Capitulo Eliminado Para celebrar el millón de fans en la página de Percy
Jackson de Facebook, Rick Riordan decidió publicar un capítulo que
aparecía en el manuscrito original del Ladrón del Rayo, dónde Percy
conoce una tradición del campamento, dónde los novatos tienen que
besar el oso de la cabaña de Ares y entonces son lanzados al lago. El
nombre del capítulo, que nunca fue utilizado, era “Beso algo feo”.
¡Disfrutad del capítulo!
[…]
Cuando todo el mundo había vuelto a sus asientos y acabado de comer
su cena, Quirón hizo resonar sus pezuñas para llamar nuestra atención.
El señor D se levantó soltando un gran suspiro.
—Sí, supongo que será mejor que os diga algo a todos vosotros,
mocosos. Bueno, hola. Nuestro director de actividades, Quirón dice que
el próximo juego de capturar la bandera es este viernes. La cabaña
cinco aquí presente controlará los laureles.
Un aullido de emoción salió de la mesa de Ares.
—Personalmente—siguió el señor D—, no me podría importar menos,
pero felicidades. También, os debería decir que tenemos entre nosotros
un nuevo campista. Peter Johnson.
Quirón murmuró algo.
—Eh… Percy Jackson—se corrigió el señor D—. Eso es. Hurra y todo
eso. Ahora haced vuestra estúpida tradición de bienvenida. Vamos.
La cabaña once inició un cántico, golpeando la mesa y haciendo una
serie de gestos con las manos que no entendí igual que tampoco las
palabras:
“Mestizo, mestizo, ninoni.
Gichigami, ratatouille, ¿De quién eres hijo tú?
Lanzadle, lanzadle, bienvenido al campamento.
¡Nadie es mestizo hasta que no se moja!”
El tempo de la canción cambió y todo el mundo en el pavellón golpeaba
sus puños contra las mesas:
“¡Oooooooh…! ¡Percy besa el oso! ¡Percy besa el oso! ¡Percy besa el
oso! ¡Percy besa el oso!”
Los chicos más grandullones de la cabaña once me agarraron y me
levantaron por encima de sus cabezas. Me intenté resistir al principio,
pero me di cuenta que no había mucho que hacer, por lo que les dejé
llevarme hasta las cabañas, con el campamento entero riendo,
cantando y empujándose los unos a los otros detrás de nosotros.
Bajamos hasta la cabaña de Clarisse, la que tenía el oso salvaje
disecado por encima de la puerta de entrada. Luke me levantó en sus
hombros para que pudiera alcanzarlo.
—¡Vamos, Percy!—gritó—¡Pégale un buen morreo!
La cosa era asquerosa, mohosa, apestosa y fea. Tanto que ni podrías
llegar a creértelo. El morro estaba pelado y no tenía buena pinta.
—¡Percy besa al oso! ¡Percy besa al oso!—gritaba todo el mundo.
Antes de que pudiera pensármelo dos veces, besé al oso en el morro.
Un rugido de aprobación se expandió por entre los campistas y me
sentí… extrañamente, como si acabara de ser aceptado. No recordaba
la última vez que nadie me había ovacionado y que lo hicieran cientos
de personas, sátiros y ninfas de los bosques me enorgullecía.
Antes de que pudiera sentirme tranquilo y adormecido, o incluso
quitarme el sabor del morro de los labios, la boca del oso disecado se
abrió sola y echó un enorme eructo justo en mi cara. Todo el mundo
rugió, partiéndose de risa. Era una broma recurrente, el oso con truco.
Un nuevo cántico comenzó: ¡Lanzadle! ¡Lanzadle!
Los chicos me llevaron hacia el lago de las canoas. Vi lo que se
avecinaba, pero no me preocupaba mojarme. Sólo estaba pensando:
Por favor no hagas que sea como en el lavabo, no mojes a todo el
mundo.
No tuve tiempo para preocuparme. Fui directo y SPLASH, justo hasta el
fondo del lago. Cuando salí tosiendo, todo el mundo me ovacionó. Luke
y otros chicos me sacaron y me dieron palmaditas en la espalda.
Volvimos todos al anfiteatro, dónde la cabaña de Apolo inició un solo.
Cantamos canciones de campamento, comimos malvaviscos y
bromeamos entre nosotros, y lo divertido fue, que no sentía como si
alguien me estuviera vigilando constantemente. Me sentí como en casa.
Más tarde aquella noche, cuando las chispas de la hoguera estaban
iluminando un cielo estrellado, el cuerno sonó de nuevo y todos nos
fuimos hacia nuestras cabañas. No me di cuenta de lo cansado que
estaba hasta que me dejé caer en mi saco de dormir prestado.
Mis dedos se cerraron alrededor del cuerno de minotauro. Recordé
durante un momento a mi madre, pero solo fueron cosas bonitas: su
sonrisa, los cuentos que me contaba cuando me iba a dormir cuando
era pequeño, la forma en la que me decía que no tenía que dejar que
las chinches se comieran la cama.
Cuando cerré los ojos, me dormí de inmediato. Aquél había sido mi
primer día en el Campamento Mestizo. Me habría gustado saber lo poco
que podría disfrutar mi nuevo hogar.