Historia del Municipio de Burruyacú
Historia del Municipio de Burruyacú
INFORME FINAL
1 DE ABRIL DE 2017
AUTORAS:
ROCIO ROMERO
1
Introducción
2
ÍNDICE
Introducción……………………………………………………………………...……. 5
Bibliografía……………………………………………………………………….. 184
4
INTRODUCCION
6
CAPÍTULO 1
1
Bravo, Quichuismos en la toponimia del Tucumán, 1990, p.12.
2
Díaz, La Aguada del burro. Memorias de Burruyacu. Un aporte para su historia, 2008, pp. 12-
13.
3
Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), Censo Nacional de Población, Hogares
y Viviendas 2010, 2010, p.56. Disponible en: [Link]/cuadros
definitivos/analisis_cuarta_publicacion.pdf.
7
Naranjo y El Sunchal, El Puestito, El Timbó, Gobernador Garmendia, La
Ramada y La Cruz, Gobernador Piedrabuena, Siete de Abril, Villa Padre Monti.
8
El departamento posee dos tipos de relieve: una zona de llanura ubicada
hacia el este del departamento y otra de montaña, hacia el oeste. La llanura
prevalece desde el río Urueña al norte, llegando al límite con Salta y se
extiende hasta el sur del departamento, saliendo de la provincia hasta la vecina
Catamarca. Su límite es el piedemonte oriental de las Sierras del Campo,
ubicadas en la zona central del departamento. La llanura oriental domina la
mayor parte de superficie, con su relieve plano y ondulado, extendiéndose a las
Sierras Centrales y La Ramada.
El sistema montañoso del departamento posee la estructura de las
Sierras Subandinas4, con una altura media que incluyen las Sierras de Medina,
del Nogalito, La Ramada y del Campo en su lado oeste. En su conjunto forman
las llamadas “Sierras del Noreste o de Burruyacu”.
Este conjunto de sierras se extienden desde el Tunal, en la provincia de
Salta, hasta las proximidades de San Miguel de Tucumán, con un cordón
oriental separado del occidental por los valles de los ríos Chorrillos-Nío y
Medina-Calera. Dicho cordón está formado de sur a norte por la sierra de La
Ramada. El Cajón de El Tajamar, separa ésta sierra de la sierra del Campo o
Burruyacu, que alcanza una altura de 2.000 metros sobre el nivel del mar 5.
Otra característica de estas Sierras es su afloramiento rocoso en las
cumbres de la Sierra de Medina y del Campo, las cuales son muy distintas a la
de La Ramada que poseen colinas más mansas. Los autores Santillán,
Santamarina, Ricci y Wurschmidt realizan una descripción acabada de estas
regiones, remarcando que hacia el interior de la zona montañosa se evidencian
montañas partidas en bloques de paredes rocosas con pendientes altas y
empinadas, pero también presenta formaciones redondeadas y acolinadas
entre valles.
4
Sayago, “Geomorfología”, en Gianfrancisco, (eds.,) Geología de Tucumán, 1998, pp. 241-
258.
5
Santillán, La Región de las Sierras del Nordeste de la provincia de Tucumán, 1967, pp. 10-15.
9
Mapa 2: Ambientes naturales de la provincia de Tucumán.
10
El terreno donde está asentado el departamento posee un rasgo muy
particular en sus profundidades. En ellas se encontró un basamento 6 que por
su antigüedad, es muy importante7. Además en las Sierras del Campo aflora la
Formación Candelaria que tiene una gran influencia mareal, es decir, que su
secuencia de formación proviene desde los sedimentos de las mareas que
cubrían todo este terreno. Se trata de una formación que viene del Norte del
país, abarcando el país vecino de Bolivia y que llega a las Sierras del
departamento de Burruyacu, y termina en la Cuesta de Miranda, provincia de
La Rioja. Su antigüedad y características hacen que se trate de un territorio de
gran importancia e interés geológico8. Para concluir, observamos que
Burruyacu es uno de los terrenos más antiguos de la provincia, en un sentido
geológico.
Respecto a la hidrografía, la provincia en su conjunto se encuentra
surcada por una densa red de cursos naturales de agua. La descripción de la
red fluvial de Burruyacu la tomamos del análisis de Santillán, Santamarina,
Ricci y Wurschmidt9.
Los autores sostienen que la red fluvial del departamento está dividida
en tres secciones. La primera, es la del oeste, constituida por los escasos ríos
que bajan de las sierras de la Candelaria y de Medina hacia el Salí. Se trata de
una región con muchos problemas en la red de aguas, debido a la pobreza del
caudal de sus ríos y a las escasas lluvias por los vientos húmedos del este. Un
ejemplo de estos caudales intermitentes es el río Muerto.
En segundo lugar, la sección sur de las cuencas intermontanas creadas
por los ríos Medina-Calera forma un conjunto fluvial de gran prolongación. La
cuenca del Medina se constituye en los bordes de Las Lechucitas y termina al
sur en la quebrada de Las Huaschas. Aquí tiene una gran pendiente que
termina de forma brusca en el río Calera. A partir del Alto de Medina y yendo
hacia el sur, el aporte de este río decae notablemente, siendo menos
frecuentes la aparición de arroyos. El río, desde esta zona, aprovecha el paso
por El Nogalito y se quiebra hacia el sureste uniéndose al río Calera. Este
último corre entre las localidades de La Ramada y El Nogalito con un curso de
agua superior donde recibe distintos arroyos como el de Trapiche y Los
Porceles. Más hacia el sur, recibe el caudal del arroyo Puerta de Palavecino
6
El basamento es una capa de tierra ubicada en las profundidades, que para el caso de
Burruyacu, corresponde a una etapa de formación muy antigua, datada en el Neoproterozoico y
Cámbrico-temprano.
7
Aceñolaza, “Aspectos Geológicos de las secuencias del Neoproterozoico/Cámbrico de la
provincia de Tucumán (Formaciones Puncoviscana y Candelaria)”, en Moyano, (Eds), Geología
de Tucumán, 2014, pp. 54.
8
Durand, El Basamento metamórfico de las Cumbres Calchaquíes nororientales, de las Sierras
del San Javier y del NE de la provincia, 1998, p.
9
Santillán, Op. Cit., pp. 19- 25.
11
que posee mucha agua en las épocas del verano. Se trata de un río definido
por su caudal importante para la zona y utilizado para el riego.
Por último, la sección este, está representada por el río Urueña. Éste
corre por el noreste de la provincia de Tucumán, forma el límite con la provincia
de Salta y desagota el sector norteño de estas cuencas, integradas por los ríos
Chorrillos-Nio-Cajón-Tajamar y otros ríos y arroyos, de cauce indefinido, que
bajan de las cumbres de las sierras del Campo y La Ramada. Para concluir,
diremos junto con los autores mencionados, que el río más importante de esta
sección es el Tajamar, también conocido como Zapallar, originado en la unión
de los ríos Nío y Chorrillos. El primero recorre la Sierra del Campo, recibiendo
agua de varios arroyos y, en la Sierra de La Ramada, bajan líneas fluviales
hacia el este, que son aprovechadas para el riego de los cultivos en la zona.
Respecto a las aguas subterráneas, es fundamental destacar la
importancia que tienen. Se alimentan en gran parte del régimen de lluvias y del
agua de formación cretácea (es decir, de más de 60 millones de años de
antigüedad). Son corrientes que provienen de las sierras y de las infiltraciones
locales pequeñas, que alimentan el agua subterránea de la parte llana, donde
las capas de arena y ripio son favorables. Los pozos cavados en Burruyacu
toman su agua de una napa ubicada entre una capa de arenisca blanda y otra
más dura colorada. Las aguas subterráneas son bien aprovechadas por medio
de la construcción de pozos, hechos por particulares o por instituciones como
Obras Sanitarias de la Nación e Hidráulica de la provincia, que han instalado
tanques y surtidores públicos en Villa Benjamín Araoz, La Ramada, El Chañar,
Macomitas, La Cruz, Puestito de Arriba y Chilcas.
12
Mapa 3: Cuencas hídricas de Tucumán.
11
Ibíd., p. 32.
12
Ibíd., p. 43.
14
Primeras poblaciones en la Argentina: sociedades cazadoras-
recolectoras
Debido al trabajo de la arqueología, sabemos que en el territorio
argentino existió población indígena, por lo menos, desde hace 13.000 años
en la Patagonia. El ingreso de estas primeras poblaciones habría sido por el
estrecho de Bering, desde Siberia, y fueron ocupando gradualmente los
espacios del norte al sur del continente.
Esta etapa de la historia indígena se la ha denominado Paleoindio,
término originado en América del Norte, que se refiere a grupos que dependían
para su subsistencia de la movilidad y de la caza de diversas especies de
megafauna13.
Con el correr de los siglos, se produjeron cambios en las condiciones
ambientales que modificaron la distribución de las plantas, los animales y los
grupos. En los primeros tiempos de las comunidades humanas, alrededor del
10.000 a.C., las condiciones del ambiente eran secas y frías. Los cazadores-
recolectores se agrupaban en bandas, poseían distintas formas de
organización, prevaleciendo utensilios de piedra y hachas de mano
14
bifaciales . También existían grupos de cazadores menos especializados, con
herramientas líticas rudimentarias, que acudían al carroñeo (explotación de la
carne de animales muertos), la caza espontánea y la recolección15.
Alrededor del 8.000 a.C. se suceden cambios ambientales, en donde se
alternan climas secos y húmedos. Los grupos comienzan a utilizar nuevas
herramientas como puntas de proyectil lanceoladas y otras triangulares más
elaboradas. Con estos artefactos, las sociedades cazadoras-recolectoras
consiguieron una óptima adaptación, a los que se añadieron instrumentos de
molienda16.
Hacia los 5.000 a.C. las condiciones climácicas vuelven a cambiar y el
clima se torna más cálido y semiárido, lo cual generó un déficit de agua y la
extinción de grandes mamíferos. En este periodo se encontró que hay un
cambio en las herramientas líticas que adquieren puntas triangulares, lo cual
indica una mayor complejidad en el trabajo de las mismas. Esto también nos
manifiesta la presencia de grupos más especializados. Además, coincide con la
aparición de los primeros enterramientos, práctica ausente en los periodos
anteriores. Cabe destacar que desde el 10.000 a.C. nos encontramos en un
periodo denominado por los arqueólogos como pre-cerámico o Arcaico, debido
a la falta de producción de cerámica
13
Aschero, “El poblamiento del territorio”, en Tarragó (Dir.), Nueva Historia Argentina, Tomo I:
Los pueblos originarios y la conquista, 2001, p. 20.
14
Ruiz, “Prehistoria y Arqueología Regional: El Noroeste Argentino” en AnMurcia, 1995, p. 164.
15
Aschero. Op. Cit., p. 22.
16
Ruiz, Op. Cit., p. 165.
15
Hacia los 2.500 a.C. el desarrollo de los grupos arribó al conocimiento y
manejo de algunas hortalizas y legumbres como el poroto, la calabaza y el ají,
lo cual nos demuestra que sus técnicas de subsistencia se ampliaron.
17
Olivera, Historia Argentina Prehispánica, 2001, p. 13.
18
Ibídem.
19
Rex González, Argentina indígena. Vísperas de la conquista, 1983, P. 11.
16
tradicionales de caza y recolección. Esta forma de vida fue datada en el 900
d.C. El sistema de asentamiento se extendió y se hizo más complejo y, con el
aumento de la población producido, comenzaron a utilizarse espacios no
explotados anteriormente”20.
Así se conformaron las primeras formas de vida aldeana en la zona que
nos interesa, caracterizado con un clima más húmedo y cálido, en estrecha
relación con la frontera Chaco-santiagueña y Catamarca. Estas poblaciones
hicieron una explotación intensiva del bosque y la llanura circundante
(guanacos, ñandúes y quirquincho, cuy, tuco-tuco, gato montés) y se
asentaron cerca de los ríos donde aprovecharon la pesca (bagres, dorados,
anguilas, sábalos) y la caza de aves (loro, perdiz, halcón gallareta). También
explotaban iguanas, sapos, ranas y tortugas. Complementan la dieta con el
maíz y el zapallo21.
En conclusión podemos decir que esta forma de asentarse cerca de los
ríos para aprovecharlos, practicar la agricultura y realizar enterramientos en
urnas, se convirtió en un estilo de vida de los grupos del este de Tucumán a
partir del 700 d.C. hasta que llegaron los españoles22.
Hacia el 1000 d.C. las prácticas de agricultura se intensificaron, lo que
se reflejó en un aumento demográfico sostenido, a través del uso de la
irrigación en la agricultura, el control de pisos ecológicos y una intensiva
explotación ganadera. Estos cambios llevaron al desarrollo regional posterior,
dando prosperidad a poblados con cientos de habitantes23.
20
Bonnin, “Esteros y Algarrobales. Las sociedades de las Sierras Centrales y la Llanura
Santiagueña” en Tarragó (dir.), Op. Cit., p. 177.
21
Ibíd., p.178.
22
Ibíd., p. 179.
23
Tarragó, “Chacras y Pukaras. Desarrollos sociales Tardíos” en Tarragó (dir.), Op. Cit., p. 257.
17
invasión de grupos nómades del Chaco hacia Tucumán, Catamarca y La
Rioja24.
El dominio de los Incas abarcó las serranías peruanas hasta las
actuales provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Tucumán y
Mendoza. La incorporación de estos territorios se dio según las características
ambientales y sociales que ofrecían al imperio, por lo que implementaron
tácticas diversas según las regiones25.
Para dimensionar la influencia que tuvo el Tawantinsuyu sobre éstas,
tomaremos los análisis de Luis González26, que delinea los rasgos más
característicos de este imperio. A comienzos del siglo XV estaba bajo el poder
de Pachacuti, el noveno Inca, considerado como el fundador de la
organización imperial. Desde el centro de Cuzco, partían las rutas hacia los
límites del imperio, con una lógica imaginaria de dos líneas que cortaban el
Tawantinsuyu en cuatro espacios: al noroeste de la ciudad el Chinchasuyu, al
sudeste el Collasuyu, al nordeste el Antisuyu y al sudoeste el Contisuyu.
Además, la organización imperial contaba con una red de caminos
denominada capacñan. En el Noroeste argentino esta red vial tenía una
tendencia norte-sur y la ruta principal penetraba en nuestro territorio por el
camino de la sierra (sierras altas puneñas), descendía a los valles
Calchaquíes y se prolongaba con un trazado bastante parecido a la actual ruta
40, llegando a Salta y Tucumán, para luego desviarse a la cordillera de los
Andes.
Desde el punto de vista administrativo, la integración se materializó con
la creación de cuatro provincias relacionadas con el centro cuzqueño:
Humahuaca, Chicoana (con epicentro en el alto del valle Calchaquí), Quire
Quire con asiento en Tolombón y la Tambería de Chilecito. Esta organización
perduró hasta la invasión española en 1532.
Territorio Lule-Tonocotés
Para concluir con la caracterización de las comunidades indígenas
que poblaron el noreste de la provincia de Tucumán, nos cocnentraremos en
los rasgos sobresalientes de los grupos prehispánicos que habitaron la zona. Si
bien es muy difícil circunscribir poblaciones semisedentarias en los límites
actuales del departamento, sabemos que lo que hoy es la jurisdicción de
Burruyacú fue territorio Lule-Tonocoté, quienes son las últimas poblaciones que
vivieron en la zona antes de la llegada de los españoles; es por esta razón, que
consideramos fundamental dar cuenta de sus rasgos.
24
Bonnin, .Op. Cit., p. 182
25
González, “La dominación inca” en Tarragó (dir.), Op. Cit., p. 303.
26
Ibíd., p. 304.
18
Es necesario remarcar que conocemos su forma de vida y organización
por medio de los evangelizadores y conquistadores europeos, debido a las
escasas fuentes de este periodo. Por lo tanto, la organización y características
de estos grupos la construimos a través de la mirada del conquistador.
Según la documentación española, se logró una influencia efectiva sobre
los grupos indígenas de esta porción del territorio, mediante la formación de
partidos organizativos, como el valle de Choromoros, al norte de la ciudad de
San Miguel de Tucumán, enmarcada entre las Cumbres Calchaquíes y la
Sierra de Medina. Este espacio tenía una vegetación boscosa con
preeminencia del algarrobo, el mistol y la tusca. Aquí se encontraban las
poblaciones semisedentarias Lule-Tonocotés que vivían principalmente de la
recolección (del algarrobo), de la pasca y de una rudimentaria agricultura, ya
que una vez que se agotaban las tierras de cultivos, los grupos se trasladaban
a otras zonas, debido a los límites de su capacidad productiva 27. De su
economía podemos decir que un rasgo importante era la utilización de la
madera para la confección de armamento como arcos y flecha, utensilios de
cocina, morteros y herramientas agrícolas. También utilizaron el cebil para
curtir cueros28.
Lizondo Borda analiza documentos de evangelizadores del siglo XVI,
como el oidor Matienzo, quien menciona en uno de sus informes un pasaje de
los Lule sobre el río Salí. El documento remarca que el río La Calera, afluente
del Salí en Burruyacú, se llamaba Nune, por lo que el autor infiere que es la
forma primitiva de Lule. Para el autor, a mediados del siglo XVI, este pueblo
acampaba en las zonas mencionadas cuando iban a atacar a los pueblos
diaguitas y Tonocotés de Santiago29.
Otros evangelizadores, como el jesuita Barzana o el padre Lozano, nos
dejaron noticias de la forma de vida de estos pueblos. Este último, que vivió
con ellos en las reducciones, indica algunas características, sobre todo
relativas al comportamiento de los grupos en momentos para ellos festivos:
“Del demonio no tiene más conocimiento que en el tiempo de borracheras
cuando celebran una fiesta, que llaman La Junat del Diablo. Forman un
cercado y levantan un rancho, que llaman la casa del Diablo, dicen que sale
debajo de la tierra, pero es un indio de ellos tiznado y emplumado, con traje de
demonio…”30. Además, indica que sus vestimentas eran unos plumajes atados
a la cintura, que andaban prácticamente desnudos y que no reconocen
sujeción a Dios ni a sus caciques.
27
Noli, “Algarrobo, Maíz y Vacas. Los pueblos indios de San Miguel de Tucumán y la
introducción de ganados europeos (1600-1630)” en Revista Mundo de Antes, Nº 1, 1998, p. 51.
28
Noli, “Indios ladinos del Tucumán colonial: los carpinteros de Marapa”, Revista Andes, Nº 12,
2001, p. 13.
29
Lizondo Borda, Breve Historia de Tucumán. Del siglo XVI al siglo XX, 1965, pp. 37-38
30
Furlong, Entre los Lules de Tucumán, 1941, p. 9.
19
Las poblaciones indígenas, a partir de la conquista, sufrieron un proceso
de desestructuración de su cultura, hasta la desaparición de la misma. Para
lograrlo, los españoles habían impuesto diversas prohibiciones, además de
sufrir la pérdida de sus tierras, el traslado a las ciudades coloniales para servir
al conquistador y la obligación de pagar tributo, que llevó a los hombres adultos
a alejarse de sus pueblos y familias. También su economía entró en crisis a
partir del desarrollo de estancias ganaderas de los europeos, que acaparaban
grandes extensiones de tierras.
20
CAPÍTULO 2
31
López, Los dueños de la tierra. Economía, sociedad y poder en Tucumán (1770-1820), 2003,
p. 14.
32
Lizondo Borda, Historia del Tucumán (Siglo XVI), 1942.
33
Páez de la Torre, Historia de Tucumán, 1987
34
Lizondo Borda, Op. Cit., p. 91.
21
ruta, este capitán salió a los llanos tucumanos, en el Monteros actual, desde
donde luego se trasladaría para la fundación de la ciudad de El Barco, en 1550.
Según Páez de la Torre, que sigue las tesis de Jaimes Freyre, tal fundación se
realizó en el mismo sitio donde después se instalaría San Miguel de Tucumán.
La ciudad luego sería trasladada dos veces, hasta instalarse El Barco III, muy
cerca de la actual capital de Santiago del Estero, que posteriormente fue
fundada por Francisco de Aguirre, en el año 1553, después de apartar a Núñez
del Prado de El Barco.
En el año 1563, el rey Felipe II decide crear la gobernación de Tucumán,
tras leer todos los memoriales y presentaciones. Dicha gobernación quedaba
bajo la jurisdicción del virrey del Perú en los asuntos de gobiernos, mientras
que para asuntos de justicia dependía de la Audiencia de Charcas, (actual
Bolivia). Francisco de Aguirrefue nombrado gobernador del Tucumán,
considerado por el virrey del Perú como el más conocedor del Tucumán y el
más capaz de someter a los indios calchaquíes.
Durante el siglo XVI, la Gobernación de Tucumán era una extensión
indefinida con algunos puntos aislados, representados por las ciudades
fundadas y los caminos que las comunicaban. Esto se debió a que la
ocupación del territorio fue, al comienzo, lenta y más nominal que efectiva 35.
En 1565, Francisco de Aguirre dio poder a su sobrino, Diego de
Villarroel, para fundar San Miguel de Tucumán. El sitio elegido se ubicaba muy
cerca del actual pueblo de Monteros, un campo próximo a la montaña, llamado
Ibatín. Designado el sitio, el 31 de mayo de 1565 se labró el acta de fundación
de la ciudad.
La ciudad de San Miguel de Tucumán luego fue trasladada al sitio de La
Toma, en el año 1685. Este hecho se convirtió en un factor muy importante
para el poblamiento de lo que luego sería la provincia. Las razones para este
traslado responden principalmente a la necesidad de que la ciudad no quedara
marginada de la ruta principal del comercio suramericano, aunque también
influyeron factores de carácter climático, dada las continuas inundaciones que
sufría la ciudad36.
Para explicar con mayor profundidad el traslado, Cristina López indica
que promediando el siglo XVII, la comunicación con Ibatín se había vuelto
complicada y cara, con el resultado de que gran parte del tráfico comercial no
pasaba por la ciudad de San Miguel, muchas veces aislada por las
inundaciones. Por lo tanto, al trasladarse la ciudad al sitio de La Toma, se pudo
incorporar al modelo urbano colonial y obtener los beneficios del comercio
regional e interregional, de la producción local y del servicio de transporte de
mercancías a través de la fletería. Como consecuencia, San Miguel de
35
López, Cristina, Op. Cit., p. 36.
36
López, Cristina, Op. Cit., p. 41.
22
Tucumán pudo convertirse en un núcleo dinamizador de la economía regional,
como así también los grupos sociales dominantes consiguieron organizar la
producción agrícola, ganadera y artesanal según las demandas de los
mercados y, además, controlar los circuitos de comercialización y transporte.
En lo que respecta a la organización administrativa de la jurisdicción de
la Gobernación del Tucumán, se pueden establecer algunas características
básicas, siguiendo a lo analizado por Cristina López. Uno de los objetivos
rectores de esta organización era la evangelización de los indios, por lo que se
organizaron “doctrinas” para cubrir las áreas rurales, a cargo de curas
párrocos. La autora proporciona la definición que establece el Diccionario de la
Real Academia Española, que sostiene que Doctrina es en Indias (la América
colonial)
37
Diccionario de la Real Academia Española, citado por López, Cristina, Ibíd., p. 44.
38
Ibíd., p. 44-45.
23
circunscripciones políticas se confundieron bajo la autoridad de un Alcalde de
Hermandad para cada distrito y comenzó la promoción de una nueva división
administrativa del territorio, motivada por los cambios políticos, el crecimiento
de la población y las condiciones económicas. Entonces, cuando la ciudad
pasó a depender de la Intendencia de Salta a partir del año 1782, los tres
curatos originales se transformaron en seis circunscripciones de campaña:
Trancas (antiguamente Choromoros), Chiquiligasta y Monteros (resultado de la
división del primero), Río Chico (antes Marapa), Burruyacu y Los Juárez. Estas
dos últimas eran circunscripciones nuevas ubicadas al este del Río Salí,
surgidas como resultado de la colonización de la frontera interna, una vez
controladas las poblaciones indígenas chaqueñas39.
Esta propuesta había sido elevada por el procurador del Cabildo Don
Salvador Alberdi en el año 179440, con el objetivo de reducir el área
comprendida por cada partido rural para lograr un mejor control de los delitos y
la vagancia en la campaña; su propuesta se materializó en la división
administrativa mencionada anteriormente, la cual perduró con sus límites
convencionales hasta mediados del siglo XIX. Sin embargo, los límites siempre
fueron difusos, debido a los entramados familiares que superaban las fronteras
establecidas para extenderse sobre jurisdicciones vecinas41. Según Tío Vallejo,
a partir de esta reforma, los partidos no se constituyeron únicamente como
curatos de la jurisdicción eclesiástica, sino que se erigieron como distritos
administrativos, los cuales evolucionaron a circunscripciones políticas a partir
de 1810. Es decir que se dio una organización político-administrativa a la
campaña42.
Las delimitaciones de las jurisdicciones en las fronteras eran muy vagas,
aún a fines del siglo XVIII. Esto generó conflictos entre facciones de los mismos
grupos o de familias de otras jurisdicciones. Los problemas más importantes,
según indica López, surgieron en la frontera con Salta, los cuales implicaban al
valle de Choromoros y al curato de Burruyacu, situación que se tornó
especialmente grave cuando desapareció la ciudad de Esteco en 1692. Luego
de este episodio, las tierras de la ciudad volvieron a la Corona de España, pero
de hecho fueron ocupadas por vecinos de Salta y Tucumán, con apoyo de los
Cabildos, que argumentaban razones de seguridad militar para impedir el
avance de los grupos indígenas del Chaco. Los vecinos que ocuparon las
tierras no contaban con títulos legítimos, situación que se mantuvo hasta
mediados del siglo XVIII, cuando Salta mostró sus pretensiones sobre el
territorio nombrando autoridades para adminístralo. Pero el Cabildo de
39
Parolo, Ni súplicas, ni ruegos. Las estrategias de subsistencia de los sectores populares en
Tucumán en la primera mitad del siglo XIX, 2008, p. 36.
40
Tío Vallejo, Antiguo Régimen y Liberalismo. Tucumán, 1770-1830, 2001, p.129.
41
López, Óp. Cit., p. 45-47.
42
Tío Vallejo, Op. Cit., p. 129.
24
Tucumán reaccionó a esto, indicando sus derechos sobre el territorio. El asunto
se comenzó a resolver recién en 1773, cuando se fijaron los límites entre las
dos ciudades, aunque el conflicto continuó entre los funcionarios de las dos
jurisdicciones. El enfrentamiento de los Cabildos se proyectó, entonces, hasta
el siglo XX, porque los límites Norte de los territorios de los curatos de Trancas
y Burruyacu, no tuvieron definición precisa durante el período colonial.
También hubo algunos problemas para delimitar la frontera con Santiago
del Estero. Esto estuvo vinculado a que los propietarios de tierras en la zona de
Burruyacu tenían un interés primordial por la defensa de los caminos locales y
por el control de los circuitos comerciales. A comienzos del siglo XVIII se había
generado un problema por el camino del Palomar, al ser obligados los
estancieros de Santiago a dejar de usarlo como vía para comerciar sus
productos. Los estancieros santiagueños se resistieron a abandonar el camino
y producto de estos pleitos, Tucumán y Santiago del Estero reconocieron
siempre el camino del Palomar como límite histórico entre ambas provincias en
la zona43.
De este análisis podemos concluir que la construcción de la identidad
territorial política de lo que hoy es la provincia de Tucumán, comenzó a
consolidarse lentamente en las últimas décadas del siglo XVIII, “sobre la base
de las prácticas cotidianas de los habitantes de la región y los continuos
conflictos entre las instituciones de la organización estatal y el poder local del
Cabildo”44. Este planteo es reforzado con lo que sostiene Robledo, al decir que
los problemas jurisdiccionales fueron una consecuencia de enfrentamientos por
intereses particulares, en los cuales los Cabildos comenzaron a tener influencia
y participación a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, cuando los
enfrentamientos entre Cabildos dejaron de ser por la jurisdicción sobre los
indios para reemplazarse por las rivalidades sobre la jurisdicción de las tierras.
Éstas eran el principal motivo por el cual luchaban los nuevos grupos de
poder45.
En cuanto a la situación geográfica, el Tucumán colonial presentaba una
condición de frontera con grupos indígenas no integrados a la sociedad
colonial, lo cual tuvo consecuencias en las formas de colonización del territorio,
con zonas de poblamiento nuevo con jerarquías sociales y un régimen de
propiedad de la tierra menos rígido que en las zonas más antiguas de
colonización. Un ejemplo claro de esta característica es la región del curato de
Burruyacu, zona de frontera con el indio y de avanzada del poblamiento, en
43
Robledo, “Las elites y la construcción de la frontera nordeste de San Miguel de Tucumán
(mediados del siglo XVIII a comienzos del siglo XIX)”, en Revista de la Junta de Estudios
Históricos, Nº 12, 2006, p. 85.
44
López, Óp. Cit. p. 44.
45
Robledo, Óp. Cit., p. 90.
25
donde surgen nuevos actores sociales y la estructura estamental presenta
barreras móviles46.
54
Ibíd., p. 85.
55
Ibíd. p. 90.
56
Robledo, Óp. Cit., p. 94.
57
López, Óp. Cit., p. 40.
58
Vitar, Op. Cit., p. 94.
28
retraían hacia la ciudad59. La formación de las haciendas en las zonas rurales
aledañas a la ciudad de San Miguel de Tucumán, había comenzado después
del proceso fundacional de los siglos XVI y XVII, motivada por el impulso que
significó la inserción del Tucumán en la economía potosina. Los requerimientos
de ganado, sobre todo mular para el trabajo en las minas, favorecieron la
búsqueda de zonas extensas para la explotación ganadera, por lo que
surgieron las haciendas, que eran las unidades de producción dedicadas
principalmente a la cría de ganado. Las haciendas se desarrollaron
rápidamente en el siglo XVII y los ganaderos se convirtieron en los principales
protagonistas del avance colonial hacia las fronteras chaqueñas60. Según lo
sostiene Cristina López, de hecho, en Burruyacu la población fue creciendo al
compás del avance de la frontera ganadera61.
Sin embargo, la presión de los pueblos chaqueños produjo muchas
veces el repliegue de las haciendas hacia el oeste y retardaba la consolidación
del frente ganadero. Esta situación alarmaba a los vecinos de San Miguel, ya
que al desarmarse la ciudad quedaba como última frontera 62. En el siglo XVII,
la vida tucumana se encontraba constantemente alterada por las incursiones
de indígenas que venían del Chaco. La presencia chaqueña en la frontera
oriental representaba una amenaza constante para los establecimientos
españoles que habían ido ganando terreno. Las entradas de los malones hacia
ellos, fueron favorecidas por la falta de cohesión de las haciendas63.
Cuando en el siglo XVIII se decidió lanzar una guerra ofensiva desde el
Tucumán, era poco el conocimiento y la exploración que había del Chaco. Los
objetivos del plan eran afianzar las fronteras coloniales mediante el
sometimiento de los grupos indígenas como así también su captura para cubrir
la falta de mano de obra en la provincia. Es decir que no había un verdadero
interés por el asentamiento en tierras chaqueñas. Además, se quería defender
a los establecimientos ganaderos ya establecidos, a través de ejércitos
formados por grupos mestizos y mulatos, según consta en los informes de
campañas realizados por el gobernador Estaban de Urízar en 171064. Esto
demuestra que la cuestión fronteriza con el Chaco era de vital importancia, ya
que estaban en juego la preservación y el avance del frente pastoril
representado por las haciendas, e incluso la integridad de las ciudades
tucumanas65.
En los comienzos del siglo, se habían implementado políticas
específicas para cumplir con este objetivo de ocupación, vinculadas con la
59
Ibíd., p. 40.
60
Ibíd., p. 97.
61
López, Op. Cit., p. 97.
62
Ibíd., p. 98.
63
Vitar, Op. Cit., p. 39.
64
Ibíd., p. 42.
65
Vitar, Op. Cit., p. 93.
29
fundación de reducciones administradas por jesuitas. Es el caso de las
medidas llevadas adelante por el gobernador del Tucumán, Don Esteban Urízar
y Arespacochaga, que fundó las reducciones de Balbuena y Miraflores. Por su
parte, un poco más avanzado el siglo, el gobernador Don Victoriano Martínez
de Tineo también tomó medidas para contener a las poblaciones ubicadas en
la frontera chaqueña. En 1750 convocó a los vecinos de la región para detener
las invasiones mocovíes y logró reducir algunas familias de abipones66.
Después de iniciada la segunda mitad del siglo XVIII, López sostiene
que comenzó a cambiar la situación fronteriza, luego de las campañas llevadas
adelante por los gobernadores Martínez de Tineo en 1752 y Espinosa en 1759,
que lograron reducir a algunos grupos indígenas: “Estos avances coloniales
permitieron la fundación de nuevos fuertes y misiones en los confines del
Tucumán como así también la restauración de las estancias”67. Con estas
medidas, los españoles lograron controlar relativamente la frontera oriental.
Como consecuencia de este hecho, que resultó fundamental, la llanura
tucumana del Este y la cuenca intermontana de la región central del norte,
tomaron valor y fueron efectivamente ocupadas desde mediados del siglo XVIII,
luego de que la administración colonial asegurara la frontera y se fundara la
Villa de San Joaquín de Las Trancas, hacia 1760. Esto posibilitó el
asentamiento en la región de numerosas familias tucumanas e inmigrantes de
Salta, Jujuy, Catamarca y el Alto Perú.
Además, en la segunda mitad de esta centuria, se produjo el
afianzamiento de la colonización de los territorios de las regiones de Burruyacu
y Los Juárez. Estas áreas no habían estado despobladas anteriormente, pero
su efectiva ocupación española sí estuvo condicionada por la relación con los
grupos aborígenes, sufriendo avances y retrocesos hasta el final del siglo 68.
Esto motivó que la élite tucumana tuviera que cumplir un rol importante en el
ámbito de lo militar, con permanentes actuaciones en las “entradas” al Chaco
cada vez que las autoridades lo requerían. Este proceso fue marcado hasta la
década de 1740 aproximadamente, ya que hacia la segunda mitad del siglo
XVIII, la frontera había avanzado lo suficiente como para dejar a San Miguel de
Tucumán alejada de la línea de conflicto, con lo cual la élite fue retirando su
interés y su participación en las campañas militares69.
Todo este proceso de poblamiento y ocupación del territorio a lo largo
de los siglos XVII y XVIII giró en torno a la ciudad de San Miguel de Tucumán y
en función de ella, dado que era el eje económico y articulador del espacio. De
hecho, mientras la ciudad crecía económica y poblacionalmente, en la
66
López, Op. Cit., p. 37.
67
Ibíd., p. 99.
68
Ibíd., p. 42.
69
Bascary, Familia y vida cotidiana. Tucumán a fines de la colonia, 2009, p. 201.
30
campaña se multiplicaban los parajes, resultado de la aglomeración de
población alrededor de antiguas estancias, pueblos de indios y parroquias 70.
Como conclusión, López indica que, resultado de estos procesos de
ocupación de los siglos XVII y XVIII, el espacio tucumano a partir de 1750 ya
no podía ser considerado como una frontera en sentido estricto, aunque sí
conservaba áreas de débil ocupación colonial, constituidos por las zonas de
reciente ocupación, en vías de colonización71.
Colaboró en este proceso el hecho de que para mediados del siglo XVIII
los ataques de los grupos indígenas ya se habían comenzado a apaciguar,
gracias al colchón que representaban las reducciones jesuíticas, por la
multiplicación de los fortines y por la política de tratados con los aborígenes.
Por estos motivos, muchas estancias se repoblaron y la tierra comenzó a
revalorizarse. Sin embargo, para esta época ya quedaba poca tierra para
repartir y se tuvo que continuar el avance colonial hacia la frontera chaqueña.
Esto fue protagonizado por los nuevos sectores de poder, principalmente
ligados a la ganadería y descendientes de antiguos propietarios, quienes
tuvieron que enfrentarse con los antiguos beneficiarios de las mercedes
otorgadas en la región por las guerras contra los calchaquiés o las incursiones
al Chaco. Pero no fue éste su único problema, ya que también debieron
enfrentarse con las elites de las ciudades vecinas por el control del tránsito, la
hegemonía de los caminos y la salida de la producción72.
70
López, Óp. Cit., p. 42.
71
Ibíd., p. 43.
72
Robledo, [Link]., 98.
73
Ibíd., p. 99.
31
oeste con los calchaquíes en el siglo XVII y hacia este, respecto del Chaco
hasta fines del período colonial74.
El procedimiento por el cual el Estado colonial entregaba una merced de
tierras era el siguiente: un particular elevaba una solicitud a las autoridades
pertinentes, sosteniendo la necesidad de terrenos para hacer sus sementeras y
criar ganado. La persona justificaba sus “merecimientos” con un informe
detallado sobre los servicios que había prestado a la Corona, vinculados con
obligaciones para permitir la conquista y colonización del territorio, la defensa
de los intereses reales en las fronteras y de los caminos por donde se
transitaba para llevar el oro y la plata hacia los puertos. El reconocimiento de
estos servicios por parte de la Corona se traducía en las mercedes,
adquiriendo el beneficiario la condición de “vecino benemérito”. A través de
este sistema se limitó el universo de propietarios a quienes tenían un
reconocimiento social admitido por los oficiales reales. La práctica de otorgar
mercedes de tierras por parte de las autoridades persistió hasta fines del
período colonial con similar valor simbólico75.
Sin embargo, a lo largo del avance de las generaciones, el acceso a la
propiedad rural por parte del grupo dominante se realizó a través de los
mecanismos tradicionales en la sociedad colonial, que no solamente incluía a
las mercedes, sino también a herencias, dotes, compra y en algunas
oportunidades expropiación ilegal76.
Como ejemplo de mercedes de tierras otorgadas por la Corona en la
zona de Burruyacu se puede encontrar entre los documentos coloniales la
merced que otorga Don Pedro de Mercado Peñaloza a Francisco de Urueña
por las tierras situadas al norte de la provincia entre los departamentos de
Trancas y Burruyacu, documento que data del año 1600. Francisco de Urueña
había solicitado tierras para estancia y cría de ganados mayores y menores,
desde el Río Grande o Salí hasta el Río de los Nogales por la travesía del
Esteco. Sostiene Urueña en su petición que esas tierras ya le pertenecían por
merced del gobernador Juan Ramírez de Velasco, pero que había extraviado el
título de merced y que, por lo tanto, había quedado sin la propiedad, aunque
tenía posesión de las mismas por el ganado vacuno (En 1587 Juan Ramírez de
Velasco le había otorgado a Francisco de Urueña “tierras ubicadas entre el río
Grande o Salí y la travesía de San Miguel de Tucumán a Esteco, quedando en
el medio el río Nune -luego Calera-, tomando dos leguas entre ellos de este a
oeste, y de norte a sur desde la naciente del Nune hasta las dos leguas al
sur”77). Además de las tierras originales, pedía otras dos leguas más. Todas
sus peticiones fueron aceptadas y se dio en merced la extensión de tierra que
74
Bascary, Óp. Cit., p. 61.
75
López, Óp. Cit., p.111.
76
Ibídem.
77
García Posse, De solares a museos, 2015, p. 72.
32
solicitaba78. Esta merced corresponde a una de las más antiguas según indican
los documentos disponibles. Los herederos de Urueña vendieron estas tierras a
Don Pedro Jerez Calderón, cuyos sucesores las enajenaron a Don Martín de
Sabalza. Fue este último quien, al encontrar las tierras que había comprado,
ocupadas, evitando mayores pleitos, decidió venderlas a quienes las poblaban,
en este caso, a Doña Mencía de Ibiri79.
78
AHT, Sección Judicial, caja 35, expediente 19.
79
García Posse, Op. Cit., p.74.
33
Mapa 4: Mercedes de tierras entregadas en el siglo XVI en Tucumán.
34
mismas corresponden a Melián de Leguisamo en 1599 (número 18 en el mapa)
y Francisco de Urueña en el año 1600 (número 19 en el mapa).
80
García Posse, Op. Cit., p 76.
81
AHT, Documentos Coloniales, Serie 1, Vol. 3, siglo XVI.
82
AHT, Serie A, caja 8, Exp. 34, Folios 1-6. Sección judicial. Documento N° 121 Volumen VI,
siglo XVIII.
83
López, Óp. Cit. p. 104.
36
fragmentadas, las mayores de las cuales se registran en los potreros de
Medinas y la estancia del Timbó, en el curato de Burruyacu84.
En el caso de compra de tierras por la región de Burruyacu, entre los
documentos que se encuentran en el Archivo Histórico de la Provincia, se
puede mencionar al que indica la compra hecha por Diego González de Tapia
al cacique don Alonso Engo y sus indios sobre los terrenos del pueblo llamado
Nío en el año 1613. La ratificación de esta venta fue hecha por el gobernador
Don Luis de Quiñones Osorio85. Otro caso extraído de la documentación
disponible es el proceso de compra-venta entre Pedro Antonio Aráoz
(comprador) y Juan Gregorio Aráoz (vendedor), fechada en 5 de agosto de
1755. El documento sostiene que:
84
Ibíd., p. 173-174.
85
AHT, Serie A, caja 117, Exp. 12 Folio 9 a 14. Sección Judicial Civil, Volumen I, Siglo XVII.
86
AHT, Serie A, Exp. 18, Caja 15.
87
AHT, Serie A, Vol IV F. 183.
88
AHT, Serie A, Vol IV, Fs. 448-450.
37
derechos legales claros. De hecho, según las fuentes, en el curato de
Burruyacu, en esta época, más del 50% de la población residente no contaba
con ningún derecho a la tierra, salvo en condición de préstamos o usurpación 89.
En el mismo sentido, Tío Vallejo indica que en Burruyacu se encuentra que casi
un 90% de la población de la campaña es usuaria o arrendataria, mientras que
los que podían certificar sus derechos sobre la tierra, se reducían a un 13%, en
el año 181290. Tanto López como Tío Vallejo extraen estas conclusiones de un
padrón realizado en Burruyacu para una contribución mensual en 1812.
En dicho censo se cuenta en total a 206 jefes de familia, de los cuales se
declaran propietarios de las tierras un 13%, arrendatarios de las tierras un 34%
y usuarios de las tierras un 53%91. Como se puede ver, entonces, los
propietarios de las tierras eran una proporción menor en relación a la cantidad
de habitantes en la zona del curato. López arriesga una hipótesis al sostener
que es probable que esta característica sobre la tenencia de la tierra se deba a
que Burruyacu era un curato de frontera y que, como tal, “el arrendamiento era
el reflejo del modelo de expansión agrícola en el contexto de grandes
extensiones que habían comenzado a ser explotadas desde las últimas
décadas del siglo XVIII”92, cuyas tierras marginales eran entregadas en
arriendo para su explotación y rentabilidad.
Tío Vallejo agrega un factor más de análisis al indicar que de esos 206
jefes de familia censados, sólo el 25% de los mismos tenía la categoría de
vecinos, los cuales podían ser propietarios o arrendatarios. Además, la autora
incluye una relación entre la categoría social derivada del uso de “don” y el
acceso a la tierra, haciendo constar que la mayor cantidad de dones entre los
jefes de familia, se encuentra entre quienes son propietarios de las tierras
(según Tío Vallejo, el 89% de los jefes de familia que son propietarios de las
tierras, reciben la categoría de “don”), mientras que entre los usuarios y
arrendatarios de las tierras, la mayoría de los jefes de familia no lo son (sólo el
29% de los arrendatarios jefes de familia reciben el tratamiento de “don” y entre
los usuarios, ese porcentaje desciende a un 6%) 93.
89
López, Op. Cit. p. 263.
90
Tío Vallejo, Op. Cit., p. 48.
91
Ibíd. p. 49.
92
López, “Propietarios, arrendatarios y agregados. Sistemas de tenencia de tierras y relaciones
de producción rural en San Miguel de Tucumán, 1770-1820”, en Anuario de Estudio
Americanos Nº 59, 2002, versión online, disponible en:
[Link]/[Link]/estudiosamericanos/article/viewArticle/199, p.
109.
93
Ibídem.
38
Las actividades económicas en el Burruyacu colonial
95
Ibídem.
96
Ibíd., p. 250-251.
40
que generalmente las estancias contenían volúmenes entre 70 y 120 cabezas
de ganado (vacuno y ovino).
Además de grandes estancias, existían unidades domésticas familiares
que producían en pequeña escala, para asegurar su subsistencia y para tener
una participación relativa en el mercado. Una manera de analizar esta
característica es a través de la lectura de las recaudaciones de los diezmos.
Esta herramienta permite constatar que las mayores recaudaciones de la
segunda mitad del siglo XVIII se produjeron en los curatos del norte y noreste,
cuyas zonas habían constituido las fronteras de la colonización y en donde la
presencia de terrenos baldíos, junto con el flujo de inmigrantes, favoreció la
extensión de las actividades agrícolas y ganaderas.
97
Ibíd. p. 49.
98
Navarro, Revista de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Burruyacú, 2014, p. 10
99
Díaz, Óp. Cit., p.37.
100
Navarro, Op. Cit., p. 11.
101
Índice del Archivo de la Parroquia de Burruyacu.
41
El Archivo de la Parroquia de Burruyacu nos proporciona datos sobre la
cantidad de bautismos, matrimonios y defunciones que se anotaron en dicha
parroquia. En el período que nos ocupa, se registran datos desde 1794 hasta
1819. En ese lapso de tiempo se anotaron más de 540 bautismos y más de 800
defunciones. Los matrimonios están consignados en un período más amplio,
entre 1794 y 1851, durante el cual se anotaron más de 600 uniones.
Mencionar la existencia de un templo en el período colonial es
importante, puesto que las iglesias se constituían como un lugar importante en
la sociabilidad de la colonia y la asistencia a misa era una actividad social
fundamental para las familias102. Además, el clero tuvo un papel fundamental
respecto a la sociabilidad en el período colonial porque cumplía variadas
funciones: se encargaban de la evangelización, eran mediadores entre el
mundo español de las ciudades y el universo de indios y mestizos de las
campañas, oficiaban de jueces, letrados, testigos, empadronadores e
intermediarios comerciales entre los encomenderos y los encomendados, eran
agentes de construcción de las identidades sociales y territoriales de los
habitantes de la campaña, porque a través de los registros de nacimientos,
matrimonios y defunciones, daban fe de las pertenencias espaciales, étnicas y
de clase de cada habitante del curato. Asimismo, los documentos de las
parroquias clasificaban a las personas anotadas según diferentes condiciones.
Por ejemplo, si se indicaba la condición de natural, se hacía referencia al
origen; si se mencionaba la condición de residente, significaba que vivía en
algún paraje de la doctrina sin ser originario del lugar, y, por último, la condición
de avecinado designaba a los que habían adquirido estatus de vecinos e
integraban la comunidad de intereses, luego de un tiempo de residencia en el
lugar103.
El sacerdote era quien mejor conocía el territorio que administraba
porque se trasladaba constantemente desde la parroquia hacia las
viceparroquias, capillas u oratorios de las estancias, impartiendo óleos y
sacramentos o legalizando las uniones matrimoniales. Esta característica les
brindó a los curas la oportunidad de conocer plenamente su territorio y las
actividades que allí se desarrollaban. El papel de la Iglesia en este sentido fue
el de legitimar y fiscalizar descendencias, derecho a la herencia y dispensas
matrimoniales, lo cual se materializó en el registro de filiación que clasificaba a
los fieles. Por esa razón, en la documentación de la Iglesia se dividía a las
personas entre los españoles, asociados con los linajes y la legitimidad de los
ascendientes, y los naturales, en donde se incorporó genéricamente al grupo
102
Zamora, “San Miguel de Tucumán a fines de la colonia. La construcción social del espacio
urbano”, Tesis de licenciatura, 2002, p. 72.
103
López, Op. Cit., p 49-50.
42
de indios, negros y castas, asociados con la imposibilidad de rastrear los
antepasados y la inseguridad de la legitimidad de la prole104.
Los registros parroquiales también permiten hacer una aproximación a
los índices de mortalidad, basados en los registros de las defunciones. En el
caso de Burruyacu, Parolo105 analiza los datos obtenidos de dichos registros,
en donde puede observar alzas en la mortalidad para finales del siglo XVIII y
comienzos del siglo XIX. El primer pico de mortalidad lo observa en 1799
debido al aumento de defunciones entre los naturales, es decir, población
indígena. Lo mismo observa para el año 1801. En 1803 cambia ese patrón,
porque la mortalidad aumentó debido a la muerte tanto de españoles como de
naturales, y en 1809 quienes marcan el aumento de la mortalidad son
principalmente españoles. Las causas de estos índices de mortalidad pueden
deberse a que en Burruyacu las sequías y la escasez de carne, que aparecen
denunciadas en las fuentes, hicieron estragos en una población dependiente de
la cría de animales y del cultivo para su subsistencia.
En los datos encontrados en estos registros también es posible
identificar la causa de muerte de la población. Entre los años 1795 y 1810 en
Burruyacu, la principal causa de muerte consignada era la natural, luego la
acelerada, después la repentina y, por último, las muertes violentas y
asesinatos, que representaban una ínfima proporción del total. En cuanto a las
edades, se demuestra en esos registros que la población infantil era la más
afectada por la mortalidad en el período mencionado106.
En conclusión, los registros parroquiales de Burruyacu demuestran que
un conjunto de factores como la baja producción, la escasez, las enfermedades
y la sequía, produjeron altos niveles de mortalidad en el curato, lo cuales se
mantuvieron a lo largo de 7 años, entre 1799 y 1805, es decir, a fines del
período colonial. Además, se puede sostener que los sectores más afectados
fueron los naturales y los niños de entre 0 y 5 años107.
108
López, Óp. Cit. p. 52-53.
109
Ibíd. p. 271-272..
44
elaboraban estrategias especialmente dirigidas a su conservación dentro del
grupo familiar110.
La familia García de Valdés reviste especial importancia porque cumplió
un papel destacado desde fines del siglo XVI en la defensa de la frontera
chaqueña y se hizo merecedora, por ello, de gracias reales formadas por
tierras y encomiendas. Así se convirtieron en estancieros de Esteco y se
radicaron definitivamente en Tucumán a comienzos del siglo XVII. Fue la
primera familia que recibió mercedes de tierras en territorios de la llanura
oriental, conservadas como patrimonio familiar por espacio de tres siglos 111.
Por su parte, la familia de Don Francisco Sánchez de La Madrid tenía
como base de su riqueza la cría de ganado y el comercio al por mayor.
Además, contaban con tiendas en la ciudad, varios solares y chacras, tierras de
estancia en Mancopa y potreros en Burruyacu. Su patrimonio inmobiliario
procedía de mercedes otorgadas por gobernadores, herencias y compras. Sin
embargo, no todos los establecimientos rurales de los que era titular Francisco
Sánchez de La Madrid, eran completamente de su propiedad, porque muchas
veces los compartía con sus parientes. Por ejemplo, el potrero de Medinas le
pertenecía en su mayor parte, pero sólo tenía acceso a la mitad del potrero de
Chorrillos, cuya otra mitad era de su primo Domingo Villafañe112.
En cuanto a Don José Roque Ávila (descendiente de antiguas familias
radicadas en Salta desde fines del siglo XVI y emparentado con importantes
familias de Tucumán)113, contaba con establecimientos rurales en Potrero del
Nío Chico, curato de Burruyacu, luego dividido en cuatro estancias: La Sala, del
Potrerillo, El Puesto de Beliz y la estancia de Cedro Yaco114. Según Ávila
Sauvage, Parolo y Campi, este propietario formaba parte de un grupo de
comerciantes muy importante a fines del siglo XVIII, que además invertían
parte de sus capitales en propiedades rurales y en ganado. Las cuatro
estancias de las que era dueño, estaban compuestas por casas, galpones y
corrales para la cría de ganado vacuno y mular y, también, la de bueyes para
tiro de carretas. Además contaba con un taller de carpintería para fabricar sus
propias carretas destinadas al transporte de carga. La fabricación de carretas
fue una de sus principales actividades junto con la fletería al servicio del
comercio de corta y larga distancia.
110
Iramain, “El proceso de independencia a través de las familias principales. Tucumán entre
1810 y 1820”, en Saltor (comp.), Representaciones, sociedad y poder. Tucumán en la primera
mitad del siglo XIX, 2005, p. 148.
111
López, Cristina, Óp. Cit. p. 281.
112
Ibíd., p. 289.
113
Sauvage, “Hacendados y comerciantes: actores económicos y estrategias de inversión en la
jurisdicción de San Miguel de Tucumán a fines del siglo XVIII”, en Actas del XIV Congreso,
2013, versión online disponible en:
[Link]/congresos/articulos/CD3.%20%C3%81vila,%20Parolo%20y%[Link], p. 14-15.
114
López, Óp. Cit., p. 294,
45
Robledo se ocupa de analizar a la familia Aráoz, que formaba parte de la
elite de la ciudad de San Miguel de Tucumán y que fue ocupando grandes
extensiones de tierras (especialmente en la frontera nordeste) a través de
varias estrategias ligadas a la endogamia de la familia, entre otros factores.
Resultado de estas acciones, los Aráoz se extendieron hasta el año 1808 entre
Los Nogales y el río Urueña por Burruyacu, Taruca Pampa y La Ramada,
aunque ninguno de los miembros de esta familia podía justifica sus títulos de
propiedad sobre esas tierras. Algunos ejemplos de las propiedades que
poseían los Aráoz son citados por la autora: Miguel de Aráoz era dueño de la
estancia El Zapallar, adquirida a través de una merced de tierras en 1768 y
Pedro Antonio Aráoz sostenía que había adquirido La Ramada y sus sobras,
que eran muy extensas 115.
El patrimonio con el que contaban los miembros de la familia Aráoz
provenía principalmente de las herencias de sus padres y abuelos. Las tierras
adquiridas por Juan Nicolás Aráoz y Bazán ente 1680 y 1700 fueron
traspasándose de generación en generación. En la región de Burruyacu, éste
había obtenido por herencia de su esposa estancias como El Zapallar,
Chañarpugio, Ranchillos, Tajamar y del Nío. Luego todas estas tierras fueron
traspasadas de sus hijos a sus nietos en condición de igualdad, teniendo
derecho todos a poseer una porción de cada estancia. Esta propiedad nuclear
mantuvo en contacto a los hermanos de familia Aráoz, ya que tíos, sobrinos y
primos heredaban las tierras ubicadas en las mismas regiones, principalmente
en la zona de Burruyacu116.
La falta de documentación ha impedido a los investigadores hacer una
reconstrucción de estos traspasos, pero se puede inferir a partir de los
documentos conservados que no se produjo la concentración de estas tierras
en manos de un miembro único de la familia. Por este motivo, a veces los
miembros de la familia implementaron estrategias para volver a reunir las
tierras heredadas en igualdad, como fue la donación entre hermanos llevada
adelante reiteradas veces por parte del cura Diego Miguel Aráoz a su hermano
Pedro Antonio Aráoz. También se produjo, en la mayoría de los casos, la
compra directa de tierras a los parientes. Por ejemplo, Juan Gregorio Aráoz le
vendió a su sobrino Pedro Antonio Aráoz la estacia del Nío; Luis Antonio Aráoz
le vendió al marido de su hermana, Florencio Sal, la parte que le correspondía
de la estancia de La Ramada conocida como Aguas Chiquitas en 1806; lo
mismo sucede entre Andrea y Miguel Aráoz con sus respectivas partes de La
Ramada en 1808117.
115
Robledo, Op. Cit., p. 97.
116
Iramain, Óp. Cit. 150.
117
Ibíd., p. 154.
46
Como podemos observar a partir de la documentación conservada, las
familias propietarias de grandes extensiones de tierra eran muy pocas en el
curato de Burruyacu, puesto que siempre trataron de conservarlas dentro del
grupo familiar.
El origen étnico:
Sobre el origen étnico de la población que ocupaba el espacio del curato
de Burruyacu, en general, se puede sostener que presentaba características
propias de las fronteras de colonización, en donde existía un porcentaje
importante de población sin identificación étnica que se declaraba blanca.
Además, se indican bajos porcentajes de mestización y la casi inexistencia de
población india. En cuanto a la población esclava, se encontró un número
importante en Burruyacu. Este último elemento estaba asociado con el estatus
de los grupos que habitaban la región y con las tendencias productivas: en este
curato se encontraban estancias de varios vecinos de la elite, que podían
acceder a la compra de esclavos118. En el archivo de la parroquia de Burruyacu
se encontró personas anotadas en el bautismo como hijos de esclavos, lo que
indica, obviamente, la existencia de ellos en esta jurisdicción.
Las cifras que arroja el censo de 1799, en porcentajes, al respecto de la
población habitante del curato, son las siguientes: españoles (blancos),
americanos y europeos: 63,4%; indios: 12,7%; mestizos: 14,1%; mulatos libres
(afromestizos): 1,4%; esclavos: 8,4%.
En cuanto al censo de 1812, se pueden seguir los datos conservados de
una población dentro de Burruyacu, El Timbó. En este censo, se registran 312
personas, de las cuales son 148 varones y 154 mujeres. Entre esta población,
se distingue a algunas familias de españoles americanos y europeos 119: “12
jefes de familia recibían el trato de don, vivían con sus esposas, hijos,
agregados y ‘gentes de servicio’. De estos últimos la mayoría son jóvenes de
ambos sexos, solteros, mulatos libres, indios libres y algunos esclavos” 120. Por
otro lado, se encuentran 42 jefes de familia que no recibían el trato de don,
dentro de las cuales se pueden diferenciar unas 30 familias de indios y mulatos
libres conformadas de manera muy heterogénea porque en muchos casos se
unían en matrimonio con los hijos de ambos, o las mujeres tenían hijos de
otros matrimonios viviendo con ellas, o eran viudas con hijos solteros adultos.
Tío Vallejo sostiene que las mujeres presentaban reiteradas nupcias debido,
probablemente, a las muertes masculinas provocadas por la guerra en una
zona de frontera con los indígenas del Chaco.
118
López, Óp. Cit., p. 84.
119
Tío Vallejo, Óp. Cit., p. 49.
120
Ibíd., p. 50
47
Por otro lado, al ser una zona de frontera con el indio, en Burruyacu
surgieron nuevos actores sociales y una estructura estamental con barreras
móviles, diferente a lo que ocurría, por ejemplo, en San Miguel de Tucumán.
Para ejemplificar esta característica, se puede decir que en Burruyacu, se
podían encontrar hijos naturales de principales de la ciudad, que conformaban
la notabilidad de éste territorio, que socialmente estaba en un escalón inferior a
los vecinos de la ciudad o de otros partidos antiguos como Monteros 121.
A lo largo de este capítulo observamos que el curato de Burruyacu se
fue ocupando como una zona de frontera con el indio, lo cual le proporcionó
características específicas en cuanto al acceso a la tierra, que en el inicio del
período fue a través de mercedes, a la actividad económica fundamentalmente
ganadera y a las características de su población, cuyas identidades étnicas
eran más difusas que en zonas de ocupación más antiguas.
121
Íbidem.
48
CAPÍTULO 3
122
Tío Vallejo, La República Extraordinaria, 2016., pp. 19-23.
123
Páez de la Torre, Historia de Tucumán, 1987, p. 181.
49
Triunvirato (órgano de gobierno revolucionario entre septiembre de 1811 y
octubre de 1812) había establecido que el Ejército del Norte debía retirarse
hasta encontrarse con las fuerzas que operaban en la Banda Oriental 124.
En su retirada desde Jujuy, Manuel Belgrano cambió de camino: en
lugar de utilizar el Camino Real (que lo llevaba directamente a Tucumán
pasando por Rosario de la Frontera, Trancas y Tapia), eligió una ruta
alternativa, llamada “Camino de las Carretas”, que pasaba por Tucumán en su
ángulo nordeste, el departamento de Burruyacu, pasando a Santiago del Estero
sin tocar San Miguel de Tucumán. Este cambio de ruta sirvió para que las
tropas realistas acamparan en Metán (en el Camino Real) y pensaran que
Belgrano había decidido replegarse hacia Córdoba. En realidad, el Ejército del
Norte acampó en La Encrucijada, departamento de Burruyacu125.
En el campamento de La Encrucijada, Bernabé y Pedro Miguel Aráoz,
como representantes de los ciudadanos organizados, se entrevistaron con
Belgrano ante los rumores de las órdenes de retirada a Córdoba por parte del
gobierno del Triunvirato. En esa entrevista le solicitaron al general del Ejército
del Norte que resistiera en Tucumán, a lo que Belgrano accedió, solicitando la
colaboración del pueblo tucumano de 1500 hombres de caballería y 20.000
pesos plata para la tropa126.
Tucumán se movilizó para obtener los recursos necesarios, animada por
la familia Aráoz, mientras Belgrano llegaba a la ciudad y planeaba presentar
batalla en las cercanías de la misma, eligiendo como campo de operaciones al
Campo de las Carreras. La Batalla se produjo el 24 de septiembre de 1812 con
victoria para el Ejército patriota. Esto generó que el compromiso de los
tucumanos con la Revolución y el mantenimiento de la guerra, aumentara 127.
Luego de este hecho decisivo, un grupo de oficiales vinculados con la
Logia Lautaro y liderados por José de San Martín y Carlos María de Alvear, se
unieron a los morenistas (el sector más radical de la Revolución), derrocaron al
Primer Triunvirato y constituyeron el Segundo. Este gobierno estableció un
nuevo reglamento electoral, con el que se desarrollarían las elecciones para
una asamblea general constituyente, estableciendo que cada ciudad capital
elegiría dos diputados mientras que las subordinadas sólo uno, a excepción de
Tucumán que, por la victoria del 24 de septiembre, había obtenido el privilegio
de nombrar dos128.
En el año 1814 ocurrirán nuevos cambios políticos y militares para el
desarrollo de la Revolución. Luego de las importantes victorias en Tucumán y
124
Ibíd., p. 186.
125
Ibíd., p. 187.
126
Ibíd., p. 188.
127
Tío Vallejo, “Campanas y fusiles. Una historia política de Tucumán en la primera mitad del
siglo XIX”, en Tío Vallejo (coord.), La República Extraordinaria, 2016, p. 25.
128
Ibíd., p. 26.
50
en Salta (20 de septiembre de 1813), el Ejército del Norte, al mando de
Belgrano, protagonizó graves derrotas en la guerra por la Independencia, en
Vilcapugio y Ayohuma. Con esta situación, el general José de San Martín
reemplazó en el mando del Ejército a Belgrano, a principios del año 1814 129.
San Martín debía encontrarse con Belgrano para concretar el traspaso
del mando. Como éste se encontraba en Salta, San Martín se dirigió hacia allá
usando, probablemente, el camino de carretas de Tucumán, utilizado por
Belgrano un año antes, para evitar el Camino Real. Por eso pasó por el
departamento de Burruyacu, para llegar finalmente a la provincia de Salta,
donde se concretó el encuentro con Belgrano, en la posta de Yatasto 130.
Mientras estuvo al mando del Ejército en la provincia, San Martín elaboró
un plan que era más bien defensivo, adecuado a la situación de los ejércitos de
la Revolución en ese momento. El genera consideraba que Tucumán debía ser
el límite norte mínimo de la Revolución: los ejércitos realistas no podían pasar
de Tucumán y, en caso de que avanzaran, debía ser en esta provincia donde
tenía que producirse la batalla total. Tomó medidas para convertir al Ejército del
Norte en una fuerza militar, y mejoró la alimentación, el vestuario y el pago de
suelos de los soldados, la artillería y el armamento y la reorganización de los
cuadros de oficiales131.
Sin embargo, las medidas de San Martín se vieron interrumpidas porque
en marzo de 1814 enfermó y en abril pidió licencia en el ejército. Mientras
esperaba la respuesta, se trasladó a La Ramada de Abajo, un lugar que
probablemente conoció a principios de ese año, cuando fue al encuentro con
Belgrano132, ubicado en el departamento de Burruyacu, distante a 35 kilómetros
al noreste de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Aquí se hospedó en una
propiedad conocida como “Hacienda de Las Ramadas”, perteneciente a don
Pedro Bernabé Gramajo, casado con Dolores Molina. Ellos habían comprado la
propiedad en 1806 a Escolástica Aráoz, una de las hijas y herederas de Pedro
Antonio Aráoz. A su vez, éste último había adquirido la hacienda en 1773, a
través de una permuta con Isabel García, por una casa ubicada frente a la
plaza pública133.
A pesar de que la estadía de San Martín en esta casa es un hecho
conocido, hay pocos indicios sobre lo que pudieron ser los detalles de su
cotidianeidad en ella. Posiblemente, haya disfrutado del descanso en el amplio
patio de la casa, reposando a la sombra del imponente algarrobo que aún se
encuentra en pie, mientras recibía informes y continuaba escribiendo sus
129
Lobato, Atlas histórico de la Argentina, 2004, p. 141.
130
Lizondo Borda, San Martín y Tucumán, 1978, p. 25.
131
Páez de la Torre, [Link]., pp. 218- 220.
132
Lizondo Borda, Op. Cit., pág. 28.
133
García Posse, Catálogo del Bicentenario. Patrimonio edilicio y urbanístico de Tucumán,
2013, p. 276.
51
proyectos, hasta que le fue comunicada su licencia el día 18 de mayo,
momento en el que abandonó la hacienda y emprendió el retorno a la ciudad
para luego partir hacia la provincia de Córdoba 134.
La historia de la “Hacienda de Las Ramadas” nos interesa porque en el
siglo XX se convertiría en un lugar histórico. Por esto, nos detendremos en la
revisión del recorrido de la propiedad hasta convertirse en Museo Provincial.
Cuando San Martín se hospedó en La Ramada, la casa le pertenecía a
Pedro Bernabé Gramajo. A su muerte en 1823, pasó a su yerno, don Rufino
Cossio Villafañe, casado sucesivamente con las hermanas Juana Rosa e Inés
Gramajo. El último propietario fue don Julio Cossio-Paz, bisnieto de Pedro
Gramajo135.
Entre 1870 y 1880, Rufino Cossio Gramajo, nieto de Pedro Bernabé
Gramajo, construyó una casa en el mismo sitio en que se encontraba el viejo e
histórico edificio. Esta casa se preserva hasta nuestros días y representa
aquella en la que descansó el General San Martín136. El inmueble es una
antigua casona rural de esquema Palladinano, lo que significa que está
estructurada a partir de dos cuerpos unidos que conforman, exteriormente, un
rectángulo en el que se alternan volúmenes llenos con galerías137.
Ya entrado el siglo XX, comienza el proceso por el cual esta propiedad
se convertirá en un museo, en el año 1944. El 5 de junio de ese año, por
decreto del Interventor General de la Provincia, Dr. Adolfo Silenzi de Stagni, se
dispuso expropiar las tres hectáreas donde se encontraba la casa
sanmartiniana, por entonces propiedad del Banco Hipotecario Nacional. Al
parecer, la expropiación no se llevó a efecto, porque la parcela del edificio
quedó como propiedad de don Bautista Martínez, uno de los beneficiarios de la
política de colonización que encaró el Banco en la zona. Luego, los
descendientes de Martínez, Luis Bautista y José Martínez, cedieron sus
derechos al Estado Provincial, que los aceptó por decreto de diciembre de
1976, siendo declarada “monumento histórico provincial por ley 4529 del
gobierno militar de Antonio Domingo Bussi138.
En el año 2005, la ley provincial 7535, incluye al solar histórico como un
“Bien de Patrimonio Cultural”. En 2006, se declaró que el edificio era de utilidad
pública y sujeto a expropiación para el funcionamiento de un museo (ley
provincial 7826) y en 2010 se establece definitivamente el uso de este espacio
como tal (ley provincial 8382)139. En 2012 se completa la expropiación y se
134
Lizondo Borda, Op. Cit., p. 30.
135
Páez de la Torre, “San Martín en La Ramada de Abajo”, Diario La Gaceta,27 de abril de
2014.
136
García Posse, Op. Cit., p. 276.
137
Entrevista a Maximiliano Coria, guía del Museo Sanmartiniano de La Ramada de Abajo, 15
de septiembre de 2016.
138
Páez de la Torre, “San Martín en La Ramada de Abajo”, Op. Cit.
139
Legislatura de Tucumán, [Link]
52
conforman las tres hectáreas que ocupa actualmente el solar histórico de la
Ramada140. Como parte de las piezas del Museo Sanmartiniano de Tucumán,
se conservan, dentro de la vivienda, un antiguo ropero y una cama de hierro,
que se muestran a los visitantes como parte del ajuar de San Martín en
1814141.
147
Ibíd., p. 38.
148
Ibíd., p. 39
149
Tío Vallejo, Antiguo Régimen y Liberalismo. Tucumán, 1770-1830, 2002, pp. 334-335.
55
se proclamaba autónoma, con lo cual comenzaron los conflictos, a lo que
sumaría Salta. Al año siguiente, su gobernador, Martín Miguel de Güemes,
comenzó a reclamar a Aráoz la falta de apoyo para la campaña militar en el
Alto Perú. En Santiago, por su parte, Felipe Ibarra logró hacerse nombrar
gobernador interino. Así las cosas, Aráoz debía hacer frente a ambos
gobernadores, que unieron sus fuerzas para invadir Tucumán 150. En su avance,
las tropas de Ibarra y Güemes fueron acampando en distintas zonas, como
ocurrió en El Timbó, precisamente, en la estancia de don Simón García, en
junio de 1821, hasta que comenzó la batalla el 3 de junio, que terminó ese
mismo día con una victoria para las fuerzas tucumanas. Güemes, sin embargo,
se reorganizó y entró nuevamente al territorio, donde también fue victoria para
Aráoz, en Trancas y Acequiones, por lo que se replegó a Salta, donde unos
días más tardes falleció. Por lo tanto, en junio de 1821 terminaba la época de
Güemes y las hostilidades con Santiago también, al firmarse el pacto de
Vinará151.
Unos meses después, Abraham González se sublevó, con apoyo de
Santiago del Estero, Catamarca y descontentos de Tucumán, y derrocó a
Aráoz, lo que fin a la república. Se hizo elegir por el Cabildo y dejó sin efecto la
constitución de 1820. Durante su gobierno, en septiembre de 1821, se
produjeron elecciones para diputados al Congreso General. Como resultado de
las mismas, la representación cayó exclusivamente en sacerdotes y militares
de la jurisdicción de cada partido. En Burruyacu fue elegido Gregorio Paz, un
militar con rango de coronel152.
Aráoz fue nuevamente gobernador entre 1822 y 1823, cuando fue
derrocado por Javier López, que se repartió la administración de la provincia
con Diego Aráoz. López estaba muy atento a lo que ocurría en la campaña,
debido a la posibilidad de algún alzamiento. Por ese motivo, constantemente se
trasladaba al interior, en donde intentaba controlar a la población, como por
ejemplo, sucedió en La Ramada, en donde el sargento mayor José Manuel
Helguero se encontraba reuniendo fuerzas para una arremetida en contra de
López y de Aráoz153.
En 1825 aparece en la escena política y militar tucumana, Gregorio
Aráoz de Lamadrid, que desalojó del poder a Javier López, acusado de no
prestar apoyo militar en la guerra contra el Impero de Brasil. La Sala de
Representantes apoyó a Lamadrid y fue elegido gobernador. Durante su
gobierno, tomó medidas importantes relativas a la educación y a la
organización territorial de la campaña. En este caso, nombró como Agrimensor
150
Tío Vallejo, “Campanas y fusiles. Una historia política de Tucumán en la primera mitad del
siglo XIX”, Op. Cit., pp. 40-41.
151
Páez de la Torre, Op. Cit., pp. 280-281.
152
Tío Vallejo, Antiguo Régimen y Liberalismo. Tucumán, 1770-1830, Op. Cit., pp. 336-337.
153
Páez de la Torre, Historia de Tucumán, Op. Cit., p. 318.
56
General de la Provincia al ingeniero Felipe Bertrés (de nacionalidad francesa,
pero radicado en Tucumán desde 1819), que se encargó de trabajar sobre los
deslindes y mensuras judiciales de tierras154. En este sentido, en 1826, Bertrés
confeccionó los planos de la zona de la villa de Burruyacu 155. En dicho plano,
se puede observar, como edificio de importancia, la presencia de una antigua
capilla, levantada sobre una pequeña explanada, de construcción convencional
y sencilla, con torre campanario lateral, cúpula y nave única, cubierta con dos
aguas, que existiría desde 1785156.
Lamadrid fue desalojado del gobierno en 1826, pero realizó muchos
intentos por volver a ejercerlo, como cuando en 1830 fue derrotado por
Facundo Quiroga en La Ciudadela, batalla en la que habían participado
escuadrones formados en Burruyacu y La Ramada, con 200 hombres
aproximadamente, a las órdenes del coronel Valladares157.
Luego de esta victoria, Quiroga ocupó la ciudad y dejó instalado en el
gobierno a Alejandro Heredia, después de las elecciones de enero de 1832. A
partir de su gobierno, podemos hablar de una verdadera consolidación del
poder del gobernador, gracias a la alianza con el poder de Rosas y a las
lealtades [Link]én fueron creciendo sus atribuciones judiciales con la
capacidad de nombrar jueces. La concentración de funciones en el poder
ejecutivo provincial se hizo muy evidente en este gobierno, que logró cierta
estabilidad en comparación con la década anterior. Esto tiene que ver
probablemente con la preeminencia de Rosas como poder supra-regional, lo
que permitió a Heredia concentrarse en ganar la gobernabilidad hacia el interior
de la provincia. También colaboró el protectorado que estableció sobre las
provincias del Norte, lo que le permitió asegurarse un dominio militar en el
territorio como base de estabilidad política158.
Su primer año de gobierno mostró a los pobladores su decisión de
mantener el orden en la provincia, mientras predicaba una política de tolerancia
y de fusión de partidos. Reorganizó las fuerzas militares e implementó
reglamentaciones contra la delincuencia de los sectores subalternos y contra
posibles conspiraciones. Esto dejaba claro a las familias notables que, siendo
leales al gobierno, éste garantizaría la propiedad y prosperidad, pero que sería
castigado cualquier intento de oposición. También se ocupó de establecer un
fuerte control en la campaña, colocando dos alcaldes de Hermandad y un juez
154
Ibíd., p. 329.
155
Díaz, La Aguada del Burro. Memorias de Burruyacu. Un aporte para su historia, 2008, p. 27.
156
Páez de la Torre, Iglesias de Tucumán, Historia, arquitectura y arte, 1993, p. 21.
157
Páez de la Torre, Historia de Tucumán, [Link]., p. 381.
158
Tío Vallejo, “Campanas y fusiles. Una historia política de Tucumán en la primera mitad del
siglo XIX”, Op. Cit., pp. 59-60.
57
de Alzada por departamento, para que los conflictos se resolvieran allí
mismo159.
En este contexto, los poderes de los Comandantes Departamentales se
afianzaron y concentraron tareas militares, administrativas y de control, más las
funciones judiciales en sus distritos. Por ejemplo, en momentos de amenaza de
avance de los enemigos de Heredia, se estableció que los Comandantes de los
departamentos limítrofes de Trancas y de Burruyacu juzgaran militarmente al
que resultara “reo” o “traidor” de las leyes de la provincia. También reorganizó
el Ejército, primero en el ámbito rural, con el objetivo de controlar el interior de
la provincia. Además, se incrementó el número de distritos, que ahora pasaron
a llamarse Departamentos y quedaron un total de siete, los cuales eran
Monteros, Río Chico, Graneros, Trancas, Burruyacu, Chicligasta, Leales (antes
Los Juárez) y la Capital160.
El gobierno de Heredia terminó como consecuencia de su alejamiento
para comandar las fuerzas en Bolivia, con lo cual dejó el campo libre para la
alianza entre individuos críticos y un gobernador interino. En 1838 Bernabé
Piedrabuena fue nombrado gobernador y dos años después se formó la Liga
del Norte contra Rosas, pero fue derrotada y Tucumán volvió a la órbita rosista.
Por ello, se estableció como titular del ejecutivo provincial Celedonio Gutiérrez,
durante 11 años, mediante elecciones legales161. Como caracterización general
de este gobierno, podemos decir, siguiendo a Tío Vallejo, que fue la
culminación del proceso de fortalecimiento del poder ejecutivo provincial, del
cual dependían jueces, comandantes y comisarios, lo que reflejaba un aparato
estatal centrado en la figura del gobernador. Además, se agudizó la tendencia
de hacer de los funcionarios de campaña agentes del gobierno, responsables
de las conspiraciones o movimientos anárquicos contra el mismo. La
continuidad de su mandato permitió llevar adelante obras como censos,
reglamentación de la policía y la justicia, organización del fuero comercial, una
política proteccionista con el azúcar y algunos bienes de primera necesidad
como trigo y ganado en épocas de dificultades, mientras se cerraba el proceso
de consolidación del ejecutivo provincial iniciado con la revolución 162.
159
Ibíd., pp. 61-62.
160
Macías, “Armas, milicias y Comandantes. La configuración el Poder Ejecutivo y del Ejército
provincial en la primera mitad del siglo XIX (1832-1852)”, versión online, disponible en
[Link]í[Link], p. 12.
161
Wilde, “Representaciones de la política posrevolucionaria. Un acercamiento a la liturgia
republicana (1810-1853)”, en Tío Vallejo, La República Extraordinaria, 2016, p. 119.
162
Tío Vallejo, “Campanas y fusiles. Una historia política de Tucumán en la primera mitad del
siglo XIX”, Op. Cit., p. 73.
58
Cambios en el departamento: los comienzos de la Villa de
Burruyacu y las primeras familias.
163
Navajas, “Los clubes políticos en Tucumán. Discursos, representaciones y prácticas” en
Revista Estudios Sociales, Nº 36, 2009, p. 12.
59
con anterioridad. En Burruyacu apareció una formación adscripta al Club
Libertad, que se presentó subordinado a la agrupación capitalina. La
organización del mismo quedaba bajo la responsabilidad de autoridades
locales tales como comandantes y oficiales de la milicia y la Guardia Nacional.
De hecho, la filial del Club Libertad de Burruyacu tenía como presidente y
vicepresidentes a un Coronel, un Comandante y un Teniente Coronel,
respectivamente164.
Navajas nos presenta la convocatoria para sumar adhesiones al Club
Libertad, la cual se hacía de la siguiente forma:
164
Ibíd., p. 14.
165
“Manifiesto del Club Libertad”, AHT, Sección Administrativa, volumen 99, t. 1, fs. 192-203.
Citado por Navajas, Op. Cit., p. 14.
60
que en 1869 fue asignado como gobernador y se comprometió con los vecinos
de la campaña en la construcción de nuevas escuelas. Para eso promovió la
formación de comisiones departamentales que debían recaudar las donaciones
necesarias para llevar a cabo tal fin166. En relación a este punto, podemos
mencionar la construcción de la escuela de El Puesto de Don Benito (más
adelante denominado Villa Benjamín Aráoz), oficializada por decreto provincial
el 7 de abril de 1869. La escuela había nacido, en realidad, en 1867; su
fundador fue Simón Bazán, quien además fue su primer maestro; al ver las
necesidades del contexto rural en el que se encontraba, Bazán tuvo la iniciativa
de formar una institución educativa, idea que fue abrazada por los vecinos que
prestaron su colaboración para concretar el objetivo. Finalmente la escuela
comenzó a funcionar en la misma vivienda de Bazán, que era de adobe y techo
de paja y contaba con una sola habitación para que funcionara como aula 167.
Posteriormente, durante el gobierno provincial de Federico Helguera, se
delineó la villa de Burruyacu168. En 1873, Florentino Matilde Lobo, vecino de la
zona y dueño de extensas propiedades de tierras, hace la donación de siete
leguas cuadradas para el asentamiento de la ciudad y la construcción del
cementerio, la iglesia y la plaza. El gobernador Helguera no sólo acepta la
donación, sino que, además, proporciona un subsidio de la provincia para
contribuir con las edificaciones proyectadas. Los planos de la villa fueron
confeccionados por el agrimensor José Sobrecasas y dentro de la planificación
en damero, se consideraron los lugares en donde funcionarían el juzgado de
paz y la escuela169. La presentación al gobernador había sido llevada adelante
por Francisco Garat, que expone la voluntad de Lobo de donar los terrenos
mencionados. En la respuesta a la presentación, se acepta la donación y la
lineación propuesta y, además, se ordena que el comisario del distrito cuide
que los edificios se construyan según el plano elaborado. También se ordena la
formación de una comisión encargada de recolectar los recursos para la
construcción de la Iglesia170.
La familia Lobo es considerada una de las fundadoras de la villa de
Burruyacu por ser de las primeras en asentarse en el lugar. Una de las
haciendas de la familia era “La Argentina”, nombre elegido por su dueño en
honor a su esposa. Junto a esta familia, se fueron ubicando otras, que fueron
dando vida a Burruyacu, como los Palavecino, los Reguera, los Ramos, los
166
La primera ley orgánica de subvenciones (número 463) fue dictada en 1871, durante la
presidencia de Sarmiento.
167
Díaz, Ysmael, El Puesto de Don Benito. Memorias de Villa Benjamín Aráoz. Un aporte para
su historia, 2014, p. 17.
168
Durante el gobierno de Usladislao Frías, antecesor de Federico Helguera, ya habían
comenzado a delinearse varias villas del interior.
169
Zerda de Caínzo, Ciudades y pueblos de Tucumán. Aportes para su historia, 2003, p. 94.
170
Archivo Histórico de la Provincia, Índice Protocolo, Serie B, Donación al gobierno de la
provincia, Fs. 42
61
Garat, los Zelaya, los Soraire y los Uncos171. En los archivos parroquiales del
departamento aparecen mencionados desde fines del siglo XVIII, todos los
apellidos citados en las listas de bautismos, defunciones y uniones
matrimoniales.
El autor Ysmael Díaz brinda el testimonio de uno de los descendientes
de la familia Ramos, nieto de uno de los primeros pobladores asentado en la
villa. Carlos Ramos comenta en esta entrevista que su familia se había
asentado en Burruyacu a fines del siglo XIX y que cuando nació su hermano
mayor, en 1901, su abuelo y su padre ya eran comerciantes reconocidos en la
zona. Ramos comenta el aspecto de la villa para ese entonces: “eran muy
pocas las casas construidas con materiales tradicionales”. Su abuelo, Mariano
Ramos, de nacionalidad española, obtuvo del arzobispado la facultad de
conceder el sacramento del bautismo en ausencia de las misiones sacerdotales
(más adelante veremos que durante el siglo XIX la escasez de sacerdote se
presentaba como un problema de seriedad para la región) y se lo había
nombrado anfitrión de los sacerdotes que visitaban la zona en misión pastoral.
Por último, el testimonio de Ramos señala que las actividades económicas
principales en la región eran rurales, con la existencia de algunos grandes
hacendados y de pequeños propietarios que cultivaban maíz, maní o alfalfa172.
En entrevista con Arturo Terán Navarro, tátara nieto de Mariano Ramos,
pudimos obtener documentos provenientes de su archivo personal que nos
brindan mayor información sobre esta familia. El señor Terán Navarro nos
proporcionó el documento que constata que Mariano Ramos había llegado de
España, más precisamente, del municipio de San Adrián del Valle (provincia de
León) y que falleció en 1937, en Burruyacu173; a continuación reproducimos el
documento:
171
Díaz, Ysmael, La Aguada del Burro, Op. Cit., p. 35.
172
Ibíd., pp. 166-167.
173
Entrevista a Arturo Terán Navarro, jueves 9 de marzo de 2017.
62
Asimismo, nos brindó una copia del acta de nacimiento de su abuela, la
señora Andrea Ramos, nieta de Mariano Ramos, nacida en el año 1905 en
Burruyacu. En el documento se puede leer lo siguiente:
63
Imagen 2: Certificado de nacionalidad de Mariano Ramos, otorgado por el Vice-
Cónsul de España.
64
Imagen 3: Acta de nacimiento de Andrea Ramos, 1905.
174
Gentileza de Arturo Terán Navarro.
65
1877 se había proyectado un contrato con Adolfo E. Carranza para establecer
un tranvía a vapor o sangre que partiera desde la estación del ferrocarril hacia
el departamento. Para ello la Legislatura expropiaría los terrenos por donde
pasaría el tranvía y serían cedidos gratuitamente al empresario Carranza175.
Esta es la única iniciativa que se observa en cuanto a la llegada del ferrocarril
al departamento en el siglo XIX. Su efectiva instalación se producirá recién
desde principios del siglo XX.
La década de 1880 fue significativa en obras para el departamento de
Burruyacu, que le fueron brindando una mejor estructura administrativa. En
este sentido, se había instalado la primera comisaría en El Puesto de Don
Benito, como así también el juzgado de paz, que comenzó a funcionar a fines
de la década cubriendo una amplia jurisdicción, ya que era el único en el
departamento. Según la ley 644 de 1894, los jueces de paz eran nombrados
por el Poder Ejecutivo provincial y debían ser ciudadanos idóneos, mayores de
edad, propietarios, vecinos del lugar y alfabetizados176. El cronista Ysmael
Díaz, indica que la primera comisaría se ubicó en la propiedad de un vecino, de
nombre Adonis Lino Oscari, luego trasladada a la de Victoria Santos, muy
cercana a la ruta provincial 304. Era la comisaría cabecera de la zona, con
jurisdicción hasta el límite con Salta177.
También en esta década se destaca la aparición de un semanario
satírico en Burruyacu, llamado “El Burro”, que habría circulado entre 1884 y
1886. En el siglo XIX las publicaciones como la surgida en Burruyacu fueron
bastante numerosas en la provincia en general, dado que la palabra escrita era
el único medio para difundir ideas. Sin embargo, muy poco de estos
documentos se conservan. Según García Soriano, Burruyacu fue la primera
localidad del interior de la provincia que contó con un periódico de estas
características. Pero se conoce la existencia de este semanario no por haberse
conservado algún ejemplar del mismo, sino porque en el Diario “El Orden” 178
se anunciaba su distribución. De hecho, este diario había recibido varios
números, de los cuales comentaba que tenía un contenido “muy sabroso” y que
siempre estaba escrito “con mucho sprit”. La última noticia relacionada a “El
Burro” aparece en 1886, cuando en “El Orden” se menciona que el redactor del
semanario de Burruyacu se encontraba en las oficinas del diario capitalino. “El
Burro” era calificado como un “semanario chistoso”179. Además, era
175
Ley 417 de 1877. Digesto Jurídico de la Provincia de Tucumán:
[Link]
176
Ley 644 de 1894. Digesto Jurídico de la Provincia de Tucumán:
[Link]
177
Díaz, Op. Cit., pp. 33-34.
178
El Diario “El Orden” fue fundado en noviembre de 1883 por Ernesto Colombres y circuló
hasta 1943.
179
García Soriano, El periodismo tucumano (1817-1900). Ensayo de investigación sobre un
aspecto de la cultura de Tucumán durante el siglo XIX, 1972, pp. 101-102.
66
contemporáneo, según las fechas que indica García Soriano, al diario “La
Razón”, que funcionó desde 1872 hasta 1887, caracterizada como prensa
situacionista, es decir, oficialista. Cabe destacar que “La Razón” y “El Orden”,
en el tiempo en que coexistieron, eran políticamente contrarios.
El gobernador Lucas Córdoba (1895-1898) fue otro titular del ejecutivo
que puso mucho énfasis en el avance de las localidades del interior de
Tucumán. La asunción de Córdoba al gobierno coincidió con el año en que se
realizó el Segundo Censo Nacional, según el cual Tucumán contaba con
215.741 habitantes. Burruyacu se encontraba en el octavo lugar en cuanto a
población, con 8.577 pobladores, detrás de Graneros (10.420) y por delante de
Tafí (8.411) y Trancas (5.890)180.
Durante el gobierno de Lucas Córdoba se dio impulso a obras
hidráulicas para la provincia, tanto para la ciudad como para el campo. Por ello,
en 1896 llamó a licitación para la construcción del dique El Cajón, en el
departamento de Burruyacu, obra que fue concluida en 1897. También se
sancionaron la Ley de Riego, con el objetivo de controlar el uso irracional del
agua, y el Código Rural, para regular las propiedades rurales en diversos
aspectos, y se construyeron cerca de 60 escuelas nuevas181. Respecto a la
crítica situación en torno al uso del agua, en Burruyacu se había designado, ya
en 1890, un juez de aguas para la acequia del Río Tajamar, a partir de la
solitud presentada por varios propietarios cercanos a la misma. Luego del
pedido, se nombró a Don Alejo Almada como juez encargado de la distribución
del agua del Río, por el término de un año182
Además, en Burruyacu, se decretaba que la población denominada
Puesto de Don Benito recibiría el nombre de Villa Benjamín Aráoz (60
kilómetros al noreste de la capital y 7 kilómetros al sur de Burruyacu), en honor
al fallecido gobernador. Esta población se había instalado en la zona en 1835,
formando un caserío o puesto, sobre el antiguo camino alternativo entre
Rosario de la Frontera y San Miguel de Tucumán. Con el tiempo, el lugar se fue
identificando con el nombre de uno de las primeras personas que habitó la
zona y tomó posesión del lugar, llamado Benito Aráoz. Por ese motivo, hasta el
cambio de denominación a fines del siglo XIX, el lugar se llamaba El Puesto de
Don Benito. Su crecimiento durante este siglo fue notable, convirtiéndose en un
centro de poblamiento rural muy importante para el departamento183.
El decreto de Lucas Córdoba, fechado en 28 de octubre de 1897,
sostenía que los vecinos del Puesto de Don Benito habían solicitado el cambio
180
Páez de la Torre, Historia de Tucumán, Op. Cit. pp. 581-586.
181
Ibíd., pp. 586-591.
182
Díaz, Ysmael, El Puesto de Don Benito. Memorias de Villa Benjamín Aráoz. Un aporte para
su historia, Op. Cit., pp. 37.
183
Santillán de Andrés, La región de las Sierras del Noroeste de la Provincia de Tucumán,
1967. Citado por Díaz, El Puesto de Don Benito. Memorias de Villa Benjamín Aráoz. Un aporte
para su historia, Op. Cit., pp. 10-11.
67
de nombre a Benjamín Aráoz. Además, se manifestaba que esa solicitud
implicaba un acto de justicia a la memoria del ex gobernador que con sus obras
había cooperado con el progreso del departamento y, por último, que el nombre
de “Puesto” no armonizaba con el desarrollo de la población. Por estos motivos
se decretó el cambio de denominación y se procedió a delinear y delimitar la
población184. A continuación, reproducimos el texto del decreto:
186
Censo Nacional de 1869.
187
Maeder, Ernesto, “Historia y resultados del censo confederal de 1857”, en Revista Trabajo y
Comunicaciones, nº18, 1968. Versión online: [Link]
188
Censo Nacional de 1869, p. 458.
189
Ibíd., p. 459.
190
Ibíd., p. 460.
69
Otros datos recogidos en el censo tenían que ver con el origen de la
población asentada en los lugares, su alfabetización y la cantidad de casas y
familias existentes. En el caso del departamento de Burruyacu, la mayoría de la
población al momento del censo era argentina; entre los extranjeros se
contabilizaron una persona de origen boliviana, un español y siete franceses
(entre éstos últimos, sólo una mujer). También se distinguió si esta población
argentina era tucumana o provenía de otras provincia: en Burruyacu, son casi
todos tucumanos; las personas que procedían de otras provincias
representaban aproximadamente un 10% de la población total del
departamento, de los cuales, la mayoría eran de la provincia de Santiago del
Estero191.
En cuanto a la alfabetización, el censo indica que en 1869 sólo 410
personas sabían leer (un 7,4% de la población), 353 sabían escribir (el 6,2%) y
86 iban a la escuela (si tenemos en cuenta que la población de 6 a 15 años en
ese momento era de 1648 personas, los habitantes en edad escolar que
efectivamente asistían a la escuela representan un 5,3% de la población) 192.
Observamos que a nivel general, la situación de analfabetismo en la
jurisdicción era crítica.
Por último, la cantidad de casas contabilizadas eran 748, mientras que
se registran 814 familias. Con esto podemos decir que las familias estaban
compuestas, en promedio, por siete personas cada una y que cada familia
contaba con una casa, aproximadamente193.
El último censo nacional del siglo XIX se llevó adelante en 1895, durante
la presidencia de José Evaristo Uriburu (1895-1898), ordenado por ley del
Congreso de la Nación. En este momento, la provincia contaba con una
población de 215.742 habitantes, en tanto que el departamento de Burruyacu
tenía 8.578 pobladores; toda la población es considerada rural representaba un
4% de la población total de Tucumán. Con esto podemos decir que la población
provincial creció más que la departamental, en proporción, dado que en el
censo de 1869 en el departamento vivía un 5,1% de la población tucumana.
Además, en este caso, Burruyacu sólo superaba en población a Trancas (5.890
habitantes) y a Tafí (8.411 habitantes)194.
En este censo se contabilizó la población según los distritos, una
novedad respecto del anterior. Por este motivo, disponemos de la siguiente
información para el departamento, dividido en dos secciones195:
191
Ibíd., p. 500-503.
192
Ibíd., p. 504-505.
193
Ibíd., p. 514-515.
194
Censo Nacional de 1895, p. 517.
195
Ibíd., p. 519.
70
- Laguna de Robles: 463 habitantes.
- Distrito 1: 598 habitantes.
- Puesto de Don Benito: 850 habitantes.
- Puesto de Huncos: 62 habitantes.
- Puestito y Jardín: 450 habitantes.
- Trinidad y Talapozo: 1.486 habitantes.
- Zanjas: 383 habitantes.
1600
1400
1200
1000
800
600
Burruacú 1: 4292
400 Burruyacú 2: 4286
200
71
Al igual que el anterior, este censo recoge información relativa al origen
de la población, su nivel de escolaridad y, a diferencia del anterior, no consigna
la cantidad de casas, sino la cantidad de propietarios. Vemos en detalle.
De los 8578 habitantes, 125 eran extranjeros (la mayoría de ellos, de
origen español e italiano: 49 y 33 respectivamente). De los 8453 argentinos
presentes en Burruyacu, la enorme mayoría son tucumanos; de otras
provincias provienen 1366 personas (el 16,2%), principalmente de Santiago del
Estero, con 966 habitantes de este origen.
Respeto al grado de instrucción alcanzado, el censo analiza a la
población de entre 6 y 14 años de edad, contabilizada en 2.082 personas. De
ese total, indicaba que sabían leer y escribir 1.430 niños y niñas (el 69% de las
personas en ese rango de edad), de los cuales eran 758 varones y 672
mujeres. Los que asistían a la escuela, por otra parte, eran 540 niños y niñas,
es decir, un 26% de niños en edad escolar, 282 varones y 258 mujeres. Por
último, se señala que había niños que no iban a la escuela pero sabían leer y
escribir: 149 personas tenían esta característica (el 7% de la población en edad
escolar), 93 varones y 56 mujeres. No iban a la escuela ni sabían leer y
escribir: 781 varones y 662 mujeres196.
Sobre los propietarios de bienes raíces, el censo de 1895 indica que lo
eran 878 personas, 8 de ellas extranjeras197.
1845* 1857** 1863*** 1869**** 1895****
Tucumán 57.876 84.094 99.000 108.953 215.742
Burruyacu 3.021 3.837 3.500 5.500 8.578
Porcentaje
respecto al
total provincial 5,3% 4,6% 3,6% 5,1% 4%
Cuadro 1: Evolución de la población en Burruyacu entre 1845 y 1895.
*Censo provincial.
**Censo de la Confederación Argentina.
***No es un censo.
****Censos nacionales.
Elaboración propia, en base a las fuentes citadas.
196
Ibíd., p. 545.
197
Ibíd., p. 547.
72
250000
200000
150000
Tucumán
100000
Burruyacú
50000
0
1845
1857
1863
1869
1895
198
Censo nacional escolar de 1884, p. 7.
73
mujeres199. Los niños que asistían a la escuela, por su parte, eran 236, el
23,6%200.
2500
2000
1500
En edad escolar
1000
Asistentes a la escuela
500
0
1869
1884
1896
199
Ibíd., p. 307.
200
Ibíd., p. 312.
201
Vidal Sanz, Lucia, “Notas sobre la expansión de la instrucción pública en Tucumán en la
segunda mitad del siglo XX”, en VVAA, Estudios de historia social de Tucumán. Educacion y
política en los siglos XIX y XX, 1999, p. 48.
74
grave (80% de los niños no asistían a la escuela), pero si nos situamos en
Burruyacu, la realidad es más crítica, llegando el número de analfabetos a 95%
de niños en edad escolar. En este sentido, Vidal Sanz sostiene que, además de
los pocos establecimientos existentes, un problema grave era que los padres y
madres no enviaban a los hijos a la escuela, principalmente porque eran
mandados a trabajar. Sucedía que el hábito de “mandar a los hijos a la
escuela” no estaba presente en la población. Por ello en 1861 el gobierno
provincial sancionó una ley que declaraba obligatoria la concurrencia a las
escuelas del Estado para niños de 6 a 12 años. 202
A partir de la elaboración del cuadro de la página anterior, podemos
sostener que la situación de analfabetismo de la población en el departamento,
mejora mucho (mas no se resuelve) entre 1869 y 1895, lo que puede tener
relación con un aumento de instituciones educativas: en 1863 había una
escuela en Burruyacu, en 1869 existían dos, en 1872 había seis y en 1883
había ocho, todas ellas públicas y provinciales203.
A nivel nacional y provincial, esta mejoría puede relacionarse con la
expansión de la instrucción pública que se produce a partir de la segunda mitad
del siglo XIX, puesto que la educación se consideraba un instrumento
necesario para la consolidación del Estado. En la provincia, la fundación de las
primeras escuelas públicas comenzó desde mediados de la década de 1850,
tanto en el interior como en la capital. La preocupación por la cuestión
educativa fue creciendo paulatinamente en la época, lo que van demostrando
los gobernadores a través de los mensajes a la Sala de representantes. Esto
generó que se asignen fondos especiales al fomento de la educación en los
presupuestos provinciales, especialmente en lo relativo a la fundación de
escuelas nuevas. Sin embargo, faltó una planificación adecuada al implementar
este proyecto y sólo se crearon escuelas en los centros más poblados, sin
pensar en el sostenimiento de las mismas. En el departamento de Burruyacu,
se creó una escuela en este período, en el año 1865, ubicada en La Ramada.
Al año siguiente, se fundó otra institución en Río del Nío. Ambas, junto a otras
escuelas fundadas en diferentes localidades del interior, pudieron construirse
con ayuda de fondos enviados por el Ejecutivo nacional. El impulso fundador
continuó en 1868 e impactó en Burruyacu con la fundación de una escuela en
el Puesto de Don Benito y otra en El Timbó. Para que este conjunto de
escuelas estuvieran organizadas, la provincia elaboró un reglamento que
establecía que las escuelas de campaña serían denominadas departamentales.
También se reglamentaron las materias que se enseñarían, los exámenes, el
202
Ibíd., p. 51.
203
Ben Altabef, Norma, “Educación, moralización y control social en Tucumán entre 1852-
1884”, Tesis de Maestría, 2005, pp.242-244.
75
local y las inspecciones, las cuales tenían el objetivo de dar coherencia a la
instrucción provincial204.
A partir de la década de 1870, aumentó la fundación de escuelas y la
cantidad de alumnos inscriptos, llegando a contarse 106 escuelas en toda la
provincia en 1876, considerando todos los tipos de escuelas: nacionales (3),
provinciales (64), municipales (16) y particulares (23). De hecho, el
presupuesto que más creció en este período fue el del área de instrucción
pública, a lo que se sumaban fondos enviados desde el Estado nacional con el
objetivo de expandir la educación. En este período, en un intento de dar una
mejor organización a las instituciones, se decidió que todas las escuelas en
ejercicio recibirían un número, según la fecha de su creación y sin distinción de
clase.
Sin embargo, luego de este período de expansión, en 1876 comenzaron
a cerrarse escuelas por causa de los problemas económicos atravesados por la
provincia. Como resultado, en 1880 de las 64 escuelas provinciales, sólo
quedaban 24. La situación se remontaría recién a partir de 1882, cuando
comenzaron a abrirse nuevas escuelas públicas, con un aumento del
presupuesto para tal fin. También fue favorable la sanción de la Ley de
Educación Común de la Provincia, en consonancia con las exigencias del
Estado nacional. La ley provincial estableció que la educación era gratuita,
obligatoria y gradual y fijaba rentas propias de la educación pública para
asegurar recursos suficientes, con lo que el desarrollo educativo se afianzó 205.
Es en este contexto en donde podemos situar el avance (aunque magro) de la
escolarización de los niños en Burruyacu, que había pasado de un 5,3% en
1869, a un 26% en 1895.
204
Vidal Sanz Lucía, Op. Cit., pp. 41-48.
205
Ibíd., p. 50-79.
206
Parolo, “La presión fiscal sobre el comercio en Tucumán durante el siglo XIX”, en Revista
Escuela de Historia, 2010, versión online, disponible en
[Link] , p. 3.
76
Luego de la crisis que provocó la Independencia, que impactó sobre el
comercio tucumano, comenzaron a ser más importantes las actividades
económicas relacionadas con los nuevos tipos de intercambio, que surgían al
calor de la desaparición de antiguos circuitos comerciales. Por eso,
aumentaron la construcción de carretas, el curtido y la elaboración del cuero, la
producción tabacalera y la de azucares y aguardientes, mientras perduraban
las artesanías textiles y los productos agropecuarios para consumo interno 207.
Sin embargo, y a pesar de los avatares que tuvo que enfrentar, el
comercio se mantuvo en su rol destacado entre las actividades económicas de
Tucumán, tanto el interregional como la producción a pequeña escala; ésta
última estimulada por el aumento de población de la provincia. Junto al
comercio, también se desarrolló la actividad ganadera y, dentro de ella, el
cuero fue un producto muy importante, por sus múltiples usos y su inserción en
los circuitos mercantiles que unían Tucumán con Buenos Aires. A partir de
1850 experimentará un crecimiento sostenido la actividad manufacturera,
ligada principalmente a los ingenios azucareros 208.
En el caso del departamento de Burruyacu, la actividad económica que
se destaca a lo largo del siglo XIX, es la ganadería, lo cual implica una
continuidad respecto del período anterior: “los departamentos ganaderos por
excelencia eran Burruyacu, Trancas y, en menor medida, Leales, es decir
aquellos de clima semiárido, no pedemontanos. Los dos primeros
concentraban, en 1875, el 45% de todo el ganado vacuno de la provincia y en
ellos se localizaban las estancias típicamente ganaderas. Sin embargo,
también tenían un elevado número de pequeños criadores” 209.
Para analizar las actividades económicas de la zona, podemos partir del
censo realizado en el departamento en 1834 (es el censo completo más
antiguo conservado para la región). En este censo se encuentran datos sobre
los habitantes de la zona, en donde se indicaba nombre, apellido, sexo, edad,
estado civil, condición, ocupación y lugar de residencia. Los resultados indican
que la mayoría de los censados en Burruyacu eran labradores (35,6%), a lo
que le seguían jornaleros (32,2%), criadores (15,5%), dedicados a otras
ocupaciones como artesanos o militares (13,9%), capataces (2,4%) y otros
dependientes como agregados o criados (0,4%)210. Para hacer una
caracterización de estos grupos, seguiremos los trabajos de Paula Parolo.
Los labradores no eran exclusivamente productores agrícolas, sino que
combinaban la cría de ganado en pequeña escala con el cultivo de sementeras
207
Ibídem.
208
Ibíd., p. 3-4.
209
Campi, “Las producciones regionales extrapampeanas”, en Bonaudo, (coord.), Liberalismo,
Estado y Orden burgués (1852-1880), 1999, p. 393.
210
Parolo, Op. Cit., pp. 357-359.
77
de maíz, lo que les permitía mantener el grupo familiar, a través del trabajo del
mismo.
Jornalero parece haber sido un término usado para nombrar a los
trabajadores en relación de dependencia, es decir, un sector que vendía su
fuerza de trabajo. En esta ocupación predominaban los segmentos de
población más joven, ya que la mayoría de ellos tenían entre 10 y 29 años. Sus
tareas podían ser las de cuidar quintas y corrales, alzar rodeos, podar árboles,
carnear animales, etc. Generalmente, eran conchabados por determinados
períodos de tiempo. Formaban parte del sector más bajo de la sociedad y
carecían de propiedades.
En el caso de los criadores, podían o no ser propietarios de tierras. En
los datos que se analizan en este censo, se encontraron dos propietarios
(según consta en sus testamentos). Uno de ellos era Jacinto Guevara, de El
Timbó, y el otro era Miguel Gregorio Palavecino, de Potrero del Nío. Para ser
considerado criador, no había un número específico de ganado que poseer (la
cantidad de ganado entre los criadores podía variar de entre 10 a 800
cabezas). Esta categoría tampoco era exclusiva ni excluyente de ningún grupo
étnico (había criadores indígenas, mestizos o españoles), ni tenía una relación
directa con una forma específica de acceso a la tierra, porque había criadores
propietarios, otros arrendatarios e incluso poseedores de acciones de tierras.
Es decir que la categoría de criador era muy heterogénea y parecía designar a
todos los dedicados a la cría de ganados.
Por su parte, un capataz era la persona que cuidaba y administraba una
estancia, cabeza de los jornaleros y criados, muy cercano al patrón o
administrador, persona de confianza del estanciero, con un papel fundamental
en el control y la toma de decisiones. Sus funciones eran muy variadas:
recorrer puestos, supervisar las faenas, alquilar bueyes y arados, conchabar
peones, etcétera.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, en Tucumán se inició un
proceso de acumulación de capitales gracias al aumento de las actividades
mercantiles y el desarrollo de ciertas manufacturas, lo que le devolvió a la
provincia su lugar como centro comercial del noroeste. Los recursos naturales
también tuvieron su papel en este proceso, ya que la disponibilidad de
quebracho, cebil y otras maderas de los bosques coadyuvaron en el desarrollo
de la construcción de carretas y de las curtiembres, mientras en los campos se
producían cereales y tabaco. El historiador Giménez Zapiola mostró la
producción tucumana en 1853, de la cual el 39% del total correspondía a
ganadería, cueros y quesos, siendo en ese año la principal. De esa producción,
más de la mitad era exportada, es decir que la estructura productiva tenía una
orientación exportadora. El epicentro de todas estas operaciones comerciales
era San Miguel de Tucumán, punto de confluencia de tropas de carretas y
78
mulas y de comerciantes tanto locales como de otras provincias. Esto la
convirtió en un núcleo dinamizador de la vida económica de las áreas
productivas, controlada por los grupos dominantes de la provincia y la ciudad,
que monopolizaban los circuitos comerciales, organizaban la producción
agrícola, pecuaria, artesanal y manufacturera y articulaban las zonas
productoras con los mercados locales, regionales y nacionales. En este último
ámbito, destacaba la importancia de los mercados del litoral, a donde se
enviaban cada año cientos de carretas con suelas (principalmente), tabaco,
quesos, sillas de montar, pellones, etc. El comercio regional también arrojaba
saldos importantes, por lo que se puede decir que las exportaciones tucumanas
no tenían un único mercado de consumo, producto de una economía bastante
diversificada211.
La producción de Tucumán se fue diversificando, entonces, para poder
atender las demandas de sus mercados consumidores. Esto produjo el
desarrollo del sector manufacturero, en el que figuran pagando las patentes
fábricas de destilación, curtiembres, zapaterías, carpinterías, etc. Pero a
mediados de la década de 1850 ya comienza a destacarse el dinamismo de la
producción de azúcar y aguardiente, que se incrementó a un ritmo sostenido,
hasta culminar en el proceso de transformación de la economía de la provincia
en torno al azúcar, en la década de 1870, lo cual fue eclipsando otras
actividades productivas. Los altos precios del azúcar a partir de 1880
determinaron que la mayor parte de los productores agrícolas se dedicara al
cultivo de la caña212.
Sin embargo, escritores de la época dan cuenta de la importancia de
otros rubros económicos. Arsenio Granillo describe la trascendencia de la
ganadería en 1872, al referirse a ella en su obra Provincia de Tucumán. Serie
de artículos descriptivos y noticiosos. Allí menciona que la ganadera es una de
las industrias más productivas de la provincia, a pesar de los obstáculos que
significaron las coyunturas políticas del siglo. El ganado vacuno era el más
numeroso, presente en todos los departamentos de la campaña y repartido
entre sus habitantes, puesto que Granillo consigna que pocos hacendados
podían contar con más de cinco mil cabezas. La producción siempre tenía
asegurada la venta, ya sea para el consumo dentro de la provincia o el país, o
para la exportación213. Los departamentos ganaderos por excelencia eran
Burruyacu, Trancas y Leales, con clima semiárido, no pedementonanos. Campi
y Jorba indican que en 1875 los dos primeros concentraban el 45% de todo el
ganado vacuno de la provincia y contenían a las estancias típicamente
ganaderas, aunque también se ubicaban allí pequeños criadores. Por otro lado,
211
Campi, Op. Cit., pp. 368-372.
212
Ibíd., pp. 373-381.
213
Granillo, Provincia de Tucumán. Serie de artículos descriptivos y noticiosos, 1872, p 65.
79
en 1882, a través de la Memoria histórica y descriptica de la provincia de
Tucumán, se señalaba que en Burruyacu las estancias más extensas
destinadas a la cría de ganado, pertenecían a Rufino Cossio en La Ramada
(con nueve mil cabezas de ganado vacuno), Wenceslao Posse e hijo en Alto de
las Salinas y Manuel Posse e hijo en Chorrillos (siete mil cabezas), mientras
que el resto de las haciendas eran menos extensas214.
Como parte de la ganadería, se desarrolló fuertemente la industria de la
curtiembre. La actividad de curtiembres en América del Sur parece haber
comenzado a fines del siglo XVI, fecha para la que existen fuentes que indican
que se habría exportado cuero curtido desde Buenos Aires hacia Brasil,
aunque algunos autores señalan que el origen de la industria curtidora fue en el
siglo XVII en Tucumán, zona en la que se contaba con grandes bosques de
cebil, rico en tanino, que funcionó como principal curtiente hasta la aparición
del quebracho, en 1870. El desarrollo de esta industria en la provincia, la
convirtió en centro importante de la misma, llegando a producirse a fines del
siglo XVIII, en Tucumán, de tres a catorce mil suelas y mil pellones 215. Para
1855, Alfredo Du Graty (naturalista, historiador y geógrafo de origen belga, que
llego al país en 1851), expresaba en sus estudios sobre la Confederación
Argentina, que Tucumán exportaba 57.630 quintales de cuero curtido216,
mientras que en 1862, un viajero inglés comentaba que se habían producido
70.000 cueros curtidos217.
Hasta 1870, había entre 50 y 60 curtiembre funcionando (un crecimiento
del 500% respecto a los primeros años del siglo XIX, cuando se contabilizaban
menos 10 curtiembres), la mayoría de las cuales pertenecían a familias de
origen vasco-francés, como Apestey, Hardoy, Ergui, Saravia, Marino, Fagalde,
Heredia, Bascaray, Cajal, Ethebere, entre otros. Para señalar más
precisamente su importancia, podemos mencionar que el censo de 1869 indica
la existencia de 211 curtidores218.
La importancia de la curtiembre quedó registrada en las páginas que
Arsenio Granillo escribió sobre la provincia de Tucumán, en donde sostenía
que la curtiduría “era la industria de más valiosa exportación”, cuyos principales
referentes eran extranjeros. Asimismo indicaba que las pieles a ser curtidas no
provenían sólo de Tucumán, sino también de Santiago, Catamarca y la frontera
con Salta y se exportaban anualmente para el Litoral y demás provincias,
aproximadamente, 60.000 suelas219.
214
Campi, Op. Cit., p. 393.
215
Salvador, Historia de la industria curtidora argentina. Desde Salta y Tucumán hasta el
Riachuelo, 2013, p. 35.
216
Páez de la Torre, Historia de Tucumán, Op. Cit., p. 521.
217
Ibíd., p. 534.
218
Salvador, Op. Cit., p. 49.
219
Granillo, Op. Cit., p.105.
80
Con el auge azucarero, las curtiembres comenzaron a ser desplazadas
como actividad económica principal220. Además, según sostiene Donna Guy, en
1875 se sintieron los efectos de la depresión económica de 1873, lo que
provocó un gran daño en la industria de la curtiembre, lo cual es notorio en la
diminución del pago de patentes en este rubro: en 1874, la pagaban 45
establecimientos y en 1882, sólo 25221. Además, según sostienen los
investigadores Campi y Jorba, los beneficios del curtido del cuero eran más
aleatorios que los de la elaboración de azúcar y aguardiente. La crisis de la
curtiembre fue uno de los factores, junto al ferrocarril y a la política
proteccionista, que potenció la transformación económica de la provincia en
torno al azúcar222.
En Burruyacu, la actividad ganadera fue sumamente importante, y lo
mismo ocurrió con la curtiembre. La primera de ellas se instaló en 1860,
propiedad de la familia Garat, de inmigrantes franceses, considerada una de
las fundadoras del lugar, debido a que fue de las primeras en asentarse en el
departamento223.
Los Garat decidieron invertir en esta industria porque disponían de una
gran cantidad de hacienda vacuna. Instalaron la curtiembre en la parte alta de
su residencia, de manera muy rudimentaria, en donde secaban los cueros con
productos que conseguían fácilmente por las condiciones naturales del paisaje,
como la cáscara del cebil colorado, que abundaba en los montes vírgenes.
También utilizaban cebil blanco, molle, quebracho blanco y colorado. Luego
eran depositados en saladeros de piedra para su preservación y, una vez
concluido el proceso, se enviaban a la capital de Tucumán 224.
Otra familia que se dedicó a la curtiembre en Burruyacu fueron los
Boullot, también de origen francés, que supieron aprovechar la cantidad y
calidad de los cueros, producto de la ganadería desarrollada en la zona 225. La
Guía Ilustrada de Tucumán para el viajero menciona como curtidores a fines
del siglo XIX a Martín Hardoy en Villa Benjamín Aráoz y a Rufino y Manuel
Cossio en La Ramada226. Ricardo Babot, descendiente de una de las primeras
familias francesas asentadas en la zona, comentaba que su bisabuelo se
dedicaba a la curtiembre, cuya producción principal era el cuero. La primera
casa de su familia había sido construida en 1860, al costado del Camino del
220
Salvador, Op. Cit., p. 35.
221
Páez de la Torre, Historia de Tucumán, Op. Cit., p. 550.
222
Campi, Op. Cit., pp. 374-375.
223
Díaz, La Aguada del burro. Memorias de Burruyacu. Un aporte para su historia, Op. Cit., p.
73.
224
Ibídem.
225
Ibídem.
226
Guía ilustrada de Tucumán para el viajero, 1901, p. 185.
81
Obispo, como tantas otras; en la planta alta de la misma, se encontraba el
depósito para secar el cuero227.
A pesar de que la economía tucumana se orientó cada vez más a la
producción azucarera, Burruyacu mantuvo un perfil productivo diferente en el
siglo XIX e incluso en el XX. De hecho, la Guía Argentina Comercial, Industrial,
Profesional y Social de Tucumán de 1914 indicaba que la ganadería era la
principal fuente de riqueza del departamento, seguida de actividades
manufactureras como los aserraderos y las curtimbres. En el listado de
establecimientos económicos, destacan por su cantidad los ganaderos, de los
cuales indica nombres y apellidos de los propietarios. Entre ellos menciona a
Carlos Barquet, Alfredo Boulliot, Francisco Garat, Ignacio Lobo, Ezequiel
Palavecino, entre muchos otros. Esto nos indica que la ganadería continuaba
siendo preponderante a principios del siglo XX en Burruyacu.
227
Diario La Gaceta, 2 de abril de 1995.
228
Tío Vallejo, Antiguo Régimen y Liberalismo. Tucumán, 1770-1830, Op. Cit., p. 323.
229
Ábalo, Esteban, “Dinámicas involucradas en el nombramiento de eclesiásticos en la vicaría
foránea de Tucumán durante la segunda mitad del siglo XIX”, en Itinerantes. Revista de Historia
y Religión 3, 2010, p. 105.
82
De los informes elevados desde la provincia a la curia, se puede extraer
un panorama sobre la situación de las parroquias y los párrocos en Tucumán
durante la segunda mitad del siglo XIX. Precisamente, en el año 1864, el
Obispo de Salta, Fray Buenaventura Rizo Patrón, pidió a sus Vicarios foráneos
que le detallaran el nombre y el rango del clero secular de sus respectivas
provincias. El vicario de Tucumán, Estratón Colombres, respondió que en esta
provincia había catorce eclesiásticos en la ciudad capital y dieciséis en la
campaña, con lo cual, los diez curatos existentes en ese momento estaban
cubiertos y, en algunos casos, contaban con un ayudante además del párroco.
Lo mismo sucede con un informe elevado en el año 1867 por el Vicario foráneo
Miguel Moisés Aráoz (que reemplazó a Colombres en el cargo), en donde
indicaba que los ocho curatos de la provincia contaban con un párroco y, a
veces, un ayudante230. Es decir que si bien en las fuentes no está especificado,
es posible deducir que en Burruyacu, en la década de 1860, se contaba con un
sacerdote.
Por otro lado, en 1867, los sacerdotes habían elevado un informe al
Vicario foráneo sobre el estado en que se encontraban las iglesias de sus
curatos. Aquí nos interesa señalar que para Burruyacu se informó la existencia
de un sacerdote y de cuatro templos. Es fácil notar que había una escasez de
párrocos, dado que el número de templos superaba ampliamente el número de
eclesiásticos disponibles, lo cual es una situación que se repite en el resto de
los curatos de la campaña (por citar un ejemplo, en Leales se constata la
existencia de siete templos y de un sacerdote) 231.
En 1872, los párrocos elevan otro informe al Vicario foráneo, con datos
estadísticos sobre las parroquias, en donde se observa una relación entre
cantidad de habitantes y cantidad de eclesiásticos. En el caso de Burruyacu,
para 5000 habitantes, existían sólo dos eclesiásticos (un párroco y un teniente
de cura); es decir, un sacerdote cada 2500 personas. Estas proporciones, sin
embargo, son similares a lo que sucede en el resto de la provincia, lo que nos
habla de una escasez de sacerdotes para la población tucumana 232.
Este hecho repercutía en la vida de las comunidades, dada la
importancia, ya señalada, de la Iglesia Católica y las múltiples funciones que
cumplían los sacerdotes. Los feligreses elevaban demandas, en consecuencia,
por medio de las autoridades para pedir una solución a esa situación de
carencia. En algunos casos, el reclamo lo hacía el juez de paz, que funcionaba
como representante de los intereses de su comunidad y como voz autorizada
para entablar diálogo con el gobierno provincial. Este es el caso del juez de paz
de Burruyacu, Segundo Calderón, que en una comunicación datada en 25 de
230
Ibíd., p. 106.
231
Ibíd., p. 107.
232
Ibíd., pp. 108-109.
83
diciembre de 1852, expresaba la gran necesidad que tenía la comunidad desde
que se había ausentado su cura, lo cual había producido que tres mujeres
fallecieran sin confesión y niños no recibieran el bautismo. Otro documento
similar es uno enviado al Jefe General de Policía de la provincia, Segundo
Roca, a quien se le pedía que pusiera al tanto al gobernador de la situación
que se vivía en La Ramada, capilla del curato de Burruyacu, a comienzos de
1860. En esta fuente se destaca que el pedido era hacia el Vicario foráneo,
para que envíe un sacerdote para confesar y suministrar los demás
sacramentos a cuatro enfermos de gravedad que se encontraban en el
departamento. El conflicto se relacionaba con la dificultad de los párrocos de
concurrir a atender a los fieles donde fuera necesario, teniendo en cuenta que
en Burruyacu existían cuatro templos, que el curato era muy extenso y que el
cura oficiaba solo233.
A principios del siglo siguiente, la situación, lejos de resolverse, se
complicaría, porque el número de iglesias y capillas se amplía, dado que para
1914 se constata la existencia de los siguientes templos: Nuestra Señora del
Rosario (Burruyacu), Nuestra Señora del Carmen (Villa Benjamín Aráoz),
Nuestra Señora de la Merced (Requelme), San Patricio (La Ramada), San
Antonio (El Timbó), Nuestra Señora del Valle (Villa María) y San Antonio
(Cañada de San Antonio). Los siete templos existentes eran atendidos por el
mismo sacerdote, el cura vicario Jaime Roig234.
La presencia de eclesiásticos nos lleva a observar cómo fue avanzando
la construcción de los templos, desde donde los sacerdotes desarrollaron su
tarea.
Si nos situamos cronológicamente, debemos comenzar mencionando
que hay algunas evidencias que hablan de la existencia de una capilla en
Burruyacu hacia fines del siglo XVIII, que ya mencionamos anteriormente.
Sobre la edificación de la misma, se levanta la Iglesia Nuestra Señora del
Rosario, cuya construcción comenzó casi un siglo después, en la década de
1860. Para ampliar el terreno en donde estaba ubicada, el señor Florentino
Matilde Lobo, vecino de Burruyacu, había donado 7 manzanas en el año 1873.
La construcción del templo implicó mucho esfuerzo por parte de la población de
Burruyacu, que realizaba contribuciones para poder concluir las obras. Éstas
finalmente terminaron en 1884 cuando se recibió un subsidio del gobierno
provincial235. La comisión de vecinos a cargo de la obra, estaba formada por el
233
Ibíd., pp. 109-110
234
Guía Argentina Comercial, Industrial, Profesional y Social de Tucumán, Santiago del Estero
y Salta, 1914, p. 106.
235
Páez de la Torre, Iglesias de Tucumán, Historia, arquitectura y arte, Op. Cit., p. 21.
84
cura párroco de ese momento, Mariano Godoy, y por los vecinos Domingo
Sánchez y Francisco Garat236.
236
Navarro, Carlos Rafael, Revista de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Burruyacu,
2014, p.14.
237
Páez de la Torre, Iglesias de Tucumán, Historia, arquitectura y arte, Op. Cit., p. 21.
238
Navarro, Op Cit., 15.
85
pilastras y cornisas) va tendiendo hacia la línea italianizante. Aquellos
elementos, asimismo, van a conferir movimiento y expresividad a las
correctas proporciones del edificio.
En la fachada, las sutiles pilastras organizan y remarcan, en los
dos primeros cuerpos, los volúmenes básicos de la nave y las torres. Las
cornisas la subdividen horizontalmente en cuatro partes: el cuerpo de
acceso y dependencias, el nivel del coro (señalado por un óculo central),
la zona de campanarios (perforada hacia las cuatro orientaciones) y el
nivel superior de remate, expresado en cúpulas semiesféricas sobre
dado poligonal.
Todo el ordenamiento simétrico del frente –sólo alterado por una
habitación contigua al naciente- se transmite en la organización en
planta. Asimismo, aquel sistema de arcos que predominan en la
composición, se reiteran rítmicamente en las paredes laterales del
interior de la nave.
(…) [Se recurre] al sistema de pares y tirantes, con original
refuerzo codal superior y el entramado de madera, que sustenta las
tejuelas y la chapa acanalada como cubierta239.
239
Páez de la Torre, Iglesias de Tucumán, Historia, arquitectura y arte, Op. Cit., p. 21.
240
Ibíd., p. 21.
86
En la localidad de Villa Benjamín Aráoz, encontramos el templo de
Nuestra Señora del Carmen, cuya construcción había comenzado en la
década de 1870. El terreno de la misma fue ampliado, al igual que lo
ocurrido con la iglesia Nuestra Señora del Rosario, por la donación de tierras
hecha por los dueños de la casa vecina al templo, perteneciente a la familia
Fugo. La capilla cuenta una nave de largo desarrollo, con un entrepiso de
madera sobre el ingreso para albergar al coro, al cual se llega desde el
mismo interior. Al final, se encuentran el altar y la sacristía. En cuanto a la
fachada, el imafronte (fachada principal que se levanta a los pies de un
templo) es sobrio y de organización de tipo clasicista y algún elemento
italianizante; tiene una disposición geométrica y regular casi sin
ornamentación; cuenta además con una espadaña en la que se alojan las
campanas241.
Las imágenes con las que cuenta la capilla son las siguientes: un
Calvario, un Cristo (similar al que se encuentra en Burruyacu), una Dolorosa
y un Sagrario, todas piezas que datan de la época de construcción de la
iglesia242.
En la localidad de Cañada de Alzogaray (distante 50 kilómetros al sur
de Burruyacu, aproximadamente), en la Finca La Querencia, encontramos
un oratorio erigido en 1877, dedicado a San Antonio de Padua. El mismo fue
mandado a construir por Sara Sanzetenea de Verasaluce para su hijo
sacerdote. Esta finca fue adquirida en 1936 por el ingeniero Laurencio Leal
Lobo, que la convirtió en un fundo cañero243.
En cuanto al templo, fue construido por Juan Crisotti, cuyo nombre se
rescata de la placa de un muro. Su arquitectura presenta un aire italianizante
y clásico; presenta una fachada con doble frontis; en el interior tiene una
pequeña nave, vinculada con el espacio exterior por grandes ventanas que
realzan el espacio; en el techo, cuenta con un abovedado de planchas de
plomo con bajorrelieve geométrico que oficia de cielo raso, de gran calidad y
único en la provincia244.
Por último, en la localidad de La Ramada, se encontraba emplazada
la capilla de San Patricio, sobre la ruta provincial 304, actualmente en
ruinas. La misma fue inaugurada en 1893 y nombrada como sede provisoria
de la Parroquia de Burruyacu, por poco tiempo, debido a que la Iglesia
Nuestra Señora del Rosario no estaba aún en condiciones: la Iglesia se
encontraba incomunicada y distante de San Miguel de Tucumán y eso
imposibilitaba, en sus comienzos, a las autoridades eclesiásticas a enviar
curas al lugar. Por esta razón, los habitantes de Burruyacu concurrían a la
241
Ibíd., p. 24.
242
Ibíd., p. 25.
243
Ibíd., p. 30.
244
Ibídem.
87
capilla de San Patricio a recibir los sacramentos, dado que aquí había curas
estables todo el año245.
245
Navarro, Op Cit., 15.
246
Isa Morhell, Sueños de Porgreso, 2010, p. 69.
88
Mapa 7: Ubicación de Parroquias y capillas en el departamento de
Burruyacu en la segunda mitad del siglo XIX.
89
CAPÍTULO 4
247
Páez de la Torre, Historia de Tucumán, 1987, p. 606-608
248
Ibíd., pp. 619-627.
91
rendimiento y análisis de caña, y la obligación del ingenio de pagarles el 50%
del valor del azúcar producido. A pesar de la crisis del sector, aparecieron
nuevos ingenios, en Alberdi y Monteros. Las obras públicas se llevaron
adelante, si bien se transitaban momentos difíciles, como por ejemplo la nueva
Cárcel Penitenciaria en la capital, la construcción de puentes en el interior y la
ampliación de escuelas. También se sancionaron leyes importantes para los
trabajadores, como la jubilación de maestros con el 95% del sueldo, la
prohibición del trabajo nocturno en panaderías, la asistencia médica en los
ingenios y los préstamos de la Caja Popular de Ahorros para construir
viviendas. Su gobierno terminaba en 1928 y para las nuevas elecciones, la
UCR se encontraba dividida en dos sectores: personalistas (yrigoyenistas) o
antipersonalistas, lo cual correspondía a un fenómeno nacional. En los
comicios resultó electo el candidato personalista, José G. Sortheix (1928-
1930)249.
En septiembre de 1930 el presidente Yrigoyen era derrocado por las
fuerzas armadas, en una conspiración militar liderada por José Félix Uriburu,
dando inicio a una larga etapa de interrupciones a los gobiernos democráticos.
A nivel provincial, la revolución había sido apoyada por varios partidos políticos
opositores al radicalismo yrigoyenista. La caída de Yrigoyen implicaba un golpe
importante para el gobierno de Sortheix, quien delegó el mando en el general
Juan Esteban Vacarezza. Posteriormente el poder ejecutivo nacional nombró
interventores provinciales, el último de ellos llamó a elecciones a fines de 1931,
de las que resultó elegido el ex intendente de San Miguel de Tucumán, Juan
Luis Nougués (1932-1934), dirigente de un nuevo partido denominado Defensa
Provincial Bandera Blanca250. De los 11 departamentos de la provincia, éste
partido había triunfado en 5: Capital, Famaillá, Burruyacu, Trancas y Tafí 251.
Pero el llamado a elecciones de 1931, había despertado la organización de los
partidos políticos en general. En este sentido, algunas zonas de Burruyacu no
estuvieron exentas. Es el caso de El Timbó Viejo, en donde se organizaron
asambleas populares del Partido Demócrata (fusión de dirigentes antirradicales
provenientes del Partido Liberal y del Partido Agrario), en vista del nuevo
panorama político252.
Su gestión debió soportar varias crisis, del sector cañero, de los
quinteros y de los estudiantes secundarios. Además, la situación económica no
mejoraba; por ello Nougués impulsó una ley que gravaba la producción
azucarera, que generó conflictos con los industriales azucareros, a tal punto
que el presidente Agustín P. Justo (electo en 1932), pidió a Nougués que
249
Ibíd., pp. 629-634.
250
Ibíd,, pp. 638-640.
251
Bravo, “Política, economía y sociedad en Tucumán en la década de 1930”, en Bravo,
Historia contemporánea de las provincias del NOA: 1930-2001, 2012, p. 303.
252
Diario La Gaceta, 17 de abril de 1931.
92
derogase el impuesto, a lo que el gobernador se negó. La situación se tornó tan
crítica que terminó en la intervención federal a la provincia, en 1934, y Nougués
fue reemplazado por el interventor Ricardo Solá253. Las elecciones se
realizaron a fines de ese año, en las que el radicalismo se presentó dividido y
en 1935 es elegido gobernador Miguel Campero (UCR), que gobernó hasta
1939.
El radicalismo se había dividido en dos fracciones, una abstencionista
(que había decidido no presentarse en ninguna elección ante el hostigamiento
del gobierno surgido del golpe militar y fue la postura que se tomó desde el
Comité Nacional del partido) y otra concurrencista, desarrollada en Tucumán a
partir de la decisión de concurrir a las elecciones, en oposición a lo decidido a
nivel nacional.
Campero, luego de reorganizar las finanzas públicas, llevó adelante
obras de importancia, como la creación de la Dirección Provincial de Vialidad,
la construcción de caminos, de estaciones sanitarias y hospitales y el
mejoramiento de escuelas. Entre estas obras, en La Ramada se construyó un
dispensario para atender a las necesidades de salud que tenía la población 254.
Además, continuaba la fundación de pueblos: en mayo de 1938 el senado
provincial había aprobado la creación del pueblo El Chañar a través de la
expropiación de tierras y la perforación de pozos surgentes de agua 255. En
agosto de 1938, La Gaceta publicaba una reseña sobre el gobierno de Miguel
Campero, en la que se destacaba su actuación en el interior. El gobernador
había logrado en Burruyacu la construcción de escuelas en la Villa, Benjamín
Aráoz, Taruca Pampa, La Ramada y El Timbó. También había avanzado en los
servicios sanitarios, a través de la construcción de dispensarios en La Ramada,
Villa de Burruyacu y Garmendia, donde además se habían construidos edificios
para la comisaría y el juzgado de paz. “Durante su mandato se modernizó la
provincia y se ampliaron las prestaciones públicas en materia de salud y
educación”256.
Campero fue sucedido en 1939 por el radical Miguel Critto (1939-1943),
que continuó la inversión en obras públicas de su antecesor. En este sentido, a
través de la Dirección Nacional de Vialidad se construyeron varios caminos
para conectar las poblaciones de Burruyacu: el camino que unía Banda del Río
Salí con Macomitas fue inaugurado en 1939, proveyendo de una vía de
comunicación importante a los productores agrícolas de la zona 257; también
comenzó la planificación del camino hacia la localidad de El Duraznito en 1940,
desde el puente del Río Salí a El Timbó, gracias a las donaciones de terrenos
253
Páez de la Torre, Op. Cit., pp. 640-646.
254
Diario La Gaceta, 9 de julio de 1935.
255
Ibíd., 10 de mayo de 1938.
256
Bravo, Op. Cit., p. 311.
257
Diario La Gaceta, 15 de mayo de 1939.
93
efectuadas por Juan Melián, María Mercedes Torres de Torres, África de
Torres y Sociedad Comercial, Industrial, Ganadera y Agrícola “Alfredo
Guzmán” 258; en 1942 se inauguró el tramo La Ramada-Taruca Pampa y, al año
siguiente, el tramo Villa Benjamín Aráoz-Burruyacu259.
Sin embargo, a partir de 1939 las noticias más importantes sobre el
departamento se produjeron a raíz de un brote de peste bubónica en la
localidad de Siete de Abril. La enfermedad había llegado desde la provincia de
Santiago del Estero y se había difundido desde un aserrado, dos de cuyos
empleados habían sido afectados. Las noticias acerca de la peste ocuparon el
diario La Gaceta durante varias de sus ediciones del mes de mayo de 1940, en
donde además de informar sobre los avances de la misma, denunciaba la falta
de interés del gobierno provincial para brindar una solución y demandaba
medidas en defensa de la salud pública.
En junio de 1943 estalló otra revolución militar, que derrocó al presidente
Ramón Castillo y de la que surgió la figura del coronel Juan Domingo Perón. En
Tucumán, asumió un nuevo interventor federal, Alberto Baldrich, que comenzó
su gestión haciendo expropiaciones, como ocurrió con los bienes de la
Compañía de Tranvías Eléctricos de Tucumán, el ingenio Ñuñorco, 140
hectáreas de Ibatín, entre otras. A Baldrich le sucedieron como interventores
Adolfo Silenzi de Stagni (que comenzó el proceso de expropiación de la
propiedad del Museo Sanmartiniano de La Ramada), Alejandro Tissone y, por
último, Enrique García, interventor hasta la normalización constitucional.
Durante el gobierno de esta intervención, el departamento de Burruyacu fue
dividido en 11 comunas rurales.
En octubre de 1945, se produjo en Buenos Aires la masiva
manifestación de los obreros pidiendo la liberación de Juan Domingo Perón
(vice-presidente de la República, ministro de trabajo y de guerra hasta ese
momento). En Tucumán, el movimiento se replicó en la Plaza Independencia,
en donde los trabajadores se reunieron bajo la misma consigna que sus pares
de Buenos Aires. Tras la liberación, Perón organizó su partido para presentarse
a elecciones, (el Partido Laborista), que también se constituye en la provincia y
lleva como candidato a gobernador a Carlos Domínguez. Los demás
candidatos eran Enrique Thiele (de una fracción disidente del Partido
Laborista), Nicasio Sánchez Toranzo (de la UCR Junta Renovadora), Eudoro
Aráoz (las demás fracciones de la UCR), Eduardo Paz (Partido Demócrata
Nacional) y Felipe Alberto Villagra (del Partido Socialista).
En las elecciones nacionales resultó electo Juan Domingo Perón,
mientras que en Tucumán también ganó el Partido Laborista, dejando como
gobernador a Carlos Domínguez (1946-1950). Su gobierno siguió los
258
Ibíd., 11 de mayo de 1940.
259
Ibíd., 12 de mayo de 1942.
94
lineamientos de la política nacional a través de una gestión que se caracterizó
por el crecimiento del gasto público, expresado en obras e infraestructura
(como caminos y viviendas) y una política social basada en la atención de
sectores antes marginados de la agenda oficial.
260
Rubinestein, Gustavo, “Tucumán bajo los gobiernos peronistas. 1943-1955”, en Bravo, Op.
Cit., p. 343.
261
Diario La Gaceta, 19 de octubre de 1945.
262
Ibíd., 21 de mayo de 1948.
263
Ibíd., 14 de enero de 1950.
264
Ibíd., 17 de febrero de 1950.
95
población. Luego, se trasladaron a La Ramada, donde fueron recibidos por
numerosos afiliados, ante quienes Ottonello se dirigió para pedirles que
mantengan los principios de disciplina partidaria y la confianza en que los
dirigentes sabrían interpretar sus anhelos para resolver los problemas de la
comunidad265. También, el candidato Riera había visitado La Ramada en
febrero de 1950, oportunidad en la que los vecinos pudieron entrevistarlo,
expresarle la adhesión de 300 personas de la localidad y destacar las
esperanzas que el pueblo depositaba en el gobierno peronista. Riera agradeció
las palabras de los vecinos y prometió que en su gestión trataría de satisfacer
las demandas del interior266. De hecho, la administración de Riera se proyectó
siguiendo las líneas trazadas por su antecesor: apuntalamiento de la obra
pública, desarrollo de infraestructura vial y viviendas populares 267. En
Burruyacu había inaugurado obras en Villa Benjamín Aráoz, El Barco y
Macomitas268.
Riera fue sucedido por Luis Cruz (1952-1955), también peronista, quien
debió enfrentar la creciente oposición que sufría el partido a nivel nacional y
provincial, hasta que se produjo el golpe de Estado de septiembre de 1955,
denominado Revolución Libertadora, liderada por los generales Lonardi y
Aramburu.
265
Ibíd., 11 de enero de 1950.
266
Ibíd., 6 de febrero de 1950.
267
Rubinsteian, Gustavo, Op. Cit., p. 353.
268
Diario La Gaceta, 10 de mayo de 1952.
96
7 de Abril Paulino Orieta Camilo Boulange
Piedrabuena César López Romirio López Ávila
El Timbó Cecilio Heredia Juan I. Zelaya
Distrito 2 La Ramada Ramón R. Carrizo Cesáreo Cisneros
Río del Nío Mariano Usandivaras Eliseo Gómez
Cuadro 3: Presidentes y secretarios en los distritos de Burruyacu. Fuente:
Censo Nacional de Población de 1914.
Burruyacu - 1914
9000 8518
8000
7000 6466
6000
5000 Distrito 1
4000 Distrito 2
3000
2000
1000
0
97
Población extranjera - 1914
8% 7%
10%
Españoles
Otomanos
75% Italianos
Otros
Alfabetos
22%
Analfabetos
64% Semi-alfabetos
14%
Tucumán Burruyacú
593371
475181
332933
35000
30609
30000
25000
19707
20000
14984
15000 13049
10902
10000
5000
1935
0
1914 1947
269
Ortiz D’Arterio, “Los extranjeros y la economía de Tucumán entre 1915 y 1940”, en Breves
contribuciones del Instituto de Estudiso Geográficos, Nº 7,1992, p. 53.
100
que explicaría que entre 1914 y 1947 la población de origen extranjero haya
disminuido en Bururyacu.
La disminución de población extranjera en el departamento está
relacionada con el proceso general que vive el país, ya que desde finales de la
década de 1930 se había producido el detenimiento de las corrientes
inmigratorias ultramarinas.
Sobre el analfabetismo en el departamento, el censo de 1947 analiza a
la población de más de 14 años de edad, por lo cual no resultan directamente
comparables los datos que disponemos. En 1947 encontramos que el 33,6%
de la población de Burruyacu de más de 14 años era analfabeta, porcentaje
que supera la media provincial, que era del 21,1%.
270
Barbieri de Guardia, “Niñas respetables, buenas maneras, y curriculum oficial en Tucumán a
principios de siglo”, en VVAA, Estudios de Historia Social de Tucumán. Educación y Política en
los siglos XIX y XX, 1999, p. 102.
271
Suayter, “Historia de la Educación Pública en Tucumán, 1880-1945”, en Puigros, (dir) Historia
de la Educación Argentina IV. La Educación en las Provincias y territorios Nacionales (1885-
1945), 1993, pp. 491-550.
272
Ibíd., p. 509.
273
Arata, La Educación Argentina. Una Historia en 12 lecciones, 2013, p.
101
1901 es 246, a las cuales han concurrido 17.667 alumnos, habiéndose
matriculado 28.524. Por las cifras consignadas, el estado de la instrucción
pública es relativamente satisfactorio, quedando mucho por hacer a fin de
difundir sus beneficios hasta en los lugares más apartados de la provincia” 274.
La ampliación de la escolaridad muestra la preocupación de la dirigencia
política por reducir el analfabetismo en la provincia.
Según la Constitución Nacional de 1853 eran las provincias las
encargadas de promover la educación primaria en sus regiones. Pero los
recursos que éstas tenían variaban según la jurisdicción, lo que provocaba
desniveles en la instrucción pública. En nuestra provincia, en un intento por
superar los límites de la ley de 1883, se dictó la nueva ley de Educación
Común Nº 1002, que certificaba la gratuidad de la educación y daba total
soberanía al Consejo de Educación provincial para administrar y organizar en
su jurisdicción. Este Consejo era el encargado de la vigilancia de los
establecimientos y en la campaña se nombraban a vecinos respetables (por lo
general padres de alumnos) para esta tarea.
Tucumán presentaba aún problemas estructurales. La mayoría de las
escuelas primarias rurales estaban instaladas en habitaciones pequeñas, con
falta de luz y ventilación y malas condiciones de higiene. Tampoco eran locales
estatales, sino que se trataba de casas alquiladas a particulares, en su gran
mayoría. En este contexto de precariedad, el ejecutivo provincial manifestaba
“la edificación de casas apropiadas para escuelas públicas ha sido una
necesidad sentida” que se debían solucionar progresivamente 275. La edificación
escolar para el gobierno, significaba el punto de partida para cumplir con la
educación elemental, pero este punto se encontraba condicionado por las
prioridades del gobierno, que se orientaban, principalmente, al desarrollo de la
industria azucarera276. El alivió llegó con la sanción de la Ley Laínez Nº 4874
(1905), que posibilitaba la creación de escuelas primarias nacionales en las
provincias, con lo que se solucionaron algunos problemas inmediatos.
El departamento de Burruyacu también sufría la escasez de escuelas y
experimentaba la necesidad urgente de mejorar las condiciones edilicias e
higiénicas de las ya existentes. En este sentido, los inspectores escolares de la
zona, denunciaban que los establecimientos padecían condiciones insalubres,
con pocas habitaciones, sanitarios insuficientes y en estado no apto para las
tareas que allí se desarrollaban.
Ante esta situación el gobierno nacional decretó la construcción de un
centenar de escuelas en el interior de nuestra provincia. Los ejemplos que
podemos encontrar en el departamento de Burruyacu son: en 1909 se
274
Compilación ordenada de leyes, decretos y mensajes del período constitucional de la
Provincia de Tucumán. Vol. XXV. 1902-1903, p. 188.
275
Ibíd., pág. 189
276
Suayter, [Link]., p. 517.
102
construyó un establecimiento de una habitación en el paraje Laguna de los
Robles y en 1911 se creó en la Villa de Burruyacu una escuela primaria, que
en el futuro sería la escuela Guillermo Rawson 277.
Otro problema a resolver era el ausentismo o el bajo número de niños en
edad escolar matriculados, debido a que las familias concebían a su prole
como una fuerza de trabajo esencial para el sustento del hogar. Los dirigentes
políticos hicieron poco por revertir o solucionar esta problemática, debido a que
las mujeres y los niños eran la mano de obra barata de los grandes industriales
provinciales. La falta de iniciativa del gobierno para garantizar el acceso a la
educación mediante la reglamentación del trabajo, llega a su punto máximo
cuando se trata el artículo 38 del Proyecto de la Constitución provincial en
1906, donde se afirma que la legislatura debe dictar un reglamento sobre las
condiciones de salubridad en el trabajo de mujeres y niños, pero que finalmente
no se dicta porque las cámaras consideran que existen temas de mayor
importancia que tratar278. Unos años después, se intentó atender este problema
a través de la sanción de un Reglamento de escuelas, en 1915. Éste
categorizaba diferentes modalidades, según las necesidades de la población
escolar. En este sentido, se establecieron escuelas especiales (que podían ser
práctico-rurales, nocturnas o gimnasios), infantiles (que sólo dictan los tres
primeros grados de la escolaridad primaria) y elementales (que dictaban toda la
escuela primaria, hasta quinto o sexto grado)279.
Tomando el censo de 1914, podemos ver que con las 30 escuelas
primarias que funcionaban en el departamento de Burruyacu, no se lograba
albergar a toda la población de niños en edad escolar, ya que de un total de
3.238 niños empadronados, sólo 1.993 estaba matriculados, de los cuales sólo
1.390 asisten a la escuela280.
Escuelas
Alumnos Maestros
Distrito Burruyacu primarias
30 1993 37
Cuadro 4: Escuelas, alumnos y maestros en Burruyacu, 1914.
Fuente: Censo Nacional de Población de 1914.
281
Carpetas de Informes de Inspección de Escuelas. Archivo del Ministerio de Educación de la
Provincia.
282
Ibíd., Carpeta nº 278.
283
Íbíd. Carpeta nº 173.
284
Díaz, Aguada del Burro. Memorias de Burruyacu. Un aporte para su historia, p. 65.
285
Carpetas de Informes de Inspección de Escuelas. Archivo del Ministerio de Educación de la
Provincia. Carpeta Nº 208.
286
Ibíd. Carpeta nº 211.
104
Imagen 6: Foto de la escuela Nº 211 de La Cruz de Arriba
Fuente: Archivo del Ministerio de Educación de la Provincia de Tucumán.
287
Suayter, Op. Cit., p. 536.
288
Ibíd., p. 517.
289
Carpetas de Informes de Inspección de Escuelas. Archivo del Ministerio de Educación de la
Provincia. Carpeta nº 347.
105
A finales de la década de 1920 comenzó una etapa distinta respecto a
garantizar el ingreso a la escuela y la permanencia de los niños en ella. Para
ello, el gobernador José Sortheix aprobó la creación del plan “Copa de leche”,
que consistía en proporcionales a los estudiantes un alimento nutritivo en
medio de la jornada escolar. El costo del plan, sería pagado en un 50% por el
gobierno provincial y, el resto, debía ser solventado por cada institución, que
debía recurrir al apoyo de su comunidad. Además, en 1933 se amplía la partida
de dinero para el mejoramiento edilicio y conservación de escuelas, medida
afín con la sanción de la Ley provincial de creación del fondo permanente de
Obras Publicas y Asistencia Médica290. En la prensa local se mencionaba, al
respecto, que el Consejo de Educación se había propuesto crear escuelas en
los departamentos del interior de la provincia, según su cantidad de población.
En el caso de Burruyacu, se proyectaba la construcción de dos instituciones 291.
En 1932 se realizó un Censo Escolar Nacional 292, en donde se
mostraba que habían aumentado los niños que asistían a la escuela en
Tucumán. De los 91.848 niños censados, concurrían a la escuela 70.082 y no
concurrían 21.766. Su grado de instrucción era: alfabetizados 21.297;
semialfabetizados 51.861 y analfabetos 18.690 niños.
A partir de estos resultados, se aprobó una campaña contra el
analfabetismo, con el cual se pretendía que en un plazo de dos años no
existieran en la provincia analfabetos en edad escolar. Para cumplir con la
obligatoriedad se adoptó un carnet escolar y se decretó el reglamento del
trabajo de menores, prohibiéndoles trabajar293.
Miguel Campero, en su discurso de apertura de sesiones legislativas,
sostuvo que intentaría que la educación se imparta de forma regular y eficiente
y que dotaría a las escuelas de lugares cómodos e higiénicos, mediante el
programa de edificación escolar294. Desde 1933 se ampliaron los fondos
destinados al mejoramiento de los edificios escolares. Para ello, fue aprobado
el proyecto que creó el Fondo Permanente de Obras Publicas y Asistencia
Médica y Social295. En esta línea se realizaron estudios para la construcción y
ampliación de establecimientos educativos en diversos lugares de la campaña,
como sucedió en la década de 1930, con la construcción de dos escuelas
importantes para el departamento de Burruyacu, una en La Ramada y otra en
la villa. Esta última es la escuela de nivel primario Guillermo Rawson, que
remplazó a la denominada “escuela vieja de Burruyacu” creada en 1911. Al
principio, con la nueva obra, se dictaba hasta tercer grado y, luego, cuando fue
290
Suayter, Op. Cit., p. 534-535.
291
Diario La Gaceta, 15 de agosto de 1931.
292
Consejo Nacional de Educación. Censo Escolar 1931-1932.
293
Suayter, Op. Cit., p. 538.
294
Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Senadores de Tucumán 1936.
295
Suayter, [Link], p 531.
106
trasladada a su domicilio actual, se sumaron dos grados más (hasta quinto
grado), con la construcción de nuevas aulas. Entre sus docentes, son muy
recordadas la Directora Julieta Gómez López de Ramos; y las señoritas Nery
Bustos Valentié de Ramos, Irma Falco y Lisa Babot 296. Con el correr de los
años el local fue ampliándose para albergar a mayor cantidad de niños, cuyo
número iba creciendo al compás del crecimiento de la población en general.
Por su parte, en la localidad de Tala Pampa se creó la escuela Nº 339
en un terreno donado por Don Roberto Garat. El local tenía una pieza de
material y techo de chapas con un pozo a balde para el suministro de agua.
Según Ysmael Díaz, algunos docentes que pasaron por sus aulas fueron
Ramón Muruaga, Blanca Gallo y Ana Pérez de Garat. También, en Puerta
Alegre, se creó la escuela Nº 310, en 1934. Ésta se ubicó en una propiedad
alquilada al señor Salvador Valenzuela y constaba de dos piezas, cocina y dos
baños en mal estado. Un relevo de la inspección escolar muestra que en 1936
la población escolar en esta escuela era la siguiente:
296
Díaz, Op. Cit., p.
297
Carpetas de Informes de Inspección de Escuelas. Archivo del Ministerio de Educación de la
Provincia. Carpeta nº 344.
298
Diario La Gaceta, 3 de abril de 1939.
299
Ibíd., 4 de abril de 1940.
107
el estado de salud de la población escolar. Todas estas políticas serán
intensificadas durante el gobierno peronista.
Para 1939, disponemos de relevamiento de dos instituciones en el
departamento de Burruyacu, que nos muestran la cantidad de alumnos que
asistían a las escuelas en cada localidad, lo que indicamos en los siguientes
cuadros:
300
Diario La Gaceta, 1 de mayo de 1940.
301
Diario La Gaceta, 19 de abril de 1940.
302
Diario La Gaceta, 24 de enero de 1940.
303
Syater Op. Cit, p 539.
304
Martínez Paz, El Sistema Educativo Nacional. Formación-Desarrollo-Crisis, 1978, p. 60.
305
Arata, Op. Cit, p. 199.
109
de los objetivos del plan trienal, para superar la pobreza y la desnutrición, la
desocupación durante la interzafra y fortalecer internamente el mercado 306.
En materia educativa Jorge Arizaga, autor del Primer Plan Quinquenal
nacional (1947-1951) sostenía como una preocupación de Estado, el
florecimiento de la cultura nacional y que la deserción escolar crecía por la
insuficiencia del pensamiento positivista y liberal, la falta de sentido nacional y
la tenacidad del enciclopedismo. Para contrarrestar esta situación elaboró el
plan basado en una enseñanza práctica y el fomento de la tradición. La primera
se desarrollaría en las escuelas, colegios y universidades, mientras que la
tradición se cristalizaría mediante el folklore, la danza, las efemérides patrias,
la religión, la familia y la historia con un sentido nacionalista y popular 307. En
1949, con la reforma constitucional y dentro de esta política de centralización y
racionalización, se conformó el Ministerio de Educación Nacional, que se
vuelve un área independiente del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública. El
objetivo era la acción directa del gobierno sobre la escuela308.
En vista del persistente problema del analfabetismo, el gobernador
Carlos Domínguez sostuvo que para aniquilarlo, el gobierno se encargaría de la
construcción de escuelas de acuerdo a las necesidades de la población y se
extendería la educación a los lugares más apartados de la provincia. Para ello
sostenía que era necesario “racionalizar y simplificar los programas de estudio,
implantar la orientación practica de enseñanza e inculcar el sentimiento a la
patria”309. En la misma línea, el gobernador peronista Fernando Riera,
proseguía con la política de construir nuevos establecimientos educativos. En
Burruyacu, inauguró obras en las localidades de Villa Benjamín Aráoz y
Macomitas310. Como consecuencia, en algunas localidades del departamento
de Burruyacu los índices de población escolar comenzaron a aumentar
notablemente, como en el caso de la escuela Nº 118 en La Cruz:
306
Suayter, “Historia de la educación pública en Tucumán, 1945-1985”, en Puiggrós, La
educación en la provincia y los territorios nacionales, 1997, p. 433.
307
Puiggrós, Qué pasó en la educación Argentina. Breve historia desde la conquista hasta el
presente, 2003, p. 134.
308
Cammarota, “El Ministerio de educación durante el peronismo: ideología, centralización,
burocratización y racionalización administrativa (1949-1955)” en Revista de Historia de
Educación Latinoamericana, Vol. 15, 2010, pp. 63-92.
309
Diario de sesiones de la Honorable Cámara de Senadores 1947.
310
Diario La Gaceta, 10 de mayo de 1952.
110
Elaboración propia. Fuente: Carpeta Nº 118. Archivo del Ministerio de
Educación de Tucumán.
317
Lazarte Hugo, “El Ferrocarril en Tucumán y la trasformación del paisaje”, Tesis de
Licenciatura en Geografía, 1989, p.19 .
318
Ibíd., pág, 11.
319
Díaz, La Aguada del Burro. Memorias de Burruyacu, un aporte para su historia, 2008, p. 45.
320
Ibíd., pag 45.
113
familias, por lo que la demanda de insumos como alimentos y vestimenta creció
constantemente. La estación del ferrocarril se encontraba llena de vida por sus
negocios circundantes y por la llegada de noticias, visitas y pobladores que
circulaban por ella.
114
denominaciones de todos los ferrocarriles. El que atravesaba Burruyacu fue
llamado Ferrocarril Nacional Bartolomé Mitre.
Por el desmonte realizado en el departamento, se cambió las orientación
de las actividades productivas. En Taruca Pampa y Villa Benjamín Araoz la
población implementó el cultivo de caña de azúcar, lo que mejoró la situación
económica de la población de dichas zonas. Sin embargo, a mediados de 1960
con el desmantelamiento de los ingenios de la provincia y la consecuente
declinación de la producción azucarera, se terminó por decidir el retiro del
ramal ferroviario desde El Chañar hasta Requelme. Se levantaron incluso las
vías y los durmientes. Los edificios donde funcionaban las estaciones y
paradas fueron ocupadas por las comunas de cada localidad. Con el retiro del
ferrocarril, Burruyacu se empobreció notablemente, reflejado en el éxodo de
jóvenes a la capital de la provincia en busca de trabajo 321.
Podemos concluir que el departamento de Burruyacu fue una jurisdicción
en nuestra provincia con un llamativo retraso en la instalación de una vía de
comunicación tan importante como el ferrocarril. Sin embargo, en los años que
duró su funcionamiento trajo un dinamismo económico, social y cultural
importante, que invariablemente declinó a partir del levantamiento del ramal.
324
Zeberio, “Un mundo rural en cambio”, en Bonaudo, (coord.), Liberalismo, Estado y Orden
burgués (1852-1880), 1999, pp. 325-327.
325
El plan del Banco Hipotecario Nacional en 1919 consistía en hacer préstamos de hasta el
80% del precio de compra de explotaciones que no excedieran 200 hectáreas y que estuvieran
calificadas para colonización. El banco no colonizaba las tierras, sino que financiaba la compra
de las mismas. El fracaso de este plan fue explicado por el Banco alegando que tanto el
comprador como el vendedor de los lotes tenían la intención de obtener ganancia y, por otro
lado, debido a la falta de aptitudes de los colonos.
326
Tanto la ley nacional 12.636 como el Consejo Agrario Nacional, sufrieron cambios a lo largo
del tiempo. En el caso del Consejo Agrario Nacional, primero dependía del Ministerio de
Agricultura, luego de la Secretaría de Trabajo, después del Banco Central y en 1946 pasó a la
órbita del Banco de la Nación; a partir de 1958 volvió a ser un organismo autónomo, vinculado
con el Ministerio de Agricultura. En el caso de la ley 12.636, fue reemplazada por la Ley de
Colonización 14.302 en el año 1954, suplantado luego por el decreto ley 2.964 de 1958.
116
Agrario Nacional. Con estos instrumentos, el objetivo era resolver las
debilidades de la agricultura en el país, tales como los grandes predios, la
excesiva especialización, la falta de educación técnica y la vivienda rural pobre.
Para hacerlo, se promovía una agricultura diversificada y científica a partir de
granjas familiares y cooperativas, conformadas por población inmigrante.
La cuestión de la diversificación agraria en la provincia de Tucumán,
había sido planteada en reiteradas oportunidades, cada vez que se hacía sentir
una crisis económica relacionada con el cultivo de la caña de azúcar. Además,
a nivel provincial, la colonización no había sido un fenómeno característico. De
hecho, hasta 1882 no se había formado ninguna colonia en la provincia y en
1889, el gobernador Lídoro Quinteros hacía notar la falta de colonias,
afirmando que había sólo tres de pequeñas dimensiones en Trancas, Leales y
Monteros. Hasta la primera mitad del siglo XX varios proyectos de colonización
agrícola llevados adelante, fracasaron, como sucedió en La Florida (Monteros),
Lules, Rodeo Grande (Trancas), El Potrerillo (Chicligasta) y Tafí del Valle.
El plan llevado adelante desde 1936 por el Banco Hipotecario Nacional
fue elaborado con la colaboración fundamental del ingeniero agrónomo S.
González Sabathié, estableciendo un nuevo sistema para la colonización,
basado en los siguientes principios:
1) El Banco estimaba la tierra en términos de su valor productivo.
2) El Banco vendía la tierra a ese precio en una operación privada a
agricultores selectos que tuvieran experiencia agrícola, buen carácter,
algo de capital, preferentemente casados y con hijos en edad productiva.
3) El colono ingresaba al lote en carácter de arrendatario-comprador. El
contrato establecía el pago del 3% del valor por eso de la tierra (como
arrendamiento), obligando a realizar mejoras para la explotación y a
formar un “fondo de adquisición” del 4% del valor del predio en concepto
de ahorro del colono.
4) 5 años después, el colono pagaba una cuota de entrada del 10% del
precio fijado, que se tomaba del “fondo de adquisición”. El saldo se
constituía en hipoteca a favor del Banco, al 3% de interés y 1% de
amortización, reembolsable en 47 años.
5) El tamaño de las explotaciones se determinaba por las condiciones de la
tierra, el tamaño de la familia y el tipo de agricultura a realizarse.
Bajo este plan, se establecieron 5 colonias a fines de la década de 1930,
pero con 40 proyectos para el futuro.
La historia del departamento de Burruyacu como región agrícola
comienza recién en el siglo XX, dado que, como vimos en capítulos anteriores,
se había caracterizado por ser una zona dedicada casi exclusivamente a la
actividad ganadera. A principios de la última centuria, comenzaría una
ocupación más intensa de la región, lo que se debió, por un lado con el
117
mejoramiento de las rutas y los caminos (por ejemplo, se construyó el ramal
ferroviario del Ferrocarril Central Argentino para unir El Chañar con La Ramada
y con Burruyacu y se abrieron varias estaciones) y, por otro lado, a la
introducción de la agricultura comercial. Como consecuencia, comenzó un
proceso de división de tierras, principalmente en la zona comprendida entre los
ríos Calera y el Salí, cercana a Villa Benjamín Aráoz y la estación ferroviaria El
Barco. Estos parcelamientos de tierras estuvieron relacionados con la
radicación de población extranjera, sobre todo españoles, que trabajaban en el
campo como arrendatarios y que, con el tiempo, pudieron comprar pequeños
lotes. Las tierras eran adquiridas a través de remates llevados adelante por
instituciones crediticias, como sucedió luego en el caso de la colonización en
La Ramada de Abajo. También sucedió que en las propiedades que se habían
desmontado para proveer de leña y durmientes al ferrocarril y combustible para
los ingenios, fueron parceladas y vendidas por los dueños.
El valor de la tierra comenzó a aumentar, sobre todo las que se
encontraban en las cercanías al camino provincial que unía el departamento
con la ciudad capital y aquellas que estaban próximas al camino que penetra
en el Valle del Río Calera. Es decir, eran tierras con buenas posibilidades de
comunicación. Pero, además, contaban con precipitaciones suficientes y
corrientes de aguas superficiales y subterráneas, que daban la posibilidad del
desarrollo de la agricultura. Las primeras actividades agrícolas fueron cultivos
de subsistencia, como trigo, maíz y forrajeras para el engorde de ganado. En
cuanto a la caña de azúcar, comenzó a sembrarse en la región a fines del siglo
XIX, pero siempre fue considerada una zona marginal.
En este contexto, la colonia de La Ramada de Abajo, promovida desde
el Banco Hipotecario Nacional, “fue concebida como un conjunto de unidades
de explotación extensiva, distribuidas en forma regular a ambos lados de un
camino central que la recorría como una columna vertebral de oeste a este. En
la determinación de las parcelas se tomó en cuenta el desnivel de las lomadas,
especialmente en la zona oeste, procurando distribuir equitativamente las
pendientes empinadas y otras desventajas ecológicas”. La zona elegida para
llevar adelante el proyecto fue una finca del departamento de Burruyacu que el
Banco había recibido producto de una hipoteca vencida. Dicha institución no
había podido elegir tierras según su calidad, sino que se hizo en base a las
propiedades que disponibles.
Desde el Banco se consideraba que la superficie de los lotes debía ser
de 100 hectáreas (se consideraba que la cantidad de tierra debía ser suficiente
para que el colono y su familia pudieran vivir y no debía ser mayor de lo que
pudieran cultivar directamente), pero la presencia de las vías del ferrocarril y
del camino Tucumán-Burruyacu que atravesaban las tierras, determinando
ubicaciones ventajosas y la posibilidad de otros tipos de explotación, ocasionó
118
que algunos lotes fueran menores a 100 hectáreas. De hecho, al oeste de la
ruta y hasta pasada la estación de Macomitas, las propiedades tenían menos
de 60 hectáreas, aumentando progresivamente su tamaño hacia el oeste. Por
lo tanto, en el poniente los predios eran de menor tamaño. Otra característica
destacables es que, dentro de los criterios generales, la colonia había sido
pensada como un conjunto de unidades de explotación familiar, dedicadas a
cultivos anuales de verano, sobre todo maíz y maní y, eventualmente, girasol y
algodón, más la posibilidad de formar una quinta de cítricos en cada lote. El
lugar no fue preparado por la institución, dejando las tareas de desmontes,
construcción de viviendas, colocación de alambrados, etc., como una
obligación de los colonos al ingresar a sus propiedades.
Finalmente, se proyectaron 52 lotes, con superficies variables, que
mencionamos a continuación en el siguiente cuadro:
Cantidad de lotes Hectáreas
Siete 40 a 50 hectáreas
Dos 50 a 60 hectáreas
Cuatro 60 a 70 hectáreas
Dos 70 a 80 hectáreas
Uno 80 a 90 hectáreas
119
Imagen 9: Llamado a licitación publicado en el Diario La Gaceta de
Tucumán, 4 de julio de 1939.
120
Al finalizar el plazo para la presentación, se habían presentado 112
interesados y a fines de 1939 ya se habían instalado 58 adjudicatarios en la
colonia. De ese total, 49 ya eran arrendatarios de la propiedad y 9 eran
agricultores en otras fincas vecinas. En la selección de los colonos se hizo
hincapié en aptitudes técnicas (ser agricultores auténticos, tener elementos de
trabajo) y morales (ser hombres de bien, honestos, capaces de convivir en
armonía y de desarrollar el espíritu asociativo y de cooperación).
El Banco, además, basó su elección en dos elementos importantes: que
los solicitantes ya sean arrendatarios en la zona y que sean inmigrantes con
una homogeneidad étnica. La condición de inmigrantes se basó en una
situación local concreta, porque con el avance del siglo XX comenzaron a llegar
extranjeros al departamento, para trabajar tierras nuevas como apareceros.
Como resultado, toda la zona cercana a La Ramada de Abajo, como
Macomitas y Mariño (Macomitas se había transformado en una especie de
colonia de valencianos, que trabajaban la tierra como arrendatarios), fue
desmontada por españoles, principalmente. Esas parcelas eran trabajadas
gratis por algunos años o pagando un pequeño arriendo, según el tipo de
monte. Luego de desmontado, los agricultores trabajaban con contratos de
aparecería, produciendo fundamentalmente maíz.
Podemos suponer que una de las causas para que estas familias se
trasladaran luego a La Ramada de Abajo, fueron las dificultades que
atravesaban en su actividad económica, en la década de 1930, de lo cual nos
dan testimonio las noticias periodísticas de la época. Desde 1930 los
agricultores de Macomitas, dedicados al maíz, habían comenzado a reunirse
con funcionarios para dar a conocer su situación crítica. En junio de ese año,
por ejemplo, en una Asamblea que tuvo lugar con diferentes productores, un
agricultor, el Sr. Díaz Delgado, explicaba la situación de los trabajadores de
Macomitas, relacionados con arrendamientos caros, con la falta de alumbrado
en sus terrenos y con los precios de las tarifas ferroviarias327. A estos
problemas se sumarían, un año después, los conflictos por las ventas del maíz,
que, según los productores, se comercializaban a un precio ruin. Para mejorar
su situación, solicitaban que se hiciera efectiva la medida que disponía que el
maíz se pagara a 5 pesos los 100 kilogramos. Para resolver otra de sus
problemáticas, como lo era el alto precio de los arrendamientos, proponían
pagar los alquileres en producto cultivado, tomando como ejemplo sistemas
vigentes en otras regiones del país y del mundo, en donde los terratenientes
reciben el maíz y se encargan ellos mismos de comercializarlo. Además,
sostenían que con esta medida se fomentaría la mejor distribución de la
riqueza y se liberaría a los trabajadores del campo de las preocupaciones por
la comercialización, que implican una pérdida de tiempo para su trabajo
327
La Gaceta de Tucumán, 1 de junio de 1930
121
agrícola328. La situación se complicaría todavía más por la plaga de langostas
que afectó a la región desde mediados de la década, provocando en 1935 un
90% de pérdidas en las sementeras de maíz del departamento 329. Ante esta
adversa situación, la propuesta del Banco Hipotecario Nacional debe haber
resultado muy atractiva, dado que los trabajadores rurales obtenían la
oportunidad de convertirse en propietarios de las tierras, con lo que se
resolvería una parte de sus dificultades.
Las familias inmigrantes que se asentaron en la zona procedían muchas
veces del mismo pueblo o región, porque lo que se presentaban fuertes lazos
de parentesco o vecindad entre ellas330. Este proceso inmigratorio está
relacionado con el que vivió la Argentina en general, desde la segunda mitad
del siglo XIX, a partir de la promoción a la llegada de población extranjera al
país, manifestada incluso en el preámbulo de la Constitución Nacional como
así también en uno de sus artículos331.
Antonio Alberto Ayala, nieto de uno de los colonos, comentaba en
entrevista con Ernesto Cepeda332 que los primeros inmigrantes españoles
llegaron a la zona de La Ramada a partir de 1905, y lo siguieron haciendo
continuamente durante los siguientes 20 años. El primer lugar donde se
asentaron fue en Mariños. Mayormente venían de Andalucía y de Valencia y,
en menor medida, también llegaron familias siriolibanesas.
Así, cuando el Banco Hipotecario comenzó a dar las tierras de La
Ramada de Abajo en arrendamiento, los españoles se fueron instalando allí,
dejando como resultado una colonia cuya composición étnica fue de 14
argentinos y 44 extranjeros. Éstos últimos eran casi todos españoles, excepto
algunos siriolibaneses e italianos. Para explicar esta situación, Vessuri sostiene
que probablemente el modelo de agricultor que manejaba el Banco Hipotecario
era el del agricultor europeo, por lo que los agricultores criollos de la zona no
respondían a sus expectativas.
Los colonos asentados en 1939 fueron: Manuel Ortiz, Luis Piccinetti,
Rosa García, Ismael Mohanna, Rafael García, Tomás García, Elías Vidal,
Camilo Elías, Ricardo Porcel, Antonio S. Mejías, Eduardo Martín Peña, José
Naranjo, Andrés García, Abraham Taffaja, Manuel Ruiz, Antonio Rodríguez,
Antonio Torcuato Martínez, Antonio García, José Palomo, Carlos y Antonia
328
La Gaceta de Tucumán, 13 de mayo de 1931
329
La Gaceta de Tucumán, 12 de marzo de 1935
330
Usandivaras de Hlawaczek, “Las familias de inmigrantes españoles en La Ramada,
Tucumán”, en Pedicone de Paradella, (dir.), Espacio de sinergia entre España y Tucumán,
2013, p. 259.
331
Artículo 25 de la Constitución Nacional: “El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no
podrá restringir ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros
que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las
artes”.
332
Ernesto Cepeda, “La colonización española de La Ramada de Abajo”, en Revista
producción, [Link] junio de 2011.
122
Soria, Alejandro Dage, Estaban Jabaloyas, Salomón Jorje, José Giménez,
Antonio Pérez, Sánchez, Antonio Rodríguez Martín, Bautista Martínez, Juan
Antonio Castaño, Manuel Clemente, Armando Pumara, Vicente Calatatud,
Vicenta Pérez de Tarancón, Manuel Pumara, Francisco Ayala, Antonio Palomo,
Francisco Ramos, Pablo Ayala, Leonardo Martínez, Manuel Miguez, Vicente
Fandos, Julián Pérez Giménez, Antonio Pérez Martínez, Juan Ayala, Manuel
Gago, Jaime Vendrell, Braulio Sillero, Manuel Ruiz Hidalgo, Lautaro Luis
Albornoz, Manuel Rodríguez, Carmen Aranda de Martínez, Pedro Vidal, Javier
Martín Ruiz, Ricardo Martínez, Antonio Palomo (hijo), Vicente Martí, Manuel
García, Lázaro García, Vicente Banaclocha, Ramón Pérez, Juan Mejías, José
Porcel, Salvador Pérez Juanes, Aniceto Kasem, José Pedro333.
Respecto a la situación económica de los colonos, el Banco conocía la
falta de capital por la que atravesaba la mayoría de ellos; por ello sólo exigió
que los agricultores tuvieran herramientas y animales para la labranza y para la
construcción de una vivienda. A pesar de esto, el Banco sólo se limitó a
realizar el parcelamiento y la venta de los lotes, dejando para los colonos las
tareas de infraestructura y sin proveerlos de una política crediticia para sus
cultivos. Tampoco hubo colaboración respecto al asesoramiento técnico por
parte del Banco (aunque sí estuvo presente la Estación Experimental Agrícola y
la Secretaría de Agricultura y Ganadería, provinciales).
La primera actividad que desarrollaron los colonos fue el cultivo de maíz,
con la presencia de unos pocos manchones de caña, además, de girasol y
maní, con mercados restringidos y un volumen económico reducido. José
Palomo, cuarta generación de inmigrantes de La Ramada de Abajo, comenta
en entrevista brindada al programa de televisión Siembra y Cosecha que:
333
Ídem.
334
Siembra y Cosecha TV: “Colonización española en La Ramada de Abajo”, 29 de febrero de
2016. Disponible en: [Link]
123
Pero ese período de establecimiento fue contemporáneo al auge del
Laudo Alvear335 que fomentó la radicación de pequeños y medianos cañeros, lo
cual traería consecuencias importantes para la zona: en la década de 1950, la
caña terminó por desplazar a las superficies cultivadas de maíz, zapallo, maní y
girasol, llegando a picos de producción cañera entre 1956 y 1958. Para ilustrar
de manera clara este proceso, podemos ver que entre 1937 y 1945 las
hectáreas dedicadas a explotaciones cañeras en del departamento de
Burruyacu, pasaron de 3.769 a 10.497, de la mano de un emprendimiento
realizado exclusivamente por cañeros independientes, mientras que para 1960
ya se contaban 23.647 hectáreas, a pesar de ser una zona considerada
marginal para el cultivo de caña336.
Una vez asentados los colonos, comenzaron a organizarse
conjuntamente para maximizar sus beneficios, aceptado las sugerencias de
algunos promotores externos que recomendaban la asociación de los
agricultores. De estos esfuerzos surgió, en 1952, la Cooperativa Unión y
Progreso, con 25 socios. Luis Alberto Ayala, nieto de uno de los colonos
adjudicatarios del Banco Hipotecario en 1939, comentaba en entrevista que:
335
El Laudo Alvear fue un fallo del presidente Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928) en 1928
respecto a la huelga de los productores cañeros llevada adelante desde 1927, a partir de la cual no se le
suministraba materia prima a los ingenios, cuya consecuencia fue paralizar la zafra. A partir del Laudo
Alvear, se normalizaron las relaciones intersectoriales con la introducción de un contrato único de
compraventa de materia prima.
336
Bustelo, “Las pequeñas explotaciones cañeras tucumanas ente el Laudo Alvear y la política
azucarera del primer peronismo”, en Revista Avances del Cesor, V. XIII, Nº 14, Primer
Semestre 2016, disponible en: [Link]
[Link]/ojs/[Link]/AvancesCesor/index, pp. 75-82.
337
Luis Alberto Ayala, entrevista, febrero de 2017.
124
desde el Club se gestionaban las obras que necesitaban los colonos para el
desarrollo de su comunidad. Es el caso de la visita que hicieron los miembros
del Club al inspector general de Comisiones de Higiene y Fomento. La comitiva
la componían el presidente del Club, Vicente Fandos, su vicepresidente, Luis
Martínez,el secretario Miguel J. Blasco y el tesorero Ricardo Porcel. En la
reunión con el funcionario, pidieron que se concreten las obras prometidas
unos años antes, entre ellas la apertura de vías de comunicación entre La
Ramada de Abajo y Cruz Alta, que permitiría a los vecinos comercializar de
manera más directa sus productos agrícolas338.
El trabajo de Vessuri analiza el funcionamiento de la Cooperativa entre
el año de su fundación y la década de 1970. Así, marca tres períodos
diferenciados por su comportamiento económico.
El primer período lo llama de despegue, y se desarrolla entre 1953 y
1956. Fue un período fue dinámico, con un marcado control de los agricultores
en la consolidación de sus actividades. Fue un ciclo exitoso, en donde
intervinieron varios elementos: el prestigio generado por ser una de las
primeras cooperativas de la provincia, la relación de la cooperativa con la
sociedad local, generando sentimiento de pertenencia, la coincidencia con un
pico de actividad cañera, que se convertiría en el rubro principal de la
cooperativa.
El segundo período, entre 1956 y 1958 fue de expansió[Link] obtuvieron
excelentes cosechas de caña, cuya venta se canalizó principalmente a través
de la cooperativa. Como resultado, aumentó la gravitación económica de la
misma y comenzó a prestar servicios en varios rubros: abastecimiento,
construcción, reparación y conservación de caminos, servicios de máquinas,
venta de la producción de los socios, recepción y transporte de la caña. Su
situación fue tan buena que llevaron adelante la colonización de nuevas tierras.
Así compraron y subdividieron una estancia vecina, llamada La Virginia.
La compra de La Virginia se realizó con ayuda financiera del Banco
Provincia. Esta colonia se encuentra ubicada al este de La Ramada de Abajo,
contando con el doble de superficie aproximadamente (casi nueve mil
hectáreas), en suelo principalmente llano. Para parcelar la tierra, se utilizó un
esquema clásico de damero, quedando configurados lotes de entre 90 y 263
hectáreas. Se delimitaron 64 parcelas para ser adjudicadas en primer lugar
entre los asociados que habían solicitado tierra y demostrado su interés en esta
colonización. La Cooperativa Unión y Progreso conservó tres lotes de 200
hectáreas y pozos surgentes que después se vendieron a particulares.
El tercer momento fue de crisis, a partir de 1959, causada por las
dificultades para la comercialización del producto. En general, la expansión,
retracción y estancamiento de la cooperativa estuvieron asociados a los ciclos
338
Diario La Gaceta, 2 de junio de 1948.
125
de la producción cañera, a pesar de los intentos de diversificar los cultivos. La
crisis azucarera de fines de la década de 1950 había modificado el valor
económico de los lotes y los agricultores se vieron obligados a reemplazar la
caña de azúcar por cultivos menos rentables, como el maíz, el zapallo, el trigo
y las hortalizas. Las dificultades económicas por las que atravesaron los
colonos a finales de la década, quedaron plasmadas en los balances de la
Cooperativa, en donde se sostenía que las nueva políticas nacionales
implicaban el abandono de los más débiles. Vessuri sostiene que:
339
Vessuri, Hebe, “La explotación familiar en el contexto de un sistema de plantación: un caso
de la provincia de Tucumán”, Op. Cit., p. 223.
340
Ernesto Cepeda, Op. Cit.
126
- En 1961 se cultivaron 1500 hectáreas con apoyo del Banco de la
Provincia de Tucumán. La comercialización del producto se hizo a
través de la firma Agrosoja.
- En el período 1962-1963 se sembraron 1200 hectáreas, teniendo el
apoyo del mismo Banco. En este ciclo también se produjo cultivos
que se adaptaban mejor a la zona, como maíz, trigo y zapallo, pero
para los productores no aseguraban tranquilidad económica.
- En la fase 1964-1965 aumentó la cantidad de hectáreas sembradas
con soja (2300). También se cultivaron maíz, maní, girasol y zapallos.
Pero en conjunto hubo muchas pérdidas, consecuencia de una
sequía prolongada. Ante esta situación, el gobierno provincial declaró
a La Ramada de Abajo y La Virginia como zonas de emergencia,
para lo cual se gestionaron créditos que no fueron completamente
exitosos.
- En el ciclo 1966-1967 la soja alcanzó las 8000 hectáreas sembradas,
pero también la falta de lluvias generó problemas entre los colonos.
341
La Gaceta de Tucumán, 13 de febrero de 1971.
342
Siembra y Cosecha TV, Op. Cit.
127
de superficie sojera a nivel provincial”343, a pesar de que a fines de la década
de 1990, la producción había sufrido algunos descensos debido a sequías
bastante pronunciadas y, también, por técnicas de cultivos que agotaban el
suelo. Por esto último, se adoptaron técnicas conservacionistas como la
“labranza cero” y la “labranza mínima” 344. La primera de éstas implica sembrar
sin cultivar, reemplazada por agroquímicos para desecar la maleza, evitando la
erosión del suelo y mejorando los rendimientos. La “labranza mínima” significa
que luego de una cosecha, se realiza un cultivo vertical sin roturar el suelo 345.
En la década de 1990 la industrialización de la soja en Tucumán, que ya
era considerado un gran productor, se llevaba adelante solamente a través de
la planta procesadora de lecha de soja AdeS, fundada en 1988 en el
departamento de La Cocha,. A través de ésta, se procesaba la soja extrayendo
la leche y los jugos alimenticios, mientras que el residuo era usado para la
alimentación de los animales. La comercialización en este momento era sólo
nacional, principalmente a través de la Cooperativa Unión y Progreso 346.
En cuanto a la conservación de la colonia original, Vessuri había
observado en 1974 que todavía el 67,2% de los propietarios en La Ramada de
Abajo estaban directamente vinculados al plan de colonización originario, ya
que 21 agricultores eran en ese momento adjudicatarios del Banco y otros 18
eran herederos de adjudicatarios. Estos datos son similares a los que nos
proporcionó en entrevista Luis Alberto Ayala, quien sostuvo que, actualmente,
en La Ramada de Abajo el 70% de las propiedades es conservada por
herederos de los colonos, mientras que en La Virginia esa situación es más
irregular, producto de la venta y parcelación de los lotes.
La Cooperativa Unión y Progreso no fue únicamente un organismo con
objetivos exclusivamente económicos, sino que amplió su tarea en varios
aspectos. Por ejemplo, la Cooperativa mantenía los caminos que atravesaban
la colonia y también los provinciales, como la Ruta Provincial 317, que
atraviesa las colonias y lleva hasta Gobernador Piedrabuena, Garmendia y 7
de Abril. Además, Luis Alberto Ayala comentaba en la entrevista que en 1980,
por intermedio de la Cooperativa, se hizo un loteo para viviendas, del cual
surgió un barrio de entre 20 y 30 casas, entre las cuales se encuentra la de él,
lugar donde reside todavía.
También nos decía que la Cooperativa llevó adelante eventos
importantes como la Fiesta Provincial de la Soja (realizada durante 3 o 4 años)
y la ExpoSoja, en conjunto con la Sociedad Rural cuya función era darle
343
Fandos, “Evolución del área sojera en la provincia de Tucumán. Análisis por departamento
del período 2012/2013-2014/2015”, en Reporte EEAOC 2014-2015, 2015, p. 158.
344
Rodírguez, “La Ramada de Abajo y La Virginia: un ejemplo de colonización agrícola en la
provincia de Tucumán”, Tesis de Licenciatura, 1997, p. 32.
345
Ídem.
346
Ídem.
128
difusión a sus actividades agrícolas. Luis Alberto Ayala concluye que “la
Cooperativa Unión y Progreso es muy fuerte en la provincia”, lo cual destaca a
pesar de que actualmente no cuenta con tantos socios como en el pasado
(manifestó que “La Cooperativa llegó a tener 800 asociados pero hoy no llega a
más de 150”), con lo cual es notable la necesidad de nuevos miembros para
relevar en el futuro a los actuales.
En el ámbito de lo cultural, Luis Alberto Ayala destaca que el Club Social
y Deportivo “Unión y Progreso” llevó adelante una importante obra: la
fundación del Colegio San Isidro Labrador, en 1981. Esta institución, según el
entrevistado,
129
CAPÍTULO 5
347
Centurión, “El largo y conflictivo preludio de la fractura social en Tucumán: proscripción,
inestabilidad y movilización, 1955-1966”, en Bravo, María Celia, Historia contemporánea de las
provincias del NOA: 1930-2001, Editorial Científica Universitaria de la Universidad Nacional de
Catamarca, Catamarca, 2012
348
Pucci, “Tucumán entre dos operativos militares (1966-1976)”, en Bravo, María Celia, Historia
contemporánea de las provincias del NOA: 1930-2001, Editorial Científica Universitaria de la
Universidad Nacional de Catamarca, Catamarca, 2012
349
Páez de la Torre, Historia de Tucumán, 1987.
130
conflictos por la enseñanza laica o libre y la situación gremial, se exacerbaron y
generaron inestabilidad en el gobierno.
A pesar de esto y de no contar con una buena situación económica, el
gobierno llevó adelante obras públicas importantes. A partir de 1959, se había
iniciado un plan de reactivación productiva para zonas del interior. En ese
sentido, comenzaron los trabajos para la electrificación en Villa Benjamín Aráoz,
con el objetivo de mejorar su producción agrícola y ganadera. Los vecinos de la
zona, consultados por la prensa local, sostenían que estas localidades del
interior siempre habían sido postergadas y que su progreso se veía retrasado
por la falta de caminos adecuados y de obras de irrigación. También sostenían
que el departamento de Burruyacu podría contribuir a la riqueza de la provincia
porque contaba con grandes extensiones de tierras que se encontraban
improductivas por falta de apoyo oficial 350. Otra de las importantes obras
desarrolladas en su gestión, fue el comienzo de la construcción del dique El
Cadillal.
En 1962 se realizaron elecciones para gobernador y para diputados en el
Congreso de la Nación. El peronismo triunfó en varias provincias y eso generó
crisis en el seno del gobierno nacional. Para solucionarla, Frondizi acudió a la
intervención federal. Tucumán, donde también había ganado el peronismo, fue
intervenida y el general de brigada Julio Martín Sueldo desplazó a Gelsi,
mientras que Frondizi fue destituido y reemplazado por José María Guido,
puesto que las Fuerzas Armadas consideraron que no había podido frenar el
avance del peronismo.
En Tucumán, hasta el llamado a elecciones en 1963, se sucedieron
cuatro interventores: Sueldo, Imbaud, Arandia y Gordillo Gómez. La
inestabilidad de la provincia se relacionaba con la profundidad de sus
dificultades, ya que la crisis a la industria azucarera se sumaban sus
consecuencias sociales: la CGT hablaba del panorama más crítico de los
últimos tiempos, debido a la desvalorización del poder adquisitivo de los
salarios, los atrasos de los sueldos y la pérdida de fuentes de trabajo. En este
contexto, se llevaron a cabo las nuevas elecciones para presidente, gobernador
y legisladores, en las que se proscribió al peronismo de manera amplia. En la
nación, resultó electo presidente Arturo Illia, de la UCR del Pueblo. En
Tucumán, después de algunos conflictos en el colegio electoral, se eligió a
Lázaro Barbieri, del mismo partido.
Su gobierno enfrentó conflictos en el plano económico, con serias dificultades
financieras, en el político, debido a que las cámaras legislativas eran
mayoritariamente opositoras y en el social, con huelgas en todos los sectores.
La crítica situación nacional determinó el golpe de 1966, liderado por
Juan Carlos Onganía y, por lo tanto, también terminó el gobierno de Barbieri. El
350
Diario La Gaceta , 12 de enero de 1959.
131
problema azucarero de Tucumán y las perturbaciones gremiales fueron usados
como argumentos de la “Revolución Argentina”, que sostenía que los resolvería.
De hecho, a partir de 1966, se cerraron 11 ingenios, lo que llevó a que la
orientación productiva de muchos agricultores cañeros, cambiara. Esto
repercutirá en Burruyacu, donde los productores optarán a partir de la década
de 1960, por la producción de granos, en alza en el mercado mundial para ese
momento (esto será analizado, en profundidad, un poco más adelante). A nivel
provincial, el cierre de los ingenios generó graves consecuencias sociales y
económicas: miseria, éxodo de población, desocupación y crecimiento de villas
miseria.
En el tiempo que duró la “Revolución Argentina”, el poder ejecutivo
nacional envió 5 interventores a Tucumán, titulados como gobernadores. El
primero de ellos fue Fernando Aliaga García, sucedido por Roberto Avellaneda.
Durante la gestión del último, la provincia recibió la visita de Onganía, junto a su
gabinete nacional, para atender asambleas en donde el presidente de facto
aparentaba escuchar las demandas del pueblo.
El desplazamiento de Avellaneda provino de desacuerdos con la política
económica nacional y fue suplantado por Jorge Nanclares, a partir del cual se
intentó recomponer la economía tucumana. En primer lugar, se adoptaron
medidas para reactivar a los ingenios que quedaban en pie y se elevó el cupo
de producción. Además, el plan de diversificación agrícola había activado otro
tipo de cultivos, como la soja, el sorgo, la alfalfa, etcétera.
En ese contexto de leve mejoría, el gobierno de facto encaró obras
públicas. Los pobladores del departamento de Burruyacu manifestaban sus
necesidades a través de la prensa. El 29 de septiembre de 1969, los vecinos de
Villa Burruyacu expresaban en el Diario La Gaceta que necesitaban la
realización de trabajos como la conexión domiciliaria a la red de agua potable, la
habilitación y equipamiento del dispensario médico, la construcción de cunetas y
veredas y el funcionamiento de oficinas públicas en la ex estación ferroviaria. Al
mes siguiente, la población fue visitada por Nanclares, en donde los vecinos
pudieron expresarle directamente los problemas por lo que atravesaban: pedían
escuelas de capacitación técnica, riego, luz, moratorias bancarias, créditos para
desmonte, locales escolares, enripiado de calles, construcción de edificios
público, un salón para actividades culturales y programas de vacunación para el
ganado. La necesidad de la escuela de capacitación técnica postprimaria
provenía del problema que generaba el éxodo de jóvenes, debido a la falta de
opciones laborales en la zona. También solicitaron una escuela de capacitación
para mujeres, en alguna modalidad como corte y confección, tejido a máquina,
cocina o primeros auxilios. Los agricultores también se entrevistaron con el
mandatario para exponer su situación por la pérdida de cosechas, que los había
132
llevado a no cumplir con los créditos bancarios y solicitaron una moratoria 351.
Otras zonas del departamento también fueron visitadas por Nanclares en 1969,
como Villa Padre Monti y Gobernador Piedrabuena. En esta última se le solicitó
al gobierno la construcción de represas, la provisión de luz eléctrica y la
reparación de caminos352. Las obras comenzarían a fines de ese año. La
primera de ellas fue el dique El Cajón, para encauzar las aguas del río Tajamar
y atender las necesidades de riego de Taruca Pampa, Villa Benjamín Aráoz y El
Cajón353. También se había pavimentado el tramo de la ruta que iba desde La
Ramada a Taruca Pampa y de Chilcas al límite con Salta. A fines de 1970, se
había aprobado, también, el comienzo de la instalación de líneas de alta y baja
tensión en el tramo Cossio-Virginia354
En 1970 se produjeron cambios en la dirigencia nacional y provincial:
Onganía fue desplazado y se ubicó a Levingston como presidente de facto,
mientras Nanclares le entregó el cargo al comandante de la V Brigada de
Infantería, coronel Jorge Rafael Videla, de muy corta gestión, hasta la asunción
de Carlos Imbaud. En el inicio de la década, el clima social no se había
apaciguado, lo que llevó al estallido del primer tucumanazo, en noviembre de
1970, debido al anuncio del cierre del comedor universitario. Esta situación,
difícil de controlar para Imbaud, llevó a su desplazamiento en 1971 y fue
designado en el cargo Oscar Emilio Sarrulle. Las protestas obreras y
estudiantiles continuaban debido a la crisis social que atravesaba la provincia.
Sin embargo, Sarrulle había recibido fondos de coparticipación que le
permitieron emprender obras, como los diques El Cajón y Los Pizarro, la
creación del Subsidio de Salud, caminos nuevos, fábricas, créditos para
antiguas industrias. El impacto de estas inversiones en Burruyacu fue diverso.
La Gaceta informaba que en El Tajamar se habían abierto caminos para unir a
la localidad con Burruyacu y se había instalado el alumbrado público 355. En Villa
Benjamín Aráoz se había inaugurado el servicio de agua potable 356, se llevó
adelante un programa de control de plagas para colaborar con los productores
de La Virginia, La Ramada de Abajo y Villa Benjamín Aráoz (con colaboración
de la Cooperativa Unión y Progreso)357 y entrega de subsidios a cooperativas
agropecuarias358.
En 1973, el presidente de facto, Lanusse, llevó adelante la normalización
institucional del país. Por ello, se llamaron a elecciones para elegir
democráticamente a los distintos órganos de gobierno. En Argentina Héctor
351
Diario La Gaceta, 13 de octubre de 1969.
352
Diario La Gaceta, 26 de novimbre y 14 de diciembre de 1969.
353
Diario La Gaceta, 12 de enero de 1970.
354
Diario La Gaceta, 8 de diciembre de 1970.
355
La Gaceta, 13 de enero de 1971.
356
La Gaceta, 29 de enero de 1971.
357
La Gaceta, 20 de marzo de 1971.
358
La Gaceta, 8 de marzo de 1972
133
Cámpora ganó las elecciones presidenciales, proveniente del peronismo.
Tucumán, por su parte, instaló en el poder ejecutivo provincial, a Amado Juri, de
la misma fracción política. El contexto en el que asumía la gobernación, no era
nada favorable:
359
Pucci, Roberto, “Tucumán entre dos operativos militares (1966-1976)”, en Bravo, María
Celia, Historia contemporánea de las provincias del NOA: 1930-2001, Editorial Científica
Universitaria de la Universidad Nacional de Catamarca, Catamarca, 2012, pág. 467
360
La Gaceta, 18 de julio y 5 de septiembre de 1974.
134
La creación del Municipio de Burruyacu: sus avances hasta la
actualidad.
362
Boletín Oficial, Provincia de Tucumán, jueves 22 de abril de 1976. Disponible en :
[Link]
363
Díaz, Ysmael, La Aguada de Burro.
364
Diario La Gaceta, 20 de abril de 1976.
136
Imagen 10: Asunción del primer intendente de la Municipalidad de Burruyacu,
Daniel Babot.
En la noticia se destaca que el encargado de poner en sus funciones a
Babot fue el ministro de gobierno, Coronel José María Bernal Soto, quien
sostenía que la creación de la Municipalidad era un hito para el departamento,
sumado a las características personales del nuevo intendente, elegido, según
el ministro, como consecuencia de una compulsa popular. Asimismo, pedía a la
población que colabore con Babot en su gestión 365.
365
Ibíd.
137
Durante el gobierno de facto de Bussi, se llevaron adelante reuniones
con el intendente para llevar soluciones a la población del departamento. El
Diario La Gaceta informaba de las mismas a través de sus páginas. El 7 de
noviembre de 1976 se publicaba acerca de una reunión llevada adelante entre
los mandatarios, la cual respondía, según la noticia, al plan del gobierno de
interiorizarse en las cuestiones relativas al desarrollo de los municipios. En esa
oportunidad Babot exponía las necesidades de equipamiento de la
Municipalidad para poder resolver los problemas de las nueve comunas rurales
que tenía a cargo la jurisdicción, sobre todo en lo referente a la infraestructura
vial, que contenía más de 800 kilómetros de caminos, o la ausencia de
comunicaciones telefónicas o radiales.
En cuanto a las nuevas obras que se realizarían en adelante en el
departamento, Bussi señalaba que se había licitado la construcción de un
hospital, a construirse en terrenos del ex ramal del ferrocarril Mitre, que se
construirían 64 escuelas nuevas, que se harían trabajos para canalización de
riego y que se promoverían zonas turísticas como el dique El Cajón, Villa Padre
Moni y Río Nío366.
En enero de 1977 se sancionó la ley provincial para fijas las
jurisdicciones comunales, Nº 4671. Allí se establecen los departamentos a los
que pertenecen las comunas rurales de Tucumán, así como la fijación de sus
límites. En el caso del departamento de Burruyacu, estaría formado por las
comunas de El Puestito (que limitaba al norte con Salta), Gobernador
Garmendia (que limitaba al este con Santiago del Estero), El Naranjo y El
Sunchal, Villa Padre Monti (limitaba al norte con Salta), El Chañar, La Ramada
y La Cruz, Piedrabuena (lindera con Santiago del Estero), Siete de Abril
(lindera al norte con Salta y al este con Santiago del Estero), Benjamín Aráoz y
El Tajamar y El Timbó 367.
En diciembre de 1977 el gobernador fue reemplazado por el general
retirado Lino Domingo Montiel Forzano, que intentó alejarse de la política
represiva de su antecesor. Con esto, sumado al ocaso de la guerrilla, la política
bussista fue desapareciendo. Montiel Forzano, a pesar de los problemas
económicos que atravesaba el país, se esforzó por continuar con la obra
pública, como lo hizo con la entrega de viviendas y la pavimentación de rutas.
Apoyó el desarrollo cultural, financiando obras de distinto tipo y visitó
constantemente el interior de la provincia. Intentó promover la diversificación
económica, a partir de la producción de alconafta y la elaboración de papel.
Puntos negativos de su gestión tuvieron que ver con la reducción del sueldo de
366
Diario La Gaceta, 7 de noviembre de 1976.
367
Ley 4671, Digesto Jurídico de la Provincia de Tucumán, Disponible en:
[Link]/digest_textoley.php?selley=4671
138
los jubilados provinciales y el cierre de los Talleres Ferroviarios de Tafí Viejo,
entre otros.
Durante esta gestión se inauguraron algunas obras en el departamento,
como viviendas y clubes deportivos en Burruyacu y Garmendia 368, inauguración
de un helipuerto en el municipio369 y extensión del tendido de alta tensión a
zonas como Siete de Abril para promover su desarrollo 370. El gobernador
Montiel Forzano, además, se hizo presente en algunas oportunidades en
Burruyacu para examinar junto a los pobladores los problemas que se
presentaban. En uno de eso encuentros, consideró indispensable dotar de
agua potable a las localidades que no disponían de ella e informó sobre el
avance en los caminos del departamento, la instalación de tendidos eléctricos y
los arreglos en las escuelas. Además, sostuvo que se construirían nueve
escuelas más, usando fondos del Banco Interamericano de Desarrollo, se
nombrarían más médicos, se construirían dos puentes y un Hospital para El
Timbó371. Durante otro encuentro, Montiel Forzano se reunió con jóvenes de
Burruyacu para conversar sobre la actualidad tucumana y del país, en relación
a las Bases Políticas instrumentadas por las Fuerzas Armadas para el Proceso
de Reorganización Nacional. Estas charlas estaban movidas por la idea de que
la falta de comunicación había sido una de las causas de los problemas del
país. Durante el encuentro, según consta en el Diario, se opinó favorablemente
sobre la seguridad, el orden, la paz y la tranquilidad372.
A partir del año 1979, comenzó a regir en Burruyacu un código
urbanístico, aprobado por ordenanza municipal. En este código se
contemplaban las necesidades futuras para el crecimiento de la ciudad,
acompañado de la defensa del medio ambiente. A través de éste, se establecía
el área de urbanización y se delimitaban varias subáreas, como la comunitaria,
parar localizar dependencias de la administración pública, escuelas,
instalaciones culturales, etc. en la antigua estación ferroviaria. Por otro lado, el
código establecía que las obras realizadas por particulares tendrían exenciones
impositivas por dos años; también determinaba las zonas del suelo de uso
extensivo, intensivo y de reserva rural; se contemplaban espacios verdes y se
planificaba la ciudad para que el conglomerado poblacional creciera de manera
armónica373.
El código también organizaba el espacio según las actividades
económicas a desarrollarse, estableciendo lugares específicos para industrias,
depósitos o comercio nocivos y peligrosos (con riesgos de explosión o
368
Diario La Gaceta, 26 de marzo de 1978.
369
Diario La Gaceta, 25 de mayo de 1978.
370
Diario La Gaceta, 8 de noviembre de 1978.
371
Diario La Gaceta, 11 de agosto de 1978.
372
Diario La Gaceta, 26 de octubre de 1980.
373
Diario La Gaceta, 2 de julio de 1979.
139
incendio, contaminantes del ambiente), molestos (movimientos de carga y
ocupación, productoras de olores, ruidos y vibraciones, proliferación de
insectos o roedores) e inocuos (con molestias controlables en el propio predio
de la industria). Se dictaron además, limitaciones para actividades
agropecuarias, comerciales y de construcción para que no afectaran el medio
ambiental y urbanístico. Por último, para mejorar la ciudad, se establecía el
ancho de las calzadas, la extensión de las arterias y aumento de su número, el
mejoramiento del acceso a la ciudad y la parquización y arbolado de los
sectores urbano374.
La pavimentación del casco urbano, proyectada en este código,
comenzó en 1981, con fondos de la propia municipalidad. La obra proyectaba
abarcar las arterias principales (25 de Mayo, Belgrano, Libertador San Martín,
Islas Malvinas e Independencia). Para ese mismo año el municipio planificaba
también iluminar la zona urbana, edificar propiedades en el casco urbano y
señalizar las calles con la nomenclatura correspondiente375. El gobierno de la
provincia, por su parte, contribuía con el municipio a través de fondos para la
construcción de un salón para actividades culturales, que hasta el momento la
ciudad no tenía376, mientras que para la mejora de la actividad productiva del
departamento, se concluía la pavimentación de la ruta provincial 317, entre La
Virginia y Piedrabuena, zona esencialmente agrícola377.
En abril de 1981 Montiel Forzano fue reemplazado por Antonio Luis
Merlo, mientras que a nivel nacional, la presidencia la ejercía Galtieri, luego de
un breve gobierno de Viola. Un año después, comenzaría la Guerra de
Malvinas, en un contexto de derrumbe de la dictadura. La derrota ante los
ingleses provocó la renuncia de Galtieri, reemplazado por Bignone, en el marco
de una profunda crisis económica. Como consecuencia, comenzó el proceso
de apertura política que dio como resultado, a nivel nacional, el nacimiento de
la Multipartidaria, formada por los principales partidos políticos. En Tucumán,
Merlo fue reemplazado por Mario Fattor hasta el final del Proceso, cuando se
realizaron elecciones generales en octubre de 1983.
Las dificultades económicas se hacían sentir en la población, a lo largo y
ancho de todo el país. En Burruyacu, por ejemplo, los comerciantes
manifestaban su preocupación por la situación. Antonio Onofre Fara,
consultado por el Diario La Gaceta en febrero de 1982, comentaba que veía
bastante pobreza, que la venta había disminuido, según sus cálculos, en un
80%; sostenía que sólo vendía azúcar, arroz y fideo. Concluía diciendo que en
374
Ibíd.
375
Diario La Gaceta, 24 de enero de 1981
376
Diario La Gaceta, 11 de marzo de 1981.
377
Diario La Gaceta, 23 de mayo de 1981.
140
sus 37 años de comerciante en Burruyacu, era la peor época que le había
tocado vivir a la comunidad378.
Las elecciones presidenciales obtuvieron como resultado la victoria de la
fórmula de la UCR, Raúl Alfonsín-Víctor Martínez, en tanto que en la provincia,
se alzó como gobernador Fernando Riera, candidato del justicilaimo. Ambos
gobiernos tuvieron que enfrentar los graves problemas económicos dejados por
la dictadura, de los cuales los más graves eran la deuda externa y la alta
inflación. En Tucumán, el gobierno de Riera acudió al empleo público para
atenuar la situación, pero rápidamente demostró ser una salida agotadora para
el tesoro provincial. Como consecuencia, ante la falta de efectivo, se recurrió a
la circulación del “Bono de cancelación de deudas” (BOCADE), que comenzó a
correr como moneda, ante la desaparición del metálico nacional. Esto tampoco
resolvió los problemas económicos, por lo que las protestas, huelgas y
manifestaciones populares comenzaron a hacerse constantes. A nivel nacional,
la situación económica tampoco atravesaba el mejor momento, lo que se
intentó salvar con el Plan Austral, también sin éxito.
El impacto de la crisis se sentía en todas los campos económicos. Los
productores rurales de Burruyacu, a comienzos del período, sostenían que
dadas las dificultades financieras, se encontraban en riesgo de perder la tierra
cultivable porque no llegaban a sembrarla en la época indicada. Las causas de
esta situación agropecuaria eran atribuidas en ese momento a una política
arancelaria de retención que se transformaba en exacción para el productor, a
la relación peso-dólar que asfixiaba la exportación, a los altos costos de
insumos internos, a una política financiera agobiante y a la no implementación
de medidas para los fletes (como se hacía en el NEA). La consecuencia era la
paralización de más de 150.000 hectáreas y el agotamiento de las reservas de
los productores por el pago de sus deudas con los bancos, lo que impedía
encarar la siembra de ese año. Para solucionar este conflicto, solicitaban la
adopción dos medidas: un precio sostén y créditos selectivos para la
cosecha379. Por otro lado, el diputado Eduardo López Ávila, proveniente del
justicialismo, indicaba, en entrevista con La Gaceta, que había gran
preocupación por la situación de Burruyacu, debido a la paralización de la
producción, a los altos índices de desocupación, el hambre y la miseria
presentes en los hogares más humildes. Por esa razón, había decidido junto al
intendente Ángel González y los delegados comunales de Benjamín Aráoz,
Garmendia y Siete de Abril, organizar una comisión para ejecutar obras de
desarrollo en el departamento380.
378
Diario La Gaceta, 22 de febrero de 1982.
379
Diario La Gaceta, 22 de octubre de 1984.
380
Diario La Gaceta, 24 de octubre de 1984.
141
En cuanto a cambios administrativos, el retorno de la democracia trajo
consigo la vigencia de los cuerpos parlamentarios. Así es que comienzan a
sesionar los Concejos deliberantes de los diferentes municipios de la provincia.
El de Burruyacu contó con seis miembros, elegidos por voto popular. Los
primeros concejales fueron: Alberto Ambrosio Leal (presidente), Roque Ricardo
Maza (primer vicepresidente), Said Mostafá (segundo vicepresidente), José
Ismael Khoder, Julio Gliserio Páez, Arnaldo Alberto Galarza y Benito Trinolfo
Vera (secretario). Otro cambio en este sentido fue que las 9 comunas rurales
que formaban el departamento dejaron de depender de la Municipalidad de
Burruyacu y pasaron a hacerlo del Gobierno de la Provincia, a través de la
Secretaría de Estado del Interior381.
A fines de 1983, además, se estableció por ley Nº 5530 la categorización
de los municipios del interior de Tucumán y se fijaron nuevamente los límites.
En esta ley se establecía que Burruyacu sería Municipio de tercera categoría,
junto a Graneros, Tafí del Valle, La Cocha y Trancas382. La ley Nº 5529, del
mismo año, había establecido que los Municipios de 3º categoría estaban en
esta condición por poseer menos de 8000 habitantes y menos de 4000
propiedades privadas. Allí mismo se establecía, además, la cantidad de
miembros de los concejos deliberantes383.
En este contexto crítico, la provincia debió celebrar nuevos comicios
para renovar el gobierno provincial, en 1987, donde entra en escena, otra vez,
el general Bussi. El partido Bandera Blanca lo acogió como nuevo líder. Las
elecciones de 1987 fueron las últimas indirectas que se celebrarían en la
provincia y, después de algunos conflictos internos, el Colegio Electoral
designaría como gobernador al candidato justicialista, José Domato. Su
mandato también ocurrió en épocas de complejidad política, económica y
social, mientras Bussi organizaba su propia agrupación a partir de 1988
(Fuerza Republicana). Para solucionar los problemas financieros, se ordenó
una nueva emisión de bonos, en tanto las condiciones climáticas no
acompañaban a los sectores productivos, obteniendo como resultado un
altísimo déficit presupuestario en ese año.
En mayo de 1989 se producían nuevas elecciones presidenciales que
dejaron a Carlos Saúl Menem como titular del ejecutivo nacional. La situación
caótica que atravesaba el país provocó la renuncia de Alfonsín antes de
finalizar su mandato quien entregó el mando anticipadamente a Menem. En la
provincia, en las elecciones para diputados nacionales ya se observaba el
crecimiento del bussismo, que obtuvo un importante caudal de votos. Unos
381
Díaz, pp.52-54.
382
Ley 5530, Digesto Jurídico de la Provincia de Tucumán, disponible en:
[Link]/digest_textoley.php?selley=5530
383
González, “Municipios y sus pequeños cambios en pos de la gestión”, en XXXI Simposio de
profesores universitarios de contabilidad y administración pública, 2014, p. 14.
142
meses más tarde, se realizaron elecciones para la Convención Constituyente
que reformaría la constitución provincial; en éstas Fuerza Republicana obtuvo
la mayoría y la nueva carta provincial quedó proyectada según sus
lineamientos, entre ellos, elección directa de gobernador y vice, legislatura
unicameral, designación de comisionados rurales por elección, división de la
provincia en tres secciones electorales, enseñanza religiosa en las escuelas,
entre otros. El Poder Ejecutivo se negó a promulgar este proyecto.
La difícil situación en Tucumán determinó que Menem dispusiera la
intervención federal de la provincia en 1991. Julio César Aráoz, como
interventor, dictó la Constitución de 1990 y una ley que declaraba en
emergencia económica a la provincia. Emitió nuevos bonos, dolarizados, para
regularizar el pago de sueldos, al tiempo que mejoraba la recaudación. Otros
proyectos fueron un plan de viviendas, otras obras públicas discretas, un
acuerdo industrial-cañero, etc. Con esto, se ganó una imagen positiva, en un
intento de alejar el peligro que representaba Bussi.
En vista de la situación que atravesaba la provincia, el interventor realizó
visitas al interior. En ese contexto, llegó a Burruyacu en marzo de 1991, con el
objetivo de interiorizarse acerca de sus problemas; en ese sentido sostuvo ante
la comunidad reunida: “vengo a escucharlos [...] porque la voz del pueblo es la
voz de Dios”384. Además, la presencia de Aráoz en la Villa de Burruyacu motivó
que se la declarara, durante las horas que el mandatario estuvo allí, sede el
poder ejecutivo provincial y capital honorífica de la provincia. En el recibimiento
que el intendente Alberto Ambrosio Leal le hizo, remarcó las dificultades que
atravesaba el norte del país, con su pobreza y la carencia de agua y de luz.
Aráoz entregó en esta oportunidad, subsidios a los delegados comunales,
además de visitar escuelas (en donde prometió aumentó salariales a los
docentes), la iglesia, el complejo polideportivo y el hospital. Se reunió con
vecinos y autoridades de otras localidades departamentales, quienes pudieron
expresar las necesidades que tenían, como caminos, ambulancias,
equipamiento médico, etcétera385.
A partir de 1991, se realizaron fuertes cambios en la política económica,
con la implementación del Plan de Convertibilidad operado por el ministro de
economía Domingo Cavallo. En ese año, en las elecciones provinciales resultó
elegido gobernador Ramón Ortega (justicialista) que derrotó a Bussi. Páez de
la Torre destaca algunos aspectos de su gestión, como la creación del Consejo
Asesor de la Magistratura, la integración con las provincias del NOA, el
aumento de los días de clases, la Nueva Estación Terminal de Ómnibus, entre
otras. La situación económica se hacía sentir en el interior de la provincia. En
ese sentido, las necesidades de la población de Burruyacu eran atendidas por
384
Diario La Gaceta, 21 de marzo de 1991.
385
Ibíd.
143
la intendencia a través de medidas para abastecer a comedores de escuelas y
al Hospital Municipal con alimentos provenientes de criaderos y huertas
municipales. Además, desde 1993 funcionaba una cortada de ladrillos para que
los habitantes de la Villa Burruyacu pudieran comprarlos a bajo precio y
construir o mejorar sus viviendas. Estas iniciativas eran destacadas por el
Diario La Gaceta, en su edición del 2 de abril de 1995. Como agravante, los
agricultores del departamento atravesaban difíciles condiciones para sus
trabajos, debido a una larga sequía que se hacía sentir sobre los cultivos386.
En julio de 1995 finalmente sería electo gobernador Bussi, elegido por
sobre la fórmula del PJ integrada por Rivas-Carbonell. Unos meses antes,
Menem había sido reelecto en la presidencia de la nación. La provincia
continuó atravesando una situación de crisis fiscal importante, que determinó
nuevas deudas con la banca privada y la emisión de nuevos bonos. Además,
en consonancia con la política menemista de privatizaciones, Bussi privatizó el
Banco de la Provincia de Tucumán, institución que también presentaba déficits.
Las obras públicas llevadas adelante fueron pocas; entre ellas, el gobernador
había lanzado un programa vial para mejorar todos los caminos del
departamento de Burruyacu, para brindar soluciones a los agricultores que
necesitaban trasladar sus productos a los centros de consumo 387.
En una visita realizada a la ciudad cabecera, se entrevistó en audiencia
con el intendente David Oscar Padilla, en donde conoció los problemas que
sufría el departamento, sobre todo en lo relativo a la educación, la producción y
la salud. A la audiencia también asistieron vecinos y trabajadores de la ciudad.
Maestras y productores vieron la oportunidad de presentar sus reclamos. Las
primeras pidieron que se solucionaran los problemas de agua potable, higiene
y electricidad, a lo que el mandatario respondió que haría lo posible en el
marco de la difícil situación económica que atravesaba la provincia388.
En la siguiente contienda electoral, el justicialismo presentó la fórmula
Julio Miranda-Sisto Terán, que ganó los comicios frente a la de Ricardo Bussi-
Oscar Paz de Fuerza Republicana. A nivel nacional, en 1999 resultó electo
como presidente Fernando de la Rúa, acompañado por Carlos Álvarez,
candidatos de la Alianza UCR-FREPASO. Su gobierno comenzó con
problemas económicos serios, por lo que se aplicó desde el inicio una política
de ajuste, debido al déficit estatal y a la magra recaudación. En ese contexto,
Domingo Cavallo aplicó medidas como la reducción de sueldos, el Megacanje y
el corralito (la inmovilización de los depósitos). Esta situación culminó en la
crisis de diciembre de 2001, que llevaría a la caída del gobierno de De la Rúa,
en un clima de movilización popular, saqueos y violencia.
386
Diario La Gaceta, 11 de septiembre de 1995.
387
Diario La Gaceta, 4 de mayo de 1996.
388
Diario La Gaceta, 5 de mayo de 1995.
144
Ni la provincia ni el interior de la misma escapaban a la difícil situación
económica con la que comenzaba el nuevo siglo. Burruyacu continuaba
careciendo de oportunidades laborales, lo que llevaba a un éxodo juvenil
importante. Esta crítica situación económica y social se presentaba en un
contexto marcado por una producción récord de soja y maíz, mientras en el
interior de los hogares se sufría la falta de trabajo: las tecnologías
implementadas en los campos hacían cada vez más difícil la absorción de la
población desocupada.
Para terminar con el recorrido político que atravesó el Municipio de
Burruyacu, mencionaremos a los dirigentes que ocuparon el cargo de
intendente, desde su creación. Ellos son, en orden cronológico: Daniel Babot
(1976-1983), Ángel Armando González (1983-1987), Alberto Ambrosio Leal
(1987-1991), Ángel Armando González (1991-1995), David Padilla (1995-
1999), Alberto Ambrosio Leal (1999-2003), Jorge Abraham Leal en dos
períodos consecutivos (2003-2007 y 2007-2011). En la actualidad, el
intendente del municipio es Jorge Leal, hijo del anterior mandatario389.
389
Díaz, 54
390
Censo Nacional de población, familias y viviendas de 1970, pág. 201-202
145
Burruyacú
Tucumán - 1970 Trancas
1% Graneros 3%
2% Leales
4% Tafí
7%
Capital Famaillá
43% 7%
Chicligasta
Río Chico
8%
Monteros 7%
Cruz Alta
10% 8%
391
Ibíd., pág. 203
392
Ibíd, pág. 205
146
sea hacinamiento, vivienda con inconvenientes, sin condiciones sanitarias, con
por lo menos un niño en edad escolar que no asista a la escuela o con más de
cuatro personas por miembro de la familia ocupado). Este promedio superaba
ampliamente al de la provincia, que indicaba que el 20,9% de los hogares tenía
alguna necesidad insatisfecha y, además, representaba uno de los más altos de
toda la provincia, ya que sólo era superado por Graneros, con un porcentaje de
37,4% de hogares con necesidades básicas insatisfechas.
Este último punto puede relacionarse con la población económicamente
activa en el departamento en 2001, la cual es medida a partir de la cantidad de
habitantes mayores de 14 años. Éste fragmento de población era de 21.538
personas, de las cuales 10.861 formaba parte de la población económicamente
activa. A su vez, dentro de este universo, los habitantes ocupados eran 7.818,
representando un porcentaje del 23,7% de la población total del departamento.
Al mismo tiempo, sobre este segmento demográfico, el censo de 2001
analiza su categoría ocupacional y el máximo nivel de instrucción alcanzado,
obteniéndose los siguientes resultados:
Terciario
completo
PEA según nivel de instrucción
2% Universitario
completo
0%
Secundario
completo o Sin instrucción o
tercio/universita primario
rio incompleto incompleto
Primario
7% 36%
completo o
secundario
incompleto
55%
147
Trabajdor
PEA por categoría ocupacional
Trabajador
familiar sin Patrón familiar con
sueldo 2% sueldo
2% 1%
Trabajdor por
cuenta propia Obrero o Obrero o
12% empleado en empleado en
sector público sector privado
25% 58%
Evolución demográfica
2010
2001
1991
1980
1970
1960
149
Burruyacu
Evolución demográfica (en porcentaje respecto de la provincia)
2010 2,55
2001 2,46
1991 2,54
1980
1970 3,23
1960
150
Luego, los cambios más importantes en la estructura productiva del
departamento, se relacionan con la expansión del cultivo de caña de azúcar en
esta región, proceso que ya fue analizado en el acápite anterior y que se
relaciona con el surgimiento de la colonia agrícola en La Ramada de Abajo.
Si avanzamos hacia la segunda mitad del siglo XX, observaremos
nuevos fenómenos, a partir de la aparición de otros cultivos, lo cual se relaciona
con la disminución de la demanda de la caña de azúcar, como así también con
las nuevas demandas del mercado mundial, sobre todo de cítricos, oleaginosas
y cereales. Estos cambios implicaron la posibilidad de diversificar la producción
agrícola a través de la sustitución de cultivos en algunas áreas, como así
también a través de la expansión de las superficies cultivadas. Además,
influyeron factores internos en el proceso de expansión agrícola, tales como el
movimiento de la propiedad en áreas desmontadas, el apoyo del Estado a
través de medidas impositivas favorables, que facilitaron el desmonte y la
puesta en producción de nuevas áreas, la presencia de inversiones con gran
capacidad económica y, como factor climático, influyó el aumento de las
precipitaciones393.
Los cambios comienzan a observarse a partir de la década de 1960. En
este momento, se podían identificar en la provincia tres zonas, según el tipo de
cultivo predominante. Por un lado, estaba el área central (los departamentos de
Chicligasta, Río Chico, Monteros, Famaillá, Leales y Simoca) en donde
continúa predominando un solo grupo de cultivos, los industriales, con
exclusividad de la caña de azúcar. En segundo lugar, en el norte y en el sur de
la provincia, en los departamentos de Burruyacu y Graneros, se presentan
cultivos de caña de azúcar pero con el avance de los cereales. Por último, en
Trancas y en Tafí del Valle hay variedad de cultivos, sin presencia de caña de
azúcar394.
393
Natera Rivas, Juan José y Batista, Ana Estela, “Los cambios en el uso del suelo en el agro
de Tucumán (1960-1990)”, en Bolsi, Alfredo (director), Problemas agrarios del noroeste
argentino (contribuciones para su inventarios), Instituto de Estudios Geográficos, Facultad de
Filosofía y Letras, UNT, 1997. Pág. 50
394
Natera Rivas, Juan José y Batista, Ana Estela, Ibíd. Pág. 49
151
Mapa 8: Predominio de cultivos en 1960 en la provincia de Tucumán.
Cultivos:
F: Frutales C: Cereales
H: Hortalizas O: Oleaginosas
Fo: Forrajeras L: Leguminosas
I: Industriales
395
Natera Rivas, Juan José y Batista, Ana Estela, Ibíd. Pág. 52
152
de Arturo Illia. Este gobierno militar se había puesto como objetivos la
modernización y la eficiencia del sector productivo, lo cual implicaba un cambio
drástico con respecto a políticas proteccionistas implementadas hasta el
momento.
Sin embargo, incluso antes del desencadenamiento del golpe militar, ya
se hablaba del “problema tucumano”, que consistía, según la lectura nacional,
en sostener que la actividad azucarera era antieconómica, con bajos
rendimientos, debido a la incapacidad de sus empresarios, a la existencia de
ingenios obsoletos y a la extensión desmedida de los cañaverales en tierras y
climas no aptos para el cultivo de la caña. Esto habría generado leyes
protectoras de estos factores improductivos y retrasados, con subsidios y
compensaciones para beneficiar a la provincia y a estos industriales. A esta
visión se añadían otros problemas relacionados con la renta azucarera y la
aparición del Ingenio Ledesma y otras fábricas de Salta y Jujuy con mayores
rendimientos que Tucumán. Con este panorama, al llegar la década de 1960,
muchos periodistas y políticos denunciaban a la industria azucarera tucumana
de manera generalizada396.
El punto crítico llegó en 1965, cuando la zafra logró una producción
récord y los precios internacionales cayeron. Como consecuencia, la
producción de 1965 arrojó un excedente de 300.000 toneladas, sumadas a las
100.000 que quedaban de la zafra anterior. La crisis de 1966 implicaba la
existencia de 400.000 toneladas de azúcar excedente, con precios muy bajos
tanto en el mercado mundial como en el interno. Ante esta situación el gobierno
militar decidió el cierre de ingenios, que se inició en agosto de 1966. Se
clausuraron 11 de 27 ingenios existentes en la provincia, con 50.000 obreros y
empleados de fábrica y surco sin trabajo. La superficie sembrada con caña de
azúcar se redujo drásticamente (pasó de 210.000 hectáreas en 1965 a 135.000
en 1967). Las consecuencias sociales de esta crisis de la industria azucarera
fueron muy serias, como la emigración de la población tucumana, sobre todo
en edad activa, la miseria y la desocupación397. Otro tipo de consecuencias, a
nivel de la estructura productiva, fue la aparición de nuevos tipos de cultivos,
en relación al proceso de expansión agrícola hacia el este de la provincia.
El proceso de expansión de la frontera agrícola tuvo dos momentos. El
primero de ellos empezó con el fenómeno de colonización agrícola a fines de la
década de 1930, analizado anteriormente, dedicada en un principio a la caña
de azúcar y, posteriormente, a la soja. El segundo momento fue protagonizado
por los descendientes de los primeros colonos en la zona, a los que se suman
productores de otras actividades de la provincia y de otras regiones del país. La
396
Pucci, Roberto, “Tucumán entre dos operativos militares (1966-1976)”, en Bravo, María
Celia, Historia contemporánea de las provincias del NOA: 1930-2001, Editorial Científica
Universitaria de la Universidad Nacional de Catamarca, Catamarca, 2012, pág. 412-413
397
Pucci, Roberto, Ibíd, pág. 419-436
153
característica de esta etapa es el desarrollo de grandes explotaciones de tipo
empresarial, con gran poder negociador. Entonces, a partir de la década de
1960, se desarrolló el área cultivada hacia el este de la provincia,
principalmente, como un frente pionero, cuyo protagonista principal fue la
soja398.
La expansión de la soja fue un proceso que se desarrolló en toda
Latinoamérica, como parte del fenómeno de la ampliación de la frontera
agropecuaria. En Tucumán, la soja primero se expandió a tierras de mayor
capacidad productiva, para ir extendiéndose luego hacia el este de la provincia,
en donde las condiciones de humedad y las cualidades del suelo son más
desfavorables. Los especialistas sostienen que las tierras que van quedado
para ocuparse en el futuro no son óptimas para la agricultura, a pesar de que
los desmontes continúan hacia Santiago del Estero399.
Cecilia Madariaga indica que los factores intervinientes en este proceso,
pueden caracterizarse de la siguiente manera:
Político-económicos: en este aspecto, es fundamental el papel del
mercado mundial, con su requerimiento de granos. El cultivo de los
mismos se vio favorecido por los buenos precios, un mercado seguro,
capitales para invertir y paquetes tecnológicos, que incluían maquinarias
e insumos, disponibles y que generaban buenos rendimientos. Además,
se presentaron incentivos fiscales que estimulaban la actividad
agropecuaria, que incluían franquicias, exenciones y subsidio. Las
inversiones fueron directas o en créditos, que se otorgaban a empresas
privadas y para programas estatales. Estos créditos se dedicaban a la
compra de maquinaria, agroquímicos o propiedades, al desmonte o a la
construcción o ampliación de plantas de almacenaje. Como
consecuencia, se obtuvo una producción agrícola abundante, destinada
a los mercados nacional e internacional.
Estructurales: la expansión de la frontera generó una redistribución
gradual de la tierra, principalmente por la compra de tierras a precios
bajos, las cuales debían ser desmontadas. Esto implicó también un
cambio de la estructura productiva, debido a que se sustituyeron
actividades extensivas y de bajo rendimiento y se vieron afectadas las
actividades tradicionales de subsistencia, surgiendo propiedades
privadas de medianas a grandes explotadas de forma intensiva.
Infraestructurales: el paisaje se fue transformando a partir de servicios
preexistentes, como el ferrocarril, a lo que se sumaron obras recientes
398
Natera Rivas, Juan José y Batista, Ana Estela, Óp. Cit. Pág. 51
399
Madariaga, Marta Cecilia, “El frente agrario: el desarrollo de los cultivos de soja”, en Bolsi,
Alfredo (director), Problemas agrarios del noroeste argentino (contribuciones para su
inventario), Instituto de Estudios geográficos, Facultad de Filosofía y Letras, UNT, 1997.
154
necesarias para las nuevas actividades, como plantas de acopio.
También fueron importantes la presencia de la red vial, de los servicios
básicos y de los medios de transporte.
Poblacionales: la frontera agrícola fue avanzando sobre la base de la
población local, sin influencia de población inmigrante. La mayor parte
de la población asentada en la zona este es rural, entre la cual se puede
distinguir una población dispersa de trabajadores rurales, pequeños
propietarios o arrendatarios y fincas aisladas de medianos o grandes
propietarios. Por su parte, la escasa población urbana se ubica en
asentamientos pequeños, generalmente, localidades preexistentes, y
está desvinculada de las actividades productivas.
La soja fue expandiéndose hacia el este de Tucumán porque ahí el suelo
presenta condiciones óptimas, por lo que puede ser considerado como uno de
los mejores del país para la producción de semillas. Estas condiciones se
relacionan con características hídricas particulares que garantizan un
incremento gradual de la humedad del suelo, permitiendo su producción en
secano, es decir, sin necesidad de riego extra. Sin embargo, en algunos
sectores del este de la provincia existe infraestructura de riego, porque de esta
manera se obtiene rendimientos más estables, dado que, a veces, la falta de
lluvias es limitante y causante de pérdidas en el sector400.
En conclusión, muchos especialistas explican el proceso de expansión
de la frontera agropecuaria como producto de un aumento de las
precipitaciones en regiones semiáridas, sumado al estado de los suelos. Por
otra parte, la soja es más tolerante a la salinidad del mismo y a las sequías, en
comparación con el maíz y el poroto. A pesar de esto, el cuestionamiento que
existe en torno al cultivo de la soja, se relaciona con su poca capacidad de
mejorar la estructura del suelo, dado que no brinda un aporte significativo de
nitrógeno para el cultivo siguiente. Como consecuencia, los suelos del este de
la provincia no toleran la labranza intensiva y, además, con la sucesión
ininterrumpida de cultivos se degradan los suelos y se reducen los
rendimientos agrícolas401. En este sentido, ya a fines de la década de 1970, la
Estación Experimental Agrícola de Tucumán reconocía que la expansión del
cultivo de la soja se había descontrolado y que generaba problemas 402.
Otro factor que permitió el proceso de expansión de la frontera agrícola,
fue la disponibilidad de tierras, antes cubiertas por vegetación natural. Los
desmontes comenzaron a ser autorizados desde la década de 1970 y, de
hecho, entre 1973 y 1986 se autorizaron desmontes de más de 190.000
hectáreas en los departamentos de Burruyacu, Cruz Alta, Graneros y Leales.
400
Madariaga, Marta Cecilia,
401
Madariaga, Marta Cecilia,
402
La Gaceta de Tucumán, 27 de julio de 1984.
155
Como consecuencia, entre 1975 y 1995, se había triplicado la superficie
dedicada al cultivo de granos (maíz, poroto, sorgo, soja y trigo), cultivados en
las áreas desmontadas. Los procesos de desmonte generaron preocupación;
por ello en 1979 se constituyó la primera reunión técnica sobre desmontes en
el NOA, que señalaba que los programas de desmonte sin planificación
implicaban un proceso destructivo del recurso natural, por lo que la economía
en esta región no sería un desarrollo, sino un retroceso403.
La introducción del cultivo de la soja en el departamento de Burruyacu, a
partir de este proceso de expansión de la frontera agrícola, fue continuo desde
la década de 1960, por lo que se constituyó en una zona pionera y en un área
de referencia. Desde Burruyacu, el cultivo de la soja se expandió. ¿Por qué se
inició en este departamento? Porque fue un cultivo promocionado desde la
Estación Experimental Agrícola Obispo Colombres, la cual determinó que esta
oleaginosa era apta para ocupar las tierras del este de la provincia404.
La investigación de dicha institución, enfocada desde su fundación a la
diversificación de cultivos, había comenzado a principios del siglo XX y en 1934
se inició la experimentación agrícola con el cultivo de la soja. En ese momento,
la soja no tenía mercado. El interés por ella surgió recién a partir de 1950,
gracias al descubrimiento de su capacidad de proveer proteínas a la dieta
humana y, también, gracias a la necesidad de la misma para abastecer la
alimentación del ganado. Con la valorización de la planta, van a adoptarse
medidas en el país, a partir de 1960, para la fijación de un precio sostén, para
establecer normas de comercialización, medidas de fiscalización de semillas y
para apoyar a los agricultores sojeros técnica y financieramente 405.
Como área pionera, en Burruyacu se inició su cultivo, precisamente en
La Ramada de Abajo y La Virginia, a través de la Cooperativa Unión y
Progreso, convirtiéndose ésta última en un foco de difusión y centro de
producción, debido a la continuidad del cultivo, cuya consecuencia fue la
sustitución de un ecosistema diverso, por un ecosistema superespecializado,
es decir, el monocultivo, lo que implicó la alteración de algunos procesos
naturales en la región. A pesar de estas desventajas o consecuencias
negativas, la soja continuó afirmándose como un cultivo de gran rendimiento
económico, dado que la mayor producción se destina a la exportación 406.
A fines de la década de 1960 aún se consideraba que el cultivo de la
soja era experimental. De hecho, la Estación Experimental Agrícola invitaba en
1969 a visitar los “campos demostrativos” de soja, para que productores de
diversas zonas conozcan los diferentes aspectos de los mismos, es decir,
continuaba la tarea de difusión del cultivo. La mayoría de estos campos
403
Madariaga, Marta Cecilia,.
404
Madariaga, Marta Cecilia,
405
Madariaga, Marta Cecilia, “
406
Madariaga, Marta Cecilia,
156
demostrativos estaban ubicados en el departamento de Burruyacu, en las
propiedades de Arturo Rodríguez y Antonio Rodríguez en La Virginia, Ricardo
Porcel en La Ramada de Abajo, Manuel Cossio en Macomitas 407.
A partir de estos procesos, en la década de 1980, la región este de la
provincia de Tucumán fue considerada como un área en donde exclusivamente
se cultivaban grano, que sustituyó a la ganadería extensiva y al bosque
chaqueño. Este es el caso del departamento de Burruyacu, en donde podemos
encontrar diversidad de tipo de productores, desde aquellos que poseen
superficies de 100 hectáreas, hasta quienes tienen propiedades de 2000 o
3000 hectáreas, de fuerte orientación comercial. Estos productores pueden ser
propietarios o arrendatarios y, generalmente, son ausentistas. También se
caracterizan por presentar avances tecnológicos de importancia para el trabajo
agrícola408.
El fenómeno de avance del cultivo de la soja es tal que, en la década de
1990, esta oleaginosa reemplazó al sorgo y al maíz en cuanto a cantidad de
hectáreas cultivadas. En las campañas de 1992-1993 y 1993-1994 el cultivo de
sorgo prácticamente había desaparecido en el departamento de Burruyacu,
reemplazado por la soja, implementada, además, en áreas que antes eran sólo
cañeras, como por ejemplo La Ramada de Abajo, La Ramada de Arriba,
Taruca Pampa, La Virginia y El Chañar409.
Por otra parte, la tecnología ha favorecido su cultivo, dado que las
maquinarias de labranza y siempre, como tractores y sembradoras, permitían
trabajar en poco tiempo. Colabora en el proceso, además, la variedad de la
semilla usada, que permite superar los 3000 kilogramos de soja por hectárea
(rendimiento condicionado por la humedad del suelo y la distribución de las
lluvias). En la década de 1990 los paquetes tecnológicos de alta productividad
(pero de serio impacto medioambiental), llevaron a que cada vez menos se
necesitara mano de obra que, cuando se empleaba, se lo hacía por cortos
períodos de tiempo. En el paisaje rural fue apareciendo la infraestructura
necesaria para el cultivo a gran escala, como instalaciones para el acopio y la
conservación del grano hasta su comercialización, los galpones para la
maquinaria agrícola, los silos para el acopio a granel, como así también los
tractores, arados y otras maquinarias producto de la mecanización del agro410..
407
La Gaceta de Tucumán, 14 de marzo de 1969.
408
Madariaga, Marta Cecilia, “Tipos de explotaciones en el este de Tucumán”, en Bolsi et al.
(editores), Actas del I Congreso de Investigación social. Región y sociedad en Latinoamérica.
Su problemática en el noroeste argentino, Facultad de Filosofía y Letras, UNT, 1995.
409
García, Salvatierra de Desjardins y Moreno, “De monte a tierras de cultivo. Un ejemplo del
avance de la frontera agropecuaria en el este de Tucumán”, en Revista del Departamento de
Geografía, Nº2, Facultad de Filosofía y Letras, UNT, 1994.
410
García, Salvatierra de Desjardins y Moreno, “De monte a tierras de cultivo. Un ejemplo del
avance de la frontera agropecuaria en el este de Tucumán”,
157
Otro factor que colaboraba en los altos índices de productividad en los
90, fue la excelente calidad de los herbicidas, que evitaban el crecimiento de
hierbas perjudiciales para la planta y que permitían ahorrar el trabajo de
extracción de las malezas de forma manual realizada por personas de la zona
y, por lo tanto, un ahorro de dinero y de tiempo por parte del productor. Por lo
tanto, en Burruyacu la mano de obra que absorbían las fincas agrícolas era
mínima411.
La productividad de la provincia en la década de 1990 implicó que
Tucumán ocupara el cuarto lugar como productor de soja en el ámbito nacional,
detrás de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, obteniendo uno de los
rendimientos por hectárea cosechada más altos del mundo (más de 2.300
kilogramos por hectárea). Esto implicó que la soja se conviertiera en uno de los
cultivos más rentables de la provincia, aunque los ingresos netos del productor
disminuyen debido a los impuestos, las retenciones y los gastos de comisión y
de flete412.
En 1990 Burruyacu era el departamento de la provincia con mayor
superficie agraria cultivada con soja (ocupando más de 38.500 hectareas),
seguido de Graneros (con casi 25.000 hectareas) y Cruz Alta (con 20.000
hectáreas)413.
En el siglo XXI, la producción de Burruyacu continúa siendo
principalmente de granos, especialmente soja y maíz. Las publicaciones de la
Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, nos muestran las
variaciones en la superficie cultivada en los últimos años.
“En la campaña 2010/2011, la superficie neta total ocupada con soja en
la provincia de Tucumán fue estimada en 245.530 hectáreas (…). Se observa
que el 95% del área sojera se ubica en cinco departamentos, con acentuado
predominio del departamento Burruyacu, el cual concentra el 42% de la
totalidad provincial”414, lo cual representa más de 105.000 hectáreas. Además,
el informe que citamos indica que la superficie cultivada con maíz en esa
campaña fue de 59.600 hectáreas, también con un claro predominio de
Burruyacu, que concentraba el 48% del total (28.700 hectáreas).
Para la campaña 2011/2012 se observaron disminuciones de las áreas
sembradas en toda la provincia, lo cual se debió a una fuerte sequía primavero-
estival, que afectó sobre todo a los cultivos de soja y maíz. En comparación a
411
García, Salvatierra de Desjardins y Moreno, “De monte a tierras de cultivo. Un ejemplo del
avance de la frontera agropecuaria en el este de Tucumán”,.
412
García, Salvatierra de Desjardins y Moreno, “La evolución del paisaje rural y el avance de la
frontera agrícola”, en Revista del Departamento de Geografía, Nº2, Facultad de Filosofía y
Letras, UNT, 1994.
413
Natera Rivas, Juan José y Batista, Ana Estela, Óp. Cit. Pág. 53
414
AA. VV., “Área ocupada con soja y maíz en Tucumán y zonas de influencia en la campaña
2010/2011. Comparación con campañas precedentes”, en Reporte agroindustrial. Estadística y
márgenes de cultivos tucumanos. Boletín N° 51, abril 2011. Pág. 2
158
la campaña anterior, la provincia experimentó una retracción del 9% de la
superficie sembrada con soja, mientras que la del maíz, se redujo un 17%. En
Burruyacu, esta merma también se produjo (de hecho, fue la jurisdicción que
presentó la mayor disminución) y se obtuvieron 91.860 hectáreas de soja,
representando un 40% del total de la provincia. En cuanto al maíz, se
sembraron 25.900 hectáreas, lo que representa el 52% del total provincial. A
pesar de aumentar su representatividad a nivel provincial, también se había
producido una reducción del área maicera en Burruyacu.
En 2012/2013 las condiciones climáticas de sequía continuaron
afectando a los productores sojeros. La superficie sembrada con soja se redujo
en un 25% mientras que la del maíz aumentó en un 31%, en Tucumán. En el
departamento el cultivo de la soja disminuyó a 71.380 hectáreas, lo cual
representaba el 41,35% de la soja de Tucumán. Por su parte, el maíz pasó a
contar con 38.600 hectáreas sembradas, que simbolizaban el 59,55% del maíz
en la provincia. Burruyacu fue el departamento que presentó mayor incremento
maicero, al mismo tiempo que fue el que más redujo su área sembrada con
soja. El período siguiente mostró un leve aumento de la soja (72.200
hectáreas), lo mismo que el maíz (43.970 hectáreas).
Recién en la campaña 2014/2015 se normalizaron las condiciones
ambientales de la provincia, con aumento de lluvias. Burruyacu continúa siendo
el departamento con mayor cantidad de superficie sembrada con soja
(35,52%), con 73.060 hectáreas de la misma. El maíz se encontraba en 35.530
hectáreas, siendo la jurisdicción con mayor cantidad de este grano de la
provincia (58,48%), a pesar de haberse disminuido respecto del período
anterior.
El nuevo crecimiento de la superficie sembrada con soja continuó en la
campaña siguiente, cuando aumentó a 81.650 hectáreas, que representaban el
40,79% del total de Tucumán, mientras que la superficie con maíz continuó
siendo similar al período anterior, con 35.600 hectáreas sembradas, que
indicaban un 55,43% del total provincial.
159
Cultivo de granos
120000
100000
80000
60000
40000
20000
0
2010/2011 2011/2012 2012/2013 2014/2015 2015/2016
Soja 105000 91860 71380 73060 81560
Maíz 28700 25900 38600 35530 35600
415
Batista, Ana Ester y Natera Rivas, Juan José, “Provincia de Tucumán: algunos aspectos
sobre la evolución del tamaño de las explotaciones limoneras” en Breves contribuciones del
Instituto de Estudios Geográficos, Nº 13, Facultad de filosofía y Letras, UNT, 2001.
160
en los departamentos con tierras más aptas: Capital, Tafí y Burruyacu
principalmente. El resto de la provincia, por las características de sus territorios,
no se adecuaba a las necesidades de este proceso.
Para observar de manera clara el aumento de las hectáreas dedicadas
al limón, podemos analizar los siguientes mapas de las superficies cultivadas
con limón a nivel departamental, en hectáreas:
161
internacionales, nacionales y regionales. Además, se expandieron otros
cultivos de importancia, como el limón, aunque muy por detrás de la soja, lo
cual se evidencia en la cantidad de hectáreas que ocuparon en el período entre
1960 y 1990: en éste último año, las oleaginosas representaban 38.500
hectáreas de superficie cultivada, en tanto los frutales lo hacían con 6.600
hectáreas. Al respecto, el Diario La Gaceta observaba que el departamento de
Burruyacu había comenzado un proceso de diversificación exitoso, porque la
producción en escala de oleaginosas y citrus era exitosa en el mercado en la
década de 1990416.
En los siguientes mapas observaremos los cultivos predominantes en la
actualidad en el departamento de Burruyacu:
416
Diario La Gaceta, 29 de junio de 1997.
162
Mapa 11: Cultivos de citrus, caña de azúcar y garbanzo en Burruyacu, 2015.
163
Aquí observamos cómo el cultivo de caña de azúcar continúa siendo de
importancia para la zona, sobre todo al sur del departamento.
164
En este mapa podemos ver que los cultivos de soja y maíz son preponderantes
en el este de Burruyacu.
A partir de los años 90 se producen otros fenómenos que implicaron la
consolidación de tendencias relativas a la concentración del capital y de la
tierra en las zonas rurales, proceso del que Tucumán no estuvo exento. En
esta década el sector campesino se vio afectado de manera seria por la
situación de ajuste estructural de la economía argentina y por la irrupción del
capitalismo en el agro, que aumentó las desigualdades. Esto implicó que
coexistan estructuras capitalistas, especuladoras y marcadas por el mercado
internacional, junto a estructuras tradicionales, más débiles y diversificadas y
en una situación de desventaja en relación a las anteriores. Como
consecuencia, el espacio rural en el noroeste argentino presenta fuertes
contrastes, dado que pueden verse departamentos con gran desarrollo
tecnológico cuyas explotaciones agropecuarias se incorporaron a grandes
complejos agroindustriales, pero que conviven con altos niveles de pobreza
registrados417.
En este sentido, Julieta Krapovickas relaciona los indicadores de
pobreza con las características de las explotaciones agropecuarias de los
departamentos rurales del noroeste argentino. En el caso de la provincia de
Tucumán, estos departamentos son Burruyacu, Graneros, La Cocha, Leales,
Simoca, Tafí del Valle y Trancas.
En el caso del departamento de Burruyacu, el Censo Nacional de
Población, Hogares y Viviendas 2001, indica que el 87% de los hogares de la
jurisdicción presentaban privación material, según el Índice de Privación
Material de los Hogares (IPMH). En contraste con esta situación, las
explotaciones agropecuarias en Burruyacu contaban en su mayoría con
tractores (el 62%), esto es, el 13% de los tractores de la provincia. Del total de
estos tractores, el 15% eran nuevos, con una antigüedad menor a 5 años (a
nivel comparativo, en la provincia, sólo el 5,75% de los tractores tenía menos
de 5 años en 2001, porcentaje superado a nivel departamental). Aquí
encontramos un primer contraste: Burruyacu, en 2001, era un área rural con
explotaciones agropecuarias tecnificadas, pero en donde la gran mayoría de
los hogares presentaban algún tipo de privación material, es decir que
coexistían altos niveles de pobreza con muy buenos niveles agro-tecnológicos.
Esto sucede porque la progresiva tecnificación del agro genera la liberación de
la mano de obra418.
Por otra parte, Burruyacu es un departamento empobrecido en donde se
presentan grandes explotaciones (por los general de 1000 hectáreas)
417
Krapovickas, Julieta, “Análisis comparativo de indicadores de pobreza y características de
las explotaciones agropecuarias en los departamentos rurales del noroeste argentino”, en
Breves contribuciones del IEG, Nº 19, Facultad de Filosofía y Letras, UNT, 2007.
418
Krapovickas, Julieta,
165
sembradas principalmente con oleaginosas (prácticamente la mitad de la
superficie dedicada a la agricultura) y cereales (39% de las explotaciones).
Esto se debe a un proceso de concentración parcelaria y al acceso a la
propiedad de la tierra por parte de empresas de capitales locales, nacionales o
extranjeros. Dicho proceso fue muy significativo, por ejemplo, en las comunas
de Benjamín Aráoz y en La Ramada. En la primera de ellas, la firma
Domínguez había adquirido 20.000 hectáreas pertenecientes al Ingenio
Concepción, en las cuales instaló silos y plantas secadoras de granos419.
Las explotaciones agropecuarias están altamente especializadas,
utilizando paquetes tecnológicos similares a los usados en la región pampeana,
lo cual incluye técnicas modernas de riego, trilladoras, semillas y fertilizantes de
alta calidad, etc. También se dedica superficie a los cítricos (pero en proporción
bastante menor), lo que implica que el productor tenga una mayor
disponibilidad de medios de producción, ya que su cultivo sólo se justifica en
superficies superiores a 20 hectáreas, precisando contar con respaldo
económico para afrontar inversiones y de apoyo crediticio, ya que el tiempo de
espera para la salida al mercado es de 5 años en la mayoría de las especies.
Sin embargo, el uso intensivo de tecnología no se relaciona directamente con
un beneficio al productor local, porque las unidades pequeñas de producción
no participaron en los procesos de cambio, produciendo el incremento de la
desigualdad420.
Observamos que a comienzos de la década del 2000, la tendencia del
cultivo de la soja en el departamento de Burruyacu continuaba
incrementándose, proceso comenzado en los años 60 del siglo anterior. A
pesar de constituir un cultivo de buenos rendimientos económicos, el
departamento en general no ve los beneficios en forma generalizada. La
Gaceta sostenía que “Burruyacu es la cara bifronte del país: una economía
agropecuaria promisoria y una población –el rostro humano de ese amplio
territorio- sin oportunidades aparentes”421.
La realidad de los centros rurales de la provincia de Tucumán fue
analizada por un grupo de investigadores del Instituto de Estudios Geográficos
de la Facultad de Filosofía y Letras, que puso el acento en la calidad de vida 422
de dichas poblaciones, a partir del Censo Nacional de Población, Hogares y
419
Ortiz de D’Arterio, Patricia et al., “Con la mirada en lo local. Estudio comparativo de la calidad
de vida en centros rurales de cuatro departamentos de la provincia de Tucumán”, en Breves
contribuciones del IEG, Nº 19, Facultad de Filosofía y Letras, UNT, 2007.
420
Krapovickas, Julieta, “
421
Diario La Gaceta, 29 de junio de 1997.
422
El concepto de calidad de vida es definido por los autores del trabajo como un nivel establecido como
óptimo, teniendo en cuenta dimensiones socio-económicas y ambientales que dependen de la escala de
valores que prevalecen en la sociedad. La calidad de vida, entonces, implicaría una vida saludable en un
hábitat que no perjudique la salud, disponiendo de un buen nivel asistencial, educativo y acceso a
derechos inherentes a los individuos, como un trabajo bien remunerado.
166
Viviendas de 2001. En el caso del departamento de Burruyacu analizaron las
localidades de La Ramada, Benjamín Aráoz, El Chañar y Villa Burruyacu (todas
comunas rurales, con excepción de la última, que es municipio). Estas
localidades son centros rurales de población concentrada de menos de 2000
habitantes (según el censo nombrado anteriormente). En Burruyacu, al no
existir ninguna ciudad, los aglomerados rurales crecieron porque se generalizó
la tendencia a vivir en núcleos de población concentrada, a los cuales llegaron
pobladores rurales que vivían dispersos en las cercanías423.
Una de las primeras variables analizadas es la tasa de desocupación,
que en las localidades analizadas es muy alta, llegando al 39% en El Chañar.
En Villa Burruyacu es donde se presenta la menor cantidad de desocupados,
con un 27%. La rama de actividad que mayor población ocupa es la agricultura
y la ganadería (por ser un área rural), a excepción de Villa Burruyacu que
presenta mayor ocupación en el área de servicios, debido a que la
municipalidad brinda empleo a la población. En este sentido, La Gaceta
publicaba una nota, el 29 de junio de 1997, en donde sostenía que las diez
comunas de la jurisdicción departamental registraban un elevadísimo índice de
empleados público y concluía que esta situación era “una contradicción
aparente para una tierra rica en pequeñas parcelas”424. En este contexto, los
jóvenes, después de terminar la escuela secundaria, abandonaban su tierra
natal en busca de oportunidades laborales, ya que en el departamento no
existen industrias que puedan absorber a esa población. Las inversiones
industriales no llegaban a Burruyacu, según Padilla (intendente de Burruyacu
en 1997) por falta de gas natural, escasez de agua y energía eléctrica, que
desalentaban a los eventuales emprendimientos. Por esta razón, las
alternativas que se presentaban a fines de la década de 1990 eran, por un
lado, para los dirigentes municipales, los créditos de la banca internacional
para emprendimientos de infraestructura y la entrega de la Ayuda del Tesoro
Nacional, distribuida por el gobierno nacional, y por otro, para los habitantes, el
acceso a programas de empleo temporario.
Otro factor tomado en cuenta es la disponibilidad de agua potable,
indicador esencial para alcanzar un nivel básico de bienestar. En el caso de las
localidades de Burruyacu, la gran mayoría de los hogares cuenta con este
servicio. En donde se presenta un menor porcentaje es en La Ramada, en
donde las viviendas conectadas a la red de agua es el 81%. Otros servicios con
los que cuentan estas localidades son de recolección de residuos, transporte
público, alumbrado y red eléctrica. En cambio, en ningún caso los hogares
están conectados a la red cloacal ni poseen gas natural. En ambos casos, la
situación no ha variado en la actualidad, ya que observamos en el Censo
423
Ortiz de D’Arterio, Patricia et al.,
424
Diario La Gaceta, 29 de junio de 1997.
167
Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2010 que la situación
continuaba siendo precaria, debido a que los datos revelan que sólo 182
hogares, sobre un total de 8.807, poseen cuentan con conexión a la red de
cloacas y ningún hogar posee gas de red, que es reemplazado por gas en
garrafa en primer lugar, seguido de leña o carbón.
Por último, cabe destacar que los porcentajes relativos a la presencia de
hogares con algún tipo de privación, son elevados: en las cuatro localidades
seleccionadas, indican que más del 70% de la población vive en hogares con
privación. Por lo tanto, podemos sostener que las importantes producciones
agropecuarias en la zona no redundan directamente en beneficios para la
población de la misma, ya que vemos que en un porcentaje importante persiste
población con algún tipo de privación.
427
Boletín Oficial de la provincia de Tucumán, 1955.
428
Diario La Gaceta, 31 de diciembre de 1955.
429
Diario La Gaceta, 28 de diciembre de 1955.
430
Diario La Gaceta, 25 de Noviembre de 1955.
169
los conceptos de planificación, modernización y desarrollo 431. El gobierno
desarrollista de Arturo Frondizi creó un organismo que se encargaría de la
planificación estatal para el crecimiento y desarrollo del país. Fue el Consejo
Nacional de Desarrollo (CONADE), que buscaba la eficiencia y el rendimiento
escolar con el aumento de los conocimientos técnicos, enfocados hacia el
mundo del trabajo. Además, este modelo tecnocrático buscaba solucionar
problemas de deserción escolar432.
En la provincia Celestino Gelsi, como gobernador, debió afrontar la difícil
situación económica y social, que, además, golpeaba fuertemente a la
educación, sobre todo en el estado de los edificios escolares, el analfabetismo
y la carencia de maestros. En su discurso de apertura de sesiones de la
Legislatura, manifestaba que “las maltrechas finanzas de la Provincia no han
permitido encarar el agudo problema que plantea el estado lamentable de la
mayoría de los edificios escolares, especialmente los de la campaña” 433. En
algunas localidades del departamento de Burruyacu se observaban estos
problemas. La prensa local daba cuenta del reclamo vecinal en Garmendia
para cubrir las vacantes de maestras en la escuela Nº 58, ya que esa situación
perjudicaba el inicio del ciclo lectivo y la enseñanza de los niños 434. En la
localidad de La Ramada le solicitaron al interventor federal en la provincia,
Carlos Imbaud, la habilitación de un local para el funcionamiento de una
escuela para adultos, carencia importante en la zona435.
A pesar de estas profundas faltas, si tomamos la matricula, a nivel
nacional, entre 1955 y 1975, observamos el incremento de alumnos, docentes
y establecimientos. En dos décadas, en Argentina, se crearon 4.200
establecimientos y se sumaron 713.866 alumnos 436. La provincia contaba con
un total de 773.972 habitantes según el Censo Nacional de Población de 1960,
en tanto que en su análisis sobre analfabetismo, señalaba que el 13% de la
población tucumana era analfabeta. La mayoría de ella era población rural
(39.540) y femenina (32.460).
14 a 30 a 50 Edad
Jurisdicción Total Varones Mujeres 29 49 años desconoci
años años Y más da
Tucumán 62.01 29.552 32.460 15.54 19.88 26.188 396
431
Villoria. Elisa. “Dilemas de la Educación rural. La educación como parámetros de calidad de
vida de las comunidades rurales” en Breves Contribuciones del I.E.G- Nº 19. Universidad
Nacional de Tucumán, Tucumán 2007. Pág. 59-102.
432
Arata. [Link], p 223.
433
Diario de sesiones de la Honorable Cámara de Senadores, periodo 1959. Tucumán, 1961,
pág. 102.
434
Diario La Gaceta 24 de abril de 1962.
435
Diario La Gaceta 24 de abril de 1962.
436
Arata. Ibídem.
170
2 6 2
Porcentaje 13,0 12,3 13,7 7,4 12,0 25,9 24,5
Cuadro 8: Población analfabeta por sexo y por grupo de edad
Elaboración propia. Fuente: Censo de Población de 1960.
Urbana Rural
Total Varones Mujeres Total Varones Mujeres
Tucumán 22.472 9.092 13.380 39.540 20.460 19.080
Cuadro 9: Población analfabeta clasificad por urbana y rural:
Elaboración propia. Fuente: Secretaria de Estado y Cultura y Educación.
437
Diario La Gaceta, 22 de octubre de1963.
438
Rodríguez, “Los católicos desarrollistas en Argentina. Educación y planeamiento en los años
de 1960” Nº17, 2013,p 156.
439
Diario La Gaceta, 7 de junio de 1966.
171
Juan Carlos Lynch y puso en marcha nuevos organismos en el área educativa
con el fin de ordenarla nuevamente.
Con el proyecto dictatorial de Onganía se llevaron adelante reformas en
busca de la descentralización de los servicios educativos, mediante un
anteproyecto de Ley Orgánica de Educación promovido por el Secretario de
Educación, José Astigueta. Sostenía que “estamos en un proceso de
trasformación y modernización para consolidar la unidad nacional. La política
educativa es un ataque frontal a las deficiencias, es una racionalización de
recursos humanos y financieros para el desarrollo” 440. A finales de 1968, el
Ministro diseñó el Anteproyecto de Reforma del Sistema Educativo, conocido
como la Reforma Educativa, también de corte desarrollista. Se mantenía la
continuidad con la ley 1420, que garantizaba la escolaridad obligatoria desde
los 6 hasta los 14 años. Los ciclos educativos consistían en un nivel
preprimario de 2 años, un nivel elemental obligatorio de 5 años, un nivel
intermedio de 4 años también obligatorio, un nivel medio de 3 años y un nivel
superior de duración variable. Los pedagogos consideraban que la escuela
intermedia implicaría una formación práctica, habilitante para el mundo del
trabajo, para aquellos que no desearan o no pudieran continuar sus estudios 441.
En el departamento de Burruyacu se constituyeron 2 centros de
alfabetización, habilitados en lugares donde exista un núcleo de personas
adultas mayor (veinte o más) en condiciones de recibir instrucción. Además
serían reparadas 3 escuelas nacionales, la Nº 58; la Nº118 y la escuela
Nº175442.
Jorge Nanclares, como gobernador, nombró a Orlando Lázaro como
Secretario de Educación y Cultura y a Miguel Ángel Torres como presidente del
Consejo de Educación. El gobernador interventor encaró una reforma en la
provincia tras la cual, por primera vez funcionarían establecimientos de
orientación práctica para el área agropecuaria y técnica. Esta era una
demanda que solicitaban los vecinos de Burruyacu. En una reunión con
funcionarios provinciales realizada en El Timbó, requerían la creación de una
escuela agrotécnica “con el fin de evitar el éxodo de los jóvenes de la zona y
capacitarlos para las tareas del campo”443.
Se planificó, además, la consolidación de la reforma educativa, con
intención de evaluar sus resultados en el trienio 1970-1972, incluyéndose la
implementación de experiencias pilotos en escuelas rurales y se trató de
resolver los problemas edilicios en la provincia 444. Además en las escuelas del
interior, se crearon comedores escolares para tratar el problema de la
440
Diario La Gaceta, 2 de septiembre de 1968.
441
Arata. [Link], p 225.
442
Diario La Gaceta 10 de septiembre de 1966.
443
Diario La Gaceta 29 de septiembre de 1969.
444
Provincia de Tucumán. Plan Trienal de Gobierno 1970-1972, tomo 1. Págs. 103-122.
172
deserción escolar. En la Villa de Burruyacu, se inauguró uno de ellos, en la
escuela Guillermo Rawson. Estuvieron presentes autoridades del Consejo de
Educación provincial y la directora del establecimiento, María Rosa Cano445.
En el plano nacional, con la gestión del ministro José Cantini, la política
de transferencia de escuelas no cesaba. Se derogó la Ley Láinez en 1970 y se
creó al año siguiente el Consejo Federal de Educación (CFE), constituido por
los ministros de todas las provincias y facultado para llevar a cabo el traspaso
de las escuelas, de las jurisdicciones nacionales a las provincias. Esto provocó
fuertes objeciones por parte de varios sectores de la población y la renuncia
del Ministro en mayo de 1971. El nuevo Ministro de Cultura y Educación de la
Nación, Gustavo Malek suspendió la reforma, manteniéndose solo las
trasferencias realizadas de forma efectiva446.
Por otro lado, en nuestra provincia se aprobaron los planes de estudio
para el profesorado del ciclo intermedio (uno de los únicos puntos de la reforma
llevados a cabo), que se aplicarían de forma progresiva en 40 escuelas. En el
departamento de Burruyacu, se aplicaría en la localidad del El Naranjo en la
escuela Nº 152447, la cual tendría, un tiempo después, un establecimiento
nuevo.
Comenzando el ciclo lectivo de 1970, el problema de la deserción
escolar seguía, con un índice del 77,2% en toda la provincia. El abandono de la
educación primaria luego del cursado de uno o dos grados, llegaba a 20.000
alumnos, que eran considerados analfabetos al cumplir los 14 años de edad 448.
Existía, entonces, una gran parte de la población con un nivel educativo y
cultural pobre. Con el establecimiento del Programa Nacional de Alfabetización
de Adultos, (iniciado desde mediados de 1960), se realizó una campaña de
capacitación para quienes llevarían adelante este proyecto en Villa Padre
Monti; el objetivo era capacitar a los promotores culturales449. Sobre este
aspecto, Ysmael Díaz remarca la tarea desempeñada Ramón Vicente Kairúz,
en distintas escuelas del departamento de Burruyacu450.
En busca de mejorar ese preocupante panorama, se repararon y
construyeron establecimientos educativos, con nuevas especialidades, como la
de Expertos en Granjas, que funcionaría en la escuela postprimaria de
Capacitación Técnica, en el local de la Cooperativa Agropecuaria Unión y
Progreso de La Ramada de Abajo. Mientras tanto, el Departamento de
Materiales y Construcciones Escolares venía trabajando para terminar las
obras de reparación en el mes de abril de 1970 del nuevo edificio de la escuela
445
Diario La Gaceta, 31 de octubre de 1969.
446
Arata. ibídem. .
447
Diario La Gaceta 5 de marzo de 1970.
448
Diario Noticias, 3 de marzo de 1970.
449
Diario La Gaceta, 24 de octubre de 1970.
450
Díaz, Ysmael, La Aguada de Burro: Memorias de Burruyacu, un aporte para su historia,
Tucumán, 2008.
173
Guillermo Rawson, y en el mes siguiente de la escuela Nº 369 de La Ramada
de Abajo451.
En contraste, la prensa local nos da cuenta de la precariedad que vivían
las escuelas del interior. La localidad de La Cruz contenía un establecimiento
destruido, lo que hacía peligrar la seguridad de los niños que asistían. De
hecho, muchos padres de la zona, habían decidido no inscribirlo ese año, por
las condiciones que presentaba la escuela452. Igual situación se presentaba en
la escuela Nº 314 de La Soledad, de la localidad de Gobernador Piedrabuena,
en donde se caía el revoque de las paredes, lo que hacía correr peligro a los
alumnos que asistían allí. Éste, no era su único problema, ya que la escuela no
lograba albergar a toda la población y la comunidad reclamaba que se
construyera un nuevo local453. También, en La Tuna (perteneciente a
Gobernador Piedrabuena), los vecinos solicitaban la pronta creación de un
local educativo, ante la ausencia de escuela en su localidad, que implicaba que
los niños de la zona tuvieran que recorrer largas distancias para poder concurrir
a clases454.
Continuado con el testimonio brindado en La Gaceta, se denunciaba la
falta de habilitación de un edificio ubicado en La Marta, que había sido donado
por el Dr. Francisco Critto para el ejercicio de la escuela Nº 246, pero en donde
no se iniciaba el ciclo lectivo, quedando un centenar de niños sin escuela. Ante
esto, los vecinos le solicitaban al inspector seccional no postergar la puesta en
funcionamiento del establecimiento. Por su parte, en la escuela Nº 177 de
Puesto del Medio, se presentó el problema, según la denuncia de padres de
alumnos, de que las dos maestras de la escuela sólo asistían dos veces por
semana, ya que el resto del tiempo estaban de licencia. También era un
inconveniente la falta de un comedor escolar, que agravaba la situación de los
niños, que recorrían más de 10 kilómetros para asistir a clases455. Por último,
en la escuela Guillermo Rawson se realizó una reunión con el Ministro de
Bienestar Social, Juan Carlos Torres y los vecinos de la villa y ante el pedido
de los docentes presentes, el ministro dispuso el envío de dos aulas
prefabricadas para la escuela de El Puestito de Arriba456.
Durante la presidencia de Héctor Cámpora, el Ministro de Educación,
Jorge Taiana, defendía una pedagogía nacionalista influida por Paulo Freire.
En esta línea, ponía como prioridad “erradicar el analfabetismo y disminuir el
semianalfabetismo”457. Además entre las modificaciones previstas por su
gestión, esbozaba la reestructuración de los estudios comerciales nocturnos y
451
Diario La Gaceta, 6 de marzo de 1970.
452
Diario La Gaceta, 8 de marzo de 1972.
453
Diario La Gaceta, 28 de marzo de 1972.
454
Idem.
455
Diario La Gaceta, 16 de marzo de 1970.
456
Diario La Gaceta, 13 de abril de 1972.
457
Diario La Gaceta, 25 de marzo de 1974.
174
los bachilleratos para adultos, lo que evidenciaba una tendencia de evolución
en materia educativa.
En Tucumán, la breve experiencia tuvo como gobernador a Amado Juri,
quien se encontró con graves problemas, como la pobreza, el déficit
habitacional, una tasa de analfabetismo de un 13%, una deserción en el nivel
primario de un 72%, mientras que el 80% de las escuelas estaban en un estado
deplorable458. En ese contexto, se puso en marcha un plan de emergencia
trienal para la educación (1974-1976), que se proponía mejorar las
construcciones de los establecimientos educativos para asegurar la
permanencia de los alumnos. El poder ejecutivo provincial buscaba la
articulación entre su Ministro de Educación, Héctor Carrizo y el Departamento
de Materiales y Construcciones Escolares. En su discurso de apertura de
sesiones legislativas de 1975 sostenía que “con un presupuesto de $
37.000.000 se encaró el mejoramiento de los edificios, llegándose a ejecutar el
73% del monto indicado”459
En este sentido, en Burruyacu se creó la escuela postprimaria de
capacitación técnica en la localidad de La Ramada de Abajo, dependiente del
Consejo de Educación460, se aprobó el Reglamento para la Escuela Albergue
de Jornada completa, Dr. Pedro Miguel Araoz de Villa Padre Monti 461 y se
amplió la experiencia Pro- Vocacional Rural a la escuela de El Tajamar 462.
También se evidenciaba una ampliación de la matrícula en el interior
del departamento: por ejemplo, en la escuela Nº 375 de Las Corzuelas, en
1970 existía una población de 101 alumnos inscriptos y, en 1975, había
ascendido a 286 alumnos, con una asistencia media de 198 alumnos463, es
decir que la población escolar en esta institución había ascendido en un 186%.
El proceso de cambio y mejoras educativas quedó trunco con la muerte
del general Perón en julio de 1974 y la asunción de su esposa Estela Martínez,
quien tuvo una política contraria al modelo planteado desde 1973, puesto en
evidencia con el alejamiento del ministro de educación, que fue remplazado por
Oscar Ivanissevich. Éste llevó adelante una política persecutoria, preámbulo
de los tiempos que venían. A partir de 1976, la dictadura, en materia educativa,
a través del Ministro de Cultura y Educación Pedro Bruera, planteó la
458
Pucci, Roberto, “Tucumán entre Dos Operativos Militares (1966-1976)” en Bravo María Celia,
Historia Contemporánea de las provincias del NOA (1930-2001), Tomo II, Editorial Científica
Universitaria de la Universidad Nacional de Catamarca, Catamarca, 2012.
459
Diario de Sesiones de la Asamblea Legislativa de la Provincia de Tucumán, 1975.
460
Decreto Nº 3541/1, 2 de agosto de 1974.
461
Decreto Nº 7386/1, 30 de julio de 1975.
462
Resolución Nº 1354, 27 de agosto de 1975.
463
Carpeta Nº 375. Informes de Inspección de Escuelas. Archivo del Ministerio de Educación
de la Provincia.
175
necesidad de reordenar la caótica realidad escolar464. Las políticas educativas
implementadas tuvieron por fin cambiar las tendencias político- pedagógicas,
por medio de nuevas estrategias. Para Pablo Pineau, la dictadura fue “el
principio del fin” de un modelo educativo. Hasta 1976 se había mantenido la
dignidad del Estado como responsable del derecho a la educación, gratuita y
de ascenso social. La dictadura identificó a la educación como el espacio
donde se había difundido la plaga subversiva que había que curar, reponiendo
los valores cristianos y nacionales465. La política educativa se rigió con criterios
elitistas y autoritarios, cesanteando a docentes y persiguiendo estudiantes,
ampliando la distancia entre la cultura escolar con la comunidad. Para combatir
la burocratización del sistema se intensificó la descentralización. En 1978 se
produjo la trasferencia obligatoria de las escuelas nacionales a las
jurisdicciones provinciales, sin otorgar los medios técnicos y económicos para
afrontar tamaña empresa. El sector privado creció en detrimento de la
educación pública. También se pautaron contenidos mínimos para la escuela
primaria, impartidos por cada provincia.
La expansión del sistema educativo fue detenida con el golpe: en 1976
existían en el país 6.208 jardines de infantes, 26.304 escuelas primarias y
4.887 colegios de enseñanza media. Para el final de este periodo, en 1982
había 7.345 jardines, solo 23.034 escuelas primarias y 4.896 colegios. Hubo
una reducción de un 13% en establecimientos educativos466.
464
De Luca, “La educación Argentina en épocas de la última dictadura militar: regionalización y
descentralización del nivel primario de educación (1976-1983)” en Revista Contextos
Educativos, 2013, p 78.
465
Arata. Op. Cit, pág. 242.
466
Ídem.
176
el gobernador Merlo. El intendente sostenía que eran pocos los jóvenes que
completaban el secundario en la capital, porque generalmente se empleaban
en las fincas agrícolas cuando terminaban la primaria. La situación
efectivamente se resolvería unos meses después, cuando se da inicio al
funcionamiento de la escuela secundaria, solucionando un reclamo importante
de la población local.
472
Dirección de Educación Superior y Artística. “La Educación Superior en la Provincia de
Tucumán. Estado de Situación”. Serie 1- 2012.
179
concretas en el marco del desarrollo local 473. El dialogo intersectorial buscaba
construir un vínculo entre los distintos actores del territorio por la falta de
aptitudes para sostener procesos sólidos de desarrollo local.
El Instituto va modificando su oferta educativa cada tres cohortes, según
nos explicaba su rectora, la CPN Dora Soria de Valle, para evitar la saturación
del mercado laboral. Por ello, en 2010 se lanzó la carrera de “Tecnicatura en
Administración agropecuaria” y en 2014 la “Tecnicatura superior en gestión de
la producción agropecuaria”, la cual, durante 2016, contaba con 80 estudiante
cursando la carrera, provenientes de varias zonas del departamento y de la
provincia, como Tafí Viejo, Yerba Buena y la Capital.
Por lo general, los planes de estudio responden a los requerimientos
detectados en el territorio y se promueve la participación activa de todos los
actores locales. A través de la institución, según nos comenta la rectora, se
intenta resolver las necesidades de la población juvenil. Para esto, trabajan en
conjunto con el municipio y con empresas de la zona como Nidera, Monsanto,
Empresa Aguas del Azul y fincas particulares mediante convenios de
pasantías.
En promedio, se reciben sólo 15 estudiantes por promoción, debido a los
altos índices de deserción escolar, que es provocada, generalmente por la
situación económica. Por este motivo, esta institución “cuenta con
emprendimientos propios, como el criadero de pollos y huerta en pos de
generar practicas productivas para los chicos, buscando que no se desvinculen
de la escuela en la época de cosecha de la soja y el limón474.
473
Ídem PEI.
474
Entrevista realizada a Directora Dora Soria de Valle. 26 de abril de 2016.
180
Otras escuelas del departamento
Ante la imposibilidad de analizar la historia y presente de todos los
establecimientos del departamento, sólo mencionaremos para finalizar a todas
las instituciones que allí funcionan.
181
Martin
Nº 205 - Dr. Bernardo Lozada El Puestito
Echenique
Nº 250 - Antonio Campo Timbó Viejo
Nº 292 - Juan Carlos Iramain Tusca Pampa
Nº 339 - 17 De Agosto Tala Pampa
182
Fernández Moreno
Nº 276 - José Luis Araoz San José De Macomitas
Nº 30 - Rosario Vera Peñaloza Dique El Cajón
Nº 313 - Solar Histórico Del La Ramada
Gral. San Martin
Escuela Hermanos Villa Padre Monti
Concepcionistas
Col. San Isidro Labrador La Ramada
Agrotécnica Mariano Ramos La Ramada
De Comercio Vicente Vital Las Salinas
Heredia
Escuelas De Media De 7 De Abril Siete De Abril
Nivel Secundario Media De El Naranjo El Naranjo
Media De Mariño Mariño
Media De Piedrabuena Piedrabuena
Secundaria Gobernador Gobernador Garmendia
Garmendia
Escuela De Practicas Rurales De Villa Benjamín Araoz
Formación Orientación Técnica
Profesional
Para concluir con este capítulo, podemos decir que a pesar de las
dificultades en político-institucionales, económicas y sociales, en el
departamento pudimos ver cómo la población se fue beneficiando, poco a
poco, de las obras públicas. A pesar de eso, en la actualidad, a través de los
análisis estadísticos, observamos que los habitantes siguen atravesando
algunas situaciones precarias y un grado de desocupación que obliga a la
población juvenil a seguir optando por la emigración.
183
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Censos Nacionales de Población 1869, 1895, 1914, 1947, 1960, 1970,
1980, 1991, 2011, 2010.
Censo Nacional Escolar de 1884
Compilación ordenada de leyes, decretos y mensajes del período
constitucional de la Provincia de Tucumán.
Diario de sesiones de la Honorable Cámara de Senadores, períodos:
1936, 1959, 1947, 1975.
Digesto Jurídico de la Provincia de Tucumán:
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Instituto de Educación Superior Integración de las Américas (2006-
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ENTREVISTAS
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