Parusía:
Segunda venida de Jesucristo en Gloria: dice el mismo Jesucristo: Entonces verán al
Hijo del Hombre que vendrá en la nube con gran poder y majestad” (Lc 21,27)
Cristo es llamado mediador entre Dios y los hombres (1Tim 2,5) porque cuanto satisfizo
por ellos intercede ante el Padre y les comunica las cosas del Padre, según dice el
mismo Cristo: Yo les he dadola gloria que tu me diste “ Jn 17,22) En atención a ambas
cosas le compete a Cristo estar en relación con ambos extremos , osea que por lo que
iene de comuncon los hombres , hace sus veces ante el Padre , y y por lo tanto tiene de
común con el Padre, transmite sus dones a los hombres. Habiendo venido, pues, en su
primera venida para satisfacer por nosotros ante el padre, apareció rvestido de nuestra
humildad. Mas como en la segunda venida vendrá para ejecutar la justicia del padre en
los hombres, deberá manifestar su propia gloria, que posee por su unión con el padre.
Luego aparecerá en forma gloriosa.
A) Por el fuego: Dice san Pedro: Los cielos abrasados se disolverán, y los
elementos en llamas se derretirán. Luego tal purificación será por el fuego” 2 pedro 3,12
Dicha purificación limpiara al mundo de la infección que dejó la culpa y de la impureza
de la mezcla, disponiéndolo para la perfección de la gloria. Y tal purificación por el
fuego será convenientísima porque el fuego es el mas noble de todos los elementos. En
efecto tiene unas propiedades naturales muy semejantes a las de la gloria, como se ve
principalmente por la luz.
a) Señales Precedentes: Dice el señor: Habrá señales en el sol, la luna y las
estrellas Lc. 21,25
Cuando Cristo venga a Juzgar aparecerá en forma gloriosa, como requiere la prestancia
del juicio. Y como la dignidad de la potestad judicial corresponden ciertos indicios que
mueven al respeto y vasallaje, de ahí que la venida de Cristo a juicio será precedida de
muchas señales , que impulsen el corazón de los hombres a someterse al Juez que
viene y los predisponga a estar prevenidos para dicho juicio.
b) Purificación del mundo: Como el mundo se hizo en cierto modo para el hombre,
conviene que, cuando el hombre sea glorificado en el cuerpo, los otros cuerpos del
mundo sean también elevados a un estado mejor, a fin de que el lugar sea más apto y el
aspecto más agradable. Mas para que el hombre alcance la gloria de su cuerpo hay que
quitar previamente cuanto a ella se opone , que son dos cosas la corrupción y la
infección de la culpa , porque como dice san pablo la corrupción no heredará la
incorrupción 1 col 15,50) y todos los mundos quedaran fuera de la ciudad celeste
ap22,15. Del mismo modo, conviene también que los elementos del mundo sean
purificados de sus elementos contrarios antes de causar el nuevo estado de gloria, en
idéntica proporción a lo que hemos dicho sobre el hombre.
Si bien una cosa corpórea no puede ser propiamente sujeto de la infección de la
culpa, no obstante, a causa de ésta, queda en las cosas corporales corrompidas ciertas
incongruencias para ser ennoblecidas por las espirituales; y así vemos que los lugares
donde se cometieron crímenes no se consideran idóneos para realizar ciertas cosas
sagradas, si no son previamente purificados. Y por eso, una parte del mundo carga con
cierta falta de idoneidad, por los pecados del hombre al ceder lugar al uso nuestro.
Lo mismo puede decirse respecto al lugar medio donde se dan muchas
corrupciones, generaciones y alteraciones de elementos, originadas por mutuo contacto,
las cuales les restan pureza. Así, pues, los elementos deberán ser purificados de todo
esto, a fin de que reciban como conviene la novedad de la gloria. s, 74, 1.
Propiamente juzga quien sentencia contra otro de palabra. Pero sucede de
dos maneras.
Primera. por propia autoridad. Así solamente corresponde al que
tiene dominio y potestad sobre los demás. que se someten. por lo a su
régimen y gobierno. De esta manera sólo juzga Dios.
Segundo, por transmisión de la sentencia dictada por la autoridad,
para que llegue a conocimiento de los demás. De esta manera juzgarán los
varones perfectos, que transmitirán a otros el conocimiento de la justicia
divina y de Io que se les debe justamente por sus propios méritos o deméritos,
de suerte que la misma revelación de la justicia se llame juicio.
4. Los juzgados: todos los hombres
Dice san Pedro que «Cristo fue instituido por Dios juez de vivos y
muertos» (Hch IO, 42). Y con estas diferencias se comprenden todos los
hombres, sean cuales fueren las distinciones entre vivos y muertos.
Luego todos comparecerán en el juicio final.
S. 89, 5 sed contra I .e
Y en el Apocalipsis se dice: «Ved que viene en las nubes del cielo, y todo ojo
lo verá» (Ap 1, 7). Ahora bien, esto no sucederá si no compareciesen todos a juicio.
Luego todos habrán de comparecer. S. 89, 5 sed contra 2.e
5. Los testigos del juicio universal: la conciencia de cada uno
a. La conciencia Io conocerá todo
La relación que hay entre el juicio humano y el testimonio eterno se da también
entre el juicio divino y el testimonio de la conciencia, pues consta que «el hombre ve la
figura, pero Yahvé mira el corazón (IS 16, 7). Mas no podría darse un juicio humano
perfecto sobre algo sin contar con testigos que depusieran acerca de cuanto se había d
juzgar.
Infierno: Tambien la bestia y el falso profeta y serán atormentados dia y noche
por los siglos de los siglos con esta expresión suele significar la escritura.
Segundo. porque. por otra parte, extendía demasiado la
misericordia de Dios. Y de otra. La coartaba demasiado. Pues
la misma razón parece que hay para que los ángeles buenos
permanezcan en la bienaventuranza eterna y que los ángeles
malos sean castigados eternamente. De aquí se deduce que, así
como afirmaba que los demonios y las almas de los
condenados en un tiempo serían librados de las penas. así
decía que los ángeles buenos y las almas de los
bienaventurados
volverían de la bienaventuranza a las miserias de esta vida.
s.99.2
Se puede aducir también otra razón para probar que la pena
del pecado mortal es eterna. Porque por él se peca contra Dios,
que es infinito. Y como la pena no puede ser infinita en su
intensidad, puesto que la criatura no es capaz de cualidad
alguna infinita, se requiere que por lo menos sea infinita en su
duración.
Otra razón viene también a reducirse a esto: porque la culpa
queda para siempre, ya que no puede ser perdonada sin la
gracia, que el hombre no puede adquirir después de la muerte. Y
no debe cesar la pena mientras permanena la culpa. s,
99,1
2. Los habitantes del infierno
a. Los demonios (P DEMONIOS)
b. Los hombres condenados
-A PESAR DE SU MALDAD, TIENEN INCLINACIÓN NATURAL A 1-4
VIRTUD. En los condenados podemos considerar una doble voluntad: una
deliberativa y otra natural. La voluntad natural no procede de ellos, sino del Autor de
la naturaleza, que puso en ésta una inclinación natural que se llama voluntad. Luego,
como en ellos permanece la naturaleza, en este sentido puede haber en ellos buena
voluntad natural.
Sin embargo, la voluntad deliberativa depende de ella. puesto que está en su
poder inclinarse po- afecto hacia esto o aquello. Y esta voluntad es en ellos
solamente mala . Y por esto están totalmente alejados jados del último fin de la
buena voluntad, y ninguna voluntad puede ser buena si no está ordenada a dicho
fin. Por eso, incluso cuando quie_ ren algún bien. no lo quieren bien, no
pudiendo llamarse por esto buena su voluntad. s, 98, 1
Incluso en los condenados permanece la natural inclinación a la virtud. De
lo contrario no existiría en ellos el remordimiento de la conciencia. El que nunca
pase al acto se debe a la carencia de la gracia divina, por obra de la divina justicia.
Es como en el fuego: permanece en él la aptitud radical para ver, pero no se
actualiza, porque falta la causa que puede formar el órgano que se requiere para
ver.
Purgatorio: paginas 727-728
Existencia del purgatorio Dice la escritura Santa y saludable es la costumbre de orar por
los difuntos para que les sean perdonados sus pecados” (2M 12,46). Mas no hay que
orar por los difuntos que están en la gloria, pues no lo necesitan. Y tampoco por los que
están en el infierno, pues no les pueden ser perdonados sus pecados. Por lo tanto, hay
algunos difuntos que, no estando totalmente libres de sus pecados después de esta vida ,
necesitan librarse de ellos . Y éstos viven en caridad, sin la cual no pueden haber
remisión de los pecados, porque “la caridad cubre todos los pecados”Pr 10,12) De lo
cual se deduce que no irán a la muerte eterna , pues el que vive y cree en mi , no morirá
para siempre”Jn11,26 Tampoco irán a la gloria sin estar purificados, pues nada puede
entrar en ella que sea inmundo ap 21,27;22,15)Luego queda alguna expiación para
después de esta vida S apend sed contra 1°
Si, borrada la culpa por la contrición, no desaparece del todo el reato de la pena, como
tampoco siempre que se os perdonan los pecados mortales, se nos condonan los
veniales, y la justicia de Dios exige que el pecado se repare con la debida pena, es
menester que quien muere después de la contrición y absolución del pecado antes de la
conveniente satisfacción, sea castigado después de esta vida.
Y, por IO tanto, quien niega el purgatorio va contra la justicia divina, por lo cual es
erróneo y ajeno a la fe. De aquí que san Gregorio Niseno diga: «Predicamos eso,
guardando el dogma de la verdad y de esta manera Io creemos» (Orat. de mortuis.
MG 46,524).
La Iglesia universal así lo siente, orando por los difuntos para que sean librados de
sus culpas (2M 12, 46); IO cual no es explicable sino de las almas que están en el
purgatorio. S, Apend I, I
2. Intensidad de las penas del purgatorio
En el purgatorio habrá doble pena:
— Una, de daño, a saber, en cuanto que les retardará la visión divina.
— Otra, de sentido, en cuanto que serán castigados con fuego corporal.
En cuanto a ambas penas, la menor excederá a la mayor pena de esta vida.
Cuanto más se desea una cosa, tanto más penosa en su privación. Y como el afecto
con el que desean las almas santas el sumo bien, después de esta vida, es intensísimo,
porque no se entorpece con la pe-
Y tampoco por los que están en el infierno, pues no les pue perdonados sus
pecados. por Io tanto, hay algunos difuntos, den ser estando totalmente libres de sus
pecados después de esta vida, que• •tan librarse de ellos. Y éstos viven en caridad, sin la
cual no haber remisión de los pecados, porque «la caridad cubre todos los pecados» (Pr
IO, 12). De lo cual se deduce que no irán a la muerte eterna. pues «el que vive y cree en
mí, no morirá para siempre» (Jn I I, 26). Tampoco irán a la gloria sin estar purificados,
pues nada puede entaren ella que sea inmundo (Ap 21, 27; 22, 15). Luego queda alguna
expiación para después de esta vida. S. Apend. l, sed contra IQ
3)Duración de las penas:Hay pecados veniales mas adheridos que otros , según el
afecto se inclinen mas a ellos y se adhieran a ellos . Y como aquellos que esta mas
adherido , tarda mas en limpiarse, de aquí que algunos serán atormentados con más
duración que otros, según su afecto hubiera estado mas inmerso en ellos [Link],I.3
4) Efectos del purgatorio:
-Remisión del pecado venial: El pecado venial del que muere en gracia se
perdona después de esta vida por el fuego purificador; porque esta pena, de algún
modo voluntaria, por virtud de la gracia tendrá poder para expiar toda culpa que pueda
darse junto con la gracia. S, Apend I, 6
-Expiación del reato de pena: Quien es deudor de alguien queda libre de la
pena cuando la paga. Y, puesto que el reato no es más que el débito de la pena, por el
hecho de soportar la pena que debía se libera de tal reato, y, por esto, la pena del
purgatorio purga del reato. S Apend I.7
Juicio Final
1 Conveniencia juicio universal:
No es posible emitir un juicio definitivo sobre una cosa mudable antes de su
consumación. Así como no es posible emitir un juicio exacto sobre la calidad de una
acción antes de que esté consumada en sí misma y en sus efectos, pues hay muchas
acciones que parecen ser útiles que, por los efectos, se ve que eran nocivas. E
igualmente no es posible dar un juicio completo sobre un hombre mientras no se
termine su vida, ya que muchas veces puede cambiarse de bueno en malo o al revés; o
de bueno en mejor, o de malo en peor. Por Io cual se dice en Hb 9, 27 que «a los
hombres les está establecido morir una vez; y después de esto, el juicio».
Sin embargo, se ha de tener en cuenta que, si bien la vida temporal del hombre en sí
mismo se termina con la muerte, subsiste de forma relativa dependiendo del futuro de
varios modos.
Primero, porque aún vive en la memoria de los hombres, en los cuales perdura a veces
contra la verdad la buena o mala fama.
Segundo, perdura en los hijos, que son como algo del padre. Así dice el Eclesiástico:
«Si muere su padre, como si no hubiera muerto, pues deja en pos de sí uno igual que él»
(Eclo 30, 4). Y sin embargo, hay hijos malos de muchos buenos y a la inversa.
Tercero, perduran los hombres en sus obras por el error de Arrio muchos seductores. se
propaga la infidelidad hasta el fin del mismo se propaga la fe pr la predicación de los
Apóstoles.
Cuarto, por razón del cuerpo sepultado. que a veces es sepultado con gran honor y a
veces queda sin sepultura. y otras veces reducido a cenizas.
Quinto. por razón de algunas cosas en que el hombre tenía puesto su afecto. por
ejemplo, en las cosas temporales, de las cuales unos aca. ban más pronto y otros
perduran más.
Ahora bien, todas estas cosas están sometidas a la apreciación del juicio divino perfecto
y manifiesto mientras dura el curso del tiempo presente. Por esto es preciso que haya un
juicio al final, en el último día. en el que se dará fallo pleno y manifiesto de cuanto
pertenece de algún modo al hombre.
3,59.5
2 Necesidad de un juicio final universal:
Todo hombre es persona singular y, a la vez, parte del género humano. Por eso, tendrá
un doble juicio:
— Uno. particular, que tendrá lugar después de la muerte, cuando «reciba conforme a Io
que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal» (2Co 5, IO). Pero esto no es aún total,
pues sólo recibe el alma, no el cuerpo.
— Otro. universal, como parte del género humano: al igual que, según la justicia
humana, se dice que uno es juzgado cuando Io ha sido la comunidad de la que forma
parte.
Por eso, cuando tenga lugar el juicio universal de toda la humanidad, con la separación
de buenos y malos, cada cual será también juzgado. Sin embargo, Dios no juzga una
misma cosa dos veces. Pues no impondrá dos castigos por un solo pecado: lo que hará
es que la pena que no impuso completamente en el primer juicio, en éste se comple-
S, 88. L di
La sentencia propia del juicio universal será la separación de buenos y malos, que no
precederá a dicho juicio, como tampoco le ha precedido el efecto completo de la
sentencia del juicio particular: los buenos recibirán más premio después del juicio,
porque también el cuerpo gozará de la gloria y porque se completará el número de los
bienaventurados
3 Los jueces en el juicio Universal
a) Cristo Hombre con autoridad propia: Teniendo, pues, Cristo dominio sobre los
hombres, a El le compete juzgar ya que sobre ellos recaerá el juicio final Él es nuestro
Señor. no sólo como Creador te Señor es Dios y Él mismo nos hizo, y no nosotros»
(Salmo 99, 3), sino también como Redentor, IO cual le compete según su naturaleza
humana. Por esto se dice: «por esto murió Cristo y resucitó, para dortil nar sobre vivos y
muertos» (Rm 14, 9). Ahora bien, para obtener premio de la vida eterna no nos
bastarían los bienes de la creación el no se les añadiera el beneficio de la redención, a
causa del impedimento que recayó sobre la naturaleza creada por el pecado del primer
hombre. Luego, estando dispuesto el juicio final para que unos admitidos en el reino y
otros excluidos, es conveniente que Cristo según su naturaleza humana —por el
beneficio de cuya redención es ad. mitido el hombre al reino—, presida dicho juicio. Y
esto es IO que significan aquellas palabras de san Pedro: «Ha sido constituido por Dios
juez de vivos y muertos» (Hch IO, 42). Y como por la redención del género humano no
sólo reparó a los hombres, sino también todas las criaturas, porque, reparado el hombre,
toda criatura es mejor, así se sigue que su pasión mereció su dominio y la facultad de
juzgar no sólo a los hombres, sino también a todos los seres, como dijo el mismo Señor.
«Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28, 18). s, 90, 1
El signo de la cruz aparecerá en el juicio' como indicio de la flaqueza, no actual, sino
pasada, para que así se vea mejor que justamente fueron condenados quienes no
hicieron caso de tan gran misericordia, particularmente aquellos que persiguieron
injustamente a Cristo. Y las cicatrices que aparecerán en su cuerpo no serán efecto de
alguna debilidad, sino que serán la demostración del gran poder con que Cristo triunfó
de los enemigos por la pasión y la humillación. Manifestará su abyectísima muerte, no
de un modo sensible para los ojos, como si entonces la padeciese, sino mediante los
indicios que aparecerán entonces de su pasada pasión, que moverán a los hombres a
recordarla. S, 90, 2 ad 2
B Los santos transmitirán sentencia: Dijo Cristo a los Apóstoles: «Os
sentaréis en doce tronos para jutgar a las doce tribus de Israel» (Mt 19, 28). S, 89, I sed
contra 1.2.
Propiamente juzga quien sentencia contra otro de palabra. Pero esto sucede de
dos maneras:
Primero por propia autoridad: Asi solamente corresponde al que tiene dominio y
potestad sobre los demás, que se someten, por lo mismo a su régimen y gobierno. De
esta manera solo juzga Dios.
Segundo por transmisión de la sentencia dictada por la autoridad para que llegue
a conocimiento de los demás. De esta manera juzgarán los varones perfectos que
transmitan a otros el conocimiento de la justicia divina y de los que se les debe
justamente por sus propios méritos o deméritos, de suerte que la misma revelación de la
justicia se llame juicio
4 Los Juzgados todos los hombres
Dice san Pedro que «Cristo fue instituido por Dios juez de vivos y muertos»
(Hch IO, 42). Y con estas diferencias se comprenden todos los hombres, sean cuales
fueren las distinciones entre vivos y muertos.5
Luego todos comparecerán en el juicio final.
S. 89, 5 sed contra I .e
Y en el Apocalipsis se dice: «Ved que viene en las nubes del cielo, y todo ojo Io
verá» (Ap 1 , 7). Ahora bien, esto no sucederá si no compareciesen todos a juicio. Luego
todos habrán de comparecer. S. 89, 5 sed contra 2.9
5 Los testigos del juicio universal: la conciencia de cada uno
1 La conciencia lo conocerá todo
La relación que hay entre el juicio humano y el testimonio eterno se da también entre el
juicio divino y el testimonio de la conciencia, pues consta que «el hombre ve la figura,
pero Yahvé mira el corazón» (IS 16, 7). Más no podría darse un juicio humano perfecto
sobre algo sin contar con testigos que depusieran acerca de cuanto se había d