SENTIDO DEL DIA
1. Jueves Santo.
+ ¿Qué recordamos y qué celebramos el
Jueves Santo?
- El Jueves Santo nos reunimos para
recordar y celebrar la última cena de Jesús
con sus discípulos.
+ ¿Qué importancia tenía esa última cena de Jesús?
- Es el resumen de todo lo que va a ocurrir en estos días: Jesús se
entrega totalmente. Jesús se entrega hasta la muerte. Jesús da su vida
para siempre.
+ ¿Dónde se celebró esta cena?
- Jesús tenía amigos en Jerusalén. Uno de ellos le dejó una casa con una
gran sala. En la tradición cristiana, este lugar se conoce con el nombre
de Cenáculo.
+ ¿Además de cenar, hubo algún gesto importante de Jesús?
- Ya lo creo. En medio de la tensión propia de la Pascua y de lo que
podría pasarles, Jesús se levantó de su sitio y se puso a lavar los pies a
sus discípulos. Era un gesto muy extraño. Sólo los esclavos y las
mujeres hacían esas cosas. Con este gesto, Jesús les indicaba que tenían
que poner su vida al servicio de los demás, y ponerla totalmente.
+ ¿De qué habló Jesús en la cena?
- Jesús habló de muchas cosas. Unas palabras que repitió muchas veces
fueron: “amor”, “servicio”, “dar la vida”. Lo curioso es que, mientras
Jesús decía esto, Judas se levantó y se marchó. Tenía que preparar la
traición.
2. Celebración del Jueves Santo
Antes de hablar de la celebración, tenemos que recordar una cosa
importante.
En la tradición cristiana, había una misa extraordinaria: La Misa
Crismal. El Obispo reunía a todos sus sacerdotes. Solía ser por la
mañana. En algunos sitios la hacen en los días anteriores.
Es, prácticamente, la única vez al año en que se juntan todos los curas
de la diócesis. Durante esta misa se hacen y señalan estas cosas:
Común-unión de los sacerdotes con su Obispo.
Invitación a guardar fidelidad a su ministerio.
Renovación de las promesas sacerdotales.
Bendición del óleo de enfermos.
Bendición del óleo de los catecúmenos.
Consagración del crisma (óleo con perfume).
La celebración del Jueves Santo, tiene una importancia enorme, tanto
que es la única misa que se puede celebrar ese día en la parroquia
pueblo o en la del barrio:
Inaugura los tres días más importantes del año: el Santo Triduo
Pascual.
Se recuerda la institución de la Eucaristía.
Recibe un nombre especial: Misa vespertina de la Cena del
Señor.
Hay un gesto único: el lavatorio de los pies.
Se recuerda el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna,
especialmente los pobres. Se ofrecen dones para ellos: Día del
Amor Fraterno.
Se recuerda (unido a la Misa Crismal), la institución del Orden
Sacerdotal.
Se consagra una gran cantidad de pan. Porque no habrá “Misa”
hasta la noche de Resurrección. Al entrar y al salir, veremos que
el sagrario está vacío.
Se prepara una capilla especial, bien adornada (el Monumento),
para “reservar” los copones con el Pan consagrado.
Hasta las doce la noche, los fieles adoran al Señor.
En muchos sitios, continúa una adoración “silenciosa” durante
toda la noche.
SENTIDO DEL DIA
1. Viernes Santo.
+ ¿Qué recordamos y qué celebramos el Viernes Santo?
- El Viernes Santo nos reunimos para recordar y celebrar la Pasión y
Muerte del Señor. Hoy queremos vivir muy adentro el dolor de Jesús.
Hoy queremos vivir nuestra fe más profunda en Él. Porque creemos
que su fidelidad al camino de Dios es admirable. Y, sobre todo,
creemos que con la entrega total de Jesús, se ha roto el círculo del mal y
del pecado.
+ ¿Qué ocurrió después de la cena en la tarde del Jueves Santo?
- Jesús fue detenido durante la noche. Se había retirado al Huerto de
los Olivos en Getsemaní. Allí se presentó una tropa de gente, guiados
por Judas, uno de los Doce. Luego le condujeron a varios tribunales y
fue interrogado.
+ ¿De qué se le acusaba?
- Le acusaban de pretender hablar en nombre de Dios. Se
escandalizaban y le condenaban porque mostraba a un Dios distinto,
un Dios que tiene como primera ley el amor, por encima de toda otra
clase de ley y de poder, por encima del poder de los Sacerdotes del
Templo y por encima del poder de Roma y los reyes títeres de
Palestina.
+ ¿Condenaron a Jesús?
- Sí. Jesús fue condenado a muerte. Fue condenado por judíos y por
romanos. Fue torturado (azotado, coronado con espinas) y fue
arrastrado hasta el Gólgota, un pequeño montículo fuera de las
murallas (Monte de la Calavera o Calvario).
+ ¿Es el día más importante del Año Cristiano?
- No. El día más importante es el Domingo de Resurrección. Pero es
verdad que, en la tradición cristiana, nos ha marcado mucho el Viernes
Santo. Durante siglos hemos llenado las iglesias y las casas con temas
típicos de este día: Crucifijo, Piedad (Virgen con Jesús muerto en sus
brazos), Cristo de la Cama (Jesús en el sepulcro). De hecho, no es fácil
ver estatuas de Cristo Resucitado. Aunque tenemos un ejemplo
maravilloso en el Colle Don Bosco, el templo que se ha construido,
cerca de Turín (Italia) sobre la casita donde nació el fundador de los
Salesianos. En esta misma línea nació el movimiento “Cristo Vive”.
2. Celebración del Viernes Santo
Siguiendo una antigua tradición, en el Viernes Santo no se celebra la
Eucaristía. Por eso, el Jueves Santo se consagró el Pan suficiente para
que llegase para hoy.
Siguiendo el horario en el que Jesús murió, la celebración se debe
hacer por la tarde.
Para indicar que hoy no hay misa, el altar está desnudo: sin mantel,
sin velas, sin la cruz.
El color de las vestiduras del sacerdote es el rojo. Es el color
reservado a los mártires, a los que dan testimonio, con su vida, de la
fe en Dios. Hoy no es día de luto, sino día de triunfo. Así celebramos
los cristianos los funerales: sabemos que ha muerto, sabemos que la
muerte no es definitiva… al igual que Cristo, gracias a Él, viviremos.
La ceremonia se llama Celebración de la Pasión del Señor. Está llena
de gestos y de oraciones extraordinarios: el sacerdote se tumba en el
suelo; se lee la Pasión según san Juan; se reza una oración universal
solemne y larga; se adora la cruz; se entra y se sale en silencio.
Estructura de la celebración:
Primera parte: La liturgia de la Palabra. Se leen lecturas del profeta
Isaías, de la carta a los Hebreos y la Pasión según san Juan. Luego,
tras una breve homilía, se concluye con la oración universal, la más
solemne del año.
Segunda parte: Adoración de la santa Cruz. En medio del silencio se
levanta la cruz, acompañada del canto: Mirad el árbol de la cruz,
venid a adorarlo. Luego todos adoran la cruz.
Tercera parte: la Sagrada Comunión. Sobre el desnudo altar se
colocan el mantel y las velas. Se trae el Pan consagrado ayer y se
comulga. Acabada la comunión se vuelve a guardar lo que quede en
el Monumento. Tras una breve oración, la celebración acaba en
medio de un solemne silencio. El altar queda, una vez más, desnudo.
SENTIDO DEL DIA
1. Sábado Santo
+ ¿Qué recordamos el Sábado Santo?
- El Sábado Santo recordamos la permanencia de la Iglesia junto al
sepulcro de Señor. Este día meditamos esa frase de nuestro Credo:
Descendió a los infiernos. Es decir, la muerte de Jesús no es un cuento.
Verdaderamente murió.
+ ¿Qué hacemos durante el Sábado Santo?
- Mantenemos una actitud silenciosa. El silencio es la palabra que
caracteriza este día. Hemos perdido a nuestro Pastor, a nuestro
Maestro. Estamos solos… De ahí la tradición de las conmemoraciones
de la Virgen de la Soledad.
+ ¿El Sábado Santo se celebra la Eucaristía?
- No. El Sábado Santo no hay ninguna celebración, tampoco la
Eucaristía. El altar lo dejamos ayer desnudo, sin manteles, sin velas, sin
la cruz.
+ ¿Se puede comulgar?
- Al no haber ninguna celebración, tampoco se comulga, salvo que sea
en un caso extraordinario, por ejemplo para un enfermo grave que la
pida en la Unción de Enfermos.
2. Celebración del Sábado Santo
• Aunque no se celebra nada, eso no significa que sea un día
tranquilo. Al atardecer se celebrará la Fiesta de las Fiestas. Hay que
preparar muchas cosas para que todo salga bien.
3. Un recuerdo del Pueblo Judío: El Sabbat
Shabbat (en hebreo: shabbāt - "descanso"), el séptimo día de la semana
judía, debe según las prescripciones de la Torá ser celebrado en primer
lugar mediante la abstención de cualquier clase de trabajo. El Shabat
comienza el viernes con la puesta del sol y termina después del
anochecer el sábado. El Shabat es en el ethos judío una señal de la
relación entre Dios y el pueblo judío. La celebración del Shabat está
prescrita entre los Diez Mandamientos recibidos por Moisés.
En la versión de los diez mandamientos del Deuteronomio 5:12-15, la
palabra "Acuérdate" (zajor) es sustituida por "Cuida" (shamor). De aquí
se aprenden los dos principales elementos de la observancia del
Shabat: recordarlo y honrarlo por medio de rituales y cosas
placenteras; y cuidarlo por medio de la abstención de los trabajos
prohibidos en él.
Reflexión del Sábado Santo
Sábado santo, día de silencio y de conversión
Hoy es un día de silencio en la Iglesia: Cristo yace en el sepulcro y la
Iglesia medita, admirada, lo que ha hecho por nosotros este Señor
nuestro. Guarda silencio para aprender del Maestro, al contemplar su
cuerpo destrozado.
Cada uno de nosotros puede y debe unirse al silencio de la Iglesia.
Y al considerar que somos responsables de esa muerte, nos
esforzaremos para que guarden silencio nuestras pasiones, nuestras
rebeldías, todo lo que nos aparte de Dios. Pero sin estar meramente
pasivos: es una gracia que Dios nos concede cuando se la pedimos
delante del Cuerpo muerto de su Hijo, cuando nos empeñamos por
quitar de nuestra vida todo lo que nos aleje de Él.
El Sábado Santo no es una jornada triste. El Señor ha vencido al
demonio y al pecado, y dentro de pocas horas vencerá también a la
muerte con su gloriosa Resurrección. Nos ha reconciliado con el Padre
celestial: ¡ya somos hijos de Dios! Es necesario que hagamos propósitos
de agradecimiento, que tengamos la seguridad de que superaremos
todos los obstáculos, sean del tipo que sean, si nos mantenemos bien
unidos a Jesús por la oración y los sacramentos.
El mundo tiene hambre de Dios, aunque muchas veces no lo sabe.
La gente está deseando que se le hable de esta realidad gozosa —el
encuentro con el Señor—, y para eso estamos los cristianos. Tengamos
la valentía de aquellos dos hombres —Nicodemo y José de Arimatea—,
que durante la vida de Jesucristo mostraban respetos humanos, pero
que en el momento definitivo se atreven a pedir a Pilatos el cuerpo
muerto de Jesús, para darle sepultura. O la de aquellas mujeres santas
que, cuando Cristo es ya un cadáver, compran aromas y acuden a
embalsamarle, sin tener miedo de los soldados que custodian el
sepulcro.
A la hora de la desbandada general, cuando todo el mundo se ha
sentido con derecho a insultar, reírse y mofarse de Jesús, ellos van a
decir: dadnos ese Cuerpo, que nos pertenece. ¡Con qué cuidado lo
bajarían de la Cruz e irían mirando sus Llagas! Pidamos perdón y
digamos, con palabras de san Josemaría Escrivá: yo subiré con ellos al
pie de la Cruz, me apretaré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el
fuego de mi amor..., lo desclavaré con mis desagravios y
mortificaciones..., lo envolveré con el lienzo nuevo de mi vida limpia, y
lo enterraré en mi pecho de roca viva, de donde nadie me lo podrá
arrancar, ¡y ahí, Señor, descansad!
Se comprende que pusiesen el cuerpo muerto del Hijo en brazos
de la Madre, antes de darle sepultura. María era la única criatura capaz
de decirle que entiende perfectamente su Amor por los hombres, pues
no ha sido Ella causa de esos dolores. La Virgen Purísima habla por
nosotros; pero habla para hacernos reaccionar, para que
experimentemos su dolor, hecho una sola cosa con el dolor de Cristo.
Saquemos propósitos de conversión y de apostolado, de
identificarnos más con Cristo, de estar totalmente pendientes de las
almas. Pidamos al Señor que nos transmita la eficacia salvadora de su
Pasión y de su Muerte. Consideremos el panorama que se nos presenta
por delante. La gente que nos rodea, espera que los cristianos les
descubramos las maravillas del encuentro con Dios. Es necesario que
esta Semana Santa —y luego todos los días— sea para nosotros un
salto de calidad, un decirle al Señor que se meta totalmente en nuestras
vidas. Es preciso comunicar a muchas personas la Vida nueva que
Jesucristo nos ha conseguido con la Redención.
Acudamos a Santa María: Virgen de la Soledad, Madre de Dios y
Madre nuestra, ayúdanos a comprender —como escribe San Josemaría
— que es preciso hacer vida nuestra la vida y la muerte de Cristo.
Morir por la mortificación y la penitencia, para que Cristo viva en
nosotros por el Amor. Y seguir entonces los pasos de Cristo, con afán
de corredimir a todas las almas. Dar la vida por los demás. Sólo así se
vive la vida de Jesucristo y nos hacemos una sola cosa con Él.