Psicoanálisis e Investigación
Guía de lectura unidad 3: La vía analítica: Presencia y eficacia causal de lo traumático en la cura
analítica.
Puntuación Sobre la dinámica de la transferencia (1912).
Los puntos centrales de este texto son:
1) La transferencia se produce necesariamente y tiene un papel durante el tratamiento.
2) Definición de la transferencia como clisé.
“Todo ser humano (…) adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de su vida
amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará, así
como para las metas que habrá de fijarse. Esto da por resultado, digamos así, un clisé (o
también varios) que se repite – es reimpreso- de manera regular en la trayectoria de la vida
(..)” (Ibid., 97,98). Se subraya el fundamento pulsional que tiene la transferencia. El clisé se
puede leer como un antecedente freudiano de la modalidad de goce que el sujeto establece
con un partenaire en el fantasma, y el carácter de repetición que tiene esa matriz fantasmática
desde la perspectiva de Lacan.
3) Inserción del analista en las “series psíquicas”.
¿Las series de la conferencia Caminos de formación? Heredado + Azares
iniciales = A. Luego A + Vivencia Infantil?
4) La transferencia como resistencia.
Habra que diferenciar Positiva de Negativa y hacer los lazos
5) Noción de agieren.
Puntuación Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica (1919 [1918])
Los puntos centrales de este texto son los siguientes:
1) Nombre “psicoanálisis”
Análisis significa desintegración, descomposición.
Analogía con el trabajo que el químico realiza en el laboratorio.
2) La psicosíntesis no es tarea del analista.
“La comparación con el análisis químico encuentra su límite por el hecho de que en la vida
anímica enfrentamos aspiraciones sometidas a una compulsión de unificar y reunir. Si
conseguimos descomponer un síntoma, librar de cierta trama a una moción pulsional, ella no
permanecerá aislada: enseguida se insertará en una nueva” (Ibid., 157).
Anticipa aquí la función sintética del yo, tal como la abordará luego en el capítulo 3 de
Inhibición, Síntoma y Angustia.
3) Principio de abstinencia
Freud formula aquí el principio de abstinencia como el principio soberano que rige la actividad
del analista.
4) Freud ubica aquí al padecimiento como fuerza pulsional que motoriza el trabajo analítico.
“En el curso del análisis pueden observar que toda mejoría de su padecer aminora
el tempo del restablecimiento y reduce la fuerza pulsional que esfuerza hacia la curación.
Ahora bien, no podemos renunciar a esta fuerza pulsional; su reducción sería peligrosa para
nuestro propósito terapéutico” (Ibid., 158).
Las mejorías, deshacimiento de libido fijada para que en seguida vuelvan
a lograr otras ataduras, los peque ños temblores que le producimos al
fantasma, terminan generando un “ralentamiento” de la cura. La fuerza
pulsional de lo sintomático, el empuje, disminuye, diría Freud. El
“reacomodamiento” del fantasma, ese fantasma nuevamente llevadero, no
quiere dejarse modificar demasiado La escena teatral, que tanto me gusta
nombrar, ha sido modificada, podemos volver a ubicarnos en decir bien el
texto(S), no tropezar con la escenografía, seguir las indicaciones del
director, generar las emociones con alguna técnica ap rendida, (I) o
podemos decidirnos a volver a actuar (R).
Quizás , en ese ”tempo aminorado”, promover alguna pequeña angustia
señal, sin que promover sea en su inicio la intención del analista, puede
ser una buena opción para acelerar nuevamente la direcció n de la cura.
También pienso que, avanzado un análisis, cuando el dispositivo ya se
encuentra definitivamente disponible, esa intervención puede venir de
cualquier lado. Un gesto, un cartel de un negocio, un sueño, el comentario
de la tía Francisca; o una interpretación, o un corte de sesión disparados
por el/la analista, pueden llevar al analizante a una nueva subversión.
4) Ubica dos peligros que amenazan la fuerza pulsional que motoriza la cura.
a) Nuevas satisfacciones sustitutivas
Un nuevo fantasma, siempre. Aunque muchas de las satisfacciones pasen a
sublimaciones o a satisfacciones gozosas acorde a deseo, siempre quedara
un resto. Ahora, si el que tomaba cocaína 3 veces al día, toma alcohol a
cambio, bue…
b) El peligro principal del cual Freud nos alerta es la búsqueda de satisfacción en la cura misma.
“El enfermo busca la satisfacción sustitutiva sobre todo en la cura misma, dentro de la relación
de transferencia con el médico” (Ibid., 159).
Ascensión Reino y Caída de la transferencia: Es un Conti nuo, siempre es un
rulo. Tiene estructura fractal La estructura fractal de un psicoanálisis.
Tesina ambiciosa?
Regido por el principio de abstinencia, el analista objetará -a través del manejo de la
transferencia y la interpretación- esos modos de satisfacción que buscan realizarse en la
relación transferencial.
Absitencia de responder a la demanda del analizante, abstinencia de saber,
para poder devolver el SSS al único sujeto presente en el dispositivo
5) En función del alcance del principio de abstinencia Freud sostiene que: “Nos negamos de
manera terminante a hacer del paciente que se pone en nuestras manos en busca de auxilio
un patrimonio personal, a plasmar por él su destino, a imponerle nuestros ideales, y con la
arrogancia del creador, a complacernos en nuestra obra luego de haberlo formado a nuestra
imagen y semejanza” y un párrafo más abajo continúa, “no se debe educar al enfermo para
que se asemeje a nosotros, sino para que se libere y consume su propio ser” (Ibid., 160).
Igual, la palabra educar sigue haciendo ruido. No se dirige al sujeto, se
dirige la cura. Y dirigir la cura no es lo mismo que educar para que se
libere. Se interviene para que encuentre la forma de actuar acorde a su
campo de deseo. Con intervenciones siempre fallidas, si empre a medias,
siempre a tientas. Hay demasiado del coraje del analizante que es
necesario en la cura como para arrogarnos algún merito en ese rol de
secretarios del alienado que cumpli mos no solo con los psicóticos. El
sujeto llega alienado a su intento de análisis.
6) Freud destaca que el analista opera sin imponer sus ideales ni cosmovisión. “Me atrevería a
decir que sería un acto de violencia” (Ibid., p.161).
Puntuación Seminario 8 (1960-61) clases XII y XIII:
Los ejes de estas clases son:
La pregunta que va a desplegar Lacan en la clase XII del Seminario 8 es: ¿todo lo que es
transferencia es repetición?
1. La transferencia es un amor que se juega en acto con el analista. ¿Cómo maniobrar
entonces con ese amor que se pone en escena en la transferencia con el analista?
1. Si la reproducción del pasado en el presente que es la realidad de la transferencia es
una reproducción en acto, entonces dice Lacan, hay en la manifestación de la
transferencia algo creador (Ibíd., 202).
1. La transferencia es una ficción, un artificio, cuyo fundamento es real. Por eso la
transferencia es una ficción que nos permite operar sobre lo real del ser hablante.
1. El amor que se juega en transferencia con el analista no es una mera repetición del
pasado en el presente, sino como dice Lacan es un amor presente en lo real. Para
Lacan si bien el campo de la transferencia abarca la repetición, tampoco se reduce a
ella, queda un resto dentro del campo de la transferencia que es la operación del
deseo del analista. Dicho de otro modo, para Lacan no todo lo que es transferencia es
repetición, pues la brecha entre transferencia y repetición es la diferencia que zanja el
deseo del analista.
Podemos situar un arco entre las clases XII y XIII del Seminario 8 que va de la problematización
de la transferencia con la repetición, a la operación del deseo del analista.
1. El deseo del analista es lo que viene a responder, entre otras cosas, al problema de la
contratransferencia: “Si el analista realiza algo así como la imagen popular, o también
la imagen deontológica, de la apatía, es en la medida en que está poseído por un deseo
más fuerte que aquellos deseos de los que pudiera tratarse, a saber, el de ir al grano
con su paciente, tomarlo en brazo o tirarlo por la ventana” (Lacan, 1960-61: 214, el
subrayado es nuestro).
Cabe subrayar que bajo ningún punto de vista concibe que el analista no pueda sentir cierta
gama de afectos o deseos hacia sus pacientes en la medida en que el analista está involucrado
profundamente en la relación transferencial. No obstante, es claro que la indicación de Lacan
refiere a no responder desde esos afectos. Y concluye en este punto: “Estoy poseído por un
deseo más fuerte. Está autorizado a decirlo en cuanto analista, en tanto que en él se ha
producido una mutación en la economía de su deseo” (Ibíd., 215).
¿Qué incidencia tiene esta mutación en la economía del deseo, este deseo más fuerte del
analista, en la dirección de la cura?
Así como en el Seminario de La ética del psicoanálisis el examen del amor cortés permitía la
exploración de la Cosa (das Ding) el Seminario dedicado al Banquete de Platón permite
interrogar el enigma del objeto del deseo.
1. Sostiene Lacan “Por el solo hecho de que hay transferencia, estamos implicados en la
posición de ser aquel que contiene el ágalma (ver material de apoyo sobre este
término), el objeto fundamental que está en juego en el análisis del sujeto” (Ibíd. 223).
Podríamos decir que gran parte de los seres hablantes en lo tocante al amor sucumben
ilusoriamente bajo el mito de Aristófanes, siempre en búsqueda de esa mitad, de ese
pedazo faltante, en el campo del Otro. Lo que se busca en el partenaire es el ágalma,
esa “libra de carne”, ese objeto parcial, esa parte del cuerpo erógeno que está perdida
y que constituye el fundamento del sujeto deseante, porque en consecuencia sólo
amamos con nuestra falta.
1. El resguardo ético de no aventurarse a comprender: “[El analista] siempre debe poner
en duda lo que comprende, y decirse que aquello que trata de alcanzar es
precisamente lo que no comprende. Ciertamente, sólo en la medida en que sabe que
es el deseo, pero no sabe lo que desea ese sujeto –con el cual está embarcado en la
aventura analítica- está en posición de tener en él el objeto de dicho deseo” (Ibíd.,
223).
1. “El sujeto –dice Lacan- es introducido como digno de interés y de
amor, erómenos (amado), en el comienzo mismo de la situación [analítica]. Es por él
por quien estamos ahí. Éste es el efecto, por así decir, manifiesto. Pero hay un efecto
latente (…) de aquello que es precisamente el objeto de su deseo de un modo latente,
quiero decir objetivo, estructural. Éste objeto está ya en el Otro, y en la medida en que
esto es así, está, lo sepa él o no, virtualmente constituido como erastés (amante,
sujeto de la falta). Por este solo hecho, cumple esa condición de metáfora, la
sustitución del erómenos por el erastés, que constituye en sí mismo el fenómeno del
amor”. Y a renglón seguido Lacan afirma: “Ahí es donde se plantea la cuestión del
deseo del analista y, hasta cierto punto, la de su responsabilidad” (Ibíd., 224).
Puntuación Seminario 11 (1964) clases X y XX:
Hay que precisar que entre el Seminario 8 y el Seminario 11 Lacan termina de formalizar el
objeto a real, con la enorme variedad de alcances clínicos que esto tiene. El acento puesto en
el objeto de deseo, el ágalma, que si bien ya presentaba algo del objeto parcial, (ver en este
punto el sacrificio de Polixena en manos de Aquiles, pues ella ofrece su seno como semejante
al ágalma), también aparece fuertemente vinculado con un tipo de imágenes muy especiales
que fascinan y con cierto brillo o esplendor como aparece escondido en su raíz etimológica
(Aglaé); se va a correr entonces ese acento sobre el objeto del deseo, es decir al que apunta el
deseo, hacia el objeto como causa, cuyo estatuto es real. En este sentido el objeto causa del
deseo no está adelante sino detrás.
En la clase X del Seminario 11 hay que articular cuatro fórmulas que Lacan nos propone para
pensar la presencia del analista en la transferencia:
1) “La propia presencia del analista es una manifestación del inconsciente” (Ibíd., 131) es decir
que hay que incluir la presencia del analista como un efecto del inconsciente.
2) “La presencia del analista es irreductible” (Ibíd., 133). Es decir que si bien no hay presencia
del analista sin los efectos del inconsciente, la presencia del analista es lo que queda como
resto e incluso desecho irreductible de la suma de los efectos del inconsciente.
3) Lo que causa el cierre del inconsciente que la transferencia entraña es la presencia del
objeto a (Cf. Ibíd. 140) bajo alguna de sus cuatro formas episódicas: invocante, escópica, anal u
oral, que encarna el analista para su analizante.
4) Si el inconsciente es el discurso del Otro, “el discurso del Otro que hay que realizar, el del
inconsciente, no está detrás del cierre, está afuera. Es quien pide por boca del analista, que
vuelvan a abrir los postigos” (Ibíd., 137). De modo que el relanzamiento de la apertura del
inconsciente está articulado con la interpretación del analista. Transferencia e interpretación
están intrínsecamente articuladas en el movimiento de un análisis.
En la clase XX del Seminario 11 intentaremos aproximarnos al deseo del analista. Si bien un
deseo como advierte Lacan uno no lo puede nombrar, sí se lo puede cercar, pues eso es lo que
intentaremos hacer con el deseo del analista retomando las preguntas de la primera clase de
este seminario ¿Cuál es el deseo del analista? Y si la dimensión del Otro no puede ser
erradicada de la experiencia como es la ambición de la ciencia ¿Qué ha de ser del deseo del
analista para que opere de manera correcta? (Ibíd., 17).
1. La diferencia de orientar la cura en función de un Ideal o siguiendo el deseo del
analizante a la letra, es la misma diferencia que culmina la cura en una identificación al
Otro o que puede ir, respectivamente, más allá del plano de las identificaciones con el
analista.
La que planteo Freud. Libido al tratamiento
1. El deseo del analista es lo que viene a responder al problema de la transferencia y la
sugestión. Contrapunto entre la fórmula de la hipnosis “la confusión, en un punto, del
significante ideal desde donde se localiza el sujeto con la a” (Ibíd. p, 281) y el deseo del
analista que vuelve a separar estos dos términos amalgamados, es decir obtener la
mayor distancia entre el I(A) y el objeto a.
Confundir al Sujeto que porta a con el Ideal
1. La transferencia es una vía para delimitar la relación del sujeto no con el objeto del
deseo, sino con el que lo causa, con su fundamento pulsional. En los límites de la
transferencia, cuando la dimensión tíquica (ver material de apoyo sobre este término)
se juega en el análisis se produce la positivación del objeto a, que estaba negativizado
en el fantasma. El análisis no puede programar lo tíquico pero sí crea sus condiciones
de posibilidad.
No el objeto del deseo, sino el objeto que causa el deseo.
1. El analista encarnando el objeto parcial del analizante: el encuentro con lo real en el
marco de la transferencia.
1. La maniobra de la transferencia apunta a obtener la mayor distancia entre el Ideal y el
objeto a para que el análisis no se reduzca a efectos de sugestión ni identificación
abriendo el campo del deseo.
1. El deseo del analista no es un deseo puro. El deseo puro es un deseo sin objeto, no
está anclado a ningún objeto que le ponga límite, es solo causado, puro empuje que
conduce al precipicio de la destrucción tanto del sujeto como del otro, en fin del deseo
mismo. El deseo del analista tiene un objeto cuyo asidero es real y es el que mantiene
la máxima diferencia con el Ideal que el analista se ve convocado por el analizante a
encarnar.
1. Incidencias del deseo del analista en la dirección de la cura: interpretación y manejo de
la transferencia.
Puntación del Seminario 17 (1969-70) clase II:
Ejes de esta clase:
1. El discurso del amo es el discurso del inconsciente no revelado.
1. El cuarto de vuelta del discurso del amo como inconsciente no revelado al discurso
histérico como condición del análisis.
1. El discurso histérico no se reduce al lazo de las histéricas de la talking cure ni las de
ahora, sino que es por excelencia la puesta en forma del discurso del analizante.
1. El acto analítico apunta a la introducción estructural, mediante condiciones artificiales
del discurso de la histeria. Del discurso histérico a la histerización del discurso.
1. La histerización del discurso es la puerta de entrada de un psicoanálisis, sea un sujeto
obsesivo, paranóico, sádico o -sin agotar la lista- incluso histérico. Tampoco se trata de
neurotizar al psicótico o al perverso sino de histerizar su discurso.
1. La histerización del discurso es la constitución del síntoma analítico, la división
subjetiva que es correlativa al síntoma que interroga, que formula una pregunta por la
causa del deseo que habita en el lugar de la verdad, que instaura la suposición de un
sujeto al saber inconsciente, artificio necesario para que se despliegue la asociación
libre.
1. Si bien fueron las histéricas las que le abrieron a Freud el camino hacia la verdad del
deseo y la expansión del campo del saber inconsciente, también fueron ellas las que le
enseñaron los límites de ese inconsciente, de que todo el lenguaje, toda elaboración
de saber que se pueda elucubrar no alcanza para dar cuenta del modo en que un
cuerpo goza.
1. Cuando el discurso histérico embraga con el discurso del analista. El movimiento entre
discursos en el transcurso de un análisis.
1. Como correlato de la histerización del discurso Lacan plantea dos modos de
interpretación que atañen a la verdad como medio decir: la cita y el enigma. La cita es
un enunciado sin enunciación y el enigma es una enunciación sin enunciado. Ambos
modos de interpretación apuntan a no obturar con un saber donde debería sostenerse
una interrogación que invite a la asociación libre.
1. El discurso analítico: El analista como semblante del objeto a causa del deseo.
Puntualización La función primaria de la interpretación
1) ¿Qué es primero? ¿Transferencia o interpretación?
Freud sostenía que la interpretación debía esperar a que la transferencia estuviese
establecida. Aun así, en algunos historiales se observa que no siempre operaba así. Tanto en el
historial de Dora como en el del Hombre de las Ratas, es la interpretación lo que pone en
marcha, o causa, la transferencia. Así como no hay análisis sin transferencia, la transferencia
no se consolida sin la interpretación.
“La interpretación es condición de la transferencia. (..) Me refiero a la interpretación que hace
el analista que, por su propio recorrido de análisis, ha accedido auténticamente a esa posición
en la que se autoriza de sí mismo (..). Busco situar el punto genuino en que el deseo del
analista opera efectivamente en la interpretación ya en su primer encuentro con el sujeto”
(Ibid., p14).
2) Dos efectos de la interpretación
a)La interpretación produce, o revela, la división del sujeto. No busca encontrar un significado
b) El otro efecto de la interpretación es la suposición de saber.
“La ficción del Sujeto supuesto Saber consiste en que el analista, con su deseo articulado en el
decir a medias de la interpretación, puede dar un sentido a algo que para el sujeto no lo tenía.
No es que el analista sepa, (..) sino que el deseo del analista articulado en la interpretación
activa el sentimiento de que en alguna parte se sabe sobre la significación del significante del
síntoma” (Ibid., p17).
De esta manera la interpretación causa, provoca la transferencia, y “como efecto de la
interpretación, el síntoma pregunta” (Ibid., p17).
3) ¿Qué estructura debe tener la interpretación para producir esos dos efectos?
La interpretación es la mitad de una demanda. “ (..) es un enunciado sin el contexto de
enunciación – como en el caso de la cita de la que se desconoce la referencia de origen-, o una
enunciación de la que se desconoce el enunciado – como en el caso del enigma-“ (Ibid., p17).
Es por esto que la interpretación invoca lo enigmático e incomprensible del deseo. Es esta la
función primaria de la interpretación.