0% encontró este documento útil (0 votos)
577 vistas88 páginas

Leslie Bethell - Historia de América Latina Tomo 11

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
577 vistas88 páginas

Leslie Bethell - Historia de América Latina Tomo 11

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LESLIE BETHELL, ed.

H TT- £^ FT"1 f * \ IT^ "Y" A


DE AMÉRICA

LATINA
11. ECONOMÍA Y SOCIEDAD DESDE 1930
CRITICA C1RIJAUU) MONDADORI HARClil.ONA
HISTORIA DE AMÉRICA LATINA
SERIE MAYOR
Directores: FONTANA y (¡ON/AIX) PONTÓN
Por
LESLIE BETHELL, catedrálico cnu-iiio de historia de America Latina,
Universidad de Londres, y sénior ivsearcli fcllow. Si. Antony's College, Oxford >
VÍCTOR BULMER-TÍJOMAS, catedrático de economía, Queen Mary and Westfield College e Instilute oí Latin
American Studies, Universidad de Londres RICARDO FFRENCII-DAVIS, primer asesor regional, Comisión
Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL), Santiago, Chile NORMAN LONG, Departamento de Sociología, Universidad
Agraria
de Wageningen, Países Bajos Ti JOMAS W. MERRICK, asesor sobre población, Banco Mundial, Washington, D.C.
ÓSCAR MUÑOZ, Corporación de Investigaciones Económicas para Latinoamérica
(CIEPLAN), Santiago, Chile ORLANDINA DE OLIVBIRA, directora. Centro de Estudios Sociológicos, El Colegio
de México, México, D.F. JOSÉ GABRIEL PALMA, Facultad de Economía, Universidad de Cambridge BRYAN
ROBERTS, titular de la cátedra C.B. Smith de Relaciones entre Estados
Unidos y México, Universidad de Texas en Ausíin ROSEMARY THORP, uniyersity reader en economía de América
Latina y fellow.
Sí. Antony's College, Oxford
Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en

las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el

tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.


Título original: THE CAMBRIDGE HISTORY OF LATÍN AMERICA VI. LATÍN AMERICA SINCE 1930: ECONOMY,

SOCIETY AND POLITICS Parí I. Economy and Society

Traducción castellana de MAGDALENA CHOCANO

Diseño de la colección y cubierta: Enric Satué © 1994: Cambridge University Press, Cambridge © 1997 de la traducción

castellana para España y América: CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S.A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona

ISBN: 84-7423-435-2 obra completa ISBN: 84-7423-739-4 tomo 11 Depósito legal: B. 15.653-1997 Impreso en España

1997. — HUROPE, S.L., Recared, 2, 08005 Barcelona

PREFACIO
Los primeros cuatro volúmenes de la Historia de América Latina de Cam- bridge se ocupan principalmente de los aspectos
económicos, sociales, políticos, intelectuales y culturales de los tres siglos de gobierno colonial español y (en el caso de
Brasil) portugués, comprendidos entre el «descubrimiento», la invasión, la conquista y la colonización del «Nuevo Mundo»
por los europeos, a finales del siglo xv y comienzos del xvi, y la víspera de la independencia latinoamericana en las
postrimerías del xvin y principios del x/x.
Los volúmenes quinto y sexto examinan el fracaso y el derrocamiento del régimen colonial que tuvieron lugar en toda
América Latina (a excepción de Cuba y Puerto Rico) durante el primer cuarto del siglo xix, y la historia econó- mica, social
y política durante el medio siglo posterior a la independencia (entre aproximadamente 1820 y 1870). En los cuatro
volúmenes siguientes se analiza la situación de América Latina hasta 1930.
Durante el primer medio siglo que siguió a la independencia, América Latina experimentó, en el mejor de los casos,
únicamente unas tasas muy modestas de crecimiento económico y, al menos en Hispanoamérica, violentos conflictos polí-
ticos e ideológicos, así comb una considerable inestabilidad política. Aparte de la guerra entre México y los Estados Unidos
(1846-1848) y de frecuentes inter- venciones extranjeras, especialmente británicas, también hubo, al finalizar el período, dos
conflictos importantes entre estados latinoamericanos: la guerra de la Triple Alianza (1865-1870) y la guerra del Pacífico
(1879-1883). Contrastan- do con ello, el medio siglo siguiente, y sobre todo el período que concluyó con la primera guerra
mundial, fue para la mayoría de los países latinoamericanos una «edad de oro» caracterizada por el crecimiento económico
inducido de for- ma predominante por las exportaciones, de prosperidad material (al menos para las clases dominantes y las
clases medias de las ciudades), de consenso ideoló- gico y, con algunas excepciones notables como México durante la
revolución (IVI0-1920), de estabilidad política. Asimismo, aunque continuaron las inter- venciones extranjeras
—principalmente las norteamericanas en México, Améri- ca Central y el Caribe—, no hubo importantes conflictos
internacionales en América Latina entre el fin de la guerra del Pacífico (1883) y el estallido de la guerra del Chaco (1932).
El séptimo volumen lo forman nueve capítulos de carácter general sobre la historia económica y social del conjunto de
América Latina. Dos capítulos exa- minan el crecimiento ¡le las economías latinoamericanas, el primero en el perío-
VIII HISTORIA DE AMERICA LATINA

do 1870-1914, el segundo en los años que van de la primera guerra mundial a la víspera de la depresión

mundial del decenio de 1930. Este crecimiento fue en gran parte fruto de la gran aceleración de la

incorporación de las economías latinoamericanas, como productoras básicas, en la economía internacional en

expansión, así como de significativas entradas de capital extranjero, particular- mente británico, y, en el siglo

xx, norteamericano. Al mismo tiempo, no se pasan por alto los mercados nacionales y la acumulación de

capital igualmente nacio- nal. Las relaciones de América Latina con las principales potencias europeas y,

sobre todo en América Central y el Caribe, con los Estados Unidos, cada vez más expansionistas, se tratan
por separado. Otro capítulo analiza el crecimiento de la población latinoamericana (de 30 millones en 1850 a

105 millones en 1930), que en parte fue producido por la inmigración en masa de europeos, singularmente en

Argentina y Brasil. El profundo efecto de la penetración capitalista en el mundo rural es la materia de que se

ocupan dos capítulos, uno de los cuales se concen- tra en las tradicionales tierras altas de México, América

Central y los Andes, y el otro en el Caribe español. El primero de ellos, a la vez que afirma que las eco-

nomías y sociedades rurales experimentaron mayores cambios en el período de 1870-1930 que en cualquier

otra época anterior exceptuando la conquista, tam- bién se propone demostrar que en muchas zonas rurales,

especialmente en los Andes, las fuerzas de cambio encontraron resistencia y continuaron existiendo

estructuras precapitalistas. La sociedad urbana también experimentó cambios rápidos en este período, y hay

capítulos que examinan por separado el creci- miento de las ciudades latinoamericanas, en especial ciudades

importantes como Buenos Aires, Río de Janeiro y Ciudad de México, todas las cuales ya tenían entre uno y dos

millones de habitantes en 1930 y rivalizaban con las principales urbes de Europa y los Estados Unidos; los

comienzos de la industria, sobre todo en Bra- sil, Argentina, Chile, Colombia y México; y la aparición de una

clase trabajado- ra urbana como fuerza significativa en muchas repúblicas, así como la historia de los

primeros movimientos obreros de América Latina.


El octavo volumen examina la cultura y la sociedad en América Latina durante el siglo que siguió a la

independencia y especialmente en el período de 1870-1930. Empieza con un capítulo que trata la evolución de

las ideas políti- cas y sociales (y en especial la adaptación del liberalismo a unas sociedades muy

estratificadas que tenían economías subdesarrolladas y una tradición polí- tica de autoritarismo, así como la

influencia del positivismo en las élites gober- nantes e intelectuales). Un segundo capítulo examina de qué

modo la Iglesia católica latinoamericana se adaptó a la disminución de su poder y sus privile- gios en una era

secular, al mismo tiempo que consenmba la adhesión de la inmensa mayoría de los latinoamericanos.

Finalmente, dos capítulos hablan de movimientos importantes y de notables logros individuales en la

literatura, la música y el arte de América Latina en este período. Los volúmenes noveno y décimo se
componen de capítulos sobre la historia económica, social y, sobre todo, política de los distintos países

latinoamericanos desde c. 1870 hasta 1930. El volumen noveno se ocupa de la historia de México, América

Central y el Caribe. En la primera parte, dedicada a México, hay capí- tulos sobre el Poifiriato (los treinta y
cinco años de dictadura de Porfirio Díaz, 1876-1910), la revolución y la reconstrucción bajo la «dinastía

sonorense» durante el decenio de 1920. La segunda parte dedica un capítulo único a las cin-
PREFACIO Í X
co repúblicas de América Central y capítulos a Cuba, Puerto Rico, la República Dominicana y Haití. El décimo volumen
está dedicado a América del Sur. La pri- mera parte consiste en cuatro capítulos sobre la evolución económica, social y
política de Argentina, que en muchos aspectos era ya la nación más avanzada de América Latina en 1930, y capítulos
individuales sobre Uruguay y Paraguay. La segunda parte contiene capítulos referentes a Chile, Bolivia y Perú en el medio
siglo que empezó al concluir la guerra del Pacífico y capítulos que hablan de Colombia, Ecuador y Venezuela. Finalmente,
en la tercera parte, dedicada a Brasil, hay capítulos que estudian su economía dominada por el café en este período, el
sistema político y la política reformista durante los últimos tiempos del imperio (1870-1889) y la estructura social y política
de la primera repúbli- ca (1889-1930).
Los volúmenes undécimo y duodécimo versan sobre economía, política y sociedad desde 1930. El volumen undécimo,
Economía y sociedad desde 1930, comprende seis capítulos. Los tres primeros examinan las economías latinoame- ricanas
durante la década de 1930, tras la depresión de 1929, durante e inme- diatamente después de la segunda guerra mundial, y
durante la nueva «edad de oro» de crecimiento económico (1950-1980), impulsada esta vez principalmente por la ISI
(industrialización de sustitución de importaciones) y a la que, no obs- tante, siguió la llamada «década perdida» de 1980. El
cuarto aborda el cambio demográfico durante el período 1930-1990, en que la población de América Latina se cuadruplicó
(de 110 a 450 millones). El quinto capítulo analiza la rápida urbanización de América Latina (menos del 20 por 100 de su
población estaba clasificada como urbana en 1930; en 1990, casi el 70 por 100) y el cam- bio social urbano, principalmente
en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Méxi- co y Perú. La transformación de las estructuras agrarias es el tema del sexto
capítulo.
El volumen duodécimo, Política y sociedad desde 1930, consta de cinco capí- tulos. El primer capítulo estudia el avance, y
también los retrocesos, de la demo- cracia en América Latina, principalmente en Chile, Costa Rica, Colombia, Uru- guay y
Venezuela y, en menor grado, en Argentina, Brasil y Perú. Los éxitos y fracasos de la izquierda latinoamericana, la
democrática y la no democrática, son material del segundo capítulo. El tercer capítulo se centra en la clase obre- ra urbana
y el movimiento obrero urbano, subrayando su papel en la política. El cuarto capítulo explica la movilización y la violencia
rurales, especialmente en México, América Central y los Andes. El quinto se ocupa de los militares en la política
latinoamericana: sus intervenciones y los golpes de Estado, así como los regímenes militares y los problemas de la
transición al gobierno civil.
Estos dos volúmenes, los más problemáticos de la Historia de América Lati- na de Cambridge, ya que abordan la historia
económica, social y política de la región en su conjunto desde 1930 hasta el presente, han requerido un largo tiem- po i>ara
ser escritos y editados. Algunos capítulos fueron encargados hace quince anos. Aquellos autores que cumplieron con los
plazos originales (estoy pensando puriicularnieiite en Thomas Merrick) han tenido que esperar más de una década partí ver
sus trabajos publicados. Este es un lapso inaceptablemente largo desde < lutlqit'tcr punió de vista y les estoy agradecido por
su paciencia. Ciertos autores desistieron u lo largo del camino; otros fueron abandonados; uno, Carlos Díaz- Aleíaiidro.
líiiiieiiiablemciiie falleció: hubo que reemplazarlos. Algunos autores
X HISTORIA DE AMERICA LATINA
—por ejemplo, José Gabriel Palma— se unieron a aquellos (en este caso Ricardo Ffrench-Davis y Óscar Muñoz) que
habían estado ya trabajando en sus capítulos por cierto tiempo. Convencimos a Guillermo de la Peña para que escribiera un
capítulo independiente sobre la movilización rural, tema que había sido original- mente parte del capítulo sobre las
estructuras agrarias. Stephen Suffern asumió la tarea de sintetizar y corregir una traducción poco satisfactoria del francés
del capí- pilo de Alain Rouquié sobre los militares en la política latinoamericana y agregó una sección final sobre la
desmilitarización en los años ochenta. Arturo Valenzuela y Jonathan Hartlyn aceptaron la invitación a escribir el capítulo
sobre democracia en América Latina cuando el resto del volumen estaba ya bastante avanzado. Muchos capítulos fueron
revisados ampliamente durante estos años y reescritos —en algunos casos más de una vez. Al final todos los colaboradores
fueron obliga- dos —_y aquí la demora de la publicación ha tenido quizá algunos beneficios— a tomar en cuenta los
importantes cambios ocurridos en América Latina en los años ochenta.
Una conferencia en la Universidad de California, San Diego, en febrero-marzo de 1986, organizada por Paul Drake,
entonces director del Centro de Estudios Ibé- ricos y Latinoamericanos y por mí, brindó la oportunidad inicial para que
algu- nos colaboradores presentaran borradores preliminares de sus capítulos a otros colaboradores y a un prestigioso
grupo de no colaboradores. La conferencia fue financiada generosamente por la Fundación Tinker. Durante mi período
como director del Instituto de Estudios Latinoamericanos, también se realizaron dos semi- narios en la Universidad de
Londres en 1990 y 1991, con el apoyo financiero del Instituto y de la Cambridge University Press.
Muchos de los colaboradores de estos volúmenes: siete latinoamericanos (uno residente en Inglaterra), siete británicos (dos
residentes en Estados Unidos), dos norteamericanos (uno residente en Francia) y un francés, comentaron los capítulos de
sus colegas. Por ello expreso mi agradecimiento especialmente a Alan Angelí, Víc- tor Bulmer-Thomas e lan Roxborough.
James Dunkerley dio apoyo y aliento en varias etapas clave de la edición de estos volúmenes.
Tom Passananti y Titn Girven, estudiantes de doctorado de historia latinoame- ricana en la Universidad de Chicago y la
Universidad de Londres, respectivamente, fueron asistentes de investigación en las etapas finales de la edición de este volu-
men durante 1993. Haz.el Aitken, del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres (en el período
1987-1992), y Linnea Cameron, del Depar- tamento de Historia de la Universidad de Chicago (en 1992-1993), brindaron su
apoyo como secretarias.
Una vez más, debo expresar mi gratitud a Josep Fontana y Gonzalo Pontón por su interés y dedicación en la presente
edición castellana.
LESLIE BETHELL

Primera parte ECONOMÍA


5
Capítulo 1

LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939


Se ha descrito habitualmente la depresión de 1929 como el momento decisi- vo de la transición de América Latina de un
crecimiento económico hacia afue- ra, basado en la exportación, a un desarrollo hacia adentro, sostenido por la
industrialización de sustitución de importaciones (1SI). Tanto los «estructuralis- tas», que generalmente consideran este
cambio favorablemente, como los «neo- conservadores», que consideran los años treinta como una década en que Amé- rica
Latina extravió el camino, comparten por igual este análisis. Es indudable que en este decenio surgieron en muchos países
nuevas fuerzas económicas, sociales y políticas, que en última instancia darían un perfil muy diferente al modelo
latinoamericano cíe desarrollo económico. Sin embargo, aunque el creci- miento tradicional basado en la exportación se volvió
muy difícil en los años treinta, los vestigios de un compromiso con la producción de bienes primarios y con el desarrollo hacia
afuera sobrevivieron en toda la región y el comercio exte- rior aún desempeñó un papel importante en la recuperación de la
depresión. No fue sino hasta los años cuarenta y cincuenta que un conjunto de países latino- americanos rechazó abiertamente
el crecimiento basado en la exportación, pero incluso entonces muchos países (pequeños) se mantuvieron fieles a alguna for-
ma de desarrollo hacia afuera.
Dli LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL A LA DEPRESIÓN DE 1929
El crecimiento basado en la exportación había sufrido cambios mucho antes de 1929. A comienzos del siglo XX, el estímulo
que el crecimiento de la expor- tación dio a los sectores no exportadores, como el manufacturero, ya había alcan- zado un
grado tal que un grupo de países (en particular Argentina, Brasil, Chile y México) podía satisfacer una proporción
relativamente grande de la demanda interna con bienes locales, antes que con artículos importados. Este virtuoso ciclo, en el
cual los rendimientos de la productividad del sector exportador se lianslenan a la eeonolnía no expoliadora, no operó siempre
con facilidad (por ejemplo, en l'erul y en aI;'unos casos apenas existió (por ejemplo, en Cuba), pero
4 HISTORIA DE AMÉRICA LATINA

los elementos de un modelo más sofisticado y equilibrado de desarrollo basado en la exportación eran ya

evidentes a comienzos del siglo xx. De modo cinc, en algunos países, el crecimiento basado en la exportación era

bastante compatible con el crecimiento de las manufacturas orientadas al mercado interno y el reem- plazo de la
importación de bienes de consumo. No obstante, el modelo dependía de un acceso relativamente libre a los mer-

xados mundiales de factores y bienes, y el comienzo de la primera guerra mun- dial lo hizo peligrar. Cuando

estalló la guerra en Europa, el 2 de agosto de 1914, no sólo quebrantó el equilibrio internacional de poder: el

sistema global de co- mercio y pagos, que había surgido paulatinamente desde el fin de las guerras napoleónicas,

quedó sumido en la desorganización. Con la firma del armisticio de 1919, se dio una buena apariencia a los

intentos de reconstruir el sistema an- terior a la guerra, pero el viejo orden económico internacional había

perecido y el nuevo, inaugurado en la década de 1920, era peligrosamente inestable. Como dicha inestabilidad

era apenas perceptible en el momento, las regiones periféri- cas —tales como América Latina— quedaron en una

situación muy vulnerable frente al colapso del comercio internacional y de los flujos de capital a finales de los

años veinte. La principal característica del viejo orden había sido la existencia de un co- mercio internacional

relativamente libre de restricciones —un reflejo de los in- tereses del poder económico dominante (Gran Bretaña)

en el siglo xix; las pocas restricciones vigentes asumieron generalmente la forma de aranceles, que tenían la

ventaja de ser evidentes para todas las partes interesadas. Tanto el capital como el trabajo eran libres de

trasladarse a través de las fronteras internacionales, y los pasaportes eran la excepción antes que la regla. El

patrón oro, adoptado por Gran Bretaña, se había propagado en todos los principales países industriales a finales

del siglo xix, y proporcionaba un mecanismo bien establecido para el ajuste de la balanza de pagos. El equilibrio

interno (pleno empleo e inflación igual a cero) era considerado menos importante que el equilibrio externo, de

modo que el ajus- te a las coyunturas adversas se conseguía generalmente por medio de la deflación de los

precios y el subempleo. Los países latinoamericanos se habían ubicado en este esquema con relativa facilidad

apoyándose en la exportación de bienes primarios, la recepción de capital y —en el caso de Argentina, Brasil y

Uruguay en particular— la migra- ción internacional. El ajuste de la balanza de pagos nunca estuvo libre de

tropie- zos y los flujos de capital eran habitualmente procíclicos, bajando justo en el momento en que eran más

necesarios, aunque las interrupciones eran raras (por ejemplo, la crisis de Baring) y tenían un reducido impacto

en la dinámica del cre- cimiento económico mundial. El ajuste interno era amortiguado por la existencia de un

gran sector de agricultura no exportadora con baja productividad al cual muchos trabajadores podían desplazarse

en el caso de descenso de la demanda de trabajo. En la cima, del sistema económico internacional de la preguerra

estaba Gran Bretaña. Aunque su posición dominante en la exportación de bienes manufac- turados y su liderazgo
en ciencia y tecnología peligraban a finales del siglo xix, Inglaterra era aún una potencia financiera mundial, una

fuente de capital para la periferia y un gran importador de materias primas. La preponderancia financiera

británica reforzaba las reglas del sistema internacional y su flota estaba lista para
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, J 929-1939 5

impedir todo intento de restringir la libertad de comercio y de movimiento del capital. La primera baja de la gran

guerra fue el patrón oro y el movimiento de capi- tal. La convertibilidad de la moneda fue suspendida por los

países beligerantes, se cancelaron las nuevas emisiones de capital y los antiguos préstamos fueron reclamados

para equilibrar el balance de las instituciones financieras europeas. Las repúblicas latinoamericanas sumamente

dependientes de las finanzas de la balanza de pagos con el mercado europeo, tales como Argentina y Brasil,

sufrie- ron especialmente cuando los bancos europeos demandaron el pago de los prés- tamos, lo que tuvo por

efecto una crisis financiera interna. La guerra en Europa también ocasionó el cese del flujo de inversiones extran-

jeras directas procedentes del Viejo Mundo. Estados Unidos, neutral en la primera guerra hasta 1917, aumentó su

inversión directa en América Latina, particularmen- te en la extracción de materias primas estratégicas, pero no

estuvo en condiciones de incrementar sus préstamos en cartera hasta la década de 1920. Sin embargo, los bancos

estadounidenses, que habían tenido prohibido por ley invertir en filiales extranjeras hasta 1914, comenzaron a

establecer sucursales en América Latina: en 1919 el National City Bank, el primer banco multinacional de

Estados Unidos, tenía cuarenta y dos sucursales en nueve repúblicas latinoamericanas.1 Las turbulencias en el

mercado de capitales se reflejaron en la desorgani- zación del mercado de bienes, pero en éste el impacto a corto

plazo fue muy diferente al de largo plazo. La penuria de transporte marítimo al comienzo de la guerra, conjugada

con la ausencia de crédito comercial, interrumpió la oferta nor- mal, pero la demanda descendió aún más rápido y

desencadenó una bajada de precios en muchos mercados. La caída de los ingresos de la exportación a corto

plazo, sumada al descenso de nuevos flujos de capital, redujo la demanda de artículos importados (la oferta de los

cuales había quedado, por lo demás, inte- rrumpida por la dificultad del transporte). La caída de la importación

fue tan bru- tal que se estimó que América Latina en su conjunto tenía un excedente en cuen- ta corriente en

1915, pero el rápido ajuste a corto plazo al desequilibrio externo produjo un gran descenso del ingreso fiscal real

—el cual dependía de los aran- celes sobre la importación. En Chile, por ejemplo, los ingresos fiscales cayeron

en un tercio entre 1913 y 1915, lo cual contribuyó más que cualquier otro factor a la inestabilidad política en esa
época. El impacto a corto plazo de la desorganización del mercado de bienes fue pronto superado por el viraje

hacia una economía de guerra en los principales países industriales. La demanda de materias primas estratégicas

(por ejemplo, cobre, petróleo) se disparó y los poderes aliados se ocuparon de dar facilidades para el transporte.

Los precios de materiales estratégicos se elevaron abrupta- mente y los países que exportaban una alta proporción

de los mismos —por ejemplo, México (petróleo), Perú (cobre), Bolivia (estaño) y Chile (nitratos)— disfrutaron

incluso de una mejora en los términos netos de intercambio pese a la subida de los precios de importación. Sin

embargo, aunque la capacidad para importar aumentó pronunciadamente, el volumen de importaciones quedó

res-
I. VY-asc Haibara Stallings, Bunker to the 'lliird World: Portfolio Investment in Latín Ame- II. o, l'KKI /'>,SY>, Itciirlcy, Cal., l()K7, p. Wi (hay
liad, casi.: Haiu/ncro pora el Tercer Mundo: inversiones de eailem de l'stados I luidos en Ámeriea Latino, l'XU) /</SY), México, D.P., IWO).
6 HISTORIA DE AMÉRICA LATINA

tringido en muchos casos. La consecuente alza de los precios de importación, unida al excedente comercial y al

déficit presupuestario, provocó la inflación interna. El impacto de esta inflación sobre el salario urbano real fue

un factor que contribuyó al desorden político en varios países latinoamericanos en el transcur- so e

inmediatamente después de la primera guerra mundial. Los países que exportaban materias primas no

estratégicas (por ejemplo, ,, café) no fueron tan favorecidos. Los precios se elevaron, pero los términos de

intercambio se deterioraron y el transporte siguió siendo un serio obstáculo para el volumen de la exportación.

Brasil, por ejemplo, muy dependiente de la expor- tación de café fue incapaz de sostener su primer plan de

valorización del café y vio caer los términos de intercambio en un 50 por 100 entre 1914 y 1918, a la vez que el

volumen de exportación quedaba estancado.2 Los pequeños países de América Central y el Caribe estuvieron

protegidos hasta cierto punto por su cer- canía a Estados Unidos, aunque la exportación de bananas padeció

gravemente por la escasez de transporte hasta la conclusión de la guerra. El estallido de las hostilidades en

Europa no condujo a la pérdida total de los mercados tradicionales. Gran Bretaña permaneció casi absolutamente

dependien- te de alimentos importados (por ejemplo, carne, azúcar) y se hicieron arduos esfuerzos para mantener

el abastecimiento de exportaciones latinoamericanas. No obstante, también se realizaron esfuerzos casi tan

arduos para impedir el acceso de Alemania a las materias primas latinoamericanas. Aunque los princi- pales

países en la región (a excepción de Brasil) se mantuvieron neutrales duran- te toda la guerra, el comercio con

Alemania se tornó cada vez más dificultoso. Tanto Estados Unidos como Gran Bretaña hicieron uso de una lista
negra de empresas en América Latina a las que creían que estaban bajo el control de ciu- dadanos alemanes. El

resultado fue un drástico descenso de las exportaciones que se consideraban destinadas a Alemania y de las

importaciones cuya proce- dencia se atribuía a dicho país. El mayor beneficiario de esta restricción fue Estados

Unidos que era ya el principal proveedor de México, América Central y el Caribe. Con la guerra se convirtió en

el mercado más importante para la mayoría de países latinoamerica- nos, mientras que su porcentaje en la

importación alcanzaba un 25 por 100 en América del Sur y casi el 80 por 100 en el Caribe (incluido México). La

coinci- dencia fortuita de la apertura del canal de Panamá a comienzos de la guerra, cuando el comercio

transatlántico empezaba a hacerse peligroso y difícil, per- mitió a las exportaciones de Estados Unidos penetrar

los mercados de América del Sur que antes habían sido aprovisionados por Europa, y en especial, por Ale-

mania. La red de sucursales de bancos norteamericanos que siguió a este inter- cambio, se sumó a un agresivo

esfuerzo diplomático en apoyo de las empresas estadounidenses, lo que aseguraba que el advenimiento de la paz

dejaría a los Estados Unidos en una posición hegemónica en los países latinoamericanos más cercanos y en una

posición fuerte en los restantes de la región. El eclipse de Alemania como comprador no sólo contribuyó al

ascenso de la importancia de Estados Unidos, sino que suavizó el declive de Gran Bretaña, la cual retuvo su

preponderancia en el comercio con Argentina, que era con mucho el mercado más grande en América Latina y

que se mantuvo como el


2. Véase Bill Albert, South America and the First World War, Cambridge, 1988, pp. 56-57.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS. 1929-1939 7

exportador más importante de la región. Sin embargo, las exportaciones argenti- nas a Gran Bretaña excedían en

gran proporción sus importaciones de la misma, y este balance favorable se compensaba grosso modo con su

déficit comercial con Estados Unidos. Este triángulo de comercio exterior —que era el inverso en el caso de

Brasil— podía sólo operar en un sistema mundial de moneda conver- tible y pagos multilaterales, de modo que

el comercio exterior de las más gran- des repúblicas latinoamericanas se hizo vulnerable a cualquier alejamiento

de la ortodoxia del patrón oro en la década de 1920. La restauración del patrón oro fue efectivamente una

prioridad después del tratado de Versal les, pero demoró algunos años en conseguirse y —en el caso de Gran

Bretaña— significó un gran problema debido a la adopción de una paridad sobrevaluada para la libra esterlina.

El lento crecimiento de la economía británi- ca en la década de 1920 fue un golpe para aquellos países
latinoamericanos que tradicionalmente habían considerado a Gran Bretaña un mercado para sus expor- taciones

y el ascenso de Estados Unidos como el poder económico dominante fue un escaso alivio para las repúblicas

que vendían bienes que competían con los de los agricultores norteamericanos. Entre 1913 y 1929, las

importaciones estadounidenses de América Latina se elevaron en un 110 por 100 (mucho más rápidamente que

las importaciones británicas que crecieron sólo el 45 por 100), pero las exportaciones procedentes de Estados

Unidos a la región aumentaron el 161 por 100, sobrepasando las importaciones por un margen considerable que

éste recibía de la región. De esta manera, América Latina, que había tenido un excedente comercial considerable

con Estados Unidos antes y durante la guerra, se encontró en la situación inversa a finales de los años veinte. En

1929 la expor- tación a Estados Unidos representaba el 34 por 100 del total exportado, mientras que las

importaciones procedentes de Estados Unidos dominaban el 40 por 100 del total importado. El excedente del

que disfrutaba Estados Unidos en su intercambio de bienes y servicios con América Latina reflejaba su ascenso

como exportador de capital. Nueva York reemplazó a Londres después de la guerra como el principal centro

financiero internacional y las repúblicas latinoamericanas acudieron cada vez más a Estados Unidos para la

emisión de bonos, préstamos al sector público e inversión extranjera directa. Apoyada en sus inicios por el

esfuerzo del gobierno norteamericano de favorecer la diplomacia del dólar, la inversión extranjera (directa e

indirecta) inundó América Latina y el porcentaje de capital contro- lado por inversores de Estados Unidos

creció constantemente a costa del que tenían los países europeos. Gran Bretaña y Francia continuaron

invirtiendo en ciertas áreas de América Latina, pero las nuevas inversiones eran moderadas y reflejaban la débil

situación de la balanza de pagos de ambos países. El ascenso de Estados Unidos en la década de 1920 como

fuente principal de capital extranjero fue una ambigua bendición para América Latina. La aparición de nuevos y

dinámicos mercados de capital en el hemisferio occidental era cla- ramente de gran importancia en vista de la

disminución del excedente de capital disponible en los mercados europeos tradicionales, pero los nuevos

préstamos se conseguían sólo a un alto costo. En las repúblicas más pequeñas, los nuevos prés- lamos eslaban

combinados con los objetivos de la política exterior norteameri- cana y muchos países se vieron obligados a

ceder el control de las aduanas a los lisiados I luidos o incluso los íeiTocaniles para asegurar el rápido pago de

las
8 HISTORIA DE AMÉRICA LATINA
deudas. En algunas repúblicas más grandes, la fiebre por nuevos prestamos alcanzó las proporciones de una

epidemia durante el proceso llamado la «danza de los millones». Se hizo poco esfuerzo para que los fondos

fueran inverti- dos productivamente en proyectos que pudieran garantizar el pago en divisas,3 y el nivel de

corrupción alcanzó dimensiones grandes en unos cuantos casos. Los funcionarios de Estados Unidos podían

ocupar las aduanas de los países latino- americanos con afanes de rectitud fiscal, pero tenían un control nulo o

mínimo sobre los banqueros de su propio país que continuaban emitiendo bonos para cubrir el déficit cada vez

más grande del sector público. El cambiante equilibrio internacional de poder y la reorientación del merca- do

internacional de capital no eran los únicos problemas con que América Lati- na tenía que luchar. Más serios aún

eran las transformaciones en los mercados de bienes y el incremento en el precio de las mercancías y la

inestabilidad de las ganancias. Las inestables condiciones durante y después de la primera guerra oca- sionaron

súbitas alteraciones en las curvas de demanda capaces de hundir los pre- cios de las mercancías. Un caso a

propósito es la recesión mundial en 1920-1921: los precios de muchos artículos (especialmente el azúcar)

sufrieron un colapso cuando se pusieron en circulación las existencias que se habían almacenado con propósitos

estratégicos. La abolición de los controles de precios de la época béli- ca, aplicados por funcionarios con poderes

draconianos en los principales países, provocó sucesivamente un alza inicial de precios, una reacción dinámica

de la oferta y un colapso de precios en muchos mercados. La depresión mundial de 1920-1921 fue breve, pero el

problema de la satura- ción del mercado duraría mucho más. Pese a que, en los países metropolitanos, se estaba

frenando el crecimiento a largo plazo de la demanda de bienes primarios procedentes de la exportación —a

consecuencia del cambio demográfico, de la decreciente elasticidad renta de la demanda y de la creación de

sucedáneos sinté- ticos—, la tasa de crecimiento a largo plazo de la oferta estaba aumentando ace- leradamente

como resultado del progreso tecnológico, las nuevas inversiones en infraestructura social (incluido el transporte)

y la protección a la agricultura en muchas áreas de Europa. Estos cambios de la oferta y la demanda produjeron

trastornos en el equili- brio de precios a largo plazo que deberían haber actuado como señales para que se

modificara la asignación de recursos en América Latina. Entre 1913 y 1929, los términos netos de intercambio se

deterioraron para muchos países. Sin em- bargo, un conjunto de factores distorsionaron la información 'provista

por los indicadores de precios, mientras que la incertidumbre creada por la guerra y sus consecuencias hicieron

difícil que los empresarios privados y los funcionarios del sector público en América Latina sacasen las
conclusiones pertinentes. Como resultado, América Latina no sólo fracasó en ajustar su sector externo a las

nuevas condiciones internacionales en la década de 1920, sino que incluso su dependencia de la exportación de

materias primas aumentó de manera muy patente.


3. Se estima que sólo el 36 por 100 de todos los préstamos provenientes de Estados Uni- dos a América Latina en la década de los veinte se
destinaron a proyectos de infraestructura. El resto fueron para «refinanciáción, propósitos generales o desconocidos». Véase Stallings, Bun- ker
to the Third World, p. 131.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 9

El primer problema fue la inestabilidad a corto plazo de los precios de las mercancías, la cual ocultaba las

tendencias a largo plazo. Esto había sido un pro- blema para los exportadores de bienes primarios

latinoamericanos antes de la guerra, pero fue mucho mayor en los años veinte; en Chile, por ejemplo, la ines-

tabilidad de los precios de las exportaciones duplicó la existente antes de 1914, y la inestabilidad del valor de la

exportación fue casi cinco veces más alta.4 Incluso en Argentina, con exportaciones mucho más diversificadas, la

inestabili- dad de la exportación fue mucho más grande en la década de los veinte que en cualquier otro momento

de la historia de la república.5 El segundo problema fue la persistencia de la demanda de minerales «estraté-

gicos» durante unos cuantos años después de la guerra. La necesidad de controlar la oferta de petróleo, cobre,

estaño, etc., indujo a que se promoviese oficialmente a las compañías norteamericanas a invertir masivamente en

América Latina, mientras que los países europeos hacían lo mismo en sus colonias y dominios, con lo cual se

presentaba realmente un peligro de saturación mundial de algunos minerales. Ade- más, cuando estas nuevas

inversiones llegaron a raudales durante el segundo lustro de los años veinte, la demanda estratégica había

disminuido en muchos casos y las existencias comenzaron a acumularse. Cuando, a comienzos del auge de la

bolsa en 1928, los tipos de interés mundiales se elevaron, los costos de mantener estas existencias aumentaron

drásticamente y desalentaron las compras adicionales. El tercer problema fue la manipulación de los precios en

un conjunto de mer- cados clave. El plan de valorización del café brasileño, que resurgió en los años veinte,

redujo la oferta brasileña y elevó los precios. Sin embargo, otros exporta- dores de café (por ejemplo, Colombia)

reaccionaron ante los precios mundiales más altos expandiendo sus plantaciones; este incremento de producción

tuvo im- pacto pocos años después cuando el mercado del café quedó saturado ya en 1926. Brasil intentó repetir

el experimento con el caucho, pero su cuota en el mercado mundial era entonces demasiado pequeña como para

tener un efecto significativo en los precios. El último problema fue la debilidad del sector no exportador en

muchos paí- ses latinoamericanos. La idea de que los recursos se orientarían fácilmente fuera de la exportación
de bienes primarios en respuesta al decreciente equilibrio de precios a largo plazo suponía no sólo que los precios

a largo plazo eran obser- vables, sino que se podía hallar un uso alternativo para los recursos. Esta era una

expectativa legítima en aquellas repúblicas donde la industrialización había teni- do un inicio prometedor; sin

embargo, hasta los años veinte, la mayoría de las repúblicas latinoamericanas sólo habían dado un modesto paso

hacia la indus- trialización, de modo que solamente una caída general en el equilibrio de precios a largo plazo

—tal como ocurrió en la depresión de 1929— era capaz de inducir la requerida reasignación de los recursos. Los

pequeños descensos en el equili- brio de precios a largo plazo —aun cuando eran perceptibles— podían siempre

compensarse por medio de la depreciación de la tasa de cambio, de reducciones


4. Véase José Gabriel Palma, «From an Export-led to an Import-substituting Economy: Chile 1914-39», en Rosemary Thorp, ed., Latin America
in the 1930s, Londres, 1984, p. 55 (hay liad, casi.: América ÍMtina en los años treinta, México, D.F., 1988).
5. Véase Arturo O'Conncll, «Argentina into the Depression: problems of an open eco- noiny», en Tlmip, ed., Inlin America in lile l')Mh, \i. 213.
10 HISTORIA DE AMRR1CA LATINA

de impuestos a la exportación o de términos de crédito más favorables. En efec- to, algunos de los países más

pequeños estaban preparados para recurrir a tales políticas incluso en los años treinta, antes que para fomentar

una reorientación general de los recursos del sector exportador. A finales de ¡a década de 1920, el sector

industrial se había desarrollado en algunas de las repúblicas más grandes (Argentina, Brasil, Chile, Colombia,

Méxi- co y Perú), y también en las suficientemente prósperas como para haber formado un vigoroso mercado

interno (Uruguay). Incluso antes de la primera guerra mun- dial, el crecimiento basado en la exportación había

generado en la mayoría de estas siete repúblicas un mercado interior lo bastante amplio como para justificar la

presencia de establecimientos manufactureros modernos. Estas fábricas produ- cían principalmente bienes de

consumo perecedero (por ejemplo, textiles, alimen- tos elaborados y bebidas) que podían competir con las

importaciones gracias a aranceles que contenían ya un elemento proteccionista. La primera guerra mun- dial dio

mayor impulso a las manufacturas en unos cuantos países (claramente en Brasil), mientras que las importaciones

escaseaban, pero el estímulo principal para la industria provino del crecimiento del consumo interior, el cual

estaba todavía estrechamente ligado —incluso en los años veinte— a la suerte del sector expor- tador. En ningún

país el sector manufacturero tenía un tamaño suficiente para ope- rar como el motor del crecimiento, aunque

estaba comenzando a adquirir cierto dinamismo autónomo en Argentina y Chile —las dos naciones donde la

indus- trialización había progresado más hasta los años veinte. El sector manufacturero brasileño, pese a su gran

industria textil, estaba aún aplastado por el atrasado sec- tor agrícola del país, que ocupaba más del 50 por 100 de
la fuerza labora!, y lo mismo es válido para México. En el primer decenio que siguió a la primera guerra

mundial, se produjeron reasignaciones de recursos dirigidas a un cambio estructural, a la industrialización y a la

diversificación de la economía no exportadora en las principales economías latinoamericanas. No obstante, todas

las repúblicas siguieron ligadas a alguna for- ma de crecimiento basado en la exportación; a fines de 1920 (véase

el cuadro 1.1), las exportaciones todavía representaban una alta proporción del producto interior bruto (PIB) y la

apertura de la economía —calculada según el índice de la suma de exportaciones e importaciones respecto al

PIB— oscilaba entre menos del 40 por 100 en Brasil y más del 100 por 100 en Costa Rica y Venezuela.'' El

cambio estructural en la década de 1920 no originó la di versificación den- tro del sector exportador. Por el

contrario, la composición de las exportaciones a finales de la década era muy parecida en el alto grado de

concentración a la que había existido en la víspera de la primera guerra mundial. En todos los países, tres

productos de exportación principales representaban como mínimo el 50 por 100


6. Existen datos del PIB (de diversa Habilidad) para catorce de las veinte repúblicas en los años treinta (Argentina, Brasil, Chile, Colombia,
Cuba, México, Perú, Uruguay, Venezuela y cinco países centroamericanos). La información cubana, sin embargo (véase la nota 13), no
proporciona datos sobre las importaciones reales, de modo que sólo trece países se pueden uti- lizar para los efectos del cuadro 1.1. A precios de
1929 las tasas de comercio son en promedio más bajas —significativamente en el caso de México. Véase Angus Maddison, Two Crises: Latín
America and Asia, 1929-38 and 1973-83, París, 1985, cuadro 6 (hay trad. cast: Dos crisis: América Latina y Asia, 1929-1938 y 1973-1983,
México, D.F., 1988).
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 11
C U A D R O 1.1
El sector externo en América Latina: índices de intercambio (precios de 1970)
Exportaciones como porcentaje (Exportaciones + importaciones)
del PIB como porcentaje del PIB 1928 1938 1928 1938
Argentina 29,8 15,7 59,7 35,7 Brasil 17,0 21,2 38,8 33,3 Chile 35,1" 32,7 57,2" 44,9 Colombia 24,8 24,1 62,8 43,5 Costa Rica
56,5 47,3 109,6 80,7 El Salvador 48,7 45,9 81,0 62,4 Guatemala 22,7 17,5 51,2 29,5 Honduras 52,1 22,1 69,8 39,5 México
31,4 13,9 47,7 25,5 Nicaragua 25,1 23,9 54,9 42,3 Perú 33,6" 28,3 53,2a 42,6 Uruguay 18,0* 18,2 38,0* 37,1 Venezuela 37,7
29,0 120,4 55,7
NOTAS: " 1929; '' 1930. FUENTES: Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Serie histórica del creci- miento de América Latina,
Santiago de Chile, 1978; CEPAL, América Latina: relación de pre- cios de intercambio, Santiago de Chile, 1976; V. Bulmer-Thomas,'77?e
Political Economy of Central America since 1920, Cambridge, 1987; G. Palma, «From an Export-led to an Import substituting Economy: Chile
1914-1939», en Rosemary Thorp, ed., Latin America in 1930s, Londres, 1984; D. Rangel, Capital y desarrollo. El rey petróleo, Caracas, 1970;
J. Millot, C. Sil- va y L. Silva, El desarrollo industrial del Uruguay, Montevideo, 1973; H. Finch, A Political Economy of Uruguay since 1870,
Londres, 1981; A. Maddison, «Economic and Social Condi- tions in Latin America, 1913-1950», en M. Urrutia, ed., Long-term Trends in Latin
America Economic Development, Washington, D.C., 1991. Los datos se han convertido a precios base de 1970 donde ha sido necesario y se han
utilizados los tipos oficiales de cambio en todos los casos.

de los ingresos del comercio exterior, y un solo producto representaba más del 50 por 100 de las exportaciones en

diez países (Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua, la República

Dominicana y Vene- zuela). Prácticamente todas los ingresos de la exportación provenían de bienes primarios y

casi el 70 por 100 del comercio exterior se realizaba con sólo cuatro países (Estados Unidos, Gran Bretaña,
Francia y Alemania). De modo que, en el umbral de la depresión de 1929, las economías latino- americanas

continuaban fieles a un modelo de desarrollo que las hacía muy vul- nerables a las condiciones adversas en los

mercados mundiales de bienes prima- rios. Incluso Argentina, con mucho la economía latinoamericana más

avanzada a finales de la década de 1920, cuyo producto interior bruto (PIB) per cápita dupli- caba el promedio

regional y cuadruplicaba el brasileño, había sido incapaz tic romper el vínculo por el cual un descenso de

ingresos de la exportación dismi-


12 HISTORIA DE AMÉRICA LATINA
nuía las importaciones y la renta fiscal, originando recortes del gasto y una dis- minución de la demanda interna.
L A DEPRESIÓN DE 1929

El comienzo de la depresión de 1929 se asocia generalmente con la quiebra de la bolsa de Wall Street en Nueva

York en octubre de 1929. Sin embargo, algu- nas señales llegaron antes a América Latina. En muchos casos, los

precios de las mercancías subieron verticalmente antes de 1929, aunque la oferta (restablecida después de la

interrupción bélica) tendía a sobrepasar la demanda. El precio del trigo argentino alcanzó su cota máxima en

mayo de 1927, el azúcar cubano en marzo de 1928, y el café brasileño en marzo de 1929. El auge de los

mercados de valores antes de la quiebra de Wall Street condujo a un exceso de demanda de crédito y a una subida

de los tipos de interés mundiales, lo que elevó el costo de mantenimiento de las existencias y redujo la demanda

de muchos de los bie- nes primarios exportados por América Latina. El alza de los tipos de interés (el descuento

sobre los pagarés de Nueva York llegó al 50 por 100 en los 18 meses previos a que la bolsa se desplomase)

ejerció una presión adicional sobre Amé- rica Latina a través del mercado de capitales. La fuga de capitales

—atraídos por tipos de interés más elevados fuera de la región— aumentó, mientras el flujo de capital disminuyó

a medida que los inversionistas extranjeros aprovechaban tasas de rendimiento más atractivas ofrecidas en

Londres, París y Nueva York. La quiebra de la bolsa en octubre movilizó una cadena de acontecimientos en los

principales mercados abastecidos por América Latina; la caída del valor de los activos financieros redujo la

demanda de los consumidores canalizada a través del llamado efecto de riqueza; las deudas atrasadas llevaron a

la restricción de nuevos créditos y a una contracción monetaria, y el conjunto del sistema finan- ciero' quedó

sometido a una severa presión; los tipos de interés comenzaron a caer en el último trimestre de 1929, pero los

importadores no podían o no desea- ban reponer sus existencias de materias primas ante la perspectiva de

restriccio- nes crediticias y una demanda decreciente. La consiguiente caída de los precios de las materias primas
fue verdadera- mente espectacular. Ni un solo país latinoamericano quedó a salvo. Entre 1928 y 1932 (véase el

cuadro 1.2), el valor unitario de las exportaciones cayó en más del 50 por 100 en diez de los países de los que

disponemos datos y los únicos países con una caída modesta en valores unitarios fueron aquellos en que los

precios de los productos básicos los administraban compañías extranjeras y no reflejan con precisión las fuerzas

de mercado (por ejemplo, Honduras y Venezuela). También cayeron los precios de las importaciones, cuando el

descenso de la demanda mundial y la caída en los costos produjo una doble presión en el valor unitario de los

bienes vendidos a América Latina. Sin embargo, los precios de Tas importaciones no cayeron, por lo general,

más deprisa o tan abajo como lo hicie- ron los de las exportaciones y los términos netos de intercambio (véase el

cua- dro 1.2) cayeron bruscamente para todos los países latinoamericanos entre 1928 y 1932 excepto dos. Las

excepciones fueron Venezuela, donde el valor unitario de las exportaciones de petróleo cayó «sólo» el 18,5 por

100 (conformándose aproximadamente a la caída de los precios de importación), y Honduras, donde


LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 13
C U A D R O 1.2
Cambios de precio y volumen de exportación, términos netos de intercambio y poder de compra de las exportaciones en 1932 (1928=100)

Poder de Precio de las Volumen de Términos netos compra de las País exportaciones exportaciones de intercambio

exportaciones
Argentina 37 '88 68 60 Bolivia 79» 48" s.d. s.d. Brasil 43 86 65 56 Chile 47 31 57 17 Colombia 48 102 63 65 Costa Rica 54
81 78 65 Ecuador 51 83 74 60 El Salvador 30 75 52 38 Guatemala 37 101 54 55 Haití 49 b 104'' s.d. s.d. Honduras 91 . 101
130 133 México 49 58 64 37 Nicaragua 50 78 71 59 Perú 39 76 62 43 República
Dominicana ,55 A 106* 81* 87* Venezuela 81 100 .„- 101 100 América Latina 36 78 56 43
NOTAS: " 1929; '' 1930. FUENTES:
CEPAL, América Latina: relación de precios del intercambio, Santiago, 1976; V. Bulmer-Thomas, Political
Economy of Central America since 1920, Cambridge, 1987; R. L. Ground, «The Génesis of Import Substitulion in Latín America», CEPAL
Review, 36 (diciem- bre de 1988).

el «precio» de exportación de las bananas fue determinado por las compañías bananeras para cubrir simplemente

los costos en moneda local y fue reducido en esos años hasta el 9 por 100.7 Aunque todos los países afrontaron

una caída en el precio de sus exportacio- nes de bienes primarios, había un gran contraste respecto al volumen de

sus exportaciones. Las más afectadas fueron aquellas naciones (véase el cuadro 1.2) que sufrieron una caída de

los precios y de los volúmenes de exportación, entre las que se contaban Bolivia, Chile y México;

significativamente, los minerales dominaban la totalidad de las exportaciones de estos tres países cuando las

empre- sas de los países importadores reaccionaron a la depresión agotando las existen- cias acumuladas en vez

de hacer nuevos pedidos. No es sorprendente que estos países experimentaran el descenso más pronunciado

(véase el cuadro 1.2) en el


7. Los precios de exportación administrados fueron utilizados para las bananas hasta 1947 para propósitos de la balanza de pagos. Las
compañías bananeras calculaban sus costos en mone- da local y establecían el precio en dólares para la exportación, que, al tipo oficial de
cambio, cubila sus obligaciones internas.
14 HISTORIA DE AMERICA LATINA

poder de compra de sus exportaciones (esto es, los términos de intercambio netos ajustados según las variaciones

en el volumen de la exportación). En el caso chi- leno, la caída del 83 por 100 del poder de compra de sus

exportaciones fue el más grande registrado en América Latina para un período tan corto y uno de los más

drásticos en el mundo. Cuba debería ser incluida en este primer grupo, aunque no aparece en el cua- dro 1.2

debido a la falta de datos comparables. Sus exportaciones, dominadas por el azúcar, cayeron rápidamente

después de 1929 cuando la isla sufrió las conse- cuencias de su especialización azucarera y de su gran

dependencia de Estados Unidos. En 1930 una comisión dirigida por Thomas Chadbourne, un abogado de Nueva

York con intereses en el azúcar cubano, repartió el mercado norte- americano de manera que provocó una

disminución pronunciada de la expor- tación azucarera cubana y el año siguiente se firmó el Convenio

Internacional del Azúcar entre los principales productores y consumidores que imponía nuevas res- tricciones a

las exportaciones cubanas. El segundo grupo de países fue más numeroso y experimentó un modesto des- censo

(menos del 25 por 100) en el volumen de exportaciones. Este grupo —Ar- gentina, Brasil, Ecuador, Perú y toda

América Central— producía una diversidad de materias primas agrícolas y alimentos, cuya demanda no podía

satisfacerse con las existencias disponibles;s en agosto de 1929, por ejemplo, Gran Bretaña tenía almacenado en

sus puertos trigo importado equivalente a sólo el 2 por 100 de la importación anual de trigo.9 Igualmente, la

acentuada caída del precio era suficien- te en algunos casos para sostener la demanda de los consumidores a

pesar de la caí- da del ingreso real en los países importadores; por ejemplo, en 1932 el volumen de importación

mundial de café estaba en el mismo nivel que en 1929. Un tercer grupo de países (véase el cuadro 1.2)

experimentó un descenso muy pequeño (menos del 10 por 100) en el volumen de exportación entre 1928 y 1932;

Colombia, aprovechando la confusión causada por el colapso del plan brasileño de valorización del café,10

consiguió un pequeño aumento de sus exportaciones de café; Venezuela sufrió un descenso en el volumen de sus

exportaciones de petró- leo después de 1929, pero esto simplemente compensó el gran incremento ocurri- do en

1928 y 1929. Las exportaciones de la República Dominicana, dominadas por el azúcar, crecieron constantemente

durante los peores años de la depresión: como exportadores azucareros sacaron provecho de las restricciones

impuestas a Cuba, primero por la comisión Chadbourne y más tarde por el Convenio Interna- cional del Azúcar
de 1931 que no fue firmado por la República Dominicana (ni por Brasil)." La combinación de precios de

exportación decrecientes en todos los países con el descenso de volúmenes de exportación en la mayoría de ellos

provocó una caída vertical en el poder de compra de las exportaciones durante los peores años de la depresión

(véase el cuadro 1.2). Sólo se salvaron Venezuela, protegida por


8. Las principales exportaciones peruanas eran minerales, pero la más importante era el petróleo, cuyo precio sufrió menos que el de otros
minerales durante ia depresión.
9. Véase Sociedad de Naciones, Instituto Internacional de Agricultura, International Yearbook of Agricultural Statistics 1932/3, Roma, 1933, p.
577.
10. La defesa (defensa) brasileña del café se desplomó en 1929. Véase W. Fritsch, Exter- na! Constraints on Economic Policy in Brazil,
1889-1930, Londres, 1988, pp. 152-153.
I 1. Véase B. C. Swcrling, International Control nf Silgar, 1918-41, Stanlonl, Cal., 1949.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 15

el petróleo, y Honduras, amparada por la decisión de las compañías bananeras de concentrar su producción

global en sus plantaciones hondurenas de bajo costo. En otras partes, el impacto de la depresión sobre el poder de

compra de la expor- tación fue durísimo, perjudicando a los productores mineros (en México), a los productores

de alimentos de zonas templadas (por ejemplo, Argentina) y a los ex- portadores de productos tropicales (por

ejemplo, El Salvador). Aunque los precios de exportación e importación comenzaron a derrumbarse desde 1929,

hubo un «precio» que se mantuvo: el tipo de interés nominal fijo sobre la deuda externa pública y privada.

Mientras los demás precios caían, el tipo de interés real sobre esta deuda (principalmente bonos del gobierno)

subía, aumentando la carga fiscal y de la balanza de pagos para aquellos gobiernos preocupados por preservar su

crédito en el mercado internacional de capital por medio de un puntual pago del servicio de la deuda. El aumento

del peso real de la deuda hizo que un mayor porcentaje de las (decrecientes) exportaciones totales debiera

dedicarse a los pagos de la deuda. Argentina, por ejemplo, destinó 91,2 millones de pesos a cubrir los pagos de la

deuda externa en 1929 cuando la exportación total era de 2.168 millones de pesos. En 1932 las exportaciones

habían bajado a 1.288 millones de pesos, pero los pagos del servicio de la deuda externa se mantuvieron en 93,6

millones de pesos, con lo que el peso real de la deuda quedó prácticamente duplicado. La combinación de pagos

estables del servicio de la deuda e ingresos descen- dentes de la exportación ejercieron una fuerte restricción

sobre las importaciones. Cuando el volumen y el valor de las importaciones cayeron, los gobiernos tuvie- ron que

lidiar con el nuevo problema causado por la fuerte dependencia del ingre- so fiscal respecto a los impuestos al

comercio exterior. La fuente principal del ingreso fiscal, el impuesto a las importaciones, no podía mantenerse a

causa del colapso de las mismas; Brasil, por ejemplo, recaudaba el 42,3 por 100 del total del ingreso fiscal de los
impuestos a las importaciones en 1928. Hacia 1930, la recaudación de impuestos a la importación había

descendido en un tercio y el ingreso fiscal en un cuarto. Aquellos países que también dependían en alto grado de

los impuestos de exportación (por ejemplo, Chile) experimentaron un recorte particularmente radical del ingreso

fiscal. El alza de la carga real del servicio de la deuda afectó la situación fiscal de modo muy similar a la balanza

de pagos. La combinación de un ingreso fiscal decreciente con pagos del servicio de la deuda fijos en términos

nominales creó una gran presión sobre el gasto público. Se hicieron esfuerzos de inventiva con- table (por

ejemplo, los funcionarios hondurenos recibían sus salarios en sellos de correo durante un tiempo), que no

obstante no consiguieron paliar la crisis subya- cente. La mayoría de repúblicas latinoamericanas tuvieron

cambios de gobierno durante los peores años de la depresión; la ley del péndulo favoreció a los parti- dos o

individuos que habían estado fuera del poder durante el colapso de Wall Street. Las excepciones más importantes

fueron Venezuela, donde el gobierno autocrático de Juan Vicente Gómez, en el poder desde 1908, sobrevivió

hasta la muerte del dictador en 1935, y México, donde el recién formado Partido Nacio- nal Revolucionario

dirigía un país agotado por el torbellino revolucionario y la guerra civil. En una situación internacional menos

crítica, un gobierno latinoamericano podría haber (cuido esperanzas de salir de sus dificultades con la ayuda de

prés-
16 HISTORIA DE AMERICA LATINA

tamos internacionales. Sin embargo, había razones para que el flujo de nuevos préstamos a América Latina —ya

en descenso incluso antes de la crisis de Wall Street— quedase interrumpido en 1931. En ese año, el pago al

capital en car- tera de Estados Unidos excedía su nueva inversión en cartera por primera vez desde 1920 y el

flujo neto se mantuvo negativo (con la insignificante excep- ción de 1938) hasta 1954.12 Incluso Argentina, que

desde todo punto de vista tenía la más alta reputación de crédito en América Latina, fue incapaz de obtener nue-

vos préstamos de envergadura durante los primeros años de la depresión. Ningún país de América Latina escapó

a la depresión de los años treinta, pero para algunos países el impacto fue peor que para otros. La combinación

más desas- trosa consistía en un alto nivel de apertura, un gran descenso del precio de las exportaciones y una

disminución abrupta del volumen de las mismas. No es sor- prendente, entonces, que las naciones más

seriamente afectadas fueran Chile y Cuba donde el impacto externo fue más fuerte. En efecto, se han hecho

estimacio- nes de la renta nacional cubana en los años de entreguerras que muestran un des- censo de un tercio de
la renta nacional real per cápita entre 1928 y 1932,13 mientras el descenso del PIB real en Chile entre 1929 y

1932 se estima en el 35,7 por 100.14 Sólo en circunstancias excepcionales se pudo mitigar el impacto externo,

aunque no pudo evitarse. Así, la República Dominicana —dependiente de la exportación azucarera— estuvo en

condiciones de aprovechar el no haber suscrito los convenios azucareros posteriores a 1929; Venezuela se

benefició de su posi- ción de productor de petróleo con los costos unitarios más bajos en todo el conti- nente

americano; países con exportaciones dominadas por compañías extranjeras (por ejemplo, Perú) vieron algunas de

las cargas transferidas al exterior cuando disminuyeron las remesas de ganancias y creció el valor retornado en

proporción al total de la exportación. Sin embargo, el impacto externo fue globalmente muy serio y la

introducción de medidas de estabilización para restaurar el equilibrio externo e interno no podía retrasarse.
LA ESTABILIZACIÓN A CORTO PLAZO
El impacto externo asociado con la depresión de los años treinta creó dos desequilibrios que los dirigentes de
cada nación tuvieron que afrontar urgente- mente. El primero fue el desajuste externo creado por el colapso de
los ingresos de la exportación y el descenso de los flujos de capital; el segundo fue el desa- juste interno creado
por la contracción del' ingreso fiscal, que dio origen a un déficit presupuestario que no pudo ser financiado con
recursos externos.
Durante los años veinte, las repúblicas latinoamericanas habían adoptado el patrón oro por primera vez (es el
caso de Bolivia), o lo habían retomado (es el caso de Argentina). Se suponía que con el patrón oro el ajuste al
desequilibrio extemo era automático —en efecto, este era uno de sus principales atractivos.
12. Véase Stallings, Banker to the Third World, apéndice 1. 13. Véase C. Brundenius, Revolutionary Cuba; the Challenge- of Economic Growth
with Equity, Boulder, Coló., 1984, cuadro A 2.1. La fuente original es J. Alienes, Características fun- damentales de la economía cubana. La
Habana, 1950.
14. Véase Palma, «From an Export-led to an Import-substituting Economy», cuadro 3.5.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 17
Cuando cayeran las exportaciones, el oro o las divisas.serían drenados del país, lo que disminuiría la masa monetaria, el
crédito y la demanda de importaciones; a su vez, la contracción monetaria rebajaría el nivel de precios, lo que haría más
competitivas las exportaciones y más caras las importaciones. De este modo, la reducción del gasto y su reorientación
provocaría la caída de las importaciones y el proceso continuaría hasta que el equilibrio externo quedase restaurado.
Sin embargo, el descenso del valor de las exportaciones fue tan radical des- pués de 1929 que no resultaba evidente que el
equilibrio externo pudiese restable- cerse automáticamente; además, la disminución del flujo de capital y la decisión inicial de
pagar la deuda externa implicaba que la caída de las importaciones tenía que ser particularmente pronunciada para eliminar el
déficit de la balanza de pagos. Argentina, por ejemplo, vio caer el valor de sus exportaciones de 1.537 mi- llones de dólares en
1929 a 561 millones en 1932, y esto no fue lo más grave; con importaciones evaluadas en 1.388 millones de dólares en 1929,
Argentina necesi- taba recortar como mínimo en un 70 por 100 las compras en el exterior, si desea- ba mantener los pagos del
servicio de la deuda en 1932 en los mismos términos que en 1929.
Aquellos países que trataban de seguir las reglas del patrón oro vieron que sus reservas de oro y divisas caían rápidamente.
Colombia por ejemplo, luchó hasta cuatro días después de que los británicos suspendieron la vigencia del patrón oro (21 de
septiembre de 1931); para entonces las reservas del país habían descendido al 65 por 100. Con todo, la mayoría de países
optaron ya por aban- donar el sistema formalmente (es el caso de Argentina en diciembre de 1929), ya por limitar la salida de
oro y divisas por medio de una serie de restricciones ban- carias y otras medidas (por ejemplo, Costa Rica). Esto no evitó la
necesidad de políticas de estabilización para reducir las importaciones y restablecer el equili- brio externo, e indicó que el
proceso ya no sería automático.
Tres países (Argentina, México y Uruguay) suspendieron la vigencia del patrón oro antes que Gran Bretaña decidiera dejar de
vender oro y divisas sobre pedido, aunque Perú —el único país en América Latina— introdujo por dos veces una nueva
paridad con el oro. La mayoría de países, no obstante, adoptó el control de cambios en una forma u otra, y creó un sistema de
cuotas para la importación. Esto ocurrió en las principales naciones; en efecto, los únicos paí- ses que no hicieron uso del
control de cambios fueron las pequeñas repúblicas caribeñas que utilizaban el dólar de Estados Unidos como medio de pago
oficial (Panamá y la República Dominicana) o extraoficial (Cuba y Honduras).
El deseo de seguir las- reglas internacionales implicó que la devaluación —de- preciación de la moneda— fuera utilizada en
contadas ocasiones al comienzo. Nadie esperaba que la depresión llegase a ser tan grave como finalmente resultó. La última
depresión mundial (1920-1921) había pasado rápidamente sin ocasionar una ruptura permanente en el sistema financiero
internacional. Además, impul- sados en algunos casos por las misiones dirigidas por E. W. Kemmerer, muchos países
latinoamericanos habían organizado sus sistemas financieros en la déca- da de los veinte, habían vuelto a la ortodoxia del tipo
de cambio y el patrón oro, creando bancos centrales y luchando por mantener una disciplina monetaria; la \ depresión de 1929
fue vista como la primera prueba real para dichas instituciones y hubo una resistencia natural a admitir su fracaso al dar paso a
la depreciación de la moneda.
18 HISTORIA DE AMERICA LATINA

A finales de 1930, sólo cinco países (Argentina, Brasil, Paraguay, Perú y Uruguay) habían visto sus monedas

depreciarse en más del 5 por 100 respecto al dólar desde el fin del año anterior. Sin embargo, Perú había

cambiado la paridad respecto al oro, y el peso paraguayo, vinculado oficialmente al peso de oro argentino,

también se depreció respecto al dólar norteamericano, una conse- cuencia indeseada de la política del tipo de

cambio. La suspensión británica del patrón oro y la consiguiente depreciación de la libra esterlina implicó que las

monedas latinoamericanas vinculadas a ésta —Argentina, Bolivia, Paraguay (por intermedio del peso argentino)

y Uruguay— se derrumbasen respecto al dólar norteamericano después de septiembre de 1931 hasta que la

suspensión del pa- trón oro decretada en Estados Unidos en abril de 1933 produjo una revaloriza- ción

igualmente abrupta. La decisión de Gran Bretaña y Estados Unidos de abandonar el patrón oro forzó finalmente a

las repúblicas a afrontar el problema de la manipulación del tipo de cambio. Seis pequeñas repúblicas (Cuba,

Guatemala, Haití, Honduras, Pa- namá y la República Dominicana) vincularon sus monedas al dólar norteameri-

cano durante los años treinta; tres más (Costa Rica, El Salvador y Nicaragua) tra- taron de hacer lo mismo, pero

se vieron finalmente forzadas a devaluar; incluso en América del Sur, algunas de las naciones más'grandes

hicieron muchos inten- tos de vincular sus monedas a la libra esterlina o al dólar norteamericano, aunque

Paraguay siguió con su política (pero con poco éxito) de paridad con el peso •• argentino; Argentina, con algún

éxito, y Bolivia, sin ninguno, trataron de vincular sus monedas a la libra esterlina a partir de enero de 1934 y de

enero de 1935 res- pectivamente, mientras Brasil (diciembre de 1937), Chile (septiembre de 1936), Colombia

(marzo de 1935), Ecuador (mayo de 1932) y México (julio de 1933) tra- taron todos de vincular sus monedas al

dólar norteamericano. Los casos de monedas auténticamente flotantes fueron raros. El bolívar vene- zolano
estuvo flotando y rápidamente se revalorizó frente al dólar norteamerica- no entre finales de 1932 y finales de

1937. Después de la suspensión del patrón oro en Estados Unidos, varios países suramericanos (Argentina,

Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y Uruguay) adoptaron un sistema dual de tipo de cambio que per- mitía al cambio

extraoficial flotar libremente; este cambio libre fue utilizado para diversas transacciones, incluidas la exportación

de capital, las remesas de ganan- cias, las exportaciones no tradicionales y las importaciones suntuarias. Esta

expe- riencia —que fue muchas veces una fuente de ganancias para el sector público— demostraría ser

inestimable para la utilización del tipo de cambio después de la segunda guerra mundial. En vista de la

reluctancia a adoptar un genuino régimen flotante de tipos de cambio, la mayoría de los países se vio forzada a

confiar en otras técnicas para lograr el equilibrio externo. La más popular fue el control de cambios y un sis-

tema de racionamiento de las importaciones no basado en el precio; esta técnica no se limitó a las naciones más

grandes, sino que varios países pequeños (Costa Rica, Bolivia, Ecuador, Honduras, Nicaragua, Paraguay y

Uruguay) adoptaron agresivamente este sistema. En la mayoría de países, los aranceles se elevaron en un

momento en que el precio de las importaciones (incluido el costo internacio- nal del transporte) estaba

descendiendo; esto elevó el costo real de las importa- ciones abruptamente y' alentó una reorientación del gasto

hacia los sustitutos internos. Incluso en aquellos casos en que los aranceles sólo se elevaron formal-
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 19

mente, el costo real de las importaciones tendió a crecer como resultado del am- plio uso de aranceles

diferenciales. En unos pocos países el equilibrio externo se consiguió sin recurrir ni al con- trol de cambios ni al

racionamiento de la importación no basado en el precio; se obtuvo mediante el mecanismo de tipo patrón oro, en

que el déficit de cuenta corriente fue financiado con una salida de reservas internacionales que reducía la oferta

monetaria tan drásticamente que la demanda nominal caía al nivel de la reducción requerida en importaciones

nominales; los casos más patentes de ajus- te automático al equilibrio externo fueron Cuba, Haití, Panamá y la

República Dominicana. México, sin embargo, también experimentó un descenso pronun- ciado en su masa

monetaria nominal en los primeros años de la depresión como resultado de su peculiar sistema monetario en el

que monedas de oro y plata for- maban la mayor parte del numerario en circulación.15 A finales de 1932, se había

restaurado el equilibrio externo en casi todas las repúblicas a un nivel mucho más bajo de exportaciones e

importaciones nomina- les y,a un nivel ligeramente más bajo de pagos nominales del servicio de la deu- da. El
excedente de la balanza comercial de América Latina en 1929 de 570 millones de dólares norteamericanos había

aumentado a 609 millones, pese a ¡a caída de dos tercios de las exportaciones nominales, que pasaron de 4.683

millo- nes de dólares norteamericanos a 1.663. Los ocho países que habían registrado una balanza comercial

deficitaria en 1929 se habían reducido a seis en 1930, a cinco en 1931, y a cuatro en 1932. Sin embargo, estos

cuatro (Cuba, Haití, Pana- má y la República Dominicana) eran las excepciones que confirmaban la regla; todos

eran economías en las que el dólar circulaba libremente sin control de cambios, de modo que el déficit comercial

y la salida de divisas era el mecanis- mo por el que la demanda nominal se conformaba al poder de compra de las

exportaciones. El logro del equilibrio externo, aunque penoso, era inevitable. La mayoría de los países no podían

pagar por las importaciones con su propia moneda, por lo que la oferta de divisas establecía un límite para las

importaciones disponibles una,vez que las reservas internacionales quedaran agotadas. En cambio, el equi- librio

interno era una cuestión distinta, ya que un gobierno podía siempre emitir su propia moneda para financiar el

déficit presupuestario. Sólo en países, tales como Panamá, donde el dólar circulaba libremente y no había banco

central, podía uno estar seguro de que la consecución del equilibrio externo también su- ponía la del equilibrio

interno. En la mayoría de países, la suspensión del patrón oro y la adopción del con- trol de cambios trazó una

separación entre ajuste externo e interno. Donde el déficit presupuestario persistiese y fuera financiado

internamente, la oferta mo- netaria nominal no se ajustaría a la bajada en importaciones nominales. Esto cau-

saría que el índice de crédito interno para las importaciones creciera, creando un exceso de oferta monetaria que,

a su vez, estimularía el gasto interno en térmi- nos nominales. Que el crecimiento en gasto nominal se reflejara

en incrementos, fuesen de precio o fuesen de volumen, sería esencial para determinar cuan rápida y exitosamente

un país superaría la depresión.


I'i. Véase L. Cárdenas, «The (¡real Dcpression and Industrialisalion: thc case oí Méxi- co-, TIKII|I. eil., I nliii Amcrird in llir IV.UIs, pp.
224-22.S.
20 HISTORIA DE AMERICA LATINA
CUADRO 1.3

Oferta monetaria: depósitos en demanda y a tiempo bancario comercial. Precios actuales (1929 = 100)
1930 1931 1932 1933 1934 1935 1936

•Argentina 101 90 90 89 88 86 94 Bolivia 84 78 133 144 322 520 547 Brasil 97

101 115 109 125 131 141 Chile 84 68 82 96 110 124 143 Colombia 87 78 90 94 102

110 120 Ecuador 98 59 92 145 187 187 215 El Salvador" 74 68 64 57 42 44 37


México b 111 67 74 107 108 136 143 Paraguay 100c 76 64 72 125 191 170 Perú 69 63

62 78 100 116 137 Uruguay 114 115 126 114 116 124 139 Venezuela 49 68 69 76 85

106 89 Estados Unidos 101 92 71 63 72 81 92

NOTAS: " Incluye depósitos en dólares; '' los datos se compilaron sobre una base diferente en 1932 y 1935 de

modo que la serie no es coherente; c 1930 = 100.


FUENTE: Sociedad de Naciones, Statistical Yearbook, Ginebra, varios años.
La idea de un exceso de oferta monetaria cuenta con base empírica en los casos de muchos países. Mientras los
Estados Unidos experimentaron un descen- so de casi el 40 por 100 en los depósitos bancarios comerciales
nominales en el período de 1929 a 1933, algunos países latinoamericanos (por ejemplo, Bolivia, Brasil, Ecuador y
Uruguay) vieron elevarse el valor nominal de sus depósitos bancarios comerciales, mientras otros (por ejemplo,
Argentina, Chile, Colombia) tuvieron una ligera caída (véase el cuadro 1.3). En términos reales, es decir, ajus-
tados al cambio en el nivel de precios, este comportamiento es incluso más nota- ble pues los precios cayeron entre
1929 y 1933 en todas las repúblicas latino- americanas (excepto Chile) sobre las que existen datos de precios.
Hay varías razones para el relativo ascenso de la oferta monetaria nominal. En primer lugar, la decisión de imponer
el control de cambios en muchos países restringió la salida de oro y divisas y, por tanto, limitó la reducción de la
masa monetaria de origen externo. Uruguay, uno de los primeros países en imponer el control de cambios, sufrió
sólo una ligera caída en las reservas internacionales, mientras México —donde no existía— sufrió un drenaje de la
moneda de oro y plata que constituía una alta proporción de su numerario.
En segundo lugar, el déficit presupuestario persistió pese a los esfuerzos enormes por aumentar el ingreso y reducir
el gasto. Brasil, por ejemplo, consi- guió incrementar el rendimiento de impuestos directos a la renta en un 24 por
100 entre 1929 y 1932, a pesar de la contracción del PIB real, pero la abrumadora importancia de los impuestos al
comercio exterior impulsó el descenso del ingre- so fiscal, reflejando el colapso de las importaciones y
exportaciones. Además, la determinación inicial de pagar la deuda pública (interna y externa) y las dificul-
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 21

tades asociadas con los severos recortes en salarios y sueldos para los empleados públicos hicieron prácticamente

imposible limitar el gasto lo suficiente como para eliminar el déficit presupuestario. En ausencia de nuevos

préstamos externos, el déficit se tuvo que financiar a través del sistema bancario con un efecto expan- sivo sobre

la oferta monetaria. En tercer lugar, el declive del crédito privado interno no era tan abrupto como podría haberse

esperado en vista de las estrechas relaciones entre el sistema bancario y el sector exportador. El pequeño número

de bancos —por ejemplo, México sólo tenía once— y su importancia pública creó un poderoso incentivo para

evitar el fracaso bancario; la estrecha relación entre banqueros y exporta- dores (a veces eran los mismos

individuos) permitía una mayor flexibilidad en la reprogramación de la deuda que la que habría permitido un

contexto más com- petitivo; en los años veinte los bancos también tendían a operar con reservas en efectivo por

encima del mínimo legal, lo que dejó cierto margen disponible para los difíciles tiempos que siguieron a 1929.
Los bancos extranjeros, impo- sibilitados de hacer remesas de ganancias a causa del control de cambios, tuvie-

ron recursos adicionales para sostenerse a sí mismos durante los años de la depresión. Por consiguiente, la

política monetaria durante la etapa más grave de la de- presión fue relativamente laxa en muchos países, de

suerte que el equilibrio interno —a diferencia del equilibrio externo— no se había restablecido a finales de 1932.

Se comprobó que los esfuerzos para elevar los impuestos, incluidos los aranceles, eran insuficientes y que nuevos

incrementos sólo podían ser contra- producentes. Los recortes de sueldos en el sector público y en los salarios

eran más difíciles debido a la agitada coyuntura política de comienzos de los años treinta, de modo que las

políticas para reducir el déficit presupuestario se con- centraron cada vez más en los pagos del servicio de la

deuda. El retraso en el pago de la deuda no era nada nuevo en la historia económica de América Latina; en

efecto, las aduanas de algunas pequeñas naciones (por ejemplo, Nicaragua) estaban todavía repletas de

funcionarios estadounidenses encargados de recaudar los impuestos al comercio exterior y evitar una repetición

de antiguos incumplimientos en el pago. Sin embargo, todos los países hicieron arduos esfuerzos para cumplir

con el pago del servicio de la deuda con la espe- ranza de que así preservarían su acceso a los mercados de

capital internacional. No obstante, ello entrañaba un fascinante dilema: el principal acreedor en térmi- nos de

bonos internacionales seguía siendo Gran Bretaña, donde las reglas de la bolsa hacían imposible para los países

morosos colocar nuevas emisiones de liónos; pero, el flujo anual de nuevo capital hacia América Latina se había

hecho cada vez más dependiente de Estados Unidos, donde las multas por morosidad eran menos definidas.

Cuando se hizo evidente, en términos generales, que Amé- rica Latina no podía esperar financiación adicional de

Gran Bretaña, la tentación de una moratoria se hizo irresistible. México, todavía atrapado por las secuelas de la

revolución, había suspendi- do los pagos del servicio de la deuda con mucho adelanto en 1928; sin embargo, la

suspensión comenzó generalmente en 1931 y cobró fuerza en los años siguien- les. 1 ,a moratoria fue unilateral,

pero ningún país desconoció su deuda externa y no lodos los casos fueron tratados de la misma manera; Brasil,

por ejemplo, esta- bleció siete clases de bonos en 1934, con tratos diferenciales que iban desde el
)•) HISTORIA DE AMERICA LATINA

pago lolal hasta la suspensión total de pagos sobre el interés y el capital.16 Por lanío, el impacto sobre el gasto

público varió sustancialmente incluso entre los países morosos, aunque los recursos destinados al pago de la

deuda tendieron a descender en todas partes conforme la década llegaba a su fin. No lodos los países
suspendieron el pago a la deuda externa y la moratoria en la lleuda externa no necesariamente implicó suspensión

del pago a la deuda hí- lenla (o viceversa). Venezuela, bajo Gómez, terminó de amortizar su deuda y exlerna -

-iniciada quince años antes— en 1930; Honduras suspendió el pago a su deuda interna, pero cumplió

religiosamente con su deuda externa (junto con I lailí y la República Dominicana). Sólo Argentina pagó su deuda

interna y exter- na puntualmente por razones que son todavía discutibles. Algunos de los facto- res que

persuadieron a los políticos argentinos de pagar la deuda, de cuya mayor pai le era acreedora Gran Bretaña,

fueron su relación particular con ésta, los estre- chos vínculos comerciales y la perspectiva de obtener más

préstamos; además, la ortodoxia financiera de los gobiernos conservadores argentinos en la década de 1930 creó

una fuerte predisposición en favor del pago de la deuda. lin la mayoría de países, el incumplimiento con la deuda

alivió la presión sobre el déficit presupuestario y (en el caso de la deuda externa) liberó divisas que pudieron

utilizarse con otros fines. Con todo, el descenso de pagos del servi- cio de la deuda, al rebajar la presión sobre la

política fiscal, evitó la necesidad de nuevos impuestos o recortes del gasto. El déficit presupuestario, por tanto, se

mantuvo como algo normal y el equilibrio interno siguió siendo un remoto obje- livo en la mayoría de las

naciones. La tensión entre el equilibrio externo y el desequilibrio interno produjo una grave inestabilidad

económica y financiera en algunos países (por ejemplo, Bolivia), pero también pudo contribuir a la recupe-

ración económica a un ritmo más rápido que el que se daba en países donde unas esiriclas políticas fiscales y

monetarias dejaron al sector no exportador con una demanda insuficiente e incapaz de responder al nuevo vector

de precios relativos.
I ,A KI'X'UI'HRACIÓN DE LA DEPRESIÓN

I .as políticas adoptadas para estabilizar cada economía frente a la depresión iiileiilaban restaurar el equilibrio

interno y externo a corto plazo; pero, inevita- blemente, también tuvieron consecuencias a largo plazo en aquellos

países don- de- afectaron de una manera permanente a los precios relativos. El colapso de los precios de

exportación después de 1929, el deterioro en los lerminos netos de intercambio y la subida de los aranceles

nominales favo- recieron en términos de precios relativos al sector no exportador (tanto en los artículos no

comercializables a nivel internacional como en los importables) más que al sector exportador. En aquellos países

donde hubo una devaluación real (eslo es, una devaluación nominal más rápida que las diferencias entre los pre-

cios internos y externos), lanío los bienes exportables como los importables obtu- vieron una vcnlaja de precios
relativos respeclo a los productos no comercializa- dos inlcinai lonalmciilc I v esie modo, el precio del sector que

competía con la
|(> VV.i-.r 11 l-h linifiivii y I.' I'niii-.. .Sili luir Ivlauhs in t lio lini <>f Uoiul Finalice», 111 r I I f< < I-, <'nllrj<r. I liiivi'l'.lil.ul i Ir I mitin-.. I »r.i
nv.inii l'.i[«'i in lúnnciiiiics, n." ,H, l'WX.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 23

importación, en todos los casos, mejoró tanto en relación con los bienes expor- tables como a los no

comercializables en el exterior, mientras que el sector no comercializado aumentó sus precios relativos respecto

al sector exportador, excepto en el caso en que ocurriera una devaluación real (con lo que el resulta- do quedaba

por determinar). El que estas fluctuaciones a corto plazo en los precios relativos persistieran dependía en gran

medida de la fluctuación en los precios de exportación e impor- tación. Para América Latina en su conjunto, los

precios de las exportaciones cayeron constantemente hasta 1934; en ese momento comenzó un nuevo ciclo, que

produjo una pronunciada recuperación de los precios en 1936 y 1937 seguida por dos años de precios de

exportación descendentes. Sin embargo, los precios de importación se mantuvieron muy bajos, de modo que los

términos netos de intercambio mejoraron desde 1933 hasta 1937 e incluso en 1939 estaban aún al 36 por 100 por

encima del nivel de 1933 y al mismo de 1930. En consecuencia, para la región en su conjunto una mejora

permanente del precio relativo del sec- tor que competía con las importaciones dependía menos de variaciones en

los términos netos de intercambio y más de los aumentos en la tasa de aranceles y de una devaluación real. El

sector competidor con las importaciones comprendía todas las actividades capaces de sustituir los artículos

importados. Se ha identificado convencional- mente con la industrialización de sustitucion.de importaciones

(ISI), en vista de la importancia de las manufacturas en la importación. Sin embargo, en los años veinte, muchos

países estaban importando cantidades significativas de productos agrícolas que podían ser producidos

internamente en lo fundamental. Así que es también necesario considerar la agricultura de sustitución de

importaciones (ASI) como parte del sector competidor con la importación. El cambio de los precios relativos

fomentó la reasignación de recursos y actuó como un mecanismo para la recuperación de la depresión. Sin

embargo, esto era sólo una parte de la cuestión; por ejemplo, una caída en la producción del sector exportador, y

un alza en la producción del sector, que competía con la importación, no necesariamente produciría una

recuperación en el PIB real, aun- que produjera un cambio estructural. La recuperación sólo quedaba asegurada si

el sector competidor con la importación se expandía sin un descenso del sector exportador, o si crecía tan
rápidamente como para compensar el descenso del sector exportador; la primera posibilidad indica la importancia

del comporta- miento del sector exportador en los años treinta —un tema muy desatendido—, mientras el

segundo necesita que se tome en cuenta el crecimiento de la deman- da nominal. En las páginas anteriores, se ha

sostenido que a partir de 1929 los programas de estabilización habían sido muy exitosos en restaurar el equilibrio

externo en casi todas las naciones hacia 1932; sin embargo, muchos países tuvieron menos éxito en eliminar el

déficit interno. La permanencia del déficit en algunas repú- blicas, incluso después de la reducción en los pagos

del servicio de la deuda por medio de moratorias, dio un estímulo a la demanda nominal que, dadas ciertas

circunstancias, podría esperarse que tuviera efectos reales (es decir, keynesia- nos); estas condiciones

comprendían la existencia de capacidad disponible y una respuesta clástica de precio oferta en el sector

competidor con la importación, además de un sislcma financiero capaz de proporcionar capital activo a bajos
24 HISTORIA DE AMERICA LATINA

tipos de interés reales. Donde estas condiciones no existían (por ejemplo, Boli- via), las consecuencias del déficit

fiscal y el crecimiento de la demanda nominal eran simplemente la inflación y un colapso del tipo de cambio

nominal; pero donde dichas condiciones se daban (por ejemplo, en Brasil), las políticas fiscales y monetarias

poco estrictas podían contribuir a la recuperación. De modo que, para algunas naciones, los efectos de medidas

incompletas de estabilización en pos del equilibrio interno después de 1929 no fueron totalmente desfavorables;

„en cambio, algunas repúblicas «virtuosas» (como Argentina) se enfrentaron a la paradoja de que las políticas

fiscales y monetarias ortodoxas en pos de un pre- supuesto equilibrado podían haber reducido su tasa de

crecimiento económico en la década de 1930. La recuperación de la depresión, en términos del PIB real,

comenzó después de 1931-1932 con sólodos excepciones menores (Honduras y Nicaragua). En los años

siguientes de la década, todas las repúblicas de las que existen datos dis- ponibles lograron un crecimiento

positivo, y en todas el PIB real sobrepasó el punto más alto anterior a la depresión con las mismas dos

excepciones; sin embargo, la velocidad de la recuperación variaba considerablemente y también sus mecanismos.

En particular, casi ningún país se basó exclusivamente en la 1SI para recobrarse y algunos simplemente

dependieron del retorno de condiciones más favorables a los mercados de exportación. Siguiendo a Chenery,17

podemos estudiar la recuperación en los años treinta en América Latina por medio de una ecuación para

contabilizar el crecimiento en la que la variación en el PIB real se descomponga en la suma de:


, 1. la variación en el volumen de exportaciones agrícolas;
2. la variación en el volumen de exportaciones minerales; 3. la variación en la demanda interna final de productos
agrícolas sin ASI; 4. la variación en la participación de la agricultura en la demanda interna debida a ASI;
5. la variación en la demanda interna final para la industria sin ISI; 6. la variación en la participación de la
industria en la demanda interna final debida a ISI;
7. la variación en la demanda interna final por servicios que no se inter- cambian.
Los primeros dos términos de la ecuación para evaluar el crecimiento desta- can el papel del sector exportador en
la recuperación económica; el cuarto y el sexto reflejan el papel de la sustitución de importaciones; el tercero y el
quinto son modificados por el crecimiento de la demanda nominal, la redistribución de la renta y las elasticidades
del ingreso; el último término es afectado por los pre- cios relativos, la demanda nominal y los efectos de la

elasticidad del ingreso. No es posible aplicar empíricamente esta ecuación a ninguna de las repú- blicas

latinoamericanas en los años treinta, pero es factible identificar una serie de mecanismos de recuperación que

corresponden de forma aproximada a sus


17. Véase H. Chenery, «Patterns of Industrial Growth», American Economic Review, 50 (1960), pp. 624-654. Véase también M. Syrquin,
«Patterns of Structural Change», en H. Che- nery y T. Srinivasan, eds., Handbook of Development Economics, vol. 1, AnisU'i'ilain, l')SK.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 25
C U A D R O 1.4
Análisis cualitativo de las fuentes de crecimiento en la década de 1930
ISI ASI
Crecimiento de la exportación
PAÍSES DE RECUPERACIÓN RÁPIDA
Brasil Chile Costa Rica Cuba Guatemala México Perú Venezuela

üDaHaQ
PAÍSES DE RECUPERACIÓN MEDIA
Argentina Colombia El Salvador
PAÍSES DE RECUPERACIÓN LENTA
Honduras Nicaragua Uruguay
NOTAS: LOS países de recuperación rápida se supone que incrementaron el PIB real desde el aflo crítico hasta 1939 más del 50 por 100; los
países de recuperación media en más del 20 por 100 y menos del 50 por 100; los países de recuperación lenta en menos del 20 por 100.
• índice de producción manufacturera neta respecto al PIB que se asume que aumentó sig- nificativamente.
• índice de la agricultura para consumo interno (ASI) respecto al PIB que se supone que aumentó significativamente.
11 índice de la exportación respecto al PIB que se considera haber aumentado significati- vamente en términos reales o nominales. FUENTES;
Véase el cuadro 1.1.

términos. Esto se muestra en el cuadro 1.4, donde catorce países para los que existen datos sobre el PIB se

agrupan en tres categorías: recuperación rápida, media y lenta. I <A grupo de recuperación rápida incluye ocho

naciones donde el PIB real ere- cié) hasta más del 50 por 100 entre el año de la depresión (1931 o 1932) y 1939.

Se puede considerar grandes a dos países (Brasil y México), medianos a cuatro (Chile, Cuba, Perú y Venezuela),

y pequeños a dos (Costa Rica y Guatemala). De modo que no hay correlación entre tamaño y ritmo de

recuperación. La ISI es un mecanismo importante de recuperación para la mayoría del grupo, excepto para Cuha,

(¡tialcmala y Venezuela; en efecto, la recuperación cubana se debió prin- cipalmente a los mejores precios del

azúcar, lo que contribuyó a duplicar el valor


26 HISTORIA DE AMERICA LATINA
de las exportaciones entre 1932 y 1939; la recuperación venezolana se debió principalmente al crecimiento de la

producción de petróleo y la recuperación de Guatemala dependió en gran medida de la ASI. El grupo de

recuperación media incluye países donde el PIB real creció en más del 20 por 100 entre el año de la crisis y 1939.

Sólo tres naciones (Argenti- na, Colombia y El Salvador) se pueden incluir con toda certeza en este grupo,

aunque algunas otras (Bolivia, Ecuador, Haití y la República Dominicana), de las que no existen cuentas

nacionales para el período, registraron un aumento signi- ficativo en el volumen de exportaciones después de

1932 y probablemente expe- rimentaron un alza en el PIB que las colocaría en la segunda categoría. La ISI fue

importantísima como mecanismo de recuperación en Argentina y Colombia, pero el crecimiento de la

exportación no fue notable. El último grupo comprende los países con un resultado menos favorable. Sólo tres

(Honduras, Nicaragua y Uruguay) aparecen en el el cuadro 1.4, pero la desastrosa evolución de las exportaciones

en Paraguay y Panamá (para los que no hay datos disponibles de las cuentas nacionales) sugiere que también

deberían ser incluidos. Los cinco eran pequeñas economías (a excepción de Uruguay) con reducidas

posibilidades de compensar una débil participación en la exportación por medio de un crecimiento de las

actividades para sustituir las importaciones. No obstante, Uruguay experimentó un crecimiento de su producción

industrial y la ISI fue importante, aunque no fue suficiente para contrarrestar el estanca- miento de su esencial

industria ganadera. En el caso de Panamá, donde la exporta- ción de servicios era tan importante, el declive del

volumen de comercio mundial produjo un descenso en el número de embarcaciones que utilizaban el canal en la

década de 1930, lo cual tuvo un impacto adverso sobre su funcionamiento eco- nómico global. Paraguay, aunque

victorioso en la guerra del Chaco con Bolivia (1932-1935), sufrió graves pérdidas y el valor nominal de las

exportaciones siguió cayendo hasta 1940. Si nos limitamos al período de 1932 a 1940, en que la recuperación

estaba en auge en América Latina, hubo doce países —todos los que figuran en el cua- dro 1.1, excepto

Uruguay— que proporcionaron datos suficientes de sus cuentas nacionales como para realizar una versión

limitada de la ecuación para contabili- zar el crecimiento, en la cual la variación del PIB real se divide en tres: la

parte debida al crecimiento de la demanda interna final (sin cambios en los coeficien- tes de importación), la

parte generada por la variación de los coeficientes de importación y la parte debida a la recuperación de las

exportaciones (véase el cuadro 1.5). En todos los casos, la contribución mayor es por un gran margen la

recuperación de la demanda interna final, seguida por la promoción de las expor- taciones, mientras que la
contribución debida a los cambios en los coeficientes de importación es generalmente negativa ya que éstos

tendieron a subir antes que a bajar después de 1932. Si en lugar de 1932 se utiliza como punto de partida

cualquier año de la dé- cada de 1920, el panorama cambia considerablemente (véase el cuadro 1.5) por cuanto los

coeficientes de importación en 1930 fueron indefectiblemente más bajos que los de la década anterior. Sin

embargo, la promoción de las exporta- ciones era todavía una causa positiva de crecimiento en la mayoría de los

casos, mientras que la contribución de la demanda interna final (dado un coeficiente de importación estable) era

más importante que la sustitución de importaciones en


LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 27
C U A D R O 1.5
Análisis cuantitativo de las fuentes de crecimiento (porcentajes)
1932-1939 1929-1939 Países 0 ) (2) (3) (1) (2) (3)
Argentina + 102 + 6 -8 + 51 + 84 -36 Brasil + 74 -11 + 37 + 39 + 31 + 31 Chile + 71 -24 + 53 + 67fl + 28 + 5 Colombia + 117
-35 + 18 + 61 + 24 + 15 Costa Rica + 96 -21 + 25 + 36 + 64 0 El Salvador + 39 -4 + 65 + 31 h + 11 + 58 Guatemala + 92 + 2 +
6 + 64 + 30 + 6 Honduras c + 55* + 17 + 28 México + 108 1 -9 + 113 + 61 -74 Nicaragua + 98 - 1 + 3 + 64'' +47 -11 Perú + 85
- 2 + 17 + 68 + 30 + 2 Venezuela + 80 - 1 + 21 + 19 + 67 + 14
NOTAS: (1) Contribución en porcentaje al incremento en el PIB real de la demanda interna final en el supuesto de un coeficiente de
importación estable.
(2) Contribución en porcentaje al incremento en el PIB real del cambio en el coeficiente de importación.
(3) Contribución en porcentaje al incremento en el PIB real de la promoción a la exporta- ción.
a 1925-1939; b 1920-1939; c la ecuación para las fuentes de crecimiento no puede ser apli- cada cuando la demanda interna final cayó entre 1932

y 1939; d 1926-1939.
FUENTE: Cálculos del autor utilizando datos de las mismas fuentes indicadas en el cua- dro 1.1.

todos los países más grandes, con excepción de Argentina. Estos resultados no significan que la industrialización

de sustitución de importaciones no fuera im- portante, puesto que la ecuación para determinar las fuentes de

crecimiento apli- cada exclusivamente al sector manufacturero puede dar un resultado diferente. Sin embargo, al

utilizar un período más largo (1929-1950) la contribución de la sustitución de importaciones al crecimiento

industrial en los países más grandes (Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México) se ha estimado en un

promedio del 39 por 100 —lo que implica que el crecimiento de la demanda interna final (la contribución de las

exportaciones industriales puede ser ignorada) era muy importante para el sector manufacturero también.18 La

recuperación de la demanda interna final era un reflejo de las políticas monetarias y fiscales poco estrictas

mencionadas anteriormente. El déficit presu- puestario era común y —en ausencia de fuentes externas de

préstamos— se I mandaba habitualmente por medio del sistema bancario, lo que tenía un efecto expansivo sobre

la oferta monetaria. Las instituciones financieras, fortalecidas por la creación de bancos centrales en varios países

(por ejemplo, Argentina y Ll


1K. Véase .1. (¡runwakl y P. Musgrove, Natural Resources in IMIÍII American Develo/' meiil, liallimoie. Mil., 1970, cuadro A.4, pp. 16-17.
28 HISTORIA DE AMERICA LATINA

Salvador) o apoyadas por las reformas monetarias de la década de 1920, eran capaces de compensar las pérdidas

de préstamos al sector exportador con esta nueva y lucrativa fuente de préstamos. Dada la contracción existente

en la utili- zación de la capacidad, el crecimiento de la masa monetaria era sólo tenuemente inflacionaria y tenía

efectos reales sobre los precios. La demanda interna final no se compone únicamente del gasto público, sino

también de la inversión y el consumo privado. La inversión pública, drástica- mente recortada entre 1929 y 1932,

fue estimulada por los programas de cons- trucción de carreteras en casi todos los países ya que los gobiernos se

ciñeron a una forma de gasto con una cuota baja de bienes importados. El crecimiento de la red viaria fue

realmente impresionante en algunas naciones y contribuyó indirectamente tanto al crecimiento de la manufactura

como al de la agricultura para el mercado interno. Incluso la inversión privada, pese a su alto contenido de bienes

importados, pudo recobrarse después de 1932 a medida que la contracción de la balanza de pagos comenzó a

ceder. El crecimiento en el consumo privado —el elemento más importante de la demanda interna final— era una

condición necesaria para el crecimiento indus- trial en los años treinta. El consumo privado fue fomentado por la

recuperación del sector exportador y por políticas fiscales y monetarias poco estrictas. Cuan- do la demanda

interna se recobró las compañías nacionales tuvieron una excelen- te oportunidad para satisfacer un mercado en

el que el precio relativo de los artículos importados había subido. Pocas instituciones privadas —incluso aquellas

recién establecidas en la década de los treinta— se dedicaron principalmente a proporcionar créditos al consumo,

de modo que la demanda de bienes duraderos de alto precio (por ejemplo, automóviles) era aún muy modesta; sin

embargo, el consumo de bienes perecederos, tales como bebidas y tejidos, experimentó un cre- cimiento

sustancial. Ha habido alguna especulación sobre si el crecimiento de la demanda del consumidor en la década de

1930 puede haber estado alimentada por cambios en la distribución funcional de la renta. No existen datos para

confirmar o negar esta hipótesis, pero es evidente que en determinados sectores hubo cambios impor- tantes en

los rendimientos obtenidos por el trabajo en contraste con los del capi- tal. Por ejemplo, en el sector exportador el

impacto de la depresión fue sentido más fuertemente por los propietarios de capital, cuya tasa real de rendimiento

cayó más drásticamente que los salarios reales; la recuperación del sector des- pués de 1932 ayudó a reconstituir

los márgenes de ganancias, pero es improba- ble que la tasa de rendimiento del capital se haya restablecido al

nivel que tenía antes de 1929. En ese sentido es realista hablar de un cambio en la distribución funcional del
ingreso en favor del trabajo en el sector exportador. Por otra parte, en el sector que competía con la importación

es más probable que ocurriese lo opuesto. El crecimiento del sector, sostenido por un tipo de cam- bio depreciado

y aranceles nominales más altos, generó una alteración en los pre- cios relativos, del cual los propietarios de

capital habrían sido los principales beneficiarios. A su vez, los salarios nominales respondieron lentamente a la

sua- ve subida de precios en los países con moneda devaluada y pudo haber tenido lugar un mayor

desplazamiento hacia las ganancias. Tanto la depresión como la subsiguiente recuperación probablemente

dejaron la distribución funcional sin mayores cambios en el sector que no competía en el mercado exterior, de

modo
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 29

que el cambio global en la distribución funcional del ingreso no puede haber sido muy grande. En consecuencia,

es improbable que el crecimiento de la demanda del consumidor en los años treinta pueda atribuirse a cambios

significativos en la distribución del ingreso.


EL CONTEXTO INTERNACIONAL Y EL SECTOR EXPORTADOR

La recuperación del sector exportador, en términos de volúmenes y precios, contribuyó al aumento de la

capacidad importadora a partir de 1932 y a la res- tauración de tasas positivas de crecimiento económico. Pero

esta recuperación de las exportaciones no fue simplemente un retorno al sistema de intercambio mun- dial

existente antes de 1929. Al contrario, el contexto económico internacional en los años treinta sufrió una serie de

cambios que tuvieron un peso importante en la suerte de cada una de las naciones latinoamericanas. El principal

cambio en el sistema mundial de comercio fue el incremento del proteccionismo. El notable arancel

Smoot-Hawley en 1930 elevó las barreras para los exportadores latinoamericanos al mercado norteamericano, en

tanto que un arancel particular impuesto en 1932 a la importación de cobre desde Estados Unidos golpeó

duramente a Chile en particular; Gran Bretaña, al refugiarse en el sistema de preferencia imperial de la

conferencia de Ottawa en 1932, impuso aranceles discriminatorios a América Latina en su segundo gran

mercado; el ascenso de Hitler en Alemania implantó el aski-mark —una moneda inconverti- ble con que se

pagaba a los exportadores latinoamericanos y que sólo podía uti- lizarse para comprar artículos importados a

Alemania; algunos alimentos (espe- cialmente el azúcar) quedaron sujetos a un convenio internacional que

estableció cuotas para los principales exportadores (por ejemplo, Cuba), mientras que el estaño boliviano quedó
regulado por el Convenio Internacional del Estaño. Pese al viraje hacia el proteccionismo, el comercio mundial

(medido en dóla- res) creció constantemente desde 1932 —como mínimo— hasta que la nueva de- presión en

Estados Unidos hizo caer las importaciones norteamericanas y el comercio en 1938. Las importaciones de los

principales países industrializados alcanzaron un momento crucial entre 1932 y 1934 (únicamente en Francia la

recuperación ocurrió después de 1935). En el esencial mercado norteamericano, las importaciones se recuperaron

en un 137 por 100 entre 1932 y 1937 —esti- muladas parcialmente por las gestiones del secretario de Estado

Cordell Hull para paliar el efecto del arancel Smoot-Hawley por medio de convenios bilatera- les de comercio

que comprendían reducciones arancelarias recíprocas. Para América Latina en su conjunto, la evolución de las

exportaciones des- pués de 1932 parece a primera vista poco destacada. En los siete años anteriores a la segunda

guerra mundial, las exportaciones en términos de valor permanecie- ron prácticamente sin cambios, mientras que

el volumen de exportaciones creció en un limitado 19,6 por 100. Pero esto induce a equívoco, ya que las cifras

están haslanlc condicionadas por el deficiente resultado de Argentina —desde siempre, el más importante

exportador de América Latina con casi el 30 por 100 del total ivj'ional. Excluida Argentina, el volumen de las

exportaciones creció hasta en un Mi por 100 entre 1932 y 1939. Además, si se excluye también a México, el vo-

lumen de las exportaciones de las restantes repúblicas creció en un 53 por 100


30 HISTORIA DE AMERICA LATINA

durante el mismo período —una tasa anual del 6,3 por 100. Las exportaciones mexicanas, que en efecto crecieron

rápidamente de 1932 a 1937, cayeron en un 58 por 100 entre 1937 y 1939. Los precios más altos del oro y la

plata después del colapso del patrón oro no pudieron compensar el embargo comercial impues- to como

represalia por la expropiación de las compañías petroleras extranjeras en 1938. Las exportaciones argentinas han

sido objeto de numerosos análisis. Experi- mentaron un descenso constante en volumen después de 1932 que no

cambió de signo hasta 1952. Sin embargo, la tendencia quedó oscurecida por los precios favorables y los

términos netos de intercambio (TNI) que Argentina disfrutó durante la mayor parte de los años treinta —entre

1933 y 1937, por ejemplo, los TNI subieron en un 71 por 100 como resultado de una serie de malas cosechas en

América del Norte, ¿rué impulsó el alza de los precios del grano y la carne. En efecto, la dependencia de

Argentina respecto al mercado inglés fue un gran obs- táculo a la expansión de las exportaciones. El tratado

Roca-Runciman de 1933 dio a Argentina una cuota en el mercado británico para sus principales productos
primarios de exportación, pero lo mejor que podía esperarse con este tratado era la preservación de un porcentaje

del mercado de importación; por otra parte, los agricultores británicos contaban con el incentivo del precio que

les daba el aran- cel discriminatorio para aumentar su producción a costa de la importación. De modo que, aun la

preservación de un porcentaje en el mercado importador, no podía evitar un pequeño descenso de las

exportaciones argentinas a Gran Breta- ña. Las exportaciones argentinas también resultaban perjudicadas por las

altera- ciones del tipo de cambio real. Aunque en muchas repúblicas latinoamericanas las exportaciones

tradicionales disfrutaron de una depreciación real a largo plazo, los exportadores argentinos se enfrentaron a un

tipo de cambio real que tendía a apreciarse en la década de 1930. Por ejemplo, dado que los precios británicos al

por mayor descendieron un 20 por 100 en el decenio que siguió a 1929 y los pre- cios al por mayor en Argentina

se elevaron hasta el 12 por 100, la devaluación nominal del peso frente a la libra esterlina, necesaria para

mantener competitivas las exportaciones argentinas a Gran Bretaña, era como mínimo del 32 por 100. Esto

superaba la devaluación efectiva del tipo de cambio oficial en toda la déca- da, aunque las marcadas

fluctuaciones de año en año hicieron poco por dar con- fianza en el sector exportador. En cambio, los

exportadores brasileños en el mis- mo período tuvieron una devaluación real del 49 por 100 basada en el tipo de

cambio oficial y del 80 por 100 en el mercado libre.

En el resto de América Latina, el comportamiento de las exportaciones des- pués de 1932 fue sorprendentemente

sólido (véase el cuadro 1.6). De los dieci- siete países que dieron datos sobre el volumen de exportación, sólo

Honduras —además de Argentina y México— sufrió un descenso entre 1932 y 1939. Ade- más, si se toma 1929

como año base, la mitad de los países considerados expe- rimentaron un incremento en el volumen de

exportación pese a las circunstancias excepcionalmente difíciles que predominaron durante toda la década. Tres

factores son responsables del relativamente sólido comportamiento de las exportaciones. El primero fue la

dedicación de los dirigentes a la preserva- ción del sector exportador tradicional —el motor del crecimiento en el

modelo basado en la exportación— a través de un sistema de políticas que iban desde la depreciación del tipo de

cambio real hasta la moratoria de la deuda. El segundo


LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 31
CUADRO 1.6
Tasas anuales promedio de crecimiento de 1932 a 1939 (porcentajes)

Volumen de la Volumen de la Términos netos País PIB exportación importación de intercambio


Argentina + 4,4 -1,4 + 4,6 + 2,1 Bolivia + 2,4 Brasil +4,8 + 10,2 + 9,4 -5,6 Chile + 6,5 + 6,5 + 18,4 + 18,6 Colombia + 4,8 +
3,8 + 16,1 + 1,6 Costa Rica + 6,4 + 3,4 + 14,0 -5,4 Cuba +7,2 Ecuador + 4,4 +9,7 0 El Salvador + 4,7 + 6,7 +4,2 + 1,9
Guatemala + 10,9 + 3,4 + 11,2 + 2,0 Haití + 4,9 Honduras -1,2 -9,4 +0,8 -0,3 México + 6,2 -3,1 + 7,8 + 5,7 Nicaragua + 3,7
+ 0,1 + 5,6 + 5,5 Perú + 4,9° + 5,4 + 5,0 + 7,2 República
+ 3,0 +4,4 + 15,2
Dominicana « Uruguay + 0,1" ' +3,5 + 3,0 + 1,4 Venezuela + 5,9" + 6,2 + 10,4 -3,4

NOTAS: " 1930-1939. FUENTES: Véanse el cuadro 1.1 y la nota 13.

fue la alteración de los términos netos de intercambio a partir de 1932. El terce- ro fue la lotería de mercancías que produjo
un número de ganadores procedentes de la lista latinoamericana de exportaciones en los años treinta.
A inicios de los años treinta, muy pocas naciones, si es que hubo alguna, podía permitirse ignorar el sector exportador
tradicional. Esto era particularmen- te exacto respecto a las repúblicas más pequeñas, donde el sector seguía siendo la mayor
fuente de empleo, de acumulación de capital y de poder político. Incluso en los países más grandes, el declive del sector
exportador amenazaba debilitar el sector no exportador como resultado de las conexiones directas e indirectas entre ambos.
Significativamente, de los trece países con datos sobre el PIB real y sobre exportaciones en los años treinta, sólo uno registró
un incremento en las expor- laciones reales y el PIB real a la vez; la excepción fue Argentina, donde —como liemos ya
visto— el volumen de las exportaciones no logró aumentar.
Sin embargo, Argentina es la excepción que confirma la regla. Con mucho era el país más rico de América Latina a inicios de
los años treinta (su único rival en términos de renta per cápita era Uruguay) y tenía la estructura económica más diversificada
y la base industrial más fuerte. El sector no exportador era sufi- cientemente sólido para convertirse en el nuevo motor del
crecimiento en la década de l()3(), de modo cine el PIB real y la exportación real se desplazaron cu direcciones opuestas.
También debe recordarse que los TNI mejoraron significa
32 HISTORIA DE AMERICA LATINA

tivamente en Argentina, lo que dio un impulso a la demanda interna final y al consumo privado después de 1932.

En consecuencia, incluso Argentina no pudo escapar enteramente de su dependencia heredada del sector

exportador. Las medidas para apoyar y promover el sector exportador en América Latina fueron diversas,

complejas y con frecuencia heterodoxas. Sólo seis de las veinte repúblicas (Cuba, Guatemala, Haití, Honduras,

Panamá y la República Domini- cana) rehuyeron toda forma de control sobre el tipo de cambio, prefiriendo más

bien preservar su vinculación al dólar norteamericano anterior a 1930. En otros lugares, la devaluación nominal

fue frecuente y los múltiples tipos de cambio, comunes. Como el caso de Argentina ha mostrado, la devaluación

nominal no implica necesariamente depreciación real, pero el alza interna de los precios era generalmente

modesta, y sólo Bolivia —víctima de las caóticas condiciones financieras creadas por la guerra del Chaco y sus

secuelas— se hundió en un círculo vicioso de elevada inflación interna y devaluación del tipo de cambio. El

descenso del crédito para el sector exportador procedente de fuentes na- cionales y extranjeras a partir de 1929

puso a muchas empresas bajo la amenaza de la ejecución de hipotecas por parte de los bancos. Los gobiernos

intervinieron unánimemente con la moratoria de Ja deuda para impedir la erosión de la base exportadora; en

algunos casos, nuevas instituciones financieras se establecieron con el apoyo o participación del Estado para

canalizar recursos adicionales al sector exportador. Los grupos de presión que representaban intereses exportado-
res se fortalecieron o se establecieron por primera vez y a menudo se redujeron los impuestos a la exportación.

La mejora de los TNI después de 1932 representó un nuevo impulso para el sector exportador. De los quince

países considerados (véase el cuadro 1.6) sólo cuatro registraron un deterioro en el período entre 1932 y 1939.

Dos de éstos (Costa Rica y Honduras) eran importantes exportadores de banana y sufrieron con la corrección a la

baja de los precios de este producto empleada por las gigantescas compañías bananeras en sus transacciones

globales; puesto que estos precios eran artificiales en gran medida, el deterioro de los TNI no fue muy serio en la

práctica. Lo mismo es válido para Venezuela, donde los precios del petró- leo permanecieron bajos y causaron

una caída de los TNI; sin embargo, Vene- zuela comenzó a obtener un valor de retorno más alto de las empresas

petroleras extranjeras después de la caída de Gómez, por medio de la revisión de los con- tratos y un incremento

en el ingreso debido a los impuestos, de modo que el poder de compra de las exportaciones creció

constantemente.19 El único otro país en sufrir una caída de los TNI fue Brasil. El colapso de los precios del café

después de 1929 lo castigó duramente. Un nuevo plan de apoyo al café, financiado en parte por un impuesto a la

exportación de café y en parte por créditos estatales,2" proporcionó recursos para destruir parte de la cosecha;

19. Véase J. McBeth, Juan Vicente Gómez and the OH Companies in Venezuela, 1908- 1935, Cambridge, 1983,

cap. 5. 20. El impacto macroeconómico de este pian de financiación ha sido muy discutido. Véanse, por ejemplo,

Celso Furtado, The Economic Growth of Brazil, Berkeley, Cal., 1963, y C. Peláez, Historia da industrializagcio

brasileira, Río de Janeiro, 1972. Hay un excelente exa- men del debate, favorable en general a la interpretación

de Furtado que ve el plan como expan- sivo, en A. Fishlow, «Origiñs and Consequences of Import Substitution in

Brazil», en L. Di Marco, ed., International Economics and Development, Nueva York, 1972.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 33

esto redujo la oferta que llegaba al mercado mundial y permitió a Brasil vender a precios más altos en dólares, lo

cual no habría sido posible de otra manera. Al mismo tiempo, la devaluación elevó el precio del café en moneda

local, de modo que la caída de los ingresos procedentes del café fue mucho más severa de lo que implicaba el

deterioro de los TNI. Sin embargo, ninguna resolución con los instrumentos disponibles podía ocultar el hecho de

que el sector cafeta- lero estaba en una crisis profunda. Como el precio relativo del algodón respecto al del café

se elevó en los años treinta, hubo una reasignación de recursos que hizo que la producción y la exportación

brasileña de algodón se disparasen. Entre 1932 y 1939 el área plantada de algodón aumentó casi cuatro veces y la
producción casi seis, mientras que la exportación creció tan rápidamente que en términos de volumen se

incrementó más rápido que en cualquier otra república (véase el cuadro 1.6). Las ganancias brasileñas en dólares

procedentes de la exportación pueden considerarse bajas, pero el crecimiento en términos de volu- men y de

moneda local fue mucho más impresionante. La lotería mercantil produjo una serie de ganadores y perdedores en

Améri- ca Latina. El principal perdedor fue Argentina, porque sus exportaciones tradi- cionales fueron

perjudicadas debido a su dependencia del mercado británico. Las exportaciones cubanas de tabaco, incluidos los

cigarros, también perdieron y sufrieron seriamente con las medidas proteccionistas adoptadas por el mercado

norteamericano. Los principales ganadores fueron los exportadores de oro y plata a medida que los precios

subieron notoriamente en la década de los treinta. Esta bonanza de la lotería benefició a Colombia y Nicaragua,

con respecto al oro, y a México, con respecto a la plata. Bolivia se benefició del alza de los precios del estaño

lograda por la Comisión Internacional del Estaño después de 1931. Tam- bién Chile, después de sufrir la caída

más drástica en los precios de exportación durante los peores años de la depresión, vio sus TNI crecer en un

promedio del 18,6 por 100 al año entre 1932 y 1939 cuando el rearme comenzó a reflejarse en los precios del

cobre. Finalmente, la República Dominicana aprovechó su posi- ción independiente del Convenio Internacional

del Azúcar para obtener precios más altos y mayores volúmenes de ventas de azúcar. La recuperación del sector

de exportación tradicional fue la principal razón para el crecimiento de los volúmenes de exportación a partir de

1932. La diversi- ficación de las exportaciones (con excepción del algodón en Brasil) fue de impor- tancia

limitada, caracterizada por algunos ensayos esporádicos tales como la pro- ducción de algodón en El Salvador y

Nicaragua, y de cacao en Costa Rica (en plantaciones bananeras abandonadas). Sin embargo, el auge de la

Alemania nazi y de su agresiva política comercial basada en el aski-mark hizo que la distri- bución geográfica del

comercio exterior cambiara de forma significativa. En 1938, el último año no afectado por la guerra, Alemania

recibía el 10,3 por 100 de to- das las exportaciones latinoamericanas y proporcionaba el 17,1 por 100 de todas las

importaciones comparados con el 7,7 por 100 y el 10,9 por 100 respectiva- mente en 1930. La gran perdedora a

causa de esta creciente participación alema- na resultó ser Gran Bretaña, aunque el mercado de Estados Unidos

también se contrajo para las exportaciones latinoamericanas (del 33,4 por 100 en 1930 al 31,5 por 100 en 1938).

La mayor importancia del mercado alemán se debió en gran parte a la po- lítica comercial del Tercer Reicli. líl

incentivo para inducir a los países a aceptar


34 HISTORIA DE AMERICA LATINA

el aski-mark inconvertible era ofrecer precios más altos por sus exportaciones tradicionales; por ejemplo, para

Brasil, Colombia y Costa Rica, que buscaban nuevos mercados para el café, el mercado alemán adquirió una

creciente impor- tancia y su pérdida, al estallar la guerra, les acarrearía graves problemas. Uruguay, que tenía

problemas para acceder al mercado británico, vio crecer sus exporta- ciones al 23,5 por 100 del total en 1935. En

cambio, los convenios comerciales recíprocos promovidos por Cordell Hull no consiguieron un crecimiento de la

participación en el mercado de Estados Unidos, aunque contribuyeron a un incre- mento del valor absoluto del

comercio hasta la depresión de 1938. A finales de la década, el sector exportador todavía no había recuperado to-

talmente su inicial importancia, pero había contribuido en parte a la recuperación del PIB real desde 1932. Al

comparar 1928 y 1938 (véase el cuadro 1.1), se apre- cia que la mayoría de países considerados experimentó un

descenso en el índice de las exportaciones reales con respecto al PIB real; sin embargo, sólo en México,

Honduras y Argentina —los casos especiales ya examinados— hubo un descen- so significativo e incluso Brasil

tuvo un incremento. La recuperación del volumen de exportación en la mayoría de países latino- americanos

contribuye a explicar el brusco crecimiento del volumen de las im- portaciones a partir de 1932 (véase el cuadro

1.6). Sin embargo, esta no es la his- toria completa en lo que respecta al volumen de importaciones recobrado en

cada caso considerado (incluidos los tres donde el volumen de la exportación descen- dió). Las explicaciones

adicionales sobre el movimiento de las importaciones las proporcionan los cambios en los términos netos de

intercambio y las reducciones en los pagos de factores debido al atraso en el pago de la deuda, al control del tipo

de cambio y a la caída en los rendimientos de ganancias. De esta manera, incluso en Argentina —donde la deuda

externa fue pagada puntualmente y el volumen de las exportaciones cayó— los movimientos favorables en los

TN1 y la reducción de las remesas de utilidades hicieron posible un incremento anual en el volumen de

importaciones del 4,6 por 100 entre 1932 y 1939. El crecimiento del volumen de artículos importados en cada

república a par- tir de 1932 es tan sorprendente que vale la pena examinar la correlación entre los cambios en las

importaciones reales y el PIB real. Para doce de las naciones de las que existen datos disponibles —es decir,

todas aquellas del cuadro 1.1 excepto Uruguay— era positiva, con un coeficiente de correlación en mínimos

cuadrados de 0,75 por lo menos —el cual es significativo al nivel del 1 por 100. Tomando en cuenta la opinión

común de que los años treinta fueron un período de recuperación económica sostenido por la industrialización de
sustitución de importaciones y la contracción de la importación, este resultado es un saludable recordatorio de la

importancia abrumadora del sector externo y del comercio exterior aun después de la depresión de 1929. Vale la

pena explorar este punto más profundamente ya que el punto de vis- ta común está tan firmemente arraigado. La

sustitución de importaciones en la industria fue en efecto importante, como veremos en la siguiente sección, y

du- rante el decenio comprendido entre 1928 y 1938 el índice de importación real cayó respecto al PIB real. Sin

embargo, la contracción de la importación fue más seria en los peores años de la depresión (1930-1932) y ejerció

una intensa presión sobre las importaciones de bienes de consumo. A partir de 1932, el crecimiento industrial fue

capaz de satisfacer gran parte de la demanda de bienes de consu-


LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 35
mo antes satisfecha por las importaciones, pero al mismo tiempo las importa- ciones reales se elevaron más
rápido que el PIB real en virtualmente todos los casos cuando la propensión marginal a importar permaneció muy
alta. La compo- sición de las importaciones se distanció de los bienes de consumo —particular- mente de bienes
de consumo perecederos—, pero el desenvolvimiento económico era aún extremadamente sensible al
crecimiento de la importación y dependien- te de él. Sin la recuperación de las importaciones, o una mejora de
los TNI como mínimo, habría sido mucho más difícil para América Latina en la década de los treinta emprender
una exitosa ISI.
LA RECUPERACIÓN DE LA ECONOMÍA NO EXPORTADORA

La recuperación del sector exportador, sea en términos de volumen, o sea en términos de precios y en muchos

casos en ambos términos, contribuyó al creci- miento de las economías latinoamericanas en la década de 1930. El

renacimien- to del sector exportador, junto con políticas monetarias y fiscales poco estrictas, produjeron una

expansión de la demanda interna final nominal. Ésta correspon- dió a un incremento en la demanda interna final

real que permitió al sector no exportador expandirse rápidamente en algunos casos, pues los incrementos del

precio se mantuvieron en un nivel muy modesto en la mayoría de repúblicas. El sector manufacturero fue el

principal beneficiado, aunque la agricultura para con- sumo interno (ACI) también creció y hubo un incremento

significativo en algu- nas actividades no comercializables como la construcción y el transporte. Argentina fue el

único país donde la recuperación del PIB real no estuvo aso- ciada con la recuperación del sector exportador. Por

el contrario, los valores nominal y real de las exportaciones continuaron descendiendo en Argentina muchos años

después de que el PIB real alcanzase su nadir en 1932. Sin embar- go, Argentina tenía una estructura industrial

más amplia y más sofisticada (con excepción de los textiles) que cualquier otra nación a finales de los años

veinte y esta madurez industrial permitió al sector manufacturero sacar de la recesión a la economía argentina
respondiendo a la abrupta alteración en los precios relati- vos de bienes extranjeros y bienes locales producida

por la depresión. El cambio de precios relativos —que afectaban a todos los bienes de impor- lación y no sólo a

los bienes manufacturados— surgió por tres razones. Primero, el difundido uso de aranceles específicos en

América Latina significaba que la lasa del arancel comenzaba a subir a medida que los precios de las importacio-

nes caían; los aranceles específicos —una desventaja grave en un período de pre- cios en alza— produjo una

progresiva protección en tiempos de precios decre- cientes, incluso sin la intervención estatal; sin embargo, la

mayoría de repúblicas respondieron a la depresión con la subida de aranceles, dando así un mayor ajus- te a la

protección nominal. Estos incrementos estuvieron en muchos casos dirigidos a elevar los ingresos fiscales

principalmente, pero —como es habitual— actua- ron como una barrera proteccionista contra la importación.

Venezuela, por ejem- plo, vio la tasa promedio de los aranceles elevarse desde el 25 por 100 a finales de los años

veinte hasta más del 40 por 100 a finales de los treinta.21


'.'.I. VY;isi' W. Knrlsson, Miiinifiirliir'my, in Venezuela, lísloi-olino, l')75, p. 220.
36 HISTORIA DE AMERICA LATINA

La segunda razón para la alteración de los precios relativos fue la deprecia- ción del tipo de cambio. A inicios

de la década de 1930, cuando prácticamente ¡os precios estaban en descenso en todas partes, una depreciación

nominal del tipo de cambio era una garantía razonable de devaluación real. A mediados de los años treinta,

dados los pequeños incrementos de precios en algunos países, la devaluación real sólo quedaba asegurada si la

depreciación nominal excedía la diferencia entre los cambios de los precios internos y los externos. Muchos paí-

ses, particularmente los más grandes, cumplieron estas condiciones y la política cambiaría se convirtió en un

instrumento poderoso para reorientar los precios rela- tivos en favor de los bienes producidos internamente que

competían con las importaciones. Aquellas repúblicas que utilizaban múltiples tipos de cambio (la mayoría en

América del Sur), tuvieron una oportunidad adicional para elevar el costo en moneda nacional de aquellos

bienes de consumo importados que las empresas locales estaban en mejores condiciones de producir. El control

de cambios proporcionó la tercera razón para la alteración de los precios relativos. Las cuotas de divisas para las

importaciones de carácter sun- tuario efectivamente elevaron su costo en moneda nacional incluso sin devalua-

ción real. De esa forma, algunos de los países que mantenían la paridad de su tipo de cambio con el dólar

norteamericano todavía disfrutaron de una devalua- ción de fado como resultado del control de cambios. La
excepción notable es Venezuela, donde el bolívar se apreció fuertemente frente al dólar e hizo desa- parecer

gran parte de la ventaja que ofrecía el incremento de los aranceles. La alteración de los precios relativos,

sumada al control del cambio en muchos casos, proporcionó una oportunidad excelente a los manufactureros en

aquellos países donde la industria ya estaba afirmada. Aquellos países donde el sector manufacturero tenía

capacidad disponible antes de 1929 estuvieron mejor preparados incluso; en ellos, la producción podía

responder inmediatamen- te a la recuperación de la demanda interna y a la alteración de los precios relati- vos

sin necesidad de costosas inversiones que dependieran de bienes de capital importados. Un grupo de países

latinoamericanos se hallaba en esta situación. Se ha men- cionado ya a Argentina. Brasil, aunque mucho más

pobre que Argentina, había estado desarrollando de modo constante su base industrial y había aprovechado las

favorables circunstancias de los años veinte para expandir su capacidad ma- nufacturera. México había tenido

una ola de inversiones industriales durante el porfiriato y, después del tumulto revolucionario, había comenzado

a invertir otra vez en modesta escala. Entre los países medianos, Chile había construido con éxito una base

industrial relativamente sofisticada incluso antes de la primera guerra mundial, y Perú había disfrutado de un

auge de inversiones industriales en la década de 1890 que sólo se sostuvo en períodos de precios relativos

favora- bles posteriormente. Colombia, cuyo progreso industrial había quedado detenido por su fracaso en

construir un fuerte mercado interno en el siglo xix, comenzó finalmente a formar una importante base industrial

en los años veinte. Entre las repúblicas más pequeñas, sólo se puede considerar a Uruguay que había estable-

cido un sector manufacturero moderno con empresas atraídas por la concentración de población y altos ingresos

en Montevideo, la capital. Estas siete repúblicas eran las mejor situadas para aprovechar las condicio- nes

excepcionales creadas para el sector manufacturero cuando la demanda inter-


LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 37
CUADRO 1.7
Indicadores del sector industrial

(I) (2) (3) (4) Argentina 7,3 22,7 122 12,7 Brasil 7,6 14,5 24 20,2 Chile 7,7 18,0'- 79 25,1 Colombia 11,8 9,1 17

32,1 México 11,9 16,0 39 20,1 Perú 6,4" 10,0d 29 s.d. Uruguay 5,3* 15,9 84 7,0

NOTAS: (1) Tasa anual de crecimiento de la producción manufacturera neta, 1932-1939. (2) índice (%) de la

producción manufacturera neta respecto al PIB en 1939 (precios de 1970). (3) Producción manufacturera neta per

cápita (en dólares de 1970 traducidos al cambio oficial), c. 1939. (4) Número de trabajadores por
establecimiento, c, 1939. " 1933-1938;* 1930-1939; '• 1940; d 1938. FUENTES: Véase el cuadro 1.1; también, G.

Wythe, Industry in Latín America, Nueva York, 1945; C. Boloña, «Tariff Policies in Perú, 1880-1980», tesis

doctoral inédita, Universidad de Oxford, 1981.

na se comenzó a restablecer. En efecto, la tasa anual de crecimiento de la pro- ducción manufacturera neta superó

el 10 por 100 en unos cuantos casos (véase el cuadro 1.7). Aunque la capacidad disponible fue utilizada primero

para sa- tisfacer el incremento de la demanda, ésta había comenzado a quedar agotada a mediados de la década.

En México, las gigantescas fundiciones de hierro y acero en Monterrey —no rentables durante la mayor parte del

siglo— fueron finalmente capaces de rendir saludables dividendos cuando la capacidad utiliza- da llegó al 80 por

100 en 1936." Por consiguiente, la demanda sólo pudo ser satisfecha con nuevas inversiones que implicaban la

compra de bienes de capital importados. De ese modo, la industrialización comenzó a modificar la estructura de

las importaciones con una proporción decreciente de bienes de consumo y una creciente proporción de bienes

intermedios y de capital. Argentina siguió siendo la nación más industrializada, tanto en términos de la

participación de las manufacturas en el PIB como en los de la producción manu- facturera per cápita (véase el

cuadro 1.7). Sin embargo, el sector manufacturero brasileño hizo considerables progresos en la década de 1930.

Pese al descenso del precio mundial del café, el ingreso en moneda nacional derivado del café se redu- jo mucho

menos gracias al programa de apoyo al café, y las exportaciones de algodón proporcionaron una dinámica nueva

fuente de ganancias. Al mismo tiem- po, la combinación entre depreciación real, alza de aranceles y control de

cambios dio a los consumidores un fuerte incentivo para sustituir los artículos importados

??,. Véase S. Haber, Indiisirv and Undcrdcvelopmcnt: llw IndusírializcUion of Mc.xico, IN'H) l')-l(). Slanlord,

Cal., 1<W), p. 177.


38 HISTORIA DE AMERICA LATINA

por productos locales. Este estímulo estaba operando en otros países, pero sus limitaciones de la capacidad

impidieron muchas veces a las empresas responder más positivamente. No obstante, la capacidad manufacturera

en Rrasil había sido notablemente ampliada debido al alto grado de importaciones de bienes de capi- tal posible

durante la década de 1920. En consecuencia, las empresas brasileñas estuvieron preparadas para satisfacer la

demanda no sólo en las industrias tradi- cionales, como los textiles, los zapatos, los sombreros, sino también en

nuevas industrias que producían bienes de consumo duradero e intermedio. Incluso la industria brasileña de
bienes de capital avanzó en los años treinta. Sin embargo, su participación en el valor agregado fue sólo del 4,9

por 100 en 1939.23 La industrialización brasileña, por tanto, se mantuvo acentuadamente dependiente de la

importación de bienes de capital, y por eso las limitaciones de la capacidad comenzaron a reaparecer a finales de

los años treinta en varias ramas. Al igual que en otros grandes países latinoamericanos, estas restricciones de la

capacidad industrial incentivaron las tareas que empleaban trabajo intensivo y la sustitución del capital por

trabajo donde quiera que fuera posible. El em- pleo manufacturero creció en Brasil rápidamente, favoreciendo

particularmente a Sao Paulo donde la tasa de crecimiento se mantuvo por encima del 10 por 100 a partir de 1932.

En efecto, los insumos del trabajo «explican» la mayor parte del crecimiento de la industria brasileña en los años

treinta, pues los incrementos de la productividad fueron reducidos. En consecuencia, ¡a eficiencia de esta indus-

trialización y la capacidad de las empresas para competir internacionalmente pueden ser puestas en duda. La

industrialización en los años treinta provocó un cambio importante en la composición de la producción industrial

en los principales países latinoamerica- nos. Aunque los textiles y los alimentos elaborados continuaron siendo

las ramas más importantes de las manufacturas, varios sectores nuevos comenzaron a adqui- rir importancia por

primera vez, entre los que se contaban los bienes de consumo duraderos, productos químicos (incluidos los

productos farmacéuticos), metales y papel. El mercado para los bienes industriales comenzó también a

diversificarse; aunque la mayoría de empresas continuó vendiendo bienes de consumo (durade- ros y

perecederos) a los hogares, las relaciones interindustriales se hicieron más complejas, toda vez que un conjunto

de establecimientos proveía de insumos necesarios a otras industrias, que antes los solían comprar en el

extranjero. Estos cambios fueron significativos, pero no deben ser exagerados. A finales de la década de 1930,

por ejemplo, la participación de la industria en el PIB era todavía modesta (véase el cuadro 1.7). Sólo en

Argentina la participación supe- raría el 20 por 100 e incluso allí la agricultura era todavía más importante. Pese

a su reciente esfuerzo industrial, el sector manufacturero de Colombia represen- taba menos del 10 por 100 del

PIB real en 1939. Brasil y México habían hecho un progreso destacado hacia la industrialización, pero el

producto neto de las manufacturas per cápita en ambos países estaba muy por debajo de los niveles en Argentina,

Chile y Uruguay (véase el cuadro 1.7). Hubo otros problemas que el sector industrial afrontó en los años treinta.

Atraído por el muy protegido mercado interno, este sector no tenía incentivos
23. Véase Fishlow, «Origins and Consequences of Import Substitution in Brazil», cua- dro VII.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 39

para superar sus abundantes ineficiencias y para comenzar a competir en el mer- cado exportador. A finales de la

década de 1930, el sector era todavía de una escala diminuta con un número promedio de trabajadores por

establecimiento que iba del 7,0 en Uruguay al 32,1 en Colombia (véase el cuadro 1.7). La pro- ductividad de la

fuerza de trabajo era también baja, el valor añadido por trabaja- dor incluso en Argentina era un cuarto del nivel

de Estados Unidos, y en la mayoría de países más de la mitad de la fuerza laboral estaba empleada en la pro-

ducción de alimentos y textiles. Los problemas de la baja productividad del sector industrial pueden atribuir- se a

la escasez de electricidad, la falta de trabajo cualificado, el acceso restringi- do al crédito y el uso de maquinaria

anticuada. A finales de los años treinta, los gobiernos de varios países aceptaron la necesidad de una intervención

estatal indi- recta en favor del sector industrial y establecieron varios organismos estatales para promover la

formación de nuevas actividades manufactureras con economías de escala y maquinaria moderna. Un notable

ejemplo fue la Corporación de Fomen- to de la Producción (CORFO) de Chile, así como corporaciones similares

para el desarrollo formadas en Argentina, Brasil, México, Bolivia, Perú, Colombia y Ve- nezuela. La mayor parte

de estas corporaciones aparecieron demasiado tarde como para tener gran impacto sobre los desarrollos

industriales en curso en los años treinta —CORFO, por ejemplo, se formó en 1939—, de modo que su influencia

se apreció más en la década de 1940. En unos pocos casos, la intervención estatal fue más bien directa que in-

directa. La nacionalización de la industria del petróleo en México en 1938 puso las refinerías petroleras bajo

dominio público; la propiedad estatal en el Uruguay socialdemócrata se extendió a las plantas cementeras y a las

procesadoras de car- ne. Sin embargo, la industria fue generalmente controlada por intereses privados internos,

entre los que desempeñaron un papel vital los inmigrantes recién llega- dos de España, Italia y Alemania. ¡Sólo

en Argentina, Brasil y México hubo filia- les de propiedad extranjera de compañías internacionales importantes e

incluso en esos países su aporte a la producción industrial global fue pequeña. El cambio en los precios relativos

de los bienes nacionales y extranjeros favoreció a la agricultura de sustitución de importaciones (ASI) tanto como

al ISI. El modelo basado en la exportación antes de 1929 había llevado la espe- cialización hasta el extremo de

que la importación de muchos alimentos y ma- terias primas era necesaria para satisfacer la demanda interna. El

cambio en los precios relativos proporcionó una oportunidad para modificar esto y alentó la producción de la

agricultura para el consumo interno (ACI). La expansión de la agricultura para el mercado interno fue
particularmente impresionante en el área del Caribe. Estas pequeñas repúblicas, que carecían de una base

industrial significativa, tuvieron en la ASI una manera fácil de com- pensar la falta de oportunidades en la ISI. A

finales de la década de los veinte, la especialización y la existencia de numerosos enclaves de propiedad

extranjera habían creado una gran demanda de alimentos importados para alimentar al pro- letariado rural y la

creciente población de los centros urbanos; con un excedente de tierra y trabajo, sumado a los incentivos

proporcionados por el cambio en los precios relativos, fue comparativamente una cuestión sencilla expandir la

pro- ducción inlerna a cosía de las importaciones. Aunque la ASI íuc unís importadle en las pequeñas repúblicas
de América
40 HISTORIA DE AMERICA LATINA

Central y el Caribe, afectó también a América del Sur. Se puede discernir una pauta clara para muchos productos

agrícolas, cuya importación sufrió un brutal descenso en la depresión a consecuencia del colapso del poder de

compra y que luego no pudieron recobrar el alto nivel anterior a la depresión, mientras que la producción interna

de alimentos y materias primas crecía. Las principales excep- ciones (por ejemplo; algodón, cáñamo) fueron

todas materias primas requeridas por el sector industrial en rápida expansión, de modo que los artículos importa-

dos siguieron siendo importantes. El cambio en los precios relativos de los bienes nacionales y extranjeros fue un

factor importante para la expansión de la ACI y la industria. Sin embargo, los bienes y servicios no

comercializados en el mercado internacional también avan- zaron, en conformidad con el crecimiento de la

economía real y la recuperación de la demanda nacional final. La orientación de recursos hacia el sector indus-

trial y el crecimiento concomitante de la urbanización impulsaron la demanda de energía, por ejemplo, y

estimularon nuevas inversiones en fuentes de elec- tricidad (incluidas presas hidroeléctricas), la explotación

petrolera y las refine- rías de petróleo. El desfase entre oferta y demanda fue un problema constante durante la

mayor parte de la década de 1930, pero la existencia de un exceso de demanda fue un estímulo poderoso para el

crecimiento tanto de los servicios públicos como de la industria de la construcción. La industria de la

construcción se benefició también de las inversiones en el sistema de transportes. En los años treinta, el auge

ferroviario de América Latina había concluido, pero la región apenas había comenzado a desarrollar el sistema

vial necesario para satisfacer la demanda de camiones, autobuses y auto- móviles. La construcción de carreteras

—predominantemente financiada por el Estado— tuvo el gran mérito de utilizar trabajo y materias primas locales
y de no ser notoriamente dependiente de importaciones complementarias. En toda América Latina hubo una

expansión de la red vial en los años treinta, con un cre- cimiento particularmente impresionante en Argentina,

que proporcionó una opor- tunidad para absorber a la fuerza de trabajo desempleada en muchas áreas rurales. La

expansión del sistema vial requirió un incremento del gasto público que implicó una presión adicional sobre los

limitados recursos fiscales del Estado. Algunos gobiernos autoritarios, tales como el régimen de Ubico en

Guatemala, recurrieron a la coerción para obtener la fuerza laboral necesaria para la expan- sión del sistema vial.

Una vez edificada, sin embargo, la red vial permitió a las regiones aisladas comercializar el excedente agrícola y

contribuir al crecimiento de la ACI, lo cual se ha demostrado claramente en el caso del Brasil.24 El sistema de

transporte aéreo también se amplió rápidamente en la década de 1930, aunque comenzó desde un nivel tan bajo

que su capacidad para trans- portar pasajeros y carga se encontraba estrictamente limitada a finales del dece- nio.

Sin embargo, en países donde la geografía impedía o dificultaba los viajes por tren o por autopista, la creación de

un sistema de transporte aéreo fue un paso importante hacia la modernización y la integración nacional. En

Honduras, por ejemplo, donde el presidente Carias otorgó el monopolio a un empresario neoze- landés como

premio por el papel que desempeñó en la conversión de aviones


24. Véase N. Leff, Underdevelopment and Development in Brazjl, vol. 1, Londres, i 982, p. 181.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 41

civiles en cazabombarderos durante la guerra civil de 1932, los recién organiza- dos Transportes Aéreos

Centroamericanos (TACA) tuvieron una participación importante al comunicar las aisladas provincias orientales

con la capital. Finalmente, mientras la depresión en Europa y América del Norte se abría paso en el sistema

financiero de los países desarrollados, con la retirada masiva de depósitos y el colapso bancario convertidos en

experiencia normal, América Latina pasó los peores años de la depresión con apenas un daño limitado a su sis-

tema financiero. Además, los años treinta presenciaron la creación de nuevos bancos centrales, la expansión de

las compañías de seguros y el crecimiento de la banca secundaria (incluidas las corporaciones estatales para el

desarrollo). La estabilidad del sistema financiero fue muy notable si se considera la estre- cha relación entre

muchos bancos y el sector exportador. Como el valor de los ingresos de la exportación se hundió a partir de

1929, muchos exportadores no pudieron cumplir sus Compromisos financieros y la situación empeoró más para

los bancos cuando los gobiernos declararon una moratoria de las ejecuciones de hipotecas. Sin embargo, las
reformas financieras generales de los años veinte (impulsadas en muchos casos por el profesor Kemmerer)

habían llevado a la creación de un sistema financiero más fuerte en América Latina con reglas cla- ramente

definidas en el período de la depresión. La novedad del sistema hizo que en muchos países los índices de la

reserva en metálico estuvieran por encima de los límites legales, lo que permitió absorber el inevitable declive de

depósitos. Una segunda explicación para la supervivencia del sistema bancario la da el con- trol de cambios. Las

estrechas relaciones entre los bancos en América Latina y las instituciones financieras extranjeras habían

generado una gran dependencia respecto a los fondos extranjeros; la existencia del control de cambios rescató a

un conjunto de bancos de la obligación de hacer pagos de interés o de capital a los acreedores externos, lo que de

otra manera podría haber ocasionado su banca- rrota. De todas formas, quizá la más importante razón fue el papel

del sistema bancario en financiar el déficit presupuestario de la década de 1930. Los bancos contribuyeron

generosamente a la emisión de bonos locales por los gobiernos y fueron premiados con un flujo constante de

pagos de intereses; la financiación bancaria del déficit puede haber contribuido al alza de precios en América

Lati- na a partir de inicios de los treinta, pero la inflación se mantuvo reducida y el cobro de intereses se convirtió

en una útil fuente de ingresos para los bancos. Además, cuando el sector exportador comenzó a recuperarse, los

bancos fueron capaces de retornar a una relación más normal con muchos de sus clientes tradi- cionales y

algunos comenzaron a aprovechar las nuevas oportunidades que se abrían fuera del sector exportador.

La recuperación de América Latina en los años treinta fue rápida (véase el cuadro 1.6). El PIB real en Colombia,

donde la depresión había sido relativa- mente suave, superó el nivel más alto anterior a la depresión ya en 1932.

Brasil lo consiguió en 1933, México en 1934, y Argentina, El Salvador y Guatemala en 1935. Chile y Cuba,

donde la depresión fue particularmente seria, tuvieron que esperar hasta 1937, mientras la infortunada Honduras

—abrumadoramente de- pendiente de la exportación de bananas— tuvo que esperar hasta 1945. Con una

población que crecía alrededor del 2 por 100 por año, la mayoría de los países habían recuperado el nivel anterior

a la depresión del PIB real per cápita a fina- les de 1930. I ,as excepciones más graves fueron Honduras y

Nicaragua.
42 HISTORIA DE AMERICA LATINA
CONCLUSIÓN

La depresión mundial que comenzó a finales de los años veinte se transmitió a América Latina a través del sector
externo. En casi todos los casos, la recupe- ración de la depresión se asoció también a la recuperación del sector

externo. El crecimiento de las exportaciones, unido al cese del pago de la deuda, a una reducción de las remesas

de utilidades, y a una mejora de los TNI, permitió un crecimiento sustancial en el volumen de las importaciones,

con el cual se halla en estrecha correlación el crecimiento del P1B real en la década de 1930. Se combinaron

políticas fiscales y monetarias poco estrictas, el cambio en los pre- cios relativos favorable a la producción

interna que competía con las importa- ciones y el acceso a artículos de importación complementarios mediante

una menor restricción de la balanza de pagos, para producir un cambio estructural significativo en la década de

1930, que favoreció particularmente al sector manufacturero en los países más grandes y la agricultura para

consumo interno en los más pequeños. El comportamiento de las economías latinoamericanas en los años treinta

no debería ser visto entonces como un «momento decisivo», como se ha expresado tan frecuentemente, aunque la

década sí marcó un hito importante en la transi- ción del crecimiento basado en las exportaciones tradicionales a

la ISI. Es ver- dad que el sector industrial era particularmente dinámico y que crecía más rápi- do que el PIB real

en la mayoría de países. Pero esto había ocurrido también en los años veinte. Sólo en el caso de Argentina, donde

el sector manufacturero lide- ró la recuperación de la depresión a inicios de los años treinta, se puede sostener

que, a comienzos de la década, la economía había alcanzado un nivel suficiente- mente avanzado para que su

funcionamiento no pudiera ser afectado seriamente por el descenso del volumen de la exportación. En otras

partes, no hay evidencia de que los países más grandes, con una base industrial más amplia, se hayan desenvuelto

mejor que los más pequeños, carentes prácticamente de un sector manufacturero moderno; en ambos casos, su

resultado dependió en alto grado de la recuperación de la capacidad de importar y, en el caso argentino, incluso

fue sensible a la significativa mejora de los TNI a partir de 1933. Sin embargo, se puede argumentar que el

crecimiento industrial había produ- cido un cambio tanto cualitativo como cuantitativo en la estructura de las

econo- mías de las repúblicas más grandes a finales del decenio. En los años cuarenta y cincuenta, estos cambios

maduraron hasta el punto de que la industria y el PIB real en muchas repúblicas fueron capaces de orientarse en

la dirección opuesta a la exportación de bienes primarios, por lo que el modelo de crecimiento ba- sado en la

exportación dejó de ser una descripción adecuada de su funciona- miento. En consecuencia, los cambios en los

años treinta pueden ser vistos como los que establecieron los fundamentos para una transición hacia el modelo

puro de sustitución de importaciones, que alcanzó su fase más intensa en las décadas de 1950 y 1960. Con
seguridad, esto es exacto respecto a Brasil, Chile y México, que se habían sumado a Argentina a finales de los

años treinta como los únicos países que habían impulsado la industrialización y el cambio estructural hasta con-

seguir que la demanda interna no fuera ya determinada por el sector exportador. El cambio más importante en la
década de 1930 consistió en susliluir las
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 43

políticas económicas autorreguladoras por el uso de instrumentos de política que tenían que ser activados por las

autoridades. A finales de los años veinte, la fide- lidad al patrón oro había dejado a la mayoría de repúblicas

latinoamericanas sin una política cambiaría independiente; el funcionamiento del patrón oro también hizo que la

política monetaria fuera predominantemente pasiva, donde los flujos de entrada y salida del oro condicionaban

los movimientos en la oferta moneta- ria para producir el ajuste automático al equilibrio externo e interno.

Incluso la política fiscal había perdido mucha de su importancia; en las repúblicas más pequeñas, la diplomacia

del dólar y un gran número de condicionamientos habían llevado en muchos casos al control extranjero de los

aranceles —la fuen- te más importante de rentas fiscales—, y en los países más grandes, la «danza de los

millones» había vuelto más fácil financiar el gasto con préstamos externos que mediante la reforma fiscal. El

hundimiento del patrón oro forzó a todos los países a tratar la cuestión de la política cambiaría. Unas cuantas

repúblicas (pequeñas) se inclinaron por vincu- larse al dólar norteamericano, abandonando así el tipo de cambio

como un ins- trumento activo. La mayoría de países, incluidos algunos pequeños, optaron por un tipo de cambio

controlado. En economías de gran apertura, el tipo de cambio tiene un efecto inmediato y potente sobre los

precios de muchos bienes, de ma- nera que es el único determinante de importancia de los precios relativos y de

la asignación de los recursos; una política cambiaría independiente también alienta la formación de grupos de

presión para influir a los gobiernos en favor de las alteraciones en el tipo de cambio que favorezcan sus intereses.

No es sorpren- dente que muchos países de América Latina en los años treinta optaran por un sistema de

múltiples tipos de cambio para equilibrar estas presiones competiti- vas. Esa es la razón de que en 1945, después

de la Conferencia de Bretton Woods, el recién organizado Fondo Monetario Internacional encontrase que treinta

y uno de los cuarenta países que operaban con sistemas de múltiples tipos de cambio en el mundo eran

latinoamericanos. La constricción de la balanza de pagos en los años treinta, sumada al control estatal, hizo que

el movimiento de divisas —dinero de origen externo— dejara de ser un determinante importante de la oferta
monetaria. En cambio, la moneda de baja ley fue movilizada más por el déficit presupuestario gubernamental y la

política de redescuento del banco central, mientras que los cambios en el índi- ce de reservas afectaron al

multiplicador monetario. Así, los cambios en la oferta monetaria se debieron más a los cambios en la moneda de

origen interno, lo que implicaba la adopción de una política monetaria más activa por casi todas las repúblicas.

Las principales excepciones fueron aquellos países, como Cuba y Panamá, que carecían de un banco central y

fueron, por tanto, incapaces de influenciar la oferta monetaria a través de cambios en la base monetaria. La

recuperación del sector exportador y la capacidad de importar no necesa- riamente implicó un incremento en el

valor del comercio exterior. Por tanto, el ingreso fiscal proveniente de los impuestos al comercio quedó

seriamente afec- tado y la reducción no quedó completamente compensada por la disminución de gastos en el

pago de la deuda externa a causa de la moratoria; la crisis provocó la reforma fiscal y una política fiscal más

activa en todos los países. Una opción preferida fue el alza de los aranceles, aunque se puede detectar un cierto

giro hacia los-impuestos directos renta y propiedad- en los años treinta, así como
44 HISTORIA DE AMÉRICA LATINA

la introducción de una variedad de impuestos indirectos sohx- H > "ir.umo inter- no. A finales de la década, la

correlación entre.el valor del comcum .- -temo y el ingreso fiscal se había relajado, socavando por tanto un

vínculo eM-ncial en el funcionamiento del modelo orientado a la exportación. La adopción de políticas

cambiarías, monetarias y fiscales mas apesivas fue tan difundida, que es difícil sustentar la tesis de que las

iipublu as latinoameri- canas pueden dividirse entre grandes países que adopianm politn as -activas» y pequeños

países que siguieron políticas -pasivas-. Aunque ludas las grandes naciones asumieron efectivamente políticas

activas, también lo liicicion muchas pequeñas repúblicas, incluidas Bolivia, Costa Rica, lidiador, Jil Salvador,

Nicara- gua y Uruguay. Los casos más obvios de países pasivos (Cuba, Haití, Honduras y Panamá) fueron todos

semicolonias de Estados Unidos en los años treinta, pero no todas las semicolonias (por ejemplo, Nicaragua)

pueden ser descritas como pasivas. Estos cambios en la utilización de los instrumentos clave de la política eco-

nómica no equivalen a una revolución intelectual. Al contrario, la teoría del desa- rrollo hacia adentro estaba

todavía en sus inicios, el sector exportador era aún dominante y sus partidarios eran aún poderosos políticamente.

No obstante, las opciones afrontadas por los gobernantes en los años treinta en las áreas de polí- tica cambiaría,

monetaria y fiscal marcaron un importante paso en el camino hacia la revolución intelectual asociada a la
Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de la ONU después de la segunda guerra mundial y en el

desa- rrollo explícito de un modelo de sustitución de importaciones. La conducción de la política en los años

treinta mostró que la asignación de recursos podía ser afec- tada sensiblemente por los precios relativos; la

respuesta del sector manufactu- rero en las repúblicas más grandes fue un saludable recordatorio de cuan eficaz

puede ser la política económica. La conducción de la política económica en los años treinta fue bastante exi- tosa

y se compara favorablemente con la experiencia de los años que siguieron a la segunda guerra mundial. La

carencia de experiencia de los dirigentes fue com- pensada de diversas formas. En primer lugar, los funcionarios

a cargo de la polí- tica fiscal y monetaria (por ejemplo, Raúl Prebisch en el Banco Central de Argentina) fueron

casi siempre teenócratas muy preparados que aprovecharon la ignorancia general de la ciencia económica y

fueron capaces de tomar decisiones en un contexto relativamente apolítico. En segundo lugar, una perfecta

previsión y una información perfecta —dos condiciones requeridas para llegar a la conclu- sión de esperanzas

racionales sobre la inefectividad de la política gubernamen- tal— estaban claramente ausentes en los años treinta,

de modo que había mucho menos peligro de que el proyectado impulso de cambio en la política económica fuera

frustrado por la omnisciencia del sector privado. En tercer lugar, la acele- ración de la inflación, el azote de la

política económica en el período posterior a la segunda guerra mundial, era un problema mucho menor en los

años treinta. La ilusión monetaria (basada en parte en la falta de estadísticas de precios), los pre- cios

decrecientes en la economía mundial y la capacidad disponible en la econo- mía interna implicó que las políticas

económicas estaban en menor riesgo de hundirse en el círculo vicioso del déficit presupuestario y de la inflación.

Las políticas fiscales y monetarias poco estrictas en los años treinta sostu- vieron el crecimiento de la demanda

interna final, lo cual (como muestra el cua-


LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1929-1939 45
dro 1.5) fue de enorme importancia para sacar a los países de la depresión y pro- porcionar el estímulo necesario para el
crecimiento de bienes importables y de bienes y servicios no comercializables en el exterior. Relacionado con este creci-
miento estuvo el incremento en la urbanización, de modo que varias repúblicas podían ser consideradas como
preponderantemente urbanas a finales de la década de 1930, a la vez que todos los países experimentaron un gran descenso de
la población clasificada como rural.
Aunque el funcionamiento económico en los años treinta —al menos a par- tir de 1932— fue por lo general satisfactorio, hubo
un conjunto de desviaciones de la pauta regional. Algunas repúblicas —los países de recuperación lenta en el cuadro 1.4—
quedaron marcadas por el estancamiento e incluso la decaden- cia de la actividad económica. El problema básico fue que el
sector exportador permaneció deprimido durante la mayor parte de los años treinta por razones ajenas al control de los
gobernantes; en Honduras, por ejemplo, la exportación bananera se hundió a partir de 1931 a raíz de la propagación de una
plaga en las plantaciones bananeras y el valor real de las exportaciones no alcanzó el mismo nivel de 1931 hasta 1965. En
estas circunstancias, la expectativa de recuperación estaba en el sector que competía con las importaciones (ASI e ISI), pero la
pequeña dimensión del mercado hizo difícil compensar el declive del sector exportador.
Los países de «recuperación media» se recobraron de la depresión apoyán- dose prioritariamente en el sector exportador, con
las importantes excepciones de Argentina y Colombia. Por consiguiente, el crecimiento económico en los años treinta no
implicó un cambio estructural significativo y hubo poca modificación en la composición de las exportaciones. En Bolivia, la
recuperación dependió esencialmente de la formación del cártel internacional del estaño en 1931, que consiguió más altos
precios para los exportadores de este mineral, lo que redun- dó en más altos ingresos al Estado debidos a los impuestos a la
exportación. El sector exportador se expandió en Colombia, pero su crecimiento fue ensombre- cido por el auge espectacular
del sector manufacturero donde el aumento de la producción textil fue particularmente impresionante. En Argentina, sin
embargo, el sector exportador se estancó en términos reales, de modo que la recuperación dependió esencialmente del
sector-no exportador, cuyo funcionamiento, fuera en la industria, la construcción o las finanzas, fue generalmente satisfactorio;
por tanto, es difícil inferir que la decadencia a largo plazo de la economía argentina se iniciara en los años treinta.
En los países de «recuperación rápida» entran tanto repúblicas donde el im- pacto de la depresión fue relativamente menor
(por ejemplo, Brasil) como los países donde fue muy severa (por ejemplo, Chile y Cuba). Por tanto, el rápido crecimiento de
estos últimos consistió principalmente en una «recuperación» de la producción real perdida en los peores años de la depresión,
aunque Chile tam- bién gozó de un respetable nivel de la nueva ISI. En Brasil, por otra parte, el rápi- do crecimiento incluyó
adiciones al producto real; aunque la recuperación de la exportación fue importante, la estructura de la economía brasileña
comenzó a orientarse hacia la industria. Brasil, sin embargo, siguió siendo abrumadoramen- (e pobre, en 1939 tenía un PIB
real per cápita que era apenas un cuarto del de Argentina y el 60 por 100 del promedio latinoamericano. México también diV
l'niló de un importante cambio estructural; la reforma agraria bajo el presidente
46 HISTORIA DE AMERICA LATINA

Cárdenas (1934-1940) fortaleció la agricultura no exportadora, el listado se con- virtió en una importante fuente

ele inversión y muchas compañías en los siviores de la'industria y de la construcción comenzaron a apoyarse en

los contratos del sector público. Los años treinta en América Latina no pueden presentarse como una radical

ruptura con el pasado, aunque la década tampoco representa una oportunidad perdida. En un contexto externo

generalmente hostil, la mayoría de países logra- ron reconstruir su sector externo; casi todos expandieron la

producción de artícu- los importables donde era factible, y acrecentaron la oferta de bienes y servicios no

comercializables en el comercio exterior. Estos cambios proporcionaron la base para un crecimiento significativo

del comercio intrarregional a comienzos de los años cuarenta, cuando el acceso a las importaciones del resto del

mundo quedó interrumpido. Los cambios en la política económica de los años treinta fueron generalmente

racionales; una retirada absoluta del sector exportador y la construcción de una economía semicerrada habría

implicado un incremento masivo en la ineficiencia; un compromiso esclavizante al modelo de creci- miento

basado en la exportación habría limitado la región a una asignación de recursos que ya no era compatible con una

ventaja comparativa dinámica a largo plazo. Los historiadores económicos, que tratan de detectar el período del

siglo xx en que la política y el comportamiento económicos de América Latina se desca- rriaron seriamente,

deben mirar más allá de los años treinta.


Capítulo 2
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-c. 1950
Este capítulo examina las tendencias del comportamiento económico de Amé- rica Latina y la política económica

latinoamericana durante la segunda guerra mundial y el período que siguió a ésta, poniendo de relieve

principalmente la interacción de las economías latinoamericanas con la economía internacional. Como se ha

señalado en el capítulo anterior, en los años treinta el funciona- miento económico de América Latina estaba aún

basado en la exportación de bienes primarios, aunque en la mayoría de los países la industria creció más rápido

que el producto interior bruto real (PIB). La política económica logró la extraordinaria hazaña de estimular a la

vez las exportaciones primarias y el desarrollo industrial, lo cual fue un importante logro, ya que las

exportaciones primarias eran la principal fuente de divisas para la importación de bienes intermedios y de capital.

Hacia los años cincuenta, sin embargo, América Lati- na se hallaba totalmente aferrada a la industrialización de

sustitución de impor- taciones (ISI), cuya característica clave fue una fuerte discriminación de las exportaciones

combinada con una necesidad mayor de divisas. Es decir, dis- criminaba un sector que era esencial para su

funcionamiento. Debemos com- prender, por tanto, cómo y porqué la política pasó de la relativa coherencia de

los años treinta a las contradicciones de los cincuenta. Este capítulo examina- rá, en primer lugar, el impacto de

la segunda guerra mundial en las economías latinoamericanas y, en segundo lugar, la evolución de las políticas

económicas —y del comportamiento económico— en los años inmediatos a la guerra. El análisis tendrá

necesariamente que abarcar la década de 1950, ya que nuestra conclusión es que el rechazo explícito del viejo

modelo de crecimiento basado en las exportaciones y la consolidación del nuevo modelo de crecimiento de la I

SI y de desarrollo económico hacia adentro ocurrieron, al menos en los paí- ses más j.'.randes, entre finales de los

años cuarenta y mediados de la década de l().S().


48 HISTORIA DE AMERICA LATINA
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Arthur Lewis ha descrito los años 1913 a 1939 como «una época de disloca- ción y de experimentación» en la

economía mundial.1 La primera juierra mundial actuó como un catalizador al abrir grietas y mostrar las

cambiantes cslriicluras: hacia 1918 el viejo sistema centrado en Londres y el patrón oro se encontraban en

descomposición, y el dominio de Estados Unidos en los circuitos comerciales y de capital era evidente. Sin

embargo, el sistema no estaba preparado para cam- biar en un sentido real: el pensamiento contemporáneo sólo
podía buscar resta- blecer las viejas formas, volviendo al patrón oro o incluso a una paridad mone- taria

inadecuada. Se omitía el grado en que el viejo sistema había dependido para tener éxito no sólo de un equilibrio

subyacente sino de un único centro, Londres. Como ahora existían más de un centro financiero y una oferta

mucho más amplia de fondos inconstantes a corto plazo, el sistema se hizo peligrosamente inestable. Estados

Unidos, que al finalizar la guerra tenía un balance de créditos a largo plazo de 3.300 millones de dólares

(equivalente a más de un 40 por 100 de sus exportaciones de bienes anuales),2 no adoptó la conducta del

«acreedor cauto» que importa bienes para permitir a los deudores pagar y presta prudentemen- te para proyectos

que fomenten la capacidad de pago. Adoptó, en cambio, polí- ticas proteccionistas y buena parte del capital

exportado por banqueros privados inexperimentados adoptó la forma de préstamos que financiaron proyectos

aven- turados y extravagantes. El crac de 1929 puso en evidencia la debilidad funda- mental del sistema. Por

consiguiente, durante la década de 1930, la mayoría de gobiernos siguieron políticas puramente defensivas

dominadas por un creciente proteccionismo y controles de cambios que sólo permitían un crecimiento lento del

comercio mundial. Hubo poca inversión extranjera durante ese período; en efecto, el flujo principal de capital iba

hacia Estados Unidos que una vez más se convirtió en un deudor neto. Aunque afectado profundamente por la

ruptura del sistema internacional durante la primera guerra mundial y en particular por la depresión de 1939, el

período de 1913 a 1939 no fue para América Latina de depresión generalizada. Por el contrario, especialmente en

los años treinta, se logró un crecimiento sig- nificativo. La industria de sustitución de importaciones surgió como

el sector de vanguardia en la mayoría de los países más grandes y la agricultura para consu- mo interno en

algunos de los más pequeños. En algunos casos notables, como los de Brasil y Colombia, la recuperación

económica ocurrió antes de que las expor- taciones volvieran a los niveles de los años veinte, y se debió en gran

medida a una gestión heterodoxa: controles comerciales, cambiarios y de capital, y gasto público anticíclico. Con

la industrialización y la expansión de la intervención del Estado los prerrequisitos para un nuevo modelo de

crecimiento diferente al mo- delo basado en la exportación comenzaron a tomar forma. Sin embargo, como se ha

demostrado en el capítulo anterior, aunque en la década de 1930 la confianza en la exportación de bienes

primarios se vio claramente como una vía incierta,


1. W. A. Lewis, Economic Survey, 1919-1939, Londres, 1949, p. 12. 2. Barbara Stallings, Banker to the Third World: U.S. Portfolio Investment
in Latín Ame- rica, 1900-1986, Berkeley y Los Ángeles, Cal., 1987, p. 345 (hay trad. cast.: Banquero para el Tercer Mundo: inversiones de
cartera de Estados Unidos en América Latina, 1900-/986, Méxi- co, D.F., 1990).
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 49
estas políticas se combinaban aún con una promoción activa de las exportacio- nes tradicionales, utilizando la

depreciación del tipo de cambio y otras medidas, con la ayuda de la recuperación de los términos de intercambio.

Esta política fue necesaria dado el peso económico y político de los sectores primarios en las economías

latinoamericanas. El único país que siguió un sendero diferente fue Argentina, una excepción que confirma la

regla, pues en su caso la diversificación económica había reducido ya el peso del sector primario. Con el estallido

de la guerra en 1939, las repúblicas latinoamericanas se enfrentaron no sólo a problemas legales y políticos

comunes, sino también a pro- blemas económicos comunes, ya que sus fuentes de suministro, sus mercados de

exportación, servicios de transporte y recursos financieros quedaron amenaza- dos.3 Los británicos bloquearon a

Alemania a partir de septiembre de 1939, pero los efectos del bloqueo tardaron en hacerse sentir. En junio de

1940, sin em- bargo, cuando Italia entró en la guerra y Alemania controlaba gran parte de la costa europea,

América Latina había perdido no sólo el mercado alemán, sino la mayor parte del europeo, que había absorbido

el 30 por 100 de las exporta- ciones latinoamericanas y había proporcionado una gran porción de importacio- nes.

Las adquisiciones británicas continuaron pero se limitaban cada vez más a los bienes esenciales —azúcar y

petróleo, pero no tabaco, por ejemplo. El cobre chileno fue reemplazado por suministros de las posesiones

británicas, pero se compró gran cantidad de alimentos y de materias primas en otros países en la costa oriental de

América Latina. En consecuencia, el valor de las importacio- nes británicas de América Latina creció en 1939 y

1940. Pero para preservar las reservas de oro y divisas de Gran Bretaña, estas importaciones tenían que pagar- se,

en lo posible, por medio de una cuenta de esterlinas que sólo podía ser utili- zada para financiar compras en Gran

Bretaña o en sus posesiones y para el pago a los acreedores británicos. Una misión fue enviada a América del Sur

en 1940 para explicar la posición británica, y su deseo de reducir los perjuicios para las economías

latinoamericanas al mínimo, pero cuando ésta ya había partido, el gabinete británico decidió que sería necesario

limitar los volúmenes comprados a los países fuera de la comunidad y posesiones británicas. A su vez, Gran

Bretaña tenía menos para exportar. Las exportaciones a Amé- rica Latina comenzaron a caer en 1941 y

continuaron cayendo. Las crecientes tarifas de carga y los precios en alza contribuyeron a la caída. El principal

pro- blema económico para América Latina comenzó a ser la acumulación de grandes excedentes de exportación

—trigo, maíz, aceite de linaza, café, cacao, azúcar y bananas—, cuyos precios descendieron inevitablemente, y

también de exceden- tes de pieles, madera, algodón, nitratos y metales, aunque de éstos la guerra esta- ba creando
una demanda mayor. Los países más duramente afectados fueron aquellos con conexiones comerciales más

estrechas con Europa que con Estados Unidos. En Brasil, la caída de las exportaciones de café había tenido

inicialmen- tc como contrapeso las compras británicas de carne, pero perdió un tercio de sus antiguos mercados.

En Argentina, el 40 por 100 del comercio exportador normal


3. I .a siguiente descripción del efecto de la segunda guerra mundial en América Latina se luisa en fian parle en la excelente fuente secundaria
para el período: R. A. Humphreys, Latín Ainnini muí ilir Secoiul World Wtir, vol. 1: 1939-1942, y vol. 2: 1942-1945, Londres, 1981 y
1')«.'.
50 HISTORIA DE AMERICA LATINA

quedó cercenado. En Chile, hubo excedentes de productos acucólas, lana y maderas, así como de nitratos. En

junio, Perú había vendido solo MU tercio de su cosecha de algodón. Un país no europeo, Japón, intentó sacar

provecho del bloqueo europeo para proteger su propio abastecimiento de materias primas esenciales lín 1940

forma- lizó un pacto con Argentina, ratificó un acuerdo comercial con lliuj'iiay, firmó un convenio petrolero con

México y sus compras de minerales chilenos y de algodón peruano y brasileño crecieron. I'ero Japón cía incapaz

ilc proporcionar los bienes que América Latina deseaba y que Europa había proporcionado ante- riormente,

además había un fuerte sentimiento antijaponés, bil ímpetu comercial japonés se mantuvo en 1941, pero se vio

obstaculizado cada vez más en la adqui- sición de materias primas cruciales por convenios entre Estados Unidos

y varios países latinoamericanos y por el cierre del canal de Panamá a la navegación japo- nesa. Las relaciones

comerciales quedaron suspendidas con el ataque japonés a Pearl Harbor. Estados Unidos era muy consciente de

los peligros que para la solidaridad panamericana planteaban las dificultades económicas de América Latina. En

la Conferencia de ministros de Asuntos Exteriores americanos, celebrada en Panamá en septiembre de 1939 para

discutir principalmente la neutralidad en la guerra y la protección de la paz en el hemisferio occidental, se

debatió también la coope- ración económica y se tomó la decisión de establecer un Comité Asesor ínter-

americano Económico y Financiero (CAIAEF). El CAIAEF creó a su vez una Comisión Interamericana de

Desarrollo para estimular el incremento de importa- ciones no competitivas a Estados Unidos, el comercio

interamericano y el desa- rrollo de la industria latinoamericana. Esbozó un estatuto para que un Banco

Interamericano ayudase a la estabilización de la moneda y del desarrollo eco- nómico, pero la idea no fue bien

recibida en ese momento. En junio de 1940, el miedo a una Europa dirigida por el Eje impulsó a Roosevelt a

plantear la idea de un gigantesco cártel para controlar el comercio en el hemisferio occidental, pero no tuvo eco.

Sin embargo, se establecieron una Compañía de Reserva de Caucho y una Compañía de Reserva de Metales para
adquirir y almacenar existencias de materias primas estratégicas utilizadas en la producción de armas y

municiones en América Latina y en otras partes. El Banco de Exportación e Importación fue fortalecido con una

inyección de nuevo capital y se convirtió en un instrumento primordial del control de Estados Unidos sobre las

fuentes de materias primas de la región. La Conferencia de ministros de Asuntos Exteriores en La Habana en

julio de 1940 pidió del CAIAEF que tratase de desarrollar un convenio sobre las mercancías. Para ello planeó la

Convención Interamericana del Café que se llevó a cabo en abril de 1941 y estableció las cuotas básicas de

exportación para los países productores de café. Las compras de productos agrícolas fueron impul- sadas en parte

por el deseo de mantener el suministro fuera del control del Eje y en parte también por la percepción general de

que la supervivencia económica era un componente importante de la solidaridad hemisférica.

En septiembre de 1940, el Banco de Exportación e Importación había con- certado un convenio con Brasil para

dar un crédito de 20 millones de dólares para construir una planta siderúrgica en Volta Redonda, proyecto al que

Ja em- presa alemana Krupps había mostrado interés en apoyar. En noviembre, la Com- pañía de Reserva de

Metales se comprometió a comprar por cinco años casi todo


LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 51

el estaño boliviano, excepto el producido por las compañías mineras de Patino (los mayores productores), el

cual se vendía a Gran Bretaña. Estados Unidos también compró cobre y nitratos chilenos en gran cantidad. En

consecuencia, el comercio entre Estados Unidos y América Latina creció. En comparación con las de 1938, en

1940 las exportaciones de Estados Unidos a América Latina crecie- ron un 45 por 100 y las importaciones de

América Latina en un 37 por 100.4 Otra tendencia significativa fue el incremento del comercio

interlatinoamericano y los esfuerzos por aumentarlo. Argentina, por ejemplo, firmó convenios con Brasil,

Bolivia, Colombia y Cuba, y ratificó un pacto con Chile. De modo que Estados Unidos comprendía muy bien

que la defensa hemis- férica tenía tanto fundamentos económicos como políticos y militares. Se ha- bían

propuesto varios medios para enfrentarse con los excedentes de exportación y los precios decrecientes y para

fortalecer las economías latinoamericanas, y se habían tomado algunas medidas prácticas. Pero, aunque las

exportaciones de América Latina a Estados Unidos habían crecido, el incremento de las expor- taciones de

Estados Unidos a América Latina había sido mucho más grande. A finales de 1940, América Latina tuvo un

enorme balance comercial negativo con Estados Unidos. A raíz del ataque contra Pearl Harbor, Estados Unidos
se involucró más pro- fundamente en la guerra y entró a combatir no sólo contra Japón, sino con Ale- mania e

Italia en diciembre de 1941, con lo que América Latina quedó más gra- vemente afectada. En primer lugar,

Estados Unidos exigió un compromiso con la causa aliada. En segundo lugar, se abrieron posibilidades de

mayor ayuda eco- nómica a cambio de su solidaridad y apoyo y en respuesta a las crecientes nece- sidades

estratégicas. En la Conferencia de ministros de Asuntos Exteriores en Río de Janeiro en enero de 1942 se tomó

la decisión de romper las relaciones comerciales y diplomáticas con las potencias del Eje: sólo los países del

cono sur se mantuvieron distantes de esta posición. La postura de México cambió radical- mente a lo largo de

1941 en favor de una intensa colaboración con Estados Uni- dos. México y la mayoría de países

centroamericanos y caribeños declararon la guerra inmediatamente después de Pearl Harbor. En agosto de 1942

Brasil fue el primer país suramericano en declarar formalmente la guerra. Fue seguido por Bolivia en abril de

1943, y Colombia en 1944. Los beneficios llegaron rápidamente. Al convenio previo para comprar esta- ño

boliviano siguieron una serie de convenios para la compra de materiales es- tratégicos de México, Brasil, Chile,

Perú y Argentina. En consecuencia, la de- manda de ciertos productos, anteriormente excedentarios, amenazó

con superar a la oferta, y la de otros bienes, incluidos varios productos agrícolas y forestales, creció

considerablemente. El Banco de Exportación e Importación ofreció en- tonces créditos para la construcción de

carreteras (especialmente la autopista panamericana), para la adquisición de equipos de transporte y maquinaria,

y para proyectos de desarrollo. En Brasil, Estados Unidos dio prioridad especial a los encargos de acero,

maquinaria y equipos en Volta Redonda, y decidió facilitar í'encialmente el envío de materiales requeridos por

la industria brasileña. La misión Cooke a Brasil (1942) fue una de las numerosas misiones de cooperación

tremen y comercial estadounidenses a América Latina. En Perú, los fondos de


•I, I liinipliivys, ¡.mili America muí lile Sccoml Worltl Wm; I, p. 57.
52 HISTORIA DE AMERICA LATINA

Estados Unidos y las exportaciones contribuyeron a organizar la Corporación Peruana del Santa (hierro y acero).

Se formalizaron convenios para la estabili- zación en varios países, incluidos Brasil y México. La inversión,

pública y priva- da, de Estados Unidos en América Latina comenzó a crecer, particularmente en las áreas

esenciales de transporte y comunicaciones. En 19 13 estos sectores representaban el 31 por 100 del total de la

inversión extranjera dilecta en Améri- ca Latina, comparada con el 15 por 100 de 1924.'' No es sorprendente que
algunos de los efectos más fuertes fueran apreciados en México, donde, el 15 de julio de 1941, se concluyó un

convenio comercial según el cual Estados Unidos se comprometía a comprar la producción comple- ta de once

materiales estratégicos mexicanos y a proporcionar las mayores faci- lidades para la exportación de aquellos

productos más necesarios para la indus- tria mexicana. El 19 de noviembre, después de meses de paciente

negociación (y creciente exasperación en el Departamento de Estado por la intransigencia de las compañías

petroleras), se llegó a un acuerdo general sobre todos los pro- blemas principales de la nacionalización de la

industria del petróleo, lo que puso finalmente las relaciones entre ambos países sobre una firme base de amistad y

cooperación. En una serie de convenios, Estados Unidos prometió ayuda finan- ciera para estabilizar el peso

mexicano, para comprar plata mexicana en gran cantidad, para proporcionar préstamos y créditos, para completar

la parte mexi- cana de la autopista panamericana, y para negociar un tratado comercial. México se comprometió

a pagar 40 millones de dólares a los ciudadanos norteamerica- nos. En lo referente al contencioso petrolero, una

comisión conjunta de dos exper- tos debía establecer el valor de las propiedades expropiadas y recomendar el

mon- to y el método de compensación. Las recomendaciones de los expertos fueron realizadas, y aceptadas el 19

de abril de 1942, para gran indignación de las com- pañías. Se hicieron algunas modificaciones mínimas, pero un

capítulo largo y difícil de las relaciones México-Estados Unidos quedó cerrado con el convenio. En julio de 1943

la Comisión Mexicano-Norteamericana para la Cooperación Económica emitió un informe en que examinaba los

problemas a largo y corto plazo de la economía mexicana, tomando como principio directriz la industriali- zación

de México a un ritmo tan rápido como fuera compatible con las restric- ciones necesarias en el uso de materiales

y equipos durante la guerra. Un resul- tado del informe fue el establecimiento de una comisión industrial que

esbozó un programa económico mínimo para 1944, que comprendía veinte proyectos, incluidos los de desarrollo

de las industrias siderúrgica, textil, cementera, pape- lera y química, al costo de unos 24 millones de dólares;

también aprobó un conjunto de proyectos a gran escala, y fue responsable de la creación en junio de 1944 de una

Comisión Agrícola de México y Estados Unidos. Los países exceptuados de este flujo de beneficios

estadounidenses fueron los del Cono Sur renuentes en mayor o menor grado a ligar su suerte a los Esta- dos

Unidos. Argentina, sin embargo, aprovechó la necesidad de Gran Bretaña de carne y en menor grado de cueros,

aceite de linaza y trigo. El Reino Unido nece- sitaba carne tanto para su población civil como para sus fuerzas de

combate; y, con cierto fundamento, no tenía confianza en que se pudieran conseguir adecua- dos reemplazos de
la carne argentina en Estados Unidos o en otros países. Esto
5. Naciones Unidas, Foreign Capital in Latín America, Nueva York, 1955, pp. 155 y 160.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 53

hizo del Reino Unido un involuntario participante de la campaña estadounidense para presionar a Argentina. En

junio de 1943 ocurrió el golpe que tres años más tarde llevaría al primer gobierno peronista. Pese a su enérgica

desaprobación del nuevo régimen, el ministro de Alimentación británico formalizó un nuevo con- trato hasta

octubre de 1944 para la compra de carne argentina por Gran Bretaña en representación de las Naciones Unidas y

otro para la de huevos. El Departa- mento de Estado estaba ansioso de que el gobierno británico emitiera una

decla- ración que disipase toda sospecha de que la firma del contrato sobre la carne implicase en algún sentido la

aprobación a la neutralidad argentina; y el Foreign Office escogió la firma del contrato sobre los huevos como el

momento apropia- do para emitir tal declaración. En diciembre de 1943, el gobierno boliviano fue derrocado por

un golpe nacionalista, y Cordell Hull, un secretario de Estado virulentamente antiargenti- no, quiso imponer

sanciones contra Argentina por su supuesto apoyo. El Foreign Office instó a que no se tomasen medidas

precipitadas, señalando que en 1944 Argentina estaría proporcionando el 14 por 100 del trigo, el 70 por 100 de

acei- te de linaza, el 40 por 100 de reses, el 29 por 100 de carne enlatada y el 35 por 100 de los cueros que

importaba Gran Bretaña.6 Consideraba que la cuota de car- ne de Gran Bretaña no podía ser recortada. Los jefes

del estado mayor británico temían que las operaciones militares en 1944 no pudieran continuar como se había

planeado a menos que la ración de carnes de los civiles fuera drásticamente reducida; consideraban que una

reducción en el abastecimiento de cueros tendría un efecto grave en la capacidad operativa militar a finales de ese

año y que una escasez de aceite de linaza afectaría el mantenimiento del material y la produc- ción de camuflaje

esencial. Sólo cuando Argentina declaró por fin la guerra contra Japón y Alemania en marzo de 1945, Estados

Unidos revocó las restricciones a las ventas y compras argentinas. Gran Bretaña reanudó las negociaciones para

un convenio sobre la carne a largo plazo, que habían sido suspendidas por deseo de Estados Unidos en

noviembre de 1944, pues ahora el Departamento de Estado daba su consenti- miento, aunque más tarde surgirían

reparos fundados en que el contrato transgre- día los principios de un comercio multilateral y no discriminatorio.

Chile tampoco deseaba romper con las potencias del Eje. La prensa chilena argüía que Estados Unidos no podía

ofrecer protección a Chile, y que Chile, que estaba suministrando cobre y otros minerales estratégicos a Estados

Unidos —un convenio se había firmado con la Compañía de Reserva de Metales el 29 de ene- ro de 1942—,
podía contribuir mejor a la defensa hemisférica al no romper con las potencias del Eje que con un rompimiento.

La propaganda del Eje alimentó las ideas de que Estados Unidos estaba intentando ejercer sobre Chile una pre-

sión indecorosa, y que Perú, y en consecuencia Bolivia, estaban resultando más favorecidas que Chile. Los

productos importados de Estados Unidos eran muy pocos —las cuotas de petróleo habían comenzado en abril—

y esta escasez se atribuía equivocadamente a la discriminación económica. El gobierno chileno tam- poco

estableció los controles económicos y financiero que había recomendado la conferencia de Río sobre las

empresas «indeseables», para asegurar el total con- trol gubernamental de las telecomunicaciones con el Eje y los

países bajo su
(i. 1 liinipliirys, ¡.tilín America and lite Scconil World War, II, p. 155.
54 HISTORIA DE AMERICA LATINA

dominio, y para impedir la continuación de relaciones comerciales y financieras con ellos.

• Una nota de Estados Unidos al gobierno chileno en octubre de 1942 decla- raba que, mientras no se ejerciera un

control efectivo sobre las empresas de los países considerados hostiles a los aliados, sería difícil para Estados

Unidos pro- porcionar bienes que podían acabar finalmente en manos de intereses enemigos y de individuos

cuyas actividades estaban socavando la defensa hemisférica. Gran Bretaña y Estados Unidos intentaban dar

preferencia a países que les garantiza- ban que los suministros no beneficiarían indirectamente a los intereses del

Eje. La posición chilena cambió gradualmente; Estados Unidos prometió que un con- venio de arriendo y

préstamo sería firmado cuando se produjera una ruptura con las potencias del Eje. En enero de 1943 las

relaciones fueron rotas y en marzo se firmó el atrasado convenio de arriendo y préstamo. ¿Qué significó entonces

la segunda guerra mundial para el proceso de tran- sición económica? Ante todo, después de la primera guerra

mundial y de la de- presión de 1929, representó otro golpe para el modelo basado en la exportación, que esta vez

dejaba patente su vulnerabilidad a la disponibilidad de importacio- nes y de transporte y a la inestabilidad de los

mercados de productos primarios a los conflictos políticos mundiales. Cabe ver estos golpes acumulativamente:

el resultado del último golpe fue que los países más grandes del continente estu- vieron por fin preparados para

responder a la creciente sensación de la necesidad de una fuente endógena de dinamismo. Sin embargo, lo que es

paradójico sobre este impacto externo y contribuye a explicar la ambigüedad de la subsiguiente evolución de la

política, es que no aumentó la autonomía latinoamericana; por el contrario, como hemos visto, fue acompañada
por un crecimiento abrumador de la influencia de Estados Unidos, a medida que este país intentaba salvaguardar

los suministros existentes e impul- sar el desarrollo de nuevos recursos esenciales. En México, por ejemplo, la

trans- formación de las relaciones con Estados Unidos fue tan completa, que ya en ¡ 942 el ministro de Asuntos

Exteriores mexicano describía la frontera como una línea de unión no de división. Observaciones como estas

resultaban asombrosas, si se tiene en cuenta el encarnizado enfrentamiento por el petróleo ocurrido entre ambos

países sólo cuatro años antes.7 Durante este período, los vínculos eco- nómicos entre Brasil y Estados Unidos se

reforzaron considerablemente y contri- buyeron a fortalecer los crecientes lazos entre la industria brasileña y los

milita- res. De las economías más grandes, sólo Argentina resistió la expansión de la influencia y presencia de

Estados Unidos. Entre las sorprendentes paradojas de los años de la guerra, y una de sus con- secuencias

principales, estuvo la paulatina intervención económica de Estados Unidos en América Latina junto con el mayor

papel de los gobiernos nacionales, incluido el uso de controles directos. En gran parte de América Latina, los in-

tereses del sector privado comenzaron a estar más estrechamente ligados a los del gobierno, de manera muy

similar a como sucedió en Estados Unidos, donde el gobierno cooptó a los líderes de las empresas para planificar

y ejecutar un con-
7. Véase Stephen R. Niblo, The impact of War: México and World War II, La Trobe Uníversíty Institute of Latín American Studies, Occasional
Paper n.° 10, Melbourne, 1988, pp. 7 ss.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 55
CUADRO 2.1
Indicadores económicos latinoamericanos, 1940-1945

Porcentaje déla Porcentaje de la industria industria Coste de la PIB per en el PIB, en el PIB, vida, 1945 Exportaciones" cápita*

1940 1945 (1939=100)


Argentina 4,0 1,2 23 25 133 Bolivia 2,4 s.d. s.d. s.d. 320 Brasil 12,1 0,3 15 17 247 Chile 1,5 2,4 18 23 233 Colombia 6,6 0,4 8

11 161 Costa Rica 0,9 -1,5 13 12 189 Cuba 15 s.d. s.d. 26c 205 Ecuador 18,9 2,0 16 18 s.d. El Salvador 12,8 -0,3 10 11 191

Guatemala 5,5 -7,3 7 13 191 Haití 19 s.d. s.d. 7 s.d. Honduras 2,7 0,8 7 7 146 México 4,6 4,6 17 19 200 Nicaragua -1,1 0,5 11

11 433 Panamá -2,5 s.d. s.d. 6 s.d. Paraguay 20,9 -0,1 14 16 233 Perú 4,5 s.d. s.d. 13 183 República Dominicana s.d. s.d. s.d.
s.d. s.d. Uruguay 5,4 1,3 17 18 133 Venezuela 9,7 2,6 14 15 134
NOTAS: " Tasa anual compuesta de crecimiento de artículos exportados en dólares cons- tantes; * tasa de crecimiento anual del PIB real a
precios de 1970;' manufacturas no azucareras en porcentaje de la producción total, esto es, el total es menor que el PIB.
FUENTES: Exportaciones: James W. Wilkie, Statistics and National Policy, suplemento 3, UCLA, Los Angeles, Cal., 1974. Los datos están
deflacionados según el índice de precios de exportación de Estados Unidos: 1930 = 100; 1940 = 1,07 y 1945 = 1,52; PIB: Comisión Econó-
mica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL), Series históricas de crecimiento en América Latina, Santiago de Chile, 1978; V.
Bulmer-Thomas, The Political Economy of Cen- tral America since 1920, Cambridge, 1987; Industria: CEPAL, Series históricas; Bulmer-Tho-
mas, The Political Economy of Central America; Cuba: C. Brundenius, Revolutionary Cuba, ¡he Challenge of Economic Growth with Equity,
Londres, 1984, p. 146; Coste de la vida: James W. Wilkie, Statistics and National Policy.
junto de nuevos proyectos. Estos dos desarrollos serían fundamentales para el nuevo modelo de crecimiento en el

período de posguerra. Hl efecto económico específico inmediato y más sobresaliente de la guerra l'uc el

crecimiento de las exportaciones (véase el cuadro 2.1) en respuesta a la CRvienle demanda de productos

primarios. Casi todos los países experimentaron un crecimiento tic la exportación en precios constantes de más

del 4 por 100 por ano. Sin emban'o, la capacidad de un país para beneficiarse de esto variaba am-
56 HISTORIA DE AMÉRICA LATINA

pliamente. En el caso de los minerales, los controles de precios y los pagos atrasados representaban pocos

beneficios extra. Esto explica el crecimiento re- lativamente limitado de los beneficios de la exportación para los

países expor- tadores de minerales, como Chile, Bolivia y Perú. Pero incluso cuando había beneficios

disponibles, había poco en qué gastarlos: hubo así una acumulación sustancial de reservas aunque también de

grado variable. Las reservas de divisas de Brasil crecieron el 635 por 100 entre 1940 y 1945, las de Colombia el

540 por 100, las de México el 400 por 100, las de Chile el 214 por 100, las de Argenti- na el 156 por 100 y las de

Perú el 55 por 100.8 En la industria operaban fuerzas contradictorias. La escasez de artículos importados alentaba

realmente nuevos proyectos de sustitución, que a su vez es- taban limitados por la escasez de bienes de capital

esenciales importados. El re- sultado neto fue la continuación del crecimiento industrial ya experimentado en la

década de 1930, pero con una nueva propensión hacia los bienes de capital y los insumos básicos. Ciertas

empresas que llegaron a ser importantes más tarde en la industria brasileña de bienes de capital, se transformaron

de talleres en fábricas durante este período.9 La insistencia de las misiones y asesores extran- jeros sobre el hierro

y acero y otros insumos básicos contribuyeron a impulsar el patrón de industrialización en una dirección que

luego sería desbordada por un renovado énfasis en los bienes de consumo. Además, comenzó en el continente la

exportación de manufacturas: las exportaciones textiles brasileñas y mexicanas pasaron de ser prácticamente cero

a finales de los años treinta al 20 por 100 de las exportaciones hacia 1945. En el caso de Brasil, muchas de estas

ventas se diri- gieron a otros países latinoamericanos; México también vendió fuera de la re- gión.10 Los

resultados respecto al crecimiento per cápita aparecen en el cuadro 2.1, donde se muestra que no existe

correlación entre el PIB y las exportaciones rea- les. Esto es inteligible en relación a los factores señalados: el

grado variable en que los países productores acumularon realmente beneficios de la exportación, y los límites

para utilizar divisas en una situación de guerra. En muchos casos, el impulso dado a la demanda por las
exportaciones y las dificultades para obte- ner importaciones alentaron la inflación inevitablemente, la cual se

originaba en los precios mundiales en alza. Pero las presiones aumentaron debido al impulso a incrementar la

oferta de los bienes de exportación, pues la tierra se dejó de de- dicar a la producción para el mercado interno. La

acumulación de grandes balan- zas de exportación agravaron el problema. El cuadro 2.1 muestra el comporta-

miento de los precios. Sólo Colombia parece haber puesto en funcionamiento instrumentos monetarios bastante

sofisticados para controlar las presiones de la demanda interna.11


8. Véase R. A. Ferrero, La política fiscal y la economía nacional, Lima, 1946, p. 39. 9. Véase Bishrmpriya Gupta, «Import Substitution \n
Capital Goods: the case of Brazil, 1929-1979», tesis doctoral inédita, Oxford, 1989.
10. ONU, CEPAL, Study of Inter-Latin American Trade, Nueva York, 1957, p. 25. 11. Sobre esto tenemos un testimonio desacostumbrado.
Robert Triffin, un famoso eco- nomista norteamericano experto en cuestiones monetarias, visitó Colombia en 1944, y escribió una breve
historia de la banca colombiana, que fue publicada como un suplemento de la Revis- ta del Banco de la República. Allí detallaba las medidas
tomadas para anestesiar el efecto del flujo de divisas de 1941 a 1943, dirigidas todas a aumentar el ahorro. Estas fueron una combi- nación de
impuestos directos y ahorro forzado a través de varias clases de emisiones de bonos
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 57

Una consecuencia grave de estas presiones inflacionarias fue la sobrevalora- ción del tipo de cambio. Muchos

países no podían percibir a corto plazo las venta- jas de devaluar, ya que las exportaciones se vendían a precios

fijos en convenios de compra directa con Estados Unidos. Como veremos, las fuertes desviacio- nes resultantes

del tipo de cambio «razonable» demostrarían ser uno de los as- pectos más desastrosos del período bélico. Un

efecto más positivo de las crecientes divisas fue que la deuda externa impagada de los años treinta pudo ser

satisfecha. Hacia 1943 varios países, por ejemplo México y Brasil, habían saneado completamente su notable

deuda, abriendo el camino para su renovada integración en los mercados internacio- nales de capital, que serían

un importante elemento del modelo de crecimiento de la posguerra.


LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA

Mientras en el período de entreguerras las señales que indicaban la necesidad de un cambio en el sistema

internacional eran débiles y conflictivas, en los años que siguieron a la segunda guerra se percibió claramente

que el sistema se había resquebrajado y que requería un gran cambio institucional. Un país, Estados Uni- dos,

era evidentemente el escenario principal de la economía mundial. Su capa- cidad productiva se había

incrementado el 50 por 100 durante la guerra y en 1945 producía más de la mitad del total mundial de los bienes

manufactura- dos. Aún más significativo, Estados Unidos poseía la mitad de la capacidad de transporte mundial

(comparada con sólo el 14 por 100 en 1939) y suministraba un tercio de las exportaciones mundiales, mientras

que consumía solamente una décima parte de las importaciones mundiales.12 Además, Estados Unidos estaba
totalmente preparado para actuar deliberada y afirmativamente para generar un cambio institucional y para

proporcionar los fondos que contribuyeran a la recu- peración. Al finalizar la guerra, los dirigentes

norteamericanos tenían una idea relativamente clara de los cambios que eran necesarios para reconstruir la eco-

nomía internacional. Primero, había que completar el desmantelamiento de los controles establecidos durante la

década de 1930 y que habían aumentado nece- sariamente durante la guerra. Esto implicaba un cambio en el

proteccionismo evidente antes de la guerra, y el fin de muchos tipos de intervención que habían proliferado con

la guerra. Segundo, la inflación, un mal inevitable de la época de la guerra, tenía ahora que ser domeñada.

Según el convenio de Bretton Woods de 1944 el objetivo era volver a un sis- tema de tipos de cambio estables y

a una oferta constante de capital a largo pla- zo para propósitos productivos. La creación del Fondo Monetario

Internacional
que debían ser tomados obligatoriamente por los bancos, la Federación Nacional de Cafeteros ilc Colombia y los importadores de capital.
Además, el 20 por 100 de las ganancias de todas las empresas tenían que invertirse en nuevos certificados, no negociables, a dos años con un
interés del i al •! por 100. Véase R. Triffin, «La moneda y las instituciones bancadas en Colombia», Hrvistti ilrl Banco tlr ln Itrpiíblini
(suplemento), junio de 1944, pp. 23-27.
I.'.. W. Asliworlli, A Slmrl llislory of ¡he World Economy Since 1850, Londres, 1975, p. .'<>K.
58 HISTORIA DE AMERICA LATINA

(FMI) y del Banco Mundial se plantearon en Bretton Woods paia i-DiiM-i-iiir ambos objetivos. Se restauró un

patrón «cambio oro» en el que las monedas con- vertibles (en la práctica el dólar) eran aceptadas como parte de

las divisas, En las dos décadas siguientes esta medida estableció el dólar como divisa. Tanto el I'MI como el

Banco Mundial asumieron el compromiso de presionar para la liberali- zad ón del comercio y de las cuentas de

capital. Al principio se esperaba que después de la inevitable ayuda de emergencia de inicios de la posguerra,

estas nuevas instituciones facilitarían bastante el flujo privado de financiación para agilizar el funcionamiento del

sistema. La verdad es que los problemas causados por el excedente comercial de Estados Unidos y la resultante

escasez de dólares, y la urgente necesidad de fondos de Europa, no se resolvieron fácilmente. En consecuencia,

se lanzó la iniciativa del «plan Mar- shall» en 1947, en la forma de un programa de reconstrucción de cuatro años

para Europa, que a cambio se comprometía a elevar la productividad y a rebajar las barreras aduaneras y la

inflación. Hacia 1953 las aportaciones estadounidenses al exterior sumaban desde la guerra 33.000 millones de

dólares, de los cuales 23.000 millones se habían destinado a Europa. En esa fecha, la recuperación europea se

había iniciado bien y evolucionaba favorablemente, y el comercio mundial en manufacturas comenzó a crecer

visiblemente. En 1951, sin embargo, América Latina era un área sin ningún programa de ayuda por parte de
Estados Unidos; Bélgica y Luxemburgo juntas recibieron más ayuda entre 1945 y 1951 que toda América

Latina." A diferencia del período posterior a la primera guerra mundial, cuando tales pasos hubieran sido

considerados amenazantes para el interés de sus industrias nacionales, Estados Unidos ya no se oponía a que sus

compañías invirtiesen directamente en manufacturas en el extranjero. El crecimiento económico llegó a ser

percibido entonces como la mejor protección para la democracia. En esta épo- ca las empresas de Estados Unidos

estaban interesadas en la industrialización del Tercer Mundo, ya que tal desarrollo podía proporcionar mercados

para sus pro- ductos y oportunidades de inversión.'4 Pero aunque la inversión estadouniden- se en América Latina

creció a finales de los años cuarenta, era relativamente baja en comparación con otros lugares, y con lo que

llegaría a crecer después. El flu- jo de capital total a América Latina era positivo en 1946-1950, pero negativo si

se excluye a Venezuela (petróleo) y Cuba (azúcar).15 Sólo con la guerra de Corea, cuando Estados Unidos buscó

extender su control sobre recursos minerales estra- tégicos en América Latina, se produjeron inversiones de

significativos capitales estadounidenses privados en, por ejemplo, yacimientos de hierro en Brasil y Venezuela,

de cobre y plomo en México y Perú, y de bauxita en el Caribe. Para Estados Unidos, América Latina no era un

punto central de interés ni en términos económicos ni políticos. Una vez que el movimiento comunista se

prohibió en un conjunto de países, tales como Brasil y Chile, se la consideró un


13. Stephen G. Rabc, «The Elusive Conference: United States' economic relations with Latín America, 1945-1952», Diplomatic History, 2, 3
(1978), p. 288.
14. Véase Sylvia Maxfield y James H. Nolt, «Protectionism and the Internationalization of Capital: U.S. sponsorsbip of import-substitution
industrialization in the Philippines, Turkey and Argentina», International Studies Quarterly, 34 (1990), pp. 49-81.
15. Naciones Unidas, The Economic Development of Latín America in the Post-war Period, Nueva York, 1964. p. 3.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C 1950 59
C U A D R O 2.2
Mercados de exportación de América Latina, 1938 y 1950 (porcentajes)
Exportaciones
Exportaciones a Estados Unidos
Exportaciones a América y Canadá

a Europa Latina
Argentina

1938 9,0 72.0 8,7 1950 20,4


51,4 11,1 Brasil
1938 34,6
49,1 4,8 1950 55,9
29,7 8,0 Chile
1938 15,9
52,4 2,5 1950 54,1 24,7 17,5 México
1938 67,4

27,4 6,7 1950 93,5


4,9 3,4
FUENTE: Naciones Unidas, Yearbook of International Trade Slatistics, Nueva York, 1954.

área relativamente a salvo de la amenaza comunista. Desde la perspectiva opues- ta, sin embargo, y considerando

la percepción latinoamericana de su dependen- cia respecto a Estados Unidos, encontramos que la guerra había

puesto de mani- fiesto muy definidamente el nivel de poder e influencia de Estados Unidos tanto en términos

económicos como políticos. La nueva hegemonía de Estados Unidos después de la guerra se reflejaba tanto en

los circuitos del comercio como en los de la inversión. Los cambios en las pautas comerciales de Argentina,

Brasil, México y Chile durante y después de la guerra se muestran en el cuadro 2.2. En cada uno de los casos, la

participación de Europa en las exportaciones del país bajó al menos un 20 por 100 entre 1938 y 1950, mientras

que la de Canadá y Estados Unidos cre- ció, especialmente en el caso de México. El comercio intrarregional

retrocedió después de la guerra, aunque no a su nivel previo, con excepción de México; pero los cuadros dejan

claro la persistente marginalidad esencial del comercio interre- gional. El interés por los convenios regionales de

comercio de la época de la gue- rra se desvaneció rápidamente; en Argentina, por ejemplo, había habido conside-

rable interés en una zona de comercio libre en el cono sur durante esta época.16 Aunque, comparada con Europa,

América Latina no recibió demasiada inver- sión de Estados Unidos después de la guerra, tampoco la tuvo de

Europa y la nue- va tendencia surgida en la década de 1920 continuó. Mientras que en los años veinte había un

rendimiento de la inversión ligeramente más alto para Europa que para listados Unidos, en 1949 Estados Unidos

estaba recibiendo diez veces más ingresos de América Latina que los que iban desde allí a otras partes del mundo

(véase el cuadro 2.3). Del incremento en valor contable de la inversión de Esta- dos Unidos en América Latina

entre 1936 y 1950, el 42 por 100 estaba en petró- leo venezolano, seguido por el 23 por 100 en Brasil y el 17 por

100 en Panamá.17
Id. I>. Rock, Argentina. lñl()-l<JX7. From Spanish Colonization to Alfonsín, Berkeley y Los Aliarles, California, 19X7, p. ^ 19. I / Naciones
Unidas, ¡•'t>n-iy,n Ciipilnl in Inlin Aincrica. Nueva York, 1955, p. 159.
60 HISTORIA DE AMERICA LATINA
C U A D R O 2.3
Balanza de pagos de América Latina, ¡925-1929, 1949 y 1950 (millones de dólares)
Ingresos de la
Capilal a largo Exportaciones Importaciones inversión plazo
(f.o.b.) (f.o.b.) . (neto)" (neto)''
1925-1929 (promedio anual):
Estados Unidos 990 840 300 200 Europa 1.460 910 -360 30
TOTAL 2.450 1.750 -600 230 1949
Estados Unidos 2.503 2.624 -550 588 Resto del mundo 2.592 1.845 -47 -104
TOTAL 5.095 4.469 -597 484 1950
Estados Unidos 3.090 2.658 -748 194 Resto del mundo 3.020 1.837 -7 -161
TOTAL 6.110 4.495 -755 33
NOTAS: " Incluye oro no monetizado; * incluye ganancias reinvertidas de filiales junto con amortización y readquisiciones de deuda externa a
largo plazo y transacciones con el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo; excluye donaciones gubernamentales.
FUENTE: Naciones Unidas, Comisión Económica para América Latina (ONU, CEPAL), Fo- reign Capital in Latín America, Nueva York,
1955, p. 163.

Tras promover enérgicamente la intervención estatal a causa de la guerra, Estados Unidos en 1945 estaba ansioso

por retroceder drásticamente. Sus repre- sentantes establecieron el «Acta Económica de las Américas» en la

Conferencia Interamericana sobre los Problemas de la Guerra y la Paz en Chapultepec, Méxi- co, D.F., en

febrero-marzo de 1945. Estados Unidos no sólo exigió un compro- miso global por parte de América Latina de

reducir aranceles y de dar acogida al capital extranjero, sino que condenó el nacionalismo económico y propuso

que se desalentase la empresa pública. Los participantes latinoamericanos pregunta- ron si los primeros pasos no

deberían provenir de Estados Unidos y del Reino Unido: ¿qué evidencia tenían de que Estados Unidos recibiría

las importaciones del sur? El documento final no contenía ningún compromiso sobre los aranceles, y aceptaba la

libertad de inversión excepto en casos contrarios a los principios fundamentales del interés público.18 Condenaba

sólo los «excesos» del naciona- lismo económico, y dejó de lado toda referencia a las empresas públicas. En

América Latina la opinión a favor del proteccionismo se había hecho más fuer- te. Como señaló posteriormente

un empresario mexicano, lo que los empresarios necesitaban era protección según el modelo de Estados Unidos."
18. S. Mosk, Industrial Revolution in México, Berkeley, California, 1950, pp. 17-19. 19. Ibid., p. 38.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 61

Los años 1945 a 1948 se caracterizaron por la continua esperanza latino- americana de que llegaría una sustancial

ayuda de Estados Unidos, y por la con- tinua renuencia de Estados Unidos, renuencia que se debía en parte a la

esperan- za de que, bajo la amenaza de perder su ayuda, otros países latinoamericanos presionarían exitosamente

a Argentina para que abandonase sus simpatías fascis- tas y sus políticas intervencionistas. 2" Varias conferencias

se pospusieron, y final- mente en la Novena Conferencia de la OEA celebrada en Bogotá en marzo y abril de

1948 quedó claro que Estados Unidos no tenía intención de ofrecer un plan Marshall a América Latina. 21

Entretanto, las conferencias de las Naciones Unidas que se efectuaron en La Habana (noviembre de 1947-marzo

de 1948), para considerar el establecimiento de una Organización Internacional de Comer- cio, tenían poco

tiempo para las propuestas latinoamericanas en favor del pro- teccionismo, aunque cierto éxito se consiguió

porque el grupo latinoamericano derrotó anteriores propuestas que habrían forzado a los países menos desarrolla-

dos a emprender negociaciones para reducir aranceles.22 La Comisión Económica para América Latina (CEPAL)
de la ONU, que apa- reció en 1948, pronto lanzó un importante desafío al pensamiento ortodoxo de la época. En

un corto período de tiempo, la nueva organización tuvo que probarse a sí misma que podía sobrevivir y el grupo

de jóvenes economistas asociados tuvo que demostrar que había un «punto de vista latinoamericano» válido. De

ello surgió, en 1949, la «tesis Prebisch»:23 su argumento básico —carente de coherencia inicialmente— era que

las mejoras de la productividad del pro- greso técnico en la industria en el centro no se reflejaban en precios más

bajos, sino que eran retenidas allí, mientras que en la periferia las mejoras de la productividad en el sector

primario eran menos significativas y los salarios se mantenían bajos por el excedente de mano de obra. Versiones

posteriores subrayaron más la cuestión de la demanda en el modelo: la asimetría del desa- rrollo de las

elasticidades de la demanda para las importaciones en el centro y la periferia, con las implicaciones resultantes

para el comportamiento de los tér- minos de intercambio. En el centro de este enfoque estaba el análisis de por

qué las economías latinoamericanas no respondían «automáticamente» a la señal del precio de los términos de

intercambio: la razón eran las «rigideces estructurales» —imperfecciones del mercado enraizadas en las

deficiencias estructurales y en
20. Rabe, «The Elusive Conference»; C. A. Macdonald, «The U.S., the Cold War and Perón», en C. Abel y C. M. Lewis, eds., Latín America:
Economic Imperialism and the State, Londres, 1985, pp. 411-412.
21. Rabe, «The Elusive Conference», pp. 286-287. 22. K. Kock, International Trade Policy and the GATT, 1947-67, Estocolmo, 1969, pp. 41-
•17. Durante este período, hubo intereses conflictivos dentro de la política estadounidense tam- bién, ya que los intereses empresariales
«internacionalistas» presionaban por oportunidades de inversión en el extranjero bajo barreras proteccionistas. Véase Maxfield y Nolt,
«Protectio- nisin», pp. 52-53.
.'.i. lil documento clave original es Economic Survey of Latín America, 1949, de la Co- misión Económica para América Latina (CEPAL) de las
Naciones Unidas. Véase el capítulo di- Jusepli 1,. l.ovc, «Economic Ideas and Ideologies in Latín America since 1930» (no re- producido aquí)
en (111 A, vol. VI, 1.a parte, pp. 393-460, para una exposición y bibliografía cúmplelas, y para un reeuenlo de la historia inicial de la CEPAL.
Véase también, E. V. K. Fitz- f-'.iM'nlil, ••l;,( I A and llie l'ormalion oí) ,alin America Economic Doctrine», en D. Rock, ed., Latin Ainciii a ni
i/i,- l't-IOs: Win iiml l'ostwar l'riinsilioiu Herkclcy, California, 1994.
62 HISTORIA DE AMÉRICA LATINA

las instituciones y los sistemas y valores políticos y sociales. Las economías lati- noamericanas, por tanto,

requerían una promoción deliberada del gobierno a la .industrialización. Los flujos de capital extranjero eran

útiles para íacililar la superación de las rigideces, pero la CEPAL de los años cincuenla consideraba que tales

flujos estaban formados en su mayor parte por capital público. La industrialización debía generar independencia

respecto a las exportaciones pri- marias inestables y estancadas. No se veía una contradicción en utilizar el capi-

tal extranjero, canalizado a través del gobierno, para conseguir csle objetivo y no se abordaron directamente

asuntos tales como las restricciones externas sobre las opciones de política. Sin embargo, se requería algo más

que las racionalizaciones previstas por la CEPAL: era necesaria una evolución de dos factores políticos para que
el modelo de desarrollo basado en la IS1 se estableciera de una manera estable. El primero se refería a los

prerrequisitos necesarios para el flujo de financiación foránea. Como se ha subrayado, la versión original de la

CEPAL hacía hincapié en el papel del capital extranjero público, y esto era coherente con el papel de éste

durante la segunda guerra mundial y con las esperanzas que se abrigaban sobre nuevos fondos, pues si Estados

Unidos miraba hacia la reconstrucción de pos- guerra en Europa, se suponía que miraría hacia otras partes

también. Sin em- bargo, retrospectivamente, sabemos que el modelo tal como se desarrolló en realidad no

dependió sustancialmente de fondos públicos, sino de la inversión extranjera directa. Para conseguirlo, fue

necesario un nuevo desarrollo de las delicadas relaciones entre el capital estatal, nacional y extranjero: sólo

cuando esto estuvo resuelto más completamente que en 1945 llegaría a hacerse evidente un claro compromiso

con la industrialización. El segundo elemento es una con- secuencia del primero: si el capital extranjero tenía

que entrar en América Latina en cantidad y sentirse seguro, entonces debía definirse la situación de la fuer- za

laboral. Las tendencias militantes surgidas durante y después de la guerra tenían que ser «controladas» en pro de

una adecuada confianza empresarial. El conflicto sobre la inversión privada extranjera puede ser estudiado en el

caso donde alcanzó más desarrollo (y ha sido mejor documentado): Brasil. Ya en sus comienzos el pensamiento

de la CEPAL halló eco en la burguesía industrial brasileña. La CEPAL articulaba las opiniones del grupo de

industriales liderado por Roberto Simonsen.24 Hubo una sólida y completa coincidencia de ideas, in- cluso en

privilegiar el papel del capital extranjero público antes que el privado. Las diferencias iniciales de énfasis

desaparecieron rápidamente: por ejemplo, inme- diatamente después de la guerra, la ambición de los

industriales estaba concen- trada en mantener y expandir los mercados de exportación. Al menos en Brasil, la

experiencia de las negociaciones para el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) de 1947 les

mostraron vividamente cuan renuentes eran los países metropolitanos a permitir en absoluto cualquier

penetración comercial; la vía estaba entonces preparada para aceptar la insistencia de la CEPAL en el mer- cado

interno. Pero durante los años cuarenta, este no era aún un proyecto hegemónico, incluso en Brasil, y afortiori

en otros países más pequeños. La falta de consen-


24. M. A. Leopoldi, «Industrial Associations and Politics in Contemporary Brazil», tesis doctoral inédita, Universidad de

Oxford, 1984, pp. 138-140.


LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 63
so se apreciaba de modo más patente en la cuestión de las políticas intervencio- nistas. El distanciamiento de los

controles de la época bélica, que fue fuerte en Estados Unidos, también respondía a fuerzas internas en América

Latina. Esto se evidenció claramente en Brasil con la famosa polémica entre Roberto Simonsen y Eugenio Gudin

al final de la guerra.25 Gudín encabezaba una sólida facción neoliberal que, aunque no se oponía a la

industrialización en sí misma, se opo- nía firmemente a cualquier protección, y de hecho a la intervención estatal

de cualquier tipo. La fuerza de la facción liberal se puso de manifiesto cuando se constituyó en la base del primer

gobierno de Brasil después de la guerra: la pre- sidencia de Eurico Dutra (1946-1950). La complejidad de la

realidad subraya lo que señalamos sobre los elementos contradictorios en juego. Pese a que la retó- rica y algunas

acciones eran liberales, persistieron ciertamente sólidos elementos de intervencionismo y autoritarismo.26 El

breve experimento de reducción de aranceles terminó en 1947, cuando los controles sobre la importación fueron

reimplantados, a causa de la dimensión del déficit. Pero las fuerzas que apoyaban a Gudin eran lo bastante

fuertes, pues los industriales en Brasil parecen haberse dado cuenta de que poner todas sus esperanzas en una

reforma arancelaria impor- tante era irreal. En cambio, se aseguraron una protección parcial pero sustancial a

través de los controles de la importación (y más tarde por medio de múltiples tipos de cambio). Sólo en 1957 se

implantó por primera vez un nuevo arancel sis- temático y fue ratificado por el congreso. En otras regiones de

América Latina, el papel de los aranceles se aceptó con más presteza. Pero la cuestión no tan claramente aceptada

fue la del papel empre- sarial directo del Estado. En Brasil, Petrobras afrontó una constante oposición cuando

apareció en la década de 1950. En México, una curiosa paradoja fue la propuesta surgida de la Comisión

Mexicano-Norteamericana para la Cooperación Económica de crear una Comisión Federal de Fomento Industrial

para expandir la industria bajo propiedad directa del Estado, incluso cuando se intentaba que el papel del Estado

fuera temporal, suscitaba gran preocupación y oposición en los medios empresariales y no consiguió ser

aceptado.27 En Chile, como en todas las economías con un sector minero altamente productivo, la intervención

estatal era particularmente decisiva, ya que sin ella el tipo de cambio habría estado a un nivel en el que nuevas

exportaciones habrían sido antieconómicas. Por supuesto, aun esto representaba conflicto —en el caso de Chile

se centró en el papel de la ('oiporación de Fomento de la Producción (CORFO), el organismo estatal de

desarrollo industrial, fundado en 1939. El sector industrial recibió bien CORFO, pero más por su oferta de

créditos subvencionados que por su papel empresarial directo, al cual temían naturalmente. Sin embargo, este
papel concentró la mayor parle de recursos de CORFO en sus primeros años.28
25. Véase Instituto de Planejamento Económico e Social (IPEA), A Controversia de Pla- nejamento na Economía Brasileira: Coletánea da
Polémica Simonsen x Gudin, Río de Janeiro, 1'ÍVK, pp. 21-40.
.'(i. Véase, en particular, Sonia Draibe, Rumos e metamorfoses: Estado e industrializagáo no Hrasil. 1930-1960, Río de Janeiro, 1985, pp.
139-176. Ella cuestiona la interpretación de ( V I; i. Hilado e planejamento económico no Brasil, 1930-1970, Río de Janeiro, 1971.
.' / Mosk, Industrial lievolution iu México, pp. 95-97. 2N. I,. OiU-c.a el al., COKI-O: 50 años de realizaciones 1939-1989, Universidad de Chi-
!i\ Saiilíaj'o di- ('liiir, |<)K<), p. I 12.
64 HISTORIA DE AMERICA LATINA
La aceptación de protección y la proliferación de controles cu l«>, .nm:. <(in- siguieron a la guerra llevó a un gran incremento
de las relaciones eni|>iesanales estatales «clientelistas» en (odas las economías industrializantes de Anu-rica Latina, como el
medio evidente para reconciliar la necesidad y el miedo del lisia- do. En México, por ejemplo, eslá claro que -el sislema»
creció a sallo', v sobre- saltos durante la guerra y los años que siguieron inniedialaincnle. Los vínculos se debieron más a la
iniciativa empresarial, aunque Invierna considerable aliento del gobierno.29 La sutileza de la relación ha sido bien descrita por
Saníord Mosk: «Es verdad que los empresarios adjudican al gobierno un papel prominente, pero desean que el gobierno adopte
decisiones sobre la base de información y con- sejo dados por los grupos de interés industriales. Lo que proponen es más bien
la intervención empresarial en el gobierno que la intervención gubernamental en la empresa».1"
La misma expansión de la red de interconexiones puede rastrearse en otras partes,31 parcialmente en la participación legislada
en juntas directivas y otras instituciones, y también en contactos informales. Claramente, el sistema era tal que casi siempre la
manera de aumentar las ganancias era operar a nivel político antes que con las variables técnicas convencionales que
determinan la producti- vidad. En Brasil, a mediados de los años cincuenta, los ecos del debate Simon- sen-Gudin habían
cesado y el nuevo papel del Estado estaba tan bien establecido y aceptado que el «Plano de Metas» de Juscclino Kubitschek
(1956) no suscitó oposición.
Las fuerzas en conflicto también operaban en la década de 1950 respecto al capital extranjero. Nuevamente, el debate
Simonsen-Gudin es representativo. Simonsen deseaba un acceso «selectivo» del capital extranjero, y veía el capital público
como la solución principal. Era uno de los que favorecía en consecuen- cia un «plan Marshall» para América Latina. Gudin
deseaba, por supuesto, la liberalización total. Sin embargo, cuando la protección incentivó la penetración de capital extranjero
en el sector manufacturero brasileño el peso relativo de los intereses se modificó. La burguesía industrial se volvió más
fragmentaria. Nuevos grupos surgieron a finales de los años cuarenta e inicios de los cincuenta cada vez más asociados al
capital extranjero, de tal modo que anularon la resistencia potencial a la legislación final encarnada en la instrucción 113 de
1955, de la Superintendencia da Moeda e do Crédito (SUMOC), la cual daba efectivamente tratamiento preferencial al capital
extranjero.32 La cuestión se sumió en mayor confusión debido a la política de «palo y zanahoria» seguida por diferentes
gobiernos, que ofrecían incentivos a la exportación, tipos favorables de cambio y por último la reforma arancelaria. La
paradoja implícita en la evolución de un
29. Véase Shafer, Mexican Business Organizations, p. 126. 30. Mosk, Industrial Revolution in México, p. 29. Aquí está escribiendo sobre el
«nuevo grupo» de industriales que surgió con la guerra, cuya importancia autores posteriores conside- ran exagerada. Pero\están de acuerdo en
que la descripción encaja con la actitud general que actualmente se ha desarrollado ampliamente en toda América Latina.
31. Por ejemplo, en Chile, véase Ó. Muñoz, Chile y su industrialización: pasado, crisis y opciones, Santiago de Chile, 1986, p. 210; Brasil,
véase Leopoldi, «Industrial Associations and Politics», pp. 245-292.
32. SUMOC, la Superintendencia da Moeda e do Crédito fue creada en 1945 con la pers- pectiva de convertirse gradualmente en un auténtico
banco central.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 65

modelo viable de industrialización que provocaría un rápido crecimiento en la década siguiente, basada en la

triple alianza entre el Estado, las multinacionales y la burguesía nacional donde la última era definitivamente un

socio menor, se sintetiza en la frase de un miembro de dicho grupo: «Al final nosotros ganamos, pero no

recibimos el premio».33 Paulatinamente, país por país, los principales rasgos de la política económi- ca de las

décadas de la posguerra se consolidaron. Ésta comprendía típicamente medidas que definían la cuestión del
capital extranjero, que lograban cierta reducción del uso de controles directos, particularmente de los controles a

la importación y a la moneda extranjera, y que intentaban reducir el nivel de sobre- valoración del tipo de

cambio, que habitualmente se combinaba con la simplifi- cación del anterior sistema de múltiples tipos de

cambio. Esta consolidación fue estimulada, y a veces efectivamente promovida, desde 1949 por la fuerza

creciente en la política de Estados Unidos del grupo de interés que favorecía la industrialización del Tercer

Mundo y que consideraba que los aranceles proporcionaban oportunidades para la inversión multinacional de Es-

tados Unidos. Su presión, fuerte durante la segunda guerra mundial, se debilitó durante la concentración

posbélica en la reconstrucción europea. La Comisión Ejecutiva de Política Económica Exterior, un comité

interdepartamental del go- bierno de Estados Unidos, comenzó a presionar con renovado vigor para la in-

dustrialización del Tercer Mundo desde entonces, aceptando cada vez más la necesidad de protección.34 En Brasil

el nuevo enfoque se encarnaba en la ley de divisas de 1953 y la instrucción 113 de SUMOC de 1955. En Chile la

legislación crucial sobre el capital extranjero también apareció en 1955, aunque Chile estaba más avanzado en el

proceso de consolidar actitudes e instituciones necesitadas para que la ISI floreciera, dado su temprano inicio y la

fuerza y amplitud de la participación estatal. A comienzos de 1950, los problemas de la inflación y la balanza de

pagos estaban ya generando el temor de que la industrialización de sustitución de importaciones tuviera un

límite, y la reorientación de 1955 fue más importante que en otras partes, implicando un gran esfuerzo de

estabilización y un compro- miso con políticas más orientadas al mercado.33 En Argentina, 1955 también fue un

año crítico en el que la cuestión del capital extranjero fue precisamente lo que precipitó la caída de Perón. Sin

embargo, un desplazamiento más abierto a una posición no intervencionista y a favor del capital extranjero no

apareció hasta que Frondizi asumió el poder en 1958. Durante la guerra, se aprobó en México, en 1944, un

intento de controlar la in- versión extranjera, limitando la propiedad extranjera en las firmas al 49 por 100. I ,as

industrias «estratégicas» debían ser de propiedad mexicana en su totalidad. Sin embargo, el decreto no

especificaba cuáles eran estas industrias estratégicas, con- fusión que no fue aclarada hasta 1945, cuando se

determinó que eran estratégicas quince industrias. Se determinó también que los extranjeros podían poseer más

del 49 por 100 en industrias «no estratégicas», dejando cada caso a discreción del
Í3. .loao Paulo de Almeida Magalhaes, entrevistado en 1981 por M. A. Leopoldi (Leo- polili, «liuluslrial Associalions and Politics», p. 337).
1-1. Max/Vid y Noli, «Pratcclionism», p. 58. Vi. (lilri'a, COK I'O, |)p. 132 138; Muñoz, Chile y su industrialización, pp. 125-145.
66 HISTORIA DE AMERICA LATINA
ministro de Economía. Después de la guerra, se ejerció gran presión sobre el gobierno mexicano para que

suavizase sus leyes sobre inversión extranjera. En 1946 la Ley de Industrias Nuevas y Necesarias cedió a estas

presiones, aunque el gobierno logró mantener su imagen pública. La ley intentaba dar estímulo a las industrias

nacientes, pero estipulaba que todas las ganancias podían ser reci- bidas tanto por inversores extranjeros como

mexicanos, dando así un estímulo igual a ambos. Como se ha visto, Chile tenía un nivel de industrialización

extraordinaria- mente avanzado. El carácter exclusivo del dominio del capital extranjero sobre el cobre chileno, y

el predomino de éste en las exportaciones chilenas, forzó a la élite local a buscar oportunidades de ganancia en

otras ramas y en particular en la industria en un momento relativamente temprano. El efecto de las rentas del

cobre sobre el tipo de cambio era tal que otras mercancías exportables sólo podían sobrevivir si había una acción

estatal bastante fuerte. En los años veinte y treinta, Chile había desarrollado mecanismos de intervención en favor

de la industria en un grado extraordinario para el tamaño del país,36 que culminaron en la creación de CORFO.

En cambio, el sector del café, la principal exportación de Colombia, era de propiedad local, y su particular

desarrollo institucional hizo que incluso la comercialización del café quedara en manos locales: la fuerza de la

Federación Nacional de Cafeteros Colombianos era tal que las casas comercia- les extranjeras preferían áreas

más fáciles. Además, el vínculo entre el café y la industria era armonioso y natural: la actividad cafetalera

regionalmente dispersa llevó a la elaboración local y a una industrialización vinculada, y el excedente del

comercio cafetalero necesitaba una salida." Debido a un inicio muy tardío, había un nivel relativamente bajo de

industrialización en la década de 1940, pero la reconciliación de diversos intereses no fue un obstáculo. La

necesidad de «resolver» la cuestión del capital extranjero no era tampoco un problema rele- vante: Colombia

mantuvo su actitud sutil pero firmemente desalentadora a una penetración sustancial de inversión extranjera

directa, y no aprobó ninguna ley semejante a aquellas que hemos señalado en las otras economías de diversas

dimensiones. Hemos descrito la evolución en la economía política de instrumentos impor- tantes para implantar

políticas de ISI, es decir, aranceles, tipos de cambio y le- gislación sobre el capital extranjero. Hay, además, otros

instrumentos potenciales de crédito que no han sido mencionados: la tributación (diferente a la implícita en las

políticas señaladas antes). La omisión refleja el hecho de que las reformas tributarias fueron notables por su

ausencia en este período. La única tributación que sí evolucionó fue la aplicada a las multinacionales

exportadoras: este fue el medio evidente para financiar la industrialización en Chile y Venezuela.18 Si el primer
lustro de la década de 1940 reveló claramente varias caracterís- ticas importantes para el «cambio en el modelo»

que había de surgir (se estimu-


36. Muñoz, Chile y su industrialización, p. 101; Ortega, CORFO, pp. 33-64. 37. R. Thorp, Economía Development and Economic Management
in Perú and Colombia, Londres, 1991, pp. 6-11.
38. J. Behrman, Foreign Trade Regions and Economic Development: Chile, Nueva York, 1976, p. 105; Stephen G. Rabe, The Road to OPEC:
United States' Relations with Venezue- la ]919-1976, Austin, Texas, 1982, pp. 80-93.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 67

ló la industria e incluso los sectores de bienes básicos y de capital crecieron, el papel del Estado se amplió, se

inició el comercio interregional, y la inseguridad de un modelo fuertemente dependiente del comercio exterior se

confirmó de nuevo), en cierto sentido el resto de la década demostró ser un retroceso, inclu- so en las economías

más grandes. Por ejemplo, hemos visto las presiones exter- nas desplazarse decididamente para reducir otra vez

el grado de participación estatal: esto, aunque estimuló un intento de racionalizar de alguna manera las dis-

torsiones de la etapa bélica, también debilitó las fuerzas que impulsaban el desa- rrollo de las industrias básicas.

A su vez, la actividad para reducir las distorsio- nes consiguió poco: la distorsión clave fue el tipo de cambio

sobrevaluado en la mayoría de países, y el temor a las consecuencias inflacionistas de la devaluación llevaron, en

todo caso, a acrecentar la dependencia de los controles a la impor- tación, y no a disminuirla, a medida que el

auge de la importación ganaba ímpe- tu en los años que siguieron a la guerra. Los inversores extranjeros

percibieron las distorsiones y controles de la mayoría de países latinoamericanos como un contexto relativamente

hostil. Entretanto, como muestra el cuadro 2.4, el creci- miento de las exportaciones primarias fue generalmente

vigoroso en los años in- mediatos a la segunda guerra mundial, en respuesta primero a la recuperación de

posguerra, y después a la guerra de Corea, pese a la sobrevaloración del tipo de cambio (en realidad

permitiéndola). El cuadro 2.5 muestra el movimiento anual en términos de comercio. El petróleo y los minerales

experimentaron el alza de precios más pronunciada, reflejado en los crecientes ingresos de exportación de

Venezuela y México. El café también experimentó una fuerte demanda en estos años, al igual que los productos

de clima templado que satisfacían la escasez de alimentos durante la guerra. Con las exportaciones en ascenso y

la renovación del suministro de importaciones, las tasas de crecimiento global alcanzaron un nivel bastante

respetable como muestra el cuadro 2.4. La industrialización, sin embargo, continuó al ritmo de la época bélica. El

porcentaje de la industria en el PIB cayó efectivamente en Argentina, Venezuela, Ecuador y Guatemala, y en

general creció muy poco.


En Argentina, la participación de la industria en el PIB descendió un punto entre 1945 y 1950. El crecimiento de

la renta per cápita fue bastante lento, y más lento a comienzos de los años cincuenta que en los años iniciales de

la posgue- rra. La inflación fue mucho más alta que durante la guerra. Estos hechos reflejan las contradicciones

de la política económica de Argentina, tanto como las del contexto internacional, contradicciones que eran una

forma extrema de lo que estaba ocurriendo en otras partes. El contexto argentino estaba dominado por los

conflictos con Estados Unidos anteriores a la guerra, pero que empeoraron notablemente con ésta y con el sur-

gimiento del peronismo. En la década de 1930, la cuestión era el comercio: Esta- dos Unidos rehusaba cualquier

concesión a los productores agrícolas como Argentina cuyos bienes duplicaban los de su propio sector rural

gravemente deprimido/' Argentina respondía utilizando tipos de cambio discriminatorios para provocar una caída

en las importaciones de Estados Unidos. La negativa de Argentina a apoyar a las fuerzas aliadas hicieron que no

recibiera nada bajo la ley de arriendo y préstamo, y el surgimiento del movimiento peronista fue rá-
W K'iH'k, Ary.ailiiia. |). .'."i.

CUADRO 2.4.' Indicadores económicos latinoamericanos, 1945-1955a


PIB en
dólares
de 19700
Tasa del crecimiento anual de la exportación de mercancías a precios constantes
(porcentajes) 1945-1950 1950-1955
Crecimiento anual del PIB real per cápita 1945-1950 1950-1955
Porcentaje de la industria
en el PIB
1945
1950 1955
Coste de la vida
(1945 = 100)
1950
1950
1955
1,6
-8,8
3,3
-3,3
1,0
2,7
255
148
3,0
585
248
384
242
173
4,0
14.018
12.926
12.309
4.325
3.499
3.360
2.518
s.d.
1.867
3,3
1,8
1,0
odi in
1.438
193
252
122
236
6,9
5,0
11,7
8,1
17,5
2.2
23,1
8,8
10,0
10,7
16.1
17,0
-1,2
2,4
1,0
4,1
301
118
6,1
5,3
2,6
-1,0
- 10,4
1,7
4,3
- 2,7
130
333
118
220
166
3,9
1,0
2,4
-0.3
2,3
-0,8
18
13
‫لمن ال نط مد‬

129
Argentina
México
Brasil
Colombia
Chile
Venezuela
Perú
Cuba
Uruguay
Guatemala
Ecuador
Bolivia
República
Dominicana
El Salvador
Paraguay
Honduras
Costa Rica
Nicaragua
Panamá
unawa

885
-0.9
1,56
$.d.
796
698
6,9
0,0)
s.d.
188
s.d.
2.525
533
s.d.
5,0)
s.d.
512
3.0
2,0
-0,9
-0,2
12
s.d.
21,7
3,1
22,4
30,1
16,8
29,8
0,0
125
167
2.057
144
410
323
298
239
217
1,7
-2.6
-5.4.
3,0
231
4,6
116
130
229
115
133
95
110
AOO

4,2
4,1
4,3
5.2
125
165
-2,5
1,1
10
113
NOTAS: « Ordenado según el tamaño del PIB de 1950. Cuba está clasificada sobre la
base de cifras del precio existente en 1950, ya que no hay esti maciones con precios
de 1970; " la producción no azucarera como porcentaje del total de la producción
material, esto es, el total es menor que el PIB.
FUENTES: Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Estadísticas históricas,
Santiago de Chile, 1978: James W. Wilkie, Statistics and Natio nal Policy, suplemento
3, UCLA, Los Ángeles, California, 1974; V. Bulmer-Thomas, The Political
Economy of Central America since 1920, Londres, 1987; C. Brundenius,
Revolutionary Cuba: The Challenge of Economic Growth with Equity, Londres,
1984.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 69
CUADRO 2.5

América Latina: términos de intercambio, 1939-1955 (1939 = 100)


Términos de intercambio

1939 100,0 1940 95.3 1941 97,0 1942 98.2 1943 98,2 1944 93,9 1945 97.3 1946 127,7 1947 138.4 1948 133,8

1949 134.7 1950 161,2 1951 161.0 1952 146.0 1953 156,6 1954 164.2 1955 152,0

FUKNTL: Naciones Unidas, Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Econo- mic Sunry of Latín

America 1949, Nueva York. 1950. p. 17. ONU. CEPAL (1962), Boletín Económico de América Latina, vols.

V-VII, p. 46.

pidamente identificado por Estados Unidos como una de las amenazas más vigorosas en el continente al retorno a

un capitalismo de mercado «saludable y controlable». Enfrentado a la política comercial de Estados Unidos, al

problema de la inconvertibilidad de gran parte de las divisas del país, y a la necesidad de favo- recer su base

política interna en el movimiento obrero urbano, el nuevo gobier- no de Juan Perón se decidió por una enérgica

política de promoción del sector industrial para el mercado interno. Combinó los elementos comunes a muchos

de los países vecinos (un tipo de cambio sobrevaiuado y el uso de controles a la importación y aranceles para

proteger la industria), con la creación en 1946 de un organismo estatal comercializador, el Instituto Argentino

para la Promoción del Intercambio (IAPI), que procedió a pagar a los exportadores menos de la mitad del precio

internacional. Además, dio crédito amplio y barato al sector in- dustrial. La política aplicada rápidamente se
tornó contraproducente. Las expor- taciones de bienes manufacturados de la época bélica habían cesado en todo

caso, como ocurría en todo el continente. En 1947-1949 su valor era menos de un tercio del que había sido en

1945-1946.40 Pero las exportaciones de carne y granos también evolucionaron deficientemente: entre mediados

de los años trein-


•10 Knek, Argentina, p. .'6').
70 HISTORIA DE AMERICA LATINA

ta y 1948-1952, la participación de Argentina en el mercado mundial triguero bajó del 23 por 100 a sólo el 9 por

100, el porcentaje de maíz del 64 por 100 a sólo el 24 por 100. Con los salarios urbanos en alza, el consumo

interno creció fuertemente: durante el mismo período el consumo interno de carne y granos subió en un tercio,

aunque el volumen de exportación descendió dos tercios.41 De modo que las divisas rápidamente comenzaron a

escasear; el problema se com- plicó por la cuestión de la convertibilidad. Necesitada de importar de Estados

Unidos pero imposibilitada de exportar granos o carne, Argentina acumuló fon- dos inconvertibles de su

comercio con Europa que no podía utilizar con Estados Unidos. A comienzos de 1948, Estados Unidos decidió

además que los dólares del plan Marshall no podían ser utilizados para comprar bienes argentinos. El

comportamiento deficiente de la industria y de la economía global es fácilmente comprensible. Fue agravado

por carencias ínfraestructurales, surgi- das de la falta de inversión en los sectores tradicionales o en los

ferrocarriles y otros activos recién adquiridos de los británicos, quienes bloqueaban los saldos en esterlinas.

Hacia 1949, Perón había advertido que la presión sobre la agri- cultura era una política contraproducente —pero

como veremos cada intento de cambiar la política de precio relativo producía inflación antes que un aumento de

la oferta. Ya se ha señalado la complejidad de la economía política de Brasil al final de la guerra. Una

interpretación unívoca de los datos económicos es difícil. Sin embargo, está claro en primer lugar que las

exportaciones crecieron sólidamente (cuadro 2.4) y que este crecimiento se basó en el café. Esto permitió el

manteni- miento de un tipo de cambio sobrevaluado, que permaneció constante entre 1939 y 1952, pese a que

los precios internos se multiplicaron varias veces al 100 por 100 en ese período. El alza de precios del café fue

tan fuerte que la inversión se volcó hacia el café,42 pero las exportaciones secundarias sufrieron, y en particu- lar

las nuevas exportaciones de la época bélica se hundieron bruscamente. El grado en que el gobierno liberal de

Dutra (1946-1951) descuidó la indus- tria es discutible. Desde el principio, la prioridad fue claramente la lucha
contra la inflación, y los medios principales de la política fueron el tipo de cambio fijo y la liberalización de las

importaciones. Esta opción política se basó en un opti- mismo inicial respecto a la oferta de divisas, basada

tanto en la expectativa de un flujo de recursos provenientes de Estados Unidos43 como en las perspectivas de

precios del café. Al mismo tiempo, la retórica fue la de restringir el papel del Es- tado, y en efecto la única

iniciativa específica en términos de la acción estatal fue el Plano Salte (Saude, Alimentacao, Transporte,

Energía), aprobado sólo en el congreso en 1950 y abandonado en 1951. Sin embargo, como hemos visto,44

incluso en los años iniciales la interven- ción fue considerable, mientras que la facilidad de importación

permitió el rea- bastecimiento de bienes de capital.45 Por otra parte, la liberalización de las impor-
41. Ibid. 42. Sergio Besserman Vianna, «Política económica externa e industrializacíío: 1946-1951», en Marcelo de P. Abreu, ed., A ordem do
progresso, Río de Janeiro, 1990, pp. 115-116.
43. Abreu, ed., A ordem. do progresso, pp. 107-108. 44. Véase Draibe, Rumos e metamorfoses, p. 138. 45. Abreu, ed., A ordem do progresso, p.
108.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 71

taciones duró hasta 1947, cuando los controles fueron reimplantados pues el flujo de capital no cumplió las

expectativas. Es fácil entender entonces, como se ha visto, que la política de tipos de cambio reasignaba recursos

enérgicamente de la exportación a la industria y a la vez que hacía también exactamente lo con- trario.46 Sin

embargo, el hecho es que Brasil no experimentó un descenso de la participación de la industria en los años de la

posguerra, como ocurrió en muchos países latinoamericanos (véase el cuadro 2.4). La industrialización se

convirtió en el rasgo centra) de la política económica mexicana de Ávila Camacho, cuando asumió el poder en

diciembre de 1940, y el presidente Alemán continuó con la misma línea política en los años inmedia- tos a la

guerra (1946-1952). El primer ministro de Economía de Alemán, Anto- nio Ruiz Galindo, era un destacado

industrial y un enérgico promotor de la industrialización mexicana. En febrero de 1946, una nueva Ley de

Desarrollo Industrial aumentó las exenciones de impuestos para la industria y dio al pre- sidente libertad para

implantar cambios arancelarios sin consultar al congreso. La protección creció mucho en esos años. Como en

otras partes, sin embargo, la tasa de crecimiento de la producción industrial de la época bélica no pudo man-

tenerse: el incremento del 2 por )00 en el porcentaje de la industria de 1940 a 1945 se limitó a mantener su

porcentaje en un producto interior bruto (PIB) que crecía rápidamente, mientras se disparaban las exportaciones

de 1945-1950 (véa- se el cuadro 2.4) y el PIB per cápita crecía casi tan rápido como en Brasil, con tasas

parecidas de crecimiento demográfico. Las políticas mexicanas siguieron la pauta general, con un tipo de cambio
sobrevaluado y controles directos además de aranceles y una inundación de importaciones en la posguerra que

causó déficits hacia 1947-1948. En 1947 y 1948, la protección arancelaria creció más. La devaluación que en

otras partes se demoró hasta la década de 1950, llegó a México en 1949. Se ha recalcado en la literatura —más

que en otros países— la financiación inflacionaria del crecimiento económico de México. Sin embargo, como

muestra el cuadro 2.4, la inflación mexicana fue en realidad la más moderada entre las economías más grandes.

Los productores industriales afrontaban dificultades de importación y de divisas, así como obstáculos legales,

administrativos y de otro tipo.47 La restricción más grave para la producción fue el lento ritmo a que se podía

importar maquinaria y equipos después de la escasez de los años de la guerra. Además, aunque hubo entusiasmo

por la industrialización, no hubo una verdadera planificación, ni un programa global de desarrollo económico

nacional.48 Chile es el único caso entre las cinco economías más grandes, cuyas ex- portaciones crecieron

bastante limitadamente en términos reales después de la guerra, lo cual fue resultado de los controles al precio

del cobre por Estados Unidos, y también de la decisión consciente del gobierno chileno de subir los impuestos al

sector cuprífero para financiar el desarrollo industrial mediante CORFO. Como hemos visto, la economía tenía

un nivel de industrialización rela-


46. Pedro S. Malan, Rcgis Bonelli, Marcelo P. de Abreu y José Eduardo de C. Pereira, Política económica externa e industrializacao no Brasil
(1939/52), Río de Janeiro, 1977, p. 78.

•17. <'. W, ki'ynnld.s, 'l'lie Mexicini F.conomy, Twentieth Century Structure and Grmvth, New llnvni, ( 'muí., 19/0, |). .<<).
líi. Mu:;k, Indiisti ttd Kcvnltilinn in Me\ien, |). M)H.
72 HISTORIA DE AMERICA LATINA

tivamente avanzado. El notable desarrollo institucional que acompañó y promo- vió esto fue la clave para

mantener el crecimiento industrial en un período rela- tivamente lento y difícil del crecimiento global. Pero

claramente el costo fue la inflación. La explicación clásica de Hirschman sobre la inflación en Chile en este

período es que era la válvula de escape favorita para las tensiones sociales. Sos- tiene que en cualquier año del

período que estamos analizando, algunos de los siguientes factores estaban probablemente en actividad: «déficit

fiscal, monetiza- ción de los excedentes de la balanza de pagos, alzas (nominales) generales de sueldos y

salarios..., expansión del crédito bancario, subidas de precios interna- cionales inducidas por la guerra, crédito del

Banco Central para los organismos de desarrollo patrocinados por el Estado»: «quizá el único rasgo común que

apa- rece en todas las etapas sucesivas fue la aguda debilidad de algo que hoy día lla- maríamos una medida

antiinflacionaria significativa».49 Colombia disfrutó del auge de la exportación de café, pero creció con bas- tante
lentitud. La razón principal fue que las instituciones para moderar los efec- tos del auge del café estaban ya en

vigor y la política estaba gobernada por un deseo de prudencia y resistencia a una expansión posiblemente

inflacionista. Como hemos visto, Colombia tenía un nivel de industrialización excepcional- mente bajo al

terminar la guerra: dado el margen para nivelarse no es sorpren- dente que el porcentaje de la industria en el PIB

creciera más que en ningún otro país latinoamericano. Lo que es más interesante sobre la gestión económica que

lo produjo es una cuestión que veremos al referirnos a la agricultura: Colombia, a diferencia de todos los países

estudiados aquí, fue la única que implantó una política proteccionista bastante moderada y trató de evitar la

discriminación con- tra la agricultura y la exportación implícita en los demás casos. En Colombia la concepción

era de una protección integral basada en estimular tanto la agricultu- ra como la industria. Uruguay es un caso

curioso y excepcional. A primera vista parece encajar en el patrón de las políticas de las economías más grandes,

ya que tuvo una deva- luación significativa en 1955 seguida por la extensiva alteración de la política representada

por la Ley de Reforma Monetaria y Cambiaría de 1959, que elimi- naba muchos controles internos y externos.

De hecho, como con Perú, el parecido es superficial, pues la ley de 1959 no significó el florecimiento de una ISI

plena, sino su fin. Uruguay, por supuesto, estaba ya altamente industrializado para su ta- maño en 1945, su

industria representaba el 18 por 100 del PIB, una cifra caracterís- tica de Brasil y México que tenían un PIB seis

veces mayor. Esto era producto de las políticas proteccionistas del Estado batllista. El crecimiento de la industria

en 1945-1955, basado en una fuerte protección, fue de más del 6 por 100 al año. Los controles que hacían desistir

al capital extranjero en otros lugares no fueron un obstáculo; había poca inversión foránea, pero existía un

excedente disponible a corto plazo procedente de las ganancias protegidas y del sector rural, que se beneficiaba

del auge de la guerra de Corea. La situación subyacente era, sin embargo, poco saneada: el estancamiento a largo

plazo del sector rural persis- tía, sin ningún crecimiento en el volumen exportado en esos años. Este estan-

camiento está claramente relacionado con la falta de inversión en el sector,


49. A. Hirschman, Journeys Toward Progress: Studies of Economic Policy-Making in Latín America, Nueva York, 1963, p. 183.
LAS ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS, 1939-C. 1950 73

cuya explicación es la discusión clave en la historia económica uruguaya, de- bate que va más allá de nuestro

período. El crecimiento de la industria fue un producto de los controles comerciales y cambiarlos, y carecía de

elementos de una política de desarrollo a largo plazo. Como ha escrito Henry Finch: «La estructura de la

producción interna fue de hecho modificada por los instrumen- tos políticos que operaban en el sector externo,
más que por instrumentos fis- cales internos, políticas integradas de crédito industrial o un banco industrial de

desarrollo».50 A mediados de la década de 1950, el crecimiento industrial se había detenido, a medida que el

estancamiento rural causaba problemas para obtener materias primas y divisas y a medida que las limitaciones

del mercado comenzaron a hacerse sentir. Uruguay alcanzó así prematuramente el grado de «agotamiento» que

en otras partes sólo se percibiría como un problema en los años sesenta. Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y

Paraguay estaban menos preparados para la industrialización en el período inicial de la posguerra en términos de

su base previa. Pero mientras en América Central la fuerza de los intereses de la éli- te exportadora y el éxito de

las exportaciones dictaban una adhesión relativa- mente clara ai antiguo modelo de exportación primaria, el

desarrollo de estas economías medianas era menos simple, ya que la diferenciación interna de los grupos de

interés era relativamente mayor. En cada caso la participación de la importación en el PIB aumentó,

habitualmente debido al crecimiento de la parti- cipación de los bienes de consumo, lo que indica un reducido

progreso en la industrialización (véase el cuadro 2.6). Pero esto estuvo asociado con marcadas diferencias en el

comportamiento de la exportación, como muestra el cuadro 2.4. Bolivia y Paraguay perdieron terreno

radicalmente, mientras Venezuela y Ecua- dor y, en un menor grado, Perú parecen casos patentes de fuerte

crecimiento de la exportación tradicional, lo cual permitió e impulsó un nuevo compromiso con el antiguo

modelo de crecimiento basado en la exportación. El cuadro 2.1 muestra que el porcentaje de la industria en el

PIB en Vene- zuela era del 14 por 100 en 1940, pese a su clasificación como la sexta economía más grande de

América Latina. La respuesta es evidente: el auge petrolero comen- zó en los años veinte y generó graves

distorsiones asociadas con tales impactos favorables. Otros bienes comercializables en el mercado externo

sufrieron grave- mente, particularmente el café, dada la apreciación del tipo de cambio, y la única industria que

no sufrió fue la de la construcción y ramas relacionadas, como la del cemento, y algunos sectores naturalmente

protegidos, como la cerveza y be- bidas envasadas.51 No era necesario resolver las «tensiones en el modelo»

sobre el papel del capital extranjero o la relación de la burguesía nacional con el Esta- do, ya que la acogida al

capital extranjero era total y los grupos nacionales se identificaban totalmente con el Estado.52 La concentración

de recursos en las manos del gobierno mediante los ingresos petroleros propició la percepción sin paralelo de que

«el desarrollo pasa por el Estado». La centralidad del gobierno como controlador del ingreso del petróleo

también indujo a la élite a presionar


SO. M. II. J. I'inch, A Political Economy of Uruguay since 1870, Londres, 1981, p. 177. .SI. M. L'ii.'K'io l'uiroy, listado c industrialización en
Venezuela, Caracas, 1982, p. 51. 'i.'. II. Silva M., ••I'rotvso y crisis de la economía nacional, 1960-1973», Nueva Ciencia, I (IO/S); l'mroy,
/'.',vM</i> <• tiitliislr¡til¡;/ic¡t'm cu Vcncjlcla, |>. ?iVI.

LESLIE BETHELL, ed.
HTT- £^ FT"1 f * \ IT^ "Y" ADE AMÉRICA
LATINA
11. ECONOMÍA Y SOCIEDAD DESDE 1930
CRITICA C1RIJAUU) MONDAD
Título original: THE CAMBRIDGE HISTORY OF LATÍN AMERICA VI. LATÍN AMERICA SINCE 1930: ECONOMY,
SOCIETY AND POLITICS Parí I. E
por separado. Otro capítulo analiza el crecimiento de la población latinoamericana (de 30 millones en 1850 a
105 millones en
cinco años de dictadura de Porfirio Díaz, 1876-1910), la revolución y la reconstrucción bajo la «dinastía
sonorense» durante
algu- nos colaboradores presentaran borradores preliminares de sus capítulos a otros colaboradores y a un prestigioso
grupo d
importación de bienes de consumo. No obstante, el modelo dependía de un acceso relativamente libre a los mer-
xados mundiales
en ciencia y tecnología peligraban a finales del siglo xix, Inglaterra era aún una potencia financiera mundial, una
fuente de
época. El impacto a corto plazo de la desorganización del mercado de bienes fue pronto superado por el viraje
hacia una econo
negra de empresas en América Latina a las que creían que estaban bajo el control de ciu- dadanos alemanes. El
resultado fue u
latinoamericanos que tradicionalmente habían considerado a Gran Bretaña un mercado para sus expor- taciones
y el ascenso de E

También podría gustarte