Poesía homoerótica hispanoárabe
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El Sah Abás y un paje. Muhammad Qasim, 1627; Museo del Louvre, París. La figura del copero era
habitual en la poesía homoerótica árabe en general, conjugando tanto el género
báquico ( خمرياتjamriyyat) como el amor homosexual ( مذكراتmudhakkarat).
Hay una recurrente presencia de poemas de carácter homoerótico en la poesía
hispanoárabe. La literatura erótica, a menudo de la más alta calidad, floreció en la
cultura islámica en una época en que la homosexualidad, introducida como un
refinamiento cultural en la cultura omeya,1 desempeñaba en ella un papel
importante.
Entre los reyes andalusíes la práctica de la homosexualidad con jóvenes era
bastante corriente; entre ellos, el abadí Al-Mu'tamid de Sevilla y Yusuf III del reino
nazarí de Granada escribieron poesía homoerótica.2 La preferencia por los
cristianos y cristianas esclavos en lugar de mujeres o efebos de su propia cultura
contribuyó a provocar la hostilidad de los reinos cristianos.3 También entre la
comunidad judía de al-Ándalus la homosexualidad fue incluso normal entre la
aristocracia.4
La contradicción entre la condenatoria legalidad religiosa y la permisiva realidad
popular fue superada mediante el recurso a una sublimación neoplatónica, el
«amor udrí», de una ambigua castidad.5 El objeto de deseo, generalmente un
sirviente, esclavo o cautivo, invertía el rol social en la poesía, convirtiéndose en
dueño del amante, del mismo modo que sucedió con el amor cortés de la Europa
medieval cristiana.1
El homoerotismo presente en la poesía andalusí establece un tipo de relación
similar al descrito en la antigua Grecia: el poeta adulto asume un
papel activo frente a un efebo que asume el pasivo,6 lo que llegó a producir
un tópico literario, el de la aparición del «bozo»,7 que permite, dada la ambigüedad
descriptiva de los poemas, tanto en las imágenes como en los usos gramaticales,
identificar el sexo del amante descrito.1Gran parte de la poesía erótico-amorosa de
la época se dedica al copero o escanciador de vino, combinando los
géneros báquico ( خمرياتjamriyyat) y homoerótico ( مذكراتmudhakkarat).8
Comenzó a florecer en la primera mitad del siglo IX, durante el reinado
de Abderramán II, emir de Córdoba.9 La caída del Califato de Córdoba en el siglo
XI y el subsiguiente dominio de los almorávides y la división en los reinos de taifas,
descentralizaron la cultura por todo al-Ándalus, produciendo una época de
esplendor en la poesía.10 La invasión almohade trajo el surgimiento de nuevas
cortes literarias en los siglos XII y XIII. La mayor autonomía femenina en esta etnia
norteafricana hizo aparecer un mayor número de poetisas, algunas de las cuales
escribieron también poemas que cantaban la belleza femenina. 11
Índice
1Contexto
o 1.1La ley islámica y la homosexualidad
2Homoerotismo en la literatura andalusí
3Estrofas y géneros de la poesía árabe clásica
4Siglos IX y X. Época omeya
5Siglo XI, el esplendor de la poesía árabe clásica
o 5.1Córdoba
o 5.2Sevilla
o 5.3Levante
6Siglos XII y XIII. Época almohade
7La poesía homoerótica femenina
8Traducciones y antologías
9Véase también
10Referencias
11Bibliografía
Contexto[editar]
La civilización desarrollada en el Califato Omeya desde Córdoba competía e
incluso llegó a sobrepasar la de la Europa cristiana. Tras la muerte
de Carlomagno en el año 814 y el subsiguiente declive de su Imperio, la única
ciudad que rivalizaba con Córdoba en Europa era Constantinopla, capital
del Imperio bizantino y situada al otro extremo del continente. Los califas de
Córdoba superaban a sus contemporáneos bizantinos en cultura. La literatura, en
especial la poesía, fue cultivada con entusiasmo, como sucedía en todos los
países árabes; durante la época, el árabe llegó a superar al latín como lengua en
las obras sobre medicina, astronomía y matemáticas; los cristianos de la península
aprendían árabe para perfeccionar un expresivo y elegante estilo, y eruditos de
toda la Europa cristiana viajaban a Toledo o Córdoba para realizar sus estudios.
Es probable que mantuvieran un estándar de administración pública superior:
muchos de los súbditos cristianos y judíos preferían el gobierno de los infieles,
cuya legislación no era más intolerante que las leyes cristianas.9
Tras la conquista árabe en el año 711 se produjo un florecimiento único en
la península ibérica de la poesía homoerótica, que repetía un fenómeno del mundo
islámico en general, con paralelismos en la lírica erótica
de Irak, Persia, Afganistán, la India, Turquía y países del norte de África
como Egipto, Túnez y Marruecos. Las antologías de poesía medieval islámica de
las grandes capitales árabes muestran, a lo largo de casi un milenio, la misma
corriente de homoerotismo apasionado que se encuentra en los poemas
de Córdoba, Sevilla o Granada.9
La homosexualidad, consentida bajo la base de una tolerancia coránica general
hacia los pecados de la carne, se introdujo como un refinamiento cultural entre
los Omeyas, pese a las protestas de algunas escuelas jurídicas. Así, Ibn Hazm de
Córdoba fue tolerante con el homoerotismo,12mostrando solamente su reprobación
cuando se mezclaba con algún tipo de inmoralidad pública, actitud que al parecer
compartían sus contemporáneos.1
Tanto en lo filosófico como en lo literario el clasicismo griego fue conocido y
respetado por los autores andalusíes, cuya labor de traducción y compilación fue
esencial en la supervivencia de muchos textos clásicos. Muchos de los temas de
la poesía andalusí, como el elogio de la belleza efébica, beben directamente de
la poesía homoerótica griega, que conocieron a través de traducciones desde la
época de la gran biblioteca de la Córdoba del califa omeya Hisham II.13
La ley islámica y la homosexualidad[editar]
Véase también: Homosexualidad e islam
La severidad e intolerancia que caracterizaban
al judaísmo y cristianismo tradicionales en materia sexual reaparecieron en las
leyes de la tercera religión abrahámica. Respecto a la homosexualidad, algunas
importantes escuelas, como la del teólogo Malik de Medina o el literalista Ibn
Hanbal, contemplaban la pena de muerte, generalmente por lapidación. Otras
escuelas de leyes más liberales redujeron el castigo a la flagelación, generalmente
cien latigazos.9
No obstante, otros aspectos de la cultura islámica muestran cierta contradicción
con la severidad, heredada del Antiguo Testamento, que dominaba la legalidad
del islam a este respecto. La actitud popular era mucho menos hostil con el
homoerotismo y los visitantes europeos se sorprendían de la relajada tolerancia
hacia este tema entre los árabes, que no parecían encontrar nada innatural en las
relaciones entre hombres y muchachos. En los tratados árabes medievales sobre
el amor, esta llamada «intoxicación emocional» es provocada no solo por el amor
de las mujeres, sino también por el de muchachos y otros hombres.9 Mientras en
el resto de Europa era penada con la hoguera, en al-Ándalus la homosexualidad
era común e intelectualmente prestigiosa; la obra de autores como Ibn Sahl de
Sevilla, explícita en este sentido, se llevó a todos los confines del mundo islámico
como ejemplo de poesía amorosa.14
La única mención de Ibn Hazm al lesbianismo en El collar de la paloma es, en
aplicación del islam, condenatoria. Pero las referencias árabes al lesbianismo no
son tan aparentemente condenatorias: al menos una docena de romances entre
mujeres son mencionados en The Book of Hind, ella misma una
lesbiana arquetípica; se ha perdido un Tratado sobre el lesbianismo (Kitab al-
Sahhakat) del siglo IX, y trabajos posteriores sobre erotismo árabe contenían
capítulos sobre este tema.1516 Algunas mujeres en al-Ándalus tuvieron acceso a la
educación y pudieron escribir libremente. En sus poemas, el amor por otra mujer
está tratado y presente del mismo modo que el de los poetas hombres por otros
hombres.17
Manuscrito B del Poema de Yuçuf (anónimo aljamiado en aragonés del s. XIV). En la azora XII
del Corán, Yūsuf es presentado como un hombre cuya arrebatadora belleza provoca el amor.
El historiador australiano Robert Aldrich señala que en parte esta tolerancia hacia
el homoerotismo es debida a que el islamismo no reconoce una separación tan
marcada entre la carne y el espíritu como el cristianismo y tiene en aprecio el
placer sexual.18 Otras razones serían estéticas: en el Corán es un
hombre, Yūsuf (el patriarca José cristiano), quien en la azora XII es presentado
como el máximo representante de la belleza. En dicho texto coránico se muestra
también el concepto platónico de que la belleza es la que genera el amor,1 de
modo terrible, arrebatador. García Gómez señala en su introducción a El collar de
la paloma que los musulmanes llaman «al-iftitān bi-l-suwar» al «trastorno o
conmoción que sufren las almas al contemplar la belleza concretada en formas
armoniosas», ilustrándolo con la historia de las nobles egipcias que se cortan los
dedos mientras pelan naranjas, arrebatadas por la belleza de Yūsuf. 19
Entre los reyes andalusíes la práctica de la homosexualidad con jóvenes era
bastante corriente; Abderramán III, Alhakén II (quien tuvo descendencia por
primera vez a la edad de 46 años, con una esclava vasca cristiana que
se travestía, a la moda de Bagdad, como si fuera un efebo), Abd Allah de la Taifa
de Granada, el nazarí Muhammed VI; entre ellos, el abadí Al-Mu'tamid de la Taifa
de Sevilla y Yusuf III del Reino nazarí de Granada escribieron poesía
homoerótica;2 Abderramán III, Alhakén II, Hisham II y Al-Mu'tamid mantuvieron
abiertamente harenes masculinos.20 Consta que los hispanoárabes preferían como
compañeros sexuales a los cristianos y cristianas esclavos antes que a las
mujeres o efebos de su propia cultura, lo que provocaba la enemistad y continuas
hostilidades de los reinos cristianos. Es conocido el martirio al niño
cristiano Pelagio por resistirse a los deseos de Abderramán III,
primer califa omeya de Córdoba, hecho por el que fue posteriormente santificado.3
También entre la comunidad judía de al-Ándalus la homosexualidad fue incluso
normal entre la aristocracia. Citando el tomo colectivo Aspects of Jewish Culture in
the Middle Ages (1979), en España había «una cultura cortesana y aristocrática
caracterizada por un individualismo romántico (en la cual había) una intensa
exploración de todas las formas de la sexualidad
libertadora: heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad». El placer
homosexual no solo era frecuente, sino que era tenido como más refinado entre
los acomodados y cultos; al parecer, existen datos que indican que los prostitutos
sevillanos a principios del siglo XII cobraban más que sus compañeras femeninas,
y tenían una clientela de clase más elevada.20 Las prostitutas quedaban relegadas
a la plebe urbana y sobre todo a los campesinos que visitaban las ciudades. 4
Homoerotismo en la literatura andalusí[editar]
Para superar la contradicción entre la legalidad religiosa y la realidad popular, la
literatura árabe recurrió a un curioso hadiz atribuido al mismo Mahoma: «Aquel
que ama y se mantiene casto y oculta su secreto y muere, muere como un
mártir».9 El poeta, aprehensor de belleza, se veía impelido a cantar la belleza
masculina. La sublimación del amor cortés a través del neoplatonismo, de cantar
la belleza corporal trascendida en Belleza ideal, permitía al poeta expresar sus
sentimientos homoeróticos sin peligro de censura moral.1
El amor homosexual ( مذكراتmudhakkarat) como tema literario se dio en el ámbito
de la poesía en todo el mundo árabe; el jurista y literato persa Muhammad ibn
Dawud (868 - 909) escribió, a los 16 años, el Libro de la flor, una antología de los
estereotipos de la lírica amorosa que dedica amplio espacio a los versos
homoeróticos;18 Emilio García Gómez señala que la angustia de Ibn Dawud,
debida a la pasión homoerótica que sintió toda su vida hacia uno de sus
compañeros de escuela (a quien dedicó el libro), fue un resorte que le condujo a
concretar un platonismo que García Gómez identifica como un «anhelo colectivo»
en la cultura árabe de reconducir un «noble caudal espiritual» que no encontraba
salida. Ibn Dawud lo revistió con el mito árabe del «amor udrí», cuyo nombre
proviene de la tribu de los Banu Udra, que vendría a significar literalmente «Hijos
de la Virginidad»: un idealismo refinado creado por los retóricos orientales, una
«ambigua castidad», según García Gómez, que era «una mórbida perpetuación
del deseo».5
Tanto la tradición punitiva como la sentimental figuran en la literatura andalusí, y
destacadamente en los escritos de su más conocido teórico del amor, Abu
Muhammad 'Ali ibn Ahmad ibn Sa'id ibn Hazm (994 - 1064), más conocido
como Ibn Hazm, que dice del amor en El collar de la paloma:
No está reprobado por la fe ni vedado en la santa Ley, por cuanto los corazones se hallan en manos de
Dios Honrado y Poderoso, y buena prueba de ello es que, entre los amantes, se cuentan califas y rectos
imanes.
Ibn Hazm, 1967, p. 109
Para Ibn Hazm, el amor escapa al control del hombre, «es una especie de
naturaleza, y el hombre sólo tiene poder sobre los movimientos libres de sus
órganos.»21 En El collar de la paloma, una mezcla de generalizaciones teóricas y
ejemplificaciones o anécdotas personales (aunque la gran mayoría se refieren al
amor heterosexual, especialmente por hermosas esclavas), se intercalan
repetidamente las historias de hombres que se enamoran de otros hombres. En
ocasiones la atribución es oscura, dado que el texto, refiriéndose neutralmente
al ser amado, puede estar dedicado tanto a un hombre como a una mujer:9
Otras señales son: que el amante vuele presuroso hacia el sitio donde está el amado; que busque
pretextos para sentarse a su lado y acercarse a él; y que abandone los trabajos que le obligarían a estar
lejos de él, de al traste con los asuntos graves que le forzarían a separarse de él, y se haga el remolón
en partir de su lado.
Ibn Hazm, 1967, p. 118
De la influencia bagdadí de Ibn Dawud los andalusíes aprendieron las reglas del
juego del amor cortés: la inasequibilidad del ser amado porque pertenece a otro
(no por adulterio, sino porque generalmente se trataba de un esclavo o esclava de
otro dueño); el espía, el amigo favorable, el calumniador... forman parte de una
serie de figuras preestablecidas que acompañaban a los amantes en su historia.1
Abu Nuwas (747-815) escribió poesía de carácter homoerótico.
Otro de los poetas que cantaron los placeres ilícitos del vino y los efebos fue Abū
Nuwās al-Hasan Ibn Hāni' al-Hakamī, más conocido simplemente como Abu
Nuwas (Ahvaz, Irán, 747 - Bagdad, 815). El amor homoerótico que celebraba es
similar al descrito en la antigua Grecia: el poeta adulto asume un rol activo frente a
un joven adolescente que se somete. El interés por los efebos era completamente
compatible con el interés por mujeres; ambos compartían un papel socialmente
subordinado, hecho que en la poesía se enfatizaba mostrándolos como miembros
de una clase inferior, o esclavos o cristianos cautivos.6
Cabe señalar que, así como el rol activo no era socialmente condenado, el adulto
que tomaba un papel pasivo en la relación homosexual era objeto de escarnio. Por
ello, la diferencia de edad entre amante y amado era crucial en una relación
homosexual; de ahí que la aparición del vello facial en el efebo fuera
un topos extremadamente popular en la poesía homoerótica árabe, porque
marcaba la transición a una situación insostenible, aunque enseguida generó una
respuesta en defensa de la belleza que se mantenía en un joven plenamente
barbado.6
Estrofas y géneros de la poesía árabe clásica[editar]
Artículo principal: Poesía árabe
La poesía árabe clásica usaba tres tipos básicos de versos o formas estróficas:
la casida, una oda larga y monorrima; la qita o quita, fragmento o poema breve y
monorrimo sobre un solo tema o imagen; y la muwassah o moaxaja, una forma
estrófica que apareció más tarde. Estos dos últimos se dedicaban usualmente a
cuestiones relacionadas con los placeres de la vida, descripciones del vino y de su
consumo, el amor o expresiones de pesar por lo efímero de dichos placeres.22
La casida era la forma habitual para los grandes géneros: el panegírico o madih,
en honor o alabanza de un gran hombre; el elegíaco, ritza o martiyya,
conmemorando la muerte de un gran hombre; y el género satírico, hiya o hichá, en
que se ridiculiza al enemigo.2223La casida de género erótico era conocido
como nasib, y estaba estrechamente unido con el ogniya, los versos adaptados
al canto y el acompañamiento musical, cultivado por numerosas poetisas.24 Todos
estos géneros pueden considerarse, hasta cierto punto, variantes impregnadas
del assifat o género descriptivo, por el lujo exuberante de imágenes y matices de
que hacía gala la poesía andalusí.23
Dos géneros o temáticas en los que puede encontrarse poesía homoerótica son
la jamriyyat o khamriyyat (poesía báquica) y el género erótico-amoroso,
el ghazal o gazal, que según el sexo del objeto de deseo puede conocerse
como mu'annathat, si es dedicado a una mujer, o mudhakkarat, si se dirige a
hombres jóvenes.25Una inmensa mayoría de este tipo de poesía se refiere al
copero, combinando el tema báquico y el erótico.8
Siglos IX y X. Época omeya[editar]
La poesía erótica comenzó a florecer en al-Ándalus bajo el mandato
de Abderramán II (792-852) en el por entonces Emirato de Córdoba. Su nieto, Abd
Allah I (844-912), ya escribió versos amorosos para una «gacela de ojos oscuros»,
según recogió Ibn Hazm.9La ambigüedad en los usos gramaticales se extendía a
las imágenes utilizadas para describir la belleza tanto de los efebos como de las
doncellas, dificultando saber el sexo del amante descrito. Existían no obstante
algunos indicios, que en ocasiones quedan enmascarados en las traducciones:
algunos términos que en español son palabras femeninas, como «gacela» y
«luna», en árabe son masculinas.1 Otro indicativo era la alusión del vello facial, el
bozo,7 que aparece en el rostro del efebo tanto disminuyendo su belleza como
aumentando su atractivo al evidenciar su masculinidad:1
A partir del modernismo, movimiento que se inicia en el siglo IX, la mayoría de las moaxajas están
dedicadas a efebos,26 uno de los tópicos literarios de gran parte de la poesía árabe medieval.
¡Oh tú, en cuyas mejillas ha escrito el vello dos líneas que,
al destruir tu belleza, despiertan ansias y cuidados!
No sabía que tu mirada era un sable, hasta ahora
que te he visto vestir los tahalíes del vello.
El libro de las banderas de los campeones de Ibn Said al-Maghribi.
Traducción de E. García Gómez.27
Ibn Abd Rabbihi (Córdoba, 860-940), poeta de las cortes de Abd Allah I
y Abderramán III y uno de los más tempranos representantes de las bellas letras
andalusíes,28 escribió sobre un joven en el típico ánimo de sometimiento al
amado.9
Le di aquello que me pedía, le hice mi señor...
El amor ha puesto bridas en mi corazón
como un camellero pone bridas en su camello.
Otro de los temas de la poesía árabe era la poesía báquica ( خمرياتjamriyyat),
celebrando, pese a las prohibiciones religiosas, el vino y la embriaguez; en
ocasiones se mezclaba con el homoerotismo en la figura del copero o
escanciador. Así, algunos poetas fueron más explícitos y menos castos en la
expresión de su pasión, como Ali ibn Abi l-Husayn (m. 1038):1
¡Cuántas noches me han servido las copas
las manos de un corzo que me compromete!
Me hacía beber de sus ojos y de su mano
y era embriaguez sobre embriaguez, pasión sobre pasión.
Yo tomaba los besos de sus mejillas y mojaba mis labios
en su boca, ambas más dulces que la miel.
Ibn al-Kattānī, Tašbīhāt, núm. 177.
Era relativamente frecuente en la poesía amorosa árabe que el objeto de deseo
fuera un esclavo o cautivo. No era extraño que se tratara de gente rubia; el mismo
Ibn Hazm señalaba que varios califas se inclinaban hacia el color rubio, incluso
que muchos de ellos, por herencia materna y dada esta preferencia familiar, eran
rubios y de ojos azules.29 Yusuf ibn Harun ar-Ramadi (926-1013) escribió sobre un
esclavo rubio:1
Turbado por las miradas, te parecería
que acaba de despertarse del sopor del sueño,
la blancura y rubicundez se asocian en la belleza,
sin que sean contrarias, pues son semejantes;
como cadenas de oro rojizo sobre un rostro de plata,
así la aurora, blanca y rubia,
es la que parece imitarle.
Cuando aparece el rubor en sus mejillas
es como el vino puro en cristal de roca.
Ibn al-Kattānī, Tašbīhāt, núm. 233.
En otro poema, Ar-Ramadi dio prueba de su bisexualidad narrando una noche de
pasión con un efebo y una esclava:1 «Extendía mi mano hacia el pavo real unas
veces \ y otras me retiraba hacia la paloma torcaz.» Ar-Ramadi, panegirista
de Almanzor y uno de los más destacados poetas cordobeses del siglo X, llegó a
enamorarse tanto de un joven cristiano que hacía la señal de la cruz cuando bebía
vino. Cuando su turbulenta carrera política le llevó a prisión, se enamoró de un
esclavo negro: «Miré en sus ojos y me embriagaron... Yo soy su esclavo, y él es
mi señor». Esta sumisión e inversión de los roles sociales en la poesía árabe se
asemeja al romanticismo de caballerías de la Europa medieval cristiana. 9
Cabe mencionar también a Muḥammad ibn Hānī ibn Saˁdūn (c. Sevilla, 927 - 972)
que destacó en el Califato de Córdoba por el atrevimiento de su lírica. En sus
poesías, que conjugaban las corrientes clásicas de tradición beduina con las
renovaciones modernistas, practicó el género del autoelogio o la jactancia (fajr),
haciendo gala tanto de su homosexualidad como de su adscripción al chiismo,
facción del islam perseguida en su tiempo por los Omeyas.30
Siglo XI, el esplendor de la poesía árabe clásica[editar]
Artículo principal: Poesía árabe en los reinos de taifas
La caída del Califato Omeya y la fragmentación subsiguiente en los reinos de
taifas produjeron un éxodo de los poetas a las distintas cortes que se formaron,
descentralizando la cultura a todo al-Ándalus. Al crecer el número de cortes, creció
el de poetas, y la posibilidad de que surgieran buenos creadores.10
Córdoba[editar]
En Córdoba destacó la figura del extraordinario poeta y filólogo Abū 'Āmir ibn
Šuhayd (992-1035), hijo de un ministro de Almanzor. Ibn Suhayd se presentaba
como un personaje cínico y libertino, que él mismo se encargó de difundir y que
puede recordar a Lord Byron. Cultivó los géneros modernistas, que cantaban los
placeres de la vida: el amor, el vino, la caza, el sentimiento grato de la naturaleza,
porque reflejaban su forma de vivir, su evidente actividad báquica y bisexual, su
actitud en contra de lo establecido. En uno de sus poemas, tras describir una
fiesta con jóvenes mujeres en flor, aparece un paje real, un efebo adolescente y
afeminado:10
Los reinos de taifas hacia 1080.
Yo le seguí hasta la puerta de su casa,
porque hay que seguir a la pieza hasta alcanzarla,
le até con mis riendas
y fue dócil a mi bocado.
Fui a beber a los pozos del deseo
y pasé por encima de la vileza del pecado...
Ibn Suhayd, Dīwān, Pellat, pp. 160-153.
El más aclamado lírico de esta época es el cordobés Muhammad ibn Abd al-Malik
ibn Quzman, o Ibn Quzman (c. 1080-1160), considerado uno de los grandes
poetas medievales. Alto, rubio y de ojos azules, Ibn Quzman fue un bohemio
irreverente que llevaba y hacía gala de una vida licenciosa. Su figura recuerda la
del bagdadí Abu Nuwas en la corte de Harun al-Rashid, también completamente
liberal en cuanto a su homoerotismo.31
Tengo un amado alto, blanco, rubio.
¿Has visto de noche la luna? Pues él brilla más
Me dejó el traidor y luego vino a verme y saber mis nuevas:
tapó mi boca, calló mi lengua,
hizo como la lima con mis barruntos.
Versión: Federico Corriente.32
Lejos de las casidas y los cánones del verso clásico árabe, Ibn Quzman llevó a su
más alto nivel el zéjel, un tipo de moaxaja o poesía en estrofas que se escribía en
árabe dialectal hispánico. En un estilo deliberadamente popular y profuso en
situaciones eróticas, sus zéjeles celebraban el vino, la fiesta y el amor hacia
mujeres y jóvenes. Ibn Quzman gustaba de los placeres de la vida y de ir siempre
bien vestido, pero odiaba trabajar:33
Desde que nací hasta ahora, pláceme el descoco,
y hay algunas cosas que nunca me faltan:
con todo bebedor y fornicador me junto.
Traducción de E. García Gómez y F. de la Granja.
Cuando alguien le recordó que quien es serio en esta vida será recompensado
con el Paraíso, el irreverente Ibn Quzman respondió estar en el Paraíso en esta
vida, vindicando su libertino estilo de vida:34
Si el paraíso me dieran, vino sería
y amar beldades.
Allí fuimos de broma y desenfreno,
ora con mozos, ora con mujeres;
corrieron copas y hubo lo que hubo.
Consejeros, dejaos de monsergas:
¡mi vicio es virtud! (z. 62/0-1)
Golpeado por la pobreza al final de sus días, y encarcelado repetidas veces
acusado de herejía por su actitud de desafío a las autoridades religiosas,35 Ibn
Quzman acabó sus días dedicado a la enseñanza en una mezquita. Su obra está
recogida en la traducción que hizo Emilio García Gómez de su obra
completa, Todo Ben Quzman (Gredos, 1972).2
Sevilla[editar]
Sevilla se convirtió en un reino independiente, una taifa, bajo la soberanía de
los Banu 'Abbad, una rica y aristocrática familia de provincias que gobernó con
inteligencia, falta de escrúpulos, ambición, valor, orgullo y una elevada sensibilidad
estética, y que condujo a Sevilla a ser la capital poética del Al-Ándalus de los
reinos de taifas. La poesía sevillana adquirió un nuevo grado de exquisitez y
belleza formal en el reinado de Abbad ibn Muhammad al-Mu'tadid (Sevilla, ? -
id., 1069), Rey taifa de Sevilla (1042-1069). Uno de los mejores poetas de su
corte, en la que los ministros eran poetas y los poetas ministros, fue su propio
hijo Muhammad ibn ‘Abbad al-Mu‘tamid (1040 - 1095). Desde bien joven le unió
una «amistad equívoca y apasionada» con otro de los grandes poetas de la
época, Abu Bakr ibn Ammar (1031-1086), también conocido como Ibn Ammar o
Abenamar, del que fue discípulo en Silves. Desterrado por Al-Mutadid
a Zaragoza para evitar la perniciosa influencia sobre su hijo, Ibn Ammar escribió
una casida al rey pidiendo perdón, pero tal vez la mención de sus diversiones y
sus noches de juventud con Al-Mutamid en Silves provocó que la casida no tuviera
efecto:10
Al recordar el tiempo de mi juventud, es como si se encendiese
el fuego del amor en el pecho.
Aquellas noches en que no hacía caso de la sensatez del consejo
y seguía los errores de los alocados;
condené al insomnio a los párpados somnolientos
y recogí el tormento de las tiernas ramas.
Ibn Bassam, Dajira, 3, pp. 272-274.
Pese a quejarse de su destino en Zaragoza, Ibn Ammar pudo dedicar sus gazales,
género que dominó con maestría, a los bellos efebos de la corte de Ibn Hud al-
Mutamán. A la muerte de Al-Mutadid, el nuevo rey Al-Mutamid mandó traer de
nuevo a su antiguo amigo y amante, y juntos gobernaron Sevilla, como Rey y
ministro. Al final de sus vidas su relación se torció por un enfrentamiento de Ibn
Ammar, a la sazón gobernador de Murcia, con el rey de Valencia; Al-Mutamid
escribió una casida satírica, en la que ridiculizaba los orígenes humildes de Ibn
Ammar. En la casida con que le respondió el poeta, se burlaba de los abadíes, de
la esposa e hijos de Al-Mutamid, y le acusaba de sodomía, recordando los días de
Silves:10
Te abrazaba la cintura tierna,
bebía de la boca agua clara.
Yo me contentaba con lo permitido,
pero tú querías aquello que no lo es.
Expondré aquello que ocultas:
¡Oh gloria de la caballería!
Defendiste las aldeas,
pero violaste a las personas
M. J. Rubiera Mata, Al-Mu‘tamid, pp. 29 y 36.
Cuando más adelante Al-Mutamid pudo apresar a Ibn Ammar le perdonó, pero al
enterarse de que este se vanagloriaba de su indulto entró en cólera y le mató con
sus propias manos. Tras lo cual, no obstante, le lloró y ofreció un suntuoso
funeral.9
Levante