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Versiones del padre
en la obra de Jacques Lacan
Lic. Verónica Nazarena Lado
Editora: Lic. Beatriz Bacco
El padre en el Seminario XXIII: un
sinthome que permite mantener enlazados,
simbólico, imaginario y real.
Clase 4/5
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Prohibida su reproducción total o parcial sin permiso escrito del editor
Versiones del padre en la obra de Jacques Lacan
Clase 4. El padre en el Seminario XXIII: un sinthome que permite mantener...
“… se puede prescindir del Nombre del Padre.
Se puede prescindir de él con la condición de utilizarlo.”
Jacques Lacan1
El padre en la teoría de los nudos.
La pregunta que guía el desarrollo de esta clase es: ¿cómo queda concep-
tualizado el padre en la última parte de la enseñanza de Lacan?
Para introducir nociones básicas en torno a esta temática, me serví del
libro: Las dos clínicas de Lacan,2 cuya lectura recomiendo especialmen-
te. En este libro se introduce una distinción entre lo que los autores
denominan una primera y una segunda clínica de Lacan. Es necesario
aclarar que estas dos clínicas no se excluyen mutuamente. Las formu-
laciones que Lacan plantea en su última enseñanza, sirviéndose de la
teoría de los nudos, no invalidan la primera. Ambas son absolutamente
necesarias para pensar la clínica. Por lo tanto, las conceptualizaciones
que Lacan formula en la última parte de su enseñanza están contenidas
en la primera.
Los autores ubican allí una primera clínica, al comienzo de la enseñanza
de Lacan, que supone un retorno a las estructuras freudianas: neuro-
sis, psicosis y perversión. Es una clínica de las modalidades del deseo:
insatisfecho, imposible, prevenido, y de las estructuras subjetivas. Son
modalidades de constitución y funcionamiento del sujeto. Podemos decir
incluso que son formas, modalidades, de ser Sujeto.
Hacia el final de la enseñanza, queda delimitada una segunda clínica.
Momento en el que Lacan transforma sus categorías clínicas. Reintrodu-
ce una nueva concepción del síntoma y, de esta forma, queda estableci-
da una diferenciación entre síntoma y sinthome -término que introduce
el 16 de junio de 1975, en la Apertura del V Congreso Internacional Ja-
mes Joyce-3 que indagaremos seguidamente. Es una clínica de los goces
y los tipos de síntoma.
A esta segunda clínica, Lacan la denomina: clínica borromea. El síntoma
queda definido como goce de una letra y, entonces, pasa de ser social, a
ser más bien autista.
En torno a la noción de síntoma, es interesante señalar que Jacques-
Alain Miller caracteriza el primer concepto de síntoma como metáfora.
Es decir, que se trata de una articulación entre significantes que pro-
ducen un significado, producen creación de sentido, es lo que decimos
1- Jacques Lacan: “La invención de lo real. IX. De lo inconsciente a lo real”, en El Seminario, Libro
23, El sinthome (1975-1976), Editorial Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 133.
2- Fabián Schejtman y otros: Las dos clínicas de Lacan. Introducción a la clínica de los nudos,
Editorial Tres Haches, Buenos Aires, 2000.
3- Nota de la editora. El texto de la conferencia puede leerse en Jacques Lacan: “Joyce el sínto-
ma”, en El Seminario, Libro 23, El sinthome (1975-1976), op. cit., pp. 159-166.
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Clase 4. El padre en el Seminario XXIII: un sinthome que permite mantener...
cuando proponemos al síntoma como significado oculto para el sujeto.
Es la concepción del síntoma como saber no sabido. Por lo tanto, el re-
curso para producir significado es la interpretación.
El último concepto de síntoma, por el contrario, está por fuera del sig-
nificado. Es el síntoma como modalidad de goce a partir de un elemento
extraído del inconsciente. Al quedar extraído no se trata de un signifi-
cante, ya que un significante es lo que representa al sujeto para otro
significante. No se trata de un significante sino de una letra, lo lleva a
Lacan a decir que el síntoma es el goce de una letra.
Lo podemos ilustrar con el significante ratten del análisis del Hombre de
las Ratas.4 Freud extrae esta letra de goce, letra que, además, representa
al Sujeto, es un nombre del Sujeto.
Como dijimos antes, son estas distinciones las que llevan a Lacan a
introducir una nueva grafía: sinthome y a establecer distinciones con el
síntoma, tal como lo aborda en la última enseñanza.
¿Qué es lo que se considera sinthome en esta clínica?
Lacan llama sinthome al síntoma -que de por sí es autista, solitario,
como pudimos apreciar en esta segunda clínica- cuando está puesto en
una función de anudamiento que articula el goce autista en la relación
con el Otro. Es decir, cuando este goce se enlaza al campo del Otro.
En principio, podemos decir que el sinthome no es el síntoma-metáfora
ni el síntoma-letra. Es decir, no es el síntoma entendido como saber no
sabido, pero tampoco es el síntoma entendido como goce de una letra.
Vamos a tener oportunidad de trabajar esta nueva grafía –sinthome- y
veremos que no es real, ni simbólico, ni imaginario, no se confunde con
los tres registros. En todo caso, es aquello que permite que los tres re-
gistros de Lacan se enlacen. El sinthome, es esa cuarta consistencia que
anuda a los tres registros, una vez que Lacan propone el cuarto nudo
como irreductible.
Entiendo que esta nueva grafía alcanza estabilidad conceptual recién en
las clases del 105 y del 176 de febrero de 1976 del Seminario 23.
Son cuestiones interesantes que vamos a trabajar sobre todo cuando
abordemos el caso Joyce. Allí Lacan plantea que el ego en Joyce funcionó
como sinthome que permitió mantener enlazados los registros. En Joyce,
su escritura, solitaria, autista, se enlazara al campo del Otro. Lacan di-
ferencia entre la escritura y la publicación de lo escrito, ya que el dar a
conocer sus obras implica un enlace con el Otro.
4- Sigmund Freud: “A propósito de un caso de neurosis obsesiva” (1909), en Obras Completas,
Volumen X, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1984, pp. 119-249.
5- Jacques Lacan: “La pista de Joyce. V. ¿Joyce estaba loco?, en El Seminario, Libro 23, El Sintho-
me (1975-1976), op. cit., p.75-88.
6- Jacques Lacan: “La pista de Joyce. VI. De lo inconsciente a lo real”, en El Seminario, Libro 23,
El Sinthome (1975-1976), op. cit., p.89-99.
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En la primera clase vimos el modo en que Lacan -en los inicios de su
enseñanza, siguiendo a Freud- conceptualiza que lo decisivo, en lo con-
cerniente al padre, es el binomio forclusión7 - behajung8 del significante
Nombre del Padre. Esto divide aguas, ya que ubica a la forclusión como
el mecanismo específico de la psicosis y a la behajung como lo que funda
la modalidad neurótica del sujeto. Entonces, para la primera clínica va
a ser decisiva esta distinción entre admisión o forclusión del significante
Nombre del Padre.
¿Qué ocurre con el padre en la segunda clínica?
La segunda es una clínica borromea. Se funda en la distinción de si hay
o no anudamiento. Cuando lo hay puede ser o no borromeo. Es una
clínica donde hay diferenciaciones pero no estructurales como cuando
Lacan trabaja exclusivamente con el binomio forclusión o no del Nombre
del Padre.
Esta segunda clínica es una clínica llamada gradualista, en la que el pa-
dre pasa a cumplir una función de anudamiento. Vamos a poder diferen-
ciar distintos tipos de anudamientos, con propiedades y consecuencias
diferenciadas. Por ejemplo, permite distinguir el nudo por interpenetra-
ción, el nudo sin interpenetración, lo que va a dar resultados diferentes
en la clínica. Es decir, que va a ver muchas formas de anudamiento. Po-
dremos tener el anudamiento tradicional, el que opera por la presencia
del significante Nombre del Padre y, por lo tanto, con la operación de la
metáfora paterna, pero también vamos a encontrar otros tipos de anu-
damiento que prescinden de este significante.
Lacan comienza a concebir que pueda haber un mecanismo con efecto
metafórico, que no opera con el apoyo del Nombre del Padre sino con
otro elemento. Ejemplo de esto último es la metáfora delirante de Schre-
ber9 que termina estabilizando su psicosis a través del recurso de ser
la mujer de Dios. La solución que encuentra es ser la mujer que falta
a los hombres. De esta forma, ser la mujer es un elemento que puede
sustituir al Nombre del Padre en este efecto de capitón de una operación
metafórica. Produce una estabilización, pero psicótica.
Otro ejemplo interesante es el tipo de nominación, creciente en lo social
que trabajamos en la clase anterior, el ser nombrado para.10 Es un tipo
de nominación que produce un anudamiento, pero es una suplencia
psicótica que cumple una función restitutiva, porque va a dar un orden
pero va a ser un orden de hierro.
7- El término forclusión alude al mecanismo específico de la piscosis. Se trata de un significante
que no ha sido admitido en la cadena simbólica que estructura al sujeto. Ver Jacques Lacan: El
Seminario, Libro 3, Las psicosis (1955-1956), Editorial Paidós, Buenos Aires, 2007.
8- Término acuñado por Freud para dar cuenta de la admisión de representaciones en el aparato
psíquico.
9- Sigmund Freud: “Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia para-
noides) descrito autobiográficamente” (1911 [1910], en Obras Completas, Volumen XII, Amorrortu
Editores, Buenos Aires, 1984, pp. 1-76.
10- Jacques Lacan: El Seminario, Libro 21, Los desengañados se engañan o los nombres del padre
(1973-1974), inédito.
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Clase 4. El padre en el Seminario XXIII: un sinthome que permite mantener...
Como podemos ver son anudamientos diferentes y las consecuencias en
la clínica también lo son.
¿Qué es un nudo?
Los nudos son curvas unidimensionales situadas en un espacio tridi-
mensional. El nudo es de una sola dimensión. Para poder trabajar en
forma concreta y no abstracta, Lacan utiliza cuerdas, con las se pue-
de abordar el nudo en forma material. Es necesario indicar que lo que
llamamos nudo es una cuerda pero con los extremos empalmados, no
sueltos.
¿Qué es una cadena?
En las cadenas hay más de un componente, es decir, hay más de dos
nudos que están o no encadenados.
Lacan sostiene que esto que ocurre entre los nudos -la posibilidad de
encadenarse- no ocurre en el ser hablante. Es lo que expresa al decir
que no hay relación sexual, es decir, no hay complementariedad entre
los sexos. La naturaleza, lo instintivo, está perdido por el sólo hecho de
habitar el lenguaje.
En el Seminario 22,11 Lacan llega incluso a abordar esta no relación se-
xual indicando que entre uno y otro es necesario un tercer eslabón que
permita encadenarlos, que haga posible alguna relación entre ellos. Esto
es lo que da un nudo borromeo.
¿A qué se llama nudo borromeo?
El nudo borromeo es una cadena en la que los componentes se enlazan
sin que haya interpenetración, es decir, en ningún caso un eslabón se
encadena pasando por el agujero del otro. De este modo, si se corta
cualquiera de los redondeles de la cuerda los otros se sueltan, por lo que
los registros no están interpenetrados. Es lo que ocurre en la neurosis.
En las psicosis, por el contrario, hay interpenetración de registros y esto
permite decir que los anudamientos no son borromeos. Lacan termina
por ubicar al Nombre del Padre, como un redondel más, como un cuarto
que anuda a los otros tres.
¿Cuál es este cuarto elemento que anuda?
Son cuestiones interesantes que indagaremos seguidamente. En princi-
pio, podemos decir que el esfuerzo de Lacan consistió en enfatizar la ver-
tiente real del padre. Como estuvimos trabajando en clases anteriores,
esto no fue esbozado por Freud en ningún momento, ya que se detuvo
en el padre simbólico, un padre todo amor.
Lacan fue más allá, por eso podemos plantear que hay algo del padre
o de la función paterna que no termina de entrar en el significante. No
toda la función paterna es integrable en lo simbólico. Lacan se empeñó
11- Jacques Lacan: El Seminario, Libro 22, RSI (1974-1975), inédito.
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en no crear una concepción unilateral del padre ligada sólo al signifi-
cante Nombre del Padre. Es lo que propone en el Seminario 22 cuando
aborda el tema de la nominación: poder distinguir entre el padre que
nombra y el nombre del padre.
Si tomamos en cuenta lo trabajado en la primera clase en torno a la me-
táfora paterna, podemos decir que más allá del significante Nombre del
Padre -que permite metaforizar el deseo de la madre- está el padre y que
su función es decisiva en la eficacia o no de la operación de la metáfora
paterna.
Es lo que Lacan denominó en el Seminario 1712 como operador de la
castración. Es interesante este término ya que operador es alguien que
hace funcionar un sistema, que lo ejecuta, que lo pone en marcha. El
padre aparece como agente de la castración, es decir, es quién la pone
en marcha.
Pero es necesario señalar que la primera clínica está contenida en la se-
gunda que no supone ni un progreso ni una superación con respecto a la
primera sino que presenta algunas herramientas que nos va a permitir
realizar precisiones diagnósticas. La primera clínica es una clínica es-
tructuralista, en la que Lacan define al inconsciente estructurado como
un lenguaje; en cambio, la segunda es una clínica caracterizada por los
tipos de anudamientos, borromeos o no borromeos. No obstante, a pesar
de estas distinciones las teorizaciones que Lacan formula en la primera
parte de su enseñanza siguen siendo válidas.
Indagaremos seguidamente cuál es el camino que conduce a Lacan a
esta conceptualización del padre como cuarto nudo que permite mante-
ner enlazados lo simbólico, lo imaginario y lo real.
El padre como cuarto.
La necesidad del cuarto, para anudar los tres registros no es un dato pri-
mario en Lacan. En principio y sobre todo en los comienzos del Semina-
rio 22, Lacan articula los tres registros freudianos -inhibición, síntoma y
angustia- con los tres lacanianos -imaginario, simbólico y real-. Propone
a la inhibición, al síntoma y a la angustia, como intrusiones, avances,
desbordes, de un registro sobre otro.
En las dos primeras clases propone su nudo de tres. En ese momento,
plantea al síntoma como un efecto de lo simbólico en lo real, a la angus-
tia como avance, intrusión de lo real sobre lo imaginario y a la inhibición
como intrusión de lo imaginario en lo simbólico.
12- Jacques Lacan: El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis (1969-1979), Editorial
Paidós, Buenos Aires, 2004.
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Hasta acá no hace intervenir una cuarta cuerda o nudo sino que se trata
de la apertura de uno de los registros y su avance sobre otro. Trabaja
con cuerdas, con líneas y dice que hacen falta tres cuerdas para produ-
cir un lugar de calce, un punto de capitón.
Mantiene en ese momento de su enseñanza una posición crítica respecto
al planteo freudiano: “Queda siempre el recurso a la boludez religiosa,
a la que Freud jamás deja: lo digo al pasar aunque cortésmente (se lo
debemos todo)”.13 Lo tilda de esta forma, de religioso, por haber necesi-
tado el cuarto que podemos leerlo en Freud como Complejo de Edipo o
realidad psíquica.
Pero, en el transcurso de este seminario, Lacan se va tornando cada vez
más freudiano y más religioso. A medida que avanza en sus teorizacio-
nes va constatando la necesidad del cuarto como irreductible respecto
del anudamiento. Lacan lo expresa de esta forma: “Pero no se imaginen
que – no estaría dentro de mi tono habitual- que estoy aún en vías de
profetizar que del nombre del padre, del nombre del padre en el análisis
y también del nombre del padre en otra parte, podríamos de ninguna
manera prescindir para nuestro Simbólico, nuestro Imaginario y nues-
tro Real, como es la suerte de todos ustedes, no se vayan cada uno por
su lado”.14 Es decir, que en este Seminario se va produciendo un movi-
miento que va desde un intento de ateísmo, ya que intenta prescindir
del padre realizando una crítica al culto al padre realizado por el padre
del psicoanálisis, a un Lacan que retoma con toda su riqueza el planteo
freudiano, volviéndose de esta forma religioso.
En la clase del 15 de abril de 1975 sostiene que el cuarto es imprescindi-
ble: “de tres consistencias, no se sabe nunca cuál de las tres es real, es
precisamente por eso que es necesario que sean cuatro, porque el cuarto
es lo que en este doble bucle soporta lo simbólico de eso para lo cual, en
efecto, está hecho, a saber el nombre del padre.” Y agrega: “la nomina-
ción es la única cosa que estamos seguro hace agujero.”15
Entonces, por un lado anuncia la necesidad del cuarto para mantener
anudados simbólico, imaginario y real y, por el otro, enlaza los tres freu-
dianos -inhibición, síntoma y angustia- con la nominación. Considera
a estos tres como modos de nominación que mantendrán anudados a
los tres lacanianos: simbólico, imaginario y real. Plantea a la inhibición
como nominación imaginaria, al síntoma como nominación simbólica y
a la angustia como nominación real.
¿Por qué se le vuelve imprescindible el cuarto?
Sólo el cuarto introduce la disimetría y con ella la diferencia entre los re-
gistros. Permite quebrar la homogeneidad entre ellos. Pero hay que tener
13- Jacques Lacan: “Clase del 17 de diciembre de 1974”, en El Seminario, Libro 22, RSI (1974-
1975), inédito.
14- Ibídem.
15- Ibídem.
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en cuenta que lo que a esta altura anuda es la función de la nominación,
ya que todavía no conceptualizó su noción de sinthome.
Entonces aquí podemos hacer una distinción interesante respecto a la
función paterna, ya que es doble: por un lado impedir que los registros
se junten pero también evitar que se suelten. Todo esto queda a cargo
del padre.
Una nueva grafía: el sinthome
Esta nueva grafía para dar cuenta del cuarto irreductible, es el término
sinthome que fue introducido por Lacan en una Conferencia sobre Joyce,
llamada: Joyce, el síntoma. Congruente con lo planteado hacia el final
de RSI, sostiene aquí que: “El padre como nombre y aquel que nombra
no es lo mismo. El padre es ese elemento cuarto… sin el cual nada es
posible en el nudo de lo simbólico, lo imaginario y lo real… que conviene
denominar, el sinthome.”16
Retoma, de esta manera, esa diferencia que viene planteando en su se-
minario anterior entre: Nombre del Padre y Padre del Nombre, concer-
niente a la función de nominación. Sostiene entonces que el padre es ese
elemento cuarto al que conviene llamarlo sinthome. Es otra manera de
denominar a ese padre que nombra. Ese padre que nombra no es el sig-
nificante Nombre del Padre, es decir, no es un elemento de lo simbólico
sino, como el síntoma, una función de ex-sistencia.
Como estuvimos trabajando hay dos versiones del síntoma en la obra
de Lacan. El síntoma metáfora y el síntoma letra. Ninguna de estas ver-
siones va a ser equivalente a lo que Lacan en 1975 denomina sinthome.
El sinthome no es ni imaginario, ni simbólico, ni real, sino que es lo que
permite mantener enlazados los tres nudos lacanianos, de forma borro-
mea o no borromea.
En la primera parte de su enseñanza, esto es en la década de 1950, La-
can produce un retorno a Freud enfatizando el registro de lo simbólico,
a fin de corregir el desvío operado por los posfreudianos. Subraya la di-
mensión simbólica del síntoma, el síntoma como saber no sabido, como
retorno de lo reprimido.
En el Seminario 23 desde su primera clase refuerza estos conceptos in-
troducidos en la Conferencia mencionada: “Digo que hay que suponer
tetrádico lo que hace al lazo borromeo -que perversión sólo quiere de-
cir versión hacia el padre-, que, en suma, el padre es un síntoma, o un
16- Jacques Lacan: “Joyce el síntoma I”, en Uno por uno, Nro. 44, Eolia Paidós, Buenos Aires,
1997, p. 15.
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sinthome, como ustedes quieran. Plantear el lazo enigmático de lo imagi-
nario, lo simbólico y lo real implica o supone la existencia del síntoma.”17
¿Cómo queda conceptualizado el sinthome?
Es ese cuarto que viene a anudar simbólico, imaginario y real. Es otra
forma de llamar a ese padre que nombra.
Los artificios de James Joyce.
Vamos a articular algunas cuestiones que Lacan trabaja en el Seminario
23 sobre el caso Joyce, que Lacan eligió como paradigma para ilustrar
su última clínica; de allí su importancia.
Quienes han leído algunas de sus obras El retrato de un artista adoles-
cente, Ulises, Finnegans Wake, sabrán que Joyce tiene un estilo literario
difícil de seguir. Hay párrafos totalmente desprovistos de sentido porque
realiza un trabajo de descomposición del lenguaje, lo que Joyce llama
sus epifanías.18 Para Joyce, estas epifanías consistían en una revela-
ción, una iluminación que ofrece una visión simbólica y específica de su
realidad. Implica el descubrimiento de una verdad íntima; es, lo que en
psicoanálisis llamamos palabras impuestas.
Esto conduce a Lacan a denominarlo “desabonado del inconsciente”.19
Desabonado en la medida en que su escritura no produce concatenación
significante, no hay sentido. Precisamente el trabajo del inconsciente es
encadenar S1 y S2 a fin de producir sentido e interpretación. Esto no
ocurre con la escritura de Joyce.
El tratamiento que Joyce le da a la lengua, esa descomposición que ope-
ra hasta dejarla librada de sentido, su certeza de ser un artista, sus
epifanías, su relación con el cuerpo, llevan a Lacan a determinar que se
trata de una psicosis no desencadenada. Es decir, se trata de una es-
tructura psicótica pero sin desencadenamiento clínico. Sostiene que hay
un lapsus o error en el nudo, lo imaginario no está encadenado con los
otros registros y queda suelto.
La cadena que Lacan escribe para Joyce no es una cadena borromea,
hay un enlace entre lo real y lo simbólico, una intersección, una in-
terpenetración que hace que no se trate de un enlace borromeo. Como
consecuencia de este lapsus, lo imaginario queda suelto. Lacan ilustra el
desprendimiento del registro imaginario a través de la escena de la pali-
17- Jaques Lacan: “El espíritu de los nudos. I. Del uso lógico del sinthome, o Freud con Joyce”,
en El Seminario, Libro 23, El sinthome, op. cit., p. 20.
18- Epifanía es un término que deriva del griego y significa: manifestación o fenómeno y se trata
de un acontecimiento religioso. En muchas culturas en las epifanías se producen revelaciones o
apariciones y los profetas, chamanes, médicos o brujos interpretan visiones y mensajes del más
allá. Es, también, una festividad de la Iglesia católica que el día 6 de enero conmemora la Adora-
ción de los Reyes Magos.
19- Nota de la editora. La única vez que Lacan utilizó estos términos fue durante la conferencia
Joyce el Síntoma, que ofreció en La Sorbona el 16 de junio de 1975.
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za que tuvo lugar cuando Joyce era adolescente. Ocurre a los doce años,
momento donde comienzan sus crisis. Luego de presentar un trabajo
escrito ante los jesuitas es acusado de herejía y a la salida de la escuela
es golpeado por un grupo de compañeros.
Lo interesante es que esta fuerte golpiza no genera en él enojo ni rencor.
Joyce dice que sintió como el odio se fue desprendiendo como la suave
piel de un fruto maduro. Con estas palabras, Joyce cuenta algo de la
relación con su cuerpo y es lo que retoma Lacan en el Seminario 23,
interrogándose por este particular despliegue de afectos en Joyce en re-
lación con tal situación. Los afectos implican un efecto de lo simbólico en
el cuerpo. El efecto del rencor y del odio que se desvanecen. Lacan dice
que quizás esto metaforiza la relación de Joyce con su propio cuerpo. En
este desprendimiento Joyce deja caer la relación con su propio cuerpo.
Lacan sostiene que debería resultar sospechosa para un analista la re-
lación de Joyce con su propio cuerpo en esta escena, ya que la idea de
sí mismo como cuerpo tiene un peso y es lo que se llama ego. Señala
Lacan: “Si al ego se lo llama narcisista, es porque, en cierto nivel, hay
algo que sostiene el cuerpo como imagen. En el caso de Joyce, que esta
imagen no esté implicada en esta oportunidad, ¿no es acaso lo que mar-
ca que el ego tiene en él una función muy particular? ¿Y cómo escribirlo
en mi nudo bo?”20
¿Qué es lo que le permitió no desencadenar una psicosis?
Recordemos que Joyce tiene el propósito de hacerse famoso, de ser el ar-
tista del siglo. Aún antes de publicar existía en él esta creencia, la de ser
un artista que sería leído por cientos de universitarios. Esto es crucial
para comprender el motivo por el cual no se produzco el desencadena-
miento clínico. Como anticipé, Lacan señala que hay una falla en Joyce,
lo imaginario no está encadenado a los otros dos registros. Para reparar
esta falla debemos agregar un cuarto redondel.
¿Qué es lo que funciona como cuarto en Joyce, su sinthome?
Lacan señala que fue su Ego lo que le permitió no desencadenar una
psicosis. Lo que funciona como cuarto en Joyce es este hacerse famoso,
configurar ese ego de grandeza que da consistencia a su narcisismo y
que viene a evitar que lo imaginario se suelte. Lo imaginario, el cuerpo,
el yo, queda unido a esa tarea de vincularse con los otros, con el público.
Lacan distingue en este mismo seminario, la escritura de la publicación.
La escritura es más bien solitaria y por lo tanto ligada al autoerotismo,
a un goce autista, sólo, desprovisto del lazo con el Otro. En cambio, la
publicación produce un enlace con el Otro y hace de la escritura un lazo
social. Es en la medida en que Joyce publica y se convierte en el artista
del siglo, que logra ese pasaje desde una escritura solitaria, autista, sin
20- Jacques Lacan: “Para concluir.X. La escritura del Ego”, en El Seminario, Libro 23, El sinthome
(1975-1976), op. cit., p. 147.
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Versiones del padre en la obra de Jacques Lacan
Clase 4. El padre en el Seminario XXIII: un sinthome que permite mantener...
enlace, a un lazo con el público a través de sus obras, permitiendo de
esta forma ese anudamiento necesario de lo imaginario.
Por lo tanto, Lacan propone una reparación sinthomatica para Joyce
que queda localizado en el nivel de lo que llama el ego de Joyce, ligado
a la publicidad de su obra, a su deseo de ser un artista y a la valoriza-
ción de su nombre propio. Es este sinthome, este cuarto redondel, el que
compensa lo que Lacan denomina su carencia paterna. El ego en Joyce
funciona como cuarto que permite mantener enlazados los registros.
Es importante señalar que esta reparación no devuelve al nudo un esta-
do borromeo, ya que real y simbólico se mantienen interpenetrados, pero
logra mantener enlazados de manera no borronea los registros. Esta
diferenciación es crucial para comprender las diferencias entre neurosis
y psicosis.
La carencia paterna en el caso Joyce
Lacan señala una carencia paterna indicando que para Joyce el padre
jamás ha sido padre. Propone esta carencia como una Verwerfung de he-
cho y habla sobre la forma en que la compensó: “Joyce tiene un síntoma
que parte de que su padre era carente - solo habla de eso. He centrado
la cosa en torno del nombre propio y he pensado - hagan lo que quieran
con este pensamiento - que por querer hacerse un nombre Joyce com-
pensó la carencia paterna.”21
En este sentido, el padre de Joyce no es un padre síntoma. Delegó la
educación de su hijo a los jesuitas, un padre que nunca pudo sostener
esa función, que renunció a cumplirla. Pero allí donde el funcionario
renuncia, el síntoma de Joyce viene a reparar. Por lo tanto, si hay caren-
cia radical de la función paterna como cuarto, Joyce mismo, por querer
hacerse un nombre, ya que de entrada quiso ser alguien cuyo nombre
sobreviviese para siempre, fue quién compensó la dimisión paterna.
Hacerse un nombre hay que entenderlo en al menos dos sentidos. En
principio en el sentido de hacerse un nombre, fabricarse él un nombre
propio, no cuenta con el nombre dado, otorgado por el padre, por eso
Lacan dice que es un padre que renunció a su función. Joyce consigue
este nombre, que es parte de su invención, a través de su obra, de sus
publicaciones. En este sentido, podemos decir que se autoengendra, se
crea a sí mismo, se inventa un nombre. Debemos señalar que lo que
funciona como cuarto entonces es el hacerse famoso que logra armar
ese ego de grandeza que da consistencia a su narcisismo. El sinthome
en Joyce viene a compensar ese defecto que supone la carencia paterna.
21- Jacques Lacan: “La pista de Joyce. VI. Joyce y las palabras impuestas”, en El Seminario, Libro
23, El sinthome (1974-1975), op. cit., p. 92.
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Para Lacan, Joyce será el artista que buscará valorizar su Nombre pro-
pio en detrimento del padre. No hará homenaje alguno al padre como
suele ocurrir en la neurosis sino que él mismo se hará un Nombre y, con
este, un homenaje a sí mismo.
El arte de Joyce funciona entonces como suplencia, como sinthome,
como un cuarto redondel de cuerda y compensa la Werverfung de hecho
producida por la dimisión paterna, por el hecho de que el padre de Joyce
nunca fue verdaderamente un padre.
¿Pudo Lacan prescindir del padre?
En este recorrido que iniciamos por los textos lacanianos pudimos apre-
ciar como al comienzo de su obra le da consistencia al Edipo freudiano a
través de distintas formalizaciones: Metáfora Paterna, discurso del Amo,
significante Nombre del Padre, entre otras. Este énfasis de Lacan tuvo
como objetivo promover el retorno a Freud, a fin de corregir el desvío ha-
cia el lado materno operado por los posfreudianos. Sus planteos sirvie-
ron para rectificar lo que debería ser la orientación de la cura en la vía de
la función paterna, produciéndose, de esta manera, un recentramiento
del padre en su teoría.
Este es un primer Lacan muy cercano a los planteos freudianos. Pero
pudimos apreciar como hacia el final de su enseñanza hay un intento
de prescindir del padre, un intento de ateísmo por parte de Lacan. Casi
como si esta consistencia que Lacan le otorga en un primer tiempo al
Edipo freudiano, empezara a hacerle síntoma a él mismo y necesitara
desembarazarse del padre.
Es en el Seminario 22 donde llega a plantear la posibilidad de prescin-
dir del cuarto. En las primeras clases plantea su nudo de tres, pero a
medida que avanza en sus formulaciones estas cuestiones empiezan a
matizarse. Se le vuelve imprescindible la necesidad del cuarto, llegando
incluso a afirmar que la función paterna es ese cuarto término irreduc-
tible del nudo.
En el Seminario 23 refuerza los planteos anteriores diciendo: “La hipó-
tesis del inconsciente, como subraya Freud, solo puede sostenerse si se
supone el Nombre del Padre. Suponer el Nombre del Padre, ciertamen-
te, es Dios. Por eso si el psicoanálisis prospera, prueba además que se
puede prescindir del Nombre del Padre. Se puede prescindir de él con la
condición de utilizarlo.”22 Esta frase nos deja en una paradoja y, al igual
que Lacan, también nos hace síntoma. Tratemos de articular algunas
cuestiones al respecto.
¿Qué dice Lacan con esta frase?
22- Jacques Lacan: “La invención de lo real. IX. De lo inconsciente a lo real”, en El Seminario,
Libro 23, El Sinthome (1975-1976), op. cit., p. 133.
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Se puede prescindir del padre a condición de haberse servido de él. Un
hijo sólo puede abrirse paso en la vida a partir de esta función que es la
función paterna.
No olvidemos que Freud sostuvo -a lo largo de toda su obra- el nudo en-
tre identificación primaria y amor al padre. La identificación primaria es
constitutiva del sujeto pero requiere de la vertiente del amor, que nace,
se genera, vía la función paterna. El padre abre la vía del amor necesa-
ria para el encuentro entre los sexos, para amar verdaderamente a una
mujer, para consentir hacerle hijos, para armar un proyecto, para posi-
cionarse como sujeto deseante.
Como hemos visto, el padre es transmisor de la castración y es de esto
de lo que hay que servirse. La posibilidad de prescindir del padre que-
da articulada al más allá del Edipo, cuestión que Freud jamás llegó a
evocar. Como ya lo señalamos, este más allá no implica sin el padre. Lo
podemos pensar como un más allá del padre freudiano, del padre todo
amor, ideal, ligado a la vertiente simbólica; pero no implica un más allá
del padre lacaniano.
En el Seminario 5 hay una referencia similar a lo planteado en el Semi-
nario 23. Lacan enuncia allí: “En otros términos, el Nombre del Padre
hay que tenerlo, pero también hay que saber servirse de él”.23 Hace aquí
una diferencia en dos términos interesantes para pensar la función pa-
terna: legitimidad y legalidad. Propone que un nombre nunca es un sig-
nificante como los otros y que, sin lugar a dudas, es importante tenerlo
pero ello no significa que se acceda a él.
En el Seminario 17 encontramos otra referencia interesante. Introduce
allí los cuatro discursos y separa el Edipo de la castración.
¿Qué significa esto?
Lacan dice que hay una primera castración real o del lenguaje. La natu-
raleza, lo instintivo, está perdido por el sólo hecho de habitar el lenguaje.
Es lo que anuncia con su aforismo: “no hay relación sexual”, es decir, no
hay complementariedad entre los sexos, no hay un objeto adecuado para
la pulsión. Esta complementariedad se encuentra en el reino animal; por
cierto, hago referencia a los animales no domesticados.
Pero si bien separa la castración del Edipo coloca al padre real como
agente de la castración. Noción que Lacan trabajó en el Seminario 5
cuando abordó los tres tiempos del Edipo. Entonces, nuevamente, dice
Lacan que no se puede prescindir del padre; él es un intermediario. El
lenguaje determina la castración pero se necesita la función del padre
como su agente, él es su transmisor. Como decía antes, de esto hay que
servirse. El padre es quién se presta, se dejar usar, quien provee herra-
23- Jacques Lacan: “La lógica de la castración. VIII. La forclusión del Nombre del Padre”, en El
Seminario, Libro 5, Las Formaciones del Inconsciente (1957-1958), Editorial Paidós, Buenos Aires,
2006., p. 160.
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mientas, posibilidades identificatorias, es quién posibilita el acceso a la
virilidad y una salida a la exogamia.
Me interesaba introducir estas referencias en momentos distintos de la
enseñanza de Lacan -Seminario 5, 17, 22 y 23- para que puedan apre-
ciar en este recorrido un movimiento de Lacan que involucra tres tiem-
pos: un primer tiempo en el que -muy cercano al planteo freudiano- le da
consistencia al Complejo de Edipo a través de su Metáfora paterna. Un
segundo tiempo donde intenta prescindir del padre criticando en Freud
lo que dio en llamar: su boludez religiosa, su culto al padre. Un tercer
tiempo en el cual sostiene que es posible prescindir del padre, a condi-
ción de haberse servido de él.
¿Este último movimiento implica una vuelta lineal sobre el primer tiem-
po? ¿Cuáles serían esas distinciones que podríamos señalar?
Los despido con estos interrogantes.
Bibliografía.
Freud, Sigmund: “A propósito de un caso de neurosis obsesiva” (1909),
en Obras Completas, Volumen X, Amorrortu Editores, Buenos Aires,
1984, pp. 119-249.
Freud, Sigmund: “Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de
paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente” (1911
[1910], en Obras Completas, Volumen XII, Amorrortu Editores, Bue-
nos Aires, 1984, pp. 1-76.
Lacan, Jacques: “La lógica de la castración. VIII. La forclusión del Nom-
bre del Padre”, en El Seminario, Libro 5, Las Formaciones del Incons-
ciente (1957-1958), Editorial Paidós, Buenos Aires, 2006., pp. 147-
160.
Lacan, Jacques: El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis (1969-
1979), Editorial Paidós, Buenos Aires, 2004.
Lacan, Jacques: El Seminario, Libro 21, Los desengañados se engañan o
los nombres del padre (1973-1974), inédito.
Lacan, Jacques: El Seminario, Libro 22, RSI (1974-1975), inédito.
Lacan, Jacques: El Seminario, Libro 23, El sinthome (1975-1976), Edito-
rial Paidós, Buenos Aires, 2006.
Lacan, Jacques: El Seminario, Libro 3, Las psicosis (1955-1956), Edito-
rial Paidós, Buenos Aires, 2007.
Lacan. Jacques: “Joyce el síntoma I”, en Uno por uno, Nro. 44, Eolia Pai-
dós, Buenos Aires, 1997.
Schejtman, Fabián y otros: Las dos clínicas de Lacan. Introducción a la
clínica de los nudos, Editorial Tres Haches, Buenos Aires, 2000.
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