Plática del 31 de mayo de 1949
Texto de la plática del Padre Kentenich en el Santuario Cenáculo de
Bellavista, Chile
Santo es este lugar
Es como si el ambiente del hogar nos rodeara en estos momentos; como si ángeles estuviesen
en medio de nosotros y nos dijesen: “Quítate el calzado, porque el lugar que pisas es tierra
santa”.
Sí, santo es este lugar, y seguirá haciéndose más y más santo; tierra santa es ésta, porque la
Sma. Virgen ha escogido este terruño; tierra santa, porque en el transcurso de los años, de los
decenios y de los siglos, desde este lugar saldrán, crecerán y trabajarán fecundamente hombres
santos. Este es un lugar santo, finalmente, porque desde aquí se impondrán santas tareas, es
decir, tareas que santifican, sobre débiles hombros.
Es un hecho histórico que Schoenstatt ha venido hasta nosotros; el Schoenstatt originario al
nuevo Schoenstatt. Desde hoy en adelante, otro hecho ha de llegar a ser realidad
histórica: desde hoy –así me parece- tenemos que cuidar, desde aquí, que el nuevo Schoenstatt
encuentre su camino hacia el Schoenstatt de origen. El torrente de gracias que vino desde allá
en la plenitud de la Tercera Acta de Fundación, y que sigue derramándose, quiere volver a la
fuente primitiva, llevándole abundante bendición. Este es el profundo sentido de esta fiesta.
Un trabajo en común
Ella tiene un doble carácter; de obsequio feliz y de pesada misión. Nos hemos reunido aquí en
esta silenciosa hora vespertina, para entregarle solemnemente a la Sma. Virgen el trabajo que
para ella hemos hecho en común. Digo que fue un trabajo hecho en común, porque, mientras
yo escribía día y noche, ustedes imploraban para mí, silenciosamente, el Espíritu Santo en nuestro
Cenáculo. Ustedes no se cansaron de hacer abundantes sacrificios por la misma intención y, más
que nada, se esforzaron por tomar en serio la Inscriptio en el día de trabajo.
Con la entrega solemne que hacemos de este trabajo aceptamos una carga que hombros
humanos no pueden llevar por sí solos. Pero también esperamos para Occidente, sobre todo
para Alemania, una gran bendición. Desde allá fuimos enviados como instrumentos en las manos
de la Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt para ayudar a realizar acá los planes de
sabiduría y de amor divinos. Tratamos de hacer todo lo que estuvo en nuestras fuerzas.
¿Será acaso un don que nos hace en pago, un reconocimiento y un honor para nosotros, si
creemos que Ella nos quiere usar desde acá, a partir de este día, para ganar una influencia más
poderosa en la forjación de los destinos de la Iglesia en el espacio cultural de Occidente? Es
claro que cuando escuchamos la palabra “Occidente” pensamos siempre, en primer lugar, en
Alemania.
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Séame permitido expresar lo que mueve nuestras almas en estos momentos y revestir de palabras
lo que sienten nuestros corazones. Venimos para dar y recibir. Queremos intercambiar con la
Sma. Virgen todo nuestro desvalimiento, nuestra buena voluntad y ella nos da su buena
voluntad. Le damos nuestra fidelidad y ella nos da su fidelidad.
Desvalimiento e impotencia
Esta contraposición nos recuerda espontáneamente que el pensamiento central que nos mueve,
que nos impulsa constantemente, y que nos asegura una paz inalterable en todas las situaciones,
es el pensamiento de la Alianza. También ahora él está en el primer plano de nuestros
intereses. Él nos da la respuesta a todas las preguntas que esperan una solución. Los dos
contrayentes que desde hace tanto tiempo van unidos, se vuelven a enfrentar de nuevo en este
lugar santo. ¿Y qué es lo que quieren?…
Lo que nosotros traemos, lo que regalamos, es nuestro desvalimiento, nuestra impotencia. Es
una impotencia económica. Pienso en primer lugar, en aquellas que tienen preocupaciones
económicas. Aquellas que directamente llevan la responsabilidad.
Ahora quieren ofrecer, sencillamente, con toda la ternura que guardan en su alma, esa
impotencia, a nuestra Madre Celestial y ello, así como la Santísima Virgen habita aquí, le
ofrecemos nuestra impotencia total
Es también una impotencia física. Luego advertirán, aquellas que han venido hasta acá, las
inconveniencias del clima. El cuerpo está predispuesto para la impotencia. Si pensamos que
sobre estos débiles hombros ha de ser edificado un mundo, un mundo nuevo. Nuestro cuerpo
es demasiado débil frente al clima, frente a las tareas que nos han confiado.
¿Qué le regalamos a nuestra Madre Celestial? Llegamos con las manos colmadas. Traemos
nuestra impotencia económica, nuestra impotencia física, pero también nuestra impotencia
espiritual: nosotros, especialmente los que venimos de Alemania, aunque espiritualmente somos
ágiles: ¡Qué fuerte sentimos nuestra impotencia! ¡Qué impotencia no poder hablar bien el idioma!
¡Qué impotentes somos para transmitir bien nuestros bienes espirituales! El corazón reboza, la
cabeza está llena y, sin embargo, no puedo hablar. Así les sucede a casi todas. Y aunque se
domine más o menos el idioma, expresarse con flexibilidad, captar el alma del pueblo, eso no se
consigue tan fácilmente. Así es nuestra impotencia espiritual. Con todo nuestro fervor ofrecemos
esta impotencia a María Santísima.
Seguramente sentimos aún con mayor profundidad, nuestra impotencia moral. Allí donde se ha
despertado el amor filial: ¡Cuánta impotencia surge! Cada grado de amor filial profundiza la
conciencia de nuestra debilidad. Sólo cuando el niño es pequeño, puede ser grande. Así
ofrecemos toda nuestra impotencia moral. Esto nos ocurre a todos, sin excepción. Cuánto más
nos acercamos a Dios, tanto más percibimos también la oscuridad de nuestra alma. De este
modo ofrecemos nuestra impotencia a la Santísima Virgen.
Y, por último, le damos también nuestra impotencia religiosa. ¡Cuántas veces nos sentimos fríos
e impotentes ante a Dios! Queremos ser hogueras que ardan por Cristo y por lo divino.
Detrás de esto hay un profundo sentido; por una parte, fervientes ansias y, por otro lado, lo
contrario. Así, ahora le regalamos esta variada impotencia a la Santísima Virgen.
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El desvalimiento de uno de los contrayentes se debe sobre todo a la angustia por la pesadísima
tarea que ahora se le vuelve a encomendar para Occidente…
Una gran tarea
Hace poco señalaba la gran tarea que tenemos aquí en Chile como pequeña Familia. Sin
embargo, el motivo que nos reúne hoy en esta tarde, indica que el Padre Dios nos ha confiado
una gran tarea para todo el mundo, especialmente para Europa, para el Occidente. ¿De qué
tarea se trata? Se trata de desenmascarar y sanar radicalmente el germen de la enfermedad que
aqueja el alma occidental: el pensar mecanicista.
Tengo bastantes razones para suponer que Dios ha impuesto en este sentido una carga pesada
a nuestra Familia. La ley de la puerta abierta me persuade de ello. Quien tiene una misión, debe
serle fiel y cumplirla.
Y si pienso cómo Dios ha dispuesto todo... lo que ahora he escrito al episcopado alemán tendrá
que causar heridas. En ese sentido caminamos con un gran desvalimiento. ¿Quién se arriesga a
presentarse ante las autoridades eclesiásticas en la forma como lo hacemos, por medio de este
trabajo trascendental? Algo así puede dar muy malos resultados. Pero quien tiene una misión,
ha de ser fiel a ella.
Mi lucha
¡Desvalimiento! Si, recuerdo cómo todo ha ido creciendo: todo es un regalo extraordinariamente
grande que el Padre Dios me ha dado: la mentalidad orgánica opuesta a la manera de pensar
mecanicista. Esta fue la lucha personal de mi juventud. En ella pude vencer aquello que hoy
conmueve a Occidente hasta en sus raíces más profundas. Dios me dio inteligencia clara. Por
eso tuve que pasar durante años por pruebas de fe. Lo que guardó mi fe durante esos años fue
un amor profundo y sencillo a María. El amor a María regala siempre de por sí esta manera de
pensar orgánica. Las luchas terminaron cuando fui ordenado sacerdote y pude proyectar, formar
y modelar en otros, el mundo que llevaba en mi interior. El constante especular encontró un
saneamiento en la vida cotidiana. Este es además el motivo por qué conozco tan bien el alma
moderna, aquello que causa tanto mal en Occidente. ¿A quién debo agradecer todo esto? Viene
de arriba. Sin duda de la Sma. Virgen. Ella es el gran regalo. De este modo pude, además de
la enfermedad, experimentar también en mi propia persona, y muy abundantemente, la
medicina…
Quien tiene una misión
La misión tan manifiesta de Schoenstatt para Occidente, especialmente para nuestra patria, frente
al colectivismo que avanza poderosamente y que destruye todo, se encuentra frente a un muro
que sólo puede ser abierto si se aleja y vence el mencionado bacilo…
Ustedes, a su manera, pueden ayudarme a llevar la responsabilidad y compartir la misión de la
Familia. Pero tenemos que contar con que este trabajo hiera nobles corazones allá en la patria,
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que despierte una violenta indignación y haga que en respuesta se nos den fuertes y duros
contragolpes.
No nos admiremos si se forma un frente común poderoso y unido de hombres influyentes en
contra mía y de la Familia. Humanamente considerado, tenemos que contar por último con que
nuestro intento fracase completamente. Y, sin embargo, no podemos sentirnos dispensados de
correr este riesgo. Quien tiene una misión ha de cumplirla, aunque un salto mortal siga a otro. La
misión de profeta trae siempre consigo suerte de profeta.
Vemos como el Occidente camina a la ruina y creemos que estamos llamados desde aquí a realizar
un trabajo de salvataje, de construcción y de edificación. Creemos que tenemos que ofrecernos
como instrumentos para impulsar una contra-corriente que vuelva a los países de los cuales
también nosotros hemos sido abundantemente beneficiados…
Por eso es que tenemos el valor de exclamar con Pablo: “Non possum non predicare”, ¡No puedo
dejar de predicar! (1Cor, 9-16) No puedo hacer otra cosa, debo esgrimir la palabra, ustedes
comprenden cuán grande es esta gigantesca tarea para nuestro desvalimiento. Tenemos que
pensar en David enfrentándose a Goliat. Pienso en el salto mortal que me atreví a dar en 1942
y estoy consciente que esta vez se repite. Si no contáramos con la buena voluntad de la Santísima
Virgen, nunca nos atreveríamos a dar este arriesgado paso.
María busca instrumentos
Por otra parte, si ustedes me comprenden bien, podría agregar que no sólo yo, no sólo nosotros,
sino también la Santísima Virgen está desvalida ante la situación. Es cierto que ella es la
Omnipotencia Suplicante ante el trono de Dios, pero también es cierto que en los planes del amor
divino, ella está supeditada a instrumentos humanos dóciles y de buena voluntad. Si es que por
el Primer Documento de Fundación, ha aceptado la tarea de mostrarse en Alemania, desde
nuestro Santuario, en forma preclara como la vencedora de los errores colectivistas, entonces
ella –me expreso a la manera humana- busca ansiosa con su mirada instrumentos que la ayuden
a realizar esta tarea.
Por eso queremos ofrecer a la Santísima Virgen nuestra buena voluntad, nuestra disposición, de
modo que tenemos un gran interés en este trabajo. Lo más grande es que, siempre de nuevo,
volvamos a ofrecer nuestra buena voluntad, nuestra fidelidad a la Santísima Virgen.
¿Qué nos queda sino ponernos sin reservas a su disposición, en el sentido de nuestra
consagración, aceptar sus deseos, nuevamente entregarnos a ella y dejarle a ella la
responsabilidad de su gran obra, en la cual nosotros, dependiendo de ella y por interés en su
misión, queremos cooperar, sufrir, sacrificarnos y rezar?… La Sma. Virgen está desvalida, ella
sola nada puede. Es un honor para nosotros poder ayudarla...
La Sma. Virgen tiene una gran tarea frente al Occidente. Una vez que me hizo comprender esto,
me pidió que yo también le entregase todo. Esto es lo hermoso, lo grande, que nuevamente nos
une: Presentamos a la Sma. Virgen nuestro desvalimiento y ella nos regala también su
desvalimiento, pero también su buena voluntad. ¿Qué pide en cambio de nosotros? El
reconocimiento de nuestro desvalimiento…
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Nosotros confiamos
Claro es que quisiéramos pedir: Madre, quítanos todas las preocupaciones. Pero si ellas
desaparecen ¡Qué sería de nosotros? Diríamos las más lindas palabras, pero estaríamos repletos
de egoísmo. Nosotros confiamos que la Santísima Virgen puede poner la mesa en su tiempo
oportuno..., de que seamos transformadas, de que seamos niños hasta la punta de los dedos.
Ella viene hasta nosotros como la gran educadora. Nos ofrece su capacidad, poder y fuerza de
educadora. Cuando el Padre Dios nos haya bendecido un poco más aún, de modo que podamos
tener la Adoración junto al Santuario, entonces podremos esperar más todavía. Si buscamos el
Reino de Dios, todo lo demás se nos dará por añadidura.
La Sma. Virgen permanece fiel. No tienen por qué angustiarse. Es cierto que en general hay
poca fidelidad. Pero la Sma. Virgen es la “Virgo fidelis”, la Virgen fiel. Ella nos ama aunque no
andemos con un traje tan limpio, incluso si alguna vez le hemos vuelo las espaldas, ella nos es
fiel. Su fidelidad termina sólo cuando nos sabe allá arriba en el cielo.
Así pues, mis queridas hermanas, nos queremos alegrar por haber podido sentir tan
personalmente nuestro Santuario en esta noche. Es semejante al año 1914 cuando se juntaron
los muchachos. ¡Cuánto tuvieron que trabajar ellos!
Dos lemas como estrellas
Estamos en una hora decisiva en la historia de la Familia. Si no tenemos la suerte de derribar el
mencionado muro, la Santísima Virgen quitará a nuestro terruño su misión para Alemania y
emprenderá una obra de salvataje desde los santuarios filiales. Ella queda fiel a su Alianza. Si
ramas de nuestra Familia por cobardía y debilidad no pagan fidelidad con fidelidad, podemos
suponer que su misión se traspasa a nosotros.
Dos pensamientos deben conducirnos a la lucha, dos lemas que como estrellas deben brillar en
nuestra vida. Uno es: Tua res agitur! Clarifícate! ¡Se trata de tu misión, de tu tarea, ahora, por
tanto, glorifícate tú y tu Obra! El segundo lema es: Mater perfectam habebit curam. La Sma.
Virgen se glorificará de la manera más perfecta si nosotros nos esforzamos donde quiera que sea
por tirar de su carro de triunfo. Entonces ella cuidará de nosotros y de su Obra de Schoenstatt
y la guiará victoriosa a través de las luchas, tal como la ha venido haciendo a través de los años
pasados de persecución.
En cuanto nos lo permita nuestra debilidad humana, hemos de mantener firme: ¡Mors sola!...
Sólo la muerte puede separarnos, separarnos de la Obra, separarnos del Santuario.
Ahora comienza la historia
Es como si sólo ahora empezáramos a vivir, como si todo lo que hemos vivido hasta este momento
fuese sólo un trozo de prehistoria. Ahora comienza propiamente la historia, la historia del nuevo
Schoenstatt. Así como en Schoenstatt en los años 1914/15. Qué contentos hemos de estar todos
nosotros de formar juntos la generación fundadora y que queramos sumergirnos en los
fundamentos del Santuario con nuestro ser y nuestra vida…
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También nosotros queremos morir. No físicamente. Pero esto queremos tomarlo en
serio: enterrarnos en el fundamento del Santuario, sumergir allí nuestra vida y la fuerza de
nuestro amor. Queremos ser las columnas de sustentación.
Vamos juntos
Todo se puede resumir en las palabras: yo me vuelvo a regalar a ustedes y ustedes se me regalan
a mí. Vamos juntos a todas partes, pero en primer lugar, vamos juntos hacia el corazón de la
Santísima Virgen, al corazón de la Santísima Trinidad. La Sma. Virgen nos ha regalado el uno al
otro. Queremos permanecer recíprocamente fieles: el uno en el otro, con el otro, para el otro,
en el corazón de Dios. Si no nos reencontrásemos allí, sería algo terrible. Allí debemos volver a
encontrarnos. No deben pensar: vamos hacia Dios, por eso debemos separarnos. Yo no quiero
ser simplemente un señalizador en la ruta. ¡No! Vamos el uno con el otro. Y esto por toda la
eternidad. Cuán errado sería ser sólo señalizador en el camino. Estamos el uno junto al otro
para encendernos mutuamente. Nos pertenecemos el uno al otro ahora y en la
eternidad; también en la eternidad estaremos el uno en el otro. ¡Es éste el eterno habitar del
uno en el otro propio del amor! Y entonces, permaneciendo el uno en el otro y con el otro,
contemplaremos a nuestra querida Madre y a la Santísima Trinidad.
Un trocito de ello ya nos fue regalado y eso será la prenda por la cual la Santísima Virgen se
preocupará en el futuro de que realmente formemos una comunidad de Cenáculo, una Provincia
de Cenáculo, guiada por un amor verdadero, fuerte, que todo lo supera.
Nos cum prole pia...