Natura
Natura
Arte-Naturaleza
Diálogos
Arte-Naturaleza
John K. Grande
Prólogo
Edward Lucie-Smith
Diseño de la colección: Alberto Corazón
ISBN: 84-88550-59-6
Depósito legal: M-8659-2005
Imprime: Cromoimagen S.L., Albasanz, 14 Bis. 28037 Madrid.
Edward Lucie-Smith
En sentido amplio, el arte ecológico y el Land art cuentan con una histo-
ria mucho más larga de lo que la mayoría de los expertos en cultura con-
temporánea están dispuestos a señalar. De hecho, se podrían citar
algunos proyectos de la Roma Imperial, particularmente la Villa de
Adriano en Tívoli, como los antecedentes remotos del tipo de arte que se
presenta en este libro. Mucho más próximas en el tiempo, y de una per-
tinencia mucho mayor, son las creaciones de los grandes jardineros pai-
sajistas ingleses del siglo XVIII, como Capability Brown.
Hay varias cosas que conviene indicar cuando se analizan estas largas
perspectivas históricas. Una es que, pese a la reivindicación de lo prácti-
9
co que hacen varios artistas ecológicos y del Land art, el tipo de arte que
se describe aquí es esencialmente una manifestación del impulso román-
tico. La célebre Double Negative (Doble negación) de Michael Heizer
encaja precisamente con la definición que propone Edmund Burke de lo
sublime como “un desmán de la imaginación”.
Otra de las cosas que cabe señalar, y quizás más inesperada, es la exis-
tencia de vínculos con la tradición antigua que precedió al movimiento
romántico pero que, en alguna medida al menos, lo alimentó. Los inten-
tos de los estudiosos del siglo XVIII por descifrar los misterios de
Stonehenge, y especialmente los de William Stukeley (1687-1765) en su
Itinerarium Curiosum Centuria I: An Account of the Antiquitys and
Remarkable Curiositys in Nature or Art observed in Travels through Great
Brittan (Itinerarium Curiosum Centuria I: Una relación de las antigüeda-
des y extraordinarias curiosidades de la naturaleza o el arte observadas
en viajes a través de Gran Bretaña) (1724), pueden considerarse una de
las fuentes, y tal vez no la menos importante, de la más célebre de todas
las creaciones de Land art: Spiral Jetty (El malecón espiral) de Robert
Smithson. Spiral Jetty es un monumento pseudo-histórico, una estructu-
ra misteriosa que sugiere una mayor antigüedad de la que realmente
tiene.
Acerca de las emociones que despierta Spiral Jetty, al igual que otras
grandes obras de Land art, merece la pena citar la reacción del propio
Stukeley ante los monumentos prehistóricos que estudió:
“... Para las mentes despreocupadas, pasear por estas colinas [en
Wiltshire] es el ejercicio y el entretenimiento más agradable del mundo,
sobre todo cuando a cada minuto uno se ve sorprendido por alguna
10
maravilla de la antigüedad. La cuidada forma de los enormes túmulos le
envuelve en una contemplación del flujo de la vida y del paso de un esta-
do a otro y hace meditar acerca del destino y la fortuna de los famosos
personajes que así se ocuparon de unas cenizas que han descansado
durante tantos siglos.”
11
Se trata también de que un gran número de las preciadas obras de la pin-
tura del Renacimiento y del post-Renacimiento han sufrido los efectos de
una restauración demasiado entusiasta. Nadie puede garantizar que el
techo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel se encuentre en unas condi-
ciones parecidas a las de su estado original. Incluso en los casos en que
las pinturas no han sido objeto de restauración, han adolecido del uso
poco juicioso de ciertos materiales por parte del propio artista. La Balsa
de la Medusa de Géricault casi se ha estropeado debido al betún utiliza-
do por el pintor.
Pero también ha habido un gran número de obras de arte que nunca pre-
tendieron perdurar. En la Edad Media, y posteriormente en los períodos
renacentista y barroco, se puso gran énfasis en las celebraciones públi-
cas, para las que los artistas más célebres de la época realizaron diseños.
A veces estas celebraciones eran de carácter religioso, como los autos
sacramentales medievales. Otras eran de naturaleza política, como la
entrada solemne de un monarca en una ciudad o los espectáculos de
danza y los torneos con ocasión de una boda real.
Los textos de ese mismo período, como las Vidas de los grandes artistas
italianos, de Vasari, hacen hincapié en la importancia y en el interés de
acontecimientos de esta índole, pero la única constancia visual que
queda de los mismos hay que buscarla en los propios esbozos de los artis-
tas, los cuales han perdurado tan sólo por azar, o en libros de grabados.
Es evidente que ninguna de estas fuentes puede ofrecer una idea ade-
cuada de lo que tanto impresionó a los afortunados espectadores de la
época.
12
imagen, un avance que parece acelerarse más que ralentizarse. Sin
embargo, si se compara con el del pasado, el arte contemporáneo pare-
ce en realidad poner mayor acento en lo efímero. Gran parte del arte eco-
lógico y del Land art forma parte de este fenómeno, y también de una
creciente tendencia a definir las obras de arte como patrones de pensa-
miento, en lugar de como actos visuales.
Las formas de los paisajes creadas por Brown procedían en gran medida
de las pinturas de Claude. El principal grupo de mecenas de las pinturas
de Claude se encontraba entre una adinerada intelectualidad tanto de
Roma como de Francia, una intelectualidad de administradores al servi-
cio del Papado y de la monarquía francesa, que expresaba nostalgia por
una mítica Arcadia o una edad de oro de la sencillez rural.
13
Sin embargo, la verdadera materia con la que Claude creó sus composi-
ciones fueron las vistas de la Campagna romana. Y esa Campagna, lejos
de ser una genuina Arcadia, era en realidad un paisaje deteriorado, gua-
rida de bandidos y convertido casi en inhabitable por la malaria, como
consecuencia de años de mal uso de lo que una vez fuera un suelo de
gran fertilidad en los lejanos días del Imperio Romano.
El lector debería estar alerta a tales paradojas, que recoge este libro tan
informativo y ameno.
14
Introducción.
Fiel a la naturaleza
John K. Grande
Los artistas cuyas obras he seleccionado para esta introducción proceden
de diversos países de Europa y Norteamérica. Cada uno de ellos tiene una
manera particular de trabajar con la naturaleza, de expresar su arte junto
con la naturaleza. Cada uno de ellos aporta su propia experiencia a la
hora de influir en este nuevo paradigma. Yo los descubrí uno a uno. Y
todos pusieron de manifiesto la increíble versatilidad y variedad de las
respuestas que los artistas pueden ofrecer a los lugares. De hecho,
muchas de las ideas introducidas por estos artistas son aprovechadas por
profesionales de otras disciplinas (paisajistas, diseñadores, arquitectos,
horticultores, educadores y artesanos). Esto prueba la importancia que
realmente tiene un arte que trate de la experiencia de la naturaleza, más
aún en un mundo en el que las innovaciones tecnológicas nos están
apartando cada vez más de la experiencia directa, del mundo tangible,
para llevarnos a una experiencia paralela que la tecnología de la micro-
pantalla crea y hace posible. Como dijera Marshall McLuhan, “la percep-
ción más importante que puede surgir en el siglo XXI es que el hombre
no estaba diseñado para vivir a la velocidad de la luz. Sin el contrapeso
de las leyes naturales y físicas, los nuevos medios de comunicación vin-
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culados a lo visual provocarán una implosión en el propio hombre.
Sentado en la sala de control de la información, ya sea en su casa o en
el trabajo, recibiendo datos a enorme velocidad (visuales, acústicos o
táctiles) desde todas las partes del mundo, este hombre podría sufrir un
peligroso efecto de exceso y esquizofrenia. Su cuerpo permanecerá en un
lugar pero su mente flotará en el vacío electrónico, estando en todas par-
tes a la vez, en el banco de datos”1.
1
McLUHAN, Marshall y POWERS, Bruce: “Global Robotism: The Dissatisfactions”, en The Global Village;
“Transformations in World Life and Media in the 21st Century”, Oxford: Oxford University Press, 1989, p. 97.
2
WHITE, E. B.: “Removal”, reedición en One Man’s Meat, Nueva York: Harper Colophon, 1983, p. 3.
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pulsar el botón del ratón para traer hasta la pantalla de nuestra casa la
Asunción de Tiziano desde la iglesia dei Frari de Venecia, totalmente fiel
a la auténtica – sólo que no lo es, porque será mucho menor, con un color
(electrónico) diferente, sin textura, sin superficie y sin realidad física; y
en modo alguno superior (salvo por la posibilidad de ampliar la imagen
hasta el detalle) a una reproducción en tinta impresa en un libro... pero,
¿cuánta gente se dará cuenta de que la única forma de conocer a Tiziano
es estudiar las verdaderas obras, físicas y no editadas, que salieron de sus
manos, en el espacio real y no en el ciberespacio?”3.
Estas opiniones no son raras ni exclusivas, sino que reflejan una crecien-
te conciencia de que el legado del modernismo y del postmodernismo en
el arte es la pérdida del medio ambiente y la separación de la actividad
artística de la naturaleza. El progreso económico suele conducir a un
planteamiento cuantitativo del arte. La historia materialista presenta la
evolución del arte como una superposición sucesiva de movimientos y
vanguardias. Esta postura ideológica desafía al individualismo y promue-
ve “egosistemas de expresión” que alimentan una visión explotadora de
la cultura y la historia.
A menudo parece casi una actitud obligatoria para ser considerado activo
en el campo de la creación artística contemporánea. Pero el público gene-
ral se muestra muy alejado del mundo del arte. Ha comprendido el signifi-
cado de la naturaleza en el debate contemporáneo sobre el futuro de
nuestro planeta, sus recursos y su progenie. No estoy hablando de la natu-
raleza en el sentido romántico, como sublime fuente espiritual, o como
encarnación de una visión judeocristiana del mundo, sino, de modo más
3
HUGHES, Robert: “Take this Revolution...”, revista Time, primavera de 1995, p. 77.
19
pragmático, como presencia de la vida real y fuente de recursos sostenibles
y una visión para el futuro. La profusión de exposiciones que se dedican hoy
al arte y la naturaleza, directamente en simposios o indirectamente en
exposiciones de galerías, demuestra esta nueva dirección de la creación
artística y su creciente alcance e importancia interdisciplinaria.
4
GEORGE, James: “Asking for the Earth: Waking Up to the Spiritual/Ecological Crisis”, Element Rockport,
Ma., 1995, p. 154.
20
La desnaturalización de la narrativa lleva ya tiempo entre nosotros, pero
hasta hace poco no se la había presentado como algo positivo. Sin embar-
go, el respeto por la naturaleza y por todas las cosas naturales es lo que
verdaderamente puede llevarnos a desarrollar un planteamiento respon-
sable de nuestra sociedad y a que las decisiones de las empresas tengan
en cuenta los recursos naturales y la ecología. Paul Hawken en The
Ecology of Commerce (La ecología del comercio) ha profundizado en este
asunto. Mientras que para la gente de varias generaciones anteriores
pudo ser de sentido común usar solamente lo necesario, ni más ni menos,
la pura búsqueda de beneficios de las grandes empresas de nuestros días
presenta la economía de escala como el paliativo de la pobreza y la esca-
sez de recursos. Pero, en realidad, las economías de escala no hacen sino
esquilmar aún más los recursos, y estarán en última instancia limitadas
por la disponibilidad de recursos naturales. La calidad de vida debe ante-
ponerse a las cuotas de producción y consumo, y podemos reformular,
hacer una nueva previsión de nuestras necesidades de un modo que se
corresponda con nuestros verdaderos deseos. Las culturas minoritarias se
enfrentan a este mismo problema de la escala. Su diversidad, como la que
se da en la naturaleza, se ve amenazada. La diversidad cultural puede
mantener mejor la variedad biorregional y los recursos cuando no resulta
asimilada y homogeneizada. La supervivencia de las culturas minoritarias,
al igual que la supervivencia de especies raras y en peligro de extinción,
es esencial para que comprendamos de dónde venimos y lo que realmen-
te necesitamos para lograr nuestra supervivencia. Garantizar la diversidad
constituye una responsabilidad. Este preámbulo pretende situar en su
contexto las iniciativas de Land art de los artistas cuyas obras he incluido
en el presente libro. Pocos sienten nostalgia de una versión beatífica de la
naturaleza y a pocos engaña el gran desafío al que todos nos enfrenta-
mos. Pero su arte es una respuesta al entorno físico inmediato que nos
21
hace comprender mejor que la naturaleza es resistente y que puede pro-
porcionar una fuente de reflexión, catarsis y regeneración en un tiempo
de tensión y exceso de producción.
Porque los artistas del Land art como Robert Smithson y Michael Heizer
tenían una aproximación muy conceptual a la tierra. La idea de transfor-
mar franjas de un desierto o de un valle les atraía. El arte seguía siendo
una imposición al paisaje, en una época en que la exploración del espacio
y la llegada a la luna se experimentaban de modo abstracto, como imá-
genes en el aparato de televisión de todas las casas. El paisaje era un bien
5
“A Sedimentation of the Mind: Earth Projects in Artforum”, sept. 1969 (reeedición en Nancy Holt (ed.),
“The Writings of Robert Smithson: Essays with Illustrations”, (NYU Press, 1979), p. 82.
22
inmueble. Durante los últimos quince años, artistas de todo el mundo han
ido desarrollando una visión totalmente nueva del terreno y del medio
ambiente. Ana Mendieta, cuyas representaciones rituales y obras de arte
reflejaban la fusión del cuerpo con la tierra, tuvo una resonancia muy
diferente. Casi parece haber sentido en sus representaciones esta trans-
formación, este alejamiento del arte dominador de la tierra, antes de su
prematura muerte en la ciudad de Nueva York, a temprana edad.
23
con materiales que reflejan la historia humana y natural de un lugar.
Doug Buis ha creado aparatos, mecanismos y máquinas que juegan con
nuestras nociones de la naturaleza. Las esculturas de Ursula von
Rydingsvard aprovechan un misterio inherente a la naturaleza, pero
entendido como algo que las culturas pueden compartir e innovar, algo
que pueden adornar. Herman de Vries ha sido un artista extraordinario,
pionero en las intervenciones en la tierra, que ha reformulado el signifi-
cado del arte y ha trabajado incluso con el sonido en la naturaleza antes
de que la expresión Land art fuera siquiera inventada. Bill Vazan ha tra-
bajado con gran integridad a lo largo de los años utilizando rocas, insta-
laciones que recuerdan a los monumentos antiguos, pero que son
igualmente obras de arte individuales, realizadas en una época de espe-
cialización. Bob Verschueren también innovó con el viento y los pigmen-
tos, y Mario Reis con residuos de los ríos de todo el mundo. Los refugios
y los mojones de piedras apiladas de Chris Drury se dirigen a lo esencial,
creando un vínculo entre el yo interior y el cosmos.
Pero aún hay más. Patrick Dougherty, cuyas instalaciones tejidas están
animadas de un ensueño infantil y presentan una increíble aplicación del
“dibujo en el espacio”. Peter von Tiesenhausen, que empezó con barcas,
semillas, vainas y torres, en los árboles y bosques de su casa en el norte
de Alberta y recientemente ha llegado al público llevando su escultura de
madera quemada a distintos países. Reinhard Reitzenstein, que ha cap-
tado la naturaleza y la conexión con el lugar de los amerindios en una
gran variedad de formas artísticas. Betty Beaumont, que ha engendrado
una visión de acción directa, sobre todo en la costa atlántica de la isla
de Fire, en el estado de Nueva York, donde recicló ceniza de carbón,
enviando al fondo del mar toneladas de ladrillos para crear un hábitat
para peces; y Mike MacDonald, que crea jardines para mariposas cuyas
24
plantas tienen propiedades medicinales y que realiza vídeos sobre la rei-
vindicación de la tierra y el problema de los recursos naturales. En sus
instalaciones, Jerilea Zempel recicla materiales naturales y artificiales no
sólo para expresar el exceso de volatilidad de la humanidad, sino para
abordar el militarismo histórico en Poznan (Polonia) y en Canterbury
(Inglaterra), y habla sardónicamente del modernismo en la historia del
arte y de los “préstamos” de fuentes más antiguas, utilizando un mate-
rial tan irónico como el estiércol de caballo, con el que forma bloques
sobre los que después esculpir. Egil Martin Kurdøl deja huellas, pequeñas
marcas esculpidas en parques y sitios naturales (grabando la reacción de
las administraciones públicas ante sus intervenciones como parte del
arte) y desarrolla máquinas en perpetuo movimiento en lugares remotos
de la naturaleza...
25
to y alegría de los artistas.
26
tura de la naturaleza, que a mi juicio sustenta la cultura efímera del
consumo y la producción de masas, se vislumbraba como el lugar desde
el que empezar a investigar el puente entre el impulso creativo y la
naturaleza.
Los materiales —la fidelidad a los materiales— es un viejo axioma que pro-
cede de los primeros tiempos del modernismo. Pero los parámetros han
cambiado y también lo ha hecho el paradigma. La fidelidad a los materia-
les sigue siendo válida para mí. Pero esta fidelidad ya no está simplemen-
te relegada a los objetos, ni estos tienen que estar segregados de lo que
les rodea. Ahora pueden entrelazarse ambos y desarrollar un diálogo sobre
el terreno, el lugar, los materiales y la existencia. Las economías que
hemos creado a partir del mundo natural, y su correspondiente tautología
de progreso, siguen dependiendo de los recursos igual que siempre. Los
recursos en el arte no son diferentes de los del resto: proceden de la natu-
raleza. De hecho, todos los materiales —tanto los naturales como los
denominados sintéticos— proceden en última instancia de la naturaleza.
Los dilemas de la crítica contemporánea son en parte consecuencia de la
falta de identificación con el fundamento global del arte, no sólo de un
modo visual, simbólico o conceptual, sino, lo que es más importante, com-
prendiendo que la naturaleza es el arte del que formamos parte. Esto
puede parecer una enorme generalización. Pero en tanto que generaliza-
ción, tiene todo el sentido. Nuestros cuerpos ingieren naturaleza como
alimento. Respiramos aire. Los coches que conducimos están diseñados
con arreglo a la naturaleza. Incluso nuestros pensamientos inconscientes,
nuestros sueños y nuestros pensamientos conscientes están influidos por
nuestros entornos y experiencias inmediatos.
27
mos vidas abstractas y descontextualizadas en grandes ciudades del
mundo, lograremos dar un sentido a nuestras vidas, que de otro modo
estarían relegadas a la distracción, el engaño y la destemplanza. La crí-
tica contemporánea a menudo aborda temas públicos, cuestiones de
emplazamientos y espacio público. Es ésta una parte interesante de la
escena artística contemporánea. Pero, a no ser que el arte público tras-
cienda la producción de imágenes e investigue el proceso de la vida que
se despliega a nuestro alrededor, seguirá siendo decorativo, un accesorio
de la consolidación, en lugar de un faro que la guíe, que engendre un
sentido, un Norte más allá de lo político. Existe una ética de la vida. La
creación artística tiene una ética, incluso si sólo implica decidir los mate-
riales que se van a utilizar; hojas en lugar de piedras, o madera en lugar
de tierra. La instalación que ingiere, que se sitúa a sí misma en un entor-
no con un sentido de lugar, es emocionante. La esencia reside en este
sentido de lugar, en participar de una historia viva. Las variables ocultas
influyen en las obras de arte al aire libre basadas en la naturaleza: el
tiempo, la meteorología, la vegetación, otras especies vivas, la calidad de
la luz y las estaciones.
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1. David Nash.
Verdadero arte vivo
Desde los años setenta, el escultor británico David Nash crea esculturas
e instalaciones de arte vivo por todo el mundo. Quizás lo más conocido
de su obra sean sus esculturas con elementos vivos, como árboles cuyo
crecimiento ha sido reorientado. Entre las más notables de estas escul-
turas se encuentra Ash Dome (Cúpula de fresnos) (1977), un círculo for-
mado por veintidós fresnos plantados cerca de la casa de David Nash en
Gales y que siguen creciendo. Otro proyecto de este tipo, Divided Oaks
(Robles divididos) (1985), realizado para el Museo Kröller-Müller de
Otterlo, Holanda, está compuesto por alrededor de seiscientos árboles.
Nash ha creado también esculturas que implican interacciones con ani-
males, como Sheep Space (Espacio de ovejas) (1993) para el centro
Tickon de Dinamarca y más recientemente para una granja orgánica de
ovejas en Virginia. Su maestría en el tallado de la madera no es pura-
mente formalista sino que suele comprender una extensión o una refe-
rencia al medio ambiente y a la historia; como se aprecia en Through the
Trunk, Up the Branch (A través del tronco hasta la rama) (1985) en
Irlanda o en Nine Charred Steps (Nueve escalones calcinados) (1988-89)
realizada en Bruselas, Bélgica. La obra de Nash puede asimismo conside-
31
rarse una expresión efímera de los procesos que tienen lugar en la natu-
raleza. En Wooden Boulder (Roca de madera) (1978), dejó que la escul-
tura tallada en roble siguiera su propio curso descendiendo por una
pendiente y después por un río. Con los años, esa escultura se fue des-
plazando a lo largo del río de manera vacilante y conforme a las leyes de
la naturaleza y la gravedad, aunque ha sido necesaria alguna interven-
ción ocasional.
DN: A diferencia de Ash Dome (1977), los árboles de Divided Oaks (1985),
que se encuentran en un parque en el Museo Kröller-Müller de Otterlo,
Holanda, ya estaban allí. El suelo de ese lugar es muy arenoso y resulta
difícil que crezcan plantas. Había algo más de mil metros cuadrados de
robles muy achaparrados que no crecían ni se desarrollaban. Así que me
ofrecieron ese lugar porque iban a arrancar todos los árboles. Había pro-
bablemente unos seiscientos. Como estaban tan cerca unos de otros, a
pesar de que seguían vivos, no podían crecer o su crecimiento era insig-
32
nificante. Se me ocurrió que en lugar de arrancarlos todos y plantar algo
nuevo, iba a trabajar con los árboles existentes. Los dividí, orientando un
lado hacia el Este y otro lado hacia el Oeste. Empezaron con un espacio
abierto y al final de este canal, los árboles se cruzan. Me habían invita-
do a realizar algo oportuno, algún tipo de interacción que indicara la pre-
sencia del ser humano.
JG: Este tipo de obra hay que reconocer que requiere cierta manipula-
ción de la naturaleza, ¿podaste los árboles?
DN: Lo que hice se llama “fletching”. Con los árboles muy pequeños me
limité a empujarlos y colocar una estaca para sujetarlos, mientras que
para los de mayor tamaño recorté una serie de formas en V, las doblé y
las envolví de tal manera que la capa cambium pudiera cicatrizar. Esto
verdaderamente despertó a los árboles. Mi intervención lo que hizo fue
estimularlos y ahora se ven impelidos a crecer y están de hecho crecien-
do y curvándose.
33
JG: Esto supone una relación directa con esa finca.
DN: Eso es así en efecto, pero el Land art de finales de los sesenta y de
los setenta consistía en gestos en la tierra como los de Michael Heizer.
Richard Long, cuya obra seguí, fue una especie de maestro para mí. Lo
que me incomodaba era la caminata, ese enorme esfuerzo físico, y des-
pués seguir andando. La obra permanecía allí, Richard sabía dónde esta-
ba. Sólo se llevaba la fotografía.
DN: Otros lo vieron; pero, ¿qué ocurre allí? ¿Qué ocurre realmente allí?
Yo pensé que, en mi caso, especialmente cuando hago algo que está
plantado, he de estar ahí. Tengo que comprometerme a permanecer con
la obra. Por tanto, éste es un proyecto de treinta o cuarenta años. Muy
diferente de muchas de las otras obras efímeras. Sólo funcionará si yo
permanezco allí.
34
cuenta de que la gente que vive en las ciudades y muestra sensibilidad
ambiental tiende a creer que la naturaleza está mejor sin el ser humano,
al que considera en gran medida un parásito. El mensaje es: “¡No tocar!”.
Pero si vives en una zona rural y agrícola, ves a la gente tocando la tie-
rra todo el tiempo. Esto forma parte de su modo de vida, el cual susten-
ta a la gente de las zonas urbanas. Si alguien está tocando la naturaleza
en su beneficio, aparece este diálogo dentro de esa naturaleza y con ella.
En parte lo que quería expresar Ash Dome era: “¡Toquemos!”. Es una gran
paradoja que la gente adore los setos pero que no le guste que los poden,
los corten y los doblen. “¡Ay, pobrecitos árboles!”. En parte lo que preten-
día decir es que a la naturaleza en realidad le va muy bien cuando un ser
humano la cuida y vive con ella.
35
JG: ¿Y cómo ha madurado Ash Dome con los años?
DN: La cuestión es que Ash Dome se hizo para el siglo XXI. Se empezó
en 1977, cuando el año 2000 quedaba muy lejos y era casi inimagina-
ble. Si lo hubiera empezado en 1997, habría sido muy cursi. De hecho,
mi mujer y yo estuvimos junto a la obra en el momento del cambio del
milenio. No nos quedamos toda la noche, pero estuvimos allí desde las
once hasta las doce y media de la noche. Lo iluminé por dentro con
algunas velas y titilaba.
JG: ¿Tienen tus obras algo que ver con un ritual o una representación?
Estoy pensando en Snow Stove (Horno de nieve) (1982) en Kotoku, Japón,
Ice Stove (Horno de hielo) (1987) en el norte de Gales, y Sea Stove (Horno
de mar) (1981) en las costas de la isla de Bute en Escocia, por ejemplo.
DN: No. No tienen absolutamente nada que ver con un ritual o una
representación. No hay chamanismo alguno. Pueden asociarse con eso,
pero mi interés es fundamentalmente práctico. Lo espiritual está por
completo encajado en lo físico y ambos están esencialmente ligados
entre sí. Trabajar la tierra de una manera práctica, con un sentido común
básico constituye una actividad espiritual.
36
DN: En el caso de Black Dome, fui uno de los 12 artistas invitados por las
autoridades forestales para realizar obras públicas en el bosque de Dean,
en Gloucester, una zona con una larga tradición de producción de car-
bón. Allí hay mucho mineral de hierro y el carbón se utilizaba para fun-
dir el hierro. En las zonas más accidentadas hay espacios allanados donde
quemaban el carbón y hacían sus fuegos. En esos espacios, que recuer-
dan esta actividad del pasado, sólo crecen algunas plantas debido a la
gran cantidad de carbón que hay en el suelo. Conociendo la historia del
lugar, se me ocurrió hacer un montículo con carbón, un material quebra-
dizo. Nos pusimos a hacer novecientas estacas carbonizadas para elevar-
las después hasta formar una cúpula de ocho metros de diámetro y un
metro de altura en el centro.
37
David Nash. Standing Frame, 1987.
Centro de Arte Walker, Minneapolis. Cortesía del artista.
JG: Antiguamente existía en todas las culturas primarias una fuerte rela-
ción con la tierra, y una inventiva básica ligada al uso de materiales que
era esencial para la supervivencia cultural. Entender esos límites produ-
cía una sensación de infinito. La cultura contemporánea fomenta una
actitud consumista frente a los materiales y productos, pero en última
instancia todos los materiales proceden y tienen su origen en la natura-
leza. Estamos perdiendo ese sentido físico, ese sentido tangible de cone-
xión a un lugar que tu obra encarna.
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JG: ¿Y el lenguaje de cada artista individual refleja su propia experiencia?
JG: Tus piezas de peldaños y escaleras son metáforas insólitas que mantie-
nen la integridad de la madera y las ondulaciones naturales de la forma de
los árboles, a la vez que integran formas artificiales. Through the Trunk up
the Branch, en Irlanda, lo demuestra de manera bastante ostensible, con-
trapesando la base de un árbol con una serie de peldaños... En este caso, el
árbol soporta la estructura que simboliza una ascensión o un descenso.
JG: ¿Tienes previsto hacer más obras plantadas? ¿Tienes algún proyecto
para el futuro con elementos vivos?
40
JG: ¿Qué clase de sentimiento experimentas cuando estás trabajando,
cuando estás tallando o realizando una pieza?
DN: Tiene que serlo para que funcione. Es un absoluto placer alcanzar el
estado de ánimo adecuado. A veces no lo he logrado y el proyecto ha
resultado muy difícil.
41
JG: ¿Sirvió la obra de Constantin Brancusi de inspiración para tomar la
dirección que has tomado?
DN: Eso es lo que me hizo decidir que quería vivir en el espacio en el que
trabajaba. No me gusta pensar en Capel Rhiw, mi hogar en Gales, como
en una copia de Brancusi. En todo caso, sería como una magnificación de
esa experiencia.
42
David Nash. Nine Charred Steps, 1989.
Bélgica. Cortesía del artista.
DN: Mis obras más logradas son aquellas que parece que siempre han
estado ahí cuando las coloco. Yo considero que Charred Forms into
Charred Stumps (Formas calcinadas en tocones calcinados) (1989), en el
norte de California, es mi obra más lograda. Una enorme esfera calcina-
da enrollada dentro de un tocón hueco de secuoya calcinada. Cuando la
enrollamos dentro del tocón calcinado, parecía que siempre había esta-
44
do ahí. Mirar una figura calcinada se asemeja a un “algo”, pero también
a una “nada”. Sugiere un espacio enorme. El significado de estas obras es
la nada.
45
Ayudamos a mucha gente que no era capaz de acercarse al arte con-
temporáneo a ver algunas obras más difíciles.
DN: Esa obra se realizó en un principio para estar con la de Sol Lewitt.
El Museo Walker ya tenía la de Lewitt, y Martin Freedman vio algo mío
parecido en Japón. Observó la relación con Sol Lewitt y me encargó que
hiciera una pieza para la misma terraza. Mi pieza tiene exactamente la
misma altura que la de Sol Lewitt y el cuadrado interior es exactamente
del mismo tamaño que el suyo.
46
pero el muro ondulado crea una configuración menos convencional, más
interesante. También tú con Sod Swop estás quitando e introduciendo
algo y el resultado es el mismo.
47
JG: La escultura puede ser más eficaz cuando no es neutralizada para
convertirla en un objeto estético de contemplación. Cuando la emplaza-
mos en lugares activos, en granjas donde las vacas se mezclan con ella y
merodean a su alrededor o donde se realiza cualquier otra actividad,
puede ser más entrañable.
JG: ...y, ¿cómo funcionan estas obras? ¿Estudias los senderos de las ovejas?
JG: Por tanto, Sheep Space pretende crear una relación entre el arte y los
animales.
DN: Desde luego. No pondría mis obras allí si no fuesen a ser utilizadas. De otro
modo, sólo serían pedazos de madera. Y, claro, allí donde acuden las ovejas, la
lanolina de la lana va dejando rastros y engrasando la superficie de la madera.
48
JG: Wooden Boulder es una obra en proceso continuo, un enorme trozo
de roble de 400 kilos y un metro de diámetro en el norte de Gales. Se
convierte en una acción escultural que tiene lugar a lo largo de los años.
Su movimiento está sujeto a limitaciones físicas, pero la escultura se
adapta y resuena con una energía física. Este viaje depende completa-
mente de los caprichos de la naturaleza que, aunque parezca accidental,
posee un determinismo oculto e inherente.
JG: Creo que debería establecerse una distinción entre el actual arte sen-
sible a la tierra y la mayoría del Land art de los años sesenta y setenta.
49
2. Patrick Dougherty.
Obras de jardín
Los montajes (assemblages) asimétricos del artista de Carolina del Norte
Patrick Dougherty, trenzados con ramas de árboles, son enigmas visuales
que el artista expresa con fantasía plena propia de un cuento de hadas.
Internacionalmente reconocido por las instalaciones en el exterior que ha
realizado en parques, galerías, jardines y museos en Japón, Europa y
Norteamérica, Patrick Dougherty saca partido a la tensión flexible, a la
elasticidad y a las cualidades de tono y textura de la madera con la que
trabaja. Su arte presenta una “estética de lo agreste” enraizada en la
experiencia norteamericana.
53
talación de gran tamaño y gran carga. El lugar en el que está situada la
obra, próximo a la presa histórica de La Gabelle, construida en 1924,
está impregnado de historia. En este lugar los mercaderes franceses
remontaban los rápidos para intercambiar objetos y hacer contrabando
con los amerindios de la tribu de los Atikamekw, muchos de los cuales
murieron en las guerras iroquesas. La presa fue una de las primeras de
Canadá y aún hoy sigue en funcionamiento. Del pueblo que allí existie-
ra en los años veinte apenas quedan unas pocas huellas. En la zona se
desarrollaban la silvicultura, la pesca y diversas industrias primarias
ligadas a la historia colonial canadiense. En la entrevista que figura a
continuación, John Grande analiza la instalación que Dougherty ha rea-
lizado recientemente en ese lugar...
54
sus obras, no era tan raro que un silvicultor como yo viera el valor de los
pequeños árboles a la entrada de mi propia casa.
En Carolina del Norte, donde vivo, hay pequeños árboles como arces,
eucaliptos, olmos y sauces que se infiltran en cualquier zona alterada.
Estos arbolitos son abundantes y renovables. Es como si tuviera siem-
pre al alcance de mi mano un almacén gigante de buenos materiales.
Me di cuenta de que la madera poseía una resonancia estética más
profunda. Yo me críe en los bosques de Carolina del Norte. La casa de
mi infancia, al igual que La Gabelle, estaba rodeada de zonas sin urba-
nizar en las que los niños podían jugar en tierra virgen. Cuando me
puse a hacer esculturas con pequeños árboles, parecía fácil asimilar las
fuerzas de la naturaleza e imprimir una especie de flujo de energía a
las superficies de las grandes formas que creaba. Antes de poder empe-
zar este trabajo, sin embargo, tuve que descubrir lo que los pájaros, los
castores y otros seres vivos que se construyen sus cobijos ya sabían de
las ramas y los tallos: que tienen un método inherente de acoplarse. Si
arrastras un pequeño palo por el bosque, verás lo que quiero decir. La
parte superior se enreda con todo. A medida que las oportunidades iban
presentándose, empecé a integrar mi obra en entornos arquitectónicos
y después a contraponer mis esculturas de pequeños árboles con para-
jes naturales. Por ejemplo, en Dinamarca, en 1996, entrelacé grandes
círculos suspendidos a través de las ramas más altas de una hilera de
árboles. Esta obra de La Gabelle forma parte de una nueva tendencia
consistente en crear obras que se sustenten por sí mismas y funcionen
como arquitectura.
55
Patrick Dougherty.
Be It Ever So Humble, 1999.
7 x 3,5 m. Savannah College of Art,
Savannah, Georgia. Cortesía del artista.
Patrick Dougherty.
Spinoffs, 1990. 21 metros.
Museo Decordova, Lincoln,
Massachusetts. Cortesía del artista.
PD: En mayo de 2000 visité Quebec con otros cinco artistas para parti-
cipar en el simposio de Arte y Naturaleza de Cimes et Racines. Elegí un
lugar en el parque público de La Gabelle próximo a la carretera principal
donde la obra puede verse fácilmente. Imaginé que quienes la vieran
podrían seguir la evolución desde su creación y disfrutar de ella cuando
fueran cambiando las estaciones. Al principio, hice una lista de asocia-
ciones de palabras referidas al lugar que incluía ideas sobre pesca, peces,
trampas, comercio con los indios y cargamentos. El parque es también un
lugar de encuentro para los adolescentes en el que se pueden conducir
vehículos todoterreno con total abandono. En mi mente, la actividad
humana de este alegre lugar despoblado parecía fundirse con la salvaje
fuerza natural del agua que se agita en el cercano río de St. Maurice.
57
PD: Exacto. Para mí ese lugar presenta una especie de estado salvaje. Si
lo atraviesas en coche hasta la presa que está al otro lado ves que era un
brazo de río estancado antes de que se hiciera la autopista. El propio río
parece proyectar una suerte de magnetismo primario. Cuando trabajaba
aquí, veía pescadores, barqueros, amantes, ciclistas, niños corriendo y a
los locos que pasan a toda velocidad con sus todoterreno. El puente de un
solo sentido y el paso a nivel cercano a menudo causan pequeños atas-
cos. Cuando los conductores se detienen y miran hacia el río, no pueden
evitar ver la escultura. Desde una óptica práctica, también pensé que si la
escultura se encontraba muy a la vista, podría estar más protegida y evi-
tar que se subieran a ella. El emplazamiento de La Gabelle es un lugar que
actúa sobre las inhibiciones y libera el espíritu humano. Parece un sitio
perfecto para una especie de templo primitivo de pequeños árboles.
PD: Los palos son un material muy común en los patios de las casas. Las
personas adultas los recuerdan de recogerlos durante la limpieza de
otoño y de lanzar uno al aire para que lo siguiera el perro. Para la mayo-
ría de los niños, sin embargo, los palos son absolutamente esenciales y
constituyen la piedra angular de muchos de sus juegos de fantasía. Los
niños trazan líneas con palos en las aceras para delimitar la cocina y el
salón de una casa imaginaria y luego utilizan esos mismos palos como
lanza, herramienta para cavar, bastón para pelear o trampa. El uso de
58
palos y el bosque de donde proceden forman parte de los recuerdos más
antiguos de la raza humana y parecen eternamente entrelazados con la
fantasía humana. A lo largo de los años, yo he creado diversas imágenes
abstractas, pero la respuesta de los espectadores suele referirse al
recuerdo de una experiencia personal con palos, árboles y con la natura-
leza en general. Hace poco me han hablado de un árbol al que llamaban
el Señor Gran Tornado y de otro llamado Simple, Duro y Fácil, que era el
preferido de otro pueblo. Aquí en La Gabelle he oído hablar de un naran-
jo de los Osage que después de caerse siguió creciendo recostado sobre
uno de sus lados. Era una especie de árbol sagrado que dio incontables
horas de diversión a generaciones de niños.
Los palos son tanto la rama de un árbol como una línea con la que dibu-
jar. Puedo emplear muchas de las convenciones utilizadas para dibujar en
papel cuando trabajo en las superficies de estas esculturas: el peso de las
líneas para enfatizar, la inclinación de las diagonales y todo tipo de som-
breados. Asimismo, los palos rematan en punta y juntar todas las puntas
en la misma dirección produce la sensación de que la superficie de la
obra está saltando y agitándose. El palo se transforma en una línea ani-
mada. Vistas en su conjunto, estas superficies de palos dibujadas carac-
terizan el vigor salvaje de la propia naturaleza.
59
una especie de valla suspendida proporcionarían la escala adecuada a
este lugar. A diferencia del estado de donde procedo, Carolina del Norte,
donde el invierno es soleado, aquí en La Gabelle nieva. Y, por eso, utilicé
a modo de cincha el cinturón exterior para que ayudara a consolidar el
conjunto de la estructura y a protegerla de los elementos. Es una espe-
cie de abrigo que rodea la capa de palos. Las aberturas permiten ver
mejor que esas torres no son sólidas, que están huecas por dentro.
Aunque he realizado otros templos y configuraciones laberínticas, este
río y la particularidad del lugar me hicieron evocar los palitos de pesca-
do, el comercio de tabaco y las pipas de la paz.
JG: No sueles cortar árboles para hacer tus obras. Creo que los recortes
de árboles fueron recogidos de lugares situados a lo largo de la línea de
cables de alta tensión.
PD: Yo digo de mis obras que son esculturas temporales a gran escala a par-
tir de materiales recogidos en el paisaje cercano. Eddy Daveluy, uno de los
miembros del grupo local que patrocina el simposio, me ayudó a localizar
una gran cantidad de pequeños arces rojos jóvenes que crecían debajo de los
cables de alta tensión de Hydro Quebec, a menos de una milla del parque. La
zona fue segada hace tres años y los árboles jóvenes que resurgieron de los
tocones crecían al mismo ritmo en toda la zona. De esta forma contábamos
con un material excelente y muy uniforme. Con camiones de las autoridades
locales, un grupo de personas recogieron y transportaron seis volquetes de
pequeños árboles atados. El material tiene un color y una flexibilidad mara-
villosos y es, con mucho, el mejor que he utilizado hasta la fecha.
60
Patrick Dougherty. Yardwork, 2000.
Simposio Cimes et Racines,
norte de Trois Rivières, Quebec.
Cortesía del artista.
PD: Parece que los humanos tuviéramos que luchar continuamente con
las ideas sobre la naturaleza y redefinir nuestra relación con el mundo
natural. La diatriba jardines artificiales frente a naturaleza salvaje forma
62
parte de un debate mundial y de mi (o de nuestro) propio conflicto inter-
no. Sin duda, los jardines son una especie de interpretación de la natu-
raleza sin trabas. Los arbustos, los árboles, las flores y la hierba se
convierten en bienes de consumo y se introducen por fuerza en la geo-
metría humana. Yo intento liberar las superficies de mi obra utilizando
palos como material de dibujo, trabajar con ellos de tal modo que parez-
ca que escapan a esas cadenas consistentes en plantarlos en hileras.
Imagino que la naturaleza salvaje está escondida en mis formas y que es
un impulso incontenible.
JG: Eso difiere de los artistas japoneses, que suelen trabajar con la natu-
raleza de una manera precisa y muy controlada, como muestran, por
ejemplo, las instalaciones de Tadashi Kawamata. Su concepción del espa-
cio está bien integrada, pero para ellos el espacio es algo que nunca se
desperdicia cuando se trabaja con la madera o, en realidad, con cualquier
material. Los japoneses ven la naturaleza desde la perspectiva de las limi-
taciones que ésta tiene, algo que contrasta con la manera en que muchos
artistas norteamericanos conciben el espacio, esto es, como una exten-
sión libre con la que trabajar.
63
PD: Estoy seguro de que las diferencias culturales afectan a la visión del
espacio y a su uso. Nosotros todavía tenemos una enorme cantidad de
espacio libre en Norteamérica y cabalgamos por él como vaqueros. El
hecho de que no hayamos tenido esas tradiciones ancestrales nos permi-
te hacerlo. A los japoneses no les importa trabajar siguiendo la tradición
del maestro y efectuar una ligera variación centrándose en esa diferen-
cia, mientras que nosotros tenemos las habilidades brutas de nuestros
motores en marcha. Los espacios con los que yo trabajo son por lo gene-
ral grandes y requieren una obra de gran tamaño para conseguir un
impacto visual fuerte. La gran franja de terreno es más importante que
el concepto o la idea.
64
sa, además de lo que me paguen por el trabajo que hago, son las con-
versaciones y relaciones. Disfruto con los espectadores durante el proce-
so de construcción. Estos intercambios a menudo conmovedores, a veces
muy intensos, me permiten participar en el mundo más amplio de las
ideas. También es justo decir que me han dejado utilizar muchos espa-
cios provocadores sencillamente porque mi trabajo es temporal y puede
retirarse una vez que transcurre un período establecido. Si una obra va a
permanecer treinta años, requiere muchísimas consideraciones y todo
tipo de permisos. Una obra temporal suele evitar muchos de los escollos
que supone utilizar el espacio público.
65
trabajando en este río. Aquí tenía lugar el comercio. Los colonizadores
intercambiaban bienes con los nativos en aquella época. Es un cruce de
caminos que capta una asombrosa gama de impulsos culturales, natura-
les e históricos. En esta región la naturaleza salvaje rodeaba a islas de
civilización, en contraste con Estados Unidos donde la naturaleza virgen
estaba siempre hacia el oeste.
PD: Sí. La Gabelle tiene una rica historia. El parque donde ahora está
Yardwork se encuentra exactamente en el mismo lugar que el pueblo
donde vivieron en su día las cuadrillas que construyeron la presa. Lo que
fuera una vez naturaleza salvaje se convirtió en jardines donde se cuida-
ban flores en los años veinte. En la década de 1940, el pueblo fue arra-
sado y de esa época sólo sobrevivieron los árboles. Pensar que ha vuelto
a una situación natural es algo extraño. Ahora es un parque de la comu-
nidad y una zona de festivales para las localidades próximas de St.
Etienne-des-Grès y Notre-Dame-du-Mont-Carmel. De hecho, sigue sien-
do un jardín, y de ahí el título de Yardwork.
66
3. Gilles Bruni y
Marc Babarit.
Hábitat ecológico
Gilles Bruni y Marc Babarit son dos artistas franceses que han colabora-
do en proyectos en Tickon (Dinamarca), Enghien (norte de París),
Alemania e Italia. Tras estudiar agricultura en los años setenta, Bruni y
Babarit experimentaron cada uno por su cuenta con la pintura y la escul-
tura. En la década de 1980 abandonaron sus respectivas prácticas artís-
ticas para compartir un campo de experimentación neutral y común.
Desde 1985, han trabajado conjuntamente como equipo en composicio-
nes en el exterior, construyendo y creando, e interactuando con un lugar
específico mediante el uso de materiales naturales. Al ser sus obras efí-
meras y temporales, conciben sus construcciones con un gran sentido de
libertad, descubrimiento e innovación.
69
Allí estaban permitidas las actividades humanas ordinarias y también la
tala selectiva, un proceso que facilita el crecimiento de los árboles madu-
ros. La ecología del lugar, el espacio del interior del bosque, el momento
del año, el clima y la vegetación cumplen, todos ellos, una función en la
creación de una típica instalación de BB en el exterior.
*
Nota de traducción: Juego de palabras con las expresiones homófonas en inglés “To be” (ser) y “Two B”
(Dos Bes), cuya traducción no tiene sentido en español.
70
sino también junto con los elementos del medio ambiente en los que
estamos inmersos, a la vez climáticos, geofísicos, sociales y técnicos. Al
ser dos, desarrollamos las condiciones mínimas de colaboración y depen-
dencia mutua, de sinergia, de respeto al compartir, de conflicto y de con-
trato, extendiendo de manera natural esta situación a otras personas al
intentar trabajar con ellas, teniéndolas en cuenta, arrastrándolas a estas
aventuras.
71
Bruni/Babarit. The Lean-To:
Building a Temporary Shelter
for Peace and Protection in
Any Season 1995.
Madera, ramas de árboles,
hilo. 23 x 2,8 x 5 m. Simposio
Arte y Naturaleza, Bic,
Quebec. Fotografía: Cliches
B/B. Cortesía de los artistas.
En Alemania, las seis hectáreas que ocupamos tenían ocho cerros y cua-
renta y nueve montones de escoria: un paisaje transitorio para recordar,
caminar, mirar, dirigir la propia obra hacia un proyecto social y medio-
ambiental en un contexto difícil (Bitterfeld, la capital europea del
desempleo y la contaminación salió en los titulares de un artículo de Le
Monde). Estábamos divididos entre, por un lado, proponer una obra de
73
lamento a una población que había sufrido numerosas agresiones en el
último siglo y, por otro, dar nuestra aprobación, en contra de nuestra
voluntad, a un sistema de “redención a través del arte” que permita a
nuestra sociedad librarse de cualquier responsabilidad con demasiada
facilidad. En aquel lugar, desde el punto de vista ecológico, la industria
había destrozado el medio ambiente y, a su vez, a la gente que allí esta-
ba. Una postura cosmética no cura las heridas, sólo las esconde.
74
pastorales olvidadas, “para reconciliar al hombre con su paisaje, un asun-
to que continuará”.
Estamos condenados a compartir con la planta que vive allí, con la mari-
quita, la rata, la nube que pasa, la noche que cae, el frío, la lluvia...
Apartados de una visión moralista de destino funesto generada por los
75
Bruni/Babarit. The Stream Path: Clothing the
Banks for Confrontation and Cohabitation of the
Commonbed, 1988. Universidad Clemson,
Jardines Botánicos de Carolina del Sur.
Fotografía: Ernie Denny, SCBG.
Cortesía de los artistas. Bruni/Babarit. The Stream Path:
Clothing the Banks for Confrontation
and Cohabitation of the Commonbed, 1988.
Universidad Clemson, Jardines Botánicos de
Carolina del Sur. Fotografía: Ernie Denny, SCBG.
Cortesía de los artistas.
medios de comunicación, debemos volver a una experiencia íntima del
mundo en que la cuestión sea, para nosotros artistas, tener que soportar
los caprichos de la vegetación y el clima para recordarnos que habitamos
el mundo, en lugar de concentrarnos sólo en la comunidad humana y en
nuestra humanidad común. Humanismo, sí, pero no a cualquier precio.
De este modo, el lugar del hombre en la naturaleza se reformula necesa-
riamente: dominar, gestionar, adaptar, adaptarse: ¿para constreñir o para
colaborar?
77
4. Jerilea Zempel.
Arte público efímero
Famosa por sus instalaciones de arte público y sus “monumentos de mofa”
que se apropian de detritus urbanos y naturales “transformándolos en
extrañas sombras de sus anteriores identidades”, la artista residente en
Nueva York Jerilea Zempel aúna en su proyectos preocupaciones feminis-
tas y ecologistas, pero lo hace con un sentido del humor cargado de iro-
nía. Entre sus obras más conocidas se encuentran Excess Volatility (Exceso
de Volatilidad), creada en Battery Park (Nueva York) en 1989, Peace
Dividend (Dividendo de la paz), que “redefine” el aspecto y la finalidad de
un cañón de artillería de campaña en Canterbury (Inglaterra), y Guns and
Rosettes (Cañones y rosetones) (1995-98), un proyecto que consistió en
“redecorar” un tanque soviético en el museo militar de la ciudadela de
Poznan (Polonia), un lugar que ha sido testigo de varias batallas desde las
invasiones napoleónicas. Recientemente Zempel ha recibido el apelativo
de “Reina del Estiércol”, por las obras efímeras que crea con excrementos
de vacas y caballos. Estas parodias irónicas de la historia del arte forma-
lista presentan también un lado serio. Nos hacen reflexionar sobre la pro-
pia permanencia e historicidad que la escultura monumental tradicional
presupone. Así, los dilemas inherentes a la escultura pública oficial que-
81
dan subrayados en las obras de Zempel, y una sensación de inmediatez,
relevancia y sátira social se convierte en parte de su lenguaje del arte
público. En lugar de utilizar materiales tradicionales como el bronce, el
aluminio o el cemento, Zempel se apropia de detritus del militarismo o
trabaja con estiércol biodegradable. Es arrogante y ella lo sabe. Su obra
atrae a unos seguidores totalmente entregados, tanto artistas de igual
parecer como público en general, a quienes se invita con frecuencia a par-
ticipar en la realización de estas obras. De este modo, Jerilea Zempel con-
tribuye a ampliar el discurso social y público sobre la naturaleza y la
función del arte público.
JG: Tus obras públicas siempre han creado una continuidad entre el pro-
ceso de creación artística y el lugar. A la hora de elegir lugares, el entor-
no social también reviste gran importancia para ti. ¿Cuándo empezaste a
orientar tu arte de esta manera? ¿Cuáles fueros tus primeras obras artís-
ticas públicas?
82
que queríamos una oportunidad de exponer. Nosotros necesitábamos al
campo, pero ¿nos necesitaba el campo a nosotros? Decidí que debíamos
devolver algo a la naturaleza que tenía que soportar lo que un montón
de escultores estábamos a punto de hacerle. Quería hacer algo con el
campo que no lo cambiara en modo alguno. La mayoría de los otros artis-
tas destrozó el campo, colocó bases de cemento, dejando su marca imbo-
rrable. Yo quería hacer algo silencioso y mi amigo Naj Wikoff me animó
a hacer algo que no cambiara el campo en modo alguno. ¿Debería hacer
algo con hielo? ¿Cómo podría hacer un objeto que desapareciera?
Entonces se me ocurrió la idea de que a ese campo no le vendría mal algo
de abono. ¿Por qué no hacer una escultura de estiércol de caballo y dejar
que se disolviera? A continuación, la cuestión era qué forma merecería el
material.
JG: ¿Fue esa obra The Lady Vanishes (La dama se desvanece)?
JZ: No. Era una exposición muy pequeña y todavía no controlaba la tec-
nología de los excrementos. El estiércol era sólo un material orgánico con
el que yo quería trabajar, pero no sabía cómo construir algo con él. Como
me habían enseñado a reverenciar a los maestros modernos de la escul-
tura, yo pensaba: “Bueno, quizás podría replicar en estiércol alguna obra
maestra del arte moderno. Repasé la ortodoxia que me habían enseñado:
Rodin, Brancusi, Henry Moore, Matisse. Empecé a buscar entre sus obras
la más adecuada para realizarse en estiércol de caballo y devolverse a la
tierra. La mayor parte de lo que encontré fueron cuerpos desnudos, cuer-
pos femeninos e imágenes sexuales. Y ahí vino el lado feminista: ¿Cómo
podía retribuirles por el interminable torrente de chicas desnudas? Me di
cuenta de que tendría que esculpir. Técnicamente estaba limitada porque
no podía hacer nada realmente complicado en cuanto a modelado.
83
Descubrí El Beso de Brancusi, que era sólido y muy fácil de hacer. Lo hice
del mismo tamaño que el original, que era muy pequeño, y planté un
pequeño jardín a su alrededor. Era algo muy silencioso, mientras que
muchos de los otros artistas se esforzaban por hacer las obras más rui-
dosas posibles.
JZ: Claro que sí. Yo hice esta cosita pequeña y la situé debajo de un
árbol, y planté flores alrededor. No era fácil de encontrar.
Paradójicamente, mi primera “obra de excrementos” no se disolvió con
gran rapidez, sino que duró bastante más que muchas de las otras pie-
zas que eran vulnerables al viento y la lluvia. De hecho, mi Kiss (Beso)
tuvo que ser derribado varios meses después de la exposición. El estiér-
col es un material de construcción importante en países en desarrollo
donde el tiempo es seco y caluroso, aunque también en nuestro clima
hay casas de tierra y de barro.
JG: Sí, en Canadá tenemos casas de tierra del siglo XIX construidas en
estilo victoriano en el sudoeste de Ontario con las tejas y todo. El enla-
drillado es de barro. Y en China, algunas casas hechas de tierra y estiér-
col tienen cientos de años. Y en el sudoeste de Estados Unidos se da todo
un fenómeno contemporáneo de las construcciones de adobe.
84
JZ: Después de esta obra inicial, creí que podría abrirme camino entre los
maestros modernos. Me invitaron al parque de arte de Casenovia (Nueva
York) y tuve la oportunidad de hacer una obra de mayor tamaño. Decidí
que Henry Moore merecía algo de atención porque había hecho muchas
mujeres desnudas. Pensé que era el momento de hacer un desnudo feme-
nino yacente con bosta de caballo...
JG: Me parece que hay bastante humor en tu obra. Y creo que el humor
proviene de una mirada post-histórica del carácter machista de la histo-
ria del arte y de los movimientos de siglo XX. Para mí, tu obra no sólo es
motivo de reflexión, sino de júbilo porque la cultura viva está firmemen-
te incorporada a la concepción de tus obras y la gente puede identificar-
se con ella. El aislamiento de la obra de arte, la ascética o el refinamiento
pueden ser un desafío para los iniciados, pero el público general tiene un
lenguaje propio. Yo pienso que es ahí donde tu arte desempeña un papel
eficaz derribando las fronteras del arte contemporáneo y dejando el dis-
curso abierto. ¿Puedes contarme algo de tu noción de los monumentos
de mofa?
JZ: Junto con toda esta ortodoxia formal que aprendí en la escuela venía
la idea de que había un Arte Elevado y que luego había una cultura popu-
lar, todo lo demás que nos rodeaba en la vida. Me llevó mucho tiempo
olvidar la jerarquía. Creo que gran parte de lo que hago ahora tiene que
ver con una mofa de esta distinción. Los monumentos son un tipo de
esculturas que conmemoran públicamente acontecimientos importantes
o a personas extraordinarias, por lo general héroes militares o de guerra.
Representan ciertos valores compartidos de una cultura. Hoy resulta difí-
cil saber qué compartimos, así que la cuestión de los monumentos es
complicada. De ahí saqué la idea de un “monumento de mofa”.
85
Jerilea Zempel. The Lady Vanishes, 2002.
Bosta seca de caballo. St. Catharines, Ontario. Cortesía de la artista.
87
JZ: Estuve mucho tiempo pensando en esa obra. Básicamente, yo quería
coger dos tipos de basura, dos materiales que hubieran sido desechados
y que se pensara que ya no tenían ningún valor. Y quería ver si podía
hacer algo mágico con ellos juntándolos para darles un nuevo valor como
arte. Mucha gente cree que el arte está hecho de materiales valiosos,
pero el siglo XX nos enseñó que no es así. Yo quería hacer arte con basu-
ra y colocarlo en un lugar en el que la basura no fuera un problema coti-
diano. Nunca lo habría hecho en la parte baja del East Side ni en Harlem.
¡Lo hice a dos manzanas de Wall Street!
JG: En cierto sentido, esto es Naum Gabo, pero a la inversa. Los moder-
nistas estaban siempre buscando lo último en materiales, como el plás-
tico, para reflejar su visión del progreso histórico. Tenían mucha fe en el
progreso. La segregación de la humanidad respecto de la naturaleza
estaba implícita en su especial visión de la creación artística. Ahora,
parece que nosotros trabajamos a la inversa, intentando encontrar for-
mas de arte que sean como biomimesis, que emulen el diseño de la natu-
raleza. La integración de la economía en la ecología, no sólo en el campo
del arte sino en todos los campos, se ha convertido en un tema canden-
te. Tu obra aporta una especie de aguda réplica social a ese tema, de tal
forma que surge un discurso entre las personas que viven alrededor de
los lugares en los que trabajas. Con Guns and Rosettes, por ejemplo, rea-
lizada en la ciudadela de Poznan, una ciudad industrial de Polonia donde
en el pasado se libraron batallas militares, organizaste un equipo de
voluntarios compuesto por estudiantes de arquitectura y del textil y
habitantes del lugar para tejer una funda con la que cubrir un tanque
ruso utilizando redes de pesca y rosetones. Engalanar instrumentos
machistas con motivos femeninos; una forma de dar un enfoque artísti-
co a toda la experiencia post-soviética en Polonia.
88
JZ: Guns and Rosettes fue realmente una obra específica para la historia
de ese lugar concreto y para ese momento en el tiempo. Los polacos
empezaban a sentirse libres de la influencia soviética. No había un ejér-
cito al que ofender. A todo el mundo le resultaba divertido que viniera
esta norteamericana a ridiculizar a sus antiguos opresores. No estoy
segura de que hoy pudiera realizar esa obra porque allí la atmósfera
social, cultural y económica ha cambiado. Creo que si volviera ahora y
pidiera permiso para hacer la obra, quizás no me lo dieran. Fue una coin-
cidencia afortunada. Tuve suerte de estar en el lugar adecuado en el
momento oportuno. Entré en el proyecto llena de un ingenuo entusias-
mo y con la ayuda de una maravillosa escultora polaca, Joanna Przybyla,
que de algún modo entendió la situación incluso mejor que yo y me
ayudó a resolverlo todo...
JZ: Sí. La televisión polaca estaba allí casi todos los días. Creo que tam-
bién tuvo mucho que ver con el deseo de los medios de comunicación
polacos de ser todo lo americanos que fuera posible, poniendo en prác-
tica lo que consideraban tácticas de los medios occidentales, peleándo-
se por conseguir la primera exclusiva. No querían que yo hablara con
nadie salvo con ellos y no les importaba si acababa o no la obra. Sólo
querían sacarla todas las noches en las noticias. Yo pensé que a lo mejor
89
atraería atención en Alemania, pero no. Fue un fenómeno exclusivamen-
te polaco. Muchos artistas de Nueva York pensaban que estaba perdien-
do el tiempo porque consideran que Nueva York es el único foro del arte.
90
que habría un dividendo de la paz. Así que empecé a pensar que sería
fantástico emplear todos esos residuos militares como material para el
arte. Por todo el mundo hay paisajes plagados de tanques desechados y
restos de aviones. Creo que el desierto de Arabia Saudí e Irak está cubier-
to de material de guerra gastado.
JG: He oído que en algunas partes del norte de África usan tanques para
construir muros porque no pueden utilizarlos, no tienen combustible y no
saben cómo arreglarlos.
91
Jerilea Zempel. Peace Dividend, 1990. Cañón del ejército,
agujas de pino. Canterbury, Inglaterra. Cortesía de la artista.
JG: ¿Qué proyectos tienes en mente para el futuro? Dijiste que espera-
bas trabajar en una obra en Estados Unidos con un avión de guerra aban-
donado al norte del Estado de Nueva York, en Plattsburgh.
JZ: En Plattsburgh (Nueva York), hay una base de mando aéreo estraté-
gico de la que solían despegar continuamente bombarderos para hacer
frente a la amenaza de un ataque nuclear contra EE UU. Hace algunos
años que cerró y que los silos de los misiles fueron cubiertos. Hoy pare-
ce un pueblo fantasma y desierto. El césped está cortado, los setos poda-
dos, las ventanas limpias y los carteles de las tiendas y cines de la base
con la pintura fresca, pero está vacío, como si hiciera apenas unos minu-
tos que todo el mundo se ha marchado. Es extraño e inquietante, como
un escenario vacío. A la entrada hay un bombardero muy lustroso sobre
un pedestal. No tiene ninguna escala y parece un juguete, una maqueta.
No parece tan grande como en realidad es, parece más uno de esos
juguetes que compras en las tiendas. Me gustaría colaborar con un equi-
*
Nota de traducción: “Thatcher” significa persona que cubre o rellena con paja.
93
po de artistas del norte de la región que trabajan con fibras, porque no
se les presta suficiente atención y porque suelen ser mujeres (sería una
alianza del estrógeno). Juntas haríamos una funda para el avión que
podría convertirse en una atracción turística.
JG: Una idea fantástica. ¿Qué clase de material utilizarías para la funda?
94
realidad una escultura neumática, era muy crítica con el industrialismo,
con el hombre y la máquina, como lo eran muchas obras de mujeres
artistas de principios del siglo XX. El mundo del arte estaba tan domina-
do por el varón como lo está ahora. Claro que Hepworth estaba casada
con Ben Nicholson. Entre parejas de artistas se produce una extraña sim-
biosis. Lo mismo ocurre con Ana Mendieta y Carl André. Los hombres
tienden a ser los “originales” formalistas de la corriente principal, mien-
tras que las mujeres son de mente más abierta, más orientadas a lo orgá-
nico y futuro, especialmente cuando se analiza retrospectivamente.
JZ: Creo que existe un modo de pensar acerca de las diferencias entre
mujeres y hombres artistas. Los hombres tienen, sin duda, una mayor
participación económica en el mundo del arte, eso está claro; pero, a su
vez, tienen que estar a la altura del éxito convencional que se espera de
ellos. A mí me parece que las mujeres artistas gozan de mayor libertad.
Yo no tengo que preocuparme por la venta de mi obra en las subastas
porque nunca va a llegar hasta ahí. No pretendo ser la eterna optimista,
pero ser artista mujer tiene algunas ventajas.
JG: Hay otra paradoja que percibí en The Lady Vanishes, una réplica de
la mujer yacente de Henry Moore a escala natural y hecha de bosta, en
el sentido de que Henry Moore se apropió de esta pieza precolombina
para integrar una cualidad espiritual en su obra. Las culturas coloniales
de las que proceden artistas como Henry Moore —Gran Bretaña, América,
etc.— son precisamente las que barrieron a las llamadas culturas “primi-
tivas” (entre ellas, la de los nativos de la costa occidental, por ejemplo).
Y, luego vienen estos artistas “modernistas” uno o dos siglos después
queriendo reapropiarse del espiritualismo de los objetos de las culturas
que ellos destruyeron. Es como si te echaran dos veces el mal de ojo.
95
JZ: Yo, en efecto, hice una copia de una obra de Henry Moore que pla-
giaba a los mayas. Fue fantástico. Cuando descubrí de dónde había saca-
do la imagen, de una escultura en un templo maya, me pareció una
elección perfecta. El verano pasado me pidieron que hiciera una escultu-
ra de bosta para el 25º aniversario del Espacio de Esculturas de Utica
(Nueva York). Buscaba una imagen icónica de la mujer en el arte occi-
dental y me decidí por las cariátides, aquellas mujeres mitológicas que
sostenían templos sobre sus cabezas. Se dio la coincidencia de que la
zona del valle de los Mohave estuviera repleta de arquitectura del siglo
XIX a imitación de la griega. Así que mi imagen encajaba perfectamente
en el lugar y proporcionaba a todo el mundo una base para analizar el
proyecto. Había muchos jardineros alrededor a los que la idea de hacer
algo con bosta les resultaba totalmente natural. Algunos incluso admi-
raron la calidad de mi material artístico. Unos albañiles que estaban tra-
bajando en una circunvalación próxima se acercaban a ver cómo iba
construyendo la figura con ladrillos de barro unidos con mortero también
de barro, un proceso similar al de levantar un muro de ladrillos. Uno
incluso me confesó que su hija era artista y que le preocupaba su vida.
Trabajar en público puede ser un acontecimiento sociológico.
96
5. Alfio Bonanno.
A los ojos de la naturaleza
Pionero de la instalación en lugares específicos de la naturaleza, Alfio
Bonanno utiliza los materiales de la naturaleza, cortándolos, elevándolos,
acarreándolos, curvándolos y colocándolos, para construir obras de arte
que tienen un aire agreste. Son obras efímeras y vinculadas a la tierra que
establecen lazos con la naturaleza; un recordatorio de que la naturaleza es
una fuente tanto espiritual como material para satisfacer las necesidades
humanas. Cuando llegó a Dinamarca procedente de Italia en los años
setenta, tras estar ligado al uso inconformista de los materiales del Arte
Povera, Bonanno fue uno de los primeros en trabajar en actos artísticos que
implicaban la creación de arte con la naturaleza y dentro de la esfera de
ésta. Fundador y líder de TICKON, el Centro Internacional de Arte y
Naturaleza Tranekaer situado en Langeland (Dinamarca), un lugar que ha
atraído a muchos de los principales artistas mundiales que trabajan en
emplazamientos naturales, tales como Andy Goldsworthy, David Nash,
Karen McCoy, Chris Drury, Alan Sonfist, Lance Bélanger y Lars Vilks,
Bonanno ha ampliado el lenguaje de la instalación en el exterior a través
de sus actividades con TICKON y de su labor como artista independiente.
Tiene interés tanto por lo social como por lo medioambiental. Bonanno
99
afirma que “El ‘otro paisaje’ existe mirando más de cerca; aquí, donde
siempre hemos estado, donde menos esperamos encontrarlo; ahí está.
Donde la tierra se une con el aire, y el agua se une con el sol, vemos mirí-
adas de ciclos vitales. Y la vida surge allí donde se le da una oportunidad
de existir: sobre las tablas agrietadas de un vagón de tren en movimiento,
en medio de una acera de cemento, en lo alto de los tejados...”.
100
un bosque: una ofrenda de la naturaleza. Una trama de ramas ingenio-
samente curvada y entrelazada en torno a un árbol muerto para la Trienal
Europea de Arte-Naturaleza en el bosque del castillo de Dragsholm
(1998) reafirmó la opinión de Bonanno de que “un árbol caído no es
necesariamente un árbol muerto; sigue viviendo a través de su memoria
y continúa participando en el ciclo de la naturaleza que una vez le dio la
vida; si escuchamos, nos contará historias de nuestra propia existencia
dentro de ese mismo ciclo”. Otra obra más sencilla consistente en una
cesta de ramas entrelazadas alrededor de musgo verde y brillante en
Vrangfoss (Noruega) (1999) y una exquisita escultura de bambú rizada
como una vaina, Where Lizards Lose their Tail (Donde los lagartos pierden
la cola) (1999) en Tosa (Japón) parecen desafiar a la gravedad de una
manera surrealista —un mimetismo de la bioforma en el arte—. En
Escocia, la escultura de Bonanno Fossil Fragment (Fragmento de fósil)
(1990) hecha con un árbol tallado y con elementos de arenisca se con-
virtió en una interesante clase de arqueología instantánea, una reinven-
ción, la historia natural en el modo del arte. Para East Sea Ring (Anillo
del mar oriental) en el norte de Alemania (2000), prendió fuego a todo el
proyecto en un acto ritual de identificación con la complejidad del lugar.
101
leza o la revolución silenciosa” (2000). En el Parque de Esculturas de
Cedarhurst, en Mount Vernon (Illinois), Bonanno recibió el encargo de crear
otro montaje específico para el lugar (verano de 2001). También realizó
una escultura de caracol con bambú titulada Keong (2002) para el
Simposio de Arte de Bambú de Nitiprayan, en Java Central (Indonesia). Lars
Reinholt Jensen y Torben Kjaersgaard Madsen han producido un documen-
tal de 45 minutos titulado Fragments of a Life (Fragmentos de una vida)
sobre el arte y la vida de Alfio Bonanno, que ya está disponible.
102
bamos piezas antiguas de cerámica. Aunque no soy arqueólogo, sabía
que eran antiguas. Encajaba en la idea de que en ese lugar muchos años
antes se recogía agua y que no había más agua en la zona. Cuando mi
padre compró el terreno, estaba completamente cubierto de espinos. No
había agua. Era muy duro. Al final, encontramos una pequeña cueva en
la tierra. Yo solía bajar y arrastrarme a gatas. Después cavamos y entra-
mos en la cueva y encontramos unas diminutas lámparas muy antiguas.
Estaba muy oscuro. De repente, apareció un hilito de agua, muy peque-
ño, ni siquiera tenía el tamaño de un alfiler, pero fue suficiente. Mi padre
cavó un poco más y puso un recipiente en el exterior. Con el tiempo se
fue llenando y pudimos sembrar plantas. Dependíamos de esa minúscula
fuente de agua para regar el campo.
AB: Claro que sí. Con sólo 14 años les dije a mis padres que no quería ir
al colegio, que quería ser artista. Tuve trabajos esporádicos y fui a la
escuela de arte en Australia. En la época en que vivía en Italia, el Arte
Povera tenía mucha fuerza. Yo sabía bastante bien que había gente que
utilizaba materiales naturales y desechados. La mayoría utilizaban mate-
riales naturales, incluso si sus obras eran conceptuales. Jannis Kounellis,
por ejemplo, utilizaba caballos para sus instalaciones.
103
Alfio Bonanno. Where Trees Grow on Stone, 1996. Arte Sella, Italia.
Fotografía de Carlotta Brunetti. Cortesía del artista.
105
mí es tan importante como todo lo demás. Desde luego que existe con-
fusión sobre lo que es real y lo que no. A mí me gusta tocar las cosas,
oler las cosas. Me gusta estar en medio de las cosas. Por eso suelo tra-
bajar en el exterior y no en galerías. Un museo o una galería pueden brin-
dar la posibilidad de clarificar determinados aspectos de la expresión.
Para mí, la forma de expresión más fuerte está ahí fuera, donde nace la
obra, a donde pertenece, en la vida real. De ahí le viene su fuerza, inclu-
so más porque es vulnerable. En una galería, las obras están protegidas y
no viven realmente. Las obras en el exterior específicas para un lugar tie-
nen vida y participan.
JG: Una de las dos principales tendencias en el arte del futuro tiene que
ser arte y naturaleza, junto con arte y tecnología. Quizás la gente se
canse de tanto vídeo y de tantas imágenes en pantalla que invaden nues-
tro espacio interior. El péndulo podría oscilar, aunque sólo fuera por
motivos de salud y bienestar. La experiencia tangible sobrepasa siempre
la recreación de imágenes y efectos. Después de trabajar treinta años con
el arte medioambiental, debes tener una perspectiva muy amplia del
conjunto del movimiento de arte-naturaleza. ¿Cómo ha evolucionado a
lo largo de los años?
106
concreto. Estoy seguro de que podría integrar parte de mis ideas y mi
experiencia, adaptar un lenguaje específico para ese lugar y aportar un
toque de calor humano a esas formas poderosas y frías. A veces necesi-
tamos contraponer las cosas para apreciarlas adecuadamente.
AB: No puedes separar una cosa de la otra. Yo me siento muy cómodo tra-
bajando con materiales naturales en el paisaje natural, pero soy muy
consciente de la otra cara de la moneda, de nuestro entorno urbano. Lo
mejor sería unir ambas tendencias o contrastar una con la otra. Eso sería
un diálogo. De otro modo, se convierte en algo demasiado estético, dema-
siado pintoresco. Como dijo una vez un amigo mío: “Hemos de tener cui-
dado de no convertirnos en ‘fascistas de la naturaleza”. Estoy de acuerdo.
107
en tus proyectos medioambientales existe una integración del arte con la
naturaleza, una interconexión del lugar y del arte...
AB: Yo tengo mucho respeto por el medio ambiente que me rodea y por
todo lo que contiene, incluidos nosotros mismos. Eso no significa que me
contenga. No, yo intervengo, pero lo que hago tiene que encajar. Incluso
si es algo que resalta, tiene que transmitir la sensación de que pertene-
ce a ese lugar de algún modo. Si logro que sea así, tengo una razón para
hacerlo. Hay demasiadas esculturas e instalaciones que se imponen a un
lugar o que simplemente se introducen en él. La ubicación es muy impor-
tante porque el lugar es mi socio colaborador. Cuando las cosas me salen
bien, acentúo el sentimiento de un lugar. La obra necesita el lugar para
respirar y funcionar.
108
mayor, gran parte del cual nunca ha pisado una galería ni un museo. He
ahí una base para un diálogo natural verdadero y muy necesario. Creo
que es una revolución silenciosa, pero enérgica.
AB: Esa es una muy buena pregunta. Yo creo que hay mucho malenten-
dido y eso me molesta mucho. ¿Necesitamos realmente el mundo del
arte? Podemos usar otras formas para nuestro diálogo que valdrían igual.
Quizá se están aplicando unos parámetros equivocados, formas estable-
cidas de juzgar y aceptar tendencias. Intentar convertir a la naturaleza
en un arte puede no ser la cuestión más importante.
109
mento del aire, junto a la tierra y al agua que formaban parte del lugar;
un digno símbolo de la unidad de los elementos. La naturaleza, en parti-
cular el mar, ha reclamado para sí una parte de esa obra...
110
Alfio Bonanno. Snail Tunnel, 1998.
Vista del exterior. Museo de Arte
Moderno de Louisiana, Humlebaek,
Dinamarca. Cortesía del artista.
AB: Esa es una muy buena pregunta. Sí que me siento un poco primiti-
vo. A veces, me acusan de ser naif. Parece que el mundo del arte desea
otro tipo de expresión. En el proyecto de la isla flotante lo sentí con
mucha intensidad porque fue totalmente desdeñado por el mundo del
arte. Lo más importante de aquel proyecto fue que las tortugas subieran
a las islas y tomaran el sol y que los pájaros hicieran allí sus nidos. Las
islas se construyeron de una manera simple y práctica con el fin de que
se usaran y crecieran —de eso se trataba—, y no con el propósito de crear
112
una forma estética y artificial para que nosotros (y no las tortugas) tuvié-
ramos la excusa para llamarlo Arte.
JG: Pienso en Snail Tunnel, que realizaste para el Museo de Arte Moderno
de Louisiana, una larga pasarela procesional hecha de ramas que avanza a
través de un bosque; o en el puente sobre un riachuelo que construiste con
un roble en Humlebaekken y el intrincado Eel Box labyrinth (Laberinto de
cajas de anguilas). Todas estas obras reafirman la acción de descubrir algo
de nosotros mismos en la naturaleza. ¿Es Eel Box labyrinth una estructura,
una obra conceptual o un modo de devolverle la vida a un vestigio cultural?
AB: Eel Box labyrinth es una de las obras más importantes que he reali-
zado. Antiguamente se utilizaban estas cajas para mantener a las angui-
las y a los peces vivos bajo el agua una vez capturados. Son una parte de
la historia de la pesca danesa que la gente desconoce. Las cajas rojas de
mi isla estuvieron ¡cuarenta años! dentro del agua. Llevar esas cajas de
anguilas a un museo como el de Louisiana y construir esta estructura
laberíntica, conservando su identidad y a la vez haciendo con ellas pasa-
jes, casas y un pueblo es, para mí, un poderoso idioma. Se pueden hacer
añadidos a las cosas sin que pierdan su identidad. La identidad del roble
que utilicé para levantar el puente en Louisiana sigue siendo parte inte-
gral de la pieza. Corté el árbol por la mitad y lo abrí, pero continúa sien-
do un roble después de mi intervención. Sigue contando la historia
orgullosa y hermosa de aquel roble de 350 años.
JG: Una vez, paseando por los bosques de la Columbia Británica, recuer-
do haber visto las marcas dejadas por un incendio, restos de árboles
esculpidos de manera natural por el aire y el fuego. Como esculturas,
superan cualquier arte que nosotros podamos crear. Podemos imitar este
113
efecto. Where Lizards Lose their Tail, la escultura que hiciste en Japón, es
fascinante porque consigue una cierta biomimesis creando con esa forma
de vaina de hoja rizada hecha de bambú. ¿Te decidiste por esa forma des-
pués de ir a Japón y ver el lugar?
AB: Sí. Con los años he descubierto que es importante esperar a ver el
lugar antes de decidir. Cada sitio tiene una historia propia que contar. Si
tengo paciencia, ocurre algo. Pasados un día o dos, o una hora o dos
(nunca sé cuánto hay que esperar), me conecto con el lugar y éste me
dice lo que hacer. La clave de lo que tengo que hacer está ahí, sólo tengo
que encontrarla.
AB: En los últimos veinte años, más o menos, he trabajado mucho con la
juventud y con los niños de los colegios y considero que es un aspecto
esencial de mi obra, un capítulo de mi vida que se conoce poco en el
mundo del arte. En Dinamarca se ignora esa parte de mi obra como si no
fuera importante. Pero sí lo es y he realizado grandes proyectos, incluso
en importantes museos daneses, con niños de los colegios porque creo en
ello. Esta es la inversión más importante que podemos hacer: la inversión
en nuestros niños. Es maravilloso. Tenemos un diálogo fantástico y yo he
aprendido mucho de los niños. El niño que llevo dentro despierta cuan-
do estoy con ellos. Yo lo necesito tanto como ellos.
114
JG: El escritor Hugh MacLennan escribió una vez: “La tierra es mucho más
importante que nosotros. Saber esto es ser joven y viejo a un mismo tiempo”.
Esa pequeña estructura increíble, The Mountain Shelter, que hiciste con pie-
dra en los acantilados de la costa de Irlanda junto con Chris Drury, encarna
ese espíritu prodigioso. Es una obra hermosa en un lugar hermoso. Transmite
una sensación de eternidad que verdaderamente estimula la imaginación.
AB: The Mountain Shelter es una obra que pasa desapercibida. Sólo se
puede ver si te acercas. Desde la distancia resulta casi invisible. No pue-
des verla porque está hecha con los materiales del lugar y da la impre-
sión de que desaparece. Resulta muy bella de ese modo.
JG: ¿En qué medida la gente percibe hoy la naturaleza de manera dife-
rente a como lo hacía en los años setenta, ochenta o noventa?
115
para nuestra existencia y nuestra supervivencia. Resulta fascinante que
podamos estar hablando del grave problema del agujero en la capa de
ozono y a la vez preparando el envío de turistas al espacio para que
pasen una semana de vacaciones en hoteles en órbita a un precio de
50.000 ó 100.000 dólares por persona. Nosotros, los humanos, somos y
siempre seremos la especie más compleja, destructiva e impredecible.
AB: La instalación de las fotos cubría una superficie de 2x20 metros que
abarcaba cuatro paredes. La imagen en su conjunto tenía mucha fuerza.
Las paredes estaban literalmente cubiertas de retratos fotográficos de las
hojas del olmo. La obra contaba una historia de la biología del árbol. He
visto crecer ese árbol en mi jardín durante quince años. ¡Y ya no existe!
JG: La obra West Coast Relics (Reliquias de la costa occidental), que rea-
lizaste en la costa oeste de Jutlandia, encierra un cierto simbolismo.
¿Cuál es la idea que subyace a esta obra?
116
Algunos de estos búnkers llevan cincuenta años vapuleados por las olas,
empujados hacia atrás y hacia delante en la playa y arrastrados al agua,
como extrañas esculturas obsoletas. Los habitantes que viven en la isla se
identificaron con las formas desgastadas de mis reliquias en la playa y las
asociaron a pecios de barcos y esqueletos de ballenas, parte de su histo-
ria pasada, hasta tal punto que enviaron una carta al Ministerio de Medio
Ambiente pidiendo que la escultura permaneciera en la playa. Otro pro-
yecto paralelo fue el de las pacas de heno que coloqué delante del edifi-
cio del Parlamento de Copenhague en 1992. Provocó el mismo tipo de
debate. Unos pocos fardos de heno pueden producir la misma cantidad de
energía que 200 litros de gasóleo para calefacción. Me sentí muy orgullo-
so de haber iniciado un diálogo sobre la energía con esa obra de arte.
117
AB: El proyecto de Odense es enorme. Llevo seis años trabajando en él.
En lugar de esconder la basura se nos ocurrió la idea de convertirla en lo
más valioso, algo sobre lo que hablar, sobre lo que dialogar, la problemá-
tica de la basura. Por eso esperamos hacer este enorme corte, igual que
una entrada a un anfiteatro, en el vertedero. Queremos introducir ele-
mentos de gran tamaño, enormes piezas de maquinaria, de aviones y
grúas, para potenciar el impacto visual del paisaje de tal forma que cuen-
te una historia. Esto hará de él un paisaje muy visual y acentuará la iden-
tidad de este vertedero. Para darle continuidad, toda la zona se cubrirá
de una membrana de tierra. Hay que recordar a la gente que somos una
sociedad generadora de basura, que consumimos mucho y tenemos gra-
ves problemas para deshacernos de la basura.
118
6. Doug Buis.
Botánico y mecánico
Ya en 1958, Marshall McLuhan se refería a los efectos de la tecnología
electrónica en la cultura de Norteamérica cuando escribía: “Los efectos
de la pura estética de la imprenta sobre el arte y la ciencia fueron a la
vez extensos y subliminales o inconscientes. En la actualidad, los efectos
de la revolución electrónica están también omnipresentes en todas las
esferas de la percepción y la asociación humana. (...) los jóvenes (...) res-
ponden con todas sus sensibilidades unidas a estas formas de codificar y
empaquetar la información”1. McLuhan entendió muy pronto que nues-
tras percepciones se estaban canalizando mediante el empaquetado de
información. Hoy la situación está más extendida que nunca y la reali-
dad virtual, internet y los ordenadores influyen en muchos aspectos de la
vida contemporánea. Sin embargo, la preocupación por el medio ambien-
te sigue siendo una de las más importantes para la gente y muchos artis-
tas están desarrollando formas interesantes de tratar nuestra relación
con la naturaleza.
1
MCLUHAN, Marshall: "The Electronic Revolution in North America", en The International Literary
Annual, Nº 1 (Londres: John Calder, 1958) p. 166.
121
El artista Doug Buis, que vive en Long Beach y da clases en la Universidad
del Estado de California, lleva más de una década explorando con su
escultura el encuentro de la tecnología con el medio ambiente. Las pri-
meras obras de Buis, como Grass Machine (Máquina de hierba) (1989) y
Seed Chairs (Sillas de semillas) (1991), utilizaron las máquinas de un modo
algo llano e inocente. A lo largo de los últimos quince años, Doug Buis ha
evolucionado rápidamente y ha desarrollado su propio lenguaje escultóri-
co creando artilugios ingeniosos y de actualidad que abordan cuestiones
sociales, medioambientales y tecnológicas de un modo sutil, como si se
tratara de emancipar a la escultura de un paradigma puramente esotéri-
co y estético. De esta forma, Buis subraya las muy reales preocupaciones
culturales a las que se enfrentan los norteamericanos en un momento en
que su cultura experimenta un rápido cambio tecnológico y medioam-
biental. Las obras de Doug Buis se han podido ver en el Museo Open
Haven de Amsterdam (Holanda), en De Fabriek de Eindhoven (Holanda) y
en exposiciones individuales en Estados Unidos y Canadá. Las instalacio-
nes y esculturas de Buis se expusieron recientemente en Happy Trails en
la Universidad de Santa Bárbara, California, en el otoño de 1999, y en el
Centro de Arte Estevan de Saskatchewan (Canadá), en 2000.
JG: Existe siempre una dicotomía entre tus micro-obras y los artilugios
axiomáticos de gran tamaño como The Heart of the Matter (Lo esencial)
(1992), esa canoa con dos cabezas en un extremo y “brazos” mecánicos
que balancea ramas de árboles en un círculo completo, Walking Lightly
(Caminar ligero) (Amsterdam y Pianofabriek, Bruselas) y Sowin’ Machine
(Máquina de sembrar) incluida en la exposición Digital Gardens (Jardines
digitales) de The Power Plant celebrada en Toronto en 1996. Ya sean a
escala micro o macro, tus obras abordan la relación entre la cultura
humana y la naturaleza. Las obras de gran tamaño son máquinas de cre-
122
ación propia, vuelos de la fantasía imaginativos e ingeniosos. El espíritu
con el que se crearon recuerda la escultura de Panamarenko o de Tinguely.
Pero tus micro-obras, como Lap-top Gardens (Jardines portátiles) o
Biosquare (Biocuadrado) (1993), o más recientemente River (Río), son tan
eficaces como las de gran tamaño, si no más, a la hora de atraer la aten-
ción del espectador sobre la diferencia entre la realidad percibida y la per-
cepción real. Juegan con la virtualidad de la llamada realidad virtual.
DB: Sowin’ Machine tiene que ver con las definiciones. En la exposición
Digital Gardens, yo quería tomar la idea de digital, tal y como la con-
templan los ordenadores, rehabilitarla y volverla a hacer digital, es decir,
como en los dígitos de nuestros dedos. Por eso, esa máquina de sembrar
parecía un brazo que surgía e iba plantando semillas. Las interacciones
del vídeo con la máquina tenían un efecto aleatorio, más que desempe-
ñar la función de plantar semillas elegidas por el espectador.
123
JG: Sin duda. Esas formas híbridas simuladas que vemos en la televisión
o en los anuncios estirando, manipulando y transformando a las formas
naturales, los animales y las personas en una breve secuencia como si
estuvieran hechos de plástico. El lenguaje visual es bastante brutal. El
mensaje que leemos entre imágenes está claro: la realidad no es lo que
es y la cultura de la imagen puede transformar la realidad como nosotros
queramos, de hecho, más de lo que la realidad se transforma a sí misma.
Nos hemos convertido en los dioses de nuestro propio consumo y nos
estamos devorando a nosotros mismos.
DB: Me gusta darle la vuelta a todo. En una de mis obras, que se llama
simplemente River (1996), un pequeño diorama contenido, hay una pan-
talla que crea distorsión y hace que el interior se asemeje a un vídeo o a
un fotograma de vídeo. Es como una imagen de realidad virtual, un obje-
to que se parece a una imagen de sí mismo. Sin embargo, la escena del
río en su interior es real. Sólo por la indicación del título, la gente cree
que se trata de realidad virtual. De algún modo asumen que es así y pien-
san: “¡qué bonito! ¡cómo consiguió el artista ese efecto del agua!”. Y,
en realidad, es lo que parece, agua que fluye de verdad; un montaje
(assemblage) de microelementos. La gente los mira por dentro y explora
lo que hay allí porque les parecen reales.
124
Doug Buis. Lap Top Garden, 1994. Or Gallery, Vancouver.
Cortesía del artista.
DB: Sin duda tiene ese elemento del absurdo, pero lo absurdo, esa coli-
sión de elementos absurdos, es lo que lo saca de ese marco. No puedes
definirlo de una manera específica y desde el momento en que no pue-
des definirlo, lo percibes de modo diferente.
JG: Pienso en Wave Field (Campo de olas) (1995) de Maya Lin, en esos
dibujos geométricos en la superficie de la tierra. Para mí, es horrendo;
una especie de metáfora de nuestro control de la naturaleza, paradójica-
126
mente creada con elementos naturales del exterior. Tu planteamiento
presenta siempre un lado humano, juega con la nostalgia o con la per-
cepción y la concepción románticas. Tiene un cierto aire casero.
127
DB: Es lo mismo que los sistemas de creencias. Eliminamos todas las
cosas incómodas, las experiencias que no encajan en nuestras estructu-
ras de creencias. Incluso los artistas lo hacen.
DB: Yo, en realidad, prefiero llevar los objetos a un lugar. Siguen siendo
reales. Se construye todo un escenario. Es como plantar árboles en un
parque, el entorno puede ser falso, pero los árboles son reales, hacen lo
que hacen los árboles. Los parques de la naturaleza son bosques falsos,
pero siguen siendo más reales que la realidad virtual. Son formas dife-
rentes de seducción.
JG: Quieres decir que los escenarios que creas forman parte de un len-
guaje de la cultura actual, de nuestra época?
DB: Bueno, en cierto sentido. En las obras recientes Landscape with Short
River (Paisaje con río corto) (1998), Brief River (Río breve) (1999) o
Mountain in the Box (Montaña en la caja) (1999) existe un problema
potencial, no el lenguaje de los objetos, sino el potencial bagaje que aca-
rreamos con ellos. En Landscape with Short River, cuando te das cuenta
de que el paisaje polvoriento se apoya en una silla de ruedas, haces todo
tipo de asociaciones, por ejemplo, con la gente pobre o enferma. Eso no
es necesariamente cierto en absoluto. Es un prejuicio que uno tiene. La
silla de ruedas es sólo un vehículo, un medio para desplazarse. Hay un
evidente juego de palabras. La silla de ruedas está en realidad debajo del
128
paisaje; así que no está en la superficie de éste. Supongo que por eso
puede tener el sentido de que la propia tierra está un poco enferma; en
cambio, si miras al objeto, en gran medida es sólo la superficie. No pre-
tendo hablar del estado de la tierra, sólo de la superficie de la misma. No
pretendo hablar del estado de la tierra, tan sólo renegociar nuestra rela-
ción con su superficie.
JG: Es paradójico porque el paisaje es un lienzo. Ver ese lienzo con un río
apoyado en una silla de ruedas le hace a uno pensar en la tradición de la
pintura, en la historia del arte. Sugiere que la visión de la pintura paisa-
jística romántica está mutilada porque presenta la naturaleza como
desde una ventana y, por tanto, posterga el medio ambiente del mundo
real a una recreación del mismo, que es la pintura paisajística.
DB: Se trata sólo de una construcción con un pequeño río que encaja
perfectamente en la concepción del paisaje de California. El Cuerpo de
Ingenieros del Ejército de EE UU creó todos esos ríos canalizados que se
ven en la costa oeste (...) ¡ríos minimalistas!
JG: ¿Qué relación ves entre tus últimas creaciones y una obra anterior
como Chaotic Encounters (Encuentros caóticos) expuesta en el Jardín de
129
Doug Buis. Portable Garden (Desktop Model). Cortesía del artista.
DB: Chaotic Encounters trataba del modo en que las formas creadas
por sistemas caóticos, como las dunas de arena, se asemejaban a obje-
tos mecánicos, como las piezas de transmisión o de motores. O están
formadas por las leyes de la física o hechas para ajustarse a las leyes
de la física.
JG: Este tipo de obra juega mucho con la paradoja, con la idea de que un
paisaje se considere una presencia permanente, algo que siempre está
ahí, y, sin embargo, estos paisajes están emparentados con el arte fol-
clórico, pueden moverse de un lado a otro, igual que las excavadoras
cambian la forma y la configuración de un paisaje. Existe esta incómoda
sensación de artificialidad en tu obra. Se puede encontrar esta obsesión
con la estructura, con la dominación y el control de las formas y los
entornos naturales en el arte modernista del siglo XX, desde los paisajes
131
de Cézanne hasta el Land art al aire libre de los años sesenta y setenta:
Michael Heizer, Robert Smithson o Walter De Maria. La primera estética
del Land art subrayaba el dominio o la transformación del paisaje y se
basaba en gran medida en las ideas. Tus obras son más caprichosas y, de
hecho, pueden considerarse un aparte, porque las formas se integran en
ellas de manera natural. Son, en realidad, contenedores, (...) el paisaje se
convierte en una especie de recuerdo.
JG: A Bath (Un Baño) (1999) tiene una franja oscura en el fondo, una
capa en la superficie que podría a primera vista parecer natural, pero que
cuando se examina de cerca parece totalmente irreal, como la piel, la
taza y la cuchara de Meret Oppenheim, por ejemplo. Estás sacudiendo
nuestras asociaciones tradicionales con las cosas.
DB: Haciendo chocar dos cosas. El interior parece más profundo debido
a la gradación del color. La superficie cambia a medida que la miras. La
bañera no tiene agua, a diferencia de otras obras como Brief River o
Short River. Se destaca la realidad tangible frente a la realidad concebi-
da. De una pared salían llaves inglesas con pequeños árboles. Algunos
estaban oxidados, otros cubiertos de materia. Tanto el óxido como el cre-
cimiento son procesos relacionados con el oxígeno. La vida es una espe-
cie de óxido en la superficie de la tierra.
132
DB: Mis cajas de observación constituyeron un ejemplo de extraños pai-
sajes, volcanes y escenas del desierto fabricados. Lo que hago es crear
paisajes naturales y retratarlos mediante fotografía estereoscópica.
Parecen más reales que el propio paisaje. Cuando la gente los ve, creen
que son fotos de paisajes reales en el desierto, pero no lo son.
JG: Eso me recuerda los orígenes del cine, cuando hacían series en
miniatura y rodaban escenas de barcos hundiéndose, volcanes, etc.
Cuando el público las vio por primera vez en los cines, creyó que estas
escenas fabricadas eran reales.
133
JG: ¿Cómo se libera un artista del lenguaje que se utiliza en el arte y crea
un arte con vitalidad que le habla a la gente?
DB: La mejor de las obras lo consigue. Llega a los más necios y a los más
inteligentes.
JG: Earth with Protective Cover (La Tierra con una cubierta protectora)
expuesta en A Space, Toronto, un planeta en miniatura rodeado de una
cubierta de metal similar a las placas que cubren a un armadillo, fue un
comentario sucinto acerca del eco-consumismo, el dilema imposible de que
se puede consumir más y que, aún así, la naturaleza no resultará perjudicada.
JG: Ecológico por un lado y fácil de usar por otro. Sustituir un tipo de
consumismo por otro y nunca llegar a lo esencial. La mutabilidad de todo,
incluidos nosotros. ¡Qué situación tan lamentable!
DB: Creo que vamos a llegar a un punto de crisis. Y todos somos cóm-
plices. No tenemos que poseer la tierra, podemos limitarnos a apreciarla.
134
DB: Pues he de responder que las dos cosas, en parte porque el conteni-
do de la ciencia-ficción suele estar muy relacionado con el modo en que
dirigimos la naturaleza y formamos nuestro mundo. La obra se ubicó en
una zona donde los niños juegan mucho, así que creé una situación en la
que pueden empezar a pensar en la naturaleza de un planeta y en cómo
se hace. En cierto modo, estoy creando pequeños mitos, o quizás crean-
do un espacio mental para que la gente forme los suyos propios. En parte,
la obra estaba influida por una novela de ciencia-ficción sobre un perso-
naje que fue el responsable de construir los fiordos de Noruega y que se
sentía justificadamente orgulloso de ellos. De alguna manera, estoy con-
siderando lo poco que pensamos desde el punto de vista histórico (en tér-
minos geográficos y geológicos, más que de historia humana) acerca de
la formación del planeta, en particular, acerca de la escala del tiempo. A
menudo me asombra lo dispuestos que estamos a alterar, con tanta rapi-
dez, algo que tardó tanto en formarse. No tenemos sentido alguno de
perspectiva en cuanto a nuestra propia importancia en el orden de las
cosas. Acabo de leer (en la revista Harpers) que, desde el punto de vista
de la importancia biológica para la ecología, nosotros estamos por deba-
jo de varios hongos. La ecología podría hundirse si faltaran las hormigas,
pero no se hundiría aunque faltaran los humanos. Al hacer al espectador
mirar detenidamente a través de los telescopios, estoy planteando esa
cuestión de la escala.
135
inmediatamente lo artificial de esta “escena de la naturaleza”. Unos dis-
cos de ordenador unidos con hilos de nailon dan vueltas y hacen así que
el árbol se mueva. El árbol se encuentra sobre una plataforma artificial.
Todo el “montaje” está plagado de una cierta ironía sobre la fidelidad a
la naturaleza, la ilusión detrás de la realidad y la forma en que simplifi-
camos en exceso determinados mitos. ¿Puedes contarme más cosas sobre
esta obra?
136
7. Michael Singer.
Ecodiseño
Graduado en la Escuela de Bellas Artes de Cornell, Michael Singer ha
recibido, desde 1971, diversos premios y becas, entre los que destaca el
National Endowment for the Arts (Legado Nacional para las Artes) y el de
la Fundación Guggenheim. Sus obras pueden encontrarse en las colec-
ciones de la galería de arte Albright-Knox de Buffalo; en la Galería
Nacional Australiana de Canberra; el Museo de Arte Moderno de
Louisiana, en Humlebaek (Dinamarca); en el Museo Solomon R.
Guggenheim de Nueva York; en el Museo de Arte Moderno de Nueva
York; y en la Galería de Arte de la Universidad de Yale. Sus esculturas de
los años setenta y ochenta plantearon nuevos debates en el mundo del
arte acerca de un planteamiento específico para cada sitio y del desa-
rrollo de los espacios públicos. Sus obras más recientes han sido aprecia-
das por sus soluciones originales a la integración de la estética y las
preocupaciones sociales en el contexto de las obras públicas y las infra-
estructuras. En 1993, el New York Times declaró el diseño del Depósito de
reciclaje de Phoenix, realizado conjuntamente por Michael Singer y
Linnea Glatt, uno de los diez proyectos de arquitectura más importantes
de ese año en Estados Unidos.
139
Entre los recientes proyectos medioambientales de Singer en el exterior
se encuentran los Jardines Woodland, de 0,80 hectáreas de extensión
para Wellesley College en Massachusetts y el proyecto del plan general
de restauración del Waterfront Park, de 1.600 metros de longitud en New
Haven, Connecticut, proyecto que Singer dirigió. En Stuttgart (Alemania),
el artista creó Retellings / For Those who Survived (Volver a contar / Para
aquellos que sobrevivieron), un jardín de esculturas conmemorativo de
0,40 hectáreas de superficie. En el aeropuerto de Denver, Colorado,
Singer diseñó un jardín interior de gran tamaño que transformó ostensi-
blemente el lugar, y en el Museo Isabella Stewart Gardner de Boston,
revolucionó el concepto del diseño de jardín exterior. En la actualidad
trabaja en un proyecto interdisciplinario de revitalización de la ribera del
Troja, en Praga (República Checa); en un centro de interpretación para el
Museo Tenement, en la parte baja del East Side de Nueva York; en un
programa de restauración de la sinagoga de la calle Eldridge, en el cen-
tro de Nueva York; y en un entorno universal de artistas diseñado para
Millay Colony for the Arts, en Austerlitz, Nueva York.
JG: En los años setenta, eras un artista que trabajaba sobre todo, aun-
que no exclusivamente, en lugares al aire libre. En las series rituales,
Glade Ritual Series (Serie ritual clara), Lily Pond Ritual Series (Serie ritual
del estanque de lirios) (1975) y First Gate Ritual Series (Serie ritual de la
primera puerta) (1976, 1979/80), se aprecia una evolución de tu plante-
amiento de la composición escultural en exteriores. Tus obras de los años
setenta van desde el dibujo con árboles, bambú y carrizos en lugares
naturales, hasta la yuxtaposición de madera tallada y madera natural y
piedra tallada y piedra natural, que después empiezan a fusionarse.
Empezaste a trabajar en construcciones para interior a mediados de la
década de los setenta. La serie 7 Moon Ritual (Ritual de las siete lunas),
140
Ritual Gates (Puertas rituales), etc. Los escritores comentaron entonces
que estas obras introducían un elemento humano en la escultura medio-
ambiental. No tratan sólo de la naturaleza, sino del hecho de habitar, de
la integración, incluso como historia ficticia del hecho de habitar. Resulta
interesante que no distanciaras tu obra del rito como hicieron muchos
artistas de la época, sino que lo consideraras un complemento del pro-
ceso artístico en tu trabajo con la naturaleza.
141
rior. Sin embargo, dado que tu arte trataba tanto del modo en que los
humanos se relacionan con la naturaleza como de la naturaleza en sí, la
obra se convierte casi en mito-poética. Elaboraste una estructura con la
madera de un viejo granero y construiste una base. Es el arte como
arqueología: recuperar la historia de un lugar y revestirla de un nuevo
significado mediante su reconfiguración. Y luego están esos estantes en
las estructuras con piedras. Esto le hace a uno reflexionar sobre nuestra
fijación con el significado del objeto en el arte, tanto como sobre el espa-
cio en el que se encuentra esta instalación. El tema parece ser cómo per-
cibimos las estructuras materialmente y lo material estructuralmente.
JG: Tus primeras obras son como estructuras frágiles, todo depende de
todo lo demás: el lenguaje de las formas y las formas naturales, y la
madera y la piedra previamente talladas. Esta interrelación de múltiples
formas —tanto naturales como artificiales— hizo que te consideraran un
neo-primitivo allá por la década de los setenta; sin embargo, como se
aprecia en el vasto jardín interior del aeropuerto de Denver, que añade
misterio a un edificio que si no sería aburrido y funcional, o en tu pri-
mera obra permanente en un edificio en 1986, el significado del lugar se
averigua a través de tu obra. No contrapones la estructura, sino que la
centras añadiendo otra capa de significado a la arquitectura del diseño.
No es tanto decorativa o aditiva como geocéntrica en su enfoque.
142
Michael Singer. Atrium 1, 1986.
Becton Dickeson Company.,
Franklin Lakes, Nueva Jersey.
Cortesía del artista.
144
JG: Tu obra hace referencia a la historia (tanto humana como natural),
establece lazos en los materiales que utilizas y en las formas aliteradas
que creas. A veces me recuerdan a las esculturas rituales sintoístas; es el
caso, por ejemplo, de la intervención llamada Sangam Ritual Series (Serie
ritual Sangam), una palabra hindú que describe el lugar donde confluyen
dos ríos, que realizaste en Aspen, Colorado, en 1986. En el interior de los
muros y puertas que construiste hay un elemento en miniatura. Es como
un micro-comentario sobre el macro-tamaño de nuestra percepción del
paisaje. Es un santuario de la naturaleza y las referencias de los mate-
riales aluden también a la geología subyacente con la serie de escalones
y capas.
MS: En Aspen fue la primera vez que trabajé en un lugar donde creía
necesaria una alteración. El río hace un recodo casi en ángulo recto allí
donde empecé. Después de haber trabajado quince años en entornos
exteriores en los que no toqué nada, Sangham Ritual fue la primera vez
que realmente manipulé el lugar. Al principio se trataba de hacer un jar-
dín. Sentí la necesidad de crear un portal y un lindero. Cuando se entra
por el portal, los sonidos del río se magnifican. Y ese aspecto arqueoló-
gico del que tú hablas, con las distintas capas de piedra, es el elemento
que se convierte en reflejo de los estratos de la tierra.
145
necesidad de crear lugares para guardar cosas especiales. El título está
tomado de los indios Chumash, la cultura nativa que habitó la zona. Fue
el único pueblo nativo que construyó barcas a base de tablazón en lugar
de vaciando los troncos de los árboles. Así que disponían de su propia
tecnología de fabricación de las tablas y uso de la brea de las playas para
sellarlas. Utilizaban cuerdas hechas con parras para atar las tablas.
También tenían una ritualizada sociedad secreta de la barca llamada el
“Tomol”. Encontré algunas de las actas de las últimas reuniones que cele-
braron en la década de 1880, traducidas por un hombre que aprendió su
lengua. Fue muy conmovedor e intenté establecer conexiones con esa
cultura y relacionarla con temas de nuestra época.
MS: En este proyecto trabajé con Linnea Glatt, de Dallas. Una empresa
de ingeniería había realizado un plan preliminar que definía el lugar
como un sitio al que nadie querría ir nunca. Había un edificio igual que
una caja (encerrado en sí mismo), 10,11 hectáreas de pavimento con un
tráfico que causaría pesadillas a cualquiera porque en él se mezclaban
500 camiones del tamaño de un tractor que entraban todos los días con
los demás usuarios. La gente debía llevar sus materiales para reciclar a la
parte trasera, que estaba oculta, fuera de la vista y, por tanto, fuera de
la mente, ni siquiera relacionada con el edificio.
146
Básicamente, los planificadores creyeron que el artista invitado haría lo
mismo que la mayoría de los artistas en un proyecto de arte público.
Elegiría un color, pintaría una franja alrededor del edificio y construiría
cualquier cosita para que quedara allí. Nosotros les dijimos que de nin-
gún modo. Había mucho dinero en juego, un tanto por ciento de 18
millones de dólares. No había forma alguna de que lo que iban a hacer
allí, si mantenían su plan, humanizara el lugar. Sería igual que cualquier
otro centro ordinario de tratamiento de residuos de los que se constru-
yen por todo el mundo.
147
Michael Singer. Lily Pond Ritual Series, 1975. Harriman State Park,
Harriman, Nueva York. Cortesía del artista.
JG: Así que se produjo una especie de paso del artista medioambiental
al diseñador medioambiental en todo este proceso.
JG: Ser un profesional con un uno por ciento de artista supone un cier-
to dilema. Tienes que responder a diseños que ya están decididos. Apenas
hay comunicación entre el paisajista, el arquitecto, el artista y los res-
ponsables de obras públicas. ¿No es el intercambio la verdadera necesi-
dad actual?
149
MS: El uno por ciento tiende a convertirse en algo decorativo y añadido,
en vez de algo trabajado consultando con los paisajistas o los arquitec-
tos. La gente va al proyecto de Phoenix y pregunta: “¿Y dónde está el
arte?”. Realmente no está allí, está en el diseño, en el cuestionamiento,
en la propuesta de nuevos temas.
JG: ¿No es un punto débil del arte entendido como proceso, incluso si
incluye estructuras arquitectónicas y espacios como hiciera Gordon
Matta-Clark, que su fin último sea demostrar una idea? Ese fue en parte
el problema del Land art y el minimalismo. Mucho de ese arte era total-
mente despilfarrador. Podría haberse hecho simplemente con un dibujo o
una fotografía. En cambio, tus obras se crean desde un contexto hacia
fuera. Al final, la estética no se convierte tanto en un concepto purista,
incluso si las formas y materiales presentan relaciones puras. Así que,
para mí, en cierto sentido se convierte en algo más permanente.
JG: Cuando uno mira a Kawamata, sus obras de gran tamaño con la
madera saliendo de los edificios y todo eso, ve que mantiene la mística
del arte, la cual tiene relación con la vida pública pero una relación dis-
funcional. Se integra en un entorno, pero al final se convierte en una
exhibición que subraya la desconexión de las cosas y que, sin embargo, a
la postre está deconstruida. Es decir, describe los síntomas sin aliviar los
problemas.
150
MS: Este tipo de obras son exhibiciones, pero también un diálogo den-
tro de una conversación exclusiva. Los artistas pueden responder una y
otra vez en esos diálogos. Son muy divertidos. Pero a mí me interesa algo
más que eso.
151
JG: En parte, el reto es construir algún tipo de cultura unitaria en la que
toda la gente se considere parte de una comunidad y aúne sus energías,
en lugar de estar dividida por el profesionalismo.
MS: Para mí es muy importante saber que cuando trabajo en tantos pro-
yectos, no lo estoy haciendo yo solo en mi estudio. Estoy trabajando en
la comunidad, reuniendo en torno a los proyectos a diversas personas,
algunas de las cuales nunca ha trabajado en un proyecto. Me interesa la
perspectiva de un historiador cultural o la de un antropólogo, un arqui-
tecto o un ingeniero.
MS: Phoenix es un buen ejemplo. Hay que recordar que en 1989 ningún
arquitecto pensaría en diseñar un centro de tratamiento de residuos.
Hizo falta que vinieran los artistas a cambiar eso. Creo que ahí tenemos
un ejemplo de lo que los artistas pueden hacer; un artista al que se le
plantea un problema propondrá nuevas ideas y preguntas. Algunas serán
ridículas y otras ofrecerán posibilidades en las que no se había pensado.
En 1989, también podría pensarse que era ridículo que un centro de resi-
duos ofreciera una oportunidad de diseño, un lugar para el público, pero
eso ahora ha cambiado.
152
8. El mundo vegetal
(y mineral) de
Bob Verschueren
El artista belga Bob Verschueren no es sólo un veterano del arte vegetal;
sus obras también son osadas en el uso de la materia mineral. La naturale-
za, de manera silenciosa y subrepticia, invade el significado de su arte. Sus
obras efímeras no pretenden conquistar ni poseer un espacio, sino crear
escenarios que tengan en cuenta el lugar, la luz y la tierra, que aumenten
nuestra conciencia de la realidad de un lugar... Entre sus obras más inno-
vadoras están Wind Paintings (Pinturas del viento) de los años setenta y
ochenta, que consistían en “pintar el paisaje” compuesto por lugares vací-
os y desolados con carbón triturado, óxido de hierro, tiza, tierra verde, hari-
na, ocre amarillo, tierra de Cassel y tierra de sombra quemada o natural.
Cada vez que colocaba un material concreto en forma de motivo lineal
sobre la tierra, Verschueren esperaba al viento, “una mano que sublima el
arte a los materiales”, para que esparciera por la tierra los pigmentos y
materiales de diversos colores. Las obras resultantes normalmente duran
sólo unas pocas horas porque el viento que las creó también se las lleva.
155
resultados tan impredecibles y bellos como Wind Paintings. El artista ha
afirmado que el aspecto monumental y colosal del Land art se pierden en
las fotografías que dejan testimonio de esos proyectos artísticos. Las ins-
talaciones vegetales de Verschueren se basan en materiales efímeros
como hojas de ortigas y nenúfares, arena, ramas de árboles, musgo, lechu-
ga, higos, piedras, fuego, incluso mondas de patata y un largo etcétera...
Bob Verschueren ha explorado los sonidos de las plantas en el Centro
Banff para las Artes y ha expuesto sus instalaciones y fotografías en color
en muchos lugares de Europa, así como en Norteamérica y Japón. La esté-
tica vegetal de Verschueren invoca un planteamiento fenomenológico de
la creación artística. Cada uno de los diseños aplica elementos naturales
para establecer una relación particular con la arquitectura y el paisaje
específicos de un lugar (ya sea interior o exterior, en la ciudad o en el
campo), pero el proceso sigue siendo accidental.
JG: Cuando la gente habla del arte y la naturaleza, suele evitar la cues-
tión de nuestra fuerte dependencia de la naturaleza, el hecho de que
todo provenga de la naturaleza...
BV: Esta dependencia exige, sin duda, una cierta modestia y esto es lo
que parece irritar a mucha gente. Además, en el mundo occidental exis-
te también una relación algo tensa, derivada de los valores judeocristia-
nos, que sugiere que la naturaleza se ha creado para servir al hombre,
que el hombre puede hacer todo lo que quiera. Esto levanta una especie
de barrera a nuestra comprensión. La división entre hombre y naturaleza
sigue existiendo, y desde muchas perspectivas parece absurda.
156
fuente de sabiduría. Al observar tu obra, se puede apreciar una constan-
te preocupación por la integración de los elementos medioambientales,
de la luz, la materia, etc. Cuando empezaste a crear tus primeras obras
medioambientales, en los años ochenta, la integración de estos elemen-
tos de la naturaleza era sin duda bastante revolucionaria, incluso cho-
cante para mucha gente.
157
Bob Verschueren. Installation II/97, 1997. Museo Atelier 340,
Bruselas, Bélgica. Cortesía del artista.
La siguiente experiencia que influyó en la dirección que tomé fue una vez
pelando una naranja. Me fijé en la monda que estaba a punto de tirar a
la basura y de repente me recordó a las escamas, esas pequeñas láminas
de la epidermis que se caen de nuestra piel. Me percaté entonces de que,
sin saberlo, todos nosotros somos... sembradores que esparcimos peque-
ñas partículas de piel aquí y allá a lo largo de nuestro camino. Y la monda
159
de la naranja se asemeja a la piel, sobre todo porque está cubierta de
poros. Este elemento de la piel me fascinó de inmediato. Entonces hice
una instalación con mondas de naranja y pomelo en el Atelier 340, en
Jette, al norte de Bruselas. Lo que estaba exponiendo eran residuos, lo
cual, en cierto modo, constituye una alegoría de la muerte. La muerte es
parte inherente de la condición humana. Es imposible rehuir esta cuestión
de la muerte que todos llevamos con nosotros, que intentamos resolver y
manejar lo mejor que podemos. Desde entonces, siempre he intentado
integrar en mi obra elementos de desecho, sobre todo de alimentos.
JG: El hecho de que utilices objetos encontrados para crear obras de arte
nos lleva automáticamente a Duchamp (...). Cuando una obra está termi-
nada, ya sea en un espacio de exposiciones o en el exterior, ¿la defines
como un “objeto de contemplación” o sólo como una parte integral de un
entorno que va más allá de la obra de arte que tú has creado?
160
JG: En esa obra, el color de las hojas de los árboles prolonga una imagen de la
luz de la ventana en el entorno que queda inmediatamente fuera de la galería.
BV: Sí, y eso crea una relación con el sitio concreto. Se trata de un pará-
metro que se convirtió en un elemento esencial de mi obra.
JG: Desde 1978, llevas haciendo con arena Wind Paintings que a mí me
parecen espectaculares por su integración con la naturaleza como ele-
mento activo de la obra.
BV: Son trazos de pigmento natural que yo siembro con el viento, creando así
gradaciones tonales en el paisaje. Lo que me fascinó de este tipo de obra fue el
que no tuviera límites: es imposible medir la obra, saber cuál es el último grano
de pigmento, a dónde fue... La experiencia fue para mí aún más rica puesto que
yo había dejado de pintar porque siempre me enfrentaba a los límites de ese
“horrible” rectángulo, y persistía intentando sugerir que el tema iba más allá del
marco. Ni que decir tiene que desde el principio era una batalla perdida. A par-
tir de entonces, incluso si no se reitera en toda mi obra, intento trabajar el espa-
cio en su totalidad, en su “vastedad”, como en la instalación que realicé en la
Maison de la culture Mercier en Montreal, donde un anillo de agujas de pino
parecía desvanecerse bajo la pared. Era una ilusión, por supuesto, pero creí que
era interesante insinuar que lo que veíamos sólo era una parte de la obra, que
el resto tenía que ser reconstruido mentalmente. De esta forma, proyectamos
nuestra visión más allá del “marco” de la obra de arte o del lugar de exposición.
JG: Si volvemos al Land art inicial de los años sesenta y setenta, a las pri-
meras instalaciones inscritas en el paisaje, nos damos cuenta de que los
artistas de la época no tenían conciencia del lugar que estaban alteran-
do. Su gesto podría haber sido simplemente hacer un dibujo o una foto-
161
grafía, en lugar de desbaratar y destruir una montaña, por ejemplo... Tu
proceso sigue otro camino, sin duda debido a esa noción de lo efímero,
respetando el lugar y dejando en él una modesta huella del ser humano.
La naturaleza siempre desempeña un papel decisivo y activo en tu obra.
BV: Siempre tengo que luchar contra las ideas preconcebidas y una de
ellas se refiere al tipo de obra que yo hago, la cual, como la de Nils-Udo
o Andy Goldsworthy, no tiene nada que ver con el Land art. Mis obras son
lo contrario del Land art porque no pretenden “tomar posesión” del espa-
cio... ni dominar el paisaje...
BV: No soy especialista en historia del arte, pero estoy seguro de que los
artistas del Land art trabajaban sin ningún interés por la naturaleza, con
la excepción de Richard Long, que ha sido el enlace entre el pasado y la
actualidad, un puente entre el momento en que esta diferenciación
empezó y el momento en que se encuentra hoy.
JG: Has creado una obra de arte público para el Musée d’Erasme, que
durará lo que dure su lenta descomposición y que es bastante distinta de
la mayoría de tus proyectos.
162
BV: La obra es una prolongación de mi proceso, esta vez a partir del
tocón de un árbol, tomado aquí como un lugar de inscripción para la
vida. Está tallado, teniendo presente que un tocón de árbol siempre pre-
senta una forma desigual, y no nos recuerda un círculo, por ejemplo. Esta
forma se parece más a la zona inmediatamente alrededor de un volcán,
con sus flujos de lava y sus torrenteras. Para el Musée d’Erasme he pro-
puesto la idea de un “cráter” encima del tocón, que rezume agua. No se
refiere al fuego ni a una fuente, sino, digamos, que ... al sudor. Allí debe-
rían crecer algas y musgo.
163
Bob Verschueren. Installation XVI/02, 2002. Rosas (pétalos sobre el
suelo), lino, dolomía. Atomium, Bruselas, Bélgica. Cortesía del artista.
JG: Hoy se habla mucho de ecología y los artistas refuerzan este diálo-
go con el público y los medios de comunicación. Parece como si la natu-
raleza se estuviera convirtiendo en un meta-lenguaje...
BV: Cuando voy a algún sitio a crear una instalación, me enfrentó con un
problema inicial. Paseo por los alrededores y descubro la naturaleza. Es
entonces cuando tengo que tomar la difícil decisión de elegir. No siempre
es fácil. ¿Qué material, por ejemplo, sería el más apropiado para esta cir-
cunstancia particular? A veces, simplemente me enamoro de un material,
pero lo más normal es que me decida por un material concreto tan sólo
porque lo hay en abundancia. Siempre hay en mí una preocupación eco-
lógica (en la esfera ética, no en mi creación), y tengo cuidado de utilizar
un material que no afecte al paisaje. A continuación empiezo a recoger ese
material, podría decirse que a ciegas, porque todavía en ese momento no
sé cómo voy a utilizarlo... Luego descubro lentamente algunas posibles
direcciones que podría tomar la obra, a menudo determinadas por el pro-
pio material. Cada experiencia es, por tanto, única y siempre diferente.
165
Por poner un ejemplo de mi proceso: durante una intervención que rea-
licé en Hungría me fijé en un arbusto de largas agujas y pensé que sería
un gran reto trabajar con una planta de aspecto tan amenazador. Ya vería
cómo podía domarla. Algunas personas que me iban a ayudar a cortar las
ramas me preguntaron cómo debían hacerlo. Yo les dije que lo hicieran
sencillamente, como si fueran los peluqueros de aquellos arbustos. No
quería que pensaran en la longitud de las ramas, sino que respetaran la
forma del arbusto.
166
tallos más curvados, empezando por los más cortos y acabando por los
más largos. El resultado me recordó una ola, y eso no estaba previsto. De
hecho, lo que yo intentaba era encontrar una lógica que me permitiera
expresar lo que aquella planta encarnaba, y para mí supuso un gran rega-
lo conseguir una configuración que se ajustara a la vida de la propia
planta, que, en última instancia, presenta un aspecto similar al del agua.
JG: Lo cual explica que en el arte uno debe avanzar, a veces a ciegas,
confiando en que conseguirá un resultado. Cuando un artista tiene una
idea o proyecto, debe poner el proceso en marcha, convencido de que los
elementos al final encajarán.
BV: Sin duda, uno debe estar abierto a las cosas. A menudo me he
encontrado con alumnos que habían tomado una dirección y acabaron
en un camino totalmente imprevisto. Suelen considerarlo un problema
porque creen que no son ellos los que han creado la obra, ¡que se ha cre-
ado sola! Este es un punto de vista absurdo, porque si no hubieran hecho
167
ese intento, nunca habrían llegado a este punto y la obra no existiría.
Incluso si el resultado es muy diferente de lo que estaba inicialmente
previsto, es algo que les pertenece, que es completamente suyo. Pero a la
mayoría de ellos siempre le resulta difícil aceptar lo que se les escapa, lo
que no decidieron por sí mismos.
JG: Por otro lado, algunas personas piensan que es naif creer que el arte
está ligado a la sociedad.
168
9. Nils-Udo.
Visión de la naturaleza
Activo en el campo del arte medioambiental desde los años sesenta,
Nils-Udo crea estructuras y trabaja en el paisaje empleando un tamaño
apropiado al mismo y montando materiales naturales. De esta forma, se
establecen vínculos entre la horticultura y el arte, pero con una sensi-
bilidad básica hacia la historia del paisaje y la tierra. El planteamiento
de Nils-Udo es tangible y a menudo extemporáneo y crea un contra-
punto visual entre diversos elementos orgánicos e inorgánicos. Las plan-
taciones de Nils-Udo, específicas para cada lugar y con un enfoque
integrador, constituyeron una gran innovación en el arte contemporá-
neo. Los árboles, plantas y materiales que ha utilizado en obras tales
como To Gustav Mahler (A Gustav Mahler) (1973), Birch Tree Planting
(Plantación de abedules) (1975) y Spruce Tree Planting (Plantación de
píceas) (1976) se mezclan con la naturaleza utilizando elementos natu-
rales vivos in situ. Las estructuras (tanto ocultas como visibles) también
desempeñan su papel. Romantic Landscape (Paisaje romántico) (1992),
una instalación permanente en los terrenos del Forum del Arte
Internacional Ludwig en Aachen, Alemania, todo un “paisaje natural”,
reposa sobre una plataforma artificial, pero así y todo la utilizan los
171
niños que frecuentan el lugar. En Nueva Delhi (India), Nils-Udo presen-
tó guirnaldas de caléndulas que fluyen en largas líneas como cortinas
para cubrir una antigua estructura de arcos que evoca un sentido de lo
sagrado. For The Blue Flower: Landscape for Heinrich von Ofterdingen
(Para la flor azul: paisaje para Heinrich von Ofterdingen) (1993-1996),
un monte de arena en forma de cráter cerca de Munich, presenta una
puerta cerrada que contiene un estanque, y unas 10.000 flores silvestres
azules plantadas en un nuevo ecosistema. De este modo, el interés de
Nils-Udo por las plantaciones se funde con una estructura de tierra eri-
gida. En 1994, en el Chateau de Làas, cerca de Pau (Francia), el artista
creó una espiral viva compuesta por varias especies de maíz para cele-
brar el quinto centenario de la introducción del maíz en Europa proce-
dente de América. En el centro se construyó una torre octogonal en cuya
cúspide crecen especies originales sin mezcla del maíz de los mayas. En
el Jardin des Plantes de París (Francia), creó hace poco una obra similar
a un cuento de hadas que aúna su interés por las estructuras de tierra
y los elementos plantados.
172
N-U: Yo no conocía a ningún artista cuyo tema fuera la naturaleza
viva en un sentido tan global y fundamental, incluyendo todos los
fenómenos naturales a los que los humanos son receptivos. Tampoco
la obra minimalista de Richard Long tenía este planteamiento. Y
mucho menos, las obras del Land art americano, cuyos creadores solí-
an mostrarse bastante indiferentes a la vitalidad consustancial de la
naturaleza.
N-U: Las obras que creé en París en los años sesenta utilizando plantas
vivas y materiales naturales marcaron mis primeros pasos en el aleja-
miento de la pintura en paneles y del trabajo en estudio. Cuando me tras-
ladé de París a Bavaria y percibí el peligro que corría la naturaleza, su
creciente destrucción, experimenté un profundo cambio de conciencia. Al
formar parte de la naturaleza, al estar incorporado a la misma y vivir en
ella, me pareció que actuar conforme a sus leyes era algo obvio y nece-
sario para sobrevivir. Conservar el carácter original de la naturaleza, su
condición indemne, era como conservar el aire que respiraba, la base de
mi existencia. Cualquier intromisión humana no podía traer sino des-
trucción y extinción. Cada nuevo trozo de naturaleza destruida que
encontraba me llevaba al borde de la desesperación.
173
Nils-Udo. Habitat, 2000. Jardin des Champs Elysées, París.
Cortesía del artista.
A su vez, fui adquiriendo nuevos conocimientos con cada obra que rea-
lizaba. Avancé más y más, penetrando más profundamente: era como si
estuviera siguiendo una llamada, cuando, por ejemplo, andaba a rastras
por el curso de un arroyo, sin parar, una y otra vez, más y más. ¿Hacia
dónde? Anhelando.
175
la naturaleza se convirtió a su vez en la esfera del arte en la que yo
mismo me inscribía.
176
Si hace falta, también pueden ser materiales no naturales como el hor-
migón armado. Normalmente, se sitúan en espacios urbanos y su ten-
sión deriva de las confrontaciones de la arquitectura austera con las
plantaciones naturales. El proceso de trabajo es bastante similar al de
un arquitecto. Yo tomo medidas, hago planos y doy forma a los mode-
los, y, por lo general, encargo a empresas de construcción o de jardi-
nería la ejecución.
177
roca errática rodeada de flores y arbustos en flor; un puente para cruzar
a pie un arroyo, una rueda de molino...
178
N-U: Es cierto que aquellas obras que he diseñado para zonas urbanas
han sido hasta la fecha considerablemente menos conocidas y aprecia-
das que las que he realizado en el ámbito de la naturaleza. Ello se debe,
sin duda, a que en conjunto existen muchas menos obras de este tipo y
a que son más difíciles de llevar a exposiciones. Y también es verdad que
a la gente siempre le impresiona de entrada el carácter efímero de las
obras realizadas en el ámbito de la naturaleza.
1
Revista Art & Design. "Art and the Natural Environment", 1994, p. 59.
179
arte. ¿Para qué trabajamos, si no es para el hombre, para la sociedad? A
pesar del lúcido pesimismo, debemos tener esperanza para vivir. Lo que
cuenta para mí es que mis acciones, igual que Utopía, fusionen vida y arte.
N-U: Maize Project (Proyecto del maíz) fue una obra que realicé por
encargo en Francia con ocasión del quinto centenario de la primera cose-
cha de maíz en Europa. En cierto modo, era “arte aplicado”. Sin embargo,
constituía un reto. Una especie de espiral a intervalos a través de la his-
toria de ese cultivo. Una plantación compuesta de quince variedades de
maíz, entre ellas el maíz original procedente de México. El público, al que
evidentemente se le había informado de la intención del proyecto, reac-
cionó de un modo muy positivo y mostró gran interés. Le gustó la com-
paración de las distintas variedades de maíz. Por supuesto, el lado
ecológicamente cuestionable del cultivo del maíz estuvo omnipresente:
las enormes cantidades de fertilizantes y pesticidas artificiales.
JG: ¿Puedes contarme algo de la obra que realizaste para el Jardin des
Plantes en París?
180
Nils-Udo. Water House, 1982. Wattenmeer, Cuxhaven.
Cortesía del artista.
182
Esta instalación permanente en el exterior presenta como pieza central
una colosal piedra rodeada de enormes troncos de abeto, que sirven de
soportes verticales y horizontales interconectados.
183
JG: Y, sin embargo, el arte medioambiental sigue estando marginado,
apartado de la corriente principal del arte contemporáneo. Ningún
museo principal de Norteamérica o de Europa ha celebrado todavía una
exposición importante de arte medioambiental.
N-U: ¿Por qué iba a estar la gente de los museos en una posición dife-
rente a la de la sociedad en general? El conocimiento y, por tanto, el inte-
rés y la afinidad por la naturaleza se han perdido. Aquello que ya no
influye en la realidad de la vida no puede encontrar expresión en el arte
ni en los museos.
184
10. Mario Reis.
Las obras de los ríos
La naturaleza y el arte no se encuentran segregados tan esencialmente y
la vida tiene prioridad sobre el arte cuando el artista alemán Mario Reis
realiza las “acuarelas de la naturaleza”. Lo hace colocando telas enmar-
cadas en madera y permitiendo que el sedimento mineral y vegetal y el
color se acumulen en su superficie. El agua es el pincel que mueve y des-
plaza el sedimento y el color sobre estas obras de arte. Reis extrae estas
configuraciones formadas por limo, arena y sedimento de ríos de toda
Norteamérica, en lugares tan variados como el Yukón, Idaho, Ohio, New
Hampshire, Nevada, Michigan, Columbia Británica, Alaska, Wyoming o
Kansas. Reis crea también estas obras en México, Europa, África y Japón
y las expone en muchos lugares. Para él, cada obra es tan original y des-
concertante en su variedad de tonos, sombras y texturas como cualquier
obra de arte a la antigua usanza; y también supone un reto mucho
mayor. En Colorado, las escorias de la mina arrastradas por un riachuelo
de montaña dan al lienzo un tono de mineral de hierro oxidado, mientras
que la cuenca de arcilla del Río Rojo de Oklahoma produce un color
encarnado. En su conjunto, las obras de Reis constituyen un poderoso
reflejo de la diversidad natural.
187
JG: Tu forma de trabajar con la naturaleza es muy particular, casi cien-
tífica. Viajando por Europa, Norteamérica, África y otros lugares, escoges
lugares específicos de los ríos siguiendo una ruta programada. El méto-
do es sencillo: una vez allí, colocas en el agua bastidores que sujetan un
lienzo de algodón y la naturaleza hace el resto. Los resultados son infi-
nitamente variables y revelan los dibujos, colores, texturas y residuos de
cada sitio en microcosmos. Las acuarelas de la naturaleza transmiten
algo de la micro-ecología específica del lugar. Consideradas en su con-
junto, tus obras, que han sido realizadas en numerosos sitios, se convier-
ten en un estudio microcósmico de los ríos del mundo, aunque cada una
sea muy específica. ¿Qué efecto producen estas obras cuando se expo-
nen en galerías? ¿Cuál es la respuesta?
188
sobre el resultado de una pintura es limitado. Una vez que he instalado
la pieza, la dejo sola, y entonces el río trabaja sobre ella. De este modo,
recibe la influencia de todos los cambios naturales que se producen.
Puede ser la lluvia o la nieve, el aumento o el descenso del caudal o ani-
males que pasen y dejen su huella. Ocurra lo que ocurra, es una expre-
sión de la naturaleza con su propia voz. Cada río tiene un carácter propio.
Algunos pintan de una manera realmente fuerte, otros lo hacen con más
suavidad. Así, cada pintura, influida por mi interacción con el río, es una
especie de autorretrato de ese río.
189
Mario Reis. Red Canyon Creek, 2001. Montana.
© Mario Reis. Cortesía del artista.
JG: Jackson Pollock solía decir que podía controlar el modo en que
dejaba caer gotas de pintura en un cuadro. Tus Nature Watercolors
(Acuarelas de la naturaleza) parecen una declaración contra la volun-
tad del artista modernista de controlar el proceso de su creatividad. No
están segregadas de los procesos de la naturaleza como lo están
muchas obras post-modernas. Una vez comentaste que no eras ni un
pintor tradicional de paisajes ni un postmodernista. ¿Qué querías
decir?
191
MR: Mark Rothko es un excelente artista. Yo verdaderamente admiro su
obra. Su desaparición fue una lástima y sería interesante ver cómo res-
pondía a esa pregunta. De hecho, la idea de una exposición que reúna sus
obras y las mías resulta muy sugerente.
JG: El viaje, el nomadismo y las visitas a los lugares, todo esto debe sen-
sibilizarte acerca de la geografía local, de los puntos de referencia y del
carácter biológico específico de la tierra. ¿Forma el viaje parte de tu pro-
ceso artístico?
192
de espacio sin límites, lleno de luz y de sombras, transiciones flotantes,
perspectivas inusitadas y movimientos palpitantes. Mis campos de color
cambian por completo cada vez que se miran. Cada espectador, incluido
yo mismo, puede percibirlos de una manera distinta. Para algunas perso-
nas mis obras son zen, para otras son una aventura. Cautivan al ojo aler-
ta e invitan al espectador a un viaje a través del tiempo y el espacio.
Desde luego, esto no ocurre por accidente. Es el resultado de las compo-
siciones que creo durante el proceso artístico.
JG: El agua limpia es un recurso cada vez más escaso. Tú has creado
obras en algunos de los ríos más contaminados de la Tierra como el Rhin,
y también en ríos prístinos, prácticamente intactos, de Alaska y el Yukón.
En algunas de las obras hay restos de la intervención humana, de conta-
minantes, igual que en otras hay huellas de la naturaleza. ¿Seleccionas
los sitios de una manera consciente o aleatoria?
193
serían los peces muertos y la vegetación aniquilada. Pero los microorga-
nismos destruidos sólo pueden detectarse con la ayuda de microscopios
y otras pruebas. Evidentemente, si alguien vierte aceite en un río, se
vería, y el lienzo lo captaría. Pero la mayor parte de la contaminación es
invisible, sobre todo para el ojo que no está acostumbrado a reconocer-
la. Por tanto, mis obras lo que suelen mostrar con más frecuencia son las
huellas de la naturaleza.
Cuando empecé a hacer las pinturas de los ríos allá por 1977, las pre-
ocupaciones medioambientales empezaban lentamente a surgir. El
Partido Verde ni siquiera se había fundado. Para ser sincero: mis moti-
vos en aquella etapa no tenían nada que ver con las cuestiones medio-
ambientales. Simplemente estaba fascinado por los fenómenos
fugaces, por las fuerzas naturales, e intentaba encontrar una nueva
expresión que implicara pintar ríos. Tenía que ser una expresión que
mostrara lo que realmente ocurre en un río y lo que convierte a cada
río en único. Quería llevar al cuadro lo auténtico. Con el tiempo, mis
pinturas de los ríos han ido adquiriendo una repercusión diferente por-
que ahora casi todo el mundo es consciente del desolador estado de la
naturaleza. La naturaleza prístina se ha convertido en un tesoro, igual
que el agua limpia. No se puede negar que mi arte pone de manifiesto
el estado de la naturaleza, pero yo no lo considero un “dedo índice que
señala” a la gente y le dice: “¡Fíjate. Esto está contaminado. Nuestra
naturaleza y, por tanto, la base de nuestra vida está en peligro, así que
ten cuidado y pórtate bien!”. Las cosas no funcionan así. Más bien fun-
cionan casi al contrario. La gente se preocupa de las cosas que aprecia
y quiere. Si a través de su belleza y su significado, mis obras son capa-
ces de sensibilizar a la gente y hacerles apreciar y amar más la natura-
leza, sería un resultado fantástico.
194
Sin embargo, yo no me atrevería a decir que mediante el arte uno
puede hacer que las personas cambien de actitud atacándolas. Las
leyes posiblemente puedan conseguirlo. Yo, por mi parte, tengo una
gran preocupación por el medio ambiente, pero eso nunca sería un
motivo para elegir un río concreto. Yo tengo que enamorarme de un
determinado lugar, de un determinado río o de un determinado color
para convertir a ese río en mi compañero de acción. Yo no busco nom-
bres ni lugares de moda. A menudo me informo, si es posible, de los
sitios en que pueden encontrarse características especiales derivadas
de particularidades geológicas, pero con frecuencia elijo los lugares de
los ríos aleatoriamente. Voy conduciendo o caminando y, de pronto, ahí
está: el lugar perfecto para trabajar.
195
MR: Eso es cierto, pero sólo hasta cierto punto. Yo no influiré ni puedo
influir en la huella de los materiales, en los pigmentos naturales ni en su
aspecto concreto, “duro o blando”. Lo crucial es reunirlos en parrillas.
Agruparlos conlleva mucha expresión personal. Las composiciones proce-
den de mis sentimientos más profundos, de mis experiencias personales
y del manejo de un material autónomo.
196
Mario Reis. Gray Copper Creek, 2001. Vista de la instalación. Colorado.
© Mario Reis. Cortesía del artista.
198
decir, del sedimento que se acumula en la tela, tiene muchos miles de
años. Mirando las obras, podemos ver el pasado lejano. Pero, aparte de
todo eso, mis obras pueden apreciarse sin que se conozca en absoluto el
proceso de creación. Se valen por sí mismas.
El público que sigue mi arte va más allá del público tradicional del arte.
A muchas personas del ámbito científico, como biólogos, geólogos,
hidrólogos, microbiólogos o educadores, les interesa mi obra. También a
mucha gente que nunca ha estado en un museo de arte contemporáneo.
Los conozco cuando estoy trabajando en el exterior: agricultores, gran-
jeros, pescadores, buscadores de oro, etc. Captan la idea de las obras
inmediatamente. He tenido muchas conversaciones estimulantes con
estas personas.
JG: Los primeros artistas del Land art, como Robert Smithson, cuyas
obras se imponían al paisaje, parecían concebir la naturaleza como una
ficción en la que el artista dejaba su huella. ¿Cuál es tu opinión?
199
JG: La tecnología de pantalla, la televisión, la cultura de los medios de
comunicación, la llamada realidad virtual, nos transmiten inadvertida-
mente la idea de que la realidad viva es secundaria a la imagen. Tus obras
transmiten un mensaje diferente: que lo que está ahí fuera es de verdad
hermoso y tiene su propia forma, diseño y proceso de sedimentación, y
que todo lo hace naturalmente. ¿Le corresponde al artista desempeñar un
papel que suponga orientarnos hacia una comprensión más ética del
funcionamiento de la naturaleza y de lo importante que es para la super-
vivencia futura de nuestros hijos en este planeta?
MR: Sólo puedo hablar por mí. Yo no veo mi papel de un modo tan defi-
nido. Mis obras no transmiten el mensaje que tú has descrito, y si a la
gente le llega ese mensaje, es un resultado positivo. La vida tangible es
lo auténtico. Por supuesto, no se puede negar que las nuevas tecnologí-
as, como internet, abren vías y formas de comunicación novedosas.
Internet es capaz de conectar a gente de todo el mundo. Pero la comu-
nicación cara a cara es esencial para la vida humana. Implica experien-
cias vívidas como la alegría, la confianza y el compartir. La cuestión de
la confianza es crucial. La mayor parte de nuestra vida se basa en la con-
fianza y yo no me atrevería a decir que la virtualidad puede transmitir-
nos confianza y fiabilidad. Por tanto, en cierto sentido, los nuevos medios
de comunicación están desconectando a la gente a la vez que la conec-
tan. Y eso podría valer también para las artes.
200
papel principal del artista sea hacer de maestro de ética. Me opongo fir-
memente a cualquier orientación que sea exclusiva. En lo que a mí res-
pecta, si el artista tiene un papel, ése es abrir las mentes de las personas,
sensibilizarlas, aportarles nuevas experiencias que enriquezcan sus vidas
y también las nuestras.
1
Ovidio, Metamorphosen, Stuttgart, Alemania; Reclam, p. 195.
201
11. Bill Vazan.
Sombras cosmológicas
Impresos físicamente en las superficies de América del Norte y del Sur,
Europa, África y Asia, a lo largo de los últimos treinta años, los proyec-
tos de Land art de Bill Vazan tuvieron su origen en las tendencias artís-
ticas conceptual y minimalista de los años sesenta. Muchos de estos
proyectos de Bill Vazan de los años sesenta y setenta fueron efímeros y
sólo sobrevivieron en documentos: fotografías, libros, catálogos, pelícu-
las y vídeos. Entre sus primeras obras se encuentran Worldline Project
(Proyecto de la línea mundial) y Canada in Parentheses (Canadá entre
paréntesis). Esta última se realizó simultáneamente en las dos costas de
Canadá en colaboración con Ian Wallace en agosto de 1969. Cada artis-
ta creó una forma de media luna, Wallace en la costa oeste, en Spanish
Banks de Vancouver (Columbia Británica), y Bill Vazan en la costa este,
en Paul’s Bluff en la Isla del Príncipe Eduardo. El paralelismo entre el
enfoque de la superficie terrestre efímero aunque conceptual, propio del
Land art, y las parrillas conceptuales y la identificación de las formas
geológicas que figuran en los mapas quedó patente en las secuencias de
fotos de esa iniciativa de Land art. El Worldline Project (1971) trazó líne-
as imaginarias que entrecruzaban el globo. Se colocaron cintas adhesi-
205
vas simultánemente en 25 lugares de 18 países uniendo los respectivos
puntos latitudinales y longitudinales de cada lugar con los del resto
como si se tratara de líneas imaginarias. Como representación o aconte-
cimiento, Worldline puso de manifiesto lo desconectados de la vida real
que están los patrones de medida “objetivos”, que racionalizan y separan
la cultura humana de la naturaleza, cuantificando el medio ambiente
global.
Uno de los principales temas de interés de Bill Vazan son los modelos
cosmológicos y la forma en que todas las culturas se adhieren a sistemas
que les permiten racionalizar el universo en que vivimos. El aspecto físi-
co de cada lugar, su geología (y la historia humana que ha acontecido en
él), desempeña un importante papel en el Land art de Vazan. Al circuns-
206
cribir cada lugar y emplazarlo en nuestra imaginación, recreando formas
de la tierra casi mitológicas y esculturas talladas en la piedra (cuyas mar-
cas grabadas parecen aztecas, mayas o celtas, pero son en realidad cre-
aciones propias), Bill Vazan nos hace tomar conciencia de la
especificidad geológica de un lugar y, de este modo, nos ayuda a reco-
nocer aspectos de lo universal y cosmológico. Nacido en Toronto en
1933, Bill Vazan vive en la actualidad en Montreal y es uno de los escul-
tores más conocidos y más sólidos de Canadá. Sus obras figuran en
numerosas colecciones destacadas, entre ellas las de Art Gallery of
Canada, McMichael Collection, Art Gallery of Peterborough, Art Gallery
of Ontario, y Musée d’art contemporain de Montréal.
BV: No. Yo nunca había tenido ninguna experiencia en galerías, así que
no fue una reacción a nada, sino algo que me interesaba. Yo no estaba
en el entorno artístico y volví a él desde otra perspectiva. Mi sistema, mis
entrañas, mis intestinos me decían que mi trabajo tenía que ser el de
artista. Había caído enfermo de colitis ulcerosa y empecé a hacer arte de
nuevo mientras me restablecía en el hospital. Tenía dos vidas: mi arte y
mi vida normal. Eso me permitió estar mucho más abierto a muchas
cosas. Ir a la zona de las cabañas del norte y ordenar piedras, jugar con
los niveles de la marea o intentar mezclar hormigón y piedra en una
masa no era una gran aberración. Era divertido.
207
Maze (Laberinto del camino de nieve) (1973-74); luego hiciste dibujos de
líneas con cal en Toronto y la ciudad de Quebec. Estas obras eran efíme-
ras. ¿Ves una contradicción entre estas obras efímeras y tus más recien-
tes montajes (assemblages) de piedra en el paisaje?
208
Bill Vazan. Predateur, 1996.
Granito grabado. 1,82 m.
Situado en Ilot Fleurie,
Ciudad de Quebec.
Cortesía del artista.
JG: Outlikan Meskina es una recreación de Land art en roca de las grie-
tas del hueso del hombro de un caribú, la forma tradicional en que los
chamanes leían los mejores lugares para cazar el caribú en el norte. En
música, existe un renacer celta, también del arte aborigen australiano o
en el arte vudú de Haití. Este arte tenía en un principio una función espi-
ritual o ritual para su sociedad y ahora lo hacen para exponerlo en muse-
os. ¿Sigue habiendo de verdad una cultura indígena en su contexto
original? ¿Estamos en gran medida recreando motivos religiosos, arcai-
cos o incluso modernos en el arte?
210
BV: Cuando has vivido bastante tiempo acabas dándote cuenta de que
todo es igual. Simplemente viene en un envoltorio diferente. Supongo que
lo que le confiere valor es la forma en que es reestructurado y reformado
de un modo contemporáneo. Cuando cojo una piedra del suelo, es como
traerme la tierra en forma reducida. Yo conservo la pátina (para mantener
su historia natural) y creo una obra en miniatura sobre esa piedra.
JG: ¿Son los dibujos preparativos para obras de mayor tamaño? ¿Puedes
contarme algo de la relación entre tus dibujos y tus obras de arte de la
tierra? No quiero llamarlo Land art. Llamémoslo investigación de la tierra.
BV: Sí. Aquella gente de la Edad del Hierro hacía estos dibujos en su tierra.
Se trataba de cavar en la hierba para dejar a la vista la masa de pizarra blan-
ca. Así que lo que hay es blanco sobre verde. Eso puede verse en la obra
Ghostings (Encantamientos) (1979) que hice cerca de la zona junto al lago,
en el lugar que ocupaba el viejo estadio de béisbol en Toronto. Era una espe-
cie de dibujo bidimensional con blanco sobre verde. Los trazos de cal corres-
pondían a las casas alargadas de los nativos y a las empalizadas circulares
alrededor de los pueblos tribales, en concreto de la tribu Neutral, al sur de
211
Ontario. Incluí líneas rectas que sugerían la dirección de las raspaduras gla-
ciales de la última glaciación. Esas líneas se basaban en verdaderas líneas
raspadas en el lecho de la roca encontradas durante las primeras excava-
ciones que se realizaron para construir el metro de Toronto. Aquellas raspa-
duras tenían una longitud inferior a un pie (30 cm); yo las alargué cientos
de pies con cal del tipo que se utiliza en los estadios deportivos.
212
hoy. Sigue habiendo una especie de tensión cultural continua entre lo
inglés y lo francés. La “presencia” es la del artista; la “presión” es la libe-
ración derivada del temblor de la tierra y, en tercer lugar, la diana, es una
indicador de nuestra historia cultural, en realidad una historia bicultural:
inglesa y francesa.
JG: En L’Ilot Fleurie, en St. Roch, Bas Ville (Quebec), un lugar reclamado
por la comunidad local que es en la actualidad un espacio para proyec-
tos de esculturas en curso, grabaste en 1996 una escultura que atrajo
mucha atención. ¿A qué se debe el título de Predateur (Predador)?
213
BV: Creo que abordo cuestiones más profundas, más que hablar de
riqueza y de representar el paisaje. A una reciente exposición en el
Musée du Quebec le puse el título de Cosmological Shadows (Sombras
cosmológicas) (2001) porque desde los tiempos prehistóricos hasta la
actualidad, a pesar de haber intentado comprender cómo somos, nunca
hemos llegado al final. Sólo vemos la superficie de las cosas y ésta cam-
bia constantemente. Cuando pretendo hacer algo en la tierra sobre
aquello que ha formado parte de esa tierra, ya sea su historia cultural o
natural, utilizo el lenguaje actual, que es como un plano bidimensional,
para interpretarlo. Soy un ávido lector de Scientific American y otras
revistas de ese estilo. Lo que me fascina es que la ciencia, con todas sus
hermosas construcciones que analizan la realidad esencial, sea hipoté-
tica. La ciencia y la teoría contemporáneas nunca dan con una teoría
definitiva. Están siempre cambiando. Me gusta abordar estos modelos
científicos cuando hago formas de arte sobre la tierra y en las piedras
grabadas.
JG: Escritores como Rosalind Krauss han calificado al Land art de des-
centrado, es decir, menos basado en el objeto o menos formal que la
escultura. Quizás esté descentrado en tanto que arte formal, pero tam-
bién está integrado y tiene un fuerte sentido del lugar. Está integrado en
la vida. ¿No es eso estar más centrado?
214
JG: Tus obras fotográficas extienden y amplían nuestro sentido del tiem-
po y del espacio y han evolucionado con los años hasta convertirse en una
forma de arte totalmente independiente de tus proyectos de Land art...
JG: Antiguas civilizaciones como los Nazca y las de las Primeras Naciones
buscaban comunicarse con los dioses a través del Land art. El Dios de los
Aires, una obra que realizaste en Perú, transmite esta sensibilidad.
BV: Sí, contraté a una cuadrilla para que, con palas y barriendo, traza-
ran unas líneas claras que crearan figuras en una zona adyacente a los
auténticos lugares arqueológicos donde se encontraban estas marcas en
la tierra (la historia cultural de la zona). Creamos dos formas abstractas
de dios de los aires a partir de las imágenes de la antigua cerámica de los
Nazca. Es una especie de grabado que realizaron los primeros Nazca hace
1.500 ó 2.000 años. Investigando acerca de las marcas en la tierra de los
Nazca, descubrí que la teoría más convincente es la que sostiene que lo
más importante era la idea de conseguir agua. Esa parte de la costa
peruana es prácticamente un desierto. Sólo en las corrientes de los valles
215
Bill Vazan. Pressure/Presence, 1979. Tiza sobre hierba, diámetro de
487 metros. Obra específica para el lugar, Llanuras de Abraham,
Ciudad de Quebec. Cortesía del artista.
JG: La obra semejante a una serpiente que creaste en Sri Lanka en 1997
utiliza el ladrillo como elemento principal, pero crea una especie de
forma dibujada ontológica. Lograste dibujar con ladrillos.
BV: Fue una suerte. Cuando llegué a Colombo, el hombre que me llevó a
todos los sitios vivía de un almacén de ladrillos. Algunas de las imágenes que
vi en los templos hindúes presentaban una cobra de tres cabezas con capu-
cha, así que decidí centrarme en ese tipo de imágenes para hacer algunas
obras en aquella tierra. En estos viajes se dispone de muy poco tiempo, pero
afortunadamente mi guía tenía bastante gente en su almacén de ladrillos y
pudo echarme una mano. Por eso la obra tiene una extensión tan amplia.
217
junto de obras en curso a las que yo llamo mis World Works (Obras del
mundo). Una de las series es Antipodes (Antípodas), otra Stands (Bases)
y la tercera es Soundings (Sonidos). Soundings va a ser una gran obra
visual porque está compuesta de materiales que he ido recogiendo de la
superficie de la tierra a lo largo de los últimos cuarenta años en África,
Australia, Europa, Norteamérica y Sudamérica.
BV: No. No va a ser una figura. El tipo de exposición irá variando y evo-
lucionando. En realidad, incorpora los materiales que he recogido (nor-
malmente tierra o arena) y los suspende en un medio acrílico.
Simplemente vierto esos materiales para sacarles su color y textura
expansiva. Lo visual subraya la liquidez, lo esencial de nuestra existencia.
A veces hay un poco de dispersión porque estoy introduciendo tierra y
otros elementos diversos como las conchas. Habrá muchos materiales.
Hasta ahora llevo 151.
218
JG: No paras de explorar, innovar y buscar. ¿Sientes alguna vez que estás
intentando comunicar o expresar una fuerza trascendente superior a tra-
vés de tu arte?
219
12. Hamish Fulton.
Si no se camina, no hay obra
Desde principios de los años setenta, Hamish Fulton ha sido considerado
alternativamente escultor, fotógrafo, artista conceptual o artista de Land
art. Lo más probable es que Fulton se considere a sí mismo más bien un
“artista caminante”. A finales de la década de los sesenta, Hamish Fulton
empezó a explorar el paisaje de un modo que suponía experimentarlo
físicamente como parte del arte. Cuando era alumno de la Escuela de
arte St. Martin’s de Londres (1966-68) y cuando visitó Dakota del Sur y
Montana en 1969, Fulton desarrolló la filosofía de que el arte era “el
modo en que miras la vida”, y que no tenía nada que ver con la produc-
ción de objetos. Comenzó a dar cortos paseos y a realizar, a continuación,
obras de arte que interpretaban la experiencia de esos paseos.
223
que emanara de la experiencia de cada caminata. El acto de caminar ha
sido desde entonces esencial en la creación artística de Fulton. Él resu-
me su modo de pensar con estas sencillas palabras: “Si no se camina, no
hay obra”. A través de los textos y fotografías presentados en las exposi-
ciones de Hamish Fulton y en los libros publicados acerca de su obra,
nosotros podemos compartir íntimamente su experiencia de caminar.
HF: “EL PASEO” puede considerarse una “forma de arte”, pero a diferen-
cia de un “objeto de arte”, un paseo no puede venderse. Yo me crié en el
nordeste de Inglaterra y allí los niños siempre jugaban en la calle, llovie-
ra o hiciera sol. El tiempo que pasé en la Escuela de Arte St. Martin’s fue
a la vez positivo y experimental. En aquella época sí que hice una o dos
caminatas en colaboración con otras personas. Para mí, el aspecto más
importante de finales de los años sesenta fue la actitud. Cuando empe-
cé a exponer y a realizar paseos cortos en 1969, yo ya tenía una idea bas-
tante clara de lo que quería hacer y también de aquello con lo que quería
evitar cualquier contacto. En 1973 adquirí el compromiso de hacer: SÓLO
ARTE DERIVADO DE LA EXPERIENCIA DE CADA CAMINATA. Quería que mi
arte tratara de la experiencia real, no de situaciones ficticias ni de una
manipulación de los medios. Cuando comencé, no tenía ni idea de dónde
224
me llevaría el camino. He pasado los últimos treinta años intentando
desentrañar aquella decisión básica.
HF: A finales de los sesenta y principios de los setenta, sí que hice unas
pocas obras de arte sólo con texto. Desde los años setenta hasta los
ochenta, mis textos eran fundamentalmente descripciones de los paseos
situadas debajo de fotografías en blanco y negro. Durante los últimos
dieciséis años más o menos, ha ido creciendo mi interés por la publici-
dad: piedras en lugar de coches. Si podemos hacer anuncios de coches,
seguramente podríamos hacer anuncios de una relación espiritual con
diversas formas de vida: tiburones, lobos, coyotes, agua potable.
JG: Estos textos, ¿los sacas de la memoria, los escribes mientras caminas
o los concibes posteriormente?
225
Hamish Fulton. Winter Solstice Full Moon, The Pilgrim’s Way, 1991.
Mural de vinilo. Dimensiones variables. Cortesía del artista y de Annely
Juda Fine Art, Londres.
227
to, la lluvia, el sol. ¿Cuáles son los derechos de la naturaleza? Cuando
todo ya se ha dicho y hecho, mi actitud es meramente “simbólica”. El arte
ecológicamente beneficioso nunca puede existir por definición (viajes en
avión y contaminación del aire). Tenemos que seguir luchando, encontrar
nuevas soluciones.
228
utiliza como fertilizante. ¿Supone eso tener más conciencia ecológica
que el que publica libros y ensayos sobre buenos principios ecológicos?
No soy capaz de responder de una manera concluyente.
229
tema, en lugar de esas hermosas canciones de los pájaros a las que me
acabo de referir. Tenemos que salvar a los pájaros, por sí mismos. Tras
haber trabajado treinta años de esta forma “positiva”, ahora me siento
(al menos en teoría) capaz de considerar la posibilidad de resaltar tam-
bién lo “negativo”. Por ejemplo, un pequeño riachuelo en la ciudad, reple-
to de contaminación y latas de cerveza, está relacionado con ese río
limpio y que fluye libre en la “naturaleza virgen”. No puede decirse que
no estén relacionados. Tanto si es positiva como negativa, mi actitud
requiere lo que se llama un “esfuerzo feliz”.
JG: ¿Has hecho alguna vez obras que reflejen un paisaje habitado, como
ciudades, urbanizaciones y similares? ¿Se basan tus obras en paseos
exclusivamente en la naturaleza virgen, o te resultan también de interés
los lugares pastorales con algún tipo de intervención humana?
¿Distingues entre paisaje rural y urbano, o son la misma cosa? ¿Es posi-
ble definir el paisaje? ¿Es el paisaje un concepto anticuado, algo que
excluye la intervención humana? Los amerindios nativos, por ejemplo,
que vivían en armonía con la tierra (igual que lo hicieron una vez nues-
tros antepasados), no tenían ninguna palabra para paisaje, para natura-
leza. ¿Qué piensas?
En los años setenta, los críticos de mi arte decían que yo era un “escapis-
ta”. La gente se imaginaba a una persona solitaria y poética paseando
230
Hamish Fulton. UK Coast to Coast
Walks Map, 1971-2001.
Mural de vinilo. Dimensiones variables.
Cortesía del artista y
de Annely Juda Fine Art, Londres.
JG: Caminar es una actividad sagrada. Nos pone en contacto con noso-
tros mismos y con nuestro cuerpo y es, en general, una experiencia que
eleva el espíritu. Uno piensa, por ejemplo, en los famosos paseos del
Mahatma Ghandi por la India que fueron una manifestación espiritual.
¿Es el caminar el arte definitivo? Una caminata presenta un aspecto
cíclico. Tiene un principio y un fin, casi igual que una composición musi-
cal y con toda la infinita variabilidad de ésta. ¿Se asemejan algunos de
tus paseos a otros que realizaste en otra época? Volver a visitar un pai-
saje, ¿crea una segunda experiencia del lugar diferente de la del primer
paseo? ¿Es el paseo, el arte, un proceso que recorre un círculo completo
para volver al paseo?
232
HF: Sí, yo creo que caminar es sagrado. Es sagrado porque une la tierra, la
mente y el cuerpo. Los humanos se unen con la naturaleza al caminar. Mi
empresa consta de dos partes separadas: primero, el paseo y, segundo, las
obras de arte resultantes. Aunque los paseos pueden repetirse, los días nunca
pueden repetirse. El tiempo es como un río que fluye. En una sola dirección.
233
Andrew Russell, John Thomson, Alexander Henderson, incluso Edward
Curtis. ¿Debe la naturaleza representarse como algo prístino, como un
lugar separado de nuestra actividad humana diaria? ¿Representa la natu-
raleza, a tu juicio, un nivel de conciencia superior?
HF: El arte es esencial en una sociedad sana. Según se dice por ahí, el
arte es como el oxígeno. Da igual que digamos que el arte es profundo,
o que es una buena inversión, o que es sensual, o que es un timo, o que
es basura, porque todas esas cualidades locas e insultantes y maravillo-
sas, todas ellas, van a constituir lo que llamamos arte contemporáneo. Se
puede afirmar que países menores dedicados a la industria de los servi-
cios tienen una proporción de artistas profesionales relativamente alta.
Para mí no importa; lo importante es que los artistas se sientan libres
234
para hacer lo que les dé la gana. De hecho, el mundo es un lugar GRAN-
DE y la variedad es importante.
235
13. Egil Martin Kurdøl.
El clavo
Egil Martin Kurdøl es un artista noruego con una larga experiencia de cartó-
grafo y caminante. Trabaja en Rusia y en Escandinavia. Para su proyecto
Feste/Attach (1998-99) ideó y fundió tornillos de acero inoxidable acoplándo-
los a superficies rocosas en lugares remotos. La configuración de los tornillos
se asemejaba al paisaje circundante al lugar donde se colocaron. Como pro-
yecto de Land art, Feste/Attach atrajo la atención de diversos organismos
públicos preocupados por los efectos sobre el entorno natural. Los intercam-
bios del artista con las autoridades públicas se incluyeron en el proyecto.
Algunos elementos de la obra forman parte en la actualidad de la colección
del Museo Nacional de Arte Contemporáneo con sede en Oslo (Noruega).
239
JG: Tus intervenciones en la naturaleza son con frecuencia minimalistas,
meras huellas, como las marcas que los nativos dejaban en los árboles.
Pero, aun siendo minimalistas, integran un cierto concepto del paisaje en
la forma de los materiales fundidos y en su emplazamiento. Equivalen casi
a puestas en escena en la naturaleza. Me refiero, en particular, a Attach,
un proyecto que consistía en colocar minúsculos tornillos de hierro mol-
deados a mano en ciertos lugares de las montañas, los valles y la natura-
leza del norte de Noruega. Esta obra está muy lejos de los monumentos y
esculturas de gran tamaño que asociamos con el modernismo y el post-
modernismo. Reintegrar el arte en un contexto natural nos devuelve a
nuestros orígenes primordiales, a la época en que estábamos en armonía
con la naturaleza. Viajando por la naturaleza con tu pequeña colección de
tornillos, tú vas dejando en los lugares una marca modesta. La naturale-
za, parece decir tu obra, es la que predomina. Tú eres tan sólo un pasaje-
ro, un visitante o un nómada que atraviesa el paisaje. ¿Puedes hablarnos
de esto? ¿Cómo empezaste a interesarte por esta forma de arte?
240
infancia en los bosques profundos, jugando y explorando con mis ami-
gos. De niños cogíamos objetos de la naturaleza (piedras, plumas, capa-
razones de caracol, raíces, etc.) y nos los quedábamos. Estas actividades
crearon nuestros primeros lazos personales con la naturaleza y nuestro
primer conocimiento de la misma, y tuvieron gran importancia para el
desarrollo posterior en la vida de un respeto básico por la naturaleza.
241
Egil Martin Kurdøl. Perpetuum Immobile, 2001. Ringebo, Noruega.
Cortesía del artista.
243
JG: Las autoridades públicas pueden aplicar un doble rasero: uno para la
industria y la construcción y otro para la creación artística, en particular
en los llamados “entornos naturales”. Nuestras actividades en la natura-
leza con frecuencia parecen considerar a ésta como un elemento pasivo,
algo que simplemente está ahí, más que una fuente de sustento y de
recursos. Los paseos en barca, las motos de nieve, el rafting, todas estas
actividades implican una apreciación de la naturaleza, pero la sociedad
no va más allá de esas experiencias. Es como ver una televisión viviente.
El sentido del tiempo como un continuo no está presente. No hay senti-
do del pasado ni del presente, de la historia biológica ni de la era geoló-
gica. Quizás nuestra visión de la naturaleza ha quedado para siempre
alterada por la televisión, internet y la excesiva estimulación de los mul-
timedia. ¿Qué piensas al respecto?
EMK: Hace una semana pasé un día en un río de montaña junto con unos
jóvenes, en la misma montaña en la que se encuentra Attach. Remamos río
abajo, algunos en canoas y otros en balsas. Estos chicos pertenecían a una
subcultura de la que yo no sabía mucho. Poseían una gran habilidad para
controlar las canoas en las corrientes más difíciles y un profundo conoci-
miento del río. Tenían que colaborar con el río, participar de su ritmo, “leer”
y respetar el río, por su propia seguridad. Utilizaban equipos de alta tecno-
logía, pero no dañaban el medio ambiente. Su actitud y su interacción con
el río me mostraron otra forma de entender la naturaleza.
244
creo que esto podría constituir una sólida base para desarrollar distintos
tipos de interés por la naturaleza. La relación personal con la naturaleza
es vital para respetarla y cuidarla. Ese día que pasé en el río con esa
generación de gente más joven me hizo feliz, incluso puede que dé lugar
a un proyecto de arte algún día.
JG: ¿Crees que, al ser intervenciones, tus obras de arte respetan el pai-
saje? Ciertamente no dominan a la naturaleza, pero su centro de aten-
ción no es el diseño de la naturaleza, ni una estética de integración; son
más bien una marca, aunque minimalista y modesta, en el paisaje.
¿Buscas una esencia, algo más primordial en tus actuaciones?
EMK: Sí, yo creo que mis obras de arte respetan el paisaje en el que se
sitúan. Siempre están relacionadas con el paisaje a través de la forma y
de la idea, y nunca dañan a los animales ni el sistema ecológico. Mi pro-
pósito es investigar una situación o un aspecto del paisaje que me inte-
resa. El arte siempre ha intentado definir la relación del hombre con la
naturaleza. A través de mis actuaciones, creo que puedo atraer atención
y un mayor interés por el problema del hombre y la naturaleza.
245
pero la idea básica es dejar que el tornillo se someta al lugar y refleje
la forma del valle o de la cima de la montaña cercana. Los seres huma-
nos siempre han dejado marcas tras de sí en la naturaleza. Las trampas
de caza, los grabados en las rocas o las señales hechas en los lugares
que se han habitado o por los que se ha pasado son ejemplos de las
huellas dejadas por nuestros antepasados. Son huellas que ahora valo-
ramos y conservamos y que consideramos importantes. Pertenecen a la
naturaleza y son, en muchos sentidos, un vínculo que nos acerca a ella
y a nuestro pasado. En concreto, por ejemplo, los cazadores actuales
han aprendido los movimientos de las presas estudiando las viejas
trampas.
246
JG: La gente que habita en las ciudades tiene una noción más románti-
ca de la naturaleza y de la tierra virgen que la gente que vive en éstas.
La idea de no tocar la naturaleza es bastante sofisticada y contemporá-
nea. Nuestros antepasados, por ejemplo, siempre dejaron marcas y la
interacción con la naturaleza constituía una necesidad, tanto como una
elección. Basta con pensar en pinturas prehistóricas como las de
Altamira. Allí pueden verse no sólo animales, sino también imágenes sim-
bólicas y objetivadas de formas de bóvedas, de panales y casi de geome-
trías. Después de que un corrimiento de tierras que se produjo alrededor
de 1870 dejara el lugar a la vista, Marcelino de Sautuola lo exploró. Fue
su hija la que descubrió las pinturas mientras su padre buscaba curiosi-
dades cerca de la entrada de la cueva. Volvió corriendo de los pasillos
oscuros de la cueva gritando: “¡Toros, toros!”. En las ciudades de nuestros
días, como Los Ángeles, el graffiti se ha convertido en una marca distin-
tiva de muchas bandas. Al igual que nuestros antepasados, dejan su hue-
lla para delimitar su territorio y también a modo de manifestación
cultural. ¿Son tus marcas en el paisaje una respuesta a este deseo de
identificarte con tu experiencia de un lugar?
JG: Tal vez en el futuro la gente ya no sabrá por qué pusiste esos torni-
llos en el paisaje. Harán preguntas que pueden no ser fáciles de contes-
tar. Estás creando una especie de arqueología instantánea del futuro...
247
EMK: El aspecto más importante de Attach es dejar una huella signifi-
cativa, que se vea claramente que pertenece a nuestra época, puesta allí
con una finalidad clara, y que perdure en el futuro mucho después de que
yo me haya ido.
248
Egil Martin Kurdøl. Fra Vismunda, 1985. Montañas Faaberg, Noruega.
Cortesía del artista.
250
JG: Has mencionado que nuestro sentido del tiempo está cambiando en
el mundo actual. Valoramos mucho los monumentos y obras de arte anti-
guos, pero descuidamos las huellas que nuestra propia sociedad va dejan-
do tras de sí. Es como si viviéramos en un mundo de usar y tirar en el que
la permanencia y la permacultura no tuvieran importancia alguna.
Nuestra relación con la naturaleza es compleja; intentamos protegerla de
la humanidad mientras que, a la vez, la propia humanidad está menosca-
bando los lugares naturales virginales en todo el mundo a un ritmo cada
vez más rápido. No parece que hayamos resuelto la cuestión de cómo
diseñar materiales o espacios para vivir ni la de utilizar la energía de un
modo tal que esté en armonía con la naturaleza. ¿Cuál es la percepción
escandinava de la relación de la humanidad con la naturaleza? ¿Es una
atracción turística, un lugar para que uno mismo se recomponga y se
regenere, o simplemente un concepto romántico y trasnochado que no
tiene nada que ver con la realidad del mundo en que vivimos?
Perpetuum Immobile – The Construction that Keep the World from Falling
Apart es una obra muy concreta y puede considerarse, con un poco de
humor y fantasía, como algo que mantiene al mundo en su lugar.
251
Perpetuum Mobile es nuestra idea de una máquina imposible que fun-
ciona eternamente sin energía. Perpetuum Immobile es lo contrario: la
idea de la inmovilidad continua. La construcción, a primera vista, pare-
cerá bastante absurda. Permanece quieta y “funciona” sin conseguir nada
en absoluto, como si uno se elevara a sí mismo tirando del propio pelo.
252
14. Betty Beaumont.
Un catalizador de
cultura y naturaleza
El proyecto Ocean Landmark (Punto de referencia en el océano) de Betty
Beaumont, una actuación interdisciplinaria, creó una obra de arte público
que la mayoría de la gente nunca tendrá oportunidad de ver puesto que se
encuentra en el océano Atlántico. Elaborada mediante un proceso de reci-
claje de cenizas de carbón cerca de la costa de Nueva York, se trata de un
tipo de arte público que cambia el mundo en que vivimos, sobre todo al
transformar la ecología de los hábitats de peces próximos a Fire Island.
Desde su inicio, el hábitat ha hecho posible el desarrollo de peces y vege-
tación en una zona del fondo oceánico que antes carecía de vida. El pro-
yecto cibernético de Beaumont llamado Decompression (Descompresión)
permitirá al público experimentar Ocean Landmark mediante el uso de
diversas tecnologías. Entre las intervenciones anteriores de Beaumont pue-
den citarse Teddy Bear Island (La isla de Teddy Bear), River Walk (Paseo del
río) y Toxic Imaging (Imágenes tóxicas). Todas ellas ponen de manifiesto su
profundo interés por lo ecológico y lo político, así como su habilidad para
integrar las preocupaciones políticas en la transformación activa y la mejo-
ra de los hábitats y entornos naturales. Más recientemente, la educación
ha empezado a desempeñar un papel cada vez mayor en su arte.
255
JG: El arte puede a menudo separarse del discurrir de la vida y de los
auténticos entornos naturales vivos. La creación humana se sitúa en un
plano superior al de los procesos ontológicos naturales del nacimiento, la
vida, la decadencia, la muerte y el renacer...
BB: A finales de los años setenta, yo quería llevar a cabo un proyecto que
combinara la metáfora con la crianza submarina de seres vivos. El resul-
tado fue Ocean Landmark, que existe bajo el agua y está formado por
500 toneladas de residuos de carbón tratados, un potencial contaminan-
te transformado en un nuevo ecosistema productivo en el Atlántico,
cerca de Fire Island. Fue en aquella primera escasez de petróleo provo-
cada por la OPEC cuando me empecé a interesar por la energía. Me pre-
ocupaban las consecuencias de convertir al uso del carbón las plantas de
256
energía hasta entonces a base de petróleo. Hoy más del 50% de nuestra
electricidad procede del carbón. El carbón es un combustible fósil: restos
transformados de plantas que han estado bajo tierra a elevadas tempe-
raturas y a gran presión durante millones de años. Se extrae, se quema
en un momento y sus cenizas se tiran.
257
millas del puerto de la ciudad de Nueva York. Lo escogimos por su proxi-
midad a la costa y su potencial para la pesca. Se fabricaron y trasladaron
al lugar 17.000 bloques o ladrillos hechos con cenizas volantes de carbón.
Ocean Landmark empezó a cambiar cuando se instaló en la plataforma
continental. Desde entonces se ha convertido en un ecosistema marino flo-
reciente que sigue evolucionando. La obra está clasificada como “Refugio
de peces” en el Estudio de la NOAA (Administración Oceanográfica y
Atmosférica Nacional) para la carta de navegación de la costa del puerto
de Nueva York. Ocean Landmark es una obra de arte hecha realidad que
propone una nueva industria que utilice residuos de carbón reciclados con
potencial para revitalizar la industria pesquera de la costa.
258
dinámicas. Al igual que Ocean Landmark es un ecosistema floreciente,
Decompression se convertirá en Living Laboratory, un sistema de infor-
mación próspero en el ciberespacio. Basado en el modelo de los entornos
virtuales, donde la percepción y la posición espacial del usuario afectan
a su experiencia del espacio, Living Laboratory será un espacio de arte
que cambiara dinámicamente, con una arquitectura que combine imáge-
nes tratadas tecnológicamente y diversas muestras de percepción virtual.
Ocean Landmark, un modelo de equilibrio ecológico en el invisible mundo
submarino, es un proyecto interdisciplinario hecho realidad que durante
dos décadas sólo había existido en la imaginación. Al lograr que se pueda
visualizar el reino invisible de Ocean Landmark, Living Laboratory aclara-
rá y desarrollará modelos de percepción virtual de diferentes formas de
experimentar la información en un contexto contemporáneo.
259
Betty Beaumont. Ocean Landmark (detalle), 1978-80. Combinación
de diversos materiales - 500 toneladas de residuos de carbón
tratados (17.000 bloques de cenizas volantes de carbón) depositados
en el fondo del océano Atlántico cerca de Fire Island a 40 millas del
puerto de Nueva York. Cortesía de la artista.
Betty Beaumont.
Ocean Landmark, (maqueta), 1980.
Combinación de diversos materiales.
Cortesía de la artista.
la industria pesquera de bajura. Además de reunir a los estudiosos y a los
activistas del medio ambiente, esta obra del ciberespacio supone también
una nueva obra de arte electrónico que acabará llegando a los museos y
galerías como instalación de medios interactivos.
JG: Suena interesante. Espero que las imágenes no quiten valor a la rea-
lidad física que es el medio ambiente en el que todos vivimos y del que
dependemos para nuestra subsistencia. Para mí, una implicación más
directa en contra de la destrucción del medio ambiente es la documen-
261
tación que elaboraste sobre la limpieza del peor vertido de petróleo en la
historia de Estados Unidos en la costa de Santa Bárbara, California, en
1969. ¿Puedes contarme algo acerca de aquel trabajo?
JG: Con Teddy Bear Island (1973) en West Hill Pond, Connecticut, ya esta-
bas explorando lugares submarinos “no visibles” para hacer arte. La isla
había sido hundida para dejar sitio a una presa. Unos cables de plástico
que flotan en la superficie son el único vestigio de ese paisaje perdido.
¿Fue por aquella época cuando empezaste a realizar representaciones?
262
BB: En la obra Teddy Bear Island rodeé con cables de plástico la isla
sumergida de Teddy Bear que había sido hundida en la oscuridad debido
a la construcción de una presa para crear un embalse. Esta obra expresa
un rechazo a la práctica, por aquel entonces popular, de la construcción
de presas, ubicando la isla (y su ecología) perdida por el hundimiento. La
isla submarina quedó delineada por un cable de plástico: el perímetro de
40 x 70 pies (12 x 21 metros) fue rodeado dos veces con el cable. En un
intento de volver a conectar este lugar perdido, sobre la superficie del
agua en movimiento flotaron mil pies de cable suelto a modo de huella
de la memoria. Ese cable se convirtió en la demarcación conceptual de
aquella tierra perdida. Las imágenes de la obra captadas mediante foto-
grafía submarina, en las profundidades tenebrosas, sirvieron para pro-
fundizar en un “consciente submarino” imitando la ingravidez de un
pasado cultural que flota, como en un sueño, en un reino desconocido. El
carácter fragmentario de la obra, con su espacio sin enmarcar, expresa el
pasado acumulado del lugar y lamenta lo que le han arrebatado.
263
el agua del Roch, a pesar de que se creía contaminada, hoy corre limpia. La
representación fue una reinvención de la historia. Ha disipado el mito que
determinara en su día la relación entre los habitantes de Rochdale y su río.
Esta representación plantea cuestiones relativas a la formación del “cono-
cimiento”, de la verdad y de la historia, entre otras: ¿cómo podemos reco-
nocer el cambio invisible que se ha producido? ¿cómo invertir la supresión
del río? ¿qué otras cosas ensuciadas y dañadas se han escatimado a la
vista? y ¿además del río, qué se ha ocultado de nuestra historia? Border
Crossing (Cruce de fronteras) (1993) se realizó en la región de Bohemia
(Alemania), el mayor bosque unido del Centro de Europa: la parte checa es
un bosque primaveral floreciente, mientras que las partes alemana y aus-
tríaca son testigos del abuso y la devastación.
JG: Border Crossing (1993) siguió a Toxic Imaging (1987), una instala-
ción multimedia mostrada en 55 Mercer acerca de la tragedia ecológica
de la comunidad de Love Canal, en el norte del estado de Nueva York.
BB: A lo largo de la década de los setenta, llevé a cabo por todo el país
una serie de obras específicas en el paisaje. En 1978, ArtPark me pidió
que hiciera una obra en Lewiston, Nueva York, en el lado estadouniden-
se del río Niágara. Mientras viajaba para investigar la zona, me percaté
de que había dispersas aquí y allá charcas iridiscentes de un líquido púr-
pura. De regreso a mi estudio de Nueva York, el periódico Village Voice
publicó la historia de Love Canal, en el norte del estado de Nueva York.
Este canal, en Niagara Falls, Nueva York, había sido utilizado durante
décadas como vertedero por varias empresas, entre ellas la química
Hooker Chemical Company. Los residuos químicos vertidos al canal vacío
acabaron por infiltrarse en el suelo de todo el cercano barrio de Love
Canal, que se había construido posteriormente. La consiguiente contami-
264
nación de las aguas subterráneas produjo problemas de salud, entre ellos
daños en los cromosomas de muchos niños, y finalmente obligó al esta-
do de Nueva York a la evacuación de la comunidad y a la aprobación de
la ley del SuperFund (Superfondo) que contribuye a limpiar zonas conta-
minadas. Yo volví inmediatamente a visitar la zona y fotografié las casas
del barrio de Love Canal que acababan de ser tapiadas con tablas justo
después de que fuera declarada zona de desastre federal debido a causas
artificiales. Ese fue el inicio de un proceso que duró una década y acabó
siendo la instalación multimedia titulada Toxic Imaging.
265
no han desarrollado mecanismos para prohibir los productos químicos
agrícolas venenosos. La paradoja se completa cuando EE UU importa los
productos químicos mortíferos como residuos en las frutas y vegetales
que consumen millones de ciudadanos estadounidenses. Europa occiden-
tal, Europa oriental y Japón exportan también pesticidas a los países en
desarrollo. La muerte, el dolor y los daños genéticos que sufren los agri-
cultores, cruelmente ignorados por unas empresas de productos químicos
que sólo piensan en los beneficios, se expresan mediante la película de
rayos X y la documentación que aparecen en el texto en movimiento.
JG: El otro sendero (1988) se expuso en la muestra de Exit Art que trató
de la deuda del Tercer Mundo en América Central y del Sur.
266
nes en Caramate y el texto nos revelan las conexiones invisibles entre las
economías del Primer y el Tercer Mundo. En combinación con el movi-
miento errático del balancín, se aprecia un desequilibrio entre los entes.
Me gustaría leerte una parte de los textos que van pasando simultánea-
mente en El Otro Sendero.
¿Qué se debe hacer? Puede que exista escasez de dinero en los países
endeudados, pero no hay escasez de autoproclamados “expertos políti-
cos” dispuestos a contarle a la gente el problema de la deuda. La res-
puesta inmediata es rechazar la deuda. Pero eso ya se ha intentado en
países como Perú, Brasil y Nicaragua, y lejos de liberarles del cautiverio,
el rechazo de la deuda ha supuesto un absoluto desastre.
267
Betty Beaumont. Riverwalk, (detalle),
1989. Cortesía de la artista.
Longwood Lake Project (El proyecto del lago Longwood) pretende ser un
lugar donde uno pueda escuchar y observar. Los sentimientos y las ideas
se funden cuando se está en la naturaleza y se observa (a menos de una
hora de la ciudad de Nueva York). El proyecto forma parte de una serie
de obras todavía en proceso de realización en paisajes ecológicamente
sostenibles que son específicas del lugar. La obra se emplaza en una
superficie de 670 acres (270 ha) perteneciente a una comunidad de pro-
pietarios de cabañas de veraneo compuesta por 80 pequeños chalets
alrededor del lago que dejan 640 acres (260 ha) de un paisaje natural que
incluye dos montañas y un lago adyacentes a cuatro millas cuadradas (10
km2) de tierra en estado siempre virgen y a más de 10 millas cuadradas
(26 km2) de coto reservado a los militares. El proyecto fomenta la parti-
cipación en la gestión de este entorno para mantenerlo como hábitat de
los pájaros cantores y otras especies naturales, e incluye el desarrollo de
uno de los sitios de chalets con un diseño integral de senderos, lugares
para nidos, puestos de observación y una casa en un árbol que permite
al espectador admirar la naturaleza única y diversa a su alrededor.
JG: Joseph Beuys solía decir que lo más importante era crear el mundo
como una obra de arte. En tu faceta de artista, has demostrado un gran
269
compromiso con el cambio verdadero de los entornos naturales. El com-
promiso social está definitivamente implícito en la restitución ecológica.
Estoy pensando en obras como A Night in Alexandria… (Una noche en
Alejandría), The Rainforest (EL bosque tropical), Whose Histories are They
Anyway (¿De quién son las historias, a todo esto?) (1989)...
270
mados, aludiendo no sólo a una forma única sino al detalle específico.
Las formas quemadas naturales indican metafóricamente las formas de
vida perdidas en el bosque tropical. La pasta interior que queda de cada
libro muestra las cenizas y deja testimonio de la transformación del libro
a partir de un objeto geométrico. Las nuevas formas orgánicas ponen de
manifiesto la pérdida del libro como icono cultural, así como la de las
señales y símbolos contenidos en ese conocimiento construido.
JG: ¿Te parece a veces que existe un conflicto entre las cuestiones que
abordas y las salas de exposición de los museos o galerías en que se pre-
sentan y todo lo que eso conlleva en cuanto a formalismo, política y
claudicación?
BB: No. Los museos y las galerías siguen apoyando obras que los ponen
en evidencia. Pueden citarse dos obras de este tipo: las obras inmobilia-
rias de Hans Haacke sobre el Museo Guggenheim y Truisms
(Perogrulladas) de Jenny Holzer. Me pregunto por qué iba alguien a dedi-
carse al arte para claudicar.
JG: ¿Dónde está el individuo en todo esto? ¿Queda espacio para la refle-
xión? ¿Surge el arte de un acto sublime de reconocimiento propio que
conlleva aceptar un papel ético y catalítico en la sociedad?
271
quién, qué, cuáles”, una en cada hoja. Se pide al espectador que partici-
pe arrancando una hoja y dejándola caer sobre el montón que se acu-
mula delante de los trozos de cristal.
Ese mismo año realicé otra obra relacionada con ésta en Praga, para el
aniversario de la revolución checa, utilizando libros de 500 páginas cada
uno por atril. En cada página de los libros decía “la voz de quién, qué voz,
o cuál de las voces”. Durante la exposición, los participantes arrancaban
hojas y las dejaban en el suelo, así con 20 libros hasta que las hojas
esparcidas llegaban a la calle. Me emocionó que Vaclav Havel asistiera a
la inauguración.
272
El actual momento de transformación cultural constituye una coyuntura
histórica crítica en la cual, a mi juicio, nosotros tenemos la oportunidad
de ejercer una gran influencia. No se basa en los productos de consumo,
ni en el dinero ni en el materialismo. Su economía son los valores espiri-
tuales. Al arte le corresponde un papel en la configuración del medio
ambiente en que vivimos. El arte y la industria cambiarán el diseño de
todo porque participan en esta revolución de la productividad cuyo fun-
damento se encuentra en las ideas, el arte y la educación.
273
15. Alan Sonfist.
Natural y cultural
Considerado pionero en el arte público que proclama nuestros vínculos
con la tierra y con la permacultura, Alan Sonfist es un artista que ha bus-
cado cerrar la gran brecha entre la humanidad y la naturaleza mostrán-
donos la naturaleza antigua, histórica y contemporánea, la geología, las
formas de la tierra y las especies vivas que componen la “historia viva”.
Despertando la conciencia del público acerca de las cuestiones medio-
ambientales y de la necesidad de regenerar nuestro planeta vivo, Sonfist
aporta un conocimiento muy necesario de la historia y del presente de la
naturaleza (paralelos y con frecuencia no registrados) en la vida y el arte
contemporáneo. Ya en 1965, Sonfist defendió la construcción de monu-
mentos dedicados a la historia de la contaminación atmosférica y pro-
puso que las migraciones de animales se registraran como
acontecimientos públicos. En un ensayo publicado en 1968 con el título
de Natural Phenomena as Public Monuments (Los fenómenos naturales
como monumentos públicos), Sonfist emancipó el arte público de su con-
centración exclusiva en la historia humana afirmando: “Al igual que exis-
ten monumentos de la guerra que registran la vida y la muerte de los
soldados, es necesario recordar la vida y la muerte de los fenómenos
277
naturales, como los ríos, las fuentes y las floraciones. El arte público
puede servir para recordarnos que la ciudad fue una vez un bosque o un
pantano”. Alan Sonfist sigue promoviendo en sus obras de arte urbanas y
rurales proyectos que aumentan nuestro conocimiento de la geología
histórica o del terreno de un lugar y en los que las esencias de la tierra
se convierten en un símbolo de la historia más profunda o de la geología
de la tierra. Su arte destaca el entramado complejo y estratificado de la
historia humana y la natural. Sonfist ha legado su cuerpo como obra de
arte al Museo de Arte Moderno de Nueva York. Considera que su deca-
dencia forma parte del proceso del ciclo de vida natural.
278
Hixon en Tampa, Florida (1995) y en Aachen, Alemania (1999).
Recientemente Sonfist ha llevado a cabo un paisaje neolítico titulado The
Lost Falcon (El halcón perdido), cerca de Colonia (Alemania) y la recons-
trucción de un chorro y una fuente para un hospital italiano.
JG: A mediados de los años sesenta, te diste a conocer como uno de los
primeros artistas medioambientales que, a diferencia de artistas del Land
art como Michael Heizer y Robert Smithson, no recalcaba una estética
minimalista en la creación de obras de arte y monumentos. ¿Qué crees
que te llevó a hacer arte medioambiental?
AS: Mi arte comenzó en los fuegos de las calles del sur del Bronx, a fina-
les de los años cincuenta, cuando yo era niño. Bandas y montones de
perros salvajes vagaban por las calles en las que yo me crié. El barrio era
un paisaje de hormigón, no de árboles. El río Bronx, que dividía a las dos
bandas principales, también protegía un bosque que se conservaba en su
estado original. Ese fue mi santuario en mi infancia. La violencia huma-
na no entró en el bosque: era mi catedral mágica. Yo faltaba al colegio
para pasar todo el tiempo posible en aquel bosque y reponer mi energía,
mi vida. El bosque se convirtió en mi vida y en mi arte.
279
Alan Sonfist. Growing Protectors, 1991-
1992. Tierra, pino blanco, agujas de pino y
acero; 5,55 x 6,80 m. Montreal, Quebec.
Cortesía del artista.
JG: Ya en 1965 creaste una obra llamada Time Landscape© que incorpo-
raba verdaderos elementos vivos al arte: introdujiste en un entorno urba-
no animales autóctonos.
JG: ¿Y, para ti, los animales tienen alma igual que nosotros?
281
AS: Exactamente. Y también los árboles. Sin duda, se comunican entre sí
y con los humanos, si estos están dispuestos a escuchar.
JG: Tu obra fotográfica está relacionada con esto y con varios proyectos
más. Me consta que tus obras fotográficas han inspirado a otros artistas.
¿Cómo presentas estas obras en las galerías?
JG: En cierto modo, cada entorno natural es único. Se habla, por ejem-
plo, de bio-regionalismo y de cultura global. La paradoja suele ser esta
idea de que los demás lugares son exóticos y aquel en que vivimos no lo
es. La vegetación de la ciudad de Nueva York es, en realidad, tan exótica
como la sudamericana.
282
natural. A mí siempre me ha preocupado el lugar concreto en el que tra-
bajo, porque cada uno es único y tiene una vegetación fascinante que
descubrir. El bosque que yo veía en mi infancia acabó destruido y cubier-
to de cemento. Ese fue el final de mi bosque y el principio de mi arte.
283
JG: ¿No es ése uno de los problemas de los parques y lugares naturales
en muchas ciudades? Los responsables de la planificación urbanística
introducen muchas especies de plantas y árboles que no son autóctonas
de esa tierra en un intento de convertir sus parques y espacios públicos
en algo exótico. En este sentido, resulta interesante el caso de Oslo
(Noruega), donde las especies de árboles y arbustos reproducen la natu-
raleza que rodea la ciudad. Se ven grandes abetos o nidos para aves que
reflejan el paisaje natural de la zona de Oslo. Supone un cierto alivio la
idea de que la naturaleza de la ciudad reafirma el paisaje que la rodea.
AS: Una de las primeras obras que creé para el Departamento de Parques
de la ciudad de Nueva York fue un paisaje con flores naturales y flores
artificiales. La obra se realizó en el parque de Union Square para el pri-
mer Día de la Tierra, en 1970. La cuestión era saber cuáles eran reales y
cuáles artificiales. Mi proyecto en el desierto de los Mojave es similar a
lo que tú mencionabas. En la mayoría de los paisajes de ese lugar se uti-
lizan plantas traídas de entornos naturales exuberantes que hay que
regar continuamente, como el césped. Cuando yo dije que iba a introdu-
cir sólo plantas autóctonas en ese entorno desértico algunos lugareños
exclamaron: “Eso es muy feo. ¡Cómo se puede decir una cosa así!”.
Cuando empecé a seleccionar y recuperar las plantas históricas origina-
rias de la zona, la gente se quedó sorprendida y maravillada de lo boni-
to que era el espectro de flores. Había tal diversidad que se convirtió en
un laboratorio visual de comprensión del medio ambiente.
284
(2000) de Nueva York en un certamen de arte medioambiental, incluye
muestras de cortes transversales, es decir, de lo que no vemos, del paisa-
je oculto de la geología bajo la ciudad de Nueva York.
JG: Esta idea de que hay una cultura permanente que subyace a la cultu-
ra hecha por el hombre o al medio ambiente resulta interesante. Sin duda,
va a perdurar durante gran parte de este milenio y desempeña un papel
importante a la hora de proporcionarnos un sentido del tiempo geológico
permacultural. Entender este contexto permacultural puede ayudarnos a
diseñar nuestros entornos urbanos teniendo en cuenta la breve historia de
nuestra civilización en comparación con la historia natural.
285
AS: Creé una serie de lo que yo llamaría Micro-Macro Landscapes (Micro-
macro paisajes). Las estructuras de cristal pretendían ilustrar el hecho de
que dentro de cualquier cosa se encuentran las micro-estructuras de un
elemento. Desde un punto de vista práctico, al tomar elementos muy ines-
tables, pude ponerlos en un vacío y permitir un intercambio de unos con
otros de tal modo que pasaran de ser sólidos densos a recuperar su forma
cristalina. Cuando se expusieron, el espectador podía apreciar esta inte-
racción que se estaba produciendo dentro de las propias estructuras.
JG: Tus Heat Paintings (Pinturas del calor) de finales de los sesenta tam-
bién implican la volatilidad de estructuras internas. A medida que el
metal se transforma, las aleaciones cambian de color.
AS: Las Heat Paintings se asemejan a las obras de cristal porque se puede
ver la estructura molecular interna del metal.
286
Alan Sonfist. Walking Limbs, 1986. Bronce. 5,5 x 7,6 x 4,6 m.
Cortesía del artista.
288
desierto lleno de toxicidad. Tras consultar con especialistas, tomé la
firme decisión de crear una charca de tierra virgen que mostrara el rena-
cer de lo que había sido un vertedero tóxico. La charca tuvo tanto éxito
que al final utilizaron mi método para crear todo el parque.
AS: Sí, las plantas se escogieron para que contribuyeran a curar la tierra.
AS: Las columnas aluden a la historia humana del lugar. Los primeros euro-
peos que estuvieron en Florida fueron los españoles y ellos construyeron
289
edificios con columnas. Por tanto, mis columnas representan el pasado
humano y las plantas con las que se integraron representan la historia natu-
ral desde la primera intervención humana hasta el paisaje contemporáneo.
AS: Sí, creo que cuando uno involucra a la comunidad se produce una
especie de intercambio de ideas. El parque se convierte en la comunidad.
Para mí, eso es lo que determina en última instancia el éxito de una
escultura pública. En el caso de los encargos privados, lo que hago es res-
ponder a la estructura de la empresa.
JG: Siempre está el problema de los diseñadores que van a un lugar sin saber
la historia de su comunidad. Colocan los bancos en el lugar equivocado por-
que la gente no pasea por ahí, o cosas por estilo. Involucrar a una comunidad
contribuye a dotar al lugar de una especie de alma o a consagración.
AS: Exactamente. Todo, desde las zonas para sentarse hasta los sende-
ros, corresponde con las necesidades de la comunidad.
290
AS: Fue democrático y, desde mi óptica de artista, fue casi como una
paleta. En otras palabras, yo tenía una paleta con digamos varios cientos
de imágenes que podrían utilizarse para el proyecto y debía seleccionar
aquéllas que se integraran mejor, visual y culturalmente, en ese proyecto.
291
de un bosque, que incluían, de hecho, reliquias de un bosque debajo de
las fotos. ¿Puedes hablarme de esta obra?
JG: Somos los dioses de nuestro propio consumo y ahora nos estamos
devorando a nosotros mismos. También se aprecia una confusión entre la
tecnología y la ciencia experimental. Ambas se están fusionando. Las
nuevas tecnologías están interviniendo en la ciencia experimental. A
veces el que no se distingan claramente produce una mayor manipula-
ción de la ciencia. Las tecnologías están formando los procesos con los
que trabajan los científicos. En otras palabras, las lentes, las formas en
que la ciencia está evolucionando, están controladas por la tecnología, lo
cual puede impedir que se llegue a nuevas soluciones creativas. Dicho de
otro modo, quizás no estemos viendo tanto como creemos cuando nos
adentramos en la ciencia pura.
JG: Lo cual sería mucho mejor para el medio ambiente y para nosotros.
AS: Exactamente.
292
16. Peter von Tiesenhausen.
El barco de la vida
En Demmitt, un pueblo fantasma de aserraderos en el norte de Alberta
donde se crió, Peter von Tiesenhausen construye vainas, barcos, torres y
numerosas formas hechas de sauce en el paisaje. Antes de convertirse en
artista, von Tiesenhausen trabajó de peón, de minero, de obrero en un
pozo petrolífero y de conductor de tractor oruga en la región de Klondike,
en la Antártida, y en los pozos de petróleo del norte de Canadá. Vive de
la tierra a través de su arte, el cual suele explorar su relación con esa
misma tierra. Como él dice: “No intento hacer un monumento a nada.
Quiero tener un diálogo con la tierra”. Ship (in field of timothy) (Barco (en
el campo de Timothy) (1993), una estructura de barco hecha de sauce,
alude al viaje que hicieron sus antepasados hasta el Nuevo Mundo. Esta
obra efímera, como muchas otras de las que crea von Tiesenhausen,
sugiere un recorrido o un viaje a través de la vida.
Durante una estancia en la Colonia Leighton del Centro para las Artes
Banff, von Tiesenhausen esculpió una barca en hielo, puso una roca en
su interior y la envió en un viaje flotante por el río Bow. Cuando la obra
se derritió en algún punto del río, la roca se hundió en sus profundida-
295
des sin que nadie la viera. Con el fin de conservar su tierra para las futu-
ras generaciones, von Tiesenhausen tuvo que reivindicar la tierra como
obra de arte mediante el uso de los derechos de autor. La compañía
petrolera abandonó entonces su intención de que un oleoducto atrave-
sara la tierra de von Tiesenhausen.
Lifeline (Línea de vida) (1990- ) es la obra de toda una vida. Se inició con
la colocación arbitraria de un tramo de cerca de 8 pies (2,5 metros) en
un punto fácilmente visible desde el estudio del artista. Cada año se va
añadiendo a la cerca un nuevo tramo de 8 pies y así se hará hasta la
muerte de von Tiesenhausen. A medida que el proyecto avanza, algunos
tramos se descompondrán mientras se van añadiendo otros. Uno de los
proyectos más recientes del artista llamado Figure Journey (Viaje de las
figuras) consistía en la gira de un conjunto de esculturas de tamaño
superior al natural. The Watchers (Los observadores), que es el nombre
con el que se conocen estas cinco esculturas, han viajado entre 30.000 y
35.000 kilómetros por todas las provincias y territorios de Canadá e
incluso han cruzado en barco el paso del noroeste del Ártico. Han per-
manecido al borde de los océanos Atlántico, Pacífico y Ártico. El viaje de
la escultura estableció un diálogo con la gente de los pueblos, restau-
rantes o gasolineras por los que pasaba, tanto en el campo como en la
ciudad, que respondía de diferentes maneras ante las figuras. El viaje ter-
minó en el mismo punto en el que había comenzado cinco años antes, en
Dermitt (Alberta); sin embargo, The Watchers se han moldeado en hierro
en una fundición de la ciudad de Hamilton y se van a instalar perma-
nentemente delante del nuevo edificio de Olympia & York en Queen St.,
Toronto.
296
PvT: Yo siempre he pintado y observado las cosas, y el arte me emocio-
naba, pero hasta los treinta años no tuve la oportunidad de dedicarme
definitivamente a ello de manera exclusiva. Yo no sabía lo que significa-
ba ser artista. Pero pensé en intentarlo de todas formas. Empecé con lo
que conocía, que era la tierra y la pintura de paisajes. Me encantaba pin-
tar y simplemente respondía a lo que veía a mi alrededor.
PvT: Fue la primera cosa que hice con algún éxito. Eso fue después de
trabajar en las minas de oro y en la Antártida. Me embarcaba entonces
en una vida diferente, dejando atrás la anterior. Construí el tramo de una
cerca para marcar ese momento, y añado un nuevo tramo de 8 pies cada
año, así durante el resto de mi vida, sin volver a pintar nunca los tramos
ya realizados ni a repararlos.
297
mento que utilizas con frecuencia en tus esculturas. ¿Se alimentan tu
pintura y tu escultura la una de la otra?
PvT: Creo que todo lo que he hecho alguna vez influye en lo que estoy
haciendo ahora. Pasas por etapas. Cuando levanté la cerca de sauce alre-
dedor de mi terreno, pude verla como una escultura. Era una cerca, algo
funcional, pero de alguna forma parecía un dibujo. Ahí se abrió el cami-
no para el buque, los barcos y todas esas cosas. Entonces, empecé a dejar
atrás la pintura de paisajes para concebir la línea y la forma en el paisa-
je real.
298
lo y allí surgió aquel contorno helado de nieve, una línea blanca en la tie-
rra con forma de barco. Esto influyó mucho en la obra que realicé en
Francia. Podía dibujar el contorno en la tierra rojiza francesa, pero me
preguntaba cómo iba a hacerlo. Era verano, así que decidí cavar en el
terreno.
299
Peter von Tiesenhausen. Forest Figures, 2001. Flat Rock, Terranova,
dominando el océano Atlántico. Cortesía del artista.
The Watchers han pasado por centros urbanos del oeste como Calgary y
Kelowna y han flotado en Coutts Paradise para la exposición Zone 6b en
Hamilton, Ontario. También los has llevado por caminos rurales, a través
de las granjas, por autopistas, por parques... Han llegado incluso al Árti-
co y a las islas de la Reina Charlotte. Estas figuras se han moldeado des-
pués en hierro y van a instalarse permanentemente delante de las nuevas
oficinas de Olympia & York en Toronto.
301
tros) por hora. Imagínate estar parado en un semáforo y ver pasar esa
cosa. Apenas vislumbrarla. Y eso también es un dibujo. Queda incorpora-
do a la mente de quien lo ve de una manera mucho más inmediata que
ir a una galería a ver arte. Igual que la herrumbre gotea con el tiempo
sobre la nieve o sobre la carretera, esparciendo una pequeña semilla de
visión, estas figuras (no puedes pasarlas por alto) se incorporan a las
mentes de la gente y quizás gotean y alimentan otras cosas en las que
esa gente piensa. También ha habido personas que me han dicho que han
visto la obra a 500 millas de donde me las encontré. Dicen: “La vi en
Regina. ¿Estuviste en Regina?”. Resulta interesante ser inclusivo sin pre-
dicar. Cuando alguien me pregunta qué significa la obra, yo le respondo
preguntando: “¿Qué significa para ti?”, y te lo dice.
JG: Después de los barcos, hiciste las vainas de sauce subidas a los árbo-
les y chozas en la tierra, y el embudo Maelstrom en la galería Richmond
de la Columbia Británica. Estas obras son una continuación de los barcos
y reflejan de nuevo la presencia humana en la naturaleza. ¿Existe rela-
ción entre tus raíces rurales en Alberta y el hecho de que incorpores lo
humano en las obras exteriores y no dejes la naturaleza aparte como un
lugar prístino? Tú no diferencias entre gente y paisaje. La gente está
reflejada en el paisaje.
302
PvT: En primer lugar, yo no me considero un artista de la naturaleza. Lo
que ocurre simplemente es que estoy rodeado por la tierra. No creo que
nos haga falta poner nada más en el paisaje. Ya tenemos bastantes cosas.
Soy consciente de la marca que dejo en la naturaleza e intento que mi
huella sea la menor posible porque amo de verdad lo que veo. Entiendo
mi humanidad y necesito estar conectado a la tierra.
303
entretenimiento y el consumo. La gente no tiene oportunidad de dar todo
de sí misma y está siendo desviada hacia una especie de distracción pasi-
va. Creo que lo mismo ocurre en gran parte del arte. Tiene la misma capa-
cidad de permanencia que un microchip, en particular el arte del vídeo...
El vídeo que posee una narrativa puede ser interesante, pero cuando se
compone de fragmentos no tiene ninguna capacidad de permanencia,
ningún sentido ni propósito, salvo expresar pasivamente la incapacidad,
la desaparición de las tradiciones democráticas. Una de las formas de
darle dinamismo a la escultura es a través de la escultura medioambien-
tal en el exterior; se trata de construir y crear teniendo presente el con-
texto, respondiendo a las características propias de un lugar: ¿es un lugar
en el que hay mucha interacción humana o un lugar perdido en la natu-
raleza, un lugar para descubrir? La tribu de los squamish, de Columbia
Británica, por ejemplo, colocó una figura esculpida, Cedar Woman (Mujer
de cedro) en sus tierras tradicionales del alto valle de Elaho, entre bos-
ques intactos a los que llega muy poca gente.
304
salieran unas pocas veces al año a pasear por estos bosques antes de
talarlos, no es posible que fueran capaces de hacerlo. Normalmente se
centran en algún tipo de entretenimiento, por lo general, la televisión y
dicen “Venga, sí. Vamos por los árboles. Valen 40.000 dólares”. Hace poco
me pidieron una entrevista en televisión para que hablara de mi cone-
xión con la tierra. Yo pensaba para mis adentros: “¿Y yo qué sé?”. El día
antes de que llegaran, bajé a las marismas y me tumbé sobre el musgo
en una zona a la que nunca voy. Es una especie de zona mundana, así
que me concedí media hora para quedarme tumbado y mirar al cielo pen-
sando que quizás se me ocurriría algo. Después de media hora allí tum-
bado estaba percibiendo un montón de cosas que ni siquiera sabía que
existían en ese lugar.
JG: Tal vez la privación sensorial es parte de una fórmula para la des-
trucción del medio ambiente...
JG: ¿Te gusta dejar las formas que creas parcialmente incompletas para
que los materiales hablen por sí mismos? ¿Tienen los materiales una voz
propia?
305
PvT: Por supuesto que la tienen. Mis marcas tratan siempre de la super-
ficialidad. Muestran mis idiosincrasias o habilidades. Mi escultura no
trata de la técnica. Trata del espíritu. Por ejemplo, si traes el espíritu de
la idea de aquellas Forest Figures, toscamente esculpidas, el fuego
empieza a devolver lo que es intrínseco a esa madera. La naturaleza cal-
cinada de la madera le devuelve su propia textura. Es sólo una idea sin
pulir, una aproximación a lo que quieres. Creo que eso es más sincero
que ser confuso.
306
Peter von Tiesenhausen.
Pods, 1993.
Cortesía del artista.
JG: Gran parte del arte de nuestros días ha perdido todo sentido de la
historia o de continuidad. Quizás se deba a que hemos perdido contacto
con nuestra tradición narrativa, que no tiene por qué ser religiosa, puede
ser tan sólo algo verbal.
308
PvT: Estamos muy acostumbrados a que nuestra cultura tenga como
fin entretenernos. Todo está orientado a lo didáctico hasta el punto de
que ya no quieres seguir mirándolo. Acabo de construir una pequeña
cabaña de 10 x 14 pies de longitud (3 x 4,2 metros) como refugio para
centrarme. El proyecto más reciente que he estado realizando tiene que
ver con una cuarta parte de 160 acres (65 ha) de terreno que compré
el pasado verano. Allí hay un colmenar abandonado y en uno de sus
edificios encontré las bases de contrachapado de madera de las colme-
nas; encontré ciento noventa. Las he convertido en pinturas individua-
les grabando, con una sierra de cadena y un hacha, la imagen de un
fuego en bajorrelieve. En la parte trasera tienen cera y rastros de las
abejas, y en la delantera madera calcinada. Las voy a presentar en una
pared en forma de parrilla. También he hecho y he editado una foto-
grafía digital de cada una de ellas. Las imágenes, sin más, seguirán
unas a otras. Se convierten así en los fotogramas individuales de una
película. En un lado de la exposición se proyectará una película con
estas imágenes y en el otro lado se situará la pared de fuego. Lo que
realmente me gusta de este proyecto es que forma parte de una pelí-
cula. Cada una de esas piezas irá a parar posiblemente a una colección
privada. Emplearé el dinero que obtenga para comprar un nuevo trozo
de tierra con fines de conservación. Luego buscaré allí aquello con lo
que se pueda hacer arte. El proceso continúa...
JG: Tú eres el único que conoce los orígenes, la procedencia real de estas
piezas que integran la historia cultural y natural. Tú estás dejando tu
huella después de que las abejas dejaran la suya, y las abejas fueron a su
vez fuente de sustento para la persona que llevaba las colmenas y, al
final, se convirtieron en arte. Es interesante.
309
PvT: En este proyecto está todo lo que siempre me ha interesado. La cul-
tura, el abuso del planeta, la protección del planeta, y todos los diferen-
tes medios que afectan al arte. Lo reúne todo en una sola pieza. Muestra
que puedes juntar una diversidad de elementos en una única obra y que
ésta siga expresando lo que te gusta y lo que te preocupa.
JG: Es cierto que el vídeo puede añadir otra dimensión y que da vida al
arte basado en el objeto cuando éste se yuxtapone con el vídeo. Estamos
ya tan habituados a ver las cosas en vídeo que hacerlo a la inversa supo-
ne un modo de presentar a la gente el objeto. Va hacia atrás y funciona
a la inversa. Ahora casi tienes que hacer eso. Es una forma de que la
gente capte la presencia del objeto y aprecie el arte.
PvT: Cada pieza de una obra debería atraer y ser capaz de captar nues-
tra atención por sí misma. Deberíamos poder quitar cualquiera de esos
elementos y que la obra siguiera siendo interesante. De otro modo, no es
más que teatro, pretensión.
JG: ¿Y el emplazamiento? ¿No sería bonito tener una obra en una valla
publicitaria?
PvT: Yo creo que la gente realmente ni se percata. Hay tantas cosas suce-
diendo a la vez que la gente no ve la obra. Si pones un barco en un campo
donde no hay arte alguno, es algo profundo. Si pones un barco de sauce
en un muelle al lado de un montón de barcos, ¿a quién le importa?
JG: Una de tus pocas obras permanentes es la que has realizado para el
centenario de la ciudad de Calgary en la depuradora de agua. ¿Puedes
contarme algo de esta obra?
310
PvT: La hice con granito blanco de Vermont. Mide 27 pies (8,2 m) de
largo y 5 pies (1,5 m) de alto y pesa 60.000 libras (27.210 kg). Está situa-
da en un lugar muy bello que domina el embalse de Glenmore, delante
del edificio de la depuradora de agua. Es una obra que habla del tiempo.
En un principio, pensé en hacerla de mármol, pero el mármol no dura
tanto, así que me decidí por el granito. Si entras en el granito blanco, se
convierte en un espacio de calma y meditación. A mí ya me gusta, pero
sigue estando demasiado llena de mis marcas. Sigue siendo demasiado
nueva. Trata sobre todo del tiempo y dentro de 10.000 años será excep-
cional, quizás incluso un lugar sagrado.
JG: Al igual que tantas de tus esculturas, esta obra parece aludir a un
viaje, un viaje que es interior y que también se refiere a la vida real. Es
un barco de la vida.
311
17. Reinhard Reitzenstein.
La tierra en contexto
Nacido en Uelzen (Alemania) en 1948, Reinhard Reitzenstein se interesa
desde hace mucho tiempo por el diálogo de la naturaleza y la cultura en
su arte y sus creaciones escultóricas. Conocí a Reinhard en 1991, en el pri-
mer Simposio de Arte y Medio Ambiente celebrado en la Universidad
Queen’s de Kingston, Ontario. Después de la charla, sacó una bolsa con pie-
dras y entregó una a cada una de las personas que formaban la audiencia
en un gesto simbólico de solidaridad con la naturaleza. A principios de los
años setenta, Reitzenstein excavó todo el sistema de raíces de un viejo
árbol palo de fierro en un terreno de su familia cerca de Ottawa, Ontario
(Canadá). Las raíces que dejó al descubierto habían crecido sorteando obs-
táculos, rocas y piedras. La inmensidad y majestuosidad del árbol, ese viejo
símbolo mítico que se recoge en los escritos de muchas religiones antiguas,
eran impresionantes. Y lo que resulta más interesante: una vez que las raí-
ces se volvieron a cubrir de tierra, el árbol floreció mejor de lo que lo había
hecho en años gracias a la aireación del suelo. En Sky Cracking (Cielo res-
quebrajándose) (1982) aparecen configuraciones de rayos y de la luna,
señales del cielo que en términos míticos formaban parte del equilibrio
cíclico que caracteriza a los principios masculino y femenino.
315
Un día de 1988, mientras caminaba por el Yukón, Reitzenstein descubrió
un grupo de árboles a los que un acto de la naturaleza (una avalancha)
había arrancado parcialmente la corteza unos años antes. Impresionado
por el modo en que la naturaleza había regenerado esa corteza en torno
a las cicatrices, aplicó una capa de cera de abejas sobre la cicatriz en un
acto de identificación y de apoyo práctico a la regeneración de aquel
árbol. En 1992, en la Bienal de Caracas (Venezuela), en la que represen-
tó a Canadá, Reitzenstein creó la polémica instalación exterior
Compromiso Viriditas empleando como elementos sangre, leche y un
árbol para subrayar la situación política y medioambiental de aquel
lugar. The Sound Lodge (El pabellón del sonido), una escultura interacti-
va con sonido realizada en colaboración con David Keane en 1993, reco-
rrió muchos lugares de Norteamérica y Europa. Más recientemente,
Reitzenstein ha expuesto Lost Wood Series (Serie de madera perdida) en
la galería Olga Korper (1999), unos asientos al aire libre con formas
naturales sinuosas y ondulantes esculpidos en bronce a partir de trozos
de parra silvestre. En el Centro de Arte Rodman Hall, realizó un vaciado
directo de un álamo de Carolina, que ahora puede contemplarse allí.
Entre los últimos encargos que ha recibido se encuentran el diseño y
elaboración de un paseo para la corporación Tridel en la ciudad de
Toronto, un proyecto privado de fuente y un trabajo para la galería
Robert McLaughlin de Oshawa. Hace poco, en el verano de 2002, la
galería de arte Hamilton acogió una gran exposición de la obra de
Reitzenstein titulada Escarpment, Valley, Desert (Escarpa, valle, desier-
to). Asimismo, el artista ha creado Festival Walkway (Paseo del Festival)
(2002) para la corporación Tridel en Toronto (Canadá). Sus siguientes
proyectos incluyen un encargo de la galería de arte Memorial de
Rochester, Nueva York, una muestra en Alemania y un proyecto en
Finlandia en el verano de 2003.
316
JG: En el Centro cultural Woodland, de Branford, Ontario, un centro de
artes de los nativos de las Seis Naciones, hiciste una escultura en 1992
titulada Replanting T-his-tree (Replantar este-su-árbol). Creo que fuis-
te la única persona no nativa invitada a participar, lo cual supone un
honor y rompe, además, los estereotipos del arte nativo contemporá-
neo.
RR: Fue una iniciativa de Jim Moses, un periodista nativo que se conta-
gió de mi entusiasmo por intentar curar la herida abierta entre cultura y
naturaleza. Él me presentó a gente que practica la medicina tradicional
y que también estaba encantada con que un blanco pidiera permiso para
trabajar en su tierra, porque para mí, física y originariamente es su tie-
rra. Jim Moses me presentó a Tom Hill, el director de programación, quien
me invitó a participar en “Como la nieve antes del sol de verano”, una
celebración de quinientos años de resistencia y supervivencia que tuvo
lugar en 1992.
JG: Los nativos dicen que los árboles son sus libros y el bosque su biblio-
teca. En Replanting T-his-tree, tú tomaste trozos de libros de la historia
colonial del siglo XIX (una historia entre muchas otras) y los uniste a un
árbol vivo.
RR: Lo que hice fue meterlos en el árbol con la esperanza de que a medi-
da que el árbol busque sus heridas, empiece a reabsorber todo el conte-
nido de los libros: los propios libros, el propio árbol: se utilizó una pícea
blanca como pulpa.
JG: El retorno a una especie de física de los materiales es algo que apa-
rece una y otra vez en tus obras: la física y energía del lugar y el mate-
317
rial. Muchas de esas obras conducen a una primera metafísica. En
Displacement Viriditas (Desplazamiento Viriditas) (1992), presentada en
la Galería de Arte de Peterborough, y en Compromiso Viriditas (1992),
expuesta en Caracas (Venezuela), tratabas en cierto sentido de las fuer-
zas cósmicas...
RR: (...) y de las fuerzas humanas. Esas obras también se referían mucho
al desplazamiento, al hecho de que la fuerza de la naturaleza se vea con-
tinuamente desplazada para dejar sitio a la arquitectura, las viviendas, el
desarrollo, el llamado progreso. Compromiso Viriditas, realizada en
Venezuela, fue una obra muy polémica que trataba del peligro que corre
el bosque tropical y de su explotación. Viriditas alude al verdor, a la ener-
gía curativa, a la energía para crecer que posee la Madre Naturaleza y de
la que habló por primera vez Hildegarde von Bingen en el siglo XI en
Alemania. Esto se retrotrae a mis propias raíces culturales. El puente que
pretendo construir con estas obras es la postura ética y medioambiental
que idealmente han tenido siempre los indígenas respecto de la tierra.
Tender un puente entre el respeto y el cuidado que la gente ha sentido
históricamente por la tierra en mi cultura, al igual que en las culturas
nativas de todo el mundo. Lo que afirmo es el hecho de que idealmente
en las culturas indígenas, la reverencia por la tierra y la naturaleza es tan
poderosa como lo es en el arte. No se trata de una noción romántica;
creo que es a los que aspiramos.
318
RR: El círculo es una forma universal. Esta obra, que se llama No Title
(Sin título), aludía a la declaración de propiedad de la tierra. Colaboré
con Dan Pine, un viejo jefe médico de 88 años de la reserva local, en la
creación de un sitio donde se pudiera discutir la apropiación de la tierra,
la propiedad de un lugar. Al invertir los árboles y colocar sus copas sobre
el suelo, pretendía abordar la inversión de prioridades, de lo que ha sido
el deseo, para establecer un equilibrio. Por ello, la obra levantó una tre-
menda polémica en el contexto cultural de la zona.
319
Reinhard Reitzenstein. Carolinian
Symbiosis, 2000. Jardines botánicos
Walker, Rodman Hall, Saint
Catharines, Ontario. Cortesía del
artista.
321
diversa. Yo celebro esa crítica sencillamente porque corrobora la diversi-
dad que se da en la cultura y la naturaleza y que es sinónimo de fuerza
y de salud. Si yo reflejo la diversidad y se percibe como disparidad, ese
no es mi problema. Yo celebro el hecho de que la percepción de mi obra
sea problemática. Y respondiendo a lo que preguntabas acerca de los
microorganismos: en las ciencias de la vida contemporánea, hablamos
del cuerpo, cuando se reduce a materia, de una forma muy esencial con
estas palabras: las bacterias son la fauna y las plantas son la flora. Eso
está en la forma esencial del cuerpo. Eso me dice algo que los nativos
siempre han afirmado: “El cuerpo y la tierra son un mismo lugar”. No
existe separación entre el interior y el exterior. Ahora sabemos que nues-
tros cuerpos están compuestos de flora y fauna. La tierra a nuestro alre-
dedor es una extensión de nuestros cuerpos y está compuesta de
elementos paralelos en distintos tamaños e intensidades. Existe un con-
ducto entre estas, por así decirlo, separaciones. Las separaciones las
causa el lenguaje. En las culturas con lenguas occidentales, tendemos a
crear separaciones objetivadas con el fin de identificar elementos prima-
rios específicos, pero cuando les das un nombre a las cosas, también las
controlas, las compartimentas, las sacas del proceso de relaciones.
RR: Creo que también en este caso, eso es consecuencia del lenguaje. Si
entendemos que la cultura está vinculada al lenguaje, las lentes de una
cultura son su lenguaje. Si esto desaparece, toda la construcción en
322
torno a la cual ha evolucionado el lenguaje desaparece también. Por eso
yo utilizo el proceso de pensamiento basado en el verbo del lenguaje
para contrarrestar la hegemonía del nombre. Es una paradoja que
alguien como yo, que hace objetos, intente destacar el aspecto relacio-
nal de lo que hace frente al aspecto basado en el objeto. Si un antropó-
logo hace un experimento y se instala en una comunidad, esa
comunidad cambia para siempre. Es muy irrespetuoso no reconocer que
puedes estar afectando a aquello que estás estudiando. Si intervenimos
en el estudio de las células o microbiología, habremos cambiado ese
proceso de tal forma que tienda a las reglas de análisis que nosotros ya
hemos establecido. Has marcado unas coordenadas, has impuesto un
sistema a lo que tienes que estudiar. La naturaleza es volátil y encuen-
tra una salida. Pensemos en las mutaciones que se producen en los hos-
pitales donde los microorganismos mutan en respuesta al uso de
tecnología antibiótica. Las células mutan, el “Ubermensch” (el super-
hombre), ¿cómo cambia su respuesta? Ningún sistema de la vida es
superior a los demás.
323
RR: Sin duda alguna. Si existe una súplica en mi obra, esa sería desde
luego que se entienda con mayor profundidad y sentido la simbiosis que
comparten los sistemas naturales, porque nosotros somos un elemento
de un sistema natural. Cada vez somos más capaces de dirigir el aspec-
to y la evolución de los seres vivos. Este conocimiento conlleva una res-
ponsabilidad que hay que asumir. Es necesario que comprendamos mejor
con qué estamos tratando. Es un tema que la cultura puede abordar: las
cuestiones de la prueba y la exploración.
324
JG: Para la obra Memory Vessel (Vaso de memoria), realizada en Chile,
hiciste un corte circular en un eucalipto de 70 pies (21 metros) de alto.
¡Qué extraño!
JG: Este eucalipto lo sostienen otras secciones del propio árbol, igual que
el sistema colonial.
RR: Eso es. Se apuntala a sí mismo. Tuve que hacerlo trozos para poder-
lo poner de pie en la galería... incluso para poderlo meter en el edificio.
325
JG: En ese eucalipto de Santiago tallaste cuencos y los llenaste de leche
y sangre. También hay cuencos de hilo de aluminio y acero con soportes
de acero en la obra Natura/Cultura expuesta en la galería Carmen
Lamanna en 1988. En este caso, incorporaste elementos olfativos para
aludir al inconsciente que se revivifica. Los otros recipientes de
Natura/Cultura están colocados en una configuración circular alrededor
de la vasija central mientras que de los cuencos van saliendo diferentes
efectos sensoriales olfativos.
RR: Había tres cuencos de aluminio, cada uno de 20 pulgadas (50 cm) de
diámetro, que contenían aceite de cedro, aceite de lavanda y aceite de
gaulteria, aludiendo respectivamente al suelo del bosque (gaulteria), a la
zona media (el aceite floral) y al cielo (el cedro), formas esenciales de
aceite. Un gran cuenco de aluminio de 36 pulgadas (91 cm) de diámetro
contenía tinta china negra. La dimensión olfativa conduce la vista y la
visión al nivel de la memoria, entra mucho más profundamente en la
memoria individual y colectiva. Yo quiero que la experiencia a múltiples
niveles sea muy sensorial. Los olores transmiten una memoria catalítica
que procede de los sentidos. Evocan todo tipo de cosas que normalmen-
te no podría pensar con los circuitos lógicos del cerebro.
326
Reinhard Reitzenstein. Arbor Vitae (en primer plano), 1997.
Jardín de esculturas de Toronto. Cortesía del artista.
JG: Existe una sensibilización con el cuerpo humano dentro del espacio
o lugar que nos hace participar en un diálogo vital.
RR: Ciertamente no sigo la ruta del jardín bíblico. Creo que también eso
es un símbolo de nuestra relación con la naturaleza en general. Las obras
que mencionas en tus preguntas están específicamente orientadas al jar-
dín, a todos los jardines. Yo las llamé Ortogonally through the garden
(Ortogonalmente a través del jardín). Estas estructuras que parecen
semillas están compuestas por elementos de la naturaleza (hojas de
parra y de cedro) que son verdaderos modelos basados en aquello que yo
he visto en los órganos de los sentidos del cuerpo a escala micro. Sus
títulos están llenos de reminiscencias de una célula olfativa, un nervio
motor, etc.
328
cerca de la presa hidroeléctrica de La Gabelle, en Three Rivers (2000) y en
The World Tree (El árbol mundial), obra en la que el fantasma invertido
de un árbol cuelga dentro del edificio de arquitectura convencional de
los años setenta de la galería de arte Confederation Centre, en
Charlottetown, Isla del Príncipe Eduardo. Los dos contextos son diame-
tralmente opuestos, pero el árbol es una constante. La inversión del
tema. Esto recuerda los cuadros de Baselitz que invierten el tema del
cuerpo. ¿Qué significa para ti esta inversión?
RR: La primera respuesta que suscita esta inversión es, antes que nada,
que atrae la atención. Se percibe como extraordinariamente inusitada. La
inversión te hace detenerte estés donde estés. La inversión hace referen-
cia al hecho de que existe otra realidad. Existe una realidad paralela y la
realidad es donde todos nos reunimos. Es subcutánea, es cultural, es sub-
craneal.
329
crear una respuesta visceral paralela en tu cuerpo, en tu persona. Sea
cual sea tu bagaje cultural, no puedes escapar de la realidad de lo que yo
te pongo delante de la cara y esa realidad existe en algo tan tangible
como tú mismo.
JG: Más que cualquier otra cosa, tu obra ocupa un espacio físico real en
el tiempo real. Y esto es algo diametralmente opuesto a gran parte del
arte postmoderno que sostiene que todo es hipotético, incluso la crea-
ción artística se considera hipotética.
RR: A pesar de que tengo un gran respeto por los intentos que hizo
mucha gente de crear un lenguaje común, una especie de lenguaje trans-
nacional, el postmodernismo es un movimiento de arte que va en para-
lelo a las multinacionales. Si aceptas el paradigma postmoderno, también
aceptas la posibilidad de estar siendo intelectualmente colonizado.
Fijémonos en la hegemonía de la cultura francesa. Francia ha perdido
parte de su influencia económica y política, pero no ha perdido su poder
cultural. Uno de los últimos vestigios de sus empresas colonialistas es su
dominio y su control sobre el discurso actual. Yo me niego a ser coloni-
zado intelectualmente o a ser obligado a convertirme en un ilustrado o
en algo que no soy.
330
decir basta. El desarrollo de su independencia anima a la gente a hacer
grandes cosas. Podemos crear una economía que sea independiente y
regeneradora. Es una perspectiva mucho más emocionante que mante-
ner una economía de crecimiento que agota nuestras reservas naturales.
En este momento, el acuerdo de Kyoto está en suspenso. La Nueva
Economía Global parece estar avanzando en la dirección contraria, alen-
tando un abuso a gran escala de los recursos y un exceso de producción,
sin tener en cuenta el capital natural como principio fundamental de la
economía.
JG: Lost Wood (Bosque perdido), tus series de bancos tallados en bron-
ce a partir de uniones de parra que realizaste para el Dream Garden
331
(Jardín de sueños) de Loblaw, presentan una estética de lo salvaje que
resulta inmediatamente llamativa. Lo salvaje siempre ha constituido
una faceta importante de tu obra, al igual que la incorporación del caos
activo en el arte, algo que lo vincula a los propios procesos de la natu-
raleza.
332
construyendo, remodelar el exterior de los edificios industriales con color,
forma y decorados. Regenerar edificios en lugar de destruirlos, hacer
espacios vivos orgánicos, con paredes y suelos curvados en lugar de pla-
nos, jardines en los tejados. Todo un nuevo ámbito para que lo exploren
los artistas en los entornos reales en los que vivimos y trabajamos. La idea
de desarrollar un estado-ciudad orgánico con el espacio vivo orgánico.
JG: Algo no protegido sobrevive mejor que algo que está protegido.
333
recordarnos que hemos de ser humildes. Ser humilde en relación con
otras cosas es saludable. En todas mis obras, intento resaltar la expe-
riencia de la relación que de repente sientes entre tú y lo que conside-
ras otra cosa.
334
18. Ursula von Rydingsvard.
Misterio terrestre
Nacida en 1942 en Deensen (Alemania), Ursula von Rydingsvard talla
esculturas de cedro que van desde las obras pequeñas, reminiscencias de
objetos e instrumentos domésticos, hasta las instalaciones de gran
dimensión en paredes y en el medio ambiente. Las esculturas de madera
profundamente tallada de Ursula von Rydingsvard están imbuidas de un
fuerte sentido de identidad humana y de la memoria de la propia tierra.
El efecto de estratificación que se aprecia en sus obras de mayor tamaño
sugiere una secuencia de procesos naturales que podemos asociar con el
paso del tiempo. En 2001, von Rydingsvard instaló una obra de gran
tamaño en los juzgados del condado de Queens, en Nueva York. Durante
el verano de ese año, su gran escultura en el exterior Ence pence fue
expuesta en el Museo DeCordova de Massachussetts. También se han
celebrado exposiciones de la escultura al aire libre de von Rydingsvard en
el Museo Nelson Atkins de Kansas City, el Museo de Arte de Indianápolis,
el Koln Skulptur Park de Colonia (Alemania) y en Central Park, Nueva York.
337
una relación entre la historia de la naturaleza y la humana. Los recuer-
dos de la vida rural y de las raíces agrarias polacas, de la supervivencia
en los campos de refugiados alemanes y de sencillos aperos de madera
y de viviendas establecen una relación poco habitual entre los materia-
les primarios derivados de la naturaleza y la historia cultural y social de
su propia herencia familiar. La sensibilidad hacia el lugar también influ-
ye en la escultura de von Rydingsvard, al igual que el uso del lenguaje y
su historia.
JG: Es decir, una forma normalizada con la que trabajas y a la que das
una configuración natural o arcaica... Muchas de tus obras tienen un
acabado cromático gris que consigue una especie de efecto de superficie
unificada. Has hablado de la ropa gris que vestías de niña y de que nunca
has podido olvidarla. ¿Alude el color gris de la superficie de tus obras a
esos recuerdos de tu infancia? ¿Te da eso una sensación de seguridad? En
el modo en que creas estos materiales y a esas formas también se ve una
especie de alegría y exuberancia sorda. El resultado es un tipo de arte
único y complejo que plantea preguntas, pero no da las respuestas.
338
UvR: En efecto. Y siempre intento plantear más preguntas incluso, por-
que no quiero llegar a ninguna conclusión. No existe tal cosa. La obra en
la que estoy trabajando ahora mismo es otra pequeña letra. Estoy jugan-
do con ella pero todavía no tengo ni idea de a dónde llegará.
339
Ursula von
Rydingsvard.
Bowl with Folds,
1998-99.
Cedro y grafito.
3,5 x 5 x 5 m.
Cortesía de la artista.
JG: Song of a Saint (Saint Eulalia) (Canción de una santa (Santa Eulalia),
ese conjunto de formas totémicas que creaste en el terreno de Artpark,
en Lewiston, Nueva York, tiene una identificación más sencilla. Dice:
“Esto está aquí, esto tiene una presencia y esa presencia es temporal”. Los
palos hacen pensar en el sacrificio. Uno piensa en las tallas y en las esce-
nas de crucifixión populares de la Edad Media. Y atados a esos palos se
ven cuerpos, pequeños bultos. Es como una tragedia colectiva, pero no la
de una guerra, sino más bien la de la condición humana en general. En
341
tu obra reciente, el efecto y el proceso de la superficie se hacen más
intrincados, pero la sensación de cualidad física sigue siendo íntima,
como una conversación con tu persona interior.
JG: Tus esculturas poseen una presencia enigmática que crea lazos entre la
actividad cultural y social en la tierra y en la naturaleza. Koszarawa (1979),
expuesta al aire libre en Wave Hill, en el Bronx, muestra unas formas talla-
das colocadas unas encima de otras a través de la tierra que se asemejan a
una cerca para vacas. Su arbitrariedad en zigzag es graciosa, en especial
porque los extremos son elípticos y la gente tiene que enfrentarse a eso.
UvR: St. Martin’s Dream mide alrededor de 260 pies (80 m) de largo y se
instaló en un vertedero artificial de Battery Park City que ahora es
Battery Park City. Esta obra no podría haberla hecho en una duna de
arena formada por la naturaleza, porque no habría podido controlarla de
342
la misma manera. Levanté las secciones en forma de brazos extendidos
al horizonte en cuyo fondo se veía todo el centro financiero de Nueva
York con las Torres Gemelas del Trade Center. Los pequeños brazos van a
tientas. Yo buscaba este contacto con el telón de fondo de la geometría
anclada de los rascacielos.
343
JG: Ocean Floor (Fondo del océano) (1996) evoca la sensación de un
lugar que no podemos ver o al que no podemos llegar de manera natu-
ral y, sin embargo, el fondo del océano es como un cuenco. Esta obra
tuya es muy humana y se asemeja también a una forma natural que
paradójicamente lleva a la naturaleza en su interior. Este fondo del
océano que no podemos ver de manera natural es lo que le da vida a
su forma. Las formas de vejiga se parecen a los corchos que utilizan
los inuit en sus cañas de pescar y adornan sus bordes, dejándola en
tierra.
UvR: La primera vez que expuse Ocean Floor en Exit Art fue en una
muestra sobre sonido y forma. La gente se sentaba dentro del cuenco y
tenía que participar en la experiencia. Cuando hablaban dentro de la
escultura, sus palabras hacían eco y reverberaban. El sonido de la voz
cambia a medida que vas subiendo desde el fondo del cuenco.
344
Ursula von Rydingsvard. Skip to My Lou, 1997.
Cedro y grafito. 1 m de alto x 20,5 m de diámetro.
Cortesía de la artista.
JG: En Iggy’s Pride (El orgullo de Iggy) (1990) se aprecia el respeto por la tie-
rra. Reflejas las formas de las montañas que se ven en el fondo al otro lado
del valle. Hay un respeto por las formas de la tierra allí presentes. El arte abre
el espacio incluso más de lo que está abierto naturalmente. Esas formas
paralelas, con las muchas erosiones diferentes creadas por el artista, están
allí como tumbadas, mirando al otro lado del valle. Es una integración muy
modesta que, sin embargo, deja huellas de la presencia humana.
346
de mis obras que utiliza letras es Skip to my Lou (1997), en el campus
principal de Microsoft California. La creé con letras y con una danza que
hice con mis ayudantes. Nos cogimos todos de la mano y yo tracé una
línea alrededor de sus pies; tracé una línea a plomo desde sus codos
hasta el suelo en el punto en que se unían sus manos. Les hice que se
movieran en círculo de un modo muy vigoroso, muy rápido, y después
que se pararan, luego dibujé los puntos. Eso fue, en parte, lo que influyó
en las configuraciones de Skip to my Lou. Otra influencia procedió de una
tribu india que vivía en el lugar. Vi unos cascabeles y unas cajas que
había hecho esta tribu. Se notaba su profundo conocimiento del océano,
del modo en que actúa; y lo plasmaban en las superficies de las cajas. Así
que también tomé un poco de ahí, aunque en realidad la obra es una
mezcla mucho más complicada. Pero sí es cierto que esas tres cosas (las
letras, la danza y los artilugios indios) influyeron en mi creación.
JG: Las tribus de la costa solían seguir la cresta de la ola cuando viaja-
ban en canoa para emplear menos energía. Nunca lucharon contra la
energía de la naturaleza, sino que siguieron las líneas de esa energía.
347
motores que levantan las partes internas de los cuencos hechos de cedro
sólido. Yo les llamo muslos, pero realmente son como morteros y manos
de mortero que suben y bajan lentamente, cada uno en un momento
diferente. Se puede oír el sonido de la madera golpeando la madera. Hay
un eco, un eco verdaderamente apagado y laborioso que se oye una y
otra vez. Llega un momento en que uno casi rechaza haber puesto algo
de su parte. Es una búsqueda, un ir a tientas. Uno se convierte en un
vehículo. Es la vida que posee.
JG: Todo empieza con una premisa tan sencilla, y luego las formas cre-
cen casi orgánicamente a partir de ahí, como flores.
348
19. Mike MacDonald.
Un jardín de curación
Las instalaciones de Mike MacDonald son presentaciones directas y evoca-
doras en defensa de la naturaleza. Aunque es más conocido por sus obras
de vídeo, Mike MacDonald también hace fotografía, trabaja en internet y
lleva años plantando jardines que atraen a las mariposas en los terrenos de
museos y galerías de toda Norteamérica. De esos proyectos de los jardines
han surgido obras de vídeo y edredones multicolor. Nacido en Sidney,
Nueva Escocia, Mike MacDonald se trasladó en 1977 a la Columbia
Británica donde dedicó sus primeros años a la realización de cintas de
vídeo medioambientales y antinucleares. Además de abordar la preocupa-
ción por la conservación del medio ambiente, Mike MacDonald también ha
trabajado directamente con los pueblos nativos de la Columbia Británica
en asuntos de reclamación de tierras. En Hazelton (Columbia Británica),
documentó el testimonio de los ancianos para la reclamación de tierras
presentada por el Consejo de la tribu de Gitskan Wet’suwet’en.
351
electrónico) en la Galería de Arte de Vancouver (1987) y en el Centro
Nacional de Exposiciones Ksan (Hazelton, Columbia Británica, 1988). Su
obra de vídeo Seven Sisters (Siete hermanas), que puede verse actual-
mente en la Galería de Arte de Ontario, se expuso con anterioridad en la
muestra Perspectivas Nativas Contemporáneas del Museo Canadiense de
Civilizaciones Indígenas. MacDonald ha expuesto sus instalaciones de
vídeo en EE UU, ha llevado a cabo varios proyectos de jardines en diver-
sos lugares de Canadá y ha recibido del Centro para los Medios
Aborígenes de Toronto el Primer Premio al Mérito Aborigen por los nue-
vos medios. MacDonald dice de sí mismo: “Soy un artista de instalacio-
nes de vídeo en EE UU, un artista jardinero en Canadá y un indio en el
ciberespacio”.
352
y materialista. De hecho, mientras la naturaleza siguió siendo una fuen-
te, el arte confió en un distanciamiento de la naturaleza. ¿Qué opinas al
respecto?
MM: Me viene a la memoria una obra de gran tamaño hecha con lápi-
ces de colores y perteneciente al artista de Vancouver David Ostrem,
donde se muestra a un artista en su estudio que se ha parado a pensar
mientras trabaja en una obra, y cuya leyenda dice: “Dios se pregunta si
el arte no es sino otra forma que tiene la clase media de resolver su cul-
pabilidad”. No has empleado la palabra “A” en tu pregunta, pero me pare-
ce que deberíamos hablar de la Apropiación. A Emily Carr siempre se le
ha acusado de esto, pero ella trabajaba en una época en la que el con-
cepto de apropiación tal y como lo entendemos hoy ni siquiera había sido
definido. Le pusieron un nombre indio, Klee Wyck (La risueña) y así fue
aceptada en la cultura.
JG: Yo creo que hay mucho arte que tiene tanto que ver con la moda y
la apariencia de las cosas como con una especie de búsqueda de innova-
353
Mike MacDonald.
Lac St. Jean
Butterfly Garden,
1996.
Métabetchouane,
Quebec. Cortesía del
artista.
355
encontraba en aquel lugar trabajando en el caso de las reivindicaciones
de las tierras de los Gitskan. Fue allí donde me enamoré de las maripo-
sas. Trabajaba para el consejo de la tribu con los ancianos intentando
conservar el conocimiento de las medicinas nativas tradicionales, sus
aplicaciones y sus nombres en las lenguas nativas. Un día fui a ver a una
anciana porque mientras grababa en vídeo y fotografiaba las plantas
medicinales tradicionales, cada vez salían más mariposas en mis fotos.
Así que le llevé algunas de estas fotos a aquella anciana doctora y se las
mostré. Fue una visita maravillosa. Ella me explicó que hay que tratar a
las mariposas con el mayor de los respetos porque representan a los espí-
ritus de las personas dedicadas a la medicina que han muerto. Otro día
en el que no me sentía muy bien y fui a verla para que me diera una infu-
sión, me dijo: “Cuando no te sientas bien, ve a buscar una mariposa y
síguela porque te conducirá hasta una medicina que te hará sentir
mejor”.
JG: Desde entonces has estado haciendo una serie de edredones multi-
color, además de proyectar imágenes de mariposas. Touched by the Tears
of a Butterfly (Conmovido por las lágrimas de una mariposa), uno de los
vídeos que yo he visto, es muy elocuente y rico. Es una obra poderosa que
opera en el microcosmos, casi igual que The Fly (La mosca) de Yoko Ono,
aunque tu obra no es en absoluto modernista. Desarrolla su propia narra-
tiva dentro de su propio contexto y no intenta representar, digamos, un
significado. En ese sentido no es modernista ni postmodernista, sino más
bien una narrativa. Vemos primeros planos de alas de mariposas, frag-
mentos de una hoja y otras cosas, pero existe un lirismo, un aumento de
la tensión que se desarrolla y que tiene mucho que ver con la esencia de
la propia vida. ¿Puedes contarme algo acerca de cómo se te ocurrió la
idea de crear esta obra?
356
MM: Yo viví en una vieja casa con un hermoso jardín en Vancouver
durante unos quince años. Las personas que habían vivido allí antes que
yo se habían preocupado de plantar cosas que les gustaran a las maripo-
sas. Se me ocurrió que sería más fácil fotografiar y grabar en vídeo a las
mariposas si estudiaba y sembraba las plantas que les gustaban. En
cuanto al estilo de mi obra, las tomas son largas si se comparan con las
que utiliza la televisión. Un anuncio publicitario de treinta segundos uti-
liza muchas tomas, en cambio la mayoría de mis tomas individuales
duran treinta segundos o más. Quiero que la gente vaya más despacio y
se pare a pensar en las cosas. De hecho, cada una de mis tomas es como
un anuncio de la naturaleza.
JG: Desde entonces has hecho numerosos jardines de mariposas por todo
Canadá.
MM: Sí. Creo que hay 18 jardines míos repartidos de costa a costa. La
mayoría sigue existiendo pero a algunos se les ha dejado retornar a la
naturaleza, cuando habían sido plantados en tiestos, etc., o eran jardines
temporales.
357
bajando, en intentar desarrollar una nueva narrativa que sea transcul-
tural?
MM: Verás, con estos nuevos jardines espero estar ofreciendo un espacio en
el que la gente pueda centrarse y pensar en cuestiones sobre las que yo creo
que necesitamos reflexionar para proponer mejores alternativas. Nuestras
ciudades se están volviendo muy desagradables por lo que ocurre en ellas.
MM: Sí. Viviendo aquí en Winnipeg, no pasa una sola semana sin que lea-
mos que alguien ha sido apuñalado o tiroteado. En la mayoría de los casos,
lo está haciendo gente joven. Gente que no llega apenas a los veinte años.
JG: Esto quiere decir que existe algún tipo de agujero en el alma de esta
cultura y no hemos puesto el dedo en la llaga.
MM: Mira, cuando paso en coche por el centro de Winnipeg veo muchas
cosas de la arquitectura que me gustan, pero me paro en un semáforo en
rojo, cierro los ojos un momento y me imagino cómo era aquello cuando
allí crecían las plantas autóctonas y volaban las mariposas y me doy
cuenta de que era un entorno más integrado y saludable que ahora.
358
Mike MacDonald. Garden at La Gabelle Hydro Dam, 2001.
Norte de Trois Rivières, Quebec. Cortesía del artista.
MM: Sí, pero yo como artista, si no tuviera de vez en cuando una con-
versación como la que estamos teniendo ahora, tampoco disfrutaría
tanto.
360
JG: Aplicaron una tecnología que procedía de un lugar diferente y la impu-
sieron a los nativos. Recordemos, por ejemplo, la deformación del potlatch
(ceremonia amerindia de entrega de presentes) que se produjo tras el con-
tacto en la costa oeste. Pensemos en lo que supone ver estos objetos, las
máscaras, las cestas, los barcos, los tótems, todas estas facetas de una cul-
tura viva en un museo, en vitrinas y fuera de su contexto, igual que produc-
tos. Hace poco estuve en el Museo Real de Ontario y lo que vi no fue un
Buda, sino cuarenta Budas de diferentes lugares, todos amontonados.
¿Dónde está, en un contexto de voyeurismo como ese, el sentido de lo sagra-
do, el significado o aspecto espiritual que una vez tuvieron estas esculturas?
JG: Así es. A veces basta con una o dos para transmitir la idea. Y eso mismo
puede aplicarse a la práctica artística. Con recursos limitados las buenas
ideas se desarrollan. Pero con un exceso de información y materia, como
dice Neil Postman en Amusing Ourselves to Death (Entreteniéndonos hasta
la muerte), nos hemos quedado incapacitados. No nos fiamos de nuestros
propios procesos de pensamiento debido a la superabundancia de datos.
Esto acaba por desperdiciar la inventiva y la creatividad de la gente.
JG: Por tanto, la tecnología afecta a nuestras vidas directamente. Tus ini-
ciativas de los jardines de curación ponen a la gente en contacto con sus
361
sentimientos, les anima a mejorar los auténticos entornos físicos. Los jar-
dines son prototipos que provienen de la experiencia cultural indígena.
Pueden contribuir a informarnos sobre lo que puede curarnos en esta
época de gran dolor en la cultura norteamericana.
MM: Para mí siempre es un gran regalo hablar de estas cosas con gente
como tú, con una increíble profundidad de entendimiento y con talento
para articular ese entendimiento de un modo que hace más comprensi-
ble lo que yo estoy intentado decir.
362
20. herman de vries.
casualidad y cambio
El sentido de unidad trascendente de herman de vries es a un mismo
tiempo místico y funcional. Sus primeras obras de arte están influidas por
textos del budismo zen y por los versos hindúes de los Upanishads. En
1959, de vries realizó su primera pintura blanca, que fue más el resulta-
do de sus lecturas filosóficas y místicas que de lo que acontecía en la
vanguardia artística europea. de vries se formó como científico y traba-
jó hasta los años sesenta como investigador en el Instituto de Biología
Aplicada en la Naturaleza de Arhem, puesto que desempeñó hasta 1968.
Su producción artística de los años sesenta iba completamente por sepa-
rado de su trabajo científico, aunque la aleatoriedad y la casualidad, que
aparecían como un tema principal de su arte, las hubiera encontrado en
el uso de tablas de números aleatorios y el diseño estadístico de experi-
mentos biológicos.
365
jerarquía de palabras y de la estructura del lenguaje. En 1988, de vries
publicó un libro titulado flora incorporate (flora incorporada) en cada una
de cuyas páginas daba el nombre de una especie vegetal que había toma-
do como alimento, infusión, medicina o droga. El libro recogía 484 espe-
cies vegetales. de vries afirma que “al ingerir comida estamos participando
de la unidad de existencia, el mundo”. Sus instalaciones suelen tener un
aspecto científico u objetivo y consisten en la reunión de elementos, obje-
tos o plantas. Más recientemente, de vries ha presentado un diseño para
el desarrollo de la reserva natural de Weeribben, en la provincia norocci-
dental holandesa de Overijssel, un proyecto que de vries ve como la inte-
gración de varias disciplinas científicas, arte concreto y filosofía.
JG: Pasar de la botánica al arte a los cuarenta años es toda una trans-
formación. ¿Qué te impulsó hacia la creación artística?
366
hdv: bajo la influencia de los libros de suzuki sobre el budismo zen, redu-
je el color y la expresividad cada vez más hasta que llegué a pinturas
blancas vacías, sin ninguna forma, aunque en mis primeras obras seguí
diferentes caminos. así, desde 1954 a 1955, también hice collages que
surgieron de algo original: mi fascinación por los fragmentos de anun-
cios publicitarios que quedaban en las paredes de parís. más tarde me
influyeron las obras de kurt schwitters, que juegan siempre con partes de
la realidad usadas, tiradas, desgastadas, encontradas en las cunetas,
basura del bosque, etc. había una fuerte tendencia a devolver valor a las
cosas que lo habían perdido por completo: “¿qué es basura?”.
JG: Creo que también has creado obras que incluyen un componente
musical.
hdv: así es. comencé en 1962 y 1963 con voces de pájaros grabadas con
un gran micrófono parabólico de 100 centímetros que me prestaron en el
instituto de investigación biológica aplicada en la naturaleza. de madruga-
da, en torno a las 4.30 horas, los grababa en un lugar con muchos jardines,
al borde de una zona muy boscosa. se trataba, de hecho, de una especie de
obra c e r o: ninguna composición, ninguna selección, simplemente graba-
ciones. estas grabaciones eran “reality-music”; se llamaron natura artis
magistra, un título sacado del nombre completo en el siglo XIX del zoo de
amsterdam, habitualmente llamado artis. mi siguiente cinta fue humanae
vitae grabada en 1963 en el cruce de una calle muy concurrida con semá-
foros, durante la hora punta de la mañana cuando la gente va a trabajar y
los camiones están saliendo y entrando de la ciudad. más tarde, a princi-
pios de los años setenta, grabé seis pequeñas cascadas de un pequeño arro-
yo. el fenómeno de los saltos de agua hacía mucho tiempo que me
fascinaba porque es siempre la misma agua en el mismo riachuelo, pero se
367
manifiesta de modo diferente en condiciones diferentes. en aquel entonces
podía pasarme horas sentado junto a las pequeñas cascadas contemplan-
do su realidad. se asemeja a otros procesos y existencias. posteriormente
añadí otros sonidos de agua como el de la lluvia, el del rompeolas, el del
oleaje, el goteo en la primavera de un pequeño bosque, que se recogieron
en un disco con el nombre de water-the music of sound (agua - la música
del sonido). todo era expresión de nuestra realidad y no había nada que
añadir, nada que cambiar, era información completa y poesía, era perfecto.
JG: En 1970 en las Seychelles, hiciste la primera de las que llamas tus “obras
reales”: collected mahe (recogido en mahé), Seychelles, agosto de 1970. En
el planteamiento de esta obra se aprecian huellas de Paracelso, incluso de
tus orígenes de botánico. Desde entonces has reunido otros elementos
(hojas, flores, piedras, hierba y tierra) para otras obras. Una de las más ambi-
ciosas es natural relations (relaciones naturales) (1989). ¿Son estas obras
consistentes en instalaciones fenomenológicas una forma de cerrar la bre-
cha entre lo que los humanos llaman creatividad y los procesos ontológicos
de la naturaleza, que igualmente implican una constante transformación?
hdv: chance & change (casualidad y cambio) fueron un par de palabras que
se me ocurrió formular durante mis viajes, en el verano de 1970, a tehe-
rán. me llevó a realizar mucho trabajo de documentación. yo solía llamar-
le a esto la realidad como su propio documento. el cambio está en todas
partes. nada permanece igual, toda manifestación es nueva. todo momen-
to es nuevo. nada es estable. el proceso es duradero. douglas huebler lo
llamó “duración”. yo lo llamo “cambio”. la duración y el cambio son lo
mismo en tanto que “hecho”. el cambio trae la casualidad. sin cambios no
hay casualidades. las cosas pueden ser diferentes, pero pueden también ser
idénticas, una encarnación del mundo como hecho, como suceso.
368
mi publicación chance fields (campos de casualidades) (1973) muestra
que nuestras casualidades son infinitas*. la única limitación la marcan
las condiciones del campo de casualidades en el que estemos. la poesía
se convirtió verdaderamente en concreta en el momento en que recogí
un puñado de conchas en la playa de mahé. el tema “diferente e idénti-
co” se inició con esa pequeña obra.
* ejemplo: en una página de 24 x 24 cm., utilizando un papel pautado con cuadrículas de un centímetro y 10
elementos rectangulares existen 6.579.329.566.975.974.127.670.720.595.328.889.430.137.295.077.376 de
posibles formas y posiciones. Y ese es un número de casualidades más que astronómico.
369
herman de vries. the witness, 1991. Tronco de un olivo, 220 cm.
Parc de l’Espace de l’Art Concret, Mouans-Sartoux.
Fotografía: Jean Brasille. Cortesía del artista.
herman de vries. “ambulo ergo sum” (una frase del filósofo y matemáti-
co Gassendi). Detalle de sanctuaire de roche-rousse. Alpes de Provence,
Digne. Fotografía: Nadine Passamar Gómez. Cortesía del artista.
hdv: el agua está en toda y cada una de las cosas vivas. el sonido de
un arroyo, el sonido de seis cascadas en miniatura, cada cosa tiene un
sonido diferente y una identidad diferente. cada una viene formulada
por circunstancias diferentes, en condiciones diferentes, pero sigue
siendo el mismo riachuelo, la misma agua. yo sólo expongo lo que he
visto, encontrado y recogido. así que la obra es de la naturaleza y el
papel que yo desempeño en “mis” obras es modesto. es simplemente
una presentación de estos hechos, del resultado de los procesos, “del
proceso”.
371
las obras programadas aleatorias eran modelos, pero me di cuenta de que
el modelo más completo de la realidad era la propia realidad. así llegó a
su fin mi trabajo con la aleatoriedad puesto que prefería documentar
hechos reales y procesos reales. documenté ampliamente con una cáma-
ra estos procesos de casualidad y cambio, de lo diferente y lo idéntico, de
la poesía del hecho, pero durante mucho tiempo me resistí a exponer este
aspecto de mi obra. la foto tiene su propia realidad que no es idéntica a
lo que yo elijo fotografiar. ahora pienso que las publicaré algún día como
“reproducciones” de hechos y procesos.
372
mados por la naturaleza. Libros encontrados bajo un seto cubiertos de
musgo, por ejemplo. Mientras muchos artistas aluden al objeto-produc-
to, tu arte parece recordarnos que el modo en que definimos y percibi-
mos la naturaleza ha sido invertido por los procesos de fabricación y
producción. Más que ver la materia desde el punto de vista de la natu-
raleza, como parte de un proceso ontológico, a menudo la vemos como
una extensión de los sistemas de producción.
373
JG: En efecto. Y cuando definimos y segregamos elementos, ya sea basu-
ra o un nuevo producto, estamos participando servicialmente en un pro-
ceso de identificación con el exceso de producción. Es como si
tuviéramos miedo de reconocer la naturaleza como algo más que un
recurso. Cuando la naturaleza es manipulada, o alterada, creemos que
tiene valor. ¡Qué paradoja condicionada!
374
sis digital de la realidad: sí-no, tú-yo, nosotros-ellos, aquí-allí, etc. el
hecho permanece. el tiempo no existe. el tiempo es sólo otra interven-
ción humana que nos ayuda a asir la realidad. cuando una hoja cae sobre
un libro que estamos leyendo, es un momento hermoso.
JG: De 1961 a 1964, publicaste la revue nul = 0 con Henk Peeters. Entre los
colaboradores se encontraban Pietro Manzoni, Matthias Goeritz, Lucio
Fontana, Aubertin, Dieter Roth y otros. ¿Era tu orientación en última ins-
tancia conceptual y referida al arte concreto y a la poesía, o había otras
orientaciones? ¿Te pareció que el discurso que recogían esas páginas gene-
raba nuevas ideas y acciones por parte de los artistas y colaboradores?
JG: Los santuarios que has creado, una valla circular de hierro forjado en
Stuttgart (1993), la estructura de ladrillos circular en Munster (1997), la
pradera abierta en Eschenau, el sendero a través del bois sacré en el
sanctuaire de la nature de la roche rousse (2001), constituyen un inten-
to de reanimar la noción de lugar privado, de ese lugar donde podemos
ir a reflexionar, a encontrarnos a nosotros mismos y a identificar nues-
tras raíces primordiales en la naturaleza. La naturaleza se percibe a
menudo como un material cuyo único potencial es la explotación. La
transgresión se ha convertido en la norma. Las reflexiones internas sobre
nuestros orígenes, es decir, sobre los orígenes de la naturaleza, plantean
cuestiones existenciales acerca de la gran división entre la humanidad y
la naturaleza. ¿Estamos participando en un proceso de desarrollo y cam-
bio decidido por una mentalidad establecida hace siglos?
375
hdv: uno de los creadores de esa mentalidad fue rené descartes (1596-
1650), quien sentó las bases de la filosofía mecanicista que tanto influ-
yó en el desarrollo de la ciencia y que todavía se aplica en nuestra época.
a la frase de descartes “cogito ergo sum” (pienso, luego existo) se opuso
su contemporáneo gassendi (1592-1655), que vivía en digne, un pueblo
cercano a roche rousse, con el comentario “ambulo ergo sum” (camino,
luego existo). la gente que sube a pie por el sendero que lleva al sanc-
tuaire de la nature de la roche rousse puede encontrar esta cita de gas-
sendi grabada en la superficie de una roca que se desprendió de una
estribación, junto al camino. la idea de los santuarios y bois sacrés (bos-
ques sagrados) es la de un lugar de reflexión, revelación y contemplación
entre las manifestaciones de la naturaleza. en diciembre de 2001 estará
listo un nuevo santuario cerca de zeewolde, en los países bajos. Está
rodeado de un muro de tierra circular, densamente cubierto con rosas sil-
vestres. el hortus liberatus en merzig (alemania), y nuestro “prado” cerca
de nuestro pueblo de eschenau, que devolveremos a la naturaleza, tam-
bién tienen que ver con estas ideas.
376
herman de vries.
what is rubbish?, 1956.
Collage de cosas encontradas,
15 x 12 cm. París.
Fotografía: Falko Behr.
Cortesía del artista.
herman de vries.
sanctuarium, 1997.
Münster.
Cortesía del artista.
hdv: experiencia inmediata es una expresión adecuada. el lenguaje divi-
de el mundo en partes, pero estas partes siguen formando una sola.
una vez que se termine, sólo se podrá acceder a la zona mediante canoa
o a pie. no pretende ser un lugar de turismo masivo. es para aquellas per-
sonas que deseen experimentar la naturaleza profunda en holanda, un
país densamente poblado. algunas partes de la zona quedarán reservadas
a la propia naturaleza. no se permitirá la entrada de visitantes, ni siquie-
ra científicos. esta zona sólo se verá desde fuera.
378
JG: En tu instalación titulada from earth; from around swabisch hall
(desde la tierra; desde alrededor de swabisch hall) (1998), no represen-
taste el paisaje que rodea este lugar de una manera tradicional. En lo
que constituye una experiencia directa, colocaste 35 muestras de tierra
de varios colores, tonos y texturas, seleccionadas de las iniciales 129
que habías tomado, en un gran cuadro de rubbings [dibujos en relieve].
De tu proceso no sólo forma parte la historia geológica, sino igualmen-
te la historia humana. Expusiste rubbings de la tierra de la región de
Biel/Bienne, al pie de las montañas del Jura, en Suiza, junto al cuadro.
Al igual que en tus “estudios comparativos de paisajes”, como tú los lla-
mas, incluiste ejemplos de otros lugares, Escocia, Sicilia, Grecia y
Alemania, que crean una relación visual entre sitios concretos. Estas
huellas medioambientales se convierten en una expresión global.
Algunos le llamarían a esto enfoque científico, o al menos sistemático.
Al incluir en la misma exposición muestras de Buchenwald, Chernóbil y
Australia (de una zona habitada por los australianos originarios con
dibujos en cuevas y pinturas en paredes que han sobrevivido milenios),
restableciste el lugar de la evolución y la herencia de la humanidad en
el paisaje. Buchenwald y Chernóbil se exponen como montones de
arena. Se designan de manera diferente: Chernóbil indica el nivel de
radioactividad de este suelo contaminado y Buchenwald se designa sim-
plemente como KZ Buchenwald, Barracón 15....
379
puede hacerlo cualquier monumento conmemorativo. la muestra de
chernóbil pone de manifiesto el peligro de algunas actividades humanas:
la muestra tiene una radiación de 568 bequerel.
reuniendo tierra de varias regiones y países del mundo, estas obras nos
permiten ver sus diferencias y similitudes. ninguna de las 7.200 muestras
de mi museo de la tierra es la misma. al igual que las caras de los hom-
bres o que las formas de las hojas de un árbol, toda muestra de tierra
tiene una nueva forma. cada suceso, cada nueva casualidad, revela una
nueva forma. añadí un espejo para subrayar el hecho de que pueden
parecer idénticas pero siguen siendo diferentes, pueden parecer diferen-
tes, pero siguen siendo idénticas. la naturaleza no se repite. es siempre
nueva, en todas las maneras. Ser de todas las maneras; ser todas; ser las
maneras; ser; ser.
380
hdv: la poesía es una actitud. sin ella, mi mundo no existiría:
mi poesía es el mundo
la escribo todos los días
la vuelvo a escribir todos los días
la veo todos los días
la leo todos los días
la como todos los días
la duermo todos los días
el mundo es mi casualidad
me cambia todos los días
mi casualidad es mi poesía
381
21. Christo y Jeanne-Claude.
El envoltorio del mundo
Christo y Jeanne-Claude nacieron ambos el 13 de junio de 1935. Han tra-
bajado juntos desde su primera obra temporal al aire libre en Dockside
Packages, puerto de Colonia, 1961. Los proyectos artísticos que han cre-
ado se encuentran entre los más reconocibles que se han visto nunca en
el mundo. Ya sean en el ámbito urbano o rural, sus obras son entornos
completos. En 1994 decidieron cambiar oficialmente el nombre artístico
Christo por el de los artistas Christo y Jeanne-Claude sólo para los pro-
yectos medioambientales al aire libre. Los artistas actúan en entornos
escogidos y, al hacerlo, nos hacen percibir ese lugar de una manera
nueva. Entre sus proyectos más notables pueden citarse The Running
Fence (La valla corredora), Condados de Sonoma y Marin, California
(1972-76); Surrounded Islands (Islas rodeadas), Bahía de Vizcaíno,
Greater Miami, Florida, 1980-83; The Pont Neuf Wrapped (El Pont Neuf
envuelto), París, 1975-85; The Umbrellas – Japan – USA (Los Paraguas -
Japón – EE UU) (1984-91); Wrapped Reichstag (El Reichstag envuelto),
Berlín 1971-95.
385
Christo y Jeanne-Claude. Running Fence, 1972-76.
Condados de Sonoma y Marin, California.5,5 m x 39,4 km.
Fotografía: Jeanne-Claude. Copyright: Christo 1976.
J-C: No, Christo no pintaba por aquel entonces. Estaba creando sus pri-
meras obras (1958) y no las vendía, por lo que no podía pagar el alquiler.
Así que encontró tres maneras de sobrevivir. Lavaba coches en talleres,
lavaba platos en restaurantes y pintaba algunos retratos: óleos sobre lien-
zos. Sus primeras obras las firmó con su nombre de pila: Christo. Cuando
lavaba coches en talleres y platos en restaurantes o pintaba retratos, era el
Sr. Javacheff, su apellido. Los retratos estaban firmados por Javacheff.
JG: ¿Y esta obra estaba menos relacionada con el objeto y más con el
acontecimiento?
JG: Digo eso porque ninguno de los dos consideráis vuestra obra con-
ceptual.
387
Japón–EE UU), que acabamos en 1991. No encontrarás a nadie en Wall
Street que le llame a 26 millones de dólares una concepción.
JG: Recibisteis algunas críticas por los efectos sobre la naturaleza del
proyecto The Umbrellas (Los paraguas) (1984-1991) o por The
Surrounded Islands (Las islas rodeadas) (1980-1983) en la Bahía de
Vizcaíno de Florida...
388
J-C: Normalmente dos semanas, aunque a veces son tres. Depende. Ha
habido casos en que han estado más tiempo, por ejemplo, el Envase de
aire de 5.600 metros cúbicos (1968), en Kassel (Alemania) que estuvo dos
meses. También The Wrapped Coast (La costa envuelta) en Australia, en
1969, estuvo casi dos meses; así que depende...
JG: Sí... y las imágenes posteriores, las obras que la gente colecciona y
todo eso, son menos importantes que la integración en un paisaje en el
que la gente ha vivido y mantenido una actividad. El paisaje en que tra-
bajáis no es necesariamente prístino.
389
JG: Iba a referirme a eso. ¿Por qué creéis que el patrocinio en cierto sen-
tido compromete el mensaje del artista o incluso su intención?
J-C: No, no creemos eso. A nosotros nos parece bien cualquier artis-
ta que desee tener patrocinadores, pero nosotros no aceptamos patro-
cinios. Esto es libertad absoluta. No estamos en contra de los
patrocinadores en general, para el resto de la gente. Sólo para noso-
tros.
JG: Yo creo que las imágenes perduran mientras que las obras de arte no
permanecen. En este sentido, ¿pensáis que las imágenes comunican con
más fuerza que el objeto?
J-C: Esa obra la eligió más Christo que yo, porque él nació en Bulgaria y
se crió bajo un régimen muy comunista, y la relación entre el Este y el
Oeste era muy importante para Christo. El único edificio del mundo que
estaba bajo la jurisdicción de los cuatro aliados después de la guerra, los
390
Christo y Jeanne-Claude. The Umbrellas Japan-USA.
Paraguas azul. Fotografía: Wolfgang Volz. Copyright: Christo 1991.
J-C: Tenemos dos obras en curso. Una se llama The Gates, Project for
Central Park (Las puertas, proyecto para Central Park) en la ciudad de
Nueva York, y la iniciamos en 1979. Todavía no tenemos los permisos. Y
estamos trabajando muy activamente en un proyecto llamado Over the
River, Project for the Arkansas River (Sobre el río, proyecto para el río
Arkansas), en el estado de Colorado. Esta obra la empezamos en 1992 y
tampoco tenemos aún los permisos.
392
JG: Quería preguntaros si creéis que un artista debe permanecer alejado
de la política.
J-C: Yo creo que los artistas deben hacer lo que les plazca.
JG: Hacéis referencia al hecho de que vuestras obras son decisiones esté-
ticas. Quisiera preguntaros qué es para vosotros una estética.
JG: Creo también que Christo colaboraba en París con una publicación
llamada KWY con muchos jóvenes artistas de la ciudad, ¿no es cierto?
393
C: No. Nunca. Cuando compramos materiales a una empresa, tiene que
firmar un contrato haciendo constar que nunca lo utilizarán con fines
publicitarios.
394
22. Chris Drury.
El corazón de la materia
Chris Drury ha desarrollado una forma única e inimitable de trabajar en
el medio ambiente. Nacido en Ceilán (Sri Lanka) y formado en la Escuela
de Arte Camberwell de Londres, Chris Drury ha realizado, a lo largo de los
últimos veinte años, una gran variedad de obras. Para sus integraciones
de esculturas de gran tamaño, Drury construye dos formas estructurales:
mojones o refugios. La elección de los lugares influye en la concepción
de la obra, y tales lugares han sido muy variados, desde Nuevo Méjico a
Sussex (Gales). Se han celebrado numerosas exposiciones de la obra de
Chris Drury, entre las más recientes cabe destacar Heart of Stone
(Corazón de piedra), a principios de 2004 en la galería Oriel Mostyn,
Llandudno (Gales) y en la galería Stephen Lacey de Londres. Hut of the
Shadow (La cabaña de la sombra) le hizo merecedor de una distinción de
la Asociación para la Protección de la Escocia Rural en 2002. Entre los
encargos de obras específicas se encuentran: Cloud Chamber (Cámara de
nubes) (2003) para el Museo de Arte de Carolina del Norte; Heart of
Reeds (Corazón de juncos) (2002), una iniciativa de biodiversidad de jun-
cales que se está llevando a cabo en la Reserva Lewes Railway Land, en
Sussex; Tree Vortex (Vórtice de árbol) (1998), en el castillo de Dragsholm
397
en Odsherred (Dinamarca); y Cedar Log Sky Chamber, (Cámara aérea de
tronco de cedro) (1996) en Kochi, Japón.
CD: La naturaleza es una idea creada por la cultura, y es una idea incor-
porada al lenguaje. El propio término presupone que estamos fuera de
ella y, por tanto, es antropocéntrico. Nosotros somos naturaleza y la
naturaleza “es”. Nuestras vidas son un proceso de la naturaleza.
398
JG: Satish Kumar ha dicho que tenemos que elaborar una nueva decla-
ración de dependencia, en vez de la de independencia, donde se reco-
nozca que debemos percibir nuestro lugar en la tierra desde un punto de
vista simbiótico.
CD: Estoy al tanto de todos los debates ecológicos, pero no son la prime-
ra fuente de mi obra, aunque puedan tangencialmente estar relacionados.
En primera instancia, hago mis obras por una corazonada, por instinto.
Éste surge normalmente de una experiencia directa con el mundo exterior
o dentro de éste. Se produce una conexión visceral. Yo creo que el hom-
399
Chris Drury. Coppice Cloud Chamber, 1997.
Kent, Inglaterra. Cortesía del artista.
JG: A veces el arte puede perder su relación con el lugar real, paradóji-
camente incluso en el llamado “arte medioambiental”. Estas obras de arte
fueron creadas en espacios naturales al aire libre y pretendían subrayar
la condición efímera de la propia vida, pero existe de todas formas una
indiferencia por el lugar. ¿Dónde situarías tus obras de mojones y fardos
en este contexto?
CD: Los mojones los construyo muy deprisa y los fotografío para decir:
“Mira este lugar ahora, en este momento”. No tratan de piedras en equili-
brio. Los fardos son como notas de un lugar, como recuerdos. Ahora que ya
401
ha transcurrido tiempo desde que los hice, los encuentro un poco étnicos y
ritualizados, pero siguen valiendo. La última vez que realicé uno fue proba-
blemente en 1993. Sigo haciendo mojones de vez en cuando, pero cada vez
soy más reticente a intervenir en el paisaje “salvaje”. Ahora tiendo a apro-
vechar estas experiencias de la “naturaleza salvaje” de forma más indirec-
ta, trabajando con mapas, con tierra y fotografías sin retocar. Dejo que
estas experiencias de paisajes entren en mi obra a un nivel más profundo.
CD: Driftwood Cairn formó parte de una serie de obras que realicé y que
suponían un intercambio de objetos entre la montaña y el mar. En ese
sentido, sí, la obra es una especie de rito, pero un rito que sólo pretende
establecer una conexión muy física entre la montaña y el mar. Seven
Sisters Cairns consistía en levantar siete mojones de cal para los siete
acantilados ondulantes que llevan el nombre de Seven Sisters. Estos últi-
mos mojones los hice rápidamente, un día embravecido del mes de enero,
porque era espléndido. La marea se los llevó en apenas quince minutos.
CD: Son, en realidad, una extensión de los mojones. Los mojones marcan
un lugar sobresaliente en un momento del tiempo. Un fuego dentro de
un mojón muestra la oposición entre las cosas: calor en un lugar frío, luz
y oscuridad, fuego y agua; todo cosas opuestas.
402
JG: La supervivencia cultural depende así mismo de cómo mantenemos
nuestro medio ambiente, porque cada medio ambiente lleva códigos que
nos facilitan la perpetuación del conocimiento de la naturaleza en una
respuesta particular a un entorno específico. Tus series de obras en papel
Medicine Wheel (Rueda medicinal) (1983) integran plantas vivas y espe-
cies de setas de un medio ambiente, y desarrollan un diálogo con la natu-
raleza dentro del proceso creativo... Creo que este fue un proyecto cíclico,
estacional, que fue evolucionando en cada estación del año...
JG: Tu Earth Wave Drawing (Dibujo de ola de tierra) lo pintaste con tinta
negra utilizando la tierra como medio. El dibujo recuerda algunos de los
montajes (assemblages) y obras de arte vegetales del artista belga Bob
Verschueren.
CD: Las olas de tierra forman parte de todo un conjunto de obras que tie-
nen que ver con el movimiento, el agua y la sangre; el microcosmos y el
macrocosmos. También son una extensión de las obras de mapas entrete-
jidos en tanto que en estas obras los mapas de dos lugares que tienen algo
en común o que son polos opuestos se cortan en tiras y se cosen juntas. En
las obras de las olas de tierra, se imprimen juntas tierras procedentes de
los dos lugares. Las primeras obras fueron impresiones únicas de una xerox
sobre pigmento del suelo. En obras posteriores, el suelo de un lugar se frota
hasta que está seco o se moja en el papel sobre un fondo circular. Sobre la
403
impresión de una pantalla con un dibujo de olas se vuelve a imprimir uti-
lizando tierra tamizada en un soporte de impresión. Tengo una biblioteca
de pigmentos del suelo de todos los lugares del mundo en los que he esta-
do. Después de los viajes que he hecho, me doy cuenta de que las plantas,
por ejemplo, se asemejan vagamente a algunas plantas del lugar en el que
vivo. Al crecer en diferentes condiciones y en diferentes climas se han
adaptado de manera diferente. En todas partes las cosas son iguales, pero
diferentes; esto vale para los bichos y también para las personas.
404
CD: Supongo que la homeopatía funciona como una tenue memoria de
huellas que debe estar presente en algo más pequeño que las huellas. El
código genético es memoria.
405
Chris Drury. Lost Coast Cairn, 1999.
California, EE UU. Cortesía del artista.
Chris Drury. Cloud Chamber for the Trees and Sky, 2003.
Museo de Arte de Carolina del Norte. Cortesía del artista.
al final tendrá una forma muy diferente a la de las cúpulas originales. El
caos y la incertidumbre se incorporarán al proceso... así es como funciona
la naturaleza. No es predecible y, en última instancia, escapa al control.
JG: Sí, la humanidad nunca será dueña de la naturaleza y este mito del
dominio sobre la naturaleza es potencialmente peligroso. Me pregunta-
ba si te han acusado alguna vez de ser purista por utilizar materiales
basados en la naturaleza. Está claro que todos los materiales, incluso los
sintéticos, al final proceden de la naturaleza, pero me preguntaba eso...
CD: No creo que me hayan acusado nunca de ser purista, más bien lo
contrario. Alguien me preguntó una vez hace mucho tiempo cuál era la
diferencia entre Andy Goldsworthy y yo, a lo que le contesté bromeando:
“Epoxy”.
JG: Creo que una vez dijiste que los mojones que hacías, como Lost Coast
Cairn (El mojón de la costa perdida) en California, surgían de paseos por
la naturaleza. Los mojones siguen siendo marcas de un lugar y un tiem-
po especial... igual que los Inuit en el Ártico hicieron mojones como una
especie de señales. Tú no consideras los mojones esculturas per se, sino
más bien como algo fuera del yo, el cual es temporal...
CD: Los mojones no son en absoluto referencias del yo. De hecho, seña-
lan a algo más fuera del circuito cerrado del yo, algo que fluye y cambia
continuamente.
407
uno de esos casos. Se trata de una obra realizada, como otras muchas
tuyas, en colaboración con otra persona (en este caso con Chris Tomkins
que se dedica a empajar). Empleando materiales disponibles en el lugar
nos hiciste ver cómo la conciencia medioambiental puede enseñarnos
que los recursos están en todas partes y que los materiales locales, cuan-
do se utilizan, pueden integrarse con una mayor armonía medioambien-
tal que los materiales importados o los productos estándar. Los
materiales locales, de hecho, pueden adaptarse mejor que los importados
para construir estructuras.
CD: Sí, eso es sin duda cierto, pero sólo los países industrializados y alie-
nados han tenido que redescubrir esto. La mayoría del resto del mundo
utiliza los materiales locales por sentido común y necesidad. Sin embar-
go, en el caso de Reed Chamber, debido a los contaminantes agrícolas
presentes en el agua y a que los juncos absorben estos contaminantes
(esos juncos se pudren muy deprisa, así que los juncos para empajar se
importan en su mayoría de humedales no contaminados de Turquía, lo
cual es una cosa de locos), no pude utilizar los juncos del lugar. Empajar
es un bonito arte y sólo sirven juncos rectos sin contaminar, cogidos de
juncales que se cosechan anualmente. En Arundel, sus juncales son hábi-
tats de la naturaleza protegidos y no se pueden cosechar. Así que los jun-
cos procedían de Turquía.
JG: Los “dibujos de la tierra” que has hecho, como Heart of Reeds
(Corazón de juncos) (1998), creado en la Reserva Lewes Railway Land,
presentan una configuración general que se asemeja a la forma espiral
de doble vértice propia del tejido del corazón humano. Con un montícu-
lo de tierra de seis metros y cintas de tierra y paseo entarimado que
representan los ventrículos izquierdo y derecho del corazón, Heart of
408
Reeds encarna las similitudes existentes entre los patrones macrocósmi-
cos y microcósmicos de la naturaleza, y de todos los elementos vivos,
incluidos nosotros. Tu Heart of Reeds, y más recientemente tu Heart of
Stone (Corazón de piedra) (2003) que se hizo empleando pizarra de
Gales, evocan formas similares. Estas nociones del microcosmos y del
macrocosmos fueron plasmadas por Theodore Schwenk en su libro pio-
nero Sensitive Chaos (Caos sensible). A mí me parece que tus proyectos
Heart of Reeds y Heart of Stone expresan en una obra de arte las nocio-
nes de olas orgánicas y figuras variables de Schwenk. Tu arte nos lleva a
considerar las grandes fuerzas cósmicas y el modo en que el agua que
contiene la materia viva sólida orgánica refleja esas fuerzas, ya sea en el
microcosmos o en el macrocosmos...
Theodore Schwenk cree que estas fuerzas y las formas resultantes reci-
ben a su vez impulsos formativos del mundo espiritual. ¿Qué piensas al
respecto? ¿Puede el arte desempeñar un papel a la hora de orientar a la
gente hacia cuestiones espirituales y ecológicas más profundas?
409
JG: Cloud Chambers las construiste con paredes de piedra y tejados de
madera que, según me dicen, captan nubes de vapor en su interior. ¿Se
trata en principio de una especie de sauna de los nativos? Las primeras
cámaras de nubes nacieron en 1990 hechas de lona con una abertura y
similares a la estructura de una tienda de los nativos amerindios. Desde
entonces has construido alrededor de diez. Al evocar un principio de
intemporalidad, se dice que evocan nubes u olas, formas efímeras de flu-
jos dentro de sus estructuras... ¿Puedes explicarlo?
CD: No, las Cloud Chambers no tienen vapor y no están relacionadas con
las saunas. Mis Cloud Chambers funcionan como una cámara oscura o
una cámara de agujero de alfiler gigante. Mediante una pequeña aber-
tura o una lente puede proyectarse una imagen del exterior en una pan-
talla blanca situada en el interior oscuro. El armazón exterior de la
cámara encaja bien con el entorno y es un objeto o edificio en el espa-
cio. Dentro de la cámara, uno puede experimentar imágenes fantasmales
de nubes que vagan por el suelo.
Cuando se usa una lente hay que tener un enfoque fijo (digamos infini-
to), por lo que las cosas más próximas están un poco borrosas. Pero con
una lente consigues un agujero mayor y más luz, así que logras color,
aunque la imagen solo tiene un tamaño determinado.
410
En Wave Chamber (Cámara de olas) incorporo a la parte superior de la
cámara un pequeño espejo con un periscopio orientado hacia el lago. El
espejo recoge la imagen de las olas. Éstas pasan, a continuación, por una
pequeña lente ordinaria y se proyectan sobre el suelo interior.
JG: Has hecho algunos dibujos basados en la vida en las colinas del anti-
guo Ceilán (Sri Lanka) donde habitaba tu familia según unos modos colo-
niales antiguos que suenan fascinantes. También te han inspirado Ladakh,
Hebrides, Manhattan y los Alpes del Jura. El viaje y la memoria suponen un
proceso de estratificación del mismo modo que tú colocas en estratos o
capas aspectos de la naturaleza como las esporas de setas en los viejos
mapas, intercalando así puntos de referencia inmediatos basados en la
naturaleza y elementos lineales o racionales, como los mapas, de contra-
punto. El resultado final, sin embargo, es un efecto puramente visual que
refleja los principios de entropía, el proceso ontológico y el ciclo de la vida.
En una palabra, estas obras son hermosas evocaciones de la relación de la
humanidad con y dentro de la naturaleza, de la cual formamos parte. Debe
de ser emocionante trabajar en estos trozos de papel, aunque sean los
resultados finales de la experiencia y el proceso artísticos...
411
CD: Sí, creo que es acertado lo que dices de estas obras; tratan de capas
de percepción (de hecho, la mayoría de mis obras tienen capas de signi-
ficado que se pueden ir pelando). Descubrir estas capas es una parte con-
tinua del ciclo de trabajo. La intuición, la fabricación y la toma de
conciencia de lo que se está produciendo son inherentes al proceso.
412
Lecturas
recomendadas
MALCOLM ANDREWS, Landscape and Western Art, Nueva York: Oxford U. Press, 1999.
JOSÉ ARGUELLES, The Transformative Vision: Reflections on the Nature and History
of Human Expression, Boulder: Shambhala, 1975.
JOHN BEARDSLEY, Earthworks and Beyond, Nueva York: Abbeville Press, 1998.
WALTER BENJAMIN, Illuminations, Nueva York: Schocken Books, 1968.
MAURICE BERGER, ed. The Crisis of Criticism, Nueva York: New Press, 1998.
THOMAS BERRY, The Dream of the Earth, San Francisco: Sierra Club Books, 1990.
SUZANNE BOETTGER, Earthworks Art and the Landscape of the Sixties, Berkeley y
Los Ángeles: U. of California Press, 2002.
MURRAY BOOKCHIN, The Ecology of Freedom, Montreal: Black Rose Books, 1991.
DAVID BOURDON, Designing the Earth: The Human Impulse to Shape Nature,
Nueva York: Abrams, 1995.
F. H. BRADLEY, Appearance and Reality, Oxford: Clarendon Press, 1930.
SUZI GABLIK, The Reenchantment of Art, Londres: Thames & Hudson, 1991.
JAMES GEORGE, Asking for the Earth; Waking up to the Spiritual/Ecological Crisis,
Rockport, Ma.: Element, 1995.
415
JOHN GRANDE, Balance: Art and Nature, Montreal: Black Rose Books, 1996.
JOHN GRANDE, Intertwining: Landscape, Technology, Issues, Artists, Montreal:
Black Rose Books, 1998.
PAUL HAWKEN, The Ecology of Commerce: A Declaration of Sustainability, Nueva
York: Harper Collins, 1993.
JANE JACOBS, Systems of Survival: A Dialogue on the Moral Foundations of
Commerce & Politics, Nueva York: Vintage, 1994.
SALIM KEMAL & IVAN GASKELL, eds., Landscape, natural beauty and the arts,
Cambridge: Cambridge U. Press, 1993.
LUCY LIPPARD, The Lure of the Local; Senses of Place in a Multicentred Society,
Nueva York: New Press, 1997.
BARBARA C. MATILSKY, Fragile Ecologies; Contemporary Artists’ Interpretations and
Solutions, Nueva York: Rizzoli con el Museo de Arte de Queens, 1992.
MARSHALL MCLUHAN y BRUCE R. POWERS, The Global Village; Transformations in
World Life and Media in the 21st Century, Oxford: Oxford U. Press, 1989.
E. F. SCHUMACHER, Small is Beautiful; Economics as if People Mattered, Nueva
York: Harper Perennial, 1989.
MICHAEL TUCKER, Dreaming with Open Eyes: The Shamanic Spirit in 20th Century
Art and Culture, San Francisco: Aquarian Harper, 1992.
ALEXANDER WILSON, The Culture of Nature: North American Landscape from
Disney to the Exxon Valdez, Toronto: Between the Lines, 1991.
416
Diálogos Arte-Naturaleza
es el número 3 de la colección ENSAYO,
editada por la Fundación César Manrique.