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Razonamiento: Razón y Racionalidad

a) La racionalidad y la razón han sido temas de debate desde la antigüedad griega. La ciencia se convirtió en el paradigma de la racionalidad, aunque una racionalidad "moderada" también es necesaria. b) Existen diferentes tipos de razón como la razón teórica, que busca explicar las causas de los eventos, y la razón práctica, que se relaciona con la elección y realización de acciones morales. c) Aunque la razón en juicios éticos no sigue los mismos
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Razonamiento: Razón y Racionalidad

a) La racionalidad y la razón han sido temas de debate desde la antigüedad griega. La ciencia se convirtió en el paradigma de la racionalidad, aunque una racionalidad "moderada" también es necesaria. b) Existen diferentes tipos de razón como la razón teórica, que busca explicar las causas de los eventos, y la razón práctica, que se relaciona con la elección y realización de acciones morales. c) Aunque la razón en juicios éticos no sigue los mismos
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RAZÓ N, RACIONALIDAD Y RAZONABILIDAD

PRESENTACIÓ N

Lo que define a la racionalidad y el ámbito de cosas que se aplica, son muy antiguas.
Así, por ejemplo, el simple descubrimiento-de los griegos- de que la adhesión general,
aún unánime, a una creencia no es condición de su verdad, significó una contribución
importantísima al pensamiento humano, dio lugar al advenimiento de la ciencia, y ésta
a su vez a la separación por distinción entre «razón» y «emoción». De este modo, los
cursos de acción intelectual de sus mecanismos y resultados, se convierten en el
núcleo del significado de «razón» y «racionalidad». La ciencia deviene,
consecuentemente, en el paradigma de la racionalidad.

Esta racionalidad que algunos han denominado radical, termina siendo insuficiente en
algún momento. Surge, entonces, la necesidad de un cambio en los paradigmas de la
razón, y en ese viraje, se introducen en la discusión, figuras como «la razonabilidad», la
misma que a manera de una racionalidad moderada, no se contrapone a la primera,
sino que la complementa, haciendo que el racionalismo lato sensu se torne en
inherente a toda obra humana, dejando de estar circunscrito a un razonamiento puro
de tipo lógico-matemático reservado sólo para algunas áreas del conocimiento
humano, y extendiéndose también a la argumentación válida y a la discusión crítica

RAZÓ N

Generalmente entendemos por «razón» aquella facultad de conceptuar, juzgar,


ordenar, relacionar y estructurar nuestras ideas, pensamientos y conocimientos; o
toda acción intelectual que nos pone en contacto con la realidad, es decir, como
aquella actividad intelectual que nos permite comprender la realidad.

Podemos mencionar dos ideas muy elementales pero al mismo tiempo trascendental
para una definición de razón como objeto. La primera de ellas es que «la idea de razón
emerge del intento de distinguir lo subjetivo de lo objetivo», y la segunda, que lo
objetivo no puede, sino estar constituido por un sistema conceptual que trace algo así
como un sistema de coordenadas expresadas en categorías lógicas, leyes, axiomas,
reglas o principios, que tengan carácter universal, y que por ello mismo no dependan
de puntos de vista o creencias particulares. Y en tal sentido, puede servir como un
tribunal de apelaciones no sólo contra las opiniones aceptadas y los hábitos de nuestra
comunidad, sino también contra las peculiaridades de nuestra perspectiva personal.

a) Objetividad y orden

La objetividad queda claramente definida por la idea de un orden independiente de


observaciones y observadores particulares. Por lo tanto, sólo si partimos de eventos
regidos por patrones iguales y permanentes, podremos descubrir el orden que los
gobierna y a partir de ello formular las coordenadas, leyes, axiomas o reglas, que
permitan explicar dichos eventos, es decir, con aspiraciones de generalidad o validez
universal.

Es importante tener presente, que si bien nada garantiza que ese orden exista
podamos descubrirlo mediante la combinación de la percepción y el pensamiento;
como ha ocurrido en varias ramas de las ciencias naturales, el planteo de que él ha
sido impuesto por las condiciones de nuestra propia experiencia es absolutamente
implausible. En conclusión, es el orden decodificado - con pretensión de universalidad -
al observar el patrón que rige los eventos, lo que constituye lo objetivo, y éste se
expresa en leyes, reglas, principios, etc.

b) El contenido de la razó n

Lo expresado hasta aquí podría hacernos pensar que sólo se puede hablar de razón en
el caso de las matemáticas, la lógica o las ciencias naturales, pues, si bien su
manifestación más característica se encuentra en la ciencia, no deja de tener expresión
en otras disciplinas, como los juicios de carácter moral, cuya justificación puede
encontrar sustento en los métodos o procedimientos de lo que se ha denominado
razón práctica.

Nagel, sostiene que "el contenido de la razón puede ser bastante rico, incluyendo
métodos firmes de justificación empírica de creencias y distintos tipos de razón
práctica y justificación moral; o puede ser muy austero y limitarse a principios lógicos y
no mucho más."
No existe mayor dificultad en comprender el contenido de la razón de tipo lógico-
matemático, nos referiremos solamente al contenido de la razón en los juicios éticos o
morales, que es lo que genera controversias permanentemente.

c) Razó n en los juicios éticos o morales

Está claro que nuestra definición de razón abarca también la posibilidad de hallar una
para la evaluación de los juicios éticos o morales, pero también es claro que esta razón
no se expresa en los mismos términos en los que lo hace la razón en la ciencia. Por
ello, la interrogante de ¿cuál es la peculiaridad de la razón en el marco de juicios éticos
o morales? surge de inmediato, y muy pocas veces es contestada satisfactoriamente
por quienes se refieren a ella, pues generalmente se limitan a sostener su posibilidad y
ejemplificarla en términos particulares y poco clarificadores. Aquí trataremos de ir
superando esa limitación e intentaremos expresar en términos generales esa
peculiaridad, lo que no será posible si antes no percibimos con claridad que "la
naturaleza real de la razón no se encuentra en la creencia en un conjunto de
proposiciones «fundacionales», ni siquiera en un conjunto de procedimientos o de
reglas para obtener inferencias, sino en cualquier forma de pensamiento respecto de
la cual no existan alternativas" con iguales pretensiones de universalidad y de
constituirse en el principio de toda explicación. Por la forma en que acabamos de
exponer la naturaleza de la razón, pareciera estarse generando una contradicción con
la definición que de ella consignamos más arriba.

Dicha búsqueda debe partir de la idea básica de que el pensamiento moral es


intersubjetivo, lo que por supuesto no constituye la solución al problema, sino por el
contrario, es precisamente en este punto donde se hace más difícil discernir el camino
a seguir, pues si bien podría admitirse con cierta facilidad que un sistema de razones
debería otorgar algún tipo de valor, objetivo y subjetivo, a las personas y a sus
intereses, no resulta tan fácil definir una sola forma de hacer esto de modo claramente
correcto, ya que, sin duda, hay otras formas, incluso no inventadas aún, que son
superiores a aquellas inventadas hasta el presente. Sólo diré, para concluir este punto,
que si bien la relatividad - por superables - de los procedimientos argumentativos
tendientes a dotar de racionalidad a los juicios morales hace que carezca de sentido la
búsqueda de la forma del razonamiento ético o moral, no es precisamente ello lo que
los diferencia del conocimiento científico, en tanto que en la actualidad, ni siquiera en
éste se acepta la inmutabilidad de sus procedimientos y conclusiones.

2 RACIONALIDAD

Es evidente la estrecha vinculación existente entre las expresiones «razón “y


«racionalidad», pues tal como afirma Ruano, esta última no hace sino referencia a un
estado, como consideración estática de la razón, - mientras que la expresión
«racionalización» haría referencia a un proceso.

Si bien lo dicho no constituye una definición de racionalidad - tarea bastante difícil


debido a la anfibología y multivocidad de este concepto - nos dota de un elemento
importante.

Entonces ¿resulta indistinto usar las expresiones «razón» y «racionalidad”? En


principio habría que decir que sí, pues no existiría inconveniente utilizar expresiones
como «razón jurídica» o «racionalidad jurídica», «razón instrumental» o «racionalidad
instrumental». Además, no debemos perder de vista que «lo racional» es simplemente
aquello que está dotado de razón. Sin embargo, parece ser que la expresión
«racionalidad» se dota a la razón de un contenido ideológico, es decir, se la vincula a
una concepción, visión o ideología del mundo, de un área del conocimiento o un
aspecto de ella. Lo único que aquí hacemos notar es la tendencia que parece existir al
momento de hacer empleo de esas expresiones, pues tal como sostiene Aarnio, «las
raíces de la racionalidad se encuentran en nuestra cultura, es decir en las formas como
usamos este concepto en el lenguaje ordinario».

Y es precisamente ello, lo que ha dado lugar al uso multiforme, abuso y hasta mal uso
de los términos «razón» y «racionalidad», consecuencia de lo cual, no se pueda hablar
de «la razón» o «la racionalidad», sino solamente de tipos o formas de ellas.

3 CLASES DE RAZÓ N O RACIONALIDAD

Empezaremos refiriéndonos a la distinción más común que surge a partir de los modos
fundamentales con los que opera la razón. Me refiero a la razón teórica y la razón
práctica.
a) Razó n teó rica

Es cuando quiere saber las causas y las razones por las cuales ocurren las cosas; esto
es, en términos generales son teóricas

Su denotación conceptual, se circunscribe al uso explicativo y comprensivo de la razón,


y es por ello que sólo se limita a determinar su objeto, sin relacionarse con él. En
conclusión la razón teórica busca la adecuación entre la cosa u objeto.

b) Razó n prá ctica

La razón práctica es la razón en su uso práctico (moral) o función práctica, y en tal


sentido, se dirige a la elección de acuerdo con la ley moral y, cuando ello es
físicamente posible, a la realización de la decisión en la acción. A diferencia de lo que
sucede con la razón teórica, la razón práctica sí se relaciona con su objeto,
convirtiéndolo en realidad, pues el conocimiento práctico es aquel que tenemos con
relación a la facultad que determina nuestras acciones en conformidad con ciertos
motivos, razones o principios para actuar.

c) Razó n en sentido fuerte y en sentido débil

Bobbio sostiene que el término «razón» se usa predominantemente en sentido fuerte,


como la facultad que es propia del hombre de captar la esencia o naturaleza de las y
de recabar de ahí las leyes de conducta absolutamente vinculantes.

Desde el punto de vista jurídico, entonces, la razón en sentido fuerte o razón


sustancial, sería la que revela el Derecho, es decir, las reglas a las que el hombre
racional debe atenerse, y no se limita a indicarlas, sino que las pone, propone o
impone.

La razón en sentido débil o razón formal, sería aquella que, una vez establecidas las
reglas, las aplica al caso concreto y para ello se vale de los procedimientos descritos o
regulados por la lógica y por todas las disciplinas que tienen por objeto las operaciones
mentales que pueden hacer entrar en el concepto de razonamiento. Bobbiana que
identifica la razón en sentido fuerte con la razón legisladora o creadora de Derecho, y
la razón en sentido débil o formal con la razón juzgadora o aplicadora de Derecho, no
parece ser la más adecuada, pues, tal como ya lo hizo notar Pattaro, el punto de
partida asumido para su formulación es equivocado. Este último autor considera que
los dos modos de concebir la razón son en realidad la «razón científica» y la «razón
prudencial».

Pattaro hace notar que tanto en el momento del descubrimiento existen principios de
la ciencia (razón fuerte) y existen principios de la prudencia (razón débil)

Entonces, la razón en sentido fuerte no sería sino la razón científica y la razón en


sentido débil no sería sino la razón prudencial, con la salvedad de que la primera no se
identificaría solamente con la fase creadora (razón legisladora) del Derecho, ni la
segunda lo haría solamente con la fase de aplicación (razón juzgadora) del Derecho,
sino que ambas podrán manifestarse tanto en el momento del «descubrimiento»
como en el de «aplicación» de los principios rectores del Derecho.

d) Racionalidad con arreglo a fines y con arreglo a valores

Esta distinción tiene origen en la teoría de la acción social de Max Weber, quien luego
de referir que dicha acción se encuentra orientada por las acciones de los otros,
sostiene que la misma puede estar dotada de racionalidad en los siguientes sentidos:
1) racional con arreglo a fines; 2) racional con arreglo a valores; 3) afectiva, y; 4)
tradicional.

No importa, entonces, el contenido valorativo del fin propuesto, sino, que la toma de
decisiones para actuar sean las más correctas, pues como afirma Segura, en este caso
«la razón implica simplemente cuáles son los medios para alcanzar un determinado fin
pero no dice por qué hay que perseguir tal fin». Es ésta, por tanto, una racionalidad de
tipo procedimental o formal, que por ello mismo admite gradación en su calificación, y
por ende, asume un carácter relativo.

En cambio, la racionalidad con arreglo a valores, tiene lugar cuando el sujeto orienta su
acción «por la creencia consciente en el valor - ético, estético, religioso o de cualquier
otra forma como se le interprete - propio y absoluto de una determinada conducta, sin
relación alguna con el resultado, o sea puramente en méritos de ese valor». Su
carácter absoluto hace que se la pueda calificar de incondicional, en la medida en que
la acción se realiza sin tomar en consideración ningún tipo de circunstancia y porque
ella sólo puede ser calificada como racional o irracional; es decir, no se podría hablar
de diferentes grados de racionalidad o irracionalidad, pues, la acción no puede ser más
o menos racional o más o menos irracional.

4 RAZONABILIDAD

Refiriéndose precisamente a esta distinción, Perelman afirma que «mientras las


nociones de “razón” y de “racionalidad” se vinculan a criterios bien conocidos de la
tradición filosófica, como las ideas de verdad, de coherencia y de eficacia, “lo
razonable” y “lo irrazonable” están ligados a un margen de apreciación admisible y a lo
que, excediendo de los límites permitidos, parece socialmente inaceptable».

En igual sentido, von Wright, sostiene que «la racionalidad tiene que ver
primariamente con la corrección formal del razonamiento, con la eficacia de los
medios para un fin, la confirmación y la puesta a prueba de las creencias.

Aceptación, la misma que fue introducida por el propio Perelman en su Nueva


Retórica, y cuya idea central se encuentra en la sustitución del requisito de la «prueba
de la racionalidad de las proposiciones valorativas» por el requisito de la «aceptación»,
lo que conduce a no pretender prioritariamente, encontrar una verdad demostrable,
sino más bien, aceptable, es decir, razonable. Entonces, una decisión será razonable
cuando sea aceptada por una determinada comunidad (auditorio), que por ello mismo,
se constituye en su parámetro normativo, pues será ella la que evaluará las razones -
expuestas mediante proceso argumentativo - que justifiquen esa decisión, para luego
aceptarla o no como razonable.

Es decir, la razonabilidad operaría - según este autor - como un límite o criterio general
que afectaría tanto a las decisiones propiamente razonables como a las estrictamente
racionales, y por tanto, se podría clasificar a las decisiones jurídicas en tres grupos: 1)
las razonables pero no estrictamente racionales; 2) las razonables y estrictamente
racionales; 3) las no razonables (sean o no estrictamente racionales).

a) Racionalidad en sentido amplio, es aquella que se identifica con la noción de


«razón», por ello cuando se habla de racionalidad en ese sentido, se hace referencia a
toda la gama de derivados de la razón, es decir, se puede entender como «racional» a
«lo estrictamente racional», a «lo razonable en sentido estricto» y a «lo razonable en
sentido amplio».

b) Racionalidad en sentido estricto, es aquella que se hace evidente siguiendo


solamente un proceso de razonamiento formal lógico deductivo y por ello mismo es
aceptada necesariamente. Por lo tanto, no es necesario recurrir a ningún criterio de
razonabilidad para hacerla aceptable, ni mucho menos identificarla innecesariamente
con la razonabilidad en ninguno de sus sentidos. Descartamos por esta razón a las
«decisiones razonables y estrictamente racionales» que Atienza propone en su
clasificación, pues confunde la racionalidad en sentido estricto - que además
abandonaría su calidad de "estricto" - con una razonabilidad, que no sería ni la
razonabilidad en sentido estricto ni la razonabilidad en sentido amplio de nuestra
clasificación, precisamente porque carece de todo elemento que la haga identificarse
como razonabilidad.

c) Razonabilidad en sentido amplio, es aquella que luego de agotados los criterios de


un proceso de razonamiento formal lógico deductivo, no logra hacerse evidente y por
ende tampoco aceptable, cosa que sólo se alcanza luego de recurrir a criterios de
apreciación admisible propias de la razonabilidad en sentido estricto.

En otras palabras, una decisión razonable en sentido amplio, es aquella que amerita en
un primer momento el empleo de criterios propios de la racionalidad en sentido
estricto, y no siendo éstas suficientes para justificarla, pasa en un segundo momento a
utilizar - como complemento - criterios propios de la razonabilidad en sentido estricto.
Es decir, es una especie de mixtura de ambas.

d) Razonabilidad en sentido estricto, es aquella que está orientada estrictamente a


valores y/o principios, y por ello mismo, no está ligada a procedimientos de
razonamiento que estén vinculados con lo «estrictamente racional» ni siquiera
parcialmente (razonabilidad en sentido amplio), sino solamente a criterios de
apreciación admisible.

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