La Urgencia de la Compasión
La Urgencia de la Compasión
Círculo de Investigación de la
Antropología Gnóstica
Necesitamos con suma urgencia establecer con firmeza en nuestra mente, los valores
positivos del espíritu.
Cuando los valores groseros del mundo ocupan nuestra mente, el resultado es el
hambre, miseria, guerra, ignorancia, enfermedades, etc.
Sólo a base de comprensión profunda podemos resolver en forma positiva y verdadera,
todos los problemas económicos y sociales que nos afligen y torturan.
Cuando el ser humano está acorralado por la ley, busca sustitutos para su propia
satisfacción personal.
Los sustitutos se convierten en vehículos de nuestros propios errores, odios, egoísmos,
celos, ambiciones, etc. Así las dictaduras quedan burladas.
Es urgente comprender la necesidad de crear una auténtica y legítima sociedad sobre las
bases firmes de los valores del Ser.
No debemos aguardar que los gobiernos lo hagan todo. La nueva era debemos hacerla
todos nosotros. Todos debemos cooperar. Todos debemos poner nuestro granito de
arena en esta gran obra.
Es urgente comprender la necesidad de acabar con el egoísmo y cultivar el Cristo-
Centrismo. Se hace necesario comprender que estamos en el borde de una gran
desgracia social.
Recordemos todos los horrores realizados en el hermoso país del Tibet. Millares de
monjes budistas fueron asesinados y masacrados horriblemente. Los invasores se
burlaron de las santas ceremonias religiosas y se cometieron espantosos asesinatos; todo
en nombre de un materialismo dialéctico absurdo, todo en nombre de las teorías que
jamás se podrán demostrar y que nunca podrán resistir un análisis de fondo. Los
invasores se llevaron del Tibet miles de niños con el propósito de meterlos en su país, y
educarlos según sus costumbres.
Los profetas y maestros de todos los tiempos enseñaron los principios que nosotros
necesitamos realizar socialmente.
“El fin justifica los medios” dicen muchos. Nosotros los gnósticos decimos: es
imposible llegar a un fin magnífico, si utilizamos procedimientos bárbaros.
La barbarie no puede jamás traer paz, abundancia y perfección. La barbarie solo puede
traer muerte y desolación.
Si el individuo es cruel, así será la masa, el pueblo, y como consecuencia lógica, así será
el gobierno.
Los grandes dictadores se sostienen sobre millones de víctimas. Todo aquel que
ambiciona el poder, no tiene inconveniente alguno en asesinar a quien quiera eclipsarlo.
Algunos jefes de estado se han sostenido sobre millones de muertos.
La fiebre por el poder no respeta a nadie, ni a nada. Quien ambiciona el poder está de
hecho dispuesto a convertir la tierra entera en un cementerio si así fuera necesario.
Si nosotros queremos acabar con la crueldad que llevamos dentro, debemos estudiarla,
observarla en acción dentro de nosotros mismos, no basta analizar la palabra crueldad,
necesitamos observarla en nosotros mismos, descubrir su modus operandi, sin
justificarla, no condenarla, observarla simplemente como quien está observando una
flor venenosa. Cuando uno se pone a razonar sobre lo que es ella, ya no estamos
observándola, y nosotros necesitamos observarla para conocerla profundamente.
Sólo conociendo a fondo la crueldad y en todos los niveles de la mente, podemos
entonces desintegrarla, reducirla a polvo. Ella se desintegra por sí misma y en su lugar
nace naturalmente y en forma espontánea eso que se llama caridad.
Así y sólo así es como el yo va muriendo de instante en instante. Solo con la muerte del
yo nace en nosotros el Ser, la felicidad, la paz.
Debemos recordar que la mente tiene muchos terrenos, estratos y regiones
subconscientes. Necesitamos explorar por medio de la meditación, todos esos terrenos
de la mente, con el propósito de descubrir los más íntimos resortes de la crueldad,
codicia, ambición, etc.
Hemos podido comprobar hasta la saciedad, que todo fracasado no piensa en otra cosa,
sino en matar.
Son millones los fracasados y todos ellos creen que matando se puede mejorar la vida,
reformarla como dicen, hacer un mundo mejor.
Todo individuo falto de inteligencia no piensa sino en matar, cree que matando, todo
cambia, se transforma.
Todas las páginas negras de la historia, están escritas con guerras. ¿Y que? ¿Acaso el
mundo se ha transformado con tantas guerras? No hace mucho que pasó la Segunda
Guerra Mundial ¿Y qué? ¿Acaso por tantos millones de muertos se mejoró el mundo?
El bruto solo piensa en matar, cree que matando se arregla todo, se transforma todo.
El yo goza matando, se siente feliz matando. No quieren darse cuenta los grandes
asesinos de la humanidad, que la violencia solo sirve para traer más violencia, y que el
odio crea más odio, y que es absurdo intentar crear un mundo mejor sobre la base de la
violencia.
Toda lucha política basada en la violencia viene a frustrar los ideales por los cuales se
ha luchado y tarde o temprano venimos a convertirnos en esclavos de aquello contra lo
cual luchamos.
Hoy en día, el mundo necesita más que nunca las enseñanzas de Budha, Jesús, etc.
Por todas partes vemos como se avecina la destrucción de la raza humana. El temor a la
bomba atómica produce inquietud en todas las partes. Hay discordia entre los líderes de
las naciones. La maldad, el odio y el prejuicio se han incrementado en todos los lugares.
El único modo por el que el mundo puede salvarse yace en el retorno a los grandes
principios del Ahimsa o la no-violencia, en la amistad, la compasión, la benevolencia,
etc., predicados por los Grandes Maestros.
Budha es el apóstol del amor y de la no-violencia, salvador del mundo. Budha es la viva
personificación de la compasión.
Si comprendemos que toda la humanidad somos, realmente, una gran familia, la familia
del planeta, hijos de una misma madre, no es posible que permanezcamos indiferentes
ante el sufrimiento de los otros, que en definitiva son una parte de nosotros mismos.
Los seres humanos no sólo somos responsables de los otros seres humanos, sino
también del bienestar de los otros seres del planeta.
La falta de compasión nos conduce irremediablemente a la crueldad.
Las personas crueles son infelices, sufren una angustiosa sensación de inseguridad y
temor incluso mientras duermen. Les falta algo, que si existe en una persona
comprensiva, que es la sensación de libertad, de abandono, que le permite relajarse
mientras duerme.
La gente cruel está siempre agobiada por algo, no se siente libre. Un ejemplo perfecto
de las consecuencias de vivir sin compasión fue Stalin.
A pesar de todo seguía viendo enemigos (recelo) por todas partes y poco antes de su
muerte le dijo a Nikita Jruschev:
Todas las religiones del mundo tienen el mismo mensaje en lo que al amor y a la
compasión se refieren, aunque lo expresen de modos distintos. Sin embargo es erróneo
pensar que estos conceptos sean temas puramente religiosos.
Moralmente tanto las personas que tienen religión, como las que no, tenemos la
responsabilidad de cuidar no sólo a los otros seres humanos, sino también a los
animales, a todos los seres vivos, e incluso el medio entorno; de ahí que nuestra vida
debe ser noble y digna.
Todas las personas que estamos en este conocimiento, no sólo hemos de practicar el
dharma con sinceridad, sino que hay que practicarlo a diario, realizando un constante
esfuerzo, no contentándonos con el aspecto simplemente intelectual.
La mayoría de las personas se contentan con ponerse la etiqueta de una religión; soy
cristiano, budista, gnóstico.
Estas personas no se preocupan de su práctica diaria, de su conducta o de sus
pensamientos.
El que sigue una religión primero ha de reflexionar sobre sí mismo, observar si la está
siguiendo sinceramente y si la practica de verdad.
Si usamos nuestra inteligencia y habilidades internas de forma destructiva, el resultado
será desastroso y trágico. Hemos de usarlas de manera constructiva.
La compasión es una cualidad humana básica y necesaria, que nos confiere fuerza
interior, y un sentimiento de valía interna.
Todo ser humano, posee el potencial para desarrollar las cualidades humanas básicas.
Por eso no hay que prestar sólo atención a cultivar el conocimiento, sino a cultivar
también las cualidades del corazón, de tal forma que al final de la educación no sólo se
tendrá conocimiento sino que se habrá conseguido convertirse en una persona de buen
corazón y compasiva.
Uno de los problemas de nuestra sociedad es que considera la educación sólo como
medio para ser más astutos e ingeniosos.
Hay que saber que el uso más importante del conocimiento y de la educación consiste
en comprender la importancia de tener más acciones sanas y aportar disciplina a
nuestras mentes.
LA COMPASIÓN:
Sin embargo dentro del esoterismo la palabra compasión no es solamente una sensación
o sentimiento de lástima o un interés por la persona que sufre; ni es solamente un afecto
sincero ante la persona u objeto en desgracia, ni tampoco es sólo un verdadero
reconocimiento de sus necesidades y de su dolor: la compasión va más allá de todo esto,
e implica una firme decisión de poner en práctica todo lo que sea posible y necesario
para contribuir a aliviar el sufrimiento.
En el caso del matrimonio si sólo existe apego emocional entre los cónyuges sin ningún
tipo de compasión, el matrimonio es más inestable y con tendencia a fracasar. Sin
embargo si interviniera la verdadera compasión entre los esposos, basada en el respeto
mutuo como seres humanos, el matrimonio tendería a durar mucho tiempo.
Existe un reconocimiento de que todos los seres humanos al igual que uno desean
superar el sufrimiento, y que tienen como nosotros el derecho natural de satisfacer esa
aspiración fundamental de la felicidad.
Existe también un nivel más profundo de la compasión en el que se observa a todos los
seres como impermanentes, sin existencia verdadera tal cual viven.
Y otro paso más profundo de la compasión, es en el que se percibe a todos los seres
vacíos de la verdadera vida.
La verdadera compasión es una combinación de solidaridad e interés, un interés de
cercanía o proximidad a la persona que sufre, y un sentido de compromiso y de
responsabilidad.
Tomando esto como fundamento, se puede sentir compasión por el otro, al margen de
considerarlo amigo o enemigo, tal compasión se basa en los derechos fundamentales del
otro y no en nuestra proyección mental.
BENEFICIOS DE LA COMPASIÓN:
La ira, el odio, el rencor, etc., son dañinos y perjudiciales para la salud y para nuestra
vida. La compasión no sólo es buena para obtener paz mental, sino también para la
salud.
Está comprobado que la compasión y el cuidar a los demás, contribuyen a mantener una
buena salud física y emocional.
Es muy posible que no tengamos una inclinación natural a realizar actos sanos, esto es
así particularmente en esta sociedad moderna, porque tenemos una tendencia a aceptar
que todo lo referido a actos sanos e insanos que debemos realizar, pertenecen al ámbito
de la religión.
Igual que podemos ser capaces de comprender que la cólera es destructiva, hay que ser
capaces de hacer esa inferencia.
Tanto se tiene religión o si no, el entrenamiento mental puede modelar nuestra actitud.
Gracias a ello se puede vivir más tranquilo y tener más paz, y ser capaces de enfrentarse
mejor a los asuntos más difíciles
Si una persona tiene un corazón bueno y compasivo, automáticamente éste le aporta
fortaleza y no da tanta cabida para el miedo y la duda.
Es necesario por tanto llegar a la convicción de la dulzura y de la bondad de todos los
seres humanos, y a la convicción del valor de la compasión y del sentido de comunidad
entre todas las criaturas vivas.
La compasión nos permite comunicarnos mejor con los demás, ganar más amigos y más
sonrisas.
Existen personas, tal como Mahatma Ghandi, radiantes de vida, donde se dibuja una
sonrisa constante en su rostro, como resultado de la compasión y la auto-confianza; por
el contrario han existido personas como Hitler, Mao Zedong, etc., que aunque tuvieron
un tremendo poder, estaban llenas de desconfianza y una vez incubado este veneno no
es posible ser feliz.
El apego hacia uno mismo es lo que hace que nazca en nosotros una aversión tremenda
hacia el sufrimiento.
El ser humano siempre ha considerado que la mejor protección en la vida era cuidarse
uno mismo por encima de todo, y esto se debe a que confundimos lo que es el interés de
nuestro propio ego, y lo que en verdad favorecería y beneficiaría nuestro verdadero y
auténtico interés.
En cuanto al plano espiritual se refiere, la práctica de la compasión crea una atmósfera
en el exterior que hace que las personas que entran en contacto con quien lo practica
puedan sentirse inspiradas e incluso comiencen a emprender esta misma práctica
espiritual de la compasión.
Se puede imaginar una situación en que alguien está sufriendo, por ejemplo un animal
cuando va a ser sacrificado. Ciertamente esta técnica para algunas personas no sirve,
pues es como pedirle a un cazador que se imagine el sufrimiento de su presa; sin
embargo si se pueden despertar en ese cazador sentimientos de compasión, si lo que se
imagina es a su perro de caza preferido atrapado en una trampa.
A veces puede que no experimentemos fuerte empatía con los animales, pero sí
podemos sentirla por un miembro de la familia o por un amigo.
Para obtener una compasión profunda, cuanto mayores sean nuestros sentimientos de
proximidad, simpatía y afecto a los seres perturbados por el sufrimiento, mayor será el
grado de compasión que desarrollemos hacia ellos.
Al principio, es más fácil tener compasión por alguien que se encuentra en una situación
mísera, pero después es necesario reflexionar sobre las personas que, a pesar de que en
la actualidad, no estén experimentando sufrimientos de un modo manifiesto, se
encuentran involucradas en acciones que provocaran un obvio sufrimiento en el futuro,
o que han acumulado circunstancias kármicas en el pasado. Aunque los efectos no estén
siendo experimentados en el presente, estas personas prósperas poseen las causas para el
futuro que le ocasionarán sufrimiento.
Así pues, al principio se comienza reflexionando acerca de los seres que están
experimentando el sufrimiento físico y moral. Y de estos análisis surge la compasión.
Después, hay que ampliar la reflexión a todos los seres sujetos a los vaivenes de la vida
y desearles que todos se liberen del sufrimiento. Lo importante es realizar un esfuerzo
sincero para que la capacidad de la compasión se desarrolle.
1) Generalmente el placer y el dolor suelen ser causados por uno mismo, y no proceden
del exterior, por eso cada ser humano debe comprender esto y trabajar para obtener su
propia felicidad.
El modo más eficaz para ayudar a los demás es enseñándoles a conocerse a sí mismos
para que eliminen sus costumbres y defectos, para que aflore lo mejor que existe en
cada ser humano que es la conciencia.
2) Para ayudar a los demás, es necesario ir eliminando de sí mismo todo aquello que
obstruye nuestra conciencia.
Caminando en esta línea se observa, que con el fin de conseguir el bienestar de todos los
seres de un modo completo, es necesario alcanzar la iluminación.
Cuanto más grande es el amor, menos puede ser limitado por “condiciones”. El amor
religioso, en su alcance y hondura, es más grande que el amor personal o de familia, o
patriótico, etc., porque estas últimas formas están condicionadas, y por lo tanto, están
confinadas por los estrechos márgenes de las limitaciones humanas.
Sin embargo, hay otro límite que muchos seguidores de religiones no son capaces de
franquear. Por ejemplo, la religión nos enseña a amar a nuestros amigos y enemigos,
pero algunos piensan que este principio no incluye amar a los “paganos” y respetar
profundamente a las otras religiones.
Según los budistas, el amor último e incondicionado sólo puede obtenerse mediante la
realización del vacío (Sunyata). La compasión más elevada sólo se logra junto con la
sabiduría más alta. En otras palabras, la compasión del estado de Budha se logra
mediante la destrucción de la tendencia adhesiva, al captar las verdades de la Maya y el
Sunyata. En último análisis, la compasión de Budha surge en forma natural y
espontánea.
Esta compasión espontánea, notable adquisición del estado de Budha, sólo puede
lograrse mediante una honda realización del Sunyata y una completa identificación con
la totalidad.
EVOCAR LA COMPASIÓN
Evocar en nosotros este poder de la compasión no siempre es fácil. Sin embargo la vida
nos proporciona cada día innumerables ocasiones de abrir el corazón, y sólo es cuestión
de saber aprovecharlas, y saber verlas: al cruzarnos en la calle con una anciana con
aspecto triste y cansado, con las piernas hinchadas y con dos pesadas bolsas de la
compra que apenas puede cargar; un anciano pobremente vestido que arrastra
torpemente los pies, un joven con muletas que intenta cruzar la calle en medio del
inmenso tráfico, un perro moribundo en la carretera, una joven solitaria que solloza
tristemente en un banco del metro, etc.
Hay que utilizar ese repentino y brillante brote de compasión y concentrarse en él,
meterse en lo más profundo del corazón y meditar sobre él, hay que cultivarlo, realzarlo
y profundizarlo.
Al hacer esto nos daremos cuenta de lo ciegos que hemos estado hasta ahora al
sufrimiento; veremos de cómo el sufrimiento que ahora estamos experimentando o
contemplando es sólo una minúscula fracción del dolor del mundo.
Todos los seres sufren en todas las partes, dejemos que nuestro corazón vaya hacia ellos
con espontánea e inconmensurable compasión, y dirijamos esta compasión, junto con la
bendición de todos los budas, para el alivio del sufrimiento en todas las partes del
mundo.
La compasión es mucho más noble y grandiosa que la lástima. La lástima tiene sus
raíces en el miedo y en una sensación de arrogancia y condescendencia, e incluso a
veces en una sensación de “me alegro de no ser yo”.
Decía Stephen Levine:
Cuando tu miedo toca el dolor de otro, se convierte en lástima; cuando tu amor toca el
dolor de otro, se convierte en compasión.
Entrenarse en la compasión, es saber que todos los seres somos iguales y que sufrimos
de manera semejante, es respetar a los que sufren, y saber que uno no es distinto de
nadie, ni superior a nadie.
De esta forma, la primera reacción al ver sufrir a alguien no es de simple lástima, sino
de profunda compasión.
Sentir respeto e incluso gratitud hacia esa persona, porque quien quiera que nos induzca
a desarrollar la compasión por medio de su sufrimiento está haciéndonos uno de los
mayores regalos, que es ayudarnos a cultivar aquella virtud que más necesitamos en el
avance hacia la iluminación.
En el Tibet se dice que el mendigo que pide limosna o la anciana enferma cuya vista nos
encoja el corazón, pueden ser Bhudas disfrazados que se manifiestan en nuestro camino
para ayudarnos a crecer en compasión, y por tanto a avanzar hacia el estado de Budha.
EL SECRETO SAGRADO
El V.M. Samael en su libro titulado “El Cristo Social” menciona una frase de suma
importancia del gran sabio Shantideva, que dice así:
El que quiere salvar rápidamente al otro y así mismo debe practicar el Gran Secreto, la
inversión del yo y del otro.
Este “Secreto Sagrado” de Shantideva es conocido por todos los santos, maestros y
místicos de todas las tradiciones.
Este “Secreto Sagrado” fue practicado por Cristo, Budha, Santa Teresa, San Juan de la
Cruz, San Francisco de Asís...etc.
En toda enseñanza religiosa de cualquier latitud y época siempre ha estado presente esta
práctica.
La clase de nacimiento que tendremos en la próxima vida viene determinado, pues, por
la naturaleza de nuestras acciones en ésta. Y es importante no olvidar nunca que el
efecto de nuestras acciones depende por completo de la intención o motivación a que
responden, y no de su envergadura.
Así pues, es nuestra motivación, ya sea buena o mala, la que determina el fruto de
nuestros actos. Shantideva dijo:
A la práctica del secreto sagrado se le conoce también como “dar y recibir”. Consiste en
tomar sobre sí mismo el sufrimiento y el dolor de otros y darles a ellos nuestra felicidad,
bienestar y paz mental.
Quien reflexiona sobre los seres acosados por el sufrimiento se pregunta: ¿Qué se puede
hacer para ayudarles?.
Ciertamente todos los sufrimientos se deben al propio karma generado por uno mismo,
por lo cual uno se encuentra limitado respecto a lo que puede hacer para ayudar de
modo directo a las otras personas cuando sufren.
¿Por qué habíamos de asumir el sufrimiento de los demás, cuando ni siquiera queremos
soportar el nuestro?
Alguien podría preguntarse: si tomo el sufrimiento y el dolor de otros ¿No hay peligro
de que sufra yo?.
Si tras hacerse esta pregunta, uno no se ve con el valor de poder realizarlo, debe
acostumbrarse a esta idea orando de la siguiente manera:
Que pueda tomar el sufrimiento de los demás; que pueda darles mi bienestar y mi
felicidad.
Lo único que puede resultar dañado por la práctica de Tonglen es precisamente aquello
que más nos ha estado dañando: el ego.
Alguien que practica Tonglen con frecuencia, su mente aferrada a si misma, se irá
debilitando cada vez más, y la compasión tendrá una oportunidad de brotar cada vez con
más fuerza.
Cuanto mayor y más fuerte sea nuestra compasión, mayor y más fuerte será nuestra
intrepidez y nuestra confianza.
Shantideva decía:
Quien desee obtener rápidamente protección para sí mismo y los demás debe practicar
este secreto sagrado intercambiarse uno mismo por los demás.
Existió un gran maestro en el Tibet, llamado Geshe Chekhawa, que vivió en el siglo XI.
Cuenta la historia que encontrándose éste un día en la habitación de su maestro posó la
mirada en un libro abierto y leyó las siguientes líneas:
Deja todo provecho y ganancia para los demás; quédate toda pérdida y derrota para ti.
La compasión de estos versos le causó asombro, y decidió partir en busca del maestro
que los había escrito.
Durante el trayecto, un día se encontró con un leproso que le comunicó que dicho
maestro había muerto.
Pero Geshe Chekhawa perseveró, y logró encontrar al principal discípulo del maestro
muerto, y le preguntó:
¿En que medida crees que son importantes las enseñanzas contenidas en estos dos
versos?
Te guste o no, dijo el discípulo, si de veras quieres alcanzar el estado de Budha tendrás
que practicar esta enseñanza.
Geshe Chekhawa decidió quedarse, y permaneció por espacio de doce años con el
discípulo, para estudiar esa enseñanza y entregarse de corazón a la práctica de Tonglen,
que es aplicación práctica.
Durante ese tiempo tuvo que soportar toda clase de dificultades, críticas, penalidades y
malos tratos.
Se dedicó tan intensivamente a la práctica de esta enseñanza, que al cabo de seis años
había erradicado todo apego a sí mismo. La práctica de Tonglen lo transformó en un
Maestro de Compasión.
Aun así, dicho maestro seguía sin enseñar Tonglen a muchas personas.
Comenzó a difundirlo de una forma más pública cuando vio el efecto que produjo en su
hermano.
Cuando Geshe Chekhawa se dio cuenta de que el carácter duro de su hermano se estaba
suavizando, se percató de lo sucedido, y pensó que si en su hermano había producido
cambios, esto quería decir que en cualquier ser humano podía producir transformación.
Él por su parte jamás dejó de practicarlo y hacia el final de su vida, dijo a sus alumnos
que llevaba mucho tiempo orando fervientemente por renacer en los reinos infernales,
para poder ayudar allí a todos los seres que allí sufrían.
Y añadió, que por desgracia, en los últimos tiempos había tenido varios sueños
inequívocos que indicaban que iba a renacer en uno de los reinos de los Budas.
Se sentía decepcionado, y con lágrimas en los ojos rogó a sus discípulos que rezaran a
los Budas para que esto no sucediera, y se cumpliera su ferviente deseo de ayudar a los
seres del infierno.
Geshe Chekhawa escribió:
Antes de enviar amor y compasión hacia los demás, se cura uno a sí mismo de cualquier
angustia, enojo o temor que pudiera ser un obstáculo para practicar Tonglen de todo
corazón.
Para realizar esta práctica el primer paso consiste en evocar la naturaleza de la mente y
reposar en ella.
Hay que hacer que el sufrimiento adquiera un nuevo significado, y utilizarlo como el
fundamento de una práctica religiosa o espiritual.
Cuando nos hallemos abrumados por nuestros sufrimientos, hay que intentar inspirarse
de alguna manera en él. Uno de los métodos que pueden utilizarse es reflexionar sobre
“La Impermanencia” de las cosas, saber que todo pasa, y permitir que esta sabiduría nos
de solaz.
El dolor y la pérdida también pueden recordar vivamente lo que puede ocurrir si en vida
uno no expresa su amor y su aprecio, o pide perdón; eso puede contribuir a hacernos
mucho más sensibles a los seres queridos que aún viven. Elisabeth Kübler-Ross dijo:
Lo que intento enseñar a la gente es a vivir de tal manera que digas estas cosas cuando
la otra persona todavía puede oírlas.
No huiré de este sufrimiento. Quiero utilizarlo de la mejor manera posible para así
volverme más compasivo y más capaz de ayudar a los demás.
Así pues, hagamos lo que hagamos, no bloqueemos nuestro dolor; aceptémoslo. Por
desesperados que lleguemos a sentirnos, aceptemos el dolor tal como es, porque en
realidad está intentando hacernos un regalo inapreciable: la posibilidad de descubrir, por
medio de la práctica espiritual, lo que hay más allá del dolor. “La aflicción puede ser el
jardín de la compasión”, escribió Rumi.
Si mantenemos el corazón abierto en todo momento, el dolor puede llegar a ser nuestro
mayor aliado en la búsqueda vital de amor y sabiduría.
¿Acaso no sabemos todos muy bien que protegerse contra el dolor no da resultado, y
que cuando intentamos defendernos del sufrimiento sólo conseguimos sufrir más y no
aprender todo lo que podríamos de esa experiencia? Como escribió Rilke:
“El corazón protegido que no está nunca expuesto a la pérdida, inocente y seguro, no
puede conocer la ternura; sólo el corazón recobrado puede sentirse alguna vez
satisfecho: libre, gracias a todo lo que ha dado, para regocijarse en su supremacía”.
El mundo necesita más que nada esta clase de servidores activos de la paz, “revestidos”,
“con la armadura de la perseverancia”, dedicados a su visión de Bodhisattwas y a la
difusión de la sabiduría en todos los confines de nuestra experiencia. Necesitamos
abogados Bodhisattwas, artistas y políticos Bodhisattwas, médicos y economistas
Bodhisattwas, maestros y científicos Bodhisattwas, técnicos e ingenieros Bodhisattwas,
bodhisatwas en todas partes que trabajen conscientemente como canales de la
compasión y la sabiduría en todos los niveles y todas las situaciones de la sociedad, que
trabajen para transformar sus mentes y acciones y las de otros, que trabajen
incansablemente con el conocimiento cierto de tener el apoyo de los budas y seres
iluminados, por la preservación de nuestro mundo y por un futuro más piadoso. Como
dijo Teilhard de Chardin:
Algún día, después de haber sometido los vientos, las olas, las mareas y la gravedad,
dominaremos las energías del
Amor. Entonces, por segunda vez en la historia de la humanidad, el hombre habrá
descubierto el fuego.
Por eso cuando suframos por enfermedad o cualquier otra circunstancia, en vez de
lamentarse, sentir pena por uno mismo, abrumarse por la ansiedad y preocupación, hay
que adoptar una actitud correcta basada en el siguiente pensamiento:
Que mi sufrimiento sea un sustituto de otros seres. Que este sufrimiento pueda salvar a
todos los seres que experimentan un dolor similar.
Comprendido todo esto, podríamos dirigir nuestra atención a las personas necesitadas y
desesperadas, y ofrecerles mentalmente nuestros éxitos, nuestro bienestar, nuestras
escasas virtudes que hayamos obtenido, y asumir de esas personas sus sufrimientos, sus
problemas, y todas sus dificultades.
También nos ayudará conocer el modo de pensar de un Bodhisattwa, que busca siempre
el bienestar de la mayoría por encima de su propio beneficio.
Que el dolor que experimento sirva como sustituto del sufrimiento que los demás deben
padecer.
Esta práctica o actitud se llama “tomar el sufrimiento de los demás y darles la felicidad
propia”. Realizar esto nos dará una gran fuerza interior verdadera.
Tampoco tenemos temor con esta actitud al posible sufrimiento que la vida nos depare,
porque nos dará nuevas oportunidades para practicar, y para conseguir una fuerte
determinación interna, la determinación del Bodhisatwa, que es firme como el acero.
Deberíamos reflexionar sobre las cosas físicas que un momento determinado nos
producen tristeza y dolor, y también reflexionar detenidamente sobre las cosas que nos
producen alegría, como la riqueza, la fama, el bienestar, etc. Si analizamos
detenidamente estos dos polos, llegaremos a la conclusión que ninguno de ellos
conducen a la felicidad permanente, por lo cual no son válidos para considerarlos el
objeto final por el que hay que luchar.
Obtener el Nirvana podría ser el objeto final, pero de momento resulta difícil alcanzarlo.
Así pues, la meta práctica y realista a la que si podemos llegar es a lograr la compasión,
un corazón cálido, sirviendo a otras personas, ayudando a los demás, siendo menos
egoístas.
Practicando de este modo la compasión, obtendremos un beneficio y una felicidad más
duradera, y haremos que cada día de nuestra vida resulte útil y significativo, y que ésta
maravillosa virtud de la compasión pueda desarrollarse sin límite.
Shantideva decía:
Los que son como niños trabajan por su propio beneficio, los Budhas trabajan por el
beneficio de otros.
Mira que diferencia hay entre ellos.
Si no cambio mi felicidad por el sufrimiento de otros,
no alcanzaré el estado de Budha y ni en el samsara tendré verdadera alegría.
MEDITACIÓN EN LA COMPASIÓN
3. Después tratar de relacionarlo con nosotros mismos, pesando: esa persona tiene la
misma capacidad que nosotros para experimentar felicidad y sufrimiento. Todos los
seres humanos somos iguales, hechos de carne, huesos y sangre. Imaginarnos cómo lo
estaríamos pasando nosotros si sufriésemos ese mismo dolor. Hay que preguntarse
¿Cómo me sentiría? ¿ Cómo querría que me tratasen los demás?
5. Proyectar la luz del Bodhicitta sobre el ser sufriente, imaginando como se libera de
este sufrimiento. Shantideva decía que el Bodhicitta transforma el corazón y el cuerpo.
De esta forma la compasión se convierte en una joya capaz de conceder los deseos de
cualquiera.
6. Orar a todos los Budhas y Seres Iluminados con todo el corazón para aliviar los
sufrimientos de esa persona. En el Tibet se dice que así como la naturaleza del fuego es
quemar y la del agua apagar a sed, la naturaleza de los Bbudhas es hacer acto de
presencia en cuanto alguien los invoca, ya que es infinito su deseo compasivo de ayudar
a todos los seres conscientes.
7. Ofrecerles que todo lo bueno que hagamos, tanto en pensamientos, palabras y obras
sirvan para beneficio de todos los seres y les procure felicidad.
1. Visualizar un amor que alguien nos haya dado alguna vez y que nos conmoviera, tal
vez en la infancia, nuestra madre... etc. Aunque no siempre nos hayan amado lo
suficiente, al menos alguna vez si lo hicieron.
2. Centrarse en una escena concreta en que esa persona nos demostró amor y nosotros lo
percibimos. Saber que alguna vez nos han amado nos hace sentirnos amables y
bondadosos.
3. Dejar que ese sentimiento vuelva de nuevo a nuestro corazón, y de ésta forma
dejaremos que nuestro corazón se abra y que el amor fluya en él.
4. A continuación hay que extender este amor a todos los seres, comenzando por los que
tenemos más cerca, la familia, los conocidos, los amigos, los enemigos, y finalmente a
todo el universo.
5. Con este afecto amoroso surgirá dentro de uno mismo la compasión, la alegría, la
ecuanimidad... etc.
La ecuanimidad (visión libre de prejuicios) es en efecto el punto de partida y la base del
camino de la compasión.
El amigo o ser querido que hemos imaginado en lugar de la persona necesitada, no sólo
no sufre ningún daño sino que también se verá beneficiado. El hecho de ser instrumento
para el despertar de nuestra compasión, le acarreará abundante beneficio, puesto que ha
sido en parte responsable de que se abra nuestro corazón, y de ayudar a la persona
necesitada mediante la compasión, por eso el mérito de esta acción recaerá también
sobre él.