EN EL PAIS
DE LOS
DRAGONES
Texto: Antonio Bermejo y Teresa Arrufat
Portada: Eva Figueras
Dibujos: Imma Itxart
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Mail:
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v ANTONIO BERMEJO 20043
ais de los dragones
os asientos enormes de la sala del consejo se
iban Ilenado rapidamente. Todo el mundo de-
bia estar en su lugar antes de que Drantrobus,
el viejo dragén, iniciara la asamblea dando un
golpe formidable en la mesa con su cola pode-
<& rosa. Los dragones llegaban empapados debi-
do a la terrible tormenta que estaba cayendo en aquellos precisos
momentos sobre Draha, la ciudad secreta. Todos coincidian en
opinar que aquel tiempo, que el viento huracanado del norte traia
tan oportunamente, era un augurio excelente. Era realmente, un
dia espléndido para tratar el grave problema que los habia reuni-
do”
-gDe veras, a los dragones les gustan las tormentas? -pre-
gunté Marta a Juan, el enfermere.
-Naturalmente, la lluvia nos... digo... les limpia las escamas
duras y el frio mitiga un poco el calor insoportable de nues... sus
barrigas. Recuerda que los dragones pueden lanzar fuego por sus
bocas enormes ... Pero no preguntes ms o no podré acabar la
historia zPor dénde iba?
-Pues estabas explicando que Ilovia a cantaros -dijo Marta,
moviéndose en la cama con cuidado para no tirar de los tubitos
transparentes de plastico por donde, gota a gota, bajaba el suero
-Fijate, la tormenta fue tan formidable que atin me acuerdo
como si fuera ayer de una conversacién que oi entre tres drago-
nes, camino de la gran sala. Uno le decia al otro:
-Es de envidiar este clima. En el pais de donde yo vengo no
sucede nunca nada parecido, siempre hay mal tiempo, con un sol
que rompe las piedras y calienta las escamas hasta lo insoporta-
ble
A mi me ocurre lo mismo. De dénde eres tu? —le pregunté
el dragén de la derecha, rasc&ndose una de sus orejas descomu-
nales con sus garras afiladas.
-De Andalucia. Vivo en una cueva de la sierra, entre Cérdo-
ba y Sevilla
-No sé de qué os quejais -interrumpié el dragén de la iz-
quierda-. Yo vivo en el Sahara y alli puede pasar un afic entero sin
que una nube cruce el cielo. Sélo hay tormentas de polvo y arena.
-Asi pues, ninguno de nosotros conoce la ciudad de Draha.Antonio Bermejo
Teresa Arrufat
-Es la primera vez que venimos. Hemos sido convecades por
el consejo. Debe ser muy importante lo que Drantrobus nos tiene
que comunicar.
-Yo ya tengo ochocientos veintitin afios, y no recuerdo que
ni mi abuelo ni mi padre me explicaran que haya sucedido cosa
semejante —dijo con voz ronca el dragén de la derecha, mientras
una pequefia llamarada se escapaba de sus fauces profundas -.
iUy! Perdonad, pero cuando estoy un poco nervioso se me escapa
algan eructo.
-En el mundo de los dragones -explicaba Juan a Marta-
eructar esta considerado de mala educacién, porque el aliento sale
en forma de llamas. Es un acto de seguridad mas que de cortesia,
ya que se ha dado el caso de quemar, sin querer, al interlocutor
Los dos dragones se apartaron instintivamente y, de inme-
diato, los ojos se les enrojecieron
-Todo el mundo sabe que cuande a un dragén se le ponen
los ojos rojos, es que estA enfadado y sus reacciones son imprevi-
sibles -puntualizé el enfermero.
-Vigila tus modales en Draha, por mucho menos puedes
acabar destrozado por los drauros -le dijo el dragén de la derecha.
-Sélo me sucede cuando me pongo nervioso -respondi:
condiendo la cabeza bajo la cola, avergonzado.
Ese gesto apacigué a los dragones, los ojos de los cuales
volvieron a su habitual color verde.
Marta habia descubierto que a veces los ojos de Juan cam-
biaban de color, especialmente cuando venia a recoger los platos
de la cena y veia que no habia comido nada. Entonces, detras de
sus grandes gafas, brillaba un destello rojizo que iluminaba por
un segundo toda la habitacién. Pero de eso no hacia caso porque
era el mejor contador de historias del mundo.
:Otra vez? jNo has comido nada! Se lo diré al médico, él
sabra cémo hacerte comer
-No le digas nada, Juan, me va a colocar mas tubos
-Pues ya sabes lo que tienes que hacer, tragar algo aunque
no tengas ganas.
-No lo puedo remediar, si pienso en comer se me remueve el
estémago y me vienen arcadas —dijo Marta poniendo cara de en-
ferma,
-Si comes algo prometo no decir nada, palabra de dra... digo,
de Juan.
-EQué ibas a decir? —salté Marta.
es-En el pais de los dragones
-No entiendo lo que preguntas -dijo Juan, levantado la tapa
de acero inoxidable que cubria una sopa de letras amarillenta.
-No te hagas el despistado, cqué ibas a decir? Sino me lo
dices no abriré la boca.
-Esta bien -dijo Juan levantandose y recogiendo el carrito
con los platos-, ahora mismo aviso al médico.
-No, Juan, ta ganas, es que me canso cuande como sopa, iy
me duele el brazo!
-eVes como estas débil? jVenga! Yo te ayudo.
-Oye.
-eQué?
-eQuiénes son los drauros?
-Los drauros son una especie de policias. Si alguno de los
dragones no respeta las estrictas leyes de Drah, los expulsan sinAntonio Bermejo
Teresa Arrufat
contemplaciones. ;Venga, Mart
impaciente.
2Y que mas pas6?
-Primero otra cucharada.
Marta abrié la boca.
Drantrobus esperé que el silencio imperase en el gran sa-
lén, sdlo entonces dijo con su voz poderosa
-Os doy la bienvenida a todos. Os preguntaréis qué rayos
esta sucediendo para que haya convecado el consejo, especial-
mente si se tiene en cuenta que no se celebraba ninguno desde
hace al menos tres mil afios.
Los dragones, serios, movieron sus enormes asintiendo ca-
bezas.
-La desgracia ha azotado sobre nuestro pais. Muchos de
vosotros sabéis que ha nacido un dragoncito. Esto sélo ocurre
una vez cada milenio. Pero la alegria por su nacimiento ha sido
empafiada por la enfermedad. Drikan, nuestro bebé, se esta mu-
riendo... Y esta escrito que... si esto sucede... nuestra especie se
extinguira para siempre
Un murmullo nervioso recorrié la sala enorme, muchos no
pudieron reprimir las lagrimas y, con el cuello apuntando hacia el
cielo, emitian lamentos largos y profundos. Drantrobus hizo un
gesto con su majestuosa cabeza, los silencié y continué:
-Sélo hay una Unica esperanza
eCual es? -preguntaron con los ojos muy abiertos los dra-
gones alados
Qué debemos hacer? -se sumaron los dragones de tres
cabezas, que eran los primeros en apuntarse a todo
Drantrobus movié su cola de forma impaciente y todos ca-
laron,
-Hemos consultado al sabio dragén Drathum y nos ha di-
cho que Drikan sélo puede salvarse con la palabra de un huma-
no
iSe enfria la sopa! —decia, Juan,
De la asamblea surgieron bufidos indignados.
iPero esto es imposible! ;Los huamanos son nuestros enemi-
gos! -gritaron a coro los reptilianos
jNingiin humano querria hacer nada para salvarnos! jNes
odian desde que el mundo es mundo! jEstas insignificantes cria-
turas nos tienen declarada la guerra! —se ofa por toda la salaEn el pats de los dragones
El consejo se llené de voces atronadoras, de patas enormes
golpeando el suelo hasta hacerlo trepidar.
-iSilencio! -ordené Drantrobus-. Drathum no se equivoca
nunea, y si él dice que esto es asi, es que es asi y no de otra
manera. Escuchad, uno de vosotros traer4 a un humano aqui,
pero sélo si tiene Ia voluntad de ayudarnos. Si lo oblig4ramos no
serviria. Su palabra salvara a nuestro Drikan. Asi que, desde hoy,
no molestaréis en absoluto a los humanos, no les daréis ni el mas
insignificante susto. ¢Me habéis entendido? -dijo mirando con les
ojos como rubies a cada uno de los dragones del consejo.
Del fondo de sus gargantas profundas surgieron grufidos
de obediencia, todos eran conscientes de la importancia vital de
sanar al recién nacido. Si él moria la orgullosa especie de los dra-
gones desapareceria de la faz de la tierra
——Ss
geTeresa Arrufat
Drantrobus puso una piedra de volcan hirviente sobre la
mesa enorme de granito. Levanté su cola voluminosa y temible, la
hizo bailar en el aire durante unos segundos, y la dejé caer sobre
ja piedra de voleén que salté por los aires hecha aficos. Miles de
centellas volaron por todos los rincones de la sala, mientras los
dragones, inméviles, abrian sus fauces. El elegido para la misién
seria aquél a quien cayera uno de las humeantes y apetitosos
fragmentos en la boca.
-é¥ qué pas6?
-Antes otra cucharada.
Marta abrié la boca sin quejarse.
Uno de los fragmentos, el mas grande, volaba girando sobre
si mismo y, cayé en la boca de Drénajj. Bl era el favorecido. Los
dragones se removieron sorprendidos, algunos moviendo
sinuosamente la cola en seAal de aprobacién, pero la mayoria pen-
sando que era demasiado joven para tal encargo ;Sélo tenia des-
cientos treinta y dos afios! Pero las piedras de volean nunca se
equivocan
-Tomaras forma humana y buscaras a quién tenga el cora-
zén caliente como el nuestro ~anuncié el sabio Drathum-. Y aho-
ra, ven conmigo. Conoceras al pequefio Drikan.
El dragoncito dormia bajo la mirada atenta de su enorme
madre, Drenta, que al oir les pasos del sabio, incliné el cuello en
sefial de cortesia
-Este es Drénajj. Las astillas de fuego le han elegido, él sera
el encargado de buscar la salud para tu hijo.
Drenta, con los ojes azules de tristeza, le saludé con un
silbido tan melancélico y dulce, que Drénajj quedé profundamen-
te conmovido.
-Yo encontraré a un humano con el corazén de dragén, y te
aseguro que lo traeré ante ti para que salve a tu hijo que, desde
ahora, es mi hermano
Entonces, rompiendo la rigidez de los rituales entre drago-
nes, Drenta enlazé su largo cuello con el de Drénaijj y lo acercé ala
profunda roca que hacia de cuna al recién nacido
-{Se le estan cayendo las escamas! —exclamé el elegido, que
nunca hubiera imaginado que algo asi pudiera suceder
-jOstras, Juan! A Drikan le pasa como a mi, que también
se me cae el pelo. Yo sé lo mal que se lo pasa uno con estas histo-
rias.En el pais de los dragones
-No interrumpas y abre la boca, ya casi te has acabado la
sopa. Ahora un poco de pollo.
Juan corté un trozo de pollo y acercé el tenedor a la
tozudamente cerrada boca de Marta. Pero la abrié inmediatamen-
te al oir un extrafio grufiido. Por un instante, hubiera jurado que
uno de los dragones de la historia se habia colado alli dentro... No
era la primera vez que la habitacién 319 cambiaba de color... pero
el fenédmeno era tan vertiginoso, que nunca podia estar segura del
todo. Esta vez tenia miedo de verdad.
-gHas oido, Juan?
-gQué tengo que oir?
-Esa especie de bramido... descomunal... -intentaba expli
car Marta, mientras masticaba con prisa el trozo de pollo
-Yo no he oido nada de nada.Antonio Bermejo
Teresa Arrufat
-Est bien, me rindo, no sé como lo has hecho, pero me has
asustado. Mira, me comeré todo el pollo si me cuentas qué hizo
Drénajj después.
-Eso de que te lo comas todo esta bien. Pero, ¢de veras quie-
res oir toda la historia? -dijo el enfermero, con una sonrisa burlo-
na en los labios-. Si te dan miedo las historias de dragones, yo
-No digas tonterias, Juan, a mi no me da miedo nada, ade-
més, yo sé que te los inventas.
-cEstas segura?
~\Claro que si! ;Todo el mundo sabe que no existen los dra-
gones! Come mucho los cocodrilos... las lagartijas... pero no tus
fantasticos dragones
-Creo que no estas del todo convencida.
-éPor qué lo dices? -dijo desafiante Marta.
-Por nada, por nada... tan sélo hace un momento has escu-
chado un ruido extrafio y, de vez en cuando, ves tu habitacién
teflida de rojo como si fuera el reflejo del ojo de un dragon... ¥
jurarias que es verdad, ga que si?
-De acuerdo. A veces creo oir y ver cosas raras. Tal vez lo
que pasa es que me gustaria ser amiga de uno de esos dragones
perseguides. Por ejemplo, me encantaria ayudar a Drikan, el po-
bre debe estar mas asustado que yo. Los primeros dias, yo no
queria ni hablar de ir a la escuela... sélo pensar en el ridiculo que
haria con la cabeza calva... entre las risas y miraditas de los com-
pafieros, me moria de vergtienza.
-zQué hiciste? -pregunté Juan, interesado.
-Nada, no pasé nada. En el munde hay muchos calvos im-
portantes, por ejemplo, Jordan, el mejor jugador de baloncesto
del mundo, no tiene ni un solo pelo en la cabeza. Y ademas, soy la
fan ntimero uno de Sinnead O'Connor. Al principio no pensé en
eso, fueron mis amigos y amigas, los que me lo dijeron al verme.
El resto fue facil. Pero no creo que en el mundo de los dragones
existan jugadores de baloncesto calvos 0 cantantes como O'Connor
é0 si, Juan?
-No, no los hay -dijo el enfermero.
-Pero cuéntame que mas sucede -dijo Marta que por fin se
habia acabado el pollo, reprimiende un bostezo.
~Tendras que esperar un poco. Cuando acabe mi turno ven-
go y te cuento un poco més.
-No tardes -le pidié Marta, bostezando abiertamente.
10En el pats de los dragones
11
Juan se fue con la bandeja de la cena. Se habia quedado
mucho tiempo con Marta, pero estaba contento. Por una parte
habia conseguide que comiera y, por otra, su admiracién por la
nifia habia crecido: Era valiente y sabia lo que era sufrir. El enfer-
mero pensaba que ya habia encontrado al humane con corazén
de dragén. Iba entrando en las demas habitaciones, saludaba
amablemente a los enfermos, recogia las bandejas y las colocaba,
con el menor ruido posible, en el carrito del pasillo. Pero sus pen-
samientos estaban con Marta. Ain resonaban en sus oidos las
palabras: “Me gustaria ayudar a Drikan”. Le quedaban pocas du-
das, estaba convencide de que, si alguien podia ayudarlo, era ella.
Drathum le habia dicho: “déjate guiar por el corazén”, y su cora-
zon sefialaba a Marta. Pero ahora venia lo mas dificil: decirle quién
era y convencerla para que visitara la ciudad secreta. No sabia
cémo hacerlo sin asustarla. Por eso le hablaba de dragones, para
que todo le fuera mas familiar, para que conociera las dificiles
costumbres de su especie temible. No podia retrasarlo mas. Debia
decidirse...
Mientras tanto, Marta miraba la puerta de su habitacién
luchando contra el suefio, pero los ojos se le iban cerrando. Juan
era el enfermero mas divertido y raro que habia tenido nunca... iy
eso que ya habia conocido a unos cuantos!... En los hospitales
conoces de todo... El suefio Ilegé antes que el especialista en dra-
gones. Aquella noche sofié con el dragoncito, pero no acababa de
verlo... En el suefio, Marta entendié que no sabia imaginarse un
dragén bebé y, ademas, con problemas de pérdida de escamas.
Antes de despertarse decidié preguntar a Juan qué aspecto tenia
Drikan,
-iBuenos dias! -dijo la enfermera subiendo la persiana de la
ventana- ¢Has dormido bien? Hoy hace un dia espléndido
Marta estuvo unos segundos, sin abrir los ojos, figurandose
que la enfermera era un dragén recién Ilegado de Draha. Se rit
para sus adentros y la saludé con buen humor:
-Buenos dias, Ana, gsabes si Juan est de guardia? Sé qu
cuando le toca la hora de cenar, es que tiene el turno de noche y
por la mafiana todavia esta.
-eQué os Ilevais entre manos vosotros dos? Tendré que
vigilaros mas de cerca. Ahora miraré los turnos. Silo encuentro le
digo que lo est&s buscando, zde acuerdo? Pero antes hay que la-
varse y desayunarAntonio Bermejo
Teresa Arrufat
-Nunca he entendide porque hay que despertar a la gente
enferma tan pronto, juste cuando el suedio est en lo mejor,
-El mejor momento es siempre el de despertar -dijo Ana rien-
do, que se ponia de buen humor si hacia sol,
Drénajj habia estado buscando una estrategia para decirle
a Marta quién era en realidad, pero atin no sabia qué hacer. No
conocia del todo las reacciones de los humanos, sélo algunas co-
sas que le habian contado los dragones mas viejos y lo que él
mismo habia averiguado desde que estaba alli, y de eso hacia ya
unos cuantos meses. Tal vez donde habia aprendido a entender-
los, a admirarlos y a quererlos habia sido en el hospital. Alli, fren-
te ala enfermedad y el dolor, los humanos se mostraban tal como
eran, aparentemente débiles pero, en realidad, tan fuertes como
ellos, los dragones. Habia hecho las paces con los humanos y los.
respetaba. No se arrepentia de haber buscado alli, era el mejor
sitio para encontrar al humano adecuado. Y ahora ya lo conocia,
no tenia ninguna duda, era Marta. La habia visto aguantar las.
sesiones de quimio, las tres operaciones y las largas noches de
convalecencia como lo haria un auténtico dragén.
-Hoy se lo diré... no sé cémo... pero se lo diré... ya no queda
mucho tiempo.
-¢De buena majiana y hablando solo, Juan?-dijo Ana, que
estaba risuedia porque el dia era luminoso.
-Hola, Ana, debe ser este tiempo, a mi los dias de sol me
trastornan, prefiero la Iluvia.
-Mira que eres rarito, zeh?, el sol es lo mejor del mundo. Por
cierto, Marta ha preguntado por ti, hoy la he visto muy bien, esta
chica es muy valiente.
-cA que si? -dijo Juan, satisfecho, porque Ana confirmaba
su eleccién.
Los pasillos, a primera hora, eran un hervidero de batas
blancas... de palos de fregar de la brigada de limpieza... de term
metros en las axilas... tomas de presién... pastillas... Quien haya
estado ingresado en un hospital sabe que las cosas importantes
pasan, casi siempre, por la masana.
-Se lo explicaré claramente, asi su decisién sera totalmente
libre -resolvié Drénajj, abriendo la puerta 319
Juan! {Qué bien que hayas venido! Me tienes que acabar
de contar lo de la ciudad secreta -le exigié Marta, nada mas verlo.
-Mira, tengo que decirte una cosa muy, pero que muy im-
portante, y quiero que me escuches con mucha atencién
12En ei pats de tos dragones
13
-No me asustes, Juan... jYa lo sé! El médico se lo ha pensa-
do mejor y me va a dar mas quimio ZA que es eso? {Dime la ver-
dad!
-No, mujer, tu salud esté cada vez mejor y pronto te envia-
ran acasa, y yo me alegraré mucho. Pero no queria hablar de eso,
sino de Drikan, el pequefio dragén enfermo.
-iAh, si! Yo también queria preguntarte...
‘Tengo que contarte un secreto: yo no me Ilamo Juan, soy
Drénajj. Gracias a una pécima que me dio Drathum, tengo la apa-
riencia de un ser humano.
eMe estés diciendo que ti eres el elegido? jOstras! ;Qué
guai! {Eres el mejor!
-No lo entiendes, ahora no te estoy explicando un cuento, te
estoy diciendo la verdad. Soy el que se tragé el fragmento de fue-
go.Antonio Bermejo
Teresa Arrufat
-Juan, esto es muy bueno, me sorprendes siempre, eres un
genio
-No tenemos mucho tiempo, sélo en ti he encontrado el au-
téntico corazén de dragén. Tu eres el humano que puede salvarle.
-e¥ cémo sé yo que estoy hablando con un dragén? -dijo
Marta, creyendo seguir el juego.
Drénajj, con un 4gil movimiento, cerré la puerta de la habi-
tacién
-Mira con atencién, sélo te lo ensefiaré un breve segundo,
no puedo exponerme a que otro humano me descubra.
Se desabroché la bata de enfermero y le mostré su espalda.
-eQué tienes ahi? :Una operacién? —dijo Marta boquiabier-
ta.
-La pécima de Drathum no era perfecta y no me convirtié en
humano por completo. No habia tiempo para otro intento asi que
decidi que la espalda era facil de ocultar a los ojos de los demas
humanos. Lo que estas viendo son las escamas de mi cuerpo au-
téntico, bueno, de parte de mi cuerpo, porque yo soy diez veces
mas grande y mi cola es tres veces tu altura. gQuieres tocarlas?
Te convences ahora?
Marta miraba las extraordinarias y verdes escamas en la
espalda del enfermero sin poder creerlo y sin atreverse a acercar
la mano. Buscaba una razén légica a lo que estaba viendo, Una
cosa era la fantasia y otra la realidad, y ella sabia distinguirlas
muy bien. Era imposible.
-No sé qué creer —balbuceé-, lo que veo bien podria ser el
resultado de algun accidente... 0 de una operacién... jo qué sé yo!
éPor qué tiene que ser la piel de un dragén?, los dragones no
existen, son criaturas fantasticas que sélo viven en la imagina-
cién o salen en los cuentos. Todo el mundo lo sabe. Juan, por
favor, deja de jugar.
En aquel preciso momento la habitacién se tifié de rojo, los
ojos de Drénajj eran dos bolas de fuego y su voz se volvié profunda
y ronca como nadie podria ponerla aunque se esforzara. Marta
oyé como aquella voz estremecedora le decia:
-Debes creerme, sélo tt puedes salvar a Drikan,
El enfermero se acercé a la cama y Marta abrié la boca para
gritar aterrorizada, pero su célida mano le tapé la boca. Los ojos
de Drénajj se fueron calmando y pasaron del rojo rubi al color
azul. Marta recordé que ese color, en los ojos de los dragones,
significaba tristeza.
-Lo siento, no queria asustarte. ¢Ves cémo va de veras?
14En el pais de los dragones
La nifia movié la cabeza asintiendo sin poder dejar de mirar
los tristes ojos azules que contagiaban ganas de llorar. Drénajj se
volvié a vestir con su bata blanca y recuperé el aire de enfermero_
Marta se restregé los ojos. gAquello habia pasado realmente? Para
asegurarse le llamé por su otro nombre.
-gDrénaij?
Drénajj se volvié, sus ojos se pusieron de nuevo verdes.
-jMe has lamado por mi verdadero nombre...! ¢Eso quiere
decir que te he convencido? zVendras conmigo a la ciudad de los
dragones?
~Tengo un poco de miedo, alli seré una extrafia. <¥ si tus
compaiieros me aplastan?
Al contrario, sers recibido como una heroina, los dragones
saben reconocer la valentia, aunque sea la de un insignificante
humano |Uy! Perdona, es la costumbre.ntonio Bermejo
Teresa Arrufat
rados con nosotros! -y de su garganta surgié una carcajada. Al
poco rato Marta no podia parar de reir,
-Ya me advirtié Drathum que nuestra risa era muy conta-
giosa para los humanos.
-¢Cémo Iegaremos a Draha? —pregunté Marta, intentando
ponerse seria.
-Los dragones no podemos volar de dia, asi que saldremos
esta noche, cuande todo el mundo duerma. Hoy vendré a visitarte
a menudo para decirte las cosas importantes que hay que saber
de mi ciudad. Ahora debo marcharme... pero antes quiero decirte
que he buscado mucho hasta encontrarte y, si un dragén puede
ser amigo de un humano... a mi me gustaria... si tu quisieras.
-Ti eres mi amigo, Drénajj, el mejor que he tenido -y los dos
se abrazaron. Drénajj emitid un silbido agudo y melancolico, casi
imperceptible, la forma en que lloran los dragones
Marta pasé todo el dia nerviosa. Por mas que lo intentaba
no se lo podia imaginar. Necesitaba ropa y su armario estaba va-
cio... ¢¥ sialli le daban de comer piedras hirvientes? : Cuanto tiem-
po estarian? Por no saber... no sabia ni qué plan tenian para salir
del hospital. Con tantas emociones casi no notaba los puntos de
la operacién
Drénajj entraba y salia:
-Lo primero que debes hacer cuando te encuentres ante
Drantrobus es mostrarle sin miedo tu cuello, es nuestra manera
de saludar...
-A los dragones jévenes les divierte desafiar con la mirada,
ta no bajes la tuya, sino, lo consideraran una debilidad.
-Y, lo mas importante, no tiembles, sino se reirén de ti...
-Pero no te preocupes, porque yo estaré contigo en todo
momento.
La doctora Cajal pasé a visitarla a media tarde y se quedé
un rato con ella. La felicité por su evolucién. Hablaron de basquet
y de Jordan, el mejor alero del mundo. La doctora Cajal era la
tinica que sabia de basquet en todo el hospital, a veces se la lleva-
baa su despacho y veian juntas algtin partido de la NBA. A ella le
gustaban los Lakers y a la doctora los Chicago Bulls y, a las dos,
les encantaba la guapisima Sinnead O’Connor y se prestaban sus
discos
El sol se estaba escondiendo. Debia ser por los nervios, pero
en todo el dia no se habia mareado ni le habian venido las moles-
tas arcadas, a pesar de la sesién de quimio. Por el sonido de los
16En el pais de los dragones
17
pasos de las enfermeras por el pasillo, Marta sabia que era el cam-
bio de turno. Era el momento de traspasar la informacién, de ex-
plicar novedades, de comunicar nuevos ingresos, de contabilizar
altas y bajas, y de referir las incidencias. Pero hoy, para Marta,
todo aquello carecia de importancia. Estaba a punto de comenzar
la gran aventura.
-cEstds lista? -pregunté Drénajj a media voz, asomando la
cabeza por la puerta.
No supe qué decir. Estaba en pijama en medio de la habita-
cién. Quiso contestar que hacia mucho rato que esperaba, pero se
le secé la boca de golpe y Ia lengua se le pegé al paladar, como si
viniera de una anestesia. Con un esfuerzo logré pronunciar:
“Si
-He traido ropa de abrigo. Alli arriba hace frio.Antor
Bermejo
Teresa Arrufat
-cAlli arriba? -pregunté Marta.
-Si, las nubes siempre estan hiimedas. A veces, al cruzar-
las, sales empapado como si te estuvieras duchando. A mi me
encanta, pero tt no estas acostumbrada y puedes coger un res-
friado.
-eQuieres decir que iremos volando?
-Claro, sino no llegariamos nunca.
Noté que se le aflojaban un poco las piernas. Nunca habia
montado en un avién... {Seria fantastico! gO quizA seria un heli-
céptero? A veces trasladaban a los accidentados asi... iba pensan-
do mientras se vestia con rapidez.
-He cogido todos los medicamentos, no quiero que por mi
culpa enfermes. Bien, ahora hay que llegar a la azotea del hospital
sin que nos vean. Siéntate en la silla de ruedas
Drénajj apreté los timbres de emergencia de las habitacio-
nes mas alejadas. Las enfermeras corrieron a las llamadas.
‘enga! {El camino hasta el ascensor esté libre! -dijo satis-
fecho
Mientras subian hasta la azotea, Drénaijj le expuso
-Ahora necesito m&s que nunca que confies en mi, si me
tienes miedo nada funcionara.
Marta pensaba que no era para tanto. Subir aun helicépte-
ro era arriesgado pero no tanto. Una vez arriba, Drénajj se quité la
ropa y los zapatos. Del bolsillo extrajo un frasco, lo destapé y be-
bié de golpe su contenido violeta, luego junté las manos y dijo:
-Veas lo que veas, pase lo que pase, recuerda que soy Drénaij,
tu amigo.
Y, ante los asombrados ojos de Marta, al enfermero le nacie-
ron en la espalda dos descomunales alas membranosas, su cabe-
za se hizo gigantesca, las patas se transformaron en columnas
terminadas en zarpas, el volumen del cuerpo se multiplicé... Y se
convirtié en un dragén pavoroso con unos desorbitados ojos ver-
des de gato que la miraban fijamente. Todo él era tan grande que
uno podia escalar por las escamas, o subir por la espalda como si
fuera una escalera. Drénajj, contento de sentirse de nuevo dra-
gén, sacudié su enorme cola que, por lo menos, media cinco me-
tros. La confianza de Marta, ante aquella boca semejante a un
agujero negro, desfallecié. Miré hacia la puerta de la azotea calcu-
lando los segundos que tardaria en llegar a ella y escapar por las
escaleras. Estaba a apunto de intentarlo cuando el vozarrén de
Drénaij le pidié:
18En el pais de los dragones
-Subete a mi y cégete fuerte. Volar es peligroso, pero no
temas, iré con cuidado y no pasaré por las nubes mas humedas.
Y, como en un suefio, Marta empezé a subir, primero un
pie, luego el otro, por las duras escama salientes de la inmensa
cola y asi fue trepando por aquella verde montafia hasta el cuello.
Una vez alli se sent a horcajadas y se oyé a si misma deci
-Estoy lista, Drénajj, empieza a volar.
El dragén se adentré suavemente en la negrura del cielo.
Era tan oscuro que Marta perdié la nocién del espacio y del tiem-
po. Le parecié que llevaban horas volando cuando oyé que Drénajj
le deci
-Mira alla abajo. gVes aquellas columnas de humo? Son los
cinco voleanes que alimentan Draha. Ya hemos Iegado.Teresa Arrufat
Desde el aire se veian multitud de monticulos, del interior
de los cuales, salian dragones que se acercaban hacia ellos.
-Vienen a recibirnos.
Drénajj aterrizé suavemente en una plaza redonda. Cuando
Marta descendié se hizo un silencio impresionante pero, en un
momento, un grupo de jévenes y curiosos dragones los rodeaban.
Saludaban a Marta con bramidos amigables y miraban, sorpren-
dides, su insignificancia. Los mas atrevidos acercaban sus enor-
mes hocicos hasta rozarla. Ella recordaba el consejo de Drénaij y,
aunque estaba muerta de miedo, los miraba directamente a los
ojos y alargaba el cuello tanto come podia.
-Me llamo Marta... me llamo Marta... -decia con seguridad a
todas las narices que se le acercaba.
De entre la multitud destacaron Drantrobus y Drathum.
Pero, antes de que les diesen la bienvenida, otra cabeza, con los
ojos mas azules que habia visto jamas, se acercé e incliné su in-
mensa cabeza hasta depositarla con mucho cuidado a sus pies.
Nadie tuvo que decirle que era la madre de Drikan. Su Ianto era el
sonide mas triste que habia escuchado nunca, era un gemido in-
menso, un solloze infinito. Marta, sin miedo, acaricié su cabeza y
le dijo:
-Tu hijo se pondra bien, como yo.
Al oir aquellas palabras todos los dragones congregados en.
la plaza lanzaron una llamarada hacia el cielo.
-Lo hacen en tu honor -dijo Drantrobus-. Nada es bastante
para premiar tu valentia. Hemos preparado una cueva para ti,
creo que te gustard. Ven.
Mientras avanzaban por las calles de lava petrificada, por
los huecos de las colinas surgian testas que los miraban con res-
peto. Por fin llegaron al alojamiento que le habian preparado: era
una copia exacta de la habitacién 319
-Claro -pens6-, Drénajj me ha conocido siempre ahi, él piensa
que es mi casa.
Agradecié la atencién y los dragones se sintieron felices al
comprobar que aquel mintisculo humano se comportaba con edu-
eacién.
-¢Cuando veré a Drikan?-pregunté,
La voz de Drantrobus, mucho mas profunda atin que la de
Drénajj, le contesté:
~Cuando desees
-Pues ahora mismo. 20Enel pats de los dragones
-Ven, sigueme.
Las calles seguian repletas de dragones. Marta, mas tran-
quila, se iba fijando: dragones alados, como el propio Drénajj, los
de miiltiples cabezas, los sinuosos en forma de anguila... algunos
eran verdes y otros negros, pero también los habia blancos... unos
tenian un aspecto feroz, pero otros sonreian amables y bondado-
sos.
Entraron en una gran cueva y, en una cavidad de la roca
forrada con pieles, estaba Drikan. Era la primera vez que el pe-
quefio dragén veia a un ser humano y se oculté tras las patas de
su madre.
-Te imaginaba mas alta -dijo finalmente saliendo de su es-
condite-. Yo te paso.Antonio Bermejo
Teresa Arrufat
-Es verdad. Ahora ya no eres el mas bajito de la ciudad de
Draha -dijo Marta sonriendo.
-éA ti también se te caen las escamas?
-Bueno, se puede decir que si, no tengo escamas como tu,
pero si tenia un hermoso pelo aqui -dijo sefialando la cabeza des-
nuda-. Estuve mucho tiempo queriendo que no me viese nadie.
-Yo tampoco quiero que me vean -dijo Drikan, poniendo los
ojos azules.
-gJuegas al baloncesto?
-No sé qué es esto del baloncesto -contesté Drikan, sentan-
dose sobre su cola, fatigado con la pequetia conversacién.
-Drikan, dime zVendrias conmigo al mundo de los huma-
nos?
-glz contigo?
-Si, alli hay una doctora que te curard. Y te ensefiaré a jugar
al baloncesto. Con tu altura seriamos los campeones de la liga.
-Pero si me ven los humanos me mataran, mi madre me ha
contado que nuestro aspecto os asusta y que destruis todo lo que
desconocéis.
-Tu madre tiene razén... pero sélo en parte... porque yo es-
toy aqui, y valientes como yo hay muchos.
Drathum, que escuchaba en la penumbra de Ia cueva, les
interrumpié:
-2TA crees que esa doctora que dices es capaz de atender a
Drikan? Acuérdate que Drénajj ha tardado tiempo en encontrarte
ati
-Ella también es valiente, os lo puedo asegurar.
-Es importante que no te equivoques. Drikan no puede to-
mar forma humana porque esta muy débil. Asi que, sélo le puedo
hacer transparente a ratos cortos.
-Le esconderemos hasta que esté fuerte -dijo Marta.
-gDénde? -pregunté el sabio
-Pues no lo sé, pero algo se me ocurrira
Un trueno retumbé por las grandes bovedas de las grutas
La lluvia se habia ensefioreado de la ciudad. Los dragones salian
de sus cavernas y dejaban que las gotas resbalaran por sus acora-
zados cuerpos. Cuando una gota lograba introducirse bajo sus
duras escamas les hacia cosquillas, entonces se sacudian como
perros mojados. Drénajj a menudo debia ayudar a Marta a subir
los altos escalones de una calle que, para ella, eran auténticos
22En el pais de los dragones
23
precipicios, 0 encaramarla sobre su cabeza para que viera el inte-
rior de una casa-montafia. Cuando se cruzaban con algtin dra-
gén, éste golpeaba el suelo con su enorme cola haciéndolo tem-
blar. Era como si dijera: “zCémo estas? Hola, buenos dias. Me
alegro de verte”. Marta respondia dando una fuerte patada en el
suelo. Lo que mas le impresioné fue ver la oscura cueva del Con-
sejo. Se la imaginé llena de dragones apretujados y se situé en el
mismo lugar donde habia estado Drénajj cuando recogié con la
boca la astilla de fuego.
-El Consejo quiere celebrar tu ayuda con una fiesta. Des-
pués, cuando la luna ocupe su lugar, nos iremos los tres a tu
mundo.Antonio Bern
ejo
Teresa Arrufat
Los dragones estaban muy atareados con los preparativos:
se llenaban grandes ollas con piedras de todos los tamafios y colo-
res. En la plaza colgaban estandartes.
-Son los lugares del mundo en los que quedan atin drago-
nes -explicé Drénajj, que los miraba embelesado
eQuién ha visto alguna vez a los dragones cantar o bailar?
Pues Marta los vié, y le fue necesaria toda su fuerza de voluntad
para no taparse los oidos, ya que este gesto seria una falta de
cortesia, pero el baile le encanté: nunca hubiera imaginado que
seres tan voluminosos pudiesen ser tan giles y elegantes. Tam-
bién hubo duelos de soplidos de fuego y competiciones de vuelo
con tirabuzones. A cada proeza, los dragones del publico aplau-
dian dando bestiales golpes en el suelo con sus colas. Sus enor-
mes fauces engullian golosamente piedras incandescentes. A ella
le sirvieron, por suerte, un enorme tazon de sopa amarilla. En el
momento de marchar aparecié Drenta, con el pequefio envuelto
en pellizas. Sus ojos, atin muy azules, se fijaron en los de Marta y
dijo con su voz afectuosa:
-Vuelve y trae a tu hermano sano y salvo.
Drathum dio las tiltimas instrucciones y Drantrobus los
despidié en nombre de toda la ciudad. Deposité su cabeza sobre
los pies de Marta y dijo con voz profunda:
-Tu corazén late igual que el nuestro, siempre seras recibi-
da como una igual en el pais de los dragones.
Marta lo abrazé y, de un salto, subié a la espalda de Drénajj
junto a Drikan
Volveré! -dijo reprimiendo las lagrimas. Un trueno retum-
bé en Ia lejania y lo dragones al oirlo gritaron de alegria: Era el
mejor de los auspicios
Drénajj aterrizé con delicadeza en la azotea del hospital.
Estaba amaneciendo.
-Lo primero que tenemos que hacer es radiografias y anali-
sis de sangre y, por descontado, buscar a la doctora Cajal para
explic4rselo.
-gEste duele? -pregunté el dragoncito
-No, hombre, un dragén como ti ni siquiera se enterara.
Ahora toma la pécima que te har transparente, y ti, Drénaij,
conviértete otra vez en enfermero. No te preocupes, Drikan, él te
levara por todos los pasillos sin que nadie repare en ti, incluso
tendras que permanecer en la sala de espera.
24Enel pats de los dragones
-eY ta, qué vas hacer? -pregunto Drénajj-. Recuerda que
todo el mundo te estaré buscando. Cuando te encuentren te van a.
dar un buen tirén de orejas. cQué les dirés?
-Algo se me ocurrira, ahora no hay tiempo que perder, ves a.
hacerle esas pruebas a Drikan. Quedemos aqui, en la azotea a las
diez de Ia noche, sin falta.
Marta encontré a la doctora Cajal en su despacho.
-iMira qué bien! jYa ha aparecido la nifia perdida! ¢Qué ha
pasado? :Dénde te habias metido? zTe das cuenta del susto que
nos has dado?
Marta se lo conté tode con detalle.
-Bien, Marta, hay que poner una medalla a tu imaginacién,
pero tienes a tus padres al borde de infarto, no sé qué harén cuandoAntonio Bermejo
Teresa Arrufat
te vean... Asi que: Juan es un dragén alado? 2Y que ahora esta
haciendo una radiografia a un dragoncito al que se le caen las
escamas...? —decia la doctora, que no podia disimular la risa.
Viendo Marta que no la convenceria, decidié utilizar otra
estrategia
Ahora mismo iré a disculparme. Y prometo que no volverA
a pasar mas si me acompafias a la azotea esta noche.
-Para qué? Mira que tengo mucho trabajo, esta noche es-
toy de guardia.
-Sélo sera un momento, quiero presentarte una amiga mia...
Sinnead O'Connor... Vendré a verme pero, para esquivar a los
periodistas, no se movera de la azotea
-zO’Connor en el hospital? Nadie me lo habia dicho. gAcaso
est enferma? ¢Tiene algo que ver con tu huida? Lo primero que
debes hacer es ir a tu habitacién a tranquilizar a tus padres yala
policia, para que dejen de buscarte. Después, si tengo tiempo, te
prometo que iré a la azotea. gHas dicho a las diez?
-Si. Slo estara un par de minutos. Tiene que coger un avion
hacia los Angeles Marta no entendia cémo la doctora se tragaba
aquella trola y no creia en la existencia de Drikan.
-gNo sera otra de tus fantasias, verdad?
-No. ¥ le he hablado de usted.
-zDe mi? zY qué le dijiste?
-Que era la mejor médica del mundo y que, siun dia necesi-
taba alguno, usted era, sin duda, el mejor
-iQué cosas tienes! Esta bien, subiré, pero si me haces per-
der el tiempo te recetaré una lavativa..
La entrada en la habitacién fue apoteésica. La llenaron de
besos, la cosieron a preguntas... Explicé que se habia quedado
dormida en el despacho de la doctora Cajal mirando un partido de
la NBA. A la policia le basté la excusa y se marché pero, después,
todos se pusieron a refiirla. Las enfermeras le tomaron la presién
y la temperatura, y le hicieron comer un poco de sopa amarilla.
Por la noche todo volvia a estar tranquil. Corrié escaleras
arriba hacia la azotea. Drénajj y Drikan ya la esperaban.
-zCémo ha ido todo? cLe has hecho las pruebas?
-Todo perfecto, nadie se ha dado cuenta de nada. Las radio-
grafias y los andlisis los tengo aqui -repuso Drénajj, sefialando
una gran bolsa de plastico
-iEs divertido el hospital! —dijo, con cara traviesa, Drikan.
26En el pats de los dragones
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-Bien, ahora vendra la doctora, no se ha creido nada pero
cuando te vea tendra que hacerlo. Cuando yo te lo diga, te tomas
la pocima y apareces come Drénajj.
-eT crees que hace falta? Mira que si le da un infarto...
-A mi no me pasé nada, gverdad? Pues a ella seguro que
tampoco ~afirmé contundente.
-iMarta! :Estas ahi? —Ilamé la doctora asomando la cabeza.
-i|Estamos aqui!
-c¥ O'Connor? zAtin no ha venido? :No me has dicho que
tenia prisa?
-Mire, la he hecho subir para que vea a un dragén y se con-
venza de que todo lo que le he dicho es verdad.
0Antonio Bermejo
Teresa Arrufat
-iNo! jSi ya me decia la nariz que no debia hacerte caso!
jNunca aprenderé! -dijo dandoles la espalda y dirigiéndose a la
salida.
Pero entonces el enfermero le cerré el paso con los ojos tan
encendides que iluminaban la oscuridad de la azotea. La doctora
noté un escalofrio en la espalda, pero atin se horrorizé mas vien-
do cémo se quitaba la bata y se tranformaba. El dragén que apa-
recié todavia estaba enfurecido y por sus enormes narices salia
un espeso humo anunciador de una posible lamarada
carbonizadota. La doctora Cajal se desmayé. Cuando volvié en si,
vio un dragén manso y preocupado que la miraba con enormes
ojos verdes de gato y, detras de él, un tierno dragoncito de ojos
muy azules. Comprendié que no habia perdido la razon y aquello,
aunque asombroso e increible, era real. Drikan, se acercé a ella, le
ensefié sus escamas y le dijo:
-A mi hermana Marta ti le has dicho que le volveré el pelo a
su cabeza. :Podré volver a tener yo mis escamas?
-Aqui tiene las radiografias y los andlisis. zQué més hay
que hacer? -pregunté Drénajj, con su voz profunda.
La doctora Cajal tragé saliva y se puso de pie. Con aire pro-
fesional abrié el sobre con las pruebas.
-2Ves? ya te dije que era el mejor médico del mundo. Ver-
dad que lo curara?
-Lo primero que hay que hacer -dijo con la voz todavia tem-
blorosa-, es que Juan, o Drénajj, o como se Ilame, vuelva a tener
la apariencia de un ser humano, silo descubren no duraré ni un
segundo. Después hay que encontrar un escondite para Drikan.
fue
-Al desvan del hospital nunca sube nadie -dijo Drénaj
mi primer escondite. Yo me ocupo de hacerlo confortable
-Debo de estar trastocada... estoy hablando con dragones
como si fuera lo mas normal del mundo... -decia la doctora Cajal,
hablando sola-. Pero esto no puede durar siempre, alguien lo ave-
riguaré
-No se preocupe, nosotros nos ocuparemos. Ademas, con-
forme recupere las fuerzas, ya podra tomarse el filtro que le haré
humano
-iMe diran que estoy loca! Pero no puedo negar que es un
caso insélito... interesantisimo... Acércate, jovencito.
El dragén obedecié inclinando el cuello educadamente. La
doctora cogié una de las escamas y se dijo ensimismada:
28En el pats de los dragones
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-Me parece que hay algtin caso... Recuerdo haber leido un
articulo de un cientifico chino... Le enviaré un mail... Habra que
hacer un estudio de...
Marta la interrumpii
-gHa visto qué altura tiene Drenajj? ¢Es el mejor pivot o no?
Si tengo que serte sincera, no creo que le dejen jugar, no sé
si seria reglamentario —todavia le temblaba la voz-, pero tienes
que saber que lo que vamos a hacer es muy dificil... por no saber.
No sé dénde tienen el higado estas criaturas... ni tan siquiera si
tienen...
Los dias pasaron muy deprisa y Drikan iba recuperandose
poco a poco. Ya habia aprendido muchas de las extrasias costum-
bres de los humanos y podia tomar apariencia de nifio. Estaban
juntos casi todo el dia y eso multiplicaba el trabajo a Drénajj que,
ahora, debia dar la comida a los dos mientras les contaba histo-Antoni
Bermejo
Teresa Arrufat
rias de cuando habia ido a parlamentar con Atzur, el viejo unicor-
nio
-De hecho, nadie sabe exactamente qué pasé entre los dra-
gones y los unicornios. Se decia que... -se interrumpia y decia con.
voz autoritaria-: {Una cucharada mas o me callo!
Masta siempre terminaba su sopa antes que Drikan que,
poco acostumbrado a este tipo de alimentos, sorbia la sopa ha-
ciendo un ruido de mil demonios
-Un dia vendran los bomberos porque pensaran que hay un,
escape de gas -y Drénajj y Marta se desternillaban de risa.
Entonces Drikan, dela vergiienza, sin poderle evitar, se ponia
color de rosa y, cuanto m4s queria disimularlo, mas rosa se po-
nia, y mas se reian sus amigos
-iA ver si os callais! -decia Ia enfermera de guardia, aso-
mando la cabeza-. ¥ ti, Juan, diles que se duerman.
Aquella noche, cuando estaban solos con la luz apagada,
Drikan le pregunté a Marta, con un hilo de voz.
-Marta, gduermes?
-No, qué quieres?
-Decirte que eres mi mejor amiga.
-Y ta mi mejor amigo.
Y en la oscuridad de la habitacién los dos se abrazaron.
30En el pais de los dragones
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Es un cuento de:
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