institución vocacional, también este in~orme debe
ser autorizado por escrito. La autorización se relaciona conl el uso que
posteriormente se hará de la información producida o conoci~a con oca-
sión de tales exámenes. No se debe enviar ningún infor~e sin tal
consentimiento del examinado. 74
Con respecto al escrito de prestación del consentimiento~ sería con-
veniente la inclusión de cláusulas de importancia tales comp la identi-
ficación de las personas u organismos· a los que se dará inf9rmación, y
el propósito de tal comunicación. Algunos autores ofrecen Jinodelos de
formularios escritos a tal fin, donde además se designan niecanismos
para superar eventuales conflictos en la órbita civil. 75 i

c.2) La Iglesia y el derecho a saber


i

Se trata de superar la falsa antinomia entre el derecho ~la propia


intimidad del joven y derecho a saber e informarse de la insti~ución ecle-
sial, integrando y armonizando ambos derechos para contemporizar las
exigencias individuales con las comunitarias, conciliando en fl fondo los
términos del antiguo y siempre actual binomio libertad-auti"ridad. 76
No hay un derecho absoluto e incondicional al sacerdoci por parte
del candidato. 77 Él experimenta que ha sido invitado por Di s a un mi-
nisterio en la Iglesia y desea que esta invitación sea confirnlada por la

73 "Se il consemw e et¡torto ingiustamente ogni azione delto psicoloJo sara illeci-
ta; se e lliziato da /lna ma.ncuuza di liberta. -dol1lllo all'ignoranza,1 all'errore o
aU'inganno-, ogn; tentativo di penetrw·e "elle profondita delt'w,ima safa inmorale"
(PIO XII, Ai partecipaJ,ti al XIII Congresso itttemazionule di psicolo~iu applicata
[10.4.1958], AAS 50 [1958] 277 ) I

74 Cf. G. VERSALDI, La, formazione del sacerdote "el diriuo cwtonidp, 7.


76 Cf. M. DI P IETRO, Legal conside,.(úions in the use of p,.e-admiss~on psycholo-
gical /esting, 182.
76 Cf. R. ZAVALLONI, Tecniclte d'i1UJestigazione e vitu prillata, 621. i
77 Cf. T. COSTELLO, Psychological ellaluaJion of lIocations, 40. "
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 155

autoridad eclesiástica. Por esta razón, la Iglesia retiene un derecho a


conocer, sobre la persona que se presenta. Quien se acerca para ser
admitido en un seminario, presta su conformidad a realizar un camino
de discernimiento vocacional del cual ya hemos hablado abundante-
mente, yen el cual se inscribe el eventual test psicológico en orden a la
admisión.
(...) la questione (orse piu preoccupante per il superiore, che
deve decidere sulla presenza o meno della vocazione, e se egli
abbia il diritto di richiedere che ogni candidato si sottoponga
all'esame richiesto per l'ammissione. Questo esame sembra ne-
cessario, o quanto meno conveniente, per evitare lo scandalo che
si verificherebbe qualora il candidato alla vita religiosa risul-
tasse carente delle qualita che gli vengono richieste: una perso-
nalita, matura, mentalmente sana, capace di condurre avanti un
particolare stato di vita. 78

La institución eclesial ejercerá lícitamente su derecho "a saber" en


la medida en que sea respete la intimidad de la persona que se presen-
ta, lo cual involucra una serie de deberes y criterios que se verán con
ocasión de tratar el marco canónico adecuado para encuadrar el exa-
men psicológico.

c.3) Las características personales y profesionales


del psicólogo y de su servicio
Como se ha podido sostener en más de una oportunidad a lo largo
del presente trabajo, la selección del o los psicólogos no es un paso in-
trascendente. Se trata de elegir la persona adecuada para prestar el
servicio profesional en los términos que venimos señalando. Lo mismo
puede decirse de la metodología empleada para cumplir su propósito pro-
fesional de colaboración en la formación.
c.3.1) Las características personales y profesionales del psicólogo
La elección de la persona 'justa" supone mirar no sólo los aspectos
personales, sino también su competencia profesional. Una y otra dimen-
sión contribuyen a crear un perfil que no es indiferente por las
características de la tarea que se le encomendarán: competencia aca-
démica y clínica, junto a una adecuada comprensión de la naturaleza
humana y de la realidad sobrenatural de la vocación sacerdotal. Se pide
pues, que el o los psicólogos unan a la específica capacidad profesional,

78 er. R. ZAVALLONI, Tecuiche d'i,U1estigazioue e (Jita prillata, 605-606.


156 MARCELO DANIEL COLOMBO

la captación del significado del sacerdocio católico, y de la~ realidades


espirituales que este género de vida y su elección comprencjlen. 79
(oo.) Essi devono dar prova di fede solida, di pie na d¡desione
al Magistero, di evidente amore per la Chiesa, di solida ~ita spi-
rituale e morale, di equilibrio psicologico (00.)80 I

El Concilio y el Magisterio, se ha visto, han subrayado l~ necesidad


de hacer una elección crítica entre las diversas corrientes ~nternas de
la psicología y de la pedagogía, que se basan sobre antropologlfas no siem-
pre compatibles con la cristiana, y que en algunos casos, e~cudándose
en una aparente neutralidad respecto a las dimensiones má~ significati-
vas de la vida cristiana y sacerdotal, se revelan reducciOl~istas de la
vocación cristiana en general y de la sacerdotal en particul~r.81
Enriquecería la conformación del servicio de la formactón, que al-
guno de los formadores fuera verdaderamente experto en sicología y
que el seminario pudiera contar con más de un psicólogo de as caracte-
rísticas indicadas para ampliar el margen de posibilidadej:; del joven.
Esto se relaciona con un acento especial que se pone en la I libertad de
elección de la persona. Si aplicáramos por analogía las regl.s relativas
a la libertad de elección en dirección espiritual y la confesióf¡ (cfr. cáns.
239 §2 y 240 § 1 CIC),82 en cuanto pudieran ser empleadas, ~sto supon-
dría alargar la capacidad de elección del candidato, y no co,streñirlo a
un solo nombre. Creo que el seminario, o la diócesis debería~ contar con
una nómina de algunos profesionales de las características adecuadas
para el servicio eclesial que de él se pretende. Así se orrec rá al joven
más de un nombre o posibilidad. No es una facultad de E\lección "en
abstracto", sino a partir de la propuesta institucional concrl/lta de nom-
bres. De otra manera podría verse perjudicado el aspecto 4e selección

79 cr. R. MATIGNON, Discernimento delle vocazioni, en AA. Vv., Ed. Raoline, Roma
1976, Vol. 111, 708; W. KRArr, Psychiatrists, psychologists and religiolfs, en Review
for religiolls 37 (1978) 161-170; G. VEH.'lALDI, La formazione del sacerdfte nel diritto
caJwnico, 6.
80 cr. J. HICKEY, Relación al Sin. Ob. 1990, CAPRILE, 90.
81 cr. C. VATICANO 11, Opta,tan¿ Totius n.3, en EV 1/778; JUAN PABup 11, Allocutio
ad Rotae romanae auditores coram adrnissos, en AAS 79 (1987) 1454~1455; CONGR.
DE EDUCACiÓN CATÓLICA (DE WS SEMINARIOS E INSTITlITOS DE ESTUDIO), Diretfive sulla pre-
parazione degli educatori nei seminari, 227. •
82 "In qllolibet seminario IlIHlS .~(J.ltem adsit spiritlls director, re~icta libertate
alllmnis a.deundi alios sacerdotes, qlli ad hoc mllnllS ah Episcopo deplltfui sint" (can.
239 § 2 eIC); "Praeter con{essarios ordinaJ'io.~, aüi reglllariter ad serruhari/lm acce-
dant confessarii, alque, salva qllidern seminarii disciplina, integr/lm serr~per sit alu m-
nis qllemlibet confessarill1n sive in seminario sive extra illlld adire" (can.'! 240 § 1 CIC).
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 157

del profesional adecuado. No obstante esta posibilidad puede verse li-


mitada si en la localidad o cercanías donde la persona vive, no hay más
de un profesional conforme al perfil necesario.

c.3.2) Las características y modalidades de la intervención


La contribución del psicólogo profesional no debe identificarse con
la intervención del psiquiatra ni con la terapia psicoanalítica, instan-
cias de servicio profesional que reconocen otras condiciones, modalida-
des y reglas de prestación.ss Por eso, me referiré concretamente a los
tests, modalidad más genérica empleada con ocasión del examen
psicológico de admisión, al precisar el tipo de colaboración del psicólo-
go, su modalidad y los aspectos salientes de su contribución.
La expresión test es la corrientemente empleada en este área de la
orientación o el discernimiento. Un término más genérico aún, y por lo
tanto más comprensivo de todas las hipótesis, es técnicas psicológicas.
No hay un único método para diagnosticar la personalidad, sino mu-
chos y todos válidos, si se observan los criterios que se expondrán y se
respetan las condiciones debidas en la prestación.84
c.3.2.1) Tipos de tests
Tanto V. Marcozzi como R. Zavalloni son concordes en una tipolo-
gía ya clásica de tests: tests de medida de la inteligencia, tests de acti-
tudes, y tests de la personalidad.s5 Los tests de medida de la inteligen-
cia buscan determinar un número o escala de ésta, establecida de
acuerdo a la dificultad o complejidad de los problemas que se someten
a consideración del examinando.
Los tests de actitudes se dirigen a conocer y valorar las disposicio-
nes y capacidad de la persona para desempeñarse en actividades espe-
cíficas. Estos tests son frecuentemente usados para la selección de per-
sonal para empresas.
Los tests de personalidad o de carácter son los más importantes del
conjunto y tienden a descubrir los rasgos caracterológicos de una per-
sona, o sea que trabajan con los aspectos más Íntimos y característicos,

83 cr. G. RODRIGUEZ MELGAREJO, Elementos de un curso introductorio para la for-


mación sacerdotal, 202; W. KRAIT, Psychiatrists, psychologists and religious, 164-168.
M cr. G. CoMI, L'esame psicologico dei candidati al sacerdozio, 481.
AS V. MARCOZZI, lndagini psicologiche e diritti delta persona, 541-543; R. ZAVA-
LLONI, Tecniche d'inllestigazione, en Antonimmm 52 (1977) 586;
86 Cf. V. MARCOZZI, lndagini psicologiche e diritti deUa persona, 543; R. ZAVA-
LLONI, Tecniche psicologiche e diritti delta persona, 586; T. Mc CARTHY, Point de vue
du médecin psychologue sur les aptitudes psychiques a une lIocation religieuse, en Su-
pplément Vie Spirituelle 13 (1960) 104.
158 MARCELO DANIEL COLOMBO

inclusive con aquellos que están más escondidos o desconoqidos por el


sujeto mismo. Buscan trazar el perfil psicológico de la pers~na evalua-
da. Entre los tests de esta clase están las técnicas proyectivas, el nar-
coanálisis, y el detector de mentiras o suero de la verdad. 86 ¡

Il problema principale, nondimeno, sta propio neWuso di


questi ultimi, che permettono di ottenere dati informativi ,tretta-
mente personali (con riferimento, ad esempio, alle inclin¡azioni
ed attivita sessuali). Secondo Vaughan 87 , il superiore ha.diritto
di investigare in questo settore se pensa che tale infonrljazione
sia necessaria per poter prendere una giusta decisionf circa
l'attitudine del candidato alla vita religiosa. 88

Entre los tipos de tests de personalidad, los más difundIdos son el


Rorschach, el T A.T.( Thematic apperception test), y M.M.P.I (Minneso-
ta multiphasic personality inventory). Los tests de la person~lidad a su
vez pueden ser clasificados en tests estructurados o analític~s, y los no
estructurados, sintéticos o proyectivos. El interesado, en lqs tests es-
tructurados, debe responder algunas preguntas. En este tipo se inclu-
ye, el M.M.P.1. En los no estructurados, sintéticos o proyecttvos, preci-
samente se emplean tales proyectivas, que consisten en anchas o
escenas vagas e indeterminadas; parten de un estímulo am iguo, que
provoca la respuesta del sujeto que expresa que significa estímulo
para él. Así se llegan a conocer las tendencias y motivacion más pro-
tI
fundas de la persona examinada, independientemente de s voluntad.
Es en esta última hipótesis donde se ponen la mayoría de reparos en
materia de respeto a la intimidad de la persona.89 En este sec~or de tests
está el psicodiagnóstico de Rorschach y el T.A.T.
c.3.2.2) Lectura e interpretación de los resultados
Estos instrumentos exigen una gran destreza profesion~lsea en el
empleo como en la posterior elaboración de conclusiones. 90 C~nstituyen
una herramienta eficaz, pero como tal, hay un margen ma~ o menos
grande de interpretaciones subjetivas, frecuentemente arbittarias, que

tri cr. R. VAUGHAN, Psyehologieal aJlsesltwnt in religiolls I/ocalion:~ IIJ. Ethieal


Q8pects, en Selected papers/i'om the ACPA meetings, Fordham Unive~ity, N. York
1960, 25-32.
88 cr. R. ZAVALLONI, Teeniehe d'üwestigazione e l/ita pril/ala, 606.
119 cr. R. ZAVALLONI, illi; L. GENDRON, Sorne moral problems co1t1tect~d with psy-
chological testing o{ religiolls, semitwrialts euul ca),diclales, 168.
00 er. H. SALMAN, Le discernement eles I/ocaüons religiellses, en Sllnplément Vie
Spiritllelle 13 (1960) 93.
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 159

dependen de las teorías seguidas por el psicól()go,su preparación cien-


tífica, y la esencia misma del método de investigación.91
(...) nei tests, per esempiQ, e difficile trovare una aitenzione
all'ineliminabile soggettivismo delta immpostazione o della con-
duzione della ricerca. 92

En manos de gente poco preparada no sólo serán poco útiles sino


que podrían causar daño en cuanto a la lectura y posterior comunica-
ción de resultados. La prudencia en el uso de los tests exige se recurra
a ellos habida cuenta de la perspectiva global y dinámica de la perso-
nalidad. 9s . Salvados los extremos éticos y legales, ofrecen un vasto ma-
terial que pueden ser útiles al candidato y a la institución religiosa.
Constituyen una intervención de carácter preventivo y pedagógico, más
que diagnóstico y curativo. Por eso, este aspecto de la propuesta educa-
tiva se dirige a todos los candidatos y no sólo a quienes sean más frági-
les desde el punto de vista psicológico. 94 Los tests no juzgan sobre la
existencia de vocación 95 sino que son instrumentos para discernir el
grado de salud, integración y madurez psíquica del candidato. Al can-
didato le dan la posibilidad de conocerse mejor, y de crecer como perso-
na, independientemente de su ingreso o no al seminario.
La función del profesional consultado será prestar a la autoridad
correspondiente y a los candidatos, la ayuda que les permita adoptar
decisiones responsables e informadas sobre la admisión o el llamado a
las sagradas órdenes.96 Especialmente en los casos dudosos, la mayoría
de los autores concuerda en que la contribución del psicólogo estará en
permitir valorizar disposiciones y actitudes, conocer sus intereses rea- /
les, el tipo y grado de autenticidad de sus motivaciones profundas y la
capacidad y grado de libertad para tomar decisiones válidas y autóno-
mas.

91 cr. V. MARcozzl, lndagini psicologiche e diritti della persona, 548·549; R. ZA-


VALLONI, ibieL, 604; L. GENDRON, Some moral problems cOlmected wilh psychological
lesliltg of religious, seminarÍlUts and caltdidales, 168.
92 cr. G. CoMI, L'esame psicologico dei camlidati al sacel'dozio, 478.
93 cr. R. ZAVALLONI, 7'ecniche d'inuestigazione e oila pl'iL1ata, 591; G. COMI,
L'escwte psicologieo dt'i candidati al sacerclozio, 480.
!H cr. G. VER";;ALDI, La fOl'mazione del .9(wcrdole "el dirilto ccuwllico, 6.
95 cr. T. Me CARTHY, L'inllcstiga.tion p.'Iychologiqlle de la pel'sonnalité duns
l'examen des ooca.tions religiellses, 350.
96 cr. L. GENORON, ""ome moral problems c01l1tected with psycJwlogical testing
of religiolls, seminaricu~s cu~d cUltdidales, 169.
160 MARCELO DANIEL COLOMBO

c. 4) La devolución de los resultados

Emergente del derecho a la propia intimidad, hay que r~conocer el


derecho del joven que se ha prestado a la realización de un e~men psi-
cológico, a conocer los resultados del mismo. 97 Se habla de ura relación
primaria del profesional con este candidato.98
A la autoridad religiosa, y bajo ciertas condiciones preqisas que se
verán más adelante, le informará a través de una relación (Inal; con el
candidato lo hará mediante la devolución o feedback, una ins~ancia don-
de puedan comunicársele aquellos aspectos que surgen del ~xamen psi-
cológico efectuado y que razonablemente puedan ser asu~idos y tra-
bajados por el candidato en el plan de crecimiento personal~99
En relación con el candidato, no basta una notificación final de ca-
rácter general. Se debe procurar comunicar las característi as psicoló-
gicas manifestadas, su evolución probable y su incidencia ~m la forma
de vida elegida. loo Como cuando se trató de presentar losiobjetivos y
modalidades del examen, también aquí la terminología em~leada debe
ser sencilla y acequible al oyente, recordando además que Ise trata de
un oído sensibilísimo al momento de los resultados. La entr~vista (o las
entrevistas) de devolución, donde se comunican el parecer las obser-
vaciones profesionales, tampoco debe ser un frío encuentro donde se
r
espera una sentencia definitiva de índole meramente inform4tiva y cuasi
judicial. El clima de diálogo que se pueda crear entre el p~icólogo y el
consultante es muy importante. •
En la perspectiva del servicio y la ayuda delineados pa~a esta par-
te del discernimiento, creo que es necesario asegurar un~ I pedagógica
introducción a la parte de verdad que el psicólogo ha arri~ado a cono-
cer. lOl Aquí podría insistirse todavía en la cuidadosa valorac~ón que debe
hacer el psicológo de su interlocutor. En muchas oportunid~des no sólo
el modo sino la misma entidad de lo que se comunica debe lestar en re-
lación con la capacidad del candidato de entender. Me refi~ro no sólo a
las palabras de tipo técnico, sino al concepto que éstas tr4smiten, las
consecuencias personales, yen algún caso, la eventual preoc~pación que
éstas pudieran despertar.

97 er. L. GENDRON, ibid., 170.


98 cr. T. COSTELLO, Psychological eLlalllation of Llocations, 40.
99 cr. L. GENDRON, Some moral problems cOImected with psyclU#ogical testing
of religiolls, seminarial's and camlidates, 169.
100 cr. R. MATlGNON, Discernimenlo delle Llocazioni, 712.
101 cr. L. GENDRON, Some moral problems connected with pSYllclfiplogical teting
of religiollS, seminal'ial'S and candidates, 171.
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 161

La entrevista de devolución puede ser muy ventajosa para el suje-


to dado que le pueden aportar sugerencias que cubren áreas importan-
tes de su vida familiar, escolar, laboral, y eclesial,l°2 Es conveniente
conferir al candidato una síntesis de lo que se comunicó, de igualo si-
milar tenor a aquél otro informe que él ha autorizado a entregar a la
autoridad eclesiástica. Inclusive, en coherencia con la protección pro-
curada a la intimidad, entregarle al joven el informe para que lo con-
signe a la institución oportunamente. En todo momento es auspiciable
preservar el diálogo que favorezca el enriquecimiento del encuentro. No
se trata de una discusión por la afirmativa o la negativa a cada aseve-
ración o indicación del profesional, sino de buscar ejemplificar, aclarar,
iluminar un término que pueda resultar de difícil captación.
La riqueza de lo que se comunica puede inducir a los protagonistas
a prolongar en otro encuentro o encuentros el diálogo abierto. Es una
extensión de la dimensión pedagógico-preventiva del uso de los instru-
mentos psicológicos de la que ya nos habíamos referido. Podría darse
que alguien admitido al seminario manifieste interés en retomar a tra-
vés de un diálogo con el profesional o con los formadores, algunos de los
aspectos señalados en el psicodiagnóstico.
Poiché lo scopo dell'aiuto psicologico non equello di togliere
l'incosistenza ma di accettarla senza subirne l'influenza, allora
bisogna evitare la rincorsa al mito dell'uomo perfetto (...)
Non cerchiamo quindi di essere uomini perfetti, on andia-
mo dallo psicologo per poter dire: "adesso sono a posto", ma
cerchiamo di riconoscerci perfettibili; abbiamo delle inconsistenze
e per non esserne succubi cerchiamo di mantenerci vigilanti: mai
arrivati, sempre bisognosi di ascolto, sempre curiosi di conoscere
i nostri talen ti da commerciare, sempre in fonnazione pennanen-
te. lOS

De esta manera se pone de relieve la función formativa de la psico-


logía, que ofrece su aporte sin interrumpir o interferir en la correcta
articulación de los otros servicios eclesiales de la formación. Este apor-
te consistirá en dar al seminarista o quien está llevando adelánte su
discernimiento vocacional, elementos de juicio sobre sí mismo que sir-
van para su crecimiento como hombre, como cristiano, y como futuro
ministro.

102 cr. G. LEAN, Whence come the candidates?, 345.


103 cr. A. MANENTI, Psicologia, Vocazione, Grazia. Prospettive di integrazione, 69.
162 MARCELO DANIEL COLOMBO

c.5) El empleo de la información

Estamos en otra de las áreas de posible conflicto. Adm~tido que el


candidato dio su consenso para que el psicólogo informara oP9rtunamen-
te al seminario o a la autoridad eclesial de los resultados o~tenidos en
el test de admisión, surgen varios interrogantes que podría~os formu-
lar de la siguiente manera: ¿ Cuánto y qué debe el psicólogolcomunicar
en su informe? ¿Cuántas personas deben conocer este materi~l? ¿Cuánta
vida útil tiene esta información, es decir, por cuánto tiemp9 mantiene
valor su contenido?
Para el psicólogo es muy importante tener claro desde r·1 principio
cuál será el uso que se hará de su trabajo, quién lo recibirá por cuán-
to tiempo se conservará esta información. 104 Creo que en 1 contrato
aludido, a convenir entre la institución vocacional y el pro~sional, és-
tas podrían ser cláusulas de necesaria inclusión que asimisIPo, facilita-
rían la presentación hecha al joven sobre las característic* del test o
entrevista. I

Respecto a cuánto deba informarse, no debería exceder los elemen-


tos de juicio profesional relativos a la evaluación de perso'alidad. No
corresponde entrar en los detalles o comentarios íntimos c9municados
por el joven, comprendidos en el secreto profesional que eJ terapeuta
debe guardar celosamente, ni de ofrecer una explicación pqrmenoriza-
da de cada una de las técnicas empleadas, o la descriPción~ das entre-
vistas en particular. A la institución formativa se le ofrece elementos
que posteriormente confluirán en la etapa siguiente del in so, como
punto de partida de un acompañamiento formativo más ~rsonaliza­
do 1115 y más tarde, en el juicio sobre la aptitud para la vida racerdotal.
En referencia a esta última afirmación, se ha visto qpe sería de
mucha utilidad que los superiores de seminario pudieran contar con
cierta formación en la lectura de consideraciones de tipo psicológico ¡

aportadas por los tests, para dar continuidad a esta aproxitnación a la


persona, y obtener un mejor aprovechamiento de los paso~ dados, sin
pret~nsión de identificarse con el psicólogo, ni ejercer una ~rea que le
es ajena.
La institución vocacional no debería esperar que el PSiCtlOgo le pro-
porcione la decisión final, porque como hemos adelantado, n es su com-
petencia, y excede el propósito y la finalidad de su actuaci n. El infor-
me psicológico p.uede ayudar en la identificación de ideales ¡religiosos y

lO. cr. G. LEAN, W/wnce come the ccmelidalefl?, 342.


:~ cr. G. ROORIflUF-Z MELGAR&JO, Elementofl ele /ln curso ineroducto1io para la for-
maczon sacerdotal, 202. :
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 163

personales, las actitudes y comportamientos, las motivaciones subya-


centes así como la existencia de áreas de conflicto, inconsistencia, e in-
clusive, en algún caso, podría advertir la presencia de patologías, pero
no se expedirá sobre la existencia o no de vocación en el examinado. En
todo caso, el informe permitirá a quien deba hacerlo, arribar a una de-
cisión, que como hemos dicho debe alimentarse con otras informacio-
nes y elementos críticos que aporten una visión global de conjunto del
candidato, ya que se trata de una persona entendida en su totalidad.
Entre tales otras fuentes deben considerarse, las cartas de presenta-
ción por parte del párroco o los sacerdotes que conocen al joven, referen-
cias a las entrevistas sostenidas por otros integrantes del equipo de
admisión vocacional, las observaciones recogidas durante el entero pro-
cedimiento de admisión, etc.
Otro interrogante se refería al número de personas que deben sa-
ber el contenido de este informe. Hoy, se trabaja más que nunca en for-
ma colegial. Bajo la autoridad del rector, tiene a su cargo la formación
en algunos seminarios un equipo de formadores, que eventualmente
pudiera distinguirse del equipo de admisión. Igualmente en muchas
congregaciones religiosas, frente a la formación hay varios niveles de
responsabilidad en relación con la lectura de materia confidencial como
la que nos ocupa. IOR Creo que no restringir convenientemente los ámbi-
tos donde se manejará la información de una persona, terminará por
negar en la práctica, la existencia del derecho a la intimidad. Por la
calidad de la información de que se dispone, el número de personas con
acceso a ella debe ser restringido.107 "
En el caso del seminario diocesano, y refiriéndose a la admisión, G.
Rodríguez Melgarejo se refiere a tres personas como habilitadas a leer
este informe del psicólogo: el obispo, el rector del seminario, y el direc-
tor espiritual. 1HII Esta delimitación es útil y responde a buena parte de
la práctica en la materia. A los dos primeros, obviamente les permitirá
adoptar las decisiones convenientes, cada uno según su responsabilidad
propia, a la hora de la admisión o del acompañámiento durante el tiempo
de la formación.
Al rector le proporcionara "elementos de juicio que contribuirán al
acompañamiento de la persona que ingresa a un seminario, en el caso
de ofrecerse un juicio positivo en ese sentido. Si en cambio, el examen
psicológico reflejase inconvenientes en aceptar en el seminario al can-

106 cr. R. HILI., Scr/'I.'nmg ccwdicla.les: tite /wed lo k,ww. 460·461.


107 Cf. F. MORRISEY. La (ormation dl'fI séminarist(!s /'t le respect de la perSOllne,
20.
108 cr. G. ROORIGUEZ M~;LGAIU;'JO. /<:ll'mentos de uu Cllrso i"troductorio para la foro
mació" sacerdotaL, 202.
164 MARCELO DANIEL COLOMBO

didato, el rector integrará estos criterios con el conjunto de irformacio-


nes de que dispone y podrá hacerse de una idea más complefa y funda-
mentada respecto a la decisión final en materia de admisió*. El rector
garantiza personalmente la conducción de la experiencia d~ admisión
hasta la decisión del obispo. Esto implica la coordinación d~ las diver-
sas instancias precedentes, y el ejercicio de los diversos role~ conforme
a derecho. .
El obispo admite en el seminario a unjoven que pide el ~ngreso. La
labor del rector le servirá de obvia referencia. La totalidad ~e elemen-
tos que se le ofrezcan contribuirán a una decisión esclarecida. Su
responsabilidad en este itinerario de admisión y formaciónl, comienza
con la elección de los formadores, y se e~tiende posteriorme~te a la ne-
cesidad de una relación personal que involucre diálogo y c~nocimien-
to de candidatos y seminaristas. •.
El director espiritual, autorizada por el interesado la cOIpunicación
del resultado del examen psicológico, dispondrá de mejOrelelementos
que podrán incrementar su servicio pastoral al crecimiento e la perso-
na. Llegado el caso, y siempre con el consentimiento del ca didato, po-
dría pensarse en un diálogo con el profesional, esclarecedor ~e los dife-
rentes aspectos de la información, o inclusive una convers~ción de los
tres. En algunos casos, esto será posible si se mantienen c~aros los lí-
mites respectivos de actuación de cada uno de los participaJ¡ltes. 109

d) La protección de la intimidad y la conservación


de infonnación sobre el candidato

Es evidentemente necesario que el rector posea una fich' o carpeta


personal de cada seminarista, y de cada candidato que se resenta a
un proceso de admisión. Se trata de una disposición relati a al buen
gobierno de la institución, y a un mejor servicio eclesial de 1 misma. A
dicha carpeta confluyen no sólo los certificados exigidos por el CIC y la
documentación relativa a estudios, sino que también en el a quedará
incorporada la información referida al examen psicológico d admisión,
y otras notas que el responsable de la formación vaya aña~iendo a lo
largo del proceso educativo, y que considera de importanci~.l1O El arto
33 de las Normas de la S. Congr. de Religiosos (7.7.1956), ~xigía ano-
I

'
109 cr. L. GENDRON, Some moral problems connected with PSYCho gical testing

3
ofreligiolts, seminarians and candidates, 172-174. Este autor propone ú iles ejemplos
e hipótesis en relación a la interacción del director espiritual y el psi logo.
110 N. GIORDANI, La 'carpeta personal' en los seminarios, en Semin ,ios 29 (1966)
417-468. '
EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 165

tar el juicio médico en la ficha .personal, 111 así como su actualización y


completamiento a lo largo del iter formativo, especialmente en las eta-
pas de las profesiones religiosas y antef? de laordenación. ll2
Pero hoy, los autores consideran que los informes de los resultados
del test psicológico de admisión valen por un determinado período, pues
se dan naturalmente modificaciones enla vida de la persona. Así, lla-
man la atención sobre la caducidad en el tiempo de la información apor-
tada, la relativa impórtancia que debe asignársele con el correr de los
años, y sostienen la vigencia de los deberes de cuidado de ese material,
o su supresión, por parte de la autoridad correspondiente.n s
La protección del derecho a la intimidad se extiende más allá del
acto decisorio concreto relativo a la admisión o no del candidato a la
instancia formativa. Obvi.amente se deben adoptar serios recaudos res-
pecto a la conservación en el seminario o el centro vocacional de tal do-
cumentación. El candidato tiene derecho a esperar que toda informa-
ción relativa a su petición y a su proceso de discernimiento sean tratadas
con reserva y cuidado. Asimismo se entiende que goza de la protección
de la reserva y la confidencialidad la información proporcionada por
otras fuentes distintas del psicólogo, tales como cartas de presentación
o de respuesta a pedido de la institución, particularmente si ~stas fue-
ron sol~citadas con promesa de confidencialidad.
Si el carididato hubiera sido admitido en el seminario, es aconseja-
ble conservar íntegramente la ficha y los materiales agregados. Se tra-
ta de tenerlos en un lugar seguro, no accesible a personal no autoriza-
do a la revisión de tal material en el momento de dar el consenso. Su
uso debió ser autorizado por el ahora seminarista', y el propósito apro-
bado por el psicólogo. 114
Si se trata de un joven no admitido, se conservará la ficha por un
tiempo prudencial, determinado por la eventual prosecución o reitera-
ción del pedido de admisión por parte del candidato en los años siguien-
tes, o la posible consulta de otros institutos de formación. En este caso,
todavía puede exigirse la protección del derecho a la propia intimidad,
junto a la tutela del bien común de la Iglesia. .

111 Cf. S. CoNGR. DE RELIGIOSOS, Normas Sacrae Congregatio (7.7.1956), en LE


I1/3527.
,112 Cf. M. COLOMBO, La protección de la intimidad (cano~, 220 CIC) y el examen
psicológico en la admisión a la formación sacerdotal, cap. III, 1.a, 107-117.
113 Cf. R.HILL, Screening cw,didates: the need to know, 461; F. MORRISEY, "/ssues
of confidentiality in religiolls life", 29-30; También, F. MÓRRISEY, La formation des
séminw'istes et le respect de la personne, 23-24.
114 Cf. M. DI PIETRO, Legal considerations in the use of pre-admission psycholo-
gical testing, 184.
166 MARCELO DANIEL COLOMBO

Si otro centro formativo pide informes, se responderá q 'e la perso-


na no ha sido aceptada al finalizar el proceso ordinario de admisión.
No se deben alegar los elementos de juicio disponibles, ni en iar fotoco-
pias u otras constancias del informe psicológico, a no ser q e esto hu-
biera sido nuevamente autorizado por parte del interesado esta posi-
bilidad fue prevista en la primera autorización, frente a una hipotética
consulta por parte de otro seminario o institución vocacion 1. R. Zava-
lloni prevé la hipotésis de evitar un daño a otra comunidad.
, I
I
Altre informazioni derivanti dai test di personalita,1 anche
se non costituiscono materia di coscienza, possono dan giare
fortemente la reputazione del candidato. Allora il superi re puo
esigere que sta informazione, ma non puo usarla per alt scopi,
essendo tenuto al segreto professionale; l'informazione la puo
usare egli solo o i suoi consiglieri, corresponsahili con 1 i neZZa
decisione da prendeT-e. Questa informazione non potrebb essere
nvelata ad altn senzal'autorizzazione dell'interessato, ro/ppure
al supenore di un altro istituto religioso che la nchiedesse, meno f
ancora ad un dato re di lavoro senza il debito consenso Se ne
veni88e un dan no ad un'altra comunita religiosa, potreb e rive-
lare quanto e necessano per scongiurare questo pencolo. 15 t I

En este caso, deberá constar fehaciente y formalmente autoriza- f'


ción del candidato indicando el nombre de la nueva persona utorizada
a recibir tal información. No contar con esta nueva autori ación bien
especificada sería vulnerar las cautelas debidas en respeto de la inti-
midad. !

Pero el bien de la Iglesia exige que la primera instit ' ión, en la


persona de su rector, responda tempestivamente y conform a derecho,
y no se deje estar por razones de mera consideración huma a. En este
caso, vale la pena recordar los criterios o principios enunc ados en el
canon 1363 §3 CIC 1917, relativos a la obligación en con iencia que
gravaba al Superior del primer instituto de formación, la c al suponía
la actuación conforme a la verdad, yen el régimen de enton s, la con-
fidencialidad posible. No se oponen al respeto a la intimida si son ob-
servados con prudencia y honestidad. Son principios que
tenidos en cuenta como reguladores de la actuación ético-
los formadores que deben responder a preguntas formulada
periores de otra institución educativa a la cual el candidat despedido
o que haya salido por su propia voluntad, se ha dirigido con el propósi-
to de la admisión.

115 Cf. R. ZAVALLONI, Tecniche d'üwestigClzione e (lita prillClla, 606.1


EL EXAMEN PSICOLÓGICO DE ADMISIÓN AL SEMINARIO Y LA... 167

En años posteriores, si el joven, aceptado o no en el seminario, pi-


diese acceder a su dossier personal estaría en su derecho de ver el ma-
terial relativo a hechos de naturaleza pública, pero el rector debe evi-
tar celosa y escrupulosamente que se entre en contacto con otro tipo de
información proporcionada bajo la promesa de confidencialidad, por
ejemplo, por otros sacerdotes.
Por una cuestión práctica se aconseja llevar una doble serie de fi-
chas, una para esta eventual consulta, y otra de uso más confidencial
por el rector. Sin embargo, no es conveniente duplicar innecesariamen-
te el material, 116 por lo cual sólo debiera copiarse aquello que el semi-
narista, o eljoven que ha efectuado el ti~mpo de discernimiento, pudie-
ra tener derecho a consultar. La protección de la confidencialidad rige
también a favor de las personas que han hecho a pedido de la institu-
ción su informe u opinión respecto aljoven candidato, y que han pedido
la reserva de tal información. Por eso, la existencia de un doble 'juego"
de copias para favorecer la consulta del candidato, debe armonizarse
con la protección de la confidencialidad de las otras personas.
Podría quedar la impresión de una dinámica compleja y a la vez
complicada. Se busca ofrecer pautar armónicas de respeto en conside-
ración a las diversas partes involucradas en un proceso de discerni-
miento que se inscribe en la vida y el ministerio de la Iglesia. Pero ha-
cer esto, preserva el proceso mismo, favorece la apertura y confianza
del candidato, y protege los derechos de todos los convocados a dar su
parte de colaboración a aquél.

Conclusión

He intentado ofrecer una visión de conjunto de la interacción del


canon 220 respecto a la intimidad y a su tutela, con el recurso a los
aportes de la psicología, en la formación sacerdotal particularmente en
el contexto de la admisión al seminario. El punto de partida lo consti-
tuye la premisa de que no se trata de una oposición o conflicto entre el
derecho subjetivo a la intimidad del candidato a ingresar a un semina-
rio, y el uso de los instrumentos psicológicos por parte de la institución
educativa, como parte de su derecho a saber e informarse, sino de una
relación de composición entre ambos.
Se trata no sólo de ponerse de acuerdo en torno a la finalidad que
preside esta utilización conforme se venía observando en las normas
eclesiales respectivas, sino de asegurar que cada uno de los medios uti-

\16 cr. F. MORRISEY. La (ormatión des séminaf"Ísles el le re-spect de la perSOlme.


23.
168 MARCELO DANIEL COLOMBO

lizados transparenten el respeto fundamental por la person~ humana,


y a vez tengan en cuenta el bien eclesial, en la idónea selecpión y pre-
paración de sus ministros. En esa línea de ideas, después d~ pasar re-
vista en forma sintética a los problemas más generales quel se enfren-
r
tan en el empleo de la psicología en la formación sacerdotal, enfatizar
la riqueza y disponibilidad que encierra la etapa de la adm~sión al se-
minario como "momento fuerte del discernimiento vocacion~l", se han
precisado algunos criterios o pautas para la correcta articul~ción de la
relación entre el joven que se acerca al seminario, el psicólogo y la ins-
titución eclesial que lleva a cabo el proceso de discernimiento y admi-
sión.
Entre estos principios que se ofrecen para disciplinar en términos
éticos y canónicos la prestación psicológica, particular at~nción han
merecido el consenso libre e informado que presta el candid,to a ingre-
sar al seminario, las características del test o examen en fJnción de la
determinación de su licitud, y las condiciones personales y ~rofesiona­
les del psicólogo que actúa, colaborando en el discernimieqto eclesial,
así como las de su prestación.
Finalmente dos puntos de fundamental importancia haln sido rele-
vados: el empleo de la información, no sólo como un modo Ide orienta-
ción vocacional, sino también como indicativa de las líneas d~ crecimien-
to de una vocación admitida al seminario, y en confluenc~a con otros
aspectos y roles institucionales del seminario; y la complsja gama de
deberes y derechos de la institución en la tutela, uso y cons~rvación de
la información recibida con ocasión del examen psicológico~
En esta etapa de la historia, la ciencia ofrece los frutos pe su legíti-
ma labor, y éstos pueden ser incorporados en todos los plan~s de la vida
y ministerio de la Iglesia entre los hombres, no de un modo ~crítico, sino
valorando en ellos cuanto hay de positivo, de noble y de verclIadero, y en
la medida en que respetan las afirmaciones a ntropológicasl fundamen-
tales presentes en la revelación cristiana. Superado el tiempo de la des-
confianza y la distancia consiguiente entre fe y ciencia, sft transita el
camino de un mejor servicio a la persona humana, imageq y semejan-
za del Creador, dador de todo bien. El derecho viene a so~tener estas
afirmaciones, y a ofrecerle protección y reconocimiento.
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO
Alfredo DI PIETRO

1. Fue el gran romanista italiano Biondo Biondi quien empleó la


expresión Derecho Romano Cristiano, sirviendo de título para su céle-
bre obra en tres tomos (Giuffre Ed., Milano, 1952). Esta denominación
está referida a la época del Derecho posclásico, sobre todo a partir de
comienzos del siglo IV d.C., con la política legislativa llevada a cabo por
Constantino y sus sucesores. La calificación podría llevarnos a alguna
suerte de equívoco. Consistiría éste en pensar que de la noche a la ma-
ñana la Roma pagana se transformó ahora en la nueva Roma cristia-
na. En realidad las cosas no ocurrieron aSÍ, ni mucho menos.
Por un lado existió un ámbito nuevo para la expansión del Cristia-
nismo. Constantino autorizó la libertad de cultos, mediante el dictado
del célebre Edicto de Milán (año 313 d.C.). De este modo, el Cristianis-
mo, hasta ese momento perseguido, pasa ahora a ser un culto permiti-
do. Dejamos de lado el problema acerca de la verdadera conversión de
Constantino, ya que pese a las alabanzas de su panegirista Eusebio,
en su De vita Constantini, hay que recordar que se da el detalle para-
dójico de su bautismo prácticamente in articulo mortis. Sin embargo,
se supo rodear -lo mismo que sus sucesores- de netos consejeros cris-
tianos. Igualmente lo vemos intervenir activamente en los asuntos ecle-
siásticos. Será el primer emperador que practicará lo que se dio en lla-
mar el "césaro-papismo", que luego continuarán sus sucesores, sobre
todo con Justiniano. En tal carácter, será quien convocará al primer
Concilio ecuménico, en Nicea (año 325), reuniendo a todos los prelados
cristianos para fijar las verdades de la fe en el Credo, aprovechando la
oportunidad para condenar al arrianismo. En todo esto estaba unjue-
go político dadas las implicancias que tenía la herejía. Además, como lo
prueba el tema de dicho Concilio de Nicea, así como la rauda aparición
de las numerosas herejías, los principios del dogma cristiano estaban
recién en camino de fijación. De este modo, resultaba prácticamente muy
difícil que las resoluciones legislativas y jurídicas pudieran ser tan cla-
ramente "cristianas" en el sentido como lo podríamos juzgar con los ojos
actuales.
170 ALFREDO DI PIETRO

Pese a ello, podemos observar que en algunos temas, de~ido preci-


samente a la mayor influencia que tendrán los cristianos, cqmenzarán
a asomar cambios, no siempre espectaculares, pero cuya i~portancia
irá en aumento, sobre todo en favor de la Iglesia y de la mor~l evangé-
lica, esta última quizá la de más fácil aplicación, por cuantq surgía de
las propias palabras de Cristo. Había también que pensar qte los em-
peradores de esta época gobernaban sobre toda la població ,sobre la
cual-pese al aumento de las conversiones- pesaban siglos d tradición
, en las instituciones jurídicas. Los viejos adeptos al culto paaano se re-
fugiaron en las aldeas (pagi; de ahí su denominación de "pag*nos''). Es-
tos tuvieron un declarado defensor en el Emperador Julian" llamado
"el Apóstata", en cuyo breve reinado (361-363), se trató de Ij-evitalizar .
los ritos tradicionales paganos. Pero este interludio no detuto la mar-
cha de la religión cristiana. Precisamente durante ese mismo s~glo, surge
la figura de Theodosio, llamado el Grande, de fuertes conviccfones cris-
tianas, sobre todo por la influencia de San Ambrosio, obispo!de Milán.
El será quien terminará con los restos del paganismo, establ~ciendo al
Cristianismo como la religión oficial romana (año 391). Y la k:listinción
de cristianos acompañará a los emperadores siguientes hast, alcanzar
el gobierno del gran Justiniano, e incluso sus sucesores. .

2. El tema especial que nos preocupará será la política l~gislativa


llevada a cabo por estos emperadores respecto del divorcio. ~lama pre-
cisamente la atención de que pese a proclamarse "cristialnos", ello
no obstante no proscribirán en forma radical este modo de ex~inción del
11
ma~ri~onio,. ~ue en pri~cipio se c?nfr.ont~ ,directamente c?n ~~cter
de mdIsolubIhdad que tiene esta mstItuclOn para la doctrma ~rIsbana.
Para poder explayarnos en el tema será necesario prime~ explicar
ciertas características que tenía el matrimonio romano -y c nsiguien-
temente el divorcio- en la época anterior a esta a la cual no estamos
refiriendo. Ello se torna inevitable para poder comprender a actitud
tomada posteriormente por Constantino y sus continuadore, en el go-
bierno de Roma.

PRIMERA PARTE
SITUACIÓN DEL MATRIMONIO Y DEL DIV<?RCIO I
EN EL DERECHO ROMANO ANTIGUO Y CLASICO .

1. 1. Características del matrimonio en el Derecho Roma~io. El ma-


trimonio romano estuvo siempre considerado como institución fun-
damental para la sociedad. Baste con recordar las palabras d Cicerón
(de officiis, I.XVII.54), que hablaba del mismo diciendo que 10nstituía
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 171

"el principio de la ciudad y como el semillero de la res publica" (princi-


pium urbis et quasi seminarium rei publicae).

1. 2. Pese a este carácter institucional tan grave, el matrimonio no


es considerado como un contrato, ni siquiera como una relaciónjurídi-
ca 1, sino más bien como un factum, es decir una situación de hecho (res
facti), aunque capaz de producir consecuencias jurídicas. De allí que la
regulación del matrimonio no quede establecida por un ordenamiento
jurídico. Por el contrario, queda sometido a lo que establezcan los mo-
res. Y sólo en determinadas circunstancias, cuando por la importancia
de los efectos que se produzcan así lo exijan, intervendrá el ius, ya nos
refiramos al ius civile o al ius praetorillm. Incluso, si bien en la época
de Octavio Augusto existirán determinadas leges, éstas no están dirigi-
das sino a temas muy puntuales, como por ejemplo lo referido a la for-
ma como se debe producir el replldillm, y en general, a la política de-
mográfica que tanto preocupaba al primero de los Príncipes.

1. 3. El matrimonio se conforma a partir del consentimiento del hom-


bre y de la mujer que deciden compartir la vida en común. Los textos
clásicos insisten fundamentalmente en esta idea espiritualizada del
matrimonio. No obstante que ese consensus conduce normalmente a la
unión sexual y a la procreación, no es dicha unión carnal la que perfec-
ciona la situación matrimonial. Esto se expresa por la regla menciona-
da en el Digesto por Ulpiano:Nuptiae non concubitus, sed consensllB facit
(Dig. 35.1.15 =Dig. 50.17.30). Y dicha también por el mismo jurista como
"non coitus matrimonium facit, sed maritalis affectio"{Dig. 24.1.32.13).

1. 4. Pero luego de ese consentimiento inicial, las costumbres exi-


gen la presencia continuada de la affectio maritalis. Esta expresión hace
referencia a que la comunidad de vida que se ha establecido entre ma-
rido y mujer exigía la voluntad de mantenerla en el tiempo. ¿Qué ocu-
rre si ésta affectio maritalis deja de existir? Supongamos que uno de
los cónyuges abandona al otro y decide unirse en una nueva unión ma-
trimonial. En el derecho actual, las nuevas nupcias celebradas subsis-
tiendo el matrimonio anterior, tornaría nulas las segundas. Su situa-

Los romanos no consideraron nunca al matrimonio como un C01ltractIlS. Esta


caracterización en cuanto a su naturaleza jurídica será por el contrario propia de los
canonistas. Lo que se trataba de resaltar era que la formación del matrimonio se
basaba -y esta sí es una verdad en el Derecho Romano- en el C01lSe1lS11S de ambos
cónyuges. Dando una gran importancia a este consentimiento, encontraron una for-
ma adecuada para su regulación hablando de "contrato". Más propiamente será con-
.siderado como un "contrato-sacramento".
172 ALFREDO DI PIETRO

ción sería calificada de bigamia. En cambio en Roma, por l~ menos en


la época antigua y en la época clásica, la solución que se da~a era dis-
tinta. Se mantiene siempre enhiesto el principio de la monoga~ia, ''pues-
to que una mujer no puede estar casada con dos hombres, ni tampoco
un hombre puede tener dos mujeres" (' ..quia neque eadem diobUS nup-
ta esse non potest, neque idem duas uxores habere; Gayo, Ins .1.63). Por
ello, tratándose meramente de una res facti, no se hablaba d "nulidad"
de las nuevas nupcias, ni tampoco de bigamia. Se interpre~aba que el
nuevo matrimonio disolvía ipso iure el anterior, juzgándose que con las
nuevas nupcias el matrimonio primero había cesado y que~aba auto-
máticamente disuelto (cf. Javoleno, Dig. 24.1.64; Marcelo, Dfg. 23.2.33;
Ulpiano, Dig. 24.2.11.2). Sobre estos párrafos, escribe bien as~rtivamen­
te Volterra: "Questi passi sembrano dimostrare chiaramente come
all'epoca classica il concetto del matrimonio e del divorzio romano e il
principio strettamente monogamico portassero necessariaf,ente alla
decisione che il secondo matrimonio sciogliesi necessariamen e ipso iure
il primo, intendendosi cessata l'affectio mantalis nei riguardi el coniuge
precedente da parte del coniuge che si unisce con altra persona stabil-
mente con intenzione di formare un nuovo vincolo matrimo~iale".2
I

II. El divorcio en los primeros tiempos romanos y en la ~poca clási-


ca. Dadas estas características del matr~monio (iustae nupHae) enten-
dido como res facti, la posibilidad del divorcio apareció siempre como
perfectamente factible para los romanos. Así como respecto;de una so-
cietas cada uno de los integrantes podía renunciar a la mis~a, lo mis-
mo viene a ocurrir con el matrimonio. Pero hay algo muy i~portante.
La práctica del divorcio dependerá en mucho de la aceptac;ión de los
mores. De este modo, la severidad o la liviandad de las costQmbres rei-
nantes, será la que determinará que los cónyuges recurran¡o no al di-
vorcio. :
No haremos acá una historia detallada del divorcio en l~ Roma pa-
gana anterior al siglo IV d.C. Simplemente trataremos de resumir los
momentos y épocas establecidas en torno a esta forma de t~rminar el
matrimonio.

II. 1. De la época primitiva, conservamos el texto citado ¡por Plutar-


co en su ''Vida de Romulus" (22) acerca de una lex regia dic~ada por el
fundador de Roma: "Rómulo dictó también algunas leyes, entre las cua-
les es en verdad severa aquella que no permite a la mujer Idejar a su
marido, pero permite al marido repudiar a su mujer por caul$a de enve-
nenamiento de la prole, o de sustracción de las llaves y por causa de

2 Volterra, II matrimonio romano, Padova 1940, p.296.


EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 173

adulterio. Ella ordena que, si alguien repudias a su mujer por otro mo-
tivo, la mitad de su fortuna pertenezca a la mujer y que la otra mitad
sea consagrada a Demeter, y que aquel que ha repudiado a su mujer
ofrezca un sacrificio a los dioses infernales".4
Ello significa que a la mujer no le era permitido el divorcio, pero sí
al marido respecto de ella el repudiarla. En los casos justificados seña-
lados en la misma ley la resolución del marido no traía consecuencias,
pero fuera de ellos, el repudium surtía efectos, aunque traía las conse-

3 La expresiónrepudium suele estar usada en relación con el marido que quiere


separarse de su mujer, mientras que la de diuortium suele aplicar más comunmente
al caso de la mujer. Pero esta confrontación terminológica no tiene en el Derecho
Romano un carácter absoluto. Así, en algunos casos diuortium adquiere una signifi-
cación genérica tanto para el marido como para la mujer (cf. Gayo, Dig. 24.2.2; Pau-
lo, Dig. 50.16.191,etc.). Y también se encuentra que repudium puede tener ese senti-
do genérico. Así, Quintiliano (147): Matrimonium duobus generibus solvitur, aut
repudio aut morte alterius (El matrimonio se disuelve en dos formas, o por "repudio"
o por la muerte del otro). Como se ve, los vocablos son utilizados de manera no muy
segura. Sin embargo, la forma genérica de la cual hicimos mención al comienzo, es la
que predomina en la época clásica y en la época justinianea. Así, Modestino (Dig.
50.16.101.1), nos explica que "Se dice que se hace "divorcio" entre marido y mujer"
(así, si el divorcio, agregamos nosotros, es por mutuo consentimiento), "pero se con-
sidera que a la "esposa" (sposa),"se le envía "repudio"; lo cual también se aplica no
absurdamente a la persona de la mujer casada (Ilxor). Recordemos que en el Derecho
Romano los sponsalia son siempre "de futuro"; la-expresión "esposa" para la mujer
casada arranca de los canonistas, al hablar de los "esponsales entre presentes", refe-
rida al matrimonio.
" Dionisio de.Halicarnaso (II.25.2), nos da una versión distinta. Según lo que
relata allí, lo normal era entre los romanos el matrimonio consagrado por la reli-
gión. Esta forma solemne era denominada faJ"reum o confarreatio y significaba una
ceremonia que debía celebrarse ante el sacerdote de Júpiter ({lamen Dialis) y del
Pontifex Maximus. Se ofrecía a la divinidad (luppiter Farreus) consistente en una
especie de torta hecha de trigo (o cebada) denominada panis farreus, que era com-
partido por los contrayentes. Se realizaban otros actos, pronunciándose palabras
solemnes en presencia de diez testigos (Gayo 1.112). Y Dionisio agrega que esta for-
ma normal de matrimonio en los tiempos antiguos lo mantenía indisoluble: ''Por ser
las mujeres partícipes con sus maridos de la fiesta sagrada y del primer alimento, y
unirse para toda fortuna, recibía la denominación de confarreatio, y llevaba a una
unión forzosa de parentesco indisoluble, y no era posible disolver estos matrimonios"
(II.25.3). Pese a ello indica luego que para los casos graves (adulterio o haber bebido
vino), el marido debía provocar un juicio familiar ante un consilium domesticum (de
sus parientes agnados), permitiendo Rómulo que estas faltas pudieran ser castiga-
das con la muerte" (II.25.6). En realidad, el único matrimonio absolutamente indiso-
luble era el celebrado por el sacerdote de Júpiter, es decir el flamen Dialis. Debía
contraer nupcias por medio de la confaneatio y su unión simbolizaba la de Iuppiter
y la de luna. Sólo se podía disolver por la muerte. Pero en este caso, "si muere su
mujer, pierde el carácter de flamen. El divorcio del flamen no puede disolverse más
que con la muerte" (Aulo Gellio, 10.15.22).
174 ALFREDO DI PIETRO

cuencias económicas previstas en la ley de Rómulo, amén de Ila obliga-


ción del sacrificio religioso expiatorio. 5 i

Sin embargo, pese a la posibilidad jurídica de la utilizaci'n del re-


pudio, no se registran casos en los cuales los romanos hubie an usado
de esta forma de finalización de las nupcias. En la época pri itiva pa-
recen haber sido muy raros, hasta tal punto que del testimonio de al-
gunos autores, no se habrían producido. Así, Aulo Gellio (4.3 1) afirma
que "En ese entonces, los matrimonios no se divorciaban" (Nul ius eticun
tl~nc n;otrimoniis diverten~ibu8). Lo cual coincide con lo.dich9 po.r ~ice­
ron (,:'t. ,'I? publ., 6.2.2), qUIen nos habla de que los antIguos Iqulsleron

Esta ley de Rómulo fue motivo de un muy interesante estudio ' r parte del
romanista francés Pierre Noailles, Le..! tabolls dll ma.riage da/,s le droit rimiti{ des
Romaius, en ''Fas et Jus", París, Les Belles Lettres, 1948, pp. 2-27. El pr blema está
centrado en la interpretación de las causales. La primera de ellas se re ere a la ac-
ción de "enueneuar la prole". No se debía tratar acá del acto de envene amiento de
un niño ya nacido y vivo, sino más bien de haber tomado la ml\ier un fá maco abor-
tivo tendiente a perder al ser que estaba en sus entrañas. El texto de P utarco em-
plea la expresión pha/·amakeía tékuolI. Este último vocablo quiere decir partus, así
como también soboles, proles. Curiosamente Plutarco no emplea el len aje módico
del juramento de Hipócrates, pessón phtórúm (peso abortivo). Pero Gali no (VIII A
799 emplea p!taJ'ma}u'Ía. o phármaka, como medida abortiva. Lo cual en atín corres-
ponde a /wll,(mum (Arnmiano MarcelJino, XVII, 10, p.18). La segunda usa resulta
más extraña. ¿Qué significa esta "suslrcll'ción ele las lla"es''? Se sabe q e la mujer
casada detentaba sobre sus manos las llaves de la casa, lo cual es algo así como el
símbolo y el instrumento de su autoridad de ma/er{amiLias. Cuando el arido repu-
dia a su ml\ier, antes de echarla de la casa, le reclama dichas llaves (el les culemit;
Cicerón, Phillip. 2.28.69). Se debía tratar, pues, de otras llaves. Concre mente las
de la bodega, debido a la terminante prohibición para la ml\ier de ingeri vino. Esta
prohibición es muy conocida IDion. de Halic., 11.25.6; Aulo Gellio, 10.23; linio, Hist.
Nul., XIV.14.3; Polibio, VI.2; Plutarco, Cuestiones roma/UUI, 6; Nllma y I.licurgo, 3;
Valerio Máximo, 11.1; Isidoro, OriJ(., X.3; Nonius, atl Cieer. Repllbl., IV. ; Tertullia-
no, ApoloJ(., VI; Eliano, VaJ'ÍlU> hi¡¡t()rim~, 11.38; Lactancio, lust. dirl-, l. 2; Horacio,
OcIas, 111.12). Para los antiguos, el vino es como ingresar una droga en 1 cuerpo de
la mujer. Esto podía tener como resultado una predisposición al adulteri . Así lo se-
ñala Dionisio de Halicarnaso, en el sentido de que Rómulo pensaba q e el ingerir
vino es el punto de partida de la liberación del espíritu femenino, y la e briaguez el
comienzo del adulterio. Valerio Máximo lo dice en forma más revestid mente reli-
giosa: "La intemperancia de J..iber Palt'r es el grado más próximo que nduce a la
Venus ilícita". Vigente hasta el siglo 11 a.C., luego desaparece como cau al justifica-
tiva. Y finalmente, la tercer causal, la del euLuUerio se justifica como la m' ima ofensa
hecha al marido y a la familia. Con la particularidad de que lo punible el adulte-
rio de la ml\ier, pero no el del marido. Catóa expresa bien pintorescamen esta dife-
rencia de tratamiento del adulterio conyugal: "Si sorprendieras a tu m 'er en adul-
terio, puedes matarla impunemente sin formarle juicio, pero si ella te s rprendiera
a ti en cualquier infidelidad conyugal, ella no osará, ni tiene derecho, a [over ni un
dedo contra ti" (cf. Aulo Gellio, 10.23, in /i"e: J¡~ adulterio uxorem tlla/" i deprehen-
aiss('s, si"e i/ulieio implllw necw·es.· ita te, si adulteral'es, dígito "on un .ret, ueqlle
i/lS ('st). I
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 175

mantener lá estabilidad del matrimonio: "Firmiteremm maiores nostri


stahilia matrimonia esse voluerunt". Y ello ocurre por más de cinco si-
glos. Los autores no nos han dejado mención expresa de divorcios. Todo
ello significa que los mores señalaban la necesidad de mantener las
uniones matrimoniales de por vida.
Los testimonios literario-históricos que nos han quedado están con-
cordes en que los primeros divorcios se produjeron alrededor de fines
del siglo III a.C. Valerio Máximo (2.8.2) nos habla de un tal Lucio An-
nio, quien se divorció de su mujer sin haber recurrido previamente al
consilium amicorum. Y nos dice que por ello se lo privó de la dignidad
sacerdotal. Y más citado es el caso de Spurius Carvilius Ruga, califica-
do de hombre ilustre (vir nobilis), quien se divorció de su mujer debido
a que era estéril y no le había dado descendencia. El caso provocó una
gran alteración, interviniendo los censores, quienes alarmados por el
agravio a los mores imperantes en la sociedad romana, obligaron al
marido a jurar que se había casado con su mujer para tener hijos. Pero
ello no obstante la argucia jurídica a la que se recurrió no impidió que
Spurio Carvilius Ruga viviera hasta el final odiado por el pueblo (Aula
Gellio, Noct.Attic., 17.21.44; 4.3.1-2; Dionisia de Halicarnaso, 11.25.7;
Valerio Máximo, 2.1.4)1>.
Queda sin embargo un estado de duda acerca de si existieron real-
mente otros divorcios cumplimentando las disposiciones legales o con-
suetudinarias. Lo que llama la atención es que precisamente en los dos
casos citados, los mismos tienen la particularidad de haberse separado
de las reglas legales fijadas en la vieja ley de Rómulo. El caso de Spu-
rius Carvilius Ruga pasaría por ser el primer caso de repudio efectuado
por una causa ajena a las admitidas en derecho, y el de Lucio Annio el
primero realizadoahsque sententia amicorum. Pese a ello, la forma cómo
se expresa Aulo Gellio (4.3.1) acerca de "nullius etiam tune matrimo-
niis diverlentiblls", reforzaría la idea de que no existieron divorcios an-
teriores. Además, el hecho de que la tradición los haya recordado tan
especialmente nos hace ver las limitaciones que tenía el replldillm en
esta época primitiva.7

6 En cuanto a la fecha en que ocurrió este repudio de Spurio Carvilio Ruga,


Aulo Gellio lo establece en el año 230 a.C., mientras que Dionisio de Halicarnaso lo
ubica en el año 231 a.C., En cambio Valerio Máximo y Plutarco dan fechas más anti-
guas. A su vez, respecto del caso de Lucio Annio, Valerio Máximo lo da como ocurri-
do en el año 307/6 a.C., fecha confirmada por Tito Livio ax.43.25).
7 Cf. Olis Robleda, El matrimonio en el Dere~ho Rc-uCUJo, Universitil. Grego-
riana Ed., Roma, 1970, p. 258. A ello se suma la cita ya mencionada de Cicerón en de
rep.(6.2.2). Es interesante lo que dice Valerio Máximo (10.9.2-3) acerca de que el di-
vorcio era considerado algo más grave que el celibato "porque con el celibato se des-
precia simplemente la religión del matrimonio; pero con el divorcio se la trata inclu-
176 ALFREDO DI PIETRO

II. 2. Para la época de Octavio Augusto, la situación so~ial de los


"matrimonios, de los divorcios y la incidencia que ello tenía e~ el eviden-
te decrecimiento de los nacimientos era muy grave. Por ello flictará al-
gunas leyes. Por un lado sanciona las denominadas "leyes ca~ucarias".
Estas fueron la lex Julia de maritandis ordinibus (año 18 a.(::.) y la lex
Papia Poppaea (año 9 a.C.), ambas conocidas luego como upa unidad
(lex Julia et Papia). La legislación se completaba con la lex Jul~a de adul-
teriis (año 18 a.C.).
Pero estas leyes, en general, no siguen una línea de políti~a legisla-
tiva de prohibir los divorcios. Por el contrario, la mayoría ~ ellas te-
nían evidentes propósitos demográficos, así como también c,rregir las
costumbres 8 • Conforme con este corpus legislativo, se obliga ~ los varo-
nes mayores de 25 años y menores de 60 y a las mujeres comprendidas
entre los 20 y los 50 años a contraer matrimonio. Esto regía inpluso para
los viudos y los divorciados, que debían casarse inmediatamepte, mien-
tras que las viudas y las divorciadas tuvieron un plazo de e$pera, que
se extendió a 18 meses y dos años, respectivamente. 9

i
so con injuria". Y también lo que nos dice este mismo autor (2.2.6) acerpa de que el
consejo era que debían intentarse todos los medios para que en caso de d~sputas con-
yugales: "Siempre que surgía alguna desavenencia entre el marido y la ¡mujer, iban
al templo de la divinidad aplacadora del varón (Viriplaca), que se levanJ en el Pala-
tino, y hablando allí cada cual lo que quería, depuesta toda animosida4, volvían al
hogar en buena concordia. La diosa recibió este nombre porque aplacab~: por ello es
digna de veneración, y yo creo que con los mejores sacrificios, como guar4iana que es
de la paz doméstica de cada día". I

8 Este último aspecto se puede encontrar en ciertas prohibicionE/s de matri-


monio. Así, a los ciudadanos ingenuos se les prohibe casarse con mujefes de mala
fama (prostitutas, alcahuetas, cómicas, etc.). Igualmente a los senadore se les pro-
hibe casarse con libertas. Los matrimonios contraídos pese a esta prohib ción no son
nulos, pero a los efectos de estas leyes caducarias, se los considera como¡ no celebra-
dos. Por un senadoconsulto de la época de Marco Aurelio y Cómodo (seg¡unda mitad
del siglo 11 d.C.) se los declara nulos (Paulo, Digesto 23.2.16 pr.).
9 Siendo evidente la finalidad de aumentar los nacimientos, que4aban exen-
tos de estas obligaciones los hombres y las mujeres ingenuas que hUbiejan procrea-
do por lo menos tres hijos legítimos (ius liberol"llm); en cambio, a los lib rtos y a las
libertas, se les exigen cuatro hijos (Gayo 1.194; 3.44; Ulpiano, 16.1; Pau o 4.9.1 ss.).
Las mujeres que alcanzaban este ills liberorum gozaban de ciertas ventajas jurídi-
cas, entre las cuales una de las principales era el evitar caer en la tutelq, mlllierum,
pudiendo de este modo administrar y disponer libremente de sus bienes.IAdemás, se
sancionaba a los solteros que no se casaban (caelibes) y a los casados q3e no tenían
hijos (orbi). Los primeros no podían adquirir nada a título hereditario, ientras que
los segundos sólo la mitad. Lo que les hubiera correspondido era denom nado cadu-
cum, y se adjudicaba a los demás herederos testamentarios o legatarios¡, que tuvie-
ran por lo menos un hijo. A defecto de éstos, los bona caduca se atribu)¡'en al aerrv
num, y más tarde (época de Caracalla), al Fisco. !
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 177

Estas leyes augusteas no gozaron de simpatía en Roma. Fueron


luego progresivamente suprimidas, a partir del siglo IV d.C. El motivo
principal fue, a partir del Cristianismo, que los principios de la nueva
religión favorecían el celibato religioso y desaconsejaban las segundas
nupcias.

n. 2. 1. Pero en lo que respecta al divorcio Octavio Augusto lo con-


tinúa manteniendo como modo de extinción del matrimonio. Lo único
que establece es que, en caso de repudium, es decir de ruptura unilate-
ral del vínculo, debía seguirse una formalidad especial.
Para su época, la costumbre usual era el empleo de ciertas locucio-
nes (comprobata verba). Así, ''Ten para ti tus cosas" (Tuas res tibi habe-
to) y también "Ocúpate tú misma de tus asuntos" (Tuas res tibi agito);
(Gayo, Dig. 24.2.2.1), las cuales eran generalmente empleadas, sin ser
obligatorias. Pero, por la lex Julia de adulteriis (año 18 a.C.), Octavio
Augusto estableció que el divorcio debía se!' realizado de una manera
formal. El cónyuge que quería repudiar al otro, debía enviarle por me-
dio de un liberto un libelo anunciándole su voluntad de divorciarse; el
acto de entrega debía suceder ante siete ciudadanos púberes (Paulo Dig.
24.2.9: Nullum divortium ratum est, nisi septem civibus Romanis pu-
beribus adhibitis praeter libertum eius, qui divortium faciet (''Ningún
divorcio es válido, sino habiendo sido presentados siete ciudadanos ro-
manos púberes además del liberto del que hiciere el divorcio")
Si bien los textos parecen indicar que el repudio efectuado sin las
formalidades de Augusto no sería válido (cf. además, Ulpiano (Dig.
38.11.1.1): "La ley Julia de adulteriis tiene por no hecho el divorcio, si
no se hubiera hecho de cierto modo"), la jurisprudencia mantuvo el cri-
terio de que por el mero desestimiento de la affectio maritalis el matri-
monio quedaba disuelto (cf. Ulpiano, Dig. 24.1.35; Dig. 38.11.1.1; Pau-
lo, Dig. 24.2.9).

En realidad, el propósito de la lex Julia de adulteriis fue:


(a) Obligar al marido a tener que denunciar el adulterio de su mu-
jer, ya que de lo contrario se lo acusaba de lenocinio (inducir a la mujer
a tener relaciones extramatrimoniales). Así lo dice Ulpiano (Dig.
48.5.2.2: "Por la ley Julia de adulteriis se estableció ciertamente el deli-
to de lenocinio, porque se fijó pena contra el marido que hubiera recibi-
do alguna cosa por el adulterio de su mujer; y también contra el que re-
tuviera a la sorprendida en adulterio". Se interpretaba que "el que
consiente que delinca su mujer, o menosprecia el matrimonio, y el que
no se indigna por la mancillación (contaminationi non indignatur), no
castiga con pena al culpable" (Ulpiano, Dig. id. 3).
178 ALFREDO DI PIETRO
i
(b) Para que constase exactamente el momento (divorcip) desde el
que podía entablarse la acusación de adulterio contra la mUJtr por par-
te del marido (iure mariti) y del pater de aquella (si V'lene los dos a
acusar, primero aquél), o empezar a computarse los 60 días, partir de
los cuales era posible la acusación también por cualquier otro ciudada-
no, interesado en ello, durante cuatro meses útiles. I

Como se ve, la legislación de Octavio Augusto no iba e dirección


de suprimir los divorcios, sino a reglamentar ciertas cuesti nes espe-
ciales vinculadas con el adulterio o el lenocinio. Por el cont rio, hasta
el final de la época clásica regirá el principio general de la lib rtad para
divorciarse. Por lo tanto, los pactos de que no fuera lícito div rciarse, y
las estipulaciones que aportaban penas al que se hubiese ivorciado,
no eran válidas (Paulo, Dig. 45.1.134 pr.; Alejandro Severo, Cod., 8.39
(38) 2: año 223).10

II. 2. 2. Además, el proceso de.deterioro de las costum


continuo aumento. En el célebre pasaje de Séneca (siglo 1
tuación queda descripta con total intensidad: "¿Es que tod vía queda
alguna mujer que se avergüence al ser repudiada, después que algu-
nas damas, de noble e ilustre linaje, cuentan sus años no por el número
de los cónsulesl\, sino por el de sus maridos, y se divorcian ara casar-
se, y se casan para divorciarse? (de benef. 3.16.2-3)12. .
Y respecto de las causales para invocar el divorcio, Juv~nal (6.142
,ss.) nos demuestra la banalidad en que se había caído: "No ~ a la espo-
sa lo que ama el esposo, sino solamente a su cara. Bastan q~e se dibu-
jen en la cara de Bíbula tres arrugas, que la piel se estire y ~e seque, y
que los dientes se oscurezcan y los ojos se achiquen, para qu su mari-
do Sertorius se vaya en busca de nuevos amores. Y no será el marido
I
I
!
I

10 Más aún, en los comienzos de la época clásica, el paJer podía di,'Olver el ma-
trimonio de sus hijos sometidos a su patria. potestas que estuvieran cas dos en ma-
trimonio libre (süw mmtu). Esta superioridad manifiesta de dicha po tad paterna
fue derogada en tiempos de Antonino Pío (Paulo, 5.6.15) o de Marco urelio (Cod.
5.17.5, Diocleciano; Ulpiano, Dig. 24.1.32.19; Dig. 43.30.1.5).
11 Una de las maneras de contar los años entre los romanos erafmputando
los diversos consulados. Los cónsules son magistrados epónimos, es de ir dan nom-
bre al año.
12 y agrega: "¿Hay ya vergüenza alguna de cometer adulterio, un vez que se
ha llegado al extremo de que ninguna mujer tenga marido sino para ex ·tar al adúl-
tero? La castidad hoy día es prueba de pusilanimidad. ¿Qué mtÜer en ntrarás tan
miserable y consumida que se contente con un par de adúlteros y que o les divida
las horas del día? Y no basta un día para todos, si no se ha hecho cond cir en litera
con uno, y ha pasado la noche con otro. Es vulgar y anticuada la que n sabe que el
matrimonio es vivir con un adúltero".
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 179

mismo, sino un esclavo o un liberto quien dará la noticia a la esposa


abandonada: ¡Junta tu ropa y márchate! Tu nariz es demasiado húme-
da. Tengo ya otl"lil con la nariz seca".

SEGUNDA PARTE
EL DIVORCIO EN LA LEGISLACIÓN POSCLÁSICA CRISTIANA
1. 1. A partir de Constantino, se notará un cambio en la legislación
relativa al divorcio. Este nuevo rumbo que tomará el primero de los
emperadores cristianos, se prolongará desde comienzos del siglo IV d.C.
hasta el mismo Justiniano (527-565 d.C.) y también por los emperado-
res bizantinos posteriores. Para poder tener una idea más exacta de este
cambio, hay que tener en consideración ciertas circunstancias espe-
ciales:
(a) En este período nos encontramos con toda una serie interrumpi-
da, a veces de obispos y otras de simples sacerdotes, los cuales fueron
admitidos favorablemente por los emperadores. Así, en la corte de Cons-
tantino encontramos a Osio de Córdoba, a Eusebio de Cesárea e inclu-
so a Lactancio, el cual mereció ser nombrado como preceptor del hijo
del César, de nombre Crispo, sin olvidar que le dedicó a Constantino
sus Divinae institutiones (1.1.13; 7.27.12). En el período posterior, re-
sulta muy importante la figura de San Ambrosio, cuya figura será la
más representativa hacia el fin del siglo IV. El obispo de Milán tendrá
una idea bien clara de que la doctrina cristiana podrá nutrir y vivificar
la romanitas del Imperio. Otras figuras importantes serán San Juan
Crisóstomo calificado como "el ideal del obispo" y el Papa León, quien
gozaba del aprecio del emperador Valentiniano 111. Igualmente Justi-
niano se supo rodear de viejos sacerdotes con los cuales discute sobre
muchos puntos de teología.
Todo ello significará una muy sensible influencia de la doctrina cris-
tiana sobre las leyes civiles del Imperio.
(b) La legislación en defensa de la fe católica comienza ya desde
Constantino. Según la ley que figura en el Código Theodosiano (16.6.2),
este primer emperador cristiano, a pesar de todas las dudas acerca de
su verdadera conversión personal, estableció que nihil aliud praecipi
volumus quam quod Evangeliorum et Apostolorum fieles et traditio ser-
vavis. Yen general, en sus leyes se exalta la lex christiana, la sanctissi-
ma lex, la sacrosanctae religionis auctoritas (CTh. 16.2.5; año 323; 16.5.1
= Codo Iust. 1.5.1; año 326). Y con posterioridad, el emperador Cons-
tancio califica a la ley divina como superna lex (CTh.12.1.49.2; año 361)
yen una constitución debida a Valentiniano, Valente y Graciano, la ley
divina es denominada lex nostra (CTh. 16.2.21; año 371).
180 ALFREDO DI PIETRO

Para denotar la importancia del Cristianismo, basta I finalmente


mencionar la célebre constitución Cunctos populos de los emperadores
Graciano, Valentiniano y Theodosio, que figurará como la ley inicial del
Código de Justiniano (1.1.1; año 380). Se dice en la misma:! "Queremos
que todos los pueblos, que rige el imperio de nuestra clem~ncia, profe-
sen aquella religión que enseñó a los romanos el divino ap?stol Pedro,
según declara hasta hoy la propia religión por él mismo predicada, y
que es manifiesto que siguen el Pontífice Dámaso, y Ped~, obispo de
Alejandría, varón de apostólica santidad, esto es que crearnos confor-
me a la disciplina apostólica y a la doctrina evangélica enlla sola dei-
dad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, con igual m4jestad y en
piadosa Trinidad".
y luego en la ley siguiente, debida a los mismos emperad,ores (Cod.,
1.1.2.1), se reproducen las verdades del Credo de Nicea, lq cual es re-
afirmado por Justiniano (Cod. 1.1.6.1; año 533). Las decisi?nes funda-
mentales consisten en afirmar el verdadero dogma, razónlpor la cual
se establece seguir lo decidido por los cuatro primeros COJilcilios (esto
es, el de Nicea, el de Constantinopla, el primero de Efeso y ~l de Calce-
donia), dándole a sus resoluciones el total apoyo de la ley c~" il: " ...sien-
do notorio que sostenemos y custodiamos la regla de fe ju to nosotros
enseñada a todos los fieles de la santa iglesia católica yapos ólica" (Jus-
tiniano, Codo 1.1.7.4; año 533).
(c) Si bien la política legislativa de los emperadores cristianos se
centrará en la persecución de las numerosas herejías, más 'I'delicado es
el problema de la adecuación de los canones eclesiásticos a las leges
imperiales 13 • Para Justiniano, los canones son la guía y la directiva ge-
neral de las leges, las cuales no desdeñan seguirlos (Nov. 83.~; año 539).
y declara que nada es más propio de la majestad imperia\qUe tomar
como modelo la clemencia y la humanidad de Dios (Cod. 5. 6.27.1; año
530; 5.4.23 pr.) y la humildad de Jesús (Cod., 1.1.6 pr.; año 33). Y esto
llega incluso a una humilde sumisión, como lo señala B. Bion~¡t4: E' nota
la superbia legislativa di Giustiniano, ma egli confessa u~ilmente di
essere ammaestrato dalle Sacre Scritture (Nov. 77.1 pr.; a~.o 539). Las
leges y.los. canon:s funcionan c~m~ fuen~es paralelas (Justi iano, Codo
1.1.8.1, ano 533, 1.3.45 (46),13, ano 530, etc.), pero que tr tan de ma-
nifestarse con la mayor armonía. De este modo, el legislaFlor civil se
complace muchas veces en señalar esa mutua correspondeIlcia, puesto
que esa buena armonía procede ex uno eodemque principio (~ov. 42 pr.;
año 536), esto es del mismo Dios. I

18 Ver sobre este problema Biondo Biondi, op. cit. l,.cap. 8.


14 Op. cit., 1, pág.239.
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 181

(d) Ahora bien, en lo que respecta al tema del divorcio, el problema


no aparecía tan claro. Los primeros Padres de la Iglesia sostuvieron el
precepto evangélico, declarando que sólo la muerte es capaz de disolver
el matrimonio, pero no otras circunstancias que dieran motivo al divor-
cio o al repudio. Incluso en el Concilio de Elvira (año 306) se ordenó que:
"Las mujeres que abandonan sin motivo a sus maridos y se casan con
otros no deben recibir en su vida la comunión" (canon 8). A su vez, si el
hombre cometió adulterio, se le debe prohibir a la mujer que pueda
unirse con otro, y si lo hace, no podrá recibir la santa comunión antes
de que se muera el hombre que abandonó, a no ser que se esté en un
inminente peligro de muerte (canon 9)15.
Sin embargo, tal como lo habíamos visto el divorcio era algo pro-
fundamente admitido en la sociedad romana. Y muchas veces, los rec-
tores de iglesias permitían a las mujeres, de acuerdo con la;; circuns-
tancias ocurridas, contraer nupcias nuevas durante la vida de sus
maridos. San Epifanio (Panarion, 1.59.4) cree que la Iglesia debe tole-
rar estos nuevos matrimonios en atención a la debilidad humana. Y en
general, la Iglesia oriental no se atrevió a abolir totalmente el divor-
tium ex rationabili causa, permitiéndolo en caso de adulterio, y otras
causas análogas a esto o a la muerte, tales como desaparición, prisión,
esclavitud, locura, consagración a la vida monástica, consagración epis-
copal, negativa a cumplir el deber conyugal (divortium sine damno, bona
gratia)16. También por otras causas, como la alta traición, asechanzas
a la vida de un cónyuge, conducta desvergonzada, apartar al propio hijo
del bautismo (divortium cum damno).
En cambio, en la Iglesia occidental, especialmente en la romana, se
mantuvo firme el principio de la indisolubilidad del matrimonio, aún
en caso de adulterio. Sin embargo, costó mucho empeño el lograr la vi-
gencia efectiva. Una prueba de las dificultades la tenemos en las pala-
bras de San Agustín, quien para su época, reconoce en su De coniugiis
adulterinis (11. cap. 17): "¿Y quién no sabe cuán raras son las que viven
con los hombres tan castamente que, aunque unos las abandonen, no
busquen otros?".

15 A su vez, por un sínodo de Arlés (distinto del celebrado en el año 314), se


estableció que se debía evitar con toda energía que el hombre abandonara a su mujer
y tomara a otra mientras viviera aquella, y si sucediera, se le debe excluir de la co-
munidad católica.
16 Respecto del adulterio se invocaba a San Mateo 5.32. Respecto de estas cau-
sales, tomo la cita de A. Knecht, Derecho matrimonial católico, Madrid, Ed. Rev.
Derecho Privado, p. 552, quien remite a las obras de J .Perrone, De matrimonio chris-
ti ano (1858, III, 253), A. Esmein, EtlldeS sur l' histoire dll droit cwwniqlle privé (1891,
pp.49 ss. y el propio Knecht, Grundriss des Eherecht, p.28).
182 ALFREDO DI PIETRO

11. 2. Frente a esta situación, era difícil establecer la po ítica legis-


lativa por parte de los emperadores cristianos en esta mat ria del di-
vorcio. Por un lado, pesaba sobre ellos el peso de una tradic' ón milena-
ria que lo admitía. Por el otro, el estado no muy claro establ cido por la
propia Iglesia. En consecuencia, se inclinarán por seguir el e píritu tra-
dicional civil romano. Pero, al mismo tiempo, siguiendo la fnoral cris-
tiana de la mayoría de sus consejeros, tratan de manteners, más seve-
ros en esta materia. .
Ello determinará una actitud de no ver con buenos oj9s todos los
divorcios. Sin embargo, esto no significó la decisión de abolit elmismo.
Ello hubiera representado la aplicación autoritaria de un cambio de
política de las costumbres con valor de un acto "revoluciona io" respec-
to a la seguida en los largos siglos anteriores. Como lo vere os, la polí-
tica de los emperadores "cristianos" será muy prudente, pe o también
muy decidida a restringir las separaciones que fueran inju taso
Por lo general, se admitirá el divorcio cuando ambos 'nyuges es-
taban de acuerdo en no continuar la relación matrimonia. En estos
casos, se interpretaba que no queriendo ninguna de las p rtes conti-
nuar la vida en común, y habiendo regulado por ello las co secuencias
patrimoniales que el divorcio traía consigo, el ius nada de ía decir al
respecto. En cambio, el problema se presentaba de mane a distinta
cuando la separación era unilateral, es decir que el marido pudiara a
su mujer, o viceversa ésta a aquél. Para estos supuestos, e contraron
el motivo para entrar en la consideración de las causales, t tando de
discernir aquellas que, de acuerdo con el estado vigente d los mores,
podían resultar justificadas, y de aquellas otras en las cualef no existía
ninguna justificación. I

De este modo, la política legislativa se moverá en torno a estos di-


vorcios unilaterales, por lo general señalando las causas e justifica-
ción y sancionando con penalidades económicas y a veces p rsonales a
aquellos que repudiaran al otro cónyuge sin causa admitid . Hay que
ver que con ello, se lograba una cierta advertencia al cónyu e que que-
ría disolver el matrimonio, que en esos tiempos alcanzaba n grado de
efectividad bastante apreciable. Con ello, estos nuevos e peradores,
signados por la fe cristiana, no hicieron sino aprovechar u estado de
cosas ya existente. !

Ya en la época anterior, el temor a sufrir las penas p¡cuniarias,


consistentes sobre todo en la devolución de la dote, y en su caso de las
donaciones realizadas a propósito de las nupcias (donatione ante nup-
tias)17. Ello ha quedado expresado por las fuentes literaria, al subra-
I

17 La regla general es que las donaciones entre cónyuges están pt)ohibidas (Ul-
piano, Dig. 24.1.1). Pero, ya en la época posclásica, por influencia de ruta práctica de
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 183

yar las graves consecuencias que podría traer al marido el riesgo de tener
que devolver los bienes dotales. Así, Horacio (Odas, 1I1.24.19) expresa
el estado de avasallamiento del marido a la mujer opulenta: ...dotata
regit virum coniux18 • Juvenal nos dice por su parte que nada hay más
intolerable en este mundo que haber contraído matrimonio con una
mujer rica: Intolerabilius nihil est quam femina dives MA60). y el
mordaz Marcial (VIII. 12.1-2), declara quejamás se procuraría una uxor,
porque no quiere vivir ahogado por el velo nupcial: Uxorem quare locu-
pletem ducere nolim quaeritis? Uxori nubere nolo meae.

III. 1. Legislación de Constantino. El emperador Constantino será


el primero en dictar una constitución sobre el repudio unilateral. La
misma figura en el Código Theodosiano (3.16.1) y es del año 331.
En ella se admite el divorcio por mutuo consentimiento, puesto que
nada se dice de ello en la letra de la constitución imperial. Su atención
estará dirigida fundamentalmente al divorcio unilateral. Acá, como lo
hemos dicho, se .planteaba una cuestión de justicia, cuyo interrogante
principal era la pregunta: ¿Está justificado por alguna razón atendible
aquél que repudia al cónyuge a hacerlo? Y en su caso considerar los efec-
tos que podría tener su actitud, ya esté ésta fundada en algún motivo
serio o éste no exista. Hay que considerar que a la luz de la historia del
divorcio romano en la época pagana, el repudium había sido totalmen-
te aceptado e incluso a partir de una determinada época para ser ejer-

las provincias orientales del Imperio, aparece la costumbre de que el marido efectúe
una donación a su futura ml.\ier, cuya validez y efectos quedan supeditados a la cele-
bración y subsistencia del matrimonio. Es la llamada donmio ante nllptias, la cual
aparece distinta de los regalos nupciales, generalmente más modestos. La función
que tenía era la de constituir una reserva en favor de la ml.\ier y de sus hijos. Justi-
niano, aprovechando un antecedente del emperador Justino 1, quien permitió que la
donación fuera aumentada luego de celebradas las nupcias (Cod., 5.3.19), ampliará
las posibilidades, permitiendo -no obstante la prohibición de donaciones entre cón-
yuges- que este tipo de donaciones puede celebrase directamente luego de celebra-
das las nupcias, aunque vinculada a su celebración. Debido a ello, cambia la vieja
denominación y las denomina donaÜo"es propter "'lptia8 (donaciones por causa de
las nupcias; Cad. 5.3.20; Inst., 2.7.3). El papel que se le asigna es el de ser una
contrapartida de la dote. De este modo, se confirma la costumbre oriental, cuyo nom-
bre griego de auti{ema (contradote) figura en una ley del Código (5.11.7.2). Más aún,
pasa a ser obligatoria para el marido o su patero Finalmente Justiniano estableció
que su monto debía ser equivalente al de la dote (Novela 91.1), con lo que confirma el
papel que estas donaciones jugaban.
18 Todo esto incitaba al marido a conservar la ml.\ier que había tomado por el
deseo de beneficiarse con aquella. Ello le hace decir a J. Carcopino: ''Es evidente que
nada católico podía esperarse de tan judío proceder" (La (licia cotidiUlla ell Roma en
el apogeo del Imperio, Lib. Hachette, Bs. As., 1942, p. 155).
184 ALFREDO DI PIETRO

citado por ambos cónyuges. Pero como aquí no había consensfs, se abría
la puerta para juzgar la conducta del que unilateralmente fomaba esa
decisión. Como se lo ha notado, este tipo de consideración ~e las razo-
nes alegadas por una de las partes guarda un cierto parecid9 con el tra-
tamiento del divorcio en sus comienzos, es decir en la éPocaj.e Rómulo,
sobre todo por la diferencia de las penalidades estableci as para el
marido y la mujer, en caso de que uno de ellos produjera el ivorcio sin
causa suficiente unilateral para ambos cónyuges, pero el ismo para
ser lícito tenía que fundamentarse en causas justificadas. I
Hay que advertir que el divorcio unilateral, en la consti]Ción cons-
tantiniana, producía siempre su efecto de disolución de las n pcias. Pero
el mismo podía ser llevado a cabo por causas justificadas, y tras veces
por causas injustificadas. En este orden de cosas, se apre ian en for-
mas distintas las razones aducidas por el marido o por la rqujer.
Si se trata de la hipótesis de la mujer que quiere busc~r la disolu-
ción unilateral, se establece "que no le sea lícito enviar el pudio a su
marido, a causa sólo de sus desviadas pasiones, señaland con aguda
intención, como causa, el que es ''bebedor'' (ebriosus), o 'ju dor" (alea-
torius) o "mujeriego" (muliercularius). Estas causas, pues n valen para
producir el divorcio unilateral lícito. En cambio, para hacer o de mane-
ra justificada la mujer debía alegar que se indaguen estos I delitos: "si
probare que su marido es homicida o envenenador o violadqr de sepul-
cros"19. '
A su vez, para el marido, las causas justificadas de repudio eran
también tres, y consistían en probar que su mujer o es "ad~ltera", "en-
venenadora" o "torpe mediadora" (alcahueta). ¡

Establecidas estas causas, lo que hace Constantino esl establecer


ahora las diversas consecuencias: Si la mujer repudiaba a su marido
por alguna de las causas justificadas, y no se reconoce nin na culpa
en ella, entonces su situación es amparada: el divorcio pro uce plenos
efectos y la mujer recupera o guarda para sí la totalidad d los bienes
dotales. En cambio, si lo hacía sin haber podido probar dich s causas, o
directamente sin tener causa, el divorcio queda admitido, pe "ella debe

19 Puede llamar la atención que se diferencie entre el "homicidio" y el "envene-


namiento" .. Ello obedece a la distinción que se hacía entre ambas forma de quitar la
vida a otra persona. La comisión del occido significa propiamente "aba ir a otro qui-
tándole la vida", así por ej. con una lanza, una espada, etc. o con las m nos. En cam-
bio, vene,:'um hace referencia a una preparación que se hace ingerir a 1 víctima. La
ley que pena estos delitos contempla ambas acciones. Es la lex Corneli de sicariis et
veneficis (Digesto, 48.8; Cod., 9.16.18). Sobre el delito de "violación de un sepulcro"
existía la actio de seplllchri violati (Dig. 47.12; Cod., 9.19). Hay que Irecordar que
para los romanos el sepulchrum es una res religiosa (Gayo, 2.6; Inst. 1.9).
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 185

dejar en la casa de su marido hasta la agujilla de la cabeza y por su


gran temeridad debe ser deportada a una isla"'.lO.

III. 2. Yendo ahora al caso del marido, si éste probaba una de las
tres causas de justificación del repudio, se producía el divorcio quedan-
do los bienes dotales y las donaciones nupciales para él. Pero si el mari-
do repudiara a su mujer libre de los delitos señalados, la pena consiste
en que le deberá devolver toda la dote. Además, se le prohibía contraer
nuevas nupcias, y si pese a ello lo hiciera, "se le dará a la primera cón-
yuge facultad de entrar en la casa de aquél y transferirse a sí misma,
por causa de la injuria inferida, toda la dote de la segunda esposa".
De todo esto se puede deducir que Constantino sigue permitiendo
el repudium, el cual siempre, en todos los casos, producirá la extinción
del matrimonio. Lo que hace, como penalidad es hacer sufrir al cónyu-
ge repudiante, para el caso de hacerlo sin las causas justificativas, pe-
nas, en general pecuniarias (caso de la dote), pero también, para el caso
de la mujer la de deportatio in insula, que no es pecuniaria.

IV. 1. Constitución de Honorio, Theodosio II y Constancio. Casi un


siglo después, encontramos un nuevo ordenamiento sobre el divorcio.
Se trata de una constitución de los emperadores cristianos Honorio,
Theodosio II y Constancio (CTh. 3.16.2; año 421). Nos encontramos con
un panorama social y jurídico más o menos semejante. Por un lado el
divorcio por mutuo consentimiento -al cual tampoco ahora se hace re-
ferencia- continúa siendo plenamente admitido. La constitución de
estos emperadores está referida exclusivamente al divorcio unilateral.
Respecto de éste se sigue la misma política legislativa adoptada por
Constantino, es decir venir a diferenciar las distintas causales y esta-
bleciendo los efectos jurídicos que corresponden. En general se puede
advertir que este nuevo tratamiento de la cuestión resulta más benig-
no que el anterior.

IV. 2. En lo que se refiere a la cuestión de las causas justificativas


del "repudio", las mismas están clasificadas en "causas graves", "cau-
sas leves" o "de poca consideración", existiendo también la posibilidad
de que se realice "sin causa".
El problema principal es que en esta constitución no hay una men-
ción expresa de cuáles son los distintos casos que entrarían en los su-

20 La deportatio in insula le hace perder a la mqjer la ciudadanía romana (Ul-


piano, Dig. 48.22.6 pr.; Dig. íd., 14.1), razón por la cual no podría contraer iustae
nuptiae. Sobre esto no se dice nada en forma expresa en la constitución de Cons-
tantino.
186 ALFREDO DI PIETRO

puestos de "causas graves" o "causas leves". Quizá se podrí,+ sospechar


que es eljuez el que debía finalmente determinar la calificaciqn de acuer-
do con cada caso concreto. Pero tampoco se dice nada de est~ en el texto
de la constitución imperial. .
Cuando se habla de "causas graves" -y esto a propósito ~el repudio
efectuado por la mujer- se hace el agregado de "y una conciencia en-
vuelta por grandes crímenes". Podemos, por lo tanto interPrEttar que los
casos de crímenes ya mencionados por Constantino quedab~n acá com-
prendidos, pero dada la latitud de la expresión, también lal prueba de
la comisión de otros crímenes a los cuales no se hacía allí ~ferencia.
A su vez, la expresión de "causas leves", está referida en forma ge-
nérica a que la mujer pruebe la existencia de ''vicios de las 90stumbres
o culpas de poca consideración". La primera mención, pare~ería hacer
referencia a aquellas causas de las que hablaba Constantino Icomo "des-
viadas pasiones", es decir el supuesto del marido ''bebedor'' (ebriosus),
'jugador" (aleatorius) o "mujeriego" (muliercularius). Precis~mente no
resultaría imprudente hacerlas entrar bajo el rótulo de ''vicios de las
costumbres". Y a ellas se agregan, en forma muy indefinida ¡otras "cul-
pas de menor consideración". La política seguida ahora en la llueva cons-
titución no es negarles totalmente eficacia, pero producieIldo ciertos
efectos que son menos favorables para la mujer que si hubi~e alegado
una "causa grave". 1

IV. 3. En cuanto a las consecuencias que trae el repudiwr, hay que


diferenciar el caso del marido del de la mujer. • .,

Primer caso: existencia de "causas graves": Si el marido pJi'obare una


falta grave por parte de su mujer, es decir por haberle imputado un
"delito grave", entonces debía perseguir criminalmente a la Imisma, "e
impetrado el castigo, entre en posesión de la dote y recupere su libera-
lidad (es decir las donaciones ante nuptiae que hubiere hecho)". En este
caso, tenía la libre facultad de poder contraer nuevas nupci~s.
En el caso de la mujer que probare una "causa grave" lpor delito
cometido por su marido, quedaba "dueña de su dote" (no seldice nada
de las donaciones ante lulptiae recibidas, pero habría que pbnsar que
las podía retener). Asimismo recupera la libertad para cont~aer nuevo
matrimonio, pero en su caso no debía esperar solamente qu~ transcu-
rriera el término tradicional de un año (para evitar la turba40 sangui-
nis), sino que debía aguardar el plazo de cinco años. Esta dif~rencia de
la posibilidad de nuevas nupcias entre el marido -podía casa~e nueva-
mente sin plazo- y la mujer queda explicado en la misma corstitución
de este modo: "porque entonces se verá que se separó más biep por abo-
rrecimiento de su marido que por deseo de otro".
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 187

Segundo caso: existencia de "causas leves": Si el marido repudia a


su mujer por culpa de ella "que atañe a las costumbres, no a los deli-
tos", entonces recuperaba las donaciones nupciales, pero debía dejar la
dote a su mujer. Podía contraer nuevo matrimonio, pero debía esperar
para ello un bienio" (CTh. 3.16.2.1).
Si en cambio, "la mujer en discordia en el matrimonio probare vi-
cios de las costumbres o culpas de poca consideración" ella perdía la dote,
así como también la donación nupcial. Además, no adquiría capacidad
nupcial para contraer nuevas nupcias: "nunca, absolutamente, habrá
de unirse en matrimonio con ninguno". Si pese a esta prohibición lo
hacía, el marido repudiado tenía la "facultad de acusación conforme al
derecho". Se debía tratar de la acusación de adulterio. Lo cual debía
significar que el marido no se podía volver a casar, salvo que se diera la
circunstancia de que imputara "causas graves" o "causas leves", en cuyo
caso podía volver a contraer nupcias, ya fuere inmediatamente o luego
de dos años. Pero de suceder así, resulta extraño que ya casado con otra
pudiera acusar a su anterior mujer de adulterio. Todo lo cual no resul-
ta claro.
Tercer caso: Repudio sin causa: Para el supuesto de ruptura del
matrimonio sin haberse alegado y probado ninguna "causa grave" o
"leve", si ello se producía por parte del marido que "prefiriese disolver
el matrimonio por el solo disentimiento y la que es excluída no estuvie-
re cargada con culpas o delito alguno", entonces el marido perdía tanto
la donación como la dote, y además no podía volver a contraer matri-
monio. El texto de la constitución es bien claro: "con perpetuo celibato
soporte la pena de un divorcio temerario, lo cual consiste en la tristeza
de la soledad"; en cambio, a la mujer se la facultaba a casarse después
del término de un año (CTh. 3.16.2.1).
La mujer que producía el divorcio unilateral sin alegar y probar
ninguna causa "grave" o "leve", era castigada con mayor severidad: "Si
no probare alguna causa legítima de su divorcio, sea privada, habién-
dose quitado las donaciones que como prometida había recibido, tam-
bién de la dote, debiendo ser condenada además con la pena de la de-
portación; y a ella le negamos no sólo la unión con un segundo marido,
sino también el derecho de postliminio". Esta última situación hacía
referencia a que si vuelta, quizá perdonada de la deportación, no ad-
quiría por el postliminium, su situación anterior, con la posibilidad de
volverse a casar. En la Interpretatio Visighotica se agregaba como es-
colio: nec (locum habeat) ad propria revertendi.

IV. 4. De acuerdo con este análisis de la constitución imperial del


año 421, vemos que en general se vuelve a repetir la política legislativa
impresa en la constitución de Constantino. Hay matices de diferencia-
188 ALFREDO DI PIETRO

ción: Por un lado, resulta más amplia la alegación de las ca4sas. Estas
no quedan taxativamente enumeradas. Por el otro, se admite un régi-
men intermedio en cuanto a la alegación de las causas que hfmos men-
cionado como "leves", las cuales en el tratamiento de la cuiestión por
Constantino, directamente eran rechazadas, asimilándose el caso al
divorcio unilateral sin causa.

V. 1. Constitución de Theodosio II y Valentiniano III. U~a tercera


constitución de esta época será dictada por los emperadores ITheodosio
11 y Valentiniano III en el año 449. Figura en las Novellae T~eodosiani
(12) y aparece reproducida en el Código de Justiniano (5.17f8). Acá se
avanza más firmemente en la técnica legislativa tendiente ~ reprimir
el divorcio, planteando nuevas exigencias. •
Por de pronto, aparece acá una formalidad expresa pa~a poderse
divorciar, consistente en el envío de un libelo. El texto de h~ constitu-
ción, en su parte inicial establece:
"Consensu licita matrimonia posse contrahi, contracta noni nisi misso
repudio dissolvi, praecipimus. Solutionem etenim matrimoni. difficilio-
rem debere esse, favor imperat liberorum" (ManClamos que 10f:\ matrimo-
nios lícitos se puedan contraer por el consentimiento, pero q*e los con-
traídos no se disuelvan sino habiéndose enviado el repudio. ¡Porque la
consideración a los hijos manda que deba ser más difícil la ~isolución
del matrimonio). •
Este párrafo, así como el resto de la constitución imper~al merece
señalar algunas precisiones: ,
( a ) De la lectura de este párrafo inicial, podemos dedu~ir que se
prescribe ahora una forma concreta para poder divorciarse: e~ envío del
libelo de repudio. El texto de la constitución es muy lacónico:¡ contracta
(matrimonia) non nisi misso repudio dissolvi. 21 En la época ~nterior a
esta disposición, la práctica del envío del libelo debió habet caído en
desuso, bastando cualquier medio probatorio para considerair operado
el divorcio. Ello podría traer, en ciertos casos, alguna duda¡ sobre las
características del divorcio. Sin embargo, no cabe pensar en Hue ahora
se pretende revivir las formalidades de la época augustea (er).vío delli-
belo de repudio por medio de un liberto, debiendo ser declarado ante
siete testigos). Acá se habla del envío de un simple libellus, s~n hacerse

21 Debiendo formalizarse el divorcio con el enVÍo del libellll8, y no ¡pudiéndose


disolver las nupcias sin este requisito, se abre ahora la posibilidad del d~lito de ''bi-
gamia", por cuanto el primer matrimonio continuaba. Bajo Justiniano po~ía ser cas-
tigado incluso con la pena de muerte (Theophilus, 1.10.6-7).
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 189

ninguna mención de la presencia de testigos. Resulta claro, dada la


importancia que Theodosio 11 y Valentiniano 111 le han dado a este "li-
belo", que si hubieran creído necesario esta asistencia testimonial, la
hubieran mencionado.
( b ) Además, esta forma ahora exigida del libelo expreso, se aplica
a toda clase de divorcio, es decir ya fuere por "mutuo consentimiento" o
efectuado en forma "unilateral". En efecto, el párrafo no hace ninguna
distinción. La fundamentación de que la medida está tomada favor li-
berorum, y por ello "deba ser más difícil la disolución del matrimonio"
es de neta inspiración cristiana.
Esta mayor dificultad tendría mayor aplicación respecto del repu-
dio unilateral. En el texto no se dice nada sobre la necesidad de men-
cionar las causas por la cual alguien decide divorciarse, pero creemos
que dada la importancia de las mismas, lo normal sería que en el libelo
habría que mencionarlas. Para el caso del divorcio por ''mutuo consen-
timiento", el libelo debía ser igualmente enviado. Así se comprueba por
la constitución de los emperadores Anastasio y Theodoro del año 497
(Código 5.17.9), que no parece introducir esta forma del libelo, sino más
bien confirmarla, puesto que se hace referencia a la constitución ante-
rior de Theodosio 11 y Valentiniano 111, reafirmando .que enviado mu-
tuamente el libelo, aún sin contener ninguna causa, la mujer podría
contraer nuevas nupcias sin esperar el quinquenio, sino que lo podría
hacer después de un año.

V. 2. El resto de la constitución de Theodosio 11 y Valentiniano 111,


se refiere propiamente al divorcio unilateral. Continuando la política
legislativa impuesta en las constituciones anteriores: "Porque así como
prohibimos en su justo límite que sin justa causa se disuelvan los ma-
trimonios, así deseamos que se libre, aunque con infausto pero necesa-
rio remedio, el apremiado o la apremiada por adversa necesidad". De
este modo, se incita a los cónyuges, sea el marido o la mujer, a que ten-
gan que alegar alguna causa del divorcio. Si no lo hicieran así, el divor-
cio será permitido, pero la situación del cónyuge se agrava en este su-
puesto.

V. 3. En cuanto a las 'justas causas" para enviar el libelo de repu-


dio, se abandona el régimen anterior de diferenciar entre "causas gra-
ves" y "causas leves", pasando a una enumeración muy precisa de las .
mismas: "En esta muy saludable ley designamos muy claramente las
causas de repudio". Estas están mencionadas en el párrafo 2 (caso de
las que puede alegar la mujer) y en el párrafo 3 (caso de las que puede
alegar el marido).
190 ALFREDO DI PIETRO

Analizando las mismas, podemos anotar que prácticamrnte resul-


tan comunes tanto para ser aducidas por la mujer como POjel marido.
Un dato remarcable, en el que resulta imposible dejar de señalar la
impronta cristiana, es la mención del (a) adulterio, que ahor puede ser
invocado tanto por el marido respecto de su mujer, pero t mbién por
ésta respecto de aquél. Con ello encontramos, por primera ez la equi-
paración del deber de fidelidad respecto de ambos cónyuges l.
Otras causas de común alegación son: (b) que el otro ónyuge es
homicida, o envenenador; (c) que es plagiario; (d) que es iolador de
sepulcros; (e) que sustraía alguna cosa de los edificios sa dos; <O ser
encubridor de ladrones (para el caso del marido que éste s a ladrón o
cuatrero); el marido haber sido condenado de delito de fa sedad y la
mujer "que intervenía en crimen de falsedad". Y también, g) que hu-
biere atentado contra la vida del otro cónyuge ya con vene o, con pu-
ñal o de otro modo semejante. Igualmente, respecto del arido "que
ciertamente maquine alguna cosa contra nuestro imperio y para la
mujer "que era cómplice de los que maquinaban algo cont a nuestro
imperio", entendiéndose que era más propio del hombre el lanear al-
gún acto sedicioso, en el cual el papel de la mujer podía ser ás bien el
de complicidad.
Relacionadas con las costumbres, también se establecen
sas que serían contrarias a los mores, pudiéndose notar qu están im-
plicadas las ideas cristianas, tanto por no llevar una vida digna el ma-
rido o la mujer. Aunque en este aspecto aparecen narrados los hechos
de manera distinta para los dos cónyuges. Así, la mujer p día alegar
que su marido "para menosprecio de sí propio, ha tenido, vi ndola ella
misma, en su casa reunión con mujeres impúdicas (que es o que mas
exaspera a las mujeres castas)". Y también, "que la castiga a con azo-
tes, que son impropios de las ingenuas". En cuanto al mari o respecto
de su mujer podía alegar "que, ignorándolo él o no queriénd lo, asistía
a festines de hombres extraños, o que contra la voluntad el mismo
pernoctaba ciertamente sin justa o admisible causa fuera d~ su casa, o
que prohibiéndolo él se solazaba en los juegos del circo o de 1105 teatros
o en los espectáculos de la arena en los mismos lugares e~ que estos
suelen celebrarse". También "si hubiera probado que (la m~jer) le le-
vantaba sus audaces manos".

V. 4. Si la mujer probaba la existencia de alguna de es~as causas,


entonces se producía el divorcio, pero podía recobrar la dot~ la dona-
ción ante nuptias, pudiendo retenerlas o en su caso reivindi rlas con-
forme a las leyes. Se le permite la facultad de contraer nuev matrimo-
nio después de un año, "para que nadie dude respecto a la pro e" (Código,
5.17.8.4 in fine). !
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 191

A su vez, si era el marido el que probaba la justa causa de repudio,


tenía para sí la dote como también la donación ante nuptias. Podía con-
traer inmediatamente nuevo matrimonio (Código 5.17.8.5).

V. 5. Si no se cumplían las prescripciones de la ley, la mujer que


hubiera intentado enviar el repudio, pierde la dote y la donación nup-
cial. No podrá casarse otra vez sino después de haber transcurrido un
quinquenio, "porque es justo que ella esté privada del derecho de casa-
miento, del cual se mostró indigna". Y si ello no obstante se hubiera
casado antes de pasados los cinco años, "ella ciertamente será infame,
y no queremos que su unión se llame matrimonio" (Código 5.17.8.4).
En cuanto al marido que sin causa justa hubiera querido renunciar
a su mujer, debía devolver la dote y perdía la donación nupcial (Código
5.17.8.5 in fine).

V. 6. Finalmente se establecía que las reglas de este régimen del


divorcio no podían ser alteradas por voluntad de las partes, de tal modo
"que no tengan ninguna fuerza los pactos, como contrarios a las leyes,
si algunos se hubieren hecho contras las presentes disposiciones de
nuestra majestad" (Código 5.17.8.8).

VI. 1. La regulación del divorcio en Justiniano. Finalmente llega-


mos a Justiniano. Este emperador reordenará en forma completa todo
el régimen de los divorcios, pudiéndose notar una mayor severidad
manifestada en la creciente restricción de los divorcios. Este reordena-
miento comienza con la Novela 22, del año 536. En su prefacio elogia el
matrimonio: "Porque si el matrimonio es cosa tan hermosa, que parece
que artificialmente le da la inmortalidad al género humano, y por vir-
tud de la procreación de hijos subsisten renovadas las generaciones,
donándole al mismo tiempo la clemencia de Dios, en cuanto es posible,
la inmortalidad a nuestra naturaleza, con razón nos ocupamos de las
nupcias. Porque todas las otras disposiciones, que han sido sanciona-
das por nosotros, no competen para todos los hombres, ni cosas, ni tiem-
pos, pero lo relativo a las nupcias es, por decirlo así, de toda la humana
descendencia, por el solamente también se renueva, y es digno de ma-
yor cuidado que las demás cosas". Ello no obstante, mantendrá la posi-
bilidad del divorcio, matizando los efectos de acuerdo con las distintas
formas en que éste puede ocurrir.

VI. 2. Régimen de la Novela 22:


Formas de divorcio: En la Novela 22, establecerá los principios bá-
sicos del divorcio. Por de pronto (Nov. 22.3) vuelve a repetir el principio
192 ALFREDO DI PIETRO

tradicional acerca de que el matrimonio se conforma a paIjtir del con-


sentimiento, expresado bajo la acepción del "mutuo afecto"~ sin que se
necesite el agregado de los instrumentos dotales: Nuptiae itaque affec-
tus alternus facit, dotalium non egens augmento. Pero inm~diatamen­
te después establece que todo aquello que se conviniera qajo el puro
afecto nupcial, o también con la oferta de dote o de donació~ por causa
de las nupcias, es menester que lo convenido llegue también ~n todo caso
a su disolución ...porque de todas las cosas que se hacen en~ los hom-
bres es disoluble cualquiera que se liga (quae in hominibus ~ubsequen­
tur, quidquid ligatur solubile est). A pesar de su proclama~ión de em-
perador cristiano, Justiniano sigue manteniendo el pri~cipio de la
"disolubilidad del matrimonio". Esto debe ser entendido corpo que está
hablando de la ''validez'' del divorcio. Pero como los emper~dores cris-
tianos que hemos ya visto, él se preocupa de la "licitud" de la separa-
ción, lo cual conduce a tener que distinguir los distintos s9puestos de
divorcio y la aplicación de penas para los casos injustificadqs.
Por de pronto establece cuatro clases: (a) divorcio por mutuo con-
sentimiento; (b) divorcio en ciertas ocasiones que resultan i~culpables,
que él denomina bona gratia; (e) divorcio ocurrido en formal unilateral
sin existir causa alguna y (d) divorcio unilateral por causa razonable.

VI. 3. Divorcio por mutuo consentimiento. Como habíamofj; visto, esta


forma de disolver el matrimonio existió siempre, incluso en las últimas
constituciones de le época posclásica cristiana. Justiniano, ~n un prin-
cipio, lo sigue admitiendo en esta Novela 22 (cap. IV), establefiendo sim-
plemente que "respecto a ellos nada se ha de decir aquí r~giendo los
pactos el caso según a ambos les hubiera parecido bien".
Pero más tarde, en el capítulo 10 de la Novela 117 (añ~ 542), pro-
duce una innovación importantísima, por cuanto no permitirá esta for-
ma tradicional de divorcio: "Mas como hasta el presente al~mos disol-
vían también por consentimiento sus mutuos matrimonios, no dejamos
de ningún modo que en lo sucesivo se haga esto, a no ser ac~so que al-
gunos lo hicieran por un deseo de castidad". Si hubiera hijo~ proceden-
tes de un matrimonio disuelto por mutuo consentimiento,~ había que
conservar para ellos la dote como la donación propter nupt~as. Pero si
se trataba del caso de la razón de castidad, si uno de ello~, luego del
divorcio consensuado "contrae otras nupcias, o vive lujur~osamente,
existiendo hijos, además de la dote y de la donaciónpropter r-uptias, se
les debía entregar "la propiedad plena de todos los bienes dela persona
que fuese convicta de haber delinquido. Y si fueran ambos c~lpables de
tal vicio, pasan a los hijos los bienes de ambos. Y si fueran menores de
edad, "mandamos que sean dirigidos y alimentados por el ¡padre o la
madre, que no hubiera hecho nada contra la ley", y si fueran ambos
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 193

culpables, se les nombraba a los hijos un administrador (dispensator)


por parte del juez o de la autoridad competente. ''Mas si no hubiere hi-
jos, aplíquense a las cuentas del fisco los bienes de ambas personas, y
sean sometidos a los legales suplicios los que en tales casos delinquie-
ron". y termina el capítulo de manera muy rotunda: ''Porque por nin-
guna razón permitimos que de otro modo se haga por consentimiento
la separación de los matrimonios".
Sin embargo, esta innovación de Justiniano durará muy poco. Será
su hijo Justino 11 quien en la Constitución 140, (año 566) retornará al
principio tradicional romano de admitir de nuevo el divorcio por mutuo
consentimiento. Resulta interesante la lectura del Prefacio de esta cons-
titución:
"Nada es más decoroso para los hombres que las nupcias, de las que
provienen los hijos y las demás sucesiones de las naciones, y también
los poblados de fundos y de ciudades, y el eximio estado de la res publi-
ca. Por lo cual deseamos que las nupcias sean felices para los que las
contraen, de suerte que nunca tengan necesidad de presagio favorable,
ni los unidos en nupcias se separen entre sí sin tener justa ocasión para
la disolución de las nupcias.
Pero como es difícil que en todos los hombres se observe esto (pues
es una de las cosas imposibles que en tanta muchedumbre no surjan
algunas irracionales aversiones), hemos juzgado que era conveniente
hallar para esto cierto remedio, y principalmente en los casos en que la
pusilanimidad es llevada tal punto, que se produce implacable horror
en los cónyuges que permanecen juntos.
En la antigüedad era ciertamente lícito que sin riesgo de penas se
separasen mutuamente los tales, haciéndolo por común voluntad y con-
sentimiento, de suerte que había entonces también muchas leyes que
deCÍan esto, llamando en la lengua patria "de buen grado" (bona gra-
tia) a la disolución de las nupcias que se verificaba de este modo.
Pero a nuestro padre, de divina memoria, que en piedad y templanza
excedió a todos los que en cualquier lugar y tiempo fueron Emperado-
res, ateniéndose a su conveniente y firme voluntad, le pareció bien des-
pués sancionar una ley, por la cual prohibió que los matrimonios se di-
solvieran por el consentimiento, cosa que también nosotros queríamos
que subsistiera ahora mismo.
Pero se nos dirigieron muchos que tenían horror a la unión celebra-
da entre ellos y abominaban de la misma, y que manifestaban que por
esta razón tenían lugar en su casa guerras y discordias (lo que es mu-
cho más doloroso y triste), y suplicando por ello que se disolviesen sus
matrimonios, aunque no pudieron alegar motivos por los que la ley les
concediera hacer esto sin temor.
194 ALFREDO DI PIETRO
I

Por algún tiempo diferimos el deseo y el empeño de ellosjsobre este


particular, amonestándoles ciertamente unas veces, y ameIlazándoles
otras, para que cesaran en el irracional horror mutuo y se aRresurasen
a volver a la unanimidad, y se hicieran de mejor voluntad. I
Pero no hacíamos nada. Porque es difícil cambiar a los q e una vez
han sido poseídos de irracional pasión y horror, porque a v s aconte-
ce que ellos se entregan a mutuas acechanzas, y se valen d venenos y
de otras cosas que causan la muerte, de suerte que ni los hros que les
nacieron pueden reducir a los tales a una sola y misma vol ntad".
El prefacio es sumamente ilustrativo de lo que ocurría n la socie-
dad romana de ese entonces, y es por ello que el emperado~ Justino 11
estableció la disolución del vínculo matrimonial por mutuo co~sentimien­
to: "Así, pues, juzgando ajenas a nuestros tiempos estas . as, hemos
establecido al presente una sacra ley, por medio de la que andamos
que sea lícito, como antiguamente, que por el consentimient de los cón-
yuges se disuelvan las nupcias, y que no tengan en lo suces 'vo validez
las penas establecidas en la constitución de nuestro padre contra los
que con su consentimiento disuelven los matrimonios. Porque i el mutuo
afecto consolida las nupciaf';, con razón las disuelve por el con ntimiento
una voluntad contraria, significándola las cosas que disuelv n las nup-
cias" (Nov. 140, cap. 1).

VI. 4. Divortium ex iusta causa. En este caso, Justiniarto~n un prin-


- cipio seguirá el mismo temperamento expresado en las con tituciones
de los antecesores, principalmente en la de Theodosio II y alentinia-
no 111, la cual como hemos visto figuraba en el Código (5.17 8). La polí-
tica legislativa será la misma: el cónyuge, marido o mUjer~ue alcance
a probar alguna de las justas causas lo hará sin peligro de nalidades.
En cambio, el que envíe el repudio sin haber probado la ca sa resulta-
rá peIjudicado, en principio por la pérdida de la dote y la doqaciónprop-
ter nuptias (Nov. 22.15.pr.). I
I

VI. 4. 1. En cuanto a las causas, en dicha Novela 22, qu es del año


536, comienza a confirmar las causales establecidas por Th osio. Así,
en el párrafo 1 del capítulo 15 vuelve a citar las que pod a alegar la
mujer. Yen el párrafo 2, las que podía invocar el marido. P ro ya en el
mismo prefacio de este mismo capítulo anuncia que ha intro ucido ''tam-
bién otras ciertas causas, "que hemos considerado que era qonveniente
fuesen referidas a culpa del que en ellas hubiera incurrido' .
A ellas se refiere posteriormente (Nov. 22.16.1). Son tr s, que Jus-
tiniano dice que las ha tomado de los antiguos y concierne a situacio-
nes de culpa por parte de la mujer. La primera está referi a a que la
mujer "dominada por tanta maldad" procurara intenciona , amente un
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 195

aborto, ''y contristase al marido, y le privara de hijos". La segunda men-


ciona que la mujer "si es tanta su liviandad que por voluptuosidad se
bañe aún con hombres". Y la tercera, "si subsistiendo todavía el matri-
monio hablase con otros de nupcias con ella misma".

VI. 4. 2. Las consecuencias del "divorcio con justa causa", son en


principio de orden patrimonial: el cónyuge inocente retiene para sí la
dote y la donaciónpropter nuptias. El vínculo queda disuelto, de tal modo
que si fuera el marido "le es lícito contraer desde luego segundas nup-
cias, porque no hay ninguna sospecha racional respecto de la confusión
de la prole". En cambio, a la mujer divorciada con justa causa, se le
prohibe -por la misma razón de la turbatio sanguinis- contraer nue-
vas nupcias antes dé haber completado un año luego del divorcio (Nov.
22.16.pr.).
A estas consecuencias que son las mismas establecidas en la cons-
titución theodosiana, Justiniano le agrega una novedad. Está referida
al caso de la mujer que se hubiera casado sin dote. Siendo así, el mari-
do -no existiendo alguna de la justas causas de repudio- quedaba "obli-
gado a entregarle a ella (su mujer) la cuarta parte de sus propios bie-
nes. El cálculo variaba, sin embargo, de acuerdo con el monto del
patrimonio del marido. Si este alcanzaba a 400 libras de oro (o más),
debía entregar a la mujer la cantidad de 100 libras de oro. Si el monto
del patrimonio del marido era inferior, se debía directamente calcular
la cuarta parte. Pero, guardando también el principio de igualdad reCÍ-
proca, si la mujer se separase del marido por propia culpa, o habiendo
enviado el repudio sin causa, siendo indotada, quedaba sujeta a las
mismas penas (Nov. 22.18).

VI. 4. 3. Régimen de la Novela 117. En el año 542, Justiniano pro-


cede a modifiCar la lista de las justas causas de divorcio unilateral. Da
como fundamentación q\,le: "Como en la leyes antiguas, y en las nues-
tras hallamos muchas causas, por las que con facilidad se hacen las
disoluciones de las nupcias, hemos determinado por tal motivo separar
de ellas algunas, que nos han parecido indignas para disolver las nup-
cias, e insertar determinadamente en la presente ley solamente aque-
llas por las que con razón puede el marido o la mujer enviar el repudio"
(Nov. 117.8.pr.).

VI. 4. 3.1. Respecto de las causas que podía invocar el marido para
repudiar a su mujer, estas consistían en las siguientes: (a) Si la mujer
supiera de la maquinación de algunos contra el Imperio y no la denun-
ciara, o también si no se lo indicara al marido; (b) El adulterio de la
mujer; (e) Si la mujer hubiera atentado de cualquier modo a la vida del
196 ALFREDO DI PIETRO

marido, o sabiendo que otros hacían esto, no se lo hubiera ipdicado al


marido; (d) Si, no queriendo el marido, comiera con hombres ~xtraños o
con ellos se bañara; (e) Si, no queriendo el marido, se quedaIi-e fuera de
su casa, a no ser quizá en casa de sus propios padres; (O Si ~sistiere a
los juegos del circo, o a los teatros, o a los anfiteatros como ~spectado­
ra, ignorándolo o prohibiéndoselo su marido (Nov. 117.8).

VI. 4. 3. 2. A su vez, la mujer podía alegar como justas pausas: (a)


Si el marido hubiere maquinado alguna cosa contra el Impetio, o sabe-
dor de que otros la maquinaban no la hubiera hecho sabe ~ la autori-
dad; (b) Si de cualquier modo hubiere atentado a la vida de $U mujer, o
sabiendo que otros querían hacer esto no se lo hubiese mal[lifestado a
su mujer, y no hubiere tratado de defenderla conforme a lals leyes; (c)
Si el marido hubiera atentado a la castidad de su mujer en~regándola
a otros para que cometiera adulterio; (d) Si el marido hubiera acusado
de adulterio a su mujer, y no lo hubiere probado; (e) Si el m¡arido, des-
preciando a su cónyuge, "esté en la casa con otra mujer, o fu~ra convic-
to de que viviendo en la misma ciudad permanece con frecue~cia en otra
casa con otra mujer, y reprendido una y dos veces por sus propios
padres, o por los de la mujer, o por algunas otras personas dlgnas de fe,
no se hubiera abstenido de tal lujuria (Nov. 117.9). I

VI. 4. 3. 3. En esta enunciación de las justas causas pata producir


sine periculo el envío del repudio, hay algunos puntos que ~abría que
resaltar:
(a) Llama la atención que tanto para la mujer como par!' el marido
figure como primera causal el complot contra la autorida imperial.
Denota una evidente intromisión en la vida matrimonial e un claro
interés no privado sino público. Ello aparece especialment~ resaltado
por cuanto han desaparecido los otros delitos, como el ser l~drón de co-
sas sacras, violador de sepulcros, cuatrerismo, etc. .I
(b) Aparece suprimida la causal instaurada por el prop~o Justinia-
no en la Novela 22 acerca de que la mujer intencionadamepte hubiese
provocado un aborto. 22

22 Con posterioridad, el emperador León, en la Constitución 30, renovará esta


causal. En el prefacio se hacen claras manifestaciones cristianas: "El que creó al
hombre, habiendo transformado en mujer una costilla del mismo, le unió a él una
auxiliar formada de sus mismos miembros, para que ciertamente, con~ciendo ella la
causa de su creación, aprenda de este modo por qué ley conservará ~enevolencia y
amor puro hacia su cónyuge". Por ello recuerda que "respecto a la m'f1jer que abor-
tando de intento por razón de enemistades que tiene con su marido, y ¡no dando a la
luz de la vida el feto, mata el fruto del germen del mismo, se promul~ron dos leyes,
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 197

(c) En cuanto a los azotes o palos a su propia mujer, esto no signifi-


ca una causa de divorcio, aún cuando no haya sido cometido el castigo
corporal debido a alguna de las causas justas de repudio. "No quere-
mos ciertamente que por esto se haga la disolución del matrimonio, pero
el marido, que se pruebe que sin tal causa golpeó con azotes o con palos
a su mujer, déle por tal injuria a su mujer de los demás bienes suyos,
aún durante el matrimonio, tanto cuanto constituye la tercera parte de
la donación antenupcial" (Nov. 117.14).23
(d) En cuanto al adulterio, ahora aparece una disimetría en la con-
sideración del mismo por parte del hombre y de la mujer. Respecto de
ésta basta la comisión de este gravísimo deber de fidelidad. En cambio,
en lo que hace al marido, sólo sirve como causal, que el marido tuviera
trato sexual con una mujer habiendo esto ocurrido en el propio hogar.
O que frecuentando la casa de otra mujer, en la misma ciudad (no en
otra), fuera reprendido por una triple advertencia no de la mujer, sino
de los padres del marido o de ella, o de otras personas honorables, y el
marido persistiera de tal lujuria. Con lo cual nos acercamos, más que
al simple acto de infidelidad por el acceso carnal con otra mujer, a la
idea de mantener una situación de "mancebía", sin arrepentimiento del
marido.
Esta consideración no parece realmente cercana a los principios
éticos cristianos, sino más bien una concesión al estado de las costum-
bres habientes en la época. Volvemos a los tiempos de la Roma pagana,
con una distinta consideración para el adulterio de la mujer y del mari-
do. Parecería que se trata de preservar el honor del marido.

una mandando que el marido que sufre la injuria la repudie (se refiere sin dudas a la
Nov.22), pero la otra (la Nov.117) no lo permite". El emperador León se inclina aho-
ra por considerar el caso como caw.;al de repudio: "Porque me parece absurdo y del
todo injusto, que la que cobró odio tan manifiesto contra su marido, que hace perder
el germen del mismo (pues omito las asechanzas que puso a la común naturaleza),
cohabite con él".
23 El emperador León, en la constitución 30, reincorporará la causal en que
incurre la mujer casada que, viviendo su marido, "hablara con otro de matrimonio,
como si ella misma se hubiera separado con su nefando propósito, sea separada de
aquél con la disolución del matrimonio, y sea ciertamente sometida también a las
penas pecuniarias a que están sujetas las que de otros modos sean separadas de sus
maridos". La fundamentación que da es de neta base de moral cristiana: "Porque la
que en la unión del matrimonio se juntó ciertamente en una sola carne con su mari-
do, pero no se dio por satisfecha, sino que causa afrenta al Creador que la unió, ya
mirando a otro, ya si tiene ánimo hostil contra su marido, ¿cómo no será ésta repu-
diada con justicia, cuando antes se separó por completo ella misma de la unión? Y
verdaderamente, cuando la mujer apartando con protervo propósito sus ojos de su
propio miembro arde en deseos de mirar a otro, ¿qué señales parecerán más ciertas
de su ánimo hostil contra su marido?".
198 ALFREDO DI PIETRO

Esto se deduce fácilmente de lo determinado en el capitulo 15 de


esta Novela. Así, si un marido "sospecha que alguien quierel ofender la
castidad de su mujer, y le hubiera enviado por escrito tres ~enuncias",
si descubre que pese a estas advertencias el tercero "se relIne con su
mujer, ya en su propia casa, o en la de la misma mujer, o en ~a del adúl-
tero, o en tugurios, o en los suburbios, tenga el marido lic~ncia para
matar al tal con sus propias manos, no teniendo por ello nirguna res-
ponsabilidad". Y si lo hubiera encontrado hablando con su m1lÜer en otro
lugar, luego de haber convocado a tres testigos fidedignos, ¡'por medio
de los cuales pueda probar que a aquéllo encontró con su m{¡jer, entré-
guelo al juez que conoce en lo criminal, el cual conociendol en verdad
que después de las tres denuncias por escrito fue el tal encdntrado con
aquella mujer, castíguelo ciertamente sin recurrirse a otra ptiUeba, como
incurso por esto solo en el crimen de adulterio, y tenga el m~rido licen-
cia para acusar a su mujer del modo que quisiere, y llevar s~ acusación
con arreglo a las leyes" (Nov. 117.15 pr.). '
y resulta curiosa la continuación de esta ley (Nov. 117.l5.1): "Pero
como se hallan algunos tan impíos, que hasta en las vener~bles casas
se atreven a mezclarse en tales delitos, y a tratar de pecado~ allí donde
los temerosos de Dios acostumbraron a pedir perdón de s1)ls pecados,
mandamos, que, si se hallara que en los venerables lugares alguno,
después, según se ha dicho, de las tres denuncias, hable coq mujer aje-
na, respecto a la cual cayó en sospecha, tenga licencia el matido de ésta
para entregar ambas personas al defensor de la iglesia o a l~s otros clé-
rigos, a fin de que bajo la responsabilidad de éstos sean aq~ellos custo-
diados por separado, hasta que el juez que conozca de esto lenvíe misi-
va al obispo de la ciudad para que aquellos le sean entregadps, al objeto
de sufrir tormento con arreglo a las leyes, que prohiben qu~ los adúlte-
ros sean reivindicados por las santísimas iglesias, no requiri~ndo eljuez
tampoco en este caso ninguna otra prueba del adulterio, sjino las tres
denuncias, según ya arriba hemos dicho".
"Porque mostradas estas tres denuncias, aquellos ser~n de todos
modos castigados como adúlteros. Pues no deben tales perl30nas tener
amparo en un lugar venerable, que ellas mismas desprecirron con su
propio delito; (porque si nuestras leyes no dejan que los que ~n otra parte
cometen raptos de mujeres o adulterios, y se refugian en ~as casas de
oración, sean reivindicados por éstas, ¿cómo a los que se h bieren em-
peñado en perpetrar tal delito en la misma iglesia les permi iríamos que
hallasen algún auxilio por virtud de los límites eclesiástico ?), sino que
deben ser entregados a los jueces, y sufrir la pena de quel son dignos,
los que se atreven a violar los santísimos lugares. Porque ¿~uién delin-
que allí donde pide la salvación?"
EL DIVORCIO EN EL DERECHO ROMANO CRISTIANO 199

''Yen general disponemos que, si alguno hubiere hallado a su mu-


jer, o a su hija, o a su nieta, o a su esposa (prometida) hablando en ve-
nerables lugares con alguien, y sospechase que ellos están en coloquio
con motivo de una causa torpe, entréguelos al defensor o a los demás
clérigos de la santísima iglesia, para que ellos mismos custodien a su
riesgo separadamente a ambas personas, hasta que el juez las reciba,
y falle la causa con arreglo a las leyes".

VI. 4. 3. 4. En cuanto a los efectos del repudio debido a una justa


causa, son en general los mismos que habían sido dispuestos en la No-
vela 22. Es decir, la pérdida de los bienes dotales y de la donación nup-
cial por parte del cónyuge culpable. Y en caso de un matrimonio cele-
brado sin dote, se sigue manteniendo la regla de que el cónyuge culpable
debe dar al otro la cuarta parte de sus bienes (Nov. 117.8; 9;5).
Se recalca especialmente que "de ningún modo sean peIjudicados
los hijos nacidos de tales nupcias por virtud de la separación". El cón-
yuge inocente tenía la tenencia de los hijos. El padre culpable debía
alimentar a los mismos. Si la madre era la culpable del divorcio, los hijos
quedan en poder del padre debiendo ser alimentados. Si el padre no tiene
fortuna, pero la madre es rica, los hijos pobres quedan en poder de ella
y deben ser alimentados por ésta (Nov. 117.7).

VI. 5. Divorcio unilateral sinjusta causa. Cuando uno de los cónyu-


ges enviaba el repudio sin alegar ninguna causa, o habiéndola alegado
no la hubiera probado, entonces sufrirá las penalidades pertinentes, que
Justiniano irá incrementando en los diversos momentos de su legisla-
ción.

VI. 5. 1. Novela 122. Se continúa en esta constitución con los efec-


tos que ya venían de la legislación anterior de Theodosio. Desde el pun-
to patrimonial, el cónyuge que repudiaba sin causa perdía la dote y la
donación nupcial (Nov. 122.15 pr.; id.2). En cuanto a la mujer que hu-
biera repudiado sin causa a su marido, le estaba prohibido contraer
nuevas nupcias dentro de un quinquenio posterior. Y si contraviniera
esta disposición, las nupcias no se llamarán legítimas ni estarán sin
pena. Se permite a cualquiera acusar a la mujer de haber contravenido
esta ley (Nov. 122.15.3).

VI. 5. 2. Novela 74 (cap. 5 pr; año 538). Acá se preocupa Justiniano


de la situación muy particular de muchas mujeres, a las cuales los hom-
bres "poseídos ciertamente de concuspicencia respecto de ellas, las lle-
vaban a sus casas, poniendo la mano sobre las sagradas escrituras, o
200 ALFREDO DI PIETRO

jurando en casas de oración que ellos las tomarán por legítimas muje-
res". Es decir se trataban de casos en los cuales existía el cons~ntimiento
por lo menos de cierto affectus maritalis, pero al parecer no Felebrados
con la publicidad acostumbrada, ni tampoco habiendo conv~nido docu-
mentos dotales. Ocurría "con muchísima frecuencia" que l~ego de ha-
berlas tenido en sus casas durante muc