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Temas 5

La historia describe la construcción de la Casa Verde en Piura, Perú por don Anselmo. A pesar de los desafíos y la duda de los vecinos, don Anselmo persevera en la construcción con entusiasmo. Cuando está terminada y pintada de verde, se convierte en un punto de reunión popular. Luego don Anselmo abandona la ciudad de forma misteriosa.

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Temas 5

La historia describe la construcción de la Casa Verde en Piura, Perú por don Anselmo. A pesar de los desafíos y la duda de los vecinos, don Anselmo persevera en la construcción con entusiasmo. Cuando está terminada y pintada de verde, se convierte en un punto de reunión popular. Luego don Anselmo abandona la ciudad de forma misteriosa.

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Mario Vargas Llosa

LA CASA VERDE
Alejandro Paternain: PRESENTACION DE PIERRE
EMMANUEL — Héctor J. Apezechea: EN TORNO
A LA SOCIOLOGIA DEL PODER — Graciela
Mántaras Loedel: EL MUNDO DE UN FRON­
TERIZO — Jesús C. Guiral: LO EROTICO
Y LO PORNOGRAFICO — Jorge Sclavo: UN
CUENTO DE MUERTES — Milton
Schinca: ELLOS Y SUS MENTES SELLADAS
Encuesta
EROTISMO, PORNOGRAFIA, CENSURA
Contestan: C. Martínez Carril - Gabriel Saad
Esteban Otero - Claudio Trobo - Clara Silva
Carlos Martínez Moreno
SEIS POETAS JOVENES DEL PERU
presentados por José Miguel Oviedo

ENERO - FEBRERO - MARZO 1966


\

POR UNA NUEVA NOVELA, Alain Robbo-Grillet

LOS DIFICILES, Max Frisch

EL SIGLO DE LAS LUCES, Alejo Carpentier

MAMMA ROMA, P ier Paolo Pasolini

OBRA ABIERTA, Umberto Eco

EL CRAC DEL 29, J. K. Galbraith

LOS BUENOS NEGOCIOS, Gabriel Celaya

CONSTANCIA DE LA RAZON, Vasco Pratolini

Representantes en Uruguay

LIBRERIA EDITORIAL ALFA

Ciudadela 1389 - Montevideo


Director Responsable: BENITO MILLA
Secretario de Redacción: Hugo García Robles
Distribución: Editorial Alfa, Ciudadela 1389, Montevideo

ENERO - FEBRERO - MARZO I960 - No. 5

2 MORAL Y POLITICA. Editorial.


Artículos
8 Alejandro Paternain
PRESENTACION DE PIERRE EMMANUEL
20 Héctor J. Apezechea
EN TORNO A LA SOCIOLOGIA DEL PODER
23 Graciela Mántaras Loedel
EL MUNDO DE UN FRONTERIZO
26 Jesús C. Guiral
LO EROTICO Y LO PORNOGRAFICO
30 Fuegos Cruzados
ENCUESTA SOBRE EL EROTISMO Y LA PORNOGRAFIA
Responden: C. Martínez Carril, Gabriel Saad, Esteban Otero, Claudio
Trobo, Clara Silva y Carlos Martínez Moreno.
Narrativa
3 Mario Vargas Llosa
LA CASA VERDE
36 Jorge Sclavo
UN CUENTO DE MUERTES
Poesía
40 Milton Schinca
ELLOS CON SUS MENTES SELLADAS
Crítica
47 Nelson Marra
LA POESIA DE CLARIBEL ALEGRIA y reseñas sobre Octavio Paz,
Gladys Castelvecchi, Zelmar Riccetto.
52 NOTAS: “491”, CENSURA Y PORNOGRAFIA, por Esteban Otero.
ASPECTOS DE LA INFORMACION PERIODISTICA EN AMERICA
LATINA, por Manuel Olarreaga. LA MUERTE DE CARLOS VEGA, por
Lauro Ayestarán.
57 SUPLEMENTO: 6 POETAS JOVENES DEL PERU presentados por José
Miguel Oviedo: César Calvo, Rodolfo Hinostrosa, Javier Heraud, An­
tonio Cisneros, Julio Ortega, Marco Martos.

P R E C I O S : Uruguay, $ 20.00 - Argentina, 100.00 - Otros Países: U$S 4.00 un año (4 números)
Moral y Política
El proceso a los escritores soviéticos André Siniavsky y Yuli
Daniel culminó con la condena de ambos a siete y cinco años de
trabajos forzados, respectivam ente. Ya ha corrido mucha tinta des­
de que esta inicua sentencia fuera promulgada. Pero es un deber
para todos los intelectuales p ro testar con vehemencia ante esta
nueva agresión contra la libertad de pensamiento. Y meditar sobre
su significación profunda. Porque esa condena replantea, con la dra-
maticidad del caso, el problem a de las relaciones entre el intelectual
y el Estado y, de m anera m uy particular, entre los intelectuales
y la ideología m arxista.

El alcance del proceso a esos dos escritores soviéticos va más


allá de su misma circunstancia. Como han dicho los comunistas ita­
lianos, midiendo lúcidam ente el alcance de esa condena, el proceso
planteó “el problema más amplio de las relaciones entre la sociedad
soviética y sus intelectuales, entre la política y la cultura”. Para
el escritor comunista francés Louis Aragón, el asunto reviste más
gravedad todavía, llegando a m anifestar el temor de que la sen­
tencia del tribunal soviético prefigure, a los ojos de los observa­
dores occidentales, lo que será la justicia en los países donde triun­
fe el comunismo.

Esa misma duda debe planteársela cualquier intelectual de iz­


quierda que sinceram ente aspire a la instauración del socialismo.
Por nuestra parte, estamos convencidos que socialismo y estabilis­
mo no son la misma cosa y que los vicios inherentes a la sociedad
comunista no tienen que repertirse necesariam ente en el mundo
de mañana. Pero tam bién estamos convencidos de que la condición
indispensable para la libertad fu tu ra reside en la capacidad moral
e intelectual de que seamos capaces aquí y ahora. Por eso enten­
demos que callar ante la injusticia, donde quiera que se produzca,
y en este caso ante la bárbara condena a los escritores soviéticos
mencionados, es una m anera de p rep arar un porvenir sombrío, asin­
tiendo voluntariam ente ante la iniquidad y fomentándola con la
aquiescencia o el silencio.
Mario Vargas Llosa

La Casa Verde
“Ce lieu de perdition projetait un éclat fantastique. On le désignait
par des périphrases: “L'endroit que vous savez, — une certainte rue — ,
au bas des Ponts”. Les ferm ières des alentours en tremblaient pour
leurs maris, les bourgeoises le redoutaient pour feurs hommes, parce
que la cuisinière de M. le sous-préfet y avait été surprise; et c’était,
bien entendue, l’obsession secrète de tous les adolescents”.
Gustave FLAUBERT

...Ella devuelve m i mirada inservible, la de hace apenas quince


o veinte anos cuando la casa verde envenenaba el cielo.
Mario BENEDETTI

Fue así que nació la Casa Verde. Su vencido el forastero?, se preguntaban los
edificación demoró muchas semanas; los vecinos. Pero transcurrían los días y, sin
tablones, las vigas y los adobes debían ser dejarse abatir por los percances ni conta­
arrastrados desde el otro límite de la ciu­ giar por el pesimismo de conocidos y de
dad y las muías alquiladas por don An­ amigos, don Anselmo seguía desplegando
selmo avanzaban lastimosamente por el una asombrosa actividad. Dirigía los tra­
arenal. El trabajo se iniciaba en las ma­ bajos semidesnudo, la maleza de vellos de
ñanas, al cesar la lluvia seca, y terminaba su pecho húmeda de sudor, la boca llena
al arreciar el viento. En la tarde, en la no­ de euforia. Distribuía cañazo y chicha a
che, el desierto englutía los cimientos y en­ los peones y él mismo acarreaba adobes,
terraba las paredes, las iguanas roían las clavaba vigas, iba y venía por la ciudad
maderas, los gallinazos armaban sus nidos azuzando a las muías. Y un día los piu-
en la incipiente construcción y, cada ma­ ranos admitieron que don Anselmo ven­
ñana, había que rehacer lo empezado, co­ cería, al divisar al otro lado del río, fren­
rregir los planos, reponer los materiales, te a la ciudad, como un emisario de ella
en un combate sordo que fue subyugando en el umbral del desierto, un sólido, invic­
a la ciudad. ¿En qué momento se dará por to esqueleto de madera y de tierra cocida.
A partir de entonces, el trabajo fue rá­
MARIO VARGAS LLO SA nació en A re­ pido. Las gentes de Castilla y de las ran­
quipa, Perú, en 1936. Con Los Jefes, rela­ cherías del Camal, venían todas las ma­
tos, ganó el Premio Leopoldo Alas en Es­ ñanas a presenciar las labores, daban con­
paña, 1958. Pero su fama como gran nove­ sejos y, a veces, espontáneamente, echaban
lista comenzó al obtener el Premio Biblio­ una mano a los peones. Don Anselmo ofre­
teca Breve en 1962 y el de la Crítica en cía de beber a todo el mundo. Los últimos
1963 con su novela La Ciudad y los Pe­ días, una atmósfera de feria popular rei­
rros, traducida después a numerosos idio­ naba en torno a la obra: chicheras, fru­
mas. La Casa Verde, su segunda gran no­ teras, vendedores de quesos, dulces y re­
vela, de la que anticipamos este capítulo, frescos, acudían a ofrecer su mercancía a
aparecerá en breve en las ediciones Seix trabajadores y curiosos. Los hacendados
Banal, de Barcelona. hacían un alto al pasar por allí y, desde
r

sus cabalgaduras, dirigían a don Anselmo co de paciencia, ya sabrán. Indiferente al


palabras de estímulo. Un día, Chápiro Se­ revuelo de los barrios, seguía viniendo en
minario, el poderoso agricultor, regaló un las m añanas a La Estrella del Norte y be-
buey y una docena de cántaros de chicha bía, bromeaba y distribuía brindis y piro,
y los peones prepararon una pacham anca. pos a las mujeres que cruzaban la Plaza.
Cuando la casa estuvo edificada, don En las tardes se encerraba en la Casa Ver­
Anselmo dispuso que fuera íntegram ente de, a donde se había trasladado después
pintada de verde. Hasta los niños reían a de regalar a don Melchor Espinoza un ca­
carcajadas al ver cómo esos m uros se cu­ jón de botellas de pisco y una montura
brían de una piel esm eralda donde se es­ de cuero repujado.
trellaba el sol y retrocedían reflejos esca­ Poco después, don Anselmo partió. En
mosos. Viejos y jóvenes, ricos y pobres, un caballo negro, que acababa de com­
hombres y m ujeres, brom eaban alegrem en­ p rar, abandonó la ciudad como había lle­
te por el capricho de don Anselmo de pin ­ gado, una mañana al alba, sin que nadie
tarrajear su vivienda de tal m anera. La lo viera, con rumbo desconocido.
bautizaron de inm ediato: L a Casa V erde. Se ha hablado tanto en Piura sobre la
Pero no sólo los divertía el color, tam bién prim itiva Casa Verde, esa vivienda matriz,
su extravagante anatom ía. Constaba de dos que ya nadie sabe con exactitud cómo era
plantas, pero la inferior apenas m erecía ese realm ente, ni los auténticos pormenores de
nombre: un espacioso salón cortado por su historia. Los supervivientes de la época,
ciiáíro vigas, tam bién verdes, que soste­ m uy pocos, se embrollan y , contradicen,
nían el techo, un patio descubierto, tapiza­ h an acabado por confundir lo que vieron
do de piedrecillas pulidas por el río y un y oyeron con sus propios embustes. Y los
muro circular, alto como un hom bre. La intérpretes están ya tan decrépitos, y es
segunda planta com prendía seis cuartos m i­ tan obstinado su mutismo, que de nada ser­
núsculos, alineados ante un corredor con viría interrogarlos. En todo caso, la ori­
balaustrada de m adera que sobrevolaba el ginaria Casa Verde, la mítica, ya no existe.
salón del prim er piso. Adem ás de la en­ H asta hace algunos años, en el paraje don­
trada principal, la Casa V erde tenía dos de fue levantada —la extensión de desier­
puertas traseras, una caballeriza y una gran to lim itada por Castilla y Catacaos— se
despensa. encontraban pedazos de madera y objetos
En el almacén del español Eusebio Ro­ domésticos carbonizados, pero el desierto,
mero, don Anselmo compró esteras, lám ­ y la carretera que construyeron, y las
paras de aceite, cortinas de colores llam a­ chacras que surgieron por el contorno, aca­
tivos, muchas sillas. Y una m añana, dos baron por borrar todos esos restos y ahora
carpinteros de la G allinacera anunciaron: no hay piurano capaz de precisar en qué
Don A nselm o nos encargó u n escritorio, u n sector del arenal amarillento se irguió, con
m ostrador igualito al de “L a E strella del sus luces, su música, sus risas, y ese res­
N orte” y ¡m edia docena de camas!. E nton­ plandor diurno de sus paredes que, a la
ces, don Eusebio Romero confesó: Y a m í distancia y en las noches, la convertiría
seis lavadores, seis espejos, seis bacinicas. en un cuadrado, fosforescente reptil. En
Una especie de efervescencia ganó todos los las historias mangaches se dice que existió
barrios, una rum orosa y agitada curiosidad. en las proximidades de la otra orilla del
Brotaron las sospechas. De casa en casa, Viejo Puente, que era muy grande, la ma­
de salón en salón, cuchicheaban las bea­ yor de las construcciones de entonces, y
tas, las señoras m iraban a sus m aridos con que había tantas lámparas de colores sus­
desconfianza, los vecinos cam biaban son­ pendidas en sus ventanas, que su luz hería
risas perplejas y, un domingo, en la misa la vista, teñía la arena del rededor y hasta
de doce, el P adre García afirm ó desde el alum braba el puente. Pero su virtud prin­
púlpito: Se prepara una agresión contra la cipal era la música que, puntualmente,
m oral en esta ciudad. Los piuranos asalta- rompía en su interior al comenzar la tar­
. ban a don Anselmo en la calle, le exigían de, duraba toda la noche y se oía desde la
hablar. Pero era inútil: es u n secreto, les misma catedral. Don Anselmo, dicen, reco­
decía, regocijado como un colegial: un po­ rría incansable las chicherías de los ba-
rrios, y aun las de pueblos vecinos, en bus­ mo, la existencia de la Casa Verde no con­
ca de artistas, y de todas partes traía gui­ tradecía la Constitución ni era penada por
tarristas, tocadores de cajón, rascadores de el Código. Las damas quitaron el saludo a
quijadas, flautistas, maestros del bombo y las autoridades, les cerraron sus salones.
la corneta. Pero nunca arpistas: él tocaba Entre tanto, los adolescentes, los hombres
ese instrumento y su arpa presidía, incon­ y hasta los pacíficos ancianos se precipita­
fundible, la música de la Casa Verde. ban en bandadas hacia el bullicioso y lu­
—Era como si el aire se hubiera enve­ ciente edificio.
nenado —decían las viejas del Malecón—. Cayeron los piuranos más sobrios, los
La música entraba por todas partes aun­ más trabajadores y rectos. En la ciudad,
que cerráramos puertas y ventanas, y la antes tan silenciosa, se instalaron como pe­
oíamos mientras comíamos, mientras rezá­ sadillas el ruido, el movimiento nocturnos.
bamos y mientras dormíamos. Al alba, cuando el arpa y las guitarras de
—Y había que ver las caras de los hom ­ la Casa Verde callaban, un ritmo indisci­
bres al oírla —decían las beatas ahogadas plinado y múltiple se elevaba al cielo des­
en velos—. Y había que ver cómo los de la ciudad: los que regresaban, solos o
arrancaba del hogar, y los sacaba a la ca­ en grupos, recorrían las calles riendo a
lle y los empujaba hacía el Viejo Puente. carcajadas y cantando. Los hombres lucían
—Y de nada servía rezar —decían las el desvelo en los rostros averiados por la
madres, las esposas, las novias—, de nada mordedura de la arena y en La Estrella del
nuestros llantos, nuestras súplicas, ni los Norte referían estrambóticas anécdotas que
sermones de los Padres, ni las novenas, ni corrían de boca en boca y repetían los me­
siquiera los trisagios. nores.
—Tenemos el infierno a las puertas — — Ya ven, ya ven —decía, trémulo, el
tronaba el Padre García—, cualquiera lo Padre García—, sólo falta que llueva fuego
vería, pero ustedes están ciegos. Piura es sobre Piura, todos los males del mundo
Sodoma y Gomorra. nos están cayendo encima.
—Quizá sea verdad que la Casa Verde Porque es cierto que todo esto coincidió
trajo la mala suerte —decían los viejos re­ con desgracias. El primer año, el río Piura
lamiéndose—. Pero cómo se disfrutaba en creció y siguió creciendo, despedazó las
la maldita. defensas de las chacras, muchos sembríos
A las pocas semanas de regresar a Piu­ del valle se inundaron, algunas bestias pe­
ra don Anselmo con la caravana de habi­ recieron ahogadas y la humedad tiñó an­
tantes, la Casa Verde había impuesto su chos sectores del desierto de Sechura: los
dominio. Al principio, sus visitantes salían hombres maldecían, los niños hacían casti­
de la ciudad a ocultas; esperaban la oscu­ llos con la arena contaminada. El segundo
ridad, disecretamente cruzaban el Viejo año, como en represalia contra las injurias
Puente y se sumergían en el arenal. Luego que le lanzaron los dueños de tierras ane­
las incursiones aumentaron y a los jóvenes, gadas, el río no entró. El cauce del Piura
cada vez más imprudentes, ya no les im­ se cubrió de hierbas y abrojos que murie­
portó ser reconocidos por las señoras apos­ ron poco después de nacer y quedó sólo una
tadas tras las celosías del Malecón. En ran­ larga hendidura llagada: los cañaverales
chos y salones, en las haciendas, no se ha­ se secaron, el algodón brotó prematura­
blaba de otra cosa. Los púlpitos multipli­ mente. Al tercer año, las plagas diezmaron
caban advertencias y exhortos, el Padre las cosechas.
García estigmatizaba la licencia con citas — Estos son los desastres del pecado —ru­
bíblicas. Un Comité de Obras Pías y Bue­ gía el Padre García—. Todavía hay tiempo,
nas Costumbres fue creado y las damas el enemigo está en sus venas, mátenlo con
que lo componían visitaron al Prefecto y al oraciones.
Alcalde. Las autoridades asentían, cabizba­ Los brujos de los ranchos rociaban los
jas: cierto, ellas tenían razón, la Casa Ver­ sembríos con sangre de cabritos tiernos, se
de era una afrenta a Piura, pero ¿qué ha­ revolcaban sobre los surcos, proferían con­
cer? Las leyes dictadas en esa podrida ca­ juros para atraer el agua y ahuyentar los
pital que es Lima amparaban a don Ansel­ insectos.
—Dios mío, Dios mío —se lamentaba el correa con incrustaciones, pantalones ajus­
Padre García—. Hay hambre y hay miseria tados, botas de tacón alto y espuelas. Sus
y en vez de escarmentar, pecan y pecan. manos hervían de sortijas. A veces se de­
Porque ni la inundación, ni la sequía, ni tenía a beber unos tragos en La Estrella
las plagas detuvieron la gloria creciente del Norte y muchos principales no vacila­
de la Casa Verde. ban en sentarse a su mesa, charlar con él
El aspecto de la ciudad cambió. Esas y acompañarlo luego hasta las afueras.
tranquilas calles provincianas se poblaron La prosperidad de don Anselmo se tra­
de forasteros que, los fines de semana, via­ dujo en ampliaciones laterales y verticales
jaban a Piura desde Sullana, Paita, Huan- de la Casa Verde. Esta, como un organismo
cabamba y aun Tumbes y Chiclayo, sedu­ vivo, fue creciendo, madurando, hasta con­
cidos por la leyenda de la Casa Verde que vertirse en fortaleza. La primera innova­
se había propagado a través del desierto. ción fue un cerco de piedra, coronado de
Pasaban la noche en ella y cuando venían cardos, cascotes, púas y espinas para des­
a la ciudad se mostraban soeces y desco­ animar a los ladrones, que envolvía la
medidos, paseaban su borrachera por las planta baja y la ocultaba. El espacio ence­
calles como una proeza. Los vecinos los rrado entre el cerco y la casa fue primero
odiaban y a veces surgían riñas, no de no­ un patiecillo pedregoso, luego un nivelado
che y en el escenario de los desafíos, la zagúan con macetas de cactus, después un
pampita que está bajo el Puente, sino a salón circular con suelo y techo de esteras
plena luz y en la Plaza de Armas, en la y, por fin, la madera reemplazó la paja,
Avenida Grau y en cualquier parte. Esta­ el salón fue empedrado y el techo se cu­
llaron peleas colectivas. Las calles se vol­ brió de tejas. Sobre la segunda planta sur­
vieron peligrosas. gió otra, pequeña y cilindrica como un to­
rreón de vigía. Cada piedra añadida, cada
Cuando, pese a la prohibición de las au­ teja o madera era automáticamente pinta­
toridades, alguna de las habitantas se aven­ da de verde. El color elegido por don An­
turaba por la ciudad, las señoras arrastra­ selmo acabó por imprimir al paisaje una
ban a sus hijas al interior del hogar y co­ nota refrescante, vegetal, casi líquida. Des­
rrían las cortinas. El Padre García salía de lejos, los viajeros avistaban la cons­
al encuentro de la intrusa, desencajado; los trucción de muros verdes, diluida a me­
vecinos debían sujetarlo para impedir una dias en la viva luz amarilla de la arena,
agresión. y tenían la sensación de acercarse a un
El primer año, el local albergó a cuatro oasis de palmeras y cocoteros hospitalarios,
habitantas solamente, pero al año siguiente, de aguas cristalinas, y era como si esa le­
cuando aquellas partieron, don Anselmo jana presencia prometiera toda clase de re­
viajó y regresó con ocho y dicen que en compensas para el cuerpo fatigado, ali­
su apogeo la Casa Verde llegó a tener vein­ cientes sin fin para el ánimo deprimido
te habitantas. Llegaban directamente a la por el bochorno del desierto.
construcción de las afueras. Desde el Viejo Don Anselmo, dicen, habitaba el último
Puente se las veía llegar, se oían sus chi­ piso, esa angosta cúspide, y nadie, ni sus
llidos y desplantes. Sus indumentarias de mejores clientes —Chápiro Seminario, el
colores, sus pañuelos y afeites, centellaban Prefecto, don Eusebio Romero— tenía ac­
en el árido paisaje como corazas de crus­ ceso a ese lugar. Desde allí, sin duda, ob­
táceos. servaría don Anselmo el desfile de los vi­
Don Anselmo, en cambio, sí frecuentaba sitantes por el arenal, vería sus siluetas
la ciudad. Recorría las calles en su caballo desdibujadas por los torbellinos de arena,
negro, al que había enseñado coqueterías: esas hambrientas bestias que merodean al­
sacudir alegremente el rabo cuando pasaba rededor de la ciudad desde que cae el sol.
una mujer, doblar una pata en señal de Además de las habitantas, la Casa Verde
saludo, ejecutar pasos de danza al oír mú­ hospedó en su buena época a Angélica
sica. Don Anselmo había engordado, se ves­ Mercedes, joven manga che que había here­
tía con exceso chillón: sombreros de paja dado de su madre la sabiduría, el arte de
blanda, bufandas de seda, camisas de hilo, los picantes. Con ella iba don Anselmo al
Mercado, a los almacenes, a encargar ví­ pentirse. Pero ellos inventaban excusas:
veres y bebidas: comerciantes y placeras una cita de negocios, una pena que hay
se doblaban a su paso como cañas al viento. que ahogar porque si no envenena el alma,
Los cabritos, cuyes, chanchos y corderos una apuesta que compromete el honor. Al­
que Angélica Mercedes guisaba con miste­ gunos se burlaban e invitaban al Padre
riosas yerbas y especias, llegaron a ser uno García a acompañarlos y hubo quien se
de los incentivos de la Casa Verde y había ofendió y sacó pistola.
viejos que juraban: sólo vamos allá por Nuevos mitos surgieron en Piura sobre
saborear esa comida fina. don Anselmo. Para algunos, hacía viajes
Los contornos de la Casa Verde estaban secretos a Lima, donde guardaba el dinero
siempre animados por multitud de vagos, acumulado y adquiría propiedades. Para
mendigos, vendedores de baratijas y frute­ otros, era el simple escaparate de una em­
ras que asediaban a los clientes que llega­ presa que contaba entre sus miembros al
ban y salían. Los niños de la ciudad esca­ Prefecto, el Alcalde y hacendados. En la
paban de sus casas en la noche y, disimu­ fantasía popular, el pasado de don Ansel­
lados tras los matorrales, espiaban a los mo se enriquecía, a diario se añadían a su
visitantes y escuchaban la música, las car­ vida hechos sublimes o sangrientos. Viejos
cajadas. Algunos, arañándose manos y pier­ mangaches aseguraban identificar en él a
nas, escalaban el muro y ojeaban codicio­ un adolescente que años atrás perpetró
samente el interior. Un día (que era fiesta atracos en el barrio y otros afirmaban: es
de guardar), el Padre García se plantó en un presidiario desertor, un antiguo monto­
el arenal, a pocos metros de la Casa Verde nero, un político en desgracia. Pero sólo el
y, uno por uno, acometía a los visitantes y Padre García se atrevía a decir: su cuerpo
los exhortaba a retornar a la ciudad y arre­ huele a azufre.

Editorial Joaquín Mortiz


PRESENTA
LOS RELAMPAGOS DE AGOSTO, por Jorge Ibargüengoitia
Premio de novela Casa de las Américas 1964.
EL PAIS MAS VIEJO DEL MUNDO, por Luis G. Piazza
Un latinoamericano en los Estados Unidos.
SABADO Y DOMINGO, por Ellan Sillitoe
Uno de los mejores escritores ingleses de hoy.
ESTUDIO Q., por Vicente Leñero
O tra novela del autor de Los Albañiles.
EROS Y CIVILIZACION, por Herbert Marcuse
Un nuevo enfoque sobre la civilización actual.

Distribuidores:
LIBRERIA-EDITORIAL ALFA
Ciudadela 1389 — Tell. 98 12 44
MONTEVIDEO
Alejandro Paternain

Presentación de Pierre Emmanuel


Dfas de Cólera El mundo se convertía en un infierno,
pero la creación poética era posible. No
como evasión sino como testimonio; no
9 de mayo de 1940: “Elegías”, el prim er
como consuelo sino como incitación. Com­
libro de poemas de Pierre Emmanuel es
probación del horror, no rebusca de un ar­
publicado en Bruselas. “La poesía france­
monioso paraíso artificial. “La sangre tiene
sa,” dice Alain Bosquet, “parece preparada
el olor inextinguible del infierno,” leemos
para una renovación, a pesar de la espe­
en “Jours de colóre”. El verso de Emma­
cie de estancamiento que la guerra causó
nuel es, en estos tiempos, rebelde, vigoroso
tanto en los espíritus como en las concien­
y violento:
cias.” Se siente la necesidad de otro tem ­
peramento, otra crispación, otra insurre-
ción. “Hay en los tiranos una angustia fatal
que es la libertad asombrosa de Dios”.
10 de mayo de 1940: a las 5 de la ma­ “Desde que la sangre comenzó a correr
ñana más de tres mil aviones alemanes [en este mundo
atacan sorpresivamente los aeródromos del suscita por doquier amotinamientos de
norte de Francia, Bélgica y Holanda; mi­ [sangre
les de paracaidistas germanos se apoderan mezclándose a la sangre de Cristo”...
de puntos vitales; y el 13 de mayo, uni­
dades blindadas de la Wehrmacht irrum ­ “Oh mis hermanos en prisiones, sois
pen a través de las posiciones francesas [libres”...
del Mosa. Ha comenzado la lucha en el
frente occidental europeo. Lo que siguió (Jours de Colére)
después fue rápido y brutal: la aniquilación
cerniéndose en Dunkerque, la bandera na­ Pierre Emmanuel no aprovecha la cir­
zi sobre el Arco de Triunfo, el armisticio cunstancia para escribir poesía sobre la
negociado en el mismo vagón de ferroca­ guerra. En realidad no se trata de poesía
rril en que se firmara la paz de 1918, la sobre la guerra sino de poesía a causa de
rendición final de Francia. la guerra, poesía engendrada por ese vasto
dolor de todos los hombres. El sufrimiento
“En junio,” cuenta Pierre Emmanuel, “el humano, en su hondura, se le hace sensi­
techo de mi casa se hundió por efecto‘de ble: “La guerra me reveló esa sensibilidad
una bomba; abandoné Pontoise, después espiritual que no he cesado de traducir des­
París, gracias a la bondad de Pierre Jean pués —y desde luego, en mis obras de “re­
Jouve. En julio de 1940 llegué a Dieulfit, sistencia” : “Combats avec tes defenseurs”,
para pasar allí cuatro semanas. Permane­ “Jours de colére”, “La liberté guide nos
cí, en cambio, cuatro años.” pas”. Las he escrito para decir el dolor,
elevarlo a lo absoluto —el dolor del ino­
cente es “eso que falta a la pasión de Cris­
ALEJANDRO PATERNAIN es profesor to”— y nombrar el espíritu del Mal: todo
de Literatura, ha escrito crítica — princi­ hombre que atente contra la imagen de
palmente sobre temas y autores urugua­ Dios, contra el Rostro humano, es un an­
yos— y además ejerce el periodismo. Su ticristo.”
Presentación de Pierre Emmanuel tal vez A los 24 años de edad, el poeta nació el
sea el primer estudio a fondo que se hace 3 de mayo de 1916, en Gan, pudiera pen­
en español sobre este gran poeta francés sarse que la vida está ya sedimentada, que
contemporáneo. los grandes temas poéticos han echado sus
raíces, sin esperarse otra cosa que el cre­ unidad del espíritu humano (Larue); el
cimiento y la maduración; y que las posi­ otro la sobrepasaba lanzándose hacia lo uno
bles conmociones que deparen el azar o absoluto”. (Monchanin)
el destino habrán de ser gobernadas sin Su formación, esencialmente cristiana,
alterar la estabilidad profunda del espíri­ estuvo impregnada por el pensamiento re­
tu y asimiladas con naturalidad por la com­ ligioso en todas sus formas: Sagradas Es­
bustión de la vida interior. Pero no hay crituras y grandes místicos, de Santo To­
plazos ni límites para el desarrollo de ese más a Karl Barth, de San Agustín a Lutero.
hombre que siempre nos quiere crecer des­ Al mismo tiempo, sus abundantes lecturas
de adentro; ni todo es tan estable en el lo situaban ante espíritus cuya confluencia
corazón de un poeta como para confiar en determina un mundo poético de nítida
que sus reacciones serán siempre iguales y orientación: “El alma romántica y el sue­
sus emociones transitarán por un mismo ño”, de Albert Béguin, “Hiperión”, de Höl­
sendero. La guerra desgarró la sensibilidad derlin, Odas de Mallarmé, poemas de
de Pierre Emmanuel, como la de tantos Jouve. Libaba, del ámbito romántico y sim­
coétanos; y lo hizo porque no fue sólo un bolista, no sólo en los poetas sino en los
prolongado acontecimiento bélico sino el teorizantes y estudiosos del modernismo
estallido de toda la fiereza, de toda la atro­ del movimiento. Junto a la poesía —goza­
cidad, de toda la insospechada libertad ho­ da o creada— la reflexión sobre la poesía.
micida acumulada en la conciencia huma Esta basculación es decisiva en toda su
na. “¿El siglo XX tendrá el honor, mons­ obra.
truoso honor, de haber desfigurado al hom­ Durante la guerra no deja de publicar.
bre a tal punto que no se lo pueda iden­ A los aludidos poemarios “de resistencia”
tificar? ¿Qué mutación se anuncia? ¿Qué (resistencia literaria y de acción a la vez)
prueba de fuego? ¿Qué noche de la espe­ hay que mencionar “Tombeau d’orphée”,
cie? Todo cuanto ha ocurrido después de 1941; “Le poéte et son Christ”, 1943; “So­
la guerra no ha acallado en mi estas pre­ dome”, 1944. Después de la liberación se
guntas.” dirige a París para tentar fortuna. Merced
Hijo al fin de su siglo, Emmanuel no ha a Aragon accede a la codirección del se­
podido escapar al influjo de su descon­ manario “Les étoiles”, que pretendía ser el
certante horror. Ni como hombre ni como órgano de la Unión Nacional de los Inte­
poeta. lectuales y que fracasó con ella. “La es­
pecie de afición”, dice el propio Emmanuel,
“que habían mostrado hacia la poesía tan­
Formación y madurez
tas personas absolutamente desprovistas
¿Cuál fué la infancia, cuál la adolescen­ de todo criterio literario, se debilitó rápi­
cia de este escritor cuyo primer libro vió damente, las revistas murieron una tras
la luz horas antes que la guerra se desata­ otra y nosotros volvimos al silencio.” In­
se en el Oeste de Europa? Niñez solitaria, gresa entonces a la Radiodifusión de Fran­
juventud ávida de lecturas. Devoraba bi­ cia; poco después, viaja. En 1949, publica
bliotecas enteras, mas sin mayor provecho lo que él llama una mala novela: “Caí
“Sin gusto, sin selección, sin memoria,’ enfin je vous aime.” No será sino una obra
acota Pierre Emmanuel. Hasta que la amis­ de segundo orden,” juzga el autor. “Mi
tad del abate F. Larue le facilitó el con­ verdadero dominio es la poesía.” Y añade
tacto inicial con la gran poesía. Personali­ inmediatamente, pues no es hombre que
dad dotada de profundo sentido común, de guste dar de sí una imagen incompleta:
tranquila audacia, sutil gustador de poe­ “La poesía y la reflexión sobre ella.”
mas, sus lecturas e interpretaciones de “La “En la cúspide del siglo, me sentí muy
jeune Parque” encaminaron los primeros solo. Todo el paisaje,” dice Emmanuel, “se­
pasos de Pierre Emmanuel. Nunca olvidará mejaba a mis ojos una catástrofe geológi­
el poeta a este hombre valiente y virtuoso, ca. No compartía ningún optimismo, pero
como tampoco al abate Monchanin. De am­ creía en el hombre a mi manera: en la
bos fueron las influencias benéficas que esencia humana indestructible, apta para
polarizaron su espíritu: “uno buscaba la el sufrimiento infinito. Me juzgué capaz de
construir una epopeya espiritual de la his­ Tentativas y hallazgos
toria humana, no en su novedad, sino en
su sempiterna repetición: eso fué “Babel”, Cuando Pierre Emmanuel comienza a
que consideré como mi libro” Con “Babel”, publicar sus obras, la poesía francesa ha
1951, en efecto, un período de la vida de conocido, tal como lo señala Gaetan Picón,
Emmanuel termina. “Pues he ido adqui­ “una de las épocas más ruidosas, más ac­
riendo en los años recientes, señala el poe­ tivas, si no más ricas”. La necesidad de
ta, “un sentido más justo de la exigencia poesía es imperiosa; el dolor y el heroísmo
de la palabra.” reclaman versos en los que se verifique su
Quien crea que intentamos trazar una realidad, tan de bulto, tan opresiva, tan
biografía de Pierre Emmanuel se equivoca impregnada de estallante pavor. La poesía
lamentablemente. Consignamos, nada más, patriótica, que no puede menos que obede­
algunos hechos de su vida. Aquellos que cer a brutales presiones exteriores, se adue­
de veras importan, es decir, aquellos que ña del escenario literario y empieza a con­
se identifican con los momentos esenciales figurar una inadecuación, una incómoda
de su desarrollo poético. “Los poetas no postura en la que la inspiración cívica se
tienen biografía”, advierte Octavio Paz al aviene de mal grado con el lenguaje vi­
comenzar su estudio sobre Fernando gente en esos momentos. “No es posible
Pessoa. “Su obra es su biografía.” pasar, de un golpe, de una poesía interior
y secreta a una poesía histórica y abierta”.
¿Alguien echará de menos los datos que (G. Picón, “Panorama de la literatura fran­
omitimos o que ignoramos? Nadie, salvo el cesa actual”.) Los poetas jóvenes no pue­
cronista enamorado u obligado por lo efí­ den lograr, en general, más que restaura­
mero, o el débil de corazón que se ex­ ciones, componendas entre la prosodia clá­
cusa de leer las obras fatigándose con la sica y las modalidades modernas, en mo­
menudencia biográfica.^ Pero la vida de mentos, literariamente considerados, en
Emmanuel está en su obra. Hacia ella va­ que la poesía francesa se orientaba hacia
mos. No sin antes satisfacer, a quienes tie­ otros horizontes.
nen bien centrada su curiosidad, con un Como quiera que sea, y observando el
perfil, un esbozo del Pierre Emmanuel que acontecer poético en su perspectiva, se
requiere para sí toda la atención y la hos­ comprueba que los esfuerzos creadores
pitalidad de nuestro espíritu: “La cuestión tienden a instalarse en terrenos donde el
del lenguaje ,” dice, “ha estado cada vez entendimiento se produzca, donde los gran­
más centrada en m i poesía. Debo apren­ des lugares comunes sean admitidos y de­
der a servirme de las palabras para ser­ vueltos a su fuerza y autenticidad; y donde
virlas a ellas. El lenguaje no es un ins­ el yo, paulatinamente, deje el paso al nos­
trumento, es el ser mismo del hombre, y otros. Acontecimientos, objetos, sentimien­
del mundo donde hace su morada, nom ­ tos compartidos por una clase o una colec­
brando y ordenando por medio de las pa tividad, son los que hacen reaccionar a los
labras.” Quien define al lenguaje se define poetas en ese momento. Ya sea por el ca­
a sí mismo. Tenemos ya un valioso dat- mino de una interpretación simbólica y
de su ficha personal. Es imperioso, enton­ mitológica del mundo (Jouve, Emmanuel,
ces, atender a este otro: “Ninguna obra La Tour de Pin) ya descubriendo la densa
vana le está permitida a la palabra: nin­ realidad de los objetos (Ponge), ya captan­
guna palabra debe venir al ser que no do el bullicioso espectáculo del ir y venir
haya sido querida y confirmada en todas urbanos (Prévert), todos coinciden en el
las alturas del pensamiento más atento a esfuerzo de amalgamar, en la carne lin­
su objeto.” güística del poema, dos atributos: lo poé­
En suma, una estética implícita en una tico y lo comunicable.
ética; una dignidad del oficio como condi­ “Ese generoso equívoco histórico”, al de­
ción del derecho al decir poético; y un res­ cir de Octavio Paz, que representó el su­
peto por el lenguaje que es, a la vez, res­ rrealismo a través de su excesiva confianza
peto por el hombre y veneración por aque­ en el automatismo, logró llegar vivo hasta
llo que lo trasciende. la mitad del siglo y signar con su impronta
las tentativas poéticas que arrancan de esa neración: ella no acepta el santo y seña
crisis sin parangón representada por la se­ más que pensando en los fundamentos de
gunda guerra mundial. Ya sea para alzarse todo santo y seña que se le opondrá”. En
contra él o para asimilárselo, cada movi­ estas palabras de Alain Bosquet hallamos,
miento literario tiene —conciente o azaro­ a la vez que una fórmula para comprender
samente— que ver con él. Sus últimos es­ la generación de Pierre Emmanuel, una
tremecimientos (de nada le valdrá resuci­ incitación para examinar el desarrollo de
tar brevemente en México y Estados Uni­ su obra a la luz de esa necesidad de refle­
dos, en 1942, abrevando en fuentes más o xionar sobre la poesía.
menos folklóricas o aztecas) son casi si­ El primer poema de “Elegías” propone,
multáneos a la aparición de tres o cuatro desde los comienzos, una conquista metó­
poetas que señalan rumbos en las letras dica del verbo. Los versos iniciales ofrecen
francesas. Los libros decisivos de Henri por lo tanto, si no una definición de la poe­
Michaux, “La nuit Remue”, “Voyage en sía, por lo menos una definición del poeta:
Grand Garabagne”, “Plume”, ya están pu­
blicados en 1940; “Seuls demeurent”, de “Los poetas son los muros des­
René Char, es de 1945; la obra que dió a nudos de la casa enjalbegados de
Ponge un lugar de privilegio, “Le parti gritos, de sal, de labios, de nubes
pris de Choses”, aparece en 1942; los poe­ fundados sobre el infinito de las
mas de Prévert posteriores a “Diner de lágrimas y lanzados hacia el infi­
Tetes”, 1931, viven diseminados en revis­ nito del cielo errante”.
tas y en publicaciones diversas hasta ser
recogidos en la primera edición de “Paro­ (Naissance du Verbe)
les” de 1946. Cronológicamente, afirma
Picón, pertenecen a la misma generación Toda la manera de Emmanuel está ya
de Eluard y Aragón; pero en un sentido presente en estas primicias de su talento:
distinto, en un sentido poético profundo, términos claros y ambiguos a la vez, como
constituyen otra generación, con otras as­ corresponde a todos aquellos que aluden a
piraciones y con otras necesidades. Ellos una verdad relativa, oscilante, rica en me­
implantan exigencias nuevas e inauguran dias tintas y en metáforas donde la eluci­
entre el surrealismo y las tentativas ini­ dación no debe significar agotamiento;
ciales de Pierre Emmanuel, la consigna de mezcla de cosas de distinta naturaleza: gri­
la poesía como razón ardiente. Faltan aún tos, sal, labios, nubes; la concepción de dos
más de veinte años para que Emmanuel infinitos incompatibles, pero convergentes,
pregunte, y se pregunte, si la poesía no ha afectivo uno (lágrimas), tradicional el otro
llegado a ser un arte moribundo. (cielo errante). Paralelamente a su perío­
do “órfico” el tema de Cristo se verifica
en su poesía. Esta es definida, dentro del
La necesidad de definir ámbito mítico de Cristo, de una manera
directa y fuerte. Cuando Pierre Emmanuel
“La generación de Pierre Emmanuel es­ habla de la poesía es como si concibiese a
tá obsesionada por la necesidad de definir, un ser viviente dotado de todos los atribu­
en el cuerpo mismo del poema, a la poesía. tos del hombre; y cuando lanza una fulgu­
No con la ilusión de hallar alguna fórmula rante definición de la poesía es como si de­
mágica a la cual adherirse; al contrario, finiese a un hombre nacido de alguna pa­
las definiciones se multiplican, se apoyan, labra de dones milagrosos. Así leemos en
se anulan. Emprenden un diálogo con el “Le poéte et son Christ” :
lector y con los otros poetas, su mismo
principio consiste en demostrar que toda “verbo amargo que fornicando con la noche
definición que se quiera justa y durable engendra los hijos pesados de la tiniebla”...
está condenada al fracaso. En suma, esas
sucesivas maneras de proclamar sobre la En “Babel”, publicado en 1951, uno de
poesía verdades que, por su número, nie­ los libros conjuntamente con “Sodome”,
gan toda verdad, son como las pruebas de más audaces de Pierre Emmanuel, nos ha­
una de las virtudes profundas de esta ge­ llamos con que el verbo es una de las pie­
dras angulares del edificio mítico. Epope­ Conjuntamente con la aparición de “Ba­
ya de la fe exigente de sí al punto que se bel” el estilo del poeta comienza a sufrir
sobrepasa, Babel, la legendaria torre, es una alteración, una modificación en la
alta, impositiva, única. “No hay en ella, cual el verso amplio, la abundancia fogosa
explica Emmanuel, ni tierra ni cielo, ni del impulso épico va derivando hacia una
arriba ni abajo, derecha o izquierda. Las brevedad ejemplar, hacia una contención
palabras han perdido su sentido, no se di­ estilística. “Chansos du dé a coudre”, pu­
rigen a nadie. No es más que un braceaje blicadas en 1947, pero estando muchas de
incesante de contradicciones confundidas”. ellas ya escritas en 1939, son el más bello
En ciertos pasajes, la fe en la palabra ejemplo, después de Valéry, de una poesía
se clarifica, mientras un saber adquirido llevada a su densidad suprema en un vuelo
por participación confirma verdades y pro­ totalmente simple. Esta tendencia, o mejor
mesas: dicho, verdadera necesidad expresiva, vuel­
ve a florecer en la madurez cuando apa­
“Ninguna recen, en 1955, “Visage nuage”, y en 1958,
palabra grande muere. Supe entonces “Versant de l’age”. Verso sentencioso, inte­
que el Verbo es la única eternidad: rrogaciones que abren un vasto campo de
[promesa respuestas, de sugerencias, de reticentes
de alma y que un día vendrán hombres en ahondamientos. “¿Qué son las palabras sin
[espíritu el silencio?”, se pregunta Emmanuel. “¿Y
fundados sobre seguro asiento del lenguaje si el mundo no fuera más que una pala­
que rogarán con el rostro abierto sin bra?”. En realidad, palabra y silencio han
[ocultarse llegado ahora a un acuerdo casi total, a
avergonzado, detrás del sombrero. Pero si un equilibrio en el cual el pensamiento, a
[el verbo fuerza de haber madurado, define y canta:
es oscuro, y la voz del profeta enronquecida
es que el hombre de pesada arcilla no es “Traducir lo extraño
[poroso en lo común de las palabras”
más que por la herida y no cocido con igual
[llam a: “Dios quiere
todos hablan, pero muy pocos saben que el hombre
[cantar”. no le nombre”.
(Veni Creator)
Pero esta madurez no le impide formu­
No obstante, Babel es el reino del muro; lar sucesivamente una diversidad de con­
tanto del verdadero y evidente, el que se cepciones acerca del fenómeno poético, una
eleva poco a poco en los aires, como del pluralidad de lo que ha sido llamado, tra­
invisible, el que está hecho de hombres dicionalmente, arte poética. Hay, al mismo
que renuncian a sí mismos para mostrarse, tiempo, una suerte de fatalidad de la pa­
cuerpos y almas, parecidos al muro. Babel labra, de esa palabra que no designa otra
conoce, pues, la “perfección de lo inhu­ cosa, lógicamente, que a la poesía:
mano”. “El oído está hecho para escuchar la
“El poeta tiene como eco las piedras so­ [Palabra
las”, dice casi al final de ese espléndido el ojo está hecho para divisar la Palabra
poema “Veni Creator”. Un consuelo, una la lengua está hecha para proferir la
luz, un resplandor lejano, un destello de [Palabra
unidad pueden ser —empero— concebidos: la boca está hecha para respirar la Palabra
las manos están hechas para asir la Palabra
“Y Tú, Consolador, tomarás en Tu brasero los pies están hechos para seguir a la
de Pentecostés el alma única de este mundo, [Palabra”.
todos los hombres en un solo verbo
[reunidos, Este absolutismo de la Palabra, esta es­
un solo templo votivo, un solo sepulcro trecha acechanza del hombre a través de
vacío, sus sentidos y de sus miembros, esta con­
un solo vaso donde libará el espíritu”. dición humana tan totalmente consagrada
a una palabra casi divinizada por atribu­ de la antigüedad clásica, a los arquetipos
tos imperiales, no lo es todo sin embargo; bíblicos, ese viraje de “Chansos du dé a
la Palabra tiene aún mayores poderes; aún coudre” que señalábamos líneas arriba, ese
es posible ir más lejos: Emmanuel “inesperado, rápido, vigoroso”,
al decir de Gaetan Picón, equivale a una
“Nada subsiste más que por la Palabra personalidad depurada, madurada, que no
Nada ha sido creado más que por la ha roto con su anterior producción, sino
[Palabra”. que la asume en una capacidad de fe que
Una poesía dotada de este poder de vol­ da testimonio de su unidad interior. “Esa
ver sobre sí misma, de esta afanosa bús­ fe, dice Emmanuel, es lo único que distin­
queda de su propia esencia no confía, sin gue a un poeta de un hablador de pala­
embargo, todas sus tentativas de elucida­ bras”. Y es la que le permite asegurar, con
ción a las fuerzas del verso. Pierre Ernma- nítida y serena exaltación, que “la palabra
nuel gusta intercalar, a intervalos regula­ y el Ser no son más que uno”. Toda la
res, prosas explicativas de sus poemas. En obra de Emmanuel respira una incontras­
“Versant de l’age” encontramos esta finí- table unidad; a través de ella su autor ha
*sima y honda declaración del misterio del podido gustar, hasta la embriaguez, el sa­
nombrar: “Yo digo la rosa. Y esta rosa bor de lo Uno.
que digo, ¿por qué la nombro rosa? El
vocablo es un acto de pensamiento que ha­ Le Gout de L'Un
ce ser la cosa en espíritu. El ser garantiza
a la rosa, y la rosa a su nombre. En ese “Sin conciencia crítica la poesía sería
nombre está encerrado su misterio: ella, la algo embrionario”. Estas palabras, propias
rosa, ignora su misterio y no sabe que ella de quien ha vivido la exigencia de la de­
es. Ella es por mi y para mí: más que ella finición del fenómeno poético, se pueden
misma, yo soy ella. Mi atención llegaría leer en la principal obra en prosa de Pierre
hasta el vértigo si pretendiese sondear a Emmanuel: “Le gout de l’Un” (Ed. Le
la vez el objeto y eso que me vuelve aten­ Seuil, 1963). “Este libro, dice el poeta, es
to. De ese vértigo me salva el vocablo: la historia de un amor. Lo he escrito para
nombro la rosa en mí, dejando la rosa en conmemorar mis bodas de plata con la poe­
toda su existencia. La palabra deviene rosa sía. Diré, en su honor, lo que es para mí
ideal, misterio activo, que va a producir, la palabra poética; y, por ella y en ella,
en el espíritu, símbolos”. la realidad que creo aprehender”. La ne­
Pero las explicaciones no pueden susti­ cesidad de definir se continúa; el verso es
tuir a la definición. Bien sabe Emmanuel sustituido por la prosa; y el análisis, la re­
que definir de una vez para siempre sería flexión, el discurrir del pensamiento se ex­
matar la viva realidad de aquello que se panden y se convierten en portavoces de la
quiere definir: conciencia crítica. “En un sentido”, expre­
“Me abraso al definir sa Emmanuel, “el libro prolonga el verbo
ese nombre, el único que importa” poético y le da cumplimiento; en otro sen­
tido, lo sobrepasa y anula”.
“No hay definición Pero el libro es también otras cosas: el
que no lo reduzca en cenizas testimonio de un creador aportando luz
el espíritu no se puede comprender sobre el acto de creación; una revaloración
más que en su combustión”. del símbolo poético y un examen del al­
cance, las posibilidades y la esencia misma
Estas transformaciones del sentido de lo del lenguaje humano; y también una con­
poético en la obra de Emmanuel se hallan fesión, una puesta en limpio del origen de
en conexión con la evolución de sus for­ sus mitos, un repensar la aventura de Or-
mas externas. Si sus poemas iniciales sig­ feo y la pasión de Cristo; un juicio sobre
nificaban una superación del hermetismo, la época, una denuncia de sus monstruosi­
de la discontinuidad, de la crispación lin­ dades y una revelación de las llagas que
güística, y apuntaban hacia un retorno a padece el individuo moderno. Y, si se quie­
las estructuras tradicionales, a la mitología re, un manifiesto literario, un programa
poético, una profesión de fe artística. “Ten­ de lo inefable— el poeta justificaba el ca­
go la convicción”, escribe Emmanuel al mino de su pensamiento y se asociaba al
culminar el libro, “que pueden nacer, un lector como procreador del poema. Pero
día, artistas menos ocupados que nosotros más tarde comprendí que la explicación
de la singularidad y la diferencia, y que más ajustada, que la más grande genero­
se aplicarán a la profundización de los lu­ sidad intelectual, que el humilde y pacien­
gares comunes, a fin de que el abismo del te esfuerzo de aquellos que no contentos
Ser sea colmado de su propio canto. Nadie, con haber manifestado la palabra quieren
en ese abismo, ni tú ni yo, distinguirá en­ desentrañarla ante los otros, no son otra
tonces, tu voz de la mía”. Y más aún: “Le cosa sino pobres sustitutos de la palabra
gout de l’Un” puede ser interpretado como poética misma. Esa palabra es amor y no
un vasto cántico en prosa, un cántico de puede enseñarse”.
alabanza a la poesía como presencia del Esperar de estas páginas un juicio obje­
Espíritu y al Ser que todo lo colma, un tivo de la creación poética sería injusto y,
lento, cotidiano ascenso al monte del Ale­ además, estéril. Emmanuel nos da su mo­
luya para ejercer humildemente, en comu­ do de crear, su íntima convicción de cómo
nión con los que oran, el ministerio del se verifica, en él, la poesía. “Escribo”, dice,
Arte. “aquello que se me impone. No es la tra­
No faltará quien piense o pregunte cómo ducción en imágenes de alguna idea que
ha podido Emmanuel conciliar tantos as­ haya concebido, de algún sentimiento que
pectos a primera vista disímiles. Testimo­ haya experimentado: es lo que está lejos,
nio, confesión, denuncia, y, junto a todo frente a mí, y me interroga”. Luego de
eso, una fe robusta que se atreve a pro­ ese impulso, de esa orden creadora, la eje­
poner un camino y una meta. ¿Unificación cución, el trabajo de taller, el camino ha­
por compromiso? Diríamos, mejor, que cia el poema: “Bosquejo algunas líneas,
Emmanuel ha asumido el compromiso de por incitación repentina; a lo sumo, una o
la unificación, la que le confiere el ahon­ dos páginas: vocablos, miembros de frases,
damiento de su experiencia personall Em­ figuras, materia estallante o dispersa, pero
manuel no teoriza: elabora una vivencia; dotada de una energía centrípeta”. Cuando
su punto de partida es netamente cristia­ el poema adviene, se inscribe en un orden:
no; su aspiración, la eternidad; y los aci­ “Raramente el poema aparece aislado en
cates de su espíritu, algunas viejas y fuer­ mi obra: él entra de ordinario en un con­
tes virtudes: la fe, por ejemplo, y la es­ junto ordenado”. Orden que presupone, al
peranza. mismo tiempo, un “equilibrio del día y la
Si para un gusto academizante y clasi­ noche. Sin ese equilibrio de luz y sombra
ficador “Le gout de l’Un” no es una verda­ no hay gran poesía. Armonía y exactitud”.
dera poética, es indudable que en nuestros Sólo después de esa estabilidad, de ese
días no puede escribirse nada semejante acuerdo, de esa totalidad que configura la
si no es en la forma en que lo hizo Emma­ obra, queda en evidencia su orientación:
nuel. Recordemos que el libro es “la his­ “Mi obra es mi camino hacia el ser”.
toria de un amor” y no un tratado; lo pre­ Su poesía parte de dos centros: Orfeo
ceptivo no cabe en el perfil de la obra, ni en los infiernos y Cristo en la tumba. El
tampoco el análisis, por exacto y profundo héroe mítico rompe la limitación temporal
que haya podido ser, de los elementos esti­ y encarnándose, anula la historia, actualiza
lísticos o retóricos que intervienen en la el pasado. Experiencia poética y a la vez
formación de todo poema. Emmanuel es religiosa, Cristo y Orfeo aluden a un mis­
claro en este aspecto: “Joven poeta, tenía mo plano de angustia, de inmersión en la
el orgullo de creer que podría comunicar tiniebla, de nostalgia de esa mitad que le
el sentido de la poesía. Me parecía que ex­ ha sido cercenada al hombre por la dicta­
plicando la manera cómo la poesía se hace dura de la razón, por la progresiva intoxi­
—aclarando la lógica de los símbolos, redu­ cación moral, por su destierro en el tiem­
ciendo las imágenes a sus soportes concre­ po y en la historia. Heredar ciertos mitos
tos, mostrando la parte sensorial de las antiguos, preferirlos a las divinidades mis­
más sutiles acciones del espíritu, el trazo mas, posibilita la expresión de la perma­
nencia de una insatisfacción humana nu­ camino hacia la verdad. Sobre el plano
trida sin cesar por nuevos enigmas. Pues, estético, la tensión creadora es más fuerte
contrariamente a los dioses, los héroes mi­ cuando un diálogo trágico se establece en­
tológicos no se encuentran entorpecidos tre yo mismo y un Dios lejano. Pero en
por iglesias o instituciones que, al explicar­ ese diálogo, hablo por los dos. Dios calla”.
los, los fijen en una sola dirección. La mo­ La noción del diálogo con lo divino, de la
ral profunda de Orfeo, por ejemplo, podría relación de persona a persona, es perma­
ser esta conclusión de “Poesía, razón ar­ nente en Emmanuel. En algunos momen­
diente” (1948): “Es necesidad del hombre tos, esa relación asoma también como una
probarse que existe; esta prueba se la otor­ pugna: “Teatro de la ambición, el arte es
ga expresando, construyendo hacia el infi­ asimismo una rivalidad más o menos cons­
nito su propio mito”. ciente con Dios. Falta saber si puede ser
En cuanto a la visión mítica de Cristo, el teatro de su santificación”.
diremos que es permanente en Emmanuel.
Su filosofía, como él mismo lo señala, tiene
por premisas un haz de apariciones de Del análisis a la condena
Cristo, diferentes por la forma y la inten­ La filiación espiritual de Emmanuel lo
sidad, mas parecidas por su naturaleza ín­ convierte en un poeta fácil de desechar y
tima. Pero sabe bien que en blanco tentador de francotiradores ideó­
“Todo hombre logos. Los cruzados del arte comprometido,
en todo minuto de la cultura militante, del lenguaje que
crucifica a Cristo”. repique nada más que un solo campanazo:
hoy, no tendrán en la poesía y en la prosa
“No es la intercesión del Crucificado”, de Emmanuel pasto abundante para seguir
dice en “L’ouvrier de la onziéme heure” cebando su devoción de actualidad y su
(1953) tomando sobre sí todo el peso de convicción de que por el camino que dicen
la historia, lo que funda mi esperanza, mi haber descubierto, y sólo por él, se llega
visión poética de la victoria sobre la muer­ al arte que merece, o que exige nuestro
te, sino el Cristo histórico, el hombre que siglo. Posiblemente sean capaces de perdo­
resucitó porque era Dios”. narle a Emmanuel el empleo de formas
No se agota su cristianismo, sin embar­ tradicionales y la restauración de mitos,
go, en la concepción mítica de Cristo en por equívocos y crueles que ellos resulten;
la tumba. El Cristo del Evangelio tiene hasta le perdonarían que alguna vez hu­
para él una realidad y una vida renovadas biese escrito un soneto. Lo que no le per­
cotidianamente. “Cuando leo el Evangelio donan, ni le perdonarán jamás, es su fe.
estoy en presencia del Viviente y no ante Y lo trágico de un poeta poseído de fe es
el recuerdo de un pedagogo sublime. Jesús que no dispone de medios para hacerse
no es un modelo: es el origen. Está entre perdonar. Puede, a lo sumo, justificarse:
nosotros, en las condiciones de nuestra vida “Mis temas son los de la época; pero yo
terrestre; al mismo tiempo, y de manera los llevo a otra conclusión. Mi época vive
inseparable, El es absolutamente”. La ro­ hacia adelante; yo creo en un gran retorno.
tundidad de ser del Cristo imanta y se­ Su común denominador es un ateísmo que,
duce al lenguaje de los hombres y se cons­ en muchos intelectuales, no es más que
tituye en fundamento del diálogo: “No hay una fatuidad del entendimiento”. En cier­
palabra humana que no tenga por sustan­ tos momentos, sus justificaciones se con­
cia el diálogo con el Solo”. Amigos del vierten en análisis tanto más implacables
poeta lo han definido como un “cristiano cuanto están formulados en un estilo de
libre”. Pero el movimiento hacia Dios es serena perfección: “Hablamos, pues, como
una parte esencial de su energía creadora, de una evidencia, de un sobrepasar la re­
sea cual fuere la interpretación de su es­ ligión ya sea por la antropología, ya sea
tilo de vivir el cristianismo, de su cons­ por el comunismo. Este optimismo tiene
tante y creciente tentativa por hacer de por hermano siamés un pesimismo en el
su religiosidad el suelo nutricio de su poe­ cual la época se halla como encantada. A
sía. “Concibo mi arte, explica, como un la espera de una libertad racional, corres­
ponde la desesperación ante la nada que quierda o de derecha. Su negación de los
ella revela; al progreso de las ciencias hu­ totalitarismos de uno u otro campo, su re­
manas, la asfixia en lo incomunicable; a chazo del aspecto masivo de la civilización
las perspectivas de un humanismo sin Dios, actual (“a diferencia de la palabra pueblo,
los pródromos de un sub - humanismo. Por la palabra masa es para el poeta símbolo
sobre todo ello se eleva la obsesión de un de caída y de caos” ) pueden hacer creer
instinto totalitario que podría, impulsando a muchos que Pierre Emmanuel es un poe­
su mecanismo, condicionar el espíritu du­ ta a contramano, un espíritu errante, sin
rante generaciones”. ubicación posible dentro del repertorio de
Del análisis de su época a su condena, sectarismos en que se resuelve la mezquin­
no hay más que un paso. Emmanuel sabe dad del siglo. “Quien habla con éxtasis de
que la actualidad lo requiere sin cesar, in­ las masas blasfema de la personalidad en
terrumpiendo su diálogo con Dios. Y esa su corazón”. Estas palabras de Emmanuel
ruptura convierte a su existencia en una parecen terribles en lo que tienen de ex-
imagen centrífuga, incoherente y entorpe­ cluyentes y definitivas; no lo son tanto,
cida. “He perdido el hábito de mi propio sin embargo, en cuanto se repara que la
silencio”, comprueba el poeta. El alma per­ blasfemia, como la herejía, han perdido su
sonal sería un fantasma destinado a eva­ prestigio y su poder de penetración. An­
porarse en una exterioridad masiva. Así, tes bien, no creer en la masa, no identifi­
el hombre contemporáneo que se sueña ser carse con ella, no comulgar con la fuerza
resultaría un individuo a la deriva, como del totalitarismo o con la hipocresía de las
un corcho en la marea que lo arrastra. El democracias capitalistas parecen ser las
advenimiento del hombre cósmico, del cual más despiadadas herejías, las más crudas
el astronauta es el abanderado y el semi­ blasfemias contra quién sabe qué divinidad
diós, exigiría que la especie entera se trans­ que se está inventando entre el ruido, la
formase en una máquina donde los indivi­ fiebre, la voracidad de los dominadores y
duos, sin raíz en ellos mismos, fuesen dó­ la estulticia de los dominados todos que
ciles a las transformaciones gigantescas. vagan por esta hora del mundo.
Pero para que la humanidad se hiciese A la herejía general corresponde una
Dios sería necesario ahondar particular­ herejía particular: la de la poesía hermé­
mente a cada persona, destruir ese Nom­ tica. Para Emmanuel, el hermetismo lírico
bre que la distingue, ese rostro de luz que no es otra cosa que un señuelo del narci­
se ignora y en el cual Dios se complace. sismo desdichado, la contrapartida de la
¿Hay alguna calificación para esto? ¿Alguna palabra, la negación del lugar común. Ba­
fórmula que exprese directamente qué es lo jo el pretexto de pureza, destruye toda
que esto significa a los ojos del poeta? imagen del mundo. Es una herejía icono­
'‘'Absurda herejía, delirio de grandeza y de clasta, un antisimbolismo de raíz mani-
aplastamiento”, dice Emmanuel. Y agrega: quea, como la de todo orgullo espiritual.
“La mañana de la Resurrección es total­ Rechazar el hermetismo y negarse a ir ha­
mente interior; no es una mañana de ma­ cia las multitudes parecerían dos operacio­
sas”. Ello rescata su confianza en los hom­ nes incompatibles en el alma de un poeta.
bres; su fe en ellos permanece intacta. Hay En momentos en que, so color de poema,
seres, todavía, en los que el alba pascual se dan a la estampa toda suerte de chis­
surge y la humanidad se transfigura. porroteos metafóricos y de arbitrariedades,
de lenguajes crípticos y cifrados, de acu­
mulaciones de versos de recóndito sentido
Blasfemia y herejía (siempre y cuando los poetas condescien­
Planteado su pensamiento en términos dan a dar sentido a sus decires); en mo­
tan tajantes, tan opuestos a los lincamien­ mentos en que la caprichosa participación
tos más o menos sociológicos o pseudo an­ de fragmentos en prosa se desesperan por
tropológicos de nuestros días, se compren­ llegar a lo poemático, en que los vocablos
de que la difusión —no nos atrevemos a soportan enigma tras enigma a fin de ence­
hablar aquí de popularidad— de Emma­ rrarse en el misterio más absoluto; en mo­
nuel no haya interesado a sectores de iz­ mentos tales, en que se busca la calidad
por el camino de lo abstruso y de lo ra­ de poeta de la fuerza de ser y de la fuerza
biosamente original, acusar al hermetismo del ser, según la fórmula “lapidaria” con
de hereje sólo puede ser obra de quien no que lo ubica Alain Bosquet. Emmanuel
tenga escrúpulos en hablarle a las masas sabe bien que no podemos escapar jamás
en su propio lenguaje y no vacile en con­ a la verdad concreta del lenguaje; de ha­
vertirse en poeta cíe barricadas, de tablados cerlo, dejaríamos de ser. Pero hay quienes
o de plazas. pretenden avizorar una libertad más allá
Este no es, ni por asomo, el caso de de las palabras, distorsionándolas, vacián­
Emmanuel. Rechaza el hermetismo por ra­ doles sus entrañas significativas, volatili­
zones, diríamos, teológicas, y no sólo lite­ zándolas en polvo irreconocible. No son
rarias. Y rechaza igualmente la demagogia más que los aventureros de la poesía, los
poética por honestidad artística y por con­ logreros del verso; los que venden por
vicción espiritual. Ha conseguido mante­ unas migajas de irrisoria tentativa, la di­
nerse a igual distancia de ambos extremos; vina aventura de la encarnación.
y ha puesto de manifiesto, asimismo, el
engaño del esteticismo. “En nuestros días,
la estética es la religión de los no cre­ La Poesía ¿Arte moribundo?
yentes. La nada, tema favorito de nuestro
arte, insufla en el hombre una vanidosa Casi nadie —entre los espíritus que por
desesperación”. Razones más altas que las una razón o por otra, tienen que ver con
del arte mismo le han permitido resistir la poesía— ha dejado de formularse esta
las tentaciones del esteticismo. “El arte de­ pregunta. Unos, con recelosa curiosidad;
be dejar de ser para el arte si quiere aten­ otros, con dramática certidumbre; los más,
der a la esencia de lo bello en su milagrosa con una respuesta prefabricada que no ex­
pobreza”. presa, en el fondo, sino deseos, temores y
¿Equilibrio? ¿Resolución de íntimos con­ esperanzas. Ninguno, tal vez, con el dere­
flictos? ¿Escape, por el atajo de lo clásico, cho que le asiste a Pierre Emmanuel. Des­
a la exigencia de la época? “Busca com­ pués de haber rechazado hermetismo y es­
prender su tiempo, pero lo sobrepasa por teticismo, de haber condenado el rumbo de
la pasión”, dice Alain Bosquet en un inten­ la época y haberle inculpado al mundo te­
to de trazar un balance de la personalidad ner sólo un valor, lo negociable, el interro­
y la obra de Emmanuel. El poeta surge en­ gante era, además de inevitable, legítimo:
tonces como testimonio de su siglo, aunque ¿Ha terminado la poesía? ¿Puede el hom­
dentro de las limitaciones formales que bre moderno prescindir del arte? Esta con­
Gaetan Picón ya ha señalado: elocuencia ferencia pronunciada en 1964, en los Re­
torrencial, aplicación no siempre exacta de encuentros internacionales de Ginebra,
la forma a un contenido dado, versos que prolonga la línea del pensamiento poético
se hacen abstractos e incoloros, exceso de de Emmanuel y, en cierto sentido, lo ubi­
epítetos e imágenes que desvalorizan la ex­ ca en una nueva perspectiva. Preguntarse
presión. Pero hay dos cosas que no es po­ sobre la perduración de la poesía, “la más
sible olvidar: primero, el propio Picón ad­ abandonada, la más empobrecida de todas
mite que Emmanuel es capaz de sorpren­ las artes”, implica necesariamente pregun­
dernos con la sobriedad de formas, con el tarse por la posibilidad de la vida interior.
empleo del verso corto, con la formulación En un mundo al que sólo importan los va­
poemática en canciones breves y conden- lores mensurables y de cálculo, que vul­
sadas; y segundo, la precariedad misma de gariza la cultura, en el que el confort es
tales balances, a los que una nueva orien­ el ideal supremo, en el que el tener, y aun
tación, una nueva intención, un nuevo el parecer, se sobreponen al ser, la vida
acento pueden alterar lo suficiente como interior se halla en tren de convertirse en
para modificarlos en casi todas sus líneas. algo perfectamente inútil. “La poesía sería
Sin embargo, algunos temas tienen, ya, también cosa sin utilidad, como el mismo
carnalidad y permanencia: la fe en el len­ espíritu”, dice Pierre Emmanuel. Pero el
guaje, por ejemplo, a la que tantas veces poeta cuenta con esa realidad interior. Sin
aludimos; ella lo confirma en su condición ella no habría poesía, porque “la poesía es
una de las formas de la vida interior”. guaje poético rebasa el mero ámbito de lo
Culminación de aquella “necesidad de defi­ estético y se inscribe en el contexto de la
nir”, la poesía ha cobrado ahora, a los ojos comunicabilidad profunda. La palabra no
de Emmanuel, una entidad, una corporei­ es para crear la altura ni para originar lo
dad nítida, una ahincada realidad: la poe­ absoluto; la palabra es proyección hacia el
sía es asimismo “una de las formas de la otro, búsqueda del tú, atención al prójimo,
fe en la coherencia del espíritu”. encuentro: eso —y no un regodeo en el yo
Mas esa fe —poética y también religio­ y sus exigencias, en sus melancolías y en
sa— es desdeñada por el hombre moderno su rapacidad acaparadora— es la vida in­
en su tentativa de liberación. Una nueva terior. “La palabra, y la poesía, y todo arte
herejía surge, y es implacablemente denun­ y todo pensamiento sólo vienen después del
ciada en tres niveles de ruptura: primero, encuentro con el Otro. Quizá simultánea­
“un cierto agnosticismo frente a la rea­ mente, pero también, por una secreta pa­
lidad total y aun frente a la idea de lo radoja, posteriormente”.
real”; segundo, “vemos un cierto arte del De ahí a admitir que “la palabra bien
lenguaje que trata de reencontrar el obje­ podría ser una forma de la caridad” no
to, de concretarlo mediante una descrip­ hay distancia. Quien dé en pensar que tras
ción que interese a todos los sentidos, como esta doctrina de las relaciones entre la poe­
si la sola realidad no fuera otra cosa que sía y la hora actual no existe otra cosa
el contacto físico con la cosa descrita”. Un que un prurito de apostolado poético, un
tercer nivel de ruptura se verifica en el trasnochado intento de evangelización de
seno mismo de la ambición poética, de ia lo literario, un obstinado aferrarse a la
búsqueda de “una palabra en el germen sacralización del arte (sin la más mínima
de todo, que lo contenga todo”. Variante, cortesía para con los desmitificadores) es
en suma, de la tentativa mallarmeana de porque no comprende el alcance verdadero
la palabra, palabra del origen y del fin; de la caridad y porque en definitiva no se
éxtasis cuya consecuencia sólo sería el des-' ha dado cuenta, aunque mucho le cueste
interés de la gran masa de los hombres reconocerlo, por qué se han divorciado la
hacia la poesía. “Algunos de entre nos­ poesía y el mundo moderno. La caridad
otros”, escribe Emmanuel, “se desdoblan, está más allá, no del bien y del mal, sino
por así decirlo, y se hunden en su yo inte­ de la moral al uso; exige un despojamiento
rior. Adoptan, muchas veces inconsciente­ de todo cuanto se cree que es el vivir y
mente, una posición maniqueísta, viviendo, un coraje casi sin límites para admitir la
o creyendo vivir, en las catacumbas; su­ vida interior del prójimo y conducirse en
friendo, o creyendo sufrir, como mediado­ consecuencia, es decir, hacer la vida juntos.
res, sacrificialmente, para llevar a lo ab­ Difícil tarea, por cierto. Y tanto más difícil
soluto su espíritu, que identifican con el cuanto que los fundamentos en que nues­
Espíritu puro, y que sólo está entregado tro mundo se nutre convergen en entorpe­
a su propia desmedida, a una aspiración cer y en desvirtuar las relaciones humanas.
sin objeto fuera de sí. La poesía se convier­ Pero si se espera que la poesía —y su co­
te así en un narcisismo, en la persecución rrelato, la vida interior— sobrevivan, hay
de un absoluto indefinidamente postergado que echar a andar por esa senda estrecha
por su misma persecución”. que propone Emmanuel. Que existan otras
Llegado a este punto, Emmanuel vuelve sendas, no podemos negarlo; y menos hoy,
a plantearse la pregunta inicial, seguro de que vivimos la fruición de las pluralida­
que la agonía del verbo poético se cum­ des; pero que el caminar por esa senda es,
ple, se está cumpliendo ya en el mundo ya, un modo de la poesía, nos resulta inne­
actual; y seguro de que los mismos poetas gable también.
contribuyen a dilatar la revitalización de Por supuesto que preguntar acerca de
la poesía. Sería un excelente “ejercicio es­ las posibilidades de la poesía no equivale
piritual” para los poetas, señala Emmanuel, a dudar del valor de las obras. Emmanuel
aproximarse a la sencillez de lo concreto, no se formula un problema de calidad sino
no recurrir al subterfugio evasivo de la de historia. ¿El desarrollo futuro del hom­
palabra enigmática. Su concepción del len­ bre permitirá la superviviencia de la poe­
sía? Sus respuestas, entonces, se hallan so­ dad o la propaganda. Llegados allí, seremos
bre un plano de igual resonancia histórica, “verdaderamente pobres en espíritu” y al­
ajenas a la formulación de un ideal de poe­ canzaremos el fondo de una indigencia en
sía, de cuáles han de ser las formas, el vo­ la que nos veremos privados de hablar.
cabulario, los ritmos y la prosodia. Aluden Sordos para oir la literatura y el arte su-
a la actitud ante el fenómeno poético, pero percultivados, aprendiendo del silencio y
no son recetas para hacer poemas: son una por el silencio, olvidando el juego verbal
orientación vital, una invitación a transfi­ que sabemos jugar demasiado bien, acep­
gurar la existencia. taremos perderlo todo menos la “fe en esas
La senda estrecha hacia la caridad, hacia relaciones simples entre los hombres, rela­
la palabra que haga posible la relación y ciones de las que siempre nació y nacerá
la poesía, pasa por el monte donde una la palabra humana”.
vez se les dijo a los hombres el cómo y Esta es, a grandes rasgos, la inquietud
el por qué del ser bienaventurado. Y des­ que Emmanuel se plantea y que origina
emboca en un lugar común, más cerca de en nosotros. Compartir o rechazar sus so­
nosotros, quizá, de lo que nos figurábamos: luciones depende del grado de conciencia
el lugar común del encuentro, del decir, que tengamos de un hambre que, saciados
“con palabras muy antiguas”, la verdadera o no, nos corroe a todos; y del convenci­
comunidad, no la que es un agregado de miento o la duda de nuestra aptitud para
individuos a los que sólo junta la publici­ el respeto, para la justicia, para la caridad.

COLECCION TERCER MUNDO


En un universo ya interdependiente por sus intercambios y sus conflic­
tos, el Tercer Mundo pasa a ocupar todo su lugar, que es grande. Ayer ig­
noradas, descuidadas o sometidas, inmensas poblaciones alteran el orden in­
ternacional y nuestros hábitos mentales, al plantear sus problemas, al mani­
festar su voluntad, al gritar sus necesidades. Al proyectar esta colección, Sur
ha querido que la opinión latinoamericana sea informada por los mejores es­
pecialistas de las diversas disciplinas. Acaba de aparecer:

HOANG VAN CHI


VIETNAM NORTE
Del Colonialismo
al Comunismo
un extenso estudio sobre la posible causa de una nueva guerra mundial rea­
lizada por un conocedor profundo.

OTROS TITULOS PUBLICADOS


Georges Balandier: AFRICA AMBIGUA
Morroe Berger: EL MUNDO ARABE ACTUAL
Robert Guillain: 600 MILLONES DE CHINOS (agotado)
VIAMONTE 494, 89 BUENOS AIRES
Héctor J . Apezechen

En torno a la Sociología del Poder


El libro de José de Luis Imaz nos coloca —la naturaleza y brevedad de esta nota lo
de lleno frente a la compleja problemática imponen— tratar de señalar la significa­
de la Sociología del Poder, independiente­ ción que para nuestro medio tiene el tra­
mente de todas las cuestiones referentes al bajo del Prof. Imaz y bosquejar algunos de
estudio de las “elites”. No es del caso —a sus aspectos más salientes.
propósito de “Los que mandan”— discu­ Para un aficionado a la Sociología el tra­
rrir acerca de dicha problemática, pero bajo del Prof. Imaz resulta a primera vista
debemos ser concientes de las dificultades atrayente por varias razones. En primer
a que nos abocamos cuando se intenta lugar la enorme recopilación de informa­
—como en este caso— decir algunas pa­ ción llevada a cabo; no es de ninguna ma­
labras —aunque sean pocas— acerca de nera fácil averiguar, aún con mediana pre­
un libro que tiene íntima relación con el cisión, los “antecedentes de status” de los
problema del poder. Sirva como ejemplo el equipos dirigentes de diversos sectores de
siguiente: la antología preparada por el la sociedad —en este caso la sociedad ar­
Prof. Peter Heintz que lleva por título gentina—. Otra serie de datos proporciona­
“Sociología del Poder” —la mejor colección dos también implica dificultades similares:
de trabajos sobre el poder editada en es­ niveles de enseñanza, carreras ocupaciona-
pañol— que reúne 26 estudios de diversos les, vinculaciones personales, etc.
especialistas en Ciencias Sociales, solamen­ En segundo lugar, sorprende la facilidad
te se ocupa de tres aspectos referidos al que el Prof. Imaz tiene para “traducir”
poder: el ejercicio del poder, el poder y la términos y conceptos sociológicos —algunos
diferenciación cultural y las relaciones en­ de bastante complejidad— en un lenguaje
tre poder y prestigio. Téngase presente ade­ llano y accesible para el lector no preve­
más, que el poder es considerado por la nido respecto de ciertos temas. Es cierto
Sociología contemporánea como una de las que las Ciencias Sociales a medida que se
dos dimensiones fundamentales de la estra­ desarrollan van adoptando un elenco de
tificación social, lo que amplía enormemen­ conceptos y una terminología propias, que
te el campo de estudio y análisis. las van separando paulatinamente del co­
Por si fuera poco, digamos que el poder nocimiento del lector no especializado; pe­
en una de sus manifestaciones —el poder ro siempre es necesario conservar —en el
político —es uno de los temas propios de marco de lo posible— la capacidad de rea­
una ciencia social muy desarrollada: la lizar una eficaz labor docente y la única
Ciencia Política. forma de hacerlo es aproximando el len­
Por cierto que puede usarse esa abundan­ guaje técnico al lenguaje corriente.
te literatura sobre el poder —desde Max En tercer término “Los que mandan” es
Weber a Floyd Hunter, pasando por Biers- una nueva muestra del desarrollo que en
tedt, Lasswell y Kaplan, Wrigth Mills, Ber- América Latina tiene la mal llamada “So­
trand de Juovenel, Lippitt y White y La- ciología empírica” y decimos mal llamada
zarsfeld entre otros— para mostrar qué es porque la Sociología —como toda ciencia
lo que sobra y qué es lo que falta en el láctica— o es empírica o sencillamente no
libro del Prof. Imaz. No cabe duda que es disciplina científica.
“Los que mandan” merece un análisis con­ Sobre todo tratándose de un tema que
cienzudo de un punto de vista técnico, al invita al “ensayismo”, el Prof. Imaz lo
que se ha hecho acreedor por su excelente aborda provisto del máximo de material
factura técnica. Nosotros hemos preferido empírico asequible y lo usa con discreción
y cautela. En respuesta a un cuestiona­ dar una visión primordialmente inclinada
rio (x), el Prof. Germani ha señalado que a los aspectos estructurales de la distribu­
Imaz va más allá en sus conclusiones de ción del poder, más que a su ejercicio.
lo que los datos le permiten. Si bien puede
admitirse que para algunos aspectos en es­
pecial esto pueda ser cierto, el tono gene­ En segundo lugar, Mills procura con su
ral de las conclusiones a que arriba el au­ trabajo probar sus personales ideas acerca
tor de “Los que mandan” es de mesura y de cómo se distribuye y ejerce el poder en
adecuación a lo que sugieren los datos ma­ la sociedad en la que vivía; concretamente
nejados. Es posible ir un poco más allá: trata de probar que: a) el poder progresiva­
probablemente —dicha tarea está por h a ­ mente se va concentrando en grupos más
cerse— si efectuáramos una crítica meto­ reducidos y b) el poder es detentado por
dológica (o aún epistemológica) al trabajo tres élites: política, económica y militar.
del Prof. Imaz encontremos errores y ca­ Imaz no plantea su trabajo como búsqueda
rencias. Pero podemos concedernos el be­ de una determinada explicación de la dis­
neficio de la duda en cuanto a que es pro­ tribución o ejercicio del poder en Argenti­
bable que el material empírico disponible y na, sino que se limita a describir —del
las dificultades de adaptación de hipótesis modo que veremos más abajo— los grupos
y teorías referentes al problema del poder que detentan poder en su país, sin esta­
a una sociedad semi - desarrollada como blecer quienes tienen una cuota-parte ma­
prefiere decir Imaz, impidan elevar la fac­ yor o menor del mismo.
tura científica de un trabajo de esta ín­ En tercer término, Imaz hace hincapié en
dole más allá de cierto nivel. la asepsia del instrumental científico que
Al leer “Los que mandan” uno puede sen­ maneja, en no pronunciar juicios de valor
tirse tentado de establecer conexiones muy acerca de los problemas que enfoca; en
estrechas entre este libro y “La élite del fin, hace hincapié en una actitud de neu­
poder” de Wrigth Mills y —ya se ha di­ tralidad científica frente a la cosa que tie­
cho— afirmar que Mills es el modelo en el ne entre manos. Por el contrario, Mills hace
cual se inspira Imaz. Por cierto que hay profesión de fe del compromiso del soció­
obvios paralelismos entre un libro y otro, logo con su materia —échese una ojeada
principalmente en un aspecto: ambos pro­ “La imaginación sociológica” para corro­
curan detectar el grupo —o grupos— que borar este aserto— y aplica esta manera de
encarar la Ciencia Social en la “Elite del
se encuentran en la cúspide de la escala
Poder”: su obra está surcada de juicios
jerárquica de las sociedades norteamerica­
de valor acerca de los temas que trata y
na y argentina, respectivamente. Procuran
en este sentido es claramente diferente del
visualizar —pocos trabajos lo han inten­
trabajo de Imaz.
tado— el equipo dirigente de una socie­
“En esta investigación se tendrán en
dad, a escala nacional. Se nos ocurre que
cuenta las posiciones jerárquicas de una
sería preferible decir que más que “modelo
serie de individuos, lo que llamaremos po­
inspirador” el libro de Mills debe figurar siciones institucionalizadas” (pág. 2). “Pri­
entre los antecedentes científicos de “Los mero se definió cuáles iban a ser las insti­
que mandan”, porque entre ambos traba­ tuciones básicas a estudiar en todos los ór­
jos militan algunas diferencias, que vale denes: político-administrativo, militar, reli­
la pena señalar.
gioso, económico y laboral”. “Y después se
“La elite del poder”, aún cuando discuta resolvió que el análisis se centraría sola­
los problemas referentes a la estructura mente en las personas que ocuparan sus
del poder en la sociedad estadounidense, más altas posiciones institucionalizadas (ti­
está volcando a explicar aquellas cuestio­ tulares del Poder Ejecutivo, ministros na­
nes atingentes al ejercicio del poder en di­ cionales, gobernadores de las tres provin-
cha sociedad. Imaz, por su parte, procura
(xx) Puede pensarse que hay cierta vinculación
(x) Revista “Rueda”, Año 1, N9 1, diciembre de entre “Los que bandan” y “Estructura del poder
1965. Comunitario” de Floyd Hunter.
cias más importantes, oficiales superiores cado a las fuerzas armadas. En el primero
de las Fuerzas Armadas, Obispos y Arzobis­ porque, independientemente de la discusión
pos de la Iglesia Católica, dirigentes de los que esbozamos, se lleva a cabo un análisis
partidos políticos de raigambre nacional e penetrante acerca de las dificultades que
integrantes del secretariado de la central los empresarios argentinos han encontrado
obrera)”, (pág. 5) y encuentran para insertarse como grupo
Las propias palabras del Prof. Imaz deli­ en la estructura de poder a la altura que
mitan perfectamente el universo sobre el le corresponde teniendo en cuenta su si­
que se centró la investigación. Conviene tuación estratégica en la promoción del
agregar que estos grupos que detentan “las desarrollo económico y social. En el segun­
más altas posiciones institucionalizadas” do, porque se intenta —con indudable éx­
son tomados en seis años claves, desde 1936 ito— explicar —con tono medido y desa­
a 1961. “Se confeccionó la lista con todas pasionado— todas las razones —de forma­
esas personas que, en intervalos iguales de ción, primordialmente— que han colocado a
cinco años, detentaron las más altas po­ los militares argentinos en la situación que
siciones institucionalizadas. Partiendo de detentan en la estructura de poder y las
1936, el listado abarcó a los que ejercieron especiales características psico-sociales del
esos roles en 1936, 1941, 1946, 1951, 1956 grupo militar.
y 1961”. No parece prudente discutir en estas
Uno de los aspectos más interesantes líneas la validez de la tesis que se confec­
que podrían discutirse a otro nivel que el ciona en el capítulo final del libro: la ine­
de la presente nota, es el de la validez de xistencia de una verdadera elite dirigente
elegir como integrantes de las elites a los en la Argentina. Parece más saludable
que ocupan las más altas posiciones ins­ mencionar algunas de las posibilidades de
titucionales, sobre todo si tenemos en cuen­ ulteriores desarrollos que este tema podría
ta las especiales características de nues­ tener, teniendo en cuenta lo que se nos
tros países platenses. Cabe plantearse la enseña desde el capítulo introductorio de
duda de si aquellos que verdaderamente la “Sociología del Poder”: “Suponiendo que
“mandan” son los que están en tales posi­ en toda sociedad existe el fenómeno del
ciones o si muchos de ellos no eligen el poder, cuál es la forma que este asume,
desempeño de roles menos expuestos a la toda vez que el poder se sirve de determi­
luz pública, pero que le reservan un mayor nados instrumentos sociales, por ejemplo de
control sobre las personas y grupos que las maquinarias burocráticas en las socie­
tomas decisiones. Es ilustrativo a este res­ dades modernas y complejas. El problema
pecto el análisis que emprende el Prof. aquí, es el de la administración del poder,
Imaz respecto de la elite empresaria, adop­ o para ponerlo en forma más general, el
tando como criterio para elegir a sus inte­ uso del poder para impartir órdenes”. “El
grantes el hecho de la pertenencia a las segundo pilar sobre el que descansa toda
centrales empresarias. A nuestro entender teoría sociológica del poder lo constituyen
la integración de una central de empresa­ los factores que determinan la distribución
rios no garantiza que nos encontramos estructural del poder dentro de una socie­
frente a los que detentan realmente el po­ dad. Quiénes son las personas que pueden
der, aunque se pueda estar de acuerdo n servirse de instrumentos para el ejercicio
que esas personas desempeñan roles que los del poder? Por qué criterios se distinguen
colocan en el estrato superior del grupo los poderosos de los no poderosos?”
empresarial. En igual sentido puede hacer­ Una última apreciación: estamos seguros
se referencia cuando se estudia el grupo que el trabajo del Prof. Imaz logra un ob­
de los dirigentes de los sectores agrope­ jetivo fundamental: despertar el interés
cuarios. por un tema básico cual es el del poder,
De los capítulos del libro deben destacar­ de importancia crucial en el mundo moder­
se, a nuestro entender, dos: el ya mencio­ no. Aunque sólo sea por esto, el libro ha
nado sobre la elite empresarial y el dedi­ justificado plenamente su existencia.
Graciela Mantaras Loedel

El mundo de un fronterizo
Penetrar en el mundo narrativo de AR­ de un hombre por quien cree haber sido
MONIA SOMERS es una tarea ardua, des­ violada en la niñez.
lumbrante y dolorosa. Desde la primera Situaciones, sentimientos y procedimien­
obra que le conocemos (se inició en la tos narativos son también recurrentes: la
literatura en 1951 con una novela “La m u­ especial sensibilidad para detectar olores y
jer desnuda”, de la que sólo poseemos colores; la visión obsesiva del sexo a través
referencias), “EL DERRUMBAMIENTO”, de la virginidad, la violación, la maternidad
cinco cuentos aparecidos en 1953, hasta la y el aborto; el deseo y/o la realización del
novela que hoy publica ARCA, (De miedo derrumbe de techos y cielos; la animización
en miedo, Montevideo, 1965), ese mundo se de lo inanimado y viceversa; la consustan-
ha hecho cada vez más cerrado en sí mis­ ciación de los seres con su atmósfera; la
mo, más riguroso y autosuficiente. En los obsesión de los pasajes o escondites estre­
primeros cuentos lo fantástico se dejaba chos como túneles; y finalmente el miedo,
penetrar por lo real sin demasiada resis­ la locura y la muerte creando ese clima
tencia, el lector accedía más fácilmente a pesadillesco que la misma autora caracte­
las claves simbólicas (y esto no obstante riza en el “Réquiem por Goyo Ribera”;
el estupor e incluso el escándalo que pro­ “Todo era irreal, nebuloso, inasible... co­
vocó el volumen). A diez años de distancia mo en las pesadillas”. Este es también el
los relatos de “LA CALLE DEL VIENTO clima de “De miedo en miedo” y aún acen­
NORTE” (ed. Arca, 1963), persisten en la tuado, tal vez por la extensión del relato
presentación de seres semejantes, de claves en el que no se da al lector un sólo des­
parecidas, pero que se ordenan en un te­ canso.
rreno más decididamente propio. La novela La joven de “El hombre del túnel” ha­
que aparece ahora, “DE MIEDO EN MIE­ bía aprendido a no confiar a intermedia­
DO”, retoma los mismos elementos. Los per­ rios su mensaje (“Todo era capaz de quedar
sonajes de Armonía Somers son siempre injuriado en el trayecto por el puerto que
grandes solitarios, hipersensibles, desaloja­ ellos me tendían”), pero buscando a su ver­
dos del mundo real, habitantes de una re­ dadero destinatario, una creación de su
gión de fantasía que se construyen y en la fantasía, había encontrado la muerte. El
que se refugian hasta la locura o la protagonista de la novela tiene de antiguo
muerte. Así el Goyo Ribera de “Réquiem esa sabiduría, y ese conocerse a sí mismo
por Goyo Ribera” y Martin Boggard, el ami- como distinto y singular, tal vez desde
' go que durante su entierro busca recons­ aquel día de la niñez en que sus amigos
truir la comunidad de sus historias; así el descubrieron que “tiene poderes mágicos”.
protagonista de “El despojo” a través de Habita un mundo propio, diferente, “otra
sus tres experiencias de sexo, soledad, amor ciudad sin luna debajo de esta”; en verdad
y muerte; o los cuatro hermanos de “La habita los dos mundos, porque la peripecia
puerta violentada” que enloquecen y mue­ que narra la novela es justamente el pro­
ren sucesivamente; o el Alejo Lebretón de gresivo desasimiento de lo real y la consi­
“La calle del viento norte” cuya manía guiente inmersión en la locura del prota­
consiste en impedir la entrada del viento gonista. Es, en rigor, un “fronterizo” en la
al pasaje en que habita, y quien lo mata, acepción del término que ilustraron Quiroga
obsesionado por el terror de enloquecer a y Martínez Estrada. La autora se ocupa úni­
su vez; o la joven de “El hombre del túnel” camente de ilustrar ese proceso y se vale
que muere tratando de alcanzar la sombra de elementos mínimos. No trata de mostrar
una época, o una sociedad, o de determi­ nos empezó a fanatizar, a impedir el curso
nados caracteres humanos en conflicto: se adelante de la vida”, esta mujer que cuan­
ocupa del tránsito de una conciencia hacia do él pregunta por el sentido de la vida
la locura (o, tal vez, la superior cordura). “me respondió dejándome como siempre
Pero la narración en primera persona colgado de mí mismo”, se constituye al
hace que esta sea una conciencia que se cabo, en la gran curiosidad del lector.
muestra a sí misma, y para lograrlo en ¿Es un producto de la imaginación del
toda su profundidad, no sólo es necesario hombre solitario y atormentado, o tal vez
confrontarla con el mundo real (recurso existe pero ha logrado tal poder de fascina­
frecuente pero al cual la autora no confía ción sobre el protagonista, que éste, en los
las revelaciones mayores) sino ponerla en momentos en que no tiene su presencia, la
contacto con una semejante. Así surge la imagina para continuar el diálogo? A lo
mujer en la librería donde el protagonista largo del relato se oscila entre ambas in­
trabaja, y apenas en un momento: “Ya h a ­ terpretaciones, no obstante la primera pa­
bía tenido lugar lo principal, que ella y yo rece más verosímil. A poco del primer en­
nos hubiéramos vivido en una especie de cuentro el hombre reflexiona: “Vine a saber
posesión secreta”. Desde este momento, en que la desconocida no existía”. Y luego:
los encuentros sucesivos con la desconocida, “Tuve por unos segundos la sensación de
se oficiará la revelación del personaje. La que ella no había estado nunca... si no
mujer no llega a alcanzar esta dimensión, era que se la acababa de absorber el aire.
es usada por la autora como catalizador de Pero la rescaté al verla incorporarse con
la conciencia masculina. Y él mismo confe­ una vaguedad de puntos suspensivos”...
sará una vez: “Tú y tus pequeñas cosas son Más adelante el hombre, su esposa y su
como mis vacaciones. Hablo contigo y duro hijo, realizan un viaje en automóvil; du­
unos días más. Es esa la verdad, te utilizo rante todo el trayecto se alternan los diá­
para durar”, y Luego: “Porque yo era como logos reales con la esposa, y los imaginados
un ciego que oía ruidos, y ahora van sa­ con la otra mujer. Es este el momento cul­
liendo las formas”. El lector es, también, minante del proceso de enajenación, cuan­
esa especie de ciego: el arte de Armonía do la ruptura con lo real (ya instaurada
Somers consiste en provocarnos para que en la intimidad del personaje, es percibida
logremos esa revelación de las formas. por las criaturas terrenas. “Estamos ya en
Los diálogos con la mujer desencadenan la casa —se oyó decir a mi mujer—. La
un torrente de recuerdos que en raccontos miré desde el más allá como el pájaro en
y monólogos interiores, hacen desfilar mul­ la niebla. Ella relumbró fugazmente bajo
titud de fragmentos de la niñez y adoles­ la intuición de mi distancia, apretó a la
cencia. Es uno de los mecanismos funda­ criatura contra su pecho y descendió sola”.
mentales de la narración a la vez que una Y acá se instala el verdadero conflicto:
constante psicológica del personaje. Uno de la ruptura con el mundo y cierta dosis de
estos momentos (p. 16-17) pretexta la mis­ soledad son soportables y compatibles con
ma técnica aplicada brillantemente en el ciertos grados de convivencia social mien­
final del cuento “Muerte por alacrán”, y tras sean un patrimonio escondido; pero
consistente en mostrar los hechos a tra ­ cuando lo real se percata de la ruptura,
vés de imágenes fijas y numeradas que se acosa al desdichado obligándolo a la elec­
suceden cronológicamente. Pero esta mu­ ción de todo o nada. “Entonces yo empecé
jer “de oficio devorador”, con quien el a temblar ante aquella figura de dos cabe­
hombre va descubriendo su identidad hasta zas con el mismo color de pelo, el mismo
hablar de “nuestro mundo compartido”, que espejo de alma, abandonándome. Ella era
se transforma en una atadura para él: “en­ capaz de hacerlo de verdad... un día.
contrarla comenzó a constituir un vicio se­ Vislumbré lo que acababa de desear con­
creto, una especie de necesidad de droga”... cedido así, sin necesidad de escapatorias
“Me acostumbré a mostrarle las entrañas, subterráneas. Pero el miedo hacia una rea­
y su desesperación por encontrar símbolos lidad que pudiera ocurrir era más grande
que mi valor para recibirla de igual a igual, Después viene la búsqueda afanosa de la
me golpeaba en la cara con sus aguas re­ desconocida cuyo rastro ha perdido y un
vueltas dejándome ciego”. nuevo miedo: “de que ella viniese”. Hasta
Corre hacia la esposa para retroceder que: “¡Suelten, suelten —me oí gritar aún
enseguida a continuar el diálogo con la con lo que me restaba de mis sentidos—
mujer que comienza a ser identificada con Esto no lo verán, esto se vive solo!”.
“el ángel que ha bajado a lamer la llaga Las cuatro páginas finales que constitu­
del vivir”. Pero no obtiene respuesta. Se yen el “último de los manuscritos del río”,
instala en lo real por un lapso provisorio son la instalación definitiva en la locura,
hasta que la mujer reaparece para descu­ el “parto del dolor de haber nacido”, la
brirle sus verdades finales: “Lo tuyo no era comprobación del tránsito “desde la vida
odio sino piedad^ una piedad sin remedio... equivocada hasta la siempre segura muerte,
lo tuyo es con dolor, los amas desde el con este miedo tan atroz de sabernos per­
odio”. Y él se aleja con los brazos cruzados didos”.
hacia atrás “molesto de que me viese par­ Llegados al final, pensamientos, emocio­
tir así, como vencido por su espada”. Fi- nes, recuerdos, se clarifican y ordenan;
nalmentee ella le obliga a desnudarse por pero en una claridad y un orden propios,
entero” porque no puedo ayudarte, debo incanjeables, de los que podremos partici­
irme, dejar que lo intentes solo”. Y él con­ par en la medida en que nos dispongamos
fiesa: “Es que yo vivo así, de miedo en a bandonar la lógica de nuestro mundo co­
miedo... mi miedo es mi raíz y mi copa, tidiano. Porque el arte es, como proclamaba
mi principio y mi desenlace, algo de lo que Torres García, “Transfigurar la realidad a
jamás podría liberarme”. fin de entrar en el Orden”.
Jesús C. Guiral

Lo erótico y lo pornográfico
1 Delimitación temática y (c) únicamente reencuentra su senti­
do referido a una sociedad dada.
Con frecuencia se presentan estos con­ Por eso no valoramos los calificativos
ceptos conectados a aspectos particulares “erótico” o “pornográfico” en su aspecto
colindantes. Pornografía y Literatura, Ero­ subjetivo. Trobo señala con justeza en su
tismo y Sexo, Moral y pornografía, La Mu­ respuesta el relativismo histórico de la
jer y el Erotism o... Y así “ad infinitum ”. apreciación: esto es pornográfico. A nadie
Si sucumbiera a la tentación de enfrentar se le oculta que “las perversiones sexuales,
al lector con una bibliografía al respecto, cuya mención hubiera puesto a un libro en
ambos nos sentiríamos separados, distan­ entredicho cincuenta años atrás, son mo­
tes, perdidos uno del otro. neda corriente gracias a la difusión de tan­
En cuanto sea posible deseo, ante todo, tas versiones aguadas del psicoanálisis; po­
desindividualizar el tema. No me interesa­ co le queda a la pornografía, fuera de des­
rá —excepto como ejemplo ocasional— la cribir las actividades de unos cuantos sis­
referencia molecular. Por el contrario, in­ temas individuales de órganos genitales”
tentaré aquí una expresión molar de las (1). Aquí nos fijamos en lo erótico (y, por
proyecciones de lo erótico y lo pornográfi­ las razones que daremos en seguida, prin­
co en el grupo humano como tal. cipalmente en lo pornográfico) como un
Es preciso para ello huir —como bien in­ fenómeno social dado y que, en sí y por
sinúa E. Otero en la encuesta que sigue— sí, tiene una esencialidad peculiar.
de la pretensión de solucionarlo todo por
medio del diccionario. Fijar la “definición”
2 Caracterizantes
básica de lo erótico y lo pornográfico esca­
pa al enclaustramiento académico que, en
este caso, no irá más allá de un aséptico No significa lo anterior una evasión pre­
“perteneciente a relativo a”. Porque, gra­ meditada. Más bien es una precisión equi­
maticalmente, Erótico y Pornográfico no tativa. La fuerza — avalancha del tema es
son más que adjetivos. Pero lo erótico y lo difícil de detectar. En el siglo XX sólo en­
pornográfico expresan, para nosotros, algo frentados a unos cuantos números nos per­
más: configuran un ámbito. Esto es, deli­ suadimos del poder de algo. En los EE. UU.
mitan algo que: de N. A. se gastaron (año 1962) doce mil
millones de dólares en publicidad. Si aña­
(a) trasciende las fronteras de Erotis­ dimos a ésto que el promedio de anuncios
mo y Pornografía en sí; que un habitante de ese país vio por día
(b) escapa a una estricta definición durante aquel año resultó ser de mil seis­
única (pero no a una ajustadísima “apro­ cientos y que uno de los principales temas
ximación”, “acercamiento” o “entorno” so­ vendedores fue el aspecto erótico de los
cial; “advertisements”, obtendremos algo para
m ed iar (2).
JESUS C. GUIRAL es profesor de filoso­ El camino claro para la aproximación a
fía y novelista. Estudió en Irlanda e In­ lo erótico no lo puede constituir tal o cual
glaterra, donde residió varios años. Publi­ definición. Tampoco sus matices de sujeto-
có, en 1964, su novela Los Altos Muros
(Premio Alfa) y después ha colaborado con (1) Véase Rolph, C. H.: “Encuesta sobre la por­
material narrativo en los diarios EPOCA y nografía”. Seix Barral. Barcelona, 1965. Pág. 69
(Opina Geoffrey Gorer).
LA MAÑANA. Este año aparecerá una nue­
(2) "The Mammoth MIRROR", Time, Oct. 12,
va novela suya de ambiente sudamericano. 1962, págs. 55-59.
objeto de estudio. El único camino en En cuanto al caracterizante 39) justo es
cuanto hecho social que se da lo constituye dedicarle —dentro de la esquematización
el aislamiento de los caracterizantes im­ que me propongo— unas líneas más. Para
prescindibles, mínimos, de su ámbito. que aparezca lo pornográfico —apunta
El ámbito de lo erótico está delimitado por: con lucidez G. Saad— es necesario que la
I?; su condición de excitador sexual capacidad imaginativa de los individuos in­
mediante cualquier tipo de sensación (ol­ mersos en una civilización-tipo esté an­
fativa, táctil, visual, kinestésica, auditiva, quilosada. Lo erótico es —fundamental­
etc.); mente— insinuación, estímulo necesario,
2?) una influencia liminar de estímulo por su propio carácter de surgencia es­
sexual en los sujetos, de tal manera que pontánea. Pero si la capacidad de la masa
las respuestas de éstos quedan libradas en­ está embotada, si a través de excesivas
teramente a sus propias capacidades ima­ dosis de estimulación erótica indirecta se
ginativas o sentimentales; ha llegado a una especie de bloqueo peri­
39) su aparición en cualquier tipo de férico masivo, de somnolencia colectiva
sociedad, ya sea a través de expresiones donde la respuesta no surge espontánea­
pictóricas, escultóricas, literarias, musica­ mente, entonces sólo entonces— nace el
les, etc., ya sea a través de la llamada fenómeno que llamamos proliferación de lo
"obscenidad verbal”. pornográfico. Reiteramos que no discutimos
Pongo especial énfasis en este tercer la feliz o infeliz aplicación del término a
caracterizante, ya que aun en sociedades de tal caso concreto (esta película, este libro,
las que se catalogan como primitivas lo esta foto) sino que intentamos dilucidar
erótico aparece espontáneamente. (3) Lo una circunscripción o ámbito en sus carac­
que no es extraño. Porque al tener lo eró­ terísticas propias.
tico su base en cualquier tipo de sensa­ La gradación de lo pornográfico, lo que
ción, su darse naturalmente en un grupo encaja en los caracterizantes mínimos ya
humano es inevitable, irrestringible y tan indicados, no admite mucha variedad, en
necesario a la supervivencia comunitaria realidad: Heterosexualismo (con todos las
como las sensaciones mismas. posibles, limitadas variantes), Homosexua­
En contraposición, el ámbito de lo porno­ lismo (ídem.), Bestialismo... ¿Y después?
gráfico queda circunscrito en sí mismo: La angustia del después la expresa el Dr.
19) a su carácter de imágenes directas Gebhard —sucesor del famoso Kinsey— en
(esto es, de estricta visualización) del acto “¿Qué haremos después que hayamos mos­
sexual, sus prolegómenos o post- efectos; trado todo? He hablado con varios editores
29) a la restricción o bloqueo que ejerce y se muestran un poco preocupados”. (4)
en la propia imaginación de los sujetos que La literatura ha pasado ya abiertamente los
no deben esforzarse ante la presentación dos primeros ciclos. Algún ejemplo incur-
por el momento, puesto que todas las im á­ siona últimamente con gran éxito popular
genes necesarias están dadas; en el tercero. Y el cine le sigue los pasos
39) a su aparición, restringida a civiliza con vacilaciones.
dones tan “avanzadas” que han sobrepa­
sado la cima y se deslizan ya por la ladera
3 La raíz escondida que pocos
del agotamiento, de la decadencia.
Con respecto a los puntos 1? y 2<? téngase quieren ver.
en cuenta que estos caracterizantes pueden Se ha indicado que la aparición de
extender a las imágenes “contadas” (co­ lo pornográfico resulta de el agotamiento
mo en literatura) donde la imaginación del de lo erótico como excitador. Cabe pregun­
lector no crea sino reconstruye simplemen­ tarse dónde ocurre esto. Obviamente en
te las escenas. un tipo de sociedad tan desarrollada donde:
(3) Véase Mallnowsky, Bronislaw: "Sex and
Repression in Savage Society”. Madrid. Bks., N. Y. (4) "The Second Sexual Revolution”, Time, Jan.
R/1955. 24, 1964, pág. 31.
n

1) las necesidades de subsistencia es­ sociedades que la integran comienzan a


tán —para una parte al menos— al alcance resquebrajarse, a dejar de sostener el edifi­
de la mano, y cio. Existe una suerte de contagio de indi­
viduo, de sociedad a sociedad, de nación
2) necesidades no-básicas para la sub­ a nación que termina por contaminar el
sistencia han sido propuestas como tales todo. Las “termites” culturales prosiguen
al individuo, de manera tal que la satis­ la designación común a ritmo invisible,
facción de ellas ha llegado a constituir en continuado, preciso.
sí misma el fin que el individuo se propone
aun a costa del sacrificio o postergación La mayoría de las sociedades que transi­
social de los demás. tan por nuestra, civilización actual mantie­
nen una estructura básica capitalista. Y
En este punto coinciden sociólogos, este­ es precisamente a esta estructura —que
tas, antropólogos. Malinowsky no encontró quiere ser inamovible— a la única que fa­
rastros de pornografía en sus investigacio­ vorece lo pornográfico. La favorece en el
nes de sociedades primitivas allá donde los sentido de que encauza unas fuerzas que
civilizados occidentales no habían puesto pueden, de otra manera, socavarla. A las
su educativo pie cultural. (5) Para un so­ termites-individuos se les puede —se les
ciólogo-antropólogo como Geoffrey Gorer, debe— conceder un tronco en el que sacien
la pornografía es “un aspecto de las letras” sus ansias de morder. Todo mientras no
y en cuanto tal “sólo aparece en civi­ usen sus ímpetus en horadar la estructura
lizaciones superiores: no es un rasgo h u ­ establecida.
mano universal que se halle en sociedades
de cualquier estadio evolutivo, como es la La acusación precedente no proviene sólo,
como podría pensarse, de hombres de (o
obscenidad.” (6) Y para no sobrecitar, re­
que viven en) sociedades anticapitalistas.
sumo con las palabras de H. Read: “He
apuntado que la pornografía es una carac­ También integrantes de sociedades capita­
listas han teorizado sobre el proceso. Es
terística de las civilizaciones altamente de­
cierto que en críticas recientes podemos en­
sarrolladas y tal vez hubiera sido más co­
contrar algunas como la de C. Ionescu Gu-
rrecto decir que de las civilizaciones deca­
lian o la de Lefebvre, por ejemplo. Pero
dentes.” Y añade: “Hay muchas socieda­
no es menos cierto que a ellos —y a otros
des entre las llamadas primitivas (la de
muchos— se unen Aranguren y los mencio­
Bali, por ejemplo, antes de llegar los euro­
nados Read y Gorer. (8)
peos) en las que la experiencia sexual se
transforma en drama o danza, y se desco­ De este juego, forzoso es confesarlo, to­
noce la pornografía”. dos somos piezas. La visión de personas que
deberían sentir la verdadera base, la raíz
Establecer las calificaciones de lo que es del problema y mirar lo pornográfico como
una civilización decadente ofrece, sin em­ un resultado de la desintegración de un
bargo, flancos débiles a interpretaciones sistema social, lo miran como el comienzo
múltiples. El aspecto sintético que pretendo de algo que —¡horror!— puede llevar a la
dar a lo que sostengo no me permite afron­ desintegración (punto de vista moralista).
tarlos uno a uno. Creo, a pesar de todo, Como algo que no existe si no en la mente
que no es arduo hallar una coincidencia de unos cuantos obcecados (punto de vista
inicial común. Sin subrayar una morfolo­
gía histórica spengleriana en todos sus de­ (8) —Ionescu Gulian: “El Anticomunismo bajo la
talles, es evidente que una civilización de­ bandera del Rearme Moral”, en “El Anticomunis­
cae cuando las bases comunitarias de las mo, enem igo de la humanidad”, P. y S. Praga,
1965, págs. 383-393.
—Lefebvre, H.: “Le Marxisme”, P.U .F., 1948,
(5) Cfr. o.c. supra (nota 3). ch. II.
(6) La opinión completa de G. Gorer se encuen­ —Aranguren, J. L.: “Erotismo y Moral de la Ju­
tra en “Encuesta sobre la pornografía”, citada en ventud”, en “El Amor y el Erotismo", Insula. Ma­
nota 1. drid, 1965, págs. 19-32.
(7) Ibid., pág. 42. —Read, Gorer: cfr. o.c. supra. (Nota 1)
abierto, comprensivo). Como un algo natu­ Si nos enfrentamos a los hechos, el pro­
ral, necesario y propio del ser humano blema, en mi opinión, es hoy por hoy in­
(punto de vista de los confundidos, de los soluble:
que equivocan lo erótico con lo pornográ­ a) porque todos los que discutimos es­
fico)... El problema total se minimiza, se tos puntos somos producto generacional
parcializa. Así sólo se ven ángulos del todo. directo de sociedades de estructura capi­
Ynos quedamos con los resultados de unas talista;
discusiones personales, interminables, in­ b) porque la verificación con los puntos
convincentes sobre hasta dónde debe llegar de vista y resultados positivos de socieda­
la censura o supresión. Sobre los criterios des de otro tipo no puede hacerse aún to>-
éticos de artistas, escritores, críticos, etc. talmente.
Sobre el que no se quiera ver el peligro de Y no porque seamos víctimas de una sus­
dejar en las manos de los humanos novelas picacia propagandística que no nos alcanza.
de guerra o policiales y se pretenda que Ya sabemos con cuánta fruición se observa
todo el peligro está en lo pornográfico. A desde algunas torres vigías occidentales el
lo más que se llega así es a un intento resurgimiento del problema sexo/delincuen-
de sublimar los instintos que entran en cia infanto juvenil en países tras el famoso
juego... En suma: se dispersa el esfuerzo telón, pongamos por caso. Hacer hincapié
intelectual en actitudes que van desde el en ello es pretender desfigurar la realidad.
más refinado puritanismo hasta la máxima Porque en esos países la sociedad no ha
liberalidad aparente. Pero no se profundiza podido aún reeducarse por completo a sí
—o no se quiere ir-hasta la raíz escondi­ misma en un período —en el caso extremo
da. Lo esencial del fenómeno de lo por­ de Rusia— de menos de medio siglo. “No
nográfico se diluye. Es como discutir la basta modificar estructuras solamente para
bondad o inconveniencia de las típicas po­ cambiar la sociedad”, es algo que todos
madas, cremas y ungüentos para restaurar oímos continuamente. Se trata —en el caso
los eczemas reiterados del paciente. Pero no de lo pornográfico— de algo mucho más
se hace —de una vez— el necesario y ur­ difícil. De una labor que no es tarea de
gente estudio-hemograma. años solamente. Se trata de reeducar en
el individuo sus condicionados reflejos co­
Teóricamente, en una sociedad donde el
munitarios atávicos.
fin del individuo sea la sociedad misma, la
Por ello sostenemos que desde otros pla­
satisfacción de lo personal queda canaliza­ nos tal vez sea —ya— posible establecer
da en la comunidad. Los impulsos sexuales confrontaciones. En progreso industrial,
—como otros— son efectivamente sublima­ económico, técnico, científico, es relativa­
dos, encauzados hacia otra actividad. En mente fácil —aunque no siempre justo—
teoría, al menos, el problema de lo porno­ establecer una comparación entre ambos
gráfico (exacerbado como ahora hasta h a ­ tipos de sociedades. Pero en el ámbito de
cer aparecer lo sexual como el desiderátum lo histórico, el lapso temporal de las socie­
máximum, como un último y sobrevalorado dades no capitalistas es todavía muy re­
ideal) debiera desaparecer en una sociedad ciente como para permitir una decantación
no-capitalista. estadística social de proyecciones definiti­
¿Podrá alguna vez comprobarse este aser­ vas. Mientras ese momento llega nos que­
to? Creo que sí. Pero —aunque a esta altu­ da el aviso —al menos —a los demás. El no
ra parezca un rasgo de dudoso humor de dejarnos arrastrar, inocentemente, al jue­
mi parte— sólo dentro de varias genera­ go dispersador establecido en nuestra avan­
ciones. zadísima civilización.
Fuegos Cruzados

Erotismo, Pornografía, Censura


Responden: M. Martínez Carril, Esteban Otero, Gabriel Saad, Claudio Trabo, Clara Silva
y Carlos Martínez Moreno.

Entre la maduración de estas páginas y su concreción se han interpuesto


las disonancias de una batalla ético - social. Como en las típicas novelas de
guerra y espionaje esta batalla goza igualmente de un número clave: “491”,
Disonancias, tan sólo. No conviene malgastar el clásico “fragor de bata•
lia”, porque el debate no ha llegado a tanto. La película de Vilgot Sjoman
—se indicó— necesitaba cortes precisos. Se le dieron y “491” se exhibe en
dos salas cinematográjicas en la actualidad. Tampoco vale el calificativo —no
menos clásico— de “batalla sorda” porque a la discusión concreta se le otorgó
suficiente publicidad periodística. Todos así nos enteramos de algo que hasta
ese momento habíamos sospechado: ciertas escenas dé alguna otra película an­
terior habían sido acortadas en efectivo “silencio”.
En el maelstrom nórdico a que arrastró la polémica se manejaron con li­
beralidad los dos conceptos que eran motivo de mi trabajó: erotismo/porno­
grafía. La anécdota me servía de inmejorable introducción. Pero quise ser justo.
Antes de exponer lo que sostenía —y sostengo— sobre lo erótico y lo porno­
gráfico, me pareció de estricta ecuanimidad confrontarlo con opiniones autori*
zadas. Así, aunque el espacio de mi exposición quedé reducido, la tesis —como
se verá— resulta confirmada plenamente. Agradezco a los consultados la va­
liosa aportación de sus ideas.
JESUS C. GUIRAL

Resultados de una encuesta

Las preguntas. — Fueron dos. Simples y directas:


1. ¿Qué considera usted que es lo erótico?
2. ¿Qué considera usted que es lo pornográfico?

1 M. Martínez Carril
Para los censores, los moralistas, los artistas, han causado siempre múltiples do­
custodios de la salud pública, tanto el ero­ lores de cabeza porque los implicados en las
tismo como la pornografía son malas ac­ categorías anteriores (desde los espíritus
ciones que habría que eliminar cuanto an ­ censores a los religiosos) aprovechan la
tes. Para los espíritus religiosos pueden ser presencia de lo erótico o lo pornográfico
formas cambiantes de encarnaciones demo­ en las obras de arte, para limitar, cortar,
níacas. Para los críticos y antes para los prohibir, amordazar al creador. No es ca-
sual que el censor tienda a ser un reac­ amplios sectores de la creación artística,
cionario y el creador (en cuanto crea lo algo así como la mitad del cine moderno;
que antes no existía) se aproxima en tér­ b) la pornografía (hasta etimológica­
minos generales al revolucionario. mente) es una actividad literaria que em­
Parece claro, sin embargo, que erotismo pieza en Mesopotamia, Egipto y Creta y
y pornografía son simplemente dos formas, llega a las mercantilizadas ediciones de los
dos actitudes quizá, de la labor creadora: “magazines for men”, coincidiendo con el
a) el erotismo toma del amor real de­ florecimiento de civilizaciones altamente
talles exteriores (elementos erógenos) y evolucionadas. Pero la obscenidad es tam­
con ellos crea un universo inexistente pre­ bién relativa (el culto fálico o el culto a la
viamente, artificial, más o menos obsesivo. fertilidad fueron actitudes religiosas). Mu­
Sus manifestaciones visibles son las chicas cho creador procura la alucinación de su
en bikini que beben Coca Cola desde cada público excitándolo en base a la realidad
columna de Montevideo, los labios entrea­ cotidiana transfigurada (ciencia ficción,
biertos que garantizan la permanencia del western, historias terroríficas y fantasma­
Revlon frambuesa, Anita Ekberg pronta a les, suspenso). Resulta ridículo por consi­
recibirlo a usted señor desde los afiches guiente que una zona tan importante y alu­
de La dolce vita||ese romance inesperado cinante de lo humano, como el sexo, sea
del gato con el pez de los televisores Admi- prohibida en función de convenciones so­
ral. Otras manifestaciones más sutiles y ciales que no nacen con el hombre y que
cultas incluyen a la poesía clásica griega, varían con el tiempo.

2 Esteban Otero
De antemano puedo anunciar que renun­ que en el europeo, en las revistas pornográ­
cio a definir términos que el Diccionario de ficas: todo en el mismo plano desde el pun­
la Academia define con precisión, es decir, to de vista erótico. Pienso que el erotismo
indica, con autoridad, en qué sentido y con no es un valor ni una deficiencia, en el
qué amplitud deben usarse. Esto no nos im­ arte. Pienso en la necesaria libertad del
pide, sin embargo, el comentario de los hombre para su práctica; pienso (y me en­
conceptos, y, mucho menos aún, el comen­ furezco ante tal posibilidad) que si alguien
tario subjetivo. insinúa una limitación, eso es un atentado.
Erotismo: (del griego “eros”, amor) m. Pienso que imponer una moral (cristiana
Pasión de amor. Amor sensual exacerbado. o socialista) es criminal.
1. Desde que llega la adolescencia y las 3. Son eróticos Lucrecio, San Juan de
glándulas empiezan a hacernos conocer el la Cruz, Sade, Baudelaire, Mallarmé, Ru­
cuerpo, lo vemos en un terrible conflicto bén Darío, García Lorca, Joyce, Henry
con lo que como moral se nos inculcó en Miller.
los diez años anteriores y niños, jóvenes Son eróticos Oward Hawks, el cine ame­
hacemos una distinción (¿falsa?) entre ricano en general, Fellini.
amor físico y amor espiritual. (En la teo­ Elizabeth Taylor, Jayne Mansfield, Eleo­
ría, ganaba siempre el primero, pero el nora Rossi—Drago, Corinne Marchand, Ani­
único practicado era el segundo). ta Ekberg.
2. Personalmente, cuando me viene a 4. Son anti-eróticos el teatro, Dante,
la vista la palabra erotismo no pienso en Fray Luis de León, las películas de Alain
el amor de Paolo y Francesca, o de Abe­ Resnais y de Robert Bresson, Jorge Luis
lardo y Heloisa, ni en Sócrates y Alcíbíades, Borges.
sino en Lolita (la novela), en Henry Miller, Jeanne Moreau, Audrey Hepburn, Greta
en Isabel Sari!, en el cine americano más Garbo.
5. Ahora puedo contestar: erotismo es tituta, y “grafía”, descripción), f. Tratado
amor sensual, la visión más puramente fí­ acerca de la prostitución. Carácter obsceno
sica de una mujer considerada hermosa. (1) de obras literarias o artísticas. Obra lit.
Después de todo, si la mujer se diferencia o art. de este carácter.
del hombre sólo por su sexo, ¿qué otra cosa (1) Obsceno: (del latín “obscenus” adj.
puedo apreciar en ella, si todo lo demás impúdico, torpe, ofensivo al pudor.
está contenido en la condición humana
que conmigo comparte? No me siento inclinado a comentar algo
Mezclar la moral en esto es tomar una tan confuso y tan del resorte de cada indi­
actitud socialmente parecida, estadística­ viduo. Quizás yo me sintiera inclinado, sí,
mente abandonada. Ni tampoco mezclar al a negar la existencia de la pornografía. Es,
arte, cuyo camino conduce al ser, es onto­ para mí, sobre todo un problema legal y
lògico. como tal lo discuto en otra parte de esta
Pornografía: (del griego “pomos”, pros­ misma revista.

3 Gabriel Saad
H Sobre este tipo de temas tan debati­ ficaria el ejercicio del principio de vi­
dos, nada mejor que empezar por las ver­ da por oposición a Thanatos o necrofilia o
dades de Perogrullo: no hay erotismo sin instinto de muerte (lo que, en definitiva,
“eróticos”, ni pornografía sin “pornográfi­ representa nuestra capacidad de auto-des­
cos”. Con lo que queremos decir que tanto trucción). Vale decir, que el erotismo no
el primero como la segunda son conductas se limita a lo amatorio y lo genital, sino
humanas. En este sentido, su definición, su que abarca toda la esfera de la vida per­
estudio y su valorización corresponden a sonal, de la personal capacidad de disfru­
la ciencia que específicamente se ocupa de tar del hecho de estar vivo, aunque, sin
ellas: la Psicología. Lo que no significa que duda, es necesario reconocer, en su ejerci­
los profanos no debamos emitir opinión cio en la persona madura una primacía ge­
sobre el asunto, sino que debemos tener nital. Lo erótico, sería, pues, por ejemplo,
conciencia de que la discusión de ambos la creación de vida desarrollando nuestra
conceptos no puede desarrollarse en abs­ propia capacidad de vivir, lo que no exclu­
tracto, porque éstos están sometidos a la ex­ ye, como tendenciosamente se ha querido
periencia clínica, la que en definitiva dará hacer, el mero disfrute de la sensibilidad
su opinión. A la espera de ésta, daremos genital (los genitales constituyen una zona
la nuestra. erógena, es bueno anotarlo) o de las formas
II. El erotismo es, obviamente, el culto más generalizadas (por así decir) de la
o el ejercicio de Eros. Lo que no significa sensibilidad. Y en este sentido, una aper­
un gran adelanto en la definición. Pero tura sensorial frente a la realidad material
quizás éste llegue, si recordamos que con del mundo también nos parece asimilable
ese término Freud designaba lo que tam ­ al concepto analizado. El erotismo supone,
bién llamó biofilia o “instinto de vida”. Y pues, la potencia (en la que aparecen los
veremos que de allí a lo que comunmente citados conceptos de amor y sexo). Como
se llama erotismo el camino del esclareci­ conducta humana, puede aparecer refleja­
miento no es ni largo ni tortuoso. En do en diversas creaciones: para citar ejem­
términos habituales, erotismo es un con­ plos recientes, en los film “Adorado John”,
cepto en el que vagamente se mezclan “Amar”, “La felicidad”. Y ahora es fácil
—y no siempre en partes iguales— el definir la pornografía como conducta
sexo y el amor. De acuerdo al concep­ opuesta al erotismo. La pornografía es el
to freudiano de Eros, el erotismo signi- predominio de Thanatos sobre Eros. O sea,
una manifestación de la impotencia. De allí mos se le ocurrió censurarla.
la distorsión del acto sexual en que fre­ III. Todo esto es dicho con una super­
cuentemente se regodea, la tendencia a la ficialidad de la que tenemos conciencia de­
descripción de conductas perversas (que bido a las limitaciones de espacio que de­
son conductas pornográficas) en las crea­ bemos respetar. Somos igualmente cons­
ciones de este tipo. Pero, puede ser por­ cientes de la necesidad de un mayor desa­
nográfica también la actitud del especta­ rrollo para un mejor esclarecimiento del
dor frente a una obra erótica, lo que se tema. Pero como sospechamos que el en-
aprecia en la frecuente censura que de este cuestador busca una definición concisa de
tipo de obras se hace, achacándoles, pre­ los conceptos analizados la daremos como
cisamente dicho carácter. La conducta por­ final de esta respuesta, El erotismo es el
nográfica aparece descrita, por ejemplo, en ejercicio del principio de vida, la pornogra­
el film “El Proceso”, y a nadie, que sepa­ fía su negación por fantasías de impotencia.

4 Claudio Trobo
Se puede decir que una obra es porno­ trabajo un valor indudable. Lo que no
gráfica cuando el carácter obsceno prim a puede es desconocerse que el criterio de
en ella, cuando existe una preocupación pornográfico es un criterio moral y por lo
fundamental por atraer mediante la n a rra ­ tanto su estabilidad es relativa. Lo que
ción de detalles inmorales. Esto que pare­ para nosotros hoy es perfectam ente acep­
cería una definición demasiado general table, para una sociedad medioeval o rena­
puede aclararse mediante una serie de centista podría muy bien ser pornográfico.
precisiones particulares. Es imprescindible Este criterio m anejado para sociedades di­
—aún cuando obvio— señalar que un tr a ­ ferentes debe ser tenido en cuenta al ob­
bajo pornográfico es el que se basa no sólo servar nuestra propia sociedad, pues disi­
en temas inmorales, sino el que tiene el militudes culturales y de formación de los
propósito de despertar los apetitos lúbricos individuos que la integran, provoca opinio­
y avivar los sentimientos agotados. nes encontradas, y a veces enormemente
distantes. Este hecho lleva indudablemente
No hay como característica un señala­ a plantear las circunstancias de que un tra ­
miento de los hechos con criterio de de­ bajo puede ser pornográfico para muchos
nuncia o simple constatación, a fin de que individuos, m ientras no lo es para otros.
el lector o espectador pueda sentir una Y es entonces que nos encontramos en la
actitud de rechazo o cuando menos de ob­ imposibilidad de realizar una labor de cen­
servación respecto a las deformaciones que sura adecuada. P ara realizarse se m aneja
se narran. Los detalles de una desviación, un criterio de “buenas costumbres y para
obsesión sexual, manía erótica están da­ buenas señoras”, que no resulta el más
dos in extenso, y hasta con placer. Su vi­ adecuado.
sión, produce en el caso de una buena
realización, una influencia enormemente Genéricamente puede entenderse por eró­
negativa en quienes toman contacto con el tico todo aquello relacionado con las pa­
trabajo. siones amorosas o la sensualidad. Es evi­
dente que uno de los fundamentos de la
Es muy común ver decenas de páginas creación artística de nuestra sociedad es
de autores enormemente conocidos y valio­ el de las relaciones sexuales y las emocio­
sos que muy bien pueden ser tildadas de nes que de ellas se derivan. Desde el Siglo
pornográficas. En estos casos aparecen una XI h asta el presente Occidente ha vivido la
serie de factores estéticos que le dan al inundación de una literatura erótica, que
ha tenido una influencia enorme en el de­ cosas— para inventar mitos, para adjudicar
sarrollo de nuestras sociedades. Sirvió —en­ encantos en seres que pueden no tenerlos,
tre otras cosas— para cambiar el criterio para compensar enormes frustraciones, a
anterior de las relaciones sexuales, y ha la par que calmar muchos organismos de­
mantenido una tónica erótica que carac­ sequilibrados por circunstancias muy par­
teriza a esta sociedad. Previamente a este ticulares.
surgimiento —por cierto no gratuito— la Montherland —entre otros— lo ha dicho,
situación del hombre y la mujer y su sig­ ha servido para trocar “la moral del gue­
nificado eran bien diferentes. rrero por la de la modistilla”. Esto puede
El erotismo se refiere evidentemente al parecer exagerado, pero se relaciona con
impulso de una pasión hacia el otro sexo. uno de los fundamentos de nuestro sub­
La sensualidad ha servido —entre otras mundo umbilical.

5 Ciara Siiva
(Definir el significado de las palabras los justifique; entonces todo se reduce a
erotismo y pornografía, sería casi repetir una exhibición, grosera y vacía, de cosas
simplemente lo que el Diccionario de la sexuales.
Lengua Castellana dice al respecto. No Esto último es lo que se hace general­
puede inventarse otro sin caer en falsifi­ mente buscando el éxito comercial —de
cación sofística, de buena o mala fe; lo venta o de público— el cual, siempre pre­
cual, también, por lo demás, no deja de tende escudarse en el argumento de la li­
intentar hacerse con frecuencia. . . ) bertad del arte, aunque el arte sea sólo
Otra cosa, más aparentemente problemá­ un pretexto y no tenga de él sino los me­
tica y discutible, es su aplicación al arte, dios externos, materiales, de expresión,
verdadero motivo de esta encuesta. Y digo pero no sus idealidades intrínsecas. Ade­
aparentemente porque, para mi, la cosa es más, no basta que una cosa sea verdad
clara. Creo que todo consiste en que la para que sea arte. Es necesario que dentro
obra artística, sea verdaderamente artísti­ de esa verdad “realista”, haya otra, esen­
ca o no lo sea. La obra de arte verdadera, cial: la del espíritu.
nunca es pornográfica, aunque trate los te­
mas sexuales más escabrosos; porque el Comparemos el erotismo de una película
artista de verdad —sea escritor, plástico, de Bergman o de Rosellini, con el de al­
cineasta, etc.— sabe cómo debe tratarlos, guna otra de esas protagonizada por Isabel
sin caer en la pornografía. Y es que los Sarli, por ejemplo. . . y tendremos gráfi­
trata en función de un sentido profundo camente la diferencia.
de lo humano, un fin estético que los tras­ En fin, recordando a Wilde, podría de.
ciende. Pero esos mismos temas pueden cirse que no hay obras o escenas porno­
volverse simplemente pornográficos si ca­ gráficas o no - pornográficas, sino bien o
recen de ese sentido estético y humano que mal concebidas estéticamente.

1. El diccionario dice que es todo tra­ (escribir). Obviamente, es una definición li-
tado acerca de la prostitución, ya que eti­ teralista, inservible. El Código Penal uru­
mológicamente el vocablo se integra con las guayo es más cauto: exige la categoría
voces griegas porné (prostituta) y graphein pero no la define. El artículo 278, perte-
neciente al título “De los delitos contra las cenidad) supone la excitación o el estímu­
buenas costumbres y el orden de la fami­ lo de formas aberrantes o enfermizas de
lia”, dice que “comete el delito de exhibi­ la sexualidad. Porque si lo que se excita
ción pornográfica el que ofrece pública­ son las formas sanas y normales de la se­
mente espectáculos teatrales o cinemato­ xualidad, tal incitante puede ser social­
gráficos obscenos, el que trasmite audicio­ mente útil, edificante y necesario. En cier­
nes o efectúa publicaciones de idéntico ca­ to modo, creo, lo pornográfico contiene una
rácter”. Se atiene a la sinonimia entre por­ proposición de violencia contra el orden
nografía y obscenidad, pero no precisa nin­ de lo que se ha convenido en considerar
guno de ambos términos. Es, proverbial­ natural en materia sexual. Pero tal canon
mente, uno de los casos en que la disposi­ de lo que es normal o extraviado, en esta
ción de Derecho Positivo se remite a una zona, es altamente cuestionable, cambian­
"norma de cultura”, de la que extrae su te y contingente.
razón de ser. Y culturalmente, todos estos
conceptos tienen una aureola cambiante, 2. Erótico es simplemente lo amatorio;
contingente, imprecisa, variable de una en el uso contemporáneo de la palabra,
época a otra. Porque se relacionan con las referido preferentemente al costado físico
del amor. Se trasladan a este tópico las
represiones, con las inhibiciones sexuales
de cada tiempo y con lo que ellas conde­ salvedades sobre precariedad, elasticidad y
nan. Incluso la zona marginal de hipocresía variabilidad temporal de los contenidos.
desde donde se denuncia la pornografía, En cualquiera de los supuestos (porno­
cambia con los años. grafía, obscenidad, erotismo) creo que la
Todo esto alude a lo escabroso que pue­ tuición de los mayores a cargo de la au­
de ser aplicar estas categorías a la obra toridad municipal no cabe. ¿No son éstas
de arte, y distinguir a ésta del mero pro­ cuestiones demasiado delicadas y vidriosas
ducto comercial. El asunto tiene una lar­ para una apreciación burocrática con po­
guísima historia, en la que figuran los nom­ deres compulsivos?
bres de Aristófanes, Aretino, Bocaccio, Prefiero que, llegado el caso, actúe el
Flaubert, Joyce, Henry Miller, Tennessee juez. Porque él afinará necesariamente los
Williams, cualquiera de ellos más impor­ conceptos, sabiendo de antemano que si se
tante y atendible que el del creador del pronuncia porque un espectáculo es porno­
film “491”, piedra del escándalo del Aquí gráfico, se pronuncia al mismo tiempo por
y Ahora uruguayo. la cárcel. Y esa dura consecuencia dicta
Goodman ha escrito un largo ensayo, con­ una mesura e impone un escrúpulo que la
cluyendo en que lo pornográfico (o la obs­ cuestión reclama imprescindiblemente.
Jorge Sciavo

Un cuento de muertes
Si -hubiera podido precisar claramente como un testigo de otras formas que no
todo lo ocurrido en la borrachera del ve­ eran la carne y el pelo ni la sangre mis­
lorio, quizás no hubiera seguido sintiendo ma o los metales, era algo que salía de
aquella angustia que no lo dejaba respirar todos ellos, independiente de sus materias
casi y que se instalaba plenamente, des­ y sólo creado p o r una condición de coor­
plazando al dolor de las erosiones provo­ denadas, con espacios y tiempos, azar y
cadas por la pelea. Después de todo, a coincidencias contra las cuales él mismo
aquel hombre no lo conocía o si lo había había peleado, modificándolas sin resulta­
conocido, había sido de vista nomás. Pero do durante la agonía de la niña y el ve­
cuando vió su espalda uniformada, per­ lorio.
fectamente cuadrada y gris, como un po­
licía de muertos sentado al volante de la El otro había abierto la puerta, Mora­
les había perdido el equilibrio y cayó con­
carroza fúnebre, sintió que todo ese algo
tra el cordón de la vereda. Eira tonto pre­
furioso que le había recorrido el cuerpo
cisarlo ahora, pero lo hizo. Fue al lado
con el alcohol tenía que decidirse a pe­
del plátano, donde olvidado por los últi­
lear. Y eso que el nunca había peleado,
mos acontecimientos había quedado el ta­
y menos por la espalda. Cuando empezó
cho de basura de algún vecino, con las
a dar golpes, el otro lo miró con ojos sor­
prendidos, como los de un niño descubrien­ botellas de la noche. Nunca hubiera pen­
do o los de un extranjero en ese país de sado el velorio de la niña con tan poca
gestos y puños y palabras obscenas que gente. La finada madre de la niña tampo­
le iban dirigidas sin motivo. Morales se co. Y durante todo ese tiempo que que­
daron solos él y la niña y el hombre de
sintió desubicado con su violencia inusi­
tada. Pero cuando vió la sangre en la me­ la funeraria, se sintió fuerte, casi respon­
sable de esa muerte pequeña y rubia, que
jilla del cochero encontró un sentido per­
podía volver a repetirse día tras día, dulce
dido para todo aquello, una dirección
y melancólica como si fuera la muerte ce­
hacia atrás donde estaban las túnicas man­
leste de los atardeceres. Responsable tai-
chadas de los enfermeros que atendieron vez de haberla enviado al almacén, res­
a la niña, duramente manchadas, profe­ ponsable de la mirada fría y segura con
sionalmente manchadas y el paragolpes que la niña miró la muerte cromada y
del coche negro de aquel señor que lleva­ aceptó el choque y los brillos de los me­
ba otros niños a pasear y que lloraba, tam­ tales y el ruido seco en su cuerpo sin
bién manchado, como si una flor se hu­ historias, sin pausas, sin comienzos.
biera pegado al cromado para seguir allí
Cuando llegaron los del fondo, oloro­
sos todavía de la cama, sintió que le ro­
JORGE SCLAVO nació en M ontevideo baban toda esa muerte suya que ya se
en 1936. Hizo crítica de Jazz y de teatro y proyectaba en cosas que no habían sido,
cine en diversas publicaciones de M ontevi­ con el vestido blanco de la nena y un
deo. Escribe para Radio y T V y desarrolla novio alto, de pelo negro, y la foto de la
una intensa actividad teatral como autor, nena con su nieto mal pintado de celeste
actor y ayudante de dirección. Ha publica­ —como solía hacerlas Rodríguez el fotó­
do cuentos en Marcha, Epoca, La Mañana grafo—. El cuarto comenzó a llenarse de
y en el volumen Gentes y Lugares (Arca, un pasado gastado y ridículo ahora, con
1965). historias que ya no tenían sentido de es­
tar junto a ese presente rubio que aspira­ didos de dibujos o juguetes, de ese silen­
ba a ser respetado en los cortos y pocos cio rubio, impávido, que esperaba en la
tiempos que le quedaban de vigencia. Se madera ridicula la terminación de ese es­
habló de la madre y de la ausencia de pectáculo de mal gusto.
los parientes, de las peleas y la intoleran­ Por eso cuando oyó que la maestra le
cia familiar. Se habló de él, como siem­ dijo al oído casi: “Mírela. Si parece un
pre mucho tiempo después de lo que le ángel que fuera a volar”, sintió que las
hubiera gustado. Y todo ese tiempo de los fuerzas se le habían terminado —como las
del fondo se hizo artificial y fue cayendo frases a los otros—, que aquel tiempo ha­
como pesadas pelotas de arena hasta que bía terminado de inutilizarse y la compa­
no hubo más que frases casi flores en­ sión ya era de muchos. Y que los otros
ceradas y coronas de cintas doradas que habían dejado de reprocharse la incomo­
se hicieron tendones duros y doloridos en didad de la noche cortada y el desaseo y
los rincones cargados de cigarros a los que el mal aliento, para compadecerse de ellos
la caña y el café devolvieron su natura­ también y lanzarse decididos al espec­
lidad. Una naturalidad falsa, que nada te­ táculo desenfrenado de su propio llanto
nía que ver con el momento y con el de como estimulante de otros llantos casi tan
la funeraria y él y la niña cargada con oficiosos e igualmente convencionales. En
ese resto de vida que le hacía sediento ese momento fue que ocurrió lo que te­
de alcohol para aflojar el pecho y las ma­ mía, lo único que se reprochó una vez pa­
nos húmedas y los ojos que no querían sada la borrachera y la pelea con el co­
llorar por temor al grito o la puteada. Y chero. Se fugó, y la dejó sola y rubia con
tuvo que frenarse para que no llegara su coro de lloronas y velones alquilados.
aquello que sabía que iba a llegar y lo Y se metió en él, donde tenía su finada
alejaría para siempre de esa muerte ru­ con otro velorio, donde había el joven pe­
bia, como antes lo había alejado de la fi­ riodista que luchaba contra todo y don­
nada y de todas sus cosas. Porque esa fa­ de había glicinas agrias y paseos por jar­
miliar compasión de sí mismo, estaba fil­ dines, con versos que nunca se publicaron
trándose en su cansancio. Le pegaba en al lado de notas de diarios que se fueron
el estómago hinchado, como en un tam­ vendiendo cada vez más antes de pasar
bor y sintió que la estaba usando para de moda. Y al final el periodista se ven­
escaparse, para poder aceptar a esa gente dió porque había que comprar remedios
y para que a su vez lo aceptaran en ese para la finada. Y cuando ella murió, el
juego de lamentos e historias viejas lle­ periodista se dio cuenta que se había re­
no de coronas usadas con cintas para otros galado y ya no servía, y así como tomaba
muertos, donde olvidar. Y entonces iba a para escribir después empezó a tomar pa­
haber el llorar por otros muertos, por to­ ra no escribir. Y un día despertó borra­
dos los muertos, que era llorar por nin­ cho al lado de una niña rubia a la que
guno. Ese llorar casi profesional de Doña tuvo que enseñarle a escribir.
Emilia con su ridicula excusa de muertos Eso fue, casi un cuento que se contó
olvidados que volvían a cada muerte del mientras le colocaban la corbata unas ve­
barrio como cansados asistentes a cada cinas para el entierro, antes de la pelea
nuevo velorio. Y el aceptar como verda­ que no fue larga más que en el recuerdo
dero ese largo y consolador refranero mor­ y que se cumplió ridicula en esos momen­
tuorio que el Toto recordaba con mayor tos en que él dejaba de creer en el apo­
precisión y abundancia cuanto mlayor y rrear al posible desconocido de la fune­
abundantes eran el consumo del café y la raria.
caña. Entretanto, estaba la compasión En la noche luego del entierro, después
chorreando por dentro como un jugo más, de aquella siesta larga de la inyección
adhiriéndose a las tripas y calentándolas donde todo se pobló de ese negro hundir­
como un mate tranquilizador para confor­ se, de nada, de tiempo infinito del que le
mar a la culpa que saldría como excre­ fue imposible recordar otra cosa excepto
mento sin vida hacia un silencio sin vo­ el brillo del agua mineral en la mesita
ces de juego, ni cantos ni cuentos, ni pe­ de luz, se prometió entre cortas dormidas
que volvería a ver al cochero para discul­ el reproche de abandono, casi santa, sin
parse. Quizás lo haya decidido aquel fun­ ser tocada, confundida entre su religión y
dirse, en el recuerdo, de dos imágenes: la la gente que la rodeaba. Entonces él tuvo
del empleado del velorio y la del propio que luchar para que los demás lo dejaran
cochero. Cuando se aseguró que podían solo con su nena sin que pusieran a la re­
ser una sola consideró como una desleal­ cién finada de por medio. Porque ese era
tad aquella agresión insólita hacia el úni­ el último recurso que le había quedado de
co que con su silencio profesional había ella, el de seguirse, chantajeándolos dulce­
concretado la muerte definitiva de la niña mente, como había hecho siempre todo.
y había obviado aquel aleteo vacío de los Después de aquella entrevista en la que
otros tan inútil como repugnante. Se le­ se disculpó con Fonseca en el café de en­
vantó de la cama y miró por la ventana frente a la empresa, Morales siguió vién­
del altillo. La noche había ordenado las dose con él. Lo motivó el pie que le dio
pequeñas nubes de la tarde para formar el cochero por la jubilación de una tía que
un cielo compacto y tormentoso, casi ro­ tenía, casi a cargo de él. Fonseca le que­
jizo, que no dejaba ver nada detrás. El ca­ dó muy agradecido por la tarjeta de reco­
lor inundaba la pieza y sintió su camise­ mendación que le consiguió.
ta húmeda. Fue por ese motivo que lo convidó un
Ese fue el primer testimonio de que su domingo a almorzar. Morales llegó unos
cuerpo no estaba dormido y era capaz de minutos antes y pudo asistir al ritual ma­
sentir y hacer. Pensó en la idea remota tinal del cochero, su peinada. En camiseta
del sexo y se sonrió. Luego, buscó tirarse Fonseca frente al lavabo, estiraba hacia
los pelos del vientre y ensayó una breve atrás su pelo negro, lacio y ya dócil por
sonrisa del cuerpo al sentir un conforta­ fatiga a la brillantina.
ble dolor. El cielo tenía un rojo oscuro. —Hace bien, hay que cuidar la estampa.
El, cuando amante, hubiera deseado la llu­ El cochero sorprendido infraganti, musi­
via. Ahora el sexo era un sentimiento inú­ tó como una excusa:
til de repetir aún con las imágenes más —Son cosas del oficio. Hay que cuidar­
excitantes que se hubiera propuesto. Pero se, siempre hay alguna para consolar.
talvez el cochero tuviera esa noche libre. Se hizo un silencio que llenaron los pá­
Entonces se pondría su mejor traje, se per­ jaros de la tía revoloteando su domingo
fumaría y esperaría en una esquina o tal colorido y lleno de promesas. Fonseca se
vez en el café la llamada de alguien a la escuchó la frase varias veces y cuando de­
que le contaría del loco que le pegó. O jó de oírla, o cuando le resultó bastante
tal vez en la casa de citas mostraría sus estúpida se apuró a interrogar:
heridas o sus moretones en el cuerpo des­ —Se toma una añeja, Morales?
nudo del espejo a una amante ansiosa, —Sin hielo. Le respondió el otro. Y
mientras se sentirían afuera, las primeras mientras quedaba sonando el silencio, el
gotas y sus redobles separados por los true­ recién peinado ordenó a la cocina:
nos. Comparó inconscientemente su histo­ —Que sean dos, tía, en tono profesional.
ria de sexo, aquella con la finada como un Cuando la m ujer traía los vasos, los dos
recuerdo —culpa— asi lo consideraba ella: hombres conservaban el sopor de la últi­
un castigo en sí mismo— y recordó más ma risa y Morales recordó que hacía mu­
allá del recuerdo su cuerpo joven y tibio chos domingos que no se reía. Eso no im­
en aquellas largas tardes del primer año pidió que se siguiera riendo durante la co­
de matrimonio. Y aquel castigo pasado ya mida, porque Fonseca sabía hacer reír, y
de adultos, cuando ella se dio cuenta del luego de tarde cuando se fueron al fútbol.
embarazo inesperado de la nena. Luego, Quizás fuera por eso que se siguieron
después, se fue, convencida de la pena que viendo y Morales iba a buscarlo casi to­
le había sido asignada, confortada por el das las noches a la cochería. Y poco a po­
recuerdo que dejaba, liberada del peso del co fue acompañándolo cada vez más se­
sexo, casi muerta, descargando la circuns­ guido, hasta velorios y entierros.
tancia de su muerte como una última cul­ “Fui el único que los vió entrar a ellos
pa sin remedio que ni siquiera aceptaba dos al café.
—Quién iba a decir —comentó Fernán­ dadosa que Morales había conservado lue­
dez— ahora parecen novios. Y todos nos go de la muerte de la nena. Comenzaron
reímos. el camino hacia la casa. La cabeza de Raúl
—Y desde que aquél largó con la Zul- caía como un pucho apretado levemente
ma se pasan el día meta copas. en un cenicero a medida que la marcha
—Tomo y obligo mándese un trago. De se le hacía imposible. Cuando Morales lo
las mujeres mejor no hay que hablar. tiró en la cama, su respiración agitada lle­
—Parecen maricas mismo, lapidó el Chi­ nó el cuarto y el vaho del alcohol no al­
no con una risa y no se dio cuenta que canzaba a ser evacuado por la ventana en­
Morales y Fonseca estaban ya casi al la­ treabierta. Fonseca empezó a tensarse co­
do de é l l mo un arco a la espera del dedo, a la es­
Raúl lo empujó de la silla, después lo pera de algo que estaba en alguna parte,
tomó de la camisa y lo tiró encima de tranquilo, y que se hacía desear, rego­
Fernández que cayó entre pedazos de que­ deándose en la espera del joven de pelo
so y galletas. Nos fuimos encima de ellos. negro, cochero gris que esperaba en las
No me hubiera sorprendido que Raúl nos puertas, viejo soldado que había sabido es­
hiciera frente, pero cuando se pusieron es­ perar, también, con sus espaldas cuadra­
palda con espalda, aquél viejo flaco y ca­ das y su melena de brillantina, respetuo­
noso se empezó a mover como un gato. so, con las manos en el volante y los guan­
Se le puso la cara colorada y gritaba co­ tes asépticos y elegantes. De pronto se que­
mo llorando hasta que Fernández le dio bró y el viejo quedó mirando los ojos fi­
un sillazo a Raúl que se cortó en los vi­ jos y profundos que había seguido en tan­
drios al caer. Nos quedamos en silencio. tas copas, esos mismos que se habían lle­
El viejo miró a Fonseca y se inclinó, pare­ vado, discretos, casi sin mirar, a la nena.
cía que se iba a poner a llorar como un Y en ellos, donde se continuaba un largo
niño. Tomó a Raúl de las axilas, le recos­ discurso de noches, de ojeras y tiempo,
tó al mostrador y mientras le pasaba un ahora fijos, hubiera continuado su lerdo
paño por la frente nos gritó con voz ron­ crepitar de silencios antiguos, Ijlenos ¡de
ca, como si no fuera la de él, con una de tierras que caían unas sobre otras, sobre
esas voces que salen cuando uno habla otros ojos negros, casi muertes paridas las
dormido, con esa misma voz con que nos unas por las otras, cambiables, sustituibles
diría luego que Raúl había muerto: y que lo dejaban a él —paria entre dos
—Animales, abusarse de un enfermo”. aguas— siguiendo ojos y ojos que se lle­
Después de lavarle la cara en el baño, vaban entre sí.
Morales lo peinó como tantas otras noches Quizás por eso fue que hubiera acepta­
para llevarlo a la casa. Raúl hipaba dul­ do el puesto de Raúl, cuando se lo ofreció
cemente mientras un mechón negro le al otro día, en el entierro, el dueño de la
caía sobre esa frente de foto de novio an­ funeraria.
tigua, escondida en una memoria poco cui­ Julio 1965
Milton Schínca

Ellos con sus mentes selladas


1. METAMORFOSIS

Una noche por fin arribarán.


No tendré sitio para tantos
en m i cuarto. Ellos lo m ism o
se apeñuscarán
en oliente, sonora asamblea
y m e será difícil im poner orden
en tal magma, qué les diré:
“señores”, “niños ” , “ejem plares”
pero igual no acatarán.
A llí, mano a mano con ellos,
querré serles cálido,
em itir m i ternura largam ente reservada
pero no entenderán.
Enroscarán sus ojos ancestrales
(fueron los de la especie, creo),
toparán sus hocicos, repartirán
de aquí hacia allá baboseos,
cómo se bambolean esas cabezas
ganadas interiorm ente por pegajosas
mareas, y cómo van por dentro
de esos cuerpos vanos circuitos
que desatinadamente extravían el camino
y arrojan sus corrientes inútiles
sobre un pozo cegado y sin respuesta.
Difícil compartir con ellos
cuarto tan estrecho. Hacerles sitio
a sus sonrisas de bondad incoherente
que im itan gestos faciales
de la claridad, pero de golpe
saltan hacia el furor como dogos,
o a un odio recogido
en charcas que no entendem os.
Qué haré si m e cercan
con esos collares de fauces melosas,
las pinzas húmedas, los belfos tanteadores,
los testuces, los élitros, con ruido,
con roces• con incisión.
Controlo la llave de la luz:
que no la conquisten. M ejor será
que les hable o los arengue. Pero
sólo responden tramos amputados
de lenguaje, bajos resuellos,
que hacen constar cómo estoy solo,
sin accesos, dentro de esta parcela
inteligente que m e fue concedida,
pero que aquí nada vale
o sólo para certificar horror,
o peor: para enrostrarme
dudas ilevantables.
Por ejemplo pregunto:
qué razón hay
para no estar del lado de ellos,
por qué yo aquí — ellos allí,
yo palabras — ellos resople.
Y pregunto si en algo las ideas
superan a las blandas cenestesias
que a ellos los m ueven;
si vale más formularse el mundo
que orinarse encima;
preguntarse sobre la m uerte
a no salirse nunca de un tibio limbo
pasivo y gruñidor.
Entonces me decido.
Abandono la llave de la luz. Ruego:
que apaguen ya, que apaguen
por favor. Intentaría entonces
mutar, dar el salto, trasponer
la línea crítica.
Y así en la oscuridad mezclarme
con sus miembros y resuellos y olores,
y empezar yo tam bién
a emitir los míos con dulzura,
compenetrándome grado a grado,
absorbiendo en segura osmosis
la sustancia con que ellos m e ciñen.
Y entonces asociarme,
pedir la afiliación,
pedirla con toda carnalidad,
querer pasarme entero ,
hasta que una silenciosa explosión
en m i m ente, acompañada
de lentos centelleos,
indiquen que ya estoy,
que puedo cooperar, ser uno más,
elevar yo también a los cielos
mis propios sonidos testimoniales
de qué: bufidos ladridos cloqueos
ayes salmodias jadeos alaridos
todo coral ingente caos sonoro
que cada vez más alto
arrojaremos en acción de furia.
Y así,
este clamor colmando toda zona humana,
agolpándose en cada piedad omisa,
quizás haga operante m i plegaria:

pido que ellos,


los que duran guturales,
¡no nosotros!
estén en luz con el mundo.
Pido que únicamente ellos,
que gotean sin coherencia,
¡no nosotros!
completen lo que importa.
Que más allá de lo que ellos
enuncian con baba,
nada exista, nada cuente,
nada resulte en nada;
y que ellos solos sean los duraderos,
y que estén modelados ¡no nosotros!
para acopiar en sus mentes
la entera plenitud
adjudicada a nuestro bajo sitio.

Pero ninguno de ellos hace caso


de la llave de luz.
No hacen caso de mí, de m i ternura.
Todo prosigue igual, yo de este lado.
La asamblea durará. La luz prendida
durará.

2. EL DIALOGO

Allí está él, sellado


sobre sí mismo. El solo
conmigo en el habitáculo.
Le doy vueltas en torno:
él masa, él clausurado.
Describo una señal
frente a sus globos oculares.
Como respuesta, en su cerebro
una tarántula cambia
la actitud de una pata.
Da como resultado:
la mano de él
hurgándose el cabello.
Cambio m i seña:
chasqueo dedos festivalmente.
Ahora la tarántula oprime
su abdomen contra
la masa en que flota.
Se traduce por tensión
en los trazos faciales del murado
y un sonido labial.
Y así cambiantes señas con respuestas
ilegibles. Yo y tarántula
dialogando a través
de una carne empozada.
Mensajes sin hilo conductor;
signos mutuos que nada establecen.
En medio, el muro camal intermediando
para qué, porque sí.

Si me mirara. Si me proporcionara
cierta pista. Velo por él y sé
que velaré siempre.
Lo llevo y llevaré a cuestas.
Le cambio y cambiaré
ropa y aderezos. Sé asistirlo
en sus apremios más obvios.
Ignoro su nombre, sus padres,
su madriguera habitual.

A veces le sospecho
una misión siniestra. O denunciar
nuestra insolvencia terrena,
o aludir a un origen pavoroso,
o algo así. ¡Por algo
persiste en quedar frente a uno!
Atisbarlo hasta que él mismo
parta porque sí o se aniquile.
El pudo ser yo. Yo él.
Le digo hermano.
La tarántula no registra
el cumplido. Insisto:
hermano te siento cerca.
La tarántula contrae dos patas:
un rictus fatigado
tuerce los labios de él.
Algo recojo, pues.
Se me escapa musitarle:
te tengo conmiseración,
me muero de piedad y llanto.
Tarántula indecisa.
Suelto más ternura:
dulce mole, plácida inanidad,
me duelo por ti, quisiera
inocularte un río de claridades.
Rígida la tarántula.
Y si no romper a puntapiés el mundo,
no a puntapiés,
¡a puteadas!
ulcerosas, mefíticas,
como descerrajadas, enfermas,
contra Dios
porque cómo pudo
cómo jmdo. *.
Inútil ya: dormita
flotando la tarántula.

3. QUE CERCANOS

Procuro no alarmar.
Pero es lo cierto que
crecientemente me analizo.
Controlo mi marcha
sin tolerarme un descuido.
¿Acaso no he registrado
indicaciones ciertas de?

Un súbito temblor sombrío


que llega y pasa
por el pensamiento.
Una idea o una noción que aflojan
de pronto como si pisaran hueco.
O mi mano:
la vi no acatarme y urdir sola.
Alguna vez mi lengua
tecleó. Por qué. Y el brazo
anduvo en algo, que no sé.
Y el pie incoherente.
Cierta vez esperaba palabras
desde la voz, y salió ronquido.
Contaba con decir algo trivial
y formé espuma. ¿Y acaso la mente
no me notificó su perversa
inclinación a sellarse un día?

En el espejo a veces pasan rasgos


no conocidos, rictus en la cara
que no puedo filiar,
pero que aluden a fosas
de la inteligencia, a hondones del ser,
tragadores.
Si penetrara en mi examen
¿qué develaría? Si persistiera
en compenetrarme ¿me transformaría?

Entonces prefiero suponer que


son éstos signos residuales,
trazas de la sombra lesiva
que una vez se llegó hasta nosotros,
oprimió, tanteó sigilosa
el terreno, y quién sabe
por qué opción desistió
aunque dejando un leve sello,
como un recordatorio o un alerta.
Fuimos visitados.
¿A todos, tal vez, se nos estudia
y prueba? La monstruosidad
¿experimenta un instante
en cada carne, y decide?
Digo que sí,
que estuvo presente en el origen
como un roce al menos;
residió su aliento en cada cual,
indagando, intentando.

Ah si lo formulo
en términos de partículas!
Allí, en la azarosa comunión de genes,
qué levísima frontera nos salva
qué impasibles ecuaciones deciden!
Cara o cruz. Ellos o nosotros.
Provenimos de tembladerales
donde a tientas se elige
¿por quién?
nuestra luz o el espanto.

4. TODO ROGANDO

Si pudiera amputarme en favor de ellos.


Ir por todas las madres pidiendo mejoría.
Porque ¿qué comodoro innoble nos dirige?
Ir médula por médula, dolido, reclamando.
Me extirparía por ellos el júbilo sexual.
Acopio inútilmente iracundia,
apelo de rodillas.
Ah los ilusos!: todo es horror
si un solo horror permanece.
Siniestro Señor: repudio el edicto de tu mano.
Para volverlos a la luz donaría un hijo entero.
Mientras subsistan ellos, ninguna revolución
o sacerdocio podrán colmarnos.
No poder salvarlos es como verse quemado uno.
Si sirviera enfermarle los pájaros al mundo.
Abdicaría de mis órganos mejores;
sería más que mudo.
Ah padres vulnerados: denigren, aullando conmigo,
tt todo cuanto existe!
A descascaración, a piel arrancada,
a desgarraduras.
Para qué los almuerzos; ciérrense los cumpleaños.
Prefiero saber que avanzan bajo tierra
complots atómicos.
Cómo crujo cuando parodio sus pensamientitos.
Una cruzada rabiosa ¿no los rescataría?
Si ellos están ahí ¿para qué mis amigos?
Doy aliento a esas madres que sollozan,
secas, de pie.
Se caen con lepra las palabras: ya ni orar.
Los extremistas ¡fuercen también
la justicia genética!
Todas las risas se tapiarán, solidarias.
Basta de paz en los noviazgos;
odio en las nurseries.
Qué veneno se corre por los panes.
Dénme sobre mis hombros la blasfemia
y el puño en alto del abuelo.
Todo el mundo animal de pie, agrediendo.
Voy dando mueras a las cópulas:
¡allí la trampa!
Lo vegetal, conciente, podría pedir por ellos.
Donaría también mi nombre:
seguir andando nadie.
Los meses, lo social, las geografías
pedir por ellos.
Quizás si todo el Universo se arrastrase,
si todas las partículas rogasen amando,
si nada se excluyese de pedir
a jirones por ellos,
tal vez la Fuerza Inicua,
eso que se diría Bestia Impasible
acaso revocara
su minucioso homicidio
y nos restituyera la cuantía de soles
robada por su mano a la carne en sí bella,
a tanta alegría de hijos, inmolada.

MILTON SCHINCA se ha destacado, des­ teatral y ha publicado tres libros de yae-


de la aparición de sú primer libro De la sía. Este año aparecerá, también en las edi­
Aventura (Alfa, 1961), como uno de los ciones “Alfa”, su poema dramático Nora
mejores poetas uruguayos actuales. Nació Paz.
en 1926, en Montevideo, ejerció la crítica
Crí t i ca

La Poesía de Claribel Alegría


por Nelson Morro

A través de esta “Via Unica” (Ed. Alfa. que una atenta lectura nos demuestra que
Colección Carabela 62 Pp.) transitan los todo es pasado en estos poemas, aun aquello
temas cardinales en la poesía de Claribel que es dicho en tiempo presente como ex­
Alegría llegados a un estado de madurez presión verbal.
creadora. Desde el punto de vista estilís­ Quizá la causa fundamental de esta in­
tico nos encontramos ante un lirismo tra ­ tencionalidad estética sea otra de las mo­
dicional, desde el punto de vista psicológico tivaciones que rigen esta poesía: la soledad,
se nos plantea una filosofía de reintegra- tema que se nos desliza, a veces con emo­
cón a través del amor y que echa raíces en cionante sencillez, recato y plenitud (“Pero
la psicología contemporánea, desde el pun­ el miedo es un ácido, / Los amigos, / Los
to de vista social hay una clara actitud de libros, / La familia, / no esconden el va­
compromiso (no se qué me mueve a recha­ cío. / lo disfrazan apenas / Niño demente
zar la incómoda posibilidad de escribir es­ el tiempo: / ofreciéndome muertes. Pág.
ta manida y distorsionada expresión) y re­ 12) y estado espiritual del cual sólo se as­
beldía frente al mundo. pirará a salir a través de la reintegración
Partiendo de estos tres pre-supuestos de­ a un mundo distinto, pero en definitiva
bemos rastrear las motivaciones clave que se saldrá a través del amor, como intento
nos ofrece la autora, a veces ocultas tras último e imprescindible (“Soy una boya, /
una enigmática superficialidad, otras su­ un corcho, / que se levanta / y cae, / un
geridas por un verso donde se sintetiza ala templada por el viento, / un grito ron­
toda una actitud vital y por último hábil­ co, / inútil, / mendigando ternura. Pág. 38).
mente dieseminadas en el contexto poético.
El tópico motivador del poemario sería Habíamos afirmado como segundo pre­
la evocación de una infancia perdida, de supuesto de esta nota une intencionalidad
un mundo perdido, de un mundo idílico, clave en la psicología actual: la idea de
quizá hasta en su violencia. Pero esta evo­ reintegración. A través de todo el libro la
cación, este intento de recuperación, no es idea persiste: como un retorno al pasado,
solo de un ámbito temporal, sino también en que ya todo es fantasma o despedida,
espacial, casi diría geográfico. En esta “bús­ y como una desnuda exclamación de amor
queda de un ámbito perdido”, expresada para vivir las instancias que ofrece el
siempre con una persistente originalidad, presente. Allí surge, entonces, como corola­
no debemos ver un mero regodeo idiomàtico rio el tema de la soledad y como solución
o turístico, sino que debemos extraer de poética-vital el amor, despojado de carna­
allí una actitud crítica por parte de la lidad o definición, caracterizado por su
autora, actitud enfocada hacia su mundo universalidad, por su presencia metafísica,
interior y hacia el que la circunda. Porque por su condición de elemento salvador
en esta poesía el pasado está alimentando (“construir una cadena humana, / una
el presente, lo está completando en las trenza de manos, / que pueda rescatarme, /
carencias que este ofrece para el espíritu si resbalo”. (Pág. 11) Es así que entramos
del creador, y, en definitiva es casi una a uno de los mitos del arte actual: la in­
figura obsesiva. Hasta tal punto que como comodidad que produce este mundo hostil,
sintesis de estas conclusiones afirmamos el deseo de integrarlo y de sentirse obrando
sobre él el afán de comunicación, enten­ los recursos técnicos que sirvan a su inten­
dimiento, amor. cionalidad estilística y conforma ese tren
Lentamente, vamos extrayendo conclusio­ de enlace o ingreso del lector a su poesía.
nes y comprobamos que toda la temática Hay un letanismo, un tono descriptivo o
está orquestada hacia un punto único, que enumerativo, una reiteración obsesiva, un
las motivaciones son variaciones de un mis­ prosaísmo que son los instrumentos de esta
mo tema, madurando, obsesivo y que con­ unión. Hay un deleite en el mentar esos
forman una situación espiritual que a tra ­ nombres propios (familiares, regiones) y de
vés de esta poesía va encontrando una que ellos cobren una suerte de familiaridad
“Vía Unica” como reacción. Este estado es­ en el lector, que vayan adquiriendo en él
piritual, como clave central de motiva­ esa significación esencial que tienen para
ción poética, como también está sometido ia autora. Estos nombres llevan al lector
a oscilaciones que van desde un tímido pe­ a las regiones de un mundo perdido, a las
ro reconocible optimismo (“Aunque dure un zonas más ricas y vivenciales de una con­
instante”) hasta esa terca declaración de ciencia, a las justificaciones últimas de una
negativas representada por su poema “Con­ poesía.
fesión”, donde se niega “al otro” y a Dios, El libro en su segunda parte (está di­
como simbolo austero de una soledad me­ vidido en dos) se va nutriendo de un aire
tafísica. de ausencia o despedida y se va compene­
Afirmábamos también que estamos ante trando de una necesidad de mostrar una
una poesía eminentemente lírica. Claribel América acuciante y que florece con un
Alegría no objetiviza sus estados de animo, colorido extraño y totalizador (América es
sino que subjetiviza el mundo, se adhiere una viva piedra verde / Es difícil América, /
a lo que la rodea, hace suyos los objetos, los es oscura, / es verde, / es difícil. La estran­
nombres, los lugares. Todo atraviesa un ta ­ gula la selva, / El sol / le siembra desier­
miz interior y adquiere una tonalidad dis­ tos (Pág. 59).
tinta, como si atravesara un haz de colores Hay un deseo de retener ese mundo que
en que diferenciado e inmenso el color que se le escapa en la partida y se cuestiona
le imprime el estilo de la autora primara. con visión crítica esa paradoja del desa­
Hay una verdadera pasión por nombrar, rraigo superficial y del arraigo esencial.
enumerar, aferrarse a objetos que vayan Solo queda el sonido de voces lejanas, la
adquiriendo una tonalidad distinta al sub­ visión de una cordillera solitaria, la músi­
sumirse en la voz del poeta. Los nombres ca típica de una América que sufre y los
propios, fantasmas acuciantes de un pasado nombres de regiones queridas, nombres de
obsesico, los nombres de regiones o pueblos, increíble sonoridad y belleza. Todo este
los modismos, adquieren una funcionalidad mundo primitivo son los orígenes, las raíces
especial, están enriquecidos por la voz de de una poesía distinta, que se rebela y pro­
la autora y enriquecen su intencionalidad. clama el amor como única salida para una
La poesía de Claribel Alegría no es una reintegración firme a un mundo en que los
poesía oscura. Con esto no quiero decir que nombres familiares son, solo, fantasmas
sea traslúcida, sino que la autora ha llegado acuciantes de un pasado. De ese pasado
a un punto de madurez creadora en que obsesivo que legará la fuerza primitiva y
no precisa violentar el lenguaje y en que la las esencias de una poesía rebelde y ma­
palabra en su máxima desnudez cobra la dura.
mayor carnalidad y riqueza expresiva. Ha­
bíamos hablado, también, de una enigmá­
tica superficialidad en el tono del poema, Octavio Paz y algunos poetas
pero una atenta lectura nos hace compro­
bar que esto es aparente, que es un estilo contemporáneos
sin resbuscamientos para hacernos parti­
cipar de inmediato en su mundo. A partir Siempre me entusiasmaron los poetas
de este pre-supuesto C. Alegría utiliza todos mirados por los poetas. Fundamentalmente
cuando esta mirada no está teñida de un deseo de actualizar la realidad americana
excluyente subjetivismo y no deviene en (a propósito del Modernismo “Más cierto
una crítica romántica. Me entusiasma la sería decir que fue una fuga de la actua­
interpretación que proviene de la alianza lidad local —que era, a sus ojos— un ana­
entre esa intuición natural del poeta y una cronismo —en busca de una actualidad uni­
vasta cultura defendiendo esa intuición. versal, la única y verdadera actualidad”.
Si está brillantemente escrito, mejor. Lo (Pág. 19).
exagerado de estas pretensiones puede verse Admirable es también el riguroso estudio
colmado en este excelente material reunido de la creación-vida de Cernuda (y sus
para la Editorial Joaquín Mortiz (“Cuadri­ afirmaciones iconoclastas), del mundo am­
vio” Serie del Volador de Joaquín Mortiz biguo de Pessoa y sus heterónimos, de las
Ed. 20 3 Pp.) por el poeta Octavio Paz. renovaciones técnicas de López Velarde.
En el mismo se propone una tesis de una Octavio Paz tiene la virtud de transportar­
poesía disidente y rupturista como tradi­ nos al ámbito creador de los autores, a su
ción de la poesía moderna y a través del problemática individual, a su función de
enfoque de cuatro distintos y excelentes adelantados y de exaltados. Los puentes de
poetas (Darío, López Velarde, Pessoa, Cer- enlace entre ellos y las nuevas corrientes
nuda). En si mismos, en su condición de actuales están perfectamente ubicados, así
adelantados a una época, en su inconoclas- como también los movimientos que les pre­
tia y en su creación-crítica han alimentado cedieron.
esta corriente rupturista y creadora. Este Todo en este libro está enfocado con ri­
volumen dividido en cuatro partes (El ca­ gurosidad, con una prosa crítica y poética,
racol y la sirena, El camino de la pasión, con una envidiable vivacidad, con un admi­
El desconocido de si mismo, La palabra rable estilo. La impostergable lectura del
edificante), cada una de las cuales toma volumen es en todo momento un ejercicio
como centro cada uno de los poetas, pre­ fascinante. N. M.
senta una admirable coherencia a pesar de
la firme autonomía que cada una posee.
Esto es una fiel consecuencia de la tesis Una voz nueva en la poesía
que se desea demostrar así como también
del estilo brillante de Paz. Uruguaya
El completísimo análisis que se hace de
los autores, de sus obras, del medio am­ La poesía femenina en el Uruguay tiene
biente creador en que se movieron, no ex­ una larga tradición y se caracteriza por
cluye ninguno de los criterios manejables: una constante fundamental que la iden­
el sociológico, el histórico, el biográfico, el tifica: el tema del amor como móvil de
psicológico, y especialmente el estilístico. actitud poética. Desde Delmira Agustini a
Las aseveraciones de Paz (muchas auda­ Idea Vilariño el tema se repite con las va­
ces, polémicas) están siempre fundamen­ riantes que responden a la originalidad de
tadas con una interesante documentación y las poetisas, pero siempre manteniendo un
un amplio conocimiento de los esquemas tono de carnalidad, de arrebato, de extro­
histérico-culturales. Además la visión del version melancólica, que es el rasgo gené­
autor es actualísima, destacándose así la rico y esencial.
universalidad y la importante función de Este tema ocupa el centro de este del­
los autores que estudia, inmersos en el gado volumen de poesía que ha publicado
necesario aparato crítico. Gladys Castelvecchi (“No mas cierto que
Es de destacar dentro del volumen el el sueño” Ed. Alfa 36 p.) y es además el
importante análisis que se hace del moder­ mejor desarrollado, el más valioso estilís­
nismo, de su función crítica y creadora, de ticamente y en definitiva el más auténtico.
su calidad de basamento para las nuevas Esta temática amorosa ocupa la segunda
corrientes literarias, la ruptura con un ro­ parte del volumen (esta dividido en tres
manticismo que poco había aportado, un partes) y es además la más extensa. Cons­
tan de diez poemas que representan el de­ que la rige está demasiado adherido a mol­
venir del amor, desde los orígenes hasta la des clásicos y a una expresión que está a
disolución con una visión que oscila entre medio camino entre la corrección y el re-
el escepticismo y la irrealidad. Hay una toricismo. Hay un tono borgiano en algu­
concepción vital en esta expresión de una nos de los poemas de esta tercera parte
temática amorosa sometida a la inclemen­ (“Por eso solo digo / lo que yo tantas ve­
cia de lo temporal e irremediable. Desde ces he sentido: / soñé un muerto / y un
los impulsos que determina el origen hasta muerto me soñaba” Pág. 34) pero este tono
el ocaso (“la ceniza”) en que las fuerzas no está defendido por una visión filosófica
naturales pierden su savia natural, el amor concomitante.
determinado por lo temporal es solamente Por eso no dudo en afirmar que lo va­
un ciclo que perdura a través del sueño y lioso del libro está en esa segunda parte,
en su disolución llega a identificarse con ocupada por un ciclo amoroso y donde el
la nada. tópico íntimo - afectivo está desarrollado
Los orígenes están enclavados antes de auténticamente y con originalidad.
la presencia del amor (“Antes de ti”) y se Ese tópico de tradición ilustre en nues­
desvanecen en una última visión fatalista tra poesía femenina da lugar a los mejores
que aparece casi como una moraleja trági­ poemas de Gladys Castelvecchi y nos per­
ca (“Conclusiones”). mite percibir una visión profunda y orde­
En medio de este ciclo encadenado a su nadora de un mundo natural y de sus
lógica existe el desencuentro (“pronuncia­ leyes. - N. M.
mos palabras / y no nos entendemos / por­
que tú estás hablando de un agua subte­
rránea / y yo estoy esperando verme es­ Vivir y mirar vivir
pejada en ella “Pág. 22), la urgente nece­
sidad de adherirse a símbolos (“una des­ El último libro de Zelmar Riccetto (“Co­
garradura una escama de tiempo / que mo quien está viviendo” Ed. Alfa 49 P.)
oficie de testigo / Pero es ayer “Pág. 23) la representa un eslabón más en la obra co­
soledad circunstancial (“Tendré que ser herente del poeta. En el se continúa esa
ahora / la madre de mi misma / parirme temática permanente y reiterada que res­
reluciente / con un duro cordón umblical / ponde a una larga tradición lírica pero que
atado a nada” Pág. 21), pero también exis­ Riccetto la adapta a su medio, a su circuns­
te el amor alegre, mágico (“siempre los dos tancia histórico-geográfica: la naturaleza
para engendrar el mundo / y obligados a y la mancomunión humana en ese ámbito
darlo / luminoso / a través del milagro y natural. A pesar de lo transitado del tema
del abrazo. Pág. 19). Este sería, entonces, Riccetto no cae en facilidades en su estilo
el contexto más valioso del volumen y don­ ni su expresión poética es retórica o vacua.
de la visión es más profunda y coherente. Esta poesía de gran arraigo en lo telúrico
El resto no está al mismo nivel. En la tiene una fuerza expresiva muy particular,
primera parte se comprueba que la poetisa que convierte, por momentos, la visión del
no se ha desprendido de la tutela de los poeta en un exaltado panteísmo (“y una
clásicos y es la más floja y despareja del calandria viene a mi ventana / porque hoy
volumen. La revalorización y el canto de no he madrugado / y me precisa el aire: /
temas intimos, intransferibles y menores yo también soy paisaje / Pág. 38).
no están elevados a un plano esencialmente El libro, es también rico en metáforas, en
poético y los objetos no crecen de su coti- símbolos, muchos de los cuales se reiteran
dianeidad más inmediata. creancto un cuma de referencias que nos
La tercera parte (si bien superior a la llevan a zonas mas íntimas de su lengua­
primera) tampoco está a la altura de ese je y de su visión.
núcleo central amproso donde surge la voz El poeta no mira su medio, su ambiente,
auténtica de Castelvecchi. El esencialisme con objetividad, desde fuera, sino que él
es una presencia más y fundamental del
mismo. Por eso hay un enriquecimiento re­
cíproco entre el tema natural y el humano,
entre la naturaleza y el hombre, entre esos C EN TR O U R U G U A YO DE
objetos definidores de un mundo y quien
los canta (“Yo repito mi ser / en la m e­ PRO M O C IO N C U LT U R A L
moria / de mi sombra y el agua / el barro
que se yergue me repite” Pág. 28).
Pero el poemario no es solo un canto a
los elementos naturales que conforman un PROGRAMA
mundo delimitado por sus circunstancias
sino que es también un canto a los hom ­ DE
bres que lo habitan y con los que se siente
hermanado a través de ese ámbito común EXPOSICIONES
y fermental.
Hay un tono optimista y de regocijo sen­
sorial en este canto en que, por momentos
1966
los elementos naturales se unifican y todo
se confunde en la voz y en la presencia
del poeta, como en esa “noche de campo” Situado en el centro de la ciudad
que describe Riccetto (“Tendido sobre el (Edificio Ciudadela, Plaza Indepen­
pasto / el cielo que ha bajado / me hum e­ dencia y Sarandí), el Centro Uru­
dece / de relente y de noche / pág. 7). guayo de Promoción Cultural, que
en 1965 cumplió una activa y desta­
Se percibe en la lectura del texto algunas cada labor intelectual, iniciará el 12
influencias importantes de los grandes cul­ de abril su programa de Exposicio­
tivadores (Aleixandre, García Lorca, etc.) nes de Pintura y Escultura uruguaya
de esta temática, pero se percibe tam bién contemporáneas en las que interven­
que estas influencias no han prohijado a drán, sucesivamente:
Riccetto ya que en su tratam iento poético
hay una voz original, reconocible y propia.
Hay también un medio identificable que se
filia en una tradición nacional y que de­
termina esta voz. Tampoco se cae en el folk-
OSCAR GARCIA REINO
lorísmo estéril y falso a que son proclives
TERESA VILA
muchos publicitados cultores del género,
GERMAN CABRERA
consecuencia de que se vive con intensidad
ENRIQUE FERNANDEZ
aquello que se canta.
GLAUCO TELLIS
Por último cabe señalar que la visión del RUISDAEL SUAREZ
poeta está en un medio camino entre un LUIS ARBONDO
mirar cotidiano y un m irar trascendente JOSE GAMARRA
que hace que estemos ante una obra am ­ CARLOS FOSSATTI
bigua y parcialmente frustrada. También MIGUEL BRESCIANO
carece de la necesaria fuerza expresiva que
el tema requiere y que el poeta parece im­
ponerse. Pero hay un buen dominio del len­
guaje, una clara orquestación de los m oti­
vos, una madura autocrítica y como coro­
Todos los días, de 14.30 a 21 horas.
nación del libro un único soneto (“Porque
si”) de gran calidad y de impecable estruc­
tura; lo mejor del libro. - N. M.
los hechos que pueden afectar a terceros.
MOTAS Creo, además, que si tanto revuelo (jus­
tificado) se ha formado en torno a la prohi­
bición de “491” desde el punto de vista de
"4 9 1", censura y pornografía la defensa de la libertad artística, una pro­
hibición de películas puramente pornográ­
Un nuevo hecho de censura viene a con­ ficas a mayores de edad sería atentatoria a
firmar una amenaza que ya había dado la libertad del individuo y debería causar el
malos frutos en años anteriores. La prohi­ mismo justificado revuelo.
bición de la película “491” en su forma El espectáculo público, artístico o no, se
original es un hecho de esos que “no pue­ elige, va el que quiere ir; como la radio o
den” suceder en el Uruguay. Sin embargo, el televisor, que se pueden apagar. La mejor
ha sucedido. defensa de este punto de vista es una anéc­
El estreno del film fue precedido de una dota referida a alguien que, efectivamente
exhibición privada y de un (discutible) aus­ ofendido por lo que estaba presenciando, se
picio de parte de la Asociación de Cronis­ retiró del cine. Cada individuo tiene su
tas Cinematográficos del Uruguay. Sin em­ umbral de paciencia o de “ofensa”; todos
bargo, el día del estreno en el cine Coven- soportamos diferentes intensidades de luz,
try se hicieron presentes en la sala funcio­ de sonido y también de violencia o de cur­
narios municipales que exigieron la reali­ silería. Personalmente, me ruborizo frente a
zación de cortes en el film o su inmediata dos o tres minutos de teleteatro argentino
prohibición. En una primera instancia el y no creo, en cambio, que me conmoviera
propietario del film se negó a ellos pero presenciar una escena de bestialidad.
después, como siembre ha sucedido, acce­
dió. (‘Sólo dos minutos”, pero que moral­ Propongo algunos problemas:
mente son iguales a treinta). 1) La Franja Verde. Es una humillación
No se trata de un hecho nuevo, ni mu­ que se inflije a las “Sras. y Srtas.” a quie­
cho menos. Es una vieja historia, que cubre nes está dirigida. ¿Tiene algún efecto res­
films de valor (La ronda, Un verano con trictivo? (Recuerdo de mi época de adoles­
Mónica, El silencio), o sin valor (Jóvenes cente que la Franja Verde era uno de los
Afroditas, 491), fruto de la presión buro­ expedientes a que recurríamos, junto a la
crática municipal. (Ver nota de HAT en “calificación moral” que entonces sólo salía
TEMAS N<? 2). en “El Bien Público”, para estar seguros de
El problema está estrechamente ligado que una película era de verdad “relajada”).
a la represión de la pornografía (ver a r­ ¿Es posible tolerar esa distinción, entre
tículo de J. C. Guiral en esta revista), una hombres y mujeres, en 1966? ¿Saben Uds.,
de cuyas componentes fundamentales es la además, que un Cine Club fue multado por
noción de “ofensivo al pudor”. No necesito exhibir “La fuente de la doncella” sin Fran­
hacer una historia de las costumbres por­ ja Verde?
que todos saben cómo ha variado a través
de poco tiempo la noción de pudor. A n a­ 2) No sólo se restringe la exhibición de
die (Uruguay 1966) ofende, creo, la exhibi­ lo pornográfico sino también la exhibi­
ción de cuerpos desnudos. Quizás el límite ción de la violencia, siendo esto último una
actual de la “ofensa” se sitúe, para la ma­ vieja aspiración de muchos supuestos
yoría del público, en la exhibición próxima “avanzados”. Estoy convencido de que pre­
de órganos sexuales. senciar un espectáculo violento (un film de
La función del Estado como controlador guerra, una obra teatral como “¿Quién le
de la moral pública (¿qué cosa distinta teme a Virgina Woolf?”) es un excelente
es “la moral pública” que una extraña su­ medio de dar rienda suelta, vicariamente,
ma o promedio de la moral de todos los claro está, a los propios impulsos; del mis­
individuos?) no puede ir más allá de los mo modo actúan ciertas formas del jazz y
menores de 18 años, salvo, claro está, en del canto y baile “flamencos”.
3) El más grave y más teórico: la por­ portante. En Montevideo, según un censo
nografía no está al alcance de los menores, de octubre de 1843, los franceses que se
que son, y esto todo psicopedagogo lo sabe, declararon tales, constituían cerca de un
sus consumidores más ávidos. Del mismo cuarto total de la población.
modo que no pueden adquirir revistas por­ En el aspecto económico, Francia ocupó
nográficas pueden ver, en cambio, repro­ hasta la primera guerra mundial el segun­
ducciones de desnudos de Goya, Rubens o do lugar, después de Inglaterra, en las in­
Delacroix. Doy la palabra a los psicólogos: versiones en América Latina. La informa­
¿hasta qué punto deslinda el adolescente ción de esta región era indispensable para
entre la “Maja Desnuda” de Goya e Isabel las previsiones de los banqueros, de los co­
Sarli, desnuda? - Esteban Otero. merciantes y de los especuladores. Es nece­
sario recordar que ninguno de los fundado­
res de las tres primeras grandes agencias
Aspectos de la información fueron periodistas, sino hombres de nego­
cios que en el momento oportuno trataron
periodística en Am érica Latina de llenar una nueva necesidad.
Al comienzo, el principal problema de las
El primer siglo de vida institucional de agencias era la transmisión de noticias.
Por ejemplo, en 1865, la noticia del asesi­
la mayor parte de los países sudamerica­
nato de Abraham Lincoln tardó un mes en
nos ha sido marcado por el monopolio fran­
cés en el plano de la información. Por lo llegar a Santiago de Chile por correo ma­
rítimo.
tanto, la visión del mundo que tenían los
lectores de periódicos de esta parte del El primer cable que atravesó el Atlántico
continente era bajo el ángulo francés. “La Sur, uniendo Europa y esta parte del con­
Agencia Havas en América del Sur no es tinente llegó a la costa brasilera en los
sólo un grupo de diarios, es toda la pren­ primeros meses de 1874. Desde 1866, exis­
sa”, declaraba en 1911 el director de la tía un cable a través de la desembocadura
del Río de la Plata que aseguraba la comu­
misma, Charles Houssaye. Ella fué el cor­
nicación entre Montevideo y Buenos Aires.
dón umblical por el cual Francia alimentó
En 1869, Havas y Reuter decidieron explo­
con su cultura y su civilización los países
tar a gastos comunes el servicio de infor­
de la América Latina. Esta agencia de in­
maciones para la América del Sur. Esta
formación fué uno de los principales fac­
unión duró hasta mayo de 1876.
tores de acercamiento de los países suda­
mericanos hacia Francia, pues las actitudes
de una opinión pública nacional respecto BRASIL, ARGENTINA Y URUGUAY
a un país extranjero dependen en gran
parte de la percepción que ella se ha for­ El servicio de la Agencia Telegráfica Ha-
mado, en función de como fué informada. vas-Reuter comenzó a publicarse en el
“Jornal do Comercio” de Río de Janeiro, a
partir del 1 de agosto de 1874.
INVERSIONES Y EMIGRANTES’
En Argentina, el primer diario en publi­
La agencia francesa se instaló en Amé­ car el servicio telegráfico europeo fué “The
rica del Sur después de la repartición del Buenos Aires Herald”, diario inglés funda­
mundo —julio 1859—, por parte de las do el 15 de setiembre de 1876 en la capital
agencias existentes, Havas (francesa), Reu- bonaerense.
ter (inglesa) y Wolff (alemana), que le ad­ En Uruguay, el servicio Havas, con infor­
judicó la América española y portuguesa. maciones comerciales, apareció en 1875 en
Las razones de Havas para elegir esta “El Telégrafo Marítimo”. En 1882 se pudo
parte del mundo fueron el gran número de leer en “El Hilo Eléctrico” de León Strauss,
emigrantes y las inversiones francesas. el servicio telegráfico completo de informa­
La emigración francesa, especialmente en ciones de todo el mundo. El 6 de octubre de
los países del Atlántico Sur, fue muy im­ 1885 se inauguró el primer servicio telegrá-
fleo cotidiano con Europa por parte de “La Durante la última guerra, Havas se
France”, órgano de la colonia francesa, di­ transformó en un instrumento de propa­
rigido por Carlos Garet. Es de destacar que ganda del Gobierno de Vichy. A la libera­
aun no existía un servicio telegráfico coti­ ción, las oficinas de Havas fueron rea­
diano con los departamentos del interior. grupadas, creándose la Agencia France-
Era más fácil para la prensa montevideana Presse.
recibir una noticia de París, que de Salto. Manuel Olarreaga
Cuando los diarios comienzan a publicar
las noticias internacionales del servicio
Havas, el público sud-americano manifies­ La muerte de Carlos Vega
ta una cierta resistencia a creer en la au­
tenticidad de esos cables. Los diarios chi­ No es lugar común ni generoso ni per­
lenos, por ejemplo, publicaban el texto ori­ donable entusiasmo postrero de sudameri­
ginal con la traducción al lado, para darle cano, decir que la muerte de Carlos Vega
un carácter de mayor verosimilitud. acaecida en Buenos Aires hace unos días,
despoja a la musicología universal de una
LAS’ AGENCIAS AMERICANAS de sus mentalidades más robustas, más
audaces, más lúcidas.
Este período próspero para la agencia Iba a cumplir 68 años y en el mes de
francesa, que ilustra la declaración de C. octubre pasado en su estudio de la calle
Houssaye, llega a su fin con la primera Cangallo con voz quebrada me dijo: “Ayes-
guerra mundial. tarán: me muero dentro de tres meses.
Durante el eclipse de Havas, las agencias Sin embargo, aquí dentro —y se tocó la
americanas encontraron un mercado in­ frente— hay ideas y libros inéditos para
teresante en los diarios sudamericanos, alimentar treinta años de vida”. Sus ma­
quienes les llevaron a transformarse en nos entonces recorrieron los altos manus­
agencias mundiales. Ellos tenían una masa critos de transcripción de los trovadores y
de lectores, la mayor parte europeos, que como quien no da mayor importancia nos
exigían una vasta información del Viejo mostró prolijamente los originales de su
Mundo. Algunos de estos diarios publica­ último libro que entraba en ese momento
ban un número de páginas superior a la en la imprenta, “El Tango Argentino”, el
de los periódicos europeos, de manera que definitivo ensayo —creo— sobre este tema.
las agencias americanas fueron obligadas “Músico soy y nada de la música me es
a desarrollar considerablemente sus servi­ ajeno”, pensé yo. Carlos Vega había con­
cios. cebido la música como una coherente y
Después de la guerra 1914-18, la Asso­ vasta unidad que había que estudiar en
ciated Press y la United Press le hicieron toda la profundidad y en toda la extensión
la vida difícil a la agencia francesa. de su vivencia. Frente a la tradicional mu­
Durante la década del treinta, la agen­ sicología histórica y restricta de los tiem­
cia Havas tuvo un reflorecimiento que du­ pos pretéritos que él conocía tan bien
ró hasta la segunda guerra mundial. El se —sobre todo el de la Edad Media secular—
debió a la actividad de un gran periodista, se alineaba en su mente una musicología
León Rollin, y a la utilización de la radio­ que tocaba, ya en la realidad folklórica,
telegrafía para la transmisión de noticias, ya la de la mesomúsica, ya la de las cul­
lo cual permitió abaratar los gastos. Las turas no occidentales.
agencias americanas ligadas por contratos Antes de que Jaap Kunst hubiera acu­
a las compañías de cables tardaron mucho ñado en 1950 la palabra “Etnomusicolo-
tiempo en convencerse de la eficacia de la tgía”, Carlos Vega trabajaba con la reali­
radiotelegrafía, lo cual permitió a la Agen­ dad musical que cubría esa expresión co­
cia Havas demostrar la calidad de sus ser­ mo un experto consumado.
vicios renovados y relativamente más ba­ Había nacido Vega en Cañuelas, provin­
ratos, consolidando su antiguo prestigio. cia de Buenos Aires, el 14 de abril de 1898,
h y en una carta memorable enviada a cier- dían conocerse por tradición oral en el
ll to promotor musical que criticó con li- mundo folklórico, previa una severa críti­
Ú viandad extrema su tratado de “Fraseolo- ca de los materiales recolectados. Para de­
i; gía” se retrató así: “Quiero decirle ante mostrar esa hipótesis comenzó entonces
todo, algunas palabras sobre mi supuesto una doble y larga faena de recolección:
aislamiento y mi condición de autodidac­ por un lado en el estrato folklórico suda­
ta. No existe un autodidacta absoluto: Ud. mericano; por otro en los códices trovado­
sabe que llamamos así a quien no tuvo rescos. Para ello era necesario dar con la
estímulo ni el apremio directo del maes­ clave de la notación trovadoresca ya que
tro, pero nadie puede prescindir de los las versiones que se conocían —insuficien­
maestros, indirectamente. Yo tuve a los tes y contradictorias— no sastifacían ni
doce años, profesor de teoría y solfeo, a sastifacen el deseo de realizar una lectura
los quince de violín, a los diez y siete de coherente de los documentos. Esa clave se
guitarra, después de piano y finalmente inducía por los vestigios sobrevivientes del
de armonía. A los veinticinco años era arte trovadoresco en el campo del folklore
concertista y ofrecí algunos actos de con­ sudamericano, y se deducía de la lectura
cierto en Buenos Aires. En seguida aban­ cuidadosa y paciente de los teóricos me­
doné la música como arte para dedicarme dievales que trataban, a manera de compleja
a la musicología, en la cual soy autodidac­ teoría del solfeo del siglo XIII, las notacio­
ta. Desde entonces (1928) me dediqué a nes de ese período.
estudiar los trabajos de los más grandes Los resultados fueron anticipados en dos
musicólogos del mundo. Gran parte de la ocaciones: en un folleto “El movimiento
obra de Hombostel me es perfectamente de los trovadores” publicado en 1959 y en
conocida”. .. un extenso artículo aparecido en el núme­
Después de dar a conocer en 1931 su ro 35 del “Boletín Interamericano de Mú­
primer libro sobre “La música de un có­ sica” editado en Washington por la Unión
dice colonial del siglo XVII”, se lanzó a Panamericana. Previamente, invitado por
la tarea de recolección sistemática del fol­ la Unesco, disertó en 1957 en el Instituto
klore musical argentino. A lomo de muía de Musicología de la Universidad de París,
con su aparato “Presto” de grabación de presentado en esa oportunidad por el más
discos y su grupo electrógeno que pesaba eminente medievalista francés, Jacques
más de 30 kilos se internó en el Chaco y Chailley.
tomó en la tribu de los “matacos” impre­ Entre tanto Vega había ido publicando
sionantes registros que son hoy uno de los una obra gigantesca en extensión y pro­
tesoros de la etnología musical sudameri­ fundidad: “Danzas y Canciones Argenti­
cana. Provincia a provincia y luego los nas” en 1936, los dos volúmenes de su “Fra­
países limítrofes, fué cubriendo metódica­ seología” en 1941, el “Panorama de la mú­
mente su recolección y paralelamente si­ sica popular argentina” en 1944, “Los ins­
guió trabajando en los códices trovadores­ trumentos aborígenes y criollos de la Ar­
cos cuyas copias fotostáticas le había do­ gentina” en 1946, “Las danzas populares
nado en testamento el gran arabista Ju ­ argentinas” en 1952, “La ciencia del Fol­
lián Ribera, el autor de “La música en las klore” en 1960, “Las canciones folklóricas
Cantigas” de Alfonso el Sabio. La obser­ argentinas” en 1965. Omito la enumera­
vación inicial de Carlos Vega hace 35 años ción de sus libros menores.
íué la de percatarse de la similitud de los Sin embargo sus obras definitivas: “Los
sistemas musicales del folklore sudameri­ Cancioneros Argentinos” y “La música de
cano con los que “a prima facie” y hasta los trovadores”, permanecen inéditas.
donde se conocían, existían en la música Cuando ellas vean luz, todas la audaces
profana europea del siglo XIII. Surgió en hipótesis de Vega, alcanzarán su demostra­
él de inmediato la “hipótesis de trabajo” ción y coronamiento. Frente al espíritu
de que la música de los trovadores no acumulativo anglosajón, simplista y osten­
había muerto y que sus características po- toso, él se lanzó a la elaboración de los
materiales y desembocó en ideas como la el Sodre (1) para realizar tres disertacio­
del ascenso y descenso de las danzas fol­ nes sobre folklore argentino; llegó con sus
klóricas en los salones señoriales primero grabaciones y registró en el Instituto un
y burgueses luego que hoy corren por todo ciclo que de inmediato se va a escuchar.
el mundo. Pero también, frente al espíri­ El Archivo de la Palabra del Sodre presta
tu frívolo y comodón de los sudamerica­ hoy un invalorable servicio porque debe sa­
nos de elaborar hipótesis conjeturales sin berse que es esta una de las pocas veces
sustento masivo de documentos ni crítica en que su voz quedó debidamente regis­
de los mismos, se lanzó a la agobiadora trada. ¿Y qué mejor homenaje que éste de
tarea de recolectarlos en su misma fuente. escuchar una lección del gran maestro que
Su colección de grabaciones de campo, la acaba de desaparecer?
más importante de la América Latina, al­
canza a seis mil registros. Y como si ello Lauro Ayestarán
fuera poco orientó al grupo de investiga­
dores que comenzaron a tomar contacto (1) El profesor Ayestarán tenía una larga
con la realidad del folklore del continen­ amistad y devoción personal por el ilustre Carlos
Vega. Este texto que nos ha cedido, con ‘‘Temas’’
te. Isabel Aretz y Luis Felipe Ramón y y a en la imprenta, fué leído por las ondas de CX 6,
Rivera, hoy en Venezuela; el que habla en Sodre (Radio Oficial) el 19 de marzo pasado. Sin
pretender ser el texto de homenaje al maestro de­
el Uruguay. saparecido. que el Profesor Ayestarán está prepa­
rando, encierran el testim onio inmediato y espon­
Hace cinco años Vega fué invitado por táneo que nos interesaba recoger y aquí lo damos.
Poetas Jóvenes del Perú

Selección y Nota:
JOSE MIGUEL OVIEDO

En el Perú, la temperatura literaria actual está dada por sus jóvenes poetas.
Desde las aulas universitarias; utilizando como instrumentos ciertas revistas ex­
clusivamente poéticas (sobre todo, H araui); al amparo de instituciones que les
brindan tribunas para escribir, enseñar o leer sus propias obras; estimulados por
premios que les consagran en plena juventud (Premio “El Poeta Joven del Pe­
rú”, con 15,000 soles de recompensa y publicación) y por editoriales (como “La
Rama Florida”, montada por el poeta Javier Sologuren a partir de una “miner­
va”) que les imprimen plaquetas pulcras y económicas; detectados desde tem­
prano por la crítica y los estudios de la literatura; hasta con algunos centros
de reunión que facilitan la discusión y el contacto personal, los poetas perua­
nos de hoy comienzan a practicar su oficio en condiciones muchísimo' más ven­
tajosas que los de la generación anterior. Estos (y los anteriores también) tu­
vieron que vencer la resistencia de una Lima que, culturalmente, era un perfec­
to páramo, donde ser poeta era una ridicula locura, una enfermedad vergonzosa
que esconder; los de ahora reciben orgullosamente el título de poetas cuando
cfuzan el umbral de la adolescencia, dialogan sin sentimiento de inferioridad
con los mayores, exhiben una saludable insolencia cuando los entrevistan (lo
que no ocurre pocas veces), escriben en periódicos y, si pueden, escandalizan
y provocan. Las cosas han cambiado en este país y la insurgencia poética no
es uno de los fenómenos menos significativos.
Se reúnen aquí seis de ellos, ninguno de los cuales pasa de los 26 años;
los menores acaban de nacer a la literatura. Naturalmente, su obra édita es
breve (dos o tres libritos, a veces un cuaderno) y no es fácil distinguir qué ten­
dencias representan ni de qué modo vienen a implantarse en el panorama ge­
neral de la poesía peruana. Pero algunos rasgos generales pueden señalarse: en
primer término, son buenos lectores, se interesan por las obras de los otros
—no siempre para destrozarlas. Luego, son descreídos estéticamente (aunque no
políticamente): no hay teoría que los satisfaga, ni siquiera la suya propia y
por eso, siendo distintas sus búsquedas, el tono que los hermana “generacional­
mente” es el escepticismo, la reserva, la duda. Por último, no ignoran a los jó­
venes que, en la costa o en la sierra, tratan de mover las pesadas losas que
sellan la cultura provinciana. Los poetas de Lima escuchan ahora las voceé que
les llegan desde Trujillo, Arequipa, Cuzco, y hasta auspician su “debut” capi­
talino.
Estos seis son, pues, frutos selectos de una cosecha muy rica. ¿Qué nos
dicen, cómo nos lo dicen? Sin dogmas literarios, jactándose de su sinceridad
cada uno canta a su modo: César Calvo parece el de lenguaje más lujoso y mo­
dulado, el de imágenes más deslumhrantes, refinadas; Rodolfo Hinostroza en­
joya también sus versos, lentos y amplios, para dar cabida a extrañas visiones
que mezclan incongruentemente la mitología y los acontecimientos políticos in­
mediatos; Javier Heraud refleja en su poesía una generosa pasión por la vida
y una turbadora premonición de la muerte; Antonio Cisneros reconstruye es­
cenas de nuestra historia para demolerlas bajo el peso de una crítica sarcástica,
de fría lucidez; Julio Ortega mira el espectáculo de su vida interior que lo sii-
merge en un mundo de espejos metafísicos y de angustias indefinibles; Marco
Martos elige deliberadamente el prosaísmo y se burla de la absurdidad de todo.
Son sus primeras palabras y no garantizamos que algunas no parezcan balbu­
ceos. De todos modos, son voces que nos interesan, que nos conmueven; ojalá
escapen a esa triste ley de la literatura peruana que ha condenado a sus poetas
a la muerte prematura — esto es, al silencio— al borde de los 30 años.

JOSE MIGUEL OVIEDO


Me ha contado también que allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.

¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,


el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?

¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios


inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?

O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño,


besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene
con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
te busco entre la niebla.

Ni el galope del mar; atrás quedaron


inmóviles sus cascos de diamante en la arena.

Pero un viento más bello


amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de naufragios que el mar.
(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena.)

Desde el viento te escribo.


Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.

A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera
(un silencio de jazz sobre la hierba).

Y pregunto y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?

¿Es cierto que allá en Vermont los geranios


otoñan la tristeza?
¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia.... ?

POEMA II

También en las paredes,


en el aire,
en la hierba de vidrio que crece sobre el sueño,
en los relampagueantes tejados del mar.
Cubierto por el moho,
escrito con un hueso sobre la arena húmeda,
sangrando como un pájaro en la nieve,
ahorcado en las lianas de la lluvia,
dibujado por mí en los urinarios,
rengueando entre las ruinas,
como el humo sonámbulo en los bares,
andrajoso,
sagrado,
incomparable,
a la intemperie,
indefenso aserrín bajo qué pies mojados,
expuesto a la saliva de los mudos,
a las injurias,
a las inundaciones,
a los codazos de los transeúntes,
al amor:

Tu nombre.
Vaho de hollín perdido en un espejo,
serpiente de mercurio
en el pico roto de un huaoquirí,
tu nombre que cae en la mano de los mendigos,
tu nombre como una llave en el fondo de un pozo,
tu nombre como un ala de ceniza
ardiendo
en todas partes
sobre mi corazón.

POEMA V

(No ignoro que los muertos esperaban, al doblar inmediato de cada des­
pedida, para poner el asco de su sed en tu rostro. Si de silencio entonces mis
trajines de pez sobre tus hombros, fue porque a los pantanos desnudo y siempre
solo contigo fui, monstruosamente hermoso.
Magdalena, tu rostro.

Mientras enloquecías de arena en el rocío, y el insomnio azotaba tus muslos y


la luna, con esa astucia propia de los ciegos: yo tocaba tu rostro.
Falanges de la dicha, epidermis del odio, Magdalena, mis manos de leproso.)

Nació en 1940, en Iquitos. Ha publicado: Poemas bajo tierra (Lima, 1961),


Ausencias y retardos (Lima, 1963). Primer Premio del Concurso “El Poeta
Joven de Perú” 1961 (compartido con Javier Heraud). Mención Honrosa en el
Concurso Casa de las Américas, de La Habana.

Rodolfo Hínostroza

AL EXTRANJERO

El extranjero canta entre mares resecos. Su voz


se asemeja a un entrechocar de piedras, es
árida como los terrones rojos. Sabemos que en su pueblo,
justamente bajo la estatua de Neptuno y la hierbamala
algo ha terminado de morir.
(Lo vieron en Queen Street
mezclado a las procesiones bárbaras
bebiendo del gollete
licores concebidos por esas hierbas secas, y esto
fue en tiempos del ciclón de la gruesa cintura.)
Se sabe que ha pisado el espíritu
de sus jóvenes amantes, que ha besado
las cuadernas de un bergantín que olía. Se sabe que cerca
de Artemisa y más tarde en La Mulata se bañaba desnudo
y decía que el mar era de orines de virgen, y esto era
hacia el quinto año de la revolución.
(Hace más de dos años
se le vió en la Plaza del Caballito
descifrando las inscripciones de cierto momento. Y reía
con ganas, y abrazaba a su amiga,
una que tenía rostro de medallón azteca.)
El sol le da en los ojos y fatiga su nuca.
El extranjero hilvana fragmentos y fragmentos
de canciones, y recuerda los arcos de los grillos y
la forma de las constelaciones
como viejos rebaños congelados. Hay soledad
en las partes siderales ahora. Hay soledad en los caminos
mondos y en las pavorosas piedras que guardan las ciudades.
Reposan las llanuras resecas, y los mitos,
y los nombres de las ciudades ácidas y
las moscas que rondan esa fruta podrida.
LA VOZ EN LA PLAYA

“ .... Mañana, cuando reposen como trozos de yegua al sol


la Santa Biblia y el Talmud,
reseco en nuestras bocas estará el sabor
a sangre ajena, y el enemigo será sólo una palabra
repugnante a nuestra lengua. Maldeciremos
el tacto de la lluvia, el olor del mar,
la olla del crepúsculo. Ella, la Idea, finalmente refulgirá
como un pedazo de nieve a la luna.
Yo no estaré. Entonces mis huesos hablarán por mí,
y este siglo de catástrofes y trágica grandeza, penderá
ante mis ojos que vieron el fulgor de la matanza. Entonces
querré decir que no participé y que mi amor fue más hondo
que el devenir de los espejos y las esferas naturales.
Entonces querré decirlo en tanto otras voces no me cierren la boca.
Maldeciré esta vida que atado al rejón me hizo ser lo que no era,
y miraré con amargura a los hijos engendrados en la mujer que no era
la mía robada por el espectro de la Idea.
La luna cantará en la espalda de los héroes y otros ojos
mirarán estas mismas estrellas,
y se preguntarán si estuvo bien que pensáramos en la inútil metafísica
en este siglo violento, entre el hedor de los hombres que amamos,
y la inmaculada muerte.
(Vida, soez bajel de lo que era humano
en nosotros. La historia, como un buey en la noche,
nos arrastró a la Gran Aventura,
y además poseyó nuestro cuerpo una intolerable sed de vivir
en otro mundo, distinto a todo lo conocido,
y agotar las formas de experiencias resecas en el tiempo
como muertas mariposas).
Otros sabrán de otro mundo, porque la fatiga, y los dioses
que derramaron su sangre en mis errores, me anuncian
que he perdido la pureza. Que soy el débil resultado
de la circunstancia histórica, marcado por el egoísmo de mi raza,
y señalado desde lejos por el dedo negro de la paridora.
Dormiré un largo rato aún, y luego bajaré a la playa,
y beberé, y escucharé las viejas voces de otros tie m p o s...”

FINAL

¿Qué visitáis tan lejos, que es necesario que soñemos,


y en soñar perdamos la vida y aún soñemos?
S a n t-Jo h n Perse

¿Qué es aquello, qué es aquello? Di.


Tengo los párpados heridos hoy como casi nunca. Di
si aquello se desplaza como un tropel de aguas vivas
o si lo ha detenido ese espino del odio. Di,
porque en noches pasadas tuve un sueño y el alba
me llenó de amargura. Tenía los sentidos colmados,
pensé que iban a estallar y entonces desperté
y el sol ya se reflejaba en el lavatorio, dibujando
formas y formas luminosas en el techo del cuarto.
¿Qué es aquello? Dílo, porque sé que está hecho
de la terca sustancia de los sueños, porque sé
que aquello obsedió la vejez de mi nodriza y
llenó de azucenas los cántaros, allá, en mi infancia.
Dílo, o que otro lo diga. Dílo o yo tendré que volver a hablar
entre el caos y la muerte repartido, y mis palabras
enfermarán y harán volverse locos a los hijos
de los notables.

Nació en Lima, en 1941. Ha publicado Consejero del lobo (1965). Escribe


también teatro.

Javier Heraud

MI CASA
1
Mi cuarto es una
manzana,
con sus
libros,
con su
cáscara,
con su cama
tierna para
la noche dura.
Mi cuarto es el
de todos,
es decir,
con su
lamparín que
me permite reir
al lado de Vallejo,
me permite reir
la luz eterna de
Neruda.
Mi cuarto, en
fin,
es una
manzana,
con sus libros,
sus papeles,
conmigo,
con su .
corazón.
P or mi ventana nace
el sol casi todas
las mañanas.
Y en mi cara,
en mis manos,
en el dulce
clamor de la luz pura,
abro mis ojos entre la
noche m uerta,
entre la tierna
esperanza de
quedar vivo un
día más,
un nuevo día,
para
abrir los
ojos ante la
luz eterna.

YO NO ME RIO DE LA MUERTE

Tú quisiste descansar
en tierra m uerta y en olvido.
Creías poder vivir solo
en el m ar, o en los montes.
Luego supiste que la vida
es soledad entre los hombres
y soledad entre los valles.
Que los días que circulaban
en tu pecho sólo eran m uestras
de dolor entre tu llanto. Pobre
amigo. No sabías nada ni llorabas nada.

Yo nunca m e río
de la m uerte.
Sim plem ente
sucede que
no tengo
miedo
de
m orir
entre
pájaros y árboles.

Yo no me río de la m uerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariam ente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
‘y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reir de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.

Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.
Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
y ustedes preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando,
yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.

EL NUEVO VIAJE

Hacia
las blancas ¿montañas
que me esperan
debo viajar nuevamente.

Hacia los mismos vientos


y hacia los mismos naranjales
deben mis pies enormes
acaparar las tierras
y tienen mis ojos
que acariciar las parras
de los campos.

Viaje rotundo y solo:


¡qué difícil es dejar
todo abandonado!
¡Qué difícil es vivir
entre ciudades y ciudades,
una calle,
un tranvía,
todo se acumula
para que sobreviva
la eterna estación
del desencantol
No se puede pasear
por las arenas
si existen caracoles
opresores y arañas
submarinas.

Y sin embargo,
caminando un poco,
volteando hacia la izquierda,
se llega a la montaña
y a los ríos.
No es que yo quiera
alejarme de la vida,
sino que tengo
que acercarme hacia la muerte.

No es que yo quiera
asegurar mis pasos:
a cada rato nos
tienden emboscadas,
a cada rato nos roban
nuestras cartas,
a cada rato nos salen
con engaños.

Es mejor: lo recomiendo:
Alejarse por un tiempo
del bullicio
y conocer
las montañas ignoradas.

ARTE POETICA

En verdad, en verdad hablando,


la poesía es un trabajo difícil
que se pierde o se gana
al compás de los años otoñales.

(Cuando uno es joven


y las flores que caen no se recogen
uno escribe y escribe entre las noches,
y a veces se llenan cientos y cientos
de cuartillas inservibles.
Uno puede alardear y decir
“yo escribo y no corrijo,
los poemas salen de mi mano
como la primavera que derrumbaron
los viejos cipreses de mi calle”.)
Pero conforme pasa el tiempo
y los años se filtran entre las sienes,
la poesía se va haciendo
trabajo de alfarero,
arcilla que se cuece entre las manos,
arcilla que moldean fuegos rápidos.
Y la poesía es

un relámpago maravilloso,
una lluvia de palabras silenciosas,
un bosque de latidos y esperanzas,
el canto de los pueblos oprimidos,
el nuevo canto de los pueblos liberados.

Y la poesía es entonces,
el amor, la muerte,
la redención del hombre.

Nació en 1942, en Lima. Se hizo guerrillero y fue muerto por la policía


en 1963, en plena selva peruana. Publicó: El río (Lima, 1960), El viaje (Li­
ma, 1961); en forma postuma aparecieron sus Poesías completas y homenaje
(Lima, 1964). Primer Premio del Concurso “El Poeta Joven del Perú” 1961.
Premio de Poesía en los “Juegos Florales de la Universidad de San Marcos”
1961 (otorgado postumamente).

Antonio Cisneros

PACHACAMAC

Todavía la tierra entre mis dedos


y esta dura paja, me entristecen.
Aquí, el constructor hundía sus rodillas
en la arena, o espantaba
muchachos de quemadas espaldas,
merodeadores de estanques y terrazas.
No han llegado las balsas,
ni los viejos con sus gorros peludos,
su cinta de colmillos. Apenas
unas lagartijas arrugadas y verdes
se acuestan en los muros, orinan
casi a diario sobre el pellejo
del sabio constructor.
LOS CONQUISTADORES MUERTOS

Por el agua aparecieron


los hombres de carne azul,
que arrastraban su barba
y no dormían
para robarse el pellejo.
Negociantes de cruces
y aguardiente,
comenzaron las ciudades
con un templo.

II
Durante este verano de 1526,
derrumbóse la lluvia
sobre sus diarios trajines y cabezas,
cuando ninguno había remendado
las viejas armaduras oxidadas.
Crecieron también, negras higueras-
entre bancas y altares.
En los tejados
unos gorriones le cerraban el pico
a las campanas.
Después en el Perú, nadie fue dueño
de mover sus zapatos por la casa
sin pisar a los muertos
ni acostarse junto a las blancas sillas
o pantanos,
sin compartir el lecho con algunos
parientes cancerosos.
Cagados por arañas y alacranes,
pocos sobrevivieron a sus caballos.

CUANDO LIBRADO DEL DEMONIO,


COMULGUE DE MANOS DEL OBISPO

Señor, siento tu sangre


embravecer mis venas,
lecho de hojas tu carne
me conforta,
es más dulce este amor
de los rigores,
que ropajes ociosos
y tabernas.
Fiero, me has colmado
de favores,
mas mi reciente piedad
está quejosa
del obispo. Señor,
tu santo cuerpo en sus manos
—las mismas que secuestran
candelabros
y los cambian por vino—
se hace añicos.
Manos viajeras
entre confesionarios
sobre el cuerpo
de viudas
o muchachos.
Raja sus dedos, Señor,
con sal lava sus ojos,
que las ratas
mastiquen sus anillos,
su mitra colorada,
y haz un cerco, Señor,
con tus guerreros,
porque el diablo
no escape de su alma.

DESCRIPCION DE PLAZA, MONUMENTO


Y ALEGORIAS EN BRONCE

El caballo, un libertador
de verde bronce y blanco
por los pájaros.
Tres gordas muchachas:
Patria, Libertad
y un poco recostada
la Justicia. Junto al rabo
de caballo: Soberanía,
Fraternidad, Buenas Costumbres
(gran barriga y laureles
abiertos en sus manos).
Modestia y Caridad
refriegan ramas
sobre el libertador,
envuelto en la bandera
verde y blanca.
Arcángeles con cuernos
de abundancia. Una placa
con el nombre del muerto,
alcalde de turno,
firmas auspiciadoras,
las batallas, presidente
y obispos. Empalados
senderos, escaleras
para uso de mendigos, oxidadas
casi a diario por los perros.
Bancas de palo, geranios, otras muchachas
(su pelo blanco verde): Esperanza,
Belleza, Castidad,
al fondo Primavera, ficus agusanados,
Democracia. Casi a diario
también, guardias de asalto:
negros garrotes, cascos verdes
o blancos por los pájaros.

Nació en 1942, en Lima. Ha publicado: Destierro (Lima, 1961); David


(Lima, 1962); Comentarios Reales (Lima, .1964). Premio Nacional de Poe­
sía 1964.

Julio Ortega

JULIO ORTEGA

Nado en un negro mar


soñando a mi lado una mujer.
Estas aguas que domino
me ocultan el abismo
donde podría olvidarme en pez o flora.
Sobre el agua mi cuerpo, y una espada
en mi mano.
Los reflejos persiguen la ceguera de mi sombra.
El mar una araña, la noche un murciélago.
Ya gano una oculta orilla:
abismos de oscuras montañas,
azul, me abren el cielo;
y en un perdido rincón
mi cuerpo tiembla
cuando esta infinitud
posa en mi mirada
su peso de piedra.

MI PADRE

Cuando inclina su cabeza,


el mundo en mi pecho reposa.
Oigo la voz del mar, llamándome;
el dedo del tiempo haciéndome nacer,
otra vez dibujándome.
Fuma inmóvil y se duerme
de tanta vida. El mundo se mece
en su entresueño; por él yo despierto.
Y cuando acabe su cigarro
el humo que arrojó seguirá dibujándolo
ante mis ojos,
como un licor dorado que se embriaga
de silencio.
Qué será de nosotros, mañana cuando esta casa dejemos,
el país de nuestra juventud, estos sueños.
Qué lugar, quiénes, leerán en nuestros rostros
la ausencia de un tiempo más nuevo
donde todo objeto elevó su figura.
Qué mañana, cuál cielo, nos abrirán los ojos,
en el lecho del fin del día, qué lecho, al nuevo
sol de qué suelo.
Qué será de este cuerpo, de esta cueva en ruta trajinada;
si mi blanda piedra aprenderá su vuelo.
Oh sí, tú, el aprendiz que sueñas en tus pasos el camino,
aprieta tus ojos al aire de tu hora,
del filo de tu sombra prosigue tu dibujo,
cúmplete.
Ordena las piedras de tu cueva,
dirige el vértice de tu cuerpo,
de pie siempre, arco y flecha,
tu corazón un blanco.

Destello
ojo anhelante.
Fluye una mano de dedos invisible.
Aprehende en su temblor —viento
tras el ala—.
Va el cuerpo opaco: ciega
la luz en sus ojos.
Pero fugaz ha sido visto
desde un espejo oculto.
Aquel destello lo descubre:
quieto.
Y se rinde, como una piel,
el cuerpo.

Nació en 1942, en Casma. Ha publicado: De este reino (Lima, 1964); tam­


bién ha escrito teatro y una biografía del poeta José María Eguren. Primeros
Premios de Cuento y Poesía en los “Juegos Florales de la Universidad Cató­
lica” 1963 y 1964.
Marco Marios

FABULA

¿Recuerdas
los cuentos
de princesas
y animales,
recuerdas
los cuentos
de las uvas
y las zorras,
de la lechera
y de sus sueños,
de la cigarra
y de su canto,
los recuerdas?
Te voy a dar
una sorpresa:
también yo soy un animal,
también se han ocupado de mí
sin saberlo:
soy la vituperada cigarra
de los cuentos morales,
soy la cigarra
y canto en el verano
con mis pinceles negros,
con mis mágicas palabras
robadas de los diccionarios,
canto alegremente
a lo que me rodean:
canto al amor sencillo y bueno,
canto a los deseos turbios,
canto al mar —gigantesco mensaje
de esperanzas y torbellinos—,
canto al hombre
y a sus sueños,
canto a todo lo que veo.
Soy feliz,
soy la cigarra de los cuentos.

Cuando llega el invierno


me hundo en mis calcetines negros,
me zambullo en el silencio
y abandono mi lira
» entre los heléchos.
De mi torpe sueño
me despiertan,
la ignorancia,
las preguntas difíciles,
la búsqueda de los valores.
Entonces dejo las aguas tranquilas
y me convierto
en el germen del suicidio colectivo
en el último balido de la desesperanza,
en el corazón de las granadas en la batalla,
en el furor desencadenado,
en la angustia torpe
y sin causa aparente,
en el heraldo,
en la muerte personificada.
Detrás de cada sonrisa
escondo la guadaña.

A veces visito la ciudad


y hago lo que todos:
camino por las calles,
subo a los tranvías,
compro los periódicos.
Me aburro.
Entro en los cinemas.
El suicidio me sonríe
desde las azoteas
de los edificios altos.
No le hago caso,
regreso al campo.

No lo olvides:
soy la cigarra y canto
y pido un favor
con la mirada puesta
en las estrellas:
búscame un amigo
que me dé pan y vino,
casa y trabajo fácil
en los duros días
que se acercan.
Sé que estamos en febrero,
pero soy una cigarra moderna,
me estoy volviendo cauto.
Todos suponen
que mis veinte años
encierran juventud
y un sol agradable.
Todos creen
que rezo los domingos
o que soy camarada.
Se engañan.
Soy un ser despreciable.
Destilo pus
y escupo vinagre.
Mi barca navega
sin velas
por las cloacas.
Sé que soy malo,
no se engañen.
Soy malo,
pero trato de arreglarme.

Con desusado
interés
leo libros y revistas
sobre
la cuestión social
pero no visito
las barriadas
ni quiero alfabetizar.
Cargado
de dudas
digo mi palabra
a los que buscan
mi amistad.
Qué puede importar
lo que pienso
a todos los demás:
yo no hablo
de barquitos
ni hago
juego intelectual;
escribo
para calmar
mis nervios,
casi por necesidad.

Nació en Piura, en 1942. Ha publicado Casa nuestra (Lima, 1965).


Todo lo que se a s o c ia a S H ELL
en el c a m p o d e l p e t r ó le o , tie n e
su e q u iv a le n te cuando el clá sic o
s ím b o lo a p a r e c e e n el m u n d o d e
la q u ím ic a . En e fe c to , S H E L L es
u n a d e la s p rim e ra s p r o v e e d o r a s
d e p r o d u c to s p e tro -q u ím ic o s e n el
m u n d o e n te r o . E n sus la b o r a to r io s
d e in v e s tig a c ió n y c a m p o s d e e x ­
p e r im e n ta c ió n se h a n d e s a r r o lla d o
n u e v a s fó r m u la s y c r e a d o n u e v o s
p r o d u c to s y c o m b in a c io n e s , e n u n a
ta r e a p e r m a n e n te a la q u e a p lic a
su t a le n t o , im a g in a c ió n y c a p a c i­
dad c r e a tiv a , un e q u ip o d e té c ­
nicos e n tre los q u e se c u e n ta n f a ­
m o sa s p e r s o n a lid a d e s .
P o r e s o , ta m b ié n e n el c a m p o d e
la q u ím ic a , U D . P U E D E C O N F I A R
EN S H ELL.

PARA LA INDUSTRIA Y E L AGRO

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