Hamartía y Falla Trágica en Edipo
Hamartía y Falla Trágica en Edipo
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dramático que ilustra las dificultades que entraña la opera- como ejemplo de hamartía trágica, y en el seno del drama es-
ción de clasificar una acción compleja bajo determinadas ca- pecífico al que pertenece, Edipo rey.
tegorías de la acción. Uno podría sentirse tentado a afirmar Las descripciones de la acción trágica de Edipo ofrecidas
que, por encima de su complejidad, la acción de Edipo apare- por Sorabji son inadecuadas por dos razones. La primera de
ce delineada y presentada en el drama de Sófocles con unos ellas es que la hamartía de Edipo comprende tanto al parrici-
rasgos específicos más o menos reconocibles para cualquier dio como al incesto; la segunda, que la interpretación del pa-
lector, pero en cuanto éste repara en las distintas lecturas a rricidio como un tipo de acción injusta se origina en un mal-
que dicha acción ha dado lugar, se ve obligado a reconocer las entendido. Para un lector moderno resulta sorprendente que
dificultades que encierra su interpretación. 13 ¿i» Edipo, siendo un hombre más bien virtuoso, no haya sentido
Sorabji apunta que, a la luz de Edipo rey 8077el parricidio la menor inquietud moral después de haber matado, llevado
de Edipo podría corresponder a la descripción aristotélica del de la ira, a un grupo de desconocidos. No obstante, el drama
tipo de acción «injusta» (adíkéma), la cual involucra cierta de Sófocles presenta la acción de la manera que corresponde
conciencia de parte del agente que actúa, aunque no median- en el contexto de la cultura heroica a la que pertenece: Edipo
te deliberación previa; 14 ya que se menciona ahí que Edipo reacciona como tocaba actuar a un hombre de linaje noble
mata a Layo ignorando que es su padre, a causa de lajra (di' violentado por un desconocido que intenta echarlo del cami-
orgés).13 E l autor sostiene, asimismo, que el parricidio de Edipo no. Para él, en ese caso particular, la acción de matar a un
podría ser visto como una «desgracia» (atychémá), es decir, extranjero anónimo y a sus acompañantes no podía ser de
un daño producido contrariamente a una razonable previ- ninguna manera reprobable o injusta, aunque hubiese sido
sión. 16 Las descripciones de Sorabji se concentran en el parri- realizada por la ira, puesto que se trataba de la acción que un
cidio y dejan de lado el incesto, de ahí que su análisis del hombre de su linaje y condición juzgaría apropiado empren-
ejemplo de Edipo entrañe un sesgo en el tratamiento del pro- i der en tal situación. 17 Por lo demás, la ira no era en sí misma
blema de la hamartía trágica. ' reprochable para los griegos, dado que era tenida como la fuen-
E l caso de Edipo resulta poco claro, en contra de lo que te de la andreía o el valor, una de las virtudes más apreciadas
cabría esperar de un ejemplo, debido no sólo a su compleji- en su cultura. Edipo da muestras de enorme valor, enfrentán-
dad, sino al hecho de que el otro ejemplo aristotélico de dose y matando, él solo, a un grupo de agresores. E l malestar
hamartía, Tiestes, se perdió. Por ello, tal vez en lugar de partir moral del héroe comienza en el momento del drama en que
del ejemplo trágico aislado, sea razonable considerarlo a la dispone ya de algunos indicios suficientes, que él mismo con-
luz de la Poética, que es la obra dondefigurala acción de Edipo sidera confiables, que lo llevan a conjeturar y temer que el
hombre que mató en el camino era precisamente Layo. 18
13. Bremer, por ejemplo, rechaza que la hamartía de Edipo encaje en el esque- Algunos autores entienden la anagnorisis como un proce-
ma aristotélico de la hamartía trágica. A su juicio, la fórmula de la Poética deberla
sustituirse por esta otra: me dia mochtherían alia d' átén megálén: no por maldad, so de reconocimiento que no ocurre meramente en el interior
sino por una gran ate. Cf. J.M. Bremer, op. cit., p. 165. del drama, sino que aclara al espectador el sentido de la ac-
14. EN 1135b 21-22: «Cuando se obra conscientemente, pero sin previa delibe-
ración, como todo lo que se hace por cólera y por otras pasiones que en los hom-
ción dramática y le aporta una autocomprensión.19 No obs-
bres son necesarias o naturales».
15. Ihíd., p. 298. Sorabji toma en cuenta que esta descripción de la acción de 17. Aristóteles considera que hay ocasiones en que es correcto concitar al ape-
Edipo no contradice el criterio de que la falta no proceda de la maldad del carácter, tito irascible. C f . E N I I I , l i l l a 25-33.
dado que el hecho de que el agente haya cometido un acto injusto no lo convierte en 18. Vid. Edipo rey 698-755. Se trata del pasaje en que se produce parcialmente
un hombre malvado. la agnición trágica, puesto que Edipo se cree hijo de los reyes de Corinto e ignora
16. Para Sorabji es evidente que el caso de Edipo no corresponde a una falta de todavía que Layo era su padre. Aristóteles considera la anagnorisis de Edipo como
razonable previsión ni entraña negligencia y, por tanto, no es un caso de hamdrtéma la mejor. Cf. Poética 1455 a 18.
sino de atychémá, esto es, una desgracia involuntaria ocasionada por las circuns- 19. Esta manera de entender el reconocimiento trágico es compartida, sobre todo,
tancias externas (p. 297). por los partidarios de la interpretación intelectualista de la tragedia. L. Golden, por
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margen de esta cuestión, lo importante es que el modelo esencialmente racional y le atribuye un lugar central al razo-
aristotélico de excelencia trágica nos permite apreciar que sus namiento práctico en su teoría de la acción. 28
criterios y juicios de excelencia poética ng son tan parciales, Uno de los criterios utilizados para la adscripción legal de
simples o restrictivos como sus críticos asumeíL responsabilidad criminal, en la Grecia era la ignorancia.29 E l
Algunos autores, apartándose de Aristóteles, entienden la análisis aristotélico de la acción involuntaria y de la responsa-
hamartía trágica como una falla del carácter. 23 D.W. Lucas bilidad moral adopta el mismo criterio, en la Etica nicomáquea}"
observa que esta interpretación de la hamartía abre la puerta Aristóteles considera que la ignorancia desempeña un papel en
a una noción de justicia poética y cuestiona esta interpreta- el curso de determinadas acciones y en esa medida puede ser-
ción a partir del hecho de que la palabra hamartía significa, vir de base para disculpar o exonerar de responsabilidad al agen-
primariamente, error.2* La precisión semántica es pertinente te. Distingue dos especies de ignorancia: la ineludible, esto es,
y podría ayudarnos a comprender mejor el significado de la aquella que escapa enteramente a la voluntad del agente (como
recomendación aristotélica de que la desgracia del héroe pro- la locura), y la ignorancia relativamente voluntaria o que po-
venga de un gran yerro (megálé hamartía). dría haber sido evitada por el agente (como la que resulta de la
Nos resulta difícil percibir la connotación moral de la embriaguez o la ira). 31 A partir de ello, el filósofo distingue en-
hamartía debido a que no compartimos el lenguaje ni los hábi- tre «actuar por ignorancia» y «actuar en estado de ignoran-
tos mentales griegos. Para Aristóteles, el error trágico no es un cia». 32 Lo primero le parece excusable; en tanto que lo segundo
mero «error de juicio» o un error intelectual; es en sí mismo floTpuesto que el agente pudo evitar ponerse en el «estado de
un «error práctico o moral», 25 que no presupone una falla es- ignorancia». Para considerar que una acción es involuntaria es
pecífica del carácter. 26 La noción de hamartía es profundamente necesario que se cumplan dos condiciones: la ignorancia (di'
griega. E.R. Dodds remonta sus antecedentes hasta Homero y agnoían) y el desagrado (metaméleia, lupéros, discheraínon) por
la relaciona con el viejo hábito helénico de explicar el carácter parte del agente.33 Ambas condiciones sirven de base para esta-
y la conducta humana en términos de «conocimiento». 27 Con- blecer la responsabilidad y la culpabilidad del agente.
viene recordar que Sócrates concibió el mal como un «error
intelectual». Aristóteles, pese a sus diferencias con el intelectua-
lismo socrático-platónico, concibe la acción humana como algo 28. Ci.ENVl.l, 1143a35-1143b5;VI, 12, 1144a 20-25 y 31-36; VII, 3, 1147a
1-10 y 25-31; 1147b 5; X, 1, 1172a 20-24; VI, 7, 1141b 18-20; VI, 9, 1142b 20-22.
29. Cf. J . Ellul, Historia de las instituciones de la antigüedad. Instituciones grie-
23. G.F. Else es de la opinión de que «puede tenerse por algo establecido que gas, romanas, bizantinas y francas, trad. Tomás y Valiente, Madrid, 1970; L. Gernet,
hamartía no significa una falla del carácter», enop. cit., pp. 143-144. Antropología de la Grecia antigua, trad. B. Moreno, Madrid, Taurus, 1981; R. Sorabji,
24. D.W. Lucas, op. cit., Apéndice IV, pp. 299-300. Else discrepa de esta opinión. Necessity, cause, and blame. Perspectives on Aristotle's theory, caps. XVII y XVIII;
Para él hamartía no se refiere a «error intelectual». Cf. G.F. Else, op. cit., p. 144. G.F. Else, «Aristotle's theory of literature. Pity and fear», en op. cit., p. 149.
25. Cf. J . Jones, op. cit., p. 15.
30. E N I I I , 1110b 11-1112a 15; V, 8, 1135b 11-26.
26. Aunque W.D. Ross se inclina por la interpretación de la hamartía simple y
31. EN VII, 1147a 11-12. Sorabji presta suma atención en su análisis a la distin-
llanamente como «error de juicio». E s pertinente su observación acerca de que
ción entre estos dos tipos de ignorancia, al examinar la cuestión de la negligencia
Aristóteles se refiere a una megálé hamartía y que, por tanto, «un gran defecto de
(ameleia) y la hamartía. De acuerdo con su interpretación, la noción de hamartía
carácter difícilmente podría oponerse a la mochthería (maldad)». Cf. W.D. Ross,
Aristotle, Londres, Methuen, 1953, nota 4, p. 287. entraña negligencia culpable, en contra de la interpretación de D. Daube y M. Schofield,
para quienes la negligencia no desempeña un papel y la categoría de hamártéma se
27. Cf. E.R. Dodds, op. cit., p. 29. Para el autor, en Homero, expresiones como
opone a la de atychémá o error desafortunado. Cf. R. Sorabji, op. cit., p. 280.
Aquiles «sabe cosas salvajes, como un león», Polifemo «sabe cosas sin ley», o Néstor
32. EN I I I , 1110b 30-35. La distinción entre «actuar por ignorancia» o «en igno-
y Agamenón «saben cosas amistosas el uno respecto al otro», significan algo muy
rancia» es correlativa a la distinción entre «actuar deliberadamente» o «actuar con
próximo al enunciado socrático-platónico «la virtud es conocimiento». Su hipóte-
conocimiento o conciencia».
sis es que «Este • y j j f f q i l f ' " ' • » ' » ' - ' " a l i « m de la explicación de la conducta imprimió
un sello duradero a la mente griega» (p. 30). Sin comprometerme con el supuesto 33. Cf. EN I I I , 1110b 11-17. G.F. Else comenta acertadamente que, para
de que hay una comunidad básica entre las expresiones homéricas y las socrático- Aristóteles, «no todo acto realizado a causa de ignorancia (di'agnoían), es involun-
platónicas, creo que su observación es útil para comprender la idea aristotélica de tario; solamente uno que trae pena y arrepentimiento, metaméleia, puede propia-
que los errores prácticos no están alejados de los errores intelectuales. mente ser llamado así» (G.F. Else, op. cit., p. 146). La mayor parte de los autores
pone énfasis en la condición de «ignorancia».
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E l diccionario Liddell-Scott señala que el término blábé Edipo ignora los lazos de parentesco con Layó y Yocasta, y
significa «herida, daño, perjuicio; por oposición a daño inten- se arrepiente de haber cometido parricidio e incesto una vez
cional (adíkéma)». Los términos hamartía y hamártéma se que descubre la identidad de sus padres y comprende el verda-
aplican, en efecto, tanto a errores no deliberados, como a crí- dero sentido de sus actos. Su hamartía no constituye, directa-
menes. Sin embargo, el significado relevante del primero es mente, una falla de su carácter, sino un error involuntario que,
«daño no intencional», por oposición a la «acción injusta», en en su caso, inspira temor por él a la vez que compasión, porque
la Poética. E l significado del término blábé se aviene al hecho el héroe no puede ser considerado un malvado pero tampoco
de que todo daño constituye por sí mismo un perjuicio, aunque una simple víctima de las circunstancias, puesto que contribu-
no haya sido intencional. Aristóteles distingue en su ética dos ye en alguna medida a su propia caída en el infortunio.
especies de daños: los involuntarios o excusables, y los daños Asumir que Edipo es en cierto modo responsable de su
voluntarios e inexcusables.34 Y en Ética nicomáquea V 8, la fra- error no implica adjudicarle un comportamiento negligente o
se di' agnoían hamartánousi aparece (en la línea 1136a 8) dar por hecho que él pudo haber evitado cometer el parrici-
referida claramente en ese contexto al daño no intencional, dio, como algunos críticos sostienen.38 La ironía trágica es que
cometido por ignorancia, es decir, excusable y no culpable.25 Edipo procura no ser negligente.
Éste parece ser el sentido de la hamartía de Edipo. / A la luz de la teoría aristotélica de la acción, la hamartía
Las acciones humanas pueden ser examinadas y juzgadas trágica de Edipo podría ser vista como un error del razona-
a la luz de las intenciones, tanto como de sus resultados o con- miento práctico, esto es, como un caso de conducta desviada
secuencias.36 E l análisis de las acciones terribles que constitu- del bien que no obedece a una intención deliberada de come-
yen la materia de los dramas trágicos podría llevar a percibir ter el mal, sino que procede de un error en la comprensión de
diferencias importantes entre las intenciones erróneas de un la situación particular y de cierta ignorancia.3j^>iguiendo el
personaje y las motivaciones perversas, y a diferenciar entre modelo aristotélico del silogismo práctico, podríamos ubicar
errores terribles y crímenes condenables. A juicio de Lucas, la la hamartía trágica del lado de la premisa menor del razona-
distinción entre «errores» y «crímenes» no desempeña ningún miento que lleva a la acción: Edipo conoce la premisa mayor
papel en la Poética; lo único que Aristóteles subraya en esta «El incesto debe evitarse», pero en el momento de aplicar la
obra es la oposición entre una acción errada y un acto malva- regla general en el caso particular, confunde el objeto, es de-
do intencional.37 Discrepo de esta opinión, ya que es posible cir, se equivoca. Tiene a Mérope por su madre, y cree errónea-
que la predilección aristotélica por Edipo Rey responda a que mente la premisa menor «Yocasta no es mi madre». Edipo
la estructura del drama y la composición de la acción se ajus- falla, pues, al subsumir el caso individual bajo la regla general
tan al criterio ético del error involuntario del personaje. y comete incesto por ignorancia. 40 Asimismo, podríamos re-
presentarnos la falla en la deliberación edípica tocante al pa-
34. ENV.S, 1136 a 5-9. rricidio de esta manera: Edipo parte de las premisas «Hay
35. E l problema es que en las lineas 1135b 12-17 Aristóteles describe la hamartía que evitar el parricidio» y «Si me alejo de mi padre, Pólibo,
como un «error involuntario», en tanto que en 1135b 18-19 sugiere que en ocasiones evitaré el parricidio». Se aleja de Pólibo y cree evitar el parri-
involucra negligencia. Sorabji se apoya en esta última línea para sostener su interpreta-
ción de que la hamartía es un «error culpable». Cf. R. Sorabji, op. cit.,p. 280, pp. 297-298. cidio de ese modo.
36. Lucas observa el hecho de que, en la antigüedad, los términos hamartía y
hamártéma se aplican tanto a «errores» no deliberados, como a «crímenes». Cf.
D.W. Lucas, op. cit, Apéndice IV, p. 300. G . E Else destaca la amplitud de significa- 38 Cf. H. D . E Kitto, op. cit., pp. 148-149. Me aparto de la interpretación de que
dos de la palabra, para justificar su desacuerdo con la interpretación de «error la falta de Edipo entrañe negligencia, aunque acepto que hay cierta participación.
intelectual» ( G . E E¡se, op. cit., p. 148). Para decidir cuál de los sentidos éticos del Más adelante aclaro este punto. „t,i»nal
término hamartía es relevante para la Poética, es necesario tomar en cuenta la rela- 39. E l coro de Antígona expresa una idea semejante: «El mal parece un oie
ción estrecha que él mismo marca entre la inocencia y la compasión. hombre cuya mente quiere el dios confundir».
37. Cf. D.W. Lucas, op. cit., p. 302.
40. Edipo rey 775-834.
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Algunos críticos consideran que, en general, la hamartía se distingue de la philanthropía o la pena por el sufrimiento
trágica obedece a una «infatuación fatal». 41 Edipo sería cul- de otro ser humano (para Aristóteles, la pena por la caída del
pable de haber confiado en sus propios recursos para evitar el malo), tanto por la intensidad de la emoción, como por una
cumplimiento del oráculo. No obstante, si consideramos que especie particular de empatia, ya que la hamartía trágica en-
la proaíresis o deliberación refleja el carácter, 42 la delibera- traña, de parte del agente trágico, cierta'responsabilidad sobre
ción de Edipo evidencia un carácter más bien virtuoso, pues las consecuencias de la acción, pero no culpa, puesto que ha
se aleja de quienes cree sus padres (Mérope y Pólibo) para estado fuera de las motivaciones del agente la intención de
evitar que el oráculo se cumpla; después, cuando se enfrenta provocar el daño específico causado. E l grave daño causado
a las revelaciones del oráculo y de Tiresias, indaga acuciosa- por Edipo ha sido un resultado totalmente contrario a su in-
mente los pormenores sobre la muerte de Layo para exami- tención. La composición de la acción trágica como una megálé
nar si él es, en efecto, culpable del homicidio de Layo. 43 E l hamartía presenta la acción destructiva y terrible como un
error trágico del héroe, específicamente en el contexto del error sumamente grave, pero involuntario y digno de compa-
drama de Sófocles, no puede explicarse a partir de una falla sión, que propicia en el espectador una indulgencia peculiar y
de su carácter, como la «arrogancia», «la propensión a la cóle- una emoción empática muy intensa.
ra» o a «creer que sabe», como algunos críticos pretenden. E l modelo aristotélico de tragedia excelente entraña un
Edipo reacciona con Layo como un hombre noble, agraviado. paradigma de lo patético-trágico: la acción con hamartía. Esta
Asimismo, cree haber tomado las precauciones suficientes para clase de acción corresponde a un tipo específico de carácter y
evitar cometer el crimen que le imputan Creonte y Tiresias; su de estructura o composición de la acción: el carácter interme-
actitud hacia ambos obedece a una desconfianza razonable y dio (metaxy) y el error sumamente grave e involuntario del
natural en sus circunstancias. Por otra parte, la deliberación personaje (la megálé hamartía).4* La composición de la acción
y la actuación de Edipo denotan su afanoso empeño por evi- trágica como una especie de yerro práctico del personaje pro-
tar las faltas vaticinadas por el oráculo. A pesar de esto, su picia una clase particular de compasión (éleos) que presupo-
acción tampoco es presentada en el drama como un simple ne una modalidad específica de inocencia de quien padece el
error desafortunado, ocasionado por el destino o la mala for- mal, y no meramente la creencia de que la persona que sufre
tuna, es decir, como una simple atychía. no merece el sufrimiento; puesto que la inocencia de Edipo se
La intensa afección que experimenta el lector o el especta- distingue de otras variantes de inocencia trágica, 45 como las
dor ante el sufrimiento de un carácter intermedio (metaxy) o de Ifigenia, en el Agamenón, o de Astianacte en Hécuba. E s
noble (spoudaíos), a causa de un gran yerro (megáléhamartía), claro que Aristóteles concibe al personaje trágico como un
agente que delibera y que actúa, no una simple víctima.
41. J.M. Bremer cuestiona la interpretación general de que la hamartía obedece La composición de la acción trágica como una megálé
a una «infatuación fatal». Vid. J.M. Bremer, Hamartía: TYagic error in the Poetics of hamartía tiende a producir en nosotros, los espectadores o
Aristotle and in greek tragedy, Amsterdam, 1969, p. 110. Admite que en ocasiones la
ignorancia es presentada en los dramas trágicos en relación ya sea con la impetuo- lectores, un temor y una compasión peculiares, que se distin-
sidad o con un exceso de confianza en las propias capacidades, al margen de que guen de las emociones de compasión y temor que nos produ-
sea denominada o no como hybris. A su juicio, varias modalidades de hamartía
trágica no corresponden al esquema aristotélico, en particular, los casos en que
la ignorancia es presentada en relación con una dte, es decir, como resultado de la
intervención de un daimon o de alguna divinidad. Al respecto, coincide con la opi- 44. Mi análisis del paradigma aristotélico de lo trágico por excelencia estará
nión de Else, de que la teoría aristotélica deja fuera de la acción trágica cualquier centrado en el ejemplo de Edipo. Haré unas cuantas observaciones a Ifigenia entre
tipo de intervención divina. También Halliwell subraya este punto. los Tauros, para poner énfasis en que ambos comparten una serie de elementos
42. EN VI, 1, 1139a 34. propios de lo trágico que Aristóteles aprecia muchísimo.
43. Opino, al igual que Bremer, que Sófocles no pinta a Edipo como un tirano 45. Al igual que la inocencia de Ifigenia en el drama de Eurípides Ifigenia entre
suspicaz, dado que Tiresias lo acusa de manera directa de ser el culpable. Cf. J.M. los Tauros, que es otro ejemplo de drama trágico excelente, para Aristóteles. Ct.
Bremer, op. cit., p. 158. Poética 1454a 5-7.
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cen la muerte del pequeño Astianacte en Las troyanas, o la gicos de la Poética, al personaje intermedio (metaxy), aleja a
imagen del cadáver despedazado de Polidoro flotando en el esta clase de personaje de un hombre ordinario o común.
mar, en Hécuba. La emoción que nos produce una acción te- A juzgar por su paradigma de excelencia trágica, Aristóteles
rrible, pero no culpable, como la de Edipo, se aparta también parece interesado en la participación activa del personaje en
del terror o el horror que nos producen, en general, los críme- su destino funesto y en cierta nobleza de los caracteres. La
nes deliberados y mayúsculos (deinós o miarás). caída de los poderosos y los nobles es un caso ejemplar de
La acción dramática de Edipo corresponde a un error prác- la vulnerabilidad humana, que tiende a resultar temible al
tico extremadamente grave y destructivo, que no es resultado espectador. No obstante, es probable que a muchos especta-
directo de una falla del carácter, sino de cierta forma de igno- dores no los indujera a sentir compasión; al menos no en todos
rancia (agnoía) respecto de la situación y el contexto de la los casos. Quizás ésta haya sido una de las razones por las
acción —en particular, la ignorancia de los lazos de sangre cuales Aristóteles recomienda que la caída del personaje trá-
que ligan al agente con la víctima—: un error involuntario del gico en desgracia obedezca a un gran yerro, no a una falta
cual se deriva un gran sufrimiento no sólo para quien recibe deliberada. De haber sido así, la recomendación aristotélica
la acción destructiva o para otros, sino para el agente mismo de la hamartía trágica estaría fundada en consideraciones de
en el seno del drama, una vez que se produce el reconocimiento orden estrictamente patético, no moral. Sin embargo, la ac-
o anagnorisis. ción con hamartía establece, además, un vínculo muy especí-
Este conjunto de características imprime, sin duda, a la fico entre la compasión y un sentido particular de justicia. E l
acción dramática de Edipo un sesgo extremadamente patéti- modelo aristotélico de tragedia entraña un paradigma de lo
co y trágico. Aristóteles atribuye un sentido trágico eminente patético-trágico, según el cual la compasión se vincula con
a esta clase de estructuración de la acción: la trama con me- una especie particular de acción inocente.
tábasis: agnoía, anagnorisis yperipéteia.46 La pregunta es, ¿por La acción con agnoía o ignorancia concierne, ante todo, al
qué el caso de Edipo constituye, para el filósofo, el paradigma desconocimiento de las circunstancias en que el agente trági-
de lo trágico? co lleva a cabo la acción destructiva y la ignorancia de los
La breve indicación de la Poética: «compasión (éleos) por vínculos de parentesco que lo unen a su víctima. Esto no im-
el inocente; temor (phóbos) por el semejante» posee un senti- plica que esta clase de acción trágica consista en una simple
do vago e impreciso. No obstante, si comparamos el tipo de desgracia (atychía). Una acción de este último tipo restaría
inocencia de Edipo con la inocencia de Ifigenia, en el Aga- peso al carácter trágico y atribuiría un papel decisivo a la con-
menón, o de Astianacte, en Hécuba, es claro que Aristóteles tingencia en la felicidad e infelicidad humanas. Aristóteles
concibe al personaje eminentemente trágico como un agente prefiere, en cambio, un tipo de composición de la trama que
que participa en su desgracia, que actúa y que se equivoca; no presente los hechos de una manera que produzca la impre-
una mera víctima pasiva de unas circunstancias o de unas sión de que los acontecimientos se siguen unos de otros, y que
fuerzas destructivas externas y extremas. Por otro lado, si bien las consecuencias desastrosas se derivan de las decisiones equi-
es difícil establecer a qué clase de «semejanza» podría referir- vocadas de un agente. De acuerdo con la Poética, entre la ac-
se la expresión «temor por el semejante», el hecho de que Edipo ción trágica y sus consecuencias, felices o desgraciadas, tiene
pertenezca, de acuerdo con la tipología de los caracteres trá- que haber una especie de necesidado conexión interna; no
una mera sucesión o una*"relaci¿n externa debida a la inter-
46. E n el drama Ifigenia entre los Tauros, la acción destructiva y terrible es in-
vención de alguna deidad ex machina. Al respecto, conviene
minente pero no llega a producirse, pues la anagnórisis acontece antes y evita que tener presente que la intervención de la deidad al final de
se lleve a cabo. Lo anterior no despoja a este "drama de su naturaleza trágica, a Ifigenia entre los Tauros no rompe con el curso de la acción
pesar de que su efecto patético-catártico resulte distinto, puesto que su desenlace
es afortunado. dramática, a pesar de irrumpir en ella, ni constituye una solu-
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ción absurda o extraña; por lo que Aristóteles no la censura, la trama de Edipo rey (M. Bowra y J.M. Bremer). Sin embargo
como tampoco la intervención de lo maravilloso en el drama, es patente que, para Aristóteles, la acción de Edipo asume su
otro elemento que desempeña un papel muy importante en verdadero sentido trágico no como obra de un designio divino
esta tragedia de Eurípides. La maestría con que el poeta ad- incomprensible, sino como fruto de un error humano.
ministra lo maravilloso en este drama imprime a su composi- La interpretación aristotélica de la acción de Edipo como
ción trágica una verosimilitud sorprendente, a pesar de que el un gran yerro (megálé hamartía) supone que el personaje trá-
poeta modifica por completo la historia del sacrificio de Ifige- gico ha sido, en cierto modo, un agente responsable de su error;
nia, hasta el punto que la hija de Agamenón y Clitemnestra lo cual no implica que sea preciso adjudicarle cierta negligen-
deja de ser la víctima trágica por excelencia, para convertirse cia, en contra de lo que algunos críticos suponen. E l error de
en un genuino personaje trágico, es decir, en una heroína que Edipo en el drama no obedece a un descuido imputable a él
delibera y actúa a la par que su hermano Orestes. L a crítica mismo; 48 sin embargo, el parricidio y el incesto están lejos de
tiende a ignorar la Ifigenia entre los tauros, o bien, a rebajarla ser un simple resultado de la intervención externa de una
y considerarla un melodrama. Para apreciar la excelencia trá- deidad funesta. La desventura de Edipo es una consecuencia
gica de la composición de esta obra euripidiana es preciso terrible de su ignorancia y de sus decisiones equivocadas, no
compararla con el Agamenón esquiliano; de lo contrario, es un mero efecto de la intervención divina. Lo decisivo no es el
difícil sopesar la magnitud de su mérito poético. oráculo ni la voluntad de Zeus, sino la deliberación misma y
E l paradigma aristotélico de tragedia sitúa lo trágico por la actuación del personaje: E l oráculo es tan sólo un antece-
excelencia fuera del terreno de la injusticia y del mero acci- dente de su acción, no la determina.
dente desafortunado: E l éthos trágico por excelencia es un E l hecho de que el análisis aristotélico de la tragedia omita
agente que delibera y que actúa, no una víctima pura, al mar- toda referencia a la intervención divina en el curso de la ac-
gen de que el agente sé equivoque debido a su ignorancia y ción, constituye por sí mismo una indicación de qué es lo que
sufra por ello de una manera terrible —como en Edipo rey— o Aristóteles considera trágico, en sentido eminente. Lo trági-
que termine por salvarse —como en Ifigenia entre los tauros.41 co, para él, no reside en el puro dolor, en el temor o en lo
Es claro que Aristóteles prefiere que el infortunio trágico esté terrible del sufrimiento. Tampoco en las lamentaciones, el
marcado por el error del agente. E n la acción trágica con patetismo de las súplicas y las palabras de quien padece gran-
hamartía, hay una participación activa del personaje en su des males o en el cambio de la felicidad a la infelicidad. Lo
desgracia. La acción no consiste en una simple atychía, dado que confiere a un hecho patético y destructivo su carácter ple-
que la actuación de la persona dramática sigue un curso acor- namente trágico no es su magnitud o su violencia, ni que los
de con sus intenciones, independientemente de que el resulta- hechos terribles acontezcan entre personas muy cercanas entre
do final sea contrario a sus propósitos. La acción trágica por sí. Lo trágico no radica sólo en lo inmerecido del sufrimiento
excelencia no es, pues, un mero error desafortunado ocasio- de los personajes, en su vulnerabilidad o su ignorancia y con-
nado por el destino o por la mala fortuna {Edipo rey). Asimis- fusión, sino en la peculiar e íntima relación que el sufrimien-
mo, tampoco en el caso contrario, el drama con desenlace feliz, to, los hechos y las situaciones guardan con la acción principal
la tragedia culmina con una solución afortunada carente de del drama y en la naturaleza peculiar de la acción representada.
angustia y esfuerzo (Ifigenia entre los tauros). Los hechos destructivos y violentos, como el sacrificio de
Una de las principales críticas a la interpretación aristoté- Ifigenia, en el Agamenón, y la inmolación de Políxena, en Hé-
lica de la hamartía trágica es que omite todo lo referente al orácu- cuba, constituyen lances patéticos, acontecimientos extrema-
lo y la intervención de la divinidad, un aspecto fundamental de
48. Es absurda la crítica de que Edipo pudo haber evitado cometer el parrici-
47. Cf. ENV 8, 1135a 28-30; 1135b 12-17; 1136a 9. dio. Vid. Edipo rey 725-765.
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damente conmovedores por su brutalidad y crueldad; sin em- acciones son las acciones trágicas? ¿Acaso los dramas no pre-
bargo, ninguno de ellos constituye, por sí solo, la acción trági- sentan las acciones más terribles, destructivas y viles: el infan-
ca ni ocupa el centro del drama del que forma parte, a pesar ticidio, el matricidio, el incesto, el parricidio, el homicidio, la
de que es innegable que los hechos patéticos son algunos de venganza, el engaño, la violencia, la traición, la crueldad? ¿Qué
los principales elementos de la tragedia. La trama misma, en podría apartar a las acciones trágicas de los peores crímenes?
su totalidad y unidad, imprime una naturaleza eminentemente ¿En qué consisten la seriedad y la gravedad trágicas? (G\
trágica a la mimesis poética de las acciones que nos suscitan Muchos dramas trágicos presentan, en efecto, las acciones
compasión y temor. Sin acción, dice Aristóteles, no hay trage- destructivas y terribles como daños deliberados. Sin embargo,
dia. E l suelo de lo trágico no es lo terrible, atroz o desmesurado ya sea que las tragedias presenten las acciones como volunta-
de un desastre natural, por devastador y doloroso que resulte. rias (Medea, Hécuba, Orestiada) o involuntarios (Heracles,
La tragedia es, ante todo, mimesis poética «de una acción y de Bacantes), como hechos consumados (Edipo rey) o como ma-
una vida» (Poética 1450a 15-25). Lo patético-trágico no obedece les inminentes pero no consumados (Ifigenia entre los tauros),
a la magnitud del sufrimiento ni a lo inmerecido de éste, por la representación poética de acciones sumamente graves y te-
muy desmesurado, incomprensible o terrible que sea o que rribles que acarrean gran sufrimiento tanto a las víctimas que
parezca ser. Lo trágico concierne, esencialmente, a la mimesis padecen los males o los daños, como a los agentes que los
de una acción esforzada (spoudaía) y completa, y a la infelici- producen, confiere a la acción trágica una altura distinta a la
dad o la felicidad derivadas de ella. (Poética 1450a 15-18).49 de los simples actos de maldad. Las tragedias son más que
descripciones brillantes de acciones criminales terribles o de
He puesto de relieve que ninguna de las recomendaciones actos extremadamente dolorosos, pero aislados de una acción
de la Poética pone en riesgo la autonomía de la poesía ni pre- completa. La poesía trágica nos aproxima a tipos de experien-
tende violentar al arte. 50 Sin embargo, la propia definición cias y de situaciones destructivas y violentas extremas de una
aristotélica de la tragedia como mimesis de una acción esforzada manera bella y conmovedora, que aparta a la mimesis trágica
(spoudaía)51 introduce cierta distinción entre lo trágico y lo de una mera presentación cruda de la experiencia y de los
meramente atroz, desmesurado y vil. E l adjetivo spoudaía, en dilemas prácticos reales. Aristóteles pareciera indicar, con el
la definición de la tragedia de la Poética, separa en cierto sen- término spoudaía, que lo trágico no radica por sí solo en el
tido las acciones trágicas de las acciones meramente crimina- carácter desmesurado o tremendo de las acciones ni los ma-
les. I . Bywater lo traduce como serious y W. Hamilton Fyfe les que son materia de las tragedias, sino en su cariz elevado
como heroic. E l problema es que los términos específicos de más propio. G. Lukács expresa, a su modo, una idea semejan-
la definición aristotélica de tragedia podrían llevar a conside- te: «La tragedia niega la entrada a los demasiado débiles y
rar que el filósofo introduce la ética en su teoría de la trage- bajos para su reino». 52
dia, de manera subrepticia. E s necesario, pues, preguntarse
cuál es el sentido de la distinción entre lo trágico y lo criminal, E l paradigma aristotélico de excelencia trágica encierra,
en la definición de tragedia de la Poética, y en qué radica lo como hemosvísto, una noción de lo trágico que ahonda toda-
trágico mismo. Es preciso inquirir, en suma, ¿qué clase de vía más la separación entre la acción trágica y la acción crimi-
nal: la acción inocente. E l modelo aristotélico de tragedia ideal
49. Cf. S. Halliwell, op. cit., pp. 217-237.
(kalistés tragodías) tiene a lavista un agente que actúa en ig-
50. Aristóteles parece convencido de que sus prescripciones ético-poéticas apor- norancia y se equivoca; que reconoce su error y sufre por ello
tarían dos beneficios: mejorar la calidad de las obras trágicas y eliminar el riesgo (Edipo rey) o que lo evita y se alegra (Ifigenia entre los tauros).
de presentar ante la masa cualquier clase de situación dramática, o de exponer
cualquier obra al juicio y la valoración de un público irreflexivo, carente de refina- L a tragedia con anagnorisis es capaz de ejercer un influjo es-
miento, poco apto quizás para apreciar y examinar los dramas trágicos a fondo o
tan siquiera en detalle.
52. G. Lukács, El alma y las formas, p. 272.
51. Poética 1449b 24.
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i in
pecial en las emociones de los espectadores y de producir un CONCLUSIONES
temor y una compasión peculiares. No obstante, Aristóteles
estuvo lejos de pretender que la megálé hamartía y la anagnórisis
fuesen una condición necesaria de lo trágico. Se limitó a pro-
poner un tipo de composición de la trama como modelo de
drama trágico excelente. E nrigor,ninguna de sus recomenda-
cífcRés poéticas pretende ser algo más que un consejo persua-
siyp dirigido a los poetas.
l_Los dramas trágicos nos conmueven, a menudo, de una
manera más intensa y profunda que situaciones trágicas reales
semejantes e incluso más terribles. Lo anterior obedece a que
las situaciones trágicas conciernen a la vida y a la muerte, a
la felicidad y a la infelicidad, pero también, y sobre todo, a la
excelencia de la palabra poética y su fuerza expresiva. La cris- Sin poesía, no hay tragedia, en el sentido estricto de la pala-
pación del dolor, el llanto, los gemidos, las lamentaciones y bra tragódía, tal como se la define en la Poética, en contraste con
los gritos no fueron expulsados de la escena trágica, aunque la tendencia moderna a ver en lo trágico un elemento esencial
la composición dramática, el coro, la escena, las máscaras, el de la existencia humana y advertir en las tragedias y en ciertas
lenguaje poético y el conjuntó dé convenciones dramáticas le constantes del conflicto trágico una expresión fiel de la condi-
impriman a los hechos terribles unos rasgos peculiares, ción humana, Aristóteles entiende lo trágico como un efecto
irreductibles a la experiencia cruda de hechos destructivos patético intenso uñido a un placer peculiar producido por el
semejantes y reales. Las tragedias expresan el dolor y el sufri- arte poético y analiza la tragedia como una obra de arte poética.
miento con suma elocuencia, alejándolo del sufrimiento real, La idea de la tragedia como «mímésis de una acción y de
el cual suele asumir una extraña opacidad y, en ocasiones, un una vida», no pretende que los dramas trágicos reproduzcan
carácter absurdo y hasta grotesco. E l arte trágico nos produ- , las experiencias y los dilemas prácticos reales. La poesía pre-
ce emociones muy distintas a las impresiones que nos suscita ' senta las cosas también como podrían ser, no como son o como
la nota roja. E l violento esplendor de horror y belleza de la han sido. La concepción aristotélica de la poesía como mímésis,
poesía trágica nos induce a temblar al unísono con otro. Las esto es, como creación e invención poética y no como simple
emociones trágicas se asemejan más a las emociones que nos versificación, coincide con la idea de que «la poesía no consistió
despierta un filme como Hiroshima mon amour, que a las que nunca en la maestría formal de una configuración lingüística
nos produce un documental ordinario que proporciona imá- que suene bien». 1 E l arte mimético pertenece a la esfera de lo
genes terribles y datos pormenorizados sobre los horrores de verosímil. Su finalidad no es procurarnos un conocimiento
una guerra actual, porque las tragedias no se limitan a ser un sobre la condición humana ni educar nuestras emociones. Tam-
cuadro de horror y de muerte. Las tragedias funden la expe- poco proporcionarnos visiones consoladoras ni máximas ca-
riencia y la ficción, las ideas y las imágenes, el estremecimiento paces de guiar nuestra conducta, a pesar de que a menudo las
emocional y la reflexión, en la mímésis dramática de una acción tragedias nos brinden enseñanzas y nos proporcionen una com-
esforzada y de una vida. La peculiar fruición que nos provocan prensión profunda y aleccionadora acerca de la acción huma-
no puede ser descrita en términos puramente hedonísticos ni
intelectuales. Responde, en gran medida, a la naturaleza poé- 1. H.G. Gadamer, Estética y hermenéutica, trad. A. Gómez Ramos, Madrid,
tica de lo patético trágico. Tecnos, 1998, p. 142. Aristóteles no comparte la idea de Heidegger y Gadamer de
que la poesía encierra o revela una verdad. Cf. M. Heidegger, Arte y poesía, trad.
Samuel Ramos, México, F C E , 1992, pp. 90,114-115.
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