Guion Liturgico - Admisión A Las Sagradas Órdenes 2021
Guion Liturgico - Admisión A Las Sagradas Órdenes 2021
SOLEMNE EUCARISTIA
De manos del
MAYO 2021
DE
1
MONICIÓN DE ENTRADA.
El monitor, dice:
Buenos días queridos hermanos en Cristo Jesús.
A ejemplo de las primeras comunidades cristianas, nos reunimos hoy en torno al altar
del Señor para celebrar juntos como hermanos la Eucaristía; acción de gracias por
excelencia.
Muchos son los motivos que nos impulsan a ser agradecidos con el dueño de la mies,
especialmente porque sigue llamando trabajadores a su viña. El llamado a la vocación
es un regalo del Señor para con sus hijos, un llamado que exige renuncias y sacrificios,
que sin duda son recompensados por el más puro amor.
Hoy nuestra Seminario San Buenaventura se llena de regocijo y bendice al Buen
Pastor porque tres hijos de esta tierra emeritense dan un paso importante en su
proceso de formación hacia el sacerdocio ministerial. Ellos son: David Josué, Jonathan
Josué y Pedro de Jesús, quien de manos del Excmo. Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz,
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida; recibirán la Admisión a las Sagradas
Órdenes del Diaconado y Presbiterado. Guiados por el Espíritu Santo, quieren seguir
configurándose a Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, quien los ha llamado a servirle
en sus hermanos. Dispongámonos como una sola familia llena de fe a vivir esta
Eucaristía, signo de llamamiento dado desde el amor incondicional de Dios.
2
R I T O S IN C IA L ES .
Se inicia la procesión desde el lugar preparado, con el ritual de costumbre: La cruz procesional y ciriales, Seminaristas,
Ministros, Diacono y el Obispo. Reunido el pueblo, el celebrante con el diacono, ministros y seminaristas van al altar,
mientras se entona el canto de entrada.
Cuando llegan al altar, el Obispo con los ministros hacen la debida reverencia, besan el altar y, si se juzga oportuno, se
inciensa. Después se dirige con los ministros a la sede. Terminado el canto de entrada, el Obispo, los sacerdotes y los
fieles, de pie, se santiguan, mientras el Obispo dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.
SALUDO
Después el celebrante, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
La paz, la caridad y la fe,
de parte de Dios Padre,
y de Jesucristo, el Señor,
estén con todos ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
Acto penitencial
A continuación se hace el acto penitencial con la siguiente formulario:
El Obispo invita a los fieles diciendo:
Humildes y penitentes, como el publicano en el templo,
acerquémonos al Dios justo,
y pidámosle que tenga piedad de nosotros,
ya que también nosotros reconocemos
que somos pecadores.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios,
nuestro Señor.
Sigue la absolución del Obispo:
Dios todopoderoso
3
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.
A continuación el coro entona el Señor ten piedad, al cual todos acompañan cantando.
Inmediatamente, se canta el Himno del Gloria si el tiempo lo indica:
ORACIÓN COLECTA
Acabado el himno, el Obispo, con las manos juntas dice:
Oremos.
Y todos junto con el Obispo rezan en silencio durante unos instantes.
Luego el Obispo con las manos extendidas pronuncia la oración colecta.
L I T U RG IA D E L A PA LA B RA
Comenzamos a formar parte de la Liturgia de la Palabra, los lectores se acercan al ambón y entonan las lecturas
indicadas.
MONICIÓN DE LA PRIMERA LECTURA.
El monitor, dice:
La visión profética de Isaías nos pone en contexto con la vocación y la santidad.
En todos los casos de vocación que nos narra la Biblia hay siempre un constante:
Dios llama para confiar una misión. Escuchemos con atención.
5
MONICIÓN DE LA SEGUNDA LECTURA
El Monitor, dice:
La perícopa de Corintios, que escucharemos a continuación, se remonta a describir el
sentido de la misión de Pablo de Tarso, que no es otra que el anuncio de la Buena
Noticia. El Apóstol se siente como un profeta, forzado a predicar. Nos recuerda el
ejemplo de Jeremías. ¿Qué paga espera Pablo? No otra que participar en la misma
Buena Noticia que anuncia. Escuchemos.
MONICIÓN AL EVANGELIO
El Monitor, dice:
Mateo nos presenta los destinatarios de la misericordia de Jesús; los marginados por la
sociedad, el ancho mundo de los maltratados y abatidos. El Mesías, ha anunciado el
comienzo del reinado de Dios con palabras y obras. Es justamente en la opción
preferencial por el pobre donde la Iglesia se juega la credibilidad de su misión.
Escuchemos atentamente.
Sigue el canto antes del evangelio. Mientras tanto, el Obispo, pone incienso en el incensario.
Después el diácono (o el con-celebrante que ha de proclamar el evangelio), inclinado ante el celebrante, pide la
bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
El celebrante en voz baja, dice:
6
El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio;
en el nombre del Padre y del Hijo †
y del Espíritu Santo.
El diácono responde:
Amén.
Prosigue el canto interleccional.
R I T O D E A D M I S IÓ N
Terminado de leer el Santo Evangelio, se hace la presentación de los que serán admitidos.
MONICIÓN PARA DAR INICIO AL RITO.
El monitor, dice:
A continuación se dará inicio al Rito de Admisión a las Sagradas Ordenes del
Diaconado y Presbiterado con la presentación de los aspirantes. La Admisión es un
rito que se realiza con la finalidad de manifestar el propósito y deseo, de aquellos que
se preparan para el ejercicio del sacerdocio ministerial, de ser admitidos entre los
candidatos a las Sagradas Órdenes.
Ha llegado el momento en que impulsados por el amor a Cristo y sintiéndose
fortalecidos por la acción íntima del Espíritu Santo, estos hermanos nuestros, deben
manifestar públicamente, su deseo de consagrarse al servicio de Dios y de los hombres.
7
P r e s e n ta c ió n D el A s p i ra n t e
MONICIÓN DE PRESENTACIÓN
El monitor, dice:
Seguidamente el presbítero Gerardo Ramírez, formador de nuestra casa de formación
sacerdotal San Buenaventura de Mérida, llama a los aspirantes.
MONICIÓN DE PETICIÓN
El monitor, dice:
A continuación, el presbítero Reinaldo Muñoz Contreras, Rector del Seminario
Arquidiocesano San Buenaventura de Mérida, presenta al señor Obispo a los
aspirantes.
8
A continuación, nos disponemos a escuchar atentamente la homilía. Nos podemos
sentar.
Concluida la homilía, seguimos con el rito de la Admisión a las Sagradas Órdenes.
EXAMEN
Terminada la Homilía, se pasa al examen. El Obispo con mitra y sentado les pregunta a los aspirantes.
MONICIÓN PARA EL EXAMEN
El monitor, dice:
A continuación, el señor Obispo realizará el examen a quienes serán admitidos. El
examen, es el momento del rito de Admisión, en el que el aspirante hace pública su
intención de querer seguir a Jesús en la preparación al Orden del Diaconado y
Presbiterado, de tal manera, que todos seamos testigos de su “Sí” al Señor.
El Obispo prosigue:
¿Están dispuestos a ir formando su espíritu de tal forma que puedan servir fielmente a
Cristo, el Señor, y a su cuerpo, que es la Iglesia?
Los aspirantes:
Sí, estoy dispuesto.
El Obispo concluye:
La Iglesia recibe con gozo esta su decisión; y Dios que comenzó en ustedes esta obra
buena, él mismo la lleve a término.
Todos dicen:
Amén.
9
IMPOSICIÓN DE SOTANA
Luego del examen y la repuesta del si por pate de las aspirantes, se prosigue a la imposición de sotana.
MONICIÓN PARA LA IMPOSICIÓN DE SOTANA.
El monitor, dice:
A continuación los aspirantes a las Sagradas Órdenes del Diaconado y Presbiterado, se
revestirán con la vestimenta litúrgica propia del seminarista. En las celebraciones
litúrgicas juega un papel significativo el atuendo, que sirve para distinguir la diversidad
de ministerios.
La hermana del aspirante lleva en sus manos la sotana y ayuda a revestir a su hermano.
La sotana: se llama así a la vestidura talar (hasta los talones) de color negro, significa
purificación: “Ir muriendo al mundo”.
IMPOSICIÓN DEL ROQUETE
Luego de tener puesta la sotana, las madres se acercan para imponerle el roquete como otra vestidura litúrgica propia
del seminarista.
MONICIÓN PARA LA IMPOSICIÓN DEL ROQUETE.
El monitor, dice:
El roquete, palabra que proviene del latín medieval recchetum, a su vez diminutivo de
roccus, significa “hábito”. El roquete es como un alba que llega hasta las rodillas. El
roquete simboliza la pureza, alegría y servicio litúrgico. Simboliza la muestra de la
opción por la vocación al sacerdocio ministerial, y del despojo de todo aquello que
pudiera impedir continuar satisfactoriamente con el proceso formativo.
La sotana no es sólo un signo externo; es un verdadero compromiso que exige la
decisión voluntaria de comprometerse con el Señor, que es el que llama, y con la
comunidad, que exige sinceridad y transparencia de vida.
Los aspirantes suben al altar acompañado de sus padres. La mamá lleva el roquete en sus manos, al llegar delante de
Obispo, él junto con la mamá le impone el roquete al seminarista. Seguidamente el Obispos le da el abrazo en señal
de aceptación.
Mientras se realizará el rito de la imposición del roquete, se puede hacer un canto apropiado para el momento.
Luego del rito de implosión de las vestiduras litúrgicas, se prosigue a la oración universal con una bendición especial
para los admitidos a las Sagradas Órdenes.
MONICIÓN PARA LA ORACIÓN UNIVERSAL
El monitor, dice:
Luego de vivir el rito de imposición de las vestiduras litúrgicas propias del seminarista,
se prosigue a la plegaria universal con una oración especial a los admitidos a las
Sagradas Órdenes.
Hace tiempo, David Josué, Jonatán Josué y Pedro de Jesús, empezaron su formación
en vista a configurar sus vidas, cada vez más perfectamente con el espíritu evangélico, a
fin de poder ser llamados un día por su Obispo al Ministerio Sagrado. Con este fin, se
han venido esforzando en vivir arraigados en la fe, esperanza y caridad; en adquirir,
mediante el ejercicio de estas virtudes, el espíritu de oración y en crecer en ellos el celo
10
de ganar para Cristo a todos los hombres. Nos disponemos a elevar por ellos, nuestra
oración.
O r a c ió n de l o s f i el e s
Los admitidos se arrodillan ante el Obispo. Luego, todo el pueblo de Dios levantado oran con la oración universal.
El Obispo, sin mitra, invita a los fieles a orar, diciendo:
Pidamos, queridos hermanos, a Dios nuestro Señor, que se digne bendecir a estos
hijos suyos que desean consagrarse al servicio de la Iglesia. Respondemos todos:
Prosigue un lector:
3. Para que lleguen a ser ministros de la Iglesia y, con su palabra y ejemplo,
confirmen a sus hermanos en la fe y los congreguen para participar de la eucaristía.
Oremos.
Prosigue un lector:
4. Para que el Espíritu Santo siga enviando abundantes vocaciones a nuestro
Seminario Arquidiocesano de Mérida y que sus seminaristas sean auténticos
testigos del evangelio. Oremos.
5.
Luego, el Obispo concluye la siguiente oración sobre los admitidos diciendo:
E
scucha, Señor, nuestra plegaria,
y dígnate bendecir † a estos hijos tuyos
que desean entregarse a ti
para el servicio de tu pueblo;
para que perseveren en su vocación
y, unidos con amor sincero a Cristo sacerdote,
en el tiempo oportuno lleguen
a ser aptos para recibir dignamente el ministerio pastoral.
Por Jesucristo nuestro Señor.
El pueblo responde:
Amen.
11
LITURGIA EUCARÍSTICA
OFERTORIO
Terminado todo lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras, los ministros colocan sobre el altar el
corporal, el purificador, el cáliz, y la palia.
Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración
de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.
El Obispo, de pie junto al altar, toma la patena con el pan y, teniéndola con ambas manos un poco elevada sobre el
altar, dice en voz baja:
Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este pan,
fruto de la tierra y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.
Después deja sobre el corporal la patena con el pan.
El diácono, vierte vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto:
Por el misterio de esta agua y este vino,
haz que compartamos la divinidad
de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.
Después, el Obispo toma el cáliz y, teniéndolo con ambas manos un poco elevado sobre el altar, dice en secreto :
Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este vino,
fruto de la vid y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de salvación.
Después deja sobre el corporal el cáliz.
Luego, el celebrante, inclinado profundamente, dice en secreto:
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde;
que éste sea hoy nuestro sacrificio
y que sea agradable en tu presencia,
Señor, Dios nuestro.
Y, si es oportuno, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensan al celebrante,
a los sacerdotes y al pueblo. Se coloca el Misal sobre el altar.
Luego el Obispo, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:
Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.
Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
Oren, hermanos,
para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día,
nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo se pone de pie y responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio,
para alabanza y gloria de su nombre,
12
para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
M
ira, Señor, con bondad
las oraciones y ofrendas de tu pueblo,
para que se multipliquen
los dispensadores de tus misterios
y perseveren sin cesar en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor
El pueblo responde:
Amén.
PREFACIO COMÚN VII
CRISTO, HUÉSPED Y PEREGRINO EN MEDIO DE NOSOTROS.
Se inclina un poco.
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice:
tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
16
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el celebrante, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía,
signo de reconciliación
y vínculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Solo el celebrante, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
19
de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el celebrante con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo,
que dijiste a tus apóstoles:
“La paz les dejo, mi paz les doy”,
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El Obispo, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, añade:
Manteniendo las medidas de bioseguridad y el distanciamiento físico, nos damos un
signo de comunión fraterna.
Según las costumbres del lugar, en tiempos de covi19 y cuarentena prolongada, se intercambia un signo de paz.
Mientras tanto se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
Después, el Obispo, toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo
en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros
alimento de vida eterna.
A continuación, el Obispo con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
20
diste con tu muerte la vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permitas que me separe de ti.
El Obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz,
de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
El Obispo, vuelto hacia el altar, dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
Después toma el cáliz y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno,
sosteniéndolo un poco elevado, y le dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Y comulga.
El Obispo, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera. Si se comulga bajo las dos especies, se
observa el rito descrito en su lugar. Cuando el celebrante ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de
Comunión.
Finalizada la Comunión, alguno de los diáconos o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
Después el Obispo puede volver a la sede, se le hace lavabo. Si se considera oportuno se puede dejar un breve espacio
de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.
21
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en el altar o en la sede, el Obispo, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos
Y todos, junto con el Obispo, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho
antes.
Después, el Obispo con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión.
A
limentados con el pan de esta mesa celestial,
te suplicamos, Señor,
que, por este sacramento de caridad,
maduren las vocaciones que a manos llenas siembras
en el campo de la Iglesia, de tal modo,
que sean muchos los que elijan el camino
de servirte en sus hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo responde:
Amen.
Seguidamente los admitidos a las Sagradas Órdenes, hacen su consagración a la Santísima Virgen María.
MONICIÓN DE CONSAGRACIÓN
El monitor, dice:
Antes de concluir esta celebración eucarística, los admitidos a la Sagradas Órdenes del
Diaconado y Presbiterado de rodillas ante la imagen de María Inmaculada; Madre de
la vocación, consagrarán sus vidas. Sus madres, apoyan sus manos en los hombros de
sus hijos para acompañarles en este momento de consagración total. Todos los
presentes nos unimos en este momento en oración y en silencio.
RITO DE CORONACIÓN
Para finalizar el acto mariano y el mes de la Santísima Virgen María, las madres de los admitidos coronaran a Nuestra
Madre María, Mujer del sí y de la respuesta pura y sincera del llamamiento.
CORONACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
MONICIÓN DE AMBIENTACIÓN
El monitor, dice:
Mayo es un mes de especial devoción a nuestra Madre Santísima. La coronación de
una imagen de la Santísima Virgen María ha sido una devoción católica de larga
tradición. Aunque es una costumbre practicar esta devoción como familia parroquial,
también podemos llevarla a cabo dentro de nuestras casas de formación sacerdotal. Es
por ello que nos disponemos a vivir este momento iniciando con la invocación por
parte del Excmo. Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz.
Los seminaristas llevan al Obispo la corona con la que va a ser ceñida la imagen de la Santísima Virgen.
El Obispo sin mitra, se levanta y de pie junto a la sede, dice esta oración
B
endito eres, Señor, Dios del cielo y de la tierra,
que con tu misericordia y tu justicia
dispersas a los soberbios y enalteces a los humildes;
de este admirable designio de tu providencia
nos has dejado un ejemplo sublime
en el Verbo encarnado y en su Virgen Madre:
tu Hijo, que voluntariamente se rebajó
hasta la muerte de cruz,
resplandece de gloria eterna y está sentado a tu derecha
como Rey de reyes y Señor de señores;
y la Virgen, que quiso llamarse tu esclava,
fue elegida Madre del Redentor
y verdadera Madre de los que viven,
y ahora, exaltada sobre los coros de los ángeles,
reina gloriosamente con su Hijo,
intercediendo por todos los hombres
como abogada de la gracia y reina de misericordia.
23
Mira, Señor, benignamente a estos tus siervos
que, al ceñir con una corona visible
la imagen de Cristo y de su Madre
reconocen en tu Hijo al Rey del universo
e invocan como Reina a la Virgen María.
24
DESPEDIDA
Se concluye con la bendición final.
MONICIÓN PARA LA BENDICION FINAL
El Monitor, dice:
Para concluir dicha celebración, nos preparamos para recibir la bendición final por
parte del Excmo. Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz, Obispo auxiliar de nuestra
Arquidiócesis.
RITO DE CONCLUSIÓN
Después tiene lugar la despedida. El Obispo extiende las manos hacia el pueblo con mitra y dice:
El Señor esté con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
En algunas ocasiones y en determinadas misas rituales puede usarse una de las bendiciones solemnes o de las
oraciones sobre el pueblo. El diacono u otro ministro dice:
Inclínense para recibir la bendición:
El Obispo con las manos extendidas hacia el pueblo dice:
Que Dios todopoderoso
aleje de ustedes toda adversidad
y les conceda la abundancia
de sus bendiciones.
El pueblo aclama:
Amén.
El Obispo prosigue:
Él les dé un corazón
tan dócil a su Palabra,
que encuentren su gozo
en los dones eternos.
El pueblo aclama:
Amén.
El Obispo prosigue:
Para que enriquecidos por los dones
de la fe, la esperanza y la caridad
abunden en esta vida en buenas obras
y alcancen sus frutos en la eterna.
El pueblo aclama:
Amén.
25
El Obispo con báculo bendice al pueblo, diciendo:
Y que, a todos ustedes, que están aquí presentes, los bendiga Dios Todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.
El pueblo aclama:
Amén.
Luego el diácono, o el mismo, Obispo, con las manos juntas, despide al pueblo con la siguiente fórmula:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.
El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.
Después el Obispo besa con veneración el altar, como al comienzo, y, hecha la debida reverencia con los ministros
ordenados, se retira a la sacristía.
26