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Análisis Freudianas: Técnicas y Ética

Este documento resume las reglas técnicas freudianas para las interpretaciones del analista. Explica que las interpretaciones deben hacerse en el contexto de la sesión, ser veraces y oportunas, y formularse como hipótesis. También destaca la importancia de las entrevistas iniciales para diagnosticar al paciente y determinar si el analista está comprometido con el tratamiento. El objetivo de la interpretación es sacar a la luz el deseo inconsciente del paciente y resolver el conflicto psíquico.

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Análisis Freudianas: Técnicas y Ética

Este documento resume las reglas técnicas freudianas para las interpretaciones del analista. Explica que las interpretaciones deben hacerse en el contexto de la sesión, ser veraces y oportunas, y formularse como hipótesis. También destaca la importancia de las entrevistas iniciales para diagnosticar al paciente y determinar si el analista está comprometido con el tratamiento. El objetivo de la interpretación es sacar a la luz el deseo inconsciente del paciente y resolver el conflicto psíquico.

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Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados

Seminario a Distancia:
¿Cómo trabaja un analista? Vigencia de reglas técnicas freudianas
Docente: Lic. Graciela Cohan
Material reproducido para el dictado académico. Prohibido su uso con otros fines

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¿Cómo trabaja un analista? Vigencia de reglas técnicas freudianas
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Clase 3: 27-09-2018 | Interpretación e Intervenciones del analista

Llegados a este punto, recapitularemos los conceptos técnicos con los que trabajamos. A partir de
“Recuerdo, repetición y elaboración” el papel del analista se modifica.
La concepción dinámica del inconsciente, la compulsión a la repetición, el estudio profundo de la
resistencia y el mecanismo de la represión, la conceptualización de un aparato psíquico con tres
instancias —Superyo, Yo y Ello— lo llevan a Freud a repensar los instrumentos con los que cuenta
en la sesión.
Lo que llamamos experiencia analítica, el encuentro en sesión entre analizante y analista, da lugar
a una creación que es compartida.
Para el analizante se trata de construir una nueva versión de su propia historia que le permita vivir
su presente sin ataduras a un pasado que le obliga a repetir clichés. Para el analista, se trata de
construir una nueva experiencia que confirma o no el bagaje teórico, y lo lleva a investigar y
reflexionar sobre la teoría que sustenta.
Esta diferencia de lugar y de posición nos obliga como analistas a estar muy conscientes de los
parámetros éticos que manejamos. Mientras que para quién nos consulta es la experiencia de su
vida, para nosotros, analistas, es un sujeto que devendrá en analizante y podrá ser una experiencia
muy enriquecedora pero no es única.
Las entrevistas iniciales, movimientos de apertura o psicoanálisis de ensayo, son muy importantes.
Permiten descubrir información valiosa acerca de la relación del sujeto con la realidad y el tipo de
resistencias con las que tropezaremos a lo largo del camino terapéutico.
Las primeras entrevistas requieren una actitud flexible y atenta, permiten una distinción en trazo
grueso si estamos en presencia de una neurosis o un cuadro más regresivo. Utilizamos la
transferencia como herramienta diagnóstica.
No fijamos nuestra atención sólo en los síntomas, sino que observamos cómo se juegan los
indicadores transferenciales desde el inicio. El neurótico tendrá una demanda flexible, ya en el
llamado telefónico, al fijar el primer encuentro. En cambio, el sujeto borderline o más grave se
presentará con una actitud rígida, sin permeabilidad en su demanda de horarios, honorarios,
domicilio del analista, etc.
También sirve como indicador diagnóstico que aparezca un deseo propio o que el sujeto se
presente como enviado por el médico, el familiar o el compañero de trabajo. No hay una pregunta
sobre lo que le pasa. Y la actitud será la misma que frente a un medicamento, esperar que haga
efecto.

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Personalidades más narcisísticas no registrarán ni al analista ni su entorno, personalidades más


neuróticas manifestarán de entrada su interés por ver quiénes somos, si somos muy ortodoxos, a
qué institución pertenecemos, etc.
Además, las entrevistas iniciales permiten al analista interrogarse sobre su disposición al
compromiso que significa pasar a ser un personaje transferencial esencial en la vida del sujeto que
consulta.
Es un momento de reflexión durante el cual, con la mayor sinceridad, uno puede decidir si seguir
adelante o no en sostener los vaivenes pulsionales de amor y odio que inevitablemente un análisis
deberá atravesar.
Con pacientes border, psicosomáticos o graves, este compromiso suele ser de por vida y uno tiene
que saberlo y aceptarlo. Es un aspecto de la contratransferencia que está presente desde el inicio,
luego volveremos sobre el tema.
En ocasiones estas entrevistas iniciales permiten al analista hacer interpretaciones de ensayo como
elemento diagnóstico. Podrá observar ese momento tan apasionante del análisis consistente en el
descubrimiento por parte del sujeto del conflicto. Se enfrenta a la posibilidad de poner en el
mismo plano los adversarios que en su interior están en pugna. Se trata de una lucha desigual ya
que uno es consciente y el otro inconsciente. Cuando los polos del conflicto pueden ponerse en el
mismo plano, el sujeto encontrará alguna solución.
Si la certeza inicial con la que el sujeto explica su malestar y sus síntomas se va modificando, si en
el registro del Yo aparecen dudas respecto a su pasado y el lugar y la importancia de los
protagonistas de su historia, entonces estamos asistiendo a un trabajo analítico fructífero. Suelen
aparecer personajes que inicialmente no contaban, pero que en la reconstrucción que se va
haciendo toman protagonismo.
Desde esta perspectiva la función del analista es establecer un diálogo permanente entre pasado y
presente. Cuando me refiero a mirar al pasado es con el objetivo de aportar una diferencia para
que el futuro no sea repetición. Es importante regresar a la versión oficial de la historia para
hacerla presente en transferencia y a través del trabajo elaborativo redescubrirla.

La Interpretación como herramienta


Freud toma la palabra interpretación del vocabulario general. La palabra alemana que utilizó es
deutung cuya traducción más adecuada sería explicación, esclarecimiento. La utiliza ya en
“Interpretación de los Sueños” para explicar el modo en que el analista intenta dar una
significación al contenido latente del sueño.
Su objetivo es sacar a la luz el deseo inconsciente del sujeto. Por extensión, denominamos
interpretar a la intervención en palabras del analista en sesión que apunta a hacer comprender al
sujeto la significación inconsciente de su discurso. Inconsciente que se cuela en su decir a través
de lapsus, fallidos, olvidos, así como en los sueños, los síntomas, la resistencia en transferencia.
Nos advierte sobre su uso, reglas que mantenemos en la actualidad. En primer lugar, deben ser
dichas siempre en el marco de una sesión, nunca por fuera. Parece obvio, pero muchas veces nos

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encontramos con el analizante antes o después de la sesión (viajes en el ascensor, encuentros


fortuitos, etc.). El sujeto puede mantener silencio, hablar sobre el tiempo o completar lo que no
dijo en la sesión, es libre de hacerlo.
El analista está en una situación no contemplada por los libros de técnica, no está en función
analítica en ese momento, pero sigue siendo analista. Es un desafío. Fuera del contexto de la
sesión la interpretación es considerada salvaje o silvestre.
La interpretación debe ser veraz, desinteresada, pertinente, dicha en el momento adecuado
(timing), oportuna, que otorgue un nuevo sentido a la historia que trae el sujeto. No debe ser
agresiva violentando al analizante a aceptar algo que no puede en ese momento incorporar.
Tampoco debe responder al apremio del analista por descubrir lo inconsciente, ni a sus propios
ideales o aspiraciones.
Tengamos en cuenta que los parámetros que definen una interpretación son operatividad y
significación. Por un lado, en su formulación misma se incluye la posibilidad de darle otro
significado al sujeto. Y, al mismo tiempo, en la medida en que la formulamos en términos de
hipótesis la interpretación puede ser testeada, comprobada o desestimada. Quiero subrayar el
carácter de hipótesis de trabajo que damos a las interpretaciones y construcciones, ¡un analista
que se expresa en el nivel de la certeza está en problemas!
Recapitulemos lo visto en clases anteriores: la interpretación siempre recorre el camino desde lo
más superficial hacia lo más profundo. Siempre ligada al conflicto y al deseo. Lo ideal sería incluir
en su formulación los términos del conflicto que están en contradicción.
Sostenemos la premisa que el sujeto sabe el significado de sus síntomas como de sus sueños y actos
fallidos, solo que no sabe que lo sabe y por eso cree que no lo sabe. Responde al hecho de que hay
un determinismo psíquico, que no somos dueños de lo que se denomina “libre albedrío”.
El psicoanálisis le otorga al propio analizante el poder de descubrir ese sentido que está buscando.
Nuestra técnica consistirá en ayudar a que descubra su saber. Luego, lo que decida hacer con ese
saber escapa a nuestra incumbencia profesional.
La interpretación, desde el punto de vista tópico, resuelve la doble inscripción entre los dos
sistemas de funcionamiento tanto de energía libre como de energía ligada.
Desde el punto de vista dinámico, levanta la represión y enfrenta los dos polos del conflicto
psíquico. Desde un punto de vista más estructural, la interpretación describe la escena en la que
los personajes edípicos se enfrentan, aludiendo a las figuras primarias y a las identificaciones
transferenciales que se ponen en juego.
Podemos decir que la interpretación apunta a lograr una modificación cualitativa de la presión del
Superyó que libera aspectos reprimidos de amor y hostilidad, expresando emoción y ciertas
respuestas corporales.
Existen diferentes tipos de interpretación. La más conocida es la interpretación transferencial
indicada cuando la transferencia se interpone obstaculizando el avance del análisis.

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La interpretación asociativa es la herramienta utilizada a partir de la interpretación de los sueños.


El analista va siguiendo el camino propuesto por las asociaciones del analizante con el objetivo de
ir profundizando cada vez más.
Cómo hacer para verificar si una interpretación es correcta. Para el analista, el sí o el no del
analizante no confirman o no una interpretación. Lo que nos confirmará que estamos en el camino
correcto es la asociación del sujeto.
Si asocia, avanzamos. Si aparece la clásica resistencia de desviar la atención hacia otro tema o
hacia cuestiones del analista, podemos tener la confirmación que estamos acercándonos al
camino, pero aun no llegamos.
Con los años de práctica analítica, el modelo de interpretación clásica, que incluia la
especificación de la angustia más los mecanismos defensivos puestos en marcha para impedir que
la pulsión saliera a flote, ha ido perdiendo fuerza.
Hoy se trabaja con intervenciones que permitan al analizante hacer su trabajo de encontrar
sentido a su deseo. De tal forma que ponemos el acento en el efecto interpretativo de la
intervención del analista más que en la formulación rígida de una interpretación.
También el silencio como intervención del analista puede abrir caminos asociativos. Hay silencios
del orden de la contención y del cuidado. Hay silencios interrogativos.
El silencio es útil cuando corresponde a una convicción técnica bien fundada por parte del
analista. Se sustenta en la condición de receptividad: todo lo que se diga en sesión es importante.
Para el sujeto supone una experiencia nueva: puede hablar, puede permanecer en silencio. Un
silencio que también dice algo.
Decíamos que la función analítica no solamente se ejerce a través de las interpretaciones,
contamos con otros tipos de intervenciones también eficaces.
Las formas interrogativas del diálogo analítico recuperan a la pregunta como herramienta muy útil.
Durante muchos años estuvo restringida a las entrevistas iniciales. Inclusive se la consideraba
solamente como un elemento para recabar información necesaria para completar datos del
analizante.
Su utilización puede ser un canal de apertura. Genera dudas, cuestiona certezas, abre nuevas
hipótesis sobre viejas explicaciones. Busca nuevos puntos de vista para pensar lo que es el relato
oficial. Además, tiene la propiedad de no caer en cuestiones valorativas (del orden de lo bueno, o
malo) a las que muchas interpretaciones clásicas inducen.
Es necesario tener en cuenta que pueden filtrarse elementos contratransferenciales del analista
cuando se formulan desde una curiosidad personal y no están al servicio del proceso analítico.
La pregunta paradigmática de Freud en la “Interpretación de los Sueños”: “¿Qué asocia con?”, que
tanto utilizamos, mantiene su eficacia. El analista no espera una respuesta. Funciona como
invitación a que el analizante hable, diga lo que se le ocurra.
Se pregunta desde la premisa según la cual el sujeto no sabe que sabe y el analista interroga para
que el inconsciente se exprese y que ese saber no sabido se ponga en acto en la sesión.

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Las formulaciones interrogativas son construcciones del discurso abiertas. No pueden ser
valorativas en sí mismas, serán pertinentes, adecuadas, inoportunas, pero difícilmente sean
consideradas verdaderas o falsas. Su finalidad será la de complementar o de abrir para ofrecer
otras opciones.
Como instrumento, puede estar al servicio de la resistencia del analista, en cuyo caso serán
preguntas que cierran, aquellas que se formulan porque el analista no se anima a hacer una
afirmación, las que sugieren o indican un camino, las que encierran un juicio valorativo, las que se
hacen por curiosidad.
El camino, para el analista, es hacerse a sí mismo las preguntas sobre el analizante para visualizar
sus propios deseos y demandas y no actuarlas en sesión.
Para ejemplificar, veamos algunas modalidades interrogativas del analista. Comenzar la
intervención con un “¿Será que…?” es útil. Al no hacer una afirmación con absoluta certeza se
evita la confrontación directa, se soslaya el diálogo especular. Frente a un discurso repetitivo y
rígido podemos intervenir con “¿Está seguro? Porque…”.
Podemos utilizar la formulación: “Me pregunto si estará pensando en…” que puede ser muy útil con
estructuras muy rígidas. Y la tan caricaturizada de “¿A usted qué le parece?” que en general va de
la mano de las resistencias del analista cuando no se le ocurre qué decir o se siente acorralado por
el paciente. En esos casos, el silencio puede ser una buena manera de interrogar.
Con frecuencia, una pregunta sobre algo circunstancial del relato del analizante puede abrir un
“tesoro” histórico; recuerdo una intervención en el análisis de quién llamaremos Juan. Veníamos
trabajando las dificultades para dormir de su hija de 8 años, habíamos analizado el problema
desde varios ángulos hasta que, en medio de su relato, le pregunté cómo era su casa. Hablaba
poco del espacio físico de su hogar y, por esa conexión de Inc. a Inc. que puede suceder en sesión,
me escuché haciendo esa pregunta por aparente curiosidad. La respuesta me sorprendió, se
trataba de un loft donde no había ni paredes ni puertas que delimitaran espacios íntimos, muy
moderno, con hermosa vista, pero sin dormitorios.
El camino asociativo nos permitió descubrir que ese espacio sin límites reproducía la casa de
verano de sus abuelos en la playa. Recuerdos de su propia infancia comenzaron a sucederse y
permitieron que Juan elaborara situaciones incestuosas de las que había sido observador y que
había olvidado completamente.
Recordemos que todo lo que dice un paciente tiene un sentido y puede representar un deseo, un
conflicto; sus palabras remiten a su pasado, a una historia por más inverosímil que parezca.
Las intervenciones del analista pueden presentarse en forma alusiva, quizás breve o, al contrario,
pueden parecer un poco más largas, explicativas. Con frecuencia las interpretaciones retoman las
palabras del paciente en su polisemia y proponen otro sentido, un doble sentido. Este tipo de
intervenciones del analista tienen por objetivo producir un relanzamiento del trabajo psíquico de
ligadura.
Otro tipo de intervención, muy útil, es la de recordarle al analizante lo dicho durante la sesión,
esto permite organizar una secuencia de pensamiento.

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Podemos dedicarle unas líneas a las preguntas del analizante. Muchas veces forman parte de su
decir y no esperan una respuesta directa. Probablemente sean las más sencillas de considerar.
Están las demandas: “¿qué hago con esto?” O las quejas: “¿porqué me pasa esto a mí?”.
Son interrogantes que, si se les quita la carga emocional y se las reformula, pueden abrir caminos
nuevos. También están las preguntas personales: “¿Se siente bien?”, “¿dónde se va de viaje?”,
“¿tiene hijos?”, “¿se cambió el peinado!?”, “¿ese cuadro es nuevo, nunca lo vi?” que se formulan
antes de comenzar la sesión o al final de la misma.
Responden a cuestiones transferenciales que se ponen de manifiesto y es necesario evaluar si son
resistenciales, o sea, si responden a una transferencia erótica u hostil.
Es importante tener en cuenta que la pregunta del paciente no es un pedido de información.
Recordar siempre que no es a mí que me pregunta, no es la persona del analista el que es
interrogado, al analizante no le interesa más que saber de sí mismo! Se puede responder sin
contestar específicamente el pedido de información.
Por supuesto, hay que considerar el caso por caso. En muchos tratamientos, el analista evalúa la
posibilidad de dar respuesta. Lo que no significa necesariamente contestar la pregunta en términos
de la situación del paciente. Por ejemplo, no responder dónde uno viaja, considerar que esa
pregunta sugiere el temor de sentirse abandonado y evaluar si se proporciona o no una manera de
comunicarse durante el período de tiempo en que el analista se ausentará.
En general, frente a las preguntas “personales” que nos formulan, si fuera posible repreguntar
sobre lo que el analizante supone que uno hace, donde viaja, cuantos hijos tiene, etc., es una vía
transferencial muy rica para trabajar.
Quisiera dedicarle unas líneas a un fenómeno contratransferencial que se caracteriza por modorra,
somnolencia o, incluso, cierto letargo. Primero descartamos situaciones personales del analista,
como cansancio, por ejemplo.
Si en una sesión aparece esa manifestación de sueño pesado es importante tener en cuenta la
hipótesis según la cual aspectos regresivos muy primarios ligados a la enfermedad corporal grave, a
la locura o, inclusive, a la muerte se hacen presentes en la sesión aunque el analizante esté
relatando hechos alejados de esa problemática o permanezca en un silencio aletargado. La misma
hipótesis manejo respecto al dormirse del analizante.

Construcciones en análisis
Es un recurso que busca descifrar la estructura histórica del analizante. El sujeto despliega una
puesta en escena imaginaria que es una mezcla de lo que vivió con sus propios deseos.
La finalidad de la construcción es encontrar “ese fragmento de verdad” que permanece escondido
entre los ropajes de la “historia oficial” del analizante. En muchas ocasiones son reiteraciones de
historias vinculadas a generaciones previas.
La construcción desafía, propone nuevos modos de pensar-se. Junto con la interpretación permiten
un intercambio que es creativo, donde la repetición sede el paso a lo nuevo.

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La interpretación descifra, encuentra los mecanismos del funcionamiento psíquico, las


herramientas con las cuales el sujeto se defiende y encuentra un beneficio a su “enfermedad”. La
construcción completa ese rompecabezas que trae de su pasado que tiende a historizar en vez de
repetir en el presente.
Freud nos dice en el texto Construcciones en el análisis que:
“Todo lo esencial se ha conservado, aún lo que parece olvidado por completo, está presente
de algún modo y en alguna parte…. Es sólo una cuestión de técnica analítica que se consiga
o no traer a la luz de manera completa lo escondido.” (pág 262).
Las respuestas del analizantes, el no o el sí, son aleatorias; lo que confirma la validez de una
construcción es la recuperación de un recuerdo que logra desenterrarse.
La interacción entre las interpretaciones y las construcciones nos introduce en un problema a la
vez teórico y ético. Teórico porque nos enfrenta a la dimensión verídica de un hecho del pasado,
sabiendo que la memoria está muy alejada de la objetividad. Ético en la medida en que siendo el
analista depositario de la transferencia, ocupar el lugar del que supuestamente sabe del
analizante, es reforzar la idealización y la dependencia. ¿Hasta qué punto la reconstrucción
propuesta por el analista se acepta en el contexto de la transferencia? ¿Está el analizante en
posición de oponerse a lo que escucha como el trabajo de reconstrucción histórica que le propone
su analista? ¿Puede mantener cierta objetividad? ¿Cómo desacreditar la palabra del analista?
No es fácil responder a estos interrogantes. Es un tema que requiere la prudencia del analista.
Personalmente prefiero guiar al analizante para que ejerza la función de historiador más que darle
una versión construida por mí.

Indicaciones y contraindicaciones para iniciar un análisis


Freud describe al neurótico como un sujeto incapaz de gozar y de obrar. De gozar, porque su libido
no se halla dirigida sobre ningún objeto real. De obrar, porque se halla obligado a gastar toda su
energía para mantener a su libido en estado de represión y protegerse contra sus asaltos.
Esta adherencia a sus síntomas se debe a que encuentra en ellos una satisfacción sustitutiva que es
la única posible por el momento para él. Lo que hoy llamamos goce del Superyó.
Queda, pues, la recreación en la transferencia de todos los conflictos primarios para ir
desanudando y liberando al sujeto de ellos.
Para Freud un tope al análisis lo constituye las patologías narcisisticas, la psicosis y los
padecimientos psicosomáticos. En la actualidad los límites son más flexibles, aunque no deja de
ser importante conocer las limitaciones del método.
Otra de sus indicaciones: no mantener relaciones personales con pacientes y familiares o amigos.
La edad es un límite para la posibilidad de cambio. Hoy esta indicación ha perdido validez.
La decisión para comenzar un análisis siempre tiene que partir del propio sujeto. Si el analizante
no lo hace por sí mismo, sino que es “mandado”, es poco probable que se instale un proceso
analítico.

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Lugar del analista. Contratransferencia


Freud no olvida que la propia subjetividad del analista, sobre todo en el aspecto emocional, es una
presencia ineludible en el dispositivo psicoanalítico. Lo describe como contratransferencia
Gegenubertragung en alemán.
Encontramos ya la preocupación sobre el tema en “Las perspectivas futuras de la terapia
psicoanalítica”. (1910)
“Otras innovaciones de la técnica atañen a la persona del propio médico. Nos hemos vistos
llevados a prestar atención a la ‘contratransferencia’ que se instala en el médico por el
influjo que el paciente ejerce sobre su sentir inconsciente, y no estamos lejos de exigirle que
la discierna dentro de sí y la domine [...] Hemos notado que cada psicoanalista sólo llega
hasta donde se lo permiten sus propios complejos y resistencias interiores [...]”.
Por eso también plantea la experiencia del propio análisis como condición para ejercer la labor
analítica. La contratransferencia se describe como la respuesta emocional del analista a los
estímulos que provienen del paciente, en términos de obstáculo, una dificultad que se instala en la
relación analista-analizante y que se hace necesario superar.
Se refiere a las propias mociones libidinales que son convocadas o activadas por la naturaleza
misma del dispositivo analítico.
Hemos visto en las clases anteriores como la genialidad de Freud consistió en transformar las
dificultades y los obstáculos que la clínica le presentaba, en instrumentos de trabajo.
Es así como en el desarrollo del concepto de transferencia hay un primer momento en que la
resistencia aparece como un freno muy potente. Se logra desarticular trabajando en la
transferencia la repetición de situaciones infantiles.
La transferencia pasa así a convertirse en el centro de operaciones, a tal punto que Freud organiza
el vasto campo de las perturbaciones psíquicas en función de lo trabajable de la transferencia.
Las psiconeurosis de transferencia se diferencian de las psiconeurosis narcisistas y de las psicosis
porque en éstas la transferencia se hace inmanejable, ya sea por retracción o por carga libidinal
masiva y, por lo tanto, no son accesibles al tratamiento psicoanalítico.
Volviendo a la contratransferencia, encontramos una referencia al tema que hace Freud en una
carta a Binswanger:
“El problema que usted menciona de la contratransferencia es uno de los más difíciles del
Psicoanálisis. Teóricamente me parece de más fácil solución. Lo que se le da al paciente
nunca debe ser afecto inmediato, sino que se lo debe dar siempre en forma consciente y de
acuerdo con la necesidad, en mayor o en menor cantidad. En ciertas circunstancias mucho,
pero nunca desde el propio ICC.. Esta sería la fórmula. Por lo tanto, siempre tenemos que
reconocer nuestra contratransferencia y superarla, sólo entonces seremos libres. Darle a
alguien demasiado poco porque se lo ama demasiado es una injusticia para con el enfermo y
un error técnico”.

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Freud no volvió más sobre el tema y no elaboró una teoría de la contratransferencia como sí lo
hizo con la transferencia. Sin embargo, debemos considerar la contratransferencia como un
fenómeno psíquico impuesto por la situación analítica que requiere ser investigada.
Es alrededor de los años 50 cuando aparecen una serie de trabajos en los que la
contratransferencia se considera no solamente como problema técnico, sino también como
problema teórico, es decir, replanteando su presencia en el análisis y su significado.
Autores que toman la contratransferencia en su dimensión de instrumento son P. Heimann en
Londres y H. Racker en Buenos Aires; además de otros trabajos que por esa época merecen ser
considerados, como el artículo de Winnicott “El odio en la contratransferencia” (1947), y los de A.
Reich y M. Little publicados en 1951.
He tomado algunos párrafos del artículo de P. Heimann (1950) por su claridad al describir cómo
debe ser tomada en cuenta la afectividad que el trabajo analítico despierta.
“Mi tesis es que la respuesta emocional del analista a su paciente dentro de la situación
analítica representa una de las herramientas más importantes para su trabajo. La
contratransferencia del analista es un instrumento de investigación dirigido hacia el
inconsciente del paciente”.
Y más adelante en relación a la situación analítica:
“Pero mi impresión es que no se ha puesto suficiente énfasis sobre el hecho de que es una
relación entre dos personas. Lo que distingue esta relación de otras, no es la presencia de
sentimientos en uno de los participantes, el paciente, y su ausencia en el otro, el analista,
sino, sobre todo, el grado de los sentimientos que se experimentan y el uso que se hace de
ellos, dependiendo estos factores uno del otro.
”La finalidad del análisis personal del analista, desde este punto de vista, no es el de
transformarlo en un cerebro mecánico que pueda producir interpretaciones sobre la base de
un procedimiento puramente intelectual, sino el hacerlo capaz de aguantar los sentimientos
que son suscitados dentro de él en vez de descargarlos (lo que hace el paciente), con el fin
de subordinarlos a la tarea analítica, en la cual funciona como el reflejo del paciente en un
espejo”.
Y más adelante:
“... y no considero correcto que el analista comunique sus sentimientos a su paciente. A mi
criterio, tal honestidad se parece más bien a una confesión y es un fardo para el paciente.
En todo caso lleva afuera del análisis. Las emociones despertadas en el analista serán de
valor para su paciente, si se usan como una fuente más de ‘insight’ en los conflictos y las
defensas inconscientes del paciente”.
Durante muchos años se privilegió la noción de contratransferencia como la respuesta emocional
del analista al inconsciente del analizante, sin un compromiso subjetivo propio.
Líneas teóricas y trabajos que ahondaron en un esquema que de alguna manera deslindaba la
responsabilidad del analista sobre sus propias respuestas contratransferenciales. A pesar de que

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Freud fue muy claro al respecto al decir que ningún analista puede llegar más lejos que lo que sus
propios complejos le permiten.
Una paciente recurría a la costumbre de iniciar la sesión trayendo varios sueños y sus asociaciones
correspondientes, mi sensación contratransferencial era de sentirme abrumada, me descubrí
pensando: ¡no se qué comer primero! Así que le dije que parecía una mesa tan bien servida que no
sabía por dónde empezar. Su asociación inmediata fue con su abuela materna que le decía: “vos,
nena, poné todo lo que tengas en la mesa, si no hay que no se note!”. Fue la expresión “si no hay
que no se note” lo que nos permitió abrir a una nueva instancia de su análisis.
Volviendo a la contratransferencia, H. Racker la define como “la totalidad de la respuesta
psicológica del analista frente al paciente”. Y la sistematiza diferenciando una contratransferencia
concordante y una complementaria.
Lacan propone suprimir la expresión de contratransferencia que considera obsoleta. La define
como las actitudes resistenciales de la transferencia del analista cuando sale de su lugar y se ubica
en espejo respecto de su analizante. Es la suma de errores y prejuicios del analista que lo lleva a
transformar el análisis en una reeducación emocional del analizante.

Contratransferencia en patologías somáticas


Si bien no es el tema de este curso, no quisiera dejar afuera la complejidad que supone el trabajar
con patologías somáticas. Como hemos visto la transferencia que se desarrolla en una neurosis
“clásica”, es diferente de las que se encuentran en las patologías narcisistas, en ciertos enfermos
somáticos, en los estados límites y en los psicóticos.
Freud ya desde el inicio de su obra destacó las frecuentes concomitancias o alternancias, entre
síntomas psiconeuróticos y síntomas actuales, así como entre síntomas psíquicos de diferentes
psiconeurosis. Llamó a estas nuevas formas “neurosis mixtas”.
El compromiso contratransferencial del analista en los tratamientos de pacientes con afecciones
somáticas se sitúa con frecuencia en las fronteras de lo corporal y del psiquismo, de lo
técnicamente “correcto o inapropiado”. Con ciertos enfermos somáticos, el abordaje técnico es
tanto más difícil en cuanto que la contratransferencia está sometida a una dura prueba que nos
obliga a un seguimiento más minucioso
En el transcurso de un análisis puede desplegarse una enfermedad somática, ésta puede
presentarse aunque no seamos especialistas en el tema. Sabemos del vínculo entre la dificultad,
incluso momentánea, para elaborar un conflicto psíquico y la aparición de un desorden somático y
también sabemos que una organización psíquica convenientemente neurótica no protege de las
afecciones somáticas.
El análisis de la contratransferencia, más allá de la “herida narcisística” que representa la
irrupción de una enfermedad somática en el analizante, implica tener el equilibrio suficiente para
no caer en excesos de cuidado y pena, por un lado, ni de enojo y justificaciones teóricas, por el
otro.

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Es el momento de tener presente que las dificultades contratransferenciales incluyen la relación


del analista con su ideal analítico y su referente teórico, a veces muy idealizado.
Cuando un paciente se halla enfrentando una crisis somática, es conveniente que las
intervenciones del analista apunten a sostener las defensas neuróticas en el momento de crisis. No
es aconsejable acelerar movimientos regresivos infantiles ni exigir asociaciones cuando no hay
ligadura posible.
En estos casos, el analista intenta poner palabras que funcionen como puentes entre el presente y
el pasado, entre lo que el paciente relata y el afecto que está asociado a ello.
Se intenta un trabajo de ligadura que refuerza al sujeto en la posibilidad de contener y de
transformar sus “actos corporales” en palabras. Y, sobre todo, es necesario tener mucho cuidado
con las interpretaciones transferenciales.
Concluimos esta tercera clase haciendo la salvedad de que un recorte fue necesario hacer. Queda
mucho por afuera. Espero que formulen preguntas para abrir a un intercambio.
Además les propongo un ejercicio clínico que acompaño de una petición de confidencialidad
respecto del material que trabajaremos así como de los comentarios y propuestas de cada uno de
ustedes.
El ejercicio consiste en tomar cada una de las viñetas y analizarlas para encontrar sus puntos
fuertes y débiles a la luz de lo que trabajamos teóricamente.
Qué hubieran dicho o no. Qué reflexiones les merece cada una de las intervenciones del analista.

Viñeta clínica

Tomado de una primera entrevista:

Juan dice sentirse triste. “En realidad, no estoy ni triste ni deprimido; no, más bien todo me da
igual, nada en mi vida tiene color o sabor, es que me llega en sordina, estoy desganado”.
A: ¿Por qué cree que se siente así?
Juan describe su cotidianidad y lo único que aparece diferente es que se aproxima a los 65 años
y en la empresa en la que ocupa un puesto gerencial le han advertido que deberá jubilarse en el
próximo año. Habla de una manera precisa, eligiendo las palabras, se lo ve atildado, con
energía en su voz. Sorprende el desajuste entre la manera de expresarse y el contenido de su
discurso. Aclara que la jubilación es por la edad y también por algunas cuestiones de política
interna en la empresa; las describe y remata con ‘cuestiones de poder’”.
A: ¿Se refiere a problemas con su potencia, quizás?
Juan: (sorprendido) “Usted apunta a mi otro problema: desde hace algún tiempo, soy… digamos
poco eficaz en… sexualmente. Quizás desde que sé que me van a jubilar”. Su médico, luego de
descartar algún problema orgánico, le sugiere que pruebe con terapia. Tuvo dos experiencias,
de la primera le queda el señalamiento de profundizar en la relación con su padre “¡Imagínese!,
a esta edad ponerme a revisar esas cosas!”.
Decide, entonces, consultar con una mujer.

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Seminario a Distancia:
¿Cómo trabaja un analista? Vigencia de reglas técnicas freudianas
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Juan: “Sé que es necesario decirlo todo, parece que es la regla… Cuando entré la vi pálida y
vestida de negro; pensé: ‘esta mujer me va a ayudar a morir’. ¡Usted es la imagen de la
muerte!”.
La analista tiene un instante de sorpresa acompañado de malestar contratransferencial que le
hace pensar en la posibilidad de derivar a Juan.

Viñeta clínica

Se trata de un joven que “mandan a terapia”. Llega 35 minutos tarde a su sesión.


Juan: “Sé que llego muy tarde, pero necesitaba venir, aunque más no sea para venir”.
A: “Vos necesitás comprobar que yo te estoy esperando y que no estoy ocupado con nadie más
que con vos”.
J: “Sí, algo de eso hay porque pensé: ‘Y si ya se ocupó ¿qué hago?, ¿pasó igual o qué?’”
Esto fue dicho con alivio, acomodándose en su asiento.
La próxima sesión llega cinco minutos antes, lo hago esperar y cuando ingresa dice:
J: “Estaba en la duda si era a las 13 ó 13:10, es raro que llegue antes”.
A: “A vos se te ocurre algo con ‘raro’. Algo te pasó que te hizo llegar antes”.
J: “Sí … esto... creí que llegaba tarde porque me levanté a las 11… Ayer me acosté tarde, volví
como a las 12 de la facultad, después estuve viendo televisión y ahora que me acuerdo soñé”.
A: ¿Qué soñaste?
J: “Soñé que veía ovnis, la serie de la tele. Cuando me dormí era de transformers, estaba A, mi
hermano más chico, me asustaba, era todo desconocido y generalmente le tengo miedo a lo
desconocido”.
A: “¿Qué se te ocurre sobre el sueño?”
J: “Y no sé, es raro...”.
A: “¿Y sobre los ovnis?”
J: “Es como una nueva experiencia... De chico jugaba mucho con los transformers, tenía toda
la colección… Ahora que pienso no sé donde fue a parar, creo que estaban arriba de mi
biblioteca, ¡no se! El sábado fue para mí pésimo, habíamos quedado en juntarnos con los chicos
de la facultad y con E. estábamos apurados; para variar no venía el colectivo, pensé en tomar
un taxi. Se armó con otro pibe un ‘tole tole’ porque él decía que lo había llamado antes al
taxi... El taxista dijo que nosotros le habíamos hecho señas antes así que nos subimos y
llegamos bien. Después tomamos un poco y ya no me acuerdo más”.
A: “Sobre A ¿se te ocurre algo?”
J: “No. Me parece un disparate que se haya colado así en el sueño, bueno, él siempre aparece
así, no me sorprende, ¡un colado!”.
A: “Quizá lo que te parece un disparate es cómo tus padres trajeron tan temprano a tu
hermano. Te lo impusieron. Es para vos como un objeto volador no identificado, no sabés por
dónde vino, ni porque está aquí. Acá estás permanentemente chequeando si yo, como taxista
analista, defiendo tu lugar o lo ocupo con algún colado como el otro día”.

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Referencias bibliográficas

Freud,S. (1937): “Construcciones en el análisis”, A. E., XXIII.


Freud, S. (1910): “Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica”, A. E., XII.
Freud, S. (1900): La interpretación de los sueños I, A. E., IV.
Freud, S. (1901): La interpretación de los sueños II, A. E., V.
Freud, S.; Binswanger, L.: Correspondance 1908-1938, Paris, Calvey-Levy, 1995.
Heimann, P.: “Sobre la contratransferencia”, Inst. J. Psycho-Anal, 31, 1950, p. 81-84.
Racker, H: Estudios sobre técnica psicoanalítica, Buenos Aires, Paidós, 1957.
Müller, E.: “¿La pregunta del analista, es una pregunta?” [en línea] Biblioteca virtual. Colegio de
Psicoanalistas (2010). <[Link]
[consulta: marzo 2014].

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