Violín a Ochún
El violín dedicado a Ochún, es una ceremonia ritual festiva de esencia mágico religioso de origen
africano. Se cuenta que Doña Aurelia Crespo fue quien introdujo el ofrecimiento del primer violín
a Ochún, el 12 de septiembre de 1941, en la calle San Rafael, en Matanzas, nació el 9 de junio de
1909 en Corral Falso, un poblado de esa provincia. Sus dones espirituales, la consagraron a su
santa la Caridad del Cobre, a la que dedicó toda su vida. Su nombre de santo era Ochún Miguá.
Sus violines no sólo resaltaban por la calidad del ritual, el baile, y la claridad con que su santo
prevenía el presente y el futuro; sino también por la particularidad de la celebración, donde
también participaban orquestas bailables de renombre, para el disfrute de todos los invitados;
después del ritual al santo. Estos festejos se repitieron a partir de aquel entonces, y han
quedado en la memoria de todos los que estuvieron presentes en los mismos. Aurelia muere el
29 de septiembre de 1977, de una enfermedad llamada Pasión de Ánimo. Sus ojos que vieron
tan lejos dejaron de ver la luz, murió ciega.
El uso de los violines y su música como base rítmica difiere de otras ceremonias rituales
festivas de la Regla de Ocha, las que emplean solamente instrumentos de percusión (tambores
rituales consagrados) construidos según modelos africanos. De manera integral e indivisible
se manifiestan diferentes vehículos de la religiosidad: acciones mágico-religiosas, cantos,
bailes, rezos, objetos de culto, vestuarios, bebidas, conocimiento al muerto, comida al santo,
preparación del trono, preparación de la plaza y el propio violín.
Se destaca en su tradición la presencia de cinco hijas de Ochún frente al trono con sus abanicos,
el perfume, flores, la utilización de violines (2 ó 5), Chello, en ocasiones acompañamiento de
piano y del serrucho, utilizado como instrumento musical, no tocado por muchas personas; aquí
era interpretado por el músico Mario Fernández (violinista ya fallecido).
En la ceremonia del violín, se pone un trono y muchas ofrendas y plazas. Aún cuando se conoce
como violín a Ochún, se le hace mucho a los Orishas femeninos, como Yemayá, Obbá, Oyá, etc.
En honor a la Orisha festejada, en los violines se interpretaba el ―Ave María‖ (para abrir y cerrar
la actividad), música clásica con vals y canciones rituales a Ochún. Bajo la melodía ocurrían
los estados de posesión entre las iniciadas, las cuales no bailaban sino trabajaban o sea,
desplegaban su actividad religiosa entre los presentes, personificando a la propia Orisha Ochún.
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