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CUENTO en El País de Los Dragones

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EN EL PAIS DE LOS DRAGONES Texto: Antonio Bermejo y Teresa Arrufat Portada: Eva Figueras Dibujos: Imma Itxart http: / /www.cuentosamedida.com Mail: [email protected] v ANTONIO BERMEJO 2004 3 ais de los dragones os asientos enormes de la sala del consejo se iban Ilenado rapidamente. Todo el mundo de- bia estar en su lugar antes de que Drantrobus, el viejo dragén, iniciara la asamblea dando un golpe formidable en la mesa con su cola pode- <& rosa. Los dragones llegaban empapados debi- do a la terrible tormenta que estaba cayendo en aquellos precisos momentos sobre Draha, la ciudad secreta. Todos coincidian en opinar que aquel tiempo, que el viento huracanado del norte traia tan oportunamente, era un augurio excelente. Era realmente, un dia espléndido para tratar el grave problema que los habia reuni- do” -gDe veras, a los dragones les gustan las tormentas? -pre- gunté Marta a Juan, el enfermere. -Naturalmente, la lluvia nos... digo... les limpia las escamas duras y el frio mitiga un poco el calor insoportable de nues... sus barrigas. Recuerda que los dragones pueden lanzar fuego por sus bocas enormes ... Pero no preguntes ms o no podré acabar la historia zPor dénde iba? -Pues estabas explicando que Ilovia a cantaros -dijo Marta, moviéndose en la cama con cuidado para no tirar de los tubitos transparentes de plastico por donde, gota a gota, bajaba el suero -Fijate, la tormenta fue tan formidable que atin me acuerdo como si fuera ayer de una conversacién que oi entre tres drago- nes, camino de la gran sala. Uno le decia al otro: -Es de envidiar este clima. En el pais de donde yo vengo no sucede nunca nada parecido, siempre hay mal tiempo, con un sol que rompe las piedras y calienta las escamas hasta lo insoporta- ble A mi me ocurre lo mismo. De dénde eres tu? —le pregunté el dragén de la derecha, rasc&ndose una de sus orejas descomu- nales con sus garras afiladas. -De Andalucia. Vivo en una cueva de la sierra, entre Cérdo- ba y Sevilla -No sé de qué os quejais -interrumpié el dragén de la iz- quierda-. Yo vivo en el Sahara y alli puede pasar un afic entero sin que una nube cruce el cielo. Sélo hay tormentas de polvo y arena. -Asi pues, ninguno de nosotros conoce la ciudad de Draha. Antonio Bermejo Teresa Arrufat -Es la primera vez que venimos. Hemos sido convecades por el consejo. Debe ser muy importante lo que Drantrobus nos tiene que comunicar. -Yo ya tengo ochocientos veintitin afios, y no recuerdo que ni mi abuelo ni mi padre me explicaran que haya sucedido cosa semejante —dijo con voz ronca el dragén de la derecha, mientras una pequefia llamarada se escapaba de sus fauces profundas -. iUy! Perdonad, pero cuando estoy un poco nervioso se me escapa algan eructo. -En el mundo de los dragones -explicaba Juan a Marta- eructar esta considerado de mala educacién, porque el aliento sale en forma de llamas. Es un acto de seguridad mas que de cortesia, ya que se ha dado el caso de quemar, sin querer, al interlocutor Los dos dragones se apartaron instintivamente y, de inme- diato, los ojos se les enrojecieron -Todo el mundo sabe que cuande a un dragén se le ponen los ojos rojos, es que estA enfadado y sus reacciones son imprevi- sibles -puntualizé el enfermero. -Vigila tus modales en Draha, por mucho menos puedes acabar destrozado por los drauros -le dijo el dragén de la derecha. -Sélo me sucede cuando me pongo nervioso -respondi: condiendo la cabeza bajo la cola, avergonzado. Ese gesto apacigué a los dragones, los ojos de los cuales volvieron a su habitual color verde. Marta habia descubierto que a veces los ojos de Juan cam- biaban de color, especialmente cuando venia a recoger los platos de la cena y veia que no habia comido nada. Entonces, detras de sus grandes gafas, brillaba un destello rojizo que iluminaba por un segundo toda la habitacién. Pero de eso no hacia caso porque era el mejor contador de historias del mundo. :Otra vez? jNo has comido nada! Se lo diré al médico, él sabra cémo hacerte comer -No le digas nada, Juan, me va a colocar mas tubos -Pues ya sabes lo que tienes que hacer, tragar algo aunque no tengas ganas. -No lo puedo remediar, si pienso en comer se me remueve el estémago y me vienen arcadas —dijo Marta poniendo cara de en- ferma, -Si comes algo prometo no decir nada, palabra de dra... digo, de Juan. -EQué ibas a decir? —salté Marta. es- En el pais de los dragones -No entiendo lo que preguntas -dijo Juan, levantado la tapa de acero inoxidable que cubria una sopa de letras amarillenta. -No te hagas el despistado, cqué ibas a decir? Sino me lo dices no abriré la boca. -Esta bien -dijo Juan levantandose y recogiendo el carrito con los platos-, ahora mismo aviso al médico. -No, Juan, ta ganas, es que me canso cuande como sopa, iy me duele el brazo! -eVes como estas débil? jVenga! Yo te ayudo. -Oye. -eQué? -eQuiénes son los drauros? -Los drauros son una especie de policias. Si alguno de los dragones no respeta las estrictas leyes de Drah, los expulsan sin Antonio Bermejo Teresa Arrufat contemplaciones. ;Venga, Mart impaciente. 2Y que mas pas6? -Primero otra cucharada. Marta abrié la boca. Drantrobus esperé que el silencio imperase en el gran sa- lén, sdlo entonces dijo con su voz poderosa -Os doy la bienvenida a todos. Os preguntaréis qué rayos esta sucediendo para que haya convecado el consejo, especial- mente si se tiene en cuenta que no se celebraba ninguno desde hace al menos tres mil afios. Los dragones, serios, movieron sus enormes asintiendo ca- bezas. -La desgracia ha azotado sobre nuestro pais. Muchos de vosotros sabéis que ha nacido un dragoncito. Esto sélo ocurre una vez cada milenio. Pero la alegria por su nacimiento ha sido empafiada por la enfermedad. Drikan, nuestro bebé, se esta mu- riendo... Y esta escrito que... si esto sucede... nuestra especie se extinguira para siempre Un murmullo nervioso recorrié la sala enorme, muchos no pudieron reprimir las lagrimas y, con el cuello apuntando hacia el cielo, emitian lamentos largos y profundos. Drantrobus hizo un gesto con su majestuosa cabeza, los silencié y continué: -Sélo hay una Unica esperanza eCual es? -preguntaron con los ojos muy abiertos los dra- gones alados Qué debemos hacer? -se sumaron los dragones de tres cabezas, que eran los primeros en apuntarse a todo Drantrobus movié su cola de forma impaciente y todos ca- laron, -Hemos consultado al sabio dragén Drathum y nos ha di- cho que Drikan sélo puede salvarse con la palabra de un huma- no iSe enfria la sopa! —decia, Juan, De la asamblea surgieron bufidos indignados. iPero esto es imposible! ;Los huamanos son nuestros enemi- gos! -gritaron a coro los reptilianos jNingiin humano querria hacer nada para salvarnos! jNes odian desde que el mundo es mundo! jEstas insignificantes cria- turas nos tienen declarada la guerra! —se ofa por toda la sala En el pats de los dragones El consejo se llené de voces atronadoras, de patas enormes golpeando el suelo hasta hacerlo trepidar. -iSilencio! -ordené Drantrobus-. Drathum no se equivoca nunea, y si él dice que esto es asi, es que es asi y no de otra manera. Escuchad, uno de vosotros traer4 a un humano aqui, pero sélo si tiene Ia voluntad de ayudarnos. Si lo oblig4ramos no serviria. Su palabra salvara a nuestro Drikan. Asi que, desde hoy, no molestaréis en absoluto a los humanos, no les daréis ni el mas insignificante susto. ¢Me habéis entendido? -dijo mirando con les ojos como rubies a cada uno de los dragones del consejo. Del fondo de sus gargantas profundas surgieron grufidos de obediencia, todos eran conscientes de la importancia vital de sanar al recién nacido. Si él moria la orgullosa especie de los dra- gones desapareceria de la faz de la tierra ——Ss ge Teresa Arrufat Drantrobus puso una piedra de volcan hirviente sobre la mesa enorme de granito. Levanté su cola voluminosa y temible, la hizo bailar en el aire durante unos segundos, y la dejé caer sobre ja piedra de voleén que salté por los aires hecha aficos. Miles de centellas volaron por todos los rincones de la sala, mientras los dragones, inméviles, abrian sus fauces. El elegido para la misién seria aquél a quien cayera uno de las humeantes y apetitosos fragmentos en la boca. -é¥ qué pas6? -Antes otra cucharada. Marta abrié la boca sin quejarse. Uno de los fragmentos, el mas grande, volaba girando sobre si mismo y, cayé en la boca de Drénajj. Bl era el favorecido. Los dragones se removieron sorprendidos, algunos moviendo sinuosamente la cola en seAal de aprobacién, pero la mayoria pen- sando que era demasiado joven para tal encargo ;Sélo tenia des- cientos treinta y dos afios! Pero las piedras de volean nunca se equivocan -Tomaras forma humana y buscaras a quién tenga el cora- zén caliente como el nuestro ~anuncié el sabio Drathum-. Y aho- ra, ven conmigo. Conoceras al pequefio Drikan. El dragoncito dormia bajo la mirada atenta de su enorme madre, Drenta, que al oir les pasos del sabio, incliné el cuello en sefial de cortesia -Este es Drénajj. Las astillas de fuego le han elegido, él sera el encargado de buscar la salud para tu hijo. Drenta, con los ojes azules de tristeza, le saludé con un silbido tan melancélico y dulce, que Drénajj quedé profundamen- te conmovido. -Yo encontraré a un humano con el corazén de dragén, y te aseguro que lo traeré ante ti para que salve a tu hijo que, desde ahora, es mi hermano Entonces, rompiendo la rigidez de los rituales entre drago- nes, Drenta enlazé su largo cuello con el de Drénaijj y lo acercé ala profunda roca que hacia de cuna al recién nacido -{Se le estan cayendo las escamas! —exclamé el elegido, que nunca hubiera imaginado que algo asi pudiera suceder -jOstras, Juan! A Drikan le pasa como a mi, que también se me cae el pelo. Yo sé lo mal que se lo pasa uno con estas histo- rias. En el pais de los dragones -No interrumpas y abre la boca, ya casi te has acabado la sopa. Ahora un poco de pollo. Juan corté un trozo de pollo y acercé el tenedor a la tozudamente cerrada boca de Marta. Pero la abrié inmediatamen- te al oir un extrafio grufiido. Por un instante, hubiera jurado que uno de los dragones de la historia se habia colado alli dentro... No era la primera vez que la habitacién 319 cambiaba de color... pero el fenédmeno era tan vertiginoso, que nunca podia estar segura del todo. Esta vez tenia miedo de verdad. -gHas oido, Juan? -gQué tengo que oir? -Esa especie de bramido... descomunal... -intentaba expli car Marta, mientras masticaba con prisa el trozo de pollo -Yo no he oido nada de nada. Antonio Bermejo Teresa Arrufat -Est bien, me rindo, no sé como lo has hecho, pero me has asustado. Mira, me comeré todo el pollo si me cuentas qué hizo Drénajj después. -Eso de que te lo comas todo esta bien. Pero, ¢de veras quie- res oir toda la historia? -dijo el enfermero, con una sonrisa burlo- na en los labios-. Si te dan miedo las historias de dragones, yo -No digas tonterias, Juan, a mi no me da miedo nada, ade- més, yo sé que te los inventas. -cEstas segura? ~\Claro que si! ;Todo el mundo sabe que no existen los dra- gones! Come mucho los cocodrilos... las lagartijas... pero no tus fantasticos dragones -Creo que no estas del todo convencida. -éPor qué lo dices? -dijo desafiante Marta. -Por nada, por nada... tan sélo hace un momento has escu- chado un ruido extrafio y, de vez en cuando, ves tu habitacién teflida de rojo como si fuera el reflejo del ojo de un dragon... ¥ jurarias que es verdad, ga que si? -De acuerdo. A veces creo oir y ver cosas raras. Tal vez lo que pasa es que me gustaria ser amiga de uno de esos dragones perseguides. Por ejemplo, me encantaria ayudar a Drikan, el po- bre debe estar mas asustado que yo. Los primeros dias, yo no queria ni hablar de ir a la escuela... sélo pensar en el ridiculo que haria con la cabeza calva... entre las risas y miraditas de los com- pafieros, me moria de vergtienza. -zQué hiciste? -pregunté Juan, interesado. -Nada, no pasé nada. En el munde hay muchos calvos im- portantes, por ejemplo, Jordan, el mejor jugador de baloncesto del mundo, no tiene ni un solo pelo en la cabeza. Y ademas, soy la fan ntimero uno de Sinnead O'Connor. Al principio no pensé en eso, fueron mis amigos y amigas, los que me lo dijeron al verme. El resto fue facil. Pero no creo que en el mundo de los dragones existan jugadores de baloncesto calvos 0 cantantes como O'Connor é0 si, Juan? -No, no los hay -dijo el enfermero. -Pero cuéntame que mas sucede -dijo Marta que por fin se habia acabado el pollo, reprimiende un bostezo. ~Tendras que esperar un poco. Cuando acabe mi turno ven- go y te cuento un poco més. -No tardes -le pidié Marta, bostezando abiertamente. 10 En el pats de los dragones 11 Juan se fue con la bandeja de la cena. Se habia quedado mucho tiempo con Marta, pero estaba contento. Por una parte habia conseguide que comiera y, por otra, su admiracién por la nifia habia crecido: Era valiente y sabia lo que era sufrir. El enfer- mero pensaba que ya habia encontrado al humane con corazén de dragén. Iba entrando en las demas habitaciones, saludaba amablemente a los enfermos, recogia las bandejas y las colocaba, con el menor ruido posible, en el carrito del pasillo. Pero sus pen- samientos estaban con Marta. Ain resonaban en sus oidos las palabras: “Me gustaria ayudar a Drikan”. Le quedaban pocas du- das, estaba convencide de que, si alguien podia ayudarlo, era ella. Drathum le habia dicho: “déjate guiar por el corazén”, y su cora- zon sefialaba a Marta. Pero ahora venia lo mas dificil: decirle quién era y convencerla para que visitara la ciudad secreta. No sabia cémo hacerlo sin asustarla. Por eso le hablaba de dragones, para que todo le fuera mas familiar, para que conociera las dificiles costumbres de su especie temible. No podia retrasarlo mas. Debia decidirse... Mientras tanto, Marta miraba la puerta de su habitacién luchando contra el suefio, pero los ojos se le iban cerrando. Juan era el enfermero mas divertido y raro que habia tenido nunca... iy eso que ya habia conocido a unos cuantos!... En los hospitales conoces de todo... El suefio Ilegé antes que el especialista en dra- gones. Aquella noche sofié con el dragoncito, pero no acababa de verlo... En el suefio, Marta entendié que no sabia imaginarse un dragén bebé y, ademas, con problemas de pérdida de escamas. Antes de despertarse decidié preguntar a Juan qué aspecto tenia Drikan, -iBuenos dias! -dijo la enfermera subiendo la persiana de la ventana- ¢Has dormido bien? Hoy hace un dia espléndido Marta estuvo unos segundos, sin abrir los ojos, figurandose que la enfermera era un dragén recién Ilegado de Draha. Se rit para sus adentros y la saludé con buen humor: -Buenos dias, Ana, gsabes si Juan est de guardia? Sé qu cuando le toca la hora de cenar, es que tiene el turno de noche y por la mafiana todavia esta. -eQué os Ilevais entre manos vosotros dos? Tendré que vigilaros mas de cerca. Ahora miraré los turnos. Silo encuentro le digo que lo est&s buscando, zde acuerdo? Pero antes hay que la- varse y desayunar Antonio Bermejo Teresa Arrufat -Nunca he entendide porque hay que despertar a la gente enferma tan pronto, juste cuando el suedio est en lo mejor, -El mejor momento es siempre el de despertar -dijo Ana rien- do, que se ponia de buen humor si hacia sol, Drénajj habia estado buscando una estrategia para decirle a Marta quién era en realidad, pero atin no sabia qué hacer. No conocia del todo las reacciones de los humanos, sélo algunas co- sas que le habian contado los dragones mas viejos y lo que él mismo habia averiguado desde que estaba alli, y de eso hacia ya unos cuantos meses. Tal vez donde habia aprendido a entender- los, a admirarlos y a quererlos habia sido en el hospital. Alli, fren- te ala enfermedad y el dolor, los humanos se mostraban tal como eran, aparentemente débiles pero, en realidad, tan fuertes como ellos, los dragones. Habia hecho las paces con los humanos y los. respetaba. No se arrepentia de haber buscado alli, era el mejor sitio para encontrar al humano adecuado. Y ahora ya lo conocia, no tenia ninguna duda, era Marta. La habia visto aguantar las. sesiones de quimio, las tres operaciones y las largas noches de convalecencia como lo haria un auténtico dragén. -Hoy se lo diré... no sé cémo... pero se lo diré... ya no queda mucho tiempo. -¢De buena majiana y hablando solo, Juan?-dijo Ana, que estaba risuedia porque el dia era luminoso. -Hola, Ana, debe ser este tiempo, a mi los dias de sol me trastornan, prefiero la Iluvia. -Mira que eres rarito, zeh?, el sol es lo mejor del mundo. Por cierto, Marta ha preguntado por ti, hoy la he visto muy bien, esta chica es muy valiente. -cA que si? -dijo Juan, satisfecho, porque Ana confirmaba su eleccién. Los pasillos, a primera hora, eran un hervidero de batas blancas... de palos de fregar de la brigada de limpieza... de term metros en las axilas... tomas de presién... pastillas... Quien haya estado ingresado en un hospital sabe que las cosas importantes pasan, casi siempre, por la masana. -Se lo explicaré claramente, asi su decisién sera totalmente libre -resolvié Drénajj, abriendo la puerta 319 Juan! {Qué bien que hayas venido! Me tienes que acabar de contar lo de la ciudad secreta -le exigié Marta, nada mas verlo. -Mira, tengo que decirte una cosa muy, pero que muy im- portante, y quiero que me escuches con mucha atencién 12 En ei pats de tos dragones 13 -No me asustes, Juan... jYa lo sé! El médico se lo ha pensa- do mejor y me va a dar mas quimio ZA que es eso? {Dime la ver- dad! -No, mujer, tu salud esté cada vez mejor y pronto te envia- ran acasa, y yo me alegraré mucho. Pero no queria hablar de eso, sino de Drikan, el pequefio dragén enfermo. -iAh, si! Yo también queria preguntarte... ‘Tengo que contarte un secreto: yo no me Ilamo Juan, soy Drénajj. Gracias a una pécima que me dio Drathum, tengo la apa- riencia de un ser humano. eMe estés diciendo que ti eres el elegido? jOstras! ;Qué guai! {Eres el mejor! -No lo entiendes, ahora no te estoy explicando un cuento, te estoy diciendo la verdad. Soy el que se tragé el fragmento de fue- go. Antonio Bermejo Teresa Arrufat -Juan, esto es muy bueno, me sorprendes siempre, eres un genio -No tenemos mucho tiempo, sélo en ti he encontrado el au- téntico corazén de dragén. Tu eres el humano que puede salvarle. -e¥ cémo sé yo que estoy hablando con un dragén? -dijo Marta, creyendo seguir el juego. Drénajj, con un 4gil movimiento, cerré la puerta de la habi- tacién -Mira con atencién, sélo te lo ensefiaré un breve segundo, no puedo exponerme a que otro humano me descubra. Se desabroché la bata de enfermero y le mostré su espalda. -eQué tienes ahi? :Una operacién? —dijo Marta boquiabier- ta. -La pécima de Drathum no era perfecta y no me convirtié en humano por completo. No habia tiempo para otro intento asi que decidi que la espalda era facil de ocultar a los ojos de los demas humanos. Lo que estas viendo son las escamas de mi cuerpo au- téntico, bueno, de parte de mi cuerpo, porque yo soy diez veces mas grande y mi cola es tres veces tu altura. gQuieres tocarlas? Te convences ahora? Marta miraba las extraordinarias y verdes escamas en la espalda del enfermero sin poder creerlo y sin atreverse a acercar la mano. Buscaba una razén légica a lo que estaba viendo, Una cosa era la fantasia y otra la realidad, y ella sabia distinguirlas muy bien. Era imposible. -No sé qué creer —balbuceé-, lo que veo bien podria ser el resultado de algun accidente... 0 de una operacién... jo qué sé yo! éPor qué tiene que ser la piel de un dragén?, los dragones no existen, son criaturas fantasticas que sélo viven en la imagina- cién o salen en los cuentos. Todo el mundo lo sabe. Juan, por favor, deja de jugar. En aquel preciso momento la habitacién se tifié de rojo, los ojos de Drénajj eran dos bolas de fuego y su voz se volvié profunda y ronca como nadie podria ponerla aunque se esforzara. Marta oyé como aquella voz estremecedora le decia: -Debes creerme, sélo tt puedes salvar a Drikan, El enfermero se acercé a la cama y Marta abrié la boca para gritar aterrorizada, pero su célida mano le tapé la boca. Los ojos de Drénajj se fueron calmando y pasaron del rojo rubi al color azul. Marta recordé que ese color, en los ojos de los dragones, significaba tristeza. -Lo siento, no queria asustarte. ¢Ves cémo va de veras? 14 En el pais de los dragones La nifia movié la cabeza asintiendo sin poder dejar de mirar los tristes ojos azules que contagiaban ganas de llorar. Drénajj se volvié a vestir con su bata blanca y recuperé el aire de enfermero_ Marta se restregé los ojos. gAquello habia pasado realmente? Para asegurarse le llamé por su otro nombre. -gDrénaij? Drénajj se volvié, sus ojos se pusieron de nuevo verdes. -jMe has lamado por mi verdadero nombre...! ¢Eso quiere decir que te he convencido? zVendras conmigo a la ciudad de los dragones? ~Tengo un poco de miedo, alli seré una extrafia. <¥ si tus compaiieros me aplastan? Al contrario, sers recibido como una heroina, los dragones saben reconocer la valentia, aunque sea la de un insignificante humano |Uy! Perdona, es la costumbre. ntonio Bermejo Teresa Arrufat rados con nosotros! -y de su garganta surgié una carcajada. Al poco rato Marta no podia parar de reir, -Ya me advirtié Drathum que nuestra risa era muy conta- giosa para los humanos. -¢Cémo Iegaremos a Draha? —pregunté Marta, intentando ponerse seria. -Los dragones no podemos volar de dia, asi que saldremos esta noche, cuande todo el mundo duerma. Hoy vendré a visitarte a menudo para decirte las cosas importantes que hay que saber de mi ciudad. Ahora debo marcharme... pero antes quiero decirte que he buscado mucho hasta encontrarte y, si un dragén puede ser amigo de un humano... a mi me gustaria... si tu quisieras. -Ti eres mi amigo, Drénajj, el mejor que he tenido -y los dos se abrazaron. Drénajj emitid un silbido agudo y melancolico, casi imperceptible, la forma en que lloran los dragones Marta pasé todo el dia nerviosa. Por mas que lo intentaba no se lo podia imaginar. Necesitaba ropa y su armario estaba va- cio... ¢¥ sialli le daban de comer piedras hirvientes? : Cuanto tiem- po estarian? Por no saber... no sabia ni qué plan tenian para salir del hospital. Con tantas emociones casi no notaba los puntos de la operacién Drénajj entraba y salia: -Lo primero que debes hacer cuando te encuentres ante Drantrobus es mostrarle sin miedo tu cuello, es nuestra manera de saludar... -A los dragones jévenes les divierte desafiar con la mirada, ta no bajes la tuya, sino, lo consideraran una debilidad. -Y, lo mas importante, no tiembles, sino se reirén de ti... -Pero no te preocupes, porque yo estaré contigo en todo momento. La doctora Cajal pasé a visitarla a media tarde y se quedé un rato con ella. La felicité por su evolucién. Hablaron de basquet y de Jordan, el mejor alero del mundo. La doctora Cajal era la tinica que sabia de basquet en todo el hospital, a veces se la lleva- baa su despacho y veian juntas algtin partido de la NBA. A ella le gustaban los Lakers y a la doctora los Chicago Bulls y, a las dos, les encantaba la guapisima Sinnead O’Connor y se prestaban sus discos El sol se estaba escondiendo. Debia ser por los nervios, pero en todo el dia no se habia mareado ni le habian venido las moles- tas arcadas, a pesar de la sesién de quimio. Por el sonido de los 16 En el pais de los dragones 17 pasos de las enfermeras por el pasillo, Marta sabia que era el cam- bio de turno. Era el momento de traspasar la informacién, de ex- plicar novedades, de comunicar nuevos ingresos, de contabilizar altas y bajas, y de referir las incidencias. Pero hoy, para Marta, todo aquello carecia de importancia. Estaba a punto de comenzar la gran aventura. -cEstds lista? -pregunté Drénajj a media voz, asomando la cabeza por la puerta. No supe qué decir. Estaba en pijama en medio de la habita- cién. Quiso contestar que hacia mucho rato que esperaba, pero se le secé la boca de golpe y Ia lengua se le pegé al paladar, como si viniera de una anestesia. Con un esfuerzo logré pronunciar: “Si -He traido ropa de abrigo. Alli arriba hace frio. Antor Bermejo Teresa Arrufat -cAlli arriba? -pregunté Marta. -Si, las nubes siempre estan hiimedas. A veces, al cruzar- las, sales empapado como si te estuvieras duchando. A mi me encanta, pero tt no estas acostumbrada y puedes coger un res- friado. -eQuieres decir que iremos volando? -Claro, sino no llegariamos nunca. Noté que se le aflojaban un poco las piernas. Nunca habia montado en un avién... {Seria fantastico! gO quizA seria un heli- céptero? A veces trasladaban a los accidentados asi... iba pensan- do mientras se vestia con rapidez. -He cogido todos los medicamentos, no quiero que por mi culpa enfermes. Bien, ahora hay que llegar a la azotea del hospital sin que nos vean. Siéntate en la silla de ruedas Drénajj apreté los timbres de emergencia de las habitacio- nes mas alejadas. Las enfermeras corrieron a las llamadas. ‘enga! {El camino hasta el ascensor esté libre! -dijo satis- fecho Mientras subian hasta la azotea, Drénaijj le expuso -Ahora necesito m&s que nunca que confies en mi, si me tienes miedo nada funcionara. Marta pensaba que no era para tanto. Subir aun helicépte- ro era arriesgado pero no tanto. Una vez arriba, Drénajj se quité la ropa y los zapatos. Del bolsillo extrajo un frasco, lo destapé y be- bié de golpe su contenido violeta, luego junté las manos y dijo: -Veas lo que veas, pase lo que pase, recuerda que soy Drénaij, tu amigo. Y, ante los asombrados ojos de Marta, al enfermero le nacie- ron en la espalda dos descomunales alas membranosas, su cabe- za se hizo gigantesca, las patas se transformaron en columnas terminadas en zarpas, el volumen del cuerpo se multiplicé... Y se convirtié en un dragén pavoroso con unos desorbitados ojos ver- des de gato que la miraban fijamente. Todo él era tan grande que uno podia escalar por las escamas, o subir por la espalda como si fuera una escalera. Drénajj, contento de sentirse de nuevo dra- gén, sacudié su enorme cola que, por lo menos, media cinco me- tros. La confianza de Marta, ante aquella boca semejante a un agujero negro, desfallecié. Miré hacia la puerta de la azotea calcu- lando los segundos que tardaria en llegar a ella y escapar por las escaleras. Estaba a apunto de intentarlo cuando el vozarrén de Drénaij le pidié: 18 En el pais de los dragones -Subete a mi y cégete fuerte. Volar es peligroso, pero no temas, iré con cuidado y no pasaré por las nubes mas humedas. Y, como en un suefio, Marta empezé a subir, primero un pie, luego el otro, por las duras escama salientes de la inmensa cola y asi fue trepando por aquella verde montafia hasta el cuello. Una vez alli se sent a horcajadas y se oyé a si misma deci -Estoy lista, Drénajj, empieza a volar. El dragén se adentré suavemente en la negrura del cielo. Era tan oscuro que Marta perdié la nocién del espacio y del tiem- po. Le parecié que llevaban horas volando cuando oyé que Drénajj le deci -Mira alla abajo. gVes aquellas columnas de humo? Son los cinco voleanes que alimentan Draha. Ya hemos Iegado. Teresa Arrufat Desde el aire se veian multitud de monticulos, del interior de los cuales, salian dragones que se acercaban hacia ellos. -Vienen a recibirnos. Drénajj aterrizé suavemente en una plaza redonda. Cuando Marta descendié se hizo un silencio impresionante pero, en un momento, un grupo de jévenes y curiosos dragones los rodeaban. Saludaban a Marta con bramidos amigables y miraban, sorpren- dides, su insignificancia. Los mas atrevidos acercaban sus enor- mes hocicos hasta rozarla. Ella recordaba el consejo de Drénaij y, aunque estaba muerta de miedo, los miraba directamente a los ojos y alargaba el cuello tanto come podia. -Me llamo Marta... me llamo Marta... -decia con seguridad a todas las narices que se le acercaba. De entre la multitud destacaron Drantrobus y Drathum. Pero, antes de que les diesen la bienvenida, otra cabeza, con los ojos mas azules que habia visto jamas, se acercé e incliné su in- mensa cabeza hasta depositarla con mucho cuidado a sus pies. Nadie tuvo que decirle que era la madre de Drikan. Su Ianto era el sonide mas triste que habia escuchado nunca, era un gemido in- menso, un solloze infinito. Marta, sin miedo, acaricié su cabeza y le dijo: -Tu hijo se pondra bien, como yo. Al oir aquellas palabras todos los dragones congregados en. la plaza lanzaron una llamarada hacia el cielo. -Lo hacen en tu honor -dijo Drantrobus-. Nada es bastante para premiar tu valentia. Hemos preparado una cueva para ti, creo que te gustard. Ven. Mientras avanzaban por las calles de lava petrificada, por los huecos de las colinas surgian testas que los miraban con res- peto. Por fin llegaron al alojamiento que le habian preparado: era una copia exacta de la habitacién 319 -Claro -pens6-, Drénajj me ha conocido siempre ahi, él piensa que es mi casa. Agradecié la atencién y los dragones se sintieron felices al comprobar que aquel mintisculo humano se comportaba con edu- eacién. -¢Cuando veré a Drikan?-pregunté, La voz de Drantrobus, mucho mas profunda atin que la de Drénajj, le contesté: ~Cuando desees -Pues ahora mismo. 20 Enel pats de los dragones -Ven, sigueme. Las calles seguian repletas de dragones. Marta, mas tran- quila, se iba fijando: dragones alados, como el propio Drénajj, los de miiltiples cabezas, los sinuosos en forma de anguila... algunos eran verdes y otros negros, pero también los habia blancos... unos tenian un aspecto feroz, pero otros sonreian amables y bondado- sos. Entraron en una gran cueva y, en una cavidad de la roca forrada con pieles, estaba Drikan. Era la primera vez que el pe- quefio dragén veia a un ser humano y se oculté tras las patas de su madre. -Te imaginaba mas alta -dijo finalmente saliendo de su es- condite-. Yo te paso. Antonio Bermejo Teresa Arrufat -Es verdad. Ahora ya no eres el mas bajito de la ciudad de Draha -dijo Marta sonriendo. -éA ti también se te caen las escamas? -Bueno, se puede decir que si, no tengo escamas como tu, pero si tenia un hermoso pelo aqui -dijo sefialando la cabeza des- nuda-. Estuve mucho tiempo queriendo que no me viese nadie. -Yo tampoco quiero que me vean -dijo Drikan, poniendo los ojos azules. -gJuegas al baloncesto? -No sé qué es esto del baloncesto -contesté Drikan, sentan- dose sobre su cola, fatigado con la pequetia conversacién. -Drikan, dime zVendrias conmigo al mundo de los huma- nos? -glz contigo? -Si, alli hay una doctora que te curard. Y te ensefiaré a jugar al baloncesto. Con tu altura seriamos los campeones de la liga. -Pero si me ven los humanos me mataran, mi madre me ha contado que nuestro aspecto os asusta y que destruis todo lo que desconocéis. -Tu madre tiene razén... pero sélo en parte... porque yo es- toy aqui, y valientes como yo hay muchos. Drathum, que escuchaba en la penumbra de Ia cueva, les interrumpié: -2TA crees que esa doctora que dices es capaz de atender a Drikan? Acuérdate que Drénajj ha tardado tiempo en encontrarte ati -Ella también es valiente, os lo puedo asegurar. -Es importante que no te equivoques. Drikan no puede to- mar forma humana porque esta muy débil. Asi que, sélo le puedo hacer transparente a ratos cortos. -Le esconderemos hasta que esté fuerte -dijo Marta. -gDénde? -pregunté el sabio -Pues no lo sé, pero algo se me ocurrira Un trueno retumbé por las grandes bovedas de las grutas La lluvia se habia ensefioreado de la ciudad. Los dragones salian de sus cavernas y dejaban que las gotas resbalaran por sus acora- zados cuerpos. Cuando una gota lograba introducirse bajo sus duras escamas les hacia cosquillas, entonces se sacudian como perros mojados. Drénajj a menudo debia ayudar a Marta a subir los altos escalones de una calle que, para ella, eran auténticos 22 En el pais de los dragones 23 precipicios, 0 encaramarla sobre su cabeza para que viera el inte- rior de una casa-montafia. Cuando se cruzaban con algtin dra- gén, éste golpeaba el suelo con su enorme cola haciéndolo tem- blar. Era como si dijera: “zCémo estas? Hola, buenos dias. Me alegro de verte”. Marta respondia dando una fuerte patada en el suelo. Lo que mas le impresioné fue ver la oscura cueva del Con- sejo. Se la imaginé llena de dragones apretujados y se situé en el mismo lugar donde habia estado Drénajj cuando recogié con la boca la astilla de fuego. -El Consejo quiere celebrar tu ayuda con una fiesta. Des- pués, cuando la luna ocupe su lugar, nos iremos los tres a tu mundo. Antonio Bern ejo Teresa Arrufat Los dragones estaban muy atareados con los preparativos: se llenaban grandes ollas con piedras de todos los tamafios y colo- res. En la plaza colgaban estandartes. -Son los lugares del mundo en los que quedan atin drago- nes -explicé Drénajj, que los miraba embelesado eQuién ha visto alguna vez a los dragones cantar o bailar? Pues Marta los vié, y le fue necesaria toda su fuerza de voluntad para no taparse los oidos, ya que este gesto seria una falta de cortesia, pero el baile le encanté: nunca hubiera imaginado que seres tan voluminosos pudiesen ser tan giles y elegantes. Tam- bién hubo duelos de soplidos de fuego y competiciones de vuelo con tirabuzones. A cada proeza, los dragones del publico aplau- dian dando bestiales golpes en el suelo con sus colas. Sus enor- mes fauces engullian golosamente piedras incandescentes. A ella le sirvieron, por suerte, un enorme tazon de sopa amarilla. En el momento de marchar aparecié Drenta, con el pequefio envuelto en pellizas. Sus ojos, atin muy azules, se fijaron en los de Marta y dijo con su voz afectuosa: -Vuelve y trae a tu hermano sano y salvo. Drathum dio las tiltimas instrucciones y Drantrobus los despidié en nombre de toda la ciudad. Deposité su cabeza sobre los pies de Marta y dijo con voz profunda: -Tu corazén late igual que el nuestro, siempre seras recibi- da como una igual en el pais de los dragones. Marta lo abrazé y, de un salto, subié a la espalda de Drénajj junto a Drikan Volveré! -dijo reprimiendo las lagrimas. Un trueno retum- bé en Ia lejania y lo dragones al oirlo gritaron de alegria: Era el mejor de los auspicios Drénajj aterrizé con delicadeza en la azotea del hospital. Estaba amaneciendo. -Lo primero que tenemos que hacer es radiografias y anali- sis de sangre y, por descontado, buscar a la doctora Cajal para explic4rselo. -gEste duele? -pregunté el dragoncito -No, hombre, un dragén como ti ni siquiera se enterara. Ahora toma la pécima que te har transparente, y ti, Drénaij, conviértete otra vez en enfermero. No te preocupes, Drikan, él te levara por todos los pasillos sin que nadie repare en ti, incluso tendras que permanecer en la sala de espera. 24 Enel pats de los dragones -eY ta, qué vas hacer? -pregunto Drénajj-. Recuerda que todo el mundo te estaré buscando. Cuando te encuentren te van a. dar un buen tirén de orejas. cQué les dirés? -Algo se me ocurrira, ahora no hay tiempo que perder, ves a. hacerle esas pruebas a Drikan. Quedemos aqui, en la azotea a las diez de Ia noche, sin falta. Marta encontré a la doctora Cajal en su despacho. -iMira qué bien! jYa ha aparecido la nifia perdida! ¢Qué ha pasado? :Dénde te habias metido? zTe das cuenta del susto que nos has dado? Marta se lo conté tode con detalle. -Bien, Marta, hay que poner una medalla a tu imaginacién, pero tienes a tus padres al borde de infarto, no sé qué harén cuando Antonio Bermejo Teresa Arrufat te vean... Asi que: Juan es un dragén alado? 2Y que ahora esta haciendo una radiografia a un dragoncito al que se le caen las escamas...? —decia la doctora, que no podia disimular la risa. Viendo Marta que no la convenceria, decidié utilizar otra estrategia Ahora mismo iré a disculparme. Y prometo que no volverA a pasar mas si me acompafias a la azotea esta noche. -Para qué? Mira que tengo mucho trabajo, esta noche es- toy de guardia. -Sélo sera un momento, quiero presentarte una amiga mia... Sinnead O'Connor... Vendré a verme pero, para esquivar a los periodistas, no se movera de la azotea -zO’Connor en el hospital? Nadie me lo habia dicho. gAcaso est enferma? ¢Tiene algo que ver con tu huida? Lo primero que debes hacer es ir a tu habitacién a tranquilizar a tus padres yala policia, para que dejen de buscarte. Después, si tengo tiempo, te prometo que iré a la azotea. gHas dicho a las diez? -Si. Slo estara un par de minutos. Tiene que coger un avion hacia los Angeles Marta no entendia cémo la doctora se tragaba aquella trola y no creia en la existencia de Drikan. -gNo sera otra de tus fantasias, verdad? -No. ¥ le he hablado de usted. -zDe mi? zY qué le dijiste? -Que era la mejor médica del mundo y que, siun dia necesi- taba alguno, usted era, sin duda, el mejor -iQué cosas tienes! Esta bien, subiré, pero si me haces per- der el tiempo te recetaré una lavativa.. La entrada en la habitacién fue apoteésica. La llenaron de besos, la cosieron a preguntas... Explicé que se habia quedado dormida en el despacho de la doctora Cajal mirando un partido de la NBA. A la policia le basté la excusa y se marché pero, después, todos se pusieron a refiirla. Las enfermeras le tomaron la presién y la temperatura, y le hicieron comer un poco de sopa amarilla. Por la noche todo volvia a estar tranquil. Corrié escaleras arriba hacia la azotea. Drénajj y Drikan ya la esperaban. -zCémo ha ido todo? cLe has hecho las pruebas? -Todo perfecto, nadie se ha dado cuenta de nada. Las radio- grafias y los andlisis los tengo aqui -repuso Drénajj, sefialando una gran bolsa de plastico -iEs divertido el hospital! —dijo, con cara traviesa, Drikan. 26 En el pats de los dragones 27 -Bien, ahora vendra la doctora, no se ha creido nada pero cuando te vea tendra que hacerlo. Cuando yo te lo diga, te tomas la pocima y apareces come Drénajj. -eT crees que hace falta? Mira que si le da un infarto... -A mi no me pasé nada, gverdad? Pues a ella seguro que tampoco ~afirmé contundente. -iMarta! :Estas ahi? —Ilamé la doctora asomando la cabeza. -i|Estamos aqui! -c¥ O'Connor? zAtin no ha venido? :No me has dicho que tenia prisa? -Mire, la he hecho subir para que vea a un dragén y se con- venza de que todo lo que le he dicho es verdad. 0 Antonio Bermejo Teresa Arrufat -iNo! jSi ya me decia la nariz que no debia hacerte caso! jNunca aprenderé! -dijo dandoles la espalda y dirigiéndose a la salida. Pero entonces el enfermero le cerré el paso con los ojos tan encendides que iluminaban la oscuridad de la azotea. La doctora noté un escalofrio en la espalda, pero atin se horrorizé mas vien- do cémo se quitaba la bata y se tranformaba. El dragén que apa- recié todavia estaba enfurecido y por sus enormes narices salia un espeso humo anunciador de una posible lamarada carbonizadota. La doctora Cajal se desmayé. Cuando volvié en si, vio un dragén manso y preocupado que la miraba con enormes ojos verdes de gato y, detras de él, un tierno dragoncito de ojos muy azules. Comprendié que no habia perdido la razon y aquello, aunque asombroso e increible, era real. Drikan, se acercé a ella, le ensefié sus escamas y le dijo: -A mi hermana Marta ti le has dicho que le volveré el pelo a su cabeza. :Podré volver a tener yo mis escamas? -Aqui tiene las radiografias y los andlisis. zQué més hay que hacer? -pregunté Drénajj, con su voz profunda. La doctora Cajal tragé saliva y se puso de pie. Con aire pro- fesional abrié el sobre con las pruebas. -2Ves? ya te dije que era el mejor médico del mundo. Ver- dad que lo curara? -Lo primero que hay que hacer -dijo con la voz todavia tem- blorosa-, es que Juan, o Drénajj, o como se Ilame, vuelva a tener la apariencia de un ser humano, silo descubren no duraré ni un segundo. Después hay que encontrar un escondite para Drikan. fue -Al desvan del hospital nunca sube nadie -dijo Drénaj mi primer escondite. Yo me ocupo de hacerlo confortable -Debo de estar trastocada... estoy hablando con dragones como si fuera lo mas normal del mundo... -decia la doctora Cajal, hablando sola-. Pero esto no puede durar siempre, alguien lo ave- riguaré -No se preocupe, nosotros nos ocuparemos. Ademas, con- forme recupere las fuerzas, ya podra tomarse el filtro que le haré humano -iMe diran que estoy loca! Pero no puedo negar que es un caso insélito... interesantisimo... Acércate, jovencito. El dragén obedecié inclinando el cuello educadamente. La doctora cogié una de las escamas y se dijo ensimismada: 28 En el pats de los dragones 29 -Me parece que hay algtin caso... Recuerdo haber leido un articulo de un cientifico chino... Le enviaré un mail... Habra que hacer un estudio de... Marta la interrumpii -gHa visto qué altura tiene Drenajj? ¢Es el mejor pivot o no? Si tengo que serte sincera, no creo que le dejen jugar, no sé si seria reglamentario —todavia le temblaba la voz-, pero tienes que saber que lo que vamos a hacer es muy dificil... por no saber. No sé dénde tienen el higado estas criaturas... ni tan siquiera si tienen... Los dias pasaron muy deprisa y Drikan iba recuperandose poco a poco. Ya habia aprendido muchas de las extrasias costum- bres de los humanos y podia tomar apariencia de nifio. Estaban juntos casi todo el dia y eso multiplicaba el trabajo a Drénajj que, ahora, debia dar la comida a los dos mientras les contaba histo- Antoni Bermejo Teresa Arrufat rias de cuando habia ido a parlamentar con Atzur, el viejo unicor- nio -De hecho, nadie sabe exactamente qué pasé entre los dra- gones y los unicornios. Se decia que... -se interrumpia y decia con. voz autoritaria-: {Una cucharada mas o me callo! Masta siempre terminaba su sopa antes que Drikan que, poco acostumbrado a este tipo de alimentos, sorbia la sopa ha- ciendo un ruido de mil demonios -Un dia vendran los bomberos porque pensaran que hay un, escape de gas -y Drénajj y Marta se desternillaban de risa. Entonces Drikan, dela vergiienza, sin poderle evitar, se ponia color de rosa y, cuanto m4s queria disimularlo, mas rosa se po- nia, y mas se reian sus amigos -iA ver si os callais! -decia Ia enfermera de guardia, aso- mando la cabeza-. ¥ ti, Juan, diles que se duerman. Aquella noche, cuando estaban solos con la luz apagada, Drikan le pregunté a Marta, con un hilo de voz. -Marta, gduermes? -No, qué quieres? -Decirte que eres mi mejor amiga. -Y ta mi mejor amigo. Y en la oscuridad de la habitacién los dos se abrazaron. 30 En el pais de los dragones aed y g “ a "eaetas Es un cuento de: www.cuentosamedida.com 31

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