Prenotandos Matrimonio y Orden
Prenotandos Matrimonio y Orden
1. La alianza matrimonial, por la que el hombre y la mujer se unen entre sí para toda
la vida [1:Cf. Código de Derecho Canónico, can. 1055, § 1.], recibe su fuerza y vigor de
la creación, pero además, para los fieles cristianos, se eleva a una dignidad más alta, ya
que se cuenta entre los Sacramentos de la nueva alianza.
4. La íntima comunidad de vida y de amor, por la cual los cónyuges “ya no son dos,
sino una sola carne” [4: Mt 19, 6.], ha sido fundada por Dios Creador, provista de leyes
propias, y enriquecida con la única bendición que no fue abolida por la pena del pecado
original [5: Cf. Misal Romano, Misa en la celebración del Matrimonio A, Oración por la
esposa y el esposo.]. Por tanto, este sagrado vínculo no depende del arbitrio humano,
sino del autor del Matrimonio, que lo quiso dotado de unos bienes y fines peculiares
[6: Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en
el mundo actual, núm. 48.].
5. Cristo el Señor, al hacer una nueva creación y renovarlo todo [7: Cf. 2Co 5, 17.],
quiso restituir el Matrimonio a la forma y santidad originales, de tal manera que lo que
Dios ha unido no lo separe el hombre [8: Cf. Mt 19, 6.], y, además, elevó este indiso-
luble pacto conyugal a la dignidad de Sacramento, para que significara más claramente
y remitiera con más facilidad al modelo de su alianza nupcial con la Iglesia [9: Cf.
Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes,sobre la Iglesia en el
mundo actual, núm. 48.].
9. Por este Sacramento, el Espíritu Santo hace que, así como Cristo amó a la Iglesia
y se entregó así mismo por ella [15: Cf. Ef 5, 25.], también los cónyuges cristianos,
iguales en dignidad, con la mutua entrega y el amor indiviso, que mana de la fuente
divina de la caridad, se esfuercen por fortalecer y fomentar su unión matrimonial. De
modo que, asociando a la vez lo divino y lo humano, en la prosperidad y en la
adversidad, perseveren fieles en cuerpo y alma [16: Cf. Concilio Vaticano II,
Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia, en el mundo actual, núms. 48 y
50.], permaneciendo absolutamente ajenos a todo adulterio y divorcio
[17: Cf. ibid., núm. 49.].
10. El verdadero cultivo del amor conyugal y todo el sentido de la vida familiar, sin
subestimar los demás fines del Matrimonio, tienden a que los cónyuges cristianos estén
animosamente dispuestos a cooperar con el amor del Creador y Salvador, quien por
medio de ellos amplía y enriquece día a día a su familia [18: Cf. ibid., núm. 50.]. Y así,
confiando en la divina Providencia y ejercitando el espíritu de sacrificio [19: Cf. lCo 7,
5.], glorifican al Creador y se esfuerzan por alcanzar la perfección en Cristo cuando
cumplen la función de procrear con generosa responsabilidad humana y cristiana [20:Cf.
Concilio Vaticano LI, Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el
mundo actual, núm. 50.].
11. Dios, que llamó a los esposos al Matrimonio, continúa llamándolos a perfeccionar
su propio Matrimonio [21: Cf. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Familiaris
consortio, núm. 51: AAS
II OFICIOS Y MINISTERIOS
12. La preparación y celebración del Matrimonio, que atañe en primer lugar a los
mismos futuros cónyuges y a sus familias, compete, por razón de la cura pastoral y
litúrgica, al Obispo, al párroco y a sus vicarios y también, según le es propio, a toda la
comunidad eclesial [23: Cf. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Familiaris
consortio, núm. 66: AAS 74(1982), pp. 159-162.].
14. Los pastores de almas deben procurar que en la propia comunidad esta atención
se preste sobre todo:
16. Los pastores, movidos por el amor a Cristo, han de acoger a los novios y antes de
nada fomentarán y robustecerán su fe: pues el sacramento del Matrimonio la supone y
exige [26: Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sa-
grada Liturgia, núm. 59.].
19. Antes de que se celebre el Matrimonio debe constar que nada se opone a su
celebración válida y lícita [28: Cf. ibid., can. 1066.].
20. Durante la preparación, teniendo en cuenta la manera de pensar del pueblo acerca
del Matrimonio y la familia, los pastores se esforzarán por evangelizar a la luz de la fe
el mutuo y auténtico amor entre los novios. Incluso aquellas cosas que son requeridas
por el derecho para contraer Matrimonio válido y lícito pueden servir para promover en
los novios una fe viva y un amor fecundo, con miras a la formación de la familia cristia-
na.
21. Pero si, a pesar de todos los esfuerzos, los novios manifiestan de manera clara y
expresa que rechazan lo que pretende la Iglesia cuando se celebra el Matrimonio entre
bautizados, el pastor de almas no puede admitirlos a la celebración; por mucho que le
pese, debe tener en cuenta la realidad y hacer ver a los interesados que no es la Iglesia,
sino ellos mismos, quienes, en estas circunstancias, impiden la celebración, por más que
la soliciten [29: Cf. JUAN PABLO II, Exhortación apostólicaFamiliaris
consortio, núm. 68: AAS 74 (1982), p. 165.].
22. En el Matrimonio, más de una vez se dan casos especiales: como es el Matrimonio
con parte bautizada no católica, con un catecúmeno, con parte simplemente no
bautizada, o también con parte que ha rechazado explícitamente la fe católica. Los
pastores tendrán presentes las normas de la Iglesia para estos casos y, si es necesario,
recurrirán a la autoridad competente.
23. Conviene que sea un mismo presbítero, quien prepare a los novios, haga la
homilía en la celebración del Sacramento, reciba el consentimiento y celebre la Misa.
24. También el diácono puede, recibida la facultad del párroco o del Ordinario,
presidir la celebración del Sacramento [30: Cf. Código de Derecho Canónico, can.
1111,], sin excluir la bendición nupcial.
25. Cuando no haya sacerdotes ni diáconos, el Obispo diocesano puede, previo voto
favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida la licencia de la Sede Apostólica,
delegar a laicos para que asistan a los Matrimonios. Se elegirá a un laico idóneo, capaz
de instruir a los novios y que sea apto para realizar debidamente la liturgia matrimonial
[31: Cf. ibid., can. 1112, § 2.]. Éste pide el consentimiento de los esposos y lo recibe en
nombre de la Iglesia [32: Cf. ibid., can. 1108, § 2.].
26. Los demás laicos pueden tomar parte de varias maneras, tanto en la preparación
espiritual de los novios como en la misma celebración del rito. Conviene que toda la
comunidad cristiana coopere siendo testigo de la fe y manifestando el amor de Cristo al
mundo.
Preparación
30. Los cantos que se van a interpretar han de ser adecuados al rito del Matrimonio y
deben expresar la fe de la Iglesia, sin olvidar la importancia del salmo responsorial en la
liturgia de la palabra. Lo que se dice de los cantos vale también para la selección de las
obras musicales.
34. Cuando el Matrimonio se celebra dentro de la Misa, se utiliza la Misa ritual “por
los esposos” con ornamentos de color blanco o festivo, a no ser que la celebración tenga
lugar alguno de los días reseñados en los números 1-4 de la tabla de los días litúrgicos,
en cuyo caso se emplea la Misa del día con sus lecturas, conservando en ella la
bendición nupcial y, si se cree conveniente, la fórmula propia de la bendición final.
Cuando no se dice la Misa “por los esposos”, una de las lecturas puede tomarse
de los textos previstos para la celebración del Matrimonio, puesto que la liturgia de la
palabra, acomodada a su celebración, tiene una gran fuerza para la catequesis sobre el
Sacramento mismo y sobre las obligaciones de los cónyuges (núms. 374-419).
36. Si el Matrimonio se realiza entre parte católica y parte bautizada no católica, debe
emplearse el rito de la celebración del Matrimonio sin Misa (núms. 186-224); pero, si el
caso lo requiere, y con el consentimiento del Ordinario del lugar, se puede usar el rito de
la celebración del Matrimonio dentro de la Misa (núms. 47-87); en cuanto a la admisión
de la parte no católica a la comunión eucarística, se observarán las normas dictadas para
los diversos casos [37: Cf. Código de Derecho Canónico,can, 844.]. Si el Matrimonio se
celebra entre parte católica y parte catecúmena o no cristiana, se debe usar el rito que se
halla más adelante (núms. 3 15-342), empleando las variantes previstas para los
diversos casos.
37. Este Ritual incluye el rito de la bendición y entrega de las arras, de gran raigambre
en la tradición de muchas diócesis de España, que sirve para expresar la comunidad de
vida y de bienes que se establece entre los esposos. Para que este significado aparezca
con mayor claridad, el rito ha sido enriquecido con la entrega, también por parte de la
esposa, de arras a su marido -antes sólo el esposo las entregaba-.
39. Porque los pastores son ministros del Evangelio de Cristo en favor de todos,
tendrán un cuidado especial hacia aquellas personas, ya sean católicas o no católicas,
que nunca o casi nunca participan en la celebración del Matrimonio o de la Eucaristía.
Esta norma pastoral vale en primer lugar para los mismos esposos.
4) Al preparar las ediciones, ordenar la materia en la forma que parezca más adecuada
para el uso pastoral.
44. Además, cada Conferencia Episcopal, tiene la facultad de elaborar un rito propio
del Matrimonio, a tenor de la Constitución sobre la sagrada Liturgia [39: Cf. ibid., núm.
63, b.], conforme a los usos de los lugares y pueblos, y con la aprobación de la Sede
Apostólica, quedando a salvo la norma de que el legítimo asistente pida y reciba el
consentimiento de los contrayentes [40:Cf. ibid., núm. 77.], y que se imparta la
bendición nupcial [41: Cf. ibid., núm. 78.]. El rito propio ha de ir precedido también de
la “Introducción general” que contiene el Ritual Romano [42: Cf. ibid.,núm. 63, b.],
exceptuando lo que se refiere al rito que se ha de emplear.
45. En cuanto a los usos y maneras de celebrar el Matrimonio que están en vigor en
los pueblos recién evangelizados, se sopesará comprensivamente todo lo que sea
honesto y no esté entremezclado de manera inseparable con supersticiones y errores, y,
si es posible, se conservará completo y cabal, más aún, se admitirá también en la misma
liturgia, a condición de que concuerde con la índole del verdadero y auténtico espíritu
litúrgico [43: Cf. ibid., núm. 37.].
46. En aquellos pueblos en que, por costumbre, tienen lugar en las casas ceremonias
matrimoniales, incluso durante varios días, conviene adaptarlas al espíritu cristiano y a
la liturgia. En este caso, la Conferencia Episcopal puede establecer, según las
necesidades pastorales de los pueblos, que el mismo rito del Sacramento pueda
celebrarse en las casas.
CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA PONTIFICALIS ROMANI RECOGNITO
POR LA CUAL SE APRUEBAN LOS NUEVOS RITOS
PARA LA ORDENACIÓN DEL DIÁCONO,
DEL PRESBÍTERO Y DEL OBISPO
PABLO OBISPO
Ahora bien, el mismo Santo Sínodo enseña “que con la consagración episcopal
se confiere la plenitud del sacramento del Orden, la cual, en efecto, en el uso litúrgico y
por boca de los santos Padres es designada con el nombre de sumo sacerdocio, cumbre
del ministerio sagrado. La consagración episcopal, junto con la función de santificar,
confiere también las funciones de enseñar y de gobernar, las cuales, sin embargo, por su
propia naturaleza, sólo pueden ejercerse en comunión jerárquica con la cabeza y los
miembros del Colegio. En efecto, por la tradición, que se pone de manifiesto
principalmente en los ritos litúrgicos y en la práctica de la Iglesia tanto de Oriente como
de Occidente, queda claro que con la imposición de manos y la Plegaria de
consagración se confiere la gracia del Espíritu Santo y se imprime el carácter sagrado de
tal manera que los Obispos, de modo eminente y visible, hacen las veces del mismo
Cristo Maestro, Pastor y Pontífice y actúan en su persona” [5: Concilio Vaticano II,
Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, núm. 21.].
Para alcanzar adecuadamente este fin, ha parecido oportuno tomar de las fuentes
antiguas la plegaria consecratoria que se encuentra en la llamada “Tradición Apostólica
de Hipólito Romano”, escrita a principios del siglo III y que, en gran parte, se conserva
todavía en la liturgia de Ordenación de los Coptos y Sirios occidentales. De este modo,
en el mismo acto de la Ordenación, se da testimonio de la concordancia de la tradición,
tanto oriental como occidental, en lo referente a la función apostólica de los Obispos.
En lo que atañe a los presbíteros, hay que recordar principalmente estas palabras
de las Actas del Concilio Vaticano segundo: “Los presbíteros, aunque no tienen la
cumbre del pontificado y dependen de los Obispos en el ejercicio de su potestad, están,
sin embargo, unidos a ellos en el honor del sacerdocio y, en virtud del sacramento del
Orden, son consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, a imagen
de Cristo, sumo y eterno Sacerdote (Hb 5, 1-10; 7, 24; 9, 11-28), para predicar el
Evangelio y apacentar a los fieles y para celebrar el culto divino” [6: Ibid.,núm. 28.]. Y
en otro lugar se lee lo siguiente: “Los presbíteros, por la sagrada Ordenación y la misión
que reciben de los Obispos, son promovidos para servir a Cristo Maestro, Sacerdote y
Rey, de cuyo ministerio participan, con lo cual la Iglesia se va edificando
continuamente aquí en la tierra como pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del
Espíritu Santo” [7: Concilio Vaticano II, Decreto sobre el ministerio y vida de los
presbíteros, Presbyterorum Ordinis, núm. 1.].
Además, entre los restantes documentos del Supremo Magisterio referentes a las
sagradas Órdenes, consideramos digna de especial mención la Constitución
Apostólica Sacramentum Ordinis,promulgada por nuestro antecesor, de feliz memoria,
Pío XII el 30 de noviembre de 1947, en la cual se declara: “La imposición de manos es
la materia, y única materia, de las sagradas Órdenes del diaconado, del presbiterado y
del episcopado; y la forma, también única, son las palabras que determinan la aplicación
de esta materia, las cuales significan de manera unívoca los efectos sacramentales -a
saber, la potestad de Orden y la gracia del Espíritu Santo- y que en este sentido toma y
utiliza la Iglesia” [9: AAS 40 (1948), p. 6.]. Sentado este principio, el mismo
documento determina qué imposición de manos y qué palabras constituyen la materia y
forma en la colación de cada Orden.
Ahora bien, puesto que en la revisión del rito ha sido necesario añadir, suprimir
o cambiar algunas cosas, ya sea para restituir con fidelidad los textos a su forma más
antigua, ya sea para hacer más claras algunas expresiones, o también para que queden
mejor expuestos los efectos del sacramento, hemos creído necesario, para alejar toda
controversia y para evitar ansiedades de conciencia, declarar qué es lo que se debe
considerar esencial en el rito revisado.
Por tanto, acerca de la materia y forma en la colación de cada Orden, con nuestra
suprema Autoridad Apostólica, decretamos y establecemos lo que sigue:
(Envía sobre ellos, Señor, el Espíritu Santo, para que, fortalecidos con tu gracia
de los siete dones, desempeñen con fidelidad su ministerio.)
“Et nunc effúnde super hunc eléctum eam virtútem, quae a te est, Spíritum
principálem, quem dedísti dilécto Fílio tuo Iesu Christo, quem ipse donávit
sanctis Apóstolis, qui constituérunt Ecclésiam per síngula loca, ut sanctuarium
tuum, in glóriam et laudem indeficiéntem nóminis tui”.
Así pues, Nos mismo, con nuestra autoridad apostólica, aprobamos este rito para
la administración de las sagradas Órdenes del Diaconado, Presbiterado y Episcopado,
revisado por elConsilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, “con la
ayuda de los expertos y después de consultar a los Obispos de diversas partes del
mundo” [10: Concilio Vaticano II, Constitución sobre la sagrada
Liturgia, Sacrosanctum Concilium, núm. 25.], de forma que de ahora en adelante se
emplee para conferir estas Órdenes, en lugar del rito existente todavía en el Pontificale
romanum.
I. LA ORDENACIÓN SAGRADA
2. Porque “Cristo, a quien el Padre santificó y envió al mundo (Jn 10, 36), hizo a
los Obispos partícipes de su propia consagración y misión por mediación de los
Apóstoles, de los cuales son sucesores. Estos han confiado legítimamente la función de
su ministerio en distintos grados a diversos sujetos en la Iglesia. Así, el ministerio
eclesiástico, instituido por Dios, está ejercido en diversos órdenes que ya desde antiguo
recibían los nombres de Obispos, Presbíteros y Diáconos” [2:Ibid., núm. 28.].
5. A los diáconos, “se les imponen las manos para realizar un servicio y no para
ejercer el sacerdocio. Fortalecidos, en efecto, con la gracia del sacramento, en comunión
con el Obispo y sus presbíteros, están al servicio del pueblo de Dios en el ministerio de
la liturgia, de la palabra y de la caridad” [6: Cf. Concilio Vaticano II, Constitución
dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium,núm. 29.].
II.ESTRUCTURA DE LA CELEBRACIÓN
e) aprobar algunos cantos para utilizarlos en lugar de los indicados en este libro;
CAPÍTULO I
I. IMPORTANCIA DE LA ORDENACIÓN
13. A su vez, cada uno de los Obispos, puestos al frente de las Iglesias particulares,
ejercen su gobierno pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que se les ha confiado
[14: Ibid., núm. 23.]; son el principio y fundamento visible de la unidad en esas Iglesias
particulares, conformadas a imagen de la Iglesia universal, pues en ella y por ellas existe
la Iglesia católica [15: Ibid.].
14. La predicación del Evangelio sobresale entre las funciones principales de los
Obispos; porque los Obispos son heraldos de la fe, que conducen nuevos discípulos a
Cristo, y doctores auténticos que predican al pueblo a ellos confiado la fe que ha de
creer y aplicar a la vida moral [16: Cf. ibid., núm. 25.]. Y así como por el ministerio de
la palabra comunican la fuerza de Dios a los creyentes para que se salven (cf. Rm 1,16),
también mediante los sacramentos santifican a los fieles; ellos regulan la administración
del bautismo; ellos son los ministros originarios de la confirmación, los que confieren
las sagradas Ordenes y los moderadores de la disciplina penitencial. Investidos de la
plenitud del sacramento del Orden, son “administradores de la gracia del sumo
sacerdocio” sobre todo en la Eucaristía que ellos mismos ofrecen o procuran que se
ofrezca. Pues toda legítima celebración de la Eucaristía es dirigida por ellos: y en toda
comunidad reunida en torno al altar, bajo el ministerio sagrado del Obispo se manifiesta
el símbolo de la caridad y unidad del Cuerpo místico [17: Cf. Concilio Vaticano II,
Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, núm.26.].
15. Todos los fieles tienen obligación de orar por la elección de su Obispo y por el
elegido. Hágase esto principalmente en la oración universal de la Misa y en las preces
de Vísperas.
Puesto que el Obispo es constituido en favor de toda la Iglesia lobal, deben ser
invitados a la Ordenación clérigos y otros fieles, de manera que asistan a la celebración
en el mayor número posible.
18. Dos diáconos sostienen el libro de los Evangelios sobre la cabeza del elegido
mientras se pronuncia la Plegaria de Ordenación.
III. LA CELEBRACIÓN
20. Conviene que todas las comunidades de la diócesis para la que es ordenado el
Obispo se preparen bien para celebrar la Ordenación.
21. El Obispo que, como cabeza se pone al frente de una diócesis, debe ser ordenado
en la iglesia catedral. Los Obispos auxiliares, que se ordenan al servicio de una diócesis,
deben ser ordenados también en la iglesia catedral o en otra iglesia de gran importancia
en la diócesis.
22. La Ordenación del Obispo celébrese con la asistencia del mayor número posible
de fieles en domingo o en día festivo, preferentemente en una fiesta de Apóstoles, a no
ser que razones pastorales aconsejen otro día. Pero se excluyen el Triduo pascual, el
Miércoles de Ceniza, toda la Semana Santa y la Conmemoración de todos los fieles
difuntos.
23. La Ordenación tiene lugar dentro de la Misa estacional, una vez terminada la
liturgia de la palabra y antes de la liturgia eucarística.
Puede emplearse la Misa ritual “En la que se confieren las sagradas Órdenes”,
excepto en las Solemnidades, los Domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, los días
de la octava de Pascua y las fiestas de los Apóstoles. En estos casos se dice la Misa del
día, con sus lecturas. Pero en los otros días, si no se dice la Misa ritual, se puede tomar
una de las lecturas de las que se proponen en el Leccionario con este fin.
“Et nunc effúnde super hunc eléctum eam virtútem, quae a te est, Spíritum
principálem, quem dedísti dilécto Fílio tuo Iesu Christo, quem ipse donávit
sanctis Apóstolis, qui constituérunt Ecclésiam per síngula loca, ut sanctuarium
tuum, in glóriam et laudem indeficiéntem nóminis tui”.
26. Por la imposición del libro de los Evangelios sobre la cabeza del ordenando
mientras se pronuncia la Plegaria de Ordenación, y por la entrega del mismo en manos
del ordenado, se declara como función principal del Obispo la predicación fiel de la
palabra de Dios; por la unción de la cabeza se significa la peculiar participación del
Obispo en el sacerdoci de Cristo; por la entrega del anillo se expresa la fidelidad del
Obispo a la Iglesia, esposa de Dios; por la imposición de la mitra, el deseo de alcanzar
la santidad, y por la entrega del báculo pastoral, su función de regir la Iglesia que se le
ha confiado.
Con el beso que el Ordenado recibe del Obispo ordenante principal y de todos
los Obispos se pone como un sello a su acogida en el Colegio episcopal.
27. Es muy conveniente que el Obispo ordenado en la propia diócesis presida la
concelebración de la liturgia eucarística. Pero si la Ordenación se ha hecho en otra
diócesis, preside la concelebración el Obispo ordenante principal: en este caso, el
Obispo recién ordenado ocupa el primer lugar entre los otros concelebrantes.
a) El libro de la Ordenación;
c) el gremila;
d) el santo crisma;
29. Además de la cátedra del Obispo ordenante principal, se han de preparar sedes
para los Obispos ordenantes, para el elegido y para los presbíteros concelebrantes, de
esta forma:
Pero los Obispos ordenantes, si no concelebran, han de llevar alba, cruz pectoral,
estola y, si se cree oportuno, capa pluvial y mitra. Los presbíteros que asisten al elegido,
si no concelebran, vestirán capa pluvial sobre el alba.
Los ornamentos han de ser del color de la misa que se celebre o, si no, de color
blanco; también pueden emplearse otros ornamentos festivos o más nobles.
CAPÍTULO II
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS
I. IMPORTANCIA DE LA ORDENACIÓN
101. Por la Ordenación sagrada se confiere a los presbíteros aquel sacramento que,
“mediante la unción del Espíritu Santo, marca a los sacerdotes con un carácter especial.
Así están identificados con Cristo Sacerdote, de tal manera que pueden actuar como
representantes de Cristo Cabeza” [1:Concilio Vaticano II, Decreto sobre el ministerio y
vida de los presbíteros, Presbyterorum Ordinis,núm. 2.].
102. Participando, en el grado propio de su ministerio, del oficio del único Mediador,
Cristo (1Tm 2, 5), anuncian a todos la palabra divina. Pero su oficio sagrado lo ejercen,
sobre todo, en la asamblea eucarística. Desempeñan con sumo interés el ministerio de la
reconciliación y del alivio en favor de los fieles penitentes o enfermos, y presentan a
Dios Padre las necesidades y súplicas de los fieles (cf. Hb 5, 1-4). Ejerciendo en la
medida de su autoridad el oficio de Cristo, Pastor y Cabeza, reúnen la familia de Dios
como una fraternidad, animada con espíritu de unidad, y la conducen a Dios Padre por
medio de Cristo en el Espíritu. En medio de la grey lo adoran en Espíritu y en verdad
(cf. Jn 4, 24). Se afanan, finalmente, en la palabra y en la enseñanza (cf. 1Tm 5, 17),
creyendo aquello que leen cuando meditan la ley del Señor, enseñando aquello que
creen, imitando lo que enseñan [3: Cf.ibid.].
II. OFICIOS Y MINISTERIOS
103. Es propio de todos los fieles de la diócesis acompañar con sus oraciones a los
candidatos al presbiterado. Háganlo principalmente en la oración universal de la Misa y
en las preces de Vísperas.
104. Puesto que el presbítero es constituido en favor de toda la Iglesia local, deben
ser invitados a la Ordenación de presbíteros los clérigos y otros fieles, de manera que
asistan a la celebración en el mayor número posible. Principalmente han de ser invitados
todos los presbíteros de la diócesis a la celebración de las Órdenes.
105. El Obispo es el ministro de la sagrada Ordenación [4: Cf. Concilio Vaticano II,
Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, núm. 28.]. Conviene que sea el
Obispo de la diócesis quien confiera la Ordenación de presbíteros a los diáconos. Pero
los presbíteros presentes al celebrar la Ordenación imponen las manos a los candidatos
juntamente con el Obispo “a causa del espíritu común y semejante del clero”
[5: HIPÓLITO, Traditio Apostolica, 8.].
106. Uno de los colaboradores del Obispo que han sido delegados para la formación
de los candidatos, al celebrar la Ordenación, pide en nombre de la Iglesia la colación del
Orden y responde a la pregunta sobre la dignidad de los candidatos. Algunos de los
presbíteros ayudan a los ordenados a revestirse de los ornamentos presbiterales. Los
presbíteros presentes, en cuanto sea posible, saludan con el beso de paz a los hermanos
recién ordenados como señal de acogida en el presbiterio y concelebran la liturgia
eucarística juntamente con el Obispo y los ordenados.
III. LA CELEBRACIÓN
107. Conviene que la Iglesia local, a cuyo servicio se ordenan los presbíteros, se
prepare para la celebración de las Órdenes.
110. La Ordenación tiene lugar dentro de la Misa estacional, una vez terminada la
liturgia de la palabra y antes de la liturgia eucarística.
Puede emplearse la Misa ritual “En la que se confieren las sagradas Órdenes”
excepto en las Solemnidades, los Domingos de Adviento, Cuaresma, Pascua y los días
de la octava de Pascua. En estos casos se dice la Misa del día con sus lecturas.
Pero en otros días, si no se dice la Misa ritual, se puede tomar una de las lecturas
de las que se proponen en el Leccionario con este fin.
111. Proclamado el Evangelio, la Iglesia local pide al Obispo que ordene a los
candidatos. El presbítero encargado informa al Obispo, que le pregunta, ante el pueblo,
de que no existen dudas acerca de los candidatos. Los candidatos, en presencia del
Obispo y de todos los fieles, manifiestan la voluntad de cumplir su ministerio, según los
deseos de Cristo y de la Iglesia bajo la autoridad del Obispo. En las letanías todos
imploran la gracia de Dios en favor de los candidatos.
112. Por la imposición de las manos del Obispo y la Plegaria de Ordenación, se les
confiere a los candidatos el don del Espíritu Santo para su función presbiteral. Estas son
las palabras que pertenecen a la naturaleza del sacramento y que por tanto se exigen
para la validez del acto:
Juntamente con el Obispo, los presbíteros imponen las manos a los candidatos
para significar su recepción en el presbiterio.
113. Inmediatamente después de la Plegaria de Ordenación se revisten los ordenados
con la estola presbiteral y con la casulla para que se manifieste visiblemente el
ministerio que desde ahora van a ejercer en la liturgia.
Este ministerio se declara más ampliamente por medio de otros signos: por la
unción de las manos se significa la peculiar participación de los presbíteros en el
sacerdocio de Cristo; por la entrega del pan y del vino en sus manos se indica el deber
de presidir la celebración Eucarística y de seguir a Cristo crucificado.
El Obispo, con el beso de paz, pone en cierto modo el sello a la acogida de sus
nuevos colaboradores en su ministerio; los presbíteros saludan con el beso de paz a los
ordenados para el común ministerio en su Orden.
114. Los ordenados ejercen por primera vez su ministerio en la liturgia eucarística
concelebrándola con el Obispo y con los demás miembros del presbiterio. Los
presbíteros recién ordenados ocupan el primer lugar.
a) El libro de la Ordenación;
b) casullas para cada uno de los ordenandos;
c) el gremial;
d) el santo crisma;
e) lo necesario para lavarse las manos el Obispo y los ordenados.
Las sedes para los ordenandos deben prepararse de modo que los fieles puedan
ver bien la acción litúrgica.
117. El Obispo y los presbíteros concelebrantes visten los ornamentos sagrados que
se les exigen a cada uno para la celebración de la Misa.
Los ordenandos llevan amito, alba, cíngulo y estola diaconal. Los presbíteros
que imponen las manos a los elegidos para el presbiterado, si no concelebran, estén
revestidos de estola sobre el alba o sobre el traje talar con sobrepelliz.
Los ornamentos han de ser del color de la Misa que se celebra o, si no, de color
blanco; también pueden emplearse otros ornamentos festivos o más nobles.
CAPÍTULO III
ORDENACIÓN DE DIÁCONOS
I. IMPORTANCIA DE LA ORDENACIÓN
173. Los diáconos se ordenan mediante la imposición de las manos heredada de los
Apóstoles, para desempeñar eficazmente su ministerio por la gracia sacramental. Por
eso, ya desde la primitiva época de los Apóstoles, la Iglesia Católica ha tenido en gran
honor el sagrado Orden del diaconado [1: Cf. PABLO VI, Carta apostólica Sacrum
diaconatus Ordinem, 18 de junio 1967: A.A.S. 59 (1967) 697-704.].
174. Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad
competente, administrar solemnemente el Bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía,
asistir al Matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el Viático a los
moribundos, leer la sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir
el culto y la oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los
funerales y de la sepultura. Dedicados a los oficios de la caridad y de la administración,
recuerden los diáconos el aviso del bienaventurado Policarpo: “Compasivos, diligentes,
actuando según la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos” [2: Concilio
Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, núm. 29.].
175. Los que van a ser ordenados diáconos deben ser admitidos por el Obispo como
candidatos, exceptuando los que están adscritos por los votos a un instituto clerical
[3: Cf. PABLO VI, Carta apostólica Ad pascendum, núm. 1; A.A.S. 64 (1972) 538;
CIC, can. 1034.].
177. Por la libre aceptación del celibato ante la Iglesia, los candidatos al diaconado se
consagran a Cristo de un modo nuevo. Están obligados a manifestarlo públicamente aun
aquellos que hayan emitido el voto de castidad perpetua en un instituto religioso.
179. Es propio de todos los fieles de la diócesis acompañar con sus oraciones a los
candidatos al diaconado. Háganlo principalmente en la oración universal de la Misa y en
las preces de Vísperas.
Como los diáconos “se ordenan al servicio del Obispo” [4: HIPÓLITO, Traditio
Apostolica, 8.], deben ser invitados a su Ordenación los clérigos y otros fieles, de
manera que asistan a la celebración en el mayor número posible. Principalmente han de
ser invitados todos los diáconos a la celebración de las Órdenes.
III. LA CELEBRACIÓN
181. Conviene que la Iglesia local, a cuyo servicio se ordena cada uno de los
diáconos, se prepare a la celebración de las Órdenes.
183. Como el diaconado es uno solo, conviene que tampoco en la celebración de las
Órdenes se haga distinción alguna por razón del estado de los candidatos. Sin embargo
puede admitirse una celebración especial para los candidatos casados o para los no
casados, si parece oportuno.
184. Celébrese la Ordenación con la asistencia del mayor número posible de fieles en
domingo o día festivo, a no ser que razones pastorales aconsejen otro día. Pero se
excluyen el Triduo pascual, el Miércoles de Ceniza, toda la Semana Santa y la
Conmemoración de todos los fieles difuntos.
185. La Ordenación tiene lugar dentro de la Misa estacional, una vez terminada la
liturgia de la palabra y antes de la liturgia eucarística. Puede emplearse la Misa ritual
“En la que se confieren las sagradas Órdenes” excepto en las Solemnidades, los
Domingos de Adviento, Cuaresma, Pascua, y los días de la octava de Pascua. En estos
casos se dice la Misa del día con sus lecturas.
Pero en otros días, si no se dice la Misa ritual, se puede tomar una de las lecturas
de las que se proponen en el Leccionario con este fin.
186. Proclamado el Evangelio, la Iglesia local pide al Obispo que ordene a los
candidatos. El presbítero encargado informa al Obispo que le pregunta, ante el pueblo,
de que no existen dudas acerca de los candidatos. Los candidatos, en presencia del
Obispo y de todos los fieles, manifiestan la voluntad de cumplir su ministerio, según los
deseos de Cristo y de la Iglesia bajo la autoridad del Obispo. En las letanías todos
imploran la gracia de Dios en favor de los candidatos.
(Envía sobre ellos, Señor, el Espíritu Santo, para que, fortalecidos con tu gracia
de los siete dones, desempeñen con fidelidad su ministerio.)
El Obispo con su beso pone en cierto modo el sello a la acogida de los diáconos
en su ministerio: los diáconos saludan con el beso a los Ordenados para el común
ministerio en su Orden.
189. Los Ordenados ejercen por primera vez su ministerio en la liturgia eucarística
asistiendo al Obispo, preparando el altar, distribuyendo la Comunión a los fieles y
principalmente sirviendo el cáliz y proclamando las moniciones.
a) el libro de la Ordenación;
Las sedes para los ordenados deben prepararse de modo que los fieles puedan
ver bien la acción litúrgica.
192. El Obispo y los presbíteros concelebrantes visten los ornamentos sagrados que
se les exigen a cada uno para la celebración de la Misa.
Los ornamentos han de ser del color de la Misa que se celebra o, si no, de color
blanco; también pueden emplearse otros ornamentos festivos o más nobles.
CAPÍTULO IV
ORDENACIÓN DE DIÁCONOS Y PRESBÍTEROS
EN UNA MISMA ACCIÓN LITÚRGICA
248. Conviene que la Iglesia local, a cuyo servicio se ordenan los diáconos y los
presbíteros, se prepare a la celebración de las Órdenes.
250. Celébrese la Ordenación con la asistencia del mayor número posible de fieles en
domingo o día festivo, a no ser que razones pastorales aconsejen otro día. Pero se
excluyen el Triduo pascual, el Miércoles de Ceniza, toda la Semana Santa y la
Conmemoración de todos los fieles difuntos.
251. La Ordenación tiene lugar dentro de la Misa celebrada en rito estacional, una vez
terminada la liturgia de la palabra y antes de la liturgia eucarística.
Puede emplearse la Misa ritual “En la que se confieren las sagradas Órdenes”
excepto en las Solemnidades, los Domingos de Adviento, Cuaresma, Pascua y los días
de la octava de Pascua. En estos casos se dice la Misa del día con sus lecturas.
Pero en otros días, si no se dice la Misa ritual, se puede tomar una de las lecturas
de las que se proponen en el Leccionario con este fin.
252. Proclamado el Evangelio, la Iglesia local pide al Obispo que ordene a los
candidatos. El presbítero encargado informa al Obispo, que le pregunta, ante el pueblo,
de que no existen dudas acerca de los candidatos. Los candidatos, diáconos y
presbíteros cada cual en su momento, en presencia del Obispo y de todos los fieles,
manifiestan la voluntad de cumplir su ministerio, según los deseos de Cristo y de la
Iglesia bajo la autoridad del Obispo. En las letanías todos imploran la gracia de Dios en
favor de los candidatos.
253. Por la imposición de las manos del Obispo y la Plegaria de Ordenación, se les
confiere a los candidatos al diaconado el don del Espíritu Santo para su función
diaconal. Estas son las palabras que pertenecen a la naturaleza del sacramento y que por
tanto se exigen para la validez del acto: cfr. supra n. 187.
254. Después de que todos han orado de nuevo, sigue la Ordenación de los
presbíteros.
Este ministerio se declara más ampliamente por medio de otros signos: por la
unción de las manos se significa la peculiar participación de los presbíteros en el
sacerdocio de Cristo; por la entrega del pan y del vino en sus manos se indica el deber
de presidir la celebración eucarística y de seguir a Cristo crucificado.
255. El Obispo, con el beso de paz, pone en cierto modo el sello a la acogida de los
presbíteros y de los diáconos como nuevos colaboradores en su ministerio. En cuanto
sea posible todos o al menos algunos presbíteros saludan con un beso a los ordenados de
presbíteros y, a su vez, los diáconos a los recién ordenados de diáconos en señal de
acogida en su Orden.
256. Los ordenados presbíteros ejercen por primera vez su ministerio en la liturgia
eucarística concelebrándola con el Obispo y con los demás miembros del presbiterio.
Los presbíteros recién ordenados ocupan el primer lugar.
a) El libro de la Ordenación;
b) casullas para cada uno de los ordenandos de presbíteros; estolas y dalmáticas
para cada uno de los que se van a ordenar de diáconos;
c) el gremial;
d) el santo crisma;
e) lo necesario para lavarse las manos el Obispo y los ordenados de presbíteros.
Las sedes para los ordenandos deben prepararse de modo que los fieles puedan
ver bien la acción litúrgica.
259. El Obispo y los presbíteros concelebrantes visten los ornamentos sagrados que
se les exigen a cada uno para la celebración de la Misa.
Los que van a ser ordenados presbíteros llevan amito, alba, cíngulo y estola
diaconal; los ordenandos diáconos toman amito, alba y cíngulo.
Los presbíteros no concelebrantes que imponen las manos a los elegidos para el
presbiterado estén revestidos de estola sobre el alba o sobre el traje talar con sobrepelliz.
Los ornamentos han de ser del color de la Misa que se celebra o, si no, de color
blanco; también pueden emplearse otros ornamentos festivos más nobles.
.Dios y Padre de nuestro Señor Asístenos, Señor, Padre santo, Asístenos, Dios todopoderoso,
Jesucristo, Dios todopoderoso y eterno, de quien procede toda gracia,
Padre de misericordi y Dios de autor de la dignidad humana que estableces los ministerios
todo consuelo, y dispensador de todo don y gracia; regulando sus órdenes;
que habitas en el cielo por ti progresan tus criaturas inmutable en ti mismo, todo lo
y te fijas en los humildes; y por ti se consolidan todas las cosas. renuevas;
que lo conoces todo antes de Para formar el pueblo sacerdotal, por Jesucristo, Hijo tuyo y Señor
que exista. tú dispones con la fuerza del Espíritu Santo nuestro
Tú establecisste normas en tu en órdenes diversos a los ministros de tu -palabra, sabiduría y fuerza tuya-,
Iglesia Hijo Jesucristo. con providencia eterna todo lo
con tu palabra bienhechora. Y en la primera Alianza aumentaron los proyectas
Desde el principio tú oficios, y concedes en cada momento cuanto
predestinaste instituidos con signos sagrados. conviene.
un linaje justo de Abrahán; Cuando pusiste a Moisés y Aarón al frente A tu Iglesia, cuerpo de Cristo,
nombraste prícipes y sacerdotes de tu pueblo enriquecida con dones celestes
y no dejaste sin ministros tu para gobernarlo y santificarlo, variados,
santuario. les elegistes colaboradores, articulada con miembros distintos
Desde el principio del mundo te subordiandos en orden y dignidad, y unificada en admirable estructura
agrada
ser glorificado por tus elegidos. que les acompañaran y secundaran. por la acción del Espíritu Santo,
INFUNDE AHORA SOBRE Así, en el desierto, la hace crecer y dilatarse
ESTE TU ELEGIDO diste parte del espíritu de Moisés, como templo nuevo y grandioso.
LA FUERZA QUE DE TI comunicándolo a los setenta varenes Como un día elegiste a los levitas
PROCEDE: prudentes para servir en el primitivo
EL ESPÍRITU DE con los cuales gobernó más fácilmente a tu tabernáculo,
GOBIERNO pueblo. así ahora has establecido tres órdenes
QUE DISTE A TU AMADO Así también hiciste partícipes a los hijos de de ministros
HIJO JESUCRISTO, Aarón encargados de tu servicio.
Y ÉL, A SU VEZ, de la abundante plenitud otorgada a su padre, Así también, en los comienzos de la
COMUNICÓ A LOS para que un número suficiente de sacerdotes Iglesia,
SANTOS APÓSTOLES, ofreciera, según la ley, los sacrificios, los apóstoles de tu Hijo,
QUIENES sombra de los bienes futuros. movidos por el Espíritu Santo,
ESTABLECIERON LA Finalmente, cuando llegó la plenitud de los eligieron, como auxiliares suyos en
IGLESIA tiempos, el ministerio cotidiano,
COMO SANTUARIO TUYO enviaste al mundo, Padre santo, a tu Hijo, a siete varones acreditados ante el
EN CADA LUGAR, Jesús, pueblo,
PARA GLORIA Y Apóstol y Pontífice de la fe que profesamos. a quienes, orando e imponiéndoles
ALABANZA INCESANTE Él, movido por el Espíritu Santo, las manos,
DE TU NOMBRE se ofreció a ti como sacrificio sin mancha, les confiaron el cuidado de los
Padre santo, tú que conoces los y habiendo consagrado a los apóstoles con la pobres,
corazones, verdad, a fin de poder ellos entregarse con
concede a este servidor tuyo, los hizo partícipes de su misión; mayor empeño
a quien elegiste para el a ellos, a su vez, les diste colaboradores a la oración y a la predicación de la
episcopado, para anunciar y realizar por el mundo entero palabra.
que sea un buen pastor de tu la obra de la salvación. Te suplicamos, Señor, que atiendas
santa grey También ahora, Señor, te pedimos nos propicio
y ejercite ante ti el sumo concedas, a éstos tus siervos,
sacerdocio como ayuda a nuestra limitación, estos a quienes consagramos
sirviéndote sin tacha día y colaboradores humildemente
noche; que necesitamos para ejercer el para el orden del diaconado
que atraiga tu favor sobre tu sacerdocio apostólico. y el servicio de tu altar.
pueblo TE PEDIMOS, PADRE ENVÍA SOBRE ELLOS, SEÑOR,
y ofrezca los dones de tu santa TODOPODEROSO, EL ESPÍRITU SANTO,
Iglesia; QUE CONFIERAS A ESTOS SIERVOS PARA QUE FORTALECIDOS
que por la fuerza del Espíritu, TUYOS CON TU GRACIA DE LOS
que recibe como sumo sacerdote LA DIGNIDAD DEL PRESBITERADO; SIETE DONES,
y según tu mandato, RENUEVA EN SUS CORAZONES EL DESEMPEÑEN CON
tenga el poder de perdonar ESPÍRITU DE SANTIDAD; FIDELIDAD EL MINISTERIOS.
pecados; RECIBAN DE TI EL SEGUNDO Que resplandezca en ellos
que distribuya los ministerios GRADO un estilo de vida evangélico, un amor
y los oficios según tu voluntad, DEL MINISTERIO SACERDOTAL sincero,
y desate todo vínculo conforme Y SEAN, CON SU CONDUCTA, solicitud por pobres y enfermos,
al poder EJEMPLO DE VIDA. una autoridad discreta,
que diste a los Apóstoles; Sean honrados colaboradores del orden de una pureza sin tacha
que por la mansedumbre y la los obispos, y una observancia de sus
pureza de corazón para que pos su predicación, obligaciones espirituales.
te sea grata su vida como y con la gracia del Espíritu Santo, Que tus mandamientos, Señor,
sacrificio de suave olor, la palabra del Evangelio se vean reflejados en sus costumbres,
por medio de tu Hijo Jesucristo, dé fruto en el corazón de los hombres y que el ejemplo de su vida
por quien recibes la gloria, el y llegue hasta los confines del orbe. suscite la imitación del pueblo santo;
poder y el honor, Sean con nosotros fieles dispensadores de que, manifestando el testimonio de
con el Espíritu, en la santa tus misterios, su buena conciencia,
Iglesia, para que tu pueblo se renueve perseveren firmes y constantes con
ahora y por los siglos de los con el baño del nuevo nacimiento, Cristo,
siglos y se alimente de tu altar; de forma que, imitando en la tierra a
para que los pecadores sean reconciliados tu Hijo
y sean confortados los enfermos. que no vino a ser servido sino a
Que en comunión con nosotros, Señor, servir,
imploren tu misericordia merezcan reinar con él en el cielo.
por el pueblo que se les confía Por nuestro Señor Jesucristo...
y en favor del mundo entero.
Así todas las naciones, congregadas en
Cristo,
formarán un único pueblo tuyo
que alcanzará su plenitud en tu Reino.
Por nuestro Señor Jesucristo..