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E.S. Compendio UCE

El documento resume la doctrina de la iglesia sobre el Espíritu Santo. 1) El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad y juega un papel clave en la regeneración, santificación y vida del creyente. 2) El Espíritu Santo tiene características personales como intelecto, voluntad y emociones. 3) La Biblia atribuye al Espíritu Santo cualidades divinas como deidad, lo que indica que es Dios mismo y no una fuerza impersonal.
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E.S. Compendio UCE

El documento resume la doctrina de la iglesia sobre el Espíritu Santo. 1) El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad y juega un papel clave en la regeneración, santificación y vida del creyente. 2) El Espíritu Santo tiene características personales como intelecto, voluntad y emociones. 3) La Biblia atribuye al Espíritu Santo cualidades divinas como deidad, lo que indica que es Dios mismo y no una fuerza impersonal.
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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

DOCTRINA ACERCA DE DIOS ESPÍRITU SANTO

Antecedentes
Dios Espíritu Santo.- Tercera persona de la Trinidad. El Espíritu Santo, procede del Padre y
del Hijo, siendo una misma sustancia, esencia, majestad y gloria con ellos. (Jn. 14:26; 16:7-
13; Ro. 8:26; 1 Co. 12:11; He. 9:14). Por medio del Espíritu Santo el creyente es regenerado
hecho hijo y miembro de la familia de Dios, (Jn. 3:3-6; Tit. 3:5; Jn. 1:12). Junto con la
salvación y regeneración, el creyente recibe el bautismo del Espíritu Santo que es su
identificación en el cuerpo de Cristo, (Gá. 4:6; 3:14; 1 Co. 12:13); por nuestra posición en
Cristo ya somos santificados, apartados para la gloria de Dios (1 Co. 6:11). El Espíritu Santo
mora para siempre en el creyente, que es templo del Espíritu Santo. (Jn. 14:16-17; 1 Co.
6:19). También en la vida diaria hay una santificación progresiva del creyente por medio del
Espíritu Santo, con el propósito de transformarnos a la imagen de Cristo, (2 Co. 3:18). La
evidencia de esta obra progresiva se demuestra en el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23). Este
proceso se acelera cuando el creyente goza de la plenitud del Espíritu (Ef. 5:18), (Manual y
estatuto de la UCE).

I. La persona del Espíritu Santo


Se conoce a Dios por medio de Cristo y conocemos a Cristo por medio del Espíritu
Santo, por tanto es importante conocer de manera particular a la tercera persona de la
Trinidad. Por esto la Biblia nos invita a caminar en el Espíritu (Gá. 5:16). Es críticamente
importante conocer quién es el Espíritu Santo, cómo actúa y los resultados que produce
en los creyentes como hijos de Dios. También es importante reconocer que hay una
tremenda confusión en boca de muchas personas llamadas cristianas.
A. Referencias bíblicas.
1. Veterotestamentario la palabra para “Espíritu” es ruach
La palabra ‫“ רוח‬Ruach” se usa 378 veces. Pero no significa sólo “espíritu” sino
también “olor, aliento, viento, atmósfera”. Ruach se usa más veces para viento
(Gn. 8:1; Éx. 10:10, 13) y para aliento (Job 9:18; 15:30) que para espíritu. Además,
cuando ruach se usa para “espíritu” no siempre hace referencia al Espíritu de Dios.
Por ejemplo, con frecuencia se usa para el espíritu del hombre (Gn. 45:27; Jue.
15:19; Éx. 35:21). A veces la palabra tiene el sentido de “vida” (Jr. 10:14).
¿Cómo podemos saber cuándo en el Antiguo Testamento ruach hace referencia al
Espíritu Santo? Cuando diga “Espíritu de Dios” o “Espíritu de Jehová” o “su
Espíritu” (Gn. 1:2; 41:38; 31:3, 31; Nm. 24:2; Is. 11:2; 48:16; 63:10, 11, 14).
2. Neotestamentario palabras para “Espíritu” es Pneuma
La expresión πνεῦμα “pneuma” se usa 385 veces en el Nuevo Testamento, Tuggy,
A. E. Lexico griego-español. Ya que ruach aparece 378 veces en el Antiguo
Testamento, que es unas 4 veces más grande que el Nuevo Testamento, es claro
que proporcionalmente pneuma aparece 4 veces más en el Nuevo Testamento que
ruach en el Antiguo Testamento. Además, dos tercios de las 378 veces que pneuma
aparece en el Nuevo Testamento hace referencia al Espíritu de Dios, mientras que
ruach rara vez hace referencia al Espíritu de Dios en el Antiguo Testamento.
¿Qué quiere decir todo esto? Que así como la revelación acerca de Jesucristo es
más clara después de su encarnación. La revelación acerca del Espíritu Santo es

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

más clara después de Pentecostés. Tenemos, por lo tanto, mucha más luz acerca
del Espíritu que los creyentes del Antiguo Testamento, por consiguiente, hay más
responsables hoy más que ellos. Algunos de los pasajes son: (Mt. 1:18, 20; 28:19;
Mr. 1:8; Lc. 1:35; Lc. 1:41; Jn. 1:33; 14:26; 20:22; Hch. 1:2, 5, 8, 16; 2:4, 33;
20:28; Ro. 5:5; 9:1; 14:17; 1 Co. 6:19; 12:3; 2 Co. 6:6; 13:13; Ef. 1:13; 4:30; 1 Ts.
1:5–6; 2 Ti. 1:14; Tit. 3:5; He. 2:4; 3:7;1 P. 1:12; 2 P. 1:21; 1 Jn. 5:7; Jud. 20).
El Espíritu Santo posee las tres características de la personalidad que son: intelecto,
emoción y voluntad. El Espíritu Santo es un Ser que puede pensar (Intelecto),
sentir (Emoción), y actuar tomar decisiones (Voluntad). Hay los que dicen que el
Espíritu Santo es sólo la influencia de Dios actuando en una situación precisa, es
decir, el Espíritu Santo no es una persona, sino simplemente una expresión o
manifestación del poder de Dios. Sin embargo, el Espíritu Santo no es una fuerza
inmaterial, sino una Persona que puede pensar, sentir, y actuar. Más adelante se
verá que Él es la tercera Persona de la Trinidad.
B. Características
Hay muchas personas que creen que el Espíritu Santo es una persona, pero lo han
considerado como personalidad creada, y no como Dios mismo. Se han dado cuenta
de que el Espíritu Santo no es un “algo” impersonal, pero lo han considerado como
inferior al Padre, sin embargo la Biblia, le atribuye al Espíritu Santo no solo
características personales, sino también cualidades divinas. Estos atributos divinos
indican que el Espíritu Santo es Dios.
Uno de los distintivos del cristianismo es creer en el Espíritu Santo como persona.
Desde los primeros tiempos de la Iglesia hasta el postmodernismo actual, ha habido
quienes han negado la personalidad del Espíritu Santo en una forma u otra. Muchos
predicadores y teólogos llamados cristianos hablan como una influencia o energía
impersonal y no como una persona de la trinidad. Si así fuera los creyentes se
privaría de la mayoría de las bendiciones de la salvación. Pero para que uno sea una
persona, debe tener tres características que son: inteligencia, voluntad y emociones.
El Espíritu Santo tiene estas tres características.
1. Intelecto
La Biblia nos revela distintas maneras que el Espíritu Santo es una persona. Ante
todo le atribuye mente, el profeta Isaías dice: “Y reposará sobre él el Espíritu de
Jehová; (el ‫ רוח‬de ‫ )יהוה‬espíritu de sabiduría y de inteligencia…” (Is. 11:2). Juan
dice, de que “el Espíritu Santo a quien el Padre enviará… él os enseñará todas
las cosas…” (Jn. 14:26). El Apóstol Pablo da por sobreentendido cuando dice:
“porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Co. 2:10, 11)
y otros pasaje como (Ef. 1:17; Ro. 8:27; 1 Co. 2:13). Sin duda no son los únicos.
Lo que está claro que solo un ser que es inteligente puede enseñar y hacer lo que
hace (Jn. 6:63).
2. Voluntad
El Espíritu Santo como tercera persona de la trinidad, es absolutamente libre, él
hace lo que desea y lo que quiere hacer. No cambia, ni es obligado a hacer cosas
o deseos de nadie. Pablo usa el verbo griego (διαιροῦν) de la raíz “αιρεω”
(repartir), en alusión directa al Espíritu Santo, que reparte los dones “βούλομαι”
como él quiere (1 Co. 12:11). Pero también el Espíritu Santo dirige, el verbo
usado aquí es (εἴασεν) es un aoristo activo indicativo de la raíz “ἐάω” (permitir)

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

que da el sentido de no permitir en este caso (Hch. 16:6-10). Indica que él cierra
puertas y abre puerta para predicar el evangelio.

3. Emociones
La tercera persona de la trinidad tiene emociones, las mismas que se encuentra
en relación con el creyente como recipiente del Espíritu Santo y el pecado
cometido o practicado por los hijos de Dios. El verbo usado en Efesios 4:30 es:
(λυπεῖτε) es presente, activo, indicativo, imperativo de la raíz “λυπέω” y tiene el
sentido de entristecer, contristar, afligir, causar prejuicio. Todas estas
características las encuentra en las Escrituras como el que describe una serie de
pecados que causan tristeza (Ef. 4:25-32).

II. La deidad del Espíritu Santo


En griego pneuma es una palabra de género neutro. Un nombre neutro requiere un
artículo o un pronombre neutro. Juan quebranta la regla gramatical tres veces en sus
escritos al usar con pneuma el pronombre masculino en vez del neutro. ¿Por qué? Porque
quiere dejar claro que el Espíritu Santo no es un “ello”, sino un “él”, una persona y no
sólo una fuerza (Jn. 16:13, 14; 15:26; 16:7, 8). Pablo hace también lo mismo bajo la
inspiración de Dios (Ef. 1:14). Además de estos hechos, el Espíritu Santo recibe el
siguiente tratamiento personal:
Al Espíritu Santo se le obedece (Hch. 10:19-21), se le miente, (Hch. 5:3), es cuando uno
piensa que nadie sabe o nadie lo ve, el creyente olvida que es habitación del Espíritu
Santo, así sucedió con los esposos Ananías y Safira. Esteban en su discurso previo a su
muerte dijo: ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís
siempre al espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros (Hch. 7:51).
También se le contrista, el Apóstol Pablo exhortando a los hermanos de Éfeso les dijo:
que cambiaran de actitud y que se porten como corresponde a personas redimidas (Ef.
4:25-30). También se puede blasfemar contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31), los hombres
pueden menospreciar a la tercera persona Divina (He. 10:29).
No es suficiente saber que el Espíritu Santo es una persona. Porque alguno podría decir
que es una persona espiritual, pero que no es Dios. Las Escrituras claramente lo
presentan como una persona Divina.
A. Atributos
Como se ha visto, el Espíritu tiene atributos que demuestran que Él es realmente una
persona. Pero también posee atributos que solamente los tiene Dios, por lo tanto,
demuestra que Él es una deidad. Estos atributos son la omnisciencia (Is. 40:13; 1 Co.
2:12), la omnipresencia (Sal. 139:7), y la omnipotencia por virtud de Su obra en la
Creación (Job 33:4; Sal. 104:30; Zac. 4:6). Él también es amor (Ro. 15:30), dador de
vida (Ro. 8:2, 11; Job 33:4), pero el hombre también puede ser estas cosas en un
sentido relativo, (Ryrie, C. C. Teología básica). El Apóstol Juan dice que el Espíritu
Santo es (ἀλήθεια.) la verdad (1 Jn. 5:6; Jn. 14:16, 17), el Espíritu posee sabiduría
(Is. 40:13), No tiene principio ni fin. Es auto existente. No está sujeto al tiempo, es
eterno (He. 9:14).
B. Título
Las palabras “Espíritu” y “Dios” son usadas en forma recíproca. En el (Hch. 5:3) dice
Ananías le mintió al Espíritu Santo, y en el (v. 4) dice que Ananías le mintió a Dios.
¡Para el apóstol Pedro el Espíritu Santo y el Padre eran un solo Dios! (Hch. 5:3, 4).

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

Es llamado Señor (2 Co. 3:17), se le llama Espíritu de Jesús (Hch. 16:79). También
es llamado Espíritu de adopción (Ro. 8:15), se lo identifica con Jehová (Hch. 28:25;
Is. 6:9, 10; Sal. 78:17-21). Otra forma, se habla de él como Dios (1 Co. 3:16; Ef.
2:22).

III. Las obras del Espíritu Santo


Así como el Señor Jesucristo estaba activo desde antes de su encarnación, el Espíritu
Santo lo estaba desde antes de Pentecostés. La obra del Espíritu Santo en el Antiguo
Testamento puede ser estudiada viendo su obra en la creación y en el hombre.
A. En la creación
1. Del universo
En la Biblia se encuentra muchas alusiones en que el Espíritu Santo fue agente
activo en la creación del mundo (Gn. 1:2; Job 33:4). Se dice que el Espíritu da vida
(Sal. 104:30; 2 Co. 3:6), ordena (Sal. 33:6; Is. 40:12-14), ornamenta Job 26:13, y
preserva (Sal. 104:26, 30; Job 34:14). Jamieson comenta de Génesis 1:2 así:
Literalmente dice: “continuaba cubriéndola”, así como la gallina cubre los huevos
cuando los empolla. La figura es perfecta: (Jamieson, R., Fausset, A. R., & Brown,
D.). El Espíritu Santo estaba obrando sobre los elementos para hacer con ellos
todo lo que existe. Éxodo 20:11 dice con toda claridad que todo fue creado en 6
días.
También es importante comprender el sustantivo “‫ֱםיהל‬ ִ֔ ‫( ”א‬Elohim) que es un
plural genuino y se entiende como un plural de majestad en lugar de numérico, con
el propósito de exaltación y grandeza de Dios (Gn. 1:26). El Salmo 104: 24–30,
muestra que el Espíritu Santo es el creador de los animales. Gran parte de este
Salmo habla de la creación física. El Espíritu Santo es el creador de los astros. Este
versículo atribuye al Espíritu Santo algo de la parte “artística” de la creación Job
26:13.
La tercera persona de la trinidad estuvo involucrada en la creación del mundo (Gn.
1:2). Aquí como en otras partes del Antiguo Testamente, es reconocido claramente
al mencionar la expresión “Espíritu de Dios”, que por supuesto en el Nuevo
Testamento se manifiesta con absoluta claridad como el Espíritu Santo. Aunque la
creación del universo se atribuye directamente al Hijo, (Jn. 1: 10; Col. 1:15–16),
también el Padre y el Espíritu Santo tuvieron la intervención directa en la creación
(Job 26:13; Sal. 104:30).
2. Del hombre (Gn. 2:7)
Después que Dios formó al hombre del polvo de la tierra, “sopló en su nariz
aliento (ruach, “espíritu”) de vida y fue el hombre un ser (“alma”) viviente”. La
acción soberana del Espíritu en el hombre hizo de él un ser espiritual, distinto del
resto de la creación, capaz de tener una comunión personal e íntima con el
Creador. Después de la caída, la espiritualidad del hombre se encuentra “muerta”
(Gn. 2:17; Ef. 2:1) y tiene que ser vivificada por medio de la regeneración del
Espíritu Santo (Jn. 3:3, 6; Ti. 3:5), así, el creyente en Cristo es hecho una “nueva
creación” (2 Co. 5:17).
Además, en Génesis 1:26 se dice que esta acción creadora de Dios fue así de
especial porque hizo al hombre portador de su imagen. El término “imagen” es
usado en un sentido figurativo, porque Dios no tiene cuerpo. Que el hombre esté
hecho a la imagen de Dios significa que comparte, imperfecta y limitadamente,

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

sus atributos comunicables (vida, personalidad, verdad, sabiduría, amor,


santidad, justicia), y tiene, por lo tanto, la capacidad de tener comunión espiritual
con él. Con la caída, esta imagen quedó distorsionada, pero no erradicada (Gn.
9:6; Stg. 3:9).
B. Género humano
El Espíritu Santo es descrito desde el Antiguo Testamento relacionándose con el
hombre, relación que no fue incambiable, pues su revelación es progresiva, aún hasta
hoy lo sigue haciendo, pero no como lo hizo en las otras dispensaciones; esto nos
posibilita hacer mención de sus obras con el hombre desde la expresión del Antiguo
Testamento.
1. Restricción del pecado.
En el tiempo de Noé la maldad de los hombres era extremadamente grande (Gn.
6: 3), el desdén por la predicación de Noé cuya palabra era de Jehová no era
atendida, razón por la cual Dios expresa que no iba a contender para siempre su
Espíritu, obra que tiene que ver con redargüir al hombre respecto a su mal accionar
por un tiempo definido, hasta la aplicación del juicio de Dios.
La restricción es la obra del Espíritu Santo por medio de la cual es refrenada la
plena manifestación del pecado. Aunque la restricción se menciona en Génesis 6:3,
el pasaje principal se encuentra en (2 Ts. 2:6, 7). Aquí no se dice explícitamente
“Espíritu Santo”. Sólo se menciona “alguien” que lo detiene (κατέχων),
efectivamente la manifestación de las fuerzas satánicas. Hay quienes creen que la
referencia es a la autoridad civil (Ro. 13:1-7), o a un ángel poderoso. Pero, ¿tienen
poder ellos para resistir a Satanás eficazmente? Es preferible entender que la
referencia es al Espíritu Santo por: 1) el antecedente de (Gn. 6:3), 2) su
personalidad y 3) su poder (v. 7). La pregunta que surge es, ¿De qué medios se
vale el Espíritu Santo para cumplir su ministerio? A la luz del resto de la revelación
bíblica, es claro que el Espíritu Santo usa los gobiernos civiles, los ángeles, la
iglesia y las mismas Escrituras para refrenar la plena manifestación del pecado.
Además, sabemos que el pecado hallará su plena manifestación una vez que la
Iglesia haya sido arrebatada al cielo.
2. En el pueblo escogido (Israel).
A pesar de haber mantenido una relación con el hombre en general, Dios escogió
al pueblo de Israel como suyo, con el cual tuvo una relación exclusiva. Nación en
la cual el Espíritu Santo ministró dándoles guía (Is. 63: 10, 11, 14) y
privilegiándolos con la selección de algunos siervos (Nm. 11: 29), obsérvese los
siguientes.
a. Moró en algunos.
Se tiene alusiones bien especificas respecto a la presencia del Espíritu Santo
morando en personas elegidas para ciertos propósitos, entre ellos se pueden
mencionar a José (Gn. 41: 38), a Josué (Nm. 27: 18) Samuel, (1 S. 10:9, 10),
David (1 S. 16:13) y a Daniel (Dn. 4: 8, 6: 3).
b. Vino sobre otros.
También se encuentran en la palabra de Dios, expresiones respecto a la
presencia especial sobre algunas personas electas por él para desempeñar
funciones peculiares, entre estos estaban los jueces y los reyes (Jue. 3: 10; 1 S.
10: 10; 16: 13), los profetas (Mi. 3: 8; 2 Cr. 15: 1; 24: 20) y los gobernantes de
aquel tiempo (Nm. 11:25).

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

c. Capacitó a otros.
Esto se lo puede observar en la referencia hecha respecto a quienes trabajarían
en los utensilios del tabernáculo, pues parece indicar que el Espíritu Santo
proveería en ellos una ayuda especial para capacitarlos en la elaboración y
construcción de la tienda de Dios (Ex. 31: 3, 35: 31).
3. Enseñó al pueblo en general.
Finalmente se observa que el Espíritu Santo operó en el pueblo de Israel
haciendo una obra didáctica, en el libro de Nehemías refiere que él de forma
personal les enseñó (Ne. 9: 20), esto manifiesta el gran cuidado divino a un
pueblo escogido pero rebelde en su andar.
C. En la revelación de las Escrituras
1. Revelación
Revelar es dar a conocer lo que de otra manera el hombre nunca podría saber. No
estamos hablando aquí de la ciencia humana, sino de las cosas profundas de Dios
(1 Co. 2:10). Sin este ministerio del Espíritu Santo, el hombre jamás habría
conocido a Dios y Su verdad. La revelación se refiere al material que se da a
conocer, y no al modo en que se da a conocer al producto o resultante.
El conocimiento divino es sumamente importante, porque es la fuente de todo
conocimiento del creyente. A lo largo de los siglos los hombres cristianos y no
cristianos, de manera igual se han interesado por el conocimiento. Desean saber la
verdad acerca de si mismos, de la naturaleza y de Dios. Tienen un ansia básica en
su propia naturaleza por conocer con certeza. Solamente por medio de la
revelación, el hombre alcanza un verdadero entendimiento de las cosas. Por la
revelación, Dios se manifiesta al hombre y también revela la verdadera naturaleza
de los seres que habitan en el mundo, así como los hombres y las cosas naturales.
La revelación divina es doble, es una revelación natural (Sal. 19:1-6) y sobre
natural (Gn. 3:15; He. 1:1-4)), dicho de otra manera es una revelación general y
otra la revelación especial. Este tema es más amplio en Bibliología, aquí se ve
desde lado del Espíritu Santo.
Los profetas del Antiguo Testamento anunciaban de antemano los sufrimientos de
Cristo. Sin la obra del "Espíritu de Cristo", los profetas nunca habrían podido
cumplir tal ministerio, (1 P. 1:10-12; Mi 3:8; 1 Co. 2:9, 10).
2. Inspiración
Por otro lado, la palabra inspiración, cuando tiene su sentido teológico, se refiere
al producto resultante o sea la Biblia. El significado común de la palabra, sin
embargo, es llenar o soplar. Generalmente comprende la idea de una influencia
externa. El vocablo griego theopneustos, que aparece en (2 Ti. 3:16), significa
simplemente soplada por Dios, es decir, hace referencia a la procedencia del soplo,
pero no necesariamente al destino del mismo.
Las expresiones en el libro de Samuel son muy importantes para la doctrina de la
inspiración bíblica, porque enseñan que las Escrituras inspiradas tienen como autor
divino y humano. David es el humano y se describe con cuatro frases en el
versículo. El autor divino es el Espíritu de Jehová, quien le dio al salmista las
palabras que había de hablar y escribir. “Estas son las palabras postreras de
David. Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

ungido del Dios de Jacob, El dulce cantor de Israel: El Espíritu de Jehová ha


hablado por mí, Y su palabra ha estado en mi lengua”. (2 S. 23:1, 3; Nm. 24:2;
Hch. 1:16; 4:25).
La palabra que se traduce “inspirados”, en el original griego es “fero”, y significa
“llevar, traer, mover” (2 P. 1:21). Una buena ilustración del uso de esta palabra se
encuentra en Hechos 27:15, donde Lucas dice “nos dejamos llevar”, refiriéndose
al movimiento incontrolable que ejercía el viento sobre el barco. Entonces, los
autores humanos de las Escrituras fueron llevados, movidos por el Espíritu Santo.
Pablo expresa con referencia a las Escrituras que todas tienen su origen en Dios y
son útiles para formar al hombre de Dios. En 2 Timoteo 3:16 dice: “toda la
Escritura es inspirada por Dios”. Aquí se usa otra palabra Griega, “theopneustos”
(palabra compuesta por theo: (Dios), y pneuma (aire, soplo, aliento, espíritu). O
sea que la Escritura nació del aliento, del soplo, ¡del Espíritu de Dios!
3. Autentificador de las Escrituras
El evangelio que nosotros (Pablo, Silvano y Timoteo) predicamos. “fue hecho”,
por el poder de Dios, su Autor que os lo envió. El que Dios hiciera que nuestra
predicación entre vosotros fuese atendida con tal “poder”, (1 Ts. 1:5, 6), que
confirma dentro de los creyentes la confiabilidad de las Escrituras, dándoles la
certeza de que la Biblia es la Palabra de Dios. Además, da credibilidad a los
mensajeros fieles del Evangelio, (1 Co. 2:1–5; 14:36, 37; 2 Ts. 3:14).
El Espíritu Santo es el intérprete de las Escrituras ¡Nadie mejor que el Autor de las
Escrituras para conocer y explicar las Escrituras! (1 Jn. 2:20-27). Estos versículos
no anulan el ministerio de los maestros en la Iglesia, sino lo complementan. Los
maestros son muy necesarios para el crecimiento de la Iglesia, pero pueden
desempeñar bien su función debido a que dentro de cada alumno Cristiano habita
el Espíritu Santo. En este pasaje se destaca la realidad de que dentro de cada
creyente habita aquel que fue enviado por Jesucristo para enseñar la Palabra.
Mientras Jesucristo estuvo en la tierra, Él fue el gran Maestro de los discípulos;
ahora lo es el Espíritu Santo. Vea (Jn. 16:12–15; 1 Co. 2:15; Jn. 14:26; Ef. 1:17).
D. En la persona de Jesucristo
En cuanto a la naturaleza divina de Jesús, su deidad, el Espíritu Santo tiene poca
influencia porque las tres personas de la trinidad son iguales. Pero en cuanto a su
naturaleza humana de Cristo necesitaba mantener una relación muy estrecha con el
Espíritu Santo y para entender la acción de manera más notable hacia o por la
humanidad desde el momento de su concepción hasta su resurrección de los muertos.
1. La concepción
El ángel Gabriel le anunció a María que el niño que le iba a nacer sería concebido
por el Espíritu Santo (Lc. 1:35). A José se le hizo el mismo anuncio (Mt. 1:20). En
otro lugar de las Escrituras se nos dice que el Padre le preparó un cuerpo a Cristo
(He. 10:5) y que el Hijo adoptó un cuerpo de carne y sangre (como si se tratase de
un acto de su propia voluntad, He. 2:14). Por lo tanto, es correcto decir que Cristo
fue concebido por el Espíritu Santo, aun cuando también se diga que Dios es su
Padre.
El Espíritu Santo fue el agente que unió la naturaleza divina con la naturaleza
humana en el vientre de María, protegiendo así a la persona de Jesucristo de la
depravación humana. Si Jesús hubiera tenido un padre humano, habría nacido con
la pecaminosidad propia de todo ser humano, que se transmite de padres a hijos.

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

Pero al no tener un padre humano, sino a Dios por padre, no recibió esta herencia
de pecaminosidad, fue sin pecado.
El Espíritu Santo causó el nacimiento virginal del Mesías (Lc. 1:35). Fue el agente
principal en estampar las Escrituras inspiradas (2 P, 1:21; 2 Ti. 3:16). El Espíritu
Santo está involucrado en la regeneración o nuevo nacimiento de los creyentes (Jn.
3:3-7; Ef. 2:4). Otra importante obra del Espíritu Santo es la resurrección. Esta
obra también se atribuye al Trino Dios. Y el Espíritu Santo tendrá un papel
preponderante en la resurrección de los muertos (Ro. 8:11).
2. Ministerio de Jesucristo
La obra más importante del Espíritu Santo en los evangelios se centra en la persona
del Señor Jesucristo. Tal como fue profetizado (Is. 11:2, 3; 42:1-4; 61:1-3; Lc. 4:7-
21), el ministerio del Mesías sería realizado por la intervención y capacitación del
Espíritu Santo. El Señor Jesús fue concebido (Lc. 1:35; Mt. 1:20), ungido (Lc.
4:18; Hch. 4:27; 10:28; He. 1:9), llenado (Lc. 4:1; Jn. 3:24), sellado (Jn. 6:27),
dirigido (Lc. 4:1; Jn. 8:29), animado (Lc. 10:21), capacitado (Mt. 12:38; Lc. 4:14,
15, 18), asistido en su muerte (He. 9:14) y su resurrección (Ro. 1:4; 8:11 y 1 P.
3:18) por el Espíritu Santo.
Otro dato importante, el Señor Jesucristo vivió bajo la ley (Gá. 4:4; Mt. 5:17). La
dispensación de la ley terminó en la cruz “El fin de la ley es Cristo” (Ro. 10:4),
“anulando el acta de los decretos...clavándola en la cruz”, (Col. 2:14). Los sucesos
narrados en los evangelios ocurrió antes del inicio de la dispensación de la Iglesia,
porque su proyecto de formar Su Iglesia era futuro, “edificaré mi Iglesia”, (Mt.
16:16). En los evangelios, el Espíritu Santo estaba relacionado semejante a los
creyentes del Antiguo Testamento. Es así que el Espíritu Santo llenó a algunos
(Lc. 1:15, 41, 67), y en otros estaba (Lc. 2:25; Mt. 10:20), y vino sobre otros (Jn.
20:22). De manera que se debe tener cuidado de ver como aplicables para hoy lo
sucedido de ese período. Sin embargo, los evangelios anticipan la enseñanza del
Señor Jesucristo una nueva relación del Espíritu Santo con los creyentes. (Jn. 7:37-
39, Lc. 11:13 y Jn. 13-17).
E. En la transición Israel e Iglesia
Interrumpiendo la descripción de la obra del Espíritu Santo, observaremos ahora las
formas distintas de la intervención del Espíritu a través de la historia salvífica, estas
son las que nos ayudarán a ordenar y exponer consecuentemente ese actuar tanto en
el pasado como en nuestros días. Para tener claro el panorama de este importante
punto, mencionamos que el periodo transicional es “el lapso del actuar del Espíritu
Santo que comprende a partir del Antiguo Testamento, pasando por el Nuevo y
llegando a su impresionante actividad en nuestros días.
1. En el Antiguo Testamento.
En el Antiguo Testamento se tiene descripciones particulares del actuar del
Espíritu Santo, por ejemplo, inicialmente se lo menciona creando (Gn. 1: 2),
posteriormente denunciando el pecado (Gn. 6: 3, Neh 9: 30) y finalmente viniendo
sobre personas particulares para dotarlos de capacidad especial, para realizar algún
ministerio, ejemplo: Vino sobre Sansón (fuerza no común) (Jc. 13: 26, 14: 6, 15:
14), sobre Saúl (1 S. 10: 10), sobre David. (1 S. 16: 13), sobre Ezequiel (Ez. 11:
5), etc.

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

2. En los evangelios
No siempre de la misma manera, pues en los evangelios se encuentra la enseñanza
que refiere que él podía venir pidiéndolo (Lc. 11: 13), razón por la cual muchos
estaban orando antes de pentecostés (Hch. 1: 14), también vino a través de soplo
(Jn. 20: 22).
3. En Hechos de los apóstoles
Ya en el libro de los Hechos se encuentran descripciones muy diferentes, pues esto
es justamente porque el Espíritu Santo operó transicionalmente. Observamos que
vino por la imposición de manos (Hch. 8: 17), extraordinariamente a los judíos en
pentecostés (120 en el aposento alto) (Hch. 2: 1-7), luego a los samaritanos (Hch.
8: 5), posteriormente a los gentiles (Hch. 10: 44) y, finalmente a los seguidores de
Juan el Bautista (Hch. 19: 2).
4. En nuestros días
A pesar que se dieron estas diferentes formas de actuar del Espíritu Santo, aún no
estaba la obra completa, pues el mismo Señor les había dado una promesa a sus
discípulos (Jn. 14: 16, 17), la misma que se haría real en la vida de los creyentes
actuales, es decir, que el Espíritu esté morando en ellos, hecho que manifiesta la
obra completa de Dios en el hombre (Ef. 1: 13).
F. En el incrédulo
En la obra inicial el Espíritu Santo estuvo en la creación, posteriormente se lo observa
nuevamente en la nueva creación la cual es también obra Trinitaria, Dios el Padre
predestina y elige, Dios el Hijo es que da su propia vida en rescate por el pecador y,
Dios el Espíritu Santo es el que aplica esa salvación efectuada por Cristo, pero ¿Cómo
la aplica?, respuesta dada en este punto, la obra en el pecador.
1. Lo controla
El Espíritu Santo en la vida del incrédulo hace una obra múltiple, primeramente y
tal vez lo más impresionante, observamos que es él quien mantiene su vida física
(Gn. 2: 7, Job 33: 4), también le concede ciertas capacidades (1 S. 19: 20), hombres
que no reflejaban en sus vidas que eran de Dios.
2. Frena su pecado
También el Espíritu Santo frena el pecado en el ser humano, promoviendo en él
bondad, la misma que no puede ser conseguida a menos que more en su vida, en
(2 Ts. 2: 7) refiere que el Espíritu Santo es quien detiene la fuerte intervención de
Satanás que energiza al hombre en su estado caído, como él mora en los creyentes
(1 Co. 6: 19; Ef. 2: 22), cuando ellos sean arrebatados, él saldrá del mundo en ellos,
entonces el misterio de la iniquidad tendrá la facilidad de operación.
3. Hace que se interese
El hombre por su naturaleza de pecado no tiene ningún interés en las cosas de Dios
(Jn. 3: 20; Ro. 3: 11), la Biblia hace referencia que el pecador se deleita en su
estado (Ro. 1: 21-24), prefiere su vida de pecado y más bien se inquieta cuando
alguien le habla de Dios y su relación con él.
Pero, muchas veces existe algo raro en el pecador, muchos manifiestan interés por
Dios, no es que sea una obra de su naturaleza (está muerto), sino es el interés
sincero y verás por Cristo, hecho y promovido por el Espíritu Santo; pues es él
quien prepara al incrédulo para interesarse por el evangelio, entre estos podemos
mencionar como ejemplo a Cornelio y a Lidia en (Hch. 10 y 16).

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

4. Convence (certidumbre)
Es la convicción de la obra del Espíritu Santo por medio de la cual da prueba de la
veracidad del Evangelio. El pasaje central es Juan 16:7-11, hay tres palabras que
deben ser explicadas. Una de ellas es la palabra “convencer”, del griego ἐλέγχω,
“mostrar a alguien su pecado y llamarlo al arrepentimiento, refutar completamente
al adversario, probar su culpabilidad para producir una confesión de la verdad”.
La palabra se usa en (He. 11:1; Mt. 18:15; Jn. 3:20; 8:46; Stg. 2:9), con el sentido
de convencer absolutamente a la luz de una clara evidencia.
Otra palabra importante es “mundo” de (κόσμος), “orden, arreglo, sistema”. Esta
palabra se usa en el Nuevo Testamento con tres sentidos distintos. Se usa para
hacer referencia a, 1) la Tierra (Jn 1:10), 2) los habitantes de la Tierra (Jn. 3:16), y
3) al modo (sistema) de vida que viven las personas que no conocen a Dios (Jn.
9:39; 12:31; 14:17; 1 Jn. 2: 15). En Juan 16:7-11 kosmos combina los sentidos
segundo y tercero.
Finalmente, otra palabra importante es “Consolador”, de parakletos, “uno llamado
al lado de otro para asistirle”. Aquí la palabra se refiere al Espíritu Santo. Pero más
que un Consolador, el Espíritu Santo desempeña aquí la función de un abogado o
asesor legal que convence al mundo de culpa y llama al arrepentimiento a los
enemigos de Cristo.
Se señalan tres áreas en las que el Espíritu convence al mundo. En primer lugar, el
Espíritu convence al mundo de pecado (v. 9) porque el mundo es incrédulo. Esto
indica que quien se condena, lo hace no por ser pecador, sino porque siéndolo, se
niega a creer en Jesucristo para salvación (Jn. 3:19).
También el Espíritu convence al mundo de justicia. Esto lo hace a partir del hecho
de la resurrección y la ascensión de Cristo. Jesucristo fue crucificado como un
criminal, pero Dios manifestó públicamente su condición de Justo Hijo de Dios
con su resurrección y ascensión (Ro. 1:4; Hch. 2:32-36). Finalmente, el Espíritu
Santo convence el mundo de juicio, ya que el juicio de Satanás fue en la cruz (Jn.
12:31; 16:11; He. 2:14), anticipa el juicio de todos los que lo siguen.
El ministerio de convencimiento del Espíritu Santo debe ser una fuente de ánimo
a todos los que habiendo creído deben llevar el Evangelio a otros (Ro. 10:13, 14).
La responsabilidad del creyente no es convencer a los perdidos. Su responsabilidad
es anunciar clara y razonadamente el evangelio (1 P. 3:16; Jud. 22). El Espíritu
Santo convencerá los corazones de ellos. (Debe estar en la sección: En el
incrédulo)
5. Lo regenera
Como el hombre se encuentra en un estado desastroso, según la palabra de Dios,
condenados (Jn. 3: 18), destituidos de la gloria de Dios (Ro. 3: 23), débiles e impíos
(Ro. 5: 6), enemigos (Ro. 5: 10) sin entender las cosas espirituales (1 Co. 2: 14),
cegado espiritualmente (2 Co. 4: 3, 4) y muerto en delitos y pecados (Ef. 2: 1-3).
Es por esta condición que es Dios quien tiene que hacer la obra, es él quien tiene
que dar vida espiritual al hombre para que él pueda buscarlo, es a esta obra que se
le denomina el nuevo nacimiento o la regeneración, esto es justamente cuando
Dios de manera providencial da vida espiritual por medio del Espíritu Santo,
iniciando así en el hombre la posibilidad de una relación creciente y continua con
Dios.

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

6. Lo bautiza
“El bautismo del Espíritu Santo es el acto por medio del cual el individuo es
añadido al cuerpo de Cristo”. Existe mucha confusión con este ministerio del
Espíritu que con otros. Las razones para esta confusión son varias. En primer lugar,
quienes confunden a Israel con la Iglesia no se dan cuenta que el bautismo del
Espíritu es uno de los mayores distintivos de la Iglesia.
Por otro lado, quienes insisten tanto en el bautismo del agua fallan en discernir que
pasajes como (Ro. 6:3, 4; Gá. 3:27; Ef. 4:5, y Col. 2:2) no pueden estar hablando
del bautismo del agua, porque lo que ahí se dice que el bautismo produce “vida
nueva” son “consolados”, los cuales no lo pueden producir ningún rito externo.
También, están los que confunden el bautismo del Espíritu con la llenura, la
regeneración, la morada, el sello o con una “segunda obra de gracia”. Todo lo cual
es resultado de ignorar la enseñanza bíblica sobre cada uno de esos temas.
Finalmente, ayudan a la confusión quienes hacen una vinculación no bíblica del
bautismo del Espíritu Santo con el don de lenguas. Son éstos quienes por lo general
hacen la diferencia entre ser bautizado por el Espíritu (1 Co. 12:13) y ser
bautizados con el Espíritu (Hch. 1:5). Pero omiten la distinción en ambos pasajes
la frase griega “en pneumati” es la misma. La preposición griega en se puede
traducir por las preposiciones españolas “en”, “por”, y “con”. Por tanto el bautismo
con, por o en el Espíritu es la misma cosa.
1. Definición.
La palabra griega “ἐβαπτίσθημεν” de la raíz “βαπτίζω” en (1 Co. 12:13),
“fuimos bautizados”, quiere decir: bautizar, lavar, sumergir. “El bautismo del
Espíritu Santo es el acto por medio del cual el creyente es añadido al cuerpo de
Cristo”.
El significado del bautismo del Espíritu Santo tiene que estar relacionado con
en el uso que el Nuevo Testamento hace de la palabra bautismo. La palabra
“bautismo” significa literalmente “sumergir”. ¿Para qué se bautizaba
(“sumergía”) a la gente en días del Nuevo Testamento? Pasajes tales como (Mt.
3:3, 11; 1 Co. 10:1-3), indican que el bautismo tenía como significado la
identificación.
Por medio del bautismo del Espíritu Santo el creyente es identificado con la
Iglesia universal. El bautismo del Espíritu Santo es el ministerio característico
de la Iglesia hoy. No se habla del bautismo del Espíritu para Israel. El bautismo
del Espíritu une en un solo cuerpo a judíos y a gentiles formando un nuevo
hombre (Ef. 2:15; Gá. 3:28). El bautismo del Espíritu Santo es el punto de
partida para la adoración en unidad en la Iglesia.
2. Referencia.
Hay en el Nuevo Testamento tres tipos de pasajes que hablan acerca del
bautismo del Espíritu Santo. Por un lado, están los pasajes que predicen que el
bautismo del Espíritu Santo ocurriría (Mt. 3:11; Mr. 1:7, 8; Lc. 3:16; Jn. 1:33 y
Hch. 1:5). Todos estos pasajes ven hacia adelante, lo cual indica que el bautismo
del Espíritu Santo no ocurrió ni en días del Antiguo Testamento, ni en días del
ministerio terrenal del Señor.
Por otro lado, está un único pasaje que recuerda que el bautismo del Espíritu
ocurrió (Hch. 11:15-17). Como aquí Pedro ve hacia atrás, evidentemente hacia
lo que ocurrió en Hechos 2, es conveniente estudiar con detalle ese pasaje.

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

Después se verá otros pasajes que explican el bautismo del Espíritu (1 Co.
12:13).

3. Hechos 2 y la tipología.
En primer lugar, Hechos 2 tiene un significado tipológico. Un tipo en la Biblia
es cualquier evento, ceremonia o cosa que prefigura una realidad espiritual
futura. Dios mandó a Israel que guardara siete fiestas en el transcurso del año
(Lv. 23). Cada una de las fiestas conmemoraba un acontecimiento en la historia
de la redención y predecía en forma de tipo otro acontecimiento en relación con
Israel y con el Reino. Cuatro de estas fiestas se celebraban en la primavera y
tres en el otoño.
De las fiestas de la primavera, dos se celebraban a principios de la estación
(pascua y panes sin levadura) y dos a finales de la estación (primicias y
Pentecostés). Las dos primeras anticipaban la redención de Israel y las dos
últimas la exaltación de Israel.
De estas fiestas, las tres principales, a las que todo varón judío estaba en la
obligación de acudir, eran la pascua, Pentecostés y tabernáculos (Dt. 16:16, 17).
La fiesta de los tabernáculos anticipaba el reino (Mt. 17:4) y las de Pascua y
Pentecostés, los requisitos para el establecimiento del reino: la redención por la
sangre y el derramamiento del Espíritu Santo.
La muerte del Señor Jesucristo cumplió la tipología de la pascua (1 Co. 5:7), y
el derramamiento del Espíritu Santo cumplió la tipología de Pentecostés (Hch.
2). A la luz de la tipología, habiéndose cumplido ya, desde la perspectiva de
Dios, los dos requisitos para el establecimiento del reino, sólo falta el
arrepentimiento de la nación de Israel para que el reino sea establecido (Hch.
3:19).
El propósito de traer la tipología a esta parte es dejar claro que el derramamiento
del Espíritu Santo tiene que ver con el programa de Dios para Israel. El
derramamiento del Espíritu es un hecho tan irrepetible como la misma muerte
de Jesús en la cruz. Buscar, como algunos hacen, una repetición de Pentecostés
en nuestros días es semejante a buscar una repetición del Calvario. Son eventos
que no necesitan repetición porque su tipología ya ha sido cumplida, su realidad
está vigente, y su eficacia es suficiente para todos los tiempos.
El hecho de que el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés tenga que
ver con el programa de Dios para Israel no implica, por otro lado, que carezca
de significado para la Iglesia. Se debe tener en cuenta que la Iglesia no fue
anticipada de forma explícita ni en la profecía ni en la tipología del Antiguo
Testamento. En (Ef. 3:1-7) se llama a la Iglesia un “misterio”, es decir, una
verdad no revelada hasta ese momento. No obstante, se debe notar que entre las
fiestas de la primavera y las fiestas de otoño existía un tiempo intermedio.
“Pentecostés” significa “cincuenta” en griego. Esta fiesta venía cincuenta días
después de la pascua.
De forma velada, este tiempo intermedio anticipaba el período de la Iglesia. La
Iglesia disfruta de los beneficios de la muerte de Cristo y el derramamiento del
Espíritu Santo mientras Israel se mantenga en incredulidad. Simultáneamente

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

con el derramamiento del Espíritu Santo ocurrió el bautismo del Espíritu Santo
(Hch. 11:15-17), hecho que dio comienzo a la Iglesia como cuerpo de Cristo.
La Iglesia no es Israel (1 Co. 10:32). No obstante, la Iglesia disfruta de algunos
de los beneficios del nuevo pacto (2 Co. 6), que es una profecía hecha para con
Israel (Jr. 31:33; Ez. 36:22). De la misma manera, la Iglesia también disfruta de
algunos de los beneficios del cumplimiento profético de Joel, que también es
una profecía hecha a Israel, “Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo” (Jl
2:27).
G. En el creyente
Una vez el incrédulo convencido por el Espíritu Santo y con vida nueva imputada, ha
llegado a ser un creyente en el cual el Espíritu Santo mora (1 Co 3: 16) y no solo
mora, sino que mora en forma permanente (Jn. 14: 16), tiempo en el cual realiza
grandes obras en él, observemos las siguientes.
1. En su relación personal con Dios.
Cuando el creyente salvo por la sangre de Cristo practica permanentemente la
oración y la lectura bíblica, se puede dar cuenta a través del discernimiento, que
por su nueva naturaleza debe llevar una vida de santificación, la misma que se
refleja en su vida privada, pública y ministerial.
En la palabra de Dios la santificación es vista como una acción procesual, en la
cual el creyente muestra rasgos diferentes a los que el mundo expone y al mismo
tiempo demuestra que ama a Dios, que es sumiso a su Palabra y sobre todo que
representa de una manera fidedigna a Cristo en su vida.
a. Promueve santificación
Cuando hablamos de santificación en la vida del creyente nos estamos
refiriendo a una vida en santidad práctica, vida que se muestra completamente
separada del pecado con el propósito firme de dedicarse a Dios (1 Ts. 4: 3).
Ésta, parte de la santificación posicional, es decir desde que el creyente está en
Cristo, tiene que ver con la mortificación del viejo hombre y el nacimiento a la
vida nueva (2 Co. 5: 17a, Gá. 2: 20b), luego sigue más propiamente con la
santificación progresiva es decir el andar Cristo, acto que tiene que ver con el
avivamiento del nuevo hombre, desde el nuevo nacimiento hasta llegar al estado
final y bendito del creyente (Fil. 2: 12).
b. Da seguridad de su salvación
Esta acción es producida mediante esa presencia interior activa del Espíritu
Santo en el creyente, la misma que es mencionada en la Palabra como la morada
del Espíritu, observe la preposición “en” (Jn.14:16-17), además esta tiene una
estrecha relación con el sello, pues su presencia constituye dicho sello (2 Co. 1:
22) el cual da seguridad y garantía de nuestra herencia espiritual (Ef. 1: 13, 14,
2 P. 1: 3-5).
c. Produce una vida espiritual genuina.
El creyente debe evidenciar una vida espiritual que refleje genuinamente la vida
de Cristo en él, esto es justamente producido por el Espíritu Santo, pues es él
quien estimula al creyente a orar (1 Ts. 5: 17, Ro. 8: 26, Jud. 20), a tener un
entendimiento espiritual a través de la lectura y práctica de la Biblia (1 Co. 2:
10, 14, 15, Col. 3: 16; 2 Ti. 3: 14-17), por otro lado produce gratitud y
reconocimiento a Dios (Ef. 5: 19-20; Col. 3: 16-17) y finalmente da fortaleza
espiritual en la vida cristiana (Ef. 3: 16).

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

2. En su ministerio
El ministerio del creyente no es realizado, ni motivado a través de sus fuerzas, la
Palabra refiere a la persona impulsora de ese ministerio y, de manera consistente
menciona al Espíritu Santo actuando en el creyente para que él lleve adelante su
ministerio y aparte de ello, que produzca el fruto que Dios desea, entre estas
acciones mencionamos las siguientes:
a. Lo dota de recursos para la realización ministerial
Esta actividad del Espíritu Santo se realza a través de la dotación de los dones
espirituales (1 Co. 12: 4, 7), todos los creyentes tienen esta bendición de Dios
para su ministerio, es por esta razón que el apóstol Pedro orienta a los creyentes
a ponerlo a disposición de los demás, en el lugar oportuno para provecho (1 P.
4: 10, 11).
Estos están definidos en la palabra de Dios, los cuales deben ser descubiertos
en la práctica cristiana, desarrollados en el hogar, la iglesia y el mundo,
dedicados permanentemente en el servicio a Dios y disciplinados por medio de
la naturaleza que Dios mismo impuso.
b. Lo capacita para la realización ministerial
Esta acción del Espíritu Santo apunta específicamente a la capacitación del
creyente para que sepa y pueda ejercer el don que ha recibido, dado que hay
algunos hermanos que no saben cuál es su don y, por ello no lo están ejerciendo,
estos son los que deben ser capacitados por el Espíritu Santo a poner en práctica
esa capacidad espiritual que recibió en el momento de su conversión y, de esa
manera bendecir a la iglesia y demás.
c. Lo guía
Una de las alusiones del Señor Jesús respecto al ministerio del Espíritu Santo
fue que él guiaría a toda verdad (Jn. 16: 13) de la misma manera el apóstol Pablo
secunda esta aseveración mencionando que los hijos de Dios son guiados por el
Espíritu (Ro. 8: 14).
Este aspecto práctico en la vida del creyente es manifiesto de manera específica
en el conocimiento de la voluntad de Dios, la misma que tiene una mención
definida en la palabra de Dios, pero que al mismo tiempo, se expone para que
el creyente por medio de la guía del Espíritu Santo reconozca el deseo divino.
d. Lo llena
Aunque este tema lo estudiaremos más adelante extensamente, es menester
mencionar que esta acción del Espíritu Santo para el ministerio del creyente es
vital; pues no se puede negar que realmente es del Espíritu, pero realizada en el
creyente que voluntariamente se rinde a él, pues es un mandato, aunque esta
expresado en voz pasiva, lo que hace afirmar que en ella interviene tanto el
poder del Espíritu Santo, como la responsabilidad del creyente.
3. En su ser
Como creyentes estamos siempre movidos por aquella virtud espiritual que nos
sostiene y nos proyecta a realizar un servicio, el mismo que también tiene una
suma, la misma que se manifiesta en la propia persona, no en hecho, la obra o el
ministerio, sino en el ser, en lo que es esencialmente el creyente, observemos como
lo hace el Espíritu.
a. Lo satisface

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

El creyente atraviesa muchas dificultades en la vida y el ministerio, razón por


la cual el Espíritu Santo obra en él dándole una satisfacción personal en su
ministerio (Gá. 5: 22, 23), este producto del Espíritu Santo se observa en la vida
cotidiana de todo creyente, el cual es energizado a hacer lo enmarcado a la
voluntad de Dios.
En este sentido el Espíritu Santo no fue dado a los creyentes sin propósito, sino
para darles poder para vivir llevando fruto (Jn. 15: 4, 5, Ga. 5: 22, 23) fruto que
no se puede llevar por sí mismo, sino permaneciendo en el Señor Jesucristo, el
cual trae satisfacción al creyente de forma personal y a los demás bendiciones.

b. Le testifica
Otra obra importante en el ser del creyente por parte del Espíritu Santo, es que
es él quien le testifica que es hijo de Dios (Ro. 8: 14, 16), naturaleza que le fue
dada en el momento de creer en Cristo (Jn. 1: 12), el cual lo impulsa a progresar
de manera sensible en Cristo y por ende en tener un gozo de tener una familia
divina.
H. Los dones del Espíritu
“Un don espiritual es la capacidad dada por Dios al creyente para el servicio en Su
Iglesia”. La enseñanza sobre los dones del Espíritu Santo, se centra en cuatro pasajes
del Nuevo Testamento: Romanos 12, 1 Corintios 12, Efesios 4 y 1 Pedro 4. Los dones
del Espíritu son indispensables para la edificación del cuerpo de Cristo.
1. Descripción
Esta parte se da inicio, viendo los dones espirituales, como obra de la Trinidad, los
cuales son:
a. Dados por el Espíritu Santo
En (1 Co. 12:1) la palabra traducida “dones espirituales” es pneumatika, “cosas
espirituales”. Pablo sigue aquí el método que ha usado para tomar las
expresiones usadas por los corintios y redefinirlas, podría ser que (pneumatika)
implicara cierta influencia del pensamiento griego que diferenciaba lo terrenal
de lo espiritual. De cualquier forma, la palabra da a conocer que los dones son
producto de la acción sobrenatural del Espíritu Santo.
b. Regalos de la gracia de Dios.
En (1 Co. 12:4-7), Pablo se refiere a los dones como karismata, “gracias, dones,
dádivas”. Viene de karis, “gracia”. Podría ser que Pablo sustituyera la palabra
favorita de los corintios por la propia para subrayar la falta de razones para
enorgullecerse por tenerlos. Los dones no son indicadores de santidad o méritos
personales (1 Co. 3:1-3).
c. Dones de Cristo
En (1 Co. 12:5) Pablo usa la palabra diakoniai, “servicios, ministerios”. Los
dones no son para la vida privada o el aprovechamiento personal (La ironía en
1 Co. 14:4), sino para el servicio a los creyentes.
d. Dones de Dios el Padre
En (1 Co. 12:6) Pablo usa el término griego (ἐνέργημα), “acciones
sobrenaturales”. Los dones espirituales son exclusivos de los creyentes y
efectivos no por quien los posee sino por quien los da.
e. Dones que manifiestan la bondad de Dios.

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

En (Ef. 4:8) se usa la palabra domata, “buen regalo, dádiva” (Ro. 8:32 y Stg.
1:17), y la referencia es más a los hombres capacitados que Dios da a la Iglesia
que a los dones que Dios da a los individuos. El sentido aquí, es algo distinto al
de los otros pasajes.
2. Distinción
De acuerdo a lo antes dicho, es posible determinar lo que los dones espirituales no
son: un talento o habilidad natural. Los talentos son resultados innatos del
nacimiento físico. Los dones espirituales son resultado del nacimiento espiritual.
Desde luego, el don espiritual puede expresarse a través y en relación con el talento
natural, pero nunca uno puede llegar a ser el otro. No es lo mismo que la
responsabilidad general de todo creyente. Todo creyente tiene la responsabilidad
de evangelizar, enseñar, ejercitar la fe, misericordia, servir. El siguiente cuadro
debe ayudar a distinguir entre los dones espirituales y los talentos naturales:

Dones Espirituales Talentos Naturales


• ¿De dónde • De Dios por el Espíritu • De Dios por los padres
vienen? • Desde el nuevo nacimiento • Desde el nacimiento físico
• ¿Desde cuándo? • Para la gloria de Dios, y • Para la gloria de Dios y
• ¿Para qué? edificación de la iglesia beneficio de la humanidad en
• Por el reconocimiento, general
desarrollo y ejercicio. Sin • Por el reconocimiento,
• ¿Cómo se ejercicio se atrofian. desarrollo y ejercicio. Sin
desarrollan? • En amor ejercicio se atrofian.
• ¿Cómo han de • En amor
usarse?
• ¿Quiénes los • Todo cristiano tiene por lo
tienen? menos uno • Toda la humanidad, creyente o
no creyente

3. Provisión
Consideración, ¿quién da los dones espirituales? En (1 Co. 12:4-7), dice que los
dones espirituales son dados por la Trinidad, en (Ef. 4:7-11) detalla que los dones
son dados por el Señor Jesucristo al creyente para el beneficio de la iglesia, a través
del Espíritu Santo de forma soberana, al momento de la salvación, sobre la base de
la gracia.
4. Distribución
En 1 Corintios se describe que el Espíritu Santo es el que distribuye los dones
“como él quiere” (1 Co. 12:11, 18). Son dados soberanamente. El Espíritu Santo
decide en base a su voluntad y del propósito de la vida de cada creyente y de la
Iglesia en general. Un ejemplo claro no es el soldado el que pide al comandante el
lugar que quiere ocupar en el campo de batalla. Es el comandante quien diseña la
estrategia y asigna las posiciones de cada soldado. En consecuencia a lo dicho
anteriormente, los dones no son dados en respuesta a la oración, ni como resultado
de enseñar. Por tanto deben ser apreciado (1 Co. 12:15), no deben se envidiados
(1 Co. 12:24), ni usados para vanagloria personal (Ro. 12:3) y debe ser ejercitados
(1 Ti. 4:14). Nuestra actitud hacia los dones debe ser de gratitud, contentamiento
y consagración.

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

Es importante notar a la luz de las Escrituras como en (Ef. 4:7; 1 Co. 12:7, 11, 17;
1 P. 4:10), que todo creyente tiene por lo menos un don. Por otro lado, es posible
que el creyente pueda tener más de un don, como el ejemplo que Pablo lo ilustra.
Pero desde luego, no es posible tener todos los dones (1 Co. 12:21). En relación al
tiempo, de cuando lo adquieren. Si es algo que sólo los creyentes tienen, no puede
ser dado antes de su conversión. Si es algo que todos los creyentes tienen, tiene
que ser dado al momento de su conversión. De otra manera, existirían creyentes
sin dones.
Los dones espirituales son dados en base a la gracia de Dios (Ro. 12:3; Ef. 4:7; 1
P. 4:10). Por lo tanto, no es evidencia de madurez espiritual (1 Co. 1:7; 3:1-3) ni
de educación (1 Co. 1:26). Los dones son dados “para provecho” (1 Co. 12:7),
“para que todos los miembros se preocupen los unos por los otros” (1 Co. 12:25),
“para la edificación de la iglesia” (1 Co. 14:2), “a fin de perfeccionar a los santos
para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:12).

5. Clasificación
Los dones pueden ser clasificados de varias maneras. Hay dos clasificaciones
principales que el Nuevo Testamento sugiere. En primer lugar, se distingue entre
los dones que ponen el fundamento de la Iglesia y los dones que sobreedifican
sobre ese fundamento (1 Co. 3:10; Ef. 2:20). Dentro de los dones que ponen el
fundamento de la Iglesia evidentemente están los dones de apóstol y profeta.
Además, vinculados a estos dones estaban los de señales en general, como los de
sanidades, lenguas, milagros (2 Co. 12:12; He. 2:3, 4). Los dones que
sobreedifican sobre este fundamento son los demás.
Sobre la anterior clasificación, se distinguen los dones temporales y los dones
permanentes. Por un lado, siendo que el fundamento del edificio espiritual de la
Iglesia sólo se pone una vez (Ef. 2:20; Jud. 3), y dando evidencia al respecto (He.
2:3, 4; Jud. 3), es correcto decir que los dones relacionados con el establecimiento
de ese fundamento cumplieron su cometido en el primer siglo.
Por otro lado, la Biblia anuncia el fin de algunos dones: “El amor nunca deja de
ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará” (1
Co. 13:8). Estos tres dones comunicaban una revelación incompleta: “Porque en
parte conocemos, y en parte profetizamos” (1 Co. 13:9), Pablo anuncia al mismo
tiempo, la llegada de la revelación completa y el final de los dones: “Mas cuando
venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará” (1 Co. 13:10, 11, 12).
Pablo contrasta la temporalidad de estos tres dones con la permanencia de tres
virtudes: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el
mayor de ellos es el amor” (1 Co. 13:13). La fe y la esperanza duran hasta la
segunda venida del Señor. Cuando el Señor Jesucristo regrese por segunda vez
sólo permanecerá el amor (1 Co. 13:8) porque la fe y la esperanza habrán cumplido
su propósito (1 Jn. 3:2 con Jn. 20:29; He. 11:1).
I. Descubrimiento de los dones
Cada uno de los que han nacido de nuevo por la fe tienen por lo menos un don
espiritual (1Co. 12:11). Descubrir el don que tiene le ayudará a entender qué es lo que
Dios quiere que haga con su vida. También le ayudará a conocerse mejor y a saber
qué áreas debe desarrollar.

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

Para el descubrimiento de su don o dones puede seguir el siguiente proceso: 1) estudie


lo que son los dones, los que están en vigencia hasta el día de hoy, y la función que
cumplen; 2) ore no pida este o aquel don, sino para discernir qué don tiene (Fil. 4:6,
7; 1 Jn. 5:14, 15); 3) desee aunque el deseo por sí solo no es un criterio suficiente (1
Ti. 3:1; Sal. 73:4); 4) los dones se manifiestan en la vida de la congregación, es allí
donde se manifiesta más claramente (1 Co. 12); 5) confirmación por cristianos de
experiencia (1 Ti. 5:22; Jr. 17:9; Pr. 11:14; 15:22; 24:16).
J. El desarrollo de los dones
Una vez que entienda qué es el don que Dios le ha encomendado para usarlo en la
edificación de la Iglesia, entonces debe empezar a desarrollarlo. De la manera que sus
capacidades de caminar, hablar, escribir, no se desarrollaron solas sino mediante un
esfuerzo continuado y prolongado, así nuestras habilidades espirituales necesitan
tiempo y disciplina para su desarrollo. Para que un don se desarrolle necesita (1) uso
(1 Ti. 4:14); (2) aprovechamiento de las oportunidades para ejercitarlo (2 Ti. 2:1; 1
Co. 15:10); (3) información (1 ti. 4:13; 2 Ti. 4:13); (4) correcta motivación (Fil. 2:3,
4); (5) obediencia y oración (Jn. 15:7-8).
K. Descripción de los dones
1. El don de servicio
Quien posee el don de servicio posee una capacidad especial de ayudar o
ministrar en el sentido más amplio de la palabra porque en (Ro. 12:7) dice
“διακονία” es traducido servir y en (Ro. 16:1), es traducida “diaconisa” que
significa “servidora”. También se menciona “los que ayudan” (1 Co. 12:28). Este
don incluía prestar ayuda al débil y al necesitado (Hch. 20:35). Aquellos que
tienen el don de servicio son reconocidos por la iglesia para la posición oficial de
“servidor” o diácono, deben de llenar determinados requisitos (1 Ti. 3:8-13).
2. El don de enseñanza
Todos los creyentes deben sentirse responsables de enseñar a otros la revelación
divina (He. 5:11-14), pero no todos tienen el don de enseñanza. Un creyente con
el don de enseñanza se distingue por el interés del estudio de la Palabra de Dios,
y las cosas relacionadas con los idiomas originales que fue escrita la Biblia,
principios de interpretación, historia de la Iglesia, teología, etc. y tener la
capacidad de comunicar claramente las verdades y aplicaciones de la Palabra de
Dios de modo que los que escuchan sean edificados (2 P. 3:16; Ef. 4:11, 12).
Ejemplos de este don son: Pablo (Hch. 18:11), Priscila y Aquila (Hch. 18:26).
3. El don de exhortación
Exhortar incluye la idea de “animar”, “consolar” y “amonestar”. El ánimo que
un creyente puede recibir tiene que ver con cosas futuras o cosas pasadas. En
relación con cosas futuras, puede ser animado a hacer algo. En relación con cosas
pasadas puede ser animado a sentir algo como, consolación. El don de
exhortación complementa al don de maestro. El maestro explica. El exhortador
motiva. Bernabé es un ejemplo del don de exhortación (Ro. 12:8; Hch. 4:36;
15:39; 2 Ti. 4:1).
4. El don de dar
El don de dar es aquel que comparte de sus bienes de forma generosa,
consecuente, sacrificada, sabia y alegre de forma que otros son animados, retados
y bendecidos (Ro. 12:8). Este don frecuentemente ocurre en personas pobres (Fil.

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

4:16; Mr. 12:41-44), lo que indica que quien da mucho no necesariamente da


manera generosa o sacrificada.
5. El don de presidir
Es la capacidad de guiar la iglesia local. Indudablemente, es un don ligado al don
de pastor y al oficio de anciano (1 Ti. 5:12, 13; 1 Ti. 5:17). Según (Ro. 12:8), este
don debe ser ejercitado “con solicitud”, buena disposición, el “ánimo pronto” del
cual habla (1 P. 5:2). Quien preside, debe ser capaz de consolar y guiar como
pastor (1 P. 5:2-3).
6. El don de misericordia
Es la capacidad sobrenatural de ayudar al necesitado y consolar al que sufre.
Quien ejercita este don debe no sólo “cumplir”, sino hacerlo con alegría. Muchas
veces es posible ayudar a otros con tristeza; y la tristeza se manifestará en queja
que procura despertar lástima (Ro. 12:8).
7. El don de sabiduría
Este don aparece en (1 Co. 12:8-10). Esta es la capacidad sobrenatural de
discernir la verdad doctrinal. En (1Co. 2:6-12), la sabiduría es presentada como
la verdad revelada de Dios. Alguien con el don de sabiduría tiene la capacidad
de discernir esta verdad revelada y comunicarla al pueblo de Dios. Se puede
observar que este don aparece primero en la listo de (1 Co. 12:28), por lo tanto,
es uno de los principales.
8. El don de Profecía
Este don de profecía es incluido en el listado de los dones. En esta línea es notorio
que el profeta recibe la revelación directa de Dios y comunicaba a la gente para
edificarla, exhortarla y consolarla (1 Co. 14:3). Los profetas del Nuevo
Testamento menciona a Agabo, el mismo que profetiza la hambruna que tendría
el mundo entero (Hch. 11:28), profetizó la prisión de Pablo (Hch. 21:10, 11).
Como se puede notar el don de profecía era importante antes de que se completara
el canon bíblico para la edificación de la Iglesia (1 Co. 14:3). Este don también
estaba relacionado con la fundación de la Iglesia (Ef. 2:20). Siendo que el
cimiento ya fue puesto, no hay necesidad del don profético, ya está la Iglesia, el
canon está completo.
9. El don de fe
Creer es tomarle la palabra a Dios. Fe es capacidad dada por Dios de creer en el
poder de Dios para suplir necesidades específicas. La fe es la que da movimiento
a la voluntad. La fe es descrita en Hebreos y es indispensable para poder agradar
a Dios (He. 11:6). Todos necesitamos creer (Ef. 2:8, 9). Pero el don de fe tiene
que ver con la capacidad de ejercitar confianza en Dios de forma extraordinaria.
Pablo alude a este don en (1 Co. 12:9; 13:2). Quien tiene este don es capaz de
desarrollar la visión que Dios hará las cosas que tienen que ser hechas, aunque al
resto le parezca imposible.
10. El don de Apóstol
La palabra apóstol es traducción del griego “ἀπόστολος” apostolos, que de
acuerdo a léxico significa “mensajero, representante, enviado, misionero, etc.”
En los evangelios los apóstoles son exclusivamente los doce (Mt. 10:2; Lc. 6:13;
9:1-10; 17:5). Los setenta (Lc. 10:1) no son llamados apóstoles. El libro de
Hechos destaca de forma especial que el número de los apóstoles debía de
mantenerse en 12 por el reemplazo de Matías por Judas (Hch. 1:21-26). Este

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

pasaje es importante porque da dos requisitos para el apostolado: 1) El haber sido


instruido directamente por el Señor Jesús desde el principio de su ministerio (v.
21), y 2) ser testigo presencial de la resurrección de Cristo (v. 22).
Este distintivo del apostolado es subrayado en (Hch. 5:29-32; 10:37-42). Pablo
afirma lo mismo en (Hch. 13:31). Como testigos de Cristo (Hch. 1:8), los
apóstoles enseñaron (Hch. 2:42), corroboraron su enseñanza con milagros (Hch.
5:12) y representaron la autoridad de Cristo en la iglesia (Hch. 2:42; 4:35-37;
5:1-11; 5:2-6: 9:27). En las epístolas, se mantiene la restricción del
reconocimiento del don de apóstol a un grupo muy reducido.
El don de apóstol sigue vinculado al ser testigo de la resurrección (1 Co. 9:1-2;
15:8). Pablo consideraba su apostolado como algo distintivo y necesario para que
su enseñanza fuese aceptada como autoridad (Gá. 1:1), especialmente ante la
presencia de falsos apóstoles (2 Co. 11:13; Ap. 2:2). En el encabezamiento de las
epístolas escritas cuando algún otro hermano lo acompañaba, Pablo es cuidadoso
en mantener la distinción entre su categoría como apóstol y la de ellos (1 Co. 1:1;
2 Co. 1:1; Gá. 1:1; Col. 1:1). Cuando no hace tal distinción (Fil. 1:1; 1 Ts. 1:1; 2
Ts. 1:1), no usa la palabra apóstol.
Hay otros nombres vinculados en el ministerio eclesial, pero no apelan al
apostolado como autoridad como Pablo. Además de haber visto al Señor
resucitado, las epístolas dicen que: 1) los apóstoles hacían milagros que
autenticaban sus ministerios (2 Co. 12:12; He. 2:3-4). Esto es corroborado en
Hechos, donde con la excepción de Felipe y Esteban, que recibieron la
imposición de las manos de los apóstoles, sólo los apóstoles hicieron milagros.
2) Los apóstoles tuvieron el ministerio, juntamente con los profetas, de ser el
fundamento de la Iglesia (Ef. 2:20). La piedra angular es Cristo (1 P. 2:6; 1 Co.
3:11), el fundamento son los apóstoles y profetas (Ef. 2:20; Ap. 21:14), y la
estructura mayor es la Iglesia (1 Co. 3:12-15). Debe recordarse que Efesios habla
de la Iglesia universal, no de la iglesia local. Por lo tanto, el poner el fundamento
de la iglesia local no hace a una persona apóstol. El término “apóstol” no es
sinónimo de “misionero”.
Por lo tanto, se concluye que el don de apóstol no está en función en la Iglesia
hoy. Tanto Judas como el escritor de Hebreos veían a los apóstoles como algo
del pasado, “nos fue confirmada por los que le oyeron” (He. 2:3-4). “tened
memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro
Señor Jesucristo” Judas 17-18. Fue un don limitado a un grupo reducido, quizá
sólo los Doce y Pablo, para el establecimiento del fundamento de la iglesia. Los
apóstoles tenían como requisitos: 1) el haber sido llamado e instruido
personalmente por el Señor Jesús, 2) ser testigos de su resurrección, 3) servir de
fundamento de la Iglesia y 4) autenticar su mensaje por medio de milagros.
11. El don sanidad
Primera de Corintios 12:9, 10. Aunque estos dones aparecen enumerados
separadamente, parece que sus características se solapan. Una sanidad directa es
un milagro y la mayoría de los milagros registrado en el Nuevo Testamento tienen
que ver con sanidad. Un milagro es la intervención sobrenatural y directa de Dios
en la esfera de lo natural para corroborar su mensaje. El don de hacer milagros
es la capacidad dada por Dios a los apóstoles para autenticar el mensaje
proclamado a través de acciones sobrenaturales del poder divino.

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

Pero es necesario distinguir entre las sanidades y el don de sanidad, como ocurría
con otros dones de señales, el don de sanidad terminó cuando se completó el
canon de las Escrituras; después ya no hubo ni hay necesidad de tal don de
sanidad. Sin embargo Dios puede sanar respondiendo a las oraciones de sus hijos,
pero también Dios puede sanar directamente sin ninguna persona. Esta distinción
se observa en el libro de los Hechos, donde Pedro sana a Eneas a través de su don
(Hch. 9:34). Pero Dios sanó a Tabita en respuesta a la oración de Pedro (Hch.
9:40). También se observa otras ocasiones donde Dios decide no sanar a las
personas (2 Co. 12:8, 9; 1 Ti. 5:23).
12. El don lenguas
El don de lenguas se encuentra en la lista de los dones y la palabra griega es
“γλῶσσα” que se traduce “lenguas”. El hablar en lenguas se dio durante el primer
siglo de la era de la Iglesia, luego no aparece más en la historia de la iglesia, hasta
el siglo IXX. Algunos lo relacionan con la llamada segunda bendición o el
bautismo del Espíritu Santo, lo cual no se ajusta al patrón bíblico. La Biblia
menciona que las lenguas eran idiomas (Hch. 2:6, 8, 11). También se debe notar
que es un don menor (1 Co. 12:28). El apóstol Pablo señaló que cesarían muchos
de los dones en especial los de milagros (1 Co. 13:8-10).
L. En la Iglesia
¿Por qué es importante este tema? Porque con frecuencia no se da a la Iglesia el valor
que tiene. ¿No ha escuchado alguna vez a algunos creyentes decir que no va más a la
Iglesia porque es creyente, porque Jesús está en su corazón y no necesita ir a la
Iglesia? Este es un serio error de concepto, porque la Iglesia es la expresión
corporativa de Cristo, es su cuerpo. Nadie debería sentir que está bien permanecer
aislado de la comunión de la congregación (He. 10:25).
1. Inició la Iglesia
El estudio del Nuevo Testamento indica que la iglesia es una entidad exclusiva
del Nuevo Testamento, en (Mt. 16:18) Jesús declaró “Edificaré mi Iglesia”
que indica en tiempo futuro. En Hechos 1:5, Jesús había dicho que los
creyentes serían bautizados con el Espíritu Santo, y el contexto indica que
comenzó en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió en el aposento
alto (Hch. 2:1-4). La manera como se cumple, encontramos en (1 Co. 12:13).
¿Quién nos “sumergió” (bautizó) en ese cuerpo? El Espíritu Santo. Fue el
Espíritu Santo quien produjo el milagro que constituyó ese cuerpo en el día de
Pentecostés. Y en la actualidad, cuando alguien acepta a Cristo como
Salvador, instantáneamente lo introduce (lo bautiza, lo sumerge) en ese
mismo cuerpo que es la Iglesia.
2. Da unidad a la Iglesia
El Espíritu Santo es el que hizo que la Iglesia fuera una unidad, de esa manera
la Iglesia es llamada a guardar esa unidad (Ef. 4:3, 4). No son los programas,
ni el buen carácter de los hermanos, ni el ejemplo de un líder lo que unifica a
la Iglesia. La unidad ya es hecha por el mismo Dios y los creyentes son
llamados a guardarla.
Si bien la obra de unificación la hace el Espíritu Santo, los hombres con su
carnalidad pueden romper la comunión de la iglesia local pero no la unidad
propiamente dicha. Pero ¡cuidado! El que provoca una división está actuando

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Compendio de doctrinas básicas de la UCE

contra el Espíritu Santo. Por el contrario, la tarea fundamental de cada


miembro de la iglesia, es cuidar la unidad y contribuir a ella.

IV. Emblemas del Espíritu Santo


A. La paloma
“También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como
paloma, y permaneció sobre él.” (Jn. 1:32). El Espíritu no descendió sobre ningún
otro de esta manera. En Génesis 1:2 el Espíritu Santo se movía sobre la faz de las
aguas, como una paloma entibiando sus huevitos. La paloma es una mansa y limpia
ave. Por tanto así son los que son del Espíritu: “mansos como palomas” (Mt.
10:16). Ciertamente un hermoso emblema del Espíritu Santo. La Palabra nos
presenta la ira del Hijo pero nunca la ira del Espíritu Santo.
B. Agua
“Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu
derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;” (Is. 44:3; Jn. 7:38,
39). Lo que el agua significa para los labios sedientos, y la lluvia significa para la
tierra seca, es lo que el Espíritu significa para cada ser humano. No hay nada que
calme esa sed mejor que el agua; no hay nada que satisfaga esa sequía del corazón
mejor que el Espíritu Santo.
C. El aceite
La Palabra describe algunas propiedades del aceite, entre estas se mencionan, dar luz,
consagrar, ungir y servir como remedio (He. 1: 9; Lc. 4: 18; Hch. 10: 38; 1 Jn. 2: 20),
este es mencionado en los sacrificios, aludiendo las perfecciones y la santidad de
Cristo y es símbolo del Espíritu Santo porque con ambos el individuo es ungido.
D. El sello
El sello es también un símbolo del Espíritu Santo, en la palabra de Dios el sello
representa identificación, propiedad, seguridad y autenticidad, en este caso, la
relación es particular con el creyente (Ef. 1: 13; 4: 30; 2 Co. 1: 22), el cual incide
desde la conversión hasta la redención.
E. Viento
“Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha
dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos,
y vivirán... Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre
vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.” (Ez. 37:9, 14; Jn.
3:3-8). El viento sugiere actividad. No se lo puede ver, pero es poderoso. La
visibilidad no es el límite de su acción. El viento también habla de limpieza Job
37:21.
F. Las arras
Finalmente se mencionará otro símbolo del Espíritu Santo, en este caso es las arras,
esto era los primeros frutos de una cosecha, y normalmente era una señal de garantía
para conseguir algo, en el caso del Espíritu Santo es el anticipo de los bienes eternos
que los creyentes recibirán de parte de Dios (Col. 1: 22; 2 Co. 5: 5; Ef. 1: 14).

Nota: Es muy importante hacer notar que los emblemas del Espíritu Santo, no tiene
aplicación actual. Lo que significa es que fueron usados como simbolos usados por
Dios, para su revelación y reconocimiento del Espíritu Santo por parte de los
hombres. Entonces queda claro que no es aplicable a esta edad de la Iglesia.

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