100% encontró este documento útil (1 voto)
1K vistas287 páginas

The Academy

Este capítulo presenta a los gemelos Kris y Kristopher Jameson. Su padre ha decidido enviar a Kristopher a la Royal Academy, pero Kristopher no quiere ir porque prefiere seguir practicando música. Kris está preocupada por dejar a su hermano.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
1K vistas287 páginas

The Academy

Este capítulo presenta a los gemelos Kris y Kristopher Jameson. Su padre ha decidido enviar a Kristopher a la Royal Academy, pero Kristopher no quiere ir porque prefiere seguir practicando música. Kris está preocupada por dejar a su hermano.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Página 0

L
a traducción de este libro es un proyecto del Foro Purple Rose. No es ni
pretende ser o sustituir al original y no tiene ninguna relación con la
editorial oficial. Ningún colaborador —Traductor, Corrector,
Recopilador— ha recibido retribución material por su trabajo. Ningún
miembro de este foro es remunerado por estas producciones y se prohíbe
estrictamente a todo usuario del foro el uso de dichas producciones con fines
lucrativos.

Purple Rose anima a los lectores que quieran disfrutar de esta traducción a
adquirir el libro original y confía, basándose en experiencias anteriores, en que
no se restarán ventas al autor, sino que aumentará el disfrute de los lectores que
hayan comprado el libro.

Purple Rose realiza estas traducciones porque determinados libros no salen en


español y quiere incentivar a los lectores a leer libros que las editoriales no han
publicado. Aun así, impulsa a dichos lectores a adquirir los libros una vez que
las editoriales los han publicado. En ningún momento se intenta entorpecer el
trabajo de la editorial, sino que el trabajo se realiza de fans a fans, pura y
exclusivamente por amor a la lectura.

1
Página
Créditos
Moderadoras:

#RBK #AariS
Traductoras:

#AariS #Aleponce
#Eli25 #RBK
#Rockwood #Cpry
#LuisaV8 #Alyshiacheryl
#RoChIiI #Nanami27
#Kazenbrr #Kanon
#_ClaireElizabeth_ #PaulaMayfair
#Edgli XD #angie_kjn
#Izzy #Bazzinga
#Mais020291
Correctoras:

#Bazzinga #Lissarizz
#Ruth m. #Julieta_Arg
#Isane33 #KatieGee
#Marchhe. #Koko Markova

#andreasydney #Jeyd3
2
Página

#QueenDelC #manu-ma
#Steffanie Mirella #Miss_ale
Recopiladora:

#Julieta_Arg
Revisión:

#Mir
Diseño:

#Rockwood

1
Página
Índice
Créditos Capítulo 19

Sinopsis Capítulo 20

Capítulo 01 Capítulo 21

Capítulo 02 Capítulo 22

Capítulo 03 Capítulo 23

Capítulo 04 Capítulo 24

Capítulo 05 Capítulo 25

Capítulo 06 Capítulo 26

Capítulo 07 Capítulo 27

Capítulo 08 Capítulo 28

Capítulo 09 Capítulo 29

Capítulo 10 Capítulo 30

Capítulo 11 Capítulo 31

Capítulo 12 Capítulo 32

Capítulo 13 Capítulo 33

Capítulo 14 Capítulo 34

Capítulo 15 Capítulo 35

Capítulo 16 Capítulo 36

Capítulo 17 Sobre la autora

Capítulo 18 Visítanos
1
Página
Página 1
Sinopsis

D
onde las cosas no siempre son lo que parecen…

Mi nombre es Kris Jameson y soy estudiante de la Royal Academy.


Soy el mejor de todas mis clases, lo que llaman un “estudiante
modelo”. Solo hay un problema: la Academia es una escuela de
chicos y soy una chica.

Comenzó como una broma cuando tomé el lugar de mi hermano.


Pero las cosas se pusieron complicadas cuando atrapé a Broward, el matón de la
escuela, en una posición comprometedora. Se hizo aún peor cuando me
asignaron a mi compañero de cuarto North—el hermoso pero enigmático que
me salvó varias veces de los ataques del matón.

Ahora las consecuencias de mi engaño vuelven a perseguirme. La pena por


fraude en esta escuela exclusiva es mucho peor que una simple expulsión—
podría perder una mano. Peor aún, podría perderla mi amado hermano.

Con tanto en juego, es imperativo mantener mi secreto seguro. Y la persona más


cercana es North, es con el que tengo que tener más cuidado. El problema es
que creo que me estoy enamorando de él…

2
Página
Capítulo 1
Traducido por Aaris

— Corregido por Bazzinga

Ha llegado el momento de que defiendas el honorable


nombre Jameson. Te he matriculado en la Royal Academy
para los últimos dos años de tu educación y desde allí, deberías obtener un
nombramiento en el Cuerpo Espacial con facilidad. Confío plenamente en que
estarás al mando de tu propia nave para cuando tengas veinte años.

Las palabras llenaron mi corazón hasta rebosar, la emoción burbujeando dentro


de mí como la efervescencia en una bebida carbonatada de la antigua Tierra.
Sólo había un problema, estaban destinadas a mi hermano gemelo, Kristopher,
no a mí.

Kristopher y yo éramos los más cercanos de los hermanos. Años de enfermedad


pulmonar crónica de niño, habían mantenido a mi hermano en casa y yo había
permanecido con él en lugar de ser enviada a una escuela de encanto para
señoritas privilegiadas y casadas, como otras de mi clase social y sexo. Había
tomado clases junto con Kristopher desde el principio, aunque yo era una mujer
y, a la manera de pensar de mi padre, no valía la pena educarme. Pero mi
hermano trabajaba mejor conmigo a su lado, un hecho no olvidado por sus
muchos tutores. Ahora, sin embargo, iba a ir donde yo no podría seguirlo.
Tomar clases en la comodidad de la casa de uno era sumamente diferente de
matricularse en la Academia.

—Padre, no. —Los apacibles ojos marrones de mi hermano se agrandaron con


horror—. No puedo ir a la Academia ahora, no cuando Maestro dice que mi
técnica es casi perfecta. Necesito practicar durante horas cada día. Puedo lograr
mis lecciones en mi tiempo de práctica aquí, con mis tutores, pero estoy
bastante seguro de que eso no sería posible en la Academia.

Nuestro padre frunció el ceño, su cara llenando la pantalla que colgaba sobre la
chimenea como un nubarrón. —Sólo te permití comenzar ese sinsentido de la
música en primer lugar porque eras demasiado enfermizo para la escuela. Pero
3

mi médico dice que estás bien ahora, completamente en forma. Como ya no hay
Página
ninguna necesidad de tales distracciones ociosas, espero que la abandones
inmediatamente.

—¿Abandonarla? —La cara de Kristopher se puso pálida—. ¿Abandonarla? Pero


Padre, pronto estaré apto para dar una audición por un puesto en la First
System Orchestra y Maestro cree que tengo una oportunidad realmente buena
de…

—¡He dicho que la abandonarás y la abandonarás! —Los ojos de mi padre, del


mismo marrón oscuro que los de mi hermano y los míos, ardían de ira—. ¿De
qué sirve tener un hijo para continuar con mi nombre si no lo honra de la
manera correcta? Hay cuatro Comandantes Estrella en nuestra familia y dos
Almirantes de Flota, incluyéndome a mí mismo. Continuarás esa orgullosa
tradición como debes.

—Pero padre —comenzó Kristopher.

—Sé que eres capaz —continuó nuestro padre, ignorando las protestas de mi
hermano—. Tú tutor de Navegación Astronómica me ha dicho el excelente
trabajo que haces y tu profesor de Cálculo Interdimensional dice que nunca ha
visto semejante prodigio. Espero que estés en lo más alto de tus clases.

Kristopher y yo intercambiamos una mirada. Yo era la que tenía excelentes


notas en Navegación Astronómica y Cálculo Interdimensional. Hacía casi todo
el trabajo que sus tutores le asignaban para darle más tiempo con su querido
violín. La única cosa que no podía hacer por él eran sus clases de educación
física. Pero incluso ahí su tutor había sido indulgente, enseñándome a
defenderme y pelear junto a Kristopher porque él lo requirió, diciendo que
tener a su hermana gemela cerca le hacía sentirse más fuerte. Y ahora estábamos
a punto de ser separados para siempre.

Padre probablemente no me habría permitido quedarme con Kristopher en


primer lugar si nuestra madre no hubiera muerto después de nuestro
nacimiento. Ser criados por una sucesión de tutores y niñeras nos hizo a mi
hermano y a mí aferrarnos juntos y formar una unión mucho más estrecha que
la de la mayoría de los hermanos. A menudo había reforzado la debilitada
salud de mi hermano, saliendo de una crisis médica tras otra a través de la pura
fuerza de voluntad. Pero ahora que sus pulmones estaban fuertes y saludables,
4

no pensó más que en separarnos y dejarme a un lado como lo hacía enviando a


Página

mi hermano a una escuela para la que estaba incapacitado, una que


seguramente odiaría. El honor del nombre de nuestra familia era todo por lo
que él se preocupaba, todo por lo que siempre se había preocupado.

—Padre, no puedes hacer esto —dije, dando un paso adelante y situándome


entre mi hermano y la pantalla—. La música no es simplemente un pasatiempo
o diversión para Kristopher, es su vida. No quiere ser un Comandante Estrella o
un Almirante.

—¡Silencio, jovencita! —La cara de Padre se puso casi morada de rabia—. No


tienes nada que ver con esto.

—Tengo todo que ver con ello. —Levanté la barbilla—. Quiero a Kristopher
como tú no lo haces, como no puedes ya que no has venido a vernos desde
nuestro doceavo cumpleaños.

Padre me miró fijamente.

—Mis deberes en el Cuerpo me mantienen ocupado, como bien sabes. Además,


entre tutores y niñeras y mayordomos y criadas, pago suficiente dinero
manteniéndolos a los dos al estilo.

—El dinero no es amor, Padre —interrumpí tranquilamente—. Quiero a


Kristopher y quiero lo que es mejor para él, ir a la Royal Academy y al Cuerpo
Espacial lo haría miserable.

—Sal del camino y déjalo hablar por sí mismo —ordenó Padre—. ¡Kristopher,
deja de esconderte detrás de tu hermana como un cobarde!

A regañadientes, mi hermano se levantó y ocupó su lugar a mi lado.

—Padre, lo que Kristina dice es correcto. No tengo cabeza para las coordenadas
de vuelo ni estómago para dirigir a otros hombres. Sólo quiero tocar y
componer. Por favor, Padre.

Los ojos de Padre se movieron furiosamente de uno al otro.

—¡Repugnantes, los dos! Cuando pienso en los problemas por los que he
pasado, atrayendo a los mejores tutores para preparar a Kristopher para este
momento… Y ahora que por fin está en forma y es capaz de defender nuestro
honor familiar, ¿qué agradecimiento obtengo? ¡Este… este despliegue de
5

cobardía y autocompasión! Bien, suficiente.


Página
—Padre —dijimos juntos Kristopher y yo, pero estaba verdaderamente
enfurecido ahora, más enfadado de lo que lo había visto nunca.

—Tú —rugió, señalando a Kristopher—, te presentarás en la Academia dentro


de dos días. Si no lo haces, iré yo mismo y te daré caza. Aunque te lo advierto,
si tengo que hacer eso las consecuencias serán severas. —Fulminó a mi
hermano y luego volvió su rabia hacia mí—. Y en cuanto a ti, jovencita, ya es
hora de que te cases. Diecisiete es un poco mayor para que una chica prometa
fidelidad, para asegurarse, pero voy a estar buscando una pareja adecuada para
ti, no te preocupes. Y voy a asegurarme de encontrar a alguien con mano firme
que pueda controlarte.

Mi corazón pareció saltar a mi garganta. ¡Seguro que no pudo decir eso! Se me


había permitido llegar tan lejos, pasada la edad para casarse de quince años sin
siquiera hablar de un compromiso, había esperado poder escapar de ese destino
por completo. Pero ahora parecía que mi libertad había sido sólo una ilusión, un
preludio a la inevitable conclusión del matrimonio. Sabía qué clase de hombre
escogería mi padre, uno que careciera de sentido del humor, que sintiera que
era su derecho divino disciplinar a su esposa y mantenerla a raya. Y
probablemente uno tan viejo como él.

—Por favor, Padre —dije, mis labios casi demasiado secos para hablar—. Yo…
yo no quiero casarme.

—No cabe duda de que no —se burló—. No te preocupes, Kristina, voy a estar
ocupado con mi última misión al menos durante los próximos años y estoy
seguro de que me llevará al menos ese tiempo encontrar un hombre que pase
por alto tus caprichosos hábitos. Pero ten por seguro, para cuando Kristopher se
gradúe y consiga su primera comandancia, estarás diciendo tus votos. —Nos
miró a ambos—. En breve, Kristopher, te presentarás en la oficina
administrativa de la Academia a primera hora de la mañana del lunes. Y
Kristina, te casarás cuando y con quien yo diga. No tendré más insolencias de
mis hijos. ¿Queda entendido?

No había nada más que pudiéramos hacer. Agarrándonos las manos como
niños perdidos en el bosque, Kristopher y yo asentimos.

—Sí, Padre —murmuramos juntos.


6
Página

—Bien. —Padre asintió brevemente y luego la pantalla se volvió negra.


En el momento en que estuve segura de que su presencia hubo desaparecido de
nuestra confortable sala de estar, empecé a bramar.

—¡Cómo se atreve! —Dejé caer la mano de Kristopher y comencé a ir y venir,


mis largas faldas haciendo un ruido silbante como serpientes enfadadas
alrededor de mis piernas—. ¿Cómo se atreve a intentar dictar nuestras vidas?

—No está simplemente intentándolo, Kristina, lo está haciendo. —Kristopher se


hundió en el deteriorado sofá de terciopelo brocado delante de la chimenea y
enterró la cara en sus manos—. ¿Qué vamos a hacer? Si pierdo mi oportunidad
ahora, nunca la conseguiré de nuevo. Maestro dice que siempre hay intérpretes
más jóvenes y más hambrientos, ansiosos por completar una audición por
puestos en la First System Orchestra.

—Al menos tú no estarás casado con un hombre al que no amas y ni siquiera


conoces —señalé amargamente—. Voy a estar atrapada en algún lugar teniendo
los bebés de un extraño mientras tú exploras las estrellas.

Kristopher me miró y sacudió la cabeza.

—Lo siento, querida hermana. Verdaderamente, tu destino es peor que el mío


aunque el mío es lo suficientemente malo. Al menos no seré sometido a casarme
con alguien a quien no amo.

—En efecto no lo harás. —Me quedé mirando a las crepitantes llamas naranjas y
amarillas del fuego—. Padre no se preocupará de lo que haces en tu vida
amorosa con tal de que sobresalgas en la Academia.

—¿Pero cómo puedo hacerlo? —solicitó mi hermano—. No sé nada de Cálculo


Interdimensional o dinámicas de vuelo o nada por el estilo.

—Traté de enseñarte —le recordé—. Pero siempre dices que tienes que practicar
y luego deambulas con tu violín.

—Debería haberte escuchado cuando me advertiste que este día llegaría. —


Sacudió la cabeza—. Pero nunca he tenido cabeza para todos esos números y
fórmulas, no como tú, Kris. —Suspiró—. A veces siento que fuimos
intercambiados en las pieles equivocadas al nacer. Si yo fuera mujer, nadie se
preocuparía si quisiera quedarme en casa todo el día y tocar música.
7

—Y si yo fuera varón, nadie pensaría dos veces en admitirme en la Academia o


Página

en el Cuerpo Espacial —dije, continuando su pensamiento.


—En efecto —Kristopher exhaló otro suspiro—, si simplemente pudiéramos
intercambiar lugares.

Una idea comenzó a formarse en mi mente. Lentamente, me volví hacia él.

—¿Por qué no?

Kristopher me frunció el ceño inseguro.

—¿Por qué no qué? ¿De qué estás hablando?

—Intercambiaremos lugares. ¿No lo ves? —Salté y agarré sus manos,


poniéndolo de pie—. ¡Es perfecto! Me vestiré como tú e iré a la Royal Academy.

—¿Mientras yo me visto como tú? No lo creo, querida hermana. —Kristopher


frunció el ceño e intentó retirar sus manos.

Las sostuve rápido, no dejándolo marchar.

—Tonto, no tienes que vestirte como yo, sólo seguir en tu habitación y practicar
—dije—. Ninguno de los sirvientes sabe el plan de Padre y estoy segura de que
puedes conseguir que Maestro esté de acuerdo con el plan, dice que eres el
mejor alumno que ha tenido en años y no querrá perderte. El único modo de
que algo vuelva a Padre es si no te presentas en la oficina administrativa el
lunes a primera hora. Tan pronto como yo aparezca, haciéndome pasar por ti,
nadie se dará cuenta.

—No sé, Kristina… —Sacudió la cabeza—. ¿Realmente crees que podrás lograr
semejante plan?

—Sé que puedo —dije firmemente. Lo acerqué a la pared y nos situé a ambos
delante del gran espejo ovalado antiguo de la pared de la sala de estar—. Mira
—dije señalando con la cabeza a nuestros reflejos en el espejo plateado—, todo
el mundo está diciendo siempre cuánto nos parecemos, incluso puedo llevar tus
ropas. Sólo eres cuatro o cinco centímetros más alto que yo y tus hombros no
son mucho más amplios.

Era muy cierto. Tanto mi hermano como yo teníamos la complexión delgada de


nuestra madre y los ojos marrón oscuro de nuestro padre. Teníamos la misma
piel pálida y delicados rasgos y si el pelo de Kristopher era un poco más claro
8

que mis propios cabellos negro-azulados, la diferencia era sólo notable para
Página

nosotros mismos. Para los extraños nos veíamos lo bastante parecidos para ser
gemelos idénticos en vez de gemelos fraternos, siempre que estuviéramos
vestidos igual, por supuesto.

Kristopher me dio una mirada.

—Gracias, querida hermana —dijo con acritud—. Por recordarme lo enano que
soy.

—Pero un enano talentoso —dije sonriéndole—. Y no tengo la intención de


dejarte malgastar ese talento en algo tan aburrido como volar entre las estrellas.

—Especialmente cuando preferirías estar haciéndolo tú. —Kristopher me


pellizcó la nariz afectuosamente—. Aún no lo sé, sin embargo. ¿Qué hay de tu
pecho?

Miré hacia abajo, a mis pechos, tan pequeños que apenas hacían dos bultos,
como melocotones insuficientemente maduros bajo mi corpiño.

—Creo que no debería ser un problema. Pero me ataré con vendas para mayor
seguridad. —Miré nuestros reflejos de nuevo—. Tendré que cortarme el pelo,
por supuesto. —Recogiendo mis pesadas ondas de pelo negro, las retiré de mi
cara y me estudié a mí misma críticamente—. Sí, creo que con un buen corte
corto y algunos de tus pantalones debería ser capaz de pasar por ti sin
problemas.

—Pero si somos atrapados… —Mi hermano me tomó por los hombros y me


miró con seriedad—. No puedo dejarte, Kris. El castigo por fraude es consejo de
guerra y encarcelamiento. Sin mencionar lo que Padre nos haría a ambos.

—Me enviaría a un convento —dije fríamente—. Lo cual es mejor que casarme


con algún viejo feo al que no amo. En cuanto a ti…

—Seré repudiado, estoy seguro —dijo Kristopher—. Probablemente acabaré


tocando en la esquina de la calle por dinero.

—No, no lo harás —dije, levantando la barbilla—. Vas a conseguir ese lugar en


la orquesta. Y voy a aprender a pilotar una nave espacial. Para cuando seamos
descubiertos, tendrás una carrera musical muy avanzada y yo tendré las
habilidades para solicitar un trabajo en el sector privado.
9

—¿El sector privado? ¿Querrás trabajar ahí, con todos los piratas y ladrones? —
Página

Kristopher me miró dudoso.


—Al menos ellos no le torcerían la nariz a una mujer piloto —señalé—. Sabes,
tú tutor de historia estaba diciéndome justo el otro día que las mujeres tenían
muchos más derechos y privilegios en la antigua Tierra. Es sólo a causa de la
Casi Extinción cuando tantas mujeres murieron y toda la raza estuvo en peligro,
que los perdimos. La Ley de Protección Femenina que fue promulgada durante
el traslado al espacio pretendía originalmente preservarnos pero ahora nos ata
demasiado fuerte. No creo que sea justo que seamos tratadas como ciudadanos
de segunda clase simplemente porque somos un poco más pequeñas que los
hombres. Somos igual de inteligentes e ingeniosas, ya sabes.

—O en nuestro caso, más inteligentes. —Kristopher me tomó en sus brazos y


me abrazó fuertemente—. Mi brillante hermana —murmuró, presionando un
beso en mi mejilla—. ¿Estás realmente dispuesta a correr este riesgo por mí?

Cerré los ojos y pensé en los riesgos, consejo de guerra, desgracia,


encarcelamiento, y por supuesto, deshonra al nombre de la familia lo cual era
todo por lo que mi padre se preocuparía realmente. Luego pensé en la
alternativa, pasar mi vida encerrada en alguna triste mansión con un viejo
malhumorado y sus mocosos chillones. En realidad, no había competencia.

Le devolví el abrazo a mi hermano.

—Absolutamente —dije—. Hagámoslo.

10
Página
Capítulo 2
Traducido por Eli25

Corregido por Ruth m.

L
a Royal Academy estaba localizada en Ares, la cuarta luna de Zeus, el
cual era el sexto planeta en nuestro sistema solar. Cuando los humanos
dejaron la antigua Tierra porque el sol se estaba muriendo, buscaron
largo y duro antes de encontrar otro sistema que soportara la vida. Dos
de los seis planetas estaban en la zona habitable alrededor de la estrella amarilla
de tamaño medio llamada Prometeo. Uno estaba cubierto de líquido metano y
el otro era un enorme gas con anillos, más como el planeta Saturno de nuestra
primera casa solar. Afortunadamente, ambos tenían muchas lunas habitables.
En estas era donde la humanidad se había asentado después de su largo viaje,
enlazada a lo largo de las lunas como perlas en una cadena.

Mi casa y la de Kristopher estaban en Dianna, la tercera luna de Hera, el planeta


de metano. El viaje en el trasbordador del intersistema ocupaba casi toda la
mañana pero no me importaba. Observé con interés cómo el piloto embarcaba
en el trasbordador y entraba en su compartimiento asegurado. No podía
comprender la aburrida mirada en su rostro. Volar desde una luna a otra era
excitante—Kristopher y yo sólo habíamos estado en otra luna una vez, cuando
nuestro padre nos llevó a un espectáculo en Gaia por nuestro duodécimo
cumpleaños. Esto es lo que quiero, pensé, mirando a través de la ventana limpia
de plástico y cristal, que mostraba el vasto lado de Zeus anillado acercándose.
Para volar, para explorar, para ser libre. Y si esta es la única manera para hacerlo, haré
mis elecciones.

Miré mi reflejo en la ventana y moví mis dedos a través de mi melena


recientemente cortada. Kristopher había derramado unas cuantas lágrimas
cuando lo cortó—adoraba mi pelo y lamentaba ver cómo se iba. Mucho más
preocupado que yo. Después, él dobló los pesados, largos, negros y azulados
mechones cuidadosamente y los almacenó en una pequeña caja debajo de su
cama.
11

—¿Por qué estás guardando eso? —le pregunté, frunciendo el ceño. Parecía un
gesto inútil.
Página
Kristopher se encogió de hombros, sus mejillas encendidas en rosa por la
vergüenza.
—Huelen a ti, tú siempre hueles a flores. A flores, manzanas y a la luz del sol.

—¿Flores, manzanas y la luz del sol? —Yo había estallado en risas—. ¿De
verdad?

Kristopher asintió.

—Echaré de menos ese olor. Y tu risa. Y la manera en la que siempre puedes


quitarme el mal humor. Oh, Kristina, te echaré de menos.

—Yo también te echaré de menos. —Mi voz había temblado cuando me di


cuenta que nos estábamos diciendo adiós. Íbamos a estar separados por primera
vez en nuestras vidas. Y no durante una hora o un día, sino durante meses y
meses. ¿Cómo podría soportar estar separada de mi hermano y mi mejor amigo
tanto tiempo?

La escena había conseguido entristecer a ambos lados en ese punto. Alejándome


de la ventana, decidí que era mejor no recordarlo. Aun así, cuando parpadeé,
gotitas de humedad colgaron de mis párpados. Furiosamente, presioné mi
manga —la manga de una de las chaquetas de Kristopher— en mis ojos. No
haría esto para comenzar mi nueva vida. Tenía que ser fuerte, masculina.

Aunque no había estado rodeada de muchos hombres en mi vida, conocía lo


suficiente para saber que me tomarían por una débil chica si lloraba. Y eso
podía ser mi perdición.

No llores, me dije a mí misma severamente cuando el trasbordador atracó y los


pasajeros a mí alrededor se levantaron y reunieron sus pertenencias. No llores y
no vuelvas. Esto es así.

Tomando una profunda respiración, me levanté y agarré mi sencilla mochila de


lona. No había traído mucho—unos pocos conjuntos de la vieja ropa de
Kristopher y algunos recuerdos de casa. Metidos en la punta de una de mis
zapatillas había suministros para un año de flujo de puntos diminutos, pero
poderosos artículos higiénicos que podrían ser insertados para absorber un
completo ciclo femenino mensual y luego dispuestos discretamente. En la punta
12

de la otra zapatilla llevaba algunas vendas extra para vendar mis pequeños
pechos. Estaba lista para cualquier cosa—o eso me dije a mí misma.
Página
Como era habitual, una vez que llegara a la Academia, yo sería abastecida con
varios uniformes azul marino de la Royal Academy, además de un par de botas.
Solo esperaba que tuvieran mi talla, bastante diminuta, en el almacén.

Tomé un taxi aéreo, el cual me dejó en las puertas delanteras de la Academia.


Los enormes paneles de hierro se alzaban sobre mi pequeño cuerpo como si
intentaran intimidarme. Estaban cubiertos en ornamentales pergaminos con las
palabras: Honor, Integridad, Valor, engalanadas y entrecruzadas en el frente en
una escritura rojo titanio.

Bien, pensé caminando hacia la caseta del guardia y golpeé en la diminuta


ventana. Supongo que uno de tres no está mal. Podía no ser muy honesto u
honrado por mi parte venir aquí fingiendo ser mi hermano, pero ciertamente
tomaba valor. Si el guardia miraba demasiado cerca de la foto holográfica que
mi padre había enviado de Kristopher y que decidió que no era lo bastante
buena, mi tiempo en la Royal Academy se habría acabado antes de comenzar.
Pero las mariposas en mi estómago se habían revuelto para nada. El guardia
apenas levantó la mirada de su tableta de vídeo antes de dejarme pasar. Las
sólidas puertas crujieron y bostezaron ampliamente y avancé unos funestos
pasos, que serían el comienzo de mi nueva vida.

Era sorprendentemente duro pasar las puertas y entrar en el campus que sería
mi casa una vez que empezara. Resultó que era capaz de seguir. Olvidando algo
de mi agitación, miré alrededor con interés.

No fue difícil encontrar el edificio de Administración—era la primera gran


estructura a la derecha de la carretera gris marmóreo cuando entré en el
complejo de la Academia. A la izquierda había una serie de edificios de ladrillo
rojo cubiertos por una hiedra negra señorial nativa de esta luna. Las hojas
negras eran brillantes, reflejando la luz del sol. Periódicamente, a los largo de
las espesas vides, florecían grandes flores de cera blanca con centros rojo
sangre—sabía por lo que había leído que eran Flores de Sangre y Honor, el
símbolo de la Academia.

El césped que cubría el suelo a cada lado de la carretera era de un profundo


índigo, y cortado con una precisión militar. El cielo de arriba era de un pálido
azul dorado y Zeus se alzaba grande en el horizonte, sus muchos anillos
13

mostraban perfección. El sol, Prometeo, era el punto más pequeño y más


Página

brillante en lo alto. A pesar de su presencia en el cielo, había un débil frío en el


aire, que me hizo temblar dentro de mi chaqueta prestada. O quizás estaba
temblando por la decepción de lo que yo iba a intentar.

Bueno, no lo pospondría más. Tomando una profunda respiración, mantuve mi


cabeza en alto y caminé rápidamente por la carretera, intentando asegurarme
que mi paso fuera largo y mis brazos colgaran libres. Tenía que moverme como
un hombre, hablar como un hombre, comer, dormir y pensar como un hombre,
me recordé. Intenté recordar cómo caminaba mi padre y copié sus movimientos
decididos y masculinos, pero me sentía torpe después de años estando
escolarizada en la elegancia femenina por niñeras bien intencionadas e
institutrices. Era afortunada de que mi voz fuera baja para una chica—un alto
natural. Sólo tenía que concentrarme un poco en profundizarla para hacer una
imitación pasable de un tono masculino. En cuanto a mis gestos, aún eran
demasiado delicados, pero mi pelo corto creaba la ilusión de que era un
hombre—esperaba de algún modo.

Cuando subí los escalones del edificio de Administración, vi a un grupo de


cadetes de pie a un lado, a la mitad del camino arriba. Todos llevaban los
uniformes azul marino con las Flores Sangre y Honor engalanadas sobre el
corazón. Los uniformes estaban arrugados y sus corbatas torcidas, pero la
trenza dorada en sus hombros me dejaron saber que eran hombres de clase
superior —estudiantes de cuarto— y las amenazantes miradas en sus caras me
dijeron que debería mantener mi distancia.

—¿Así que qué va a ocurrir? —preguntó uno de ellos, succionando con fuerza
el esbelto palo azul de nicotina que sujetaba. La nube de humo colgaba sobre su
cabeza oliendo como a calcetines sucios.

—Ni idea. Nada más. Chauser sabe que mi padre le tendrá corriendo en un
latido si él me agarra más fuerte —respondió el estudiante más alto—. Aquí,
dame algo. —Él tomó el palo de nicotina y dio una calada, soplando el
nauseabundo humo. Intenté no sentir nauseas y seguí avanzando.

Sus acentos sonaban extraños para mí, casi como una jerga. Me pregunté si esa
era la manera en que la gente hablaba en Ares, o si era sólo común en la
Academia. Kristopher y yo habíamos crecido hablando mucho más
formalmente, pero entonces habíamos sido entrenados tradicionalmente en
14

varias lenguas diferentes por muchos de sus tutores.


Página
—Eh, mira a ese… carne fresca —dijo uno de ellos cuando pasé al grupo—.
¿Qué estás mirando, freshie1?

Me di cuenta de que les había estado observando y miré rápidamente a mis


zapatos.

—Nada—murmuré, esperando que mi voz fuera lo bastante baja para evitar


sospecha.

—Sí, mejor sigues caminando —gruñó el estudiante más alto—. Y mantén tus
ojos en el suelo. Sería una pena que tropezaras, ¿no?

Una bota demasiado grande fue, de repente, deslizada en mi camino. Tropecé, y


casi caí, sólo me las arreglé para salvarme en el último minuto con un rápido
salto al siguiente escalón.

—¡Eh! —No pude evitar el enfado en mi voz cuando levanté la mirada a la cara
del abusón. Él era grande, más gigantesco dentro del uniforme azul marino, y
su recio pelo marrón estaba cortado muy corto, mostrando un cuero cabelludo
rosado debajo. Los pequeños y glotones ojos que miraron de vuelta a los míos
eran de color del barro.

—¡Eh! —me imitó, haciendo su voz alta y burlona—. Suenas justo como una
chica, freshie. ¿Cuál es la cuestión, tus pelotas nunca cayeron?

Su comentario me dejó temblorosa, incluso más que su intento de hacerme


tropezar.

—Déjame en paz —murmuré y le empujé para pasar, entrando en el edificio de


Administración rápidamente. Estaba medio asustada de que él me siguiera,
pero una vez la puerta se cerró en silencio detrás de mí, me encontré sola en
una oficina desierta.

—¿Hola? —Caminé hacia la encimera delantera, la cual bifurcaba la sala,


inspeccionando los escritorios vacíos al otro lado—. ¿Hay alguien ahí? —
llamé—. Soy un nuevo estudiante, estoy aquí para registrarme.

—¡Voy! —trinó una voz alta—. ¡Sólo un momento! —Un hombre joven que
parecía ser unos pocos años mayor que yo andaba ajetreado dentro, sus brazos
15

llenos con placas de información—. Termino de tratar con esto —dijo él cuando
Página

1
Freshie: Persona extranjera a la cual se le conoce por su acento extraño y su mal inglés.
los puso con estrépito en uno de los escritorios vacíos—. Ensayos de novatos,
siempre son una molestia. Pero cualquier cosa para ayudar a los profesores,
digo siempre. A veces. —Limpió las grandes y delgadas manos juntas y caminó
hacia delante para mirarme—. ¿Cuál es tu nombre?

—Kristine… Quiero decir, Kristopher. Kristopher Jameson. —Intenté hacer mi


voz más varonil y profunda para cubrir mi resbalón—. Mi padre, el Almirante
Jameson, me dijo que informaría aquí hoy.

—Ah, sí, el hijo del Almirante. Bueno, estamos encantados de tenerte. Sólo
encantados. —Sonrió y asintió hacia mí—. Soy Lewiston Hinks, asistente
administrativo del director Chauser. Déjame decirle que estás aquí, le gusta
decir unas palabras a todos los nuevos estudiantes cuando llegan.

Él anduvo con prisas otra vez y reapareció un momento después.

—Te verá —dijo, asintiendo a un largo pasillo a la derecha de la encimera—. La


última puerta a la derecha es su oficina. Podrías tener que esperar un minuto
mientras trata con algo más, pero estará contigo pronto. Oh, y conseguiré tu
programa de clases y tus uniformes mientras tanto. Veamos... —Él me frunció el
ceño—. Creo que serás uno súper pequeño. ¿Qué tamaño de botas llevas?

Se lo dije y asintió brevemente.

—Bien, creo que tengo algo en el almacén. Vamos, entonces. Sólo hay un
asiento, ponte cómodo en la oficina del director.

Sintiéndome torpe, hice lo que dijo. Esperaba no tener que esperar mucho
tiempo—quería pasar esta entrevista de prueba tan pronto como fuera posible y
salir del edifico de Administración. Con algo de suerte, saldría sin correr hacia
la manada de chicos de último año y su líder abusón con sus ojos color barro,
otra vez.

La oficina estaba bordeada con viejas estanterías pasadas de moda y dominada


por un enorme escritorio hecho de oscura madera marrón pulida. Tomé un
asiento en la silla de madera con respaldo duro sentada y miré alrededor. Las
fotos holográficas de un hombre con un espeso bigote morsa y fino pelo marrón
estaban expuestas en todas partes—el Director Chauser, asumí. En cada foto él
16

estaba sacudiendo las manos con dignatarios visitantes o celebridades. Reconocí


a algunos, otros no me eran familiares, después de todo—¿Quizás autoridades
Página

locales de Ares? Quería levantarme y echar una mirada más cerca pero tenía
miedo de meterme en problemas si el Director venía y me veía examinando sus
cosas.

Esperé durante un largo tiempo, la silla de madera era más y más dura bajo mi
trasero. ¿Cuándo iba a venir? Había estado sentada toda la mañana en el
trasbordador y quería estirar mis piernas. De alguna manera, estaba a punto de
levantarme y empezar a leer los lomos de los libros pasados de moda,
encuadernados en cuero, que él mantenía en las estanterías cuando una voz y
unos pasos llegaron a mis oídos.

—Aquí dentro —dijo alguien, y oí una puerta abrirse y cerrarse en la habitación


de al lado—. Ahora, Broward, ¿qué tienes que decir?

—Nada, señor. —La enfadada voz e insolente sonaba familiar. Sin saber lo que
estaba haciendo, me arrastré por la silla para pararme en la puerta que
conectaba con la siguiente habitación.

—He oído esas alegaciones antes y estoy inclinado a creerlas —continuó la


primera voz—. Espero que sepas que no me tomo esto a la ligera.

—No tiene nada sobre mí —saltó la otra voz—. Sólo me está atormentando
porque no le gusto.

Había una pequeña ventana de cristal en la puerta contigua. Cuidadosamente,


me arrastré más cerca y miré dentro para ver lo que estaba pasando. Un hombre
con fino pelo marrón estaba sentado con su espalda hacia la puerta—
obviamente el director. El abusón que había intentado hacerme tropezar en los
escalones estaba sentado enfrente de él, con una expresión taciturna en sus
espesos gestos.

—Tienes razón, no me gusta ningún embustero. Y tengo algo sobre ti, el Sr.
Nolen te vio claramente copiando tu tarea asignada de otro estudiante. —La
voz del director era seria—. ¿Así que cuál será, Broward, el bastón o el remo?

—¡No puede! —Una fina película de sudor rompió en la cara sonrojada del
abusón—. Mi padre es el cabeza del Embarque de Administración. ¡No se
atreva a ponerme un dedo encima!

—Oh, sí lo hago. —El director se puso de pie y se quitó su chaqueta—. No me


17

importa si tu padre es el presidente del sistema solar, nosotros no permitimos


Página

hacer trampas en la Royal Academy. —Él comenzó a enroscar sus mangas—.


Ahora ¿tomarás tu castigo como un hombre o haré llamar a Hinks aquí dentro
para ayudarme a sujetarte?

—Como si Kinky Hinks pudiera sujetar algo más grande que un conejo —se
burló Broward—. Pero quizás ustedes practican por la noche cuando la oficina
está cerrada. ¿Verdad, Director? ¿Dejas que Hinks te sujete?

El director se había girado y el lado de su cara que podía ver estaba rojo como
un ladrillo.

—Estás a esta distancia de ser expulsado con una mancha negra permanente en
tu expediente, Broward. —Él sonaba como si estuviera hablando a través de los
dientes apretados—. Así que te lo preguntaré otra vez, ¿prefieres el bastón o el
remo?

—No puedo creerle. No llegará lejos con esto. —Broward se puso de pie, sus
brazos cruzados sobre su pecho.

—¿Bastón o remo? —rechinó el Director Chauser—. ¿O quizá prefieras un billete


del trasbordador directo de vuelta a Midas, donde podrás explicarle a tu padre
por qué has sido expulsado?

Se miraron mutuamente sin respirar durante un largo momento, los ojos


llameantes, los pechos agitados. Durante un momento pensé que Broward iba a
apoyarse a través del escritorio y atacar al director. Pero al final, comenzó a
desabrochar los pantalones de su uniforme con movimientos rígidos y erráticos.

—El remo —dijo él, su voz espesa con furia. Bajando sus pantalones, reveló un
gran y fofo trasero que era blanco como el vientre de un pez y cubierto por
denso vello marrón, casi como pelaje.

—Asume la posición —ordenó el director. Broward situó sus manos en los


lados del escritorio y se inclinó.

Puse una mano sobre mi boca para contener una risa temblorosa por la visión.
Kristopher estaría extremadamente molesto, ya que yo nunca había visto a un
hombre desnudo. El físico peludo de Broward parecía tan extraño... tan raro. Me
preguntaba si el resto de él estaba cubierto por pelo también, pero estaba
agradecida por no poder ver nada más que su trasero. Esa extensión de pelo
18

blanco era lo suficiente para dejarme saber que no quería ver más.
Página
—Siete lengüetadas por hacer trampas y tres más por insolencia. —El director
produjo un largo y plano remo rectangular con agujeros a través de él. Me
preguntaba para qué eran hasta que encajó el primer golpe con un chasquido
sibilante, obviamente los agujeros cortaban la resistencia del aire y le permitían
golpear más fuerte—. Uno —dijo cuando Broward soltó un amortiguado
gemido. El remo llegó otra vez—. Dos.

Quería dejar de mirar después del tercer golpe, pero de algún modo no pude.
Estaba fascinada por la vista del remo negro conectando con las enrojecidas
posaderas del abusón. Broward hizo una mueca de dolor con cada golpe,
pequeños gemidos y quejas de dolor escapaban de sus labios carnosos. Me
preguntaba si todo ese pelo amortiguaba los golpes de alguna manera. Por el
modo en la que él gemía y lloraba, no debía ser de mucha ayuda.

Estaba tan absorta en el espectáculo que no puse atención a lo que estaba


haciendo. Mis pies se deslizaron y caí contra la puerta contigua, sacudiéndola
en su marco. De pie a un lado como estaba, me encontraba fuera de la línea de
visión del director. Desafortunadamente, Broward podía verme perfectamente.
Su cabeza se levantó bruscamente y nos miramos en los ojos del otro a través de
la ventana.

Sorpresa, reconocimiento, y furia avergonzada pasaron sobre sus gestos torpes,


y los ojos del color del barro se estrecharon cuando miraron a los míos. Jadeé
por la mirada de pura malevolencia que me dirigió —había leído frases como
“si las miradas pudieran matar” bastante a menudo en los libros, pero nunca
realmente la había registrado conmigo hasta ahora. Durante un largo momento
no pude apartar la mirada, entonces el casi palpable odio que manaba de él
terminó con mi extraña parálisis. Rápidamente me aparté de la ventana y corrí a
sentarme en la dura silla de madera a través del escritorio.

Broward sólo me había visto un momento, pero tuve el infeliz sentimiento de


que el daño ya estaba hecho. Nunca me perdonaría por verle en semejante
posición de última humillación. Ahora tendría que vigilarle y estar doblemente
en guardia—primero para asegurarme que nadie averiguaba mi verdadera
identidad y segundo para evitar ser machacada hasta hacerme papilla.

Los sonidos del remo en la puerta contigua terminaron abruptamente y oí al


19

director decirle a Broward que tendría más de lo mismo si era atrapado otra
Página

vez. El abusón murmuró una ágil respuesta y el roce de la ropa me dejó saber
que se estaba poniendo los pantalones. Entonces, la puerta contigua se abrió y
el director salió, ajustando su chaqueta y enderezando su corbata.

—Ahora, entonces, Sr. Jameson. —Me sonrió delicadamente y levantó una


mano—. He oído hablar mucho de usted de su padre, el Almirante Jameson.
Estoy muy gratificado de conocerle finalmente.

—Encantado de conocerle también, señor. —Tomé su mano en lo que esperaba


fuera un firme agarre, bombeándola exactamente dos veces y solté. Mejor no
pasarse.

—Excelente, excelente. —Se sentó en la silla de cuero afelpada detrás del vasto
escritorio y me miró con un fruncimiento—. Seré honesto, Jameson. Es un poco,
ah, más bajito de lo que había anticipado, no más grande que un chico de
primero. Pero su padre insiste en ponerle en clases de tercero. Dice que ha sido
bien enseñado en nuestro material del temario.

—Sí, señor. —Intenté mantener mi voz profunda y mis ojos directos—. Yo, eh,
conseguí mi talla de mi madre. Era muy bajita. Pero le aseguro que
académicamente puedo mantenerme.

Él frunció el ceño otra vez.

—Espero que pueda. Considerando que su padre ha pagado dos años


completos de clases, estoy de acuerdo en acceder a sus deseos en esta cuestión,
a pesar del hecho que no tiene educación formal de la que hablar. Usted,
Jameson, tendrá la carga de probar que su fe en usted está justificada.

—Sí, señor. Lo haré lo mejor que pueda, señor. —Cambié inquietamente en mi


silla. Padre realmente debía haber estado desesperado por llevar a Kristopher a
la Academia si había pagado semejante gran suma de dinero. Esperaba estar
más que adelantada académicamente como los tutores de Kristopher parecían
pensar.

—Muy bien, entonces, puede irse. —Asintió hacia la puerta de la oficina—.


Recoja su programa y los uniformes de Hinks de camino a la salida. Y luego
envíele aquí dentro, tengo una tarea para él.

—Sí, señor. —Asentí y me levanté rápidamente. Dejando la oficina, cerré la


20

puerta tranquilamente detrás de mí. Estaba aliviada de conseguir salir con mi


Página

decepción tan fácilmente, aparentemente el Director Chauser pensaba que era


pequeña para mi edad. Pero el castigo que había visto me molestó. Estaba
segura que conseguiría una sentencia más rígida que diez lengüetazos con el
remo si mi secreto era descubierto. Bueno, sólo tendría que asegurarme que no
fuera así. Levantando mi barbilla, volví por el pasillo en busca del asistente del
director.

—Aquí estás otra vez. —Hinks me sonrió y me entregó una pila de tela azul
marino, un par de brillantes botas negras y una placa desechable—. Tu
uniforme, botas, y programa de clase para este semestre —explicó él, asintiendo
hacia la placa—. También tu habitación asignada aquí. —Levantó una pequeña
almohadilla negra—. Presiona tu pulgar en esto. —Hice como me pidió y la
almohadilla hizo un bip una vez—. Excelente —asintió—. Ahora la cerradura
está codificada con tu huella.

—¿Debería cambiarme e informar a la clase que acaba ahora? —pregunté,


mirando a la placa con mis clases asignadas con incertidumbre.

Hinks sacudió su cabeza.

—No hace falta, casi han acabado por hoy. No te preocupes por estar atrasado,
las clases sólo han estado en marcha durante una semana, deberías ser capaz de
ponerte al día.

—Gracias. —Asentí y comencé a irme pero él me detuvo con una larga y


delgada mano en mi hombro.

—Pruébatelo.

—¿Qué? —Le fruncí el ceño, mi corazón latiendo.

—Tu uniforme, necesito asegurarme que te queda bien. —Él asintió hacia una
puerta abierta a un lado de la oficina—. Vamos, puedes desnudarte allí dentro.
No seas tímido, lo he visto todo. —La mirada depredadora en sus ojos me
pusieron de repente nerviosa. Y si me veía desnudarme, mi secreto sería
descubierto.

—Yo... uh... — Comencé a alejarme de él pero justo entonces la voz del director
se hizo eco por el pasillo.
21

—Hinks, ¿el cadete Jameson no te dijo que te necesito? Ven aquí de una vez.
Página
—Oh, bueno. —Hinks me dio un fruncimiento enfadado y suspiró—.
Pruébatelos en tu dormitorio y tráelos de vuelta si no te valen. —Con una
última mirada persistente hacia mí, sobre su hombro, se apresuró por el pasillo
hacia la oficina del director.

Respirando un tembloroso suspiro de alivio, agarré mi uniforme y las botas y


corrí hacia la entrada del edificio de Administración. Ésta había sido cerrada.
Pero ¿por qué quería verme sin mi ropa? ¿Sospechaba de mí por algo? ¿Había
visto a través de mi disgusto o esto era algo que él hacía con todos los nuevos
estudiantes? Cuando inicié una veloz retirada, me pregunté si Hinks había
decidido que sería cosecha fácil porque era pequeña y de apariencia débil.

Eso era un problema. Al crecer como una chica, siempre había estado protegida
y manejada con cuidado por mi estatura diminuta. Las pocas veces que
Kristopher y yo salíamos a la sociedad, los chicos habían sido caballerosos y
cuidadosos por mi frágil anatomía femenina. Yo había tomado semejante trato
diferente por asumido—era simple la manera en la que las cosas eran hechas en
Victoria, mi provincia. Ahora lo que sucedía era que podría ocurrir lo opuesto
en mi nueva vida. Mi ligera y débil apariencia podría hacer que esos que me
habían tratado tan gentilmente como una fémina, decidieran enfocarme y
maltratarme como un hombre. Por primera vez en mi vida, mi delgado cuerpo
y mi bajita estatura iban a ser una discapacidad, no una ventaja.

Empujé la preocupante idea lejos, y pasé a través de la puerta delantera


cuidadosamente. Miré alrededor del edificio de Administración, más que medio
asustada de ver a un enfadado Broward, esperando con su banda de cadetes,
fumando y encadenados para golpearme hasta hacerme papilla. Para mi alivio,
el área entera alrededor del edifico parecía desierta.

Bien. Miré mi placa, buscando mi dormitorio asignado. Estaba en el Edificio


Goddard, cuarto piso, habitación cuatro-ocho. Cuadré mis hombros e intenté
mirar a todas partes una vez, saliendo a través del campus. Era la hora de ver
dónde iba a pasar los siguientes dos años de mi vida.
22
Página
Capítulo 3
Traducido por Rockwood

Corregido por Julieta_Arg

E
l edificio Goddard era un dormitorio ruidoso y desordenado.
Mientras caminaba por las grandes escaleras que conducían hasta el
cuarto piso, vi a muchos de mis nuevos compañeros de dormitorio
riendo y bromeando unos con otros. Sin embargo, su comportamiento
estaba mucho más allá de cualquier comportamiento masculino que hubiese
visto en las pocas fiestas de sociedad a las que Kristopher y yo habíamos
asistido. Los cadetes de Royal Academy hacían comentarios groseros, contaban
chistes sucios, se tiraban gases, escupían, se rascaban en las zonas inconfesables,
y se golpeaban el uno al otro con frecuencia.

Traté de no mirar fijamente mientras me iba, pero era difícil entender sus
acciones. Kristopher nunca había actuado así, incluso en la intimidad de
nuestro hogar siempre fue un perfecto caballero. Contemplé, perpleja, como un
estudiante agarraba a otro alrededor del cuello y frotaba el cuero cabelludo de
la víctima fuertemente con los nudillos gritando: "¡Coscorrones!"

—¡Suéltame! ¡Me rindo, me rindo! —gritó el otro chico, pero no sonaba


amargado. De hecho, ambos parecían estar disfrutando. ¿Por qué? Era un
misterio para mí. Me preguntaba cómo diablos alguna persona podría disfrutar
de golpear a alguien o ser golpeado. Además, ¿cómo podían estudiar con todo
este ruido? Compitiendo con la música atronadora de varias habitaciones
diferentes, casi pero no del todo ahogando los gritos y risas masculinas de los
juegos bruscos.

Me sentí aliviada cuando llegué al cuarto rellano al ver que la mayor parte del
ruido se había quedado atrás en las últimas tres plantas. Había algunas puertas
entreabiertas con música suave viniendo desde dentro, pero no había nadie en
los pasillos gritando o dándose puñetazos o “coscorrones”.

Tal vez esta zona era para los estudiantes serios que realmente querían estudiar.
Deseaba que fuese así fervientemente, de todos modos.
23
Página

Caminando por el pasillo, leí los números de las habitaciones hasta que
encontré la puerta lisa de madera marcada con cuatro-cero-ocho. Por encima de
la cerradura de la puerta, que parpadeaba en rojo, había una pequeña
almohadilla de Identificación negra. Recordando la promesa de Hinks de que
aceptaría mi huella dactilar, apreté mi pulgar contra la superficie plana y
esperé. Por un momento pensé que no iba a funcionar. Luego, con un leve beep-
beep-boop, el LED cambió a una luz verde mientras la puerta se abría.

El cuarto estaba desierto, pero era claro que alguien más ya se había instalado.
Miré con consternación los objetos personales esparcidos por la habitación y el
edredón hecho a mano sobre una de las camas estrechas. Hinks nunca había
dicho nada acerca de un compañero de cuarto. En mi ingenuidad, yo había
asumido que iba a tener una habitación para mí sola, tal como lo hacía en casa.
¿Acaso no iba a haber ningún lugar en el campus donde pudiese relajarme y ser
mi verdadero yo?

Al parecer, no. Con un suspiro, dejé caer mi mochila junto con el montón de
uniformes y botas en la cama sin hacer y fui a echar un vistazo. En un escritorio
enfrente de las dos camas gemelas había una pequeña foto holográfica, del
tamaño de mi mano. La agarré y la estudié.

Mostraba a dos muchachos, claramente uno mayor que el otro, con los brazos
alrededor del otro y sonrisas en sus rostros. El muchacho mayor era alto y de
un corte limpio con el pelo dorado oscuro, ojos azul penetrantes, y
características nítidas y bien definidas. Él tenía su brazo alrededor del
muchacho más joven que compartía el mismo pelo y color de ojos, lo que me
hizo pensar que debían ser hermanos.

Pero algo estaba mal con el hermano menor, estaba torcido de alguna manera,
su cuerpo más pequeño encorvado en una postura extraña que me hizo girar el
holograma de un lado a otro, tratando de ver exactamente lo que estaba mal con
él. ¿Tenía algún tipo de mutación o enfermedad? Este tipo de cosas eran
altamente inusuales ahora que casi cualquier deformidad podía ser curada en el
útero. ¿Entonces por qué lucía así? ¿Por qué...?

—¿Quién demonios eres tú y qué haces en mi habitación?

Salté y casi dejé caer la foto en mi pánico. Tanteando para devolverla, me volví
para ver al chico alto de cabellos dorados, claramente el hermano mayor en la
24

foto, de pie en la puerta con el ceño fruncido en su rostro aristocrático. Era


incluso más alto que Broward y mucho más musculoso, y no pude dejar de
Página

notar que sus hombros eran dos veces más anchos que los míos. En los lóbulos
de las orejas tenía pernos de platino puro y ónix, un testimonio mudo de la
riqueza y el privilegio que podía leer en su rostro.

—Lo siento —dije mientras me alejaba de la mesa—. Fui asignado a este cuarto
por el asistente del director ¿Hinks? ¿Lewiston Hinks?

Él frunció el ceño.

—Bien, Chico Listo, ya sé quién es. Pero el ciclo lectivo ya ha comenzado y no se


admiten más estudiantes nuevos. Se supone que sólo yo uso este espacio, lo
tengo para estudiar.

Fruncí el ceño.

—Yo también pensé que iba a tener una habitación personal. Parece que los dos
nos equivocamos.

—Vamos a ver eso. —Me miró—. Tengo que estar entre los primeros diez
porcentajes del Cuerpo Espacial en los exámenes de entrada para ser elegible
para su programa de oficialidad temprana. No voy a permitir que cualquier
estudiante novato estropee esto por mí.

Me ericé.

—Para tu información, soy de la tercer Formación. Y también estoy tratando de


entrar en el Cuerpo Espacial.

Sus ojos azules parpadearon por encima de mí con desprecio.

—Vas a estar tratando durante algún tiempo entonces, lagartija. Tienen un


requisito de altura mínima, ya sabes.

—Tú... —No podía pensar en nada tan malo como para llamarlo. Allí en mi
luna le habría acusado de ser poco caballeroso, pero eso es algo que una
señorita le diría a un joven. No pensaba que se tratara de una acusación que un
hombre pudiera hacer a otro hombre.

A mi nuevo compañero de cuarto no parecía importarle que yo tuviese la


lengua trabada.

—Voy a bajar a la parte administrativa para arreglar esto, así que no te pongas
25

demasiado cómodo. —Me señaló con el dedo—. Y no toques mis cosas.


Página
—No te preocupes —le respondí, por fin encontrando mi voz—. No he tenido
mi refuerzo antibacterial aún este año. No me gustaría tomar nada.

Su rostro se ensombreció.

—Lo único que vas a tomar es mi puño en tus dientes si sigues así, cero a la
izquierda.

—No me llames así. —Puse una mano en mi cadera—. Sólo porque seas una
pobre excusa de una terca bestia sobrealimentada...

—Oye. —Dio un paso hacia mí, entrecerrando los ojos azules—. Tienes una
boca bastante grande para un tipo tan pequeño.

—Por lo menos eso es lo único grande en mí. —Levanté la barbilla, mirando


hacia él—. A diferencia de algunas personas que parecen ser demasiado
grandes en todo. ¿Te han revisado la pituitaria últimamente? Existen
tratamientos para el gigantismo, ya sabes.

—¿De qué estás hablando? —demandó—. No hay nada mal en mí. Todos en mi
familia son altos.

—¿Y son estúpidos también? ¿O es sólo tú? —Levanté una ceja—. ¿Es ese gran
cerebro tuyo está teniendo problemas para obtener oxígeno allí?

—Tú, pequeño... —Dio un paso hacia mí en advertencia y lo esquivé.

—Así es, soy pequeño. Y tú eres grande. No se siente bien burlarse de uno a
causa de su tamaño, ¿verdad? —exclamé.

Por un momento se quedó allí mirándome. Luego, sin decir palabra, se volvió y
salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él. Golpeó contra el marco
de madera y rebotó, quedando entreabierta para que pudiera oír sus pasos
airados por el pasillo.

¡Genial! ¡Simplemente genial! Me hundí en la cama sin hacer junto a mi mochila y


hundí mi cara en mis manos. Ni siquiera había estado en Royal Academy una
hora entera con todo y ya tenía dos enemigos. Dos enemigos muy grandes y
enojados.
26

¿Qué me esta pasando? Me pregunté, pasando mis manos por el pelo corto.
Nunca he tenido tantos problemas cuando Kristopher y yo salimos en la sociedad antes.
Página

¿Por qué tengo tantos problemas ahora?


Bueno, por un lado las reglas de la buena sociedad no parecían aplicarse aquí
en la Royal Academy. Era como un pequeño mundo. Y por el otro, era obvio
que yo no sabía cómo tratar con los hombres, no como si fuese uno de ellos, de
todos modos. Tendría que estudiar a los cadetes a mí alrededor y tratar de
hacerlo mejor. Nunca duraría dos años a este ritmo

No sé cuánto tiempo me senté en el borde de la cama sintiéndome miserable,


pero me pareció una eternidad. Quería llorar pero contuve las lágrimas con
gravedad. Me había prometido poner fin a mis comportamientos débiles, de
niña, y nada era más débil o más femenino que ceder a la emoción. Tomando
una respiración profunda, me puse de pie para empezar a desempacar. Hinks
me había asignado a esta habitación y que me torturen si iba a dejar que mi
compañero de cuarto arrogante, crecido en exceso me echase fuera de él sólo
porque no quería compartir.

Puse algunos recuerdos de casa alrededor de la habitación, sintiendo un nudo


en la garganta al desempaquetar el cubo pequeño de sonido que contenía
algunas de las sesiones de mejores prácticas de Kristopher en su violín. Sin
llorar, me recordé de nuevo mientras hacía la cama con la pila de sabanas
limpias que encontré en el armario pequeño. Colgué mis uniformes junto a los
mucho más grandes que ya estaban allí, pero no encontré lugar para guardar mi
ropa interior o la ropa doblada que había traído de casa.

Encogiéndome de hombros, me di por vencida por el momento porque tenía


que utilizar la ducha. Me sentía pegajosa y cansada después de mi largo viaje en
el autobús lleno de gente por la mañana. ¿Tal vez debería tomar una ducha
rápida ahora, mientras mi nuevo compañero de cuarto estaba fuera? No,
probablemente fuese demasiado arriesgado, podría volver con Hinks y el
director para resolver nuestra disputa en cualquier momento.

Suspirando, decidí que tendría que permanecer sin lavarme hasta que él
estuviese en la cama y dormido. En el ínterin, sin embargo, tenía que responder
a la llamada de la naturaleza.

Pero cuando abrí la puerta que yo había asumido llevaba al baño, sólo encontré
un lugar poco profundo lleno de estanterías. Algunas pilas de ropa doblada y
un par de zapatos de repuesto, alrededor de tres veces más grandes que los
27

míos, estaban puestos ordenadamente en dos de los estantes. Los otros dos
Página

estaban vacíos, así que aproveché la oportunidad de terminar de desempacar


mi mochila.
Aunque mi problema de almacenamiento se había resuelto, otro estaba
creciendo. Para decirlo con delicadeza, yo realmente tenía que ir. ¿Donde en las
quince lunas estaba el estúpido baño? ¿Tal vez había uno comunal en alguna
parte a lo largo del pasillo que me había perdido cuando estaba viniendo? Eso
no sería óptimo, pero en este momento yo estaba dispuesta a ir a cualquier sitio.

Cerré la puerta de la habitación detrás de mí, y empecé a buscar un lugar para


hacer mis necesidades. Pensé en llamar a una de las puertas abiertas y
preguntar a algunos de los otros cadetes, pero decidí que cuanta menos
atención atrajese, mejor. Me alegré de mi decisión una vez que anduve más allá
de la escalera y encontré lo que buscaba por mi cuenta.

Un amplio arco abierto en el extremo del pasillo conducía a una habitación


grande, donde los pisos y paredes por igual estaban ambas cubiertas con
azulejos azules y blancos. Hay una fila de urinarios de un lado y algunas
cabinas cerradas en el extremo de la línea. Al otro lado de los baños hay una
hilera de lavabos y espejos, al parecer para el afeitado. Esperaba no tener que
explicar a nadie la razón por la que no iba a tener bigotes. Tal vez podría decir
que tenía algún tipo de desequilibrio hormonal.

Usé una de las cabinas y estaba a punto de regresar a mi habitación cuando se


me ocurrió que no había visto las instalaciones de las duchas. ¿Dónde se
bañaban los cadetes? Un pequeño pasillo llevaba lejos de la zona principal del
baño. Mi curiosidad sacó lo mejor de mí y seguí el camino y doblé en la esquina
para ver si podía encontrar las duchas.

El pasillo que llevaba a otro espacio de azulejos grandes, pero no había duchas
con cortinas o bañeras. Yo estaba perpleja, ¿cómo se bañaban por aquí?
Entonces un destello de plata mate llamó mi atención.

Mirando hacia arriba, vi la cabeza de una ducha empotrada en la pared de


azulejos. Y otra, y otra, a intervalos de dos pies de distancia por todo el espacio
cuadrado. Debajo de cada regadera, había un botón de control de temperatura y
un único gran desagüe circular estaba el centro de la planta.

Mi corazón se hundió. ¡Era una ducha comunal! Aunque buscase por todas
partes, no había otras duchas más pequeñas, cerradas para bañarse en privado.
28

¿Cómo iba a ser capaz de tomar una ducha? Aunque si estaba desierto, como en
ese momento, no había privacidad. En minutos en que me quitara mi ropa y las
Página

vendas envolviendo mis pechos, sería vulnerable. Cualquiera que entrara en el


baño podría descubrir mi secreto. Por no mencionar el hecho de que yo no
quería tomar una ducha al aire libre en un lugar donde un montón de hombres
desnudos podrían aparecer en cualquier momento. ¿Qué iba a hacer?

Ninguna respuesta se presentó y decidí que tendría que pensar en ello más
tarde. Alejándome de la visión desalentadora de la ducha comunal, hice mi
camino por el estrecho pasillo que conducía a la zona principal de nuevo.

Pero cuando doblé la esquina, me encontré con que mi camino estaba


bloqueado. Broward y dos de los otros cadetes con quienes lo había visto esa
mañana estaban de pie hombro con hombro, cortando mi escape. Miré detrás
de mí, pero las duchas eran una habitación cerrada. No había ninguna otra
manera de salir, y nadie a quien pedir ayuda. Sentí que se me encogía el
estómago como un puño y mi corazón comenzó a golpear frenéticamente contra
mis costillas.

Estaba atrapada.

29
Página
Capítulo 4


Traducido por LuisaV8

Corregido por KatieGee

Hola, freshie. —Broward me dio una fea sonrisa mientras se


adelantaba. Contrajo una mano carnosa en un puño, con los
nudillos estallando amenazadoramente.

—Déjame solo. —Tomé un paso atrás—. ¿Cómo me encontraste siquiera?

Uno de los otros cadetes, que tenía ojos saltones verdes y cabello rojo contestó:

—No pudimos obtener tu dirección de habitación pero nos las apañamos para
averiguar el edificio.

—¿Y tú qué sabes? —Sonrió Broward—. Somos vecinos, freshie. Mi habitación


está en el piso justo debajo de ti. ¿No es dulce?

—Yo no te hice nada —dije, tratando de mantener mi voz sin temblar—. No te


estaba mirando a ti ni al director a propósito, te lo juro. Acababa de pasar por
su oficina y escuché sus voces, así que fui a echar un vistazo. Eso es todo.

—¿Qué pasó con el director? —El cadete pelirrojo frunció el ceño y miró a
Broward—. ¿De qué está hablando, Broward?

—Cállate, Nodes —gruñó Broward, su rostro tornándose de un opaco color


escarlata—. Freshie aquí no sabe lo que está hablando.

—Tú dijiste que sólo le dio una conferencia —dijo el otro chico, que parecía
tener algún tipo de enfermedad crónica de la piel—. Tú dijiste…

—No importa lo que dije, Dawson. Sólo cállate.

De pronto comprendí que sus amigos no sabían acerca del batimiento. Acababa
de hacer las cosas un millón de veces peor para mí. Y ahora Broward venía por
mí.

Cómo deseaba en ese momento que el tutor de educación física de Kristopher


30

me hubiera permitido tomar los cursos de combate mano a mano junto con mi
Página

hermano. Pero a pesar de que había accedido a las lecciones de esgrima, había
dibujado la línea en lo que llamó "dejar a una dama luchar en el suelo como un
perro peleando por un hueso".

Ahora deseaba que me hubiera dejado luchar, dama o no. Si lo hubiera hecho,
tal vez yo estaría en una mejor posición para defenderme en este momento. Por
otra parte, tal vez no, habían tres de ellos y sólo una de mí. Sin mencionar que
todos me superaban por lo menos por cien libras.

Yo iba a morir. O eso, o estaría tan gravemente herida que iba a ser llevada al
centro médico del campus y mi secreto sería descubierto. Tenía que hacer algo,
pero ¿qué?

—¡Alto! —Levanté la mano e hice mi voz tan profunda e imperiosa como pude.
Para mi sorpresa, Broward en realidad se detuvo y se quedó mirándome con el
ceño fruncido en su rostro.

—¿Qué? ¿Tienes algo que decir antes de que reorganice tu cara? —exigió.

—Vamos a resolver esto como hombres. —Me alcé a mi altura completa y


levanté la barbilla, mirándolo a los ojos.

—¿Ah? —Él ladeó una ceja marrón gruesa—. ¿Y cómo arreglan las cosas los
hombres, freshie?

—Dame una espada —le dije.

—¿Una espada? —El pelirrojo Nodes soltó una carcajada troll y Dawson se unió
a él.

—Escucha eso, Broward, pidió una espada.

—Escúchame —le dije con severidad, ignorando la hilaridad que mis palabras
habían causado—. Estoy seguro de que estudias esgrima aquí, ¿cierto?

—Algunos cadetes lo hacen. ¿Y qué? —Broward encogió sus espesos hombros.

—Así que deberíamos pelear con esgrima por nuestro honor —dije con
desesperación—. Después de todo, eres mucho más grande que yo, esto no es
una pelea justa. Pero pon una hoja en mi mano y probaré quién es el mejor.

Broward en realidad parecía estar considerando esto por un momento, con el


31

bajo ceño fruncido en sus pensamientos. Luego sacudió la cabeza.


Página

—Nop. No lo creo.
—¿Por qué no? —Le lancé una mirada desafiante—. ¿Tienes miedo?
¿Demasiado cobarde para derribarme en una lucha justa?

—No. —Me dio una sonrisa lenta y horrible que me hizo sentir como si alguien
hubiera arrojado un cubo de hielo en la boca mi estómago—. Demasiado
perezoso. Además, no me gusta una pelea justa. Es mucho más divertido a mi
manera.

—Espera. —Retrocedí en el estrecho pasillo que conducía a la zona de las


duchas cuando él comenzó a avanzar de nuevo. Pero esta vez Broward no se
detuvo.

—No más espera, freshie —me dijo, sin dejar de sonreír—. Nodes, Dawson —
dijo a sus dos secuaces descomunales—. Sosténganlo. Lo voy a estropear.

Era un buen ajuste en el pasillo estrecho pero los dos se lanzaron adelante y
agarraron mis brazos antes de que pudiera saltar. Me arrastraron de vuelta a la
zona principal más fresca por la fuerza aunque estuve pateando y gritando todo
el camino.

—¡Ayuda! Ayuda. —Pensé que mi garganta cedía de gritar pero nadie vino.

—Cállate ahora freshie. —Broward golpeó una mano carnosa en mi boca—. No


hará nada bueno que grites. Incluso si alguien escucha, no se meterá con
nosotros.

—Eso es cierto. —Dawson soltó una carcajada en mi oído—. Ni siquiera el


Director se mete con Broward.

Yo sabía mejor, pero lamentablemente ese conocimiento estaba a punto de


matarme. Sin embargo, no me iba a rendir sin luchar.

Abriendo la boca bajo la mano de Broward, mordí con fuerza, con el objetivo de
tomar un pedazo de su palma carnosa si me fuera posible.

—¡Ay! ¡Pequeño bastardo! —El matón sacó su mano y mi boca se llenó con el
sabor espeso, cobrizo de la sangre—. Me mordiste. Realmente me mordiste. —
Me miró como si no pudiera creer que yo haría una cosa así.

—¡Ah sí! —Escupí la sangre de mi boca y reí, sonando un poco histérica a mis
32

propios oídos—. Cuan desconsiderado de mi parte. ¿Por qué yo iba a hacer una
Página
cosa tan descortés como morderte cuando simplemente tratabas de “arreglar mi
cara”?

—Muy divertido, freshie. —Broward encrespó su mano ensangrentada en un


puño, haciendo una mueca mientras lo hacía—. Oh sí, muy divertido. Te reirás
todo el camino a la enfermería. —Sacó de nuevo su brazo y me golpeó tan
fuerte como pudo.

Me di cuenta más tarde que tuve la suerte de haberle mordido en la mano


dominante. Debido a donde la mordida fue colocada, no fue capaz de hacer un
puño muy bueno.

Mi cabeza se balanceó sobre mi cuello y mi pómulo parecía que estaba roto,


pero al menos mis dientes y la nariz se mantuvieron intactos. No me sentía muy
afortunada en ese momento, sin embargo. Me sentía enferma y mareada.

Estrellas bailaron en mi visión y latía mi mejilla. Nunca me habían dado un


puñetazo en la cara antes. Pequeño asombro ya que la mayoría de las damas en
mi círculo social preferían el bordado a la lucha callejera. Pero mi latido estaba
empezando.

Vi el puño ensangrentado de Broward llevado hacia atrás y traté de prepararme


para el siguiente golpe, porque no había nada más que pudiera hacer. Ausente,
me preguntaba qué había hecho para merecer esto. ¿Quién hubiera pensado
que mi primer día en la Academia iría tan mal, muy mal?

El puño ensangrentado salió arando hacia mí y cerré los ojos, no quería ver la
tierra. Esperé sin aliento por el golpe... y esperé, y esperé. Pero por alguna
razón, no llegó.

—¿Tres contra uno, Broward? Eso es bajo, incluso para ti.

Abriendo mis ojos, vi a mi nuevo compañero de cuarto sosteniendo el brazo del


agresor, el puño sangriento a escasos centímetros de mi nariz. Mi compañero de
cuarto no parecía estar ejerciendo un gran esfuerzo pero Broward estaba con la
cara roja mientras trataba de liberarse e ir en pos de mí otra vez.

—Vamos, North —gruñó el cadete más alto—. Esto no te concierne.


33

Los ojos azules penetrantes de mi compañero de cuarto se estrecharon.


Página
—Desafortunadamente, me concierne cuando veo un asesinato en progreso. —
Sostuvo la mirada de Broward con la suya—. Déjalo ir ahora o te arrepentirás.

Broward se burló.

—En caso de que no lo notaras, hay tres de nosotros, y sólo uno de ti, North.

—Buenas probabilidades, teniendo en cuenta que ninguno de ustedes sabe


hacer otra cosa que aterrorizar engendros como éste. —Me asintió—. Déjalo ir y
ven por mí, si piensas que estoy equivocado.

Dawson y Nodes miraban ansiosamente, obviamente preguntándose qué iba a


hacer Broward. Me pregunté a mí misma, tanto como pude con mi cabeza
resonando como una campana, que era.

—-Olvídalo. —Broward dio un paso atrás—. No tengo tiempo para esto, de


todos modos.

—Vas a tener que hacer tiempo en un minuto —dijo mi compañero de cuarto,


finalmente soltando su brazo—. Vi el monitor del dormitorio subiendo las
escaleras justo ahora para ver de qué se trataban los gritos. Tú consigues salir
con un infierno de aquí, Broward, pero no creo que puedas literalmente salirte
de un asesinato.

Broward todavía se veía lo suficientemente enojado como para golpearme hasta


ser pulpa pero los otros dos cadetes estaban obviamente nerviosos.

—Vamos, Broward, salgamos de aquí. —Dawson lucía repentinamente pálido


bajo sus granos.

—Sí, no todos tenemos padres en el Consejo. —Nodes soltó mi brazo y Dawson


hizo lo mismo—. Vamos. —Él tiró del hombro de Broward y se volvió hacia la
fresca puerta de arco.

—Bien, si ustedes dos están tan asustados que se hacen pis en sus pantalones,
nos iremos. —Broward comenzó a retroceder, pero sus ojos seguían fijos en
mí—. Esto no ha terminado, freshie. Cuida tu espalda.

Mi compañero de habitación, que tenía por sobrenombre aparentemente North,


me dirigió una mirada especulativa.
34

—Bueno, enano, ciertamente tienes una manera con la gente. ¿Qué le hiciste a
Página

Broward?
Abrí la boca para responder y entonces el mundo empezó a girar. Antes de
saberlo estaba cayendo, el duro suelo de baldosas azules y blancas viniendo al
encuentro de mi cara a una velocidad increíble.

35
Página
Capítulo 5
Traducido por RoChIiI

Corregido por Isane33

N
unca toqué el suelo. Alguien me agarró y lo siguiente que supe
fue que estaba siendo colgada de un ancho hombro y llevada
como un saco de grano fuera del baño y por el pasillo.

—¡Oye, bájame! —Golpeé débilmente en la ancha espalda de


North a pesar de que el movimiento me hizo sentir como si estuviera a punto
de vomitar.

—Tómalo con calma, renacuajo. Estamos casi en la habitación. —Retumbó su


voz profunda a través de mí mientras hablaba.

Quise protestar un poco más, pero el mundo empezó a girar otra vez en ese
punto. Cerré mis ojos y quedé inerte en su hombro. No parecía haber nada más
que pudiera hacer. Cuando volvimos a la habitación me puso en mi cama con
sorprendente delicadeza y se fue. Me preguntaba dónde había ido cuando
volvió y puso algo frío y mojado en mi punzante mejilla. Gemí y traté de
empujarlo pero apartó mi mano.

—No te muevas, eres un desastre. —Empujó una pajilla a mis labios—. Toma,
bebe esto.

No quería nada de beber pero tomé un pequeño sorbo para apaciguarlo. Algo
frío, dulce y burbujeante corrió por mi garganta, haciéndome toser y jadear. La
pajilla fue abruptamente retirada.

—Es sólo una bebida carbonatada. ¿No puedes manejar nada? —Mi nuevo
compañero de cuarto sonó impaciente.

Volví a toser.

—So... sólo la he tomado una vez. No me esperaba... las burbujas. —Mi voz
sonaba ronca e incierta, incluso a mis oídos.
36

—Toma otro sorbo ahora que sabes lo que es. Necesitas un poco de azúcar en tu
Página

sistema. —Presionó la pajilla en mis labios de nuevo y esta vez tuve la


oportunidad de beber sin toser.
Para mi sorpresa, él tenía razón, la dulzura azucarada de la bebida efervescente
me hizo empezar a sentirme mejor casi al instante. Mi mejilla seguía dolorida
pero al menos el mundo ya no giraba.

—Gracias —le dije, después de terminar la bebida.

—De nada. —Estaba sentado en el borde de mi cama, mirándome críticamente,


de la forma en que alguien podría estudiar a un bicho medio aplastado—. Creo
que estás bien. Tienes sangre en la cara, pero no parece haber una hemorragia.

Me limpié la boca.

—Es de Broward. Lo mordí.

—Lo mordiste, ¿eh? —Me dio una mirada de respeto a regañadientes—. Eres
un pequeño chico luchador, te daré eso.

—Muchas gracias —le dije con amargura—. Eso significa mucho viniendo de
un tontorrón como tú. —Mi pequeña estatura realmente resultaba ser una
desventaja.

—De nada —dijo de nuevo, tomando el recipiente vacío de bebida y poniéndolo


abajo en la mesita de noche.

—¿Por qué? —le pregunté, mirándolo.

—¿Por qué, que?

—¿Por qué me ayudaste? —Traté de sentarme, pero me empujó hacia abajo.

—Es mejor esperar un minuto antes de levantarse. Vine a ver de qué se trataba
todo el alboroto. ¿Gritas como una niña, lo sabes, camarón?

—Tenía miedo —le dije con frialdad—. Y no me llames así. Mi nombre es...

—Lo sé, Kristopher Jameson —suspiró—. Hinks me dijo cuando fui a preguntar
por la situación de los cuartos.

—¿Qué te dijo sobre eso? —le pregunté.

North se pasó una mano por su pelo rubio oscuro, con cara de frustración.
37

—Me dijo que sólo tendría que lidiar con ello. Mira… —Me señaló—. Iba en
Página

serio cuando dije que tenía que estudiar. No quiero música fuerte o fiestas aquí,
lo digo en serio.
—No quiero eso tampoco —le dije, frunciendo el ceño—. Sólo estoy aquí para
aprender, así puedo conseguir mi licencia de pilotaje. No estoy interesado en
ninguna de las actividades sociales que vi en los pasillos en mi camino hasta
aquí.

—¿Actividades sociales? —Levantó una ceja y se echó a reír—. Tienes una muy
extraña manera de hablar, Jameson. ¿De qué luna eres, de todos modos?

—Dianna —le dije con frialdad—. De la provincia de Victoria.

North frunció el ceño.

—Soy de Apolo. He oído hablar de Victoria, pero nunca he estado allí. ¿No es la
provincia donde todo el mundo es tan rígido y formal que ni siquiera pueden
estornudar sin disculparse mil veces?

—Es civilizado —le corregí—. Qué es más de lo que puedo decir por la forma en
que la gente actúa por aquí.

Él negó con la cabeza.

—No debes haber estado afuera de la escuela antes. La Academia es bastante


estándar.

—Si ser amenazado y golpeado dos veces en el mismo día es normal no sé cómo
alguien se gradúa —espeté—. Ni siquiera he estado aquí dos horas y ya he sido
asaltado.

—¿Asaltado? Vamos. —Me golpeó el hombro—. Recibiste un golpe, no seas


como una niña al respecto.

Abrí la boca para dar una respuesta airada y volví a cerrarla. Al parecer ser un
hombre involucraba estoicismo ante el dolor y en este momento yo hacía un
trabajo bastante pobre en ello.

—Me dolió —señalé finalmente.

—Ser golpeado en la cara por lo general lo hace. Vamos a ver cómo se ve. —Se
inclinó hacia delante, levantó el paño húmedo y frío que había puesto en mi
mejilla herida y frunció el ceño, pensativo.
38

—Bueno, vas a tener un tremendo moretón, pero no creo que nada esté roto. Sin
Página

embargo, podemos ir a la enfermería para una radiografía si lo deseas.


—No, gracias —le dije, tratando de sentarme de nuevo. Esta vez me ayudó.

—¿Mejor?

—Sí. —Finalmente fui capaz de mirar alrededor sin sentir como si estuviera en
una calesita en la feria, lo que era una gran mejora.

—¿Y qué hiciste para ganar eso, de todos modos? —North hizo un gesto a mi
mejilla herida—. ¿O Broward sólo estaba con su encanto habitual?

—Vi algo... en el edificio de administración. —Fruncí el ceño hacia mis manos—


. No estoy seguro si debo decirte.

—Si es algo que tiene que ver con Hinks, todo el mundo ya lo sabe. Aunque no
creí que Broward fuera de esa manera.

—¿Qué quieres decir? ¿De qué manera? —le pregunté.

—Ya sabes. —North hizo un movimiento de lado a lado con una mano grande y
bien formada—. Gay.

Sólo había oído esa palabra una o dos veces antes, pero tenía una idea general
de lo que significaba.

—¿Crees que vi… a Broward y Hinks... haciendo algo inmoral juntos? —Mi voz
se alzó ligeramente—. Pero los dos son varones. ¿Eso es normal en la Academia
también?

North se encogió de hombros.

—En realidad no, pero se oye de eso de vez en cuando. Ya sabes como es,
demasiados chicos calientes sin chicas admitidas.

Tuve un súbito pensamiento perturbador.

—¿Eres tú... de esa manera?

—¿Gay? ¿Yo? —Rió con sorpresa, como si la idea fuera totalmente absurda—.
No, absolutamente no. Hay demasiadas chicas guapas en el sistema solar como
para perder mi tiempo en otro tipo. Pero Hinks Kinky definitivamente lo es. No
me digas que no intento la vieja rutina de “vamos a ver cómo te queda tu
39

uniforme” contigo.
Página

Podía sentir mis mejillas calentándose.


—Sí, lo hizo —admití—. Yo, uh, logré escapar, sin embargo. ¿Habría realmente
tratado de... de...? —No pude terminar.

North rió con incredulidad.

—No lo puedo creer, en realidad estás sonrojado.

—Él... yo... —Me llevé las manos a las mejillas calientes y me estremecí cuando
toqué la herida. ¿Cómo podía decirle que no hablábamos de cuestiones sexuales
de cualquier tipo en Victoria? ¿Y por qué hablar de esto con él hacía que mi
corazón latiera tan fuerte?

—No importa. —Negó con la cabeza, un rastro de una sonrisa aún permanecía
en sus labios—. Hinks es bastante inofensivo, en realidad, sólo le gusta mirar.
Se sale con la suya porque tiene una especie de entrada con las autoridades de
por aquí. ¿Y qué pasó con él y Broward?

—Nada de eso —le aseguré—. En realidad, nada que tuviera que ver con Hinks
en absoluto. Era el director.

Sus cejas se alzaron.

—¿El director?

Rápidamente, antes de que pudiera tener una idea equivocada, le puse al


corriente de todo lo que había visto y oído mientras esperaba en la oficina del
director. Cuando terminé, North se echó hacia atrás y dio un silbido largo y
bajo.

—¿Y Broward te atrapó mirándolo mientras recibía el castigo? No me extraña


que esté detrás de ti, Jameson. Quiere que todos piensen que es invencible
porque su padre está en la Junta Directiva. Si se corre la voz de que en realidad
fue castigado y que eligió el remo sobre el bastón, su reputación sería mandada
al infierno.

—No iba a decirle a nadie —protesté—. ¿Y qué más da qué eligió?

—El remo es para los cobardes. —North agitó una mano con desdén—. Ni
siquiera rompe la piel. El bastón duele mucho más y puede dejar cicatrices
permanentes.
40

Me estremecí ante la idea de algo peor que el castigo que había presenciado más
Página

temprano ese día.


Aunque padre nos habló rudamente a Kristopher y a mí, nunca había puesto
una mano encima a cualquiera de los dos o se lo permitió a alguien más
tampoco. ¿Me golpearía con el bastón el director Chauser si mi secreto fuera
descubierto? No podía dejar que eso sucediera.

—Parece que vas a tener que estar pendiente de Broward por un buen tiempo
—dijo North, sacándome de mis pensamientos tristes—. ¿Cuál es tu horario de
clase? Voy a tratar de decirte la mejor manera de evitarlo.

—Está ahí. —Señalé la tablet disponible sobre el escritorio y él se levantó de la


cama para conseguirla.

—Hmm. —Frunció el ceño mientras hojeaba el horario—. Parece que tú y yo


tenemos una gran cantidad de las mismas clases. Cálculo interdimensional y
navegación astronómica uno detrás del otro. Desafortunadamente Broward está
en la clase de cálculo también.

—Al menos tú y yo estamos juntos en esa —le dije, sin pensar.

North frunció el ceño.

—No te hagas ilusiones, camarón. Soy tu compañero de cuarto, no tu


guardaespaldas. No tengo tiempo para venir corriendo al rescate cada vez que
tropieces con tu dedo del pie.

—Por supuesto que no —le dije con frialdad—. No esperaría que lo hagas.

North me señaló.

—Vas a tener que aprender a cuidar de ti mismo. Especialmente en tu última


clase del día, educación física obligatoria. Broward está en esa también y yo no
estoy.

—Entiendo… Estoy por mi cuenta. —Traté de sonar tranquila y serena.

—Así es. —Parecía satisfecho, como si por fin hubiera mostrado su punto.

—Pero ¿cómo podemos tener las mismas clases si tu y Broward son de la


Cuarta Formación y yo estoy en la Tercera? —le pregunté, extendiendo mi
mano para tomar la tablet. North me la entregó.
41

—En el caso de Broward es porque reprobó los cursos y los está tomando otra
Página

vez.
—¿Qué hay de ti? —Miré hacia arriba con curiosidad. No parecía el tipo de
fallar en algo.

—Perdí la mayor parte del año pasado. —Miró lejos, una mirada de
preocupación pasó por sus fuertes rasgos por un momento—. Por… motivos
personales.

—¿Motivos personales? —le dije—. ¿Qué…?

—Personales significa privados. ¿De verdad tengo que deletrearlo para ti? —Su
voz, anteriormente casi amistosa, se había vuelto enojada y había una mirada
indescifrable en sus penetrantes ojos azules.

—Está bien, está bien. Lo siento. —Levanté mis manos en un gesto de paz—. No
fue mi intención entrometerme.

—Mantente fuera de mis asuntos. —North me miró con frialdad—. Puede que
tenga que compartir la habitación contigo, pero eso no nos hace amigos.

—Bien. —Traté de hacer mi voz tan fría y distante como la suya—. No tengo
ningún interés en tu vida o en nada que ver contigo. —Levanté mi barbilla,
tratando de parecer superior, pero justo en ese momento, mí estómago gorgoteó
de la manera menos femenina—. ¡Oh! —Olvidando que tenía que ser un
hombre que no se preocupaba por esas cosas, puse una mano sobre mi
estómago y otra en mi mejilla—. ¡Por favor, discúlpame!

North negó con la cabeza.

—Te avergüenzas con mucha facilidad, ¿verdad? ¿Y qué si tienes hambre? Es la


hora de comer de todos modos.

—¿Dónde comemos aquí? —le pregunté, bajando de la cama.

Me miró especulativamente.

—Está bien, sólo por esta vez puedes venir conmigo al comedor. Sin embargo,
vas a tener que sentarte con los cadetes de Tercera Formación, no puedes
sentarte conmigo.

—No me hagas ningún favor —le dije, sin molestarme en mantener la ira fuera
42

de mi voz.
Página
—Las formaciones no se mezclan. —Se encogió de hombros—. Es sólo la forma
en que es en la Academia. Es estándar. No es que quiera que un camarón como
tú se siente conmigo de todos modos.

Suspiré.

—No me llames “camarón”. Y estoy empezando a pensar que hay un montón


de cosas “estándar" que no me van a gustar de este lugar.

—Bueno, te guste o no, estás atrapado aquí ahora. —Hizo un gesto con la
cabeza hacia la puerta—. Vamos, bajito, vámonos.

Crucé los brazos sobre mi pecho.

—Es Jameson, no bajito o camarón o enano o insignificante o cualquier otro


término despectivo con el que puedas salir. O puedes sólo llamarme Kris. —
Levanté una ceja—. Entonces, ¿Cómo te digo?

—Simplemente North —dijo en breve—. Te lo dije, Jameson, somos


compañeros, no amigos.

Se dirigió hacia la puerta sin mirar a ver si le seguía. Por un momento me quedé
allí echando humo, entonces me acordé de que Broward estaba probablemente
a mi acecho en alguna parte cerca y corrí a alcanzarlo. A pesar de que hizo una
gran cosa de no ser mi amigo o mi guardaespaldas, no pensé que North daría
un paso atrás y permitiría que el matón grande me diera una paliza.

Al menos, esperaba que no lo hiciera.

43
Página
Capítulo 6
Traducido por Kazenbrr

Corregido por Jeyd3

D
ejamos el edificio Goddard sin hablar y caminamos a través del
laberinto de dormitorios cubiertos de hiedra, nuestros pies
susurrando sobre el corto pasto de color índigo. Me mantuve cerca de
North y conservé mis ojos abiertos, esperando ver a Broward en
cualquier momento, aún con la intención de matarme. Pero, para mi alivio, no
se encontraba por ningún lado.

North no dijo nada mientras caminábamos, y tuve la inconfundible impresión


de que mi nuevo compañero de cuarto sólo estaba soportándome porque se
sentía obligado a hacerlo, al menos esta vez. Sus bien definidos rasgos tenían un
aspecto melancólico y parecía perdido en sus pensamientos. Aunque había
jurado mantenerme fuera de su vida personal, no pude evitar preguntarme qué
le sucedía. ¿Cuál era la “razón personal” que lo había hecho perder un año de
escuela? ¿Y por qué estaba tan sensible al respecto?

Como North no me dio ningún detalle del campus, traté de mantener mis ojos
abiertos y memorizar dónde se encontraban los diferentes edificios académicos.
No quería perderme al día siguiente buscando mis clases, pero los terrenos de
la Academia eran un laberinto y temía que perderme fuera una verdadera
posibilidad. Pronto nos encontramos frente a un gran auditorio. Tenía techos
altos y paredes verde pálido que eran visibles a través de las filas de grandes
ventanas rectangulares de plexiglás que se extendían a lo largo del edificio. En
el interior, vi cadetes hablando y riendo y comiendo.

—Esto es —dijo North, rompiendo el silencio finalmente—. Las bandejas están


al frente de la línea. Agarra una cuando entres y toma tu comida. La mesa de la
Tercera Formación es la tercera desde la izquierda. No olvides limpiar tu
bandeja y ponerla en la ranura para lavar antes de que te vayas si no quieres
deméritos.

Sin una palabra más, empujó la puerta de plexiglás, dejándome sola enfrente
44

del gran y concurrido edificio.


Página
Sentí una burbuja de aprensión expandirse en mi pecho mientras miraba el
interior del rebosante comedor. Viviendo la tranquila existencia que yo tenía,
era un poco tímida en las multitudes, especialmente aquellas donde no conocía
a nadie. Las pocas fiestas de sociedad a las que Kristopher y yo habíamos
asistido en Victoria habían sido pequeñas e íntimas en comparación a la masa
de cadetes que veía a través de las ventanas. Además nunca había entrado a
una fiesta preocupada de que una de las otras personas quisiera matarme o al
menos desfigurarme severamente. Era una situación delicada.

Mirando hacia arriba, respiré profundamente para calmarme antes de entrar.


Prometeo se estaba ocultando, cambiando el cielo a un hermoso tono azul-
púrpura y Zeus era una gran figura oscura avecinándose en el horizonte. La
hiedra negra que crecía sobre las paredes se movía un poco en el fresco de la
brisa nocturna y los retoños de Sangre y Honor se mecían gentilmente,
despidiendo una fragancia masculina con un toque de especias hacia el
ambiente. Era casi apacible.

Miré el enorme campus con añoranza, deseando que pudiera simplemente


encontrar un lugar tranquilo y comer sola, pero dudaba que eso estuviera
permitido. Además tenía que conocer a mis compañeros de clase
eventualmente. Vas a estar bien, me dije a mí misma. Estoy segura que no todos son
tan hostiles como Broward, o tan susceptibles como North. Al menos eso esperaba.

No estaba ansiosa por entrar al brillo del comedor, pero no había nada más que
pudiera hacer. Suspirando, entré y fui al final de larga y serpenteante fila de
estudiantes esperando por la comida.

Había bandejas metálicas abolladas en varias pilas sobre el mostrador metálico.


Tomé una y seguí la fila como North lo había instruido. Una huraña trabajadora
de la cafetería, la única mujer que había visto desde que entré al campus, servía
varias humeantes pilas de papillas de vegetales reconstituidos en mi bandeja,
seguida de una poco apetitosa carne gris cubierta con una salsa color pus.
Viendo la comida me pregunté por qué, en nombre del Sistema Solar, la
colegiatura en la Academia era tan alta. La educación debe ser excepcional
porque era claro que todo ese dinero que pagaban los padres para mandar a sus
hijos aquí no lo gastaban en comida.
45

El comedor estaba amueblado con cuatro largas filas de mesas, y vi de


Página

inmediato lo que North quería decir con que las Formaciones no se mezclaban.
Los chicos más jóvenes y pequeños ocupaban la mesa a la izquierda,
obviamente el lugar de la Primera Formación. La siguiente mesa tenía cadetes
ligeramente más grandes y mayores, y la tercera mesa, la mía, tenía chicos aún
más grandes. La mesa de la Cuarta Formación era la última, llena de cadetes del
tamaño y edad de North. Por la forma tan confiada como se reían y hablaban,
era claro que reinaban en la Academia. Me pregunté si yo duraría lo suficiente
para unirme a ellos.

Sentada sola en la mesa de la Cuarta Formación, vi a North. Él apenas picaba su


comida y aún estaba envuelto en sus pensamientos. Me sorprendió que no
pareciera ser más popular. Ninguno de los cadetes a sus costados era tan alto o
apuesto como él. Sus rasgos aristocráticos y cabello rubio oscuro lo hacían
sobresalir en un mar de caras, al menos eso pensaba yo. Aunque él no estaba
haciendo ningún esfuerzo por ser amigable. De vez en cuando alguno de los
otros estudiantes de la Cuarta Formación le hacía un comentario, pero North
apenas asentía y nunca respondía con más de una o dos palabras.

También busqué a Broward, pero no parecía estar en la mesa de la Cuarta


Formación. Supuse que todavía estaba en la fila, esperando su comida. En ese
caso, sería mejor que comiera y me fuera lo más pronto posible, antes de que me
viera. Odiaba sentirme como si me estuviera escondiendo de él, pero había
dejado en claro que no me enfrentaría en una pelea justa. Y como él y sus
amigos me superaban en número y peso, no había nada que pudiera hacer
salvo estar en guardia.

Viendo a mi propio grupo, escaneé la larga fila de cadetes de la Tercera


Formación por una cara amigable, pero nadie me miraba a los ojos. Todos
bromeaban y hablaban con los chicos a sus costados, pero ninguno parecía
dispuesto a hacer un nuevo amigo. Suspirando, me recordé que probablemente
era lo mejor. Entre más me acercara a alguien, más factible era que mi secreto se
descubriera. Pero de todas formas, hubiera sido agradable recibir una palabra
amable de alguien, incluso de un extraño.

Encontré un asiento vacío en medio de dos cadetes de la Tercera Formación y


puse mi bandeja en la mesa. Pero justo cuando me iba a sentar, el cadete a mi
derecha, un chico de gran tamaño con pecas y ojos color avellana muy juntos,
agarró mi brazo.
46

—Oye, Pequeño Tim, no te puedes sentar aquí. Los de la Primera Formación


Página

están por allá. —Señaló con su cabeza la mesa más lejana.


—Soy de Tercera Formación —le dije mirándolo a los ojos con el ceño
fruncido—. Soy Kris Jameson, acabo de llegar hoy.

—Jameson, ¿eh? —Levantó una ceja—. Oh, sí, escuché de ti. Así que, ¿dónde
está tu uniforme?

Para entonces, varios de los otros cadetes de la Tercera Formación escuchaban


nuestro intercambio, pero pretendí no notarlo.

—Está en mi dormitorio. No he tenido tiempo de probármelo —dije.

Por alguna razón, el cadete y sus amigos se echaron a reír.

—No te lo has podido probar, ¿eh? —preguntó uno de ellos, aún riendo—. Eso
no fue lo que escuchamos.

—Sí, escuchamos que te pasaste un largo rato probándotelo —dijo otro.

—Aunque no es una sorpresa. —El primer cadete, el de la pecas, me miró, sus


ojos avellana entrecerrados—. Él es bonito como una niña, ¿no creen? Con esos
grandes ojos cafés y esos suaves labios rosas, sí Jameson, todo lo que necesitas
son un par de senos y te podemos inscribir en el Concurso Señorita Prometeo.

Sus burlas me dejaron fría, y no sólo porque estaba apenada y furiosa de que se
rieran de mí. Había pensado que mi disfraz era bastante bueno, después de
todo, había engañado al mismo Director. Además, mis rasgos eran delicados
pero no muy diferentes de los de mi hermano. Sin mencionar mi cabello corto,
que ayudaba a mi cara a parecer más masculina. Pero si este cadete desconocido
estaba haciendo comentarios sobre mi apariencia femenina…

—Bien, bien, Dakes, nunca pensé que vería el día en que te pondrías mano a
mano con nosotros.

La voz fuerte y mordaz a mi izquierda pertenecía a un cadete alto y esbelto con


cabello rubio platinado bien peinado y ojos verde pálido.

El cadete pecoso frunció el ceño.

—¿De qué hablas Wilkenson?

—Oh, sólo de la forma en la que poetizabas la bella cara de nuestro nuevo


47

compañero: sus grandes ojos cafés, sus exquisitos labios. —Le levantó una ceja
Página
rubia a Dakes—. ¿Podrá ser que estamos en presencia del amor del cual no nos
atrevemos a hablar?

—¿Qué estás…? ¡Oye! —Dakes se sonrojó repentinamente.

—Ah sí, finalmente lo entiendes —dijo Wilkenson secamente—. Me da gusto


que estemos en la misma página ahora. Entonces ¿estabas diciendo que piensas
que nuestro nuevo amigo es muy bonito?

—Cállate, Wilkenson. —Dakes estaba rojo debajo de sus pecas—. Sabes que no
me refería a eso. Sólo quise decir que alguien podría confundirlo por una chica.

—Y alguien te podría confundir a ti con un hombre, pero eso no lo haría


verdad, ¿o sí? —Los ojos verde pálido de Wilkenson danzaron con humor.

—Tú… —Dakes empezó a decir, pero Wilkenson agitó su mano


despectivamente.

—Adiós, Dakes. Me encantan nuestros pequeños intercambios intelectuales.


Deberíamos hacerlo alguna otra vez cuando no hayas dejado tu cerebro en el
dormitorio. —Sin esperar una réplica del furioso Dakes, me tomó del brazo y
me empujó al final de la mesa—. Ven, siéntate conmigo, Jameson. Dejemos a los
filisteos2 con su comida.

Fui con él, principalmente porque no había nada más que pudiera hacer.
Sentarme con Dakes y sus amigos estaba fuera de la cuestión ahora, y los únicos
asientos libres estaban al final de la mesa, donde Wilkenson me llevaba.

—Gracias —dije una vez que estábamos sentados lado a lado, con mucha
distancia entre nosotros y los otros cadetes—. Fue maravillosa la forma en que
lo pusiste en su lugar.

—No es difícil de hacer cuando tienes un coeficiente intelectual de más de 65. —


Wilkenson picó delicadamente la pila de vegetales reconstruidos y luego bajó
su tenedor—. Me rindo, ¿quién puede comer esta porquería?
48

2 Filisteos: individuos de un pueblo que habitó el sudoeste de Palestina hasta el s. VII a. C. Se


aplica a las personas que son vulgares, tienen escasos conocimientos y carecen de sensibilidad
Página

artística o literaria.
—Estaba preguntándome lo mismo. —Pinché mi “carne misteriosa” con el
tenedor, casi esperando que me picara de vuelta—. ¿Todas las comidas de aquí
son así de malas?

Wilkenson suspiró cansado.

—Desafortunadamente sí, mi querido maniquí. Si eres inteligente harás lo


mismo que yo: haz que algún familiar te mande un gran suministro de barras
de proteína y vive de ellas. Se vuelve monótono después de un tiempo pero al
menos sabes qué estás comiendo. —Miró su comida con el ceño fruncido—. Lo
cual es más de lo que puedo decir de esto.

—No sé si esa sea una opción para mí.

No podía verme corriendo el riesgo de contactar a Kristopher sólo para pedirle


que me mandara barras de proteínas. La Academia tenía una prohibición a
todos los aparatos personales de comunicación, eso significaba que si quería
hablar con él tendría que salir del campus para hablarle.

—Entonces tendrás que sonreír y soportarlo. —Señalo mi plato aún lleno—.


Come. Me gustaría decirte que la comida pondrá pelo en tu pecho y añadirá
pulgadas a tu altura, pero me temo que lo único que puedo decirte es que nadie
ha muerto hasta ahora por comerla. No que yo sepa.

—Gracias. —Piqué la pila de vegetales—. Y gracias por ayudarme en vez de


unirte a la burla. Nadie más ha sido muy amigable.

Él asintió.

—¿Fue eso lo que le pasó a tu mejilla? ¿Un poco de “enemistad”?

Miré hacia abajo.

—Podrías decir eso.

—Bien, no te preocupes mi encantador homúnculo3. Quien lo hizo


probablemente sólo tiene celos de tu buena apariencia. —Wilkenson me
pestañeó provocativamente, haciéndome reír.
49
Página

3
Homúnculo: ser con forma de hombre pequeño que, según una antigua creencia, podía ser
fabricado artificialmente.
—Lo dudo —dije secamente—. Parezco ser universalmente odiado porque soy
pequeño. Pero no puedo ser la única chi…uh, persona de corta estatura aquí.
No vi un letrero que dijera: “Debes de ser al menos así de alto para entrar” en
las puertas de la Academia cuando entré esta tarde.

Wilkenson se rió deleitado.

—Excelente, tienes ingenio y encanto. Una combinación perfecta. Y sólo ignora


lo que Dakes y sus filisteos estaban diciendo. Odian a cualquiera que sea
diferente por cualquier razón.

—Hablando de diferente…

La nueva voz era profunda y familiar. Miré hacia arriba y vi a North enfrente
de nosotros, una bandeja casi llena en una mano y el ceño fruncido en su cara.

—Hablando de diferente —dijo otra vez, dirigiéndose a Wilkenson—, no creo


que Jameson es el mismo tipo de diferente que tú, Wilkenson.

—¿De qué estás hablando? —pregunté pero Wilkenson sólo le dirigió una
mirada fría a mi compañero de cuarto.

—Vaya, vaya, el Príncipe de Hielo habla. ¿A qué debo este honor, su Majestad?

—Deja las tonterías, Wilkenson. —North frunció el ceño—. Te estoy haciendo


un favor, te estoy dejando saber que tienes la idea equivocada.

Wilkenson le levantó una ceja.

—¿Y tú cómo sabes qué ideas tengo o no en mi hermosa y pequeña cabeza?


Jameson ni siquiera está en tu Formación.

—North es mi compañero de cuarto —dije—. Pero nos acabamos de conocer


hoy.

—¿En serio? ¿Hoy? —Wilkenson le pestañeó a North—. Debo decir que eso no
es mucho tiempo. No lo suficiente como para conocer a alguien tan bien.

—Lo conozco lo suficiente como para saber que le estás ladrando al árbol
equivocado —dijo North secamente. Luego me miró a mí—. Ten cuidado. Te
veré en la habitación antes de DLO.
50
Página

—¿De qué estaba hablando? —Lo miré con confusión mientras él arrojaba su
bandeja en un agujero en la pared y dejaba el comedor.
—¿Quién puede saber? —Wilkenson suspiró—. Es un enigma. Tanto dolor y
belleza y misterio todo atado en un nudo imposible.

—Él me dijo que perdió casi todo el año pasado por razones personales —dije,
esperando obtener un poco más de información sobre mi misterioso compañero
de cuarto.

Wilkenson asintió sagazmente.

—Eso pasó. Pero si esperas que te diga los sórdidos detalles, lo siento pero
realmente no puedo.

—¿Por qué no?

Aunque no quería admitirlo, me moría de curiosidad.

Los ojos verde pálido de Wilkenson se abrieron ampliamente.

—Porque, querido chico, ¡nadie lo sabe! Y créeme, no es por falta de intentos. —


Él miro especulativamente a North mientras mi alto compañero de cuarto
empujaba la puerta de plexiglás y salía hacia la noche—. Ah, él es un acertijo.
Pero uno que me temo no estoy destinado a resolver jamás.

—No creo que yo lo haga tampoco —suspiré—. Un minuto es amable y el


siguiente es…

—¿Qué? —Wilkenson me miró, ansiosa curiosidad en sus ojos.

Me encogí de hombros.

—Frío. Distante. No lo sé, tal vez así es la forma como es. Ni siquiera lo he
conocido por un día completo.

—Bueno, tienes el resto del año para conocerlo. —Me sonrió—. Hablando del
apuesto pero distante Príncipe de Hielo, ¿ya te dio un tour por el campus?

Negué con la cabeza.

—No. Y estoy muerto de miedo de perderme mañana tratando de encontrar


mis clases.

—No podemos dejar que eso pase. —Wilkenson señaló mi plato—. ¿Ya
51

terminaste con eso? No te preocupes si aún tienes hambre, tengo una barra de
Página

proteína extra en mi bolsillo que te puedo dar.


—Gracias. —Le sonreí con agradecimiento—. En ese caso, definitivamente he
acabado.

—Vamos, entonces. —Se levantó, recogiendo su bandeja y también la mía—. Te


mostraré los alrededores un poco antes de que apaguen las luces.

Por un momento consideré rechazar su oferta. North me había dicho que fuera
cuidadosa, ¿o no? Pero, si realmente estaba preocupado por mí, pudo haberme
esperado para que regresáramos juntos al dormitorio. Aunque eso significara
ser visto conmigo, un humilde cadete de Tercera Formación, en público.

Esa idea me hizo enojar y le asentí a Wilkenson.

—Maravilloso, me encantaría un tour.

Él sonrió, mostrando dientes muy blancos.

—Entonces vamos, pequeño polluelo, veamos en qué problemas podemos


meternos.

52
Página
Capítulo 7
Traducido por _ClaireElizabeth_

Corregido por Koko Markova

M
e pregunté si habría suficiente luz para poder ver algo, pero no
necesitaba preocuparme. No había luna en el cielo, por
supuesto, ya que estábamos sobre la luna, pero Zeus reflejaba la
luz del Prometeo hermosamente, iluminando nuestro camino.
Mordisqueamos nuestras barras de proteína y Wilkenson me guió por uno que
otro sendero, señalándome los diversos edificios y dejándome saber la manera
más sencilla de llegar a mis clases.

Luego de media hora, tomó mi brazo y lo enganchó a través del suyo al lado del
gran lago artificial en el extremo más alejado del campus. El gesto de afecto me
sorprendió al principio pero también me hizo recordar la manera en la que daba
paseos con Kristopher de vuelta en casa. ¿Era esta la manera de Wilkenson de ser
amigable? No había visto a ninguno de los otros cadetes paseando brazo con
brazo, pero de nuevo, yo no había estado aquí por mucho tiempo.

Wilkenson me miró, sus pálidos ojos verdes destellando con la luz reflejada.

—¿Estás bien con esto?

—Yo… supongo que sí. —Lo miré vacilante.

—Espero no estar siendo muy atrevido. —Me sonrió—. Es sólo que cuando
encuentras a un alma gemela, quieres conectar con ellos. Por lo menos, yo quiero.

—Por supuesto. —Le devolví la sonrisa, decidiendo ignorar mi ansiedad—.


Entiendo.

—¿Lo haces? Estoy tan alegre —suspiró—. Aquí a veces me siento


completamente rodeado de troles y trogloditas.

—Puedo ver por qué —dije, pensando en Broward y Dakes—. Es mucho más
rudo aquí de lo que pensé que sería de vuelta en casa, cuando estaba
decidiendo venir a estudiar aquí.
53
Página

—Al menos tuviste una elección. —Wilkenson suspiró—. Estoy aquí porque mi
querido padre quería que su único hijo continuara con el honor, excelencia, y
toda la idiotez militar de la tradición familiar. Yo quería asistir a la escuela de
Teatro en Dionysius, pero por supuesto eso estaba fuera de discusión —Él dio
una palmadita en mi mano de una manera cálida y familiar—. Pero basta de
mis problemas. DLO en diez minutos más, y luego RLO no mucho después.
Mejor nos vamos.

—¿DLO y RLO4? —dije, recordando que North también había dicho algo sobre
eso—. ¿Qué significan esas siglas?

—Luces de los Dormitorios Fuera, cuando todos los cadetes deben volver a sus
dormitorios y Luces del Cuarto Fuera, cuando todos tienen que regresar a sus
habitaciones. Se supone que cada luz en el lugar debe estar apagada pero
tú puedes librarte con una pequeña lámpara para estudiar, mientras puedas
probar que eso es lo que haces si un encargado de los dormitorios viene a
revisar.

—Oh, muy bien —asentí y lo dejé guiarme lejos del lago y de vuelta hacia los
dormitorios. No vimos a nadie más afuera y asumí que los demás cadetes
estaban ya en sus habitaciones. Antes de que me fijara, estaba de pie en las
sombras del edificio Goddar, diciendo buenas noches—. Gracias por el
recorrido —dije cortésmente, preguntándome cuándo iba a soltar mi brazo.

—Gracias por el placer de tu compañía. —De pronto el rostro de Wilkenson


estaba muy cerca del mío—. Mucho más de lo agradable—. ¿Te importaría si te
doy un beso de buenas noches? —murmuró.

Una conmoción me atravesó.

—¿Qu…? —Comencé pero su boca descendió sobre la mía y me encontré


repentinamente luchando por aire.

—¡Oye! —Lo empujé hacia atrás y limpié reflexivamente mis labios con mi
mano—. ¿Qué crees que estás haciendo?

Frunció el ceño.

—Besándote. Pregunté antes.


54
Página

4 DLO: Dorm Lights Off. Luces de los dormitorios apagadas. / RLO: Rooms Lights Off. Luces de
las habitaciones apagadas.
—No me diste la oportunidad de responder. —Aún podía sentir la presión de
sus labios contra los míos y me hizo querer restregar mi boca con jabón.

Wilkenson me dio una mirada exasperante.

—No te hagas el frío. Si no querías que te besara, ¿por qué dejaste que sujetara
tu brazo?

—No lo sé. Yo… pensé que así era como los amigos se trataban los unos a los
otros aquí. —Negué con mi cabeza—. Mira, necesito irme.

—De acuerdo, escapa entonces, pequeño niño. —Su tono era aburrido pero
podía ver un dolor genuino en sus ojos verdes.

No sabía qué más decir.

—Buenas noches —balbuceé y me fui dentro del dormitorio.

Era algo bueno que Broward y su banda no estuvieran esperándome para


tenderme una emboscada de nuevo porque subí la escalera hacia mi habitación
en una especie de aturdimiento. El beso de Wilkenson —el cual había sido el
primero— me había dejado casi tan perturbada como el puñetazo del bravucón.
Se había sentido equivocado y atemorizante y ligeramente repugnante. En el
Victoria no besábamos a otra persona a menos que estuviéramos casados o
comprometidos. Sentí que Wilkenson me había robado algo que podría haber
compartido con alguien más—alguien que realmente me importara.

—¿Qué te llevó tanto tiempo? Es casi DLO, si llegas a ser atrapado luego de eso
es una sanción y cinco golpes con el remo o la vara.

Miré hacia arriba para ver a North frunciendo el ceño hacia mí mientras yo
cerraba detrás de mí la puerta de nuestra habitación.

—Yo… Wilkenson me dio un recorrido por el campus.

—Lo hizo, ¿no? —Una expresión de preocupación pasó sobre sus rasgos
refinados—. ¿Estás seguro de que eso es todo lo que hizo? ¿Por qué te ves de esa
manera? Y ¿por qué te sigues limpiando la boca?

Me di cuenta que me estaba restregando la boca con la manga de la chaqueta de


55

Kristopher y me obligué a detenerme.


Página

—Estoy bien —balbuceé.


—No, no lo estás. —Dio una zancada hacia delante y bajó la cabeza para
mirarme mejor—. ¿Qué sucedió? Te dije que fueras cuidadoso.

—Lo sé. —No podía mirarlo a los ojos y sentí mis mejillas arder de vergüenza—
. Él… él me besó.

—¿Te besó? ¿Eso es todo?

Cuando asentí, North rompió en una repentina carcajada.

Lo fulminé con la mirada.

—Me alegro de que encuentres esto tan gracioso.

Él negó con la cabeza.

—Lo siento, es que por la mirada que tenías en tu rostro pensé que algo horrible
había ocurrido.

—¡Fue horrible! —dije bruscamente—. Sin mencionar completamente


inesperado. Él parecía tan gentil y divertido, y encantador. Me invitó a un paseo
tardío y luego…

—¿Inesperado? —me interrumpió North—. Oh venga ya, Jameson.


¿Qué pensabas que iba a suceder si aceptabas ir a un “paseo tardío” con él
alrededor del campus?

—No lo sé, pero no eso.

Él sacudió la cabeza.

—Realmente eres completamente ingenuo ¿no?

—No hacemos tales cosas en Victoria —dije con rigidez—. No besamos a nadie
hasta que estamos casados o al menos comprometidos. —Sacudí mi cabeza—.
Es que justamente no comprendo por qué pensaría él que yo querría… hacer
cualquier cosa como esa con él.

—Probablemente por el rumor que Broward está difundiendo. —North cruzó


los brazos sobre su pecho.

—¿Rumor? —Elevé la mirada hacia él, mi corazón martilleando en mi pecho. A


56

pesar de que estaba aparentando ser un hombre, no podía apartar los ideales
Página

femeninos que habían sido inculcados en mí desde mi nacimiento. Recuerda,


querida, una vez perdida, tu buena reputación se va para siempre. Y tú te pierdes con
ella, susurró una pequeña voz en mi cabeza—. ¿Por qué estaría Broward
difundiendo un rumor sobre mí? —demandé.

—Para desacreditar todo lo que digas, en caso de que decidas decir lo que viste
en el Edificio de Administración por supuesto. —North habló como si fuera
perfectamente obvio—. Ahora si les dices a las personas que él recibió golpes y
eligió el remo por sobre la vara, sólo se verá como si estuvieras tratando de
vengarte de él por lo que está diciendo.

Esto se estaba poniendo cada vez peor.

—¿Qué está diciendo él? —Necesitaba saber.

North frunció el seño.

—Desafortunadamente, le ha estado diciendo a la gente que te vio con Hinks.

Repentinamente las carcajadas de los cadetes sobre mi uniforme en el comedor


tuvieron sentido. Puse una mano sobre mi mejilla encendida.

—¿Me vio haciendo qué?

—No lo quieres saber —dijo sombríamente—. Pero créeme, no es bueno.

—Pero… pero yo nunca…

North se encogió de hombros.

—Tú sabes eso y yo sé eso pero el resto del campus cree que eres un poco ligero en
tus botas de anti-gravedad.

—¿Qué?

—Gay. Lo cual es probablemente el por qué Wilkenson fijó su atención en ti. —


Sacudió su cabeza de nuevo—. En serio, ¿no te puedes dar cuenta cuando te
echan los canes?

—¿Echarme los canes? ¿Quieres decir flirtear?

—Por supuesto —asintió.


57

Pensé sobre ello. Había acudido a algunas fiestas donde los caballeros me
Página

dedicaban delicados cumplidos pero ninguno de ellos había sido tan evidente
como para tratar de besarme.
—Yo… yo supongo que nunca me ha sucedido antes.

North me miró escéptico.

—¿Viéndote de la manera en que lo haces? Encuentro eso muy difícil de creer.


Debes ser un imán para chicos como Wilkenson.

—Pero no hacemos tales cosas…

—En el Victoria, correcto, lo entiendo. —Él exhaló y pasó una mano entre su
cabello en un gesto de frustración—. Dios, no puedo creer que hayan puesto a
un pequeño mocoso ingenuo aquí dentro conmigo.

Me enfurecí.

—¡No soy un mocoso!

—No te veo negando la parte de ingenuo de todos modos —dijo secamente—.


Lo que estoy tratando de decirte es que esto es algo de lo que vas a tener que
estar alerta. ¿Recuerdas lo que te dije esta mañana sobre que aquí había muchos
hombres y ningunas chicas alrededor? Bueno, algunos chicos van a pensar que
eres… eres…

—¿Que soy qué?

Su rostro enrojeció.

—Hermoso, ¿de acuerdo?

—¿Hermoso? —La palabra envió una sacudida de miedo a través de mí. Como
una chica era un cumplido, como un chico, era una condena.

North suspiró.

—Lo siento pero realmente, ninguna otra palabra le queda. No con tus ojos y
boca y… de todos modos, sólo estoy diciendo que a algunos chicos les va a
gustar tu aspecto y podrían venir tras de ti de la misma manera en la que
Wilkenson lo hizo. ¿De acuerdo?

Me sentí enferma.

—¿Voy a tener que sospechar de todas las personas que me encuentre? ¿De
58

cualquiera que quiera hacer amistades conmigo?


Página
—No dije eso. Sólo te digo que tengas cuidado, eso es todo. —Él paseó ambas
manos entre su cabello—. Dios, ni siquiera sé por qué me preocupo en decirte
esto, debería ser obvio. Sólo haz lo que quieras.

Sacudiendo su cabeza, regresó a su lado de la habitación y comenzó a quitarse


la chaqueta del uniforme. Pero no se detuvo al sacarse la chaqueta. Luego vino
la nueva, blanca camisa que utilizaba bajo ella, revelando amplios hombros y
una espalda desnuda que conducía a una cintura angosta. Lo observé, fascinada
e incapaz de desviar la mirada. Pero cuando lo vi comenzar a desabrochar sus
pantalones, finalmente recuperé mi voz.

—¿Qué… qué estás haciendo?

Él giró su cabeza brevemente hacia mí.

—Alistándome para tomar una ducha. Mejor te das prisa si quieres una
también, DLO fue hace cinco minutos y RLO es en otros diez.

Una ducha. ¡Oh como quería una! El pensamiento de agua caliente deslizándose
sobre mi cuerpo cansado, refrescando la piel que se sentía mugrienta casi
desplazó fuera de mi mente el hecho de que North se estaba desvistiendo frente
a mí. Como sea, la vista de nalgas desnudas mientras él empujaba los
pantalones de su uniforme y su ropa interior hacia abajo, me trajo a la realidad.
Su trasero era firme y tonificado —lo opuesto, de hecho, a lo que había visto
mientras Broward era zurrado. No había una cubierta por supuesto y vello
negro tampoco, aparentemente no todos los hombres eran velludos en todas
partes. Bueno, era bueno saberlo.

Repentinamente me di cuenta de lo que estaba haciendo —estudiando a un


hombre desnudo como si fuera perfectamente normal hacerlo. Y ahora él estaba
completamente desnudo. ¿Qué estaba mal conmigo?

—¡Oh! —Desvié la mirada justo cuando él se daba la vuelta hacia mí.

—¿Qué pasa contigo? —North sonó incrédulo—. ¿Realmente me vas a decir


que nunca has visto a otros chicos desnudos antes?

Pensé en las flácidas y velludas nalgas de Broward.


59

—No mucho —admití, todavía desviando la mirada firmemente—. ¿Te


importaría… ponerte una toalla?
Página
—Está bien. —Envolvió una peluda y blanca toalla alrededor de su cintura—.
Pero vas a tener que superar toda esta cuestión de la modestia si quieres salir
adelante en este lugar. O si quieres tomar una ducha de todos modos. —Hizo
un gesto hacia la puerta—. ¿Vienes o no?

No había manera alguna en que quisiera ver más de mis compañeros cadetes
desnudos así que abrí mi boca para darle un firme “no”. Luego se me ocurrió
que podría ocultarme en una de las casillas y esperar a que todos se hubieran
ido a sus habitaciones. Luego me podría escabullir y darme una ducha rápida,
¿no? Era un plan peligroso, pero tentador.

North pareció malinterpretar mi vacilación como miedo.

—No te preocupes sobre Broward, no se va a meter contigo mientras yo esté


alrededor.

Asentí.

—Está bien. —Corriendo hacia el armario, tomé una toalla y un par de viejas
pijamas de Kristopher que había traído conmigo—. Voy a ir. Me desvestiré más
tarde, en privado.

North me dio una mirada disgustada y sacudió la cabeza.

—Está bien, mientras no trates de ducharte con ropa porque “así es como hacen
las cosas en Victoria.”

Deseaba fervientemente poder hacer exactamente eso, pero dudaba que todos
aceptaran como excusa mi estricta crianza. Presionando mi toalla y ropa
fuertemente contra mi pecho, seguí a North hacia lo fresco, pidiendo en contra
de la esperanza que pudiera tomar un baño.
60
Página
Capítulo 8
Traducido por Edgli xD

Corregido por Isane33

L
a ducha me eludía, pero no por falta de intentarlo.

Caminé por el salón con un gran grupo de hombres desnudos y medio


desnudos, tratando de mantener mi mirada hacia el frente y no darme
cuenta de cosas que preferiría no ver. Se reían y peleaban, golpeándose
con toallas y haciendo una cantidad ridícula de ruido. North estaba
justo a mi lado, más alto que los demás, su pecho y hombros desnudos se veían
de un dorado bronceado bajo las luces. Apreciaba su presencia protectora,
aunque no la entendía. ¿No me había dicho que se rehusaba a ser mi
guardaespaldas? Aunque, no estaba cuidándome mucho más que manteniendo
un ojo en mi. Estaba agradecida de que lo hiciera, especialmente cuando vi a
Broward, Dawson y Nodes por delante de nosotros en la cola para la ducha.

No me vieron, sin embargo y fui capaz de silenciosamente meterme en uno de


los puestos, aún sujetando mi toalla y pijamas. Esperé tan pacientemente como
pude, escuchando las profundas voces masculinas elevándose repentinamente
y las risas junto con las atormentadoras salpicaduras del agua contra los
azulejos.

Pensé en desvestirme y colocarme la toalla pero no pude sacar el coraje para


hacerlo. Sólo la idea de estar desnuda en un lugar lleno de hombres, aunque
pensaran que yo era uno de ellos, hacía mi corazón trastabillar. Una cosa que
podía hacer, sin embargo, era desenvolver la cinta restrictiva de mis pechos.
Alcanzando bajo mi camisa, lo hice y suspiré un aliento de alivio ante la
libertad. Mis senos dolían por estar restringidos todo el día pero me dije que
tendría que acostumbrarme. Doblé la gran cinta en un paquete pequeño y
compacto y lo escondí en mi pila de ropa y esperé.

Finalmente los gritos y los alaridos de los otros cadetes murieron y los últimos
sonidos de pasos de pies desnudos contra los azulejos se desvanecieron en la
distancia. Sintiéndome envalentonada, decidí que era seguro desvestirme.
61

Rápidamente, me quité la ropa que había estado usando todo el día y tomé mi
Página

toalla azul oscuro. Estaba justo abriendo la puerta del puesto de baño para
entrar en el silencioso y húmedo aire cuando fue arrebatada de mis manos y
abierta.

Jadeé y subí mi toalla, cubriéndome justo a tiempo.

—¿Quién eres? ¿Y por qué no estás en tu habitación? Ya pasó la RLO. —El


hombre mirándome era más viejo que un cadete y tenía un ceño en su rostro. Vi
que estaba usando unos zapatos de suela suave, no me extraña que no le
hubiera oído venir.

—So…soy K-Kris Jameson —tartamudeé—. Soy nuevo aquí. ¿Quién es usted?

—Lackson. Monitor de dormitorios. —Su ceño se profundizó—. ¿Sabes cuál es


la penalización por perder la LCF?

—Lo sien… siento —dije, tratando de pensar rápido—. Yo… mi estomago…


algo que comí esta noche en el comedor no me cayó bien, creo.

Su expresión intimidante se suavizó un poco.

—Está bien, es entendible. Pero necesitas regresar a tu habitación. Ya te bañaste,


¿verdad?

Miserablemente, asentí. Nunca me había sentido tan infeliz de decir una


mentira en mi vida pero tenía miedo de que si decía la verdad y admitía que no
me había bañando, insistiría en mirarme mientras lo hacía. Y no me podía
arriesgar.

—Bien entonces. Regresa a tu habitación —asintió en dirección al pasillo.

—Yo… pero yo… ¿Puedo por favor vestirme primero? —pregunté con voz de
ruego. Pero la poca reserva de misericordia que Lackson parecía haber tenido
ya había sido gastada.

—Vístete en tu habitación —dijo severamente—. Apresúrate, marchando. Sólo


te dejo escapar de los azotes porque eres nuevo pero es mejor que esto no pase
de nuevo.

—Sí, señor —mascullé, asegurándome de que mi toalla estuviera enrolladla


apretadamente alrededor de mi cuerpo y presionando mi pila de ropa contra mi
62

pecho, dejé el abrigo del puesto de baño y me forcé a caminar hacia el pasillo.
Página
Nunca me había sentido más humillada y desnuda en mi vida. De alguna
manera cuando me imaginaba mi vida en la Academia, allá en Dianna, nunca
me había imaginado un escenario así, siendo forzada a caminar por un pasillo
utilizando sólo una toalla junto con un hombre extraño. Si este pequeño
incidente fuera descubierto, arruinaría por completo cualquier esperanza que
pudiera tener de tener un matrimonio respetable, al menos en Victoria. Luego
de nuevo, un matrimonio respetable era de lo que había estado escapando
cuando vine aquí en primer lugar, así que era estúpido preocuparse sobre
arruinar mis prospectos ahora.

—Allí estas. —La voz familiar y profunda interrumpió mis pensamientos y subí
la mirada para ver a North observándome.

—North —ladró el monitor de dormitorios—. Qué crees que haces pasada la


RLO. ¿Quieres azotes?

—Sólo buscaba a mi compañero. —North hizo un gesto hacia mí—. Es nuevo


aquí y no muy brillante. Además Broward y su pandilla ya le han sacado brillo,
¿ves la cara? —Apuntó hacia mi mejilla amoratada—. Pensé que podría estar en
problemas.

—Está bien entonces, que bueno de tu parte preocuparte por él —dijo Lackson
gruñonamente—. Pero ponlo al corriente y asegúrate de que no permanezca
fuera después de las LCF de nuevo. La próxima vez serán azotes para ambos.

—Sí, señor —asintió North y tomó mi brazo—. Vamos, Jameson, ¿Puedes


mantenerte alejado de problemas por cinco minuto?

Le dejé arrastrarme hacia la habitación pero en el momento en que se cerró la


puerta, me alejé de él, casi perdiendo mi toalla en el proceso. La tomé con odio
y la mantuve de forma protectora sobre mi pecho mientras me volteaba para
mirarlo.

—¡Déjame solo! ¡Y deja de tratarme como un idiota!

—Deja de actuar como uno entonces —soltó—. ¿Qué hacías de todos modos?
¿Escondiéndote de Broward? Te dije que no se metería contigo mientras esté a
tu alrededor.
63

Podía sentir mis mejillas calentándose.


Página

—Sólo estaba… estaba esperando a que todo el mundo se fuera.


—¿Qué, antes de tomar una ducha? Déjame decirte, renacuajo, eso no va a
funcionar. El monitor de dormitorios chequea todo el baño después del
almuerzo y todos los puestos después del turno de la mañana y la tarde, es
parte de su trabajo.

Sentí una burbuja de desesperación subiendo por mi pecho. En casa me había


bañado en la mañana y la tarde y frecuentemente tomaba un baño de burbujas
después del almuerzo para ayudar a la digestión. Pero ahora parecía que estaba
destinada a no bañarme de nuevo. ¿Qué iba a hacer?

Nada que hacer ahora además de ir a la cama, me dije estoicamente, ¿pero ahora?
North estaba de pie frente a mí con la lámpara de su escritorio aún encendida.
No había un lugar privado donde pudiera cambiarme a mis pijamas excepto…

—Oye, ¿qué haces? —demandó mientras me metía en el pequeño closet el cual


contenía nuestros uniformes.

—Cambiándome —dije—. Por favor déjame en paz, saldré en un momento.

—¡Oye! —Golpeó la puerta de madera con su palma, haciéndome saltar—. Te


dije que no soy como Wilkenson o Hinks. No tienes que preocuparte de que te
vea más de lo que yo me preocuparía porque tú me vieras. Así que deja de ser
un idiota y sal.

—¡Saldré cuando esté bien y listo! —Luché contra la apenas muy grande camisa
del pijama, agradecida de que era lo suficientemente suelta para esconder mi
pecho.

—Bien. ¿Por qué me molesto contigo siquiera? —Sonaba exasperado—. Me voy


a la cama. Quédate allí toda la noche si quieres, no me importa.

Mientras me subía los pantalones del pijama, la leve luz que entraba por debajo
de la puerta se estaba extinguiendo, dejándome en absoluta oscuridad. Enrollé
la ropa que me había metido bajo un brazo y trastabillé hacia el pomo, entrando
a la habitación.

—Finalmente afuera, ¿huh? —La voz de North venía de la oscuridad a mi


izquierda—. Y yo que había pensado que habías decidido dormir allí.
64

—Muy gracioso —dije, con toda la dignidad que pude. Estaba palpando para
caminar hacia adelante, tratando de navegar en el oscuro y poco familiar lugar
Página

mientras hablaba—. Al menos yo… ¡oh! —La última palabra fue más un grito.
Me había tropezado con algo grande en la oscuridad y me encontraba cayendo.
Caí sobre algo caliente que gritó y saltó, North.

—Que dem… —Encendió una pequeña luz de mesa y vi por su pequeño


resplandor que había caído en su regazo. Su rostro, sus penetrantes ojos azules
entrecerrados, estaba enteramente muy cerca de los míos.

—¡Lo siento! —Trastabillé para ponerme de pie tan rápido como pude y habría
andado torpemente dentro de la oscuridad del cuarto si él no hubiera sujetado
mi brazo.

—Eres realmente un idiota, ¿verdad? —Sonaba exasperado pero también


divertido.

—Yo no so… —empecé.

—Sólo cállate y mira. Te alumbraré el camino. —La leve luz se movió de su


rostro y brilló hacia el lado de mi cama, sólo a unos pasos de distancia—. Tu
cama está allí, ¿ves? Al lado de la mía. Y hay una mesa de noche entre ellas así
que no te tropieces con eso… las esquinas puntiagudas no son divertidas en la
oscuridad.

—Ya veo —dije rígidamente—. Puedes soltarme ahora.

—Sigue. —Liberó mi brazo—. Solamente ten cuidado.

—Gracias. —Llegué segura a mi cama y me metí bajo las mantas con alivio.

—De nada —dijo North gruñonamente—. Ahora ve a dormir. Nos despertamos


a las cero seiscientas horas aquí.

—Está bien. —Me di vuelta a un lado lejos de él, mirando la oscuridad y


preguntándome porque me sentía tan extraña. Estando cerca de Wilkenson más
temprano no había hecho sentir mi estomago como si estuviera lleno de
mariposas. Pero caer sobre el regazo de North me puso decididamente
mareada. Me dije que sólo estaba sacudida por la caída y trataba de
estabilizarme. Aun así mi corazón martillaba y mis palmas estaban húmedas.

Decidí que lo que necesitaba para relajarme eran los sonidos suaves y claros del
violín de Kristopher. Por suerte, había puesto el cubo de sonido de su mejor
65

sesión de práctica en mi lado de la mesa de noche. Buscándolo silenciosamente


Página

a tientas lo encontré, desenvolví los pequeños cables que conectaban los


auriculares y los coloqué en mis oídos. Luego, manteniéndolo en el volumen
más bajo posible, encendí el cubo.

Pero escuchar los sonidos de mi amado y distante hermano tocando, resultó ser
un error. No podía evitar imaginarlo en mi mente, sus largos y delicados dedos
en el trabajo, dibujando el arco sobre las perfectamente afinadas cuerdas del
violín que amaba tanto. La mirada de concentración en su rostro mientras
tomaba los adagios y la pura entrega que brillaba en sus ojos cuando el coro
llegaba a un crescendo…

Oh Kristopher, pensé con pena mientras me enterraba más profundamente en


mis mantas. ¿Cómo lo lograré aquí? ¿Cómo puedo evitar exponernos cuando ni
siquiera puedo encontrar la manera de bañarme? ¿Qué voy a hacer?

A pesar que me había prometido no llorar más, no pude detener las lágrimas
calientes que surgieron en mis ojos. Repentinamente todo el día me cayó
encima, la pelea con Broward, el malentendido con Wilkenson, quien
genuinamente me gustaba como amigo y sin mencionar el hecho de que mi
compañero pensaba que era un idiota y odiaba compartir la habitación
conmigo. Y no olvides el asqueroso rumor que corre sobre ti, susurró una pequeña
voz en mi cerebro. Eso seguramente te hará popular, por todas las razones
equivocadas.

Las lágrimas caían más rápido ahora, mi pecho oprimiéndose con sollozos que
no podía detener. Traté de acallar mis sonidos de pena con mi almohada, pero
no ayudó. Nada ayudaba.

—Oye. —Una grande y caliente mano cubrió mi brazo, temporalmente


sacándome de mi momento de llanto.

—Lo… lo siento —dije, mi voz saliendo rota e infeliz—. Sé que estoy


interrumpiendo tu sueño. Regresaré al… al clo-closet si quie-quieres.

—No, está bien —suspiró North—. Mira, si lo que estás escuchando te da


nostalgia, sólo apágalo.

Dándome cuenta de que probablemente era una buena idea, apagué el cubo y
saqué los auriculares de mis oídos.
66
Página
—Mucho mejor —dijo aprobatoriamente—. No te hagas eso, ¿está bien?
Especialmente no la primera noche. La primera siempre es la peor. Pero se pone
mejor… Lo prometo.

—¿De verdad? —La gran mano caliente apretó mi brazo.

—¿Mejor ahora?

—Supongo. —Limpié mis ojos con mi manga y me sorbí la nariz—. Lo siento,


supongo que no es muy, uh, masculino llorar.

—No en realidad. —Sonaba un poco divertido de nuevo—. Pero no lo diré si tú


no lo haces.

—Gracias —dije agradecida—. Y gracias por no estar molesto.

—De nada. —Su mano dejó mi brazo y le oí moverse en su cama, las sabanas
haciendo ruido al rozarse a su alrededor—. Ahora trata de dormir ¿está bien?

—Bien. —Asentí en la oscuridad incluso aunque no pudiera verme—. Buenas


noches.

—Buenas noches, Jameson. —Bostezó y le oí moverse de nuevo, luego silencio.

Tenía miedo de que podría mantenerme despierta toda la noche pero la tanda
de llanto había drenado lo último de mi reserva emocional. Antes de darme
cuenta, estaba bostezando mientras el sueño me arrastraba.

Mi último pensamiento fue mientras cerraba mis ojos que no sabía qué pensar
de North, pero me gustaba la sensación de su mano en mi brazo. Me gustaba
mucho. 67
Página
Capítulo 9
Traducido por Izzy

Corregido por Marchhe.

L
o siguiente que supe fue que algo ruidoso y estridente sonaba en mis
oídos.

—¿Qué...? —Me di la vuelta en la cama y me cubrí la cabeza con una


almohada—. Haz que se detenga.

—Oye, enano, despierta. —De repente la almohada fue arrancada de mi cabeza


y alguien quitó las sábanas y mantas de mi yo tembloroso.

—¡Oye! —Me senté en la cama y lo miré—. Devuélvemelos.

—Bien. —North arrojó el bulto de la ropa de cama sobre mi cabeza—. Vuelve a


dormir y gana diez lametazos por faltar al desayuno. A ver si me importa.

Eso hizo que me levantara de inmediato.

—¿Qué hora es?

—Casi seis y media. Tienes tiempo suficiente para una ducha rápida. —Él
arqueó una ceja—. Si quieres una, claro está.

Nunca había pasado tanto tiempo sin ducharme en mi vida y me sentía


horrible, sucia y pegajosa y completamente poco femenina. Pero no había
manera de hacer nada al respecto.

—No —dije miserablemente—. Supongo que sólo voy a vestirme.

North frunció el ceño.

—Vas a tener que superar esa modestia victoriana eventualmente. Si no tomas


una ducha pronto empezarás a apestar la habitación. No podemos tener eso.
—Lo sé. —Crucé los brazos sobre mi pecho protectoramente—. Es sólo que... no
puedo ahora. Sigue adelante, no quiero retrasarte.
68

—Ya he tenido una ducha y afeitado. —Se pasó una mano por la mandíbula y
Página

me miró especulativamente—. ¿Cuántos años tienes de todos modos, dieciséis


años? ¿Diecisiete? ¿No deberías tener ahora mismo aunque sea un tipo de
pelusilla como la del melocotón creciéndote?

—Los hombres de mi familia no tienen vello facial hasta dentro de un tiempo —


le dije, pensando rápido—. Es algo hereditario.
North se encogió de hombros.

—Está bien. Vale, si no vas a tomar una ducha, es mejor que te vistas para que
así podamos bajar al comedor.

—Bien. —Tomé ropa interior limpia y me fui hacia el armario donde me


encerré. A través de la puerta de madera, oí suspirar North.

—¿De verdad vas a vestirte y desvestirte en el armario todos los días?

—Sí —dije con firmeza. Vendé rápidamente mis pechos y comencé a hurgar en
la camisa del uniforme poco familiar. Todavía no estaba acostumbrada a usar
ropa de hombres, todos los botones parecían estar en el lugar equivocado.

—Estás siendo ridículo, ya sabes —me dijo North—. Pero lo que sea que te haga
feliz.

Terminé de ponerme el uniforme y salí del armario.

—La privacidad me hace feliz —dije colocándome frente al espejo.

Mirando mi reflejo, me preguntaba si me vería lo suficientemente varonil. Algo


faltaba, la corbata. La puse alrededor de mi cuello y traté de resolver el lió con
poco éxito. El uniforme azul marino y las botas que Hinks había encontrado
para mí me quedaba bastante bien, pero la tira larga y delgada tela roja era un
misterio. Yo había visto a Kristopher poner uno en varias ocasiones, pero nunca
me había preguntado realmente como lo hizo. Ahora traté de recordar mientras
me miré en el espejo.

¿Era por encima, alrededor, y abajo? No, eso no se ve bien. Tal vez abajo,
alrededor y por arriba…

—Aquí. —Mis manos fueron apartadas y de la nada North estaba delante de


mí, rápidamente y expertamente anudó el lazo rojo con una pequeña flor
Sangre y Honor cosida en el centro—. Nunca conocí a nadie más desamparado
69

en mi vida —murmuró mientras trabajaba—. ¿Nunca has llevado una corbata


Página

antes?
—No —dije con sinceridad—. Esta es mi primera vez en la escuela. Tuve tutores
la mayor parte de mi vida, por razones de salud. —Lo cual era cierto, excepto
que habían sido motivos de salud de mi hermano, no míos.

—No es de extrañar que seas tan completamente despistado e ingenuo. —North


dio un paso atrás y miró a mi corbata—. Ya está.

—Gracias. —Me lleve una mano a la garganta—. Se siente muy apretado. ¿Estás
seguro de que se supone que debe ser así?

—Aquí. —Aflojó la corbata un poco. Yo hubiera sospechado que él me lo había


hecho apretado a propósito porque estaba irritado conmigo, pero se le veía
cómodo.

—Gracias —le dije de nuevo, aunque todavía me sentía como si estuviera


siendo estrangulada. Me dije a mí misma que la corbata, al igual que el vendaje
a través de mis pechos, era algo a lo que tendría que acostumbrarme.

—Vamos. El Desayuno es en diez —ordenó—. No te olvides de la tableta.

La agarré y lo seguí a toda prisa por la puerta y bajando las escaleras. Al llegar a
la última escalera que conduce al primer piso, vi que Broward y varios de sus
compinches estaban esperando en la parte inferior. North les vio el mismo
tiempo que yo.

—Sigue —dijo en voz baja cuando dudé—. No digas nada, y no hagas contacto
visual. —Hice lo que me dijo, pegándome a su lado y manteniendo mis ojos en
el suelo.

—Hola, freshie. —Oí burlarse a Broward mientras pasábamos, pero no levanté


la vista ni respondí.

—Retrocede Broward, él está conmigo —gruñó North.

Broward se rió.

—¿Sólo pasaron una noche juntos y ya son todo besos, North? ¿Es por eso que el
pequeño freshie está pegado a tu culo?

North se detuvo, así que yo también. Poco a poco mi compañero de cuarto se


70

volvió hacia Broward. Me atreví a mirar hacia arriba y vio que el rostro de
nuestro agresor se había vuelto ligeramente pálido. Por alguna razón él
Página

realmente le temía a North. Me pregunté por qué.


—Sabes malditamente bien que no es así. —North señaló con un dedo al pecho
carnoso de Broward—. Jameson no es nada más que una molestia para mí, pero
desde que has hecho tu misión en la vida de matarlo, tengo que tenerlo cerca. —
Se inclinó hacia Broward y lo miró fijamente, sus ojos azules se entrecerraron
con irritación—. Es sólo un pequeño chico despistado, Broward. Búscate una
vida y déjalo solo.

—No lo creo. —Broward le devolvió la mirada, con sus pequeños ojos de cerdo
entrecerrados con rabia—. Creo que voy a atraparlo en algún momento, cuando
no estés alrededor y golpearé su pequeño culo. ¿Qué piensas de eso?

—Creo que será mejor que tengas cuidado. —North enarcó una ceja—. O
estarás haciendo la difícil decisión entre la caña y la pala. Y todos sabemos cual
vas a elegir5

Broward retrocedió bruscamente, su rostro tornándose a un feo color púrpura.

—¿De qué infiernos estás hablando, North?

—Estoy seguro de que tú lo sabes. —North hizo un gesto con la cabeza hacia
mí—. Vamos, pequeñín, vamos a llegar tarde para el desayuno.

—¿Crees que fue una buena idea? —pregunté mientras caminábamos por el
campus en los tempranos rayos de sol de la mañana—. ¿Haciéndole saber que
ya sabes lo que vi?

—Tiene que saber que alguien que no tiene miedo de enfrentarse a él tiene esa
información. —North me dio una rápida mirada de soslayo—. Alguien que
puede vencerlo en una pelea.

—Yo podría vencerlo en una lucha justa —protesté—. Lo desafié a un duelo de


esgrima ayer, antes de que, um, me rescataras. Pero se negó.

—¿Un duelo? —North me dio una mirada de incrédula y se echó a reír—.


¿Hablas en serio?

—Por supuesto que lo digo en serio —le dije con tanta dignidad como pude
reunir—. ¿De qué otra forma los caballeros resuelven los conflictos?
71
Página

5
Se refiere a un castigo escolar que se aplica en algunas partes de Gran Bretaña.
North frunció el ceño mientras caminaba, sus largas zancadas devoraban la
tierra de modo que tuve que trotar para mantener el ritmo.

—En primer lugar, Broward no es un caballero, es un matón. Así que no esperes


ningún tipo de conducta honorable de él. En segundo lugar, la gente ya no
lucha en duelos, así que no desafíes a nadie a uno.

—Muy bien —le dije secamente—. Siento ser una molestia para ti.
Él suspiró.

—No esperes que me disculpe, es verdad. Tener un enano como tú detrás de mí


es pesado.

—¿Por qué preocuparse entonces? —pregunté, con imprudencia—. ¿Por qué no


ignorarme y seguir tu propio camino?

—No sé por qué me molesto. —Él frunció el ceño—. Tal vez... tal vez porque me
recuerdas a alguien.

Quería preguntarle a quién le recordaba pero en ese momento llegamos al


comedor. Sin esperarme, North entró y tomó una bandeja. Estaba a punto de
seguirlo cuando oí una voz en mi oído.

—Bueno, bueno... ¿abandonado otra vez? Por otra parte, supongo que lo del
verdadero amor nunca se hace realidad.

Me volví para ver Wilkenson allí de pie, con una pequeña sonrisa de
superioridad tirando de las comisuras de sus labios delgados.

—Oh, um, hola. —No estaba muy segura de qué decirle después de nuestro
encuentro incómodo de anoche. Pero Wilkenson no esperó a que continuara. Sin
decir una palabra, se marchó hacia el comedor y se llevó una bandeja de la pila
que tenía más cerca.

Le miré por un momento, con irritación... entonces recordé la mirada de dolor en


sus ojos anoche. Era cierto que había robado mi primer beso, un acto que me
pareció difícil de perdonar. Pero él era ingenioso, divertido, encantador, y
también de los únicos tres estudiantes que habían estado dispuestos a hablar
conmigo en primer lugar. Tomando una decisión, me abrí paso en el comedor y
tomé un lugar en la fila detrás de él.
72
Página
—Wilkenson —le dije. Él fingió no oírme, pero vi su espalda delgada rígida y
sabía que me había escuchado—. Wilkenson —continué—. Sie... siento lo de
anoche.

—¡Shhh! —Se volvió hacia mí, con un ceño en su rostro—. ¡Baja la voz! ¿Deseas
conseguir que los dos seamos molidos a golpes?

—Lo siento —dije mientras ofrecíamos nuestras bandejas y nos daban un poco
de comida aguada para el desayuno de los hoscos trabajadores de la cafetería—.
Sólo estoy tratando de explicarme.

—Bueno, espera a que nos sentemos. —Me condujo en silencio hasta el final de
la tercera mesa, luego se sentó y empujó su bandeja—. Muy bien, habla.

Puse mi bandeja a un lado también.

—Nunca pensé... yo soy de Victoria —le dije entrecortadamente—. No


sabemos... hay un montón de cosas que no hacemos allí. Yo no entiendo lo
que... lo que quieres de mí.

Wilkenson suspiró.

—Obviamente no. Aunque es difícil de creer que alguien pueda ser tan
despistado. Estaba prácticamente lanzándome a ti.

—Eso es lo que North dijo también —le dije—. Me refiero a que yo sea ingenuo,
uh, despistado.

Sus ojos se estrecharon.

—¿Y el rumor que sigo escuchando? ¿Sobre ti y Hinks?

Hice una mueca.

—Eso es una mentira de principio a fin. Yo nunca...

—No, por supuesto que no lo harías. —Wilkenson se palmeó su cabello


perfectamente peinado—. Si no lo harías conmigo, entonces ciertamente no lo
harías con Hinks. Sinceramente, su forma de actuar es desesperada y triste.
Repugnante.
73

—Estoy de acuerdo. —Me estremecí—. De todos modos, pensé que estabas


siendo amable anoche. Y sinceramente, me vendría bien un amigo por aquí.
Página

¿Así que podemos empezar de nuevo? ¿Por favor?


—Bueno... —Wilkenson vaciló y luego levantó las manos dramáticamente—.
Qué demonios, está bien. Amigos.

—Gracias. —Le tendí la mano—. ¿Las estrechamos?

Los pálidos ojos verdes Wilkenson bailaban.

—Mmmm, no estamos siendo muy masculinos Hoy, así que, muy bien, ¿por qué
no?

Tomé su mano, la sacudí dos veces, y la dejé ir. Me dio una mirada extraña y
luego sonrió.

—Tú no sabes qué demonios estás haciendo aquí, ¿verdad, Jameson?

—Es mi primera vez en la escuela —le dije, incómodo—. ¿Mi apretón de manos
no fue tan masculino?

—Hablando contigo, alguien podría pensar que es tu primera vez para todo. —
Él suspiró—. Vamos, me estoy quedando sin barras de proteína, así que será
mejor comer mientras esta esté caliente. Si hay algo peor que la papilla caliente,
es la papilla fría.

Sintiéndome aliviada de tener por lo menos un amigo, saqué mi cuchara de mi


humeante bandeja y me pregunté si volvería a probar comida real otra vez.

74
Página
Capítulo 10
Traducido por Mais020291

Corregido por Jeyd3

L
legué a Cálculo Interdimensional sin ningún problema y me senté en el
lado lejano de la clase. North, noté, estaba sentando cerca del frente, y
Broward y su grupo ocupaban la parte de atrás. Cuando me vio
mirándolo, el matón me dio una mueca desagradable. Sostuve sus ojos
por un momento y luego, deliberadamente, me volteé. Cuando alcé la mirada,
vi que North había estado observando nuestro intercambio. Me frunció el ceño,
sacudiendo su cabeza. Luego el maestro pidió orden a la clase y no hubo nada
más que hacer, más que tomar notas lo más rápido que pude en mi tableta.

Mientras progresaba la lección, estaba aliviada de encontrarla fácil y familiar,


todo lo que el profesor, el Sr. Blinski, estaba diciendo, ya había sido cubierto
ampliamente por el tutor de matemáticas de Kristopher. Sin embargo, no todos
parecían comprender los conceptos que el pequeño y calvo Sr. Blinski estaba
soltando rápidamente. Broward estaba dormitando en la parte de atrás de la
habitación, lo que pensé que era extraño ya que él ya había reprobado una vez
la clase. Pero su actitud relajada definitivamente no era la norma, vi unas
cuantas miradas confundidas mientras el profesor hablaba. North, en
particular, fruncía el ceño preocupado. Finalmente, levantó su mano.

—Ahora, es obvio que M es isomorfa a la línea real, así que tenemos un


isomorfismo del subconjunto de dimensión 2 a la de dimensión 1. —El Sr.
Blisnki apuntó a la pizarra blanca donde la ecuación en cuestión estaba escrita
en azul—. Luego sigue que M x M es un toroide en R>4 o C<2, si uno permite a
x ser infinito en la definición…—Entonces pareció notar la mano de North en el
aire—. No hay preguntas hasta después de clase, ya sabe eso, Sr. North —dijo
frunciendo el ceño con desaprobación.

—Pero señor, sólo necesito aclarar un concepto…


75

—Hubiera entendido si hubiese hecho su tarea anoche. —El ceño fruncido de


Blinski se profundizó.
Página
—Sí hice mi tarea —protestó North—. Eso tampoco tuvo sentido.

—Sr. North, una palabra más de usted y se va al edificio de Administración


para unos azotes. —La cara del Sr. Blinski estaba roja con irritación—. Debes
guardar todas las preguntas para después de clase. ¿Estoy siendo claro?

—Sí, señor. —North parecía arrancar las palabras con los dientes—. Muy claro.

—Excelente. Entonces continuemos. —Y el Sr. Blinski prosiguió.

Fruncí el ceño. ¿Todos los profesores aquí en la Academia eran tan inflexibles?
Difícilmente parecía justo si lo eran. El tutor de matemáticas de Kristopher, el
Señor Prestillo, siempre había estado dispuesto a responder preguntas
enseguida y explicar cualquier concepto que no entendiera hasta que lo captara.
Esa era una de las razones por la que era tan buena en la materia. La otra era
que simplemente tenía un talento natural por entender y aplicar las
matemáticas y teorías espaciales. Más de una vez, el Señor Prestillo me había
dicho que hubiese sido una excelente navegante de naves espaciales si no
hubiese sido mujer, por supuesto.

La lección avanzó rápidamente y el Cálculo Interdimensional terminó antes de


saberlo. Cuando sonó la campana, salté con el resto de estudiantes para ir a mi
siguiente clase. Me moví rápidamente, intentando dejar tanto espacio entre mí y
Broward como podía, sin molestar a North. Él aún tenía una mirada frustrada
en su cara mientras esperaba a hablar con el profesor. Habló con Sr. Blinski en
voz baja, apuntando a la pizarra blanca y luego a su tableta una y otra vez, pero
lo que sea que el profesor le estaba diciendo, no parecía satisfacerlo. Finalmente,
sacudió su cabeza y se unió a la manada de cadetes deambulando hacia su
próxima clase.

Pensé en preguntarle qué estaba mal e intentar discutir la ecuación, pero a


último minuto decidí no hacerlo. Sólo porque estaba dispuesto a actuar como
mi protector parte del tiempo, no significaba que podía ser visto hablándole a
un humilde cadete de Tercera Formación. Mejor no presiono mi suerte
haciéndolo enojar. Así que me quedé atrás, estudiando la mirada frustrada en
su rostro y deseando poder ayudar.

Por alguna razón, mientras lo observaba, pensé sobre cómo se había sentido
76

sentarse en su regazo anoche. Aunque el episodio había sido extremadamente


Página

breve, mi cerebro parecía haber memorizado cada parte de éste. La mirada en


sus penetrantes ojos azules, la calidez de su piel, y el perfume limpio masculino
que parecía ser su aroma natural, estaban impresos en mi mente. Y la forma en
que me había consolado cuando lloré, había sido tan calmante y dulce. ¿Por qué
era tan amable un momento y luego se enojaba o irritaba conmigo al siguiente?
¿Algún día seríamos amigos o eso era imposible? Reflexioné sobre ello mientras
iba en camino a mi siguiente clase.

El resto del día continuó al mismo paso y estuve contenta de ver que estaba
adelantada en cada tema. Al menos ser excelente académicamente aquí no iba a
ser un problema. Ahora, si sólo pudiera mantenerme lejos de Broward y
encontrar una forma de tomar una ducha, podría encontrar soportable mis dos
años en la Academia.

North y yo nos separamos después de nuestra segunda clase juntos,


Navegación Astronómica, pero sí lo vi, aún estudiando su tableta en la mesa de
la Cuarta Formación en el almuerzo. Wilkenson y yo comimos juntos y él me
dio noticias chismosas sobre mis profesores y algunos de nuestros compañeros
de clase. Nadie más se ofreció unirse a nuestro grupo pero estaba satisfecha de
tener al menos un amigo, así que no me molestó.

Lo que sí me molestaba era la cuestión de cómo iría mi última clase, educación


física obligatoria. No me había olvidado que Broward iba a tomarla conmigo y
no sonaba como el tipo de clase donde podía evadir al mantón sólo por escoger
un asiento al otro lado de la habitación.

—Oye, Jameson, ¿qué te pasa? —Wilkenson hizo un puchero desde el otro lado
de la mesa—. Que buen amigo resultaste ser. Ni siquiera escuchaste el chisme
jugoso que acabo de decirte sobre Simmons.

—Lo siento. —Me forcé a arrastrar mis ojos de la mesa de Cuarta Formación
donde Broward y sus camaradas estaban lanzando leche de sus narices y riendo
a carcajadas como gnomos—. Sólo estoy preocupado.

—¿Sobre qué? ¿Broward? —Miró mi mejilla magullada.

—Tuve otro encuentro con él esta mañana —confesé—. Si North no hubiese


estado ahí…
77

—¿Quieres decir que te rescató? —Los ojos verdes pálido de Wilkenson se


iluminaron—. ¡Qué romántico!
Página
—Fue más como que me protegió —corregí—. Pero él realmente no quería
hacerlo, piensa que soy una peste.

—Si realmente pensara eso, ahora estarías hecho paté de Tercera Formación —
Wilkenson dijo a sabiendas—. Así que, ¿qué sucedió?

Me encogí de hombros.

—Sólo un poco de charla. Pero estoy preocupado porque tengo mi última clase
con Broward y North no estará ahí. ¿Qué voy a hacer?

—¿Qué clase es?

Le dije y Wilkenson alzó sus cejas rubias y dio un silbido largo y bajo.

—Oh, querido, eso no es bueno. No es bueno en lo absoluto.

Empecé a sentir pánico. —¿Por qué no? ¿Qué puedo hacer?

Wilkenson me dio una mirada compasiva.

—El único consejo que puedo darte es que nunca estés a solas con él. Quédate
con la clase, en medio del grupo si puedes. El Entrenador Janus, el profesor de
Educación Física, no le gusta presionar. Es un gran fanático del juego limpio y
el buen espíritu deportivo, así que no dejará que Broward te moleste. Quédate
dónde él pueda verte lo más que puedas.

—De acuerdo —asentí—. ¿Algo más?

—Sí, aléjate de las duchas. —Wilkenson se inclinó a través de la mesa y me


apuntó con un dedo—. Ellos tienen esas duchas individuales ahí, en la parte de
atrás del gimnasio.

—¿Las tienen? —Mi corazón empezó a golpear ante el pensamiento—. ¿Quieres


decir del tipo donde realmente puedes tener privacidad mientras te duchas?

—Bueno, sí, mi pequeño maniquí. —Wilkenson frunció el ceño—. Pero las


duchas están al otro lado del edificio y de la oficina del entrenador, está oscuro
ahí. Cualquier cosa podría pasar si Broward te atrapa a solas. Así que no importa
lo sudoroso que estés, sólo ven directamente a tu dormitorio justo después de
clase. Después de todo, siempre puedes tomar una ducha antes de RLO,
78

¿verdad?
Página

A regañadientes, asentí.
—Sí.

Pero por dentro, maldije mi suerte. Una ducha refrescante y caliente justo a mi
alcance, pero ese gran matón de Broward iba a impedirme tomar una. ¡No era
justo!

—Bien. —Wilkenson sonrió, inconsciente de mi confusión interna—. Entonces


deberías de estar bien. —Frunció el ceño—. A pesar de ser el más pequeño de la
clase.

Suspiré.

—No puedo evitar eso.

—Lo sé —dijo de manera confortante—. Aunque no te preocupes, eres pequeño


pero fuerte. No hubieras llegado hasta aquí si no lo fueras, ¿verdad?

—Claro —dije inciertamente. Pero al momento no me sentía nada fuerte. Sólo


quería pasar por la próxima clase de educación física sin ser asesinada o que
descubrieran mi secreto.

79
Página
Capítulo 11
Traducido por Rockwood

Corregido por Julieta_Arg

L
a clase de fitness fue tan mala como me temía que sería.

Para empezar, yo era la más pequeña de los estudiantes en el grupo de


chicos de Tercera y Cuarta Formación, y la más pequeña en general de
lejos. Y me di cuenta por las miradas poco amistosas que recibí de los
otros cadetes que el rumor que Broward había extendido sobre mí, me
había precedido. Cualquier esperanza que pudiera haber tenido de hacer
amigos había terminado antes de empezar.

—Oye, novato —llamó Broward cuando entré en el gimnasio grande,


generando ecos—. ¿Por qué tardaste tanto en vestirte? ¿Tuviste que ir al edificio
de administración para probar tu ropa de gimnasia?

En realidad lo que me había llevado tanto tiempo era que esperé hasta que él y
su séquito salieran del vestidor. Tan pronto como se fueron, me había vestido
tan rápido como era posible, agradecida de que la ropa de gimnasia que había
estado esperando en mi armario fuese un poco ancha. La delgada camiseta de
material no cubría tanto como mi chaqueta gruesa del uniforme mis vendas del
pecho, aunque aún así parecía estar bien escondido.

No respondí a la provocación, sólo mantuve alta la cabeza y seguí caminando


porque no había nada más que pudiera hacer. Sin embargo, podía sentir el
ardor en mis mejillas y supe que mis compañeros de clase tomarían mi rubor
avergonzado como una señal de que Broward decía la verdad. Hubo algunas
risas crueles cuando tomé mi lugar en la fila, pero nadie hablaba en voz alta
porque en ese momento el instructor, el entrenador Janus, entró e hizo sonar su
silbato.

—Muy bien, señoritas, cálmense. —Era un hombre corpulento, de cejas negras


gruesas y tupidas y nariz ganchuda. Había una expresión sin sentido en sus
ojos color marrón oscuro. No era el tipo de maestro que querías hacer enojar,
80

decidí mientras él continuaba—. Hoy continuamos nuestra serie de deportes de


Página

de la antigua Tierra, con un juego llamado el quemado.


Hubo gemidos de varios de los allí reunidos cadetes, pero Broward tenía una
sonrisa desagradable en su rostro tonto que me preocupaba. ¿Que era el
"quemado” y cómo se jugaba? Temía que estaba a punto de descubrirlo de la
forma difícil.

—Bueno, ahora, a formar dos equipos —continuó el entrenador Janus—.


Broward, eres el capitán del equipo A y Jakes, eres del B. Organícense mientras
traigo el equipo.

—Grandioso. —Broward se adelantó junto con otro estudiante de Cuarta


Formación que no había visto antes—. Me quedo con Nodes.

Jakes asintió.

—Yo con Strawsen.

Y así siguió. Como era de esperar, me eligieron última y con muchas protestas
por parte de los otros miembros del equipo B, donde terminé quedando. Traté
de no sentirme herida y me recordé que mi baja estatura no era mi culpa.
Después de todo, era una chica. Incluso si nadie más en la habitación aparte de
mí lo sabía, tenía perfecto derecho a ser pequeña. Pero no importaba lo mucho
que me lo dijese a mí misma, aún picaba ser llamada “enano” y mantenida en la
parte de atrás de la línea.

Muy pronto el Entrenador Janus regresó, empujando un carro grande lleno de


pelotas de goma duras de color rojo del tamaño de la cabeza de alguien.

—Está bien, señoritas —gritó—. Vengan a por ellas. Vamos, no tenemos todo el
día.

Los cadetes de ambos equipos corrieron hacia adelante, agarraron la mayor


cantidad de bolas que podían llevar, y regresaron a la línea divisoria negra en el
centro del gimnasio. Me quedé allí, sin querer involucrarme demasiado. Yo
estaba bien con los juegos uno vs. uno como esgrima o el ajedrez, pero gracias a
mi educación y mi sexo, nunca había jugado un deporte de equipo en mi vida.

—Vamos, chico nuevo, ¿cuál es tu nombre? —Levanté la mirada y me di cuenta


de que el entrenador Janus me miraba.
81

—Jameson, señor —le contesté.


Página

—Bueno, no seas tímido, Jameson, levántate y agarra algunas pelotas.


—No se preocupe, entrenador, Jameson está bien así —gritó Broward. Él y sus
amigos seguían merodeando alrededor del carrito de las pelotas. Rugieron a
carcajadas y el resto de los cadetes los siguieron mientras me acercaba para
recoger la última pelota remanente de goma dura bola en la parte inferior del
carro. La apreté contra mi pecho, su superficie fría y dura y nudosa bajo mis
dedos. Me sentí como si estuviera a punto de estallar.

—¿Qué quieres decir, Broward? —dije, mientras el entrenador daba la vuelta.

—Creo que ya sabes, novato —se burló.

Puse mi cara tan inocente como fue posible.

—Si estás diciendo que tengo algún tipo de habilidad especial con este equipo,
no lo hago. No puedo dejar de notar, sin embargo, que tú pareces saber
manejarlo muy bien. —Asentí con la cabeza a la manera en que se aferraba a
dos de las bolas en las manos—. ¿Esa es una habilidad que se adquiere con el
tiempo o simplemente eres naturalmente bueno para sostener, quiero decir
manosear las pelotas?

El rostro de Broward se ensombreció.

—¡Tú, pequeño...!

—Eso es suficiente, señoritas. —El entrenador Janus había girado y estaba


frunciendo el ceño, tanto a Broward como a mí—. Vamos a la línea. Vamos,
ahora.

Broward apuntó con un dedo.

—Ese comentario te va a costar caro, novato. —Luego se volvió y se dirigió a la


línea gruesa negra pintada en el suelo de plástico que dividía el gimnasio.
Todos los otros cadetes ya estaban allí de pie y yo sabía que habían escuchado
nuestro intercambio.

Mientras caminaba a la línea, mentalmente me di una patada. ¿Por qué había


salido de mi camino para irritarlo así? Como si no tuviera suficientes problemas
como estaba.

Mi angustia se vio agravada por el hecho de que me había sorprendido un poco


82

a mí misma, hablando de manera cruda. Una broma como la que había hecho a
Página

costa de Broward nunca habría salido de mis labios en Victoria. Pero aquí me
había parecido natural combatir fuego con fuego, el devolver lo que el agresor
repartía. Me preguntaba con inquietud si estaría maldiciendo y escupiendo y
arañándome a mí misma como el resto de los cadetes en el momento en que
saliese de la Academia—si salía con vida, obviamente. Y por la expresión del
rostro feo de Broward, cada vez era menos probable.

El entrenador Janus sopló el silbato de plata que llevaba al cuello.

—Pelotas en la línea, damas —gritó sin dejar rastro de ironía—. Luego cinco
pasos atrás.

Todos los cadetes colocaron sus pelotas de goma dura a lo largo de la línea
negra y dieron cinco pasos hacia atrás.

—Bien. —El entrenador Janus asintió con la cabeza—. Ahora, a mi silbato,


corren y las agarran. Recuerden las reglas, si reciben un golpe con una pelota,
están fuera. Si pasan sobre la línea, están fuera. Si alguien toma la pelota que
lanzaron, están fuera. Y sólo golpes al cuerpo, nada a la cabeza ni a la cara.
¿Entendido?

Murmuramos nuestro asentimiento, incluida yo, pero no podía evitar sentir la


tensión en el aire.

Los chicos a mí alrededor estaban tensos con anticipación, inclinándose hacia


las bolas, listos para lanzarse y agarrarlas y empezar a arrojarlas unos a otros.
Me hubiera gustado correr en la otra dirección, pero sabía que no iba a
funcionar. Sombríamente, me dispuse a correr junto con los otros.

El silbido estridente resonó en el gimnasio y luego el aire se llenó con el sonido


de los cadetes gritando, chillando zapatos deportivos y golpes fuertes, y los
golpes suficientemente lentos para esquivarlos fueron recogidos uno a uno. Por
suerte, yo no era uno de ellos. Para mi sorpresa, había encontrado finalmente
una situación en la que mi tamaño jugaba a mi favor.

Me acercaba y alejaba de los cadetes mayores, girando y agachándome mientras


Broward y su equipo lanzaban más y más bolas en mi dirección. Agarré varias,
enviando a los que las habían arrojado fuera del juego. De hecho, lo estaba
haciendo tan bien, que mi propio equipo finalmente comenzó a notarme.
83

—¡Mira eso! —Un cadete con el pelo rizado de color marrón y gafas me
Página

señaló—. El enano es rápido.


Mi capitán del equipo, Jakes, me hizo un gesto de aprobación.

—¡Muy bien, pequeñín!

—Gracias. —Agarré otra pelota lanzada por Nodes, y se la pase a él—. Ser
pequeño tiene sus ventajas a veces.

—No va a ser una ventaja si te atrapa Broward después del partido. —Jakes
esquivó una pelota con facilidad mientras hablaba. Su capacidad atlética natural
hacía fácil ver por qué el entrenador Janus lo había elegido como capitán—.
Harías mejor en mantenerte al margen de él.

—Lo estoy intentando. —Esquivé otra bola—. Él no está haciéndolo fácil.

—Mala suerte para ti, entonces. —Jakes me dio una mirada de lástima y corrió
para atrapar una pelota al otro lado de la cancha.

Al otro lado de la línea negra, Broward estaba poniéndose más y más furioso.
Me di cuenta por la forma en que su cara se puso roja, púrpura. Su equipo le
pasaba bolas para tirarme a mí pero fallaba cada intento.

Sabía que debería dejar que me golpease y todo terminaría. Tal vez ganándome
podría airear su ira. Pero mi orgullo se levantó y no me lo permitió. Siempre
había tenido una vena competitiva fuerte en mí y me negaba a perder el partido
a propósito, sin importar las consecuencias.

Antes de darme cuenta, Broward y yo éramos los únicos que quedábamos en


pie.

—Vamos, nuevo. —Él me hizo una seña, dos bolas en cada mano—. Ven aquí y
toma tu medicina.

—No lo creo. —Esquivé uno de los balones con facilidad. Podría haberlo
atrapado y enviado fuera, ganando el juego para mi equipo, pero no importaba
lo orgullosa que fuese, no era estúpida. Hacer a Broward perder delante de los
otros cadetes era demasiado peligroso. Así que seguí esquivando las bolas
mientras las tiraba hasta que finalmente el entrenador Janus hizo sonar su
silbato y declaró el partido un empate.

Sentí una sensación de alivio mientras caminaba hacia adelante con los otros
84

para poner las bolas de vuelta en el carro.


Página
Algunos de mis compañeros de equipo parecían irritados de que no hubiese
ganado la partida, pero en general, recibí más miradas de admiración que
enojadas. Jakes me sonrió y me dio un puñetazo en el hombro ligeramente.

—Buen juego, Jameson. —Asintió con la cabeza al todavía ceñudo Broward—.


Y buena decisión.

—Gracias. —Le devolví la sonrisa, contenta de que entendiese por qué no había
sido capaz de ganar.

—Muy bien, señoritas. —El entrenador Janus nos hizo un gesto aburrido—. Los
veré mañana misma hora, mismo lugar.

Se dirigió a su oficina y yo estaba a punto de comenzar a caminar hacia los


vestuarios, sin pasar por las duchas, cuando oí que alguien me llamaba. Me
volví justo a tiempo para ver a un gran objeto volador rojo viniendo hacia mi
cabeza. No había tiempo para esquivar al balón, y me golpeó de lleno en la
nariz y me caí al suelo, los picos de dolor agudo exquisitamente explotando
hacia el exterior a través de mi cara.

Di un grito ahogado y puse mi mano sobre mi nariz, que ya estaba inundada de


sangre.

—Oigan, miren eso, chicos. —Broward se acercó a mí, sus gruesos labios
curvados en una mueca desagradable.

—Parece que no es tan rápido después de todo. —Me señaló—. Estás fuera,
novato. —Por alguna razón, esto hizo que sus compinches rugieran de la risa.

Lágrimas de rabia y de dolor me llenaron los ojos, pero no había nada que
pudiera hacer. El entrenador Janus no había visto el incidente ya que había
desaparecido en su oficina y el resto de mis compañeros ya se encontraban en la
ducha y no es que me fuesen a ayudar. Podían admirar mi velocidad en la
cancha, pero estaba bastante segura de que ninguno de ellos estaba dispuesto a
recibir una paliza por mí.

—Aww, pobre bebé. —Broward hizo una mueca de simpatía fingida—. Miren
chicos, está llorando.
85

—Tú, malvado —le dije, mi voz saliendo espesa y ronca—. ¿Por qué no me dejas
en paz?
Página
—Déjame en paz —imitaba Nodes en voz alta y Dawson se hacía eco:

—Sí, Broward, solo déjame en paz.

Los tres se reían mientras iban a las duchas, dejándome mientras acariciaba mi
nariz sangrante y contemplaba la herida en mi palma.

Miré fijamente la espalda de Broward, y algo oscuro y nuevo se agitó en mi


corazón. Era el odio que sentía; creciendo dentro de mí un odio tan negro y
virulento como la vid de la flor de la Sangre y del Honor. Me hizo apretar mi
mano libre en un puño y murmurar una maldición poco propia de una dama en
voz baja—palabras que nunca me había atrevido a decir antes. Yo nunca habría
dejado pasar tal epitafio por mis labios mientras vivía en Victoria pero aquí
parecía encajar perfectamente en la situación. Ni siquiera me ruboricé al decirlo.

A medida que fui poco a poco poniéndome de pie, todavía ahuecando mi nariz
herida, una cosa quedó clara: estar en la Academia me estaba cambiando.
Quedaba por ver si se trataba de un cambio para bien o para mal, pero yo sabía
que nunca volvería a ser la misma.

86
Página
Capítulo 12
Traducido por _ClaireElizabeth_

Corregido por Steffanie Mirella

N
orth estaba de espaldas a la puerta, su cabeza inclinada sobre su
tableta mientras se encontraba sentado en su escritorio.

—Hola —dijo distraído, sin levantar la mirada mientras yo entraba


en nuestra habitación.
—Hola —dije torpemente, dirigiéndome hacia mi cama.

—North, ¿te puedes meter en problemas aquí por saltarte las comidas?

—Quieres decir ¿No comiendo la ración que te sirven en el comedor o


simplemente no yendo? —preguntó, aún mirando hacia abajo.

—No yendo. —Me tiré sobre mi colchón y suspiré.

—Depende de si tienes una escusa lo suficientemente buena o no. Si estás


realmente enfermo… —Finalmente elevó su mirada hacia mí y sus ojos azules
se ampliaron.

—¿Qué te sucedió?

—Adivina. —Sequé mi nariz palpitante cuidadosamente con un pañuelo de


papel salpicado de sangre y suspiré.

—Broward. —El rostro de North se oscureció, se levantó de su escritorio y se


inclinó hacia mí para verme.

—¿Te golpeó de nuevo?

Abrí la boca para decirle exactamente lo que había pasado… y la cerré de


nuevo.

North ya me había dejado claro que le irritaba ser asignado al papel de mi


protector. Si le decía que Broward se seguía metiendo conmigo, una de dos
cosas pasaría. Él buscaría al abusador y le daría una paliza o decidiría
87

simplemente lavarse las manos enteramente en lo que a mí respecta porque soy


Página

muy problemática. De cualquier manera me arriesgaría a parecer débil e


indefensa y perdería su visto bueno. Y por alguna razón que no podía explicar,
ni siquiera a mí misma, no quería eso.

—¿Entonces? —exigió North y me di cuenta de que estaba tardando mucho en


responder.

—Estábamos jugando a Quemados un deporte de la antigua Tierra —dije.

—Sé lo que es Quemados, a Janus le encantan los deportes antiguos —dijo


North impaciente.

—Así que sabes cómo se juega. —Me encogí de hombros—. Fui golpeado en la
cara con una pelota. —Eso, al menos era cierto.

—Una pelota que Broward lanzó, ¿Adivino? —Los pálidos ojos azules de North
ardieron. No estaba segura si estaba furioso conmigo o con Broward.

—Sólo déjalo pasar North. —Levanté mi barbilla—. Estoy bien. Nada está roto o
al menos eso creo.

—Espero que no. —Tiró ligeramente de mi barbilla, su mirada suavizándose un


poco—. Sería una pena arruinar esa hermosa carita tuya enano.

—Sí, correcto —balbuceé pero por alguna razón encontré mis mejillas
calentándose bajo su mirada.

North se me quedó viendo fijamente un minuto más y luego sacudió la cabeza y


se giró de nuevo hacia el escritorio.

—No tengo tiempo para esto, tengo que estudiar. Esta maldita ecuación me va a
volver loco.

—¿Quieres decir la de Cálculo Interdimensional? —pregunté lo más


casualmente posible.

Él asintió y pasó una mano entre su cabello, desordenándolo y volviéndolo un


halo de oro oscuro alrededor de su cabeza.

—Es tan frustrante. Si ese viejo verde, Blinski fuera más lento por lo menos un
minuto o respondiera una pregunta de vez en cuando, tendría sentido.
88

—Sí tiene sentido —dije—. Quiero decir, bueno, tal vez no de la manera en que
Página

él lo explica pero la ecuación sí funciona.


—¿Cómo? —exigió North—. ¿Cómo puede MxM ser un Toroide Hueco? ¿Esa es
como la forma de una dona, cierto? No veo como eso es posible.

—Porque no estás pensando en tres dimensiones. —Salté fuera de la cama, el


latido en mi nariz temporalmente olvidado—. Aquí, dame tu tableta.

Frunciendo el seño, North me la pasó.

—Está bien, ya que eres tan inteligente.

—No lo soy —dije, tomando la tableta y cambiando la aplicación a una página


nueva—. Sólo he tenido muchos mejores profesores que el Sr. Blinski que me
han explicado este concepto anteriormente. Ahora mira… —Pasé unos cuantos
minutos trazando con el lápiz antes de dárselo de vuelta a él. North lo tomó de
mí y lo estudió cuidadosamente por un largo rato. Luego su rostro se quebró en
una lenta sonrisa.

—¡Oye! ¡Ahora lo entiendo! —Elevó la mirada hacia mí—. Tiene sentido de esta
manera. ¿Cómo supiste como hacer esto?

Me encogí de hombros modestamente.

—Como dije, tuve un buen maestro.

—Es más que eso. Eres bastante inteligente para ser un enano. —Sonriendo de
oreja a oreja, North se estiró y desordenó mi cabello.

Por alguna razón me encontré ruborizándome de nuevo.

—Bueno mi viejo tutor decía que sería un buen Piloto de Nave estelar. Si no
fuera… —Me detuve a mí misma, mordiéndome la lengua abruptamente.

—¿Si no fueras qué? —North elevó una ceja.

—Si en vez de eso no estuviera tan ansioso de ser Capitán —improvisé


rápidamente—. Quiero decir, ¿quién quiere ser un piloto cuando en vez de eso
puedes comandar la nave entera?

—El piloto es tan importante como el capitán —objetó North—. El capitán


puede dar órdenes hasta que su rostro se vuelva azul, pero sin un piloto que
trace el curso se va a quedar atascado en el muelle para siempre.
89
Página
—Sí, pero los hombres necesitan a un capitán hacia quien puedan elevar la vista
—señalé—. Alguien fuerte y valiente. Alguien que sepan que se pondrá de pié
por ellos y los guiará sin miedo.

De repente me di cuenta que mientras hablaba no estaba pensando en mi


misma como capitán—estaba pensando en North. Él sería un excelente líder
para los hombres. Con su alta, musculosa complexión y esos imponentes ojos
azules—sin mencionar su coraje e integridad. El era alguien para inspirar un
equipo, alguien que los guiaría al combate o a los extremos más oscuros e
inexplorados del espacio sin miedo.

North arruinó mi imagen idealizada de él, riéndose y sacudiendo la cabeza.

—Lo siento pequeño, pero si quieres que alguien eleve la mirada hacia ti, mejor
crece unas cuantas pulgadas rápido.

—Muy gracioso —dije agriamente—, y no me llames enano.

—De acuerdo, enano. —Sonrió de oreja a oreja—. Mira, es casi la hora de la


cena. Ven, vámonos.

—No tengo hambre —murmuré. Pero lo seguí de todos modos mientras daba
un paso fuera de la puerta de nuestra habitación.

—¿Luego de jugar Quemados toda la tarde con Broward? Lo dudo. —Me


disparó una mirada sobre su hombro—. Todas esas zambullidas y carreras
trabajan el apetito. Sin mencionar usar tu rostro como una parada para la
pelota.
—Ja-Ja. —Lo fulminé con la mirada mientras recorríamos el pasillo—. Espero
que te estés entreteniendo North, porque no puedo decir que te encuentro muy
divertido.

—Eso es porque no tienes sentido del humor. —Puso un brazo sobre mis
hombros y me sacudió suavemente—. Anímate Jameson, por una vez tómalo
con calma.

Pensé en mencionar cuan irónico era que el príncipe de los silencios


melancólicos me dijera que me animara y que consiguiera sentido del humor
pero por alguna razón no dije ni una palabra. Por un lado, me di cuenta de que
90

mi humor estaba mejorando—sólo por estar a su alrededor. Y por el otro, su


Página
brazo alrededor de mis hombros se sentía cálido y agradable. No quería decir
nada que lo hiciera dejar de tocarme.

A pesar del horrendo día que había tenido, repentinamente todo parecía que
iría bien. Murando hacia North, no pude evitar preguntarme por qué dejaba
que su estado de ánimo afectara el mío. Pero de alguna manera no podía
evitarlo—él estaba feliz y me di cuenta de que yo estaba feliz también incluso
con mi nariz punzante.

A pesar de que era completamente irracional, no quería que este sentimiento


terminara.

91
Página
Capítulo 13
Traducido por Aleponce.

Corregido por Marchhe.

L
a cena fue una velada relativamente tranquila. North y yo caminamos
juntos hacia el arruinado pasillo pero nos separamos afuera, como de
costumbre. Wilkenson se sentó conmigo y exclamó sobre mi nariz. Le
dije la verdad sobre lo que Broward había hecho y él hizo los
apropiados ruidos de simpatía. Hablando de Broward, él y sus compinches se
carcajeaban ruidosamente como de costumbre en la mesa de cuarto curso. Tuve
cuidado de terminar mi cena e irme bien antes de que ellos terminaran pero,
aunque mi nariz seguía adolorida, Broward y sus matones no estaban en lo más
alto de mi mente. En todo lo que pensaba era en mi plan—mi plan de conseguir
una ducha.

Esa noche cambié mi guardarropa como siempre y me salté la hora de la ducha


de la tarde antes del RLO. North hizo un comentario sobre como empezaría a
hundirme si mantenía esto pero lo ignoré y traté de no mirar cuando él
casualmente se desnudó preparándose para su propia ducha. Aunque no pude
evitar notar, cuan amplios eran sus hombros y lo musculosa que era su espalda.
Y cuando regresó a la habitación, su cabello rubio oscuro peinado hacia atrás y
gotas de agua salpicando su pecho, admito que lo miré un poco más de lo que
era apropiado.

Afortunadamente para mí, North no pareció darse cuenta de mi escrutinio. Nos


dijimos buenas noches y nos colamos en nuestras respectivas camas, después él
apagó la luz.

Entonces esperé.

Y esperé.

Y esperé un poco más.

Finalmente escuché el pitar de mi cronómetro y sabía que era la hora.


Lentamente, siendo cuidadosa de no hacer ruido, me deslicé desde debajo de
92

mis cobijas. Estirándome debajo de mi cama, conseguí mi toalla la cual estaba


Página

enrollada en un cilindro apretado y encontré el pequeño envase de champú que


había escondido ahí más temprano—uno de los pocos lujos que había traído de
casa.

Moviéndome tan silenciosamente como un ratón, me arrastré hasta la puerta,


puse mi mano en la perilla y…

—Esa es realmente una mala idea, lo sabes.

La suave y profunda voz de North desde la oscuridad me sorprendió tanto que


por poco grité. Me giré lentamente para verlo sentado en la cama, su lamparita
de bolsillo iluminando su cara.

—¿De qué estás hablando? —Traté de sonar soñolienta y enfadada—. Sólo voy a
usar el baño. Tuve mucha bebida de fruta en la cena.

—Mentiroso. Vas a tratar y escabullirte para tomar una ducha. —North me


frunció el ceño—. Pero ahora no es un buen momento.

—¿Por qué no? —demandé, muy exasperada para mentir más—. Pasa de media
noche, todo mundo debería estar dormido.

—Pensarías eso, ¿no es cierto? —dijo secamente—. Pero no lo están. El monitor


del dormitorio nunca se va a la cama antes de la 1:00 a.m. y siempre hace una
ronda más a los novatos antes de acostarse. Si te atrapa fuera después del RLO
por otra razón cualquiera que hacer una rápida orinada, obtendrás barridas. Sin
mencionar el hecho que Broward podría aparecer en cualquier momento y
atraparte desnudo y solo, no es bueno.

Sentí la urgencia más impropia de una dama de maldecir. En su lugar mordí mi


lengua hasta que probé un ligero toque de sangre cobriza.

—¿Entonces que se supone que voy a hacer?

—Tú debiste ducharte con los demás como el resto de nosotros.

—Bueno, no puedo —espeté—. Y no lo haré. Si hubiera sabido sobre las


instalaciones aquí, nunca habría venido en primer lugar.

—Entonces te habrías dado por vencido con la oportunidad de estar en el


Cuerpo Espacial ¿sólo porque no te gusta ducharte con los otros chicos? —
93

North levantó una ceja hacia mí.


Página
—Sí… No… No lo sé. —Pasé una mano por mi cabello corto en frustración. Mi
corto, cabello sucio. Honestamente, si no tomaba una ducha pronto sentía como
que iba a volverme loca.

—Esto no es realmente por pudor, ¿lo es? —La voz de North se suavizó más y
sus ojos se entrecerraron mientras me miraba—. Es algo más, ¿no es cierto,
camarón?

—Es nada —dije secamente—. Sólo regresa a la cama.

Frunció el ceño.

—¿Así puedes ser asesinado por Broward o atrapado por el monitor del
dormitorio? No lo creo.

—No puedes detenerme —dije, dándole una feroz mirada asesina—. Así que tú
te das la vuelta en la cama y pretendes que no me ves.

—No. —Sacudió su cabeza—. Mira, sólo espera un poco más e iré contigo.

—North —dije con exasperación—, aprecio tu preocupación pero no quiero


tomar una ducha contigo más de lo que quiero tomar una con el resto de
nuestros compañeros de dormitorio.

—No voy a ducharme contigo. —Ahora él era quien sonaba exasperado—. Voy
a cuidar tu espalda.

—¿Qué? ¿Por qué? —Puse una mano en mi cadera—. ¿Por qué harías eso por
mí? ¿Por qué te ayudé con esa ecuación?

—Tal vez. —North se encogió de hombros, luciendo incómodo—. O tal vez


porque sé sobre tener algo que quieres ocultar, algo sobre tu cuerpo de lo que
estás avergonzado.

—No estoy avergonzado —dije con rigidez—. Sólo soy… diferente. Eso es todo.

—También sé sobre ser diferente —dijo en voz baja.

—¿Cómo podrías saber sobre ser diferente o avergonzado? —demandé—. Sólo


mírate, eres perfecto.
94

Se echó a reír secamente.


Página

—Gracias, enano. Pero no estaba hablando sobre mí.


—¿Entonces quién? —Regresé a mi cama y me senté enfrentándolo.

Se encogió de hombros otra vez y miró lejos, sin encontrarse con mis ojos.

—Alguien a quien solía conocer. Alguien que… me importaba.

—¿Quién…? —rogué pero él me cortó.

—Mira, no quiero hablar sobre eso, ¿vale? —Sus ojos ardieron ferozmente en la
luz tenue—. Estoy ofreciendo ayudarte a romper las reglas y que consigas una
ducha ¿quieres mi ayuda o no?

Mordí mi labio y lo miré vacilante.

—¿Y no … me mirarás?

North ladró una carcajada.

—Tú puedes tener una cara bonita, camarón, pero no creo que vaya a tener que
contenerme de echarle un vistazo a otro tipo. No, no miraré.

—Entonces, está bien —dije con tanta dignidad como pude reunir—. Acepto tu
ofrecimiento.

—Bien —bostezó—. Entonces regresa a dormir.

—¿Qué? —Fruncí el ceño—. Pero pensé…

—Si vas a escabullirte fuera, la mejor hora para hacerlo es a las dos o tres en
punto de la mañana. —North frunció el ceño hacia mí—. Confía en mí, lo sé. Así
que ambos vamos a conseguir algo de sueño hasta entonces. Pondré la alarma y
te despertaré a la hora correcta.

Vacilé por un momento, no queriendo ir a la cama mugrienta otra vez, pero al


menos tenía que admitir que su plan era mejor que el mío.

—Bien —suspiré y regresé a ponerme debajo de mis cobertores—. Pero esto


tiene que funcionar. Me siento tan sucio que me voy a volver loco.

—Suena como un corto viaje, camarón. —North bostezó otra vez—. Ve a


dormir. Te despertaré más tarde.
95

Todavía quejándome conmigo misma, puse mi cabeza en la almohada y traté de


Página

ponerme cómoda. Estaba segura que nunca sería capaz de dormir sintiéndome
tan irritable y asquerosa mientras lo hacía pero de alguna forma mis párpados
vagaron cerrándose todo al mismo…

La siguiente cosa que supe, alguien estaba sacudiendo mi hombro.

—¿Qué? —Me senté en mi cama, repentinamente entré en pánico y una mano


grande me abofeteó sobre la boca.

—¡Shhh! —siseó North en mi oído—. Baja el volumen. ¡No tiene sentido


despertarse en medio de la noche si también despiertas a todos los demás en el
dormitorio! ¿Ahora vas a estar callado? —Silenciosamente, asentí y quitó su
mano de mi boca—. Bien, ahora ven. Vamos a hacer esto rápido.

Hicimos nuestro camino en el largo pasillo oscuro hacia el baño prácticamente


por sentido. Una vez tropecé pero North me atrapó por el brazo, casi
levantándome del piso con una mano grande. Me las arreglé para reprimir un
grito aunque un pequeño chillido de sorpresa se me escapó. Me silenció y
continuamos con él todavía sosteniendo mi brazo— supuse para protegerme de
tropezar otra vez.

Una vez dentro del baño, teníamos una pequeña luz de las iluminadas baldosas
en las esquinas. Estas tenían un débil brillo azulado y sombras de aspecto
espeluznante en la habitación oscura, haciéndome sentir contenta de que no
estaba sola.

Fuimos a través del estrecho pasillo con eco que guiaba, del baño principal al
cuarto de las duchas y entonces North se detuvo e iluminó su lamparita de
mano. La atoró en sus dientes y luego desenrolló una manta que aparentemente
había estado sosteniendo bajo su brazo. Estirándose alto, amarró las esquinas
de la manta a los dos ganchos en ambos lados de la estrecha entrada
embaldosada.

—Amortigua el ruido y bloquea la luz —explicó en una voz suave, asintiendo


hacia la manta—. Los ganchos supuestamente son para una cortina de ducha
pero nunca se decidieron a poner una.

—Ya veo —asentí.

—Bien. Sólo mantén la regadera encendida en el ajuste más bajo y ve tan rápido
96

como puedas, entonces podemos salir de aquí.


Página
—Está bien —asentí otra vez y entonces sólo me quedé parada ahí con mis
brazos sobre mi pecho.

—Bueno, ¿qué estás esperando? —North me dio una mirada de pura


exasperación—. Date prisa.

—¿Te vas a quedar aquí conmigo? —Crucé mis brazos más apretados,
abrazándome protectora—. No es que no confíe en ti, pero North no puedo…

—Está bien… —suspiró y giró su espalda hacia mí por lo que él enfrentaba la


improvisada cortina—. Adelante. No miraré.

Por un largo minuto me quedé parada ahí, moviéndome de un pie a otro,


mirando fijamente hacia su amplia espalda en la luz tenue. ¿Mantendría su
palabra? ¿Y estaba realmente a punto de desnudarme y tomar una ducha con
un hombre en la misma habitación?

—Vamos, enano. —La voz profunda de North era de alguna forma más amable
esta vez—. Está bien, juro que no me giraré. Confía en mí.

Había algo en su tono que me tranquilizó. Eso y la posición de sus hombros,


que parecían decir que él estaba preparado para esperar por mí mientras
tuviera que hacerlo sin mirar. Me pidió confiar en él y de alguna forma, en ese
momento, sabía que podía.

Mis sensibilidades victorianas gritaron contra lo que estaba a punto de hacer


pero no podía aguantar estar mugrienta por más tiempo. Tomando una
profunda respiración. Me deshice de mis pijamas y las colgué en el gancho del
armario.

Aferré mi toalla en mis pechos, mi piel desnuda estallando poniéndome la


carne de gallina mientras caminé a lo largo de varias duchas hasta una que
estaba en el centro del largo pasillo embaldosado. Tenía la urgencia de echar un
vistazo sobre mi hombro y ver si North no miraba. Pero cuando lo hice, él
estaba todavía parado ahí, con sus pies ligeramente separados, amplios
hombros fijos, mirando fijamente hacia la manta. Sintiéndome aliviada, regresé
a la ducha caliente y con el ajuste más bajo, poniendo mi toalla a un lado, y
entrado en el rocío humeante.
97

No puedo expresar mi placer con la sensación de las gotas de agua caliente


Página

golpeando mi cansado, cuerpo mugriento. Sentí como que el estrés de los


últimos días se estaba desvaneciendo, disipándose por el delicioso calor del
agua sedosa cayendo sobre mí. Ah, felicidad…

—Date prisa —gruñó North suavemente y me sacó de golpe de mi feliz trance.


No importa lo bien que se sentía la ducha, lo sabía, no tenía el tiempo de
saborear la sensación. Rápidamente, destapé el envase del champú sobre mi
cabeza y lo froté en mi cabello, introduciéndolo totalmente.

Usé algo de la abundante espuma para limpiar el resto de mi cuerpo también,


tallando mis pechos y entre mis piernas, asegurándome de mantener mi
espalda hacia North todo el tiempo. No era que no confiaba en North—mis
instintos me decían que él era honorable. Pero no lo conocía lo suficiente,
después de todo. De esta forma si él sucumbía por la curiosidad y se giraba,
vería nada más que mi trasero. Y mientras yo era un poco más curveada en las
caderas de lo que un hombre debería, no creía que era lo suficientemente
curvilínea para encender su sospecha.

Este era posiblemente la más rápida —y la mejor— ducha que alguna vez haya
tomado. De regreso en casa yo usaba diferentes productos en mis largos
mechones para mantenerlos sedosamente suaves. Pero con mi nuevo, corte
varonil, una simple botella pequeña de champú era suficiente. Enjuagué mi
cabello y cuerpo, apagando la regadera, y froté la toalla vigorosamente sobre mi
cabello goteante. Satisfecha de que finalmente estaba limpia, envolví la toalla
húmeda a mí alrededor, anudándola con seguridad sobre mi pecho.

—Está bien —susurré, tomando mi pijama del gacho donde la había dejado—.
Terminé.

—Bien. —Él mantuvo su cabeza apuntando directamente hacia adelante—. ¿Es


seguro mirar?

—Sí, eso creo. —Aferré mis pijamas en mi pecho—. Yo, uhm, todavía necesito
vestirme.

—Espera hasta que estemos de regreso en la habitación —aconsejó en voz


baja—. Estamos empujando nuestra suerte cada minuto que estamos aquí
afuera.
98

Por dentro, suspiré. Otra larga caminata hasta el vestíbulo vestida solo en toalla.
Bueno, para obtener la sensación de estar limpísima yo estaba realmente
Página

disfrutando, valía la pena.


—Está bien —asentí y North me miró.

—Luces más feliz —observó en voz baja mientras descolgaba la manta y la


enrollaba de nuevo.

—Lo soy. —Le sonreí con agradecimiento—. Gracias.

—De nada —dijo con brusquedad—. Venga, vámonos.

Caminamos de regreso en silencio, llegando a nuestra habitación sin incidente.


North se deslizó en su cama con un crujido de cobertores y comencé a dirigirme
hacia el closet como siempre.

—No te molestes. —North apagó su lámpara de mano con la que había


iluminado cuando entramos en la habitación—. No te puedo ver con la luz
apagada, no es que quiera hacerlo.

—Oh. —Me paré en el lado de mi cama, cambiando de un pie a otro indecisa


por un momento. Luego decidí que podía confiar en él otra vez. Dándole la
espalda, solté la toalla y me puse mis pijamas tan rápido como pude. Luego me
deslicé en la cama tiritando y puse mi todavía húmeda cabeza en la almohada.

—¿Terminaste? —preguntó North en la oscuridad.

—Sí. —Me giré para enfrentarlo, vi que él había encendido la lámpara de mano
otra vez y me miraba con el ceño fruncido.

—Vas a tener que ser más rápido y más callado la próxima vez que hagamos
esto, sabes —dijo.

Lo miré fijamente sorprendida.

—Quieres decir que… ¿irás conmigo otra vez?

Suspiró.

—Mientras Broward siga disparándote, no veo que tenga otra opción.

Fruncí el ceño.

—No quiero ser una carga. Me las puedo arreglar por mi cuenta ahora que sé la
mejor hora para escabullirme fuera.
99
Página

North sacudió su cabeza.


—Nop, demasiado arriesgado. Iré contigo.

—¿Todas las noches? —Levanté mis cejas—. ¿No será agotador para ti?

Inesperadamente, destelló una amplia sonrisa hacia mí.

—No mientras ayudarme en Cálculo Interdimensional no sea agotador para ti.

—En realidad no necesitas mucha ayuda —objeté—. En el minuto que te mostré


mi boceto captaste la idea.

—Sí, pero no lo habría hecho si tú no me lo hubieras mostrado. Tienes una


manera diferente de ver las cosas, camarón. —Sonó amable—. He estado aquí
por cuatro años, más o menos, nunca he conocido a alguien como tú. Tú eres…
único.

—Único no es siempre bueno —dije en voz baja, pensando en mi secreto—.


Algunas veces es peligroso.

North se echó a reír.

—En este caso, creo que está bien. —Se estiró a través del estrecho espacio entre
nuestras camas y apretó mi brazo brevemente—. No estaba seguro al principio
pero ahora creo que tenerte como mi compañero de habitación podría no ser tan
malo. Estás bien, enano. Quiero decir, no sé porqué pero me agradas.

—Yo... —No sabía que decir, mi lengua estaba repentinamente atada en


nudos—. También me agradas, North. —Finalmente me las arreglé para
sacarlo—. Gracias por protegerme de Broward y por venir conmigo esta noche.

—Ni lo menciones —dijo con seriedad—. Es tarde. Vamos a dormir un poco.

—Está bien —murmuré, tratando de sonar normal. Pero por dentro sentí que mi
corazón había aumentado de tamaño tres veces. Le agrado, susurró una pequeña
voz en mi cabeza. Le agrado a North.

Sabía que su cariño por mí era sólo como amigo pero no podía evitarlo. Esas
simples palabras causaron que mi corazón latiera y mis rodillas se sintieran
débiles. Si no hubiera estado acostada podría haber colapsado.
100

¿Qué está mal conmigo? Me pregunté. Mi corazón latiendo, los nervios


revoloteando en mi estómago—había leído sobre ese tipo de cosas lo
Página

suficientemente seguido en algunas novelas de romance aburridas, las cuales


habían escapado la censura de la sociedad Victoriana. Pero nunca las había
sentido hasta este momento. Nunca había esperado sentirlas, para ser honesta.
Ahora, sin embargo…

Él es mi compañero de habitación—No debería estar teniendo estos sentimientos sobre


él, me dije con fiereza.

De hecho, debería de ser más cautelosa de North que de nadie más en la


Academia, excluyendo a Broward, claro. Siendo el más cercano a mí, él era el
más probable a descubrir mi secreto, si nadie lo ha hecho. Pero no podía
evitarlo. Mientras North se daba la vuelta para ir a dormir, miré el techo
oscurecido y repetí sus palabras en mi cabeza. “...me agradas”.

También me gustaba—mucho más de lo que era seguro. Era increíblemente


estúpido de mi parte pero estaba bastante asustada de que podría estar
enamorándome de mi compañero de habitación.

101
Página
Capítulo 14
Traducido por RBK

Corregido por Julieta_Arg

A
medida que pasaban las semanas, me esforzaba por ocultar mis
nuevos sentimientos hacia North, pero no era fácil.

Ahora que me había aceptado en su vida, era un amigo muy leal.


Caminábamos juntos hasta el comedor y las clases, estudiábamos juntos por la
noche, y nos escabullíamos entre las dos y tres cada mañana temprano para que
pudiera tomar una ducha. Empezamos a acercarnos—una conspiración de dos.

A veces me preguntaba si yo era el único amigo del North, porque nunca le veía
hablando con nadie más. El resto de los cadetes parecía temerle y lo dejaban
estrictamente solo. Estaba segura de que si se dignara a hablar con alguno de
ellos, habría sido bienvenido en cualquier círculo social de la Academia, pero
prefería quedarse solo, apartado de los demás, a excepción de mí.

Parte del problema podría haber sido su secreto. Todavía se ponía a la


defensiva y enojado si alguien mencionaba su hogar o familia. Yo no sabía casi
nada de él, excepto que venía de una de las familias más ricas e influyentes de
Apolo. Por otra parte, él tampoco sabía nada de mí aparte de que era de
Victoria y extrañaba a mi familia. Parecíamos tener un acuerdo tácito de no
hablar acerca de nuestras casas, al que me pareció que era mejor apegarse, sin
importar lo curioso que fuera su pasado.

A medida que pasaban los días, me encontré confiando más y más en él... y
anhelando su tacto. A menudo era cariñoso, poniendo un brazo alrededor de
mis hombros o tirando de mí hacia él para darme coscorrones, que me gustó
mucho más de lo que hubiera creído posible. Recordé que él me trataba como el
chico que pensaba que yo era pero qué de alguna manera cada toque de su
cálida, grande mano en mi piel o el cabello ponía a mi corazón a toda marcha.

Sabía que North nunca sentiría nada más allá de amistad hacia mí. Después de
todo, él pensaba que yo era chico y no se sentía atraído por otros hombres. Pero
102

a veces casi parecía como si pudiese sentir algunos de mis sentimientos no


Página

expresados, especialmente cuando se burlaba de mí por mi "cara bonita" como


hacía a menudo. Comentarios que me hacían sentir la misma cantidad de miedo
y deleite. No podía dejar de amar el hecho de que pensara que era "bonito" pero
temía que pudiera pensar que era demasiado bonito para ser hombre y descubrir
mi secreto.

Y no era sólo mi cabeza la que estaba en peligro.

Alrededor de un mes y medio en el semestre de otoño estudiaba en el escritorio


mientras que North estaba recostado en su cama leyendo. Estamos explorando
un concepto en Navegación Astronómica que no había dado antes y estaba
profundamente absorta en el contenido de mi tableta. Tan profundamente
absorta, de hecho, que no oí venir a North hasta situarse justo detrás de mí,
mirando por encima de mi hombro.

—¿Qué estás haciendo? —Miré hacia arriba con incertidumbre mientras me


apoyaba en el respaldo de mi silla. Podía sentir el calor que su gran cuerpo
irradiar a lo largo de mi columna vertebral y su aliento cálido en la parte
superior de mi cabeza, agitando el pelo corto.

—Sólo quiero ver en lo que tienes tanto interés, enano. Ni siquiera te has
movido por los últimos veinte minutos.

¿De verdad había estado observándome durante veinte minutos? Mi estómago


se agitaba, pero mantuve mi voz firme cuando hablé.

—Sólo estudio este concepto nuevo de vuelo interestelar en Navegación


Astronómica, es fascinante, ¿No crees?

—Sí, es increíble. De hecho... —Le oí tomar una respiración profunda y luego


otra—. Oye... —Su voz sonaba divertida—. ¿Cómo es que tu pelo huele a flores
y... —Se inclinó hacia abajo, enterró su cara en mi pelo y respiró hondo—… ¿Y a
manzanas? Eso es raro.

Sentí que me congelaba en mi asiento.

—Tal vez sea el champú que uso —dije, encogiéndome de hombros—. Pero yo,
uh, nunca lo he olido.

—Bueno, así es. —Me volvió a olfatear, enviando escalofríos por mi espina
dorsal antes de pararse de nuevo y fruncir el ceño ante mí—. Te hace oler como
103

una... como una chica.


Página
Ahora mi corazón comenzó a golpear por una razón diferente. ¿Y si de alguna
manera adivinaba mi secreto por medio del olfato? Pero eso era imposible, ¿no
era así?

—Deja de ser un idiota, North —dije, tratando de mantener mi nivel de voz—.


Lo siento si no te gusta el olor, pero todo el mundo usa este tipo de champú en
Victoria.

—Nunca dije que no me gustara el olor. —Presionó más profundamente en mi


cabello e inhaló de nuevo, enviando escalofríos de pura sensación bajando por
mi espina dorsal—. De hecho, me gusta. Tal vez... —Se retiró abruptamente—.
Tal vez demasiado. —Le oí murmurar para sí en voz baja.

—¿Qué? —exigí, volviéndome hacia él. Mi corazón tronaba en mi pecho y mis


mejillas se sentían calientes pero traté de no mostrar mi agitación interna.

North negó con la cabeza, con una mirada de preocupación en su rostro.

—Nada, no es nada. Pero creo que será mejor que utilices mi champú de ahora
en adelante. Si alguno de los otros chicos toma una bocanada oliendo como
hueles ahora, Broward no será el único detrás de ti.

Pensé en señalar a North que él era la única persona que realmente se acercaba
lo suficiente para olerme. Pero no lo hice. ¿Porque qué si eso lo paraba? Me
había gustado el tacto casual entre nosotros, la forma en que invadía mi espacio
diariamente. No quería hacer nada para ponerle fin a eso.

—Está bien —le dije en breve—. Voy a usar el tuyo si eso te hace feliz.

—Sí. —Asintió con la cabeza, frunciendo el ceño—. Yo creo que sí.

Así que esa noche durante nuestra incursión temprana en mi ducha mañanera,
como pensaba en mis duchas secretas, usé un bote de champú de North en
lugar del mío. Tenía un masculino, oscuro aroma que me recordaba a él y me
encantaba la sensación de estar rodeada por su olor. Como de costumbre, me
lavé el pelo y utilicé el exceso de espuma para limpiar mi cuerpo antes de
enjuagarme y apagarla. Una vez de vuelta en la habitación, esperé hasta que
North apagara la luz para cambiarme rápidamente a mi pijama.
104

Sólo estaba deslizándome bajo las sábanas, con mi pelo todavía un poco
húmedo, cuando me llamó en voz baja.
Página
—¿Jameson? Oye, ven aquí.

—¿Por qué? —le pregunté, pero ya estaba en movimiento, deslizándome fuera


de mi cama.

—Porque sí. Aquí. —Hizo clic en la luz otra vez y acarició la colcha junto a él.

—¿Qué quieres? —le pregunté, sentándome donde me decía.

Norte tenía una extraña expresión en el rostro.

—Para olerte. Ven aquí.

—¿Qué? ¡No! —protesté, pero no me resistí cuando me tomó por los hombros y
me acercó a él—. North —jadeé cuando apretó la cara contra mi pelo todavía
húmedo y luego al lado sensible de mi cuello—, ¿Qué estás haciendo?

Se retiró, con el ceño fruncido.

—¿Cómo es eso posible?

—¿Cómo es posible qué? —dije, tratando de sonar enojado en vez de sin aliento.

—Que todavía huelas bien.

—Tal vez porque me di una ducha —le dije con impaciencia—. ¿Has pensado en
eso?

—No, eso no es lo que quiero decir. —Sacudió la cabeza, con cara de


frustración—. Todavía hueles... no puedo explicarlo.

—Entonces no lo intentes. —Dejé la cama y me deslicé de nuevo hacia la mía—.


No suena como si tuviera sentido de todos modos.

—No. —Él suspiró y se pasó una mano por el pelo—. No, no es así.

—Vamos a ir a dormir, entonces —sugerí—. Tenemos que levantarnos en tres


horas.

—No me lo recuerdes —se quejó—. Tienes razón, hora de dormir un poco.


Buenas noches, niño.
105

—Buenas noches, North —le contesté.


Página
Pero incluso mucho después de que su respiración se hiciera profunda, me
quedé despierta. Mirando fijamente en la oscuridad y temblando de miedo y
exultación a partes iguales.

North, oh, North, pensé. Si sólo supieras. Si pudiese decírtelo. Pero eso nunca podrá
ser. No, me dije con severidad. Porque no sólo era mi secreto, era de mi amado
hermano también. Y no tenía derecho a traicionarlo sólo porque me estuviera
enamorando. No tenía derecho a arriesgar su bienestar, así como el mío.

Olvídate, me aconsejé. Deja de pensar en North, deja de sentir por él. Pretende que no
te importa y finalmente no lo hará. Sí, eso era lo mejor que podía hacer.

Firmemente decidida a tratar de superar mi enamoramiento de colegiala, me di


la vuelta y, finalmente, caí en un sueño de apenas una hora antes de que la
alarma sonara.

***

Por supuesto, mis sentimientos turbulentos hacia mi compañero de cuarto no


era el único problema con el que tenía que lidiar. Todavía estaba Broward y su
banda de matones de los qué preocuparse. Sin embargo, después del incidente
de la pelota —estaba marcado en mi cabeza— comenzó a molestarme un poco
menos. Era como si la extracción de mi sangre cuando me golpeó en la cara con
la dura pelota había satisfecho un poco de su ansia brutal. O al menos, lo calmó
un poco.

Todavía tenía que tener cuidado de no estar a solas con él y cada vez que
teníamos clase juntos me aseguraba de ser empujado o golpeado por lo menos
una vez o dos. Pero me negaba a picar el anzuelo o entristecerme. Me había
jurado a mí misma que las lágrimas que derramé después de nuestra primera
clase de educación física fueran las últimas que Broward podría obtener de mí,
y estaba decidida a mantener esa promesa en particular.

Ver que no podía hacerme llorar o enojar contra su acoso constante parecía
irritar y confundir a Broward al principio, pero poco a poco parecía aburrirse
con mi indiferencia determinada. De hecho, su odio virulento hacia mí se
hubiese desvanecido del todo... si el entrenador Janus no hubiese decidido dar
106

una lección sobre la esgrima.

Mi corazón saltó en mi pecho el día, alrededor de dos meses y medio en el


Página

semestre, que entré al gimnasio y vi un espectáculo familiar. Había un estante


en el medio de la gran habitación y colgadas de él había chaquetas de algodón
blanco con mangas largas en todos los tamaños diferentes. En un carro junto a
él estaban los guantes y máscaras, de tamaño extra grande para el cabezón de
Broward y extra pequeñas para mi pequeña cabecita.

—¿Qué es toda esta mierda? —Broward sonaba aburrido mientras él, Dawson y
Nodes se contoneaban por la habitación. Examinaron las chaquetas de esgrima
y las máscaras negras de frente con desprecio, chasqueando los romos,
mugrientas dedos.

—Hoy jugaremos a disfrazarnos. —Dawson sacó uno de los guantes blancos


apretados con su mano y la agitó delicadamente en el aire—. Yoo-hoo,
Broward.

—¡Cállate, idiota! Hablas como Kinky Hinky —gruñó Broward—. Hablando en


serio, ¿En qué demonios está pensando Janus?

—Estoy pensando en que te voy a enseñar a practicar esgrima, Broward. Si eres


tan bueno con la espada como con las palabras, no puede ser del todo malo. —
El entrenador Janus entró en la habitación, empujando un estante metálico con
espadas de esgrima. Me sorprendí al ver que no estaban en ningún orden en
particular, las espadas y hojas más pesadas se mezclaban con los sables ligeros
y más maniobrables.

El rostro de Broward se ensombreció.

—Esto es estúpido —dijo, dando un paso atrás de la parrilla de las chaquetas y


máscaras—. ¿Por qué alguien quiere pelear con una espada cuando tenemos
pistolas?

Inesperadamente, las palabras de mi viejo tutor subieron a mis labios.

—Cualquier patán puede disparar una pistola, se necesita realmente habilidad


para perforar en lugar de para pulverizar.

—¿Qué has dicho, freshie? —exigió Broward, redondeando en mí—. ¿Qué se


supone que significa eso?

Sabía que estaba cavando un agujero, pero no podía echarme atrás en su


107

amenaza implícita. Levantando mi barbilla, fruncí el ceño.


Página
—Lo que significa es que una espada puede ser un arma anticuada pero es
mucho más elegante y civilizada que agujerear a tu oponente.

El entrenador Janus enarcó las cejas tupidas negras en obvia sorpresa.

—Sr. Jameson tiene razón, Broward. A lo mejor puede darte algunos consejos.

—Estoy seguro de que puede. —Los ojillos del matón todavía se fijaban en mí
con inquebrantable malevolencia. Le devolví la mirada en silencio, sin mostrar
miedo. Pero en mi interior había empezado a desear haberme mordido mi
lengua y guardar silencio. Ahora que había vuelto a despertar el interés de
Broward en mí, estaba segura de que terminaría pagando las consecuencias
antes de que la clase hubiese terminado.

—Está bien, como saben, tuvimos un equipo de esgrima de aquí hasta el año
pasado —continuó el entrenador Janus, ajeno a la contienda que actualmente
pasaba entre Broward y yo—. Desafortunadamente, el profesor Praler, quien los
entrenó, tuvo que irse y tengo demasiado en mi plato para encargarme yo
mismo. Pero tenemos todo el equipo y no hay razón para dejar que se
desperdicie. Así que hoy vamos a hacer esgrima.

Un murmullo de conversaciones interesadas siguió al anuncio y vi a los otros


cadetes en la clase mirando las espadas largas y brillantes, llenos de
expectación. Yo quería tener en mis manos una tanto como cualquiera de
ellos—más, probablemente. Pero esperé pacientemente a que el entrenador
Janus diera algunas instrucciones y advertencias de seguridad o por lo menos
un conjunto de normas. Nada de eso era inminente, sin embargo. Él
simplemente asintió con la cabeza en el equipo y dijo:

—Muy bien, señoras, tomen un traje y una espada. A continuación, elijan un


compañero y empiecen. Ah, y asegúrense de usar las máscaras.

Miré, horrorizada, ya que los cadetes se adelantaron y comenzaron a maltratar


las espadas antes de dar vuelta y agarrar las camisas blancas ajustadas. ¿Elijan
un compañero y empiecen? ¿Qué pasa con la elegante danza del esgrima? ¿El
ataque y retirada, la réplica y represalias? Por no hablar del hecho de que el
entrenador no había explicado aún que los tres diferentes tipos de espadas de
108

esgrima nunca deben mezclarse. Los jugadores que manejan espadas podrían
combatir con otros jugadores con espada y lo mismo ocurría con los floretes y
Página
mi favorito, el sable. Cada espada tenía su propio peso y el equilibrio, así como
una lucha de muy distinto estilo.

—¡Oye, freshie, en guardia! —El extremo romo de una espada de repente se


metió en mi cara, sólo a centímetros de mi nariz. Por supuesto Broward la
estaba manejando.

Salté hacia atrás rápidamente. Las hojas de la mayoría de espadas de esgrima se


pliegan en las puntas, la creación de una zona redondeada llamada "botón".
Pero romo o no, todavía podías arrancarle un ojo a alguien.

—Es en guardi —le corregí rápidamente—. Y nunca le pongas la espada a un


oponente desenmascarado en la cara.

—Oh, lo siento. —Él agitó la espada hacia mí otra vez, burlonamente. No llevaba
una máscara y tampoco Dawson ni Nodes, ya sea que ellos consideraban que
yo no era ninguna amenaza o eran simplemente estúpidos—. Creo que es el
momento para enseñarte una lección, enano. ¿Cómo te gustaría otro piquete en
la nariz? —pinchó Broward hacia mí con la espada, y sólo mis reflejos me
salvaron de un desagradable golpe en la cara. Miré a mí alrededor a toda prisa
hacia el entrenador, pero Janus supervisaba a otros dos cadetes y no había visto
lo que pasaba.

De repente Dawson y Nodes apuntaban sus espadas en mí también. Ambos


habían elegido láminas aunque era evidente por la forma en que las sostenían
inexperto, ni tenían idea de cómo utilizar su arma.

Me alejé lentamente, tratando de evitar ser rodeado.

—¿Crees que esto es una lucha justa, Broward? —demandé, tratando de


mantener a todos en la mira—. Ni siquiera estoy armado.

—Toma una espada entonces. —Me empujó de nuevo, haciéndome saltar hacia
atrás y casi caer—. Apúrate, freshie. Antes de que pierda la paciencia y
"accidentalmente" te quedes sin uno de esos grandes ojos marrones tuyos.

La expresión de su brutal y pesado rostro me dijo que hablaba en serio—que


realmente lo haría. Mi corazón latió más rápido con miedo. La mayoría de las
109

partes del cuerpo podrían volver a crecer o volver a crearlas con la medicina
moderna, pero los ojos seguían siendo demasiado delicados. Si Broward me
Página

cegaba "por accidente" sería una condición permanente.


Por suerte, me había ido a parar al lado de la estantería de las espadas de
esgrima. Arriesgando una mirada detrás de mí, detecté el lugar de los sables
largos y planos y encajé mi mano en el protector de la campana en la parte
inferior. La espada se sentía bien en la mano y un aumento de confianza pasó a
través de mí tan pronto como estuve armada. Me hubiera gustado encontrar
una máscara para proteger la cara también, pero estaba claro por la forma en la
que Broward avanzaba hacía mí que no iba a darme la oportunidad. Bueno,
tendría que confiar en mi espada.

—Aww, miren, muchachos, freshie tomó una espada diminuta. Una espada
pequeña para un bebé pequeño —canturreó Broward, sonriéndome.

—Un sable puede ser más ligero que una espada o un florete, pero es
considerablemente más flexible y maniobrable —sermoneé, sosteniendo la
espada delante de mí en una posición defensiva en caso de que decidiera
arremeter contra mí—. La hoja plana también significa que puedo atacar con los
laterales de la espada, no sólo al centro. —Levanté una ceja hacia Broward—.
¿Quieres una demostración uno a uno? ¿O tienes demasiado miedo para luchar
en una pelea solo?

Los tres—Broward, Dawson, y Nodes—todavía me rodeaban con sus espadas


apuntando en mi dirección. Por mis hirientes palabras, Broward dio un gruñido
de rabia y sacudió la cabeza a sus dos compañeros.

—Atrás. Voy a enseñarle una lección a freshie.

Encogiéndose de hombros, Dawson y Nodes se fueron para atrás, dejándome


hacer frente a Broward solo.

Tomé mi postura, levanté la espada delante mío en posición de apertura clásica


y le saludé. No me devolvió el gesto y por el brillo de sus ojos de color barro, yo
podría decir que no se va a jugar por las reglas oficiales. O cualquier regla en
absoluto para el caso.

Efectivamente, antes de que hubiera terminado mi saludo, Broward lanzó hacia


adelante, cortándome con su espada. Desvió su espada y luego bailé lejos de él
cuando golpeó de nuevo. Desvié de nuevo y luego ataqué, volviendo la hoja
110

con la mía y luego saltando ágilmente fuera de su alcance.


Página
—Oye, él es rápido, mira eso —dijo alguien, y me di cuenta de que hablaban de
mí. Los dos cadetes a nuestra derecha, que habían estado jugando con sus
floretes, habían dejado su partido y nos miraban a Broward y a mí.

—No te muevas, enano —gruñó Broward, su rostro morado de ira.

—¿Para que me des? No lo creo. —Yo bailaba alrededor de él otra vez,


obligándole a moverse en círculo para mantener el ritmo. Por supuesto, estaba
ignorando el trabajo de pies tradicional pero pensé que bajo estas circunstancias
el viejo tutor de Kristopher me hubiera perdonado por abandonar el patrón
formulario. No estábamos teniendo un partido de verdad aquí—me estaba
defendiendo de alguien que realmente quería hacerme daño.

Vueltas y vueltas hacíamos. Estaba entrando en calor, pero era claro por su
respiración, que Broward ya estaba sin aliento. Cada vez que se abalanzaba
sobre mí, me paraba o desviaba el golpe, pero a pesar de que me diera varias
aberturas, rara vez contraatacaba. Tenía la esperanza de que al final se quedara
sin aliento y se rindiera.

Pero a medida que más y más cadetes detuvieron sus propios partidos para ver
el nuestro, empecé a ver que era imposible. Broward odiaba perder la cara, si se
daba por vencido ahora con la mitad de la clase viendo, todo el mundo lo
consideraría el perdedor y no podía permitir eso.

No estaba ni cerca de cansada pero estaba preocupada—La rabia de Broward le


hacía peligroso. Se abalanzó sobre mí, barriendo la espada en el aire con un
abandono imprudente. Si estuviera peleando un partido normal, podría haber
permitido un golpe —o roce, como se le llama en la esgrima— sólo para
apaciguarlo. Pero los golpes que Broward apuntaba hacia mí eran demasiado
duros y rápidos para correr el riesgo de esta estrategia. Estaba claro que quería
hacerme daño de cualquier forma que pudiera.

La mayor parte de la clase nos miraba ahora pero el entrenador Janus no estaba
al tanto de lo que pasaba. Seguí esperando que mirara hacia arriba y nos
detuviera—debería haber sido obvio para cualquiera viendo que Broward
estaba fuera de control. Pero cuando el entrenador finalmente levantó la vista,
simplemente asintió con aire ausente en nuestra dirección.
111

—Buen trabajo, señoritas. Sigan con el juego de piernas —gritó.


Página
Entonces, para mi incredulidad, regresó a su oficina. No estaba segura si iba a
obtener más equipo o hacer un poco de papeleo, pero el resultado fue el mismo:
yo estaba en una habitación con un matón muy enojado y sin una figura de
autoridad para que dejara de hacerme daño.

Broward registró la ausencia del entrenador al mismo tiempo que yo. En el


momento en que el metal azul de la puerta de la oficina de Janus se cerraba,
asintió hacia Dawson y Nodes y ladró:

—Agárrenlo.

Dawson me agarró por el brazo izquierdo y Nodes el derecho mientras


Broward avanzada sobre mí, con su espada apuntando a mi cabeza y una
desagradable sonrisa en su rostro.

—No eres tan rápido ahora, ¿verdad, freshie? —dijo—. Agárrenlo, muchachos,
quiero uno de esos bonitos ojos marrones de recuerdo.

Mi estómago se sentía como si me hubiera tragado un trozo de hielo del tamaño


del puño que no se derretía. Pude ver exactamente lo que iba a suceder.
Broward iba a cegarme con toda la clase mirando. Luego, cuando el entrenador
Janus regresara, afirmaría que fue un accidente y ninguno de los otros chicos de
nuestra clase tendría el valor para contradecirlo. Iba a ser mutilada de por vida
simplemente por apaciguar su temperamento brutal.

¡No, no puedo! ¡No dejaré que eso suceda! Desesperada, me retorcía en las garras de
los dos cadetes mayores. Dawson me tenía fuertemente por el brazo, pero
Nodes, que sostenía mi brazo de la espada, sólo tenía un apretón en mi manga.
Con una estocada, logré liberarme de él cuando la espada de Broward se dirigía
directamente a mi cara.

Me agaché y bloqueé el golpe, para sorpresa evidente de Broward e ira.


Entonces, sin pensar, ataqué. Se inclinó hacia delante para llegar a mí, dándome
fácil acceso a él. Con mi sable, le dí una palmada fuerte en la mejilla con el filo
de mi espada, por eso me ganaría una tarjeta negra del árbitro si estuviéramos
luchando contra un partido tradicional. Por supuesto, en un partido tradicional
ambos tendríamos que haber estado usando máscaras y nadie habría estado
112

agarrándome.

—¡Oye! —El ojo izquierdo de Broward empezaba a aguarse y había una mirada
Página

de rabia y asombro en su rostro—. ¿Cómo…?


Con mi espada, le dí una palmada en la mejilla otro también. Luego apunté mi
espada en Dawson, que a toda prisa me dejó ir. Él y Nodes dieron un paso atrás
mientras enfrentaba de nuevo a Broward.

—¿Por qué, pequeño…? —Empezó a avanzar de nuevo pero puse la hoja hacia
arriba entre nosotros.

—¡Alto! —Señalé el sable hacia su corazón—. Yo podría haberte arrancado los


ojos justo ahora —le dije, levantando mi barbilla—. Ambos. Pero no lo he hecho.
Creo que debemos terminar con esto, Broward, aquí y ahora. Llamémoslo
empate, ¿qué dices?

—Digo que te voy destrocar, enano. —La cara de Broward era púrpura de rabia.
Al parecer, mi alegato en favor de la reconciliación había caído en oídos sordos.

—¿Qué es esto? —El entrenador Janus estaba de repente ahí, apareciendo como
por arte de magia a partir de la confines de su oficina. Sus ojos se movieron
rápidamente entre nosotros—. ¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó.

—Nada, entrenador —rechinó Broward, sus ojos fijos en los míos—. Nada en
absoluto. Jameson aquí me estaba mostrando algunos consejos.

El entrenador nos miró a los dos y entonces pareció sospechosamente notar las
marcas rojas en las mejillas de Broward.

—Parece que estás recibiendo la peor parte, Broward —gruñó—. Consigan


algunas máscaras antes de que alguien pierda un ojo.

Era tan irónico que una pequeña risita brotó de mi garganta y se me escapó
antes de que pudiera detenerlo. Broward me miró, con el rostro de un tono
totalmente nuevo de color púrpura.

—¿Crees que esto es gracioso? —siseó mientras el entrenador se alejaba para


instruir a algunos otros cadetes—. Vas a estar dejar de reírte para al final de la
clase, freshie, te lo prometo.

Arrojando su espada, se alejó, con los hombros apretados de furia. Sentí un


nudo en mi garganta y tragué con dificultad. Ahora yo lo había hecho. No sabía
lo qué Broward me haría si me pillara después de clase, pero estaba segura de
113

una cosa: iba a ser doloroso.


Página
Tratando de no pensar en mi inminente y no hay duda agonizante destino, me
fui al otro extremo del gimnasio, y me encontré enseñando a algunos de los
otros cadetes los rudimentos de esgrima. Puesto que la clase entera me había
visto luchar contra el matón grande, muchos estaban dispuestos a aprender lo
que sabía. Pensé que me habría hecho sentir mejor si alguno de ellos hubiese
sido lo suficientemente valiente como para estar a mi lado cuando Broward
vino a buscarme. Por desgracia, sabía que todos se desvanecen en el momento
que necesitara ayuda. Sólo North era lo suficientemente fuerte y valiente para
enfrentarse a Broward y su equipo, y él estaba en el otro extremo de la derecha
del campus teniendo Química Aplicada Avanzada.

El entrenados Janus continuó vagando por el gimnasio, dando instrucción a


medias esgrima que estaban mal. Pensé en ir a él y pedirle ayuda pero sentí que
serviría de poco. La Academia parecía operar en un principio de perro-come-
perro donde los débiles sucumbían a los fuertes. Incluso si el entrenador
hubiese acordado sancionar a Broward por sus acciones, sólo haría que mi
situación fuera peor porque el matón me odiaría más.

Además, el entrenador Janus tenía sus manos llenas. Varios de los cadetes
lograron hacerse daño y otros con sus armas empuñadas torpemente—sin
sorpresa teniendo en cuenta que a nadie les enseñaron los rudimentos del juego
de espada antes de colocarlos sueltos. Estaba segura de que si las hojas de
esgrima hubiesen sido puntiagudas en vez de redondas, más de un ojo hubiera
sido arrancado.

Por último, cuando un cadete llamado Simpkins se cortó con el filo de un sable
justo por encima de su sien, Janus hizo un alto a la clase.

—Simpkins, a la enfermería. —Hizo un gesto al cadete herido que estaba


limpiando la sangre de sus ojos—. El resto de ustedes, devuelvan su equipo y se
sientan en la línea.

Uno a uno hicieron caso, aunque fui la última en volver a poner mi espada,
manteniendo un ojo cauteloso en Broward.

—Estoy decepcionado —dijo Janus cuando nos acomodamos en la línea negra y


espesa en el centro del gimnasio—. Muy decepcionado. Estaba tratando de
114

hacerlos tener un poco de diversión, pero está claro que no son lo


suficientemente maduros como para manejar la esgrima. Con la posible
Página

excepción de Jameson, aquí. —Me dio un asentimiento con la cabeza que


devolví miserablemente—. Así que vamos a pasar al voleibol, otro de los
deportes de la antigua Tierra, mañana. Ahora... —Frunció el ceño ante todos
nosotros a su vez—. Se van a sentar aquí en completo silencio durante el resto
de la clase y pensar en el lío que han montado. Y la próxima vez que les de el
equipo, espero que lo usen bien.

Me pregunté cómo en el mundo esperaba que nadie supiera cómo utilizar el


equipo correctamente si no les enseñaba. Al parecer, yo no era el único.

—Perdone, ¿señor? —Jakes, uno de los cadetes que había estado instruyendo,
levantó la mano.

—Creo que haríamos mejor si supiéramos más sobre el deporte —dijo.

La cara del entrenador Janus se ensombreció.

—Demasiado tarde para eso, Jakes. Busca sobre ello en la biblioteca si quieres.

—¿Por qué no deja que Jameson nos enseñe? —Asintió Jakes hacia mí—. Ha
tenido lecciones privadas y sabe lo que está haciendo.

Para mi sorpresa, hubo murmullos de asentimiento de todos lados. A los otros


cadetes les gustaba más de lo que pensaba, o cualquier cosa era preferible a
pasar los últimos veinte minutos de la clase sin hacer nada. Eso era más probable,
pensé, pero sin importar la razón, me conmovió el voto de confianza mi
compañero de clase.

Janus realmente parecía estar considerando la idea.

—¿Jameson? —preguntó, mirándome—. ¿Te importaría a venir aquí y


compartir tus conocimientos?

Fue una buena cosa que no tuviera miedo de hablar en público. Haciendo caso
omiso de las miradas procedentes de Broward y sus compinches, me levanté.

—No soy un experto —dije, llegando a situarme en la parte delantera de la


habitación—. Pero puedo decirles por dónde empezar.

En el resto de la clase, expliqué los tres diferentes tipos de espadas de esgrima,


sus estilos en las zonas de combate, y las zonas de strike. Le había pedido a
115

Jakes que me ayudara a enseñar la forma adecuada y el equilibrio. Juntos,


demostramos ataques, fintas y ataques de venta libre y maravillosamente, la
Página

mayor parte de la clase escuchaba y parecía interesada. Incluso el entrenador


Janus se hizo a un lado, los brazos cruzados sobre el pecho, y asentía con la
cabeza, pensativo.

Pero a pesar de que hacía mi mejor esfuerzo para instruir a mis compañeros
cadetes, no pude dejar de pensar en Broward. La clase acabaría pronto y
entonces ¿qué iba a hacer? Normalmente me escabulliría por la puerta de atrás,
mientras que el resto de los cadetes iban a las duchas. Dudaba, sin embargo, no
iba a poder ser capaz de gestionar este tipo de salida discreta con Broward
vigilando todos mis movimientos.

Finalmente, la clase terminó. El entrenador Janus me dio las gracias y me dijo


que podía pedir prestado el equipo de esgrima a la hora que quisiera para
practicar. Asentí con la cabeza y sonreí, pero fue poco consuelo, sobre todo
desde que comenzó a vagar hacia su despacho en el momento en que terminó
de hablar para mí. Vi a Broward mirándolo, evidentemente preparándose para
saltar al minuto en que la figura de autoridad estuviera fuera del camino.

—Oye. —Jakes tocó mi brazo y levanté la vista para verle fruncir el ceño hacia
mí—. No pasa nada —murmuró—. Sal por la puerta lateral detrás de las
gradas. Voy a mantenerlo ocupado.

—¡Gracias! —Sonreí a mi aliado inesperado, agradecida—. Y gracias por


preguntar al entrenador para que me deje demostrar. Si no hubieses...

—Él habría vuelto a su oficina y hubiese dejado que Broward te hiciera


picadillo. Lo sé —dijo con gravedad—. Lo que es exactamente lo que va a hacer
si no sales de aquí. Ahora.

Me dirigí en la dirección que Jakes había indicado, observando por el rabillo del
ojo mientras fue a interceptar a Broward. Esperaba que les diera una paliza de
mi parte, pero sabía que no iba a suceder. Obviamente, él estaba dispuesto a
interferir un poco por mí, porque admiraba mi habilidad, pero eso era todo. No
se enfrentaría a Broward o amenazaría con luchar como North.

Me deslicé silenciosamente por la puerta lateral y me encontré en un rincón


abandonado de la escuela. El lado del gimnasio estaba en un lado y la alta
barrera metálica de seguridad que rodeaba todo el campus estaba en el otro.
116

Hubo una sola rotura en la puerta que estaba rodeada por los arbustos con
flores azules y verdes por delante, pero nada más de interés alguno. Bueno, eso
Página
no importaba, lo único que me interesaba era estar lejos de Broward. Y al
parecer, por fin lo había conseguido.

Estaba suspirando de alivio cuando un par de manos grandes y carnosas me


agarraron de los brazos desde atrás.

—Te tengo ahora, freshie —susurró una voz en mi oído—. Y esta vez no te voy
a dejar ir.

117
Página
Capítulo 15
Traducido por RBK

Corregido por Julieta_Arg

M
e di la vuelta para ver que Nodes tenía mis brazos en un abrazo
aparentemente irrompible.

—¡Déjame ir! —Traté de empujarle, pero se movió fuera de alcance,


riéndose a carcajadas, como si mi lucha fuera muy divertida para él.

—Broward dijo que podrías tratar de esta manera —dijo, sonriendo—. Supongo
que tenía razón, no vas a alejarte de mí otra vez, enano.

—¡Déjame ir! —exigí otra vez, luchando. Pero era como luchar contra una roca.
Nodes obviamente no era el más astuto de por aquí, pero era tan fuerte como
un toro e igual de terco.

A pesar de que no había esperanza, no dejé de luchar. No iba a pararme ahí


pasivamente y dejar que me agarrara hasta que Broward llegara. Tengo que salir
de aquí antes de que aparezca, me dije mientras luchaba desesperadamente en las
carnosas garras de Nodes. Tengo que...

—Bueno, bueno, freshie, ¿Tan pronto te quieres ir? —Apareció Broward de la


esquina del gimnasio, con una sonrisa en su fea cara. Dawson estaba justo
detrás de él, sonriendo también.

Era como una pesadilla, una repetición de lo que había pasado, o casi pasó en el
dormitorio. Sólo que esta vez North no estaba allí para salvarme.

—Déjame en paz. —Traté de hacer que mi voz sonara severa—. Te gané en una
batalla justa, Broward. Ha terminado.

—Y ahora yo te voy a vencer en una lucha injusta. —Me sonrió—. Porque no ha


terminado, freshie. No hasta que yo lo diga. —Se metió la mano en el bolsillo y
sacó algo largo y afilado y plateado. Un cuchillo—. Sobre ese bonito ojo marrón
que quería de souvenir...
118

—Nunca te saldrás con la tuya —dije con desesperación, retrocediendo contra


Página

Nodes mientras Broward avanzaba hacia mí—. ¿Crees que no voy a decir algo
si me ciegas?
—Buen punto. —Broward se quedó pensativo, una extraña expresión en su
rostro torpe—. Bueno, en ese caso, supongo que será mejor que te corte la
lengua también. —Vino hacia mí de nuevo—. Nodes, sostenlo quieto. Dawson,
tómalo de la cabeza. —Su tono plano y el brillo en sus ojos de color de barro me
decía que esto no era ninguna broma, estaba a punto de convertirme en ciego y
mudo. Cuando mi padre lo descubriera, probablemente lo consideraría un
castigo apropiado por la decepción que me había causado, pero no pude
encontrar consuelo en eso.

Respirando hondo, abrí la boca para gritar... y la volví a cerrar cuando las hojas
verdes azuladas crujieron y North salió de la rotura en la puerta de alta
seguridad.

—Deja que se vaya, Broward. —Su voz era profunda y dominante pero
Broward no soltó el cuchillo ni le hizo un gesto a Nodes para que me soltara. En
cambio, dio un paso hacia mí, el cuchillo cada vez más cerca de mi ojo derecho.

—No esta vez, North. Esta vez voy a hacer exactamente lo que quiera con tu
bonito compañero de habitación y no hay nada que puedas hacer para
detenerme.

Norte se acercó, moviéndose con el sigilo de un felino sorprendente para un


hombre tan alto.

—Piensa en lo que estás haciendo, Broward —habló en voz baja, con los ojos
parpadeantes entre mí y el matón—. Ir con un cuchillo por la escuela sólo te
llevará a ser expulsado. Pero vas a perder una mano por usarlo contra alguien.

Sentí a Nodes incomodarse detrás de mí.

—Tiene razón en eso, Broward. Todos vamos a perder una mano si haces esto.

—¿Qué te pasa, Nodes? —gruñó Broward—. ¿Tienes miedo de que te quiten lo


que utilizas para hacerte una paja?

Dawson se rió con inquietud.

—Broward sólo está bromeando, Nodes. Realmente no le va a cortar nada al


enano.
119

—¿Crees que estoy jugando? —Broward se volvió hacia Dawson, con una
Página

mirada maníaca en sus fangosos ojos—. ¿Después de lo que me hizo en clase?


Demonios sí, ¡Le voy a cortar! El Freshie aquí presente se va a quedar
literalmente en carne fresca cuando haya terminado con él.

Mientras los tres peleaban, vi a North arrastrarse cada vez más cerca. Sabían
que estaba ahí pero la pelea les distrajo. Además, Broward se mostraba confiado
de tener la delantera.

No podía decir que no estaba de acuerdo con él. Después de todo, tenía un
cuchillo alrededor de una pulgada de mi cara. Un movimiento en falso y me
quedaría ciega o incluso muerta. No tenía ni idea de cómo planeaba North
apaciguar la situación, aunque derribara al matón, Broward podría sacarme el
ojo antes de que North pudiera detenerlo. ¿Qué iba a hacer?

—Vamos, Broward —decía Dawson—. Sólo porque el enano te golpeara con esa
espada de juguete...

—Lo hizo frente a toda la clase —rugió Broward—. Delante de todos, ¡maldita
sea!

—Lo superaras. —North estaba detrás de él ahora. Lo miré, con los ojos como
platos y sacudió ligeramente la cabeza, como si me dijera que no me
preocupara—. Vamos, Broward, esto ha ido demasiado lejos —dijo en una voz
suave y razonable.

Broward volvió la cabeza y pareció darse cuenta de lo cerca que tenía a North.

—Atrás. —Su voz era fría—. Si das otro paso más North, voy a...

De repente, todo sucedió al mismo tiempo. El cabello dorado oscuro de North y


el uniforme azul eran un borrón de movimiento y vi que el cuchillo venía hacia
mí. Me quedé mirándolo aturdida, esperando sentir su punta afilada perforar
mi ojo y el pop como una uva en cualquier momento. En cambio, desapareció
por arte de magia y Broward con él. Miré con asombro como se daba la vuelta.
Tenía una mirada sorprendida en su rostro mientras estuvo en el aire por un
momento, y luego aterrizó con fuerza en el suelo sobre su espalda.

El matón que parecía un bicho sobre su espalda, con la cara roja y furiosa
mientras trataba de luchar para ponerse de pie. North puso un pie en el cuello y
120

le miró.

—Quédate ahí.
Página
—¡Qué demonios, North! —Empujó el pie y se puso de pie, con los puños
listos—. ¡Vamos!

—¿De verdad quieres? —North enarcó una ceja—. ¿Estás seguro de eso,
Broward?

En respuesta, el matón se tiró encima, balanceándose salvajemente. North lo


esquivó con facilidad y gracia pero lo vi agarrarle el brazo fornido a Broward
mientras se alejaba rápidamente. De repente, Broward estaba en el aire de
nuevo. Se cayó de espaldas y tosió, obviamente tratando de respirar. Aun así,
trató de levantarse de nuevo.

—No lo creo. —North le puso el pie en el cuello una vez más—. ¡Estate quieto!

La cara de Broward era púrpura de rabia.

—Déjame levantarme.

—Todavía no. —North frunció el ceño—. Lo digo en serio, Broward quédate


quieto. No me hagas clavarte al suelo.

Broward abruptamente dejó de luchar y miró hacia el otro cadete.

—¿Qué quieres?

—En primer lugar, quiero que esos idiotas suelten a Jameson. —North les hizo
una seña a Dawson y Nodes que me soltaron y se alejaron sin siquiera consultar
a Broward. North sonrió—. Bien. Jameson, ven aquí.

No perdí tiempo en cumplir. Me dirigí a su lado lo más pronto posible,


teniendo cuidado de mantenerme al margen de Broward.

—Gracias —le dije, en voz baja.

North se limitó a asentir.

—Ahora nosotros nos encargaremos de esto. —El largo cuchillo de plata


apareció en su mano como por arte de magia. Se volvió y lo tiró tan lejos como
pudo hacia los bosques que rodeaban la valla de seguridad. Vi a la hoja de plata
destellar por la luz del sol y luego nada, probablemente, perdido para siempre
121

en la espesa maleza.
Página

Broward maldijo en voz alta.


—¡Vas a pagar por esto! Mi padre me compró el cuchillo.

—¿Ah? —dijo North con frialdad—. ¿Crees que querría que lo usaras en niños
pequeños con la mitad de tu tamaño?

Interiormente me enfurecí al ser llamada "niño pequeño", pero no iba a decirle


nada a North por ello en estos momentos.

—No importa —se rió desagradablemente Broward—. Siempre puedo


conseguir otro. Y cuando lo haga, puedo apostar que freshie va a ser el primero
en verlo.

—No. —La voz de North sonó dura—. Esto termina aquí. Si te atrapo
molestando a mi compañero de habitación de nuevo voy a romperte las
costillas, la nariz, y ambos brazos. No serás capaz de masturbarte durante
meses, a menos que uno de estos idiotas te ayude. ¿Oyes lo que te digo,
Broward?

Los ojos de cerdito de Broward se estrecharon malhumorados.

—Te escucho —refunfuñó.

—Bien. —Finalmente North quitó el pie y dio un paso atrás, permitiendo que el
matón se levantara—. No lo olvides.

—Oh, lo recordaré, está bien. —Broward sacudió a Nodes, que había tratado de
ayudarle a levantarse, y se sacudió el polvo lentamente—. Créeme, North,
tengo buena memoria para este tipo de cosas.

Eso no me sonó muy bien, pero al parecer era lo mejor que íbamos a conseguir.
Esperaba que North nos dejara irnos ahora, sólo quería estar lo más lejos de
Broward como fuera posible.

Para mi gran alivio North asintió con la cabeza y me dijo:

—Vámonos. —Entonces él se alejó con confianza hacia nuestro dormitorio,


llevándome a trompicones detrás de él. Eché un último vistazo por encima de
mi hombro y vi a Broward allí de pie, mirándome con una expresión de puro
odio malévolo en su rostro. Envió un escalofrío por mi espalda y un nudo en mi
122

estómago. A toda prisa, miré hacia otro lado, pero esa mirada se quedó
conmigo.
Página
Algo me decía que no importaba lo que North dijera, mis problemas con
Broward estaban lejos de terminarse.

123
Página
Capítulo 16
Traducido por Edgli xD

Corregido por Koko Markova

N
orth me rodeó tan pronto como llegamos a nuestra habitación.

—¿Qué demonios estabas haciendo, sacando de quicio a


Broward? ¿Crees que no tengo nada mejor que hacer que correr
por todo el campus salvando tu flacucho trasero?

—¡No lo hice a propósito! —grité en respuesta, envolviendo mis manos en


puños—. Él vino a mí primero. El entrenador Janus estaba dando una lección de
esgrima y Broward…

—Sí, sí, ya escuché eso. —Hizo una seña con la mano desestimándome con un
ceño—. Simpkins le dijo a Wilkenson quien casualmente estaba en la enfermería
en el momento en que Simpkins estaba siendo tratado por su cortada.
Wilkenson vino y me contó, y es una maldita buena cosa que lo hiciera. Si no lo
hubiera hecho, estarías colectando tus ojos del césped en este momento.

—Lo sé. —Temblé y me envolví en mis brazos, toda mi ira repentinamente


drenándose—. Lo sé.

—Oye… —Se sentó a mi lado—. Estás temblando. —Colocó una mano en mi


brazo pero la sacudí.

—No, no lo estoy. Yo… estoy bien. —Traté de hacer que mi voz sonara fuerte
pero tembló a pesar de mis mejores intenciones—. Lamento que me tuvieras
que salvar de nuevo. Lo siento si eso te molesta.

North suspiró y pasó una mano por su cabello, desordenándolo y


convirtiéndolo en un halo dorado alrededor de su cabeza.

—No estoy de verdad molesto contigo, pequeño. Sólo estaba preocupado.


Pudiste haber sido seriamente herido allí, Broward está más loco de lo que
pensé.
124

—De verdad que lo ha demostrado. —Bajé la mirada a la cama—. ¿Realmente


Página

piensas que me dejará en paz desde ahora?


—No, no lo creo. —Sonaba sombrío—. Aunque sepa que cumpliré mi amenaza,
creo que de verdad piensa que molestarte valdrá la pena.

—Me temía eso —dije llanamente—. ¿Qué puedo hacer? No quiero ir con el
director.

—No haría mucho bien incluso si lo hicieras. —North frunció el ceño—.


Esperan que luches tus propias batallas en la Academia. Y además, la posición
del padre de Broward le da ventaja. Lo que necesitas es una manera de
derrotarlo, como hiciste en la clase de aptitud física. —Me sonrió—. Escuché
sobre eso, sabes. Simpkins le dijo a Wilkenson que estuviste maravilloso. Debes
ser muy bueno con la espada, ¿huh?

—Sí —asentí—. Qué mal que no pueda llevar una a cada lugar al que voy.

North lucía pensativo.

—No puedes llevar una espada, y no puedo estar contigo a cada minuto del día,
pero hay una manera en la que puedes protegerte.

—¿Cómo? —Le miré esperanzada—. Haré lo que sea.

—Tengo que enseñarte algunos movimientos de defensa personal. —Golpeó la


cama con decisión—. Eso es. Empezando mañana tú y yo vamos a pasar
bastante tiempo en el gimnasio.

—¿Defensa personal? —Fruncí el ceño—. ¿Es eso lo que le hiciste a Broward?

—No. Lo que le hice a Broward fue Judo, es una técnica de artes marciales de la
antigua Tierra.

Sacudí la cabeza.

—Ni siquiera había oído de eso. ¿Cómo sabes todo eso, de cualquier manera?

—Tomé lecciones, de la misma manera en que tú tomaste lecciones de esgrima


—dijo North pacientemente—. Soy cinturón negro, sabes. Iba a competir en las
finales del campeonato del Sistema Prometeo cuando…

—¿Cuándo qué? —pregunté, genuinamente interesada.


125

Pero North sólo sacudió la cabeza.


Página

—Olvídalo. No importa.
—A mí me importa —dije suavemente—. Me doy cuenta de que tienes un
secreto, North. No presiono porque, bueno, sé sobre secretos. Pero si alguna vez
quieres hablar…

—Gracias, renacuajo. —Me ofreció una media sonrisa y frotó mi cabello con
afecto—. Tal vez algún día te haré caso. En este momento es casi hora de cenar.

Suspiré.

—Sí, lo es. Y me estaré escudando a tu sombra como de costumbre. —Una


repentina oleada de ira me hizo rechinar los dientes—. ¡Sólo desearía… desearía
ser lo suficientemente grande para vencer a Broward por mí mismo!

—Oye, no eres un cobarde y no puedes evitar ser pequeño. —North me tomó


por los hombros y miró intensamente a mis ojos—. No te preocupes, Jameson,
de verdad no me importa que te pegues a mí.

—Bueno, a mí sí me importa —dije rígidamente—. Quiero decir, no me importa


ir a lugares contigo, a mí… me gusta eso. Pero sí me importa sentir que no estoy
seguro si no estás cerca.

—Eso me molesta también, mucho. —North suspiró y tomó una expresión


problemática en su rostro—. Desearía saber por qué…

—¿Por qué, qué? —solté cuando bajo el tono.

North frunció el ceño.

—Por qué me siento tan… tan protector contigo. Tal vez es por Jamie… —
masculló, medio para sí mismo.

—¿Quién? —pregunté.

—Nadie. —North sacudió al cabeza—. Es sólo… eso es, uh… no es la manera


usual en que te sientes con tus amigos. Amigos hombres, de cualquier manera.

Mi corazón golpeaba contra mis costillas de nuevo. ¿Estaba cerca de descubrir mi


secreto?

—Tal vez es porque soy un “niño pequeño” —dije bromeando, tratando de


126

desestimar la situación.
Página

—¿Qué? —rió North—. Oh, eso. Mira, renacuajo, no puedes tomar nada de lo
que le digo a Broward de manera personal. Sólo trataba de sacártelo de encima.
—Bueno, si puedes enseñarme cómo lanzarlo sobre su espalda de la manera en
que tú lo hiciste, puede ayudar —sugerí—. ¿Cómo hiciste eso, de cualquier
manera?

—Te mostraré en el gimnasio mañana —prometió North—. Dejaré Química


Aplicada un poco temprano y te encontraré después de tu clase de aptitud
física. Podemos practicar en las esteras, y tal vez puedas enseñarme un poco de
tu genial trabajo con la espada también.

—Lecciones de esgrima por lecciones de Judo suena como un trato justo para
mí.

—De verdad no estaré enseñándote Judo, no estoy calificado para hacer eso.
Pero puedo enseñarte como defenderte a ti mismo mejor, si de repente te
encuentras sin espada. —Sonrió.

—Muy bien —asentí. Luego, incapaz de detenerme, me incliné y toqué su


manga—. Gracias North —dije mirándolo a los ojos—. Por todo lo que has
hecho por mí. Yo… no seré capaz de compensártelo.

Para mi sorpresa mis mejillas de verdad se ruborizaron.

—Ni lo menciones —dijo ásperamente—. Vamos, es hora de la cena.

Salté de la cama y lo seguí fuera de la habitación. Había algo más que quería
preguntarle, algo que le había dicho a Broward antes de rescatarme.

Pero sus otras palabras habían llevado el pensamiento fuera de mi mente.


“Quisiera saber por qué me siento tan protector contigo…” ¿Qué había querido decir
con eso? ¿Sentía de alguna manera que yo era una chica? ¿Mi secreto todavía
estaba a salvo? ¿Y no debería estar sintiéndome un poco más preocupada
ahora?

Pero el mareo seguía sobrepasando mis emociones más oscuras. Le gusto, ¡quiere
protegerme! No pude evitar pensar. Y aunque me había hecho un voto a mí
misma de dejar mis sentimientos por North a un lado, les sentía creciendo en mí
de nuevo, como la luz y el aire, como las burbujas en una bebida gaseosa e igual
de imposible de contener.
127
Página
Capítulo 17
Traducido por Kazenbrr

— Corregido por Manu―ma

Judo literalmente significa “el camino de la suavidad” —dijo


North mientras nos colocábamos uno enfrente del otro en las
colchonetas que el Entrenador Janus nos había permitido llevar a una esquina
del gimnasio. Había convencido a mi compañero de cuarto para que me
enseñara algunas de las técnicas que había usado en contra de Broward el día
anterior, aunque él insistía que nos concentráramos en defensa personal.

—¿El camino de la suavidad? —pregunté, ajustando mi gi6. La parte trasera del


gimnasio era la bodega donde se guardaban los equipos en desuso, y North
había encontrado el traje adecuado para mi talla. Era una chaqueta suelta de
manga larga y pantalones atados con un grueso cinturón de tela. Debajo llevaba
una camiseta de algodón oscuro para esconder mejor las vendas en mi pecho. El
gi de North era negro con un cinturón negro que hacía juego. Ambos nos
habíamos quitado nuestras botas y calcetines, para evitar heridas y tener más
estabilidad en las colchonetas.

—”Ju” quiere decir gentil o suave, y “Do” camino o vía —continuó.

—No vi nada suave en la forma en que derribaste a Broward ayer —dije.

—Pero lo fue —dijo North con sinceridad—. Usando las mismas técnicas pude
haber dislocado sus articulaciones o roto sus huesos. En cambio, simplemente lo
inhabilite.

Vaya. Recordé la advertencia que le había dado a Broward, sobre romper sus
costillas, nariz y brazos, pero de repente me di cuenta que North tenía la
capacidad para cumplir su amenaza; y muy fácilmente. Con razón toda la
escuela mantenía una distancia respetuosa con él.

Asentí.
128

—De acuerdo, te creo. Continua.


Página

6 Gi: uniforme con el que se practica el Judo.


—En el Judo, nunca te resistes, cedes y usas la fuerza de tu oponente en su
contra —continuó North—. Así que, técnicamente, entre más fuerte es tu
oponente, más duro tienes que trabajar.

—Tengo mucho trabajo duro en lo que respecta a Broward —dije seriamente.

North sonrió.

—Exacto. Entre más grandes son, más fuerte caen. Ahora, el Judo en realidad
está dividido en varias secciones incluyendo lanzamientos, inmovilizaciones,
retenciones o llaves. Te voy a demostrar cada una de ellas, pero siento que
debes concentrarte en lanzamientos y defensa personal por ahora. No querrás
lanzar a alguien como Broward al piso a menos que sepas que hacer con él
después.

Eso tenía sentido.

—Está bien, enséñame como lo lanzaste ayer.

—Eso fue un lanzamiento de hombro con un brazo, un Ipoon Seoinage. Te


mostraré como lo hice con Broward pero primero debes aprender como caer.

—¿Cómo caer? —pregunté, levantado una ceja.

—Si quieres que te enseñe Judo, sí. —North frunció el ceño—. No quiero
lastimarte, cachorro.

—No soy tan delicado —protesté—. Vamos, trátame como un chico… Uh, digo,
como cualquier otro chico con el cual estuvieras entrenando.

Negó con la cabeza.

—Te estoy tratando como a cualquier compañero de combate. La primera cosa


que todos aprenden en Judo es como caer sin lastimarse. —Procedió a
enseñarme varias técnicas para amortiguar la caída, después de diez minutos
cuando parecía que estaba entendiendo, North declaró que estábamos listos
para continuar.

—Ahora, para lanzar a tu oponente, lo primero es sacarlo de balance —dijo


North. Se posicionó firmemente, con sus pies separados a la altura de los
129

hombros y me dijo—: Atácame.


Página

Fruncí el ceño.
—¿Qué? ¿Tan sólo te ataco?

North asintió.

—Lo más fuerte que puedas. Vamos.

Estaba más que feliz de hacer lo que me pedía. Aquí estaba la oportunidad de
obtener el entrenamiento de combate mano-a-mano que siempre había deseado.
Siempre había sentido celos de Kristopher cuando él y su tutor combatían o
luchaban juntos. Ahora iba a aprender como mantenerme segura y poner a un
atacante fuera de juego.

En mi primer intento, lo único que estuvo fuera de juego fui yo. Corrí hacia
North tal como me había indicado, tratando de atacar con toda mi fuerza.
Apenas tuve tiempo de ver la pequeña sonrisa insinuándose en sus labios antes
de que me encontrara suspendida en el aire y yendo hacia las colchonetas.

Afortunadamente, recordé las técnicas para caer que me había enseñado,


golpeando la colchoneta con mi mano libre para absorber algo del shock de mi
abrupta caída.

North parecía complacido.

—No está mal, camarón. Nada malo en absoluto. Ahora, déjame mostrarte
como hice eso.

Me tomó del brazo y me atrajo hacia él, explicando paso-a-paso exactamente


como me había lanzado. Sabía que debía estar poniendo atención, y lo estaba
haciendo. Pero parte de mi cerebro quería seguir pensando en lo cerca que
estaba, y lo azul que eran sus ojos, y lo bien que olía, como sudor limpio y
cálida esencia masculina.

North me mostró varios lanzamientos básicos, e incluso me dejó practicar


tratando de lanzarlo; lo cual no era fácil pues era mucho más grande que yo.
Pero logré hacerlo, disfrutando el hecho de que podía mover a un oponente dos
veces más grande que yo.

—Claro, Broward no va a quedarse quieto como un saco de harina y dejar que


lo derrumbes —señaló, poniéndose en pie y ajustando su gi.
130
Página
Sus palabras me causaron un escalofrío. Tenía razón; Broward era despiadado y
obviamente estaba mentalmente inestable. Me preguntaba si realmente sería
capaz de aplicar lo que North me enseñaba si el matón me atacaba otra vez.

—Cuéntame más —dije, tratando de pensar en otra cosa—. Prometiste


enseñarme otras técnicas, también.

—Lo hice, ¿verdad? —North asintió—. ¿Qué quieres aprender?

—Ayer, cuando tenías a Broward en el piso y trató de levantarse, le dijiste “no


hagas que te inmovilice” ¿Podrías haberlo retenido contra su voluntad?

North se encogió de hombros.

—Claro. Mira, agáchate en la colchoneta conmigo y te mostraré.

—Está bien —dije, bajando a la colchoneta, esperando a ver que haría después.

—Bien, digamos que eres Broward. Acuéstate de espaldas, justo como él lo


estaba ayer.

Era un poco extraño estar acostada ahí con North inclinándose sobre mí, pero
me recordé que sólo me trataba como si fuera cualquier otro compañero, y traté
de ignorar el caos que su presencia me provocaba.

—Entonces —continuó North—. Estás en el piso, trata de levantarte.

Empecé a levantarme, sólo para encontrarme sujeta debajo de North, mis


brazos estirados encima de mi cabeza y mis piernas entrelazadas debajo de él.

—¿Lo vez? —El pecho de North estaba presionado contra el mío, su rostro tan
cerca que podía ver los destellos dorados en sus ojos azules y sentir su cálido
aliento en mis mejillas. De repente mi corazón empezó a latir con fuerza y no
pude evitar mirar sus labios. Eran suaves y generosos y el labio inferior tenía
una curva sensual. Y aun así, su boca era completamente masculina. De repente
me pregunté cómo sería tener esos labios presionados contra los míos, como
sería si me besara.

—¿Jameson? —El suave murmullo de North me tomó por sorpresa y, me di


cuenta que había dejado de hablar hacía unos momentos. En vez de decirme
131

que hacer, él también estaba callado. De hecho, parecía estar estudiando mi


rostro con tanta intensidad como yo el de él—. ¿Qué pasa? —preguntó
Página

suavemente, mirándome a los ojos—. ¿Estás bien?


—Sí, estoy bien. —Pero no pude hacer que las palabras fueran más que un
murmullo.

—Bien, ¿eh? —Me miró con recelo—. ¿Por qué te quedaste tan callado de
repente? ¿Y por que están tus mejillas tan sonrojadas?

—Yo… —Traté de desviar mi mirada pero no pode. Tampoco podía explicar el


efecto que su cercanía tenía en mí. En Victoria, nunca hubiera estado en
contacto tan íntimo y cercano con un hombre, era escandaloso. Pero aquí estaba,
acostada en el piso con North, quien estaba encima de mí. Era escandaloso y
vergonzoso… y no quería que terminara nunca.

—¿Te estás sonrojando otra vez? —North rozó mi mejilla con un dedo, y gemí
un poco de la emoción y la vergüenza. ¿Por qué no me dejaba en paz? ¿Por qué
no quería que me dejara en paz?

—Claro que no, no seas tonto —susurré sin aliento, sintiéndome vulnerable.

Los ojos de North se cerraron un poco mientras me miraba.

—En verdad tienes una cara bonita, ¿lo sabías? Especialmente cuando te
sonrojas.

Sentí su voz vibrar en mi donde estábamos presionados juntos, y me hizo


morder mi labio.

—Vamos, North, deja de burlarte de mí —dije, tratando de hacer que mi voz


sonara normal, y fallando miserablemente. Su cuerpo se sentía tan cálido junto
al mío, y su esencia masculina y picante invadía mis sentidos y no me dejaba
pensar. Tan cerca, tan cerca como para besar…

—No me estoy burlando esta vez. Estoy diciendo la verdad. —Su dedo rozó mi
mejilla otra vez—. Jameson —murmuró—. Kris…

Era la primera vez que había usado mi nombre y eso envió un choque de
electricidad a través de mí.

—¿Sí? —respondí en un murmullo, sin poder apartar mi mirada de sus ojos.

Por un momento, su rostro reflejó confusión y frustración.


132

—No sé. No debería estar pensando… sintiendo…


Página

—¿Sintiendo qué? —Apenas pude pronunciar las palabras.


—Tal vez… tal vez es porque tu cabello es tan largo y necesitas cortarlo que casi
te ves como una chica —dijo de repente.

De inmediato el placer ilícito que sus caricias y palabras suaves me había dado
se convirtió en terrible miedo.

—Déjame levantar —dije, moviéndome debajo de él—. Ahora, lo digo en serio,


North.

—Bien. —Se levantó de inmediato, liberándome. Nos sentamos en lados


opuestos de la colchoneta, mirando el uno al otro. Estaba respirando con
dificultad, como si acabara de correr una milla, mi pulso martillaba en mis
oídos.

—Lo siento, Jameson. —North pasó una mano por su cabello—. No, uh, estoy
seguro de por qué dije eso.

—Yo tampoco lo sé —dije rígidamente—. Y para tu información, no puedo


evitar verme de esta forma. Todos en mi familia tienen facciones delicadas.
Excepto por mi padre. Pero el punto es…

—El punto es que te inmovilicé y luego te llamé “chica”. —North frunció el


ceño—. Lo lamento mucho. Creo que no estaba pensando. Es sólo que tu piel es
muy suave, y hueles como… como flores y manzanas, aún después de todo el
ejercicio que hemos estado haciendo.

—Dejé de usar ese champú hace mucho —protesté—. Ahora uso el tuyo.

—Lo sé. —Parecía frustrado—. Pero es como te dije antes, aún hueles bien. Es
simplemente… confuso.

Crucé mis brazos sobre mi pecho protectoramente.

—Qué hay para confundir acerca de que soy tu amigo y compañero de cuarto.
Es todo, ¿verdad?

—Sí, por supuesto. —Dejó salir una carcajada—. No te preocupes. No voy a


empezar a actuar como Kinky Hinks contigo. Vamos. —Se levantó y me dio la
mano para ayudarme—. Olvidémonos de inmovilizaciones y hagamos algo de
133

defensa personal. Para eso estamos aquí, ¿no?


Página
—Correcto —dije. Tomé su mano, pero North no trató de entrelazar sus dedos
con los míos, o tocar mi mejilla de nuevo. En vez de eso, tiró de mi mano hasta
que me puso casi de puntillas y en vertical.

—De acuerdo —dijo brevemente—. Practiquemos zafarte de una llave. ¿Qué


pasaría si Broward o uno de sus amigos te toman por detrás?

Por el resto de nuestro tiempo, juntos, entrenamos sin incidente. Pero no podía
dejar de ver su rostro tan cerca al mío o escuchar sus palabras en mi cabeza.
¿Qué había estado a punto de hacer cuando me llamó por mi nombre? ¿Sería
posible que North tuviera sentimientos por mí? Seguramente no, él aún
pensaba que yo era un chico, y me había dejado muy en claro que no tenía
interés en otros hombres. Pero, ¿y sus comentarios? ¿Y por qué no podía dejar
de sentir el suave roce de sus dedos en mi mejilla?

134
Página
Capítulo 18
Traducido por Cpry

Corregido por Julieta_Arg

M
is esperanzas de que mi guapo compañero de cuarto pudiera
devolver mis sentimientos se desvanecieron pronto como piezas
de un delicado jarrón lanzado contra un muro de piedra.
Después de la lección torpe de defensa propia, North comenzó a
alejarse de mí. No físicamente, él todavía estaba a mi lado, la mayor parte del
tiempo, proporcionando un elemento de disuasión mudo pero muy obvio para
Broward y sus camaradas y todavía me ayudó a conseguir una ducha cada
noche. Pero emocionalmente, ya no estaba allí. Me dejó de hablar, dejó de reír y
bromear. Incluso dejó de pedir ayuda en Cálculo Interdimensional, aunque
sabía que aún lo necesitaba.

Quería preguntarle acerca de ello, acerca de esta nueva barrera, del silencio que
había puesto entre nosotros, pero no sabía cómo empezar. ¿Cómo puede un
hombre preguntar a otro hombre por qué no le gusta más sin que suene,
bueno... como una chica? Si había una cosa que había aprendido en la
Academia era que los hombres rara vez hablaban de sus sentimientos. Parecía
que prefieren mantenerlos embotellados dentro hasta que explotan. Así que me
mantuve en silencio y esperé, preguntándome si habría una explosión... o si
North estaría contento congelándome fuera de su vida para siempre.

La única persona además de mí que se percató de la ley de hielo que North me


estaba dando era Wilkenson. Después de varias semanas miserables, en las que
yo casi había olvidado lo que era tener un compañero de cuarto que era
también un amigo, él finalmente lo mencionó durante la cena.

—Entonces —dijo casualmente cuando nos sentamos juntos al final de la mesa


de la Tercera Formación y atizó el ruido de fondo casi incomible en nuestras
bandejas—. Me di cuenta que el alto, rubio y helado ha entrado en su caparazón
de nuevo y al parecer no estás invitado a entrar ¿Qué ocurrió?
135

—No lo sé. —Yo estaba demasiado miserable para tratar de disimular—.


Nosotros nos llevábamos muy bien y entonces él... me dejó fuera. No sé qué
Página

hice para merecerlo.


—Tal vez fue algo que no hiciste. ¿Pensaste en eso? ¿Hmm? —Él levantó una
blanca rubia ceja hacia mí con intención.

—¿De qué estás hablando? —le pregunté, incapaz de ocultar la irritación en la


voz—. ¿Qué diablos se supone que debo estar haciendo que no he hecho? —
Desde luego, en casa, en Victoria nunca hubiera jurado de un modo tan poco
femenino. Pero, o la crudeza de estar en medio de todos varones se me fue
contagiando, o estaba demasiado triste para preocuparme por un mejor decoro.

—No lo sé, mi pequeño maniquí —dijo Wilkenson arrastrando las palabras—.


Pero sé que si el hombre que amo me salvó de una muerte segura y
desmembramiento, sabría cómo enseñarle un poco de gratitud.

Mi corazón saltó a mi garganta, pero hice que mi voz salga en un tono aburrido.

—Vamos, Wilkenson, sabes que no es así entre North y yo.

—Tal vez no para ti. Pero para él... —Lanzó una mirada a North que comía solo
en la mesa de la Cuarta Formación como siempre—. No estoy tan seguro.

—¿De qué estás hablando? —exigí—. North lo dejó claro al decirme cuando
vine por primera vez aquí que él no es...

—¿No es como yo? —Wilkenson levantó una ceja hacia mí de nuevo—. Está
bien, Jameson, se puede decir que no estoy ofendido en lo más mínimo. Y para
ser honesto, el Señor Masculino ahí es la última persona que yo creería que era
ligero en sus mocasines. Excepto...

—¿Excepto que? —Yo había olvidado por completo mi papilla ahora. Empujé la
bandeja y me incliné sobre la mesa—. ¿Y bien?

Wilkenson suspiró, soplando un perfectamente peinado rizo blanco-rubio de


sus ojos.

—Excepto por la forma en que te mira. Siempre te está mirando, Jameson.


Quiero decir todo el tiempo.

Miré hacia abajo a la mesa, sintiendo que mis mejillas empezaban a calentarse.
Era cierto. A pesar en que North se quedaba en silencio y no respondía, todavía
136

podía sentir esos penetrantes ojos azules en mí.

Cada vez que sentía que me miraba de esa manera, no podía dejar de
Página

preguntarme por qué. ¿Era que empezaba a sospechar mi secreto? ¿Y qué


podría hacer yo si lo hacía? Yo había ido a la peluquería de la Academia para
tener el pelo corto de nuevo, pero incluso eso no había cambiado la forma en
que North me miraba.

—No sé de qué estás hablando —le dije, todavía mirando a otro lado—. Tiene
que ser tu imaginación.

—Escucha, cariño, si quisiera imaginar algo sobre el príncipe distante pero


precioso sin lugar a dudas, ¿no te parece que me habría puesto a mí mismo como
imagen del objeto de su afecto? —exigió Wilkenson—. Te lo digo, te está
mirando y tiene que haber una razón de por qué.

—¿Qué, pues? —exigí—. Y no me digas que es porque... No digas lo que


estabas dando a entender antes, porque no es cierto —exigí a Wilkenson
mientras se encogía de hombros.

—Si tú lo dices. Pero un hombre no debe arriesgarse a que le cortaran su mano


para rescatar a alguien que no le gusta. Hay una razón por la que arriesgó
mucho por ti, Jameson. A pesar de que no estoy seguro de que él mismo lo
sepa. —Frunció el ceño.

—Espera un minuto... —Las palabras de Wilkenson habían traído algo que


había olvidado en mi desdicha sobre el silencio de North—. ¿Dijiste que podía
haber conseguido que cortaran su mano sólo por rescatarme de Broward la
última vez?

—Jameson, podrías haber perdido una extremidad —dijo Wilkenson exigiendo


rotundamente—. Por lo que me has dicho, había un arma mortal involucrada y
la Academia no las tolera en las instalaciones. No les importa de qué lado estás,
irás a la guillotina por algo igual si no eres malditamente cuidadoso.

—Pero... no lo entiendo. —Sacudí mi cabeza—. ¿Por qué?

Wilkenson se encogió de hombros otra vez.

—Supongo que porque es un elemento de disuasión doloroso y evidente. Dejan


que crezca de nuevo, ya sabes, la Academia aún paga la cuota de la clonación.
Pero se requieren años para aprender a utilizar una nueva mano de la manera
137

correcta. No es lo mismo, ¿lo entiendes?


Página
Mi boca tenía un sabor extraño ahora, como si hubiera estado tratando de
comer cenizas y por una vez no pensaba que la comida de la cafetería fuera la
culpable.

—¿Y qué... Qué otros delitos puede costar una mano? —le pregunté, tratando
de mantener la voz firme.

Wilkenson frunció el ceño.

—No lo sé. Además de poner en peligro a otro estudiante con un arma mortal,
no puedo pensar en otro caso.

—¿Y? —le pregunté, mi voz era apenas un susurro. Por favor, pensé casi
incoherentemente. Por favor, no dejes que sea...

—Bueno, cuando yo estaba en la Primera Formación, había un escándalo por un


cadete de Cuarta Formación que pagó a alguien para venir y tomar su examen
final de Navegación Astronómica. Tenía el disfraz perfecto, también los padres
del cadete eran súper ricos y habían pagado por el individuo en cuestión para
una cirugía estética reversible, sólo para tomar una prueba. —Wilkenson negó
con la cabeza—. De lo que son capaces algunas personas con el fin de entrar en
el Cuerpo es realmente ridículo, ¿sabes?

—Lo sé —dije en voz baja, pensando en mi propio engaño—. Pero... si él se veía


como el cadete, ¿cómo lo supieron?

—El análisis de ADN es aleatorio al final de la prueba. —Wilkenson azotó una


barra de proteínas y dio un mordisco—. Las hacen cada vez que los exámenes
ruedan, sólo para mantenernos a raya y evitar las trampas. El cadete tenía que
saber que tomaba un riesgo pero estaba tan desesperado como para intentarlo
de todos modos... y perdió. —Tomó otro, más grande picando su barra de
proteínas—. Cest la vie7...

—¿Así que el cadete perdió su mano? —le pregunté, mi voz sonaba oxidada
incluso en mis propios oídos—. Pero, ¿qué pasó con el otro, el que pagó para
tener su prueba para él?

—Oh, ¿él? Perdió una mano también, por supuesto. —Wilkenson actuó como si
138

no fuera gran cosa.


Página

7
Cest la vie: Así es la vida.
—¿Que? —La palabra se sentía como un grito, pero salió de mis labios en un
susurro sin aliento. Todo lo que podía pensar era en que mi amado hermano
perdiera una mano en la guillotina. Una mano que podría volver a crecer... pero
nunca sería la misma. ¡Las manos de Christopher son su vida! Nunca tocará el violín
de nuevo si eso sucede.

—Por amor de Dios, Jameson, ¿qué te pasa? Estás blanca como el papel. —
Wilkenson me miraba con una mirada de preocupación en sus ojos verdes
afilados—. Honestamente, cualquiera pensaría que habías visto un fantasma.

—Estaba pensando... en el chico que perdió la mano —le susurré—. No en el


cadete, pero el otro... no me parece justo que él tuviera que pagar el precio de la
Academia también.

Wilkenson suspiró.

—No, pero esa es la forma del sistema solar, ¿no te parece? Además, no debes
sentirte demasiado mal por él. Consiguió un trabajo en el sector privado y me
han dicho que es el más joven y uno de los mejores navegadores pagados en la
historia del sistema de Prometeo. —Frunció el ceño—. Por supuesto, también he
oído que todavía se masturba con la zurda pero eso no viene al caso.

—Me tengo que ir. —Me levanté de repente y agarré mi bandeja. No podía
sentarme aquí y escuchar esto un minuto más, no si quería conservar lo poco
que había comido.

—¿Jameson? —Wilkenson frunció el ceño hacia mí—. ¿Estás seguro de que


estás bien?

—No —dije agarrando mi bandeja y dirigiéndome a la rampa de los


desechos—. No, no lo creo en absoluto.
139
Página
Capítulo 19
Traducido por _ClaireElizabeth_

Corregido por Manu―ma

E
sa noche soñé con la guillotina. Soñé con ello en vívido y sangriento
detalle.

Me estaban arrastrando hacia el fondo de un largo y oscuro pasillo, dos


enormes hombres sin rostro, en uniformes azul marino. El tallo negro y los
pétalos blancos de la flor de la Sangre y el Honor parecían muy prominentes
en sus pechos. El único punto carmesí en el centro de cada flor se hizo cada vez más
grande hasta que se desbordó y la sangre goteó de sus mangas azul marino para mojar
mis propias muñecas.

Sangre, pensé, mientras me resistía a ellos inútilmente. Sangre… Tanta sangre.


Goteaba y se expandía, cubriendo mi piel blanca mientras me arrastraban al fondo del
oscuro corredor. Al final, en un círculo de molesta luz blanca, vi la guillotina. Era un
cubo negro, de tres pies de alto y salpicado de sangre; sin duda el resultado de
amputaciones previas.

—Por favor —rogué a los hombres sin rostro—. Por favor. No sabía… No fue mi
intensión. Por favor, no.

Ninguno respondió. Se mantuvieron cabizbajos y me arrastraron a través de las


sombras hacia el círculo de luz. Pronto llegamos a un cubo y uno de ellos tomó mi mano
y la arrojó bruscamente sobre la negra y resbaladiza superficie.

—Mantente inmóvil —gruñó mientras me retorcía locamente, tratando de escapar—.


Duele menos de esa forma.

—¡No! —rogué. Luego bajé la mirada hacia mi mano… y me di cuenta de que no era
mía. Esos dedos largos y delgados, esa palma, finamente moldeada sólo hecha para
encajar un violín… no, la mano no era mía, pero sabía de quien era. ¡Kristopher!

—¡No! —lloré—. No, por favor, ¡no lo haga! Por favor… ¡Por favor!
140

—Ahora es muy tarde. Debes pagar el precio. —Una cuchilla de plata, embarrada de
sangre seca bajó en un borrón. Grité de terror…
Página

Y repentinamente alguien me estaba sacudiendo.


—Jameson… ¡Jameson!

—Por favor —gemí, retorciéndome en su agarre—. Por favor, no…

—Jameson… Kris, despierta. Es un sueño. Sólo un sueño.

Abrí mis ojos de repente y miré hacia arriba para ver a North observándome
fijamente. Y en la tenue luz que entraba por la persiana medio abierta, pude ver
la frustrante preocupación en su rostro.

—¿North? —susurré, creyendo a duras penas que fuera él y no los hombres sin
rostro que querían cortarme la mano. No, no la mía… la de Kristopher. Me recordó
una pequeña voz. Y eso era peor. Mucho peor…

—De todas maneras, ¿qué está mal contigo? —exigió—. Estabas rogándole a
alguien que no hiciera algo. ¿Sobre qué soñabas?

—Yo… él… ellos… —De alguna manera no podía hacer que las palabras
salieran. Y a pesar de que me había jurado no llorar de nuevo frente a él otra
vez después de aquella primera horrible noche, no pude evitarlo. Las lágrimas
se deslizaron por mis mejillas y mi vista se nubló. Cubrí mi rostro con mis
manos y lloré.

Con una maldición amortiguada, North se sentó a mi lado sobre la cama y me


jaló hacia él. Hubiera protestado por la sorpresa pero aún estaba muy
sobrecogida por la emoción. Presioné mi rostro contra su pecho desnudo y me
aferré como si me estuviera ahogando y él fuera la única cosa que podía
salvarme. El llanto me estremeció pero North me sostuvo cerca, sus largos
dedos paseándose entre mi cabello mientras susurraba algo suave y
reconfortante.

Al fin, fui capaz de recuperar algo de control sobre mí misma. El llanto


disminuyó y pasó a ser hipo y lloriqueos. Estaba reacia a abandonar los brazos
de North —la piel de su pecho desnudo se sentía maravillosamente fresca y
reconfortante a mis mejillas calientes— pero no sabía cuánto tiempo más estaría
dispuesto a sostenerme. O por qué había estado dispuesto, en primer lugar.
Lentamente, me senté y limpié mis ojos hinchados con la manga de mi pijama.
141

Fue North quien finalmente rompió el silencio.

—¿Estás mejor ahora? —me preguntó, justo como lo había hecho esa primera
Página

noche.
Asentí rígidamente.

—Sí. Lamento haber perturbado tu sueño. Fue… realmente una pesadilla.

—Me di cuenta. —Aún tenía su brazo a mí alrededor y parecía como si quisiera


decirme algo más. Yo también quería. Quería decirle todo y pedirle su consejo.
O por lo menos preguntarle por qué últimamente se había vuelto tan distante.
Pero de alguna manera las palabras no salían.

—Bueno. —North cambió de posición, retirando su brazo y finalizando nuestro


abrazo—. Supongo que… regresaré a la cama. También deberías hacerlo.

—De acuerdo —asentí, sin saber que más decir.

North parecía haber perdido el habla también. Continuó mirándome con sus
ojos azules intensamente, de una manera que no comprendía. Pero de alguna
manera esa mirada ilegible hacía latir mi corazón y acelerar mi pulso. Al fin,
extendió su brazo y barrió sus nudillos suavemente sobre mis mejillas calientes.

—Duerme bien —dijo bruscamente, y luego volvió a su cama y se acostó,


dándome la espalda.

—Gracias —murmuré—, lo… lo haré.

Era mentira. Me volví a acostar en la oscuridad y cerré mis ojos, pero el sueño
me eludió. La pesadilla aún estaba muy fresca y el mensaje muy claro para ser
ignorado. Tenía que advertirle a Kristopher antes de que fuera muy tarde.

¿Pero cómo?

142
Página
Capítulo 20
Traducido por Alyshia Cheryl

Corregido por KatieGee

E
n los próximos días llegué a la conclusión de que sólo había una
manera de hacerlo. Tendría que escabullirme fuera de la escuela en la
oscuridad de la noche, llegar a una video cabina telefónica en el
pueblo que lindaba con la Academia, y correr el riesgo de hacer una
llamada para advertirle a mi hermano lo que podría pasarle si yo era
descubierta.

No había tiempo que perder. Las vacaciones de invierno se acercaban, y con


ello, los exámenes de mitad de período y las inevitables pruebas de ADN al
azar. Yo sabía muy bien que el ADN que tenía la Academia en sus archivos era
una muestra de Kristopher, que había sido enviada por mi padre. Podríamos
lucir lo suficientemente semejantes para que yo pasara por él, pero no había
forma de engañar a una prueba genética. Si llegaba a ser uno de los elegidos
para ser analizados, el secreto sería descubierto y la Academia estaría buscando
a Kristopher para castigarlo por nuestro engaño.

No estaba preocupada por mí. Oh, desde luego no me gustaba la idea de perder
una mano, estaba destinado a ser terriblemente doloroso y el proceso de
regeneración no era nada fácil tampoco, por lo que había oído. Pero todavía
podría volar en una nave por el sector público con una mano clonada.

Kristopher, sin embargo, no volvería a tocar de nuevo si era sometido a un


castigo. Su habilidad en la música dependía de las habilidades motoras que
había pasado años adquiriendo. Tenía que ser advertido para que huyera lo
más lejos posible y se escondiera hasta que pudiera decirle que no había moros
en la costa, si es que sucedía eso, claro.

La dificultad era lograr escaparme mientras estuviera bajo la atenta mirada de


mi compañero de cuarto. North y yo no habíamos hablado de la forma en que
me había consolado durante la noche. Parecía como si no pudiéramos hablar
143

sobre cualquier cosa ya. Pero todavía me observaba con esa mirada en sus ojos,
esa expresión ilegible que hacía que mi corazón latiera y que mis palmas
Página

sudaran. ¿Cómo iba a salir con él vigilando?


Me decidí a intentarlo en una de mis duchas a primeras horas de la
madrugada/temprano por la mañana. North todavía me acompañaba todas las
noches y, aunque nos llevamos un par de sustos cuando otros cadetes se
levantaban en medio de la noche para hacer sus necesidades, nunca habíamos
sido capturados. Esperé hasta que volvimos de nuestra excursión nocturna y
North estuviera durmiendo tranquilamente en su cama, con la respiración
uniforme y lenta.

Me obligué a esperar quince minutos después de que estuviera segura de que él


estaba dormido para deslizarme fuera de la cama. En lugar de cambiarme en mi
pijama en el vestidor, como solía hacerlo después de una ducha, me había
puesto la misma ropa con la que había llegado por primera vez a la Academia.
Si yo estaba a hurtadillas por la ciudad en la noche, no quería ser vista con el
uniforme, sólo causaría sospechas. En mi bolsillo tenía una pequeña linterna de
noche de North y una tarjeta de crédito con dinero suficiente para hacer una
rápida llamada a casa. Si podía evitar ser vista y calcular todo exactamente bien,
debería ser capaz de conseguir salir de la academia, advertir a Kristopher, y
estar de vuelta en mi cama para la llamada del despertador.

Deslizándome cautelosamente de la cama, me acerqué en silencio a la puerta y


la abrí fácilmente, agradecida de que no crujiera. Entonces me dirigí por el
pasillo a oscuras a través del tacto y por los escalones de la misma manera.

Yo esperaba.

Estaba terriblemente asustada ante la posibilidad de encontrarme con otro


cadete ya sea al levantarse para ir al baño, o peor aún, un monitor de
dormitorios. Pero mi suerte triunfó y salí del dormitorio sin ningún problema.

Era la parte más oscura de la noche y Zeus se aferraba al horizonte como un


fantasma enorme, ligeramente brillante. Por encima de él vi una raya blanca en
el cielo que me llamó la atención. ¿Qué era eso y por qué parecía importante?
Ah, claro, recordé, era el cometa Haley II, el nombre de un famoso cometa
utilizado para visitar a la antigua Tierra. Supuestamente fue colocado en la
manera correcta para ser visible a todas las lunas de nuestro sistema solar a la
vez justo esta noche.
144

¿Cómo lo llamaba mi profesor de Astronomía, el Sr. Hughes? Algún tipo de


equinoccio o evento astral, pero no podía recordarlo ahora.
Página
Miré al Haley II por un largo momento, preguntándome si Kristopher podía
verlo también. Si él miraba al cometa y pensaba en mí como yo estaba pensando
en él. Entonces, negué con la cabeza.

No había tiempo para soñar despierta, tenía que moverme. Bajé mi cabeza y
utilicé la pálida luz de Zeus para hacer mi camino a través del campus, estando
siempre a la sombra tanto como pudiera, hasta que llegué a la parte de atrás del
gimnasio.

Aquí me detuve y encendí la linterna de North. No le di mucha iluminación,


pero la necesitaba para ver dónde estaba caminando en los matorrales densos.
No sabía si había reptiles venenosos u otros animales sueltos en los bosques
alrededor de la Academia y yo no quería saberlo por las malas. Con suerte, la
linterna ahuyentaría a los depredadores además de iluminar mi camino.

Caminé a través de la vegetación azul marino y negra brillante, tratando de


hacer tan poco ruido como fuera posible.

Finalmente llegué a la abertura de la barrera de alta seguridad que había visto


por primera vez el día que Broward había tratado de atacarme después de la
lección de esgrima. Temía que pudiera haber alguna medida de seguridad en
otro lugar, una cadena de energía o un electroshock de respuesta que no era
visible desde la parte trasera del gimnasio. Pero para mi gran alivio, no había
nada. Al parecer, los que manejaban la Academia consideraban a la densa
maleza y al bosque tenebroso lo suficiente disuasivos. Hubiera sido demasiado
para mí, si no fuera por la urgencia de mi misión. No importa qué tan solitario y
aterrador era el bosque, tenía que avisar a mi hermano. ¡Kristopher, ya voy!

Levantando la barbilla, fui a través de los árboles.

El camino era largo y el bosque tenía un ambiente encantado que me hacía


querer mirar detrás de mí. Resistí el impulso sólo con un gran esfuerzo y seguí
avanzando. Varias veces estuve segura de que estaba perdida, pero seguí de
todos modos. Finalmente llegué al final de los árboles.

Desde la esquina del bosque estaba a sólo un par de pasos cortos de la ciudad.
Encontré lo que estaba buscando en la periferia, sin ni siquiera tener que ir a la
145

zona más poblada. Allí, en una caseta de plastilina negra con polvo negro fuera
de una parada de combustible de turno nocturno, estaba una vieja video cabina
Página

telefónica.
Mientras miraba alrededor para asegurarme de que nadie observaba, me
escabullí silenciosamente en la cabina de polvo y miré a la video cabina
telefónica. Mi corazón se hundió, había una enorme grieta recorriendo el centro
de ésta. Sin embargo, la luz verde de contacto se encendió y pude oír un leve
zumbido, como si la pantalla estuviera esperando a ser usada. Decidiendo
intentarlo una vez, saqué la tarjeta de crédito de mi bolsillo y deslicé la tarjeta
en la ranura.

Para mi alivio, el zumbido se intensificó y un pequeño punto blanco creció en el


centro de la pantalla hasta que toda la superficie estaba brillando. Rápidamente,
tecleé el número de mi casa, utilizando la extensión hacia la habitación de mi
hermano. Entonces esperé, con la esperanza de que Kristopher fuera el que
respondiera y no una de las criadas.

Mi suerte aún era bastante. La video pantalla telefónica hizo una serie de
pitidos y de repente apareció la cara de mi querido hermano gemelo. Él
entrecerró los ojos hacia mí.

—¿Kris? Dios mío, ¿eres tú?

—Kristopher. —Casi lloré de alivio—. Oh, Kristopher, te he echado mucho de


menos.

—También te he echado de menos. —Se inclinó hacia delante, mostrando sus


rasgos queridos y familiares distorsionados un poco a través de la pantalla
agrietada—. Pero, ¿por qué me estás llamando ahora? Pensé que no había
llamadas externas permitidas en la Academia. ¿Hay algún problema?

—No los hay ahora, pero podría haberlos pronto —le dije. Al ver la expresión
confusa en su cara, me apresuré a explicar la situación y la posibilidad de que
uno o ambos de nosotros perdiera una mano.

La cara de Kristopher se volvió seria.

—No podemos continuar con este engaño por más tiempo. Hay que reconocer
lo que hemos hecho con papá, pedirle perdón…

—¿No entiendes lo que estoy diciendo? —exigí—. No es bueno ir con papá,


146

Kristopher. Está fuera de sus manos. Ambos nos volveríamos responsables ante
la Academia y no son clementes.
Página

—Entonces tienes que venir a casa de inmediato y huiremos juntos —decidió.


—¿Y arruinar toda la dedicación que hemos puesto en alcanzar nuestras metas?
No. —Sacudí mi cabeza—. Debo quedarme donde estoy y seguir fingiendo ser
tú. Tú, hermano, eres el que debe huir. Conseguir alejarte tanto de Victoria
como sea posible. De hecho, salir de Dianna… Diablos, salir del maldito sistema
solar si puedes.

—¡Kris! —Él lucía sorprendido, pero no podía decir si fue mi lenguaje grosero o
mi idea de que él huyera lo que lo puso tan pálido.

—Lo siento, Kristopher pero es la única manera —dije con firmeza—. Tienes
que irte.

Él suspiró.

—Bien, al menos eso no será un problema.

—¿Ah? —Fruncí el ceño—. ¿Cómo es eso?

—Ya lo tengo. —Sus ojos marrones oscuros, tan parecidos a los míos,
iluminados por la excitación—. ¡Conseguí la cátedra, Kris… en la orquesta! Nos
vamos mañana para hacer una gira galáctica. Iremos incluso a algunas de las
colonias, fuera del sistema Prometeo… estamos comenzando allí, de hecho.

—Perfecto. —Sentí una mezcla de alivio y temor. Me sentí aliviada de que mi


querido hermano estaría fuera de peligro... demasiado lejos para que la
Academia lo encontrara. Al mismo tiempo, no podía dejar de pensar que yo iba
a estar completamente sola, una vez Kristopher abandonara el sistema solar.

A solas con nada más que mi decepción y mi temor de ser descubierta para
hacerme compañía.

Pero Kristopher ya estaba negando con la cabeza.

—No, no lo es. No voy a ir.

—¿De qué estás hablando? —exigí—. Por supuesto que vas.

—No puedo, Kris. No ahora que sé que estás en peligro. Tengo que quedarme y
afrontar las consecuencias contigo.
147

—¿Y perderte la oportunidad de tocar en la Primera Orquesta del Sistema? —


Sacudí mi cabeza—. No, absolutamente no. Te lo prohíbo.
Página

Él me dio una mirada de exasperación.


—Ahora suenas igual que nuestro padre. ¿Cómo puedo ir, sabiendo que
podrías perder una mano por mí?

—No te preocupes por mí —dije, frunciendo el ceño—. Puedo navegar una


nave con una mano clonada. Puedo usar mi cerebro para la navegación,
después de todo. Pero tú, Kristopher, haces todo con tus manos. Debe
mantenerlas a salvo…

—Pero…

—Kristopher —comencé, pero justo en ese momento sonó una advertencia de


que quedaban sólo dos minutos en la video cabina telefónica—. No tengo
tiempo para discutir —dije, hablando con rapidez—. Así que sólo escucha:
hemos llegado demasiado lejos para echarnos atrás. Ya has alcanzado tu meta y
yo estoy a medio semestre de alcanzar el mío. Todo el mundo sabe que las
clases de la Cuarta Formación son en su mayoría sobre el liderazgo y el mando
de las tropas y entrar en el Cuerpo. No necesito nada de eso para navegar una
nave, así que si puedo terminar este año, estoy segura de que puedo conseguir
un trabajo en el sector privado.

—Pero, ¿qué pasa si no lo haces? ¿Qué pasa si te descubren? —Su rostro era una
máscara de agonía.

—Entonces perderé una mano —dije, tratando de sonar más estoica de lo que
me sentía—. Y tan pronto como vuelva a crecer, buscaré algún trabajo de todos
modos. Ya soy mejor que la mitad de los alumnos de la Cuarta Formación. De
todos modos, eso es lo que dice North. Y yo…

—¿North? —interrumpió él, frunciendo el ceño—. ¿Quién es North?

—Oh, nadie. —Yo podía sentir mis mejillas calentándose y esperaba que la
video cabina telefónica no mostrara mi rubor—. Él es... él es mi compañero de
cuarto. Él cuida de mí a veces.

—¿Tienes un compañero de cuarto masculino? —Kristopher parecía


horrorizado ante la idea.

—Por supuesto que sí —dije con impaciencia—. La Academia es una escuela de


148

hombres, ¿recuerdas? Pero no te preocupes, estoy siendo cuidadosa. North no


sabe nada de nosotros, nadie lo sabe.
Página
—Eso no es lo que me preocupa, Kris. Yo sólo... —Kristopher me miró con
seriedad—. Espero que estés siendo, bueno, apropiada.

Pensé en North clavándome en la colchoneta, de la forma en que me había


abrazado y consolado después de mi pesadilla, de la forma en que me miraba.
Mis mejillas estaban tan calientes ahora que estaba segura de que iban a poner a
mi pelo en llamas.

—Por supuesto que lo soy —mentí—. No te preocupes, querido hermano, sigo


siendo una dama, bajo mi uniforme y pelo rapado.

Él sonrió.

—Una dama, mi querida hermana, nunca lo fuiste. Pero eso fue siempre lo que
me gustó de ti.

—Oh, Kristopher... —Sentí un nudo en la garganta, un bulto que se había


levantado en la garganta y no disminuiría por mucho que ingiriera—. Te amo
demasiado —dije—. Mucho. Ahora por favor, prométeme que te irás de gira
con tu orquesta y estarás a salvo.

Su cara estaba llena de indecisión.

—No lo sé...

—Míralo de esta manera —dije rápidamente mientras la video cabina telefónica


sonaba de nuevo, esta vez me dio un aviso de treinta segundos—. Si vas,
ninguno de nosotros podría perder una mano. Si te quedas y nos descubren, los
dos perderemos una. Kristopher, tienes que ir.

Al final, asintió.

—Está bien —susurró con fuerza—. Pero cada parte de mí grita que esto está
mal. Que soy un cobarde por dejarte enfrentar este destino sola.

—Tú no eres un cobarde por irte —dije con dureza—. Pero serías un tonto por
quedarte. Ve, Kristopher. Si no lo haces, nunca te perdonaré.

Lucía culposo.
149

—Iré, entonces. Pero nunca me perdonaré si alguna cosa te llega a pasar.


Página

—Me siento de la misma forma por ti, querido hermano —murmuré.


—Adiós entonces, Kris. —Se limpió los ojos y me di cuenta de que estaba
llorando—. Te amo.

—Yo te a… —empecé a decir, y luego la pantalla se quedó en blanco cuando mi


tarjeta de crédito se quedó sin saldo. Puse mis dedos en la pantalla aún caliente,
presionando lo suficiente como para sentir a la grieta en el medio cortar mi
piel—. Te amo demasiado, hermano —susurré en la oscuridad—. Aunque sólo
Dios sabe cuándo podré volver a verte.

150
Página
Capítulo 21
Traducido por Eli25

Corregido por Koko Markova

L
a pena me dejó ciega y no estaba casi tan tranquila o cuidadosa en mi
camino de vuelta a mi dormitorio cuando había estado saliendo a
hurtadillas. Quizás así fue como me atraparon.

Casi estaba en el edificio Goddard —de hecho los escalones delanteros


estaban justo delante de mí— cuando mi visión de repente fue bloqueada por
una larga y horriblemente forma familiar. Una pesada mano se sujetó a mi
hombro antes de que pudiera moverme.

—Te pillé, freshie —susurró Broward, mirándome lascivamente—. Ya sabes,


Nodes dijo que te vio saliendo a hurtadillas. Yo le dije que estaba loco, pero
mira aquí, tenía razón.

—¡Déjame en paz! —siseé, intentando alejarme. Pero el agarre de Broward era


firme.

—No lo creo —gruñó, empujándome más cerca—. He estado esperando meses


a conseguirte solo, sin North alrededor para interferir.

—Broward, por favor sé razonable —dije, intentando mantener mi voz


tranquila, aunque mi corazón estaba acelerado—. ¿Por qué no sólo ponemos
nuestras diferencias detrás de nosotros?

—Porque no quiero hacerlo —dijo bruscamente, su cara volviéndose incluso


más fea de lo normal, lo cual era decir algo—. ¿Crees que conseguí los azotes
del inicio por ser razonable? No lo creo. Voy a molerte hasta hacerte papilla,
Jameson. Cuando haya terminado contigo no habrá quedado suficiente para
llenar ni siquiera una de tus pequeñas botas, dejando sólo el resto de tu
uniforme. Voy a...

Pero las otras horribles cosas que había planeado para mí no fueron dichas. De
151

repente una voz familiar fue gritada desde la ventana sobre nuestras cabezas.

—¡Quien está ahí! ¿Qué demonios creen que están haciendo fuera a esta hora de
Página

la noche?
Broward se congeló pero yo cometí el error de levantar la mirada. Me encontré
mirando la cara del monitor de los dormitorios, Lackson, el mismo que me
había pillado la primera noche que intenté escabullirme a una ducha.

—Jameson —gritó—. ¡Te veo ahí abajo! ¿Quién está contigo?

Broward me miró, aún manteniendo su cara baja.

—Díselo y estás muerto —siseó él. Entonces se alejó, en un cadáver de arbustos


alrededor del lateral de los dormitorios y se fue con un susurro de vegetación.

—¡Oye! —gritó Lackson—. ¡Vi eso! Tú, Jameson, quédate donde estás.

Desde que él ya me había identificado, no tenía elección. Miserablemente, me


quedé esperando hasta que él corrió los escalones y salió del dormitorio para
agarrarme por el brazo.

—¡Vamos! —Él actuaba como si estuviera intentando huir de él aunque sólo


estaba allí de pie, muda y derrotada. Había estado tan cerca de alejarme con mi
aviso a Kristopher. Ahora, ¿quién sabía lo que podría ocurrir?—. ¿Quién estaba
contigo justo ahora? —demandó Lackson.

Sacudí mi cabeza.

—Lo siento, señor. Estaba oscuro y no pude verle.

Lackson frunció el ceño.

—¡No me mientas, cadete! Sólo empeorarás las cosas.

Él tenía razón pero estaba bastante segura que empeoraría mucho las cosas por
hablarle sobre Broward. Él ya quería golpearme hasta hacerme papilla. Si daba
su nombre a las autoridades de la Academia, seguramente encontraría una
manera de matarme. Si North y yo ya habíamos estado diciendo los términos,
yo podría haberlo arriesgado. Pero desde que apenas nos comunicábamos ya,
no sabía cuán lejos habría ido para protegerme. No quería estar completamente
sola con un abusón homicida detrás de mí. Así que simplemente sacudí mi
cabeza otra vez.

—Lo siento, señor —murmuré.


152

La cara de Lackson se oscureció.


Página
—Apuesta tu culo a que lo lamentarás por esto, Jameson. Ven conmigo ahora,
¡en marcha!

Me arrastró al edificio del dormitorio y todo el camino escaleras arriba hacia mi


propia habitación. En mi puerta él paró y me miró, claramente aún enfurecido.

—¿Señor? —dije dudosamente—. ¿Debería... puedo entrar ahora? —Sólo quería


alejarme de él, quería tumbarme en mi propia cama durante un momento y
acurrucarme en una bola de miseria.

—Por ahora —gruñó él—. Después del desayuno, informa a la oficina del
director. Te daré ese tiempo para pensar sobre decirme la identidad de la
persona que estaba fuera contigo. Si no sales con eso por entonces, estarás
buscando una expulsión automática. ¿Me comprendes, Jameson?

Lentamente, asentí.

—S-Sí señor —tartamudeé. Le comprendía todo demasiado bien. Estaría


forzada a dejar la escuela, mi padre sería notificado, y tanto Kristopher como yo
seríamos expuestos. Era el peor resultado posible. Pero si hablaba sobre
Broward, probablemente sería asesinada en mi sueño.

¿Qué iba hacer?

153
Página
Capítulo 22
Traducido por Aleponce.

— Corregido por Miss_ale

¿En qué demonios estabas pensando? —gruñó North.


Aparentemente los gritos de Lackson lo habían despertado,
probablemente junto con el resto del dormitorio. Cuando entré a la habitación,
él ya estaba caminando de un lado al otro, sus ojos azules estaban feroces y
enojados.

—Yo… —comencé a decir, pero no me dejó terminar.

—¿Por qué te escabullías en medio de la noche, de todos modos? —demandó—.


¡Maldición, Jameson, jodidamente me asustaste! Desperté y me encontré con
que te habías ido, y mi linterna estaba desaparecida ¿Con quién te estabas
reuniendo? ¿Era con Wilkenson?

—No me estaba reuniéndome con nadie —dije con toda la dignidad que pude
mostrar.

—¿No lo estabas? —Sus ojos se entrecerraron—. ¿Entonces con quién te vio


Lackson? Lo escuché discutiendo sobre eso y luego dijo algo más que no pude
captar antes que te dejara de regreso a la habitación.

Suspiré y decidí decirle tanto como podía sin revelar mi secreto.

—Mira —dije—. Salí del campus esta noche. Cuando regresé, Broward me
estaba esperando. Dijo que Nodes me había visto escabulléndome. Iba a
golpearme hasta que Lackson nos vio, pero huyó antes que Lackson pudiera ver
su cara.

—¡Dios! —Norh pasó su mano por su cabello—. ¿Por qué diablos te estabas
escabullendo del campus? ¿Sabes lo que te harían si descubren eso, Jameson?

—Probablemente lo que van a hacerme ahora, expulsarme —dije lentamente.


Sentándome en mi cama, puse cabeza en mis manos. Todo había ido tan bien. Si
154

sólo…
Página
—¿Qué quieres decir con expulsarte? —preguntó North. Su profunda voz tenía
una nota de conmoción y cuando levanté la vista, vi que estaba molesto, tal vez
más molesto de lo que alguna vez lo había visto.

—Quiero decir que Lackson dice que si no delato a la persona que vio conmigo,
me dará una expulsión automática. —Sacudí mi cabeza—. Pero no puedo
acusar a Broward, él realmente va a querer matarme.

—Tienes razón sobre eso. —North lucía serio—. No hay amenaza en el mundo
que pueda hacer que se mantenga alejado de ti si lo delatas. No puedo estar
contigo cada minuto del día, serías carne muerta.

—¿Crees que no sé eso? —Restregué una manga a lo largo de mis ojos—.


Desearía poder pensar qué hacer, pero estoy tan cansado.

—No estoy sorprendido, haz estado fuera toda la noche rompiendo todas las
reglas. —Pero la voz de North era ligeramente más amable, a pesar de sus
palabras duras. Suspiró y se hundió en la cama, en frente de mí—. Sólo dime
esto, ¿qué era tan jodidamente importante para que tuvieras que salir del
campus?

—Tenía que hacer una llamada —dije, tensándome—, a alguien… Alguien que
me importa mucho. Tenía que advertirle que podría estar en peligro. —Levanté
la mirada hacia North—. Lo siento, es todo lo que puedo decirte.

—Está bien. —Asintió—. Sólo quería asegurarme que no te arriesgaste por


nada.

—No habría ido si no fuera urgente —dije secamente—. Ahora si me disculpas,


voy a tratar de descansar. Mañana tengo un día largo. O uno corto,
dependiendo cómo lo veas.

North frunció el ceño.

—Trata de dormir un poco. No te preocupes sobre la expulsión, lo


superaremos.

—Claro —murmuré, mirando abajo hacia mis manos—. Sólo ondearé mi varita
mágica y haré que todo el desastre desaparezca.
155

—No estoy bromeando, Jameson. Mírame —demandó.


Página
Cuando finalmente levanté la vista y me encontré con su mirada, estaba
sorprendida de ver que sus ojos azules centellaban con determinación.

—Te juro aquí y ahora —dijo—. Que no serás expulsado. ¿Me entiendes? No
permitiré que eso pase, no lo permitiré.

Lentamente, asentí. No entendía cómo él podría mantener su promesa o


porqué quería ayudarme, considerando el tratamiento silencioso que me había
estado dando por tanto tiempo. Pero estaba muy cansada y miserable para decir
algo sobre eso. Sólo suspiré y me acosté en mi cama, todavía completamente
vestida. Sólo tenía una hora antes que fuera la hora de levantarme y no me
sentía con ganas de entrar en el armario y ponerme el pijama.

Oh, Kristopher, pensé, mientras rodaba de lado y miraba la vacía pared. Espero
que puedas salir a tiempo. Espero que estés a billones de kilómetros de aquí cuando la
Academia y padre descubran lo que hemos hecho.

156
Página
Capítulo 23
Traducido Por LuisaV8

Corregido por Manu―ma

L
a oficina del director era exactamente como la recordaba. Los libros
antiguos que revestían los estantes, las fotos holográficas, el enorme
escritorio de madera bruñida que dominaba la sala. Sólo que esta vez el
hombre sentado detrás de ese escritorio tenía una mirada muy enojada
en su cara. El director Chauser estaba mirándome de una manera que me hace
sentir mal del estómago. A un lado de él estaba Lackson, también mirando, y
por el otro, su asistente personal Hinks (Kinky Hinks, cantó mi mente) que
parecía ligeramente divertido.

—¿Tienes algo que decir en tu defensa, Jameson? —tronó el director—. ¿Estás


dispuesto a dar la identidad del cadete que estaba contigo anoche?

Desgraciadamente, negué con la cabeza.

—No, señor.

—Sé razonable, Jameson. —La voz de Chauser dejó caer una nota; al parecer
había decidido intentar un enfoque diferente en mí—. Escaparse pasado el RLO
no es normalmente una expulsión automática, sino que debes decir la verdad.
Tu padre pagó una gran cantidad de crédito para enviarte aquí y no va a estar
feliz cuando se entere de lo tengo que decirle. —Por la mirada en su rostro, el
director no iba a estar muy feliz por esa parte tampoco—. Has sido un
estudiante modelo hasta ahora —continuó—, has conseguido la máxima
puntuación en todas tus clases. Sería una pena dejar todo ese trabajo duro
echarse a perder, ahora ¿no es así?

—Sí, señor —asentí—. Pero todavía no puedo decir quién era. —Me miró
suplicante—. ¿No puede creerme cuando digo que era demasiado oscuro para
ver su cara? —Lo que era una especie de verdad. No había visto mucho más de
Broward que sus furiosos ojos de cerdo.
157

—Te he oído hablar con él —gruñó Lackson—. Así que sé que sabes de quién se
trataba. Dinos, Jameson, o enfrentarás las consecuencias.
Página
—Las cuales voy a determinar. —El director Lackson dio una mirada irritada y
el monitor del dormitorio retrocedió y se encogió de hombros como
disculpándose—. Ahora bien —continuó Chauser—. No quiero expulsarte,
Jameson. Pero lo haré si no me das un nombre en estos momentos.

—Lo siento, señor —le dije, sacudiendo la cabeza—. Pero no puedo…

—Era yo.

Me dio sorpresa al ver a North dando zancadas hasta el despacho del director.

—¿North? —Mi voz chilló con sorpresa.

Mi compañero asintió brevemente antes de llegar a estar a mi lado en la parte


delantera del escritorio amplio del director.

—Siento entrar sin permiso, señor —dijo, dirigiéndose a Chauser—. Pero no


puedo dejar que Jameson enfrente estos cargos a su cuenta. No, cuando soy el
verdadero culpable.

—¿Qué? —exclamaron juntos Lackson, Chauser y Hicks. Yo simplemente


estaba allí, tan sorprendida incluso para hablar.

North levantó la barbilla.

—Dije, yo era el que estaba afuera después del RLO con Jameson anoche. Y de
hecho, dejar el dormitorio en primer lugar fue idea mía, no suya.

—North —susurré, pero él se limitó a negar con la cabeza.

—No trates de detenerme de decirle, Jameson. Debí haberme quedado contigo


anoche. Fue cobarde de mi parte correr.

—Pero muy valiente de tu parte venir adelante ahora —dijo efusivamente


Hinks, sonriendo a North—. Que amable de tu parte defender a tu compañero
de cuarto.

—Así es. —Chauser entrelazó los dedos y apoyó los codos sobre la mesa.
Inclinándose hacia adelante, estudió atentamente a North—. Pero estoy curioso
por saber exactamente por qué estaban allí en las primeras horas de la mañana,
158

North. ¿Qué posible explicación puede haber?


Página

—Queríamos ver el cometa Haley II —contestó North, sin pestañear.


Lackson frunció el ceño.

—¿Y no se podía ver desde la ventana de tu habitación?

—No con una vista despejada —dijo North—. Además, al estar fuera en la
oscuridad de la noche, el ambiente es mucho más... —Tosió y sus mejillas se
pusieron rojas—. Era mucho más romántico.

Las dos cejas pobladas Chauser se dispararon hacia arriba y Hinks realmente se
quedó sin aliento. Lackson, sin embargo, seguía con el ceño fruncido.

—No lo creo, North —dijo—. No me parece que seas de ese tipo.

—¿Y qué tipo es ese? —exigió Hinks malhumorado, mirando al monitor de


dormitorio.

—Sabes qué tipo —gruñó Lackson, mirando hacia atrás. Es evidente que no
había amor entre ellos dos.

—Está bien, está bien. —Chauser alzó ambas manos, pidiendo silencio—. Sr.
North —dijo, frunciendo el ceño a mi compañero de cuarto—. Como ustedes
saben, nosotros no tenemos ninguna, ah… hem, política formal sobre este tipo
de cosas. En lo que respecta a la orientación sexual, la Academia funciona en un
sistema no preguntes, no digas que parece funcionar muy bien.

Me pareció que era la posición de la Academia sobre casi todo, desde la


intimidación hasta el baño, pero no dije ni una palabra. Todavía estaba
demasiado aturdida por lo que North estaba dando a entender sobre nosotros.

—Ahora, usted y Jameson son buenos estudiantes —continuó el Director—. De


dos de las mejores familias en el sistema Prometeo. Y, North, puedo entender
cómo la tragedia que sufrió le puede hacer... ah… hem, buscar consuelo de
una... ah… hem, de una relación no tradicional. Cuando perdí a mi esposa... —
Lanzó una rápida mirada hacia Hinks que estaba viendo con amor hacia él. La
cara de Chauser se tornó roja y sacudió la cabeza—. Bueno, eso es ni aquí ni
allá. El punto es, que teniendo en cuenta que es la primera infracción y que se
presentaron voluntariamente, no voy a expulsar a ninguno de ustedes.

A mi lado, pude sentir a North respirar un suspiro de alivio. Hubiera estado


159

respirando también excepto que todavía estaba muy confundida. ¿Realmente


North dijo lo que pienso que dijo sobre nosotros? ¿Y por qué iba a reclamar tal
Página

cosa cuando me dijo enfáticamente al principio del semestre que no era gay?
—Sin embargo... —Chauser levantó un dedo—. Estaban todavía afuera después
del RLO y esto no puede quedar impune. —Me miró—. Jameson, ya que eres
quien Lackson realmente atrapó, estoy obligado a darte diez golpes. ¿Va a elegir
el bastón o el remo?

Mi corazón saltó a mi garganta y no sólo porque sabía que la golpiza me haría


daño. ¿Tendría que bajar mis pantalones del uniforme como Broward lo hizo,
para recibir el castigo? Y si lo hiciera, ¿qué pasaría si el director se diera cuenta
de mi falta de equipo masculino? La mentira de North sería para nada y ¡sería
descubierta de todos modos!

Pero antes de que pudiera decir una palabra, North me empujó detrás de él.

—¡Señor! Señor, por favor —dijo mientras el director se levantaba de detrás de


su escritorio, supuestamente para ir a buscar cualquier instrumento de castigo
que eligiera.

—Sí, North. ¿Qué pasa? —Chauser frunció el ceño hacia él.

—Señor, era mi idea dejar el dormitorio después del RLO. —La voz de North
sonó ligeramente tensa—. Soy mayor que Jameson y he estado en la Academia
mucho más tiempo. Conozco las consecuencias y sin embargo, lo llevé a romper
las reglas. Por lo tanto, debo ser quien reciba el castigo.

Chauser negó, indeciso.

—No lo sé, North. Eso no es por lo general como hacemos las cosas...

—¡Oh, déjalo! Dudley, tienes que dejarlo. —Hinks nos estaba mirando tanto a
North como a mí misma con los ojos brillantes—. ¿No lo ves? —preguntó,
girándose hacia el director—. Él se sacrifica por quien ama. Es hermoso.

—Sí, bueno... —El director se aclaró la garganta, luciendo avergonzado—. Está


bien —dijo al fin—. Voy a permitirlo por esta vez. —Miró a North—. ¿Cuál será,
bastón o el remo?

North levantó la barbilla.

—El remo, señor. Gracias, señor —dijo con claridad.


160

Chauser frunció el ceño.


Página
—Vamos a ver si me estás dando las gracias cuando hayamos terminado,
North. No voy a ir fácil contigo por el bien del "amor verdadero".

—No, señor —dijo North estoicamente—. No lo esperaría de usted, señor.

—Bueno, bueno... —suspiró Chauser—. Hinks, supongo que será mejor que me
traigas el remo.

—Ahora mismo. —Mirándonos, como si fuéramos un capítulo de su novela


romántica favorita venir a la vida, se apresuró a salir de la habitación.

Lackson sacudió la cabeza con disgusto.

—Me voy. Confío en que esto se acabó, ¿director?

Chauser asintió en breve.

—Sí, Lackson. Puede irse.

Lackson volvió para irse, pero primero señaló a North y a mí.

—Voy a vigilarlos; a ambos —gruñó y luego se fue, golpeando la puerta de la


oficina del director en su salida.

Ni un momento después, Hinks regresó con una larga y flexible longitud de


madera pulida que parecía positivamente letal a mis ojos horrorizados. ¿El
director realmente está pensando en golpear a North con eso? ¿North realmente
va a tomar mi castigo?

Parecía como si lo fuera a hacer. Contempló el remo con una mirada fría,
distante en sus ojos. Una mirada que dijo que estaba preparado para el dolor y
que no le temía. No entendía esa mirada, ¿cómo no iba a estar aterrorizado en
este momento? ¿Y por qué estaba dispuesto a hacer esto por mí en primer
lugar? Me había hablado apenas en los últimos pocos meses, ¿por qué estaba
dispuesto a recibir una paliza por alguien que obviamente no le gustaba?

Chauser tomó el bastón de Hinks y lo agitó por el aire un par de veces, como
calentamiento. Hizo un feroz sonido que me hizo pensar en una serpiente
venenosa.
161

—Bueno —dijo al fin—. Supongo que será mejor comenzar. North, ya que has
elegido el remo por favor quítate la chaqueta y la camisa de uniforme.
Página
—Sí, señor. —Inmediatamente, North comenzó a desabotonarse la chaqueta.
Durante todo este tiempo yo había estado aquí de pie mirándolo sin decir nada.
Pero finalmente mi parálisis se rompió.

—North —susurré, agarrando su codo—. Por favor... No puedo dejar que hagas
esto por mí.

Se zafó de mí y terminó de quitarse la chaqueta.

—Ya está hecho, camarón. —Me lanzó una rápida sonrisa cuando empezó a
quitarse la camisa—. No te preocupes por eso.

—Por supuesto que me preocupo por eso… Me preocupo por ti. Y no me llames
camarón —le dije con los labios entumecidos.

La sonrisa de North se ensanchó.

—Está bien, enano. —Terminó desabrochándose la camisa y se encogió de


hombros—. En serio, relájate, Jameson. Voy a estar bien.

—Pero… —empecé.

—Suficiente charla —dijo Chauser, interrumpiendo mí media protesta


formada—. North, asume el cargo.

Sin una palabra de queja, North se adelantó y puso sus dos manos con las
palmas hacia abajo sobre la gran mesa de madera del director. Inclinó la cabeza,
presentando su amplia espalda como un objetivo y esperó.

Cuando el primer golpe cayó con un chasquido plano, salté y jadeé, haciendo
mucho más ruido que North. Él simplemente se mordió el labio y bajó la
mirada hacia la antigua alfombra oriental del director sin decir una palabra. El
golpe dejó una furiosa roncha roja sobre su suave piel dorada, justo entre los
omóplatos.

—Uno —anunció Chauser y luego echó hacia atrás su brazo de nuevo. Una vez
más el remo cayó.

—Dos —continuó.
162

En el momento en que había llegado al quinto golpe, las ronchas se habían


convertido en heridas. Hilos de sangre corrían por los costados de North y el
Página

director respiraba pesadamente, claramente estaba poniendo todo su esfuerzo


en ello. Hinks estaba de pie a un lado, con las manos debajo de la barbilla con
una mirada de simpatía en el rostro.

Sentí como mis entrañas se torcían en un gran nudo. North continuó siendo
estoicamente silencioso aunque podía ver sus nudillos volviéndose blancos
mientras se aferraba a los lados de la mesa del director.

Yo, en cambio, jadeaba cada vez que la caña golpeaba la carne; no podía
evitarlo. Era demasiado horrible, tan horrible que quería darme la vuelta y no
mirar. Pero North estaba haciendo esto por mí, estaba soportando este ardiente
dolor, así que no podía. Lo debía mirar. Mantuve mis ojos fijos en la visión
brutal, sin dejarme siquiera parpadear.

En el momento en que el séptimo golpe cayó, mis lágrimas caían más rápido
que la sangre que salía de la ancha espalda de North. Gotas carmesí
repiqueteaban sobre la alfombra oriental, pero al director no parecía importarle.
O bien las había limpiado con regularidad o el patrón de manchas marrones era
el resultado de castigos similares. No podía dejar de comparar la golpiza que
North estaba recibiendo con lo que había visto tomar a Broward. En ese
entonces, había pensado que el director ejercía el bastón con ferocidad
sorprendente. Pero no era nada de lo que North estaba sufriendo bajo el remo.

—Por favor —gemí, sosteniendo una mano. North me vio y movió la cabeza.

—Casi... hecho —rechinó él—. Déjalo... terminar.

Retiré mi mano y me mordí los labios hasta sangrar para no rogar más. North
tenía razón: no había nada que yo pudiera hacer, sino estar en silencio y dejar
que el director terminara de dar la golpiza. Me alivió un poco cuando los
últimos tres golpes parecía venir más rápidamente que los demás. Podrían
haber sido un poco más ligero y, probablemente porque Hinks estaba mirando
Chauser en evidente desaprobación.

—... Diez. Ahí está. —Por fin el director arrojó su remo y dio un paso atrás.
Había una expresión de alivio en sus ojos que me hizo pensar que no le
importaba mucho esta parte del trabajo, aunque claramente lo tomó en serio
como para hacerlo minuciosamente—. Pueden irse, North, Jameson —dijo,
163

asintiendo a los dos—. Y no dejen que esto vuelva a suceder.

—No, señor —respondió North a través de sus dientes apretados—. No lo


Página

haremos. —Poco a poco, con cuidado, se levantó de la posición encorvada que


había asumido sobre el escritorio. Dio un paso y luego vaciló, casi colapso en el
acto.

Corrí hacia él con rapidez.

—Déjame ayudarte —le supliqué, tratando de encontrar una manera de


apoyarlo sin tocar su espalda herida—. Por favor, North, apóyate en mí.

—Nunca pensé que tendría que pedir ayuda a un camarón como tú —bromeó
con voz ronca. Pero pasó un brazo por mis hombros de todos modos y me dejó
tomar algo de su peso—. Voy a estar bien —murmuró, sacudiendo la cabeza—.
Simplemente quema en estos momentos. Mejorará en un minuto...

—Por supuesto que lo estarás. Ustedes dos vengan conmigo. —Hinks caminó
rápidamente hacia la puerta y, al no saber qué más hacer, lo seguí, todavía a
medio camino apoyando a North.

Hinks nos llevó a la parte posterior del edificio administrativo y abrió una
puerta.

—Aquí estamos. —Asintió hacia el otro lado del campus—. Las clases ya
empezaron así que deberían ser capaces de volver a su dormitorio sin que nadie
los vea. Haré que estén excusados por hoy.

—Gracias. —Asentí a Hinks—. Te lo agradezco.

—No hay problema en absoluto, cariño. —Me dio una sonrisa simpática—. Ah,
y aquí, casi lo olvido. —Me dio un pequeño tubo blanco en la mano—. Pomada
curativo Molecular —explicó—. Mitiga los efectos de los golpes casi de
inmediato, sólo asegúrate de lavar las heridas completamente primero. Y no le
digas al director que te lo di a ti, le gusta pensar que sus pequeños castigos
dejan una impresión duradera, pero no te lo he dicho. —Me hizo un guiño de
complicidad.

—Por supuesto. —Agarré el tubo de la valiosa pomada—. No vamos a decir


una palabra. Gracias, Hinks.

—Es un placer. He estado aquí por más tiempo de lo que me gusta admitir,
pero nunca he visto nada tan valiente o tan hermoso como lo que él hizo por ti.
164

—Miró a North—. Tienes que amar mucho a Jameson.


Página

North hizo una mueca.


—Más de lo que debería, eso es seguro —murmuró—. Jameson, ¿podemos salir
de aquí? Mi espalda se siente como si estuviera en llamas.

—¡Váyanse, váyanse! —Nos ahuyentó Hinks por la puerta trasera—. Y si


necesitan algo más, háganmelo saber. Me ocuparé de que lo consigan.

—Gracias, Hinks —dije, asintiendo hacia él con gratitud. Tuve que admitir que
podría haber juzgado mal al asistente del director, o tal vez sólo estaba viendo
un nuevo lado de él.

En cualquier caso, Hinks fue pronto la última cosa en mi mente. North tropezó
y casi se cae y fue todo lo que pude hacer para mantenerlo en pie.

—Vamos. —Tiré de él en la dirección correcta—. Vamos.

Tenía que llevarlo de vuelta a nuestro dormitorio antes de que colapsara. Y de


la forma en que se veía, esta podría no ser una tarea fácil.

165
Página
Capítulo 24
Traducido por RoChIiI

— Corregido por andreasydney

Vamos, sólo un poco más lejos —le insté, tratando de que


North subiera el último tramo de escaleras.

—Bien. —Su rostro estaba pálido y su boca era una blanca línea apretada.
Estaba claro que cada paso que daba tiraba de la carne desgarrada de su
espalda y le causaba un dolor insoportable pero él se negó a gemir. Sólo apretó
los dientes y siguió avanzando.

Me sentí aliviada cuando por fin llegamos a nuestra habitación de la residencia


sin encontrar a nadie en el camino. Suavemente, ayude a North a echarse boca
abajo en su cama y luego corrí para conseguir algo de agua limpia y paños.

Cuando volví, él seguía tumbado en la misma posición pero sus ojos azules
estaban sospechosamente brillantes, como llenos de lágrimas no derramadas.
Retorcía mi corazón ver su dolor y me pregunté otra vez por qué lo había
hecho. ¿Por qué se había sacrificado por mí?

—Está bien, North —le dije con voz ahogada, sentándome en la cama junto a él
con cuidado—. Todo va... va a estar bien. Curaremos esto en poco tiempo.

—Bien. —Él asintió estoicamente mientras escurría uno de los paños y lo


utilizaba para secar su herida espalda. A pesar de que fui tan suave como pude,
él todavía hizo una mueca y se alejó de mi tacto—. ¡Dios, Jameson! Eso duele
más de lo que lo hizo la jodida golpiza.

—Lo siento. —Suavicé mi toque aún más hasta que estaba apenas tocándolo.
Las largas y planas heridas que surcaban su espalda hicieron rodar mi
estómago, pero no porque lo encontrara repugnante, sino a causa de la agonía y
el tormento que representaban. Agonía que North había soportado por mí.

Obtuve la mayor parte de la sangre limpiada y luego agarré el tubo de


166

ungüento. Desenrosque la tapa y olí—un olor fuerte, astringente encontró mi


nariz y fruncí el ceño.
Página
—No estoy seguro, North, pero creo que esta cosa que Hinks me dio para tu
espalda puede picar —le dije—. ¿Quieres que la utilice o no?

Él suspiró.

—Es eso o esperar semanas para que mi espalda sane por su cuenta. Sí,
adelante, úsalo, camarón.

—Está bien. —Rocié un poco de ungüento sobre mi dedo—. Creo que será
mejor que te prepares, entonces.

Dio un apretón firme en la almohada, sus labios en una línea sombría.

—Adelante.

Vacilante, pasé la crema amarillenta sobre su espalda, extendiéndola


suavemente por una de sus largas heridas. North se tensó bajo mi tacto y lo vi
apretar la mandíbula. Inmediatamente, me preocupé.

—¿Te duele?

—Se siente como si estuvieras recubriendo mi espalda en fuego líquido. —La


profunda voz de North estrangulada—. Se siente como... espera. —Él frunció el
ceño—. Ahora me siento mejor, mucho mejor. —Estiró alrededor su cabeza y
luego gimió y se dejó caer de nuevo sobre la almohada—. No puedo ver. ¿Qué
aspecto tiene?

Miré su espalda y me impresionó lo que vi. La herida que había tratado con la
pomada se cerraba ante mis ojos. Vi la carne uniéndose, casi como una
cremallera siendo cerrada. Pronto no quedó nada más que una delgada línea
blanca—una pequeña pero permanente cicatriz de la paliza.

—¿Y bien? —preguntó con impaciencia North y me di cuenta de que estaba


gastando demasiado tiempo mirando.

—Esta... está curado —le dije, todavía asombrada—. Este ungüento funciona
como magia, es increíble.

—Sí, se siente increíble también —murmuró con sarcasmo—. Hinks debe


haberte dado algo de lo bueno. —Suspiró—. Bueno, vamos, haz el resto.
167

—Voy a ir tan rápido como pueda —le prometí.


Página

North sólo asintió y apretó la cara contra la almohada.


—Grita si quieres —le dije, exprimiendo otro poco de ungüento—. Podría
ayudar dejarlo salir. —Luego me fui a trabajar en él, haciendo correr la pomada
por las heridas largas lo más rápido que fuera posible.

No sé si North tomó mi consejo y gritó pero ciertamente oí alguna maldición


ahogada viniendo de las profundidades de la almohada. Trabajé como un
relámpago, rezando para que su dolor terminara pronto. Cuando por fin
terminó, todo su cuerpo estaba tenso como un alambre y estaba sudando y
respirando con dificultad.

—Todo hecho —le dije, haciéndole saber que todo había terminado—. El dolor
debería parar pronto. —Eso esperaba de todos modos.

Para mi alivio, su cuerpo ancho por fin se relajó y la tensión dejó sus largas
extremidades.

—Ahh —gimió, yaciendo deshuesadamente en la cama.

—¿Mejor ahora? —le pregunté, tal como lo había hecho cuando me consolaba.

North volvió la cabeza hacia un lado para que pudiera verme.

—Sí. Un infierno mucho mejor, gracias, Jameson.

—No hay problema —le dije en voz baja—. Ahora dime por qué.

Él se movió incómodo.

—¿Por qué?

—No finjas que no sabes de lo que estoy hablando —le dije—. ¿Por qué
mentiste por mí? ¿Por qué tomaste la paliza que debería haber sido mía?

Él frunció el ceño.

—Era la única manera de evitar que te expulsaran.

—¿Y por qué te importa si me expulsan? —exigí—. Apenas has hablado


conmigo.

North se pasó una mano por el pelo.


168

—Mira, enano, sé que he estado un poco... callado últimamente y lo siento. Sólo


Página

he estado algo... confundido.


—¿Confundido acerca de qué? —le pregunté.

Él negó con la cabeza.

—Eso no importa. La cuestión es que ahora estoy bien. Ahora sé por qué me
siento... eh, por qué siento lo que siento por ti

De repente mi corazón latía con fuerza en mi pecho.

—¿Y cómo te sientes por mí?

North frunció el ceño.

—Ya sabes... protector. Y, bueno... —Se aclaró la garganta—. Me gustas. Como


estar cerca de ti, pasar tiempo contigo. Pensé que era extraño.

Mi pulso estaba acelerado pero traté de mantener mi voz normal.

—¿Extraño? Se llama amistad, North. ¿Qué hay de raro en eso?

—Nada. —Él negó con la cabeza—. Es que... es tan fuerte lo que siento por ti.
Dios... —Se pasó una mano por el pelo—. Eso suena mal. La cosa es que
finalmente me di cuenta por qué, me recuerdas a mi hermano pequeño, Jamie.

—¿Es él el que está en el cuadro? —le pregunté, señalando la foto holográfica en


su cómoda. La que él me había sorprendido viendo el primer día.

North desvió la mirada.

—Sí, ese es él. —Se aclaró la garganta—. Era un gran hermano.

¿Era? Pensé en cómo el director había dicho que North había atravesado una
tragedia.

—¿Él...? —No podía hacerme terminar la pregunta.

—Murió —dijo North pesadamente—. Es por eso que perdí gran parte del año
pasado. —Su voz era profunda con emoción, aun así no me miraba.

—Oh, North —susurré. Enormemente audaz, extendí la mano y pasé los dedos
muy ligeramente a través del pelo rubio en la base de su cuello.
169

Un escalofrío pasó sobre él y luego respiró hondo y miró hacia arriba.


Página
—Jamie estuvo enfermo toda su vida y nunca se vio, bueno, normal, supongo.
Siempre tenía que protegerlo, mantenerlo a salvo de los matones y ese tipo de
cosas.

—¿Y es por eso que me proteges? —Mi corazón se hundió un poco. Era una
dulce y generoso motivo pero no pude evitar desear sólo un poco que North se
sintiera por mí como yo sentía por él. Dejé de acariciar su pelo y retiré la mano.

Él asintió con la cabeza.

—Sí, supongo que sí.

—Bueno... gracias —dije—. Gracias por todo, North. Sólo...

—¿Sólo qué? —Se movió experimentalmente y, al parecer, sin sentir dolor, se


puso de costado para enfrentarme—. ¿Qué está mal ahora?

—Yo sólo... —Yo podía sentir mis mejillas calentándose pero tenía que hacer la
pregunta—. Sólo no entiendo porque le dijiste al director… lo que le dijiste.
Acerca de nosotros dos siendo... haciendo... —No podría seguir.

North se movió incómodo.

—Bueno, tú sabes, yo estaba jugando una corazonada. Me imaginé que Hicks se


lo tragaría, y él y el director son muy cercanos, si sabes lo que quiero decir.

—Sí. —Me aclaré la garganta—. Lo sé. Por lo menos ahora lo hago. Hasta hoy
no lo sospechaba.

—Así es. —North asintió—. Así que ahora que tienes respuesta a todas tus
preguntas, yo tengo una.

—Está bien —le dije con cuidado, preocupada de que quisiera saber más sobre
adonde había ido anoche y con quien había estado hablando—. Voy a tratar de
responder.

North me dio una pequeña sonrisa.

—No te preocupes, no es difícil. Sólo quiero saber dónde pasaras las vacaciones
de invierno.
170

—¿Vacaciones de invierno? —Su pregunta me pilló completamente fuera de


Página

guardia. Había estado planeando arriesgarme a volver a casa, cuando


Kristopher todavía estaba allí. Pero dado que se iba de gira con la orquesta, no
había realmente ninguna razón para ir.

Kristopher y yo le habíamos dicho al personal de la casa que había sido enviada


a una exclusiva escuela y yo no quería tener que inventar respuestas a bien
intencionadas pero molestas preguntas sobre mis clases.

—Sí, ya sabes, ¿las vacaciones de invierno, dos semanas enteras fuera? —North
levanto una ceja—. ¿Dónde las pasarás?

—Aquí, supongo —le dije. Siempre que, por supuesto, no fuera una de esos
seleccionados al azar para hacer la prueba de ADN. En caso de que así fuera,
podría pasar el descanso en prisión o en un laboratorio en algún lugar haciendo
crecer de vuelta a una de mis manos. Pero no quería pensar en eso.

North negó con la cabeza.

—¿No puedes ir a casa?

—No —suspiré—. En realidad no. Y de todos modos, no hay nadie para mí


para que vaya a casa. —El pensamiento de pasar el invierno sin Kristopher dejó
un repentino nudo en mi garganta. Dianna nunca se puso muy fría pero
habíamos tenido siempre los mejores momentos juntos. A menudo
espantábamos a la cocinera de la cocina y horneábamos galletas juntos—
algunas de ellas casi comestibles.

Y por supuesto estaba la manera en que Kristopher tocaría para mí en su violín


mientras nos sentamos junto al fuego...

—Oye... —North se incorporó y pasó sus nudillos suavemente contra mi


mejilla—. Estás llorando —dijo en voz baja.

—¿Lo estoy? —Puse una mano en mi cara y mis dedos salieron mojados—. Lo
siento, sólo estaba pensando.

—Bueno, si estás molesto porque no tienes a nadie con quien pasar las
vacaciones, no lo estés —dijo North con decisión—, porque estarás pasándolo
conmigo.
171

—¿Contigo? —Lo miré con incertidumbre—. No lo sé North ¿qué pensarán tus


padres?
Página
—Van a estar contentos de que hice un amigo. El resto de mi formación se
graduó sin mí el año pasado y desde entonces no he encontrado a nadie que me
importe lo suficiente como para pasar tiempo juntos.

Mi corazón empezó a latir de nuevo.

—Y estás diciendo... ¿qué te preocupas por mí?

—Sabes que sí —dijo en voz baja. Se aclaró la garganta y miró hacia otro lado—.
¿Así se quieres venir?

—Con una condición. —Levanté un dedo—. No más tratamiento silencioso. Y


no actúes como si no supieras lo que quiero decir. Me ha estado volviendo loco,
la forma en la que simplemente dejaste de hablar.

Se pasó una mano por el pelo rubio.

—Sí, lo sé. Lo siento. Como ya he dicho estaba... uh, confundido.

—Sólo no lo vuelvas a hacer —le dije suavemente—. Sea lo que sea que estés
pensando o sintiendo o nada, quiero saber. Sólo no... —Tragué saliva—. No me
dejes afuera. Eso duele más que cualquier cosa que Broward pueda hacerme.

—No sé sobre eso —dijo secamente—. Teniendo en cuenta algunas de las cosas
con las que le he escuchado amenazándote... —Entonces, al ver la mirada seria
en mi cara, asintió—. Está bien, fui un idiota. Lo siento.

Suspiré.

—Supongo que no puedo quejarme demasiado. Todavía estabas allí para mí


cuando contaba. Hoy en la oficina del director. Y la otra noche cuando tuve ese
mal sueño… —Mis mejillas se pusieron calientes sólo al recordar lo bien que se
había sentido ser sostenida en sus brazos y, para mi sorpresa, las mejillas de
North estaban rosadas también.

—Um, sí, supongo que sí. —Se paró de repente—. Oye, tenemos todo el resto
del día libre ¿sabías? Hinks nos excusó de todas nuestras clases así que ¿qué es
lo que quieres hacer?

—No sé —le dije con incertidumbre—. ¿Estudiar?


172

—No, eso es aburrido. —Me dio una sonrisa de medio lado—. Vamos a ir a la
Página

sala de mapas en la biblioteca y planear nuestras vacaciones de invierno. Te voy


a mostrar diapositivas de Apolo y me dirás adonde quieres ir y que quieres ver.
Nunca has estado allí, ¿verdad?

Negué con la cabeza.

—No, pero he oído lo hermosa que es.

—Es perfecta —me aseguró North—. Estas vacaciones de invierno lo serán


también. Vamos Jameson, andando.

Sin dejar de sonreír, se puso una camisa limpia y nos fuimos a la biblioteca.
Mientras caminábamos, no podía dejar de pensar que parecía una persona
totalmente nueva.

Era como si el dolor de los azotes hubiera aclarado algo para él, tal vez su
mente se aclaró de alguna manera. No sabía cómo había pasado y estaba
demasiado agradecida para que me importe. Sólo estaba contenta de tener a mi
antiguo, amigable compañero de habitación de nuevo, aunque ahora estaba
segura de que él no se sentía por mí como yo por él.

173
Página
Capítulo 25
Traducido por Nanami27

Corregido por KatieGee

L
os exámenes de mitad de periodo se fueron de un tirón. Era la mejor de
todas mis clases, y aunque dos veces el chico sentado a mi lado o
delante de mí fue elegido para la prueba de ADN, yo nunca lo fui. Fue
con un gran suspiro de alivio que empaqué mis escasas pertenencias y
seguí a North en un transbordador con destino a Apolo.

Era un vuelo más largo que el que yo había tomado para llegar a la Academia
en primer lugar, pero el vertedor de propulsión de hidrógeno más Rápido que
la Luz aseguró que aún tardaba menos de un día para llegar a la luna más
hermosa en el sistema Prometeo. Miré ansiosamente por la ventana mientras
aterrizábamos, queriendo ver la belleza de primera mano.

La mayor parte de las masas de tierra de Apolo eran largas y delgadas—cubrían


tres cuartas partes de la superficie de la luna, casi como franjas. Y entre ellas
estaban kilómetros y kilómetros de océano de azul verdoso claro. La
combinación hacía que casi todos los lugares que visitaras fueran la playa.
Algunas de las franjas más gruesas de la tierra tenían montañas también, las
que conducían directamente hacia el mar. Según North, la casa de su familia
estaba situada en una de estas.

—¿Has estado alguna vez en la playa antes? —me preguntó mientras


desembarcábamos en la ruidosa y abarrotada estación de transporte.

Negué con la cabeza.

—No, pero he leído sobre ella a menudo. Tengo muchas ganas de verla por
primera vez.

—Vas a amarla, pero tendremos que encontrarte un traje de baño.

—¿Un traje de baño? —Sentí mi boca repentinamente seca.


174

—Por supuesto. —Él asintió—. No puedes ir a nadar en tu uniforme, renacuajo.


Página

—Supongo que no —dije con voz débil. Sólo esperaba que el traje que me
encontrara para nadar tuviera un montón de cobertura en todos los lugares
correctos. Justo estaba abriendo mi boca para preguntar más sobre ello, pero
North estaba demasiado ocupado llamando un taxi flotante como para llamar
su atención.

Una vez dentro del vehículo gris y blanco, nos deslizamos silenciosamente a
través de una pequeña ciudad que parecía abastecer a turistas. Había mujeres
ligeras de ropa por todas partes—usando menos de lo que las mujeres de
Victoria usaban como ropa interior. Aunque estaba segura de que era normal
para Apolo, no pude evitar sentirme un poco sorprendida por su falta de
decoro. Ignorando deliberadamente a los casi desnudos turistas, me concentré
más bien en las pintorescas tiendas de colores brillantes. Muchas de ellas
cubiertas de una capa suave de pelaje azul verdoso, que North me dijo era un
tipo de alga llamada lágrimas de doncella.

—Pero… ¿a la gente no les importa tener algas creciendo sobre todas sus
tiendas? —pregunté.

Él se encogió de hombros.

—Solía hacerlo. Los primeros pobladores de Apolo intentaron de todo para


deshacerse de ella. Entonces, cuando la primera gran tormenta se presentó, se
dieron cuenta de que los edificios que estaban cubiertos de lágrimas de doncella
se mantuvieron unidos, un infierno mejor que de los que no tenían. Actúa como
una especie de pegamento natural, una capa protectora. Ahora ellos la animan a
crecer.

—Oh. —Estaba a punto de preguntarle más al respecto, pero el taxi flotante de


repente llegó al final de la ciudad y el escenario cambió abruptamente. Las
carreteras llanas y arenosas se volvieron colinas continuas y pronto estuvimos
subiendo la ladera de una montaña empinada cubierta de árboles con ramas
largas y senderos de ramas llenas de flores de color púrpura—. Esto es hermoso
—exclamé, mirando por la ventana.

North sonrió.

—Suenas igual que mi mamá, ama la belleza natural porque creció en Midas,
donde todo está demasiado industrializado. De hecho, cuando mi papá se lo
175

propuso, le dijo que se casaría con él con una condición, que le construyera una
casa en Apolo. —Sonrió—. Y han estado aquí desde entonces.
Página
—Suena como que tus padres son muy cercanos —dije con tristeza, pensando
en mi propio y distante padre, y la madre que nunca había conocido.

North asintió.

—Sí. Es algo bueno también. No creo que pudieran haber sobrevivido a lo


que… le pasó a Jamie de otra manera.

—Lo siento —susurré, sin saber qué más decir.

North negó con la cabeza.

—No importa. Sólo espera a que veas la casa, mi mamá la diseñó ella misma.
Bueno, le dijo a papá lo que quería y él la diseñó, de todos modos.

—¿Oh? —Lo miré con sorpresa—. Siempre pensé que tu padre estaba en el
Cuerpo Espacial, como el mío.

—Lo estaba, pero obtuvo un descargo después de que Jamie nació. Es un


maestro de la arquitectura.

Estaba a punto de preguntar más sobre qué hacía un maestro de arquitectura,


pero el taxi flotante subió una última colina empinada y se detuvo enfrente de
la más extraña y hermosa casa que alguna vez había visto. Parecía estar
construida justo en la ladera de la montaña con ventanas redondas y vidrios
multicolores, y con una escalera de caracol conduciendo a la amplia puerta
principal hecha de algún tipo de madera flotante. También noté una rampa al
lado de la casa que conducía a una puerta lateral. Me preguntaba si se había
añadido después para permitir un acceso más fácil al hermano menor de North.
Tuve la vaga idea proveniente de North, de que él había tenido algún tipo de
condición mental débil, ¿pero de qué exactamente había muerto?

—¿Bueno? —preguntó North—. ¿Qué te parece?

—Es magnífica —suspiré, siendo realmente sincera—. Puedo ver por qué la
adoras. Tu madre y padre deben ser muy talentosos.

—Lo descubrirás cuando los conozcas. Les dije todo acerca de ti, los llamé
mientras estabas recibiendo tu boleto en la estación. —North me sonrió—. De
176

hecho, salgamos del taxi, aquí vienen ya mismo.

Mientras él hablaba, dos personas altas y bien vestidas —un hombre y una
Página

mujer— salieron por la puerta principal y bajaron la escalera de caracol para


saludarnos. Salimos rápidamente del taxi flotante automatizado y North deslizó
su tarjeta de crédito en la ranura para pagarlo. Zumbó sin hacer ruido justo
cuando sus padres llegaron hasta nosotros.

—¡Daniel! —La mujer, que tenía el cabello dorado justo como el de North,
extendió los brazos. North la abrazó afectuosamente. Cuando él se retiró, había
lágrimas en los ojos de ambos.

—Hola, mamá —murmuró y lo vi secarse los ojos a toda prisa con la manga.

—Es tan bueno tenerte en casa a salvo para el Descanso. —Le sonrió, pero podía
ver algo roto en su afectuosa expresión. Obviamente iba a ser duro para ella,
tener a North en casa sin su otro hijo para completar la familia. Me preguntaba
con inquietud si debería haber permitido que North me convenciera de venir
después de todo.

Entonces el padre de North se apoderó de su hijo por el hombro y tiró de él en


un abrazo de oso.

—Qué bueno tenerte de regreso, Daniel —dijo con voz ronca, cuando liberó por
fin a North—. Te hemos extrañado.

—Yo también los extrañé, papá. —Sonrió North y pensé que hasta ese momento
ni siquiera había sabido su nombre de pila. Daniel. Era lindo, le iba bien.
Aunque para mí, siempre sería North.

—Ahora bien, no olvidemos que tenemos un invitado. —La madre de North


tendió una mano para que la agitara, lo que hice torpemente—. Kris, ¿no? —
preguntó y yo asentí.

—Muchas gracias por invitarme a su encantadora casa, Sra. North —dije


formalmente, justo como haría durante una tarde de té en Victoria.

—¡Oh Dios, esos modales! —Ella se rió—. Tal vez puedas enseñarle a mi hijo un
par de cosas.

—De lo que me dice North, él ya lo hace. —El padre de North volvió sus
penetrantes ojos azules que lucían exactamente como los de North en mi
dirección—. Gracias por instruir a Daniel en Navegación Astronómica. Dice que
177

habría pasado un tiempo difícil sin ti.


Página
—Oh, no. No realmente… —Podía sentir mis mejillas calentarse y luego me
preocupó que no fuera una reacción varonil. North ya se había acostumbrado a
mí, acostumbrado a pensar en mí como un hombre. Pero, ¿sus padres verían a
través de mi disfraz? Levanté la barbilla e intenté profundizar mi voz—. Quiero
decir, él lo hace muy bien por su cuenta.

—Bueno, eso no es lo que él dice. —El padre de North me dio una palmada en
la espalda—. Estamos muy agradecidos.

—Y muy alegres de darte la bienvenida a nuestra casa. —La madre de North


hizo un gesto hacia la casa—. Anda, vamos a instalarte.

Subimos las escaleras en fila y entramos por la amplia puerta de madera


flotante. En el interior era muy encantador. Todo el mobiliario parecía estar
hecho de madera flotante también, pero los exteriores armazones nudosos del
sofá y las sillas estaban suavizados por grandes y lujosas almohadas en una
variedad de colores. La madre de North parecía tener un gusto por las
antigüedades de la antigua Tierra—jarrones y figuras estaban esparcidos
alrededor, en un estilo genuino y sencillo que se añadía a la cálida sensación de
la casa.

—Todo esto es tan hermoso —murmuré mientras North, su madre, y yo


subíamos otra escalera de caracol, la cual nos condujo al segundo piso—. Nunca
he visto una casa tan extraordinaria.

—Bueno, gracias, Kris. —La madre de North me sonrió de alegría—. Amo la


decoración aunque mis hijos me dicen que me voy por la borda algunas veces.
Jamie siempre dice… —Se detuvo abruptamente y se aclaró la garganta—. Lo
siento. Jamie es… era mi hijo menor. Estoy segura… de que North te ha hablado
de él.

—Un poco —dije con cautela. Cuando llegamos a lo alto de las escaleras, me
volví para mirarla—. Yo, um, me siento muy apenado por su pérdida.

—Gracias, cariño. —Me dio esa cálida pero rota sonrisa de nuevo—. Y espero
no hacerte sentir incómodo. Aún estamos aprendiendo a vivir sin él. Esto… no
ha sido fácil.
178

—Entiendo —le dije—. Es decir, nunca he perdido a nadie excepto a mi madre y


eso fue cuando nací. Pero puedo imaginarlo… —Me interrumpí, sintiéndome
Página
estúpida, pero la madre de North me sonrió de nuevo y puso una mano sobre
mi hombro.

—Eres un chico muy dulce. Puedo ver por qué le agradas tanto a Daniel.

—¡Mamá! —Las mejillas de North se pusieron rojas de la vergüenza, pero me


encontré a mí misma sonriendo a su madre, agradándome mucho. Ella era
exactamente lo que hubiera deseado para una madre si pudiera haber tenido
una.

—Ahora, espero que no te importe, pero vas a compartir la habitación de Daniel


—continuó, guiándonos por el estrecho pasillo y abriendo otra puerta de
madera flotante. Adentro estaba una habitación enorme, mucho más larga que
ancha. Un extremo de la habitación estaba dominado por una gran cama doble
y el otro contenía un escritorio, una computadora y un equipo de videojuegos.

Había algo más en el escritorio también—otra foto holográfica de North y su


hermano menor. Pensé que esta debió haber sido tomada más tarde, quizás
cerca del final. Los ojos de Jamie estaban hundidos y vacíos, y su cuerpo
obviamente mucho más torcido y deformado que en la foto holográfica que
North mantenía en la escuela. Sin embargo, había una radiante sonrisa en el
rostro de Jamie que parecía iluminar toda la habitación. En la imagen, North
estaba mirando a su hermano menor con el mismo protector y feroz amor que
yo sentía por mi querido Kristopher. Se me hizo un nudo en la garganta sólo al
verlo.

—…compartirán una cama —dijo la Sra. North.

—¿Disculpe? —La miré con incertidumbre, notando que debí haberme perdido
lo que estaba diciendo.

—Dije que tú y Daniel tendrán que compartir su cama, pero es bastante grande.
No será un problema, ¿verdad? ¿Puesto que ustedes dos son compañeros de
cuarto? —Me miró expectante, obviamente esperando que permitiera todo el
asunto de buena manera para que ella pudiera seguir adelante. Abrí la boca
para hacer precisamente eso, pero de alguna manera las palabras no salían, mi
educación Victoriana se erigió para sofocarme.
179

—Espero que estés siendo decente —me había dicho Kristopher y yo le había
asegurado que lo era. Pero ahora, compartiría una cama con un hombre que ni
Página
siquiera era mi prometido, y mucho menos mi esposo. Lo que era casi
impensable.

—¿Jameson? ¿Estás bien? —La pregunta preocupada de North me sacó de mi


parálisis por la culpa.

—Yo, uh, sí. Muy bien. —Me aclaré la garganta—. Lo siento. Es que… de dónde
vengo no lo hacemos…

La madre de North negó con la cabeza en una obvia confusión.

—¿No hacen qué, cariño?

—Él es de Victoria, mamá —explicó North—. Tienen todo un conjunto de reglas


diferentes allí.

—¡Oh, cariño! —Ella puso una mano en su mejilla—. No lo pensé… Lo siento


mucho Kris, pero la única habitación libre es la de Jamie y yo no he… —
Parpadeó rápidamente, como si tratara de contener las lágrimas—. No he sido
capaz de entrar ahí… para limpiarla todavía.

—Está bien, mamá —dijo rápidamente North—. Puedo dormir en el suelo.

—No, no lo harás —dije a la vez—. Está bien, Sra. North, honestamente. Lo


siento mucho si la molesté, fui capturado con la guardia baja, eso es todo. Pero
no me importa… siempre que North no se acapare todos los cobertores —
finalicé, tratando de sonreír.

La Sra. North devolvió la sonrisa amablemente ante mi débil broma.

—Bueno entonces, si estás realmente seguro de que no te importa…

—No, en absoluto —le aseguré apresuradamente.

—Estaremos bien, mamá —se interpuso North—. Vamos, Jameson. —Atravesó


el dormitorio y dejó caer su bolsa de lona en la cama. Lo seguí un poco vacilante
y puse mi bolsa más pequeña al lado de la suya.

—Bueno, entonces… —Nos sonrió a ambos la madre de North—. La cena será


en aproximadamente media ahora. E hice tu platillo favorito Daniel, estofado
180

cola de s’roth.
Página

Me volví hacia él mientras ella se iba.


—¿Qué es un s’roth?

Se encogió de hombros.

—Sólo un animal extraño que es nativo de Apolo. Parece un cruce entre un


árbol y una vaca de la antigua Tierra. No se mueven muy rápido y tienen una
cola carnosa y larga que vuelve a crecer cuando la cortas. Es una especie de
alimento básico local ya que no tienes que matar al animal para obtener la
carne, funciona de maravilla para todos.

—Excepto para el s’roth aparentemente —dije, colocándome cuidadosamente a


un lado de la cama.

North se sentó en el otro lado de la cama, transversalmente a mí.

—¿Estás seguro de que estás bien con esto? Lo siento, no pensé que te
molestaría tanto.

—No lo hace —dije rápidamente—. Sólo fue… inesperado. Pero estaré bien.

—Si tú lo dices. —Me dio una penetrante mirada y luego la desvió—. Bueno,
será mejor que nos preparemos para la cena. Y podría haber tiempo para nadar
un poco en el océano después, si quieres.

—No sé cómo nadar —confesé.

—¿No sabes cómo nadar? —North me miró como si fuera impensable—. ¿Esa
es otra cosa de Victoria o simplemente nunca aprendiste?

Me encogí de hombros incómodamente.

—Un poco de ambos, supongo. —Honestamente, era porque una verdadera


dama en Victoria nunca usaría nada tan escaso como un traje de baño, aunque
algunas que se cubrían desde el cuello hasta los tobillos eran consideradas
demasiado oportunas para ser apropiado. Pero no podía decirle eso a North.

—Bueno, no te preocupes. —Me dio una palmada en la espalda—. Te enseñaré.

—¿Qué? —Lo miré con temor—. No lo sé, North. No estoy seguro de que
quiera aprender.
181

Él arqueó una ceja hacia mí.


Página
—No me digas que el valiente campeón de esgrima quien desafió a Broward a
un duelo, ¿está asustado por un poco de agua?

En realidad, estaba más asustada de lo que el agua podría revelar, pero me


limité a negar con la cabeza.

—Es sólo que… no estoy seguro.

—No te preocupes por eso, las olas de aquí son realmente suaves, siempre que
vayas en el momento adecuado del día. —Bajó la voz un poco y me miró a los
ojos—. Y juro que te mantendré a salvo.

Mi corazón dio un vuelco y no pude protestar más. Aunque sabía que sólo
estaba siendo un buen amigo, se sentía como si hubiera una especie de
electricidad entre nosotros cuando me miraba de esa manera. Estás
imaginándotelo, me dije a mí misma con severidad. Deja de pensar de esa manera…
¡sólo empeoras las cosas!

—¿Bueno? —dijo suavemente North y me di cuenta de que esperaba por mi


respuesta.

En silencio, asentí.

—Bien. —North apretó mi hombro—. Vas a amarlo. Lo prometo.

No estaba tan segura de eso, pero parecía haber perdido mi habilidad para
decirle que no a él. Esperaba poder recuperarla pronto, por mi propia
seguridad, así como por la de mi lejano hermano.

182
Página
Capítulo 26
Traducido por Kanon

Corregido por Manu―ma

E
l estofado de cola de s’roth estuvo delicioso, jugoso y delicado al
mismo tiempo. Fue claro ver porque North había descrito al s’roth
como una combinación entre una vaca y un árbol. La pulpa tenía la
consistencia de la carne y los vegetales combinados de algún modo en
uno. Lo encontré extraño pero sabroso y muy agradable.

El baño de más tarde tampoco estuvo malo, aunque fue un poco difícil
encontrar un traje de baño para mí. No podía usar uno de North, por supuesto,
y no tenía uno propio. Al final la madre de North hizo un “bañador” con lo que
dijo había sido uno de North cuando él era de mi tamaño. A juzgar por los
personajes de caricatura impresos en la colorida y holgada tela, debió haber
sido mucho más joven cuando era del tamaño del que yo era ahora. El bañador
era un short sin entalle que llegaba bajo mis rodillas. Escondía bien mi
entrepierna, de lo que estaba agradecida, pero aun así tuve que insistir en usar
una camiseta.

—Estamos sólo nosotros ahora, ya sabes. —Señaló North mientras registraba mi


bolsa, buscando una camisa que fuera lo suficientemente liviana para usar
mientras quedara sumergida en el agua y también lo suficientemente gruesa
para cubrir mi pecho vendado—. No tienes que ser tan discreto.

—Siempre hemos sido “sólo nosotros” en el dormitorio. —Señalé con un poco


de frialdad mientras elegía una camisa y buscaba algún lugar privado donde
ponérmela—. Y aún soy pudoroso allá.

Asintió.

—Ya lo creo. Sólo quiero que sepas que puedes confiar en mí. No voy a reírme
de ti o tomarte el pelo si tienes algo… —Aclaró su garganta—. Algo que
prefieras no mostrar a la mayoría de las personas.
183

Lo miré rápidamente. ¿Era posible que sospechara de mí después de todo este


tiempo? Pero en su mirada no guardaba sospecha… sólo esperanza. ¿Él quería
Página

que nos volviéramos más cercanos durante este receso? Mi corazón se aceleró;
no podría negar que me sentía de la misma manera. Pero nunca podría
volverme lo suficiente cercana para mostrarle lo que yo escondía del resto del
mundo, nunca podría confiar en él lo suficiente para poner no sólo mi vida, sino
también la vida de Kristopher en sus manos. E incluso si pudiera confiar lo
suficiente, la idea de estar en topless en frente de él hace que mis mejillas se
enciendan de vergüenza.

—Lo siento —dije, sintiendo mi cara ponerse roja—. Pero sólo soy… soy tímido,
North. Por favor intenta comprenderlo.

Su penetrante mirada azul se suavizó.

—Sí, está bien, enano. No quería presionarte… simplemente quería que sepas
que puedes confiar en mí.

—Lo hago —dije suavemente. Tanto como puedo, de todos modos. Nuestros
ojos se encontraron y los sostuvimos por un largo tiempo, entonces North
aclaró su garganta mirando hacia otro lado.

—Ve afuera y gira a la izquierda —dijo—. Es la sala al final de vestíbulo,


novato.

—Gracias —dije y salí, aferrando la camisa y el bañador contra mi pecho.

***

A pesar del largo trayecto en el taxi flotante hasta la casa de North, fue
sorprendente un corto viaje al océano. Una escalera de caracol había sido
esculpida en ladera de la montaña la cual bajaba directamente a las blancas
arenas de una playa privada. Maravillada miré fijamente a la vasta expansión
de arena gris perlada, brillando como plata a la luz del atardecer. Por encima de
ello, cristalinas olas verde azuladas llegaban hasta la orilla gentilmente. Como
todo lo demás en Apolo, era hermoso.

—¿Te gusta? —preguntó en voz baja North, que estaba de pie junto a mí.

Asentí.

—Es impresionante.
184

—Y se siente incluso mejor de lo que se ve. —Me dio una sonrisa desafiante—.
Página

Vamos, te echo una carrera. —Corrió como una flecha dorada sobre la arena
plateada y tiré abajo mi toalla para perseguirlo.
—Espera —grité cuando él se puso a la delantera fácilmente, sus largas piernas
rápidamente me dejaron atrás.

—¡Trata de seguirme, enano! —Se rió de mí y se detuvo de golpe al llegar al


borde del océano.

—No es justo —dije, alcanzándolo finalmente—. Tus piernas son mucho más
largas que las mías.

—Esa no es excusa para ser lento —se burló de mí—. Vamos, entra al agua.

—Espera… —comencé a protestar pero North ya me había tomado por la


muñeca y estaba arrastrándome dentro del océano. Estaba aterrada al principio
por las refrescantes olas chapoteaban en mis tobillos pero el tibio agarre de
North en mi brazo pronto calmó mi miedo. Por su insistencia, me adentré más
lejos, sintiendo el suave crujir de la arena y las conchas bajo mis pies desnudos,
y llenando mis pulmones con la salada brisa marina.

—¿Bien? —dijo North cuando estábamos de pie hundidos hasta la cintura por el
agua, aunque era más como hasta el muslo para él—. ¿Qué piensas?

—Nunca había sentido nada como esto —admití en voz baja. Podía sentir la
potente fuerza de la corriente empujar contra mis piernas, podía oler la sal en el
aire y escuchar el suave chillido de las aves sobre nuestras cabezas. Estaba casi
abrumada por las nuevas sensaciones y también, aquí en el océano sentí una
paz indeleble junto a mi amigo; una paz que nunca había tenido antes.

—Puede ser un poco abrumador la primera vez que lo ves —dijo North—.
Especialmente si nunca has visto alguna clase de océano antes.

Abrumador era un buen término. Hasta donde alcanzaba la vista no había nada
más que agua y cielo; bueno, excepto por una larga franja de roca que se
extendía a lo lejos por el océano a mi izquierda. Parecía estar compuesta de
piedras color rojo oscuro y de ramas con bifurcaciones azul brillante creciendo
fuera de ella.

—¿Qué es eso? —pregunté a North, apuntándolo.

Le dio una rápida mirada.


185
Página
—El rompeolas. Evita que las olas lleguen a ser demasiado altas; los tiene aquí
cada milla más o menos. Si quieres estar seguro, mantente alejado de él; las
espinas de mar te harán trizas si estás demasiado cerca.

—¿Espinas de mar? —Miré a sus brillantes pinchos azules.

—Ellas crecen sobre las rocas; nada parece detenerlas. —Se encogió de hombres
North—. Sólo quédate lejos del rompeolas y estarás bien. —Miró atrás hacia el
mar y suspiró suavemente—. Ya sabes, dicen que de todas las lunas de nuestro
sistema Apolo son como la de la antigua Tierra. Excepto por la arena que era
supuestamente dorada en lugar de plateada.

—Estoy seguro de que era hermoso —dije, amando la sensación de como la


brisa marina alborotaba mi cabello corto—. Pero no puedo imaginar nada más
hermosos que esto.

—Vine aquí hace muchos años después de… bueno, después. —Los pálidos
ojos azules de North estaban fijos en el distante horizonte mientras hablaba—.
Ayudó. Un poco.

Quería saber mucho más acerca de su hermano y exactamente como murió pero
no ofreció nada más.

—Es muy pacífico —dije, aplastando mis pies en la arena.

—Muy pacífico. —De repente miró hacia mí con sus indescifrables ojos—. Ese
es el por qué necesitas aprender cómo nadar… ahora. Vamos, te mostraré. —
Agarró mi muñeca otra vez y comenzó a tirar de mí hacia lo más profundo del
agua pero esta vez me resistí.

—North, no —protesté, mi voz se tensó por el miedo—. ¡No quiero meter mi


cabeza!

—No hay problema, no iba a mojarte. —Dejó de arrastrarme y extendió sus


brazos—. Aunque sería mejor si no tuvieras miedo de meter tu cabeza bajo el
agua.

—No quiero hacer eso… no aún —dije rápidamente.


186

—Está bien, entonces, vamos a comenzar con otra cosa. Necesitas aprender
como flotar.
Página

—¿Flotar? —dije estúpidamente—. ¿Cómo…?


—Te mostraré pero tienes que venir un poco más adentro. —Se adentró hasta
que el agua le llegaba al pecho y esperó pacientemente a que me uniera a él.

Vacilante, me dirigí hacia su lado. Ahora estaba sobre las puntillas de mis pies,
el agua me llegaba casi hasta el mentón. La corriente, que antes había sentido
hacer presión contra mis piernas tan tranquilizadoramente, ahora se sentía
peligrosamente fuerte. Agarré el brazo de North para mantener el equilibrio
cuando una ola particularmente grande casi levantándome de mis pies.

—Bien. —North parecía complacido de que hubiese confiado en él—. Ahora vas
a recostarte sobre tu espalda y dejar que el agua te sostenga.

—¿Qué? —Comencé a sacudir mi cabeza—. No lo creo, North.

—No te preocupes… estaré sosteniéndote. Mira, sólo confía en mí. —Se agachó
y de repente me encontré siendo sostenida por sus brazos como un bebé.
Asustada, puse mis brazos alrededor de su cuello. ¿Iba a empujarme sobre mi
espalda y dejarme ir?

—No me estrangules —dijo North, aunque no hizo ningún movimiento para


poner distancia entre nosotros—. Relájate.

—No… no puedo —susurré, paralizada por el miedo.

—Jameson… Kris, mírame —murmuró.

Giré mi rostro hacia él y me di cuenta, con vergüenza, de que estábamos a sólo


pulgadas de distancia; lo suficientemente cerca para besarnos. Me recordó la
posición en la que estábamos cuando me inmovilizó en la colchoneta durante
nuestra primera lección de judo. Pero esta vez, en lugar de alejarse de mí, North
aún estaba sosteniéndome cerca, mirándome todavía a los ojos.

—¿North? —susurré en un hilo de voz, sonando insegura.

—Está bien. —Su profunda voz era suave y tierna… casi tranquilizadora—. Te
dije que te mantendría a salvo, ¿no?

—Sí… —Lamí nerviosamente los labios y probé la sal—. Es sólo… que nunca he
estado tan en lo profundo antes.
187

—Yo tampoco —murmuró North y me pregunté si hablaba sobre el océano… o


sobre algo más—. Pero estamos aquí juntos y te juro que no voy a soltarte, Kris.
Página

Nunca te dejaré ir.


Por un largo momento nos miramos a los ojos el uno al otro. Sentí como sus
penetrantes ojos azules estuvieran mirando directamente a mi alma, mi boca
estaba seca y no podía formar palabras para responderle. Tuve la extraña idea
de que él quería besarme pero supe que eso no podría ser… No cuando aún
pensaba que yo era un hombre. Después de lo que pareció una eternidad,
finalmente susurré:

—North…

Suspiró y sacudió su cabeza, como si intentara despejarla.

—Mira, el punto es, que necesitas relajarte. ¿De acuerdo?

—Está bien. —Asentí, sintiendo que el extraño momento entre nosotros se había
roto. Intenté aclarar mi cabeza de los sentimientos perturbadores dentro de mí y
concentrarme en la relajación. Cerrando mis ojos, tomé un profundo aliento e
intenté dejar ir mi miedo. Estaba segura en los fuertes brazos de North, me dije
a mí misma. A salvo y segura. Él no me dejaría caer. No me dejaría irme.

—Bien. —Lo escuché murmurar, cuando aflojé el agarré alrededor de su


cuello—. Ahora sólo inclínate hacia atrás de a poco. Voy a mantener mis brazos
bajo tu espalda y cadera, el agua sostendrá la mayor parte de tu peso.

No parecía posible que un delgado líquido chapoteando suavemente sobre mi


piel pudiera sostenerme, pero me dije a mí misma otra vez que debía confiar en
él. Echándome hacia atrás, sentí las frías olas romper contra mi cabeza, rozando
mis mejillas cuando los fuertes brazos de North me estabilizaban. Enderecé mis
piernas, para descansar sobre la superficie del agua y dar lo mejor de mí y
dejarme ir débilmente.

Para mi sorpresa, North tenía razón. Aunque parecía imposible, una vez mi
cuerpo estuvo completamente relajado pude sentir como las salas olas me
sostenían, como una gigante, y amigable mano.

—¡Está funcionando! —Miré arriba hacía él y sonreí—. ¡Estoy flotando, North!

—Lo sé. —Sonrió de vuelta—. Y apenas estoy tocándote… sabes.

Asentí. Podía sentir sólo una ligera presión de sus dedos contra mi espalda.
188

—Es impresionante.
Página
—Es relajante cuando realmente sabes cómo hacerlo —dijo—. Pero tienes que
ser cuidadoso de no dormirte y quedarte flotando en el océano.

No podía imaginar hacer eso. Me gustaba la mano gigante de agua que me


sostenía pero el cielo sobre mi cabeza estaba tornándose a un intenso púrpura
mientras Prometeo se ocultaba y el agua llegaba a mis orejas, haciéndome difícil
escuchar. Sentí un escalofrío bajar a través de mí, cuando la temperatura del
océano bajó; era momento de irnos.

—Es una sensación adorable —dije, mirando arriba hacia North—. Pero, uh,
¿cómo me detengo?

Se rió.

—Sólo pon tus piernas hacia abajo. Levántate… te estoy sosteniendo. —


Gentilmente, me guió hacia abajo hasta que estuve de puntillas en la arena del
fondo del océano. Incluso cuando estuve completamente de pie, nunca soltó mi
brazo. En su lugar me dio una mirada inquisitiva y entonces cabeceó hacia la
orilla—. Creo que has tenido suficiente en la primera lección y la marea subirá
pronto. Anda, vámonos.

Sólo estaba muy feliz de seguirlo fuera de las olas. North mantuvo un fuerte
agarré sobre mi muñeca hasta que llegamos a la orilla. No fue hasta que salimos
completamente del océano que me dejo ir… de mala gana, creo.

—Bien. —Empujé el pelo mojado fuera de mi frente—. No estuvo tan mal.

—No, en lo absoluto. —North sonó desconcertado, como si estuviera


sorprendido de que mi primera lección hubiera ido tan bien. Suspiró y se
sacudió—. ¡Pero una vez que sales del agua la brisa es helada! Vamos a agarrar
nuestras toallas y volver a la casa. Quizá consigamos un poco de chocolate
caliente.

Fruncí el ceño.

—¿Qué es chocolate caliente?

—Nunca has… No importa. —North sonrió—. Estás invitado. Vamos.


189
Página
Capítulo 27
Traducido por RBK

Corregido por QueenDelC

E l chocolate caliente, una vieja receta de la antigua Tierra, era la cosa más
deliciosa que había probado y se lo dije a North con entusiasmo.

Puso los ojos en blanco.

—Como si no lo hubiera adivinado después de la tercera taza.

Pero parecía contento de que lo disfrutara tanto. Para cuando terminé mi última
taza, sus padres se habían ido a la cama hace mucho y teníamos la casa para
nosotros. Se estaba haciendo tarde cuando por fin North sugirió que era el
momento de ir a dormir. Aún estaba nerviosa por la idea de dormir en la misma
cama con él, pero sabía que no podía decir nada al respecto, así que
simplemente asentí.

Si bien cambiarme al pijama era más fresco, me debatí sobre si quitarme las
vendas de mis pechos o no. Las que había estado usando en el mar estaban
mojadas, claro, pero tenía unas de repuesto por si acaso. Al final, la comodidad
ganó. Estaba bastante segura de que incluso si North accidentalmente rozara
contra mí durante la noche, no sentiría nada por mi pijama. Era una de las
ventajas de tener el pecho plano. Escurrí los vendajes mojados y los puse en la
pequeña unidad de secado rápido antes de enrollarlos y esconderlos entre mi
ropa.

Cuando llegué a la habitación, North ya había apagado las luces y ocupaba el


lado izquierdo de la cama. La única luz era el débil resplandor plateado de Zeus
a través de la ventana. No pude evitar notar que el planeta de los anillos estaba
en una posición diferente en el cielo de Apolo de lo que había sido cuando
estábamos en Ares donde se situaba la Academia.

Dejé caer mi bulto de ropa, cuidadosamente doblada, sobre una silla y me subí
al lado contrario de North. Tuve cuidado de permanecer en el lado derecho,
190

cerca del borde.


Página

—Oye, camarón, no tienes por qué irte hasta allá —murmuró, volviéndose
hacia mí—. No muerdo, ¿sabes?
—Lo sé —dije a regañadientes, arrastrándome hacia el centro.

—Bien. Ponte cómodo. Incluso puedes patearme si ronco.

—No roncas —dije.

—Bueno, tú sí —rió por mi mirada indignada—. Es broma. Sólo te he oído


roncar una vez y creo que fue cuando estabas muy cansado.

—Está bien. —Algo más calmada, me acomodé, colocando la almohada con


mayor comodidad bajo mi cabeza.

—¿Sabes quién solía roncar? —preguntó en voz baja, justo cuando estaba
empezando a sentir sueño—. Jamie.

Al instante me puse alerta. ¿Finalmente iba a dar algunas respuestas a mis


muchas preguntas internas?

—¿En serio? —pregunté neutral, dándome la vuelta para mirarlo de frente—.


¿Tenía, um, algo que ver con su condición médica?

—Para nada. —En la penumbra, vi a North sacudir la cabeza—. Generalmente


era ruidoso en todo lo que hacía. Quiero decir, estuvo enfermo toda su vida,
pero nunca dejó que eso lo detuviera, ¿sabes? Golpeaba y gritaba y volvía a
golpear donde estuviera y con lo que estuviera haciendo. —Suspiró—. La casa
parece tan tranquila ahora que no está él. Justo ahora, cuando yo estuviera
tratando de irme a dormir, empezaría a poner su música. Solía molestarme
tanto... —Suspiró de nuevo—. Pero ahora lo echo de menos. ¿No es estúpido?

—No es estúpido extrañar a tu hermano —dije en voz baja. Pensé en lo mucho


que extrañaba a mi propio hermano, en cómo él estaba a años luz de distancia
ahora, en un sistema solar totalmente diferente. La idea hizo que mis ojos se
llenarán de lágrimas, pero parpadeé para quitarlas.

—También echas de menos a alguien, ¿verdad? —preguntó North suavemente.

Vacilante, asentí.

—No puedo hablar mucho sobre ello, pero... sí.


191

—¿Es la misma persona por la que lloraste la primera noche en el dormitorio?


¿La misma persona por la que te escapaste de la escuela para llamarle?
Página

Asentí con la cabeza otra vez.


—Sí. La misma persona ambas veces. Pero realmente no puedo decir nada más
sobre ello.

—Sólo dime una cosa más —dijo North—. ¿Es una chica? ¿Hay alguien
especial, una novia con quien esperas volver?

—¿Qué? —Casi me reí con sorpresa—. ¡No! No, por supuesto que no. No tengo
una novia.

—Eso pensé. —North sonaba satisfecho por algo—. Para ser claros, ¿esta
persona no es alguien con quien estés, um, románticamente involucrado?

No podía entender por qué me preguntaba eso, pero supuse que no sería malo
contestar.

—No, nada de eso —le aseguré—. Amo mucho a esta persona pero no de esa
manera. Lo que siento por él es la misma forma como sentías por tu hermano —
añadí, esperando no haber ido demasiado lejos.

—Está bien, es bueno saberlo. Tenía que cerciorarme antes de...

—¿Antes de qué? —pregunté.

—Antes... antes... —Parecía estar luchando consigo mismo—. Antes de pedirte


que seas mi... mi... hermano de juramento —estalló al fin.

—¿Hermano de juramento? ¿Qué es eso? —Tuve la extraña sensación de que


había querido preguntarme algo diferente pero no tenía ni idea de qué.

—Es una cosa que tenemos aquí en Apolo. —North se inclinó más cerca, tan
cerca que podía sentir su cálido aliento en mi mejilla.

—Una amistad tan fuerte que trasciende todas las demás relaciones en tu vida.
—Me miró con atención—. ¿Podrías... crees que podrías sentir eso por mí?

Mi corazón empezó a ir deprisa y por alguna razón me pareció difícil respirar


profundamente.

—Sí —le aseguré en voz baja, sentándome también—. Oh sí, North. Yo... yo
podría sentir eso por ti. —Eso y mucho más, susurró mi corazón pero traté de
192

ignorarlo. Después de todo, North sólo me ofrecía su amistad, ¿cierto?


Página

—Bien. —Sonaba aliviado y emocionado al mismo tiempo—. Entonces tenemos


que sellar nuestra hermandad.
—¿Cómo hacemos eso? —pregunté.

—Un pacto de sangre. —North encendió la lámpara de noche y me miró


fijamente—. Y un símbolo. Algo que llevemos ambos para mostrar lo que
significamos el uno para el otro.

—¿Un pacto de sangre? —pregunté con incertidumbre—. ¿Cómo...?

—No es tan aterrador como suena, camarón —me prometió—. Espera, voy a
buscar un poco de desinfectante y una aguja.

Se levantó y rebuscó en los cajones de su escritorio antes de extraer algunas


toallitas impregnadas con alcohol y una pequeña caja roja.

—Kit de coser —explicó, llevándola a la cama—. Mamá siempre dice que los
chicos también deben saber cómo coser, al menos lo suficiente como para
arreglar su propia ropa.

—¿En serio? —dije, sorprendida—. ¿Sabes coser?

—Bueno, no podría hacer un suéter o algo así, pero si alguna vez tienes un
agujero en los pantalones de tu uniforme y te preocupas por molestar a Hinks
para pedir unos nuevos, yo soy tu hombre.

No era nada mala con una aguja, costura y bordado eran unas de las artes
femeninas que no había sido capaz de evitar aprender en Victoria. Pero por
supuesto, no se lo dije a North.

—Eso es increíble —dije, en lugar de eso—. Tu madre está llena de sorpresas.

—Hizo que Jamie y yo aprendiéramos a cocinar y limpiar también. —North


rió—. Dice que algún día nuestras futuras esposas le darán las gracias.

De repente se puso serio.

—Um, eso es lo que solía decir, antes de... —se interrumpió, negando con la
cabeza y se inclinó para estudiar el contenido de la pequeña caja roja con
atención.

—North... —empecé a decir, pero él ya estaba abriendo las pequeñas


193

almohadillas con alcohol.


Página

De inmediato, el fuerte olor que yo asociaba con inyecciones asaltó mi nariz.


North se frotó la punta del dedo y luego me pasó la almohadilla. Me froté el
mío también. Trabajamos en silencio y yo pensaba en preguntarle cómo
exactamente había muerto Jamie cuando él sacó una larga aguja de plata.

—Extiende tu dedo —dijo.

Vacilante, le tendí mi dedo índice derecho, el que había limpiado.

—¿Vas a...?

—Lo haré rápido —dijo, y apretó la punta de la aguja contra mi dedo.

Dejé escapar un grito de sobresalto y estuve a punto de poner el dedo lastimado


en mi boca, pero North sacudió la cabeza.

—No, no lo hagas. Necesitamos la sangre. —Entonces punzó su propio dedo y


dejó la aguja a un lado.

—¿Para qué?

—Para esto. —Vi como una gota carmesí brillante brotó de la punta de su dedo
y luego North presionó su herida contra la mía, mezclando la sangre.

—Ahora —dijo—, repite después de mí: Tú eres el hermano de mi corazón, el


hermano de mi alma. Juro aquí y ahora serte fiel, estar siempre a tu lado en
tiempos de paz y tiempos de peligro. No dejaré que nada se interponga entre
nosotros. Ni la guerra, ni las mujeres, ni el vino. Voy a vivir a tu lado y morir a
tu lado, fiel hasta la muerte. Así juro este pacto sagrado que por sangre ahora
compartimos.

—Guau —susurré, tomando un momento para absorber las palabras. Era un


juramento fuerte, aunque no pensaba echarme atrás. Quería todo lo que North
me estaba ofreciendo, lo quería desesperadamente. Deseaba poder ofrecerme a
él de todo corazón y sin reservas como él se estaba ofreciendo a mí. Pero por
ahora, esto era lo mejor que podía hacer.

—No lo digas si no lo dices en serio. Si no lo sientes —murmuró North,


estudiándome con atención—. No es algo para tomarse a la ligera. Estas
palabras nos unirán. Para siempre.

Me di cuenta de que había tardado demasiado en repetir el juramento.


194
Página
—Lo sé —le aseguré—. Y quiero todo eso, quiero que estemos unidos. Sólo
estoy... tratando de asimilarlo. —Le miré a los ojos—. Pero quiero decírtelo,
North. De verdad que sí.

—Me alegro. —En la tenue luz de la lámpara de noche, sus pálidos ojos azules
parecían no tener fondo. Me di cuenta de que podía sentarme allí mirándolo
fijamente toda la noche, era tan perfecto. Tan hermoso. Por un momento tuve
una punzada de remordimiento. Aquí estaba prometiéndole fidelidad absoluta
y él todavía no sabía mi secreto más profundo. Pero no podía echarme para
atrás.

Sólo es amistad lo que me está ofreciendo, me recordé a mí misma inquieta. Una


muy fuerte y comprometida amistad, pero no es como si me ofreciera su corazón o su
amor.

Tomando una respiración profunda, repetí las palabras del solemne juramento,
mirándolo a la cara mientras lo hacía. Sólo me trabé con las palabras una o dos
veces y él me ayudó, murmurando las palabras correctas para que pudiera
terminar de tomar el juramento. Cuando terminé, él asintió.

—Bien. Ahora, el símbolo.

—¿Qué clase de símbolo? —pregunté, tomando mi dedo y frotándolo con la


manga de mi pijama. Ni siquiera sacó una mancha, la pequeña herida ya estaba
casi cerrada.

—Te lo dije, tiene que ser algo que llevemos los dos. Hmm... —North miró
alrededor de su habitación, con el ceño fruncido por la concentración.

—Cuando solían hacer esto como una ceremonia más formal, tenían preparados
anillos especiales. O a veces una cadena de oro con el símbolo de la hermandad
estampado en ella... —Me sonrió—. Ya lo tengo.

—¿Qué? —pregunté, pensando en lo que vendría.

—Esto. —Estirándose, desabrochó uno de los pernos de platino y ónice que


llevaba siempre. Eran tan parte de él que la oreja derecha se veía desnuda sin el
pequeño pero precioso adorno.
195

Mi corazón saltó a mi garganta. Aunque era común en los hombres tener las
orejas perforadas, ninguna dama en mi provincia natal de Victoria lo
Página

consideraría nunca. Poner un agujero en su cuerpo, no importa cuán pequeño


sea, era una señal de tu voluntad siendo penetrada en otro lugar. En otras
palabras, sólo las prostitutas se agujereaban los oídos.

—Oh no, North —protesté mientras sostenía el pequeño metal negro y plata
hacia mí—. No podría.

—Claro que sí —dijo ásperamente—. Quiero que lo tengas.

—Pero... pero deben ser especiales para ti —señalé, tratando de pensar en otra
razón para negarme que no hiriera sus sentimientos—. Nunca, nunca te los
quitas.

—Fueron el último regalo de Jamie para mí —admitió—. Por eso nunca me los
quito. Pero también es por eso que quiero que tengas uno.

Empecé a protestar de nuevo, pero él puso el arete en mi palma y cerró mis


dedos alrededor de él.

—Esto es importante —murmuró, mirándome a los ojos—. A Jamie... no le


importaría. Él estaría contento de que hubiera encontrado a alguien tan... tan
importante para mí. Otro hermano.

—Otro hermano —repetí en voz baja. Esas palabras, así como la mirada de sus
azules ojos perforándome, derritió el resto de mi resistencia. No había manera
de que pudiera negarme a lo que me ofrecía.

—Está bien, North —susurré—. Estaría orgulloso de llevar tu símbolo. Pero vas
a tener que ponérmelo, por lo menos la primera vez.

Frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque, mis orejas no están perforadas. —Incliné mi barbilla, mostrando mis


lóbulos de las orejas sin marcar—. ¿Ves?

—Es verdad. No lo sabía. —Frunció el ceño—. ¿De verdad quieres que lo haga,
que te perfore el oído?

Tomé una respiración profunda.


196

—Si es la única manera en la que puedo usar tu símbolo, entonces sí, quiero que
Página

lo hagas.
—Va a doler —advirtió, mientras abría otro algodón con alcohol.

Pensé en la paliza que había tomado en mi lugar, en la intensa angustia física


que había sufrido por mí.

—No me importa —dije, levantando mi barbilla. Y no me importa lo que alguien


en casa pudiera pensar tampoco, me dije desafiante. El gesto que North estaba
haciendo cuando me ofreció su símbolo era más importante que cualquier dolor
o censura que podría tener a causa de él.

—Sólo hazlo —dije, cerrando los ojos—. Hazlo y hazlo rápido.

—Tan rápido como pueda —prometió. Di un grito ahogado cuando sentí algo
frío tocar mi oreja y North se rió—. Eso es sólo el alcohol, enano.

—No me llames así —protesté—. Sabes que no me gus…

Pero mis palabras fueron cortadas cuando North me agarró del lóbulo de la
oreja derecha firmemente entre el pulgar y su dedo y me atravesó la carne con
la larga aguja plateada.

Di un grito ahogado de nuevo y tiré, pero para entonces ya se había terminado.

—Tranquilo, no pasa nada —murmuró North. Rápidamente quitó la aguja y la


reemplazó con el arete de plata y ónix que había limpiado a fondo con la tercera
y última almohadilla con alcohol.

—Ya. —Se sentó de nuevo y me estudió críticamente, admirando su obra—.


Hecho. Y el trabajo no está mal, teniendo en cuenta la forma en la que saltaste.

—No fue mi intención. —Subí mi mano y me toqué el palpitante lóbulo de la


oreja con cautela, siguiendo la forma exterior del arete ahora fijo en mi carne.
Sostuve mi mano delante de mis ojos y estudié yemas de mis dedos con
sospecha pero no había ninguna señal delatora carmesí que demostrara que
había sido perforada—. Ni siquiera estoy sangrando —dije, sorprendida.

—Estos hisopos contienen un coagulante —dijo North, recogiendo los hisopos


usados y limpiando la aguja antes de volver a colocarla en el kit de coser.

—Por eso recubrí el aro con esos antes de ponértelo en la oreja. Vas a estar bien.
197

—Me dio una palmada en la espalda y sonrió—. Te sientes bien, ¿no?


Página
—Sí... —susurré un poco insegura. Se sentía extraño tener algo extraño
perforando mi cuerpo. Extraño y un poco inquietante. También estaba el hecho
de que cualquiera de Victoria creería que me estaba vendiendo si me vieran con
el pequeño y simple adorno en mi oído. Pero hice lo mejor que pude para no
pensar en eso.

—Oye... —North puso una mano sobre mi hombro y bajó la cabeza, mirándome
a los ojos—. ¿Te arrepientes? ¿Quiere que te lo quite? —Su voz tensa, pero
mantuvo su rostro bajo control. Sólo sus ojos, resplandecientes a la luz tenue
mostraban sus emociones.

—Nunca —le aseguré, queriendo aliviar la incertidumbre que vi en sus ojos—.


Quiero esto, North. Quiero ser este, ser un... un hermano para ti. Y me
conmueve que quieras ser un hermano para mí.

—Un hermano. Cierto. —Me miró por un tiempo tan largo que comencé a
sentirme incómoda otra vez.

—Eso es lo que dijiste, ¿no? —pregunté—. Dijiste que seríamos hermanos de


juramento.

—Por supuesto —suspiró North—. Vamos, mequetrefe, vamos a la cama.


Tenemos mucho que hacer mañana.

Me acurruqué a su lado en la cama, lo suficientemente cerca esta vez como para


sentir el calor de su cuerpo irradiando a través de la estrecha franja de sábana
que nos separaba. Al principio pensé que el sordo sonido palpitante de mi oído
recién perforado y lo extraño de la situación me mantendría despierta. Pero
había sido un largo día en todo el sentido de la palabra. El ejercicio que había
hecho durante mi primera lección de la natación y las emociones exaltadas que
había experimentado se combinaron para hacer que me sintiera repentinamente
agotada.

—Buenas noches, North —murmuré, cuando el sueño empezó a alcanzarme.

—Buenas noches, Kris —respondió y su voz profunda en la oscuridad era muy


relajante. Pensé que había dicho algo más, pero estaba demasiado cansada
como para entenderlo. Con un suspiro de satisfacción, me quedé dormida.
198
Página
Capítulo 28


Traducido por RBK

Corregido por Lissarizz

¡Levántate y brilla, es hora de tu segunda lección de


natación!

Gemí y traté de cubrirme la cabeza con la almohada


pero North me la arrebató.

—Estamos de vacaciones —me quejé—. ¿Por qué no podemos dormir?

—Porque más tarde las olas serán demasiado altas. Vamos. —Me quitó las
mantas de encima, dejándome temblando.

—Nunca pedí aprender a nadar —me quejé, levantándome al fin.

—Considéralo una ventaja. —North me alborotó el pelo corto, y luego me


abrazó por los hombros.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté, incómoda y emocionada cuando se acercó


a mí, su aliento caliente contra el costado de mi cuello.

—Examinar la perforación. —Me tocó la oreja ligeramente, trazando la curva


con sus dedos. La tierna caricia envió escalofríos por mi espina dorsal.

—¿Cómo... cómo se ve? —le pregunté, mi corazón latía con fuerza.

Se encogió de hombros y sonrió.

—Tiene buena pinta. No está mal para un trabajo a la mitad de la noche —


Entonces, para mi sorpresa, me dio un beso rápido en la mejilla antes de
enderezarse.

—¿North? —Miré hacia él, confundida. Mis dedos se deslizaron hasta tocar el
lugar donde sentía el hormigueo de sus labios rozando mi piel.

—Se suele saludar a tu hermano de juramento con un beso —explicó


199

bruscamente, volviéndose un poco rojo—. Es la tradición.


Página
—¿Lo es? ¿Puedo... quiero decir, se supone que debo besarte también? —le
pregunté, mi corazón martillando contra mis costillas.

Se encogió de hombros, aparentemente despreocupado, pero sus ojos brillaban.

—Si quieres.

—Sí —susurré. Vacilante, di un paso hacia adelante y extendí las manos para
ponerlas sobre sus hombros. Era tan alto que tuve que ponerme de puntillas,
pero me las arreglé igual.

North se quedó absolutamente inmóvil, sus ojos de color azul claro con una
emoción que no podía leer, mientras me acercaba. Tuve el impulso terrible y
muy poco femenino de darle un beso en la boca en vez de en la mejilla. Su olor
picante, masculino, llenó mis sentidos y sus labios se veían tan cálidos y me
invitaban tan deliciosamente que estuve a punto de sucumbir. En el último
momento, sin embargo, el sentido común intervino y le di un beso suave y casto
en la mejilla, cerca de la comisura de los labios.

Echándome hacia atrás, lo miré a los ojos.

—Buenos días, North —dije en voz baja, aunque mi pulso se aceleraba. Rozó mi
mejilla caliente con el dorso de su mano y su toque envió una lluvia de chispas
corriendo por mis venas.

—Buenas, Kris —murmuró.

Nuestros ojos se encontraron y se mantuvieron y sentí algo entre nosotros, ¿Era


realmente sólo afecto fraternal? Sabía que nunca había sentido así por mi propio
hermano, pero North había dicho que el juramento de los lazos de hermandad
superaba y sobrepasaba cualquier otra relación.

No estoy segura de lo que podría haber sucedido si la madre de North no


hubiera elegido ese momento para tocar la puerta.

—¡Chicos! —tarareó ella—. Desayuno en cinco minutos ¿de acuerdo?

North dio un salto y miró hacia la puerta con aire de culpabilidad, como si se
preguntara si su madre pudiera ver a través del panel de madera.
200

—Ya voy, mamá —gritó.


Página
El momento extraño entre nosotros se había roto y no estaba segura de si estaba
arrepentida de ello o no. Por un lado, estar tan cerca de North era peligroso,
cuanto más nos acercábamos, más probable era que descubriera mi secreto. Por
otro lado, su cercanía era como una droga para mí, de la que no podía
conseguir suficiente. Sólo estar cerca de él hacía que mi corazón se acelerara y
mi boca se secara. Y cuando me besó y me dejó darle un beso... Las sensaciones
eran diferentes a cualquier cosa que hubiera experimentado antes. Quería más
de esa euforia dulce, a pesar de que sabía que era peligroso.

***

El desayuno era un pan crujiente que la madre de North llamaba “galleta” otro
obsequio de la antigua Tierra. North la cubrió en almíbar dulce y pegajoso, pero
yo preferí difundir mermelada púrpura oscura de hunna-mora8 en la mía. Fue
un cambio delicioso de la triste comida de la cafetería que nos daban en la
Academia y se lo dije a su madre con tanto entusiasmo.

—Estoy tan contenta de que te guste, querido. —Ella sonrió y vi sus ojos
observar y mantenerse brevemente en el perno de plata y ónix en mi oreja
derecha recientemente agujereada. Su sonrisa vaciló un poco, pero no dijo nada
y volvió a hacer más galletas en el extraño dispositivo de dos caras que llamaba
«Hierro».

Me llevé la mano a la oreja de forma automática y miré a North, pero él estaba


concentrado en su desayuno. No podía decir si había visto la mirada
preocupada de su madre o no. Intranquila, me concentré de nuevo en mi propio
desayuno, aunque la mermelada de hunna-mora ahora parecía empalagosa y
dulce también en mi lengua.

¿Cómo se sentiría si su madre supiera lo que había estado ocurriendo entre


North y yo?

Y para el caso, ¿lo que había estado sucediendo entre nosotros? ¿Había más que
el juramento de hermanos de sangre? ¿Un profundo vínculo más íntimo que
todavía tenía que explorar? La idea me hizo temblar de anticipación temerosa.
¿Cómo sería el resto de mi estancia entre North y su familia?
201

8 Hunna-mora: En inglés —hunna berry—, supongo que como una especie de zarzamora
Página

(Blackberry).
***

Me olvidé de mis preocupaciones en el momento en que entramos al océano y


las inquietas olas frescas me hicieron cosquillas en las piernas. Prometeo se
levantaba sobre el mar azul plateado, era un espectáculo deslumbrante y la
enorme sombra de Zeus ahora en el cielo por encima de nosotros sólo añadía
más a su gloria.

—Vamos, enano —dijo North, tirando de mi codo—. Puedes admirar la vista


más tarde. Ahora mismo tenemos que trabajar en tu natación.

—Está bien. —De mala gana, dejé que me llevara más profundamente en las
olas hasta que el agua casi me llegaba hasta la barbilla. Me estremecí hasta que
finalmente me acostumbré a la temperatura más fría y después me encontré
bien, bueno, lo bien que podía teniendo en cuenta que debía aferrarme al brazo
de North, para que las olas no me llevaran.

Trabajamos en el flote para empezar, y luego North me indujo a meter la cabeza


bajo el agua. Sólo un poco al principio, pero cuando me explicó cómo hacer
burbujas a través de mi nariz, empecé a tomar el ritmo. Siempre y cuando
sintiera sus fuertes manos en mi cuerpo, sabía que estaba a salvo y empecé a ser
más valiente y más animosa. Al cabo de una hora, estaba nadando unas pocas
brazadas, con North todavía sosteniéndome ligeramente por la cintura. Estaba
emocionada y entusiasmada por el progreso que había hecho y North
obviamente sentía lo mismo.

—Lo estás haciendo muy bien —dijo con aprobación, cuando aparecí por
encima de las olas y sacudí mi cabeza para sacar el agua de los oídos—. Sigue
así y harás las pruebas para el equipo de natación cuando volvamos para el
semestre de primavera.

—Oh, no lo creo, North —dije, pensando en la ropa diminuta, que el escaso


equipo de natación llevaba—. No hay manera de que pueda avanzar tanto. Pero
es agradable que lo digas.

—Sigue trabajando en ello —dijo—. Vamos a nadar todos los días, por la
mañana y por la tarde, te vas a sorprender de tus progresos. —Él miró hacia el
202

cielo—. Sin embargo, parece que es el momento de salir por ahora. Las olas
grandes vendrán pronto.
Página
—¿Olas grandes? —le pregunté, mientras tomaba mi muñeca y me llevaba
hacia la orilla.

—Olas realmente grandes, las mareas aquí son extremas debido a la atracción
que ejerce Zeus sobre Apolo. Incluso los nadadores experimentados evitan salir
durante las olas y aún eres un principiante.

—Está bien —le dije, accediendo a su conocimiento superior. De todos modos,


estaba cansada de la larga lección y contenta por la oportunidad de descansar.

—Te llevaré de vuelta a la ciudad —dijo North a medida que nos secábamos y
envolvíamos las toallas alrededor de nuestras cinturas—. Hay un montón de
cosas turísticas para hacer, tiendas y monumentos y el acuario... —Él levantó
una ceja—. ¿Te parece bien?

—Suena maravilloso. —Le sonreí. Honestamente, habría estado feliz de hacer


cualquier cosa con él. Si hubiera sugerido que nos sentáramos y viéramos la
pintura secarse lo habría consentido con entusiasmo.

—Fantástico. —Sonrió North de vuelta—. Vamos a ir a cambiarnos de ropa y


conseguir un taxi planeador. —Casualmente, él tomó mi mano, entrelazando
nuestros dedos.

Mi corazón casi se detuvo en mi pecho. Nunca había sujetado mi mano antes y


esta no era la forma en la que agarrabas a tu amigo o hermano, tampoco. Era la
manera en la que los amantes se agarraban, por lo menos en Victoria.

—¿North? —le dije con incertidumbre, mirando los dedos entrelazados.

—Está bien —dijo casualmente—. Somos hermanos ahora, ¿recuerdas?

—Uh, seguro. —Asentí y North frunció el ceño.

—A no ser que te moleste. ¿Lo hace?

—No, no, por supuesto que no —dije apresuradamente. Apreté la mano—. Yo...
me gusta —confesé tímidamente.

North devolvió la presión de mis dedos.


203

—A mí también —murmuró. Una mirada de preocupación revoloteaba por su


cara y se fue tan rápido que me pregunté si lo había imaginado—. Vamos —
Página

dijo—. Te voy a llevar a mi lugar favorito para el almuerzo.


***

Pensé más tarde que era el día más perfecto que podía recordar. Según lo
prometido, North me llevó a la pintoresca ciudad costera de Calella, nos
comimos un plato de marisco suculento para el almuerzo que era tan agrio y
rico. La cena fue otra de las comidas de su madre hechas en casa, un plato
vegetariano tan delicioso que anhelaba pedir la receta. Pero aunque ella había
insistido en enseñar a sus hijos a cocinar, tenía miedo de si preguntar me haría
parecer demasiado femenina. Me mordí la lengua y prometí que se la pediría a
North más tarde.

Justo cuando estábamos terminando el postre, una fruta nativa dulce cocinada
en una concha de hojaldre, hubo un choque de rayos y truenos fuera y las luces
de repente se apagaron.

—¡Oh! —jadeé.

El padre de North maldijo en la oscuridad.

—¡Malditas tormentas! Aparecen cuando menos te lo esperas.

—Está bien —murmuró North, buscando mi mano debajo de la mesa—. Sucede


todo el tiempo.

Me apretó la mano con fuerza.

—¿En serio?

—Por supuesto. —Casi podía oír la risa en su voz—. No te preocupes, enano, no


voy a dejar que los monstruos te atrapen.

Me reí débilmente.

—Muy gracioso. —No es que yo tuviera miedo de la oscuridad, era sólo que
nunca ha pasado un corte repentino de energía antes. El tiempo en Victoria era
tan serio y tranquilo, como la sociedad. De hecho, algunos decían que no había
tiempo, sólo un perpetuo estado de calma.

—No importa —dijo la madre de North reconfortante. La oí trajinar en la


penumbra de la habitación y de repente un cálido resplandor pequeño, cobró
204

vida. Me sorprendí al ver que tenía en la mano una vela de la vieja usanza con
un verdadero fuego, algo que sólo había visto en videos sobre la antigua Tierra.
Página
—Mamá siempre tiene velas cerca —dijo North, obviamente, al ver mi mirada
de sorpresa—. Uno nunca puede saber cuando empezará una tormenta por
aquí.

—Una fría, podría apostar. Sólo escucha el viento. —La madre de North
sacudió la cabeza por el aullante gemido de fuera de las ventanas. Frunció el
ceño—. Será mejor que ustedes, muchachos, tomen un edredón. No quiero que
se congelen esta noche.

—Gracias, mamá, pero puedo conseguir uno de los armario de la ropa —dijo
North. Me apretó los dedos debajo de la mesa una vez más y luego soltó a
regañadientes—. ¿Podemos tener una vela?

—Por supuesto. —Encendió otra vela blanca tan larga como la primera, la
colocó en un soporte y se la entregó a North. Entonces ella encendió otra y me
la dio a mí—. Tengan cuidado con ellas y asegúrense de apagarlas antes de ir a
dormir.

North puso los ojos en blanco.

—Sí, mamá.

—Está bien. —Ella medio suspiró, medio rió—. Ya sé que eres un hombre
adulto, o casi adulto, y te he permitido tener una vela en tu habitación desde
que tenías diez. Pero todavía tengo que decírtelo.

—Por supuesto que sí. —North se levantó y le besó en la mejilla


afectuosamente—. Buenas noches papá —le dijo a su padre, que había vuelto a
su postre.

—Buenas noches, hijo —murmuró el señor North. El viento aulló de nuevo y él


negó con la cabeza—. En momentos como estos me alegro de haber construido
en la subida de la montaña en lugar en la punta. Fue un dolor en el culo hacerlo,
pero al menos no tienes que preocuparte de que el temporal arranque la casa.

—Bueno, esa fue mi idea —dijo la madre de North, volviendo a sentarse con
una sonrisa.

—No fue —dijo el Sr. North indignado—. ¿Por qué? recuerdo claramente...
205

North y yo dejamos a sus padres discutiendo con buen humor y nos dirigimos a
Página

su habitación. Por mutuo consentimiento tácito nos íbamos a la cama temprano.


Sin energía, no podríamos ver un video o jugar a cualquiera de sus juegos de
ordenador. Y, además, el largo día nos había agotado a los dos.

Fui a cambiarme y para mi sorpresa, cuando volví la temperatura en la


habitación de North parecía haber bajado diez grados.

—¡Brrr! —me quejé mientras me metía en la cama junto a él y puse mi vela en la


mesita de noche a mi lado—. Tu madre tenía razón, ¡está haciendo mucho frío!

—Sí, ese es el clima loco que tenemos por aquí. —Sonaba completamente
imperturbable mientras apagaba su vela y se acurrucaba bajo la manta azul
gruesa que había puesto en la cama—. ¿Crees que mañana hará el suficiente
calor como para bañarnos?

—No, yo no lo haría. —Me acurruqué a su lado, deseando poder estar más


cerca de su calor. Su grande, cuerpo musculoso parecía desprender calor como
un horno.

—Sí, pero lo harás. Eso es lo que decimos sobre el clima aquí en el Apolo, si no
te gusta sólo tienes que esperar un minuto y cambiará. —Asintió con la cabeza
hacia la vela—. Oye, no te olvides de apagarla.

—Oh, está bien. —Me senté en la cama el tiempo suficiente para soplar la vela,
y luego volví a acurrucarme debajo de las mantas, mis dientes castañeteaban.

—Oye, tienes mucho frío, ¿verdad? —En la oscuridad, la voz de North sonó
preocupada.

—Voy a calentarme en un minuto... Eso espero. —Estaba enterrada


profundamente bajo las sábanas, tratando de encontrar alguna calidez.

De repente sentí la mano de North sobre mi brazo.

—Ven aquí —dijo, tirando de mí hacia él.

—¿Qué... qué estás haciendo? —le pregunté sin aliento mientras pasaba un
brazo alrededor de mí y apoyaba mi cabeza sobre su pecho.

—Calentándote —dijo razonablemente—. No te preocupes, Jameson. No es


como si estuviera tratando de meterte mano o algo así.
206

—No pensé que lo estuvieras haciendo —protesté con rigidez—. Sólo pensé...
Página

Yo no estaba seguro...
—Hermanos, ¿recuerdas? —Me recordó, como había hecho cuando tomó mi
mano y entrelazó los dedos esa tarde.

—Oh. Por supuesto. —Poco a poco, me permití relajarme contra él. Me alegró
que la camisa que había elegido para dormir fuera gruesa, con suerte lo
suficientemente gruesa como para ocultar el hecho de que mis pechos no
consolidados estaban presionando contra su costado. North no hizo ningún
comentario, por lo que supuse que estaba a salvo.

Estar tan cerca de él, con nuestros cuerpos apretados de una manera tan íntima,
me sentía increíblemente tabú y asombrosamente completa. Podía sentir partes
de mí de las que apenas me había dado cuenta antes hormiguear y encenderse.
Aspiré profundamente, disfrutando del delicioso aroma masculino, sintiendo el
calor de su cuerpo grande contra el mío, calentándome de dentro a fuera.

Mal, esto esta mal, susurró la parte de mi cerebro que aún persistía en Victoria. Si
alguien se enterara...

Nadie va a enterarse, me dije rápidamente. Nadie tiene que saberlo a parte de


North y yo. Es nuestro secreto. Y además, no es como si estuviera haciendo
nada malo. Sólo me esta calentando por unos pocos minutos y luego volveré a
mi lado de la cama.

—¿Kris? —La voz profunda de North interrumpió mis pensamientos.

—¿Sí? —Miré hacia arriba. La habitación estaba casi a oscuras, pero había un
poco de luz que venía de la ventana salpicada de lluvia. Apenas podía ver el
brillo de sus ojos mientras me miraba.

—Yo sólo... quería decirte... no, necesitaba decirte…

Hizo una pausa durante tanto tiempo que tuve que preguntar:

—¿Qué?

North lanzó un profundo suspiro que pareció sacudirnos.

—Nada —dijo finalmente—. Sólo quería decir que lo he pasado muy bien
contigo.
207

—Tuve un buen momento también —dije en voz baja—. Pero, North... —Me
mordí el labio—. ¿Eso era lo que realmente querías decir? —No sé de dónde
Página
saqué el valor para preguntarle algo tan importante, simplemente salió. Mi
corazón latía con paso inseguro en mi pecho mientras esperaba su respuesta.

Se movió, su ancho pecho moviéndose bajo mi mejilla.

—Eso es todo lo que puedo decir. Por ahora, de todos modos.

—¿Por ahora? —repetí, completamente confundida.

—Sí. —Se aclaró la garganta—. Todavía no...

—¿No qué? —pregunté de nuevo cuando se detuvo.

—Todavía no me conoces. Al verdadero yo. —Sonaba problemático—. Y no


puedo decir... lo que quiero decir, hasta que lo hagas.

—No lo entiendo —dije—. ¿Qué es lo que necesitas que yo sepa? ¿Y cómo


puedo saberlo si no me los dices?

—Esta noche no. —Escuché su susurro mientras negaba con la cabeza contra la
almohada—. Te lo diré, lo prometo. Pero no ahora. Hoy ha sido demasiado
perfecto para echarlo a perder.

Me moría de curiosidad, pero tenía que admitir que tenía razón. Había sido el
más maravilloso, el día más feliz yo pudiera recordar. No quería que nada lo
arruinase.

—Está bien —dije al fin—. Pero no creo que puedas decirme algo que me
hiciera… cambiar mi opinión sobre ti, North.

—Yo no estaría tan seguro de eso —dijo sombríamente, y volvió a suspirar.


Luego me tiró más cerca y parecía hacer un esfuerzo por deshacerse de su mal
humor—. Vamos a relajarnos y escuchar el viento soplar. Me encanta el sonido
de una tormenta afuera cuando estoy a salvo y caliente en el interior con
alguien que... —Se aclaró la garganta—. Alguien que me importa.

Sentí que se me calentaban las mejillas con un rubor agradable.

—Me gusta también. Esto es bueno... acogedor. Y es agradable poder estar


cerca... ahora que somos hermanos de juramento —añadí apresuradamente, no
208

quería que me malinterprete.


Página

Se movió.
—Uh, sí. Es agradable. —Se aclaró la garganta—. Bueno... buenas noches, Kris.
—Tomé sus palabras como una señal de que debía volver a mi propio lado de la
cama. Pero cuando empecé a moverme lejos, North se aferró a mí—. Oye, ¿a
dónde vas? —exigió—. ¿Estás teniendo demasiado calor?

—No, todavía tengo frío —admití—. Pero pensé, no sé, que tal vez te has
cansado de mí. Que querías que me fuera.

—No estoy cansado de ti, enano. —Él me instaló más firmemente contra él y
sus dedos cardaron suavemente por el pelo—. No tienes que ir si no quieres.
Podemos dormir así toda la noche... si quieres.

—Eso sería perfecto —le dije. Mi culpabilidad sobre dormir de una manera tan
intima con un hombre que no fuera mi prometido se había ido. Desapareció mi
temor de que alguien de Victoria supiera sobre mis indiscreciones. Todo lo que
quedó fue el placentero contacto de North, la sensación de su cuerpo apretado
contra el mío y el conocimiento que él quería que me quedara con él, para
tocarle toda la noche—. Perfecto —repetí en voz baja.

—Yo también lo creo. —North sonaba como si estuviera sonriendo. Luego


bostezó—. Vamos a dormir un poco.

—Está bien. —Cerré los ojos y me relajé. Podía oír el aullido furioso de la
tempestad en el exterior, pero el profundo y tranquilo tamborileo del corazón
de North latiendo lo ahogaba. Saboreando la maravillosa sensación ilícita de
estar en sus brazos, por fin me quedé dormida.

209
Página
Capítulo 29
Traducido por RBK

Corregido por Lissarizz

E
l resto de mi estancia fue mágica para mí. North realmente parecía
disfrutar de mostrarme su planeta y yo era feliz con sólo estar en su
compañía. Ahora que éramos hermanos de juramento la barrera
invisible que parecía existir entre nosotros, entre dos hombres,
supuse, se hizo añicos. North me tomaba la mano a menudo, aunque nunca en
presencia de sus padres, y yo dormía en sus brazos cada noche. No hubo más
tormentas, pero ya no necesitamos excusas. Cuando ambos nos deslizábamos
bajo las sábanas, él me acercaba hacia él y yo ponía mi cabeza en su pecho, llena
de felicidad de estar lo más cerca posible de él sin revelarle mi secreto.

Por las mañanas nos saludábamos con besos cada vez más persistentes. No era
lo suficientemente valiente más que para besarle en la mejilla, pero una vez
volvió la cabeza demasiado rápido y mis labios se encontraron brevemente con
los suyos. Me aparté de inmediato, roja, pero a North no pareció importarle.
Sólo sonrió y me besó de nuevo, un suave beso en la comisura de mi boca que
aceleró mi corazón. Íbamos a dar largos paseos por la arena plateada y muchas
veces cuando estábamos cansados, nos sentábamos y North utilizaba mi regazo
como almohada.

La primera vez que hizo esto, no estaba segura de qué hacer. Pero su pelo rubio
dorado se veía tan suave y acogedor, que no pude resistir pasar mis dedos a
través de él. North parecía disfrutar de mi tacto tanto como a mí me gustaba
tocarlo, y pronto se convirtió en un hábito regular entre nosotros.

No había dicho nada más sobre sus palabras crípticas de la noche de la


tormenta y no le presioné aunque mi curiosidad me molestaba como una
picadura que deseas rascarte. No fue hasta el último día de las vacaciones de
invierno que volvió a nuestra conversación anterior.

Estábamos sentados en la parte más alta de la playa mirando las olas grandes ir
210

y venir y North tenía la cabeza en mi regazo, como siempre. También, como de


costumbre, estaba jugando con su pelo, peinando mis dedos a través de los
Página

filamentos gruesos y dorados y disfrutando de los sonidos suaves y profundos


de placer que hacía cuando lo tocaba. Me hizo sentir poderosa y hermosa tener
al divino North tan feliz y vulnerable en mis manos.

North giró su cabeza en mi regazo y me sonrió mientras acariciaba el pelo.

—Mmm... Se siente bien.

—¿Sí? —Envalentonada, repetí la caricia. Me encantaba tocarlo y ahora que me


estaba invitando a hacerlo, no me pude resistir.

—Mmm. —Suspiró satisfecho, con los ojos cerrados mientras disfrutaba de la


luz del sol—. Nunca pensé que podía sentirme tan feliz otra vez, ¿sabes?

—¿Quieres decir... después de que tu hermano...? —Dejé la oración suelta.


Aunque North mencionara a Jamie a menudo, aún tenía que revelar detalles de
su muerte.

—Sí, después de eso. —Abrió los ojos por un momento y dirigió la mirada hacia
mí—. ¿Puedo decirte algo, Kris? ¿Algo que nunca he contado a nadie antes?

Mi corazón comenzó a golpear.

—Sí. Sí, por supuesto —me las arreglé para responder.

—Se trata de Jamie —dijo.

Mi pulso se redujo considerablemente, pero la curiosidad cosquilleó por mis


venas. Estaba tan feliz como no había estado nunca en mi vida y, sin embargo, a
veces sentía como si el fantasma del hermano menor del North nos estuviera
rondando, rondando como una sombra que no podían o no querían disipar.

—¿Sí? —dije con cuidado.

—Eso... podría cambiar tu opinión sobre mí. Acerca de... ¿cómo te sientes acerca
de mí? —Se sentó bruscamente y se miró las manos, sin mirarme a los ojos.

—North —dije en voz baja—. Nada podría cambiar mi opinión. Nada me haría
dejar de sentir... lo que siento por ti.

Él me miró con rapidez, un destello de esperanza en sus ojos.


211

—¿En serio?
Página

—En serio. —Tomé su mano cuando tomó la mía, entrelazando nuestros dedos
en una dulce forma que se estaba volviendo peligrosamente familiar—. No hace
falta que me digas nada. Nada en absoluto. —Sólo deseaba poder hacer lo
mismo por él. Todos los días, mi propio secreto se hacía más difícil de soportar,
pero aun así no me sentía lista para revelarlo.

North hundió los pies descalzos en la arena y se encogió de hombros.

—Jamie se suicidó —dijo en voz baja.

—¡Oh! —Puse mi mano libre a la boca—. ¿Estás seguro?

—Claro que estoy seguro. —Entrecerró los ojos hacia el sol por un momento y
luego se volvió hacia mí—. Estoy seguro porque le ayudé —dijo en voz baja.

Durante un buen rato no hubo más que silencio entre nosotros. El calor de
Prometeo sobre mis hombros, la luz del sol brillante haciendo la arena aún más
de plata y el pelo de North aún más dorado. Un millón de preguntas subieron a
mis labios. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Dónde? Pero de alguna manera cuando abrí la
boca, sólo salió una palabra.

—Cuéntame.

Suspiró profundamente.

—Jamie tenía un cáncer incurable que afectaba a los huesos, especialmente a su


columna vertebral. El cáncer lo torció. Es por eso que no se ve muy bien en las
fotos que tengo de él.

Me acordé de las fotos del hermano menor del North, su cuerpo deformado de
una manera que era difícil de entender, y asentí.

—Adelante.

—El cáncer le estaba consumiendo por dentro, estaba en constante dolor. —


Sacó su mano la mía y se pasó los dedos por el pelo—. Cerca del final se puso
peor, insoportable. Trató de mantenerse fuerte alrededor nuestros padres, pero
por la noche lo podía oír a través de la pared… Llorando. —Se pellizcó el
puente de la nariz, como si tratara de hacer retroceder el dolor de cabeza—. Era
por eso que ponía la música tan alta. Así podría ceder ante el dolor sin que
nadie lo supiera. Pero yo lo sabía.
212

—¿Lo sabías? —pregunté en voz baja—. ¿Sabías que le dolía?


Página

North asintió.
—Sí, estoy bastante seguro de que lo sabía. Es por eso que me pidió... me pidió
ayuda.

Dejó de hablar y se quedó en silencio por un largo tiempo.

—¿Quieres contarme cómo le ayudaste? —pregunté por fin.

—No, no lo creo —dijo en voz baja—. Pero... tengo que hacerlo. —Me miró
brevemente—. ¿Eso tiene sentido?

—No tiene que tener sentido —dije en voz baja—. Dime, North. Dime lo que
quieras. Todo lo que necesites.

—Está bien. —Miró hacia abajo a sus manos, torciendo sus dedos sin
descanso—. Ya era tarde, una noche cuando mamá y papá se habían ido a la
cama. Jamie estaba con su música como de costumbre, pero luego de repente la
apagó y le oí... —Se aclaró la garganta—. Le oí llamarme por mi nombre. Fui
donde él, por supuesto. Y me di cuenta tan pronto como entré en la puerta de
su habitación que estaba mal, muy mal. Peor de lo que jamás lo había visto.

North cerró los ojos, sus rasgos fuertes contorsionados por el doloroso
recuerdo.

—No estaba llorando, pero la agonía en sus ojos... —Él sacudió la cabeza—. El
sufrimiento... Bueno, era de un millón veces peor que los azotes que el director
me dio. Te lo puedo asegurar. Y entonces él dijo... dijo: Danny... ayúdame.

—¿Qué hiciste? —pregunté en voz baja cuando se detuvo de nuevo.

—Fui a su cama y le pregunté en qué necesitaba ayuda. —North tragó saliva—.


Tendió la mano y vi que tenía un puñado entero de las pastillas blancas para el
dolor que su médico le había recetado. Se suponía que tenía que tomar tres al
día, una en la mañana y dos a la hora de acostarse. “Yo he estado ahorrando” dijo.
“Sólo me he tomado una a la noche por semanas”. “¿Por qué?” pregunté. Y él dijo:
“¿Sabes por qué? Me duele mucho, Danny, no puedo soportarlo nunca más.”

North apretó la mandíbula y me pareció que tenía que obligarse a sí mismo a


seguir hablando.
213

—Traté de decirle que iba a mejorar, que sólo debía aferrarse pero él negó con la
cabeza y dijo: “Danny, me estoy muriendo. Yo lo sé y tú lo sabes, es por eso que te has
Página

tomado este año en la escuela. Para estar conmigo antes de que muera.”
—¿Era eso cierto? —pregunté en voz baja.

North asintió.

—Sí. Era cierto, y tuve que admitirlo. Entonces le pregunté qué quería de mí. Él
dijo: “Sólo que estés conmigo. Para ayudarme en caso...”

—¿En caso de que? —pregunté en voz baja.

—En caso de que... —North negó con la cabeza—. En caso de que las pastillas
no fueran suficientes.

Sentí mi estómago torcerse en un nudo, esto no era lo que yo me había


esperado. Aun así, me había comprometido a escuchar la historia entera.

—¿Y lo fueron? —pregunté, tratando de prepararme para lo peor—. ¿Fueron


suficientes?

North negó con la cabeza.

—No del todo. —Su voz profunda sonó estrangulada—. Jamie estaba...
realmente cansado, tanto que podíamos decir que sería capaz de dormir la
mona9. Tenía tolerancia hacia ellas, las pastillas para el dolor. Después de
tomarlas durante tanto tiempo. Y fue entonces cuando me preguntó... —Él se
miró las manos durante un largo rato—. Dios, esto es difícil de decir.

—Sólo dilo —insistí, aunque mi estómago se sentía como si me hubiera tragado


un trozo de hielo del tamaño del puño.

North me miró, sus penetrantes ojos azules completamente secos pero llenos de
un terrible dolor.

—Me pidió que le ayudara a terminar.

—¿Y lo hiciste? —susurré, tomándolo de la mano.

—Sí. —Él me apretó los dedos con tanta fuerza que me dolía, pero no hice
ningún movimiento para escapar—. Utilicé la almohada —susurró con voz
ronca—. Se la puse en la cara y la mantuve allí hasta que... hasta que dejó de
moverse. —North me miró y la desesperación en sus ojos era terrible de ver—.
214
Página

9Se originó a partir de la expresión "que marcharse", a dormir la mona es cuando usted duerme
para deshacerse del dolor físico cuando te despiertas.
Él me sonrió... justo antes de que lo hiciera. Y dijo... dijo: “Gracias, Danny. Te
quiero.” Y eso fue todo. Yo... sostuve su mano durante horas. Y luego me fui a la
cama y me quedé allí, sabiendo que mi madre lo encontraría por la mañana.

—Oh, North —susurré, incapaz de decir nada más. Él negó con la cabeza y
hundió el rostro entre las manos. Nunca lo había visto llorar antes, pero ahora
las lágrimas, los sollozos profundos, roncos me desgarraban el corazón. Le froté
los hombros temblorosos sin poder hacer nada, deseando que hubiera alguna
manera de poder consolarlo.

—Me odio a mí mismo por ello —dijo al fin, con voz ahogada—. Me odio, Kris.
Pero yo no... No sabía que otra cosa hacer. Le dolía tanto.

—Hiciste lo correcto —le dije—. Ayudaste a tu hermano cuando nadie más lo


haría. Le ayudaste de la única manera que podías.

—Pero mis padres... —North negó con la cabeza—. Eso casi los mató,
especialmente a mi madre. Quiero decir, Jamie había estado muriéndose
durante años, pero iba tan lento, creo... creo que ella pensaba que nunca lo haría
al final. Que siempre estaría allí cuando se levantara para comprobar por la
mañana. —Abatido pestañeó con enojo—. Y soy la razón por la que no está.

—Tú eres la razón por la que por fin está en paz —dije con fiereza—. No te odio
por eso, North. No creo que tus padres lo hicieran, si lo supieran, y yo tampoco.

—¿No lo haces? —Me miró con incertidumbre.

—No. —Sacudí mi cabeza con decisión—. No lo hago. Creo que tenías una
elección difícil que hacer y la hiciste. Hiciste lo que tu hermano te pidió.

Suspiró profundamente.

—Trato de decirme eso, pero a veces... a veces este secreto me come por dentro,
de la misma manera que el cáncer estaba comiendo a Jamie. Nunca pensé que
sería capaz de decírselo a nadie... hasta que llegaste.

—Sé de secretos —dije en voz baja—. Y sobre decisiones difíciles. Me alegro...


me alegra que hayas confiado en mí.
215

—Yo también. —Tomó mi mano y la llevó a su cara. Al presionar un beso en mi


mano, susurró—: Gracias, Kris. Gracias por no odiarme.
Página
—Yo nunca podría odiarte —murmuré, mi corazón se hinchó con su gesto de
ternura—. De hecho, yo… Tengo algo que decirte, también.

—¿Tú? —Me miró con los ojos brillantes—. ¿Un secreto?

—Sí, yo... —Abrí la boca, dispuesta a contarle todo. Después de todo lo que me
había revelado, después de todo, él había confiado en mí, sentí que debía ser
capaz de confiar en él con mi verdad también. Mi secreto, mi mentira y el
vergonzoso engaño vergonzoso, tembló en mis labios.

Pero no era sólo mi secreto.

—¿Y bien? —dijo North con avidez.

—Yo... —Sacudí mi cabeza—. No puedo...

—Está bien. —Negó con la cabeza—. No hace falta que lo digas. Ahora no.

—Está bien. —Yo estaba aliviada y decepcionada. Cómo quería desnudarle mi


alma, ¡decirle todo de principio a fin! Pero de alguna manera no podía.

—Más tarde, tal vez. —North se levantó y me ofreció una mano—. Vamos. Es
nuestro último día antes de que terminen las vacaciones. Vamos a hacer que sea
inolvidable.

Le di la mano y le dejé levantarme. Cuando empezamos a subir por la ladera


que conducía a su casa, pude ver por la expresión pacífica de su rostro que se
sentía más ligero, era como si una carga terrible hubiera sido levantada de sus
hombros. Yo sólo deseaba que alguien pudiera levantar mi propia carga, pero
era la única que podía hacerlo. Y mis manos estaban atadas, el secreto que
estaba guardando con mi vida no era mío para decirlo.
216
Página
Capítulo 30
Traducido por Nanami27

— Corregido por Koko Markova

No puedo soportar esto más, tengo algo que necesito decirte


—dijo North mientras nos deslizamos bajo las sábanas esa
noche, la última noche de las Vacaciones de Invierno.

—¿Qué, algo más? —Lo miré con inquietud, preguntándome qué otros secretos
oscuros podría estar llevando.

—Me temo que sí. —Se sentó en la cama y apoyó los codos en las rodillas—. No
estoy seguro de cómo decir esto, pero… ¿todas las cosas que te dije sobre ser
hermanos de juramento?

—¿Sí? ¿Qué pasa con eso? —Puse una mano en mi oreja perforada
reflexivamente.

Apenas noté la plata y el perno de ónix que parecía una parte de mí.

—Es… bueno, no es algo que la gente realmente siga haciendo. —North se


aclaró la garganta—. Quiero decir, solían hacerlo, ese tipo de costumbre pasada
de moda desde los tiempos de mi abuelo. Pero realmente no… realmente no se
hace ahora.

Lo miré, confundida.

—Entonces, ¿por qué nos hiciste hacerlo? ¿Te inventaste el juramento que
hicimos?

—¡No, claro que no! —Sacudió su cabeza con vehemencia—. El voto es real, lo
averigüé para hacerlo bien. Yo sólo… —Suspiró—. Sólo lo usé como excusa.

—¿Una excusa para qué? —demandé.

—Para estar más cerca de ti, ¿bien? —North pasó ambas manos por su cabello
con agitación—. Para ser capaz de… tocarte. Y besarte, incluso si es sólo en la
217

mejilla.
Página
La sangre repentinamente rugía en mis oídos tan fuerte que apenas podía oír
mis pensamientos.

—Tú… ¿querías estar más cerca de mí?

—Sí, maldita sea, ¡lo hice! Quiero decir, sí. Dios, Kris, no sé cómo decir esto y
podrías odiarme cuando lo haga, pero tengo que decírtelo.

—¿Decirme qué? —Agarré su brazo y lo miré casi salvajemente.

—Decirte… que te amo —North se pasó una mano sobre el rostro en obvia
frustración—. Sé que suena raro, y debe sentirse raro también. Quiero decir,
nunca he tenido… sentimientos como estos por otro chico. Demonios, nunca he
tenido sentimientos como estos por nadie. Pero de alguna manera, a pesar de
que eres un chico y uno de primer año, y del extremo opuesto del sistema solar,
sólo se siente… —Suspiró—. Sólo se siente correcto. Y lo siento si estoy
asustándote ahora mismo, diciéndote esto. Yo sólo…

—Se siente correcto para mí, también —interrumpí en un apuro—. Yo… nunca
me he sentido así por nadie tampoco, North.

Él parecía inmensamente aliviado.

—Es loco, ¿no? Seguía diciéndome a mí mismo que simplemente era que me
recordabas a Jamie, que quería protegerte. Y luego me dije a mí mismo que
cuando regresara aquí, a Apolo, vería a todas las chicas lindas en la playa y me
daría cuenta que no era lo que quería. Pero, Kris… —Agachó su cabeza para
mirarme a los ojos—. Eres lo que quiero. No sé por qué, pero todas las chicas
que he mirado, ninguna es tan bonita… uh, quiero decir, tan atractiva como tú.
No para mí, al menos.

Mi corazón se hinchó hasta que sentí como que podría explotar.

—Está todo bien —dije en voz baja—. Puedes decir que soy bonito si quieres.
No… realmente no me importa.

—Oh, bueno. —Me dio una sonrisa de alivio—. Me refiero, no quiero decir que
no lo eres, ya sabes, masculino ni nada. —Puso una mano en la frente—. No
puedo creer que esté teniendo esta conversación contigo. Es tan extraño.
218

—No es extraño. —Apreté su brazo—. Está bien, quizás un poco extraño —


Página

admití y él se rió—. Pero aún es correcto, como dijiste. Sólo… correcto.


North me miró con seriedad.

—Ayer dijiste que tenías un secreto también, ¿era ése? Que sentías por mí…
¿cómo yo siento por ti? ¿Que… me amas?

Una vez más, la verdad subió a mis labios. Y esta vez sabía que iba a
extenderse. Después de todo, no podía dejar que North me amara, pensando
que era otro hombre. Él debía estar tan confundido por dentro, preguntándose
por qué se sentía atraído por alguien que pensaba era del mismo sexo.

—North —dije—, soy…

—Chicos, ¿están listos para ir a la cama?

Nos habíamos inclinado hacia adelante, mirando fijamente los ojos del otro,
pero el sonido de la voz de su madre justo fuera de la puerta nos hizo saltar
precipitadamente aparte.

—Sí, mamá —dijo North mientras nos acomodamos rápidamente en lados


opuestos de la cama—. Ya estamos arropados.

—Muy bien. —Ella abrió la puerta y asomó la cabeza, dándonos una sonrisa un
poco preocupada—. Sólo quería ver cómo estaban. Ya que es su última noche
aquí. —Parecía tan triste que mi corazón, que había estado golpeando unos
momentos antes, dolió por ella. Cuán solitario debe ser para ella, ¡llorando en
esta casa por el mar sin Jamie! Y ahora North y yo nos íbamos también,
dejándola sin hijos que cuidar. Era una mujer muy dulce y preocupada, deseé
nuevamente tener una madre como ella a la cual llamar mía.

—Regresaremos de nuevo para las Vacaciones de Primavera —prometió North,


obviamente viendo la soledad de su madre—. Lo prometo.

—¿También regresarás, Kris? —La Sra. North me miró esperanzada.

Me aclaré la garganta.

—Yo… adoraría regresar. Si me acepta, claro.

Ella sonrió.
219

—Eres un buen y leal amigo con Daniel. Por supuesto que queremos que
regreses.
Página
Me preguntaba qué pensaría si supiera que “Daniel” acababa de confesar su
amor por mí. ¿Cómo se sentirían ella y su marido si pensaran que su único hijo
sobreviviente estaba enamorado de otro hombre? El matrimonio con el mismo
sexo era aceptado en la mayoría de las lunas progresistas, (no en Victoria, claro)
pero todavía había un estigma en muchas provincias.

—Gracias —dije, sin saber qué más decir—. Muchas gracias, señora North.

—De nada, querido. —Ella me dio una sonrisa cariñosa, y luego lanzó un beso a
North—. Duerman bien.

—Lo haremos. Buenas noches, mamá —dijo North.

Ella sonrió y cerró la puerta. Ambos escuchamos sin aliento el sonido de sus
pasos retrocediendo por el pasillo y luego, poco a poco bajando las escaleras.
Cuando no había nada sino silencio afuera, North se volvió hacia mí, con los
ojos ardiendo.

—Esto me está volviendo loco, Kris. Quiero besarte, besarte de verdad.

Estaba en sus brazos antes de que me diera cuenta. Su boca en la mía era
caliente y urgente, pero yo no estaba menos impaciente que él. Mi mente se
volvió borrosa de nuevo a cuando Wilkenson me había besado, a la torpe e
incómoda manera que había presionado sus labios en los míos. No había nada
de eso entre North y yo —encajábamos de manera natural— nuestras bocas
parecían hechas para unirse.

Por fin nos separamos, jadeando, y North me miró, con los ojos entrecerrados
de placer.

—Sabes tan bien como pensé que lo harías.

—¿Has… estado pensando en ello por mucho tiempo? ¿En besarme? —


pregunté con timidez.

Él asintió.

—Es una de las razones por las que yo, uh, dejé de hablarte por un tiempo en la
escuela. No podía dejar de pensar en eso, preguntándome cómo sería.
220

—Te molesta mucho, ¿no? —Sentí una repentina oleada de culpabilidad—. La


idea de… ¿de besar otro a hombre?
Página
—No es mi primera opción —admitió, la materia con la mayor naturalidad—.
Pero maldita sea, Kris, he intentado y…

—¿Y qué? —pregunté en voz baja.

Él negó con la cabeza.

—Y simplemente ya no puedo estar lejos de ti. No puedo evitarlo, eres el único


para mí.

Luego estaba besándome de nuevo, ahuecando mi mejilla para acercarnos más


y pasando sus dedos a través de mi cabello corto sin descanso, como si no
pudiera acercarse lo suficiente. Me rendí ante el placer de sus besos, al igual que
lo había hecho antes. Casi me perdí en su abrazo, de hecho, sólo regresé a mí
misma cuando sentí una mano grande y cálida deslizándose lentamente bajo mi
camiseta. Bajo mi camiseta, donde mis pechos estaban desnudos y sin ataduras.

—¡North, no! —jadeé, rompiendo el beso y empujando su mano lejos al mismo


tiempo.

—Está bien, lo siento. —Él parecía decepcionado, pero no muy sorprendido—.


Sólo pensé… no sé lo que pensé. Me dejé llevar. —Suspiró y me dio una sonrisa
irónica—. Supongo que quieres esperar hasta que estemos casados, ¿verdad?

—¿Casados? —Lo miré, sin saber si estaba bromeando.

—Claro. —Se encogió de hombros—. Así es como se hacen las cosas en Victoria,
¿no?

Lentamente, asentí.

—Bueno, sí. Por lo general no entre dos hombres, pero esperamos al


matrimonio antes de, um, consumar una relación. Pero… ¿realmente estás
pidiéndome que… que me case contigo?

North se rió.

—No estés tan asustado, no estoy pidiéndote que te fugues esta noche. Sólo
estoy diciendo que quizás algún día en el futuro, después que ambos nos
graduemos…
221

—Supongo —dije tímidamente.


Página
—Puedo verlo ahora… —sonrió North—. Tendremos nuestra propia nave. Seré
el capitán y tú puedes ser el navegante.

—Espera un minuto. —Intenté sonreírle de vuelta, pero mi corazón todavía


estaba latiendo—. ¿Por qué tienes que ser el capitán?

—Porque soy más alto, claro —dijo North a la vez. Me dio un codazo en las
costillas—. Y también porque eres mucho mejor en Navegación Astronómica
que yo. Contigo como navegante, tenemos muchas menos probabilidades de
terminar en medio de una supernova o quedarnos atrapados en un agujero
negro.

—Tienes razón en eso —dije de mala gana—. Está bien, seré tu navegador.

—Y mi pareja —dijo, mirándome fijamente.

Mi corazón saltó en mi pecho y me di cuenta que él no estaba bromeando.

—Si… si me quieres —susurré con incertidumbre—. Hay cosas sobre mí que no


conoces, North. Cosas que podrían… podrían cambiar tu pensamiento.

North ahuecó mi mejilla y me miró a los ojos.

—Voy a decirte lo que me dijiste hoy, Kris, no hay nada que pudieras decirme
que cambiara la manera en que me siento por ti.

—Pero…

—No más peros. Y no más secretos, no esta noche. —Lentamente me atrajo


hacia abajo en la cama y me acunó en sus brazos—. Esta noche sólo quiero
abrazarte —murmuró—. Y besarte e intentar creer que eres mío, realmente,
finalmente mío. No te preocupes —añadió, viendo claramente la preocupación
en mi rostro—. No iré demasiado lejos, lo prometo.

¿Cómo podría decirle que ya había ido demasiado lejos, demasiado, demasiado lejos? ¿Y
que necesitaba decirle mi secreto antes que fuéramos más lejos?

Abrí mi boca para hablar de nuevo, pero North ya estaba besándome,


lentamente y con ternura, esta vez, como si quisiera que nuestro abrazo durara
toda la noche. Sus grandes y cálidas manos estaban en mi espalda, acariciando
222

arriba y abajo, tirando de mí hacia él, más cerca que nunca. No podía pensar
con claridad cuando me tocaba así, cuando me besaba con tanta ternura.
Página
Le diré mañana, me prometí. Una noche más no hará daño.

Y entonces dejé de lado todo pensamiento racional y simplemente me entregué


al beso.

223
Página
Capítulo 31


Traducido por Izzy

Corregido por Manu―ma

Kris, ¡despierta! ¡Despierta ya!

Una mano fuerte me estaba sacudiendo, tirando de mí


hacia arriba desde las profundidades del sueño. Al
principio me alejé de él, temiendo que fuera la mano de uno de los hombres sin
rostro, los hombres oscuros que venían a arrastrarme por el pasillo y cortar mi
mano. No, no es mi mano… La mano de Kristopher, susurraba una voz en mi
cerebro.

Y entonces lo vi de nuevo, mi hermano. De pie frente a mí con una goteante mano


ensangrentada y una destrozada mirada en su rostro. ¿Por qué Kris? susurró, ¿por qué
le dijiste? ¿Cómo has podido?

¡Lo siento! Corrí hacia delante, tratando de detener el flujo de sangre, pero era inútil,
estaba sangrando hasta la muerte justo en frente de mí.

Tambaleándose, se postró sobre sus rodillas. Y siguió preguntando: ¿Por qué... por
qué... por qué?

—Kris, despierta. Necesitas despertar ya ¡Maldición!

Eso era North llamándome, un rincón medio despierto de mi cerebro me


informó sobre ello. Y Kristopher ni siquiera está aquí. Está muy lejos, a salvo.
Siempre y cuando no lo cuente.

El pensamiento me hizo estar completamente despierta. Abrí los ojos y vi a


North mirándome. La luz del sol que entraba por la ventana mostraba una
expresión de preocupación en su rostro.

—¿Era el mismo sueño otra vez? —preguntó en voz baja—. ¿El que tuviste esa
noche que te abrazaba?
224

—Sí —susurré y me eché a llorar.

—Oye, está bien. Todo va a estar bien. —North me tomó entre sus brazos y
Página

enterré mi cara en su pecho, sollozando tristemente. No era sólo el sueño lo que


me había afectado, era el mensaje que llevaba, el cual estaba completamente
claro para mí.

No podría decírselo a North. No importa lo mucho que lo quiera o lo mal que


me siento por mi engaño, simplemente no podía. No sin antes hablar con
Kristopher primero. No puedo poner en riesgo el futuro de mi querido
hermano sin su conocimiento o consentimiento. North simplemente tendría que
permanecer en la ignorancia de mi verdadera identidad por un tiempo más.

Pero no podía seguir engañándolo, no podía permitirme tener una relación con
él bajo falsas pretensiones. Con el corazón encogido, me di cuenta de lo que
tenía que hacer. Limpiando mis ojos con la manga de mi pijama, me arrastré
fuera del regazo de North. Me dejó ir, pero trató de mantener un brazo
alrededor de mí cuando me senté a su lado en la cama. Aunque no había nada
que quisiera más que la comodidad de estar cerca de él y sentirle abrazándome,
me obligué a empujar su brazo lejos de mí.

—¿Kris? —Me miró con incertidumbre—. ¿Estás bien?

—No. —Lo miré, tratando de armarme de valor para lo que tenía que decir—.
No, no lo estoy.

—¿Qué esta mal?

—Yo... yo... —Traté de obligarme a decir las palabras que nos separarían. Traté
de alejarme de él, pero de alguna manera no podía.

—Está bien. —North me dio una palmadita en la espalda—. Sé lo que necesitas,


algo para borrar las pesadillas de tu cabeza. Venga, vamos por un último nado.

—¿Nadar? —Eché un vistazo al cronómetro en la pared—. Pero no tenemos


tiempo, North. Hemos dormido más tarde de lo habitual y nuestro servicio de
traslado sale en una hora.

Se encogió de hombros.

—Entonces vamos a tomar un transporte posterior. Mientras estemos en DLO


vamos a estar bien.
225

—Pero yo... —empecé a protestar de nuevo, pero me hizo callar al lanzar mi


bañador en la cabeza.
Página
—Date prisa y póntelo. Tenemos que apresurarnos si queremos conseguir
nadar antes de las grandes olas.

Fui a cambiarme como me pidió, aunque mi corazón todavía estaba


confundido. Necesitaba decirle que tenía que poner algo de distancia entre
nosotros, que no podía seguir siendo su... ¿Qué era? ¿Novio? ¿Novia? O tal vez
pareja era la mejor palabra, la palabra que él había usado anoche. Tenía que
decirle que no podía serlo, no podía engañarlo un minuto más.

Y sin embargo, cuando salí del cambiador y vi a North de pie allí, su amplio
pecho desnudo y con su bañador de cintura baja aferrado a sus caderas
estrechas, las palabras murieron en mis labios. Se veía tan perfecto, tan hermoso
con su pelo dorado revuelto en un halo alrededor de su cabeza. Todavía no
podía creer que yo era lo que él quería.

Él no te quiere, dijo una pequeña voz mezquina en mi cabeza. Quiere a Kris, el


chico que cree que conoce. Y cuando se entere de que no eres realmente esa persona...

—Vamos. —La voz profunda de North interrumpió mi ataque de culpa—.


¿Porque estás ahí parado mirando? ¡Vamos!

Silenciosa y miserablemente, lo seguí fuera de la casa, bajando hacia la playa.


De alguna manera no podía reunir el valor para hablar. No podía hacerme decir
lo que tenía que decir.

En las dos semanas que había estado en el Apolo, habíamos estado nadando
todos los días, por la mañana y por la tarde como North había prometido. En
ese momento, había dado pasos increíbles, aprendiendo a confiar en el agua y
en mi propia habilidad para moverme en ella sin hundirme. North dijo que
nadaba como un Pinkrel, un pequeño pez de color coral que habitaba en los
mares de Apolo. Realmente disfruté el ejercicio junto con la sensación de
enfrentarme a mí misma contra el océano y sentir las corrientes del agua
defenderse.

Así que cuando llegamos a las aguas verde azuladas del océano, me lancé a ella
sin vacilación alguna. North tenía razón, tenía que limpiarme las telarañas de la
cabeza y pensar. El agua fría salpicaba mi pecho mientras las olas me ayudaban
226

a nadar. Nadé lejos, más lejos de lo que nunca había hecho antes, tratando de
dar sentido a los pensamientos que se agitaban dentro de mi cabeza.
Página
—Kris, ¡ten cuidado! —North me dio una mirada preocupada mientras seguía
el ritmo a mi lado.

—Nunca había visto a nadie aprender a nadar tan rápido como tú, pero sigues
siendo un principiante.

—Estoy bien. —Metí la cabeza bajo el agua por un momento y salí goteando—.
No tienes que preocuparte por mí, North.

—Me preocupas, ¡maldita sea! No vayas tan lejos, te estás acercando demasiado
al rompeolas. —Di una mirada a mi izquierda y vi las piedras rojizas, con sus
brillantes picos azules que en realidad estaban mucho más cerca de lo que había
pensado.

—Estoy bien —le dije, tratando de sonar tranquila. Aún así, comencé a llevar mi
cuerpo lejos de la pared. North probablemente tenía razón, mis brazos y piernas
estaban cansados y cuando lancé una mirada por encima del hombro, la costa
estaba mucho más lejos de lo que esperaba. Me volví hacia ella y me centré en
las arenas color plata de la playa que se veía tan distante.

North parecía aliviado de que estuviera regresando a tierra.

—Bueno, vamos a entrar —gritó por encima del rugido cada vez más fuerte de
las olas—. Podríamos tener el tiempo suficiente para tomar algo del desayuno si
nos damos prisa.

Empecé a responder, pero una ola sorprendentemente grande de repente se


derramó sobre mí, llenándome la boca con agua salada, haciendo que me
atragantara. Me pilló desprevenida, escupí y tosí, agitando el agua con los
brazos y las piernas para mantenerme a flote, como North me había enseñado.

—Oye, ¿estás bien? —Me dio una mirada de preocupación.

—Bien —carraspeé, a pesar de que estaba más lejos de la verdad de lo que me


habría gustado admitir. Una parte del agua salada se había metido en mis
pulmones y no podía dejar de toser.

—Vamos. Creo que las olas pueden llegar pronto hoy y no quiero estar en
medio del agua cuando lo hagan.
227

—Llegan antes... ¿a veces? —jadeé mientras continuábamos nadando.


Página

Él asintió.
—No muy a menudo, pero de vez en cuando. Aunque... —Lanzó una mirada
por encima del hombro, mirando hacia atrás al mar abierto, y las palabras
murieron en sus labios.

—¿North? —Giré la cabeza para ver lo que miraba y me quedé sin aliento.
Viniendo directamente hacia nosotros había una ola como ninguna que hubiera
visto antes.

—¡Nada! —gritó, pero su voz se ahogó por el rugido de la ola que se


aproximaba. Se hizo más y más alta, se elevaba como una gran pared de cristal
tan alto como un edificio por encima de nosotros. Nadé lo más fuerte que pude,
pero mis miembros estaban fatigados y todo mi cuerpo parecía rígido y
congelado por el miedo.

Esta es la forma en la que moriré, pensé, y luego una enorme y pesada mano me
empujaba hacia abajo, empujándome a través del agua, como si yo no fuera más
que un trozo de papel que se había encontrado la marea.

228
Página
Capítulo 32
Traducido por Kanon

Corregido por Koko Markova

E
stoy segura de que me hubiese ahogado si no fuera por el rompeolas.
La enorme ola me arrastró de arriba abajo y me empujó contra él. Fue
un impacto apaleador y sentí algo puntiagudo perforar mi costado.
Grité al golpearme, un dolor penetrante me ganó otro sofocante trago
de agua salada.

Fui arrojada afuera y di una bocanada de aire cuando la traidora corriente me


arrastró, intentando tragarme otra vez. Pero a pesar de que mis piernas se
sentían como si estuvieran siendo sacudidas por una gran mano, de alguna
manera me mantuve donde estaba.

—¡Kris! ¡Kris! —North de repente estuvo justo encima de mí, con su rostro
blanco de miedo en las oscuras aguas—. ¿Estás bien? —exigió. Las olas lo
empujaban arriba y abajo, él luchaba por quedarse cerca de mí sin dar contra la
muralla.

—Yo… creo que sí. —Tosí y escupí más agua.

—¡Gracias a Dios! Vi que la ola te llevó abajo y que te golpeaste contra el


muro… Creí que te habías ido.

—Aún estoy aquí —conseguí decir y tosí otra vez.

—Tenemos que irnos. —Miró atrás de nosotros, inspeccionando el mar


abierto—. Hay otra viniendo. Está lejos en el horizonte pero las olas se mueven
rápido. ¿Aún puedes nadar? Si no, puedo llevarte.

—Eso… eso creo. —Intenté moverme hacia él pero por alguna razón no podía
conseguir más de unas pocas pulgadas lejos del rompeolas—. No puedo
moverme —dije intentando no entrar en pánico—. Estoy atascado, North.

North nadó hacia mí, mucho más cerca del rompeolas de lo que era seguro.
229

—Tu camiseta está atascada en una espina de mar —dijo, después de una
Página

rápida inspección—. No sé cómo conseguirlo sin ser atravesado en el proceso,


ése es el problema. —Comenzó a tirar de la tela empapada, intentando sacarla
sobre mi cabeza—. Vamos… quítatela.

—¿Qué? ¡No! —jadeé, tirándola de vuelta.

North frunció el ceño.

—No es tiempo para ser modesto, Kris. Esa ola está viniendo muy rápido.
¡Quítatela ahora!

—¡No! —Forcejeé en su contra, intentando tener mi empapada camiseta fuera


de sus manos—. Puedo desengancharla, sólo dame un minuto.

—Demonios, Kris, ¡no tenemos un minuto! —gritó North por encima de las
olas—. Tenemos que irnos ahora.

Estábamos en una guerra de tirones ahora, con North intentado sacar mi


camiseta sobre mi cabeza y yo intentando bajarla tercamente, determinada a no
dejarlo exponer el secreto de mi pecho vendado. De repente, con un maravilloso
leve sonido, la camiseta se rasgó libre de las espinas de mar y yo estaba
hundiéndome bajo las olas. Escuché a North gritar mi nombre y entonces un
fuerte brazo estaba enganchado alrededor de mi cuello.

—No forcejees —me instruyó—. Sólo relájate y déjame llevarte.

Quise discutir que podía nadar por mi propia cuenta pero para ser honesta, yo
no creía que podía. Nadamos lejos e intenté mantener mi cabeza sobre el agua
mientras luchaba con la embravecida corriente que debilitaba mi fuerza. Me
preocupaba que estuviera ralentizando a North pero también estaba asustada
de que si me dejaba ir podría hundirme como una piedra. Entonces intenté
quedarme quieta y estar relajada en su agarre mientras él nadaba por ambos de
vuelta a la orilla.

Fue difícil relajarse, sin embargo… miré el océano abierto y pude ver la próxima
ola venir. Estaba avanzando con más lentitud que la que nos había agobiado
más temprano pero podía verla moverse, como un montaña creciente de cristal
verde grisáceo acercándose, cada vez más cerca.

—North —dije, dudosa de si pudo oírme—. North, está viniendo.


230

—Lo sé. —Su voz era lúgubre.


Página
—¿Nosotros… nosotros lo lograremos? —No podía ayudar a la voz trémula de
miedo en mi cabeza.

Hasta ahora, no había experimentado nada más que el tranquilo océano cuando
nadábamos. He visto al agua como una gigante y amistosa mano que quiere
sostenerme. Ahora estaba viendo otra cara del océano… Un hambriento
monstruo que más bien quiere arrastrarme abajo y comerme.

—No lo sé. No lo creo. —Sonó tan calmado que yo no podía creerlo.

—¿Qué? —Comencé a forcejear en su agarre.

—¡No te muevas! —bramó, mirando atrás brevemente para darme una severa
mirada—. Estaremos bien incluso si la ola nos atrapa. Siempre te empujan
primero, después intentan arrastrarte de vuelta. Cuando nos empujen, iremos
con ellas… intentaremos agarrarnos en la orilla.

—¿Agarrarnos? —chillé, aún no creyendo lo que estaba diciendo. La ola crecía


más y más grande, por encima de nosotros, cerca de quebrarse.

—Agarrarnos —repitió North—. Entonces agarras algo de arena y te aferras a


mí… no voy a dejarte ir.

—Yo… —comencé, pero entonces la masiva ola se quebró sobre nosotros,


aporreándonos y empujándonos cerca de la orilla como North había dicho que
sería.

De alguna manera me torcí del agarre de North pero él me asió fuerte, justo
como había prometido. Intenté mantener la respiración pero el agua salada bajó
por mi garganta y subió por mi nariz de todas maneras. Por un segundo estuve
asustada de que llenaría mis pulmones y me ahogaría después de todo.
Entonces sentí a North y a mí misma ser levantados y empujados hacia adelante
con increíble fuerza. De repente las plateadas arenas de la playa corrían hacia
nosotros de una manera increíble.

La ola se rompió, tomándonos con ella. El lado de mi cara se estrelló en la arena


y siguió el resto de mí. El violento impacto sacó el poco de aire que tenía en mis
pulmones, pero aún recordaba lo que North había dicho. Buscando adelante,
231

cavé con mi mano en la plateada arena mojada, intentando resistir y no ser


arrastrada otra vez.
Página
Sentí el tirón de la corriente y mi débil agarre en la arena no hubiese sido
suficiente para salvarme si North no me hubiese agarrado también. Él había
logrado tomar una piedra medio enterrada que sobresalía en la arena con una
mano y con la otra, sostenía mi brazo como la muerte sombría. Por fin la rápida
ola amainó, dejándonos a ambos jadeando.

North no gastó tiempo recuperándose.

—Vamos… levántate. —Se puso de pie y tiró de mi brazo. Yo, sin embargo,
continuaba cabeza abajo en la arena.

—Duele, North —gemí—. Todo duele. Necesito… necesito tomar un respiro.

—Puedes tomarlo desde tierra alta. —Tiró de mi brazo otra vez—. Vamos, hay
otra viniendo rápido. A no ser que de repente hayas aprendido a respirar bajo
el agua, necesitas levantarte.

Gimiendo, me puse de pie tambaleante. Mi costado izquierdo —el lado que


había sido embestido contra el rompeolas— dolía y ardía al mismo tiempo. Mis
pulmones aún se sentían medio llenos de agua y estaba tan exhausta que
apenas podía moverme. North no podía estar sintiéndose mucho mejor que yo.
Después de todo, había ocupado un montón de energía más que yo,
arrastrándome. Pero tiró de mí incansablemente a través de las cambiantes
arenas hasta las empinadas escaleras talladas en las rocas.

Era una escalada que había hecho docenas de veces desde que estaba con él y
ahora apenas podía poner un pie en frente de otro por mí misma. Dos veces
tropecé y hubiera caído si North no me hubiese sostenido y estabilizado. Una
vez tuve que parar y vomitar, pero sólo vino un poco de agua de mar. Estaba
agradecida de que no nos hubiésemos detenido por desayuno antes de nuestro
baño matutino. No podía imaginar atravesar lo que habíamos acabado de
experimentar con un incómodo estómago lleno. No sé cómo, pero de alguna
manera nosotros finalmente logramos llegar a la cima.

—Está bien —dijo North—. Esto es seguro. La corriente nunca alcanza esta
altura.

—Bien —susurré y colapsé.


232

North estuvo a mi lado de inmediato, sosteniendo mi cabeza en su regazo y


Página

mirándome con ansiedad.


—¿Kris? ¿Estás bien?

—Bien. —Hice un esfuerzo por levantarme pero realmente no pude conseguirlo


y tuve que contentarme con sólo tumbarme ahí, con mi cabeza descansando en
sus piernas—. Quiero decir, lo estaré… en un minuto —agregué y tosí un poco
más de agua.

—Lo siento tanto. —North tenía una expresión de arrepentimiento en su cara—.


Fui tan estúpido, insistiendo en que fuéramos a nadar. Pensé que teníamos
como mínimo una hora antes de que las olas vinieran.

Moví mi cabeza.

—No debí haber nadado tan lejos. Tú intentaste advertirme pero yo no quería
escuchar.

—Yo no debí haberte permitido nadar tan lejos. —North obviamente aún estaba
intentando tomar la culpa—. Pero nunca había visto a las olas venir tan
temprano antes. O tan grandes… ¡estas olas eran monstruosas!

—No estás bromeando —susurré y tosí otra vez. Era una profunda, y
desgarradora tos que parecía venir desde la raíz de mis pulmones. El violento
movimiento desagarró mi costado herido, grité y me agarré a mí misma,
intentando evitar que mi cuerpo se rompiera en miles de fragmentos de dolor.

—Estás herido, ¿no? —North estaba inclinado sobre mí, con su rostro
preocupado—. ¿Este es el lado que te golpeaste contra el rompeolas?

Asentí y tosí otra vez, aún agarrando mi costado. Dios, ¿esto nunca acabaría?

—Déjame ver. —Los dedos de North tantearon delicadamente mi costado,


como buscando huesos rotos—. ¿Sientes algo agudo punzar desde adentro? —
preguntó ansiosamente—. Porque eso podría significar una costilla rota.

Moví mi cabeza.

—Tuve un agudo… agudo dolor cuando me golpeé por primera vez en la


muralla. Pero ahora sólo quema.

—¿Quema? ¿Qué quieres decir? —Sus dedos comenzaron a acercarse


233

sigilosamente, bajo mi camiseta mojada—. ¿Dónde quema?


Página
—¡Detente! —De repente encontré fuerza para alejarme de él. No había
arriesgado mi vida manteniendo mi secreto, mientras me aferraba contra el
rompeolas, sólo para que él lo descubriera ahora.

—¿Por qué debería detenerme? Necesitas dejarme ver —insistió North.

—¡Estoy bien! —Me moví a un lado lejos de él.

—Tú no estás… ¡Mira! —Tendió su mano hacia mí y vi que las yemas de sus
dedos tenían sangre. Mi sangre, pensé nauseabunda. Estoy sangrando.

—Estás sangrando —dijo North, haciendo eco de mis pensamientos—. Ahora


quítate esa estúpida camiseta y déjame echar un vistazo, Kris.

—No. —Sacudí mi cabeza enfáticamente y me moví lejos de él.

North primero me miró herido, luego enojado.

—¿No crees que estás llevando esta cosa de la modestia victoriana demasiado
lejos? ¿O es sólo que estás avergonzado de dejarme verte?

Crucé mis brazos sobre mi pecho protectoramente.

—Ninguna. Yo sólo… puedo mirarlo por mí mismo. Cuando estemos de vuelta


en la casa.

—Pienso que estás avergonzado de algo —dijo North delicadamente—. Mira,


Kris, después de que Jamie muriera, su cuerpo estaba tan torcido por el cáncer,
que he visto algunas cosas muy malas.

—¿Qué estás diciendo? —dije, aún manteniendo mi distancia.

—Estoy diciendo que no importa lo que estés escondiendo bajo esa camiseta, no
tienes que estar avergonzado por dejarme verlo. —La voz de North era suave y
engatusadora—. No me hará sentirme diferente acerca de ti, lo juro. Por favor,
Kris… confía en mí.

¡Cómo desearía poder! Pero el sueño aún estaba allí —la figura de Kristopher con
los ojos vacíos y un muñón sangriento delante de mí— y no pude.

—Lo siento, North —dije—. Quiero pero no puedo.


234

La mirada tierna en sus ojos descoloridos fue remplazada por un frío y duro
Página

destello.
—¿Realmente es así como te sientes? ¿Después de todo lo que te dije ayer?
¿Después de todo lo que hemos pasado juntos? Confié en ti, ya sabes. Diablos
confié en ti un montón.

—Lo sé y lo siento —dije otra vez, sintiéndome miserable. Esto era tristemente
insuficiente pero no sabía que más decir. North se puso de pie y pasó su mano a
través de su mojado cabello.

—Quizá todo esto fue un error.

—¿Qué cosa? —Mi corazón latía en mi garganta, haciendo difícil tragar o


hablar.

—Esto… todo esto. Nosotros. —Hizo un ademán hacia mí—. ¿Tienes alguna
idea de cuán difícil fue para mí decirte todo lo que te dije ayer, Kris? No sólo
acerca de Jamie. ¿Acerca de cómo me siento por ti… por otro chico? —Movió su
cabeza—. Tenía miedo de que pudieras tirar mis palabras de vuelta a mi cara.
Pero no. Tú dijiste… —Bajó su voz y me miró—. Tú dijiste que sentías lo
mismo.

—Lo hice —susurré, sofocándome por las palabras—. Lo hago. Oh, North…

—Si realmente sintieras por mí lo que yo siento por ti, habrías confiado en mí.
Yo… —Pasó una mano a través de su cabello—. Demonios, desnudé mi alma
ante ti ayer, Kris. Dos veces. Y justo ahora nosotros casi morimos allá afuera en
el rompeolas porque no podías incluso quitarte tu camiseta en frente de mí.
¿Estás viendo la diferencia?

Lo veía todo bien. Pero no había nada que yo pudiera hacer acerca de ello.
Miserablemente, asentí.

North tomó una respiración profunda, como armándose de valor a sí mismo


para decir algo difícil.

—Lo siento, Kris, pero hasta que puedas mostrarme lo que estás escondiendo,
hasta que puedas confiar en mí de la manera en que yo confío en ti, no creo que
pueda hacer esto. Creo que quizá… quizá deberíamos sólo volver a ser amigos
y compañeros de cuarto y nada más.
235

Esto era exactamente lo que he estado buscando… Las palabras que había sido
demasiado cobarde de decir por mí misma. Y aún así, escuchándolas de sus
Página

labios sentí como si acuchillaran mi estómago.


—Está bien —me escuché a mí misma susurrar, aunque no sé dónde conseguí la
fuerza para formar las palabras.

North me miró triste.

—¿Realmente no vas a decirme o mostrarme? ¿Te vas a dar por vencido con
nosotros… sólo así?

—Tú eres el que está renunciado —dije débilmente—. No te culpo. —


Torpemente toqué mi oreja, la perforada con su arete de plata y ónix—. Toma,
te daré esto de vuelta.

—No, quédatelo. —La boca de North estrechó en una pálida línea y movió su
cabeza—. Quiero que lo tengas… para recordarme.

—Como si pudiera olvidarte.

North me dio una larga mirada.

—Vamos. Tenemos que regresar a la casa, entonces podrás examinar tus


lesiones en privado. —La palabra sonó helada viniendo de sus labios—.
Aunque te advierto —continuó—, si te desmayas y comienzas con hemorragias
por todas partes, voy a quitarte la maldita camiseta y te examinaré. Así que será
mejor que estés alerta si quieres guardar lo que sea que estás escondiendo para
ti mismo.

Asentí, sin tener nada más que decir.

North aparentemente trataba de convencerse a sí mismo también. Doblando, él


avanzó por el camino bajando por el sendero rocoso a su casa. Agarrando mi
costado herido con mis brazos, fui detrás de él.

Lo perdí. Lo he perdido, susurró una voz en mi cabeza y supe que era verdad.

Aunque mi costado dolía y palpitaba a cada paso, no dolía ni cerca de lo mucho


que lo hacía mi corazón.
236
Página
Capítulo 33
Traducido por PaulaMayfair

— Corregido por Jeyd3

Entonces, ¿cómo estuvieron tus vacaciones de invierno? Un


pajarito me dijo que tú y North la pasaron juntos. —
Wilkenson enganchó su brazo con el mío mientras caminábamos por el largo
pasillo del edificio de ciencias juntos.

Hice una mueca mientras su brazo rozaba mi costado herido. La sangre que
North había visto en la playa había sido de algunos rasguños que había recibido
de los espinos de mar. Estaban casi curados ya, pero los moretones azules y
púrpuras que habían florecido bajo la piel por el impacto con el rompeolas
estaban todavía tiernos y dolorosos.

—Yo fui el que te dijo que iba a pasar las vacaciones con North —le recordé a
Wilkenson con irritación—. No es como si fuera un gran secreto.

—No, creo que no —suspiró—. Esperaba conseguir algo sucio. ¿Tuvieron


ustedes dos un buen rato? —Me levantó una ceja rubia significativamente y
sabía exactamente lo que estaba preguntando.

—Tuve una encantadora visita —dije con voz apagada—. Sus padres son muy
agradables y su casa es hermosa.

Wilkenson frunció el ceño.

—¿Entonces por qué estás tan deprimido, mi querido maniquí? Pasaste tus
vacaciones de invierno en el paraíso con un dios, deberías estar extático. A
menos que... —Me miró de cerca—. A menos que haya problemas entre tú y el
Príncipe de Hielo.

—Estamos bien —le dije con estoicismo—. Somos amigos y compañeros de


cuarto. ¿Qué más quieres?

Wilkenson negó con la cabeza e hizo un sonido de disgusto.


237

—Oh, no, querido. Creo que la pregunta es, ¿qué quieres tú?
Página
La respuesta a eso era fácil, quería a North de vuelta. Desde nuestras palabras
en la playa había sido frío y distante. Habíamos tomado el transporte de regreso
a La Academia en silencio y habíamos entrado justo antes de DLO. North no
dijo nada, pero cuando tomé mi pijama y me fui a cambiar en el armario como
de costumbre, sentí sus ojos sobre mí, tanto enojados como llenos de reproches.
No había preguntado incluso si quería que programara la alarma para
levantarme para mi ducha de las tres de la mañana y yo no se lo había
recordado tampoco. Supuse que tendría que encontrar una nueva manera de
estar limpia, o tal vez sólo escabullirme por mi cuenta. Era arriesgado, pero
¿qué otra cosa podía hacer?

Hoy, el primer día de regreso a clases, North había sido cortés pero nada más,
tal como lo había sido durante todo el tiempo que estuvo tratando de llegar a
un acuerdo con sus sentimientos iniciales hacia mí, el semestre anterior. Sólo
que esta vez era peor. Peor, porque ahora sabía lo maravilloso que podría ser el
ser amada por él. Ser sostenida en sus brazos. Pero me temo que nunca tendré
ese placer de nuevo, no a menos que le revelara mi secreto y quizás ni siquiera
entonces. Después de todo, ¿qué tan enojado estaría North cuando se enterara
de que había sido engañado? ¿Alguna vez desearía estar conmigo otra vez?

Me pareció que era muy dudoso. Aún así, yo habría estado dispuesta a darle
una oportunidad si pudiera haberme comunicado con Kristopher en su móvil
para conseguir su bendición. Pero las pocas llamadas que había hecho en la
estación antes de que tomáramos el transporte de regreso a Athena habían
quedado sin respuesta. Yo sabía que Kristopher estaba fuera de alcance
físicamente pero tenía la esperanza de al menos conectar con él a través del
video de la pantalla. El hecho de que no pude llegar a mi amado hermano
gemelo me hizo sentir más abandonada. Si sólo pudiera hablar con él, explicarle
sobre North y obtener su bendición para…

—Bueno, ya que no pareces tener una respuesta a mi pequeña pregunta, ¿qué


tal un nuevo pedazo de chisme jugoso para levantarte el ánimo? —dijo
Wilkenson, interrumpiendo mi diatriba interna de miseria.

—¿Qué? —pregunté con voz apagada—. No me importa lo jugoso que sea.


Dudo que vaya a hacerme sentir mejor.
238

—Oh, creo que podría hacerlo. —Wilkenson me dio una sonrisa socarrona—.
Página

¿Adivina quién fue expulsado?


—¿Quién? —pregunté obedientemente, aunque realmente no me importaba.

—Nada menos que tu amigable matón de vecindario, Broward. —Wilkenson


me sonrió—. Así es, al parecer fue sorprendido haciendo trampa en uno de sus
exámenes parciales y en esta ocasión, ¡el director se negó a dejarlo pasar!

—¿En serio? —Para mi sorpresa, la noticia realmente sí me hizo sentir mejor.


Tener la amenaza constante de Broward eliminada se sentía como quitar un
peso sobre mis hombros.

—En serio —confirmó Wilkenson—. Estaban tratando de acallar todo antes de


que nos fuéramos de vacaciones pero ahora está saliendo a la luz en gotas
pequeñas. —Me miró de cerca—. De la misma manera que el dato de que tú y
North son una pareja salió, de hecho.

Apreté la mandíbula. Probablemente había oído algo de Hinks, que no parecía


el tipo de guardar silencio sobre los azotes que North había tomado por mí.

—Lo que sea que hayas oído, no es cierto. Te lo dije, North y yo no somos más
que compañeros de cuarto.

—Tal vez ahora, pero estoy dispuesto a apostar que había algo entre ustedes en
algún momento. —Wilkenson me miró con reproche—. Y yo que pensaba que
no bateabas para ese equipo.

—No lo hago —dije—. Y tampoco North.

Él arqueó una ceja.

—Irritable. De todos modos, estaba más sorprendido sobre North que sobre ti.
Es tan recto que pondría celosa a una regla.

—Sí, lo es. Y yo también. Así que sólo termina, ¿de acuerdo? —La continua
investigación de Wilkenson en mi vida privada empezaba a ponerme de
nervios. Sobre todo ahora que ya no tenía más vida privada con North.

—Está bien. —Wilkenson dejó caer mi brazo bruscamente—. Sé de esa forma si


quieres.

Suspiré. Bien, ahora había logrado alienar al único amigo que me quedaba.
239

—Mira, Wilkenson, lo siento…


Página
—No, no, no me importa. —Él ya se alejaba, su nariz en el aire como si oliera
algo malo—. Te voy a dejar en paz con tu mal humor. Avísame cuando hayas
terminado de poner mala cara por lo que sea que pasó y que te niegas a hablar.
Estaré cerca. —Me lanzó una última mirada sardónica y se perdió en el pasillo
ahora lleno de gente.

Me detuve en seco en medio del pasillo y me quedé allí como un bulto, dejando
a los otros estudiantes caminar a mí alrededor. Me sentía miserable,
completamente miserable y no había nada que pudiera hacer al respecto. Nada
excepto decirle a North mi secreto y no podía hacer eso. Así que estaba
atrapada.

Eventualmente me moví otra vez y caminé por el pasillo en dirección a mi


última clase del día, educación física obligatoria. Mientras caminaba hacia el
gimnasio haciendo eco, me sorprendí a mí misma manteniendo un ojo
cauteloso por Broward y sus compinches. Entonces recordé el “chisme jugoso”
de Wilkenson. Bueno, era un problema resuelto, al menos. Sin el matón
buscando constantemente darme una paliza, debería ser capaz de tomar una
ducha en paz después de clase. Eso era, mientras sus amigos restantes no
vinieran por mí.

Hoy el entrenador Janus nos hizo jugar baloncesto, un deporte de la antigua


Tierra que parecía haber sido inventado específicamente para personas altas, lo
que me dejó fuera. Pasé la mayor parte de la clase sentada en el banquillo
viendo a mis compañeros de clase turnarse para tratar de pasar una bola de
color naranja con rayas a través de una red. Para mi alivio, Broward sí estaba
ausente y sus dos grandes secuaces, Nodes y Dawson, me ignoraron por
completo. Aun así, sólo para estar segura, esperé hasta que la mayoría de los
otros estudiantes habían terminado sus duchas antes de colarme de nuevo a los
vestuarios del gimnasio.

El vestuario casi se había vaciado y todas las duchas estaban desocupadas en el


momento en que llegué allí. Revisé para estar segura y sólo cuando estaba
convencida de que la larga fila de duchas estaba realmente vacía caminé
240

tranquilamente a tomar la del final.

Sintiéndome nerviosa y tensa, abrí el agua caliente y esperé hasta que hubiera
Página

vapor antes de despojarme de la ropa. A continuación, asegurándome que la


cortina estuviera cerrada por completo y mi toalla al alcance de la mano, me
acerqué rápidamente a la ducha.

El agua caliente se puso a trabajar en mí al mismo tiempo. Mientras estallaba


una cápsula de champú por encima de mi cabeza, sentí que mi tensión
comenzaba a ceder. Todavía estaba descontenta por la situación con North,
pero ya no me sentía como doblándome de miseria. Era una gran mejora.

Enjuagué mi cabello y enjaboné mi cuerpo también, frotando mis pechos para


aliviar el dolor de estar envuelta todo el día. Sólo tengo que llegar hasta el final de
este semestre, me dije mientras me lavaba. Entonces puedo dejar La Academia para
siempre y conseguir un trabajo en el sector privado. No tendría que fingir ser
alguien que no era allí. Las mujeres eran contadas en igualdad con los hombres
y una mujer podría ser capitán o navegador si ella se probaba a sí misma, lo que
yo tenía toda la intención de hacer.

Pensé en volar a través de las vastas extensiones del espacio, explorando


nuevos lugares, viendo mundos que sólo había imaginado. Ese era mi sueño, la
verdadera razón por la que estaba aquí, me recordé. Yo no había venido a La
Academia para enamorarme, había venido para salir de debajo del pulgar de mi
padre, para ver las estrellas, y por supuesto, para facilitarle a Kristopher el
sueño de ser un músico profesional. Casi había logrado todo eso, mi objetivo
estaba a la vista. Sólo tenía que aguantar unos cuantos meses más y estaría libre.

En realidad estaba comenzando a sentirme mejor cuando, espontáneamente, las


palabras de North aparecieron en mi mente. Lo puedo ver ahora... Vamos a tener
nuestra propia nave. Voy a ser el capitán y tú puedes ser el navegador.

De repente, mi tristeza regresó en un torrente. No habría ninguna nave ahora.


No exploraría las estrellas con el hombre que amo a mi lado. Sólo sería yo, sola
en el espacio. Eso era, si me las arreglaba para pasar por los exámenes finales
sin ser elegida para un chequeo de ADN o perder una mano.

—Oh North —susurré, inclinando mi frente contra la pared de azulejos fríos—.


Odio esto. Desearía que las cosas pudieran ser diferentes.

—Te voy a mostrar lo que es diferente, novato.


241

Antes de que pudiera registrar la familiar voz detrás de mí, una mano áspera
me tenía del brazo y me estaba dando la vuelta.
Página
Tomada por sorpresa, me sacudí, casi resbalando sobre las baldosas húmedas.
Una caída al suelo de la ducha habría sido dolorosa, pero podría haberme
salvado, podría haberme cubierto. Por desgracia, el agarre de Broward en mi
brazo era demasiado firme. Me levantó, mirándome con una luz malvada en
sus ojos porcinos pequeños.

Me quedé mirando el rostro familiar de odio en estado de shock.

—Tú... tú fuiste expulsado —jadeé, tratando de cubrirme con las manos—. ¡Ni
siquiera deberías estar aquí!

—Sí, pero tenía un pequeño asunto pendiente. —Me sonrió—. Tú, novato. Así
que vine de regreso y le dije a Dawson y Nodes que te mantuvieran aquí por
mí. Pensé que podrías colarte por la puerta trasera, pero… —Se detuvo
bruscamente, sus ojos muy abiertos—. Dawson... Nodes... ¿ven lo que estoy
viendo?

—Maldita sea —dijo Dawson, por detrás de su hombro. —Míralo... mírala.

—¿Qué demonios? —El tonto Nodes, de pie al otro lado de Broward, pareció
confundido—. ¿Dónde está su pene? —preguntó sin rodeos.

—Él no tiene uno, idiota. —Los ojos de Broward dejaron mi cara y recorrieron
mi cuerpo—. Él es ella. El novato aquí es una chica.

—Déjame en paz. —Traté de retroceder pero Broward no iba a dejarme ir. Su


carnosa mano se tensó sobre la parte superior de mi brazo, sosteniéndome
rápido.

—Una chica bonita —se maravilló, y su voz estaba de repente poblada de


lujuria—. Un poco plana, pero soy un hombre al que le gustan las piernas.

—Maldita sea —dijo Dawson otra vez, y sus ojos se habían vuelto codiciosos—.
Una chica de carne y hueso aquí mismo, delante de nuestras narices todo este
tiempo. Sólo piensa en toda la diversión que podríamos haber tenido con ella.

Nodes parecía finalmente comprender la idea.

—Así que si Jameson es una chica, eso significa que esa vez que te derrotó en
242

esgrima... Oye, Broward te ganó una chica. ¿Sabías eso?

—Cállate, idiota —gruñó Broward, echándole una mirada—. Yo no sabía que él


Página

era ella en ese entonces.


—No importa —dijo Nodes implacablemente—. Aun así fuiste tomado por una
chica.

Broward me dio una sonrisa cruel.

—Y ahora es el momento de que yo haga una pequeña toma.

Mi estómago se sentía como si me hubiera tragado un kilo de hielo y mis


piernas se pusieron de repente débiles. Seguramente él no estaba pensando en
hacer eso. Ser descubierta era bastante malo pero ser asaltada por un cerdo
como Broward... Bueno, preferiría perder una mano sin duda.

—Tú... tú no lo harías —dije, mi voz seca de miedo.

—Oh, ¿no lo haría? —Broward me miró lascivamente—. ¿Sabes cuánto tiempo


ha pasado desde que tuve a una chica, novato? Mi padre me castigó todas las
vacaciones, no podía siquiera salir para encontrarme una prostituta. Necesito
un poco de algo para calmarme, ¿y si tú me ayudas?

—¡No! —Finalmente logré librarme de él, pero no había ningún lugar a donde
ir sino de vuelta en la ducha que todavía estaba corriendo—. Aléjate de mí —
dije con voz temblorosa—. ¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? Tú... tú
no eres un caballero.

Broward se echó a reír, un sonido horrible que hizo eco y rodó en el pasillo de
baldosas.

—Bueno, vamos a eso, tampoco lo eres tú, novato. Y no vas a ser una dama,
tampoco. No cuando haya acabado contigo. —Se desabrochó la bragueta y dio
un paso adelante, alcanzándome—. Ahora ven aquí.

Me encogí contra las frías baldosas, sintiéndome enferma y desesperada. Él


realmente iba a hacerlo. Me iba a violar. Y no había nada que pudiera hacer
para detenerlo.

No, ¡no puedo pensar de esa manera! Levanté la barbilla. Si dejo que me intimide,
estoy muerta. Tengo que tener un plan... una estrategia. De repente, sabía lo que iba
a hacer.
243

—Vamos, entonces —dije, aunque tenía la garganta tan seca que apenas podía
articular las palabras. Dejé caer mis brazos, dejándome expuesta, aunque cada
Página

instinto me había clamado contra eso. Yo estaba orando que Broward y sus
compinches mantuvieran sus ojos en mi cuerpo y no en mis manos. Ellos lo
hicieron. Deslicé un brazo detrás de mí y busqué a ciegas con la punta de mis
dedos la bolita de champú extra en la pequeña repisa a la altura de mi cintura
en la esquina de la casilla—. Vamos —dije de nuevo, palmeando la pastilla y
rezando para que no se hubieran dado cuenta.

—Muy bien, ahora, eso me gusta más. —Broward se pavoneó hacia adelante y
cerró la ducha con un giro de su muñeca. Con la otra mano estaba tirando hacia
abajo sus pantalones. Luché por mantener los ojos por encima de su cintura,
pero no pude dejar de notar el grueso y rechoncho miembro masculino que
quedó a la vista. Mi estómago dio vueltas pero traté de no dejar que el disgusto
se mostrará en mi rostro—. Apuesto a que has estado deseándome todo este
tiempo, ¿eh, nena? —Arrastró las palabras, inclinándose hacia mí—. Apuesto a
que…

Saltando hacia adelante, rompí la bolita en su ojo derecho. Estalló


inmediatamente, rociando su ojo sin protección con champú.

Broward rugió de dolor y se tambaleó hacia atrás, agarrando su cara. Sus


pantalones cayeron hasta los tobillos y se tropezó, cayendo en Dawson y Nodes
que habían estado de pie detrás de él con impaciencia.

Nodes cayó también, deslizándose sobre el suelo húmedo para aterrizar en su


espalda. Dawson giró sus brazos torpemente, tratando de no caer. No esperé a
ver si se las arreglaba para mantener el equilibrio. Agarrando mi toalla, huí,
saltando sobre la forma supina de Broward en un salto desesperado.

Lo habría logrado si Broward no hubiera estirado una mano y me hubiera


agarrado por el tobillo. Caí al suelo en pleno vuelo, como un pájaro disparado
desde el cielo, mi toalla retorcida torpemente alrededor de mi torso. Mi rodilla
chocó duro contra los azulejos rígidos y mi amoratado costado chilló en el
impacto.

—Oh no, no lo harás, pequeña perra —gruñó Broward. Su ojo derecho estaba
entrecerrado todavía, pero el izquierdo estaba lleno de odio malévolo—. Ahora
seré el doble de malo. —Agarrando mi tobillo, me empezó a arrastrar.
244

Desesperada, le di una patada a la cara de Broward con mi pie libre. Mi talón


conectó con su nariz y oí un crujido sordo. Algo húmedo y caliente brotó en
Página

contra de mi suela y Broward aulló de dolor. Estaba bastante segura de que le


había roto la nariz pero de alguna manera, en su rabia, se las arregló para
mantener su control sobre mí.

—¡Déjame... ir! —grité, pateándolo de nuevo con cada palabra.

—Yo no lo creo. —Su rostro era una máscara sangrienta de furia mientras me
arrastraba hacia él. Podía sentir los huesos de mi tobillo crujir con la presión de
su mano carnosa.

Luché desesperadamente, escarbando en los azulejos pulidos, luchando contra


la mano cerrada alrededor de mi tobillo. Mi toalla se sentía como si estuviera
exprimiéndome por la mitad, se había torcido de alguna manera como una
serpiente de constricción alrededor de mis pechos y caderas. Nodes y Dawson
empezaban a ponerse de pie. Si no escapaba pronto…

—Déjalo ir.

La voz profunda y autoritaria me hizo jadear y mirar hacia arriba. Sentí un gran
alivio cuando vi a North de pie, mirando hacia abajo a la escena en el piso de la
ducha. Su rostro estaba lleno de furia justificada, una vista que envió a Dawson
en escape sobre sus manos y rodillas.

Nodes, sin embargo, no se rindió tan rápido. Alargó la mano hacia mí y me


agarró del brazo, obviamente con la intención de sostenerme para Broward.

Al minuto siguiente North era un borrón de movimiento y Nodes aulló. Vi que


varios de sus dedos parecían estar doblados en un equivocado y antinatural
ángulo. Llorando de dolor, se alejó, sosteniendo los dedos rotos contra su
pecho.

—¿Alguien más? —North miró a Broward desafiantemente—. ¿Quieres una


muestra también? Te voy a romper los dos brazos si no sueltas a Kris ahora.

El rostro de Broward se retorció de odio.

—¿Después de lo que esa pequeña perra me hizo? No lo creo. —En un


movimiento convulsivo se levantó sobre sus rodillas, todavía apretando mi
tobillo—. Voy a…
245

Para mi alivio, no llegué a oír lo que él había planeado para mí. North entró en
acción de nuevo y esta vez los movimientos que usó eran nada como los que me
Página

había mostrado durante nuestra lección de judo. Fueron rápidos, eficientes... y


mortales. Antes de que pudiera parpadear, él pateó, rompiendo la gruesa
muñeca de Broward como una cerilla. Broward dejó escapar un grito agudo, sin
aliento y de repente me soltó.

Con el agarre del matón en mi tobillo finalmente roto, me escabullí hacia atrás,
todavía luchando con mi toalla. Pero North no había terminado. Inclinándose,
tomó a Broward por el cuello y lo puso de pie. Cuando vio la forma en que los
pantalones de Broward estaban alrededor de sus gruesos tobillos, su rostro se
volvió aún más oscuro.

—Wilkenson pensó que no andabas en nada bueno cuando vio que a


escondidas regresabas al campus pero esto es peor de lo que imaginaba. ¿Qué
demonios pensabas en hacer, Broward? ¿No era intimidar a Kris y golpearlo lo
bastante malo para ti?

Broward levantó la vista, su rostro se curvó en una mueca desagradable, con el


brazo roto colgando inútilmente a su lado.

—¿Qué crees que iba a hacer, eh? Lo mismo que has estado haciendo con esa
pequeña perra todo el semestre, eso es.

North lo fulminó con la mirada.

—Lo que Kris y yo hacemos no es asunto tuyo. Él está bajo mi protección.

—¿Por qué continuas diciendo "él", eh? —exigió Dawson, desde la relativa
seguridad de la esquina.

—Sí —resopló Nodes, todavía sosteniendo sus dedos rotos—. Deja de tratar de
fingir. Sabemos que sabes lo que Kris es.

—¿De qué están hablando? —La honesta apariencia de confusión en la cara de


North le pareció a Broward repentinamente hilarante.

—Míralo, ¡él no lo sabe! —gritó, aunque sus palabras sonaron apagadas, debido
a su nariz rota—. No lo sabe.

—Tú, hijo de puta. ¿Qué no sé? —exigió North, sacudiéndolo.

—Tu pequeño compañero de habitación es una chica, North —se burló


246

Broward, asintiendo con la cabeza hacia mí—. No me digas que realmente no lo


sabías. Jameson es una chica.
Página
De repente, North pareció volverse loco. Con un gruñido bajo, se volvió a
Broward y comenzó a golpearlo. Oí otro chasquido y luego el matón estaba
jadeando y agarrando su pierna. Me sentí mal cuando vi la forma en que su
pantorrilla sin hueso y gomosa se doblaba de repente en el medio. Cayó sobre
una rodilla, pero North no había terminado. Sus manos mortales volaron y
luego un fragmento de hueso blanco, manchado de rojo, se asomó por un
agujero que había roto en la manga de la camisa de Broward. A continuación,
North se dirigió a su rostro ya sangriento. Su propio rostro estaba blanco de
furia, él estaba completamente fuera de control.

—¡Alto! ¡Basta ya! —jadeé, horrorizada por la violencia—. No, North, ¡lo vas a
matar!

Mi voz pareció llegar a él de alguna manera. Jadeando, se apartó de Broward


que estaba en el suelo.

—Te lo advertí. —Su voz estaba temblando—. Te advertí lo que sucedería si


venías por Kris de nuevo. Ahora vete. —Él miró a Dawson y Nodes quienes
tenían miradas sorprendidas en sus caras—. Vayan, agárrenlo y sáquenlo de
aquí. Antes de que les dé a los dos algo de lo mismo.

Luchando, se las arreglaron para enganchar un brazo alrededor de Broward y


arrastrarlo hacia la puerta. El matón estaba inconsciente, eso o muerto, pensé con
un escalofrío. Él no protestó, incluso cuando sus amigos golpearon toscamente
sus extremidades rotas en su prisa por alejarse de North.

Dejaron un rastro de color rojo en los azulejos blancos que hicieron dar vueltas
a mi estómago pero por fin se habían ido. Luego el baño estaba vacío a
excepción de mí y North.

Lentamente, se volvió hacia mí. Finalmente había logrado ponerme de pie y


hacer que mi toalla se anudara firmemente alrededor de mí, pero la expresión
de su rostro me hizo sentir completamente desnuda.

—¿Es verdad? —Su voz era apenas un susurro y la expresión de su rostro era
terrible de contemplar.

—Por supuesto que no —mentí frenéticamente, tratando desesperadamente de


247

mantener mi secreto, el secreto de Kristopher—. Broward está loco. Están


todos...
Página
Él levantó una mano para detenerme.

—No más mentiras, Kris —dijo con voz cansada, limpiándose las manos con
sangre en los pantalones de su uniforme—. Dime. No, no me digas... muéstrame.

—North…

—¡Muéstrame! —rugió y luego su voz se convirtió en un susurro—. Por favor.


Necesito ver. Necesito saber. Por favor, Kris, sólo... sólo muéstrame.

No había nada más que pudiera hacer, ni otra mentira que pudiera decir. No
había forma de impedirle descubrir mi vergonzoso secreto. Ruborizándome y
temblando, dejé caer la toalla.

North asimiló, sus ojos cada vez más amplios por segundo.

—Dios mío —susurró—. Es verdad.

—North... —Di un paso hacia él pero retrocedió, sacudiendo la cabeza.

—No, aléjate de mí. No puedo creer que fuera tan idiota. Nunca siquiera...

—Bueno, ahora ¿qué diablos está pasando aquí? —El rugido furioso del
entrenador Janus hizo eco en el cuarto de azulejos, congelándome en mi
lugar—. Broward de vuelta en el campus y medio muerto a golpes. Nodes y
Dawson gritando que North es el responsable y que Jameson es una maldita
chica. Y ahora…

Paró en seco justo frente a mí, al lado de North. Finalmente mi parálisis se


rompió. Me sonrojé y busqué la toalla, mi corazón golpeando con horror. Pero
estaba claro que para el momento en que la puse en su lugar, el entrenador
había visto todo. Me miró sin comprender.

—¿Jameson?

—Lo puedo explicar —balbuceé, apretando la toalla más fuerte a mí


alrededor—. Es mi hermano, sabe, mi padre lo iba a mandar aquí, pero él no
quería venir. Quería unirse a la orquesta en lugar de eso. Y yo, yo siempre he
sido mejor en Navegación Astronómica que bordando. Quería volar una nave
espacial y esta era la única manera de aprender. Así que cambiamos de lugar,
248

pero no es culpa de Kristopher. Sinceramente no…


Página

El entrenador Janus negó con la cabeza.


—Guárdalo para el director. —Me tomó firmemente por el brazo—. Vamos. No
me pagan lo suficiente como para hacerle frente a este tipo de mierda. —Me dio
una mirada de disgusto—. Maldita forma de empezar el condenado semestre.

El entrenador me estaba alejando pero miré por encima de mi hombro a North.


Él se quedó allí, mirándome, con las manos ensangrentadas colgando
lánguidamente por los costados. Más que mi propio castigo, incluso más que el
temor de que Kristopher estuviera en peligro, la mirada de sus ojos azules me
atravesó el corazón.

—North —susurré—. North, lo siento. Lo siento tanto...

North sólo negó con la cabeza.

—Confié en ti —susurró, pero las paredes resonantes tomaron su voz y la


arrojaron a mí, una acusación amarga—. Kris, yo confiaba en ti.

Y entonces el entrenador Janus me tiró por la esquina y él se había ido.

249
Página
Capítulo 34
Traducido por Angie_kjn

Corregido por QueenDelC

E
l Director Chauser caminaba de un lado a otro frente a su escritorio,
con un gesto de preocupación surcando su frente. De vez en cuando
se detenía y me miraba como si fuera a decir algo. Entonces sacudía
su cabeza y seguía caminando.

Después de 10 minutos de eso, sentía que me estaba volviendo loca. Ya había


esperado durante horas en la habitación contigua a la oficina del director —
irónicamente, era la habitación en donde Broward había recibido la fatídica
azotina que había presenciado en mi primer día— y sentía que no podía esperar
un minuto más. Hinks me había dado un enorme abrigo del uniforme para
envolverme, el cual era mejor que la toalla, pero honestamente no por mucho.
Todavía estaba desnuda debajo pero no era la falta de ropa interior lo que me
hacía sentir más descubierta y cruda de lo que alguna vez había estado en mi
vida.

—Por favor, señor —me aventuré, pero Chauser se limitó a negar con la cabeza.

—Una mujer —dijo al fin, mirándome—. Enmascarada como un hombre en mi


escuela. ¿Cómo es que el universo llegó a esto? ¿Cómo diablos no lo supe?

—Creo que mucha gente se está preguntando lo mismo en este momento —dijo
el entrenador Janus rudamente—. Al menos estoy seguro de que yo sí me lo
pregunto.

El Director Chauser miró hacia arriba, pareciendo darse cuenta por primera vez
que el entrenador todavía seguía ahí, parado a mi lado como alguna clase de
guardia.

—Gracias, Janus, te puedes ir —dijo distraídamente—. Ahora soy yo quien debe


lidiar con este problema.
250

El entrenador Janus resopló con disgusto evidente.

—Sí, suerte con eso.


Página
Entonces se giró y salió rápidamente de la oficina del Director, dejándome sola
con Chauser y Hinks, que estaba parado en una esquina retorciéndose las
manos.

—Director, por favor, si me escuchara sólo por un momento creo que podría
explicarlo… —empecé pero Chauser se volvió hacia mí.

—¿Explicar? ¿Explicar qué? ¿Que nos hiciste a mí y al resto de la facultad en


Royal Academy un hazmerreír? ¿Explicar que nos has tomado a todos por
tontos e idiotas?

—Esa no era mi intención en absoluto —protesté—. Esto no es alguna clase de


broma que jugué por diversión, esto es mi vida.

—Esto también es mi vida. Y mi carrera —exclamó Chauser—. Y si no eres


Kristopher Jameson, ¿quién eres entonces?

—Kristina Jameson, la hermana gemela de Kristopher —dije suavemente.

—Gemela, ¿eh? —dijo con amargura—. Sí, ustedes ciertamente son lo


suficientemente parecidos para ser gemelos. Tu cara concuerda casi
perfectamente con su foto.

—Eso fue lo que me dio la idea en un principio —dije.

—¿La idea de hacerte pasar por un hombre e invadir mi escuela? —reclamó el


director.

—Dudley, por favor, déjalo hablar. Um… a ella, déjala hablar —sugirió
Hinks—. Estoy seguro que debe haber alguna explicación para todo esto.
Alguna razón de porque está aquí en lugar de su hermano.

—La hay —dije. Rápidamente expliqué los planes de mi padre para Kristopher
y para mí, planes en los que no podíamos opinar y que nos llevarían a una vida
de miseria para los dos. Les conté acerca de que yo era la única a la que le
interesaba explorar el espacio mientras que mi amado hermano sólo quería
mantenerse inmerso en su música.

—Así que convencí a Kristopher de que deberíamos cambiar lugares —


251

continúe—. Pero nunca me imaginé lo difícil que sería y no tenía idea de… de
que el castigo por tal engaño era tan alto. —Tragué con fuerza—. Para cuando
Página
me enteré de las posibles consecuencias de mis acciones, era demasiado tarde
para echarme para atrás. Yo… yo estaba atascada.

—Ya veo. —Chauser asintió despacio—. Y también veo que no hay manera de
que pudieras haber sobrevivido y mantener tu disfraz intacto sin ayuda. Dime
la verdad ahora, jovencito… um, jovencita, ¿tu compañero de habitación sabía
algo de todo esto?

—Nada de eso —dije al instante—. North no tenía idea de que yo era una chica
hasta ahora cuando él… cuando me vio en el cuarto de las duchas. —Mis
mejillas se volvieron rojas al admitirlo pero era una verdad que necesitaba ser
contada.

Me lanzó una mirada severa.

—Lo siento pero no veo forma de que eso sea posible. Hinks y yo vimos la
devoción de North hacia ti. ¿Esperas que me crea que él desarrolló sentimientos
por ti mientras todavía estaba bajo la impresión de que eras hombre?

—Lo hizo —dije tan fuerte como pude.

Chauser frunció el ceño.

—Mi impresión era que North no tuvo interés en otros hombres, al menos hasta
que recibió ese azotamiento, que debía haber sido para ti.

—No lo tenía. No lo tiene —susurré—. Él sólo creyó que estaba interesado en


otros hombres porque pensó que yo era un hombre.

El director sacudió su cabeza.

—Eso fue cruel de tu parte, Jameson. Muy cruel. Sólo puedo imaginarme lo
confundido que debe estar tu compañero en este punto.

—Lo sé. —Lágrimas se juntaban en mis ojos y traté desesperadamente de


contenerlas—. No estoy orgullosa de eso, de cómo le mentí a él y a todo el
mundo aquí, Director. Pero estaba desesperada por mantener mi secreto y
proteger a mi hermano. —Levante la vista hacia él—. Entonces ya ve, todo fue
mi culpa, completamente mía. La culpa y el castigo deben ser para mí también.
252

Sacudió su cabeza.
Página
—Me temo que eso no es posible. Necesitaré que reveles la localización de tu
hermano, para que pueda ser encontrado y traído a la justicia.

—¡No! —Levanté mi mentón—. Quiero decir, no señor… no puedo decirle eso.


Todo lo que puedo decirle es que Kristopher está muy lejos, fuera del sistema
Prometeo y fuera de su alcance. —O al menos eso esperaba—. Si quiere castigar
a alguien, tendrá que castigarme a mí —dije.

El director Chauser levantó una ceja.

—¿Estás consciente de que el castigo por hacerse pasar por otro estudiante con
el intento de estafar la Royal Academy es la pérdida de una mano?

Mi garganta estaba tan seca que hizo un sonido de clic cuando tragué, pero de
alguna forma me las arreglé para responder.

—S…Sí —susurré—. Lo sé.

—¿Y estás dispuesta a perder una mano para proteger a tu hermano? —


continuó.

Despacio, asentí.

—Muy bien. —Chauser asintió hacia Hinks—. Trae el bloque.

Hinks se volvió muy blanco.

—¡Dudley, no! Seguramente no…

—Dije, ¡trae el bloque! —La voz del director fue baja pero la intensidad con la
que habló hizo que Hinks se escurriera afuera de la habitación como un roedor
asustado. Demasiado pronto, volvió con algo que lucía como una guillotina en
miniatura montada en una caja a la altura de la cintura.

Miré el bloque con horror. En lugar de la espada sangrienta que había visto en
mis sueños, la mini guillotina tenía un rayo láser que brillaba suavemente, sin
duda para que pudiera cauterizar la herida aún mientras amputara una
extremidad.

—Gracias. —Chauser asintió cortésmente hacia Hinks mientras tomaba el


253

mando del pequeño instrumento de tortura—. Ahora, Jameson, puede


acercarse.
Página
Me acerqué lentamente, mi corazón latía con fuerza y mi estómago se revolvía.
Temía desmayarme o vomitar o los dos, pero forcé a mis piernas para que se
mantuvieran caminando. Esta es la única forma, me recordé. La única forma de
salvar a Kristopher. Tengo que hacerlo.

—De acuerdo, ponga su muñeca en el bloque —ordenó el director Chauser.

El bloque estaba hecho de un frío metal negro. Me estremecí mientras puse mi


mano, con la palma hacia abajo, en la helada superficie. Todo va a estar bien, traté
de decirme. Sólo dolerá por un minuto. O al menos eso esperaba.

—Es su última oportunidad, Jameson —entonó Chauser—. No me gusta quitar


manos, es la única parte de mi trabajo que realmente odio. Pero no dejaré que
me tomes por tonto. Dime dónde está tu hermano ahora o enfrenta las
consecuencias.

En ese momento estaba temblando; temblando y sudando con miedo pero me


esforcé para mantener la mano en el bloque.

—Por favor, señor —dije con voz ronca—. Asum… asumiré las consecuencias.

—Como desees —dijo Chauser—. A la cuenta de tres, entonces. Uno… dos… —


La cuchilla láser ya estaba en movimiento mientras él decía—. Tre…

—¡Deténgase!

El Director Chauser maldijo y apretó el botón de cancelar mientras la puerta de


su oficina se abrió repentinamente hacia adentro. El rayo brillante se apagó
abruptamente y la última persona que esperaba ver entró, mi padre.

—¿Qué diablos está pasando aquí, Chauser? —gritó, caminando hasta pararse
frente a mí. Padre era un hombre grande y mucho más alto que el director,
también mucho más grande que yo—. ¿Qué es esto que he oído acerca de que
usted admitió a mi hija en lugar de mi hijo en su escuela abandonada por Dios?

—¿Almirante Ja…Jameson? —tartamudeó Chauser, poniéndose pálido. Por la


expresión en su rostro, podía deducir que no había contactado a mi padre
todavía y no esperaba tener que lidiar con él tan pronto. ¿Entonces quién habrá
llamado a padre? ¿Hinks? Miré al asistente del director que estaba retorciendo
254

sus manos con agitación, probablemente no fue él. ¿Entonces quién?


Página
La pregunta fue sacada de mi mente por la pelea a gritos que empezó entre el
director y mi padre. Ambos le echaban la culpa al otro y ninguno quería admitir
nada de culpabilidad.

—Su hija voluntariamente y deliberadamente se infiltró en Royal Academy con


la precisa intención de engañarnos a todos —acusó Chauser, apuntándome.

—¡Idiota! Ella no se pudo haber “infiltrado” en este maldito lugar sin que la
hubieran dejado entrar en primer lugar. Es una chica por el amor de Dios. ¿Me
está diciendo que es tan estúpido que no sabe diferenciar entre un hombre y
una mujer?

La cara del director pasó de blanca a roja.

—Ella fue muy convincente. Usó la ropa de su hermano, cortó su cabello…


Engañó a todos.

Padre resopló con desdén.

—A todos con la mitad del cerebro en sus cabezas. Dígame, Chauser, ¿si alguien
pusiera una silla encima de una vaca intentaría montar la maldita cosa?

La cara de Chauser se volvió más oscura.

—Está bien, ya basta, deje de tratar de culparme por esto. La Academia es


inocente de cualquier fechoría. Es su hija quien ha cometido fraude. Estaba justo
apunto de aplicarle el castigo por sus acciones cuando usted entró
abruptamente y me detuvo.

—Y con un demonio, qué bueno que lo hice —dijo mi padre glacialmente—.


Sólo mírela. —Me dirigió una mirada disgustada—. Todo su cabello fue cortado
y… ¿es un arete lo que veo en tu oreja, jovencita? —Me miró con
incredulidad—. ¿No es lo suficientemente malo que hayas estado viviendo sin
estar casada entre hombres por todo este tiempo? ¿Tenías que ir y marcarte
como una prostituta también?

Me sonrojé y puse una mano protectoramente en el arete de plata y ónix que


North me había dado.
255

—Eso no es lo que significa, fue un regalo.

—¿De quién? —rugió—. ¿Uno de los hombres a los que serviste mientras
Página

estabas aquí?
—Espere un momento, Jameson. —El director Chauser dio un paso adelante—.
Tengo que discrepar con eso. Por lo que yo he sido capaz de discernir, no ha
habido una conducta indebida, um, sexual aquí. Su hija logró mantener su
identidad en secreto de todos aquí, incluso de su compañero de cuarto, con un
recato extremo.

—Eso es verdad —dijo Hinks, parándose al lado del director—. Puede ser una
mentirosa pero no es una puta.

Miré a Hinks con gratitud pero claramente las buenas palabras que él y el
director estaban diciendo, mi padre no las estaba escuchando. Me estaba
mirando como si yo fuera algo que hubiera raspado de la parte inferior de su
bota.

—No importa si lo es o no, así es como la verán en Victoria. Ha estado viviendo


como una prostituta y así es como será percibida. —Miró al director—. Y ahora
le quiere amputar un miembro, como si no fuera a ser bastante difícil encontrar
un esposo que me la quite de las manos.

Sus palabras rompieron el hielo que me tenía congelada en mi lugar.

—¡No quiero casarme, padre! —dije, mirándolo—. Quiero navegar una nave
espacial.

—No expongas tu ignorancia, Kristina, esa no es una profesión para una mujer
—gruñó mi padre.

—Tal vez no en Victoria —señalé—. Pero podría obtener un puesto en el sector


privado. Soy de las mejores en las clases aquí. Sólo pregúntele al director.

—Él, um, ella constantemente supera en puntuación a todos sus compañeros de


clase en todas las materias —admitió el director Chauser a regañadientes—. De
hecho antes de todo esto, um, yo iba a recomendar a Jameson para un puesto
temprano en el Cuerpo Espacial.

—¿Ves? —Me volví hacia padre—. Soy inteligente, padre, no sólo alguna
estúpida niña pequeña que puedes descartar sólo porque sucede que no tengo
el equipo correcto entre mis piernas. ¿Por qué no sólo me desheredas y me dejas
256

en paz? Yo puedo…
Página
La gran mano de padre salió de la nada, abofeteándome tan fuerte que vi
estrellas. El impacto me tumbó y quedé acostada sobre el suelo, aturdida, con
los oídos zumbando.

—Escúchame, Kristina —gruñó, en una voz amenazante y grave—. Sólo eres


una chica estúpida y harás lo que yo diga. Te encontraré un esposo, uno que te
lleve muy lejos de mi vista y que te golpeé todos los días si se le da la gana.
Entonces y sólo entonces me lavaré las manos de ti.

—Padre, por favor. —Di un grito ahogado, pero él me levantó a la fuerza del
suelo y me sacudió.

—Hasta que encuentre a un hombre dispuesto a tomarte, cerrarás tu boca y la


mantendrás cerrada. ¿Está claro?

Su aliento era caliente y nauseabundo sobre mi cara y nunca lo había visto tan
enfadado. Estaba contenta de que Kristopher no estuviera aquí. Contenta de
que estuviera lejos de su alcance. Pero estaba claro que padre se iba a asegurar
de que fuera miserable por el resto de mi vida para pagar por mi decepción y la
libertad de mi hermano.

—Dije, ¿está claro? —ladró mi padre, sacudiéndome de nuevo.

—Sí. —Levanté el mentón y lo miré a los ojos—. Sí, está perfectamente claro,
padre. Me odias y quieres hacerme pagar.

Él ni siquiera trató de negarlo.

—Pagarás lo justo, señorita —gruñó, tomando con fuerza de hierro mi


muñeca—. Cuando haya terminado contigo, desearás haber perdido la mano.
Ahora, vamos.

Me jaló fuera de la oficina del director, dejando a Chauser y a Hinks detrás con
miradas sombrías en sus rostros.

Padre me llevó por el largo pasillo y afuera al recibidor. Ahí, sentado en una
silla, aparentemente esperando por una audiencia con el director estaba North.

Me dirigió una mirada de asombro.


257

—¿Jameson?
Página

—¡North! —Mi corazón dio un salto en mi pecho—. North, quería decir…


—Vamos. —Padre apretó mi brazo cuando traté de detenerme y hablar pero me
resistí. Esta sería la última oportunidad que tendría para dejar las cosas claras,
no quería dejar la Academia, sin tratar de explicarme.

—No —dije, peleando contra el agarre de padre—. Tengo algo que decirle a
North.

—No, no tienes nada que decir. —La cara de padre se estaba volviendo roja de
enojo de nuevo—. Te lo dije, tienes que mantener tu boca cerrada. —Se giró y le
dirigió una mirada hostil a North—. ¿Quién es él, de todas formas? ¿Uno de los
hombres a los que serviste? ¿Qué le quieres decir?

—Sea lo que sea, no es nada que quiera escuchar. —North me dio una mirada
de disgusto que hizo que mi corazón bajara a mis pies. Poniéndose de pie,
caminó hacia la oficina del director.

—¿North? —susurré. Y luego más fuerte dije—. ¡North, por favor! —Con un
esfuerzo súper humano, me liberé del agarre de mi padre y corrí a pararme
enfrente de mi compañero de habitación—. Por favor —repetí—. Dijiste…
dijiste que me amabas.

Los pálidos ojos azules de North estaban fríos.

—Eso fue antes de saber cómo mentiste. Vete, Kris… ve a casa. No eres la
persona que creía que eras.

—Soy exactamente la misma persona —protesté—. Sé que mentí acerca de


quién era pero nunca mentí acerca de lo que sentía. Por favor, North, si tan
sólo…

—Vuelve aquí, jovencita. —De repente mi padre estaba detrás de mí,


alejándome de nuevo. Quería luchar contra él, para liberarme de nuevo, pero la
expresión en el rostro de North me dijo que sería un esfuerzo inútil.

Sentí como toda mi determinación me dejaba, como el aire saliendo de un


globo. No había razón para luchar ahora, no había razón para pelear. North ya
se había alejado de mí, como si ni siquiera pudiera mirarme.

Sintiendo como si mi corazón fuera a explotar, me fui con mi padre de buena


258

gana, permitiendo que me arrastrara a través de la puerta del edificio de la


Administración sin ninguna otra palabra de protesta.
Página
Se había terminado. Mi vida entera se había terminado pero de alguna manera
no podía hacer que me importara. Todo lo que podía ver era esa última mirada
en los penetrantes ojos azules de North.

La mirada que decía que me odiaba por mis mentiras y que me odiaría por
siempre.

259
Página
Capítulo 35
Traducido por Kanon

— Corregido por Jeyd3

Bueno, bueno, así que hoy es el gran día. —Anna, la


sirvienta/carcelera que mi padre había contratado para
cuidarme, trajinaba alrededor de mi cuarto, ordenando.

—Sí. Un gran día —dije débilmente sin molestarme de apartar la mirada de la


ventana. La vista desde el asiento en mi ventana era la misma que había estado
viendo en los pasados seis meses. Mostraba nuestro tranquilo y adinerado
vecindario victoriano donde nunca nada sucedía.

Por supuesto hoy iba a suceder algo… yo iba a conocer a mi nuevo esposo. No
tenía idea de a quién había encontrado mi padre para casarme.
Presumiblemente era un hombre de fuera de Victoria. Nadie en mi provincia
natal habría tenido nada que ver conmigo, incluso si me hubiese permitido salir
de la casa… Lo que no sucedió. Había hecho varios intentos poco entusiastas de
escape, pero en vano. Mi padre había contratado guardias asignados alrededor
de la casa tanto en el día como en la noche. Debía de estarle costando una
fortuna pero aparentemente todo lo que le importaba era la certeza de que no
me escapara antes de que me casara adecuadamente.

No hubiese tenido ningún lugar donde ir si lograba escapar. Mis sueños de


trabajar en el sector privado estaban acabados. Con el fin de llegar a un puerto
espacial donde me aceptaran, en algún otro lugar que no fuera Victoria,
necesitaba crédito. Y la primera cosa que mi padre había hecho era cancelar
todas mis cuentas. Era una pobre prisionera en mi propio hogar, una prisionera
de mi propia apatía tanto como de los guardias que estaban parados afuera de
nuestras puertas y ventanas y de Anna, quien aún canturreaba animadamente
mientras ordenaba mi cuarto.

Apreté mi frente en el frío vidrio de la ventana, intentando no pensar. Algunas


veces, niños pequeños venían a pararse en la calle afuera de mi casa y mirar a la
260

“mala mujer”, como ellos me llamaban. Lanzaban pequeñas piedras y sacaban


sus lenguas, algunas veces se quedaban alrededor por horas. Si sus madres o
Página

nanas los sorprendían, rápidamente los arrastraban lejos pero los niños siempre
volvían. Yo era una verdadera novedad, un miembro de la más alta élite que
había caído en pecado. No me importaban sus burlas y mofas, de hecho no me
importaba mucho nada. Estaba demasiado ocupada siendo miserable.

Dentro de los límites de la casa, el tiempo se arrastraba como nunca lo hizo


cuando Kristopher y yo habíamos vivido aquí juntos. Mi hermano había
intentado contactarme una vez, pero la comunicación había sido cortada justo
unos pocos minutos después de que la llamada fue establecida. Apenas hubo el
tiempo suficiente para enterarme que estaba a salvo y para suplicarle que se
quedara donde estaba, lejos del sistema Prometeo, antes de que su amado
rostro desapareciera de la pantalla.

Aparte de esa breve distracción, no tenía ningún otro entretenimiento o


diversión. Estaba encerrada en la casa sin nada que hacer más que pensar en lo
mucho que había arruinado mi vida. Algunas veces sacaba los viejos libros de
mi hermano y los leía, preguntándome cómo le iba a North en Navegación
Astronómica sin mí. Pero intentaba no pensar acerca de eso demasiado, era un
recuerdo demasiado doloroso. Ya todo lo que habíamos pasado juntos en la
Academia parecía como un sueño muy vívido, algo que podría haberle pasado
a alguna otra chica en otra vida. Sin embargo algunas cosas estaban aún muy
claras, aunque lo intenté no pude sacar sus últimas palabras de mi mente. O esa
última mirada que me dijo que me odiaba.

—Oh North —susurré, poniendo mi cabeza en mis manos—. Lo siento tanto.


Muchísimo, lo siento muchísimo…

—Vamos, nada de eso —dijo Anna alegremente, tomándome del brazo—. En


sólo unas pocas horas tu nuevo marido estará aquí. Es tiempo de que estés lista.
Y pon una sonrisa en tu rostro, no quieres que te vea así de desanimada.

No me importaba mucho cómo el hombre que había escogido mi padre me


veía, pero dejé a Anna bañarme y vestirme como si fuera una muñeca. Cepilló
mi cabello, que había crecido rápidamente mucho más allá de mis hombros,
hasta que brilló. Entonces ella me puso en un vestido de terciopelo carmesí.

El rosado era el color tradicional del matrimonio en Victoria pero debido a mi


dudoso pasado, yo claramente no era apta para usarlo. Me dije a mí misma
261

atrevidamente que el rojo oscuro se adecuaba mejor a mi pálida complexión,


cabello oscuro y ojos de todas formas, incluso si era el color de las rameras y
Página
prostitutas. Además, mi esposo debe saber exactamente lo que está obteniendo,
artículos usados. El vestido rojo carmesí lo anunciaba realmente bien.

No me opuse a los arreglos de Anna hasta que intentó remover el aro de plata y
ónix de mi oreja. Estábamos sentadas en el recibidor, esperando, y Anna estaba
haciendo los últimos retoques a mi atuendo cuando comentó, con fingida
naturalidad, que el aro no combinaba realmente con el resto de mi atuendo de
boda.

—Lo deberías sacar —dijo ella, moviéndose para tomarlo.

—¡No! —Puse una mano sobre él protectoramente cuando dio un paso adelante
para sacármelo—. No, no me lo quitaré. No lo haré.

—Piensa en tu nuevo marido —imploró Anna—. Viene a recoger a una


esposa… ¡No una prostituta! No debes dejar que te vea con esa cosa en tu oído.

—¡No me importa cómo me vea! —grité—. North me lo dio y no me lo voy a


quitar.

—Yo creo que se ve encantador.

La hosca y desconocida voz desde la puerta del recibidor nos hizo a Anna y a
mí saltar de sorpresa. Allí, de pie justo detrás del mayordomo que claramente lo
dejó entrar, estaba una alta e impresionante figura vestida toda de negro.

Lo examiné, esperando ver cómo lucía mi futuro esposo pero


desafortunadamente no pude saberlo, él estaba usando una máscara de plaga.
Mordí mi labio al ver la amorfa y blanca protección que tenía sólo una angosta
hendidura para que los ojos vean hacia afuera. Aquellos que usaban esas
máscaras estaban horriblemente desfigurados por un parásito del espacio que
comía carne, dejando sólo los huesos desnudos detrás. “Skelly head10” era el
término para tales desafortunados y normalmente se mantenían apartados, sólo
saliendo cuando era necesario y nunca sin sus máscaras.

—Señorita Kristina —anunció el mayordomo antes de que pudiera decir


nada—. Permítame anunciar al señor Aldus Wanerite de Midas, su futuro
esposo.
262
Página

10 Skelly head: Cabezas de esqueleto.


—Yo… yo… —No supe qué decir cuando Wanerite pasó lentamente adelante y
se inclinó sobre mi mano—. Estoy muy encantada de conocerle, mi señor —dije
finalmente.

Se levantó con gracia y me observó a través de la pequeña hendidura de su


máscara. Desearía poder ver sus ojos pero estaban escondidos, demasiado lejos
de mí para captar algo más que un débil brillo detrás de la monótona máscara
de plaga.

—Estoy muy contento de conocerte, Kristina —dijo él, en esa tosca voz suya.

—Yo también, mi señor —dije, intentando no encogerme lejos de él.

—Sí, extremadamente contenta, puedo darme cuenta —dijo secamente—. Me


temo que no soy el tipo de esposo que habías soñado pero tengo que decir que
tú eres todo lo que podría desear para una esposa. Estoy seguro de que seremos
muy felices juntos.

Mordí mi labio.

—S-sí, mi señor —me las arreglé para decir.

—¿Por qué tan abatida, mi querida? —preguntó suavemente—. ¿Crees que es


imposible aprender a amar el interior de una persona, incluso si el aspecto
exterior no es lo que tú desearías que fuera?

Sentí mis mejillas calentarse.

—Por supuesto que no, mi señor. Yo… yo estoy segura que es posible.

—Bastante posible, te aseguro. Ahora ven, vamos a firmar los papeles y seguir
nuestro camino. Tengo una agenda muy ocupada que seguir y mi nave sale al
amanecer.

Ya que estaba en desgracia, nadie del clero de Victoria se hubiera dignado a


presidir mi boda. Una ceremonia civil se haría ahora y luego una más formal,
mi nuevo esposo prometió con su voz grave, cuando volviéramos a su hogar en
la luna Midas.

Estábamos de pie ante la pantalla en la sala de estar. Era el mismo lugar en que
263

mi infortunada aventura había comenzado, con mi padre ordenándonos a


Kristopher y a mí. El que sería mi nuevo esposo tomó mi mano y esperamos
Página
hasta que la pantalla se encendió, mostrando a un magistrado con mi padre,
mirando salvajemente sobre su hombro.

Mi padre miró hacia mí todo el tiempo en que dijimos nuestros votos, mi nuevo
esposo en su tosca pero estable voz y yo tropezando y trastabillando con las
palabras. Fue sólo cuando el magistrado nos declaró esposo y esposa y que
firmamos el contrato de bodas que él asintió en aprobación.

—Kristina —dijo él, caminando adelante cuando el magistrado dejó la


pantalla—. Este hombre, Lord Wanerite, es tu nuevo señor y patrón. Sé una
buena y fiel esposa, obedécelo en todas las cosas y puedes con el tiempo
redimirte a ti misma. —La curva en sus labios y la burla en su voz hizo claro
que él consideraba esto como una remota posibilidad.

Yo no quería ser una “buena y fiel esposa” pero la elección no era mía, yo
estaba casada ahora, me gustara o no.

—Desde este momento en adelante, no tengo hija. —Los ojos de mi padre se


posaron sobre mí con disgusto—. Ni hijo, tampoco. Si ves a tu hermano otra
vez, dile que está desheredado. No quiero tener nada que ver con ustedes
miserables ingratos.

—Sí, padre —susurré, mi garganta apretada.

—No me llames así —espetó—. No más. —Miró hacia mi esposo—. Lord


Wanerite, Kristina es suya ahora, para hacer con ella lo que le plazca.

Mi nuevo esposo asintió con seriedad.

—Entiendo muy bien, Almirante Jameson. No tema… la trataré bien.

Mi padre resopló.

—No me importa una maldita mierda cómo la trates, Wanerite. Golpéala cada
noche si quieres… Sólo nunca me dejes verla otra vez.

Lord Wanerite asintió otra vez.

—Como desee.
264

—Considero este asunto concluido —dijo mi padre. La pantalla se puso negra y


él se fue.
Página
—Creo que es tiempo de irnos. —Mi nuevo esposo tomó mi mano con la suya y
entrelazó nuestros dedos firmemente. Había algo acerca de su agarre… Miré
abajo para ver sus manos pero estaban con guantes negros, escondidas de mi
vista. Me pregunté qué tan viejo era, su voz sonaba como si hiciera gárgaras con
grava cada mañana. ¿Era eso el resultado de una vejez extrema o sólo otra parte
de los efectos secundarios de los parásitos que se habían comido su rostro?

Supuse que iba a descubrirlo muy pronto.

Sin protestar, dejé a mi nuevo esposo llevarme afuera de la casa para entrar en
una limosina flotante que esperaba.

Mi nueva vida había comenzado y no había nada que pudiera hacer para
detenerla.

265
Página
Capítulo 36
Traducido por Bazzinga

— Corregido por Julieta_Arg

Al puerto espacial, y date prisa —le dijo mi nuevo esposo a


la limusina automatizada la cual aceleró inmediatamente
lejos con nosotros en su vientre. Él se volteó hacia mí—. Me gustaría poder
ofrecerte una luna de miel en un resort exclusivo pero temo que mi negocio no
lo permite. Tenemos que estar en la nave y fuera de la órbita de Dianna esta
noche.

—Lo entiendo —dije en voz suave. Honestamente, no me importaba donde


pasáramos la luna de miel. ¿Por qué debería importarme donde pasaría mi
temporada personal en el infierno? Me preguntaba si él intentaría tocarme...
besarme.... La idea hizo que mí estómago se encogiera. No porque fuera un
Skelly head, sin embargo, porque él no era North. Los besos de otro nunca
podrían ser tan dulces, u otras caricias tan tiernas.

Sácalo de tu mente, me aconsejé a mi misma mientras la limo aceleraba por las


calles oscuras hacia el puerto espacial. Probablemente nunca lo volverás a ver de
nuevo y tienes que vivir con esta... persona Aldus por el resto de tu vida. Así que será
mejor que dejes de pensar en el pasado.

Por supuesto, era más fácil dar que recibir el consejo. De todas formas, me forcé
a apartar la mirada de la ventana de la limusina y me volteé para enfrentar a mi
nuevo esposo en su lugar. Para mi incomodidad, me encontré con que él me
estaba estudiando intensamente, el brillo de sus ojos ocultos detrás de la
máscara nunca vacilaba.

—Um... —Busqué en mi mente un tema de conversación. ¿Qué diría uno a su


nuevo esposo quién es un total y completo extraño?—. ¿Cómo debería llamarle?
—pregunté finalmente cuando el pareció poco dispuesto a ayudarme—. ¿Aldus
estaría bien o prefiere Señor Wanerite?

—Simplemente Wanerite —dijo brevemente—. Por ahora será así.


266

—Sí, mi señor. —Miré hacia abajo, a mis dedos, desando que él dejara de
Página

mirarme.
—¿Mi mirada te hace sentir incómoda, Kris? —preguntó suavemente.

Miré hacia arriba rápidamente.

—¿Cómo supo mi apodo?

Se encogió de hombros.

—Pareció una suposición lógica. Pero nunca respondiste a mi pregunta. ¿Te


hace sentir incómoda cuando te miro?

—Un poco —confesé—. Yo... no tengo mucho que mostrar.

—Estoy en desacuerdo, eres adorable. Especialmente me gusta la longitud de tu


cabello. —Extendió la mano y apartó un mechón de pelo de mis ojos con una
mano enguantada—. Hermoso —murmuró para sí mismo.

Pude sentir mis mejillas calentándose.

—Gr-gracias, mi señor —tartamudeé—. Es muy amable.

—Oh, quizás no pienses así en un rato —remarcó ominosamente.

Antes de poder tomar el coraje para preguntarle que quiso decir con eso, la
limusina automatizada se detuvo en el puerto espacial de Victoria.

Para mi sorpresa, la nave frente a la cual nos detuvimos parecía ser un vehículo
comercial más que uno privado. Unos pocos miembros de la tripulación
vestidos en monos azules estaban cargando paquetes en la bahía de embarque
mientras otros se escabullían por encima del exterior de sus vastos y blancos
flancos, asegurándose que estuviera lista para despegar.

—Aquí está. La Lakota. —Escuché una nota de orgullo en la voz grave de mi


esposo la cual, de alguna forma, lo hizo sonar más joven—. No mucho para
comenzar, sólo un transporte inter-lunar. Pero va a dar algunos saltos
interestelares también. Debería ser un viaje interesante.

—¿Lo será? —Miré la nave con una ligera punzada de esperanza.

—Oh, sí. —Mi nuevo esposo asintió—. Hay mucho que ver allí afuera, entre las
estrellas. Si no tienes miedo de hacer el viaje.
267

—No tengo miedo —suspiré—. Pensé... Supongo que pensé que sólo me
Página

llevaría de vuelta a Midas y que viviríamos allí.


Él sacudió su cabeza.

—No, ahora viviremos en la nave por un tiempo. ¿Te gustaría?

—Sí, mucho —dije antes de pensar en ello. Quizás cumpla mi sueño de explorar
las estrellas después de todo. Luego, recordé que no las estaría explorando con
North y mi fugaz sensación de euforia fue abruptamente aplastada. Oh North, si
tan sólo estuvieras aquí. ¡Nada de eso significa algo sin ti!

Tomé su mano enguantada y luego su brazo, el cual me extendió como un


caballero debería. Al menos tiene modales, me dije a mí misma. Estaba segura que
mi padre había salido de su camino para escoger el peor esposo que pudiera
encontrar, ¿por qué más me casaría con un Skelly head? Pero quizás él haya
cometido un error con Lord Wanerite. Después de todo, las apariencias pueden
ser engañosas.

Caminamos por la pasarela hacia el interior de la nave. Dentro, eran todo largos
pasillos de acero, un lugar completamente profesional pero con algunos toques
personales tales como las placas con nombres colgadas en las puertas de la
cabina. Pasamos el cuartel de la tripulación, un espacioso puente de aire, y una
cocina de uso común antes de llegar al sector privado.

Me di cuenta de que era privado porque mi nuevo esposo tuvo que marcar un
código en un teclado de buen gusto para subir una energía azul la cual lo
separaba del resto de la nave. Una vez levantado el campo azul, fui sorprendía
por la vista a un pasillo mucho más lujoso, uno que tenía una suave alfombra
verde musgo. Aquí las puertas eran hechas de madera en lugar de acero y las
placas de afuera de las cabinas manifestaban oficinas en lugar de nombres.
"Primer Oficial", decía la primera. En frente de ella había otra marcada como
"Capitán". Y un poco más abajo había una puerta con la designación de
"Navegador".

Esta fue la puerta donde mi esposo se detuvo. Pero no había ningún teclado en
el cual introducir un código. En su lugar, un identificador de huellas estaba fijo
en la pared junto a la puerta.

—Aquí. —Él hizo un gesto hacia mí—. Pon tu mano en él. Deja que la nave lea
268

tus huellas.

—No entiendo —dije vagamente mientras presionaba mi mano en la placa


Página

como él lo había indicado—. ¿Es el navegador de la nave?


—No —dijo mientras la puerta se abría para revelar una pequeña pero lujosa
cabina equipada—. Tú lo eres.

—¿De qué está hablando? —Di un paso a través del umbral y volteé mi rostro
hacia él para enfrentarlo. Me siguió y la puerta se cerró detrás de nosotros con
un silbido silencioso.

—Dije, que eres la navegadora de Lakota, si lo quieres ser, eso es.

Sacudí mi cabeza.

—¿Es por eso que se casó conmigo? ¿Por qué escuchó sobre lo que hice? ¿Sobre
como asistí a la Royal Academy disfrazada y aprendí navegación ahí?

—Escuché que eras la mejor de tus clases antes de que lo descubrieran —


retumbó mi nuevo esposo—. Pero no, no es por eso que me casé contigo.

—Entonces, ¿por qué? No lo entiendo.

—Lo harás en un tiempo. —Dio un paso hacia atrás, aún mirándome a través de
la mascarilla sin rasgos—. Esta es tu cabina pero la visitaré cada vez que sea
oportuno.

—Sí, mi señor. —Sentí mis mejillas calentarse mientras consideraba lo que él


estaba diciendo. No había duda que esperaría que cumpliera con mis deberes
de esposa, a pesar de como me sentía sobre la situación. Sus siguientes palabras
confirmaron mis pensamientos.

—Es nuestra noche de bodas, Kris. ¿Sabes lo que quiere decir?

—Yo... creo que sí. —Me atreví a echarle una rápida mirada a él y luego bajé la
mirada para estudiar mis manos.

—Bien —gruñó—. Iré a chequear algunas cosas con la tripulación y darles


algunas instrucciones de despegue. Cuando regrese, espero encontrarte
esperando en la cama por mí. Usa el camisón rosa que encontrarás en el
armario. ¿Lo entiendes?

Asentí miserablemente. Era mi esposo ahora, mi señor y mi amo, y yo era una


prisionera en su nave. ¿Qué más podía hacer?
269

—Sí mi señor —murmuré.


Página
—Muy bien —dijo nuevamente. Luego salió de mi habitación en un remolino
negro y ya se había ido.

Por un largo rato simplemente permanecí allí en el centro de la habitación,


aturdida. ¿Cómo había llegado a esto? ¿Iba realmente tener que entregarme a
este hombre completamente extraño? No un extraño, tu esposo, reprendió una
pequeña voz en mi cabeza. Y no sabes nada de él excepto que es un Skelly head.
¿Tendría que verlo sin su máscara? ¿Sería terriblemente horroroso?

Para ser honestos, no me importaba. Cualquiera menos North sería horrible


para mi, ¿qué importaba si el rostro de mi nuevo esposo lucía como una
calavera? Torpemente, me forcé a ir al otro lado de la habitación hacia la cama
de columnas y el armario que estaba junto a ella.

Supuse que debía quitarme el traje carmesí y prepararme para la cama. No es


que fuera a dormir mucho una vez que mi nuevo esposo volviera. Cerré mis
ojos fuertemente ante la idea. Dios, no podía seguir con esto.

Pero debes hacerlo, susurró mi vocecita. Y de todos modos, es un castigo apropiado


para todas tus mentiras y engaños. Eso era probablemente cierto, pero fue poco
consuelo. Suspirando profundamente, abrí el armario y miré a través de las
ropas que allí colgaban.

Para mi sospesa, parecía haber sido escogido especialmente para mí. Todos
parecían ser de mi talla y no eran todos vestidos y faldas como fui obligada a
llevar toda mi vida en Victoria. En realidad habían unos cuantos pares de
pantalones también. ¿Podría ser que mi nuevo esposo fuera un poco más liberal
de lo que había pensado al principio?

No te engañes a ti misma. ¿Qué hay si te deja vestir pantalones? Él aún espera que
cumplas con tus deberes de esposa cuando lo ordene. ¿Cómo puede ser liberal?

Un punto muy bueno. Con el corazón encogido, saqué un negligé de color rosa
pálido con encaje en su cuello y mangas. "Usa el camisón rosa", había dicho. Era
casto. Una cosa delicada, sería el exacto color de mi vestido de boda si mi
tiempo en la Academia no me hubiese convertido en una "mujer caída". ¿Estaba
mi nuevo esposo intentando decirme algo? Y si fuera así, ¿qué? Acaricié su
270

sedoso material cuidadosamente antes de sacarme mi vestido de novia carmesí


y ponérmelo en su lugar.
Página
Justo cuando me metí en la cama, sentí la puerta de mi nueva habitación abrirse
en un silbido silencioso. Apresuradamente me metí bajo las sábanas, incapaz de
hacer frente a mi nuevo esposo o a los deberes que me correspondían.

—Kris —dijo tranquilamente en esa profunda y grave voz—. ¿Estás lista?

Me forcé a mí misma a asomarme por el borde de las sábanas.

—Sí, mi señor. —Las palabras llegaron en un chillido pero no pude evitarlo, mi


corazón latía con fuerza y mi garganta estaba seca. Todo en lo que podía pensar
era que este extraño estaba apunto de tocarme y yo iba a tener que permitirlo.
Iba a ser mil veces peor que el beso indeseado de Wilkenson y todo porque el
hombre tocándome no era el que quería, no era North.

Mi nuevo esposo caminó hacia a la cama. De pie a mi lado, se acercó a mí


luciendo imposiblemente alto en su traje de un negro intacto.

—¿Debería dejar las luces encendidas o apagadas?

—Apagadas por favor, mi señor —dije antes de pensar en ello.

—Muy bien. —Se rió severamente mientras apagaba las luces, dejando la
habitación oscura—. Así podrás evitar ver lo que hay bajo mi máscara, sin
dudas.

—Oh, no, no, mi señor —protesté—. Sólo porque... soy tímida, eso es todo.

—He escuchado hablar de tu excesiva modestia. —Su voz se suavizó un poco y


la cama crujió cuando se sentó en el otro lado del colchón, a pocos centímetros
de donde yo estaba—. He escuchado que te las arreglaste para pasar por un
chico en la Royal Academy y nadie era sabio a causa de tu prudencia.

—Me escondí tan bien como pude hasta... hasta el final —susurré, recordando
la horrible sensación de estar desnuda entre Broward y sus secuaces—. Yo... yo
fui atacada en las duchas y fui descubierta. —Entonces me di cuenta de como
debió haber sonado—. Fui atacada pero no... no tomada. —Me apresuré a
asegurarle—. Fui rescatada antes de que algo... inapropiado tuviera lugar.

—Antes de que fueras violada, querrás decir —dijo rotundamente—. Esperaba


271

más.

—¿Es por eso que me consiguió un camisón rosa? —pregunté vacilante.


Página
—Entre otras cosas. Cuéntame sobre como fuiste rescatada.

—Mi compañero de habitación, él llegó justo a tiempo. Creo que mi amigo le


dijo que yo estaba en problemas. —Suspiré melancólicamente—. Siempre
llegaba justo a tiempo para salvarme. Parecía saber exactamente cuando más
necesitaba ayuda.

—Es una lástima que no pueda salvarte esta vez —remarcó mi nuevo esposo.

Cerré mis ojos, luchando por contener las lágrimas.

—Él no querría. Ahora me odia por mi decepción y no puedo culparlo. Fue


horrible, lo que hice, la forma en que mentí.

—Quizás no es tan horrible. Estabas protegiéndote en una situación peligrosa


—ofreció gentilmente.

—Debí haber encontrado otra forma. No debí haber estado allí en primer lugar
—susurré—. Herí a tantas personas... herí a North...

—¿Ese era su nombre? —murmuró.

—Sí. —Enterré mi cara en mis manos y sollocé—. Lo siento, simplemente... No


puedo... parece que no puedo olvidarlo.

—¿Aún lo amas? —Su voz áspera chirrió en mis oídos y temí a las
consecuencias de responder con sinceridad. Pero ya había echo demasiado
mintiendo.

—Sí —susurré—. Mucho. Perdóneme, mi señor. Sé que no es lo que un hombre


desea escuchar en su noche de bodas pero...

—Por el contrario, eso es exactamente lo que esperaba escuchar.

Su afirmación me sorprendió tanto que levanté la mirada, observando de cerca


su figura en la oscuridad.

—¿Qué?

—Antes, me preguntaste por qué me casé contigo Kris —dijo—. Me casé


contigo porque aún me siento de la misma forma que tú te sientes por mí.
272

—No... lo entiendo. —Sacudí mi cabeza—. No lo he visto antes de esta noche.


Página
—¿Es eso lo que piensas? —Las luces se encendieron de repente e hice una
mueca de dolor por su brillo. Cuando mis ojos finalmente se acostumbraron, vi
que mi nuevo esposo estaba una vez más de pie junto a la cama.

—¿Mi señor? —dije vacilante.

—Kris —susurró. Dio un paso hacia mí y alcanzó su máscara. A medida que


caía, el modulador de voz que había sido colocado en el interior de esta se
separó, y escuché sus palabras en un tono más familiar—. Me casé contigo
porque no podía dejar de pensar en ti. Porque no importaba que tan enfadado
estuviera contigo, no podía sacarte de mi cabeza.

—North —jadeé, mirando fijamente en sus familiares y penetrantes ojos azules.


Tropecé de la cama y me puse delante de él, escaneando su altura
frenéticamente. Las ropas negras parecían fuera de lugar pero el resto de él, su
dorado cabello despeinado, sus afilados rasgos, eran tan maravillosamente
familiares. Aun así, no podía creerlo—. North, ¿eres... realmente tú?

—Realmente soy yo. —Dejó caer su máscara y el modulador de voz en el piso, y


tomó mis manos en las suyas—. Me casé contigo porque aún te amo, Kris.

—Oh —susurré y luego la habitación comenzó a dar vueltas y todo se volvió


gris.

North me atrapó antes de que pudiera tocar el piso, justo como había hecho en
la Academia luego de mi primera pelea con Broward. Se movió a la enorme
cama de dosel y se instaló allí, aún sosteniéndome.

—¿Estás bien? —Su querido y familiar rostro estaba ansioso. Tuve que
estirarme y tocar su mejilla para asegurarme nuevamente que él era real. Que
todo no era un vívido y maravilloso sueño del cual me despertaría. North
volteó su rostro con mi caricia y frotó mi palma con su boca, colocando un
suave beso en el centro. Luego preguntó de nuevo—: ¿Estás bien?

—Oh, North, si eres real, verdaderamente real y esto no es un sueño, entonces


sí, estoy más que bien —susurré—. Pero no veo como... Pensé... Pensé que me
odiabas.
273

—Lo hice, por un tiempo —dijo seriamente—. No sabes lo que me has hecho
pasar, Kris. Cuestioné mi sexualidad, mi cordura, todo sobre mí mismo cuando
Página

me di cuenta de que me sentía atraído hacia otro hombre. No es que haya algo
malo en ello, pero no soy gay. Enamorarme de ti fue seriamente una de las
cosas más difíciles que he enfrentado.

—Lo siento tanto. —Mis ojos se llenaron con lágrimas e intenté parpadear para
alejarlas—. Quise decirte, por favor créeme, North. Quería hacerlo. Pero no era
sólo mi secreto.

—Lo sé. Estabas protegiendo a tu hermano. —Suspiró—. Darme cuenta de eso


fue lo que me ayudó a superarlo. Hubiese hecho lo mismo que tú hiciste por
Kristopher, por Jamie. Y tampoco nunca lo habría dado por vencido.

—Gracias por tu comprensión —susurré.

—Hubiera guardado tu secreto, lo sabes. —Me miró seriamente—. Eso fue lo


que me hirió más, saber que pensabas que no podías confiar en mí.

—Sé que lo hubieses guardado. —Bajé la cabeza—. Estuve a punto de decírtelo


tantas veces, especialmente durante las vacaciones. Pero de alguna forma
simplemente... no pude.

—Oye... —North levantó mi barbilla de modo que pudiéramos vernos a los


ojos—. Está bien, he tenido tiempo para superarlo. Y te he dado un poco de tu
propia medicina justo ahora. —Asintió hacia la máscara y el modulador de voz
que aún seguían en el suelo—. ¿Te gustó?

—En lo absoluto —dije temblando—. ¿Cómo pudiste hacerme creer que pasaría
mi noche de boda con un completo extraño? Pudiste haberme dicho tan pronto
como salimos de la casa.

—¿Y arriesgarme a que alguno de tus sirvientes viera y alertara a tu padre? No


lo creo. —North sacudió su cabeza—. Además, pretendiste ser alguien más por
más de seis meses. Creo que merecías sesenta minutos del mismo tratamiento.
Y... —Bajó su mirada—. Y quería saber si aún me querías. Si aún te importaba.

—Claro que me importa —dije con fiereza—. Nunca dejé de hacerlo incluso
cuando pensé que tú sí.

—Tampoco dejé de hacerlo —admitió suavemente—. Aunque lo intenté por un


tiempo. Estaba tan enojado contigo.
274
Página
—Lo podría decir por la forma en la que me mirabas. —Miré hacia mis
manos—. La última vez que nos encontramos fue cuando mi padre me estaba
arrastrando hacia afuera.

—Estaba mayormente en shock en ese entonces —dijo—. Pero había tenido el


suficiente sentido común para actuar como que te odiaba.

—¿Qué quieres decir con suficiente sentido común? —demandé—. ¡No sabes
cuantas veces repetí esa escena en mi mente! Que horrible me sentí sabiendo
que no podías soportar siquiera verme.

—Piensa en ello, Kris —dijo pacientemente—. Tu padre ya te estaba acusando


de ser algún tipo de prostituta. Si hubiese actuado de acuerdo a mis verdaderos
sentimientos y hubiese intentado abrazarte, o Dios no lo permita, besarte, sus
peores sospechas se hubieran confirmado, en su opinión, de todos modos.

Pensé en los ojos furiosos de mi padre y tuve que admitir que North tenía
razón.

—Supongo que sí —dije con un suspiro—. Y supongo que me lo merecía. La


angustia mental en la que he estado los pasados seis meses pensando que me
odiabas fue probablemente nada comparado a lo que pasaste cuando intentabas
entender tus sentimientos por mí.

—No sé sobre eso. —North besó mi mejilla con ternura—. Pero creo que incluso
deberíamos dejarlo pasar. No más sobre torturarnos el uno al otro por un
tiempo, ¿de acuerdo?

—Está bien. —Me acurruqué felizmente contra su pecho—. De todos modos,


¿cómo conseguiste el consentimiento de mi padre para casarte conmigo?

Se encogió de hombros.

—Sólo pensé en el disfraz más horrible que pude imaginar. Tenías razón, tu
padre realmente quería castigarte. ¿Por cuál otro motivo te casaría con un
hombre que pensaba que era un Skelly head? —Aclaró su garganta—. Siento
haberlo implicado de nuevo en la Academia en primer lugar. Pero no vi
ninguna otra manera de evitar que perdieras una mano.
275

—¡Así que tú fuiste quien lo llamó! —Lo miré con sorpresa—. Me preguntaba
sobre eso.
Página
—Todavía estaba tan enojado y herido que no podía ver bien, pero sabía que no
quería que perdieras una extremidad. Así que hice una llamada anónima.
Afortunadamente no estaba lejos de Athena o es posible que aún tu mano
estuviera volviendo a re-crecer. —Me miró especulativamente—. Aunque si
hubiese crecido tan rápido como tu cabello, supongo que estarías bien.

Me sonrojé y puse una mano en mi cabello.

—¿Te gusta largo?

—Me gusta más que eso —aseguró North en un gruñido suave—. Ahora que te
veo con él cayendo alrededor de tú rostro, me pregunto como pude haberte
visto como un hombre en primer lugar. —Frunció el ceño—. Por supuesto, casi
al final estaba comenzando a sospechar que algo no estaba bien.

—¿Qué te hizo sospechar? ¿Mi olor de niña? —pregunté, recordando como se


había quejado de que yo olía bien, incluso cuando usaba su champú.

—Eso fue una parte de ello, supongo. —North sacudió su cabeza—. Y tú


extremada modestia. Al principio pensé que tenías alguna deformidad, como la
tenía Jamie. Ese fue el por qué te ayudé a tomar duchas a mitad de la noche.
Pero luego, después de sostenerte cerca de mí esas noches en las vacaciones y
sentir cuán suave y delicada eras, comencé a sospechar que quizás había algo
más.

—¿Algo más? ¿Cómo qué? —pregunté.

—No lo sé... —Frunció el ceño—. Quizás como que eras transexual o algo así.
Ya sabes, la transición de un sexo a otro...

—¿Un transexual de Victoria? —Casi me reí—. No debes conocer mucho mi


provincia. Una cosa así jamás sería tolerada. Por lo que, fui evitada por sólo
llevar tu símbolo. —Estiré mi brazo para tocar el ónix y el broche de plata aún
plantado firmemente en mi lóbulo derecho.

—Lo sé, hice algunas investigaciones en Victoria durante el tiempo que


estuvimos separados. —Me miró con seriedad—. Tienes que creerme, no sabía
que sólo las prostitutas se perforaban sus orejas allí.
276

—Eso está bien. —Le sonreí—. Estaba orgullosa de llevarlo. No me importa lo


que nadie piense en Victoria.
Página
—Especialmente desde que no tendrás que verlos nunca más —remarcó North.

—Espero que no. —Mordí mi labio—. Y... ¿estás seguro de que mi padre nunca
sospechó nada?

North se encogió de hombros.

—Incluso si lo hiciera, ya es demasiado tarde, estamos legalmente casados. Y en


caso de que te estés preguntando, los nombres en el contrato del matrimonio
son reales, no el falso que le di a tú padre. Así que estamos completamente
vinculados. —Aclaró su garganta y se movió incómodamente—. Y sobre eso, sé
que en realidad nunca te pedí que te casaras conmigo. Si no estás feliz con la
situación, siempre podemos anularlo.

La ansiedad se retorció en mi estómago como nudos.

—Es... ¿Es eso lo que quieres? —susurré.

—No. Diablos, no. —North sacudió la cabeza con fuerza—. ¿Recuerdas que te
dije que tendríamos una nave para nosotros una vez que saliéramos de la
Academia? Bueno, esta es.

—Oh, North... —Mi corazón se sintió como si fuera a estallar pero aún había
algo que me molestaba—. Es maravilloso, pero ¿qué hay de tu sueño de ser
parte del Cuerpo Espacial? ¿Renunciaste a eso por mí?

—No había mucho a lo que renunciar —dijo North seriamente—. Los Cuerpos
no admiten oficiales mujeres y sabía que quería estar contigo. —Aclaró su
garganta—. Ellos tampoco ven amablemente a los reclutas que han lisiado
permanentemente a otro cadete.

Me llevé una mano a mi boca.

—¿Quieres decir Broward?

North asintió.

—Nunca volverá a caminar de nuevo sin una prótesis. Yo, uh, arruiné bastante
su rostro también. No es que fuera atractivo para empezar.
277

—Oh, North —susurré mientras una oleada de culpa se apoderaba de mí—. E


hiciste todo eso por mí. Si no hubieras...
Página
—Si no lo hubiese hecho él hubiera... hubiera... —North sacudió su cabeza—.
Cuando pienso en que podría haberte sucedido si Wilkenson no me hubiera
advertido que había visto a Broward furtivamente de nuevo en el campus...

—North... —susurré—. No lo hagas.

Entrecerró los ojos y su voz se convirtió en un gruñido.

—Sólo intento decir que no me arrepiento de nada de lo que le hice a Broward y


lo haría de nuevo en un minuto. Se merece todo lo que hice y más. —Me miró a
los ojos—. Haría cualquier cosa, arriesgaría todo para protegerte, Kris. Para
mantenerte segura, aquí conmigo. —Acarició mi cabello—. Me sentía de esa
forma incluso antes de saber que eras una chica. Lo sabes.

Sus palabras parecieron encender un fuego en algún lugar dentro de mí.

—Sí, lo sé —susurré, moviendo mi rostro sobre su amplio pecho. Quería


relajarme y simplemente disfrutar de estar en sus brazos, pero algo más me
molestaba en un rincón de mi mente.

—Tus padres, ¿qué dijeron acerca de todo esto? —pregunté, recordando lo


amables que habían el Sr. y la Sra. North durante mi estadía en su casa.

—Bueno, mi padre no estaba muy entusiasmado y ambos se sorprendieron


bastante cuando se enteraron de que eras una chica. —North sonrió—. Pero
creo que mi madre estaba mayormente feliz. Ella sabía que me gustabas, ya ves,
podía decir que había algo entre nosotros. Y el hecho de que seas una chica
quiere decir que tiene más posibilidades de conseguir nietos.

—Siempre podríamos haber adoptado si no lo fuera —señalé.

—Sí, lo sé. Pero entonces los bebés no tendrían tus grandes ojos marrones —se
burló de mí gentilmente.

La cabeza me daba vueltas, aún estaba teniendo un momento difícil creyendo


que estábamos casados por completo, y aún menos, hablando de tener bebés.
Eso es algo para pensar en el futuro, lejos en el futuro, me dije a mí misma.

—¿Así que piensas que tus padres me perdonarán? —pregunté, intentando


278

volver a mi pregunta original—. Quiero decir, realmente me agradaron. Odiaría


pensar que ellos me culpan por la pérdida de tu carrera.
Página

North enarcó una ceja hacia mí.


—¿Cuál pérdida? Sólo porque no esté usando un uniforme con el logo del
Cuerpo no quiere decir que no soy el capitán de una nave. ¿Qué piensas que es
esto? —Hizo un gesto con una mano hacia la nave a nuestro alrededor.

—Es bastante impresionante —dije, sonriéndole—. ¿Realmente vamos a ir por


todo el sistema?

—Y fuera de él también —me aseguró—. De hecho, una de nuestras paradas va


a ser cerca de donde la orquesta de tu hermano está tocando. ¿Quieres visitarlo
en una de sus actuaciones y sorprenderlo?

—Eso sería maravilloso. —Me sentí mareada de emoción ante la idea de ver a
Kristopher nuevamente. ¡Qué maravilloso encuentro y podría presentarle a
North!

North me sonrió.

—Pensé que eso te haría feliz.

—Más feliz de lo que puedas imaginar —dije, sonriendo—. Pero, ¿realmente


voy a ser la navegadora de Lakota?

—Absolutamente. Tan pronto como me gradué fui al sector privado y encontré


al dueño de una nave en busca de un capitán y un navegador. Le dije que
éramos un acuerdo en paquete, tuvo que tomarnos a ambos a la vez.

—¿Y estuvo de acuerdo? —pregunté sorprendida.

—Oh sí —asintió North—. Estaba encantado de tener dos graduados de la


Academia para dirigir su nave. Bueno, un graduado de la Academia y otro que
abandonó. —Me sonrió—. Pero le prometí que conseguirías tu licencia de
navegador durante nuestro primer viaje para hacer todo bien y legal. Así que
esa es la primera orden de negocios para ti.

—No, no lo es —murmuré, sacudiendo mi cabeza. De pronto estuve consiente


de cuan cerca estábamos. North aún me estaba sosteniendo en su regazo y no
parecía dispuesto a bajarme en un tiempo. No es que lo quisiera. Su esencia
picante llenaba mis sentidos y sus brazos a mí alrededor se sentían
increíblemente bien.
279

—¿No lo es? —North lucía confundido.


Página
—No. —Levantando mi mano, enredé mis dedos en su espeso y rubio cabello y
tiré de él hacia abajo—. Esto es.

Mientras nuestros labios se unieron en un beso, pensé en cuan afortunada era,


aunque casi había terminado en tragedia, mi apuesta había sido pagada. Tenía
la vida con la que siempre había soñada con el hombre que amaba. North y yo
viajaríamos a través del espacio juntos, compañeros iguales como habíamos
imaginado. Finalmente estábamos juntos sin secretos o mentiras entre nosotros
que nos mantuvieran separados y nada volvería a separarnos de nuevo.

Pero no importaba dónde la vida me llevara, o qué distantes y maravillosas


estrellas viera, sabía que nunca olvidaría el tiempo que pasé en la Academia.

Fin del Libro

280
Página
Sobre el Autor
Emmaline Andrews
Emmaline Andrews es el seudónimo para una autora muy conocida en el
romance adulto. Ella ha disfrutado de su primera incursión en el mundo del YA
y espera escribir muchos más libros YA en el futuro para los jóvenes lectores y
lectores que son jóvenes de corazón.

Emmaline vive en Florida con su hijo, su marido y su gato, con todos hombres,
lo que hace que se sienta completamente superada en número.
Afortunadamente, siempre puede escapar al mundo fantástico de su escritura,
donde es la Reina Dictadora del Mundo.

281
Página
Página 282

También podría gustarte