Anticipaciones Urbanas en Buenos Aires
Anticipaciones Urbanas en Buenos Aires
El poder de la anticipación
Imágenes itinerantes del futuro metropolitano
en el primer Centenario
Margarita Gutman
Introducción
Este ho rizonte de expectativas del futuro urbano, que seña la las coo rdenadas de
un proyecto cultural del Futu ro, está integrado po r las aspiraciones y expectativas for-
muladas o consun1idas por la población en fo rma de planes y proyectos urbanos, notas
periodísticas, dibuj os y caricaturas publicadas e n las revistas ilustradas, ensayos, uto-
pías literarias, ideales, y proyectos políticos y sociales. E n su conjun to, estas anticipa-
ciones pueden ser entendidas corno proyectos culturales y vo lun taristas para la ciudad .
Con este en foqu e, este libro se coloca junto ai aq uellos trabajos y teorías que recono-
cen el papel de las fo rmas y proyectos culturales, las ideas, las creencias y los m edios
de difusión en la producción y transformación de la ciudad.
En el ámbito de los estudios históricos, el desarrollo de un enfoque integrado de
este tipo permite comprender mejor los complejos mecanismos de cambio y expansión
que operaron en Buenos Aires a principios del siglo xx. La mayo r parte de los relativa-
mente escasos textos que se ocupa n de la imaginación del futu ro producida en esos
años se concentra en el análisis de las utopías o encara el tema del futuro desde los estu-
dios urbanos a través del planeamiento y del proyecto arqui tectón ico. Estos últi rnos,
en general, esbozan las aspiraciones y defin en las líneas de acció n de un secto r profes io-
nal específico. Estos enfoques sectoriales sobre los planes urbanos o las utopías t ienden
a distraer, tanto a historiadores como a planificadores y otros agentes urbanos, de la nece-
sidad de en1tender cómo los distintos sectores que componen la sociedad piensan sobre
el futuro , lo anticipan, lo expresan a través de sus sueños, planes, deseos o temores, y
cón10 transforman sus aspiraciones y expectativas en acciones urbanas concretas.
Punt os de partida
Esre relato histórico - que j unta, compara e integra diversas mani festaciones de la
imaginación del futuro- está basado en las consideraciones que se sintetizan a con-
tinuación, y se expanden en el primer capítulo.
LA H ISTORIA DE LA IMA
G INACIÓN DEL FUTURO E NS EÑA SOBRE LA SO CI EDAD
. . . . QU~ LO FO!l-
MULA. Al igual que la historiografía, pero en se.nt1d.o inverso, es decir m irando para ade-
lan te en 1ugar d e para atrás , Po r ser las antic1pac1ones
. . fu t u ro el p rod ucto de Una
del
· da d y un tiem
soc1e · po determinados' y por . haber sido disparadas . po r los problen-.
. ' "ªSe
intereses
. d 1 mento su estudio consutuye un aporte s ustannvo aJ co nocun iento }'
e mo , .
la compres ió n histórica d e las sociedades anaJiz~das. En rea lidad, las .ª n ticipaciones
del futuro hablan más de esa sociedad que del mismo fu turo que <l escr1bcn .
LAS TENDENCIAS UTÓPICAS TIE NEN UNA PODEROSA FU NC IÓN LIBERADOR.A. Tanto Ernst
Bloch en El principio esperanza refiri éndose a la co nciencia an t icipado ra, corno Paul
Ricoeur en Ideología y utopía, destacan la función liberado ra d e las.tendencias utópicas,
su poder para subvertir el orden sociaJ existente y propone r socied ades alternativas.
Extendi endo las ideas de Bloch y Ricoeur, es posible encontrar a grandes rasgos, en las
anticipacio nes y expectativas para el futuro, una poderosa vía para pensar y planificar,
tanto a nivel individual como sociaJ, otro modo - mejor- d e vivir.
NUESTRA IMAGINACIÓN DEL FUTURO ES UNA IDEA MODERNA. La imaginación del futu-
ro que hoy nos es habitual es bastante nueva, tiene tan sólo unos 250 años. Es por lo
tan to, una idea moderna. Es un futuro que imaginamos en la tierra y para nuestros des-
cendientes, no en la vida celestiaJ. Se gestó a mediados del siglo XVIII, junto con el
desarrollo científico-tecnológico, el capitalismo y los nuevos sistemas d e representación
sociaJ. Pero, la imaginación del futuro acruaJ tiene una diferencia con respecto a la de
pcincipios de siglo XX, objeto de este libm. En esos primeros años del siglo P"'ado, la
imaginación del furum estaba dicecramente ligada a la idea del progreso y la evolución,
estaba impregnada de un sólido optimismo y se extendía sobce todos los aspectos dr
la vida individual y colectiva. B"'taba que el tiempo p"'"'ª para que todo fuese mejor.
El futum era un horizonte de esperanza. Hoy, en cambio, como lo sostiene Roben Heil-
broner en su historia de las visiones del futum, el pensamiento sobre el fu mm es mucho
más escasoyyescepticismo.
amenazas además, como es posible comprobac habitualmente, está impregnado de
Esta historia del pensamiento sobre el futuro en Buenos Aires está motivada, ade-
más, por tres razones sociales: estimular el pensamiento sobre el futuro, apoyar el
desarrollo de Ja "capacidad de aspirar", y habilitar el marco histórico para una reflexión
sobre la "ident idad como proyecto".
HABILITAR EL MARCO HISTÓRICO PARA UNA REFLE XIÓN SOBRE LA "IDENTIDAD COMO
PROYECTO" . Por último, este libro ofrece un m a rco histórico para las reflexiones sobre
la identidad. Una de las tres acepciones d e la iden cidad formuladas por Manuel Cas-
rells, "la identidad proyecco" (las otras dos son la de legitimación y la de resisten-
cia) , entiende gue la identidad de un grupo social se construye co n forme a los mate-
riales culturales disponibles, en la discusión y b úsqueda colectiva de los proyecros
2. Wi lliams, Raymond, /-lnáa el a1ío 2 000, Barcelona: Ed itor ial Critica, Grijalho. 1984, pp. 12- 19. (7ow11uls 2000.
London: Thc Hogarrh Pres>, 1983.)
3. Appadurai, Arjun, "Thc Capacity to Aspire: Culture and rhe T erms of Recognirion", en Culwre rmd I'ublic Acthm, Vija-
ycndra Rao and Michael Walton (cdicors), Standford : Srn nford Univcrsiry Press, 2004; Appadura i, Arjun "lvlcmoria,
archivos y aspiraciones", en Gurman, Margarica (editora}, ConsJmir bicentenarios: Argentina, Buenos Aires: Obscrvacorio
Argcnrina / The New School y Caras y Caretas, 2005, pp. 129- l 35.
?4 1 Margarita Gutman 1 .
Buenos Aires. El po d er de la anticipación
~-
·les, el desarrollo tecnológico aplicado a la infracstru l . . .. ..L.__ _
generaltzada accpcaaón de la idea del Progreso cst· ul l . .
. . ctura y os serv1c1os y,.
1
, un aron a creencia en un ponaur
Introducción 1 25
ata edición opcamos por escribir Sud-Americana, aunque en ocasiones los propios
CD algw1os textos de la bibliografía consultada st rt fie1t f11 i1lJi~ti11ta..1 1 1e1lce. a esa
26 Marganta Gutman 1 Buenos Aires. El po der de ta anticipación
1
1 .
t1vas pu bl.icaciones periódicas dei· principios
. 'de. siglo X)(
Estas novedosas y ama ar dad, así com o notas tteranas, art1st1cas, 8a.tí-
. d not1c1as de actu 1 'd d d . á
comenían todo. tipo
· e poraban en sus pa 'ginas una gran cana a e· im genes
. . visua-
ricas y cómicas, e incor f . d in fo rmación , comenra nos y ºP•n16n, las
e . caturas O recten o , 1· T: bº
les: dibujos, .ro tos Ycan
¡ ª
· b an la vi·d urbana en la m et ro p o l. am 1én refle-
modela
revistas refle1aban Ya ªvez . para el futuro. Por su formato y alca _
d ¡ sus expectativas .
1
jaron, y a su. vez ·1mo e das
aron, . uyeron un excelente soporte para ctrc ula r las d iver-
constit
0
ce, estas
sas revistas alternauvas
novedosas uma . del futuro u rbano. En ellas, el porvenir
lº e ra .anticipado
d dd y
disfrutado a través de llamativas •m gene5 . . . d 1 1
tos Yen una combinac1on que. captura . á a cruzadas con una amp •a van e a e tex.
res. De este mo o, . a ·,nea 1magmac1 b poderosamente . la. 1mag1nac1ó n e .os ecto-
· 'o' n del futuro urbano fue un tema m ás entre las
~U<
' d 1 · ·
numerosas y variadas cuestiones de candente actualidad, tnteresantes o curiosas
estas revistas ilustradas pu 1caron repett am ,
· · blº ·d ente para cumplir con las expectanvaa
que presumían en sus lectores. Q uienes parecían muy satisfechos, en tanto C011Staoifaa
sosrenidamente las voluminosas tiradas de estas rev1Stas ilustradas.
Para analizar/,,, planes ktrad,,, y su componente anticipatorio, este libro
Suplemento~
939 ejemplares perreneeienrcs a diez revistas especializadas publicadas entre 19
Arquit«tvN, ·
~tina.
1920, en rre ellas La lngenierla, Revista Técnica
Arquitectura (SCA ·cEA) y Anales de la Sociedad Cientifica Este an41isi.
rn ite identificar marices en los debates y discusiones que se hablan Producido ca il
seno del campo profesional. Se cornplementa con la revisión de una intaaante bililio,.
grafía producida en los últimos años sobre los Planes urbanos, )>ero que en su lllaJl>-
ría no trata específicamente sobre la producción pcriodf.t¡ca C8pc:cia)iqcj._ Si biiJI¡¡¡
no tiene relevancía comparar el número de lectores de llDbo. tipos de revinu -i..
''.ªdas y las especializadas-, este análisis de los Planes letrados a traw. ele su
e~ ~ ..........,
c16n las revistas especializadas_ se justifica por c) Pcao
ras ten1an deb ido a su leg1timación intelectual y a la
autondad gubernamental, e incluso a veces su
ce.
~a
. . ,_ -.
Rasgos salientes de las anticiPacionea
en las revistas ilustradas 1
~
rcvlSta como Sud-Americana, Sud
S111i-Anrrric11110.
~·oc:~
1. Loa datos de las ~enes ,¡,..___
Introducción 1 27
desarrollo económico del país en esos años, básicamente cen trado en la explotación
agropecuaria; pero al mismo tiempo muestra que la ciudad era el factor más d inámi-
co, el que más ráp idamente se t ransformaba barrido por un vendaval de cambios en
su demografía, composición social , expansión fís ica y mercado interno.
Ese futuro urbano era altamente tecnificado y vertical, poblaba las alturas con ras-
cacielos, p uentes, autopistas elevadas y aviones que can alizaban el transporte físico
de personas y mercaderías. Autos, rrenes, tranvías, subtes, veredas móvi les y orros
m edios de transporte abandonaban las calles y se lanzaban al aire cruzándolo por dis-
tin tos n iveles en estructuras t ridimensionales y s us pendidas, con vías de circulación
segregadas por tipos de transporte. Estos adelantos en las comunicaciones defin ían un
mundo f uertem ente interconectado, un mundo de flujos.
Arriba, en el aire, tenía lugar la vida urbana del futuro. Los aviones, que estaban en
un rápido d esarrollo tecnológico, junto con los rascacielos - sobre cuyas hazañas en
Nueva York los lectores po rteños se enceraban por las mismas revistas- eran los sím-
bolos predilectos: sin duda, aviones y rascacielos eran los íconos del futu ro urbano.
Allí donde una caricarura o ilustración aludía de algún modo al futuro, como la que ima-
gina en 191 O cómo será el la ci udad en el año 1999, o la que anuncia en la capa del
PBTuna noticia del año 2000, una pequeña máq uina voladora que tomaba formas inve-
rosímiles - tamo a nees como d espués de 1905 (primeros vuelos de Wrighr y otros)-
aparecía e n algún rincón de la ilustración. De igual modo, los rascacielos remitían de
inmediato a la excitación por el futuro, au n cuando fueran objeto de innumerables
debates, que también aflo raban en las revistas ilustradas.
'.:8 1 Margarita Gulnian 1 Buenos Aires. El poder de la an ti c1 pac1ón
Una co nsideración aparte n1erece el rol de la tecnología en estas imaginaciones del futu-
ro urbano: con10 se evidencia en las revistas ilustradas revisadas y también en la biblio-
grafía consulrada, los avances de la ciencia y la tecnología conquistaron el primer plano
t'ste!ar de la únagi1111ción del futuro durante las prirneras décadas del siglo XX, tanto en
Buenos Aires como en otras ciudades, especialn1ente las norteamericanas.
Es de destacar que, en Buenos Aires, el in rerés por la tecnología creció en las dos
prirneras décadas del siglo xx, a pesar de los cuesrionamientos filosóficos al positi-
vismo científi co, a pesar del estancamiento de las ciencias naturales locales y a pesar
del d ivo rcio entre la investigación científico-tecnológica nacional y el sistema pro-
ductivo . La creencia en el poder ilimitado y benéfico de la ciencia y la tecnología se
n1antuvo por varias décadas más, así como su inigualable capacidad para ilumi nar los
excitantes senderos de un futuro mejor, llenos de confort y velocidad.
Pero, es notable que no todas las innovaciones tecnológicas que se estaban apli-
cando en esos años en la infraestructura de la ciudad inspiraron la imaginación tec-
nológica del futuro que mostraban las revistas ilustradas. El tendido de agua y cloa-
cas, clave para la sanidad urbana, así como el de gas, no figuraban para nada en estas
anticipaciones. En realidad, las redes de infraestr uctura que más eco tuvieron en su
capacidad para alimentar anticipaciones fueron las relacionadas con la electricidad, los
transportes intra e interurbanos y las comunicaciones.
Todo lo que se refería a la electricidad, ese fluido poderoso e invisible, producía una
fascinación rayana con lo mágico y maravilloso. La electricidad era además una de
las aplicaciones más directas de los avances de la ciencia, cuya competencia sobre el
pensamiento del futuro era incuestionable, en tanto deviene de su capacidad de pre-
decir y prever, además de explicar.
Al tiempo que la creciente cobertura y potencia de energía eléctrica en Buenos
Aires invadía y transformaba como una marea irresistible la vida privada y pública,
acaparaba en especial las visiones del futuro, en las cuales desencadenaba una nueva
catarata de impactantes y radicales transformaciones de los modos de vida. Entre ellas,
por supuesto, se encontraban las que anticipaban la utilización de la electricidad en
los medios de transporte, en la iluminación artificial, y en las comunicaciones.
P ro, uno d lo ,. e nari e fu r uro 4 uc p.3rccía ca pnl r~H· rndo el c n1d or, L'] hu 111< r
, la d licia d"" Jo ] -tor , ~'"lo :libuj1antc d ·la r ·vi~rn , . csl:lha dcf1nidu por el ll So
de la ele, tricidad pa ra on . .bu~r una e 111 1 e~ . ~ ni rtable riispo11ihilid{1rl de crPi-
1
cios personales, t1eloc s y, fun 'an1 cn al n1entc, auto~natiZt1doJ. c~de la cat,a cléctrrc, con
i ma· n r d para J h rn pi ""za o ] a , o pcr onal au co n1;3 tiznd o~. o ~º"' p roccd i 111 ic n-
o para encon -r~r e po [_. o los envío de con ida a domicdi , in c·1 ncán ·os, ha" (ª h1 cur.
d J r umaci ~mo qu ita. de las arruga , o los i tema para recer r~ípidan1cntL· L 1:·lt:cr i-
: idad anr:icipaba un inundo urbano de servi'cios. De e e niodo. la elecrr[cidad ayudt.'1 a
incicipar Ja sociedad proveedora de servicio que U garía 111ucho n1;is tarde, y en la
:i. ue ho r vivimos como i fuera un egunda naruraleza.
Ca amfenlo eledrico
~n estas ant icipacio n es del futu ro urbanol la [t cnología apJicada a la cun1un icacio-
1es no só[o transfo rmaba la vida cotidiana en la c1udad ino e'I n1undo cnrcro co111-
'Jactando el globo co n u na cobercu ra un iversal e instantá nea d el son ido, la inlaben y
1asta las d1elicias de[ tacto. Para el rransporre de per onas }' nnercaderías, colo ' le bar-
:os del can~año de u na ciudad y prov i cos d todos sus ·ervicio . cubrí rían la grandL"s
f ist:ancias entre los con ú n en tes.
Mientras can co, por t ierra, ]os t renes en el fut uro conectaron ]o oc -<a no ~ , ~ ncn~
nen raron su veloci d ad y eficiencia con nueva aplicacion s de [o giró copo.-, e] aire
1
En otras escenas del futuro, los aviones, que eran aún imaginados individuales, servían
también para apagar incendios con el agua de las nubes , fomentar romances, y replicar
el abigarramiento de la salida familiar para el paseo dominguero con viandas, chicos,
abuela y perro. Pero, fundamentalmente, el transporte aéreo intraurbano transfor-
maba las azoteas en puertas de entrada, donde tenía lugar el encuentro del drama pri-
vado con la vida pública, como se puede ver en la tensa espera por un marido pasado
de copas. Buena parte de la imaginación del futuro publicada en las revistas ilustradas
(4 1 º/o, casi la m itad) se coloca bajo el benigno y tranquilizador paraguas del h umor y la
caricatura. Porque el humor permite, y más que nada alivia, el sal ro hacia el futuro, hacia
lo desconocido o remido o exageradamente deseado, abre las compuertas de la imagi-
nación y estimula la experimentación, sin compromisos con saberes instaurados o serios.
lntrodvcc•ón 1 31
Las caricaturas, con su tendencia a simpli ficar, exagerar y distorsionar rasgos selec-
cion ad os, son por cierto buenos conductores de las ansiedades, expectativas, deseos o
tem ores acerca de los tiempos por ven ir. Además, la exageración de la caricatu ra se
compadece con la te ndencia de las historias de futuro a oscilar entre los extren1os del
deleite o del horror. Pero n o hay peligro, en las revistas ilustradas po rteñas que se leían
los días festivos p redomina el deleite, el placer y la confianza.
Las notas an ticipatorias de humor imaginaban no sólo las posibi lidades futu ras
d el avión, sino codo tipo de escenas de la vida cotidiana en el futuro .. Por ejemplo, la
perplejidad que d espertaba el arte futurista, o la inversión de los valo res in mobiliarios
en el futuro porque iban a costar más los departa mentos de abajo q ue los de arri ba
por el barullo de los aviones, o los peligros del tráfico acelerado en varios niveles donde
el peatón no se salva ni zambulléndose en el subsuelo, o las ruti nas de irse dorm ir o
despertarse, ir a trabajar, cocinar, el vestuario y la alimentación, en tre n1uchas otras.
Un grupo de anticipaciones fueron p ublicadas una y otra vez, algunas veces en la misma
revista en diferentes años, y otras en diferentes revistas. La redundancia y frecuencia
con que se las publicaba entre 1900 y 1920 marcan estas imáge nes y notas con un
"peso" mayor. Posiblemente los editores las repetían porque pensaban que seguían sien-
do una novedad interesante o curiosa, o suponían que al público le gustaba imaginar
un futuro mejor de progreso y confort, y por lo tanto "vendían bien". El hecho es
que su repetición aumenta el "peso" de dichas notas e imágenes en el h orizonte de las
expectativas del futuro, y desde allí su posibilidad de infl uir en fu tu ras decisiones o
ideas urbanas.
La serie más larga y rica de repeticiones y semejanzas es la que se denomina en este
libro la ya mencionada ciudad vertical del porvenir. Este tema adquirió una notable
persistencia en el horizonte de las expectativas urbanas de los siglos XX y XXI, y no sólo
cnos Aires, sino a nivel global. Por ejemplo, la imagen más re presen tativa de
·e y la más repetida se publicó, igualita, cuatro veces en ocho años con distin-
cn diferentes revistas: dos veces en Caras y Caretas (1909 y l 91O), u na en
3:? Ma•ganta G u tman 1 Buen os Aires El poder de la ant1c 1pac1ón
ltl Vida M oderna (1909), y orra e n El Hogar ( 1917) . Lleva títulos como "El mund
d e l ma ñ a n a" , " La c iu d ad del porvenir" o "El m u nd o e n lo fu turo" y es parce de lai
gos a n ículos que desarro llan las calidad es de l fut uro, q ue termina n necesariameni
con una sección sobre las ciudades del fu turo . Esa imagen reproduce facsimilarmer
te, pe ro sin asomo de cita alguna en ning ún caso, e l d ib ujo d e W illia m Robinson Leig
"Visiona ry Ci ty", de 1908, q ue está inspirad o en los rápidos cam bios de Nueva Yorl
Y, por c ierro, N ueva York es el modelo implícito e n la ciudad vertical del porvenir.
Otra apropiación notable muestra una imagen de trenes que atrav iesan raudamente, por
la noche iluminada a pleno, una ciudad vertical, con calles sumergidas en la penumbra y
los servicios. Fue publicada en La Vida Moderna en l 908 . Dos años después, en 191 O, La
Ilustración Sud-Americana se la apropia para Buenos Aires y sin que le tiem ble el pulso la
titula: "Una ojeada al porvenir. Trenes monorrieles cruzando la ciudad de Buenos Aires".
No todas son apropiaciones facsim ilares. Hay otras más creativas. La más nota-
ble es la ilustración que Arturo Eusevi, dibujante español residenre en estas o rillas, pre-
paró para mostrar cómo sería Buenos Aires en 201 O. Fue publicada en PBT, junto con
o tras imágenes que acompañan un artículo de Enrique Vera y González, el 25 de mayo
de 1910 en el número aniversario de la Revolución de Mayo. Para conmemorar el Cen-
tenario, a utor y dibujante se lanzaron a imaginar cómo sería la ciudad en el Futuro,
en 2010 . Este es un ejemplo paradigmático de la serie de la ciudad vertica l del porve-
nir, apropiado para Buenos Aires: con fuerte verticalidad, vías de comun icación ele-
vadas y suspendidas corriendo a distintos niveles y segregadas por cipo, avion es, visua-
lización d e un fragn1ento vertical de la ciudad, calles hundidas e n los servicios, y muy
poca gente en los espacios urbanos q ue son mayormente de circulación . Lo que es evi-
dente en esta apropiación, así como en otras imágenes de la serie de la ciudad vertical
del porvenir, es su directa relación con las imágenes que provenían de Nueva York.
Porque cualquiera fuera el título bajo el cual aparecían las nocas y dibuj os de la ciu-
dad vertical del porvenir, los lectores de las revistas ilustradas porteñas podían asociar-
los fácilmente con Nueva York, sobre cuyos adelantos y construcciones se enteraban
en las mismas revistas. En ellas se p ublicaban, con redundancia, notas e ilustraciones
.sobre las gran des construcciones con temporáneas n eoyorquinas, envueltas en califica-
s como "grandiosas", "colosales" o "las más grandes del mundo": incl uían noticias
rascacielos (esos barrios de 20 pisos), trenes subterráneos y elevados, grandes esta-
terminales, redes de agua y electricidad, túneles subfluviales y puences colgan-
ciaban, como era frecuente, la agitada, congestionada, mercantil y multifacé-
ncoyorquina, con las imágenes de Babel y Babilonia; pero también info rmaban
3 4 1 Marganta Gutman 1 Buenos Aort•s El poder de la anl1c1pac•on
sobre las difíciles condiciones Je vida de "la otrJ mir.id" forn1:ida por inmigrantes
crab:ijado res en los barrios pobres de Nueva York. y
Lo cierto es que en las revistas de Buenos Aires, Nueva York se perfilaba como el
paradig1na urbano de la aplicació n 1nasiva de la ciencia)' la tecnología,)' con esta cali.
dad de frontera tecnológica, asociada a su enorn1e desarrollo con1ercia1, fi nanciero, indus.
trial y portuario, es posible afirn1ar que Nueva York fue uno de los modelos de futuro
urbano anticipados para Buenos Aires en las prin1cras décadas del siglo XX.
Los rascacielos, en particular, eran objeto de gran atracción por su novedad y
envergadura, pero también de cautela, expresada en críticas que adherían a las opi-
niones europeas y algu nas norteamericanas sobre su descarnado mercantilismo y la
ausencia de valores estéticos. Oc todos 1nodos, no sería aventurado sostener que esa
tendencia a construir hacia el cielo -ese "skywnrds trend ofthought" como lo denomi-
na Tho rn as Van Leeuwen en su excelente tratado sobre los aspectos simbólicos de los
rascacielos- , sumada a la circulación en vertical, era una d e las rnarcas del futuro en la
propia ciudad de Nueva York, y así se la recibía también en Buenos Aires.
. ---- ..._ . --
--- -=- ~
-- _,
. ·-
Las revistas mostraban también las nuevas, impactan tes y modernas vistas áreas de
Nueva York que obtenían los aguerridos fotógrafos equilibristas, subidos a los ahí·
simos andamios de los rascacielos en construcción. Buenos Aires no estaba para meno1.
y los reporteros gráficos porteños repetían con placer las hazañas de sus colegas neo·
yo rguinos a medida que se iban levantand o los edific ios en a ltura ... cambiando
sólo la torre del Singcr por los pisos del Palacio d el Correo ...
Introducción 1 35
AJ mismo tiempo, estas grandes ob ras de alardes tecnológicos, tan alabadas y admi-
radas concitaban también comentarios crlticos o de cautela sobre ese "reino de lo
inverosímil" , y eran paralelas a otras notas que mostraban cómo las relaciones de
Argentina con los Estados Unidos no eran ni tan fác iles ni tan tersas, desde muy tem-
prano, enfrentándose por la Doctrina Mon roe y las invasiones en América Central.
Esca úlcím a ilustración está firmada por el dibujante Louis Biede rma nn , quien había
trabajado por décadas en el periódico The World de Nueva York, ilustrando numero-
sas vistas aéreas de la ciudad. Biedermann se especializaba en mezclar el presente y el
futuro en sus represen ta ciones de la ciudad, como la que muestra los siete niveles de
Nueva York, de 1909, o la que ilustra la exposición universal de Saint Louis de 1904 .
Si bien es cierto que escas imágenes no tienen eco o réplica directa en Buenos Aires,
aun cuando durante las prirneras dos décadas del s iglo XX algunas de las a nt icipacio-
nes locales tomaron algunos de sus rasgos, finalmente los dibujos de Biede rmann,
claramente firmados por él, ilustraron una mediática anticipación de Buenos Aires 250
años en el futuro publicada en el suplemento dominical del diario Crítica en 1927,
con una total domesticación de la ciudad al avión.
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Si se comparan los rasgos de la ciudad verti'cal del porvenir, circulada en las revistas
ilustradas, con los planes letrados disciplinares, es pos ib le comenzar a integrar los
rasgos del futuro urbano, en tanto que es la oposición que presenta los mayores con-
trastes y emerge con más nitidez del material analizado.
Se puede decir que los planes letrados anticipan una ciudad que corrige los defec-
tos d e la ciudad existente, como la estrechez de sus calles, la rnonotonía de la cuadrí-
cula y la falta de amplias vías de comunicación. Y propone transformaciones confor-
me a los cri ae la urbanfscica parisina de la época, con la apercura de avenidas ,
ntales, rotondas, parques y plazas. Es una ciudad concebida
n un centro jerarquizado, sus bordes definidos y desarrolla-
calle. Prioriza el espacio de lugares, el espacio fís ico, sobre
tura de servicios como la provisión de agua, desagües
es de electricidad, excepto la est ructura vial. Su fun-
crucial de los adelantos tecnológicos de la época.
q
El escenario del fut uro en los planes letrados está basado en la extrapolación y correcció
de algunas de las tendencias d e desarrollo urbano existentes en la ciudad para esa époea~
o
\
"
Por el contrario, /,a ciudad vertical del fu turo imaginada en las revistas ilustradas salta
por enci1na de la ciudad existente a un escenario totalmen te diferente marcado por la
verticalidad, la estructura tridimensional y la compactación auspiciada por veloces
medios de transporte segregados por tipos y niveles. Contiene todos los adelanros del
confort y automatización en materia de comunicación y servicios. Es una ciudad orga-
nizada conforme a una red tridimensional isomorfa, no jerarquizada, salvo en el
grad iente vertical. Sus bordes son difusos y no se ven, sólo se representa a través de
fragmentos urbanos. Prioriza los flujos y el movimiento sobre el espacio físico y está-
tico. Por lo tanto, la p rovisión de energía eléctrica u o tra for ma de energía barata de
cobertura universal es crucial para que esta ciudad funcione. Así como en este modelo
urbano las activid ad es se despegan del suelo, también se desprenden de la materia los
cableados y de ese m odo se goza de una perfecta infraestructura in alámbrica y vircual.
Si bien contiene un escenario radicalmente alejado de la ciudad tradicional y /,osplanes
Letrados, no es un salto al vacío sino que-se construye extrapolando las tendencias mar-
cadas por los extraordinarios avances científico-tecnológicos del momento. Son estos
a vances los q ue disparan la imaginación del fu turo, básicamente inspirada en Nueva
York. Esta imaginación anticipatoria está acompañada por el humor, que ofrece un cómo-
do paraguas para imaginarlo sin temores ni condicionantes, y fundamentalmente está
acompañada por la excitación de las vísperas d e un futuro que se creía al alcance de la
mano, seguro, promisorio, sin con tradiccion es n i tensiones de ningún tipo.
In trodu cción 1 39
Ir¡
ª· De la comparación de estos dos modelos de fm uro, surge una serie de oposiciones que
integran d horizonte de las expectativas del futuro urbano: la c iudad bidi rne n5 ional
desarrollada sobre un plano principal de los planes letrados versus una estrucrura tri-
dimensional que ocupa el espacio aéreo en la ciudad vertica l del porvenir; los rrans-
porres corriendo mayormente sobre un único plano horizontal versus los rransporres
que conquistan el aire y corren por estructuras tridimensionales segregados po r t ipo
y velocidad; la organización jerárquica y centralizada versus estructura isomorfa en red;
una concepción unitaria del plan versus un agregado de fragmentos; los espacios de
lugares de los planes letrados versus espacios de flujos de la ciudad vertical del porve-
nir; las calles como ámbiro de encuentro y mulrifuncionales versus calles surne rg.idas
destinadas al transporte y los servicios; energía eléctrica utilizada como apoyo al fun-
cionamiento de la ciudad versus energía eléctrica vital para el func ionamiento de los
flujos; ciudades distantes conectadas relativan1ente en el tiempo versus compactación
ta
del tiempo y el espacio con la comunicaci6n instantánea y los trans portes; ritmos de
la vida rutinarios cíclicos de día y noche versus la ciudad 24/7.
:s A estos elementos contradictorios que integran el horizonte del fumro , se deben
agregar los que son similares en ambos modelos. Si bien con disrinros marices, am bos
1- modelos imaginan un porvenir mejor, promisorio, fel iz, sin tensiones y de seguro adve-
:l nimiento. Además, ninguno ejercía una mirada crítica social, ni política, ni ideoló-
e gica. Ambos abrevan en ideas provenientes del exterior: París y Nueva York estaban
b ien instaladas en el horizonte de las expectativas del futuro en Buenos Aires . En
ambos modelos, el futuro anticipado era internacional, único, parejo y perfecramenre
intercambiable entre ciudades.
Los fundamencos estéticos e higiénicos de los planes letrados y los avances cientí-
ficos y tecnológicos de la ciudad vertical del porvenir permitían mundializar el escena-
ticipado conforme a la pretendida neutralidad y universalidad de la estética (en los
letrados) y del conocimiento científico-técnico (en la ciudad vertical del porvenir) .
este modo, ambos modelos intentan instalar a Buenos Aires en el concierto
de las grandes ciudades. Casi podríamos decir que el futuro de Buenos
, en ese entonces, con un viaje entre París y N ueva York.
comparación entre Los púmes urbanos y La ciudad vertical deL porve-
ntenidas en las utopías, el futurismo y una selección de ideas de
erge otra serie de observaciones sobre las expectativas a fu tu-
en su textura. En primer lugar, la función de la ciencia y
' cipal de la imaginación del futuro no sólo emerge en el
ir. sino también en la mayoría de las utopías y en
ntrario, en las ideas de los reformadores políticos
los adelantos cienrffico-cécnicos no ocupan un
n como conocimiento e instrumentos neu-
lugar decerminanre la ciencia y la tecnología
en las revistas ilusuadas como en la mayor
40 1 Margarita Gutman 1 Buenos Aires. El pode r de la anticipación
parte de las utopías y en las ideas del futur ismo, así como naturalmen te en los planes fetro,.
dos, la ciudad se encuentra en el centro del horizonte de las expectativas del futuro. De
ese modo, el m undo del futuro es visualizado como un mundo de ciudades. Y este mundo
de ciudades está com pactado por las comunicaciones y los transportes, tiene dimensión
planetaria y está reagrupado por regiones. Debido a las condiciones que requiere un
funcionamiento sincronizado e intenso de los flujos que atraviesan a las ciudades de este
mundo compactado, se implica o visualiza la central ización de su administración y con-
trol tanto en las revisras ilustradas como en las utopías. Pero, también se lo imagina cen-
tralizado y moderno en d iversas propuestas políticas del momento, exceptuando a los
anarquistas. En casi todos los grupos de anricipaciones revisados, el futuro es visualiza-
do como intercambiable, in ternacional, sin marcas regionales: el futuro era un paisaje
parejo e internacional. O globalizado. Como ocurre (para algunos), en la actualidad.
Las n1arcas regionales o el peso de la historia ten ían p oco lugar en el futuro anti-
cipado por los d iversos grupos. Sin embargo, en los planes letrados, la cuadrícula - esa
pesada herencia del m undo colonial- es denigrada pero mantenida a ultranza, y sólo se
le insertan avenidas y ot ros d ispositivos de em bellecim iento. Por otro lado, ninguna de
las utopfas se aleja sustancialmente de la cuadrícula y de las p ropuestas más tradicio-
nales, como por ejemplo, la forma en que resuelve el centro de la ciudad la utopía anar-
q uista de Pierre Q uiroule de 191 4; o las descripciones de Ott o Dittrich en su ciudad so-
cialista quien le agrega paisajes de la ciudad jardín, o en La Estrella del Sur de Enrique
Vera y González, o en la del higienista Emilio Coni con su ciudad ideal del porvenir.
Desde el fu t urismo se rechazan a pleno las formas tradicionales, y esa fue una
de sus p rincipales banderas. Pero no se ha encontrado en las revistas ilustradas porte-
ñas - aquelJas q ue tan temprano informaron en se rio o en broma sobre el fururismo-
ningú n eco de las prop uestas de los arquitectos fu turistas como Antonio Sant'Elia o
Mario Chiattone. Y esto es notable, en tanto estas ilustraciones tendrían varios ele-
mentos en común con la ciudad vertical del porvenir donde, entre otros rasgos, junto
con las calles g ue q uedan sumergidas en el transporte y los servicios, desaparece tam·
bién la c uadrícula colon ial. Tampoco se ha encontrado hasta ahora, en la bibliogra-
fía revisada, un análisis de las relaciones entre el futurismo y la imaginación vertical
del futuro en N ueva York, salvo en los trabajos de Jean Luis Cohen.
Sin embargo, el pasado se im puso pa ra amojonar el futuro: tanto en algunos
relatos utópicos como en las revistas ilustradas, las conmemoraciones centenarias de
Ja nación ofrecieron fechas propicias pa ra anclar la imaginación del futuro, como
en los de Enrique Vera y González y el más temprano de Paul Groussac, quienes sitúan
sus relatos, respectivamente, en el Bicentenario y Centenario. Y es precisamente en
torno al Centenario cuando se publicaron con mayor frecuencia en las revistas ilus·
trad as locales notas e imágenes sobre el fu t uro, frecuencia que luego decreció nota·
blemen te duran te los años de la primera guerra mundial. Es posible pensar que los
preparativos para la conmemoración de un pasado interpretado como fundacional
de la nación, simultáneos a los años de crecimiento económico y en el marco de una
rn t o d ucc16n 1 41
exrend!da c.re-encia en eJ pro,gresu y la evol uc] 6n, h ayan disparado tan notablen1e nte
]a imaginación deJ furun1 en Jas rev1stas ilustrad as, as{ corno e[ placer de los lecto es
que las consumían. Tambrén la produccí.ó n y pubJicac.ión de ]os pocos rela[os ucópjcos
loca.Les fue mayor en torn o a esos años.
Casi todas ]as a nticipaciones anaJizadas, las producjda por Jas revistas; las uropia
las ideas futuris tas y las id1eas 1C 0 ntenida ~ en .la prnpue tas de Jo inrelect1L1ale , J polí-
1
ticos, salvo escasas excepciones, eran optimistas sobre 1 fu turo que ·e andcipaba nece-
sariamente me}or q ue el pasado. Esa creencia perduró d u rante bu na parte de la pri-
mera mitad de] siglo XX pero con n1atic es. Duran t e la prirnera guerra m u nd ia ] no
1 1
s6lo S e pub~i 1caron menos notas sobre e[ fut u ro en las revistas, sino que tam bién en eJ
1
campo letrado e intelectual se c-0men·zó a resquebrajar esa sólida cre·en. cEa en un futu-
1
ro mejor y se instal6 cierta incertidumb re· acerca del porveni.r. Aden1ás, como una mani-
festación Inás de una sociedad que se iba c:omp lcjizando, el horizo nce de~ fucuJro s~
definió con elen1entos n1ás illversos y contradictorios, en [anto hubo más secrores y
grupos que fueron capaces de articu lar y djfundir sus propias expectativas..
Por cierto ) los planes let:rados de la época analizada definíeron a lgunas cransfo.rma -
ciones de la ciudad en su momenco y en años postedores. Pero durante ~ a primera
mitad d e síglo XX, lo hi1cieron sin h.aber sido siquiera sancionados, ní haber cenido
1
oficinas o jnstramen.ros de aplicación. Hasca 1962j fecha 1en que se sanc ]onó el Pri-
n1er Plan Regulador de la ciudad de Buenos Aires:, estos planes letrados funcionaro n
más bi en como ideas, cuya disponibilidad fue a.usp íciada en algunos casos po r haber
1
a p rinc ipios del siglo xx. N o fueron las ideas de los planes Letrad os de la época esru.
diad a - las propuestas por los profesionales y funcionarios- las que anticiparon estas
rec ie ntes transformaciones de las c iudades globa les, sino aquellas contenidas en la
imaginación de la ciudad vertical del porvenir circulada en las revistas ilustradas merro.
poliranas y en los relatos utópicos: esa imaginación que podríamos llamar popular (si
se acepta esca denominación para m ateriales que fueron sostenidamente consumidos
por un público amplio) o plebeya, por haber sido generada por fuera del pensamiento
ilustrado y por tener la capacidad de desacralizar la m irada y las ideas.
Si repasam os los rasgos de la ciudad vertical del porvenir, pareciera que estuvié-
ramos describiendo los rasgos m ás recientes de las transformaciones operadas en Bue-
nos Aires y e n muchas o tras ci udades globales. Una buena parre de los numerosos
shopp ings urbanos o suburbanos de Bue nos Aires t ienen una estructura tridimensio-
n al ver tical donde se pierden las refe rencias de localización interna y externa y se
visua lizan sólo fragmentos en espacios que no tienen principio ni fin. Las torres
corporativas y de viviendas de Pacífico, Catalinas, Puerto Madero o las que se encuen-
tran en la intersección del Acceso Norte con General Paz, están jerarquizadas según
un g radie nte vertical hacia las altui·as : vale más caro lo que está más alto. Además,
tom an las formas del modelo globalizador q ue definen paisajes uniformes, intercam·
bia bl es, sin m a rcas regionales. Da lo mismo que estos edificios estén en Shanghai,
Hong Kong o Buenos Aires.
Las autopistas q ue se han construido en los últimos 30 años en Buenos Aires
están segregadas por tipo de transporte y usadas sólo por aquellos que pueden pagar
el peaje; el espacio urbano ha dejado de ser unitario y centralizado, y está fragmenta·
d o y segregado por los efectos de una infraestructura astillada por la privatización,
tal como se puede ve r fácilmente en una lectura del suplemento de los countriesen los
grandes diarios compa rado con un mapa de la pobreza. Se registra una paulaána des·
apa r ició n de las veredas como el espacio público para los encuentros forruiros y el
paseo, co m o en el secror de torres del barrio de Belgrano, y las calles cienden a ser
sólo vías de circ ulación y canales de servicios. Además, la sociedad de servicios se
expande en calidad y en tiempo cubriendo una porción del día cada vez mayor. Ypor
cie rto, las censiones entre la privacidad y el control es moneda corriente en los barrios
y en el G ran Buenos A ires.
Uno de los rasgos m ás notable de estas anticipaciones circuladas en las revistas
ilustradas es la exploración de las más lejanas fronteras imaginables de la ciencia Y
la tecnología y su aplicación a la vida urbana. Con su focalización sobre los avances
en el transporte, las comunicaciones y la e nergía, esa imaginación del futuro plebt-
ya anticipó algunos de los motores del cambio y la reesrructuración social y espacial
global operados en estos últimos años, impulsados por el avance en la tecnología de
la información, tema tan crabajado por reco nocidos analistas.
Antes de concluir estas notas introductorias y dejar al Jecror en las puertas de
esta aventura, es importante destacar que el crabajo de aproximación a remas que haCCJI
l 111r od IJCCI Ó.n 1 '1 3
a Ja v~da urbana, C0 mo a la. ]n1aginación del fururo, realizado desde ~núltjpl~ - cam pos
1
e] rcu[adas en las revistas ilustradas, [a i º'"estigacirón se enri,q u 1~cj6 no sóln e n los con-
tenidos específicos al poner en contacto estos dos campos, sino tarnbjén con el hurnor
d deleite}" el C-Ontagioso enC:usiasnlO por descubrir las potencialidades que e~ prog[eSO
tecno(1ógico de la época permirfa imaginar., Escas anticipaciones plebeyas u-rans111iren
una energía y una pocencialidad de cambios que los planes letrados no tenían y que un
estudio focalizado sólo en la disciplina del planeamienro no puede regisn~llr.
Si algo nos muestra esta revisión histórica es la ncoesidad de entender l~ ciudad
en el cruce de can1pos dis,ciplina.res y rextradisciplinares diversos. En el árnbiro social>
n1uestra la necesidad de desarrollar un espacio púb]ico donde se puedan negociar las
1
aspiraciones para rel futuro y forn1ular proyectos que conjuguen las expectativas de
los profesionales y los habitanres de Buenos Aires.
Podemos decir~ enton,ces, retomando las razones presentadas al principio de esca
1
¿En qué pensamos cuando imaginamos el fururo ? ¿Cómo imaginaban el porvenir nues-
tros compatriotas de h ace 100 años? ¿Qué sentido tiene al día de hoy encender esas
anticipaciones del futuro de principios de siglo xx?
En nuestros días, cuando hablamos del futuro, parece innecesario aclarar que nos
referimos a un futuro que tendrá lugar en esta tierra y será habitado por nues tros
descendientes directos o indirectos. Se traca de un fu turo en el mu ndo real y ca ngi-
ble, no en el más allá ni en la vida celestial. Pero no siempre fue así, ya que esta idea
del futuro que a buena parte de los habirances del mundo occidental hoy nos parece
tan natural, es bastante nueva en la historia de la humanidad, no tiene más de 200 o
300 afios de antigüedad. Este es el f uturo del que se ocupa este libro, del porvenir
imaginaban, deseaban o cernían los halbitantes de Buenos Aires para sus h ijos y
, propios y ajenos, viviendo en esca misma ciudad de Buenos Aires.
,res reconocidos autores, entre otros, pusieron el pensamiento sobre el fucuro en
'va histórica: el economista e historiador Roben Heilbroner ( 19 19-2005),
r y filósofo Carl L. Becker (1873-1945), ambos norteamericanos, y el his-
ogo irlandés John Bagnell Bury (1861 - 1927). Los tres demuestran, desde
, cómo la idea de un fururo al que se espera llegar por esfuerzo p ro-
ue beneficiaría a amplias capas de población en esta cierra, se form ó
recién a partir del siglo XVIII. En el mundo occidental, esta
46 1 M.1rga<1ta Gutman 1 Buenos Aires. El pod er de la an ticipación
idea d el furu ro fue auspiciad a por el desarrollo de las ciencias físicas y naturales
. . 1, . 1 . , d 1 . al. 1
ap ltcac1ones rccno og1cas, por a expans10n e capJC 1smo y por a emergencia dcu
y!IJl
Robert Heilbroner, en su libro sob re las visiones del futuro, engloba la hisroriadebs
expectativas hu manas sobre el fu turo en sólo eres períodos de duración muy desigual.
Son los que produjeron tres tipos distintos de visio nes del futuro: las visiones del "pasa-
do lejano" , las visiones del "ayer" y, por ú ltimo, las v isiones de " hoy", que incluyen
' f ragmento de I"manana
a1gun - " .'
Las visiones del "pasado lejano" abarcan la gran variedad de modos en que la
humanidad pensó sobre el futu ro desde sus al bores hace 150.000 años, pasando par
las sociedades más complejas, los reinos e imperios de la Mesopotamia, Egipto, India
y China, e incluyendo las glorias de G recia y Roma, y luego el Medioevo hasta el esca·
blecimiento de las modernas naciones-Estado europeas del siglo XVIJ. Según Heilbro-
ner, este primer período está marcado por una amplísima d iversidad en casi rodos los
aspectos de la vida, d onde viden tes, sacerdotes, reyes y oráculos escud riñaban el fu~·
ro para d istingu ir Jo que vendrá en miles d e aspectos, men os uno: "la perspecnV2
1. Hcilbroner, Roben, Vúionl!J del jiaurt>. EJ ptut1do lefa no, el ayer, el hoy y el mañana, Barcclono: Edicion<S Pa;d6I
Ibérica, 1996, p. 16.
Capitulo 1 1 47
au[ogene adas. Creían que el futu~o e-Staba, en últ.nia in:i;;tancia) n1ás aUá d 1 onr ol
humano.~ A la ignorancia se sun1aba lai in1porencia+La e ígn ción . ra 1 cndn1ien[o
que imp[cgnaba la 1nirada al futuro~
En el cranscurso del sjglo xvu 1 comenzaron a cmcrg("r las fucrz.J · q uc ruv~c: ron
posibilidades de .reorganizar Ja vida cotidiana. de los individuo.s tan drásrican, en te
com o sólo ]a naturaleza hab ía podido hacerlo has(:l enronces. Se fTa.ra ba} s~gún , , cil-
broner, d t res procesos definidos por: ]a pe111e cración de las J:J u 'Va.~ e cnolooÉas; el
conocimiento dre ]as rutinas de Ia vid a econ6n1ica co(idiana junro al desarrollo del
capiralis.mo~ y el surgimien ro de corrientes polf dcas y sociales con. concjencia sociaJ.
Los nuevos agentes diel cambio generados en el rnismo seno de la vida social, cuv] ·-
ron el poder de cai-nbiar la vida cocidiana con una fuerza casi cquivaJcnr<.:· a[ i'c~uc d
1
los rfos o la erosi6n de las costasn alterando de ese modo Ja fljeza y 1 impenecrabl-
l
lidad que caracterizaba a todas las visione-S de fut uro del "pasado lejano", y dando paso
. d ..
a un nu~vo upo e v1s~ ones.
1
.e
De esce modo las visiones del "[ayer" romaron for a en los pafs, s europeos occj-
denrales y en · orteamérica con el surgiI11 iento del capitalis1110 acornp ñado por ·l r
desar rollo de ]a tecnología y las ciencias y de una nueva. conciencia socia] y poHdca de
1
muchos sentidos,
. pero d e claro significad o: el q ue, el presen
· ¡ es d e algún
te " e Llllodo suPe-
rio r al pasado y, por extens1.6 n, que el futuro sera d l " a p ,,resente . a esperan4
fu superior
es el sentimiento que resume estas Hsio ,. . nes de turo . e ayerl . ..
U d 1
no e os eractores que proporcionó un gran im pulso a as actividades . .
produ c-
tovas
. fue la paul atona
· ad.icion
· , d e¡ conocimiento abstracto . ,
característico de la invest·•·
dgaciód
n científica a los saberes de la recnología prácnca q ue ven ian desarrollánd ,.
es e hacÍ a s1g1os. egu n · , . 0
1 S , Wi"lliam H McNeill, "el progreso científico [ ... ) preparó
co~~"
.
el vinculo del; berado y consciente entre ciencia Y recnologia que tuye_ Probab(,.
mente la fuente contemporánea más importante de cambio social · l0s Anahz~ndo
grandes avances de la tecnología práctka tealizados h asta el siglo xvm, Heilbronc¡
expHca cómo la tecnología pudo desarrollarse sin ciencia fo rm al en el sen todo moder.
no de una investigación sistematizada.' Se basa en las ideas d el historiador de la eco.
nom{a Joel Mokyr y el antropólogo James George Frazer. Para Mokyr la paulatina acu.
mulación del saber se condensa en un conocimiento metarecnológico que constiruyt
la fuenre donde se inspira de modo consciente o inconscien te la tecnología . Frazer des-
taca que la magia y la ciencia tienen una concepción fundamental en com ún , amb~
asumen que en la naturaleza un acontecimiento sigue al otro s in la intervención de
ningún agenre personal o espiritual, por lo tanto magia y ciencia "son concepciono
fundam enrales idénricas, donde subyace una fe impl ícita, pero fir me y real, en el orden
y uniformidad de la naturaleza".'º
Lo cien o es que en el transcurso de los doscienros años del "ayer", la ciencia alean.
zó un lugar exrraordinario en la sociedad, en tanto se creía que el conocim iento CÍ<n-
rffico exrraerfa sus secreros a la naturaleza y los usarla a favor del m ejoramiento de la
vida del ho'."bre. Además, la ciencia, al estar orientada a descub rir leyes y prevcrsus
consecuencias en el fut u_ro, reemplazó al elemenro visionario de la religión . En lugai
de prever el fururo acudiendo a la inspiración d ivina, la ciencia rec urrió a Ja obscM-
ción ." En su capacidad de pred icción, la ciencia se asoció a ¡ m ilagroso, y tambiln
en este aspecto se acercaba a la magia D e este modo e b0 . d º al 1 xpec·
.
tat1vas ·
que se tornaron optimistas y favorables · io ·ra icl d en asde "ere-
, ste carn
tamb·é
ciente
. entusiasmo
. por las maravillas con las q ue 1 n se vio est1n1u
' la ci"enc· . · a o por1 fábri·
cas, sC en la mente del público"." Para 1870 1 · · 1a se aso c1 , s1 no en as -n 6
a c1enc1a era todavía una amenaza r--
6. /bit/e,,,, p. 55.
7. lbiJnn, p. 58.
"-. 19'0, p. 167, F_, J-c....., n.-¡¡;_, C.U..~"Bo "'ty •IU/ Eco- · ·,,__
11
•....,., N-. v.., °"""'
......_
r•-... ..............
11. 59.p.
""'"'- "-i.¡.,,. ;::";"v..., "-m........p. . . . . . .
11. - p... . . • " ' " - . . . ... <V., p. 57,
Capítulo 1 1 49
la religión, pero a fines del siglo XlX no sólo perdió su aspecto am enazador, "sino que
se convirtió en un sustituto popular de la religión, un sustituto que ofrecía un a visión
del mundo a Ja vez o rdenada e inspiradora"."
El segundo elemento que para Heilbroner cambió la fo rm a de las cosas po r venir
fue el nuevo orden social, denominado "capitalismo" a fines del siglo XIX, q ue impri-
mió a la sociedad un dinamismo nunca antes visto ni imaginado." Básicamente, el capi-
talismo es un orden social que organiza y usa sus energías buscando la expansión del
capital, "que es el proceso viral del sistema".16 Heilbroner sintetiza: el capitalismo está
basado en "una amplia confianza en los mercados como mecanismo que guía la activi-
dad econónúca privada; la presencia en la sociedad de dos ámbiros distintos, uno reser-
vado a las funciones gubernamentales y otro para la actividad económica privada; y como
combustible global, [en) una dependencia de la expansión de los capi tales privados.
[ ... ] La esencia de un orden capitalista es el cambio, cambio tecnológico, social, polí-
tico y económico". 16 Este nuevo modo de organizar la producción y la d istribución
revolucionó la forma en que la humanidad aprovechaba los recursos de la naturaleza.
La "voluntad política'', es decir, "el modo en que las perso nas aceptan, celebran
o intentan alterar el orden establecido de gobierno" fue la tercera fuen te de dinamis-
mo que marcó las visiones de futuro del "ayer", según H eilbroner.17 La aceptación de
la legitimidad de la voluntad política popular fue un proceso lenro y desigual, pero
m ovilizó las tendencias de cambio social y político, articuladas desde las propuestas
dem ocráticas hasta las socialistas y comunistas.'"
La natu raleza de estas transfornrnciones revolucionarias producidas durante los
dos siglos del "ayer" estableció una visión radicalmente nueva de las cosas por venir. 1 '
Esca e ra la visión optimista, confiada y esperanzada que primaba en la AJgentina y
especialmen te en Buenos Aires durante el cambio del siglo xrx al XX , evide nciada en
los numerosos ejemplos seleccionados que se analizan en los capítulos siguientes.
Es n ecesario destacar que esca visión del futuro no fue universal, sino privativa
de los países d esarrollados como los de EuJopa occidental y Norteamérica, pero ram-
• :n incluyó a los países incorporados al comercio internacional aún en situaciones
penréncas
·e . y d epcn d"cntes
1 como la Argentina. No compartieron esta visión d e c.•ut\t
denonuna . d a Pº' H eo·1broner del "ayer", grandes• zo nas
,, de menor desarrollo . d' 1P4, ro,
. es materiales del "pasado lejano se han. mantenido inaite ra1das -~
d d 1 d
on e as con 1.c1on
E 1 l d en el período denominado por Hetlbroner " hoy" que
n a accua .d 1 a , . .. ,, . corn ·. e
1
, . que en el d el. ayer ,. la ciencia ,v tecn 1 1~
7-a en1 as u, 1urnas
0
· d écadas del siglo xx' igual 11
-
g1,a, a economia • y los movimientos poltacos de masas siguen siendo . las tres •uerzas
c.
mas
• oderosas en la conformación del futuro. Pero, la profunda diferencia nue ,,.,..
con lasp visiones del "ayer" es que el horizonte de fiu tu ro d e .. h oy., , ya no es rnás, rotu... 1s1r- ~
damcnte optim ista. Actualmente existe una intranquilizadora certeza que esas fue:.
zas que co nformaban el futuro en las visiones d el "ayer" - los d esarrollos científicos Y
tecnológicos, el cap italismo y los movimientos d e m asas- no conducen de maner~
inequrvoca al p•og<eso. Hoy se sabe que""-' fuerzas pueden"' canco "fuenas beoig.
nas co mo malignas; a la vez amenazadoras y proteccoras, ominosas y tranquilizado-
ras, incluso en las naciones más favorecidas -o sea las más plenamente capitalistas incli.
nadas a la ciencia y políticamente democráticas".i'
Por efectos de las críticas originadas en el campo moral y espiritual, por el impac.
to de los co nflictos armados y más tarde por los efectos devastadores de los avances
en el campo atómico, la tecnología científica perdió su capacidad de ordenar el mundo
y al mismo tiempo su prestigio. Heilbroner resume: " El desa rrollo de ingenios ató-
micos para la guerra ha alterado firmemente la estimación pública de la ciencia como
instrumenro de progreso".22
Así como la resignación resume el sentimiento sobre el futuro de las visiones del
"pasado lejano", y la esperanza resume las visiones del "ayer", la aprensión es el semi·
miento que resume las visiones del futuro " hoy".23 En estas últimas décadas el fururo
readquirió parte de la inescrucabilidad que tenía en el "pasado lejano". Hcilbroner, así
como otros estudiosos, sustenta esta afirmación revisando los violen ros aconcecimiencos
sociales y pollcicos de J., úlcim._, década, del siglo xx. A ello Je debemos ag<eg.u el con·
rinuo crec;m;""º de la pob,eza y la desigualdad producido por la globaHzación econó-
m~·
mica, y la expansión de la intolerancia y el terrorismo a escala mundial, aun cuando en
el ámb;co de las comunkacioncs se encuencre un esbozo de pmmesa de un fucuro
La mera leccma cocifana de los diarios nos impone esra <ealidad donde el fururo ya
no es más, lo ~ue.cra":
de un dorado horizonte de espera nza se ha transformado hoy en
un som brio e tnc1erro horizonte de amenaza. Se puede observar dicha tendencia
nas anticipaciones de fut B A. · , · d ' .J __ "
en~
uro en uenos Hes producidas en las ulumas ecaua.>.
Siguien do las propuestas de los autores citados, se acepta que la idea del progreso ha
jugado un rol fundamental en la construcción de la idea de fu turo tal como hoy lo
entendemos. Por la im portan cia y extensión de la creencia en el progreso en Buenos
Aires a principios del siglo XX, y por el decisivo papel que tuvo e n las anticipaciones
del futuro en diversos campos, resulta de interés presentar a con tin uación una sinté-
tica revisión de la idea del progreso basada en su primer h istoriado r J. B. Bury, en los
comen carios de Charles A. Beard, y en los análisis de Ca r! L. Becker.
En las primeras décadas del siglo xx ya estaba tan extendida la idea del progreso
que parecía natural la convicción de que la hun1anidad estaba encaminada hacia un
futuro de perfección indefinida. Pero esa idea no tenía en esa época más de 150 años.25
Desarrollada a partir del siglo >..'VI II , la idea del progreso está basada en la profunda
convicción de que el presente es mejor que el pasado, y lo que está por veni r será mejor
que el p resente.
Fueron los filósofos del siglo XVIII quienes dejaron ai:rás la veneración de los an ri-
guos y concibieron el progreso como un proceso gradual de incre1n e nro del conoci-
miento y correcto razonam ien co. Ellos desarrollaron un sentimiento optimista, sos-
tenido por la convicción de estar viviendo un generalizado 1nejoramien to universal.
Basados en esca idea del progreso, creían que el futuro, incluso el futuro inmediato
sería infinitamente m ejor que el presente. 26
El primer h.iscoriador que se ocupó de la idea del progreso y un clásico en su géne-
ro, J. B. Buey, destacaba en 19 32 cón10 esta doctrina incluye el pasado y el futu ro:
Shua; Fcrn ándC'l, Adriana y Edg3rdo Pfgoli (cd írorcs), Historias fiuurnJ. A111<Jlogin de In cie11cin ficáó1111rg1:ntin", Bue nos
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2006; Saru:, Salvador, Legión, Buenos Aires: Ed itorial lvrea, 2006; AJ n1oa, H oracio, El úliimo recreo. Los Hbros
Buenos Aires: Ediciones La Urraca, s in fecha; Solano López y 8arreiro, t'Mi nisccrio", en rcvisca 1l1er1su:1I
·-para sobrevivi'11tes, Buenos Aires: Ediciones La Urraca, 1986- 1987; Oesrcrhdd, H écror y Alberro
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1.6pez). Entre los films: la so11d111b11/n: recuerdos delf11tttro, director Fernando Spiner, guión Ric:ir·
11)$pi'iner y Fabi;in Bielinsl<y, 1998; y Moebius, directo r Gustavo Mosquera. guión sobre un relato de
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• n, YalcUnivcrsiry Press, 1932), pp. 119- 167.
52 1 Margarita Gu tman 1 Buenos A ires. El poder de la antoc ipacíón
"La idea d el p rogreso hu ma no es una teoría que incluye una síntesis del pasado
p rofecía d el futuro. Está basad a en la interpretación d e la historia que recon Y u~
oce al
h umanidad como avanzando lentamen te -pedetemtim progredientes- en una dir . ¡
~efinida y d eseabl_e, e_infiere que ese progreso va.a_conti~uar indefinidamente:~~1t
idea del progreso 1ust1fica todo eJ p roceso d e la CJv1lizac1on, como encaminado ha.
el ]~gro ~e Ja felicidad gen eral ~e la humanid ad . Además, enciende que ese proceso:
me1oram1en to debe ser necesariam en te un res ultado d e la n aturaleza social y físicadd
h ombre, es d ecir, que el adelanto no d ep ende d e facto res externos a los hombres, en
cuyo caso se caería en el campo d e la p roviden cia, sino de s us propias fuerzas internas.
El historiador norteamericano C harles A. Beard (1 87 4-1 948), en coincidencia con
Buey y con H eiJbroner, sostien e que sólo cuando se desarrollaron el comercio, las inven.
ciones y las ciencias naturales, y se hizo posible in dependizar a la humanidad de lo¡
ciclos repetitivos d e la an tigüedad y d e la épica cristiana, fue posible pensar un inmen.
so futuro , una conquista del mundo material para el benefi cio de la humanidad, yb
provisión de una vida mejor para la población en esta tierra.2 ª
Con una postura semejante y analizando el pensamiento filosófico del sigloxvm,
Carl L. Becker presenta un apasionante relato del surgimiento de la idea del progreso y
de las condiciones que llevaron a su formulación como una doctrina que ofrecía un com-
pleto reemplazo a las creencias en el más allá del cristianismo. Destaca cómo los filóso-
fos del siglo XVIII inventaron la idea de un futuro mejor de perfectibilidad indefinida,~
tiempo que reconocían al pasado como un período de ignorancia e infelicidad (en \'el
de una arcadia) desde el cual los hombres llegaron a un presente claramente mejor. Estas
ideas acerca del pasado y sus percepciones del presen te predispusieron a los filósofosdd
siglo XVIII a mirar el futuro como una tierra prometida, como 1a cierra de la utopía. 11
Los filósofos del siglo XVlU suplantaron las creencias cristianas aportando su pro-
pia interpretación del pasado, el presente y el futuro. Se enfrentaron así a la docrri·
na cristiana en el mismo campo de las ideas, y reemplazaron un elemento por ouo.
Según Becker, los filósofos utilizaron las mismas tácticas que el cristianismo habfa
utilizado anteriormente para reemplazar las creencias de la antigüedad. El cristianis·
mo había superado la idea clásica de la antigüed ad de los ciclos repetitivos de decai·
miento y regeneración. Había colocado el ideal de la edad de oro clásica en términos
de su propia historia bíblica, al comienzo de los tiempos en el Jardín del Edén.'° Pan
los clásicos, la historia humana parecía ser sólo una interminable repetición de ciclos
de degen eración y recuperación, y la vida humana estaba determinada por un desrino
27. Bury, J. 8., The idea o/ Progress. An inquíry ínto its origin and growth, op. cit., p. 5. La aaducción de las ciiastettlll"
les d e originales en inglés son de Margarita Gutman. f""'
28. Bcard , Charles, en la incroducción al libro de Bury, J. B., The idea ofProgrm. An ínquiry ínto its origm,,,,J
op. cit., p. XJ.
211. Bccker, Carl L., The Heavmly City o/the Eightemth Cenwry Philosophers, op. cit., p. 122.
30. lbiúm, p. 123.
Capítulo 1 1 53
implacable sin un final feliz, más aun, sin siquiera fin al alguno. Por el contrario, e l
cristianismo proveyó al drama de la vida del hombre d e un final, y d e un final in cl u-
so feliz. No hizo la vida del hombre menos difícil , pero puso un fin a la d esespera nza
sustituyendo la repetición y los ciclos por tod o otro nuevo mundo que vino a ocupar
el lugar del paraíso arcádico. De ese modo, el cristianismo se apoyó en el futuro para
balancear el presente. Para el cristianismo, la humanidad había gozad o de una juven-
tud feliz a la que ubicaba en el jardín d el paraíso, de u n período medio q ue era el
presente de dificultades e infortunios, y disponía de la esperanza d e un futuro feliz ,
pero en el otro mundo. Por lo tanto, el hombre común sabía q ue iba a rener en el futu-
ro un final donde todos los males iban a terminar con un j uicio y una com pensación."
Según Becker, la potencia de esta narración rad icaba en que cualquier ser h umano según
su experiencia personal podía identificarse fácilmente con ella, más allá de sus conte-
nidos teológicos. La doctrina cristiana, además, otorgaba al hon1bre una trascenden -
cia universal que iba rnás allá de su propia experiencia. Liberó la rnenre del hoinb re
del modelo cíclico en el cual la filosofía clásica lo había encerrado como en una prisión,
y al t ransferir la idea de la edad de oro del pasado al fu turo, sustituyó con optimismo
la desilusionad a mirada sobre el destino humano.32
Luego de la q u erella de los antigu os y modernos del siglo xv11, q uedó aceptado
q ue la humanidad h abía adelantado, y que en los tiempos actuales se sabía más que en
lus anciguus, debido a la acumulación de conocimienros. Ciercamenre, ya a nres del
siglo XVIII se habían manifestado las teorías del avance progresivo de la h umanidad.
Francis Bacon en Novum Organum (1620) se opone a aceptar el m ayor saber d e los
antiguos griegos y romanos, sosteniendo que los modernos sabían más q ue los grie-
gos y romanos quienes sólo vivieron en la juventud de la h umanidad.'' Bias Pascal tam-
bién so stuvo posiciones sünilares, al tiempo que estaba adelantada la q ue rella de anri-
s y m odernos. Bernard Le Bovier de Fontenelle (Les anciens et les modernes, 1688)
el m ejor defensor de los modernos basándose e n la doctrina cartesiana de la uni-
.dad d e la n aturaleza. Arenas no podría considerarse superior a Versalles. Afir-
e las futuras generaciones iban a superar a los modernos d e su tiempo, dado
ulación y las aplicaciones prácticas del conocimiento no tenían fin . Pero ,
la p osterid ad, no tenía ninguna intención de adorarla. Estaba perfec-
co n haber abandonado la noción de la degeneración inevitable y
q ue ellos no eran inferiores a sus antecesores. En el siglo XVII
aron más que del pasado y del presente, n o del futuro. 34
fos d el siglo XVlll intentaron reescribir la hisroria del desri-
mítico el Jardín del Edén, descubrir una n ueva revelación
54 1 Margarita Gu tm an 1 Bu enos A ires. El poder de la an ti c1pac1ó n
en el libro de la natu raleza, y den1osrrar que la razón era más confiable que la rel· .
. ig16n
y el Estad o. Pero, necesitaban reemp lazar la esperanza de un fu tu ro mejor por ot
ya q ue no había forma de volver a las ideas cíclicas de la antigüedad. Entonce$ Ira,
'co O-
ca ron el nuevo paraíso en los confines de la vida terrena. Pero a l desmantelar el para1-,
so celestial, la salvación de la humanidad debería ser conseguida no por un poder exrer.
no o catastrófi co, sino por el hombre mismo , "por el progresivo ad elanto hecho por
35
los esfuerzos de sucesivas generaciones de hombres" . De ese modo, la posteridad tenía
un uso in.disputable: tendría que completar lo que el pasado y el presente habían comen-
zado. Decía Frarn;:ois Jean de Chastellux, citado por Becker: "Hemos admirado a nues.
eros anteceso res menos, pero hem os a mado a n uestros contemporáneos mejor, y hemos
esperado más d e n uestros descendientes" .36 Y p rosigue Becker: "Así, los filósofosdel
siglo xv111 emplearon la posterid ad para exorcizar la doble ilusión del Jardín del Edén
cristiano y la ed ad dorad a de la antig l.iedad. Sustituyeron el amor a Dios por el amor
a la h um.anidad; el arrepentim iento por la perfectibilidad del h ombre a través de sus
propios esfuerzos; y la esperanza en la in mo rtalid ad en el otro mundo por la esperan-
za de vivir en la memoria de fu turas gene raciones". 37
Hacia 1780 el optim ismo se intensificó, pero ya no estaba basado en dejar las cosas
com o estaban. Era un op timismo q ue se proyectaba al futuro, sustentado en la creen-
cia que lo que estaba mal iba a ser reparado por los avances de la ciencia. En la psico-
logía d e J oh n Locke (1632- 1704), reforzad a y s im p li fi cada por Etienne Boo nod de
C ondillac (171 5-1 780), "era aceptado co m o evid ente que el hombre era producro de
su entorno - de la nat uraleza y d e las instituciones bajo las cuales vivía- y que remo·
d elando su entorno d e acuerdo a las invariab les y determinantes d e las leyes de la
n atu raleza, podría m ejorar física y espiritualmente m uy rápido".38
Bec ker ubica en Francia, donde el d escontento social e1·a mayor, el sitio dondela
doctrina del progreso, d e la perfec tibi lid ad ind efinida, se transfor mó en un artículo
d e fe esencial en la n ueva relig ión d e la h u m an idad. Es en to,nces a fines del siglo xvm
en Francia, bajo la presión soc ial del desco n tento, cuando el sueño utópico de la per·
fección (q ue venía rodando por el Jardín d el E d é n, po r la c iudad celestial, y tam·
bién por lugares remo tos como la Luna, A tla n tis o n ing ún l ugar) , fue colocado final·
mente en la vida terrena del hombre y se id en tificó con el deseo y la esperanza de
regeneración de la socied ad. 39
Este p rogreso caracterizaba no sólo la naturaleza, sino también las instituciones
humanas, tal co mo se enfatiza e n la Constitución de los Estados Unidos y en la de la
Revolución Francesa. El apogeo de esta tendencia d e p ensamiento llegó con el filósofo
3 5. lbidem , p. 129.
3 6. De C hastellux, Franc;ois Jcan, De la f'llieité publique, 1774, cirado por ibidem, p. 130.
37. Becker, Carl L . The Heawnly City of1he Eighteenth Cmtury Philosophers, op. cit., p. 130.
p. 138.
38 . lbidnn,
39. lbúúm, p. 139.
Capitulo 1 1 55
francés Jean Antoine Condorcet (1743- 1794) quie n en Progn:ss of the f-!itman Mind
(1795) sostenía: "La nacuraJeza no ha puesto un punto final a la perfección de las fac ul-
tades humanas, de modo que la perfección del hombre es verdaderamente indefinida;
y el progreso de su perfectibilidad de ahora en adelante independiente de c ualqu ier
poder que pueda desear pararlo, no tiene ouo límite que la duración del globo do nde
. d.o » .40
1a natural eza nos l1a arrOJa
De este modo, a través de la ley del p rogreso la sabiduría de los ti empos sería
acumulada, transmitida y p uesta a disposición de la posteridad . Esa poste ridad, así
como la naturaleza, fue frecuenten1ente "personificada, revere nc iada corno una d ivi-
nidad e invocada con acencos de plegaria"." Durante la Revolución Francesa la pos-
teridad fue utilizada como juez decisivo de las acciones de los hombres. El reco no-
cimiento d e la posteridad se convirtió en el pre1nio supremo. E l fi lósofo fra n cés
Denis Diderot (1713-1784) fue el que más pensó sobre los usos de la posteridad, y
la única compen~ación que p udo encontrar era la esperanza de vivi r por siempre
en la m emoria de la posteridad. La invocaba con acentos religiosos, sustituyendo la
adoración de Dios por el respeco por la posteridad, y la esperanza de la in mortali-
d ad en el cielo por la esperanza de vivir en la memoria de las generaciones futu-
ras.42 Para Diderot: "La posteridad es para los filósofos lo que el mundo celestia l es
para los religiosos" .43
·on ofhuman faculrit'S, rhat rhe perfeccibility of man is rru ly indcflnirc; and chac
now onwards indcpcndcnr of any power thar mighr wish w halr ir, has no ocher
which narure has cast us", citado en Mayr, Ernsr, The Growrh ofBfological
Ounbridge, Massachusetts: Harvard Uni versity P ress, 1982, p. 324.
dejar que la naturaleza to me su curso para que el progreso fuera inevitable.'' Est
trina fu: empleada en el Manifiesto Comuni!ta de Carlos Marx (1818-1 883)yF~·
co Engels (1820- 1895), en 1848. Según W1ghtman, sosten ían que si bienladi~
ra del proletariado sería alca nzada a través de una revolución que tomase el pode
acto de violencia "no era sino la consecuencia de un proceso inevitable, un pro~:
lutivo de la sociedad humana. Este nuevo énfasis en la historia con10, dioamos ,.., ~
l> • "'illl
y no sólo con10 recuento de eventos, enco ntró eco en el mismo DarwiJl [quienenit
célebre pasaje dice:] 'sólo cuando no se mire más a un organismo vivo como un ¡¡¡.
vaje mira a un barco, como algo totalmente fuera de su con1presión; cuandomiielTICI
roda producción de la naturaleza como una producción que ha tenido una bisio!Í¡;
[ . .. ] el estudio de la historia natural va a cornenzar'".46
Pero, el evolucionismo por sí mismo no asegura que el futuro será mejor quid
presente. En realidad, es un concepto neutro que no incluye valores posicivos ni nega.
tivos. En can1bio, la idea del progreso sostiene que la humanidad ha ten.ido un cursi
ascendente en Ja historia y se encamina hacia un futuro infinitamente perfeccible. S~
embargo, como se ha mencionado, fueron las teorías de Charles Darwin (1809-18811
expuestas en Et origen de las especies en 1859, las que sentaron las bases para la fuadi-
mentación ciendfica de la idea del progreso. Según Bury, la teoría de la evoluciónayui!i
a que la idea del progreso, que hasta ese entonces no era más que una brillante supog·
ción, fu era elevada al rango de hipótesis científlcá. Para fundamentar el progresoenb
teoría de la evolución, era necesario deinostrar que la vida social obedecía a lasmli-
mas leyes que la naturaleza y q ue ese proceso implicaba un incremento de la felici-
dad. De ese modo, el progreso podría ser una hipótesis válida para los seres vivO!.'
El más importante difusor de esa teoría fue Herbert Spencer (1820-1903), quien ru1~
amplia influencia entre los intelectuales argentinos durante el cambio de si~oxx.
Darwin corroboraba el optimismo inherente a la ideología del progreso: "Co1t11
todas las formas vivientes son los descendientes lineales de aquellos que vivieroo
' .
mucho antes q ue la época Silu.rian, podemos estar en lo cierto que la excraordinaru
sucesión de generaciones nunca fue interru.mpida, q ue ningún cataclismo ha delO"
lado el mundo en su totalidad .. Por lo tanto podemos mirar con la misma coofi2JIZl
hacia un futuro seguro de inapreciable y comparable duración. Y como la selección
natural trabaja sólo por y para el bien de cada ser, todo entorno corporal y men¡¡I
tenderá a progresar hacia la perfección".48
45. Wightman, William l~ D., The Grozvth ofScientific Ideas, New Havon: Yale Universicy Press, 1951, p. 413. P.,._,,
la historia de: la ccorla de la evolución véanse también: Nordenskiold, Eric. The Hisrory ofBiology, Nueva York: Tudorp¡,blill-
ing Co., 1935; Gaylord Simpson, George, The Meaning ofE1J0/11rion, Nueva York: A Menror Book. The New AmttiaD l.bll
ofWorld Llccranuc lnc., 1951; Mayr, Ernsc, The Growrh of Biolog;cal Thought. Diveniry. E1J0/111ion anti ln/imtlJtt"t• f /l.
48. Darwin, diado por Wighcman, Will iann P. D., The Growth o/Stienúfic Ideas, op. cit., p. 4J3.
47. Bwy, J. B., The ÍMIZ ofProgress. An inquiry ineo its orígín nnd growth, op. cit., pp. 334-336. . itf
"8. Darwin, Charles, El origm tÚ las especies (1859), cirado por Bury, J. B., The idea ofProgrtJJ. An í111f..U, ;.JllM
u4pwth, op. cit., p. 336.
Cap•tulo 1 1 57
(.
·~
3 . Anticipaciones, utopías e imaginarios soc ia les
~
~ Adoptando d istinta inte nsidad en sus diferentes contenidos, la reílexión sobre el fur u-
ro contjene generalmente cierta evaluación u opinión sobre la s ituación del presen-
te, seguida por el enunciado de esperanzas, ideas, ideales, ilus iones, propuestas, obje-
tivos o programas de acción. Esros se expresan en forma de e nsayos, rexros breves.
novelas, noticias, dibujos, caricaturas, obras de arre, fundamenros de políricas pú bli -
cas, o proyectos y planes arquitectónicos o urbanos. En esre libro se conside ra a d ic hos
elementos (las esperanzas, ideas, ideales, ilusiones, propuestas, objcrivos, prog ramas,
ere. ) como punros que van definiendo la línea del horizonte de las expecta tivas y as pi-
raciones de una sociedad en un período dado. Este horizonte contie ne de este mod o
opciones, lecciones o direcciones para orientar las acciones en el presente. En ta nw pro-
ducro de representaciones sociales coleccivas, asimismo, esre horizonte de los proyec ros
culturales del futuro es parre del imaginario social.
Anticipaciones y expectativas
5 2. Scgií n Frnncis Bacon la anricipac ió n o invención de hipótesis o suposicio nes q ue poseen u n grado 101.m blrd.
plausibi lidad , e ra casi el único mécodo filosófico en la anrigüed ad. Las a n t ici pacion es se infie ren de algunas paniadi-
ridacks frccucnrcs y po r lo ian r<) csrán mejor equipad as para co nq uisrar nucsrra compresión y para apropimrdrnua-
cra imaginación. La incerpreración , po r el comrario, se construye sob re indicios dispersos y difcrences emrcsí, ypo1 h
rnnro no es fác ilme nte co mprensible. Baco n e n su Novum Organum ( 1620) se d edicó a d e mosuar la fmilicbd d<L
ant ici pación d e la nacuraleza propo nie ndo suscimirla por otro mécodo mejor: la inrcrpreración de b nacuraleu. fJa.
hurgh E,,cy/opedia, conducted hy David Brewster, vol. 11, N ueva Yo rk: Routledgc. 1999, p. 204 (I• edición, EdinbuJF
Will iarn Blackwood, 1830).
53. Grtm lnrousse Encydopédique, París: Li brairie Laro usse, 1960, vo l. 1, pp. 4 53-454.
54. Sobre h ancicipación desde la fi losofía, el Diccionario Enciclopédico Hispano-A mericano de 1887 coincideen.lp-
nos as pecios con la inrcrprecaci6 n de la anrici pació n como u na hipó tesis, y d estaca sus asociacio nes con la t$p<rl.Jll1
las ilusiones, los propósitos y los proycccos: "'Una idea ar1ticipad a, dice C. Bernard, es el pumo de partida nc=riodr
codo raciiocinio e mpírico. Sin ella es impos ible coda invesrigación, sólo am o n ronarlamos observaciones esrc!rih'En
cal scnrid o, la anricipáción equivale a b hipó tesis o co njetura, y su impona ncia se aprecia sólo con observar la gne>!l-
sirna que ricnc esrc procedimiento inrclccrual para el progreso d e la cie ncia, p uesro que la hipótesis es la stmilu.lc
toda verdad y especie de luz c repuscula r que precede a la refulgence del conocim ienro cie rco. (V. E. Naville, Úl útif'
de /'!-lyp(Jthese}. [.. .]La ancicipación, en b s acepciones dadas a la palab ra por Epi curo y po r Kam , es lo que hoys<tbi>
mina prejuicio, o juicio ancicipado, a que presramos adhesión en la vida, si n te ne r conciencia complera de su vc:cibi!
que ab raza, en la esfera de la vid a sensible. codo el exrenso cam po de las es peranzas y de las ilusiones, y en 12 de la,.,,¡...
cad, los propósicos o proyecros. Faccores son cod os ellos de que no se pued e prcscin<lir e n la ciencia (siquiera no st Jcsjaa)l-
pore sin mis al organismo de verdades cierras), y mucho menos en la vida; pues, contra aparie ncias fulaccs, donde""""
vive el homb re es en el rápido y vertiginoso prcsenrc, que ya simbolizaba Plató n en línea c tc rnamencc móvil. V"niad
canto de recuerdos de lo pasad o, como de previsiones de lo porve nir, y a estas úlcimas se refieren la anticipacióllfº
prejuicio, a plicables po r igual a la inteligencia, al senrimienco y a la vo lun cad". Diccionario Enciclopldho H~
ricano, Ba rcelo na: Mo ncaner y Si món Edico res, 188 7, c. 2, p. 304. Dispc>niblr -
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do, P""" un pdm" i;brn co>a;cne un, •guda ccidco a la sociedad ;nglc.a de su
époc., y"" "gundo librn --que pubikó p•dncco- donde su pccsonajc el >nac;no
PO«ugués Rafucl Hy<hlod.,.u, de.cdbc la •ociedad ;deal de V1.opia con dcoallc y en
pleno func;onamiemo. El v;•jcco" cxplay, •oboe !, geog,..f(a de 1, ;sla y la ubkación
d"u' pueblo., la v;d, codd;anHn el cam po y en 1.., c;udade., l..,dm;n;sn·ac;ón y ¡,,
loy.,,, el "'b* y lo, v;"I"· ¡, n,; 1;cia y la >eHgión . Mo rn i >nag; n ab, soc;edades idea le,
U"'. ' ·"J'<• n,••h" '· ' '°'' "°"" C." L. • n,. u_
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'-••<.. ""· 1• " "" '""""'• "•gl. ""· M<,;...,. '•nd d ,.... 1
61. Moro, Tom ó<, / ftopía, Madrid: Edito ria l Espasa Cal pe, 1999; Kum>r, Kri$h:tn, Utopia ª""A"ti-U1opi11 in MJtrl
Times, Cambridge, Massachussecs: Basil Blackwcll, 1987, pp. 19-32; Melchiorre, YirgiJ io, "Utopía', Enricl1p~
Europea, vol. XI, Taddeo di Barrolo-Zworykin, Gana nci Edirori, 1981, pp. 677-679.
62. Ainsa, Fernando, La reco11stn1cción de lo utopía, Buenos Aires: Ediciones del Sol, L999. pp. 187-188.
63. Esce listado de las caracteríscicas de la u top fa como género literario, o uco pía clásica renacentista, o uropb ,,_,,j¡r
na temptana, sigue la estructura anal ítica de Ainsa, Fernando, ibidem, pp. 22-25; y la interpretación de l<unW• Ki"
han, Ut4pia and Anti-Utopia in Mot.úrn Times, op. cit., pp. 25-32.
84. Moro, Tomás, Utopía, op. cit. , p. 85.
Capitulo 1 1 61
70. Rico<:u r, Paul, Del texto n In ncá611, Buenos Aires: Fondo de C ulrura Econó mica, 2000, parre 11 "De la hermenéuoa de
los texros a la hermenéut ica de 1.a acció n", capítulo ... L, imagin~cí6n e n el discurso y en la acción'\ y parce m .. ldcologil.
uropía y polírica", ca pirulo " La ideología y la uro p!a: dos expresio nes del imaginario social", pp. 197-2 t 8 y 349.,)é()
Ricoeu.- sé inscribe dcn rro de la tende nc ia plasmada po r Karl Mannhe im e n Ideología y utopía, quien ~i\·indict J b
ucop(a por su ca.rictcr activo y por su oposici6n al status q ua soc ial.
71. Ricocur reconoce que en el an:ilisís de esros dos concepros, ideología y mopía, no hay que perder nunci d< visnqll<
siguen siendo concepcos muy polémicos. Lo hace en una noca a pie de página al flnal iiar el capírnlo ""u ideol~yla
uropfa: dos expresiones del imaginario social". Ricocur, Paul, D el texto a la ncri6n, op . cit. , p. 360.
72. /bükm, p. 349.
Capitulo 1 J 63
mediance los cuales se oculta una situación. D e ese modo, la ideología puede ser asi-
1nilada a un engaño social o peor aún, a una ilusió n protectora de u n estatuto social
con todos los privilegios e injusdcias que con lleva. Po r ot ro lado, la u to pía es acusada
de no ser más que una fuga de la realidad, '\111a suerte de ciencia fi cción ap licada a la
política".' 3 Desde ese enfoque es posible desechar los proyectos utóp icos por su rigi-
dez y geometría, cal como los rechaza Cioran en sus ácid as opiniones, que se comen-
tan en el capítulo VIII. También es acusada la utopía por la ausencia de refl exiones so bre
los primeros pasos que habría que dar para encaminarse hacia ella, es decir, por no
encarar una lógica de la acción. De ese modo la utopía no sería más que una n1ane ra
"de soñar la acción evitando reflexiona r sobre las cond icio nes de pos ibilidad de su
inserción en la situ ación actual"."
Para poner en orden las funciones y los n1últiples significados de cada una de estas
dos n1odalidades del imaginario social, la ideología y la utopía, Ricoe ur propo ne t res
niveles para la comprensi6n de cada una de escas 111odalidades y Jos co rrelaciona.
Comienza analizando la ideología en sus tres niveles de comprensión, q ue pueden resu-
mirse de la manera siguiente.
NIVEL 1. La ideología como distorsión o disimulo. Esca concepción fue popula rizada
por los escritos del joven Marx, pero fue Napoleón quien instauró el uso peyorativo
de la palabra ideología. En el materialismo histórico, se enciende la ideología co1no refle-
jo de la vida - la praxis- que es distorsionada y falsificada por esta representación ima-
ginaria. Luego de Marx y el desarrollo del marxismo la ideología fue op uesta a la cien-
cia y ya no simplen1ente, como en el primer Marx, a la praxis.
Si bien cada una d e estas fun ciones se prol onga en la o tra, la de integración en
la de legitimación y tambié n en la del disim ulo, y a pesar de los aspectos negativos,
Ricoeur propone n o perder d e vista el carácter positivo, construc tivo y benéfico que
tiene la ideología en su nivel fundamental. Destaca que las tres funciones de la ideo·
logía tienen en común constituir una interpretación de la vida real. Mediante la ideolo-
gía, el grupo social cree en su pro pia ide ntidad. Bajo sus tres formas o funciones la
ideología fortalece, refuerza y conserva al grupo social tal como es.
D efiniendo la utopía e n oposición a la ideología, p ara Ricoeur la función funda·
mental de la utopía es proyectar la imaginación fuera d e lo real. Así como la ideologfa,
considerada en su nivel más profundo con serva y preserva la realidad, la utopía la cues·
tiona, y socava el orden social en codas sus formas. En ese sentido, la utopía "es laexpre·
sión de todas las potencialidades de un grupo social, que se encuentran reprimidas por
el orden existente". 19 La utopía es entonces el ejercicio d e la imaginación para pensar
otro modo de vivir.
Ricoeur se niega a definir y clasificar las innume ra bles utopías: "No es sorpren·
dente que la ut opía no se pueda definir por su contenido y que la comparación delas
utopías en tre ellas sea tan decepcionan t e. E s que la unidad del fenómeno urópico
no resulta de su conten ido sino de su función, que siempre es la de proponer una
sociedad alternativa".' º Es entonces posible afirmar que lo que tienen en común toda.I
Capítulo 1 1 65
las u topías es su función, que es subvertir el o rden social existente, proponer socieda-
des alternativas, abrir la ventana de las posibilidades a otra manera de pensar y de hacer.
Para analizar la utopía, Ricoeur comienza por el n ivel m.ás profundo, estableciendo
en p aralelo sus relaciones d e oposición con la ideología:
N IVEL I. La utopía en su nivel más superficial y patológico. Al mismo tiempo que la uto-
pía en gend ra poderes, anuncia tiranías futuras que serán m ás difíciles aún de derribar. Al
saltearse una reflexión de carácter práctico y político sobre lo que se puede encontrar en
lo real existente, en las instituciones, en lo creíble disponible en w1a época, la utopía nos
pued e h acer dar un salto insensato hacia otro lugar "con todos los riesgos de un d iscurso
loco y eventualmente sanguinario".83 Una suerte de lógica de todo o nad a, esquizofréni-
ca, reemplaza a la lógica de la acción, donde siempre se sabe que lo deseable y lo realiza-
ble no coinciden , en canto: "la acción engendra contradicciones ineluctables, por ejem-
, para nuestras sociedades modernas, entre la exigencia de justicia y la de igualdad" .84
esar d e estos riesgos y complejidad es, Ricoeur rescata la "p o tencia liberadora
disimulada bajo sus propias caricaturas". Imaginar el no lugar y otro tiempo
abierto el campo de lo posible". En otras palabras, "la utopía es lo q ue
te de expectativa fusionarse co n el campo de la experiencia. Es lo
cia entre la esperanza y la trad ición" .85
El filósofo alemán Ernsr Bloch (1885-1977) había idenrificado, anres que Ricotu
una función transformadora y liberadora en lo que denomina las "rendencias ucó ~
cas", en EL principio esperanza (1938-1947). Ampliando norablemenre el registro ~e
las tendencias urópicas, Bloch encuentra la "conciencia anticipadora" en codo lo que
el hombre crea o imagina. De ese modo, las tendencias utópicas están embebidas 00
sólo y obviamente en las utopías, sino también en las manifesraciones del arre, lossuc.
ños diurnos, los ideales, los cuencos de hadas, los castillos en el aire, las ilusiones, los
viajes, el circo, el cine y las fábu las, e ntre otros ejemplos que Bloch analiz.a. Y no sólo
considera las utopías sociales sino que incluye las utopías médicas, récnicas, arquitectó-
nicas y geográficas expresadas "en las regiones del deseo trazadas por la pintura y la lict-
ratura" .86 Expandiendo de ese modo el campo donde se encuenuan tendencias urópicas
"a todos los sueños por una vida mejor", Bloch aclara:
86. 61och, Emst, J:J pnnripio aperanza {/], Madnd: Ed1<orial Trotta, 2004, p. 38.
87. lbü/nn, pp. 38-39.
Capítulo 1 1 67
ilusiones, material de esperanza [.. .]. De aquí la alusión e in rerp rcración - anees
y d etrás de las fantasías políticas- de utopías médicas, récn icas, arquiceccónicas y
geográficas, como también en la wna de ilusión de la pintura, ópera y liceratura.88
Pensar significa traspasar. Pero el rraspasar no ha encontrado, hasra aho ra, su pen-
samiento suficientemente agudo. [... ] La intención no se ha oído en su resonancia
siempre an ticipadora, la tendencia objetiva no se ha reconocido en su potencialidad
siempre anticipadora. El desiderium, la única cualidad honrosa de codos los hom-
bres, no ha sido investigado. Aún cuando llena el sentido de todos los hombres y el
horizonte de codo ser, lo todavía-no-consciente, lo todavía no-llegado-a-ser no se ha
impuesto ni siquiera como palabra, por no decir como concepro. Este á mbiro fl o-
reciente de interrogan tes se halla casi inexpresado en la filosofía preceden re. El soñar
hacia delante, como dice Lenin, no ha sido objero de reflexión, sólo ha sido rozado
esporádicamente, no ha alcanzado el concepto que le es adecuado. 8 9
Bloch entiende que la esperanza es un principio porque el mundo exterior está siem-
pre en proceso en tanto que está inacabado, y porque el hom bre está siempre en m ovi-
miento. La realidad se compone no sólo de los hechos fijos e incluso consumados, sino
de las anticipacion es del futuro: "Lo real es proceso, y este es la m ediación m uy ramifi-
90
cada entre presente, pasado no acabado y, sobre todo, futuro posible". "El concepro rígi-
do de realidad penetró, temporalmente, en el mismo marxismo, haciéndolo esquemáti-
co. No basta hablar de proceso dialéctico y tratar luego la historia co m o una serie d e da ros
sucesivos o de 'totalidades' inconclusas. Aquí amenaza un angostamienrn y cercenamien-
to de la realidad, un apartamienro de la 'fuerza de acción y simiente en ella', y esto ya no
es marxismo. La fantasía concreta y la imaginería de sus anticipaciones mediadas fe rmen-
tan en el m ismo proceso de lo real y se reproducen hacia adelante en el sueño concreto;
elementos anticipadores son parte constitutiva de la realidad misma. O, lo que es lo mismo,
la voluntad d e utopía es absolutamente compatible con la tendencia vinculada al objeto;
91
aun, queda confirmada por ella, y en ella se encuentra en su elen1ento" . Y más
agrega: "Sólo el horizonte de futuro, tal como lo trata el m arxismo, con el hori-
o como su espacio antecedente, da a la realidad su dimensión real".9 2
68 1 Margarita Gut man 1 B uenos Aires. El poder de la ant 1c1pac1ón
Todo lo vivo, decía Goerhe, tiene una atmósfera en co rno a sí; rodo lo real en su
co njunro, en tanto q ue es vida, p roceso, y puede ser correlaro de la fan rasía obje-
tiva, tie ne un horizonte. [ ...] Allí donde se prescinde del ho rizonte perspecti-
visra, la realidad aparece sólo como ll egada a ser, como m uerta, y son aquí tam-
bién los muertos, nat ural ista y em pirisras, los q ue e ncie rran a sus muerros. AJlí
d o nde el ho rizonte perspectivisra se incluye en la visión , lo real aparece como lo
q ue efecrivamente es: como un entresijo de procesos d ialécticos que tienen lugar
en un mu ndo inacabado, y en un mundo que no sería en absoluto modificable
sin el inmenso fururo como posibi lidad real en él. 9 3
Para conclui r con las propuesras de Blo ch reforzando la im porrancia de las anri-
cipa cio nes en la vid a cotidiana: " La realidad no esrá complera sin posibilidad real.y
e l mundo sin propiedades grávidas de futuro no merece, como tampoco el pequeño
94
b u rg ués, ni una mirada, ni un arte, ni una ciencia".
Imágenes e imaginarios
Las ant icipaciones, en tanro represe n taciones m e n tales, se expresan a rravés de imá-
gen es t extuales o visuales. Sin e ntra r e n las mú lti p les in terpretaciones que han
95
sido formulad as sobre las imágenes, es d e d est acar la capacidad que tienen las imá-
genes par a d esatar acciones y provocar estados d e á nimo e n sus receptores. Dentro
de estas capacid ades se p ued e inscribir la actitud p roact iva d e las an ricipaciones y
los estados de á n imo expecta n tes hacia e l futuro. Esta función de activación delas
imágen es es d estacad a por el histo ri ad or del a rte a ustríaco E . H. Gomb rich (l909·
2 001) , el arquitecto e historiado r a rge ntin o Rafael Iglesia y el fil ósofo español Juan·
Luis Pintos.
G o m brich considera la comun icac ión desde el p unro de vista del lenguaje, ydis·
ringue , siguiendo a Karl Buhler, tres fu nciones: de exp res ió n (síntoma), activación
(señal) y descripción (símbo lo). E n re lación co n las imágenes visuales, tan uülizadas
e n las ant icipacion es urban as profes ionales y ex t radiscip linares q ue se analizan en
los capítulos 11, 111, rv y VJ d e este libro, Gombric h sost ie ne que Ja imagen visual es
un m edio excelente d e activación : es una señ a l pod erosa para producir reacciones o
p rovocar estados de áni mo o sentimie n tos. Pero, para comunicar los sen rimicnrosla
imagen es problemática y es definitivamente poco útil para, sin otras ayudas, descri bi r
situaciiones o d esarrollar inferencias lógicas propias del lenguaje hablad o .••
Desde otro enfoque y desde un a consideración abarcad ora de las imáge nes, Iglesia
sostiene que un a " imagen decisoria" está compuesta por "las configuraciones me nta-
les que guían la acción, iniciando un 'sistema intencional'" .97 Destacando la orien ta-
ción hacia el futuro de la " imagen decisoria", Iglesia cita: "Cada vez q ue elegimos d ón de
mirar y la información que que remos extraer, d ejamos que el fu turo a nticipado p or
nuestras m etas nos guíe. [... ] Así pues, la mirada se hace in teligente - y po r lo rnñ ro
creadora- cuando se convierte en una búsqueda dirigida por un p royecto".ºª
En relación a los imaginarios, que se constituyen a partir d e varios elem en-tos
diversos de una sociedad como los discursos, los valores y las prácticas sociales, y q ue
actúa como un regulador d e conductas, Iglesia cita a Díaz: "se traca de u n d ispositivo
móvil, cambiante, impreciso y contundente a la vez. Produce materialidad, es de cir
produce efectos concretos sobre los objetos y su vida de relación, así como sobre las
realizaciones humanas en general" .99
Refiriéndose a los mecan ismos por los cu ales d eterminad os órd enes soc ia les
llegan a considerarse como "alg o natural" , para Pintos los imaginarios sociales son
"aquellas represen taciones colectivas que rigen los sistemas de identificación y d e in te-
gración social, y que hacen visible la invisibilidad social".'ºº Según este autor, los ima-
ginarios sociales constituyen una compleja "agencia social" (denominad a agency en
inglés), es decir "esquernas construidos socialmente que estr ucturan en cad a instante
la experiencia social y engendran tanto comportamientos como imágenes ' reales"' . ' 0 '
Menciona cierta relación de los imaginarios sociales con los sueños d iurn os de Bloch,
que están orientados hacia el fu turo, pero enseguida aclara que los imagina rios son
instrumentales para reflexionar sobre el pasado y d esarrol lar una memoria subversiva,
temas de los cuales se ocupa. 1 º 2
1 el imllginllrio social, Buenos Aires: Biblos, 1996 , p. 1 t , cicado por Iglesia, Rafael E. J.,
[... ] este libro aborda el estudio de los escenarios urbanos como "lugares" decons.
titución de lo simbólico y puesta en escena de la ritual idad ciudadana, produc-
ción y recreación de una cultura en la que participan los grupos y los individuo¡
con10 actores mediante su actividad de selección y reconoci miento. Indagar la
presencia de las marcas siinbólicas en la experiencia colectiva requerirá una doble
estrategia para acceder a los símbolos de pertenencia que los ciudadanos tienen de
y hacen con su ciudad: evocar y usa r. Evocar la ciudad en sus acontecimiencossus
personas y sus micos, (historias leyendas y rumores) que los narran[ ... ] Usarlaciu·
dad: los recorridos y ritos que tejen los reconocimientos, lo.s lugares de citas, de
.
encuentro y d e Juego [.. .. ] . 105
103. Silva, Armando, Imaginarios urbanos. Bogotá y Sáo Paulo: cu/11~rtt y comunicación 11rba11a rn Amlrica ÚllÍ""BtfP
Caracas, Quito: Tercer Mundo Ed ito res, l 994. . ,,_.;
104. Silva fundamenta el "Evocar y usarr la ciudad", en Si lva, Armando. Imaginarios urb111101. BogouJySis dJffl'
tura ycom11nicaridn 11rbana en América Lati11a, op. cit., pp. t 43-147. Las ún icas reflexüones sobre el fu¡uroJC [lpll
eran en una proyección de la cantidad de habira.nres de Bogorá en el año 2000 y algu nas consideraciones sol>«
de segwidad y aseo. Ibídem, pp. 173-174 y 196- 197.
101. Barbero, Jesds Martín. "Prólogo". ibídem, p. 16.
Capítulo 1 1 71
Para concluir este rodeo sob re el sentido del fucuro y sus man ifestac iones en fo rm a
de anricipaciones, expectativas y utopías, resulta indicado explorar las razo nes por las
cuales las indagaciones sobre el futuro, ya sean actuales o históricas, so n importan-
tes social y personalmente. Son, además, las razones que fundamenran este libro y
dispararon su preparación.
La raz6n hist6rica
Razones teóricas
entre otros. por Marrou, Hen ri, Del conocimiento histórico, Buenos
72 1 Margarita Gutman 1 Buenos A ires. El poder de la ant1c1pac1ón
1 07. Becker, Carl L.. "The uses of pos reri ry", en Tht Heavn1ly City o/the Eighreenrh Cn1tury Philosophers, op. nt.; l(ost-
lleck, Reinharc, Futuro pasado. Para una srmá11rica de los tiempos hisróricos, Barcelona, Buenos Aires, México: Paickld-
1993 {1 • edición en alemán, 1979); Heilbroner, Roberr, Visiones dt!fa1uro. El pasado lejano, el ayer, ti hoy ¡ ti~
op. eír.; Ricocur, Paul, Historia y 11arratividad, op. cit.; Gombrich, E. H., la h11agen y ti ojo. 1V11tvos est11dio1 wblf /¿ f#
logia~ la representación pictórica, op. á t.; l..y nch, Kevi n, What Time is rhis Plaa?, Cambridge Ma.ss.ichUSSttS, Y ~
Thc MIT Prcss, 2001 (I• edición, 1972). .,
108. Bcckcr, Carl L., "Thc uses of posrcricy•, en The fleavenly Ciry o/rhr Eighrunth Cenrury Philo10phrrs, ºP: (1/., . P.~ '"'
109. "Spccious: adj. Somcthing thac is specious scems co exisr orbe rrue, bue is noc real or crue." ~lislcading. <h
d iccionario.rcvcrso.ncúinglcs·sinonimos/specious>, 15 ju lio 2007.
11 O. Bcckcr, Carl L., "Thc uses of posccriry", op. cit., pp. 120- 12 1.
Capítulo 1 1 73
embargo, el no visible fu t uro coloca una dem anda para hacerse sen tir co rn o u na idea
con trolando nuestra perspectiva" . 111
AJ presentar el proceso de configuración del sentido en la pe rcepción de las imá-
genes, E. H. Gombrich analiza lo que técnicamen te se conoce co mo la " integración
tem poral", es decir, la combinación de recuercllos y expectativas en un intervalo d e tiem-
p o extendido. C ica la bella medicación de las Confesiones d e Sao Agusrí n: '" [ . . . ] La
vida de esta acción mía se extiende en ambos sen tidos : e n m i m em oria , en Jo q ue
toca a la parte que ya h e repetido, y asimismo en mi expectativa, respccco a lo que estoy
a pu nto de repetir' [y señala:] a San Agustín le d esconcertó precisam en te el carácte r
evasivo del m omento presente, flanqueado por el tiempo futuro q ue todavía no es, y
por d tiempo pasado de lo que ya n o es" . 112
Desde el campo de l d iseño urbano Kevin Lynch, al analizar la relació n entre el
tiempo y el espacio, demuestra la im portancia q ue tiene una buena imagen mental del
tiempo para mejorar el b ienestar d el individuo, y también para ten er éxito en el mane-
jo colectivo de los cambios físico-ambien tales. Sostiene que cuanco m ejo r se encuen-
tren integrados el pasado y el futuro con el presen te, mejor será la imagen d el tiempo
que se elabore. Para Lynch, pasad o y futuro son conceptos que se corresponden po rque
son construidos de modo similar en el presente, y p or estar ambos basad os en los m is-
mos datos y actitudes. La forma en que la gente experimen ta o p iensa sobre el pasado
determina la forma en que piensa sobre el futuro. 11 3
Sin embargo, tal como el mismo Lynch lo observa, la m irad a hacia el pasado y
hacia el futuro son procesos de naturaleza distin ta: "si bien los dos conceptos tienen
una estructura paralel a y similar p resencia en la men te, so n distintos en cuanto a la
información que empleann.1 14 D esde el análisis estr uctural, Paul Ricoe ur tam bién
exp licita u n a diferencia. Al com parar eJ relaro de ficci ón con el relato h istó rico,
demuestra cómo ambas n arraciones tienen una estructura semejante, pero un mundo
11 5
referencial distinto.
En una perspectiva histórica, al estudiar la relación entre el pasado y el fu t u ro en
la configuració n del tiempo histórico, Koselleck sostiene que la asimetría entre el esp a-
cio de la experiencia y el h orizonte de expectativa ha sido producida por el concepto d e
, Libro XJ, 28, citado po r Go mbrich, E. H ., Ln imngm y el ojo. Nuevos estudios sobre In
op. cit., p. 47.
fue o rdenada y escablc, da ndo lugar a cambios gradua les con resu lrados prede-
el fururo de forma más real ista. C uando los cvencos han sido caó ricos o se
rar su imagen del t iem po furu ro. Pero, a la inversa, cuan do el futu ro
ter inexplicable o vacío. Las dos imágenes van jun ras , esperanza va
, op. ,;,., p. 9 1.
""'
7 4 1 Margarita Gutman 1 Buenos Aires. El poder de la anticipación
116. Kosclledt, Rcinhart, FulUro pasatÚJ. Pa.ra una semtirzdca de Los tiempos históricos, op. cit., p. 35 l.
1 17. Borgcs, Jorge Luis, El lnfomu tk Brodie, Buenos Aires: Emecé Ec! irorcs, 1970, p. 154.
1 18 . Woolf, Vuginia, • The Narrow Bridge of Arr", Ntw York Herald Tribune, 14 agosto 1927. reimpreso por Han:ollfl.
Brace, Jovanovicb (Nueva York, 1958) como el primer ensayo de la colección Granice & Rainlbow.
11 t . Hálbron.er, Roben, V'uionn del fa1U ro. El pasado lejano, el ayer, el hoy y eL mañana, op. rit., p. 16.
Capítulo 1 1 75
hoy día más a menudo un cálculo angustioso de las posib ilidades de simple su-
• • )) 120
perv1venc1a .
Williams expone las razones objetivas q ue ya a principio de la década de 1980
amenazaban el futuro de la sociedad industrial, de la especie humana y del planeta
entero. Pero, para enfrentar activamente a esas amenazas, propone: "tan1bién hay razo-
nes para mantener un tipo de esperanza que acepte los hechos que subyacen a aque-
llos temores y pueda ver, más allá de ellos, los caminos que están plenamente a nues-
tro alcance. Un factor importante de lo que va a ocurrir es la actitud mental de todos
los que estan1os en condición de intervenir en sus complejos procesos y, en el mejor
de los casos, de determinarlos para el bien general. Estas forrnas de pensar el futuro,
[... ] en su sentido rnás auténtico, equivalen a la forn1a de construirlo [ . .. ]''. 12 1
De esta manera, Williams destaca la urgente necesidad de reinstalar el pensa mien-
to sobre el futuro y propone como primer paso, recolocar el futuro en la mesa de dis-
cusión. Porque el futuro se construye en el mñsrno momento que se comienza a pensar
y a hablar de él.
, Raymond, Hacia el afio 2000, Barcelona: Grijailbo, 1984, p. 12 (Towards 2000, Lond res: T he Hoga rch
Desde el campo de los esrudios sobre la global ización, en el tercer romo de su reco.
nacida rriolooía La Era dt /¡1 fnjomuuió11, el sociólogo español Manuel CasiellsSOS-
tiene que los :gentes que construyen la identidad colectiva }' determinan sus objeu.
vos defin en su contenido simbólico y \ U sentido, tanto para los <le adentro comop¡¡,
los de afuera del grupo identirario. Basado en estm agentes, Castel Is distingue entre
la "identidad legitimadora" , la "identidad de resistencia" y la "idenridad proyecco".'•
Por su concenido de futuro y de propuesta activa interesa destacar, en relación a los telllal
que aborda esre Libro, la definición de la identidad proyecto: "cuando los actores 50cii.
les, basándose en los materiales culturales de que disponen, construyen una nueva iden.
cidad que redefine sus posición en la sociedad y, al hacerlo, buscan la rransformactón
de coda b estructura social". 126
Cascells sostiene que cada cipo de identidad conduce a "un resultado diferenccm
la constitución de la sociedad" y así como la identidad legicimadora produce socie·
dad civil y la identidad de resistencia produce comunas 0 comunidades, la idencidad
proyecto produce sujetos: "Son el actor colectivo mediance el cual los individuosalcan·
7
an un sencido holísrico en su experiencia. En csce caso, la construcción de la idcnÜ·
dad es un proyecto de una vida di fe rente, quizás basado en una identidad oprimida.
pero que se expande hacia la cransformación de la sociedad como la prolongación de
esce proyecto de idencidad [... ]". 127
Las anticipaciones del futuro que se analizan en este libro tienen relación con una
"identidad legitimadora'', característica de la modern idad por el momento histórico
en que se formularon y por los agentes q ue las produjeron: él ites intelectuales, políti-
cos, profesionales, funcionarios, periodistas y dibujantes. Sin embargo, a pesar d e
que en su m ayoría no tengan propuestas d e transformación social, por la o rientación
hacia un futuro distinto y ciertamente mejor - aun cuando es defi ni do en su mayor
parte por transformaciones tecn ológicas y no por camb ios socialmente significativos- ,
es posible correlacionarlas con la identidad proyecto. De este modo, la revis ión d e las
anticipaciones del futuro formuladas a principios de siglo xx pued e ofrecer un marco
h istórico para las reflexiones act uales sobre la identidad asociadas a proyectos d e base
comunal para la tra nsformación en Buenos Aires.