Con Romano Guardini – Reproduciendo un artículo sobre Dante y la Divina Comedia
Son dos los libros en castellano que recogen las reflexiones de Romano Guardini sobre Dante y
la Divina Comedia: "El ángel en la Divina Comedia del Dante" (Emecé Editores, Buenos Aires,
1961) y "Panorama de la eternidad" (Emecé Editores, Buenos Aires, 1963).
En la obra de Romano Guardini, "Panorama de la eternidad" (Emecé Editores, Buenos Aires,
1963), destaco la meditación titulada "La cognición y el maestro de la verdad en el poema de
Dante". En la visión de Dante en la Divina Comedia aparecen los pensadores antiguos y
contemporáneos a él. Son los teólogos y los filósofos que va presentando Santo Tomás de
Aquino a partir del canto Décimo de la Divina Comedia. Es el cuarto cielo. Podríamos
preguntarnos hoy por los maestros de la verdad, que recorren nuestros claustros, que escriben
libros, que dictan conferencias, que enseñan desde sus cátedras… Y, además, preguntarnos en
nuestro ámbito filosófico, ¿Cómo podemos saber? ¿Qué podemos conocer? ¿Cuál es el acceso
a la verdad? ¿Qué significa para Dante la verdad y la cognición? ¿Cuál es la luz que
descubrimos sobre la cognición y los maestros de la verdad en nuestro continente? ¿Qué puede
aportar la contemplación a nuestro filosofar?
Doy primeramente una breve noticia sobre Romano Guardini:
Al poco tiempo de la muerte de Romano Guardini acaecida en Munich el 1º de octubre de
1968, apareció un pequeño libro titulado Introducción a Romano Guardini de Henri Engelmann
y Francis Ferrier1, autores franceses que brindan la posibilidad de acercarse a Romano
Guardini en una primera lectura fundamental. En esa obra, presentan una página con las
etapas de la vida de Guardini:
1885 Nace en Verona
1886 Su padre se establece en Maguncia
1904 Estudios en la Universidad de Munich
Estudios teológicos en Friburgo y en Tubinga
1910 Ordenación sacerdotal en Maguncia
1911 Opción por la nacionalidad alemana
1915 Doctorado en Teología en Friburgo, con la tesis: La Redención en San Buenaventura
1922 Profesor de Teología en la Universidad de Bonn
1923 Profesor de Filosofía católica en la Universidad de Berlín
1939 Los nazis le quitan su cátedra
1945 Profesor en la Universidad de Tubinga
1948 Profesor en la Universidad de Munich2
La breve biografía de los autores franceses concluye en el año 1948. Por eso
recurrimos nuevamente a Alfonso López Quintás para completar la vida de don Romano
Guardini, añadiendo algunos datos que nos interesan para la producción de nuestro trabajo:
1
ENGELMANN, Henri – FERRIER, Francis, Introduzione a Romano Guardini (Quereriana,
Brescia, 1968).
2
Ibidem, 175.
1948 Catedrático extraordinario de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Munich
hasta su jubilación en 1962. En este período (concretamente entre 1950 y 1962) aparecerán
sus conferencias sobre Ética, una de las cuales será Las etapas de la vida, en 1953.
1948-1963 Celebración de la Misa y predicación dominical en la iglesia muniquesa de San Luis.
1954 Doctorado honoris causa en Filosofía por la Universidad de Friburgo.
1955 Comienza súbitamente la enfermedad del trigésimo y del asma.
1962 «Premio Erasmo al mejor humanista europeo», otorgado en Bruselas.
1965 Hospitalización durante medio año debido a un colapso cardíaco.
1968 Último viaje a Trento y a Isola Vicentina (norte de Italia): del 28 de agosto al 15 de
septiembre. Fallecimiento el día 1º de octubre. Funeral el día 3 en la iglesia de San Luis.
Entierro el día 4 en el pequeño cementerio sacerdotal de San Lorenzo, propiedad de la
Congregación del Oratorio3.
Un rasgo que caracteriza la vida de nuestro sacerdote ítalo-alemán es la de ser
«pedagogo espiritual». Con esta expresión se describe la constante preocupación de Guardini
para situarse convenientemente en la realidad. Su vida es un buen ejemplo de realización
personal. Señalamos aquí la importancia de continuar su vida al servicio de la verdad, a pesar
de los infortunios producidos por la situación dolorosa de la segunda guerra, entre ellos la
confiscación del castillo de Rothenfels y la supresión de la cátedra de la Universidad de Berlín a
manos de los nazis. En la vida de Romano se produce un «obligado» retiro en Mooshausen,
para refugiarse en el silencio y la soledad (1943-1945).
Justamente después de vivir esta experiencia es cuando recibe la invitación para ser
profesor extraordinario de la Universidad de Tubinga entre los años 1945 y 1948, en la cátedra
«Cosmovisión cristiana» de la Facultad de Filosofía. Para él fue un verdadero rejuvenecer. Esta
nueva actividad docente lo llena de vitalidad. También es decisiva su actitud coherente y
sabia frente a la problemática de la posguerra. Escribe Alfonso López Quintás:
«Era sorprendente que Guardini, en sus alocuciones, no trataba las
cuestiones urgentes que parecía imponer el entorno devastado por la
posguerra. Su penetrante capacidad de discernimiento le permitió
comprender que la única forma de superar esa situación desvalida era
elevarse a una región de elevada espiritualidad. Su serena presencia, su
forma rítmica y equilibrada de hablar, su consagración a temas
aparentemente alejados de los problemas cotidianos de aquel momento
no respondían a la insensibilidad frente al infortunio colectivo, sino a su
convicción de que era la única forma de superar él esa prueba y ofrecer
una ayuda efectiva a sus compatriotas»4.
Subrayo la capacidad de elevarse a una región de elevada espiritualidad, que suena
probablemente como una repetición, pero que en realidad nos permite brindar una respuesta
3
LÓPEZ QUINTÁS, Alfonso, Romano Guardini, maestro de vida, op. cit., 391-392.
4
Ibidem, 106-107.
de calidad superior a las miserias cotidianas. Es el indispensable salto de calidad que
deberíamos atrevernos a dar todos los días de nuestra vida.
En 1948, Guardini recibió una invitación a enseñar en la Facultad de Filosofía de la
Universidad de Munich. Aceptó con mucho entusiasmo, esta que sería su última etapa de
docencia.
La prolífica obra de Romano Guardini es una verdadera palestra con la característica
de ser una doctrina de vida, a partir de su experiencia y dedicación por la docencia, la
predicación, la animación juvenil, la reflexión filosófica y teológica. Sus palabras siempre
orientan a dar un sentido a la existencia humana, sin distinciones, incluyendo a todo tipo de
público, desde sus colegas de cátedra hasta los fieles de su parroquia. Cuando se dedica al
tema específico de la Filosofía, emergen con claridad sus claves de orientación que pueden
servir para interpretar la realidad y responder a las exigencias problemáticas de nuestro
acontecer. Su cosmovisión es una invalorable ayuda, una herramienta que actualmente
podemos utilizar sin prejuicios, porque Guardini nos enseña a pensar con rigor, con
profundidad, en la interioridad de cada ser, lo bueno, lo bello y lo verdadero. Como uno de los
testigos del siglo XX de la verdad, quizás un tanto al margen de otras grandes figuras del
pensamiento contemporáneo, nos sigue enseñando el arte de buscar la verdad y de vivirla
coherentemente en la vocación individual a la cual estamos llamados.
Algunas de sus obras traducidas al castellano
El universo religioso de Dostoievski. Emecé, Buenos Aires, 1954. 311 pp.
Pascal o el drama de la conciencia cristiana. Emecé, Buenos Aires, 1955. 280 pp.
La muerte de Sócrates. Emecé, Buenos Aires, 1960.
Verdad y Orden (4 tomos). Guadarrama, Madrid, 1960
El ángel en la Divina Comedia de Dante. Emecé, Buenos Aires, 1961. 126 pp.
La aceptación de sí mismo. Guadarrama, 1962. 161 pp.
Panorama de la eternidad. Emecé, Buenos Aires, 1963. 244 pp.
Sobre la vida de la fe. Rialp, Madrid, 1963. 163 pp.
La esencia del cristianismo. Guadarrama, Madrid, 1964. 108 pp.
La Madre del Señor. Guadarrama, Madrid, 1965. 114 pp.
Oraciones teológicas. Guadarrama, Madrid, 1966. 120 pp.
Libertad, Gracia y Destino. Lumen, Buenos Aires, 1987. 244 pp.
Los Signos Sagrados. Surco, Buenos Aires, 1946. 151 pp.
El poder: un intento de orientación. Ediciones Cristiandad. 1977.
Apuntes para una autobiografía. Ediciones Encuentro. 1992.
Mundo y persona: ensayos para una teoría cristiana del hombre. Encuentro.
Cartas sobre la formación de sí mismo. Ediciones Palabra. 2000.
El Señor: meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo. Ediciones Cristiandad.
El espíritu de la liturgia. Centre de Pastoral Litúrgica. 2006. ISBN 9788474675962.1
Las etapas de la vida: su importancia para la ética y la pedagogía.
La conversión de Aurelio Agustín
Una ética para nuestro tiempo
Ética, conferencias en la Universidad de Múnich
El artículo de Romano Guardini que vamos a compartir se titula “La cognición y el maestro de la
verdad en el poema de Dante”, escrito en el año 1934 se divide en tres partes:
Primera parte:
Romano Guardini comienza en esta primera parte avisándonos sobre la cognición en la Edad
Media, momento histórico de un ferviente deseo de conocer la verdad. Pero esta búsqueda del
sabio medieval no se compara con el modo de proceder de los antiguos y de los modernos.
Cuando realizamos la lectura de la época medieval en occidente como un simple estadio
intermedio entre la antigüedad y la modernidad, se empobrece la importancia de la Eda Media
hasta el punto de rebajarla y negarla completamente. La grandeza de esta época en la cual
actúa Dante Alighieri, nos coloca frente a la manera en que el ser humano se hallaba en el
mundo. Este dato es de suma importancia, ya que Dante peregrinará a través de su Poema
Divino en busca de su destino y de su sentido. Esto lo decimos en relación a l tema de la
cognición, o sea, de la intelección de la realidad, no obstante, al concluir este artículo de
Guardini, descubriremos que tenemos que encontrarnos en otros planos más totalizantes de
nuestra existencia.
La voluntad de conocer moderna se dirige, afirma Guardini, en un distanciado enfrentamiento,
sobre los hechos objetivos y su aclaración racional. Surge la racionalidad, que se engalana con
la exactitud de las ciencias y el rendimiento indiferente de un mecanismo impersonal. Frente a
esto encontramos una orientación contraria decididamente subjetivista, es decir, una actitud que,
con respecto a ciertas esferas de la cognición, prescinde enteramente de la objetividad.
La voluntad de conocer antigua parece determinada por una elección directa con el mundo.
Aparece el cosmos en su total esplendor y el ser humano como parte de él: conoce, observa,
interpreta y construye. La filosofía antigua recorre en poco tiempo las distintas posibilidades de
planteo y solución de la problemática.
De ambas actitudes difiere la medieval: el mundo le rodea misteriosamente y carece de aquella
familiaridad imprescindible para iniciar una verdadera investigación. Pero como realidad bien
familiar para conocer, descubre su alma, su íntima existencia humana que busca la salud y, en
una relación de reciprocidad con ella, la realidad religiosa. Pero ésta, en su concreción histórica:
como Dios vivo, revelado en Jesucristo y obrando en la historia por intermedio de la Iglesia. He
aquí el punto de partida de la cognición. Desde aquí avanza tanteando entre la plenitud de las
cosas. La intención de reconocer se dirige, entonces, sobre la aclaración constructiva-
contemplativa de la realidad cristiana, encontrada en la fe y la experiencia íntima y, a partir de
ella, de la experiencia en sí. En la Edad Media vivía, adquirido por larga contemplación, el saber
de la complejidad, de la riqueza de tensiones y de la plenitud de procesos de lo que se llama
“alma”. Sobre esta experiencia básica del conocimiento, sobre la cognición, Dante nos ofrecerá
una bella imagen para nuestra comprensión con el inigualable y único sabor medieval: serán las
representaciones de la existencia reconocedora en sí, de la persona que busca, del observador,
pensador y ordenador. A ellas pertenece la imagen dad por la autoexpresión más representativa
de la Edad Media, la Divina Comedia de Dante, de la persona entregada enteramente a la
búsqueda de la verdad.
Segunda parte:
En la segunda parte del artículo, Guardini esbozará la manera que tiene Dante para expresar
esas ideas en forma poética.
De la lectura de Guardini (descripción de la escena) pasaremos a la interpretación que él mismo
realiza. Me permito introducir este punto con algunos detalles que nos ayuden a entender la obra
de Dante:
Nos encontramos en la tercera parte del poema, el lugar llamado Paraíso. Del Canto
Décimo al Canto Decimocuarto, Dante nos presenta las almas de los sabios que
ayudaron a iluminar el mundo intelectualmente: se hallan en el cuarto cielo del Paraíso.
Fijemos la atención en la finalidad del Poema enunciado por el mismo Dante en la Carta
XIII a Can Grande della Scala: “Por lo demás, el fin de la obra, compartido por la parte y
el todo, es múltiple, a saber, cercano y remoto, y consiste en arrancar a los que viven en
esta vida (los vivientes, todos los seres humanos que son los destinatarios del poema,
aquellos que viven y existen en la historia humana) de su estado de miseria (el drama
espiritual y moral del ser humano, la humanidad sin valores, una miseria de tipo
metafísico) y conducirlos al estado de felicidad (la felicidad es una palabra importante en
la historia humana, es el horizonte, la meta. En el medioevo significa, no adquirir bienes
materiales con gozos pasajeros, algo efímero, sino la plenitud integral de la persona. La
felicidad se accede a través del orden de las virtudes (no a través de las cosas
materiales), aspirando a una vida buena y recta, accesible a todo ser humano, para ser
auténticamente, plenamente y verdaderamente viviente.). El género filosófico es,
finalmente, el moral o ético”.
Otro punto para tener en cuenta es la dinámica estructural: Lo literal (lo histórico) y lo
alegórico (lo metafórico) del Poema Sacro.
Además, tenemos que ser capaces de abrir el horizonte: considerar la totalidad de la
obra, o sea, los tres cánticos. No se puede decir fácilmente que el Paraíso es la parte
más sublime que enuncia la finalidad sustancial de la obra.
Por último, una nota de color: algunas palabras escritas por el Papa Francisco en
ocasión del VII centenario de la muerte de Dante: 3. La misión del poeta, profeta de
esperanza
“Dante, por consiguiente, releyendo la propia vida sobre todo a la luz de la fe, descubrió
también la vocación y la misión que le habían sido confiadas, y mediante las cuales,
paradójicamente, de hombre aparentemente fracasado y decepcionado, pecador y
desalentado, se transformó en profeta de esperanza. En la Carta a Cangrande della
Scala aclara, con extraordinaria transparencia, la finalidad de su obra, que no se realiza
y explica a través de acciones políticas o militares sino gracias a la poesía, al arte de la
palabra que, dirigida a todos, a todos puede cambiar: «Hemos de afirmar brevemente
que la finalidad del todo y de la parte es la misma; apartar a los mortales, mientras viven
aquí abajo, del estado de miseria y llevarlos al estado de felicidad» (XIII, 39 [15]). Dicha
finalidad pone en movimiento un camino de liberación de cualquier tipo de miseria y
degradación humana (la “selva oscura”) y, al mismo tiempo, señala la meta final, que es
la felicidad, entendida sea como plenitud de vida en la historia que como
bienaventuranza eterna en Dios. (CARTA APOSTÓLICA CANDOR LUCIS AETERNAE
DEL SANTO PADRE FRANCISCO EN EL VII CENTENARIO DE LA MUERTE DE
DANTE ALIGHIERI).
De todo ello, en esta ocasión solamente me lleva a leer los nombres de los sabios y
pensadores de la antigüedad y de la Edad Media que cita Dante en los Cánticos
aludidos.
Canto X
Tras las duras palabras de Fulco de Marsella contra la clerecía adúltera al final del canto
anterior, Dante dirige su mirada hacia "otras ruedas", comentando la perfección del orden
divino. Se trata de un procedimiento que el autor ya había empleado al hablar con Carlos
Martel y con Cunizza da Romano, quienes también en el noveno canto tras criticar
respectivamente los errores de la Casa de Anjou-Sicilia y de los habitantes de la
región véneta de Romano, dirigen su mirada al Sol o una serie de espejos celestes, en una
clara oposición entre la perfección de los cielos del Paraíso y la corrupción terrena.
Aunque el poeta se encuentra ahora en el cielo del Sol, sólo advierte el lugar en el que se
encuentra como se nota un pensamiento, que pese ya estar vivo en el espíritu sólo
paulatinamente se revela a la conciencia. En este cielo se encuentra la "cuarta familia"
de beatos, que son los espíritus sabios, ya célebres en el mundo por la calidad de su
doctrina, que consistió en especulaciones filosóficas, teológicas o místicas. Se trata de
resplandores que se distinguen esplendor general debido a la calidad de la luz que emiten.
En este cielo Dante encuentra a Tomás de Aquino, Alberto Magno, Pietro Lombardo y otros nueve
sabios. Fresco de Philipp Veit.
Los resplandores se disponen en forma de corona alrededor de los peregrinos, cantando
con indescriptible dulzura, y bailando una danza intrigante. Entre las almas, una se acerca
espontáneamente, atraída porque a alguien se le permita visitar el Paraíso antes de su
muerte. Se trata del primero de los sabios, que en su orden de izquierda a derecha son:
Tomás de Aquino, quien es el más insigne representante de la escolástica, crucial
en el desarrollo del cristianismo por haber interpretado desde esa perspectiva el
pensamiento aristotélico.
Otro gran maestro dominico, el alemán Alberto Magno.
Graciano, que fue el fundador de del derecho canónico. Promovió el cristianismo y
atacó el paganismo, rechazando los tradicionales atributos paganos de
los emperadores.
Pedro Lombardo, cuya obra fue crucial para estudiar la dogmática.
El rey Salomón, el más sabio de los gobernantes.
Dionisio Areopagita, autor de las más profundas reflexiones sobre la naturaleza de
las funciones de las inteligencias angélicas.
Un sabio que no ha podido identificarse con exactitud, aunque se piensa que
puede ser Lactantius, Paulo Orosio o Mario Victorino, autor de la edición de la obra
de Platón adoptada por San Agustín.
Boecio, filósofo, testigo heroico de la fe y autor del Consolatio philosophiae, texto
clave para Dante desde la composición del Convivio.
Isidoro de Sevilla, santo además conocido por ser el autor de las Etimologías.
Beda, insigne exégeta de la Biblia.
El gran místico Ricardo de San Víctor.
Sigerio de Brabante, filósofo escolástico defensor del averroismo, quien llegó a
polemizar con el mismo santo Tomás.
Sigerio y santo Tomás, sin embargo, están cerca y en paz, reconciliados por el espíritu de
la verdad superior que ambos buscaron por diferentes caminos. Este espíritu de encuentro
y de armonía es un aspecto crucial del cielo del Sol, que presentará la segunda corona de
sabios en el canto XII.
Cuando santo Tomás termina su discurso, la rueda de las almas vuelve a girar y a cantar,
en perfecta sincronía, recordando al poeta a un reloj que llama al alba a los fieles de una
localidad para la oración matutina.
Canto XII
Concéntricas y coordinadas en el tiempo del movimiento y del canto, cuya belleza y
serenidad trasciende la experiencia humana, las dos ruedas de espíritus beatos evocan
un arco iris doble. Al cabo del tiempo, el evento se detiene con la misma calma con la que
comenzó.
De una de las ruedas surge una voz, que para responder al elogio que se ha hecho de san
Francisco en el canto precedente por parte de un dominico, ahora se expresará en
términos llenos de admiración a propósito de santo Domingo. Quien habla es san
Buenaventura. Además de hacer un elogio de quien en tierra pudo ser percibido como
adversario de su orden. San Buenaventura es en efecto el más célebre representante de la
corriente agustiniana mística del siglo XIII
Al igual que santo Tomás hace con los dominicos, san Buenaventura describe con
severidad la situación de su orden, la de los franciscanos. Por un lado, en efecto, se
encuentran Matteo d'Acquasparta y sus seguidores, que tienden a eludir la norma para
tener una vida más fácil y relajada. Por el otro, se encuentran Ubertino da Casale y
quienes comparten sus ideas extremas, llevando el rigor a tal punto, que lo anteponen
incluso al apostolado. Dichas por Buenaventura, las palabras de reproche suenan mucho
más graves, pues este santo fue conocido por su compromiso con la orden y sus notables
acciones.
Junto a este, confirman esta rueda los sabios Illuminato da Rieti, San Agustín, Hugo de
San Víctor, Pietro Mangiadore, Juan XXI, Natán, Juan Crisóstomo, San Anselmo, Elio
Donato, Rabano Mauro y Joaquín de Fiore.
Tercera parte:
La tercera parte del artículo de Guardini, es la interpretación. Vamos directamente al texto de
Guardini (págs. 197-201)
Cognición
Luz - contemplación
Maestros de la verdad
La propuesta de Guardini es avanzar:
Pero la teoría de la luz no se limita a la cognición. No sólo la verdad es luz, sino también el valor.
El supremo bien igual que lo bueno en todas las cosas. Y la aprehensión de lo bueno, el estimar,
valorar, apreciar, la asimilación tanto como la entrega son actos determinados por la luz. Así
también la vida valiosa y sobre todo su centro, la vida ética, tienen su núcleo de luz. La
conciencia moral, el órgano mediante el cual lo bueno hace valer sus derechos, es un órgano
luminoso; y la virtud, un clarificarse debido a la buena acción.
En Dante pág. 200