0% encontró este documento útil (0 votos)
68 vistas10 páginas

TOLLAN

Tollan-Xicocotitlan fue la capital del Estado tolteca que se desarrolló en el centro de México entre los siglos X y XII. La ciudad se localizaba cerca de la actual Tula de Allende, Hidalgo. Tollan-Xicocotitlan alcanzó su apogeo durante la Fase Tollan, cuando se convirtió en un importante centro político, militar y comercial de Mesoamérica. Sin embargo, entró en decadencia hacia el siglo XII, coincidiendo con la llamada Fase Fuego, durante la cual los principales

Cargado por

Hugo Ugarte
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como TXT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
68 vistas10 páginas

TOLLAN

Tollan-Xicocotitlan fue la capital del Estado tolteca que se desarrolló en el centro de México entre los siglos X y XII. La ciudad se localizaba cerca de la actual Tula de Allende, Hidalgo. Tollan-Xicocotitlan alcanzó su apogeo durante la Fase Tollan, cuando se convirtió en un importante centro político, militar y comercial de Mesoamérica. Sin embargo, entró en decadencia hacia el siglo XII, coincidiendo con la llamada Fase Fuego, durante la cual los principales

Cargado por

Hugo Ugarte
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como TXT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Tollan-Xicocotitlan

Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
Para otros usos de este término, véase Tula.
¿Esta página se cargó con suficiente rapidez?
No lo séSíNo
Para obtener más información, consulta la declaración de privacidad de esta
encuesta.
Tollan-Xicocotitlan
Tōllān-Xīcocotitlan
Capital
Telamones Tula.jpg
Los Atlantes en el Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, en la antigua ciudad de Tula.
Otros nombres: Tula, Gran Ciudad cerca del cerro Xicoco
Tollan-Xicocotitlan ubicada en MéxicoTollan-XicocotitlanTollan-Xicocotitlan
Localización de Tollan-Xicocotitlan en México
Coordenadas 20°03′48″N 99°20′28″O
Entidad Capital
• País Cultura tolteca
Idioma oficial náhuatl
Fundación siglo II-VIII
Desaparición siglo XII
Correspondencia actual Tuladeallende.jpg Tula de Allende, Flag of Mexico.svg
México
[editar datos en Wikidata]
Tollan-Xicocotitlan (en náhuatl, Tōllān-Xīcocotitlan, AFI: ['toː.ɬaːn
ʃiː.ko.ko.'ti.t͡ɬan], «Lugar de tules-Cerca del lugar de los jicotes», «Gran Ciudad
cerca del cerro Xicoco»1}} —conocida como Tula, forma castellanizada de Tōllān— fue
la capital del Estado tolteca, que se desarrolló en el centro de México durante el
período posclásico temprano de Mesoamérica. En esta ciudad estaba asentado el
principal poder político de los valles de México y Puebla-Tlaxcala entre los siglos
X y XII de nuestra era. Su influencia alcanzaba lugares tan distantes como la
península de Yucatán, El Salvador, Honduras y Nicaragua. No debe confundirse con el
sitio mitológico denominado Tōllān, cuya identificación con Tollan-Xicocotitlan ha
sido puesta en duda en textos recientes.2

Los restos de esta ciudad precolombina se localizan en el municipio de Tula de


Allende, al sur del estado de Hidalgo (México), y forman parte del parque nacional
Tula.

Índice
1 Localización
2 Historia
2.1 Inicios de la ciudad
2.2 Apogeo
2.3 Decadencia
3 Exploraciones arqueológicas
4 Zona arqueológica
4.1 Tula Chico
4.2 Tula Grande
4.2.1 Pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli (Pirámide B)
4.2.2 Palacio Quemado (Edificio C)
4.2.3 El Coatepantli
5 Relaciones entre Tollan-Xicocotitlan y Chichén Itzá
6 Véase también
7 Notas
8 Fuentes
9 Enlaces externos
Localización
Tollan-Xicocotitlan en el mundo posclásico mesoamericano.
Tollan-Xicocotitlan se localiza en un valle de clima templado, irrigado por el río
Tula. El centro de la ciudad precolombina se ubicó muy cerca de la confluencia de
este río con el Rosas. Algunos rasgos importantes del relieve de la región son los
cerros Magoni, Xicuco, Moctezuma, Bojay y la sierra de Tezontlalpa. Se ha señalado
que para cuando los grupos que dieron origen a la cultura tolteca, la región estaba
poblada por otomíes, grupo étnico que actualmente constituye el principal elemento
demográfico indígena en la zona, y del que sobreviven gran cantidad de topónimos en
la región de Tula.3

La región donde se edificó la capital tolteca tiene un clima semiseco. Sin embargo,
la presencia del río Tula permitió el desarrollo de una agricultura productiva. Por
otra parte, la ciudad estaba ubicada, de modo estratégico, en medio de yacimientos
de obsidiana (como la Sierra de las Navajas), de alabastro y otros minerales. Por
su posición geográfica, Tollan-Xicocotitlan se convirtió en un importante nodo de
las rutas de la turquesa, proveniente del Norte de Mesoamérica, y de la región de
Cañón del Chaco (en el actual territorio de Nuevo México).

Historia

Lechuguillas en la zona arqueológica de Tula.


Inicios de la ciudad
Las primeras evidencias de la ocupación del emplazamiento de Tollan-Xicocotitlan
corresponden al final del Período Clásico Temprano (ss. II-VIII d. C.). Por esta
época, la ciudad de Teotihuacan —principal centro político y económico del centro
de Mesoamérica— iniciaba su proceso de decadencia, cediendo su hegemonía a otras
ciudades-Estado que florecieron durante el epiclásico. En el valle del río Tula se
desarrollaban a la sazón pequeños asentamientos donde se han encontrado piezas
correspondientes a la cultura Coyotlatelco.4 Entre estos asentamientos se
encuentran Chingú,5 El Águila, Magoni, y Atitalaquia.

A partir del ocaso de Teotihuacan, varias ciudades del centro de México ocuparon el
vacío de poder dejado por la metrópoli. Al mismo tiempo, fue el período por el que
dieron inicio las migraciones de pueblos nonoalcas6 y otros de habla uto-azteca a
la región. Entre estos últimos7 se encontraban los que, en unión con otros pueblos
ya establecidos en el Altiplano Central mexicano, habrían de dar lugar a la cultura
tolteca, que tuvo su centro en Tollan-Xicocotitlan. Hacia mediados del siglo VII de
nuestra era, se inició la construcción del primer núcleo urbano en Tollan-
Xicocotitlan, conocido como Tula Chico. Por este período aparecen en la ciudad las
primeras alusiones iconográficas al culto a Quetzalcóatl, asociado con el planeta
Venus. En Tula Chico se han encontrado restos arqueológicos de objetos relacionados
con el complejo cerámico de Coyotlatelco. Se calcula que por el siglo VIII, una
variación local del estilo Coyotlatelco se encontraba bien definida. A partir de
ese momento inicia la Fase Corral de la historia de la capital tolteca, que
concluyó hacia final del siglo IX con el gradual abandono e incendio de los
edificios de Tula Chico.

Las crónicas indígenas recogidas por los misioneros al principio de la época


colonial hablaban de un enfrentamiento entre Quetzalcóatl y Tezcatlipoca por el
control de Tollan.8 Aunque en ocasiones se consideró que este relato era solo un
mito, las evidencias arqueológicas y la revisión de las fuentes históricas han
puesto de manifiesto que verdaderamente hubo una disputa interna en Tollan-
Xicocotitlan. Una de las facciones estaba liderada por Ce Ácatl Topiltzin
Quetzalcóatl (en náhuatl: Uno Caña, Nuestro Señor Serpiente Emplumada), que terminó
siendo expulsado de Tollan-Xicocotitlan por los seguidores del culto a
Tezcatlipoca. El conflicto político en la ciudad pudo haber tenido lugar durante la
Fase Corral o al principio de la Fase Tollan (ss. X-XII d. C.).
Apogeo

Vaso-efigie tipo Tohil plomizo.

Pirámide C en el centro ceremonial de Tula.


Fue justamente durante la Fase Tollan cuando la ciudad tuvo su mayor apogeo.
Durante esta época se construyó un nuevo centro cívico-religioso. Este corresponde
al llamado Tula Grande,9 que reprodujo la distribución de los edificios de Tula
Chico, que no volvió a ser ocupado nuevamente como centro administrativo. A lo
largo de la fase Tollan, la ciudad de Tollan-Xicocotitlan ocupó la posición como
principal centro político, militar y comercial del centro de Mesoamérica. La
tolteca se convirtió en una sociedad multiétnica, que desarrolló expresiones
artísticas particulares a partir de la integración de elementos culturales
provenientes de diversas regiones de Mesoamérica. El gran poder de la élite de
Tollan-Xicocotitlan le permitió importar productos preciosos, como la turquesa
oasisamericana o productos de cerámica de lugares tan distantes como Nicoya (Costa
Rica).

Al igual que los teotihuacanos durante su período de apogeo, los habitantes de


Tollan-Xicocotitlan aprovecharon los yacimientos de cal localizados al sur del
emplazamiento de la ciudad (cerca del antiguo Chingú). Del comercio de cal —
indispensable para la construcción y en la cocina mesoamericana precolombina— los
toltecas obtenían buena parte de sus recursos económicos. No menos importantes eran
los yacimientos de basalto y riolita de Magoni y la obsidiana de la Sierra de las
Navajas. De esta formación montañosa salió el 80% del total de la obsidiana
manufacturada por Tula, en tanto que el resto pudo provenir de Zinapécuaro
(Michoacán).10 Por su parte, los toltecas importaban productos de otras regiones.
Entre los restos de la ciudad se han encontrado muestras de cerámica Tohil Plomiza,
de Guatemala y el Soconusco, así como cerámica Anaranjado Fino, del sur de
Veracruz. Otros productos que obtenían los toltecas de regiones lejanas de
Mesoamérica son el cacao (Chiapas y Guatemala), serpentina (Depresión del Balsas),
turquesa (Oasisamérica) y ónix (Puebla).

Durante la Fase Tollan, la ciudad debió alcanzar su mayor extensión y población.


Algunos autores calculan la superficie urbana de Tollan-Xicocotitlan entre 5 y 16
km² para esa época, con una población de entre 16 mil y 55 mil habitantes.11
Durante esta fase debió consolidarse el espacio monumental que constituye la actual
zona arqueológica de Tula, consistente en dos grandes basamentos piramidales, dos
canchas para el juego de pelota y varios palacios que pudieron ser ocupados por la
élite tolteca. Por esta época, Tollan-Xicocotitlan se convirtió no solo en el
corazón de las redes comerciales mesoamericanas. Además, fue sede de una élite
militarista-teocrática que impuso su dominio en varias partes de Mesoamérica, fuera
por conquista militar, por alianza política o por el establecimiento de colonias en
sitios estratégicos.

Decadencia

Vista de la escalinata de la Pirámide B desde el Palacio Quemado.


El ocaso de Tollan-Xicocotitlan inicia hacia mediados del siglo XII, y es un
proceso que coincide con la llamada Fase Fuego. Durante los dos siglos que duró
esta etapa de la historia precolombina de la ciudad, fueron incendiados los
edificios principales del centro administrativo. La reconstrucción histórica que
hiciera el arqueólogo Jorge Acosta fue el de un evento catastrófico de saqueo e
incendio de la ciudad, debido la invasión de grupos mexicas. Este final
catastrófico llevó durante mucho tiempo a pensar que hubo una considerable
reducción de la población de la zona urbana y de toda la región a raíz del colapso
de la ciudad, el cual produciría un caos económico en la región que dispersó una
gran parte de la densa población que habitó en tiempos toltecas. En la actualidad,
sin embargo, gracias a los estudios de Juan Yadeun en el área urbana sabemos que en
Tula no solo no ocurrió un “despoblamiento catastrófico", sino que hubo una
continuidad demográfica. En la región de Tula se reporta que existe una alta
continuidad entre los asentamiento de las ocupaciones Tollan y aquellas de la fase
Palacio que nos lleva a reflexionar que el cambio cualitativo de la época tolteca
al azteca tardío ocurriría sin un despoblamiento entre ellos. Es probable que las
razones de este proceso de declinación fueran de orden interno, así como otros
factores externos, particularmente una crisis política en el sector de gobierno. La
caída de la capital tolteca estuvo asociada con el agotamiento de un sistema
político ampliamente extendido en Mesoamérica durante el florecimiento de la
ciudad, donde la asociación entre la Tollan mítica y la figura de la Serpiente
Emplumada sirvieron como medio de legitimación de la élite hegemónica en varias
partes del territorio actual de México y Centroamérica.12 En Tula, esto se tradujo
en una serie de disputas entre grupos que pugnaban por la dominación de la ciudad,
lo que terminó arruinándola. Los restos de uno de los edificios más importantes, el
Palacio Quemado, toma su nombre actual de los indicios arqueológicos que prueban
que fue incendiado. Aunque estudios recientes apuntan que la mayor parte de las
edificaciones adminitrativas, como los templos, los templos de barrio y las áreas
de consejo, fueron incendiados como parte de un ritual de terminación.

En la región adyacente a Tula ocurrió lo mismo. Así, por ejemplo, en el norte de la


Cuenca de México, región importante bajo el control de Tula, ocurre el abandonados
de centros provinciales como San Miguel Eyacalco, un extenso y complejo
asentamiento mediante el cual Tula mantenía el control de la zona de los llanos de
Pachuca. Centros provinciales, como Apazco, también desaparecen, mientras otros
como Santa María, Mesa la Ahumada y El Pedregal, tienen una despoblamiento casi
total. No obstante, la mayor parte de las aldeas y pequeños caseríos se continúan
ocupando en esta zona sin que ocurra un aparente abandono. Lo anterior indica que
hubo una alto grado de continuidad demográfica, de alrededor del 60% de la
población, tras la caída de Tula, sin que podamos pensar que el colapso de Tollan
tuviera como consecuencia un vacío demográfico a nivel regional.

Tras el colapso político del Estado tolteca, varios de los linajes de gobierno de
la ciudad iniciaron un éxodo que los llevó a establecerse en otras partes de
Mesoamérica. Algunos se establecieron en Colhuacán, donde establecieron un señorío
importante que dominó el sur del Valle de México. A la postre, la élite de
Culhuacán dio a los mexicas su primer tlatoani, que reclamaba como base de su
legitimidad su ascendencia tolteca. A pesar del éxodo masivo de población, Tollan-
Xicocotitlan nunca fue abandonada completamente, y siguió siendo una población
importante en su región, aunque nunca comparable con su época de florecimiento.

Durante la Fase Palacio (1350-1450), la ciudad fue ocupada por grupos mexicas.
Estos realizaron nuevas construcciones de uso habitacional en el Palacio Quemado,
la estructura K y otras estructuras abandonadas. Se sabe que hacia 1422, los
tlatelolcas hicieron una expedición a los restos de la antigua capital tolteca, y
que grupos mexicas realizaron una representación del rey Quetzalcóatl en el cerro
Malinche.13 Además, fueron varios los monumentos de origen tolteca que fueron
trasladados de la antigua ciudad hacia México-Tenochtitlan. En suma, para los
mexicas, la capital tolteca siguió siendo un importante punto de referencia
política.

Tras la conquista española, se construyó en la región una nueva población que tomó
su nombre de la antigua ciudad, aunque castellanizándolo. Esta población
corresponde a la actual Tula de Allende. En las inmediaciones de la zona
arqueológica de Tula se encuentran los restos de una construcción de aquellos
primeros años de la Colonia, que corresponden a la última fase arqueológica de
Tula, conocida como Tesoro.

Exploraciones arqueológicas
La primera descripción especializada de las ruinas de Tula fue realizada por
Antonio García Cubas en 1873, de la Sociedad Mexicana de Geografía e Historia. Las
primeras exploraciones arqueológicas fueron realizadas en la década de 1880 por el
anticuario francés Désiré Charnay, mismas que publicó en su libro Les anciennes
villes du Noveau Monde, donde describe e ilustra algunos edificios y monumentos de
la capital tolteca. Fue el mismo Charnay quien después de sus exploraciones por la
República Mexicana propuso la relación que existió entre Tula y Chichén Itzá. Fue
hasta el año de 1940 que se inicia el proyecto de exploración más importante hasta
el momento encabezado por Jorge Acosta del Instituto Nacional de Antropología e
Historia (INAH), durante veinte años se descubrieron los restos de los templos y
palacios más importantes de Tula, entre ellos: el Templo de Tlahuizcalpantecuhtli,
la Pirámide “C”, el Palacio Quemado, el Coatepantli (muro de las serpientes), el
juego de pelota número 1 y un edificio conocido como El Corral en la zona
denominada Tula Chico.

En un pozo de saqueo ubicado sobre el templo de Tlahuizcalpantecuhtli se


localizaron las columnas y atlantes que sostenían el techo de este edificio. En la
década de 1970, el mismo INAH, en colaboración con la Universidad de Misuri-
Columbia, realizó una exploración más intensiva. En la década de los noventas
siguieron varios proyectos de excavación y restauración a cargo de los arqueólogos
Robert Cobean y Guadalupe Mastache.

La zona denominada Tula Grande es la única abierta al público, sin embargo también
se puede visitar el Museo Arqueológico Jorge R. Acosta donde se exponen algunos
hallazgos importantes de la región de los llanos de Tula.

Zona arqueológica
Los restos de Tollan-Xicocotitlan constituyen la zona arqueológica de Tula, a unos
diez minutos en autobús desde el centro de Tula de Allende. A su vez, el yacimiento
arqueológico forma parte del parque nacional Tula, que es un área natural
protegida. Dos son los complejos arquitectónicos que constituyen el principal
atractivo de Tula. El más importante es el conocido como Tula Grande, que comprende
las estructuras mayores de la ciudad, correspondientes a la Fase Tollan. Tula Chico
se localiza a kilómetro y medio cinco al noreste, y está integrado por una plaza y
otros edificios que fueron el núcleo a partir del cual creció la capital de los
toltecas. Otros conjuntos explorados en la zona arqueológica son El Cielito y La
Salitrera, así como algunas secciones de la zona habitacional destinada a las
clases bajas de la sociedad tolteca.

Tula Chico

Plano de Tula Chico.


Tula Chico fue el núcleo a partir del cual se desarrolló la ciudad de Tollan-
Xicocotitlan. Su desarrollo está relacionado con la cultura Coyotlatelco —
documentada también en Teotihuacan por la misma época—, que parece haber sido
originada por la incorporación de ciertos rasgos de los pueblos del Norte de
Mesoamérica en la cultura de los habitantes del Centro. Algunos de estos elementos
incluyen cierta iconografía alusiva a dioses celestes y la manufactura de una
cerámica radicalmente novedosa en las poblaciones del sur de la Altiplanicie
Mexicana.

El conjunto arquitectónico de Tula Chico tiene su origen en el Epiclásico, cuando


Tollan era una pequeña ciudad de hasta seis kilómetros de superficie. Tula Chico
posee una plaza alrededor de la que se encuentran distribuidos los principales
edificios del conjunto. La Plataforma Norte alberga las dos principales
edificaciones religiosas, conocidas como Pirámides Este y Oeste. Además, esta
plataforma contiene los restos de una sala hipóstila que guarda semejanza con el
Palacio Quemado de Tula Grande. Tanto en las salas de la Plataforma Norte como en
las de la Plataforma Este se han encontrado relieves que probablemente representen
a los nobles de la ciudad, muertos en batalla.14 Estos monumentos se muestran
evidencia de que la ocupación de Tula Chico concluyó con la destrucción del
conjunto por incendio hacia el final del Epiclásico (s. IX d. C.).

Tula Grande
La construcción de un segundo complejo monumental —conocido como Tula Grande—
implicó la introducción de ciertas innovaciones arquitectónicas desconocidas en
Mesoamérica. Aunque los dos edificios más sobresalientes del conjunto siguen el
modelo clásico de las plataformas pirámidales compuestas por módulos superpuestos
de talud-tablero, otros presentan elementos que no eran muy comunes en Mesoamérica
antes del apogeo de la cultura tolteca.

Atlantes de Tula, Hidalgo.


Por ejemplo, el Palacio Quemado e incluso el templo que coronaba la Pirámide B, son
ambas construcciones cuyos techos eran sostenidos por pilares. Las columnatas eran
prácticamente desconocidas en el Centro de Mesoamérica antes del siglo IX, pero
eran comunes en las construcciones mayas así como en el Norte, según muestran los
restos de La Quemada. Las columnas de las construcciones de Tula Grande son de dos
tipos: unas eran confeccionadas con mampostería —como en el caso del Palacio
Quemado—, y las otras, mediante la superposición de grandes módulos de roca —como
las columnas serpentinas y los Atlantes de la Pirámide B—.

Los toltecas también emplearon clavos arquitectónicos en sus construcciones.


Ejemplo de ello es la Pirámide C de Tula Grande, cuya superficie, despojada de sus
revestimientos, muestran la presencia de unas salientes de piedra que debieron
servir para sostener los tableros labrados que la recubrieron. Son tantas las
similitudes entre la disposición urbanística de Tula Grande y Chichén Itzá, tantos
los elementos inconográficos que comparten ambas metrópolis contemporáneas, que
desde las exploraciones de Désiré Charnay en el siglo XIX ha tenido un lugar sobre
la naturaleza de la relación entre la capital de los toltecas y la ciudad yucateca.

Pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli (Pirámide B)

Vista de los Atlantes, las Pilastras y las Columnas Serpentinas en la cúspide de la


Pirámide B.
La más conocida de las edificaciones de Tula Grande es la Pirámide B o de
Tlahuizcalpantecuhtli —una de las advocaciones de Quetzalcóatl, dios tutelar de la
ciudad de Tollan-Xicocotitlan—. Se trata de una plataforma compuesta por cinco
cuerpos trunco-piramidales, en cuya cima se encuentran los llamados atlantes de
Tula. La mayor parte de las esculturas que coronan este edificio fueron halladas
durante la temporada de investigaciones encabezada por Jorge Acosta y su equipo en
1941. Este edificio es de suma importancia puesto que en él se encuentra la más
antigua de las representaciones de Tezcatlipoca en el Altiplano Central mexicano,
lo que da prueba del origen nahua del culto a esta deidad.15 La construcción de la
Pirámide B de Tula Grande debió iniciar en la fase Tollan (ss. IX-XII d. C.) tras
el incendio que puso fin al primer asentamiento de Tula Chico, que como se ha dicho
está relacionado con el Epiclásico del Centro de México y la difusión de la
cerámica Coyotlatelco en la región.

En la parte superior de la plataforma debió existir un templo, como lo muestran las


esculturas que coronan la pirámide desde su restauración. Los atlantes de Tula,
cuatro esculturas emblemáticas de la zona arqueológica, son representaciones de
guerreros toltecas, ataviados con un pectoral de mariposa, átlatl, dardos, un
cuchillo de pedernal y un arma curva que es muy característica de las
representaciones guerreras de la cultura tolteca.16 Otros elementos arquitectónico-
iconográficos de esta construcción son muestra de la relación de este edificio con
el culto a Quetzalcóatl. Por ejemplo, las llamadas columnas serpentinas están
decoradas por una serpiente emplumada, que tal era el significado del nombre de
Quetzalcóatl. Por otra parte, las pilastras —ubicadas una detrás de cada uno de los
atlantes— contienen representaciones que parecen alusivas al enfrentamiento entre
Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, su eterno rival de acuerdo con la mitología nahua.17
En la pilastra 3, hay representaciones de dos personajes ataviados de guerreros,
que portan símbolos distintivos de Tezcatlipoca y Quetzalcóatl. Sobre este último
se encuentra una representación de Tláloc, señor de la lluvia.

Vista panorámica de 360° de Tula, como se ve desde la Pirámide B.


Palacio Quemado (Edificio C)

El Palacio Quemado, visto desde la cúspide de la Pirámide B.


Nombrado Edificio 3 por Jorge Acosta, primer arqueólogo en investigar
sistemáticamente la zona arqueológica, los restos del Palacio Quemado constituyen
uno de los edificios más característicos de Tula, tanto por las innovaciones
arquitectónicas que incorpora, como por las funciones que se le atribuyen y su
enorme parecido al Palacio de las Columnas de Chichén Itzá. El Palacio Quemado toma
este nombre de los indicios del gran incendio que destruyó el centro administrativo
de Tollan-Xicocotitlan hacia el ocaso de la capital tolteca. Consta de tres salas
cuya techumbre era sostenida por columnas de piedra. Esta es la característica más
original del edificio, puesto que construcciones similares en Mesoamérica fuera del
Área Maya solo se las ha encontrado en el Norte de Mesoamérica, abandonado por los
pueblos agricultores por el tiempo en que Tollan-Xicocotitlan comenzaba su apogeo.
Cada una de las salas del edificio estaba organizada alrededor de un patio que
poseía un impluvio.

A pesar de recibir el nombre de Palacio, desde la tempranas investigaciones, Acosta


notó la ausencia de áreas de residencia al interior del edificio, por lo cual
descartó la posibilidad de que ahí residiera la familia gobernante. El edificio
tiene más bien por función ser la principal sede de consejos para tratar los
asuntos públicos del estado Tollan. Así lo denotan las banquetas asiento en el
interior de las salas 1 y 2. Las banquetas-asiento son bancas que se sitúan
perimetralmente en las salas, y cuya figura en perfil recuerdan los teoicpalli,
asientos de la realeza mexica. Por esta razón, varios autores han considerado que
las banquetas del Palacio Quemado funcionaron como tronos, y que en sus salas se
llevaban a cabo importantes reuniones por parte de los mandatarios de los distintos
sectores de la ciudad.18

Como la Pirámide B, el Palacio Quemado también posee importantes elementos


iconográficos, que desde ciertas perspectivas, podrían arrojar como interpretación
final de los descubrimientos arqueológicos una asociación este edificio y ciertos
rituales relacionados con la guerra y el señor de la ciudad. Especialmente
importantes son los hallazgos del Chac Mool de Tula, el disco de turquesa y la
coraza de concha y caracoles que fueron descubiertos en la Sala 2 del palacio. El
Chac Mool19 lleva en uno de sus brazos un cuchillo de pedernal y en el pecho un
pectoral de mariposa, equivalentes a los que aparecen en los atavíos de los
Atlantes de la Pirámide B. La presencia de los impluvios en las salas del edificio,
así como la presencia del Chac Mool y el Tláloc guerrero de la Pilastra 3 de la
Pirámide B, parecen señalar que en el Palacio Quemado se realizaban rituales
asociados con el culto a Tláloc, que podría ser de origen teotihuacano. Por otra
parte, los cuauhxicalli y los discos solares representados en los restos de los
frisos que adornaron este palacio, en compañía con el disco de turquesa20 parecen
indicar que el Palacio Quemado estaba vinculado con la práctica de sacrificios
humanos en la capital tolteca.21 Dos de estos discos han sido recuperados como
parte de ofrendas constructivas en el patio de las salas 1 y 2 del Palacio Quemado.

El Coatepantli

Detalle de una de las serpientes del Coatepantli de Tula Grande.


El Coatepantli (en náhuatl: cóatl-pantli ‘serpiente-pared’‘Muro de las Serpientes’)
es un muro que rodea el recinto sagrado de Tollan-Xicocotitlan. Los restos de este
muro se encuentran en la parte trasera de la Pirámide B, y separan a esta
plataforma del Juego de Pelota 1, el mejor conservado de la ciudad. Como su nombre
lo indica, el Cotepantli está dominado por las representaciones de serpientes. De
las fauces de estos animales, asoman esqueletos. Acompañan esta procesión de
serpientes los relieves de águilas y jaguares que son alusivos de la actividad
militar mesoamericana. El Coatepantli estaba coronado por caracolas de piedra
estilizadas. Estos motivos están asociados con el dios Quetzalcóatl, en su
advocación de Ehécatl, señor del viento.

Como elemento arquitectónico, la presencia del Coatepantli en Tula Grande es otra


innovación en el diseño urbanístico de la metrópoli militar del Estado tolteca.
Siglos más tarde, este elemento se repetirá en el diseño de las ciudades de
Tenayuca (en el actual estado de México, capital de un importante señorío
teochichimeca) y México-Tenochtitlan.

Relaciones entre Tollan-Xicocotitlan y Chichén Itzá

Especialmente notable por su parecido con la disposición de la Pirámide de


Tlahuizcalpantecuhtli y su vestíbulo (en Tula) es el Templo de los Guerreros de
Chichén Itzá. Tanto el edificio de Tula como el de Chichén poseen numerosas
alusiones al ciclo épico de Quetzalcóatl.
Uno de los temas más controversiales en los que tenga parte la antigua capital
tolteca es el de su relación con Chichén Itzá. Las similitudes entre ambas ciudades
han llevado a plantear diversas hipótesis acerca de la naturaleza de los vínculos
entre ambas, aunque ninguna cuenta con el completo apoyo de los especialistas en la
materia. Fue Désiré Charnay quien por primera vez advirtió que la disposición de
las plazas principales de Tula y Chichén eran bastante parecidas. Se le debe a él
la hipótesis más conocida —desechada en la actualidad— según la cual, la ciudad
maya del Puuc fue fundada por los toltecas. Esto era coherente con el mito de la
expulsión de Quetzalcóatl de la ciudad de Tollan, a la que se dio en identificar
con Tollan-Xicocotitlan.

Una hipótesis contraria —igualmente desechada— sostenía que los mayas penetraron al
Altiplano antes del apogeo de Tula. Linda Manzanilla y Leonardo López Luján
sostienen en su Atlas (1999) que los nonoalcas22 son originarios de la costa
tabasqueña del golfo de México, que en tiempos precolombinos como en la actualidad
fue ocupado por grupos mayenses. Esto parece muy probable, en tanto que la
presencia de grupos mayanizados en el Centro de México está documentada en el
Epiclásico en sitios como Xochicalco (Valle de Morelos) o Cacaxtla (Valle de
Puebla-Tlaxcala); amén de la naturaleza multiétnica de las ciudades del Posclásico
Temprano en el que floreció Tula,23 aunque el papel que los grupos provenientes del
Área Maya en el florecimiento de Tollan-Xicocotitlan no parece ser muy claro para
los especialistas.

Aunque Wigberto Moreno (1941) y Nigel Davies (1977) señalan que la Tollan de las
fuentes históricas indígenas24 de las que se rescató la leyenda de Quetzalcóatl era
la misma ciudad de Tollan-Xicocotitlan —identificación realizada con base en la
descripción del entorno geográfico de la ciudad—, López Austin y López Luján (2001)
y Florescano han señalado que no hay bases suficientes para afirmar que la leyenda
de la huida de Quetzalcóatl de Tollan haya tenido como escenario la ciudad tolteca.
Desde su posición, tampoco se puede sostener que haya sido el mismo Quetzalcóatl
(Kukulcán para los mayas) quien, en compañía de sus desterrados seguidores, fundará
la capital itzá. Los dos primeros investigadores afirman que las semejanzas entre
Tula y Chichén Itzá son el resultado de la difusión de un fenómeno político, social
y cultural al que llamaron zuyuano.25 El mito de Quetzalcóatl, desde esta
perspectiva, habría servido tanto en Tula como en Chichén Itzá, como un discurso de
legitimación del poder político de las élites locales, en el marco de unas
metrópolis con una alta diversidad étnica. El mismo fenómeno habría sido
experimentado en la Mixteca, donde Ocho Venado apela claramente a su relación con
la Serpiente Emplumada como hijo del sacerdote de su templo en Tilantongo. De ahí
que las constantes referencias a Quetzalcóatl y las similitudes arquitectónicas
entre Tula y Chichén Itzá pudieran tener como telón de fondo, de acuerdo con los
autores de Mito y realidad de Zuyuá, una intencionalidad más bien geopolítica.

Véase también
Cultura tolteca
Chichén Itzá
Notas
El nombre de Tollan literalmente significa Lugar de tules, que es una especie de
juncos que se emplean para confeccionar petates. De acuerdo con Alma Gudalupe
Mastache y otros autores, su sentido puede ser interpretado metafóricamente como
Ciudad donde hay tanta gente como tules. Enrique Florescano y Miguel León-Portilla
señalan que este nombre era empleado para designar a varias grandes ciudades del
mundo mesoamericano. Xicocotitlan por otra parte, puede se traducido como Cerca del
lugar de los jicotes (jicote es una especie de escarabajo), o Cerca de Xicoco, que
es el nombre de un cerro que se encuentra cerca del emplazamiento de la capital
tolteca. De acuerdo con la mitología nahua, el Xicoco era el pecho de la Madre
Tierra del que se alimentaron los dioses.
Florescano, 2004; López Austin y López Luján, 1999.
Wright Carr, 2006.
La cultura Coyotlatelco toma su nombre de la cerámica del mismo nombre, típica de
la época de declinación de Teotihuacana. Su difusión fue amplia en el centro de
México durante los siglos VI-VIII (Moragas Segura, 2003).
Chingú era un poblado cercano a los yacimientos de piedra caliza que explotaban
los teotihuacanos (López Austin y López Luján, 2001: 201).
Se especula acerca del origen de los nonoalcas, a los que se atribuye en algunas
ocasiones una filiación cultural cercana a la cultura teotihuacana. De acuerdo con
el Atlas del México Prehispánico, la ruta que siguieron los nonoalcas para llegar
al centro de México tuvo su origen en la zona de Tabasco.
Algunas fuentes señalan que el idioma de los pueblos chichimecas que dieron origen
a la cultura tolteca era el náhuatl, que podría estar directamente relacionado con
el idioma pipil que se habla actualmente en El Salvador.
Según los mitos cosmogónicos nahuas, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca fueron creadores
y destructores de la humanidad en las eras anteriores.
Tula Grande es la parte más conocida de la zona arqueológica de Tula, puesto que
incluye los edificios más importantes.
López Austin y López Luján, 2001: 205.
López Austin y López Luján, 2001: 202; Cobean y Gamboa Cabezas, 2007: 37.
López Austin y López Luján, 1999.
Cobean y Mastache Flores, 2007: 35.
Suárez Cortés et. al., 2007: 48.
Cobean y Mastache Flores, 2007: 34.
Jiménez García, 2007: 56.
Caso, 2000.
Guevara, 2004.
Las esculturas de Chac Mool son más conocidas por su presencia en la zona de
Yucatán, por lo que su nombre usual en la jerga arqueológica es maya, aunque esté
documentada su presencia de este tipo de esculturas en Tollan-Xicocotitlan
(Hidalgo), Ihuatzio y Tzintzuntzan (Michoacán), e incluso en [[México Tenochtitlan.
La turquesa estaba asociada al sol en la mitología nahua. Uno de los nombres de
Tonatiuh, dios del Sol, era Xiuhpiltontli (en náhuatl: Niño de turquesa/ Niño
precioso).
Gamboa Cabezas, 2007: 47.
Los nonoalcas son señalados en las fuentes históricas indígenas como uno de los
pueblos que, en compañía de los pueblos de ascendencia teotihuacana del Altiplano,
participaron en la fundación del reino de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl.
López Austin y López Luján, 2001.
Se trata de crónicas escritas en los primeros años después de la Conquista,
principalmente procedentes del Valle de México y otros territorios mexicas.
El término zuyuano deriva del nombre de la ciudad de Quetzalcóatl-Kukulcán en el
mito maya: Zuyuá.
Fuentes
Caso, Alfonso (2000): El pueblo del Sol, Fondo de Cultura Económica, México.
Cobean, Robert H., y Gamboa Cabezas, Luis M. (2007): "Investigaciones recientes en
la zona monumental de Tula (2002-2006)", en Arqueología Mexicana, 85, 36-39.
Davies, Nigel (1977): The Toltecs Until the Fall of Tula, University of Oklahoma
Press, Norman.
De Rojas, José Luis (2002): "El Imperio en el México Central en el Postclásico: a
vueltas con las fuentes y las ideas", en Revista de Arqueología Americana,
Universidad Complutense de Madrid, 32, 115-126, consultada el 16 de junio de 2007.
Florescano, Enrique (2003): "La saga de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl", en
Relaciones, 95, 201-234, consultado el 20 de mayo de 2007.
— (2004): Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamérica, Taurus, México.
Guevara, Miguel; (2004): El Edificio 3 de Tula. ¿Historia de un palacio?, Ciencia
Ergo Sum, vol. 11, 164-170. [1]
Jiménez García, Esperanza Elizabeth (2007): "Iconografía guerrera en la escultura
de Tula, Hidalgo", en Arqueología Mexicana, 84, 54-59.
López Austin, Alfredo, y López Luján, Leonardo (1999): Mito y realidad de Zuyuá.
Serpiente Emplumada y las transformaciones mesoamericanas del Clásico al
Posclásico, El Colegio de México-Fondo de Cultura Económica. México.
— (2001): El pasado indígena, El Colegio de México-Fondo de Cultura Económica,
México.
Moragas Segura, Norma (2005): "Sobreviviendo al colapso: teotihuacanos y
coyotlatelcos en Teotihuacan", en Revista Española de Antropología Americana, vol.
35, 33-50, consultado el 8 de julio de 2016.
Wright Carr, David Charles (2006): "Lengua, cultura e historia de los otomíes", en
Arqueología mexicana, 73, 26-29, Editorial Raíces-Instituto Nacional de
Antropología e Historia (INAH), México.

También podría gustarte