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Resumen Proyecto Final Estrategias

El documento describe el cambio en el rol del docente en el siglo XXI debido a la era digital. Señala que los docentes deben adaptar sus metodologías de enseñanza para hacer un uso efectivo de las tecnologías y satisfacer las necesidades de los estudiantes digitales. También presenta varias tendencias educativas emergentes como las escuelas digitales, aprendizaje personalizado y uso de realidad virtual/aumentada que los docentes pueden incorporar. Concluye que los docentes deben desarrollar nuevas competencias para innovar en sus pr

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Resumen Proyecto Final Estrategias

El documento describe el cambio en el rol del docente en el siglo XXI debido a la era digital. Señala que los docentes deben adaptar sus metodologías de enseñanza para hacer un uso efectivo de las tecnologías y satisfacer las necesidades de los estudiantes digitales. También presenta varias tendencias educativas emergentes como las escuelas digitales, aprendizaje personalizado y uso de realidad virtual/aumentada que los docentes pueden incorporar. Concluye que los docentes deben desarrollar nuevas competencias para innovar en sus pr

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Concepto importante Autor

Un cambio imprescindible: el rol del docente en el siglo XXI


Fuente: Calderón, M. Loja, H. (2018). Un cambio imprescindible: el rol del docente en el siglo XXI.
Recuperado de: [Link]
El problema de nuestro tiempo es que el futuro ya no es el que era. (Paul Valéry)
La pregunta que con frecuencia nos realizamos los estudiantes en formación inicial como docentes, se basa en
las cualidades o competencias que deberíamos adquirir al concluir esta etapa formativa en la universidad, para
poder desempeñar un buen rol en la era educativa del siglo XXI (Senge, 2017). Esta constante inquietud refleja
la preocupación y compromiso que debemos asumir frente a nuevas prácticas que los educandos han adquirido
(Abanades, 2016).
En tal sentido, el rol que el profesorado ha desempeñado dentro de las sociedades ha marcado rotundos cambios
y reflexiones frente al sistema educativo, pues la labor docente va más allá de la reproducción de
conocimientos; es decir, es el encargado de guiar a los educandos durante todo su proceso de enseñanza –
aprendizaje, pero sobre todo es quien facilita la construcción de su proyecto de vida hacia el saber (Pérez-
Gómez, 2012).
Pero en la sociedad contemporánea y desde aportes de Bauman (2012) los daños colaterales de la modernidad
han complejizado progresivamente las prácticas educativas en el mundo globalizado mediatizado por las
tecnologías lo cual conlleva a reflexionar sobre las necesidades educativas desde un enfoque inclusivo, diverso
e intercultural.
Así, nuestro modo de vida actual y sobre todo el de los estudiantes en edad de escolaridad que han nacido en el
boom del desarrollo de la era digital requiere ser repensado desde su propia visión, apuntando hacia
perspectivas sociocríticas que no caigan en determinismos tecnológicos que piensan que tener conexiones o
dispositivos lo es todo. Por tal motivo el tipo de enseñanza requiere de una evolución capaz de responder a las
necesidades actuales. Según Viñals y Cuenca (2016) “la red de redes ha influido en la manera de aprender y,
por lo tanto, en la manera de enseñar” (p. 112); con lo cual afirman que el contenido -conocimiento- está en la
red, y es el docente quien debe convertirse en orientador y gestor del proceso de aprendizaje del alumnado
digital, en todos los niveles educativos facilitando el procesamiento de información y fortaleciendo sus
competencias de investigación (Apolo, Bayes y Hermann, 2015).
Es así, que la necesidad de innovación y liderazgo en el campo educativo requiere de cambios significativos en
la enseñanza, la docencia, y el aprendizaje en el mundo hiperconectado que exige abordar a la educación de
manera dinámica y no estática. Debido a que la misma se ve afectada por la modernización de los sistemas
educativos y el papel de las TIC en las actividades diarias del ser humano y en los nuevos escenarios informales
de aprendizaje (Covo y Moravec, 2011). Lo que ocasiona que los métodos y estrategias metodológicas deban
evolucionar a la par con el mundo cambiante.
“Una era global, informacional de cambio exige docentes humanistas, expertos digitales y proactivos” (Mariano
Fernández-Enguita)
En las últimas décadas, la mayoría de los modelos educativos no han cambiado; pero la realidad un vistazo
afuera de las aulas es muy diferente, pues todos usamos la tecnología de una forma u otra, y por ello los
estudiantes necesitan docentes que tengan o promuevan competencias digitales, y que sean capaces de mejorar
los procesos de enseñanza - aprendizaje con el vínculo de la tecnología (Inciarte, 2004). Lo cual desde luego no
pretende sustituirlos; sino, puede emplearse como un apoyo para que a través de estas nuevas estrategias se
aproveche la información disponible a partir de las diferentes plataformas digitales y redes sociales existentes.
De esta manera, el docente debe ser capaz de acompañar, estimular y orientar el aprendizaje a partir de los
nuevos medios, redes y tecnologías. No hace falta que tenga todos los conocimientos sobre tecnología; sino, que
sepa cómo y cuándo utilizarlas para llegar al diálogo entre los contenidos a abordar y los intereses de los
estudiantes. Tomando en cuenta que la única forma de mejorar la educación es mejorando las competencias y
actitudes del profesorado. “Asumir estas nuevas competencias conlleva una nueva forma de ejercer la profesión
y de formarse en esta compleja sociedad actual; complejidad que se verá incrementada por el cambio radical y
vertiginoso de las estructuras científicas, sociales y educativas del siglo XXI” (Imbernon, 2016, parr.1).
Por tal motivo, el ejercicio docente debe ser repensado, generando nuevas metodologías de enseñanza y
procesos didácticos adaptados al entorno de la sociedad actual y a las necesidades de la particularidad de sus
alumnos, que garanticen una educación inclusiva y de calidad; a través del uso de herramientas tecnológicas que
permitan generar de nuevas alternativas que orienten, ejecuten y evalúen los procesos de enseñanza y de
aprendizaje.
Un docente del siglo XXI por ende debe comprender la realidad actual y construir una nueva forma de concebir
el aprendizaje. En otras palabras, está llamado a la comprensión de las nuevas tecnologías y a la adaptación de
sus metodologías, convirtiéndose en un ente autónomo, eficaz, con responsabilidad social, crítico y reflexivo,
que haga uso de las distintas herramientas tecnológicas que le ofrece la red, sin limitarse al uso instrumental de
la tecnología.
Conocer las posibilidades que ofrece la tecnología para la educación, permite enriquecer la experiencia del
aprendizaje y crear estudiantes con competencias digitales básicas para el presente y el futuro, pero para ello
primero debemos comprender que la educación y la tecnología avanzan conjuntamente, y deben
complementarse para permitir nuevas posibilidades donde la libertad y democracia sea la base de la educación
(Freire, 2005).
Actualmente existen varias tendencias significativas que están siendo de gran impacto para la educación en las
instituciones educativas alrededor del mundo y pueden ser incorporadas en sus prácticas docentes; a
continuación, se presentan algunas experiencias:
1. Escuelas Digitales: son todas las instituciones educativas que enseñan habilidades digitales a su
alumnado, a través de un currículo adaptado a las nuevas exigencias tecnológicas. Esto para desarrollar
sus capacidades de manejo de tecnología de manera positiva para fortalecer su propio aprendizaje,
fomentando estudiantes más críticos.
2. Personalización del aprendizaje: consiste en una posibilidad digital que permite mejorar la calidad de
la enseñanza y atender a la diversidad y a las necesidades específicas del alumnado, por medio de la
elección de las opciones formativas del interés del estudiante.
3. Autoevaluación: es una estrategia que genera que sean los estudiantes los que miden su progreso,
analicen su proceso de aprendizaje y tomen decisiones sobre su responsabilidad en las actividades
escolares. Se la puede utilizar como estrategia para atender a la diversidad de alumnado.
4. Realidad virtual: permite a los docentes presentar a sus estudiantes panorámicas claras de ciertas
temáticas, haciendo que estos puedan visualizar los contenidos y comprenderlos de mejor manera; ya
que se ha comprobado que los estudiantes pueden recordar la materia por mucho más tiempo si el
docente les ofrece imágenes o vídeos relacionados con la misma.
5. Aprendizaje híbrido: se lo conoce como una mezcla entre aprendizaje en clase y aprendizaje online, a
través del cual los docentes aprovechan las herramientas tecnológicas existentes para crear clases
virtuales o facilitar a sus estudiantes recursos online que les permita complementar lo aprendido durante
la clase.
6. Aprendizaje Activo: se lo concibe como una nueva forma de enseñanza, en donde se enfoca toda la
atención sobre el alumno y se le ofrece todos los recursos necesarios para poder aumentar su grado
participación y desempeño en el aula. Se apoya del uso de las TIC para hacer más activa la educación.
7. Diseño de nuevos espacios de aprendizaje: son espacios flexibles y adaptables a las diferentes
situaciones de aprendizaje, que permiten que el alumno se sienta en un lugar cómodo para aprender,
rodeado con todos los recursos necesarios para su aprendizaje.
8. Realidad Aumentada: es la recreación de la realidad en un sistema operativo generada por un
ordenador, como imágenes, textos, videos, audios, objetos 2D, 3D etc. (Buitrago-Pulido, 2015). Lo que
permite tener un gran contenido de material didáctico-tecnológico con el cual los docentes pueden
innovar el proceso de enseñanza - aprendizaje, motivando a los estudiantes mediante el uso de nuevas
tecnologías, ya que esta estrategia “es una forma de dejar de lado la monotonía de la práctica y darle
variedad a la enseñanza.” (González, Molina y Sánchez, 2014, p.117).
Todas estas posibilidades permiten transformar el proceso de enseñanza - aprendizaje en las aulas, y le dan la
posibilidad a los docentes de innovar y desarrollar nuevas competencias y conocimientos que permitan mejorar
el desarrollo de sus clases, tomando en cuenta las necesidades específicas de sus estudiantes, los recursos de sus
instituciones y ofreciendo atención a las mismas (Sacristán, 1992).
Según Senge (2017) “el profesor del siglo XXI tiene que enseñar lo que no sabe, y lo primero que tienen que
hacer es desaprender, olvidar los métodos pedagógicos tradicionales e innovar en las técnicas de aprendizaje”
(párr.9). La innovación no debe ser considerada una opción; sino más bien, un imperativo para cualquier
docente que básicamente está desafiado a innovar y a desarrollar ideas creativas que transformen la educación.
Las escuelas necesitan docentes capaces de generar nuevas ideas que rompan con la educación tradicional y
permitan aprovechar el potencial y las habilidades de los alumnos.
Para concluir, el siglo XXI requiere un profesorado y una formación distinta, que construya nuevas formas de
enseñanza, teniendo en cuenta que el mundo que rodea la escuela que está en constante cambio, y que las
nuevas generaciones necesitan tener acceso al mundo digital y a nuevas competencias les permitan obtener los
resultados deseados. En tal sentido, la mejor forma para transformar la educación es cambiar la actitud y
fortalecer las competencias digitales de los docentes, lo que permite dinamizar la experiencia de enseñanza -
aprendizaje sin cambiar cosas a lo loco sin prestar atención a los contextos y adecuándose a los cambios que se
requieren en la actualidad (Jové, 2017).
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Concepto importante Autor

Las competencias del docente en el Siglo XXI


Fuente: García, O. Zurita, C. (2014). Las competencias del docente en el siglo XXI. Recuperado de:
[Link]
Introducción
La competencia en la docencia es algo que se ve en todas las instituciones educativas, siempre existen los
maestros “buenos y malos”, bueno así son clasificados por los alumnos, y es lo que el docente siempre debe de
tomarle mucha atención y tratar de mejorar continuamente, procurando que existan verdaderos profesionales de
la educación, con un perfil adecuado para su praxis educativa, desarrollando las habilidades, actitudes y
estrategias adecuadas para lograrlo. Existen una serie de competencias en las cuales el docente debe de estar
mejor preparado para formar personas competentes en todos los sentidos para este nuevo siglo.
El docente además no debe de estar apegado a un solo tipo de evaluación sino que debe de estar abierto a
diversas formas de evaluación, siendo esta una de las herramientas de suma importancia en el proceso
educativo, es imperativo tener en claro las diversas formas de evaluación y cuáles son las más idóneas para
nuestros alumnos.
La práctica docente
La práctica docente es una de las piezas fundamentales en el desarrollo de las competencias de este nuevo
siglo, por esta razón le dedicaremos un capítulo aparte. El docente es uno de los elementos fundamentales en el
proceso educativo, su rol está basado en la orientación, ayuda y buena guía que se les proporcione a los alumnos
a través de una metodología pedagógica planeada a consciencia. Esta metodología pedagógica incluirá ejemplos
de situaciones o problemas que suceden en la sociedad, y buscar la respuesta a estos casos.
Pese a lo anterior, no debemos de ver la actividad del docente como una práctica aislada del maestro, un
voluntarismo individual del maestro, sino que interviene también su entorno, las estructuras educativas, los
procedimientos administrativos y las personas con las que interactúa de manera cotidiana, haciendo su labor aún
más compleja con múltiples aristas que el docente debe saber afrontar e incluso aglutinar a su favor para
impedir que le afecten su labor cotidiana.
Fierro, Fortoul y Rosas [1] afirman que:
Entendemos la práctica docente como una praxis social, objetiva e intencional en la que intervienen los
significados, las percepciones y las acciones de los agentes implicados en el proceso, así como los
aspectos políticos-institucionales, administrativos y normativos que, según el proyecto educativo de cada
país, delimitan la función del maestro [1].
La labor del maestro es parte de la sociedad, una que está en constante cambio, y este debe estar preparado y
consciente los desafíos que esta le puede presentar en su desarrollo profesional, ya que siendo congruente con
su entorno estará listo para adaptarse de la mejor manera posible a estas situaciones y sacar el mejor provecho
para su labor y en consecuencia promover a los alumnos a adaptarse a los cambios que pudieran presentárseles.
Fierro, Fortoul y Rosas [1] aseguran que “la función del maestro está también estrechamente vinculada a todos
los aspectos de la vida humana que van conformando la marcha de la sociedad”.
De todas las relaciones que el docente pueda establecer, sin duda una de las de mayor importancia es la relación
que el maestro establezca con sus alumnos. La relaciones interpersonales entre el docente y sus alumnos son
la base de la confianza que se establece para aclarar dudas y mejorar los resultados educativos, aunque no podrá
dejar de lado otras personas con las que interactúa y que será una parte fundamental, como relacionarse con los
padres de familia, colegas, autoridades escolares, la sociedad, siendo el docente una persona capaz de
relacionarse con todos estos agentes, procurando la mejor armonía posible con ellos. El maestro debe mejorar y
fomentar la interacción con otras personas. Acerca de lo anterior, en [1] manifiestan que “la docencia implica la
relación entre personas”.
Se debe fomentar a un docente reflexivo sobre su práctica profesional, debe darse la oportunidad de ser crítico
con su accionar al momento de estar realizando algún tipo de actividad, pensando en sí lo está haciendo bien o
mal, si puede mejorar para lograr una mayor motivación, comprensión y concentración en el alumno en el
momento de estar realizando su labor. Su reflexión al momento de actuar en su labor como docente, le permite
participar de manera más eficaz.
Perrenoud [2] afirma que “reflexionar en la acción es también reflexionar, aunque sea de forma fugaz, sobre la
acción en curso, su entorno, sus contratiempos y sus recursos”.
Otro tipo de reflexión que debe promoverse en el docente es cuando ya paso la acción, es decir cuando ya se
encuentra en un momento de descanso, y puede reflexionar sobre algún suceso que aconteció en su día laboral,
bajo este tipo de reflexión el docente puede estar más apto para que cuando se presenten determinadas
situaciones, el docente pueda actuar de una forma más eficiente e incluso pueda hacerlo de manera más
expedita. Procurando eliminar en la medida de lo posible vicios y errores persistentes en el desempeño
profesional, logrando los conocimientos necesarios para mejorar su trabajo frente al alumnado.
Perrenoud [2] manifiesta que “la reflexión sobre la acción permite anticipar y preparar al practicante, a menudo
sin él advertirlo, para reflexionar más rápido en la acción y para prever mejor las hipótesis”.
La reflexión sirve para prever nuevas situaciones o bien incluso planificar acciones que están ya previstas
realizar, pero abordarlas de una mejor manera. El docente al hacerse reflexivo de manera permanente estará
mejor preparado para afrontar situaciones nuevas, será más capaz al momento de programar y llevar a cabo las
diversas actividades pedagógicas que lleve a cabo en el aula, logrando incluso mejores resultados, o mejor aun
previendo posibles resultados negativos. Un autor sostuvo que “La reflexión está dominada por la prospección,
cuando se produce en el momento de la planificación de una actividad nueva o de la anticipación de un
acontecimiento, incluso de un pequeño problema inesperado”[2].
Los profesores deben ser reflexivos de manera constante en cualquier situación, no solo en aquellas de apremio
o dificultad, ya que incluso aquellas situaciones que resultaron bien, se pueden perfeccionar y lograr mejores
resultados y no quedarnos conformes con lo obtenido. Las situaciones críticas, normalmente llevan a un proceso
de reflexión en automático por la dificultad de la misma situación en si, por la problemática a sortear, llevando a
un proceso reflexivo profundo en ocasiones, mismo nivel de reflexión que se debe fomentar de manera
cotidiana en las demás situaciones de la labor docente del maestro. Al respecto un autor asevera que “los
profesores que no reflexionan más que por necesidad y que dejan de plantearse cuestiones desde el momento en
que se sienten seguros no son practicantes reflexivos” [2].
El docente debe de estar preparándose continuamente en su formación profesional, pero se le presentarán
situaciones que solo las podrá resolver sobre la marcha de su labor, es decir el docente en caso de no estarlo
haciendo, debe crearse una actitud de estarse educando constantemente, propiciando una educación continua,
que tarde o temprano puede impactar también a los alumnos, sirviéndoles de ejemplo y motivación para ellos,
pero incluso con tanta preparación los docentes suelen encararse con situaciones imprevistas y debe saber lidiar
con ellas. Sobre esto, un autor asevera que “todos los enseñantes son, en grados diversos, autodidactas y están
condenados a aprender, en parte, su oficio sobre el terreno” [2].
El docente debe de ser crítico con su labor docente, y en base a ello poder establecer mejoras a sus actividades
en clase, estableciéndose a sí mismo mejoras en su praxis. Toda esta serie de mejoras podrían eficientar o
cambiar las formas en que el docente desempeña sus actividades, pudiendo incorporar algo novedoso a sus
actividades. Un autor nos menciona que “innovar, en última instancia, significa transformar la propia práctica,
lo que no exime del análisis de lo que hacemos y de las razones para continuar o cambiar” [2].
Esta reflexión del docente sobre su práctica es constante, procurando el docente a partir de esa reflexión,
mejorar en parte el proceso educativo y la parte que a él le corresponde. Esto no debe quedar solo para ciertas
ocasiones sino que debe de manifestarse de manera permanente en el individuo, creándose maestros
autocríticos, reflexivos generando así mismo alumnos con las mismas características. Un autor nos comenta que
“la práctica reflexiva, como su propio nombre lo indica, es una práctica cuyo dominio se adquiere mediante la
práctica” [2].
Competencias docentes y la calidad de la docencia
El docente debe ser apto para desarrollar una serie de competencias que favorezcan un verdadero aprendizaje de
los alumnos y que este sea verdaderamente significativo, claro a través de una enseñanza certera. Se puede
definir al aprendizaje como el proceso a través del cual recibimos cierta información, conocimientos,
habilidades y destrezas y las guardamos, para poder usarla cuando sea necesaria, para la consecución de alguna
meta o fin. Esto quiere decir que el solo hecho de aprender algo no garantiza un mejoramiento al realizarlo, si
no lo aprendemos en relación con algo que podemos hacer y mejorar, de tal forma que sepamos donde vamos a
aprovechar esos conocimientos posteriormente. En el aprendizaje no importa solo memorizar la información es
necesario también comprenderla, analizarla, valorarla con situaciones conocidas y posibles aplicaciones y
sintetizar los nuevos conocimientos.
Un autor nos dice acerca del aprendizaje que “por aprendizaje entendemos el conjunto de productos obtenidos
por los estudiantes como resultado de la incidencia de la educación. Tales productos pueden ser tanto mediatos,
como inmediatos; e incluso algunos de ellos no se manifiestan como conductas observables” [3]. Con esto se
nos quiere dar a entender que el aprendizaje es consecuencia de la educación. Los resultados pueden vistos o no,
incluso a corto o mediano plazo.
También por otro lado está el enfoque de la enseñanza, La enseñanza no depende única y exclusivamente de la
labor del docente en el aula, sino que está sujeto también a condiciones externas, como los apoyos materiales y
administrativos de las autoridades educativas, así como de la estructura organizativa y política de dichas
autoridades. Zavalza [4] asevera al respecto que “la enseñanza está enmarcada en un conjunto de condiciones
tanto estructurales como materiales y organizativas que afectan su desarrollo y excelencia”.
La enseñanza parte desde la preparación de las clases, el desarrollo que se de esta en el aula y la
retroalimentación que se da al final de la sesión escolar, incluso fuera de ellas con herramientas tales como la
educación a distancia u otras herramientas que extiendan los conocimientos alejados de las aulas. Zavalza [4]
dice al respecto que “la enseñanza trasciende el espacio concreto de las aulas y de lo que se en ellas”.
Para mejorar la calidad de la docencia se debe tener en cuenta ciertos aspectos como:
1. La planificación
2. Los espacios
3. Selección de contenidos
4. Materiales de apoyo al aprendizaje
5. La metodología
6. Las nuevas tecnologías
7. El apoyo a los estudiantes
8. Coordinación con los colegas
9. La evaluación
10. La revisión del proceso
Sobre los aspectos anteriores se hará énfasis en unos cuantos, por ejemplo sobre la planificación, un autor nos
comenta que “planificar nos permite decidir qué hacer, cómo hacerlo y en qué momento” [5]. Esto nos lleva a
pensar que llevando a cabo una adecuada secuenciación de actividades, previendo la mayor cantidad de
escenarios posibles, podremos controlar y lograr un mejor proceso educativo para la praxis docente.
Cualquier tipo de actividad puede ser llevada con mayor éxito si esta es planificada de una manera correcta,
tomando en cuenta todos los diversos factores que le atañen y podrían afectarle. Giné y Parcerisa [5] aseveran
que planificar es pensar y organizar una suma de acciones o de actividades imaginando el conjunto de
elementos y variables que se ponen en juego para lo que se pretende conseguir con éxito.
El apoyo a los estudiantes es otro aspecto fundamental en el desempeño del maestro, ya que mientras mejor
conozca el profesor al alumno, mejor podrá adoptar sus intervenciones pedagógicas de acuerdo al grado de
madurez, necesidades e intereses de los alumnos, además de que la enseñanza será más fluida. Zavalza en [4]
nos dice al respecto que “los alumnos aprenden con los profesores mucho más que los contenidos de la
materia”.
La incorporación de las nuevas tecnologías es otro aspecto a tratar, ya que los cambios siempre se hacen
presentes en toda área de conocimiento, pero tienen un ritmo más vertiginoso cuando se refiere a las
especialidades tecnológicas. En un principio, los sistemas computacionales eran en modo texto, difíciles de
digerir al usuario común, con grandes computadoras y equipos costosos, esto fue evolucionando hacia un
ambiente más visual, más agradable y accesible al usuario, las redes computacionales mejoraron la
comunicación, favoreciendo el acceso a una herramienta indispensable para nosotros los informáticos, el
Internet. El proceso de aprendizaje fue favorecido por todas estas causas derivando además en que los docentes
intenten su actualización de una manera constante, procurando estar a la vanguardia de acuerdo a las
innovaciones tecnológicas de nuestro mundo globalizado. Zavalza [4] comenta que “las nuevas tecnologías
deben suponer un avance real en el enriquecimiento y actualización de los procedimientos de enseñanza y
aprendizaje en las diversas materias de la carrera”.
La selección de contenidos propicia que el maestro deba poseer una mente sintetizadora que busque, extraiga y
ensamble información de múltiples fuentes disímiles y la convierta en conocimientos útiles para él y los demás.
El apoyo a los estudiantes manifiesta que el docente debe orientar a sus alumnas/os para que valoren sus
propios avances y establezcan compromisos para mejorar, además de comentar los resultados de diversas
evaluaciones, respetando y fomentando su autoestima.
La evaluación es otro tema importante a tratar. Pimienta [3], manifiesta que “evaluar los aprendizajes de los
estudiantes implica enjuiciar sistemáticamente el mérito y/o valía de las competencias adquiridas por ellos en un
contexto específico”. Es decir se debe evaluar conforme a las competencias que debió haber adquirido el
alumno, son en base a ellas que se aplicará determinado tipo de evaluación.
En realidad la forma de evaluar actualmente tiene varios de los defectos y virtudes de las practicas antiguas de
evaluación, por ejemplo en los exámenes de grado a nivel maestría o superior se incorporan sinodales que en
ocasiones tratan de evidenciar al alumno, incluso cuando se hacen exámenes orales ya esto a nivel profesional
estos mismo maestros cuando evalúan de esta manera producen en ciertas ocasiones que se ridiculice al alumno.
En los tiempos modernos el examen se ha vuelto una herramienta que si bien sirve para mostrar el grado de
aprendizaje adquirido por el alumno, no lo hace de una manera total, sino parcial, y los maestros en varias
ocasiones se dejan llevar por un examen mensual o semestral para asignar una calificación o promoción, sin
analizar todo el contexto que rodea a la calificación de un alumno, sirviendo esto para hacer de la evaluación
una práctica en algunas ocasiones cómoda para que el docente se aleje de la supervisión constante del alumno,
dejando hasta después de dichas evaluaciones las acciones necesarias para mejorar el grado de aprendizaje de
los alumnos.
Si se mejora la forma y la calidad de los exámenes no dará sin lugar a dudas una idea más aproximada de las
carencias y deficiencias de nuestros alumnos, pudiendo establecer estrategias didácticas adecuadas.
Un autor nos comenta que “no hay respuestas correctas, sino solo mejores o peores, y el conjunto de formatos
de evaluación del que escoger es grande. Tenemos que mantener un equilibrio entre la practicidad y la validez”
[6]. Con lo anterior se interpreta que no existe un único método o forma de evaluación que se adapte a todas las
expectativas del docente. La forma de evaluación debe estar adecuado al contexto, al tipo de conocimiento que
queremos promover, al tiempo, etc. entre otros factores que nos inclinarán hacia un método de evaluación u
otro.
Con esto podemos definir que la evaluación es el proceso que tiene la finalidad de brindar la máxima
información para determinar el grado de eficiencia y aprovechamiento que se ha obtenido, posibilitando la
adopción de medidas correctivas que garanticen un mejor desempeño de aprendizaje, teniendo para esto que
darle un seguimiento, diagnóstico y retroalimentación de su desarrollo para que el alumno logre un aprendizaje
significativo.
Todas las anteriores son competencias a desarrollar en el docente que faciliten su labor educativa, las
competencias se van creando paulatinamente conforme el sujeto se enfrenta a situaciones nuevas y trata primero
de entenderlas y luego resolverlas, para que si alguna vez se le vuelve a presentar una situación similar el sujeto
sepa como solventar dicho problema, desarrollando su inteligencia, potenciando el desarrollo de sus
habilidades, construyendo así mismo actitudes y valores, dejando de lado el aprendizaje mecánico.
Las competencias deben establecerse en base al sujeto al que va dirigido, delineando las habilidades, destrezas,
actitudes y valores que deseamos desarrollar en el individuo, planeando los indicadores que nos detallaran el
grado de avance obtenido, para que de esta forma el sujeto se convierta totalmente competente. Con el
desarrollo de competencias en los alumnos, estos serán capaces de resolver diversas problemáticas tanto en su
vida profesional como personal, siendo mucho más competitivos en este último. Pimienta [3] afirma que
“definimos el constructo competencia como un conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas y valores en
un contexto sociohistórico específico, que permite a la persona humana resolver los problemas
satisfactoriamente”.
Conclusiones
Estamos hoy en día frente a un nuevo modelo educativo que pretender renovar en la medida de lo posible la
perspectiva del docente actualizándole en diversas herramientas tecnológicas y viéndose así mismo en
retrospectiva su labor en el aula tratando de generar en el maestro una autocrítica, eliminando en la medida de lo
posible vicios y errores persistentes en su desempeño profesional, dotándolos de conocimientos y competencias
para mejorar su trabajo frente al alumnado.
El docente debe mejorar su práctica, tratar de estar en constante autocrítica, renovándose e incluso
reinventándose como maestro, mejorando de manera constante, preparándose para su formación, entrando en un
proceso de educación contínua.
Las competencias son de suma importancia para nuestra labor docente y debemos incorporarlas en la medida de
lo posible a nuestra actual profesión, tratando de esta forma sacar el mayor provecho a nuestros conocimientos y
el principal beneficiado con esto, sean los alumnos, ya que ellos podrán de esta manera ser formados como
personas capaces, y con los conocimientos necesarios para afrontar cualquier tipo de problemática que se le
presente.
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Competencias profesionales del docente en la sociedad del siglo XXI


Fuente: Fernández, R. (2003). Competencias profesionales del docente en la sociedad del siglo XXI.
Recuperado de [Link]
El creciente desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, el acelerado cúmulo de
información y la omnipresencia de las comunicaciones en el entorno social, contribuyen a que en el ámbito
educativo se lleven a cabo las necesarias transformaciones para adecuarse a una sociedad en estado de cambio
permanente, con nuevas necesidades y valores.
En el informe publicado por la OCDE en el año 1994 sobre «Calidad en la enseñanza» se confirma la necesidad
de adaptarse a estas nuevas situaciones: «los nuevos desafíos y demandas hacia las escuelas y los profesores
surgen a partir de unas expectativas nuevas y ampliadas sobre las escuelas. La investigación sobre la enseñanza
y el aprendizaje muestra la necesidad de gestionar clases cada vez más diversas en términos étnicos, lingüísticos
y culturales. Estos nuevos desafíos y demandas requieren nuevas capacidades y conocimientos por parte de los
profesores. La situación actual es dinámica y variada. Las escuelas se organizan ahora de diferente forma, en
términos tanto de las tareas como de las responsabilidades asignadas a los profesores y a la diferenciación de
roles entre profesores… El alcance de estos desafíos y demandas y el ritmo de los cambios hacen que la
situación actual sea diferente respecto de años anteriores. Los profesores deben ser capaces de acomodarse a
continuos cambios –dramáticos en algunos países– tanto en el contenido de su enseñanza como en la forma de
enseñar mejor».
Ante estos desafíos surgen numerosos interrogantes: ¿transformará radicalmente la nueva tecnología la manera
en que tiene lugar la educación? ¿Qué competencias habrá de asumir el profesor para dar respuesta a la sociedad
del siglo XXI? ¿Están los profesionales de la educación suficientemente preparados para asumir el reto
tecnológico para la formación de las futuras generaciones? ¿La integración curricular de las nuevas tecnologías
en el marco de la educación formal contribuirá a la mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje?
No cabe duda de que las nuevas tecnologías están transformando la ecología del aula y las funciones docentes, y
estos cambios están induciendo una mutación sistemática en las teorías y en las prácticas didácticas. El
desarrollo tecnológico actual nos está situando ante un nuevo paradigma de la enseñanza que da lugar a nuevas
metodologías y nuevos roles docentes.
Si consideramos que numerosos estudios corroboran que después de los factores familiares es la capacidad del
profesor el factor determinante más influyente en el éxito de los estudiantes, con independencia de su nivel
socioeconómico, esto justifica que centremos nuestra atención en definir las competencias que habrán de
desempeñar los profesionales de la educación ante el reto y demandas que la sociedad del siglo XXI plantea.
Escolano Benito (1996: 44-46), al definir la profesión docente, lo hace en torno a tres papeles básicos:
1. El primero es un papel técnico, que permite identificar a los docentes como expertos habilitados para
guiar el aprendizaje de los alumnos conforme a determinadas reglas metódicas de reconocida solvencia.
Este papel ha ido incorporando algunas funciones que desbordan la docencia clásica, como las
relacionadas con la tutoría, la gestión didáctica y la innovación. Su identidad se define por una tarea de
claro matiz tecnológico según la cual el profesor sería un ingeniero de la instrucción.
2. El segundo papel se asocia a los aspectos éticos y socializadores de la profesión. El docente es un
agente de primer orden en el proceso de socialización metódica de los menores en el tejido social. Los
valores, actitudes y otras pautas de conducta que exhibe o vehicula constituyen un marco de referencia
normativo para las personas en formación. Por otra parte, como juez evaluador, el docente desempeña
una función fundamental de control social, al legitimar a través del sistema de exámenes, calificaciones
y grados los prerrequisitos del orden meritocrático e influir en las estrategias de reproducción,
movilidad, igualitarismo y compensación.
3. Finalmente, el tercer papel del profesor se vincula a la satisfacción de las necesidades de
autorrealización de los individuos en formación y de sus demandas de bienestar. Este papel enlaza
con algunas tradiciones bien enraizadas en el mundo pedagógico, como las que enfatizan el papel del
docente como preceptor, partenaire o terapeuta.
En esta primera aproximación al rol del docente nos podemos cuestionar: ¿puede el profesor actual ser al mismo
tiempo un profesional eficaz, ingeniero de la instrucción, un juez justo y un buen compañero? No cabe duda de
que el profesor del tercer milenio deberá abordar otras nuevas tareas, desde una actitud abierta a los múltiples
acontecimientos e informaciones que se generan a su alrededor. Y es que el cambio tecnológico se produce a
una gran velocidad y requiere por parte de los profesionales un esfuerzo de adaptación, actualización y
perfeccionamiento permanente.
En el momento actual no podemos seguir considerando a los docentes como almacenes del saber y por lo tanto
dispensadores omnipotentes del conocimiento. La cantidad de información que existe sobre cualquier tema es
de tal envergadura que es imposible pensar que puedan existir personas que pretendan saber todo de todo.
Afortunadamente están los medios electrónicos para ayudar con este volumen de información.
En la sociedad de la información el modelo de profesor cuya actividad se basa en la clase magistral es obsoleto.
Las redes telemáticas pueden llegar a sustituir al profesor si éste se concibe como un mero transmisor de
información, ya que en las redes tienen gran capacidad para almacenar información y desde ellas se puede
adaptar dicha información a las necesidades particulares de cada alumno.
El profesor no puede ni debe competir con otras fuentes informativas, sino erigirse en elemento aglutinador y
analizador de las mismas. En el momento que vivimos no basta con saber el contenido de la materia para
enseñar bien. El profesor debe ser un conocedor de su materia, pero además ha de aprender a ser un experto
gestor de información sobre la misma, un buen administrador de los medios a su alcance, y desde esta
orientación, dinamizar el aprendizaje de sus alumnos. Una ayuda eficaz para la gestión de la información que
aceleradamente se genera en la sociedad de la información y la comunicación con las Nuevas Tecnologías.
Desde esta perspectiva se desprende un cambio importante en el papel del docente, que pasará de ser expositor
a guía del conocimiento y, en última instancia, ejercerá como administrador de medios, entendiendo que estos
medios de comunicación constituyen un aporte muy significativo al cambio o innovación de la educación al
generar nuevas posibilidades de expresión y participación. «Ellos han contribuido a la recreación de las
relaciones entre educadores y alumnos, poniendo en crisis al maestro informador, para dar cabida al educador-
animador, al comunicador, al coordinador, al facilitador del aprendizaje, dejando de ser el alumno el
receptáculo pasivo de la información para convertirse en el agente-actor del proceso de expresión y
comunicación» (Escotet, M.A., 1992: 88).
El nuevo papel del profesor con relación al uso de la Tecnología de la Información y la Comunicación puede
entenderse atendiendo al siguiente cuadro, en el que se especifican las características y tareas del profesor desde
dos modelos educativos contrapuestos.
Modelo tradicional o clásico Modelo tecnológico
El profesor como instructor. El profesor como mediador.
Se pone el énfasis en la enseñanza. Se pone el énfasis en el aprendizaje.
Profesor aislado. El profesor colabora con el equipo docente.
Suele aplicar los recursos sin diseñarlos. Diseña y gestiona sus propios recursos.
Didáctica basada en la investigación y con carácter
Didáctica basada en la exposición y con carácter
bidireccional.
unidireccional.
Utiliza el error como fuente de aprendizaje.
Sólo la verdad y el acierto proporcionan aprendizaje.
Fomenta la autonomía del alumno.
Restringe la autonomía del alumno.
El uso de nuevas tecnologías está integrado en el
El uso de nuevas tecnologías está al margen de la
currículum. El profesor tiene competencias básicas en
programación.
TIC.

El perfil del docente debiera configurarse como un profesional atento a todas las posibilidades de comunicación
que el medio le ofrece, para hacer más adecuado, exitoso y atractivo el proceso de aprendizaje de los alumnos;
un profesional que revise críticamente su propia práctica desde la reflexión de sus intervenciones como docente,
y que pueda ayudar a sus alumnos a «aprender a aprender» en una sociedad cambiante y en constante evolución.

La tarea del profesor se dirige a que los alumnos aprendan por ellos mismos, y para lograr este propósito
realizarán numerosos trabajos prácticos de exploración. Frente al profesor centrado en la transmisión de
conocimiento, asentado en bases de poder, conciencia social y política, aparece la figura del profesor como
facilitador, entendido como aquel docente capaz de preparar oportunidades de aprendizaje para sus alumnos.

Atendiendo a las nuevas teorías psico-pedagógicas sobre el aprendizaje, el profesor se ha convertido en alguien
que pone, o debería poner, al alcance de sus alumnos los elementos y herramientas necesarias para que ellos
mismos vayan construyendo su conocimiento, participando de forma activa en su propio proceso de
aprendizaje. La figura del profesor se entiende más como un tutor del proceso de aprendizaje.
Con la integración de nuevas tecnologías en el ámbito educativo, las aulas en las que son debidamente
explotadas se convierten en un espacio abierto e interactivo que permite asegurar el derecho a una educación
para todos, sin límites ni fronteras, y es que las nuevas tecnologías son la semilla del cambio.
Desde este enfoque el profesor adopta una función más de gestor del aprendizaje de sus alumnos que de
transmisor de conocimiento. El conocimiento se ha vuelto dinámico, y ello compromete a inducir destrezas y
estrategias a los alumnos. La relación entre lo que se sabe y lo que se es capaz de aprender cambia día a día, y
nos acercamos al aprendizaje a lo largo de la vida. Ante estos incesantes cambios debemos tomar una actitud de
estar al día, prepararnos para los cambios y no establecer puntos de llegada sino procesos de evolución.
En este marco, y a partir de las competencias básicas que debe tener todo docente –dominio de la materia que
imparte (competencia cultural), cualidades pedagógicas (habilidades didácticas, tutoría, técnicas de
investigación – acción, conocimientos psicológicos y sociales…), habilidades instrumentales y conocimiento de
nuevos lenguajes y características personales (madurez, seguridad, autoestima, equilibrio emocional,
empatía…)–, el profesor Marqués (2002; pp.310-321) sintetiza las principales funciones que los profesores
deben realizar hoy en día:
 Planificar cursos (conocer las características individuales y grupales de sus alumnos; diagnosticar sus
necesidades de formación; diseñar el currículum).
 Diseñar estrategias de enseñanza y aprendizaje (preparar estrategias didácticas que incluyan
actividades motivadoras, significativas, colaborativas, globalizadoras y aplicativas y que consideren la
utilización de Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación…).
 Buscar y preparar recursos y materiales didácticos (diseñar y gestionar los recursos).
 Proporcionar información y gestionar el desarrollo de las clases manteniendo el orden (informar a
los alumnos de las fuentes de información, los objetivos, contenidos, metodología y evaluación de la
asignatura que han sido previamente contrastados…)
 Motivar al alumnado (despertar la curiosidad e interés de los alumnos hacia los contenidos y
actividades relacionadas con la asignatura…).
 Hacer participar a los estudiantes (incentivar la presentación pública de algunos de los trabajos que
realicen…).
 Facilitar la comprensión de los contenidos básicos.
 Ser ejemplo de actuación y portador de valores.
 Asesorar en el uso de recursos.
 Orientar la realización de actividades.
 Tutoría (presencial y telemática).
 Realizar trabajos con los alumnos (implicarse en la realización de trabajos colaborativos con los
estudiantes).
 Evaluar (evaluación formativa y sumativa, fomentando la autoevaluación de los estudiantes y de las
intervenciones docentes).
 Fomentar actitudes necesarias en la «sociedad de la información» (actitud positiva y crítica hacia las
tecnologías de la información y de la comunicación; valoración positiva del pensamiento divergente,
creativo y crítico, así como del trabajo autónomo, ordenado y responsable; trabajo cooperativo.
Adaptación al cambio, saber desaprender…)
 Trabajos de gestión (realización de trámites burocráticos… colaborar en la gestión del centro
utilizando las ayudas tecnológicas…).
 Formación continua (actualización en conocimientos y habilidades didácticas; mantener contactos con
otros colegas y fomentar la cooperación e intercambios…).
 Contacto con el entorno (conocer la realidad del mundo laboral al que accederán los alumnos;
mantener contacto con el entorno escolar…).
En el informe del Consejo Escolar de Castilla-La Mancha sobre «El educador en la sociedad del siglo XXI», se
señalan algunos rasgos que definen el modelo de profesor que se está demandando desde la sociedad :
 Educador que forma a la persona para vivir en sociedad, desarrollando una educación integral que
incluye la formación de conocimientos, procedimientos y actitudes.
 Que oriente a los alumnos simultáneamente a la realización de sus tareas de enseñanza.
 Educador democrático, abierto a la participación, justo en sus actuaciones, tolerante.
 Motivador capaz de despertar en los alumnos el interés por el saber y por desarrollarse como personas.
 Capacitado para aprender de la reflexión sobre su propia experiencia.
 Implicado con su profesión, vocacionado, que busca contribuir a la mejora de la situación social a través
de su ejercicio profesional.
Se precisan nuevos profesionales del aprendizaje, con un papel y un estatus redefinidos. Los profesionales de la
educación deberán reorientar sus objetivos en función de la cultura circundante, así como sus procedimientos y
técnicas. Necesitan cambiar su manera de trabajar, tanto individual como grupalmente, su relación con la
organización del centro y la manera de acceder a la información que se necesite.
A tenor de las actuales circunstancias tecnológicas, culturales y sociales, el profesor deberá responder a los
objetivos de la educación de las generaciones del siglo XXI. Siguiendo a Salinas (1996) estos objetivos son:
 Preparar para un trabajo cada vez más versátil, capaz de responder a las cambiantes necesidades,
mediante las destrezas básicas necesarias (educación para el empleo).
 Entender la realidad que a uno le toca vivir y entenderse uno mismo, cambiar al aprendizaje de cómo
vivir en una sociedad tecnificada (educación para la vida)
 Comprender el impacto de la ciencia y la tecnología en todos los aspectos de la sociedad, que requiere,
además de las disciplinas tradicionales, un punto de vista más global: educación para la responsabilidad
ambiental y para el desarrollo armonioso de las relaciones intra e inter – sociedades (educación para el
mundo).
 Desarrollar el análisis crítico de tal manera que seamos capaces de entender conceptos y desarrollarnos
por nosotros mismos: favorecer la creatividad, las destrezas físicas y sociales, y en particular las
comunicativas y organizativas (educación para el autodesarrollo).
 Educar para un uso constructivo del tiempo de ocio y al mismo tiempo que la educación se vaya
convirtiendo en una actividad placentera (educación para el ocio).
En estos objetivos hay una clara presencia de los nuevos medios de información y comunicación, así como del
desarrollo del análisis crítico y de la creatividad. Esto hace necesarias ciertas destrezas y capacidades a la hora
de manejar estas potentes herramientas, dado que la capacitación tecnológica del profesorado se está
convirtiendo en un imperativo en consonancia con nuestro tiempo y dejando de lado prejuicios y resistencias
infundadas que nos puedan hacer creer que las nuevas tecnologías puedan desplazar o suplantar el papel de los
docentes. Lo que sí se afirma cada vez con mayor fuerza es que el profesor con dominio de nuevas tecnologías
desplazará al profesor que no tenga dicha capacidad. Podemos apuntar algunas competencias tecnológicas
básicas en la profesión docente que potencian nuestro desarrollo profesional como docentes del siglo XXI:
 Tener una actitud crítica, constructiva y positiva hacia las nuevas tecnologías de la información y la
comunicación (NTIC), ya que forman parte de nuestro tejido social y cultural.
 Conocer las posibilidades de las nuevas tecnologías para la mejora de la práctica docente.
 Aplicar las NTIC en el ámbito educativo tanto en tareas relacionadas con la gestión de los centros
educativos como en la organización de los procesos de enseñanza-aprendizaje que se desarrollan en el
aula.
 Seleccionar, utilizar, diseñar y producir materiales didácticos con NTIC que promuevan la adquisición
de aprendizajes significativos (multimedia, páginas web…) y que conviertan el aula en un laboratorio
desde el que fomentar el protagonismo y la responsabilidad en los alumnos.
 Utilizar con destreza las NTIC, tanto en actividades profesionales como personales.
 Integrar las NTIC en la planificación y el desarrollo del currículum como recurso didáctico mediador en
el desarrollo de las capacidades del alumno, fomentando hábitos de indagación, observación, reflexión y
autoevaluación que permitan profundizar en el conocimiento y aprender a aprender.
 Promover en los alumnos el uso de Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación como
fuente de información y vehículo de expresión de sus creaciones.
 Desempeñar proyectos de trabajo colaborativo (listas de discusión, debates telemáticos, cursos de
formación on line…) con una actitud solidaria, activa y participativa.
Un profesional comprometido con la educación deberá actuar, en consecuencia, preparando a las nuevas
generaciones para convivir con los medios desde una formación que promueva la participación y reflexión
crítica en su uso e interpretación. No podemos seguir enseñando a las generaciones del futuro con las
herramientas que formaron parte de nuestro pasado.
Mi derecho a no cambiar termina justo allí donde comienza el derecho de mis alumnos al mejor profesor que
llevo dentro.
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Enfoque humanista de la docencia


Fuente: Oliver, J. Jacob, I. (2003). La nueva docencia de las tecnologías de la información. Recuperado de
[Link]
La enseñanza de materias técnicas como las tecnologías de la información puede a primera vista parecer
desligada de la transmisión de valores. ¿Qué tiene que ver un lenguaje de programación con la solidaridad? En
realidad, la formación académica debe producir no sólo buenos profesionales, sino ciudadanos que ayuden a
mejorar la sociedad en la que viven [5]. Lo mismo que cualquier otro profesional, un informático debe tener
herramientas que le permitan elegir de manera libre y responsable entre las opciones que le va presentando la
vida. Esas herramientas (valores, actitudes ante determinadas circunstancias, prioridades, criterios...) son una
parte muy importante del bagaje formativo de un alumno. En la Universidad de Deusto pretendemos desarrollar
una serie de valores en nuestros estudiantes que pueden agruparse en tres categorías:
 Desarrollo personal y social. Este grupo de valores está relacionado con el propio individuo. Siguiendo
el lema de El valor es la persona, hemos de considerar a cada estudiante como algo fundamental y
valioso en sí mismo, potenciando valores como la autoestima, la dignidad personal y los derechos
humanos, con el derecho a la vida a la cabeza.
 Orientación al conocimiento. En todas las ciencias en general, y en las tecnologías de la información
en particular, los conocimientos quedan rápidamente obsoletos. Por ello, es más importante la capacidad
de aprender que aquello que se ha aprendido. Pretendemos que el estudiante llegue a tener una actitud
positiva hacia su propio proceso de aprendizaje, disfrutando con el estudio y planteándose como meta no
sólo aprobar, sino también saber. Estos valores de orientación al conocimiento deberán servir para guiar
su actividad académica y su vida posterior.
 Responsabilidad ética y social. Queremos desarrollar en los alumnos un sentido ético y social que les
sirva de guía tanto para su vida profesional como para su vida privada. Esto significa la adquisición de
una conciencia que permita la toma de decisiones responsables y un comportamiento coherente con
dichas decisiones. La conducta responsable requiere un análisis de los efectos de las propias acciones, y
de sus repercusiones sobre los demás. Como ejemplo se puede mencionar la utilización de los recursos
de manera equilibrada en la realización de cualquier actividad, teniendo en cuenta la conservación del
medio ambiente y la aplicación de criterios de desarrollo sostenible.

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