Lección 4: Para el 23 de octubre de 2021
“AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS”
Sábado 16 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Deuteronomio 6:4, 5; 10:12; Efesios
2:1–10; Apocalipsis 14:6, 7; Deuteronomio 4:37; 11:1; Marcos 12:28–30.
PARA MEMORIZAR:
“Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con
todas tus fuerzas” (Deut. 6:5).
E
n la religión judía, una de las oraciones más importantes se extrae de
Deuteronomio 6. Se la conoce como el “Shemá”, basado en la primera
palabra hebrea de la oración, de la raíz, shemá‘, que significa “escuchar”,
o incluso “obedecer”; una palabra que aparece una y otra vez, no solo en
Deuteronomio sino en todo el Antiguo Testamento.
La primera línea del Shemá –en hebreo– dice así: Shemá, Israel, Adonai
Elohenu, Adonai ejad.
Significa: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deut. 6:4).
En la tradición judía, esta Escritura se repite como una oración, con los ojos
tapados, con la intención de que nada distraiga de pensar en Dios. Esta
primera línea del Shemá se considera una afirmación de la naturaleza mo-
noteísta de Adonai Elohenu, “Jehová nuestro Dios”, y la lealtad de Israel solo
a él y a ningún otro “dios”. De hecho, también se podría leer como “Jehová
es nuestro Dios”.
Esta línea es parte del primer discurso que Moisés les dio a los hijos de
Israel cuando estaban a punto de entrar en la Tierra Prometida. Sin em-
bargo, lo que sigue a esa línea de apertura es una poderosa expresión de la
verdad que sigue siendo tan esencial ahora como lo fue entonces.
38 Reavivados por su Palabra: Hoy, Efesios 3.
Domingo 17 de octubre | Lección 4
AMAR A DIOS
Después de que Moisés les relatara a los hijos de Israel la historia de
su pueblo, comenzó a darles instrucciones sobre lo que debían hacer para
tomar la tierra y prosperar en ella. De hecho, se podría argumentar que la
mayor parte de Deuteronomio es simplemente eso: el Señor comunicando
a su pueblo lo que tenía que hacer para cumplir con su parte del pacto
establecido con ellos en cumplimiento de la promesa hecha a sus padres.
Deuteronomio 6 comienza así: “Estos, pues, son los mandamientos, es-
tatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para
que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla;
para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus man-
damientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de
tu vida, para que tus días sean prolongados” (Deut. 6:1, 2).
Lee Deuteronomio 6:4 y 5. ¿Qué mandato les da Jehová Dios a los hijos
de Israel en el versículo 5? ¿Qué significa este mandato?
¿”Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón”? Qué interesante es que
aquí, en medio de la Ley, en medio de todas las advertencias, las reglas y las
disposiciones, se exhorte al pueblo a amar a Dios. Y no solo a amarlo, sino
a amarlo “de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”, lo
que indica la naturaleza absoluta de este amor.
Amar a Dios con todo el corazón, el alma y las fuerzas significa que
nuestro amor por él debe ser supremo sobre nuestro amor por todo y por
todos los demás, porque él es el fundamento y la base de todo nuestro ser,
nuestra existencia y todo lo demás. El amor por él debe poner en la pers-
pectiva adecuada nuestro amor por todo lo demás.
En hebreo, la palabra “tu” para “tu Dios, tu corazón, tu poder” [RVA],
está en singular (no dice “vuestro Dios”, “vuestros corazones”, etc.). Sí, Dios
le estaba hablando al pueblo como unidad, pero esa unidad depende de la
fortaleza de las partes. El Señor quiere que cada uno de nosotros, aunque
sea parte de un cuerpo más grande, sea fiel a él en forma individual, y el
fundamento de esa fidelidad debe ser nuestro amor por él, por quién es él
y por lo que ha hecho por nosotros.
¿Qué significa para ti amar a Dios con todo tu corazón, tu alma y tus fuerzas?
Reavivados por su Palabra: Hoy, Efesios 4. 39
Lección 4 | Lunes 18 de octubre
TEMER A DIOS
Moisés les dijo a los hijos de Israel que amaran a Dios con todo lo que
tenían. Era un mandato. Sin embargo, pocos versículos antes, Moisés les dio
otro mandato: “Que temas a Jehová tu Dios” (Deut. 6:2).
Lee Deuteronomio 10:12. ¿Qué dice este texto sobre el amor y el temor,
y cómo lo entendemos?
En un versículo se les dice que teman a Dios; en otro, que lo amen; y en
este versículo se les dice que lo teman y lo amen al mismo tiempo. Según
la interpretación común de la palabra “temor”, esto puede parecer una con-
tradicción, pero no lo es. El temor de Dios (en el sentido de admiración y
respeto por quién es él, su autoridad, su poder, su justicia y su rectitud,
especialmente en contraste con nuestra pecaminosidad, debilidad y total
dependencia de él) debería ser una reacción natural. Somos seres caídos,
seres que hemos violado la Ley de Dios y que, si no fuera por su gracia,
merecemos la condenación y la muerte eterna.
Lee Efesios 2:1 al 10. Estos versículos ¿cómo deberían ayudarnos a en-
tender cómo temer y amar a Dios al mismo tiempo?
A pesar de que éramos “hijos de ira” (por eso deberíamos temerle), Cristo
murió por nosotros y así nos dio una nueva vida en él, que incluye librarnos
del pecado y la condenación del pasado (por eso debemos amarlo).
Y así como esto se aplica a nosotros hoy, este mismo principio se aplicó al
antiguo Israel: habían sido cautivos en Egipto, condenados a la esclavitud y
la opresión, y solo el amor de Dios por ellos y la misericordia hacia ellos fue
lo que los guio a su gran redención. “Acuérdate que fuiste siervo en tierra de
Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá” (Deut. 5:15). No es de extrañar,
entonces, que amen y teman a Dios al mismo tiempo. Y, si ellos hicieron eso,
¿cuánto más deberíamos amarlo y temerlo nosotros, al contar con la gran
verdad de la muerte de Jesús en la Cruz en nuestro favor?
Lee Apocalipsis 14:6 y 7. ¿Cómo debemos entender que el mandamiento “temed
a Dios” debe ser el primer mandamiento del mensaje del Señor para los últimos
días al mundo? A la luz de lo que sabemos sobre lo que se avecina en el mundo,
¿por qué ese mandato tiene tanto sentido?
40 Reavivados por su Palabra: Hoy, Efesios 5.
Martes 19 de octubre | Lección 4
ÉL NOS AMÓ PRIMERO
Incluso en medio de los estatutos y las ordenanzas de Deuteronomio y
todas las amonestaciones que advierten a la nación judía que el pueblo debe
obedecer “sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos”, ellos debían
amar a Dios ante todo y con todo su corazón, alma y fuerzas. Por supuesto,
tenían buenas razones para hacerlo.
Lee Deuteronomio 4:37; 7:7, 8 y 13; 10:15; 23:5; y 33:3. ¿Qué enseñan estos
versículos sobre el amor de Dios por su pueblo?
Una y otra vez en Deuteronomio, Moisés le contó al pueblo del amor de
Dios por sus padres y por ellos. Pero, más que con palabras, el Señor reveló
este amor con sus acciones. Es decir que, a pesar de sus defectos, sus fracasos,
sus pecados, el amor de Dios por ellos se mantenía firme; un amor que se
manifestó poderosamente en su trato con ellos.
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).
¿Cómo nos ayuda este versículo a entender por qué debemos amar a Dios?
El amor de Dios por nosotros es anterior a nuestra existencia, en el
sentido de que el plan de salvación estaba en marcha mucho antes de “la
fundación del mundo” (Efe. 1:4).
Como dijo Elena de White: “El plan de nuestra redención no fue una
reflexión ulterior, un plan formulado después de la caída de Adán. Fue una
‘revelación del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio’.
Fue una manifestación de los principios que desde las edades eternas habían
sido el fundamento del Trono de Dios” (DTG 13).
Cuán dichosos somos todos porque Dios es, efectivamente, un Dios de
amor, un amor tan grande que lo hizo ir a la Cruz por nosotros, un amor
abnegado por el que “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la
muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8). En consecuencia, hoy tenemos una reve-
lación del amor de Dios por nosotros que los hijos de Israel probablemente
ni siquiera podrían haber imaginado.
En lugar de ser amor, ¿y si Dios fuera odio, o si fuera indiferente? ¿Qué tipo de
mundo sería este? ¿Por qué la revelación del amor de Dios por nosotros es algo en
lo que verdaderamente deberíamos regocijarnos?
Reavivados por su Palabra: Hoy, Efesios 6. 41
Lección 4 | Miércoles 20 de octubre
“SI ME AMAN, GUARDARÁN MIS MANDAMIENTOS”
Israel, la nación en su conjunto, fue llamada a amar a Dios. Pero esto
era algo que solo podía suceder de a uno. Como un solo ser humano al que
se le dio libre albedrío, cada israelita tenía que tomar la decisión de amar a
Dios, y mostraría ese amor a través de la obediencia.
¿Qué tienen en común los siguientes versículos? Es decir, ¿cuál es el tema
común entre ellos? Deuteronomio 5:10; 7:9; 10:12; 11:1; 19:9.
¿Cuánto más clara podría ser la Palabra de Dios? Así como Dios no solo
dice que nos ama, sino además ha revelado ese amor por nosotros mediante
lo que hizo y todavía hace, el pueblo de Dios también mostrará su amor
a Dios por sus acciones. Y en estos textos vemos que el amor a Dios está
indisolublemente ligado a la obediencia a él.
Por eso, cuando Juan dice cosas como: “Pues este es el amor a Dios, que
guardemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3), o cuando Jesús dice: “Si me
aman, guardarán mis mandamientos” (Juan 14:15, RVA-2015), estos versículos
simplemente expresan esta enseñanza básica. El amor a Dios siempre se
expresará mediante la obediencia a Dios. Siempre ha sido así, y lo seguirá
siendo. Y esta obediencia a Dios significa obediencia a su Ley, los Diez Man-
damientos, que también incluye el cuarto Mandamiento, el sábado. Guardar
el cuarto Mandamiento no es más legalismo que guardar cualquiera de los
otros nueve.
Aunque la obediencia a cualquiera de los mandamientos puede ser lega-
lismo, ese tipo de obediencia no se hace realmente por amor a Dios. Cuando
realmente amamos a Dios, especialmente por lo que él ha hecho por nosotros
en Cristo Jesús, queremos obedecerle, porque eso es lo que él nos pide que
hagamos.
Cuando Moisés le dijo una y otra vez a Israel que amara y obedeciera a
Dios, lo hizo después de haber sido redimidos de Egipto. Es decir, el amor y la
obediencia del pueblo eran en respuesta a la redención que Dios había hecho
en su favor. El Señor los había redimido. Ahora responderían obedeciendo
fielmente sus mandamientos. ¿Hay alguna diferencia hoy?
¿Cuál es tu experiencia al tratar de obedecer a Dios? Es decir, ¿cuáles son tus mo-
tivaciones para obedecer a Dios? ¿Por qué deberías hacerlo por amor a él? ¿Qué
papel debería desempeñar también el temor, según la concepción bíblica?
42 Reavivados por su Palabra: Hoy, Filipenses 1.
Jueves 21 de octubre | Lección 4
EL PRIMER MANDAMIENTO
Por mucho que algunos teólogos, por diversas razones, busquen separar
el Antiguo Testamento del Nuevo Testamento, no se puede, al menos sin
despojar al Nuevo Testamento de su verdadero significado. El Nuevo Testa-
mento, en su revelación de Jesús y sus explicaciones teológicas de su vida,
muerte, resurrección y ministerio sumosacerdotal, apunta al cumplimiento
de muchas de las profecías y los tipos del Antiguo Testamento. En muchos
aspectos, el Antiguo Testamento forma el trasfondo, el contexto, la base del
Nuevo Testamento. Ambos testamentos revelan la bondad y el amor de Dios.
Esta es una de las razones por las que, vez tras vez, el Nuevo Testamento,
incluso Jesús, cita al Antiguo Testamento.
Lee Marcos 12:28 al 30. ¿Cuál fue la pregunta sobre el “primer manda-
miento de todos”? ¿Qué responde Jesús y de dónde obtiene su respuesta?
Es interesante que un escriba, alguien que había dedicado su vida a
interpretar la Ley y cómo debía aplicarse, haya hecho esta pregunta. No
obstante, por más que entendían que había muchísimas leyes para obedecer
(la tradición rabínica posterior las clasificó en 613 mandamientos), no es de
extrañar que buscaran sintetizarlo todo en una sola pregunta.
Y ¿qué hace Jesús? Va directamente a Deuteronomio 6, comenzando
con el: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deut. 6:4), y luego
cita el siguiente versículo también, que indica amar a Dios con todo el co-
razón, el alma y las fuerzas. Apuntó a la aseveración clave de que el Señor
es su Dios, su único Dios y, sobre la base de esa gran verdad, son llamados
a amarlo supremamente.
¿Hay acaso una “Verdad Presente” mayor que este mandamiento? En los
últimos días, cuando se desarrollen los acontecimientos finales y todos sean
llamados a decidirse por uno u otro bando de una manera muy dramática,
los mandamientos de Dios (Apoc. 14:12) jugarán un papel crucial.
En última instancia, el bando que elijamos –incluso de cara a la persecu-
ción– se basará en si realmente amamos a Dios o no. Ese es el tema decisivo,
y podremos llegar a amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y fuerzas
solo cuando lleguemos a conocerlo por nosotros mismos y experimentemos
personalmente su bondad, su amor y su gracia. Si es necesario, es algo por
lo que valdrá la pena morir.
Si alguien te preguntara: “¿Cómo llegan las personas a amar a un Dios que nunca
han visto personalmente?”, ¿qué dirías? Comenten, en clase, sus respuestas.
Reavivados por su Palabra: Hoy, Filipenses 2. 43
Lección 4 | Viernes 22 de octubre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“La Cruz de Cristo será la ciencia y el canto de los redimidos durante toda
la Eternidad. En el Cristo glorificado contemplarán al Cristo crucificado.
Nunca olvidarán que el Ser cuyo poder creó los innumerables mundos y los
sostiene a través de la inmensidad del espacio –el Amado de Dios, la Majestad
del cielo, a quien los querubines y los serafines resplandecientes se deleitan
en adorar– se humilló para levantar al hombre caído; [nunca olvidarán]
que llevó la culpa y la vergüenza del pecado, y sintió el ocultamiento del
rostro de su Padre, hasta que la maldición de un mundo perdido quebrantó
su corazón y le arrancó la vida en la Cruz del Calvario. Que el Hacedor de
todos los mundos, el Árbitro de todos los destinos, dejase su gloria y se
humillase por amor al hombre despertará eternamente la admiración y la
adoración del Universo. Cuando las naciones de los salvos miren a su Re-
dentor y contemplen la gloria eterna del Padre brillar en su rostro; cuando
contemplen su Trono, que es desde la eternidad hasta la eternidad, y sepan
que su reino no tendrá fin, prorrumpirán en un cántico de júbilo: ‘¡Digno,
digno es el Cordero que fue inmolado, y nos ha redimido para Dios con su
propia preciosísima sangre!’ ” (CS 709, 710).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Lee la declaración anterior de Elena de White. ¿Qué dice que debe-
ría ayudarnos a entender por qué nuestro amor por Dios debería
ser el mayor amor que tenemos? Piensa en lo que significa el hecho
de que Dios, “el Ser cuyo poder creó los innumerables mundos y los
sostiene a través de la inmensidad del espacio”, fue quien pendió
de la Cruz por nosotros. ¿Por qué esta verdad debería ser la base de
nuestra relación con Dios?
2. Medita en la idea de amar y temer a Dios al mismo tiempo. ¿Cómo
hacer ambas cosas y por qué deberíamos hacerlas?
3. Una cosa es amar a Dios cuando las cosas van bien en nuestra vida.
¿Qué sucede cuando las cosas no van bien, cuando ocurre una tra-
gedia? ¿Por qué, en esos momentos, amar a Dios es aún más impor-
tante que cuando las cosas van bien?
4. Repasa la pregunta final del estudio del jueves. ¿Cuáles son los di-
versos enfoques que podrías adoptar para explicarle a alguien que
no es creyente lo que significa amar a Dios? Los seres humanos
¿cómo podemos amar a alguien a quien nunca hemos visto física-
mente? ¿Por qué no importa que nunca lo hayamos visto, al menos
en persona?
44 Reavivados por su Palabra: Hoy, Filipenses 3.