Árboles Viejos y Muertos en Pie
Árboles Viejos y Muertos en Pie
Diciembre 2012
ISSN 0718 476X
La Chiricoca
boletín electrónico de los observadores de aves y vida silvestre de Chile
La Chiricoca
boletín electrónico de los observadores de aves y vida silvestre de Chile
Indice:
Clave para la identificación de plumajes y mudas en el genero Chloephaga en Patagonia 3-11
por Ricardo Matus N.
El Castor americano, especie exótica invasora en la Patagonia 12-18
por Claudia Silva
Guía práctica para identificar a cuatro especies de lagartijas de Chile central: 19-24
Liolaemus curicensis, L. fuscus, L. lemniscatus y L. pseudolemniscatus
por Félix Urra y Jaime Troncoso-Palacios
Árboles viejos y muertos en pie: un recurso vital para la fauna del bosque templado de Chile 25-30
por Tomás A. Altamirano, José Tomás Ibarra, Kathy Martin & Cristián Bonacic
Resumen de avistamientos, Septiembre 2011- Febrero 2012 31-38
por Rodrigo Barros, Fabrice Schmitt y la red de observadores de aves
Bailarín chico argentino (Anthus hellmayri) en Chile: ¿Cómo, Cuándo, Dónde y Por qué buscar? 39-44
por Victor Raimilla, Heraldo V. Norambuena y Roberto Cañete
Siguiendo la reproducción del Aguilucho de cola rojiza (Buteo ventralis): Reseña de un estudio 46-49
por Victor Raimilla y Heraldo V. Norambuena
Santiago—Chile
http://www.redobservadores.cl / [email protected]
Caranca (Chloephaga hybrida) macho. El aspecto barrado en el pecho y gris en la cabeza corresponde al primer plumaje básico y lo llevará
desde el emplume (diciembre/enero) hasta su primera muda pre-alterna (abril/mayo). Mayo, Isla Carcass, Malvinas, foto Alan Henry.
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L a muda de las aves es un proceso poco estudiado en las diferentes especies chilenas. Solo existen esfuerzos puntua-
les particularmente en Paseriformes a través de estudios sistemáticos en la zona central de Chile (Equipo ROC liderado
por R. Barros, F. Díaz y F. Schmitt). A pesar de ser un grupo abundante, no se han realizado descripciones sobre las
mudas en los anseriformes que habitan en nuestro país. Esta nota se enfoca en el género Chloephaga, un grupo con es-
pecies particularmente abundantes en el extremo sur del país (Jaramillo 2003). A través del uso de anillos en ejemplares
de edad conocida de Canquén colorado y la observación directa de ejemplares silvestres del género, este documento
busca describir las distintas secuencias de mudas en este grupo a través de su ciclo de vida. De esta manera pretende
servir como una clave para la identificación de edades en los estadios tempranos del desarrollo de estas aves tanto en el
área de cría como de invernada.
Dentro del género Chloephaga se incluye al Piuquén C. melanoptera, sin embargo estudios recientes en esta especie in-
dican una mayor cercanía genética con Neochen jubata que con Chloephaga (McCraken 2010), razón por la cual no se
considerará en la descripciones de esta nota aún cuando es probable que su estrategia de muda sea similar a la que se
describe a continuación. Con el fin de establecer un criterio común para la nomenclatura de los distintos plumajes se
utilizará la propuesta por Humphrey & Parkes (1959) resumida en Schmitt (2009).
Etapa de cría
La temporada reproductiva en el extremo sur de Chile y Argentina comienza con el arribo de los gansos del género
Chloephaga a sus áreas de reproducción entre los meses de agosto y septiembre. Tras su llegada las aves se alimentan
para ganar peso y prepararse para el gran
desgaste que representa para la hembra el
comienzo del ciclo reproductivo con la
puesta de huevos (R. Matus obs. pers.).
De esta manera para principios de octu-
bre las aves han alcanzado el peso óptimo
y las hembras comienzan la puesta de
huevos que a menudo (y dependiendo
del tamaño de la nidada) puede tomar
entre 11 y 15 días. Posterior a este proce-
so la incubación de esta nidada tomará
entre 29 y 30 días (R. Matus obs. pers.,
Todd 1997).
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b c
Foto 1b. Crías de Canquén colorado de 27 días donde se puede apreciar el comienzo del desarrollo de las plumas en los flancos. Noviembre,
Punta Arenas, Región de Magallanes, foto Ricardo Matus. Foto 1c. Crías de Caranca de aproximadamente 30 días con las plumas de los flan-
cos, manto y rectrices en desarrollo. Enero, Isla Carlos III, Estrecho de Magallanes, foto Carlos Olavarría.
línea desde la inserción del culmen pasando por la corona, nuca y parte posterior del cuello. El dorso es pardo con una
fina línea gris en el centro. Una línea del mismo color se extiende a ambos lados de la cara cubriendo el ojo en forma de
“antifaz”. Las alas poseen finos bordes de fuga grises.
Este patrón de coloración de los polluelos es similar en Caiquén, Canquén y Canquén colorado, constituyendo la Ca-
ranca una excepción ya que las crías
en esta etapa son de color gris claro o
blanco. Este plumón que cubre a las
crías es gradualmente reemplazado
por su primer plumaje básico que
comienzan a aparecer en la parte an-
terior de los flancos aproximadamen-
te a los 25 días de nacido (Foto 1b y
1c ).
El desarrollo de este primer plumaje
básico (juvenil) toma unos 40 días y
a menudo los primeros intentos de
vuelo comienzan cuando las prima-
rias están casi completamente des-
arrolladas a los 50 días de vida. Este
primer set de plumas tiene una forma
característica, particularmente en el
manto y escapulares donde las plu- Foto 2. Primer plumaje básico casi completamente desarrollado en un Canquén de aproxima-
mas son angostas y de bordes agudos damente 45 días. San MartÍn de los Andes, Provincia del Neuquén, foto Marcelo Wilson.
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Foto 3. Volantón de Canquén colorado de 80 días, recién emplumado y ya volando. Nótese los detalles en la forma de las coberteras y manto
con plumas angostas y de borde agudo a diferencia de los adultos. Febrero, Leñadura, Magallanes, foto Ricardo Matus . Foto 4. Primer plumaje
básico en Canquén. Forma de las plumas. Nótese el color de las patas como característica auxiliar para identificar edad. Febrero, Lago Moque-
hue, San MartÍn de los Andes, foto Valentín Feltrup. Foto 5. Este Canquén colorado juvenil durante su primera muda pre-alterna, muestra
claro contraste entre las plumas del primer plumaje básico y las nuevas plumas del primer plumaje alterno. Las nuevas plumas de las escapulares
tienen bordes planos, presentan barras negras y ocre en el borde terminal y son más oscuras. También se pueden apreciar las nuevas plumas
color canela en los flancos, pecho y cuello. Junio, Leñadura, Región de Magallanes, foto Ricardo Matus.
respecto de las plumas de los adultos (Foto 2). Asimismo las plumas del cuello, pecho y vientre que presentan barras
poseen líneas más finas que en los adultos (Foto 3). La coloración general de los juveniles es más apagada y la colora-
ción de las patas también puede usarse como una marca auxiliar para diferenciar adultos de juveniles (Foto 4).
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Foto 7 (izq.) Caiquén hembra juvenil en plena muda pre alterna. En este ejemplar se aprecian las primeras plumas de su primer plumaje alter-
no en el dorso (más oscuras), y también en algunas rectrices. Junio, Leñadura, Región de Magallanes, foto Ricardo Matus. Foto 8 (arriba der.)
Familia de Caiquén. Los juveniles muestran amplias bandas en las coberteras de las secundarias una clave útil para separarlo en esta época del
año. Junio, Tres Puentes, Magallanes, foto Ricardo Matus. Foto 9 (abajo der.) Ejemplares adultos y juveniles de Canquén colorado. El juvenil
que estira su ala derecha muestra una cobertera de las secundarias ya mudada. Nótese la extensión del negro iridicente en una de las coberteras
de las secundarias, en comparación con las plumas de su primer plumaje básico. Junio, Leñadura, Magallanes, foto Ricardo Matus.
fechas de la puesta), la que se conoce como muda pre-básica. Esta muda involucra todo el set de plumas del individuo, y
también la muda simultánea de todas las primarias y secundarias. Durante este periodo los gansos del genero Chloep-
haga pierden su capacidad de vuelo por alrededor de 2 semanas (Summers y Mc Adams 1993). Así, mientras el Cai-
quén es observado realizando la muda pre-básica en grandes cuerpos de agua interiores, la Caranca y el Canquén lo
hacen a menudo juntos en bahías protegidas de los fiordos (R. Matus obs. pers.). Una excepción a esta regla esta dada
por la población continental fueguina del Canquén colorado, que es aparentemente el único anátido en el mundo que
lleva a cabo una muda parcial de primarias, parte de las cuales muda en el área de cría y el resto en el área de invernada
(Summers 1993) y nunca pierde la capacidad de vuelo en el proceso (R. Matus obs. pers.). No está claro por qué ocu-
rre así en las aves del continente, pero esta estrategia no se observa en la población insular de Canquén colorado de las
Islas Malvinas (Summers y McAdams 1993). En la Patagonia y posiblemente en el área de invernada también es posible
ver Caiquén y Canquén haciendo una muda parcial de primarias, aunque no es una regla generalizada para la especie
(Foto 11). Posterior a la muda pre-básica, los adultos nuevamente cambiarán las plumas del cuerpo y cabeza entre abril
y junio durante la siguiente muda pre-alterna.
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Foto 10 (Arriba izq.) Ejemplar juvenil de Caiquén (morfo barrado). Cabeza gris y gran parte de las plumas del cuerpo mudadas salvo las co-
berteras de las secundarias donde aún no se aprecia un espéculo y la extensión de blanco en el borde inferior de las mismas es notable en com-
paración al de un adulto. Junio, Tres Puentes, foto Carlos Olavarría. Foto 11 (Arriba der.) Hembra de Caiquén muestra muda parcial de pri-
marias. Junio, Tres Puentes, Magallanes, foto Ricardo Matus. Foto 12 (Abajo izq.) Ejemplar adulto de Caiquén (morfo intermedio), mostran-
do el contrate del color gris de la cabeza con el blanco del pecho. Junio, Tres Puentes, foto Ricardo Matus. Foto 13 (Abajo der.). Juvenil de
Caiquén en su primer plumaje básico realizando su primera muda alterna. Mayo, Puerto Stanley, Islas Malvinas/Falklands foto Alan Henry.
Algunas interrogantes
Las mudas de las distintas especies de Anseriformes han sido bien estudiadas en Norteamérica, sin embargo, las estrate-
gias de muda, y más aún, su clasificación correcta son temas aún por resolver y producen más preguntas que respuestas
respecto de su clasificación (Howell 2010). En relación a la muda de los gansos de género Chloephaga, supuestamente
más cercanos a Anatinae que a los verdaderos gansos, es importante acotar que como aparece descrita en este docu-
mento, su estrategia de muda es distinta a la que utilizan la mayoría de los gansos verdaderos que en general consiste en
una sola muda anual y que involucra todas las plumas de estas aves (cuerpo y alas). Esto añade más interrogantes res-
pecto de los Anseriformes sudamericanos, y nos invitan a investigar más al respecto de este interesante aspecto de su
biología.
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a b
Macho
Si bien en muchos casos los machos de Caiquén presentan
un plumaje como los describe la literatura en los distintos
textos relacionados con la identificación de aves, en ningu-
no se hace mención a la sutil coloración grisácea de la ca-
beza de un número importante de los machos. Como se
aprecia en un ave adulta de plumaje intermedio dispar/
leucoptera (Foto 12), existe un claro límite en la base del
cuello desde donde comienzan las plumas blanco puro.
Con la información disponible es complejo determinar si
Foto 14a. Caiquén hembra Isla Carlos III, Magallanes, Diciembre, es una característica individual o asociada al morfo dispar,
foto de Carlos Olavarría. Foto 14b Pareja de caiquenes. Desemboca- sin embargo es probable que las aves de cabeza gris se tor-
dura del río San Juan, Magallanes, Febrero. foto Ricardo Matus. Foto nen blancas a medida que el plumaje se desgasta. Aparen-
14c. Caiquén hembra iniciando la muda pre básica. Enero, Lapataia, temente el color de la cabeza de los machos de la forma
Tierra del Fuego, foto Claudio Méndez.
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blanca (leucoptera), que habita en islas Malvinas/Falklands, es siempre blanco puro (Foto 13). Es necesario hacer una
revisión más extensa de pieles de Caiquén con el fin de determinar si se trata de una leve diferencia entre plumaje bási-
co y alterno.
Hembra
En los grupos de Caiquén es posible apreciar hembras de cabeza color crema (algunas casi blancas) (Foto 14). Esta ca-
racterística parece corresponder al desgaste del set de plumas de estas aves las cuales podrían tener un desgaste distinto
dependiendo de la localidad en la que el ejemplar cría. Coincidentemente, las fotos de las aves en esta nota correspon-
den a hembras en la zona de los canales, y podría indicar que las plumas en ese ambiente tienden a decolorar más, com-
paradas a las plumas de las aves de estepa, pero es necesario analizar más muestras para confirmar esta hipótesis. Tam-
bién es probable que las aves con estas características tuvieran la capacidad de “saltarse” una muda, sin embargo en la
mayoría de los casos observados, las primarias o terciales no muestran un desgate excepcional. Durante las migraciones
pos reproductivas (enero-mayo), este tipo de hembras se encontrarán mezcladas con aves de coloración típica en am-
bientes distintos (por ejemplo estepa o área de invernada).
AGRADECIMIENTOS
A Alvaro Jaramillo y Fabrice Schmitt por sus valiosos aportes al documento. A Alan Henry, Carlos Olavarría, Marcelo
Wilson, Valentín Feltrup, Humberto Cordero y Claudio Méndez por facilitar y autorizar el uso de sus fotografías.
BIBLIOGRAFIA
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tores, ya que pierden parte de su hábitat. Aunque esto no ha sido comprobado, ha sido sugerido para especies como el
carpintero negro (Vergara & Schlatter 2004).
Intentos de control y la opción de la erradicación
El control del castor en Tierra del Fuego comienza con la autorización de su caza en Argentina en 1981, y posterior-
mente en Chile con su declaración como plaga en 1992. Acciones concretas comenzaron en 2001 y 2004 respectiva-
mente, con acciones dirigidas a fomentar la caza con fines comerciales, principalmente peleteros. La baja densidad po-
blacional (humana), poca cultura de caza, gran distancia de los centros de compra y consumo y la deprimida situación
del mercado peletero mundial explican el que estas medidas no tuvieran éxito en controlar el crecimiento poblacional o
la expansión del castor en Tierra del Fuego, como podría haberse predicho del fracaso de la industria peletera que mo-
tivó la introducción inicial de la especie (Parkes et al. 2009).
A raíz de la falla de los programas de control, desde mediados del 2000, agencias gubernamentales de Chile y Argentina
(Servicio Agrícola y Ganadero, Dirección de Fauna Silvestre, Administración de Parques Nacionales, Gobierno regio-
nal y provincial), instituciones científicas (CADIC, Universidad de Magallanes) y ONGs (Wildlife Conservation Socie-
ty) se reunieron en diversos talleres para comenzar a explorar la factibilidad de erradicar a la especie, es decir, eliminarla
de todo su rango de distribución en Patagonia (Parkes et al. 2009). Mientras que el control implica un esfuerzo cons-
tante para mantener densidades bajas o mantener a la especie fuera de un lugar determinado, la erradicación implica un
Foto 4. Daño bosque producido por Castor, Karukinka, Tierra del Fuego. Foto Bárbara Saavedra
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Foto 5. Muerte de bosque de ribera por efecto del castor. Foto A. Schiavini
esfuerzo mayor, pero acotado en el tiempo, para eliminar por completo la especie de todo su rango de distribución, de
manera que no pueda volver a recolonizar áreas. Económica y ecológicamente, para una especie exótica e invasora con-
siderada dañina, la erradicación suele ser preferible al control. No obstante, no todas las especies son susceptibles de ser
erradicadas, dependiendo de su propia ecología y biología y también del tamaño del área que han logrado colonizar.
Un estudio realizado por expertos en erradicación, que participaron en la eliminación de las cabras para la restauración
de la vegetación nativa en la Isla Isabella en Las Galápagos, concluyó que la erradicación es posible desde el punto de
vista ecológico y técnico, sin embargo el éxito de la campaña dependerá de que los gobiernos y administraciones prove-
an el marco institucional necesario, es decir, permitan la coordinación expedita de autoridades y equipos técnicos en
Chile y Argentina (Parkes et al. 2009). En ese sentido, se firmó en 2008 un acuerdo binacional para trabajar conjunta-
mente en la erradicación del castor de Patagonia y la restauración de los ecosistemas afectados, y se elaboró un Plan
Estratégico para la Erradicación del Castor. Actualmente se está trabajando para conseguir fondos para implementar
proyectos piloto de erradicación, que permitan poner a prueba las técnicas. La puesta en marcha de una campaña de
erradicación es un desafío mayor en términos financieros, logísticos y administrativos.
Referencias:
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and enhances ecosystem function in Cape Horn, Chile.
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Anderson, C.B., G.M. Pastur, M.V. Lencinas, P.K. Wallem, M.C. Moorman & A.D. Rosemond. 2009. Do intro-
duced North American beavers Castor canadensis engineer differently in southern South America? an overview with
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Foto 1. Lagartija de Curicó (Liolaemus curicensis), Paso Vergara, Región de O´Higgins, foto Fabrice Schmitt.
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Las especies de reptiles chilenos son en su mayoría representadas por una gran variedad de lagartos y lagartijas de ta-
maños medianos a pequeños (Donoso-Barros 1966). Estas lagartijas pertenecen al género Liolaemus (Familia Liolae-
midae) siendo actualmente 94 especies conocidas para Chile (Vidal & Díaz-Páez 2012).
Este género se caracteriza por su amplia distribución y utilización de hábitats variados, en los cuales frecuentemente se
pueden encontrar ensambles compuestos por más de una especie (Carothers et al. 1998).
En este artículo, se indican características generales y del diseño y coloración que permiten discriminar a cuatro espe-
cies de lagartijas de Chile central, cuyos fenotipos (rasgos externos) son muy similares y que pueden ser confundidos
para el observador no especialista.
Dichas especies son Liolaemus curicensis, L. fuscus y L. lemniscatus del grupo alticolor-bibronii (Quinteros 2012) y L.
pseudolemniscatus, especie próxima al grupo nigromaculatus (Lobo 2005). Todas estas especies tienen una apariencia
“similar” y en ocasiones pueden habitar en simpatría por tener un rango distribucional sobrelapado (Figura 1).
Características de la especie
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Foto 4. Lagartija parda (Liolaemus fus- Figura 2. Descripción esquemática de los componentes del diseño general de las especies. En (C)
cus), Salto de Apoquindo, Región Metro- se indican los nombres. Son utilizadas como ejemplo (A) L. lemniscatus, Alto de Cantillana, Re-
politana, foto Jaime Troncoso-Palacios. gión Metropolitana, Jaime Troncoso-Palacios; (B) L. lemniscatus, Chicureo, Región Metropolita-
na, foto F. Urra; (D) L. curicensis, Río Azufre, Región de O´Higgins, foto J. Troncoso-Palacios.
Distribución: Se extiende entre la cordillera de la Región de O´Higgins en el sector de El Teniente (Salaberry et al.
1982 (describiéndola como L. hernani)) hasta Los Queñes (Región del Maule), al este de Curicó (Donoso-Barros
1966).
Biología: Es una especie poco conocida, es insectívora y habita en matorral cordillerano (Donoso-Barros 1966) (Foto
1). Como la mayoría de las especies del género Liolaemus, es ovípara (Donoso-Barros 1966). Es activa en días asolea-
dos durante el invierno, incluyendo áreas densamente nevadas (Pincheira-Donoso & Núñez 2005).
Comentarios: Sallaberry et al. (1982) describieron la Lagartija de Hernán (L. hernani) para la sexta región, sin embar-
go, en años posteriores fue considerada por Pincheira-Donoso y Núñez (2005) como sinonimia menor de L. curicensis,
cuya modificación actualmente se considera válida (Lobo et al. 2010). JTP ha revisado un espécimen de El Planchón,
este de Los Queñes (véase material examinado), que confirma la propuesta de Pincheira-Donoso y Núñez (2005).
Estado de conservación y endemismo: Fuera de Peligro, zona central (SAG 2012). Datos deficientes según la IUCN
(2012). Endémica de Chile.
Comparaciones entre especies
Con el objeto de esquematizar los componentes del diseño y coloración de las especies Liolaemus estudiadas, la Figura
2 describe las características compartidas (letras a, b y c) y las características diferenciales (letras d, e, f y g), siendo estas
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CARACTERÍSTICAS GENERALES
Rango de distribución Región de Coquimbo Región de Coquimbo - Re- Región de Atacama - Región de O´Higgins -
– Región del Biobío gión Metropolitana Región del Biobío Región del Maule
Hábito Terrícola–saxícola Terrícola–saxícola Saxícola – en ocasio- Terrícola –saxícola
nes trepador
(arbustos)
Dicromatismo sexual Poco notorio Muy marcado Poco notorio Poco notorio
(Macho con diseño difuso)
Longitud hocico-cloaca 42,9 – 54,8 47,0 – 54,1 35,1 – 52,3 50,2 - 60,9
(mm)
CARACTERÍSTICAS DEL DISEÑO-COLORACIÓN
Flancos (d) Blanquecino en hem- Blanquecino (d1) Blanquecino o amari- Blanquecino o amarillen-
bras - Rojizo en ma- llento con manchas to con líneas negras muy
chos (d1) negras definidas (d2)
Contraste entre el color de la Sin contraste Cabeza café cobriza y cuer- Sin contraste Sin contraste
cabeza y dorso (banda occipi- po gris (e1)
tal) (e)
Diseño dorso-lateral: Presen- Banda dorso-lateral Banda dorso-lateral (f1) Manchas dorso- late- Manchas dorso- laterales
cia de Banda o Manchas (f) (f1) (marcada en la hembra y rales difusas (f2) muy marcadas (f2)
difusa en el macho)
Línea vertebral (g) Nunca Nunca Continua o poco Fragmentada (g1)
fragmentada (g)
Agradecimientos
Los autores agradecen a Patricio
Zabala (Colección de Flora y
Figura 3. Comparación de los diseños de (A) L. lemniscatus, (B) L. pseudolemniscatus, (C) L. fuscus Fauna Profesor Patricio Sánchez
y (D) L. curicensis. Las flechas incorporando letras indican las características detalladas en la Tabla Reyes, PUC), Madelein Lambo-
1. rot (Laboratorio de Citogenética
Evolutiva, Universidad de Chile)
y Franklin Troncoso (Museo Regional de Concepción) por permitirnos examinar el material bajo su cuidado. A Fabri-
ce Schmitt por su apoyo.
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Material examinado
Liolaemus curicensis. LCUC 2311. SSUC Re 243, 245-46, 252-53, 254. Liolaemus fuscus. MRC 229-34, 236. SSUC Re
255-60. Liolaemus lemniscatus. SSUC Re 38, 44, 50-2. Liolaemus pseudolemniscatus. SSUC Re 30-1, 390-93.
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Página 24
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E n el mundo, más de 1000 especies de aves, muchos mamíferos, anfibios y reptiles, dependen o usan cavidades en
árboles para reproducirse y/o refugiarse. En el bosque templado andino del sur de Chile, al menos un 53% de las aves
(27 especies), tres mamíferos y dos reptiles, usan cavidades en árboles para estas actividades críticas en sus historias de
vida (Altamirano et al. 2012). Las cavidades pueden ser formadas por excavación o por descomposición. En el primer
caso, las especies excavan sus propias cavidades en los árboles. En el segundo, el proceso natural de descomposición y
senescencia de un árbol gradualmente formará cavidades, algunas de las cuales serán adecuadas para que los individuos
nidifiquen y se refugien.
Los gremios son grupos de especies que
utilizan un tipo de recurso (e.g. alimen-
to, sitios de nidificación) de una manera
similar (Root 1967). Por ejemplo, las
especies que usan cavidades son clasifi-
cadas dentro de tres gremios de acuerdo
a cómo las adquieren. En el bosque tem-
plado andino de Chile, pájaros carpinte-
ros y comesebos son excavadores que
crean sus cavidades en los árboles (i.e.
nidificadores primarios). El segundo
gremio son las especies que usan cavida-
des, pero que no son capaces de excavar-
las (i.e. nidificadores secundarios). Este
gremio agrupa a muchas aves cantoras
(golondrinas, rayaditos y chercanes), Figura 1. Origen de las cavidades utilizadas por nidificadores secundarios en distintos bos-
ques de Norte y Sudamérica.
patos (¡sí, algunos patos nidifican en
cavidades de árboles!), loros (cachañas
y choroyes), aves rapaces (concón, chuncho y cernícalo), mamíferos de pequeño tamaño (monito del monte y rata
arbórea) y reptiles (lagartijas tenue y picta). Así, los nidificadores secundarios dependen de la generación de cavidades
por alguno de los dos procesos mencionados (excavación o descomposición). El tercer gremio, los excavadores débiles,
en ciertas ocasiones excavan sus propias cavidades en árboles adultos y, en otras, utilizan cavidades pre-existentes
(Martin & Eadie 1999).
Haciendo una analogía con las “Redes Tróficas” que están presentes en todos los ecosistemas, Martin & Eadie (1999)
acuñaron el concepto de “Redes de Nidos” para describir la interdependencia entre los tres gremios con respecto a la
creación y uso de cavidades en árboles. En todos los lugares en donde haya árboles existirá una comunidad de fauna
silvestre asociada a la “Red de Nidos”. Por lo tanto, esta última existe en todos los continentes exceptuando la Antárti-
ca.
Un patrón coincidente con el bosque templado del hemisferio norte, es que un 63% de las cavidades usadas para nidifi-
cación en el bosque templado andino de Chile se encontraron en árboles muertos en pie y sólo un 37% en árboles vi-
vos. Sin embargo, estos últimos generalmente se encontraban en estados avanzados de descomposición. Estos árboles
no correspondieron mayoritariamente a una sola especie como en Norteamérica. En Chile, las aves nidificaron princi-
palmente en cavidades disponibles en robles (Nothofagus obliqua), coihues (Nothofagus dombeyi), avellanos (Gevuina
avellana) y lengas (Nothofagus pumilio).
El legado de la descomposición
En Sudamérica sub-tropical, hay muchas aves y
mamíferos que usan cavidades, incluyendo mu-
chas especies coloridas como tucanes y loros. En
la zona Atlántica de Argentina, se ha descrito
que un 83% de las aves nidificadoras secundarias
usan cavidades formadas por procesos de des-
composición en los árboles (Figura 1, Cockle et
al. 2011). Esto último, a pesar del hecho de que
existen muchas especies de carpinteros en el
bosque. Nuestros estudios en el bosque templa-
do andino parecen ir en esta dirección.
La formación de cavidades por descomposición
de árboles es un proceso lento. Los árboles pue-
den llegar a los 100 años de vida antes de que su
descomposición sea la adecuada para formar
una cavidad de buena calidad. Así, los animales
que usan cavidades dependen de árboles viejos,
pero estos árboles viejos de grandes diámetros
son también valorados para ser cosechados en
Sudamérica y en muchos otros lugares.
Foto 5. Comesebo grande (Pygarrhichas albogularis), una especie clave en la red de nidos del bosque templado andino de Chile por el alto
número de cavidades que genera. Foto Tomás Altamirano
derados como “especies clave” o “arquitectos del ecosistema”, ya que ellos forman muchas cavidades de alta calidad que
son adecuadas para numerosos vertebrados que dependen de éstas (Aitken & Martin 2007). En Chile, este potencial
rol de los pájaros carpinteros aún no ha sido dilucidado. Sin embargo, nuestros resultados hasta ahora sugieren que los
comesebos tendrían un rol relativamente más importante que los carpinteros como proveedores de cavidades para
otras especies.
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Agradecimientos
Este trabajo se ha realizado en el marco de un Fondo de Protección Ambiental Nº9-I-009-2012, Ministerio del Medio
Ambiente. También hemos recibido el apoyo de Cleveland Metroparks Zoo, Cleveland Zoological Society, The Ruf-
ford Small Grants for Nature Conservation, The Peregrine Fund, Santuario El Cañi, Corporación Nacional Forestal
(CONAF), Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal PUC, Centro de Desarrollo Local (CEDEL) y Sede Regional
Villarrica PUC. Agradecemos a M. Acevedo, M. de la Maza, A. Vermehren, L. Forero, A. Dittborn, C. Délano, M. Sabu-
gal, J. Laker, R. Sanhueza, M. Venegas, G. Valdivieso, A. Hargreaves, I. Mujica y A. Barreau. TAA y JTI son becarios
CONICYT.
Afiliaciones de los autores: TAA1, JTI1,2,3, KM2 & CB1
1
Laboratorio Fauna Australis, Departamento de Ecosistemas y Medio Ambiente, Facultad de Agronomía e Ingeniería
Forestal, Pontificia Universidad Católica de
Mayor información sobre la ecología e historias de vida de las aves Chile. 2Centre for Applied Conservation Re-
del bosque templado andino puede ser encontrada en: Altamirano, search, Department of Forest Sciences, Uni-
T.A., Ibarra, J.T., Hernández, F., Rojas, I., Laker, J. & Bonacic, C. versity of British Columbia. 3The Peregrine
(2012) Hábitos de nidificación de las aves del bosque templado andino Fund, Boise, USA.
de Chile. Fondo de Protección Ambiental, Ministerio del Medio Am- Referencias
biente, Serie Fauna Australis, Pontificia Universidad Católica de Aitken K. & Martin K. 2007. The impor-
Chile, Santiago. Descarga libre en: http://villarrica.uc.cl/aves. tance of excavators in hole-nesting commu-
nities: availability and use of natural trees
holes in old mixed forests of western Can-
ada. Journal of Ornithology, 148, 425-434.
Altamirano, T.A., Ibarra, J.T., Bonacic, C. & Martin, K. 2012. Southern temperate forest cavity-nest web structure:
species richness and the role of tree decay in Patagonia, Chile. 5th North American Ornithological Conference, Vancouver,
Canada.
Beaudoin F. & Ojeda V. 2011. Nesting of Rufous-Legged Owls in evergreen Nothofagus forests. Journal of Raptor Re-
search, 45, 75-77.
Cockle, K.L., Martin, K. & Wesołowski, T. 2011. Woodpeckers, decay, and the future of cavity-nesting vertebrate
communities worldwide. Frontiers in Ecology and the Environment, 9, 377-382.
Ibarra, J.T., Gálvez, N., Gimona, A., Altamirano, T.A., Rojas, I., Hester, A., Laker, J. & Bonacic, C. 2012. Rufous-
legged Owl (Strix rufipes) and Austral Pygmy Owl (Glaucidium nanum) stand use in a gradient of disrupted and old
growth Andean temperate forests, Chile. Studies on Neotropical Fauna and Environment, 47, 33-40.
Martin, K., Aitken K. & Wiebe K. 2004. Nest sites and nest webs for cavity-nesting communities in interior British
Columbia, Canada: nest characteristics and niche partitioning. The Condor, 106, 5-19.
Martin, K. & Eadie, J.M. 1999. Nest webs: a community-wide approach to the management and conservation of cav-
ity-nesting forest birds. Forest Ecology and Management, 115, 243-257.
Root R. 1997. The niche exploitation pattern of the blue-gray gnatcatcher. Ecological Monographs, 37, 317-350.
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Resumen de
Avistamientos
por Rodrigo Barros, Fabrice Schmitt y la red de observadores de aves
Tenca de alas blancas (Mimus triurus), 4 septiembre 2011, estero San Sebastián, Cartagena (Reg. V) , foto Ignacio Azócar
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Estos son algunos de los avistamientos más interesantes que se hicieron en Chile, entre los meses de septiembre 2011 y febrero
2012, y que llegaron principalmente a través de la base de datos eBird, administrada en el país por la ROC.
Si haces observaciones de aves, tus datos siempre serán muy bienvenidos!!!
Para enviar tus avistamientos, te invitamos a utilizar el sistema eBird. Con eBird puedes organizar tus registros, dejando que estos
datos sean accesibles a los ornitólogos, científicos y conservacionistas que los necesiten. Claro, más relevantes serán tus datos
mientras más información agregues a tus avistamientos, como cantidad, edad, sexo o comportamiento de reproducción. Si necesi-
tas información sobre identificación o distribución de las aves en Chile, si quieres anunciar el avistamiento de un ave rara o si tie-
nes cualquier duda sobre las aves chilenas, no dudes en participar en el e-group ObsChile.
Para este resumen se utilizaron los avistamientos de los 215 siguientes observadores:
Agrupación Patagónica, Óscar Acevedo, Emilio Aguilar, Camila Agurto, Nicolás Alé, Gail Alfsen, Claudia
Altamirano, Mario Alvarado, Nicolás Amaro, Paulina Arce, José Luis Argagnon, Francisca Astorga, Mariela
Ávila, Ignacio Azócar, Andrea Bahamondes, Rodrigo Barros, Hope Batcheller, Seth Beaudreault, Piarres
Berho, Víctor Bravo, Sergio Bitrán, Susan Brown, Peter Burke, Jorge Cárdenas, Ariel Cabrera, Felipe Cáce-
res, Pablo Cáceres, Rodrigo Campillay, Patricia Cantillanez, José Cañas, Roberto Cañete, Pablo Cárcamo,
Diego Caro, Víctor Carrasco, Guillermo Cartagena, Óscar Chacón, Manuel Castro, Enzo Cifuentes, Fernan-
do Claro, Felipe Contreras, Brandon Craver, Maximiliano Daigre, Felipe de Groote, Cristofer de la Rivera,
José Pedro de Oliveira, Daryush Dehghan, Fernando Díaz S., María de Jesús Diez, Nicolás Diez, Rodrigo
Dittborn, Denisse Donoso, Juan José Donoso, Daniela Droguett, Antonieta Eguren, Javier Embry, Alfredo
Escala, María Paz Escalona, Víctor Escobar, Ignacio Fernández, Mario Figueroa, John Fitzpatrick, Lev Frid,
Leonel Fuentes, Claudia Gaete, Constanza Galiardi, Yarela Gallardo, David Gascoigne, Carolina Gaya,
Humberto Gómez, Gabriela Gómez, Catherina González, María Antonieta González, Felipe Guiñez, Kenji
Hamasaki, Knut Hansen, Jeff Hendricks, Sebastián Henríquez, María Teresa Honorato, Juan Hormazábal,
Álvaro Huerta, José Idro, Daniel Imbernón, Santiago Imberti, Silvina Ippi, Manuel Jara, Diego Jara, Álvaro
Jaramillo, Javier Jerez, Marina Jiménez, Rodrigo Jiménez, Andrés Jofré, Andy Johnson, Sergio Karelovic,
Alejandro Kusch, Bojana Kuzmicic, Pedro Lazo, Santiago Lecaros, Hernán Leiva, Hans Lembke, Margaret
Leonard, Samuel Lizana, Andrea Llanos, Manuel Llanos, Eric Lo Presti, Katharine Lowrie, Patricia Mar-
chant, Viviana Maturana, Ricardo Matus, Tomás McKay, Jim Mead, Fernando Medrano, Andrea Minoletti
J., María Miranda, Diego Miranda, Julián Moggia, Jake Mohlmann, Carolina Mondaca, Miguel Montt, Da-
niel Mora, Claudio Moraga, Jorge Morales, Cristián Moreno, Charly Moreno, Isadora Morrison, Nicolás
Muggli, Rodrigo Munzenmayer, Anir Muñoz, Verónica Muñoz, Eduardo Navarro, Sebastián Navarro,
Heraldo Norambuena, Marcelo Olivares, Ricardo Orellana, Javier Ormeño, Rodrigo Ortega, Liliana Ortiz,
Patricio Ortiz, Emilie Ospina, Héctor Pacheco, Michael Park, Marcia Parker, Álvaro Parra, Tommy Peder-
sen, David Peppar, Ronny Peredo, Nicholas Pigeon, Paulina Pinto, Cristián Pinto, Cesar Piñones, Cristóbal
Poblete, Tatiana Proboste, Gabriel Quijada, Victor Raimilla, Diego Reyes, Ramón Reyes C., Rodrigo Reyes,
Ronnie Reyes A., Edvin Riveros, Katherine Roa, Óscar Robayo, Denisse Rodríguez, Manuel Rojas, Rodrigo
Rojas, Cristián Romero, Benito Rosende, Rafael Rosende, Cristián Saint-Jean, Óscar Salgado, Daniel Salinas,
Milenka Sánchez, Eric Sandvig, Debora Schiappacasse, Fabrice Schmitt, Luke Seitz, Nathan Senner, Kevin Seymour, David
Shoch, Alejandro Silva, Claudia Silva, Jorge Silva, Macarena Silva, Rodrigo Silva C., Rodrigo Sanchez, Carlos Silva-Quintas, Alex
Spencer, Francisco Suárez, Rodrigo Tapia, Daniel Terán, Alex Toledo, Nuria Torés, Claudio Torres, Hederd Torres, María Paola
Torres, Orlando Torres, Luis Urbina, Claudio Urrutia, Pilar Valenzuela, Jorge Valenzuela, Tomás Valle, Carlos Vásquez, Inao
Vásquez, Ana María Venegas, Eduardo Velásquez, Renato Velásquez, Catalina Vera, Rinaldo Verdi, Claudio Vidal, Herta Vidal,
André Vielma, Carly Wainwright, Dick Wilkins, Adam Wood, Rigoberto Yáñez, Carolina Yáñez y Solange Zamorano.
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Abreviaciones utilizadas: ej. = ejemplar (es) par. = pareja (s) he. = hembra (s) m. = macho(s)
pol. = polluelo(s) juv. = juvenil(es) inm. = inmaduro (s) ad. = adulto(s)
plum. = plumaje inv. = invierno can. = canto, canta, cantaba
Los avistamientos raros para los cuales no recibimos "prueba" (foto, grabación de sonido, etc.) son señalados con un *.
Arriba izq.: Fardela chica (Puffinus assimilis), 21 febrero 2012, cerca de la isla Metalqui, Chiloé (Reg. X), foto Claudio Vidal. Arriba der.: Ave
del trópico de cola roja (Phaethon rubricauda), 11 enero 2012, Balneario Flamenco (Reg. III), foto Gail Alfsen. Abajo izq.: Piquero de patas
azules (Sula nebouxii), 17 noviembre 2011, pelágico frente a Arica (Reg. XV), foto Álvaro Jaramillo. Abajo der.: Pelícano pardo (Pelecanus
occidentalis), 18 febrero 2012, Antofagasta (Reg. II), foto Charly Moreno.
no pardo (Pelecanus occidentalis) en Antofagasta (Reg. II) el 18.02 (Ch. Moreno), especie con muy pocos avistamientos para Chi-
le, siendo éste el registro más austral conocido…!!!
Para las rapaces, se informa de 1 ej. de Águila pescadora (Pandion haliaetus) observado en Mejillones (Reg. II) el 10.12 (R. Ba-
rros) y otro ej. de la misma especie registrado en el estero Mantagua (Reg. V) en 11.09 y 24.12 (R. Ortega, R. Sánchez, J. Jeréz).
Para la familia de las taguas, 1 ej. de Tagüita del norte (Gallinula galeata) es fotografiado en la desembocadura del río Itata (Reg.
VIII) el 07.02 (R. Barros, H. Norambuena), al sur de su rango habitual en Chile.
Para el grupo de las aves limícolas, nuevamente es observado 1 ej. de Pilpilén austral (Haematopus leucopodus) en la desemboca-
dura del río Imperial (Reg. IX) entre el 11.02 y 25.02 (R. Cañete, R. Barros, H. Norambuena, C. Urrutia, S. Zamorano), muy al
norte de su distribución habitual; raro en la zona central, 1 ej. de Playero manchado (Actitis macularius) es fotografiado en Arme-
rillo, cordillera de Talca (Reg. VII), el 28.01 (J. Cañas, M. Castro y S. Bitrán); 1 ej. de Playero occidental (Calidris mauri) está
presente en la laguna Petrel, Pichilemu (Reg. VI), el 03.10 (R. Barros, F. Díaz), y entre 2 y 3 ej. de la misma especie se observan en
Calderilla (Reg. III) entre el 25.01 y 17.02 (J. Jerez); también raro en la zona central, 1 ej. de Playero enano (Calidris minutilla) se
registra en el estero Mantagua (Reg. V) el 24.02 (J. Jerez); para el Playero pectoral (Calidris melanotos) se informan 19 registros
durante la presente temporada, destacando como los grupos más numerosos 20 ej. observados en la desembocadura del río Lluta
(Reg. XV) el 14.02 (R. Peredo), 20 ej. en Puente Negro, Lampa (Reg. Metr.) el 12.02 (F. Schmitt) y 50 ej. en este mismo lugar el
26.02 (R. Barros, V. Maturana); y 1 ej. de Playero de patas largas (Calidris himantopus) es observado en la desembocadura del
rio Lluta (Reg. XV) el 16.02 (R. Peredo).
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Arriba izq.: Águila pescadora (Pandion haliaetus), 11 septiembre 2011, estero Mantagua (Reg. V), foto Rodrigo Ortega. Arriba der.: Tagüita
del norte (Gallinula galeata), 7 febrero 2012, desembocadura del río Itata (Reg. VIII), foto Heraldo Norambuena. Centro Izq.: Playero man-
chado (Actitis macularius), 28 enero 2012, Armerillo, cordillera de Talca (Reg. VII), foto José Cañas. Cento der.: Playero occidental (Calidris
mauri), 3 octubre 2011, laguna Petrel, Pichilemu (Reg. VI), foto Fernando Díaz S. Abajo, izq.: Playero occidental (Calidris mauri), 25 enero
2012, Calderilla (Reg. III), foto Javier Jerez. Abajo der.: Gaviota cáhuil (Chroicocephalus maculipennis), 10 enero 2012, puerto de Arica (Reg.
XV), foto Ronny Peredo.
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Arriba izq.: Gaviotín de Sandwich (Thalasseus sandvicensis), 11 febrero 2012, desembocadura del río Maipo (Reg. V), foto Ignacio Azócar.
Arriba der.: Salteador pardo (Stercorarius antarcticus), 29 septiembre 2011, Isla Bartolomé, Archipiélago Diego Ramírez (Reg. XII), foto
Victor Raimilla. Abajo, izq.: Picaflor común argentino (Chlorostilbon lucidus), 27 diciembre 2011, cerro Los Piques, Las Condes (Reg.
Metr.), foto Benito Rosende. Abajo der.: Saca-tu-real (Pyrocephalus rubinus), 17 enero 2012, valle de las Termas del Plomo (Reg. Metr.), foto
Fabrice Schmitt.
Para las gaviotas, sobresale el avistamiento de 1 ej. Gaviota cáhuil (Chroicocephalus maculipennis) en el puerto de Arica (Reg. XV)
entre el 03.01 y 10.01 (Ch. Moreno, R. Peredo), al norte de su rango habitual; y se observa al Gaviotín de Sandwich (Thalasseus
sandvicensis) en la desembocadura del río Maipo (Reg. V), con 2 ej. el 11.02 (I. Azócar) y 8 ej. el 26.02 (F. Schmitt, L. Frid).
Es observado 1 ej. de Salteador polar (Stercorarius maccormicki) en el Paso Drake (Reg. XII) el 18.01 (J. Fitzpatrick); y destaca el
notable avistamiento de Salteador pardo (Stercorarius antarcticus) en la Isla Bartolomé, Archipiélago Diego Ramírez (Reg. XII),
observándose 1 y 2 ej. entre el 29.09 y 21.10 (V. Raimilla), correspondiendo la foto que ilustra este resumen al primer registro do-
cumentado de esta especie para el país…!!!
Otra sorpresa de la temporada es la presencia de 1 m. de Picaflor común argentino (Chlorostilbon lucidus) en el cerro Los Piques,
Las Condes (Reg. Metr.), el 27.12 (R. Rosende, B. Rosende), que corresponde al primer registro de esta especie para Chile…!!!
Y para los paseriformes sobresalen las siguientes observaciones: muy raro en la zona central del país, 1 ej. juv. de Saca-tu-real
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(Pyrocephalus rubinus) es fotografiado en el valle de las Termas del Plomo (Reg. Metr.), el 17.01 (F. Schmitt, N. Torés, A. Mino-
letti J.); varios registros del errante Benteveo (Pitangus sulphuratus) se informan en la temporada, con 2 ej. observados en Duao,
Comuna de Maule (Reg. VII) el 29.10 y 1 ej. en el mismo lugar el 06.11 (E. Velásquez, R. Velásquez), 1 ej. presente en Zapallar
(Reg. V) entre el 02.01 y 06.01 (T. McKay) y 1 ej. más de esta especie en el sector de Las Cuevas, P.N. Lauca (Reg. XV) entre el
29.01 y el 06.02 (C. Vidal, F. Schmitt); 1 ej. de Suirirí real (Tyrannus melancholicus) es observado en Baquedano (Reg. II) el
26.12 (F. Díaz S., E. Riveros), 2 ej. en el Valle de Azapa (Reg. XV) el 21.01* (N. Senner, H. Batcheller, A. Johnson), y 1 ej. de la
misma especie en San Jorge (Reg. XII) el 17.02 (R. Matus); 1 ej. de Cazamoscas tijereta (Tyrannus savana) es observado en el
parque del casino de Arica (Reg. XV) el 26.10 (A.M. Venegas); es fotografiado 1 ej. de Golondrina doméstica (Progne chalybea)
en la hacienda María Isabel, río Copiapó (Reg. III) el 18.10 (F. Díaz S., A. Muñoz, O. Robayo, E. Riveros), correspondiendo al
Arriba izq.: Benteveo (Pitangus sulphuratus), 29 octubre 2011, Duao, comuna de Maule (Reg. VII), R.enato Velásquez. Arriba der.: Bente-
veo (Pitangus sulphuratus), 06 enero 2012, Zapallar (Reg. V), Tomás McKay. Abajo, izq.: Benteveo (Pitangus sulphuratus), 6 febrero 2012, Las
Cuevas, P.N. Lauca (Reg. XV), foto Fabrice Schmitt. Abajo der.: Suirirí real (Tyrannus melancholicus), 26 diciembre 2011, Baquedano, Anto-
fagasta (Reg. II), foto Edvin Riveros.
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segundo registro de esta especie para el país; y para la siempre rara Tenca de alas blancas (Mimus triurus) nuevamente 1 ej. es
observado en la desembocadura del estero San Sebastián (Reg. V) el 04 y 25.09 (I. Azócar, C. Pinto), probablemente el mismo
individuo informado para este sitio en el Resumen de Avistamientos de La Chiricoca N° 14, y 1 ej. es fotografiado en el Embalse
La Dehesa (Reg. Metr.) el 15.12 (B. Rosende, R. Rosende).
Arriba izq.: Suirirí real (Tyrannus melancholicus), 17 febrero 2012, San Jorge (Reg. XII), foto Ricardo Matus. Arriba der.: Cazamoscas tije-
reta (Tyrannus savana), 26 octubre 2011, parque del casino de Arica (Reg. XV), foto Ana María Venegas. Abajo, izq.: Golondrina doméstica
(Progne chalybea), 18 octubre 2011, hacienda María Isabel, río Copiapó (Reg. III), foto Edvin Riveros. Abajo der.: Tenca de alas blancas
(Mimus triurus), 15 diciembre 2011, Embalse La Dehesa (Reg. Metr.), foto Benito Rosende.
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Los ambientes de pastizales, aunque abundantes en el centro-sur de Chile, han sido escasamente visitados por los ob-
servadores de aves. Esta situación, sumada a la cripticidad del plumaje de los bailarines chicos (Anthus spp.) y la simili-
tud entre especies congenéricas, probablemente habrían provocado que hasta muy poco tiempo atrás la migración re-
gular del Bailarín chico argentino (Anthus hellmayri) a Chile haya pasado inadvertida.
En esta nota proporcionamos algunos antecedentes dirigidos a los observadores de campo para facilitar la identifica-
ción del Bailarín chico argentino y el reconocimiento de sus hábitats en el centro-sur de Chile. Adicionalmente, agrega-
mos algunos apuntes metodológicos para mejorar las probabilidades de éxito en su búsqueda.
Identificación
En Chile, se han descrito tres especies de bailarín chico: Bailarín chico peruano (A. lutescens) de distribución restrin-
gida a la planicie costera al norte de Arica y la desembocadura del río Camarones, Bailarín chico común (A. corrende-
ra) de amplia distribución en Chile (de Copiapó a Tierra del Fuego, y en el altiplano de Arica a Antofagasta) y Bailarín
chico argentino (A. hellmayri) de distribución entre los 36° y 46°S (región del Biobío a la de Aysén). La distribución de
esta última especie se sobrepone en su totalidad con la especie residente y más común, Bailarín chico común, situación
que dificulta su diferenciación en terreno. El Bailarín chico común y Bailarín chico argentino utilizan los ambientes de
pastizales, donde caminan entre las plantas herbáceas, siendo detectados por el observador solo al momento de encon-
trarse tan cerca del ave para provocar su vuelo. Al volar, una característica visible para diferenciar a un bailarín chico de
otras aves comunes de los pastizales como el Chirihue (Sicalis luteola) es fijar la atención en su cola, la que presenta las
rectrices externas blancas y que contrastan con la tonalidad pardo-amarillento del cuerpo.
El Bailarín chico argentino se diferencia del Bailarín chico común por sutiles diferencias en el plumaje y vocalizaciones
(Andors & Vuilleumier 1995, Jaramillo 2005). El Bailarín chico argentino carece de líneas malares y lista ocular marca-
das. Su ceja blanca es poco vistosa y la zona del auricular no la presenta manchada, lo que genera un aspecto de rostro
pálido. Esta situación contrasta con el patrón facial del Bailarín chico común el cual presenta una marcada ceja blanca,
línea ocular y malares notorias, con zona auricular bien delineada de negro (Fotos 1 y 2). Otra característica diferencial
entre ambas especies son el pecho y flancos, altamente estriados en el Bailarín chico común y finamente marcados en
Bailarín chico argentino. Dorsalmente, en el Bailarín chico común se observan dos marcadas franjas blancas transversa-
les, que contrastan con el color pardo oscuro y estriado de negro. Estas franjas están ausentes en el Bailarín chico argen-
tino (Foto 4).
¿Cuándo buscar?
El Bailarín chico argentino es una especie migratoria que visita los pastizales del centro y sur de Chile (de Talcahuano a
Coyhaique) entre septiembre y abril, para luego migrar al norte de Argentina. Aunque no se ha logrado confirmar la
nidificación de esta especie en territorio nacional, es muy probable que ocurra. Se sugiere comenzar las búsquedas des-
de septiembre e intensificarlas hasta mediados del mes de enero, fecha límite en la cual esta especie disminuye la territo-
rialidad y es más difícil su detección.
¿Cómo buscar?
Considerando el carácter territorial de esta especie, el uso del play-back de sus vocalizaciones es una opción que ha sido
utilizada recientemente con éxito (ver Raimilla et al. 2012). Aunque existen varias fuentes desde donde obtener estas
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c f
Fotos 2a, 2b, 2c : Bailarín chico argentino (Anthus hellmayri), Fotos 2d, 2e y 2f: Bailarín chico común (Anthus. correndera). Fotos Victor
Raimilla (a excepción de 2d, foto Roberto Cañete).
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vocalizaciones, (López-Lanús 2008, 2010, www.xeno-canto.org), no todas provocan la misma respuesta. En pruebas de
campo con las distintas vocalizaciones presentes en Lopez-Lanús (2008), solo la grabación generada por Jaramillo
(2008; también presente en: http://www.xeno-canto.org/60055) provocó que el ave saliera del pastizal para posarse
sobre un arbusto o cerco, mientras que las otras generaron solo el acercamiento del ave a la fuente de sonido caminan-
do entre el pastizal (V. Raimilla, obs. pers.). Al estar posada el ave, la observación con telescopio (20-60x) o en su de-
fecto, una fotografía, permitirán su descripción e identificación de acuerdo a las marcas de campo de la especie (ver tex-
to más arriba).
¿Dónde buscar?
Los bailarines chicos del centro y sur de Chile al parecer suelen utilizar hábitats distintos (Andors & Vuilleumier 1995,
Raimilla et al. 2012), por lo que buscar en sus ambientes óptimos maximizaría las probabilidades de observación.
En Argentina y Uruguay, el hábitat del Bailarín chico argentino ha sido descrito como pastizales de secano, con una al-
tura del estrato herbáceo de 40-50 cm, presencia aislada de rocas y arbustos (Palern 1971, Casañas 1997). Similar a lo
previamente reportado, en la región de La Araucanía, sur de Chile, se describió el hábitat utilizado por esta especie co-
mo un pastizal de 50 cm de altura promedio, dominado por herbáceas (cobertura promedio de 82%) y con escasa pre-
sencia de arbustos distribuidos de forma espaciada en la pradera (cobertura promedio cercana al 15%). Estos pastizales
de origen antrópico provienen desde suelos utilizados antiguamente como tierras de cultivo, principalmente Trigo
(Triticum aestivum), y actualmente destinadas para el forrajeo de animales (Raimilla et al. 2012). Con la finalidad de
mejorar la búsqueda, proporcionamos fotografías desde las localidades en donde los autores han registrado al Bailarín
chico argentino (Fotos 3).
Por el contrario, el hábitat del Bailarín chico común, es de praderas húmedas, asociadas a zonas colindantes inundadas
parcial o totalmente. Generalmente, en las praderas donde se encuentra a esta especie se asocian especies de Juncos
(Juncus spp.) o el Botón de oro (Ranunculus repens). Los pastizales en estos hábitats son más altos que los reportados en
Bailarín chico argentino, siendo de entre los 70 a 130 cm (Andors & Vuilleumier 1995, Raimilla et al. 2012). Otros
hábitats en donde puede ser encontrado al Bailarín chico son los pastizales ralos, casi sin presencia de matorrales.
A pesar de las descripciones de hábitat que entrega Andors & Vuilleumier (1995) y los reportados en esta nota para
estas especies, se requiere de un estudio más detallado sobre sus preferencias de hábitats.
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Fotos 3: Hábitat del Bailarín chico argentino desde la Araucanía, sur de Chile: a) Vegas de Chivilcán, Temuco; b) Chol-chol; c) Los Sauces;
d) Nueva Imperial; e) sector Cajón, Temuco; f) Champulli, Carahue; g) Temulemu, Traiguén; y h) Villarrica. Fotos Victor Raimilla (a excep-
ción de 3b, foto Heraldo V. Norambuena).
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Referencias
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151–158.
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Aguilucho de cola rojiza (Buteo ventralis), hembra, 04 octubre 2008, foto Heraldo Norambuena.
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El Aguilucho de cola rojiza (Buteo ventralis) fue durante años una de las aves rapaces más enigmáticas y desconoci-
das de los bosques templados del sur de Chile y Argentina. Su complicada identificación en terreno, con plumajes y
morfos similares a las de juveniles de otras aves rapaces, además de su comportamiento críptico y sus actividades res-
tringidas al bosque nativo adulto, fueron quizás las causas de los pocos estudios realizados sobre esta ave. Tuvieron que
pasar cerca de 170 años luego de la captura del primer ejemplar en 1835 en Argentina por Charles Darwin (Clark
1986), para que se realizaran las primeras investigaciones sobre la reproducción y ecología de esta especie (Figueroa et
al. 2000, Rivas-Fuenzalida et al. 2011, Norambuena et al. 2012). En este artículo presentamos una breve reseña sobre el
monitoreo de la reproducción de una pareja de Aguilucho de cola rojiza en el sur de Chile, desde el año 2008 al 2010.
En enero de 2008, uno de nosotros (HVN) localizó un posible territorio de Aguilucho de cola rojiza en el Monumento
Natural Cerro Ñielol (en adelante como MN Cerro Ñielol), región de la Araucanía, sur de Chile; seis meses más tarde
junto a VR fuimos a este sitio a ver a esta enigmática rapaz, sin embargo, en esta primera salida (11 de julio de 2008) no
logramos verla. Decidimos probar suerte unos días más tarde (31 de julio de 2008); luego de una larga caminata llega-
mos nuevamente al territorio del Aguilucho de cola rojiza. Pasaban los minutos y creíamos que correríamos la misma
suerte que en la primera visita, cuando a lo lejos una gran figura se asomó entre la neblina que a esa hora cubría el MN
Cerro Ñielol, y se dejó caer sobre nosotros, que estábamos pegados a nuestros binoculares esperando ver alguna marca
que nos confirmara que ese Aguilucho que veíamos, era el ¡mítico cola rojiza!. Y así fue. Logramos ver claramente las
barras negras en el patagio y la cola “rojiza”. El ave voló sobre nosotros en más de una ocasión, pero eso no fue todo,
algo traía en el pico, era una rama con algunas hojas verdes; luego de dar algunas vueltas por sobre las copas de los árbo-
les el Aguilucho de cola rojiza bajo velozmente y se perdió entre el follaje. Luego de eso sólo se escucharon las risas y
gritos de alegría de dos pajarólogos y luego de un silencio, llegamos a la misma conclusión, “¡se está reproduciendo
aquí, hay que hacer algo!, ¡busquemos ese nido!”.
El monitoreo de la reproducción
Luego de localizar el árbol donde estaba el nido (fue una ardua tarea), decidimos monitorear el comportamiento repro-
ductivo que claramente ya había comenzado con el transporte de material y acondicionamiento del nido. No teníamos
mucha experiencia en aves, y menos en estudiar la reproducción, pero la motivación estaba, así que comenzamos a leer
todo sobre aves rapaces en Chile y a buscar experiencias similares en otras partes del mundo. Es así como comenzamos
a registrar con detalle cada actividad realizada por la pareja en torno al nido. En un comienzo, diferenciamos el sexo de
los individuos a partir del dimorfismo sexual reverso entre macho y hembra (hembra de mayor tamaño que el macho;
Ferguson-Lees & Christie 2001), pero unas semanas después, luego de tomar buenas fotografías y sumar más horas de
observación en terreno, logramos diferenciar macho de hembra a partir de marcas en el plumaje. Para ambos adultos
registramos de forma diferencial sus comportamientos, la hora en que iniciaban, duración, y frecuencia del comporta-
miento y otras notas relacionadas. Logramos diferenciar siete comportamientos distintos, desde estar perchado/
descansando hasta alimentando a los pichones o juveniles. Los monitoreos los realizábamos una vez por semana, dedi-
cando un promedio de 7,0 ± 2,3 horas de observación por visita y realizando observaciones entre las 7:00 am hasta las
19:30 pm. En aquel entonces nuestros equipos eran bastante humildes. Contábamos con un binocular 7x50 y otro
10x50, una cámara fotográfica de 10 aumentos y un telescopio. El aprendizaje fue aumentando a medida que pasába-
mos más tiempo en terreno monitoreando la reproducción; las largas horas de espera eran siempre recompensadas por
algún asombroso despliegue como un vuelo ondulatorio, algún picado o transporte de material o alimento al nido.
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Algunos resultados
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Conclusiones
El seguimiento de la reproducción del Aguilucho de cola rojiza nos permitió crecer mucho como observadores de aves
y biólogos, a su vez nos acercó al mundo natural y nos ayudo a desarrollar nuevos proyectos de investigación a medida
que adquiríamos más conocimientos y generábamos nuevas interrogantes. También nos entregó la posibilidad de co-
nocer a otros observadores de terreno y ornitólogos, permitiendo intercambiar experiencias en terreno tanto en aves
rapaces como en aves en general. Al igual que lo que ocurría con el Aguilucho de cola rojiza hace unos años atrás, hoy
en día hay muchas aves de las cuales sabemos muy poco sobre aspectos básicos como su distribución, abundancia y re-
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producción. Este tipo de información es clave para poder conocer el estado de sus poblaciones y proponer medidas de
conservación en el caso de que estén amenazadas. El proyecto Atlas de las Aves Nidificantes de Chile que dirige la Red
de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC) intenta superar en gran medida este déficit, por lo que sumar
la mayor cantidad de observadores de campo es de vital importancia para cumplir con el objetivo propuesto. Invitamos
a los observadores de aves y ornitólogos a sumarse a este gran proyecto y así avanzar en el conocimiento de la distribu-
ción, poblaciones, reproducción y amenazas de las especies que se reproducen y las que visitan el territorio chileno.
Agradecimientos
Agradecemos a Javier Vega y los guardaparques del MN Cerro Ñielol por el apoyo en la logística. Al Dr. Jaime Jiménez
por creer en nosotros y a Fabrice Schmitt por invitarnos a escribir este artículo para La Chiricoca. Los resultados de esta
investigación han sido recientemente publicados en Journal of Raptor Research 46(2): 211-215.
Referencias
Clark W.S. 1986. What is Buteo ventralis? Birds of Prey Bulletin 3: 155-118.
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remanentes de bosque lluvioso templado de la Araucanía, sur de Chile. Ornitología Neotropical 22: 405-420
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Nuevo desafío
Como de costumbre te tenemos una nueva ave
incógnita. En esta ocasión no sólo deberás averiguar
de qué ave se trata sino que también tendrás que
encontrarla, ¡el juego se pone cada vez más bueno!
Mejora tus habilidades de observación y aprende
participando de este entretenido juego y no olvides
invitar a tus amigos.
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