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Mandamientos para Relaciones Saludables

Este documento resume los principales puntos sobre las relaciones humanas según la Biblia. Explica los mandamientos sobre el trato con el prójimo y la regla de oro de Jesús de tratar a los demás como quieres ser tratado. Luego analiza problemas como desacuerdos, ofensas, enemistades y barreras, y ofrece consejos bíblicos para resolverlos, como escuchar, ver las perspectivas de otros, pedir perdón y perdonar sin límites. Finalmente, explica cómo Cristo derribó las barreras entre judíos y

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Mandamientos para Relaciones Saludables

Este documento resume los principales puntos sobre las relaciones humanas según la Biblia. Explica los mandamientos sobre el trato con el prójimo y la regla de oro de Jesús de tratar a los demás como quieres ser tratado. Luego analiza problemas como desacuerdos, ofensas, enemistades y barreras, y ofrece consejos bíblicos para resolverlos, como escuchar, ver las perspectivas de otros, pedir perdón y perdonar sin límites. Finalmente, explica cómo Cristo derribó las barreras entre judíos y

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2º Parte de los Mandamientos: Mi relación con los demas

-Honra a tu padre y a tu madre

-No mataras

-No cometeras adulterio

-No robaras

-No mentiras

-No codiciaras nada de tu prójimo.

Jesús nos entregó la regla de oro para usar al relacionarnos con otras personas. ¿Cuál es? Es sencillamente ésto:

“ trata a los demás como quieres que te traten a ti”. Jesús dijo:

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos . . .
(Mateo 7:12).

Debemos no sólo formar buenas relaciones, sino también mantenerlas.

Debemos tratar con los problemas de relaciones humanas en la forma que Dios quiere.

En esta lección consideraremos problemas tales como desacuerdos, ofensas, enemistades, barreras y rechazos.

 Desacuerdos
Aunque pertenecemos a una misma familia de sangre, aunque nos una un mismo deseo, cada persona es un individuo
único. Habrá momentos en que no estaremos de acuerdo. No hay nada de malo en un desacuerdo, pero puede ser que
resulte en grandes problemas. Veamos algunas cosas que debemos hacer cuando ésto sucede:

Debemos estar seguros de que nuestra actitud es correcta.


Podemos tener razón en lo que decimos, pero equivocados en la forma en que lo decimos. Cuando nuestra actitud o
nuestro carácter es malo, Dios dice que somos nosotros los que andamos mal.

Las malas actitudes vienen de pensamientos equivocados. La Biblia dice que nuestra “sabiduría” proviene de una de estas
dos fuentes: Puede venir de Dios o puede venir de Satanás. Si tenemos amargura y contiendas en el corazón, podemos estar
seguros que nuestra “sabiduría” es de Satanás. La Biblia dice:

Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta
sabiduría no es la que desciende de lo alto (de Dios), sino terrenal, animal, diabólica (de Satanás) (Santiago 3:14–15).

Si nuestra sabiduría es de Dios, seremos mansos y llevaderos. La Biblia dice:

Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de
buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía (Santiago 3:17).

Debemos controlar la lengua.

La Biblia dice: “El necio da rienda suelta a toda su ira”. Aunque la lengua es uno de los miembros más pequeños del
cuerpo, hace más daño que todos los otros miembros juntos. La Biblia dice:

La lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el
cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y
de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre
puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal (Santiago 3:6–8).

Todos podemos recordar momentos en que hemos herido a otras personas con algo que hemos dicho. Las palabras hieren y
siguen hiriendo. Necesitamos orar como el salmista:

Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios (Salmo 141:3).

Debemos interesarnos en otros lo suficiente como para escucharles.


La comunicación es vital en cualquier relación significativa. Es especialmente importante poder comunicarte con la otra
persona cuando hay un desacuerdo. Cuán tristes son las palabras: “él (o ella) sencillamente no quiso escucharme”.

Por lo común es difícil tratar con un problema cuando alguien está enojado y perturbado. En esta situación, lo mejor que
uno puede hacer es escuchar.

Cuando una persona está perturbada y molesta, sus emociones pueden compararse con un globo que está inflado al
máximo. Si no tiene escape y la presión continúa, es seguro que estallará. Pero si tú escuchas atentamente sin interrumpir,
el “globo” se desinflará y la presión habrá desaparecido. Entonces podrán tratar el problema.

Debemos tratar sinceramente de ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona.

Hay una razón por la cual la otra persona piensa y actúa como lo hace. Trata tú sinceramente de ponerte en su lugar y ver
las cosas desde su punto de vista. Podrías encontrar que es ella quien tiene razón y no tú.

 Las Ofensas
Los cristianos debemos aprender a ser pacientes con los demás no dándonos por ofendidos fácilmente. La Biblia dice: “El
amor es sufrido, es benigno”. Pero habrá ofensas. La regla básica para tratar con las ofensas es buscar a la persona y a solas
arreglar las cosas.

Hay dos clases de ofensas con que debemos tratar: (1) las que nosotros cometemos contra otras personas, y (2) aquellas
que otros cometen contra nosotros. Veamos como podemos arreglar cada una de ellas.

Ofensas que yo he cometido contra otra persona.

Cuando yo he cometido una ofensa contra otra persona, soy responsable de reconciliarme con ella. El Señor Jesús dijo:

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda
delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda (Mateo 5:23–24).

Cuando estamos equivocados, una disculpa completa y sincera ayudará mucho para que todo quede arreglado. Para pedir
perdón correctamente, debo:

1. Aceptar toda la responsabilidad por mi ofensa, sin echarle la culpa a nadie más.

2. Decir cuál fue la ofensa.


3. Pedir a la persona que me perdone y esperar su respuesta.

Desde luego, si he causado pérdida a alguien, debo también hacer la restitución correspondiente.

Ofensas que otra persona ha cometido contra mí.

Cuando otra persona me ha ofendido, mi primera responsabilidad es buscarle ella y hablarle a solas de su falta. Jesús dijo:

Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano
(Mateo 18:15).

Cuando alguien nos ha ofendido, nuestra reacción natural es contarle a otra persona cómo fuimos maltratados. Éste es un
grave error. No debemos decir nada a nadie hasta que hayamos hablado con quien nos ofendió. Debemos darle una
oportunidad de disculparse o en caso de un malentendido, de explicarse.

Ya sea que nosotros hayamos ofendido a alguien o que hayamos sido ofendidos, lo que hay que hacer es buscar a la
persona y arreglar cuentas a solas. Cuando dos personas tienen problemas entre sí, pueden resolverlos humillándose ante
Dios, perdonándose mutuamente y olvidando el asunto.

Cuando me acerco a alguien para arreglar cuentas, debo ir con la actitud correcta. Mi objetivo no es hacer que él se disculpe
conmigo, sino restaurar su comunión con Dios y conmigo. Si se arrepiente, debo perdonarle. El Señor Jesús dijo:

Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale (Lucas 17:3).

En una ocasión Pedro le preguntó a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta
siete?” Jesús respondió a Pedro:No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete (Mateo 18:21–22).

Jesús está enseñándonos en este pasaje que debemos perdonar en forma ilimitada. Perdonar“setenta veces siete” no
significa que debemos perdonar a nuestro hermano hasta 490 veces y nada más. No, el Señor nos está enseñando aquí que
el perdón debe llegar a ser una costumbre en nosotros. No debemos contar el número de veces que perdonamos.

Recuerda, Jesús dijo que es imposible estar bien con Dios a menos que hayamos pedido perdón a aquellos a quienes hemos
ofendido, y también que hayamos perdonado a quienes nos han ofendido a nosotros. Para una comprensión mayor de la
enseñanza del Señor sobre como arreglar las ofensas, lee los capítulos 5 y 18 de San Mateo y el capítulo 17 de San Lucas.

La Enemistad y las Barreras


Cuando las ofensas no se arreglan correctamente, surgen enemistades y barreras entre las personas involucradas. La
enemistad es un sentimiento de mala voluntad u hostilidad hacia otra persona. Las barreras son como una “muralla” entre
las personas. Donde existen enemistades y barreras, no hay compañerismo ni una comunicación verdadera.

Para comprender como Dios trata con las enemistades y las barreras, debemos ver el mismo comienzo de la iglesia. Al
principio, la iglesia se componía únicamente de creyentes judíos. Más tarde el evangelio fue predicado a los gentiles
(aquellos que no eran judíos) y muchos de ellos creyeron y fueron agregados a la iglesia.

Esto causó un problema debido a la larga enemistad y barreras que existían entre los judíos y los gentiles. Los judíos se
consideraban superiores a los gentiles y ni siquiera comían con ellos. Los gentiles despreciaban igualmente a los judíos.

¿Cómo arregló Dios el problema de la enemistad y barreras que existían entre judíos y gentiles? ¡Trató con ellas por medio
de la cruz! La Biblia nos dice que todos los creyentes, tanto judíos como gentiles, fueron crucificados con Cristo. De los
creyentes judíos y gentiles, Dios hizo “un solo y nuevo hombre”. Jesucristo mismo es la Cabeza, y los creyentes forman Su
cuerpo espiritual.

Por Su muerte, el Señor Jesucristo derrumbó las barreras y acabó con la enemistad que existía entre judíos y gentiles. La
Biblia dice:
Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación (las barreras),
aboliendo en su carne las enemistades . . . para crear en sí mismo de los dos  un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y
mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en  un solo cuerpo, matando en ella las enemistades  (Efesios 2:14–16).

Esto es verdad, no sólo para los judíos y gentiles del primer siglo, sino para todos los creyentes. Nosotros también hemos
sido crucificados con Cristo para que podamos ser miembros del cuerpo único de Cristo.

Por medio de la cruz, Cristo ha derrumbado toda barrera que nos separa a unos de otros. Por su muerte en la cruz, Él ha
“matado” toda enemistad entre creyentes. Cristo ha hecho a cada creyente uno con Él mismo y uno con los demás
creyentes.

Jesucristo sufrió y murió, no sólo para llevarnos a Dios, sino también para que tuviéramos una relación más sana los unos
con los otros. El permitir cualquier barrera o enemistad interponerse entre otro creyente y yo es un pecado que niega la
obra de Cristo en la cruz.

 El Rechazo
En cuanto a nuestra relación con otra persona, podemos tener una de estas dos actitudes básicas: (1) una actitud
de Rechazo o (2) una actitud de Aceptación.

Rechazar a otra persona significa que no la aceptas tal como es. El rechazo es una actitud que dice: “Si quieres que te
acepte, debes cambiar todo lo que no me agrada”.

Aceptar a otra persona significa que voluntariamente la aceptas tal cómo es, sin ponerle condiciones. No significa que tú no
ves sus defectos ni que apruebas todo lo que hace. Simplemente significa que la aceptas en la misma forma en que Cristo te
ha recibido a ti. La Biblia dice:

Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios (Romanos 15:7).

La razón por la que debemos aceptarnos unos a otros es porque Cristo nos ha recibido a nosotros. Él murió por nosotros
cuando aún éramos pecadores. Él no nos dijo: “Yo no los recibiré hasta que hayan cambiado”. No, Él nos recibió total y
gratuitamente tal como éramos y nos dio todos los privilegios y beneficios de un hijo de Dios. Esta es la actitud que Dios
quiere que tengamos hacia los demás.

Que nos demos cuenta de ello o no, la actitud que tenemos hacia otra persona tiene un profundo efecto sobre ella.
*La actitud de rechazo hacia una persona impide que el amor de Dios fluya de ti mismo hacia esa persona. Tiende a
“amarrarla” y a impedir que ella llegue a ser lo que Dios quiere que sea.

*La actitud de aceptación hacia una persona permite que el amor de Dios fluya a través de ti hacia esa persona. Tiende a
“liberarla” para que pueda ser lo que Dios quiere que sea.

¡Arregla Cuentas con los Demás Ahora!

A medida que has ido leyendo esta lección, ¿ha hablado Dios a tu corazón acerca de alguna relación que no es lo que
debería ser? Quizás hay alguna ofensa que se necesita aclarar. Puede arreglarse si tú te humillas y obedeces a Dios.

¿Hay alguna enemistad entre tú y otra persona? ¿Hay alguna barrera? El Señor Jesucristo sufrió y murió para poder “matar”
la enemistad y quitar todas las barreras entre los creyentes.

La obediencia a Dios es el camino de bendición.

¿Hay rechazo en tu vida? 

¿Eres un hijo o una hija que siente rechazo por tu padre o tu madre?

¿O eres un padre o madre que siente rechazo por tu hijo?

Tal vez estés rechazando a tu esposa o esposo. Puede ser que tengas un hermano o hermana a quien has rechazado, o
quizás sea otra persona. Quienquiera que sea, ¿abandonarás tu rechazo y permitirás que el amor de Dios fluya desde ti
hacia esa persona?

La obediencia a Dios es el camino de bendición. Sea lo que sea que Dios te esté indicando ¿le obedecerás a Él?

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