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Transformación del Consumo y Protección

El documento describe la evolución de la producción y el consumo en la sociedad moderna. Específicamente, (1) explica cómo la industrialización separó la producción del consumo y creó una sociedad de consumo de masas, (2) define la sociedad de consumo como aquella donde el consumo, especialmente de bienes no necesarios, se ha convertido en la actividad central que define las identidades individuales, y (3) analiza cómo las clases sociales y posiciones en el mercado laboral influyen en los patrones de consumo y reproducen desigualdades

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Transformación del Consumo y Protección

El documento describe la evolución de la producción y el consumo en la sociedad moderna. Específicamente, (1) explica cómo la industrialización separó la producción del consumo y creó una sociedad de consumo de masas, (2) define la sociedad de consumo como aquella donde el consumo, especialmente de bienes no necesarios, se ha convertido en la actividad central que define las identidades individuales, y (3) analiza cómo las clases sociales y posiciones en el mercado laboral influyen en los patrones de consumo y reproducen desigualdades

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TEMA 35: PRODUCCIÓN Y CONSUMO. LA SOCIEDAD DE CONSUMO.

LA
TRANSFORMACIÓN DE LOS MODELOS DE CONSUMO Y EL COMPORTAMIENTO
DEL CONSUMIDOR. TENDENCIAS EN EL CONSUMO. LA PROTECCIÓN DE LOS
CONSUMIDORES.
1. INTRODUCCIÓN
2. PRODUCCIÓN Y CONSUMO
a. Micro
b. Macro
3. LA SOCIEDAD DE CONSUMO
4. LA TRANSFORMACIÓN DE LOS MODELOS DE CONSUMO Y EL
COMPORTAMIENTO DEL CONSUMIDOR.
5. TENDENCIAS EN EL CONSUMO.
6. LA PROTECCIÓN DE LOS CONSUMIDORES.
1. INTRODUCCIÓN.
Producción y consumo son las caras de una misma moneda ya que la producción depende de la demanda y dicha
demanda será cuantificada por el consumo realizado. Ambos procesos los vamos a diferenciar desde el lado del
proceso productivo y la satisfacción de necesidades que son la base de la construcción de la sociedad de
consumo en la que nos vemos inmersos.

Dicha sociedad de consumo tiene su origen en la década de los cincuenta-setenta del siglo pasado donde la
estandarización del proceso productivo, la automatización de los procesos, el desarrollo del marketing y la
evolución del Estado de Bienestar convierte al consumidor en el centro del mercado. Tras la Segunda Guerra
Mundial las necesidades más básicas o primarias quedan cubiertas, por lo que se desarrollan nuevas vías de
crecimiento y desarrollo económico teniendo al consumidor y a las clases medias como protagonistas.

Más allá de la consideración económica del consumo como un momento en la


cadena de la actividad económica y un proceso de intercambio en el mercado
basándose en el comportamiento racional, soberano e individual de los
consumidores, el consumo también puede analizarse desde la óptica de las
motivaciones y prácticas sociales como un producto dependiente de los contextos
culturales y sociales que influye en la construcción de la identidad individual.

De hecho, en las sociedades denominadas como avanzadas, desde la irrupción de


la producción en masa, el consumo, y especialmente el consumo de mercancías no
necesarias para la supervivencia, se ha convertido en una actividad central, hasta el
punto de que se puede hablar de una sociedad consumista. Esto es algo sobre lo
que conviene reflexionar al haber triunfado, en las últimas décadas, un estilo
materialista y egoísta que ha influido en la crisis que, para algunos, no es solamente
de carácter económico sino también una crisis cultural y de valores.

En este tema nos centramos en el desarrollo de la economía basado en un


crecimiento continuo de las necesidades y los deseos fomentados por el binomio
producción-consumo, resumiendo el desarrollo de los modelos de consumo desde el
sistema de consumo de masas hasta las recientes crisis económicas, resaltando
algunas características de la sociedad de consumo española para facilitar la
comprensión.

Planteamos en todo momento tanto crítica como posibles alternativas al actual


modelo consumista destacando la necesidad de responsabilidad y protección de los
consumidores y la imposibilidad de mantener el modelo de crecimiento económico
vigente en la actualidad.
2. PRODUCCIÓN Y CONSUMO.
La Economía es una actividad social basada en el intercambio que tiene el objetivo de satisfacer
nuestras necesidades humanas que son ilimitadas, teniendo en cuenta los recursos escasos.
En el sistema de mercado actual, se produce un intercambio y flujos, entre tres clases de actores:
consumidores, empresas y Estado o Administración Pública. En cuanto a los objetos del cambio,
llamados factores productivos, se pueden distinguir los recursos naturales, el trabajo humano y el
capital.

La producción es la actividad que consiste en combinar diferentes recursos con el fin de obtener
bienes y servicios destinados a ser consumidos o utilizados en otras producciones.
La producción se comporta como una aplicación específica sobre la aplicación del trabajo social en
diferentes actividades y en suma indica qué es lo que al ser producido va a estar a disposición de los
individuos.
Pero la producción requiere una decisión previa acerca de lo que será producido, pues las mercancías
se realizan en el intercambio y para que éste se lleve a cabo es preciso una sintonía adecuada entre lo
que se ha producido y los deseos de los individuos que puedan adquirirlas.
De ahí la relación estrecha entre la organización de la producción, el consumo y la distribución que
proporciona los medios para disfrutar de las mercancías.
Las posibilidades de disfrute final de consumo dependen de la naturaleza y la forma de llevar a cabo
la producción, la distribución y el intercambio.
Sin producción no hay consumo. Pero sin consumo, tampoco habrá producción. El consumo también
genera producción porque el producto sólo tiene sentido si se consumo y el consumo expresa la
necesidad de una nueva producción.
El proceso de consumo forma parte del modo en que una sociedad se organiza y procura la
satisfacción de las necesidades económicas de sus miembros. Las características de este proceso, tal
como se presentan ahora mismo en las sociedades industriales avanzadas, es el resultado del
desarrollo económico del industrialismo: la innovación tecnológica, la industrialización y la
separación institucional de la producción y el consumo.
En la economía preindustrial, básicamente agrícola, la producción y el consumo formaba una unidad.
El modelo artesanal representa el punto de transición hacia la economía de mercado, pero todavía no
implica la separación institucional entre la producción y el consumo. En este modelo, la producción es
de encargo, hay un contacto personal entre el productor y el consumidor y los productos fabricados
son limitados en número e individualizados.
Con el industrialismo la producción se confía en instituciones especializadas y se dirige a un mercado
personal y anónimo. Esta especialización de las instituciones productivas, junto con las innovaciones
tecnológicas permite multiplicar el número de objetos producidos que además son objetos
estandarizados y homogéneos.
La producción sigue sus propias leyes de crecimiento bajo la lógica de la racionalidad económica que
se traduce en productividad y ampliación de los mercados.
Bajo estos presupuestos y en tanto que el consumo estaba escasamente diversificado, el consumidor y
su comportamiento tenían poca relevancia desde el punto de vista económico, Pero una vez que la
industrialización humo madurado y se orientó hacia la fabricación masiva de bienes de consumo,
comenzaron ciertos problemas en el acoplamiento entre la producción y el consumo y la conducta del
consumidor empezó a ser tomada en consideración.
La teoría económica de la demanda y el marketing surgen de esta nueva situación en la que
desemboca la sociedad industrial como una sociedad de abundancia o sociedad de consumo de masas.
Como señala Daniel Bell, el consumo de masas “que comienza en la década de 1920 fue posible por
la revolución en la tecnología, principalmente la aplicación de la energía eléctrica a las tareas del
hogar y por tres innovaciones sociales: la producción masiva en serie, el desarrollo del marketing y la
expansión de las compras a plazos.
3. LA SOCIEDAD DE CONSUMO
A lo largo de la historia, los productos han ido adquiriendo maneras distintas de ser consumidos y diversos
significados simbólicos, ligados con el espíritu del momento.

En épocas pasadas, el trabajo desempeñaba el eje central de Aunque el consumo ha estado presenta a lo largo de la
los individuos y de su identidad. Actualmente, podríamos historia, no ha habido otro momento en el devenir histórico
catalogar como “sociedad de consumo” porque el consumo se en el que el consumo haya definido por sí solo las señas de
presenta como la actividad social cuantitativa y identidad de las sociedades occidentales contemporáneas.
cualitativamente central en el contexto histórico. Nunca antes, habíamos vivido en un entorno tan
No sólo porque a él se dedican gran parte de nuestros recursos materialista como el actual, rodeados de objetos de
económicos, temporales y emocionales, sino porque en él se consumo que condicionan nuestra vida social y personal en
crean y estructuran nuestras identidades y formas de expresión múltiples aspectos.
relacionales. Y en especial, hay que destacar el aumento del En este sentido, resulta innegable la importancia del
consumo de mercancías no necesarias para la supervivencia. consumo como un elemento distintivo de las sociedades
avanzadas contemporáneas que define las identidades
individuales allí donde antes lo hacía el proceso productivo
y el espacio que en él ocupaban las personas.

No sólo porque a él se dedican gran parte de nuestros recursos económicos, temporales y emocionales, sino
porque en él se crean y estructuran nuestras identidades y formas de expresión relacionales. Y en especial, hay
que destacar el aumento del consumo de mercancías no necesarias para la supervivencia.

Según Vicent Borrás es necesario tener en cuenta la posición de los individuos en el mercado de producción
para poder entender su forma de consumo: las clases, su posición y sus relaciones en el mundo de la producción
tiene incidencia directa en las prácticas de consumo, reproduciendo y contribuyendo a las desigualdades de
clase. El consumo como práctica social concreta un conjunto múltiple de fuerzas, como la distribución de las
rentas originadas en el proceso de trabajo, la construcción de necesidades reconocidas por los consumidores, la
búsqueda de beneficio mercantil, el aparato publicitario, la conciencia de los grupos sociales, las instituciones
formales e informales o la imitación social.

La producción para el deseo es la producción característica en el capitalismo avanzado, esto es, una producción
derivada de la creación de necesidades secundarias o aspiraciones individuales por un aparato comercial y
cultural. Creando una dinámica desarraigada de la necesidad que desarrolla el consumo a través de la
explotación intensiva de los deseos.
La dinámica actual del mercado se encuentra orientada a estimular la demanda sustentándola en un sistema de valores
simbólicos sobre añadidos, distorsionando, hasta el propio valor de uso y llevando implícita la idea de que lo más valioso
es lo más novedoso.

Naomi Klein describe el proceso que conduce a la producción de marcas, la publicidad de los productos se orienta hacia
formas de promoción que venden estilos de vida, mitologías y experiencias, más que el propio producto en sí. Los
productos no se crean y difunden sólo para satisfacer necesidades mayoritarias sino para convertirse en bienes superfluos
impensables sin su capacidad de generan un fuerte efecto de demostración de status.
El estilo de vida está determinado por la cualificación, el poder y los ingresos en el sistema económico. Los patrones de
consumo constituyen el mecanismo de inclusión y exclusión del grupo, sobre todo entre los jóvenes. Estos estilos de vida
van ligados a grupos anónimos que desean pertenecer al grupo para construir su identidad. El consumo no sólo sirve para
satisfacer necesidades o deseos, comunicar o fortalecer distinciones sociales, sino puede servir para crear el sentido de la
identidad personal, teniendo en cuenta que eso depende de los recursos que se poseen y de las condiciones físicas y
psíquicas.

Esa necesidad de distinguirse repercute en los patrones de consumo, mediante la expresión de las modas como cohesión de
grupo hacia dentro y diferenciación hacia fuera. Sólo unos pocos ejercen la moda, el resto la imita. Cuando ha penetrado
en todas partes, pierde su condición de moda, generando la obsolescencia del producto.
Esto unido a la obsolescencia de la mayor parte de los productos en cuanto a calidad (el producto después de un tiempo de
uso empieza a tener fallas o un mal funcionamiento), función (cuando sale a la venta un producto más avanzado con
nuevas funciones) genera un continuo consumo de bienes, olvidando en muchas ocasiones, los efectos negativos que estos
patrones tienen sobre los recursos escasos y el medio ambiente.
4. TRANFORMACIÓN DE LOS MODELOS DE CONSUMO Y EL
COMPORTAMIENTO DEL CONSUMIDOR.
Desde el nacimiento del consumo de masas hasta la recesión económica.
El término “consumo” tiene raíces etimológicas tanto inglesas como francesas. En su forma original consumir
significada: destruir, saquear, someter, acabar o terminar. Es una palabra formada a partir de un concepto de
violencia que hasta el presente siglo tan solo tenía connotaciones negativas.
El consumo de masas no se produce de forma espontánea:
-Creación del consumo de masas.
A finales del siglo XIX los economistas observan que los trabajadores se conformaban con ganar lo justo y que, en
vez de trabajar más horas, preferían disfrutar de su tiempo libre. Esta situación unida a la ética protestante conducía
a la moderación y el ahorro.
Con el tiempo los empresarios consiguieron transformar al americano medio desde una psicología basada en el
ahorro a una basada en el consumo. La empresa de automóviles GENERAL MOTORS fue una de las primeras en
impulsar este cambio de mentalidad al renovar anualmente los modelos que fabricaban.
El énfasis sobre la producción ligada al consumo permitió que el marketing tomara protagonismo. Los publicistas
pasaron de argumentos de utilidad e información descriptiva de los productos a reclamos en referencia con el status
y la diferenciación social. Los hombres y mujeres corrientes eran invitados a emular a los ricos y a ir a la última
moda. El objetivo era convertir a la gente trabajadora en consumidora: denigrando los productos caseros o pasados
de moda. Estas estrategias se incrementan a partir de los años 20, cuando comienzan a venderse productos antes
inexistentes, por lo que había que convencer al público de que los necesitaban.
Por lo tanto, durante los años 20 se produjo un aumento de la producción, un aumento de los créditos que había
llevado a un incremento del consumo (la compra a plazos), un aumento de la población ocupada
-Crack del 29.
Sin embargo, llegó un momento en el que los ingresos de los trabajadores no crecían suficientemente rápido como
para absorber la demanda al no haber incrementos salariales, por lo que la fuente de ingresos de las empresas se
secó y todo ello acompañado de un alza en las expectativas de beneficios por parte de las compañías productoras
derivado en un exceso especulativo de sus acciones y una espiral credicitaria, dio lugar al crack de 1929,
ocasionando la crisis social más virulenta hasta entonces y que dio comienzo un periodo de 20 años con deflación,
depresión económica y social y de inestabilidad, destacando el aumento de desempleados (incapaces de comprar) y
una política de recortar.

-Fomento de la demanda (1950-1979)


A partir de 1933, bajo el gobierno de Roosvelt, se implementaron medidas keynesianas de fomento de la demanda.
John Maynard Keynes planteó que en función de la dinámica capitalista tan solo era factible una salida: el
incremento de la demanda mediante la participación del Estado. El consumo público era imprescindible para
ocupar todos los factores productivos y la ocupación plena era la única forma de garantizar un aumento continuado
del PIB.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Japón, EEUU y muchos países sudamericanos pusieron en marcha muchas
políticas económicas en las que la intervención del Estado resultaba fundamental, tanto a través del consumo
público como interviniendo de forma directa en las decisiones económicas. Se consiguió el pleno empleo, la masa
salarias comenzó a crecer y financiado por un crédito fluido, el consumo privado aumentó y las inversiones
productivas se expandieron. Se puso en marcha en modelo de protección social financiado por políticas fiscales
redistributivas, constituyéndose progresivamente una amplia clase media.

-Énfasis en la oferta (1979-1995)


Posteriormente se produce un periodo de énfasis en la oferta, es decir, en las empresas, el capital debía tener todas
las facilidades. El pleno empleo de los factores productivos en general y del trabajo en particular dejo de ser un
objetivo, al perseguir reducir al mínimo la inflación.
Nació el término globalización significando la eliminación de las fronteras a fin de que los factores productivos
puedan moverse sin obstáculos y la minimización de las fronteras y la intervención estatal como trabas a la oferta
que son.
Durante la época de los 80 la globalización se extiende por todo el mundo con el objetivo principal de tener costes
menores en la producción de bienes y servicios.
A diferencia del modelo de demanda (1950-1979) en el que el pleno empleo y salarios en alza eran sinónimo de
capacidad de consumo crecientes, los beneficios empresariales en aumento y recaudaciones fiscales pujantes a fin
de que el Estado consumiese y contribuyese al crecimiento económico.
Con el modelo de oferta (1979-1995) el desempleo debía ser el conveniente para que la inflación fuese reducida y
los salarios bajos para que los costes también lo fuesen. En un escenario como éste, el consumo se vería reducido,
al igual que los beneficios empresariales, pero eso podía obviarse con menores costes que comportarían menores
precios de venta, lo que supondría que los bienes pudiesen ser adquiridos con salarios reducidos, acompañado de
un aumento de la productividad obtenido a través de la automatización de los procesos y la mejora organizativa.

-Uso intensivo de las Tecnologías de la comunicación (a partir de 1995)


A finales de los años 80, el crecimiento económico había quedado desvinculado de la evolución del empleo del
factor trabajo.
A partir de 1995 la situación dio un vuelco con el comienzo de la masificación de Internet y el inicio del uso
intensivo de las TIC acelerando el proceso comenzado en la década de los 80: la menor capacidad de consumo
debido al peso de unos salarios que cada vez crecían menos y que eran percibidos por una población ocupada cada
vez menor, en relación, al PIB generado, debido a un aumento de la productividad.
A finales de los 80 explotó la burbuja especulativa en Japón y en EEUU a las consecuencias de las políticas
económicas de Reagan se unieron los efectos de la especulación financiera e inmobiliaria y las primeras guerras del
Golfo, que afectó negativamente a la confianza de los consumidores estadounidenses y, por ende, al resto del
mundo.
El problema se solucionó recurriendo al crédito, que posteriormente produciría una crisis, debido a que el aumento
de la deuda de las personas, las familias e incluso los Estados y los déficits en varias economías.
Destacando que el 85% del consumo mundial lo realizaba el 20% de la población del globo, mientras que otro 20%
solo consumía el 1,3%.
- Tras la recesión de los 2000
El crédito se extendió por todo el mundo, incluso a quienes no podían afrontarlo. Los tipos de interés decaen y se
conceden préstamos a personas con bajo nivel de crédito lo que justifica que al ser su riesgo superior también lo sea
el tipo de interés que se aplica al préstamo que se les concede (hipotecas subprime).
Estos créditos se conceden por la confianza en que la revalorización al alza en el precio de las propiedades
inmobiliarias hipotecadas anularía las consecuencias de los impagos de los créditos, junto con la facultad de los
créditos hipotecarios de ser convertidos en bonos, favoreciendo el descenso de los tipos de interés.
A partir de 2007, se hizo evidente que muchos no iban a poder pagar sus créditos y que ese crédito no iba a poder
cubrirse con otro, debido al estancamiento y el derrumbe de los precios de los inmuebles y a que los activos
derivados de las operaciones habían alcanzado un volumen financieramente insostenible.
Esta crisis se constituye como uno de los últimos paradigmas de la globalización. Si bien es generalmente asumido
que la economía pasa por ciclos de expansión y recesión, nunca ante la crisis había afectado en mayor o menor
grado a todas las economías mundiales. Algunas de sus consecuencias nos empiezan a resultar bastante familiares:
colapso crediticio y bancario, bancarrota de grandes imperios empresariales, destrucción de empleo, descenso de
las rentas, caída de los niveles de consumo, etc.

En el siguiente apartado vamos a relacionar la situación de crisis con la propuesta de la Ley de Engel que afirma
que: “En tiempos de crisis los niveles de consumo sufren una caída generalizada en términos absolutos, si bien la
distribución del gasto se mantiene estable en términos relativos”
5. TENDENCIAS EN EL CONSUMO
En la historia de los hábitos de consumo, se podría afirmar que existen varias etapas:
La primera en la que los consumidores necesitaban cubrir sus necesidades básicas y en la que primaba el que
existieran esos productos en el mercado para el abastecimiento.
La segunda es aquella en la que se establece relación con el precio de los productos o servicios,
comprándose exclusivamente teniendo en cuenta el parámetro del precio.
La tercera en la que se establece una relación entre la calidad del producto/servicio y el precio.
Y una cuarta que es en la que, a la calidad y al precio, se le incorporan “valores” al realizar el acto de
consumo.
Es curioso analizar el caso de España y la influencia de esta crisis en el comportamiento de los consumidores y la
distribución del gasto:
Desde los años setenta a la actualizad, periodo en el que España ha pasado de ser una sociedad preindustrial y rural,
prácticamente aislada de los mercados internacionales a una sociedad caracterizada por la economía de mercado
moderna, fuertemente industrializada y relacionada con economías y mercados.
Los gastos básicos, se han reducido, pero no tanto como se esperaba, debido a que:
Se ha producido un cambio de valores en lo relaciona con la alimentación, adquiriendo una gran importancia en el
estilo de vida de las sociedades occidentales, convirtiéndose en un aspecto estético más de la cultura del consumo,
que va más haya de su función utilitaria.
Donde queremos destacar:
- Aumento de la exigencia de calidad (alimentos frescos, denominación de origen) y de los caprichos
(aperitivos, poster, etc)
- La variedad de platos precocinados que se adaptan a los nuevos estilos de vida cada vez más
caracterizados por la falta de tiempo para cocinar.
- La diversificación de la dieta: se consumen menores cantidades de pan, patatas, legumbres y más
cantidades de grasas, carne, pescado, verduras y frutas, dulces y bebidas alcohólicas) y se ha
enriquecido el valor nutritivo (de la escasez a la abundancia)
- Sumándole el gasto en comer fuera de casa.
El gasto dedicado a otro grupo considerado como básico: el vestido y calzado

Ha crecido el porcentaje de renta invertido por las familias en los grupos de gasto relacionados con las
comunicaciones, los cuidados personales, el esparcimiento, el ocio, el turismo, etc. La estructura de gastos ha
cambiado claramente y el consumidor busca menos la posesión de las cosas por sí mismas que la
multiplicación de experiencias y emociones.
Al tratarse de gastos menos relacionados con la supervivencia, las situaciones y condiciones de vida de los
consumidores y sus preferencias personales y familiares empiezan a cobrar importancia.
Se introducen elementos de variación que conducen a una diversificación de lo modelos de consumo y una
relativa libertad de elección. Entre los factores que determinan el consumo aparecen una variedad de
aspectos explicativos que van más allá de la variable de ingresos (aunque sigue siendo la más discriminante)
y se unen otras variables como el nivel de estudios, la situación del hogar, la situación familiar con respecto a
las etapas del ciclo de la vida.
A partir de un determinado nivel de renta, un incremento o descenso circunstancial de la misma hace que un
tipo de personas consuma unos bienes u otros, en calidad, cantidad, marca, modelo, momento. La sociedad
de consumo no conduce a la homogeneización sino a la diversificación.

En momentos de recesión, el montante total de gasto debe equilibrarse con el nivel de renta disponible, pero
está comprobado que la distribución final de esta se hará de manera similar a la de periodos no de crisis
debido a que se han interiorizado unas pautas de comportamiento difíciles de modificar en cortos espacios de
tiempo.
No obstante, el consumidor se comporta de manera menos impulsiva y esta racionalidad se basa en sus
hábitos de compra, que tienden al ahorro de costes. Entre estos nuevos hábitos se encuentras: una mayor
rutina en la acción de comprar, implicando un mayor conocimiento de precios, búsqueda de ofertas,
utilización de descuentos y cupones regalo, un mayor consumo de marcas blancas, la utilización de nuevos
espacios ante precios más asequibles (internet, outlets), un nuevo enfoque hacia las vacaciones (reduciendo
numero de días o eligiendo destinos nacionales en lugar de internacionales)
Estamos ante un sistema productivo con una capacidad de crear y fabricar de forma casi ilimitada y a un coste
moderado, cuyo fin no es solamente el de satisfacer las demandas, sino producirlas para reproducirse.
- La utilización de técnicas de venta y promoción: para crear un sentimiento de necesidad en el
consumidor y conseguir persuadirle hacia la compra.
- La eficacia de la moda y la publicidad: a la hora de promover conductas de consumo
derrocharas y dotar a los bienes de un valor simbólico que generalmente se pierde con el
tiempo, en muchos casos, antes de que se pierda su utilidad funcional.
- La difusión de un gran número de espacios comerciales tanto físicos como virtuales donde
ejercer la religión consumista
- El fetichismo de las marcas, cuyo valor está muchas veces por encima del objeto al que
representan (KLEIN)
- Generando estilos de vida propios al reunir a sus leales consumidores entorno a las
denominadas “comunidades de marca”

En la actualidad, el perfil del consumidor español se acerca al del resto de los europeos que en los
últimos meses se ha visto afectado por la situación del COVID-19 repercutiendo en sus actos de
consumo:
En primer lugar, los consumidores piden que las empresas los ayuden en la conciencia social:
- Mediante la compra productos de proximidad.
- Consumiendo marcas vinculadas con proyectos sociales.
- Con un aumento de la preocupación de la sostenibilidad de los productos y la posibilidad de
reutilización de los mismo.
- Ejemplos: tiendas de segunda mano, envases reutilizables, comercio local.
En segundo lugar, los consumidores piden que se les ayude a tener un estilo de vida saludable,
preocupados por la salud, el cuidado personal y la higiene.

Otro de los factores clave de los consumidores es la falta de tiempo. El cliente ya no distingue entre
canales, y se plantean nuevas propuestas como los mercaurantes o el delivery. De este modo, las
barreras entre canales y ocasiones de consumo se difuminan.
- Aumento de la compra por Internet o móvil
- Aplicaciones como Glovo
Es por el gran reto es ayudar al consumidor a llevar una vida saludable, poniéndoselo fácil y siendo
socialmente responsables. Ante estas tendencias, las empresas deben innovar, ser más activistas,
ampliar los horizontes de competencia, tanto a nivel de retail como de fabricación, colaborar para
conseguir una cadena de valor sostenible y transparente y busar aliados en la tecnología.
6. LA PROTECCIÓN DE LOS CONSUMIDORES.
El artículo 51 de la Constitución de 27 de diciembre de 1978 establece que los poderes públicos
garantizarán la defensa de los consumidores y usuarios, protegiendo mediante procedimientos
eficaces, la seguridad, la salud y los legítimos intereses económicos de los mismo. Asimismo,
promoverán su información y educación, fomentarán sus organizaciones y las oirán en las cuestiones
que puedan afectarles.
En España la protección de los consumidores queda plasmada en la Ley General para la Defensa de
los Consumidores y Usuarios y por las normas de protección del consumidor promulgadas por
las Comunidades Autónomas  
Se consideran consumidores y usuarios los que adquieren, utilizan o disfrutan como destinatarios
finales, bienes muebles o inmuebles, productos, servicios, actividades o funciones, cualquiera que sea
su naturaleza pública o privada, individual o colectiva de quieres los producen, facilitan, suministra o
expiden.
En el artículo 2, muestra cuales son los derechos de los consumidores:
1) Protección contra los riesgos a la salud o seguridad: Se reglamentará sobre la definición, la
clasificación de los productos, las condiciones y requisitos de las instalaciones y del personal
implicado en todos los eslabones del proceso productivo.
Los poderes públicos harán campañas de control de calidad e inspecciones en relación con los
productos y servicios de uso generalizado, los que reflejan mayor incidencia en los estudios
estadísticos y epidemiológicos, los quesean objeto de reclamaciones o quejas, de las que se
deduzcan situaciones de indefensión o subordinación

2) Protección de sus legítimos intereses económicos y sociales.


3) Derecho a la información correcta.
4) Derecho a la educación y formación.
El sistema educativo debe incorporar contenidos en materia de consumo adecuados a la formación de
los alumnos: Consumo responsable, Economía circular
5) Derecho de representación, consulta y participación.
Las asociaciones de consumidores son organismos, generalmente no gubernamentales, dedicados a
defender los intereses y derechos de los individuos como consumidores. Se rigen por el art. 51
comentando anteriormente y tienen como principal objetivo la protección de libre mercado y de los
derechos de los consumidores.
Se centran en: La prevención que pueda poner en peligro sus derechos, la información de los
consumidores sobre temas que les puedan afectar y la defensa de estos, ante posibles temas que
puedan surgir.
En España existen muchas asociaciones de consumidores, algunas especializadas en sectores y otras
con carácter general. Algunas de ellas actúan a nivel nacional, otras a nivel local. Los servicios que
ofrecen también varían, algunas sólo informan otras también asesoran jurídicamente. Algunas de la
más conocidas son:
- Organización de Consumidores y Usuarios (OCU): ofrece apoyo y asesoramiento sobre todo
tipo de servicios.
- Asociación General de Consumidores (ASGECO)
- Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (ADICAE)
- Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (HISPACOOP)
- La Unión de Consumidores de España (UCE)
- El Centro Europeo del Consumidor (CEC): oficina pública de información para todos los
consumidores de cualquier país de la UE.
- FACUA

En España el pasado mes de enero, el Consejo de Ministros aprobó un decreto que modifica a la Ley
General de Derechos de los Consumidores y Usuarios regulando la figura del consumidor vulnerable
como aquel que en sus relaciones de consumo “ se encuentra en una situación de desventaja,
desprotección, indefensión o subordinación frente a las empresas, aunque sea de una forma temporal,
territorial o sectorial debido a sus características, necesidades o circunstancias personales”

Este decreto dota a las administraciones públicas de un marco jurídico adecuado para acabar con la
indefensión de las personas consumidoras en casos de abuso, fraude, engaño o estafa y ofrece una
mayor protección frente a abusos y fraudes a colectivos como mayores, menores, personas con bajo
nivel de digitalización, con discapacidad funcional, intelectual, cognitiva o sensorial, que están
particularmente expuestos a abusos por técnicas de comercialización agresivas.

Esta figura ya existía en algunos ámbitos, como el energético, y en comunidades como Castilla-La
Mancha, pero ahora será de ámbito estatal.

Las asociaciones de consumidores valoran positivamente una medida pionera que obligará a las
empresas a dar un apoyo adicional en la información que facilitan a los consumidores considerados
vulnerables. Las compañías que presten servicios deberán asegurarse de que estas personas
comprendan correctamente el contenido de los contratos que firman. Además, las administraciones
públicas deberán orientar las políticas de consumo hacia estos colectivos de mayor vulnerabilidad.

Las campañas informativas o educativas divulgadas por las administraciones deberán prestar especial
atención a sectores que cuenten con mayor proporción de consumidores vulnerables, como el
financiero. Las especificidades de los consumidores vulnerables también tendrán que ser tenidas en
cuenta por parte de las administraciones a la hora de establecer mecanismos para la resolución de
conflictos entre el consumidor vulnerable y las empresas.

El decreto deberá desarrollarse con reglamentos que ayuden a reducir las barreras y garantizar los
derechos de las personas consumidoras vulnerables, entre otros, el etiquetado de productos, la
información previa al contrato y la que debe incluirse en el mismo, la gestión de reclamaciones y la
atención al cliente.

La medida es una de las reivindicaciones históricas de las asociaciones de consumidores. “La Nueva


Agenda del Consumidor de la Comisión Europea para el periodo 2020-2025 pedía a los miembros de
la UE aprobar esta figura, pero la mayoría de los países todavía no lo han hecho, así que esta norma
sitúa a España a la vanguardia de la protección de los consumidores a nivel europeo. El hecho de que
se recoja en la ley ya supone el marco de una protección reforzada”, añade.

7. CONCLUSIONES.
El problema es que el desarrollo de la economía ha implicado un crecimiento continuo de las
necesidades y los deseos fomentados por el binomio producción-consumo.
A pesar de la existencia de enormes zonas de pobreza, la civilización occidental, con el apoyo de
estrategias publicitarias fomenta un hiperconsumo, bajo el amparo de una obsolescencia rápida.
Provocando despilfarros y causando degradación, contaminación y escasez de los recursos naturales.
El modelo de consumo tiene que proteger y promover las capacidades y el funcionamiento que
componen el bienestar personal.
La necesidad de plantear restricciones, que acompaña a toda crisis económica, puede ayudar a frenar
esta dinámica, y nosotros desde las aulas podemos ayudar a que nuestros alumnos:
- Tomen consciencia de las insatisfacciones que conducen a la búsqueda de satisfacción
material.
- Se rebelen contra la incitación al consumo por parte de productores y publicistas
- Educándoles como consumidores que exijan una calidad en los productos que compran y
exigiendo garantías de que lo que se compra no es fruto de la explotación de trabajadores
- Promoviendo la vuelta al comercio de proximidad y de temporada.
- Fomentando modos de producción y consumo armónicos con el medio ambiente, que no se
base en un sistema de lineal sino circular, generalizando el reciclaje y la reutilización.

“El crecimiento del planeta ha estado basado en la creencia de que gastar de todo, sin límite, era
posible e incluso necesario: en el mundo rico, malgastando, en el mundo pobre, sin aportar nada a
cambio. Fue posible porque ese Estado de bienestar nos hizo creer que, con nuestras creaciones,
nuestra tecnología y nuestra ingeniería financiera sería posible compensar cualquier desequilibrio.
Pero cuando la deuda se hace insostenible y la capacidad de absorber bienes de consumo se agota
nuestro sistema encara crisis”

8. BIBLIOGRAFÍA.
- Vídeo Acciona
- La sociedad opulenta
- Video Homo consumus: Prioriza la satisfacción personal por encima del bienestar general
Residuos, condiciones trabajadores, recursos planeta

Comercio justo
- Video Steve Cutts
- Carro de combate.
Cortina, Adela (2002) Por una ética del consumo Taurus, Madrid.
Klein, Naomi (2002) No logo. El poder de las marcas. Paidós. Barcelona.
Niño Becerra, Santiago (2010)El crash de 2010. Toda la verdad sobre la crisis. Random House
Mandadori. Barcelona.
Veblen, Thorstein (2002) Teoría de la clase ociosa. Fondo de Cultura Económica. Madrid

Galbraith, John Kenneth (2004) La sociedad opulenta. Barcelona. Ariel

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