George Berkeley
Biografía
Berkeley nació en Dysert, cerca de Tomatón, Irlanda. Fue el hijo mayor de William Berkeley,
miembro de la familia nobiliaria de Berkeley. Recibió su educación en el Kilkenny College, y
asistió a las clases del Trinity College de Dublín, donde acabó sus estudios en 1707. Permaneció
en el Trinity College hasta lograr un título de profesor de griego. Su primera publicación fue de
carácter matemático, pero la primera que le ganó notoriedad fue su Ensayo hacia una nueva
teoría de la visión, publicado en 1709. Aunque levantó mucha polémica en su momento, sus
conclusiones forman parte en la actualidad de la óptica. En 1710 publicó el Tratado sobre los
principios del conocimiento humano y en 1713 los Tres diálogos entre Hylas y Philonus, en los
que desarrolló su sistema filosófico, cuyo principio fundamental es que el mundo que se
representa en nuestros sentidos sólo existe si es percibido. El Tratado es una exposición,
mientras que los diálogos constituyen su defensa. Uno de sus objetivos principales fue
combatir el materialismo, teoría dominante en su época. Aunque sus teorías fueron
ridiculizadas, algunos, como S. Clarke, le consideraron un genio. Poco después visitó Inglaterra
donde fue recibido por Addison, Pope y Steele. En el periodo entre 1714 y 1720 alternó sus
trabajos académicos con viajes por Europa. En 1721 recibió un doctorado en teología, y decidió
permanecer en el Trinity College de Dublín dando clases de Teología y hebreo. En 1724 se le
hizo deán de Derry.
En 1725 se embarcó en un proyecto de fundar una escuela en las islas Bermudas para los
misioneros de las colonias, dejando el deanato que le reportaba unos ingresos de 1100£ por
un salario de 100£. Desembarcó cerca de Newport (Rhode Island), donde compró una
plantación. El 4 de octubre de 1730, Berkeley compró «un negro llamado Philip de
aproximadamente catorce años». El 11 de junio de 1731, «el deán Berkeley bautizó a tres de
sus negros como Philip, Anthony y Agnes Berkeley»
Los sermones de Berkeley explicaban a los colonizadores que el cristianismo permitía
la esclavitud, y en consecuencia los esclavos debían ser bautizados: «sería una ventaja para sus
negocios (de los patrones) tener esclavos que deban "obedecer en todo a sus patrones desde
las entrañas, no sólo cuando les observan, sino de todo corazón, temerosos de Dios"; que la
libertad del evangelio concuerda con la servidumbre temporal, y que todos sus esclavos sólo
serán mejores esclavos siendo cristianos».
Vivió en la plantación mientras aguardaba a que llegaran los fondos para su escuela. Sin
embargo, estos fondos no parecían ir a llegar pronto, así que en 1732 volvió a Londres.
En 1734 fue designado obispo de Cloyne. Poco después publicó Alciphron, o el filósofo
insignificante, contra Shaftesbury, y en 1734-1737 The Querist. Sus últimas publicaciones
fueron Siris, un tratado sobre las virtudes medicinales de la infusión de resina de pino,
y Further thoughts on tar-water (más pensamientos acerca de la infusión de resina de pino).
Permaneció en Cloyne hasta 1752, fecha en la que se retiró y se fue vivir con su hijo a Oxford.
Contribuciones
La filosofía de Berkeley es el empirismo llevado al extremo. Si John Locke había dudado sobre
el conocimiento de los cuerpos, Berkeley va más allá. En su juventud, Berkeley propuso que no
se puede saber si un objeto es, sólo puede saberse un objeto siendo percibido por una mente.
Declaró que los seres humanos no pueden conocer los objetos reales o
la materia que causa sus percepciones, sino que incluso las propiedades matemáticas son
ideas semejantes a las cualidades sensoriales. Por tanto, concluyó que todo lo que puede
conocerse de un objeto es su percepción del mismo, y resulta gratuito suponer la existencia de
una sustancia real que sustente las propiedades de los cuerpos. Los conceptos abstractos de
Locke no existen para Berkeley, ni en la naturaleza ni en el espíritu, es una ficción. Las ideas
siempre conservan su particularidad. No es la abstracción, sino el lenguaje, lo que hace posible
extender observaciones particulares a lo general.
En consecuencia, los objetos percibidos son los únicos acerca de los que se puede conocer.
Cuando se habla de un objeto real en realidad se habla de la percepción del objeto. Los
cuerpos no son más que haces de percepciones.
Esto plantea la cuestión de si los objetos son objetivos en el sentido de ser el mismo para
diferentes personas, y, de hecho, si tiene sentido el concepto de existencia de otros seres
humanos más allá de la percepción de los mismos. Berkeley argumenta que dado que
experimentamos a otros humanos cuando nos hablan—algo que no está originado por ninguna
actividad que emprenda el individuo que percibe—y dado que sus visiones del mundo son
consistentes, se puede creer en su existencia y que el mundo es idéntico o similar para todos.
En consecuencia:
Todo conocimiento del mundo empírico se obtiene a través de la percepción directa.
El error proviene de considerar en detalle las percepciones.
El conocimiento del mundo empírico puede purificarse y perfeccionarse eliminando todo el
pensamiento y quedándose sólo con las percepciones puras.
De esto se sigue que:
La forma ideal del conocimiento científico se obtiene persiguiendo las percepciones puras, sin
intervención del intelecto.
Si los individuos actuaran de esta forma, seríamos capaces de conocer los secretos más
profundos del mundo natural y del mundo humano.
La meta de la ciencia, por tanto, es desintelectualizar las percepciones humanas,
purificándolas.
Berkeley es metafísico por cuanto afirma la existencia de una realidad trascendente y la
considera objeto de conocimiento. La realidad de los cuerpos es su condición de ser percibidos
y el que las percibe debe por tanto de existir. Hay un espíritu que percibe y piensa, pero es la
única clase de sustancia, no hay una sustancia exterior al espíritu, como en la metafísica
tradicional. Algunas de las ideas que tiene este espíritu implican la influencia de Dios para que
se produzcan de forma coherente. Es decir, el mundo material son las percepciones que Dios
nos hace tener. Pero como Dios no puede ser objeto de conocimiento, sólo las apariencias lo
serán. Dios no sería entonces el distante ingeniero de los mecanismos newtonianos que a lo
largo del tiempo causan el crecimiento de un árbol en el jardín de la universidad. En lugar de
esto, la percepción del árbol es una idea en Dios, y el árbol sigue existiendo cuando
aparentemente nadie lo percibe simplemente porque Dios lo observa constantemente. Dios
es, para Berkeley, el garante del orden que se halla entre todas las ideas.
La filosofía de David Hume acerca de la causalidad y la objetividad es una elaboración de otro
aspecto de la filosofía de Berkeley. A medida que progresó el pensamiento de Berkeley, pudo
haber asimilado las teorías de Platón, aunque no se sabe con seguridad. Luce, el considerado
más eminente estudioso de la filosofía de Berkeley del siglo XX, enfatizó con frecuencia la
continuidad de su filosofía en la madurez. Esto indica una continuidad entre
los Principios, Alciphron y el resto de las obras filosóficas de Berkeley. Además,
el panenteísmo inquebrantable de Berkeley es una evidencia que contradice una completa
asimilación del platonismo, y Alciphron es un desarrollo en lugar de una revisión de cualquier
trabajo previo. También contradice esta interpretación el hecho de que Berkeley volviese a
publicar sus libros pocos años antes de su muerte sin realizar cambios importantes.
En relación a la física newtoniana, Berkeley le concedió un carácter únicamente utilitarista.
Para él, las herramientas matemáticas empleadas en la elaboración de la física de su tiempo
son otra clase de ideas no-generales. Ejemplificó este extremo señalando que al pensar un
triángulo no se opera sobre una idea abstracta y general del triángulo, sino que la idea
pensada viene siempre aparejada de un triángulo cualquiera, sosteniendo por lo tanto su
realización particular en la mente. En consecuencia, las tesis científicas son construcciones
matemáticas que predicen resultados más o menos adecuados a lo percibido, no obstante
careciendo de una aprehensión de la esencia de tales cosas. Por otro lado, Berkeley rechazó
los conceptos absolutos en la física, presintiendo una visión relativista de la realidad que
llegaría más recientemente con Ernst Mach.
Refiriéndose a la filosofía de Berkeley, Samuel Johnson le propinó una patada a una roca
exclamando Lo refuto así. Un empirista podría replicar que la única cosa que Johnson conoció
de la piedra fue lo que vio con sus ojos, oyó con sus oídos y sintió con su pie. Así que la
existencia de la piedra consistía únicamente en las percepciones de Johnson. Podría ser que
Johnson hubiera pateado en realidad un tocón inusualmente gris, o puede que le diera un
ataque súbito de artritis justo cuando iba a darle una patada a un trozo de hierba con una roca
pintada. Lo que la piedra realmente era, aparte de las sensaciones que pudo experimentar o
las representaciones mentales que se hiciera, le sería, de esta forma, completamente
desconocido. La roca existiría, en última instancia, como una idea de su mente.
El Tratado de Berkeley se publicó tres años antes de la aparición del Clavis
Universalis de Arthur Collier, que desarrollaba ideas semejantes. Sin embargo, al parecer
ninguno de los dos influyó al otro.
El filósofo alemán Arthur Schopenhauer escribió a propósito del mérito de la obra
de Immanuel Kant que ésta representa un verdadero hito filosófico pues antes " (...) lo
predominante había sido buscar irreflexivamente las leyes del fenómeno, elevarlas a verdades
eternas y así erigir el fenómeno fugaz en la verdadera esencia del mundo: en una palabra, el
realismo no perturbado en su delirio por reflexión alguna", acusación que no extiende a
Berkeley y antes bien reconoce que éste: "(...) fue, por tanto, el primero en tratar el punto de
partida subjetivo realmente en serio y en demostrar irrefutablemente su absoluta necesidad.
Es el padre del idealismo...."'
Obras