0% encontró este documento útil (0 votos)
171 vistas50 páginas

Árboles Viejos y Muertos en Pie

Este documento describe las secuencias de mudas en las especies del género Chloephaga que habitan en el sur de Chile y Argentina. Explica los diferentes plumajes básicos que presentan los juveniles y las características que los diferencian de los adultos, así como las fechas en que ocurren las mudas.

Cargado por

erick
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
171 vistas50 páginas

Árboles Viejos y Muertos en Pie

Este documento describe las secuencias de mudas en las especies del género Chloephaga que habitan en el sur de Chile y Argentina. Explica los diferentes plumajes básicos que presentan los juveniles y las características que los diferencian de los adultos, así como las fechas en que ocurren las mudas.

Cargado por

erick
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

N°15

Diciembre 2012
ISSN 0718 476X

La Chiricoca
boletín electrónico de los observadores de aves y vida silvestre de Chile
La Chiricoca
boletín electrónico de los observadores de aves y vida silvestre de Chile

N°15 : Diciembre 2012

Indice:
Clave para la identificación de plumajes y mudas en el genero Chloephaga en Patagonia 3-11
por Ricardo Matus N.
El Castor americano, especie exótica invasora en la Patagonia 12-18
por Claudia Silva
Guía práctica para identificar a cuatro especies de lagartijas de Chile central: 19-24
Liolaemus curicensis, L. fuscus, L. lemniscatus y L. pseudolemniscatus
por Félix Urra y Jaime Troncoso-Palacios
Árboles viejos y muertos en pie: un recurso vital para la fauna del bosque templado de Chile 25-30
por Tomás A. Altamirano, José Tomás Ibarra, Kathy Martin & Cristián Bonacic
Resumen de avistamientos, Septiembre 2011- Febrero 2012 31-38
por Rodrigo Barros, Fabrice Schmitt y la red de observadores de aves

Bailarín chico argentino (Anthus hellmayri) en Chile: ¿Cómo, Cuándo, Dónde y Por qué buscar? 39-44
por Victor Raimilla, Heraldo V. Norambuena y Roberto Cañete
Siguiendo la reproducción del Aguilucho de cola rojiza (Buteo ventralis): Reseña de un estudio 46-49
por Victor Raimilla y Heraldo V. Norambuena

Juego: El Ave Incognita 50

Editor: Fabrice Schmitt [email protected]


Comité editorial y de redacción: Rodrigo Barros, Humberto Cordero, Álvaro Jaramillo,
Ricardo Matus, Ronny Peredo, Fabrice Schmitt y Alejandro Simeone.
Diseño y diagramación: Ignacio Azócar y Rodrigo Barros .
Foto portada: Caranca (Chloephaga hybrida), 19 marzo de 2011, camino a Punta San Juan,
Punta Arenas (Reg. XII), foto de José Cañas.

Santiago—Chile
http://www.redobservadores.cl / [email protected]

Un ejemplar de este número del boletín electrónico La Chiricoca se encuentra impreso en


papel y depositado en la biblioteca del Museo Nacional de Historia Natural para su consulta.
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Clave para la identificación de plumajes y


mudas en el genero Chloephaga en
Patagonia
por Ricardo Matus N.

Caranca (Chloephaga hybrida) macho. El aspecto barrado en el pecho y gris en la cabeza corresponde al primer plumaje básico y lo llevará
desde el emplume (diciembre/enero) hasta su primera muda pre-alterna (abril/mayo). Mayo, Isla Carcass, Malvinas, foto Alan Henry.

Página 3
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

L a muda de las aves es un proceso poco estudiado en las diferentes especies chilenas. Solo existen esfuerzos puntua-
les particularmente en Paseriformes a través de estudios sistemáticos en la zona central de Chile (Equipo ROC liderado
por R. Barros, F. Díaz y F. Schmitt). A pesar de ser un grupo abundante, no se han realizado descripciones sobre las
mudas en los anseriformes que habitan en nuestro país. Esta nota se enfoca en el género Chloephaga, un grupo con es-
pecies particularmente abundantes en el extremo sur del país (Jaramillo 2003). A través del uso de anillos en ejemplares
de edad conocida de Canquén colorado y la observación directa de ejemplares silvestres del género, este documento
busca describir las distintas secuencias de mudas en este grupo a través de su ciclo de vida. De esta manera pretende
servir como una clave para la identificación de edades en los estadios tempranos del desarrollo de estas aves tanto en el
área de cría como de invernada.
Dentro del género Chloephaga se incluye al Piuquén C. melanoptera, sin embargo estudios recientes en esta especie in-
dican una mayor cercanía genética con Neochen jubata que con Chloephaga (McCraken 2010), razón por la cual no se
considerará en la descripciones de esta nota aún cuando es probable que su estrategia de muda sea similar a la que se
describe a continuación. Con el fin de establecer un criterio común para la nomenclatura de los distintos plumajes se
utilizará la propuesta por Humphrey & Parkes (1959) resumida en Schmitt (2009).

Etapa de cría
La temporada reproductiva en el extremo sur de Chile y Argentina comienza con el arribo de los gansos del género
Chloephaga a sus áreas de reproducción entre los meses de agosto y septiembre. Tras su llegada las aves se alimentan
para ganar peso y prepararse para el gran
desgaste que representa para la hembra el
comienzo del ciclo reproductivo con la
puesta de huevos (R. Matus obs. pers.).
De esta manera para principios de octu-
bre las aves han alcanzado el peso óptimo
y las hembras comienzan la puesta de
huevos que a menudo (y dependiendo
del tamaño de la nidada) puede tomar
entre 11 y 15 días. Posterior a este proce-
so la incubación de esta nidada tomará
entre 29 y 30 días (R. Matus obs. pers.,
Todd 1997).

Muda de los juveniles


Una vez eclosionados y en su calidad de
nidífugos (precociales), los polluelos
abandonan el nido cubiertos de plumón
con un patrón característico de color par- Foto 1a: Crías de Canquén colorado mostrando el clásico patrón de las otras tres espe-
do y gris claro que se extiende como una cies de Chloephaga. Noviembre, Leñadura, Región de Magallanes, foto Ricardo Matus .

Página 4
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

b c

Foto 1b. Crías de Canquén colorado de 27 días donde se puede apreciar el comienzo del desarrollo de las plumas en los flancos. Noviembre,
Punta Arenas, Región de Magallanes, foto Ricardo Matus. Foto 1c. Crías de Caranca de aproximadamente 30 días con las plumas de los flan-
cos, manto y rectrices en desarrollo. Enero, Isla Carlos III, Estrecho de Magallanes, foto Carlos Olavarría.

línea desde la inserción del culmen pasando por la corona, nuca y parte posterior del cuello. El dorso es pardo con una
fina línea gris en el centro. Una línea del mismo color se extiende a ambos lados de la cara cubriendo el ojo en forma de
“antifaz”. Las alas poseen finos bordes de fuga grises.
Este patrón de coloración de los polluelos es similar en Caiquén, Canquén y Canquén colorado, constituyendo la Ca-
ranca una excepción ya que las crías
en esta etapa son de color gris claro o
blanco. Este plumón que cubre a las
crías es gradualmente reemplazado
por su primer plumaje básico que
comienzan a aparecer en la parte an-
terior de los flancos aproximadamen-
te a los 25 días de nacido (Foto 1b y
1c ).
El desarrollo de este primer plumaje
básico (juvenil) toma unos 40 días y
a menudo los primeros intentos de
vuelo comienzan cuando las prima-
rias están casi completamente des-
arrolladas a los 50 días de vida. Este
primer set de plumas tiene una forma
característica, particularmente en el
manto y escapulares donde las plu- Foto 2. Primer plumaje básico casi completamente desarrollado en un Canquén de aproxima-
mas son angostas y de bordes agudos damente 45 días. San MartÍn de los Andes, Provincia del Neuquén, foto Marcelo Wilson.
Página 5
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Foto 3. Volantón de Canquén colorado de 80 días, recién emplumado y ya volando. Nótese los detalles en la forma de las coberteras y manto
con plumas angostas y de borde agudo a diferencia de los adultos. Febrero, Leñadura, Magallanes, foto Ricardo Matus . Foto 4. Primer plumaje
básico en Canquén. Forma de las plumas. Nótese el color de las patas como característica auxiliar para identificar edad. Febrero, Lago Moque-
hue, San MartÍn de los Andes, foto Valentín Feltrup. Foto 5. Este Canquén colorado juvenil durante su primera muda pre-alterna, muestra
claro contraste entre las plumas del primer plumaje básico y las nuevas plumas del primer plumaje alterno. Las nuevas plumas de las escapulares
tienen bordes planos, presentan barras negras y ocre en el borde terminal y son más oscuras. También se pueden apreciar las nuevas plumas
color canela en los flancos, pecho y cuello. Junio, Leñadura, Región de Magallanes, foto Ricardo Matus.

respecto de las plumas de los adultos (Foto 2). Asimismo las plumas del cuello, pecho y vientre que presentan barras
poseen líneas más finas que en los adultos (Foto 3). La coloración general de los juveniles es más apagada y la colora-
ción de las patas también puede usarse como una marca auxiliar para diferenciar adultos de juveniles (Foto 4).

Primera muda prealterna


Este primer plumaje básico tiene una corta existencia en los juveniles y comenzará a ser mudado durante la primera mu-
da pre-alterna a partir de abril/mayo (aproximadamente a cinco meses de haber eclosionado) (Foto 5). Esta muda pre-
alterna es parcial, implicando que serán cambiadas las plumas del cuerpo y las coberteras alares, mientras que las secun-
darias y primarias serán retenidas hasta la próxima muda pre-básica. Considerando que en general todos los plumajes
de los distintos Chloephaga son bastante crípticos en sus distintas etapas, los machos de Caranca son un buen ejemplo
de cómo sucede esta transformación de un juvenil desde su primer plumaje básico (que es barrado y gris), al inmacula-
do blanco de su plumaje básico del año siguiente (Foto 6). Es probable que las plumas oscuras del ejemplar de Caranca
(Foto 6d), correspondan a plumas retenidas del primer plumaje básico o sean nuevas correspondientes al primer plu-
maje alterno que crecen de color similar al que tenían en esa primera etapa .
Según Summer & McAdam (1993), en las islas Malvinas la primera muda pre-alterna de un Caiquén involucra el cam-
bio de las plumas de la cabeza, cuerpo, terciales y rectrices. Algo similar ha sido observado en la secuencia de muda de
Canquén colorado y Caiquén en el continente (Foto 7). En el ala, las primarias y secundarias son retenidas hasta la
próxima muda pre-básica mientras que las coberteras de las secundarias (donde se ubica el espéculo), son parcialmente
reemplazadas en algunos ejemplares, o totalmente retenidas en otros.
Posterior a la primera muda pre-alterna, el aspecto general de un ejemplar de Chloephaga (7-8 meses de vida), es idén-

Página 6
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

tico al de los adultos y solo se les puede distinguir si se en-


cuentran plumas retenidas de su plumaje juvenil particular-
mente en dorso, flancos y terciarias como se aprecia en la
Foto 6b.
Durante esta etapa una clave para identificar estados de
edad (aves de primer año), será la notable exposición del
color blanco de las secundarias como consecuencia de la
forma y tamaño de las terciarias, además de tamaño y diseño
de las coberteras mayores y la eventual ausencia del espécu-
lo característico en el género (Foto 8). Sin embargo en un Foto 6. En esta secuencia es posible apreciar el proceso de muda en
una caranca macho con los distintos plumajes en su primer año de
ave juvenil la sola presencia de una cobertera nueva (con
vida. 6a(Ver foto portada) El aspecto barrado en el pecho y gris en
iridiscencia), puede dar la impresión de que se trata de un la cabeza corresponde al primer plumaje básico y lo llevará desde el
ave adulta (Foto 9). Aún cuando algunos juveniles se pue- emplume (diciembre/enero) hasta su primera muda pre-alterna
den observar solitarios, un comportamiento característico (abril/mayo). Mayo, Isla Carcass, Malvinas, foto Alan Henry. Foto
posterior a la temporada reproductiva es que las crías de la 6b (Arriba izq.) Posiblemente los machos juveniles del continente
poseen en el dorso un mayor número de terciales negras en compa-
temporada pasan el invierno junto a sus padres y por esta
ración a las aves de Malvinas. Mayo, Bahía Chilota, Estrecho de
razón los grupos familiares donde es posible observar am- Magallanes, foto Ricardo Matus. Foto 6c (Arriba der.) Desde
bos plumajes ayuda para diferenciarlos. Considerando lo abril y hasta julio los juveniles realizan una muda pre-alterna y co-
complejo que resulta observar estas característica en los plu- mienzan a adquirir las plumas blancas en la cabeza y cuerpo carac-
majes barrados muchas veces estas plumas pasan inadverti- terísticas de los adultos, mientras que retienen algunas plumas en
flancos, escapulares y terciales aunque estas últimas son mudadas
das al observar a estas aves a distancia (Foto 10).
en algunos ejemplares. Septiembre, Estrecho de Magallanes, foto
Ricardo Matus. Foto 6d (der.) Después de un año de vida, los ma-
Muda en los adultos chos son predominantemente blancos con algunas plumas terciales
aún negras que sirven para identificarlos de los ejemplares adultos.
Las aves adultas de este género realizan una muda de todas Enero, Bahía Porvenir, Estrecho de Magallanes, foto Humberto
las plumas (entre diciembre y febrero dependiendo de las Cordero.

Página 7
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Foto 7 (izq.) Caiquén hembra juvenil en plena muda pre alterna. En este ejemplar se aprecian las primeras plumas de su primer plumaje alter-
no en el dorso (más oscuras), y también en algunas rectrices. Junio, Leñadura, Región de Magallanes, foto Ricardo Matus. Foto 8 (arriba der.)
Familia de Caiquén. Los juveniles muestran amplias bandas en las coberteras de las secundarias una clave útil para separarlo en esta época del
año. Junio, Tres Puentes, Magallanes, foto Ricardo Matus. Foto 9 (abajo der.) Ejemplares adultos y juveniles de Canquén colorado. El juvenil
que estira su ala derecha muestra una cobertera de las secundarias ya mudada. Nótese la extensión del negro iridicente en una de las coberteras
de las secundarias, en comparación con las plumas de su primer plumaje básico. Junio, Leñadura, Magallanes, foto Ricardo Matus.

fechas de la puesta), la que se conoce como muda pre-básica. Esta muda involucra todo el set de plumas del individuo, y
también la muda simultánea de todas las primarias y secundarias. Durante este periodo los gansos del genero Chloep-
haga pierden su capacidad de vuelo por alrededor de 2 semanas (Summers y Mc Adams 1993). Así, mientras el Cai-
quén es observado realizando la muda pre-básica en grandes cuerpos de agua interiores, la Caranca y el Canquén lo
hacen a menudo juntos en bahías protegidas de los fiordos (R. Matus obs. pers.). Una excepción a esta regla esta dada
por la población continental fueguina del Canquén colorado, que es aparentemente el único anátido en el mundo que
lleva a cabo una muda parcial de primarias, parte de las cuales muda en el área de cría y el resto en el área de invernada
(Summers 1993) y nunca pierde la capacidad de vuelo en el proceso (R. Matus obs. pers.). No está claro por qué ocu-
rre así en las aves del continente, pero esta estrategia no se observa en la población insular de Canquén colorado de las
Islas Malvinas (Summers y McAdams 1993). En la Patagonia y posiblemente en el área de invernada también es posible
ver Caiquén y Canquén haciendo una muda parcial de primarias, aunque no es una regla generalizada para la especie
(Foto 11). Posterior a la muda pre-básica, los adultos nuevamente cambiarán las plumas del cuerpo y cabeza entre abril
y junio durante la siguiente muda pre-alterna.

Página 8
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Foto 10 (Arriba izq.) Ejemplar juvenil de Caiquén (morfo barrado). Cabeza gris y gran parte de las plumas del cuerpo mudadas salvo las co-
berteras de las secundarias donde aún no se aprecia un espéculo y la extensión de blanco en el borde inferior de las mismas es notable en com-
paración al de un adulto. Junio, Tres Puentes, foto Carlos Olavarría. Foto 11 (Arriba der.) Hembra de Caiquén muestra muda parcial de pri-
marias. Junio, Tres Puentes, Magallanes, foto Ricardo Matus. Foto 12 (Abajo izq.) Ejemplar adulto de Caiquén (morfo intermedio), mostran-
do el contrate del color gris de la cabeza con el blanco del pecho. Junio, Tres Puentes, foto Ricardo Matus. Foto 13 (Abajo der.). Juvenil de
Caiquén en su primer plumaje básico realizando su primera muda alterna. Mayo, Puerto Stanley, Islas Malvinas/Falklands foto Alan Henry.

Algunas interrogantes
Las mudas de las distintas especies de Anseriformes han sido bien estudiadas en Norteamérica, sin embargo, las estrate-
gias de muda, y más aún, su clasificación correcta son temas aún por resolver y producen más preguntas que respuestas
respecto de su clasificación (Howell 2010). En relación a la muda de los gansos de género Chloephaga, supuestamente
más cercanos a Anatinae que a los verdaderos gansos, es importante acotar que como aparece descrita en este docu-
mento, su estrategia de muda es distinta a la que utilizan la mayoría de los gansos verdaderos que en general consiste en
una sola muda anual y que involucra todas las plumas de estas aves (cuerpo y alas). Esto añade más interrogantes res-
pecto de los Anseriformes sudamericanos, y nos invitan a investigar más al respecto de este interesante aspecto de su
biología.
Página 9
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

a b

Comentarios sobre plumajes en Caiquén.

Macho
Si bien en muchos casos los machos de Caiquén presentan
un plumaje como los describe la literatura en los distintos
textos relacionados con la identificación de aves, en ningu-
no se hace mención a la sutil coloración grisácea de la ca-
beza de un número importante de los machos. Como se
aprecia en un ave adulta de plumaje intermedio dispar/
leucoptera (Foto 12), existe un claro límite en la base del
cuello desde donde comienzan las plumas blanco puro.
Con la información disponible es complejo determinar si
Foto 14a. Caiquén hembra Isla Carlos III, Magallanes, Diciembre, es una característica individual o asociada al morfo dispar,
foto de Carlos Olavarría. Foto 14b Pareja de caiquenes. Desemboca- sin embargo es probable que las aves de cabeza gris se tor-
dura del río San Juan, Magallanes, Febrero. foto Ricardo Matus. Foto nen blancas a medida que el plumaje se desgasta. Aparen-
14c. Caiquén hembra iniciando la muda pre básica. Enero, Lapataia, temente el color de la cabeza de los machos de la forma
Tierra del Fuego, foto Claudio Méndez.

Página 10
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

blanca (leucoptera), que habita en islas Malvinas/Falklands, es siempre blanco puro (Foto 13). Es necesario hacer una
revisión más extensa de pieles de Caiquén con el fin de determinar si se trata de una leve diferencia entre plumaje bási-
co y alterno.

Hembra
En los grupos de Caiquén es posible apreciar hembras de cabeza color crema (algunas casi blancas) (Foto 14). Esta ca-
racterística parece corresponder al desgaste del set de plumas de estas aves las cuales podrían tener un desgaste distinto
dependiendo de la localidad en la que el ejemplar cría. Coincidentemente, las fotos de las aves en esta nota correspon-
den a hembras en la zona de los canales, y podría indicar que las plumas en ese ambiente tienden a decolorar más, com-
paradas a las plumas de las aves de estepa, pero es necesario analizar más muestras para confirmar esta hipótesis. Tam-
bién es probable que las aves con estas características tuvieran la capacidad de “saltarse” una muda, sin embargo en la
mayoría de los casos observados, las primarias o terciales no muestran un desgate excepcional. Durante las migraciones
pos reproductivas (enero-mayo), este tipo de hembras se encontrarán mezcladas con aves de coloración típica en am-
bientes distintos (por ejemplo estepa o área de invernada).

AGRADECIMIENTOS
A Alvaro Jaramillo y Fabrice Schmitt por sus valiosos aportes al documento. A Alan Henry, Carlos Olavarría, Marcelo
Wilson, Valentín Feltrup, Humberto Cordero y Claudio Méndez por facilitar y autorizar el uso de sus fotografías.

BIBLIOGRAFIA
Howell, S.N.G. 2010. Molt in North American Birds. Peterson Reference Guides.
Humphrey, P. S. & K. C. Parkes. 1959. An approach to the study of molts and plumages. The Auk, 76:1-31
Jaramillo, A., 2005. Aves de Chile. Lynx Edicions, Barcelona.
McCracken K.G., C.P. Barger & M.D. Sorenson. 2010. Phylogenetic and structural analysis of the HbA (aA/bA)
and HbD (aD/bA), hemoglobin genes in two high-altitude waterfowl from the Himalayas and the Andes: Bar-headed
goose (Anser indicus) and Andean goose (Chloephaga melanoptera) Molecular Phylogenetics and Evolution 56 (2010)
649–658
Schmitt, F. 2009. Algunas definiciones ornitológicas sobre el plumaje de las aves e introducción a la terminología de
Humphrey- Parkes. La Chiricoca, 8:21-34
Summers, R.W., 1982. The absence of flightless moult in the Ruddy-headed Goose in Argentina and Chile. Wildfowl,
33:5-6
Summers, R. W. & J.H. McAdams. 1993. The upland Goose. Bluntisham Books Cambridgeshire.
Todd, F.S. 1997. Handbook of Waterfowl Identification. Ibis Publishing Company.

Página 11
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

El Castor americano, especie


exótica invasora en la
Patagonia
por Claudia Silva

Foto 1. Diques de castor en secuencia, foto Claudia Silva


Página 12
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Historia y consecuencias de una invasión

E l Castor americano (Castor canadensis) es un roedor


nativo de Norteamérica, que habita bordes de río y otros
sistemas acuáticos rodeados de bosques, de los cuales se
alimenta. Su distribución histórica abarcaba gran parte de
Canadá y los Estados Unidos, llegando incluso hasta Méxi-
co, pero la especie fue diezmada paulatina y marcadamente
a partir de la llegada de los colonos europeos, hasta un 10-
20% de su población inicial. Las pieles de castor y de otras
especies eran altamente demandadas en Europa, donde se
utilizaban para la confección de vestimenta básica y de mo-
da (Müller-Schwarze & Sun 2003).
Tal vez la escasez de individuos y restricciones impuestas a
la caza de castor en Norteamérica a partir de 1900, fueron
las que motivaron la introducción en 1946 de 25 parejas de
castor americano al Río Claro, cerca del Lago Fagnano, Tie- Foto 2. Castor con un transmisor satelital que permite entender
rra del Fuego argentina, cuya finalidad era formar una indus- sus movimientos de dispersión. Foto Claudio Moraga, Wildlife
Conservation Society.
tria peletera basada en la especie (Lizarralde 1993). Esta
industria nunca prosperó, sin embargo no ocurrió lo mismo con el asentamiento del castor en un archipiélago abundan-
te en hábitat acuático adecuado, cubierto de los bosques más australes del planeta, y donde no había ningún depreda-
dor que amenazara a estos recién llegados. Las 25 parejas iniciales de castores se reprodujeron y expandieron entre los
chorrillos, lagunas y turberas del archipiélago fueguino, alcanzando el lado chileno en los años 60, y cruzando hacia las
islas circundantes a la Isla Grande de Tierra del Fuego, como Navarino, Dawson y Hoste (Anderson et al. 2009). En los
90, la población en el lado chileno de Tierra del Fuego se estimó en 60.000 individuos (Skewes et al. 1999), mientras
que en la misma época se verificaba la llegada de la especie a la zona continental, en Península Brunswick, al sur de
Punta Arenas (¡para lo cual se supone que tuvo que cruzar el Estrecho de Magallanes a nado!)(Anderson et al. 2009).
Esto expandió la potencial colonización del castor a los bosques patagónicos continentales.
El crecimiento poblacional ha significando la incursión de los castores en hábitats inesperados, como la estepa magallá-
nica. Ni en Norteamérica ni en Europa, donde habita el Castor euro-asiático (Castor fiber), primo hermano del Castor
americano, se han documentado castores viviendo en zonas desprovistas de árboles. La presencia de vegetación leñosa
se considera indispensable para el castor, para desgastar sus dientes y ya que la madera es el único tipo de alimento ve-
getal que puede guardarse para el invierno, cuando todo está cubierto de nieve (Müller-Schwarze & Sun 2003; Rosell et
al. 2005). Sin embargo, los castores esteparios no se han dejado amedrentar, construyendo represas con el escaso mate-
rial que encuentren a disposición, como barro, postes y hasta basura. Desgastan sus dientes en los postes de los cercos, y
se especula que podrían lograr pasar el invierno en base a ramas de algún arbusto como el Romerillo (Chiliotrichum dif-
fusum) o la Mata verde (Lepidophyllum cupressiforme). No obstante, la búsqueda de más y mejor hábitat se mantuvo,
razón por la cual, nuevamente en un hecho inédito, todo indica que se lanzaron al agua salada en busca de nuevos hori-
zontes, que encontraron en las islas circundantes y, finalmente, en el continente (Soto et al. 2007).
Página 13
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Efectos ecológicos del castor en su


hábitat nativo y exótico
Los castores viven siempre asociados a
ecosistemas de agua dulce, esto porque
construyen madrigueras con entradas sub-
acuáticas, para refugiarse de los depreda-
dores. Para poder regular el nivel del agua
a su favor, suelen construir firmes represas
en los ríos, formando pozones. Son exclu-
sivamente herbívoros, alimentándose de
hojas, hierbas y la parte viva bajo la corte-
za de los árboles, pero no sólo roen made-
ra por alimento, sino para desgastar sus
incisivos, que crecen constantemente, co-
mo es característico de los roedores
Figura 1. Mapa de la expansión del castor en Tierra del Fuego (de Anderson et al. 2009, (Collen & Gibson 2000, Müller-Schwarzr
reproducido con autorización del autor).
& Sun 2003).
Es tal el nivel en el que los castores trasforman el hábitat, que son calificados por los ecólogos como ingenieros ecosisté-
micos. Al instalarse en un lecho de río, comienzan la construcción de la represa. Esto cambia las características de una
porción del río, disminuyendo la velocidad del agua, aumentando la temperatura y la cantidad de nutrientes, entre otros
factores. El “pozón” del castor adquiere características más similares a una laguna que a un río, y la flora y fauna asocia-
da se modifica consecuentemente. En el hábitat terrestre aledaño a la madriguera, los castores cortan los árboles ribere-
ños para obtener alimento y material de construcción, dando paso a la formación de una pradera (Collen & Gibson
2000).
Las posibilidades de las otras especies del ecosistema de sobrevivir a los cambios traídos por este ingeniero están direc-
tamente relacionadas con la familiaridad que tengan estas especies con estas nuevas condiciones. En Norteamérica,
donde el castor y las otras especies nativas han co-existido y co-evolucionado por milenios, las especies de árboles fre-
cuentemente consumidas por el castor son capaces de rebrotar desde el tocón, luego de que el castor ha cortado su
tronco. Además, la apertura del bosque permite la llegada de otros arbustos y hierbas, aumentando la riqueza de espe-
cies en el área afectada (Collen & Gibson 2000). En contraposición, los árboles del bosque fueguino –el ñirre, la lenga y
el coigüe- se reproducen a partir de semillas, y son incapaces de rebrotar una vez cortado su tronco. La apertura del bos-
que aumenta la riqueza de especies herbáceas y arbustivas, al igual que en Norteamérica, pero en este caso el incremen-
to se da mayormente por la invasión de especies exóticas (Anderson et al. 2006). La nula regeneración de los árboles en
los alrededores de la castorera (laguna construida por el castor) afecta negativamente al mismo castor, ya que estos son
su principal fuente de alimento, particularmente para el invierno. Esto implica que la “vida útil” de una castorera en Tie-
rra del Fuego es mucho menor que en su hábitat nativo de Norteamérica. El castor debe dejar el sitio e instalarse en un
nuevo lugar. En Norteamérica, un sitio abandonado por los castores toma alrededor de cinco años en recuperar su ve-
getación y poder recibir nuevos castores (Collen & Gibson 2000, Müller-Schwarze & Sun 2003). En Tierra del Fuego,
debido a que las semillas de árboles nativos se ahogan en la inundación producida por las represas de castor, no se ha
Página 14
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

observado recuperación de los árboles en


sitios abandonados hasta por 20 años
(Martínez-Pastur et al. 2006). Esto ha pla-
gado el bosque ribereño fueguino de par-
ches muertos, donde sólo sobreviven algu-
nas hierbas. El área de bosque removida
por el castor en la Isla Grande se ha estima-
do en 25.000 hectáreas (Parkes et al.
2009).
En su hábitat nativo, los castores son con-
siderados beneficiosos para las aves acuáti-
cas, las cuales aumentan en riqueza y abun-
dancia cuando el castor se asienta en un
sitio y construye su castorera. Se presume
que el aumento de aves ocurre porque, al
represar el río y formar la laguna, se co-
mienzan a acumular sedimentos, los cuales
contienen nutrientes que hacen aumentar
la productividad del sistema. Este aumento
de productividad se traduce en mayor
Foto 3. Castor cortando ramas . Foto Claudio Moraga abundancia de plantas, macroinvertebra-
dos y/o peces, lo que a significa mayor
cantidad de alimento disponible para las aves. También hay otros factores que pueden promover la preferencia de cas-
toreras por las aves, como la abundancia de vegetación arbustiva en las riberas, que crea hábitat adecuado para la repro-
ducción de algunas especies (McCall et al. 1996, Edwards & Otis 1999, MicKinstry et al. 2001).
La pregunta es si algo similar ocurre en la tierra donde el castor es una especie exótica. A diferencia de los efectos del
castor sobre los bosques de Tierra del Fuego, que se ha comprobado que son diferentes que lo que ocurre en el hábitat
nativo, en el caso del efecto sobre los sistemas de agua dulce, este parece ser similar en el hábitat nativo y exótico
(Anderson et al. 2009). Estudios han encontrado que las castoreras tienen mayor biomasa de macroinvertebrados que
las secciones de río no intervenidas por el castor (Anderson & Rosemond 2007), y que los salmones (otra especie ex-
ótica en nuestro país) que los habitan eran más grandes y crecían más rápido en las castoreras que en los ríos
(Arismendi 2009). Respecto a las aves, censos conducidos en Tierra del Fuego mostraron una respuesta positiva a las
castoreras en términos de especie (p. ej. Pato anteojillo, jergón grande, jergón chico). Por otro lado, las especies de ri-
bera eran más abundantes en las orillas de río o de laguna que en las castoreras (p.ej. Churretes, becacina, colegial)
(Silva 2010). La razón por la cual el efecto del castor, en el caso de los hábitats acuáticos, sería similar al de su hábitat
nativo, se explicaría porque las lagunas existen naturalmente en Tierra del Fuego, por lo que existen especies de la zona
adaptadas para vivir en las lagunas creadas por los castores. Esto a diferencia del impacto que tiene el castor sobre los
bosques, que no tiene ningún equivalente local, por lo que las especies no tienen mecanismos de respuesta para ellos.
Por otro lado, a diferencia de las aves acuáticas, las aves de bosque se deberían ver negativamente afectadas por los cas-

Página 15
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

tores, ya que pierden parte de su hábitat. Aunque esto no ha sido comprobado, ha sido sugerido para especies como el
carpintero negro (Vergara & Schlatter 2004).
Intentos de control y la opción de la erradicación
El control del castor en Tierra del Fuego comienza con la autorización de su caza en Argentina en 1981, y posterior-
mente en Chile con su declaración como plaga en 1992. Acciones concretas comenzaron en 2001 y 2004 respectiva-
mente, con acciones dirigidas a fomentar la caza con fines comerciales, principalmente peleteros. La baja densidad po-
blacional (humana), poca cultura de caza, gran distancia de los centros de compra y consumo y la deprimida situación
del mercado peletero mundial explican el que estas medidas no tuvieran éxito en controlar el crecimiento poblacional o
la expansión del castor en Tierra del Fuego, como podría haberse predicho del fracaso de la industria peletera que mo-
tivó la introducción inicial de la especie (Parkes et al. 2009).
A raíz de la falla de los programas de control, desde mediados del 2000, agencias gubernamentales de Chile y Argentina
(Servicio Agrícola y Ganadero, Dirección de Fauna Silvestre, Administración de Parques Nacionales, Gobierno regio-
nal y provincial), instituciones científicas (CADIC, Universidad de Magallanes) y ONGs (Wildlife Conservation Socie-
ty) se reunieron en diversos talleres para comenzar a explorar la factibilidad de erradicar a la especie, es decir, eliminarla
de todo su rango de distribución en Patagonia (Parkes et al. 2009). Mientras que el control implica un esfuerzo cons-
tante para mantener densidades bajas o mantener a la especie fuera de un lugar determinado, la erradicación implica un

Foto 4. Daño bosque producido por Castor, Karukinka, Tierra del Fuego. Foto Bárbara Saavedra
Página 16
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Foto 5. Muerte de bosque de ribera por efecto del castor. Foto A. Schiavini

esfuerzo mayor, pero acotado en el tiempo, para eliminar por completo la especie de todo su rango de distribución, de
manera que no pueda volver a recolonizar áreas. Económica y ecológicamente, para una especie exótica e invasora con-
siderada dañina, la erradicación suele ser preferible al control. No obstante, no todas las especies son susceptibles de ser
erradicadas, dependiendo de su propia ecología y biología y también del tamaño del área que han logrado colonizar.
Un estudio realizado por expertos en erradicación, que participaron en la eliminación de las cabras para la restauración
de la vegetación nativa en la Isla Isabella en Las Galápagos, concluyó que la erradicación es posible desde el punto de
vista ecológico y técnico, sin embargo el éxito de la campaña dependerá de que los gobiernos y administraciones prove-
an el marco institucional necesario, es decir, permitan la coordinación expedita de autoridades y equipos técnicos en
Chile y Argentina (Parkes et al. 2009). En ese sentido, se firmó en 2008 un acuerdo binacional para trabajar conjunta-
mente en la erradicación del castor de Patagonia y la restauración de los ecosistemas afectados, y se elaboró un Plan
Estratégico para la Erradicación del Castor. Actualmente se está trabajando para conseguir fondos para implementar
proyectos piloto de erradicación, que permitan poner a prueba las técnicas. La puesta en marcha de una campaña de
erradicación es un desafío mayor en términos financieros, logísticos y administrativos.
Referencias:
Anderson, C.B. & A. Rosemond. 2007. Ecosystem engineering by invasive exotic beavers reduces in-stream diversity
and enhances ecosystem function in Cape Horn, Chile.
Anderson, C.B., C.R. Griffith, A.D. Rosemond, R. Rozzi & O. Dollenz. 2006. The effects of invasive North Ameri-
can beavers on riparian plant communities in Cape Horn, Chile: Do exotic beavers engineer differently in sub-Antarctic
ecosystems? Biological Conservation 128:467-474.
Anderson, C.B., G.M. Pastur, M.V. Lencinas, P.K. Wallem, M.C. Moorman & A.D. Rosemond. 2009. Do intro-
duced North American beavers Castor canadensis engineer differently in southern South America? an overview with

Página 17
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

implications for restoration. Mammal Review 39:33-52.


Arismendi, I. 2009. The success of non-native salmon and trout in Southern Chile: human, environmental and invader
dimensions in a conceptual model of biological invasion processes. Doctoral Dissertation. Universidad Austral de
Chile, Valdivia.
Collen, P. & R.J. Gibson. 2000. The general ecology of beavers (Castor spp.), as related to their influence on stream
ecosystems and riparian habitats, and the subsequent effects on fish - A review. Reviews in Fish Biology and Fisheries
10:439-461.
Edwards, N.T. & D.L. Otis. 1999. Avian communities and habitat relationships in South Carolina piedmont beaver
ponds. American Midland Naturalist 141:158-171.
Lizarralde, M. 1993. Current status of the introduced beaver (Castor canadensis) population in Tierra del Fuego, Ar-
gentina. AMBIO 22:351-358.
Martínez Pastur, G., V. Lencinas, J. Escobar, P. Quiroga, L. Malmierca & M. Lizarralde. 2006. Understory succes-
sion in areas of Nothofagus forests in Tierra del Fuego (Argentina) affected by Castor canadensis. Journal of Applied
Vegetation Science 9:143-154.
McCall, T.C., T.P. Hodgman, D.R. Diefenbach & R.B. Owen. 1996. Beaver populations and their relation to wet-
land habitat and breeding waterfowl in Maine. Wetlands 16:163-177.
McKinstry, M.C., P. Caffrey & S.H. Anderson. 2001. The importance of beaver to wetland habitats and waterfowl in
Wyoming. Journal of the American Water Resources Association 37:1571-1577.
Müller-Schwarze, D. & L. Sun. 2003. The beaver: natural history of a wetlands engineer. Cornell University Press,
New York.
Parkes, J.P., J. Paulson, C.J. Dolan & K. Campbell. 2009. Informe final Estudio de factibilidad de erradicar al castor
americano (Castor canadensis) en la Patagonia. Fundación InnovaT, Santiago.
Rosell, F., O. Bozsér, P. Collen & H. Parker. 2005. Ecological impact of beavers castor fiber and castor canadensis
and their ability to modify ecosystems. Mammal Review 35:248-276.
Silva, C.A. & B. Saavedra. 2008. Knowing for controlling: ecological effects of vertebrate invaders in Tierra del Fuego.
Revista Chilena de Historia Natural 81:123-136.
Skewes, O., F. González, R. Olave, A. Ávila, V. Vargas, P. Paulsen & H.E. König. 2006. Abundance and distribu-
tion of American beaver, Castor canadensis (Kuhl 1820), in Tierra del Fuego and Navarino Islands, Chile. European
Journal of Wildlife Research 52:292-296.
Silva, C.A. 2010. Beaver ponds as waterbird habitat in Tierra del Fuego. Tesis para optar al grado de Magíster en Cien-
cias Biológicas. Universidad de Chile. 40 pp.
Soto, N., J. Cabello & D. Antúnez. 2008. Gestión y técnicas de control de castores en Chile: lecciones aprendidas. En
Silva, C. & B. Saavedra (eds.). Actas del Taller Internacional para el Control de Castores en el Archipiélago de Tierra
del Fuego.
Vergara, P. & R. Schlatter. 2004. Magellanic woodpecker ( Campephilus magellanicus) abundance and foraging in
Tierra del Fuego, Chile. Journal of Ornithology: 343-351.

Página 18
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Guía práctica para identificar a


cuatro especies de lagartijas de
Chile central:
Liolaemus curicensis,
L. fuscus,
L. lemniscatus y
L. pseudolemniscatus
por Félix Urra y Jaime Troncoso-Palacios

Foto 1. Lagartija de Curicó (Liolaemus curicensis), Paso Vergara, Región de O´Higgins, foto Fabrice Schmitt.
Página 19
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Las especies de reptiles chilenos son en su mayoría representadas por una gran variedad de lagartos y lagartijas de ta-
maños medianos a pequeños (Donoso-Barros 1966). Estas lagartijas pertenecen al género Liolaemus (Familia Liolae-
midae) siendo actualmente 94 especies conocidas para Chile (Vidal & Díaz-Páez 2012).
Este género se caracteriza por su amplia distribución y utilización de hábitats variados, en los cuales frecuentemente se
pueden encontrar ensambles compuestos por más de una especie (Carothers et al. 1998).
En este artículo, se indican características generales y del diseño y coloración que permiten discriminar a cuatro espe-
cies de lagartijas de Chile central, cuyos fenotipos (rasgos externos) son muy similares y que pueden ser confundidos
para el observador no especialista.
Dichas especies son Liolaemus curicensis, L. fuscus y L. lemniscatus del grupo alticolor-bibronii (Quinteros 2012) y L.
pseudolemniscatus, especie próxima al grupo nigromaculatus (Lobo 2005). Todas estas especies tienen una apariencia
“similar” y en ocasiones pueden habitar en simpatría por tener un rango distribucional sobrelapado (Figura 1).

Figura 1: Mapa esquemático de la distribución de las cuatro especies de lagartijas en estudio.

Características de la especie

Lagartija lemniscata (Liolaemus lemniscatus Gravenhorst 1838)


Distribución: Desde Los Vilos hasta Altos de Vilches (Núñez 1992). Con límite sur en Lota según Victoriano et al.
(2008). Mencionado por Donoso-Barros (1966) para Argentina, en las cercanías de Pino Hachado. Esta población fue
descrita recientemente como L. abdalai (Quinteros 2012). Según Mella (2005) habita entre los 0 y 2100 msnm.
Biología: Es una de las especies más abundantes y característica de los parajes de la zona central de Chile (Foto 2).
Frecuentemente asociada a matorrales secos en orillas de caminos y faldas de cerros. Es insectívora. Su época reproduc-
tiva se inicia en septiembre. La postura de 3-4 huevos elípticos (Donoso-Barros 1966) de color amarillento (FU, obs.

Página 20
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

pers) son depositados desde octubre. Sin em-


bargo, hemos observado un apareamiento
durante enero, a aproximadamente 1500 m en
el Cerro Carpa (Región Metropolitana).
Estado de conservación y endemismo: Vul-
nerable en la zona centro y frecuente en la
zona sur (SAG 2012). Datos deficientes
según la IUCN (2012). Endémica de Chile,
ya que las poblaciones de Argentina han sido
descritas como una nueva especie (ver Quin-
teros 2012).
Foto 2. Lagartija Lemniscata (Liolaemus lemniscatus), Altos de Cantillana, Región
Metropolitana, foto Félix A. Urra. Lagartija lemniscata falsa (Liolaemus
pseudolemniscatus Lamborot y Ortiz
1990)
Distribución: Ha sido registrada en las costas
y valle central del centro-norte de Chile; des-
de Totoralillo, Región de Coquimbo
(Pincheira-Donoso & Núñez 2005) hasta el
Cerro Provincia, Región Metropolitana
(Troncoso-Palacios 2011). Habita entre los
50 y 2100 msnm, alcanzando los mayores re-
gistros altitudinales en la cordillera de la Re-
gión Metropolitana (Troncoso-Palacios
2011).
Biología: Es una especie insectívora, que
Foto 3. Lagartija lemniscata falsa (Liolaemus pseudolemniscatus), Cerro Provincia,
habita en ambientes abiertos con vegetación
Región Metropolitana, foto Félix A. Urra
herbácea y espinosa (Foto 3). Es ovípara, de-
positando 2-3 huevos (Lamborot & Ortiz
1990). En la cordillera de la zona central, es activa durante el invierno en días asoleados (Troncoso-Palacios 2011).
Estado de conservación y endemismo: Fuera de Peligro, zona central (SAG 2012, IUCN 2012). Endémica de Chile.

Lagartija parda (Liolaemus fuscus Boulenger 1885)


Distribución: Su límite de distribución norte se encuentra en Huasco (Región de Atacama) (Troncoso & Ortiz 1987).
Troncoso-Palacios y Marambio (2011) publicaron una foto de un ejemplar en Llanos de Challe, pero este registro ba-
sado en fotografías requiere confirmación. Respecto de su límite sur, Núñez (1992) señala la presencia de ejemplares
en los alrededores de Talca. Con límite austral hasta los alrededores de Chillán (Región del Biobío) según Donoso-
Barros (1966). Según Mella (2005) habita entre los 0 y 1900 msnm.
Biología: Es una especie insectívora y ovípara, poniendo 2-3 huevos (Donoso-Barros, 1966). Prefiere zonas rocosas,
con presencia de puyas y cactus (Foto 4).
Estado de conservación y endemismo: Especie catalogada como Fuera de Peligro (SAG 2012). Datos deficientes
según la IUCN (2012). Endémica de Chile.
Página 21
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Foto 4. Lagartija parda (Liolaemus fus- Figura 2. Descripción esquemática de los componentes del diseño general de las especies. En (C)
cus), Salto de Apoquindo, Región Metro- se indican los nombres. Son utilizadas como ejemplo (A) L. lemniscatus, Alto de Cantillana, Re-
politana, foto Jaime Troncoso-Palacios. gión Metropolitana, Jaime Troncoso-Palacios; (B) L. lemniscatus, Chicureo, Región Metropolita-
na, foto F. Urra; (D) L. curicensis, Río Azufre, Región de O´Higgins, foto J. Troncoso-Palacios.

Lagartija de Curicó (Liolaemus curicensis Müller y Hellmich 1938)

Distribución: Se extiende entre la cordillera de la Región de O´Higgins en el sector de El Teniente (Salaberry et al.
1982 (describiéndola como L. hernani)) hasta Los Queñes (Región del Maule), al este de Curicó (Donoso-Barros
1966).
Biología: Es una especie poco conocida, es insectívora y habita en matorral cordillerano (Donoso-Barros 1966) (Foto
1). Como la mayoría de las especies del género Liolaemus, es ovípara (Donoso-Barros 1966). Es activa en días asolea-
dos durante el invierno, incluyendo áreas densamente nevadas (Pincheira-Donoso & Núñez 2005).
Comentarios: Sallaberry et al. (1982) describieron la Lagartija de Hernán (L. hernani) para la sexta región, sin embar-
go, en años posteriores fue considerada por Pincheira-Donoso y Núñez (2005) como sinonimia menor de L. curicensis,
cuya modificación actualmente se considera válida (Lobo et al. 2010). JTP ha revisado un espécimen de El Planchón,
este de Los Queñes (véase material examinado), que confirma la propuesta de Pincheira-Donoso y Núñez (2005).
Estado de conservación y endemismo: Fuera de Peligro, zona central (SAG 2012). Datos deficientes según la IUCN
(2012). Endémica de Chile.
Comparaciones entre especies
Con el objeto de esquematizar los componentes del diseño y coloración de las especies Liolaemus estudiadas, la Figura
2 describe las características compartidas (letras a, b y c) y las características diferenciales (letras d, e, f y g), siendo estas
Página 22
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

TABLA 1: Comparación entre las cuatro especies


Se agruparon las características de las especies en estudio en dos categorías (Generales y del Diseño-coloración).

CARACTERÍSTICAS GENERALES

Especies L. lemniscatus L. pseudolemniscatus L. fuscus L. curicensis

Rango de distribución Región de Coquimbo Región de Coquimbo - Re- Región de Atacama - Región de O´Higgins -
– Región del Biobío gión Metropolitana Región del Biobío Región del Maule
Hábito Terrícola–saxícola Terrícola–saxícola Saxícola – en ocasio- Terrícola –saxícola
nes trepador
(arbustos)
Dicromatismo sexual Poco notorio Muy marcado Poco notorio Poco notorio
(Macho con diseño difuso)
Longitud hocico-cloaca 42,9 – 54,8 47,0 – 54,1 35,1 – 52,3 50,2 - 60,9
(mm)
CARACTERÍSTICAS DEL DISEÑO-COLORACIÓN

Especies L. lemniscatus L. pseudolemniscatus L. fuscus L. curicensis

Flancos (d) Blanquecino en hem- Blanquecino (d1) Blanquecino o amari- Blanquecino o amarillen-
bras - Rojizo en ma- llento con manchas to con líneas negras muy
chos (d1) negras definidas (d2)
Contraste entre el color de la Sin contraste Cabeza café cobriza y cuer- Sin contraste Sin contraste
cabeza y dorso (banda occipi- po gris (e1)
tal) (e)
Diseño dorso-lateral: Presen- Banda dorso-lateral Banda dorso-lateral (f1) Manchas dorso- late- Manchas dorso- laterales
cia de Banda o Manchas (f) (f1) (marcada en la hembra y rales difusas (f2) muy marcadas (f2)
difusa en el macho)
Línea vertebral (g) Nunca Nunca Continua o poco Fragmentada (g1)
fragmentada (g)

últimas contrastadas entre las 4


especies en la Figura 3. La Tabla
1 resume las características que
pueden ser usadas para diagnosti-
car estas especies.

Agradecimientos
Los autores agradecen a Patricio
Zabala (Colección de Flora y
Figura 3. Comparación de los diseños de (A) L. lemniscatus, (B) L. pseudolemniscatus, (C) L. fuscus Fauna Profesor Patricio Sánchez
y (D) L. curicensis. Las flechas incorporando letras indican las características detalladas en la Tabla Reyes, PUC), Madelein Lambo-
1. rot (Laboratorio de Citogenética
Evolutiva, Universidad de Chile)
y Franklin Troncoso (Museo Regional de Concepción) por permitirnos examinar el material bajo su cuidado. A Fabri-
ce Schmitt por su apoyo.

Página 23
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Material examinado
Liolaemus curicensis. LCUC 2311. SSUC Re 243, 245-46, 252-53, 254. Liolaemus fuscus. MRC 229-34, 236. SSUC Re
255-60. Liolaemus lemniscatus. SSUC Re 38, 44, 50-2. Liolaemus pseudolemniscatus. SSUC Re 30-1, 390-93.

Referencias
Carothers, JH; Marquet, PA & Jaksic, FM. 1998. Thermal ecology of a Liolaemus lizard assemblage along an Andean
altitudinal gradient in Chile. Revista Chilena de Historia Natural 71: 39-50.
Donoso-Barros, R .1966. Reptiles de Chile. Santiago: Universidad de Chile. Editorial Universitaria. 458 pp + cxlvi.
IUCN .2012. IUCN Red List of Threatened Species. Version 2012.1. <www.iucnredlist.org>.
Lamborot M &. Ortiz JC. 1990. Liolaemus pseudolemnicatus, a new species of lizard from north Chico Chile (Sauria:
Tropiduridae). Gayana Zoología 54, 3-4: 136-129.
Lobo, F .2005. Las relaciones filogenéticas dentro del grupo chiliensis (Iguania: Liolaemidae: Liolaemus): sumando
nuevos caracteres y taxones. Acta Zoológica Lilloana 49: 65-87.
Lobo, F.; Espinoza, R.E. & S. Quinteros. 2010. A critical review and systematic discussion of recent classification
proposals for liolaemid lizards. Zootaxa 2549: 1–30.
Mella, JE. 2005. Guía de Campo Reptiles de Chile: Zona Central. Peñaloza APG, Novoa F & M Contreras (Eds). Edi-
ciones del Centro de Ecología Aplicada Ltda. 147 pp + xii.
Núñez, H. 1992. Geographical data of Chilean lizards and snakes in the Museo Nacional de Historia Natural, Santiago,
Chile. Smithsonian Herpetological Information Service 91:1-29.
Pincheira-Donoso, D. & H. Núñez. 2005. Las especies chilenas del género Liolaemus Wiegmann. 1834. (Iguania:
Tropiduridae: Liolaeminae). Taxonomía, sistemática y evolución. Publicación Ocasional, Museo Nacional de Historia
Natural (Chile) 59: 1-486.
Quinteros, AS .2012. Taxonomy of the Liolaemus alticolor–bibronii Group (Iguania: Liolaemidae), with Descriptions
of Two New Species. Herpetologica 68, 1: 100-120
SAG . 2012. La Ley de Caza y su Reglamento. Ministerio de Agricultura. Santiago.
Sallaberry, M; Núnez, H & Yáñez, J .1982. Liolaemus hernani n. sp. de Iguanidae de la zona central de Chile. Museo
Nacional de Historia Natural Boletín (Santiago):39: 93-99.
Troncoso, J. F. & Ortiz, J. C .1987. Catálogo herpetológico del Museo Regional de Concepción. Comunicación Mu-
seo Regional de Concepción 1: 9-19
Troncoso-Palacios, J .2011. Liolaemus pseudolemniscatus Lamborot and Ortiz, 1990 (Squamata: Liolaemidae): Distri-
bution extension in Central Chile. Check List 7, 6: 849-851.
Troncoso-Palacios, J & Marambio, JA . 2011. Lista comentada de los Reptiles de la Región de Atacama. Boletín del
Museo Regional de Atacama 2: 62-76.
Victoriano, P. F.; Ortiz, J. C.; Benavides, E.; Adams, B. J. & Sites, J. W. 2008. Comparative Phylogeography of
Codistributed Species of Chilean Liolaemus (Squamata: Tropiduridae) from the Central-Southern Andean Range. Mo-
lecular Ecology, 58, 4:842–861.
Vidal M & Díaz-Páez H. 2012. Biogeography of Chilean herpetofauna: biodiversity hotspot and extinction risk. In Ste-
vens L (Ed) Global advances in Biogeography. Intech Press.137-154 pp

Página 24
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Árboles viejos y muertos en pie:


un recurso vital para la fauna del
bosque templado de Chile
por Tomás A. Altamirano, José Tomás Ibarra, Kathy Martin & Cristián Bonacic

Foto1 . Árbol muerto en pie, foto Tomás Altamirano.


Página 25
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

E n el mundo, más de 1000 especies de aves, muchos mamíferos, anfibios y reptiles, dependen o usan cavidades en
árboles para reproducirse y/o refugiarse. En el bosque templado andino del sur de Chile, al menos un 53% de las aves
(27 especies), tres mamíferos y dos reptiles, usan cavidades en árboles para estas actividades críticas en sus historias de
vida (Altamirano et al. 2012). Las cavidades pueden ser formadas por excavación o por descomposición. En el primer
caso, las especies excavan sus propias cavidades en los árboles. En el segundo, el proceso natural de descomposición y
senescencia de un árbol gradualmente formará cavidades, algunas de las cuales serán adecuadas para que los individuos
nidifiquen y se refugien.
Los gremios son grupos de especies que
utilizan un tipo de recurso (e.g. alimen-
to, sitios de nidificación) de una manera
similar (Root 1967). Por ejemplo, las
especies que usan cavidades son clasifi-
cadas dentro de tres gremios de acuerdo
a cómo las adquieren. En el bosque tem-
plado andino de Chile, pájaros carpinte-
ros y comesebos son excavadores que
crean sus cavidades en los árboles (i.e.
nidificadores primarios). El segundo
gremio son las especies que usan cavida-
des, pero que no son capaces de excavar-
las (i.e. nidificadores secundarios). Este
gremio agrupa a muchas aves cantoras
(golondrinas, rayaditos y chercanes), Figura 1. Origen de las cavidades utilizadas por nidificadores secundarios en distintos bos-
ques de Norte y Sudamérica.
patos (¡sí, algunos patos nidifican en
cavidades de árboles!), loros (cachañas
y choroyes), aves rapaces (concón, chuncho y cernícalo), mamíferos de pequeño tamaño (monito del monte y rata
arbórea) y reptiles (lagartijas tenue y picta). Así, los nidificadores secundarios dependen de la generación de cavidades
por alguno de los dos procesos mencionados (excavación o descomposición). El tercer gremio, los excavadores débiles,
en ciertas ocasiones excavan sus propias cavidades en árboles adultos y, en otras, utilizan cavidades pre-existentes
(Martin & Eadie 1999).
Haciendo una analogía con las “Redes Tróficas” que están presentes en todos los ecosistemas, Martin & Eadie (1999)
acuñaron el concepto de “Redes de Nidos” para describir la interdependencia entre los tres gremios con respecto a la
creación y uso de cavidades en árboles. En todos los lugares en donde haya árboles existirá una comunidad de fauna
silvestre asociada a la “Red de Nidos”. Por lo tanto, esta última existe en todos los continentes exceptuando la Antárti-
ca.

Las aves y su dependencia de árboles viejos y muertos en pie


Cuando comenzamos a estudiar a las aves que utilizan cavidades en los bosques templados andinos de la región de La
Araucanía de Chile, pensamos que la “Red de Nidos” del bosque austral podría comportarse de forma similar a lo que
ha descrito Kathy Martin, por más de 17 años, para los bosques templados del hemisferio norte. En el interior de Bri-
Página 26
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

tish Columbia (Canadá), el 90% de los nidificadores


secundarios usa cavidades excavadas por otras aves
(excavadores primarios) y el resto utiliza cavidades
formadas por descomposición. El Carpintero escapula-
rio (Colaptes auratus), un carpintero muy similar al
Pitío (Colaptes pitius) de los bosques de Chile, es la
especie excavadora más importante, tanto por su abun-
dancia como por la gran cantidad de cavidades que ge-
nera. Sus cavidades son utilizadas por un amplio rango
de especies, desde golondrinas hasta patos y ardillas.
Otro carpintero de mayor tamaño, el Picamaderos nor-
teamericano (Dryocopus pileatus), es muy importante
ya que a pesar de ser una especie menos abundante,
produce cavidades más grandes y de mayor duración
en el tiempo, las que son utilizadas por aves rapaces y
mustélidos. Por otra parte, el Álamo temblón (Populus
tremuloides) es la especie de árbol preferida por los ni-
dificadores de cavidades del bosque templado en el
hemisferio norte, encontrándose en ella un 95% de los
nidos. Sin embargo, una enorme proporción de éstos
se encontraba en árboles con estados avanzados de
descomposición o muertos en pie (Martin et al. 2004).
Para nuestra sorpresa, en el bosque templado andino
de Chile el panorama ha resultado ser distinto hasta
ahora. En nuestro estudio, hemos registrado que la
gran mayoría (69%) de las cavidades en árboles utiliza-
das por aves, pequeños mamíferos y reptiles, son gene-
radas por eventos de origen natural (fisuras en la corte-
za, ramas quebradas, fustes descompuestos). Sólo un
31% de los nidos usados se presentan en cavidades ex-
cavadas (Figura 1). Sorprendentemente, la mayoría de Foto 2. Carpintero negro (Campephilus magellanicus) macho en cavi-
éstas fueron excavadas por el Comesebo grande o dad-nido excavada, foto Diego Araya.
"Tinticón" (Pygarrhichas albogularis) y en menor medi-
da por el Carpintero Negro o "Carpintero gigante" (Campephilus magellanicus) y pitíos.
Lo más llamativo es que las cavidades excavadas por estas aves son luego utilizadas por otras. Por ejemplo, las cavidades
generadas por comesebos son fuertemente preferidas por golondrinas chilenas (Tachycineta meyeni), mientras que las
generadas por carpinteros son usadas por cachañas (Enicognathus ferrugineus) y concones o "búhos del bosque" (Strix
rufipes). Esta última especie es considerada el ave rapaz con mayor prioridad de conservación en los bosques templados
de Sudamérica, por lo que las cavidades generadas por el carpintero negro podrían ser críticas para su conservación
(Beaudoin & Ojeda 2011; Ibarra et al. 2012).
Página 27
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Un patrón coincidente con el bosque templado del hemisferio norte, es que un 63% de las cavidades usadas para nidifi-
cación en el bosque templado andino de Chile se encontraron en árboles muertos en pie y sólo un 37% en árboles vi-
vos. Sin embargo, estos últimos generalmente se encontraban en estados avanzados de descomposición. Estos árboles
no correspondieron mayoritariamente a una sola especie como en Norteamérica. En Chile, las aves nidificaron princi-
palmente en cavidades disponibles en robles (Nothofagus obliqua), coihues (Nothofagus dombeyi), avellanos (Gevuina
avellana) y lengas (Nothofagus pumilio).

El legado de la descomposición
En Sudamérica sub-tropical, hay muchas aves y
mamíferos que usan cavidades, incluyendo mu-
chas especies coloridas como tucanes y loros. En
la zona Atlántica de Argentina, se ha descrito
que un 83% de las aves nidificadoras secundarias
usan cavidades formadas por procesos de des-
composición en los árboles (Figura 1, Cockle et
al. 2011). Esto último, a pesar del hecho de que
existen muchas especies de carpinteros en el
bosque. Nuestros estudios en el bosque templa-
do andino parecen ir en esta dirección.
La formación de cavidades por descomposición
de árboles es un proceso lento. Los árboles pue-
den llegar a los 100 años de vida antes de que su
descomposición sea la adecuada para formar
una cavidad de buena calidad. Así, los animales
que usan cavidades dependen de árboles viejos,
pero estos árboles viejos de grandes diámetros
son también valorados para ser cosechados en
Sudamérica y en muchos otros lugares.

El legado de los comesebos y carpinte-


ros
Los comesebos y carpinteros pueden producir
muchas cavidades anualmente, pero general-
mente usan la cavidad sólo una vez para nidifi-
car. Las cavidades excavadas por carpinteros
generalmente duran varios años. Así, estas cavi-
dades quedan disponibles para otras especies de
vertebrados que usan y dependen de éstas. En Foto 3. Concón (Strix rufipes), un búho nidificador secundario de cavidades, foto
Norteamérica, los pájaros carpinteros son consi- Peter Damerell.
Página 28
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Foto 5. Comesebo grande (Pygarrhichas albogularis), una especie clave en la red de nidos del bosque templado andino de Chile por el alto
número de cavidades que genera. Foto Tomás Altamirano

derados como “especies clave” o “arquitectos del ecosistema”, ya que ellos forman muchas cavidades de alta calidad que
son adecuadas para numerosos vertebrados que dependen de éstas (Aitken & Martin 2007). En Chile, este potencial
rol de los pájaros carpinteros aún no ha sido dilucidado. Sin embargo, nuestros resultados hasta ahora sugieren que los
comesebos tendrían un rol relativamente más importante que los carpinteros como proveedores de cavidades para
otras especies.

Implicancias para la conservación


La disponibilidad de cavidades de calidad para la fauna silvestre es un factor limitante en casi todos los ecosistemas. Los
estudios de largo plazo en Canadá y nuestros estudios en el sur de Chile, subrayan la importancia de un suministro con-
tinuo de árboles viejos para la fauna que utiliza y depende de cavidades. En Chile, es crítico un manejo sustentable de
los bosques para la vida de los vertebrados que usan cavidades. Esto implica la mantención de tantos árboles nativos
como sea posible, y de todas las edades: árboles viejos y árboles muertos en pie, junto con árboles jóvenes que con el
paso de los años vayan reemplazando a los viejos que salen del sistema. Programas de educación ambiental, junto con
políticas explícitas para la mantención de árboles viejos y muertos en pie, asociadas a la certificación forestal, consti-
tuirían un real aporte para la mantención de esta compleja comunidad que vive en torno a las cavidades.

Página 29
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Agradecimientos
Este trabajo se ha realizado en el marco de un Fondo de Protección Ambiental Nº9-I-009-2012, Ministerio del Medio
Ambiente. También hemos recibido el apoyo de Cleveland Metroparks Zoo, Cleveland Zoological Society, The Ruf-
ford Small Grants for Nature Conservation, The Peregrine Fund, Santuario El Cañi, Corporación Nacional Forestal
(CONAF), Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal PUC, Centro de Desarrollo Local (CEDEL) y Sede Regional
Villarrica PUC. Agradecemos a M. Acevedo, M. de la Maza, A. Vermehren, L. Forero, A. Dittborn, C. Délano, M. Sabu-
gal, J. Laker, R. Sanhueza, M. Venegas, G. Valdivieso, A. Hargreaves, I. Mujica y A. Barreau. TAA y JTI son becarios
CONICYT.
Afiliaciones de los autores: TAA1, JTI1,2,3, KM2 & CB1
1
Laboratorio Fauna Australis, Departamento de Ecosistemas y Medio Ambiente, Facultad de Agronomía e Ingeniería
Forestal, Pontificia Universidad Católica de
Mayor información sobre la ecología e historias de vida de las aves Chile. 2Centre for Applied Conservation Re-
del bosque templado andino puede ser encontrada en: Altamirano, search, Department of Forest Sciences, Uni-
T.A., Ibarra, J.T., Hernández, F., Rojas, I., Laker, J. & Bonacic, C. versity of British Columbia. 3The Peregrine
(2012) Hábitos de nidificación de las aves del bosque templado andino Fund, Boise, USA.
de Chile. Fondo de Protección Ambiental, Ministerio del Medio Am- Referencias
biente, Serie Fauna Australis, Pontificia Universidad Católica de Aitken K. & Martin K. 2007. The impor-
Chile, Santiago. Descarga libre en: http://villarrica.uc.cl/aves. tance of excavators in hole-nesting commu-
nities: availability and use of natural trees
holes in old mixed forests of western Can-
ada. Journal of Ornithology, 148, 425-434.
Altamirano, T.A., Ibarra, J.T., Bonacic, C. & Martin, K. 2012. Southern temperate forest cavity-nest web structure:
species richness and the role of tree decay in Patagonia, Chile. 5th North American Ornithological Conference, Vancouver,
Canada.
Beaudoin F. & Ojeda V. 2011. Nesting of Rufous-Legged Owls in evergreen Nothofagus forests. Journal of Raptor Re-
search, 45, 75-77.
Cockle, K.L., Martin, K. & Wesołowski, T. 2011. Woodpeckers, decay, and the future of cavity-nesting vertebrate
communities worldwide. Frontiers in Ecology and the Environment, 9, 377-382.
Ibarra, J.T., Gálvez, N., Gimona, A., Altamirano, T.A., Rojas, I., Hester, A., Laker, J. & Bonacic, C. 2012. Rufous-
legged Owl (Strix rufipes) and Austral Pygmy Owl (Glaucidium nanum) stand use in a gradient of disrupted and old
growth Andean temperate forests, Chile. Studies on Neotropical Fauna and Environment, 47, 33-40.
Martin, K., Aitken K. & Wiebe K. 2004. Nest sites and nest webs for cavity-nesting communities in interior British
Columbia, Canada: nest characteristics and niche partitioning. The Condor, 106, 5-19.
Martin, K. & Eadie, J.M. 1999. Nest webs: a community-wide approach to the management and conservation of cav-
ity-nesting forest birds. Forest Ecology and Management, 115, 243-257.
Root R. 1997. The niche exploitation pattern of the blue-gray gnatcatcher. Ecological Monographs, 37, 317-350.

Página 30
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Resumen de
Avistamientos
por Rodrigo Barros, Fabrice Schmitt y la red de observadores de aves

Septiembre 2011 –Febrero 2012

Tenca de alas blancas (Mimus triurus), 4 septiembre 2011, estero San Sebastián, Cartagena (Reg. V) , foto Ignacio Azócar

Página 31
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Estos son algunos de los avistamientos más interesantes que se hicieron en Chile, entre los meses de septiembre 2011 y febrero
2012, y que llegaron principalmente a través de la base de datos eBird, administrada en el país por la ROC.
Si haces observaciones de aves, tus datos siempre serán muy bienvenidos!!!
Para enviar tus avistamientos, te invitamos a utilizar el sistema eBird. Con eBird puedes organizar tus registros, dejando que estos
datos sean accesibles a los ornitólogos, científicos y conservacionistas que los necesiten. Claro, más relevantes serán tus datos
mientras más información agregues a tus avistamientos, como cantidad, edad, sexo o comportamiento de reproducción. Si necesi-
tas información sobre identificación o distribución de las aves en Chile, si quieres anunciar el avistamiento de un ave rara o si tie-
nes cualquier duda sobre las aves chilenas, no dudes en participar en el e-group ObsChile.

Para este resumen se utilizaron los avistamientos de los 215 siguientes observadores:
Agrupación Patagónica, Óscar Acevedo, Emilio Aguilar, Camila Agurto, Nicolás Alé, Gail Alfsen, Claudia
Altamirano, Mario Alvarado, Nicolás Amaro, Paulina Arce, José Luis Argagnon, Francisca Astorga, Mariela
Ávila, Ignacio Azócar, Andrea Bahamondes, Rodrigo Barros, Hope Batcheller, Seth Beaudreault, Piarres
Berho, Víctor Bravo, Sergio Bitrán, Susan Brown, Peter Burke, Jorge Cárdenas, Ariel Cabrera, Felipe Cáce-
res, Pablo Cáceres, Rodrigo Campillay, Patricia Cantillanez, José Cañas, Roberto Cañete, Pablo Cárcamo,
Diego Caro, Víctor Carrasco, Guillermo Cartagena, Óscar Chacón, Manuel Castro, Enzo Cifuentes, Fernan-
do Claro, Felipe Contreras, Brandon Craver, Maximiliano Daigre, Felipe de Groote, Cristofer de la Rivera,
José Pedro de Oliveira, Daryush Dehghan, Fernando Díaz S., María de Jesús Diez, Nicolás Diez, Rodrigo
Dittborn, Denisse Donoso, Juan José Donoso, Daniela Droguett, Antonieta Eguren, Javier Embry, Alfredo
Escala, María Paz Escalona, Víctor Escobar, Ignacio Fernández, Mario Figueroa, John Fitzpatrick, Lev Frid,
Leonel Fuentes, Claudia Gaete, Constanza Galiardi, Yarela Gallardo, David Gascoigne, Carolina Gaya,
Humberto Gómez, Gabriela Gómez, Catherina González, María Antonieta González, Felipe Guiñez, Kenji
Hamasaki, Knut Hansen, Jeff Hendricks, Sebastián Henríquez, María Teresa Honorato, Juan Hormazábal,
Álvaro Huerta, José Idro, Daniel Imbernón, Santiago Imberti, Silvina Ippi, Manuel Jara, Diego Jara, Álvaro
Jaramillo, Javier Jerez, Marina Jiménez, Rodrigo Jiménez, Andrés Jofré, Andy Johnson, Sergio Karelovic,
Alejandro Kusch, Bojana Kuzmicic, Pedro Lazo, Santiago Lecaros, Hernán Leiva, Hans Lembke, Margaret
Leonard, Samuel Lizana, Andrea Llanos, Manuel Llanos, Eric Lo Presti, Katharine Lowrie, Patricia Mar-
chant, Viviana Maturana, Ricardo Matus, Tomás McKay, Jim Mead, Fernando Medrano, Andrea Minoletti
J., María Miranda, Diego Miranda, Julián Moggia, Jake Mohlmann, Carolina Mondaca, Miguel Montt, Da-
niel Mora, Claudio Moraga, Jorge Morales, Cristián Moreno, Charly Moreno, Isadora Morrison, Nicolás
Muggli, Rodrigo Munzenmayer, Anir Muñoz, Verónica Muñoz, Eduardo Navarro, Sebastián Navarro,
Heraldo Norambuena, Marcelo Olivares, Ricardo Orellana, Javier Ormeño, Rodrigo Ortega, Liliana Ortiz,
Patricio Ortiz, Emilie Ospina, Héctor Pacheco, Michael Park, Marcia Parker, Álvaro Parra, Tommy Peder-
sen, David Peppar, Ronny Peredo, Nicholas Pigeon, Paulina Pinto, Cristián Pinto, Cesar Piñones, Cristóbal
Poblete, Tatiana Proboste, Gabriel Quijada, Victor Raimilla, Diego Reyes, Ramón Reyes C., Rodrigo Reyes,
Ronnie Reyes A., Edvin Riveros, Katherine Roa, Óscar Robayo, Denisse Rodríguez, Manuel Rojas, Rodrigo
Rojas, Cristián Romero, Benito Rosende, Rafael Rosende, Cristián Saint-Jean, Óscar Salgado, Daniel Salinas,
Milenka Sánchez, Eric Sandvig, Debora Schiappacasse, Fabrice Schmitt, Luke Seitz, Nathan Senner, Kevin Seymour, David
Shoch, Alejandro Silva, Claudia Silva, Jorge Silva, Macarena Silva, Rodrigo Silva C., Rodrigo Sanchez, Carlos Silva-Quintas, Alex
Spencer, Francisco Suárez, Rodrigo Tapia, Daniel Terán, Alex Toledo, Nuria Torés, Claudio Torres, Hederd Torres, María Paola
Torres, Orlando Torres, Luis Urbina, Claudio Urrutia, Pilar Valenzuela, Jorge Valenzuela, Tomás Valle, Carlos Vásquez, Inao
Vásquez, Ana María Venegas, Eduardo Velásquez, Renato Velásquez, Catalina Vera, Rinaldo Verdi, Claudio Vidal, Herta Vidal,
André Vielma, Carly Wainwright, Dick Wilkins, Adam Wood, Rigoberto Yáñez, Carolina Yáñez y Solange Zamorano.

Página 32
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Abreviaciones utilizadas: ej. = ejemplar (es) par. = pareja (s) he. = hembra (s) m. = macho(s)
pol. = polluelo(s) juv. = juvenil(es) inm. = inmaduro (s) ad. = adulto(s)
plum. = plumaje inv. = invierno can. = canto, canta, cantaba

Los avistamientos raros para los cuales no recibimos "prueba" (foto, grabación de sonido, etc.) son señalados con un *.

P artimos este resumen de avistamientos con el grupo de


los anátidos, donde nuevamente 1 ej. de Pato silbón
(Dendrocygna bicolor)* es observado en el tranque La Cade-
llada (Reg. Metr.) el 06.02 y 28.02 (F. Díaz S., F. Schmitt, L.
Frid); y 1 m. de Pato rana de pico ancho (Oxyura ferrugi-
nea) es fotografiado en la desembocadura del río Lluta (Reg.
XV) el 29.12 (R. Peredo) especie rara en la costa del extre-
mo norte.
Al norte de su rango habitual, 3 juv. de Pingüino de Maga-
llanes (Spheniscus magellanicus)* son avistados en una salida
pelágica frente al puerto de Arica (Reg. XV) el 17.11 (A. Ja-
ramillo, R. Matus).
Para las aves pelágicas, destaca la observación de 1 ej. de Al-
batros de frente blanca (Thalassarche cauta) en una salida
frente a Quintero (Reg. V) el 07.11 (L. Seitz), correspon-
diendo al tercer registro documentado de esta especie en el
país; 1 ej. del amenazado Albatros de las Islas Chatham
(Thalassarche eremita)* está presente en alta mar frente a
Valparaíso (Reg. V) el 08.12 (P. Cáceres, F. Díaz S., F.
Schmitt); es observado 1 ej. de Fardela moteada
(Pterodroma inexpectata)* en el Paso Drake (Reg. XII) el
29.02 (S. Imberti), especie sin evidencia física conocida de
su presencia en el país; 5 ej. de Fardela atlántica (Puffinus
puffinus) se registran en una salida frente a Valparaíso (Reg.
V) el 09.02 (P. Burke, R. Matus) y 3 ej. de la misma especie
se observan en el canal Beagle (Reg. XII) el 08.01 (S. Imber-
ti); 1 ej. de Fardela chica (Puffinus assimilis) es fotografiado
cerca de la isla Metalqui, Chiloé (Reg. X) el 21.02 (C. Vi-
dal); y sorprende 1 ej. de Ave del trópico de cola roja
(Phaethon rubricauda) avistado en la costa del Balneario Fla-
menco (Reg. III) el 11.01 (G. Alfsen, F. de Groote), especie
pelágica extremadamente rara en la costa del continente.
Es observado 1 ej. de Piquero de patas azules (Sula ne-
bouxii) en una salida pelágica frente a Arica (Reg. XV) el
17.11 (A. Jaramillo, R. Matus); y se fotografía 1 ej. de Pelíca-
Arriba: Pato rana de pico ancho (Oxyura ferruginea), 29 diciembre 2011, desembocadura del río Lluta (Reg. XV), foto Ronny Peredo.
Centro: Albatros de frente blanca (Thalassarche cauta), 7 noviembre 2011, pelágico frente a Quintero (Reg. V), foto Luke Seitz. Abajo: Far-
dela atlántica (Puffinus puffinus), 9 febrero 2012, pelágico frente a Valparaíso (Reg. V), foto Peter Burke.
Página 33
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Arriba izq.: Fardela chica (Puffinus assimilis), 21 febrero 2012, cerca de la isla Metalqui, Chiloé (Reg. X), foto Claudio Vidal. Arriba der.: Ave
del trópico de cola roja (Phaethon rubricauda), 11 enero 2012, Balneario Flamenco (Reg. III), foto Gail Alfsen. Abajo izq.: Piquero de patas
azules (Sula nebouxii), 17 noviembre 2011, pelágico frente a Arica (Reg. XV), foto Álvaro Jaramillo. Abajo der.: Pelícano pardo (Pelecanus
occidentalis), 18 febrero 2012, Antofagasta (Reg. II), foto Charly Moreno.

no pardo (Pelecanus occidentalis) en Antofagasta (Reg. II) el 18.02 (Ch. Moreno), especie con muy pocos avistamientos para Chi-
le, siendo éste el registro más austral conocido…!!!
Para las rapaces, se informa de 1 ej. de Águila pescadora (Pandion haliaetus) observado en Mejillones (Reg. II) el 10.12 (R. Ba-
rros) y otro ej. de la misma especie registrado en el estero Mantagua (Reg. V) en 11.09 y 24.12 (R. Ortega, R. Sánchez, J. Jeréz).
Para la familia de las taguas, 1 ej. de Tagüita del norte (Gallinula galeata) es fotografiado en la desembocadura del río Itata (Reg.
VIII) el 07.02 (R. Barros, H. Norambuena), al sur de su rango habitual en Chile.
Para el grupo de las aves limícolas, nuevamente es observado 1 ej. de Pilpilén austral (Haematopus leucopodus) en la desemboca-
dura del río Imperial (Reg. IX) entre el 11.02 y 25.02 (R. Cañete, R. Barros, H. Norambuena, C. Urrutia, S. Zamorano), muy al
norte de su distribución habitual; raro en la zona central, 1 ej. de Playero manchado (Actitis macularius) es fotografiado en Arme-
rillo, cordillera de Talca (Reg. VII), el 28.01 (J. Cañas, M. Castro y S. Bitrán); 1 ej. de Playero occidental (Calidris mauri) está
presente en la laguna Petrel, Pichilemu (Reg. VI), el 03.10 (R. Barros, F. Díaz), y entre 2 y 3 ej. de la misma especie se observan en
Calderilla (Reg. III) entre el 25.01 y 17.02 (J. Jerez); también raro en la zona central, 1 ej. de Playero enano (Calidris minutilla) se
registra en el estero Mantagua (Reg. V) el 24.02 (J. Jerez); para el Playero pectoral (Calidris melanotos) se informan 19 registros
durante la presente temporada, destacando como los grupos más numerosos 20 ej. observados en la desembocadura del río Lluta
(Reg. XV) el 14.02 (R. Peredo), 20 ej. en Puente Negro, Lampa (Reg. Metr.) el 12.02 (F. Schmitt) y 50 ej. en este mismo lugar el
26.02 (R. Barros, V. Maturana); y 1 ej. de Playero de patas largas (Calidris himantopus) es observado en la desembocadura del
rio Lluta (Reg. XV) el 16.02 (R. Peredo).
Página 34
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Arriba izq.: Águila pescadora (Pandion haliaetus), 11 septiembre 2011, estero Mantagua (Reg. V), foto Rodrigo Ortega. Arriba der.: Tagüita
del norte (Gallinula galeata), 7 febrero 2012, desembocadura del río Itata (Reg. VIII), foto Heraldo Norambuena. Centro Izq.: Playero man-
chado (Actitis macularius), 28 enero 2012, Armerillo, cordillera de Talca (Reg. VII), foto José Cañas. Cento der.: Playero occidental (Calidris
mauri), 3 octubre 2011, laguna Petrel, Pichilemu (Reg. VI), foto Fernando Díaz S. Abajo, izq.: Playero occidental (Calidris mauri), 25 enero
2012, Calderilla (Reg. III), foto Javier Jerez. Abajo der.: Gaviota cáhuil (Chroicocephalus maculipennis), 10 enero 2012, puerto de Arica (Reg.
XV), foto Ronny Peredo.
Página 35
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Arriba izq.: Gaviotín de Sandwich (Thalasseus sandvicensis), 11 febrero 2012, desembocadura del río Maipo (Reg. V), foto Ignacio Azócar.
Arriba der.: Salteador pardo (Stercorarius antarcticus), 29 septiembre 2011, Isla Bartolomé, Archipiélago Diego Ramírez (Reg. XII), foto
Victor Raimilla. Abajo, izq.: Picaflor común argentino (Chlorostilbon lucidus), 27 diciembre 2011, cerro Los Piques, Las Condes (Reg.
Metr.), foto Benito Rosende. Abajo der.: Saca-tu-real (Pyrocephalus rubinus), 17 enero 2012, valle de las Termas del Plomo (Reg. Metr.), foto
Fabrice Schmitt.

Para las gaviotas, sobresale el avistamiento de 1 ej. Gaviota cáhuil (Chroicocephalus maculipennis) en el puerto de Arica (Reg. XV)
entre el 03.01 y 10.01 (Ch. Moreno, R. Peredo), al norte de su rango habitual; y se observa al Gaviotín de Sandwich (Thalasseus
sandvicensis) en la desembocadura del río Maipo (Reg. V), con 2 ej. el 11.02 (I. Azócar) y 8 ej. el 26.02 (F. Schmitt, L. Frid).
Es observado 1 ej. de Salteador polar (Stercorarius maccormicki) en el Paso Drake (Reg. XII) el 18.01 (J. Fitzpatrick); y destaca el
notable avistamiento de Salteador pardo (Stercorarius antarcticus) en la Isla Bartolomé, Archipiélago Diego Ramírez (Reg. XII),
observándose 1 y 2 ej. entre el 29.09 y 21.10 (V. Raimilla), correspondiendo la foto que ilustra este resumen al primer registro do-
cumentado de esta especie para el país…!!!
Otra sorpresa de la temporada es la presencia de 1 m. de Picaflor común argentino (Chlorostilbon lucidus) en el cerro Los Piques,
Las Condes (Reg. Metr.), el 27.12 (R. Rosende, B. Rosende), que corresponde al primer registro de esta especie para Chile…!!!
Y para los paseriformes sobresalen las siguientes observaciones: muy raro en la zona central del país, 1 ej. juv. de Saca-tu-real

Página 36
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

(Pyrocephalus rubinus) es fotografiado en el valle de las Termas del Plomo (Reg. Metr.), el 17.01 (F. Schmitt, N. Torés, A. Mino-
letti J.); varios registros del errante Benteveo (Pitangus sulphuratus) se informan en la temporada, con 2 ej. observados en Duao,
Comuna de Maule (Reg. VII) el 29.10 y 1 ej. en el mismo lugar el 06.11 (E. Velásquez, R. Velásquez), 1 ej. presente en Zapallar
(Reg. V) entre el 02.01 y 06.01 (T. McKay) y 1 ej. más de esta especie en el sector de Las Cuevas, P.N. Lauca (Reg. XV) entre el
29.01 y el 06.02 (C. Vidal, F. Schmitt); 1 ej. de Suirirí real (Tyrannus melancholicus) es observado en Baquedano (Reg. II) el
26.12 (F. Díaz S., E. Riveros), 2 ej. en el Valle de Azapa (Reg. XV) el 21.01* (N. Senner, H. Batcheller, A. Johnson), y 1 ej. de la
misma especie en San Jorge (Reg. XII) el 17.02 (R. Matus); 1 ej. de Cazamoscas tijereta (Tyrannus savana) es observado en el
parque del casino de Arica (Reg. XV) el 26.10 (A.M. Venegas); es fotografiado 1 ej. de Golondrina doméstica (Progne chalybea)
en la hacienda María Isabel, río Copiapó (Reg. III) el 18.10 (F. Díaz S., A. Muñoz, O. Robayo, E. Riveros), correspondiendo al

Arriba izq.: Benteveo (Pitangus sulphuratus), 29 octubre 2011, Duao, comuna de Maule (Reg. VII), R.enato Velásquez. Arriba der.: Bente-
veo (Pitangus sulphuratus), 06 enero 2012, Zapallar (Reg. V), Tomás McKay. Abajo, izq.: Benteveo (Pitangus sulphuratus), 6 febrero 2012, Las
Cuevas, P.N. Lauca (Reg. XV), foto Fabrice Schmitt. Abajo der.: Suirirí real (Tyrannus melancholicus), 26 diciembre 2011, Baquedano, Anto-
fagasta (Reg. II), foto Edvin Riveros.

Página 37
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

segundo registro de esta especie para el país; y para la siempre rara Tenca de alas blancas (Mimus triurus) nuevamente 1 ej. es
observado en la desembocadura del estero San Sebastián (Reg. V) el 04 y 25.09 (I. Azócar, C. Pinto), probablemente el mismo
individuo informado para este sitio en el Resumen de Avistamientos de La Chiricoca N° 14, y 1 ej. es fotografiado en el Embalse
La Dehesa (Reg. Metr.) el 15.12 (B. Rosende, R. Rosende).

Arriba izq.: Suirirí real (Tyrannus melancholicus), 17 febrero 2012, San Jorge (Reg. XII), foto Ricardo Matus. Arriba der.: Cazamoscas tije-
reta (Tyrannus savana), 26 octubre 2011, parque del casino de Arica (Reg. XV), foto Ana María Venegas. Abajo, izq.: Golondrina doméstica
(Progne chalybea), 18 octubre 2011, hacienda María Isabel, río Copiapó (Reg. III), foto Edvin Riveros. Abajo der.: Tenca de alas blancas
(Mimus triurus), 15 diciembre 2011, Embalse La Dehesa (Reg. Metr.), foto Benito Rosende.

Página 38
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Bailarín chico argentino (Anthus hellmayri)


en Chile:
¿Cómo, Cuándo, Dónde y
Por qué buscar?
por Victor Raimilla, Heraldo V. Norambuena y Roberto Cañete

Foto 1. Bailarin chico argentino (Anthus hellmayri), foto Victor Raimilla

Página 39
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Los ambientes de pastizales, aunque abundantes en el centro-sur de Chile, han sido escasamente visitados por los ob-
servadores de aves. Esta situación, sumada a la cripticidad del plumaje de los bailarines chicos (Anthus spp.) y la simili-
tud entre especies congenéricas, probablemente habrían provocado que hasta muy poco tiempo atrás la migración re-
gular del Bailarín chico argentino (Anthus hellmayri) a Chile haya pasado inadvertida.
En esta nota proporcionamos algunos antecedentes dirigidos a los observadores de campo para facilitar la identifica-
ción del Bailarín chico argentino y el reconocimiento de sus hábitats en el centro-sur de Chile. Adicionalmente, agrega-
mos algunos apuntes metodológicos para mejorar las probabilidades de éxito en su búsqueda.

Identificación
En Chile, se han descrito tres especies de bailarín chico: Bailarín chico peruano (A. lutescens) de distribución restrin-
gida a la planicie costera al norte de Arica y la desembocadura del río Camarones, Bailarín chico común (A. corrende-
ra) de amplia distribución en Chile (de Copiapó a Tierra del Fuego, y en el altiplano de Arica a Antofagasta) y Bailarín
chico argentino (A. hellmayri) de distribución entre los 36° y 46°S (región del Biobío a la de Aysén). La distribución de
esta última especie se sobrepone en su totalidad con la especie residente y más común, Bailarín chico común, situación
que dificulta su diferenciación en terreno. El Bailarín chico común y Bailarín chico argentino utilizan los ambientes de
pastizales, donde caminan entre las plantas herbáceas, siendo detectados por el observador solo al momento de encon-
trarse tan cerca del ave para provocar su vuelo. Al volar, una característica visible para diferenciar a un bailarín chico de
otras aves comunes de los pastizales como el Chirihue (Sicalis luteola) es fijar la atención en su cola, la que presenta las
rectrices externas blancas y que contrastan con la tonalidad pardo-amarillento del cuerpo.
El Bailarín chico argentino se diferencia del Bailarín chico común por sutiles diferencias en el plumaje y vocalizaciones
(Andors & Vuilleumier 1995, Jaramillo 2005). El Bailarín chico argentino carece de líneas malares y lista ocular marca-
das. Su ceja blanca es poco vistosa y la zona del auricular no la presenta manchada, lo que genera un aspecto de rostro
pálido. Esta situación contrasta con el patrón facial del Bailarín chico común el cual presenta una marcada ceja blanca,
línea ocular y malares notorias, con zona auricular bien delineada de negro (Fotos 1 y 2). Otra característica diferencial
entre ambas especies son el pecho y flancos, altamente estriados en el Bailarín chico común y finamente marcados en
Bailarín chico argentino. Dorsalmente, en el Bailarín chico común se observan dos marcadas franjas blancas transversa-
les, que contrastan con el color pardo oscuro y estriado de negro. Estas franjas están ausentes en el Bailarín chico argen-
tino (Foto 4).

¿Cuándo buscar?
El Bailarín chico argentino es una especie migratoria que visita los pastizales del centro y sur de Chile (de Talcahuano a
Coyhaique) entre septiembre y abril, para luego migrar al norte de Argentina. Aunque no se ha logrado confirmar la
nidificación de esta especie en territorio nacional, es muy probable que ocurra. Se sugiere comenzar las búsquedas des-
de septiembre e intensificarlas hasta mediados del mes de enero, fecha límite en la cual esta especie disminuye la territo-
rialidad y es más difícil su detección.

¿Cómo buscar?
Considerando el carácter territorial de esta especie, el uso del play-back de sus vocalizaciones es una opción que ha sido
utilizada recientemente con éxito (ver Raimilla et al. 2012). Aunque existen varias fuentes desde donde obtener estas
Página 40
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

a d

b e

c f

Fotos 2a, 2b, 2c : Bailarín chico argentino (Anthus hellmayri), Fotos 2d, 2e y 2f: Bailarín chico común (Anthus. correndera). Fotos Victor
Raimilla (a excepción de 2d, foto Roberto Cañete).

Página 41
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

vocalizaciones, (López-Lanús 2008, 2010, www.xeno-canto.org), no todas provocan la misma respuesta. En pruebas de
campo con las distintas vocalizaciones presentes en Lopez-Lanús (2008), solo la grabación generada por Jaramillo
(2008; también presente en: http://www.xeno-canto.org/60055) provocó que el ave saliera del pastizal para posarse
sobre un arbusto o cerco, mientras que las otras generaron solo el acercamiento del ave a la fuente de sonido caminan-
do entre el pastizal (V. Raimilla, obs. pers.). Al estar posada el ave, la observación con telescopio (20-60x) o en su de-
fecto, una fotografía, permitirán su descripción e identificación de acuerdo a las marcas de campo de la especie (ver tex-
to más arriba).

¿Dónde buscar?
Los bailarines chicos del centro y sur de Chile al parecer suelen utilizar hábitats distintos (Andors & Vuilleumier 1995,
Raimilla et al. 2012), por lo que buscar en sus ambientes óptimos maximizaría las probabilidades de observación.
En Argentina y Uruguay, el hábitat del Bailarín chico argentino ha sido descrito como pastizales de secano, con una al-
tura del estrato herbáceo de 40-50 cm, presencia aislada de rocas y arbustos (Palern 1971, Casañas 1997). Similar a lo
previamente reportado, en la región de La Araucanía, sur de Chile, se describió el hábitat utilizado por esta especie co-
mo un pastizal de 50 cm de altura promedio, dominado por herbáceas (cobertura promedio de 82%) y con escasa pre-
sencia de arbustos distribuidos de forma espaciada en la pradera (cobertura promedio cercana al 15%). Estos pastizales
de origen antrópico provienen desde suelos utilizados antiguamente como tierras de cultivo, principalmente Trigo
(Triticum aestivum), y actualmente destinadas para el forrajeo de animales (Raimilla et al. 2012). Con la finalidad de
mejorar la búsqueda, proporcionamos fotografías desde las localidades en donde los autores han registrado al Bailarín
chico argentino (Fotos 3).
Por el contrario, el hábitat del Bailarín chico común, es de praderas húmedas, asociadas a zonas colindantes inundadas
parcial o totalmente. Generalmente, en las praderas donde se encuentra a esta especie se asocian especies de Juncos
(Juncus spp.) o el Botón de oro (Ranunculus repens). Los pastizales en estos hábitats son más altos que los reportados en
Bailarín chico argentino, siendo de entre los 70 a 130 cm (Andors & Vuilleumier 1995, Raimilla et al. 2012). Otros
hábitats en donde puede ser encontrado al Bailarín chico son los pastizales ralos, casi sin presencia de matorrales.
A pesar de las descripciones de hábitat que entrega Andors & Vuilleumier (1995) y los reportados en esta nota para
estas especies, se requiere de un estudio más detallado sobre sus preferencias de hábitats.

¿Por qué buscar?


Históricamente y hasta hace muy poco en Chile, el Bailarín chico argentino había sido escasamente registrado. Una
búsqueda reciente ha mejorado sustancialmente su estado de conocimiento en el país (véase Raimilla et al. 2012), sin
embargo, aún se requiere confirmar su nidificación (con registro de nidos, huevos o pichones), mejorar el conocimien-
to de su distribución, estacionalidad y descripción más detallada del uso del hábitat (a escala de microhábitat; Raimilla
et al. 2012).
Todos los registros recientes de los autores han sido cargados a la fecha en la base de datos eBird-Chile
(http://ebird.org/content/chile), lo que sumado a los registros de otros observadores en el sur de Chile favorecerán el
conocimiento de su distribución en el país. Adicionalmente, la actual máscara de códigos reproductivos presentes en
eBird-Chile permite agregar información reproductiva a cada registro ingresado, lo que contribuirá en gran medida a
superar los vacíos de información presentes en esta especie.

Página 42
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

a b

c d

e f

g h

Fotos 3: Hábitat del Bailarín chico argentino desde la Araucanía, sur de Chile: a) Vegas de Chivilcán, Temuco; b) Chol-chol; c) Los Sauces;
d) Nueva Imperial; e) sector Cajón, Temuco; f) Champulli, Carahue; g) Temulemu, Traiguén; y h) Villarrica. Fotos Victor Raimilla (a excep-
ción de 3b, foto Heraldo V. Norambuena).

Página 43
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Referencias
Andors, A. V., & F. Vuilleumier. 1995. Breeding of Anthus furcatus (Aves: Motacillidae) in northern Patagonia, whit a
review of the breeding biology of the species. Ornitología Neotropical 6: 37–52.
Barros, R., & F. Schmitt. 2009. Resumen de avistamientos noviembre 2008 a febrero 2009. Chiricoca 9: 40–45.
Casañas, H. E. 1997. Sobre la presencia de la Cachirla pálida Anthus hellmayri en la provincia de Córdoba, Argenti-
na. Hornero 14: 270–273.
Hellmayr, C. E. 1932. Birds of Chile. Field Mus. Nat. Hist. Zool. Series 19: 1–472.
Jaramillo, A. 2005. Aves de Chile. Lynx Ediciones, Barcelona, España.
Jaramillo, A. 2008. Anthus hellmayri. En: López-Lanús B (ed.) Sonidos de aves del cono sur. Volumen 1 DVD, Audior-
nis Producciones. Buenos Aires, Argentina.
López-Lanús, B. 2008. Sonidos de aves del cono sur. Volumen 1 DVD, Audiornis Producciones. Buenos Aires, Argen-
tina.
López-Lanús, B. 2010. Sonidos de aves, Argentina y Uruguay. Vázquez-Mazzini editores. Buenos Aires, Argentina.
Palerm, E. 1971. El género Anthus (Passeriformes, Motacillidae), en el Uruguay, reencuentro de Anthus hellmayri bra-
silianus Hellmayr. Bol. Soc. Zool. Uruguay 1: 55–56.
Raimilla V., E. Hauenstein, H. V. Norambuena, Á. Jaramillo & R. Cañete. 2012. Nuevos antecedentes sobre el es-
tatus y hábitat del Bailarín chico argentino (Anthus hellmayri) en el centro-sur de Chile. Ornitología Neotropical 23:
151–158.

Foto 4. Bailarin chico común (Anthus correndera), foto Victor Raimilla.

Página 44
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Siguiendo la reproducción del


Aguilucho de cola rojiza (Buteo ventralis):
Reseña de un estudio
por Heraldo V. Norambuena y Victor Raimilla

Aguilucho de cola rojiza (Buteo ventralis), hembra, 04 octubre 2008, foto Heraldo Norambuena.

Página 45
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

El Aguilucho de cola rojiza (Buteo ventralis) fue durante años una de las aves rapaces más enigmáticas y desconoci-
das de los bosques templados del sur de Chile y Argentina. Su complicada identificación en terreno, con plumajes y
morfos similares a las de juveniles de otras aves rapaces, además de su comportamiento críptico y sus actividades res-
tringidas al bosque nativo adulto, fueron quizás las causas de los pocos estudios realizados sobre esta ave. Tuvieron que
pasar cerca de 170 años luego de la captura del primer ejemplar en 1835 en Argentina por Charles Darwin (Clark
1986), para que se realizaran las primeras investigaciones sobre la reproducción y ecología de esta especie (Figueroa et
al. 2000, Rivas-Fuenzalida et al. 2011, Norambuena et al. 2012). En este artículo presentamos una breve reseña sobre el
monitoreo de la reproducción de una pareja de Aguilucho de cola rojiza en el sur de Chile, desde el año 2008 al 2010.

El inicio del estudio

En enero de 2008, uno de nosotros (HVN) localizó un posible territorio de Aguilucho de cola rojiza en el Monumento
Natural Cerro Ñielol (en adelante como MN Cerro Ñielol), región de la Araucanía, sur de Chile; seis meses más tarde
junto a VR fuimos a este sitio a ver a esta enigmática rapaz, sin embargo, en esta primera salida (11 de julio de 2008) no
logramos verla. Decidimos probar suerte unos días más tarde (31 de julio de 2008); luego de una larga caminata llega-
mos nuevamente al territorio del Aguilucho de cola rojiza. Pasaban los minutos y creíamos que correríamos la misma
suerte que en la primera visita, cuando a lo lejos una gran figura se asomó entre la neblina que a esa hora cubría el MN
Cerro Ñielol, y se dejó caer sobre nosotros, que estábamos pegados a nuestros binoculares esperando ver alguna marca
que nos confirmara que ese Aguilucho que veíamos, era el ¡mítico cola rojiza!. Y así fue. Logramos ver claramente las
barras negras en el patagio y la cola “rojiza”. El ave voló sobre nosotros en más de una ocasión, pero eso no fue todo,
algo traía en el pico, era una rama con algunas hojas verdes; luego de dar algunas vueltas por sobre las copas de los árbo-
les el Aguilucho de cola rojiza bajo velozmente y se perdió entre el follaje. Luego de eso sólo se escucharon las risas y
gritos de alegría de dos pajarólogos y luego de un silencio, llegamos a la misma conclusión, “¡se está reproduciendo
aquí, hay que hacer algo!, ¡busquemos ese nido!”.

El monitoreo de la reproducción

Luego de localizar el árbol donde estaba el nido (fue una ardua tarea), decidimos monitorear el comportamiento repro-
ductivo que claramente ya había comenzado con el transporte de material y acondicionamiento del nido. No teníamos
mucha experiencia en aves, y menos en estudiar la reproducción, pero la motivación estaba, así que comenzamos a leer
todo sobre aves rapaces en Chile y a buscar experiencias similares en otras partes del mundo. Es así como comenzamos
a registrar con detalle cada actividad realizada por la pareja en torno al nido. En un comienzo, diferenciamos el sexo de
los individuos a partir del dimorfismo sexual reverso entre macho y hembra (hembra de mayor tamaño que el macho;
Ferguson-Lees & Christie 2001), pero unas semanas después, luego de tomar buenas fotografías y sumar más horas de
observación en terreno, logramos diferenciar macho de hembra a partir de marcas en el plumaje. Para ambos adultos
registramos de forma diferencial sus comportamientos, la hora en que iniciaban, duración, y frecuencia del comporta-
miento y otras notas relacionadas. Logramos diferenciar siete comportamientos distintos, desde estar perchado/
descansando hasta alimentando a los pichones o juveniles. Los monitoreos los realizábamos una vez por semana, dedi-
cando un promedio de 7,0 ± 2,3 horas de observación por visita y realizando observaciones entre las 7:00 am hasta las
19:30 pm. En aquel entonces nuestros equipos eran bastante humildes. Contábamos con un binocular 7x50 y otro
10x50, una cámara fotográfica de 10 aumentos y un telescopio. El aprendizaje fue aumentando a medida que pasába-
mos más tiempo en terreno monitoreando la reproducción; las largas horas de espera eran siempre recompensadas por
algún asombroso despliegue como un vuelo ondulatorio, algún picado o transporte de material o alimento al nido.
Página 46
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Dentro de los primeros textos de consulta destaca


el trabajo de biología reproductiva del Águila chi-
lena (Geranoaetus melanoleucus) de Pavez (2001)
y el libro de Aves rapaces de Chile de Muñoz-
Pedreros et al. (2004). Luego, para comprender
los patrones que estábamos observando fue nece-
sario orientar nuestras búsquedas y lecturas hacia
la experiencia publicada en especies Buteo de
hábitos similares y no similares de otras partes del
mundo. Para ello, fue fundamental la participa-
ción en esta investigación del Dr. Jaime Jiménez,
experimentado ecólogo, quien además había en-
contrado el mismo sitio de anidamiento en el año
1995. Las conversación vía electrónica y de forma
personal, fueron siempre muy satisfactorias y nos
permitieron ampliar nuestras alturas de miras de
este estudio.

Algunos resultados

Monitoreamos la misma pareja durante dos años


consecutivos (2008-2010). Durante su segui-
miento, logramos diferenciar claramente las dis-
tintas etapas de la reproducción de las aves rapa-
ces: (1) período previo a la postura, (2) incuba-
ción y (3) período de pichones y juveniles (sensu
Newton 1979). En el período previo a la postura,
la pareja acondicionó el nido y realizó vuelos de
cortejo; el macho delimitó y defendió el territorio
y la hembra visitó el nido con mayor frecuencia y
duración que el macho. La incubación, realizada
solo por la hembra, duró entre 33 a 34 días, exten-
diéndose hasta principios de noviembre. El ma-
cho aportó el 100% de las presas durante la incu-
bación y el 38% durante el período de crianza. Los
pichones abandonaron el nido a fines de diciem-
bre, entre los 43 y 56 días de edad, extendiéndose
la permanencia de la pareja y los juveniles en el
sitio de nidificación hasta fines de marzo
Arriba: Aguilucho de cola rojiza juvenil, 15 Febrero 2010,
foto Victor Raimilla. Centro: Aguilucho de cola rojiza ma-
cho, 3 enero 2009, foto Heraldo Norambuena. Abajo:
Aguilucho de cola rojiza macho, 9 enero 2009, foto Heral-
do Norambuena.

Página 47
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

(Norambuena et al. 2012).

Dando a conocer al Aguilucho de cola rojiza

Las largas horas en terreno permitieron familia-


rizarnos con la especie, ya conocíamos sus hora-
rios de visita al nido, sus perchas favoritas, luga-
res de caza, entre otros. Pero para el resto de los
observadores, esta ave aún seguía siendo
enigmática, por lo que decidimos dar a conocer
nuestros resultados. Lo primero fue llevar traba-
jos a congresos (Norambuena et al. 2009, 2010,
2011), y realizar numerosas charlas en nuestra
Universidad y en colegios de Temuco, para dar
a conocer a esta ave y a las aves rapaces en gene-
ral. Además, todos los registros sobre Aguilucho
de cola rojiza y otras aves, los comenzamos a
subir a eBird a partir del año 2009. Con todo lo
anterior, y los esfuerzos de otros observadores e
investigadores, esta ave comenzó a ser más co-
nocida, y se comenzaron a sumar muchos nue-
vos registros de esta especie en Obschile y
eBird. Como parte de este proceso, conocimos
a otro grupo que estaba trabajando con la espe-
cie: Tomás Rivas, Javier Medel y Ricardo Figue-
roa. La buena onda fue inmediata, y publicamos
una nota sobre los estudios que estábamos des-
arrollando en el sur de Chile (Rivas-Fuenzalida
et al. 2009). La labor de difusión ha sido funda- Arriba: Pichones de Aguilucho de cola rojiza, 26 diciembre 2008, foto Heraldo
mental para dar a conocer esta especie a toda la Norambuena. Abajo: Aguilucho de cola rojiza juvenil, 25 enero 2011, foto Fabri-
comunidad (tanto especialistas como personas ce Schmitt.
sin conocimiento de aves).

Conclusiones

El seguimiento de la reproducción del Aguilucho de cola rojiza nos permitió crecer mucho como observadores de aves
y biólogos, a su vez nos acercó al mundo natural y nos ayudo a desarrollar nuevos proyectos de investigación a medida
que adquiríamos más conocimientos y generábamos nuevas interrogantes. También nos entregó la posibilidad de co-
nocer a otros observadores de terreno y ornitólogos, permitiendo intercambiar experiencias en terreno tanto en aves
rapaces como en aves en general. Al igual que lo que ocurría con el Aguilucho de cola rojiza hace unos años atrás, hoy
en día hay muchas aves de las cuales sabemos muy poco sobre aspectos básicos como su distribución, abundancia y re-
Página 48
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

producción. Este tipo de información es clave para poder conocer el estado de sus poblaciones y proponer medidas de
conservación en el caso de que estén amenazadas. El proyecto Atlas de las Aves Nidificantes de Chile que dirige la Red
de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC) intenta superar en gran medida este déficit, por lo que sumar
la mayor cantidad de observadores de campo es de vital importancia para cumplir con el objetivo propuesto. Invitamos
a los observadores de aves y ornitólogos a sumarse a este gran proyecto y así avanzar en el conocimiento de la distribu-
ción, poblaciones, reproducción y amenazas de las especies que se reproducen y las que visitan el territorio chileno.

Agradecimientos

Agradecemos a Javier Vega y los guardaparques del MN Cerro Ñielol por el apoyo en la logística. Al Dr. Jaime Jiménez
por creer en nosotros y a Fabrice Schmitt por invitarnos a escribir este artículo para La Chiricoca. Los resultados de esta
investigación han sido recientemente publicados en Journal of Raptor Research 46(2): 211-215.

Referencias

Clark W.S. 1986. What is Buteo ventralis? Birds of Prey Bulletin 3: 155-118.
Ferguson-Lees J. & D.A. Christie. 2001. Raptors of the world. Christopher Helm, London, U.K.
Figueroa R.A., J.E. Jiménez, C.A. Bravo & E.S. Corales. 2000. The diet of the Rufous-tailed Hawk (Buteo ventralis)
during the breeding season in southern Chile. Ornitología Neotropical 11: 349-352.
Muñoz-Pedreros A., J. Rau & J. Yáñez (eds). 2004. Aves rapaces de Chile. CEA Ediciones, Valdivia, Chile.
Newton I. 1979. Population ecology of raptors. T. and A.D. Poyser, Ltd., Berkhamsted, U.K.
Norambuena H.V., V. Raimilla & J.E. Jiménez. 2010. Comportamiento reproductivo del Aguilucho de cola rojiza
(Buteo ventralis) en la Araucanía, sur de Chile. IV Reunión Binacional de Ecología, Buenos Aires, Argentina. (Oral)
Norambuena H.V., V. Raimilla & J.E. Jiménez . 2011. Monta reversa en Aguilucho de cola rojiza (Buteo ventralis):
¿Quién monta a quién?. X Congreso Chileno de Ornitología, Santiago, Chile. (Oral)
Norambuena H.V., V. Raimilla & J.E. Jiménez. 2012. Breeding behavior of a pair of Rufous-tailed Hawk (Buteo ven-
tralis) in the southern Chile. Journal of Raptor Research 46: 211-215.
Norambuena H.V., V. Raimilla, A. Muñoz-Pedreros & S. Zamorano. 2009. Diversidad de aves rapaces en el Monu-
mento Natural Cerro Ñielol, Región de la Araucanía, Chile. XVI Reunión Anual de la Sociedad de Ecología de Chile,
Valdivia, Chile. (Póster)
Pavez E. 2001. Biología reproductiva del Águila (Geranoaetus melanoleucus) (Aves: Accipitridae) en Chile central. Re-
vista Chilena de Historia Natural 74: 687-697.
Rivas-Fuenzalida T., H.V. Norambuena & V. Raimilla. 2009. Nuevas investigaciones sobre el Aguilucho de cola
rojiza (Buteo ventralis) en el sur de Chile. Red de Rapaces Neotropicales 8: 8-9.
Rivas-Fuenzalida T., J. Medel & R.A. Figueroa. 2011. Reproducción del Aguilucho colarojiza (Buteo ventralis) en
remanentes de bosque lluvioso templado de la Araucanía, sur de Chile. Ornitología Neotropical 22: 405-420

Página 49
N°15, Dicie mbre 2012 La Chiricoca

Juego: El Ave Incógnita


Respuesta número anterior
En el desafío planteado en nuestro número anterior nos
encontramos con un alado incógnito que literalmente
nos da vuelta la espalda. ¿Quién será?. Un mal educado o
un súbito caso de ataque de timidez. En fin, mejor entre-
mos en el análisis fino para averiguar de una vez por to-
das su verdadera identidad. En el texto que enunciaba el
desafío se nombraba a esta ave incógnita como
“pajarito”. Era una pequeña pista para descartar a los di-
versos grupos de aves y ubicarla rápidamente en los pase-
riformes. Suponemos que nuestros sagaces lectores la
atraparon al vuelo. Continuando nuestro análisis exami-
namos su apariencia: plumaje pardo oscuro con algunas
Churrete de alas crema (Cinclodes albiventris), foto Ronny Peredo. zonas algo negruzcas; notorias bandas alares blanqueci-
nas al igual que una porción que destaca en el costado
izquierdo de la cabeza que se podría tratar de una línea superciliar; las rectrices externas del lado derecho de la cola
muestra un fino borde ocre. Si a todo lo anterior le sumamos su particular postura con las alas desplegadas que no pare-
ce antojadiza y hacemos un repaso por nuestra avifauna, ya podríamos estar en condiciones de sugerir un nombre: se
trataría del nervioso “churrete”. En Chile existen varias especies de churretes que habitan desde la costa hasta la cordi-
llera y desde el extremo norte hasta la zona austral. Entonces, ¿qué churrete es? Si volvemos a repasar las características
que mencionamos anteriormente y nos centramos sólo en el color blanco de las bandas alares, reduciremos nuestra lista
únicamente a dos especies: el Churrete de alas blancas y el Churrete de alas crema. Como sus nombres parecieran indi-
car, la diferencia entre estas dos especies no es la coloración de las bandas alares, pero si el color de los costados de la
cola (blanco en el C. de alas blancas, ocre en el C. de alas crema) y la coloración de la espalda (rojiza en el C. de alas
blancas y pardo en el C. de alas crema). Entonces no hay dudas, lo hemos desenmascarado, se trata de un Churrete de
alas crema (Cinclodes albiventris).
Felicitaciones para los que pudieron identificar al ave
incógnita correctamente y para los que no lo hicieron
siempre hay una nueva oportunidad y ¡a seguir jugan-
do!

Nuevo desafío
Como de costumbre te tenemos una nueva ave
incógnita. En esta ocasión no sólo deberás averiguar
de qué ave se trata sino que también tendrás que
encontrarla, ¡el juego se pone cada vez más bueno!
Mejora tus habilidades de observación y aprende
participando de este entretenido juego y no olvides
invitar a tus amigos.
Página 50

También podría gustarte