LOS TERRITORIOS QUE PERDIÓ CHILE EN LA
GUERRA DEL PACÍFICO
Rolando Rojas
Las relaciones políticas entre el Perú y Chile en la etapa republicana se
iniciaron bajo el signo de la unificación que suponía un frente patriota
contra el poder español. El Ejército Libertador de San Martín estaba
conformado por “porteños” y chilenos, y recibió financiamiento del
gobierno chileno. En los años de la Confederación Perú-Boliviana (1836-
1839), Chile se opuso a esta alianza política y envió dos expediciones
militares para destruir la unificación de Perú y Bolivia. Los chilenos entraron
a Lima, pero luego de la batalla de Yungay y de provocar el derrocamiento
de Santa Cruz se retiraron del Perú. En 1866, el Perú y Chile se unificaron
nuevamente para defenderse de la agresión de la armada española. Ambas
naciones establecieron una alianza y hubo colaboración mutua para
defender los puertos de Valparaíso y el Callao.
Chile perdió más territorio del que ganó a Perú y Bolivia al
“ceder” la Patagonia a la Argentina por el tratado de límites de
1881.
Luego sobrevino la Guerra del Pacífico (1879-1883), que volvió a enfrentar a
Chile contra Perú y Bolivia. Sobre esta guerra, la historiografía tradicional
chilena cuenta que la victoria sobre Perú y Bolivia tuvo como resultado la
expansión territorial y la hegemonía sobre el Pacífico. Es la imagen más
común que circula hasta hoy en los medios de comunicación chilenos e
incluso entre peruanos y bolivianos. En este artículo queremos revisar esta
versión de la historia de la Guerra del Pacífico a partir de algunos
historiadores chilenos que proponen una lectura alternativa: Chile perdió
más territorio del que ganó a Perú y Bolivia al “ceder” la Patagonia a la
Argentina por el tratado de límites de 1881.La historia empieza en 1843. Ese
año el presidente de Chile, Manuel Bulnes, envió una misión militar que
construyó un fuerte en las proximidades del estrecho de Magallanes. Este
era el primer paso del gobierno chileno para ejercer su soberanía efectiva y
colonizar la Patagonia. Cerca del fuerte se estableció una colonia chilena
que se dedicó al comercio con los indios tehuelches, la crianza de ovejas, la
explotación de carbón mineral y la caza de lobos de mar. Después de
cuatro años de silencio, en 1847, el gobierno ar-gentino de Juan Manuel
Rosas reclamó por la instalación del fuerte e invocó derechos sobre la
Patagonia. Según Isidoro Vásquez de Acuña, autor de la Breve historia del
territorio de Chile (1991), Chile solicitó que ambos países presentaran títulos
de dominio sobre la zona en cuestión, pero Argentina difirió esta
confrontación porque no contaba con respaldo documental. En realidad, la
controversia por la Patagonia recién empezaba.
En 1856, Chile firmó con Argentina un Tratado de paz, amistad, comercio y
navegación, el cual significó un avance de los intereses chilenos. En el
artículo 33 de este tratado se estableció que ambas partes reconocían
como “límites de sus respectivos territorios, los que poseían como tales en
tiempo de separarse de la dominación española el año 1810”. Asimismo, se
señaló que en caso de controversia las partes debían evitar actos violentos
y recurrir al arbitraje de una nación amiga. Era casi una victoria chilena,
pues el gobierno contaba con cédulas reales, mapas y otros documentos
coloniales que avalaban que la Patagonia estaba bajo la jurisdicción de la
Capitanía General de Chile en 1810.
Sin embargo, la Argentina nunca abandonó sus pretensiones por la
Patagonia, y a partir de 1859 inició un proceso de penetración y
colonización creando fuertes militares y pequeñas colonias para ejercer
control efectivo de ese territorio. Dos elementos jugaban a favor de
Argentina: su fácil acceso a la Patagonia (los chilenos debían atravesar los
Andes o viajar por mar para llegar a ella) y la presión demográfica que,
como consecuencia de la política inmigratoria, facilitaba una estrategia de
colonización de la Pata-gonia. Por su parte, Chile tuvo una política errática y
la población que se expandió desde el fuerte Bulnes (trasladado y
refundado luego como Punta Arenas) llegó solo hasta las riberas del río
Santa Cruz. La Patagonia era percibida como un territorio desértico y, por
su desconocimiento, pobre en recursos naturales.
En las décadas de 1860 y 1870, ambos países trataron de llegar a acuerdos
limítrofes sobre la Patagonia, pero al parecer la política argentina consistía
en evitar el arbitraje consignado por el Tratado de 1856 y colonizar la
Patagonia para dirimir sobre hechos consumados. A esto se sumaron los
vientos de guerra entre Bolivia y Chile que llevaron a la “alianza secreta”
entre Bolivia y Perú. La Argentina fue invitada a adherirse a la alianza y la
Cámara de Diputados aprobó el tratado, pero no se llegó a aprobar en la de
senadores. Este amago de adhesión será a la larga el principal instrumento
para presionar al gobierno chileno por concesiones territoriales.
En 1878, cuando la guerra entre Chile y Bolivia ya era inminente, un
incidente casi provoca la guerra entre Argentina y Chile. Aunque la armada
chilena era ampliamente superior a la argentina, el conflicto se frenó
porque el interés de las elites estaba puesto en los ricos yacimientos de
salitre en Atacama. No obstante, cuando se declaró la guerra y en abril de
1879 las fuerzas militares chilenas se movilizaban hacia Bolivia, el ejército
argentino dirigido por el general Julio A. Roca llevó a cabo la “campaña del
desierto” ocupando la Patagonia. A este acto le siguió la presión diplomática
que concluiría en el Tratado de límites de 1881.