EL MIEDO ORATORIO
El gran enemigo del orador –dice Loprete- es el temor o miedo al público; éste paraliza
la lengua, seca la boca y la garganta, produce transpiración, engendra movimientos
torpes del cuerpo (brazos y piernas), traba la articulación, la voz y lo que es peor,
obnubila la mente. El miedo se origina en un estado físico de nerviosidad patológica;
es un complejo de inferioridad permanente o transitorio, es una sobrestimación
excesiva del propio yo, que lo torna sumamente celoso e intolerante con el mínimo
fracaso.
El origen del miedo lo encontramos en la falta de confianza y seguridad personal, en la
insuficiente preparación académica o en la natural reacción que experimenta toda
persona al internarse en una situación inhabitual. Pero, al margen de todas estas
disquisiciones “psicológicas” hay que comprender que el miedo es algo natural y parte
inherente del ser humano.
CAUSAS
- Timidez
El problema de la timidez hay que buscarlo en el pasado, cuanto apoyo o confianza
recibimos de nuestros padres o personas que nos tuvieron a su cargo. Si fueron
tolerantes, abiertos o comprensivos, probablemente seamos más confiados y seguros
de nosotros mismos; pero si fueron demasiado protectores, posesivos y nos limitaron
en el juego –esencial de la niñez-, probablemente hoy nos sintamos atados, inhibidos,
con deseos truncados porque queremos realizar grandes cosas y no podemos.
Pues para eso estamos aquí para liberarnos de nuestros temores, para recuperar la
confianza, para sacudirnos.
¡SACÚDETE! Más que de la inercia física, de esa inercia mental que te domina, que te
frena, que no te deja ser tú mismo. Levántate y actúa. A lo dicho por el matemático
Descartes “Pienso, luego existo”, nosotros vamos a decir: “Hablo, luego vivo”, porque
’hablando, la gente se entiende’ , expresamos nuestros pensamientos, mostramos
nuestra sensibilidad y nos ganamos el respeto de la gente.
- Nerviosidad excesiva,
No es una enfermedad, pero tenemos que aprender a controlarla.
- Complejo de inferioridad pasajero o estable.
“No sirves para nada”, “todo te sale mal”, “eres enfermizo”, “¡tú cantante!, no me hagas
reír, con qué voz”, etc., son frases que algunos padres descargan en sus hijos
anulándoles su iniciativa, no se dan cuenta del daño que les hacen, los vuelven
inseguros, desconfiados, acomplejados.
Sin embargo, no podemos culparlos, cada padre es el resultado de la formación que
recibieron de sus propios padres; es decir, de nuestros abuelos. Somos víctimas de
víctimas, estamos llamados a ser los protagonistas del cambio, para romper este
círculo vicioso y mejorar nuestra vida.
El creerse ‘pobrecito’ -menos dotado que los demás- para justificar nuestra actitud
pasiva, no conduce a nada. La vida es un constante riesgo o deja de ser vida, hay que
aprender a vivirla. No te juzgues mal, empieza a valorarte ahora mismo, tienes mucho,
¡ESTÁS VIVO!.
- Sobreestimación del propio yo.
Es bueno estimarse pero no en exceso. No vayamos a caer en la soberbia, mirando
por encima a los demás, o por querer hacer las cosas demasiado bien, terminemos
por no hacerlas. Un buen plan hoy es mejor que uno perfecto mañana.
- Reacción frente a una situación infrecuente.
Es natural que tengamos temor si nunca hablamos o lo hacemos ocasionalmente.
Cambiemos nuestros hábitos, seamos más comunicativos, interesémonos en los
demás.
- Falta de conocimiento del tema.
En este aspecto debemos ser muy claros. Hacer uso de la palabra sin saber de lo que
se habla, es una falta de responsabilidad que te hará desconfiar de ti mismo.
¿CÓMO COMBATIRLO?
Conocido el diagnóstico o la situación, veamos qué debemos hacer para vencer el
temor.
a. Tener conciencia de que el miedo
existe y que hay que controlarlo. Cultivar la serenidad.
La mayoría de oradores han fracasado en sus inicios, este fracaso inicial fue un
acicate para que siguieran perseverando en su deseo de expresarse en público.
Cuando estés montado en el caballo –hablando en público- y por allí cometes algún
error, por ejemplo, te olvidas alguna parte del tema; improvisa, no te quedes callado o
avergonzado; sigue con otra parte del discurso, ponle coraje a tu intervención. El
coraje consiste en persistir un poquito más, después que uno ya se considera vencido,
es la gran diferencia entre los que llegan a la meta y los que se quedan en el camino.
“No se debe de cambiar de caballo en medio del río”, proverbio argentino.
Revisa el texto EL JOVEN VALIENTE, que se halla en el rubro de Motivación,
medítalo, memorízalo, interprétalo y recítalo setenta veces y será parte de ti, no lo
olvides.
b. Realizar una autosugestión positiva.
Piensa en las ventajas que vas a conseguir
hablando en público. Imagínate que eres un buen expositor, que los oyentes te
aplauden y que se estimulan con tu mensaje.
Aprende y recita el famoso texto: EL ÉXITO COMIENZA CON LA VOLUNTAD DEL
HOMBRE del Dr. CHRISTIAN BARNARD.
c. Hay que tener un ideal oratorio, una motivación.
¿Por qué se inscribió en el curso de Oratoria? Porque... ¿Quiere vencer su timidez?
¿Hablar con propiedad? ¿Tener amigos? ¿Llegar mejor a sus alumnos? ¿Ser un
líder?, etc. A partir de sus respuestas, fíjese objetivos en el curso y trate de no parar
hasta conseguirlos. El ideal debe vencer el miedo.
d. Mejore su autoestima.
La autoestima es la nota que nos ponemos, es la valoración que tenemos de nosotros
mismos, el motor que nos impulsa a lo largo de nuestra vida.
Si nos aceptamos tal como somos y estamos conscientes de nuestras capacidades,
mejoramos el autoconcepto y, como consecuencia, nuestro amor propio; el resultado
se verá reflejado en nuestra imagen personal, aspiraciones, el trato con los demás,
etc. Pero si no nos aceptamos y renegamos de nuestro apellido, raza, trabajo, familia o
nuestro país, cultivamos una baja autoestima, como aquél que justifica su actitud
diciendo: "Ni yo mismo me quiero y voy a querer a los demás” .
e. Hacer ejercicios de relajación y respiración profunda.
La distensión de los músculos hace que uno se libere físicamente, esto es muy
importante antes de una intervención. Más adelante veremos cómo hacerlo.
f. Desarrolle actitudes mentales de sostén:
f.1 Actitud de ansia por comunicar.
Tener el mismo entusiasmo que tenemos cuando vamos a salir por primera vez con
una dama, o cuando somos portadores de buenas noticias es beneficioso, mejora
nuestra actitud.
f.2 Actitud de deseo por combatir.
No siempre las cosas funcionan bien delante del público, hay auditorios que son
opacos, otros hostiles. Tenemos que estar preparados para combatirlos.
“Si te detienes cada vez que un perro ladra, nunca llegarás al final de tu camino”.
f.3 Actitud de hablar por una causa.
Es muy probable que si se habla por una causa noble el público se sienta
comprometido.
g. Prográmate para ser un buen orador.
Maxwell Maltz dice en su libro LA PSICOCIBERNÉTICA que el hombre puede
programarse, todo se graba en el subconsciente. El hombre puede llegar a ser aquél
que ha imaginado en sueños si para ello se nutre -se programa- para conseguir
aquello que necesita. Como ustedes, por ejemplo, que han decidido estudiar este
curso porque necesitan estimular su práctica. Han comenzado su programación.
h. Aproveche cualquier oportunidad para hablar en público.
“El aficionado piensa mientras la oportunidad pasa, el profesional acepta la
oportunidad y piensa en ella después”. La gran diferencia entre los estancados y los
exitosos está en que los primeros pierden oportunidades pues demoran en tomar la
decisión, mientras que los segundos, actúan oportunamente. No es cuestión de suerte,
la suerte no es más que una oportunidad bien aprovechada.
i. Integra y participa activamente en grupos culturales, académicos, ecológicos,
deportivos, políticos, de catequesis, servicio social, etc.
Si no hay un grupo cerca, fórmalo tú mismo; comienza con tus amigos o familiares, sé
protagonista del cambio. Así nacieron muchas empresas o instituciones, en el patio o
el garaje de la casa.
j. Para hablar en público hay que tener algo que decir.
Tienes que ganarte el derecho de hablar preparando el tema con interés. Hay que
digerirlo y exponerlo tantas veces como sea necesario. Con cada exposición
reajustamos el discurso, quitamos lo que está de más y pulimos el lenguaje.
Cuando ya forma parte de nosotros, podemos presentar el discurso ante cualquier
auditorio.
Acepte el reto de lanzarse al escenario para contar su experiencia.
¡LIBÉRATE! Todo deseo estancado es un veneno.
Lo que no se usa se pierde porque se olvida. Pongamos la pelota de la conversación
en movimiento, desarrollemos nuestras habilidades de comunicación.
k. La fuerza de la fe.
Recita cada día la oración de la sabiduría:
“Señor, concédeme valor, para poder cambiar las cosas que yo puedo cambiar;
serenidad, para aceptar las cosas que no puedo cambiar; y sabiduría, para conocer la
diferencia”.
l. El temor se vence con amor.
“Ama y haz lo que quieras” decía San Agustín. El amor que pongas en lo que haces,
aumentará tu confianza y entusiasmo en la relación con el público,