Temas 5
Temas 5
LA CASA VERDE
Alejandro Paternain: PRESENTACION DE PIERRE
EMMANUEL — Héctor J. Apezechea: EN TORNO
A LA SOCIOLOGIA DEL PODER — Graciela
Mántaras Loedel: EL MUNDO DE UN FRON
TERIZO — Jesús C. Guiral: LO EROTICO
Y LO PORNOGRAFICO — Jorge Sclavo: UN
CUENTO DE MUERTES — Milton
Schinca: ELLOS Y SUS MENTES SELLADAS
Encuesta
EROTISMO, PORNOGRAFIA, CENSURA
Contestan: C. Martínez Carril - Gabriel Saad
Esteban Otero - Claudio Trobo - Clara Silva
Carlos Martínez Moreno
SEIS POETAS JOVENES DEL PERU
presentados por José Miguel Oviedo
Representantes en Uruguay
P R E C I O S : Uruguay, $ 20.00 - Argentina, 100.00 - Otros Países: U$S 4.00 un año (4 números)
Moral y Política
El proceso a los escritores soviéticos André Siniavsky y Yuli
Daniel culminó con la condena de ambos a siete y cinco años de
trabajos forzados, respectivam ente. Ya ha corrido mucha tinta des
de que esta inicua sentencia fuera promulgada. Pero es un deber
para todos los intelectuales p ro testar con vehemencia ante esta
nueva agresión contra la libertad de pensamiento. Y meditar sobre
su significación profunda. Porque esa condena replantea, con la dra-
maticidad del caso, el problem a de las relaciones entre el intelectual
y el Estado y, de m anera m uy particular, entre los intelectuales
y la ideología m arxista.
La Casa Verde
“Ce lieu de perdition projetait un éclat fantastique. On le désignait
par des périphrases: “L'endroit que vous savez, — une certainte rue — ,
au bas des Ponts”. Les ferm ières des alentours en tremblaient pour
leurs maris, les bourgeoises le redoutaient pour feurs hommes, parce
que la cuisinière de M. le sous-préfet y avait été surprise; et c’était,
bien entendue, l’obsession secrète de tous les adolescents”.
Gustave FLAUBERT
Fue así que nació la Casa Verde. Su vencido el forastero?, se preguntaban los
edificación demoró muchas semanas; los vecinos. Pero transcurrían los días y, sin
tablones, las vigas y los adobes debían ser dejarse abatir por los percances ni conta
arrastrados desde el otro límite de la ciu giar por el pesimismo de conocidos y de
dad y las muías alquiladas por don An amigos, don Anselmo seguía desplegando
selmo avanzaban lastimosamente por el una asombrosa actividad. Dirigía los tra
arenal. El trabajo se iniciaba en las ma bajos semidesnudo, la maleza de vellos de
ñanas, al cesar la lluvia seca, y terminaba su pecho húmeda de sudor, la boca llena
al arreciar el viento. En la tarde, en la no de euforia. Distribuía cañazo y chicha a
che, el desierto englutía los cimientos y en los peones y él mismo acarreaba adobes,
terraba las paredes, las iguanas roían las clavaba vigas, iba y venía por la ciudad
maderas, los gallinazos armaban sus nidos azuzando a las muías. Y un día los piu-
en la incipiente construcción y, cada ma ranos admitieron que don Anselmo ven
ñana, había que rehacer lo empezado, co cería, al divisar al otro lado del río, fren
rregir los planos, reponer los materiales, te a la ciudad, como un emisario de ella
en un combate sordo que fue subyugando en el umbral del desierto, un sólido, invic
a la ciudad. ¿En qué momento se dará por to esqueleto de madera y de tierra cocida.
A partir de entonces, el trabajo fue rá
MARIO VARGAS LLO SA nació en A re pido. Las gentes de Castilla y de las ran
quipa, Perú, en 1936. Con Los Jefes, rela cherías del Camal, venían todas las ma
tos, ganó el Premio Leopoldo Alas en Es ñanas a presenciar las labores, daban con
paña, 1958. Pero su fama como gran nove sejos y, a veces, espontáneamente, echaban
lista comenzó al obtener el Premio Biblio una mano a los peones. Don Anselmo ofre
teca Breve en 1962 y el de la Crítica en cía de beber a todo el mundo. Los últimos
1963 con su novela La Ciudad y los Pe días, una atmósfera de feria popular rei
rros, traducida después a numerosos idio naba en torno a la obra: chicheras, fru
mas. La Casa Verde, su segunda gran no teras, vendedores de quesos, dulces y re
vela, de la que anticipamos este capítulo, frescos, acudían a ofrecer su mercancía a
aparecerá en breve en las ediciones Seix trabajadores y curiosos. Los hacendados
Banal, de Barcelona. hacían un alto al pasar por allí y, desde
r
Distribuidores:
LIBRERIA-EDITORIAL ALFA
Ciudadela 1389 — Tell. 98 12 44
MONTEVIDEO
Alejandro Paternain
El mundo de un fronterizo
Penetrar en el mundo narrativo de AR de un hombre por quien cree haber sido
MONIA SOMERS es una tarea ardua, des violada en la niñez.
lumbrante y dolorosa. Desde la primera Situaciones, sentimientos y procedimien
obra que le conocemos (se inició en la tos narativos son también recurrentes: la
literatura en 1951 con una novela “La m u especial sensibilidad para detectar olores y
jer desnuda”, de la que sólo poseemos colores; la visión obsesiva del sexo a través
referencias), “EL DERRUMBAMIENTO”, de la virginidad, la violación, la maternidad
cinco cuentos aparecidos en 1953, hasta la y el aborto; el deseo y/o la realización del
novela que hoy publica ARCA, (De miedo derrumbe de techos y cielos; la animización
en miedo, Montevideo, 1965), ese mundo se de lo inanimado y viceversa; la consustan-
ha hecho cada vez más cerrado en sí mis ciación de los seres con su atmósfera; la
mo, más riguroso y autosuficiente. En los obsesión de los pasajes o escondites estre
primeros cuentos lo fantástico se dejaba chos como túneles; y finalmente el miedo,
penetrar por lo real sin demasiada resis la locura y la muerte creando ese clima
tencia, el lector accedía más fácilmente a pesadillesco que la misma autora caracte
las claves simbólicas (y esto no obstante riza en el “Réquiem por Goyo Ribera”;
el estupor e incluso el escándalo que pro “Todo era irreal, nebuloso, inasible... co
vocó el volumen). A diez años de distancia mo en las pesadillas”. Este es también el
los relatos de “LA CALLE DEL VIENTO clima de “De miedo en miedo” y aún acen
NORTE” (ed. Arca, 1963), persisten en la tuado, tal vez por la extensión del relato
presentación de seres semejantes, de claves en el que no se da al lector un sólo des
parecidas, pero que se ordenan en un te canso.
rreno más decididamente propio. La novela La joven de “El hombre del túnel” ha
que aparece ahora, “DE MIEDO EN MIE bía aprendido a no confiar a intermedia
DO”, retoma los mismos elementos. Los per rios su mensaje (“Todo era capaz de quedar
sonajes de Armonía Somers son siempre injuriado en el trayecto por el puerto que
grandes solitarios, hipersensibles, desaloja ellos me tendían”), pero buscando a su ver
dos del mundo real, habitantes de una re dadero destinatario, una creación de su
gión de fantasía que se construyen y en la fantasía, había encontrado la muerte. El
que se refugian hasta la locura o la protagonista de la novela tiene de antiguo
muerte. Así el Goyo Ribera de “Réquiem esa sabiduría, y ese conocerse a sí mismo
por Goyo Ribera” y Martin Boggard, el ami- como distinto y singular, tal vez desde
' go que durante su entierro busca recons aquel día de la niñez en que sus amigos
truir la comunidad de sus historias; así el descubrieron que “tiene poderes mágicos”.
protagonista de “El despojo” a través de Habita un mundo propio, diferente, “otra
sus tres experiencias de sexo, soledad, amor ciudad sin luna debajo de esta”; en verdad
y muerte; o los cuatro hermanos de “La habita los dos mundos, porque la peripecia
puerta violentada” que enloquecen y mue que narra la novela es justamente el pro
ren sucesivamente; o el Alejo Lebretón de gresivo desasimiento de lo real y la consi
“La calle del viento norte” cuya manía guiente inmersión en la locura del prota
consiste en impedir la entrada del viento gonista. Es, en rigor, un “fronterizo” en la
al pasaje en que habita, y quien lo mata, acepción del término que ilustraron Quiroga
obsesionado por el terror de enloquecer a y Martínez Estrada. La autora se ocupa úni
su vez; o la joven de “El hombre del túnel” camente de ilustrar ese proceso y se vale
que muere tratando de alcanzar la sombra de elementos mínimos. No trata de mostrar
una época, o una sociedad, o de determi nos empezó a fanatizar, a impedir el curso
nados caracteres humanos en conflicto: se adelante de la vida”, esta mujer que cuan
ocupa del tránsito de una conciencia hacia do él pregunta por el sentido de la vida
la locura (o, tal vez, la superior cordura). “me respondió dejándome como siempre
Pero la narración en primera persona colgado de mí mismo”, se constituye al
hace que esta sea una conciencia que se cabo, en la gran curiosidad del lector.
muestra a sí misma, y para lograrlo en ¿Es un producto de la imaginación del
toda su profundidad, no sólo es necesario hombre solitario y atormentado, o tal vez
confrontarla con el mundo real (recurso existe pero ha logrado tal poder de fascina
frecuente pero al cual la autora no confía ción sobre el protagonista, que éste, en los
las revelaciones mayores) sino ponerla en momentos en que no tiene su presencia, la
contacto con una semejante. Así surge la imagina para continuar el diálogo? A lo
mujer en la librería donde el protagonista largo del relato se oscila entre ambas in
trabaja, y apenas en un momento: “Ya h a terpretaciones, no obstante la primera pa
bía tenido lugar lo principal, que ella y yo rece más verosímil. A poco del primer en
nos hubiéramos vivido en una especie de cuentro el hombre reflexiona: “Vine a saber
posesión secreta”. Desde este momento, en que la desconocida no existía”. Y luego:
los encuentros sucesivos con la desconocida, “Tuve por unos segundos la sensación de
se oficiará la revelación del personaje. La que ella no había estado nunca... si no
mujer no llega a alcanzar esta dimensión, era que se la acababa de absorber el aire.
es usada por la autora como catalizador de Pero la rescaté al verla incorporarse con
la conciencia masculina. Y él mismo confe una vaguedad de puntos suspensivos”...
sará una vez: “Tú y tus pequeñas cosas son Más adelante el hombre, su esposa y su
como mis vacaciones. Hablo contigo y duro hijo, realizan un viaje en automóvil; du
unos días más. Es esa la verdad, te utilizo rante todo el trayecto se alternan los diá
para durar”, y Luego: “Porque yo era como logos reales con la esposa, y los imaginados
un ciego que oía ruidos, y ahora van sa con la otra mujer. Es este el momento cul
liendo las formas”. El lector es, también, minante del proceso de enajenación, cuan
esa especie de ciego: el arte de Armonía do la ruptura con lo real (ya instaurada
Somers consiste en provocarnos para que en la intimidad del personaje, es percibida
logremos esa revelación de las formas. por las criaturas terrenas. “Estamos ya en
Los diálogos con la mujer desencadenan la casa —se oyó decir a mi mujer—. La
un torrente de recuerdos que en raccontos miré desde el más allá como el pájaro en
y monólogos interiores, hacen desfilar mul la niebla. Ella relumbró fugazmente bajo
titud de fragmentos de la niñez y adoles la intuición de mi distancia, apretó a la
cencia. Es uno de los mecanismos funda criatura contra su pecho y descendió sola”.
mentales de la narración a la vez que una Y acá se instala el verdadero conflicto:
constante psicológica del personaje. Uno de la ruptura con el mundo y cierta dosis de
estos momentos (p. 16-17) pretexta la mis soledad son soportables y compatibles con
ma técnica aplicada brillantemente en el ciertos grados de convivencia social mien
final del cuento “Muerte por alacrán”, y tras sean un patrimonio escondido; pero
consistente en mostrar los hechos a tra cuando lo real se percata de la ruptura,
vés de imágenes fijas y numeradas que se acosa al desdichado obligándolo a la elec
suceden cronológicamente. Pero esta mu ción de todo o nada. “Entonces yo empecé
jer “de oficio devorador”, con quien el a temblar ante aquella figura de dos cabe
hombre va descubriendo su identidad hasta zas con el mismo color de pelo, el mismo
hablar de “nuestro mundo compartido”, que espejo de alma, abandonándome. Ella era
se transforma en una atadura para él: “en capaz de hacerlo de verdad... un día.
contrarla comenzó a constituir un vicio se Vislumbré lo que acababa de desear con
creto, una especie de necesidad de droga”... cedido así, sin necesidad de escapatorias
“Me acostumbré a mostrarle las entrañas, subterráneas. Pero el miedo hacia una rea
y su desesperación por encontrar símbolos lidad que pudiera ocurrir era más grande
que mi valor para recibirla de igual a igual, Después viene la búsqueda afanosa de la
me golpeaba en la cara con sus aguas re desconocida cuyo rastro ha perdido y un
vueltas dejándome ciego”. nuevo miedo: “de que ella viniese”. Hasta
Corre hacia la esposa para retroceder que: “¡Suelten, suelten —me oí gritar aún
enseguida a continuar el diálogo con la con lo que me restaba de mis sentidos—
mujer que comienza a ser identificada con Esto no lo verán, esto se vive solo!”.
“el ángel que ha bajado a lamer la llaga Las cuatro páginas finales que constitu
del vivir”. Pero no obtiene respuesta. Se yen el “último de los manuscritos del río”,
instala en lo real por un lapso provisorio son la instalación definitiva en la locura,
hasta que la mujer reaparece para descu el “parto del dolor de haber nacido”, la
brirle sus verdades finales: “Lo tuyo no era comprobación del tránsito “desde la vida
odio sino piedad^ una piedad sin remedio... equivocada hasta la siempre segura muerte,
lo tuyo es con dolor, los amas desde el con este miedo tan atroz de sabernos per
odio”. Y él se aleja con los brazos cruzados didos”.
hacia atrás “molesto de que me viese par Llegados al final, pensamientos, emocio
tir así, como vencido por su espada”. Fi- nes, recuerdos, se clarifican y ordenan;
nalmentee ella le obliga a desnudarse por pero en una claridad y un orden propios,
entero” porque no puedo ayudarte, debo incanjeables, de los que podremos partici
irme, dejar que lo intentes solo”. Y él con par en la medida en que nos dispongamos
fiesa: “Es que yo vivo así, de miedo en a bandonar la lógica de nuestro mundo co
miedo... mi miedo es mi raíz y mi copa, tidiano. Porque el arte es, como proclamaba
mi principio y mi desenlace, algo de lo que Torres García, “Transfigurar la realidad a
jamás podría liberarme”. fin de entrar en el Orden”.
Jesús C. Guiral
Lo erótico y lo pornográfico
1 Delimitación temática y (c) únicamente reencuentra su senti
do referido a una sociedad dada.
Con frecuencia se presentan estos con Por eso no valoramos los calificativos
ceptos conectados a aspectos particulares “erótico” o “pornográfico” en su aspecto
colindantes. Pornografía y Literatura, Ero subjetivo. Trobo señala con justeza en su
tismo y Sexo, Moral y pornografía, La Mu respuesta el relativismo histórico de la
jer y el Erotism o... Y así “ad infinitum ”. apreciación: esto es pornográfico. A nadie
Si sucumbiera a la tentación de enfrentar se le oculta que “las perversiones sexuales,
al lector con una bibliografía al respecto, cuya mención hubiera puesto a un libro en
ambos nos sentiríamos separados, distan entredicho cincuenta años atrás, son mo
tes, perdidos uno del otro. neda corriente gracias a la difusión de tan
En cuanto sea posible deseo, ante todo, tas versiones aguadas del psicoanálisis; po
desindividualizar el tema. No me interesa co le queda a la pornografía, fuera de des
rá —excepto como ejemplo ocasional— la cribir las actividades de unos cuantos sis
referencia molecular. Por el contrario, in temas individuales de órganos genitales”
tentaré aquí una expresión molar de las (1). Aquí nos fijamos en lo erótico (y, por
proyecciones de lo erótico y lo pornográfi las razones que daremos en seguida, prin
co en el grupo humano como tal. cipalmente en lo pornográfico) como un
Es preciso para ello huir —como bien in fenómeno social dado y que, en sí y por
sinúa E. Otero en la encuesta que sigue— sí, tiene una esencialidad peculiar.
de la pretensión de solucionarlo todo por
medio del diccionario. Fijar la “definición”
2 Caracterizantes
básica de lo erótico y lo pornográfico esca
pa al enclaustramiento académico que, en
este caso, no irá más allá de un aséptico No significa lo anterior una evasión pre
“perteneciente a relativo a”. Porque, gra meditada. Más bien es una precisión equi
maticalmente, Erótico y Pornográfico no tativa. La fuerza — avalancha del tema es
son más que adjetivos. Pero lo erótico y lo difícil de detectar. En el siglo XX sólo en
pornográfico expresan, para nosotros, algo frentados a unos cuantos números nos per
más: configuran un ámbito. Esto es, deli suadimos del poder de algo. En los EE. UU.
mitan algo que: de N. A. se gastaron (año 1962) doce mil
millones de dólares en publicidad. Si aña
(a) trasciende las fronteras de Erotis dimos a ésto que el promedio de anuncios
mo y Pornografía en sí; que un habitante de ese país vio por día
(b) escapa a una estricta definición durante aquel año resultó ser de mil seis
única (pero no a una ajustadísima “apro cientos y que uno de los principales temas
ximación”, “acercamiento” o “entorno” so vendedores fue el aspecto erótico de los
cial; “advertisements”, obtendremos algo para
m ed iar (2).
JESUS C. GUIRAL es profesor de filoso El camino claro para la aproximación a
fía y novelista. Estudió en Irlanda e In lo erótico no lo puede constituir tal o cual
glaterra, donde residió varios años. Publi definición. Tampoco sus matices de sujeto-
có, en 1964, su novela Los Altos Muros
(Premio Alfa) y después ha colaborado con (1) Véase Rolph, C. H.: “Encuesta sobre la por
material narrativo en los diarios EPOCA y nografía”. Seix Barral. Barcelona, 1965. Pág. 69
(Opina Geoffrey Gorer).
LA MAÑANA. Este año aparecerá una nue
(2) "The Mammoth MIRROR", Time, Oct. 12,
va novela suya de ambiente sudamericano. 1962, págs. 55-59.
objeto de estudio. El único camino en En cuanto al caracterizante 39) justo es
cuanto hecho social que se da lo constituye dedicarle —dentro de la esquematización
el aislamiento de los caracterizantes im que me propongo— unas líneas más. Para
prescindibles, mínimos, de su ámbito. que aparezca lo pornográfico —apunta
El ámbito de lo erótico está delimitado por: con lucidez G. Saad— es necesario que la
I?; su condición de excitador sexual capacidad imaginativa de los individuos in
mediante cualquier tipo de sensación (ol mersos en una civilización-tipo esté an
fativa, táctil, visual, kinestésica, auditiva, quilosada. Lo erótico es —fundamental
etc.); mente— insinuación, estímulo necesario,
2?) una influencia liminar de estímulo por su propio carácter de surgencia es
sexual en los sujetos, de tal manera que pontánea. Pero si la capacidad de la masa
las respuestas de éstos quedan libradas en está embotada, si a través de excesivas
teramente a sus propias capacidades ima dosis de estimulación erótica indirecta se
ginativas o sentimentales; ha llegado a una especie de bloqueo peri
39) su aparición en cualquier tipo de férico masivo, de somnolencia colectiva
sociedad, ya sea a través de expresiones donde la respuesta no surge espontánea
pictóricas, escultóricas, literarias, musica mente, entonces sólo entonces— nace el
les, etc., ya sea a través de la llamada fenómeno que llamamos proliferación de lo
"obscenidad verbal”. pornográfico. Reiteramos que no discutimos
Pongo especial énfasis en este tercer la feliz o infeliz aplicación del término a
caracterizante, ya que aun en sociedades de tal caso concreto (esta película, este libro,
las que se catalogan como primitivas lo esta foto) sino que intentamos dilucidar
erótico aparece espontáneamente. (3) Lo una circunscripción o ámbito en sus carac
que no es extraño. Porque al tener lo eró terísticas propias.
tico su base en cualquier tipo de sensa La gradación de lo pornográfico, lo que
ción, su darse naturalmente en un grupo encaja en los caracterizantes mínimos ya
humano es inevitable, irrestringible y tan indicados, no admite mucha variedad, en
necesario a la supervivencia comunitaria realidad: Heterosexualismo (con todos las
como las sensaciones mismas. posibles, limitadas variantes), Homosexua
En contraposición, el ámbito de lo porno lismo (ídem.), Bestialismo... ¿Y después?
gráfico queda circunscrito en sí mismo: La angustia del después la expresa el Dr.
19) a su carácter de imágenes directas Gebhard —sucesor del famoso Kinsey— en
(esto es, de estricta visualización) del acto “¿Qué haremos después que hayamos mos
sexual, sus prolegómenos o post- efectos; trado todo? He hablado con varios editores
29) a la restricción o bloqueo que ejerce y se muestran un poco preocupados”. (4)
en la propia imaginación de los sujetos que La literatura ha pasado ya abiertamente los
no deben esforzarse ante la presentación dos primeros ciclos. Algún ejemplo incur-
por el momento, puesto que todas las im á siona últimamente con gran éxito popular
genes necesarias están dadas; en el tercero. Y el cine le sigue los pasos
39) a su aparición, restringida a civiliza con vacilaciones.
dones tan “avanzadas” que han sobrepa
sado la cima y se deslizan ya por la ladera
3 La raíz escondida que pocos
del agotamiento, de la decadencia.
Con respecto a los puntos 1? y 2<? téngase quieren ver.
en cuenta que estos caracterizantes pueden Se ha indicado que la aparición de
extender a las imágenes “contadas” (co lo pornográfico resulta de el agotamiento
mo en literatura) donde la imaginación del de lo erótico como excitador. Cabe pregun
lector no crea sino reconstruye simplemen tarse dónde ocurre esto. Obviamente en
te las escenas. un tipo de sociedad tan desarrollada donde:
(3) Véase Mallnowsky, Bronislaw: "Sex and
Repression in Savage Society”. Madrid. Bks., N. Y. (4) "The Second Sexual Revolution”, Time, Jan.
R/1955. 24, 1964, pág. 31.
n
1 M. Martínez Carril
Para los censores, los moralistas, los artistas, han causado siempre múltiples do
custodios de la salud pública, tanto el ero lores de cabeza porque los implicados en las
tismo como la pornografía son malas ac categorías anteriores (desde los espíritus
ciones que habría que eliminar cuanto an censores a los religiosos) aprovechan la
tes. Para los espíritus religiosos pueden ser presencia de lo erótico o lo pornográfico
formas cambiantes de encarnaciones demo en las obras de arte, para limitar, cortar,
níacas. Para los críticos y antes para los prohibir, amordazar al creador. No es ca-
sual que el censor tienda a ser un reac amplios sectores de la creación artística,
cionario y el creador (en cuanto crea lo algo así como la mitad del cine moderno;
que antes no existía) se aproxima en tér b) la pornografía (hasta etimológica
minos generales al revolucionario. mente) es una actividad literaria que em
Parece claro, sin embargo, que erotismo pieza en Mesopotamia, Egipto y Creta y
y pornografía son simplemente dos formas, llega a las mercantilizadas ediciones de los
dos actitudes quizá, de la labor creadora: “magazines for men”, coincidiendo con el
a) el erotismo toma del amor real de florecimiento de civilizaciones altamente
talles exteriores (elementos erógenos) y evolucionadas. Pero la obscenidad es tam
con ellos crea un universo inexistente pre bién relativa (el culto fálico o el culto a la
viamente, artificial, más o menos obsesivo. fertilidad fueron actitudes religiosas). Mu
Sus manifestaciones visibles son las chicas cho creador procura la alucinación de su
en bikini que beben Coca Cola desde cada público excitándolo en base a la realidad
columna de Montevideo, los labios entrea cotidiana transfigurada (ciencia ficción,
biertos que garantizan la permanencia del western, historias terroríficas y fantasma
Revlon frambuesa, Anita Ekberg pronta a les, suspenso). Resulta ridículo por consi
recibirlo a usted señor desde los afiches guiente que una zona tan importante y alu
de La dolce vita||ese romance inesperado cinante de lo humano, como el sexo, sea
del gato con el pez de los televisores Admi- prohibida en función de convenciones so
ral. Otras manifestaciones más sutiles y ciales que no nacen con el hombre y que
cultas incluyen a la poesía clásica griega, varían con el tiempo.
2 Esteban Otero
De antemano puedo anunciar que renun que en el europeo, en las revistas pornográ
cio a definir términos que el Diccionario de ficas: todo en el mismo plano desde el pun
la Academia define con precisión, es decir, to de vista erótico. Pienso que el erotismo
indica, con autoridad, en qué sentido y con no es un valor ni una deficiencia, en el
qué amplitud deben usarse. Esto no nos im arte. Pienso en la necesaria libertad del
pide, sin embargo, el comentario de los hombre para su práctica; pienso (y me en
conceptos, y, mucho menos aún, el comen furezco ante tal posibilidad) que si alguien
tario subjetivo. insinúa una limitación, eso es un atentado.
Erotismo: (del griego “eros”, amor) m. Pienso que imponer una moral (cristiana
Pasión de amor. Amor sensual exacerbado. o socialista) es criminal.
1. Desde que llega la adolescencia y las 3. Son eróticos Lucrecio, San Juan de
glándulas empiezan a hacernos conocer el la Cruz, Sade, Baudelaire, Mallarmé, Ru
cuerpo, lo vemos en un terrible conflicto bén Darío, García Lorca, Joyce, Henry
con lo que como moral se nos inculcó en Miller.
los diez años anteriores y niños, jóvenes Son eróticos Oward Hawks, el cine ame
hacemos una distinción (¿falsa?) entre ricano en general, Fellini.
amor físico y amor espiritual. (En la teo Elizabeth Taylor, Jayne Mansfield, Eleo
ría, ganaba siempre el primero, pero el nora Rossi—Drago, Corinne Marchand, Ani
único practicado era el segundo). ta Ekberg.
2. Personalmente, cuando me viene a 4. Son anti-eróticos el teatro, Dante,
la vista la palabra erotismo no pienso en Fray Luis de León, las películas de Alain
el amor de Paolo y Francesca, o de Abe Resnais y de Robert Bresson, Jorge Luis
lardo y Heloisa, ni en Sócrates y Alcíbíades, Borges.
sino en Lolita (la novela), en Henry Miller, Jeanne Moreau, Audrey Hepburn, Greta
en Isabel Sari!, en el cine americano más Garbo.
5. Ahora puedo contestar: erotismo es tituta, y “grafía”, descripción), f. Tratado
amor sensual, la visión más puramente fí acerca de la prostitución. Carácter obsceno
sica de una mujer considerada hermosa. (1) de obras literarias o artísticas. Obra lit.
Después de todo, si la mujer se diferencia o art. de este carácter.
del hombre sólo por su sexo, ¿qué otra cosa (1) Obsceno: (del latín “obscenus” adj.
puedo apreciar en ella, si todo lo demás impúdico, torpe, ofensivo al pudor.
está contenido en la condición humana
que conmigo comparte? No me siento inclinado a comentar algo
Mezclar la moral en esto es tomar una tan confuso y tan del resorte de cada indi
actitud socialmente parecida, estadística viduo. Quizás yo me sintiera inclinado, sí,
mente abandonada. Ni tampoco mezclar al a negar la existencia de la pornografía. Es,
arte, cuyo camino conduce al ser, es onto para mí, sobre todo un problema legal y
lògico. como tal lo discuto en otra parte de esta
Pornografía: (del griego “pomos”, pros misma revista.
3 Gabriel Saad
H Sobre este tipo de temas tan debati ficaria el ejercicio del principio de vi
dos, nada mejor que empezar por las ver da por oposición a Thanatos o necrofilia o
dades de Perogrullo: no hay erotismo sin instinto de muerte (lo que, en definitiva,
“eróticos”, ni pornografía sin “pornográfi representa nuestra capacidad de auto-des
cos”. Con lo que queremos decir que tanto trucción). Vale decir, que el erotismo no
el primero como la segunda son conductas se limita a lo amatorio y lo genital, sino
humanas. En este sentido, su definición, su que abarca toda la esfera de la vida per
estudio y su valorización corresponden a sonal, de la personal capacidad de disfru
la ciencia que específicamente se ocupa de tar del hecho de estar vivo, aunque, sin
ellas: la Psicología. Lo que no significa que duda, es necesario reconocer, en su ejerci
los profanos no debamos emitir opinión cio en la persona madura una primacía ge
sobre el asunto, sino que debemos tener nital. Lo erótico, sería, pues, por ejemplo,
conciencia de que la discusión de ambos la creación de vida desarrollando nuestra
conceptos no puede desarrollarse en abs propia capacidad de vivir, lo que no exclu
tracto, porque éstos están sometidos a la ex ye, como tendenciosamente se ha querido
periencia clínica, la que en definitiva dará hacer, el mero disfrute de la sensibilidad
su opinión. A la espera de ésta, daremos genital (los genitales constituyen una zona
la nuestra. erógena, es bueno anotarlo) o de las formas
II. El erotismo es, obviamente, el culto más generalizadas (por así decir) de la
o el ejercicio de Eros. Lo que no significa sensibilidad. Y en este sentido, una aper
un gran adelanto en la definición. Pero tura sensorial frente a la realidad material
quizás éste llegue, si recordamos que con del mundo también nos parece asimilable
ese término Freud designaba lo que tam al concepto analizado. El erotismo supone,
bién llamó biofilia o “instinto de vida”. Y pues, la potencia (en la que aparecen los
veremos que de allí a lo que comunmente citados conceptos de amor y sexo). Como
se llama erotismo el camino del esclareci conducta humana, puede aparecer refleja
miento no es ni largo ni tortuoso. En do en diversas creaciones: para citar ejem
términos habituales, erotismo es un con plos recientes, en los film “Adorado John”,
cepto en el que vagamente se mezclan “Amar”, “La felicidad”. Y ahora es fácil
—y no siempre en partes iguales— el definir la pornografía como conducta
sexo y el amor. De acuerdo al concep opuesta al erotismo. La pornografía es el
to freudiano de Eros, el erotismo signi- predominio de Thanatos sobre Eros. O sea,
una manifestación de la impotencia. De allí mos se le ocurrió censurarla.
la distorsión del acto sexual en que fre III. Todo esto es dicho con una super
cuentemente se regodea, la tendencia a la ficialidad de la que tenemos conciencia de
descripción de conductas perversas (que bido a las limitaciones de espacio que de
son conductas pornográficas) en las crea bemos respetar. Somos igualmente cons
ciones de este tipo. Pero, puede ser por cientes de la necesidad de un mayor desa
nográfica también la actitud del especta rrollo para un mejor esclarecimiento del
dor frente a una obra erótica, lo que se tema. Pero como sospechamos que el en-
aprecia en la frecuente censura que de este cuestador busca una definición concisa de
tipo de obras se hace, achacándoles, pre los conceptos analizados la daremos como
cisamente dicho carácter. La conducta por final de esta respuesta, El erotismo es el
nográfica aparece descrita, por ejemplo, en ejercicio del principio de vida, la pornogra
el film “El Proceso”, y a nadie, que sepa fía su negación por fantasías de impotencia.
4 Claudio Trobo
Se puede decir que una obra es porno trabajo un valor indudable. Lo que no
gráfica cuando el carácter obsceno prim a puede es desconocerse que el criterio de
en ella, cuando existe una preocupación pornográfico es un criterio moral y por lo
fundamental por atraer mediante la n a rra tanto su estabilidad es relativa. Lo que
ción de detalles inmorales. Esto que pare para nosotros hoy es perfectam ente acep
cería una definición demasiado general table, para una sociedad medioeval o rena
puede aclararse mediante una serie de centista podría muy bien ser pornográfico.
precisiones particulares. Es imprescindible Este criterio m anejado para sociedades di
—aún cuando obvio— señalar que un tr a ferentes debe ser tenido en cuenta al ob
bajo pornográfico es el que se basa no sólo servar nuestra propia sociedad, pues disi
en temas inmorales, sino el que tiene el militudes culturales y de formación de los
propósito de despertar los apetitos lúbricos individuos que la integran, provoca opinio
y avivar los sentimientos agotados. nes encontradas, y a veces enormemente
distantes. Este hecho lleva indudablemente
No hay como característica un señala a plantear las circunstancias de que un tra
miento de los hechos con criterio de de bajo puede ser pornográfico para muchos
nuncia o simple constatación, a fin de que individuos, m ientras no lo es para otros.
el lector o espectador pueda sentir una Y es entonces que nos encontramos en la
actitud de rechazo o cuando menos de ob imposibilidad de realizar una labor de cen
servación respecto a las deformaciones que sura adecuada. P ara realizarse se m aneja
se narran. Los detalles de una desviación, un criterio de “buenas costumbres y para
obsesión sexual, manía erótica están da buenas señoras”, que no resulta el más
dos in extenso, y hasta con placer. Su vi adecuado.
sión, produce en el caso de una buena
realización, una influencia enormemente Genéricamente puede entenderse por eró
negativa en quienes toman contacto con el tico todo aquello relacionado con las pa
trabajo. siones amorosas o la sensualidad. Es evi
dente que uno de los fundamentos de la
Es muy común ver decenas de páginas creación artística de nuestra sociedad es
de autores enormemente conocidos y valio el de las relaciones sexuales y las emocio
sos que muy bien pueden ser tildadas de nes que de ellas se derivan. Desde el Siglo
pornográficas. En estos casos aparecen una XI h asta el presente Occidente ha vivido la
serie de factores estéticos que le dan al inundación de una literatura erótica, que
ha tenido una influencia enorme en el de cosas— para inventar mitos, para adjudicar
sarrollo de nuestras sociedades. Sirvió —en encantos en seres que pueden no tenerlos,
tre otras cosas— para cambiar el criterio para compensar enormes frustraciones, a
anterior de las relaciones sexuales, y ha la par que calmar muchos organismos de
mantenido una tónica erótica que carac sequilibrados por circunstancias muy par
teriza a esta sociedad. Previamente a este ticulares.
surgimiento —por cierto no gratuito— la Montherland —entre otros— lo ha dicho,
situación del hombre y la mujer y su sig ha servido para trocar “la moral del gue
nificado eran bien diferentes. rrero por la de la modistilla”. Esto puede
El erotismo se refiere evidentemente al parecer exagerado, pero se relaciona con
impulso de una pasión hacia el otro sexo. uno de los fundamentos de nuestro sub
La sensualidad ha servido —entre otras mundo umbilical.
5 Ciara Siiva
(Definir el significado de las palabras los justifique; entonces todo se reduce a
erotismo y pornografía, sería casi repetir una exhibición, grosera y vacía, de cosas
simplemente lo que el Diccionario de la sexuales.
Lengua Castellana dice al respecto. No Esto último es lo que se hace general
puede inventarse otro sin caer en falsifi mente buscando el éxito comercial —de
cación sofística, de buena o mala fe; lo venta o de público— el cual, siempre pre
cual, también, por lo demás, no deja de tende escudarse en el argumento de la li
intentar hacerse con frecuencia. . . ) bertad del arte, aunque el arte sea sólo
Otra cosa, más aparentemente problemá un pretexto y no tenga de él sino los me
tica y discutible, es su aplicación al arte, dios externos, materiales, de expresión,
verdadero motivo de esta encuesta. Y digo pero no sus idealidades intrínsecas. Ade
aparentemente porque, para mi, la cosa es más, no basta que una cosa sea verdad
clara. Creo que todo consiste en que la para que sea arte. Es necesario que dentro
obra artística, sea verdaderamente artísti de esa verdad “realista”, haya otra, esen
ca o no lo sea. La obra de arte verdadera, cial: la del espíritu.
nunca es pornográfica, aunque trate los te
mas sexuales más escabrosos; porque el Comparemos el erotismo de una película
artista de verdad —sea escritor, plástico, de Bergman o de Rosellini, con el de al
cineasta, etc.— sabe cómo debe tratarlos, guna otra de esas protagonizada por Isabel
sin caer en la pornografía. Y es que los Sarli, por ejemplo. . . y tendremos gráfi
trata en función de un sentido profundo camente la diferencia.
de lo humano, un fin estético que los tras En fin, recordando a Wilde, podría de.
ciende. Pero esos mismos temas pueden cirse que no hay obras o escenas porno
volverse simplemente pornográficos si ca gráficas o no - pornográficas, sino bien o
recen de ese sentido estético y humano que mal concebidas estéticamente.
1. El diccionario dice que es todo tra (escribir). Obviamente, es una definición li-
tado acerca de la prostitución, ya que eti teralista, inservible. El Código Penal uru
mológicamente el vocablo se integra con las guayo es más cauto: exige la categoría
voces griegas porné (prostituta) y graphein pero no la define. El artículo 278, perte-
neciente al título “De los delitos contra las cenidad) supone la excitación o el estímu
buenas costumbres y el orden de la fami lo de formas aberrantes o enfermizas de
lia”, dice que “comete el delito de exhibi la sexualidad. Porque si lo que se excita
ción pornográfica el que ofrece pública son las formas sanas y normales de la se
mente espectáculos teatrales o cinemato xualidad, tal incitante puede ser social
gráficos obscenos, el que trasmite audicio mente útil, edificante y necesario. En cier
nes o efectúa publicaciones de idéntico ca to modo, creo, lo pornográfico contiene una
rácter”. Se atiene a la sinonimia entre por proposición de violencia contra el orden
nografía y obscenidad, pero no precisa nin de lo que se ha convenido en considerar
guno de ambos términos. Es, proverbial natural en materia sexual. Pero tal canon
mente, uno de los casos en que la disposi de lo que es normal o extraviado, en esta
ción de Derecho Positivo se remite a una zona, es altamente cuestionable, cambian
"norma de cultura”, de la que extrae su te y contingente.
razón de ser. Y culturalmente, todos estos
conceptos tienen una aureola cambiante, 2. Erótico es simplemente lo amatorio;
contingente, imprecisa, variable de una en el uso contemporáneo de la palabra,
época a otra. Porque se relacionan con las referido preferentemente al costado físico
del amor. Se trasladan a este tópico las
represiones, con las inhibiciones sexuales
de cada tiempo y con lo que ellas conde salvedades sobre precariedad, elasticidad y
nan. Incluso la zona marginal de hipocresía variabilidad temporal de los contenidos.
desde donde se denuncia la pornografía, En cualquiera de los supuestos (porno
cambia con los años. grafía, obscenidad, erotismo) creo que la
Todo esto alude a lo escabroso que pue tuición de los mayores a cargo de la au
de ser aplicar estas categorías a la obra toridad municipal no cabe. ¿No son éstas
de arte, y distinguir a ésta del mero pro cuestiones demasiado delicadas y vidriosas
ducto comercial. El asunto tiene una lar para una apreciación burocrática con po
guísima historia, en la que figuran los nom deres compulsivos?
bres de Aristófanes, Aretino, Bocaccio, Prefiero que, llegado el caso, actúe el
Flaubert, Joyce, Henry Miller, Tennessee juez. Porque él afinará necesariamente los
Williams, cualquiera de ellos más impor conceptos, sabiendo de antemano que si se
tante y atendible que el del creador del pronuncia porque un espectáculo es porno
film “491”, piedra del escándalo del Aquí gráfico, se pronuncia al mismo tiempo por
y Ahora uruguayo. la cárcel. Y esa dura consecuencia dicta
Goodman ha escrito un largo ensayo, con una mesura e impone un escrúpulo que la
cluyendo en que lo pornográfico (o la obs cuestión reclama imprescindiblemente.
Jorge Sciavo
Un cuento de muertes
Si -hubiera podido precisar claramente como un testigo de otras formas que no
todo lo ocurrido en la borrachera del ve eran la carne y el pelo ni la sangre mis
lorio, quizás no hubiera seguido sintiendo ma o los metales, era algo que salía de
aquella angustia que no lo dejaba respirar todos ellos, independiente de sus materias
casi y que se instalaba plenamente, des y sólo creado p o r una condición de coor
plazando al dolor de las erosiones provo denadas, con espacios y tiempos, azar y
cadas por la pelea. Después de todo, a coincidencias contra las cuales él mismo
aquel hombre no lo conocía o si lo había había peleado, modificándolas sin resulta
conocido, había sido de vista nomás. Pero do durante la agonía de la niña y el ve
cuando vió su espalda uniformada, per lorio.
fectamente cuadrada y gris, como un po
licía de muertos sentado al volante de la El otro había abierto la puerta, Mora
les había perdido el equilibrio y cayó con
carroza fúnebre, sintió que todo ese algo
tra el cordón de la vereda. Eira tonto pre
furioso que le había recorrido el cuerpo
cisarlo ahora, pero lo hizo. Fue al lado
con el alcohol tenía que decidirse a pe
del plátano, donde olvidado por los últi
lear. Y eso que el nunca había peleado,
mos acontecimientos había quedado el ta
y menos por la espalda. Cuando empezó
cho de basura de algún vecino, con las
a dar golpes, el otro lo miró con ojos sor
prendidos, como los de un niño descubrien botellas de la noche. Nunca hubiera pen
do o los de un extranjero en ese país de sado el velorio de la niña con tan poca
gestos y puños y palabras obscenas que gente. La finada madre de la niña tampo
le iban dirigidas sin motivo. Morales se co. Y durante todo ese tiempo que que
daron solos él y la niña y el hombre de
sintió desubicado con su violencia inusi
tada. Pero cuando vió la sangre en la me la funeraria, se sintió fuerte, casi respon
sable de esa muerte pequeña y rubia, que
jilla del cochero encontró un sentido per
podía volver a repetirse día tras día, dulce
dido para todo aquello, una dirección
y melancólica como si fuera la muerte ce
hacia atrás donde estaban las túnicas man
leste de los atardeceres. Responsable tai-
chadas de los enfermeros que atendieron vez de haberla enviado al almacén, res
a la niña, duramente manchadas, profe ponsable de la mirada fría y segura con
sionalmente manchadas y el paragolpes que la niña miró la muerte cromada y
del coche negro de aquel señor que lleva aceptó el choque y los brillos de los me
ba otros niños a pasear y que lloraba, tam tales y el ruido seco en su cuerpo sin
bién manchado, como si una flor se hu historias, sin pausas, sin comienzos.
biera pegado al cromado para seguir allí
Cuando llegaron los del fondo, oloro
sos todavía de la cama, sintió que le ro
JORGE SCLAVO nació en M ontevideo baban toda esa muerte suya que ya se
en 1936. Hizo crítica de Jazz y de teatro y proyectaba en cosas que no habían sido,
cine en diversas publicaciones de M ontevi con el vestido blanco de la nena y un
deo. Escribe para Radio y T V y desarrolla novio alto, de pelo negro, y la foto de la
una intensa actividad teatral como autor, nena con su nieto mal pintado de celeste
actor y ayudante de dirección. Ha publica —como solía hacerlas Rodríguez el fotó
do cuentos en Marcha, Epoca, La Mañana grafo—. El cuarto comenzó a llenarse de
y en el volumen Gentes y Lugares (Arca, un pasado gastado y ridículo ahora, con
1965). historias que ya no tenían sentido de es
tar junto a ese presente rubio que aspira didos de dibujos o juguetes, de ese silen
ba a ser respetado en los cortos y pocos cio rubio, impávido, que esperaba en la
tiempos que le quedaban de vigencia. Se madera ridicula la terminación de ese es
habló de la madre y de la ausencia de pectáculo de mal gusto.
los parientes, de las peleas y la intoleran Por eso cuando oyó que la maestra le
cia familiar. Se habló de él, como siem dijo al oído casi: “Mírela. Si parece un
pre mucho tiempo después de lo que le ángel que fuera a volar”, sintió que las
hubiera gustado. Y todo ese tiempo de los fuerzas se le habían terminado —como las
del fondo se hizo artificial y fue cayendo frases a los otros—, que aquel tiempo ha
como pesadas pelotas de arena hasta que bía terminado de inutilizarse y la compa
no hubo más que frases casi flores en sión ya era de muchos. Y que los otros
ceradas y coronas de cintas doradas que habían dejado de reprocharse la incomo
se hicieron tendones duros y doloridos en didad de la noche cortada y el desaseo y
los rincones cargados de cigarros a los que el mal aliento, para compadecerse de ellos
la caña y el café devolvieron su natura también y lanzarse decididos al espec
lidad. Una naturalidad falsa, que nada te táculo desenfrenado de su propio llanto
nía que ver con el momento y con el de como estimulante de otros llantos casi tan
la funeraria y él y la niña cargada con oficiosos e igualmente convencionales. En
ese resto de vida que le hacía sediento ese momento fue que ocurrió lo que te
de alcohol para aflojar el pecho y las ma mía, lo único que se reprochó una vez pa
nos húmedas y los ojos que no querían sada la borrachera y la pelea con el co
llorar por temor al grito o la puteada. Y chero. Se fugó, y la dejó sola y rubia con
tuvo que frenarse para que no llegara su coro de lloronas y velones alquilados.
aquello que sabía que iba a llegar y lo Y se metió en él, donde tenía su finada
alejaría para siempre de esa muerte ru con otro velorio, donde había el joven pe
bia, como antes lo había alejado de la fi riodista que luchaba contra todo y don
nada y de todas sus cosas. Porque esa fa de había glicinas agrias y paseos por jar
miliar compasión de sí mismo, estaba fil dines, con versos que nunca se publicaron
trándose en su cansancio. Le pegaba en al lado de notas de diarios que se fueron
el estómago hinchado, como en un tam vendiendo cada vez más antes de pasar
bor y sintió que la estaba usando para de moda. Y al final el periodista se ven
escaparse, para poder aceptar a esa gente dió porque había que comprar remedios
y para que a su vez lo aceptaran en ese para la finada. Y cuando ella murió, el
juego de lamentos e historias viejas lle periodista se dio cuenta que se había re
no de coronas usadas con cintas para otros galado y ya no servía, y así como tomaba
muertos, donde olvidar. Y entonces iba a para escribir después empezó a tomar pa
haber el llorar por otros muertos, por to ra no escribir. Y un día despertó borra
dos los muertos, que era llorar por nin cho al lado de una niña rubia a la que
guno. Ese llorar casi profesional de Doña tuvo que enseñarle a escribir.
Emilia con su ridicula excusa de muertos Eso fue, casi un cuento que se contó
olvidados que volvían a cada muerte del mientras le colocaban la corbata unas ve
barrio como cansados asistentes a cada cinas para el entierro, antes de la pelea
nuevo velorio. Y el aceptar como verda que no fue larga más que en el recuerdo
dero ese largo y consolador refranero mor y que se cumplió ridicula en esos momen
tuorio que el Toto recordaba con mayor tos en que él dejaba de creer en el apo
precisión y abundancia cuanto mlayor y rrear al posible desconocido de la fune
abundantes eran el consumo del café y la raria.
caña. Entretanto, estaba la compasión En la noche luego del entierro, después
chorreando por dentro como un jugo más, de aquella siesta larga de la inyección
adhiriéndose a las tripas y calentándolas donde todo se pobló de ese negro hundir
como un mate tranquilizador para confor se, de nada, de tiempo infinito del que le
mar a la culpa que saldría como excre fue imposible recordar otra cosa excepto
mento sin vida hacia un silencio sin vo el brillo del agua mineral en la mesita
ces de juego, ni cantos ni cuentos, ni pe de luz, se prometió entre cortas dormidas
que volvería a ver al cochero para discul el reproche de abandono, casi santa, sin
parse. Quizás lo haya decidido aquel fun ser tocada, confundida entre su religión y
dirse, en el recuerdo, de dos imágenes: la la gente que la rodeaba. Entonces él tuvo
del empleado del velorio y la del propio que luchar para que los demás lo dejaran
cochero. Cuando se aseguró que podían solo con su nena sin que pusieran a la re
ser una sola consideró como una desleal cién finada de por medio. Porque ese era
tad aquella agresión insólita hacia el úni el último recurso que le había quedado de
co que con su silencio profesional había ella, el de seguirse, chantajeándolos dulce
concretado la muerte definitiva de la niña mente, como había hecho siempre todo.
y había obviado aquel aleteo vacío de los Después de aquella entrevista en la que
otros tan inútil como repugnante. Se le se disculpó con Fonseca en el café de en
vantó de la cama y miró por la ventana frente a la empresa, Morales siguió vién
del altillo. La noche había ordenado las dose con él. Lo motivó el pie que le dio
pequeñas nubes de la tarde para formar el cochero por la jubilación de una tía que
un cielo compacto y tormentoso, casi ro tenía, casi a cargo de él. Fonseca le que
jizo, que no dejaba ver nada detrás. El ca dó muy agradecido por la tarjeta de reco
lor inundaba la pieza y sintió su camise mendación que le consiguió.
ta húmeda. Fue por ese motivo que lo convidó un
Ese fue el primer testimonio de que su domingo a almorzar. Morales llegó unos
cuerpo no estaba dormido y era capaz de minutos antes y pudo asistir al ritual ma
sentir y hacer. Pensó en la idea remota tinal del cochero, su peinada. En camiseta
del sexo y se sonrió. Luego, buscó tirarse Fonseca frente al lavabo, estiraba hacia
los pelos del vientre y ensayó una breve atrás su pelo negro, lacio y ya dócil por
sonrisa del cuerpo al sentir un conforta fatiga a la brillantina.
ble dolor. El cielo tenía un rojo oscuro. —Hace bien, hay que cuidar la estampa.
El, cuando amante, hubiera deseado la llu El cochero sorprendido infraganti, musi
via. Ahora el sexo era un sentimiento inú tó como una excusa:
til de repetir aún con las imágenes más —Son cosas del oficio. Hay que cuidar
excitantes que se hubiera propuesto. Pero se, siempre hay alguna para consolar.
talvez el cochero tuviera esa noche libre. Se hizo un silencio que llenaron los pá
Entonces se pondría su mejor traje, se per jaros de la tía revoloteando su domingo
fumaría y esperaría en una esquina o tal colorido y lleno de promesas. Fonseca se
vez en el café la llamada de alguien a la escuchó la frase varias veces y cuando de
que le contaría del loco que le pegó. O jó de oírla, o cuando le resultó bastante
tal vez en la casa de citas mostraría sus estúpida se apuró a interrogar:
heridas o sus moretones en el cuerpo des —Se toma una añeja, Morales?
nudo del espejo a una amante ansiosa, —Sin hielo. Le respondió el otro. Y
mientras se sentirían afuera, las primeras mientras quedaba sonando el silencio, el
gotas y sus redobles separados por los true recién peinado ordenó a la cocina:
nos. Comparó inconscientemente su histo —Que sean dos, tía, en tono profesional.
ria de sexo, aquella con la finada como un Cuando la m ujer traía los vasos, los dos
recuerdo —culpa— asi lo consideraba ella: hombres conservaban el sopor de la últi
un castigo en sí mismo— y recordó más ma risa y Morales recordó que hacía mu
allá del recuerdo su cuerpo joven y tibio chos domingos que no se reía. Eso no im
en aquellas largas tardes del primer año pidió que se siguiera riendo durante la co
de matrimonio. Y aquel castigo pasado ya mida, porque Fonseca sabía hacer reír, y
de adultos, cuando ella se dio cuenta del luego de tarde cuando se fueron al fútbol.
embarazo inesperado de la nena. Luego, Quizás fuera por eso que se siguieron
después, se fue, convencida de la pena que viendo y Morales iba a buscarlo casi to
le había sido asignada, confortada por el das las noches a la cochería. Y poco a po
recuerdo que dejaba, liberada del peso del co fue acompañándolo cada vez más se
sexo, casi muerta, descargando la circuns guido, hasta velorios y entierros.
tancia de su muerte como una última cul “Fui el único que los vió entrar a ellos
pa sin remedio que ni siquiera aceptaba dos al café.
—Quién iba a decir —comentó Fernán dadosa que Morales había conservado lue
dez— ahora parecen novios. Y todos nos go de la muerte de la nena. Comenzaron
reímos. el camino hacia la casa. La cabeza de Raúl
—Y desde que aquél largó con la Zul- caía como un pucho apretado levemente
ma se pasan el día meta copas. en un cenicero a medida que la marcha
—Tomo y obligo mándese un trago. De se le hacía imposible. Cuando Morales lo
las mujeres mejor no hay que hablar. tiró en la cama, su respiración agitada lle
—Parecen maricas mismo, lapidó el Chi nó el cuarto y el vaho del alcohol no al
no con una risa y no se dio cuenta que canzaba a ser evacuado por la ventana en
Morales y Fonseca estaban ya casi al la treabierta. Fonseca empezó a tensarse co
do de é l l mo un arco a la espera del dedo, a la es
Raúl lo empujó de la silla, después lo pera de algo que estaba en alguna parte,
tomó de la camisa y lo tiró encima de tranquilo, y que se hacía desear, rego
Fernández que cayó entre pedazos de que deándose en la espera del joven de pelo
so y galletas. Nos fuimos encima de ellos. negro, cochero gris que esperaba en las
No me hubiera sorprendido que Raúl nos puertas, viejo soldado que había sabido es
hiciera frente, pero cuando se pusieron es perar, también, con sus espaldas cuadra
palda con espalda, aquél viejo flaco y ca das y su melena de brillantina, respetuo
noso se empezó a mover como un gato. so, con las manos en el volante y los guan
Se le puso la cara colorada y gritaba co tes asépticos y elegantes. De pronto se que
mo llorando hasta que Fernández le dio bró y el viejo quedó mirando los ojos fi
un sillazo a Raúl que se cortó en los vi jos y profundos que había seguido en tan
drios al caer. Nos quedamos en silencio. tas copas, esos mismos que se habían lle
El viejo miró a Fonseca y se inclinó, pare vado, discretos, casi sin mirar, a la nena.
cía que se iba a poner a llorar como un Y en ellos, donde se continuaba un largo
niño. Tomó a Raúl de las axilas, le recos discurso de noches, de ojeras y tiempo,
tó al mostrador y mientras le pasaba un ahora fijos, hubiera continuado su lerdo
paño por la frente nos gritó con voz ron crepitar de silencios antiguos, Ijlenos ¡de
ca, como si no fuera la de él, con una de tierras que caían unas sobre otras, sobre
esas voces que salen cuando uno habla otros ojos negros, casi muertes paridas las
dormido, con esa misma voz con que nos unas por las otras, cambiables, sustituibles
diría luego que Raúl había muerto: y que lo dejaban a él —paria entre dos
—Animales, abusarse de un enfermo”. aguas— siguiendo ojos y ojos que se lle
Después de lavarle la cara en el baño, vaban entre sí.
Morales lo peinó como tantas otras noches Quizás por eso fue que hubiera acepta
para llevarlo a la casa. Raúl hipaba dul do el puesto de Raúl, cuando se lo ofreció
cemente mientras un mechón negro le al otro día, en el entierro, el dueño de la
caía sobre esa frente de foto de novio an funeraria.
tigua, escondida en una memoria poco cui Julio 1965
Milton Schínca
2. EL DIALOGO
Si me mirara. Si me proporcionara
cierta pista. Velo por él y sé
que velaré siempre.
Lo llevo y llevaré a cuestas.
Le cambio y cambiaré
ropa y aderezos. Sé asistirlo
en sus apremios más obvios.
Ignoro su nombre, sus padres,
su madriguera habitual.
A veces le sospecho
una misión siniestra. O denunciar
nuestra insolvencia terrena,
o aludir a un origen pavoroso,
o algo así. ¡Por algo
persiste en quedar frente a uno!
Atisbarlo hasta que él mismo
parta porque sí o se aniquile.
El pudo ser yo. Yo él.
Le digo hermano.
La tarántula no registra
el cumplido. Insisto:
hermano te siento cerca.
La tarántula contrae dos patas:
un rictus fatigado
tuerce los labios de él.
Algo recojo, pues.
Se me escapa musitarle:
te tengo conmiseración,
me muero de piedad y llanto.
Tarántula indecisa.
Suelto más ternura:
dulce mole, plácida inanidad,
me duelo por ti, quisiera
inocularte un río de claridades.
Rígida la tarántula.
Y si no romper a puntapiés el mundo,
no a puntapiés,
¡a puteadas!
ulcerosas, mefíticas,
como descerrajadas, enfermas,
contra Dios
porque cómo pudo
cómo jmdo. *.
Inútil ya: dormita
flotando la tarántula.
3. QUE CERCANOS
Procuro no alarmar.
Pero es lo cierto que
crecientemente me analizo.
Controlo mi marcha
sin tolerarme un descuido.
¿Acaso no he registrado
indicaciones ciertas de?
Ah si lo formulo
en términos de partículas!
Allí, en la azarosa comunión de genes,
qué levísima frontera nos salva
qué impasibles ecuaciones deciden!
Cara o cruz. Ellos o nosotros.
Provenimos de tembladerales
donde a tientas se elige
¿por quién?
nuestra luz o el espanto.
4. TODO ROGANDO
A través de esta “Via Unica” (Ed. Alfa. que una atenta lectura nos demuestra que
Colección Carabela 62 Pp.) transitan los todo es pasado en estos poemas, aun aquello
temas cardinales en la poesía de Claribel que es dicho en tiempo presente como ex
Alegría llegados a un estado de madurez presión verbal.
creadora. Desde el punto de vista estilís Quizá la causa fundamental de esta in
tico nos encontramos ante un lirismo tra tencionalidad estética sea otra de las mo
dicional, desde el punto de vista psicológico tivaciones que rigen esta poesía: la soledad,
se nos plantea una filosofía de reintegra- tema que se nos desliza, a veces con emo
cón a través del amor y que echa raíces en cionante sencillez, recato y plenitud (“Pero
la psicología contemporánea, desde el pun el miedo es un ácido, / Los amigos, / Los
to de vista social hay una clara actitud de libros, / La familia, / no esconden el va
compromiso (no se qué me mueve a recha cío. / lo disfrazan apenas / Niño demente
zar la incómoda posibilidad de escribir es el tiempo: / ofreciéndome muertes. Pág.
ta manida y distorsionada expresión) y re 12) y estado espiritual del cual sólo se as
beldía frente al mundo. pirará a salir a través de la reintegración
Partiendo de estos tres pre-supuestos de a un mundo distinto, pero en definitiva
bemos rastrear las motivaciones clave que se saldrá a través del amor, como intento
nos ofrece la autora, a veces ocultas tras último e imprescindible (“Soy una boya, /
una enigmática superficialidad, otras su un corcho, / que se levanta / y cae, / un
geridas por un verso donde se sintetiza ala templada por el viento, / un grito ron
toda una actitud vital y por último hábil co, / inútil, / mendigando ternura. Pág. 38).
mente dieseminadas en el contexto poético.
El tópico motivador del poemario sería Habíamos afirmado como segundo pre
la evocación de una infancia perdida, de supuesto de esta nota une intencionalidad
un mundo perdido, de un mundo idílico, clave en la psicología actual: la idea de
quizá hasta en su violencia. Pero esta evo reintegración. A través de todo el libro la
cación, este intento de recuperación, no es idea persiste: como un retorno al pasado,
solo de un ámbito temporal, sino también en que ya todo es fantasma o despedida,
espacial, casi diría geográfico. En esta “bús y como una desnuda exclamación de amor
queda de un ámbito perdido”, expresada para vivir las instancias que ofrece el
siempre con una persistente originalidad, presente. Allí surge, entonces, como corola
no debemos ver un mero regodeo idiomàtico rio el tema de la soledad y como solución
o turístico, sino que debemos extraer de poética-vital el amor, despojado de carna
allí una actitud crítica por parte de la lidad o definición, caracterizado por su
autora, actitud enfocada hacia su mundo universalidad, por su presencia metafísica,
interior y hacia el que la circunda. Porque por su condición de elemento salvador
en esta poesía el pasado está alimentando (“construir una cadena humana, / una
el presente, lo está completando en las trenza de manos, / que pueda rescatarme, /
carencias que este ofrece para el espíritu si resbalo”. (Pág. 11) Es así que entramos
del creador, y, en definitiva es casi una a uno de los mitos del arte actual: la in
figura obsesiva. Hasta tal punto que como comodidad que produce este mundo hostil,
sintesis de estas conclusiones afirmamos el deseo de integrarlo y de sentirse obrando
sobre él el afán de comunicación, enten los recursos técnicos que sirvan a su inten
dimiento, amor. cionalidad estilística y conforma ese tren
Lentamente, vamos extrayendo conclusio de enlace o ingreso del lector a su poesía.
nes y comprobamos que toda la temática Hay un letanismo, un tono descriptivo o
está orquestada hacia un punto único, que enumerativo, una reiteración obsesiva, un
las motivaciones son variaciones de un mis prosaísmo que son los instrumentos de esta
mo tema, madurando, obsesivo y que con unión. Hay un deleite en el mentar esos
forman una situación espiritual que a tra nombres propios (familiares, regiones) y de
vés de esta poesía va encontrando una que ellos cobren una suerte de familiaridad
“Vía Unica” como reacción. Este estado es en el lector, que vayan adquiriendo en él
piritual, como clave central de motiva esa significación esencial que tienen para
ción poética, como también está sometido ia autora. Estos nombres llevan al lector
a oscilaciones que van desde un tímido pe a las regiones de un mundo perdido, a las
ro reconocible optimismo (“Aunque dure un zonas más ricas y vivenciales de una con
instante”) hasta esa terca declaración de ciencia, a las justificaciones últimas de una
negativas representada por su poema “Con poesía.
fesión”, donde se niega “al otro” y a Dios, El libro en su segunda parte (está di
como simbolo austero de una soledad me vidido en dos) se va nutriendo de un aire
tafísica. de ausencia o despedida y se va compene
Afirmábamos también que estamos ante trando de una necesidad de mostrar una
una poesía eminentemente lírica. Claribel América acuciante y que florece con un
Alegría no objetiviza sus estados de animo, colorido extraño y totalizador (América es
sino que subjetiviza el mundo, se adhiere una viva piedra verde / Es difícil América, /
a lo que la rodea, hace suyos los objetos, los es oscura, / es verde, / es difícil. La estran
nombres, los lugares. Todo atraviesa un ta gula la selva, / El sol / le siembra desier
miz interior y adquiere una tonalidad dis tos (Pág. 59).
tinta, como si atravesara un haz de colores Hay un deseo de retener ese mundo que
en que diferenciado e inmenso el color que se le escapa en la partida y se cuestiona
le imprime el estilo de la autora primara. con visión crítica esa paradoja del desa
Hay una verdadera pasión por nombrar, rraigo superficial y del arraigo esencial.
enumerar, aferrarse a objetos que vayan Solo queda el sonido de voces lejanas, la
adquiriendo una tonalidad distinta al sub visión de una cordillera solitaria, la músi
sumirse en la voz del poeta. Los nombres ca típica de una América que sufre y los
propios, fantasmas acuciantes de un pasado nombres de regiones queridas, nombres de
obsesico, los nombres de regiones o pueblos, increíble sonoridad y belleza. Todo este
los modismos, adquieren una funcionalidad mundo primitivo son los orígenes, las raíces
especial, están enriquecidos por la voz de de una poesía distinta, que se rebela y pro
la autora y enriquecen su intencionalidad. clama el amor como única salida para una
La poesía de Claribel Alegría no es una reintegración firme a un mundo en que los
poesía oscura. Con esto no quiero decir que nombres familiares son, solo, fantasmas
sea traslúcida, sino que la autora ha llegado acuciantes de un pasado. De ese pasado
a un punto de madurez creadora en que obsesivo que legará la fuerza primitiva y
no precisa violentar el lenguaje y en que la las esencias de una poesía rebelde y ma
palabra en su máxima desnudez cobra la dura.
mayor carnalidad y riqueza expresiva. Ha
bíamos hablado, también, de una enigmá
tica superficialidad en el tono del poema, Octavio Paz y algunos poetas
pero una atenta lectura nos hace compro
bar que esto es aparente, que es un estilo contemporáneos
sin resbuscamientos para hacernos parti
cipar de inmediato en su mundo. A partir Siempre me entusiasmaron los poetas
de este pre-supuesto C. Alegría utiliza todos mirados por los poetas. Fundamentalmente
cuando esta mirada no está teñida de un deseo de actualizar la realidad americana
excluyente subjetivismo y no deviene en (a propósito del Modernismo “Más cierto
una crítica romántica. Me entusiasma la sería decir que fue una fuga de la actua
interpretación que proviene de la alianza lidad local —que era, a sus ojos— un ana
entre esa intuición natural del poeta y una cronismo —en busca de una actualidad uni
vasta cultura defendiendo esa intuición. versal, la única y verdadera actualidad”.
Si está brillantemente escrito, mejor. Lo (Pág. 19).
exagerado de estas pretensiones puede verse Admirable es también el riguroso estudio
colmado en este excelente material reunido de la creación-vida de Cernuda (y sus
para la Editorial Joaquín Mortiz (“Cuadri afirmaciones iconoclastas), del mundo am
vio” Serie del Volador de Joaquín Mortiz biguo de Pessoa y sus heterónimos, de las
Ed. 20 3 Pp.) por el poeta Octavio Paz. renovaciones técnicas de López Velarde.
En el mismo se propone una tesis de una Octavio Paz tiene la virtud de transportar
poesía disidente y rupturista como tradi nos al ámbito creador de los autores, a su
ción de la poesía moderna y a través del problemática individual, a su función de
enfoque de cuatro distintos y excelentes adelantados y de exaltados. Los puentes de
poetas (Darío, López Velarde, Pessoa, Cer- enlace entre ellos y las nuevas corrientes
nuda). En si mismos, en su condición de actuales están perfectamente ubicados, así
adelantados a una época, en su inconoclas- como también los movimientos que les pre
tia y en su creación-crítica han alimentado cedieron.
esta corriente rupturista y creadora. Este Todo en este libro está enfocado con ri
volumen dividido en cuatro partes (El ca gurosidad, con una prosa crítica y poética,
racol y la sirena, El camino de la pasión, con una envidiable vivacidad, con un admi
El desconocido de si mismo, La palabra rable estilo. La impostergable lectura del
edificante), cada una de las cuales toma volumen es en todo momento un ejercicio
como centro cada uno de los poetas, pre fascinante. N. M.
senta una admirable coherencia a pesar de
la firme autonomía que cada una posee.
Esto es una fiel consecuencia de la tesis Una voz nueva en la poesía
que se desea demostrar así como también
del estilo brillante de Paz. Uruguaya
El completísimo análisis que se hace de
los autores, de sus obras, del medio am La poesía femenina en el Uruguay tiene
biente creador en que se movieron, no ex una larga tradición y se caracteriza por
cluye ninguno de los criterios manejables: una constante fundamental que la iden
el sociológico, el histórico, el biográfico, el tifica: el tema del amor como móvil de
psicológico, y especialmente el estilístico. actitud poética. Desde Delmira Agustini a
Las aseveraciones de Paz (muchas auda Idea Vilariño el tema se repite con las va
ces, polémicas) están siempre fundamen riantes que responden a la originalidad de
tadas con una interesante documentación y las poetisas, pero siempre manteniendo un
un amplio conocimiento de los esquemas tono de carnalidad, de arrebato, de extro
histérico-culturales. Además la visión del version melancólica, que es el rasgo gené
autor es actualísima, destacándose así la rico y esencial.
universalidad y la importante función de Este tema ocupa el centro de este del
los autores que estudia, inmersos en el gado volumen de poesía que ha publicado
necesario aparato crítico. Gladys Castelvecchi (“No mas cierto que
Es de destacar dentro del volumen el el sueño” Ed. Alfa 36 p.) y es además el
importante análisis que se hace del moder mejor desarrollado, el más valioso estilís
nismo, de su función crítica y creadora, de ticamente y en definitiva el más auténtico.
su calidad de basamento para las nuevas Esta temática amorosa ocupa la segunda
corrientes literarias, la ruptura con un ro parte del volumen (esta dividido en tres
manticismo que poco había aportado, un partes) y es además la más extensa. Cons
tan de diez poemas que representan el de que la rige está demasiado adherido a mol
venir del amor, desde los orígenes hasta la des clásicos y a una expresión que está a
disolución con una visión que oscila entre medio camino entre la corrección y el re-
el escepticismo y la irrealidad. Hay una toricismo. Hay un tono borgiano en algu
concepción vital en esta expresión de una nos de los poemas de esta tercera parte
temática amorosa sometida a la inclemen (“Por eso solo digo / lo que yo tantas ve
cia de lo temporal e irremediable. Desde ces he sentido: / soñé un muerto / y un
los impulsos que determina el origen hasta muerto me soñaba” Pág. 34) pero este tono
el ocaso (“la ceniza”) en que las fuerzas no está defendido por una visión filosófica
naturales pierden su savia natural, el amor concomitante.
determinado por lo temporal es solamente Por eso no dudo en afirmar que lo va
un ciclo que perdura a través del sueño y lioso del libro está en esa segunda parte,
en su disolución llega a identificarse con ocupada por un ciclo amoroso y donde el
la nada. tópico íntimo - afectivo está desarrollado
Los orígenes están enclavados antes de auténticamente y con originalidad.
la presencia del amor (“Antes de ti”) y se Ese tópico de tradición ilustre en nues
desvanecen en una última visión fatalista tra poesía femenina da lugar a los mejores
que aparece casi como una moraleja trági poemas de Gladys Castelvecchi y nos per
ca (“Conclusiones”). mite percibir una visión profunda y orde
En medio de este ciclo encadenado a su nadora de un mundo natural y de sus
lógica existe el desencuentro (“pronuncia leyes. - N. M.
mos palabras / y no nos entendemos / por
que tú estás hablando de un agua subte
rránea / y yo estoy esperando verme es Vivir y mirar vivir
pejada en ella “Pág. 22), la urgente nece
sidad de adherirse a símbolos (“una des El último libro de Zelmar Riccetto (“Co
garradura una escama de tiempo / que mo quien está viviendo” Ed. Alfa 49 P.)
oficie de testigo / Pero es ayer “Pág. 23) la representa un eslabón más en la obra co
soledad circunstancial (“Tendré que ser herente del poeta. En el se continúa esa
ahora / la madre de mi misma / parirme temática permanente y reiterada que res
reluciente / con un duro cordón umblical / ponde a una larga tradición lírica pero que
atado a nada” Pág. 21), pero también exis Riccetto la adapta a su medio, a su circuns
te el amor alegre, mágico (“siempre los dos tancia histórico-geográfica: la naturaleza
para engendrar el mundo / y obligados a y la mancomunión humana en ese ámbito
darlo / luminoso / a través del milagro y natural. A pesar de lo transitado del tema
del abrazo. Pág. 19). Este sería, entonces, Riccetto no cae en facilidades en su estilo
el contexto más valioso del volumen y don ni su expresión poética es retórica o vacua.
de la visión es más profunda y coherente. Esta poesía de gran arraigo en lo telúrico
El resto no está al mismo nivel. En la tiene una fuerza expresiva muy particular,
primera parte se comprueba que la poetisa que convierte, por momentos, la visión del
no se ha desprendido de la tutela de los poeta en un exaltado panteísmo (“y una
clásicos y es la más floja y despareja del calandria viene a mi ventana / porque hoy
volumen. La revalorización y el canto de no he madrugado / y me precisa el aire: /
temas intimos, intransferibles y menores yo también soy paisaje / Pág. 38).
no están elevados a un plano esencialmente El libro, es también rico en metáforas, en
poético y los objetos no crecen de su coti- símbolos, muchos de los cuales se reiteran
dianeidad más inmediata. creancto un cuma de referencias que nos
La tercera parte (si bien superior a la llevan a zonas mas íntimas de su lengua
primera) tampoco está a la altura de ese je y de su visión.
núcleo central amproso donde surge la voz El poeta no mira su medio, su ambiente,
auténtica de Castelvecchi. El esencialisme con objetividad, desde fuera, sino que él
es una presencia más y fundamental del
mismo. Por eso hay un enriquecimiento re
cíproco entre el tema natural y el humano,
entre la naturaleza y el hombre, entre esos C EN TR O U R U G U A YO DE
objetos definidores de un mundo y quien
los canta (“Yo repito mi ser / en la m e PRO M O C IO N C U LT U R A L
moria / de mi sombra y el agua / el barro
que se yergue me repite” Pág. 28).
Pero el poemario no es solo un canto a
los elementos naturales que conforman un PROGRAMA
mundo delimitado por sus circunstancias
sino que es también un canto a los hom DE
bres que lo habitan y con los que se siente
hermanado a través de ese ámbito común EXPOSICIONES
y fermental.
Hay un tono optimista y de regocijo sen
sorial en este canto en que, por momentos
1966
los elementos naturales se unifican y todo
se confunde en la voz y en la presencia
del poeta, como en esa “noche de campo” Situado en el centro de la ciudad
que describe Riccetto (“Tendido sobre el (Edificio Ciudadela, Plaza Indepen
pasto / el cielo que ha bajado / me hum e dencia y Sarandí), el Centro Uru
dece / de relente y de noche / pág. 7). guayo de Promoción Cultural, que
en 1965 cumplió una activa y desta
Se percibe en la lectura del texto algunas cada labor intelectual, iniciará el 12
influencias importantes de los grandes cul de abril su programa de Exposicio
tivadores (Aleixandre, García Lorca, etc.) nes de Pintura y Escultura uruguaya
de esta temática, pero se percibe tam bién contemporáneas en las que interven
que estas influencias no han prohijado a drán, sucesivamente:
Riccetto ya que en su tratam iento poético
hay una voz original, reconocible y propia.
Hay también un medio identificable que se
filia en una tradición nacional y que de
termina esta voz. Tampoco se cae en el folk-
OSCAR GARCIA REINO
lorísmo estéril y falso a que son proclives
TERESA VILA
muchos publicitados cultores del género,
GERMAN CABRERA
consecuencia de que se vive con intensidad
ENRIQUE FERNANDEZ
aquello que se canta.
GLAUCO TELLIS
Por último cabe señalar que la visión del RUISDAEL SUAREZ
poeta está en un medio camino entre un LUIS ARBONDO
mirar cotidiano y un m irar trascendente JOSE GAMARRA
que hace que estemos ante una obra am CARLOS FOSSATTI
bigua y parcialmente frustrada. También MIGUEL BRESCIANO
carece de la necesaria fuerza expresiva que
el tema requiere y que el poeta parece im
ponerse. Pero hay un buen dominio del len
guaje, una clara orquestación de los m oti
vos, una madura autocrítica y como coro
Todos los días, de 14.30 a 21 horas.
nación del libro un único soneto (“Porque
si”) de gran calidad y de impecable estruc
tura; lo mejor del libro. - N. M.
los hechos que pueden afectar a terceros.
MOTAS Creo, además, que si tanto revuelo (jus
tificado) se ha formado en torno a la prohi
bición de “491” desde el punto de vista de
"4 9 1", censura y pornografía la defensa de la libertad artística, una pro
hibición de películas puramente pornográ
Un nuevo hecho de censura viene a con ficas a mayores de edad sería atentatoria a
firmar una amenaza que ya había dado la libertad del individuo y debería causar el
malos frutos en años anteriores. La prohi mismo justificado revuelo.
bición de la película “491” en su forma El espectáculo público, artístico o no, se
original es un hecho de esos que “no pue elige, va el que quiere ir; como la radio o
den” suceder en el Uruguay. Sin embargo, el televisor, que se pueden apagar. La mejor
ha sucedido. defensa de este punto de vista es una anéc
El estreno del film fue precedido de una dota referida a alguien que, efectivamente
exhibición privada y de un (discutible) aus ofendido por lo que estaba presenciando, se
picio de parte de la Asociación de Cronis retiró del cine. Cada individuo tiene su
tas Cinematográficos del Uruguay. Sin em umbral de paciencia o de “ofensa”; todos
bargo, el día del estreno en el cine Coven- soportamos diferentes intensidades de luz,
try se hicieron presentes en la sala funcio de sonido y también de violencia o de cur
narios municipales que exigieron la reali silería. Personalmente, me ruborizo frente a
zación de cortes en el film o su inmediata dos o tres minutos de teleteatro argentino
prohibición. En una primera instancia el y no creo, en cambio, que me conmoviera
propietario del film se negó a ellos pero presenciar una escena de bestialidad.
después, como siembre ha sucedido, acce
dió. (‘Sólo dos minutos”, pero que moral Propongo algunos problemas:
mente son iguales a treinta). 1) La Franja Verde. Es una humillación
No se trata de un hecho nuevo, ni mu que se inflije a las “Sras. y Srtas.” a quie
cho menos. Es una vieja historia, que cubre nes está dirigida. ¿Tiene algún efecto res
films de valor (La ronda, Un verano con trictivo? (Recuerdo de mi época de adoles
Mónica, El silencio), o sin valor (Jóvenes cente que la Franja Verde era uno de los
Afroditas, 491), fruto de la presión buro expedientes a que recurríamos, junto a la
crática municipal. (Ver nota de HAT en “calificación moral” que entonces sólo salía
TEMAS N<? 2). en “El Bien Público”, para estar seguros de
El problema está estrechamente ligado que una película era de verdad “relajada”).
a la represión de la pornografía (ver a r ¿Es posible tolerar esa distinción, entre
tículo de J. C. Guiral en esta revista), una hombres y mujeres, en 1966? ¿Saben Uds.,
de cuyas componentes fundamentales es la además, que un Cine Club fue multado por
noción de “ofensivo al pudor”. No necesito exhibir “La fuente de la doncella” sin Fran
hacer una historia de las costumbres por ja Verde?
que todos saben cómo ha variado a través
de poco tiempo la noción de pudor. A n a 2) No sólo se restringe la exhibición de
die (Uruguay 1966) ofende, creo, la exhibi lo pornográfico sino también la exhibi
ción de cuerpos desnudos. Quizás el límite ción de la violencia, siendo esto último una
actual de la “ofensa” se sitúe, para la ma vieja aspiración de muchos supuestos
yoría del público, en la exhibición próxima “avanzados”. Estoy convencido de que pre
de órganos sexuales. senciar un espectáculo violento (un film de
La función del Estado como controlador guerra, una obra teatral como “¿Quién le
de la moral pública (¿qué cosa distinta teme a Virgina Woolf?”) es un excelente
es “la moral pública” que una extraña su medio de dar rienda suelta, vicariamente,
ma o promedio de la moral de todos los claro está, a los propios impulsos; del mis
individuos?) no puede ir más allá de los mo modo actúan ciertas formas del jazz y
menores de 18 años, salvo, claro está, en del canto y baile “flamencos”.
3) El más grave y más teórico: la por portante. En Montevideo, según un censo
nografía no está al alcance de los menores, de octubre de 1843, los franceses que se
que son, y esto todo psicopedagogo lo sabe, declararon tales, constituían cerca de un
sus consumidores más ávidos. Del mismo cuarto total de la población.
modo que no pueden adquirir revistas por En el aspecto económico, Francia ocupó
nográficas pueden ver, en cambio, repro hasta la primera guerra mundial el segun
ducciones de desnudos de Goya, Rubens o do lugar, después de Inglaterra, en las in
Delacroix. Doy la palabra a los psicólogos: versiones en América Latina. La informa
¿hasta qué punto deslinda el adolescente ción de esta región era indispensable para
entre la “Maja Desnuda” de Goya e Isabel las previsiones de los banqueros, de los co
Sarli, desnuda? - Esteban Otero. merciantes y de los especuladores. Es nece
sario recordar que ninguno de los fundado
res de las tres primeras grandes agencias
Aspectos de la información fueron periodistas, sino hombres de nego
cios que en el momento oportuno trataron
periodística en Am érica Latina de llenar una nueva necesidad.
Al comienzo, el principal problema de las
El primer siglo de vida institucional de agencias era la transmisión de noticias.
Por ejemplo, en 1865, la noticia del asesi
la mayor parte de los países sudamerica
nato de Abraham Lincoln tardó un mes en
nos ha sido marcado por el monopolio fran
cés en el plano de la información. Por lo llegar a Santiago de Chile por correo ma
rítimo.
tanto, la visión del mundo que tenían los
lectores de periódicos de esta parte del El primer cable que atravesó el Atlántico
continente era bajo el ángulo francés. “La Sur, uniendo Europa y esta parte del con
Agencia Havas en América del Sur no es tinente llegó a la costa brasilera en los
sólo un grupo de diarios, es toda la pren primeros meses de 1874. Desde 1866, exis
sa”, declaraba en 1911 el director de la tía un cable a través de la desembocadura
del Río de la Plata que aseguraba la comu
misma, Charles Houssaye. Ella fué el cor
nicación entre Montevideo y Buenos Aires.
dón umblical por el cual Francia alimentó
En 1869, Havas y Reuter decidieron explo
con su cultura y su civilización los países
tar a gastos comunes el servicio de infor
de la América Latina. Esta agencia de in
maciones para la América del Sur. Esta
formación fué uno de los principales fac
unión duró hasta mayo de 1876.
tores de acercamiento de los países suda
mericanos hacia Francia, pues las actitudes
de una opinión pública nacional respecto BRASIL, ARGENTINA Y URUGUAY
a un país extranjero dependen en gran
parte de la percepción que ella se ha for El servicio de la Agencia Telegráfica Ha-
mado, en función de como fué informada. vas-Reuter comenzó a publicarse en el
“Jornal do Comercio” de Río de Janeiro, a
partir del 1 de agosto de 1874.
INVERSIONES Y EMIGRANTES’
En Argentina, el primer diario en publi
La agencia francesa se instaló en Amé car el servicio telegráfico europeo fué “The
rica del Sur después de la repartición del Buenos Aires Herald”, diario inglés funda
mundo —julio 1859—, por parte de las do el 15 de setiembre de 1876 en la capital
agencias existentes, Havas (francesa), Reu- bonaerense.
ter (inglesa) y Wolff (alemana), que le ad En Uruguay, el servicio Havas, con infor
judicó la América española y portuguesa. maciones comerciales, apareció en 1875 en
Las razones de Havas para elegir esta “El Telégrafo Marítimo”. En 1882 se pudo
parte del mundo fueron el gran número de leer en “El Hilo Eléctrico” de León Strauss,
emigrantes y las inversiones francesas. el servicio telegráfico completo de informa
La emigración francesa, especialmente en ciones de todo el mundo. El 6 de octubre de
los países del Atlántico Sur, fue muy im 1885 se inauguró el primer servicio telegrá-
fleo cotidiano con Europa por parte de “La Durante la última guerra, Havas se
France”, órgano de la colonia francesa, di transformó en un instrumento de propa
rigido por Carlos Garet. Es de destacar que ganda del Gobierno de Vichy. A la libera
aun no existía un servicio telegráfico coti ción, las oficinas de Havas fueron rea
diano con los departamentos del interior. grupadas, creándose la Agencia France-
Era más fácil para la prensa montevideana Presse.
recibir una noticia de París, que de Salto. Manuel Olarreaga
Cuando los diarios comienzan a publicar
las noticias internacionales del servicio
Havas, el público sud-americano manifies La muerte de Carlos Vega
ta una cierta resistencia a creer en la au
tenticidad de esos cables. Los diarios chi No es lugar común ni generoso ni per
lenos, por ejemplo, publicaban el texto ori donable entusiasmo postrero de sudameri
ginal con la traducción al lado, para darle cano, decir que la muerte de Carlos Vega
un carácter de mayor verosimilitud. acaecida en Buenos Aires hace unos días,
despoja a la musicología universal de una
LAS’ AGENCIAS AMERICANAS de sus mentalidades más robustas, más
audaces, más lúcidas.
Este período próspero para la agencia Iba a cumplir 68 años y en el mes de
francesa, que ilustra la declaración de C. octubre pasado en su estudio de la calle
Houssaye, llega a su fin con la primera Cangallo con voz quebrada me dijo: “Ayes-
guerra mundial. tarán: me muero dentro de tres meses.
Durante el eclipse de Havas, las agencias Sin embargo, aquí dentro —y se tocó la
americanas encontraron un mercado in frente— hay ideas y libros inéditos para
teresante en los diarios sudamericanos, alimentar treinta años de vida”. Sus ma
quienes les llevaron a transformarse en nos entonces recorrieron los altos manus
agencias mundiales. Ellos tenían una masa critos de transcripción de los trovadores y
de lectores, la mayor parte europeos, que como quien no da mayor importancia nos
exigían una vasta información del Viejo mostró prolijamente los originales de su
Mundo. Algunos de estos diarios publica último libro que entraba en ese momento
ban un número de páginas superior a la en la imprenta, “El Tango Argentino”, el
de los periódicos europeos, de manera que definitivo ensayo —creo— sobre este tema.
las agencias americanas fueron obligadas “Músico soy y nada de la música me es
a desarrollar considerablemente sus servi ajeno”, pensé yo. Carlos Vega había con
cios. cebido la música como una coherente y
Después de la guerra 1914-18, la Asso vasta unidad que había que estudiar en
ciated Press y la United Press le hicieron toda la profundidad y en toda la extensión
la vida difícil a la agencia francesa. de su vivencia. Frente a la tradicional mu
Durante la década del treinta, la agen sicología histórica y restricta de los tiem
cia Havas tuvo un reflorecimiento que du pos pretéritos que él conocía tan bien
ró hasta la segunda guerra mundial. El se —sobre todo el de la Edad Media secular—
debió a la actividad de un gran periodista, se alineaba en su mente una musicología
León Rollin, y a la utilización de la radio que tocaba, ya en la realidad folklórica,
telegrafía para la transmisión de noticias, ya la de la mesomúsica, ya la de las cul
lo cual permitió abaratar los gastos. Las turas no occidentales.
agencias americanas ligadas por contratos Antes de que Jaap Kunst hubiera acu
a las compañías de cables tardaron mucho ñado en 1950 la palabra “Etnomusicolo-
tiempo en convencerse de la eficacia de la tgía”, Carlos Vega trabajaba con la reali
radiotelegrafía, lo cual permitió a la Agen dad musical que cubría esa expresión co
cia Havas demostrar la calidad de sus ser mo un experto consumado.
vicios renovados y relativamente más ba Había nacido Vega en Cañuelas, provin
ratos, consolidando su antiguo prestigio. cia de Buenos Aires, el 14 de abril de 1898,
h y en una carta memorable enviada a cier- dían conocerse por tradición oral en el
ll to promotor musical que criticó con li- mundo folklórico, previa una severa críti
Ú viandad extrema su tratado de “Fraseolo- ca de los materiales recolectados. Para de
i; gía” se retrató así: “Quiero decirle ante mostrar esa hipótesis comenzó entonces
todo, algunas palabras sobre mi supuesto una doble y larga faena de recolección:
aislamiento y mi condición de autodidac por un lado en el estrato folklórico suda
ta. No existe un autodidacta absoluto: Ud. mericano; por otro en los códices trovado
sabe que llamamos así a quien no tuvo rescos. Para ello era necesario dar con la
estímulo ni el apremio directo del maes clave de la notación trovadoresca ya que
tro, pero nadie puede prescindir de los las versiones que se conocían —insuficien
maestros, indirectamente. Yo tuve a los tes y contradictorias— no sastifacían ni
doce años, profesor de teoría y solfeo, a sastifacen el deseo de realizar una lectura
los quince de violín, a los diez y siete de coherente de los documentos. Esa clave se
guitarra, después de piano y finalmente inducía por los vestigios sobrevivientes del
de armonía. A los veinticinco años era arte trovadoresco en el campo del folklore
concertista y ofrecí algunos actos de con sudamericano, y se deducía de la lectura
cierto en Buenos Aires. En seguida aban cuidadosa y paciente de los teóricos me
doné la música como arte para dedicarme dievales que trataban, a manera de compleja
a la musicología, en la cual soy autodidac teoría del solfeo del siglo XIII, las notacio
ta. Desde entonces (1928) me dediqué a nes de ese período.
estudiar los trabajos de los más grandes Los resultados fueron anticipados en dos
musicólogos del mundo. Gran parte de la ocaciones: en un folleto “El movimiento
obra de Hombostel me es perfectamente de los trovadores” publicado en 1959 y en
conocida”. .. un extenso artículo aparecido en el núme
Después de dar a conocer en 1931 su ro 35 del “Boletín Interamericano de Mú
primer libro sobre “La música de un có sica” editado en Washington por la Unión
dice colonial del siglo XVII”, se lanzó a Panamericana. Previamente, invitado por
la tarea de recolección sistemática del fol la Unesco, disertó en 1957 en el Instituto
klore musical argentino. A lomo de muía de Musicología de la Universidad de París,
con su aparato “Presto” de grabación de presentado en esa oportunidad por el más
discos y su grupo electrógeno que pesaba eminente medievalista francés, Jacques
más de 30 kilos se internó en el Chaco y Chailley.
tomó en la tribu de los “matacos” impre Entre tanto Vega había ido publicando
sionantes registros que son hoy uno de los una obra gigantesca en extensión y pro
tesoros de la etnología musical sudameri fundidad: “Danzas y Canciones Argenti
cana. Provincia a provincia y luego los nas” en 1936, los dos volúmenes de su “Fra
países limítrofes, fué cubriendo metódica seología” en 1941, el “Panorama de la mú
mente su recolección y paralelamente si sica popular argentina” en 1944, “Los ins
guió trabajando en los códices trovadores trumentos aborígenes y criollos de la Ar
cos cuyas copias fotostáticas le había do gentina” en 1946, “Las danzas populares
nado en testamento el gran arabista Ju argentinas” en 1952, “La ciencia del Fol
lián Ribera, el autor de “La música en las klore” en 1960, “Las canciones folklóricas
Cantigas” de Alfonso el Sabio. La obser argentinas” en 1965. Omito la enumera
vación inicial de Carlos Vega hace 35 años ción de sus libros menores.
íué la de percatarse de la similitud de los Sin embargo sus obras definitivas: “Los
sistemas musicales del folklore sudameri Cancioneros Argentinos” y “La música de
cano con los que “a prima facie” y hasta los trovadores”, permanecen inéditas.
donde se conocían, existían en la música Cuando ellas vean luz, todas la audaces
profana europea del siglo XIII. Surgió en hipótesis de Vega, alcanzarán su demostra
él de inmediato la “hipótesis de trabajo” ción y coronamiento. Frente al espíritu
de que la música de los trovadores no acumulativo anglosajón, simplista y osten
había muerto y que sus características po- toso, él se lanzó a la elaboración de los
materiales y desembocó en ideas como la el Sodre (1) para realizar tres disertacio
del ascenso y descenso de las danzas fol nes sobre folklore argentino; llegó con sus
klóricas en los salones señoriales primero grabaciones y registró en el Instituto un
y burgueses luego que hoy corren por todo ciclo que de inmediato se va a escuchar.
el mundo. Pero también, frente al espíri El Archivo de la Palabra del Sodre presta
tu frívolo y comodón de los sudamerica hoy un invalorable servicio porque debe sa
nos de elaborar hipótesis conjeturales sin berse que es esta una de las pocas veces
sustento masivo de documentos ni crítica en que su voz quedó debidamente regis
de los mismos, se lanzó a la agobiadora trada. ¿Y qué mejor homenaje que éste de
tarea de recolectarlos en su misma fuente. escuchar una lección del gran maestro que
Su colección de grabaciones de campo, la acaba de desaparecer?
más importante de la América Latina, al
canza a seis mil registros. Y como si ello Lauro Ayestarán
fuera poco orientó al grupo de investiga
dores que comenzaron a tomar contacto (1) El profesor Ayestarán tenía una larga
con la realidad del folklore del continen amistad y devoción personal por el ilustre Carlos
Vega. Este texto que nos ha cedido, con ‘‘Temas’’
te. Isabel Aretz y Luis Felipe Ramón y y a en la imprenta, fué leído por las ondas de CX 6,
Rivera, hoy en Venezuela; el que habla en Sodre (Radio Oficial) el 19 de marzo pasado. Sin
pretender ser el texto de homenaje al maestro de
el Uruguay. saparecido. que el Profesor Ayestarán está prepa
rando, encierran el testim onio inmediato y espon
Hace cinco años Vega fué invitado por táneo que nos interesaba recoger y aquí lo damos.
Poetas Jóvenes del Perú
Selección y Nota:
JOSE MIGUEL OVIEDO
En el Perú, la temperatura literaria actual está dada por sus jóvenes poetas.
Desde las aulas universitarias; utilizando como instrumentos ciertas revistas ex
clusivamente poéticas (sobre todo, H araui); al amparo de instituciones que les
brindan tribunas para escribir, enseñar o leer sus propias obras; estimulados por
premios que les consagran en plena juventud (Premio “El Poeta Joven del Pe
rú”, con 15,000 soles de recompensa y publicación) y por editoriales (como “La
Rama Florida”, montada por el poeta Javier Sologuren a partir de una “miner
va”) que les imprimen plaquetas pulcras y económicas; detectados desde tem
prano por la crítica y los estudios de la literatura; hasta con algunos centros
de reunión que facilitan la discusión y el contacto personal, los poetas perua
nos de hoy comienzan a practicar su oficio en condiciones muchísimo' más ven
tajosas que los de la generación anterior. Estos (y los anteriores también) tu
vieron que vencer la resistencia de una Lima que, culturalmente, era un perfec
to páramo, donde ser poeta era una ridicula locura, una enfermedad vergonzosa
que esconder; los de ahora reciben orgullosamente el título de poetas cuando
cfuzan el umbral de la adolescencia, dialogan sin sentimiento de inferioridad
con los mayores, exhiben una saludable insolencia cuando los entrevistan (lo
que no ocurre pocas veces), escriben en periódicos y, si pueden, escandalizan
y provocan. Las cosas han cambiado en este país y la insurgencia poética no
es uno de los fenómenos menos significativos.
Se reúnen aquí seis de ellos, ninguno de los cuales pasa de los 26 años;
los menores acaban de nacer a la literatura. Naturalmente, su obra édita es
breve (dos o tres libritos, a veces un cuaderno) y no es fácil distinguir qué ten
dencias representan ni de qué modo vienen a implantarse en el panorama ge
neral de la poesía peruana. Pero algunos rasgos generales pueden señalarse: en
primer término, son buenos lectores, se interesan por las obras de los otros
—no siempre para destrozarlas. Luego, son descreídos estéticamente (aunque no
políticamente): no hay teoría que los satisfaga, ni siquiera la suya propia y
por eso, siendo distintas sus búsquedas, el tono que los hermana “generacional
mente” es el escepticismo, la reserva, la duda. Por último, no ignoran a los jó
venes que, en la costa o en la sierra, tratan de mover las pesadas losas que
sellan la cultura provinciana. Los poetas de Lima escuchan ahora las voceé que
les llegan desde Trujillo, Arequipa, Cuzco, y hasta auspician su “debut” capi
talino.
Estos seis son, pues, frutos selectos de una cosecha muy rica. ¿Qué nos
dicen, cómo nos lo dicen? Sin dogmas literarios, jactándose de su sinceridad
cada uno canta a su modo: César Calvo parece el de lenguaje más lujoso y mo
dulado, el de imágenes más deslumhrantes, refinadas; Rodolfo Hinostroza en
joya también sus versos, lentos y amplios, para dar cabida a extrañas visiones
que mezclan incongruentemente la mitología y los acontecimientos políticos in
mediatos; Javier Heraud refleja en su poesía una generosa pasión por la vida
y una turbadora premonición de la muerte; Antonio Cisneros reconstruye es
cenas de nuestra historia para demolerlas bajo el peso de una crítica sarcástica,
de fría lucidez; Julio Ortega mira el espectáculo de su vida interior que lo sii-
merge en un mundo de espejos metafísicos y de angustias indefinibles; Marco
Martos elige deliberadamente el prosaísmo y se burla de la absurdidad de todo.
Son sus primeras palabras y no garantizamos que algunas no parezcan balbu
ceos. De todos modos, son voces que nos interesan, que nos conmueven; ojalá
escapen a esa triste ley de la literatura peruana que ha condenado a sus poetas
a la muerte prematura — esto es, al silencio— al borde de los 30 años.
A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera
(un silencio de jazz sobre la hierba).
Y pregunto y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?
POEMA II
Tu nombre.
Vaho de hollín perdido en un espejo,
serpiente de mercurio
en el pico roto de un huaoquirí,
tu nombre que cae en la mano de los mendigos,
tu nombre como una llave en el fondo de un pozo,
tu nombre como un ala de ceniza
ardiendo
en todas partes
sobre mi corazón.
POEMA V
(No ignoro que los muertos esperaban, al doblar inmediato de cada des
pedida, para poner el asco de su sed en tu rostro. Si de silencio entonces mis
trajines de pez sobre tus hombros, fue porque a los pantanos desnudo y siempre
solo contigo fui, monstruosamente hermoso.
Magdalena, tu rostro.
Rodolfo Hínostroza
AL EXTRANJERO
FINAL
Javier Heraud
MI CASA
1
Mi cuarto es una
manzana,
con sus
libros,
con su
cáscara,
con su cama
tierna para
la noche dura.
Mi cuarto es el
de todos,
es decir,
con su
lamparín que
me permite reir
al lado de Vallejo,
me permite reir
la luz eterna de
Neruda.
Mi cuarto, en
fin,
es una
manzana,
con sus libros,
sus papeles,
conmigo,
con su .
corazón.
P or mi ventana nace
el sol casi todas
las mañanas.
Y en mi cara,
en mis manos,
en el dulce
clamor de la luz pura,
abro mis ojos entre la
noche m uerta,
entre la tierna
esperanza de
quedar vivo un
día más,
un nuevo día,
para
abrir los
ojos ante la
luz eterna.
YO NO ME RIO DE LA MUERTE
Tú quisiste descansar
en tierra m uerta y en olvido.
Creías poder vivir solo
en el m ar, o en los montes.
Luego supiste que la vida
es soledad entre los hombres
y soledad entre los valles.
Que los días que circulaban
en tu pecho sólo eran m uestras
de dolor entre tu llanto. Pobre
amigo. No sabías nada ni llorabas nada.
Yo nunca m e río
de la m uerte.
Sim plem ente
sucede que
no tengo
miedo
de
m orir
entre
pájaros y árboles.
Yo no me río de la m uerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariam ente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
‘y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reir de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.
Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.
Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
y ustedes preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando,
yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.
EL NUEVO VIAJE
Hacia
las blancas ¿montañas
que me esperan
debo viajar nuevamente.
Y sin embargo,
caminando un poco,
volteando hacia la izquierda,
se llega a la montaña
y a los ríos.
No es que yo quiera
alejarme de la vida,
sino que tengo
que acercarme hacia la muerte.
No es que yo quiera
asegurar mis pasos:
a cada rato nos
tienden emboscadas,
a cada rato nos roban
nuestras cartas,
a cada rato nos salen
con engaños.
Es mejor: lo recomiendo:
Alejarse por un tiempo
del bullicio
y conocer
las montañas ignoradas.
ARTE POETICA
un relámpago maravilloso,
una lluvia de palabras silenciosas,
un bosque de latidos y esperanzas,
el canto de los pueblos oprimidos,
el nuevo canto de los pueblos liberados.
Y la poesía es entonces,
el amor, la muerte,
la redención del hombre.
Antonio Cisneros
PACHACAMAC
II
Durante este verano de 1526,
derrumbóse la lluvia
sobre sus diarios trajines y cabezas,
cuando ninguno había remendado
las viejas armaduras oxidadas.
Crecieron también, negras higueras-
entre bancas y altares.
En los tejados
unos gorriones le cerraban el pico
a las campanas.
Después en el Perú, nadie fue dueño
de mover sus zapatos por la casa
sin pisar a los muertos
ni acostarse junto a las blancas sillas
o pantanos,
sin compartir el lecho con algunos
parientes cancerosos.
Cagados por arañas y alacranes,
pocos sobrevivieron a sus caballos.
El caballo, un libertador
de verde bronce y blanco
por los pájaros.
Tres gordas muchachas:
Patria, Libertad
y un poco recostada
la Justicia. Junto al rabo
de caballo: Soberanía,
Fraternidad, Buenas Costumbres
(gran barriga y laureles
abiertos en sus manos).
Modestia y Caridad
refriegan ramas
sobre el libertador,
envuelto en la bandera
verde y blanca.
Arcángeles con cuernos
de abundancia. Una placa
con el nombre del muerto,
alcalde de turno,
firmas auspiciadoras,
las batallas, presidente
y obispos. Empalados
senderos, escaleras
para uso de mendigos, oxidadas
casi a diario por los perros.
Bancas de palo, geranios, otras muchachas
(su pelo blanco verde): Esperanza,
Belleza, Castidad,
al fondo Primavera, ficus agusanados,
Democracia. Casi a diario
también, guardias de asalto:
negros garrotes, cascos verdes
o blancos por los pájaros.
Julio Ortega
JULIO ORTEGA
MI PADRE
Destello
ojo anhelante.
Fluye una mano de dedos invisible.
Aprehende en su temblor —viento
tras el ala—.
Va el cuerpo opaco: ciega
la luz en sus ojos.
Pero fugaz ha sido visto
desde un espejo oculto.
Aquel destello lo descubre:
quieto.
Y se rinde, como una piel,
el cuerpo.
FABULA
¿Recuerdas
los cuentos
de princesas
y animales,
recuerdas
los cuentos
de las uvas
y las zorras,
de la lechera
y de sus sueños,
de la cigarra
y de su canto,
los recuerdas?
Te voy a dar
una sorpresa:
también yo soy un animal,
también se han ocupado de mí
sin saberlo:
soy la vituperada cigarra
de los cuentos morales,
soy la cigarra
y canto en el verano
con mis pinceles negros,
con mis mágicas palabras
robadas de los diccionarios,
canto alegremente
a lo que me rodean:
canto al amor sencillo y bueno,
canto a los deseos turbios,
canto al mar —gigantesco mensaje
de esperanzas y torbellinos—,
canto al hombre
y a sus sueños,
canto a todo lo que veo.
Soy feliz,
soy la cigarra de los cuentos.
No lo olvides:
soy la cigarra y canto
y pido un favor
con la mirada puesta
en las estrellas:
búscame un amigo
que me dé pan y vino,
casa y trabajo fácil
en los duros días
que se acercan.
Sé que estamos en febrero,
pero soy una cigarra moderna,
me estoy volviendo cauto.
Todos suponen
que mis veinte años
encierran juventud
y un sol agradable.
Todos creen
que rezo los domingos
o que soy camarada.
Se engañan.
Soy un ser despreciable.
Destilo pus
y escupo vinagre.
Mi barca navega
sin velas
por las cloacas.
Sé que soy malo,
no se engañen.
Soy malo,
pero trato de arreglarme.
Con desusado
interés
leo libros y revistas
sobre
la cuestión social
pero no visito
las barriadas
ni quiero alfabetizar.
Cargado
de dudas
digo mi palabra
a los que buscan
mi amistad.
Qué puede importar
lo que pienso
a todos los demás:
yo no hablo
de barquitos
ni hago
juego intelectual;
escribo
para calmar
mis nervios,
casi por necesidad.