E.S. Compendio UCE
E.S. Compendio UCE
Antecedentes
Dios Espíritu Santo.- Tercera persona de la Trinidad. El Espíritu Santo, procede del Padre y
del Hijo, siendo una misma sustancia, esencia, majestad y gloria con ellos. (Jn. 14:26; 16:7-
13; Ro. 8:26; 1 Co. 12:11; He. 9:14). Por medio del Espíritu Santo el creyente es regenerado
hecho hijo y miembro de la familia de Dios, (Jn. 3:3-6; Tit. 3:5; Jn. 1:12). Junto con la
salvación y regeneración, el creyente recibe el bautismo del Espíritu Santo que es su
identificación en el cuerpo de Cristo, (Gá. 4:6; 3:14; 1 Co. 12:13); por nuestra posición en
Cristo ya somos santificados, apartados para la gloria de Dios (1 Co. 6:11). El Espíritu Santo
mora para siempre en el creyente, que es templo del Espíritu Santo. (Jn. 14:16-17; 1 Co.
6:19). También en la vida diaria hay una santificación progresiva del creyente por medio del
Espíritu Santo, con el propósito de transformarnos a la imagen de Cristo, (2 Co. 3:18). La
evidencia de esta obra progresiva se demuestra en el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23). Este
proceso se acelera cuando el creyente goza de la plenitud del Espíritu (Ef. 5:18), (Manual y
estatuto de la UCE).
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más clara después de Pentecostés. Tenemos, por lo tanto, mucha más luz acerca
del Espíritu que los creyentes del Antiguo Testamento, por consiguiente, hay más
responsables hoy más que ellos. Algunos de los pasajes son: (Mt. 1:18, 20; 28:19;
Mr. 1:8; Lc. 1:35; Lc. 1:41; Jn. 1:33; 14:26; 20:22; Hch. 1:2, 5, 8, 16; 2:4, 33;
20:28; Ro. 5:5; 9:1; 14:17; 1 Co. 6:19; 12:3; 2 Co. 6:6; 13:13; Ef. 1:13; 4:30; 1 Ts.
1:5–6; 2 Ti. 1:14; Tit. 3:5; He. 2:4; 3:7;1 P. 1:12; 2 P. 1:21; 1 Jn. 5:7; Jud. 20).
El Espíritu Santo posee las tres características de la personalidad que son: intelecto,
emoción y voluntad. El Espíritu Santo es un Ser que puede pensar (Intelecto),
sentir (Emoción), y actuar tomar decisiones (Voluntad). Hay los que dicen que el
Espíritu Santo es sólo la influencia de Dios actuando en una situación precisa, es
decir, el Espíritu Santo no es una persona, sino simplemente una expresión o
manifestación del poder de Dios. Sin embargo, el Espíritu Santo no es una fuerza
inmaterial, sino una Persona que puede pensar, sentir, y actuar. Más adelante se
verá que Él es la tercera Persona de la Trinidad.
B. Características
Hay muchas personas que creen que el Espíritu Santo es una persona, pero lo han
considerado como personalidad creada, y no como Dios mismo. Se han dado cuenta
de que el Espíritu Santo no es un “algo” impersonal, pero lo han considerado como
inferior al Padre, sin embargo la Biblia, le atribuye al Espíritu Santo no solo
características personales, sino también cualidades divinas. Estos atributos divinos
indican que el Espíritu Santo es Dios.
Uno de los distintivos del cristianismo es creer en el Espíritu Santo como persona.
Desde los primeros tiempos de la Iglesia hasta el postmodernismo actual, ha habido
quienes han negado la personalidad del Espíritu Santo en una forma u otra. Muchos
predicadores y teólogos llamados cristianos hablan como una influencia o energía
impersonal y no como una persona de la trinidad. Si así fuera los creyentes se
privaría de la mayoría de las bendiciones de la salvación. Pero para que uno sea una
persona, debe tener tres características que son: inteligencia, voluntad y emociones.
El Espíritu Santo tiene estas tres características.
1. Intelecto
La Biblia nos revela distintas maneras que el Espíritu Santo es una persona. Ante
todo le atribuye mente, el profeta Isaías dice: “Y reposará sobre él el Espíritu de
Jehová; (el רוחde )יהוהespíritu de sabiduría y de inteligencia…” (Is. 11:2). Juan
dice, de que “el Espíritu Santo a quien el Padre enviará… él os enseñará todas
las cosas…” (Jn. 14:26). El Apóstol Pablo da por sobreentendido cuando dice:
“porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Co. 2:10, 11)
y otros pasaje como (Ef. 1:17; Ro. 8:27; 1 Co. 2:13). Sin duda no son los únicos.
Lo que está claro que solo un ser que es inteligente puede enseñar y hacer lo que
hace (Jn. 6:63).
2. Voluntad
El Espíritu Santo como tercera persona de la trinidad, es absolutamente libre, él
hace lo que desea y lo que quiere hacer. No cambia, ni es obligado a hacer cosas
o deseos de nadie. Pablo usa el verbo griego (διαιροῦν) de la raíz “αιρεω”
(repartir), en alusión directa al Espíritu Santo, que reparte los dones “βούλομαι”
como él quiere (1 Co. 12:11). Pero también el Espíritu Santo dirige, el verbo
usado aquí es (εἴασεν) es un aoristo activo indicativo de la raíz “ἐάω” (permitir)
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que da el sentido de no permitir en este caso (Hch. 16:6-10). Indica que él cierra
puertas y abre puerta para predicar el evangelio.
3. Emociones
La tercera persona de la trinidad tiene emociones, las mismas que se encuentra
en relación con el creyente como recipiente del Espíritu Santo y el pecado
cometido o practicado por los hijos de Dios. El verbo usado en Efesios 4:30 es:
(λυπεῖτε) es presente, activo, indicativo, imperativo de la raíz “λυπέω” y tiene el
sentido de entristecer, contristar, afligir, causar prejuicio. Todas estas
características las encuentra en las Escrituras como el que describe una serie de
pecados que causan tristeza (Ef. 4:25-32).
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Es llamado Señor (2 Co. 3:17), se le llama Espíritu de Jesús (Hch. 16:79). También
es llamado Espíritu de adopción (Ro. 8:15), se lo identifica con Jehová (Hch. 28:25;
Is. 6:9, 10; Sal. 78:17-21). Otra forma, se habla de él como Dios (1 Co. 3:16; Ef.
2:22).
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c. Capacitó a otros.
Esto se lo puede observar en la referencia hecha respecto a quienes trabajarían
en los utensilios del tabernáculo, pues parece indicar que el Espíritu Santo
proveería en ellos una ayuda especial para capacitarlos en la elaboración y
construcción de la tienda de Dios (Ex. 31: 3, 35: 31).
3. Enseñó al pueblo en general.
Finalmente se observa que el Espíritu Santo operó en el pueblo de Israel
haciendo una obra didáctica, en el libro de Nehemías refiere que él de forma
personal les enseñó (Ne. 9: 20), esto manifiesta el gran cuidado divino a un
pueblo escogido pero rebelde en su andar.
C. En la revelación de las Escrituras
1. Revelación
Revelar es dar a conocer lo que de otra manera el hombre nunca podría saber. No
estamos hablando aquí de la ciencia humana, sino de las cosas profundas de Dios
(1 Co. 2:10). Sin este ministerio del Espíritu Santo, el hombre jamás habría
conocido a Dios y Su verdad. La revelación se refiere al material que se da a
conocer, y no al modo en que se da a conocer al producto o resultante.
El conocimiento divino es sumamente importante, porque es la fuente de todo
conocimiento del creyente. A lo largo de los siglos los hombres cristianos y no
cristianos, de manera igual se han interesado por el conocimiento. Desean saber la
verdad acerca de si mismos, de la naturaleza y de Dios. Tienen un ansia básica en
su propia naturaleza por conocer con certeza. Solamente por medio de la
revelación, el hombre alcanza un verdadero entendimiento de las cosas. Por la
revelación, Dios se manifiesta al hombre y también revela la verdadera naturaleza
de los seres que habitan en el mundo, así como los hombres y las cosas naturales.
La revelación divina es doble, es una revelación natural (Sal. 19:1-6) y sobre
natural (Gn. 3:15; He. 1:1-4)), dicho de otra manera es una revelación general y
otra la revelación especial. Este tema es más amplio en Bibliología, aquí se ve
desde lado del Espíritu Santo.
Los profetas del Antiguo Testamento anunciaban de antemano los sufrimientos de
Cristo. Sin la obra del "Espíritu de Cristo", los profetas nunca habrían podido
cumplir tal ministerio, (1 P. 1:10-12; Mi 3:8; 1 Co. 2:9, 10).
2. Inspiración
Por otro lado, la palabra inspiración, cuando tiene su sentido teológico, se refiere
al producto resultante o sea la Biblia. El significado común de la palabra, sin
embargo, es llenar o soplar. Generalmente comprende la idea de una influencia
externa. El vocablo griego theopneustos, que aparece en (2 Ti. 3:16), significa
simplemente soplada por Dios, es decir, hace referencia a la procedencia del soplo,
pero no necesariamente al destino del mismo.
Las expresiones en el libro de Samuel son muy importantes para la doctrina de la
inspiración bíblica, porque enseñan que las Escrituras inspiradas tienen como autor
divino y humano. David es el humano y se describe con cuatro frases en el
versículo. El autor divino es el Espíritu de Jehová, quien le dio al salmista las
palabras que había de hablar y escribir. “Estas son las palabras postreras de
David. Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El
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Pero al no tener un padre humano, sino a Dios por padre, no recibió esta herencia
de pecaminosidad, fue sin pecado.
El Espíritu Santo causó el nacimiento virginal del Mesías (Lc. 1:35). Fue el agente
principal en estampar las Escrituras inspiradas (2 P, 1:21; 2 Ti. 3:16). El Espíritu
Santo está involucrado en la regeneración o nuevo nacimiento de los creyentes (Jn.
3:3-7; Ef. 2:4). Otra importante obra del Espíritu Santo es la resurrección. Esta
obra también se atribuye al Trino Dios. Y el Espíritu Santo tendrá un papel
preponderante en la resurrección de los muertos (Ro. 8:11).
2. Ministerio de Jesucristo
La obra más importante del Espíritu Santo en los evangelios se centra en la persona
del Señor Jesucristo. Tal como fue profetizado (Is. 11:2, 3; 42:1-4; 61:1-3; Lc. 4:7-
21), el ministerio del Mesías sería realizado por la intervención y capacitación del
Espíritu Santo. El Señor Jesús fue concebido (Lc. 1:35; Mt. 1:20), ungido (Lc.
4:18; Hch. 4:27; 10:28; He. 1:9), llenado (Lc. 4:1; Jn. 3:24), sellado (Jn. 6:27),
dirigido (Lc. 4:1; Jn. 8:29), animado (Lc. 10:21), capacitado (Mt. 12:38; Lc. 4:14,
15, 18), asistido en su muerte (He. 9:14) y su resurrección (Ro. 1:4; 8:11 y 1 P.
3:18) por el Espíritu Santo.
Otro dato importante, el Señor Jesucristo vivió bajo la ley (Gá. 4:4; Mt. 5:17). La
dispensación de la ley terminó en la cruz “El fin de la ley es Cristo” (Ro. 10:4),
“anulando el acta de los decretos...clavándola en la cruz”, (Col. 2:14). Los sucesos
narrados en los evangelios ocurrió antes del inicio de la dispensación de la Iglesia,
porque su proyecto de formar Su Iglesia era futuro, “edificaré mi Iglesia”, (Mt.
16:16). En los evangelios, el Espíritu Santo estaba relacionado semejante a los
creyentes del Antiguo Testamento. Es así que el Espíritu Santo llenó a algunos
(Lc. 1:15, 41, 67), y en otros estaba (Lc. 2:25; Mt. 10:20), y vino sobre otros (Jn.
20:22). De manera que se debe tener cuidado de ver como aplicables para hoy lo
sucedido de ese período. Sin embargo, los evangelios anticipan la enseñanza del
Señor Jesucristo una nueva relación del Espíritu Santo con los creyentes. (Jn. 7:37-
39, Lc. 11:13 y Jn. 13-17).
E. En la transición Israel e Iglesia
Interrumpiendo la descripción de la obra del Espíritu Santo, observaremos ahora las
formas distintas de la intervención del Espíritu a través de la historia salvífica, estas
son las que nos ayudarán a ordenar y exponer consecuentemente ese actuar tanto en
el pasado como en nuestros días. Para tener claro el panorama de este importante
punto, mencionamos que el periodo transicional es “el lapso del actuar del Espíritu
Santo que comprende a partir del Antiguo Testamento, pasando por el Nuevo y
llegando a su impresionante actividad en nuestros días.
1. En el Antiguo Testamento.
En el Antiguo Testamento se tiene descripciones particulares del actuar del
Espíritu Santo, por ejemplo, inicialmente se lo menciona creando (Gn. 1: 2),
posteriormente denunciando el pecado (Gn. 6: 3, Neh 9: 30) y finalmente viniendo
sobre personas particulares para dotarlos de capacidad especial, para realizar algún
ministerio, ejemplo: Vino sobre Sansón (fuerza no común) (Jc. 13: 26, 14: 6, 15:
14), sobre Saúl (1 S. 10: 10), sobre David. (1 S. 16: 13), sobre Ezequiel (Ez. 11:
5), etc.
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2. En los evangelios
No siempre de la misma manera, pues en los evangelios se encuentra la enseñanza
que refiere que él podía venir pidiéndolo (Lc. 11: 13), razón por la cual muchos
estaban orando antes de pentecostés (Hch. 1: 14), también vino a través de soplo
(Jn. 20: 22).
3. En Hechos de los apóstoles
Ya en el libro de los Hechos se encuentran descripciones muy diferentes, pues esto
es justamente porque el Espíritu Santo operó transicionalmente. Observamos que
vino por la imposición de manos (Hch. 8: 17), extraordinariamente a los judíos en
pentecostés (120 en el aposento alto) (Hch. 2: 1-7), luego a los samaritanos (Hch.
8: 5), posteriormente a los gentiles (Hch. 10: 44) y, finalmente a los seguidores de
Juan el Bautista (Hch. 19: 2).
4. En nuestros días
A pesar que se dieron estas diferentes formas de actuar del Espíritu Santo, aún no
estaba la obra completa, pues el mismo Señor les había dado una promesa a sus
discípulos (Jn. 14: 16, 17), la misma que se haría real en la vida de los creyentes
actuales, es decir, que el Espíritu esté morando en ellos, hecho que manifiesta la
obra completa de Dios en el hombre (Ef. 1: 13).
F. En el incrédulo
En la obra inicial el Espíritu Santo estuvo en la creación, posteriormente se lo observa
nuevamente en la nueva creación la cual es también obra Trinitaria, Dios el Padre
predestina y elige, Dios el Hijo es que da su propia vida en rescate por el pecador y,
Dios el Espíritu Santo es el que aplica esa salvación efectuada por Cristo, pero ¿Cómo
la aplica?, respuesta dada en este punto, la obra en el pecador.
1. Lo controla
El Espíritu Santo en la vida del incrédulo hace una obra múltiple, primeramente y
tal vez lo más impresionante, observamos que es él quien mantiene su vida física
(Gn. 2: 7, Job 33: 4), también le concede ciertas capacidades (1 S. 19: 20), hombres
que no reflejaban en sus vidas que eran de Dios.
2. Frena su pecado
También el Espíritu Santo frena el pecado en el ser humano, promoviendo en él
bondad, la misma que no puede ser conseguida a menos que more en su vida, en
(2 Ts. 2: 7) refiere que el Espíritu Santo es quien detiene la fuerte intervención de
Satanás que energiza al hombre en su estado caído, como él mora en los creyentes
(1 Co. 6: 19; Ef. 2: 22), cuando ellos sean arrebatados, él saldrá del mundo en ellos,
entonces el misterio de la iniquidad tendrá la facilidad de operación.
3. Hace que se interese
El hombre por su naturaleza de pecado no tiene ningún interés en las cosas de Dios
(Jn. 3: 20; Ro. 3: 11), la Biblia hace referencia que el pecador se deleita en su
estado (Ro. 1: 21-24), prefiere su vida de pecado y más bien se inquieta cuando
alguien le habla de Dios y su relación con él.
Pero, muchas veces existe algo raro en el pecador, muchos manifiestan interés por
Dios, no es que sea una obra de su naturaleza (está muerto), sino es el interés
sincero y verás por Cristo, hecho y promovido por el Espíritu Santo; pues es él
quien prepara al incrédulo para interesarse por el evangelio, entre estos podemos
mencionar como ejemplo a Cornelio y a Lidia en (Hch. 10 y 16).
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4. Convence (certidumbre)
Es la convicción de la obra del Espíritu Santo por medio de la cual da prueba de la
veracidad del Evangelio. El pasaje central es Juan 16:7-11, hay tres palabras que
deben ser explicadas. Una de ellas es la palabra “convencer”, del griego ἐλέγχω,
“mostrar a alguien su pecado y llamarlo al arrepentimiento, refutar completamente
al adversario, probar su culpabilidad para producir una confesión de la verdad”.
La palabra se usa en (He. 11:1; Mt. 18:15; Jn. 3:20; 8:46; Stg. 2:9), con el sentido
de convencer absolutamente a la luz de una clara evidencia.
Otra palabra importante es “mundo” de (κόσμος), “orden, arreglo, sistema”. Esta
palabra se usa en el Nuevo Testamento con tres sentidos distintos. Se usa para
hacer referencia a, 1) la Tierra (Jn 1:10), 2) los habitantes de la Tierra (Jn. 3:16), y
3) al modo (sistema) de vida que viven las personas que no conocen a Dios (Jn.
9:39; 12:31; 14:17; 1 Jn. 2: 15). En Juan 16:7-11 kosmos combina los sentidos
segundo y tercero.
Finalmente, otra palabra importante es “Consolador”, de parakletos, “uno llamado
al lado de otro para asistirle”. Aquí la palabra se refiere al Espíritu Santo. Pero más
que un Consolador, el Espíritu Santo desempeña aquí la función de un abogado o
asesor legal que convence al mundo de culpa y llama al arrepentimiento a los
enemigos de Cristo.
Se señalan tres áreas en las que el Espíritu convence al mundo. En primer lugar, el
Espíritu convence al mundo de pecado (v. 9) porque el mundo es incrédulo. Esto
indica que quien se condena, lo hace no por ser pecador, sino porque siéndolo, se
niega a creer en Jesucristo para salvación (Jn. 3:19).
También el Espíritu convence al mundo de justicia. Esto lo hace a partir del hecho
de la resurrección y la ascensión de Cristo. Jesucristo fue crucificado como un
criminal, pero Dios manifestó públicamente su condición de Justo Hijo de Dios
con su resurrección y ascensión (Ro. 1:4; Hch. 2:32-36). Finalmente, el Espíritu
Santo convence el mundo de juicio, ya que el juicio de Satanás fue en la cruz (Jn.
12:31; 16:11; He. 2:14), anticipa el juicio de todos los que lo siguen.
El ministerio de convencimiento del Espíritu Santo debe ser una fuente de ánimo
a todos los que habiendo creído deben llevar el Evangelio a otros (Ro. 10:13, 14).
La responsabilidad del creyente no es convencer a los perdidos. Su responsabilidad
es anunciar clara y razonadamente el evangelio (1 P. 3:16; Jud. 22). El Espíritu
Santo convencerá los corazones de ellos. (Debe estar en la sección: En el
incrédulo)
5. Lo regenera
Como el hombre se encuentra en un estado desastroso, según la palabra de Dios,
condenados (Jn. 3: 18), destituidos de la gloria de Dios (Ro. 3: 23), débiles e impíos
(Ro. 5: 6), enemigos (Ro. 5: 10) sin entender las cosas espirituales (1 Co. 2: 14),
cegado espiritualmente (2 Co. 4: 3, 4) y muerto en delitos y pecados (Ef. 2: 1-3).
Es por esta condición que es Dios quien tiene que hacer la obra, es él quien tiene
que dar vida espiritual al hombre para que él pueda buscarlo, es a esta obra que se
le denomina el nuevo nacimiento o la regeneración, esto es justamente cuando
Dios de manera providencial da vida espiritual por medio del Espíritu Santo,
iniciando así en el hombre la posibilidad de una relación creciente y continua con
Dios.
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6. Lo bautiza
“El bautismo del Espíritu Santo es el acto por medio del cual el individuo es
añadido al cuerpo de Cristo”. Existe mucha confusión con este ministerio del
Espíritu que con otros. Las razones para esta confusión son varias. En primer lugar,
quienes confunden a Israel con la Iglesia no se dan cuenta que el bautismo del
Espíritu es uno de los mayores distintivos de la Iglesia.
Por otro lado, quienes insisten tanto en el bautismo del agua fallan en discernir que
pasajes como (Ro. 6:3, 4; Gá. 3:27; Ef. 4:5, y Col. 2:2) no pueden estar hablando
del bautismo del agua, porque lo que ahí se dice que el bautismo produce “vida
nueva” son “consolados”, los cuales no lo pueden producir ningún rito externo.
También, están los que confunden el bautismo del Espíritu con la llenura, la
regeneración, la morada, el sello o con una “segunda obra de gracia”. Todo lo cual
es resultado de ignorar la enseñanza bíblica sobre cada uno de esos temas.
Finalmente, ayudan a la confusión quienes hacen una vinculación no bíblica del
bautismo del Espíritu Santo con el don de lenguas. Son éstos quienes por lo general
hacen la diferencia entre ser bautizado por el Espíritu (1 Co. 12:13) y ser
bautizados con el Espíritu (Hch. 1:5). Pero omiten la distinción en ambos pasajes
la frase griega “en pneumati” es la misma. La preposición griega en se puede
traducir por las preposiciones españolas “en”, “por”, y “con”. Por tanto el bautismo
con, por o en el Espíritu es la misma cosa.
1. Definición.
La palabra griega “ἐβαπτίσθημεν” de la raíz “βαπτίζω” en (1 Co. 12:13),
“fuimos bautizados”, quiere decir: bautizar, lavar, sumergir. “El bautismo del
Espíritu Santo es el acto por medio del cual el creyente es añadido al cuerpo de
Cristo”.
El significado del bautismo del Espíritu Santo tiene que estar relacionado con
en el uso que el Nuevo Testamento hace de la palabra bautismo. La palabra
“bautismo” significa literalmente “sumergir”. ¿Para qué se bautizaba
(“sumergía”) a la gente en días del Nuevo Testamento? Pasajes tales como (Mt.
3:3, 11; 1 Co. 10:1-3), indican que el bautismo tenía como significado la
identificación.
Por medio del bautismo del Espíritu Santo el creyente es identificado con la
Iglesia universal. El bautismo del Espíritu Santo es el ministerio característico
de la Iglesia hoy. No se habla del bautismo del Espíritu para Israel. El bautismo
del Espíritu une en un solo cuerpo a judíos y a gentiles formando un nuevo
hombre (Ef. 2:15; Gá. 3:28). El bautismo del Espíritu Santo es el punto de
partida para la adoración en unidad en la Iglesia.
2. Referencia.
Hay en el Nuevo Testamento tres tipos de pasajes que hablan acerca del
bautismo del Espíritu Santo. Por un lado, están los pasajes que predicen que el
bautismo del Espíritu Santo ocurriría (Mt. 3:11; Mr. 1:7, 8; Lc. 3:16; Jn. 1:33 y
Hch. 1:5). Todos estos pasajes ven hacia adelante, lo cual indica que el bautismo
del Espíritu Santo no ocurrió ni en días del Antiguo Testamento, ni en días del
ministerio terrenal del Señor.
Por otro lado, está un único pasaje que recuerda que el bautismo del Espíritu
ocurrió (Hch. 11:15-17). Como aquí Pedro ve hacia atrás, evidentemente hacia
lo que ocurrió en Hechos 2, es conveniente estudiar con detalle ese pasaje.
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Compendio de doctrinas básicas de la UCE
Después se verá otros pasajes que explican el bautismo del Espíritu (1 Co.
12:13).
3. Hechos 2 y la tipología.
En primer lugar, Hechos 2 tiene un significado tipológico. Un tipo en la Biblia
es cualquier evento, ceremonia o cosa que prefigura una realidad espiritual
futura. Dios mandó a Israel que guardara siete fiestas en el transcurso del año
(Lv. 23). Cada una de las fiestas conmemoraba un acontecimiento en la historia
de la redención y predecía en forma de tipo otro acontecimiento en relación con
Israel y con el Reino. Cuatro de estas fiestas se celebraban en la primavera y
tres en el otoño.
De las fiestas de la primavera, dos se celebraban a principios de la estación
(pascua y panes sin levadura) y dos a finales de la estación (primicias y
Pentecostés). Las dos primeras anticipaban la redención de Israel y las dos
últimas la exaltación de Israel.
De estas fiestas, las tres principales, a las que todo varón judío estaba en la
obligación de acudir, eran la pascua, Pentecostés y tabernáculos (Dt. 16:16, 17).
La fiesta de los tabernáculos anticipaba el reino (Mt. 17:4) y las de Pascua y
Pentecostés, los requisitos para el establecimiento del reino: la redención por la
sangre y el derramamiento del Espíritu Santo.
La muerte del Señor Jesucristo cumplió la tipología de la pascua (1 Co. 5:7), y
el derramamiento del Espíritu Santo cumplió la tipología de Pentecostés (Hch.
2). A la luz de la tipología, habiéndose cumplido ya, desde la perspectiva de
Dios, los dos requisitos para el establecimiento del reino, sólo falta el
arrepentimiento de la nación de Israel para que el reino sea establecido (Hch.
3:19).
El propósito de traer la tipología a esta parte es dejar claro que el derramamiento
del Espíritu Santo tiene que ver con el programa de Dios para Israel. El
derramamiento del Espíritu es un hecho tan irrepetible como la misma muerte
de Jesús en la cruz. Buscar, como algunos hacen, una repetición de Pentecostés
en nuestros días es semejante a buscar una repetición del Calvario. Son eventos
que no necesitan repetición porque su tipología ya ha sido cumplida, su realidad
está vigente, y su eficacia es suficiente para todos los tiempos.
El hecho de que el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés tenga que
ver con el programa de Dios para Israel no implica, por otro lado, que carezca
de significado para la Iglesia. Se debe tener en cuenta que la Iglesia no fue
anticipada de forma explícita ni en la profecía ni en la tipología del Antiguo
Testamento. En (Ef. 3:1-7) se llama a la Iglesia un “misterio”, es decir, una
verdad no revelada hasta ese momento. No obstante, se debe notar que entre las
fiestas de la primavera y las fiestas de otoño existía un tiempo intermedio.
“Pentecostés” significa “cincuenta” en griego. Esta fiesta venía cincuenta días
después de la pascua.
De forma velada, este tiempo intermedio anticipaba el período de la Iglesia. La
Iglesia disfruta de los beneficios de la muerte de Cristo y el derramamiento del
Espíritu Santo mientras Israel se mantenga en incredulidad. Simultáneamente
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Compendio de doctrinas básicas de la UCE
con el derramamiento del Espíritu Santo ocurrió el bautismo del Espíritu Santo
(Hch. 11:15-17), hecho que dio comienzo a la Iglesia como cuerpo de Cristo.
La Iglesia no es Israel (1 Co. 10:32). No obstante, la Iglesia disfruta de algunos
de los beneficios del nuevo pacto (2 Co. 6), que es una profecía hecha para con
Israel (Jr. 31:33; Ez. 36:22). De la misma manera, la Iglesia también disfruta de
algunos de los beneficios del cumplimiento profético de Joel, que también es
una profecía hecha a Israel, “Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo” (Jl
2:27).
G. En el creyente
Una vez el incrédulo convencido por el Espíritu Santo y con vida nueva imputada, ha
llegado a ser un creyente en el cual el Espíritu Santo mora (1 Co 3: 16) y no solo
mora, sino que mora en forma permanente (Jn. 14: 16), tiempo en el cual realiza
grandes obras en él, observemos las siguientes.
1. En su relación personal con Dios.
Cuando el creyente salvo por la sangre de Cristo practica permanentemente la
oración y la lectura bíblica, se puede dar cuenta a través del discernimiento, que
por su nueva naturaleza debe llevar una vida de santificación, la misma que se
refleja en su vida privada, pública y ministerial.
En la palabra de Dios la santificación es vista como una acción procesual, en la
cual el creyente muestra rasgos diferentes a los que el mundo expone y al mismo
tiempo demuestra que ama a Dios, que es sumiso a su Palabra y sobre todo que
representa de una manera fidedigna a Cristo en su vida.
a. Promueve santificación
Cuando hablamos de santificación en la vida del creyente nos estamos
refiriendo a una vida en santidad práctica, vida que se muestra completamente
separada del pecado con el propósito firme de dedicarse a Dios (1 Ts. 4: 3).
Ésta, parte de la santificación posicional, es decir desde que el creyente está en
Cristo, tiene que ver con la mortificación del viejo hombre y el nacimiento a la
vida nueva (2 Co. 5: 17a, Gá. 2: 20b), luego sigue más propiamente con la
santificación progresiva es decir el andar Cristo, acto que tiene que ver con el
avivamiento del nuevo hombre, desde el nuevo nacimiento hasta llegar al estado
final y bendito del creyente (Fil. 2: 12).
b. Da seguridad de su salvación
Esta acción es producida mediante esa presencia interior activa del Espíritu
Santo en el creyente, la misma que es mencionada en la Palabra como la morada
del Espíritu, observe la preposición “en” (Jn.14:16-17), además esta tiene una
estrecha relación con el sello, pues su presencia constituye dicho sello (2 Co. 1:
22) el cual da seguridad y garantía de nuestra herencia espiritual (Ef. 1: 13, 14,
2 P. 1: 3-5).
c. Produce una vida espiritual genuina.
El creyente debe evidenciar una vida espiritual que refleje genuinamente la vida
de Cristo en él, esto es justamente producido por el Espíritu Santo, pues es él
quien estimula al creyente a orar (1 Ts. 5: 17, Ro. 8: 26, Jud. 20), a tener un
entendimiento espiritual a través de la lectura y práctica de la Biblia (1 Co. 2:
10, 14, 15, Col. 3: 16; 2 Ti. 3: 14-17), por otro lado produce gratitud y
reconocimiento a Dios (Ef. 5: 19-20; Col. 3: 16-17) y finalmente da fortaleza
espiritual en la vida cristiana (Ef. 3: 16).
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Compendio de doctrinas básicas de la UCE
2. En su ministerio
El ministerio del creyente no es realizado, ni motivado a través de sus fuerzas, la
Palabra refiere a la persona impulsora de ese ministerio y, de manera consistente
menciona al Espíritu Santo actuando en el creyente para que él lleve adelante su
ministerio y aparte de ello, que produzca el fruto que Dios desea, entre estas
acciones mencionamos las siguientes:
a. Lo dota de recursos para la realización ministerial
Esta actividad del Espíritu Santo se realza a través de la dotación de los dones
espirituales (1 Co. 12: 4, 7), todos los creyentes tienen esta bendición de Dios
para su ministerio, es por esta razón que el apóstol Pedro orienta a los creyentes
a ponerlo a disposición de los demás, en el lugar oportuno para provecho (1 P.
4: 10, 11).
Estos están definidos en la palabra de Dios, los cuales deben ser descubiertos
en la práctica cristiana, desarrollados en el hogar, la iglesia y el mundo,
dedicados permanentemente en el servicio a Dios y disciplinados por medio de
la naturaleza que Dios mismo impuso.
b. Lo capacita para la realización ministerial
Esta acción del Espíritu Santo apunta específicamente a la capacitación del
creyente para que sepa y pueda ejercer el don que ha recibido, dado que hay
algunos hermanos que no saben cuál es su don y, por ello no lo están ejerciendo,
estos son los que deben ser capacitados por el Espíritu Santo a poner en práctica
esa capacidad espiritual que recibió en el momento de su conversión y, de esa
manera bendecir a la iglesia y demás.
c. Lo guía
Una de las alusiones del Señor Jesús respecto al ministerio del Espíritu Santo
fue que él guiaría a toda verdad (Jn. 16: 13) de la misma manera el apóstol Pablo
secunda esta aseveración mencionando que los hijos de Dios son guiados por el
Espíritu (Ro. 8: 14).
Este aspecto práctico en la vida del creyente es manifiesto de manera específica
en el conocimiento de la voluntad de Dios, la misma que tiene una mención
definida en la palabra de Dios, pero que al mismo tiempo, se expone para que
el creyente por medio de la guía del Espíritu Santo reconozca el deseo divino.
d. Lo llena
Aunque este tema lo estudiaremos más adelante extensamente, es menester
mencionar que esta acción del Espíritu Santo para el ministerio del creyente es
vital; pues no se puede negar que realmente es del Espíritu, pero realizada en el
creyente que voluntariamente se rinde a él, pues es un mandato, aunque esta
expresado en voz pasiva, lo que hace afirmar que en ella interviene tanto el
poder del Espíritu Santo, como la responsabilidad del creyente.
3. En su ser
Como creyentes estamos siempre movidos por aquella virtud espiritual que nos
sostiene y nos proyecta a realizar un servicio, el mismo que también tiene una
suma, la misma que se manifiesta en la propia persona, no en hecho, la obra o el
ministerio, sino en el ser, en lo que es esencialmente el creyente, observemos como
lo hace el Espíritu.
a. Lo satisface
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Compendio de doctrinas básicas de la UCE
b. Le testifica
Otra obra importante en el ser del creyente por parte del Espíritu Santo, es que
es él quien le testifica que es hijo de Dios (Ro. 8: 14, 16), naturaleza que le fue
dada en el momento de creer en Cristo (Jn. 1: 12), el cual lo impulsa a progresar
de manera sensible en Cristo y por ende en tener un gozo de tener una familia
divina.
H. Los dones del Espíritu
“Un don espiritual es la capacidad dada por Dios al creyente para el servicio en Su
Iglesia”. La enseñanza sobre los dones del Espíritu Santo, se centra en cuatro pasajes
del Nuevo Testamento: Romanos 12, 1 Corintios 12, Efesios 4 y 1 Pedro 4. Los dones
del Espíritu son indispensables para la edificación del cuerpo de Cristo.
1. Descripción
Esta parte se da inicio, viendo los dones espirituales, como obra de la Trinidad, los
cuales son:
a. Dados por el Espíritu Santo
En (1 Co. 12:1) la palabra traducida “dones espirituales” es pneumatika, “cosas
espirituales”. Pablo sigue aquí el método que ha usado para tomar las
expresiones usadas por los corintios y redefinirlas, podría ser que (pneumatika)
implicara cierta influencia del pensamiento griego que diferenciaba lo terrenal
de lo espiritual. De cualquier forma, la palabra da a conocer que los dones son
producto de la acción sobrenatural del Espíritu Santo.
b. Regalos de la gracia de Dios.
En (1 Co. 12:4-7), Pablo se refiere a los dones como karismata, “gracias, dones,
dádivas”. Viene de karis, “gracia”. Podría ser que Pablo sustituyera la palabra
favorita de los corintios por la propia para subrayar la falta de razones para
enorgullecerse por tenerlos. Los dones no son indicadores de santidad o méritos
personales (1 Co. 3:1-3).
c. Dones de Cristo
En (1 Co. 12:5) Pablo usa la palabra diakoniai, “servicios, ministerios”. Los
dones no son para la vida privada o el aprovechamiento personal (La ironía en
1 Co. 14:4), sino para el servicio a los creyentes.
d. Dones de Dios el Padre
En (1 Co. 12:6) Pablo usa el término griego (ἐνέργημα), “acciones
sobrenaturales”. Los dones espirituales son exclusivos de los creyentes y
efectivos no por quien los posee sino por quien los da.
e. Dones que manifiestan la bondad de Dios.
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En (Ef. 4:8) se usa la palabra domata, “buen regalo, dádiva” (Ro. 8:32 y Stg.
1:17), y la referencia es más a los hombres capacitados que Dios da a la Iglesia
que a los dones que Dios da a los individuos. El sentido aquí, es algo distinto al
de los otros pasajes.
2. Distinción
De acuerdo a lo antes dicho, es posible determinar lo que los dones espirituales no
son: un talento o habilidad natural. Los talentos son resultados innatos del
nacimiento físico. Los dones espirituales son resultado del nacimiento espiritual.
Desde luego, el don espiritual puede expresarse a través y en relación con el talento
natural, pero nunca uno puede llegar a ser el otro. No es lo mismo que la
responsabilidad general de todo creyente. Todo creyente tiene la responsabilidad
de evangelizar, enseñar, ejercitar la fe, misericordia, servir. El siguiente cuadro
debe ayudar a distinguir entre los dones espirituales y los talentos naturales:
3. Provisión
Consideración, ¿quién da los dones espirituales? En (1 Co. 12:4-7), dice que los
dones espirituales son dados por la Trinidad, en (Ef. 4:7-11) detalla que los dones
son dados por el Señor Jesucristo al creyente para el beneficio de la iglesia, a través
del Espíritu Santo de forma soberana, al momento de la salvación, sobre la base de
la gracia.
4. Distribución
En 1 Corintios se describe que el Espíritu Santo es el que distribuye los dones
“como él quiere” (1 Co. 12:11, 18). Son dados soberanamente. El Espíritu Santo
decide en base a su voluntad y del propósito de la vida de cada creyente y de la
Iglesia en general. Un ejemplo claro no es el soldado el que pide al comandante el
lugar que quiere ocupar en el campo de batalla. Es el comandante quien diseña la
estrategia y asigna las posiciones de cada soldado. En consecuencia a lo dicho
anteriormente, los dones no son dados en respuesta a la oración, ni como resultado
de enseñar. Por tanto deben ser apreciado (1 Co. 12:15), no deben se envidiados
(1 Co. 12:24), ni usados para vanagloria personal (Ro. 12:3) y debe ser ejercitados
(1 Ti. 4:14). Nuestra actitud hacia los dones debe ser de gratitud, contentamiento
y consagración.
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Es importante notar a la luz de las Escrituras como en (Ef. 4:7; 1 Co. 12:7, 11, 17;
1 P. 4:10), que todo creyente tiene por lo menos un don. Por otro lado, es posible
que el creyente pueda tener más de un don, como el ejemplo que Pablo lo ilustra.
Pero desde luego, no es posible tener todos los dones (1 Co. 12:21). En relación al
tiempo, de cuando lo adquieren. Si es algo que sólo los creyentes tienen, no puede
ser dado antes de su conversión. Si es algo que todos los creyentes tienen, tiene
que ser dado al momento de su conversión. De otra manera, existirían creyentes
sin dones.
Los dones espirituales son dados en base a la gracia de Dios (Ro. 12:3; Ef. 4:7; 1
P. 4:10). Por lo tanto, no es evidencia de madurez espiritual (1 Co. 1:7; 3:1-3) ni
de educación (1 Co. 1:26). Los dones son dados “para provecho” (1 Co. 12:7),
“para que todos los miembros se preocupen los unos por los otros” (1 Co. 12:25),
“para la edificación de la iglesia” (1 Co. 14:2), “a fin de perfeccionar a los santos
para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:12).
5. Clasificación
Los dones pueden ser clasificados de varias maneras. Hay dos clasificaciones
principales que el Nuevo Testamento sugiere. En primer lugar, se distingue entre
los dones que ponen el fundamento de la Iglesia y los dones que sobreedifican
sobre ese fundamento (1 Co. 3:10; Ef. 2:20). Dentro de los dones que ponen el
fundamento de la Iglesia evidentemente están los dones de apóstol y profeta.
Además, vinculados a estos dones estaban los de señales en general, como los de
sanidades, lenguas, milagros (2 Co. 12:12; He. 2:3, 4). Los dones que
sobreedifican sobre este fundamento son los demás.
Sobre la anterior clasificación, se distinguen los dones temporales y los dones
permanentes. Por un lado, siendo que el fundamento del edificio espiritual de la
Iglesia sólo se pone una vez (Ef. 2:20; Jud. 3), y dando evidencia al respecto (He.
2:3, 4; Jud. 3), es correcto decir que los dones relacionados con el establecimiento
de ese fundamento cumplieron su cometido en el primer siglo.
Por otro lado, la Biblia anuncia el fin de algunos dones: “El amor nunca deja de
ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará” (1
Co. 13:8). Estos tres dones comunicaban una revelación incompleta: “Porque en
parte conocemos, y en parte profetizamos” (1 Co. 13:9), Pablo anuncia al mismo
tiempo, la llegada de la revelación completa y el final de los dones: “Mas cuando
venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará” (1 Co. 13:10, 11, 12).
Pablo contrasta la temporalidad de estos tres dones con la permanencia de tres
virtudes: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el
mayor de ellos es el amor” (1 Co. 13:13). La fe y la esperanza duran hasta la
segunda venida del Señor. Cuando el Señor Jesucristo regrese por segunda vez
sólo permanecerá el amor (1 Co. 13:8) porque la fe y la esperanza habrán cumplido
su propósito (1 Jn. 3:2 con Jn. 20:29; He. 11:1).
I. Descubrimiento de los dones
Cada uno de los que han nacido de nuevo por la fe tienen por lo menos un don
espiritual (1Co. 12:11). Descubrir el don que tiene le ayudará a entender qué es lo que
Dios quiere que haga con su vida. También le ayudará a conocerse mejor y a saber
qué áreas debe desarrollar.
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Pero es necesario distinguir entre las sanidades y el don de sanidad, como ocurría
con otros dones de señales, el don de sanidad terminó cuando se completó el
canon de las Escrituras; después ya no hubo ni hay necesidad de tal don de
sanidad. Sin embargo Dios puede sanar respondiendo a las oraciones de sus hijos,
pero también Dios puede sanar directamente sin ninguna persona. Esta distinción
se observa en el libro de los Hechos, donde Pedro sana a Eneas a través de su don
(Hch. 9:34). Pero Dios sanó a Tabita en respuesta a la oración de Pedro (Hch.
9:40). También se observa otras ocasiones donde Dios decide no sanar a las
personas (2 Co. 12:8, 9; 1 Ti. 5:23).
12. El don lenguas
El don de lenguas se encuentra en la lista de los dones y la palabra griega es
“γλῶσσα” que se traduce “lenguas”. El hablar en lenguas se dio durante el primer
siglo de la era de la Iglesia, luego no aparece más en la historia de la iglesia, hasta
el siglo IXX. Algunos lo relacionan con la llamada segunda bendición o el
bautismo del Espíritu Santo, lo cual no se ajusta al patrón bíblico. La Biblia
menciona que las lenguas eran idiomas (Hch. 2:6, 8, 11). También se debe notar
que es un don menor (1 Co. 12:28). El apóstol Pablo señaló que cesarían muchos
de los dones en especial los de milagros (1 Co. 13:8-10).
L. En la Iglesia
¿Por qué es importante este tema? Porque con frecuencia no se da a la Iglesia el valor
que tiene. ¿No ha escuchado alguna vez a algunos creyentes decir que no va más a la
Iglesia porque es creyente, porque Jesús está en su corazón y no necesita ir a la
Iglesia? Este es un serio error de concepto, porque la Iglesia es la expresión
corporativa de Cristo, es su cuerpo. Nadie debería sentir que está bien permanecer
aislado de la comunión de la congregación (He. 10:25).
1. Inició la Iglesia
El estudio del Nuevo Testamento indica que la iglesia es una entidad exclusiva
del Nuevo Testamento, en (Mt. 16:18) Jesús declaró “Edificaré mi Iglesia”
que indica en tiempo futuro. En Hechos 1:5, Jesús había dicho que los
creyentes serían bautizados con el Espíritu Santo, y el contexto indica que
comenzó en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió en el aposento
alto (Hch. 2:1-4). La manera como se cumple, encontramos en (1 Co. 12:13).
¿Quién nos “sumergió” (bautizó) en ese cuerpo? El Espíritu Santo. Fue el
Espíritu Santo quien produjo el milagro que constituyó ese cuerpo en el día de
Pentecostés. Y en la actualidad, cuando alguien acepta a Cristo como
Salvador, instantáneamente lo introduce (lo bautiza, lo sumerge) en ese
mismo cuerpo que es la Iglesia.
2. Da unidad a la Iglesia
El Espíritu Santo es el que hizo que la Iglesia fuera una unidad, de esa manera
la Iglesia es llamada a guardar esa unidad (Ef. 4:3, 4). No son los programas,
ni el buen carácter de los hermanos, ni el ejemplo de un líder lo que unifica a
la Iglesia. La unidad ya es hecha por el mismo Dios y los creyentes son
llamados a guardarla.
Si bien la obra de unificación la hace el Espíritu Santo, los hombres con su
carnalidad pueden romper la comunión de la iglesia local pero no la unidad
propiamente dicha. Pero ¡cuidado! El que provoca una división está actuando
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Nota: Es muy importante hacer notar que los emblemas del Espíritu Santo, no tiene
aplicación actual. Lo que significa es que fueron usados como simbolos usados por
Dios, para su revelación y reconocimiento del Espíritu Santo por parte de los
hombres. Entonces queda claro que no es aplicable a esta edad de la Iglesia.
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