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Guion Liturgico - Admisión A Las Sagradas Órdenes 2021

Este documento describe una solemne eucaristía celebrada en el Seminario San Buenaventura en Mérida, Venezuela. Tres hombres, David Josué Rodríguez García, Jonatán Josué Rodríguez García y Pedro de Jesús Lobo Ramírez, recibirán la admisión a las sagradas órdenes del diaconado y presbiterado de manos del Obispo Auxiliar Luis Enrique Rojas Ruiz. La misa incluye lecturas de Isaías, los Salmos y Pablo sobre la vocación al sacerdocio y el llam
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Guion Liturgico - Admisión A Las Sagradas Órdenes 2021

Este documento describe una solemne eucaristía celebrada en el Seminario San Buenaventura en Mérida, Venezuela. Tres hombres, David Josué Rodríguez García, Jonatán Josué Rodríguez García y Pedro de Jesús Lobo Ramírez, recibirán la admisión a las sagradas órdenes del diaconado y presbiterado de manos del Obispo Auxiliar Luis Enrique Rojas Ruiz. La misa incluye lecturas de Isaías, los Salmos y Pablo sobre la vocación al sacerdocio y el llam
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ARQUIDIÓCESIS DE MÉRIDA – VENEZUELA

SEMINARIO SAN BUENAVENTURA


MÉRIDA - VENEZUELA
I

SOLEMNE EUCARISTIA

Admisión a las Sagradas


Órdenes del Diaconado y
Presbiterado

De manos del

Excmo. Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz


Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida.

MAYO 2021
DE

David Josué Rodríguez García


De la Parroquia San José de Mucuchachí.

Jonatán Josué Rodríguez García


De la Parroquia San José de Mucuchachí.

Pedro de Jesús Lobo Ramírez


De la Parroquia Santa Bárbara de Chachopo.

“Señor ¿a quién iremos?


Tú tienes palabra de vida eterna”
Jn 6,68.

1
MONICIÓN DE ENTRADA.
El monitor, dice:
Buenos días queridos hermanos en Cristo Jesús.
A ejemplo de las primeras comunidades cristianas, nos reunimos hoy en torno al altar
del Señor para celebrar juntos como hermanos la Eucaristía; acción de gracias por
excelencia.
Muchos son los motivos que nos impulsan a ser agradecidos con el dueño de la mies,
especialmente porque sigue llamando trabajadores a su viña. El llamado a la vocación
es un regalo del Señor para con sus hijos, un llamado que exige renuncias y sacrificios,
que sin duda son recompensados por el más puro amor.
Hoy nuestra Seminario San Buenaventura se llena de regocijo y bendice al Buen
Pastor porque tres hijos de esta tierra emeritense dan un paso importante en su
proceso de formación hacia el sacerdocio ministerial. Ellos son: David Josué, Jonathan
Josué y Pedro de Jesús, quien de manos del Excmo. Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz,
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida; recibirán la Admisión a las Sagradas
Órdenes del Diaconado y Presbiterado. Guiados por el Espíritu Santo, quieren seguir
configurándose a Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, quien los ha llamado a servirle
en sus hermanos. Dispongámonos como una sola familia llena de fe a vivir esta
Eucaristía, signo de llamamiento dado desde el amor incondicional de Dios.

2
R I T O S IN C IA L ES .
Se inicia la procesión desde el lugar preparado, con el ritual de costumbre: La cruz procesional y ciriales, Seminaristas,
Ministros, Diacono y el Obispo. Reunido el pueblo, el celebrante con el diacono, ministros y seminaristas van al altar,
mientras se entona el canto de entrada.
Cuando llegan al altar, el Obispo con los ministros hacen la debida reverencia, besan el altar y, si se juzga oportuno, se
inciensa. Después se dirige con los ministros a la sede. Terminado el canto de entrada, el Obispo, los sacerdotes y los
fieles, de pie, se santiguan, mientras el Obispo dice:
 En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.
SALUDO
Después el celebrante, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
La paz, la caridad y la fe,
de parte de Dios Padre,
y de Jesucristo, el Señor,
estén con todos ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
Acto penitencial
A continuación se hace el acto penitencial con la siguiente formulario:
El Obispo invita a los fieles diciendo:
Humildes y penitentes, como el publicano en el templo,
acerquémonos al Dios justo,
y pidámosle que tenga piedad de nosotros,
ya que también nosotros reconocemos
que somos pecadores.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios,
nuestro Señor.
Sigue la absolución del Obispo:
Dios todopoderoso
3
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.
A continuación el coro entona el Señor ten piedad, al cual todos acompañan cantando.
Inmediatamente, se canta el Himno del Gloria si el tiempo lo indica:
ORACIÓN COLECTA
Acabado el himno, el Obispo, con las manos juntas dice:
Oremos.
Y todos junto con el Obispo rezan en silencio durante unos instantes.
Luego el Obispo con las manos extendidas pronuncia la oración colecta.

S eñor Dios, que quisiste proveer de pastores a tu pueblo,


infunde en tu Iglesia tal espíritu de piedad y fortaleza,
que suscite ministros dignos de tu altar
y los haga ser valientes y humildes promotores del Evangelio.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amen.
Todos se sientan, y se disponen a escuchar atentos la Palabra de Dios.

L I T U RG IA D E L A PA LA B RA
Comenzamos a formar parte de la Liturgia de la Palabra, los lectores se acercan al ambón y entonan las lecturas
indicadas.
MONICIÓN DE LA PRIMERA LECTURA.
El monitor, dice:
La visión profética de Isaías nos pone en contexto con la vocación y la santidad.
En todos los casos de vocación que nos narra la Biblia hay siempre un constante:
Dios llama para confiar una misión. Escuchemos con atención.

PRIMERA LECTURA (IS 6, 1 – 2. 3 – 8)


“¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?”

LECTURA DEL LIBRO DEL PROFETA ISAÍAS.


El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono muy alto y
magnifico. La orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines junto a él, con
seis alas cada uno, que se gritaban el uno al otro: “Santo, santo, santo es el Señor, Dios
de los ejércitos; su gloria llena la tierra”.
4
Temblaban las puertas al clamor de su voz y el templo se llenaba de humo. Entonces
exclamé: “¡Ay de mí!, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros, que
habito en medio de un pueblo de labios impuros, porque he visto con mis ojos al rey y
Señor de los ejércitos”. “mira: esto ha tocado tus labios. Tu iniquidad ha sido quitada
y tus pecados están perdonados”.
Escuche entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte
mía?” yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”.
El lector concluye cantando.
Palabra de Dios.
El coro y la asamblea responden cantando.
Te alabamos Señor.
SALMO RESPONSORIAL (138)
¿A dónde iré yo lejos de ti? ¿Dónde escaparé de tu mirada?
Seguidamente el salmista entona el salmo desde el ambón.
R. CONDÚCENOS, SEÑOR, POR TUS CAMINOS.
El salmista invita al pueblo a invocar la antífona

L. Tú me conoces, Señor, profundamente:


tú conoces cuando me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos,
tú observas mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. /R

L. ¿A dónde iré yo lejos de ti?


¿Dónde escaparé de tu mirada?
Si subo hasta el cielo, allí estás tú;
si bajo al abismo, allí te encuentras. /R

L. Si voy en alas de la aurora


o me alejo hasta el extremo del mar,
también allí tu mano me conduce
y tu diestra me sostiene. /R

L. Tú formaste mis entrañas,


me tejiste en el seno materno.
Te doy gracias por tan grandes maravillas;
soy un prodigio y tus obras son prodigiosas. /R

5
MONICIÓN DE LA SEGUNDA LECTURA
El Monitor, dice:
La perícopa de Corintios, que escucharemos a continuación, se remonta a describir el
sentido de la misión de Pablo de Tarso, que no es otra que el anuncio de la Buena
Noticia. El Apóstol se siente como un profeta, forzado a predicar. Nos recuerda el
ejemplo de Jeremías. ¿Qué paga espera Pablo? No otra que participar en la misma
Buena Noticia que anuncia. Escuchemos.

SEGUNDA LECTURA (1 CO 9, 16 – 19. 22 – 23)


¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS.
Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de
mí si no anuncio el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, recibiría mi salario;
pero si no lo hago por propia voluntad, es que me han confiado una administración.
Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de
balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más
posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho
todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio,
para participar yo también de sus bienes.
El lector concluye cantando.
Palabra de Dios.
El coro y la asamblea responden cantando.
Te alabamos Señor.

MONICIÓN AL EVANGELIO
El Monitor, dice:
Mateo nos presenta los destinatarios de la misericordia de Jesús; los marginados por la
sociedad, el ancho mundo de los maltratados y abatidos. El Mesías, ha anunciado el
comienzo del reinado de Dios con palabras y obras. Es justamente en la opción
preferencial por el pobre donde la Iglesia se juega la credibilidad de su misión.
Escuchemos atentamente.
Sigue el canto antes del evangelio. Mientras tanto, el Obispo, pone incienso en el incensario.
Después el diácono (o el con-celebrante que ha de proclamar el evangelio), inclinado ante el celebrante, pide la
bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
El celebrante en voz baja, dice:

6
El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio;
en el nombre del Padre y del Hijo †
y del Espíritu Santo.
El diácono responde:
Amén.
Prosigue el canto interleccional.

EVANGELIO (MT 9, 35 - 38)


El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO.
El pueblo responde:
Gloria a ti Señor.
Prosigue el ministro ordenado:
En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus
sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas
las dolencias. Viendo a la multitud, se conmovió por ellos, porque estaban extenuados
y abandonados, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos:“La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos;
rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su viña.”
El ordenado concluye cantando.
Palabra del Señor.
El coro y la asamblea responden cantando.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Luego de la proclamación del Evangelio, se hace la presentación de los catequizados.

R I T O D E A D M I S IÓ N
Terminado de leer el Santo Evangelio, se hace la presentación de los que serán admitidos.
MONICIÓN PARA DAR INICIO AL RITO.
El monitor, dice:
A continuación se dará inicio al Rito de Admisión a las Sagradas Ordenes del
Diaconado y Presbiterado con la presentación de los aspirantes. La Admisión es un
rito que se realiza con la finalidad de manifestar el propósito y deseo, de aquellos que
se preparan para el ejercicio del sacerdocio ministerial, de ser admitidos entre los
candidatos a las Sagradas Órdenes.
Ha llegado el momento en que impulsados por el amor a Cristo y sintiéndose
fortalecidos por la acción íntima del Espíritu Santo, estos hermanos nuestros, deben
manifestar públicamente, su deseo de consagrarse al servicio de Dios y de los hombres.

7
P r e s e n ta c ió n D el A s p i ra n t e
MONICIÓN DE PRESENTACIÓN
El monitor, dice:
Seguidamente el presbítero Gerardo Ramírez, formador de nuestra casa de formación
sacerdotal San Buenaventura de Mérida, llama a los aspirantes.

El presbítero delegado, dice:


Acérquense quienes van a ser admitidos a las Sagradas Órdenes:
*David Josué Rodríguez García, de la Parroquia San José de Mucuchachí.
*Jonathan Josué Rodríguez García, de la Parroquia San José de Mucuchachí.
*Pedro de Jesús Lobo Ramírez, de la Parroquia Santa Bárbara de Chachopo.
Los aspirantes se acercan al Obispo, primero hacen una reverencia y posteriormente responden.
Presente.

MONICIÓN DE PETICIÓN
El monitor, dice:
A continuación, el presbítero Reinaldo Muñoz Contreras, Rector del Seminario
Arquidiocesano San Buenaventura de Mérida, presenta al señor Obispo a los
aspirantes.

PETICIÓN DEL RECTOR


El Pbro. Reinaldo Muñoz, Rector del Seminario, dice:
Excmo. Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de
Mérida, estos hijos de la Santa Madre Iglesia, hoy se acercan libremente para pedir ser
Admitidos a las Sagradas Órdenes del Diaconado y Presbiterado.

ACEPTACIÓN DEL OBISPO


El Obispo los acepta con las siguientes palabras:
Con el auxilio de Dios y de Jesucristo nuestro Salvador los aceptamos y en señal de
contento le recibimos con un aplauso.
El coro canta:
DEMOS GRACIAS DE DIOS
Prosigue la homilía del señor Obispo.
MONICIÓN A LA HOMILIA
El Monitor, dice:

8
A continuación, nos disponemos a escuchar atentamente la homilía. Nos podemos
sentar.
Concluida la homilía, seguimos con el rito de la Admisión a las Sagradas Órdenes.

EXAMEN
Terminada la Homilía, se pasa al examen. El Obispo con mitra y sentado les pregunta a los aspirantes.
MONICIÓN PARA EL EXAMEN
El monitor, dice:
A continuación, el señor Obispo realizará el examen a quienes serán admitidos. El
examen, es el momento del rito de Admisión, en el que el aspirante hace pública su
intención de querer seguir a Jesús en la preparación al Orden del Diaconado y
Presbiterado, de tal manera, que todos seamos testigos de su “Sí” al Señor.

El Obispo se dirige a los aspirantes, con estas u otras palabras:


Queridos hijos, los pastores y maestros a quienes se encomendó la tarea de su
formación y todos aquellos que les conocen han dado de ustedes buen testimonio; yo,
por mi parte, confío plenamente en este su parecer. Por tanto les pregunto:

¿Están dispuestos, pues, a responder a la llamada del Señor, llevando a término su


preparación de tal forma que lleguen a ser aptos de recibir, cuando llegue el día, la
ordenación sagrada y ejercer así el ministerio en la Iglesia?
Los aspirantes, conjuntamente, responden:
Sí, estoy dispuesto.

El Obispo prosigue:
¿Están dispuestos a ir formando su espíritu de tal forma que puedan servir fielmente a
Cristo, el Señor, y a su cuerpo, que es la Iglesia?
Los aspirantes:
Sí, estoy dispuesto.

El Obispo concluye:
La Iglesia recibe con gozo esta su decisión; y Dios que comenzó en ustedes esta obra
buena, él mismo la lleve a término.
Todos dicen:
Amén.

9
IMPOSICIÓN DE SOTANA
Luego del examen y la repuesta del si por pate de las aspirantes, se prosigue a la imposición de sotana.
MONICIÓN PARA LA IMPOSICIÓN DE SOTANA.
El monitor, dice:
A continuación los aspirantes a las Sagradas Órdenes del Diaconado y Presbiterado, se
revestirán con la vestimenta litúrgica propia del seminarista. En las celebraciones
litúrgicas juega un papel significativo el atuendo, que sirve para distinguir la diversidad
de ministerios.
La hermana del aspirante lleva en sus manos la sotana y ayuda a revestir a su hermano.
La sotana: se llama así a la vestidura talar (hasta los talones) de color negro, significa
purificación: “Ir muriendo al mundo”.
IMPOSICIÓN DEL ROQUETE
Luego de tener puesta la sotana, las madres se acercan para imponerle el roquete como otra vestidura litúrgica propia
del seminarista.
MONICIÓN PARA LA IMPOSICIÓN DEL ROQUETE.
El monitor, dice:
El roquete, palabra que proviene del latín medieval recchetum, a su vez diminutivo de
roccus, significa “hábito”. El roquete es como un alba que llega hasta las rodillas. El
roquete simboliza la pureza, alegría y servicio litúrgico. Simboliza la muestra de la
opción por la vocación al sacerdocio ministerial, y del despojo de todo aquello que
pudiera impedir continuar satisfactoriamente con el proceso formativo.
La sotana no es sólo un signo externo; es un verdadero compromiso que exige la
decisión voluntaria de comprometerse con el Señor, que es el que llama, y con la
comunidad, que exige sinceridad y transparencia de vida.
Los aspirantes suben al altar acompañado de sus padres. La mamá lleva el roquete en sus manos, al llegar delante de
Obispo, él junto con la mamá le impone el roquete al seminarista. Seguidamente el Obispos le da el abrazo en señal
de aceptación.
Mientras se realizará el rito de la imposición del roquete, se puede hacer un canto apropiado para el momento.

Luego del rito de implosión de las vestiduras litúrgicas, se prosigue a la oración universal con una bendición especial
para los admitidos a las Sagradas Órdenes.
MONICIÓN PARA LA ORACIÓN UNIVERSAL
El monitor, dice:
Luego de vivir el rito de imposición de las vestiduras litúrgicas propias del seminarista,
se prosigue a la plegaria universal con una oración especial a los admitidos a las
Sagradas Órdenes.
Hace tiempo, David Josué, Jonatán Josué y Pedro de Jesús, empezaron su formación
en vista a configurar sus vidas, cada vez más perfectamente con el espíritu evangélico, a
fin de poder ser llamados un día por su Obispo al Ministerio Sagrado. Con este fin, se
han venido esforzando en vivir arraigados en la fe, esperanza y caridad; en adquirir,
mediante el ejercicio de estas virtudes, el espíritu de oración y en crecer en ellos el celo
10
de ganar para Cristo a todos los hombres. Nos disponemos a elevar por ellos, nuestra
oración.

O r a c ió n de l o s f i el e s
Los admitidos se arrodillan ante el Obispo. Luego, todo el pueblo de Dios levantado oran con la oración universal.
El Obispo, sin mitra, invita a los fieles a orar, diciendo:
Pidamos, queridos hermanos, a Dios nuestro Señor, que se digne bendecir a estos
hijos suyos que desean consagrarse al servicio de la Iglesia. Respondemos todos:

R. / SEÑOR, ENVIA OBREROS A TU MIES.


Prosigue un lector:
1. Para que estos hermanos nuestros David Josué, Jonatán Josué y Pedro de Jesús, se
unan más íntimamente a Cristo y sean sus testigos ante los hombres. Oremos.
Prosigue un lector:
2. Para que sepan hacer suyas las preocupaciones de los hombres y estén siempre
atentos a escuchar la voz del Espíritu Santo. Oremos.

Prosigue un lector:
3. Para que lleguen a ser ministros de la Iglesia y, con su palabra y ejemplo,
confirmen a sus hermanos en la fe y los congreguen para participar de la eucaristía.
Oremos.

Prosigue un lector:
4. Para que el Espíritu Santo siga enviando abundantes vocaciones a nuestro
Seminario Arquidiocesano de Mérida y que sus seminaristas sean auténticos
testigos del evangelio. Oremos.
5.
Luego, el Obispo concluye la siguiente oración sobre los admitidos diciendo:

E
scucha, Señor, nuestra plegaria,
y dígnate bendecir † a estos hijos tuyos
que desean entregarse a ti
para el servicio de tu pueblo;
para que perseveren en su vocación
y, unidos con amor sincero a Cristo sacerdote,
en el tiempo oportuno lleguen
a ser aptos para recibir dignamente el ministerio pastoral.
Por Jesucristo nuestro Señor.
El pueblo responde:
Amen.
11
LITURGIA EUCARÍSTICA
OFERTORIO
Terminado todo lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras, los ministros colocan sobre el altar el
corporal, el purificador, el cáliz, y la palia.
Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración
de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.
El Obispo, de pie junto al altar, toma la patena con el pan y, teniéndola con ambas manos un poco elevada sobre el
altar, dice en voz baja:
Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este pan,
fruto de la tierra y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.
Después deja sobre el corporal la patena con el pan.
El diácono, vierte vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto:
Por el misterio de esta agua y este vino,
haz que compartamos la divinidad
de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.
Después, el Obispo toma el cáliz y, teniéndolo con ambas manos un poco elevado sobre el altar, dice en secreto :
Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este vino,
fruto de la vid y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de salvación.
Después deja sobre el corporal el cáliz.
Luego, el celebrante, inclinado profundamente, dice en secreto:
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde;
que éste sea hoy nuestro sacrificio
y que sea agradable en tu presencia,
Señor, Dios nuestro.
Y, si es oportuno, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensan al celebrante,
a los sacerdotes y al pueblo. Se coloca el Misal sobre el altar.
Luego el Obispo, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:
Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.
Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
Oren, hermanos,
para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día,
nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo se pone de pie y responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio,
para alabanza y gloria de su nombre,
12
para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS


Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas.

M
ira, Señor, con bondad
las oraciones y ofrendas de tu pueblo,
para que se multipliquen
los dispensadores de tus misterios
y perseveren sin cesar en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor
El pueblo responde:
Amén.
PREFACIO COMÚN VII
CRISTO, HUÉSPED Y PEREGRINO EN MEDIO DE NOSOTROS.

V. El Señor esté con ustedes R. Y con tu espíritu.


V. Levantemos el corazón R. Lo tenemos levantado hacia el Señor
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario
El Obispo, con las manos extendidas.
En verdad es justo darte gracias,
Señor, Padre santo,
Dios de la alianza y de la paz.
Porque tú llamaste a Abraham
y le mandaste salir de su tierra,
para constituirlo padre de todas las naciones.
Tú suscitaste a Moisés para librar a tu pueblo
y guiarlo a la tierra de promisión.

Tú, en la etapa final de la historia,


has enviado a tu Hijo,
como huésped y peregrino en medio de nosotros,
para redimirnos del pecado y de la muerte;
y has derramado el Espíritu,
para hacer de todas las naciones un solo pueblo nuevo,
que tiene como meta, tu reino,
como estado, la
libertad de tus hijos,
como ley, el precepto del amor.
13
Por estos dones de tu benevolencia,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos con gozo el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.


Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
PLEGARIA EUCARÍSTICA I
CANON ROMANO
El Obispo, con las manos extendidas, dice:
CP Padre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
Junta las manos y dice:
que aceptes
Traza, una sola vez, el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:
y bendigas + estos dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el Papa Francisco,
con nuestro Obispo S.E.R Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo,
conmigo indigno siervo tuyo
y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.

CONMEMORACION DE LOS VIVOS


C1 Acuérdate, Señor, de tus hijos David Josué, Jonatán Josué, Pedro de Jesús,
María Santos García Peña, Mónica Rodríguez,
Javier García, Julio Ocando, Danilo Ramirez,
María Angelina Ramírez, Ana Lobo y Jesús Lobo.
Puede decir los nombres de aquellos por quienes tiene intención de orar, o bien junta las manos y ora por ellos
unos momentos.
Después, con las manos extendidas, prosigue:
14
y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

CONMEMORACION DE LOS SANTOS


C2 Reunidos en comunión con toda la Iglesia,
veneramos la memoria
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, san José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
[Santiago y Juan,
Tomás, Santiago, Felipe,
Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente,
Sixto, Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
El Obispo con las manos extendidas, prosigue:
CP Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus siervos
y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.
Junta las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén ].
15
Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:
CC Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti;
de manera que sea para nosotros
Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor:

Junta las manos.


En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de
éstas.
El cual, la víspera de su Pasión,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos,
Eleva los ojos,
y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo,
lo partió,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice:
tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
16
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice la siguiente fórmula:


Aclamen el Misterio de la redención.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor,
hasta que vuelvas.
Después el Obispo, con las manos extendidas, dice:
CC Por eso, Padre,
nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial de la muerte gloriosa
de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo:
pan de vida eterna
y cáliz de eterna salvación.
Y prosigue:
Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura
de tu sumo sacerdote Melquisedec.

Inclinado, con las manos juntas, prosigue:


Te pedimos humildemente,
Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia
hasta el altar del cielo,
por manos de tu ángel,
para que cuantos recibimos
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
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al participar aquí de este altar,
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados
de gracia y bendición.
Juntas las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

CONMEMORACION DE LOS DIFUNTOS


C3 Acuérdate también, Señor,
de tus hijos Eugenio Rodríguez, José María Rodríguez,
Josefina Rodríguez,
Jesús Antonio Lobo, William Eduardo Lobo, Jacinta Parra,
y todos los difuntos
que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.
Junta las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:


C4 Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
Con las manos extendidas prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia, Anastasia,]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.
Junta las manos
Por Cristo, Señor nuestro.
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Y continúa:
CP Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida,
los bendices y los repartes entre nosotros.
Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
CP Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
El pueblo acama:
Amen.
Después sigue el rito de comunión.

RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el celebrante, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía,
signo de reconciliación
y vínculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Solo el celebrante, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
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de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el celebrante con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo,
que dijiste a tus apóstoles:
“La paz les dejo, mi paz les doy”,
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El Obispo, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, añade:
Manteniendo las medidas de bioseguridad y el distanciamiento físico, nos damos un
signo de comunión fraterna.
Según las costumbres del lugar, en tiempos de covi19 y cuarentena prolongada, se intercambia un signo de paz.
Mientras tanto se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
Después, el Obispo, toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo
en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros
alimento de vida eterna.
A continuación, el Obispo con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
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diste con tu muerte la vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permitas que me separe de ti.
El Obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz,
de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
El Obispo, vuelto hacia el altar, dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
Después toma el cáliz y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno,
sosteniéndolo un poco elevado, y le dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Y comulga.
El Obispo, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera. Si se comulga bajo las dos especies, se
observa el rito descrito en su lugar. Cuando el celebrante ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de
Comunión.
Finalizada la Comunión, alguno de los diáconos o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
Después el Obispo puede volver a la sede, se le hace lavabo. Si se considera oportuno se puede dejar un breve espacio
de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.

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ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en el altar o en la sede, el Obispo, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos
Y todos, junto con el Obispo, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho
antes.
Después, el Obispo con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión.

A
limentados con el pan de esta mesa celestial,
te suplicamos, Señor,
que, por este sacramento de caridad,
maduren las vocaciones que a manos llenas siembras
en el campo de la Iglesia, de tal modo,
que sean muchos los que elijan el camino
de servirte en sus hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo responde:
Amen.
Seguidamente los admitidos a las Sagradas Órdenes, hacen su consagración a la Santísima Virgen María.
MONICIÓN DE CONSAGRACIÓN
El monitor, dice:
Antes de concluir esta celebración eucarística, los admitidos a la Sagradas Órdenes del
Diaconado y Presbiterado de rodillas ante la imagen de María Inmaculada; Madre de
la vocación, consagrarán sus vidas. Sus madres, apoyan sus manos en los hombros de
sus hijos para acompañarles en este momento de consagración total. Todos los
presentes nos unimos en este momento en oración y en silencio.

CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN MARÍA


Seguidamente los admitidos al unísono dicen:
Oh, Señora y Madre mía,
Yo me ofrezco del todo a ti.
Y en prueba de mi filial afecto
te consagro en este día:
Mis ojos, mis oídos,
mi lengua, mi corazón,
en una palabra todo mi ser.
Y ya que soy todo tuyo,
oh, Madre de bondad,
guárdame y defiéndeme
como hijo y posesión tuya.
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Soy todo tuyo reina mía
y madre mía,
y cuanto tengo tuyo es.
Concluyen diciendo:
Amen.

RITO DE CORONACIÓN
Para finalizar el acto mariano y el mes de la Santísima Virgen María, las madres de los admitidos coronaran a Nuestra
Madre María, Mujer del sí y de la respuesta pura y sincera del llamamiento.
CORONACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
MONICIÓN DE AMBIENTACIÓN
El monitor, dice:
Mayo es un mes de especial devoción a nuestra Madre Santísima. La coronación de
una imagen de la Santísima Virgen María ha sido una devoción católica de larga
tradición. Aunque es una costumbre practicar esta devoción como familia parroquial,
también podemos llevarla a cabo dentro de nuestras casas de formación sacerdotal. Es
por ello que nos disponemos a vivir este momento iniciando con la invocación por
parte del Excmo. Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz.
Los seminaristas llevan al Obispo la corona con la que va a ser ceñida la imagen de la Santísima Virgen.
El Obispo sin mitra, se levanta y de pie junto a la sede, dice esta oración

B
endito eres, Señor, Dios del cielo y de la tierra,
que con tu misericordia y tu justicia
dispersas a los soberbios y enalteces a los humildes;
de este admirable designio de tu providencia
nos has dejado un ejemplo sublime
en el Verbo encarnado y en su Virgen Madre:
tu Hijo, que voluntariamente se rebajó
hasta la muerte de cruz,
resplandece de gloria eterna y está sentado a tu derecha
como Rey de reyes y Señor de señores;
y la Virgen, que quiso llamarse tu esclava,
fue elegida Madre del Redentor
y verdadera Madre de los que viven,
y ahora, exaltada sobre los coros de los ángeles,
reina gloriosamente con su Hijo,
intercediendo por todos los hombres
como abogada de la gracia y reina de misericordia.

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Mira, Señor, benignamente a estos tus siervos
que, al ceñir con una corona visible
la imagen de Cristo y de su Madre
reconocen en tu Hijo al Rey del universo
e invocan como Reina a la Virgen María.

Haz que, siguiendo su ejemplo, te consagren su vida


y, cumpliendo la ley del amor,
se sirvan mutuamente con diligencia;
que se nieguen a sí mismos
y con entrega generosa ganen para ti a sus hermanos;
que, buscando la humildad en la tierra,
sean un día elevados a las alturas del cielo,
donde tú mismo pones sobre la cabeza de tus fieles
la corona de la vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo responde:
Amen.
IMPOSICIÓN DE LA CORONA
Terminada la oración, el Obispo rocía con agua bendita la corona y, sin decir nada, se la entrega a las personas que
coronaran la imagen de la Virgen. Si la Virgen figura con el niño Jesús, primero se corona la imagen del Hijo y luego
la Madre.
MONICIÓN PARA LA CORONACIÓN
El monitor, dice:
Seguidamente el Obispo le entrega la corona a las Señoras: María Santos García y
María Angelina Ramírez, madres de los Admitidos, quienes tendrán la dicha de
coronar la imagen de la Virgen María que reposa en nuestra casa de formación. Ella es
un signo de devoción y puente perfecto de vocación y entrega a Dios.
Seguidamente las madres de los admitidos coronan la imagen de la Santísima Virgen. Se puede hacer un canto
propicio o se mantienen en silencio.
CANTO – SALVE REGINA
Una vez impuesta la corona, se entona el cántico Salve Regina.
MONICIÓN PARA EL CANTO DE LA SALVE REGINA
El Monitor, dice:
Como Iglesia Merideña, situados en el corazón de las vocaciones; Seminario San
Buenaventura, ponemos nuestra mirada hacia la imagen de María Inmaculada
Concepción e imploremos su protección cantando al unísono la Salve Regina.
Mientras se canta la Salve Regina, el Obispo inciensa la imagen de Santa María Virgen.

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DESPEDIDA
Se concluye con la bendición final.
MONICIÓN PARA LA BENDICION FINAL
El Monitor, dice:
Para concluir dicha celebración, nos preparamos para recibir la bendición final por
parte del Excmo. Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz, Obispo auxiliar de nuestra
Arquidiócesis.

RITO DE CONCLUSIÓN
Después tiene lugar la despedida. El Obispo extiende las manos hacia el pueblo con mitra y dice:
El Señor esté con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
En algunas ocasiones y en determinadas misas rituales puede usarse una de las bendiciones solemnes o de las
oraciones sobre el pueblo. El diacono u otro ministro dice:
Inclínense para recibir la bendición:
El Obispo con las manos extendidas hacia el pueblo dice:
Que Dios todopoderoso
aleje de ustedes toda adversidad
y les conceda la abundancia
de sus bendiciones.
El pueblo aclama:
Amén.

El Obispo prosigue:
Él les dé un corazón
tan dócil a su Palabra,
que encuentren su gozo
en los dones eternos.
El pueblo aclama:
Amén.
El Obispo prosigue:
Para que enriquecidos por los dones
de la fe, la esperanza y la caridad
abunden en esta vida en buenas obras
y alcancen sus frutos en la eterna.
El pueblo aclama:
Amén.

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El Obispo con báculo bendice al pueblo, diciendo:
Y que, a todos ustedes, que están aquí presentes, los bendiga Dios Todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.
El pueblo aclama:
Amén.
Luego el diácono, o el mismo, Obispo, con las manos juntas, despide al pueblo con la siguiente fórmula:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.
El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.
Después el Obispo besa con veneración el altar, como al comienzo, y, hecha la debida reverencia con los ministros
ordenados, se retira a la sacristía.

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