El asunto es sobre el recurso extraordinario interpuesto por doña Alida Cortez Gómez de Nano contra la
sentencia de la Sala de Derecho Público de la Corte Superior de Justicia de Lima, de fojas 564, su fecha 18
de diciembre de 2001, que declaró improcedente la acción de amparo de autos.
Con fecha 6 de febrero de 2001, la recurrente interpone demanda de amparo contra la empresa NEXTEL DEL
PERÚ S.A., por violación de sus derechos a la paz, a la tranquilidad y a gozar de un ambiente equilibrado y
adecuado al desarrollo de su vida. Solicita, por tanto, que se ordene el inmediato desmantelamiento de la
antena y equipos instalados por la empresa demandada.
Afirma que, con fecha 30 de enero de 2001, se percató de que, en el lote colindante con su vivienda,
trabajadores de la empresa NEXTEL DEL PERÚ S.A. habían instalado algunos equipos argumentando que
contaban con el permiso del propietario del terreno para colocar una antena, por lo que inmediatamente
denunció este hecho ante la Municipalidad de Ate, la que constató que la emplazada no contaba con las
autorizaciones del Ministerio de Transportes. Asimismo, manifiesta que el Ministerio de Transportes le
comunicó que los permisos para la instalación de antenas y otros equipos requerían de un informe técnico
independiente de la licencia general, los cuales, hasta la fecha, no han emitido ni el Ministerio ni la empresa
demandada.
En el presente caso, la recurrente ha acreditado, mediante fotos, que la instalación cuestionada está
extremadamente próxima a diversas viviendas y, además, pese a lo que se ha expuesto en el fundamento N.°
5 de esta sentencia, que la demandada no contaba con la autorización municipal para instalarlas. La
demandante exigió que se retire la antena de la empresa Nextel del Perú (Nextel) que había sido construida
sin una autorización municipal. Aunque la empresa demandada instaló la antena para brindar el servicio
público de comunicación, el problema central está en asegurar el derecho a un ambiente equilibrado y
adecuado para el desarrollo de la vida. Sobre este derecho, el TC reconoce que su contenido comprende
tanto la abstención de injerencias como la prestación de acciones que aseguren la plena satisfacción del
derecho, que vincula el aseguramiento pleno de la vida y la salud que se desarrolla en él (fundamento 10).
Antes de entrar a una controversia de carácter científico, referida a los efectos de la propagación de las ondas
electromagnéticas, el TC reconoce que es a través de la legislación regulatoria del servicio público de
telecomunicaciones, además de las reglas urbanísticas, que se establecen las medidas que satisfacen el
principio de precaución (fundamento 11). Una de estas previsiones es que las antenas deben colocarse en
zonas distantes a las viviendas, lo cual no se cumplía en el caso examinado, pues las antenas se
encontraban colindantes a las viviendas (fundamento 12).
El 17 de marzo de 2003 el Tribunal Constitucional dictó sentencia en la demanda de amparo iniciada por Alida
Cortez Gómez de Nano contra la empresa Nextel del Perú S.A. La demandante consideraba que la
instalación de una antena y equipos en un lote colindante con su vivienda afectaba su derecho a gozar de un
ambiente equilibrado y adecuado. El Tribunal Constitucional sostuvo que: En ese deber de prevención que el
derecho de contar con un medio ambiente sano y adecuado impone sobre los poderes públicos y dentro del
cual hay que considerar al principio precautorio, es que el Tribunal estima que tales antenas y equipos,
cuando fuese posible su instalación en otras áreas que no sean las zonas residenciales, deben
necesariamente colocarse distantes de las viviendas. Por consiguiente, la falla se desarrolló REVOCANDO la
recurrida, que, revocando la apelada, declaró improcedente la demanda; y, reformándola, la declara
FUNDADA y, en consecuencia, ordena a NEXTEL DEL PERÚ S.A. retirar los equipos y antenas ubicadas en
la avenida Prolongación Javier Prado N° 7069, Manzana A, lotes 15 y 16, de la urbanización Mayorazgo,
distrito de Ate-Vitarte, y que se abstenga, en el futuro, de ejecutar obras sin contar con la autorización
municipal correspondiente. Incorporó jurisprudencialmente el “principio precautorio”, previsto por los
instrumentos internacionales para garantizar de mejor manera el derecho al medio ambiente.
El Tribunal Constitucional en su sentencia se ha dejado evidenciar sobre los alcances del derecho a un
ambiente saludable, equilibrado y adecuado como derecho fundamental para el desarrollo de la vida en sus
fundamentos 8 al 10, de la siguiente forma: En su fundamento 8, el inciso 22 del artículo 2° de la Constitución
Política del Perú reconoce, en calidad de derecho fundamental, el atributo subjetivo de “gozar de un ambiente
equilibrado y adecuado al desarrollo” de la vida de la persona. Se trata, en principio, y como se desprende de
la ubicación de su reconocimiento, de un derecho subjetivo de carácter constitucional, cuyo titular es el ser
humano considerado en sí mismo, con independencia de su nacionalidad o, acaso, de ciudadanía. Sin
embargo, no sólo es un derecho subjetivo, sino que se trata también de un derecho o interés de carácter
difuso, puesto que es un derecho que lo titularizan todas y cada una de las personas. En ese sentido, se ha
establecido que dicho derecho fundamental está configurado por: 1) el derecho a gozar de un ambiente
equilibrado y adecuado, y 2) el derecho a la preservación de un ambiente sano y equilibrado, En suma, se
debe tutelar del ambiente adecuado para el desarrollo de la persona y de su dignidad (artículo 1° de la
Constitución). De lo contrario, su goce se vería frustrado y el derecho quedaría, así, carente de contenido,
sobre el segundo acápite, se ha establecido que el derecho a la preservación de un ambiente sano y
equilibrado entraña obligaciones ineludibles para los poderes públicos de mantener los bienes ambientales en
las condiciones adecuadas para su disfrute. Evidentemente, tal obligación alcanza también a los particulares,
particularmente a aquellos cuya actividad económica incide, directa o indirectamente, en el ambiente.
Conclusiones:
Se encuentra que el principio de precaución se aplica a la amenaza de daño a la salud o al medio ambiente y
a la falta de certeza científica sobre sus causas y efectos. Si bien el prerrequisito esencial para la aplicación
del principio de precaución es precisamente la falta de certeza científica, aunque no es indispensable para
demostrar plenamente la gravedad y realidad del riesgo se requiere que existan indicios razonables y
suficientes de su existencia y que su tamaño justifica la necesidad de intervenciones urgentes,
proporcionadas y razonables. Pero la prohibición absoluta de una determinada actividad no siempre es la
única forma de lograr un cierto grado de protección, ya que, según los casos, se puede obtener reduciendo la
exposición al riesgo, con el establecimiento de mayores controles. Y la imposición de determinadas
restricciones. Es necesario que se realice continuamente mediciones de la exposición radioeléctrica de la
población, a fin de garantizar la no vulneración de los derechos fundamentales al medio ambiente y la salud;
de conformidad con el artículo 5, párrafo 1 del Decreto Supremo N.º 0382003MTC, que establece que “los
titulares de concesiones o autorizaciones en curso tomarán las medidas necesarias para que la radiación
emitida por sus estaciones de radio no supere los límites máximos permisibles establecidos por el Decreto
Supremo N.º. 0382003MTC, el incumplimiento de esta obligación constituirá una infracción muy grave, de
acuerdo con lo dispuesto en el del Reglamento General de la Ley de Telecomunicaciones.