Fútbol, una filosofía viviente
Más que un mero fenómeno de masas, el fútbol puede ser considerado como una
actividad deportiva para ser promovido en distintos contextos sociales, pudiendo
lograr un fenómeno de inclusión social, generando dinámicas de trabajo en equipo y
fomentando la unidad de las personas. Es por ello que este deporte tan
enriquecedor como formativo debe ser considerado como actividad integradora de la
sociedad, potenciador de relevancia en los valores culturales de una nación. Es
tarea del estado plantear una propuesta de participación organizada, a partir de un
plan de formación que abarque a diferentes estratos sociales y permita ejercer
controles de salud, un diagnóstico precoz de enfermedades y la detección de futuros
talentos deportivos. La implementación de una práctica deportiva en horas
extracurriculares, ya sea dentro de un “plan escolar” o un sistema de organización
de “juego callejero”, podrían ser algunas de las propuestas a llegar a cabo para
poder resolver la problemática en cuestión.
Si eres hincha sabrás que "vives por esa historia de momentos, vives con ella y a
través de ella. Para ser un hincha hay que crear y poseer una historia de se tipo o,
mejor incluso, hay que corearla y ser capaz de compartirla con los demás, de
relatarla, además de la posibilidad de generar nuevos momentos".
El fútbol es filosofía, poesía y música. Y el fútbol es "el lugar donde el drama de la
identidad nacional y la no identidad se representa de manera trascendental sobre
una historia de guerra y de violencia". Ese sentido de pertenencia y la influencia en
la sociedad son también asuntos abordados en un libro con muchas frases para
colocar en el video marcador
Probablemente muchos de ustedes se pregunten qué tiene que ver el fútbol con la
filosofía, incluso puede ser que aborrezcan este juego y ni tan siquiera lo consideren
un deporte. En realidad, mi propósito es tan solo usar el fútbol como herramienta
para hablar de filosofía, y demostrar que esta disciplina no es propia y exclusiva de
una minoría elitista, sino más bien todo lo contrario, la actitud filosófica es natural en
el ser humano.
La filosofía nos sirve para descubrir paulatinamente las leyes que rigen la vida, y por
tanto, las leyes que nos rigen a nosotros. Por ello, la filosofía sirve para conocernos
mejor a nosotros mismos y a la naturaleza. Esta posibilidad de conocimiento que
nos ofrece la filosofía es clave para evitarnos sufrimientos innecesarios y construir
una auténtica fraternidad entre todos los seres humanos.
Lo que vemos hoy en día en muchos estadios de fútbol, independientemente de la
categoría del equipo, se aleja bastante de lo que entendemos por deporte, pues se
ha convertido en una herramienta de manipulación de la sociedad y, sobre todo, en
fuente de malos ejemplos, especialmente para los más jóvenes.
Entonces, ¿qué es el fútbol? Un famoso entrenador, que ya no está en activo,
afirmó en una entrevista que el fútbol es «recibir, controlar, correr y pasar la pelota».
Y esto mismo, si reflexionamos un poco -¡nos convertimos en filósofos conscientes
por un instante!- es la vida. Recibimos la vida en nuestro cuerpo al nacer, se va
desarrollando, vamos creciendo, corremos con la vida, y luego, llega un punto en el
que tenemos que pasar la vida, la pelota, a otro compañero. Realmente la vida no
deja de moverse nunca, pasa de unos a otros.
En el fútbol, a aquellos que no pasan la pelota, se les llama «amarrones». Del
mismo modo, hay gente que se empeña en vivir superficialmente y no colaborar con
el resto de la sociedad. Podríamos decir que les preocupa más el lucimiento
personal, la sed de honores, que el bien del equipo... Platón llamaba a esto
timocracia; ¡qué poco hemos avanzado!
El fútbol, como deporte, es un juego de equipo; por ello, podemos aprender de él
valores humanos, como el sentido del deber, la solidaridad, la responsabilidad y el
compromiso moral, no solo con los demás, sino también con nosotros mismos, y
además podemos aprender también el valor de la fidelidad.
Hay tradiciones en otros deportes, como por ejemplo en el rugby, que ejemplifican
muy bien todo lo anterior. Es costumbre en muchos equipos de rugby que, al
finalizar el partido, el equipo visitante limpie su vestuario, independientemente de si
ha ganado o no, como muestra de respeto al rival.
En el fútbol, todos los jugadores de cada equipo saltan al terreno de juego con una
estrategia: 4-4-2, doble rombo, marcaje hombre a hombre...; en la vida ocurre igual.
La filosofía nos enseña que nada ocurre por casualidad, sino que todo ocurre por
necesidad, todo obedece a una ley; otra cuestión es que nosotros no conozcamos
esa ley. Entonces decimos: «Ah, esto ocurre por casualidad»; o en el fútbol
diríamos: «el contrario tuvo suerte».
Hace muchos siglos -algunos historiadores dicen que en el siglo VI a. C.-, en Grecia
nace la filosofía. Estos sabios griegos afirmaban que todo lo que ocurre en la
naturaleza obedece a una ley, y además señalaban que había acontecimientos que
ocurrían con regularidad, y claro, si esto es así, ¡se pueden predecir los
acontecimientos!
Permítanme aquí el apunte futbolero; cuando vemos a un futbolista ejecutar un tiro
libre directo a la portería contraria, tratando de salvar la barrera colocada por el rival,
y vemos cómo la pelota describe una trayectoria parabólica perfecta para
introducirse en la portería contraria, ¿creen ustedes que eso es azar? No, hay
mucho entrenamiento y esfuerzo detrás de ese lanzamiento. Esto es algo que
podemos aprender del fútbol, la necesidad del esfuerzo para conseguir nuestros
propósitos.
Sócrates dedicó gran parte de su vida a investigar sobre las esencias; oponiéndose
a los sofistas, buscaba la verdad. Buscaba un denominador común en conceptos
tales como la verdad, la justicia, el bien..., para poder definirlos. Por ejemplo, para
llegar a la definición de la bondad, tratemos de buscar qué tienen en común todos
los hombres que calificamos de bondadosos. Sócrates afirmaba que, para
emprender esta búsqueda, es imprescindible reconocer nuestra ignorancia,
despertar nuestra conciencia y, sobre todo, aprender a pensar por uno mismo -
¡genial!-. Mi experiencia de muchos años como docente me dice que es más difícil
enseñar a alguien que cree saber que a alguien que reconoce su ignorancia.
Zamyre Estevan caicedo meneses -1103 .