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Melcocha

El documento habla sobre Melcocha, una cucaracha que fue adoptada como mascota por dos hermanos. Aunque la mamá no estaba de acuerdo al principio, con el tiempo Melcocha se ganó el cariño de toda la familia. Los hermanos disfrutan llevando a Melcocha al parque para que juegue con otras mascotas.
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Melcocha

El documento habla sobre Melcocha, una cucaracha que fue adoptada como mascota por dos hermanos. Aunque la mamá no estaba de acuerdo al principio, con el tiempo Melcocha se ganó el cariño de toda la familia. Los hermanos disfrutan llevando a Melcocha al parque para que juegue con otras mascotas.
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Magia Lectora y anexo literario

Melcocha
¡Iuuuuug, qué asco!

Tener una cucaracha como mascota no es tarea fácil. Melcocha llegó a nuestra casa durante
una noche lluviosa. Alguien la abandonó en una caja vacía de bocadillos veleños cuando
era pequeñita. Desde entonces, mi hermana y yo la hemos cuidado con mucho cariño. Al
principio, cuando apenas se veían sus pequeñas antenitas, tuvimos que esconderla en
nuestra habitación. Hasta que mamá entró y la descubrió revoloteando sobre las camas
como Pedro por su casa, mientras mi hermana y yo jugábamos en el parque. Cuando
regresamos, mamá y papá estaban sentados en el sofá con sus caras muy serias.
- ¡Vengan aquí! -Dijo una voz muy fuerte desde la sala-.
Al acercarnos a ellos, vimos que la pobre Melcocha estaba sobre el tapete, con sus antenitas
achicopaladas. Lo primero que dijo mamá fue:
-¡Una cucaracha en nuestra casa!
- ¡Melcocha, Mamá! Se llama Melcocha y es nuestra mascota- corregimos nosotros.
-Está bien. -Dijo papá con absoluta calma- Pero deben saber que como todas las mascotas,
su “Melcocha” necesita amor y, sobre todo, mucha responsabilidad.
Aunque mamá no estuvo de acuerdo, con el tiempo, Melcocha se ganó su corazón. La
perseguía por toda la casa con sus seis patitas. Pulsaba con todo su peso el interruptor de la
luz cuando alguien olvidaba apagarlo. Hasta hacía travesuras enredando los cordones de los
zapatos de papá.
Cuando llevábamos a Melcocha al parque todos nuestros amigos quedaban sorprendidos.
- ¡Mira qué lindo collarcito! -Decía el dueño de Mandarino, un gato siamés muy juguetón.
-¡Mira esas antenitas! ¡Ay! y su pancita marrón.
Un día, Melcocha pasó revoloteando de mano en mano hasta que Mandarino emitió un
rugido de jaguar y la correteó por todo el parque. Se metió en los hormigueros, saltó el
pasamanos, dio cien vueltas en la rueda y ¡zas! La cucarachita dio una pirueta de
malabarista herido y cayó al suelo. Por fortuna, Mandarino no sabía que hay otro animal al
que una vida le basta para ser inmortal, y ahí estaba nuestra Melcocha revoloteando
nuevamente hacia el bolsillo de mi hermana.
Melcocha siempre nos acompaña en el parque. Allí se divierte con Pito, el hermoso
saltamontes de Luciano, o Totuma, la explosiva hormiga culona. Nuestra mascota siempre
se come las migas que caen de la mesa. ¡Algunas veces hasta se come nuestra tarea! Somos
muy felices y cada día le damos el amor que merece. Hoy, por ejemplo, hace mucho frío,
pero mi hermana y yo le hemos fabricado una cobija con empaque de bonbonbúm y seis
pequeños calcetines para que pueda dormir plácidamente.

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