Tesis de Nae Hanashiro Avila.
“Todo cuesta caro”. Figuraciones del racismo en la narrativa de Julio Ramón Ribeyro
Resumen del marco téorico
El marco teórico que he utilizado se divide en dos ramas. Por un lado, se encuentran los textos de
crítica postcolonial y los estudios subalternos. Por otro lado, me baso en diversos estudios que se
enmarcan en el debate sobre el racismo en el Perú. A continuación, presentaré los conceptos
claves y autores más importantes para el desarrollo de mi tesis.
El primero es el concepto de “herencia colonial”. Este término fue el que le dio nombre al primer
capítulo del libro Clases, Estado y nación, de Julio Cotler. En él, el autor explica de qué manera se
han estructurado las relaciones sociales a partir de la historia colonial. De esta manera, expone los
diversos fenómenos que han llevado a la construcción y fijación de jerarquías sociales que
establecen la superioridad del blanco en relación a las demás razas. Desde esa perspectiva, la
herencia colonial alude a aquel rezago de la Colonia que no ha sido superado y que, a través de su
permanencia, ha establecido relaciones desiguales al interior de la sociedad. A través del recuento
histórico realizado por Cotler, se resalta que ha sido la divergencia entre los intereses de las clases
criollas y la población indígena la que ha trabado el desarrollo de la nación. En ese sentido, la
“herencia colonial” se constituye como una categoría de análisis a partir de la cual se ha podido
observar que la inestabilidad política y la ausencia de hegemonía de una clase en el Perú son las
consecuencias de mecanismos de poder que se establecieron durante el período colonial y que no
fueron eliminados pese al paso del tiempo.
Llegado a este punto, es preciso hacer una anotación. Con la referencia al término “colonial”,
aludo a un discurso jerarquizante, que expone un afán por clasificar a los sujetos y determinar su
posición al interior de la escala social. En esa medida, lo colonial no se utiliza como una categoría
histórica y no refiere a una práctica que reproduzca el pasado. En otras palabras, no se remite a un
origen colonial, sino a un patrón de poder específico. A través de esta categoría, busco observar la
forma en que determinados discursos racistas han configurado las relaciones sociales y cómo han
logrado resemantizarse a lo largo del tiempo para seguir rigiendo dichas relaciones.
Alberto Flores Galindo presenta una visión de la estructuración de la sociedad acorde con la de
Cotler. Este historiador resalta que las diversas revoluciones en la historia del Perú no han
modificado el entramado de relaciones – relaciones claramente jerarquizadas en las que el
racismo se establece como un elemento natural –. Llegado a este punto, surge otro concepto clave
para el marco de esta tesis: el racismo.
Para empezar, se debe resaltar que por racismo entendemos algo más que el menosprecio y la
marginación: entendemos un discurso ideológico que fundamenta la dominación social teniendo
como uno de sus ejes la supuesta existencia de las razas y la relación jerárquica entre ellas (Flores
Galindo 1994: 260). De este modo, el énfasis se encuentra en que se trata de formaciones en parte
conscientes en parte inconscientes, que contribuyen a estructurar los comportamientos y los
movimientos que surgen de las condiciones actuales (Balibar 1988: 68).
Debido a que la problemática que se tratará aborda cómo las relaciones de poder se fundamentan
sobre la categoría de la raza, es importante definir cuál es la acepción que se manejará de este
término. Rita Laura Segato señala que la raza no debe ser entendida como una realidad biológica o
categoría sociológica, “sino una lectura históricamente informada de una multiplicidad de signos”
y que es esto lo que permite que sea un fenómeno variable (2010: 32). La autora resalta que el
que se sustente en signos responde a que la raza es un fenómeno cognitivo, puramente mental; es
decir, es resultado de la selección cognitiva de rasgos que pasan a ser transformados en diacríticos
para marcar grupos poblacionales y atribuirles un destino como parte de la jerarquía social y, muy
especialmente, en las relaciones de producción (Segato 2010: 31). En esa medida, la raza se
construye como una categoría fija a la que se le han asignado determinados significados, que son
los que permitirán definir al individuo y clasificarlo dentro de un esquema jerárquico.
A través de esta noción de raza, se puede abordar la forma en que se constituye la distribución
racial del trabajo, que es la que perpetúa la posición de subalternidad de un grupo determinado
de individuos. Esto es lo que Aníbal Quijano ha denominado “colonialidad del poder”. Con
respecto a este término, lo primero que habría que anotar es la importancia de la categoría raza
para su definición. Quijano señala que, en los países Latinoamericanos y en el Perú, sobre todo, las
relaciones sociales se configuraron como relaciones de dominación. En ese sentido, las identidades
fueron asociadas a las jerarquías, lugares y roles sociales correspondientes, como constitutivas de
ellas y al patrón de dominación colonial que se imponía. El punto es que, en la definición de estas
identidades, la raza se constituyó como un instrumento clave, puesto que permitía la clasificación
social de la población.
Quiero resaltar importancia del libro de Homi Bhabha, El lugar de la cultura, que brindará dos
puntos fundamentales. Para empezar, el autor se detiene a tratar el tema del “discurso colonial”.
Este se presenta como una forma de discurso que construye conocimientos del colonizador y del
colonizado que se enmarcan en un juego de poder colonial en el que se yuxtaponen fenómenos
como la diferenciación, defensa, fijación y jerarquización. El punto a recalcar es que el objetivo de
dicho discurso es construir al colonizado como una población de individuos degenerados sobre la
base del origen racial. Los sujetos de este discurso son construidos dentro de un aparato de poder
que contiene el conocimiento de un “otro” – que lo hace visible y conocible –. Sin embargo, dicho
conocimiento se encuentra detenido y es fetichista, y circula a lo largo del discurso colonial como
una forma limitada de otredad – llamada estereotipo – (Bhabha 2022: 103). El estereotipo es una
forma particular “fijada” del sujeto colonial que reniega de la diferencia y, de este modo, facilita
las relaciones coloniales. De este modo, instala una forma discursiva de oposición racial y cultural
en los términos en que se ejerce el poder colonial. Es por ello que el estereotipo constituye la
estrategia discursiva mayor del discurso colonial. Establece una forma subjetivación en la que el
conocimiento y la identificación están teñidos por un carácter ambivalente. Esta ambivalencia
asegura la repetibilidad del estereotipo en coyunturas históricas y discursivas cambiantes.
Estos dos conceptos se aplicarán en el análisis de la formación del discurso hegemónico y cómo
este guarda relación con una formación colonial. Asimismo, se verá cómo, en este caso, el discurso
colonial interiorizado en la sociedad limeña se apoya y fundamenta en la raza como estereotipo.
Es de esta manera que, el último, sostiene el discurso colonial y, a partir de ello, permea la
herencia colonial en la sociedad limeña.