Relaciones Sexuales y el Shabat
PREGUNTA: Shalom. ¿Se puede tener sexo en Shabat?
RESPUESTA A CARGO DEL MORÉ IOSEF GARRIDO: Shalom estimado.
En Shabat es lícito practicar todo aquello que vivifica el espíritu, y de igual modo que
santifica este día tan anhelado por los Bene Israel. Si algo se hace por complacer el
cuerpo de manera egoísta, ya no seria santificar el Shabat, pues el altruismo estaría
ausente.
Nosotros, los observantes de la Sagrada Torah, no "tenemos sexo" para satisfacer los
deseos de la carne, sino que tenemos relaciones sexuales para complacer y hacer feliz a
nuestra pareja, anteponiendo siempre el altruismo, y de esta manera practicamos la
Qedusháh (Santificación), en caso de que esta acción ocurriera en Shabat. Hablamos de
Kavanáh en la observancia de cada evento que nos señala la Sagrada Toráh.
La pregunta sería:
¿Qué incluye la Kavanáh de cada persona antes de recibir el Shabat?
Cuando el marido y la mujer se juntan en el acto de intimidad sexual, están literalmente
uniéndose el uno al otro. Las diferentes fuerzas dentro de ellos pueden entonces surgir y
unificarse para formar una unidad.
¿Qué hay de malo en practicar la Iejidáh(Unidad)?
El nivel superior de las relaciones maritales sólo en Shabat corresponde a los misterios
más profundos de la Toráh, donde se genera una relación más íntima con HaQadosh
Baruj Hu (Likutey Moharán I, 11:5-6).
Esto es, específicamente, respecto a las relaciones sexuales con la pareja que legalmente
ha sido así desde la perspectiva de la Sagrada Toráh.
Ahora, las relaciones prohibidas incluyen cohabitar con una mujer en el momento de su
menstruación, o con una mujer que aún no se ha purificado, aunque sea la propia
esposa; el adulterio, el incesto, y la homosexualidad. Varias de estas relaciones son
llamadas "abominaciones" por la Sagrada Toráh (ver Vaiqrá/Levítico, capítulos 15 &
18).
El alma fue creada para buscar la espiritualidad.
David Chocron
22 de agosto de 2016 · Caracas, Portuguesa
La masturbación, es la forma más notable de la pérdida en vano de la simiente, y sin
embargo muchos consejeros profesionales aconsejan estas actividades como útiles para
la liberación de las cargas emocionales. Cuando la gente necesitada de terapia busca
ayuda para obtener equilibrio emocional, se encuentra generalmente alentada a
dedicarse a ciertas actividades que la llevarán a socavar su energía y a malgastar su
mente. Este es un camino devastador que coloca al desafortunado cliente en la senda de
un continuo abuso sexual -¡de sí mismo! -con poca esperanza de mejoría, hasta que un
día se despierta y comprende que ha sido mal aconsejado y engañado.
Es por esto que la primera fase de la teshuvá (arrepentimiento) implica usualmente un
completo cambio de la forma de vida -pasar de un extremo al otro – para producir un
quiebre en el comportamiento negativo habitual y darse un tiempo para ajustarse y crear
un nuevo patrón de vida. Por ejemplo, es sabido que la única manera de superar el
alcohol o la adicción a las drogas es mediante una completa abstinencia. El alcohólico
que dice “Un vaso más…” . nunca podrá superar su adicción. Lo mismo sucede con la
promiscuidad sexual. La única diferencia es que, en el caso del alcohol o de la adicción
a las drogas, nunca se podrá volver a ello. En el caso de las relaciones sexuales, sin
embargo, la teshuvá conlleva una segunda fase denominada “santificación de aquello
que está permitido” .
En otras palabras, de acuerdo con el Judaísmo, las relaciones sexuales sanas dentro de
los sagrados precintos del matrimonio y de acuerdo con las leyes de la pureza familiar
son, de lejos, la mayor rectificación de los daños del pasado, mucho más que cualquier
forma de abstinencia.
En general, sin embargo, la primera fase de la teshuvá debe incluir la restricción y el
autocontrol. Hasta que la persona no aprenda a controlarse, no tendrá un “Iesod” en su
vida, ningún cimiento sólido sobre el cual apoyarse. Luego de que se ha practicado la
restricción y aprendido sus valiosas lecciones, él o ella podrán avanzar hacia una vida
nueva y saludable.
Temas de la Parashá
Devarim (Deuteronomio) 26:1 - 29:8
Nuestra parashá habla sobre los siguientes temas:
Primera aliá (26:1-11): Las leyes de los bikurim (primicias).
Segunda aliá (26:12-15): Las leyes de los diezmos.
Tercera aliá (26:15-19): La recompensa por el cumplimiento de los mandamientos de
D'os.
Cuarta aliá (27:1-10): La construcción de un altar de piedra para D'os. Los hijos de
Israel se convierten en una nación.
Quinta aliá (27:11 - 28:6): Los montes Guerizim y Eval. La maldición por la idolatría.
La maldición por la falta de respeto a los padres. La maldición por mover los límites de
los inmuebles. La maldición por poner un obstáculo delante del ciego. La maldición por
pervertir la justicia. La maldición por mantener determinadas relaciones prohibidas. La
maldición por golpear al prójimo. La maldición por el soborno. La maldición por no
cumplir con la Torá. Las bendiciones por seguir el camino de D'os.
Sexta aliá (28:7-69): Otras bendiciones por seguir el buen camino. El mal que recaerá
sobre el pueblo por los pecados. El pacto de Jorev.
Séptima aliá (29:1-8): La guía de D'os durante los cuarenta años en el desierto.
Comentario de la Parashá
En la sexta aliá de nuestra parashá encontramos lo que comúnmente se conoce con el
nombre de la tojejá (reprimenda). En estos versículos Moshé Rabenu le advierte al
pueblo de Israel sobre todas las maldiciones que recaerían sobre ellos como castigo por
un futuro alejamiento del camino de D'os.
Pero las palabras de Moshé no fueron una profecía sino sólo una advertencia, pues la
elección no era de Moshé y mucho menos del Creador. Los únicos que decidieron,
deciden y decidirán si serán acreedores a todas las bendiciones prometidas a quienes
escuchan la voz de la Torá, o a todas las maldiciones destinadas a quienes la
transgreden, son solamente cada uno de los individuos del pueblo de Israel.
En el libro "Or Iejezkel" (parte 2, pag 5), Rabí Iejezkel Levenshtain (1884 - 1974) nos
enseña que las enfermedades del alma - así como su curación - son similares a las
enfermedades del cuerpo, y utilizando los conocimientos que poseemos acerca de los
métodos para la curación de esas enfermedades, está obligada la persona a aprender y
entender todo lo relativo a las enfermedades del alma.
Respecto de las enfermedades del cuerpo, el peligro más grande que existe es cuando el
enfermo no comprende que él está enfermo y debe curarse. Todo tiempo que el hombre
entiende la gravedad de su enfermedad existe la esperanza de encontrar para él alguna
cura, pero alguien que realmente está enfermo y no sabe que lo está ¿cómo hará para
realizar el tratamiento que necesita para reponerse de su afección?
Y lo mismo ocurre con las enfermedades del alma - dice nuestro autor. Si la persona no
tomará conciencia y comprenderá que él está enfermo, entonces su enfermedad será
terminal, y esto lo podemos aprender de las palabras de la Torá en nuestra parashá, en
uno de los versículos de esa advertencia de Moshé:
"Te golpeará D'os con locura, con ceguera y con perplejidad de corazón" (28:28).
El golpe más duro que puede sufrir el hombre es la ceguera y la perplejidad de corazón.
Todo tiempo que él puede ver, hay una luz de esperanza para él, pero si su corazón
estará bloqueado y taponado, y él no comprenderá ni reconocerá la gravedad de su
enfermedad, ese será su fin.
Mas no debemos equivocarnos. Es verdad que D'os puede llegar a golpear a alguien
mediante estas cosas si así lo decidió Su recta justicia, pero en ningún lado está escrito
que el Creador no le brindará a la persona la posibilidad de curarse. El golpe solamente
colocará al hombre en una situación de decisión donde él será el único que podrá decidir
si querrá hacer su máximo esfuerzo para salir de esa situación de ceguera y perplejidad
escuchando las palabras de D'os.
Agregaremos un punto más, que tal vez redondeará esta idea expresada por Rabí
Iejezkel Levenshtain. Nosotros hemos traducido las palabras "uvtimhón levav" como "y
con perplejidad de corazón", pero esta no es la única posibilidad interpretativa de esta
expresión. Es verdad que Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki, 1040 - 1105) tradujo "uvtimhón
levav" como "y con taponamiento de corazón", y seguramente basado en su comentario,
nuestro autor nos enseñó todo lo que transcribimos anteriormente. Pero el Sabio
llamado Onkelós (s. II) en su Targúm (traducción de la Torá al arameo), tradujo
"uvtimhón levav" como "uvshaamamut libá" - que significa "y con aburrimiento de
corazón".
El aburrimiento que puede sentir la persona puede ser temporario o constante, y no
depende en absoluto de lo abultada que esté su agenda diaria. Es verdad que si la
persona estará desocupado y sin nada en qué pensar, entonces esto provocará que él esté
aburrido, como dijeron Nuestros Sabios: "La holgazanería provoca el aburrimiento",
pero es lógico suponer que Onkelós no se refirió a esta clase de aburrimiento.
Onkelós nos enseñó que uno de los peores golpes que puede sufrir el hombre es vivir en
un estado de constante aburrimiento. La peor pesadilla en la que se puede encontrar una
persona es vivir en un estado donde todo le da lo mismo, y donde él ya no tiene un
motivo claro por el cual vivir. Una vida donde se come para vivir y se vive para comer,
donde se trabaja para irse de vacaciones pero cuando se está de vacaciones éstas no se
disfrutan, pues no podemos estar sin trabajar. Eso no es un aburrimiento casual. Eso es
"timhón levav" - un constante y total aburrimiento de corazón causado por la falta de
espiritualidad, por la carencia de contenido verdadero en nuestras vidas.
Hace mucho tiempo que Moshé Rabenu nos previno de todos estos peligros a los cuales
se expone quien se aleja de la palabra de D'os. Pero no debemos alarmarnos. Nuestro
maestro Moshé también nos enseñó cuál es el antídoto que poseemos para no
contagiarnos de todos estos males. La única cura es el estudio y el cumplimiento de
nuestra Sagrada Torá, como decimos en la tefilá: "ki hem jaienu veórej iamenu - pues
ellas (las palabras de la Torá) son nuestra vida y la prolongación de nuestros días".
En florecer Yehudá, el Rey de gloria
entrará — Bamidbar 5777
May 26, 2017 ~ haimiehuda
Por: Haim Yehudá Ben-Abraham, Haim Éder
Una vez recibida la Torá, pasado el problema del Becerro de Oro, y realizada la
construcción del tabernáculo (Mishkán), en la parashá Bamidbar nos introducimos
de lleno en una literal
“travesía del Desierto”. Al empezar este libro, el Eterno pasa revista y pedido un censo
del pueblo, tribu por tribu y príncipe tribal por príncipe tribal (Números 1, 2), haciendo
recuento de los hijos de Israel en edad militar que afrontarán esta fase definitiva antes
de entrar en la Tierra Prometida.
Muchas más caídas experimentaría Israel en esta travesía: la Transgresión de los espías
(Números 13, 14), donde se demuestra la inmadurez del pueblo para entrar en la Tierra
de Canaán; la rebelión de Korah y sus seguidores (Números 16), donde se refleja el
estado de falta de cohesión nacional en torno a Moisés y Aarón; y la idolatría de Baal
Peor con las mujeres midianitas (Números 25), donde se observa por primera vez la
gran debilidad de los judíos: el peligro de asimilación. Nos centraremos en este escrito
en la debilidad para habitar la Tierra de Israel.
YOSEF Y YEHUDÁ NECESITAN ARRASTRAR AL PUEBLO
En el caso de la Rebelión de los espías, de los 12, sólo 2, Caleb de la Tribu de Yehudá,
y Yeoshúa de la Tribu de Efraim afirmaron rotundamente que el Pueblo podía habitar la
Tierra Prometida sin problemas para gestionar el conflicto con los pueblos que entonces
la ocupaban. Estos dos príncipes no pudieron arrastrar a los que estaban inmersos en la
ola de pesimismo en la que los habían introducido los príncipes incapacitados para sacar
adelante la situación.
En la problemática de la venta de Yosef (Génesis 37 a 45), fueron el mismo Yosef y
Yehudá los que salvaron la situación provocada por la falta de cohesión de la familia de
Yaakov, sin la cual los israelitas decendentes suyos estamos virtualmente anulados
como ministros del Creador en el mundo. Sin la guía de los judíos, el mundo se
encuentra virtualmente perdido en un magma de inmoralidad, ya sea a un extremo, el
relativismo moral derivado de una aplicación adulterada de la bondad (Hésed), o al otro,
un rigor (Guevurá) inflexible debido a una insensibilidad al Amor de HaShem.
LA SALIDA DEL EXILIO, DE LA MANO DE YOSEF Y DAVID
Yosef y David (de la Tribu de Yehudá) son los patrones para la salida de todos los
exilios, y en particular del presente y definitivo. Yosef representa la corrección de la
Guevurá, y David encapsula la corrección del Hésed. David corrige el Hésed
distorsionado desde el Reconocimiento y la Gratitud (Hod), y la fórmula se encuentra en
Tehilim 63.
TEHILIM 63: LA GRATITUD, EL DISOLVENTE DE TODOS LOS EXILIOS
Tehilim 63 habla de David encontrándose en el Desierto de Yehudá. Se encuentra en
una situación de exilio, de penuria, en la que manifiesta “sed” del Creador,
encontrándose en una “tierra seca, sin agua” (versículo 2). Dado que los Sabios
comparan la Torá con el agua, podemos hacer el símil de que el Desierto de Yehudá
para David es una situación de exilio espiritual en la que no tiene acceso a la Torá, la
herramienta que le permitiría salir de el exilio a través de restaurar el ánimo y la
integridad emocional.
Entonces David recurre a su arma favorita: la gratitud. El punto clave se encuentra
posiblemente en el versículo 4, donde reconoce que
“La Bondad del Eterno es mejor que la vida” (versículo 4)
Esta visión de pensar “fuera de la caja” le permite relacionarse con el Eterno con un
amor incondicional, a pesar de las penurias de la vida. Este amor incondicional, esta
adhesión completa de David al Creador (manifiesta en los versículos 7, 8 y 9), le hacen
tener confianza completa en que el Eterno eventualmente lo salvará de sus enemigos
(versículos 10 y 11): de todo lo externo (y sobre todo interno) que le quita el ánimo y la
integridad emocional. David reconoce con confianza que cuando esta integridad esté
recuperada, él se regocijará en el Eterno (versículo 12), y eso será un indicador claro
que la situación de exilio está ya en camino de ser disuelta.
TEHILIM 24: LA CORRECCIÓN DE LA GUEVURÁ DESDE EL FUNDAMENTO
TRAE LA REDENCIÓN
Pero una gratitud vacía, sin esfuerzo de nuestra parte para corregir lo que estamos
haciendo mal, no es más que una frivolidad estéril. El paso definitivo que se debe
realizar es combinar con un estado mental de gratitud la aplicación de guevurá para
hacer esta corrección de los aspectos internos sin pulir. En este sentido, la corrección
principal es la que hizo Yosef, la corrección del fundamento (Yesod), que es la ética y la
moralidad, ya que como dicen los Sabios “la ética va por delante de la Torá”. Esto nos
lo apunta el Tehilim 24:1, 2, cuando dice:
“La Tierra es del Señor, y todo lo que contiene; el mundo, Y todo lo que se asienta”
“Él la ha fundamentado sobre los mares, y la ha establecido sobre las aguas.”
La palabra que nos lo apunta es “la ha fundamentado”, en hebreo “yesadá” []יְסָדָ ּה, con la
misma raíz que Yesod, la característica de Yosef.
En consonancia a esto, el Ramhal (en el libro “Guevurot HaShem”) afirma que la
revolución que llevará a la Redención es, en este sentido, una revolución moral (de la
ética), que se ha de combinar como hemos dicho al otra revolución moral: la del estado
de ánimo (que hemos visto con David en el Psalms 63). La revolución del estado de
ánimo proviene de la corrección de las emociones, de la adquisición de una inteligencia
emocional lo suficientemente firme como para que nos revelemos con sólida guevurá en
contra del egoísmo, la inmoralidad y la injusticia, cuando obramos, como dice Tehilim
24:
“Con manos limpias y corazón puro” (versículo 4),
la Providencia Divina será innegable para todos, y como sigue Tehilim 24, recibiremos:
“Bendición del Señor, y rectitud del D’ios de su salvación” (5)
Y ya todo el mundo afirmará, abiertamente, sin dudas, con luz en los ojos y fuerza en el
brazo,
“¿Quién es pues el Rey de gloria? El Señor de los ejércitos, Él es el Rey de gloria”. (10)
Y el Rey de gloria podrá entrar. Amén, ken iehí Ratsón [ כן יהי רצון,]אמן. Hódesh Tov y
Shabbat Shalom.
PESAJ SHEINI
SIEMPRE HAY
UNA SEGUNDA
OPORTUNIDAD
Nos cuenta la Torá, que al inaugurarse el santuario del desierto, Moshé tenía que
iniciar a los sacerdotes y levitas en su tarea. Los hijos de Aharón, Nadav y Avihu se
apresuraron a entrar el Kodesh Hakodashim, el lugar más sagrado del mundo, y por
eso sus almas salieron de este mundo y murieron.
Las personas que los retiraron de allí se impurificaron y no pudieron cumplir con el
precepto de Pesaj. Por eso le reclamaron a Moshé, y Dios le dijo que tenían razón. El
Creador ordenó que todos los 14 de Iiar se establezca un segundo pesaj. Por
supuesto en el Templo no había jametz, pero se pudo hacer la ofrenda de Pesaj un
mes después del Pesaj normal. Porque siempre hay una segunda oportunidad,
cuando queremos cumplir con la Voluntad de Dios, cuando hacemos teshuvá de
verdad.
El domingo entonces hay que comer matzá, un poco y mientras se come revisamos
qué hemos profanado, qué nos gustaría mejorar, y tomar una buena decisión para
aumentar en mitzvot. Nada se opone frente a la teshuvá. Teshuvá es una espada de
doble filo que rectifica el pasado y dulcifica el futuro: 1) arrepentirse y decidir no
volver a caer en el mismo error, 2) retornar a Dios y tomar buenas decisiones para
el futuro.
SHABAT SHALOM U MEVORAJ. שבת שלום ומבורך. Un Shabat pacífico, pleno y de
bendición.
El Estado de Israel fue establecido el quinto día del mes de Iar del año 5708 (1948),
cuando sus fundadores firmaron la Declaración de la Independencia. En ese día, la
Tierra Santa, prometida por Di-s al Pueblo Judío, fue devuelta a la soberanía judía por
primera vez en casi dos mil años. Por eso es conocido como el Día de la Independencia
de Israel (Iom Haatzmaut).
Por más trascendental que fue ese evento, el nuevo país estaba privado de su corazón: la
antigua Jerusalem, el sitio histórico del Templo Sagrado y hacia donde se dirigen la vida
y las plegarias del Pueblo Judío.
El día veintiocho del mismo mes, diecinueve años más tarde, la Jerusalem antigua era
liberada de las manos de los árabes en la Guerra de los Seis Días del año 1967. En ese
día la ciudad más sagrada de la Tierra fue reunificada bajo la soberanía judía –en las
palabras de los Salmos (122:3): “la ciudad fue incorporada”. Por eso se conoce al 28 de
Iar como el Día de Jerusalem (Iom Ierushalaim).
A pesar de todos estos eventos milagrosos, el moderno Estado de Israel parece verse
enredado en una deteriorante maraña de crisis. El terror y la guerra la amenazan por
todos lados. Los custodios del estado abdican de los derechos del pueblo judío a la
tierra, renunciando a áreas vitales y estratégicas en manos de enemigos jurados,
mientras pisotean los principios más sagrados para el pueblo Judío a través de todas las
generaciones. El país está plagado de grietas culturales dentro de la sociedad en sus
líneas política, religiosa y sociológica y está debilitada moralmente por una ideología
nacionalista agotada que ya no inspira a sus hijos e hijas. Ahora está claro para todos
que, aunque millones de judíos han retornado a la Tierra Prometida y la han
reconstruido físicamente, el Estado de Israel está muy lejos de satisfacer la visión judía
de la verdadera y completa redención.
No obstante, “el Santo, bendito Sea, siempre provee la cura antes de la enfermedad”
(Meguilá, 13b). Di-s ha provisto el potencial de rectificar esta situación aparentemente
sin esperanzas. Si examinamos los hechos de la Divina Providencia, podemos discernir
la cura observando las circunstancias que rodearon el establecimiento del estado y la
liberación de Jerusalem.
Curar con Luz
Es seguramente por Divina Providencia que los dos eventos más sobresalientes en la
relativamente corta historia del moderno estado de Israel ocurrieron en el mes de Iar.
Para apreciar acabadamente la significación de esto, debemos dirigirnos a la Torá, el
plan de Di-s para la creación.
Debemos considerar primero el nombre del mes, porque Di-s creó todo, las entidades
tangibles y los fenómenos temporales o espirituales, por medio de su nombre hebreo.
El nombre común de este mes, Iar, que se relaciona con la palabra “luz”, or. En la
Biblia (Reyes I 6:1) hay por cierto una referencia explícita a este mes y allí es llamado
Ziv, “resplandor”.
En cabalá, la palabra Iar es considerada un acrónimo de la frase hebrea (Éxodo 15:26)
“Yo soy Di-s, tu sanador”, ani Hashem rofeja. Por eso este mes es considerado el mes
del poder Divino de curar, curar con la luz. Esto está en concordancia con el camino del
Baal Shem Tov, no atacar la oscuridad en forma directa, frontal, sino más bien
desactivarla con luz: “una pequeña luz disipa mucha oscuridad”.
Una Segunda Oportunidad
¿Por qué es particularmente relevante a la situación del Israel de hoy en día curar con
luz? Para apreciar esto, examinemos el lugar especial que ocupa nuestro mes en el
esquema de tiempo de la Torá.
En la Torá, sólo una festividad cae en el mes de Iar: el Segundo Pesaj, Pesaj Sheini, el
catorce del mes. Normalmente, la Torá nos anuncia celebrar Pesaj el catorce de Nisan,
el mes anterior, pero una persona que ese día está ritualmente impura o muy lejos del
Templo, no pudiendo por lo tanto celebrar Pesaj con la ofrenda del sacrificio allí, tiene
otra oportunidad, el Segundo Pesaj.
Aunque el año judío comienza en el mes de Tishrei, los meses son contados desde
Nisan, por lo que Iar es el “segundo” mes tanto en el sentido ordinal como en cuanto a
que es el mes en el cual se nos ofrece una segunda oportunidad.
Cada festividad del calendario judío nos enseña una lección básica para cumplir nuestro
propósito en la vida, cómo servir a Di-s al máximo el año entero. El mensaje del
Segundo Pesaj, y por lo tanto el mensaje general del mes de Iar, es que nunca es
demasiado tarde. No importa en qué situación nos encontremos, no importa cuán bajo
hayamos caído, no importa cuán impuros nos podamos sentir o cuán lejos de nuestro
objetivo de vida estemos, siempre podemos, con la ayuda de Di-s, rectificar la situación.
Y también es así respecto al Estado de Israel. El hecho de que fue fundado y sus guerras
fueron peleadas y ganadas en este mes nos enseña que no debemos perder la esperanza.
El poder de la luz puede triunfar sobre la oscuridad, nunca es demasiado tarde para
rectificar la situación.