0% encontró este documento útil (0 votos)
70 vistas14 páginas

Maquiavelo: Estado moderno y política

Este documento presenta un resumen de tres puntos sobre Nicolás Maquiavelo y su obra: 1) Analiza el contexto político del Renacimiento italiano y explica que Maquiavelo escribió sobre una pluralidad de estados, no sobre un estado unificado. 2) Examina las tres visiones tradicionales de Maquiavelo como maestro de tiranos, defensor de la república y estudioso objetivo de la política. 3) Brevemente introduce el tema del próximo segmento sobre Maquiavelo como supuesto preceptor de tiranos.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
70 vistas14 páginas

Maquiavelo: Estado moderno y política

Este documento presenta un resumen de tres puntos sobre Nicolás Maquiavelo y su obra: 1) Analiza el contexto político del Renacimiento italiano y explica que Maquiavelo escribió sobre una pluralidad de estados, no sobre un estado unificado. 2) Examina las tres visiones tradicionales de Maquiavelo como maestro de tiranos, defensor de la república y estudioso objetivo de la política. 3) Brevemente introduce el tema del próximo segmento sobre Maquiavelo como supuesto preceptor de tiranos.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

2.

La revolución maquiaveliana: el Estado moderno y la Ciencia


Política.
Estas páginas sólo sirven para facilitar la comprensión de lo explicado en clase y
de la lectura de los estudios preliminares de El príncipe. El guión de la lección está
en el power point adjunto.

Objetivos: 1) En este tema vamos a dar un paso más para demostrar la inexistencia
de nuestra idea del Estado durante el Renacimiento, y 2) analizaremos la
contribución a la historia del pensamiento político de un pensador polémico: Nicolás
Maquiavelo.

Palabras y locuciones clave: Estado, política, fortuna, virtù, necesidad (necessità),


razón de estado, complejidad.

1. Introducción: Maquiavelo y su época.

Pues bien, según hemos visto en el tema anterior, desde el siglo XIX
Maquiavelo (Florencia, 1469-1527) ha sido considerado por numerosos académicos
como un autor revolucionario, pero sobre todo estamos ante un pensador complejo y
polémico. De ahí que, básicamente, se nos presenten tres visiones de Maquiavelo: 1)
la del preceptor de tiranos (el maestro del mal), que se lee en El príncipe; 2) la del
defensor de la república amante de la libertad, que se lee en los Discursos sobre la
Primera Década de Tito Livio, y 3) la del estudioso de la política que rompió con la
tradición clásica y cristiana. En efecto, para un nutrido grupo de expertos Maquiavelo
sería revolucionario porque en su obra encontraríamos al padre de la Teoría del
Estado, al de la Ciencia Política moderna, al padre de la Teoría de las Elites, al padre
de la razón de Estado y al estudioso realista que presentó la política como una lucha
por el poder y la separó de la ética convirtiéndola en el arte de lo posible. Asimismo,
tampoco podemos ignorar la corriente que lo ha considerado el profeta de la unidad
italiana. De todas formas, la mayoría de los ciudadanos medianamente cultos que
hablan lenguas europeas identifican a Maquiavelo con un maestro del mal.

En cualquier caso, no cabe duda de que la teoría política de Maquiavelo no


puede explicarse sin tener en cuenta el marco o contexto en el que vivió: el mundo
de las ciudades-Estado renacentistas del centro-norte de Italia (en realidad, por su
tamaño sería mejor hablar de Estados-regionales). De ahí la necesidad de leer con
atención los estudios preliminares de las ediciones recomendadas de El príncipe. En
ellos apreciamos que aquel era el mundo de los estados (de la pluralidad de
poderes), no del Estado. De hecho, un renombrado teórico del Estado, el alemán,

1
Georg Jellinek (1851-1911), que atribuía a Maquiavelo la introducción de la voz Estado
en la literatura científica 1 se vio obligado a matizar lo siguiente:

Los primeros ensayos llevados a cabo tenazmente con el propósito de


alcanzar la unidad del Estado, proceden de la última época medieval y se
deben a las ciudades organizadas en forma de estados o brazos. De nuevo,
renace, si bien en forma muy distinta de la primitiva, la idea de la polis. En
Italia, como hemos dicho, no ha llegado a echar raíces jamás el dualismo
medieval [rey-reino]; han conservado las ciudades republicanas de la Edad
Media un carácter monista en medio de un mundo de Estados construidos con
forma dualista. La tiranía que vive en las ciudades italianas de los siglos
XIV y XV ofrece la imagen de una comunidad unitaria gobernada por una
voluntad poderosa y desprovista de todo miramiento. Con el Renacimiento
Italia ve nacer en su suelo, ya preparado por la historia, la moderna concepción
del estado. Éste, tal como lo concibe Maquiavelo, conserva, sin duda
alguna, muchos rasgos del Estado antiguo, pero es en realidad el Estado
moderno, que quiere considerarse a sí mismo como el poder supremo
que gravita sobre todos sus miembros. (JELLINEK, G., Teoría General del
Estado. El subrayado es nuestro).

[Observemos cómo se fuerza la identidad entre la concepción del “Estado de


Maquiavelo” y el “Estado moderno. Sólo las efímeras tiranías (poder
personalizado) nos hablan de la voluntad unida que asociamos al Estado]

En suma, con Maquiavelo seguimos en el mundo de los estados = mundo de la


pluralidad de poderes (y condiciones jurídico-políticas) que con frecuencia pugnan
entre sí (ciudades, señores, gremios, familias o clanes de poderosos, condotieros, la
Iglesia...). Pero no sólo en Italia, lo mismo sucede en Francia. Leyendo El Príncipe lo
apreciamos claramente (capítulo 4). Para ello, amén de las explicaciones del profesor,
conviene hacer un resumen de las informaciones que se ofrecen al lector en la
introducción de las dos ediciones recomendadas de El Príncipe. En ellas también
tenemos varios mapas para situarnos mejor en la conflictiva realidad política italiana
renacentista. Asimismo, quienes hagan el esfuerzo de escuchar el programa
radiofónico de la BBC dedicado a Maquiavelo comprobarán que se inicia con un
análisis de la situación política italiana (ACTIVIDAD PENSADA ESPECIALMENTE
PARA ALUMNOS ERASMUS)

1
Con la aparición moderna del Estado nace igualmente la voz que le corresponde, así lo enseña de una
manera evidente la frase con que comienza Machiavelli Il Principe: “Tutti li stati, tutti e’ domini che
hanno avuto ed hanno imperio sopra li uomini, sono stati e sono o reppubliche o principati”. Y en nota al
pie aclara: puede atribuirse con justicia a Machiavelli el haber introducido la voz Estado. G. Jellinek,
Teoría General del Estado, Buenos Aires, Albatros, 1978 [1900], p 97. Para saber más sobre la
polisemia de la palabra estado en Maquiavelo, véase el artículo de Ramón Máiz colgado en la carpeta
del tema 1.

2
(In Our Time
[Link]

Por supuesto que también podemos consultar otras fuentes e incorporar nuevos datos
o contenidos. Los documentales que hemos visto, (The Prince Revised y Nicolás
Maquiavelo). El documento, Maquiavelo en la red contiene una serie de enlaces de
conferencias y artículos de prensa aparecidos con motivo del quinto centenario de El
príncipe.

BIBLIOGRAFÍA

La extensa bibliografía sobre Maquiavelo y su obra sigue creciendo, pero en


español el trabajo más completo y accesible para el alumno es el de Rafael del
ÁGUILA y Sandra CHAPARRO, La república de Maquiavelo, Madrid, Tecnos, 2006.
Una obra más densa y exhaustiva sobre el pensador florentino recientemente
traducida al español es la de LEFORT, Claude, Maquiavelo. Lecturas de lo político,
Editorial Trotta, Madrid, 2010. Con motivo del quinto centenario de El Príncipe,
disponemos de un texto breve y completo en italiano sobre este opúsculo:
TOMASELLO, Giovanna, Il Príncipe di Machiavelli e i cinque secoli della sua storia,
Venezia, Marsilio, 2013.
Para quienes deseen aproximarse al conjunto de su obra en poco tiempo vale
la pena consultar la antología publicada por Miguel Ángel GRANADA, Maquiavelo,
Barcelona, Península, 1987. Por otro lado, los lectores de novela histórica pueden
encontrar estimulante confrontar El Príncipe con dos novelas de dos escritores
contemporáneos consagrados: Puzo, Mario, Los Borgia, Barcelona, Planeta, 2005
[2001, s. l.], terminada por su mujer, Carol Gino, tras la muerte de Puzo (1999); y
Vázquez Montalbán, Manuel, O César o nada, Barcelona, Planeta, 2002. Una última
opción puede ser la lectura del best-seller de Maurizio VIROLI, La sonrisa de
Maquiavelo, Barcelona, Tusquets, 2002 (hoy ya existe una edición de bolsillo de
menos de 10 euros). Se trata de una biografía desenfadada escrita por un especialista
(quizá demasiado identificado con el secretario florentino) que interpreta también su
obra desde un enfoque republicano.

3
Finalmente, disponemos de una síntesis en inglés sobre Maquiavelo y su obra.
Se trata del libro coordinado por John NAJEMY (ed.), Machiavelli, Cambridge, 2010.

2. Maquiavelo preceptor de tiranos

Según hemos dicho, Maquiavelo es un pensador complejo y controvertido,


aunque tradicionalmente hayan predominado las condenas sobre su obra. De ahí el
significado de maquiavélico, maquiavelismo o maquiavelista e incluso de su mismo
nombre (¿Soy político? ¿Soy sutil? ¿Soy un Maquiavelo? William SHAKESPEARE,
Las alegres comadres de Windsor). Sin embargo, lo cierto es que desde casi el mismo
momento de la divulgación de sus obras se establecieron dos tradiciones antagónicas:
1. la del preceptor o maestro de tiranos fundamentada en El Príncipe y 2. La del
defensor del republicanismo que cuestionaba la autoridad de los príncipes y pretendía
evitar la tiranía (fundamentada en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio,
el libro de las repúblicas, y en la lectura “oblicua” de El Príncipe). Esa la polémica
marginó otra corriente, de nuevo pujante a partir del siglo XIX: 3. La del estudioso de
la política que describía la realidad: la del notario de su tiempo o la de un técnico
que trata de resolver, como sus contemporáneos renacentistas en el campo del
arte, de la guerra o de la ingeniería, un problema (en el caso del príncipe nuevo,
dada la inestabilidad de su poder mantenere lo stato). De esta última se hizo eco nada
menos que el rey católico y emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, Carlos
de Austria (Carlos I de España y V de Alemania), muerto en 1558:

Nos para nuestra recreación leemos algunas vezes en un libro intitulado los
discursos de Nicolao Machiavelli (...) por ser muy útil y provechoso para
cualquier príncipe.

Estas palabras aparecían en el privilegio que autorizaba la primera edición en


castellano de los Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio (1552), dedicada por
el traductor al príncipe Felipe, el futuro Felipe II, quien en 1555, cuando se reimprimió,
ya era Rey de Inglaterra, y Nápoles y príncipe de España. Precisamente, un súbdito
inglés, el obispo Gardiner (1483-1555), expuso a Felipe lo acertado de las propuestas
contenidas en El Príncipe y en los Discursos para asentar su poder y restaurar el

4
catolicismo en Inglaterra. De todos modos, desde las iglesias cristianas (católica y
protestantes), pronto se atacó al secretario florentino. Y es que su Príncipe no podía
ser más provocador, pues rompía con el aristotelismo cristiano imperante. Veamos,
santo Tomás, afirmaba en su también breve tratado sobre la monarquía que:

Así como la fundación de una ciudad o de un reino se compara con la


formación del mundo, también el orden del gobierno debe tomarse de acuerdo
con el gobierno divino.

[compruébese la validez de la afirmación en la época renacentista a través de


la cita del Relox de Príncipes (1529) de fray Antonio de Guevara, en la
introducción a la edición recomendada de El Príncipe]

Por el contrario, el modelo de príncipe nuevo de Maquiavelo es el ejemplo más


alejado del de Santo Tomás. Para empezar, se trataba de un caso singular propio de
la realidad italiana que era inaceptable para los republicanos y para los partidarios del
rey dinástico. Es más: para ambos merecía la muerte, pues había llegado al poder,
como los tiranos, a través del engaño, la fuerza o la traición. En suma, no había
alcanzado el trono legítimamente (sin sanción divina ni humana).

Por otro lado, tampoco engrandecía su estado ni se mantenía en él empleando


las virtudes atribuidas al gobernante de la época (prudencia, justicia, fortaleza,
templanza y honradez), sino gracias a su virtú; es decir, gracias a su coraje y habilidad
para adaptarse a las circunstancias sin desdeñar el uso de la violencia o el engaño
para alcanzar su objetivo: fundar, engrandecer y mantener el estado (su poder, su
dominio y la comunidad que gobernaba) 2. Por tanto, el fin del príncipe maquiaveliano
no era, como en el caso del monarca cristiano, guiar a la comunidad hasta la felicidad
celestial.

Es más: en el mundo maquiaveliano la Providencia no interviene. El príncipe


depende de sí mismo para alcanzar sus objetivos y doblegar a la FORTUNA (esa
mujer voluble, ese río impetuoso que todo lo puede arrasar). Por tanto, hablamos de
un gobernante, de un hombre que está sólo (cap. XXIV, párrafo final), que es el
forjador de su destino (consecuente con las idea antropocéntrica renacentista) y que
EN MOMENTOS EXCEPCIONALES, para lograr su propósito (fundar, engrandecer,
mantener el estado o reformar una comunidad corrupta o salvarla), SI ES
PRECISO, SI ES NECESARIO, CUANDO NO QUEDE OTRO REMEDIO (por

2
La definción más completa del concepto maquiaveliano de virtù es la de Sandra Chaparro que
adjuntamos al final de estas páginas.

5
necessità) debe ADENTRARSE EN LA SENDA DEL MAL. Estamos, pues, ante la
RAZÓN DE ESTADO (un mal puede producir un bien).

LA POLÉMICA RAZÓN DE ESTADO 3

Concluyendo: a Maquiavelo no le preocupa la salvación del alma (inmortal


y patrimonio de Dios para los cristianos), sino la salvación terrenal del poder del
príncipe con su comunidad [o del poder de la república y la comunidad ligada a ella.
Pero esto se lee en los Discursos, donde se critica abiertamente al cristianismo, que
ha puesto el mayor bien en la humildad, la abyección y el desprecio de las cosas
humanas, L. II, 2], mientras se exalta la religión romana que daba gloria a los
capitanes de los ejércitos, a los jefes de las repúblicas y enaltecía la patria y su
defensa.

De todas formas, en El príncipe el bien común, la comunidad, prima en


última instancia. De hecho, Maquiavelo no sólo recomienda una y otra vez al príncipe
nuevo satisfacer al pueblo y no desesperar a los grandes para mantenerse en el poder
o preservar la paz de la comunidad 4, sino que su fin debe ser LIBERAR A ITALIA DE
LOS BÁRBAROS, (no conducir a sus súbditos al paraíso. Cap. XXVI). Y para alcanzar
ese objetivo no hay límites, LA POLÍTICA (entendida como acción de gobierno) se
convierte así en el ARTE DE LO POSIBLE (la adaptación a las circunstancias, ser
zorro o león), pues el fin excusa los medios (capítulo XVIII), en el arte de las
SOLUCIONES A CORTO PLAZO 5.

3
Maquiavelo no habla nunca de razón de Estado, aunque algunos autores lo consideran su
primer teórico. En todo caso, su postura transgresora tenía su raíz en el mundo clásico: Salus populi
suprema lex y necessitas legem non habet. Insistimos en que buscaba asentar el poder de un príncipe
nuevo que liberaría Italia de los bárbaros. Una lectura asequible que nos revela lo polémico del concepto
de razón de Estado y su vinculación con Maquiavelo en CANTARINO, Elena, “El concepto de razón de
Estado en los tratadistas de los siglos XVI y XVII (Botero, Rivadeneira y Settala)”, en Res Publica, 2,
1998, pp. 7-24. Descarga gratuita.
4
Muy claro en el capítulo XIX. Otro consejo de Aristóteles al tirano para asemejarse al rey: Puesto que
las ciudades están integradas por dos partidos, la gente pobre y los ricos, sobre todo hay que considerar
básico el que ambos se sientan seguros a través del gobierno y que los unos no sufran daño alguno de los
otros…” ARISTÓTELES, La Política, edición de Carlos GARCÍA GUAL y Aurelio PÉREZ GIMÉNEZ,
Madrid, 1977, Lib. V., cap. XII, pp. 248.
5
Además de lo dicho en los capítulos VII y XVII, en el XVIII Maquiavelo se atreve a declarar:
En suma, el príncipe, que se ocupe de ganar y mantener el poder, los medios se considerarán
siempre honorables y dignos de general alabanza. Y es que el vulgo se deja siempre llevar por la
apariencia y el resultado final de las cosas, y en el mundo no hay más que vulgo y unos pocos no tienen
relevancia cuando la mayoría tiene donde apoyarse. Aquí se leería la razón de estado sólo en relación
con el poder del príncipe. PARA TENERLO MÁS CLARO INCLUIMOS EN ESTA GUIA UN TEXTO
DEL JESUITA ANTIMAQUIAVÉLICO ESPAÑOL PEDRO DE RIVADENEYRA.

6
En definitiva, se rompe con la tradición clásica y cristiana que no admite la
separación de fines y medios ni, por supuesto, aprueba el empleo del mal para
alcanzar un bien (tened en cuenta el texto de Seis preguntas de Sócrates). Al
defender, pues, el uso del denominado arte del Estado en el ejercicio del
gobierno (la razón de estado), Maquiavelo alteró la concepción tradicional de,
gobierno y, en consecuencia, de la política y se convirtió en un pensador
perverso.

Maquiavelo es, además, un pesimista antropológico que desconfía del


hombre y recomienda al príncipe, si no hay más remedio, preferir ser temido a ser
amado (capítulo XVII). No obstante, NO DEFIENDE AL DIRIGENTE CRUEL Y
TIRÁNICO QUE BUSCA SÓLO SU PROPIO BENEFICIO (compruébese en sus
referencias a Agatocles o a Oliverotto da Fermo y en el capítulo IX sobre el principado
civil. Obtienen poder, pero no gloria, no son dignos de admiración ni dirigentes
sobresalientes). EN TODO CASO, NUNCA OLVIDEMOS QUE la violencia debe ser
puntual y medida para evitar el odio que causa la ruina del príncipe.

Así las cosas, el Maquiavelo preceptor de tiranos, sigue, sin embargo, en su


argumentación para instruir a un príncipe nuevo que mantenga su estado (el gran
problema de los tiranos italianos de la época, casi siempre efímeros) los consejos de
Aristóteles, quien en su libro V de La Política se muestra sorprendentemente próximo
a nuestro autor cuando sostiene que el tirano para mantenerse debe dar seguridad a
ricos y pobres con su gobierno…”mostrarse a los súbditos, no como tirano, sino
administrador y rey, y no como señor, sino como guardián, buscar las buenas maneras
en su forma de vida, no los excesos, frecuentar la compañía de los principales y hacer
demagogia con la masa; pues necesariamente a raíz de ello no sólo el poder será más
noble y más envidiable por ejercerlo sobre ciudadanos mejores y no envilecidos y por
vivir libre del odio y del temor ajeno, sino que también su gobierno será más
duradero… 6

(ADEMÁS VÉASE EL CUADRO COMENTADO EN CLASE SOBRE LA POLÍTICA EN


MAQUIAVELO Y SU PRESENTACIÓN)

Finalmente, Maquiavelo no olvida recomendar a su príncipe parecer piadoso,


pero, claro, los pensadores cristianos enseguida mostraron su descalificación contra el

6
ARISTÓTELES, La Política, edición de Carlos GARCÍA GUAL y Aurelio PÉREZ GIMÉNEZ,
Madrid, 1977, Lib. V., cap. XII, pp. 248-249.

7
gobernante hipócrita que sólo busca su propio beneficio (Platón y Cicerón también
habían descalificado abiertamente a este tipo de dirigente). Al respecto, es interesante
ver el texto de uno de los más importantes antimaquiavélicos del siglo XVI, el jesuita
Pedro de Rivadeneyra, que aparece al final de estas páginas. Sin embargo, algunos
teóricos jesuitas aprobaron o JUSTIFICARON una razón de estado que permitía al
príncipe penetrar en la senda del mal en caso de necesidad para preservar la fe
católica. Y es que sólo defendiendo la religión el rey podría mantener su estado.

3. Maquiavelo republicano

Apenas publicado El Príncipe, pronto se extendió en la misma Florencia la idea


de que, en realidad, había sido escrito, no para adular y ganarse el favor de un
Médicis, sino para desenmascarar su proceder tiránico y precipitar su caída si éstos
cumplían sus consejos (recordemos las palabras leídas en clase del cardenal Pole a
Carlos V). Se trataría, entonces, como apuntaron luego Spinoza (Tractatus Politicus,
1670) o Rousseau en el Contrato social (1762), no de un manual para déspotas, sino,
por el contrario, del libro de los republicanos. Pero fue en los Discursos sobre la
Primera Década de Tito Livio ―el libro que verdaderamente deseó publicar y que
consideró su gran legado― donde Maquiavelo estudió las repúblicas (volvió a
declarar, como en El Príncipe, que ofrecía lo mejor de sí mismo: todo cuanto sé y
cuanto me han enseñado una larga práctica y la continua lección de las cosas del
mundo).

Ciertamente, en los Discursos Maquiavelo muestra su desprecio por los reyes


hereditarios y exalta a la república, que debería tener como referente el ejemplo de
Roma. Con todo en esta obra seguimos encontrándonos con las ideas fundamentales
de El Príncipe, se trata de textos complementarios, pues sigue sosteniendo su fe en
un individuo virtuoso que fundará y salvará a la comunidad en momentos de
peligro o en momentos de corrupción de sus principios de gobierno
(constitución). En este último caso, cuando haya necesidad, podrá establecer las
modificaciones oportunas para mantener esos principios.

MAS SOBRE LA RAZÓN DE ESTADO

8
Por otro lado, aquí vemos más claramente, si cabe, su visión terrenal del
gobierno y la defensa de la razón de estado. Esta vez identificada con la salvación del
régimen republicano y de la patria, pues nunca se debe dejar que un mal progrese
por respeto a un bien, cuando aquel bien puede ser fácilmente aniquilado por
ese mal (Discursos, III, 30). Y todavía es más contundente en el Libro III, capítulo 41,
Que la patria se debe defender siempre con ignominia o con gloria, y de
cualquier manera estará bien defendida. Aquí esa máxima que reduce de manera
inexacta su pensamiento a “el fin justifica los medios” (en todo caso excusa, pues para
Maquiavelo el mal es mal) es aún más clara y provocadora porque la ejemplifica en el
proceder del rey de Francia (el rey Cristianísimo). Para algunos autores esta sería una
moral alternativa a la cristiana (Isaiah Berlin y sus partidarios) 7, la moral de las
repúblicas de la antigüedad (no obstante, Cicerón rechaza rotundamente esa conducta
en Los Deberes). En todo caso, como el mismo declaró abiertamente en su
correspondencia privada, el excanciller florentino amaba más a su patria que a su
alma y estaba dispuesto a cometer cualquier transgresión para defenderla e ir al
infierno.

Concluyendo, la lectura republicana de Maquiavelo sostiene que en momentos


excepcionales, la necessità imponía la transgresión de las normas de la moral, el
sacrificio de la justicia, para salvar la libertades políticas que permiten el resto de las
libertades. En consecuencia el Maquiavelo subversivo no sería un consejero de
tiranos, sino un buen ciudadano y un patriota (Del Àguila y Chaparro: 254).

4. El Estado y Maquiavelo
Después de todo lo dicho ya podemos entender mejor el problema de la
palabra estado en Maquiavelo. (VEMOS EL CUADRO COMENTADO EN EL
AULA Y LOS CONTENIDOS DE LAS INTRODUCCIONES, EN GALLEGO O
EN CASTELLANO DE EL PRINCIPE). Incidiremos en la polisemia de término
en Maquiavelo y la inexistencia del concepto de Estado moderno en su obra.

7
BERLIN, Isaiah, “La originalidad de Maquiavelo”, en Contra la corriente. Ensayos sobre la historia de
las ideas, México, Fondo de Cultura Económica, 1983, pp. 85-143.

9
5. El legado de Maquiavelo

P. Qué política debe respirar en los Españoles?


R. Las máximas de Jesu-Christo.
P. Quales sigue nuestro adversario? [Napoleón]
R. Las de Maquiavelo.
P. En qué se fundan?
R. En el egoísmo.
P. Qué fin llevan?
R. El beneficio propio, en perjuicio y ruina de sus semejantes.
P. Cómo lo consigue?
8
R. Persuadiendo el crimen por virtud.

Llegados a este punto, volvemos necesariamente a utilizar los adjetivos


iniciales de estas páginas: el legado de Maquiavelo es complejo, controvertido,
polémico o discutido. Según hemos visto al leer el texto sobre la “Justicia
maquiavélica”, el florentino sigue siendo un ejemplo de lo que no debe hacer un
gobernante y sigue asociándose a un maestro del mal. Sin embargo, cuando a fines
del siglo pasado se empezó a proponer un modelo de ciudadano activo, comprometido
con su comunidad para superar la crisis de nuestra democracia representativa, donde
un individuo desencantado con la política y preocupado por sus intereses personales
ha dejado en manos de políticos profesionales el gobierno, se volvió a invocar a
Maquiavelo y a su humanismo cívico. En efecto, el republicanismo o neo-
republicanismo, invocó a Maquiavelo como uno de sus referentes. Esto es, se valoró
al Maquiavelo que defiende la libertad y la autonomía del individuo, manteniendo, a la
vez un claro compromiso con la defensa de la libertad y los valores comunitarios.
Naturalmente, su exaltación del militarismo de las repúblicas de la antigüedad, su
desmedido amor a la patria o su idea de las ventajas del conflicto social para evitar la
decadencia no son hoy populares. Pero para conocer el tema del republicanismo en
profundidad habrá otro momento en los estudios del grado (una síntesis actualizada
sobre el republicanismo y sus fuentes en María José VILLAVERDE RICO, La ilusión
republicana. Ideales y mitos, Madrid, Tecnos, 2008.

En cualquier caso, la imagen de Maquiavelo sigue siendo mayoritariamente


negativa. Sin embargo, siguiendo la tercera vía, la del estudioso de la política, con
Francis Bacon podemos decir que estamos muy en deuda con Maquiavelo y otros por

8
Catecismo civil o breve compendio de las obligaciones del buen español, tomado del diario de
Badajoz de 28 de julio de 1808, capítulo V, y publicado en el Diario de La Coruña, viernes, 12 de agosto
de 1808.

10
decir lo que los hombres hacen y no lo que deben hacer. De hecho, sus obras nos
siguen proponiendo la reflexión sobre temas tan candentes como los medios para
defender al Estado en casos de una amenaza grave (pensemos en la política
antiterrorista de Obama). Ahora bien, tengamos en cuenta que las constituciones de
nuestros estados intentan resolver este problema con medidas de excepción, pero no
a cualquier precio como propone Maquiavelo (otra cosa es lo que se hace en la
práctica).

Finalmente, digamos que no estamos ante el padre de la Ciencia Política


moderna. Su metodología está muy lejos de la propuesta racional hobbesiana, pero
de esto hablaremos más adelante. Baste decir ahora que esta es una nueva prueba de
la atribución al secretario de una modernidad que no tuvo.

11
La virtù según Sandra Chaparro
Aunque suele traducirse como «virtud», conviene tener en cuenta que
Maquiavelo no está haciendo referencia a la virtud en su acepción actual más
corriente: la de cierta disposición a actuar conforme a la moral. La virtus latina,
y la virtù renacentista no se refieren a capacidades intelectivas o relacionadas
con la excelencia moral, sino a la energía o disposición a actuar en la esfera
pública. Su correcto ejercicio presupone la comprensión de principios morales,
pero es un ejercicio práctico de aplicación de esos principios a la infinita
variedad de circunstancias en las que ha de ejercerse la acción. Quien ejerce la
virtù es un virtuoso en el mismo sentido que un virtuoso de la música o de la
danza. Su saber es un saber práctico referido a asuntos políticos y militares. La
virtù es capacidad de juicio y de decisión. Requiere coraje, hombría, habilidad,
determinación y capacidad para decidir y actuar. Exige dureza, disciplina y
ejemplaridad en el castigo, pero también honestidad, decoro ciudadano y amor
a la libertad y a la patria. En el ámbito de la política se refiere a la capacidad de
fundar o gobernar estados, que se adquiere aprendiendo de la experiencia de
los virtuosi de otros tiempos transmitida por la tradición y el ejemplo histórico.
No existen reglas en el actuar virtuoso, pues cada comunidad política requiere
de cualidades diferentes para garantizar el bien común. De modo que la virtù
está sometida a circunstancias variables y depende de los límites fijados por la
fortuna, asociada a ideas como la causalidad, la arbitrariedad y el azar. La
fortuna se suponía caprichosa, inconstante y errática, regidora de los destinos
individuales y colectivos, totalmente ajena a ideas de retribución o justicia; sus
golpes no parecían tener un sentido último. Virtù y fortuna están
inextricablemente unidas en el presente texto de Maquiavelo, pues solo el
virtuoso puede hacer frente a los avatares de la fortuna, manteniendo una
disposición crítica y la capacidad de adaptarse a los cambios de un mundo en
perpetuo movimiento.
Debido a lo anterior, he decidido de mantener a lo largo del texto el
término virtù en el italiano original. Ruego al lector que me disculpe si esto
dificulta la lectura, pero entiendo que recurrir al término castellano «virtud»
induciría a error. Cuando aparece «virtud» en el texto en castellano es porque
el autor utiliza la voz italiana virtute, cuyo sentido se ajusta más al actual.

12
Maquiavelo, la política y la razón de estado

Nicolás Maquiavelo fue hombre que se dio mucho al estudio de la policía y gobierno
de la república y de aquella que comúnmente llaman razón de estado. Escribió
algunos libros, en que enseña esta razón de estado, y forma un príncipe valeroso y
magnánimo, y le da los preceptos y avisos que debe guardar para conservar y
amplificar sus estados. Pero, como él era hombre impío y sin Dios, así su doctrina
(como agua derivada de fuente inficionada) es turbia y ponzoñosa, y propia para
atosigar á los que bebieren Della. Porque tomando por fundamento que el blanco a
que siempre debe mirar el príncipe es la conservación de su estado, y que para este
fin se ha de servir de cualesquiera medios, malos o buenos, justos o injustos, que le
puedan aprovechar, pone entre estos medios el de nuestra santa religión, y enseña
que el príncipe no debe tener más cuenta con ella de lo que conviene a su estado, y
que para conservarle, debe algunas veces mostrase piadoso aunque no lo sea, y otras
abrazar cualquiera religión, por desatinada que sea. ¿Quién puede sin lágrimas oír los
otros preceptos que da este hombre para conservar los estados, viendo la ansia con
que algunos hombres de estado los desean saber, la atención con que los leen y la
estima que hacen dellos, como si fuesen venidos del cielo para su conservación, y no
del infierno para ruina de todos los estados? Porque, demás de hablar bajamente de la
Iglesia católica y romana, y atribuir las leyes y victorias de Moisés, no á Dios, que le
guiaba, sino á su valor y poder, y la felicidad del hombre al caso y a la fortuna, y no a
la religión y a la virtud, enseña que el príncipe debe creer más a sí que a ningún sabio
consejo, y que no hay otra causa justa para hacer guerra sino la que parece al príncipe
que es conveniente o necesaria (...) Sembró al principio este mal hombre y ministro de
Satanás esta perversa y diabólica doctrina en Italia (porque, como en el título de sus
obras se dice, fue ciudadano y secretario florentino). Después, con las herejías que el
mismo Satanás ha levantado, se ha ido extendiendo y penetrando a otras provincias, y
inficionándolas de manera, que con estar las de Francia, Flandes, Escocia, Inglaterra y
otras abrasadas con el fuego infernal dellas, y ser increíbles las calamidades que con
este incendio padecen, no son tantas ni tan grandes como las que les ha causado esta
doctrina de Maquiavelo y esta falsa y perniciosa razón de estado. Porque son tantos
los discípulos deste impío maestro, y tantos los políticos que con nombre de cristianos
persigue a Jesucristo, que no se puede fácilmente creer ni el número que hay dellos,
ni los daños que hacen, ni el estado lastimoso y miserable en que tienen puesta la
república (...) Los políticos 9 y discípulos de Maquiavelo no tienen religión alguna, ni
hacen diferencia que la religión sea falsa o verdadera, sino si es a propósito para su
razón de estado.

...Pero la diferencia que hay entre los políticos y nosotros es, que ellos quieren que los
príncipes tengan en cuenta la religión de sus súbditos cualquiera que sea, falsa o
verdadera (...) Ellos quieren que el fin principal del gobierno político sea la
conservación del estado y la quietud civil de los ciudadanos entre sí, y que se tome por
medio para esta conservación y quietud, tanto de la región cuanto fuere menester, y
no más; nosotros queremos que los príncipes cristianos entiendan que toda la
potestad que tienen es de Dios, y que Él se la dio porque sus súbditos sean
bienaventurados acá con felicidad temporal (que es a la que se endereza el gobierno
político), y allá con la eterna, a la cual esta nuestra temporal mira y se endereza como
su blanco y último fin...

9
El jesuita se refiere a los politiques, un tercer partido en las guerras de religión de Francia que buscaba
reforzar el poder del rey y la tolerancia para poner fin al conflicto entre católicos y protestantes y al caos
en que estaba sumido el reino galo desde la segunda mitad del siglo XVI.

13
Rivadeneyra, Pedro de, Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe
cristiano para gobernar y conservar sus estados, contra lo que Nicolás Maquiavelo y
los políticos de este tiempo enseñan, Madrid, 1881 [1595], pp. 14-16; y 23-24.

AUTOCONTROL:
Conteste a las siguientes preguntas (utilice preferentemente sus apuntes, esta guía y
las introducciones de El Príncipe):

1. Presente en tres o cuatro líneas a Nicolás Maquiavelo (incluya sus obras más
importantes).
2. Resuma los motivos por los cuales El Príncipe fue una obra que escandalizó y
escandaliza a sus lectores (máximo 20 líneas)
3. Defina brevemente y explique la relación de los términos virtud y fortuna (máximo
20 líneas).
4. La razón de Estado en Maquiavelo (máximo 20 líneas).
5. La palabra estado y el concepto de estado en Maquiavelo (máximo 20 líneas)

14

También podría gustarte