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ENSAYO

1) Un cónyuge puede pedir alimentos al otro si no tiene medios suficientes de subsistencia, ya sea por enfermedad o falta de recursos. La cuantía de los alimentos se determina en proporción a las necesidades del solicitante y los recursos del obligado. 2) Tanto en la separación de hecho como judicial, los cónyuges conservan la obligación mutua de socorrerse con alimentos. Sin embargo, el cónyuge culpable de la separación judicial solo puede recibir alimentos necesarios, mientras que el inocente puede pedir alimentos congruos
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ENSAYO

1) Un cónyuge puede pedir alimentos al otro si no tiene medios suficientes de subsistencia, ya sea por enfermedad o falta de recursos. La cuantía de los alimentos se determina en proporción a las necesidades del solicitante y los recursos del obligado. 2) Tanto en la separación de hecho como judicial, los cónyuges conservan la obligación mutua de socorrerse con alimentos. Sin embargo, el cónyuge culpable de la separación judicial solo puede recibir alimentos necesarios, mientras que el inocente puede pedir alimentos congruos
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INTRODUCCION

INTRODUCCIÓN

Los alimentos son parte integral en el desarrollo del individuo que se generan
fundamentalmente de una relación de parentesco entre un hombre y una mujer bajo
diferentes denominaciones que se han conocido a lo largo de la historia como unión libre,
concubinato y matrimonio, estos tres últimos constituyen la obligación alimentaria y genera
derechos y obligaciones entre las personas que son parte del parentesco por afinidad y
sus descendientes, pero que pasa cuando uno de los obligados a otorgarse alimentos deja
de hacerlo, ¿existe un proceso para poder obligarlo?.
El derecho familiar es el encargado de regular las relaciones en lo que conciernen a la
familia, y como parte de ella son sin duda los alimentos, uno de los temas más importantes
dentro del contexto familiar ya que se convierten en la pensión alimenticia que es una
obligación, y un derecho a la vez para los integrantes de una familia que pueden darse en
dos roles importantes darlos o recibirlos, las principales características de los alimentos
permiten que dentro de los roles familiares sea una prestación de suma importancia en
virtud de que representan un sustento de apoyo para aquella persona que es incapaz de
mantenerse por sí mismo ya sea porque padece de alguna incapacidad, o porque se es un
menor de edad, obligación que con el paso del tiempo podría extinguirse por cambiar las
condiciones de vida de los integrantes de la familia.
En el presente ensayo se analiza a los alimentos como fuente principal del derecho familiar
así como las personas obligadas a otorgarse alimentos y las formas de satisfacer una
obligación de dar que muchas veces, podría pensarse que la obligación alimentaria puede
quedar satisfecha con el pago de pago de una pensión líquida y en dinero, pero
analicemos lo que las diferentes aportaciones legales y científicas nos mencionan sobre
este tema.

¿QUÉ SUCEDE EN MATERIA DE ASISTENCIA FAMILIAR SI UNO DE


LOS CÓNYUGES TIENE PROBLEMAS DE SALUD?
ART 215.- ASISTENCIA FAMILIAR AL CONYUJE
Si uno de los cónyuges no tiene medios suficientes por problemas de
salud, la autoridad judicial le fijará al otro cónyuge la obligación de pagar
asistencia familiar en favor del cónyuge con problemas de salud en las
condiciones previstas por el Artículo 116 del presente Código que
establece que la asistencia familiar debe fijarse en proporción a las
necesidades de la persona beneficiaria y a los recursos económicos y
posibilidades de quien o quienes deban prestarla, y será ajustable según
la variación de estas condiciones

Otro efecto en relación a los cónyuges es la posibilidad de asistencia familiar que uno de ellos
deba otorgarla al otro, pero sólo cuando quien va a recibirla no tenga medios suficientes de
subsistencia por encontrarse en una enfermedad grave o muy grave (Art. 215 P. I. Código de
las Familias), caso en que la autoridad judicial fijará la cuantía de la asistencia teniendo en
cuenta las posibilidades de quien va a otorgarla y las necesidades de quien va a recibirla (Art.
116 Código de la Familia). La asistencia familiar cesa cuando la personas beneficiaria contrae
nuevo matrimonio o ingresa en unión conyugal libre o mejora su situación de salud, cuando
disminuyen las posibilidades económicas del obligado, o por la muerte real o presunta de
cualquiera de ellos (Art. 215 P.II Código de la Familia)
¿Puede pedirse alimentos al cónyuge?
Una de las personas a las cuales se les debe alimento es al cónyuge.
Los alimentos entre cónyuges corresponden a una manifestación concreta del deber de
socorro, que a su vez se enmarca en uno de los fines esenciales del matrimonio enunciados en
el artículo 102 del Código Civil, como es el auxiliarse mutuamente. Consiste éste en la
obligación de proporcionar los auxilios económicos necesarios para vivir. Se trata de un deber
recíproco de los cónyuges, establecido en el artículo 131 y desarrollado en el artículo 134,
ambos del Código Civil.

La obligación que existe de dar pensión de alimentos al cónyuge  constituye una de las
manifestaciones del principio de protección al cónyuge más débil. En el régimen de sociedad
conyugal, el marido, como administrador, debe subvenir a los gastos de mantenimiento de la
mujer y de la familia común (artículo 1740 número 5 del Código Civil). Para ello, la ley, como
contrapartida, le da el usufructo de los bienes propios de la mujer. Por ello, se ha dicho, lo
normal será que el marido casado bajo este régimen le deba alimentos a su mujer, y muy
excepcionalmente ocurrirá la situación inversa, cuando la mujer posea un patrimonio reservado
cuantioso y la sociedad conyugal no lo tuviere. En el régimen de separación total de bienes y
en el de participación en los gananciales, cada cónyuge efectúa sus propios gastos de
mantenimiento, sin perjuicio de que si alguno no tiene bienes, debe ser auxiliado por el otro. En
estos dos últimos regímenes, no cabe pues formular como regla general que el marido sea el
primero de los cónyuges obligado al pago de alimentos a favor del otro cónyuge. Conforme a lo
dispuesto en el artículo 160 del Código Civil, los cónyuges  separados de bienes deben acudir
al mantenimiento de la familia común según sus facultades; en caso de discrepancia, el juez
reglará el monto de la contribución. Si se hubiere decretado separación judicial, los cónyuges
también deben socorrerse (artículos 174 y 175 del Código Civil); tienen este derecho, aun
cuando hayan dado causa a la separación judicial por su culpa. Hoy, a partir de la reforma
introducida al Código Civil por la Ley número 19.585, todos los alimentos, conforme lo expresa
el citado Código, son congruos: vale decir, los alimentos deben habilitar al alimentado para
subsistir modestamente de un modo correspondiente a su posición social (artículo 323, inciso
1º y artículo 330, ambos del Código Civil). Con todo, tratándose de la separación judicial de
los cónyuges, se desprende del artículo 175 del Código Civil que el cónyuge culpable de la
separación judicial, sólo puede demandar al cónyuge  inocente alimentos «necesarios»,
mientras que el cónyuge  inocente de la separación judicial, sí podrá demandar al culpable,
alimentos «congruos». En efecto, de acuerdo con la modificación introducida al artículo 174 por
la Ley número 18.802, por la Ley número 19.585 y por la Ley número 20.145, el cónyuge que
no haya dado motivo a la separación judicial4, tiene derecho a que el otro cónyuge le
suministre alimentos, según las reglas generales. Dado que el artículo 35 de la Ley de
Matrimonio Civil se remite a este artículo si los cónyuges estuvieren separados judicialmente, el
cónyuge que no hubiere dado motivo a la separación, podrá exigirle alimentos al culpable de la
misma. Ahora bien, según lo expresamos, hoy en día, los alimentos que se deben por ley son,
por regla general, «congruos». De esta forma, se deben proporcionar alimentos considerando
la condición social de quien los pide, aunque al decretarlos por el juez, éste debe tener en
cuenta que han de ser suficientes para una «modesta subsistencia», pero dentro del rango
social respectivo. A contrario sensu de lo expresado en el artículo 174, en principio, podría
concluirse que el cónyuge culpable de la separación judicial, carecería del derecho a percibir
alimentos del otro cónyuge. No es así, sin embargo. En efecto, el cónyuge que haya dado
motivo a la separación judicial por su culpa, tendrá también  derecho a alimentos, de acuerdo a
lo que dispone el artículo 175 del Código Civil. Con todo, en este caso, la ley señala que el
antedicho cónyuge, tendrá derecho «para que el otro cónyuge lo provea de lo que necesite
para su modesta sustentación». Nótese que el artículo no exige que los alimentos permitan
subsistir al alimentario dentro de su condición social. Por ende, podemos concluir que se
trataría de los antiguos alimentos «necesarios» que contemplaba nuestro Código Civil, o sea,
aquellos imprescindibles para la subsistencia de la persona, los que subsistirían para la
hipótesis que estamos analizando. En este caso, agrega la ley que el juez, al determinar el
monto de los alimentos, tendrá en cuenta la conducta del alimentario antes del juicio respectivo,
durante su desarrollo o con posterioridad a él. Dependerá entonces de esa conducta, el rango
dentro del cual el juez fije los alimentos en favor del cónyuge culpable de la separación judicial,
pero, siempre respetando la exigencia legal de fijarlos en un monto que sólo permita la
subsistencia del que los recibe. Esta interpretación de los artículos 174 y 175 nos parece la
más justa y concordante con el tenor de dichos preceptos, pues sería manifiesta la inequidad si
ambos cónyuges, el culpable y el inocente, estuvieren en igual condición para demandarse
alimentos el uno al otro.

Es importante señalar que sucede cuando los cónyuges se separan de hecho, sin que se
disuelva el matrimonio. En este caso tanto el marido como la mujer conservan la obligación de
socorrerse mutuamente. La jurisprudencia ha declarado que se deben alimentos al cónyuge
aun cuando exista separación de hecho y que no es admisible, por ejemplo, la excepción del
marido aduciendo la negativa de la mujer a vivir con él, pues en tal hipótesis, no hay injuria
atroz, y por ende no hay causal que haga cesar por completo el derecho a alimentos. Además,
si la Ley de Matrimonio Civil deja en claro que la sentencia de separación judicial no suspende
el deber de socorro, con mayor razón tal obligación subsiste si se trata sólo de una separación
de hecho.

El cónyuge que no da alimentos puede ser obligado compulsivamente a ello, conforme lo


establece la Ley número 14.908. Además, de conformidad al artículo 19, inciso 1º de la Ley
número 14.908, cualquiera de los cónyuges podrá solicitar la separación de bienes si el otro,
obligado al pago de pensiones alimenticias, en su favor o en el de sus hijos comunes, hubiere
sido apremiado por dos veces en la forma establecida en los artículos 14 y 16 de la misma ley.
La petición puede hacerla el titular de la acción respectiva, de manera que el marido sólo podrá
pedir la separación de bienes, tratándose del régimen de participación en los gananciales, pues
los artículos 153 y 155 sólo facultan a la mujer para pedir separación de bienes, habiendo
sociedad conyugal. Como lo indicamos, el juez ponderará la cuantía de los  alimentos que
correspondan al cónyuge que dio lugar a la separación judicial, atendiendo a su conducta antes
y después de decretado éste y a las circunstancias del mismo (artículos 174, 175 y 177 del
Código Civil).

Debe subrayarse que la circunstancia de declarar la nulidad del matrimonio, no extingue el


eventual crédito que uno de los ex presuntos cónyuges hubiere tenido en contra del otro,
por pensiones alimenticias devengadas pero no pagadas a la fecha en que queda ejecutoriada
la sentencia. En efecto, confirma lo anterior lo previsto en el artículo 51 de la Ley de Matrimonio
Civil, que dispone «El matrimonio nulo que ha sido celebrado o ratificado ante el Oficial del
Registro Civil produce los mismos efectos civiles que el válido respecto del cónyuge que, de
buena fe y con justa causa de error, lo contrajo, pero dejará de producir efectos civiles desde
que falte la buena fe por parte de ambos cónyuges». Se trata de un matrimonio que tenía la
apariencia de válido, al menos para uno de los ex presuntos cónyuges. Por ello, a pesar de que
se declare su nulidad, no se entienden extinguidos los efectos que hubiera producido,
reconociéndolos la ley, como si el matrimonio hubiere sido válidamente contraído. Y entre tales
efectos, podrá encontrarse el crédito por alimentos. Cabe indicar que el artículo 52º de la Ley
de Matrimonio Civil establece que se presume que los cónyuges han contraído matrimonio de
buena fe y con justa causa de error, salvo que en el juicio de nulidad se probare lo contrario y
así se declare en la sentencia. Dicho en otros términos: en principio, el matrimonio se
entenderá putativo para ambos cónyuges, aunque la mala fe de uno, o de ambos, podría
quedar establecida en la sentencia de nulidad. La solución del artículo 52º guarda coherencia,
por lo demás, con el principio general del Código Civil, en orden a presumir la buena fe de los
contratantes, y que se consagra en el artículo 707 del citado Código, y en probar, por el
contrario, la mala fe de un contratante.

Cabe destacar que en los juicios de alimentos que involucren


como demandante  o demandado a un cónyuge con un tercero o a la mujer con su marido, el
cónyuge puede solicitar, en ciertos casos, litis expensas, conforme a lo previsto en el artículo
136 del Código Civil, que dispone: «Los cónyuges serán obligados a suministrarse los auxilios
que necesiten para sus acciones o defensas judiciales. El marido deberá, además, si está
casado en sociedad conyugal, proveer a la mujer de las expensas para la litis que ésta siga en
su contra, si no tiene los bienes a que se refieren los artículos 150, 166 y 167, o ellos fueren
insuficientes.» De lo expuesto en el precepto citado, pueden extraerse las siguientes
conclusiones:
 1° Si uno de los cónyuges litiga en contra de un tercero, sea en calidad de actor o de
demandado, y carece de los medios para cubrir los gastos que el juicio irroga, tiene
derecho a solicitar al otro de los cónyuges que le suministre lo necesario para sostener
su acción o defensa, cualesquiera fuere el régimen del matrimonio;

 2° Si la mujer litiga en contra de su marido –por ejemplo al demandarle el pago de una


pensión alimenticia-, el último estará obligado a suministrarle expensas para la litis, si
el régimen de bienes que los vincula fuere el de sociedad conyugal, a menos que el
marido probare que su mujer tiene bienes suficientes, que integren el patrimonio
reservado (artículo 150) o alguno de los patrimonios especiales que ésta administra
con independencia del marido (artículos 166 y 167). A contrario sensu, si fuere el
marido casado en sociedad conyugal quien demanda a su mujer por alimentos, no
puede exigirle a ésta litis expensas, y de igual forma, si los cónyuges estuvieren
casados en régimen de separación total de bienes o de participación en los
gananciales, el cónyuge demandante carece del derecho para reclamar que el cónyuge
demandado lo provea de expensas para la litis.

Requisitos para demandar pensión de alimentos


a) Título legal para demandar alimentos

El artículo 321 del Código Civil enumera a quiénes se debe alimentos:

 1.- Al cónyuge.

 2.- A los descendientes.

 3.- A los ascendientes.

 4.- A los hermanos.

 5.- Al que hizo una donación cuantiosa, si no hubiere sido rescindida o revocada

Como se puede notar, la obligación de dar alimentos es mucho más amplia de lo que
tradicionalmente se piensa; es decir, que no sólo el cónyuge y los hijos son titulares de este
derecho, sino que también las personas en su calidad de padres, abuelos y hermanos, por
ejemplo.

De conformidad a esta lista, podemos observar que una persona puede tener más de un título
para demandar alimentos. Así, podría pensarse que es posible demandar pensión alimenticia
en calidad de cónyuge, de descendiente, de ascendiente, de hermano y además de donante,
en caso de cumplir con los requisitos legales. Sin embargo, frente a la existencia de múltiples
títulos para demandar alimentos, la ley prescribe que debe usarse sólo uno y en el orden que
ella misma establece en el artículo 326:

Art. 326. El que para pedir alimentos reúna varios Títulos de los enumerados en el Artículo 321,
sólo podrá hacer uso de uno de ellos, en el siguiente orden:

 1._ El que tenga según el número 5.

 2._ El que tenga según el número 1.

 3._ El que tenga según el número 2.


 4._ El que tenga según el número 3.

 5._ El del número 4 no tendrá lugar sino a falta de todos los otros.

Entre varios ascendientes o descendientes debe recurrirse a los de próximo grado. Entre los de
un mismo grado, como también entre varios obligados por un mismo Título, el juez distribuirá la
obligación en proporción a sus facultades. Habiendo varios alimentarios respecto de un mismo
deudor, el juez distribuirá los alimentos en proporción a las necesidades de aquéllos.

Sólo en el caso de insuficiencia de todos los obligados por el Título preferente, podrá recurrirse
a otro.

Para comprender mejor esta situación, se hace necesario un ejemplo: Gabriela es casada, sus
padres viven y tiene hermanos. Gabriela tiene tres títulos para demandar alimentos. Sin
embargo, conforme al orden señalado, sólo puede utilizar el título respecto de su marido que se
encuentra en una posición preferente en relación con los otros dos.

Entre varios ascendientes o descendientes, debe recurrirse a los de grado más próximo; por
ejemplo, debe demandarse primero a los padres y luego a los abuelos o primero a los hijos y
luego a los nietos.

b) Necesidad del alimentario

El segundo requisito que se debe cumplir para la procedencia de la pensión de alimentos, es la


necesidad del alimentario. Así, procederá la demanda de alimentos sólo cuando los medios de
subsistencia del alimentario no le alcancen para subsistir de un modo correspondiente a su
posición social.

El derecho de alimentos comprende la obligación de proporcionar al alimentario menor de


veintiún años, la enseñanza básica, media y la de alguna profesión u oficio.

c) Solvencia del alimentante

Para determinar el monto de los alimentos, se debe siempre tener en cuenta por parte del juez
las facultades del alimentante y sus circunstancias domésticas; esto quiere decir que si el
alimentante no tiene posibilidad alguna de pagar la pensión de alimentos, se deberá pasar al
próximo obligado en el orden de prelación; todo sin perjuicio de los apremios que se pueden
decretar para que el alimentante cumpla con su obligación de manera forzosa.

La regla general, es que estos alimentos deben darse por toda la vida del alimentario, siempre
que continúen las circunstancias que legitimaron la demanda; esto es, título legal³, necesidad
del alimentario y solvencia del alimentante. Sin embargo, la ley establece restricciones a esta
regla general. Los alimentos debidos a los descendientes y a los hermanos cesan cuando éstos
cumplen veintiún años, salvo que estén estudiando una profesión u oficio, caso en el cual esta
obligación cesa cuando cumplen veintiocho años. Esta limitación en el tiempo respecto de los
alimentos debidos a los descendientes y hermanos, no se aplica si les afecta una incapacidad
física o psíquica que les impida subsistir por sí mismos o que, por circunstancias calificadas, el
juez de familia considere los alimentos como indispensables para su subsistencia.

Fundamentos
Según el artículo 348 del Código Civil, el divorcio es una de las formas de
disolver el vínculo matrimonial de manera definitiva. El efecto inmediato de
dicha disolución es la extinción de los deberes y obligaciones conyugales y el
fenecimiento de la sociedad de gananciales.

Según el artículo 288 del Código Civil ambos cónyuges por el acto del
matrimonio se deben recíprocamente asistencia y fidelidad en consecuencia
terminado el matrimonio; los mencionados deberes deben quedar sin efecto.

De otro lado el artículo 350 del Código Civil señala expresamente en su


primer párrafo que por el divorcio cesa la obligación alimentaria entre marido
y mujer; sin embargo, excepcionalmente este mismo precepto legal permite al
Juez asignarle una pensión de alimentos al cónyuge que no hubiese dado
motivos para el divorcio cuando careciera de bienes propios o de gananciales
suficientes o estuviera imposibilitado de trabajar o de subvenir a sus
necesidades por otro medio, incluso podría asignársele una pensión de
alimentos al cónyuge culpable del divorcio si fuese indigente. Estas
obligaciones alimentarias cesan automáticamente si el alimentista contrae
nuevas nupcias o cuando desaparece el estado de necesidad pudiendo el
obligado demandar la exoneración y en su caso el reembolso.

La redacción actual del artículo 350 del Código Civil omite pronunciarse
acerca de las circunstancias que el alimentista conviva con una tercera
persona pudiendo interpretarse equivocadamente que al no estar contemplado
como supuesto de cesación automática de la obligación alimentaria esta debe
de seguir vigente, amparando la ley el ejercicio abusivo de un derecho
contraviniéndose expresamente el artículo II del Título Preliminar del Código
Civil que señala que la ley no ampara el ejercicio ni la omisión abusivas de
un derecho.

Así mismo debe tenerse presente que el artículo 326 del Código Civil
precepto que regula las uniones de hecho, sus elementos características y
efectos civiles define a esta fuente de familia como “ Aquella
voluntariamente realizada por un varón y mujer libres de impedimento
matrimonial, para alcanzar finalidades y cumplir deberes semejantes a los del
matrimonio, originándose una sociedad de bienes que se sujeta al régimen de
sociedad de gananciales, en cuanto le fuere aplicable, siempre que dicha
unión haya durado por lo menor dos años continuos.

La posesión constante de estado a partir de fecha aproximada puede probarse


con cualquiera de los medios admitidos por la ley procesal, siempre que
exista un principio de prueba escrita.

La unión de hecho termina por muerte, ausencia, mutuo acuerdo o decisión


unilateral. En este último caso, el juez puede conceder, a elección del
abandonado, una cantidad de dinero por concepto de indemnización o una
pensión de alimentos, además de los derechos que le correspondan de
conformidad con el régimen de sociedad de gananciales.

Tratándose de la unión de hecho que no reúna las condiciones señaladas en


este artículo, el interesado tiene expedita, en su caso, la acción de
enriquecimiento indebido”

Por tanto, podemos concluir que los convivientes libres de impedimentos


matrimoniales se deben recíprocamente alimentos al establecerse en la
definición contenida en el precepto contenido en el artículo 326 que la unión
de los convivientes es para cumplir deberes y finalidades semejantes a las del
matrimonio e incluso en el caso que la unión de hecho termine por decisión
unilateral el conviviente abandonado puede solicitar alternativamente una
indemnización o una pensión de alimentos.

Por todo ello, permitir que siga vigente la obligación alimentaria de un


cónyuge con respecto a aquel que conviva con una tercera persona después
del divorcio es amparar legalmente el ejercicio abusivo de un derecho.
Por todo ello es necesario modificar el artículo 326 del Código Civil en el
sentido de señalar que “cesa automáticamente la obligación alimentaria con
respecto al ex cónyuge no solo en el caso que el alimentista contraiga nuevas
nupcias sino además cuando conviva con una tercera persona”.

Cuándo y cómo se paga la


manutención del cónyuge
Cuando los esposos se divorcian, los tribunales tienen la facultad de ordenar
que uno de los cónyuges pague la manutención del otro.

La manutención del cónyuge, que también se conoce como pensión alimenticia


o “alimony” en inglés, está destinada a proteger el estándar de vida del
ex cónyuge.

Por lo general la elegibilidad se la da a los cónyuges que:

 han dejado de trabajar durante el matrimonio,


 han sido empleados temporalmente durante el matrimonio,
 tienen un estado de salud grave,
 tienen una situación económica difícil y,
 la duración del matrimonio.

Menos de la mitad de todos los acuerdos divorcio, incluyen la manutención del


cónyuge. Sin embargo, es importante que todos los divorciados sepan cuándo
podrían ser elegibles para la manutención conyugal y la cantidad potencial de
la misma, para que puedan estar seguros de que están recibiendo los acuerdos
de divorcio justos y equitativos según el derecho de familia.

El derecho a la manutención del cónyuge


A fin de recibir manutención del cónyuge, el cónyuge que solicita la ayuda debe
demostrar que él o ella:

 Tiene una necesidad de apoyo. Lo que constituye una “necesidad de


apoyo” está definido por el ordenamiento estatal o por el derecho común
y es diferente entre los estados. En general, los tribunales consideran
los ingresos de cada cónyuge, su capacidad de generar ingresos
futuros, valores, nivel de vida mantenido como una pareja casada, y
cualquier otra circunstancia que pueda ser equitativa para la pareja.
 No haya firmado un contrato que limite el apoyo del cónyuge. Cada
cónyuge que se divorcia tiene la oportunidad de buscar el apoyo del otro
cónyuge a menos que él o ella hayan celebrado un acuerdo
prematrimonial jurídicamente vinculante que limite su derecho a recibir
pensión alimenticia. Para que el acuerdo previo al matrimonio sea
vinculante, debe cumplir todos los requisitos de la ley estatal y que no se
haya celebrado bajo coacción o fraude.

Algunos estados limitan la aplicabilidad de los acuerdos prematrimoniales que


renuncian a la manutención del cónyuge y permiten al ex cónyuge cobrar la
pensión conyugal, incluso si existe un acuerdo prematrimonial válido, si una
denegación de la pensión alimenticia daría lugar a que un cónyuge llegue a ser
tan pobre como para calificar para la ayuda estatal.

Cantidad determinada de la manutención del


cónyuge
Los principales factores en la determinación de la cantidad de manutención del
cónyuge será la necesidad que tiene el ex cónyuge de recibir el apoyo y la
capacidad del otro para pagar la manutención.

A menos que una pareja que se divorcia se comprometa a apoyar


permanentemente, la mayoría de los acuerdos de la manutención del cónyuge
es temporal y pueden ser revisados y modificados por el tribunal con base en
los cambios que sufran las circunstancias del caso.

Por ejemplo, el apoyo del cónyuge puede ser otorgado hasta que el ex cónyuge
que lo recibe ha conseguido un trabajo o por un periodo de tiempo
determinado.

Cosas importantes acerca de la manutención


conyugal??? CONCLUSION????
Si bien puede parecer evidente, es importante recordar que la manutención del
cónyuge es diferente a la manutención de los hijos y que las consideraciones
diferentes entran en la determinación de cada tipo de obligación familiar.

Además, si bien históricamente se proporcionó sostenimiento sobre todo a las


esposas que se quedaron en casa para cuidar de la familia mientras sus
maridos trabajaban, esto ya no es así.

Ahora, cualquiera, ya sea un marido o una esposa, puede cobrar la


manutención del cónyuge si él o ella reúne los requisitos para ello y se otorga
pensión alimenticia en un caso de divorcio.

Por tanto, es importante considerar cuidadosamente su situación específica


antes de decidir si procede o no solicitar el apoyo del cónyuge en un caso de
divorcio o separación.

SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0879/2018-S1


Sucre, 20 de diciembre de 2018
SALA PRIMERA
Magistrada Relatora:  MSc. Karem Lorena Gallardo Sejas
Acción de amparo constitucional
Expediente:                 24860-2018-50-AAC
Departamento:            Santa Cruz

Sentencia Constitucional Plurinacional 1105/2015-S2

Sucre, 3 de noviembre de 2015


SALA  SEGUNDA
Magistrada Relatora:           Dra. Mirtha Camacho Quiroga
Acción de amparo constitucional
Expediente:                  11079-2015-23-AAC
Departamento:            Beni
III.       FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO

El accionante denuncia la vulneración del derecho al debido proceso en su


componente del principio de legalidad; en virtud a que el Juez Primero de
Partido en lo Civil y Comercial del departamento del Beni y la Sala Civil Mixta
de Familia, Niñez y Adolescencia y Violencia Intrafamiliar o Doméstica Pública
del Tribunal Departamental de Justicia del Beni, a su turno, dictaron la
Sentencia 12/14 de 23 de mayo de 2014 y el Auto de Vista 126/2014 de 24 de
octubre, que dieron curso a la solicitud de incremento de asistencia familiar de
su ex cónyuge, supuestamente aquejada por nuevos problemas de salud;
infringiendo la aplicación fáctica de los arts. 15, 28 y 143 del CF, en función a
que no está incluida como beneficiaria y debido a que está disuelto todo vínculo
y nexo en relación con su persona, a raíz de lo cual emitieron una decisión que
le provoca más bien un perjuicio económico.

En consecuencia, corresponde establecer en revisión, si tales argumentos son


evidentes a fin de conceder o denegar la tutela impetrada.

III.1.  El resguardo de los derechos fundamentales a través de la acción de


amparo constitucional

El art. 128 de la CPE, señala que: “La Acción de Amparo Constitucional tendrá
lugar contra actos u omisiones ilegales o indebidos de los servidores públicos,
o de persona individual o colectiva, que restrinjan, supriman o amenacen
restringir o suprimir los derechos reconocidos por la Constitución y la ley”.

Con estas precisiones, concebidas desde la Constitución Política del Estado


Plurinacional, el constituyente previó la directa justiciabilidad de derechos y
garantías fundamentales bajo la nomenclatura de las acciones de defensa
diseñadas constitucionalmente, entre ellas, la acción de amparo constitucional
establecida para la defensa de los actos y omisiones que lesionen derechos y
garantías fundamentales, cuyo ámbito de protección se encuentra delimitado
por los arts. 128 y 129 de la CPE, acorde al orden sistémico propuesto por el
Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos, en el marco del
art. 25.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, establece
que: “Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier
otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la ampare
contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la
Constitución, la ley o la presente Convención…”.

III.2.  El debido proceso y sus alcances


La SCP 0819/2015 de 4 de agosto, reasignando la complejidad innata del
debido proceso en el ámbito constitucional estableció que: “El art. 115.II de la
CPE, consagra el derecho al debido proceso en los siguientes términos: ‘El
Estado garantiza el derecho al debido proceso, a la defensa y a una justicia
plural, pronta, oportuna, gratuita, transparente y sin dilaciones’. Concebido
como un derecho de las personas en su condición de sujetos procesales o
partes dentro de un proceso judicial o administrativo.
En concordancia con dicha disposición, el art. 117.I también de la CPE, señala
que: ‘Ninguna persona puede ser condenada sin haber sido oída y juzgada
previamente en un debido proceso…’. Concebido como un principio que rige a
la administración de justicia ordinaria, entendido como la obligatoriedad
impuesta a los administradores de justicia de asegurar y garantizar la emisión
de decisiones correctas, razonables e imparciales que, enmarcadas dentro de
los cánones legales, materialicen el mayor fin del Estado: Construir una
sociedad justa y armoniosa para vivir bien.
De lo anteriormente señalado, se desprende que en virtud a estos elementos
constitutivos del debido proceso, la jurisprudencia constitucional, le asigna una
triple dimensión al ámbito de aplicación; es decir, como derecho fundamental
de los justiciables, como principio procesal y como garantía de la
administración de justicia.
(…)
En cuanto a los elementos o derechos que lo componen, a partir de la
interpretación sistemática, axiológica y teleológica de los arts. 115.II, 117.I y II;
y, 180 en relación al 13 de la Norma Suprema, se concluye que el debido
proceso, constituido en la mayor garantía constitucional de la administración de
justicia, lleva inmerso en su núcleo una gran cantidad de derechos y garantías,
como ser: 1) Derecho a la defensa; 2) Derecho al juez natural e imparcial; 3)
Garantía de presunción de inocencia; 4) Derecho a ser asistido por un
traductor o intérprete; 5) Derecho a un proceso público; 6) Derecho a la
conclusión del proceso dentro de         un plazo razonable; 7) Derecho a
recurrir; 8) Derecho a la legalidad de la prueba; 9) Derecho a la igualdad
procesal de las partes; 10) Derecho a no declarar contra sí mismo y a no
confesarse culpable; 11) Derecho a la congruencia entre acusación y condena,
de donde se desprende el derecho a una debida fundamentación y motivación
de los fallos judiciales; 12) La garantía del non bis in idem; 13) Derecho a la
valoración razonable de la prueba; 14) derecho a la comunicación previa de la
acusación; 15) Concesión al inculpado del tiempo y los medios para su
defensa; 16) Derecho a la comunicación privada con su defensor; y, 17)
Derecho a que el Estado le otorgue un defensor proporcionado por el Estado
cuando el imputado no tuviere medios o no nombrare un defensor particular.
(…)
Entonces, y atendiendo la naturaleza jurídica de la acción de amparo
constitucional, concebida como un mecanismo judicial extraordinario destinado
a la protección inmediata de derechos fundamentales cuando éstos resulten
vulnerados o amenazados, el procedimiento que se siga para su
restablecimiento, protección y ejercicio, se encuentra pues consagrado a través
del debido proceso como derecho en sí mismo, como principio y como garantía
jurisdiccional, que por mandato constitucional obliga a su aplicación a través de
la observancia y respecto de todo el acervo normativo, se trate de
disposiciones constitucionales, jurisprudencia, leyes, reglamentos, etc., que
garantizan la efectivización de derechos y garantías constitucionales
establecidas y reconocidas por la Ley Fundamental”.
En ese marco, se reconoce al debido proceso como derecho fundamental,
porque protege al ciudadano de los posibles abusos de las autoridades,
emergente no solo en actuaciones u omisiones procesales, sino también en las
decisiones que se adopten a través de las distintas resoluciones dictadas para
dirimir situaciones jurídicas o administrativas y que afecten derechos
fundamentales, limitando el accionar de las autoridades a las reglas
establecidas por el ordenamiento jurídico.
Consiguientemente, el debido proceso se sustenta en la observancia
obligatoria e ineludible de las formas propias de cada proceso, mismas que se
encuentran previamente establecidas en el ordenamiento jurídico y que
señalan con claridad las actuaciones, actos, diligencias y resoluciones de la
iniciación del proceso, su desarrollo y definición, en todas las instancias y
etapas previstas para cada caso en particular”.
III.3. Jurisprudencia reiterada y consolidada sobre la valoración de la
prueba por la jurisdicción ordinaria y su revisión excepcional por la
justicia constitucional
El análisis efectuado por la SCP 0701/2013 de 3 de junio, al respecto,
concuerda que: “Respecto a la valoración de la prueba en acciones tutelares,
el Tribunal Constitucional, ha sido uniforme en sostener, lo que se anota a
continuación, cuya línea jurisprudencial fue recogida por la  SCP 0039/2012 de
26 de marzo, que estableció:
‘…el Tribunal Constitucional Plurinacional, al no ser una instancia adicional o
suplementaria de los procesos, sino más bien de tutela de los derechos
fundamentales; en los casos de las acciones de defensa, no tiene atribución
para la valoración de prueba sobre el fondo del asunto de donde emerge la
acción tutelar, puesto que ello es también atribución exclusiva de los jueces y
tribunales ordinarios, a menos que como resultado de esa valoración se hayan
lesionado derechos y garantías constitucionales por apartamiento de los
marcos legales de razonabilidad y equidad o cuando se hubiere omitido
arbitrariamente valorar una prueba. Sobre el particular, a través de la SC
0906/2010-R de 10 de agosto, se señaló lo siguiente: 'Respecto a este punto
corresponde remitirse a la jurisprudencia de este Tribunal, en sentido de que la
valoración de la prueba en asuntos de fondo de procesos judiciales o
administrativos, corresponde a la jurisdicción ordinaria o administrativa
competente, no así al Tribunal Constitucional, dada su finalidad protectora de
derechos fundamentales y no de instancia de apelación o casacional. Una de
las tantas Sentencias Constitucionales que en la presente gestión han asumido
este entendimiento, es la SC 0083/2010-R de 4 de mayo, que en lo pertinente
refiriéndose a la finalidad de la acción tutelar, señaló que:    « (…) Ese es el
entendimiento que siempre tuvo y tiene este Tribunal, puesto que existe línea
jurisprudencial en sentido de que: «…la facultad de valoración de la prueba
aportada corresponde privativamente a los órganos jurisdiccionales ordinarios,
por lo que el Tribunal Constitucional no puede pronunciarse sobre cuestiones
que son de exclusiva competencia de los jueces y tribunales ordinarios, y
menos atribuirse la facultad de revisar la valoración de la prueba que hubieran
efectuado las autoridades judiciales competentes» SSCC 577/2002-R y
0977/2003-R, entre otras; es decir que la competencia en acciones de tutela
«…sólo alcanza a determinar -siempre que exista la acción del agraviado-, si
han existido violaciones a derechos y garantías fundamentales dentro de un
proceso por inobservancia de normas de orden procesal o sustantivas, pero no
así a determinar si existen elementos de juicio suficientes para someter a
proceso penal a la persona contra la que se hubiere presentado la acción
penal...» SC 0938/2005-R de 12 de agosto. Por tanto este Tribunal no puede
ingresar a la valoración de la prueba. Si bien ésta sub regla '…tiene su
excepción, cuando en dicha valoración: a) Exista apartamiento de los
marcos legales de razonabilidad y equidad previsible para decidir (…) o b)
Cuando se haya omitido arbitrariamente valorar la prueba y su lógica
consecuencia sea la lesión de derechos fundamentales y garantías
constitucionales…» (SC 0965/2006-R de 2 de octubre)” (las negrillas son
añadidas).
III.4.  Sobre el instituto de la asistencia familiar y su alcance
En cuanto a los distintos aspectos a ser abordados sobre la asistencia familiar,
la SCP 1590/2013 de 18 de septiembre, concluyo que: “La asistencia familiar
constituye el conjunto de recursos económicos o bienes en especie, que se
deben proveer o suministrar periódicamente a favor de parientes beneficiarios,
expresamente señalados en la ley, que no se encuentren bajo la guarda o
tutela del obligado, para cubrir las necesidades de sustento, habitación,
vestido, educación y atención médica de éstos; se trata de una obligación de
carácter legal revestida de interés social, en atención a los fines que persigue,
relativos a la manutención básica, generalmente de las hijas e hijos menores
de edad y de la esposa o conviviente, con quien no se lleva vida en común.
Se caracteriza por ser un beneficio irrenunciable, personalísimo, intransferible,
inalienable, e inembargable, regulado por el Derecho de Familia, cuyas normas
son de orden público y de cumplimiento obligatorio.
Sobre el particular, el art. 14 del CF, determina que: ‘La asistencia familiar
comprende todo lo indispensable para el sustento, la habitación, el vestido y la
atención médica. Si el beneficiario es menor de edad, esta asistencia también
comprende los gastos de educación y los necesarios para que adquiera una
profesión u oficio’; sin embargo, el alcance de la asistencia familiar, no sólo
está determinado por las necesidades del beneficiario, sino también por las
posibilidades económicas del obligado, cuyo pago, suministro o provisión debe
efectuarse por mensualidades vencidas, a partir de la citación con la demanda
ya sea de divorcio o de asistencia familiar, según prescribe el art. 22 del mismo
cuerpo legal.
Tomando en cuenta la función que cumple la asistencia familiar, relativa a la
satisfacción continua de las necesidades básicas de quienes generalmente
integran grupos sociales vulnerables, su incumplimiento puede ser objeto de
restricción de la libertad personal, principalmente cuando el obligado rehúsa
maliciosamente atender esta obligación legal, caso en el cual, podrá librarse
mandamiento de apremio corporal, con facultades de allanamiento en el
domicilio o residencia del obligado, quien no obstante haber interpuesto los
medios impugnativos que franquea la ley, no podrá provocar la suspensión de
la ejecución del mandamiento librado en su contra, bajo responsabilidad del
juez que conoce la causa, según determina el art. 149 concordante con el 436
del CF.
III.5.  Análisis del caso concreto

Considerando que el accionante impugnó el pronunciamiento de la Sentencia


12/14 de 23 de mayo de 2014 y el Auto de Vista 126/2014 de 24 de octubre;
arguyendo que las autoridades demandadas incrementaron el monto de
asistencia familiar asignado a María Ysabel Veza Ramos, una vez concluido el
proceso de divorcio en el cual se determinó la desvinculación matrimonial con
el ahora accionante, quien además objetó dicha decisión debido a la errónea
aplicación de los arts. 15, 28 y 143 del CF, a raíz de que se generó una
obligación económica que excede su responsabilidad por el cuidado y
manutención de su ex cónyuge, de donde proviene la lesión de su derecho al
debido proceso.

           En este contexto, en forma previa a ingresar al análisis de fondo,


corresponde examinar si Freddy Pinto Bustamante dio cumplimiento a los
principios de subsidiariedad e inmediatez, como requisito ineludible para la
revisión de las cuestiones apuntadas en la presente acción, respecto de los
cuales, la formulación de la demanda tutelar exige que los accionantes deban
agotar todos los recursos de impugnación idóneos que la ley les otorga para
dicho reclamo y que además ésta sea activada dentro del plazo máximo de
seis meses a partir de la comisión de la vulneración alegada o de la notificación
con la última decisión judicial o administrativa.
Al efecto, se tiene que el Auto de Vista 126/2014, impugnado deriva de la
apelación opuesta contra la Sentencia 12/14, que no es recurrible mediante el
recurso ordinario de casación o de nulidad, conforme dispone expresamente el
art. 69.IV de la Ley de Abreviación Procesal Civil y Asistencia Familiar
(LAPCAF), en base a lo cual, se establece el agotamiento de la vía legal
prevista por norma. En cuanto al requisito de inmediatez, se evidencia que la
presente acción tutelar fue interpuesta el 29 de abril de 2015, dentro del plazo
de los seis meses, puesto que a     fs. 56 de obrados se constató la notificación
del citado Auto de Vista, efectuada el 30 de octubre de 2014.

En consecuencia, con relación al planteamiento de la problemática de fondo:

III.5.1.   En relación a la modificación de la asistencia familiar y el derecho


a pedirla
                          Teniendo presente que este Tribunal Constitucional
Plurinacional, tiene el deber de limitar su ámbito de acción únicamente a los
puntos cuestionados en la demanda de acción de amparo constitucional, una
vez considerados los argumentos de la apelación y los fundamentos del Auto
de Vista 126/2014, pronunciado por la Sala Civil Mixta de Familia, Niñez y
Adolescencia y Violencia Intrafamiliar o Doméstica Pública del Tribunal
Departamental de Justicia del Beni, los cuales fueron pronunciados en relación
directa con la sentencia emitida por el Juez a quo, e independientemente de lo
argüido, se concluye que el Auto de Vista referido, modificó e incrementó en un
monto mayor la asistencia fijada por el Juez de primera instancia de Bs1 500.-
(un mil quinientos bolivianos) a           Bs. 2000.- sobre lo cual, cabe aclarar que
éste aspecto no fue impugnado; limitándose a demandar la inexistencia de la
obligación en oposición con lo dispuesto por los arts. 15, 28 y 143 del CF,
sobre lo cual dichas autoridades establecieron que el accionante no interpuso
las excepciones previas y perentorias previstas por los arts. 336 y 442 del CPC;
que la pensión a favor de María Ysabel Veza Ramos, se determinó a través de
la sentencia de divorcio en el marco del art. 143 del CF, en su condición de
cónyuge que no dio causa al divorcio, por lo que su análisis se orientó, así
correspondía o no dicho incremento; disintiendo además en el hecho de que el
Juez a quo, modificó el monto en Bs 500.- en atención a su estado de salud y
debido que el poder adquisitivo varió sustancialmente; que no obstante de ello,
tampoco se habría justificado que la asistencia se eleve a Bs3500.-; relievando
igualmente la situación patrimonial del accionante que no habría variado
sustancialmente, accediendo a su incremento en proporción a cubrir un seguro
salud de $us80.- que mitigue sus necesidades más apremiantes.
Al respecto, en relación a la modificación de la asistencia familiar y al derecho
que asiste a su beneficiaria, el art. 14 del CF, orienta que ésta comprende todo
lo indispensable para el sustento, la habitación, el vestido y la atención
médica; esto último que fue relievado en el contexto de la existencia de una
enfermedad o enfermedades inhabilitantes que impiden que la solicitante
desempeñe y desarrolle actividades para procurar su sustento en condiciones
normales, lo cual la habría inducido a demandar por dicho concepto.
En este mismo orden, por disposición del art. 15.1 del CF -el cónyuge- es la
primera persona obligada a prestar asistencia, precisando en específico -a su
cónyuge, pareja o similar-, en virtud a la comunidad de derechos y obligaciones
jurídicas que emergen a partir del matrimonio; consolidados inclusive en el
ámbito de reserva legal prevista en la parte in fine del mismo artículo, que
impulsa e impone la previsión de asistencia y apoyo no únicamente en cuanto a
las necesidades elementales presentes, sino frente a situaciones y
contingencia futuras, habida cuenta de que dichas necesidades por lógica
consecuencia persisten y perviven en el tiempo, más aun si corresponden a
cualquiera de los tópicos abordados, destinados a efectivizar el propósito de
una pensión que cubra y vele eficientemente por la subsistencia de los
miembros de la familia, según el art. 21 en concordancia con el art. 143, ambos
del CF, -pues en este caso se confiere a un cónyuge que no dio causa al
divorcio y que no cuenta con medios de subsistencia adecuados a sus
necesidades apremiantes de salud- y que por efecto de tal previsión; la
reducción o incremento resulta en todos los casos obligatoria en función a
dichas necesidades y las posibilidades patrimoniales o económicas del
obligado, en la forma en que definen los arts. 21 y 28 del mismo cuerpo legal,
constituyendo derechos que sin lugar a dudas se encuentran vinculados y cuya
interpretación no admite discreción alguna, como pretende el accionante,
sugiriendo la eliminación de sus obligaciones basado en la inexistencia del
vínculo matrimonial y catalogando su inoperatividad por haber cesado su
relación física, psicológica o anímica; lo cual no es determinante para
desestimar un deber concreto a partir del cual las autoridades demandadas
definieron que subsista a futuro y sea susceptible de incremento, obligando a
que persista el derecho y su observancia en función a la existencia previa de
un vínculo jurídico constituido de acuerdo a la ley, que estima la igualdad de
derechos y deberes comunes de ambos cónyuges, de uno con el otro y por
previsión legal, en forma indefinida de acuerdo a las circunstancias; siempre
que no concurran las causales de cesación, aspecto por el cual, al no ser la
beneficiaria responsable de la ruptura del vínculo matrimonial, correspondía su
confirmación y la posibilidad de que siendo sujeto de derechos, éstos se
mantengan incólumes y a salvo de cualquier petición que pudieran plantear en
cualquier momento, conforme y rigen a este fin los arts. 63.I de la CPE y 97 del
CF, al establecer el deber de fidelidad, asistencia y auxilio mutuos.

           III.5.2.   En relación a otras consideraciones


                          Por otro lado, teniendo presente que el accionante denunció
que los ahora demandados -tanto Juez como Vocales- no habrían valorado
adecuadamente la prueba de cargo y descargo ofrecida a momento de
disponer el incremento de la asistencia familiar, lo cual ocurrió en ambas
instancias, sobre lo cual pretendidamente refirió observaciones puntuales e
insinuó que el Tribunal de amparo mediante la valoración de la prueba debió
desestimar su incremento por considerar que la misma era insuficiente, de
modo que no cumplió con la justificación necesaria para fundar su solicitud; a
propósito de lo cual, cabe recordar que la valoración de las pruebas ofrecidas
por las partes es de competencia privativa de los órganos jurisdiccionales
ordinarios y administrativos, aspecto que impide que ésta jurisdicción
constitucional se inmiscuya en dicha labor, por lo que la jurisprudencia
constitucional se mantuvo firme al reiterar que: “...no puede pronunciarse sobre
cuestiones que son de exclusiva competencia de los jueces y tribunales
ordinarios, menos atribuirse la facultad de revisar la valoración de la prueba
que hubieran efectuado las autoridades judiciales competentes” (SSCC
1062/2003-R de 29 de julio, 1734/2003-R de 27 de noviembre y 1432/2004-R
de 7 de septiembre de 2004).

                          En consecuencia, de acuerdo con los antecedentes sujetos a


revisión se concluye que no se produjo ninguna vulneración del derecho al
debido proceso, en ninguno de los elementos que lo constituyen.

Consiguientemente, el Tribunal de garantías al haber denegado la tutela


interpuesta; efectuó una compulsa adecuada de los antecedentes procesales.
POR TANTO

El Tribunal Constitucional Plurinacional, en su Sala Segunda, en virtud de la


autoridad que le confieren la Constitución Política del Estado y el art. 44.1 del
Código Procesal Constitucional; en revisión, resuelve: CONFIRMAR en todo la
Resolución 12/2015 de 11 de mayo, cursante de fs. 87 a 90 vta., pronunciada
por la Sala Social y Administrativa, Contenciosa y Contenciosa Administrativa
del Tribunal Departamental de Justicia del Beni; y, en consecuencia,
DENEGAR la tutela solicitada.

Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional Plurinacional.

Fdo. Dra. Mirtha Camacho Quiroga

MAGISTRADA

Fdo. Dr. Juan Oswaldo Valencia Alvarado

MAGISTRADO

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