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Amaneceres Inciertos

El poema describe los efectos devastadores de la pandemia de COVID-19, incluyendo la muerte, el aislamiento social, el miedo y la incertidumbre. Señala cómo el virus se ha propagado rápidamente y ha causado estragos en todo el mundo, llenando las salas de emergencia y los cementerios. El poema expresa la sensación de pérdida y dolor que ha dejado la pandemia.

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Amaneceres Inciertos

El poema describe los efectos devastadores de la pandemia de COVID-19, incluyendo la muerte, el aislamiento social, el miedo y la incertidumbre. Señala cómo el virus se ha propagado rápidamente y ha causado estragos en todo el mundo, llenando las salas de emergencia y los cementerios. El poema expresa la sensación de pérdida y dolor que ha dejado la pandemia.

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AMANECERES INCIERTOS

VIRUS COBARDE
Todo es algarabía
alrededor de todas las horas.
La risa es una constante
en la vida feliz...
Todo se agita en la atmósfera
del ritmo cotidiano,
la fresca brisa
y todos plenos
en sus destinos.
¡De repente!, sin anuncios
por sorpresa impávida
una sombra inmensa, rauda
jamás vista o sentida
se cierne galopante
al cierre
de un día funesto,
enero, febrero, marzo…
“Paciente cero”
Por aquí y por allá
según el lar donde vaya tocando las puertas,
la daga silente de la muerte.
La cara de Thanatos
se sella en cada rostro viviente.
Cada paciente covid
sorpresa nefasta
derritiendo el acero de la salud.
¡Humanidad absorta, incrédula!
Virus pestilente,
vacías toda la vida citadina
o bucólica
sólo precisas de gente.
Traes vacío anímico,
Rompes corazones
tras desfiles de muertes.
Cuerpos caídos
unos tras otros, cerco impotente.
Ulular de ambulancias
alertan el caos infernal,
desequilibrio en las mentes.
Los contagios se suman
cuan ondas prolíficas
sobre aguas quietas, sin parar.
Perfecto círculo
de calladas estadísticas
para el terror encendido
por el vecino
por el amigo,
el familiar real caído.
Casas de reposo de ancianos
cascarones vacíos de humanos
UCIs desbordadas
aislados nichos de muerte
a la merced del enfermo
con su mortal mortaja
de virus a cuestas
luchando batallas
solo
en la soledad de su incierta
mañana.
Polvo de cadáveres al viento
Incineraciones como jamás se vieron.
Silentes adioses de muertos vivos
Por el destierro de los encierros.
CONTINUACIÓN
Yo remonto al cielo
mi mirada
captando todo vuelo
todo paso, cada trozo
por imperceptible sea la morada
de un minúsculo beso tuyo,
que se escape
cuando mires el cielo
antes que mi mirada
y pueda atraparlo
de nuevo;
como antes de pensarte
aquellos días primeros
que, en mí, aún no estabas.
Yo pinto de azul
el cadencioso mar cenizo
de mis penas
con los colores primavera
que mejor te describen
en lo más profundo,
tus sombras arenas
sobre mis olas ajenas,
al llanto íntimo
que hoy me dejas.
Yo te busco entre aquellas piedras
que me esconden la diadema
entre ellas,
la que acariciaste
con tus manos
con sutil entrega de mujer
apasionada
y con cuyo roce quisiera
sentir de nuevo
tu suave piel canela.
¡Tus entornos de sirena!
Yo multiplico tu risa, cautivante
segura, ingenua
en cada momento del día
para que permanezcas
con aquella cara feliz
que mi alma tanto anhela.
Cada despertar,
cada encuentro
y en cada avanzar de mi vida
hasta hoy plena,
por ser tan afortunado
de haberte tenido a mi lado.
Yo aplaudo tus designios
y de modo raudo,
porque sé
serán buenos augurios
y yo estaré en ellos
porque aún te quiero
y aún sostengo
todos tus vuelos.
Vuela y remonta al cielo,
tus besos que yo quiero mirarlos
y captarlos
en mi fuero interno
y para cuando te estreche de nuevo
en mis brazos
sientas lo mucho que te quiero.
SOL
Nada se oye
hay una extraña calma.
Nada se ve
hay un extraño hechizo
del negro intenso
sin sombras
en el centelleante bosque
de los recuerdos.
Nada se siente
hay una extraña afección
en los sentidos.
Todo es como un descolorido
Patrón de diseños
inciertos,
sin fronteras
sin formas,
sin asas al sustento,
de los recuerdos.
Un tsunami de llanto
acecha entre esta nada sartreana
y pueda ser
que se precise
de espacios abiertos
para contener el mar
de lágrimas que avance por el costado
desaforado de pasiones latentes.
Nada se percibe
en el ancho océano
de las palabras
que salieran tantas veces
por el trino de tu voz
que ya se extraña.
Vacío de contenido
y aterra asimilar…
los arañazos por el dardo
lanzado a las memorias
en el arrastre
de palabras dichas o escritas
que mantengan
la llama encendida;
las alertas de olvidos
y las rampantes furias
del desafuero.
Extraña calma
hechizo y afecciones latentes,
señuelos en mente
de desasosiego.
Activado tsunami de tristezas
que no quiero
y que quizá sea bueno
que todo pase
y amanezca mañana
al despuntar el alba,
un sol radiante de primavera.
AUXILIO
En esta inmensidad
hoy confieso,
estar aterrado por este mundo
bajo mis pies.
Inquiero tantas cosas,
Que ni quiero ver.
¿Cómo llegamos este momento?
¿Qué cosa nos empujó hasta acá?
¿Qué hicimos mal?
¿Quién impuso sus dominios
y me dejó flejar?
Mi propia vida y su sustento.
Me cubro la cara.
¡No quiero mirar!
Mas, también el hastío
me golpea todo el cuerpo
y temo caer, totalmente
y que ni a mi mente
pueda llegar.
Miro, pues, con un solo ojo
esta vida convulsa
en malos antojos
y de descomposición social.
No quiero rendirme, aún.
Creo poder luchar
mas preciso de otros
en este mismo mundo
o de otros lares
o Lares, ¡Oh si, esos dioses
protectores de la casa, de hogar,
entre los romanos.
Quienes, con sus talantes
nutridos, pensadores
pudieron hacerme dar
un paso de avanzada
y seguir luchando
hasta el final.
Este escenario inhóspito
sin nubes
y de cada mañana
sea el augurio
del momento exacto
de salir de este tugurio
en que a cada uno de nosotros
se nos ha convertido
la vida.
En camisa de fuerzas
o se ha ingeniado
entre una y mil salidas
el reojo hacia la libertad
o de la muerte misma
que se ha instalado
desde hace rato
y sin prisa.
La que nos ha acabado
desde hace rato
y vuelto casi, cenizas.
Me protejo a la vez
con mis brazos
mi rostro
mientras miro angustiado
sin alivios
desesperado, sin cobijos
a fin de que el próximo golpe
no sea tan jodido.
Conque, cantero de mil piedras
ven en mi auxilio.
Escultor de las mil caras,
¿qué piensa el cincel certero
tan celoso de tus manos?
¿mármol blanco de carrara
O gris granito de mica,
feldespato rojo y cuarzo?
¿El más blando, por favor!
Grita el cincel, ahogando mi auxilio…
pero tú, cantero excelso
sólo procuras recelo.
Tomaste el granito entero
y te pusiste a esculpir
el miedo en facha presente
cuando esa mirada inerme,
si no vienes en mi auxilio,
me dice: ¡Vete de aquí!
MÁS LLÁ DE LA NOCHE

Existe una vereda


limpia e iluminada,
prístina, arbolada,
donde al caminar
las siete notas musicales
repetidas,
alternadas,
sin bemoles,
cantan los pasos del paseador
y celebran la frescura
de una noche veraniega.
Donde sólo falta tu presencia
para que sea perfecta
la aquiescencia de la vida,
en mesura y esencia.
Si tan sólo aquí estuvieses,
me asombraría de ti.
De la forma sutil de tu mirada
de tus ojos de enamorada
¡Tu mirada sin par!
al verme así de frente, quizá
circunspecto e incongruente
de asombro seguro tiembles
y me quieras abrazar.
Yo juro que haría lo mismo
para no dejarte escapar
de ese momento precioso
eterno, sin igual.
Un perfecto compartir
de copas de vino tinto,
antipasto y ensaladas,
serían el marco ideal,
marco de celebración
a las notas musicales
que nos han traído hasta acá.
Luego, de nuevo por la senda
ahora no dos, sino cuatro
pies descalzos, retozan
llenos de felicidad.
Chapotean agua, aunque imaginaria,
pies de niños,
pies de adultos,
pies de poetas, alzados
por las alas del destino.
El mismo que tejió
este inexorable lazo de amistad,
sincera e inocente,
más hermana que la sangre.
donde la noche no alcanza
para contarnos la vida
y las tristezas, aventuras, desventuras,
fracasos, logros, metas,
esperanzas…
Para llorar uno en el otro,
de alegría y felicidad,
pues esta noche se acaba
y no admite tristezas,
requiere ir más allá.
Más allá de la noche
tibia, clara y delicada
que por el camino de estrellas
nos permite imaginar:
aplausos a la vida,
chispas contenidas
en un eterno celebrar.
Caricias envueltas
en palabras ciertas
de franco conversar.
Cálidos abrazos,
donde se aniden los rayos
de los soles y lunas
del dulce encuentro musical,
más allá de la noche.
INICIACIÓN
¡No me mires!
¡no me hables!
¡Fuera de aquí Bafomet!
El Malleus Malleficarum
Sin piedad aplicaré
Mi cabeza
No es tu templo
Nunca serás mi obsesión
Insulso demonio odiado
¡Príncipe de perdición!
Al iniciarme templario
tu faz, me hicieron besar.
Mas no te conozco ¡diablo!
Te rechazo sin cesar…
Mas te digo, Bafomet
tu lengua nunca hablaré.
¡Dominnus meus!
¡Señor de todas las huestes!
Que acabaron con los sirios
serraceros y sultanes.
Yo te invoco, ¡Oh Señor!
Dominnus pon en mi espalda
la fuerza de la Vera Cruz
para acabar el suplicio
que hoy me esconde esa, tu luz.
Mis pesadillas me queman
en hogueras de cannabis.
Alucinaciones llegan
sin poderlas controlar
y vuelan mis pensamientos
a mezquitas perfumadas
con sándalo, mirra e incienso
de Odaliscas aceitadas.
En Aquelarre de brujas
en su juego me ha invocado,
por su blanca desnudez,
su licencia le has portado
para un súcubo ella ser.
Y de esa forma sagaz,
exacerbarme en el lecho
hasta la cópula alcanzar,
sacando mi corazón del pecho
y poderme dominar
Non nobis Domine,
non nobis,
sed nomini tuo da gloriam.
TEMPESTAD
A veces contigo
me he alegrado
con poco,
casi nada
y es que soy
un fuego ardiente
de llamas apagadas.
Vela consumida
ocaso desvanecido
lienzo usado
lanzado al olvido.
Es que a veces,
hasta conmigo mismo
permanezco bajo el puente,
callado
abrumado
y rechazado.
Soy despojo humano,
un trozo de carbón
que ya no enciende;
una última gota de agua
que ya nadie toma.
Las muchas otras veces
me he entristecido
consciente
por lo que vivo:
un horizonte marchito,
una vida gastada, al alivio,
de un suspiro
por una herida marcada.
¿Qué he sido entonces?
¿Un humano como pocos?
¡Un humano!
Aún es cierto…
intentando en extremos
inhalar
una bocanada de auxilio
para salvarme de este exilio
de mí mismo.
Tempestad que me abrazas
esta tarde incierta de domingo,
devora cuanto quieras de lo malo
que me acompaña
y haz que valga la pena
este alarido de mis tiempos
devenidos.
MODOS DE PENSARTE
Puedo pensarte
como aquella rosa
cuya fragancia
perfumó todo el océano
de mi dicha
y aún así
quedaría corto,
pues como te pienso
es más inmenso
que el fino rayo
que lo ilumina todo
en negra noche de verano;
luna azul de abril
o amanecer sobre estepas
de tus miradas furtivas.
Diademas cautivas
de mi vida.
Como te pienso
es contemplación a un estero
rociado de tempranero
ocaso sobre el cielo,
con sus colores dorados tamarindo,
apagados,
atrayendo para sí
las miradas que por doquier
se anidan a ver
tan majestuoso espectáculo
y es que te pienso bonito
como con los delicados hilos
que sostienen el abanico
de todas las caricias
que te escondo
para sorprenderte mañana.
Puedo pensarte
como aquella estela
que pasa rauda
en la más obscura noche
cómplice de los amantes
cuyo único remanso de luz
es la luna inquieta
que vuelve y se esconde
tras las nubes danzantes
y aún así
me quedo corto,
pues como te pienso
¡es grande!
Como te pienso es fuego
que no quema
sobre la tibia tarde
que sí, arde,
por tus ojos esquivos
cuando los miro
y es seducción interminable
con todo lo deseable
que llevo por dentro
y es más bonito
pues te lo guardo
en el baúl de mis sorpresas
junto a las caricias
acomodadas con ternura
en el fondo de mis besos.
Como te pienso es infinito
Y quiero compartirlo
Con todo el mundo,
mas, primero contigo
y con todo esmero.
POZO
Pozo de placeres
donde nos sentábamos
aquellas noches frías
de campo.
Estabas sentada jugando
Con las tinajas
de los sueños
en el pozo de ladrillos,
hondo, profundo…
cuyas aguas se oían
al choque de las piedras
que lanzabas.
Imaginabas que cada piedra
era una ráfaga de deseos
por los días venideros
que arrastraban las alegrías
y que todo en comparsa
de algarabías
rendiría plena dicha
en nuestras vidas.
Hoy he regresado.
He llegado solo al pozo,
lanzo piedras
y nada escucho
ni siquiera un eco de tu voz
que me consuele…
Vacío tan solo.
Piedra contra piedra
En la humedad de aquellos días.
¿Qué pasó con todo?
Todo te lo llevaste, ¡cómo!
¿Por qué dejaste el pozo?
Acaso sea un breve indicio…
Miraré por doquier
todo alrededor transpira tu vida.
El pozo es hueco seco, incierto
y también a mí me devoraría.
Adiós pozo de placeres.
Quiero vivir en mis alegrías
las que con ella viviría
en tantos futuros,
románticos atardeceres,
pero ella no está.
Me ha abandonado.
QUÉDATE
No te quedes sin lágrimas
No te quedes sin ganas
No te quedes sin sonrisas
No te quedes sin miradas
No te quedes sin alas
No te quedes…
No te quedes sin nada
Porque tuyo es todo
y esta vida
cuando se te cierran
las puertas
el universo te abre
ventanas.
Pero por favor,
¡eso sí!
Quédate conmigo
aunque sea hasta mañana
cuando de nuevo vuelvas
a abrir tus ventanas.
TU NOMBRE
Sobre esta inmensa roca
en la cúspide
de la montaña,
muro inacabado de frialdad
que has levantado
desde el último ocaso
del más frio invierno de tus besos,
pronuncio tu nombre,
con el ímpetu
del estéril eco
que yace en el fondo
de mi comprensión
y mi capacidad de espera.
Sobre esta inmensa roca
que flanquea
ante el abismo prolongado
de mi llanto,
escribo tu nombre
para que quede prueba
letra a letra
de cuánto te he amado
y acaricio con el dolor
de mis dedos,
tu nombre completo
para que donde estés
sientas
esta fibra que al hombre
le haces sentir
con tan sólo pensarte.
Sobre esta inmensa roca
mi vida se desboca
en la entrega más profunda
de los mejores deseos
que te dejo,
al tallar tu nombre
en las ráfagas del viento
que se elevan al cielo
y sean tu rocío mañanero,
en cada despertar
de los hermosos sueños.
Sobre esta inmensa roca,
te dejo
un corazón diminuto
como dije a tu encuentro;
mis iniciales que nada valen,
mas, con tu nombre las dejo…
y una rosa roja
como símbolo certero
de cada despedida
que nos dimos,
tantas veces,
en la inmensidad del océano
que éramos.
INDIFERENTE
Yo conozco
la égida de la indiferencia
que me subsume…
la he saboreado
desde antes
de aquella noche
de octubre distante
cuando izabas el pañuelo
como era tu costumbre
para hacerme saber
que no es el blanco
ni el azul
entre tus fragancias
sino el rosa tenue
que te vislumbraba
como diosa grande
en altivez,
ante mi derrumbe.
Es que esa indiferencia
es apetecible,
cortina frágil,
escurridiza
transparente
de todo lo que eximes,
pasión envuelta
en terciopelo negro
decorando tus encantos
nada indiferentes
a mis miradas sublimes
que como siempre
viene y va a la orilla
costa marfil
de esta playa
que nos baña
con espuma de abriles,
con fuego encendido
entre gemidos revividos
por la fresca entrega
de las cascadas sutiles
de los besos,
los susurros,
lo que nos decimos
en el estallido,
impresión del abanico
de placer que me redime.
Te digo…
yo conozco
la égida de tu indiferencia
que no es más que
el llanto próximo
de una cita bajo las luces
de las románticas velas
que enciendes como símbolo
de nuestro íntimo
mundo de sueños.
EL NARDO Y LA HIERBA
Había una vez
un jardín
de exuberante belleza
donde convivían
las flores
con las hierbas silvestres.
La belleza de las flores
No tenían parangón
pero las hierbas silvestres
florecían a montón.
Una vez el jardinero
observó un enero
a la hierba traicionera
y le dio oportunidad
de su belleza escondida
en el jardín manifestar,
luego de haberle visto
en terreno baldío
sin acechar.
Casi sin riego alguno,
crecer y florecer.
Pétalos morados
y pistilos amarillos.
“Mala hierba”
La llamaron las flores
del jardín.
A ella no le importó,
hierba de postín.
Vivía ella de belleza rodeada...
rosas,
lirios,
azucenas y calas
adornaban su visión.
Mas, nada como el nardo:
esbelto,
elegante,
florido,
de prestancia y penetrante perfume
dulce-delicado
de melifluo encanto.
Hierba y nardo
Compartieron la tierra,
agua,
sol y lluvia.
Juntos se maravillaban
uno al otro,
alabando sus bellezas.
Hojas largas
sigilosas
contra rechonchas y espinas.
En tanto el nardo
crecía
espigándose,
la hierba lo hacía
alrededor de sus pies.
Absorbiendo el sustento
del sustrato
compartido con el nardo
surgiendo de la simbiosis
un verdadero amor.
La hierba agradecida
fue creciendo fuerte,
poderosa
y se fue enredando alrededor
del nardo amado
creyendo que ese abrazo
desmedido,
que la hierba nunca había recibido,
le haría todo el bien.
El nardo extasiado
en la forma en que creció
la hierba,
por su aplomo singular
agradeció el abrazo
que le procurara
tan inocentemente
como el canto de un juglar.
Hierba y nardo
combinarían sus flores
como amantes juguetones,
con brillos blancos
y morados.
La felicidad se instaló,
reinó el brillo y esplendor
en todo el jardín del amado.
¡Todos se enteraron!
Hasta que al crecer la hierba
desmedida y descontrolada
por el amor
que le daba al nardo esplendente,
ahogó el respiro
de la planta creciente
y, poco a poco,
fue consumiendo la flor.
La hierba impulsiva,
al ver al nardo cautivo,
ahogado por su proceder.
¡Por culpa de su amor!
Despojóse de sus raíces,
sus hojas verdes salvajes
y dejó morirse a los pies de la flor.
Así, el jardinero vio
que la hierba, mala o no,
pudo a tiempo detener
su naturaleza invasiva
que mataba a cualquier flor.
El amor que hierba insulsa
por tan hermoso nardo sentía
fue al fin lo que le impulsaría
a tan insólita decisión:
no abrazar con sus espinas
a su tierno corazón.
Y el nardo
recuperado,
al poco tiempo,
sus flores al jardín
regaló,
y en el mazo principal
entre todas las flores blancas
una morada brillante
al jardinero, encontró.
MENSAJE
Si yo muriese hoy,
esta noche.
Si no despertase más,
Al sueño al cual
me entrego, hoy.
Quiero que sepan
que he vivido bonito
verdaderos días de felicidad.
He conocido de lo bueno,
lo bello
y de lo malo infinito,
lo mejor,
lecciones de vida
con bondad y misericordia.
Me he llevado lo malo
a lo grande del soñar
sobre lecho de oportunidades
increíbles
hasta el amar.
Si mis ojos no viesen ya, más,
podrían ver en mis párpados
mis notas de felicidad.
Cada segundo vivido
y cada minuto dormido
me han brindado, un mundo
del que quisiera repetir una vez más,
en la eternidad.
Si, en los párpados habrán
líneas escritas
de cuanto instante vivido
con extrema intensidad.
Habré esparcido en el camino
muchas huellas
por donde
caminé y estuve
con temores a veces
con eterna decisión, siempre
con aplomo
y tasados pensamientos,
nublando las dudas
que me hicieron accionar.
Palabras al viento
con visión y aliento
en lo positivo
y lo bueno, para los demás.
Leerán en cada renglón
de mis arrugas,
cuanta ternura
quise entregar
y hasta por allá aparecerán
las tibias noches calladas
que no supe pensar,
si me fuese a ese mundo alterno,
hoy, esta noche, mañana
entre las nubes celestes del ocaso
gustosamente, no sé si estaría…
mas sé que doquier llegue
en mi despertar, habría valido la pena,
pues cada anhelo, fue bueno
y lo supe aprovechar.
No viví todo lo bonito
que se pueda soñar
aún faltaron muchas cosas
por vivir y probar,
muchas primaveras qué disfrutar,
mas viví
la poesía de la vida,
por demás.
¡Sí, como humano!
Creyendo que se podía alcanzar
y que, para ello, hasta hoy
sostenido con fuerzas, ante Dios.
Mis fuerzas y mis luchas
de impecable intento
de ser feliz,
hoy abatidas, sin dolor.
Enseñé con pasión, a mis discentes
y con honor.
Tejí bellezas alucinantes
de sueños y las compartí.
Sazoné hasta el placer
ricos platos a exquisitos paladares.
Aconsejé hasta más no dar.
Leí cuanto pude…
¡Oh autores inmortales!
Cuánto les alabé
aprendí y estudié
en diversas lenguas…
no me dio tiempo para visitarlos a todos.
Jugué a las letras
Con odas, sonetos
y poesía
transmutando mis alegrías
plenas, llenas de fantasía.
Me volví empedernido
acompañante de la luna
para plasmar su brillo
silencioso, tenue
y mi ser de caballero,
en el lienzo,
amigo de mis óleos
y conocí el amor
y lo viví como nadie
en lo más íntimo de mi ser.
Fui escenario de mi propia estrella
que alumbraba sin brillar,
algunas noches bellas,
algunas noches tristes,
algunas noches vacías
cuando el cielo era opaco,
para salvar todas esas noches.
Si no despierto, mañana,
Aquí estoy con ustedes
Familia, queridos amigos,
¡jamás les voy a dejar!
Remontaré donde sea y desde allí
les voy a cuidar.

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