Calendario Mítico Moche: Iconografía y Análisis
Calendario Mítico Moche: Iconografía y Análisis
REsUMEN
Los Temas Complejos corresponden a representaciones de barro polícromos, ubicado en dos tem-
plos prehispánicos de la cultura Moche de la costa norte del Perú, pertenecientes al siglo VII d.C.
aproximadamente. Es una de las extraordinarias expresiones simbólicas y artísticas que se ha
dado a conocer en el siglo XX. Esta composición iconográfica es resultado de cambios ideológicos
fuertes que ocurrieron al interior de la sociedad Moche en respuesta a una crisis climática que
motivó la restauración de un nuevo orden frente al caos y la instauración de un calendario mítico-
ceremonial representado en los dos muros con Temas Complejos. Este artículo enfoca el estudio
iconográfico y el uso de fuentes etnohistóricas para aproximarnos a su significado.
PALAbRAs CLAVEs: Temas Complejos, iconografía, calendario ceremonial.
AbstRACt
The complex themes belong to a polychrome relief made from mud located in two pre-
Hispanic temples that belong to Moche Culture in the northern coast of Peru dated circa VII century
AD. This is an extraordinary symbolic and artistic representation found in the last XX century. This
iconogra- phic composition is the result of the strong change of attitude within the Moche society as
an answer to the climate crisis. This new attitude implied the instauration of a new order to
confront the chaos and the installation of a new mythical-ceremonial calendar represented in
these two murals with complex themes. This article focuses on an iconographic study and on the use
of etnohistorical sour- ces to approach its importance.
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KEywORds: Complex Themes, iconographic, ceremonial calendar.
Arqueología y Sociedad 31, 2016: 93-163
INtROdUCCIÓN
Este artículo corresponde al estudio de dos muros con iconografía compleja descubierto en la
Huaca Cao Viejo en el Complejo Arqueológico El Brujo, ubicado a 60 km al noroeste de la ciudad de
Trujillo, en la región de La Libertad, Perú, y a 4 km de distancia del pueblo histórico de Magdalena de
Cao (figs.1-3). Su hallazgo se dio a partir del inicio de un proyecto de investigaciones arqueológicas y
conservación conducidas por la Fundación Wiese en convenio con la Universidad Nacional de Trujillo
y el Instituto Nacional de Cultura (ahora Ministerio de Cultura).
Estos murales polícromos en alto relieve encontrados en 1990 fueron denominados “Temas Com-
plejos” porque tienen en su composición muchas representaciones recargadas dentro de estilo ba-
rroco, cuya significación general, a pesar de las aproximaciones, tiene todavía muchos enigmas
por resolver.
En efecto, la propuesta de interpretación de los Temas Complejos, se basa en un análisis anterior
preiconográfico de temas y escenas que se vinculan con una estructura narrativa que nos permite
deducir, en ambos casos, la expresión de aspectos cosmogónicos (de los orígenes y fundamentos)
y cosmológicos (del orden y la estructuración), que formaron parte de la cosmovisión del pueblo
Moche hace casi 1600 años.
A partir del análisis de los Temas Complejos, se definieron algunas dimensiones que dentro
de estas hay una concatenación de escenas correlativas que fueron enriquecidas con los muros
similares que se descubrieron en la Huaca de la Luna.
La propuesta de calendario mítico-ceremonial se sustenta en un análisis de temas que se vinculan
con escenas o actividades ceremoniales que están dentro de una estructura narrativa,
representados también de manera fragmentada en la cerámica Moche entre los siglos VI y VII d.C.
Considero que una parte de esta contribución se basa en los escritos de Anne Marie Hocquenghem
(1987) sobre “Iconografía Mochica”, donde encontramos información muy importante sobre el uso
de fuentes etnohistóricas e iconográficas, relativas a la vida ceremonial de los Incas para entender el
mundo mágico-religioso Moche.
Es preciso indicar que probablemente muchas interpretaciones aquí esbozadas serán revisadas
con el tiempo de acuerdo al desarrollo de las investigaciones futuras dentro de un marco comparativo
y de complementariedad de los muros descubiertos en las Huacas de Cao Viejo y Huaca de la Luna.
Por la información que tenemos y que fue vertida en una publicación anterior (Franco y Vilela 2005),
este artículo condensa lo más importante sobre los Temas Complejos para entender sobre su
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El gran aporte de Christopher Donnan (1978), uno de los investigadores que ha estudiado a los
Mo- che durante toda su vida, ha sido la necesidad de tener una aproximación temática sobre las
represen- taciones pictóricas de la cerámica, al definir un número limitado de temas, entre los
cuales el “tema de la presentación” ahora denominado también la “ceremonia del sacrificio”, ha
cobrado relevancia en cuanto al análisis y significado de este tema central, así como de otros
elementos simbólicos que le ha permitido, a través de las imágenes, predecir determinados ritos en
la iconografía Moche.
Por otro lado, Anne Marie Hocquenghem (1987), dentro de sus contribuciones valiosas, a
veces incomprendida por sus algunos de sus planteamientos, estudió muchos episodios de la
iconografía, donde propone como tesis que las representaciones de esta cultura son un sistema de
componentes interactuantes que permiten cumplir una función comunicativa y que cada una de
éstas se puede entender como parte de todo un proceso ideológico. Aún, cuando hemos visto que
Hocquenghem ha sido observada por su exagerada comparación del sistema religioso Moche con lo
Inca, considero que su aporte resulta sustancial para comprender muchos aspectos rituales y/o
ceremoniales de este tiempo. Esta investigadora ha planteado que muchos patrones de conducta
religiosa Incaicos forman parte de una supervivencia del calendario ceremonial andino, que resulta ser
todo un sistema de con- tinuidad histórica mantenido por muchos siglos en los Andes Centrales. La
iconografía moche a través de la imagen funciona como referencia para establecer un orden ancestral
(Hocquenghem 2008: 26). En definitiva, Hocquenghem en la década de los ochenta hace un juicio
premonitorio antes de los descubrimientos de los murales en los templos de Cao Viejo y la Luna,
cuando señala lo siguiente:
“Los muros de los templos forman parte del marco donde se sitúan estas ceremonias. La
función de los soportes de la iconografía es entonces utilitaria dentro del cumplimiento de las
tareas rituales... La función de la iconografía mochica, de los objetos en los cuales aparece y de
las ceremonias que ilustra, es entonces representar las reglas, encuadrar, estabilizar, preser-
var las instituciones ancestrales” (Hocquenghem 1987: 84).
Muchos investigadores han tratado de explicar la iconografía Moche utilizando ciertas propuestas
o métodos de análisis iconográficos. Por ejemplo, el historiador Panofsky (1979) aplica por
primera vez una metodología para el estudio del arte histórico en general, basado en los
siguientes proce- dimientos: descripción pre-iconográfica, análisis iconográfico e interpretación
iconológica. Uno de los investigadores que ha utilizado la metodología de Panofsky es
precisamente Luis Jaime Castillo (1989), cuando aborda un tema narrativo de “personajes
míticos, escenas y narraciones en la icono- grafía mochica” desde diferentes perspectivas. Castillo
ha desarrollado una metodología de descrip- ción analítica pre-iconográfica, adaptada a las
características de la iconografía moche (conformación del corpus, identificación de personajes,
atributos esenciales, atributos secundarios, análisis de la variabilidad de los atributos de acuerdo a
las acciones, correlación fase-acción atributo, etc.).
Krzysztof Makowski (1994, 1996, 2008) ha aportado en la discusión en torno al carácter de la ico-
nografía, señalando la posibilidad de organizar las imágenes en secuencias narrativas. Su
propuesta es que los atributos y rasgos de ciertos personajes centrales cambian de manera
secuencial a medida que avanza la narración. Indica además que son episodios concatenados de
historias míticas, de hé- roes divinos que establecen el orden social y político, así como definen la
personalidad iconográfica de ciertos actores divinos y humanos. Esta metodología ayuda a separar
contenidos narrativos con- catenados, que pocas veces se manifiestan en las pictografías de la
cerámica, pero con mejores posi- bilidades ahora en los murales polícromos dentro de los espacios
ceremoniales de los templos donde se identifican estas escenas míticas.
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Jürgen Golte (1994, 2009) otro investigador de la iconografía moche, ha señalado la posibilidad de
organizar las imágenes en secuencias narrativas, y ha sugerido la reconstrucción de discursos reli-
giosos a partir de la gesta y luchas míticas del dios F, así como ha intentado discutir aspectos como
el lenguaje simbólico, la cosmovisión moche, las limitaciones metodológicas en la cerámica como
contexto. Analiza, asimismo, algunas secuencias narrativas de las divinidades mayores y su descen-
dencia, además de secuencias del entierro, secuencias de ritos de montaña, de fertilidad, etc. con base
en la iconografía y su directa vinculación con la forma de las vasijas de cerámica.
Entonces, considerando las propuestas anteriores, a continuación trataré de revaluar el
significa- do de los Temas Complejos, apoyándome en la presentación iconográfica de los muros de
la Huaca de la Luna, especialmente del muro mayor, debido a que los dos murales de este edificio
se encuentran en un gran estado de conservación (Uceda y Morales 2010; Tufinio 2006). Como se
recordará, hace mu- chos años, ante la ausencia de los murales de la Huaca de la Luna nos propusimos
con mi colega Juan Vilela (ver Franco y Vilela 2005), realizar un estudio pre iconográfico de los
Temas Complejos, basado en la presentación de los siguientes pasos de la investigación: Metodología,
composición, descripción de unidades, tipos de representación y el análisis comparativo de los
tipos de representación, proce- dimiento descriptivo que ayudó, por entonces, a la identificación
de personajes a través de acciones o de las relaciones de los elementos interactuantes (rasgos
corporales, atributos, personajes, objetos de la escenografía, acciones), dentro de un conjunto de
escenas que forman una unidad mayor. Como se comprenderá, nuestra mayor limitación fue la relativa
ausencia de otras escenas concatenadas que no aparecían en la parte superior de los murales de Huaca
Cao Viejo y que ahora se pueden distinguir en el mural mayor de Huaca de la Luna en el cual se basa
nuestra revaluación (figs. 4-5).
Una de las interrogantes todavía por resolver es, ¿cuál fue la causa de la destrucción o desmante-
lamiento de gran parte de las representaciones que estuvieron en la fachada principal de la Huaca Cao
Viejo? Quizá hay muchas hipótesis interesantes que necesitan mayores evidencias de
constatación. Tengo la impresión que la destrucción del templo mayor obedece a la imposición
de una orden polí- tico-religioso de mayor fuerza y poder como para desmantelar la ideología de
los nativos expresada en el santuario principal. Todo lo contrario ha ocurrido en la Huaca de la
Luna donde por suerte se han conservado los relieves polícromos y con la continuidad de actividades
rituales en la época Chi- mú, con evidencias de altarcillos y otros hallazgos dentro del espacio de los
Temas Complejos, tanto que, incluso, se habrían realizado ritos propiciatorios de sangre en los dos
murales que culminaron en la destrucción de la parte central e inferior de los dos murales
(Ricardo Morales, comunicación personal)
Sin embargo, no quiero culminar esta introducción indicando que Segundo Vásquez (1997),
ar- queólogo de la Universidad Nacional de Trujillo, que dirigió con nosotros el programa El Brujo en
la década de los noventa, hizo un intento preliminar de la descripción de los Temas Complejos de
Huaca Cao Viejo, con la identificación de la fauna y flora con nombres científicos presentes en los
murales que resulta de algún modo un aporte preliminar importante que no debemos dejar de
lado.
En suma, lo que ahora tratamos de presentar es una descripción general y una homologación
de las representaciones de los murales con Temas Complejos de las Huacas de Cao Viejo y de la
Luna, apoyándonos en el estudio pre iconográfico que se realizó hace muchos años (Franco y Vilela
2005) y en la conformación de un corpus iconográfico de la cerámica Moche y datos etnohistóricos
que ayu- dan a una aproximación interpretativa de ciertas escenas del discurso mítico ceremonial.
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Fig. 4. Excavaciones iniciales en 1990
del recinto esquinero de la plaza ceremonial
con los Temas Complejos de la Huaca Cao
Viejo
(foto de Régulo Franco).
Fig. 7. Vista general del recinto esquinero con los Temas Complejos en la Huaca Cao Viejo.
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deducir que el discurso general contextual tiene el mismo contenido, no hay diferencias. Lo que
sí está bastante claro es que el acabado estructural de los motivos en los murales de ambos
edificios es diferente, que nos permite ahora deducir que se tratan de dos escuelas de artistas
distintos, unos del valle de Moche, menos precisos en su oficio, y otros del valle de Chicama,
donde se registra mucha calidad artística en la elaboración de los murales polícromos; esta
distinción puede quizás ayudar a distinguir alguna diferencia de poder entre ambos sitios.
Arriba: Fig. 12. Vista del estado actual del Tema Complejo 1 (muro menor)
de la Huaca Cao Viejo (foto de Luis De La Vega).
Abajo: Fig. 13. Dibujo a color del estado actual del Tema Complejo 1 (muro menor)
106 de la Huaca Cao Viejo (ilustración de Segundo Lozada).
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(muro menor) de la Huaca Cao Viejo (ilustración de Luis De La Vega). rio
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Fig. 15. Vista del estado actual del Tema Complejo 2 (muro mayor)
de la Huaca Cao Viejo (foto de Douglas Juárez).
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Arriba: Fig. 16. Dibujo del estado actual del Tema Complejo 2 (muro mayor)
de la Huaca Cao Viejo. (Ilustración de Segundo Lozada).
108 Abajo: Fig. 17. Reconstrucción de las imágenes del Tema Complejo 2 (muro mayor)
de la Huaca Cao Viejo (ilustración de Luis De La Vega).
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En el caso de los Temas Complejos de Huaca de la Luna se tiene las siguientes dimensiones: El
muro menor tiene en la base 2.90 m de largo por una altura de 2.40 m. El muro mayor tiene en la base
5.23 m de largo por una altura de 3.45 m cuyas medidas son tomadas de la base hasta el vértice central
(figs. 18- 22).
Podemos separar en los murales de las Huacas de Cao Viejo y la Luna, con mayor evidencia en el
Tema Complejo 1 de Huaca de la Luna por estar entera, tres campos delimitados por medio de dos
sogas cogidas por personajes míticos (ver Tufinio 2006: 55-56; Dolorier y Casas 2012: 143-144), que
encierran espacios explícitamente definidos (escenas y diseños asociativos), que se ubican en niveles
y orientaciones distintas: superior-inferior; arriba-abajo; izquierda-derecha o viceversa bajo el con-
cepto de “Pacha”, que se refiere a las nociones de “mundo”, “plano” o “espacio-tiempo”, formando
“estructuras narrativas” con una secuencia del mundo cosmogónico (orígenes y fundamento) y cos-
mológico (orden y estructuración).
A mi modo de entender, hay tres campos visibles definidos por las sogas:
Un campo superior que tiene que ver con las divinidades o divinidad suprema, que al parecer tiene
una secuencia de abajo hacia arriba (combates, ofrendas, ritos de expiación, rito de pasaje), que invo-
lucra al plano terrenal y marino con el mundo de arriba que es el mundo celeste de las
divinidades y de los ancestros.
Un campo central se relaciona con el mito de creación (el numen, las pléyades, el huevo cósmico,
las luminarias, la luna, las divinidades fertilizadoras, etc.) y la creación de todas las subsistencias te-
rrestres y marinas. Destacan en este campo, y especialmente en las otras, las figuras estelares del cielo
nocturno y las flores de loto (Nymphaea sp.) que crecen sobre las aguas costeras, que tuvieron
una significación especial para los moche. La flor de loto, al parecer, ha sido un símbolo sagrado
vinculado con las divinidades y la creación del mundo, seguramente con los mismos conceptos que
se le asigna a las mitologías de la India, China y el antiguo Egipto, especialmente ahora la budista y
griega. El pro- ceso de vida de esta hermosa flor probablemente se vincula con algún cambio lunar. En
la iconografía moche se encuentra asociada a un rito que ha sido caracterizado como “El
lanzamiento de las flores de loto” (ver Golte 2009: 243-248), que consistía en lanzar flores de loto
hacia arriba con una estólica, de tal manera que las flores amarradas a un peso caían a manera de un
paracaídas. Jürgen Golte quien ha estudiado un poco más este tema, piensa que este era un rito que
tenía que ver con ofrendas al mundo de arriba.
Un campo inferior o terrestre se relaciona con todos los seres creados, con los ritos de
propicia- ción del mundo doméstico, con ritos de expiación, sacrificios humanos, que representa, sin
duda, un plano en estrecha conexión con el cielo nocturno, estelar, entre los seres vivos terrenales
con los seres luminares de la bóveda celeste o el cielo nocturno.
Los tres campos divididos por las sogas, tienen diversas escenas que señalan una directa conexión
del mundo “real” con el mundo “fabuloso” o “mítico” (ver Hocquenghem 1987: 190; Makowski 2001:
175-176). Una posición diferente es la visión del mundo en dos planos relacionados y complementa-
rios, que formaron parte de una concepción ideológica que data desde antes de la ocupación
moche. A opinión de Rodolfo Sánchez (2012: 33), hay una base conceptual respecto a la visión
del cosmos, constituido por dos espacios primordiales: el “Hanaqpacha…que es el mundo de
arriba con seres de poder, fundadores, o animadores de la vida en la tierra, con participación de
seres del inframundo o Ukhupacha, con los cuales se espera continúen teniendo periódicos
110 encuentros de complementación que conocemos como tinku”
Arriba: Fig. 18. Vista del estado actual del Tema Complejo 1 (muro menor)
de la Huaca de la Luna (foto de Luis De La Vega).
Abajo: Fig. 19. Dibujo del estado actual del Tema Complejo 1 (muro menor) 111
de la Huaca de la Luna (ilustración de Jorge Solórzano).
Arriba: Fig. 20. Vista del estado actual del Tema Complejo 2 (muro mayor)
de la Huaca de la Luna. (Foto de Luis De La Vega).
112 Abajo: Fig. 21. Dibujo del estado actual del Tema Complejo 1 (muro mayor)
de la Huaca de la Luna (ilustración de Jorge Solórzano).
n de las imágenes del Tema Complejo 2 (muro mayor) de la Huaca de la Luna.
113
En el mural mayor de Huaca de la Luna se observan más representaciones que no se encuentran en
el mural menor de Huaca Cao Viejo. Así como algunas de las representaciones de la parte inferior del
muro mayor de Cao no aparecen en la parte inferior del muro mayor de la Luna. Incluso, se
advierte que muchas representaciones presentes en los dos muros no guardan necesariamente una
ubicación similar, hay diferencias. Pero es necesario, decir también, que el mural menor de la Huaca
de la Luna tiene un discurso general incompleto, sin orden, con relación al resto de los murales,
donde además se percibe una inmejorable labor en la ejecución de las figuras en relieve.
En general, las representaciones en los Temas Complejos (escenas de navegación, personaje con
báculos, seres sobrenaturales, aves, ritos de expiación, etc.), refleja la cosmovisión mítica de los
na- tivos de la costa Norte del Perú en el siglo XVI: “así como abajo es arriba”. El cronista Bernabé
Cobo (1956 [1653?]: 159) recogió de los nativos de la costa norte la siguiente versión: “había el
criador seña- lado... de todos los animales y aves de la tierra había en el cielo un símil que atendía a la
conservación y aumento dellos, atribuyendo a este oficio y ministerio a varias constelaciones de
estrellas”.
Era natural que los nativos pensaran que los seres vivos de la tierra tenían en el cielo a sus proge-
nitores encargados de su mantenimiento y multiplicación, y que los fenómenos luminares,
estrellas, representaban ciertos animales y seres a los cuales se les rendía mucha veneración o
culto (ver tam- bién Tello 1967: 164-166).
En el muro mayor de la Huaca de la Luna, una de las sogas de color amarillo y de mayor longitud,
sujetada por un personaje mítico, culmina en una figura geométrica de lados escalonados y cola, con
círculos pequeños en su interior, que se asemeja mucho a la figura del símbolo milenario de los Andes
Centrales conocido como la “Chakana”, que probablemente tiene la función de nexo entre la tierra y
el mundo estelar, que permiten el acceso al centro de la vía láctea (Sánchez 2012:36)(fig. 23).
La otra soga sujetada por otro personaje está unida a un perro sin pelo en un plano superior,
ro- deado de una serpiente que lo acecha y cuatro figuras estelares alineadas, que puede tener quizás
una significación astral de cambio y reestructuración de contenido análogo a los jaguares con la luna.
Este tipo de perro “viringo” no se encuentra en el imaginario moche de las fases tempranas,
aparece por primera vez en la costa norte aproximadamente hacia el siglo VIII d.C., vinculado con el
gran cambio ideológico e influencias (ver Cordy-Collins 2003). La ubicación de este cánido o “perro
lunar” en alu- sión a ciertos mitos, alude posiblemente a un auxiliar de las divinidades estelares,
tanto que se cree que el aullido de los perros en los Andes tiene la virtud de generar la recuperación
del poder o forma del Sol como la Luna frente a los eclipses o fases lunares (Sánchez 2012:48).
Sobre una de las sogas que se encuentra en el plano inferior del lado izquierdo, hay en asenso una
iguana con escamas dentadas en la espalda (Iguana iguana) (ver mural menor de Huaca Cao Viejo)
que se enfrenta a un personaje mítico, quizás estelar, al parecer metamorfoseado en una planta o
tallos alimenticios, acompañado de una iguana de menor magnitud. Detrás del personaje mítico,
aparecen tres estrellas vinculadas con el origen de los nativos de la costa norte señalada por el
cronista Anto- nio Calancha y que lo comentaremos en los siguientes párrafos. La iguana aparece
en las escenas de sacrificio de montaña (Ver Franco 2014) y podría tener relación con una
representación en relieve de una iguana gigante que se enfrenta a un guerrero moche en actitud de
combate que aparece en el muro de la primera terraza lateral este de la plaza ceremonial de la
Huaca de la Luna (ver Tufinio 2006: 48: fig.62).
La iguana es muy importante en la iconografía Moche en su versión antropomorfa, se
114 considera que el sacerdote iguana es uno de los principales oficiantes y casi siempre se presenta
interactuando con el personaje cara arrugada y un perro. Participa en las escenas de “badminton
ceremonial” (Don-
nan 1978, fig. 6.144) (fig. 24); en la escena de juego; en la escena de unión del ancestro mítico con el
personaje femenino; en la escena compleja del entierro; lleva una llama para el sacrificio y
entrega ofrendas de conchas para el ancestro mítico; participa también de manera antropomorfa
en las esce- nas de sacrificio humano en montañas y en olas escalonadas.
Sobre la soga más larga sujetada por otro personaje vinculado con el plano superior, aparece
el enfrentamiento de dos zorros (visto mejor en el muro menor de Huaca Cao Viejo), uno que
sube y otro que baja, que podría tener relación, a juzgar por las opiniones de Rodolfo Sánchez (2012:
42,43) y Alfredo Narváez (2011: 121-124), con animales emisarios que propician los alimentos en el
mundo doméstico.
Es interesante advertir, también, que en el tema del entierro, las sogas que aparentemente “ex-
traen el ataúd” rematan en cabezas de zorros o simplemente las sogas se convierten en serpientes
con cabezas de zorros que tienen una trayectoria hacia arriba, acompañado de manchas circulares
que corresponderían a la expresión simbólica de la sublimación (ver Donnan y McClelland 1999, fig.
6.152) (fig. 25).
La representación de un arco con cabezas bicéfalas de zorros que dicen mucho de la
dimensión espacial se encuentran en varias escenas de masticación de coca a cargo de sacerdotes
que claman o invocan al cielo o realizan prácticas rituales para pedir lluvia o agua y fructifique la
tierra. La proba- bilidad, en este caso, es que el mito es recreado por especialistas del rito en la tierra
(fig. 26).
Al respecto, Rodolfo Sánchez (2012:36) tiene una interesante posición en cuanto al simbolismo de
las sogas, señala que éstas tendrían vinculación con el acceso al centro de la Vía Láctea, “al lugar don-
de se encuentran las puertas de los dos mundos y por donde es posible que seres de poder o
interme- diarios ingresen para obtener el don de la vida en forma de illas fecundantes o semillas
arquetípicas de las especies”.
Así como hay campos mayores definidos por las sogas, hay también escenas menores establecidas
a través de marcadores simbólicos como la figura de un personaje mítico de frente, con porra, escudo
y “corona de tipo estelar” que se encuentra algunas veces magnificado y en un solo caso, aparece
en posición felina o supina. Otras veces, sólo aparece como figura estelar con rostro, con puntas
agudas o redondeadas, similares a la corona del personaje visto en planta, que por su forma y
características, nos sugiere un motivo abreviado del personaje completo y que siempre acompaña al
personaje mítico (fig. 27).
Anteriormente se había propuesto (ver Franco y Vilela 2005) que este ser mítico personifica a
la estrella Venus o lucero, planeta que aparece como uno de los principales referentes del cosmos y
que se encuentra en las escenas de navegación, y precisamente un ejemplo de la figuración de este
motivo estelar con puntas redondeadas aparece claramente definida en los relieves de la Huaca
Las Balsas de Túcume (ver Narváez 2011: 111). En suma, este ser de tipo estelar, vendría a ser
una especie de ordenador del tiempo y del espacio, que seguramente tiene alguna significación
especial relacionada al mito, quizás, también relacionado con las pléyades o simplemente con el
planeta Venus en una rueda mítico-calendárica. Lo que llama poderosamente la atención es que
este personaje con corona no aparece dentro del corpus iconográfico moche, sólo se muestra la
corona con puntas redondeadas en un textil de la época 3 del Horizonte Medio de Pachacámac
encontrada por Uhle (1903: Fig.5-All Objects: ½ N. 8).
Muchas escenas míticas que aparecen en los murales son referentes simbólicos de ritos o cere-
monias que aluden a ecosistemas en el que viven los seres vivientes, tanto que estas mismas 115
escenas
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Fig. 23. Representación de las dos sogas que forman los tres campos
en el discurso mítico-ceremonial, basado en el muro mayor de la
Huaca de la Luna.
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Fig. 27. Reconstrucción de los personajes con corona de tipo estelar en el muro menor de la Huaca Cao Viejo.
Régulo Franco | Una revaluación y aproximaciones a la interpretación del calendario mítico ceremonial...
aparecen en un discurso mayor en la iconografía moche, por ejemplo, para tener sólo una idea, la
garza (Nycticorax nictycorax hoactli “huaco”) que pesca un pez Life en el plano inferior se asocia a un
medio de albuferas, totorales y peces.
contiene ofrendas, quizás semillas para los ancestros míticos. Estas ofrendas, a mi modo de ver, indi-
can la entrega del sustento vegetal y animal a los ancestros en que habitan en el plano estelar y
que se encargan de perpetuar y asegurar la subsistencia humana en el mundo terrenal (ver
Hocquenghem 1987:124-126,127) (figs.33-34). La contraparte de este rito en el mundo marino, serían
los ritos de pa- saje en la barca mítica transportando ofrendas humanas y objetos para los ancestros
(fig. 35).
En la proximidad de la escena, en el marco del mural pintado de rojo (sólo visto en el muro
me- nor de Cao), aparece un graffiti (Franco et. al 2001: fig. 7) con la escena de un guerrero de perfil
con casco, porra y dardo, acompañado de un felino (Felis concolor) que aparece en posición de ataque.
La presencia de un guerrero en graffiti puede significar que el venado pudo provenir de una caza
ritual, donde a menudo en la iconografía Moche se observan a personajes bien ataviados, de gran
jerarquía, con implementos y accesorios (ver Donnan 1979).
El venado ha sido un animal muy importante en los rituales Moche. En el “tema del entierro”
se observa al personaje iguana con una bolsa sobre el pecho, jala a un venado para sacrificarlo.
Aparece también en las escenas de sacrificio de montaña, donde los venados son victimados y
cargados por personajes que son ofrecidos a la divinidad de la montaña (Hocquenghem 1987, fig.
185) (fig. 36). Otras veces el venado es sacrificado en rituales funerarios. Se le aprecia capturado en
la escena de los objetos rebeldes. Se encuentra en la escena de bádminton ceremonial; aparece tocando
tamboriles en una danza en la que participa un PACS (personaje antropomorfo de cinturón de
serpientes) con otros personajes; lucha como guerrero con un pallar antropomorfo; y toma el aspecto
mitológico de un ser fabuloso ciervo-serpiente-jaguar. Entonces, el simbolismo del venado nos
acerca al mundo salvaje, no domesticado, que ha trascendido hasta nuestra época y que forma
parte, incluso, de la naturaleza mágica de los chamanes norteños (Sharon, 1980).
Hocquenghem (1987: 130-131) compara estas escenas Moche con los ritos de los incas, dice que
las ofrendas y sacrificios eran confiados “veinte días después del combate del camay que se lleva a
cabo el día de la luna nueva, después del solsticio de verano”. Según la misma investigadora,
recogiendo la información de Isbell (1976: 53-54) y Mariscotti (1978: 34, 103), señala también que:
“los indígenas consideran los días que preceden al equinoccio de la estación húmeda como propicios a
las ofrendas o pagos a los ancestros, para obtener la multiplicación de sus bienes y dicen que la tierra
se abre en este período del año”. En otros casos, las ofrendas se dirigen para el ancestro F
mostrando los bultos con los objetos (Golte 1994: 61).En consecuencia, hay la posibilidad de
entender que después del combate ritual hay una etapa de comunión de la sociedad con los
ancestros míticos y divinidades.
En el muro menor de Huaca Cao Viejo, aparece un personaje alicaído de perfil con rasgos cadavé-
ricos con el brazo flácido, sostenido por otro personaje con tocado que lo conduce en medio de
una estrella. Uno de los atributos importantes del personaje alicaído o ancestro divino, aparte de
sus ras- gos cadavéricos, es que lleva sobre su hombro un instrumento de labranza con una planta
ramificada de yuca. Aquí se entiende la relación del ancestro con la reproducción de los
alimentos, en este caso particular, de la yuca (fig. 37).
El ancestro mítico es llevado por un hombre que va en dirección hacia un zorro feroz que sube
y se enfrenta a otro similar que baja y que se encuentran sobre la soga. Esta escena, en mi
entender, simboliza el rito mítico de entrada de la divinidad fertilizadora de las plantas al otro
mundo, condu- cido por un personaje acólito y encabezado por un zorro que lucha o se enfrenta a
otro zorro. Estos animales son considerados como guías para ingresar al mundo paralelo de los
ancestros en el plano estelar. El zorro aparece en los mitos de Huarochirí como guía para
asegurar la productividad de la tierra propiciada por Pariacaca y su presencia siempre está vinculada
al discurso de las divinidades.
En la parte superior de la escena anterior, en el muro menor de Cao Viejo, se muestra la represen-
tación de frente del “personaje antropomorfo de cinturón de serpientes” (PACS) o divinidad
mayor o suprema, asistido por dos personajes laterales o “sujetadores” (Castillo 1989: 141-144),
considerado como “el mellizo terrestre” (Makowski 1996:61), que aparece junto a otro personaje
de frente que levanta los brazos cogiendo un disco. En otras representaciones este ser aparece en
un estado de mareamiento y es sujetado por gallinazos (ver Larco 2001:339, fig. 357; 340, fig. 358) o
también por iguanas antropomorfas (figs.38-40). ¿Es acaso una metáfora de la divinidad lunar en
su proceso de cambios vinculado con el sistema agrícola de siembra y cosecha?.
Hocquenghem (1987: 99, 138; figs. 133, 141, 144-146) indica que los bailes de muertos, actos sexua-
les que no conducen a la fertilización deberían “corresponder a las ceremonias relacionadas con
la despedida de los difuntos después del equinoccio de la estación húmeda... cuando los días
comienzan a acortarse, el frío a hacerse sentir, las pléyades van desapareciendo, el sol pierde
fuerzas”.
En otras versiones, este ser mítico (PACS) se une con mujeres, participa en los suplicios, clama a
los difuntos, atraviesa el océano, es acompañado por el perro y la iguana, entra en el mundo de los
muertos para luego renacer y cumplir las actividades del mundo doméstico (Hocquenghem 1987: 184-
185) (Donnan McClelland 199: 127) (fig. 41). Estas imágenes en conjunto sustituyen un episodio
relacionado con el ancestro fertilizador y el pasaje de la vida al mundo de los ancestros. ¿Este episo-
dio tiene, quizás, relación con el calendario agrícola de los Moche?
En el caso de la parte superior del mural mayor de la Huaca de la luna, a diferencia del mural me-
nor de Cao Viejo, se observa una narración de escenas y motivos sin orden de lectura, como por ejem-
plo, existen dos actos de suplicio o expiación separados, que están próximos a otra escena similar de
un personaje posiblemente amarrado a un poste, que tendría alguna semejanza con el personaje
que aparece supliciado y devorado por gallinazos en la iconografía moche. La trayectoria de estas
escenas y motivos es aparentemente hacia el plano superior, donde se encuentra la divinidad
suprema de los Moche, lamentablemente perdida en el mural mayor de Huaca de la Luna y
totalmente ausente en los dos murales de Cao Viejo.
Hacia la izquierda, que podría tratarse de otro plano, pero en el mismo nivel, vemos magnificado a
un personaje de frente con una porra en la mano rodeado de luceros, asociado a una escena de pasaje
de un ser que aparece con las manos levantadas y sostenido por dos personajes laterales
“sujetado- res” y una escena de navegación asociado a peces, entre estos el pez raya tan importante en 121
el mundo marino y asociado a los orígenes de los moche. Este conjunto de imágenes, en este
plano, está posi-
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Fig. 28. Iconografía de la dimensión estelar del campo superior, basado en el muro mayor de la Huaca de la Luna.
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123
Fig. 30. Escena de combate ritual en la Huaca de Pañamarca (tomado de Bonavia 1985).
Fig. 31. Águila costeña de pecho negro en pleno vuelo (Tomado de Kutscher 1983).
124 Fig. 32. Cabeza escultórica de águila trabajada en madera. Colección Museo Cao.
Fig. 33. Ilustración del estado actual de la
ubicación de los motivos en la parte inferior
derecha del muro menor de la Huaca Cao Viejo.
Fig. 34. Reconstrucción de la escena de entrega
de ofrenda al ancestro mítico, basado en el
muro menor de la Huaca Cao Viejo 125
de Luis De La Vega).
(ilustración
Superior: Fig. 35. Escena de navegación en la iconografía Moche. Transporte de prisioneros a las islas
(Tomado de Donnan y McClelland 1999).reemplazar figura
Inferior: Fig. 36. Escena de sacrificio en montaña (Tomado de Donnan 1978).
126
Superior: Fig. 37. Reconstrucción de la escena de ritos de expiación y de pasaje del ancestro mítico,
basado en el muro menor de la Huaca Cao Viejo (ilustración de Luis De La Vega).
Inferior: Fig. 38. Divinidad principal en una actitud de pasaje asistido por una iguana y un buitre
(Tomado de Hocquenghem 1987).
127
Superior Fig. 39. Divinidad principal asistido por gallinazos (Tomado de Castillo 1989).
Fig. 40. Ancestro cadavérico asistido por una iguana y un personaje lunar (tomado de Kutscher 1954).
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Fig. 41. Escena de unión asociado a un rito de fertilidad y reproducción de ulluchus
mí
(Tomado de Donnan y McClelland 1999). tic
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blemente asociado al mundo marino y sería el complemento del mundo terrestre que se encuentra
al otro lado. Además, tiene una proximidad a la figura en forma de chakana o estelar. En efecto,
se podría indicar que a partir de la figura mayor y central se cumplen los ciclos marinos
(izquierda) y terrestre (derecha) que en conjunto forman una dualidad cósmica desde los
orígenes.
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Fig. 42. Reconstrucción del Campo central o mito de creación, basado en el muro mayor
de la Huaca de la Luna (ilustración de Luis De La Vega).
Régulo Franco | Una revaluación y aproximaciones a la interpretación del calendario mítico ceremonial...
Fig. 43. Nariguera de la Señora de Cao. Colección Museo Cao (foto de Luis De La Vega).
Izquierda: Fig. 46. Lápida de piedra hallada en Chavín de Huantar, corresponde a un ser sobrenatural con
136 cabellera de serpientes que coge un cactus de San Pedro. Derecha: Fig. 47. Reconstrucción del alacrán asociado al
huevo cósmico, basado en el muro menor de la Huaca Cao Viejo (ilustración de Luis De La Vega).
que coge el personaje en el plano superior. Esta escena se encuentra también acompañada de figuras
estelares, al parecer con una íntima relación con el lado derecho de la figura ovalada, es decir, asocia-
do al alacrán como generador de las plantas (fig. 48).
139
Fig. 49. Escena del animal lunar asociado a la Luna y a figuras estelares (Tomado de Hocquenghem 1987).
Fig. 50. Sección superior del ídolo de madera hallado en la Huaca Cao Viejo.
Destacan los animales lunares en pareja.
140
Fig. 51. Pintura mural en la cara oeste del recinto esquinero en el ambiente de la Señora de Cao.
Fig. 52. Animales lunares en una de las narigueras de la Señora de Cao. Colección Museo Cao.
142 Fig. 55. Felino lunar atacando a un ser humano (Colección particular).
Fig. 56. Nariguera metálica hallada en Loma Negra (Tomado de Lapiner 1976).
Fig. 57. Buho con las alas abiertas en la iconografía Moche (Tomado de Donnan y McClelland 1999).
143
y que en el mural de Cao se encuentra en la parte inferior. En verdad, todavía sigue siendo una incóg-
nita su definición exacta, debido a que en el mural de Cao su representación es mejor culminada,
a partir del cual nos permite aproximarnos a su identificación. (figs. 58-59).
En realidad, hay muchos motivos asociativos hacia el lado derecho, observados en el mural de
la Luna y parcialmente en el mural mayor de Cao, como por ejemplo, ubicamos a un personaje de
frente que tiene los brazos levantados y que muestra sus genitales, y junto a él, aparece una mujer de
perfil con cabello largo, túnica larga y cinturón. En el caso del muro mayor de la Luna, este personaje
aparece al parecer amarrado a un tronco y acompañado de gallinazos (Coragyps atratus) y una figura
estelar, mientras que la mujer, en este caso, se encuentra un poco alejada del personaje. Por las carac-
terísticas de esta escena, parece que se trata del personaje supliciado amarrado a un tronco de
árbol que aparece con frecuencia en la iconografía Moche (figs. 60-61).
Luego se registra en los niveles inferiores, muchas imágenes de divinidades fertilizadoras aso-
ciadas a la fauna y flora de un ecosistema costeño, que se integran de algún modo a todo el
contexto de creación asociado seguramente a ciertos mitos, especialmente vinculados con el
mundo agrícola terrestre y la influencia directa de los cambios de la Luna. En este contexto se le
ha dado énfasis a ciertas divinidades que a continuación vamos a describirlas.
dIVINIdAdEs FERtILIzAdORAs
Se destaca la figura de una divinidad femenina portando dos báculos que es asistida por los
cos- tados por dos personajes asidos de los báculos, visto con mayor precisión en los dos murales de
Cao, pero también se encuentra en sus similares de Huaca de la Luna. En el caso del mural mayor de
Cao Viejo, aparece un murciélago de frente con las alas abiertas y con la cabeza orientada hacia
la divi- nidad. Este animal nocturno tiene estrecha relación con la agricultura, porque desempeña
un papel ecológico vital como polinizador en la dispersión de semillas, tan importante que
muchas plantas tropicales dependen por completo de este mamífero. Aparece también en la
iconografía tomando formas humanas en rituales de libación y asociado a vasijas ceremoniales (ver
Donnan y Mc Clelland 1999: 18, figs.1.13-1.14) (fig. 62).
La divinidad de los báculos tiene una fuerte tradición iconográfica en el Perú Prehispánico. Esta
escena se repite en los dos Temas Complejos, pero casi ausente en la iconografía Moche en general.
Las representaciones que estarían relacionadas son aquellas en las cuales se representan a personajes
de frente y sosteniendo tallos de plantas (maíz o yuca) a modo de báculos (Hocquenghem 1987: Fig.
166). Aparece claramente en la Estela de Raimondi de la época Chavín, continúa en la imaginería de
Tiwanaku (Puerta del Sol), Wari y Pachacámac (ver De Bock y Zuidema 1991: 461; Cook 1994: 177, 184),
aparece en la sierra Sur dentro del estilo Nasca 9 y Chakipampa(Cook 1994: 176-177). El mismo con-
cepto de la imagen en cuestión, asociada a una fase tardía de Moche, aparece en un mural de carácter
geométrico en la Huaca de la Luna (ver Bonavia 1985: Fig. 43).Se le ubica también en la iconografía
de los períodos post mochica, donde a menudo es mostrado en su condición de divinidad masculina
o femenina portando báculos convertidos en plantas alimenticias, por eso su carácter de divinidades
fertilizadoras (ver Carrión Cachot 1959: 57-66).
La representación de personajes femeninos es inconfundible, porque aparecen en tres acciones
que únicamente se pueden observar en el mural mayor de Cao, en uno de los casos, como ya se
ha descrito, asiste al personaje amarrado al árbol; en otro caso, coge al parecer un disco y tiene el
ves- tido con listados verticales, y también aparece de perfil frente a una serpiente con una de las
144 manos levantadas más arriba que la otra que sugiere un gesto ritual.
Otra divinidad fertilizadora observada con más claridad en los murales de Cao Viejo se encuentra
sobre un árbol con frutos (fig. 63). Una libélula magnificada aparece en una de las ramas laterales
y en la parte superior se observa un ave terrestre en vuelo, no identificada con claridad, pero
podría tratarse de un picaflor (picaflor Amazilia). La divinidad se encuentra de frente con los brazos y
pier- nas abiertas, con camisa reticulada, que aparece en medio de un árbol frondoso, que por sus
carac- terísticas podría calificarse como el “árbol de la vida”. A sugerencia del profesor Alfredo Marti
de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional de Trujillo, el árbol es de hojas
gruesas, el fruto de forma redondeada o alargada, a veces con punta aguda, correspondería al
árbol de Zapote (Cappariss cabrida). Pero, también es cierto, que existen en la iconografía moche
otras especies de árboles con frutos y/o semillas incorporados a la esfera de lo sagrado, como por
ejemplo el llamado ulluchu, el lúcumo, el molle o el algarrobo, por citar los más importantes.
El árbol es el que establece el contacto entre el mundo de los hombres y el de las divinidades, “es
el árbol de las generaciones. significa el acto de fertilización inicial del año agrícola y, en su
repre-
sentación ritualizada, un acto de creación cíclica, necesario para la reproducción del
mundo”(Hoc- quenghem 1987: 77).
La libélula (anisóptero) es un insecto que vive en zonas pantanosas, charcos y ríos, poco común en
la iconografía, son consideradas como valiosas depredadoras que controlan las poblaciones de mos-
quitos y moscas. Al parecer, no existe una especie definida asociada al “árbol de la vida”, hay
otras especies con atributos especiales en el discurso mítico, como los monos, loros o guacamayos,
halco- nes, etc. precisamente en el muro mayor de Cao Viejo, en el lado derecho del árbol con la
divinidad, aparecen dirigidas a ella una ardilla (Sciurus “ardilla de los algarrobales” y
posiblemente un papa- gayo (Aratinga “papagayo serrano”) o quizás guacamayo, y a la izquierda e
inferior del árbol (muros mayores de Cao Viejo y la Luna y muro menor de Cao Viejo), se observa un
pez life ((Trichomycterus sp.) y un batracio asociado a flores de loto. Debe decirse que el
guacamayo ha sido reconocido por los Cañaris como uno de los portadores en los orígenes de la
humanidad (Molina 1959 [1575]: 15, 16).
Hacia el lado izquierdo e inferior de la deidad del árbol, se registra un agrupamiento de seres
animales y vegetales, conjunto que, como se observa, están delimitados por el personaje con
corona de tipo estelar, en un caso (derecha) parado de frente con porra y escudo, y en el otro caso
colocado en posición felina o supina con los brazos levantados, al parecer cogiendo un disco.
Constituyen re- presentaciones de la flora y fauna del litoral costeño, ampliamente conocidas en las
pictografías de la cerámica: langostino magnificado, life, garza picando un pez life, caracol
terrestre, batracio, un ave no identificada en el lado izquierdo del life y una escena completa de dos
zorros enfrentados, macho y hembra, en medio de los cuales aparece una achupalla (Tillandsia
s.p.) floreciendo y rodeado de figuras estelares y de flores de loto.
Definitivamente, aquí hay una integración de elementos que culminan con la creación y forman
parte del mar, el río y las albuferas que correspondían al ecosistema costero, especialmente, en esos
tiempos, al entorno natural del Complejo El Brujo. Rafael Larco (1938: 95-96) resalta en las
pictografías de la cerámica moche la presencia de flora y fauna de ciénagas y lagunas cercanas a la
orilla del mar, donde al margen de las especies identificadas en los murales, aparece la garza
atrapando peces. Pero, también, se destaca el ecosistema de lomas y medios desérticos al pie de la
montañas representado por los zorros enfrentados asociados a una Tillandsia o en otros casos a plantas
del interior de los valles costeños (ver Donann y McClelland 1999: 102, fig. 4.51; 121, fig. 4.86)(figs.
64-65).
El zorro (Lycalopex sechurae), entre los animales conocidos, representa una de las figuras
más destacadas en la iconografía moche. Es representado con naturalidad en ceramios escultóricos 145
(Larco
Fig. 58. Divinidades fertilizadoras en el muro menor de la Huaca Cao Viejo. (Foto de Luis De La Vega).
146
Fig. 59. Reconstrucción de las divinidades fertilizadoras en el muro menor de la Huaca Cao Viejo
(ilustración de Luis De La Vega).
Fig. 60. Motivos vinculados con las divinidades fertilizadoras y su contexto. Muro mayor
de la Huaca Cao Viejo (ilustración de Luis De La Vega).
Fig. 61. Motivos asociados a las divinidades fertilizadoras y su contexto. Muro mayor 147
de la Huaca de la Luna (ilustración de Luis De La Vega).
Fig. 62. La figura de un murciélago orientado hacia la divinidad femenina fertilizadora.
Muro mayor de la Huaca Cao Viejo (ilustración de Luis De La Vega).
Fig. 66. Escena de la carrera asociado a ritos de sacrificio humano (Tomado de Kutscher 1983).
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Fig. 67. Felino antropomorfo y venado en la iconografía Moche Tomado de Donnan y McClelland 1999).
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Fig. 69. Escena de ritos chamánicos en la iconografía Moche (Tomado de Hocquenghem 1987).
Fig. 70. Reconstrucción de las escenas o ritos en el mundo terrenal y estelar, una dicotomía.
Muro mayor de la Huaca de la Luna. (Ilustración de Luis De La Vega). 153
Fig. 71. Escena de desmembramientos humanos en la iconografía moche
(Tomado de Kutscher 1983).
154 Fig. 72. Escena de travesía marina conduciendo prisioneros en la iconografía moche
(Tomado de Kutscher 1983).
La escena de navegación o “travesía por el océano” de acuerdo a Hocquenghem (1987:127), indi-
carían actividades y fenómenos celestiales relacionados con la propiciación del mundo marino; pro-
bablemente simboliza el pasaje de la luna sobre el pacífico, al establecerse una relación de semejanza
entre las barcas marinas y la luna. Según la misma autora, se dice que actualmente en los Andes, las
al- mas de los muertos deben atravesar una extensión de agua que se encuentra en dirección de la
puesta del Sol, antes de poder alcanzar el lugar de descanso, que es también el lugar del origen (fig.
72).
En suma, este campo con imágenes agrupadas, a veces fáciles de entender, otras difíciles de com-
prender, tienen definitivamente relación con una narración mítica, en donde se activan escenas de
sacrificio, propiciación del mundo doméstico y marino, embarcación marina, entre otros, asociado al
cielo nocturno donde viven los seres luminosos proveedores de los alimentos en la tierra y en el mar.
Muchas escenas que aparecen fueron necesariamente recreadas en el mundo real.
CONCLUsIONEs
El arte y simbolismo de los murales moche en los últimos 25 años ha aportado información suma-
mente importante para la comprensión del mensaje simbólico asociado a los espacios
ceremoniales de los templos, en especial de las Huacas de Cao Viejo y de la Luna. Recordemos que
las explicaciones o interpretaciones del mundo Moche estaban antes basadas únicamente en el
estudio iconográfico de la cerámica, que sin dudas también aportó mucho para entender varios
episodios de la vida religiosa de esta cultura costeña.
La iconografía constituye un documento gráfico excepcional que permite acercarnos a la
expli- cación del sistema religioso de la época, expresado en un número limitado de escenas que
trasmiten un discurso fragmentado de la historia mítica de los Moche (cosmología y cosmogonía),
que a través de la comprensión del mundo mítico o fabuloso se recreaban episodios que formaban
parte de un ca- lendario mítico ceremonial, algunas bastante comprensivas que han sido
explicadas de manera muy general por Ann Marie Hocquenghem en 1987.
Ahora entendemos que, ante la ausencia de un altar mayor o estructura arquitectónica de gran
tamaño al interior de la plaza ceremonial de los templos mayores, algo así como existía en las plazas
de peregrinos de la época inca, el recinto esquinero decorado se constituía en un espacio sacro.
Este sector fue el foco de las actividades ceremoniales públicas, vinculadas con los ritos de
propiciación del mundo doméstico y en particular de la ceremonia de presentación de los
prisioneros derrotados en la batalla ritual, que fue un episodio previo al sacrificio de estos hombres
que culminaban su vida en la parte alta del templo.
Dentro del contexto arquitectónico de las Huacas de Cao Viejo y la Luna, los Temas Complejos
son considerados como uno de los descubrimientos más relevantes de la arquitectura religiosa Moche
de los últimos tiempos, por su contenido y complejidad, y representa quizás el único arte mural
comple- jo en barro que se conoce hasta el momento en América Andina en general.
Este escenario arquitectónico fue muy bello, porque mostraba los dos murales con Temas Comple-
jos (muro mayor y menor) con un cielo raso policromado, además del frente oeste decorado del recin-
to esquinero, y qué decir de las representaciones que estaban presentes en cada una de las terrazas
del frente principal del templo, que seguramente con sólo mirarlas, habría causado un gran
impacto visual y en consecuencia un gran regocijo para quienes llegaban y se congregaban en
este espacio mayor y abierto para asistir a los ritos o ceremonias.
La temporalidad de los Temas Complejos corresponde a la última fase de construcción del templo,
155
en correspondencia con la evolución de la cerámica Moche IV-V, aún, cuando, la presencia de cerá-
mica de la fase V en este sitio, no aparece mucho. Sin embargo, hay otro elemento diagnóstico en
la arquitectura que respalda la temporalidad tardía de los Temas Complejos, es precisamente la
presen- cia de adobes con marca de fabricante, que aparecen en masa dentro de las dos últimas
fases tardías de construcción. Asimismo, la nueva ideología de poder expresada en los dos murales se
impone como una respuesta a la crisis climática que habían vivido anteriormente, al final del
funcionamiento del tercer edificio, que indujo al sacerdocio a incrementar las actividades
rituales: sacrificios humanos, marcas simbólicas en el piso de la plaza ceremonial, etc., con el
objetivo de reestructurar del orden de la sociedad.
Después de una revaluación de los Temas Complejos, sobre todo con base en la información que
presenta ahora el muro mayor de la Huaca de la Luna, y en menor medida el muro menor de la Huaca
Cao Viejo, se puede distinguir tres campos definidos por las sogas cogidas por personajes míticos: El
campo superior unido al campo inferior, vinculado a ritos de combate, suplicios, ofrendas y de pasaje
hacia el mundo de arriba o estelar; el campo central relacionado con el mito de creación, en el
que se le da énfasis al numen, el hueco cósmico y la Luna como referentes principales y
universales que se relacionan directamente con todos los seres luminares, vivientes y actividades
asociadas a las subsistencias del mundo agrícola y marino; y el campo inferior donde se establece un
sistema de ritos propiciatorios vinculados con las subsistencias y su relación con el cielo estelar,
constelaciones y pléyades. Todo en conjunto, representa una especie de calendario mítico ceremonial
que en los ritos respondía a su recreación en el mundo terrenal de los moche.
Una de las imágenes muy importantes que acompaña a las estructuras narrativas generales o
contextualizadas es el “personaje con corona de tipo estelar”, casi siempre magnificado, y que
apa- rece en más de siete oportunidades, dando la impresión de una rueda calendárica establecida
por la estrella Venus o la pléyade de las siete cabrillas, que, como se ha visto, da inicio al
calendario anual ceremonial de los pobladores de la costa norte al inicio del equinoccio de junio. Este
personaje tiene atributos de guerrero, asumiendo quizás una naturaleza divina y mitológica por la
manera como está distribuido y por su relación directa con las escenas del mundo fabuloso así como
las del mundo terrenal doméstico.
Se distingue una categorización de personajes, siendo el grupo más numeroso el de los
“ofician- tes”, con papeles protagónicos en los ritos y/o ceremonias, sean como acólitos o
acompañantes de las divinidades, en acciones de propiciación, de pasaje, ofrendas o sacrificio. Uno de
los atributos de estos personajes son los tocados sobre la cabeza, similar al tocado de la divinidad
fertilizadora del árbol, que seguramente remite a un emblema ancestral de jerarquía. Otro tipo de
tocado son unos penachos que se asocia a los personajes de las escenas de navegación.
La presencia de animales en el plano mitológico y asociado al discurso de las divinidades o ances-
tros mayores es de vital importancia. Desempeñan papeles simbólicos, actúan a veces como indicado-
res ambientales o temporales de las actividades míticas en las que aparecen. Estos animales
pueden resumirse en felino, perro, venado, zorro, iguana, murciélago, escorpión, gallinazo, búho,
lagartija, serpiente, mono, garza, pez raya, pez life, langostino, ciempiés, aves terrestres, aves
marinas, batracio y caracol. Y en cuanto a flora se identifican la flor de loto, la achupalla, el zapote y
las flores flotantes de laguna.
Sostengo, finalmente, que la información iconográfica de los Temas Complejos de las Huacas de
Cao Viejo y la Luna se relacionan con un calendario mítico-ceremonial, que funcionaba en torno a los
ciclos lunares, pléyades o constelaciones, y que permitía ordenar el sistema ideológico moche.
156 Este discurso simbólico de naturaleza mítica, era el principal referente para la recreación periódica de
los ritos y ceremonias (ritos agrícolas y marinos) para fortalecer el poder ideológico de la elite moche.
En
suma, y de acuerdo con Hocquenghem (1987), encontramos en los murales muchos episodios vincula-
dos con: “La reproducción”, “reestructuración”, “propiciación del mundo doméstico”, “legado de los
antepasados”, “sacrificio”, “expiación”, “Iniciación” e “inversión del orden”.
AGRAdECIMIENtOs
Quiero agradecer de manera muy especial a la Fundación Wiese que se encarga de ejecutar el Pro-
grama El Brujo durante 26 años en beneficio de la cultura del país. A todos mis colegas y
colaboradores del Proyecto Arqueológico El Brujo, en especial a Juan Vilela con quién iniciamos
estos estudios hace muchos años. Mi gratitud y agradecimiento al Dr. Guillermo Wiese de Osma (+),
al arqueólogo Antonio Murga (+). A César Gálvez Mora del Ministerio de Cultura, con quien
compartimos todo el proceso de estudios en la Huaca Cao Viejo. Mi agradecimiento al Dr. Luis
Millones por algunas revisiones acerta- das y al Dr. Jorge Silva Sifuentes por sus valiosos comentarios
sugeridos; a Clene Salles por las suge- rencias en el estilo del texto. Finalmente, mi gratitud y
agradecimiento a todos mis colegas y amigos que de alguna u otra manera contribuyeron en el
proceso de esta investigación.
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