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APS Unidad 5

La ley tiene como objetivo promover la eliminación de la discriminación de género y garantizar el derecho de las mujeres a vivir sin violencia. Define la violencia contra la mujer y establece diferentes tipos como la física, psicológica, sexual, económica, simbólica y sus modalidades como la violencia doméstica, institucional y laboral. También incluye la violencia contra la libertad reproductiva y la violencia obstétrica. Establece que los poderes del estado deben adoptar medidas para garantizar la igualdad sustantiva entre
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La ley tiene como objetivo promover la eliminación de la discriminación de género y garantizar el derecho de las mujeres a vivir sin violencia. Define la violencia contra la mujer y establece diferentes tipos como la física, psicológica, sexual, económica, simbólica y sus modalidades como la violencia doméstica, institucional y laboral. También incluye la violencia contra la libertad reproductiva y la violencia obstétrica. Establece que los poderes del estado deben adoptar medidas para garantizar la igualdad sustantiva entre
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Centro Académico Recoleta.

Residencias Médicas

UNIDAD TEMÁTICA 5

LEY DE PROTECCION INTEGRAL A LAS MUJERES (Ley 26.485)


Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos
en que desarrollen sus relaciones interpersonales

TITULO I

DISPOSICIONES GENERALES

ARTICULO 1º — Ambito de aplicación. Orden Público. Las disposiciones de la presente ley son de orden
público y de aplicación en todo el territorio de la República, con excepción de las disposiciones de carácter
procesal establecidas en el Capítulo II del Título III de la presente.

ARTICULO 2º — Objeto. La presente ley tiene por objeto promover y garantizar:

a) La eliminación de la discriminación entre mujeres y varones en todos los órdenes de la vida;

b) El derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencia;

c) Las condiciones aptas para sensibilizar y prevenir, sancionar y erradicar la discriminación y la violencia
contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos;

d) El desarrollo de políticas públicas de carácter interinstitucional sobre violencia contra las mujeres;

e) La remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones
de poder sobre las mujeres;

f) El acceso a la justicia de las mujeres que padecen violencia;

g) La asistencia integral a las mujeres que padecen violencia en las áreas estatales y privadas que realicen
actividades programáticas destinadas a las mujeres y/o en los servicios especializados de violencia.

ARTICULO 3º — Derechos Protegidos. Esta ley garantiza todos los derechos reconocidos por la Convención para
la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Convención Interamericana para Prevenir,
Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, la Convención sobre los Derechos de los Niños y la Ley 26.061
de Protección Integral de los derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes y, en especial, los referidos a:

a) Una vida sin violencia y sin discriminaciones;

b) La salud, la educación y la seguridad personal;

c) La integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial;

d) Que se respete su dignidad;

e) Decidir sobre la vida reproductiva, número de embarazos y cuándo tenerlos, de conformidad con la Ley
25.673 de Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable;

f) La intimidad, la libertad de creencias y de pensamiento;

g) Recibir información y asesoramiento adecuado;

h) Gozar de medidas integrales de asistencia, protección y seguridad;


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i) Gozar de acceso gratuito a la justicia en casos comprendidos en el ámbito de aplicación de la presente
ley;

j) La igualdad real de derechos, oportunidades y de trato entre varones y mujeres;

k) Un trato respetuoso de las mujeres que padecen violencia, evitando toda conducta, acto u omisión que
produzca revictimización.

ARTICULO 4º — Definición. Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión,
que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación
desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o
patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o
por sus agentes.

Se considera violencia indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción omisión, disposición,
criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón.

ARTICULO 5º — Tipos. Quedan especialmente comprendidos en la definición del artículo precedente, los
siguientes tipos de violencia contra la mujer:

1.- Física: La que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y
cualquier otra forma de maltrato agresión que afecte su integridad física.

2.- Psicológica: La que causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno
desarrollo personal o que busca degradar o controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones,
mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación aislamiento.
Incluye también la culpabilización, vigilancia constante, exigencia de obediencia sumisión, coerción verbal,
persecución, insulto, indiferencia, abandono, celos excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del
derecho de circulación o cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a la autodeterminación.

3.- Sexual: Cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, del
derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas,
coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones
vinculares o de parentesco, exista o no convivencia, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso,
abuso sexual y trata de mujeres.

4.- Económica y patrimonial: La que se dirige a ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o
patrimoniales de la mujer, a través de:

a) La perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes;

b) La pérdida, sustracción, destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo,


documentos personales, bienes, valores y derechos patrimoniales;

c) La limitación de los recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades o privación de los medios
indispensables para vivir una vida digna;

d) La limitación o control de sus ingresos, así como la percepción de un salario menor por igual tarea, dentro de un
mismo lugar de trabajo.

5.- Simbólica: La que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y
reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación
de la mujer en la sociedad.

ARTICULO 6º — Modalidades. A los efectos de esta ley se entiende por modalidades las formas en que se
manifiestan los distintos tipos de violencia contra las mujeres en los diferentes ámbitos, quedando especialmente
comprendidas las siguientes:

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a) Violencia doméstica contra las mujeres: aquella ejercida contra las mujeres por un integrante del grupo
familiar, independientemente del espacio físico donde ésta ocurra, que dañe la dignidad, el bienestar, la integridad
física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, la libertad, comprendiendo la libertad reproductiva y el
derecho al pleno desarrollo de las mujeres. Se entiende por grupo familiar el originado en el parentesco sea por
consanguinidad o por afinidad, el matrimonio, las uniones de hecho y las parejas o noviazgos. Incluye las
relaciones vigentes o finalizadas, no siendo requisito la convivencia;

b) Violencia institucional contra las mujeres: aquella realizada por las/los funcionarias/os, profesionales,
personal y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar,
obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta
ley. Quedan comprendidas, además, las que se ejercen en los partidos políticos, sindicatos, organizaciones
empresariales, deportivas y de la sociedad civil;

c) Violencia laboral contra las mujeres: aquella que discrimina a las mujeres en los ámbitos de trabajo
públicos o privados y que obstaculiza su acceso al empleo, contratación, ascenso, estabilidad o permanencia en el
mismo, exigiendo requisitos sobre estado civil, maternidad, edad, apariencia física o la realización de test de
embarazo. Constituye también violencia contra las mujeres en el ámbito laboral quebrantar el derecho de igual
remuneración por igual tarea o función. Asimismo, incluye el hostigamiento psicológico en forma sistemática
sobre una determinada trabajadora con el fin de lograr su exclusión laboral;

d) Violencia contra la libertad reproductiva: aquella que vulnere el derecho de las mujeres a decidir libre y
responsablemente el número de embarazos o el intervalo entre los nacimientos, de conformidad con la Ley
25.673 de Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable;

e) Violencia obstétrica: aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de
las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los
procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929.

f) Violencia mediática contra las mujeres: aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes
estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta
promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra
la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes
pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la
desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.

TITULO II

POLITICAS PUBLICAS

CAPITULO I

PRECEPTOS RECTORES

ARTICULO 7º — Preceptos rectores. Los tres poderes del Estado, sean del ámbito nacional o provincial,
adoptarán las medidas necesarias y ratificarán en cada una de sus actuaciones el respeto irrestricto del
derecho constitucional a la igualdad entre mujeres y varones. Para el cumplimiento de los fines de la presente
ley deberán garantizar los siguientes preceptos rectores:

a) La eliminación de la discriminación y las desiguales relaciones de poder sobre las mujeres;

b) La adopción de medidas tendientes a sensibilizar a la sociedad, promoviendo valores de igualdad y


deslegitimación de la violencia contra las mujeres;

c) La asistencia en forma integral y oportuna de las mujeres que padecen cualquier tipo de violencia,
asegurándoles el acceso gratuito, rápido, transparente y eficaz en servicios creados a tal fin, así como
promover la sanción y reeducación de quienes ejercen violencia;

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d) La adopción del principio de transversalidad estará presente en todas las medidas así como en la
ejecución de las disposiciones normativas, articulando interinstitucionalmente y coordinando recursos
presupuestarios;

e) El incentivo a la cooperación y participación de la sociedad civil, comprometiendo a entidades privadas y


actores públicos no estatales;

f) El respeto del derecho a la confidencialidad y a la intimidad, prohibiéndose la reproducción para uso


particular o difusión pública de la información relacionada con situaciones de violencia contra la mujer, sin
autorización de quien la padece;

g) La garantía de la existencia y disponibilidad de recursos económicos que permitan el cumplimiento de los


objetivos de la presente ley;

h) Todas las acciones conducentes a efectivizar los principios y derechos reconocidos por la Convención
Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres.

CAPITULO II

ORGANISMO COMPETENTE

ARTICULO 8º — Organismo competente. El Consejo Nacional de la Mujer será el organismo rector encargado
del diseño de las políticas públicas para efectivizar las disposiciones de la presente ley.

ARTICULO 9º — Facultades. El Consejo Nacional de la Mujer, para garantizar el logro de los objetivos de la
presente ley, deberá:

a) Elaborar, implementar y monitorear un Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y


Erradicación de la Violencia contra las Mujeres;

b) Articular y coordinar las acciones para el cumplimiento de la presente ley, con las distintas áreas
involucradas a nivel nacional, provincial y municipal, y con los ámbitos universitarios, sindicales,
empresariales, religiosos, las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres y otras de la sociedad
civil con competencia en la materia;

c) Convocar y constituir un Consejo Consultivo ad honórem, integrado por representantes de las


organizaciones de la sociedad civil y del ámbito académico especializadas, que tendrá por función asesorar y
recomendar sobre los cursos de acción y estrategias adecuadas para enfrentar el fenómeno de la violencia;

d) Promover en las distintas jurisdicciones la creación de servicios de asistencia integral y gratuita para las
mujeres que padecen violencia;

e) Garantizar modelos de abordaje tendientes a empoderar a las mujeres que padecen violencia que
respeten la naturaleza social, política y cultural de la problemática, no admitiendo modelos que
contemplen formas de mediación o negociación;

f) Generar los estándares mínimos de detección precoz y de abordaje de las situaciones de violencia;

g) Desarrollar programas de asistencia técnica para las distintas jurisdicciones destinados a la prevención,
detección precoz, asistencia temprana, reeducación, derivación interinstitucional y a la elaboración de
protocolos para los distintos niveles de atención;

h) Brindar capacitación permanente, formación y entrenamiento en la temática a los funcionarios


públicos en el ámbito de la Justicia, las fuerzas policiales y de seguridad, y las Fuerzas Armadas, las que se
impartirán de manera integral y específica según cada área de actuación, a partir de un módulo básico
respetando los principios consagrados en esta ley;

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i) Coordinar con los ámbitos legislativos la formación especializada, en materia de violencia contra las
mujeres e implementación de los principios y derechos reconocidos por la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres destinada a legisladores/as y asesores/as;

j) Impulsar a través de los colegios y asociaciones de profesionales la capacitación del personal de los
servicios que, en razón de sus actividades, puedan llegar a intervenir en casos de violencia contra las
mujeres;

k) Diseñar e implementar Registros de situaciones de violencia contra las mujeres de manera


interjurisdiccional e interinstitucional, en los que se establezcan los indicadores básicos aprobados por todos
los Ministerios y Secretarías competentes, independientemente de los que determine cada área a los fines
específicos, y acordados en el marco de los Consejos Federales con competencia en la materia;

l) Desarrollar, promover y coordinar con las distintas jurisdicciones los criterios para la selección de datos,
modalidad de registro e indicadores básicos desagregados —como mínimo— por edad, sexo, estado civil y
profesión u ocupación de las partes, vínculo entre la mujer que padece violencia y el hombre que la ejerce,
naturaleza de los hechos, medidas adoptadas y sus resultados, y sanciones impuestas a la persona violenta.
Se deberá asegurar la reserva en relación con la identidad de las mujeres que padecen violencias;

m) Coordinar con el Poder Judicial los criterios para la selección de datos, modalidad de Registro e
indicadores que lo integren que obren en ambos poderes, independientemente de los que defina cada uno a
los fines que le son propios;

n) Analizar y difundir periódicamente los datos estadísticos y resultados de las investigaciones a fin de
monitorear y adecuar las políticas públicas a través del Observatorio de la Violencia Contra las Mujeres;

ñ) Diseñar y publicar una Guía de Servicios en coordinación y actualización permanente con las distintas
jurisdicciones, que brinde información sobre los programas y los servicios de asistencia directa;

o) Implementar una línea telefónica gratuita y accesible en forma articulada con las provincias a través de
organismos gubernamentales pertinentes, destinada a dar contención, información y brindar asesoramiento
sobre recursos existentes en materia de prevención de la violencia contra las mujeres y asistencia a quienes
la padecen;

p) Establecer y mantener un Registro de las organizaciones no gubernamentales especializadas en la materia


en coordinación con las jurisdicciones y celebrar convenios para el desarrollo de actividades preventivas, de
control y ejecución de medidas de asistencia a las mujeres que padecen violencia y la rehabilitación de los
hombres que la ejercen;

q) Promover campañas de sensibilización y concientización sobre la violencia contra las mujeres


informando sobre los derechos, recursos y servicios que el Estado garantiza e instalando la condena social a
toda forma de violencia contra las mujeres. Publicar materiales de difusión para apoyar las acciones de las
distintas áreas;

r) Celebrar convenios con organismos públicos y/o instituciones privadas para toda acción conducente al
cumplimiento de los alcances y objetivos de la presente ley;

s) Convocar y poner en funciones al Consejo, Consultivo de organizaciones de la sociedad civil y redactar su


reglamento de funcionamiento interno;

t) Promover en el ámbito comunitario el trabajo en red, con el fin de desarrollar modelos de atención y
prevención interinstitucional e intersectorial, que unifiquen y coordinen los esfuerzos de las instituciones
públicas y privadas;

u) Garantizar el acceso a los servicios de atención específica para mujeres privadas de libertad.

CAPITULO III

LINEAMIENTOS BASICOS PARA LAS POLITICAS ESTATALES


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ARTICULO 10. — Fortalecimiento técnico a las jurisdicciones. El Estado nacional deberá promover y
fortalecer interinstitucionalmente a las distintas jurisdicciones para la creación e implementación de servicios
integrales de asistencia a las mujeres que padecen violencia y a las personas que la ejercen, debiendo garantizar:

1.- Campañas de educación y capacitación orientadas a la comunidad para informar, concientizar y


prevenir la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.

2.- Unidades especializadas en violencia en el primer nivel de atención que trabajen en la prevención y
asistencia de hechos de violencia, las que coordinarán sus actividades según los estándares, protocolos
y registros establecidos y tendrán un abordaje integral de las siguientes actividades:

a) Asistencia interdisciplinaria para la evaluación, diagnóstico y definición de estrategias de abordaje;

b) Grupos de ayuda mutua;

c) Asistencia y patrocinio jurídico gratuito;

d) Atención coordinada con el área de salud que brinde asistencia médica y psicológica;

e) Atención coordinada con el área social que brinde los programas de asistencia destinados a promover el
desarrollo humano.

3.- Programas de asistencia económica para el autovalimiento de la mujer.

4.- Programas de acompañantes comunitarios para el sostenimiento de la estrategia de autovalimiento de la


mujer.

5.- Centros de día para el fortalecimiento integral de la mujer.

6.- Instancias de tránsito para la atención y albergue de las mujeres que padecen violencia en los casos en
que la permanencia en su domicilio o residencia implique una amenaza inminente a su integridad física,
psicológica o sexual, o la de su grupo familiar, debiendo estar orientada a la integración inmediata a su
medio familiar, social y laboral.

7.- Programas de reeducación destinados a los hombres que ejercen violencia.

ARTICULO 11. — Políticas públicas. El Estado nacional implementará el desarrollo de las siguientes acciones
prioritarias, promoviendo su articulación y coordinación con los distintos Ministerios y Secretarías del Poder
Ejecutivo nacional, jurisdicciones provinciales y municipales, universidades y organizaciones de la sociedad civil
con competencia en la materia:

1.- Jefatura de Gabinete de Ministros – Secretaría de Gabinete y Gestión Pública:

a) Impulsar políticas específicas que implementen la normativa vigente en materia de acoso sexual en la
administración pública nacional y garanticen la efectiva vigencia de los principios de no discriminación e
igualdad de derechos, oportunidades y trato en el empleo público;

b) Promover, a través del Consejo Federal de la Función Pública, acciones semejantes en el ámbito de las
jurisdicciones provinciales.

2.- Ministerio de Desarrollo Social de la Nación:

a) Promover políticas tendientes a la revinculación social y laboral de las mujeres que padecen violencia;

b) Elaborar criterios de priorización para la inclusión de las mujeres en los planes y programas de
fortalecimiento y promoción social y en los planes de asistencia a la emergencia;

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c) Promover líneas de capacitación y financiamiento para la inserción laboral de las mujeres en procesos de
asistencia por violencia;

d) Apoyar proyectos para la creación y puesta en marcha de programas para atención de la emergencia
destinadas a mujeres y al cuidado de sus hijas/os;

e) Celebrar convenios con entidades bancarias a fin de facilitarles líneas de créditos a mujeres que padecen
violencia;

f) Coordinar con la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia y el Consejo Federal de Niñez,
Adolescencia y Familia los criterios de atención que se fijen para las niñas y adolescentes que padecen
violencia.

3.- Ministerio de Educación de la Nación:

a) Articular en el marco del Consejo Federal de Educación la inclusión en los contenidos mínimos
curriculares de la perspectiva de género, el ejercicio de la tolerancia, el respeto y la libertad en las relaciones
interpersonales, la igualdad entre los sexos, la democratización de las relaciones familiares, la vigencia de
los derechos humanos y la deslegitimación de modelos violentos de resolución de conflictos;

b) Promover medidas para que se incluya en los planes de formación docente la detección precoz de la
violencia contra las mujeres;

c) Recomendar medidas para prever la escolarización inmediata de las/os niñas/os y adolescentes que se
vean afectadas/os, por un cambio de residencia derivada de una situación de violencia, hasta que se sustancie
la exclusión del agresor del hogar;

d) Promover la incorporación de la temática de la violencia contra las mujeres en las currículas terciarias y
universitarias, tanto en los niveles de grado como de post grado;

e) Promover la revisión y actualización de los libros de texto y materiales didácticos con la finalidad de
eliminar los estereotipos de género y los criterios discriminatorios, fomentando la igualdad de derechos,
oportunidades y trato entre mujeres y varones;

f) Las medidas anteriormente propuestas se promoverán en el ámbito del Consejo Federal de Educación.

4.- Ministerio de Salud de la Nación:

a) Incorporar la problemática de la violencia contra las mujeres en los programas de salud integral de
la mujer;

b) Promover la discusión y adopción de los instrumentos aprobados por el Ministerio de Salud de la


Nación en materia de violencia contra las mujeres en el ámbito del Consejo Federal de Salud;

c) Diseñar protocolos específicos de detección precoz y atención de todo tipo y modalidad de violencia
contra las mujeres, prioritariamente en las áreas de atención primaria de salud, emergencias, clínica
médica, obstetricia, ginecología, traumatología, pediatría, y salud mental, que especifiquen el
procedimiento a seguir para la atención de las mujeres que padecen violencia, resguardando la
intimidad de la persona asistida y promoviendo una práctica médica no sexista. El procedimiento
deberá asegurar la obtención y preservación de elementos probatorios;

d) Promover servicios o programas con equipos interdisciplinarios especializados en la prevención y


atención de la violencia contra las mujeres y/o de quienes la ejerzan con la utilización de protocolos de
atención y derivación;

e) Impulsar la aplicación de un Registro de las personas asistidas por situaciones de violencia contra las
mujeres, que coordine los niveles nacionales y provinciales.

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f) Asegurar la asistencia especializada de los/ as hijos/as testigos de violencia;

g) Promover acuerdos con la Superintendencia de Servicios de Salud u organismo que en un futuro lo


reemplace, a fin de incluir programas de prevención y asistencia de la violencia contra las mujeres, en los
establecimientos médico-asistenciales, de la seguridad social y las entidades de medicina prepaga, los que
deberán incorporarlas en su cobertura en igualdad de condiciones con otras prestaciones;

h) Alentar la formación continua del personal médico sanitario con el fin de mejorar el diagnóstico
precoz y la atención médica con perspectiva de género;

i) Promover, en el marco del Consejo Federal de Salud, el seguimiento y monitoreo de la aplicación de


los protocolos. Para ello, los organismos nacionales y provinciales podrán celebrar convenios con
instituciones y organizaciones de la sociedad civil.

5.- Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación:

5.1. Secretaría de Justicia:

a) Promover políticas para facilitar el acceso de las mujeres a la Justicia mediante la puesta en marcha y el
fortalecimiento de centros de información, asesoramiento jurídico y patrocinio jurídico gratuito;

b) Promover la aplicación de convenios con Colegios Profesionales, instituciones académicas y


organizaciones de la sociedad civil para brindar asistencia jurídica especializada y gratuita;

c) Promover la unificación de criterios para la elaboración de los informes judiciales sobre la situación de
peligro de las mujeres que padecen violencia;

d) Promover la articulación y cooperación entre las distintas instancias judiciales involucradas a fin de
mejorar la eficacia de las medidas judiciales;

e) Promover la elaboración de un protocolo de recepción de denuncias de violencia contra las mujeres a


efectos de evitar la judicialización innecesaria de aquellos casos que requieran de otro tipo de abordaje;

f) Propiciar instancias de intercambio y articulación con la Corte Suprema de Justicia de la Nación para
incentivar en los distintos niveles del Poder Judicial la capacitación específica referida al tema;

g) Alentar la conformación de espacios de formación específica para profesionales del derecho;

h) Fomentar las investigaciones sobre las causas, la naturaleza, la gravedad y las consecuencias de la
violencia contra las mujeres, así como de la eficacia de las medidas aplicadas para impedirla y reparar sus
efectos, difundiendo periódicamente los resultados;

i) Garantizar el acceso a los servicios de atención específica para mujeres privadas de libertad.

5.2. Secretaría de Seguridad:

a) Fomentar en las fuerzas policiales y de seguridad, el desarrollo de servicios interdisciplinarios que


brinden apoyo a las mujeres que padecen violencia para optimizar su atención, derivación a otros servicios y
cumplimiento de disposiciones judiciales;

b) Elaborar en el ámbito del Consejo de Seguridad Interior, los procedimientos básicos para el diseño de
protocolos específicos para las fuerzas policial y de seguridad a fin de brindar las respuestas adecuadas para
evitar la revictimización, facilitar la debida atención, asistencia y protección policial a las mujeres que
acudan a presentar denuncias en sede policial;

c) Promover la articulación de las fuerzas policial y de seguridad que intervengan en la atención de la


violencia contra las mujeres con las instituciones gubernamentales y las organizaciones de la sociedad civil;

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d) Sensibilizar y capacitar a las fuerzas policial y de seguridad en la temática de la violencia contra las
mujeres en el marco del respeto de los derechos humanos;

e) Incluir en los programas de formación de las fuerzas policial y de seguridad asignaturas y/o contenidos
curriculares específicos sobre los derechos humanos de las mujeres y en especial sobre violencia con
perspectiva de género.

5.3. Secretaría de Derechos Humanos e Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el


Racismo (INADI):

a) Promover la inclusión de la problemática de la violencia contra las mujeres en todos los programas y
acciones de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y del INADI, en articulación con el Consejo
Federal de Derechos Humanos.

6.- Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación:

a) Desarrollar programas de sensibilización, capacitación e incentivos a empresas y sindicatos para eliminar


la violencia laboral contra las mujeres y promover la igualdad de derechos, oportunidades y trato en el
ámbito laboral, debiendo respetar el principio de no discriminación en:

1. El acceso al puesto de trabajo, en materia de convocatoria y selección;

2. La carrera profesional, en materia de promoción y formación;

3. La permanencia en el puesto de trabajo;

4. El derecho a una igual remuneración por igual tarea o función.

b) Promover, a través de programas específicos la prevención del acoso sexual contra las mujeres en el
ámbito de empresas y sindicatos;

c) Promover políticas tendientes a la formación e inclusión laboral de mujeres que padecen violencia;

d) Promover el respeto de los derechos laborales de las mujeres que padecen violencia, en particular cuando
deban ausentarse de su puesto de trabajo a fin de dar cumplimiento a prescripciones profesionales, tanto
administrativas como las emanadas de las decisiones judiciales.

7.- Ministerio de Defensa de la Nación:

a) Adecuar las normativas, códigos y prácticas internas de las Fuerzas Armadas a la Convención para la
Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres;

b) Impulsar programas y/o medidas de acción positiva tendientes a erradicar patrones de discriminación en
perjuicio de las mujeres en las Fuerzas Armadas para el ingreso, promoción y permanencia en las mismas;

c) Sensibilizar a los distintos niveles jerárquicos en la temática de la violencia contra las mujeres en el marco
del respeto de los derechos humanos;

d) Incluir en los programas de formación asignaturas y/o contenidos específicos sobre los derechos humanos
de las mujeres y la violencia con perspectiva de género.

8.- Secretaría de Medios de Comunicación de la Nación:

a) Impulsar desde el Sistema Nacional de Medios la difusión de mensajes y campañas permanentes de


sensibilización y concientización dirigida a la población en general y en particular a las mujeres sobre el
derecho de las mismas a vivir una vida libre de violencias;

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b) Promover en los medios masivos de comunicación el respeto por los derechos humanos de las mujeres y
el tratamiento de la violencia desde la perspectiva de género;

c) Brindar capacitación a profesionales de los medios masivos de comunicación en violencia contra las
mujeres;

d) Alentar la eliminación del sexismo en la información;

e) Promover, como un tema de responsabilidad social empresaria, la difusión de campañas publicitarias para
prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres.

CAPITULO IV

OBSERVATORIO DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

ARTICULO 12. — Creación. Créase el Observatorio de la Violencia contra las Mujeres en el ámbito del
Consejo Nacional de la Mujer, destinado al monitoreo, recolección, producción, registro y sistematización de
datos e información sobre la violencia contra las mujeres.

ARTICULO 13. — Misión. El Observatorio tendrá por misión el desarrollo de un sistema de información
permanente que brinde insumos para el diseño, implementación y gestión de políticas públicas tendientes a la
prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres.

ARTICULO 14. — Funciones. Serán funciones del Observatorio de la Violencia contra las Mujeres:

a) Recolectar, procesar, registrar, analizar, publicar y difundir información periódica y sistemática y


comparable diacrónica y sincrónicamente sobre violencia contra las mujeres;

b) Impulsar el desarrollo de estudios e investigaciones sobre la evolución, prevalencia, tipos y modalidades


de violencia contra las mujeres, sus consecuencias y efectos, identificando aquellos factores sociales,
culturales, económicos y políticos que de alguna manera estén asociados o puedan constituir causal de
violencia;

c) Incorporar los resultados de sus investigaciones y estudios en los informes que el Estado nacional eleve a
los organismos regionales e internacionales en materia de violencia contra las mujeres;

d) Celebrar convenios de cooperación con organismos públicos o privados, nacionales o internacionales, con
la finalidad de articular interdisciplinariamente el desarrollo de estudios e investigaciones;

e) Crear una red de información y difundir a la ciudadanía los datos relevados, estudios y actividades del
Observatorio, mediante una página web propia o vinculada al portal del Consejo Nacional de la Mujer. Crear
y mantener una base documental actualizada permanentemente y abierta a la ciudadanía;

f) Examinar las buenas prácticas en materia de prevención y erradicación de la violencia contra las
mujeres y las experiencias innovadoras en la materia y difundirlas a los fines de ser adoptadas por aquellos
organismos e instituciones nacionales, provinciales o municipales que lo consideren;

g) Articular acciones con organismos gubernamentales con competencia en materia de derechos humanos de
las mujeres a los fines de monitorear la implementación de políticas de prevención y erradicación de la
violencia contra las mujeres, para evaluar su impacto y elaborar propuestas de actuaciones o reformas;

h) Fomentar y promover la organización y celebración periódica de debates públicos, con participación de


centros de investigación, instituciones académicas, organizaciones de la sociedad civil y representantes de
organismos públicos y privados, nacionales e internacionales con competencia en la materia, fomentando el
intercambio de experiencias e identificando temas y problemas relevantes para la agenda pública;

i) Brindar capacitación, asesoramiento y apoyo técnico a organismos públicos y privados para la puesta en
marcha de los Registros y los protocolos;

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j) Articular las acciones del Observatorio de la Violencia contra las Mujeres con otros Observatorios que
existan a nivel provincial, nacional e internacional;

k) Publicar el informe anual sobre las actividades desarrolladas, el que deberá contener información sobre
los estudios e investigaciones realizadas y propuestas de reformas institucionales o normativas. El mismo
será difundido a la ciudadanía y elevado a las autoridades con competencia en la materia para que adopten
las medidas que corresponda.

ARTICULO 15. — Integración. El Observatorio de la Violencia contra las Mujeres estará integrado por:

a) Una persona designada por la Presidencia del Consejo Nacional de la Mujer, quien ejercerá la Dirección
del Observatorio, debiendo tener acreditada formación en investigación social y derechos humanos;

b) Un equipo interdisciplinario idóneo en la materia.

TITULO III

PROCEDIMIENTOS

CAPITULO I

DISPOSICIONES GENERALES

ARTICULO 16. — Derechos y garantías mínimas de procedimientos judiciales y administrativos. Los organismos
del Estado deberán garantizar a las mujeres, en cualquier procedimiento judicial o administrativo, además de
todos los derechos reconocidos en la Constitución Nacional, los Tratados Internacionales de Derechos Humanos
ratificados por la Nación Argentina, la presente ley y las leyes que en consecuencia se dicten, los siguientes
derechos y garantías:

a) A la gratuidad de las actuaciones judiciales y del patrocinio jurídico preferentemente especializado;

b) A obtener una respuesta oportuna y efectiva;

c) A ser oída personalmente por el juez y por la autoridad administrativa competente;

d) A que su opinión sea tenida en cuenta al momento de arribar a una decisión que la afecte;

e) A recibir protección judicial urgente y preventiva cuando se encuentren amenazados o vulnerados


cualquiera de los derechos enunciados en el artículo 3º de la presente ley;

f) A la protección de su intimidad, garantizando la confidencialidad de las actuaciones;

g) A participar en el procedimiento recibiendo información sobre el estado de la causa;

h) A recibir un trato humanizado, evitando la revictimización;

i) A la amplitud probatoria para acreditar los hechos denunciados, teniendo en cuenta las circunstancias
especiales en las que se desarrollan los actos de violencia y quienes son sus naturales testigos;

j) A oponerse a la realización de inspecciones sobre su cuerpo por fuera del estricto marco de la orden
judicial. En caso de consentirlas y en los peritajes judiciales tiene derecho a ser acompañada por alguien de
su confianza y a que sean realizados por personal profesional especializado y formado con perspectiva de
género;

k) A contar con mecanismos eficientes para denunciar a los funcionarios por el incumplimiento de los plazos
establecidos y demás irregularidades.

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ARTICULO 17. — Procedimientos Administrativos. Las jurisdicciones locales podrán fijar los procedimientos
previos o posteriores a la instancia judicial para el cumplimiento de esta ley, la que será aplicada por los municipios,
comunas, comisiones de fomento, juntas, delegaciones de los Consejos Provinciales de la Mujer o áreas
descentralizadas, juzgados de paz u organismos que estimen convenientes.

ARTICULO 18. — Denuncia. Las personas que se desempeñen en servicios asistenciales, sociales, educativos
y de salud, en el ámbito público o privado, que con motivo o en ocasión de sus tareas tomaren conocimiento
de un hecho de violencia contra las mujeres en los términos de la presente ley, estarán obligados a formular
las denuncias, según corresponda, aun en aquellos casos en que el hecho no configure delito.

CAPITULO II

PROCEDIMIENTO

ARTICULO 19. — Ambito de aplicación. Las jurisdicciones locales, en el ámbito de sus competencias, dictarán
sus normas de procedimiento o adherirán al régimen procesal previsto en la presente ley.

ARTICULO 20. — Características del procedimiento. El procedimiento será gratuito y sumarísimo.

ARTICULO 21. — Presentación de la denuncia. La presentación de la denuncia por violencia contra las mujeres
podrá efectuarse ante cualquier juez/jueza de cualquier fuero e instancia o ante el Ministerio Público, en forma oral
o escrita.

Se guardará reserva de identidad de la persona denunciante.

ARTICULO 22. — Competencia. Entenderá en la causa el/la juez/a que resulte competente en razón de la materia
según los tipos y modalidades de violencia de que se trate.

Aún en caso de incompetencia, el/la juez/a interviniente podrá disponer las medidas preventivas que estime
pertinente.

ARTICULO 23. — Exposición policial. En el supuesto que al concurrir a un servicio policial sólo se labrase
exposición y de ella surgiere la posible existencia de violencia contra la mujer, corresponderá remitirla a la
autoridad judicial competente dentro de las VEINTICUATRO (24) horas.

ARTICULO 24. — Personas que pueden efectuar la denuncia. Las denuncias podrán ser efectuadas:

a) Por la mujer que se considere afectada o su representante legal sin restricción alguna;

b) La niña o la adolescente directamente o través de sus representantes legales de acuerdo lo


establecido en la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes;

c) Cualquier persona cuando la afectada tenga discapacidad, o que por su condición física o psíquica
no pudiese formularla;

d) En los casos de violencia sexual, la mujer que la haya padecido es la única legitimada para hacer la
denuncia. Cuando la misma fuere efectuada por un tercero, se citará a la mujer para que la ratifique
o rectifique en VEINTICUATRO (24) horas. La autoridad judicial competente tomará los recaudos
necesarios para evitar que la causa tome estado público.

e) La denuncia penal será obligatoria para toda persona que se desempeñe laboralmente en servicios
asistenciales, sociales, educativos y de salud, en el ámbito público o privado, que con motivo o en
ocasión de sus tareas tomaren conocimiento de que una mujer padece violencia siempre que los
hechos pudieran constituir un delito.

ARTICULO 25. — Asistencia protectora. En toda instancia del proceso se admitirá la presencia de un/a
acompañante como ayuda protectora ad honórem, siempre que la mujer que padece violencia lo solicite y con el
único objeto de preservar la salud física y psicológica de la misma.

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ARTICULO 26. — Medidas preventivas urgentes.

a) Durante cualquier etapa del proceso el/la juez/a interviniente podrá, de oficio o a petición de parte,
ordenar una o más de las siguientes medidas preventivas de acuerdo a los tipos y modalidades de violencia
contra las mujeres definidas en los artículos 5º y 6º de la presente ley:

a. 1. Ordenar la prohibición de acercamiento del presunto agresor al lugar de residencia, trabajo, estudio,
esparcimiento o a los lugares de habitual concurrencia de la mujer que padece violencia;

a.2. Ordenar al presunto agresor que cese en los actos de perturbación o intimidación que, directa o
indirectamente, realice hacia la mujer;

a.3. Ordenar la restitución inmediata de los efectos personales a la parte peticionante, si ésta se ha visto
privada de los mismos;

a.4. Prohibir al presunto agresor la compra y tenencia de armas, y ordenar el secuestro de las que estuvieren
en su posesión;

a.5. Proveer las medidas conducentes a brindar a quien padece o ejerce violencia, cuando así lo requieran,
asistencia médica o psicológica, a través de los organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil
con formación especializada en la prevención y atención de la violencia contra las mujeres;

a.6. Ordenar medidas de seguridad en el domicilio de la mujer;

a.7. Ordenar toda otra medida necesaria para garantizar la seguridad de la mujer que padece violencia, hacer
cesar la situación de violencia y evitar la repetición de todo acto de perturbación o intimidación, agresión y
maltrato del agresor hacia la mujer.

b) Sin perjuicio de las medidas establecidas en el inciso a) del presente artículo, en los casos de la modalidad
de violencia doméstica contra las mujeres, el/la juez/a podrá ordenar las siguientes medidas preventivas
urgentes:

b.1. Prohibir al presunto agresor enajenar, disponer, destruir, ocultar o trasladar bienes gananciales de la
sociedad conyugal o los comunes de la pareja conviviente;

b.2. Ordenar la exclusión de la parte agresora de la residencia común, independientemente de la titularidad


de la misma;

b.3. Decidir el reintegro al domicilio de la mujer si ésta se había retirado, previa exclusión de la vivienda del
presunto agresor;

b.4. Ordenar a la fuerza pública, el acompañamiento de la mujer que padece violencia, a su domicilio para
retirar sus efectos personales;

b.5. En caso de que se trate de una pareja con hijos/as, se fijará una cuota alimentaria provisoria, si
correspondiese, de acuerdo con los antecedentes obrantes en la causa y según las normas que rigen en la
materia;

b.6. En caso que la víctima fuere menor de edad, el/la juez/a, mediante resolución fundada y teniendo en
cuenta la opinión y el derecho a ser oída de la niña o de la adolescente, puede otorgar la guarda a un
miembro de su grupo familiar, por consanguinidad o afinidad, o con otros miembros de la familia ampliada
o de la comunidad.

b.7. Ordenar la suspensión provisoria del régimen de visitas;

b.8. Ordenar al presunto agresor abstenerse de interferir, de cualquier forma, en el ejercicio de la guarda,
crianza y educación de los/as hijos/ as;

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b.9. Disponer el inventario de los bienes gananciales de la sociedad conyugal y de los bienes propios de
quien ejerce y padece violencia. En los casos de las parejas convivientes se dispondrá el inventario de los
bienes de cada uno;

b.10. Otorgar el uso exclusivo a la mujer que padece violencia, por el período que estime conveniente, del
mobiliario de la casa.

ARTICULO 27. — Facultades del/la juez/a. El/ la juez/a podrá dictar más de una medida a la vez, determinando la
duración de las mismas de acuerdo a las circunstancias del caso, y debiendo establecer un plazo máximo de
duración de las mismas, por auto fundado.

ARTICULO 28. — Audiencia. El/la juez/a interviniente fijará una audiencia, la que deberá tomar personalmente
bajo pena de nulidad, dentro de CUARENTA Y OCHO (48) horas de ordenadas las medidas del artículo 26, o si no
se adoptara ninguna de ellas, desde el momento que tomó conocimiento de la denuncia.

El presunto agresor estará obligado a comparecer bajo apercibimiento de ser llevado ante el juzgado con auxilio de
la fuerza pública.

En dicha audiencia, escuchará a las partes por separado bajo pena de nulidad, y ordenará las medidas que estime
pertinentes.

Si la víctima de violencia fuere niña o adolescente deberá contemplarse lo estipulado por la Ley 26.061 sobre
Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes.

Quedan prohibidas las audiencias de mediación o conciliación.

ARTICULO 29. — Informes. Siempre que fuere posible el/la juez/a interviniente podrá requerir un informe
efectuado por un equipo interdisciplinario para determinar los daños físicos, psicológicos, económicos o de
otro tipo sufridos por la mujer y la situación de peligro en la que se encuentre.

Dicho informe será remitido en un plazo de CUARENTA Y OCHO (48) horas, a efectos de que pueda aplicar
otras medidas, interrumpir o hacer cesar alguna de las mencionadas en el artículo 26.

El/la juez/a interviniente también podrá considerar los informes que se elaboren por los equipos interdisciplinarios
de la administración pública sobre los daños físicos, psicológicos, económicos o de otro tipo sufridos por la mujer y
la situación de peligro, evitando producir nuevos informes que la revictimicen.

También podrá considerar informes de profesionales de organizaciones de la sociedad civil idóneas en el


tratamiento de la violencia contra las mujeres.

ARTICULO 30. — Prueba, principios y medidas. El/la juez/a tendrá amplias facultades para ordenar e impulsar el
proceso, pudiendo disponer las medidas que fueren necesarias para indagar los sucesos, ubicar el paradero del
presunto agresor, y proteger a quienes corran el riesgo de padecer nuevos actos de violencia, rigiendo el principio de
obtención de la verdad material.

ARTICULO 31. — Resoluciones. Regirá el principio de amplia libertad probatoria para acreditar los hechos
denunciados, evaluándose las pruebas ofrecidas de acuerdo con el principio de la sana crítica. Se considerarán las
presunciones que contribuyan a la demostración de los hechos, siempre que sean indicios graves, precisos y
concordantes.

ARTICULO 32. — Sanciones. Ante el incumplimiento de las medidas ordenadas, el/la juez/a podrá evaluar la
conveniencia de modificar las mismas, pudiendo ampliarlas u ordenar otras.

Frente a un nuevo incumplimiento y sin perjuicio de las responsabilidades civiles o penales que correspondan, el/la
Juez/a deberá aplicar alguna/s de las siguientes sanciones:

a) Advertencia o llamado de atención por el acto cometido;

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b) Comunicación de los hechos de violencia al organismo, institución, sindicato, asociación profesional o lugar de
trabajo del agresor;

c) Asistencia obligatoria del agresor a programas reflexivos, educativos o terapéuticos tendientes a la modificación
de conductas violentas.

Asimismo, cuando el incumplimiento configure desobediencia u otro delito, el juez deberá poner el hecho en
conocimiento del/la juez/a con competencia en materia penal.

ARTICULO 33. — Apelación. Las resoluciones que concedan, rechacen, interrumpan, modifiquen o dispongan el
cese de alguna de las medidas preventivas urgentes o impongan sanciones, serán apelables dentro del plazo de
TRES (3) días hábiles.

La apelación contra resoluciones que concedan medidas preventivas urgentes se concederá en relación y con efecto
devolutivo.

La apelación contra resoluciones que dispongan la interrupción o el cese de tales medidas se concederá en relación
y con efecto suspensivo.

ARTICULO 34. — Seguimiento. Durante el trámite de la causa, por el tiempo que se juzgue adecuado, el/la juez/a
deberá controlar la eficacia de las medidas y decisiones adoptadas, ya sea a través de la comparecencia de las partes
al tribunal, con la frecuencia que se ordene, y/o mediante la intervención del equipo interdisciplinario, quienes
elaborarán informes periódicos acerca de la situación.

ARTICULO 35. — Reparación. La parte damnificada podrá reclamar la reparación civil por los daños y perjuicios,
según las normas comunes que rigen la materia.

ARTICULO 36. — Obligaciones de los/as funcionarios/ as. Los/as funcionarios/as policiales, judiciales, agentes
sanitarios, y cualquier otro/a funcionario/a público/a a quien acudan las mujeres afectadas, tienen la obligación de
informar sobre:

a) Los derechos que la legislación le confiere a la mujer que padece violencia, y sobre los servicios
gubernamentales disponibles para su atención;

b) Cómo y dónde conducirse para ser asistida en el proceso;

c) Cómo preservar las evidencias.

ARTICULO 37. — Registros. La Corte Suprema de Justicia de la Nación llevará registros sociodemográficos de
las denuncias efectuadas sobre hechos de violencia previstos en esta ley, especificando, como mínimo, edad, estado
civil, profesión u ocupación de la mujer que padece violencia, así como del agresor; vínculo con el agresor,
naturaleza de los hechos, medidas adoptadas y sus resultados, así como las sanciones impuestas al agresor.

Los juzgados que intervienen en los casos de violencia previstos en esta ley deberán remitir anualmente la
información pertinente para dicho registro.

El acceso a los registros requiere motivos fundados y previa autorización judicial, garantizando la confidencialidad
de la identidad de las partes.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación elaborará estadísticas de acceso público que permitan conocer, como
mínimo, las características de quienes ejercen o padecen violencia y sus modalidades, vínculo entre las partes, tipo
de medidas adoptadas y sus resultados, y tipo y cantidad de sanciones aplicadas.

ARTICULO 38. — Colaboración de organizaciones públicas o privadas. El/la juez/a podrán solicitar o aceptar en
carácter de amicus curiae la colaboración de organizaciones o entidades públicas o privadas dedicadas a la
protección de los derechos de las mujeres.

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ARTICULO 39. — Exención de cargas. Las actuaciones fundadas en la presente ley estarán exentas del pago de
sellado, tasas, depósitos y cualquier otro impuesto, sin perjuicio de lo establecido en el artículo 68 del Código
Procesal, Civil y Comercial de la Nación en materia de costas.

ARTICULO 40. — Normas supletorias. Serán de aplicación supletoria los regímenes procesales que correspondan,
según los tipos y modalidades de violencia denunciados.

TITULO IV

DISPOSICIONES FINALES

ARTICULO 41. — En ningún caso las conductas, actos u omisiones previstas en la presente ley importarán la
creación de nuevos tipos penales, ni la modificación o derogación de los vigentes.

ARTICULO 42. — La Ley 24.417 de Protección contra la Violencia Familiar, será de aplicación en aquellos casos
de violencia doméstica no previstos en la presente ley.

ARTICULO 43. — Las partidas que resulten necesarias para el cumplimiento de la presente ley serán previstas
anualmente en la Ley de Presupuesto General de la Administración Nacional.

ARTICULO 44. — La ley entrará en vigencia a partir de su publicación en el Boletín Oficial de la Nación.

ARTICULO 45. — Comuníquese al Poder Ejecutivo nacional.

Violencia sobre las mujeres - Capacitación en servicio para trabajadores de la


salud en el primer nivel de atención

❖ Unidad 1: Las violencias de género: Un problema social y de salud

1. Las violencias contra las mujeres en nuestra sociedad y la cultura patriarcal


Género: diferentes características sociales y culturales que se adscriben a cada uno de los sexos biológicos; hace referencia
a una construcción socio-cultural de los mismos, en contraposición al sexo como aquellos rasgos biológicos dados
genéticamente.
Bajo esta denominación, a los géneros se les han asignado históricamente roles y cómo deben comportarse los varones y las
mujeres.
La construcción cultural de estos roles produce -de manera inequitativa, desigual y jerárquica- polaridades con cualidades
que refieren a varones y mujeres respectivamente, tales como: fuerza/ debilidad, agresividad/ ternura, actividad/ pasividad,
inteligencia/intuición. Estas falaces polaridades -presentes en cada sujeto, más allá de la clase social, del nivel educativo, de
la ocupación /profesión, de las creencias religiosas- han funcionado y funcionan como fundamento de la discriminación
hacia las mujeres y de los sistemas jerárquicos que las oprimen y subsumen, siendo una de las características centrales de la
sociedad patriarcal.
Por lo tanto, los vínculos entre varones y mujeres -sostenidos desde la cultura- son asimétricos basados en una irreal
jerarquía masculina y en una distribución desigual del poder; y en estas asimetrías podemos encontrar la explicación de las
violencias sobre las mujeres, niños/as y grupos minoritarios sociales.

1.1 Ser mujeres: una mirada desde el primer nivel de atención


La presencia de las mujeres en el sistema público de salud, no pasa inadvertida, es constante. El predominio de mujeres
integrando los equipos de salud en el primer nivel de atención es un hecho, también a tener en cuenta.
Asimismo, en los centros de salud se reciben con frecuencia las consultas de mujeres por situaciones desesperantes y de
gran sufrimiento producidas por hechos de violencia dentro del hogar, dentro de la pareja, dentro de su círculo más íntimo y
cotidiano de afectos y parentesco.
Es necesario profundizar esta realidad, tener en cuenta que “…la violencia en el hogar, pone en peligro la salud de todos
los involucrados, pues disminuye las defensas orgánicas, disminuye o vuelve más rígidas las defensas psíquicas,
incrementa las enfermedades existentes o produce nuevas alteraciones”.
Sólo a modo de ejemplos, pensemos en las consultas que se consideran “inespecíficas” o “polisintomáticas” desde la
clínica tradicional: dolores poco definidos, o dolores de cabeza frecuentes, alergias en cualquier lugar del cuerpo,
dificultades en la implementación de métodos anticonceptivos, dolores de estómago, disfonías prolongadas, tics, caída del
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cabello, ataques de llanto, irritabilidad, quejas crónicas, agotamiento psicofísico, escaso cuidado de si mismas.
Aquellas que reclaman las recetas de tratamientos prolongados con medicamentos ansiolíticos, sedantes y somníferos, con
o sin atención profesional, entre tantas otras consultas, que si sólo se intentan explicar a partir de una sola disciplina,
producirán una atención parcializada, muchas veces ineficaz.
Poder visualizar las consultas través de la perspectiva de género le presentará al equipo de salud del primer nivel de
atención la oportunidad para revisar lo aprendido e incorporar nuevas herramientas para la reflexión ante problemas
prevalentes que se empiezan a visibilizar.

2. Las Violencias de Género

2.1 Ley Nacional 26.485


La “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que
desarrollen sus relaciones interpersonales”, fue promulgada en nuestro país el 1 de abril de 2009.
Esta ley garantiza todos los derechos reconocidos por la Convención para la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la
Mujer, la Convención sobre los Derechos de los Niños y la Ley 26.061 de Protección Integral de los derechos de las Niñas,
Niños y Adolescentes y, en especial, los referidos a:
a. Una vida sin violencia y sin discriminaciones;
b. La salud, la educación y la seguridad personal;
c. La integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial;
d. El respeto a su dignidad;
e. Decidir sobre la vida reproductiva, número de embarazos y cuándo tenerlos, de conformidad con la Ley 25.673 de
Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable;
f. La intimidad, la libertad de creencias y de pensamiento;
g. Recibir información y asesoramiento adecuado;
h. Las medidas integrales de asistencia, protección y seguridad;
i. El acceso gratuito a la justicia en casos comprendidos en el ámbito de aplicación de la presente ley;
j. La igualdad real de derechos, oportunidades y de trato entre varones y mujeres;
k. Un trato respetuoso de las mujeres que padecen violencia, evitando toda conducta, acto u omisión que produzca re-
victimización.
De acuerdo a esta Ley, se entiende por violencia contra las mujeres a toda conducta, acción u omisión, que de manera
directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida,
libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal.
Quedan comprendidas también las perpetradas desde el Estado o por sus agentes.
Se considera violencia indirecta, a toda conducta, acción u omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que
ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón.
Los tipos de violencia contra las mujeres comprenden:
1.- Física: La que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra
forma de maltrato o agresión que afecte su integridad física.
2.- Psicológica: La que causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo
personal o que busca degradar o controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza,
acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación o aislamiento. Incluye también la
culpabilización, vigilancia constante, exigencia de obediencia o sumisión, coerción verbal, persecución, insulto,
indiferencia, abandono, celos excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del derecho de circulación o
cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a la autodeterminación.
3.- Sexual: Cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de la
mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas, coerción, uso de la fuerza o
intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones vinculares o de parentesco, exista o no
convivencia, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres.
4.- Económica y patrimonial: son las acciones que producen una pérdida en los recursos económicos o patrimoniales de la
mujer, mediante el robo de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, valores y derechos patrimoniales;
en la tenencia o propiedad de sus bienes; el insuficiente aporte económico –cuando se cuenta con el- para satisfacer las
necesidades básicas para una vida digna.
5.- Simbólica: La que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca
dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la
sociedad.
En el artículo 60 de esta ley se definen como modalidades a las formas en que se manifiestan los distintos tipos de
violencia contra las mujeres
a) Violencia doméstica contra las mujeres: aquella ejercida contra las mujeres por un integrante del grupo familiar,
independientemente del espacio físico donde ésta ocurra, que dañe la dignidad, el bienestar, la integridad física,
psicológica, sexual, económica o patrimonial, la libertad, comprendiendo la libertad reproductiva y el derecho al pleno
desarrollo de las mujeres. Se entiende por grupo familiar el originado en el parentesco sea por consanguinidad o por
afinidad, el matrimonio, las uniones de hecho y las parejas o noviazgos. Incluye las relaciones vigentes o finalizadas, no
siendo requisito la convivencia;
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b) Violencia institucional contra las mujeres: aquella realizada por las/los funcionarias/os, profesionales,
personal y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar, obstaculizar o
impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley.
c) Violencia laboral contra las mujeres: aquella que discrimina a las mujeres en los ámbitos de trabajo públicos o
privados y que obstaculiza su acceso al empleo,contratación, ascenso, estabilidad o permanencia en el mismo, exigiendo
requisitos sobre estado civil, maternidad, edad, apariencia física o la realización de test de embarazo. Constituye también
violencia contra las mujeres en el ámbito laboral quebrantar el derecho de igual remuneración por igual tarea o función.
d) Violencia contra la libertad reproductiva: aquella que vulnere el derecho de las mujeres a decidir libre y
responsablemente el número de embarazos o el intervalo entre los nacimientos, de conformidad con la Ley 25.673 de
Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable;
e) Violencia obstétrica: aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las
mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de
conformidad con la Ley 25.929;
f) Violencia mediática contra las mujeres: aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través
de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus
imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la
utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o
construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.

2.2 Violencias de género:


Cada vez que hablemos de violencias de género, deberemos entender que tales violencias existen fundadas, fundamentadas
y ejercidas por la desigual distribución de poder entre varones y mujeres, debido al lugar de subordinación social,
histórica y culturalmente asignado a las mujeres, niñas/os.

Como dice Mary Nash, citada por Susana Velazquez,…”el concepto de género va a situar a la organización sociocultural de
la diferencia sexual como eje central de la organización política y económica de la sociedad….. los discursos de género han
construido las diferentes representaciones culturales que han originado y reproducido los arquetipos populares de
feminidad y masculinidad…Ser mujeres o ser varones juega un papel determinante en “la reproducción y la supervivencia
de las prácticas sociales, las creencias y los códigos de comportamiento diferenciados según sexo”. Sin embargo, el
discurso de género de este nuevo siglo, dice Nash, no se funda aún en el principio de igualdad. Y esta desigualdad es una de
las causas centrales de la violencia….”

Por otra parte, Susana Velazquez plantea también que uno de los principales efectos que generan las violencias de género
cotidianas “...es la desposesión y quebrantamiento de la identidad que las constituye como sujetos…”
Debemos comprender que la violencia de género, no solo implica la violencia física sino, también la simbólica, psicológica,
mediática, sexual, económica y patrimonial. Estas violencias son ejercidas en el ámbito doméstico, institucional, laboral, en
los medios masivos de comunicación, ámbitos de salud; y a su vez son ejercidas cotidianamente, naturalizadas e
invisibilizadas, generan quebrantamiento de la identidad, de la voluntad, sentimientos de desprotección y angustia,
incomprensión, vulnerabilidad, depresión.

En otros casos, las violencias generan vergüenza y quienes ejercen la violencia les hacen creer a sus víctimas que son
responsables de ello, llevándolas a disimular o actuar como si nada pasara, restándole importancia, identificándose o hasta
justificando el accionar de quien la ha violentado. Esto no significa bajo ningún punto de vista que la mujer esté de
acuerdo, es este quizás el modo que encontró para continuar con su vida.
Es muy frecuente encontrar mujeres, niños/as que siguen bajo coacción, creyendo que el disimulo o el ocultamiento es la
mejor manera de protegerse.
Por lo tanto, es aquí donde el equipo de salud debe conocer de antemano que las violencias existen, que constituyen un
problema prevalente de salud, que pueden manifestarse con indicadores mínimos; que las mujeres, niñas y niños están en
peligro por la sola condición de ser mujeres, niñas y niños; y que se puede intervenir como equipo para la detección y
prevención de mayores daños y de la muerte.

2.3 ¿Qué sucede en nuestras familias?


En la realidad social actual hay diversidad organizativa de los grupos familiares, pero mayoritariamente la conformación de
ese mundo es más homogéneo en la historia social de occidente. “La imagen de familia monogámica con sus hijos, en un
hogar del matrimonio, donde sexualidad, convivencia y procreación coinciden en el espacio “privado” del ámbito
doméstico”
Esta construcción oculta, por un lado, la existencia de diferentes modalidades de familia provenientes de culturas
diferentes y, por otro y en cuanto a las violencias contra las mujeres, la familia nuclear arquetípica tiende a ser una familia
patriarcal donde el “jefe de familia” concentra el poder y tanto los hijos e hijas como la esposa-madre desempeñan papeles
anclados en la subordinación al jefe” . Las familias, entonces, pueden ser un entorno propicio para la violencia doméstica
ya que se organizan en función de dos variables: el poder y el género.
La privacidad y la intimidad sumados a los roles definidos culturalmente, hacen que la familia, uno de los ámbitos donde
deberíamos sentirnos más seguros, protegidos y cuidados, paradojalmente se constituya en un espacio donde se pueden
presentar variadas formas de maltrato.
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➔ El Ciclo de la violencia en la violencia doméstica

Contamos con el ciclo de la violencia conyugal como una herramienta muy importante para el abordaje de la violencia
contra las mujeres en el ámbito doméstico. El objetivo del mismo es brindar un instrumento para la comprensión y el
abordaje en situaciones de violencia de los varones hacia las mujeres en el contexto de una pareja.
Esta herramienta se considera muy importante para que las mujeres reconozcan lo vivido y se puedan situar - en el marco
de la consulta - en alguna de las fases. Por otra parte, el hecho innegable de la repetición en ciclos de la violencia
doméstica, explica aún mejor porqué un varón, aunque se arrepienta y pida perdón, va a volver a actuar violentamente, si
no media un tratamiento.

Es, entonces, un elemento de utilidad para que el equipo comprenda la dinámica de las violencias contra las mujeres y
pueda realizar un trabajo de prevención y abordaje acorde a sus particularidades.
El ciclo se desarrolla en tres fases y el tiempo interfases es diferente en cada pareja.
Es indicador de mayor gravedad el hecho que el tiempo entre cada fase se vaya acortando a medida que continúa la
violencia en la relación.
● Fase 1 o de acumulación de la tensión:
Es una fase en la que no hay violencia manifiesta donde la mujer trata de satisfacer a su pareja pero nunca lo logra. No hace
caso de las pequeñas situaciones de tensión que se van produciendo y cree que subordinándose a los deseos de su pareja,
evitará los reproches, los insultos o los golpes. Conocer la existencia de esta fase es fundamental para el equipo de salud, ya
que es una oportunidad para trabajar en prevención los perfiles del hombre violento y la mujer violentada.
● Fase 2 o de agudización de la violencia:
Esta situación de creciente malestar y tensión explota generalmente en golpes y todo tipo de agresiones graves que pueden
aumentar con el correr del tiempo. Se pasa de agresiones tales como empujones y pellizcos a trompadas y patadas. El
golpeador a veces reconoce que se puede descontrolar, sin embargo se justifica diciendo que la mujer lo provoca o bien le
echa la culpa de su descontrol a las peleas familiares, las dificultades en el trabajo y los problemas económicos. Nunca, y
esto es fundamental, se hace responsable de sus actos violentos. La mujer puede en este momento, y no en los otros,
realizar una consulta y/o pedir ayuda, si es que logra salir del hogar.
El equipo debe conocer y saber que es en esta fase donde aparece el mayor número de consultas lo que se constituye,
también, en una oportunidad para afianzar vínculos con las mujeres que consultan.
De aquí el valor de usar didácticamente esta herramienta.
● Fase 3 o de la luna de miel
El hombre se arrepiente y le promete a la mujer que va a cambiar y que no la va a golpear de nuevo. Se muestra amoroso, le
hace regalos y atenciones reviviendo una especie de luna de miel. A veces aparecen amenazas de suicidio si la mujer no lo
perdona o no le cree. La mujer finalmente se conmueve, termina creyendo en las promesas de cambio y lo perdona. En esta
fase las mujeres no consultan y difícilmente pueden cumplir con los acuerdos hechos con el equipo de salud.
Es importante destacar que es muy importante conocer cuánto tiempo transcurre entre una fase y otra; cuanto más
corto sea el periodo interfases permitirá al equipo de salud comunitario tener una presunción de mayor riesgo de vida para
la mujer y, por tanto, se verá en la obligación de pensar estrategias de abordaje particulares para esa situación.

2.4. Violencia Sexual


En las cifras reportadas a nivel internacional se registra que las víctimas de violación en su mayoría son mujeres y niñas;
conformando el 98% de las personas atacadas y siendo el 92% de los agresores, varones, es una de las formas de violencia
de género más extendidas e invisibilizadas.

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Se considera Violencia sexual a todo acto de índole sexual ejercido por una persona, generalmente hombre, en
contra del deseo y la voluntad de otra persona, generalmente mujer y/o niño/a que se manifiesta como amenaza, intrusión,
intimidación y/o ataque y que puede ser expresado en forma física, verbal y/o emocional, por lo tanto, la violencia sexual es
un DELITO.
Se considera abuso sexual infantil cualquier clase de contacto sexual entre un niño o niña y un adulto con el objeto de
obtener gratificación sexual del adulto, donde haya una diferencia de edad entre víctima y abusador, y una conducta que el
agresor manifiesta para someter a la víctima, algún tipo de contacto sexual (con /sin contacto físico).

Tipos de violencia sexual:


● Exhibicionismo, llamadas telefónicas obscenas
● Acoso sexual
● Abuso Sexual ( actos sexuales sin acceso carnal)
● Sexo bajo presión, obligarla a practicarle a él sexo oral ,
● Practicarle obligadamente sexo oral a ella
● Violación (penetración vaginal, anal, con el pene, digital o utilizando objetos)

Formas y contextos
● Abuso sexual y/o violación en el matrimonio o en el noviazgo; por conocidos, por desconocidos, violaciones
múltiples.
● La prostitución forzada y la trata de personas con fines de explotación sexual
● Abusos sexuales y/o violaciones sistemáticos en los conflictos armados.

Modalidades utilizadas por el Victimario


Pueden ser a través de: la coacción, intimidación, con o sin armas, amenaza de daño inmediato o mediato a la propia vida, a
la subsistencia o al bienestar propio o de los allegados.

¿Cómo reaccionan las víctimas?


Las reacciones de las víctimas pueden ser distintas. Se debe comprender que ante una situación de alta vulnerabilidad, cada
mujer y/o niño/a reaccionarán de modo diferente.

Abuso sexual en la pareja:


Uno de los delitos sexuales más silenciados y naturalizados es el abuso sexual y/o violación en la pareja, quizás es uno de
los más simbólicos ya que, desde la perspectiva de nuestra sociedad y como producto de nuestra cultura, las mujeres se
convierten en propiedad privada de sus parejas - dentro de una pareja estable o no-; por lo tanto, se encuentran allí para
satisfacer cualquier necesidad de los varones,

Una persona traumatizada por haber sido abusada suele presentar básicamente estos tres sentimientos:

Sentimiento de desamparo: proviene de otro sentimiento previo, el de impotencia frente al peligro real del ataque y a la
amenaza a la integridad física, que dará origen a la tristeza, al miedo, al desasosiego.
Vivencia de estar en peligro permanente: proviene del sentimiento de desvalimiento y está vinculada con la magnitud del
peligro real o imaginario. La pérdida de seguridad y confianza de la mujer violentada y el deseo de no pasar nuevamente
“por lo mismo” le dificultará integrar a la vida un hecho muy grave para el que nadie está preparado.
Sentirse diferente a los demás: la reactualización de la violencia sufrida actúa en forma permanente de modo traumático,
haciendo sentir sus efectos por largo tiempo y en diferentes aspectos de la vida. La mujer violentada suele creer que es la
única persona a quien le pasó, sintiendo humillación, autodesprecio, desesperanza, aislamiento y silencio.
El daño producido por la violencia contra las mujeres, incluyendo el abuso sexual en todas sus formas, produce la aparición
de síntomas de manera inmediata, tales como conmoción, negación, aturdimiento, paralización temporal, sentimiento de
soledad, impotencia, culpa, vergüenza, asco, miedo.
A mediano plazo, pueden aparecer estados de ansiedad, insomnio y pesadillas, ideas obsesivas, deterioro en las relaciones
personales, llanto permanente, incapacidad para concentrarse. Y más tardíamente, trastornos del sueño, de la memoria o
de la concentración, ideas suicidas y suicidio.

2.5 Victimización secundaria


La re-victimización o victimización secundaria es una forma de maltrato y violencia institucional y social que, por acción u
omisión, redobla y reitera la violencia ya padecida por la mujer afectada.
Puede provenir, como en este caso, desde diferentes ámbitos institucionales: policía, servicio sanitario y justicia. Es de
destacar que son todos espacios a donde las víctimas de la violencia sexual y de género acuden a pedir ayuda y para tener
acceso a los derechos que les asisten: a la salud, justicia, a realizar la denuncia; en definitiva son derechos humanos que el
Estado tiene la obligación de garantizar.
La persona ha sido víctima y posteriormente es maltratada por alguna institución, cuando, por ejemplo, se le niega
información disponible, cuando no se le reconoce como una interlocutora válida o no se la escucha con el debido respeto..

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La re-victimización “suele escapar a la conciencia de los profesionales…. está cargado ideológicamente de mitos y
estereotipos que impiden intervenciones adecuadas al problema… varios factores que accionan en su origen: culturales,
sociales, económicos, políticos, jurídicos e ideológicos, que difieren según los diferentes casos”.

❖ Unidad 2: Los derechos sexuales y reproductivos

1. Introducción
Los derechos sexuales y reproductivos comprenden los derechos humanos referidos a la sexualidad y a la posibilidad de
elegir libremente el momento de tener hijos/as.
Los derechos sexuales -como parte de los derechos humanos básicos- se refieren al control autónomo y responsable sobre
la propia sexualidad, sin ningún tipo de coacción, violencia, enfermedad, dolencia o discriminación; y requieren que las
personas estén protegidas tanto de enfermedades y dolencias, como de prejuicios y discriminación debido al ejercicio de su
sexualidad.
.
2. Un arduo camino de construcción social y política
Avanzar hacia el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de la población se ha mostrado como una tarea
ardua, que requiere de una buena dosis de reflexión para revisar aquellas inequidades en materia de género que la sociedad
en que vivimos ha naturalizado a lo largo de años de formación, y cuya deconstrucción no resulta una labor fácil..
Todas y todos somos partícipes de esta naturalización, que sólo logra desarmarse reflexionando sobre las afirmaciones y
juicios acerca de las mujeres que hacen referencia a sus deseos, sus capacidades, sus modos de comportarse, su inteligencia
y su capacidad de trabajo. La idea es que es posible desarmar estos argumentos que
surgen de nuestros pensamientos y afirmaciones que ponen a las mujeres en un lugar discriminado respecto de los varones
y dominado respecto de las decisiones acerca de su propio cuerpo y su propia vida.
Estos efectos de discurso atacan directamente la condición femenina, legitiman su subordinación y justifican diferentes
mecanismos de discriminación, el castigo físico sobre ellas, junto con el dominio y la toma de decisiones de los varones,
por encima de la voluntad de las mujeres.

3. El reconocimiento de los Derechos Sexuales y Reproductivos


Desde los años 70, los movimientos feministas sostenían que las mujeres tenían derecho a “controlar su cuerpo regulando
su sexualidad y capacidad reproductiva sin imposiciones, coerciones o violencia por parte de los hombres”, pero es en la
Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de la Salud (Alma Ata, 1978), que la Organización Mundial de la
Salud (OMS) reconoce por primera vez la importancia de promover la planificación familiar y de incorporar un enfoque
más amplio sobre la salud materno infantil, la adolescencia, el aborto, los embarazos no deseados, la prevención del cáncer
genito mamario, las infecciones del tracto genital, entre otros.
Sin embargo, será recién en la IV Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre la mujer (Beijing, 1995), que se
supera la división entre sexualidad y reproducción y se refuerza la idea del cuidado de la salud de las mujeres, más allá de
su condición de madres, prestando especial atención a los derechos sexuales y reproductivos en la adolescencia.
En la citada conferencia –así como en su antecedente en El Cairo un año antes-, se redefinen los derechos sexuales como
“los derechos de las mujeres y los hombres a tener control respecto de su sexualidad, a decidir libre y responsablemente sin
verse sujetos a la coerción, la discriminación y la violencia”, y los derechos reproductivos como “el derecho de todas las
parejas e individuos a decidir de manera libre y responsable el número y espaciamiento de sus hijos y a disponer de la
información, la educación y los medios para ello, para la decisión libre y sin coerciones, ni violencia ni discriminación así
como a alcanzar el nivel más elevado de salud sexual y reproductiva”.
En la IV Conferencia se planteó la necesidad de analizar la atención de las mujeres a la luz del concepto de género,
reconociendo que todas las relaciones entre los varones y las mujeres deberían ser reevaluadas, para potenciar el rol de las
mujeres como participantes en pie de igualdad con el hombre en todos los aspectos de la vida.
Así, los derechos de las mujeres lograron incorporarse al conjunto de los derechos humanos esenciales y la equidad de
género llego a plantearse como una cuestión de interés universal y de beneficio para todos/as. Así también, fue reconocido
el papel fundamental de las mujeres en los procesos sociales, económicos y políticos, y llegó a promoverse su participación
igualitaria en el acceso a la gestión de los ámbitos económicos y de poder.
En nuestro país, desde el retorno a la democracia a partir de 1983, paulatina pero sistemáticamente, los temas sexuales y
reproductivos ocuparon un lugar en la agenda pública y política.

3.1. Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable


En octubre de 2002, el Congreso Nacional Argentino logró aprobar la Ley Nº 25.673 que estableció la creación del
Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (PNSSyPR), a la que luego se adhirieron la mayoría de
lasprovincias. Esta Ley “(….) propone garantizar el acceso de varones y mujeres a la información y a los métodos
anticonceptivos; a la atención ginecológica y del pre-parto, parto y post-parto; a la información y tratamiento del
cáncer genito mamario”. A partir de la misma, los médicos pueden prescribir métodos anticonceptivos reversibles,
transitorios y no abortivos. Garantiza el derecho a la toma de decisiones autónomas, presentando una opción y no una
obligación.
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Los considerandos de la ley 25.673 que luego dan origen a la creación del Programa de Salud Sexual y Procreación
Responsable, plantean el respeto a los derechos definidos en los Tratados Internacionales, así como “(…) la necesidad de
promover e implementar medidas de acción positiva a fin de garantizar el pleno goce y ejercicio de los derechos y
libertades fundamentales(…)”; también, la OMS y el Ministerio de Salud de la Nación reconocen que en grupos en
situación de alta vulnerabilidad social existe el problema de la escasa información sobre la utilización de métodos
anticonceptivos, mientras que en otros casos lo que se dificulta es el acceso a los mismos.
Así, la ley, en sus considerandos, plantea la necesidad de abordar problemas sanitarios prevalentes tales como la morbi
mortalidad materna debida a embarazos no aceptados, a patologías genital y mamaria, a abortos, a contagios por
infecciones de transmisión sexual, entre otros graves problemas de salud.
En función de estos fundamentos, quedan establecidos los objetivos del PNSSyPR en la Ley, en su Artículo 2 del siguiente
modo:
a. Alcanzar para la población el más alto nivel de salud sexual y procreación responsable con el fin de que la misma pueda
adoptar decisiones libres de discriminación, coacciones o violencia.
b. Disminuir la morbi mortalidad materno-infantil.
c. Prevenir embarazos no deseados.
d. Promover la salud sexual de los adolescentes.
e. Contribuir a la prevención y detección precoz de enfermedades de transmisión sexual, de V.I.H./SIDA y patologías
genital y mamaria.
f. Garantizar a toda la población el acceso a la información, orientación, métodos y prestaciones de servicios referidos a la
salud sexual y procreación responsable.
g. Potenciar la participación femenina en la toma de decisiones relativas a su salud sexual y procreación responsable.
El Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable se puso en vigencia a partir de marzo de 2003 y “El
Programa tiene como propósito promover la igualdad de derechos, la equidad y la justicia social así como contribuir a
mejorar la estructura de oportunidades, en el campo de la salud sexual. Esto implica un pensamiento colectivo que nos
permita construir acciones transformadoras de la realidad, mejorando el acceso a los servicios de salud sexual”.
Contar con una Ley nacional y con el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable es un innegable y
significativo avance para el ejercicio real de los derechos sexuales, a través de la definición de políticas públicas y medidas
de acción positiva para su concreción.

3.2. De las normas a los hechos


El contexto normativo que establece la Ley y la creación del Programa Nacional deSalud Sexual y Procreación
Responsable requiere analizar algunos modos y condiciones de producción culturales, sociales e institucionales que
condicionan su desarrollo.
Una de las perspectivas que es necesario tener en cuenta es que los cambios reseñados, por sí mismos, no han logrado
modificar las valoraciones y los prejuicios de las visiones conservadoras predominantes, que circunscriben el ejercicio
de la sexualidad al matrimonio heterosexual y al mandato reproductivo como base de la familia. Por otra parte, también es
importante considerar los posicionamientos de los servicios de salud respecto a la salud sexual de las mujeres.
Al incorporarse la reproducción humana al conjunto de prácticas profesionales, los médicos y médicas se convierten en
actores relevantes de las mismas, articulando dichas prácticas alrededor de una concepción de salud que mayoritariamente
prioriza el enfoque asistencial/curativo más que el preventivo y de promoción de la salud, dentro de un sistema de prácticas
que privilegia el rol reproductivo de las mujeres, tal como sostienen las representaciones sociales de género.
De esta manera, existiendo la Ley y el PNSSyPR aún es necesario construir
colectivamente el reconocimiento y defensa del derecho a la salud de las mujeres,
y que el cuidado de la misma no aparezca como una reproducción del modelo
patriarcal, en el que las mujeres no acceden al derecho a decidir sobre el ejercicio
de su sexualidad con libertad y autonomía.

4. Violencia y Sexualidad

A partir de la segunda mitad del siglo pasado, se fueron consolidando diferentes movimientos que permitieron pensar a las
mujeres como sujetos sociales con pleno derecho. Su inserción en el mercado laboral, la práctica política de movimientos
feministas y los diferentes estudios de mujeres académicas fueron visibilizando la discriminación social de las mujeres,
desnaturalizando las prácticas que la sostienen, desnudando y denunciando las múltiples violencias físicas y simbólicas
ejercidas sobre las mujeres.
La relación entre violencia y sexualidad nos remonta a la infancia ya que hay familias que, con una estructura jerárquica,
vertical y autoritaria, favorecen futuras relaciones de obediencia y sometimiento. Dichas familias, ponen énfasis
únicamente en los deberes y no en los derechos de los niños y niñas que las integran, anulando su percepción sobre las
propias capacidades y, por lo tanto, disminuyendo su autoestima. La obediencia sin estímulo reflexivo impide el juicio
crítico y favorece la creencia respecto a que la violencia es un método válido para imponer los propios criterios.

En medio de estos estereotipos, danza el amor romántico, uno de los principales nutrientes de la educación de niñas y
adolescentes donde la entrega total y la postergación de sí misma hace que todo se justifique y se perdone en nombre del
amor.
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‘El porque te quiero te aporreo’, se empieza a aprender en la relación parental, el ‘por tu propio bien’ va
distorsionando el sentido del vínculo afectivo, “mejor que llores vos hoy, que yo mañana”, nos entrena en la obediencia sin
crítica, anula la percepción del sí mismo, disminuye la autoestima.
Por ello, las mujeres son particularmente vulnerables al maltrato infligido por la pareja en aquellas sociedades en las que
existen importantes desigualdades entre varones y mujeres, rigidez en los roles de los géneros, normas culturales que
respaldan el derecho del varón a mantener relaciones sexuales con independencia de los sentimientos y la libre elección de
la mujer y sanciones blandas o inexistentes para estos comportamientos. Estos factores pueden determinar que sea poco
habitual para una mujer abandonar una relación en la que sufre maltrato, ya que se encuentra naturalizada y legitimada
socialmente
Como vimos en la unidad anterior, las diferencias entre los géneros dentro del modelo social patriarcal establecen
relaciones de asimetría entre varones y mujeres, de dominación y desigualdad en función del sexo de cada persona y
representan una estructura ideológica que naturaliza el sometimiento de las mujeres a los varones.
Esto da lugar a ideas de derecho al dominio y la propiedad de la persona y del cuerpo de las mujeres, por parte de los
varones como “legítimos propietarios”. Así, el sistema sexo-género es el origen y soporte de la violencia sobre las mujeres.
Desde este contexto se entiende que “el ejercicio de un derecho no es sólo una decisión individual aislada, sino que
existen ciertos factores que lo condicionan tales como la situación socioeconómica, las legitimaciones sociales, culturales
e institucionales acerca de la reproducción y la sexualidad, y las formas legales y jurídicas relativas a estos
temas”.

4.1. La importancia de la Educación Sexual


A partir de la Ley de Educación Sexual Integral (Ley Nacional 26.150/06), la mayoría de los educadores y educadoras,
padres y madres, junto al personal de salud, acuerdan sobre la importancia de impartir educación sexual a los alumnos y
alumnas en las escuelas. Pero, también, se reconoce la dificultad para abordar la temática: dudas sobre qué decir, temores;
quizás sean los temores que aparecen frente a la vivencia de nuestra propia sexualidad. De acuerdo a la OMS (2006),
entendemos la sexualidad como: “Un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las
identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se
vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y
relaciones interpersonales (…) puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan
siempre (…) está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales,
éticos, legales históricos, religiosos y espirituales.”
Sin embargo, no se trata de que no existiera antes la educación sexual, sino que la que siempre ha existido remitía a una
educación regida por prohibiciones, silencios y ocultamientos, en tanto era utilizada como herramienta de dominación de
cuerpos y mentes.
Por ello, cuando se habla de la necesidad de una educación sexual para prevenir la violencia, es necesario como primer
paso rever críticamente los mitos y los estereotipos culturales en los que hemos sido educados. Reflexionar acerca de
cómo se concibe la sexualidad como inherente a la vida de mujeres y varones en un contexto determinado.
Abordar la temática de la sexualidad, entonces, necesariamente va a desnudar las relaciones de poder entre varones y
mujeres, clases y etnias, padres, madres, hijos e hijas, educadores y alumnado, gobernantes y ciudadanos/as.
La revisión de mitos y los estereotipos culturales en los que hemos sido educados, a los que empuja la educación sexual,
son también la puerta a la prevención de toda forma de discriminación y violencia contra las mujeres, ya que permite
reflexionar acerca de modelos alternativos, democráticos, que legitimen los derechos sexuales y reproductivos y, por lo
tanto, colaboran para repudiar todo hecho violento.

❖ Unidad 3: Trata de Personas. Conocer para prevenir

1. El delito de Trata de Personas


La Trata de Personas constituye una violación a los derechos humanos más elementales. Es un problema global y comparte
los primeros lugares en recaudación del crimen organizado junto con el negocio de las armas y del narcotráfico.
Es una práctica delictiva llevada adelante por organizaciones que, a través del engaño, amenazas a la víctima y a su familia,
o mediante cualquier otro ardid, captan y trasladan a personas con el fin de explotarlas. La Trata de Personas es una de las
formas más extremas que adopta la violencia y las principales víctimas de este delito son mujeres, niñas y niños.

Como toda práctica perteneciente al crimen organizado, aparece muy extendida en el territorio donde se desarrolla pero, al
mismo tiempo, se presenta poco visible a los ojos de la [Link] suerte de secreto, oscuridad y clandestinidad es
funcional al negocio criminal ya que le permite fortalecer su presencia sin trabas. Estas circunstancias actúan en
alianza con la situación de alta vulnerabilidad social de ciertos sectores de lapoblación y con la debilidad o carencia de
lazos sociales y -menos aún- de redes de ayuda, con lo cual su invisibilidad se fortalece.
Por esta razón, es tarea de todos y todas para promover su visibilización como un problema social existente, no solo
para conocer de qué hablamos cuando hablamos de trata sino, fundamentalmente, para trabajar en su prevención y poder
brindar cuidado en el primer nivel de atención.
Entre los tipos de explotación que pueden darse en la trata de personas se distinguen:

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a. La explotación sexual: en este tipo de explotación humana, los datos arrojan que sus víctimas mayoritarias son
las mujeres, niñas, niños y adolescentes.
b. La explotación laboral: sus víctimas mayoritarias son niñas, mujeres y hombres en situación de alta vulnerabilidad
social.
c. Extracción de órganos o tejidos humanos: requiere de un escenario y
organización delictiva específica por el entramado que involucra (Ley 26364/2008).

1.1 Explotación Sexual


La Ley Nacional 913 (Ley Palacios contra el comercio sexual de 1913) fue la primera normativa en todo el continente
americano destinada a proteger a las víctimas de la explotación sexual, combatiendo y penalizando a los responsables. El
autor y propulsor fue el Dr. Alfredo Palacios, primer diputado nacional socialista de América Latina, quien a comienzos de
siglo XX buscó acabar con la Trata de Mujeres en los prostíbulos locales.
A esta normativa, se sumó la Ley Nacional 12331 (Ley de profilaxis de 1937) que prohíbe expresamente en toda la
república el establecimiento de casas o locales donde se ejerza la prostitución, o se incite a ella.
En el caso de la explotación sexual se deben trabajar formas, acciones y estrategias que tiendan a detener la demanda y no
naturalicen el delito. Así, el Decreto del Poder Ejecutivo Nacional N° 936/2011, que prohíbe la oferta sexual en medios de
difusión masiva, es una acción de gobierno en ese sentido ya que se refiere a las formas y acciones que propician mayor
explotación sexual, presentándola como natural.
Otra de las forma de la explotación sexual es el llamado turismo sexual infantil.
Asimismo, y siendo que Argentina penaliza la explotación sexual-comercial, se entiende con ello a la prostitución como
una de las formas de violencia hacia las mujeres basada en las relaciones de subordinación.
Por ello, alineándose con esta postura abolicionista estatal, el sistema de salud tiene que tomar la responsabilidad de
trabajar a favor del empoderamiento de las mujeres en el ejercicio de sus derechos, entendido como: Fortalecimiento,
recuperación del poder y la confianza en sus propias capacidades y posibilidades. El proceso de empoderamiento es aquel
que habilita a alguien a ganar poder, autoridad e influencia sobre otros, las instituciones o la sociedad. Se constituye por la
totalidad de las siguientes capacidades:
● Tener poder de decisión propio.
● Tener acceso a la información y los recursos para tomar una decisión apropiada.
● Tener una gama de opciones de donde escoger.
● Habilidad para ejercer asertividad en toma de decisiones colectivas.
● Tener un pensamiento positivo y la habilidad para realizar cambios.
● Habilidad para aprender y para mejorar su propio poder personal o de grupo.
● Habilidad para cambiar las percepciones por medios democráticos.
● Mejorar la auto imagen y superar la estigmatización.
● Involucrarse en un proceso autoiniciado de crecimiento y cambio continuo sin parar.

1.2. Explotación laboral


En la explotación laboral la situación de alta vulnerabilidad social es la circunstancia fundamental para la captación.
En el caso de los migrantes, se observan captaciones del grupo familiar nuclear completo con fines de explotación laboral,
para ser utilizado en condiciones infrahumanas en talleres textiles y ámbitos rurales.
En el caso de personas migrantes, la Ley Nacional de Migraciones 25.871 establece que:
“El Estado en todas sus jurisdicciones, asegurará el acceso igualitario a los inmigrantes y sus familias en las mismas
condiciones de protección, amparo y derechos de los que gozan los nacionales, en particular lo referido a servicios sociales,
bienes públicos, salud, educación, justicia, trabajo, empleo y seguridad social”.
En muchos casos también, la explotación laboral misma consiste o convive con situaciones de Trata de Personas con fines
sexuales.

1.3. Explotación para extracción de órganos y tejidos humanos


Si bien este tipo de explotación es el menos registrado, es necesario saber que se trata de una práctica que existe y,

por lo tanto, es preciso desarrollar alertas y medidas de prevención. Para ello, es fundamental la visibilización del tema. Las
acciones de prevención deberían dirigirse, entonces, a construir hábitos de acompañamiento de familiares y
personas de confianza en consultas y tratamientos médicos.

1.4. La perspectiva de género en la comprensión del problema de Trata de Personas


La trata de personas es un problema social que afecta en forma mayoritaria a mujeres y niñas; por lo tanto, es necesario
realizar una mirada y abordaje desde la perspectiva de los derechos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes, como
grupos específicos de alta vulnerabilidad.
En primer lugar, debemos entender a la trata de personas como un problema social.
El hecho de que la mayoría de las víctimas de trata de personas sean mujeres, niñas y niños responde al sistema machista y
patriarcal imperante en el mundo entero; en el que están colocadas/os en una estructura familiar y social cargada de
estereotipos, prejuicios, postergaciones y con desigualdad en el ejercicio de los derechos, produciendo situaciones de
injusticias constantes.
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Es por ello, que un abordaje de promoción de la salud y prevención en este tema no puede dejar de trabajar en la
deconstrucción o desnaturalización del desempeño de aquellos roles sociales desiguales entre hombres y mujeres en
una comunidad.
En este sentido, la existencia de regulaciones y legislaciones como la Ley de cupo (Ley 24012), para garantizar la
participación en cargos públicos de las mujeres, la Ley contra la Trata de Personas (Ley 26364), la Ley de protección
integral de violencia contra las mujeres (Ley 26485), entre otras, responden claramente a un movimiento hacia garantizar
la presencia de las mujeres en los espacios públicos, su promoción y participación en el diseño de políticas que protejan a
todos y todas por igual, y a las niñas y mujeres en forma especial, atendiendo a la alta vulnerabilidad por su rol de
género y condición social específica.

2. Más clasificaciones para el delito de Trata de personas


Otro modo de clasificar el delito de Trata de Personas es considerarlo de acuerdo a la etapa (del delito) que se desarrolla
en el territorio involucrado. Así, podemos definir que un Estado puede tener trata de origen, de tránsito y/o de destino.
En nuestro país se registran las tres etapas de la Trata de Personas:
● la captación de las víctimas con fines de trata (Trata de origen);
● la preparación (“ablandamiento” de las víctimas) para una explotación en otro país (Trata de tránsito) y, además,
● la explotación humana (Trata de destino).
Otra clasificación posible es definir la explotación de acuerdo con los estados involucrados: existe Trata Trasnacional
cuando está involucrado más de un estado en su desarrollo y Trata Interna cuando la perpetración de la explotación
humana se produce dentro de distintas regiones de un mismo país.
En nuestro país son reconocibles como corredores de la Trata o rutas de explotación y traslado de las víctimas de Trata de
Personas: las regiones del Noreste y del Noroeste argentinos (NEA y NOA, respectivamente) aparecen mayormente como
lugares de entrada, reclutamiento y/o captación de víctimas de explotación sexual y laboral, mientras que la zona del
centro, costa atlántica y sur del país son los destinos principales de explotación.

3. Consecuencias de la trata de Personas para la salud de las víctimas


Las personas que han sido víctimas de explotación sexual o laboral, son personas que han sido sometidas a violencia
generalizada. La pérdida absoluta de la autoestima genera muchas veces tal falta de sentido que deja de percibirse como
persona. La cosificación penetra en la víctima de tal forma, que es ella la que asume un comportamiento robótico,
probablemente como mecanismo de defensa que permite sobrellevar la explotación sufrida a cada momento. Como
consecuencia de este estado, se produce un quiebre y una ruptura con su medio de tal magnitud que hace impensable -por
las situaciones vividas a diario- la vuelta a casa, a su centro de vida, o la posibilidad de escapar de esa situación y
reconstruirse en otro espacio.
Se destruye así, la capacidad de construcción de un proyecto de vida, pues la enajenación que opera sobre la víctima hace
que permanezca en ese estado de confusión.
El sometimiento opera de tal manera en el deterioro de la autoestima de la víctima que, muchas veces, ésta construye como
única salida una “no salida”; permaneciendo en el ambiente en el que fue explotada. En esta condición, muchas
veces, la organización criminal convierte a víctimas en nuevas reclutadoras y/o regenteadoras, por ejemplo, del negocio
sexual-comercial o la explotación laboral.

4. Un abordaje posible para prevenir


Por todo ello, los abordajes preventivos deben insistir en visibilizar los mecanismos habituales que utilizan estas
organizaciones y hablar lo más claramente posible del problema.

Con todas las poblaciones, pero sobre todo en las comunidades particularmente vulnerables que se encuentran en las zonas
de reclutamiento y/o transito, se debe hacer pública la información acerca de este problema y se debe advertir a la
población respecto de los métodos habituales de victimización.
Esta tarea debe ir acompañada de otra, que permita la valorización de la vida de cada integrante en la familia y la sociedad
y el empoderamiento de aquellos que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad (mujeres, adolescentes, niñas y niños,
trabajadores precarizados y migrantes).

❖ Unidad 4: El discurso sobre las violencias de género en los medios de comunicación

1. Introducción
En nuestra Ley Nacional de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, se ubicó
como una de las modalidades a la violencia mediática. Recordemos que involucra a todas aquellas publicaciones y
mensajes que se trasmiten a través de cualquier medio de comunicación que, de manera directa o indirecta, humillan,
deshonran, injurian, discriminan o atentan contra la dignidad de las mujeres. De esta manera, y por medio del ejercicio de la
violencia simbólica, se reproduce y legitima la desigualdad en el trato y se genera violencia contra las mujeres.
En este apartado, entonces, proponemos aproximarnos a un análisis respecto al modo en que los medios de comunicación
masivos y no masivos abordan la violencia de género.

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2. Producir y reproducir sentidos sobre la violencia de género. Condiciones que “condicionan” la
producción del discurso periodístico.
Uno de los aspectos a considerar en el proceso de construcción de la noticia es aquel que se refiere a que la administración
de la información se concentra en los medios masivos, situación que se da en paralelo a la proliferación de pequeños
medios comunitarios (radios y revistas, principalmente) y al auge de las tecnologías de la
información y la comunicación (soporte digital). Cada uno de estos fenómenos tiene sus límites.
La concentración de los medios masivos implica que son muchos quienes hablan, ya que emplean a un alto número de
profesionales, pero pocos los lugares desde donde hablan (es decir, hay muchos medios concentrados en una sola
empresa). Esta situación condiciona el proceso de producción de la información.
Un ejemplo de la aplicación de nuevas tecnologías de la información y la comunicación es la proliferación de blogs y
webs que se erigen en ventanas a otras voces no alineadas. Las organizaciones de mujeres que emprenden, sobre distintos
ejes, la lucha contra la violencia de género han logrado, en parte, equilibrar la violencia simbólica mediática haciendo un
amplio uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TI yCs).
La concentración de los medios con discursos mediáticos circulantes provenientes de una “única voz” alientan el
surgimiento de nuevos medios. En los medios masivos se produce un discurso hegemónico que concibe la comunicación
como un instrumento (y no como un proceso) de modo lineal, unidireccional y pretendidamente controlada desde la
emisión. Al mismo tiempo, existe un discurso contrahegemónico que entiende la comunicación como un proceso
de diálogo, potencialmente democrático (donde la producción y reproducción del discurso se da tanto en la emisión como
en la recepción) y donde los polos son relativamente fáciles de intercambiar.

3. Diversos procesos comunicacionales y violencia de género


La problematización sobre el rol de los medios en la producción y reproducción de los discursos sobre la violencia de
género debiera centrarse ante todo en el uso y en el contenido (representaciones implícitas o explícitas), no en la escala
o en el tipo de medio, pues tanto los medios masivos como las redes sociales, los blogs, webs y los medios comunitarios
pueden reproducir un discurso estereotipado sobre la violencia contra las mujeres.

4. Delito y violencia contra mujeres y niñas en los medios masivos de comunicación gráficos: La relación
entre la sección y el enfoque de género
Vemos habitualmente que el tema de la violencia de género ingresa a los medios de comunicación, sobre todo gráficos y
audiovisuales, casi siempre a través de la sección“Policiales”. El nombre no es casual y anticipa otros equívocos
fundacionales en el abordaje de la temática tales como la tipificación del crimen pasional, heredada del discurso jurídico
en la reproducción del orden patriarcal, donde la violencia de género intrínseca al feminicidio es invisibilizada tras un
“rapto de amor”, relativizando, además, la planificación que caracteriza este tipo de delitos.
En algunos otros medios, la tematización de la violencia de género, especializada o academizada, ingresa a través de la
sección “Sociedad” o “Información General”.
Tanto para los medios como para la comunidad en su conjunto, los delitos asociados a la violencia de género no se
encuadran en la categoría “inseguridad”, en parte porque no lo son y porque circula un marco interpretativo
universalmente difundido a partir del cual la violencia de género es un asunto de orden privado, mientras que la
inseguridad es concebida como un problema de orden público.

5. Calidad y cantidad de fuentes de información y su impacto en la construcción de la noticia


La sección es el marco de un cuadro (la nota) que permite visibilizar otros elementos claves de la producción del discurso
mediático. Especialmente, en cuanto a la selección de las fuentes.
Por un lado, es necesario tener en cuenta que al leer una noticia donde se propone sólo una fuente informativa, la calidad de
los contenidos se deteriora; mientras que en un artículo donde se presentan elementos informativos brindados por diversas
fuentes, la calidad informativa se eleva.
Por otro lado, es menester analizar cuáles son las fuentes seleccionadas en la construcción de la noticia. La fuente,
generalmente, reproduce un estereotipo en el proceso de interpretación del hecho, el móvil y las causas de la violencia
(confundiendo unos y otras) y lo comunica a los periodistas.

6. Vulneración y reparación de derechos en el proceso de construcción de la noticia sobre violencia de


género
Para introducirnos en el análisis, vale destacar que los medios no producen hechos sociales, sino más bien los enfocan o
desenfocan; deforman o reconstruyen, en base a criterios periodísticos más o menos profesionales (el criterio profesional
básico del quehacer periodístico supondría chequear una misma información con tres fuentes diferentes, procedimiento que
en el ejemplo propuesto no se implementa); reinterpretan según criterios diversos (según la opinión del periodista, de la
fuente, de un especialista en violencia de género), con un resultado diferente en cada caso.
Todos estos elementos condicionan la legitimidad de un discurso periodístico, la cual se funda en la relación con otros
discursos de diferentes medios sobre un mismo hecho y en el nivel de correspondencia de esos discursos con el hecho
mismo (lo real).
En el relato sobre el feminicidio, el cuerpo de la mujer –en este caso, el de una niña- tiene aún menor valor social que en
vida: se trata de un objeto con el cual se puede hacer y deshacer a gusto (al cual se puede, real y simbólicamente, alabar,

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insultar, cotejar, denunciar, acusar, diseccionar). Es necesario señalar que la exacerbación de lo macabro a la cual
nos referimos, en el polo de la emisión (atizando la competencia entre medios por mostrar detalles cada vez más violentos),
pero sobre todo en el de la recepción, puede operar como dispositivo de profundización de la violencia (una mujer se
encuentra atravesando el duelo producto del asesinato de su hija y debe, además, observar cómo los medios
condenan la conducta de la familia y de la propia niña).

7. El rol social de los medios de comunicación en el tratamiento de las violencias de género


Los medios pueden operar de diferentes formas ante un hecho de violencia: ser parte de la resolución del problema,
cuando en el debate intervienen actores que pueden colaborar en la comprensión o en la visibilización de la complejidad del
mismo; o bien, pueden promover su profundización, en tanto si hacen de la misma un espectáculo de consumo donde la
fuente de información interviene sólo para sostener el espectáculo.

7.1. Otras operaciones en la producción del discurso periodístico: de lo invisible al espectáculo.


Muchas veces, el tratamiento mediático que se realiza sobre casos de mujeres o niñas víctimas de violencia cuyas familias
se inscriben en algún estigma (por ejemplo, marginalidad o discriminación por arraigo cultural) se inscribe en un
modo particular de violencia de la palabra y la imagen. Se trata, por un lado, del desplazamiento discursivo que convierte el
drama en show. Pero también, del silencio, una de las formas en que se manifiesta la violencia en el discurso, simplemente
no hablando, silenciando un episodio gravísimo que, de enunciarse, podría generar -con un tratamiento adecuado- al menos
una estricta sanción social por parte de la comunidad.
En relación a la espectacularización cabe aclarar que rol de los medios oscila entre dos funciones claves: entretener e
informar (que parece corresponder a la clasificación entre periodismo amarillista y serio, respectivamente). En el primer
caso, se desdibujan códigos de profesionalización, estilo y ética que debieran acompañar el proceso de producción
periodística. En el segundo, la construcción de la noticia se desarrolla siguiendo protocolos, manuales de estilo y
operaciones de producción implícitas asociadas a la elaboración de una noticia de calidad. En el proceso a partir del cual el
medio cambia su objetivo ideal (informar) por uno concreto (entretener), se ejerce sobre los sujetos de la información un
tipo de violencia simbólica que, en el caso de las representaciones mediáticas sobre la violencia de género, llega justamente
a borrar del discurso el rasgo del género para dejar sólo la violencia.
De tal modo, los medios representan en el discurso, parcialmente, los intereses del sector social hegemónico en una
comunidad determinada. Producen y reproducen un discurso que es funcional a dichos intereses y que tiende a sostener un
“status quo” determinado, dentro del cual se incluyen los mandatos culturales que soportan y sostienen, de hecho, el orden
patriarcal y la violencia de éste resultante: sujeción de la mujer al ámbito doméstico, estereotipo mujer= madre esposa,
privatización de la violencia intrafamliar, invisibilización de la violencia institucional contra las mujeres, objetivación de la
mujer, victimarización de la mujer violentada, entre otros.

8. A modo de conclusión y sugerencias para el abordaje


Algunos puntos a considerar al establecer una relación entre comunicación y violencia de género, problematizando
el discurso de los medios sobre esta última:

● Alertar sobre la reproducción de estereotipos que hacen a la culpabilización de la víctima y naturalizando el


femicidio, hasta invisibilizarlo tras el delito común o pasional.
● El análisis de la sección de un medio dentro de la cual se encuadra un caso de violencia de género, nos da pistas
acerca de los sentidos que enmarcan el tratamiento del mismo.
● También, en cuanto a los medios, es importante considerar las fuentes que cada medio establece como confiables e
idóneas a la hora de reportar o analizar un caso de violencia de género. En tal sentido, es necesario también
atender a la re-victimización de las mujeres y niñas violentadas cuando el drama es objeto de show mediático.
● Desde la esfera pública, en general, es importante analizar las voces autorizadas, preparadas, para ‘hablar’ de un
caso de violencia de género.
● Finalmente, es importante que el equipo esté atento a la identificación y uso de los medios comunitarios del
espacio local donde se desempeña pues, como expusimos, entre las características de estos medios se
encuentran la accesibilidad y la democratización de los procesos comunicacionales.

❖ Unidad 5: Las Cifras del Problema

En primer lugar, recurrimos a un documento publicado en el 2010 por la División de Asuntos de Género de la CEPAL que
muestra los resultados de una investigación sobre la información actualmente disponible para construir indicadores de
violencia, en particular en América Latina y el Caribe.
En el Informe de la Reunión Internacional sobre Estadísticas e Indicadores de Género para medir la incidencia y evolución
de la Violencia contra la Mujer en América Latina y el Caribe se publica la discusión sobre la calidad de los registros
existentes, tanto en lo referido a la información proveniente de encuestas como la que resulta de registros de índole más
administrativa, todo ello en función de la posibilidad de construir indicadores confiables.
La información que presentamos a continuación, proviene de un cuadro donde se presentan algunos hallazgos provenientes
de encuestas realizadas y analizadas en distintos países de la región:
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México, 1999: La Encuesta Nacional sobre violencia Intrafamiliar encontró que 88.4% de las entrevistadas y los
entrevistados piensan que la violencia es un asunto privado.
Chile, 2001: La violencia psicológica se mantiene con una prevalencia semejante en los diferentes tramos de edad (15 –
29; 30 – 39; 40 - 49); mientras que la violencia física en la historia de pareja, se da con mayor frecuencia en las mujeres del
tramo de edad 40 – 49, si se las compara con las más jóvenes. Respecto a la violencia en el noviazgo, la investigación
señala que la prevalencia de la violencia psicológica es de 11,4%, y la física o sexual de un 9,7% .
Nicaragua, 1996: El 31% de las mujeres maltratadas reportaron haber recibido agresiones físicas durante su embarazo. De
éstas, la tercera parte indicó que la violencia fue más fuerte en este período, mientras que el 40% dijo que se mantenía en
igual intensidad que en otros momentos de su vida. La mitad de ellas recibieron golpes dirigidos al vientre
durante su embarazo).
Nicaragua, 1996: El 80% de las mujeres maltratadas indicaron que nunca habían buscado ningún tipo de ayuda para su
situación. Apenas el 14% de las mujeres habían denunciado el abuso en la policía y menos de 6% había visitado un centro
de salud o casa de la mujer..
Perú, 2000: De la totalidad de mujeres que han sido maltratadas o golpeadas (46%), menos de la mitad de ellas (42%)
pidieron ayuda a una persona cercana y tan solo una de cada cinco acudió a una institución en búsqueda de ayuda (19%)..
Colombia, 1995: Del total de mujeres golpeadas por su cónyuge, 27% ha denunciado el hecho ante las autoridades.
Chile, 2001: A medida que aumenta el nivel educacional es mayor el porcentaje de mujeres que han vivido relaciones de
pareja sin violencia: la prevalencia de violencia física es de un 40% para las mujeres que tienen enseñanza básica o media
incompleta y de un 29% para aquellas que tienen enseñanza media completa o superior..
Nicaragua, 1996: El 41% de las mujeres que no trabajan en forma remunerada son víctimas de violencia física grave,
mientras que sólo el 10 % de las que trabajan fuera de sus casas y perciben ingresos lo son.
Uruguay, 1997: Un 79% de las mujeres sometidas a maltrato físico fueron víctimas de maltrato infantil o lo presenciaron
en sus familias.
Bolivia, 1997: Se identifica una correlación entre haber sido testigo de violencia doméstica en la infancia, el vivir en
actual situación de violencia y el hacer testigos a sus hijos /as, lo cual estaría implicando la construcción de un círculo
vicioso de socialización para la reproducción de estilos de vida violentos..
Chile, 2001: La violencia en la pareja está presente en todos los estratos socioeconómicos: la ha sufrido el 39% de las
mujeres del estrato alto y medio alto, en el estrato medio el 45% y en el estrato bajo-muy bajo el 59%.
Chile, 2001: Un 42% de las mujeres que viven violencia física, reconoce haber quedado con algún tipo de lesión.
Uruguay: Además de tener un alto riesgo de sufrir lesiones físicas, la comparación de las víctimas de violencia física
severa con las mujeres que no sufren violencia demuestra que las mujeres agredidas: acudieron tres veces más a los
servicios de salud para ser atendidas por un especialista, triplicaron la asistencia a las salas de urgencias, requirieron
cinco veces más radiografías y fueron internadas cuatro veces más que las mujeres que no sufren violencia. Cuando se

comparan las mujeres que sufren violencia sexual con las que no la experimentan, las primeras recurrieron ocho veces más
a los servicios de urgencia del sistema público, necesitaron cuatro veces más radiografías y estuvieron hospitalizadas casi
10 veces más que las no violentadas (Traverso, 2000, citado en Biehl, s.f.).
Pasando ahora al documento de la División de Asuntos de Género de la CEPAL, formulado en 2010:
“A pesar de que sus expresiones varían de acuerdo a los contextos culturales en que esta se ejerce, su práctica es universal
y su impacto, aunque devastador para todas sus victimas, se exacerba ante situaciones de pobreza y exclusión, y en
situaciones de conflicto armado.
El lugar social que ocupan las mujeres en nuestras sociedades y en particular el de aquellas que hacen parte de aquellos
grupos más vulnerabilizados como las migrantes, indígenas, niñas y adolescentes, entre otras, constituyen factores que
afectan de manera dramática las condiciones de vida de la población femenina y sus posibilidades futuras de desarrollo
personal y colectivo.
(…)¿Por qué a pesar de los esfuerzos realizados el problema persiste? ¿Se trata de la escasez de marcos jurídicos y de
políticas públicas o de las dificultades en el diseño e implementación de las mismas? ¿Se trata de un problema de
enfoque conceptual o de una imposibilidad de insertar la violencia contra las mujeres en agendas más amplias? O,
¿Será que las antiguas modalidades de gestión no permiten la transversalización de las políticas publicas en esta materia?
“Uno de los aspectos más urgentes y deficitarios a la luz de los resultados de hoy en materia de disminución -si no
erradicación- de la violencia contra las mujeres es que no es posible medir el impacto de las medidas adoptadas, en tanto
no existen, salvo excepciones, sistemas de registros unificados que permitirían orientar la respuesta estatal al conocer la
magnitud del problema. Es reciente el esfuerzo por uniformar criterios para la recolección de información pero aún es
insuficiente para dar por cumplida la obligación jurídica que han contraído los Estados en materia de generación de
información.”
Las autoras del documento manifiestan que la información respecto de la violencia de género -cuando es asumida como
parte de las políticas públicas- nos puede mostrar, por un lado, la integración entre marcos y procedimientos jurídicos y
administrativos y, por el otro, los grados de coordinación intersectorial entre los diferentes poderes públicos: “(…) a
mayor priorización política y mayor transversalización del problema en la estructura institucional, mayor y mejor
información se obtendrá.”
Cuando la violencia de género no es incorporada a las políticas públicas, la información proveniente de todos aquellos
registros existentes será incompleta, lo que sumado a la fragmentación sectorial y jurídica dificulta contar con un sistema
único de información confiable: “El registro único es de alguna manera el producto de una política integral que aún escapa
a muchos países de la región.”
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Plantea el documento que si la producción de estadísticas es un elemento clave para diseñar políticas públicas
que posibiliten al Estado intervenir a partir de información objetiva, debe reconocerse que hubo avances tanto a nivel
internacional como en los países de la región.
El ámbito de salud es, en América Latina, el sector que más datos provee y el que analiza la mayor cantidad de
información, lo que seguramente coopera con la respuesta estatal frente a la problemática. Le siguen, los ámbitos judicial y
de seguridad.
Esto habla de una importante permeabilidad del sector salud a los temas de salud de las mujeres y de la existencia de
una percepción del problema como prevalente y pertinente al campo sanitario, dados los daños físicos y/o mentales que
provoca la violencia contra las mujeres.

Las Cifras Nacionales:


La violencia sobre las mujeres, como una realidad poco visible y muchas veces negada, es un problema que histórica y
sistemáticamente ha sido subregistrado por todos los sectores, y el sistema de salud no escapa a ello.
Abordar entonces este capítulo, resulta una tarea compleja, ya que en realidad no se dispone por ahora de un registro
único desde el sector salud que permita conocer, medir y analizar a lo largo del tiempo, lo que sucede con las mujeres que
consultan en el sistema y que -además- esté actualizado. En los registros nacionales de defunción se registran las muertes
por violencia, incluidas las causadas por suicidios, sin otra especificación vinculada a la violencia de género.
En general, otros sectores como el sistema de seguridad o el sistema judicial disponen de algunos datos a través de las
denuncias que ante esos organismos se efectúan, pero esos registros sólo nos hablan de los casos en que la mujer tuvo el
valor de realizar la denuncia, los que no constituyen la mayoría.
A continuación, veremos algunos datos del informe elaborado por “La Casa del Encuentro” que muestra los datos del año
2010, donde podremos observar algunos de los casos de femicidio ocurridos a nivel nacional. Los datos abarcan el período
del 1º de Enero al 31 de Octubre de 2010 y han sido recopilados de las agencias informativas, así como del seguimiento de
cada caso en los medios. Incluye también los datos sobre femicidios vinculados.
En el período relevado por la Casa del Encuentro, se registraron en nuestro país 206 Femicidios de mujeres y niñas y 12
Femicidios “Vinculados” de hombres y niños. Del total de muertes, 26 casos registraron denuncias y/o exposiciones previas
por violencia; 16 femicidas pertenecerían a fuerzas de seguridad.
En esos registros no están contemplados, por la insuficiente información que surge de los medios de comunicación, una
gran cantidad de casos.
Además de estos casos se deben tener en cuenta los informados como muertes por suicidio, en los que se registran
situaciones previas de violencia contra las mujeres.
Del estudio se desprende, que hubo un incremento del 19 % de asesinatos por violencia de género con respecto al año 2009.
En el cuadro comparativo que mostramos a continuación se puede ver el aumento que hubo del año 2008 al año 2009 y que
fue del 11%.
Podemos también observar algunos datos que son de vital importancia para entender el problema y poder abordarlo como
las edades más críticas, el tipo de vínculo con el agresor, los grupos más vulnerables, las provincias donde se registra la
mayor cantidad de muertes, entre otros.

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Centro Académico Recoleta. Residencias Médicas

A partir de estos informes, las organizaciones creen necesario considerar a la violencia de género como una cuestión
política, social, cultural y de derechos humanos, para de este modo hacer visible que la grave situación que viven las
mujeres en la Argentina, es una realidad colectiva por la que se debe actuar de manera inmediata.
Así, refieren que se hace imprescindible contar con” estadísticas oficiales sobre violencia hacia las mujeres articuladas con
la sociedad civil, incorporar en el Código Penal de la figura de Femicidio, con pérdida automática y definitiva de la patria
potestad del femicida, no así de sus obligaciones alimentarias. Brindar protección integral y efectiva para la mujer víctima
de violencia y lograr alguna forma de asignación habitacional y de alimentación para las víctimas de violencia y
fundamentalmente contar con un presupuesto destinado a implementar la Ley 26.485”.
Los números del año 2011 provienen del relevamiento realizado por el mismo Observatorio, donde se detectaron 282 casos
de mujeres asesinadas en 2011. Esto representa un aumento del 8 % respecto del año anterior cuando se registraron 260
casos.

“DE ACUERDO CON EL RELEVAMIENTO DE UNA ONG, EN 2011 SE REGISTRARON 282 FEMICIDIO”
Una mujer asesinada cada 31 horas
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Los números reflejan solamente los casos que fueron consecuencia de violencia de género.
De ellos, 32 corresponden a jóvenes de 15 a 21 años asesinadas por sus novios o ex parejas.
Como resultado, 346 chicos quedaron sin madre.
La epidemia de femicidios dejó a 346 niños y niñas sin madre, muchos de los cuales muy probablemente arrastren las
secuelas de haber sido testigos y a la vez víctimas de la violencia machista. En la mayoría de los casos –casi 6 de cada 10–,
el autor o principal imputado es el esposo, novio o ex pareja de la víctima. Para las mujeres, la propia casa puede resultar
más peligrosa que la calle: en la ciudad de Buenos Aires, el 50 por ciento de los homicidios dolosos de mujeres que
tuvieron lugar en 2010 fueron motivados por violencia intrafamiliar y solo el 27 por ciento, en ocasión de robo, de acuerdo
con una reciente investigación de la Corte Suprema.
Como cada año, el informe de La Casa del Encuentro llama a la reflexión sobre las consecuencias de la violencia de género
(…) exhortó a avanzar con un acuerdo social entre diversos sectores para diseñar un plan nacional para la erradicación de la
violencia hacia las mujeres. La Ley 26.485, de “Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar
la violencia contra las mujeres”, sancionada el 11 de marzo de 2009 y reglamentada en 2010, establece en su artículo 9 las
responsabilidades del Consejo Nacional de las Mujeres.

❖ Unidad 6: Orientaciones para el abordaje de la violencia sobre las mujeres en el primer nivel
de atención
1. Introducción

El centro de salud, muchas veces, es un espacio que resulta familiar, amigable y ofrece la oportunidad de solicitar ayuda a
aquellas personas que están sufriendo por vivir en condiciones de violencia. La mayoría de las mujeres que viven en un
barrio o comunidad suelen tener un alto número de contactos con los integrantes del equipo de salud, realizar consultas
frecuentes para ellas, para sus familiares y /o vecinos/as; en ocasiones, las mismas mujeres asisten con lesiones físicas y/o
daños psicológicos que no encuentran antecedentes previos en su historia clínica.
Sin embargo, esta presencia en el sistema público de salud no asegura por sí sola una mayor detección de situaciones de
violencia de género, ni siquiera una mayor sensibilización.
Los equipos de salud comunitarios son, entonces, uno de los puntos de contacto que pueden ofrecer escucha, información y
atención en el primer nivel de atención. Por ello, es importante que tomen nota de la prevalencia de la violencia sobre las
mujeres y aprovechen cada contacto (consultas toco ginecológicas, control prenatal, control del niño/ña sanos, consultas
por dificultades de aprendizaje en la escuela y otras) para prestar atención e indagar acerca del tema.
Cada consulta se constituye en una oportunidad de prevenir y detectar tempranamente alguna de las formas de
violencia y, por tanto, de disminuir la morbimortalidad por esta causa.
La violencia de género incide en la salud de las mujeres y afecta sus vidas, particularmente en su salud sexual referida a la
procreación responsable, la maternidad sin riesgos, la prevención de infecciones de transmisión sexual, entre otras.
Se trata de brindar la atención y el acompañamiento necesarios a las víctimas y, también, de planificar participativamente
acciones de sensibilización y prevención de la violencia; y, fundamentalmente, trabajar en promoción de la salud,
valorizando el derecho a la salud y a la vida.

2. Consideraciones para una intervención en Violencia sobre las mujeres


La especificidad del Primer Nivel de Atención lo hace un ámbito propicio, reconocido por la comunidad como el referente
de salud en el territorio y accesible a las personas. Por ello, es apropiado para la detección y el tratamiento de las
situaciones de violencia que viven las mujeres.
Es necesario tener en cuenta que si bien la violencia sobre las mujeres está presente en todos los países y clases sociales,
puede adquirir diferentes formas de expresión y modalidades. Es así que, además de encontrarse variantes dentro de las
diferentes formas de expresión de las violencias sobre las mujeres, los niños y niñas, los adolescentes, los adultos mayores
y las personas con capacidades diferentes, en diferentes comunidades y/ o barrios pueden encontrarse diversos grados de
tolerancia o indiferencia al maltrato.
Se torna imprescindible, entonces, que el equipo de salud se plantee acciones que incluyan a la comunidad, se abran
espacios de consulta y se propongan soluciones desde una perspectiva intercultural. Es importante tener en cuenta que
existen diferencias culturales entre las poblaciones y que no debemos caer en un relativismo cultural que nos lleve a
entender todo hecho violento como parte de la cultura de determinado pueblo, ya que esta posición solo nos conduciría a
aumentar la tolerancia frente al abuso e instalarnos en la indiferencia.
Es imprescindible que el equipo de salud lo considere a la luz de la legislación y normativas vigentes, en las que quedan
claramente definidas cuáles son las diferentes situaciones de violencia y cuáles, los derechos que podrían estar siendo
vulnerados.
Es habitual recibir en las consultas médicas, de trabajo social, psicológicas, de enfermería y en la tarea diaria de los/ las
agentes sanitarios una variedad de manifestaciones y presentaciones físicas, psíquicas y de tipo social que si se saben
mirar más de cerca nos pueden estar indicando que esa mujer está sufriendo una situación de violencia.
A veces, el alerta acerca de la presencia de violencia llega indirectamente a partir de observar signos de alarma en los
niños/as. Otras veces, son las mismas mujeres las que piden ayuda. A veces, se observan directamente señales físicas de

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golpes o deterioro de diferente tipo (en su aspecto general, en la higiene, en la vestimenta, signos de apatía, entre
otros indicadores).
Es esencial escuchar el aporte de organizaciones barriales, instituciones y comunidad en general acerca de este problema
social.

1.1. Conocer y prevenir


El trabajo de prevención desarrollado a nivel comunitario en este tema hace posible -y facilita- la detección temprana de
estas situaciones.
La detección temprana contribuye a disminuir la incidencia de daños que sufren las mujeres y, también, a prevenir
posibles femicidios.
Por otro lado, la sensibilización y detección temprana impulsan a la comunidad misma a plantearse y asumir diferentes
formas de protección, cuidado y/o sanción.
Entonces, ¿Cómo iniciar un trabajo de sensibilización en un barrio o comunidad desde el Centro de salud?
El primer paso -que seguramente muchos equipos de salud ya lo han dado- es conocer la comunidad con la que se
trabaja, las particulares formas de expresión de la violencia de género en ese contexto determinado y cuáles son los modos
en que la violencia de género se expresa en esa cultura.

Acercarse a la magnitud del problema no es una tarea fácil, habida cuenta que la mayoría de las mujeres sienten vergüenza
y por otra parte, muchas mujeres consideran que lo que les ocurre es natural, que deben aceptarlo, ya que sus madres,
sus abuelas y quizás todas las mujeres de la familia lo han sufrido y soportado; y lo ocultan ellas mismas sumando la
minimización que los victimarios hacen de los delitos cometidos.

➔ El ciclo de la violencia sobre las mujeres: un modelo teórico del problema


En los vínculos violentos se reitera un ciclo de comportamientos que contiene tres momentos y que se vuelve a
repetir una y otra vez, aumentando en intensidad a medida que se repiten. Los tres momentos son:

1) acumulación de tensión
2) crisis o episodio agudo
3) arrepentimiento o luna de miel

Vale reiterar que la etapa de acumulación de tensiones está signada por el “enamoramiento” que todo lo perdona y que
todo lo permite. Un amor romántico que tiende a ir atrapando a la mujer; el hombre violento, estratégicamente, va
acrecentando la vulnerabilidad de la mujer enamorada.
En el segundo período las mujeres consultan por lesiones, por sufrimiento. La mujer genera acciones de atención, pero
difícilmente pueda sostener alguna decisión en ese momento. No siempre el episodio violento es un golpe..
El tercer momento de luna de miel se caracteriza por el arrepentimiento ante el hecho cometido, la mujer perdona, cree
nuevamente que su pareja va a cambiar; no puede salir de esta etapa, bajó su autoestima y hasta duda, piensa que puede
tener alguna culpa en la generación del episodio violento. Las mujeres se apartan de todos /as y generan sentimientos de
impotencia y bronca en los/las amigas.
Comprender que el problema de la violencia sobre las mujeres responde a un ciclo, permite identificar con ellas en qué
etapa están, identificar también las tensiones que van creciendo, trabajar la “culpa”. El peligro se mide por la capacidad de
defensa de la mujer violentada.
La decisión de trabajar en prevención de la salud implica, en primera instancia, sensibilizar al equipo y a la comunidad.
Esta sensibilización puede realizarse mediante reuniones o talleres con las personas de la comunidad para trabajar
grupalmente acerca de cómo se ve la violencia de género, qué es ser mujer y qué es ser varón en el espacio local particular,
cómo se puede detectar un noviazgo violento, y otros temas.
Conocer el ciclo de la violencia e informar a las mujeres es esencial para comprender la dinámica que posiblemente
adopten los vínculos y poder prevenir los momentos de agresión; permite trabajar con las mujeres los posibles factores
protectores que eviten mayores daños.

¿Cómo, dónde y con quiénes detectar estas situaciones?


La reunión del equipo es una herramienta interdisciplinaria e inter-saberes que permite definir estrategias para la
promoción de la salud, para la prevención y la atención, reconocer y/o promover las redes barriales de atención y,
también, trabajar sobre cómo manejar la habitual frustración que producen las idas y vueltas e indecisiones de la mujer
víctima para irse del hogar, o bien para separarse de esa pareja, o tomar distancia de esa situación.

2.2. Hacer visible lo que se quiere ocultar: el equipo de salud comunitario ante los mitos, creencias y
prejuicios.
A la hora de pensar en acciones de sensibilización y prevención, tenemos que tener en cuenta que parte de la complejidad
de este problema de salud son los mitos, creencias y prejuicios que lo rodean y que deben ser trabajados por el equipo.
Necesitamos tenerlos en cuenta, ya que acompañan a los varones y a las mujeres, a los vínculos que existen entre las

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parejas y a las familias. La invisibilidad de la violencia sobre las mujeres como problema de Salud Pública tiene su
raíz en las creencias, los discursos y los prejuicios que circulan alrededor de la violencia de género en el imaginario social.
Los integrantes del equipo comunitario como personas, no escapan a estos condicionamientos, y en ellos también está
presente la naturalización de las violencias en sus vínculos interpersonales, familiares y no familiares.

3. Los niños y las niñas: testigos involuntarios y victimas de la violencia de género


Es importante que el equipo de salud comunitario tenga en cuenta que: siempre que hay una mujer maltratada o abusada en
una familia con hijos/as, hay niños, niñas y adolescentes que también son víctimas.
La modalidad inmediata y más común es que son testigos de violencia. Esta forma de maltrato es muy similar al abandono
emocional.
Es preciso tener en cuenta que los niños y niñas testigos “aprenden“en sus casas a resolver las situaciones conflictivas con
violencia, como cualquier otro aprendizaje a través de la crianza. Deben existir intervenciones que produzcan un corte,
revisión y promuevan desaprender lo aprendido como víctimas o como testigos.
Los indicadores que con más frecuencia encontramos en los niños y niñas testigos de violencia son muchos:
● baja autoestima, aislamiento, introversión;
● dificultades para socializar, llaman la atención de alguna manera, ejercen violencia hacia sus pares o hacia algún
animal, repitiendo el patrón de conducta aprendido;
● dificultades de aprendizaje, trastornos de la alimentación, enuresis, encopresis, problemas para dormir, problemas
en el lenguaje, hiperactividad, tartamudeo, mutismo, agresividad o pasividad, trastornos en el desarrollo.
● Los datos clínicos y los estudios con los que contamos nos indican que gran parte del maltrato infanto-juvenil
ocurre en familias donde también se sufre violencia conyugal.
En la detección de estos indicadores es clave el rol de las escuelas.

4. Herramientas para construir un abordaje

Un abordaje para trabajar sobre la violencia de género desde el Centro de Salud en el Primer Nivel de Atención debería
incluir:
➔ Herramientas de uso sencillo para la detección de la violencia de géner ( un protocolo de preguntas simplificado)
➔ Un modo de acercarnos a las familias y a la comunidad acordado en el equipo.
➔ Un procedimiento más o menos acordado para resolver las situaciones de mayor vulnerabilidad.
➔ La posibilidad de brindar atención desde el trabajo articulado y en consultas individuales de todos los /las
integrantes del equipo de salud.
➔ La consideración del trabajo intersectorial como apoyo y soporte de todas las decisiones /acciones que lo requieran
➔ La construcción de una guía de recursos local
➔ Un método de registro para los casos de violencia contra las mujeres para conocer la magnitud local del problema.

4.1. Detección de la violencia de género en las consultas al Centro de Salud


Muchas veces las consultas que hacen las mujeres son explícitas: Por ejemplo:
● La mujer consulta “desesperada”, pidiendo que la alojen fuera de la casa porque fue golpeada y amenazada.
● Puede concurrir con sus hijos y alguna de sus pertenencias pidiendo ayuda directamente a cualquier persona que le
genere confianza dentro del equipo.
● O plantear el problema en enfermería cuando va a control de la tensión arterial, a curarse heridas ocurridas en el
domicilio, o con una quemadura por agua caliente en su casa, o en una “crisis de nervios”.
● Concurre la mujer a solicitar ayuda para su pareja, porque abusa del alcohol y/o drogas y “por esa razón la
maltrata”.
● Concurre una madre/ abuela a pedir ayuda para un familiar.
● Los hijos/as son referidos al Centro de Salud por un tercero por problemas de abandono o maltrato infantil.
● En la consulta por anticoncepción y/o prevención de ITS aparecen permanentes dificultades.
● No se cumplen las pautas y el seguimiento de los controles de salud para los niños/as mostrando “descuidos” en la
alimentación, higiene, abrigo, ausentismo o deserción escolar.
● Se solicita atención médica domiciliaria debido a dificultades en la deambulación, comprensión y ubicación
témporo-espacial.
Ante las consecuencias de la violencia física, se debe realizar un examen físico completo, para evaluar las lesiones visibles
y buscar otras nuevas o viejas lesiones.
Siempre es conveniente hacer un certificado que de cuenta de las lesiones y que puede quedar en la historia clínica del
Centro de Salud para resguardar a la mujer. El registro de cada agresión y el certificado que describa las lesiones puede ser
muy útil para el momento de la denuncia o como prueba eventual si existiera un femicidio.
En todos estos casos, hay indicadores claros de violencia sobre las mujeres, en algún caso sobre niños y niñas, aunque la
existencia de los mismos no garantiza que las victimas estén en condiciones de pedir ayuda.
En otras ocasiones, la consulta se realiza por situaciones tales como:
● Trastornos gastrointestinales crónicos, envejecimiento prematuro, enfermedades de la piel reiteradas, alergias,
trastornos nutricionales como la obesidad y la desnutrición, precordialgias, osteocondritis, cefaleas y jaquecas,
contracturas y dolores musculares o articulares, estados de fatiga crónica, asma.

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● Disfunciones sexuales, dificultades para elegir y/o lograr la anticoncepción, hemorragias genitales,
infertilidad de origen no orgánico, consultas reiteradas por infecciones de transmisión sexual, embarazos múltiples
no deseados, abortos espontáneos y provocados, trastornos del deseo sexual.
● Uso nocivo de alcohol y otras sustancias.
● Anulación de citas programadas para diversas consultas o controles, múltiples internaciones, incumplimiento de
tratamientos, toma prolongada de medicamentos psicotrópicos ó automedicación.

● Incapacidad para realizar las actividades habituales con autonomía, abandono del trabajo, falta de cuidados e
higiene personal, abulia, diversas inhibiciones, fobias, comportamiento evasivo, aislamiento social,
comportamiento antisocial.
En este segundo grupo de situaciones, el equipo de salud puede sospechar que esa mujer sea víctima de violencia. Se puede
plantear el tema en consultas con el integrante del equipo con quien la mujer tenga el mejor vínculo.
En cualquier caso, nos parece importante incluir algunas preguntas muy sencillas para hacer en las consultas que realizan
las mujeres en el Centro de Salud para detectar casos de violencia sobre las mujeres, por ejemplo:
1- ¿Cómo describirías tu relación de pareja?,
2- ¿Cómo resuelven las discusiones dentro de la pareja?
Las respuestas a estas dos preguntas pueden clasificarse fácilmente del siguiente modo:

Estas dos sencillas preguntas, apuntan a detectar tensiones en los vínculos y, generalmente, son una puerta de entrada para
la detección temprana de situaciones de violencia sobre las mujeres.
En todos los casos, es recomendable informar sobre las etapas del Ciclo de la violencia y ayudar a la mujer que identifique
en qué etapa se encuentra.

➔ Aprovechar el Primer contacto: datos a tener en cuenta


Cuando detectamos a una víctima de violencia, es muy importante saber que esa puede ser la única oportunidad que tiene el
equipo de tomar contacto con ella. Por eso, todos/as los integrantes del equipo deben poder detectar y recibir los casos.
En la atención es fundamental brindar el tiempo necesario para que la persona comience a conversar sobre el tema, si se
demora será por falta de confianza, por vergüenza o temor a ser juzgada por quien las escucha. Es muy importante
legitimar esos sentimientos.
Siempre se debe preguntar: “Usted, ¿Qué quiere hacer?”
Es necesario aprender a manejar los sentimientos propios para poder ayudar.
También es muy importante que el equipo conozca con qué recursos vinculares y económicos cuenta esa persona que
podrían sostener las acciones de atención y resguardo, de ser necesarias.
Se deben registrar y guardar todos los datos para contactar a la persona, en el caso que no asista al Centro de Salud o para
realizar el acompañamiento: domicilio, teléfonos de familiares, vecinos, amigos, instituciones escolares a las que acuden
los hijos, comedores barriales, entre otros. Dejar en claro que se sostendrán las mismas reglas de confidencialidad y respeto
que enmarca todo trabajo en el ámbito de la salud.

4.2 Trabajo en terreno: acercamiento a las familias


Las visitas domiciliarias que hace el equipo comunitario como parte del trabajo en terreno en el área de responsabilidad,
son una herramienta muy útil para conocer, generar y/o fortalecer vínculos en la comunidad. Y, particularmente útiles para
trabajar en Promoción y Prevención.
Cada vez que haya un acercamiento a las familias, es necesario incorporar una mirada y escucha atenta y cuidadosa si
estamos pensando en prevención de violencia sobre las mujeres. No se trata de indagar ni invadir la intimidad de la vida de
esa familia, sino de estar atento a los indicadores de un problema de salud que es prevalente, para detectarlo
tempranamente.
Previo a la intervención, cada equipo debe debatir y resolver grupalmente cómo abordará esta problemática según el
conocimiento de la población del área de responsabilidad y según las herramientas y experiencia con las que cuente el
equipo.
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Ante una posible situación de violencia sobre las mujeres, es esencial procurar un espacio de consulta que sea
cómodo, en el que la mujer pueda hablar con libertad y confianza. Se la puede invitar al Centro de Salud o a una institución
que facilite la expresión del problema, valorando que la invitación no sea contraproducente y se genere un alejamiento de la

consulta. Y además, se debe tener en cuenta que el victimario puede impedir que la mujer concurra, para mantenerla aislada
de terceros.
En cualquier caso, si se combina un encuentro en otro lugar, no deje de registrar qué contactos institucionales o
comunitarios tiene la familia de manera tal de poder retomar contacto y/o hacer un seguimiento de la situación si la mujer
no concurre a la consulta.

4.3. Cómo proceder frente a una situación de alta vulnerabilidad


Algo fundamental a tener en cuenta y que debe surgir de la atención de la mujer es la valoración del riesgo de vida o de una
mayor escalada de violencia. Por eso, creemos esencial:
• usar el ciclo de la violencia,
• recuperar la historia de vida de la paciente,
• conocer si tiene una red de vínculos o algún vínculo fuerte, o vive en un aislamiento social extremo
Por ello, es fundamental conversar sobre los riesgos de volver a su casa, dando la posibilidad de que tomen conciencia de
los riesgos que corren o pueden correr y considerar algunas medidas de protección, tanto para ella como para los hijos.
Como guía orientadora, mencionamos los siguientes criterios generales y que deberán formar parte de la evaluación
singular de la situación de la mujer, en su contexto.
Son situaciones de alto riesgo:
● Daños físicos y psíquicos, recientes y/o crónicos.
● Existencia de lesiones anteriores o no y/o abortos previos provocados por golpizas.
● Negación (la mujer oculta o no reconoce el castigo corporal) o aceptación frente a la acción traumática.
● Existencia de denuncias previas policiales e intervención de la justicia, medidas de exclusión y, a pesar de esto, el
violento/golpeador reincide en las conductas violentas.
● Huidas previas del hogar familiar.
● Presencia de niños y niñas en el hogar
● Internaciones y consultas previas por el mismo motivo.
● Aislamiento social / ausencia o presencia de redes de apoyo.
● Presencia de armas en la casa y amenazas previas.
● Antecedentes delictivos del golpeador.
● Actitud temeraria por parte de la mujer, sin conciencia de las consecuencias reales o potenciales del
maltrato/reconocimiento y conciencia de la situación.
● Aceptación/concurrencia a tratamientos anteriores propuestos o al actual/ acude a las consultas previstas.

Cuando de la evaluación surge que existe un alto riesgo de vida, se deben tomar rápidamente todas las medidas necesarias
para que la mujer y los hijos e hijas -en el caso que los tuviera-, se pongan a resguardo..
El equipo de salud ofrecerá- con los recursos a su alcance- opciones para ese resguardo, que pueden ser a través de refugios
locales –si los hay disponibles- o bien, ubicar dentro de los recursos comunitarios otras opciones para su protección.
Existen algunas pautas a seguir en el momento que deba alejarse del agresor y abandonar el hogar, las más
importantes de mencionar son:
● Elegir un momento en que la situación con su pareja sea lo más tranquila posible, no dando indicios de la
intención de huida.
● Preparar ropa y documentos de ella y los hijos/as y mantenerlos ocultos en la casa de una vecina o familiar para
una salida precipitada.
● Recordar fuertemente a la mujer que NO DEBE DECIR nunca el domicilio en el que se va a vivir, para que el
agresor no la encuentre.
Es importante preguntar si la mujer tiene la posibilidad de contar con recursos económicos, con familiares y/o
vecinos/amigos dispuestos a ayudarla/alojarla, y también el equipo debe contar previamente con la información sobre las
instituciones adonde la víctima pueda acudir para ser ayudada.
Se debe estimar en cada contacto si la situación de violencia se ha incrementado o, por el contrario, si ha disminuido.

4.4. El trabajo en equipo: una herramienta esencial para las intervenciones


El espacio privilegiado –como venimos planteando- para el trabajo e intercambio sobre todas las necesidades de salud y
sobre esta problemática en particular, es la reunión del equipo. El equipo es el espacio donde los desempeños
individuales pueden potenciarse merced a su articulación, el intercambio y la reflexión conjunta.
La reunión de equipo es, además, un espacio necesario para compartir sentimientos, ansiedades y angustia que el trabajo
con este tipo de problemas complejos genera en los trabajadores de la salud.

4.5. El trabajo intersectorial

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El trabajo comunitario requiere y posibilita articular acciones con otros sectores estatales y diferentes actores
que integran la comunidad, como organizaciones barriales, trabajadores comunitarios y vecinos/as, con otros sectores del
estado, pertenecientes a justicia, educación, desarrollo social, entre otros, y así poder pensar en posibles soluciones a los
problemas y necesidades de salud planteados. Y cuando se trata de problemas complejos como el que nos ocupa, este
articulación es fundamental para poder contar con otros soportes en el trabajo, además del equipo de salud.
Para articular con estos recursos contamos con el trabajo cotidiano en el espacio local. Los integrantes de los equipos de
salud pueden y deben trabajar y articularse en redes. Las visiones y los recursos intersectoriales sumados para abordar las
violencias de género permitirán pensar acciones que abarquen la complejidad del problema.
En el armado de estas redes, es imprescindible la participación activa de la comunidad en el ejercicio de su ciudadanía y la
validación de derechos. Por ello, es necesario escuchar las propuestas de acción planteadas por la gente, desde su lugar,
con saberes diferentes a los del equipo de salud.
Hay comunidades que han planteado redes de acompañamiento, conformación de grupos de reflexión y autoayuda en
Centros de Salud. Las comunidades pueden participar en la confección y distribución de cartillas de información sobre los
lugares de asesoramiento legal, acompañando a las víctimas en la transición que implica salir de su hogar e ingresar a un
refugio o al hogar de un familiar o vecino, y a lo largo de todo el proceso para asistir a las mujeres victimas y a sus
familias.
Tanto los servicios estatales como las organizaciones intermedias y de la comunidad constituyen a nivel local un valioso
andamiaje de recursos disponible para el trabajo tanto preventivo como asistencial. A este andamiaje lo denominamos red
local de recursos.

4.6. Construir entre todos y todas una guía de recursos


Una Guía de Recursos locales, es una herramienta de suma utilidad, que permite recurrir a los actores que conforman la
red, para que las acciones de prevención y asistencia puedan realizarse de manera rápida y eficaz.
Se puede elaborar recopilando información a través de visitas y entrevistas a instituciones locales, organizaciones sociales,
orientadas directamente a la atención o no del problema y que pertenecen a la jurisdicción integrando las mesas de gestión
de Cics donde las hubiera, o en las Mesas Municipales de Violencia donde ya estén conformadas.
Se debe confeccionar, con la información relevada, un listado donde figuren todos los teléfonos, direcciones y horarios.
Es importante que las visitas a las instituciones y organizaciones barriales se reiteren periódicamente, para mantener
actualizada al Guía de Recursos y para establecer y actualizar acuerdos de trabajo con los diferentes actores involucrados,
que facilitarán el abordaje de las situaciones de violencia que aparezcan.
Finalmente, para que realmente sea de utilidad, debe estar disponible durante todo el horario en que el centro de salud, CIC
o posta sanitaria estén abiertos, y deben conocerla todos los integrantes de la red.
Para que la red sea operativa y funcione como un recurso para el cuidado de la salud comunitaria, se necesita el
establecimiento y fortalecimiento de vínculos, tarea que se lleva adelante manteniendo contactos periódicos con las
organizaciones que forman parte de la red y la Guía de Recursos.
Estos vínculos son personales, se establecen en encuentros cara a cara en los que se pueda dialogar e intercambiar
opiniones sobre un mismo problema. Cuando no es posible el vínculo personal, se debe buscar la vía de contacto más
adecuada (teléfono o algún otro contacto disponible).
A los fines de poder co-operar con los diferentes nodos de la red en las acciones de salud, realizar derivaciones protegidas y
utilizar los recursos estatales y comunitarios disponibles, es preciso ser referente para las victimas y otras organizaciones y
contar al mismo tiempo, con referentes. Un buen funcionamiento de la red evitará en gran medida las re-victimizaciones.

5. El Registro de las situaciones de Violencia


El registro es el único modo de analizar la incidencia, prevalencia y diferentes formas en que se presenta el problema. Es un
modo de conocerlo que no puede reemplazarse por otros.
Por lo general, existe un subregistro que dificulta saber realmente cuál es la magnitud del problema. No siempre se registra
la situación de violencia en la historia clínica de la persona o familia que asiste a la consulta. Es habitual que solo
se registre lo que observamos o detectamos en la consulta, es decir lo que llega como demanda al Centro de Salud.
Finalmente, casi nunca se recupera la información si se ha referenciado a la persona o se ha trabajando con otras
organizaciones. Este tipo de limitaciones no le quita validez a este tipo de registro, pero no es suficiente.
Quedan por fuera de esta modalidad de registro todas aquellas situaciones detectadas por otros actores en otros ámbitos,
más allá de las actividades que se realizan en el Centro de Salud.
Por todo ello, es invalorable la información que brindan los registros y existe una fuerte necesidad de avanzar en el proceso
de tener, desde el sector salud, registros sistemáticos y de buena calidad, como elemento de trabajo con este complejo
problema.

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Protocolo y guía de prevención y atención de víctimas de violencia familiar y
sexual para el primer nivel de atención.

Violencia Familiar: Todo acto, omisión o abuso que constituya una expresión asimétrica de uso de poder en el seno de las
relaciones familiares, generando situaciones que afectan la integridad física, psíquica, moral, y sexual de los sujetos,
acotando su libertad y lesionando sus derechos.
Violencia Sexual: Producto social y cultural, ejercida en mayor medida por los hombres hacia las mujeres, es concebida
como un atentado directo contra la integridad física y psíquica de la persona, que malogra su condición ciudadana y la
igualdad de oportunidades para ejercer los derechos y participar en la vida pública.

Tratada generalmente en forma exclusiva en el ámbito del derecho penal y de la seguridad pública hasta no hace mucho, los
trabajadores de la salud, fundamentalmente los médicos, observaban frecuentemente este fenómeno como espectadores,
limitándose a reparar los estragos provocados por estos conflictos considerados ‘externos’ a su
competencia profesional y referidos al foro íntimo y privado de las personas. Esta visión ha ido cambiando desde los años
’70, a partir de la influencia social creciente de los movimientos feministas que buscan sensibilizar a la sociedad en
contra de la opresión y la dominación patriarcales, generando cambios esenciales en el abordaje de la problemática,
convirtiéndola en pública y pasible de intervención. Así, la violencia fundamentada en el género, incluyendo agresiones
domésticas, mutilaciones, abuso sexual, psicológico y homicidios pasan a ser parte de la agenda pública de los servicios de
salud.
Muchas familias, grupos sociales, a veces comunidades enteras, pueden acarrear largas historias de sufrimiento en las
cuales la ‘normalidad’ de sus vidas ha estado marcada por excesos de poder, situaciones de abuso o maltrato intra o inter
familiares con las que conviven y padecen injustificadamente a lo largo de varias generaciones. En tales situaciones, los
sujetos constituyen su vida diaria tolerando y generando ejercicios de poder que producen malestar a amplios sectores de la
comunidad, especialmente a los más vulnerables: mujeres, niño/as, anciano/as, discapacitado/as; negándoles otras
posibilidades de vida.
La naturalización que rodea a estas formas de violencia insidiosas, silenciosas, vividas como ‘naturales’, llevan a estos
sujetos a considerarse ‘inferiores’ o ‘incapaces’ y a juzgar inútil el esfuerzo de producir algún tipo de cambio para sus vidas
o la de sus familias, sucumbiendo muchas veces a un efecto paralizador, de apatía, indiferencia y escepticismo, sin
reconocimiento de la fortaleza de los derechos ciudadanos que los asisten, e impidiéndoles, por ende, solicitar ayuda.

Pasos conceptuales básicos para el abordaje de situaciones de violencia familiar y sexual en el primer
nivel de atención.

1er paso : Consolidación de los Equipos de Salud


Un Equipo interdisciplinario transita desde la fragmentación, la jerarquización piramidal y el trabajo individualizado, a la
integración, la democratización de las relaciones de trabajo, la integralidad y el cuidado en salud.
Fundamentado en una noción ampliada de salud, entendida en sus diversas dimensiones y condicionantes biológicos,
sociales, subjetivos, económicos, históricos y culturales, exige una diversificación y transformación de miradas,
prácticas y métodos, así como la inserción de profesionales no habituales en su dominio.
La alegoría que lo representa es la de una sinfonía en que el trabajo de cada profesional es orquestado en concierto, donde
las múltiples prácticas conforman una única obra común: El cuidado de la salud de la comunidad.
A los efectos de darle viabilidad a este objetivo, el Equipo debería estar conformado, como mínimo, por un/a
administrativo/a un/a médico/a, un/a psicólogo/a, un/a trabajador/a social, un/a enfermero/a. Esto no implica que no
pueda estar compuesto también por otros integrantes, en función de las características, los recursos y las necesidades
locales particulares.
Para que el trabajo en Equipo funcione como un dispositivo instituyente de prácticas de integración entre la atención básica
y la hospitalaria, resulta imperativo que el personal de salud asuma un posicionamiento crítico sobre la propia acción, en
busca de nuevas formas de producción de cuidado, sin ignorar o negar el protagonismo de la comunidad,

2º paso : Prevención y Asistencia


El Primer Nivel de Atención a través de su efector, el Centro de Salud, es uno de los ámbitos propicios para el tratamiento
de las situaciones de violencia, pues constituye un espacio próximo y accesible que permite alojar y ofrece la oportunidad
de percibir las señales, signos y demandas de aquellas personas que sufren las consecuencias de vivir en estas
condiciones.
La prevención facilita la detección temprana de las situaciones de violencia, lo cual constituye un requisito indispensable
para brindar seguridad, asistencia y protección a las Víctimas.

A partir de la detección de una situación de violencia en la comunidad, es primordial que el Equipo cuente con las
herramientas esenciales para comprender la problemática y realizar el abordaje de dichas situaciones, determinando los
pasos a seguir ante una víctima.

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Es importante establecer en este nivel, mecanismos de coordinación interinstitucional e intrainstitucional para
la referencia y contrarreferencia de los casos.

3º Paso: Conformación de Redes


Proponer un abordaje interdisciplinario e intersectorial de la problemática, propiciando la participación de todos los actores
en la conformación de redes que faciliten la comunicación entre el equipo de salud, la comunidad y los distintos
sectores del Estado, implica la puesta en marcha de acciones articuladas y coordinadas a fin de brindar las respuestas más
eficaces.
La importancia de constituir una Red Local de Violencia tiene por objetivo central el abordaje conjunto y consensuado
para la asistencia y prevención de la violencia familiar en el sistema de Salud, lo que conllevará, a su vez, a facilitar la
accesibilidad, a la construcción de capacidades y a la extensión de oportunidades para una participación inclusiva, plural e
intercultural de la población en esta temática, y a un involucramiento intersectorial articulado para abordar cada situación
en su singularidad, respeto y cuidado.
La potencialidad de configurar redes trasciende la conocida referencia y contra-referencia, pues a partir de la entrada en
red, nada de lo que ocurra en un ámbito determinado de la misma puede ser ignorado por otro. El proceso de su
constitución, como en el caso de la conformación de Equipos, transita también desde la fragmentación, la jerarquización
piramidal y el trabajo individualizado, a la integración, la democratización y la integralidad de todos los vínculos que la
configuran. Dicho proceso requiere obviamente tiempo para que cada instancia vaya incorporando a la otra y sea
incorporada a su vez. En esta dinámica se van creando lazos de pertenencia.
El proceso de su construcción comienza por el reconocimiento que expresa la necesaria aceptación de la existencia del
otro y de su heterogeneidad de funcionamiento con respecto a la propia disciplina o institución.
A partir de que el otro es reconocido y aceptado como par co-responsable de la atención, empieza a ser incluido en la
percepción y a ser conocido y entendido en su accionar, lo que conducirá a que pueda establecerse una colaboración
(co-laboración, en el sentido de trabajar-con), en un vínculo de apoyo y ayuda recíproca. Cuando esta relación se torna
estable, puede hablarse ya de un vínculo de cooperación (co-operar, que significa operar en forma conjunta), lo que
implica un mayor nivel de complejidad, ya que se parte del supuesto de que existe un problema en común y un compartir
sistemático de actividades.
Con esta lógica se van creando y restituyendo los lazos sin recurrir exclusivamente a la organización jerárquica.

¿Porque hablamos específicamente de violencia contra las mujeres?


La OMS define a la violencia como “El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o
efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar
lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.”
La Violencia contra la mujer se apoya específicamente en la construcción de pautas sociales de asimetrías de poder
profundamente arraigadas en nuestra cultura.
Se debe tomar conciencia de que, cuando de violencia familiar y sexual se trata, los integrantes del Primer Nivel pueden ser
los únicos que tienen la oportunidad de percibir una historia de dolor frente a la cual se requiere actuar sin demora para
proteger la salud y la vida.

El problema en números
En el 75% de los casos de maltrato, la víctima es la mujer. El 25% de las mujeres sufrirá una violación. 1 de cada 6
embarazadas será agredida física o sexualmente durante la gestación.
Con respecto al maltrato infantil, los autores informan que al menos 1 de cada 5 niñas/os es abusada/o sexualmente por un
familiar de confianza antes de los 18 años.
OMS difunde en su informe que cada 18 segundos 1 mujer es víctima de violencia en el mundo.

➔ En nuestro país:
Se estima que el 25% de las mujeres sufre regularmente violencia doméstica y el 50% pasará por alguna situación de
violencia en algún momento de su vida.
En 1 de cada 5 parejas argentinas hay violencia.
1 mujer muere cada 3 días por violencia familiar.
1 caso de agresión física cada 36 horas.
Ocurre 1 ataque sexual por día.
Marco Legal

Ley 12.569 de Protección Contra la Violencia Familiar de la Provincia de Buenos Aires y su decreto reglamentario 2875. -
- El art. 1º define a la Violencia Familiar “como toda acción, omisión, abuso que afecte la integridad física, psíquica,
moral, sexual y/o la libertad de una persona en el ámbito del grupo familiar AUNQUE NO CONSTITUYA
DELITO.”
Se entiende por Grupo Familiar no sólo al matrimonio, sino también a las uniones de hecho, incluyendo ascendientes,
descendientes, colaterales, consanguíneos, o convivientes o descendientes de alguno de ellos. También la persona que tenga
o haya tenido relación de noviazgo o pareja.
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Las personas legitimadas para denunciar judicialmente son las enumeradas anteriormente, más toda persona
que haya tomado conocimiento de los hechos de violencia.
La denuncia puede hacerse en forma verbal o escrita y no necesita abogado para iniciarse; pero una vez iniciada la acción,
se provee a la víctima de asistencia jurídica.
- El Art. 4º de la Ley 12.569 establece: “que cuando las víctimas fueran menores de edad, incapaces o discapacitados
que se encuentren en imposibilidad de accionar por sí mismos, estarán obligados a efectuar la denuncia los
representantes legales, los obligados por alimentos,el ministerio público, como así también quienes se desempeñen en
organismos asistenciales, educativos, de salud, de justicia y en general quienes desde el ámbito público o privado tomen
conocimiento de situaciones de violencia familiar o tengan serias sospechas.”
Es decir, que los agentes de salud están obligados a efectuar la denuncia bajo pena de incurrir en el DELITO DE
ENCUBRIMIENTO, sancionado con 6 meses a 3 años de prisión.
La denuncia debe ser efectuada dentro de las 72 hs. hábiles de tomar conocimiento del hecho, salvo que estuvieran
interviniendo en el caso otros organismos correspondientes a la Red Provincial para la Prevención y Atención contra la
Violencia Familiar como, por ejemplo, el Ministerio de Desarrollo Humano. En este caso, el plazo podrá extenderse a otras
72 hs. hábiles.
El Decreto 2875 determina que cuando la denuncia se efectuare en la comisaría deberá ser recepcionada en FORMA
OBLIGATORIA constituya o no delito, y reenviada inmediatamente a la autoridad jurisdiccional competente para
garantizar la debida protección a la víctima mediante las medidas cautelares pertinentes.
La denuncia puede hacerse ante:
· Comisarías.
· Tribunales de Familia.
· Jueces de Menores.
· Comisarías de la Mujer.
· Juzgados de Primera Instancia Civil y Comercial.
· Juzgados de Paz correspondientes al domicilio de la víctima.

El Secreto Profesional:
El secreto profesional no es absoluto, hay que analizar cual es el bien jurídico prevalente.
Debe ponerse en conocimiento al juez aquellos secretos cuya no revelación implica riesgo a terceras personas o al propio,
y éste evaluará si el profesional debe difundir o no la información. El Código habla de “Justa Causa” y establece dos
presupuestos:
· Cuando la denuncia resulte obligatoria por determinación legislativa.
· Cuando sea para evitar un mal mayor.

La Historia Clínica
Es aconsejable que sea firmada por el paciente ya que, de esta manera, adquiere el carácter de declaración jurídica
confesional.

Ciclo de la violencia conyugal

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El ciclo se desarrolla en tres fases cuya duración dependerá de la situación de cada pareja, pero debe tenerse en cuenta
que el tiempo de interfase se va acortando a medida que se prolonga la relación violenta.

FASE 1 Acumulación de tensión:


Es una fase sin violencia manifiesta en la cual la mujer intenta hacer lo que el hombre desea pero nunca logra
conformarlo, ignorando los incidentes menores que se van generando, pensando que si logra satisfacer todas sus
exigencias, conseguirá evitar que la tensión siga aumentando hasta llegar a un episodio de golpes.
FASE 2 Estallido de violencia:
La violencia contenida estalla en un episodio de golpes cuya gravedad suele aumentar con el paso del tiempo. El
hombre golpeador suele reconocer que pierde el control de sus actos, pero culpa a su mujer o bien a factores externos
Nunca reconoce su responsabilidad en el episodio. En esta fase, la mujer golpeada puede sufrir un colapso emocional o
heridas que motivarán la consulta, siempre que no se encuentre impedida de realizarla por el mismo agresor.
FASE 3: Luna de Miel
Luego del episodio de violencia física, el hombre suele mostrarse arrepentido, asegurando que nunca volverá a golpear
la. A partir de este momento, él actúa cariñosamente aunque desconociendo su responsabilidad. La mujer muy
vulnerable ante las súplicas de la pareja, acompañadas muchas veces de amenazas de suicidio o de homicidio hacia ella, los
niños o a cualquier persona que se atreva a ayudarla, se conmueve y lo perdona. Y el ciclo vuelve a comenzar.

¿Cómo se detecta una situación de violencia familiar y/o sexual?


El Equipo de Salud tiene la posibilidad de visualizar los signos y síntomas de violencia, cualquiera sea su expresión,
evaluar el riesgo y actuar para disminuir su impacto.
Es esencial, por lo tanto, descubrir el problema cuanto antes ya que, por lo general, las personas no conciben el maltrato
que recibieron y/o reciben como una forma de perturbación de su salud. Pueden negar su situación por vergüenza, por
temor o, tal vez, no registran siquiera qué les está sucediendo, ya que suele pensarse que si no hay violencia física no hay
perjuicio y, mucho menos, considerar su consulta.
Las personas victimas de maltrato familiar pueden acudir al Centro de Salud presentando:
· Lesiones físicas: Hematomas en lugares visibles o no del cuerpo, heridas, quemaduras, lesiones inexplicables y/o
antiguas, desgarros, laceraciones, fracturas, lesiones internas, traumatismos oculares y maxilofaciales, con o sin
hemorragias, lesiones en órganos genitales.
· Síntomas de stress post-traumático, stress crónico; depresión; abulia; agitación psicomotriz; diversos trastornos
ansiosos, desinterés sexual, desórdenes postraumáticos, alteraciones de la alimentación; anorexia, bulimia, trastornos del
sueño, auto abandono, ataques de llanto, intentos de suicidio, carencia de recuerdos y datos de la infancia/adolescencia,
fobias, cleptomanía, ataques de pánico, personalidades múltiples, miedo a atravesar las crisis vitales, etc.

Indicadores mínimos de violencia:


Los Equipos de Salud reciben muy frecuentemente consultas reiteradas de personas, mujeres en su mayoría que,
prospectivamente, se diagnostican como alguna forma de violencia, tales como:
· Cefaleas, jaquecas, trastornos gastrointestinales, trastornos nutricionales como la obesidad y la desnutrición,
precordialgias, osteocondritis, trastornos respiratorios, contracturas y dolores musculares o articulares, estados de fatiga,
astenia, letargo, envejecimiento prematuro, enfermedades de la piel, alergias.
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· Hemorragias genitales, disfunciones ginecológicas, sexuales, dificultades para elegir y/o lograr la
anticoncepción, infertilidad de origen no orgánico, embarazos múltiples no deseados, abortos espontáneos y provocados,
consultas reiteradas por enfermedades de transmisión sexual.
· Toma prolongada de medicamentos psicotrópicos ó automedicación, adicciones a diversas sustancias (alcohol, drogas,
etc.), múltiples internaciones, incumplimiento terapéutico, anulación de citas programadas para diversas consultas o
controles, etc.
· Aislamiento social, incapacidad para realizar las actividades habituales con autonomía, abulia, diversas inhibiciones,
fobias comportamiento evasivo, comportamiento antisocial, abandono del trabajo, falta de cuidados e higiene personal.

Es importante que el Equipo pueda reconocer y relacionar los síntomas, lesiones e indicadores percibidos y consultados con
una posible situación de maltrato y/o abuso y no omitir nunca indagar sobre la existencia de situaciones de violencia detrás
de ellos. En caso de observar una lesión, que pudiera ser consecuencia de un acto de violencia, realizar examen físico
completo en busca de otras lesiones.
En dicha indagación es fundamental prestar especial atención y otorgar el tiempo necesario, pues frecuentemente las
víctimas demoran en relatar lo que sucede en sus hogares.

En la atención es esencial tener en cuenta que:


· Siempre debe incorporarse alguna dimensión de la temática de la Violencia Familiar y/o Sexual como problema de
salud en todas las consultas y actividades de promoción y prevención que se realicen.
· Es importante prestar especial cuidado en las consultas, controles y actividades comunitarias a los grupos referidos como
de mayor vulnerabilidad: mujeres embarazadas, adolescentes (sobre todo en el noviazgo) discapacitadas/os, ancianas/os
y niñas/os.
· Para el abordaje de dichas situaciones TODO EL PERSONAL del Centro debe involucrarse en la capacitación, para
poder detectar y recibir los casos.
· Ante la detección de una víctima de violencia, es necesario saber que la ocasión de la consulta puede ser la única
oportunidad que tiene el Centro de intervenir. Por ello, quien la reciba, debe valorar la situación familiar, social, los
recursos económicos y todos los datos que resulten de utilidad a fin de asegurar el posterior seguimiento integral del caso.
· Las víctimas de violencia deben recibir, desde el inicio, una contención adecuada y personalizada, sentir la seguridad
de que en el Centro se las escucha, se cree en su relato, se entiende su problema y se busca conjuntamente una solución.
· A su vez, debe brindárseles la posibilidad de tomar conciencia de los riesgos que corren o pueden correr y considerar,
junto al equipo, las posibles medidas de protección a adoptar.
· Cuando el Equipo de Salud constate que las víctimas se encuentren en riesgo de vida, o bien cuando existan lesiones
graves o gravísimas en víctimas adultas como resultado de violencia física, sexual y/o violación, corresponde efectuar la
denuncia obligatoriamente.

❖ Si se presenta una víctima de VIOLACIÓN (Flujograma de atención ante víctimas de violación):

Consultas inmediatas (hasta 72 horas) Luego de 72 horas

Examen Médico: Debe brindarse:


· Identificar lesiones y signos clínicos, · Una atención integral:
· Evaluar derivación. o Consejería sobre Derechos que asisten a las víctimas
Examen Ginecológico exhaustivo o Controles médicos y de Laboratorio
Laboratorio: o No es necesario realizar ACO de emergencia y PPE HIV
· Hemograma, hepatograma ya que las mismas pierden efectividad transcurrido este
· Serología Sífilis, HIV, Hepatitis B y C lapso
· Test de embarazo. o Seguimiento Psicológico y Social
Cultivos(posibles ETS):
· vaginal Denuncia
· endocervical Si la víctima decide realizarla se la acompañará a la
· ano-rectal Comisaría más cercana o a las autoridades judiciales
· eventualmente faríngeo.
Tratamiento
· Lesiones
· Suero hiperimune y vacuna antitetánica
· Vacuna antihepatitis B
· ETS que puedan ser diagnosticadas
· Anticoncepción de emergencia
· Profilaxis post exposición HIV
Seguimiento:
· Psicoterapéutico
· Social
· Médico:
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o Control de heridas
o Tocoginecológico periódico
o Infectológico
· Laboratorio: Repetición de exudados y sangre para
controles:
o A los 7 días Fta Abs.
o A las 6 semanas VDRL cuantitativa
o 6º semana HIV (Elisa). Repetir a los 3 y 6
meses.
o A los 3 y 6 meses serología HB y C.

Denuncia:
· En el caso de que la víctima sea mayor de edad y
decida realizar la DENUNCIA, podrá ser
acompañada a la Comisaría más cercana, donde
deberá exigir ser asistida por el médico forense en
forma inmediata. También puede dirigirse a las
autoridades judiciales: Juzgados Penales o
Fiscalías.

Cuando la consulta se realice en forma inmediata (hasta las 72 hs.), se procederá a la aplicación completa del
“Protocolo de acción ante víctimas de violación” en los Centros de Salud que posean los recursos humanos y materiales
necesarios para cumplimentar el mismo. De lo contrario, las víctimas serán referidas y acompañadas al hospital más
cercano.
Es importante aclarar que el plazo legal para realizar la DENUNCIA por violación es de hasta 12 (doce años).

❖ Ante casos de Abortos no punibles:


El Art. 86 del Código Penal en sus incisos 1 y 2, establece que:
“El aborto practicado por un médico diplomado con el consentimiento de la mujer encinta, no es punible:
· Si se ha realizado con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser
evitado por otros medios.
· Si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota ò demente. En
este caso, el consentimiento de su representante legal deberá ser requerido par la práctica abortiva”.
· Se realizará consejería a las personas que soliciten la interrupción de la gestación en los casos contemplados en el art. 86
inciso 1 y 2 del código penal, efectuando una gestión que garantice la referencia al Hospital con celeridad, donde deberá
evaluarse el caso con la mayor rapidez posible.
· En el caso de existir algún obstáculo para resolver la situación con el efector de segundo nivel, el Equipo deberá
comunicarse con la autoridad sanitaria local para brindar una respuesta eficaz y segura.

❖ Cuando se trate de Maltrato y/o Abuso Infantil:


La intervención debe implicar a todo el Centro de Salud, que de forma coordinada e interdisciplinaria, contribuirán a
reducir y/o evitar el maltrato a fin de proteger al menor.
Es importante tener en cuenta que estas situaciones o sospechas requieren la ACTUACIÓN INMEDIATA del profesional.
La denuncia es obligatoria según la ley (Art. 4º de la Ley 12.569 de Protección Contra la Violencia Familiar de la
Provincia de Buenos Aires).

Deben registrarse según el protocolo Una vez detectada la situación, el Equipo debe

Las señales psicofísicas de alerta. Entrevistar a los padres y/o adultos responsables.
· Las manifestaciones concretas del maltrato infantil y sus · Entrevistar al niño/a con la prudencia y cautela
indicadores específicos. adecuadas.
· Los indicios mínimos del maltrato que pueden · Evaluar y registrar antecedentes de la situación socio-
observarse en las consultas, controles, etc. familiar-sanitaria.
· Debe ponderarse la gravedad teniendo en · Realizar la DENUNCIA ante el Fiscal de turno. En caso
cuenta: de que no se pueda recurrir a la Fiscalía, podrá realizarse
o La cercanía afectiva/familiar/ambiental con el agresor/a. ante otras instancias institucionales.
o El tipo de lesiones y secuelas. · También deberá NOTIFICARSE al Servicio Local o
o Si se trata de un hecho aislado o de una situación Zonal de Promoción y Protección de Derechos de
repetida. Niños/as y Adolescentes.

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o La vulnerabilidad del menor · En todas las situaciones efectuar el seguimiento integral


o La inexistencia de recursos protectores externos del caso.

En caso de sospechar riesgo para la salud o seguridad básica del niño/a, es necesario evaluar los recursos disponibles
para evitar un daño mayor, tomando inmediatamente todas las medidas de protección sanitarias, Sociales y/o legales
pertinentes.

❖ En el caso de que se detecte RIESGO DE VIDA:


Si es necesario abandonar el hogar:
· Es aconsejable que la víctima elija el momento en que la situación hogareña sea lo más tranquila posible y no dar ningún
indicio de la intención de huida.
· Es necesario que el Equipo indague si la víctima cuenta con recursos propios: económicos, familiares, etc., seguros y
confiables para protegerse.
· Es fundamental que el Centro cuente previamente con la información sobre las instituciones adonde la víctima pueda
acudir. Advertirle que es mejor no difundir el domicilio en el que se va a alojar para evitar encuentros con el agresor.

Recursero Local
· El Recursero es un listado donde figuran los teléfonos, direcciones y horarios de todas las instituciones estatales, hogares,
refugios, ongs, líneas de atención telefónica, etc., orientados a la problemática y pertenecientes a la jurisdicción.
· Es una tarea fundamental del Equipo elaborarlo previamente, informándose y registrando todos los datos posibles a
través de comunicaciones y visitas a las instituciones y organizaciones barriales, labor que fortalecerá la inserción del
Equipo para trabajar con la comunidad en el inicio de la conformación de REDES.
· Todo el personal del centro debe conocer y tener acceso al mismo durante todo el horario de atención.

Protocolo para la atención integral de víctimas de violaciones sexuales. Instructivo


para equipos de salud

❖ Políticas sanitarias ante las violaciones sexuales:

1. Marco conceptual:

El sistema de salud cumple un rol esencial en el abordaje integral de las víctimas de violencia sexual y es quien puede
desarrollar estrategias que reduzcan los daños asociados a las violaciones.
Los efectores sanitarios deben responder a un objetivo prioritario: la atención médica y psicosocial de las víctimas, con
respeto por su autonomía, y garantía de su privacidad y confidencialidad.
Asimismo, contemplar objetivos complementarios, políticos y estratégicos, como el reconocimiento social e institucional,
avalado por la salud pública, que merece la violencia sexual.
Cuando el sistema de salud brinda una respuesta de calidad sanitaria y en los plazos apropiados a quien sufrió un abuso
sexual o una violación, se constituye en favorecedor de la construcción de ciudadanía mediante la garantía de los
derechos sexuales y reproductivos.

Su rol es clave porque:

• Dispone de tratamientos preventivos para reducir riesgos específicos asociados a las violaciones, principalmente el de
embarazos no deseados y la transmisión de VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS). A esto se suma la
capacidad del sistema de salud para realizar abortos no punibles en embarazos producto de violaciones.
• Cuenta con profesionales de las más diversas disciplinas, quienes con la adecuada capacitación pueden contribuir al
abordaje integral del problema.
• Logra una amplia llegada a la comunidad, incluso a sectores aislados, por su estructura descentralizada y en red. Esto
permite llevar a cabo estrategias de atención primaria, como acercar información, promover la concientización y realizar
una detección precoz de los problemas de violencia en cada comunidad.
El sistema de salud enfrenta todavía desafíos, como protocolizar la atención, unificar los cuidados médicos y el examen
médico forense, asegurar la disponibilidad de insumos e implementar registros.

1.1. Violación, abusos sexuales y violencia de género


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La violencia sexual abarca una multiplicidad de modalidades.
La agresión sexual puede ocurrir tanto en el ámbito doméstico como en el público. Puede ser ejercida por una sola persona
o por varias, y provenir de familiares, allegados o extraños. Comprende tanto un episodio aislado como situaciones
reiteradas.
Las violaciones son una de las expresiones de la violencia sexual, que incluye también la trata de personas y toda forma
de explotación sexual, el acoso sexual y el abuso incestuoso. A su vez, todos estos conceptos deben ser comprendidos
dentro del concepto más amplio de violencia de género.
La violencia sexual, en cualquiera de sus formas, es una “intromisión en la vida sexual que, además de anular el derecho a
tomar libremente las decisiones respecto de con quien tener relaciones sexuales, conlleva la completa pérdida del control
sobre las decisiones más personales e íntimas y sobre las funciones corporales básicas”.
Las víctimas de violación, en la mayoría de los casos, son las mujeres y las niñas. Es una de las formas de violencia de
género más extendidas e invisibilizadas.

1.2. Dimensión cuantitativa


Las cifras de denuncias realizadas son suficientemente elocuentes acerca de su magnitud. Especialmente, si se tiene en
cuenta que expresan una parte muy pequeña de la realidad, ya que la mayoría de las víctimas prefiere no denunciar ese
tipo de delitos debido a diversos factores.
Por un lado, porque la mayor parte de las violaciones y los abusos sexuales tienen lugar en el ámbito familiar, en el círculo
de amigos o en el trabajo, y son perpetrados por personas cercanas o conocidas.
Por otra parte, incluso cuando se trata de ataques de desconocidos, el entorno genera un clima de vergüenza y culpa que
pueden inhibir a la víctima de denunciar. En otros casos prevalece el temor a padecer futuras represalias o una escalada
mayor de violencia si la situación toma estado público.
Según el informe de política criminal del Ministerio de Derechos Humanos y Justicia de 2012, las agresiones sexuales son,
en importancia, el cuarto delito del país, detrás de robo o tentativa de robo, homicidios dolosos e infracciones a la ley de
estupefacientes.

1.3. Daños y consecuencias de las violaciones


Las consecuencias de los abusos sexuales y las violaciones dependen de varios factores, como la gravedad del hecho en sí
mismo, la edad, características y experiencias previas de la víctima, las respuestas del entorno, la posibilidad de
encontrar ayuda adecuada, y los factores de autoafirmación y resistencia que haya podido ejercer en el momento de la
agresión y en los días siguientes.
A esto se suman, en muchos casos, factores de vulnerabilidad asociados a pertenecer a algún grupo especialmente
estigmatizado; por ejemplo, las personas trans.
No existe un único patrón para evaluar las posibles consecuencias inmediatas y a mediano plazo de las violaciones.
Se puede afirmar, sin embargo, que más allá de las diferencias individuales, la violación es siempre una experiencia de
fuerte impacto en la vida de una persona.
También, que puede afectar todas las esferas de su vida: su integridad física y emocional; su integridad y libertad sexual; la
armonía de su vida social, familiar y laboral; los intereses patrimoniales; el sentido de dignidad, de libertad personal y de
justicia, entre otros.
Muchas víctimas de abusos sexuales o violaciones sufren largamente no solo por la agresión, sino también por el
estigma, la indiferencia, la culpabilización y el silenciamiento que les devuelve su entorno.
Por el valor que se otorga a la palabra de los equipos de salud, su respuesta es clave para evitar esa revictimización.

1.4. Revictimización: la responsabilidad profesional


En algunos casos se produce, por parte de las instituciones, una auténtica revictimización. Esta práctica está definida como
el someter a la víctima a demoras, derivaciones no referenciadas o consultas innecesarias, pedirle que vuelva a contar
lo que sucedió, preguntarle cuestiones referidas a sus antecedentes o conductas no vinculadas a esa agresión puntual,
solicitar pruebas para la atención sanitaria o someterla a exámenes físicos reiterados e innecesarios.
El daño o revictimización se produce también cuando la persona es estigmatizada por su orientación sexual, identidad de
género o modo de vida, cuando se viola su privacidad o cuando el acceso a una atención adecuada queda condicionada
a su edad, nacionalidad, condición marital, étnica, social, cultural, económica o de cualquier otro tipo.
Las características de los abusos sexuales y las violaciones llevan a que a las personas les resulte difícil tomar la decisión
de pedir ayuda.
La primera obligación de las/los profesionales de la salud es garantizar el acceso a la atención de toda persona que se
encuentra bajo su cuidado.
Una rápida atención médica y psicológica reduce los riesgos para la salud física y mental de las víctimas de violación.
La atención de la violencia sexual no puede escindirse de un acompañamiento integral de la violencia de género que
contribuya a desarrollar las condiciones psicológicas, económicas, laborales, familiares y habitacionales indispensables
para afrontar la situación, más allá del hecho puntual de abuso o violación.

2. Marco Legal
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El compromiso del Estado en la atención a las víctimas de violaciones sexuales se enmarca en obligaciones internacionales
asumidas en la “Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer” suscripta en
1994 y aprobada y ratificada en nuestro país en 1996 mediante la Ley 24.632. A partir de esta fecha se sancionaron otras
leyes para adecuar las políticas públicas a este marco.

2.1. Código Penal: delitos contra la integridad sexual


En abril de 1999 se modificó el capítulo del Código Penal que concierne a los delitos contra la integridad sexual..
El nuevo texto distingue:
• Acceso carnal por cualquier vía, es decir que comprende no solo el vaginal, sino también el anal y el oral.
• Abuso sexual calificado, que implica prácticas que, aunque no sean de coito, son gravemente ultrajantes, como la
penetración con objetos, la obligación de masturbarse o de masturbar al agresor, y otros actos sádicos.
• Abuso sexual, que incluye actos como manoseos o contacto con los genitales.
Tanto antes como después de la reforma se entiende que pueden ser denunciados agresores conocidos, allegados,
familiares, o desconocidos.
El Código Penal establece penas más severas cuando existe relación de parentesco consanguíneo.
Si bien la nueva normativa no menciona de modo expreso la violación marital, esta situación puede entenderse como una
violación en el marco de la definición de “relaciones de dependencia, de autoridad o de poder”.

2.2. La Ley 26.485 y el Protocolo de atención a víctimas de violaciones sexuales


Sancionada en 2009, define como violencia hacia las mujeres a “toda conducta, acción u omisión que, de manera directa o
indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad,
dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica, o patrimonial, como así también su seguridad personal”
Asimismo, en su art. 11, inc. 4 c, establece como responsabilidad del Ministerio de Salud de la Nación: “Diseñar protocolos
específicos de detección precoz y atención de todo tipo y modalidad de violencia contra las mujeres”

2.3. Fallo de la Corte Suprema: abortos no punibles en casos de violación


Toda mujer que curse un embarazo producto de una violación tiene derecho a acceder a un aborto no punible. Así lo
establece el art. 86, inc. 2, del Código Penal, de acuerdo con la interpretación de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación en el fallo “F., A. L.
En este Protocolo se utilizan en forma indistinta los conceptos “aborto no punible” (ANP) e “interrupción legal del
embarazo” (ILE)
El fallo “F., A.L.” deja en claro que interrumpir un embarazo en esas circunstancias es una elección legalmente válida y
moralmente legítima para cualquier mujer, independientemente de su edad o de sus competencias y capacidades
mentales.
La CSJN reconoció que pretender que una víctima de violación lleve adelante un embarazo producto del hecho, implica
“sacrificios de envergadura imposible de conmensurar” (CSJN, 2012: 16) y es violatorio de su dignidad.
Al ser el Estado garante de la administración de la salud pública, la Corte estableció que todas las prácticas médicas
inherentes a la atención de la violencia sexual deben estar disponibles para las víctimas en los efectores de salud:

atención interdisciplinaria que involucre la contención psicológica de la víctima, profilaxis contra VIH y otras ITS,
anticoncepción de emergencia y acceso a la interrupción legal del embarazo.
La existencia de profesionales que objeten alguna de estas prácticas no exime a las instituciones de salud de la
obligación de brindar una atención integral del aborto segura, permanente, continua y accesible, de tal modo que se
garantice a las mujeres el acceso a la salud y el respeto por sus derechos.

2.3.1. Requisitos para la interrupción legal del embarazo


Cuando el embarazo es producto de una violación, de acuerdo con el fallo de la CSJN, los requisitos legales para realizar
el aborto son:
• La/el médica/o tratante debe solicitar a la mujer que realice una declaración jurada en la que manifieste haber sido
víctima de una violación.
• En casos de personas menores de 14 años y personas declaradas judicialmente incapaces, deben firmar la mujer y su
representante legal.
• En ningún caso corresponde pedir otro tipo de constancia, documentación o información, ni realizar gestión alguna
ante otras personas o instituciones.
Una vez constatadas las condiciones para realizar el aborto no punible por medio de la declaración jurada, el/la médico/a
debe utilizar el método más seguro de interrupción.
Para proceder a la práctica debe solicitarse a la mujer el consentimiento informado.
En ningún caso es requisito la denuncia policial o judicial para realizar una interrupción legal del embarazo a una mujer
violada. Solo se requiere su declaración jurada ante la/el médica/o tratante.
• Las adolescentes poseen capacidad de discernimiento para brindar su consentimiento informado y solicitar la
interrupción legal del embarazo sin autorización de un/a representante legal. De conformidad con el art. 3 de la Ley
26.061 de “Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes”, la “Convención sobre los Derechos
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del Niño” y el art. 19 de la Constitución Nacional, deben ser informadas de esta opción, a los fines de que
puedan tomar una decisión.
• En el caso de las niñas menores de catorce (14) años, debe respetarse su derecho a ser escuchadas y a que su opinión sea
tenida en cuenta, de acuerdo con el principio de la “autonomía progresiva” y el grado de desarrollo de cada una (con la
entrada en vigencia del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, aprobado en octubre de 2014, la edad establecida
será de 13 años).
Sus representantes legales o los que sean nombrados especialmente para el caso, deben participar en conjunto con la
niña/adolescente en la toma de decisiones, deben firmar el consentimiento informado y la declaración jurada de la
violación, cuando corresponda.
• Los embarazos no deseados de mujeres víctimas de violencia de género se contemplan como ILE por causal violación,
ya que se trata de un contexto de coerción y amenazas en que la mujer no puede decidir sobre su propio cuerpo.

2.4. La Ley 26.529 y el derecho a la información


La obligación de brindar información sanitaria forma parte esencial de la atención de la salud.
La Ley 26.529 de “Derechos del Paciente en su Relación con los Profesionales e Instituciones de la Salud”, en su art. 2, inc.
e, indica: “El/la paciente es soberano para aceptar o rechazar las terapias o procedimientos médicos o biológicos que se le
propongan en relación a su persona, para lo cual tiene derecho a tener la información necesaria y suficiente para la toma de
su decisión, a entenderla claramente e incluso a negarse a participar en la enseñanza e investigación científica en el arte de
curar”.
El derecho a recibir información completa implica la obligación de las/los profesionales de la salud de dar a conocer a
la víctima todas las prácticas elegibles en su situación. Esto incluye la anticoncepción de emergencia y, en caso de
que se encuentre embarazada, la información sobre la legalidad del aborto y la posibilidad de acceso a la práctica.
Debe quedar constancia en la Historia Clínica (HC) de que la/el profesional de la salud proveyó esta información.

❖ Atención hospitalaria a víctimas de violaciones:

1. Población foco

El presente Protocolo está diseñado para la atención de personas víctimas de violaciones producidas en cualquier etapa de
sus vidas y hasta seis meses después del episodio.
Este Protocolo no establece pautas para el abordaje del abuso sexual infantil, que requieren de la intervención de un
equipo especializado, pero sí las prácticas médicas indicadas en la urgencia.
En niñas y adolescentes, la presencia de un embarazo es, en muchas ocasiones, el primer signo de existencia de una
situación de abuso. En estos casos, y cuando es la voluntad de la víctima, debe procederse a su interrupción y luego
derivarse al equipo más idóneo para el tratamiento del abuso sexual.

2. Organización del servicio de salud

Para su mejor implementación es aconsejable disponer la siguiente organización del servicio de salud:
• Consolidar un equipo interdisciplinario, o designar referentes en las distintas especialidades involucradas.
• Garantizar atención las 24 horas. La experiencia indica que el servicio de Tocoginecología es el más indicado para esto.
• Disponer del kit de medicamentos (anticoncepción hormonal de emergencia, profilaxis de VIH e ITS, y vacunas).
• Contar con la medicación y/o articulaciones necesarias para garantizar la ILE.
• Crear las condiciones para que la persona relate el hecho una vez y al profesional capacitado para la intervención.
• Indicar las derivaciones intra o extrahospitalarias de forma personalizada.
• Informar a todo el personal del centro de salud –médico, técnico y administrativo– sobre el servicio de atención a
víctimas de violencia sexual a fin de que las personas que llegan a cualquier servicio y a cualquier hora reciban la
orientación precisa y la información necesaria.
• Difundir en la comunidad la necesidad de la consulta inmediata.
• Llevar un registro de casos con fichas especialmente diseñadas, ya que los datos pueden ser requeridos por la Justicia en
casos de denuncia y tienen valor legal, al igual que la HC.
• Si la víctima así lo requiere, facilitar la atención por un profesional de su mismo sexo.
• Relevar los recursos de atención inter y extrahospitalarios para brindar un acompañamiento integral.

2.1. Flujo de atención hospitalaria


El acceso de las víctimas de violaciones puede producirse por el Servicio de Guardia o por los Consultorios Externos de
distintos servicios.

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Para la implementación de este Protocolo cada efector necesita diseñar un flujograma de acuerdo con su estructura. En
esta organización debe tenerse en cuenta que un porcentaje significativo de víctimas de violación acuden a los servicios de
salud entre las 22:00 hs. y las 06:00 hs. del día siguiente, y los fines de semana.

3. Abordaje médico

3.1. Recepción
La recepción de la persona víctima de una violación debe realizarse en un ambiente que garantice la privacidad. Al
seleccionar el espacio físico es importante intentar no colocar juntas a una víctima de violación con una mujer con
trabajo de parto y, del mismo modo, la atención de una travesti no debería hacerse entre varones.
La privacidad debe ser el criterio que prime.

3.2. Exámenes de laboratorio


➔ Estudio citobacteriológico
Las tomas dependen del lugar de violación que se haya sufrido:
• Frotis para microscopía directa y gram.
• Cultivo endocervical y de cada sitio en que hubo penetración o intento para gonococo y clamidia.
➔ Análisis de sangre basales
• Sífilis: VDRL para descartar enfermedad previa (y prueba confirmatoria si fuera positivo).
• Test de Elisa, test rápido o aglutinación de partículas (AP) para VIH (previo consentimiento y asesoramiento).
• AgHBs, AntiHBc (si no tienen vacunación completa), AntiHBs (si tiene vacunación previa), hepatitis C.
• Hemograma, hepatograma y pruebas de función renal.
• Pruebas toxicológicas en caso de sospecha de intoxicación por drogas.
• Test de embarazo en orina o sangre (diagnóstico de embarazo previo). En caso de faltar este estudio, de todas formas
deben comenzarse los tratamientos con antibióticos y proveer la anticoncepción hormonal de emergencia.

Recomendaciones para el momento de la recepción


• Garantizar un ambiente de privacidad y tener en cuenta el estado emocional de la persona.
• Creer en su palabra, sin culpabilizar, revictimizar ni influenciar en sus decisiones.
• Asegurar la confidencialidad del relato.
• Respetar su voluntad si no quiere compartir lo que le sucedió con otras personas, incluidos los familiares.
• Permitir la presencia de un acompañante, si la persona lo desea.
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• Dar a elegir el sexo del profesional, si esto es posible.
• Evitar que tenga que repetir lo ocurrido: unificar el registro de datos en la HC.
• Realizar un abordaje interdisciplinario, o bien derivar a los servicios de Psicología y Servicio Social luego de la
asistencia.
• Informar de manera clara y sencilla las prácticas médicas y procedimientos que se pueden realizar.
• Solicitar su consentimiento para la realización de las prácticas médicas y procedimientos elegidos.
• Informar a la persona sobre su derecho a acceder a un aborto no punible en caso de que en ese momento o más
adelante se detecte un embarazo producto de la violación.
• Explicar que es su derecho denunciar lo que le ocurrió, para que la Justicia investigue y como una forma de reparación.
• Dejar en claro que realizar la denuncia es una decisión personal para que se castigue al agresor, pero que no condiciona
ninguna práctica médica.
• Explicar la diferencia entre la denuncia en el fuero civil, para que se tome una medida de protección que impida el
acercamiento del agresor, de una denuncia penal por la violación.
• Realizar los procedimientos de toma de muestras de tal forma que cumplan con los recaudos procesales exigidos en
cada jurisdicción para servir como pruebas en un eventual proceso judicial.

3.3. Tratamientos : lesiones, anticoncepción, y profilaxis de VIH y otras ITS


➔ Tratamiento de lesiones corporales y genitales
El examen médico debe identificar todas las lesiones corporales y signos clínicos, y evaluar las posibles derivaciones.
Debe realizarse un minucioso examen ginecológico (genitales internos y externos), consignando y registrando todas las
observaciones. Incluir examen perineal y anal, en caso de que corresponda.
Solicitar la autorización de la persona para el examen y brindarle un trato amable y cuidadoso.
Debe hacerse una revisación completa, porque puede haber golpes que la víctima no recuerda haber recibido, pero que es
importante detectar para su tratamiento.
Todas las lesiones que presente en cualquier parte del cuerpo, deben ser consignadas, además de en la HC, en el Libro de
Guardia, junto a las impresiones del equipo de salud. Aunque intervenga un/a médico/a legista –lo que sucede cuando hay
una denuncia– es necesario registrar en el Libro de Guardia.
➔ Anticoncepción de emergencia
La anticoncepción hormonal de emergencia (AHE) es un método que previene el embarazo después de un acto sexual sin
protección.
La AHE se debe brindar lo antes posible y hasta 5 días después de la violación. Cuanto antes se tome, mayor será la
efectividad, ya que disminuye a medida que pasa el tiempo

Si bien con la provisión de AHE se disminuyen las posibilidades de embarazo, su uso no brinda una seguridad del cien por
ciento. Por eso, hay que informar a la mujer sobre la importancia de que se realice un test de embarazo en caso de ausencia
de menstruación en la fecha que debería tenerla. Además, hacerle saber que, en caso de verificarse un embarazo, puede
acceder a su interrupción legal, si así lo decidiera.

Drogas Dosis y esquema

Levonorgestrel 1,5 mg 1 solo comp de 1,5 mg

Levonorgestrel 0,75 mg 2 comp de 0,75 mg (pueden tomarse juntos o separados


por 12 horas)

Levonorgestrel 0,03 mg (Minipildora) 25 comp. cada 12 horas (2 tomas). Total 50 comp.

Método Yuzpe - 30 mcg (0,03 mg): 4 comp. cada 12 hs (2 tomas)


Total: 8 comp.
- 20 mcg (0,02 mg):5 comp. cada 12 hs (2 tomas)
Total: 10 comp.
- 15 mcg (0,015 mg):7 comp. cada 12 hs (2 tomas)
Total: 14 comp.

➔ Embarazo producto de una violación


Independientemente de la edad de la niña, adolescente o mujer, y de su capacidad mental, en caso de violación debe ser
informada sobre su derecho a la realización de una interrupción legal del embarazo. Con respecto a la edad gestacional,
ni la Corte Suprema ni la legislación vigente establecen limitaciones para el acceso a la práctica médica.
No es función de los equipos de salud verificar si ocurrió o no la violación, ni indagar sobre las circunstancias en que se
produjo. El único requisito para realizar la ILE es que la mujer firme una declaración jurada y un consentimiento
informado.

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Centro Académico Recoleta. Residencias Médicas
Cuando la mujer o su representante hicieron una denuncia por violación, es necesario realizar el procedimiento de
tal forma de poder recolectar material genético como evidencia forense.
No obstante, esto no puede convertirse en una barrera o generar dilaciones en el acceso a la interrupción legal del
embarazo.
El método más apropiado para la interrupción de un embarazo depende de la etapa gestacional, las posibilidades del
efector de salud y las preferencias de la mujer.

El legrado o raspado uterino debe ser utilizado cuando ninguno de los métodos mencionados esté disponible. Los servicios
de salud y los responsables de los programas deben realizar todo el esfuerzo posible para reemplazar el legrado uterino
por el tratamiento médico o la aspiración.

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➔ Prevención del VIH: tratamiento antirretroviral


La prevención del VIH con tratamiento antirretroviral debe comenzar inmediatamente después del
episodio de violación, en lo posible antes de las 2 horas de producido. Pasadas las 72 horas se deben
evaluar los riesgos de transmisión de VIH y los beneficios del tratamiento.

Tratamiento profiláctico de HIV según riesgo

Tipo de relación sexual Tratamiento

Vaginal o anal 2 inhibidores nucleósidos de la transcriptasa inversa


(INTI) + 1 inhibidor de la proteasa (IP)

Oral con eyaculacion 2 INTI

Oral sin eyaculacion No se realiza profilaxis post exposición (PPE)

Tratamiento antirretroviral en adultos

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AZT (zidovudina) 300 mg + 3TC (lamivudina) 150 mg / comp. 300/150 mg. 1 comp. cada 12 hs.
ó
TDF (tenofovir) 300 mg + FTC (emtricitabina) 200 mg / comp. 300/200 mg. 1 comp. cada 24 hs.
ó
TDF (tenofovir) 300 mg + 3TC (lamivudina) 300 mg / comp. 300/300 mg. 1 comp. cada 24 hs.

mas uno de los siguientes

LPV (lopinavir) 400 mg + RTV (ritonavir) 100 mg / comp. 200/50 mg. 2 comp. cada 12 hs.
ó
ATV (atazanavir) 300 mg con RTV (ritonavir) 100 mg / presentación 1 comp. de cada por separado droga cada 24 hs.

Tratamiento antirretroviral en niñas/os.

AZT (zidovudina) 120 mg/m2 cada 8 hs.


AZT (zidovudina) 180 mg/m2 cada 12 hs.
3TC (lamivudina) 4 mg/kg cada 12 hs.

mas uno de los siguientes

EFV (Efavirenz) Suministrar 1 dosis diaria nocturna según peso:


solo en mayores de 3 años 10-15 kg: 200 mg. 15-20 kg: 250 mg.
20-24 kg: 300 mg. 25-32,5 kg: 350 mg.
32,5-40 kg: 400 mg. adolescentes / adultos: 600 mg.
ó
Lopinavir/ritonavir Suministrar cada 12 hs según peso:
7-15 kg: 12 mg/kg. 15-40 kg: 10 mg/kg.
40 kg o más: 2 comp. cada 12 hs.

➔ Profilaxis de otras infecciones de transmisión sexual


La profilaxis en otras ITS busca evitar la transmisión de gonorrea, sífilis, clamidia, tricomoniasis y vaginosis bacteriana.

Profilaxis para otras ITS (adultas/os)

De elección :
Ceftriaxona 250 mg intramuscular (IM) + Azitromicina 1 g vía oral (VO) + Metronidazol 2 g VO

Alternativo:
Cefixima 400 mg VO Doxiciclina 100 mg cada 12 hs por 7 días (No administrar doxiciclina en caso de embarazo).

Profilaxis para otras ITS (niñas/os)

De elección:
Ceftriaxona 125 mg IM en una sola dosis + Azitromicina 20 mg/kg (máximo 1 g) VO, monodosis + Metronidazol 15
mg/kg/día VO 3 veces por día durante 7 días (o máximo 2 g en una sola dosis).

Alternativo:
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Cefixima 8 mg/kg (máximo 400 mg) una dosis VO + Eritromicina 50 mg/kg/día divididos cada 6 hs, 10 a 14 días .
ó Doxicilina 100 mg cada 12 hs durante 7 días.

3.4. Vacunación
Profilaxis hepatitis B. Sin vacunación previa o en personas vacunadas/os sin títulos de anticuerpos conocidos, indicar
vacuna antiHBV (3 dosis: una en el primer momento, la siguiente al mes y la última a los 6 meses).
Vacunación antitetánica. Si la persona no ha sido vacunada en los últimos 10 años indicar vacuna antitetánica o doble
adulto.

3.5. Indicaciones de alta


Al dar el alta, debe indicarse a la persona una nueva cita en el hospital, para el día siguiente o el primero hábil, porque es
necesario que reciba la atención completa de las prestaciones pendientes, que generalmente son: Servicio Social,
seguimiento en Infectología, Salud Mental y Farmacia. En este recorrido, debe acompañarla alguien del equipo de salud
que funcione como referencia.
En la primera consulta deben brindarse en forma clara y también por escrito, a la víctima y a un/a acompañante, las
siguientes pautas:
• Usar preservativo hasta finalizar el tratamiento.
• Es indispensable concurrir al control.
• La profilaxis para el VIH se entrega por 3 días o por el tiempo necesario hasta poder realizar el control con Infectología.
Pero la profilaxis se realiza durante cuatro semanas, por lo cual es indispensable regresar a la cita con Infectología.
• Existen servicios de apoyo psicológico, social, legal e incluso de organizaciones sociales.
• Si siente fuertes mareos, sensación de no poder sostenerse en pie, debe regresar a la consulta inmediatamente.
• Estar atenta a un posible retraso menstrual, o si presenta flujo, ardor o cualquier otra molestia. Agregar el nombre y
teléfono de contacto de una persona del equipo por si necesita evacuar dudas antes del siguiente encuentro.

3.6. Controles médicos


En todos los casos es necesaria la interconsulta con el Servicio de Infectología para detectar nuevas posibles infecciones
adquiridas durante o después de la violación. Es muy importante esta consulta posterior para evaluar si se justifica o no
continuar con la profilaxis y para evaluar la tolerancia al tratamiento suministrado. Si se realizó profilaxis de VIH y otras
ITS, los cultivos deben repetirse solo si presenta síntomas

Plazos Controles a realizar

A los 7 a 10 días HMG y hepatograma si hubo profilaxis para VIH.

A las 4 a 6 semanas Serología para VIH, VDRL, antiHBc, AgHBs, antiHBs,


hepatitis C.
Vacuna antiHBV.
HMG y hepatograma al completar profilaxis para VIH.
Test de embarazo en caso de retraso menstrual.

A los 3 meses. Serología para VIH, VDRL, antiHBc, AgHBs, antiHBs,


hepatitis C

A los 6 meses Serología para VIH, VDRL, antiHBc, AgHBs, antiHBs,


hepatitis C.
Vacuna antiHBV.
3.7. Obtención y conservación de pruebas
La Ley 26.485 especifica que los protocolos deben “asegurar la obtención y preservación de elementos probatorios”.

Una primera medida que debe tomarse en cada hospital es registrar en una carpeta con hojas foliadas, además de en el
Libro de Guardia, todas las prácticas que se realicen y elementos que pueden servir como prueba en caso de violación. La
HC tiene valor legal y puede ser solicitada por el juzgado.
Las muestras de ADN deben preservarse siguiendo todos los recaudos que aseguren su disponibilidad en el futuro. Una vez
recolectadas, todas las muestras deben secarse antes de ser guardadas, para evitar la contaminación con hongos.
En caso de haberse radicado una denuncia por la agresión sexual, y ante la posible asistencia al hospital del médico legista,
es recomendable esperar su llegada para realizar la toma de muestras en conjunto, siempre y cuando no sean necesarias
intervenciones médicas de urgencia.

3.8. Objetivos de la intervención


Existen tres factores que favorecen especialmente el apoyo a las víctimas de violación:
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• Recuperación: es el conjunto de medidas y cuidados preventivos o terapéuticos relacionados con los daños
físicos y psicológicos. Corresponde mayoritariamente a la tarea de los equipos interdisciplinarios de salud.
• Protección: es el conjunto de medidas que tienen por objetivo el resguardo de la víctima. Está a cargo de los ámbitos
policial y judicial, aunque también puede ser muy importante el papel del entorno familiar y las redes afectivas de sostén de
cada persona.
• Reparación: es el conjunto de medidas destinadas a resarcir a la persona por los daños a la integridad, libertad, dignidad
y sentido de justicia. Desde una perspectiva institucional, la reparación está en manos del sistema judicial, aunque existen
alternativas de reparación fuera de ese ámbito que pueden resultar muy útiles para los procesos subjetivos: la actitud de la
familia de condena al agresor suele resultar parte de la reparación, especialmente en los casos en los cuales se trata de un
integrante del grupo familiar.

3.9. Abordaje psicológico y social


El abordaje psicológico a una víctima de violación incluye la contención inicial, la evaluación de riesgos y la interconsulta
psiquiátrica, si se considera necesario. Se debe planificar un tratamiento breve y focalizado en las semanas siguientes a la
primera consulta, destinado a elaborar síntomas postraumáticos y que le permita a la persona reorganizar su vida cotidiana.
En relación con los objetivos de la intervención psicológica, los saberes teórico-clínicos y la perspectiva de género se
articulan en las siguientes propuestas, que deben ser priorizadas y seleccionadas según la situación:
• Identificar y atender los puntos más urgentes.
• Evaluar los riesgos y asegurar los contactos con las redes de protección y apoyo.
• Dar cabida a la expresión del sufrimiento, y a que se abran nuevas significaciones para que el hecho, aunque doloroso y
traumático, pueda ser aceptado e incorporado a la historia personal.
• Disipar inquietudes y temores, así fueran reales o producto de la fantasía, con información clara, sencilla y precisa.
• Analizar las posibles dudas y dificultades de la persona acerca de con quién, cuándo y cómo hablar de lo sucedido y, en el
caso de que ya lo haya relatado, valorar las respuestas que recibió, en particular de su red de vínculos significativa.
• Aportar elementos para que la persona comprenda que la violación no se relaciona con sus características,
comportamiento o historia personales, sino que forma parte de su vulnerabilidad de género.
• Fortalecer su posición de sujeto. Valorar las estrategias de supervivencia y resistencia que puso en juego durante o
después del ataque.
• Escuchar y viabilizar su reclamo de justicia y de reparación.
• Propiciar el fortalecimiento yoico y la desvictimización.
• Abrir alternativas para que pueda ir reorganizando las facetas de su vida que se vieron afectadas.
• Propiciar la recuperación de su cuerpo y del placer sexual.
• Dar cabida a la expresión de sentimientos “peligrosos” o amenazantes como el deseo de venganza, ya que la puesta en
palabra atenúa los riesgos de un pasaje al acto.
• Esclarecer y reafirmar el carácter imprevisible del hecho

3.10. Obligaciones médico-legales


La atención a víctimas de violencia sexual forma parte de las obligaciones médico-legales. En caso de incumplimientos,
existen responsabilidades civiles y penales para las instituciones de salud públicas y privadas, sus directivos y todo el
personal médico y no médico.

➔ Responsabilidades civiles y penales del efector de salud


El equipo de salud debe ajustarse al marco normativo vigente para la atención de víctimas de violencia sexual. La
transgresión de estas obligaciones implica su incumplimiento. En caso de ocasionar un daño, conlleva responsabilidades
civiles y, si se tipifica en algún delito (lesiones, muerte, incumplimiento de deberes de funcionario, entre otros), también
penales.

En las transgresiones que se producen en el marco de la atención pública (Ley 25.164 en el orden nacional y las respectivas
normas locales de cada provincia) los incumplimientos habilitan la promoción de sumarios administrativos, con sanciones
que pueden ir desde el apercibimiento o llamado de atención hasta la exoneración.

➔ Responsabilidad de denunciar
La violación es un delito de instancia privada, por lo tanto, la decisión de hacer una denuncia corresponde a la persona
afectada y, en los casos de menores de 18 años y personas declaradas judicialmente incapaces, a su representante legal.
Las/los profesionales de la salud están obligadas/ os a denunciar los siguientes casos:
• Cuando la persona presente riesgo de vida o lesiones graves o gravísimas producto de la violación.
• En los casos de menores de 18 años cuando la niña/o se encuentra en estado de abandono o llegue sola/o.
• En los casos de menores de 18 años cuando se sospeche que los padres/madres, tutores/ as o guardadores/as pueden estar
involucrados en la violación o en su encubrimiento.
Es conveniente que esta denuncia sea presentada con respaldo de las autoridades de la institución y con la intervención
al/los organismos competentes en la defensa de los derechos de la infancia.
En los casos no previstos por la ley, los efectores de salud no deben hacer la denuncia, ya que sería una violación a la
confidencialidad propia de la relación médico-paciente (art. 2 inc. d de la Ley 26.529) y al secreto profesional (art. 156 del
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Código Penal). Estas normativas establecen que el deber de confidencialidad es extensivo a toda persona que
acceda a la documentación clínica.

3.11. La denuncia
La denuncia no es obligatoria ni tampoco es un requisito para la atención física y psicológica. Es una decisión personal de
quien fue víctima de violencia. Al considerarse a la violación un delito de instancia privada, el Estado solo interviene si
la persona damnificada denuncia el hecho.
Sin embargo, hay que considerar que denunciar abre la posibilidad de que se condene a los agresores y permite hacer
visible en la sociedad la existencia de la violencia sexual.
La ley no establece que la denuncia deba ser realizada en forma inmediata, sino que los plazos son bastante amplios,
incluso en algunos casos puede hacerse varios años después.
La urgencia se relaciona, en gran medida, con la conveniencia de que la víctima sea revisada de inmediato por el médico
legista o forense, para que recoja las llamadas “pruebas del delito”.
Por otra parte, cuanto menos tiempo se demore en realizarla, más credibilidad tendrá la persona denunciante.

➔ Dónde y cómo denunciar


Las denuncias penales pueden ser realizadas ante autoridades judiciales o policiales en:
• Fiscalía de turno.
• Juzgado Penal.
• Comisaría de la Mujer más próxima.
• Comisaría más próxima.
Para denunciar hay distintas alternativas:
• Presentarse personalmente en la oficina judicial o policial.
• Por escrito.
• Por teléfono.
No es necesario tener un/a abogado/a para iniciar una denuncia por violación. Una vez que se realizó la denuncia y se la
ratificó, el proceso judicial queda en manos del fiscal y tampoco en esta instancia es necesario contar con un/a abogada/o.
Denunciar un acto de violencia sexual debe ser una decisión libre y autorreferente de la víctima.
La denuncia NO debe condicionar la atención ni el tratamiento médico y psicológico.

La violación es un ataque al cuerpo, a la sexualidad, a la persona en su integridad, dignidad y libertad. Su atención


inmediata y reparación es responsabilidad pública.

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