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Retos de la Convivencia Escolar

Este documento discute los retos de la convivencia escolar en el siglo 21. Explica que la escuela juega un papel fundamental en la socialización de los estudiantes y en el desarrollo de normas y valores. También analiza factores como la violencia, problemas económicos y falta de políticas públicas que afectan a los estudiantes y generan problemas de salud mental. Finalmente, argumenta que se necesita una pedagogía basada en la convivencia positiva, el respeto a las diferencias, y la creación de comunidades de aprendiz

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Retos de la Convivencia Escolar

Este documento discute los retos de la convivencia escolar en el siglo 21. Explica que la escuela juega un papel fundamental en la socialización de los estudiantes y en el desarrollo de normas y valores. También analiza factores como la violencia, problemas económicos y falta de políticas públicas que afectan a los estudiantes y generan problemas de salud mental. Finalmente, argumenta que se necesita una pedagogía basada en la convivencia positiva, el respeto a las diferencias, y la creación de comunidades de aprendiz

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Propósito

Las y los participantes analizarán los obstáculos y retos de la convivencia escolar, desde sus actores,
instituciones, políticas nacionales y tendencia internacionales, definiendo estrategias pedagógicas y
modelos de actuación para su impulso y gestión.

Introducción
"No hay causa que merezca más alta prioridad que la protección y el

desarrollo del niño, de quien dependen la supervivencia, la estabilidad y el

 progreso de todas las naciones y, de hecho, de la civilización humana"

Plan de Acción de la Cumbre Mundial a favor de la Infancia, 30 de septiembre de 1990

De acuerdo a Carrasco y otros autores, “la escuela tiene un rol fundamental como contexto
socializador del individuo. En su seno tiene lugar una buena parte del aprendizaje de normas y valores
durante las dos primeras décadas de la vida. La experiencia vivida en ella condiciona profundamente el
proceso evolutivo y madurativo del adolescente, así como sus visiones, actitudes y relaciones
sociales”[155].

La educación es un proceso global de la sociedad, y como tal, una herramienta básica de creación y
regeneración de la cultura. Y es esta última, la cultura, el modo de pensar y de operar, lo que permite
que las personas nos situemos activa y críticamente en el mundo, vivamos en él y lo construyamos a
nuestra humana medida, de acuerdo a José Tuvilla Rayo[156].

Por lo anterior, la escuela siempre ha sido un espacio fundamental para el desarrollo de los seres
humanos a través de la enseñanza-aprendizaje que en ella se genere; desde la perspectiva de los
Derechos Humanos, el derecho a la educación es uno de los más evocados en los instrumentos
internacionales en materia de Derechos Humanos, así como el medio idóneo para la prevención de las
violaciones a éstos, como la propia transformación de conductas negativas hacia conductas positivas de
las personas.

Asimismo, si relacionamos las nociones de Educación y Derechos Humanos, encontramos que se


vinculan entre sí en varios sentidos, Ana María Rodino, al respecto menciona que se da en tres
dimensiones[157]:

La educación como un derecho humano, el derecho a la educación, tal como está


consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 (DUDH, art. 26) y
reiterado en muchos otros instrumentos posteriores en la materia, como es la Convención
sobre los Derechos del Niño, 1989 (CDN, art. 28).
Los derechos humanos como contenido en la educación, es decir, como parte del currículo
que se enseña en distintos niveles y programas educativos (lo que la teoría pedagógica
denomina “currículo explícito”).
Los derechos humanos exigen su respeto dentro del sistema educativo, es decir, en la
gestión educativa y en la práctica diaria dentro de los establecimientos educativos (lo que la
teoría pedagógica llama “currículo oculto”).

Sumado a esto, la sociedad contemporánea enfrenta grandes retos como son: la violencia en todas sus
expresiones, dificultades económicas, ausencia de políticas públicas que respondan a las necesidades
de los diversos grupos sociales, las demandas al sistema de procuración e impartición de justicia, los
problemas generados por la diversidad y multiculturalidad, entre otros; retos que sin duda no pueden
ser ignorados por el sistema educativo nacional y todos aquellos organismos interesados en la
Educación, por el impacto directo que generan tanto en la comunidad educativa como en aquellos
sectores señalados como grupos en situación de vulnerabilidad, siendo la infancia y la juventud parte
de éstos.

Un resultado de este impacto, es la sensación de desesperanza, sentimientos de abandono y un


sinsentido hacia el futuro, generando enfermedades como la depresión. Hoy ésta es considerada una
de las tres primeras causas de enfermedad y discapacidad entre las y los jóvenes, de acuerdo al
informe mundial sobre la salud adolescente titulado Health for the World´s Adolescents, elaborado
por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con datos sustentados en las políticas sanitarias de 109
países[158]. Mientras que la Organización Panamericana de la Salud (OPS), menciona que los trastornos
mentales se consideran un problema de salud en casi todo el mundo y calcula que para el año 2020 la
depresión será la segunda dolencia más frecuente y la primera causa de ausentismo laboral y escolar
en países desarrollados.

Al respecto, Natalia González, psiquiatra infantil y de la adolescencia de la Universidad Nacional


Autónoma de México (UNAM), adscrita al Centro Médico Imbanaco de Cali, explica que: “el trastorno
depresivo mayor en niños y adolescentes es una enfermedad frecuente con una prevalencia de 0.4 a
2.5 por ciento en niños, y de 0.4 a 8.3 por ciento en adolescentes”[159].

Debemos sumar otros factores que influyen directamente en el desarrollo de la infancia y la juventud;
es en el entorno familiar donde enfrentan situaciones de violencia familiar y desintegración como
problemas económicos, mientras que en el entorno escolar, están más expuestos a la violencia y al
acoso escolar bullying, a la venta de sustancias tóxicas y bebidas alcohólicas, a las pandillas y al
reclutamiento por parte de la delincuencia organizada, entre otros; siendo la deserción escolar uno de
los últimos y peores resultados de esto.

Por todo lo anterior, se debe dar la importancia y atención debida al Sistema Educativo Nacional como
a todo aquello que contribuya al cumplimiento de esa encomienda esencial que se le atribuye. Sin
dejar de mencionar que a la escuela a través del tiempo se le han asignado diferentes funciones que
quedan de manifiesto en las connotaciones que de forma explícita o implícita le otorgan, dando paso a
términos como[160]: la escuela “corral”, la escuela “isla”, la escuela “reformatorio”, la escuela “spa”,
la escuela “terapéutica”, la escuela “domesticadora”, la escuela “hogar”, la escuela “escuela” y la
escuela “comunidad”, todos éstos haciendo referencia y énfasis en una función determinada para la
escuela. Al referir la “contención” como una de sus funciones principales, se genera con ello un debate
del propio significado de la contención como el papel que debe cumplir la escuela al respecto.

Para autores como Mónica Coronado, la escuela debe ser “escuela”, un espacio para contener y
comprender, en el que se trate de establecer lazos que sostengan mutuamente a los miembros de la
comunidad educativa que permita a su vez sobrellevar la adversidad mientras se aprende. Se centra en
la construcción de redes sociales. Por lo que las metas escolares auténticas son prioritarias para el
desarrollo, la salud mental, la inserción social, la inclusión y el ejercicio de la ciudadanía[161]. Y se
convierte sólo en contención cuando deja de ser escuela, pasa a la desesperanza, a la inacción y
constituye una barrera y cobijo para lo que no puede ser cambiado.

Una escuela contemporánea requiere de una pedagogía basada en la convivencia; aprender a


convivir como aprender de la propia convivencia escolar positiva permite otros valores como son
la aceptación y el aprecio de la diferencia, la tolerancia, la empatía, entre otros.

De esta forma, en el apartado sobre los Retos de la Pedagogía de la Convivencia en el siglo XXI:
aceptación, aprecio y gestión de la diferencia, se abordan los retos actuales de la pedagogía y su
estrecho vínculo con el ejercicio de los Derechos Humanos en el aula como contenido y como
metodología particular, que involucra a su vez temas como la inclusión, paz, resolución no violenta de
conflictos, mediación, entre otros.

En la actualidad se requiere de una pedagogía basada en la convivencia escolar positiva, que tenga
lugar en un contexto de respeto a las diferencias. Por eso, en el apartado sobre El aprendizaje de la
convivencia escolar: comunidades de aprendizaje y buen trato se muestra que la convivencia se
aprende, se aprende a convivir y a generar mejores condiciones para una convivencia escolar en
armonía, la cual se relaciona con un clima escolar positivo que incluye las relaciones entre los
alumnos, alumnos-docentes, directivos-docentes, padres de familia-docentes-directivos, etc.

En el espacio sobre la Gestión de la convivencia escolar se hace mención de su trascendencia, así


como del aprendizaje que genera, al plantear que las normas de convivencia escolar tienen carácter
formativo para los miembros de la comunidad escolar, al ser un reflejo importante de la misión
institucional.

En el capítulo sobre Factores que alteran la convivencia escolar y consecuencias ante la


transgresión, se resalta la importancia del establecimiento de reglamentos y acuerdos por parte de
una comunidad escolar, así como de su cumplimiento, debido a que su aplicación efectiva envía un
mensaje de coherencia, y fomenta la percepción del vínculo entre derechos, responsabilidades y las
consecuencias de actos u omisiones.

Finalmente, el apartado sobre los Proyectos de Posibilidad plantea a la paz como un tema transversal,
un objetivo que se construye con la participación de todas y todos, no sólo en un entorno escolar sino
social. La paz al ser un tema/eje transversal se relaciona con la Educación, dando paso a la Educación
para la Paz y los Derechos Humanos, y muy especialmente, dando cabida a la esperanza y a los sueños
como generadores del cambio social. Se reconoce el papel de la educación y sus participantes en la
construcción colectiva y posible de un mundo más justo.

El esquema que se presenta a continuación resume los temas que abordaremos:


RETOS DE LA PEDAGOGÍA DE LA CONVIVENCIA EN EL SIGLO XXI:
ACEPTACIÓN, APRECIO Y GESTIÓN DE LA DIFERENCIA.
"¿Cómo podría ser poco significativo el impacto del clima social sobre las experiencias de los actores educativos,
considerando todo el tiempo que ellos están en la escuela? Un estudiante que termina su educación escolar vive
entre seis y ocho horas al día durante 12 años en la escuela"

Clima Social Escolar

DOCUMENTO VALORAS UC1 - 2008

Actualmente la pedagogía debe estar basada en la convivencia, pero una convivencia escolar positiva
que requiere cumplir con ciertos requisitos que representan para la escuela, retos. Por lo tanto, se
debe aprender a convivir y la escuela debe brindar las condiciones necesarias para generar, construir y
mantener una buena convivencia escolar. La escuela requiere de una convivencia que reconozca e
incluya a todos. Que todos sus miembros se sientan aceptados, valorados y apreciados. Sin embargo,
antes de seguir es importante considerar el significado mismo de la convivencia, ¿qué es convivir?,
¿cómo se fomenta la convivencia?, ¿qué elementos contribuyen a una mejor convivencia? y ¿qué
beneficios trae una convivencia positiva?

Para algunos la convivencia significa “compartir espacios y recursos, en un tiempo determinado.


Espacios físicos, simbólicos, sociales”[162]. El compartir que implica la convivencia configura las
situaciones y las oportunidades del desarrollo cognitivo, social y afectivo, con las ventajas y las
desventajas de ser parte de un todo organizado, funcional o disfuncional, en dependencia mutua.

Todos convivimos con personas con las cuales quizá no tenemos ningún vínculo significativo, o bien, no
de manera habitual, sin embargo, podemos entablar una convivencia armónica con personas con las
que no nos une la amistad o el aprecio mutuo. Dentro de la sociedad, compartimos diferentes espacios
de manera temporal o incluso permanente: la ciudad, un deportivo, el metro, la escuela, la institución
de trabajo, una vivienda, un museo, entre otros. En el caso de la escuela, tanto los alumnos como los
docentes, toda la comunidad educativa, pasa un tiempo considerable, incluso conviven más que con su
propia familia.

Otro elemento importante a considerar en la convivencia, es la voluntad. En ciertos momentos


podemos elegir si convivimos o no y con quién convivir. Por lo que la convivencia se convierte en
ocasiones, forzada y provisoria; ejemplo en el transporte colectivo. Puede ser una convivencia amplia
y duradera como es el caso de los conductores al compartir la vialidad de la ciudad o bien, puede ser
voluntaria y diseñada a propósito cuando se trata de compartir la vivienda y los recursos en
pareja[163]. Y los resultados de una convivencia pueden ser: satisfactorios, estables, funcionales y
generar vínculos fuertes como concluirlos.

Mientras exista un grado de interdependencia respecto al uso de espacio y recursos, existan metas
conjuntas, experimentemos bienestar y malestar que deriva del compartir y debamos establecer
acuerdos básicos para la vida en común, estaremos conviviendo[164]. La convivencia sea como sea, es
una condición de vida, necesaria para el desarrollo y para los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Compromisos en la convivencia

Para que esta convivencia sea lo más satisfactoria posible para todos los involucrados se requiere de
organización, de acomodarse, de adaptarse, de aceptarse, de un aprecio, de tolerancia, de un clima
positivo y de respeto, de reglas y acuerdos. Al hablar de convivencia en las relaciones humanas implica
que cada uno de nosotros asuma el compromiso de[165]: 

Interactuar: intercambiar acciones con otro u otros.


Interrelacionarse: establecer vínculos que implican reciprocidad.
Escucha activa: escuchar colocándose en el lugar del otro u otros.
Participar: actuar con otro u otros en proyectos personales y colectivos.
Comprometerse: asumir responsablemente las acciones con otro u otros.
Compartir propuestas: ofrecer nuestras ideas a los otros.
Discutir: intercambiar ideas y opiniones diferentes con otro u otros.
Disentir: aceptar que mis ideas pueden ser diferentes.
Acordar: encontrar los puntos comunes, implica pérdida y ganancia.
Reflexionar: pensar sobre lo actuado y conceptualizar acciones e ideas.

Cuando referimos la Educación para la Paz y los Derechos Humanos, nos exige desarrollar una
conciencia social amplia tanto de uno mismo como del otro, una capacidad de escucha mutua, la
apertura para la aceptación del otro, aceptar y apreciar la diferencia, sin embargo, no podemos
apreciar algo que se desconoce, por lo que es necesario, la convivencia, el conocimiento y
reconocimiento del otro, la tolerancia, el respeto y la empatía, como la voluntad de compartir. Estos
son parte de los objetivos cognoscitivos y actitudinales de la Educación para la Paz y los Derechos
Humanos, los cuales pueden favorecer la propia convivencia escolar.

Por la metodología que implica la Educación para la Paz como la Educación en y para los Derechos
Humanos, las aportaciones de cada una de éstas, como sus coincidencias, haremos referencia a la
Educación en y para los Derechos Humanos en primer lugar, y posteriormente, a la Educación para la
Paz, para profundizar en esta última, en el apartado referente a la construcción de un proyecto
colectivo “paz”, por ser la Educación para la paz un instrumento para su construcción.

Aportes de la Educación en y para los Derechos Humanos a la convivencia escolar

La Educación en y para los Derechos Humanos, no sólo consiste en adquirir conocimientos, relacionado
con sus objetivos cognoscitivos, sino objetivos actitudinales, que implica la aplicación de estos
conocimientos, la transformación de actitudes negativas hacia actitudes positivas, el desarrollo de
habilidades sociales que permitan al individuo participar en su comunidad escolar y en la sociedad en
general de una forma activa. Constituye un proceso de gran alcance que se desarrolla a lo largo de
toda la vida, y que debe hacer de la paz, los derechos humanos y la democracia elementos de práctica
cotidiana.

Una Educación en Derechos Humanos, debe abarcar la enseñanza del contenido de los tratados e
instrumentos más importantes sobre estos derechos, empezando con la Declaración Universal de
Derechos Humanos, el conocimiento de todo su articulado. Pero sobre todo, los niños deben aprender
los derechos humanos a través de la práctica, vivirlos (en el aula, en el hogar y en la comunidad) y
aprenderlos a través de normas y principios[166].

Existen autores que marcan una diferencia importante entre Educación en y para los Derechos
Humanos, con objetivos determinados, como ya lo hemos mencionado. Por lo que la Educación en
Derechos Humanos, se define como: aquella que está dirigida a la transmisión de conocimientos en
materia de Derechos Humanos, los denominados “Aspectos Básicos de Derechos Humanos”,
conocimientos mínimos que toda persona debe tener en esta materia. Nos refiere esta Educación en
Derechos Humanos objetivos cognoscitivos[167], entre los cuales se encuentran:

Comprender la noción de Derechos Humanos como un proceso histórico, expansivo e


inacabado, identificando sus diferentes generaciones;
Conocer la historia de la lucha por los Derechos Humanos y las libertades fundamentales;
Reconocer el articulado de la Declaración Universal de Derechos Humanos y otras
declaraciones internacionales, así como su interrelación;
Analizar los Derechos Humanos y las necesidades humanas básicas;
Entender la noción de Derechos Humanos relacionada con: el desarrollo, la democracia y la
paz;
Percibir los Derechos Humanos como una construcción global y diversa, patrimonio común de
la humanidad;
Identificar las violaciones de los Derechos Humanos en nuestro país y en el mundo e indagar
en sus causas y posibles alternativas;
Conocer la labor de los organismos, colectivos, ONG´s, personas, etc., que luchan en defensa
de los Derechos Humanos;
Comprender la dinámica y estructura del conflicto y la visión conflictiva de la sociedad, así
como ejercitarse en las alternativas de resolución;
Identificar las causas sociales que generan la violencia;
Comprender el significado “no sólo de los derechos sino de los deberes que tienen las
personas, los grupos sociales y las naciones para con los demás” (Recomendación de 1974).

Algunos de estos objetivos se relacionan con la convivencia escolar positiva, como es el conocer las
necesidades humanas básicas, para generar empatía y una buena convivencia. Los seres humanos
compartimos necesidades básicas por lo que requerimos generar estrategias para alcanzar el bien
común, lograr la justicia social y no sólo el beneficio de unos cuántos. A su vez, el comprender que los
conflictos son parte de las relaciones humanas y que no son necesariamente negativos, forma parte de
un aprendizaje que te da la oportunidad de resolverlos de una manera pacífica, habiendo desarrollado
ciertas competencias y habilidades sociales, que no se adquieren sino a través de la práctica.

En lo referente a los contenidos de la Educación en Derechos Humanos, de acuerdo a José Tuvilla, el


enfoque debe ser:

a. Integral, debe abordar los derechos humanos en toda su amplitud y como un todo indivisible
(derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales y por supuesto, los
denominados de tercera generación);
b. Interdisciplinar, abarcando la diversidad de campos interrelacionados con los derechos
humanos: historia, relaciones internacionales, estudios sobre la paz o el desarrollo, etc.
c. Transversal, este tipo de educación debe impregnar el llamado currículum oculto, lo que se
enseña con el ambiente, las relaciones sociales y las actitudes cotidianas en ella. “Más que
dar instrucción sobre derechos humanos, se trata de educar para que el alumno y la alumna
los aprecien, los valoren y los vivan”[168].

La transversalidad vincula la convivencia con la vivencia de los derechos humanos, es decir, en


ambos casos, se aprenden a través de la práctica; para construir y generar una convivencia escolar
positiva requiere del respeto de los derechos y las libertades de los demás, de una autorregulación y
de formas adecuadas de expresión, mientras que una convivencia escolar positiva genera sentimientos
de pertenencia, de respeto, reconocimiento y aceptación del otro, como deseos de colaboración. Los
derechos humanos exigen el respeto a las diferencias, el derecho a disentir, como una oportunidad de
retroalimentación y aprendizaje.

La Educación para los Derechos Humanos consiste en promover el conocimiento de éstos a partir de
la reflexión sobre las actitudes de respeto o violación en la vida cotidiana. Pone énfasis en la
construcción de relaciones, actitudes y valores de respeto a la dignidad de la persona; en el
desarrollo de habilidades sociales tales como: la empatía, el compromiso con los derechos de los
demás, la capacidad de vivir en democracia, la toma de decisiones más justas, a las cuales hemos
hecho referencia. Sus objetivos son actitudinales y entre ellos, se encuentran los siguientes[169]:

Apreciar los Derechos Humanos como uno de los avances sociales más importantes de la
humanidad;
Valorar positivamente las organizaciones, individuos y estrategias de lucha tendentes a hacer
desaparecer de la faz del planeta todo tipo de violencia;
Sensibilizar sobre la violación de los Derechos Humanos y suscitar compromisos de acción,
tanto individuales como colectivos;
Ser conscientes de la doble moral en torno a los Derechos Humanos: lo que se proclama o
legisla y lo que se practica;
Favorecer una actitud positiva y de colaboración con las organizaciones de defensa de los
Derechos Humanos;
Ser críticos con las alternativas violentas a los conflictos y favorecer procesos de resolución
no violenta de los mismos;
Sensibilizar sobre la necesidad de las relaciones interpersonales y de una convivencia
asentadas en los principios consagrados en los Derechos Humanos.

Como podemos observar los objetivos actitudinales de la Educación para los Derechos Humanos se
encuentran aún más cercanos a los requisitos indispensables para una convivencia escolar positiva
como de los propios aprendizajes que se adquieren a través de ésta.

Los cuatro pilares de la Educación y su relación con la convivencia escolar

A estos objetivos, debemos agregar aquello establecidos en el Informe Delors elaborado por la
Comisión Internacional para la Educación del siglo XXI a petición de la UNESCO, preparado por personas
que trabajan en el mundo educativo y refiere el cómo debemos enfocar la educación en la sociedad
actual, planteando cuatro objetivos principales:

Aprender a conocer: adquirir los instrumentos de la comprensión. Que requiere de


profundizar conocimiento de diferentes materias.
Aprender a hacer: para poder influir sobre el propio entorno. Para lo cual es necesario
adquirir conocimientos, hacer frente a diversas situaciones y no sólo centrarse en la
calificación.
Aprender a vivir juntos: para participar y cooperar con los demás en todas las actividades
humanas, aprender a convivir. Es necesario la comprensión del otro, realizar proyectos
comunes y prepararse para tratar los conflictos.
Aprender a ser: un proceso fundamental que reúne elementos de los tres anteriores y que
requiere a su vez, responsabilidad personal, conseguir autonomía y hacer crecer la
responsabilidad.

La convivencia escolar al estar constituida por el conjunto de relaciones humanas que se establecen
entre todos los actores que forman parte de una institución educativa (alumnos, docentes, directiva,
padres) debe estar basada en un plano de igualdad y respeto a los derechos y diferencias. Donoso
Sereño, señala que la calidad de la convivencia es responsabilidad de todos los miembros de la
comunidad educativa, sin excepción[170].

Mientras que la responsabilidad de una Educación en y para los Derechos Humanos no sólo compete a
las instituciones educativas sino a la familia y a la sociedad en general, y parte de esta función se
desarrolla a través de una buena convivencia y vivencia de los derechos humanos al entablar relaciones
respetuosas y afectivas entre los actores de la comunidad escolar.

La convivencia escolar es una convivencia llena de asimetrías, discontinuidades y prescripciones.


Entre los actores pueden mediar una o más generaciones de diferencia, con su cúmulo de intereses,
valores, perspectivas y visiones diversas, que aporta complejidad a la convivencia[171]. Sin embargo,
también es una oportunidad de aprender de la propia diversidad, el respeto y fomento de ésta
genera un aprendizaje. Sin perder de vista que la convivencia se fomenta y se aprende al igual que
todos sus componentes.

Hernández Prados plantea que la convivencia escolar es un requisito para llevar a cabo la educación,
como un fin educativo. Expresa: “convivir significa vivir con otros sobre la base de unas determinadas
relaciones sociales y unos códigos valorativos en el marco de un contexto social determinado”[172]. “…
la convivencia escolar no sólo es un requisito o condiciones mínimas sin las cuales no sería posible
llevar a cabo el acto educativo, sino que además constituye un fin educativo. Por lo tanto, la
convivencia escolar, inspirada en valores y principios democráticos, constituye uno de los pilares
fundamentales del proceso educativo de los niños, niñas y jóvenes”[173].

Este autor nos plantea la necesidad de aprender a convivir a través de aprender a construir las
condiciones necesarias de una convivencia escolar positiva. Y no es sino practicando, que
desarrollamos las habilidades y competencias necesarias, anteriormente señaladas, para establecer
relaciones humanas sanas y respetuosas que a su vez nos permitan desarrollar un carácter maduro,
responsable para la vida adulta.

La convivencia es de calidad cuando dinamiza, promueve, acompaña e involucra el desarrollo


institucional e individual de todos los sujetos que la conforman, y cuando asume la diversidad como
enriquecedora[174].

Cuando nos referimos a la diversidad es importante recordar que la Educación en y para los Derechos
Humanos fomentan los valores, siendo la tolerancia una parte importante de éstos; la tolerancia es
necesaria al hablar de la diversidad, multiculturalidad, etc. Clarence Dias estima que la Educación en
Derechos Humanos puede servir para:

Alentar la lucha por la justicia de las víctimas del desarrollo, pues en la medida que
conozcan sus derechos podrán reivindicar un desarrollo más respetuoso con ellos;
Estimular una participación comunitaria de la población en el proceso de desarrollo;
Poner de manifiesto el impacto que muchos proyectos de desarrollo tienen sobre el disfrute
de los derechos humanos, y
Luchar contra prácticas de discriminación racial, de género o contra poblaciones indígenas.

Éste último, precisamente refiere a uno los aspectos que hace énfasis la pedagogía de la convivencia,
es decir, el respeto a la diferencia, no a la discriminación por ningún motivo, fomentar el respeto, la
aceptación y el aprecio a la diferencia, a partir de la convivencia y conocimiento de las personas.

Una convivencia malsana incide directamente sobre los procesos cognitivos, sociales y afectivos
implicados en el aprendizaje, generando un deterioro de la atención, la motivación y el deseo de
aprender. Se experimenta un intenso malestar y no se aprenden contenidos escolares, se aprende a
desconfiar, a estar a la defensiva, a hostigar o abusar, a agredir o ignorar, a despreocuparse por el
bienestar de los demás, a salvarse a sí mismo, a obtener el beneficio personal. Una mala
convivencia también enseña[175].

Tomando en cuenta que una convivencia escolar enseña conocimientos y actitudes tanto positivas como
negativas, es importante reflexionar sobre aquellos aspectos a los que se le debe poner atención o
mayor énfasis para su construcción como los aprendizajes que traen consigo. El apartado sobre El
aprendizaje de la convivencia escolar: comunidades de aprendizaje y buen trato, plantea que
debemos enfocarnos, a un buen trato, que debe darse en las relaciones humanas, en una educación
emocional o socio-afectiva (desarrollo socio-afectivo) por ejemplo, se hace referencia a la importancia
de las actitudes, gestos, conductas por parte del docente frente a los alumnos.

Si se espera que los niños/adolescentes sean capaces de vivir juntos y de relacionarse pacíficamente,
capaces de empatizar con los demás, de prestar consuelo, de ayudar verbal y físicamente a los otros,
de valorar positivamente a los demás, de escucharlos, de compartir, de cooperar y de resolver
conflictos entre ellos, así como, hacer frente a las presiones grupales, se hace necesaria una educación
emocional como una Educación para la paz, ambas vinculadas con la Educación en y para los Derechos
Humanos.

EL APRENDIZAJE DE LA CONVIVENCIA ESCOLAR: COMUNIDADES DE


APRENDIZAJE Y BUEN TRATO
“I have a dream. Tengo un sueño, y es que los niños y niñas negros puedan ir a las mismas

escuelas que los blancos y la blancas, las mismas viviendas, los mismos autobuses”

Martin Luther King

Para lograr una convivencia escolar positiva y aprender a convivir de manera adecuada, se requiere el
apoyo de diversos elementos, tanto aquellos relacionados a la infraestructura y servicios que ofrece la
propia institución educativa, hasta la voluntad y compromiso de todos sus miembros (alumnos,
alumnas, padres, familiares, docentes, directiva, personal administrativo, mantenimiento, limpieza,
entre otros) como hemos mencionado anteriormente.

Al analizar la experiencia de diversas instituciones educativas en la construcción de una convivencia


escolar se evidencia por ejemplo, que los "reglamentos internos para la convivencia escolar"
constituyen un punto de partida para mejorar las relaciones de convivencia entre sus miembros y
establecer pautas y mecanismos para la resolución de los conflictos de forma positiva[176]. Este punto
en particular, se retoma en el apartado referente a la Gestión de la convivencia escolar, sin embargo,
es necesario hacer referencia a la importancia de que las reglas y los acuerdos que se generen en la
institución educativa deben ser elaborados de preferencia con la participación de toda la comunidad
educativa para un mayor cumplimiento de éstos.

Las reglas son necesarias para una buena convivencia, las reglas claras permiten tener la percepción
de un orden, regulan la dinámica de las relaciones entre los miembros de la comunidad escolar y
principalmente que éstas se cumplan. Esto se une a la coherencia, de la cual hablaremos más
adelante.

Elementos para una buena convivencia escolar

Los reglamentos, acuerdos y normas que rijan a la comunidad educativa deben incluir el ¿para qué?,
¿qué se pretende alcanzar con dichos acuerdos, reglas y normas?, esto le da más sentido e importancia
a su cumplimiento, partir de que se esperan resultados positivos para todos los involucrados. Otras
características a considerar en la construcción de una convivencia escolar, además de las reglas,
son[177]:

Una tarea cotidiana;


Una responsabilidad compartida;
Coherencia;
Respeto por la pluralidad y la divergencia;
Se enseña y se aprende y tiene como eje central, la
Comunicación y
Clima escolar.

Su importancia se debe no sólo a la necesidad de contar con ellos para construir la convivencia escolar
en sí misma, sino que refuerza la percepción por parte de los miembros de la comunidad educativa de
la necesidad de involucrarse en su conformación y mantenimiento en beneficio de todos y de aprender
de la propia convivencia y de estos principios otras enseñanzas.

Precisemos a continuación cada uno de los elementos señalados con anterioridad:

Es una tarea cotidiana, porque la convivencia escolar se puede ver influenciada por factores
del exterior como los cambios que se generan al interior de la propia comunidad educativa.
Los seres humanos como las relaciones entre éstos no son estáticas, estamos en constante
cambio. Por lo que la convivencia se construye y se mantiene constantemente.
Construir la paz en la escuela es un proceso cotidiano. Es a su vez una responsabilidad
compartida, los resultados de esta construcción afectan a toda la comunidad educativa, la
propia convivencia implica el reconocimiento y la aceptación de que todos los miembros son
importantes para la convivencia como en la conformación de la comunidad educativa;
“aprender a vivir juntos y junto a otros, conlleva implícita y explícitamente el
reconocimiento del otro – niño, adolescente – como un legítimo otro en la
convivencia”[178]. Es importante mencionar que este punto tiene relación con el
reconocimiento del niño como “sujeto de derecho”, y es acorde a los estándares
internacionales, en particular con la Convención sobre los Derechos del Niño.
Dicha convención señala en su preámbulo que: “el niño debe estar plenamente preparado
para una vida independiente en sociedad y ser educado en el espíritu de los ideales
proclamados en la Carta de las Naciones Unidas y, en particular, en un espíritu de paz,
dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad”[179]. Todos valores fundamentales en la
convivencia escolar. A partir de la participación de todos los miembros a través de espacios
propicios para su conocimiento y acercamiento, de una metodología que incluya ejercicios
para fomentar los valores y generar también un sentimiento de pertenencia y unidad.
La coherencia, elemento esencial para la credibilidad. Se debe enseñar a través del
ejemplo, la coherencia entre lo que se hace y lo que se dice es decisiva y tiene un carácter
contundente para los procesos de formación. Los valores sociales como la solidaridad,
cooperación, participación, entre otros, se concretan y se despliegan en la cotidianidad, se
aprenden al vivirlos. Una de las cualidades más importantes que debe caracterizar el perfil
del docente es la coherencia.
El respeto por la pluralidad y la divergencia, es esencial en una convivencia en paz, se
valora la diversidad y la pluralidad de las personas y las relaciones humanas, se aceptan las
condiciones de lucha y confrontación en un estado de autorregulación[180]. La pluralidad se
puede considerar como enriquecedora o como peligrosa, y en función de esta idea, los
miembros contarán con una percepción sobre las metas del convivir, así como de la dinámica
social de la escuela. Recordemos que la violencia y el acoso escolar bullying, son generadas
por la discriminación, la exclusión, menosprecio a una persona o grupo en particular.

Este problema, como otros que se presentan en la escuela, no deben en ningún momento
verse como “normales”, se debe dar una respuesta contundente, enviar un claro mensaje de
que estas conductas no son permitidas. Entre otras acciones se encuentra el contar con
reglas claras, la generación de espacios de expresión y de apoyo, cursos y talleres de
sensibilización hacia todos los sectores para su prevención, detección y atención adecuada.

En la propia convivencia se aprende y se enseña, a partir de una convivencia escolar


positiva, se desarrollan competencias y habilidades sociales: se aprende a escuchar, a
expresarse, a sostener puntos de vista, a aceptar o rechazar, a cooperar y conducir, entre
otras.
Dentro de estas habilidades sociales, resalta que varias se relacionan con la comunicación, la
comunicación debe ser un eje central, el diálogo incluye el saber escuchar, expresarse
adecuadamente y saber resolver los conflictos de una forma no violenta.

La palabra tiene un lugar privilegiado en cualquier propuesta de escuela pacífica; desarrollar


la capacitad de expresión y de escucha atenta son elementos primordiales en los programas
de prevención de la violencia[181].

En la medida que contemos con un clima escolar positivo basado en el respeto, la confianza
y la comunicación, se garantiza que en la convivencia entre los actores que participan exista
aceptación y aprecio de la diferencia.

Todos los puntos anteriormente expuestos se relacionan con la convivencia y con el clima escolar que
se logra ante estas medidas, por lo que hemos dedicado atención al significado del clima escolar
positivo.

Es importante contar con un panorama general del origen y construcción del significado del concepto
de clima escolar, como de aquellos elementos que generan un clima escolar positivo para una mejor
comprensión del impacto en el desarrollo de las instituciones educativas y el cumplimiento de sus
objetivos, así como de los elementos que nos permiten la generación del mismo.

Concepto de clima escolar y sus características

El concepto de “clima escolar” tiene como precedente el concepto de “clima organizacional”,


resultante del estudio de las organizaciones en el ámbito laboral, a finales de la década del ’60. Este
concepto surge como parte del esfuerzo de la psicología social por comprender el comportamiento de
las personas en el contexto de las organizaciones, aplicando elementos de la Teoría General de
Sistemas. Provoca gran interés ya que abre una oportunidad para dar cuenta de fenómenos globales y
colectivos desde una concepción holística e integradora[182].

Cabe mencionar que existen otros términos utilizados para hacer alusión al clima escolar, como son:
clima social escolar, clima organizacional en el aula, clima escolar y convivencia, ambiente escolar,
clima de convivencia, clima de aula, entre otros.

En cuanto a definiciones, podemos mencionar a Cere, que lo entiende como: “…el conjunto de
características psicosociales de un centro educativo, determinados por aquellos factores o elementos
estructurales, personales y funcionales de la institución, que, integrados en un proceso dinámico
específico, confieren un peculiar estilo a dicho centro, condicionante, a la vez de los distintos procesos
educativos”[183].

Autores como Arón y Milicic definen al clima escolar como: “la percepción que los miembros de la
institución escolar tienen respecto del ambiente en el cual desarrollan sus actividades habituales”[184].
Dichas percepciones, se basan en la experiencia propia del individuo en sus interacciones.

Cornejo y Redondo señala que es: “…la percepción que tienen los sujetos acerca de las relaciones
interpersonales que establecen en el contexto escolar (a nivel de aula o de centro) y el contexto o
marco en el cual estas interacciones se dan”[185].

Con estas definiciones podemos destacar que el clima escolar tiene las siguientes características:

Percepción: Resultado de la interacción entre las personas (directivo – docentes, docente –


alumno, alumno – alumno);
Espacio: aula o centro escolar;
Influye las formas de organización de las instituciones educativas.

Sin embargo, otras interacciones repercuten en el clima escolar, como es la interacción entre los
directivos y docentes con los padres de familia e incluso la de éstos con los alumnos. El clima en el
contexto escolar, no sólo está dado por las percepciones de quienes trabajan en ella, y el contexto en
el cual lo hacen, sino que también por las dinámicas que se generan con los estudiantes, su familia y
entorno[186].

Lo anterior, por ejemplo, se observa en los resultados que pueden generar situaciones de violencia y
acoso escolar bullying, problemas que no sólo se dan en el contexto escolar sino incluso conflictos de
fuera hacia dentro que si no se resuelven satisfactoriamente pueden impactar directamente en el
clima escolar.

Otro elemento a considerar son las condiciones físicas del ambiente; al respecto podemos mencionar
por ejemplo que el sistema Montessori hace énfasis en el ambiente, la presencia de plantas y animales,
físicamente o en representación, el mobiliario en las aulas, etc… son factores que influyen en el mejor
desempeño en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Convivencia escolar positiva: clima de aula y clima laboral

A lo anterior, podemos agregar que dentro de una institución educativa se pueden encontrar dos tipos
de clima: el clima de aula y el clima laboral. El clima de aula, cuando es positivo, favorece el
desarrollo personal de las alumnas y alumnos; ellos perciben apoyo y solidaridad por parte de sus
compañeros y docentes, se sienten respetados e identificados con el curso y su escuela. Además,
sienten que lo que aprenden es útil y significativo, sienten que los docentes están centrados en sus
necesidades y que hay una buena organización de la vida de aula[187].

Entre los factores que se consideran que pueden afectar el clima de aula, al impactar en la percepción
que tengan los alumnos de éste, se encuentran: percepción de metodologías educativas y relevancia
de lo que se aprende, percepción y expectativas del profesor en referencia a sus estudiantes,
percepción del profesor sobre sí mismo, percepción y expectativas de los alumnos en relación con
el profesor, percepción de los estudiantes sobre sí mismos, percepción de la relación profesor-
alumno[188].

En particular existen algunos aspectos relevantes en la relación docente-alumno, que influyen en el


clima de aula (percepción de los alumnos sobre éste): percepción de confianza vs. desconfianza en la
relación; percepción de justicia vs. injusticia en la relación, valoración vs. descalificación en la
relación; actitud empática por parte de los docentes y disposición a ayudar; percepción del docente
frente a las exigencias académicas y el estilo pedagógico[189].
La percepción de confianza vs. desconfianza en la relación: confidencialidad, apoyo.
Percepción de justicia vs. injusticia en la relación: se relaciona con las medidas
disciplinarias, notas, atención y manejo de poder del docente.
La actitud empática por parte de los docentes y disposición a ayudar: se vincula con el
liderazgo del docente, su forma de interactuar con sus alumnos como su estilo pedagógico,
aquellos docentes que priorizan las relaciones y no sólo la calificación y los resultados o que
son capaces de reconocer y ayudar cuando los alumnos tengan problemas.
Percepción del docente frente a las exigencias académicas: los alumnos respetan una
actitud exigente pero justa, cuando sienten que están aprendiendo aspectos relevantes y que
las sanciones contribuyen a este aprendizaje.

En el caso del clima laboral, incluye al medio humano y físico en el que se desenvuelven el trabajo
cotidiano de los docentes y el personal de las instituciones educativas.

Asimismo, otros autores mencionan que existen los denominados “microclimas”, que permiten
sobrellevar la estancia ante un clima escolar adverso o negativo. Arón y Milicic expresa que es posible
reconocer “microclimas” que pueden ser percibidos como más positivos que el general, que se
convierten en espacios protectores ante la influencia de otros más negativos. Entonces hay que
considerar no sólo el clima escolar general, sino incluso a otros microclimas o denominados
“microespacios” que confluyen en el general.

Podemos afirmar que los climas escolares positivos favorecen el desarrollo personal y son aquellos en
donde se facilita el aprendizaje de todos quienes lo integran; todos sus miembros se sienten cómodos,
tienen una sensación de bienestar general, los alumnos se sienten protegidos, acompañados, seguros y
queridos, una sensación de confianza en sus propias habilidades y tienen la posibilidad de desarrollarse
como seres humanos. Asimismo, generan que sus integrantes consideren los conocimientos y las
actividades como relevantes, y hay una interacción positiva que genera la propia identificación con la
institución educativa.

De acuerdo a Howard, las características de un clima escolar positivo son: conocimiento continuo,
académico y social, respeto, confianza, moral alta, cohesión, oportunidad de input, renovación y
cuidado[190].

El conocimiento continuo, académico y social permite que los docentes y alumnos tengan
condiciones para mejorar en forma significativa sus habilidades académicas y sociales. En el
caso del respeto y la confianza, permite que los docentes y alumnos perciban una atmósfera
de respeto mutuo basada en la creencia de que lo que hace el otro está bien y lo que dice es
verdad. Requiere de un buen trato entre las personas que conviven.
La moral alta genera que los docentes y alumnos se sientan bien con lo que sucede en la
escuela, motiva a cumplir las tareas asignadas y la autodisciplina. La moral alta se vincula
con la oportunidad de input, debido a que permite que sus miembros se involucren en las
decisiones al poder aportar ideas y que éstas sean consideradas. Además, la cohesión tiene
lugar cuando la escuela ejerce un alto nivel de atracción sobre sus integrantes con un
espíritu de pertenencia.
Finalmente, en la renovación y el cuidado, la escuela es capaz de crecer, desarrollarse y
cambiar; asimismo, genera un ambiente favorecedor, donde los docentes se preocupan y
atienden las necesidades de los estudiantes con apoyo de una organización adecuada y
basada en un espíritu de cooperación.

A estas características, Arón y Milicic agrega: Reconocimiento y valoración, ambiente físico


apropiado, realización de actividades variadas y entretenidas, comunicación respetuosa y cohesión
en cuerpo docente. De las cuales resalta el reconocimiento y la valoración por encima de las críticas y
el castigo y la comunicación respetuosa que permita que los miembros de la comunidad escolar puedan
escucharse y valorarse mutuamente, hecho reflejado en la preocupación y sensibilidad por las
necesidades de los demás, apoyo emocional y la resolución de conflictos no violenta[191].

Cabe mencionar que el impacto que generan los climas escolares negativos trae consigo estrés,
irritación, desgano, depresión, falta de interés y una sensación de agotamiento físico hasta llegar al
Síndrome de Burnout[192].

GESTIÓN DE LA CONVIVENCIA ESCOLAR


La imaginación,

 es más importante que el conocimiento

Rabindranath Tagore

Premio Nobel de Literatura

Las reglas como hemos mencionado anteriormente son necesarias para la convivencia, ya que éstas
permiten establecer tanto límites como parámetros entre los miembros de la comunidad educativa. Y
para darle un sustento a éstas, es necesario plantear un ¿para qué?, ¿qué esperamos generar con ellas?,
¿cuáles serán los beneficios de cumplir con las reglas?, generando a su vez sentimientos de pertenencia
e importancia de su integración, participación y colaboración dentro de la comunidad educativa para
la conformación de las propias reglas y acuerdos.

Además de exponer la importancia de establecer reglas y tomar acuerdos para el cumplimiento de


objetivos y metas en beneficio de todos los miembros de la comunidad educativa, se requiere que
éstos sean racionales pedagógicamente, deben cumplir con dos funciones: generar orden y educar a la
vez.

Su legitimidad ante sus miembros estará en función de la participación lograda en su elaboración, el


tomar en cuenta los valores en común. Las normas cuando son racionales y están centradas en valores,
tienden a preservar y estimular, estructuran un campo de desarrollo personal e institucional[193].

Considerando que la infancia y la juventud están en proceso de adquirir mayores niveles de


autocontrol, corresponde a los adultos (docentes, padres de familia, autoridades escolares) ejercer
ciertas funciones de "andamiaje” en la escuela como en el comportamiento social. Es innegable la
importancia que tiene para su desarrollo social y afectivo, el hacer evidentes, proporcionar y hacer
cumplir, ciertos límites externos para que ellos sean paulatinamente internalizados[194].

Las instituciones educativas consideran dentro de sus políticas la imperiosa necesidad de establecer
reglamentos, valorando tres elementos para su conformación: el factor social, organizacional y
pedagógico. Es decir, las funciones que debe cumplir una normativa son: Establecer un orden en las
relaciones y un mejor desarrollo de éstas y ser un fin educativo. Las reglas permiten transmitir qué
conductas son aceptadas o reprobadas, las consecuencias de las transgresiones a la norma, entre otros.

Las reglas nos permiten considerar que los conflictos son inevitables en la convivencia humana pero
que existen medios para resolverlos de una manera pacífica; que toda institución, organización o
sistema cuenta con lineamientos que permiten fomentar la autorregulación por parte de todos sus
miembros, ya que de no ser así puede afectar a todos; y que éstas pueden representar una oportunidad
para otros aprendizajes sociales, tanto a nivel individual como a nivel organización[195].

Características de las reglas y su importancia

Para algunos autores existen ciertos lineamientos que se deben considerar en el momento de
establecer reglas y acuerdos ante la comunidad educativa para formar la gestión de la convivencia
escolar, siendo éstos[196]:

De subordinación, que significa que toda norma en las instituciones educativas deben estar
apegadas a derecho. Es decir, deben estar acordes a la ley y a los instrumentos
internacionales en materia de Derechos Humanos ratificados por el Estado. Se debe conocer
la normativa de la escuela – sus principios, valores, normas y estatutos – para mantener un
sistema justo como para enseñar la justicia.
De igualdad y de no discriminación, en la escuela todos los niños, niñas y adolescentes son
iguales en derechos. La Convención sobre los Derechos del Niño expresa que el niño tiene
derechos sin distinción alguna, independientemente de la raza, el color, el sexo, el idioma, la
religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico, social, la posición
económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquier otra condición del niño e
incluso de sus padres. Lo que en relación a las normas refiere, es que son para todos y con
igualdad de condiciones.

La discriminación tanto negativa como positiva va en contra de la justicia. Este principio


debe estar por encima de cualquier estereotipo o prejuicio a favor de generar condiciones de
respeto para todos los miembros de la comunidad educativa.

De legalidad, las normas deben hacer mención de aquellas conductas que serán rechazas y
sancionadas como aquellas que son valoradas en la comunidad educativa. Las sanciones
deben ser proporcionales a la falta y a la responsabilidad que le corresponde a la persona.

Los límites razonablemente impuestos son expresiones de compromiso, de afecto, de


cuidado, de interés, de confianza y de respeto. Por lo que su ausencia o laxitud puede
generar sentimientos de abandono, desinterés, negligencia, hostilidad y desesperanza[197].

De información, las normas deben ser conocidas y comprendidas por todos los miembros de
la comunidad educativa. Deben generarse las condiciones para cumplir con este objetivo.
Asimismo, se debe fomentar la elaboración conjunta de la normatividad, su conocimiento,
aplicación e incluso su revisión para un ajuste en caso de ser necesario. La propia tarea de
participación en la construcción de la normativa fomenta y vitaliza la convivencia.

Vinculado a la información debe estar el cumplimiento de éstas, para ello, es importante que
tanto los padres de familia como los docentes participen en esta tarea.

De formación, la norma debe tener un carácter formativo para los miembros de la


comunidad educativa y estar apegada a la misión institucional. Las normas deben enunciar el
valor que se pretende sostener o la conducta que se espera, por lo que es importante
considerar en su redacción, no hacerlo a través de negaciones.

Es necesario reafirmar que la disciplina escolar se inscribe y adquiere sentido en las pautas de
convivencia, porque se dirige a configurar un marco que, más allá de las buenas maneras que la
convivencia debe tener, establece lo que es correcto y lo que no lo es, así como también ciertos
límites, procedimientos y sanciones[198]. Debe ser por tanto un producto colectivo, es decir,
resultado del trabajo y la participación de la comunidad educativa para toda la comunidad buscando el
preservar ciertos valores de la convivencia: justicia, libertad, solidaridad y equidad.

Las escuelas antes de elaborar las normas de convivencia, requieren de una discusión a fondo sobre su
enfoque de la disciplina y la convivencia, ponerse de acuerdo en sus posturas para evitar
contradicciones entre los propios miembros de la comunidad educativa en el momento de enfrentar los
conflictos que se presenten.

Es importante considerar que las gestiones inadecuadas de los procesos de enseñanza-aprendizaje o de


la convivencia, así como la falta de normas claras, como normas rígidas, unilaterales, poco sensibles a
los problemas y a la realidad de los miembros de la comunidad educativa pueden generar focos de
tensión que pueden estallar en actos de indisciplina. Mientras que la indisciplina crónica es un reflejo
del malestar por parte de la comunidad escolar que debe ser atendido de manera profunda, así mismo,
la ausencia de ésta no necesariamente es un indicador de una convivencia pacífica sino puede ser
resultado de un sistema basado en el control y la vigilancia.

FACTORES QUE ALTERAN LA CONVIVENCIA ESCOLAR Y CONSECUENCIAS


ANTE LA TRANSGRESIÓN
La paz es hija de la convivencia, de la educación del diálogo. El respeto a las culturas milenarias hace nacer la paz
en el presente.

Rigoberta Menchú

La escuela es un espacio de trabajo, de convivencia y de pertenencia social, pero estructuralmente


puede ser conflictiva, los soportes conceptuales y técnicos de su propia práctica, las modalidades de
gestión de la disciplina, los dispositivos de prevención y abordaje de los episodios de violencia escolar,
la calidad de la convivencia y el clima institucional pueden afectar no sólo el desarrollo de los niños y
adolescentes sino a las propias condiciones de trabajo y desempeño personal, social y familiar de los
docentes[199].

Tan sólo la problemática de la violencia y el acoso escolar bullying trae consigo una sobrecarga
generando estrés en los docentes. Aunado a ésta, la falta de respuestas ante una institución ambigua
y ambivalente en la toma de decisiones, aumenta la tensión para todos como deteriora las condiciones
de trabajo de los propios docentes[200]. Asimismo, laborar bajo condiciones materiales psicosociales de
escasez, con comunidades o grupos de padres en confrontación, con niños o adolescentes con carencias
materiales, afectivas, culturales, nutricionales, entre otros genera un desgaste en los recursos
cognitivos y emocionales de los docentes[201].

En general, se observa que las necesidades particulares como la vulnerabilidad a causa de las
condiciones anteriormente mencionadas de los docentes, son ignoradas o poco consideradas para una
mejor convivencia y un clima escolar positivo.

La soledad o el aislamiento en que trabajan muchos docentes es un excelente caldo de cultivo para el
desgaste[202]. Para lo cual es importante contar con redes institucionales de apoyo y orientación como
una estrategia eficaz de prevención del estrés laboral, que permita compartir experiencias de
enseñanzas, temores y ansiedades así como expresar sus sentimientos de hostilidad, dolor y frustración
en búsqueda de una ayuda y/o atención[203].

Factores que transgreden la convivencia escolar

Otros factores que agudizan el estrés en los docentes son[204]:

El contexto en el que trabajan es impredecible e inestable;


Las normas no están claras, son ambiguas e inadecuadas;
Las políticas y las medidas para dar respuesta a las problemáticas escolares son erráticas o
inconsistentes;
Las metas, mandatos y demandas que recibe la escuela son distintas a los medios de los
cuales dispone para lograrlas;
Los docentes sienten que su formación es insuficiente para dar respuesta a las dinámicas
sociales y culturales;
Las metas de la comunidad de referencia y las escolares son divergentes;
Hay una sobrecarga de tareas asistenciales;
Por atender urgencias se deja de lado el debate sobre los temas centrales que afectan y
obstaculizan las prácticas educativas;
Se carece de instancias y espacios de reflexión para construir redes de apoyo y de sostén
entre colegas y entre la comunidad y la escuela;
Se atienden poblaciones altamente vulnerables, víctimas de exclusión, que viven en la
frontera de la gobernabilidad y perciben a los agentes del Estado como enemigos;
La comunidad desvaloriza su trabajo;
Perciben y tienen que moderar la furia, la frustración, el enojo, la desesperanza y la
ausencia de expectativas de futuro de los niños y adolescentes a su cargo;
Exponen su integridad física y psicológica, su salud mental y, a veces, incluso, su vida;
Sus bajos salarios los exponen a situaciones de necesidad o sobre-empleo;
Son denigrados, descalificados como profesionales y desvalorizados socialmente;
No son sostenidos en sus decisiones y alentados en sus iniciativas;
No trabajan en equipo o carecen de espacios para compartir o socializar lo que hacen y
viven;
Atraviesan etapas de crisis personal que los hacen más vulnerables (duelos, divorcios,
problemas con sus propios hijos, etc.).

Las reglas en la prevención de la alteración a la convivencia escolar

Los factores de color violeta del apartado anterior, resultan relevantes para prevenir la transgresión
como para resolver de manera adecuada si ésta llega a ocurrir. En primer lugar, como hemos
mencionado anteriormente, la participación de todos los miembros de la comunidad escolar en los
asuntos de interés para ellos, es esencial; asimismo, dar a conocer los objetivos y/o beneficios que se
espera con su participación, colaboración y cumplimiento de los acuerdos, reglamentos o normas
planteados.

Respecto a las normas, es importante enfatizar sobre el impacto favorable que tendrán en el ambiente
y en la convivencia escolar, y no centrarse en funciones negativas como la prohibición, coacción o
acción punitiva.

Las normas deben ser claras, dirigidas a construir, mejorar y mantener una buena convivencia; cuando
se elaboran con la participación de aquellas personas que serán beneficiadas con éstas, se asegura que
favorezcan la atención y/o solución de los problemas o situaciones cotidianas que se presentan en esa
comunidad educativa. Asimismo, se asegura un mayor cumplimiento de éstas, cuando los miembros
interiorizan su importancia durante el proceso de elaboración. Recordemos que el cumplimiento
facilita la credibilidad y la congruencia entre lo que predicamos y lo que hacemos.

El trabajo en equipo o incluso la creación de espacios donde se realicen reuniones periódicas para su
constante análisis, revisión y mejora es importante para mantener la reflexión y actualización de las
necesidades, así como del rescate de aquellas experiencias positivas en su desarrollo.

Estos espacios permiten la creación de comunidades de apoyo, en donde se fomente el trabajo en


equipo, el intercambio de experiencias y conocimientos no sólo en el aspecto académico sino incluso
en la forma de resolver los conflictos de una manera positiva derivados de la labor docente.

Las políticas y las medidas para dar respuesta a la problemática escolar deben ser positivas, realistas y
estar encaminadas a reforzar el papel del docente frente a sus alumnos; dar un respaldo a sus
decisiones e iniciativas es una manera de generar sensaciones de bienestar, seguridad y reconocimiento
a su labor.

Algunos aspectos que pueden ayudar a mejorar la convivencia escolar, a partir del trabajo de los
docentes y sus condiciones son[205]:

Los cambios de área educativa, alumnos o nivel; puesto del docente, del estilo de
enseñanza, la disposición física del aula; nuevos instrumentos, renovados materiales. Otro
aspecto relacionado es la movilidad profesional, la libertad institucional y la flexibilidad
personal para impulsar prácticas como la innovación, la ruptura con los convencionalismos
imperantes y las rutas adquiridas.
El trabajo en equipo y la adopción de decisiones conjuntas, a través del diálogo permanente
con los pares y los miembros de la comunidad, que fomente un ambiente de trabajo cordial
y el desarrollo de vínculos interpersonales positivos con los compañeros de trabajo, lo
anterior, puede generar el diseño y uso de estrategias de apoyo mutuo ante situaciones de
crisis inesperadas.

Finalmente, cada docente puede practicar alguna actividad sin ninguna relación con la docencia,
fomentar una vida social satisfactoria al margen de la escuela, realizar alguna actividad física y/o de
relajación[206].

LOS PROYECTOS DE POSIBILIDAD


Ella está en el horizonte … me acerco dos pasos

Ella se aleja dos pasos,

Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá,

Por mucho que yo camine,

Nunca la alcanzare,

Para que me sirve la utopía

Para eso sirve, para caminar

Eduardo Galeano, Las palabras andantes

Como ya se ha señalado, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea
General de Naciones Unidas en 1948, reconoce por primera vez ante la comunidad internacional, los
derechos humanos fundamentales; es así como aparece el término “derechos humanos” para reconocer
que todos los seres humanos nacemos libres iguales en dignidad y derechos, su universalidad. En
1966 son aprobados dos pactos internacionales relativos a los derechos civiles y políticos y a los
derechos económicos, sociales y culturales. Siendo éstos derechos de primera y segunda generación
respectivamente. Cabe mencionar que esta clasificación denominada “Tres Generaciones”, es
principalmente una propuesta metodológica, para identificar o determinar el contexto histórico y el
fundamento de donde se originan, hecho que no niega la interdependencia e indivisibilidad de los
Derechos Humanos.

En los años 70 comienzan los derechos de la tercera generación o denominados derechos de solidaridad
o de los pueblos, que responden tanto a los nuevos retos de la comunidad internacional como al avance
científico y tecnológico. Para algunos autores, la revolución anticolonialista está en el origen de los
derechos humanos de la tercera generación[207]. Si hacemos referencia a los valores, la primera
generación, impulsa el valor de la libertad; los derechos de la segunda generación, el valor de la
igualdad mientras que la tercera generación, impulsa el valor de la fraternidad o solidaridad[208]. Y no
es que estos valores no sean evocados desde 1948 con la Declaración Universal, recordemos que en su
artículo 1 expresa que: “los seres humanos…deben comportarse fraternalmente unos con otros”. Se
refiere a las conductas que se exigen del ser humano, como ser racional, así como a la necesidad de la
convivencia en un sentido particular: fraterno.

Es así que los derechos de tercera generación, de los pueblos o de solidaridad[209], son aquellos como:
el derecho a la paz, el derecho al desarrollo, el derecho al medio ambiente, el derecho al patrimonio
común de la humanidad y el derecho a la asistencia humanitaria, entre otros[210]. Sin embargo, esta
generación está en un proceso dinámico de formación, clarificación, así como de traducción jurídica,
por lo que seguramente en un futuro esté conformada por un mayor número de derechos.

En nuestros días, la idea de que el Estado-nación sea considerado el único responsable de la defensa de
los derechos humanos, se va diluyendo y las relaciones económicas, científicas, políticas o culturales
se plantean a escala mundial. Los problemas tienen alcance universal y por ello no caben sino
respuestas igualmente globales. La mundialización trae interdependencia en los problemas e
interdependencia en las soluciones[211]. Reafirma Federico Mayor Zaragoza, ex Director General de la
UNESCO, la responsabilidad planetaria es de una urgencia inaplazable de solidaridad más allá del
ámbito local, regional o nacional y es uno de los rasgos definitorios de la nueva era[212].

Estas ideas son sustentadas en el artículo 28 de la Declaración Universal antes citada, que afirma:
“Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos
y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”. A este nuevo orden
social e internacional le compete esta nueva generación; una tercera generación que obliga a construir
y mantener condiciones particulares para hacerlos efectivos, así como, esfuerzos y responsabilidades
por parte de toda la comunidad internacional, por todos los actores que la conforman.

En el año 1993, el Secretario General de Naciones Unidas, Boutros Boutros-Ghali, en el marco de la


inauguración de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena, expresó “levanto
acta de esta nueva generación de derechos de manera pública y solemne…todo el mundo sabe que la
Asamblea General profundizó su reflexión sobre la universalidad elaborando derechos colectivos, que
a mí me gusta llamar derechos de solidaridad, derechos que nos remiten a una universalidad
proyectada, que supone la acción conjunta de todos los agentes sociales, tanto en el plano interno
como internacional”[213].

A pesar de la unanimidad que se puede expresar en torno a los derechos pertenecientes a esta
generación, debemos considerar que se ha suscitado un debate alrededor de ellos sobre tres elementos
esenciales: primero, la relación de estos derechos de tercera generación con las dos anteriores;
segundo, la falta de homogeneidad en el sujeto de los derechos de tercera generación y tercero, no
menos importante, la falta de instrumentos jurídicos vinculantes para su protección.

En nuestra opinión, la tercera generación o derechos de solidaridad no sólo no debilitan los derechos
anteriores sino se convierten en un prerrequisito para su ejercicio. O dicho de otra manera, la ausencia
de paz o de desarrollo, el agotamiento de los recursos medioambientales o el secuestro del patrimonio
común, impiden el ejercicio de los derechos humanos de la primera y segunda generación. Los nuevos
derechos sólo pueden alcanzarse a través de la puesta en marcha de los derechos anteriores, mientras
que el quebrantamiento de tales derechos humanos constituye hoy una verdadera amenaza para la paz
y es incompatible con el desarrollo. De ahí, que Karel Vasak menciona a estos derechos de tercera
generación como “derechos-síntesis”[214].

Otros autores plantean una trilogía entre la paz, desarrollo y derechos humanos, como por ejemplo
René Jean Dupuy quien afirma “la paz, sin la cual el desarrollo es imposible; el desarrollo, sin el cual
los derechos humanos son ilusorios; los derechos humanos, sin los cuales la paz no es más que
violencia”[215].

Federico Mayor, por su parte, sostiene la relación entre la paz, el desarrollo y la democracia,
expresando que: “La paz, el desarrollo y la democracia forman un triángulo interactivo, cuyos vértices
se refuerzan mutuamente. Sin democracia, no hay desarrollo duradero, la pobreza y el estancamiento
económico socavan la legitimidad democrática y dificultan la solución pacífica de los problemas…
[216]”.

Gross Espiell destaca otro hecho relevante del derecho a la paz, que es un derecho colectivo de los
pueblos, para los Estados como para la humanidad, pero al mismo tiempo, en una relación entrañable,
necesaria e ineludible, es un derecho individual, del que son titulares todos los seres humanos, sin
exclusión, ni discriminación[217].

De ahí la importancia de su consideración para la sana convivencia en los más diversos niveles,
expresada como el derecho sagrado de vivir juntos[218], que se puede definir como el conjunto de
valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida que inspiran una forma constructiva
y creativa de relacionarnos para alcanzar - desde una visión holística e imperfecta de la paz – la
armonía del ser humano consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. Convivir en paz es un
derecho humano reconocido a través del cuerpo jurídico que sostiene a la democracia y
representa un gran desafío para la humanidad[219].

En el siguiente esquema se da cuenta de los avances existentes a nivel internacional para su garantía:

Positivación internacional del derecho humano a la paz

Carta de Naciones Declaración Declaración sobre Declaración sobre


Unidas Universal de la preparación de la el derecho de los
Derechos Humanos sociedad para vivir pueblos a la paz.
en paz. Resolución Resolución 39/11
33/73 de 1978 de 1984

En el Preámbulo se Toda persona tiene Todas las naciones y Se proclama


establece la derecho a que todos los seres solemnemente que
reine, en el plano humanos, sin los pueblos de la
estrecha relación social y el plano distinción de raza, tierra tienen un
entre los Derechos internacional, un de convicción, de derecho sagrado a
orden tal que los lengua o de sexo, la paz. El artículo
Humanos y la paz. derechos y tienen el derecho segundo dispone
El artículo primero libertades inherente de vivir que “preservar el
enunciados en la en paz. El respeto derecho de los
enuncia los presente de este derecho, pueblos a la paz y
propósitos de las Declaración se así como de los promover la
Naciones Unidas. hagan plenamente demás derechos realización de ese
efectivos (art. 28). humanos, redunda derecho
en interés común constituyen una
de toda la obligación
humanidad y es una fundamental para
condición cada Estado”.
indispensable para
el adelanto de
todas las naciones,
grandes y
pequeñas, en todas
las esferas (art. 1).
 

Derecho Humano a la paz, educación y convivencia

La paz, en su sentido más amplio, ligada a la justicia social, no se construye con la vulneración de los
derechos fundamentales, sino con seguridad y garantía de los mismos. Por ello se considera que el
derecho a la paz se debe construir día a día, teniendo como premisa elemental el disfrute y ejercicio
de todos los derechos y libertades fundamentales. La paz tiene que ver con el desarrollo no sólo
económico, sino con alcanzar el desarrollo de todas nuestras potencialidades a través de aprender a
vivir en paz. Garantizar una buena convivencia en todos los ámbitos, que a su vez se relaciona con
calidad de vida, vida con dignidad.

Para Nastase existe un vínculo fundamental entre el derecho a la paz y el derecho a la vida, nos
plantea que el derecho a la paz es la dimensión internacional del derecho a la vida. Agrega que para
que la paz sea tangible se hace necesaria la voluntad conjunta de todos los actores de la sociedad:
Estado, entidades públicas y privadas e individuos[220].

Hay que entender a la paz en su sentido positivo, es decir, como una concepción integral y amplia:
justicia social, igualdad entre hombres y mujeres, perspectiva de género, tolerancia, cooperación y
desarrollo, entre otros.

Vassac agrega que para que un derecho sea considerado un derecho humano, es necesario que éste
represente un valor cuya dimensión universal sea inequívocamente reconocida[221]. Lo cual le da un
mayor soporte para su defensa como para su construcción.

Estos valores se encuentran sustentados en la Declaración de Oslo sobre el Derecho a la Paz de la


UNESCO de 1997.
Esta Declaración define a la paz como un derecho humano inherente a la dignidad de todo ser
humano y también como un deber. Por lo que desarrolla tres objetivos principales sobre la paz: la paz
como un derecho humano, la paz como un deber y la paz por la cultura de la paz.

La paz como un Derecho Humano, al expresar en su contenido que: “Todo ser humano tiene derecho
a la paz que es inherente a su dignidad de persona humana. La guerra y todo conflicto armado, la
violencia bajo todas sus formas y cualquiera que sea su origen, así como la inseguridad de las personas,
son intrínsecamente incompatibles con el derecho humano a la paz”.

La paz como un deber, al afirmar que todos los seres humanos, todos los Estados y los demás
miembros de la comunidad internacional y todos los pueblos, tienen el deber de contribuir al
mantenimiento y a la construcción de la paz, así como a la prevención de los conflictos armados y de
la violencia en todas sus formas. Las desigualdades, la exclusión y la pobreza son factores considerados
como atentatorios de la paz.

Finalmente, se plantea a la paz por la cultura de la paz, al establecer que una cultura de paz se debe
construir diariamente en los seres humanos, a través de la educación, la ciencia y la comunicación, y
debe constituir el camino a su vez para consolidar el derecho del ser humano a la paz.

Una cultura de paz trae consigo el reconocimiento, el respeto y la práctica cotidiana de un conjunto de
valores éticos e ideales democráticos basados en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad
(Ver Cuadro III). Todos estos elementos son importantes para considerarlos en la construcción de la
paz.

Y como señala la UNESCO, “si las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los
hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”[222]. Es la educación uno de los instrumentos
más importantes en este cambio y la convivencia el terreno óptimo para su aprendizaje.

Proyectos de posibilidad: la paz como proyecto colectivo

Los proyectos de posibilidad deben estar encaminados en esa dirección, construir la paz desde la
educación, ya lo afirman autores como Eduardo Galeano y Paulo Freire cuando nos hablan de la
relación entre la educación y la utopía, la educación y la esperanza; Paulo Freire afirma: “Como
presencia en la historia y en el mundo, lucho esperanzadamente por los sueños, por la utopía, por la
esperanza, con miras a una pedagogía crítica. Y mi lucha no es en vano”[223]. Parte de esa esperanza,
de ese sueño, esa utopía que es la construcción de la paz desde la escuela.
El ser humano debe generar cambios, hacer historia y no sólo ser un mero espectador, la educación es
un fin y un medio que le permite construir puentes para una mejor comunicación, una mejor
convivencia, construir la paz y todas sus posibilidades.

Paulo Freire refiere la “vocación” para el cambio, para la intervención en el mundo, y caracteriza al
ser humano como proyecto. Esta vocación para la intervención exige un cierto saber del contexto con
el que se relaciona el ser al relacionarse con los otros seres humanos[224]. Aspecto que hemos
mencionado con anterioridad entre los objetivos de una Educación para los Derechos Humanos, que
exige a la persona conocer su contexto local, regional, nacional e incluso internacional; para
comprender el presente y construir el futuro es importante conocer el pasado, su historia.

Esto hace que el ser humano pueda reinventar el mundo, no sólo repetirlo o reproducirlo, al cometer
los mismos errores y no aprender de la experiencia, por el contrario, se debe aprender a pensar, a
cuestionar y a proponer nuevas cosas para generar un cambio positivo. Con esto alcanzamos la
posibilidad de ir más allá de los factores determinantes, de superarlos, y transformarnos en seres
condicionados pero no determinados. Y sólo se va más allá de los factores determinantes (que en ese
mismo momento se transforman en factores condicionantes) si se toma conciencia de ellos y de su
fuerza, aunque no sea suficiente.

Este proceso se relaciona con actitudes y conductas diferentes, que pueden ser promovidas mediante
la educación. Generar la capacidad de resistencia y de revelarse ante las injusticias, es una
posibilidad, porque como señala el mismo Freire: “Si los sueños mueren y la utopía también muere, la
práctica educativa ya no se relaciona con la denuncia de una realidad malvada y el anuncio de una
realidad menos vergonzosa, más humana”.

Lo anterior, obliga a reconocer la importancia de educar a los niños y jóvenes para identificar las
violaciones a derechos humanos, la desigualdad, la injusticia y la violencia, predicando con el ejemplo
y dando espacios para la construcción y expresión, es decir, posibilitar aprender a través de la vivencia
misma de los Derechos Humanos. De esta forma, estaremos impulsando el modo de vida que exige la
construcción de la paz en todos los sentidos, desde su visión interna hasta la justicia social; esto es la
convivencia entre los seres humanos a pesar de su diversidad y lo que es más, apreciando esa
diversidad: convivencia escolar desde la perspectiva de los derechos humanos.

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