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La Memoria Traumática

La memoria traumática distorsiona la realidad, hace vulnerables y erosiona la calidad de vida. Afecta a cómo pensamos, sentimos y nos relacionamos. El cerebro se ve afectado por los recuerdos orquestados por el sufrimiento, dando lugar a estados como el trastorno de estrés postraumático. La memoria traumática utiliza mecanismos propios que cronifican el dolor e incrementan el miedo y el estrés, afectando al funcionamiento normal del cerebro.

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La Memoria Traumática

La memoria traumática distorsiona la realidad, hace vulnerables y erosiona la calidad de vida. Afecta a cómo pensamos, sentimos y nos relacionamos. El cerebro se ve afectado por los recuerdos orquestados por el sufrimiento, dando lugar a estados como el trastorno de estrés postraumático. La memoria traumática utiliza mecanismos propios que cronifican el dolor e incrementan el miedo y el estrés, afectando al funcionamiento normal del cerebro.

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La memoria traumática: el cerebro cautivo del sufrimiento

La memoria traumática distorsiona nuestra realidad, nos hace vulnerables,


erosiona nuestra calidad de vida y puede dar forma a mecanismos psicológicos
tan complejos como son la represión o la disociación.

La memoria traumática es una herida que todo lo altera. El cerebro, víctima


también de esos recuerdos orquestados por el sufrimiento, influye a su vez en
la manera en que pensamos, sentimos y nos relacionamos. Esas cárceles del
pasado restan calidad de vida a nuestro presente hasta dar forma a estados
debilitantes como es, por ejemplo, el trastorno de estrés postraumático.
Hablar de la memoria es referirnos a una entidad tan misteriosa como
contradictoria. A veces, desearíamos recordar con mayor detalle determinados
momentos de nuestra vida para disfrutarlos una vez más. En otras
ocasiones, daríamos lo que fuera por olvidar ciertos hechos de nuestro pasado,
ahí donde se anclan espacios oscuros y llenos de sufrimiento.
Hay situaciones en las que el propio cerebro llega a bloquear o distorsionar
esos eventos dolorosos dejándonos suspendidos en un estado en el que es
muy difícil gestionar o afrontar esos eventos dolorosos. La memoria traumática
“trabaja” de otro modo a como lo puede hacer la memoria de trabajo, la
explícita, implícita o procedimental.
En este caso, la memoria traumática tiene la capacidad de mediar en los
procesos cerebrales e incluso de alterar diversos procesos
orgánicos, originando así las conocidas enfermedades psicomáticas . Es sin
duda un tema delicado, pero igualmente interesante.
“El hecho de superar el trauma y volverse bello, pese a todo, no tiene nada
que ver con la invulnerabilidad ni con el éxito social”.
–Los patitos feos, Boris Cyrulnik-
La memoria traumática: ¿qué es?
Los recuerdos de eventos traumáticos tienen propiedades y características
propias que los diferencian de los recuerdos comunes (Kihlstrom, 1996 ). Algo
así significa que utiliza unos mecanismos propios mediante los cuales
cronificar el dolor, incrementar la sensación de miedo y estrés y afectar, como
ya hemos dicho, al funcionamiento normal del cerebro.
Peter Levine, médico y psicólogo experto en procesos traumáticos, nos señala
algo interesante. En su libro Trauma and Memory,  nos indica que los recuerdos
emocionales traumáticos nos obligan a crear patrones psicológicos y
conductuales repetitivos. El miedo, la necesidad de huir, las imágenes
mentales que se repiten, la angustia … Todo ello son procesos que nos dejan
atrapados en un círculo de sufrimiento permanente orquestado por la memoria
traumática.

Veamos, no obstante, qué más características la definen.

¿Qué origina un recuerdo traumático?


Para comprender la memoria traumática debemos tomar conciencia de algo
muy sencillo. No todas las personas procesamos de igual modo determinados
eventos. Es decir, es posible que el hecho de vivir en piel propia un asalto, un
robo o una agresión sea para nosotros algo difícil de afrontar . Algo que poco a
poco nos inmoviliza hasta convertirse en un hecho traumático.
Otras personas, en cambio, lo superan y retoman su vida con normalidad. Es
decir, el impacto de un evento no es igual en todas las personas ni todos
somos igual de susceptibles a la hora de generar recuerdos traumáticos. Ahora
bien, hay determinados factores donde sí converge por igual el riesgo de llegar
a sufrir un trastorno de estrés postraumático.
 Haber sufrido abusos o maltrato en la infancia.
 Haber sufrido amenazas u agresiones en la adolescencia o madurez .
 Ser testigo de un hecho violento.
 Vivir en un contexto de guerra o conflicto armado.
 Ser testigo o vivir desastres naturales.

Neurobiología de la memoria traumática

Tal y como venimos señalando, la memoria traumática se relaciona de manera


directa con múltiples procesos cerebrales. El modo en que afecta el recuerdo
traumático al cerebro es inmenso.

 La amígdala, esa estructura implicada en el contenido emocional de


nuestros recuerdos, presenta una hiperactivación. Es ella la que avisa
de un peligro a nuestro cerebro. De ese modo, el hecho de haber vivido
una situación traumática genera que procese casi cualquier evento
como un riesgo. De ahí la sensación de miedo constante.
 Estudios como el llevado por el doctor Douglas Bremmer , de la
Universidad de Emory (Atlanta), nos señalan que el recuerdo de un
trauma altera el tamaño de diversas estructuras. Una de ellas es el
hipocampo. Esta área relacionada con la memoria ve su tamaño
reducido como consecuencia del estrés.
 Por otro lado, la memoria traumática impacta a su vez en otras
áreas. Así, la dificultad para reflexionar, tomar decisiones o centrar la
atención tiene que ver con una menor funcionalidad de la corteza
prefrontal.

Distorsiones, fallos y alteraciones sensoriales


Expertos en la psicología del trauma como Van Der Kolk (1996) nos señalan
que las personas que están pasando por un trauma sufren a menudo
alteraciones sensoriales. Es decir, pueden escuchar sonidos, ser más
sensibles a los estímulos visuales y experimentar sensaciones que los
retrotraen de nuevo a ese recuerdo traumático.

Asimismo, es necesario entender otro aspecto sobre la memoria traumática.


Una de sus características es su capacidad para distorsionar incluso los
propios recuerdos. Hay dos caminos:

 En ocasiones, hay pacientes que llegan a integrar recuerdos que no


son del todo ciertos pero que intensifican aún más el sufrimiento.
 Puede darse el caso contrario. Hay personas que “bloquean” ciertos
hechos, ciertas imágenes y vivencias. La mente hace uso de este
mecanismo de defensa  para disminuir el sufrimiento (amnesia
disociativa).

Para concluir, la psicología del trauma y su abordaje es un área que no deja de


crecer y de mejorar cada día. El conocimiento sobre cómo trabaja nuestra
memoria -y el propio cerebro- nos abre nuevos caminos para dar respuestas a
un hecho que viven a diario miles de personas. Al fin y al cabo,  un trauma
nunca se olvida, pero podemos aprender a sobrellevarlo dándonos nuevas
oportunidades para ser felices.

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