INTRODUCCIÓN
No es para nada un secreto que la construcción, permanencia y desarrollo de la nación
está íntimamente ligada y depende del desarrollo de la sociedad, la cual a su vez se
fundamenta fuertemente en la familia, ya que es a través de ésta que se sostiene el
desarrollo social, cultural, político y económico de los Estados, en vista que esto
trasciende los aspectos positivos del derecho, teniendo como una de sus figuras
principales la figura de la filiación, que es un pilar fundamental que permite crear
conexiones de parentesco -entre ascendientes y descendientes- que fundan lazos de larga
duración y le imprimen identidad a cada sujeto que la conforma.
Lo anteriormente mencionado se encuentra cimentado en el hecho natural de que el ser
humano desde sus vestigios más antiguos ha procurado agruparse bajo un modelo de
protección, seguridad, estabilidad, apoyo, desarrollo y trascendencia, los cuales han
servido a lo largo de la historia para asegurar la perpetuidad de la especie -a través de la
procreación- y asimismo cumplir con ciertas funciones naturales y fundamentales de los
humanos, y consecuentemente en la creación, desarrollo y permanencia de los Estados.
Es por ese motivo que el presente ensayo se enfoca principalmente en todos aquellos
mecanismos proteccionistas que el Estado ha creado a través de sus legisladores en
respuesta frente a todas esas situaciones y problemáticas que se suscitan en el ejercicio
irresponsable o inexistente de la paternidad y la maternidad, ya que, si en el momento en
que exista un deterioro en la estructura del núcleo familiar, se crearía un impacto
desfavorable para la sociedad y el Estado en sí, pero más aún en los miembros más
importantes en una familia, los menores hijos como el bien superior protegido.
Por tal motivo, sabemos que los gobernantes y legisladores en conjunto con los padres,
organizaciones y autoridades designadas son los llamados a procurar el bienestar de la
familia y asegurar que existan la menor cantidad posible de factores detractores de la
misma, cuidando con suma responsabilidad y delicadeza esta institución, en vista que la
caída y la degeneración social tiene un fuerte origen dentro de las familias desintegradas,
la falta de valores morales y éticos, y por último pero no menos importante la ausencia
del afecto y el amor paternal y familiar que es tan necesario para mantener la armonía
dentro del núcleo familiar.
¿DE DÓNDE NACE LA FIGURA DEL
RECONOCIMIENTO FORZOSO?
Una de las instituciones del Derecho de Familia que más interrogantes genera es, sin
duda,
la filiación. Ello debido al desconocimiento sobre los diversos procesos que giran
alrededor
del vínculo jurídico que nos convierte en padres o madres y su relación con otros
derechos e instituciones dentro del Derecho de Familia, como el derecho de alimentos y
la patria potestad. Asimismo, es trascendental reconocer que en estos casos cobra real
importancia el interés superior del niño como principio rector de la normativa aplicable
como en las decisiones judiciales que estos casos generen.
Para darle una acertada respuesta a esta incógnita, es necesario primero entender que todo
menor de edad -amparado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos 1 y
Declaración de los Derechos de los Niños 2- tiene derecho a conocer a sus padres, a tener
una familia, a ser alimentado, educado, cuidado y, si es posible, amado, hasta que pueda
ser capaz de valerse por sí mismo. Esto se debe ya que la presencia física y emocional de
1
La Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH por sus siglas) es un documento que sirve de plan de
acción global para la libertad y la igualdad protegiendo los derechos de todas las personas en todos los lugares.
2
La Declaración de los Derechos del Niño es el documento oficial mediante el cual se reconoce la importancia de
proteger a los niños y niñas a nivel universal; esta declaración incluye un total de 10 principios que engloban y
recogen todos los derechos que las Naciones Unidas consideran que deben protegerse.
ambos progenitores durante las primeras etapas de la vida tiene un importante papel en
desarrollo sano de las personas.
En ese sentido, es importante el reconocimiento de los menores hijos, ya que es aquel
acto -conforme a derecho- a través del cual se realiza una afirmación solemne y formal
reconociendo la paternidad y maternidad biológica de los padres respecto a sus hijos,
creándose de esta manera un vínculo fuerte y perpetuo entre la persona reconocida y la
persona que reconoce. En un mundo ideal esta idea tiene lógica y mucho sentido, pero en
algunas veces este reconocimiento de parentesco no puede darse de manera voluntaria y
por ende debe realizarse de manera forzosa, y es este motivo la elaboración del presente
ensayo-.
El reconocimiento de parentesco se realiza a través de la inscripción de su nacimiento, o
con posterioridad al mismo, en las diferentes formas prescritas por la norma jurídica.
Dicho reconocimiento en términos jurídicos se le denomina como filiación, es decir,
ubicar al menor de edad dentro de su familia. Esto a su vez da origen a dos conceptos
importantes y que van a acompañarnos durante el desarrollo del presente ensayo los
cuales son la maternidad y la paternidad, ya que al momento de existir un vínculo de
filiación forzosamente interviene uno o ambos sujetos, es decir el padre y la madre.
Dentro de esto hay que hacer un paréntesis para hacer mención que no hay que confundir
la figura del reconocimiento de filiación con la adopción, pues son dos figuras distintas
que comparten una finalidad ciertamente parecida, ya que si bien es cierto en la adopción
hay un reconocimiento voluntario sobre un menor, se diferencia por el hecho de que es un
acto legal por el cual una persona o familia acoge como hijo al que biológicamente es
hijo de otros padres.
Mientras que la figura del reconocimiento de filiación se enfoca en la legalización del
vínculo consanguíneo que existe entre el menor, su padre y su madre biológicos. Aunque
es cierto que muchas veces hacen uso de la figura como una ficción de ley por razones
varias, ya que existen casos en los cuales los abuelos, los tíos o algún otro pariente o
persona cercana al círculo íntimo familiar el menor o menores son reconocidos sin existir
el lazo de parentesco consanguíneo.
También a esto se debe agregar que existe la figura del reconocimiento de filiación
póstumo o post mortem, el cual garantiza al hijo a ser reconocido como tal, a tener un
nombre y a llevar el apellido de sus padres entendiéndose que es sujeto de derecho desde
la concepción, momento en que se inicia la vida humana y además es titular de unos
derechos fundamentales innatos de su inherente dignidad.
Una vez entendido y explicado lo antes mencionado, es procedente continuar con el tema
en el que el presente ensayo se centra, el cual específicamente es en aquellas situaciones
en donde el reconocimiento voluntario de la filiación no existe, por lo que se debe hacer
uso de la figura legal del “Reconocimiento Forzoso”, lo cual resulta un tanto fácil, ya que
simplemente hace alusión a la paternidad y maternidad en aquellos casos -en su gran
mayoría es el reconocimiento paternal, por no decir todos, ya que es poco frecuente que
se pida el reconocimiento forzoso maternal por razones lógicas, siendo los casos aislados
aquellos donde exista un indicio que el menor pudo ser confundido o cambiado en el
lugar donde fue dado a luz- en donde busca el cónyuge afectado, que el padre o la madre
que, en su momento por alguna razón en particular, decidieron no reconocer de forma
legal a su hijo biológico, lo hagan de manera forzosa por el derecho de ley que les
ampara.
Si bien es cierto, lo idóneo sería el reconocimiento de forma voluntaria, en muchas
ocasiones por una diversidad de situaciones esto no ocurre así, siendo por este motivo
que los gobernadores sintieron la necesidad de buscar una figura legal proteccionista que
permitiese que todos los miembros de una sociedad tuviéramos la oportunidad de tener
un padre y una madre que se hagan responsable y velen por nosotros y nuestros derechos
que nacen por el simple hecho de tener vida -ya que con el pasar de los años el derecho
de la niñez se ha convertido en un pilar fundamental de toda sociedad-, permitiendo de
manera consecuente que se cumpla con lo ya establecido en la Declaración Universal de
los Derechos Humanos y la Declaración de los Derechos de la Niños.
Pero ¿por qué es tan importante que los padres reconozcan a sus hijos, aún de manera
forzosa? Antes de abordar la respuesta para esta incógnita, es inevitable tocar ciertos
aspectos generales, pero imprescindibles para un mejor estudio y entendimiento del tema
a tratar, como el de la noción de la identidad, ya que la identidad es una necesidad básica
del ser humano que permite responder a la pregunta ¿quién soy yo? y a su vez permite
individualizar a cada ser humano como persona en el seno de la sociedad. En
consecuencia, el derecho a conocer la identidad producto de los lazos consanguíneos
derivados de los progenitores, a nivel mundial, es considerado como un derecho humano
fundamental, reconocido en diversos instrumentos internacionales.
Asimismo, la presencia real del padre en el momento del parto y el acompañamiento
igualitario en la crianza también tiene un peso importante en la salud, calidad de vida y
bienestar de las mujeres y sus hijos., ya que tener padres involucrados también incide en
la reducción de los índices de violencia intrafamiliar. Es por dicho motivo que la
participación de padres es importante para la igualdad de género y la creación de mejores
condiciones para los ciudadanos del futuro.
En ese sentido, es prudente decir que son varias acciones en las que el padre de familia
puede participar con sus hijos e hijas para que conjuntamente puedan llevar de la manera
más amigable, tranquila y afectiva esta coyuntura. Ahora más que nunca es cuando los
niños, niñas y adolescentes requieren atención, cuidado, compañía y mucho amor. Es por
eso que, tanto el papá como la mamá contribuyen y representan un estímulo único e
importante para que los niños y niñas desarrollen vínculos positivos emocionales y
cognitivos esenciales, desde muy temprana edad para su buen desarrollo cerebral y
aprendizaje.
Entendido lo anterior, se puede descifrar porque desde nuestra infancia se nos ha
inculcado que la familia cumple un rol importante dentro de las comunidades -por no
decir que el más importante-. Llegando a considerarse como la célula básica de toda
sociedad, ya que es en ella en donde se forma la personalidad y se trasmite los valores
esenciales de cada miembro que la integra, los cuales posteriormente cumplen un rol aún
mucho más importante y es que al integrarse a la vida en comunidad, definen y
condicionan las distintas situaciones sociales, políticos y económicos que se desarrollan y
se enfrentan cada distinto país del mundo, por lo que hablar de la familia como elemento
esencial de la sociedad no es una novedad.
En ese sentido, analizar esta institución desde el ámbito jurídico ha resultado del interés
público, por lo que hablar de la familia como hecho social es imprescindible ya que es
una institución incorporada y reconocida en todas las sociedades humanas y su ausencia
afecta enormemente en su desarrollo social. Esto se debe a que el padre y la madre son
aquellos encargados de que sus hijos desarrollen habilidades personales y sociales, tengan
una formación moral, ética y educativa, entre otras características de suma importancia.
De esta manera ambos -el padre y la madre- cumplen sus obligaciones con sus hijos y con
ellos mismos, dando origen a lo que hoy conocemos como maternidad y paternidad
responsable.
En aquellos casos en donde la familia se desarrolla de manera desintegrada, se puede ver
un mayor número de situaciones que se presentan como problemas para los niños, lo cual
repercute de manera negativa en el desarrollo de la sociedad en comunidad, ya que estos
niños con el pasar del tiempo crecen entre sentimientos de rencor, odio, inseguridad,
desconfianza, rechazo, entre más, lo que da paso a pensamientos negativos y a la
formación de patrones lascivos tanto para ellos como para el resto de la sociedad en
general, terminando finalmente en situaciones que hoy en días nos abaten y que por
desgracia estamos lejos de encontrar una verdadera solución que apacigüe o logre
revertir esa tendencia de manera radical, ya que debido a las condiciones sociales,
políticas y económicas de todos los países de la región latinoamericana se encuentran
expuestos y sometidos a una grave situación de hogares desintegrados, donde muchos
niños no conocen o saben quién es su padre.
Pero, sin embargo, es importante entender que la figura legal como tal ha tenido un
impacto que ha ayudado a mejorar en un porcentaje esta situación, ya que se ha logrado
de que aquella persona sobre la cual existe algún convencimiento o indicio de ser el
progenitor, asuman todas y cada una de las responsabilidades que derivan del simple
hecho de ser padre o madre de un menor. Siendo este acto de formal reconocimiento, uno
de gran relevancia porque marca un punto inicial en la vida de una persona, le asigna un
estado de familia al menor reconocido frente a la sociedad en general, ya que a partir de
este momento jurídico se comienza a ostentar la calidad de hijo, lo cual es determinante
en su el desarrollo y formación de su identidad en el núcleo familiar como en el su rol
dentro de la sociedad.
Bajo este argumento, se puede decir que el ordenamiento jurídico cuando hace referencia
al reconocimiento forzoso de la paternidad y maternidad para un menor, persigue un
sentido coherente entre dicha situación jurídica y el vínculo consanguíneo que existe
entre progenitor y su hijo.
Sin embargo, cabe destacar que existen casos excepcionales donde dicha coherencia es
rota ya que no siempre estará presente en dicha relación la concordancia biológica que
realmente debería de existir entre los actores directamente involucrados, ya que es de
conocimiento para todos nosotros que hay casos en los que se dan reconocimientos
jurídicos que carecen de ese lazo consanguíneo que por naturaleza existe entre un padre,
una madre y sus hijos, es decir que son aquellos casos en los cuales la persona no tienen
una relación biológica, reconocen a un menor mediante esta figura legal, motivadas por el
amor que tiene a su cónyuge y al menor, decidiendo mostrar de esta manera la capacidad
que asegura tener de asumir aquellas responsabilidades paterno-filiales que han sido
negados, ignoradas u omitidas por su verdadero progenitor.
Es por estas situaciones enunciadas y ante el supuesto de suceder conflictos, que el
Estado -mediante el reconocimiento, estudio y aplicación del derecho de familia- ha
creado la ley sustantiva y procedimental, estableciendo así un mecanismo que permita
resolverlos de manera eficiente, ya que también puede darse el caso en el que se haya
excluido al padre o la madre del reconocimiento del menor por situaciones
circunstanciales -enojos o resentimientos- o en los otros casos donde a base de engaños se
le ha hecho creer que el menor es su hijo sin éste serlo, por tanto el mismo legislador
pensando en estas situaciones, decidió crear los medios jurídicos suficientes que permitan
impugnar y anular el reconocimiento que se había hecho ya sea voluntaria o
forzosamente.
Asimismo, es importante mencionar que la búsqueda de que un menor sea reconocido no
recae únicamente en el aspecto moral, social y psicológico, ya que el reconocimiento de
filiación genera derechos patrimoniales que forman parte de aquellos derechos
fundamentales para todo niño y ser humano en su desarrollo integral, ya que la filiación
tiene relación directa con la patria potestad, la cual es el conjunto de derechos y deberes
que tienen los padres y madres sobre sus hijos o hijas, así como sobre los bienes o cosas
que le pertenecen a esos hijos o hijas, tales como el de representar legalmente al menor,
ejercer su guarda y cuidado, alimentarlo, asistirlo, educarlo, y administrar sus bienes. Por
lo que un padre que no reconoce a su hijo está evadiendo sus obligaciones que se
encuentran dentro de la patria potestad.
Dentro de la realidad hondureña, ha existido un interés por parte de los legisladores en
regular esta situación jurídica, ya que consideran que la persona humana es el fin superior
de la sociedad y del Estado, por ende, Honduras como nación debe tener dentro de sus
obligaciones la protección de la infancia en general, asimismo para dar cumplimiento a su
deber de proteger la familia y las instituciones vinculadas a ella, así como el de garantizar
la igualdad jurídica de los cónyuges y de los hijos entre sí, así como la obligatoriedad de
la normativa internacional de la materia de familia vigente en el país; amparados bajo esa
premisa se han creado leyes y mecanismos como la Ley Especial Para Una Maternidad y
Paternidad Responsable (Ley MAPA por sus siglas)3 y su Reglamento4 y el Código De
Familia5 los cuales permitan determinar con certeza jurídicas los vínculos consanguíneos
de parentesco, la garantía de los procedimientos de la paternidad y maternidad y en
3
La Ley Especial Para Una Maternidad y Paternidad Responsable establece los mecanismos y el procedimiento para
garantizar que toda niña y todo niño sea reconocido legalmente por parte de sus padres y madres y, para que cuando
sea necesario, se determine con certeza jurídica la maternidad o paternidad, permitiendo con ello una maternidad y
paternidad responsable.
4
El Reglamento de La Ley Especial Para Una Maternidad y Paternidad Responsable tiene por objeto desarrollar las
disposiciones dicha ley, a efectos de su aplicación, conforme a la Constitución de la República, legislación aplicable
a la materia y los tratados, convenios y principios internacionales adoptados por el Estado de Honduras.
5
Mediante el Código de Familia se determina las relaciones jurídicas entre personas unidas por vínculos de
parentesco y las instituciones relacionadas con la familia
definitiva proteger a los niños y la figura de la familia. Es por esta situación que se
puede denotar que existe un peso relevante en al interés superior del menor y la garantía
de sus derechos.
Asimismo, el Estado de Honduras en un intento de darle fortaleza a la familia se hace
valer de la creación de instituciones como la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia
(DINAF por sus siglas), que le ayuden y permitan velar por el cumplimiento de las
políticas y normativas para la protección integral de los derechos y el bienestar de la
Niñez, Adolescencia y Familia en el país.
En razón a lo antes mencionado, el Estado de Honduras ya establece que para obtener un
reconocimiento forzoso de filiación -ya sea de paternidad o maternidad- el interesado
debe iniciar un procedimiento judicial – en donde sucintamente actuará el Ministerio
Público como parte y garante del bienestar de los menores- el cual tendrá por objetivo la
investigación de filiación y consecuentemente obligarle a que el menor sea reconocido,
ya que el Estado mismo establece que ningún menor puede quedarse sin su
reconocimiento, el cual se plasma mediante la consignación directa de este hecho en la
Certificación de Acta de Nacimiento y mediante los apellidos que se le adjudican al
nombre del menor, los cuales están conformados con el primer apellido del padre y de la
madre. Mientras este reconocimiento no se encuentre realizado el menor
provisionalmente tendrá únicamente uno o ambos apellidos de quien lo reconoció
primeramente de manera voluntaria.
Asimismo, cabe mencionar que este reconocimiento forzoso y prueba científica tiene su
excepción y esta recae en aquellos casos donde el embarazo de la madre ha sido fruto de
una violación, estupro, rapto o cualquier forma de abuso sexual y que mediando sentencia
condenatoria justifique a criterio del juez practicarse este procedimiento ya que su
práctica podría considerarse en una situación de conflicto con el interés superior del niño
y el bienestar de la familia.
En este punto es importante mencionar que cuando se hace el procedimiento judicial para
obtener el reconocimiento de filiación de manera forzosa de uno o más menores de edad,
se debe presentar un indicio que le permita al juez ver que realmente el menor tiene una
relación de parentesco con la persona a quien se le está pidiendo que reconozca a su hijo.
Generalmente este indicio suele ser la prueba científica de marcadores genéticos –
conocida como prueba de ADN o prueba de paternidad- ya que es considera como la
prueba reina para determinar la filiación y el vínculo que existe entre dos personas, ya
que mediante esta prueba se indicarán claramente en los resultados la inclusión de
paternidad, eso significa que en el resultado se encuentra una similitud entre los 15
marcadores de padre e hijo, y en caso de no concordar se puede negar la paternidad.
Lo que quiere decir que esta prueba científica posee un valor jurídico pleno e indubitable
ya que permite determinar con certeza el vínculo que existe y con ello precisar los
derechos y deberes que se generan entre los padres con sus hijos. Es necesario aclarar que
este tipo de prueba también es indispensable para cuando se busca que el reconocimiento
póstumo del menor.
Bajo es premisa, se puede decir que, ante cualquier otro tipo de prueba, la prueba de
marcadores genéticos tendrá preferencia, exceptuando la confesión del reconocimiento de
la maternidad o paternidad -es aquí donde suceden muchas ficciones de ley y en donde
muchas personas que no tienen un vínculo biológico se han hecho responsable de los
menores hijos ya sea de su pareja, por ejemplo-.
Si bien es cierto, en un mundo ideal la realización de esta prueba haría más fácil la
situación y ayudaría enormemente a la agilidad del proceso y descongestionamiento de la
carga y mora judicial de este tipo de casos, pero la realidad es distinta, ya que dicha
prueba científica tiene un costo elevado, sobre todo para la mayoría de personas que
buscan este tipo de proceso para que sus menores hijos sean reconocidos, y a pesar de
que dentro de la Ley Especial Para Una Maternidad y Paternidad Responsable (Ley
MAPA por sus siglas) se ha establecido que el Estado ha creado un fondo para la
realización de dicha prueba y que cuya administración recae sobre el Ministerio Público,
esto no sucede así.
El Ministerio Público, en este tipo de situaciones para aprobar los fondos y
consecuentemente realizar la prueba de marcadores genéticos, primeramente debe de
iniciar un proceso de investigación socio-económica tanto de la parte que demanda como
de la parte demandada, ya que se debe comprobar que ninguna de ambas partes posee los
medios económicos para costear esta prueba científica, pero lastimosamente ante la falta
de personal, la sobre carga y mora laboral que este presenta, esto se vuelve más
engorroso y tardío en realizarse, sumando el tiempo dentro del órgano judicial, lo cual
puede llevar periodos largos de meses que al final acaba siendo tanto el tiempo de espera
que cuando la justicia llega -como de costumbre- suele ser tardía, ya que también un
menor hijo no puede esperar tanto tiempo para poder gozar de sus derechos y durante ese
periodo en que el juicio se resuelve se pueden suscitar tantas situaciones en las cuales se
pierda la finalidad del procedimiento que se inició.
Pero por su parte el legislador de alguna manera intentó tratar de darle facilidades a las
personas que tuvieren que recurrir a este procedimiento legal, ya que provisionalmente se
puede hacer uso del testimonio de terceras personas que indiquen que existe alguna
posibilidad que el menor que no ha sido reconocido es hijo de la persona a quien se le
imputa el parentesco. Pero como se mencionó, es provisionalmente, ya que son la
confesión manifiesta y la prueba de marcadores genético, los únicos medios que nos
permiten tener una verdad absoluta.
Asimismo, es necesario hacer denotar que el reconocimiento de filiación además forzarse,
también puede impugnarse, ya que existe una serie de posibilidades y situaciones que
pueden configurarse en las cuales se dé el caso que un menor ha sido reconocido por
alguien que no es su padre o madre biológico y que posteriormente este tenga
conocimiento de lo suscitado y decida entablar una disputa por el derecho que le ampara
a él como a quien él reconoce como su hijo.
De igual forma puede suceder que alguien que haya reconocido al menor o los menores,
se entere de algún hecho que le genere la duda o la certeza que a quien o quienes
reconoció no tengan un parentesco biológico con él, lo cual es válido, ya que como se ha
venido manifestando a lo largo del presente ensayo, el simple hecho de reconocerse como
padre o madre de un menor, le genera una serie de derechos y obligaciones de los cuales
se debe hacer cargo y cumplir de manera obligatoria, hasta el punto que la ley determina
que se deban realizar.
Ante todas estas situaciones que se han enumerado con anterioridad es necesario de
tomar en cuenta todo lo que implica la paternidad y la maternidad y consecuentemente la
filiación, siendo dicho tema muy importante ya que se refiere a la procedencia de los
hijos respecto a los padres. Es un derecho que toda persona tiene desde el momento de su
procreación y es la relación jurídica que se establece entre las personas a quienes el
derecho coloca en la condición de Padre, Madre y sitúa a los hijos, en su realidad
biológica la cual es recogida por el ordenamiento jurídico, proporcionándoles derechos y
obligaciones entre sí,
Por eso es necesario hacer consciencia en los padres y madres actuales y en aquellos que
decidan serlo a futuro, de todo lo que conlleva lo que es la procreación de un menor y de
estas situaciones penosas que pueden suscitarse, ya que es necesario que la sociedad
siempre vaya avanzando hacia mejores actitudes frente a situaciones tan cotidianas como
éstas. Sobre todo, es necesario que las personas piensen de manera reflexiva si realmente
les gustaría vivir bajo la sombre de la zozobra de saber que su padre o su madre le
negaron ser reconocidos o peor aún desconocer quien es su verdadero padre o madre,
situaciones que afectan enormemente en una persona y que influyen de una manera
negativa cuando no se le da un tratamiento idóneo -como suele suceder- y que finalmente
repercuten en el desarrollo de la sociedad como la conocemos, y consecuentemente son
los factores relevantes en el origen de fenómenos y problemáticas que -quiérase o no- se
vuelven de interés público y común, ya que nos afecta de manera general.
Asimismo, es importante entender que la identidad es de suma importancia en las
sociedades, que se presenta especialmente en países donde no se ha consolidado aún la
cultura de defensa de los derechos humanos. No es es únicamente un registro como
algunas veces se piensa desde las instancias públicas, sino parte de los derechos
fundamentales de las personas y en especial de los niños, niñas y adolescentes que debe
ser abordada mediante políticas públicas integrales que comprometan la participación
personal e institucional, de las instancias públicas y privadas, de las familias y de las
organizaciones sociales.
También es importante dejar saber que, aunque el Estado y sus legisladores han
producido mecanismos que ayuden a fomentar la familia y su cuidado, esos esfuerzos no
han sido suficientes, ya que no existe una política pública que fortaleza y fomente la
importancia de los vínculos familiares, así como el cuidado y el respeto por la familia
como cédula social.
Sin contar que las instituciones indicadas para administrar, gestionar y garantizar el
interés superior del niño no atienden de manera oportuna y eficiente la necesidad de
protección social que se debe brindar a la niñez y a la adolescencia atendiendo lo
dispuesto de la Constitución de la República, las convenciones internacionales de
protección a la niñez y demás disposiciones que tienen el mismo fin.
Hay varias acciones que el Estado y sus instituciones deben desarrollar al respecto, entre
ellas la difusión de los Derechos de Identidad y Filiación de las niñas, niños y
adolescentes y su registro correspondiente, especialmente en las zonas urbanas y rurales,
en regiones alejadas de difícil acceso; en las familias con problemas de alcohol, droga,
sin recursos económicos o niños y adolescentes sin familias; en regiones donde no existe
o no llega la información por los medios de comunicación, donde la gran mayoría de
mujeres jóvenes tienen temores o desconocen los derechos de sus hijos de llevar un
nombre y los apellidos de sus progenitores.
El trabajo de difusión, concientización y ejecución debe ser desarrollado conjuntamente
con la comunidad en general, con programas de apoyo a las madres y adolescentes, con
acciones de orientación, brindándoles el asesoramiento legal correspondiente y
potenciando sus capacidades personales como ciudadanas, de hacer respetar y reconocer
los derechos de sus hijas e hijos.
CONCLUSIÓN
Como se pudo observar, las relaciones familiares con especial atención al menor se dan
en torno a los deberes y derechos del padre y de la madre, los cuales para su debido
ejercicio requieren, primero, que éstos se identifiquen tanto en lo jurídico como en la
práctica social y de convivencia de pareja en una situación de igualdad y responsabilidad
frente a ellos, y que en su ejercicio consideren el interés superior del niño. La afiliación,
además de le proporciona identidad al menor, también implica las responsabilidades de
guarda, crianza y educación del menor.
Asimismo, es necesario entender que además de la creación del vínculo del parentesco,
surge una obligación conjunta con el menor hijo. Igualmente hace referencia a un estado
social, cultural y familiar de permanencia y duración de la relación jurídica filial, se
refiere al estado de hijo o a la paternidad y maternidad.
Por lo que se puede decir que primero está la paternidad, que es la relación que hay entre
el progenitor y sus hijos biológicos, de la cual se derivan una serie de derechos y
obligaciones, segundo, la filiación es la relación jurídica que existe entre la madre, el
padre y los hijos, derivándose la relación paterno filial y tercero, la relación es paterno-
filial un vínculo jurídico, donde se encuentra por un lado los progenitores y por el otro se
encuentran los descendientes, siendo la filiación el principal elemento que se encarga de
establecer un vínculo dentro de la familia.
De igual forma el Estado en la constante búsqueda de fortalecer la familia y de asegurar a
los individuos de una sociedad que tengan su identidad particular que se consolida en un
grupo de personas ligadas por lazos de parentesco, el Estado ha formulado leyes y
mecanismos cuyo fin es preservar dicha institución social y jurídica, la cual es vital para
que el estado se pueda seguir desarrollando y sosteniendo, siendo a través de los
procedimientos de reconocimiento de filiación para así poder sucintamente ejercer los
derechos y cumplir con las obligaciones sociales, culturales, políticas y patrimoniales que
derivan de dicho acto.
Por tanto, es prudente mencionar que es importante el derecho a la identidad ya que es la
llave para el ejercicio de otros derechos, como los civiles y políticos, económicos,
sociales y culturales. La ausencia del reconocimiento de la identidad de las niñas, niños y
adolescentes tiene efectos colaterales muy graves para la sociedad, encontrándose
condenados a vivir al margen de la sociedad, sin ninguna oportunidad para avanzar,
integrarse o realizarse como personas al igual que el resto de los otros niños. Por lo
general estos menores viven en el seno de familias pobres y marginadas, lo que acentúa
su exclusión, ya que no son tratados como ciudadanos de pleno derecho. El resultado es
que estos niños, cuyo proceso de socialización es inapropiado, como adultos tienen
dificultades para integrarse adecuadamente a la comunidad y la sociedad, por lo que con
frecuencia desarrollan prácticas y sentimientos disfuncionales e incluso de anomia y
desviación social.