Integración Del Lingüista Clínico en La Atención A Las Patologías Del Lenguaje
Integración Del Lingüista Clínico en La Atención A Las Patologías Del Lenguaje
“...a compromise to the clinician faced with the realisation that language
disability requires comprehensive and individual descripción”
(Claire Penn, 1985: 18)
Existen evidencias esporádica sobre el interés por el habla derivada de alguna patología a
lo largo de la historia de la ciencia. No obstante, si tenemos que fijar un momento de inicio
en los estudios de lingüística clínica resultan referencia obligada los trabajos pioneros (y
largamente ignorados) de Roman Jakobson (1935, 1941, 1956) y Ruth Lesser (1974, 1978).
Será ya en la decada de los años 80 del siglo XX cuando David Crystal acuñe la denomina-
ción de lingüística clínica, para referirse a
luación y recuperación de los trastornos de la audición, la fonación y del lenguaje, mediante técnicas terapéu-
ticas propias de su disciplina» (LOPS 44/2003, 21 noviembre). La Ley Orgánica de Educación publicada el 3 de
mayo (Ley 2/2006) recoge el derecho de los alumnos con necesidades educativas especiales a recibir en su centro
educativo las ayudas que precisan para garantizar su derecho a recibir una educación de calidad. En esta ley no
se especifica que profesional es el que debe realizar este servicio y se sobreentiende que tanto los logopedas como
los maestros con una mención en audición y lenguaje pueden realizar este servicio de atención a los niños que
plantean necesidades educativas. Por tanto, en el ámbito clínico son exclusivamente los logopedas los profesio-
nales habilitados para tratar las dificultades del lenguaje, mientras en el ámbito escolar logopedas y maestros
de audición y lenguaje comparten la habilitación para el diagnóstico de las alteraciones; además, a la hora de
plantear intervenciones, a estos profesionales se suman los maestros con mención en pedagogía terapéutica.
Integración del lingüista clínico en la atención a las patologías del lenguaje 5
Tal y como señaló el propio Crystal (2002) los estudios mas numerosos sobre lingüística clíni-
ca desde finales del siglo XX se centraron en la descripción de la fonología y la fonética, algo que
en el fondo reproduce la propia historia de la lingüística, en la que después de las obras fundacio-
nales de praguense teorizada por lingüistas como Trubetzkoy y Jakobson, o la fonemática ame-
ricana de Swaadesh. Por el contrario, los estudios sobre el uso real de la lengua, —es decir, sobre
la pragmática— apenas suponían el 2% de las publicaciones. Años mas tarde, Michael Perkins
(2011) analiza las publicaciones de la primera decada del siglo XXI y constata que los estudios
sobre el lenguaje producido en situación de déficit se incrementan hasta el 9% del total. Se puede
comprobar como poco a poco la Lingüística Clínica va despertando el interés de la comunidad
científica. Aunque el paso de un 2% del total de las publicaciones a un 9% pueda parecer un in-
cremento leve de los estudios, debemos recordar, por un lado, el reciente y ya señalado estableci-
miento de la Lingüística Clínica como disciplina por parte de Crystal en los años 80 y, por otro, la
tardía integración de esta disciplina en los estudios universitarios, especialmente en los países de
ámbito hispánico frente a los países anglosajones.
En 1925 se fundó la American Speech-Language-Hearing Association (ASHA), que eng-
loba no solo a profesionales dedicados a la rehabilitación de las alteraciones del lenguaje
(fonoaudiólogos, logopedas), sino que también incluye a los científicos del lenguaje, los
lingüistas clínicos, tal y como recoge la descripción del ámbito de acción de la propia aso-
ciación. En España no será hasta el año 1960 cuando se funde la Asociación Española de
Logopedia, Foniatría y Audiología e Iberoamericana de Fonoaudiología (AELFA-IF), que en
la actualidad integra a personas «del ámbito científico, académico y docente que investigan,
estudian, enseñan y/o intervienen en el ámbito de la comunicación humana, el lenguaje, el
habla, la voz, la audición y las funciones orales no verbales» (AELFA 2019). Sin embargo,
en el ámbito español no resulta difícil encontrar diferentes asociaciones que se solapan o re-
presentan ámbitos mas restringidos de los arriba presentados, lo que supone una dificultad
añadida a la hora de clarificar las competencias y atribuciones reales de un lingüista clínico.
En este sentido podemos señalar la creación de la Asociación de Estudios de Lingüística
Aplicada (AESLA) o la International Clinical Phonetics and Linguistics Association (ICPLA),
creadas a principios de los años 80 y de los años 90, respectivamente, con el objetivo común
de fomentar el estudio de los campos aplicados de la Lingüística, por lo que sus afiliados
preferentemente son personas interesadas en la aplicabilidad lingüística, considerando los
aspectos psicológicos o sociológicos como rasgos periféricos de la investigación.
El poco conocimiento social de la Lingüística Clínica se puede explicar, por tanto, por
su relativa juventud como rama propia de la Lingüística y por la complejidad que entraña la
creación de una sola asociación científica que integre a todos los profesionales implicados
en la Lingüística Clínica, tema sobre el que volveremos mas adelante.
cuya consolidación como carrera universitaria plena —es decir, con acceso al doctorado y a la
investigación— no se produjo hasta la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior
—el llamado “Plan Bolonia”— en 2010. Hasta entonces, la casi totalidad de carreras de Logopedia
eran diplomaturas —ciclo corto de los títuloss universitarios, sin acceso al doctorado— y estaban
normalmente incluidas en las facultades de Psicología. El Libro Blanco elaborado en aquel mo-
mento por encargo del ministerio español de educación (Battaner et al. 2004) señalaba que todos
los países europeos con títulos universitarios en Logopedia —en sus diversas denominaciones,
como ortofonía, terapia del lenguaje, fonoaudiología— evidenciaban una presencia considerable
de asignaturas de Lingüística (Tabla 1), algo que sin embargo no se tuvo en cuenta para la planifi-
cación de los estudios de Grado de España.
Tabla 1. Título de Grado en Logopedia del Institute of Health Care de la Universidad de Malta en 2003, según
se recoge en el Libro Blanco de la Logopedia (Battaner et al. 2004: 48).
Así pues, en la situación actual, la única posibilidad institucional de que los estudiantes
universitarios españoles reciban formación reglada en lingüística clínica es realizar estudios
de grado en logopedia, junto a las pocas universidades que incluyen alguna asignatura breve
en planes de estudio filologico/lingüísticos3. Por lo que se refiere a la investigación específica
en el campo4, los profesionales que realizan estudios de lingüística clínica en España perte-
necen por lo general al área de conocimiento de Lingüística General.
3 Obviamente, este panorama se traduce en la necesidad de que las personas interesadas realicen itinerarios
formativos mixtos y multidisciplinares, que suponen un esfuerzo mayor en tiempo e inversión. Así, las dos fir-
mantes de este trabajo hemos completado la formación linguistico-filologica —pues en España la propia oferta
formativa en lingüística se diluye en titulaciones filológicas— con otras titulaciones mas específicas (en un caso,
un postgrado en Neuropsicología clínica, y en el otro, grado en Logopedia y doctorado en Psicología).
4 En España, las plazas universitarias que permiten la investigación están necesariamente adscritas a un área de
conocimiento, cuyo listado es fijo y bastante cerrado. La última actualización del ministerio con competencias
Integración del lingüista clínico en la atención a las patologías del lenguaje 7
Por lo general las personas interesadas en formarse en Lingüística Clínica no tienen mas re-
medio que buscar su especialización a través de masteres. Un análisis rápido de los programas
ofrecidos nos permite apreciar que los contenidos, lejos de formar de manera practica a los estu-
diantes para que comprendan los procesos que permiten producir el lenguaje y puedan así iden-
tificar y señalar la relación existente entre las teorías lingüísticas y las alteraciones lingüísticas a
partir de datos clínicos, se dedican a impartir clases magistrales sobre los avances constatados por
la bibliografía precedente; reproduciendo de este modo en el estudiante el rol de oyente y no el de
agente activo que se presupondría a un master de carácter clínico.
El panorama de estudios se completa a nivel europeo con la existencia de un Máster
Erasmus Mundus en Clinical Linguistics, master de excelencia universitaria en que actual-
mente participan las universidades de Groningen, Postdam y Eastern Finland. Este máster
destaca no solo por la naturaleza transversal de sus materias sino porque sus estudiantes se
convierten en lingüistas profesionales habilitados para realizar intervenciones en entornos
clínicos. Sus objetivos se presentan así ([Link]
en investigación (MINECO 2013: 12) diferencia un área de “Filología y Filosofía” una de cuyas subáreas es la
“Lingüística General”.
8 Beatriz Gallardo Pauls - Verónica Moreno Campos
“We predict that this pragmatics approach will not be just another addition to
our evaluation techniques but that it will shake the very foundations of how we
have been approaching children with language problems. Our notion that we
can examine children’s language by presenting them with controlled stimuli,
such as sentences to imitate or formal tests, will come into question. Our idea
that language in the clinic is the same as language outside the clinic will be sus-
pect. Our hope that we can measure a child’s language ability in one context in
Integración del lingüista clínico en la atención a las patologías del lenguaje 9
Por todo ello, se hace patente la necesidad de superar los estudios de índole descriptiva
encaminados a mostrar un patrón subyacente del lenguaje, y dirigir la atención hacia la
comprensión de las interrelaciones psicolingüísticas que posibilitan el hecho comunicativo
en entornos de déficit. Es esta preocupación la que fundamenta la aparición de la Lingüís-
tica Clínica, cuyo objetivo es entender como un paciente en concreto hace uso de sus habi-
lidades (verbales y no verbales) preservadas, para conseguir establecer una comunicación
efectiva con su entorno. Esta rama de la Lingüística aspira a contrastar la aplicabilidad de
diversas teorías lingüísticas en hablantes “no ideales”, sino reales, y a encontrar la fórmula
lingüística que facilite la posterior intervención rehabilitadora examinando las actuaciones
y habilidades de un hablante concreto.
Además, los estudios clínicos proporcionan también base teórica para la descripción
gramatical de hablantes sin déficit. Por ejemplo, si en semántica estructural se asume la
estrecha relación entre morfología, sintaxis y semántica en los ejes sintagmático y para-
digmático, pero en semántica discursiva se constata la preeminencia en la selección léxica
de las categorías paradigmáticas, el análisis de la práctica clínica con pacientes anómicos
demuestra que la categoría semántica resulta un efectivo facilitador de acceso léxico com-
plementario al facilitador fonológico, y que, por tanto, en la vía de acceso léxico el eje pa-
radigmático resulta mas relevante que el análisis del eje sintagmático (morfología, sintaxis)
para las personas con anomia.
En conclusión, una persona que decida formarse en Lingüística Clínica en primer lugar, debe
partir de un solido conocimiento lingüístico teórico que le sirva como base para poder compren-
der los mecanismos del habla natural; después debe realizar un análisis holístico de todos los
10 Beatriz Gallardo Pauls - Verónica Moreno Campos
factores que puedan influir en el contexto y el modo de producción del habla y, por último, debe
atender al hecho de que todos los conocimientos teóricos se activan con el fin de proporcionar
una explicación y señalar, por tanto, la vía de rehabilitación lingüística de un hablante determina-
do. Resulta evidente que la Lingüística Clínica tiene un fin social necesario y que representa un
beneficio tangible para los pacientes, puesto que es una ciencia aplicada que se nutre y se actualiza
en la práctica clínica y, por ello, demanda una formación especializada.
«la vivencia propia o ajena sobre la patología del lenguaje no puede nunca
equipararse a la de la pérdida o carencia de un objeto o facultad externos que
en algún momento han sido adquiridos, o pueden ser adquiridos por el ser hu-
mano. Lo afectado es la persona como tal en, al menos, una de las dimensiones
básicas que definen su subjetividad». (Gallardo y Hernández, 2013: 10).
«the majority of standarized test use graded linguistic stimuli under conditions
of minimal extralinguistic contexts, for tasks with mostly involve labelling and
describing [...] Therefore, whilst such tests provide invaluable linguistic skills
información, they may not always provide much valid información about
aphasic individuals’ communicative competence in spontaneus and interactive
communication)) (1992: 519).
12 Beatriz Gallardo Pauls - Verónica Moreno Campos
De ahí la llamada “revolución pragmática”, que comenzó en los años 80 del siglo pasado
(Prutting y Kirchner 1983, 1987; Penn 1985) y que se preocupa por el uso, relegando a un
segundo plano la preocupación gramaticalista. Desde los mismos planteamientos de aplica-
bilidad, Crockford y Lesser (1994) propusieron una investigación para constatar si la adop-
ción de una medida cuantitativa mejoraba la evaluación respecto a la evaluación cualitativa
conversacional5 y concluyeron que la información que se obtiene a partir del análisis de una
situación natural de comunicación permite al lingüista comprender las habilidades, estrate-
gias y limitaciones que presenta un hablante. Sin embargo, los postulados sesgados sobre el
lenguaje todavía están presentes en un buen número de las publicaciones sobre problemas
del lenguaje, y se pueden identificar por factores comunes a todos ellos:
• Se demanda al sujeto la realización de una tarea infrecuente en el lenguaje natural
(por ejemplo, la decisión de si una palabra lo es o es inventada).
• Se describen las condiciones de producción del lenguaje en contextos extraños para
el paciente, sin atender al factor de su reconocimiento o comodidad.
• Se aplican las mismas condiciones de examen a todos los participantes asumiendo
que todos los hablantes reaccionamos igual ante un estímulo (planteamiento con
base claramente conductista).
• Se pone el foco sobre la patología y no sobre la persona, minorizando de este modo
las habilidades, intereses o vivencias de los hablantes que realizan la prueba y que, sin
duda, serán determinantes para la interpretación de los resultados.
• Se prima el número de examinados sobre el beneficio de los mismos. Los estudios
persiguen encontrar un universal de actuación sobre el que asentar las bases de una
evaluación, mas que diseñar una propuesta específica de evaluación para un paciente.
La premisa sobre la preeminencia de la evaluación cuantitativa como representante del
método científico válido en oposición al método cualitativo —utilizado preferentemente
por la lingüística— es en parte la responsable de que los lingüistas clínicos, con su acerca-
miento holístico al hecho comunicativo, se perciban desde otros ámbitos como profesiona-
les competidores del saber científico mas que como necesarios colaboradores.
La necesidad de valorar la actuación comunicativa atendiendo a todos los factores que la
condicionan nos conduce necesariamente a adoptar los enfoques de la pragmática discursi-
va. Sin embargo, la evaluación tradicional se ha mostrado reticente a la hora de analizar las
habilidades pragmáticas de un hablante, puesto que resultan mas difíciles de sistematizar y
de evaluar en contextos preestablecidos que las categorías propiamente gramaticales; de ahí
lo infructuoso de intentar elaborar pruebas que propongan al evaluador respuestas correc-
tas e incorrectas, o que no aporten el contexto de uso necesario. La evaluación pragmática
ideal es aquella que examina al hablante con problemas de lenguaje en su entorno habitual
de producción con su interlocutor-clave (Whitworth, Perkins y Lesser 1997) puesto que se
ha demostrado como la mas informativa para poder plantear una intervención funcional
5 Crockford y Lesser concluyeron “although more time-consuming, the partial conversational análisis was a
more sensitive measure os stability or change of communicative effectiveness over time tan the other two measures,
and had the potential advantage for indirect intervention of revealing conversational strategies dued by the partner
as well as those used by the aphasic individual” (1994: 165)
Integración del lingüista clínico en la atención a las patologías del lenguaje 13
adaptada a las necesidades y posibilidades de cada paciente (Turner y Whitworth 2006; Sage
y Terradillos 2016).
El tiempo elevado que debe invertir un evaluador para garantizar un análisis porme-
norizado de la conducta conversacional de un hablante —típicamente, grabación de datos
ecológicos, transcripción y análisis— ha sido aducido desde la práctica clínica como un im-
pedimento para generalizar la evaluación pragmática, pues los profesionales de la logopedia
deben ajustarte a un tiempo limitado de sesiones y se ven obligados a intentar rentabilizar
el tiempo usando protocolos que permitan obtener datos de manera rápida. Es en este es-
pacio donde la figura del lingüista clínico resulta determinante. El lingüista clínico es el
profesional que debe encargarse de la evaluación de un hablante, analizando las habilidades
y estrategias de un hablante concreto para proporcionar al logopeda un informe detallado
con el patrón de actuación comunicativa. El logopeda, por su parte, ha de ser el profesional
encargado de diseñar una rehabilitación efectiva dadas las demandas del paciente. De la
misma manera que acudimos al médico especialista para que analice un problema relacio-
nado con el sistema muscular y este nos examina y realiza un informe que posteriormente
guiará la intervención de un fisioterapeuta, cuando tenemos un problema lingüístico se
debería acudir a un lingüista clínico que pueda realizar un diagnóstico acertado para que
un logopeda nos atienda.
En los apartados que siguen detallaremos cuales son las funciones de los lingüistas clí-
nicos.
sino que se acerca mas al intercambio de turnos predeterminado propio de una entrevis-
ta (pregunta-respuesta), donde el examinador domina la posición emisora y, por tanto, el
paciente queda relegado a una posición de receptor donde los turnos resultan predichos y
determinados (enmarcados) por la pregunta del examinador. Por ejemplo, si el evaluador
le pregunta por como se encuentra tras su paso por el hospital el paciente se ve obligado a
contestar sobre este tema y resultaría extrañó que iniciara una temática diferente a lo que le
ha sido demandado. Tal y como señalan Muñoz Céspedes y Melle:
«El empleo de las baterías tradicionales encubre las dificultades que experi-
mentan estos pacientes [neurológicos] para utilizar el lenguaje en contextos
interactivos y comunicativos, ya que estas pruebas miden habilidades lingüís-
ticas de forma aislada, y [que] raramente aparecen como tal en el contexto
comunicativo de la vida diaria» (2004: 854).
Conseguir una muestra de habla con validez ecológica no es una tarea sencilla. Supone
acudir al entorno habitual del paciente para extraer una muestra de su comunicación coti-
diana. En este punto se plantean diferentes posibilidades:
• Hay estudios donde los lingüistas han optado por ser ellos mismos quienes recojan
los datos ecológicos acudiendo al domicilio de los pacientes y siendo participes de
las conversaciones, aunque intentando realizar el mínimo de turnos conversaciona-
les posibles para poder validar las muestras (Gallardo y Sanmartín, 2005; Gallardo y
Moreno, 2005; Hernández, Serra y Veyrat, 2007; Rodriguez- Munoz, 2010; Moreno
Campos, 2010; Gallardo, Moreno y Pablo-Manuel, 2011), o
• Otros estudios han optado por dejar que sean los propios pacientes o sus interlo-
cutores clave quienes se graben manteniendo conversaciones para evitar la posible
injerencia del investigador en el contexto del hablante (Gerber y Gurland 1989).
La segunda opción es mas cómoda para el examinador, pero supone riesgos, ya que en
ocasiones las muestras de habla no se recogen bien o los participantes preparan las situacio-
nes y no actúan de manera natural. Si este hecho se diera en la primera opción, el lingüista
clínico puede reconducir la conversación introduciendo un tema de interés para los hablan-
tes y fomentando así un intercambio comunicativo válido.
Tras la obtención de datos naturales y el registro llega el momento del análisis. La trans-
cripción de los datos supone la medida mas fiable para poder rastrear el uso de las categorías
lingüísticas. Es una tarea larga y minuciosa que exige mucho tiempo y dedicación por parte
del lingüista clínico para poder detallar todos los aspectos implicados en la situación comu-
nicativa. Llegados a este punto, conviene destacar que el análisis de las categorías relevantes
debe realizarse desde un mismo modelo teórico para que los datos puedan ser extrapolados
y analizados en una muestra amplia de conjunto. Es decir, cada análisis ha de perseguir un
doble objetivo: por un lado, se debe determinar el patrón lingüístico del paciente y de los
interlocutores clave para señalar las vías prioritarias que han de guiar la rehabilitación lin-
güística; por otro, se debe analizar cada categoría lingüística con el fin ulterior de agrupar
las muestras según características lingüísticas similares para encontrar comportamientos
conversacionales recurrentes. Ambos objetivos son complementarios: en el primero, prima
la rehabilitación; en el segundo, la investigación.
Integración del lingüista clínico en la atención a las patologías del lenguaje 15
Debido a esta doble vertiente los estudios que se publican sobre Lingüística Clínica son,
frecuentemente, de caso único. Porque esta ciencia parte del estudio de los datos verbales
sintomáticos, esto es, propios de cada situación comunicativa en situación de deficiencia
lingüística, y no por la determinación sindrómica de la alteración (Brown 2003). En este
sentido, es una ciencia que parte de la actuación lingüística en contextos ecológicos para el
diseño de una intervención rehabilitadora adecuada a un hablante en función de las destre-
zas y dificultades que se han demostrado en situación comunicativa. Por tanto, la Lingüísti-
ca Clínica valida sus propuestas a partir de la práctica basada en la evidencia respondiendo
así a las demandas de la logopedia (Monfort, Monfort y Juárez, 2014).
3.2. La evaluación
El paso inmediato a la descripción del déficit ha de ser la creación de herramientas que
permitan al logopeda evaluar a sus pacientes y —en la medida de lo posible— facilitar si-
multáneamente la previsión de la intervención. Para desarrollar esta cuestión introducimos
elementos específicamente resultantes de nuestra experiencia como lingüistas clínicas. Así,
el Perfil PerLA (Gallardo 2006, 2007, 2009b), el Protocolo Rápido de Evaluación Pragmá-
tica, PREP (Gallardo, 2008, 2009a) y el PREP-R (Fernández Urquiza et al. 2015) fueron
diseñados pensando no solo en la valoración del habla de los pacientes, sino en la selección
de categorías pragmáticas y gramaticales relevantes para que el profesional de la logopedia
pudiera orientar rápidamente su programa de intervención. De hecho, el marco de desarro-
llo del PREP fue un contrato de investigación como lingüista clínica en una clínica de neu-
rorrehabilitación especializada en afasia6. El protocolo se desarrolló después de seis meses
de asistencia a las sesiones de clínica, a las reuniones del equipo de terapéutas de la clínica
y a los grupos de conversación grupal de pacientes y familiares, y puede considerarse un
desarrollo del perfil PerLA de evaluación pensando en su aplicabilidad rápida en consulta.
La estructura de la evaluación parte del enfoque pragmático del lenguaje y diferencia tres
niveles de aproximación:
1. Categorías de la pragmática enunciativa: actos de habla ilocutivos (intención comu-
nicativa), preposicionales (adecuación léxica) y enunciativos-locutivos (estrategias
de compensación de la anomia). Actos de habla indirectos (transgresión de las máxi-
mas conversacionales, sentidos figurados).
2. Categorías de la pragmática textual: coherencia (dominio de las superestructuras tex-
tuales de narración, argumentación, descripción) y cohesión (dimensión gramatical
del déficit).
3. Categorías de pragmática interactiva: gestión de la toma de turno, gestión del tema
conversacional, dominio de la predictibilidad y la prioridad conversacionales7.
6 Institute INIA Neural de Valencia, dirigido en aquel momento por D. Raul Villodre Campos.
7 La predictibilidad tiene que ver con la generación de turnos conversacionales que generan restricciones a la
conducta del interlocutor; la prioridad (o preferencia) se encarga de la dimensión sociocultural según la cual los
actos de habla pueden ser una amenaza o una protección de la imagen social propia y ajena.
16 Beatriz Gallardo Pauls - Verónica Moreno Campos
La aplicación de este modelo de evaluación exige una dedicación exhaustiva, que em-
pieza por la propia elaboración de los corpus de análisis —grabación y transcripción—, y
continúa con un análisis detallado de las diferentes categorías que integran los tres niveles
pragmáticos. No es verosímil que el profesional de la clínica pueda invertir el tiempo nece-
sario en este tipo de análisis, de ahí la conversión de este perfil en un protocolo rápido de
evaluación, y de ahí que defendamos que el destinatario último de la lingüística clínica es el
logopeda, cuyo trabajo intentamos facilitar y consolidar (y esto con independencia de que
en múltiples casos, ya sea por diferente legislación o por la obtención de varias titulacio-
nes, la persona del logopeda evaluador/rehabilitador pueda coincidir con la del lingüista/
investigador). El modelo de aproximación al déficit que resultó de este trabajo es el que se
describe en el diagrama de la Figura 2:
Anamnesis:
Conversación afásica
(Aplicación del PREP)
linguista Logopeda
VARIABLES:
Concienciación, Actitud de la
familia, Actitud del paciente,
Intención comunicativa, Capacidad
comunicativa del paciente
Aproximación
terapéutica
discurso resultan efectivas (por ejemplo, el uso compensatorio o sustitutorio del lenguaje
verbal). Son estas estrategias el punto de partida de la rehabilitación clínica, pues si resul-
tan efectivas el logopeda debe potenciar su dimensión y si no lo son, entonces se deben
proponer nuevas destrezas que, en función de sus posibilidades, ayuden al paciente en la
comunicación. Ademas, como permite observar la comunicación del paciente con sus in-
terlocutores clave, proporciona las claves para analizar si la conducta conversacional de sus
hablantes habituales es un factor que interfiere o ayuda al paciente y se puede realizar una
intervención amplia que no se circunscribe al propio paciente, sino que engloba a la unidad
familiar (Villodre y Morant 2006; Gallardo 2005; Terradillos y Sage 2016).
Se ajusta la conducta verbal del paciente a las siguientes afirmaciones? SI, NO, No Ev
PRAGMÁTICA ENUNCIATIVA
Subnivel de Actos de Habla
1. Producción de los Actos de habla
1.1. El hablante articula correctamente las palabras, de manera que las
emisiones resulten reconocibles (actos enunciativos).
1.2. Encuentra las palabras que busca y es capaz de hacer uso de la
gramática de su lengua para transmitir significado (actos preposicionales).
3. Conductas compensatorias
3.1. Emplea actos verbales y/o paraverbales compensatorios (actos
locutivos).
3.2. Utiliza estrategias verbales que le permiten ganar tiempo extra para la
construcción de sus emisiones (actos borrador).
3.3. Utiliza gestos que sustituyen, completan, o regulan la producción
verbal (gestualidad compensatoria).
Subnivel de Inferencias
18 Beatriz Gallardo Pauls - Verónica Moreno Campos
6. Implícitos convencionales
PRAGMÁTICA TEXTUAL
Subnivel de Coherencia
7. Superestructuras textuales
8. Gestión temática
Subnivel de cohesión
PRAGMÁTICA INTERACTIVA
Conclusiones
La función del lingüista clínico es esencial a la hora de analizar la conducta lingüística
de un hablante con déficit verbal en una situación comunicativa. La participación de esta
figura científica en la práctica logopédica comporta un beneficio tangible para los y las lo-
gopedas en la medida en que agiliza el proceso de evaluación pragmática, puesto que es el
lingüista sobre quien recae la parte mas exhaustiva y detallada de evaluation y análisis del
habla deficitaria. El lingüista clínico es el profesional que facilita las directrices para diseñar
una rehabilitación adecuada, porque sus técnicas de análisis son funcionalistas y tienen en
cuenta la totalidad de la actividad comunicativa del hablante con déficit. De esta manera
contribuye a que la intervención rehabilitadora focalice con mayor eficacia las necesidades
reales de un hablante, potenciando la intencionalidad (ilocutividad) del discurso y, cuando
hace falta, fomentando las conductas compensatorias para reforzar la eficacia comunicativa
del emisor. Todo ello obliga al lingüista clínico a un triple ejercicio de contextualización a
la hora de ejercer su labor:
El primero de ellos se refiere a la formación. Un lingüista clínico es un profesional es-
pecializado que aspira a intervenir en la comunicación y, como ya se ha señalado, cada
intercambio comunicativo supone la confluencia de una variedad de ciencias: lingüística,
psicología, medicina, educación, ... Por lo tanto, el análisis de la conversación debe reali-
zarse desde una perspectiva transdisciplinar y superando los recelos de intrusismo o de la
desconfianza hacia las ciencias afines. Solo con el conocimiento exhaustivo del lenguaje que
Integración del lingüista clínico en la atención a las patologías del lenguaje 21
proporciona la ciencia de la Lingüística Clínica se puede asegurar que los análisis valorati-
vos sobre la conducta de un hablante sean válidos e incidan sobre los elementos lingüísticos
pertinentes para lograr una rehabilitación funcional efectiva.
El segundo se refiere al enfoque investigador. El lingüista clínico necesariamente ha de
adoptar un enfoque pragmático/discursivo tanto en la evaluación como en la intervención.
Los datos lingüísticos se analizan en su contexto de producción, destacando así la impor-
tancia del enfoque ecológico y superando la oposición tradicional de competencia/actua-
ción que hasta la aparición de la Lingüística Clínica había imperado en la intervención del
lenguaje.
El tercero se refiere a la perspectiva de análisis de datos. El lingüista clínico realiza un
análisis de las condiciones del entorno conversacional, de la influencia de los interlocutores
sobre el hablante con patología y adopta en su examen discursivo una orientación funcio-
nalista que respeta al hablante y le permite desarrollar todas sus habilidades comunicativas.
Los lingüistas clínicos debemos potenciar nuestra presencia en los planes de estudio
reglados para asegurar una buena formación lingüística a los profesionales de la rehabili-
tación comunicativa. Ademas, es conveniente que los lingüistas clínicos ocupemos el lugar
que nos corresponde en el ámbito multidisciplinar del abordaje de la patología lingüística,
como ocurre en otros países. Ese lugar se ha de reclamar desde un espacio de actuación
común donde todos los profesionales clínicos interesados en la Lingüística puedan reivin-
dicar los beneficios sociales que aporta la profesión del lingüista clínico a las personas con
déficit de comunicación, tanto en los centros hospitalarios como en las clínicas de neuro-
rrehabilitación o, también, los centros educativos. Y es igualmente necesario señalar que
este aporte social ha de acompañarse de la reivindicación de la figura del lingüista clínico
en las asociaciones de familiares y pacientes, para que nuestra labor profesional obtenga el
reconocimiento social y profesional que merece.
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