LITERATURA ARGENTINA I
TRABAJO FINAL
SANDRA AGÜ ERO – SILVANA TOBAL
Don Segundo Sombra es una novela argentina, del autor Ricardo Güiraldes, publicada en
1926, perteneciente a la literatura gauchesca; se caracteriza por recrear el lenguaje del
gaucho, contar su manera de vivir, sentir y pensar. Se destaca por su exquisita descripción
de los territorios argentinos, en la cual predominan las costumbres de la vida campesina, lo
cultural, y lo folclórico. Cabe mencionar es considerada un clásico de la literatura
argentina. Los gauchos son el centro de la prosa, los cuales son retratados desde un ideal.
Biografía del autor
Nació el 13 febrero de 1886 en Buenos Aires. Fue novelista y poeta argentino. Pertenecía
a una familia de aristocracia argentina. Su padre Manuel Güiraldes, un hombre de mucha
cultura y educación, llegó a ser intendente de Buenos Aires. Su madre, Dolores Goñi,
pertenecía a una de las ramas de la familia Ruiz de Arellano, fundadora de San Antonio
de Areco.
Al año de vida viajó con su familia a Europa, hasta los cuatro años de edad y aprendió
hablar francés y alemán.
Su niñez y vejez se repartieron entre Buenos Aires y San Antonio de Areco; lugar en el
cual se puso en contacto con la vida campestre, y luego narrará estas experiencias
vividas en Raucho y Don Segundo Sombra. Fue allí donde conoció a Segundo Ramírez,
un gaucho de raza, que lo inspiró a formar el personaje de Don Segundo Sombra. Falleció
el 8 de octubre de 1927.
Argumento
La historia transcurre en San Antonio de Areco, donde el protagonista Fabio Cáceres,
recuerda su niñez de ser un “guacho” criado por sus tías; a convertirse en un hombre con
valores. Podemos apreciar un cambio rotundo en su vida, gracias a la presencia de Don
Segundo Sombra que se convierte en el padrino de Fabio, en su juventud. El siguiente
trabajo tiene por finalidad hacer hincapié en la importancia de la figura de Don Segundo
Sombra en la vida Fabio Cáceres; el adolescente huérfano se ve inmerso en profundos
cambios, la madurez y el espíritu de aquel joven, se van transformando de la mano de el
gaucho.
La obra muestra de manera idealizada la vida del gaucho, la vida rural y los valores; como
la lealtad, la tolerancia, el honor, la sensatez que forman al individuo están presentes en
dicha historia, el gaucho idealizado Don Segundo Sombra acompaña y forma al
protagonista, en un gaucho.
La novela transcurre a principios del siglo XX en la llanura pampeana. Inicia y finaliza en
el pueblo de San Antonio de Areco, recorriendo en el medio de la historia, otras zonas de
la pampa.
El pueblo estaba formado por cuarenta manzanas. En el centro se encontraba la plaza, y
a diez cuadras, el puente viejo tendía su arco sobre el río Areco, que unía las quintas
(donde se encontraba el cementerio) al campo tranquilo; y al atardecer, el barro de sus
orillas y las barrancas se volvían color violeta. Las toscas costeras exhalaban como un
resplandor de metal. Las aguas del río se hacían frías a los ojos, y los reflejos de las
cosas en la superficie serenada, tenían más color que las cosas mismas. El cielo se
alejaba, mudándose los tintes áureos de las nubes en rojos y los rojos en pardos. Sus
casas eran chatas y estaban divididas monótonamente por calles trazadas a escuadra,
siempre paralelas o perpendiculares entre sí.
En el pueblo se encontraban: la Comisaría, la Tienda, el Correo, la Iglesia, el Hotel, el
almacén, la peluquería, el prostíbulo, y la pulpería “La blanqueada”.
Cuando recientemente había habido aguaceros, las calles quedaban anegadas y había
que transitarlas cuidadosamente para no quedar sumidos en el barro.
Las grandes estancias eran casas pomposas y contaban con mayordomos y empleados.
Las paredes podrían estar empapeladas y las habitaciones llenas de muebles serios.
El agua generalmente se obtenía de pozos; la iluminación era dada por lámparas de
aceite o de kerosene.
En la zona se podían encontrar árboles como el ombú (característico de la pampa),
paraísos, álamos (elemento simbólico propio de la literatura clásica), sauces, eucaliptos y
árboles frutales; también malezas, cultivos de alfalfa, maíz, etc. Entre la vegetación de la
zona menciona también a la cinacina espinillos y tunas.
Los medios de transporte habituales eran el sulky, la carreta y el caballo. También llegaba
el tren por la madrugada con fines comerciales.
Los habitantes de la zona eran estancieros, molineros; comerciantes, pero la mayoría
vivía principalmente de la ganadería: reseros; domadores (trabajo brutal, lleno de
sutilezas y mañas); peones de estancia (mensuales) quienes, llegado el domingo,
preparaban su ida al pueblo para ver a sus novias o a sus familias, para volver el lunes
por la madrugada; quedando algunos en el rancho haciendo sebo, entreteniéndose con
algún juego (partida de bochas, truco, etc.
Otras formas de diversión eran las carreras de caballos, las riñas de gallos, las ferias y
bailes.
Estos trabajadores generalmente vestían chiripá, blusa, alpargatas o botas de potro,
poncho, tiradores, rastras y sabían andar armados con facones, cuchillitos y cuchillas, ya
sea para ser utilizados en su labor diaria (cuerear, cortar correas de cuero, etc.),
alimentarse, o enfrentarse con algún retador.
Las bebidas alcohólicas más frecuentes que se consumían eran caña, caña de durazno,
ginebra, Carabanchel, vino y sangría; y las comidas podían ser mazacote, carne a la
parrilla (churrascos), dulces (pasteles), chorizos, “ropa vieja”, entre otras cosas.
Acostumbraban a tomar mate amargo o dulce durante largas horas junto al fogón.
Durante uno de sus tantos viajes el protagonista recorre las costas del Mar Argentino.
Al cruzar los médanos de pura arena, que el viento en poco tiempo cambia de lugar
arreando montículos, que son a veces verdaderos cerros por la altura, lograban llegar al
mar.
En el cangrejal, que era grande, el barro negro que rodeaba las aguas parecía como
picado de viruelas. Miles de agujeritos se apretaban en manada unos contra otros. Unos
pocos cangrejos pasaban de perfil: eran de diversos tamaños, chatos y patones que se
paseaban ladeados rápidamente en una actitud compadrona y cómica.
En el ancho de una legua, entre tierra y mar, toda la costa era así: una majada monótona
de lomos bayos, tersos y sin quebraduras. La arena mojada en la orillita se encontraba
dura como una tabla, y el mar hacia un ruido sorprendente.
De la narración folklórica a la novela de aprendizaje
Dentro de la narrativa de Ricardo Güiraldes y, en concreto, en su Don
Segundo Sombra, hay un elemento especialmente significativo: los relatos interiores. El
autor intercala en el curso de la novela una pequeña narración, normalmente en forma de
cuento o fábula popular de temas mágicos y otras veces de una simple anécdota o
incidente puntual, como la pesadilla de Sixto en que pugna con el diablo para que no se
lleve el hijo.
De todos modos, lejos de resultar dos cuentecillos adosados a la trama de la novela, su
inclusión está más que justificada, de manera que no son piezas ornamentales sino más
bien "constructivas" en el conjunto de la obra. Para probar tal afirmación quizás fueran
convenientes unas breves observaciones sobre el "andamiaje" de la obra.
Su descripción del narrador viene "pintiparada" para Don Segundo Sombra: el narrador
no inventa, toma lo que sabe de la experiencia -de la propia o de la que le han relatado -,
de modo que narrar es "la facultad de intercambiar experiencias":
"Una virtud de mi protector me fue revelada en las tranquilas pláticas de fogón. D.
Segundo era un admirable contador de cuentos, y su fama de narrador daba
nuevos prestigios a su admirada figura. Sus relatos introducían un cambio radical en mi
vida.
Seguía yo de día siendo paisanito corajudo y levantisco, sin temores ante los riesgos del
trabajo; pero la noche se poblaba para mí de figuras extrañas y una luz mala, una sombra
o un grito me traían a la imaginación escenas de embrujaos por magias negras o magias
blancas (Cap. X, pág. 147)"
Durante sus viajes recorriendo la pampa, observa distintas clases de aves: bandurrias,
ñandúes, teros reales, chajás, cabecitas negras, patos, gaviotas, chimangos, caranchos,
etc.
La descripción que hace de Don Segundo, coincide en un todo, con la foto que se
conserva del homónimo Ramírez. "El pecho era vasto, las coyunturas huesudas como las
de un potro, los pies cortos con un empeine a lo galleta, las manos gruesas y cuerudas
como cascarón de peludo. Su tez aindiada, sus ojos ligeramente levantados hacia las
sienes y pequeños. Para conversar mejor habíase echado atrás el chambergo de la
escasa, descubriendo un flequillo cortado como crin a la altura de las cejas".
A lo largo de la obra, la novela recoge las experiencias del autor en los pagos de San
Antonio de Areco. Sin embargo, el trabajo no aspira a tener un carácter realista o
presentador de costumbres, sino que, desde la perspectiva del narrador -el mocito Fabio
Cáceres- se propone desenvolver el desarrollo espiritual y físico de un adolescente que
madura y se va haciendo hombre a la vera de un gaucho cabal. Así, es Fabio el que tiene
a su cargo el relato en primera persona y quien va narrando a través del tiempo los
momentos de su infancia de huérfano en casa de sus tías, hasta la inesperada conversión
final en un hombre que es sorprendido por la no esperada herencia de una considerable
fortuna. El punto de partida es el inicio de esa morosa evocación, lo que lleva al libro a
confundirse con una suave nostalgia, a veces elegíaca y dolorosa, ante la pérdida de una
vida libre, cariñosa y feliz, al lado del taciturno Don Segundo. Los dos personajes
principales, el gaucho viejo, curtido y silencioso, y el joven peoncito que ve en Don
Segundo a "su padrino", constituyen una pareja que se desenvuelve ante nuestra mirada
en un tiempo ya transcurrido, desde la ciega admiración del muchacho que, a instancias
de su tutor, se va "haciendo duro". Don Segundo, mágicamente, se transforma ante el
lector en una visión viva, idealizada y mítica, como si perteneciera a un pretérito perdido
irrevocablemente.
El tiempo, en la novela, hacia el final, Fabio Cáceres recuerda los últimos tres años en
que de simple gaucho resero se transformó en patrón de los bienes insospechadamente
heredados. Se encuentra frente a una laguna y sospecha que se aproxima el momento
más triste de su vida, el del definitivo alejamiento de su "padrino". Cerca del agua
rememora el hilo de la síntesis de los tiempos anteriores...
"Está visto que en mi vida el agua es como un espejo en que desfilan las imágenes del
pasado. A orillas de un arroyo resumí antaño mi niñez. Dando de beber a mi caballo en la
picada de un río, revisé cinco años de andanzas gauchas. Por último, sentado sobre la
pequeña barranca de una laguna, en mis posesiones, consultaba mentalmente mi diario
de patrón".
Tales períodos a que se refiere Fabio pueden distribuirse y sintetizarse en el siguiente
esquema. En primer lugar, los recuerdos del huérfano de catorce años. Luego, los días de
aprendizaje de las tareas de arreo y de doma, con la ayuda de Don Segundo. Momentos
de la vida luchada en el campo bajo la vigilancia del que ha venido a ser su
amado padrastro. Y, por último, en la evocación, el desenlace de la separación definitiva.
El tiempo presente se une al pasado y el lector es sumido imperceptiblemente en la
nostalgia rememorativa. Con lo cual se acentúa el lirismo "elegíaco" que se alterna con
los momentos felices y despreocupados que resplandecen en el libro.
Fabio, Patroclo
Hay momentos en que Fabio evoca los singulares días de su infancia y va reconociendo
su transformación en gaucho; su indumentaria y la posesión de su caballo, son un
testimonio. La metamorfosis es atribuida a Don Segundo, que en el término de cinco años
ha hecho de él un hombre. Guiándolo en el conocimiento de las tareas rurales,
como resero, baquiano y domador. Pero el aprendizaje no se cierra en lo material. Se
amplifica moral y espiritualmente en la formación de un carácter y de una límpida
conducta hacia la vida. Alcanzándole "resistencia y entereza en la lucha", "fatalismo en
aceptar sin rezongos lo sucedido", "fuerza moral ante las aventuras sentimentales",
"desconfianza para con las mujeres y la bebida", la alerta y "la prudencia entre los
forasteros"...y "la fe en los amigos".
Así vemos como se superponen en un ensamble conmovedor la formación de un hombre
útil y de provecho y la conformación de una personalidad moralmente cabal. Y bien se ve
que esta conjunción prodigiosa no ha de trastabillar cuando Fabio, ineluctablemente atado
a los bienes que ha heredado, y ya habiendo resuelto ser un hombre cultivado, presiente
con desgarro que no logrará retener a su vera a su maestro, que, como lo sabe bien el
alumno, es "un espíritu anárquico y solitario".
La sociología de la literatura muestra -empero-, con todos los cuidados que se deben
tener, que en toda valoración de una obra literaria las ideologías, sociales, políticas y
económicas, no pueden dejar de alguna manera de estar presentes.
Estilo literario
La novela se caracteriza, por un lenguaje llano, cargado de un vocabulario propio
argentino. La novela está escrita en primera persona de manera autobiográfica, ya que
Güiraldes hace mención a la Estancia “La Porteña” lugar que pasó su adolescencia,
podemos apreciar también sus experiencias, vividas en la narración.
El vocabulario está cargado de palabras frecuentes en Argentina, y, sobre todo, en la vida
campesina de la provincia de Buenos Aires. Una buena edición de esta obra, como ya
mencionaremos y tal como acontece en gran parte de la literatura gauchesca, hace
indispensable un glosario. El brillo chispeante y pintoresco de los hombres de campo es
así uno de los atractivos que atrapan y dan verosimilitud al texto.
Pero a pesar de lo que acabamos de decir, la voz del poeta que fue Ricardo Güiraldes,
aquí y allá se hace escuchar con hallazgos de recursos literarios que matizan líricamente
las páginas. Veamos: “En la pampa las impresiones son rápidas, espasmódicas, para
luego borrarse en la amplitud del ambiente, sin dejar huella". Hay hallazgos relevantes en
ciertas comparaciones: “El sueño cayó sobre mí como una parva sobre un chingolo". En
alguna sinestesia: "Las aguas hiciéronse frías a mis ojos". Las comparaciones harto
expresivas en momentos conmovedores: “Me fui, como quien se desangra". Imágenes y
metáforas para el paisaje: “Una luz fresca chorreaba de oro el campo”. O.…:"En derredor,
los pastizales renacían en silencio, chispeantes de rocío."
Son frecuentes los argentinismos. “Para las casas"...O los diminutivos de uso harto
frecuente en nuestro medio urbano o rural: "al ratito", "no era sino un resplandorcito"...
De este modo confluyen en el autor su formación estrictamente literaria, que incursionó
primeramente en la poesía, y el tono gauchesco del hombre de estancia que ama las
cosas de su tierra. En su estilo están bien captadas todas las reticencias del paisano, en
ironías, en bromas, en pícaras sugerencias, en comparaciones que animizan seres y
cosas.
La obra es una pintura de nuestro campo; tal vez, del que fue y ya no es de este modo,
exactamente. El resero o trapero, aquí y en todas las grandes llanuras del planeta, ha sido
suplido por los transportes-jaulas mecanizados, tal como otrora el muy arcaico grado de
una sola reja tirado por bueyes, por un tractor. Y el transporte de la hacienda por
camiones y trenes. Las inclemencias del tiempo que azotaban a los animales y a los
jinetes en campo abierto, ya son cosa de la historia. El poncho amigo que defendía de los
temporales forma parte de un atuendo acaso decorativo.
Así como en "Martín Fierro" la amistad entre el sargento Cruz y el protagonista, es un
símbolo emblemático del culto a este compartido sentimiento argentino, al decir
de Borges, en "Don Segundo Sombra" el centro temático ha de ser el vínculo viril entre un
gaucho inteligente, serio, callado, y un muchacho "Gaucho" hambriento de paternidad...
Fabio Cáceres: el hijo no reconocido por su padre y abandonado al cuidado de "unas
tías".
Con esta obra se clausura de modo brillante, en el siglo XX, el ciclo de la literatura
gauchesca iniciado en el XIX. Facundo, de Sarmiento, tal vez la mejor prosa de este
último centenar de años o, por qué no, de toda la literatura argentina -tal es un parecer de
Borges- pintará el conflicto entre civilización y barbarie. En tanto que el Martín
Fierro diseñará la figura desdichada del gaucho del período posterior a Juan Manuel de
Rosas, perseguido, olvidado y con frecuencia tenido en menos. Conociendo
a Hernández y sus limitaciones, no puede dejar de apreciarse -como lúcidamente
descubriera Leopoldo Lugones - una obra genial en nuestro supremo poema gauchesco.
Estas grandes obras, las de Güiraldes, Sarmiento, Hernández, están tocadas por una
especial musa inspiradora.
El gaucho es el hombre del campo argentino, peón de estancia, callado. Era un jinete
extraordinario. A caballo daba y da una idea de independencia: la cabeza erguida, aire
resuelto, los rápidos movimientos de su bien diestro caballo, todo contribuye a dar la
imagen de la libertad. Conocedor de la pampa por la aguada, el pasto, el ave, el
viento. Es un habitante seminómada y con una autonomía personal considerable. Ama la
libertad y se aferra a ella; y la pampa es su aliada silenciosa. Solo él con el caballo podía
aventurarse a llevar tropillas de ganado a campo traviesa, por caminos intransitables,
hasta alcanzar las cabeceras del ferrocarril. Se identifica por su condición de hábil jinete y
por su vínculo con la proliferación de vacunos en la región y las actividades económicas y
culturales derivadas de ella, en especial el consumo de carne y la utilización del cuero.
Caracterizado por los siguientes valores: valentía, lealtad, hospitalidad (de allí que en
Argentina, la frase "hacer una gauchada" significa tener un gesto de hidalguía o una
buena actitud)
Su vestimenta un poncho - impermeable a la lluvia- (gran capa talar o capote tipo manta
con un tajo en el centro para pasar la cabeza), un facón (cuchillo de gran tamaño), un
rebenque o talero y pantalones amplios (pantalones tipo pijama) llamados calzoncillos,
sueltos abajo, que sostenidos con un cinturón con una faja de lana tejida y un ancho
cinturón de cuero adornado a veces con monedas (llamado tirador o rastra), quedan por
debajo del "chiripá" (lienzo atado a la cintura como un pañal, una de cuyas funciones era
proteger del frío) . El poncho, el chiripá y el mismo hábito de tomar mate, fueron tomados
del "indio"; también de ellos tomó el gaucho una de sus más singulares armas: la
boleadora. El sombrero del gaucho era o bien el "chambergo" (sombrero alar), o bien el
sombrero de panza de burro (un recorte circular de la panza de un burro que se ataba a
un poste y se dejaba secar adquiriendo entonces la forma apropiada); la guitarra y el
chambergo eran herencia de los conquistadores españoles. El gaucho solía montar con
las llamadas "botas de potro", que no tenían tacones y eran abiertas en las puntas, de
modo que los dedos de los pies quedaban descubiertos. Otro elemento típico de la
indumentaria del gaucho son sus cinturones, los más conspicuos son llamados rastras y
consisten en cinturones anchos de cuero blanco graneado, trabajado con alumbre.
También era hábil en el rodeo, que en esta época consistía en reunir al ganado en un
lugar para revisarlo, separar animales para la compra y la venta o vigilar su estado.
El terreno no poseía secretos para él. En una sola ojeada reconocía una huella, o seguía
un rumbo guiado por árboles o pastos. Se orientaba también por la posición de los astros
o algunas aguadas.
El gaucho es uno de los símbolos culturales más conocidos de Argentina. Los gauchos
eran en su mayoría mestizos. Su origen es el resultado de la mezcla de dos civilizaciones:
la europea y la de los nativos de lo que hoy en día es Argentina. Su vida comenzó en La
Pampa en el siglo XVIII.
El origen de su denominativo "gaucho" tiene muchas teorías. Sin embargo, la más
probable, es que la palabra haya surgido del quichua y mapuche “huacho”, que significa
huérfano.
Los gauchos se caracterizaron por haber desarrollado una increíble habilidad para
dominar el caballo (los cuales atrapaban del ganado salvaje), como así también las
boleadoras (tres piedras ligadas por una cuerda que, al lanzarse, se enredan en las patas
de las reses), el cuchillo, el lazo y las técnicas adecuadas para la salazón de la mejor
carne.
El gaucho tiene sólidos principios. Es una persona de gran respeto y fiel a sus palabras,
también conocido por su solidaridad y favores (gauchadas). Tiene algo que es propio de
los seres de excepción: un estilo para moverse que implica estética, educación y respeto.
Siente el orgullo de ser quien es.
Hoy en día los actuales gauchos desempeñan actividades en las estancias o campos, no
solo en la llanura pampeana, sino también en la Mesopotamia y noreste. Visten
bombachas, sombrero o boina, pañuelo al cuello y facón afilado al cinto.
El día Nacional del Gaucho se festeja el 6 de diciembre. Debido a que en esa fecha en
1872 apareció la primera edición de la obra: El gaucho Martín Fierro.
Movimiento literario
Don Segundo Sombra es una novela que pertenece al modernismo, la cual surgió en
Hispanoamérica hacia 1890- 1920. Su principal objetivo estético fue la búsqueda de la
belleza como medio para huir de la realidad cotidiana, intentan mostrar su desacuerdo
con el materialismo de la sociedad burguesa.
El género predominante es el costumbrismo, en estos cuadros de costumbres el narrador
es espectador, observador o conversador, cualidades que lo habilitan para conocer a los
habitantes de la narración.
Está revolución estética se inició en la Argentina en 1893, año en que llega a Buenos
Aires el nicaguarense Rubén Darío. Se considera a dicho autor como el padre del
modernismo, el primer gran poeta exquisito de nuestro idioma.
La tendencia modernista expresó una voluntad de cambio y disconformidad con lo
español.
Don Segundo Sombra
Este personaje es un hombre real, que trabajó como resero en la familia de Güiraldes, de
nombre Segundo Ramírez. En la obra podemos apreciar una descripción de dicho
personaje. “El pecho era vasto, las coyunturas huesudas como las de un potro, los pies
cortos como un empeine a lo galleta, las manos gruesas y cuerudas como cascarón de
peludo. Su tez aindiada, sus ojos ligeramente levantados hacia las sienes y pequeños.
Para conversar mejor habíase echado atrás el chambergo de la escasa, descubriendo un
flequillo cortado como crin a la altura de las cejas”.
Don Segundo Sombra era, además, un hombre paciente y práctico, ya que sabía todos
los recursos del oficio de domador. Era un admirable contador de cuentos, los cuales
narraba con tal entusiasmo y esmero que lograba que los oyentes quedaran admirados al
escucharlo.
En todos los pagos que visitaba tenía amigos que lo querían y respetaban, aunque poco
tiempo paraba en cada lugar. Su ascendiente sobre los paisanos era tal que una palabra
suya podía arreglar el asunto más embrollado. Su popularidad, empero, lejos de servirle,
parecía fatigarlo después de un tiempo. Como acción amaba sobre todo el andar
perpetuo; como conversación, el soliloquio.
Es un gaucho pobre, un hombre de pueblo con su sabiduría callada e infinita, su dignidad
sin alarde, su voluntad de ser libre. Su indumentaria era de gaucho pobre. Un simple
chanchero rodeaba su cintura. La blusa corta se levantaba un poco sobre un cabo de
hueso del que pendía el rebenque tosco y ennegrecido por el uso. El chiripá era largo y
llevaba un simple pañuelo negro que se anudaba en torno a su cuello con las puntas
divididas sobre el hombro. Las alpargatas tenían sobre el empeine un tajo para contener
el pie carnudo.
Fabio Cáceres idealiza a Don Segundo, siente una admiración incondicional, desde el
primer encuentro lo describe como un fantasma, una sombra, es la significación que el
autor remarca, de dicho gaucho, la importancia y el color que toma a lo largo de la novela,
produciendo un cambio en la vida de Fabio.
Desde el primer encuentro Fabio lo pinta como un fantasma o "sombra" huidiza. "Me
pareció haber visto un fantasma, una sombra, algo que pasa y es más una idea que un
ser..." Esa admiración incondicional del primer encuentro se acentuará cuando la vida de
Fabio comience a transitar junto a la del gaucho.
El apellido de Don Segundo da una clave para ubicarlo en la mente de Fabio. Y también
en la de Ricardo Guiraldes. Estamos ante un gaucho idealizado, suma de todas las
virtudes del hombre rural en su "esencialidad". Aunque debemos señalar que los críticos
literarios de la izquierda argentina, no vacilarán en decir, con dictámenes sociológicos
dignos de análisis, que Don Segundo es la visión nostálgica y elegíaca de los hacendados
oligárquicos, separados, tanto en la realidad, como en la literatura gauchesca, de un
personaje combativo, luchador, reivindicativo, comoMartín Fierro. Ante la obra santificada
por Lugones, el mismo Borges ha sostenido, siempre, una actitud de significación
personal ambivalente. Desde no considerar al poema como la máxima obra nacional,
hasta la sentencia irónica de su paradoja de que, al fin de cuentas, Fierro es un gaucho
desertor y "homicida".
Un aporte merecedor de estima en el orden de estas polémicas ideológicas, es
suministrado por Ernesto Sábato. Dice, en relación con la crítica marxista: "Un crítico de
izquierda, que pretende utilizar a Marx como maestro, sostiene que el Don Segundo
Sombra de Güiraldes no existe, que es apenas la visión que un estanciero tiene del
antiguo gaucho de la provincia de Buenos Aires; lo que es más o menos como acusar
a Homero de falsificador, porque exhaustivos registros llevados a cabo en las montañas
calabresas y sicilianas no han dado con un solo cíclope ".
Fabio Cáceres
Recuerda su niñez, abandonado por sus padres, bajo la crianza de sus tías, decide
escaparse e ir en busca de Don Segundo. La ausencia de la figura paterna es
reemplazada, por este gaucho, que no solo le enseña las tareas rurales, sino le transmite
valores, es decir le da una formación en cuanto a su conducta.
En las primeras líneas de la novela, se define como guacho, huérfano, es una ausencia,
tan grande, que podemos relacionarla con la identidad, un padre, una figura, porque tener
un padre es ser reconocido, tanto emocionalmente como moralmente, es la búsqueda la
de guacho a gaucho, una alegoría nacional.
De niño es encomendado a sus tías por su mamá, ya que en la ciudad podría asistir al
colegio. Éstas luego de un tiempo dejan de enviarlo y comienzan a utilizarlo de
mandadero y a maltratarlo. Mientras realiza estas tareas conoce a muchos personajes del
pueblo ocultando su identidad para no ser enviado nuevamente con sus tías. Además, se
topa con Don Segundo Sombra en quien encuentra un modelo a seguir, por ir tras él
escapa de la casa de sus tías y pide empleo en la hacienda de Galván. Allí se
reencuentra con Su Padrino, y emprende el viaje como arriero, donde aprende todo lo
necesario para ser un buen gaucho y convertirse en hombre.
A partir de este momento, no se separará de su padrino, viviendo junto a él, las clásicas
experiencias de la vida del campo: asistir a bailes, pulperías, llevar una vida nómade, sin
trabajo fijo y conocer a chinas que cautiven su corazón.
Conclusión
Don Segundo Sombra nos enseña una historia, pero no cualquier historia, sino la de un
guacho angustiado, lleno de preguntas, de miedo, abandonado, juzgado, que quería huir
de su presente, y se encuentra con un increíble futuro, lleno de cariño, lealtad, de
valentía, se convierte en un resero, en un gaucho, gracias a figura del fantasma, aquel
hombre sencillo pero lleno de valores, de un gran corazón, que acompañó y guió a Fabio,
Don Segundo Sombra.