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Siete Leyes

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Las siete leyes del

aprendizaje

Bruce H. Wilkinson

Guía de estudio preparada por la


Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos
Publicado por Editorial Unilit
en coedición con Logoi, Inc. y
Ministerio Caminata Bíblica [Walk Thru the Bible Ministries]

LAS SIETE LEYES DEL APRENDIZAJE


Edición texto de estudio

© 2003 Logoi. Inc.


14540 S. W. 136 St. Suite 200
Miami, FL. 33186

Título original en inglés:


The Seven Laws of the Learner
© 1992 by Bruce H. Wilkinson
Published by Multnomah Press

Diseño textual: Logoi, Inc.


Portada: Meredith Bozek
Traductora: María Angélica Ramsay
Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina Valera 1960.

Todos los derechos reservados, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida,
ni procesada, ni transmitida en alguna forma o por algún medio —electrónico o
mecánico— sin permiso previo de los editores, excepto breves citas en reseñas y
debidamente identificada la fuente.

Producto: 496754
Categoría: Educación cristiana
ISBN: 0-7899-1168-X
Impreso en Colombia
DEDICATORIA

Durante muchos años el Sr. Hugh O. Maclellan, padre, y su


señora, habilitaron la obra de Dios alrededor del mundo. Tranquila-
mente, pero fielmente, animaron y capacitaron a muchos de noso-
tros que sirven al Señor en el frente de batalla, dándonos los recur-
sos para luchar. El ministerio Caminata Bíblica es una de las orga-
nizaciones que ha recibido el beneficio de su apoyo generoso y su
ánimo. Por medio de su apoyo bondadoso y sacrificado, la ense-
ñanza de Las siete leyes del aprendizaje ha sido desarrollada y
distribuida alrededor del mundo.
De parte del Cuerpo de Cristo en todo el mundo y el ministerio
Caminata Bíblica, expresamos nuestro aprecio más profundo a
los señores Maclellan, por su gran servicio, dedicación, y perseve-
rancia. Sólo la eternidad podrá revelar el impacto de sus vidas, pero
les pido que acepten el pequeño gesto de afecto de esta dedicato-
ria, hasta que escuchen el grito del Maestro al ser recibido en la
gloria, «Bien hecho buen siervo y fiel».
CONTENIDO

RECONOCIMIENTOS ................................................................ 7
INTRODUCCIÓN ...................................................................11

PRIMERA LEY: LA LEY DEL AGENTE


1. La ley del agente; mentalidad, modelo y máximas ............. 21
2. La ley del agente; el método y los maximizadores ............. 55

SEGUNDA LEY : LA LEY DEL POTENCIAL


3. La ley del potencial; mentalidad, modelo y máximas ......... 91
4. La ley del potencial; el método y los maximizadores ....... 125

TERCERA LEY: LA LEY DE LA RETENCIÓN


5. La ley de la retención; mentalidad, modelo y máximas .... 153
6. La ley de la retención; el método y los maximizadores .... 185

CUARTA LEY: LA LEY DE LA EJECUCIÓN


7. La ley de la ejecución; mentalidad, modelo y máximas .... 221
8. La ley de la ejecución; el método y los maximizadores .... 251

QUINTA LEY: LA LEY DE LA NECESIDAD


9. La ley de la necesidad; mentalidad, modelo y máximas ... 295
10. La ley de la necesidad; el método y los maximizadores . 337

SEXTA LEY: LA LEY DEL DESARROLLO


11. La ley del desarrollo; mentalidad, modelo y máximas .... 379
12. La ley del desarrollo; el método y los maximizadores .... 417
SÉPTIMA LEY: LA LEY DEL AVIVAMIENTO
13. La ley del avivamiento; mentalidad, modelo y máximas . 459
14. La ley del avivamiento; el método y los maximizadores 495

CONCLUSIÓN .................................................................... 537

GUÍA DE ESTUDIO ............................................................... 539


RECONOCIMIENTOS

El curso de Las siete leyes del aprendizaje y el texto de estu-


dio no habrían sido posibles sin una multitud de aportes. Aportes de
ejemplo, de ánimo, y de capacitación. Me pongo de pie para aplau-
dir a los siguientes colaboradores.
Arriba de la lista tiene que estar mi mentor en la enseñanza y la
predicación, el Dr. Howard G. Hendricks. Primero como profesor
de seminario, y después como ejemplo, mentor, miembro del direc-
torio, y siempre como un amigo, el Dr. Hendricks (o «profe», como
sus estudiantes le llamábamos siempre con mucho cariño) provee
el fundamento de este libro.
Desde la primera vez que me cautivó su comunicación y su
carácter, hasta este mismo momento, más de veinticinco años más
tarde, todavía deseo comunicarme tan bien como él. Un maestro
por excelencia, el Dr. Hendricks ha marcado mi vida de una mane-
ra que pocas personas han hecho —y expreso mi aprecio profundo
por él y por su impacto duradero en mi vida y ministerio. Gracias,
profe.
En la vida de cada proyecto siempre hay una o dos personas
que te animan desde muy temprano y siguen animando mientras
continúas. Cuando empezamos a desarrollar Las siete leyes del
aprendizaje, y nos encontramos con varios impedimentos, mi buen
amigo Pat MacMillan me animó a seguir entusiasmado.
La creatividad fluye en Caminata Bíblica, y su corazón está
en el equipo de investigación y desarrollo. Su creatividad sin límite
está igualada solamente por su compromiso firme con el desarrollo
y la producción de herramientas de enseñanza y entrenamiento de
la más alta calidad. Sin el aporte de Gordon Wilkinson, Peter

7
Las siete leyes del aprendizaje

Wallace, Randy Drake, Mary Lee Griffith, y mis padres, este pro-
yecto no habría tenido la chispa creativa que tiene.
Debo agradecer también al equipo ejecutivo de Caminata Bí-
blica, quienes dirigen el ministerio para que pueda sostenerse y
crecer en su alcance y servicio. En mi opinión, no hay nadie como
Calvin Edwards, el vicepresidente ejecutivo, quien guía al resto de
los siervos líderes. Gracias, Richard Waites, Jill Milligan, Greg
Freeman, Cathy Ellis, Jim Gabrielsen, John Nill, Dennis Nunn, Jim
Heiskell, y Reg Rhodes, por sostener y desarrollar el ministerio de
Caminata Bíblica.
La facultad de Caminata Bíblica es lo mejor de lo mejor. Se
destacan como modelos de los principios y las prácticas explicados
en este libro. Su carácter, compromiso con Cristo, y comunicación
son ejemplos increíbles para mí y para todos los que han tenido el
privilegio de estar bajo su ministerio. Gracias al decano de la facul-
tad de Caminata Bíblica, Phil Tuttle, y su facultad que siguen cre-
ciendo y mejorando, para ser ejemplos vivos de este libro. El honor
más alto de la facultad de Caminata Bíblica es ser invitado a ser
instructor de Las siete leyes del aprendizaje —esos veteranos
son los verdaderos héroes de la facultad. Gracias Phil Tuttle, Dennis
Nunn, John Hoover, Rich Leland, Mark Baily, Larry Dean, Dave
Collins, y Bill Marty.
Por un par de años durante las etapas formativas, Jan Kary y
Teresa Burkhardt organizaron una serie de conferencias de Las
siete leyes del aprendizaje. Mi buen amigo Walt Wiley y yo ense-
ñamos juntos estas conferencias. Los recuerdos del tiempo que
compartimos permanecerán conmigo siempre. Gracias, equipo, por
su amistad.
John Hoover era el hombre Mateo 28.18-20 de Caminata Bí-
blica. Desde el comienzo el Señor lo llamó a estar en primera fila
en el avance hasta «lo último de la tierra», y fue fiel a su llamado
hasta su muerte. Bajo su liderazgo apasionado, no solamente los

8
seminarios de Caminata Bíblica, sino también Las siete leyes del
aprendizaje han sido ofrecidas en todo el mundo. Gracias, John,
por multiplicar esta semilla en Argentina, Ecuador, México, Austra-
lia, Brasil, Canadá, Francia, Québec francés, Alemania, Grecia, Hong
Kong, India, Indonesia, Kenya, Corea, Holanda, Nueva Zelanda,
Nigeria, Papua Nueva Guinea, Filipinas, Polonia, Rusia-Ucrania,
Singapur, Sudáfrica, España, Sri Lanka, Suecia, Suiza, Tailandia,
Uganda, el Reino Unido, y otros países. Además, nuestros directo-
res internacionales están guiando a sus países a una mayor madu-
rez espiritual a través del ministerio de Caminata Bíblica —gra-
cias a Bryan Greenwood, David Lee, Bob McNaughton, Cliff Keeys,
Robert Moon, y Martin Deacon.
Mi brazo derecho durante más de una década ha sido Beverly
Murphy. Su servicio leal y su actitud de sierva me han dado mucho
gozo y ella ha sido un ejemplo para mí, mientras trabajamos lado a
lado por muchos años. Su ánimo, su trabajo de escribir a máquina,
y sus sugerencias han sido inestimables. Gracias, Beverly.
No hay duda de quién está más feliz que este libro por fin esté
impreso —mi familia. Mi esposa, Darlene, y nuestros hijos, Dave,
Jenny, y Jessica han soportado mis retiros frecuentes a la oficina
para trabajar en Las siete leyes. Han expresado comprensión cuando
tuve que llevar el manuscrito conmigo en vacaciones. Han com-
partido chocolate caliente conmigo en la noche para animar mi co-
razón. ¡Gracias, familia, por su amor leal y su comprensión! ¡Les
presento el nuevo miembro de la familia Wilkinson!
Durante los años en que Las siete leyes del aprendizaje se
estaba desarrollando y enseñando, los estudiantes que tomaron el
curso me animaron y me enseñaron cosas muy valiosas. La
Association of Christian Schools International [Asociación Inter-
nacional de Escuelas Cristianas] ayudó especialmente. Me permi-
tieron tener el honor de enseñar estos principios a más de quince
mil profesores en salas de conferencia en todo el país y en el ex-

9
Las siete leyes del aprendizaje

tranjero. Dr. Paul Kienel y Dr. Phil Renicks son maestros ejempla-
res, y su liderazgo y su amistad me han enriquecido mucho.
Probablemente el momento más satisfactorio en la enseñanza
de Las siete leyes del aprendizaje fue en las Filipinas con Campus
Crusade for Christ bajo la dirección de Bill Bright y por invitación
de los directores nacionales de entrenamiento, Sr. Curt Mackey y
su señora. Me invitaron a enseñar Las siete leyes a su equipo de
líderes de más de cien países, desde México a Argentina, y en
lugares tan remotos como Nepal, Bangladesh, Pakistán, Taiwán,
Hong Kong, Jordán, Sudán, Turquía, Ghana, Nigeria, Zambia, Zaire,
Burundi, Rusia, Polonia, Rumania, y Checoslovaquia. ¡Gracias,
Campus Crusade, por su compromiso con Cristo y con la educa-
ción continua y el entrenamiento de su personal!
Sobre todo, sin embargo, reconozco mi gratitud más profunda
por el Maestro de maestros, Jesucristo mismo. Él es el modelo real
y el mentor de los principios enseñados en este libro. He entregado
mi vida para seguir su liderazgo, y este libro es parte de ese pere-
grinaje personal. Aunque sea una pequeña porción de Su sabiduría
acerca del proceso de comunicación que se capte en estas páginas,
entonces mi objetivo más íntimo se ha logrado.
Finalmente, gracias a usted, amigo, por comprometerse a in-
vertir su dinero y su tiempo en su propio peregrinaje. Que su cora-
zón sea enriquecido, su comprensión ampliada, y sus habilidades
perfeccionadas.

10
INTRODUCCIÓN

Aunque parezca un poco extraño, debo explicar que este libro


es el resultado de diez años de arrepentimiento.
Mi arrepentimiento.
Aunque había estado enseñando y predicando toda mi vida, para
mi total sorpresa y consternación, encontré que una gran parte de mi
filosofía y de mi práctica de la comunicación había sido equivocada.
Increíblemente equivocada. Trágicamente mal dirigida.
Así que, a través de la investigación de las Escrituras y el estu-
dio de maestros y comunicadores ejemplares, empecé a arrepentir-
me y a cambiar. Este libro es una destilación de ese peregrinaje
personal, y revela la revolución que ha ocurrido primero en mi pen-
samiento y después en mi enseñanza.
Arrepentirse significa cambiar de mente. En términos moder-
nos, lo llamamos un «cambio de paradigma», que significa un nuevo
marco de referencia o patrón de pensamiento. Siete veces encon-
tré conceptos en la Biblia que eran exactamente opuestos a lo que
había pensado.
Se ha escrito mucho acerca de la enseñanza cristiana, pero un
repaso breve de la materia muestra rápidamente que la literatura
se concentra en el contenido de la enseñanza y no en cómo se
comunica el contenido. Ciertamente la base de todo cambio de
vida es la verdad que nos hará libres, pero cómo se comunica esa
verdad influye mucho en la cantidad de libertad que disfrutamos.
Aunque este libro frecuentemente habla de contenido, su enfo-
que principal está en lo que hace el maestro para enseñar ese con-
tenido a los estudiantes. Este libro mismo está lleno de contenido
—pero el proceso de aprenderlo no comienza hasta que el maestro

11
Las siete leyes del aprendizaje

enseñe este contenido a sus alumnos. El profesor es el vínculo vivo


entre el contenido y los alumnos, y el corazón de la enseñanza está
en cómo él o ella logra establecer ese vínculo.
Ese proceso de traspasar exitosamente a la próxima genera-
ción el contenido, el carácter, y la conducta deseados es la respon-
sabilidad clave del maestro. Los estudiantes vienen a nosotros con
la necesidad de «saber», de «ser», y de «hacer», y es nuestra res-
ponsabilidad capacitarlos para ello.
El hecho de que usted está leyendo esta introducción indica
que le interesa el proceso, y está buscando maneras para ser más
eficaz como maestro o predicador, y quizás como padre o madre
—porque todos enseñamos— todo el tiempo.
Ha sido un descubrimiento asombroso viajar por todo el mundo
durante los últimos diez años y enseñar a líderes, pastores, comer-
ciantes, maestros, y padres. Y hay una cosa que he visto en todos
los lugares: si un maestro es aburrido en su propio país, será más
aburrido todavía al otro lado del globo. Si un profesor es irrelevante
en su propio terreno, será aun más irrelevante en terreno ajeno.
Pero, si un maestro ha dominado el proceso de enseñanza-aprendi-
zaje, le puede pedir que enseñe cualquier tema en cualquier país, y
será increíblemente eficaz.
Algunas personas han podido —con años de práctica— domi-
nar el arte del aburrimiento. Casi sin esfuerzo, pueden hacer dormir
a su público. Otros han dominado los principios universales de la
comunicación efectiva, y le han dado cada vez en el clavo.
Donde sea que estén, y sea lo que sea que enseñen, sucede un
cambio permanente de vida. Gozan de la enseñanza, y ayudan a
otros a gozarse de la enseñanza.
¿Cómo lo logran? Se han hecho dueños de las leyes universa-
les de la enseñanza. Principios tan universales como la gravedad.
Principios que funcionan sin importar el tema, el orador, los estu-
diantes, o la sociedad.

12
Las leyes universales de la vida son increíblemente poderosas.
Una vez que las descubra, y sepa trabajar en cooperación con ellas,
usted podrá usarlas para lograr sus metas. Cada vez. En cualquier
lugar. Con cada persona.
¿Le interesan las leyes universales que gobiernan la enseñanza
y el aprendizaje? Entonces este libro es para usted. Usted está a
punto de descubrir siete de ellas, con ejemplos en casi cada página
para ilustrar cómo funcionan en su vida.
Como las miles de personas que han aprendido estas leyes
antes que usted, encontrará que se pueden emplear inmediatamen-
te. Quiero decir, en el momento que lee o escucha acerca de ellas.
Tantas personas me han dicho que fueron a la casa después de la
clase y rescribieron sus lecciones para el día siguiente.
No dudaban de lo que debían hacer; sabían lo que debían hacer.
Nosotros se lo enseñamos, ellos lo aprendieron, y ellos lo practicaron.
A esto le llamamos enseñanza para cambiar vidas. Al menos
que usted sea una excepción especial, antes de terminar de leer
este libro, tendrá un enfoque muy distinto de la enseñanza.
Nunca olvidaré la carta que recibí hace poco de una señora
que animó a su pastor a asistir a la conferencia de Las siete leyes
del aprendizaje, porque la iglesia a la que asistía moría de una
sobredosis de aburrimiento e irrelevancia. Dijo que el posterior ser-
món de su pastor parecía ser de otra persona. El pastor era prácti-
co, traía cambios en las vidas, era interesante, bíblico —y tan rele-
vante que ella dijo que sentía que él había entendido las necesida-
des de la iglesia en un instante.
Más adelante, recibí otra carta. Del pastor. Estaba tan lleno de
gratitud porque el Señor le había permitido aprender la verdad acerca
de la enseñanza y la predicación. Por primera vez en su prolongado
ministerio, la gente estaba cambiando. En forma definitiva. Así que
me escribió para agradecerme. Es ese tipo de carta que guardo
como un tesoro.

13
Las siete leyes del aprendizaje

Quizás algún día, si estos principios universales revolucionan


su enseñanza, recibiré una carta de usted.
Por ahora, permítame explicar cómo sacar el mayor provecho
de este libro.

La organización del libro


Cada una de las siete leyes es explicada en dos capítulos. El
primero capítulo de la ley apunta a un cambio en sus creencias acer-
ca de la enseñanza, y el segundo se dirige a un cambio de su conduc-
ta como maestro; El primero habla de su actitud, y el segundo habla
de sus acciones; primero la filosofía, y después la práctica.
En el fondo, todo lo que hacemos depende de lo que pensamos.
La Biblia lo expresa simplemente: «Tal como un hombre piensa en
su corazón, así es». Por lo tanto, si podemos cambiar nuestra ma-
nera de pensar, la manera de vivir también será cambiada.
La meta del primer capítulo de cada ley es crear un cambio
poderoso de paradigma en su manera de pensar —arrepentimiento
hacia una manera bíblica de pensar.
La meta del segundo capítulo de cada ley es capacitarlo con un
método eficaz y con un nuevo enfoque que puede utilizar inmedia-
tamente la próxima vez que enseñe —una renovación en su proce-
so de enseñanza.
Las leyes son independientes entre sí, y pueden existir solas
como unidades. No obstante, han sido ordenadas en la manera más
lógica para maximizar su utilidad. Si tiene la necesidad o el interés
en ver alguna ley en particular, puede saltar a la ley que sea apro-
piada en el momento.
Si quiere aprender a enseñar velozmente a sus alumnos dos
veces más contenido en la mitad del tiempo, entonces la ley de la
retención es para usted. Busque el capítulo cinco, y proceda rápi-
damente a descubrir los cuatro niveles de enseñanza que Dios re-
veló a Moisés.

14
Si quiere aprender a cultivar un alto rendimiento, para que sus
estudiantes sean todo lo que puedan, entonces la ley del potencial
es para usted. Busque el capítulo tres, y observe cómo sus estu-
diantes prosperan como nunca antes.
Si quiere aprender a enseñar para cambiar vidas, para que sus
estudiantes sean realmente diferentes, y experimenten cambios posi-
tivos y permanentes, entonces la ley de la ejecución es para usted.
Busque el capítulo siete, y observe cómo sus estudiantes empiezan a
experimentar cambios verdaderos casi inmediatamente.
Si quiere aprender a motivar a sus estudiantes para que tengan
el deseo de ir a su clase para aprender, entonces la ley de la nece-
sidad es para usted. Busque el capítulo nueve, y descubra las cin-
co pautas que Cristo usó para motivar a sus alumnos. Funcionarán
cada vez para usted.
Si desea avivar su pasión por la enseñanza, para que disfrute
como antes, entonces la ley del agente es para usted. Busque el
capítulo uno y descubra el significado asombroso detrás de las pa-
labras enseñar y aprender desde la perspectiva bíblica.
Si desea aprender a enseñar una habilidad a sus estudiantes, ya
sea hablar en público, jugar tenis, o evangelizar, aunque sean lentos
sus estudiantes, entonces la ley del desarrollo es para usted. Bus-
que el capítulo once, y aprenda las cinco pautas usadas por cada
programa exitoso de capacitación, incluyendo lo que hizo Cristo en
el entrenamiento de sus doce mejores líderes.
Si desea aprender a guiar a sus estudiantes en su caminar dia-
rio con Dios y a crecer espiritualmente, entonces la ley del aviva-
miento es para usted. Busque el capítulo trece, y aprenda el proce-
so que un maestro utilizó con el rey David, para que volviera al
Señor. Utilícelo la próxima vez que su corazón esté afligido por un
estudiante descarriado.

15
Las siete leyes del aprendizaje

Una última palabra antes de empezar


Nunca lo olvidaré.
Era un profesor jubilado que asistió a un seminario de Las siete
leyes del aprendizaje porque estaba aburrido —y su carrera como
profesor había terminado. Me vino a ver después de la conferencia
con lágrimas en los ojos. Había experimentado tres días difíciles de
arrepentimiento en su corazón, al ver cuán lejos había estado su
propia enseñanza de las pautas bíblicas.
Un año después volvía a la misma ciudad para otro seminario
de Las siete leyes del aprendizaje. La primera persona que llegó
caminando con ánimo era este profesor jubilado. Pero esta vez
caminaba con propósito y sus ojos tenían una chispa. Casi no podía
contener su gozo, y cuando me dijo lo que había pasado, tampoco
podía yo.
Me dijo que cuando salió de la conferencia el año anterior, se
había sentido tan conmovido que quería tener otra oportunidad para
enseñar «de la manera verdadera». Pero no podía imaginar cómo
iba a poder hacerlo, así que empezó a pedir a Dios que le diera otra
oportunidad en la sala de clases. Quería ver por sí mismo cómo
funcionarían Las siete leyes del aprendizaje.
Pasaron unos pocos días cuando el director de la escuela don-
de había enseñado lo llamó. Uno de los profesores se había enfer-
mado, y el director le preguntó si podía enseñar un año más.
Sacó del bolsillo de su abrigo un papelito azul doblado. «Este
papelito lo dice todo», me dijo sonriendo. Todas las clases que en-
señó estaban anotadas, con una lista de los alumnos y sus notas.
Las notas no eran muy buenas cuando empezaron. Muy pocos
tenían las notas más altas, y varios estaban casi reprobando. Pero
abrió el papelito para mostrar las notas al final del año, debido a su
práctica de las Siete leyes. ¡Estaban casi al revés! En vez de tener
a la mayoría al borde de reprobar, la mayoría tenía las notas más
altas posibles.

16
¡Dramático!
Sus ojos estaban llenos de lágrimas mientras compartía una y
otra historia de estudiantes que habían cambiado. Les ayudó a apren-
der, a florecer, a llegar a su máxima capacidad, poniendo en prácti-
ca las lecciones. Les enseñó las verdades a través de la enseñanza
veloz, motivándolos cuando perdían el interés o se desanimaban.
Les entrenó para ser competentes, y trabajó con los alumnos secu-
lares dentro y fuera de la sala, desarrollando su carácter y sus
valores.
Estaban terminando de dar los avisos, y el anfitrión de la confe-
rencia me estaba señalando que debíamos empezar la conferencia
de Las siete leyes del aprendizaje. Pero mi corazón estaba toda-
vía cautivado por la increíble historia de este profesor jubilado. Dobló
el papelito azul, lo puso en mis manos, y dijo, «Ahora, vaya a com-
partir estos principios revolucionarios con este grupo de profeso-
res, ¡y el próximo año habrá cientos de papelitos azules como el
mío!»
¡Saque su papelito azul, mi amigo, y afírmese bien mientras
disfrutamos este peregrinaje maravilloso de la enseñanza que lla-
mamos Las siete leyes del aprendizaje!

17
PRIMERA LEY

LA LEY DEL

Agente
1
LA LEY DEL AGENTE; MENTALIDAD,
MODELO Y MÁXIMAS
La primera vez que le escuché enseñar, pensé dentro de mí,
«¡Quiero aprender de este hombre!» Su nombre era Howard G.
Hendricks. Fui al seminario para aprender todo lo que pude de este
maestro eminente. Quería aprender, no solamente el contenido de
su enseñanza, sino también su método de enseñanza.
Durante los cuatro años de estudio de postgrado, le escuché
más de 350 horas, y siempre salía de su sala instruido, desafiado, y
un paso más cerca de Dios. Cuando estaba en el último año, empe-
cé a preguntarme si el «profe» entendía la palabra «aburrido».
Después de estudiar cómo él enseñaba durante cuatro años, des-
cubrí que seguía un estilo básico. Como tres minutos antes de que
empezara la clase, comenzaba a zapatear con su pie derecho debajo
del viejo escritorio de madera de roble. Exactamente en el mismo
segundo que el reloj marcaba la hora, levantaba el dedo índice de la
mano derecha y decía, «Damas y caballeros...», y anunciaba una
frase simple que era tan provocativa que todos la anotábamos inme-
diatamente. Después de tres minutos contaba su primer chiste. En
ocho o diez minutos, inevitablemente se paraba del escritorio para
dibujar un gráfico en la pizarra blanca. Siempre usaba el marcador
azul primero. Después el de tinta púrpura. Siempre subrayaba con
una línea retorcida para dar énfasis. Su ritmo era fácil de identificar;
y daba resultados —pregunte a los miles que han estudiado con él.

21
Las siete leyes del aprendizaje

En el último año del seminario, quise probar al Dr. Hendricks.


Quería ver qué haría este maestro eminente si uno de sus alumnos
no prestaba atención —sin importar lo que él enseñara. Me senté
en la última fila atrás, al lado derecho cerca de una ventana, y
decidí fijar la vista por la ventana durante toda la clase. Había sola-
mente treinta alumnos en la clase, así que estaba seguro que se
daría cuenta. Saqué mi reloj, y empecé a tomar el tiempo. ¿Qué
haría si no pudiera ganar mi atención?
Tal como esperaba, empezó captando la atención con su frase
llamativa. Aunque mi mano temblaba, resistí la tentación de anotar
la frase. Pude mirar de reojo que se dio cuenta inmediatamente que
no estaba prestando atención. Rompió la tradición y contó un chiste
en el primer minuto —totalmente fuera de contexto. Si me hubiera
reído, se habría dado cuenta que estaba escuchando, así que me
tapé la boca y seguí mirando por la ventana.
Cuando habían pasado dos minutos, se levantó de la silla y
empezó a escribir en la pizarra —muy temprano. Otra vez se fijó
que no estaba tomando apuntes, y paró en medio del gráfico, sin
terminarlo.
Puso el marcador en la mesa y caminó hacia el rincón del salón
para mirarme por el pasillo —tratando desesperadamente de hacer
contacto visual conmigo. Empecé a sudar, pero el tiempo pasaba, y
no iba a prestarle atención.
Finalmente, cedió. Este maestro eminente casi saltó por enci-
ma de las sillas para acercarse a mí, y gritó, «Wilkinson, ¿qué estás
mirando por la ventana?»
Con una mirada tímida, me di vuelta y le dije, «Nada, profe, lo
siento». Miré mi reloj para determinar qué nota le daría. ¡Solamen-
te tres minutos y treinta y siete segundos habían transcurrido! ¡In-
creíble! Su tolerancia por un solo alumno que no prestaba atención
estaba limitada a 217 segundos.

22
La ley del agente

Con esa experiencia fresca en mi mente, caminé a la próxima


clase en que enseñaba otro profesor. ¡Qué contraste! En un lado
de la sala, había muchos alumnos que nunca escuchaban, sino que
hacían sus tareas para otra clase. Sin embargo, a este profesor no
le importaba; solamente se dio vuelta hacia los alumnos en el otro
lado de la sala. Su enfoque era, No es mi problema si no quieren
aprender.
¡Qué contraste de enfoque del maestro —y qué contraste de
aprendizaje de parte de los alumnos! ¡Un profesor podía tolerar
sólo unos pocos segundos que un solo alumno perdiera lo que esta-
ba enseñando, mientras que el otro permitía indiferencia durante
todo el semestre!
¿Cómo le habría ido a usted en una prueba así, cuando un alumno
mirara por la ventana? ¿Le habría importado? ¿Estaría todavía avan-
zando el reloj, sin que usted hiciera nada?
El Dr. Hendricks creía que el profesor era responsable por el
aprendizaje. Por contraste, el segundo profesor creía que él era res-
ponsable por pasar la materia, sin importar si alguien aprendiera algo.

La mentalidad de la ley del agente

¡Qué ejemplo extraordinario de la ley del agente! El Dr.


Hendricks creía que como profesor, él era responsable de que yo
aprendiera. Un agente es la fuerza que produce una acción o un
resultado, y él sabía que él era el agente del proceso de aprendiza-
je. Se sentía responsable, y si el alumno no aprendía, hacía lo que
fuera necesario —cambiar su plan de la clase, su estilo, contar un
chiste irrelevante, incluso atravesar el salón para confrontarme.
En contraste, la mentalidad del segundo profesor estaba limita-
da a su responsabilidad de cubrir la materia, sin importar si alguien
aprendía o no.

23
Las siete leyes del aprendizaje

Esta actitud fundamental es el corazón de Las siete leyes del


aprendizaje. En un sentido, todas las leyes son como una fila de
dominós; el primero controla todos los demás.
Cada maestro brillante que yo conozco comparte esta mentali-
dad y siente que es su responsabilidad hacer que el alumno aprenda.
Pero, ¿sabe cuál es la mentalidad predominante en la predica-
ción y la enseñanza hoy? Ha sucedido un divorcio trágico —los
maestros se han separado de los alumnos y han redefinido la ense-
ñanza como lo que ha dicho el profesor en vez de lo que ha apren-
dido el alumno.
Los maestros han redefinido la enseñanza como «la expresión
coherente de un adulto frente a una clase de alumnos pasivos».
Creen que su responsabilidad principal es la de cubrir la materia en
una manera organizada.
Piensan que la enseñanza es lo que hacen ellos —están enfoca-
dos en sí mismos. Muchos maestros cubren su materia y se van del
salón con la impresión de que han enseñado. Pero si tomáramos una
prueba de sorpresa a los alumnos, encontraríamos que no han apren-
dido nada. El divorcio entre la enseñanza y el aprendizaje es trágico,
y es la raíz de muchos de nuestros problemas educacionales.
El Dr. Hendricks era modelo de una mentalidad revolucionaria.
Él vio la enseñanza, no tanto en términos de lo que él hacía, como
en términos de lo que hacían los alumnos. No estaba enfocado en sí
mismo, sino en sus alumnos. Ya que ese alumno mirando por la
ventana no estaba aprendiendo, el Dr. Hendricks se dio cuenta de
que él no podía enseñar. Por eso dejó de entregar su materia y
corrió hacia atrás.
¿Puede imaginar la diferencia que haría en su vida y en la vida
de los alumnos si se uniera al Dr. Hendricks en esto?
Además, ¿qué dice Dios acerca de este tema de la enseñanza?
¿Podría ser que hemos abandonado la perspectiva y la dirección
que Dios ha dado a los maestros?

24
La ley del agente

Hemos estado preguntando a la gente en nuestros viajes cómo


definirían las responsabilidades de un maestro. Una y otra vez di-
cen, «enseñar la verdad», o «cubrir la materia», o «cumplir el plan
de la clase». ¡El enfoque de estas definiciones obviamente no está
en el aprendizaje de los alumnos!
Por alguna razón pensamos que la enseñanza consiste en hablar.
Si voy al salón de clases, si alcanzo a cubrir la materia en mis apun-
tes, si le hago reír un par de veces, si usted escribe apuntes y quizás
haga un par de preguntas, entonces yo le he enseñado. No, eso no es
enseñar. La enseñanza bíblica no existe hasta que los alumnos hayan
aprendido. Si ellos no han aprendido, yo no he enseñado.
¿Qué significa cuando la Biblia habla de «enseñar» y «apren-
der»? ¿Dios separa la enseñanza y el aprendizaje? Miremos un par
de versículos en Deuteronomio que son semejantes, pero que tie-
nen enfoques distintos. Uno está centrado en la enseñanza, y el
otro en el aprendizaje.

Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatu-
tos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos;
aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra.
(Deuteronomio 5.1)

¿Qué significa «aprender»?

Ahora, pues, oh Israel, escucha los estatutos y los juicios


que yo os enseño, para que los ejecutéis, a fin de que viváis,
y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, el Dios de
vuestros padres, os da. (Deuteronomio 4.1, LBLA)

¿Qué significa enseñar? ¿Cómo están relacionados los dos


conceptos —enseñar y aprender? ¿Están divorciados el uno del
otro como hemos llegado a creer?

25
Las siete leyes del aprendizaje

Para captar el significado completo de estas palabras, investi-


guemos los términos en el hebreo original. La palabra aprender en
5.1 es ítdmlw [ulemadetem] y la palabra enseñar es dmlm [melamed].
Cuando se sacan el prefijo y el sufijo de la palabra hebrea para
aprender, queda la raíz dml [lamad]. Cuando se sacan el prefijo y
el sufijo de la palabra hebrea para enseñar, también queda la raíz
dml [lamad].
¿Puede usted creer eso? ¡Es la misma palabra! Sí, la misma pala-
bra hebrea significa aprender y enseñar. ¿Se da cuenta de lo que
significa eso? No podemos separar la enseñanza del aprendizaje. Son
casados, y son uno solo. De alguna manera lo que hace el maestro y
lo que hace el estudiante deben estar inseparablemente relacionados.
Hay algo más que entender acerca de esta palabra hebrea
para enseñar y aprender. La raíz significa «aprender», pero cuando
se modifica, cambiando a una forma verbal llamada «piel», el signi-
ficado cambia a «enseñar».
Según la gramática hebrea, la idea fundamental de la forma «piel»
es «ocuparse con entusiasmo en la acción indicada por la raíz de la
palabra». ¿Cuál es la raíz de esta palabra? «Aprender». Entonces,
enseñar significa ocuparse con entusiasmo en el aprendizaje del alum-
no. La forma «piel» también significa «incentivar», «causar a otros a
hacer algo», o «perseguir con ánimo alguna acción».
¿Ve como la mentalidad bíblica es opuesta a la mentalidad típi-
ca? La Biblia dice que enseñar significa «hacer que aprendan».
Esto es el meollo de la ley del agente. Ya no podemos considerar
la enseñanza meramente como algo que el profesor hace en el
salón de clases. La enseñanza es lo que hace el maestro en el
alumno. ¿Cómo sabe usted si es buen maestro? Por lo que apren-
den sus alumnos.
Por eso el Dr. Hendricks dejó de hacer lo que estaba haciendo
y atravesó la sala para desafiarme. Él sabía que él no estaba ense-
ñando porque yo no estaba aprendiendo.

26
La ley del agente

¿Puede usted imaginar lo que sucedería en las aulas de nuestro


país si los profesores volvieran a su heredad legítima? ¿Si camina-
ran entre las sillas de las clases, no con sus apuntes, sino con sus
alumnos? ¿Si hicieran votos de ser obedientes al mandato bíblico
de «hacer que aprendan»? Produciría una revolución. El aprendi-
zaje volaría de nuevo, la disciplina volvería, y los alumnos comenza-
rían a disfrutar del aprendizaje en vez de odiar la escuela.

El modelo de la ley del agente

La ley del agente se ilustra en este esquema. El cuadro de la


izquierda representa al «maestro» o al «comunicador». El cuadro
del centro es el «tema» o el «contenido». El cuadro de la derecha
representa al «alumno» o a la «clase».
Las dos flechas cortas representan las acciones del alumno o
del maestro. Normalmente el maestro se concentra en el tema —
«expone» y «expresa» el tema— mientras el alumno «escucha» y
«escribe» esas palabras. Fíjese en ambos puntos de concentra-
ción, están en el proceso de pasar la materia. Lo que ocurre fre-

27
Las siete leyes del aprendizaje

cuentemente es una falta completa de aprendizaje. Los estudiantes


pueden poner sus mentes en «neutro», usando solamente sus lápi-
ces, y se deslizan hacia el «pozo de la pasividad».
La mentalidad ponderada requiere que el maestro cambie su
concentración del tema hacia el alumno. Esto se representa con la
flecha más grande abajo, apuntando desde el maestro hacia el alum-
no con las palabras «hacer que aprendan».
Una de las citas más llamativas que he leído ha sido la de un
padre frustrado que vivía en un barrio pobre. Hablaba del dramático
fracaso del sistema de educación en no causar que su hija aprendiera:

Ustedes operan un monopolio como la compañía de teléfo-


no. No puedo elegir dónde envío a mi hija a la escuela. Sola-
mente puedo enviarla donde es gratis.

Y no está aprendiendo.

Esa es su responsabilidad: es la responsabilidad del director


y del maestro, que ella no está aprendiendo. Y cuando fraca-
san ustedes, cuando alguien le falla a mi hija, ¿qué sucede?
No despiden a nadie. Nada sucede a nadie, excepto a mi hija.1

¡Qué trágico! ¡Pero es verdad! El libro Las siete leyes del


aprendizaje se escribió con el objetivo de capacitarlo a usted para
cambiar lo que dice esa cita. Usted enseñará tan eficazmente que
nadie podrá ni pensar en mirar por la ventana. Usted llegará a ser
un agente efectivo en el proceso del aprendizaje.

Las máximas de la ley del agente

Esta sección de las máximas sigue desarrollando el concepto


principal presentado en la mentalidad y el modelo. Para clarificar y
aumentar su comprensión, la «idea grande» que estamos conside-

28
La ley del agente

rando se investiga de distintos ángulos y distintas perspectivas. Una


máxima es una afirmación breve de un principio general, o una
verdad. Por lo tanto, cada máxima que sigue refleja una faceta
distinta del concepto de «hacer que aprendan». Cuando termine
esta sección, tendrá mejor comprensión del significado y la impor-
tancia de lo que significa «hacer que aprendan». Cuanto más
profunda y completa sea su comprensión, más fácil será utilizar
esta verdad en su propia enseñanza.

Máxima 1: Los maestros son responsables de hacer


que sus alumnos aprendan.
Era una oportunidad única para hacer un experimento. Era mi
primera clase mi primer día de mi primer año de enseñanza univer-
sitaria. Mi carrera era una hoja en blanco, y mi reputación no se
había establecido. Mis alumnos no sabían qué esperar.
Comenzó la clase y empecé a enseñar tal como había aprendi-
do de la mayoría de mis profesores. Usted sabe, el bosquejo tradi-
cional con puntos principales y subpuntos.
Los estudiantes diligentemente tomaron apuntes. Después de
aproximadamente veinticinco minutos, le dije a la clase: «Por favor
guarden sus papeles; vamos a tener una prueba». Se podía casi
escuchar como sus corazones se detenían —a unísono. Eran alum-
nos del primer año, y esta era su primera clase. Cuando di el aviso
de la prueba —su primer día— su mundo casi se vino abajo. Final-
mente una jovencita sentada en la última fila rompió el estruendoso
silencio:
—Pero, señor, no hemos tenido la oportunidad de estudiar esto
todavía.
—Yo sé, pero veamos cómo les va —dije.
No ofrecí ninguna explicación, porque habría arruinado el ex-
perimento. Sonaron los cuadernos mientras buscaban papeles en
blanco; entonces el ambiente se puso muy quieto. Hice algunas

29
Las siete leyes del aprendizaje

preguntas sobre lo que había enseñado en los primeros veinticinco


minutos de «enseñanza».
Todos menos un par de alumnos reprobaron. Totalmente. Ha-
bía mucha tensión, y podía traducir las miradas que se hacían de un
lado a otro de la sala, «¡Voy a cambiar a otra clase!»
Entonces la jovencita en la última fila levantó la mano de nue-
vo. Obviamente estaba acostumbrada a sacar buenas notas.
—¡Eso no lo puede contar! —protestó.
—¿Por qué no?
—¡No es justo! ¡No tuvimos tiempo para aprender la materia!
—¿Cómo le fue en la prueba?
Ella miró hacia abajo y dijo:
—Sesenta por ciento.
—¿Quién soy yo? —pregunté.
—El profesor.
—Y ¿qué debe hacer el profesor? Hacer la clase, ¿verdad?
Me detuve y sonreí.
—Si yo soy el profesor y soy responsable por enseñar la mate-
ria, ¿cómo me va hasta ahora? ¿Qué nota me daría a mí?
Sus caras me indicaban que estaban por gritar.
—Señorita, si su nota revela cuán efectivamente enseñé la cla-
se hoy, ¿qué nota me daría?
Nadie estaba respirando. Con todo su ser, esta señorita quería
decirlo, pero no estaba segura si debía. Así que le dije:
—Su nota es mi nota. Lo que usted aprendió o no aprendió
depende de mi trabajo como profesor. Así que su nota de sesenta
por ciento indica que no he hecho bien mi trabajo. No hice que
aprendiera. ¡Deme una nota de reprobado!
Los alumnos estaban atónitos.
Me saqué la chaqueta, me solté la corbata, y seguí.
—Ahora, ¿por qué están pagando tanto por esta curso sin es-
perar que yo haga bien mi trabajo? ¿Cómo puedo «enseñar» duran-

30
La ley del agente

te casi treinta minutos y nadie en la clase aprende nada? ¡Pensé


que mi trabajo era ayudar a ustedes a aprender!
Querían asentir con la cabeza. Algunos querían gritar de ale-
gría. Esto estaba empezando a tener sentido.
—Desde ahora en adelante, cuando ustedes vengan a esta cla-
se, yo asumiré la responsabilidad por su aprendizaje. Si vienen con
la mente abierta, y con el corazón dispuesto, entonces, yo cumpliré
con mi deber como profesor de llenar su mente y su corazón.
Durante los próximos veinte minutos, les enseñé. Les enseñé
hasta que aprendieran la materia. Entonces les tomé una prueba, y
todos menos dos sacaron la calificación más alta posible. Con una
sonrisa, les dije que la primera prueba no valía, porque no quería
archivar tan acusatoria evidencia de tan mala enseñanza. ¡Ah, el
gozo de enseñar!
¿Cuántas veces usted y yo hemos estado sentados en una cla-
se durante una hora, cumpliendo con nuestro deber de escribir apun-
tes, y cuando alguien nos pregunta qué aprendimos en la clase, ¡no
podemos recordar nada! ¿Podríamos decir bíblicamente que he-
mos «aprendido» algo? Ese «pozo de pasividad» puede atrapar-
nos si no tenemos cuidado.
¿Está captando la inmensa importancia de esta mentalidad, que
el maestro es responsable por el aprendizaje? Obviamente los
alumnos son responsables por aprender la materia, pero el
profesor es responsable por hacer que aprendan.
En gran parte, se ha hecho creer a las últimas generaciones de
maestros que no son los responsables, que solamente los alumnos lo
son. Cualquier intento de relacionar el rendimiento del alumno con la
efectividad del maestro rápidamente produce la tercera guerra mundial.
¿Es nuestro tema realmente nuevo, o solamente olvidado? ¿No
hemos abandonado trágicamente lo que antes era muy claro? Por
ejemplo, ¿qué cree usted que dice el diccionario en la definición de
«enseñar»? ¡Qué sorpresa! El diccionario define «enseñar» como

31
Las siete leyes del aprendizaje

«causar que se conozca algo»2 . Entonces, si a los estudiantes no se


les ha «causado que conozcan la materia», ¿ha sido eficaz el maes-
tro? Posiblemente muchos profesores hoy sean ineficaces porque ya
no se consideran responsables por el aprendizaje de los alumnos.
La médula de Las siete leyes del aprendizaje es un compro-
miso total con la responsabilidad de hacer todo lo que se pueda
para hacer que el alumno aprenda.
Hace años mi hijo y yo estábamos hablando de la enseñanza, y
le pregunté si alguna vez había tenido que aprender algo una y otra
vez, algo que tenía que aprender, pero que no pudo.
Se rió y dijo:
—¡Sí! ¡Lenguaje! ¿Tú sabes cuántas veces he aprendido len-
guaje, papá? Todavía no lo entiendo.
Dije:
—David, nunca te han enseñado lenguaje.
—¿Qué quieres decir?
—Si no lo aprendiste, tu profesor no te lo enseñó.
—Claro que sí. Estudiamos lenguaje por semanas.
—David, ¿te siguió enseñando hasta que aprendiste?
—No, papá. Dijo que tenía que seguir adelante.
—Bueno, ¿había otros alumnos en tu clase que tampoco
aprendieron?
Se rió.
—Muchos, papá. La mayoría de mis amigos tampoco lo enten-
dieron. Pero tuvimos que seguir adelante con el libro.
Lo puede entender ahora, ¿verdad? La profesora de mi hijo
pensaba que tenía que cubrir la materia del libro, en vez de enseñar
a sus alumnos. Esta ley dice que la profesora no enseñó, porque no
hizo que sus alumnos aprendieran.
Aunque insistimos sin vacilar que el maestro es responsable,
tenemos que agregar inmediatamente que comparte esta respon-
sabilidad con otros: los alumnos, sus padres, otros individuos, y la

32
La ley del agente

sociedad en general. El profesor no es el único responsable por los


alumnos, pero es a él a quien estamos considerando en este libro.
Cuando la gente empieza a entender esta ley, comienzan a asu-
mir su responsabilidad. Ha sucedido tantas veces cuando enseño
este curso en todo el mundo. Se ilumina y el maestro se da cuenta,
«es mi responsabilidad». Entonces todo cambia, porque cuando usted
y yo aceptamos nuestra responsabilidad legítima, como lo desea
Dios, el aprendizaje vuela.
Una noche durante la cena familiar, mi hijo anunció que no iba
a sacar muy buena calificación en matemática. Cuando le pregunté
qué pasaba, me informó cortésmente:
—Papá, las calificaciones en matemática no son culpa mía. Mi
profesor es aburrido y la clase es terrible. ¡Necesita asistir a un
curso de Las siete leyes del aprendizaje, porque no está haciendo
que aprendamos!
Mi esposa me miró, y yo capté que estaba pensando, «¿Qué
estás enseñando a nuestros hijos?» Me di cuenta de que la situa-
ción reclamaba una explicación creativa inmediata.
—Bueno, hijo, estás olvidando la ley del estudiante —dije.
—¿Qué? ¡Nunca hablaste de esa ley en la conferencia!
—Yo sé. Estoy inventándola ahora para ti y para todos los que
intenten seguir tu ejemplo creativo. La ley del estudiante dice que
el estudiante es responsable por aprender, a pesar de la calidad del
maestro. ¿Me explico, David? Cuando seas profesor, enseña como
si fueras cien por ciento responsable. Cuando seas alumno, apren-
de como si fueras cien por ciento responsable.
Podía ver que no le gustó a David, pero a mi esposa sí le gustó.
—Pero, entonces, ¿quién es responsable, papá? ¿Yo y mi
profesor?
—¡Sí! ¡Lo entendiste, David! Los dos son cien por ciento res-
ponsables. Y, no te olvides, hijo, ¡tendrás que rendirme cuentas por
el cien por ciento tuyo de este curso!

33
Las siete leyes del aprendizaje

(Los comentarios de David me hicieron recordar el dicho de


Joseph Bayly, «¡No dejes que la escuela interfiera con la educación
de tu hijo!»)
La ex secretaria de educación de los Estados Unidos, Shirley
M. Hufstedler, tenía razón cuando dijo: «El secreto del éxito de un
maestro es... que acepte personalmente la responsabilidad por el
éxito o fracaso de cada alumno. Los maestros que asumen perso-
nalmente la responsabilidad por los éxitos y los fracasos de sus
alumnos... producen alumnos con mayor rendimiento».3

Máxima 2: Los maestros tendrán que rendir cuentas a


Dios por su influencia.
La hermana de la responsabilidad es la rendición de cuentas.
Cuando alguien nos delega responsabilidad por un cierto proyecto,
normalmente tenemos que rendir cuentas por los resultados.
La Palabra de Dios claramente revela que cada uno rendirá
cuentas a Dios por el cumplimiento de sus instrucciones.

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante


el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que
haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea
malo. (2 Corintios 5.10)

Habrá un día futuro de rendición de cuentas. Todos tendremos


que rendir cuentas por nuestras motivaciones, palabras, acciones, y
fidelidad. Pero Dios ha dicho que algunos tendremos que rendir
cuentas más que otros. Repetidamente la Biblia nos advierte que
los líderes tenemos una responsabilidad más seria, y que tendremos
que rendir cuentas por ella.

Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros,


sabiendo que recibiremos mayor condenación. (Santiago 3.1)

34
La ley del agente

Santiago es claro: los maestros seremos juzgados más estric-


tamente por Dios porque tenemos mayor responsabilidad. Dare-
mos cuenta a Dios, no solamente por cómo vivimos, sino también
por cómo enseñamos. Tenemos que enfrentar un juicio más estric-
to por nuestro trabajo como maestros.

Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque


ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar
cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, por-
que esto no os es provechoso. (Hebreos 13.17)

El autor de la Carta a los Hebreos también dice que los que


tienen posiciones de autoridad tienen que dar cuenta. Por esta razón,
el autor anima a los creyentes que están bajo su cuidado a obedecer-
los y someterse a ellos, haciendo así más fácil para ellos cumplir su
responsabilidad. Según este versículo, parece que no solamente los
maestros rendirán cuentas, sino también sus alumnos.
Hay varias implicaciones prácticas de esta máxima. Primero,
¡la única razón que Dios pide cuentas a los maestros es que somos
responsables! Segundo, Dios ve el papel y la responsabilidad de la
enseñanza como algo extremadamente importante. No permita que
la falta de respeto en nuestra sociedad por los maestros mini-
mice el honor que usted les da. Tercero, deje que el énfasis de
Hebreos 13.17 le impacte plenamente. Recuerde, maestro, «velad
por sus almas», ¡y no solamente por sus calificaciones!
Finalmente, algunas clases y algunos alumnos le darán más
dolores de cabeza que otros. Recuerde que tales clases y tales
individuos son parte del territorio de la enseñanza. Aun el Maestro
de maestros tenía alumnos como los saduceos, los fariseos, y el
sanedrín, quienes atacaban no solamente el contenido de su ense-
ñanza, sino también su reputación, y finalmente su vida. No se deje
engañar por el concepto falso que, si enseña por los motivos co-

35
Las siete leyes del aprendizaje

rrectos y con todo su corazón, todo resultará automáticamente de


maravilla. ¡Puede ser que no resulte así! Dios nunca prometió darle
una clase que siempre responda gozosamente a usted y al tema
que está enseñando.
Fije sus expectativas claramente. Enseñe cuando sienta gozo,
y enseñe cuando sienta dolor. Enseñe porque Dios lo ha llamado y
comisionado. Enseñe por causa de las calificaciones de sus alum-
nos en su prueba, y enseñe por causa de las calificaciones en su
propio Examen Final.

Máxima 3: Los maestros son responsables, porque


ellos controlan el contenido, el estilo, y al orador.
Aunque no siempre lo parece, el maestro tiene un control in-
creíble sobre el proceso de la enseñanza-aprendizaje. El maestro
es el agente que produce el resultado. Por esa razón, es justo que
el Señor nos pida cuentas. Considere un momento lo que el maes-
tro puede controlar:
1. Control completo sobre el contenido. El maestro puede
controlar cada palabra que pronuncia. Si quiere cambiar el conteni-
do en algún momento, por cualquier razón, lo puede hacer. Si quiere
dar una ilustración, lo puede hacer. Si quiere profundizar en alguna
área y pasar por encima de otra, lo puede hacer. Si quiere contar un
chiste para romper con el aburrimiento, lo puede hacer.
2. Control completo sobre el estilo. El maestro también pue-
de controlar su estilo y método de entregar el mensaje. Si quiere
susurrar o gritar, quedar quieto o saltar, batir las manos o cruzar los
brazos, todo está bajo su control. De la misma manera, puede divi-
dir a los alumnos en grupos pequeños, dar un discurso, dirigir una
discusión, tener un panel o un debate, mostrar una película, o hacer
un mini-drama.
3. Control completo sobre el orador. El maestro también se
controla a sí mismo. Puede vestirse como quiera, formal o informal

36
La ley del agente

—aun disfrazarse. Puede llegar temprano y quedarse después.


Puede hablar con los alumnos o mantenerse distante de ellos. Pue-
de sentarse, pararse, o caminar. El maestro tiene control completo
sobre el orador.
¿Puede ver cuánto control tiene el maestro sobre casi todo en
el proceso de enseñanza-aprendizaje? Es asombroso cuando pien-
sa en el increíble poder y la libertad del maestro (dentro de ciertos
límites, por supuesto).
El maestro tiene control sobre cada aspecto del proceso de
aprendizaje excepto uno —¡el alumno! Si el profesor debe hacer
que el alumno aprenda, pero no lo puede controlar, ¿cómo funciona
esta ley?
El maestro hace que el alumno aprenda por el buen mane-
jo del contenido, del estilo, y del orador. Estos tres elementos
tienen un poder increíble para hacer que el alumno aprenda.
¿Sabe usted lo que hace un maestro eficaz? Los maestros
eficaces controlan estos tres elementos correctamente. Los maes-
tros ineficaces no lo hacen.
Hay ilustraciones de esto en las salas de clases en todo el país
cada día. Hace poco mi hija me habló de una de sus clases.
—Es un desastre, papá. La gente habla, tira cosas, no apren-
demos nada.
Una semana el profesor (utilizo esa palabra con reservas) es-
taba enfermo y llegó un profesor sustituto. Jennifer no pudo creer
la diferencia. Dentro de unos minutos no podía reconocer la clase.
Nadie estaba hablando, estaban aprendiendo, incluso disfrutaban
del contenido por primera vez durante el semestre.
Entonces Jennifer dijo algo que nunca olvidaré:
—Papá, yo sé que no es muy bueno de mi parte decirlo, pero
¡espero que mi profesor no se mejore muy pronto!
Todos podemos identificarnos con eso, ¿verdad? Es triste...
porque no es necesario.

37
Las siete leyes del aprendizaje

Puedo garantizar que el profesor oficial había decidido hacía


mucho tiempo que los problemas del desorden en la clase no eran
culpa de él. Probablemente pensaba que los niños eran completa-
mente desordenados por sí solos. La verdad era que él era el desor-
denado, porque no manejaba bien el contenido, el estilo y el orador.
¿Sabe usted cuál es la única diferencia entre las dos experien-
cias de mi hija? Fíjese en lo que tenían en común:

La misma escuela
El mismo contenido
El mismo día de la semana
Los mismos estudiantes
Los mismos objetivos de la clase

Entonces ¿cuál fue la diferencia? El profesor, ¿verdad? Pero,


¿qué cosa acerca del profesor?

No fue el color de su pelo


No fue su estatura
No fue su peso
No fue el tipo de ropa que usaba
No fue su personalidad
No fue el vehículo que manejaba

Entonces, ¿qué?
La única diferencia fue que el profesor eficaz sabía hacer que
los alumnos aprendieran, modificando lo que hacía, lo que decía, y
cómo lo decía.
Los maestros ejemplares desarrollan una capacidad mayor para
entender el proceso de aprendizaje, y reconocen inmediatamente el
problema que impide el aprendizaje, y ponen en práctica la solución
correspondiente.

38
La ley del agente

Muchas veces los profesores culpan a otros diciendo, «hay un


problema con mi clase», cuando el único problema lo tienen ellos.
El primer paso en resolver este problema casi universal es identifi-
car el problema. Una vez que el problema sea obvio, entonces será
más fácil implementar la solución correcta. (El método de la ley
del agente —que estudiaremos en el próximo capítulo— revela
cómo determinar el problema y su solución.)

Máxima 4: Los maestros deben medir su éxito por el


éxito de sus alumnos.
Supongamos que usted es un director de escuela, y está entre-
vistando a dos candidatos para enseñar ciencia. ¿Cuál de estos dos
elegiría?
Candidato A. Mujer, cuarenta y ocho años, casada con tres
hijos adultos, maestría en ciencia, veinte años de experiencia, ha
publicado varios artículos en revistas, ha servido en varios comités
administrativos, está trabajando en su doctorado, y tiene como pa-
satiempo cultivar orquídeas que han obtenido premios.
Candidato B. Hombre, veinticinco años, soltero, tiene un gato
llamado Whiskers, tiene bachillerato en ciencia, tres años de expe-
riencia, no ha publicado ningún artículo o libro, ha servido en el
comité de aseo, está considerando estudiar para una maestría en
un par de años, su hobby es el esquí sobre el agua, y ayuda como
voluntario en el parque zoológico.
Hay que decidir. ¿Elegiría A o B?
Créame o no, no hay manera de saber cuál sería mejor. Si la
definición de enseñar es «hacer aprender», entonces ninguna de
las dos descripciones da ningún indicio de la capacidad de enseñar
de cualquiera de los dos.

39
Las siete leyes del aprendizaje

Ni el género
Ni la edad
Ni el estado civil
Ni los títulos que tenga
Ni los artículos que haya publicado
Ni los comités en que haya servido
Ni los pasatiempos
Ni siquiera los años de experiencia

Por supuesto, sus credenciales son relevantes e importantes.


Pero ninguna nos dice nada de la eficacia de la persona como maes-
tro en la sala, porque tienen que ver con su propia persona, pero no
indican lo que puede hacer en la vida de los alumnos. Cada uno
podría ser pésimo profesor, o excelente.
El único dato que prueba qué clase de maestros son es el ren-
dimiento de sus alumnos previos al fin del año académico, compa-
rado con su rendimiento al comienzo.
Después de enseñar esta ley del agente en una conferencia
reciente, un comerciante bien vestido, que tenía aproximadamente
cincuenta años, vino caminando con decisión hacia la plataforma.
Obviamente tenía algo en mente.
—He decidido después de todos estos años volver a la univer-
sidad para sacar una maestría en negocios —dijo—. Pero algo
pasó recién que me molestó mucho. Tuve que tomar un curso de
estadística, y la profesora era jefe del departamento. Estaba ansio-
so de estudiar con esta profesora eminente, pero ¿sabe lo que dijo
la primera clase? ¡Dijo que el setenta por ciento fracasan en el
curso! Primero, estaba impresionado. Pensé, ¡qué buena profe-
sora! Pero ahora me he dado cuenta de que al contrario, no era tan
buena profesora. ¡Solamente treinta por ciento de su clase aprobó!
El comerciante tenía razón. Esa profesora puede ser líder im-
portante, muy inteligente, y destacada autora, pero su rendimiento

40
La ley del agente

como profesora merece una calificación muy baja. Nunca lo olvi-


de. Los maestros hacen que los alumnos aprendan la materia, y los
maestros ejemplares hacen que grandes cantidades de alumnos
aprendan grandes cantidades de materia.
No solamente contratamos a las personas de acuerdo con nor-
mas equivocadas, sino también premiamos y promovemos a la gen-
te por razones equivocadas. ¿Cuál de los dos profesores abajo re-
cibiría mayor reconocimiento, una promoción, y un aumento en su
salario? Estos profesores enseñan el mismo curso en la misma es-
cuela al mismo tipo de alumnos de la misma edad:

1. El profesor A terminó su segunda maestría, mientras los


alumnos del profesor B sacaron calificaciones 25% mejo-
res que los alumnos del profesor A en el examen nacional
en la materia que enseñan.

2. El profesor A publicó tres artículos en una revista profesio-


nal, mientras los alumnos del profesor B ganaron tres pre-
mios en una competencia regional.

3. El profesor A sirve en el comité de educación de la región,


mientras los alumnos del profesor B sacan un promedio de
calificaciones más alto.

4. El profesor A recibe la mayoría de los votos de los profeso-


res por el premio «profesor del año»; el profesor B era nú-
mero quince en la lista. El profesor B recibe la mayoría de
los votos de los alumnos por el premio «profesor del año», y
el profesor A era número quince en la lista.

La filosofía aceptada en este libro es que, aunque no se puede


negar que las actividades y los comités y los títulos son importantes,

41
Las siete leyes del aprendizaje

la prueba más importante de la eficacia de un profesor es el


rendimiento de los alumnos.
A veces las mismas cosas que promovemos pueden minimizar
la eficacia de la enseñanza. Teníamos un chiste cuando era estu-
diante de postgrado: decíamos que cuanto más títulos tenía el pro-
fesor, cuanto menos eficaz era en su enseñanza. Más conocimien-
to no necesariamente lo hace mejor profesor. Puede parecer poco
tradicional, pero sería interesante medir el rendimiento de los alum-
nos de un profesor antes y después de que saque un nuevo título.
Ahora, no me entienda mal. Estoy a favor de la educación
superior y estoy constantemente animando a otros a seguir estu-
diando. Yo asisto a cursos, miro videos de entrenamiento, escucho
audio casetes, leo libros, y asisto seminarios. Pero el énfasis tiene
que estar siempre en el resultado de esas actividades educaciona-
les, y no en la acumulación de ellas.
Lo que vale es lo que hace el alumno, no lo que hace el profesor.
Si el alumno tiene éxito, entonces el profesor también tiene éxito.

Máxima 5: Los maestros hacen mayor impacto con su


carácter y su compromiso que con su comunicación.
Esta máxima compara el impacto de «quién es el profesor» (ca-
rácter y compromiso) con el impacto de «qué dice el profesor» (co-
municación). El carácter siempre influye más que la comunicación.
Considere su propia vida como alumno. Elija uno o dos profe-
sores favoritos. Probablemente su selección tiene más que ver con
el aprecio que usted les tiene como personas que con el contenido
de sus clases.
Esos proverbios eternos son verdad: «Lo que haces habla más
claramente que lo que dices», y «los hechos hablan más fuerte que
las palabras». Cuando las palabras y las acciones se contradicen,
las acciones siempre superan las palabras.

42
La ley del agente

Desdichadamente, el mundo y la iglesia frecuentemente can-


tan la misma canción, creyendo que las palabras son más importan-
tes. Hace poco un diácono de una iglesia local me dijo que el direc-
torio de su iglesia había votado seis contra tres para retener a su
pastor, ¡un hombre en medio de un divorcio, y a punto de casarse
con otra mujer de la misma iglesia!
Le pregunté cómo su iglesia podía rebelarse tan abiertamente
contra los principios bíblicos.
—Ah —dijo—, nuestro pastor es tan buen predicador que no
queremos perderlo. Además, una iglesia más grande en otro estado
le ha hecho un llamado para ser pastor de su congregación. Proba-
blemente tendremos que aumentar su sueldo para que siga con
nosotros, pero casi todos lo quieren, excepto por unos pocos con-
servadores testarudos.
¿Es posible que ese pastor viva abiertamente en pecado, divi-
diendo su propia familia y la familia de otra mujer, y todavía sea un
excelente predicador?
Sí, creo que sí.
Algunos de los mejores profesores y predicadores del mundo
están abiertamente en contra de Cristo. Muchos de los hombres
que predican en los púlpitos más influyentes del país no sostienen
las doctrinas del nacimiento virginal, la inspiración de las Escritu-
ras, la resurrección de Cristo, o la deidad de Cristo. No obstante, su
poder de oratoria y persuasión son increíbles. Sus palabras nos
pueden hacer llorar. Pero el hecho de ser movido a lágrimas no
significa que Dios esté de acuerdo con él, o que esté bendiciéndolo.
Nos equivocamos rotundamente cuando pensamos que, sola-
mente por el hecho de enseñar eficazmente, o ser un pastor ama-
ble, o predicar con convicción, que la mano del Señor esté sobre
esa persona. La mano del Señor no puede estar sobre una perso-
na que rechaza la deidad de Cristo; la Biblia lo llama un «enemigo
del evangelio».

43
Las siete leyes del aprendizaje

Cuando esa iglesia decidió retener a su pastor, tomó una posi-


ción públicamente a favor del pecado y en contra del Salvador. La
comunidad de no creyentes una vez más blasfemará la causa de
Cristo porque aun ellos pueden reconocer una atrocidad inmoral.
Pero ¿qué sucede con la predicación persuasiva de ese pas-
tor? Vuelva en unos cinco años y verá los frutos de lo que está
sembrando ahora. Ya se puede ver la palabra Icabod 4 grabada
sobre la puerta de entrada. Lo he visto muchas veces, sin excep-
ción. Los principios divinos del ministerio siempre han sido los
mismos: primero, el carácter, después la comunicación. Por eso
son tan claras las epístolas 1 Timoteo y Tito —la vida del
comunicador debe estar en armonía con el mensaje antes de que
predique el mensaje.
De hecho, el carácter siempre controlará el contenido —a
la larga. Cuando el Espíritu de Dios está apagado, y se le da rienda
suelta al pecado, no solamente elimina la presencia del Espíritu en
la enseñanza, sino pronto también eliminará la presencia de las Es-
crituras. El maestro o el predicador comenzará a moldear el conte-
nido para ajustarse a su estilo de vida. Me hace temblar pensar que
ese pastor, su nueva esposa, y los seis diáconos, tendrán que rendir
cuentas en otra corte por la atrocidad que han cometido.
Cuando pido a los adultos que seleccionen al maestro que más
influencia ha tenido en sus vidas, siempre es el que mostraba el
carácter más noble y el mayor compromiso. Esos maestros nor-
malmente no eran los más fáciles, ni los más difíciles en el salón de
clases, pero tenían algo especial que despertaba respeto genuino y
admiración. Nosotros, sus estudiantes, deseábamos ser como ellos
algún día.
¡Que sus estudiantes deseen ser como su maestro!

44
La ley del agente

Máxima 6: Los maestros existen para servir a sus


estudiantes.
Todos disfrutamos de una deliciosa cena en un restaurante,
servido con elegancia. ¿Qué le parecería si la próxima vez que
visitara su restaurante favorito, y pidiera un vaso de agua, la mesera
dijera, «¡Vaya a buscarla usted! ¿Qué le pasa? ¿No sabe servirse
usted mismo? No soy su esclava, ¿sabe?» Usted saldría de ese
lugar, pensando que es el peor servicio recibido en su vida. Proba-
blemente nunca volvería.
Usted piensa en la mesera como su sirvienta. Una parte de lo
que usted paga es su buena voluntad para servirlo —ese es su
trabajo. Pero, si estuviera en un paseo varios días después, comien-
do un picnic, tendría otra relación con la misma señora que era la
mesera. No esperaría que le sirviera de la misma manera, porque
tiene otro rol en esa situación. Los roles que tenemos influyen en
decidir si una cierta conducta es apropiada.
Ahora considere el rol del maestro. ¿Quién debe servir el vaso
de agua, traer la comida, y preguntar si desean algo más? Desgra-
ciadamente, muchos que somos profesores hemos olvidado que
somos siervos. Muchas clases sufren de una inversión de roles, en
que el estudiante ha llegado a ser el sirviente. Los maestros han
olvidado que existen para suplir las necesidades de los estudiantes,
y no para suplir sus propias necesidades.
¿Por qué es tan fácil reconocer este problema cuando lo ve-
mos en el restaurante, pero tan difícil de reconocerlo en la sala de
clases?
Recuerdo la primera vez que tuve que hablar a una multitud
hace muchos años. Mi corazón palpitaba, mis piernas temblaban,
me transpiraban las manos, ¡y estaba orando que el Señor volviera
en ese mismo momento! Sentado a mi lado estaba un conferencista
destacado con mucha experiencia. Mientras cantábamos el himno,
antes de que yo hablara, le dije:

45
Las siete leyes del aprendizaje

—¡Estoy tan nervioso! ¡No sé si puedo hacer esto!


Sin vacilar, este gran hombre dijo:
—Bruce, ¡no seas tan arrogante y centrado en ti mismo!
No es algo que quieras escuchar justo antes de hablar. Le
pregunte:
—¿Qué quiere decir?
—Estás pensando mucho en ti mismo, en cómo te irá, y en qué
pensarán de ti, por eso estás nervioso. Si pudieras quitar la vista de
ti mismo un momento y pensar en la gente y en sus necesidades,
comenzarías a preocuparte por ellos y no estarías tan nervioso.
Cuando estamos tan concentrados en nosotros mismos, nos pone-
mos nerviosos. Cuando empezamos a concentrarnos en las perso-
nas, el Señor nos utiliza.
Entonces sonrió y volvió a cantar el himno, como si no hubiese
pasado nada. Y yo volví al Señor para un momento de ajuste espi-
ritual. Decidí dejar de preocuparme por mis propias necesidades, y
empecé a atender las necesidades del público. Los nervios se cal-
maron, o por lo menos empezaron a calmarse.
Servir a los estudiantes es como amar a nuestros hijos. Fre-
cuentemente hacemos cosas para nuestros hijos, pensando que
estamos comunicando amor, sin que ellos lo perciban así. De ma-
nera semejante, muchas veces los profesores tratamos de servir a
nuestros estudiantes, pero los alumnos no lo perciben. Posiblemen-
te sea porque inconscientemente los maestros hacemos cosas que
comunican exactamente lo opuesto de nuestras intenciones.
En todo este libro, presentaré muchas maneras de servir a sus
alumnos en forma concreta; maneras que reconocerán y aprecia-
rán. En la ley del potencial, aprenderá formas prácticas para co-
municar amor a sus alumnos. En la ley de la necesidad, conocerá
los secretos que Cristo usó para motivar a sus alumnos a desear lo
que enseñaba. En la ley de la retención, verá algunos enfoques
revolucionarios para enseñar la materia en forma veloz.

46
La ley del agente

Las siete leyes apuntan al mismo asunto: ¿cómo el maestro


puede servir al alumno? Al entender y practicar estas leyes, la
motivación reemplazará la frustración. Tendrá una cantidad increí-
ble de habilidades transferibles que funcionan con cualquier curso
que enseñe y con alumnos de cualquier edad. ¿Cómo podemos
decir esto? Porque los principios son universales, como la grave-
dad, y cuando los practicamos, nuestros alumnos sienten que les
hemos servido.
Únase con la pequeña tropa de maestros que entran la sala de
clases con decisión, y con el propósito claro de servir a sus estu-
diantes con todo su corazón, su mente, y su alma.

Máxima 7: Los maestros que practican la ley del agente


pueden llegar a ser maestros ejemplares.
Había una posición disponible para profesor en una escuela en
Dallas, y muchas personas se presentaron. Finalmente, quedaron
dos candidatos finalistas.
El primer hombre había enseñado treinta y cinco años; la otra
candidata estaba en su segundo año como profesora. El profesor
con experiencia estaba seguro de que ganaría el trabajo. Pero para
en el fin de semana, ya se había tomado la decisión de elegir a la
señorita.
El hombre mayor estaba furioso. Fue rápidamente a la sala
donde estaba en reunión el comité, y exigió una explicación de por
qué no lo habían contratado —después de todo, él tenía treinta y
cinco años de experiencia. El director sabio se detuvo un momento
y contestó:
—Señor, es verdad que ha estado enseñando durante treinta y
cinco años, pero no pude ver ninguna mejoría durante todo ese
tiempo. Como yo lo veo, ¡usted ha repetido treinta y cinco veces!
A diferencia de la noción popular que los maestros ejemplares
nacen así, creo que los maestros ejemplares no nacen así, tampoco

47
Las siete leyes del aprendizaje

se fabrican, sino que son mejorados. Creer que algunos nacen como
maestros ejemplares es tan ilógico como creer que algunos nacen
como grandes científicos. Por supuesto, hay grados distintos de ca-
pacidad innata, pero la mayoría de los que tienen éxito en su campo
lo logra con mucho esfuerzo y perseverancia durante mucho tiempo.
Saque de su mente el otro concepto falso de que la grandeza
viene en pasos gigantescos de mejoría. La verdadera eficacia se
desarrolla durante muchos años, paso a paso.
Cada año en nuestro ministerio vemos evidencia concreta de
esta verdad. Tenemos la tradición de reconocer los mejores ins-
tructores del año. Inevitablemente siempre hay por lo menos una
sorpresa. Un año tuve discusiones intensas con el decano de la
facultad acerca de uno de los profesores de menor rendimiento.
Tenemos unos estándares de exigencia muy altos para nuestra fa-
cultad de los seminarios, y yo trataba de convencer a nuestro deca-
no de despedir a este hombre. Finalmente me dijo:
—Dale otro año para mejorar. Si no mejora, yo mismo lo des-
pediré.
Yo cuestionaba su apoyo hacia a este hombre de tan poco éxi-
to, y él dijo:
—El hombre está trabajando más que nadie en la facultad para
superarse. Está viendo los videos de los mejores maestros, pide a
su esposa y a sus amigos que lo evalúen constantemente, y siempre
me pide consejos para mejorar. Creo que lo puede lograr, y real-
mente lo desea de todo corazón.
Al año siguiente, cuando se hicieron las evaluaciones para de-
terminar a los diez mejores, ¡adivine quién lo logró! El mismo hom-
bre que yo quería despedir el año anterior. ¿Tenía las habilidades
naturales especiales para llegar arriba? No, no las tenía. Los mejo-
res rara vez son las personas con más talento natural, sino los que
tienen la pasión en su corazón para utilizar lo que Dios les ha dado,
y tratan de alcanzar el máximo de su potencial.

48
La ley del agente

El meollo de la ley del agente

La esencia de la ley del agente se resume en tres palabras:


«Hacer que aprendan».
El maestro es el agente del proceso de aprendizaje,
y debe aceptar la responsabilidad de hacer que sus alumnos
aprendan.

Conclusión

Como usted ya captó, esta primera ley del agente es la piedra


angular sobre la cual todas las demás leyes son edificadas: El maes-
tro es responsable por el aprendizaje de los alumnos.
Algunos profesores han tenido este sentido de compromiso y
responsabilidad toda su vida, pero son pocos. Para otros, este com-
promiso viene con dificultad y trauma, pero cambia sus clases y sus
corazones para siempre. Finalmente, desdichadamente hay algu-
nos que nunca asimilan este compromiso en sus corazones. No
solamente son ellos los que sufren, sino también sus alumnos.
Como yo enseño a maestros, he aprendido a valorar a los que
han decidido guardar este compromiso en sus corazones, especial-
mente a los que han tenido que pasar por fuego para desarrollarlo.
De todas las historias de tales peregrinajes, mi favorita es la de
Teddy Stallard.
Teddy Stallard seguramente calificaba como uno de los «per-
dedores». No estaba interesado en sus estudios. Usaba ropa sucia
y arrugada que olía mal. No se peinaba. Tenía una expresión vacía,
sin sentimientos —una mirada lejana. Cuando la señorita Thompson
le hablaba a Teddy, siempre contestaba con monosílabos. No era
atractivo, no tenía motivación, era distante, y simplemente difícil de

49
Las siete leyes del aprendizaje

amar. Aunque su profesora decía que amaba a todos los alumnos


en su clase, no era exactamente la verdad.
Cuando ella calificaba las tareas de Teddy, sentía un placer
perverso al poner una «x» al lado de las respuestas equivocadas, y
cuando ponía una calificación de reprobado en sus hojas, siempre
lo hacía con mucho entusiasmo. Debería haber sabido; tenía los
archivos de Teddy y sabía bastante de él. Los documentos decían:

Primer año: Teddy muestra mucha promesa con su trabajo y


su actitud, pero tiene una situación mala en su casa.

Segundo año: Teddy podría trabajar mejor. Su madre está


gravemente enferma. Recibe poca ayuda en la casa.

Tercer año: Teddy es un buen niño, pero muy serio. Aprende


lentamente. Su madre murió este año.

Cuarto año: Teddy es muy lento, pero tiene buena conducta.


Su padre no muestra interés.

La navidad llegó y los niños de la clase de la señorita Thompson


le llevaron regalos. Amontonaron los regalos encima de su escrito-
rio y se acercaron para mirar mientras los abría. Entre los regalos
había uno de Teddy Stallard. Estaba sorprendida que le había lleva-
do un regalo. Estaba envuelto en papel café y estaba cerrado con
cinta adhesiva. En el papel estaba escrito simplemente, «Para la
señorita Thompson de Teddy». Cuando abrió su regalo, vio un bra-
zalete barato, con solamente la mitad de las piedras falsas, y un
perfume barato.
Los otros niños empezaron a reírse, pero la señorita Thompson
los hizo callar cuando se puso el brazalete y se aplicó un poco de
perfume en su muñeca. Levantó la muñeca y les dijo:

50
La ley del agente

—Huele muy rico, ¿verdad? —Todos los niños, captando la


idea, asintieron inmediatamente.
Al final del día, cuando todos los demás niños se habían ido,
quedó Teddy solo con la profesora. Se acercó al escritorio y le dijo
en voz baja:
—Señorita Thompson,... señorita Thompson, usted huele igual
que mi mamá... y su brazalete luce bonito en su brazo también. Me
alegro que le hayan gustado mis regalos.
Cuando Teddy salió, la señorita Thompson se arrodilló y pidió
perdón a Dios.
Al día siguiente, cuando los niños llegaron a la escuela, había
una nueva profesora. La señorita Thompson era otra persona. Ya
no era solamente una profesora; había llegado a ser una agente de
Dios. Era una persona comprometida a amar a sus niños y a hacer
cosas que tendrían consecuencias más allá de su vida. Ayudaba a
todos los niños, pero especialmente a los más lentos, sobre todo a
Teddy Stallard.
Al fin del año académico, Teddy mostraba una mejoría dramá-
tica. Había alcanzado el nivel de los demás alumnos, incluso tenía
mejor rendimiento que algunos.
No escuchó nada de Teddy por muchos años. Entonces un día
recibió una carta que decía:

Querida señorita Thompson:

Quería que usted fuera la primera persona en saberlo. Voy a


graduarme este año segundo en mi clase.

Cariñosamente,

Teddy Stallard

51
Las siete leyes del aprendizaje

Cuatro años más tarde, llegó otra carta:

Querida señorita Thompson:

Acaban de decirme que me graduaré primero en mi clase.


Quería que usted fuera la primera persona en saberlo. La uni-
versidad no ha sido fácil, pero me gusta.

Cariñosamente,

Teddy Stallard

Y cuatro años después:

Querida señorita Thompson:

Desde hoy día, soy el Dr. Ted Stallard, médico. ¿Qué le pare-
ce? Quería que usted fuera la primera persona en saberlo. Me
voy a casar el próximo mes, el 27 para ser exacto. Quisiera que
usted fuera a la boda y que se sentara en el lugar donde se
habría sentado mi madre si estuviera viva. Usted es mi única
familia ahora; papá murió el año pasado.

Cariñosamente,

Teddy Stallard

La señorita Thompson fue a la boda y se sentó en el lugar de la


madre. Mereció el asiento, porque había hecho algo para Teddy
que nunca olvidó.5
¿Qué regalo le puede dar a sus alumnos, querido maestro? En
vez de dar algo que se compra con el dinero, tome el riesgo de dar

52
La ley del agente

algo que vivirá mucho tiempo después de usted. Sea extremada-


mente generoso. Dé el regalo que solamente usted puede dar —a
usted mismo— a los alumnos de su clase. A todos ellos. Dé tanto
de sí mismo que aprenderán algo tan profundo y significativo que lo
invitarán a su boda, porque parece muy natural.

Notas

1 Christianity Today, 10 de abril, 1981, 47.


2 [Link] E.: Esta definición es una traducción al español de la definición en inglés que
aparece en el diccionario Merriam Webster.
3 U.S. News & World Report, 8 de septiembre, 1980, 48.
4 1 Samuel 4.21
5 Anthony Campolo, «Who Switched the Price Tags?» [¿Quién cambió las etiquetas?]
(Waco, Texas: Word Books, 1986), 69-72.

Preguntas para reflexión

1. ¿A quién consideraría usted el mejor profesor que ha tenido en


su vida? ¿Cuáles son las tres características más destacadas
que hizo que fuera su maestro favorito? ¿Qué compromiso te-
nía con «hacerle aprender»? ¿Qué habría pasado si hubiese
perdido ese compromiso?
2. ¿Cómo definirían la enseñanza la mayoría de los profesores
hoy? Si usted llegara de otro planeta con la tarea de averiguar
qué hacen en estos edificios que llamamos «escuelas», y usted
visitara invisiblemente una clase del quinto año, otra del noveno
año, y otra del undécimo año, ¿qué informe escribiría a su su-
pervisor? Recuerde que nunca ha visto una escuela antes, así
que tendrá que olvidarse de la imagen previamente formada
para desarrollar una respuesta.
3. El presidente de su país le ha pedido que desarrolle un nuevo
modelo para contratar, entrenar, y pagar a los profesores. El
único requisito es que quiere que los estudiantes de su país
lleguen a estar en el primer lugar en el mundo académicamente

53
Las siete leyes del aprendizaje

en los próximos tres años. Le ha dado completa libertad y auto-


ridad, y un presupuesto sin límite; cada decisión es suya, y no
será cuestionada, sino solamente evaluarán los resultados. Su
única petición es que su modelo sea gobernado por no más de
siete principios. ¿Qué principios establecería usted?
4. Considere por un momento su trabajo de profesor. ¿Cuánto ha
influido el concepto de que es su responsabilidad hacer que los
alumnos aprendan? Supongamos que yo podría mágicamente
hacer que usted tuviera esta actitud en el máximo grado. Des-
pués de una semana de enseñanza, ¿cómo describirían sus alum-
nos la diferencia entre el viejo «usted» y el nuevo «usted»?
¿Cuál de los dos «ustedes» preferiría ser? ¿Por qué?

54
2
LA LEY DEL AGENTE; EL MÉTODO Y
LOS MAXIMIZADORES

Había intentado todo, y mi vehículo todavía no andaba bien. En


el momento menos esperado, comenzaría a hacer ruidos y a fallar.
Finalmente, me rendí y fui a mi taller favorito, donde el mecánico
de confianza había reparado mi automóvil durante años.
Después de unos momentos, avisó que no podía encontrar nada
malo, y que tendría que conectar mi vehículo a una «máquina de
diagnóstico». Nunca había visto una máquina de diagnóstico, así
que pregunté si podía mirar.
Abrió la cubierta del motor, desconectó un par de cables, y los
conectó a su computadora. Cuando se activó la máquina, empezaron
a pestañar las luces, y en un instante el mecánico empezó a reír. Dijo:
—Bueno, la razón por la que nunca pudiste ver este problema es
que hay un corto circuito en uno de los cables que causa un inconve-
niente de vez en cuando. Pero no se puede ver a simple vista.
Cambiaron el cable, y pronto estaba en camino, con el motor
sonando suavemente. Pero no pude olvidar la máquina maravillosa.
Entonces me vino la idea: ¿no sería bueno tener una máquina de
diagnóstico para maestros? Si los alumnos no estuvieran trabajan-
do, podría conectar algunos de ellos a la máquina, ¡y sabría inme-
diatamente cuál es el problema!
A veces da la impresión que el proceso de enseñar y aprender
es un misterio incomprensible. Un día su enseñanza funciona mejor

55
Las siete leyes del aprendizaje

que un automóvil de carrera, y otro día parece tan lenta que tendrá
que ir al taller para reparaciones. Si usted se ha preguntado alguna
vez cuál es el problema en sus clases, entonces anímese: una «má-
quina de diagnóstico» realmente está disponible. Al finalizar este
capítulo, usted tendrá la capacidad de identificar el problema en
unos minutos, y sabrá cómo solucionarlo.
En contraste con los sistemas numerosos de un automóvil, el
proceso de aprendizaje tiene solamente cinco sistemas principales
que controlan su éxito o fracaso. Por lo tanto, es más fácil buscar la
fuente del problema en un grupo de estudiantes que en un vehículo.
Con un poco de entrenamiento, usted puede ganar la habilidad de
discernir por qué algo no está funcionando, y también la habilidad
de arreglar el problema.
Desempaquemos esta «máquina de diagnóstico» para maestros,
y veremos si puede aprender a usarla. (¡No requiere baterías!)

El método de la ley del agente

Piense un momento acerca de lo que debe estar presente para


que haya una experiencia de enseñanza-aprendizaje en el aula cristia-
na. La siguiente lista nombra las cinco cosas principales que están en
cada aula y cada escuela dominical y cada estudio bíblico en el hogar.

1. Los alumnos —los individuos que aprenden la materia.


2. La materia —el contenido o la habilidad que se aprende.
3. El estilo —la manera o el método por el cual se enseña el
contenido.
4. El orador —el instructor o el maestro que causa el aprendizaje.
5. El Espíritu —la presencia y la influencia del Espíritu Santo.

Estas son las causas fundamentales del aprendizaje. La


manera en que se manejan estas cinco cosas determinará el éxito o

56
La ley del agente

el fracaso en la clase. Si la enseñanza está funcionando bien —es


decir, si usted está haciendo que los alumnos aprendan— es porque
estos cinco factores están en armonía. Si la enseñanza no funciona
bien, uno o más de los cinco factores está mal, y necesita ajuste.
Cada uno de los cinco factores controla alguna parte del pro-
ceso de enseñanza-aprendizaje, y cuando no funciona bien, algo
predecible sucede. Cuando el motor de su vehículo no parte, y no
encienden las luces, ¿qué sistema tiene problemas? Correcto, es el
sistema eléctrico. Probablemente puede hacer que funcione el motor
con cables conectados a la batería de otro vehículo.
Este concepto es extremadamente importante: Los problemas
del sistema de enseñanza casi siempre son los mismos y casi siem-
pre tienen las mismas soluciones.
Cuanto más entiende usted este principio, más fácilmente pue-
de reconocer los problemas y resolverlos. La enseñanza no es una
habilidad tan complicada que solamente las personas superdotadas
puedan hacerla. Al contrario, la enseñanza es un grupo de habilida-
des aprendidas que están disponibles para cualquiera que desee
adquirirlas. Al continuar con las siete leyes, conocerá principios
revolucionarios que puede usar inmediatamente en sus clases. En-
tonces, cuando los alumnos no están motivados, o son desordena-
dos, o no están aprendiendo, sabrá cambiar la situación. Cuanto
más tiempo enseña, más soluciones tendrá en su repertorio. Cuan-
to más soluciones utiliza eficazmente, más alumnos lo llamarán un
maestro excelente. Cuando suceda eso, ¡se habrán realizado mis
sueños para este libro!

El método de la ley del agente: Tres relaciones


principales
Hay tres relaciones principales que ocasionan un impacto direc-
to sobre la mayoría de las situaciones en las clases. Estas relaciones
tienen que ver con cómo usted el maestro se relaciona con su mate-

57
Las siete leyes del aprendizaje

ria, con sus alumnos, y con su estilo. Posteriormente en este libro


hablaremos de su relación con el Espíritu Santo y consigo mismo.
La gente siempre está sorprendida por el hecho de que, des-
pués de observar su clase unos pocos minutos, puedo explicar por
qué no está funcionando bien, y les puedo decir lo que deben hacer
para arreglar el problema. Está a punto de aprender algunas de las
verdades que lo hacen posible.

En el diagrama usted puede ver que el «maestro», o el orador,


está en el cuadro inferior. La «exposición» está en el cuadro de la
izquierda, el «estudiante» está arriba, y el «estilo» está a la dere-
cha. Estas relaciones que están siempre presentes gobiernan la
gran mayoría de los éxitos y los fracasos en la clase. Fíjese que
todas las flechas en este diagrama empiezan con el maestro/ora-
dor, y terminan con el estudiante.
El método de la ley del agente se concentra en cómo se rela-
cionan la exposición, el estudiante, y el estilo con otros factores que

58
La ley del agente

estudiaremos en otros capítulos. Por ejemplo, en la ley de la reten-


ción, aprenderá a enseñar la materia en forma veloz. En la ley de
la necesidad, conocerá los cinco pasos que utilizó Jesús para mo-
tivar a sus alumnos, para que pueda usarlos cada vez que enseña.
La ley del potencial enseña a cultivar en sus alumnos la capaci-
dad de alcanzar su máximo potencial. Cada ley, entonces, se cons-
truye sobre la base de las tres relaciones principales, preparándolo
para ser un excelente «agente del aprendizaje» entre sus alumnos.
La exposición de la materia representa el «qué» de la enseñan-
za, el estudiante es el «quién», y el estilo es el «cómo». La enseñan-
za entonces determina cómo enseñar qué a quién. El maestro
debe desarrollar el contenido (manifiesta el contenido), debe
discipular a sus alumnos (moldea su carácter), y debe entregar el
contenido usando el estilo apropiado (maneja las condiciones).
Cada uno de nosotros relaciona estos aspectos de una manera
distinta, pero siempre hay un aspecto que destacamos más que
otros. Algunos somos más eficaces con el contenido (orientado a
la exposición); otros no brillan con su contenido, pero influyen mu-
cho en el carácter de sus alumnos (orientado al estudiante); y otros
se destacan en su manera de entregar la materia, hacen que las
condiciones sean interesantes, motivadoras, y capten la atención
(orientado al estilo).
Dedíquese un momento a identificar cuál de estas tres relacio-
nes usted maneja mejor. Lea las siguientes descripciones, y colo-
que un número «1» al lado de la relación que lo describe mejor, un
número «2» para la segunda más importante, y un número «3» para
la que menos lo describe:

 Orientado a la exposición. «Me gusta el contenido. Casi


siempre tengo dos o tres veces más materia de la que necesito, y
frecuentemente me encuentro apurándome al final de la clase para
terminar a tiempo. Disfruto de explicar cosas, y quiero que mi clase

59
Las siete leyes del aprendizaje

tenga una comprensión completa. Me encantan las listas de mate-


rial, y siento una necesidad fuerte de conocer los datos yo mismo.
Me gusta hacer investigación en libros y comentarios. A veces ten-
go que cuidar de no hacer la materia demasiado complicada para el
alumno promedio de mi clase.»

 Orientado al estudiante. «Me gustan los alumnos. Siento


que son más amigos que alumnos. Estoy interesado en cada uno de
ellos, y disfruto de su compañía tanto fuera del aula como dentro
ella. Me gusta compartir historias con ellos acerca de mi propia
familia, y siento que mis alumnos son mi familia extendida. A veces
tengo que cuidar de no alejarme demasiado del tema, pero quiero
ayudarles todo lo que pueda.»

 Orientado al estilo. «Me gusta lo que sucede durante el


proceso de aprendizaje. Me encanta sentir la electricidad de la cla-
se, ver a los alumnos que están atentos a cada palabra. Me gusta
usar mi propia creatividad en la clase, y siempre estoy encontrando
nuevas cosas que hacer para mantener el interés. Los alumnos
disfrutan de mis clases porque no son aburridas. A veces me exce-
do un poco en mis esfuerzos creativos para hacer que las clases
sean frescas y vivas, pero los alumnos siempre aprecian la espon-
taneidad y la variedad. Me encanta enseñar y no puedo esperar
para que la clase comience —¡cuanto más grande es la clase, más
me gusta!»

¿Ha descubierto su relación más fuerte? Si no, pregunte a un


amigo, porque probablemente es claro para todos menos para usted.
Normalmente se puede identificar qué tipo de maestro es cada
persona en nuestros seminarios por lo que hace durante el refrigerio.
Si la persona está orientada al contenido, irá directamente a la
mesa donde se venden libros, y comprará algunos recursos. Inclu-

60
La ley del agente

so, ¡las personas muy avanzadas en esta orientación tomarán las


Biblias nuevas en sus manos para sentir el olor de las páginas nue-
vas! Si una persona está orientada a los alumnos, no se levanta
inmediatamente de su asiento. Se da vuelta para conversar con el
vecino, preguntando por su esposa, sus niños, su trabajo, su casa,
su color favorito, su día favorito de la semana,.... Al final del día, las
personas muy avanzadas en esta orientación pedirán su dirección y
teléfono, y comenzarán una amistad de por vida.
Si una persona está orientada al estilo, en el momento que anun-
cian el descanso, se pondrá de pie, dará una palmada e irá a buscar
un refresco hablando animadamente acerca de las ayudas visuales
de cuatro colores. (¡La persona orientada al contenido ni siquiera
se dio cuenta de que tenían cuatro colores, y la persona orientada a
los alumnos quería ver más fotos de personas y perritos!) Las per-
sonas muy avanzadas en esta orientación estarán anotando en sus
cuadernos cómo habrían enseñado la clase, y están escribiendo los
chistes y comentarios interesantes para usar en su próxima clase.
¿Ve cómo funciona? Cada uno de nosotros se inclina hacia un
lado u otro. Veamos un poco más acerca de estas relaciones prin-
cipales para mejorar la perspectiva.

Relación 1: El maestro y su contenido


Cuando el contenido es su mayor fuerza, sus alumnos proba-
blemente lo llamarán a usted «erudito», «cerebro», o «docto». Le
gusta pensar en la materia, y se siente cómodo con el mundo de
ideas y pensamientos, incluso más que pensar en sus alumnos (y
obviamente más que pensar en esos métodos creativos que pare-
cen una pérdida de tiempo). Le encantan las fuentes originales, y
usted siempre lamenta que no haya dominado mejor el griego, el
hebreo, el latín y el alemán, para poder profundizar más todavía en
la materia.

61
Las siete leyes del aprendizaje

Sus alumnos piensan que usted es inteligente, y que sabe mu-


cho acerca de muchos temas. Les gusta escuchar sus respuestas,
porque siempre tienen sentido —frecuentemente disfrutan más el
tiempo de preguntas que la presentación misma. Sus alumnos pro-
bablemente piensan que usted espera demasiado de ellos, y que
enseña muchas cosas que no son necesarias, pero usted tiende a
pensar que todo es importante. Nadie siente que no está aprendien-
do en sus clases, pero algunos alumnos tienen que esforzarse mu-
cho para seguir su ritmo.
En mis estudios de postgrado, tenía como profesor a un clásico
representante de este tipo de relación. En la segunda clase del
semestre, un alumno levantó la mano, y pidió más información acerca
de un punto que parecía totalmente insignificante. Los compañeros
mostraron caras de incredulidad y molestia cuando lo escucharon,
y nadie esperaba que el profesor pudiera dar mucha explicación.
Años después, todavía recuerdo con asombro lo que hizo el
profesor. Asintió con la cabeza, como para decir que la pregunta
mostraba mucha comprensión del tema, tomó con una mano el dedo
pulgar de la otra mano, y apretó su mano contra su frente, y se
concentró. Procedió a nombrar una serie de libros que tenían la
respuesta, y continuó, «tomo dos, página 246, página izquierda, co-
lumna derecha, la línea siete u ocho». Entonces cerró los ojos y citó
tres o cuatro párrafos del texto.
Primero pensé que era un chiste, así que durante el recreo,
corrí a la biblioteca y busqué el tomo y la página. ¡Estaba maravilla-
do cuando descubrí que lo había citado palabra por palabra!
Excepto por sus excursiones ocasionales en la teología profun-
da, cuando citaba las fuentes originales en alemán, todos comenza-
mos a querer mucho a este profesor, y sentíamos que nos hacía
crecer en nuestro conocimiento. Fue una de las experiencias más
increíbles de toda mi carrera.

62
La ley del agente

Pero tales capacidades tienen su lado flaco. Este mismo profe-


sor nos contó que una vez fue a hablar en una conferencia durante
un fin de semana en Houston, Texas. Cuando volvió a Dallas en
avión, se quedó esperando a su esposa a que pasara a buscarlo.
Después de una hora, la llamó por teléfono para ver si se había
olvidado.
—¿Dónde estás? —preguntó ella.
—En el aeropuerto de Dallas, por supuesto —contestó—, pero
¿dónde estás tú?
—En la casa —dijo—, esperándote.
Hubo un largo silencio, seguido por:
—Cariño, ¿olvidaste que fuiste en automóvil a Houston?
Si usted siente que su lado más débil es el contenido, entonces
probablemente está inseguro acerca de su materia, y depende mu-
cho de sus apuntes escritos. Cuando alguien levanta la mano en la
clase, está muriendo por dentro, porque piensa que no sabrá la
respuesta. No quiere que nadie se dé cuenta que no sabe, así que le
dice que hablará con él durante el recreo. Secretamente está oran-
do que se olvide de la pregunta para el recreo. Probablemente sea
más fácil para usted usar los apuntes de otra persona, y nunca está
seguro de si tiene buen contenido para la clase.

Relación 2: el profesor y el alumno


Cuando su relación con los alumnos es su mayor fuerza, sus
alumnos probablemente le llamarán «amigo», dirán que usted les ani-
ma mucho, y que usted los comprende. Usted encuentra fácil rela-
cionarse con sus alumnos. Probablemente tenga más interés en sus
alumnos que en el contenido de su clase o el estilo. Después de todo,
los alumnos son la razón por la cual usted enseña. Le gusta compartir
con ellos acerca de su propia vida, sus luchas y victorias, y la clase
parece una gran familia. A veces se encuentra almorzando en la

63
Las siete leyes del aprendizaje

cafetería con los alumnos en vez de estar con los otros profesores.
Usted desea acercarse a los alumnos, no alejarse de ellos.
Sus alumnos piensan que usted es amable y práctico. Sienten
que se preocupa por ellos, y que es una persona auténtica y trans-
parente. Vienen a verlo cuando tienen problemas —muchos pien-
san que usted es el único profesor que les comprende y que puede
ayudarles.
Cuando era más joven, yo estudié con un profesor orientado a
los alumnos. Parecía que pasábamos más tiempo contando historias
y escuchando sus historias familiares que hablando de la materia del
curso. Nuestro desafío era ver cuánto tiempo podríamos distraerlo
de su materia. Muchas veces pudimos hacer que nos contara histo-
rias durante el período completo. Cuando se dio cuenta que el se-
mestre estaba terminando y que había avanzado solamente un par de
páginas de sus apuntes, empezó a dictar histéricamente sin parar
durante las últimas clases, para tener algo que pudiera preguntarnos
en el examen final. Pero no nos importó; pensamos que era increíble.
Habríamos hecho cualquier cosa por él.
Si esta relación es su debilidad, entonces usted no está cómodo
con los alumnos. Prefiere llegar justo en el momento que comienza la
clase, y siempre tiene algún motivo para salir inmediatamente des-
pués de la campana. Probablemente no se sienta cómodo contando
historias transparentes de su vida personal. Sus alumnos probable-
mente le digan «señor», «señora», «señorita», «profesor», profeso-
ra«, «doctor», o «doctora». Nunca usarían su primer nombre. Usted
piensa que cierta distancia es saludable para enseñar eficazmente. Si
no tiene cuidado, sus alumnos lo pueden considerar indiferente o frío,
pero usted sabe que no es verdad para los que lo conocen. Los alum-
nos posiblemente piensen que sus clases son muy teóricas y no muy
prácticas. Probablemente capten que le interesa más el contenido
que el alumno. Les molesta que usted todavía no conozca sus nom-
bres cuando están a mediados del semestre.

64
La ley del agente

Relación 3: El profesor y su estilo


Cuando el estilo es su mayor fuerza, posiblemente sus alumnos
le llamarán un buen comunicador, un orador destacado, o bueno
para motivar. Le gusta la comunicación, y está emocionado al ver
que los alumnos responden a lo que usted les enseña. Le gusta
revisar y revisar su materia, asegurando que tenga buenas histo-
rias, buenos visuales, y que el bosquejo esté armonizado, haciendo
aliteración. No solamente quiere que su materia tenga sentido, sino
que debe tener una buena presentación y debe sonar bien. Fre-
cuentemente pasa tanto tiempo pensando en cómo presentar la
materia como en desarrollar el contenido. Usted es espontáneo y
disfruta el desafío del momento, buscando sacar lo máximo. Cuan-
do enseña, lo hace con todo el corazón, y se siente cansado pero
fascinado cuando termina.
Sus alumnos piensan que usted es un gran profesor, y la mayo-
ría disfruta de sus clases. Vienen con entusiasmo y la hora parece
pasar volando. Aprecian su intensidad y su capacidad para mante-
ner la clase interesante y motivadora. Les gusta su creatividad y
variedad. Muchos de ellos sienten que su clase es su hora favorita
del día, porque se van motivados y llenos de entusiasmo.
Quizás usted haya tenido una profesora que era «puro estilo».
No solamente enseñaba con buen estilo, sino también se vestía con
buen estilo. Cuando su clase entraba, sentía la electricidad de anti-
cipación. Sus muros estaban llenos de carteles, fotos, y tareas des-
tacadas. Parecía hacer que los conceptos más complicados fueran
fáciles de entender. A diferencia de la mayoría de los profesores, a
ella no le gustaba dictar la materia. Prefería el drama, grupos pe-
queños, la discusión espontánea, sesiones para enfocar un tema
especial, conferencistas de visita, y películas —todo era parte de
su manera de hacer un ambiente maravilloso para aprender.
Si el estilo es su lado débil, entonces probablemente siempre
dicta sus clases, y no piensa usar un retroproyector. Prefiere estar

65
Las siete leyes del aprendizaje

parado detrás de un púlpito, y cuando sale de su protección, se


siente parcialmente desnudo. En cuanto al drama, eso es para
Hollywood y las películas. Según usted, ¡los grupos pequeños son
la mejor forma de compartir la ignorancia! Después de todo, en el
Sermón del Monte, Jesús dictó su clase, ¿verdad?
Si esta área es su debilidad, sus alumnos probablemente pien-
san que sus clases son aburridas y que todo es demasiado predecible.
Les parece que a usted le interesa más la materia que la comunica-
ción de la materia. Si hace calor en la sala, o si es muy tarde, los
alumnos pueden empezar a cabecear y cerrar los ojos, porque no
los mantiene interesados.

Cómo identificar el problema en su clase


Los problemas en la clase se hacen evidentes a través de las
actitudes y las acciones de los alumnos. Si está mala, los alum-
nos le dirán.
La siguiente lista son quejas de estudiantes normales de la en-
señanza secundaria acerca de los profesores y sus clases. Vea si
puede identificar el problema fundamental —si es del contenido, de
la relación con los alumnos, o si es del estilo— antes de ver la
respuesta. Después de identificar el problema, le daré varias posi-
bles soluciones. Para los dos primeros problemas, he incluido res-
puestas más extensivas. Vea si puede encontrar sus propias res-
puestas para los otros.
1. «No puedo soportar a mi profesor. Dudo que conozca mi
nombre. Además, no le importa si estoy vivo o muerto. ¡No voy
a estudiar en su clase!»
Problema: Relación con los alumnos —los estudiantes sienten
que el profesor no se preocupa por ellos.
Solución: Demuestra en forma concreta a través de ilustra-
ciones personales y gestos de afirmación pública que usted real-
mente se preocupa por ellos.

66
La ley del agente

• Memorice inmediatamente los nombres de sus estudiantes


y llámelos por sus nombres cada vez que hable con ellos.
• Comience las próximas clases con una historia personal,
demostrando que usted es una persona verdadera con sentimientos
de victoria y de fracaso. Durante la próxima semana, pase más
tiempo contando de fracasos que de éxitos.
• En un momento apropiado, comparta sus razones persona-
les por las cuales quería ser profesor, y explique lo que le gustaría
ver suceder en las vidas de sus alumnos.
• Anime frecuentemente a los estudiantes con comentarios
en la clase y con notas escritas en sus tareas. Afírmelos individual-
mente y como grupo. Dígales que está contento de que están en su
clase.
• Preste atención y haga contacto visual con los que están
más lejos, porque probablemente ellos se sientan aislados y margi-
nados.
• Entregue un cuestionario anónimo con preguntas como,
«Me gustaría que mi profesor dejara de ___________», y «Me
siento más desanimado en este curso porque _________», y «Si
yo fuera profesor de esta clase desde mañana, lo primero que haría
es ___________». Haga los cambios correspondientes inmedia-
tamente y abiertamente.
2. «Dictar, dictar, dictar; eso es lo único que hace mi pro-
fesor ahora.»
Problema: Estilo —el único método que usa el profesor para
entregar su contenido es dictar una conferencia, y esto llega a ser
aburrido y cansado para el alumno.
Solución: Variar la forma de enseñar regularmente—aún la
mejor carne o el mejor postre se convierte en algo rutinario des-
pués de mucha repetición.

67
Las siete leyes del aprendizaje

• Mantenga un registro del porcentaje de tiempo que está


dictando. Cuanto más jóvenes son los alumnos, menos toleran el
método de dictar.
• Varíe su estilo de clase entre tres aspectos básicos —lo
que usted hace en la clase, lo que pide que los alumnos hagan, y lo
que usted hace junto con los alumnos.
• Reduzca el contenido en un veinticinco por ciento un par
de semanas, para tener más tiempo para usar métodos alternativos
de enseñanza.
• Comience la clase con un método creativo, y aún más impor-
tante, termine los últimos cinco minutos con algo creativo. La gente
recuerda la introducción y la conclusión más que cualquier cosa entre
medio. Busque ideas en un libro de métodos de enseñanza.
• Produzca expectación, avisando que habrá una película es-
pecial o una visita importante la próxima semana. Asegúrese de que
su clase sepa que está tratando de servirles mejor con estos métodos.
Ahora estudie estos siguientes problemas. ¿Qué soluciones
específicas podría ofrecer?
3. «Mi profesor tiene la cabeza en las nubes. Nadie entien-
de lo que está diciendo en la mitad de sus clases.»
Problema: Contenido —el profesor está presentando material muy
complejo o demasiado extenso para los alumnos en esta situación.
Solución: Deje de tratar de cubrir toda la materia, y comience
a enseñar a los alumnos. Simplifique el contenido y asegure que
están comprendiendo, antes de continuar. (Ver la ley de la reten-
ción.)
4. «Lo único que hacemos es llenar los espacios en las
notas durante toda la clase. No permite discusión, y tenemos
que escribir todas nuestras preguntas en una tarjeta, para que
él conteste en la siguiente clase. ¡Qué aburrido! ¡Podría haber
leído el texto simplemente! ¡Por lo menos tenía fotografías!»

68
La ley del agente

Problema: Estilo —el profesor piensa que el mejor método


para comunicar la materia es que los alumnos llenen los espacios.
Solución: Deje de frustrar a sus alumnos, usando un método
que ellos sienten que está debajo de su nivel y que es innecesario.
Busque nuevos métodos de instrucción.
5. «Las clases son estúpidas. Lo único que hacemos es
hablar de cosas simples que ya estudiamos hace dos años. No
aprendemos nada nuevo.»
Problema: El contenido —el profesor está repasando materia
que ya aprendió la mayoría de los alumnos, y tiene muy poca materia
nueva. El profesor ha perdido contacto con el nivel de los alumnos.
Solución: Reorganice las próximas tres lecciones para minimi-
zar el repaso y aumentar materia nueva. Destaque con entusiasmo
la nueva información que les va a enseñar, explicando cómo les va
a ayudar. Duplique la cantidad de información que presente.
6. «No puedo creer que el profesor espere que leamos es-
tos libros —estamos en el décimo año, y mi papá dice que él
leía estos libros en la universidad. Tengo que buscar cada pala-
bra por medio en el diccionario.»
Problema: Contenido —el profesor ha perdido el contacto con
la capacidad de los alumnos, y posiblemente esté tratando de exi-
girles demasiado.
Solución: Avise inmediatamente que habrá un cambio en las
tareas, y explique que hay tres niveles de lectura: libros básicos,
libros retadores, y libros avanzados. Trate de motivarlos a mirar las
tres categorías y a seleccionar algunos que están un poco arriba de
sus capacidades. En principio, nunca enseñe al nivel del diez por
ciento más capacitado, sino trate de alcanzar el nivel promedio, y
ofrezca desafíos especiales para los que pueden llegar más arriba.
7. «La clase es un circo —está totalmente fuera de control.
Los alumnos tiran cosas, hablan entre ellos, se burlan de la

69
Las siete leyes del aprendizaje

profesora, y la profesora siempre está gritando. Cuando no


soporta más, rompe en lágrimas.»
Problema: Los alumnos —la profesora ha abandonado su auto-
ridad y su liderazgo, para dejar que los alumnos dominen el ambiente.
Solución: Establezca reglas de conducta en clase, y negocie
con los alumnos una lista de las consecuencias si no se cumplen.
Escriba una copia de esta lista y colóquela en algún lugar donde
todos puedan verla. Ponga en práctica las consecuencias positivas
y negativas.
¿Parecen conocidas estas quejas? Cada uno de estos comen-
tarios es una señal verbal de fracaso en la enseñanza, de disfunción
del aprendizaje. Cada uno es innecesario, y está dentro de su con-
trol como maestro. Como ha descubierto en el proceso, la máquina
de diagnóstico de la enseñanza es fácil de usar, y la solución se
puede aplicar inmediatamente.

Los maximizadores de la ley del agente

El propósito de la sección «maximizadores»1 en cada una de


las siete leyes es capacitarlo aun más en el método recién explica-
do, presentando siete puntos adicionales acerca de cómo sacar pro-
vecho del método. Estos siete maximizadores lo capacitarán para
tener más habilidad al asumir su vocación de «hacer que los alum-
nos aprendan».

Maximizador 1. Ame a sus estudiantes


consistentemente e incondicionalmente.
Jesús nos dio el maximizador más importante cuando dijo:
«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma,

1 Nota del traductor: El autor ha inventado un término propio en inglés (maximizer).


Considero que la palabra maximizador, aunque no está en el diccionario, es la mejor
manera de expresar el mismo concepto en español.

70
La ley del agente

y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y


el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De
estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas» (Mateo
23.37-40).
De los cuarenta y nueve maximizadores presentados en este
libro, este primero es el ganador sin competencia. Amar a sus estu-
diantes profundamente y continuamente aumentará su impacto en
sus vidas más que los otros cuarenta y ocho juntos.
Incluso, según 1 Corintios 13, si usted y yo no amamos real-
mente a nuestros alumnos, todo lo demás que hacemos en la clase
no sirve de nada. Es muy especial estar en una clase donde el
énfasis principal de los esfuerzos y del afecto del profesor está
puesto en los alumnos. Parece que el amor por los alumnos ya no
está de moda. De alguna manera la admonición bíblica de amar ha
sido tan debilitada que pocos captamos la profundidad de nuestra
vocación. Estamos satisfechos con preparar las lecciones, enseñar
con entusiasmo, y quizás llamar a nuestros alumnos en una emer-
gencia o tener una actividad social una vez al año.
Hemos permitido también que nuestra definición del amor sea
vaciada de emociones. Las palabras intenso, ardiente, celoso, o
ferviente no se usan para describir las clases. ¿Debe usted tener
pasión? ¿No le parece increíble que podemos hacer cosas muy
positivas hacia otras personas, pero sin tener amor? Por ejemplo, 1
Corintios 13 menciona dos acciones más allá de la imaginación de
la mayoría de nosotros —dar todos nuestros bienes para alimentar
a los pobres, y sacrificarnos como mártires— y dice que es posible
hacerlas sin amor. Y sin amor, no significan nada.
El amor produce acciones, por supuesto, porque algunas de sus
acciones se mencionan en 1 Corintios 13.4-7: «El amor es sufrido,
es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no
se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita,
no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la

71
Las siete leyes del aprendizaje

verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.»


Pero, ¿el amor bíblico incluye pasión y fervor? 1 Pedro 4.8 da una
respuesta clara y específica: «Y ante todo, tened entre vosotros
ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.»
Tener «amor ferviente» significa tener sentimientos intensos y
sinceros. Por lo tanto, usted y yo debemos hacer un esfuerzo en
involucrarnos intensamente y emocionalmente con nuestros alum-
nos, debemos amarlos fervientemente.
Aunque sea sorprendente, creo que todos los maestros «aman»,
sin excepción. Cuando observa su conducta, puede determinar rá-
pidamente lo que aman. Nuestra conducta refleja nuestros valores
y nuestros afectos. Los amores principales de los profesores
consistentemente caen dentro de las siguientes categorías:
1. Amor por el contenido. Estos son los maestros que se emo-
cionan y se motivan tanto con la materia que pierden de vista a los
alumnos. La gran mayoría de su tiempo de preparación está dedica-
da al contenido. Están tan enamorados de lo que dicen que nunca
tienen tiempo o energía para fijarse en quién escucha lo que dicen.
2. Amor por la comunicación. Estos son los maestros que se
emocionan y se motivan tanto con la idea de hablar en público, ¡que
pierden de vista al público! Se les sube la adrenalina mientras cami-
nan por la plataforma. Les entusiasma la respuesta del público. Las
pausas llenas de significado, el subir y bajar de volumen, el humor en
el momento perfecto, la frase bien usada, la conclusión llamativa, los
gestos artísticos; todo combina para crear el evento. El aplauso. El
honor. Es amor por el evento en vez de amor por los alumnos.
3. Amor por el estilo de vida del maestro. Estos son maes-
tros que enseñan para que puedan ser libres para hacer lo que
realmente quieren durante las vacaciones, y especialmente durante
el verano. Estos individuos no ven la enseñanza como una voca-
ción, sino como una fuente de ingreso. Los alumnos son algo que el
profesor tiene que soportar.

72
La ley del agente

¿Cuánta pasión y fervor tenía Jesús por la comunicación con


sus alumnos, con el mundo? Jesús dejó su gloria celestial para sa-
crificarse por el bien de su «clase». Enseñó la verdad con todo su
corazón, con toda su alma, y con toda su mente —y finalmente con
toda su vida. ¡Cristo murió para enseñarnos la verdad! Ese es
el amor apasionado que tenía Cristo por sus alumnos.
A fin de cuentas, el mejor comentario que usted y yo podemos
recibir como maestro será, «¡Veis como ama a sus alumnos!»

Maximizador 2: Ponga en práctica sus talentos y


dones, siendo usted mismo.
¿Ha escuchado alguna vez a un conferencista, y deseado po-
der hablar como él? La mayoría de nosotros nos encontramos de-
seando poder enseñar o predicar como otra persona, como si el
poder del púlpito viniera a través de la imitación.
Un gran predicador habló una vez en el culto cuando yo estaba
en mi primer año del seminario, y entregó uno de los sermones más
inspiradores que he escuchado en mi vida. Estaba tan impresiona-
do que transcribí la cinta completa. No podía esperar para predicar
esta obra de arte. Finalmente una pequeña iglesia pidió que un alumno
fuera a predicar, y tuve mi gran oportunidad.
Empecé a predicar este sermón con toda mi alma. Cuando
llegué a la segunda página, sin embargo, miré a la congregación y
quedé espantado; el aburrimiento había ganado a todos. Pensé que
me hacía falta usar los gestos del gran predicador, que también
había memorizado —así que los intenté. Dos señoras en la primera
banca se miraban y se encogían de hombros. Yo movía los brazos
más dramáticamente todavía.
Di vuelta a la página y empecé a citar el hebreo y el griego.
«¡Espera que escuchen esto!», pensé dentro de mí. Pero algunos
ya estaban cabeceando. Desesperado, miré a mi ayuda idónea para
recibir una sonrisa de afirmación. Cuando la encontré en la tercera

73
Las siete leyes del aprendizaje

banca, vi que tenía una cara de confundida. Entonces ella comenzó


a mover la cabeza de un lado a otro con incredulidad. Perdí mi
lugar en el manuscrito, y mi estómago me dio aviso que no estaba
muy contento con la tensión. Faltaban catorce páginas.
Cuando salimos del estacionamiento, había caído en un hoyo
oscuro de desesperación. Avisé a mi esposa que era el colmo, que
iba a renunciar a mis estudios en el seminario al siguiente día. Dije
que Dios había cometido un error trágico al llamarme a predicar.
Darlene estaba callada al principio. Finalmente, ella predicó su
sermón del día, pero en vez de catorce páginas, era de un solo
párrafo.
—Cariño, el Señor te ha llamado a predicar, pero no te ha lla-
mado a predicar los sermones de otra persona. ¿Y qué hacías con
los brazos? ¡Ese no era tu estilo! Dios no te puede bendecir si
tratas de ser otra persona, y no la persona que él quiso.
¡Ese fue un momento decisivo en mi ministerio! Si no hubiese
sido por el consejo de mi esposa, posiblemente no hubiera termina-
do el seminario y entrado al ministerio. Me comprometí a nunca
más predicar el sermón de otro hombre, o copiar el estilo de otra
persona.
Temo que a veces deseemos cosas de la carne para lograr algo
espiritual. Sin darnos cuenta, empezamos a buscar algo bueno en el
lugar equivocado. Sacamos la conclusión que, si tuviéramos los
dones de la otra persona, nuestra enseñanza sería mucho más po-
derosa. Eso es territorio peligroso, y no es bíblico.
Aparentemente es una tendencia humana universal envidiar
los dones de otros, y subestimar los dones propios. Las Escrituras
nos enseñan que la envidia es obra de la carne, y no del Espíritu.
Cuando deseamos algo que Dios ha dado a otra persona, y no a
nosotros, secretamente estamos rebelándonos en contra de la vo-
luntad de Dios para nosotros. Dios nos ha creado, y ha dirigido la

74
La ley del agente

formación de nuestras características físicas, mentales, y emocio-


nales (Salmo 139.15-16).
Cuando deseamos los dones de otra persona, estamos conside-
rando solamente el lado humano del ministerio. Deseamos los ta-
lentos de otros solamente cuando olvidamos la promesa increíble
de Dios: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la
debilidad» (2 Corintios 12.9). Si deseamos lo mejor de Dios en nues-
tras vidas, entonces debemos aceptar que incluye tanto debilidades
como fortalezas.

Maximizador 3: Regularmente cambie su estilo de


acuerdo con cada situación.
Después de hablar una noche en una conferencia bíblica en las
montañas de Carolina del Norte, me encontré involucrado en dos
situaciones de consejería que necesitaban dos estilos totalmente
distintos.
Desanimado, mirando hacia abajo, había un joven sentado en el
rincón, esperando que todos los demás se fueran. Obviamente es-
taba muy afligido. Su tono de voz indicaba que estaba quebrantado
y lleno de remordimiento. Inmediatamente tuve que cambiar mi voz
y mi lenguaje corporal, para no ser conferencista sino consejero
personal. Saqué una silla, me senté, me incliné hacia adelante, bajé
la voz, y escuché atentamente.
Era un pastor joven que tenía un conflicto serio con el pastor
principal de su iglesia. Era tan serio que consideraba dejar el ministe-
rio. Después de hacerle algunas preguntas estratégicas, le pregunté
cuán seriamente quería resolver el problema. ¿Haría cualquier cosa
necesaria para tener la victoria? Su respuesta estaba en armonía con
su lenguaje corporal —sí, estaba dispuesto, dijo con lágrimas. Con
compasión, le expliqué la respuesta bíblica para su problema y le
animé a obedecer al Señor completamente, sin reservas. Nos dimos
la mano y se comprometió a llamar a su pastor para arreglar la situa-

75
Las siete leyes del aprendizaje

ción y para comprometerse a seguir su liderazgo sin espíritu de rebel-


día. ¿Mi estilo? Tranquilo, personal, relajado, íntimo, calmado.
Al terminar la conversación, me di cuenta de que mi esposa,
Darlene, estaba con una pareja en el fondo del auditorio. La señora
tenía las manos en sus caderas, y él tenía los brazos cruzados. No
podía entender las palabras, pero su tono era agresivo y airado.
Mi esposa estaba aliviada cuando finalmente fui a unirme con
ellos en la situación infeliz. En unos pocos segundos, el hombre que
medía un metro noventa y cinco, y pesaba ciento diez kilos estaba
gritando a su esposa, lanzando comentarios furiosos sin fin y sin
misericordia. Empecé a hablarle en el mismo tono en que había
hablado con el joven —el mismo estilo— y me atropelló como una
máquina aplanadora. Levanté la voz para llamar su atención, pero
ya me ganaba en varios decibeles. Subí la voz más todavía, y em-
pezó a gritar por encima de mi voz.
Me di cuenta de que mi estilo no estaba dando resultados. Ha-
bía sido eficaz con el joven ministro, pero con este matrimonio tenía
que ser más firme. Mucho más.
Le hice señas a Darlene para que supiera que iba a hacer una
actuación y darle duro a este hombre. Obviamente este hombre no
había escuchado a nadie en mucho tiempo. Con una oración deses-
perada, intensifiqué mi estilo. Aun así, me sentía débil bajo su ata-
que. Finalmente, con una explosión de emoción que no había senti-
do desde mi pelea con Johnny Red en el octavo año, empecé a
gritarle con mi dedo en su pecho. Cada vez que me interrumpía, le
cortaba en medio de su oración. Finalmente comenzó a escuchar.
Su lenguaje corporal comunicaba que estaba recibiendo en vez de
atacar. Estaba abierto a recibir consejo y ser reprendido.
Después de una hora, se fueron tomados de la mano. Darlene y
yo fuimos caminando a nuestra cabaña. Me fijé que ella no estaba
hablando, y que parecía turbada. Le pregunté qué pasaba, y me dijo:

76
La ley del agente

—¡Nunca te había visto así en toda mi vida, y espero que no


actúes así conmigo!
Estaba sorprendida.
—¿No viste mis señas?
Dijo que sí, pero que no había entendido. Pensaba que había
perdido el control. Le aseguré que estaba totalmente en control, y
que había elegido un estilo muy riesgoso para llegar a este marido
endurecido. Había actuado duramente a propósito, porque otros
estilos no hacían ningún impacto.
¿Cree que estaba cómodo en esa situación? ¡De ninguna ma-
nera! Estaba sudando y temblando. ¿Por qué lo hice así? Porque el
«alumno» tenía un caso severo de «combatitis», y pensé que si no
era capaz de llegar a él, posiblemente él o su esposa terminaría con
el matrimonio esa misma noche.
¿Qué hace usted cuando el lenguaje corporal de sus alumnos y
sus respuestas silenciosas demuestran que están aburridos e indi-
ferentes? ¿Sube el nivel de intensidad y creatividad, o simplemente
les dice que por favor presten atención, y sigue con la misma rutina
de siempre?
¿Sabe usted cuál es la queja número uno entre todos los estu-
diantes? Ochenta por ciento de los alumnos que hablan conmigo
abiertamente confiesan que están aburridos la mayor parte del tiem-
po en la mayoría de sus clases.
Espero que ahora se dé cuenta de que el aburrimiento no
tiene nada que ver con los alumnos. Además, aunque usted lo
discuta conmigo, tampoco el contenido es el componente más
culpable por el aburrimiento. Una vez escuché a un conferencista
hablar diez minutos acerca de «la importancia de la bolsita de
papel». Cuando terminó, el público entero se puso de pie, gritando
locamente. ¡Fue magnífico!
Lo trágico acerca del aburrimiento es que he escuchado a
muchos profesores aburrir a sus alumnos hasta las lágrimas, mien-

77
Las siete leyes del aprendizaje

tras hablan del tema más importante del mundo —la Biblia. El abu-
rrimiento no viene tanto del contenido como del estilo que se usa
para presentarlo.
¿No ha seleccionado un curso electivo alguna vez porque pa-
recía interesante el tema, solamente para arrepentirse después de
dos clases, porque el profesor hacía dormir a todos? Parece que
algunos son somníferos verbales. En contraste, posiblemente haya
tenido reservas acerca de un curso obligatorio, porque pensaba que
sería insoportablemente aburrido. Aburrido con mayúscula. Hasta
que el profesor le cautivó con su amor por el tema. Pronto estaba
enamorado del tema. El profesor llegó a ser su más querido, y la
clase era su favorita.
Yo vi una ilustración asombrosa de esto hace algunos años en
el monte Carmelo en Israel, donde Elías tuvo su lucha con los pro-
fetas de Baal. Había una escultura allí de Elías, y todos en el grupo
de Caminata Bíblica queríamos saber qué decía la larga inscrip-
ción. Pero no pude leerlo, porque no era español, griego, o hebreo.
De pronto el miembro más joven del grupo, una señorita que tenía
dieciséis años, empezó a traducir la inscripción perfectamente, ¡y
con tanta emoción! Estaba tan impresionado que pedí que me deja-
ra sentarme a su lado en el autobús para escuchar su historia.
Me dijo que su profesora del décimo año había hecho tan inte-
resante el latín, que llegó a ser la clase favorita de ella y de muchos
de sus compañeros. ¡El profesor hizo que el latín tuviera vida! He
tenido a profesores como ella en mis estudios. Por alguna razón, no
entendían la palabra aburrido.
Sus alumnos tampoco.

Maximizador 4: Exponga el tema de acuerdo con las


necesidades y los intereses de los alumnos.
Si ha escuchado predicar a Charles Swindoll, probablemente
ha pensado: «¡Así me siento yo!», o «¡Eso es exactamente lo que

78
La ley del agente

necesito!» Parece que tiene una capacidad extraordinaria para


predicar exactamente lo que usted necesita en ese momento.
¿Cómo lo hace? Es un experto en expresar su contenido, to-
mando en cuenta las necesidades y los intereses de su público. Con
una mano, está tomando el pulso de la gente, y con la otra, está
sosteniendo la Biblia. Se disciplina para nunca cambiar la verdad,
pero siempre viste la verdad con la cultura contemporánea. Llega a
su corazón porque siempre apunta a su corazón.
Desdichadamente, muchas personas sostienen la Biblia con las
dos manos, y no registran el pulso. Nuestras lecciones son bíblicas,
por supuesto, pero son tan irrelevantes como un abrigo impermea-
ble en el desierto de Kuwait. Los alumnos se van de nuestras cla-
ses con sus hojas llenas de apuntes, pero con sus corazones vacíos.
Han venido a cenar en un banquete, pero se han ido con hambre,
habiendo conversado sobre la comida sabrosa, pero sin haber con-
sumido nada.
Usted siempre debe apuntar a los alumnos con el contenido.
Trate de llegar a sus corazones cada vez que enseña. Ya que esta
es una ley tan importante de la enseñanza, dedicaremos dos capítu-
los enteros (la ley de la necesidad) para ayudarle a ser sensible a
las personas cuando enseña.

Maximizador 5: Note constantemente las actitudes, la


participación, y las acciones de sus alumnos.
Los maestros eficaces constantemente están observando el
«lenguaje del alumno», o el lenguaje corporal. Los maestros exper-
tos son tan buenos para esto que casi desarrollan una conversación
continua con los estudiantes, sin que ellos digan ni una palabra.
Cuando el profesor entiende lo físico, responde verbalmente. Algu-
nos alumnos dicen de estos profesores que «están en contacto».
Cuando tenemos una conversación personal con otra persona
que es buena para leer nuestras comunicaciones no-verbales, fre-

79
Las siete leyes del aprendizaje

cuentemente decimos que ella tiene «discernimiento» o que es «pers-


picaz». Estos términos son precisos, porque tales personas tienen
la capacidad de leer detrás de lo que estamos diciendo para enten-
der lo que realmente queremos comunicar.
La mayoría de nosotros no nos hemos esforzado para desarro-
llar estas habilidades de discernimiento. Nuestra cultura sobreestima
en gran manera el poder de lo verbal, y subestima en gran manera
el poder de lo no verbal. Cuando los sicólogos han intentando deter-
minar el poder relativo de cada uno, lo no verbal siempre gana por
sobre lo verbal en la comunicación.
Cuanto más aprende usted a discernir lo que quieren comuni-
car sus alumnos por medio de sus pistas no verbales, mejor sabrá lo
que debe ajustar para hacer que sus alumnos aprendan. Los profe-
sores que no tienen habilidades en esta área no saben cómo van a
resultar los exámenes. Pero los profesores que tienen estas capa-
cidades desarrolladas pueden predecir casi en forma precisa los
resultados de los exámenes, porque los alumnos han estado comu-
nicándose con ellos constantemente.

Maximizador 6: Dependa del Espíritu Santo para una


enseñanza sobrenatural.
Este maximizador va más allá de lo natural e introduce lo so-
brenatural. Aunque este tema vital será explicado más en la ley de
la ejecución, algunos comentarios generales son necesarios aquí.
El Espíritu se describió antes como uno de los cinco causantes
principales del aprendizaje. Excepto por esas ocasiones raras en
que el Espíritu Santo toma completo control de la situación y logra
su propósito divino a pesar de nosotros, casi siempre elige operar
en cooperación con el maestro, el tema, y los alumnos. El aprendi-
zaje más poderoso sucede cuando el maestro humano consciente-
mente coopera con el Maestro Divino, quien es libre para mover

80
La ley del agente

los corazones de los alumnos. La ley de la ejecución describe


esta relación con mayor profundidad.
Hay tres niveles distintos de la enseñanza, y todos hacemos
clases en uno de estos niveles:
1. Nivel egoísta. El profesor hace lo que le viene naturalmen-
te, y sutilmente usa a los alumnos para satisfacer sus propias nece-
sidades. No acepta la responsabilidad de hacer que los alumnos
aprendan, sino solamente trata de cubrir la materia.
2. Nivel de siervo. El profesor sirve a los alumnos con todo su
corazón, mente, y alma. Se concentra en suplir las necesidades de
los alumnos, y usa su creatividad y energía para hacer que los alumnos
aprendan.
3. Nivel espiritual. El profesor sirve a los alumnos, pero tam-
bién coopera con el Espíritu Santo en la preparación de las leccio-
nes, la enseñanza de las lecciones, y su relación con los alumnos.
Cuando esto ocurre regularmente, los alumnos reciben enseñanza,
no solamente del maestro externo, sino también del Maestro inter-
no. Cuando el Espíritu unge al maestro y convence a los alumnos,
el aprendizaje sube al nivel espiritual.
¡Qué el Señor nos anime a servir a los alumnos, y también al
Espíritu!

Maximizador 7: Aprenda a usar sus fortalezas para


compensar sus debilidades.
Uno de los secretos de todos los atletas campeones es que
saben utilizar su lado fuerte. Si lo fuerte de un jugador de tenis es
jugar cerca de la red, entonces debe siempre acercarse a la red.
Los campeones saben concentrarse. Siempre limitan las áreas en
que quieren destacarse. Continuamente están diciendo que «no» a
muchas cosas buenas, para decir que «sí» a pocas cosas mejores.
En contraste, la gente que nunca alcanza su potencial tiene una
perspectiva diferente. En vez de concentrarse en sus fortalezas, se

81
Las siete leyes del aprendizaje

concentran solamente en mejorar sus debilidades. Muchas perso-


nas que yo conozco pasan sus vidas enteras tratando de ser bue-
nos en todas las áreas posibles, en vez de ser excelentes en sus
áreas de mayor capacidad.
Uno de mis pasatiempos es la lectura de biografías de líderes.
Algo que tienen en común todos los grandes hombres y las grandes
mujeres es esta filosofía de concentrar sus energías en unas pocas
áreas bien elegidas.
Si desea optimizar su vida para Cristo, debe limitar sus opcio-
nes. El apóstol Pablo practicó este método de concentrarse en las
prioridades. Dijo, «una cosa hago» (Filipenses 3.13). Poco antes de
morir, Pablo nos recordó que la persona que es un buen soldado
para Jesucristo no se enreda en «los negocios de la vida, a fin de
agradar a aquel que lo tomó por soldado» (2 Timoteo 2.4).
Por lo tanto, si desea ser excelente para Cristo en la sala de
clases, no trate de hacer todo igualmente bien. Haga menos cosas,
pero hágalas muy bien. Concéntrese. No piense que para optimizar
su ministerio tiene que hacer todo perfecto. ¡No es así! Cuando
comience a elegir consistentemente servir a Dios en las áreas en
que le ha dado más dones, experimentará un manantial creciente
de bendiciones.
Mientras se concentra en su lado fuerte, recuerde dos cosas
adicionales acerca de sus debilidades:
• Mejore su lado débil a tal punto que no moleste en la clase,
y que esté dentro de un rango «aceptable». Aunque sea excelente
jugando cerca de la red, para jugar tenis, también debe saber jugar
atrás, usando el golpe derecho y el revés. Debe subir sus califica-
ciones en sus áreas débiles por lo menos para aprobar.
• Utilice su lado fuerte para compensar su debilidad. Juegue
cerca de la red todo lo que pueda, siendo prudente.
Ya sea que usted sea una persona orientada al contenido, a los
alumnos, o al estilo, use su fuerza innata para fortalecer su debili-

82
La ley del agente

dad innata. Nunca olvidaré cómo un profesor que estaba orientado


al contenido usó su mente para compensar su debilidad notable en
relacionarse con los alumnos. Era un nuevo miembro de la facul-
tad, y todos los alumnos estábamos curiosos por saber cómo era,
cuando entramos a la sala para nuestra primera clase con él. Des-
pués de terminar un tercio de la clase, un alumno levantó la mano
para hacer una pregunta.
El profesor contestó: «Esa es una excelente pregunta, Jaime».
Usted debería haber visto la cara de Jaime —nunca había conoci-
do al profesor. Entonces el profesor dijo: «Jorge, ¿qué piensa us-
ted?» Después: «Margarita, es un buen punto». Estábamos asom-
brados que un profesor se preocupara tanto por nosotros que había
memorizado nuestros nombres el primer día de clases. Había sa-
biamente usado sus capacidades intelectuales para compensar su
debilidad en sus relaciones con los alumnos.

Conclusión

Durante mi primer año como profesor universitario, empecé a


desarrollar y profundizar esta filosofía de la enseñanza y el apren-
dizaje. Unas semanas después del comienzo del semestre, me di
cuenta de que tres de los alumnos del primer año estaban repro-
bando mi curso —¡y no por poco! Sus calificaciones empezaron a
molestarme más y más. Al comienzo del semestre, no me sentí
culpable por darles calificaciones tan bajas. Después de todo, si
estaban reprobando, era culpa de ellos, ¿verdad? Pero algo me
siguió inquietando. Sentía que tenía que hacer algo antes de que
fuera demasiado tarde.
Invité a cada uno a almorzar conmigo en un restaurante cerca-
no. Decidí no decirle a ninguno de los tres que también estaba
invitando a los otros, así que estaban sorprendidos cuando se en-
contraron allí. Les compré hamburguesas y malteadas, pero como

83
Las siete leyes del aprendizaje

usted puede imaginar, era incómodo almorzar con tres alumnos que
estaban reprobando.
Finalmente les dije:
—¿Saben qué? Hay cuatro de nosotros aquí, y todos tenemos
algo en común. Estamos reprobando mi clase. Ustedes están re-
probando, y por lo tanto, yo también estoy reprobando. No me gus-
ta reprobar, y me imagino que a ustedes tampoco. ¿Será tan mala
mi clase?
—No, está bien la clase —dijo uno.
Capté que había algo más, así que pregunté:
—¿Cómo te va en las otras clases?
Todos miraron hacia abajo y siguieron comiendo sus hambur-
guesas.
Miré a uno y le pregunté si había algo que le molestaba.
—Bueno —dijo—, soy un cristiano nuevo, y soy el único en mi
familia que conoce a Cristo. Traté de compartir el evangelio con
ellos antes de venir a la universidad, y se rieron de mí. Me dijeron
que estaba loco por venir a una universidad cristiana. Pienso que si
repruebo, nunca me van a escuchar acerca de Cristo, y me tiene
desanimado.
Miré a otro que estaba asintiendo con la cabeza como si lo
comprendiera, y le pedí que me contara de su situación.
—Bueno —vaciló—, durante la enseñanza secundaria, me
emborrachaba mucho en fiestas con gente mala. Finalmente dedi-
qué mi vida a Cristo el último semestre, pero mis calificaciones
eran terribles. Supongo que nunca aprendí a estudiar. Me dejaron
estudiar aquí a prueba, y me dijeron que tenía un semestre para
mostrar que puedo hacerlo. Estoy aprendiendo mucho, y estoy
mejorando, pero creo que no lo voy a lograr a tiempo.
Tenía lágrimas en sus ojos.
—Yo sé que Dios quiere que le sirva como misionero, así que
tengo tanto miedo de fracasar que no puedo estudiar en la noche.

84
La ley del agente

Ya no podía comer mi hamburguesa. Miré al tercero y me di cuenta


de que tenía una cara de vergüenza. Miró al lado y simplemente dijo:
—Estoy enamorado... y mi novia está en Iowa. Esta es la pri-
mera vez que estoy lejos de mi casa. Me siento muy solo.
Hablamos de sus vidas, y finalmente les dije:
—Saben, caballeros, nuestra próxima clase es sobre el libro de
Josué, y creo que Josué tiene las respuestas para todos sus proble-
mas. Me gustaría invitarlos a nuestra casa para comer pizza el
viernes en la noche; la mejor pizza de pepperoni del mundo hecha
en casa. Juntos vamos a buscar las respuestas para los desafíos de
cada uno. Entonces les voy a pedir que compartan sus respuestas
con el resto de los alumnos el próximo jueves.
El viernes llegaron todos. Tuvimos un tiempo increíble. Gracias
a Dios pudimos encontrar respuestas para sus problemas, pero ten-
go que confesar que cuando empezamos, ¡no estaba seguro de que
Josué realmente tenía todas las respuestas!
El martes siguiente, el primer joven llegó al púlpito y contó a los
alumnos sus problemas y temores, y la respuesta de Josué. Enton-
ces el próximo describió su amor por su novia y su sentido de sole-
dad. Contó acerca de la soledad de Josué sin Moisés, y como se
puede enfrentar la soledad con el poder del Señor. Me fijé que
algunas de las niñas estaban secándose las lágrimas.
Finalmente el tercer joven se acercó al púlpito. Yo estaba más
preocupado por él, porque tenía mucho miedo de hablar en público.
Empezó a murmurar, mirando al suelo, pero pronto sintió tanta acep-
tación de los demás que levantó la cabeza y nos miró a los ojos.
Nos contó cómo Josué aprendió a tener valentía y a enfrentar los
gigantes de su vida.
Me emocioné. Cuando iba hacia su asiento atrás, los alumnos
empezaron a aplaudir. Terminamos la clase ese día, gritando y aplau-
diendo, y animando a nuestros tres amigos. Los estudiantes eran
muy distintos desde ese día, nos habíamos unido como una familia.

85
Las siete leyes del aprendizaje

¿Qué piensa que pasó con las calificaciones de esos tres alum-
nos? No solamente en mi clase, sino en todas sus clases. ¡Correc-
to! ¡Cambiaron totalmente! Ahora tenían fuego en los ojos, espe-
ranza en sus corazones, y valentía para enfrentar sus propios gi-
gantes y «Jericós» con el poder del Señor.
Tales cambios nos animan mucho como profesores. Hacen que
todo valga la pena. ¿Qué necesitaban para dar vuelta sus preciosas
vidas? Tres hamburguesas y dos pizzas de pepperoni.
Al comenzar esta maravillosa aventura de aprender a enseñar
como Dios quiere, ¿se unirá conmigo en comprometerse a «hacer
que aprendan» sus alumnos? ¿Está dispuesto a comprometerse
delante de él, sin importar el costo, a servir al Señor en el poder del
Espíritu? Nunca más estará satisfecho de «cubrir la materia» sim-
plemente. Nunca más mirará al otro lado cuando un alumno esté
mirando por la ventana. Enseñará a sus alumnos con todo su cora-
zón, toda su alma, y toda su mente —¡todo para la gloria de Dios!
Aunque tenga que hacer cuatro pizzas de pepperoni.

Preguntas para reflexión

1. Tome unos momentos para examinarse como maestro. En una


escala de 1 a 10, califíquese como estudioso (orientado al con-
tenido), como amigo (orientado a los alumnos) y como
comunicador (orientado al estilo). Si quiere llegar a ser un maes-
tro realmente excelente, tendrá que concentrarse en su lado
fuerte. Nombre por lo menos tres maneras en que usted puede
hacer eso en los próximos doce meses.
2. ¿Qué piensa usted? ¿Cuál es su problema más serio en las
clases? ¿El manejo de la materia, la relación con los alumnos, o
el estilo? Piense en su mayor debilidad que posiblemente haya
llegado a ser una molestia o un detrimento para el aprendizaje.
¿Cómo podría usar sus fortalezas para superar esa debilidad?

86
La ley del agente

Anote dos o tres cosas que podría hacer inmediatamente. Aho-


ra, practique su propio consejo.
3. La queja más común de todos los estudiantes es que las clases
son aburridas. Más de 80% de los alumnos que hemos
encuestado en el país dicen que este es el mayor problema.
Nombre tres cosas que podrían ser la causa del aburrimiento, y
anote tres soluciones para cada una.
4. Lleve una hoja en blanco a las próximas clases o cultos que
usted asista, y clasifique al orador en una escala de 1 a 10
como estudioso, amigo, y comunicador. Anote puntos específi-
cos que puedan ayudar a cada uno a ser doblemente eficaz.

87
SEGUNDA LEY

LA LEY DEL

Potencial
3
LA LEY DEL POTENCIAL;
MENTALIDAD, MODELO Y
MÁXIMAS

Me sentía como una piedra en un torrente de estudiantes de la


universidad cristiana. Estaban matriculándose para el primer se-
mestre. Era un caos. Lo había visto muchas veces, pero esta vez,
en vez de correr de una mesa a otra en el gimnasio, matriculándo-
me para clases, yo estaba observando a los alumnos que se inscri-
bían en mis clases. Era mi primer año después de mis estudios de
postgrado, y en unas pocas horas iba tener mi debut como profesor,
ahora detrás del atril.
Mirando las mesas, me di cuenta de que me habían designado
secciones uno, dos, y tres del curso «Métodos de estudio bíblico».
Las otras cinco secciones tenían otros profesores. Después de ca-
minar unos veinte minutos, salí del gimnasio y fui hacia mi oficina.
Un miembro de la facultad con mucha experiencia me alcanzó y
me dijo:
—¡No lo puedo creer!
—¿Qué no puedes creer?
—Te dieron la sección dos, ¿verdad?
—Bueno, sí, parece que sí.
Sacudió la cabeza con incredulidad.

91
Las siete leyes del aprendizaje

—No lo puedo creer. Eres el nuevo miembro de la facultad, tu


primer año, y te dan la sección dos.
Me tenía confundido.
—¿Por qué? ¿Qué hay de especial con la sección dos?
—¿No te dijeron en la reunión de orientación?
La verdad era que no habían tenido una reunión de orientación
para nuevos profesores, porque yo era el único nuevo. Le pedí que
me explicara.
—La sección dos tiene todos los alumnos nuevos más destaca-
dos. Están en clases de honores. Los mejores de los mejores. Los
alumnos más brillantes de toda la universidad.
Nos detuvimos fuera de las oficinas, y me miró fijo.
—Bruce, no vas a creer la diferencia entre la sección dos y los
otros grupos.
—¿Qué quieres decir? —le pregunté, sin saber si debería sen-
tirme exaltado o intimidado. En mis estudios, nunca había estado en
una sección dos.
—¡Motivación! Son como caballos tirando contra las riendas.
Esos jóvenes te exigirán al máximo. Te va a encantar cada minuto.
¡Ay! ¡Tu primer año! ¡Qué suerte!
Se fue caminando por la vereda, sacudiendo la cabeza con
incredulidad. Yo estaba intrigado, por decir lo menos.
Al día siguiente, llegó la sección uno para su primera clase. Fue
un buen tiempo. Nada especial, solamente una buena sesión de
intercambio. Era un grupo sólido de jóvenes.
Después del descanso, llegó el grupo de la sección dos. No lo
pude creer. Tenía razón. Podía sentir la electricidad en el aire. Des-
de el sonido de la campana hasta el final, el tiempo se fue volando,
mientras el profesor y los alumnos aprendían casi a la velocidad de
la luz. Era como subir una tabla hawaiana y viajar encima de una
ola durante la hora completa.

92
La ley del potencial

A veces el interés de los alumnos y su deseo de aprender me


llegaban con una intensidad que casi no podía seguir. Todo era dife-
rente —sus preguntas, el contacto visual, las expresiones de sus
rostros, aun la manera de sentarse. Era increíble. Mi colega tenía
razón. Estos alumnos nos sacan lo mejor.
Llegó el grupo de la sección tres, y me di cuenta de que eran
como la sección uno. Buenos, pero no como la sección dos.
Al progresar durante el semestre, estaba cada vez más agra-
decido al Señor por el privilegio de enseñar. Nunca me había senti-
do tan desafiado y realizado. Y aunque disfrutaba todas las clases,
era la sección dos la que siempre me llenaba de alegría.
Cuando nos acercábamos a los exámenes del fin del semestre,
un día estaba caminando a una reunión de facultad con el decano
académico, Dr. Joseph Wong.
—Bueno, Bruce —dijo—, estás a mitad de tu primer año. Ter-
minó la luna de miel. ¿Qué te parece la enseñanza?
—¡Es absolutamente extraordinaria! ¡Es mejor de lo que ja-
más imaginé!
Sonrió.
—¡Qué bueno escucharlo! ¿Qué te gusta más de la enseñanza?
Sin pensar, contesté:
—¡La sección dos!
Frunció las cejas y se detuvo, aparentemente para escuchar
con más cuidado.
—¿La sección dos? Cuéntame.
Era mi primera oportunidad para expresar mi deleite y mi grati-
tud por la oportunidad de enseñar a treinta de los alumnos más bri-
llantes que había conocido. Hablé maravillas de ellos durante un par
de minutos, explicando la diferencia entre ellos y los otros alumnos.
El decano estaba reflexionando, mientras seguía hablando de
este grupo superdotado de jóvenes y señoritas. Cuando terminé, dijo:

93
Las siete leyes del aprendizaje

—Me alegro que hayas tenido tanto éxito, Bruce, pero debo
decirte algo que te puede sorprender: No hay clase de honores este
año. La cancelamos.
Se me secó la boca.
—Joe —dije—, ¡debes estar bromeando!
—No, no estoy bromeando. El año pasado decidimos que sería
mejor distribuir a los mejores alumnos entre todos los grupos. Pen-
samos que agregaría un poco de chispa a todas las secciones.
Mareado con incredulidad, dije:
—Joe, te alcanzo en unos minutos. Necesito ir a mi oficina un
momento.
Fui corriendo a mi oficina para llamar a la secretaria de regis-
tros, todavía seguro de que mi colega estaba tratando de hacer una
broma ya que era un nuevo profesor.
—Joyce —dije—, tengo la sección dos para Métodos de estu-
dio bíblico, ¿verdad?
—Correcto, Bruce.
Tragué fuerte.
—Dime Joyce, la sección dos tiene a todos los alumnos desta-
cados, ¿verdad?
—Bueno, no, Bruce. Cancelamos ese programa el año pasado.
Agonizando por dentro, colgué el teléfono. No podía asimilar lo
que sucedía. Con mucho temor, abrí el libro de calificaciones. Com-
paré las notas de la sección uno y tres con las notas de la sección
dos. La diferencia era asombrosa.
Saqué una pila de trabajos escritos de mis estantes. Poniendo
los trabajos de uno y tres en una pila, comparé esa pila con la pila
de la sección dos. ¡La sección dos tenía más páginas que las otras
dos secciones juntas!
Revisé los trabajos, uno por uno, página por página, y la dife-
rencia era asombrosa. Los alumnos de la sección dos superaron a
los otros alumnos una y otra vez.

94
La ley del potencial

Ese día resultó ser una de las experiencias de aprendizaje más


importante de mi vida. Nunca lo he olvidado. Por primera vez, me
di cuenta de que mi expectativa de los alumnos hacía una diferen-
cia increíble en su rendimiento.
No había ninguna diferencia entre las secciones uno, dos, y
tres. Era el mismo contenido, el mismo día de la semana, el mismo
nivel de capacidad entre los alumnos del primer año. Ninguna dife-
rencia. Incluso, nunca dije: «Ustedes están en la sección dos y su
rendimiento debería reflejarlo».
¿Cómo podía explicar la diferencia tan dramática en lo que
aprendieron? La única diferencia era la expectativa del profesor.
Ya que mis expectativas eran mucho más altas para el segundo
grupo, su conducta y su aprendizaje lo reflejaron. Nunca olvidaré
cuando reflexioné ese día sentado en mi sillón: «Me pregunto, ¿qué
habría pasado si el otro profesor me hubiera dicho que los alumnos
destacados eran del grupo tres?»
Esa experiencia encerró en mi memoria para siempre la reali-
dad de la ley del potencial. Mis expectativas, sin duda, tuvieron
un tremendo impacto en la vida de los alumnos —tanto para bien
como para mal.
Ya que este libro fue escrito para ayudarle a optimizar su capa-
cidad de causar que los alumnos aprendan, entonces obviamente si
puede dominar la ley del potencial, ¡puede asegurar que sus alum-
nos florezcan tal como el grupo de la sección dos!
Antes de terminar de estudiar esta ley, usted sabrá cómo hacer
florecer a sus alumnos, a sus hijos, y a sus amigos. La verdad
practicada correctamente de un corazón lleno de amor tendrá un
precioso impacto sobre cada uno. Recuerde que el Señor ve a cada
estudiante y a cada niño como una persona de la «sección dos», y
él quiere hacerlos florecer por medio de usted, el maestro.

95
Las siete leyes del aprendizaje

La mentalidad de la ley del potencial

¿Cuál es nuestra mentalidad normal acerca de nuestros alum-


nos? ¿Esperamos grandes cosas normalmente de nuestros hijos y
nuestros alumnos? Desdichadamente, creo que la mayoría no lo hace.
En realidad, la mayoría de nosotros pensamos que nuestros
pensamientos acerca de nuestros alumnos son privados, y que no
cambian nada. Ya sea que pensemos que nuestros alumnos son
interesantes o aburridos, estamos convencidos de que aquello no
influirá en el proceso de aprendizaje. Mientras mantengamos nues-
tros pensamientos en privado y no mostremos nuestros verdaderos
sentimientos, todo estará bien.
La ley del potencial rechaza categóricamente esta noción. Re-
vela que sus pensamientos hacen un impacto innegable sobre cada
persona que conozca, tanto dentro de la sala como fuera de ella.
Veamos este concepto de la expectativa en el contexto bíblico.
Hay dos pasajes que presentan los conceptos clave relacionados
con esta ley.

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y


a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como al-
gunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto
más, cuanto veis que aquel día se acerca. (Hebreos 10.24-25)

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros cora-


zón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes
exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se
dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por
el engaño del pecado. (Hebreos 3.12-13)

«Y considerémonos...» ¿Por qué debo considerarlos a uste-


des? Hebreos 10.24-25 dice que debo considerarlos «para estimu-

96
La ley del potencial

larlos al amor y a las buenas obras». La palabra griega que es la


raíz de considerar significa examinar, evaluar, observar constan-
temente a su público y preguntar: ¿Qué sucede en sus vidas? ¿Me
están siguiendo o no? ¿Cuales son sus necesidades? ¿Cómo puedo
ajustar mi contenido y mi estilo para enseñarles más eficazmente?
Tengo que saber qué sucede en su vida para poder «estimular-
los», porque no sé en qué áreas necesitan ayuda. Debo saber cómo
se sienten y qué están pensando. Tengo que discernir si tienen un
problema para que pueda ayudarles a hacer buenas obras y amar a
otras personas.
Considerar también significa «cernirse sobre». Significa ana-
lizar con calma los mensajes sutiles que está enviando. Su lenguaje
corporal envía todo tipo de mensaje a los que tienen ojos para ver y
oídos para oír. No obstante, frecuentemente estamos tan preocu-
pados por el contenido que perdemos el mensaje de las personas
que debemos estar «considerando».
Nunca olvidaré el día que conocí a un verdadero experto en
este arte de «considerar». En noviembre de mi segundo año de
estudios de postgrado, Darlene y yo estábamos en apuros econó-
micos, y decidí solicitar un trabajo en el centro comercial más gran-
de de Dallas. Me dieron una solicitud muy larga para llenar, y me
llevaron a una gran sala abierta para esperar la entrevista con cua-
renta personas. El director de personal estaba sentado en una ofici-
na al lado, y podía ver todo lo que sucedía en cada momento.
Mientras esperaba, yo me entretuve conversando con las per-
sonas que estaban cerca de mí. Bastante tiempo pasó después de
llenar la solicitud y antes de la entrevista. Con el nerviosismo típico,
finalmente entré por la formidable puerta marcada Director de
personal. Cuando me senté, la señora detrás del escritorio me dijo
que tenía el trabajo perfecto para mí. Dijo que habían estado bus-
cando la persona indicada durante semanas, y que estaba segura
que yo era la persona perfecta. Como se puede imaginar, estaba

97
Las siete leyes del aprendizaje

perplejo, ni siquiera había leído mi solicitud. ¿Cómo podía conocer


mis habilidades o mis intereses?
Entonces reveló el puesto:
—¡Creo que usted sería perfecto como Papá Noel!
—¿Papá Noel? ¿Qué? ¿Cómo sabe usted que yo sería un buen
Papá Noel? —exclamé. ¡Ni siquiera creo en Papá Noel! ¡Y no ha
visto mi solicitud o mi curriculum vitae!
Simplemente sonrió.
—Realmente no tengo que saberlo, pero haremos una investi-
gación extensiva de su trasfondo. Creo que no encontraremos nada
que me haga cambiar de parecer. Después de todo, ya sé mucho
de usted.
—No entiendo —vacilé. No nos conocemos, y usted no ha
visto mi solicitud todavía. ¿Cómo puede saber tanto de mí?
Ella explicó que había estado observando a todos en la sala de
espera y que sabía mucho acerca de cada persona antes de que
pasara por la puerta. Entonces empezó a nombrar uno y otro dato
acerca de mí —y cada vez tenía razón. No lo pude creer. Final-
mente explicó que había sido una observadora de personas más de
treinta años y que sabía leer a la gente como otros leen un libro.
Estaba curioso, así que le pedí que mencionara algunas de las
cosas que «leyó» en mí, que le ayudaron a saber tanto.
Primero, me había observado que tenía contacto visual con el
secretario de personal cuando me entregaron la solicitud. Era amis-
toso, directo, y cortés, aunque estaba un poco ansioso. Segundo, ella
vio que llené la solicitud con determinación y diligencia. Apreté fuerte
con el lápiz y estaba agachado sobre el escritorio, todo lo cual mos-
traba un compromiso intenso de superar obstáculos en el camino
hacia la meta. Tercero, cuando una niña de cinco años de edad sen-
tada en frente de mí empezó a llorar, traté de entretenerla, mostrán-
dole mi lápiz y haciendo caras cómicas. Eso indicó que tenía sufi-
ciente cariño por los niños para dejar de lado mis propios intereses.

98
La ley del potencial

Durante esa entrevista asombrosa, nombró más de una docena


de mis actividades y sus implicaciones. Antes de que terminara,
¡estaba convencido de que ella sabía la marca de mi ropa interior
por haber visto el color de mis calcetines! Salí con un trabajo nue-
vo que no esperaba, el de ser Papá Noel; pero más importante, con
una educación inolvidable en el poder de la observación personal.
Han pasado muchos años desde los días de Papá Noel, y desde
entonces he desarrollado la meta de llegar a ser un observador cui-
dadoso de otras personas, para poder servirles mejor. ¿Usted obser-
va a las personas que está enseñando? Se pregunta constantemente,
¿Cuáles son las necesidades de mis alumnos ahora? ¿Estoy comuni-
cándome con ellos o no? Considere su público; obsérvelos.
Si usted es padre o madre, probablemente hace esto constan-
temente. Por ejemplo, cuando eran más jóvenes nuestros hijos, de
vez en cuando mi esposa y yo observábamos que uno de nuestros
hijos actuaba de una manera extraña. Parecía molesto, frustrado,
irritable, no nos miraba a los ojos cuando hablaba, y no respondía
bien. Finalmente nos dábamos cuenta de que su «vaso emocional»
se había vaciado durante los eventos del día. Estaba emocionalmente
inseguro y necesitaba ser lleno con nuestra atención personal y
nuestro amor. Darlene y yo decidíamos quién tendría la energía
para llenar el vaso de ese niño, y lo llevaría a otro cuarto para
mostrarle amor, abrazarlo, y conversar mirándose a los ojos, hasta
que su bienestar emocional hubiese sido restaurado.
A veces me siento también con el vaso vacío. Es increíble du-
rante estos años felices de matrimonio cómo Darlene capta eso y
toma la iniciativa para suplir mis necesidades. Dice:
—Por qué no te vas a sentar a la sala, y te preparé una taza
de café; y me aseguraré de que los niños no se acerquen por un
momento.
Entonces se sienta al lado y me pregunta:
—¿Cómo te fue hoy? Parece que ha sido un día difícil.

99
Las siete leyes del aprendizaje

La clave en todas estas ilustraciones está en «considerarse los


unos a los otros». ¿Ha estado conversando con una persona cuan-
do de pronto siente que algo no está bien? Probablemente cuando
se lo mencionó, ella contestó, «¿Cómo supiste?» Si usted puede
leer a las personas así, entonces ha grabado este pasaje en su cora-
zón, y está preparado para dar el próximo paso para ser una perso-
na que hace florecer a los demás.
Hebreos 10.25 sigue, «no dejando de congregarnos, como algu-
nos tienen por costumbre, sino exhortándonos». Cuando yo «consi-
dero» a alguien para «estimularlo al amor y a las buenas obras», esa
persona probablemente no se da cuenta de lo que estoy haciendo. Yo
«considero» a la persona, y esa persona se siente movida. Pero ¿qué
enseña la Biblia acerca del vínculo entre nosotros? La respuesta es
que la Biblia me instruye a «exhortar» a la otra persona.
La palabra «exhortar» es una palabra positiva. Significa ani-
mar, no criticar. Involucra una preocupación mutua. Consiste en
llegar al lado de la persona para animar, amar, cuidar, y ayudar.
Estos versículos en Hebreos nos instruyen primero a discernir lo
que sucede en la vida de la persona para poder motivarla al amor y a
las buenas obras. ¿Usted exhorta a sus alumnos? Hebreos dice que
debemos exhortarnos diariamente. ¿Ha exhortado a alguien hoy día?
Motive a sus alumnos al amor y a las buenas obras. Eso es el lado
positivo, Pero hay otro lado también. Hebreos 3.12-13 lo describe:

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros cora-


zón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes
exhortaos [¡Aquí está la palabra!] los unos a los otros cada
día, entre tanto que se dice: «Hoy»; para que ninguno de
vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

La exhortación, entonces, puede ser positiva o negativa. Es


agradable cuando alguien es sensible a mis necesidades, se pre-

100
La ley del potencial

ocupa por mí, se fija en que no estoy bien, y cariñosamente me


dirige hacia el camino correcto. Pero ¿qué sucede cuando la perso-
na no es tan receptiva? Debemos empezar suavemente, animando,
moviendo de lo positivo hacia lo negativo, cuando es necesario.
Podemos llegar a conversaciones francas, e incluso a la amonesta-
ción o la reprensión. A veces eso es lo que hace falta para que la
otra persona reaccione y decida obedecer.
Hay un relato fascinante acerca de una amonestación fuerte
en el último capítulo de Nehemías. La gente no obedecía al Señor y
no se sometía a su voluntad. ¿Qué hacía su maestro Nehemías? «Y
reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué
los cabellos....» (Nehemías 13.25). ¡Qué método! No recomiendo
que imite el método de Nehemías, pero ¿por qué reaccionaría tan
fuerte? Es porque amaba tanto a su Dios, y estaba tan preocupado
por su pueblo, que se lanzó a una confrontación directa y enérgica.
Para ser un padre responsable, debo exhortar o reprender a
mis hijos. Cuando empiezo a sentir la responsabilidad por una per-
sona y la reprendo, corro el riesgo de que se disguste conmigo.
Pero eso es lo que exige el amor.
¿Está usted comprometido a exhortar? ¿Está dispuesto a obede-
cer a las Escrituras y decir a su clase: «¿Cómo les puedo ayudar a
crecer espiritualmente, ayudarles a superar el pecado, ayudarles a com-
prometerse más con Dios —lo que necesiten?» Es un compromiso. Y
su clase lo necesita cada vez que usted se pare delante de ellos.
De eso se trata la ley del potencial. Las expectativas pueden
ser conscientes o inconscientes, positivas o negativas, edificantes o
destructivas. Debemos tomar nuestras expectativas para nuestra
clase, remodelarlas según las necesidades de los alumnos, y
exhortarlos o reprenderlos para que se acerquen más a Dios en
obediencia completa. Hagamos un resumen de estas observacio-
nes en el modelo de la ley del potencial.

101
Las siete leyes del aprendizaje

El modelo de la ley del potencial

Este gráfico ilustra cómo se relacionan estos conceptos bíbli-


cos. El cuadro a la izquierda representa al «maestro» o al padre o a
la madre. El cuadro a la derecha representa al «alumno» o al hijo.
El cuadro en el medio representa el «tema», que no estamos consi-
derando principalmente en esta ley.
En el primer cuadro, se ve que el maestro debe «examinar» al
alumno para «moldear las expectativas». Esto se hace en «priva-
do, constantemente», porque la situación siempre está cambiando.
En el cuadro del alumno, se ve que la meta del maestro es la de
producir «entusiasmo» en los alumnos. El proceso debe «motivar
al alumno» a lo positivo, hacia el «amor y las buenas obras».
También debe evitar lo negativo en él; un «corazón endurecido».
Esto se hace «en persona, progresivamente», según la situación y
el desarrollo de los alumnos.
La flecha en el medio refleja el proceso por el cual el maestro
toma lo que ha considerado en privado acerca de las necesidades
de sus alumnos, los «exhorta» y «maneja el mensaje» para ellos
«en público, diariamente».

102
La ley del potencial

Durante el resto de nuestra discusión de esta ley, entenderá


mejor cómo estos tres pasos se relacionan entre sí. También usted
será capacitado a través del método de la expectativa para hacer
florecer a sus hijos y a sus alumnos.
La influencia de nuestras expectativas es increíble, un don del
Señor que debemos utilizar conscientemente para el bien de nues-
tros alumnos y nuestra familia. Escuche el uso profundo de la ex-
pectativa de parte de este profesor, y vea cómo ayuda a que ellos
florezcan. ¿Cree usted que estas tres oraciones breves cambiarían
algo en sus alumnos si las usara?

«Juanito, siempre enseño mejor cuando tú estás en la clase.


Cuando vengas el próximo domingo, ¿podrías levantar la mano
para que yo pueda ver que estás aquí? Si lo haces, puedo
enseñar mejor.»

Las máximas de la ley del potencial

En el musical Mi bella dama, el profesor de expresión, Henry


Higgins hace una apuesta con un amigo, diciendo que él puede
transformar a una jovencita pobre, una vendedora de flores llama-
da Eliza Doolittle, en una dama refinada de sociedad. Para asegu-
rar su éxito, el profesor trabaja no solamente con su expresión oral,
sus costumbres, y su manera de vestirse, sino también corre la voz
que él va a acompañar a una princesa bella y refinada al baile del
año en Londres. ¡Él conocía el poder de las grandes expectativas!
Semanas después, cuando se abre la puerta del carruaje, se
escucha el suspiro de la multitud que ve lo que esperaba ver: una
princesa fina y elegante. Durante la noche, la manera de hablar y
las acciones de Eliza son profundamente afectadas por las expec-
tativas de la ciudad. En un momento, el profesor pide la opinión del
director de la orquesta acerca de la «princesa». «He visto cientos

103
Las siete leyes del aprendizaje

de bailes en todo Europa», dice el viejo y sabio conductor, «y sé que


esa dama fue criada en el palacio más refinado».
En medio del drama, Eliza hace una observación profunda. Dice
que lo importante no es cómo ella actúa, sino lo que la gente espera
de ella. Afirma que eran las expectativas las que le hicieron cambiar
más. Así una niña de la calle puede llegar a ser una «bella dama».
Una fuerza poderosa —para bien o para mal— reside en nues-
tras expectativas. Consideremos a través de las siete máximas de
la ley del potencial la manera de dirigir este motivador poderoso
para que sea un canal para el bien de nuestros alumnos.

Máxima 1: Las expectativas existen en todos, sobre


todo, y en todo tiempo.
El primer paso en hacer florecer a sus alumnos es darse cuen-
ta de que todos ya tenemos expectativas. Aunque ni lo pensemos,
tenemos expectativas acerca de todo. Al leer este capítulo, usted
ya tiene expectativas sobre la próxima clase que enseñará, aunque
no las haya formulado conscientemente. Todos tenemos expectati-
vas, sean positivas o negativas.
Las expectativas son tan comunes como el aire. Si alguien le
preguntara esta noche, «¿le gustó la cena?», usted contestaría de
acuerdo con lo que anticipaba (o esperaba). Supongamos que ha-
bía estado pensando toda la tarde, «No puedo esperar que llegue la
cena —será algo muy especial». ¿Qué sucede si es una comida
bastante pobre? Estará decepcionado. En cualquier momento que
estamos desilusionados, es porque la realidad no cumplió nuestras
expectativas. Por otro lado, si está entusiasmado por la cena, es
porque igualó o superó sus expectativas.
Tenemos expectativas acerca de todo. Usted tiene expectati-
vas sobre este libro, si le ayudará o no. Si usted espera que este
libro sea excelente, y resulta solamente bueno, estará decepciona-
do. Si piensa que será bueno, y resulta excelente, entonces estará

104
La ley del potencial

fascinado. En el ministerio Caminata Bíblica, enfrentamos este de-


safío cada vez que contratamos a un nuevo empleado. Casi todos los
que vienen a trabajar con nosotros traen expectativas no muy realis-
tas; piensan que no habrá problemas, estrés, malentendidos, ni horas
largas. Algunos esperan que habrá gente como ángeles, y que el
ambiente laboral nunca tendrá problemas de pecado.
¡Pero la realidad siempre golpea! Mientras que no descubri-
mos lo que estaba pasando, mucha gente se sentía decepcionada,
porque las organizaciones cristianas también están llenas de gente
normal. Ahora pasamos bastante tiempo haciendo ajustes de las
expectativas, haciendo que sean más realistas. El único lugar per-
fecto es el cielo.
Si se da cuenta de que las expectativas existen en todos todo el
tiempo, tendrá una ventaja respecto de la mayoría. El hecho de
darse cuenta de eso le animará a evaluar si sus expectativas son
realistas, y a ajustarlas si es necesario.
Las expectativas que no son realistas son la causa de muchos
problemas matrimoniales hoy, incluyendo a familias cristianas. La
mujer posiblemente piense que la relación seguirá igual como esta-
ba en los últimos meses antes de la boda —recibirá flores cada
jueves, saldrán a comer todos los viernes, él le susurrará cosas
dulces en su oído todas las noches, darán paseos a la orilla del lago
regularmente, y tendrán conversaciones profundas acerca de la
vida constantemente. El hombre posiblemente piense que su espo-
sa tendrá el pelo perfectamente arreglado, que mostrará el mismo
espíritu tierno y cariñoso siempre, que será romántica, y que le
honrará sobre todos y sobre todo siempre.
Entonces la realidad se hace evidente después de algunos me-
ses de matrimonio, y si no han ajustado sus expectativas de acuer-
do con la realidad, su matrimonio tendrá momentos muy difíciles.
Pasamos por varias etapas si no se ajustan las expectativas.
La primera etapa es la decepción. Cuanto más lejos está la expec-

105
Las siete leyes del aprendizaje

tativa de la realidad, cuanto más grande la decepción. «La clase


hoy fue una gran decepción», dice alguien. Tenía una expectativa
acerca de lo buena que sería la clase, y no fue así.
Si la decepción continúa, y ni la expectativa ni la realidad cam-
bia, entonces la persona entra a la fase del desánimo. Es más
profundo que la decepción. Alguien puede estar decepcionado sin
estar desanimado, pero no puede estar desanimado sin primero
experimentar la decepción.
Si el desánimo continúa, entrará a la etapa de la desilusión.
Cuando está desilusionado, ya no tiene una idea falsa de la reali-
dad. Por primera vez ve la realidad tal como es, y no le gusta.
Reconoce que su esperanza de alcanzar las expectativas es nada
más que una mentira. Pero ya que todavía no quiere soltar las ex-
pectativas altas, la vida no se ve muy agradable.
Si la realidad o las expectativas no cambian, estará caminando
por un camino rocoso. La última etapa es la desesperación, una
completa falta de esperanza. No tiene ninguna esperanza de alcan-
zar las expectativas.
Decepción, desánimo, desilusión, desesperación —todos están
unidos y basados en nuestras expectativas. Ya que todos tenemos
expectativas todo el tiempo acerca de todo, usted puede imaginar
la influencia dramática que tendrán sobre nuestra interpretación de
nuestras vidas y sobre la influencia que tengamos en la vida de
otros ya sea dentro o fuera del salón de clases.

Máxima 2. Las expectativas tienen un impacto sobre


nosotros y sobre los demás.
Tal como se vio en la historia de la «sección dos», nuestras
expectativas tienen mucha influencia. Sin darnos cuenta, constan-
temente están haciendo un impacto en nosotros y en otras perso-
nas. Por causa de esta influencia, y por su presencia universal,
tenemos que aprender a usar las expectativas para el bien.

106
La ley del potencial

Usted probablemente sabe lo que es un placebo. Es una pasti-


lla falsa. Hasta el año 1890, el 90% de las drogas recetadas eran
nada más que píldoras de azúcar. Cuanto más enfermo está el pa-
ciente, más grande la píldora. Si alguien estaba realmente enfermo,
y no había ningún remedio conocido para la enfermedad, el médico
le daría una receta para una píldora grande y fea, y diría: «Tome
una de estas píldoras cada cuatro horas, día y noche. Ponga su
alarma para asegurar que se despierte para tomarla en la noche,
para que el medicamento tenga su efecto completo». El médico sa-
bía que el placebo no tenía nada que ver con la mejoría del paciente,
pero si el paciente creía lo suficiente en su poder sanador para des-
pertar en la noche, probablemente tendría un efecto positivo.
Estaba explicando esto en un seminario una vez, cuando un hom-
bre empezó a reírse. Estaba causando un disturbio en el público.
Finalmente, yo dejé de hablar y le pregunté: —Señor, ¿qué sucede?
—Soy médico —dijo—, ¡y no ha cambiado nada!
Se acercó en el siguiente recreo y me contó lo que había suce-
dido recientemente en su hospital.
—Los placebos —o las expectativas— son poderosos. Si no lo
ha visto de primera mano, probablemente no sabe ni la mitad. Ayer,
una de mis pacientes se enfermó seriamente, y tuvimos que hospi-
talizarla. Su enfermedad respondía a un solo medicamento, enton-
ces le pregunté si ese remedio le causaba alergia.
—¡Sí! —dijo—, Ese remedio me produce una reacción seve-
ra. Me da urticaria, el corazón palpita fuerte, empiezo a transpirar,
me siento mareada y me da náusea.
—Le dije que lamentaba que tuviera esas reacciones, pero que
era el único remedio disponible. Por causa del peligro, le di un placebo,
pero le dije que era el medicamento verdadero. En una hora, me llama-
ron por el altoparlante, y fui corriendo a su habitación para encontrar
que tenía una reacción severa; su cuerpo tenía urticaria, le costaba
respirar, estaba perdiendo la conciencia, y estaba en un estado crítico.

107
Las siete leyes del aprendizaje

El médico sonrió y continuó:


—Es sorprendente que nuestras expectativas tengan un efecto
tan dramático, pero es así. Todo lo que usted ha dicho acerca del
poder de las expectativas ha sido comprobado una y otra vez en el
campo de la medicina. Pero nunca pensé que mis expectativas
podrían tener un impacto semejante en mi clase de la escuela domi-
nical. ¡Desde ahora en adelante, voy a tener más cuidado!
No solamente las expectativas influyen en nuestros cuerpos,
sino también pueden tener un impacto en cada parte de nuestras
vidas. Un experimento histórico famoso demuestra este hecho. En
el año 1900, el departamento del censo compró una máquina nueva
para sus empleados. Estimaban que los empleados podrían escribir
550 tarjetas cada día con las nuevas máquinas. Después de un par
de semanas, hubo muchos disturbios emocionales, y el director del
censo tuvo que concluir que no podía exigir 550 tarjetas por día. Así
que los empleados empezaron a hacer menos tarjetas cada día.
Un mes después, el departamento encontró que necesitaban más
empleados para hacer el trabajo que faltaba. Debido a la falta de
espacio, los nuevos empleados fueron ubicados en otro edificio. Les
enseñaron a estos empleados a usar las máquinas, pero no les expli-
caron cuántas tarjetas esperaban cada día. ¡Adivine cuántas tarjetas
procesó ese grupo cada día! ¡Un promedio de 2.100 por persona! No
les habían dicho que una persona solamente podía hacer 550 al día, así
que simplemente hicieron su trabajo rápidamente —sin complicacio-
nes de salud o dolores de cabeza. Así es el poder de las expectativas.

Máxima 3: Las expectativas tienen raíces en el pasado,


influencia en el presente, y un impacto en el futuro.
Tendemos a formar nuestras expectativas sobre la base de la
información —o mala información— del pasado. Una vez forma-
das, influyen en nuestras actitudes y acciones en el presente, y
también hacen un impacto en nosotros y en otros en el futuro.

108
La ley del potencial

Imagine que algunos maestros de la escuela dominical están en


el pasillo hablando de la promoción de los alumnos al año siguiente.
Una maestra dice: «Espero que no te toque Antonio el Terrible».
Usted ha escuchado historias de terror acerca de este niño de siete
años de edad, y ha estado orando durante meses para que no sea
alumno suyo el próximo año. Pero el día del comienzo del nuevo
año, ¡adivine quién entra su sala! ¡Antonio el Terrible! ¿Tendrá
mucha esperanza ese niño? ¡De ninguna manera! Las expectati-
vas que ya se ha formado acerca de él controlarán sus actitudes y
sus acciones hacia Antonio. Sus expectativas harán florecer sola-
mente lo «terrible» en Antonio.
Nuestras expectativas vienen de uno de los cuatro lugares.
Primero, vienen por el reconocimiento —algunas equivocadas y
otras acertadas. Imagine que yo lo veo a usted en la calle y digo:
«Puedo ver por su pelo y su vestimenta que usted usa drogas». He
formado una expectativa basada en un indicador externo. Pero esa
expectativa puede ser totalmente incorrecta.
Segundo, formamos expectativas por la reputación. Alguien
en la sala de descanso de la facultad dice: «No puedo esperar que
termine este año, porque así ya no tendré a Juanito. Siempre me
interrumpe la clase. Te va a tocar a ti el próximo año, y será un
terror, ya verás.»
La tercera manera en que formamos expectativas es por el
registro —mirando los archivos para ver cómo le ha ido al alumno
en el pasado. Un miembro de la facultad de una universidad en la
costa del Pacífico una vez consiguió un registro que tenía todos los
nombres de los estudiantes, con sus coeficientes intelectuales. El
único problema era que habían cometido un error; una hoja tenía
los nombres con los coeficientes intelectuales, pero la segunda hoja
tenía los nombres con el número de su casillero. Nadie descubrió el
error. Para al final del semestre, los alumnos que tenían los coefi-
cientes más altos habían logrado un rendimiento mucho mejor que

109
Las siete leyes del aprendizaje

los que tenían los coeficientes más bajos, como es de esperar. ¡Pero
los que tenían los números de casillero más altos también lograron
un rendimiento más alto que los que tenían números más bajos!
¡Esto era solamente porque el profesor había confundido el número
de casillero con el coeficiente intelectual! Las expectativas del pro-
fesor cambiaron radicalmente la conducta de los alumnos.
La cuarta manera en que formamos expectativas es por una rela-
ción. Cuando conocemos a alguien, empezamos a esperar cierta con-
ducta. Con el tiempo, nuestra relación puede corregir las expectativas
erróneas que teníamos antes de realmente conocer a la persona.
Veamos como todos estos factores se conjugan. Imagine a un
profesor que forma una expectativa, quizás por una reputación,
acerca de algún alumno. El primer día de clase, el profesor observa
al alumno caminando hacia la clase. Mira a ese alumno, piensa el
profesor. Parece arrogante. Debe ser verdaderamente pedan-
te. Antes de la primera clase, el profesor sospecha del alumno.
Cuando comienza la clase, el alumno reacciona a la expectativa,
respondiendo a las transmisiones hostiles del profesor. El profesor no
dice nada al alumno, pero comunica sus expectativas negativas en su
conducta, y el alumno detecta algo en su lenguaje corporal, y el con-
tacto visual, y en el tono de voz. Desanimado por la actitud que capta
de parte del profesor, el estudiante empieza a responder en forma
negativa. Se desliza en su silla con una postura relajada, demostran-
do una actitud de «no me importa lo que usted piensa». ¡Ah!, piensa
el profesor. Creo que tenía razón acerca de este joven. Mira
como está sentado. Seguro que es problemático.
El profesor ha confirmado sus expectativas. Se mueve de su
juicio inicial, tentativo, y llega a estar más expresivo acerca de su
expectativa. La primera etapa era sutil; la segunda no. Se expresa
claramente en la manera en que el profesor contesta las preguntas
del alumno, y en la manera en que lo trata antes y después de la
clase. El alumno se siente atacado por la hostilidad que aparente-

110
La ley del potencial

mente no merece. Si eso es lo que usted piensa de mí, entonces


así voy a responder, piensa el alumno. ¡Le mostraré cuán rebel-
de puedo ser! Así que el alumno empieza a reflejar lo que se espe-
raba de él. Se asemeja a la caricatura que el profesor se había
hecho de él antes de conocerlo. Se expresa más y más sin respeto.
Ahora el alumno capta la mirada fría que está en los ojos del profe-
sor que dice, Tenía razón acerca de ti. Eres rebelde y problemá-
tico. Ahora que te tengo analizado, te voy a fastidiar el resto
del semestre.
Sin esperanza de redimirse, el alumno se rinde; se conforma a
las expectativas poderosas de su profesor. El semestre resulta des-
agradable y poco provechoso para los dos. El profesor se pregunta,
¿Por qué siempre me mandan estos alumnos problemáticos? Y
el alumno sacude la cabeza y dice, ¿Por qué siempre me tocan
los profesores duros y hostiles?
Todo esto puede suceder debajo de la superficie. El profesor
posiblemente no esté consciente de que está comunicando sospe-
cha y hostilidad. El alumno posiblemente no está consciente de que
está respondiendo a las expectativas. Pero se echó a perder la
experiencia del aprendizaje para los dos. Una relación que podría
haber sido beneficiosa ha sido dañada, quizás sin remedio.
Ahora imagine el proceso invertido, cuando las expectativas
iniciales del profesor son positivas. ¿Sucedería lo mismo, pero en el
sentido positivo? ¡Absolutamente!

Máxima 4. Las expectativas son reveladas a través de


nuestras actitudes y acciones.
Las expectativas afectan tanto nuestras actitudes (internas) como
nuestras acciones (externas). Si usted observara a un maestro rela-
cionarse con varios alumnos, en poco tiempo podría discernir sus
expectativas acerca de los alumnos; se conocen a través de su len-
guaje corporal, su contacto visual, sus comentarios, y otras cosas.

111
Las siete leyes del aprendizaje

Se ha hecho mucha investigación para descubrir cómo las ex-


pectativas afectan la enseñanza. La siguiente lista muestra lo que
han encontrado:

Los profesores con expectativas muy bajas sobre un alumno


tienden a hacer lo siguiente en sus clases:
• Esperar menos tiempo para que el alumno conteste una
pregunta.
• Pedir menos frecuentemente al alumno que conteste una
pregunta.
• Reforzar de una manera inapropiada una respuesta inco-
rrecta del alumno.
• Dar la respuesta al alumno en forma precipitada, o pedir
que otro alumno conteste.
• Evitar dar pistas al alumno, repetir la pregunta, o expresar la
pregunta de otra manera.
• Dar menos retroalimentación al alumno, y dar menos infor-
mación en su retroalimentación.
• Interrumpir más rápidamente cuando el alumno se equivoca.

Los profesores con expectativas bajas tienden a hacer lo si-


guiente cuando evalúan el rendimiento:

• Criticar al alumno más frecuentemente por el fracaso.


• Animar al alumno menos frecuentemente por el éxito.
• Escribir menos notas explicativas en los trabajos escritos.
• Enseñar a un ritmo mucho más lento y menos intenso.
• No dar la ventaja de la duda en un caso de incertidumbre.
• Usar menos métodos efectivos de la enseñanza que requie-
ren mucho tiempo.
• Dar más tareas que ocupan tiempo pero que no son signi-
ficativas.

112
La ley del potencial

Los profesores que tienen expectativas bajas tienden a hacer


lo siguiente cuando se relacionan personalmente con los alumnos:

• No dar retroalimentación positiva acerca de la respuesta


pública del alumno.
• No prestar mucha atención al alumno, y tienen menos
interacción con él.
• Tener más interacción en privado que en público con el alumno.
• Tener menos interacción amistosa con el alumno.
• Sonreír menos y mostrar menos cariño físico.
• Mantener menos contacto visual.
• Limitar la comunicación no verbal que refleje atención e
interés: inclinarse hacia adelante, asentir con la cabeza, y en
lenguaje corporal en general .

Estas acciones claramente demuestran cómo los estudiantes


que supuestamente son mediocres difícilmente aprenden bien o se
comportan bien. No son tratados como buenos alumnos.
Los profesores aparentemente «hacen» que sus alumnos bajen
en su rendimiento por darles menos oportunidades educacionales y
por enseñarles menos materia de una manera menos eficaz.

Máxima 5: Las expectativas tienen una influencia sobre


el futuro, sean explícitas o implícitas.
Lo increíble de las expectativas es que podemos expresarlas o
mantenerlas en privado —aun inconscientes— y todavía tienen su
impacto sobre las personas.
Una vez un pastor me fue a buscar al aeropuerto, y durante
cuarenta y cinco minutos en el viaje a su iglesia, me habló maravi-
llas de la gente de su iglesia. Después supe que había dedicado
bastante tiempo a formar en su congregación expectativas muy
positivas acerca de mí. Cuando fui a predicar, ¡sentía que no podía

113
Las siete leyes del aprendizaje

fallar! Las expectativas eran tan positivas y tan afirmativas que


sacamos lo mejor el uno del otro. Este pastor expresó sus expecta-
tivas, pero no es necesario expresarlas para que tengan una
gran influencia sobre las personas.
El departamento de sicología de una universidad prestigiosa
decidió probar si las expectativas de los alumnos podrían afectar la
conducta de los animales. Obviamente los animales no entienden el
lenguaje humano, así que no pueden ser influenciados por las ex-
pectativas expresadas. Los investigadores seleccionaron setenta y
dos ratas y setenta y dos alumnos. Juntaron a la mitad de los alum-
nos con sus ratas, y dijeron a los alumnos:
—Durante generaciones, hemos podido desarrollar unas ratas
inteligentes. Estas ratas son increíbles. Pueden pasar por los labe-
rintos más complejos en increíblemente poco tiempo. Hemos dise-
ñado algunos laberintos especialmente difíciles. Su trabajo en los
próximos treinta días es ver cuán rápidamente pueden enseñar a
sus ratas a pasar por el laberinto. No pueden hablar con los otros
treinta y seis alumnos. ¡Adelante!»
Trajeron los otros treinta y seis alumnos, les dieron sus ratas, y
les dijeron:
—Estas ratas son muy poco inteligentes. Nacieron de padres
que no eran capaces de salir de los laberintos más simples. De
todas maneras, queremos desafiarlos a entrenar a estas ratas estú-
pidas a pasar por los laberintos lo más rápido posible.
Los dos grupos usaron exactamente los mismos laberintos. Al
final de los treinta días, las ratas «inteligentes» estaban pasando por
los laberintos en un tiempo 200% más rápido que las ratas «estúpi-
das» —¡aunque las ratas habían sido seleccionadas al azar! ¿Cómo
pudo suceder eso? Los investigadores concluyeron que las expec-
tativas no tienen que ser expresadas verbalmente para influir en la
conducta. Aun en ratas.

114
La ley del potencial

Nadie puede explicar exactamente cómo las expectativas fun-


cionan cuando no son expresadas, pero cada experimento que he
visto demuestra que influyen en la conducta de otros. Sabemos que
las expectativas se expresan en el lenguaje corporal. Si pongo mis
manos en las caderas e inclino la cabeza hacia atrás, ¿qué estoy
diciendo? Exasperación. Falta de interés. Si cruzo los brazos sobre
el pecho, ¿qué estoy diciendo? Estoy a la defensiva. Estoy dicien-
do, «pruébamelo». Ya que las expectativas controlan el lenguaje
corporal, la única manera de controlar y supervisar su lenguaje
corporal es por la formación consciente de las expectativas.

Máxima 6: Las expectativas dañan a otros si son


demasiado bajas o demasiado altas por demasiado
tiempo.
Si las expectativas son poco realistas, posiblemente la persona
nunca alcance ese nivel, y se puede sentir como un fracaso. De la
misma manera, si las expectativas son demasiado bajas o negati-
vas, es muy probable que la persona pierda el interés, y logre me-
nos de lo que es capaz de lograr.
Imagine que un alumno llegue a la casa con un informe de sus
calificaciones que tiene cinco «A» (la nota más alta) y una «B» (la
nota segunda más alta). Si la mamá responde, «¡Qué informe más
terrible! ¿Por qué sacaste una «B»?» ¿Cómo se siente el alumno?
«Nunca puedo realizar las expectativas de mi mamá».
¿Cómo se siente un jugador de fútbol cuando su padre le dice:
«Lo único que importa es hacer un gol. Ninguna otra cosa vale nada».
El joven vuelve a su casa después de hacer dos pases excelentes que
ayudaron a otros a hacer goles, y salvó el partido con una jugada
defensiva. El papá le pregunta, «¿Hiciste un gol?» El joven dice,
«No, ¡pero yo era la estrella del partido! Yo...». Pero el papá le inte-
rrumpe, «No quiero saber nada. ¿Cuándo vas a hacer un gol?» Ese
tipo de expectativa poco realista puede aplastar a un niño.

115
Las siete leyes del aprendizaje

En contraste, las expectativas demasiado negativas pueden ser


profecías autocumplidas. Los padres deben siempre tener cuidado
con esto. Posiblemente entre a la habitación de su hija que tiene trece
años, y ¡ni puede encontrar la cama! Usted no puede soportarlo. Le
ha dicho cien veces que tiene que ordenar su habitación. Sin pensar,
usted dice: «¡Esta habitación es un desastre! Si el departamento de
salud viniera, ¡sería clausurada! ¡Tú vas a ser una persona asquerosa!
¡Ningún hombre vivirá en la casa que tú cuidas! ¡No valdrás nada!»
¿Escuchó lo que dijo? Acaba de formar la expectativa. ¡Y adi-
vine quién va a empezar vivir conforme a ella!
¿Y si su hijo vuelve a la casa con su cuarta «F» (la peor califi-
cación) en Lenguaje? La noche anterior usted perdió su programa
favorito de televisión para ayudarle a estudiar. ¡No lo puede creer! De
pronto está diciendo: «¡Eres tan estúpido! ¡Cuatro «efes»! ¡No tienes
un cerebro en tu cabeza! ¡No vas a lograr nada! ¡Eres un fracaso!»
Todos lo hemos hecho, ¿verdad? Los padres lo hemos hecho.
Los profesores lo hemos hecho. Los abuelos lo hemos hecho. De
alguna manera, en vez de hacer florecer a nuestros hijos, nuestras
palabras los rompen y cultivan un futuro de fracaso.
Tenga cuidado y fije las expectativas en forma realista y preci-
sa. Evite dañar a sus alumnos con expectativas demasiado altas...
o demasiado bajas.

Máxima 7: Las expectativas motivan a otros cuando


son guiadas por el amor.
La razón fundamental para querer hacer florecer a otra perso-
na debe ser nuestro amor por ella. Debemos ayudar a toda la gente
posible para que sean todo lo que Dios quiere que sean.
Tales personas que hacen florecer a otros son muy poco comu-
nes, ¿verdad? Si revisara su vida, probablemente encontraría pocas
personas que creyeron en usted y le animaron de una manera signi-
ficativa, trayendo cambios en su vida. Esas pocas personas nos ayu-

116
La ley del potencial

dan a levantar la cabeza, a correr más rápido, y a ser lo que ni soña-


mos ser. Nos amaron cuando no nos amábamos a nosotros mismos.
Compartieron sus expectativas bíblicas con nosotros, porque como
dice 1 Corintios 13, el amor «...todo lo cree, todo lo espera».
Como usted, yo sé exactamente quiénes son estas personas en
mi vida, y la historia de mi vida sería muy distinta si no fuera por las
personas enviadas por Dios que hacen florecer a otros.
Mis padres fueron los primeros. Eran temerosos de Dios. Nuestro
hogar estaba lleno de amor y cariño. La convicción de que «puedes
hacer cualquier cosa que quieras hacer» filtraba por cada fibra de
nuestro hogar. Esa actitud positiva nos contagió a nosotros los hijos, y
nos capacitó para lograr mucho más de lo que habríamos soñado.
Recuerdo un día cuando estaba en la enseñanza secundaria, que
dije a mis padres que íbamos a participar en una competencia de esta-
do físico en un par de meses, y que ganaríamos un par de pantalones
deportivos como premio. El color de los pantalones dependía de nues-
tros logros en la competencia. El entrenador nos recordó que teníamos
que usar los pantalones para correr en la pista de atletismo donde las
niñas hacían sus ejercicios. (¡También conocía el poder de las expecta-
tivas!) Nos explicó que el grupo más bajo ganaría pantalones amarillos,
el grupo de los 25% más destacados ganaría pantalones amarillos con
una raya negra, los diez alumnos más destacados entre todos ganarían
pantalones rojos, y el mejor de todos ganaría pantalones plateados.
Recuerdo que pensé, «Espero ganar la raya negra».
Mi padre escuchó, asintió con la cabeza, y no dijo nada. Al día
siguiente cuando estaba limpiando el establo del toro, mi padre que-
dó parado al lado de la cerca, y preguntó:
—¿Cuándo vas a ganar los pantalones plateados?
No había ninguna duda en su voz; sólo quería saber cuándo los
ganaría, no si los ganaría o no.
—¿Qué? ¿Realmente crees que podré ganar los pantalones
plateados?

117
Las siete leyes del aprendizaje

—Sí —asintió con la cabeza—. Sin duda. Solamente que no


has decidido si quieres trabajar tanto para ganarlos. Pero tengo el
presentimiento que ya es tiempo. Eres capaz de ganar los pantalo-
nes plateados, hijo.
Entonces se fue. Y así de simple, por causa de las expectativas
de mi padre, llegué a ser el ganador de los pantalones plateados.
Así sucedió con mi hermano un par de años más tarde. La
última vez que visité nuestra escuela, nadie había ganado el récord;
todavía éramos los únicos estudiantes de la misma familia que ha-
bíamos ganado los codiciados pantalones plateados. Pero la verdad
es que nuestros padres ganaron los pantalones.
También recuerdo a la señora Rudin, mi profesora del sexto
año. Ella me hizo florecer tanto que todavía recuerdo cuán impor-
tante me sentía cuando entraba a su sala.
Y el señor Griffin y su señora, el pastor de la iglesia en Union,
Nueva Jersey, donde trabajé como pastor de jóvenes un par de años
mientras estudiaba en la universidad cercana. Trabajaron semana tras
semana con este joven vacilante e inseguro, invirtiendo su amor y sus
sueños en mí. Me explicaban siempre lo que Dios quería hacer a tra-
vés de mí, y me decían que Dios tenía su mano sobre mí. Lo devoraba,
porque necesitaba cada palabra de ánimo que pudiera encontrar.
Después Dios proveyó al Dr. Stephen Slocum y su señora para
hacerme florecer cuando fuimos a Dallas para estudiar en el semi-
nario. El Dr. Slocum me invitaba a almorzar y me decía:
—Cuéntame de tus sueños.
Yo no tenía ningún sueño.
—«Cuéntame cómo vas a cambiar el mundo.
Yo no tenía planes para cambiar el mundo.
—¡Creo que tu idea de Caminata Bíblica puede dar buenos resultados
en todo el mundo! ¡Creo que tú eres el hombre perfecto para ese trabajo!
No existiría el ministerio de Caminata Bíblica, si no fuera por
personas como los Slocum que hacen florecer a otros.

118
La ley del potencial

Muchas veces nuestras esposas nos hacen florecer. Todavía


tengo una carta de mi esposa que ella escribió en el año 1978, y la
leo de nuevo de vez en cuando. En esa carta, Darlene expresó
expectativas positivas sobre nuestra relación y el futuro de nuestro
matrimonio y nuestra familia. Esa carta ha tenido un tremendo im-
pacto en mi vida. Sus convicciones y sus sueños acerca de mí
todavía me hacen florecer como su marido.
Hace tiempo, el hijo de algunos amigos tenía dificultades des-
pués de cambiar de escuela. Su vida parecía desmantelarse, y él
estaba reprobando casi todos sus cursos. Su madre estaba frenética.
Entonces se encontró con una amiga que nunca parecía pre-
ocupada. Le preguntó:
—¿Cómo eres siempre tan positiva y pereces tener todo bajo
control?
Su amiga contestó:
—Había seis hijos en nuestra familia, y mi mamá mantenía un
cuaderno para cada uno. En el cuaderno ella anotaba cada cosa
buena que nos veía hacer. Al fin de cada mes, mi mamá nos llama-
ba el dormitorio, sacaba el cuaderno, y decía: «Quiero que leas
esto». Esto lo hizo durante años.
Nuestra amiga lo intentó con su hijo. Compró un cuaderno y
empezó a buscar cosas buenas en su hijo. No encontraba nada
positivo durante las dos primeras semanas. Una noche ella conver-
saba con su marido acerca de este problema, y se dieron cuenta de
que habían sido tan críticos con su hijo que no encontraban nada
bueno en él.
Ella confesó sus errores al Señor y empezó a mirar prestando
más atención, hasta que encontró algo que escribir en su libro. Un
día lo llamó al dormitorio y le dijo:
—Tengo un cuaderno, y quiero que lo leas.
Estaba callado al leerlo, y dijo:
—¿Realmente te sientes así acerca de mí?

119
Las siete leyes del aprendizaje

—Por supuesto que sí —contestó.


Empezó a llorar y dijo:
—Pensé que tú y papá solamente me criticaban siempre. Creí
que ya no me amaban, que pensaban que era un fracaso total.
¡Qué cambio hizo en la vida de ese joven y en la vida de esa
familia! Dentro de unas pocas semanas, el joven cambió. Volvió su
confianza, se restauró la relación con sus padres y con otros, dejó
de pelear con sus hermanos y hermanas, y mejoraron sus califica-
ciones. ¿Qué sucedió? ¡Sus padres lo hicieron florecer! Encontra-
ron algo bueno para formar expectativas positivas sobre el futuro
de su hijo, y su hijo floreció bajo esas expectativas.
¿Cuáles son sus expectativas —sobre usted mismo, sobre Dios,
su familia, y sus estudiantes? ¿Por qué no reajustarlas y utilizarlas
para llegar a ser una persona que hace florecer a otros?

El meollo de la ley del potencial

La esencia de la ley del potencial se resume en tres palabras:


«¡Esperar lo mejor!»
El maestro debe influenciar el aprendizaje del alumno al
ajustar las expectativas.

Conclusión

Cuando pienso en lo que significa esperar lo mejor, recuerdo mi


primer año de mis estudios de postgrado en el seminario. Había
decidido hacía mucho tiempo que iba a estudiar para realizar mis
prioridades, y no las prioridades de mis profesores. Así que me
puse metas antes de empezar el semestre, en vez de permitir que
mis profesores fijaran las prioridades en las tareas que designaban.

120
La ley del potencial

Tenía cinco cursos, y decidí en qué cursos iba a sacar la mejor nota
posible («A»), en qué cursos quería sacar una «B» (segunda nota
mejor), y en qué cursos podría sacar una «C» (tercera nota mejor,
una nota regular) porque eran menos importantes.
El Dr. Hendricks enseñaba el curso, «Cómo estudiar tu Biblia».
Le dije a mi esposa:
—De todos los cursos de este semestre, este es el más impor-
tante para mi futuro ministerio. Quiero saber cómo estudiar la Bi-
blia. Voy a destacarme en ese curso.
Calculé el tiempo que tenía disponible para los estudios de cada
semana, y lo dividí en dos, dando al curso del Dr. Hendricks la mitad de
mi tiempo, y dividiendo la otra mitad del tiempo entre todos los otros
cursos. Durante la tercera semana de clases, entregamos un trabajo
escrito importante, al cual había dedicado mucho tiempo y esfuerzo. Me
preocupé toda la semana por ese trabajo, porque era importante para mí.
El día que me devolvieron el trabajo, estaba sudando y mi cora-
zón estaba palpitando. Con las manos temblando, saqué el trabajo
de la casilla. Arriba de la primera hoja, el Dr. Hendricks había es-
crito en rojo:
—Bruce, este trabajo es absolutamente asombroso. Creo que
tienes el potencial para ser uno de los mejores maestros bíblicos en
este país. Es un tremendo placer tenerte en mi clase. A+. Prof.
Sostuve ese documento en la mano y leí esas palabras una y otra
vez. ¡No pude creerlo! Llevé ese documento con las expectativas de
mi profesor favorito por la calle hasta el departamento, subiendo la
escalera de dos pisos, y entré para mostrárselo a mi esposa.
—Cariño, ¡ven! ¡Tienes que leer lo que escribió el Dr. Hendricks
en mi trabajo!
Coloqué ese documento en la pared arriba de mi escritorio, y
cada vez que pensaba dejar el seminario y rendirme, leía y leía las
palabras del Dr. Hendricks acerca de mí. Todavía tengo ese papel
precioso.

121
Las siete leyes del aprendizaje

¡Créalo o no, tuve la audacia para creer lo que escribió! Hasta


ese momento, nunca me veía así. Nunca había tenido un sueño
escondido en mi corazón. Solamente era un alumno del primer año,
temblando de miedo ante la posibilidad de reprobar.
¿Qué sucede cuando una persona que usted respeta mucho com-
parte las expectativas altas que tiene acerca de usted? ¿Siente que
florece por todos lados? La gente que nos ama lo suficiente para ver
algo maravilloso en nosotros —y que se preocupa lo suficiente para
decírnoslo— nos ayuda a ser lo que Dios quiere que seamos.
Sus palabras tienen una influencia poderosa sobre otras perso-
nas. Usted puede estar en la lista que alguien escribe con los nom-
bres de personas que creyeron en él. Usted puede ser el Dr.
Hendricks para la gente que conoce —si quiere serlo. En el próxi-
mo capítulo le explicaré un proceso fácil de usar para hacer flore-
cer a la gente.

Preguntas para reflexión

1. ¿Cuáles son las personas que usted conoce que son mejores
para «considerar» a otros? ¿Cómo han desarrollado sus habili-
dades de «leer» a otros? Mencione maneras específicas en
que se puede «leer» a su público para poder motivarlos.
2. El apóstol Pablo era excelente para «exhortar». Lea 2 Corintios
y haga una lista de cada emoción que sentía y expresaba al
exhortar a la iglesia a obedecer la voluntad del Señor. Escriba
las emociones que usted mismo utiliza normalmente, y otras
que todavía le cuesta usar. ¿Cuáles de estas últimas podría
usar en el futuro?
3. Describa las expectativas que tenían sus padres acerca de us-
ted. Mencione un par de ejemplos como el de mis pantalones
plateados, buenas o malas expectativas. ¿Qué lecciones apren-
dió de sus padres que le ayudaron a ser mejor padre o madre?

122
La ley del potencial

4. ¿Quién le hizo florecer más en su vida? Describa un par de


incidentes que tuvieron un impacto en usted, y explique la dife-
rencia que hicieron. Si pudiera hacer florecer a tres personas
en su vida, ¿quiénes serían? ¿Por qué? Escriba al lado de sus
nombres por lo menos una manera en que usted puede hacer-
los florecer en las próximas cuatro semanas.

123
4
LA LEY DEL POTENCIAL; EL
MÉTODO Y LOS MAXIMIZADORES

Guy Dowd, ex maestro del año, dijo una vez: «No importa dón-
de usted crezca, la gente a su alrededor tiene un tremendo impacto
en usted. Ayudan a formar, moldear, su vida y sus sueños. Y cuan-
do sea adulto, usted también estará en la lista de alguien».
¿Cómo llega a estar en esa lista? ¿Cómo puede esperar lo
mejor de sus alumnos? ¿Cómo expresa esa expectativa?

El método de la ley del potencial

Permítame sugerir cinco pasos que se pueden usar con cual-


quier persona y cualquier lugar y en cualquier momento. Estos pa-
sos son universales —funcionan sin importar quién es usted o a
quién usted quiere hacer florecer. Le permiten tomar un momento
normal en un día normal, y utilizarlo para hacer florecer a la perso-
na que le interesa.

1. EXAMINE a la persona que usted quiere hacer


florecer.
Lo primero que debe hacer es abrir los ojos. Debe «examinar»
a la gente que quiere hacer florecer, prestando siempre una «aten-
ción» cuidadosa. Debe estar alerta para buscar una situación que

125
Las siete leyes del aprendizaje

pueda utilizar para expresar sus expectativas positivas a la persona.


Cuando usted examina algo, lo estudia, presta atención cuida-
dosa, y considera lo que sucede. Esto requiere su atención comple-
ta. Tiene su antena arriba. Está revisando constantemente a sus
alumnos, buscando una oportunidad. Usted no hace las oportunida-
des, sino que se da cuenta cuando aparecen. Una vez que haya
aprendido esta habilidad, reconocerá que las oportunidades existen
en casi todo lugar.

2. EXPONGA lo que hizo la persona.


Una vez que haya visto a una persona actuar de una manera
que usted puede usar para su bien, entonces debe hacerle saber
que lo ha visto. Debe «exponer» el hecho a la persona, dándole
una «descripción» verbal. Ilumine su conducta con un foco para
que vea que usted se ha fijado en ella.
Esto lo hacemos verbalmente. Describimos a la persona, en
voz alta, lo que vimos o escuchamos. Esto forma la base sobre la

126
La ley del potencial

cual edificamos la expectativa. Muchas veces yo comienzo esto


con, «Tú hiciste_____», y explico a la persona lo que observé.
Supongamos que su hija Michelle ha tenido dificultad con la
matemática. Parece como si a usted le hubiera estado fastidiando
durante cincuenta años. Pero se ha fijado que en las últimas sema-
nas ha estado estudiando sin que usted tenga que insistir. De pronto
usted reconoce, ¡Aquí hay una oportunidad para hacer flore-
cer a mi hija!
Usted se acerca a ella y le dice, «Michelle, me he fijado que tú
estás estudiando largas horas últimamente. Te has esforzado mu-
cho, especialmente en la matemática». Dígalo en voz alta. Cuénte-
le lo que ha visto, porque probablemente no estaba consciente de
que usted se había fijado. Entonces deje que ella registre ese he-
cho, haciendo una pausa antes de seguir al próximo paso (que des-
cribiré en un momento).
Juanito acaba de recibir una «A» (la nota más alta) en una
prueba difícil. Su antena está arriba y usted piensa, Aquí tengo la
oportunidad para hacer florecer a mi alumno. Entonces usted
dice, «¡Juanito! Tú acabas de recibir una «A» en ciencia!» Haga
una pausa. Deje que su comentario llegue a su corazón. No se
olvide de esta pausa —es muy importante.
Al final de la segunda etapa, los dos tendrán su atención total
puesta en el evento específico que será la base de la expectativa.

3. Describa su EMOCIÓN acerca de lo que hizo la


persona.
Después de examinar a la persona y exponer su buena conducta
verbalmente, proceda a decirle lo que usted siente acerca de lo que
hizo. Describa su «emoción» y su «reacción» acerca de lo sucedido.
Cuéntele a Juanito cómo se siente acerca del trabajo escrito.
Ocupe la fórmula, «Eso me hace sentir______». Por ejemplo, po-
dría decir a Juanito, «¡Eso me hacer sentir muy orgulloso de ti,

127
Las siete leyes del aprendizaje

hijo!» Ocupe palabras que él pueda apreciar en su nivel de madu-


rez. No ocupe una frase de adultos cuando habla con un joven de
trece años. No diga a un joven por ejemplo, «Eso me hace sentir
sumamente conmovido y complacido». Llame su atención con las
palabras que elija.
Entonces haga una pausa. Deje que lo registre. Asegure que
su contacto visual sea claro y fuerte. Deje que se incomode un
poco al recibir su aprobación emocional. ¡Yo garantizo que cual-
quier niño —aun un adolescente— disfrutará ese momento!

4. Diga a la persona lo que ESPERA de ella en el futuro.


Hasta ahora no ha hecho florecer a la persona. Solamente le
ha dicho algo agradable. Su comentario tan amable le hace sentir
bien acerca de algo que ha hecho, pero no la transforma como
persona, porque está basado en algo en el pasado. No tiene una
dimensión futura. Las persona no está segura si puede hacerlo de
nuevo. Juanito se siente bien por haber sacado su primera «A» en
ciencia, pero está pensando, No estoy seguro de que pueda sa-
car una «A» en ciencia de nuevo mañana.
Es aquí donde el poder de la expectativa entra en acción. Las
expectativas toman algo del pasado y lo lanza hacia el futuro. Este
es el paso en que le dice a la persona lo que «espera» de ella, y
comparte su «expectativa» diciendo, «Creo que estás llegando a
ser _____».
El hecho de expresar una expectativa logra mucho más que un
halago. Una expectativa obliga a la persona a quitar su atención de
lo que ha hecho, y poner la atención en lo que puede llegar a ser. La
lleva al paisaje donde se realizan los sueños.
Cuando usted le dice a una persona lo que espera de ella, está
siendo visionario. Los medios de comunicación están siempre queján-
dose de que el país necesita visionarios. ¿Qué es un líder visionario?
Es una persona que puede ver lo que otros no ven todavía. Un líder

128
La ley del potencial

visionario puede ver en el horizonte más allá de la vista humana nor-


mal, y puede contarnos las cosas maravillosas que solamente él ve.
Dios lo llama a usted a ser un padre visionario, un maestro
visionario, o un jefe visionario. No solamente acerca de las metas u
objetivos de su familia, escuela, o compañía, sino acerca de las
personas en esas familias, escuelas, y compañías. Está llamándolo
a salir de la rutina y volar en las nubes del potencial. Muestre a sus
alumnos esa «orilla plateada» que está en su futuro; solamente tie-
nen que buscarla.
Eso es lo que hizo el Dr. Hendricks conmigo en mi primer año
del seminario. Me ayudó a ver un futuro que yo no podía imaginar
hasta que él apuntó con su dedo de mentor a lo que creía por mí.
No lo vi al principio, porque estaba solamente en el ojo de su imagi-
nación. Pero como creía tanto en él, aprendí a creer que su sueño
podría en verdad realizarse. Y porque lo veía, lo busqué, y se abrie-
ron nuevos caminos.
Cuando expone algo, llama la atención al pasado, porque el
evento ya sucedió. Cuando describe su emoción con respecto a la
situación, está en el presente. Pero si desea moldear el futuro,
tiene que moverse hacia el futuro; tiene que decirle a la persona lo
que piensa que puede llegar a ser por la gracia maravillosa y
capacitadora de Dios.
¿Cuántas veces hacemos esto? ¿Puede recordar en la última
semana que alguien haya hablado con usted acerca de su futuro de
una manera que hizo palpitar rápidamente su corazón? Entonces se
dijo a sí mismo, ¡Me gusta ese cuadro de mi futuro! ¡Me gustaría
que eso sucediera! Si usted es como los demás, probablemente
hace mucho tiempo que alguien le hizo dar de sí y le alimentó y
esperó lo mejor de usted. ¿Sabe qué más es verdad? La persona a
la vuelta de la esquina está en la misma situación —¡pero esa per-
sona lo tiene a usted! ¿Por qué no esparcir un poco de «fe y espe-
ranza» en su dirección?

129
Las siete leyes del aprendizaje

Con demasiado frecuencia, en vez de pintar cuadros dorados


del futuro, nos quejamos del pasado. Pero el Señor quiere que sea-
mos personas que pueden tener una visión de lo que Dios puede
hacer en el futuro.
Todas las expectativas eficaces tienen un número de caracte-
rísticas en común:
Primero, expresan fe en el potencial de la persona. Utilice pa-
labras como «creo que está llegando a ser ...», o «puedo ver que
está desarrollando...», o «siento que algún día será el tipo de perso-
na que ...», o «no me sorprendería si...». Yo uso bastante la palabra
«creo», porque yo no tengo certeza acerca del futuro de nadie,
¿verdad?
Segundo, ocupan la perspectiva del futuro —llegar a ser, con-
vertirse en, comenzar a, desarrollar, crecer. Estas palabras se-
ñalan algo que la persona puede llegar a ser, algo que puede antici-
par, algo que le puede hacer sentir bien, porque presenta una opor-
tunidad abierta.
Tercero, eligen lo positivo y no lo negativo. Asegúrese de que
la descripción del futuro sea un sueño dorado, y no una pesadilla
destructiva. Evite cualquier cosa que se acerque al miedo; al con-
trario, siempre alimente la fe en el corazón.
En cuarto lugar, las expectativas eficaces se ajustan a las aspi-
raciones más nobles de la otra persona. Lo importante no es
compartir sus propios sueños, sino encontrar el sueño de la otra
persona. La razón por la que la expectativa del Dr. Hendricks hizo
un impacto tan dramático en mí fue porque tocó las aspiraciones
profundas dentro de mí. Estas aspiraciones eran mías —aunque
quizás ni podía admitirlo en el momento— y él pudo discernirlas y
moverlas al mundo de las posibilidades.
En quinto lugar, son expresadas en términos inspiradores, y no
limitadores. No sea tan específico que no permita a la persona
pintar sus propios detalles en el cuadro. Ocupe las brochas gran-

130
La ley del potencial

des, y pinte con colores claros, llenos de esperanza, y guarde los


pinceles finos. Nunca diga: «Puedo verte sacando solamente «A»
en tu informe de calificaciones desde ahora en adelante». Eso po-
dría ser una prisión que limita en vez de ser alas para volar. En
contraste, debe decir algo como: «Creo que tú eres una persona
que alcanza las estrellas y nunca te conformas con nada que no sea
tu mayor esfuerzo».
En sexto lugar, las expectativas eficaces están dentro de lo posi-
ble. Nunca mienta a la persona que usted quiere hacer florecer.
Nunca le diga algo para hacerla sentirse bien, sabiendo en su cora-
zón que no lo puede lograr. A veces sus expectativas harán extender
sus propios límites, pero nunca cruce al lado de la imposibilidad.
Si ha expresado una expectativa apropiada, entonces habrá
tocado un acorde profundo y maravilloso en el corazón de la perso-
na. Y cuando se toca, suena dulce y precioso. Da poder, alimenta y
capacita. Lo verá en su cara, y a veces la persona quedará callada
y pensativa, porque nunca imaginó que alguien pudiera pensar algo
tan maravilloso de ella. Permítale saborear el momento. Deje que
se grabe bien en su corazón.

5. EXPRESE afecto con contacto físico apropiado.


«Exprese» afecto a la persona a quien usted quiere hacer flo-
recer, siendo cercano y personal con ella. Ahora es el momento
para cimentar su expectativa en el corazón de la persona. Acaba
de decir algo increíblemente precioso a la persona, y debe cimentar
ese momento con el contacto físico apropiado. Muévase desde la
anticipación al «afecto».
Si es un niño pequeño, podría darle un abrazo de hombre. Si es
una niña, podría agacharse a su nivel y apretar su mano suavemen-
te. Si es un colega, podría tocar su hombro.
A veces cuando hago esto con una persona del sexo opuesto,
no la toco literalmente,... pero sí la toco. Expreso las palabras apro-

131
Las siete leyes del aprendizaje

piadas, sonrío, entonces afirmo con la mirada, y hago una leve re-
verencia. En nuestra sociedad hoy, tenemos que tener mucho cui-
dado con el contacto físico.
Ahora veamos el proceso completo. Miremos dos situaciones
—una en un hogar típico, y otra en la escuela dominical.
Supongamos que es el Día del Padre. Usted ha tenido una
semana difícil, y ha estado diciendo a su esposa que va a celebrar
el día durmiendo tarde y lograr el descanso que necesita. Llega el
sábado en la noche, y usted apaga la alarma, imaginando que va a
dormir hasta las 9:30. Pero mientras está todavía profundamente
dormido, escucha un sonido extraño. No sabe lo que es, pero no
quiere levantarse. Quizás termine de sonar. Todavía está oscuro.
Entonces el sonido llega a la puerta del dormitorio. Usted da
vuelta, y quiere taparse la cabeza con la almohada. Pero su esposa
se levanta y abre la puerta.
—¿Qué sucede? ¡Pasa, cariño!
Es su hija menor. La pequeña. Ha traído una bandeja con pla-
tos y tenedores y servilletas. Apenas puede ver. ¡Esto no puede
ser! Se acerca lentamente a la cama, con una cara tímida y espe-
ranzada.
¡Está sirviendo al papá el desayuno en la cama! Es tan tempra-
no que no se ve el sol todavía. Pero ella está entusiasmada, ofre-
ciendo la bandeja en sus pequeñas manos.
—Cariño —dice usted—, ¿Qué es esto?
—Bueno, papá, hoy día es el Día del Padre, y yo te traje el
desayuno a la cama, tal como lo hace la mamá.
—¿Me has traído el desayuno a la cama? [EXPONER]. ¿Y
qué son estas cosas ricas que me has preparado? (Usted no sabe lo
que son, ¡porque hay varias cosas que no puede reconocer flotando
en el plato!)
—Te hice huevos revueltos (¡Ah, eso es lo que son!), y estos
son panqueques (¡Esto va a ser un gran desafío!)

132
La ley del potencial

Y usted ve una taza con cosas extrañas flotando.


—¿Y esto? ¿Qué es?
—Papá, es mi primera vez. Es tu café favorito. Puse esas
cosas de color café en agua caliente en el horno microonda. ¡Espe-
ro que te guste!
Ahora, ¿usted ve cuán precioso es este momento para su hija?
¿Cómo puede poner en práctica el método del potencial?
—Jenny, ¡tú me has hecho el desayuno más maravilloso que
cualquier papá pudiera desear! ¡Mira los huevos, los panqueques, y
una taza de café hecho en casa! [EXPONER]. ¿Sabes cómo se
siente papá? ¡Maravilloso! ¡Me siento tan amado y especial! ¡Creo
que soy el papá más feliz en todo el mundo! ¡Mira lo que has hecho
para mí! [EMOCIÓN].
¿Puede imaginar cómo ella va a absorber todo ese amor y
cariño? ¡Pero no se detenga aquí! Haga que ella florezca para el
futuro. ¿Recuerda lo que ella dijo hace un momento? Ella reveló
que ella quiere ser «tal como la mamá». ¿Cuál es su visión de su
futuro? Correcto; ella desea ser como su mamá.
—¡Eres una gran ayuda, tal como tu mamá, y creo que vas a
llegar a ser una mamá maravillosa, haciendo a todos felices en tu
hogar! ¡Y serás una buena cocinera también! [EXPECTATIVA].
Tráigala a su lado y dele un gran abrazo y un beso. Demuestre
su amor y cariño con su cercanía [EXPRESAR AFECTO].
Cuando salga de su dormitorio, estará caminando sobre las
nubes. A su papá le gustó su primer intento de servirle desayuno en
la cama; pero aún más importante, ¡ella estaba llegando a ser como
su mamá!
¿Por qué es tan vital eso? Porque esa niña pequeña piensa que
la persona más maravillosa en el mundo es su mamá. Todas esas
características de ser comprensiva, cariñosa, de servir a los demás,
amorosa, buena cocinera, buena para escuchar —¡está empezan-
do a tenerlas!

133
Las siete leyes del aprendizaje

Tome este método del potencial, mi amigo, de estas páginas, y


practíquelo en los momentos de su día. Resultará con todos los que
encuentre si solamente se preocupa de usarlo para su bien.
Ese es el proceso. Primero, examine a la persona. Observe lo
que sucede y encuentre un momento que puede utilizar para hacer
que alguien florezca. Segundo, exponga lo que hizo la persona.
Entonces tome una pausa. Tercero, exprese como se siente acerca
de lo que ha hecho. Cuéntele qué emoción causó. Entonces otra
pausa. En cuarto lugar, pinte para la persona un cuadro de lo que
pudiera ser su futuro. Dígale lo que espera de ella en el futuro. Una
vez más, una pausa. Finalmente, asegúrese de que la expectativa
quede grabada en su corazón; haga el contacto físico apropiado
con la persona. Exprese afecto.
Eso es todo. Garantizo que funcionará con cualquier persona,
en cualquier lugar, y en cualquier momento.
Hagámoslo una vez más.
Imagine que es el Día del Maestro en su iglesia. Ha tenido un
grupo difícil este año, y un alumno particular, Brandon, ha sido difícil
de motivar. El domingo en la mañana, los alumnos llegan, y después
de que haya comenzado la clase, aparece Brandon, atrasado, trayen-
do un florero pequeño con flores marchitas y unos dulces baratos.
—Pasa, Brandon —dice usted—, ¿qué traes?
—Los traje para usted —dice tímidamente.
Ahora, usted puede decirle a Brandon que está atrasado. Us-
ted sabe que ha interrumpido su clase. Además, no solamente es-
tán marchitas las flores, sino que tampoco le gusta ese tipo de dul-
ces. O usted puede reconocer que este es un momento especial
para él. Podría decirle un halago, y pedirle que se siente, pero qui-
zás el momento sea más importante que eso. Posiblemente valga la
pena atrasar la clase un poco para hacer florecer a alguien.
—Brandon, ¿tú escogiste estas flores para mí? ¡Qué lindas!
¿Y compraste los dulces para mí? ¡Qué cariñoso! ¿Sabes cómo me

134
La ley del potencial

siento? Me siento maravillosa. ¡Creo que me has hecho la profeso-


ra más feliz del mundo!
Entonces debe hacer una pausa. Él podría brillar por la adula-
ción. Pero también le puede incomodar, porque no está acostum-
brado a recibir adulación así.
—¿Sabes qué? Creo que vas a ser una persona muy especial,
y que cada profesora que tengas se sentirá muy afortunada de
tenerte en su clase!
Haga otra pausa. Permita que piense en el significado de esto.
Entonces dele un abrazo y una palmada en el hombro. Este es un
momento muy especial para Brandon.
Eso es lo que significa hacer a alguien florecer. No es dema-
siado difícil, y es maravilloso. Piense en todo el bien que usted
puede hacer en la vida de tantos alumnos y familiares necesitados.
Solamente tiene que cambiar su enfoque de los problemas del pre-
sente a los sueños del futuro. ¡Que sea conocido, amigo, como una
persona que tiene poder para hacer florecer a las personas!

Los maximizadores de la ley del potencial

«Tanto el que espera grandes cosas de otros, como el que es-


pera poco, recibirán lo que esperan». Ya que nuestras expectativas
son tan importantes para nosotros y para quienes enseñamos, ofre-
cemos la siguiente lista de maximizadores para capacitarlo a sacar
lo máximo posible de sus esfuerzos para hacer florecer a otros.

Maximizador 1. Establezca contacto visual directo.


Los ojos, no los oídos, son los receptores principales. Aprove-
che esto y comunique sus expectativas a través de los ojos. El
contacto visual directo confirma su sinceridad. Maximiza el impac-
to de sus palabras.

135
Las siete leyes del aprendizaje

Establecer el contacto visual directo da más poder a la expresión


de las expectativas. Mire directamente en los ojos de la persona que
quiere hacer florecer. No pestañee, y no mire al lado. Esta es una
oportunidad preciosa para dar un tesoro a una persona. No simple-
mente lo tire hacia ella. Debe envolverlo y entregárselo. Sin el con-
tacto visual, su expectativa podría tener poca eficacia. El contacto
visual agrega poder a sus esfuerzos para hacer a alguien florecer.
Después de terminar una conferencia de Caminata Bíblica, y
cuando estamos caminando hacia la puerta, frecuentemente me
detengo para hablar con la persona que camina detrás de mí. La
miro en la cara, y empezamos a conversar un poco. Entonces le
digo alguna palabra de ánimo acerca de algo que hizo, haciendo
referencia también a una expectativa en el futuro. La miro directa-
mente en los ojos y mantengo su atención hasta que la expectativa
haya quedado grabada en su corazón.

Maximizador 2: Seleccione sus oportunidades con


propósito.
Un amigo mío que es pastor es excelente para buscar oportuni-
dades para hacer florecer a otros. Cada miércoles en la noche,
después de la reunión en la iglesia, y el tiempo con su familia, va a
su oficina y abre una cajita que tiene sobre su escritorio. En esa
cajita hay tarjetas, cada una con el nombre de un diácono y de su
esposa e hijos. Tiene el nombre de su trabajo, su empleador, y cual-
quier petición de oración especial.
A las 9:45 pm, saca una tarjeta de la cajita, la lee, entonces ora
por todos en la tarjeta. Después coloca la tarjeta atrás y se prepara
para usar una oportunidad con propósito.
Lo llama al diácono a su casa.
—¡Hola, Roberto! ¡Soy yo, el pastor!
Típicamente escucha:
—¿Qué sucede, pastor?

136
La ley del potencial

—Quería que supieras que acabo de estar orando por ti, tu


esposa, y tu familia [nombra a los hijos] y las peticiones especiales
que me habías dado. ¡Pero ahora quería decirte que es un placer
tenerte en el cuerpo de diáconos! Tu contribución significa mucho
para mí. Me anima mucho tener a hombres como tú en el directo-
rio, hombres que realmente se preocupan, que dan todo, y que no
son hombres que simplemente dicen que «sí» a todo. Gracias por
participar, no solamente con tus palabras, sino con tu vida y tus
acciones. Me hace sentir muy animado.
Entonces hace una pausa.
—Y Roberto —continúa—, Siento que la mano de Dios está
sobre ti. Creo que al seguir madurando y sirviendo a Dios, él te va
a usar para cosas grandes en el futuro.
Pausa.
—Es un placer, un placer genuino ser tu pastor, Roberto. ¡Gra-
cias por el privilegio!
Entonces termina la conversación.
¡Qué tremendo! ¿Qué haría usted si recibiera una llamada te-
lefónica como esa? ¿Qué está haciendo ese pastor? Está creando
una oportunidad a propósito para hacer florecer a uno de sus cola-
boradores cada miércoles.
Este principio no funciona solamente cuando suceden cosas bue-
nas; también sirve cuando suceden cosas malas. Podemos entrenar
a nuestra familia y a nuestros alumnos en situaciones negativas.
Hace años, nuestra hija Jenny trajo a la casa tres «F» (nota
desaprobatoria) seguidas en matemática. No me dijo nada hasta el
momento que a ella le pareció apropiado.
—Papá —dijo—, tengo que decirte algo que probablemente no
te va a gustar.
—¿Sí, Jenny?
—Tienes que firmar estos papeles.
Me pasó un sobre, y lo abrí. Tres «F» me saltaron a la vista.

137
Las siete leyes del aprendizaje

¡Ay, no!, pensé. Pero afortunadamente la ley del potencial me vino


a la mente. Decidí probar algo diferente.
—Jenny, sacaste tres «F» seguidas en matemática. Tú sabes
que esto nos preocupa y nos frustra, a mí y a tu mamá, por tu falta
de esfuerzo en la clase, ¿verdad? Jenny, ponte el abrigo ahora.
—¿Mi abrigo?
—Sí, busca tu abrigo.
Callada, fue a buscar su abrigo. No tenía idea de lo que iba a
suceder, pero no sonaba bien.
—¿Qué vas a hacer? —Susurró mi esposa.
—¿Por qué no vienes conmigo. Es un momento para hacer
florecer a nuestra hija —contesté.
Los tres subimos al automóvil, y yo expliqué:
—Jenny, sacaste tres «F» en matemática. ¡Tu mamá y yo
estamos muy contentos que por fin las hayas traído afuera! ¡Ahora
vamos a comer helados para celebrar!
—Papá, ¿estás bromeando?
—No, Jenny. ¿No es bueno dejar atrás las «F»? Creo que,
ahora que las has traído afuera, estás preparada para estudiar de
verdad. Creo que vas a empezar a realizar todo el potencial que el
Señor te ha dado. Tú mamá y yo pensamos que tienes la fuerza
interior para enfrentar la situación y conquistar la matemática.
—¿De veras, papá? ¡Me van a comprar un helado!
—Sí. Y será uno doble, Jenny. Tú mamá y yo te amamos, cari-
ño, y todo estará bien. Entonces le dimos un gran abrazo. El resto
de la noche fue inolvidable. Jenny no podía creer su buena fortuna,
y nos reíamos y contábamos chistes. Ella bebió del cariño y afecto
que le demostraban amor incondicional.
Pronto dejó de sacar «F».
Tenemos oportunidades para expresar nuestras expectativas
positivas aun en medio de situaciones negativas. Tenemos que re-
conocerlas y usarlas para el bien.

138
La ley del potencial

Maximizador 3. Precise sus expectativas con


creatividad.
Utilice su creatividad para expresar sus expectativas. Hay una
cantidad sin número de maneras de hacer esto, pero permítame dar
cinco ejemplos de cosas que puede intentar:

1. En oración. Exprese sus expectativas a Dios en oración.


¿Ha mirado cuidadosamente las epístolas de Pablo? Siempre esta-
ba orando acerca de sus expectativas sobre la gente. ¡Incluso las
escribió en sus cartas!

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro


Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los
cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de
su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior
por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros
corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,
seáis plenamente capaces de comprender con todos los san-
tos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,
y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conoci-
miento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a
Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho
más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, se-
gún el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la
iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de
los siglos. Amén. (Efesios 3.14-21)

¿Qué significaría esta oración para la gente de Éfeso? ¿Cree


que les animaría el hecho de saber que el gran apóstol estaba oran-
do por ellos así?

139
Las siete leyes del aprendizaje

2. Dígalas indirectamente. Conocí este método creativo cuan-


do trabajaba para el Dr. Stephen Slocum, quien era el vicepresidente
ejecutivo del seminario de graduados al que asistí. Su oficina estaba
al lado del presidente John Walvoord, y mi escritorio estaba cerca de
las oficinas de los dos. Un día el Dr. Slocum y el Dr. Walvoord pasa-
ron por mi escritorio. Mi jefe miró al presidente y le dijo:
—Dr. Walvoord, quiero sepa lo que hizo Bruce el otro día por
el seminario. Entonces le informó de algunos logros importantes
durante las semanas anteriores. Yo estaba sentado allí mismo, es-
cuchando la conversación. Ninguno me miró o me habló, pero no
pude evitar escuchar los halagos.
—Quiero que sepas como presidente la clase de gente que
tenemos aquí trabajando, y creo que pronto habrá cosas mejores
todavía —dijo el Dr. Slocum. Entonces se fueron. Yo estaba cami-
nando sobre las nubes por varios días, y empecé a trabajar con
doble esfuerzo para realizar las expectativas increíblemente
motivadoras.
Considere este método la próxima vez que distribuya los traba-
jos escritos en su clase de composición literaria. Coloque en medio
de la pila el trabajo que desea usar para hacer florecer a una perso-
na; cuando le toque entregarlo, deténgase, mira alrededor de la
sala, y pida la atención de todos. «Ahora, jóvenes, ¿ven este docu-
mento? ¡Este trabajo es excelente! Tuve que ponerle la nota de
«A+». Al leerlo, me dio un sentimiento de satisfacción por tener a
una alumna que se esfuerza tanto en mi clase. Creo que esta estu-
diante está bien encaminada para ser una persona que escriba artí-
culos que leeremos en nuestros diarios, o incluso en una revista
como Time. Todos debemos felicitarla.
Entonces camine hacia la alumna y devuélvale su trabajo. «¡Bien
hecho, Raquel! ¡No puedo esperar hasta ver su próximo trabajo!»
Toque su hombro si es apropiado, y sonría.

140
La ley del potencial

¿Sabe lo que sucederá? Brotarán flores por todos lados en


Raquel —podrá verlas florecer con sus propios ojos. Además, pue-
de estar seguro de que todos van a esforzarse un poco más en su
próximo trabajo, porque les gustaría que se dijeran cosas así tam-
bién acerca de ellos. Motívelos. Directamente e indirectamente.

3. Escríbalas. Es increíble lo que puede lograr una nota escri-


ta. Es diferente de hablarlo en voz alta; es permanente, tangible.
He descubierto que muchas personas guardarán una nota toda su
vida —porque es raro este tipo de nota.
Una pequeña nota en una hoja de papel, o en una tarjeta, hará
milagros. Colóquela en el escritorio de la persona, o insértala en el
libro que está leyendo, o envíela en el correo.
Mi esposa es muy eficaz en escribir cartas para animar, no sola-
mente a sus familiares, sino a personas en todas partes del mundo;
ella expresa amor en forma silenciosa en sus cartas. Si le cuesta
decírselo en persona, entonces exprese sus expectativas en cartas.

4. Utilice el teléfono. Tiene treinta niños de once años en su


clase, y usted decide llamar a uno de ellos cada jueves durante el
semestre. Esto es lo que hace: espere hasta la hora de la comida. A
nadie le gusta que lo llamen a la hora de la comida, así que a esa es
la hora que usted llama. Ya verá por qué en un momento.
—¡Aló! ¿Puedo hablar con Jorge? —dice usted. Los padres
casi siempre contestan el teléfono durante la hora de la comida,
porque quieren evitar llamadas de los amigos de sus hijos. Prefie-
ren que no los molesten.
—¿Quién es? —dicen.
—Soy la señorita Pérez, la profesora de Jorge. Necesito ha-
blar con él un momento, por favor.
La madre tapa el teléfono.

141
Las siete leyes del aprendizaje

—Jorge, es la señorita Pérez, tu profesora. ¿Qué maldad has


hecho ahora? ¡Ahora te has metido en un problema, jovencito!
Pobre Jorge no sabe qué decir, así que va caminando lenta-
mente hacia el teléfono y apenas puede decir:
—¿Sí? —Todos han dejado de comer, y se puede sentir la ten-
sión en el comedor. Los padres están mirándose, pensando ¡Esto
es serio—muy serio!
—¿Jorge? Estaba corrigiendo las tareas.
—¿Sí?
—Acabo de terminar la tuya, y Jorge, ¡era muy buena! ¡Era
excelente! Sacaste una «A+».
—¿En serio? —Se pone una cara de incrédulo, y sus padres
están mirando, esperando que caiga la bomba.
—Sí, y quería llamarte para decir que estoy muy orgullosa de
ti. Creo que estás llegando a ser uno de mis especiales alumnos, y
¡quería decirte que creo que eres una maravilla! ¡Adiós!
Entonces cuelgue el aparato. No lo deje hablar.
Jorge cuelga y su padre inmediatamente grita:
—¿Qué dijo? ¿Qué has hecho ahora?
—Papá, solamente llamó para decir que saqué una «A+», y
que está muy contenta que estoy en su clase. ¡Me dijo que estaba
llegando a ser uno de sus especiales alumnos!
¡Qué momento para guardar entre los recuerdos familiares! Si hu-
biera podido sacar una foto antes y después, ¡habría sido preciosa! Ha
hecho que ese niño se vea bien delante de su familia entera. ¡A la hora
de la comida! ¿Cómo será la actitud de Jorge en la clase mañana?
Use el teléfono para hacer a alguien florecer en su clase;
para eso está.

5. Enviar algo especial. Usted puede ser realmente creativo con


esto. Supongamos que tiene problemas con un adolescente en su cla-
se. No puede llegar a él, y no sabe qué hacer. Aquí va una sugerencia.

142
La ley del potencial

Vaya a la pizzería cercana y diga: «Me gustaría comprar una


pizza y enviarla a esta dirección. Pero antes de enviarla, me gusta-
ría escribir algo en la caja. (¡Asegúrese que pongan extra pepperoni!)
Entonces escriba en la caja: «Estaba pensando en ti. Lo siento
que he sido un poco duro contigo en la clase últimamente. Quería
que supieras que estoy de tu lado, y que creo que vas a lograr tu
sueño. ¡Gracias por dejarme ayudarte a volar como un águila en un
mundo lleno de pavos!»
¡Ese niño tendrá que rendirse mañana! Usted lo ha amado en
su propio lenguaje. Realmente puede causar que aprenda... si lo
ama suficiente. Envíele una pizza de pepperoni con doble queso, y
escriba la nota en la caja que le hará florecer.
A veces no necesita muchas palabras si ha seleccionado la cosa
correcta para enviar. Nunca olvidaré cuando alguien me hizo esto. El Dr.
Paul Keinel, presidente de la Asociación Internacional de Escuelas Cris-
tianas, me había pedido varias veces que hablara en su conferencia en
California. Siempre le decía que tenía mi programa demasiado ocupado.
Entonces un día, sin esperarlo, me llegó un paquete grande a la
oficina, sin remitente. Cuando mi secretaria y yo lo abrimos, se
desenredó una alfombra roja con un mensaje pegado al final. «Es-
tamos poniendo la alfombra roja para usted. Creemos que usted es
el mensajero perfecto para nuestra conferencia.»
¡Increíble! ¡Qué impacto! Llamé inmediatamente y me compro-
metí. Desde entonces hemos llegado a ser buenos amigos y hemos
ministrado juntos en todo el país en sus excelentes conferencias. Siem-
pre «ponen la alfombra roja» para sus mensajeros y profesores.

Maximizador 4: Escoja sus palabras con precisión.


Uno de los problemas que tienen todos los comunicadores es
que la gente no escucha bien. Si quiere hacer un impacto, debe
escoger sus palabras con cuidado. Tenga cuidado con lo que dice
de la gente. Esto incluye los sobrenombres:

143
Las siete leyes del aprendizaje

«Oye, tonto, quiero decirte que te fue bien».


«Princesa, ven un momento».
«Campeón, ¿sabes qué? Creo que serás el nuevo Billy Graham
para esta generación.»
«¡Oye, regordete!»

Unos abuelos pensaban que era simpático llamar a su nieto


«hediondito». ¿Cree usted que el niño lo encontraba simpático?
Escoja sus palabras con cuidado. Piense antes de hablar.
Algunos tenemos más problemas con el uso poco cuidadoso de
nuestra lengua. Recuerde: No hay nada más difícil que retractarse
de las palabras dañinas que ha lanzado. Así que tenga cuidado. Si
tiene problemas en esta área, medite en Santiago 3. Piense de an-
temano en cosas positivas que decir.

Maximizador 5: Recurra al uso apropiado del tacto.


Un día viernes hace algunos años, estaba trabajando tarde en
la oficina después de una semana larga y difícil. Tenía planificado
un viaje a una conferencia para hablar cinco veces durante el fin de
semana, y tenía que salir en una pocas horas. Todo dentro de mí
estaba gritando, «¡No quiero ir a esta conferencia!» Estaba ex-
hausto. Estaba de mal humor. Estaba sin energía, incapaz de ministrar
a nadie.
Tomé mi maletín y una caja con papeles, y salí por la puerta. Mi
padre, que también trabaja para Caminata Bíblica, me vio cami-
nar por la puerta con poca energía. Estaba trabajando tarde tam-
bién, y leyó mi mente como un libro.
—Un momento, hijo —me llamó—. Déjame ayudarte con eso.
—Papá, estoy bien.
—No. Déjame llevar algo.
Siempre se debe obedecer al papá. Puse las cosas en el suelo.
—Ahora mírame un segundo.

144
La ley del potencial

Así que lo miré. Se acercó, me miró a los ojos, y sin decir nada,
me abrazó. No un abrazo corriente. Me dio un abrazo de oso, y no
me soltó.
—Tu mamá y yo sabemos que estás bajo mucha presión —
dijo—, ¡pero estamos muy orgullosos de ti, hijo! ¡Es tan lindo traba-
jar contigo aquí en Caminata Bíblica! ¡El Señor te va a utilizar de
una manera poderosa este fin de semana! ¡Todo saldrá bien!
Cuando me soltó, las lágrimas corrían por mi cara. Todavía se
me hace un nudo en la garganta cuando cuento la historia. Me
levantó el maletín y mi caja, y se fue hacia el automóvil. Estaba
parado allí sin poder moverme.
—Dame las llaves —dijo.
—¡Papá!
—No. Las llaves.
Le pasé las llaves. Abrió la puerta del automóvil. Me senté, y él
cerró la puerta.
—¡Será un fin de semana maravilloso!
Al ir manejando el vehículo hacia la conferencia, me decía:
—¡Será un fin de semana maravilloso! ¡El Señor va a hacer
algo poderoso!
Mi papá tomó mis baterías descargadas y las recargó. Hizo la
mayor parte con el abrazo, con el tacto. Tóquelos en forma apro-
piada. Pero tóquelos.

Maximizador 6. Actúe con cuidado en su lenguaje


corporal.
Los investigadores han encontrado que la gente utiliza más de
cien señales no verbales al comunicarse. Asegúrese, entonces, que
su lenguaje corporal está en armonía con el lenguaje de sus labios.
Observe el lenguaje corporal de sus alumnos. Ellos están indicando
si le están siguiendo o no.

145
Las siete leyes del aprendizaje

Su lenguaje corporal es una herramienta poderosa, así que nunca


debe expresar sus expectativas desde detrás del escritorio. No per-
mita que nada esté entre usted y la otra persona. Mírela a los ojos,
exprese cariño apropiado, y entenderá lo que quiere decir.
La manera apropiada para expresar sus expectativas en len-
guaje corporal es inclinarse hacia adelante, relajado, las palmas
hacia arriba y no hacia abajo, con sus ojos en el mismo nivel que la
otra persona. Si es un niño, quizás tendrá que sentarse o agacharse,
o incluso arrodillarse. Es importante estar cerca. ¡Y no olvide el
contacto visual!

Maximizador 7. Recuerde establecer sus expectativas


con confianza.
Establezca sus expectativas para sus alumnos antes de que
comience la clase, y asegúrese que son positivas. Comunique su
esperanza a sus alumnos, y confíe en ellos, para que ellos puedan
echar a andar su propia fe, recibiendo la carga eléctrica de la suya.
Podría ayudar el hecho de escribir sus expectativas, para que
sean específicas y medibles. Hágalo con confianza. Tenga valen-
tía y decisión para esperar lo mejor de sus alumnos. Nunca mur-
mure. Nunca permita que su voz comunique nada menos que con-
fianza y seguridad. Después de todo, son ellos los que están
cuestionándose, no usted.

Conclusión

En el último año que enseñé como profesor universitario, ense-


ñé una clase de métodos de estudio bíblico a los alumnos que tam-
bién estaban en su último año. Cuando calificaba los primeros tra-
bajos escritos, encontré uno que era de una sola página. Parecía
que lo hubiera apretado en una pelota y tratado de plancharlo. Te-
nía salsa de tomate en la orilla.

146
La ley del potencial

Inmediatamente miré el nombre. «Ni conozco a esta niña Re-


beca», dije a mí mismo. Puse una «F» arriba. Para ser honesto,
quería poner «F-», pero no lo hice.
En la próxima clase traté de conocer a Rebeca. Estaba senta-
da en el rincón. Su pelo estaba desordenado. Su ropa tenía la mis-
ma apariencia que su trabajo escrito. Ella no estaba bien. Traté de
hacer contacto visual con ella durante la hora, pero no me resultó
mucho.
Cuando recibí los próximos trabajos, inmediatamente busqué el
de Rebeca. No había salsa de tomate, y no necesitaba ser plancha-
do, pero todavía merecía una «F». Me tiré hacia atrás en mi sillón y
oré al Señor: «Señor, quizás Rebeca sea nuestro proyecto de este
semestre. Por favor, dame creatividad y amor incondicional para
hacer florecer a Rebeca».
Entonces escribí en su trabajo: «Querida Rebeca, creo que este
trabajo no refleja sus verdaderos talentos y capacidades. Estoy an-
sioso de ver lo que puede hacer. Profe». No le puse ninguna califica-
ción en su trabajo. Después de todo, ¿en qué ayudaría otra «F»?
Su próximo trabajo mejoró a ser una «D». Le escribí otro men-
saje: «Querida Rebeca, gracias por abrir la puerta un poco. Sabía
que no estaba equivocado acerca de usted. ¿Qué tal si me da el
privilegio de ver lo que puede hacer cuando se esfuerza realmente?
Estoy de su lado. Profe». Ninguna calificación de nuevo.
La próxima vez su trabajo era de dos páginas. Una «C» sólida.
«Querida Rebeca, ¡qué tremendo progreso! ¡Esta tarea es años luz
de su última tarea, y demuestra un potencial increíble! ¡No puedo
esperar para ver su próximo trabajo! Profe». Ninguna calificación.
El próximo trabajo fue de cuatro páginas. Casi merecía una
«A». «Querida Rebeca, ¡el cambio es asombroso! ¡Su compren-
sión y la calidad de su trabajo es una inspiración para mí! Creo que
está lista para mostrarme todo lo que pueda hacer. Profe». Ningu-
na calificación.

147
Las siete leyes del aprendizaje

¡El próximo trabajo me lanzó por el techo! Escribí en la primera


hoja: «Querida Rebeca, ¡estoy en este momento parado encima de
mi escritorio gritando! ¡Siempre sabía que usted podía hacerlo! Creo
que llegará a ser una de los mejores alumnos de Biblia en nuestra
universidad. Es un placer verla crecer en mi clase. A+.»
A finales del semestre, ¡adivine quién era la mejor alumna de
mi clase! ¡Rebeca!
Después de ese año, el Señor me llevó a Atlanta, a casi cinco
mil kilómetros de distancia. Pasaron los años. Me había olvidado de
mi «proyecto». Un día recibí una carta marcada «personal».
Mi secretaria nunca abre ese tipo de carta por la consejería
que hago al viajar.
—¿Sabes quién es? —me preguntó, leyendo el remitente. No
reconocí el nombre al principio. Abrí la carta y leí:

Estimado Dr. Wilkinson:

Me sentía obligada a escribirle una carta después de todos


estos años. No reconocerá mi apellido, porque ahora estoy
casada. No sé cómo agradecerle. Fue usted la primera perso-
na en toda mi vida que creía que había algo bueno en mí. Su
clase cambió mi vida totalmente. Ahora estoy felizmente ca-
sada y tengo dos hijos maravillosos. Honestamente creo que
si no lo hubiera conocido, y si no hubiera estado en su clase,
probablemente no estaría casada hoy. No sé cómo decirle
cuánto le agradezco por creer en mí.

Con mucho cariño,

Rebeca

148
La ley del potencial

Yo guardo esa carta en un archivo especial en mi casa para


recordar que el hecho de hacer florecer a alguien puede cambiar
su vida entera.
Creo que Christa McAuliffe, la profesora que voló en el
Challenger, el cohete que explotó, lo dijo bien: «Yo toco el futuro;
yo enseño.»
Usted enseña. Usted toca el futuro. ¿Qué tipo de huellas dejará?
Hay ciertas personas en su vida que necesitan su toque —
ahora mismo. Son las Rebecas que Dios ha colocado delante de
sus ojos, para que usted las haga florecer. Quizás no las haya visto
hasta ahora como oportunidades maravillosas, pero ahora sabe,
¿verdad?
Pregunte al Señor una sola cosa: «Señor, ¿cuál es la persona
en mi vida que Tú quieres que haga florecer, con Tu ayuda? Señor,
¿quién necesita un nuevo sueño?»
Tome un momento, y pida que el Señor abra sus ojos. Hay
miles de personas como usted que han descubierto a alguien cerca-
no que las necesita desesperadamente. Ahora pida al Señor que le
ayude a hacer florecer a esa persona en los próximos noventa días.
Diga, «Señor, ayúdame a hacer florecer a ______».
Es el momento ahora de comprometerse a tocar a las Rebecas
en su vida. A esperar lo mejor de ellas. A hacerlas florecer.
Algún día, quizás en años, quizás cuando llegue al cielo, se dará
cuenta de que su amor por Rebeca le hizo esperar lo mejor de ella,
y que realmente tocó el futuro.

Preguntas para reflexión

1. ¿Por qué muchos de nosotros encontramos más fácil creer lo


peor acerca de alguien en vez de creer lo mejor? ¿Por qué los
chismes siempre se tratan de malas noticias en vez de buenas
noticias? ¿Qué hay en cada uno de nosotros que nos hace de-

149
Las siete leyes del aprendizaje

sear compartir los fracasos de otros y no sus victorias, y qué


nos hace desear compartir nuestras victorias y no los fraca-
sos? Para que haya un cambio en esta costumbre destructiva,
tendremos que cambiar nuestros pensamientos de una manera
profunda y significativa. En sus propias palabras, describa cómo
será ese cambio para la persona común y corriente.
2. Ejercite su mente creativa un momento. Imagine que usted es
un cristiano adulto común y corriente. Mencione por lo menos
tres sueños o visiones o expectativas que cada persona, hom-
bre o mujer, ha guardado en su corazón. ¿Qué deseamos todos
acerca de nuestro futuro? Pruebe uno o dos de estos sueños al
hacer florecer algunos de sus colegas.
3. Haga una lista de por lo menos doce palabras que podría usar
cuando está en la etapa de expresar emociones. En vez de decir,
«me siento orgulloso....», ¿en qué otra manera podría decirlo?
4. Piense en las personas que usted conoce, y con quien mantiene
una relación actualmente. ¿A qué persona le gustaría hacer
florecer? Tome unos momentos para escribir un párrafo breve
acerca de lo que serán sus sueños. Cuando llegue el momento
correcto, pida a la persona que comparta con usted algunos de
los sueños importantes que tiene para su futuro, y escriba su
párrafo de nuevo. Cuando haya hecho esto, tendrá el «polen»
para esparcir sobre esta persona la próxima vez que surja la
oportunidad.

150
TERCERA LEY

LA LEY DE LA

Retención
5
LA LEY DE LA RETENCIÓN;
MENTALIDAD, MODELO Y
MÁXIMAS

Estaba seguro de que había reprobado mi primer semestre de


seminario. Había escuchado todas las anécdotas de fracasos, de
las tareas imposibles de hebreo, griego, teología y Biblia. Estaba
petrificado de miedo. Para un solo curso, se requería la lectura de
más de 2.000 páginas. Los egresados disfrutaban con decir cuán
difícil era, cuántas personas se habían retirado en las primeras se-
manas, y ¡cuántos alumnos del primer año se habían vuelto locos!
Por eso, mi esposa y yo decidimos que deberíamos hacer un
curso de lectura veloz. Me prometieron que podría aumentar mi
velocidad de lectura tres veces, y aumentar también mi retención.
El primer día de la clase, el instructor nos dijo: «Quiero mos-
trarles lo rápido que podrán leer al finalizar este curso». A su lado
había tres graduados de la clase sentados en una mesa. «Observe
cómo leen», dijo, mientras tomaban un libro que no habían leído —
grandes, gruesos— y ¡empezaron a dar vuelta a las páginas tan
rápidamente que podía sentir la brisa desde la última fila!
Empecé a reírme y pensé, ¡Eso es imposible! ¡No están le-
yendo tan rápido!¡Es un truco! ¡Quiero que me devuelvan el
dinero! La profesora tuvo que haber leído mis pensamientos, por-
que dijo: «Si ustedes siguen nuestras instrucciones y hacen todas

153
Las siete leyes del aprendizaje

las tareas, podrán leer como ellos —o le devolveremos el dinero».


¡Con eso me ganó!
Sus tareas eran a veces extrañas y diferentes. Nos dijo que
para leer mil, dos mil, tres mil, o cinco mil palabras por minuto, se
necesitaban algunos procedimientos radicales. La tarea de la pri-
mera semana era aprender a leer páginas enteras, y no palabras.
¡Qué idea!
Fui a la biblioteca pública cercana y pregunté por los libros
para niños.
—¿Tiene hijos? —preguntó la bibliotecaria.
—No, señora, no tengo.
—Debe estar mirando estos libros para algunos parientes o
amigos, entonces.
—No, son para mí.
—Ah.... —dijo—, ¿Qué tipo de libros para niños le interesan?
Traté de parecer normal, pero me sentía más incómodo cada
minuto.
—No importa, cualquiera me sirve. El tema da lo mismo.
La mujer tenía la apariencia de una bibliotecaria típica —pelo
gris, amarrado en un moño, lentes, alta y delgada, un poco distraída.
Con una mirada suspicaz, me guió a la sección de niños. Sin prestar
atención al tipo, tamaño, o tema, puse quince libros debajo del brazo
y los llevé a la mesa más cercana. La bibliotecaria no se movió.
Entonces empecé mi tarea. Puse los libros al revés y empecé a
hojear los libros tan rápidamente posible. Podía sentir a la bibliote-
caria respirando detrás de mi hombro. Finalmente exclamó:
—Joven, ¿está consciente de que los libros están al revés?
—Sí —dije—. Es asombroso... —y con una cara lo más seria
que pude poner—, ¿Lo ha intentado?
Finalmente, ella caminó al frente, me miró a los ojos, y con una
expresión de preocupada, preguntó:
—¿Está realmente leyendo eso?

154
La ley de la retención

—No, señora, no tengo idea de lo que está en estas páginas.


Pero mi profesora dijo que no importaba.
Cada día durante varias semanas volvía a la misma biblioteca.
Durante una hora hojeaba los libros para niños tan rápidamente
posible, con el libro puesto al revés. Al salir, sonreía a mi biblioteca-
ria favorita. A fines de la segunda semana, ella ya no podía mirar-
me. Al final, subí de nivel y miraba libros más serios, libros grandes
de referencia. Hice lo mismo con ellos durante una hora cada no-
che. No le dije a la pobre señora lo que hacía, hasta el fin del curso,
y entonces nos reímos juntos.
Nuestras tareas peculiares tenían un propósito. Cuando éra-
mos niños, nos enseñaron a leer cada palabra, una por una. Pero
para la lectura veloz, no se puede mirar cada palabra, debe apren-
der a leer una página entera. Dar vuelta al libro nos impedía leer las
palabras individuales. Estábamos entrenando los ojos y la mente
para ver palabras de la misma manera en que vemos cuadros —
todo de una vez en un segundo, sin concentrarse en los detalles.
La velocidad de lectura promedio en nuestro grupo subió desde
200-450 palabras por minuto a 1.000, 2.000, 3.000, y en algunos
casos hasta más de 5.000. En contra de todas nuestras expectati-
vas, la retención también aumentó. Muchos terminaron el curso
leyendo 3.000-5.000 palabras por minuto con una retención de 80%
o mejor. De alguna manera, la profesora había encontrado el se-
creto de la lectura veloz.
Piense en la diferencia que haría en la vida de la mayoría de las
personas esta capacidad de leer rápidamente. En las semanas re-
cientes he leído siete libros —una mezcla de libros cristianos clási-
cos y libros acerca del liderazgo. Suman un total de aproximada-
mente 445.000 palabras.
Compare los resultados si tuviera que leerlos a las siguientes
velocidades (ppm = palabras por minuto):

155
Las siete leyes del aprendizaje

445.000 palabras a 250 ppm = 1.780 minutos, o 29,5 horas.


445.000 palabras a 1.000 ppm = 445 minutos, o 7,5 horas.
445.000 palabras a 3.000 ppm = 148,33 minutos, o 2,5 horas.

Usando esa información, considere lo que podría suceder du-


rante cuatro años de estudios típicos universitarios. Supongamos
que pasamos dos horas por semana leyendo durante los cuatro
años. Eso suma 24.960 minutos de lectura. Compare cuántos libros
se podían leer en los cuatro años a la velocidad de 250, 1.000, y
3.000 ppm, suponiendo que cada libro contiene 63.500 palabras, o
más de 200 páginas:

A 250 ppm, podría leer un libro en 254 minutos, o 98 libros en


cuatro años. Eso es una pila de libros de casi 2 metros de altura.

A 1.000 ppm, podría leer un libro en 63,5 minutos, o 393 libros


en cuatro años. Eso es una pila de 7 metros de altura.

A 3.000 ppm, podría leer un libro en 21,2 minutos, o 1.777 libros


en cuatro años. Eso es una pila de 21 metros de altura —¡la
altura de un edificio de 5 pisos!

Ahora, antes de que piense que esto es una promoción de un


curso de lectura veloz, hagamos la transición al punto de este capí-
tulo. Tome al mismo alumno y cambie el libro de tres dimensiones
por una persona de tres dimensiones —¡usted, el profesor! En vez
de hablar de la lectura veloz, hablemos de la enseñanza veloz. ¡Esto
es más fascinante todavía!
Si usted ha ido a uno de nuestros seminarios del ministerio
Caminata Bíblica, habrá experimentado algo de enseñanza veloz.
Siempre escuchamos el comentario: «He aprendido más en un día
de lo que había aprendido en años», o «He aprendido más en un día

156
La ley de la retención

de lo que pensé que era posible —y disfruté cada minuto!» Bueno,


está por aprender algunos secretos revolucionarios que hemos des-
cubierto después de usar este método de «enseñanza veloz» en
más de cincuenta países y con más de un millón de estudiantes.
Si va a mejorar su velocidad de enseñanza (y la del aprendizaje
de sus alumnos), debe haber algún método para medir la velocidad
de la enseñanza. Piense en su última presentación. ¿Cuántos datos
aprendieron sus alumnos durante la clase?
Para determinar la velocidad de su enseñanza en su última
hora de clase, simplemente cuente los detalles que haya menciona-
do. Si hubo seis datos específicos por clase, entonces estuvo ense-
ñando a seis dpc (datos por clase).
¿Cuál es su dpc actual? Una buena manera de averiguarlo es
probar a sus alumnos inmediatamente después de la próxima clase.
Sin aviso. Habiéndolo probado, ¡yo sé que los resultados a veces
son deprimentes! ¡Pueden darle el deseo de suicidarse!
Antes de enseñarle los secretos de la enseñanza veloz, experi-
mentemos con las implicaciones de ella en la vida real. ¿Cuánto
conocimiento se puede adquirir en una carrera universitaria con la
enseñanza normal? Si un alumno toma dieciséis horas crédito du-
rante cada uno de sus ocho semestres, y tiene un promedio de
catorce períodos de clase por cada hora crédito, estará en el salón
de clases 1.800 horas en cuatro años aproximadamente.
Ahora, estime cuántos datos aprende el alumno típico en cada
período, sin incluir su tarea, su lectura, u otros trabajos fuera de la
sala. Seamos generosos; digamos que un maestro típico enseña a
un alumno típico diez datos específicos en cada sesión. Por lo tanto,
durante su carrera, un alumno aprendería 18.000 datos (1.800 ho-
ras multiplicadas por 10 datos por hora). Comparemos esto con la
posibilidad de enseñar los mismos datos a los mismos alumnos en
otras velocidades de aprendizaje, usando las mismas proporciones
que usamos para comparar las velocidades de lectura.

157
Las siete leyes del aprendizaje

10 dpc (250 ppm) x 1.800 = 18.000 datos


40 dpc (1.000 ppm) x 1.800 = 72.000 datos
120 dpc (3.000 ppm) x 1.800 = 216.000 datos

¡Mire la diferencia! ¡18.000 comparado con 216.000 datos!


¿Parece imposible o poco realista? No es menos realista que au-
mentar la velocidad de lectura desde 250 ppm a 1.000 o 3.000 ppm.
En contraste con el chofer norteamericano típico que tiene un pro-
blema pues conduce por sobre la velocidad máxima permitida, el
maestro típico tiene un problema pues enseña por debajo de la ve-
locidad mínima. Si normalmente toma sesenta minutos para cubrir
diez datos (10 dpc), y puede aprender a enseñar lo mismo en quin-
ce minutos, piense en el tiempo que sobra para otras experiencias
de aprendizaje importante. Tal como una persona puede aprender a
aumentar su velocidad de lectura cuatro veces, así también un pro-
fesor puede aumentar su velocidad de enseñanza cuatro veces.
¡Piense en el potencial! ¿Pero cómo? ¿Cómo puede tomar infor-
mación y reformularla para que una persona la recuerde, sin hacer
ningún esfuerzo? ¿Cómo puede enseñar en forma veloz?
Podemos sacar algunas ideas mirando cómo lo hace Dios. Por
ejemplo, piense en lo que hizo después del diluvio. ¿Por qué puso el
arco iris en el cielo? No quería que nos olvidáramos de su promesa
de que nunca destruiría el mundo otra vez con un diluvio.
Cuando Dios quería grabar algo en nuestra memoria, usaba un
cuadro. Dudo que nadie tenga que concentrarse en recordar el
significado del arco iris. Nadie piensa: «Cuando veo un arco iris,
tengo que recordar que Dios prometió no mandar otro gran diluvio.
Tengo que repasar esta lección diez veces para no olvidar». Por
supuesto que no. Dios utilizó uno de los principios de la enseñanza
veloz, ¡y aprendimos el «contenido» instantáneamente y para siem-
pre! La enseñanza veloz de Dios hizo posible un aprendizaje veloz.
Y nuestra retención era para toda la vida.

158
La ley de la retención

Me pregunto, ¿qué pasaría si usted y yo copiáramos el método


que Dios usó para enseñar velozmente? ¿Qué pasaría si usáramos
cuadros para enseñar el contenido rápidamente y para siempre?
Como usted descubrirá más adelante, los datos por clase (dpc)
aumentarían inmediatamente. Dos o tres veces.
Pero ese es un solo método que Dios utiliza. Antes de terminar
esta ley de la retención, conocerá los métodos principales que
Dios usa para la enseñanza veloz. Aplicará los mismos métodos la
próxima vez que enseñe.
Por favor, recuerde que esta ley no es para cada vez que ense-
ña. Es una herramienta específica para poner en su caja de herra-
mientas. Cuando quiere enseñar datos, o pedazos de contenido,
saque esta herramienta y ocúpela. Estará asombrado con su efica-
cia. Prometo algo, después de mis años de experiencia: ¡sus alum-
nos lo amarán por usarla!

La mentalidad de la ley de la retención

Esta ley, entonces, pone el énfasis en el arte y la ciencia de


enseñar al alumno la cantidad más grande de información en el
período de tiempo más corto, con el mínimo esfuerzo posible (es
decir, de parte del alumno), y con la mayor retención posible. Esta
ley tiene que ver con dos asuntos principales en la relación ense-
ñanza-aprendizaje:

Eficacia —¿El maestro está enseñando al alumno la materia


correcta?

Eficiencia —¿El maestro está enseñando al alumno de la ma-


nera correcta?

159
Las siete leyes del aprendizaje

Para dejar la base para aumentar su eficacia y su eficiencia,


consideremos cuatro niveles de enseñanza presentados en
Deuteronomio 6.4-9.

«Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno


es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
alma, y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando
hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñaras
a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa, y
cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te
levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por
insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu
casa, y en tus puertas.» (LBLA)

¿Quiere ser un buen maestro? Entonces ame a Dios. Ese es el


comienzo. Es la primera ficha de dominó en una fila larga. ¿Desea
realmente ser un maestro excelente? Entonces ame a Dios con
todo su corazón, con toda su alma, y con todas sus fuerzas.
«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre sus ho-
jas de apuntes.» ¿El versículo dice eso? ¡De ninguna manera! Las
palabras, o el contenido, no están en las hojas de apuntes, sino en
nuestros corazones. Cuando amamos al Señor, no podemos evitar
honrar su contenido.
Según las Escrituras, la educación de los hijos y la buena ense-
ñanza tienen dos fundamentos: amar a Dios, y conocer la materia.
No puede ser buen maestro sin ninguno de los dos. ¡Ame a Dios!
¡Conozca la materia! Entonces estará preparado para el próximo
paso: meter la materia que está en su corazón en el corazón del
alumno. ¿No es la meta de toda educación cristiana la de transferir
eficazmente su amor por el Señor y su sabiduría a los alumnos, para
que puedan amar al Señor y conocer su Palabra? Las buenas noti-
cias son que en este texto, Dios revela cuatro maneras de hacerlo.

160
La ley de la retención

1. Enseñar. «Las enseñarás a tus hijos.»


Esa es enseñanza formal —en la que usted se sienta para te-
ner una sesión. Este primer nivel es lo que viene a la mente cuando
pensamos en la escuela y en actividades académicas. El maestro
está encargado. Tiene el plan y controla el proceso de aprendizaje
para lograr los objetivos.
Hicimos esto recién con nuestros hijos, hablando del dinero.
Aumentamos su mensualidad con el entendimiento de que ellos
comprarían sus cosas personales —shampoo, maquillaje, y otras
cosas para ellos. Con el fin de hacer eso, tenían que hacer un pre-
supuesto. Les mostramos nuestro presupuesto familiar para que
pudieran tener una idea de cómo se hace. Les ayudamos a calcular
un presupuesto, con un sobre para cada ítem. Eso es un ejemplo de
la enseñanza formal.
2. Hablar. «Y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa, y
cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te le-
vantes.»
Este segundo nivel de enseñanza se caracteriza con el término
«hablar». En el proceso de enseñanza, la comunicación es más
fluida, casual, y más como un diálogo. Mientras en el primer nivel el
maestro toma la iniciativa y dirige, en este nivel, el alumno puede
tomar la iniciativa y guiar la comunicación.
Los maestros eficaces animan al alumno a hablar, mientras
abren la ventana para sus preguntas y dificultades verdaderas.
Muchas veces la enseñanza más eficaz ocurre cuando cambian el
tema, o en momentos entre las clases, o durante actividades socia-
les, tomando un refresco.
3. El recordatorio personal. «Y las atarás como una señal a
tu mano, y serán como insignias [«frontales» en versión Reina
Valera] entre tus ojos.»
Un verano, estaba en un vuelo hacia Israel, y había un grupo de
judíos conservadores, hombre y mujeres, que estaban volviendo a

161
Las siete leyes del aprendizaje

su Tierra Prometida. Cuando salió el sol, a las cuatro de la mañana,


varios hombres se levantaron de sus asientos, fueron atrás, subie-
ron los plásticos que tapan las ventanas para dejar entrar el sol, se
pusieron túnicas negras, y amarraron una cajita en sus brazos. (El
versículo menciona las «insignias», que eran cajitas para poner en
sus brazos.) Entonces tomaron las Escrituras, empezaron a leer, y
agachaban la cabeza en humildad, orando hacia Jerusalén.
Pronto me di cuenta de lo que estaban haciendo, y fui a unirme
con ellos, aunque no tenía la túnica apropiada, y tampoco tenía una
copia de su Tora. Cuando me metí en medio de ellos y empecé a orar,
vi lo dedicados que eran, y cuánto honraban la Tora, sus filacterias, y
sus frontales. Seguí en el mismo espíritu, y tuve un buen tiempo de
adoración, pero como cristiano que adora en el nombre de Cristo.
Este tercer nivel es el primer método no verbal de enseñanza,
en que algo que usamos o hacemos funciona como una señal para
otros. Los judíos en el avión se pusieron cosas que comunicaron un
mensaje —no audible, pero visible. Los frontales hablan siempre a
todos los que ven la señal. No son como la enseñanza oral de un
maestro que ocurre solamente cuando el profesor habla.
Inherente al significado de una señal está el concepto de repre-
sentación. Se usa una cosa para representar otra. Muchas veces una
señal puede representar muchas cosas importantes a través de algo
pequeño y tangible. Considere lo que usted piensa cuando ve un anillo
en el dedo de una persona que acaba de conocer. ¿Recuerda lo que
dijo el ministro, «Cuál es el símbolo o el signo de estas promesas...»?
En el momento que usted ve un anillo en el dedo de otra persona, una
serie de conceptos de profundo significado pasan por su mente.
De la misma manera, acciones personales se pueden usar como
señales para el público. Nunca olvidaré el impacto de una acción
pública que vio mi hija una noche cuando volvíamos de vacaciones
en Florida. Nos detuvimos en la carretera para comer algo. Jenny y
yo fuimos a comprar algo, mientras los demás quedaron en el auto-

162
La ley de la retención

móvil. De pronto ella me tocó el hombro ansiosamente y dijo, «¡Papá,


mira!» Cuando di vuelta, vi a una madre con cinco hijos, todos con
la cabeza inclinada, orando —y Jenny estaba estupefacta. Final-
mente reveló sus pensamientos: «Es la primera vez que veo a al-
guien orar en público —excepto nosotros».
¡Qué sorpresa más triste! La primera vez que una adolescente
ve a otros orar en público. ¿Por qué no agachamos la cabeza para
orar en público? ¿Será que hemos olvidado que inclinar la cabeza y
orar en público es una señal eficaz para otros?
También podemos usar joyería de buen gusto, como una cruz o
el símbolo de un pez. Estas cosas revelan a otros que somos cre-
yentes. Son recordatorios personales.
Una vez una señora subió a un ascensor con nosotros. Tenía
un prendedor que decía, «Pregúnteme». Yo lo conocía, pero le pre-
gunté de todas maneras.
—¿Preguntarle qué?
Ella contestó:
—Pregúnteme por qué soy tan feliz.
Yo dije:
—Señora, ¿por qué es usted tan feliz?
Ella respondió:
—Porque conocí a una persona que satisface todas las necesi-
dades de mi vida.
Me gustó lo que estaba haciendo, así que seguí con las pre-
guntas. Dije:
—¿De veras? ¿Cómo se llama?
Toda la gente en el ascensor escuchó las buenas noticias mien-
tras yo hacía las preguntas y ella daba las respuestas bíblicas.
4. La promoción pública. «Y las escribirás en los postes de tu
casa, y en tus puertas.»
Este cuarto método de enseñanza que Dios reveló hace tres
mil años es llamado promoción pasiva. Por ejemplo, cuando usted

163
Las siete leyes del aprendizaje

ve un letrero grande en la carretera, está viendo un ejemplo grande


y creativo de «escribirlas en las puertas».
Tanto el tercero como el cuarto método son no verbales, y este
último ocurre en la ausencia de, o independiente de, un maestro en
persona.
No pierda las joyas de sabiduría divina en este último mandato
para maestros. Primero, nos instruye a «escribir»; es decir, tomar
la iniciativa en asegurar que el contenido sea legible, comprensible,
y visible.
Segundo, dice, «escribirlas» El pasaje entero está centrado en
la transferencia eficaz de «las palabras» desde su corazón hacia el
corazón de ellos. En este caso, el contenido que se debe escribir
son «estas palabras que yo te mando hoy». Esto lo entendemos
normalmente como las Escrituras.
Para aplicar este principio, usted podría «escribir» la verdad de
su lección en sus puertas, usando las mismas pautas. Cuando el
contenido está públicamente visible, continúa siendo un factor re-
cordatorio para todos los que ven o escuchan su mensaje.
Tercero, estas inscripciones pedagógicas deben estar visibles
en sus «postes y en sus puertas». El Señor garantiza la transferen-
cia del mensaje, colocándolo en los dos lugares más usados en la
vida —el hogar y la oficina (o la sala de clases para el profesor).
Cuelgue un letrero en su puerta: «Yo y mi casa serviremos al
Señor». O coloque un símbolo del pez en su tarjeta de presentación
o en su vehículo. Pero si lo pone en su automóvil, ¡tenga cuidado de
cómo maneja! De otro modo, tendría que poner uno que diga: «¡Ca-
mino con Dios... pero manejo como el diablo!» Hay una panadería
que pone un versículo bíblico en todos los platos en que venden
pasteles. Todas estas cosas sirven como reconocimiento público.
Involucre tanto a su casa como a su oficina. Si yo fuera a su ofici-
na, ¿qué cosas podría ver en su muro, en su escritorio, y en sus
estantes? ¿Por qué no escribir algo hoy?

164
La ley de la retención

Los mejores maestros usan todos los niveles de enseñanza, y


sus salas lo reflejan. Sus muros están llenos de palabras y cuadros
estimulantes de todos los colores. Todos están hechos y colocados
para enseñar indirectamente con máximos resultados.
Por lo tanto, aumente su enseñanza, y refuerce su mensaje en
las mentes y las vidas de sus alumnos, asegurando que utilice los
cuatro niveles del proceso de instrucción: enseñar, hablar, usar
recordatorios personales, y promoción pública. Recuerde, Dios no
considera la única forma de enseñar lo que se hace en la sala. Dios
enseña en cada momento (vea Salmo 19) por medio de cada méto-
do directo e indirecto posible.

El modelo de la ley de la retención

En resumen, ¿ve usted la progresión de estos cuatro enfoques?


Se mueven de lo interior a lo exterior, de lo formal a lo informal.
Los dos primeros niveles, «enseñar» y «hablar» están en la catego-
ría de tutoría. Son directos y «verbales». Los últimos dos, «recor-
datorio personal» y «promoción pública» son testimonios. Son indi-

165
Las siete leyes del aprendizaje

rectos y «no verbales». Al nivel de tutoría, se está transfiriendo la


verdad a otros por medio de la voz. En el nivel de testimonio, se
usan medios visuales para comunicar el mensaje. Todos estos mé-
todos ayudan a pasar la herencia a los alumnos.
La Biblia claramente insiste que la pasemos a otros. La verdad
que conocemos y amamos debe ser comunicada de tal manera que
nuestros hijos y nuestros alumnos conozcan y amen esa misma
verdad. La médula de nuestro sistema de ética y valores, como se
encuentra en las Escrituras, debe ser transmitido a la próxima ge-
neración. La generación mayor debe transferirlo a la generación
joven. Esa transferencia no se logra con meras buenas intenciones
y buenos deseos. La transferencia se logra a través de todo lo que
hagamos, digamos, y representemos.

Las máximas de la ley de la retención

La ley de la retención presenta principios y métodos revolucio-


narios para enseñar datos a los alumnos en forma veloz. Cuando se
aplica, logra resultados sorprendentes para los valientes que están
dispuestos a ir más allá del refrán: «así lo hemos hecho siempre».
Ofrecemos siete principios de la retención que son fundamentales
para la enseñanza veloz.

Máxima 1: La retención de los datos por parte del


alumno es la responsabilidad del maestro.
Basado en la respuesta de los alumnos en todo el mundo, sabe-
mos que es poco común que un maestro cause que los alumnos
aprendan los datos. Al contrario, vemos el típico estilo de descargar
un montón de datos sobre los alumnos. Muchos maestros piensan:
«No es mi responsabilidad enseñarles la información; se la voy a
descargar encima». Los alumnos escriben apresuradamente una y
otra página de apuntes, porque se dan cuenta de que el maestro no

166
La ley de la retención

se hace responsable por el aprendizaje de parte de los alumnos.


Pero si los alumnos simplemente copian la información para apren-
derla más tarde, ¿ha enseñado algo realmente el maestro?
Esta máxima nos recuerda que es nuestra responsabilidad como
maestros presentar la lección de tal manera que los alumnos la re-
cuerden. Debe ser grabada en sus mentes, porque la colocamos allí
como expertos. Desgraciadamente, las calificaciones en las pruebas
nacionales demuestran que no está resultando. La constante baja en
notas de las pruebas de aptitud no es la culpa de los alumnos ni los
padres principalmente. La responsabilidad cae sobre los maestros al
final, y sobre las instituciones que preparan a los maestros.
Mientras que los maestros no aceptemos el hecho de que el
éxito de los alumnos es la medida verdadera de nuestro éxito...
mientras que los maestros no empecemos a orientarnos a los alum-
nos... mientras que los maestros no empecemos a hacer lo que es
mejor para el alumno sino lo que es fácil para nosotros, el aprendi-
zaje seguirá empeorando.
Usted dirá: «¿No tienen ninguna responsabilidad los alumnos
por su aprendizaje?» Sí, por supuesto. Todo depende de con quién
estamos hablando. En este momento estoy hablando con maestros
y comunicadores, así que tenemos cien por ciento de la responsabi-
lidad del aprendizaje. Si fuéramos alumnos, la ley del estudiante
diría que tenemos cien por ciento de la responsabilidad por nuestro
propio aprendizaje, sin importar la calidad del maestro. Así que,
¿quién es responsable? En este libro, la respuesta tiene que ser,
«¡el maestro!»
Una vez que el maestro acepte esta responsabilidad funda-
mental, pensará de otra manera acerca de la enseñanza. ¡Imagine
cómo cambiaría un maestro si se evaluara, no de acuerdo con lo
que pudo cubrir en la clase, sino de acuerdo con lo que en realidad
aprendieron los alumnos!

167
Las siete leyes del aprendizaje

Piense fuera del esquema típico por un momento: Supongamos


que una profesora de lenguaje dice: «Voy a enseñar treinta y cinco
palabras inglesas nuevas hasta que las conozcan realmente. Garantizo
que conocerán por lo menos treinta y tres cuando terminemos. Maña-
na habrá una prueba. Pero no se preocupen; si no sacan por lo menos
treinta y tres correctas, botaré la prueba a la basura». Entonces la
profesora repasa las treinta y cinco palabras, dando a los alumnos un
cuadro para cada palabra, repasándolas hasta que las dominen.
Compare ese proceso con la profesora que dice: «Esta es su
lista de vocabulario. Habrá una prueba mañana».

Máxima 2: La retención de los datos es efectiva tan


solo después de que son comprendidos.
Me sorprende cuántas veces me encuentro con alumnos que
están estudiando para una clase, y que no saben lo que están apren-
diendo, solamente saben que se exige para la prueba. Hace poco
escuché a algunos alumnos de educación secundaria hablar acerca
de una clase de matemática en que solamente dos alumnos enten-
dían lo que estaban haciendo —y uno de ellos tenía un tutor para
ayudarle. Mostraron mucha frustración, tirando sus manos en el
aire, diciendo, «¡No sé cómo lo vamos a hacer! ¡El profesor nos da
más y más materia, y nadie entiende nada!»
Ese profesor piensa que su trabajo es entregar un paquete de
información. Piensa que, cuando haya cubierto el texto, ha termi-
nado su trabajo. Parece no importar mucho si los alumnos com-
prenden lo que están estudiando. ¿Puede imaginar la revolución
que causaría si él cambiara su perspectiva de la enseñanza?
La retención de información es mucho más efectiva cuando
los alumnos comprenden completamente la información. Aunque
esta máxima parece obvia, muchos maestros todavía piden a sus
alumnos que aprendan listas de información, con fechas y nom-
bres, sin ninguna comprensión de ellos.

168
La ley de la retención

Por lo tanto, los maestros deben asegurarse de que los alumnos


entiendan el significado y la importancia de los hechos, antes de
memorizarlos para la prueba. La comprensión siempre debe pre-
ceder a la memorización. Memorizar lo que no entiende es como
memorizar una lista de números. ¿Alguna vez ha tratado de ver
cuántos números al azar podría memorizar en una hora? Divertido,
¿verdad?

Máxima 3: La retención aumenta en la medida que el


alumno reconoce la relevancia del contenido.
Fíjese en la tercera palabra de esta máxima. La retención au-
menta en la medida que algo sucede. Los alumnos aprenden más
rápido en la medida que sienten que la materia es importante y
relevante para ellos en el presente o en el futuro.
¿Cuántas veces ha estado en una clase como alumno y ha
pensado, «¿de qué sirve todo esto?»? Y cuando uno de sus com-
pañeros tuvo la valentía para preguntar, el profesor se tiró encima,
como si hubiera cometido el pecado imperdonable. El aprendizaje
se derrumba si el alumno no puede ver la importancia práctica de la
información. ¡Cae aun más rápidamente si el maestro tampoco la
puede ver!
La primera vez que mi hijo tuvo que dar un discurso en la es-
cuela, experimentó el miedo normal, y tuvo una idea creativa.
—Papá, ¿puedo ir a tu oficina para que me ayudes a hacer una
transparencia bonita para mi discurso sobre el presidente? A los
niños les va a gustar, y necesito ayuda.
Llevamos unas fotos de revistas a la sala de fotografía, y le
mostré a Dave nuestra cámara grande. Pusimos la foto del presi-
dente, la cerramos, prendimos las luces, y fuimos a la sala oscura
para mirar la foto a través del lente grande.
—Bien, hijo, mira por este orificio.
—Ese es el presidente, papá.»

169
Las siete leyes del aprendizaje

—Correcto. Ahora, ¿ves estos dos botones que se giran? Así


puedes hacer más grande la foto hasta que cubra la transparencia.
Dave, ¿has escuchado de porcentajes?
—Seguro, papá. Hemos estado estudiando porcentajes duran-
te meses en la escuela.
—¡Bien! ¿Por qué no llevas la foto para medirla, y sacas la
cuenta del porcentaje que debes aumentarla para que sea una foto
de 8 pulgadas por 11 pulgadas. Yo voy a comprar unos refrescos y
vuelvo en un momento.
En el momento que volví a la sala me di cuenta de que no había
podido sacar la cuenta. —Dave, ¿cuál es el problema?
—Papá, no lo puedo hacer.
—Pensé que habían estado estudiando porcentajes durante
meses.
—Lo hemos estudiado varios meses, pero parece que no sé
hacerlo.
Estaba callado, y después dijo:
—Papá, pensé que los porcentajes eran solamente para la es-
cuela. ¡No sabía que se usaban para algo!
¡En ese momento podría haber asesinado a su profesor! Con
razón Dave no sabía hacerlo. No veía ninguna relevancia a los
porcentajes excepto para aprobar una prueba. Su profesor no ha-
bía entendido que era su responsabilidad formar la necesidad antes
de enseñar el contenido (la ley de la necesidad).
Cuando Jenny era más joven, tenía dificultad en convertir de
una unidad de medidas a otra. Así que Darlene le pidió que le ayu-
dara a hacer una torta.
—¿Por que no hacemos dos tortas? —dijo mi esposa—. Le
damos una a la abuela, y guardamos una. Aquí está la lista de ingre-
dientes. Estaré en el otro cuarto si me necesitas.
Dejó a Jenny sola en la cocina para aprender lo que significaba
el doble de tres cuartos de una taza. Mientras esa niña salía a

170
La ley de la retención

conversar con su mamá y volvía a la cocina, se podía ver como se


prendía la luz en su cabeza. La matemática de repente era impor-
tante. Se necesita para hacer una torta.
Si usted no puede mostrar la relevancia a sus estudiantes de la
materia que están estudiando, puede estar seguro de que los alum-
nos desarrollarán una actitud apática y frustrada. Haga que la ma-
teria tome vida, no solamente en su propia mente, sino también en
los corazones y las mentes de los alumnos. En esos momentos que
no puede pensar en nada más que, «un norteamericano educado
debe saber que la guerra civil terminó en el año 1865», asegúrese
de que esa información vaya acompañada de entusiasmo. Saque
lecciones acerca del prejuicio y la unidad que hagan ver lo relevan-
te de un momento de la historia que podría ser aburrido. Ocupe su
creatividad para dramatizar un episodio de la guerra civil. Ocupe la
fecha 1865 cuatro veces como el eje del drama. Cuando haga eso,
el dato quedará para siempre en la mente de los alumnos.
La relevancia desarrolla motivación y concentración. Cuando
los alumnos entran al salón de clases, tienen muchas cosas en sus
mentes. El maestro debe enfocar el interés de los alumnos en el tema
de la clase, demostrando su relevancia, y debe seguir captando su
atención con el contenido y con su estilo. Su contenido llama la
atención por interés general y por mostrarles que satisface sus nece-
sidades. Su estilo mantiene la atención por entretener a los alumnos
y superar los factores que pudieran distraer su atención. Al desarro-
llar la necesidad y relacionar la relevancia del tema, usted puede
mantener el interés y concentración con un estilo variado y creativo.

Máxima 4: La retención requiere que el maestro


enfoque los datos que son más importantes.
Aunque no lo crea, no todos los datos son creados iguales. Sin
embargo, si escucha a muchos maestros, dan la impresión de que
cada dato fuera igualmente esencial.

171
Las siete leyes del aprendizaje

Si va a pedir que memoricen una materia, debe asumir la res-


ponsabilidad de separar lo importante de lo insignificante. Tenemos
que filtrar la información para los alumnos.
¿No hizo esto Dios cuando nos filtró la historia para darnos la
Biblia? Por eso el libro de Génesis salta cientos de años sin que
ningún versículo indique nada de lo que sucedió. Después dedica
muchos capítulos a una sola persona —Abraham— revelando
muchos detalles de su vida.
Dios saltó siglos, y después escribió acerca de minutos. ¿Por
qué? Era el Maestro divino, filtrando el contenido para nosotros.
Mire el libro de Éxodo, en que casi no menciona los cuatrocientos
años de cautividad en Egipto, pero dedica más de veinte capítulos a
la entrega del pacto al pie del monte Sinaí, que duró unos pocos
meses.
De igual manera, en los cuatro evangelios, hay docenas de
capítulos que detallan la última semana de la vida de Jesús, pero no
revelan nada acerca de lo que sucedió en su vida entre los doce y
los treinta años.
En contraste con el ejemplo del Señor, muchos maestros que son
poco efectivos tratan de incluir todo lo que es posible. Los maestros
ejemplares saben qué suprimir. La atención máxima debe ser dedi-
cada a las cosas más importantes. Si un dato es más importante que
otro, el que es más importante debe recibir más atención. Si es
tres veces más importante, merece tres veces más atención. Cuanto
más eficaz sea el maestro, más cuidado dará a la selección de los
datos más importantes para la clase y para las tareas.
En los negocios, este concepto de la proporción es conocido
como el principio de Pareto, o la regla del 20/80. Por ejemplo, 80%
de la ganancia de una compañía viene por 20% de sus productos.
Además 80% de su comercio es con 20% de sus clientes. También
se aplica a la iglesia —80% del trabajo es hecho por 20% de la
gente. El 20% de la gente de una iglesia da 80% de los fondos.

172
La ley de la retención

El principio de Pareto se puede aplicar en casi cualquier con-


texto. En su trabajo, por ejemplo, probablemente da 80% de su
esfuerzo para generar 20% de los resultados deseados. Y solamen-
te 20% de su tiempo se dedica a las actividades que generan 80%
de los resultados deseados.
Yo expliqué este principio a un dueño de un negocio en un vuelo
una vez, y él sacó sus informes de su maletín, miró su línea de pro-
ductos, y determinó que 84% de sus productos lograban solamente
18% de su ganancia. Le animé a subir los precios de estos productos
en un 20%, porque no estaba arriesgando mucho, y podría aumentar
la ganancia. Segundo, identificó los productos del 16% que le daban
82% de su ganancia, y le aconsejé que concentrara su tiempo de
administración y pericia para expandir esos productos.
Bueno, colega, este principio también es válido en nuestras cla-
ses —20% de nuestro contenido da 80% del beneficio al alumno.
Por lo tanto, identifique esos temas y cambie sus prioridades hoy.
Imagine el impacto de su enseñanza cuando identifique el 80%
que da solamente 20% de lo que desea. Reduzca por la mitad el
tiempo dedicado a ese contenido, y dedique el nuevo tiempo dispo-
nible al 20% de actividades que da 80% de los resultados desea-
dos. Si el maestro típico implementara esta estrategia, vería buenos
resultados inmediatamente.
Mucho del pensamiento actual es poco sabio con respecto a
este tema. Al alumno típico le da pánico antes de la prueba, al
luchar desesperadamente para identificar lo que podría preguntar
el maestro. Como si el aprendizaje mejorara por hacerle adivinar al
alumno lo que es importante. ¿Cómo podemos esperar que el nova-
to sepa lo que es importante y lo que es secundario en el área
donde somos expertos? ¿Cómo puede esto beneficiar el aprendiza-
je? ¿Por qué no identificar el 20% del contenido que el alumno
debe saber para que logre el 80%? ¡Piense en cuánto ayudaría al
alumno si pudiera usar mejor su tiempo de estudio!

173
Las siete leyes del aprendizaje

Su tarea es identificar los datos que sus alumnos deben saber


para que conozcan bien la materia. Yo llamo este grupo de datos
«lo mínimo irreducible». Lo mínimo irreducible es la información
mínima necesaria para que los alumnos tengan una compren-
sión aceptable de una materia en particular. Sin lo mínimo
irreducible, un alumno no puede aprobar el curso; con lo mínimo
reducible, el alumno puede ejecutar bien su actividad y ser promo-
vido al próximo nivel de logros.
Este mínimo irreducible debe ser comprendido primero por to-
dos, y después memorizado por todos. El maestro no solamente
debe identificar lo mínimo irreducible para sus alumnos, sino tam-
bién asumir responsabilidad total para enseñárselo a cada alumno.
El maestro no ha enseñado un tema adecuadamente hasta que cada
alumno conozca bien lo mínimo irreducible.

Máxima 5: La retención requiere arreglar los datos de


tal forma que sean fáciles de memorizar.
Algunos maestros juntan su contenido, lo llevan a la clase en un
saco grande, y lo botan de una vez. Esto es simplemente botar el
contenido. Otros maestros dan un paso más y hacen un bosquejo
de su contenido. Eso es un buen comienzo. Pero, aunque se ve
ordenado, ¿cuántos de esos datos puede nombrar el alumno típico
una semana después? Hacer un bosquejo del contenido no necesa-
riamente lo hace fácil de memorizar. Solamente hace más fácil el
traspaso de este de la hoja de apuntes del profesor a la hoja de
apuntes del alumno.
¿Qué sucedería si el profesor tomara el mismo contenido, y lo
reempacara de una manera que lo hace fácil de memorizar?
En un sentido, usted es la computadora maestra para todas las
computadoras estudiantes. Su meta es tomar toda la información
en su propia base de datos y pasarla lo más rápido posible y lo más

174
La ley de la retención

eficazmente posible a las bases de datos de los alumnos. Quiere


bajar los datos sin perder información en el proceso.
Digamos que usted quiere que sus alumnos conozcan el conte-
nido de cierto libro. Usted puede tomar el libro, ponerlo sobre la
cabeza del alumno, y decir, «¡Memorícelo!» Pero obviamente no
resulta así. La mente no puede recibir y memorizar datos, si no
están ordenados y formateados correctamente.
La información puede ser pasada de una computadora a otras
de varias maneras —en un disquete, por módem, por una conexión
directa, o por ingresar a mano letra por letra. No hay otra manera
por ahora.
¿Por qué estamos dispuestos a formatear datos en una compu-
tadora, pero no estamos dispuestos a formatear datos para la mente
de nuestros alumnos? Dios, que creó la mente de sus alumnos, dise-
ñó varias maneras en que puede recibir y retener información fácil-
mente. ¿Sabe cuáles son? ¿Está usándolas? En el próximo capítulo,
revelaremos siete métodos principales para reformatear datos.
Obviamente, cuanto más difícil sean los datos de memorizar,
menos datos memorizarán los alumnos. Ya que a fin de cuentas, es
la responsabilidad del maestro «hacer que el alumno aprenda», el
maestro presentará la materia de tal manera que sea relativamente
fácil de memorizar. El maestro enderezará el camino, botará las
piedras, y preparará el camino para la mente de los alumnos. Sabrá
indicarles los atajos para aprender el contenido. Marcará los luga-
res peligrosos, hará señas en los árboles, y construirá puentes so-
bre los ríos bravos. Ubicará sitios seguros y adecuados para acam-
par en el viaje.
El maestro eficaz sabe que su papel no es el de organizar un
viaje fastidioso e ineficaz, sino guiar a los alumnos de la manera
más efectiva y eficiente posible al destino deseado —a llegar del
punto A al punto B rápidamente, sin perder a nadie en el camino.

175
Las siete leyes del aprendizaje

Muchos maestros sienten que hay mucho mérito en que los


alumnos tengan que luchar para aprender la información. Pero ¿por
qué? ¿Por qué no debe ser el aprendizaje lo más fácil posible?
¿Puede nombrar un solo beneficio en el aprendizaje difícil? Si el
maestro es sabio, dedicará su mayor esfuerzo a ayudar a los alum-
nos a usar la información, y no simplemente aprenderla.
Esa es la verdadera prueba de la ley de la retención —qué hace
con los datos. ¿Les va a servir tres huevos, media taza de mantequi-
lla, tres cuartos de cuchara de extracto de almendras, dos tazas de
harina, y una manzana rebanada? ¿O les va a servir un delicioso
pastel de manzana? Los dos tienen los mismos ingredientes. Los dos
son preparados por el maestro y presentados a los alumnos. Pero,
¿cuál es más fácil de digerir? ¿Cuál le va a gustar más?
¿Será más trabajo mezclar los ingredientes y poner el pastel en
el horno? Seguramente. Pero, ¿no vale la pena invertir los treinta
minutos de preparación de parte del maestro para ganar una mejor
actitud y mejor rendimiento de parte de treinta alumnos? Volvemos
al mismo tema de «hacer que el alumno aprenda». Eso requiere
hacerle caso a las palabras de Jesús cuando dice, «y a cualquiera
que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos» (Mateo
5.41). Eso requiere encarnar el amor —hacer lo que necesite la
otra persona, sin importar cómo se siente usted en el momento.

Máxima 6: La retención requiere reforzar la memoria


de largo plazo a través de un repaso sistemático.
Dios ha creado al hombre y la mujer con memoria de corto
plazo y memoria de largo plazo. La enseñanza eficaz respeta este
diseño divino, coopera con él, y no exige arrogantemente que la
mente opere más allá de su manera normal de operar.
Usted y yo usamos la memoria de corto plazo constantemente.
La usamos cuando la esposa pide que compre tres cosas en el
supermercado. Cuando un amigo le pide que le llame esta noche y

176
La ley de la retención

le da su número de teléfono, usted lo repite varias veces y lo tiene


memorizado. Por lo menos hasta esta noche. Pero, ¿lo puede re-
cordar una semana después? Dios diseñó la memoria de corto pla-
zo para usarla a corto plazo.
¿Ha tenido que estudiar toda la noche alguna vez para un exa-
men final? Probablemente sentía que si alguien chocara con usted
caminando, ¡perdería todos los datos que había almacenado en la
cabeza! Cuando era alumno, frecuentemente empezaba buscando
esas listas largas de información que había «aprendido», para con-
testar esas preguntas antes de olvidar los datos. ¿Cuánto había
aprendido realmente? Si el maestro hubiera tomado un examen una
semana antes, o una semana después, habría sido un desastre. ¿Qué
nos dice eso acerca del aprendizaje que supervisó ese maestro?
Nunca fomentará el aprendizaje en sus alumnos hasta que co-
loque la materia en su memoria de largo plazo (retentiva). Hay
una sola manera de colocarla allí: repasar. Una parte vital de su
responsabilidad es la de repasar y repasar la materia hasta que los
alumnos la dominen.
La meta del repaso es tomar ese mínimo irreducible y plan-
tarlo firmemente en la memoria de largo plazo de sus alumnos.
Repase en distintos momentos y en distintas maneras, hasta que
todos conozcan la materia. Para siempre.
«Cubrir la materia» no es enseñanza; es solamente hablar, y en
el mejor de los casos, hará un impacto en la memoria de corto
plazo. La verdadera enseñanza ocurre solamente cuando los alum-
nos conozcan la materia —¡antes y después de sentarse a dar el
examen!
¡Imagine el impacto que causaría si los maestros fueran eva-
luados de acuerdo con lo que sabían los alumnos un mes después
del curso! ¡Eso revolucionaría la enseñanza! ¿No es una tragedia
que aceptemos resultados superficiales y no resultados de largo
plazo? Es trágico porque cultiva una mentalidad superficial de la

177
Las siete leyes del aprendizaje

vida —que la vida es simplemente un pasar por ciertos hitos, apren-


diendo algunas listas, en vez de dominar el aprendizaje.
Los maestros eficaces identifican lo mínimo irreducible y lo
enseñan de una manera que cien por ciento de los alumnos lo domi-
nen tanto que lo tengan grabado en su memoria a largo plazo —
disponible para ellos cuando lo necesiten.

Máxima 7: La retención requiere disminuir el tiempo


de la memorización para dar más tiempo a la
aplicación.
Al practicar el método de la ley de la retención que presento en
el próximo capítulo, ganará más habilidad en la enseñanza veloz.
Pronto podrá enseñar dos veces más materia en la mitad del tiem-
po en una manera tan eficaz, que todos sus alumnos dominarán el
contenido.
Pero eso es solamente la mitad del camino. Porque el verdadero
propósito de la enseñanza es el uso de la materia. Si no hay posible
uso para la información, entonces, ¿por qué la está enseñando?
Tenemos que enfocar nuestros esfuerzos en capacitar a los
alumnos para vivir. Tenemos que partir con el contenido, la infor-
mación y el conocimiento para llegar a la práctica, la aplicación, y
la sabiduría. Por lo tanto, formatee su contenido de manera que sea
fácil de entender y memorizar. No espere hasta que sepan todo:
muéstreles inmediatamente el valor, la importancia, y la relevancia
de su materia. Cuanto más relevante y útil vean los alumnos la
materia, más motivación tendrán para aprenderla, y más aprecia-
rán el hecho de que los haya educado para tener éxito en la vida.
Durante mis estudios de seminario, el Dr. Hendricks comenta-
ba que «la impresión sin expresión lleva a la depresión». Cuando el
maestro piensa que el propósito es impresionar a los alumnos con
una acumulación de contenido, sus alumnos perderán el interés,
desarrollarán apatía, y finalmente serán críticos y cínicos. Si el con-

178
La ley de la retención

tenido no es usado por el alumno, llega a molestar. Al continuar


exigiendo que el alumno aprenda más y más contenido, sin mos-
trarle que ese contenido es útil para el alumno, el alumno tendrá
que usar más y más disciplina para forzarse a prestar atención y
concentrarse.
Los maestros ejemplares hacen un equilibrio en su presenta-
ción —50% contenido y 50% aplicación. Los maestros efectivos
pasan tiempo en la clase enseñando los datos, y no piden a los
alumnos que memoricen datos en su propio tiempo de estudio. Al
contrario, los mejores maestros dan tareas acerca del uso práctico
de los datos que ya aprendieron en la clase.
La ley de la retención trata de capacitar a los maestros para
ser más eficaces en su enseñanza del contenido. Le capacitará
para enseñar 500% más contenido en el mismo tiempo, o 250%
más contenido en la mitad del tiempo, o 100% del contenido en un
cuarto del tiempo que normalmente requiere. Estos porcentajes son
reales y pueden ser logrados por cualquiera que llegue a ser algo
experto con esta ley. El resultado debe ser tener más tiempo para
dedicar a la aplicación del contenido.

El meollo de la ley de la retención

La esencia de la ley de la retención se resume en tres


palabras:
«Dominar lo mínimo».
El maestro debe capacitar a todos los alumnos para gozar del
dominio máximo del mínimo irreducible.

179
Las siete leyes del aprendizaje

Conclusión

Los mejores maestros ayudan a los alumnos a dominar el con-


tenido. Recién recibí una carta sorprendente acerca de esta filoso-
fía de Donald Campbell, el presidente del seminario donde estudié.
En ella, contó una historia acerca de Lewis Sperry Chafer, funda-
dor y primer presidente del seminario:

Al celebrar la pascua hace algunas semanas, recordé una


escena inolvidable de mis tiempos de alumno en el Seminario
Dallas. Era el otoño del año 1948, y estaba estudiando con el
Dr. Chafer la doctrina bíblica de la salvación por medio de la
muerte de Cristo y su resurrección.
Me gustaban sus explicaciones claras y sus ilustraciones de
verdades teológicas profundas. Cuando llegó a hablar de la
obra terminada de Cristo, el Dr. Chafer ponía mucha pasión. Era
obvio que él quería que tuviéramos un manejo firme de las
doctrinas de la redención, la reconciliación, y la propiciación.
Después de varias semanas de sus clases, tuve que dar el
examen a mediados del curso. Igual que otros alumnos, llené
un cuaderno entero, de tapa a tapa, con mis mejores pensa-
mientos sobre el tema de la salvación.
Unos pocos días más tarde, el Dr. Chafer paseó por la sala
con un montón de exámenes debajo del brazo. Había mucha
emoción en el ambiente, esperando recibir los resultados de
los exámenes.
Pero sentí que algo inquietaba al Dr. Chafer.
Cuando puso los exámenes en el escritorio, contó a los alum-
nos lo decepcionado que estaba con los resultados, porque
no habíamos entendido el significado de estos conceptos
teológicos importantes. Incluso, dijo que su corazón estaba
destrozado.

180
La ley de la retención

Con ese comentario, el Dr. Chafer hizo una ceremonia de bo-


tar todos los exámenes a la basura, y procedió a exponer de
nuevo acerca de la obra completa de Cristo.
¡No hace falta decir que todos prestamos toda nuestra aten-
ción! En unos pocos días, el Dr. Chafer tomó otro examen, y
todos aprobamos con muy buenas calificaciones.

El Dr. Chafer era un maestro excelente, como han testificado


muchos alumnos durante los años. Una vez más, el maestro exce-
lente se dio cuenta de que la falta de aprendizaje de parte de sus
alumnos era su fracaso a fin de cuentas. ¿Qué hizo con esa eviden-
cia acusadora? ¡A la basura! Usted puede ver, mi amigo, ¡que los
maestros deciden dónde archivar los documentos de sus alumnos!
¡Pero no se olvide del próximo paso! Después de darse cuenta
de las malas calificaciones de sus alumnos, procedió a exponer de
nuevo.... Hizo un repaso. Asumió la responsabilidad del fracaso de
sus alumnos y enseñó de nuevo hasta que aprendieran.
Pero, ¿este maestro excelente siguió enseñando hasta que to-
dos sus alumnos hubieran dominado la materia? ¿Enseñó hasta que
todos dominaran lo mínimo? El Dr. Campbell testifica, «En unos
pocos días, el Dr. Chafer tomó otro examen, y todos aprobamos
con muy buenas calificaciones».
Antes de dar vuelta la página para descubrir los secretos fasci-
nantes de cómo enseñar para que todos aprueben con buenas cali-
ficaciones, ¿me permite hacerle unas preguntas? He aprendido
durante los años que, a menos que la persona acepte esta mentali-
dad, todos los secretos del mundo no ayudarán.
A medida que usted ha estado leyendo este capítulo, se ha
dado cuenta de que estos dos conceptos revolucionarios van en
contra de la filosofía contemporánea de la enseñanza. Pero, como
revelan los bajos puntajes de las pruebas de aptitud, ¡la filosofía
contemporánea de la enseñanza no tiene mucha evidencia para

181
Las siete leyes del aprendizaje

jactarse! Por supuesto, la filosofía actual quiere que pensemos que


las calificaciones bajas son la culpa de los padres, o de mucha
televisión, o de la capa de ozono —¡pero seguramente no de la
mala enseñanza!
En gran parte, creo que los profesores trabajan mucho, se sa-
crifican, están muy comprometidos, y se preocupan por sus alum-
nos. Entonces, ¿por qué los pobres resultados de la enseñanza?
Hay dos causas fundamentales:

1. La filosofía del maestro moderno no está en armonía


con los principios de las Escrituras, y por lo tanto,
2. La práctica del maestro moderno es contraproducente,
haciendo que el alumno no aprenda la materia de ma-
nera eficiente.

Que la ley de la retención mejore su perspectiva y lo capacite


para enseñar tan eficazmente que todos sus alumnos «dominen lo
mínimo».

Preguntas para reflexión

Lo que piensa el maestro acerca de la enseñanza controla la


enseñanza misma. Luche con estas cinco preguntas para desafiar
sus propios pensamientos acerca de la enseñanza.
1. En mis nueve años de educación universitaria y postgrado, nin-
guno de mis profesores tiró nuestras tareas o exámenes en la
basura. Pero escuché numerosos discursos acerca de nuestra
falta de competencia y malos hábitos de estudio. Ya que la
definición del maestro es aquel que es responsable por el apren-
dizaje del alumno, ¿quién debería escuchar un discurso? Si us-
ted diera tal discurso, ¿cuáles serían sus puntos principales?

182
La ley de la retención

2. Ya que el propósito de las calificaciones es reflejar la compe-


tencia del alumno con respecto a cierta materia, ¿qué significa
calificar en una «curva» (comparar a los alumnos entre ellos
mismos)? ¿Cuál es la diferencia entre la filosofía de calificar
de acuerdo con el rendimiento relativo entre los alumnos y la
filosofía de calificar de acuerdo con la cantidad de materia
misma que ha logrado aprender cada alumno? ¿Será que la
filosofía de calificar en una «curva» es precisamente la mane-
ra equivocada de enfocar la educación? La «curva» permite
que la mala enseñanza o un mal aprendizaje reciba una califi-
cación muy alta si todos los demás lo hacen peor. Recuerdo
que en una clase saqué treinta seis por ciento de respuestas
correctas y recibí una «A». ¿Sabe por qué? Porque nadie en-
tendía nada —¡incluyendo el profesor! En otra oportunidad
saqué noventa y cinco por ciento y recibí una nota «C», porque
calificaban en «curva». Lo sabía muy bien, pero saqué una
«C». Conversé acerca de las diferencias que se pueden produ-
cir en el aprendizaje del alumno con las dos filosofías.
3. ¿Recuerda cuando tenía que estudiar para un examen a última
hora? ¿Recuerda cuando trataba de aprender la materia la no-
che antes del examen final? ¿ Le habían enseñado la materia?
Si le hubieran tomado el mismo examen una semana más tar-
de, ¿cómo le habría ido? ¿La verdadera educación le prepara
para el día del examen, o para la vida? ¿La enseñanza a corto
plazo es realmente enseñanza? ¿Cómo cambiaría su enseñan-
za si fuera a enseñar para cambios para toda la vida?
4. Un profesor dio seis a ocho páginas de apuntes en cada perío-
do de clase. Todos decíamos que era inútil. Queríamos llamar a
la clase «escritura veloz» o «cómo tener un calambre en la
mano». Cerca del fin del semestre, uno de los alumnos levantó
la mano y preguntó, «¿Tenemos que saber _____?» ¡Qué
enojado se puso el profesor! Era como si hubiese cometido el

183
Las siete leyes del aprendizaje

pecado imperdonable. ¿Era buena o mala la pregunta? ¿De


qué sirve exigir que los alumnos pierdan su tiempo aprendiendo
algo irrelevante? ¿Debe haber sorpresas en el examen, en que
los alumnos se desesperan porque no pensaban que el profesor
fuera a preguntar eso?
5. Todos los alumnos estudian para exámenes de la misma manera.
Deciden lo que piensan que estará en el examen, y encuentran
maneras de memorizar la materia. ¿Qué sucedería si el maestro
enseñara la materia en maneras fáciles de entender, y abierta-
mente dijera cuáles serían las áreas cubiertas en el examen?

184
6
LA LEY DE LA RETENCIÓN; EL
MÉTODO Y LOS MAXIMIZADORES

Era el día antes del examen final. Los alumnos entraron a la


sala con entusiasmo y emoción. Hoy era el repaso final, y no po-
dían esperar.
Yo tampoco. Tanto el maestro como los alumnos habíamos tra-
bajado duro durante el semestre, y sabíamos que lo sabíamos. Les
pedí que se pusieran de pie, y que repitieran a unísono el panorama
bíblico que habíamos estudiado durante todo el semestre. Entonces
me senté y puse el cronómetro para tomar el tiempo. Todavía pue-
do recordar el sonido, todos hablando, casi cantando:

La Biblia —66 libros


Dos partes: El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento
El Antiguo Testamento, 39 libros
El Nuevo Testamento, 27 libros
El Antiguo Testamento —tres partes:
Libros históricos, 17 libros
Libros poéticos, 5 libros
Libros proféticos, 17 libros

Seguían y seguían. Cuando estos alumnos del primer año uni-


versitario llegaron al final del repaso largo, empezaron a hacer ba-

185
Las siete leyes del aprendizaje

rra, batir las palmas, y gritar. ¡Habían citado durante veintisiete


minutos, sin parar —cada dato importante (lo mínimo irreducible)
que les había enseñado durante el semestre entero!
El examen final era de seis páginas, espacio simple. Muchos
sacaron buenas calificaciones. Pero cuando el administrador de la
universidad vio las calificaciones, me llamó a su oficina: «Bruce, es
imposible que todos los alumnos en su clase hayan sacado califica-
ciones tan altas».
Mi corazón se apuró, pero había esperado este momento, y
estaba preparado con una respuesta:
—¿Le puedo mostrar el examen final, para que me diga si era
demasiado fácil?
Durante dos minutos estaba callado, mientras leía las seis pági-
nas de preguntas. Entonces dijo:
—¿Les tomó este examen a alumnos del primer año? ¡Esto es
más difícil que los exámenes de seminario! ¿Sabían todo esto?
—¡Sí! Pero, ¿usted piensa que debería reprobar a algunos de
todas maneras?
Él se rió. Y yo podía respirar de nuevo. No cambiaron las cali-
ficaciones.
Más importante todavía, aquellos alumnos aprendieron mucho.
Y se gozaban al hacerlo, porque el curso no era una amenaza, sino
una experiencia emocionante en el aprendizaje veloz.

El método de la ley de la retención

Alguien dijo: «Hay tres cosas que debemos recordar acerca de


la enseñanza: Número uno, prepare un plato rico. Número dos,
conozca bien a los invitados. Número tres, sirva la cena con ele-
gancia».
El aspecto de «servir la cena con elegancia» es el tema de este
capítulo. Por primera vez en un libro impreso, voy a compartir algu-

186
La ley de la retención

nos secretos detrás del método de enseñanza del ministerio Cami-


nata Bíblica. Este método creativo ha sido empleado en todo el
mundo, desde Nueva York hasta algunos pueblos remotos de la
India. Ya que el método de la retención coopera con la manera en
que Dios diseñó nuestras mentes, estos métodos son transculturales
y dan resultados inmediatos.
El método de la retención presenta cinco pasos que ayudan a
las personas a tener resultados asombrosos de su enseñanza. Cuando
empiece a entenderlos, estará preparado para las siete maneras
universales para hacer cualquier materia fácil de aprender, para
que los alumnos aprendan lo mínimo irreducible fácilmente y
gozosamente.

Etapa 1: Materia
Primero, el maestro o «expositor» junta la «materia». Esto
involucra investigar, o «rebuscar». El maestro hace una «selec-
ción» de datos relacionados con el tema para acumular toda la
información que pueda, y realiza la «preparación» de materia.

187
Las siete leyes del aprendizaje

Cuanto mejor preparado esté el terreno, mayor posibilidad de


que se produzca un jardín bonito. Cuanto más fuerte es el fundamen-
to, más alto y más sólido se puede construir encima. Cuanto más
investigación haya, más probable será el impacto en los alumnos.
Mientras estoy escribiendo este capítulo, también estoy prepa-
rando un discurso acerca de la pregunta, «¿La Biblia enseña lo que
sucederá en el Medio Oriente antes de la segunda venida de Cristo?»
Tengo demasiado materia, y puedo hablar solamente cuarenta minu-
tos. La mitad del público no asiste a la iglesia regularmente, y la mayo-
ría nunca ha escuchado de la abominación desoladora mencionada
por Jesús en Mateo 24. Al preparar esta lección, hago tres pasos:

1. Hago una selección de información relacionada con el tema.


2. Organizo el tema.
3. Hago un bosquejo del tema.

Su propósito en hacer esta selección es volar sobre el conteni-


do los más rápido posible para tener una vista general. Mire las
enciclopedias, manuales, contenidos de libros, y hojee las páginas,
sin estudiar con profundidad. Esta es la etapa en que empieza a
formular en su mente las secciones mayores de la materia, y la
manera de arreglarlas para hacer una presentación clara.
Después, debe organizar el tema. Su propósito aquí es poner el
contenido en categorías de unidades mayores de pensamiento. Di-
vidir para conquistar. Repase algunas de las mejores fuentes para
ver cómo dividen la materia. Haga una lista de posibles categorías.
No limite su lista, haciendo evaluaciones. Solamente reflexione.
Cuando su investigación esté completa, empiece a evaluar y codifi-
car cada área temática según los siguientes códigos:

188
La ley de la retención

«A» al lado de las secciones que tienen que ser incluidas.


«B» al lado de las secciones que serían muy útiles, pero no
absolutamente necesarias.
«C» al lado de las secciones importantes pero opcionales.
«D» al lado de las secciones que serían poco útiles.
«F» al lado de las secciones que con toda certeza no ayudarían,
incluso que podrían confundir a los alumnos.

Cuando haya hecho esto, haga una lista de sus categorías en


orden de prioridades. Ya debe empezar a sentirse cómodo con al-
gunos de los conceptos generales.
El último paso es hacer un bosquejo del tema. Repase las cate-
gorías y construya un orden lógico para la presentación de ellas.
Ocupe su conocimiento creciente del tema para determinar si algu-
nas de sus «A», «B», o «C» tienen que ser alteradas. Cuando haya
completado las categorías mayores, puede repetir los tres pasos
arriba para organizar los puntos menores en cada categoría.
Cuando haya completado la etapa de «materia», tendrá un bos-
quejo general inicial de la materia.

Etapa 2: Mínimo
Ahora es el momento para comprimir el contenido a lo «míni-
mo». Lo ha investigado, ahora tiene que «reducirlo». Ha hecho
una investigación, ahora debe hacer una «síntesis» o un resumen
de la materia apropiada y fijar «prioridades».
Esta segunda etapa puede parecer extraña al principio, pero es
esencial para la instrucción efectiva. Inicialmente, usted puede en-
contrar difícil esta etapa, porque creemos equivocadamente que
si el maestro cubre una gran cantidad de materia, el alumno
aprenderá una gran cantidad. Cuando usted cambia el énfasis,
para que caiga sobre la materia que realmente quiere que los alum-
nos aprendan, empieza a pensar de otra manera.

189
Las siete leyes del aprendizaje

Cuando desarrollé el seminario de la vida de Jesús para el mi-


nisterio Caminata Bíblica, hice un repaso de todo lo que hizo Jesús
—los lugares, lo que dijo, cada milagro. Hay más de trescientos
eventos. Entonces me acordé: «Tengo una hora y media para ense-
ñar la vida de Jesús, y muchas de las personas del público no saben
casi nada de él. ¿Qué tiene que saber una persona para poder
decir, «Entiendo la vida de Jesús»?» De mi lista de prioridades —
A, B, C— seleccioné lo más importante.
Esta segunda etapa requiere que descarte algo del trabajo que
completó en la etapa anterior de «materia». Pero no se olvide —no
todo el contenido es igualmente importante. La mayoría de los da-
tos no tienen que ser memorizados, y probablemente ni siquiera
tienen que ser discutidos. A lo máximo, deben ser presentados rápi-
damente para conocimiento general.
El maestro típico no se disciplina en esta etapa, y por lo tanto
habla mucho y enseña poco. Los maestros ejemplares tienen
tanta habilidad para saber lo que no se debe excluir como para
saber lo que se debe incluir. Los mejores maestros eliminan mate-
ria regular para poner el énfasis en materia superior.
Le preguntaron una vez a un maestro escultor cómo creaba
obras de arte tan bellas de pedazos de mármol. Contestó que sola-
mente sacaba del mármol lo que no pertenecía a lo que estaba
haciendo. Si hacía un caballo, sacaba todo lo que no se parecía a un
caballo.
Las obras maestras en mármol y en el salón de clases son
creadas por maestros que saben que no todas las partes disponibles
son igualmente importantes.
¿Cómo se eligen los elementos que son más importantes? Hay
tres factores que forman la materia: primero, el público; segundo,
el tiempo disponible; y tercero, el propósito de la clase.
Digamos que el tema es la vida de Cristo, y usted enseñará a
tres distintos públicos:

190
La ley de la retención

1. niñas del sexto año,


2. jóvenes adultos de veinticinco años recién casados,
3. estudiantes de seminario del programa de doctorado.

¿Cuánto éxito tendría si usara el mismo enfoque para los tres


grupos? Su selección de materia se determina según los alumnos
que está enseñando.
Segundo, su selección también es controlada por el tiempo dis-
ponible para enseñar. ¿Qué materia usaría para estos tres períodos
de tiempo?

1. Una meditación de veinte minutos


2. Cincuenta minutos de clase
3. Un curso de trece semanas

Tercero, el maestro selecciona la materia según el propósito de


la clase. ¿Qué desea lograr con los alumnos? Fíjese cómo seleccio-
naría el contenido según los siguientes tres propósitos:

1. hacer un repaso de la vida de Cristo,


2. probar que Jesucristo era el Mesías,
3. responder a Jesús en un culto de adoración.

Después de fijar prioridades a la materia según las caracterís-


ticas del público, el tiempo disponible, y el propósito de la clase,
usted debe considerar cuán bien los alumnos tienen que compren-
der la materia.
Los alumnos nos preguntan en distintas maneras constante-
mente: «¿Tenemos que saber esto?» Lo que están preguntando es:
«¿Cuán importante es esta materia?» Obviamente, el maestro pen-
saba que era importante conocer la materia, pero ¿tan importante
para memorizarla?

191
Las siete leyes del aprendizaje

Hace tiempo que los educadores han reconocido que hay mu-
chos niveles de «conocer» un tema. Para simplificarlo, hablaremos
de tres niveles que nos ayudarán.

1. Conocimiento superficial: «He escuchado esto antes, y creo


que sé algo de eso».
2. Conocimiento regular: «Eso lo he aprendido, y sé en forma
general cómo funciona».
3. Conocimiento completo: «Yo conozco todo acerca de eso
—aquí están los diez puntos principales».

Dependiendo del nivel en que quiere que sus alumnos conoz-


can la información, usted debe no solamente enseñar de manera
diferente, sino también debe evaluar de manera diferente. Si el
nivel es superficial, entonces puede usar selección múltiple; si es
regular, puede usar verdadero/falso o respuestas escritas (explique
lo que sabe); si es el nivel más completo, tendrá que pedir una lista
de los datos, o una discusión inteligente de los componentes princi-
pales y sus implicaciones.
La ley de la retención hace hincapié en que el maestro es res-
ponsable por las siguientes actividades:

1. Seleccionar la materia que se enseñará.


2. Determinar el nivel de aprendizaje.
3. Comunicar a los alumnos, no solamente lo que deben apren-
der, sino también el nivel de conocimiento que se espera.
4. Presentar la información seleccionada de tal manera que
los alumnos la aprendan en el nivel esperado.
5. Examinar la materia seleccionada, exigiendo el nivel de apren-
dizaje previamente anunciado por el maestro.

192
La ley de la retención

Los maestros frecuentemente pierden la mayor parte del tiem-


po de la enseñanza en el salón de clases, del hacer tareas y del
estudio en la casa, porque no están concentrándose en la materia
apropiada, o porque no están enseñando en el nivel correcto. Los
estudiantes pierden mucho tiempo valioso y mucho esfuerzo, tra-
tando de averiguar lo que el maestro considera importante, y estu-
diando información que es prácticamente irrelevante para el propó-
sito del curso.
¡No haga eso a sus alumnos! Al contrario, identifique clara-
mente los datos y los conceptos que se exigen para un nivel acep-
table de comprensión. Este mínimo irreducible debe ser identifica-
do claramente y debe ser repasado en forma repetida. Todos de-
ben dominar lo mínimo irreducible. Si no lo hacen, el maestro no ha
enseñado en el nivel mínimo aceptable. Recuerde, si un alumno
falla en el aprendizaje, el maestro ha fallado en la enseñanza.
Al fin de la primera etapa, «materia», el contenido de la lec-
ción debe ser claramente identificado o bosquejado. Esto normal-
mente es el fin de la preparación de la lección.
Al completar la segunda etapa, «mínimo», el contenido debe
haber sido reevaluado y las prioridades deben haber sido revisadas.
En vez de tener seis páginas de apuntes, probablemente haya usa-
do la regla de 80/20 para sacar las partes grandes de grasa y dejar
solamente la carne. Posiblemente haya marcado esos datos que
todos deben dominar, porque claramente son parte del «mínimo
irreducible». Ha sido muy estricto con respecto a «¿qué deben sa-
ber mis alumnos?», y tiene aislada la esencia. Ha dado más espacio
en su bosquejo para lo más importante, y ha dejado poco espacio
para las cosas secundarias. Usted admite que no todos los datos
son iguales, y que la sabiduría exige un establecimiento de priorida-
des planificado en su presentación.
Cuando compare el bosquejo de la etapa de «materia» con el
nuevo bosquejo de la etapa «mínimo», usted se sorprenderá por la

193
Las siete leyes del aprendizaje

diferencia. Usted se dará cuenta de que el hecho de distinguir lo


principal de lo secundario es vital para establecer un bosquejo eficaz.
Su bosquejo de lo mínimo es la esencia de lo que enseñará, pero
todavía no está organizado para la mejor presentación de la materia.
Usted tiene los mejores ingredientes brutos, pero ¿cómo los va a
empaquetar para que sea un gozo para sus alumnos aprenderlos?

Etapa 3: Manejable
Aunque no lo crea, cuando ha terminado la segunda etapa,
«mínimo», está a años luz del maestro típico, porque es mucho más
eficaz. Ha podido aislar la materia importante de toda la materia
disponible. En vez de perder mucho tiempo en la materia irrelevan-
te, ha eliminado todo lo que no es «un caballo en el mármol». Por lo
tanto, no perderá tiempo en los pedazos que han caído al suelo. No
le tentará cubrir materia que no debe ser tratada.
Ahora es tiempo para cambiar su pensamiento, enfocando no
la materia, sino la mente de los alumnos. La materia ha sido sinte-
tizada, y el método correcto debe ser elegido para pasar la informa-
ción a su memoria de largo plazo.
Desgraciadamente, pocos maestros utilizan este paso. ¡Son
demasiados los maestros que creen que la enseñanza es la pre-
sentación de los datos de parte del maestro, en vez del apren-
dizaje de los datos por los alumnos! En el momento que nuestra
filosofía de la enseñanza cambia a ser orientada a los alumnos, y no
al maestro, inmediatamente reconocemos que nuestra enseñanza
actual es terriblemente inadecuada.
Cuando la filosofía de Las siete leyes del aprendizaje co-
mienza a grabarse en su corazón —y usted se propone hacer que
sus alumnos realmente aprendan la materia— inmediatamente
comienza a buscar maneras en que usted puede ayudarles a apren-
der lo mínimo irreducible en vez de simplemente cubrir la materia
como siempre.

194
La ley de la retención

Este proceso es profundo y tiene muchas implicaciones. Va en


contra de la práctica típica de la educación. La gran mayoría de
maestros que yo tuve cuando era alumno nunca asumía la respon-
sabilidad de hacer que yo aprendiera la materia —¡eso era mi res-
ponsabilidad!
Entonces ¿qué hacíamos para aprender la materia? Buscamos
desesperadamente maneras en que pudiéramos memorizar más
fácilmente la materia.
Esta tercera etapa golpea en contra de esa filosofía. Ya que el
maestro es responsable por el aprendizaje del alumno, el maestro
debe identificar y usar el método más eficaz para enseñar la mate-
ria, para que los alumnos aprendan en la clase, y no después.
He decidido llamar este factor «manejable». Usted tiene que
«reorganizar» su materia y hacerla más «simple». Tiene que mol-
dearla y hacerla un «paquete» más manejable, hasta que entre en
la mente de los alumnos, casi sin esfuerzo, y a veces en forma
espontánea. Usted se preguntará: «¿Cómo es posible enseñar así?»
Pero como verá en un momento, usted ya conoce el secreto.
¿Recuerda el proceso que usted utilizó cuando era alumno y
tenía que estudiar para un examen a última hora? Después de tratar
de adivinar lo que estaría en el examen (un intento de averiguar lo
que era el «mínimo irreducible», según su profesor), usted probable-
mente organizó la materia de una manera que su mente pudiera re-
cordarla. Buscaba maneras de quitar el sentido de caos y falta de
relación entre los datos, ordenándolos en una estructura que tenía
más sentido para usted. Usted conectaba los datos para hacer algo
unido, para que pudiera recordar las distintas partes para el examen.
A menos que usted tenga una memoria fotográfica, tuvo que
hacer exactamente eso durante años. Pero, si le resultó cuando era
alumno, ¿por qué no usarlo también como maestro? Cuando ense-
ña el contenido, ¿por qué no ayudar a sus alumnos a memori-
zar durante la misma clase? ¡Imagine la alegría de sus alumnos

195
Las siete leyes del aprendizaje

cuando salgan de la clase, ya dominando el contenido que estará


en el examen!
Con esa meta en mente, usted debe usar su creatividad para
buscar el «mínimo irreducible» y reorganizarlo en una forma fácil
de recordar. Los maestros que tienen
mucha habilidad en esta etapa de lo «manejable» moldean su
contenido para que cumpla con dos requisitos:

1. Es fácil de entender
2. Es fácil de memorizar

Primero, consideremos el grado de comprensibilidad. Mi hijo


se quejó recientemente acerca de la dificultad de su texto de mate-
mática. Se quejó de que el texto del año pasado hacía todo más fácil
de entender, pero el texto de este año le parecía estar en otro idioma.
¿Ha leído alguna vez un artículo que le confundió más en vez
de ayudar? Quizás después haya encontrado otro artículo que dejó
muy claro el mismo tema.
La materia puede ser clara y útil, o confusa y frustrante. Toda
materia puede ser evaluada en una escala de comprensibilidad, desde
lo más fácil hasta lo más difícil.
Tal escala ha existido mucho tiempo para calificar la dificultad
de libros, revistas, y artículos. Compare la dificultad de Seleccio-
nes de Reader’s Digest (nivel del año octavo de la escuela) con
otra revista a nivel del undécimo año, y con otra a nivel del duodé-
cimo grado. Aun las distintas versiones de la Biblia se pueden cali-
ficar según el grado de dificultad. Por ejemplo, la Biblia Dios ha-
bla hoy es más fácil de leer que la Reina Valera de 1960.
Usted como maestro quiere que sus alumnos aprendan todo lo
posible, así que simplificará su materia tanto como sea posible, sin
dañar su naturaleza. Tiene que expresarla de acuerdo con el públi-
co. Los maestros ejemplares toman los conceptos más complica-

196
La ley de la retención

dos y los simplifican a tal punto que un niño pueda entenderlos. Si


ha asistido a una clase de un maestro destacado, probablemente
nunca se confundió o se perdió. Es el maestro mediocre que con-
funde a sus alumnos. La profundidad no es la complejidad; es la
simplicidad.
No permita que alguien le diga que algunas ideas son demasia-
do complicadas para simplificarlas. ¡No es verdad! Algunos con-
ceptos son más difíciles de captar que otros, pero los buenos maes-
tros pueden preparar su lección de tal manera que los alumnos
entiendan, ¡sin darse cuenta de que es un concepto complejo!
Esto nos trae a la segunda parte de esta etapa —la etapa de la
memorización. El maestro ahora toma la materia que ha sido hecha
fácil de entender, y la entrega para ser fácilmente retenida. El maestro
reorganiza la materia de tal manera que se grabe en la mente del
alumno con el mínimo esfuerzo —aun inconscientemente cuando
es posible.
Nuestras mentes frecuentemente aprenden más rápidamente
en un nivel subconsciente que a través de la memorización cons-
ciente. Para ilustrar esto, observe cómo una familia aprende un
idioma nuevo cuando va a vivir en otro país. Los niños jóvenes
juegan con otros niños en el pueblo, mientras sus padres estudian
un curso intensivo para aprender el idioma. En el mismo período de
tiempo, los niños siempre aprenden a hablar mejor que sus padres.
Mientras los padres hacen un esfuerzo para memorizar el idioma,
los niños aprenden sin prestar atención.
El grado de la facilidad del contenido para memorizar puede
ser clasificado en una escala también. Cuanto más fácil sea de
memorizar, mejor será el aprendizaje.
Al desarrollar la facilidad del contenido para ser memorizado,
recuerde que la mente solamente recibe datos para los cuales está
preparada. No puede recibir datos presentados en un idioma des-
conocido. Tampoco puede esperar que la mente reciba datos

197
Las siete leyes del aprendizaje

que no tienen ningún orden lógico o relación. No puede espe-


rar que reciba datos más allá de su alcance —sería como tratar de
enseñar cálculo a alumnos de matemática del segundo año de la
escuela primaria.
Lo que sí puede esperar es que la mente reciba y retenga datos
que están preparados de manera única para entrar rápidamente y
permanentemente en la memoria. Por ejemplo, si organiza sus da-
tos en forma de un acróstico se hace más fácil de memorizar.
Posiblemente su mente esté corriendo ahora. Está soñando con
hacer un impacto dramático entre sus alumnos con este nuevo
método revolucionario. Su creatividad está empezando a ampliarse,
y está preguntándose cómo podría arreglar su contenido para ha-
cerlo más fácil de manejar. Después de mucha investigación y es-
tudio, se ha encontrado siete maneras de hacerlo, y estas serán
explicadas posteriormente en este capítulo en la sección de los
maximizadores. Son siete métodos universales para hacer más fá-
cil el manejo de cualquier grupo de datos. Pero antes, concéntrese
en la cuarta etapa de la enseñanza veloz.

Etapa 4: Memorizar
Hasta esta etapa, no hemos empezado la clase todavía. Las
etapas 1-3 suceden antes de la clase; constituyen la preparación
privada antes de la presentación pública. Ha estado enfocando el
manejo del mensaje; ahora hay que enfocar la transferencia de la
verdad a los alumnos.
La meta de la ley de la retención es capacitar a sus alumnos
para la «memorización» de la materia que se ha identificado como
esencial. Esto lo hace al «repasar» la materia. Aquí el maestro
debe hacer que el contenido quede «sólido» en la mente de los
alumnos —tiene que llevarla a la «práctica» una y otra vez, hasta
que todos los alumnos lo tengan dominado.

198
La ley de la retención

La meta es mover la materia manejable desde la memoria a


corto plazo hasta la memoria a largo plazo (retentiva), para grabar-
la más y más profundamente, hasta que los alumnos la puedan
recordar sin pensar. Simplemente la saben.
Muchos maestros creen equivocadamente que deben pasar todo
su tiempo entregando nueva materia, si no, han hecho que los alum-
nos pierdan su tiempo. Pero eso puede ser precisamente lo que no
deben hacer. Para tener otra perspectiva, estudie cuánto contenido
Cristo entregó en los evangelios. Verá que repasaba Su contenido
principal una y otra vez. Repetía los mismos conceptos muchas
veces. Es como si quisiera decirnos: «Hay algunas pocas cosas
que quiero que el mundo sepa. Aquí las tienen. ¡Voy a enseñarles
hasta que las aprendan!»
El dilema educacional actualmente demuestra que la mayoría
de las instituciones educacionales están poco comprometidas con
este tipo de enseñanza. La verdad es que, si algún maestro asume
la responsabilidad del aprendizaje de sus alumnos, sería un compro-
miso voluntario. El «sistema» no lo exige. Tal compromiso es poco
común, y normalmente cuesta mucho. Ese costo, sin embargo, com-
pra la satisfacción profunda de saber que se está influyendo posi-
tivamente para el resto de sus vidas. No solamente lograrán mejor
rendimiento con este tipo de compromiso, sino también tendrán mejor
actitud y mejor enfoque de la vida.
Un maestro con ese compromiso toma el liderazgo en asegurar
a los alumnos que aprenderán lo mínimo irreducible si cooperan.
Este compromiso es tan poco común y tan apreciado, que pronto
gana la cooperación general de los alumnos.
Por lo tanto, haga lo que sea necesario para que sus alumnos
memoricen los datos necesarios para aprobar cada prueba y cada
examen. Cuando sus calificaciones no reflejan su conocimiento de
la materia, ¿quién tiene la culpa? ¿Es necesario contar esa prueba
si refleja su propia falta? Cuando se da cuenta de que el rol

199
Las siete leyes del aprendizaje

principal del maestro es hacer que los alumnos aprendan, tie-


ne otra perspectiva. ¿De qué sirven las calificaciones? El punto
no es si los alumnos aprenden la materia en la segunda prueba o en
la quinta prueba; ¡es que aprendan la materia!
Califique, no según lo rápidamente que aprendieron la materia,
sino según una norma objetiva solamente. ¿Usted les enseñó lo que
deben saber, o no?
Tenemos que guiar a nuestros alumnos desde una falta total de
conocimiento en un área, hasta un dominio total de lo mínimo
irreducible, y después hasta una competencia avanzada. En el ca-
mino, debemos ayudar a los alumnos a pasar varias etapas de com-
prensión y memorización.
La clave para la memorización de los alumnos es el repaso. El
repaso puede ser «la madre de todo aprendizaje», o puede ser «el
padre del aburrimiento», dependiendo de la habilidad del maestro. El
tema del repaso no se puede tratar aquí en forma adecuada, pero los
siguientes siete principios sirven como un bosquejo del tema:

1. El repaso es el método principal por el cual todos memori-


zan todo.
2. El repaso es eficaz solamente cuando el alumno entiende la
materia adecuadamente.
3. El repaso debe ser practicado en el mismo orden y con las
mismas palabras hasta que se memorice el mínimo
irreducible.
4. El repaso debe ser más frecuente y más intenso cuando
está enseñando los datos por primera vez.
5. El repaso debe ser practicado regularmente, pero en forma
menos frecuente a medida que avanza el curso.
6. El repaso debe continuar hasta que todos los alumnos de-
muestren un dominio completo del mínimo irreducible.
7. El repaso debe hacerse usando una variedad de métodos.

200
La ley de la retención

¿Cómo sabe cuándo ha repasado lo suficiente? Cuando sus


alumnos han memorizado lo mínimo irreducible. Lo único que per-
manece retenido en la memoria es la quinta etapa, que tiene como
propósito desarrollar al alumno a un nivel mayor de competencia en
la materia —desde memorizar hasta dominar.

Etapa 5: Maestría
Durante esta última etapa del método de la retención, usted
está concentrado en guiar a sus alumnos desde la adquisición de la
información hasta la aplicación de la información. Usted empezó
este proceso con una discusión de la información, después ayudó a
sus alumnos a memorizar la información, y ahora se concentra en
guiarlos creativamente hasta el pináculo del proceso de aprendiza-
je: competencia independiente.
Cuando se haya terminado esta etapa, los alumnos habrán ad-
quirido «maestría» en la materia. Habrán podido «retener» lo que
usted les enseñó, y estarán «seguros» de su conocimiento. Ten-
drán «pericia» en su comprensión y utilización del tema.
Esta maestría tiene cuatro partes que debemos considerar, aunque
normalmente están interrelacionadas en el proceso del aprendizaje:

1. Memorización inolvidable
2. Comprensión intensa
3. Integración intuitiva
4. Utilización independiente

La memorización inolvidable ocurre cuando los alumnos cono-


cen el contenido tan bien que permanece en ellos para siempre. Se
adhiere el contenido con un pegamento tan fuerte que no se despe-
ga —nunca. Traspasar el contenido a la memoria a largo plazo de
los alumnos requiere repasos regulares. Pero al final, los datos es-
tarán grabados en su memoria accesible.

201
Las siete leyes del aprendizaje

¿Cuánto es cinco por cinco? ¿Quién llegó a las Américas en el


año 1492? Por medio del repaso constante de estos datos, usted
conoce estos datos. Incluso, los sabrá siempre. Cuando se trata del
mínimo irreducible, usted quiere que sus alumnos conozcan los datos
para siempre. Repáselos para que ya no sea difícil para nadie dar la
respuesta correcta, en cualquier momento y en cualquier lugar.
La comprensión intensa mueve más allá del significado su-
perficial de los datos y asegura que los alumnos entiendan clara-
mente el significado y la importancia de esos datos. Para asegurar
que hayan comprendido el significado detrás de los datos, se puede
emplear la discusión en la clase y el trabajo escrito.
Si usted sabe que Cristóbal Colón llegó a las Américas en el
año 1492, pero no sabe por qué vino, o qué sucedió después, enton-
ces esa información tiene mucho menos valor para usted.
La integración intuitiva ocurre cuando los alumnos saben
cómo usar los datos en áreas más allá de su contexto inmediato.
Usted tendrá que guiar a sus alumnos a pensar en el nivel principal
de los datos, y a que estén tan familiarizados con ellos, de manera
que su intuición se libere.
Cuando hablaba en una conferencia anual de educación, me
encontré con esto en cada paso. Estaba tratando de enseñar al
público acerca de cómo Dios el Padre enseñaba a sus alumnos. No
me concentré en su contenido, sino en su estilo de enseñanza. Cuan-
do revelé diez ejemplos distintos del estilo de Dios, pude guiar a los
participantes a descubrir muchas observaciones, incluso principios
del estilo de Dios.
Sin embargo, cuando les pedí que integraran estos mismos prin-
cipios en lo que enseñaran en su próxima lección, nadie se movió.
Nadie habló. Todos vieron la importancia de la pregunta y se esfor-
zaron para «integrar intuitivamente» lo que habían aprendido, pero
no pudieron. Por lo tanto, tuve que retroceder al paso anterior y
profundizar su comprensión, dando muchos ejemplos de la integra-

202
La ley de la retención

ción. Empezaron a «encenderse las luces» poco a poco entre todos


los alumnos, pero fue un desafío para todos.
Comenté a los participantes que sentí que les costaba pensar, y
que reflejaba un pobre hábito de meditación en sus vidas. Después
de la sesión, uno de los líderes fue a hablar conmigo y me dijo algo
que nunca olvidaré: «Tiene razón que nos falta la capacidad de
pensar. Dejamos de meditar hace años. Ahora leemos libros para
encontrar las respuestas, pero no pensamos».
Las Escrituras describen esta etapa como un movimiento des-
de el «conocimiento» hacia la «sabiduría». Es la verdadera razón
por la cual es importante saber los datos. Si los alumnos conocen
los datos, pero no pueden usarlos, o no pueden aplicar los principios
detrás de ellos, entonces habrán aprendido los datos en vano. Aun-
que usted no esté de acuerdo, creo que conocer los datos como un
fin en sí mismo tiene poco valor, y puede ser un pobre uso de tiem-
po y esfuerzo.
La utilización independiente es la meta verdadera de toda
educación. Cuando el maestro no esté, y cuando no hay presión
para hacerlo, ¿el alumno usará el contenido que le enseñó? ¿Habrá
aprendido tan bien la materia que no pueda evitar usarla en su
propia vida?
Yo llamo este proceso «enseñar para cambiar vidas». Su pro-
pósito no debe ser lograr que el alumno repita la materia un día en
un examen planificado. La única meta verdadera y válida de la
educación es que el alumno aprenda de tal manera que cambie su
propia vida y su conducta.
Al reflexionar sobre estos cuatro pasos en le etapa de «maes-
tría», note que usted puede usar el tiempo en la clase y el tiempo de
tareas para desarrollar un dominio completo. Como la memoriza-
ción y la comprensión son funciones de la clase, la integración
y la utilización deben ser un énfasis principal de las tareas.

203
Las siete leyes del aprendizaje

Esto puede ser radicalmente distinto de lo que normalmente se


hace, pero hará una diferencia increíble en el valor verdadero y el
valor percibido de su enseñanza. Muchas veces el tiempo en la
clase está dedicado a escribir apuntes de la lección. Celebramos el
éxito cuando el alumno puede escribirlo una vez más en otro peda-
zo de papel que llamamos un examen.
Pocas veces los maestros enseñamos conscientemente con el
propósito de lograr un cambio permanente de vida, en vez de acu-
mular datos en forma temporal.
Hace poco estaba ayudando a una persona joven con unos
problemas de álgebra. Él estaba diciendo que le gustaría que termi-
nara el semestre «estúpido», y que jamás tomaría otro curso de
álgebra. En medio de uno de los problemas, le pregunté si estas
fórmulas servirían para la vida real. Explotó de la risa —la idea era
totalmente ridícula para él. Estaba seguro que el curso era simple-
mente una obligación inútil impuesta sobre los alumnos.
Empecé a mostrarle cómo se podían solucionar problemas ver-
daderos de la vida con las fórmulas. Demoró un poco, pero la luz
empezó a brillar en sus ojos. De pronto, él quería entender; vislum-
bró el valor del álgebra, y sintió intuitivamente su importancia para
su vida.
Pero era muy tarde; y el semestre estaba terminando, y estaba
sacando una «D», casi reprobando el curso.
¿Por qué?
Posiblemente porque su profesor estaba simplemente cubrien-
do la materia de álgebra. Posiblemente porque su profesor nunca
hizo que él aprendiera álgebra. Posiblemente porque su profesor
nunca se había dado cuenta de que el propósito del álgebra era
ayudarle a este joven a tener más éxito en la vida.
Yo opino que la única persona que fracasó más que este alum-
no era su profesor.

204
La ley de la retención

Los maximizadores de la ley de la retención

La enseñanza veloz permite el aprendizaje veloz.


Sin importar cuánto desea aprender rápidamente el alumno, el
maestro tiene las llaves del proceso.
La velocidad del aprendizaje depende del maestro y la velocidad
de su enseñanza. La cantidad aprendida depende de la habilidad del
maestro en preparar el contenido y guiar a sus alumnos a aprenderlo.
El valor del aprendizaje depende de la eficacia del maestro en asegu-
rar la comprensión, la integración, y la aplicación práctica.
Esta sección de la ley de la retención se concentra en maximizar
la velocidad de la enseñanza. Los siete métodos revelados en esta
sección aumentarán al doble, triple, o cuádruple, la cantidad de
materia que el profesor puede trasladar desde sus apuntes a la
mente de los alumnos. O podrá reducir por la mitad el tiempo que
normalmente dedicaría al contenido, para que tenga dos veces más
tiempo para dedicar a la aplicación.
Estos siete métodos son los medios principales que el maestro
utiliza para hacer que la materia sea fácil de memorizar. Nosotros
no inventamos los métodos. Desde que existe el hombre, se han
usado. Funcionan cada vez con cada persona en cada cultura, sim-
plemente porque corresponden a cómo Dios ha creado al hombre.
Dios lo creó con maneras universales de pensamiento y recep-
tores universales de estímulos.
La capacidad de escuchar y reconocer sonidos es la base de la
música. Donde exista el hombre, entonces, la música comunica. Si
un maestro utiliza la música para comunicar contenido, está coope-
rando con Dios en el proceso de la comunicación.
La música es uno de los métodos clásicos para enseñar veloz-
mente en cada cultura y con cualquier edad. Hay una canción en
español para enseñar el alfabeto, y es el método más eficaz aún en
esta edad tecnológica. No hay ningún método remotamente com-

205
Las siete leyes del aprendizaje

parable, porque sigue la manera de pensar que Dios el creador ha


implantado en el hombre.
Antes de terminar esta sección, conocerá seis aspectos más
del diseño mental universal que Dios ha implantado en el hombre.
Al leerlos, serán evidentes inmediatamente. Incluso, ya los conoce,
pero probablemente no sabe que los conoce.
Dios no solamente ha diseñado al hombre con formas de pensar
en toda la humanidad, sino que también ha colocado en nosotros
receptores universales para todo tipo de información. Las formas
de pensar serían inútiles si no se agregara nueva información regu-
larmente. Tendríamos que vivir de nuestra imaginación si no hubiera
alguna manera posible de recibir nueva materia adicional.
Estos receptores se llaman nuestros «sentidos». Son los porta-
les físicos por los cuales pasa toda nueva información para ser
agregada a nuestras formas actuales de pensar. Si no tuviéramos el
sentido de oído, la música no nos ayudaría a aprender. Si no pudié-
ramos ver, los cuadros no nos ayudarían a aprender.
Por lo tanto, como deseamos maximizar el aprendizaje de nuestros
alumnos, debemos utilizar los sentidos de vista, olfato, oído, gusto, y
tacto. Nuestras experiencias en la vida son el resultado de esos senti-
dos, junto con nuestra interacción con ellos. Por ejemplo, ciertas combi-
naciones de estos sentidos se usan para una obra musical o un drama.
Pocas veces describimos la experiencia en términos de los sen-
tidos usados, sino más bien en términos de los resultados de esos
sentidos. El placer de la vista es «bello» o «atractivo». Un sonido
desagradable es «molestoso» o «estridente». Un olor desagrada-
ble es «hediondo» o «fétido».
Una selección sabia o una combinación sabia de sentidos re-
ceptores puede ayudar increíblemente a la memoria. Cuando son
usados por el maestro, claramente acelera el aprendizaje. Esas
combinaciones están disponibles cuando quiera. Son aceleradores
que ayudan a enseñar velozmente.

206
La ley de la retención

Ya que estas combinaciones de recepción sensorial cooperan


con las formas de pensar y con los cinco sentidos, no están limita-
dos por cultura, tiempo, edad, o contenido. Los he usado en todas
partes del mundo, y he encontrado que me ayudan a enseñar veloz-
mente en la selva de Bolivia, las playas de Brasil, los pueblos de
Alaska, o los apartamentos de Nueva York.
Los siete maximizadores son transculturales, transinforma-
cionales, transgeneracionales, e intercambiables. Son las herramien-
tas básicas del maestro veloz.

Maximizador 1: Represente los datos en un cuadro.


Los cuadros son increíblemente efectivos como palancas sen-
soriales para conectar los datos con la memoria del alumno. ¿Por
qué cree usted que todos tomamos fotografías y las guardamos en
álbumes? ¿No experimentamos un caudal de recuerdos cuando
miramos esas fotografías? ¿Se da cuenta del poder de la retención
en su vida diaria? Un solo cuadro trae a la memoria innumerables
datos. Instantáneamente. Aun después de veinticinco años.
Es así con todos, incluyendo a sus alumnos. Simplemente apli-
que lo que sabe ahora, y sus alumnos recordarán para siempre lo
que enseña en un instante.
¿Cómo descubrimos esto en nuestra investigación y medita-
ción? Del Maestro de maestros. ¿Recuerda cuando Dios usó un
cuadro por primera vez para estimular un «diluvio de recuerdos»?
Dios puso un arco iris en el cielo para recordarnos de su promesa
de no destruir el mundo con un diluvio nunca más.
El uso de cuadros es poderoso, porque es visual, universal,
transcultural y no verbal. La conexión es instantánea. El vínculo
está amarrado con muchas vistas, sonidos, olores, y sentimientos.
Recién vi un cuadro del asesinato del ex presidente John Kennedy.
¡Qué corriente de recuerdos! Pude recordar instantáneamente dónde

207
Las siete leyes del aprendizaje

estaba, la hora del día cuando avisaron a todo el mundo, y lo terri-


blemente triste que me sentía. Un cuadro, muchos recuerdos.
Si quiere que sus alumnos tengan muchas memorias de su con-
tenido, debe desarrollar un solo cuadro que relacione todo el conteni-
do con ellas. ¿Qué recuerda usted cuando ve un cuadro de un zapato
de cristal al lado de un coche elegante tirado por dos caballos finos?
Ese mismo principio está esperando ser utilizado con su imagi-
nación de maestro veloz. En vez de dejar que un cuadro capricho-
samente estimule recuerdos, usted debe seleccionar cuidadosamente
un cuadro, o dibujar un cuadro propio, para estimular la memoria de
las cosas que usted quiere que aprendan.
Muchos maestros ayudan a sus alumnos a recordar versículos
bíblicos con cuadros. Recordamos discursos por medio de los cua-
dros que usó el orador para destacar los puntos de su mensaje. Los
maridos a veces recuerdan las cosas que deben comprar en el
supermercado, apilándolas en un cuadro imaginario.
En el ministerio de Caminata Bíblica, hemos empezado a usar
dibujos cómicos para ayudar a recordar instantáneamente lo que

208
La ley de la retención

está en cada libro de la Biblia. Por ejemplo, ¿qué libro de la Biblia


se representa en el cuadro anterior?
¡Correcto! El libro de Números. Ahora, ¿qué están haciendo
esos números? ¡Correcto! Están peregrinando en el desierto. En-
tonces, ¿cuál es el concepto clave del libro de Números? Números:
Peregrinaje
A veces, entonces, cuando desea enseñar velozmente, puede
usar la herramienta de cuadros —reales o cómicos, profesionales o
simples.1

Maximizador 2: Exponga los datos con un drama.


El drama es el vínculo más intenso con la memoria. En la vida
real, un momento dramático lleno de violencia, pérdida, pasión, o
intensidad es inolvidable. Incluso, los momentos de dolor intenso o
trauma son los momentos que tratamos de olvidar. Están tan graba-
dos en nuestra memoria que siguen surgiendo en nuestra concien-
cia. Son tan fuertes que no podemos olvidarlos.
En toda la Biblia, hay ejemplos de drama usados para ayudar a la
memoria. ¿Cómo podía Jonás olvidar su lección de obediencia que
aprendió en el estómago del pez? Piense también en la escritura en la
pared, y Daniel en el foso de leones. Piense en el lienzo que Pedro
vio descender del cielo, y la resurrección de Lázaro. La alimentación
de los 5.000, y el canto del gallo que escuchó Pedro. Estos son dra-
mas que usó el Maestro de maestros —y son inolvidables.
Los dramas son un método eficaz para un número limitado de
datos. El drama funciona mejor cuando hay una sola lección que
quiere grabar profundamente en la mente del público, para que nun-
ca olviden. Por ejemplo, se puede dramatizar la costumbre del Anti-
guo Testamento, cuando una persona traía su oveja al sacerdote como

1 Para pedir materiales didácticos, incluyendo visuales, tarjetas, y libros para pintar,
contacte Walk Through the Bible Ministries [Caminata Bíblica], en [Link].: 1-800-
763-5433.

209
Las siete leyes del aprendizaje

expiación por su pecado. El sacerdote colocaba su mano en la cabe-


za de la oveja, y cortaba el cuello del animal inocente en su lugar. La
culpa de nuestro pecado fue claramente enseñada en este rito. Sola-
mente en la cruz de Jesús, nuestro cordero de la pascua, podemos
entender nuestra culpa tan claramente como en este rito.

Maximizador 3: Transfiera los datos con el alfabeto.


Este método es el más fácil y el más utilizado de los siete. Así
estudian muchos alumnos que tienen que aprender todo a última
hora para un examen. El uso del alfabeto es eficaz, porque agrega
orden al desorden, y construye una pauta para recordar pedazos
sueltos de información. El uso estructurado del alfabeto quita la
dificultad de memorizar datos desorganizados y sin relación. Con-
testa la pregunta acerca de qué viene después en la lista que debo
recordar. El alfabeto es el pegamento de la memoria. Cada letra, al
recordarla, avisa al alumno de lo que sigue en la lista.
Siendo inspirados, los escritores del Antiguo Testamento a veces
usaban el alfabeto para facilitar la memorización. Si observa el Sal-
mo 119 en el hebreo, notará que los primeros ocho versículos empie-
zan con la primera letra del alfabeto. Incluso, el Salmo 119 contiene
veintidós estrofas, cada una de ocho versículos, y cada versículo en
la estrofa comienza con la misma letra sucesiva del alfabeto hebreo.
El libro de Lamentaciones consiste en cinco «lamentos», y cada
uno contiene veintidós versículos, excepto por el tercer lamento
que tiene sesenta y seis versículos. Salvo por el capítulo cinco (el
quinto lamento), cada versículo comienza con la próxima letra del
alfabeto hebreo que tiene veintidós letras.
Los primeros cristianos usaron esta idea para crear un acróstico
con la palabra griega para «pescado». Lo usaron para retener he-
chos clave —y también como un código entre los primeros cristia-
nos que frecuentemente eran arrestados. Se hacía con un solo
movimiento en la arena, con las extremidades que no se unían, y un

210
La ley de la retención

ojo en el medio. Cualquiera podría seguir las indicaciones de la


nariz, que apuntaba en la dirección donde tenían reuniones secre-
tas. El acróstico griego ichthus significaba:

i Iesous Jesús
ch Christos Cristo
th Theou de Dios
u Houios Hijo
s Soter Salvador

Los alumnos y maestros modernos usan el mismo método fre-


cuentemente, porque no requiere tanto esfuerzo y ayuda mucho a
la memoria. Los métodos más populares para usar el alfabeto son
los siguientes:

1. Cada punto comienza con la misma letra. Podríamos ha-


cer un bosquejo de la Carta a los Romanos usando la letra S:

Situación pecaminosa del hombre (1-3)


Salvación (4-5)
Santificación (6-8)
Soberanía de Dios (9-11)
Servicio (12-16)

2. Cada punto termina con las mismas letras. Algunos utili-


zan este método para recordar la doctrina de las Escrituras:

Inspiración
Revelación
Iluminación
Preservación

211
Las siete leyes del aprendizaje

3. Cada primera letra sigue algún orden con significado,


que es la manera en que se escribieron Lamentaciones y el Salmo
119. Cada versículo o grupo de versículos está ordenado según el
alfabeto hebreo.
4. Todas las primeras letras forman una palabra, que se
llama un acróstico. En Las siete leyes del aprendizaje, cada ley
está basada en una de las letras de la palabra aprenda.

Agente
Potencial
Retención
Ejecución
Necesidad
Desarrollo
Avivamiento

La manera más efectiva de usar el alfabeto es en un acróstico,


ya que ayuda al alumno a descubrir por sí mismo el próximo dato en
el orden correcto. Para maximizar la utilidad del acróstico, relació-
nelo con el tema, para que se pueda recordar fácilmente. La próxi-
ma vez que quiera que sus alumnos recuerden una lista de datos,
¿por qué no hacer un acróstico para ayudarles?

Maximizador 4: Exhiba una asociación entre los datos


y los objetos y acciones.
Cuando un maestro puede asociar un dato y un concepto con
un objeto concreto o una acción, es posible mejorar bastante la
retención y el recuerdo del alumno. Dios no hizo un mundo plano,
sino uno de tres dimensiones, lleno de objetos, y operando según la
ley de causa y efecto.
Dios usó objetos para ayudar a la memoria durante generacio-
nes, como el tabernáculo, el arca, la vara de Aarón, incluso la cruz. Una

212
La ley de la retención

pila de doce piedras del río Jordán fue construida en Canaán como un
recuerdo para todas las generaciones. Esas piedras servían para recor-
dar al pueblo que Dios había detenido el agua para que Israel pudiera
pasar en tierra seca cuando entraron a la tierra prometida.
Dios también usó acciones que eran parte de la celebración de
las fiestas, el día de reposo, y la Pascua para enseñar muchas lec-
ciones. Recuerde que Cristo nos pidió que celebráramos la Santa
Cena «en memoria de mí». El bautismo también es una acción que
recuerda muchas cosas.
En la vida moderna, hay objetos que se usan para despertar un
recuerdo, y que llevan párrafos de contenido. Cuando ve un anillo
de matrimonio, ¿qué recuerda? ¿o la bandera de su país? ¿un mo-
numento de homenaje a los soldados de una guerra? ¿la Estatua de
Libertad?
Las acciones también traen a la memoria ciertas verdades.
Cuando usted inclina la cabeza para orar, ¿qué está recordando?
¿Y cuando saluda a la bandera? ¿Qué significa dar la mano cuando
cierran un negocio? Cuanto más cerca está la acción al hecho que
se desea recordar, más fácil será el recuerdo. Si alguna vez ha
asistido a un seminario de Caminata Bíblica, ha visto muchos ob-
jetos y acciones para ayudar a la memoria.

Maximizador 5: Narre los datos con una historia.


Antes de la producción masiva de libros y la invención de la
televisión, la gente solía usar historias para traspasar datos, valores,
costumbres y tradiciones. Las historias era el papel en que se
escribieron los datos para la próxima generación. Las familias
extendidas se unían para compartir una y otra historia de las gene-
raciones pasadas, para enseñar y ejemplificar características de-
seadas de vida.
Cuando vemos cómo Dios reveló su verdad en la Biblia, impacta
inmediatamente el hecho de que la mayoría de la Biblia está en

213
Las siete leyes del aprendizaje

forma de historias. Dios usó historias, tanto verídicas como imagi-


narias, para traspasar Sus máximas a nuestras mentes, Su conteni-
do a nuestra conciencia.
En forma semejante, nuestras historias son tremendamente efec-
tivas como mecanismo de transferencia en la predicación, la ense-
ñanza, y la conversación normal. ¿Por qué lo que más recordamos
de los sermones que escuchamos son las historias? Olvidamos inclu-
so los tres puntos y el poema. Pero recordamos las historias.
¿Podría ser que el Señor creó la mente del hombre para recibir
y recordar información a través de las historias? Podría ser, y eso
explicaría por qué Cristo usó historias más que cualquier otra for-
ma de comunicación.
Por lo tanto, nunca subestime el valor de las historias y las
ilustraciones y las parábolas. Reorganice su información en una
narración, y puede hacer que sea inolvidable.
¿Recuerde la parábola del buen samaritano? ¿o el hijo pródi-
go? ¿o la parábola del sembrador? Posiblemente la próxima vez
que enseñe, debe seguir los pasos de Cristo, presentando su tema
en historias. Entonces no le incomodaría si sus alumnos solamente
recordaran sus historias —porque habrían aprendido la esencia de
lo que quiere enseñarles.

Maximizador 6: Exprese los datos a través de la


música.
El mundo secular conoce el valor de la música para grabar un
mensaje en la mente del público. Escuche una hora de la radio o de la
televisión, y escuchará un sinfín de melodías. Son tan efectivas que
nos encontramos cantando las frases toda la semana —de memoria.
La música fue idea de Dios, y no ha sido usada solamente para el
culto y la adoración, sino también para facilitar la memoria de las
palabras, la voluntad, y el camino del Señor. El libro completo de los
Salmos era el himnario de los israelitas —revelado por Dios. El Nue-

214
La ley de la retención

vo Testamento nos instruye a «ser llenos del Espíritu, hablando entre


vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando
y alabando al Señor en vuestros corazones» (Efesios 5.18b-19).
Los himnos de la fe son sermones con música. Armonizan las
ideas con sonidos, y las encierran en nuestra memoria, después de
cantarlos unas pocas veces. ¿Quién no recuerda los himnos como
«Sí, Cristo me ama», o «Cuán grande es él»? Los compositores de
nuestros himnos querían que recordáramos un mensaje, así que le
pusieron música para cantarlo.
De una manera semejante, cuando los maestros quieren que
recordemos un mensaje, también le pueden poner música. Lo más
fácil es usar una melodía conocida y usar sus palabras con ella.
Después de cantar la canción unas veces, sus alumnos ya tendrán
memorizado el mínimo irreducible.

Maximizador 7: Resuma los datos con diagramas y


gráficos.
Los diagramas y los gráficos ayudan a la memoria, mostrando
relaciones, proporciones, y dirección. Ponen datos en representacio-
nes visuales. Cuando los alumnos orientados a la vista tienen un maestro
orientado al audio, frecuentemente se quejan de que «no lo pueden
ver». Inconscientemente, están pidiendo una representación visual.
Las descripciones del templo en Ezequiel 40—48 y la Nueva
Jerusalén en Apocalipsis 21—22 son gráficas. Para entender lo
que quiere decir el autor, la mayoría de estudiantes de la Biblia
sacan un papel y empiezan a hacer un dibujo para aclararlo.
Cuando escribí los bosquejos para la versión inglesa de la Bi-
blia, Open Bible; Expanded Version [Biblia abierta; versión ampli-
ficada], incluí un gráfico para cada libro de la Biblia. Muchas per-
sonas me han comentado que estos gráficos ayudaron mucho a
entender. La pizarra, transparencias, y pancartas son formatos co-
munes para este método. Cuando se combinan con aliteración,

215
Las siete leyes del aprendizaje

acrósticos, colores, diagramas y gráficos, son de gran ayuda. Aquí


se puede ver el libro de Génesis en forma de un gráfico simple.

Conclusión

En el momento que usted menos espera, su capacidad de ense-


ñar velozmente será más valiosa de lo que puede imaginar.
Estaba sentado frente al directorio de una fundación grande y
prestigiosa, para contestar sus preguntas acerca de nuestra solici-
tud para una donación grande. Era la primera vez que me había
presentado a este directorio, y estaba muy nervioso.
Uno de los directores había mencionado en privado que no
todos los miembros estaban entusiasmados con la propuesta. Un
miembro en particular no la apoyaba, y me preguntaba cómo se
manifestaría su actitud.

216
La ley de la retención

Los primeros tres minutos resultaron bien —entonces me hizo


la pregunta clave:
—Yo entiendo que usted enseña la Biblia en forma veloz. No
creo que me pueda enseñar velozmente el libro de Génesis.
Tenía todo el derecho a cuestionarlo. Buenas preguntas son
signo de buena mayordomía, y la fundación enfrente de mí era
conocida por su mayordomía cuidadosa.
Pero yo sentí que la decisión acerca de la solicitud estaba en
juego, y sentí que mi corazón iba a explotar.
—Sí, señor, creo que puedo enseñar la Biblia velozmente. Inclu-
so, creo que puedo enseñarle el libro de Génesis en cinco minutos.
Nadie se movió. Saqué mi reloj, y lo dejé en la mesa con con-
fianza. No era un momento para timidez.
Entonces respiré profundamente, oré millones de oraciones,
sonreí, y dije:
—Cinco minutos. Cuando terminen los cinco minutos, usted
juzgará si ha aprendido el libro de Génesis.
Sonrió un poco, pero capté que disfrutaba del momento.
Entonces durante cinco minutos, me olvidé de todos los demás,
y me concentré solamente en él. Estaba al otro extremo de la sala,
sentado en un sillón ejecutivo de cuero. Le enseñé, repasé, y le
hacía preguntas. Repasé un poco más, enseñé un poco más, siem-
pre mirando el reloj, mientras pasaban rápidamente los segundos.
Al final de los cinco minutos, tranquilamente me puse el reloj, y
le pregunté si podía decirme todo lo que había aprendido en los
cinco minutos. Se rió, y procedió a repasar todo lo que había ense-
ñado. ¡Perfectamente!
Todos rompieron en aplausos de celebración, y yo respiré tran-
quilamente de nuevo. En silencio, di las gracias al Señor, y miré la
votación del directorio.
Salí con una donación que era todo lo que había pedido.
¿Vale la pena la enseñanza veloz? ¡Absolutamente!

217
Las siete leyes del aprendizaje

Preguntas para reflexión

1. El paso dos del método de la retención ocurre cuando el maes-


tro reduce el contenido al «mínimo». ¿Por qué piensa usted que
tan pocos maestros dan este paso? ¿Cuáles serían los resulta-
dos en la vida de los alumnos, si el maestro considerara que lo
más importante es que el maestro cubra la materia, y no que
los alumnos aprendan la materia?
2. Piense en los días cuando era alumno y tenía que estudiar
intensivamente a última hora para un examen. ¿Qué métodos
usó para memorizar rápidamente la información? ¿Cómo sería
si usted usara los mismos métodos para enseñar a sus alumnos
ahora? ¿Cree que cambiarían sus calificaciones?
3. Es la responsabilidad del maestro traspasar el contenido desde
la memoria a corto plazo hasta la memoria a largo plazo de los
alumnos. La repetición es la manera en que se memoriza la
información a fin de cuentas. Haga una lista de por lo menos
veinte maneras en que usted puede repasar algún tema con los
alumnos. ¡Ocupe su imaginación!
4. Repase los siete maximizadores para el mejoramiento de la reten-
ción que hemos estudiado. Póngalos en orden desde lo más fácil
hasta lo más difícil. ¿Cuáles son las características de los tres más
fáciles, en relación con los tres más difíciles. Si no hubiera limita-
ciones de tiempo ni dinero, ¿cuál sería su favorito? ¿Por qué?
5. Cuando el maestro enseña en forma veloz, capacita a los alum-
nos a aprender en forma veloz. El único problema es que re-
quiere más tiempo de parte del maestro preparar la materia, y
ocupa menos tiempo en el salón de clases. ¿Cómo se sentirá
en su día de jubilación si mira atrás a su vida, dándose cuenta
de que no ha usado estos principios en su enseñanza? Desde la
perspectiva de los alumnos ¿cuál sería la decisión que usted
debe tomar ahora?

218
CUARTA LEY

LA LEY DE LA

Ejecución
7
LA LEY DE LA EJECUCIÓN;
MENTALIDAD, MODELO Y
MÁXIMAS

Cuando estaba en la escuela secundaria, la segunda cosa más


grande que un hombre podría hacer (después de tener una novia) era
tener su propio automóvil. Eso fue hace muchos años cuando la jerga
era distinta y la moda era diferente. En esa década de los sesenta, el
automóvil más popular era un modelo rural llamado «Woody», dado a
conocer por los cantantes famosos, los «Beach Boys».
Afortunadamente, nuestra familia tenía un «Woody». Durante
meses, rogaba a mis padres que me dejaran manejarlo a la escuela
para lucirlo. Finalmente me dijeron: «Bueno, si mantienes tus califica-
ciones altas, te dejaremos usarlo en las últimas seis semanas del año».
¡Qué motivación! Trabajé con toda mi fuerza para mantener
buenas calificaciones. Al final del año, me entregaron las llaves.
Casi no podía dormir durante el fin de semana, y preparaba mi
«Woody» para su «debut». Mis padres no podían creer que el mis-
mo joven que no tenía energía para cortar el césped trabajara hasta
las horas tempranas de la mañana, limpiando y encerando el vehí-
culo, afinando el motor, instalando parlantes nuevos, cambiando el
silenciador, y poniendo nueva alfombra. Claro que fue mucho tra-
bajo, pero valió la pena. Cuando fui a la escuela, me sentí como si
hubiera sido dueño del mundo.

221
Las siete leyes del aprendizaje

Allí andaba yo, con el vidrio abajo, el brazo colgando afuera, y


la radio sonando tan fuerte que se podía escuchar por kilómetros.
Fui a la playa de estacionamiento de la escuela y paseé enfrente de
todos, hasta llegar al lugar donde estacionaban los alumnos mayo-
res. Entonces hice lo que hacen todos los alumnos —con el embra-
gue en neutro, hice acelerar el motor para que sonara fuerte. Más
y más fuerte. Este era el rito típico. Todos los jóvenes se acerca-
ron, abrieron el capó, miraron el motor, e hicieron comentarios de
admiración. Entonces todos ellos también subieron los capós de sus
automóviles y aceleraron sus motores. Todos juntos quemamos
galones y galones de gasolina, sin movernos un centímetro. ¡Pero
qué manera de sentir el poder más increíble! Fue una gran inspira-
ción, y valió cada gota de gasolina.
Ahora si me encuentra hoy en día en el estacionamiento de la
iglesia con el capó arriba, acelerando el motor, con la música fuer-
te, probablemente se preguntaría qué me pasa. Tales actividades
son normales para un joven de diecisiete años, pero no para un
adulto mayor.
Cuando tenía diecisiete años, consideraba a un automóvil como
un fin en sí mismo. Me emocionaba más el sonido del motor que el
transporte que brindaba. Confundiendo un medio con el fin, mos-
traba mi inmadurez. El propósito de un vehículo no es acelerar el
motor, sino transportarnos de un lugar a otro. El valor verdadero del
vehículo está en la aplicación de su motor, y no solamente en el
motor mismo.
Hoy en día, desdichadamente, en la gran mayoría de los púlpi-
tos y salones de clase, aceleramos el motor, y nos emocionamos
por el sonido que hace, mientras la gente en el público está pregun-
tándose: «¿Cuándo va a llevarnos a alguna parte con esto?» Con-
fundimos el medio con el fin. Nos enredamos tanto en nuestro
contenido que nos olvidamos del hecho de que el propósito del
contenido es un cambio de vida.

222
La ley de la ejecución

A nosotros los maestros nos gusta acelerar el motor —los tres


puntos, siete pautas, catorce claves. Con mucho orgullo presenta-
mos nuestros bosquejos que forman acrósticos, nuestros subpuntos,
y nuestras ilustraciones, como si fueran los nuevos parlantes y la
nueva alfombra de un vehículo. Los seminarios, las universidades y
las conferencias están preparando mejor que nunca a la gente.
Pero cuando examina a sus alumnos y a sus iglesias, verá más
problemas que nunca. El abuso de drogas y alcohol. Inmoralidad.
Divorcio. Hijos rebeldes. Desordenes de alimentación. Prioridades
equivocadas. ¡Parece que la verdad sola no nos ayuda mucho!
¡Juntémonos, cerremos el capó, subamos al automóvil, y vaya-
mos hacia nuestro destino! Cuando lo hagamos, cambiará nuestra
manera de enseñar.

La mentalidad de la ley de la ejecución

Una mentalidad es una actitud u opinión que nos dirige. La


mentalidad común de la mayoría de los profesores, sean cristianos
o seculares, es que el propósito de la enseñanza es explicar y «cu-
brir» la materia. Para muchos profesores, el énfasis de la enseñan-
za está claramente en el contenido.
Casi cada pregunta en las pruebas que se toman en nuestras es-
cuelas tiene que ver con el conocimiento. «Saber» es la esencia de ser
educado, según la mentalidad del profesor promedio. Pero ¿cuál es la
mentalidad correcta? ¿Dios desea que cubramos la materia, o tiene un
propósito más profundo y significativo para el profesor cristiano?
Creo que la mentalidad bíblica para el maestro cristiano no es
simplemente enseñar el contenido, sino también aplicar ese conte-
nido. El contenido tiene que ver con los hechos, la información, y la
materia. La aplicación tiene que ver con la sabiduría, la transfor-
mación, y la madurez. El contenido es el «qué» y la aplicación es el
«para qué». El contenido típicamente es lo que conversaron en las

223
Las siete leyes del aprendizaje

clases, y la aplicación es principalmente lo que se hace como resul-


tado de las clases. El contenido está centrado en «saber» y la apli-
cación está centrada en «ser» y «hacer».
Un versículo bíblico clave relacionado con este asunto es uno
que usted conoce, sin duda. Quizás lo haya memorizado, escucha-
do en sermones, y enseñado en sus clases. Pero posiblemente no
haya considerado cómo este texto revela el deseo que Dios tiene
para que se haga aplicación de la verdad.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar,


para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de
que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado
para toda buena obra. (2 Timoteo 3.16,17)

Desgraciadamente, la mayoría tiende a pensar que este texto


indica: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar
doctrina», y nada más. Creemos que Dios nos ha dado la Biblia
principalmente para enseñar doctrina. Por lo tanto, cuando usted y
yo enseñamos, tendemos a explicar la doctrina, a explicar el signi-
ficado del pasaje. Pero el problema es que el texto de 2 Timoteo no
está diciendo eso; enseña otra cosa.
Una manera de descubrir la idea principal de un versículo o un
pasaje es eliminar todos los adjetivos, los adverbios, las frases
preposicionales, y las cláusulas descriptivas. Muchas veces este
ejercicio simple elimina mucha confusión. Cuando aplicamos este
método a 2 Timoteo 3.16,17, la oración dice:

La Escritura es inspirada
y útil,
a fin de que el hombre (de Dios)
sea perfecto,
preparado.

224
La ley de la ejecución

Estudie estas palabras un momento. ¿Para qué propósito fue


inspirada la Biblia? ¿Para doctrina? No. ¿Para redargüir y corre-
gir? No. Estos son simplemente descripciones del concepto cen-
tral, incluso preceden la frase «a fin de que», probando claramente
que no describen el propósito o la meta.
Lo que dice este texto es que la Palabra de Dios fue inspirada
para dos propósitos:

1. A fin de que el cristiano sea perfecto;


2. A fin de que el cristiano sea preparado.

¿Las palabras perfecto y preparado están centradas en «sa-


ber» o en «ser y hacer»? Correcto —las dos apuntan completa-
mente a lo que sucede en la vida del creyente sobre la base del
contenido. La preocupación principal de Dios no es el conteni-
do, sino la ejecución del contenido a la vida.
Por lo tanto, la gran mayoría de profesores —sean cristianos o
no— están en el camino equivocado con respecto a los propósitos
de Dios, cuando enseñan principalmente para que «sepan». A me-
nos que enseñen con el mismo propósito por el cual fue escrita la
Biblia, estarán trágicamente en conflicto con Dios.

El modelo de la ley de la ejecución

¿Qué debemos hacer los profesores? Se nos encomienda la


enseñanza de la Biblia y su aplicación a la vida, para que el alumno
cambie, siendo más completo y mejor equipado. Esa es la meta de
la comunicación de la verdad. Examinemos este pasaje en detalle
en el modelo de la ley de la ejecución, para descubrir cosas nuevas.

225
Las siete leyes del aprendizaje

La fuente: La revelación inspirada de Dios para


creyentes
La Biblia es la Palabra de Dios. Fue entregada por Dios e
inspirada por él. Dios, usando a los autores humanos como instru-
mentos, decidió qué verdad quería entregar a su pueblo en forma
escrita. La Palabra de Dios es la regla para medir toda la vida y
toda enseñanza. Es el tema de nuestra enseñanza.
Las Escrituras son la fuente principal para el maestro cristiano,
para que desarrolle a los alumnos hasta que sean perfectos y pre-
parados. Como enseña Romanos 12.1-2, la transformación ocurre
a través de la renovación de nuestras mentes, poniéndose de acuerdo
con las Escrituras. ¡La Biblia es la base para todo cambio de vida!

La metodología: cómo aplicar la Biblia a la vida del


creyente
¿Cómo enseño la Palabra de Dios para que el hombre de Dios
sea cambiado, preparado, perfeccionado? 2 Timoteo 3.16,17 men-
ciona cuatro métodos principales de aplicación que podemos usar
para lograr los cambios en el carácter y la conducta del creyente.
Enseñar y corregir se refieren principalmente a la creencia, mien-
tras redargüir e instruir en justicia se refieren principalmente a
la conducta.

Creencia
• «Enseñar» (didaskalían) significa enseñanza, instrucción,
lo que se aprende, lo que se mantiene puro y se defiende contra
herejías. Este tipo de enseñanza ocurre cuando el maestro explica la
Palabra de Dios al hombre de Dios, mostrándole las verdades que
debe creer. Este término se usa también en Romanos 15.4, refirién-
dose a la Palabra escrita para que aprendamos, y en 1 Timoteo 4.13,16
donde Pablo anima a Timoteo a atenderlo y hacerle caso.

226
La ley de la ejecución

• «Corrección» (epanorthosin) consiste en tres palabras


griegas que significan «hacer derecho de nuevo». Su meta es arre-
glar, levantar a los caídos, corregir a los que están en error. Este es
el único lugar donde se usa el término en el Nuevo Testamento, y
significa corregir falsas doctrinas o creencias que uno sostiene.
• El propósito de la enseñanza es explicar la verdad. Es el
lado positivo: «Esta es la comprensión correcta de la verdad». La
corrección es lo opuesto de la enseñanza: «Lo que usted cree no
es bíblico. Al contrario, la Biblia enseña...» Tanto la enseñanza como
la corrección se relacionan principalmente con las creencias del
cristiano.

Conducta
• La «instrucción en justicia» (paideian) se refiere a la crian-
za y significa «entrenamiento de niños». Su énfasis está en guiar a
los creyentes en el camino de Dios, e incluye el castigo y la discipli-
na. Según un diccionario griego autoritativo, este término describe
«todo el entrenamiento y la educación de niños relacionados con el
cultivo de la mente y los principios morales, las órdenes y admoni-
ciones, la reprensión y el castigo; lo que también cultive el alma en
adultos, especialmente el aumento de la virtud». Usos clave de esta
palabra se encuentran en Efesios 6.4 y en Hebreos 12.5,8.
• «Redargüir» (elegmos) habla de la condena o el castigo de
un pecador. Significa amonestar a alguien que está en pecado o con-
vencer a una persona de su error y ayudarle a volver al camino
correcto. Este es el único uso de la palabra en el Nuevo Testamento.
Instruir y redargüir se refieren principalmente a la conducta.
Instruir hace referencia a algo positivo, redargüir a algo negativo.
Instruir significa entrenar al cristiano para vivir para Cristo diaria-
mente. Redargüir impide al cristiano que se conduzca
inapropiadamente y trata de restaurar su conducta de acuerdo con
los mandamientos de Cristo.

227
Las siete leyes del aprendizaje

Estos son los cuatro métodos principales para producir cam-


bios permanentes en el hombre o la mujer cristiana. Incluyen la
creencia y la conducta, animando lo positivo y corrigiendo lo nega-
tivo. Cuando entendí esto y empecé a usarlo, volví al camino co-
rrecto acerca de la aplicación bíblica.
Ya que la Biblia fue dada para cambiar nuestras vidas, y ya que
estos cuatro métodos son universales, los libros de la Biblia caben
en estos cuatro métodos de aplicación. Por ejemplo, ¿en qué cate-
goría está 1 Corintios? Redargüir. (Dice, «¡No hagan esto!») ¿Dónde
pondría Romanos, especialmente los capítulos 1-11? Enseñanza.
(Esto es lo que deben creer.) ¿Y Filipenses? Sí, instrucción en jus-
ticia. (Así deben vivir). ¿Y Gálatas? Es corrección. (Dejen de creer
esa doctrina incorrecta.) No encontrará ningún pasaje extenso en
la Biblia que no caiga en uno de estos cuatro métodos, porque así
ocurre la enseñanza para cambiar vidas —como padres, como pro-
fesores, o como predicadores.
Entonces, ¿cuál es el propósito de la Biblia? Desgraciadamen-
te, normalmente lo perdemos. Sí, es bueno memorizar la Palabra de
Dios. Pero ese no es el fin principal. Sí, es bueno estudiar la Biblia.
Pero tampoco ese es el fin principal. La Palabra de Dios fue dada
con un solo propósito principal —cambiar la vida del cristiano para
que sea más como Cristo, y para que haga más para Cristo.
Por lo tanto, la próxima vez que enseñemos, si queremos usar
la Biblia con el mismo propósito por el cual fue entregada, debemos
apuntar a una cosa: ¡un cambio de vida! La gran mayoría de profe-
sores, sin embargo, apuntan a la comprensión de la verdad, y se
preguntan por qué esa comprensión no resulta en un cambio de
vida. Piensan que el propósito de la Biblia es adoctrinar en vez de
aplicar; piensan que basta con el contenido. El contenido rara vez
desarrolla un cambio permanente en la vida, si no va acompañado
de una aplicación cuidadosa y bíblica.

228
La ley de la ejecución

El resultado: cristianos maduros y preparados


Pablo dice que la meta es que «el hombre de Dios sea perfec-
to, enteramente preparado para toda buena obra». La palabra grie-
ga detrás de «perfecto» es artios, que significa adecuado, comple-
to, suficiente, capaz de realizar lo exigido. Generalmente esto se
refiere al carácter —quién es la persona. El carácter del alumno
será transformado una y otra vez para que sea conforme a la ima-
gen de Cristo. Esa es la meta principal de Dios.
La segunda meta es que el hombre sea «enteramente prepara-
do». Esto viene de la palabra griega exertismenos, que está rela-
cionada con la misma palabra raíz que artios. Significa completa-
mente equipado, totalmente vestido, con suficientes recursos —
¿para qué?— para realizar toda buena obra. Es decir, que la con-
ducta del creyente es apropiada y activa en el servicio del Señor.
Dios nos dio la Biblia para lograr dos metas —cambiar el ca-
rácter (quién soy) y cambiar la conducta (lo que hago). Si el
alumno no está siendo transformado a la imagen de Cristo, si no es
más como Dios en su carácter, y si no está siendo capacitado para
un servicio más eficaz, entonces no estamos permitiendo que las
Escrituras cumplan su propósito en la vida de ese creyente.
Estos conceptos están resumidos en el modelo de la ley de la
ejecución. A la izquierda el libro abierto representa el «recurso»
que es la Palabra de Dios, dada por Dios, e inspirada por Dios.
El cuadro a la derecha representa el «resultado» de la ense-
ñanza bíblica eficaz: el hombre de Dios es transformado tanto en
su carácter (quién es) como en su conducta (lo que hace).
El «método» para lograr esto es cambiar primero la creencia
del hombre, lo cual se obtiene al enseñar correctamente y al co-
rregir la doctrina errónea. Con esta base, se le podrá instruir en
justicia y redargüir cuando está viviendo en pecado.
Cuando enseña, entonces, asegúrese de que sus metas siem-
pre son las de Dios —que está enseñando para cambiar vidas a

229
Las siete leyes del aprendizaje

través de aplicaciones poderosas basadas en las Escrituras. Nunca


diga solamente: «Voy a explicarles este pasaje», y nada más. Sola-
mente habrá acelerado su motor. La Biblia no fue dada para nues-
tra información, sino para nuestra transformación.
Esta ley ha revolucionado mi vida y mi ministerio. Antes yo
enseñaba y predicaba para entregar información. Solamente desde
que aprendí y empecé a practicar lo que estoy por comunicarles, he
podido experimentar el gozo de ver cambios permanentes en mis
alumnos. Mi oración es que, mientras lee estas siete máximas de la
ley de la ejecución, el Señor lo capacite para aprender el revolucio-
nario método de esta ley en el siguiente capítulo.

Las máximas de la ley de la ejecución

D. L. Moody tuvo razón cuando dijo: «La Biblia no fue dada


para nuestra información, sino para nuestra transformación». Dios
no nos dio la Biblia para decirnos lo que pasó en el pasado, sino
para capacitarnos para vivir en el presente, a la luz del futuro.

230
La ley de la ejecución

Máxima 1: La aplicación es la razón principal para la


revelación de Dios.
Cuando usted y yo nos presentemos delante del Señor para
rendir cuentas por nuestras vidas, ¿cree usted que él va a entregar-
nos una prueba con preguntas de selección múltiple? ¿Cree que va
a pedir que nombremos los libros de la Biblia, que nombremos los
doce discípulos, o que describamos la rueda de Ezequiel? ¡Por su-
puesto que no! Entonces, ¿por qué tantas clases se dedican a ense-
ñar estos datos, y no a enseñar los asuntos que realmente serán
importantes en el Examen Final?
Recuerdo cuando mis hijos, Dave y Jenny, volvían de la escue-
la dominical sin mucho interés, durante semanas. Siempre pregun-
tábamos, como todos los padres:
—¿Qué aprendieron en la escuela dominical?
—Nada, papá. Ya conocíamos la historia.
Al principio, nos agradaba, porque nos hacía sentir que estába-
mos enseñando bien a nuestros hijos. Pero después de escuchar la
misma conversación durante varias semanas, empezamos a pre-
ocuparnos. Sus maestros habían limitado la enseñanza a contar las
historias bíblicas. Estaban usando mal la Biblia, porque dieron sola-
mente el primer paso, el de contar los hechos. La razón principal
por la que debíamos contar esas historias era para que Dave y
Jenny maduraran como cristianos.
Esto pueda sorprender a algunos maestros de la escuela domi-
nical, pero yo no creo que estuvieran enseñando la Biblia a nues-
tros hijos. Les contaban historias bíblicas. Hay una diferencia in-
creíble entre enseñar los hechos y enseñar algo que cambie nues-
tras vidas. El hecho de conocer las historias no cambia la vida de
nadie —¡una visita a una clase de una universidad secular acerca
de la «Biblia como literatura» no le convencerá de nada!
Según 2 Timoteo 3.16,17: «Toda la Escritura» fue inspirada por
Dios para que «la gente de Dios» pueda llegar a ser como «el Hijo

231
Las siete leyes del aprendizaje

de Dios». Dios dio la Biblia, no para entregar contenido, sino para


transformarnos a la imagen de Cristo. Enseñar solamente para in-
formar significa enseñar en contra del propósito revelado por Dios.
No utilice mal el libro de Dios para lograr sus propios propósitos.
En cualquier momento que alteremos los propósitos de Dios, esta-
mos en peligro. Debemos enseñar las Escrituras correctamente, es
decir, enseñarlas para producir cambios permanentes en las vidas.

Máxima 2: La aplicación es la responsabilidad del


maestro.
Ya que la Biblia fue dada para el propósito de la aplicación, la
persona que la enseña debe honrar ese propósito y cumplirlo. No
obstante, yo encuentro que la gran mayoría de maestros no piensa
que es su responsabilidad hacer la aplicación. La aplicación debe
ser la responsabilidad de otra persona, algún agente secreto que
hace que suceda la aplicación en forma misteriosa.
Hasta entender este principio, no lo consideraba mi responsa-
bilidad tampoco. Recuerdo un debate emocionado con un hombre
cristiano de edad avanzada, después de que me había escuchado
enseñar sólo contenido sin aplicación, terminando la clase con esa
cláusula maravillosa que cubre todo: «Y ahora que el Espíritu Santo
aplique esta verdad a nuestras vidas». Con una leve sonrisa, me
preguntó si yo quería ver alguna vez la respuesta a esa oración.
—Por supuesto —dije—, ¿quién no quisiera ver eso?
—¡Espere un poco, porque usted es la respuesta de su propia
oración!
Explicó que el Espíritu Santo quería aplicar la verdad, pero que
su instrumento principal era el mismo maestro que la enseñaba.
Terminé esa conversación convencido de que no debía esperar que
Dios hiciera lo que me había encomendado a hacer. El Espíritu
Santo obra a través del proceso de aplicación del maestro.

232
La ley de la ejecución

La diferencia entre enseñar contenido y enseñar aplicación es


asombrosa. El maestro de contenido piensa que su responsabilidad
es cubrir la materia y explicar la información. El maestro de aplica-
ción piensa que su responsabilidad es aplicar la información para
traer cambios permanentes en sus alumnos.
El apóstol Pablo entendió que la aplicación era la responsabili-
dad principal del maestro: «a quien anunciamos, amonestando a
todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, [¿para
qué?] a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hom-
bre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él,
la cual actúa poderosamente en mí» (Colosenses 1.28,29).
Posiblemente la razón que no experimentamos el poder sobre-
natural de Dios al enseñar, es que hemos usado mal el Libro de
Dios, impidiendo su unción. Él no necesita informadores, sino trans-
formadores.
Jesucristo nos ha delegado esta responsabilidad de aplicar la
verdad para cambiar vidas en su famosa gran comisión (Mateo
28.18-20). ¿Se acuerda cómo nos indicó que debemos enseñar?
«Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado....»
Cristo fue muy claro. Quiere que sus maestros enseñen para que
los alumnos «guarden/hagan/obedezcan» todas las cosas que dijo.
Cuando nuestros estudiantes «guardan», significa que aplican la
verdad.
No solamente Pablo enseñaba para cambiar vidas, sino tam-
bién Pedro, Santiago, y Juan. Los discípulos del primer siglo y los
discípulos del siglo veintiuno siguen los pasos del Maestro —ense-
ñan para cambiar vidas.

Máxima 3: La aplicación y la información deben estar


apropiadamente equilibradas.
Si los maestros quieren aplicar lo que enseñan, entonces ¿cuánto
tiempo de la clase debe ser dedicado a la aplicación?

233
Las siete leyes del aprendizaje

Antes de dar la respuesta, permítame hacerle otra pregunta.


¿Qué porcentaje de una clase normal de la escuela dominical o de
un sermón estará dedicado al contenido (lo que la Biblia significa),
comparado con la aplicación (cómo debo vivir)? Piense en las últi-
mas clases y sermones que ha escuchado. ¿Cuál recibió más tiem-
po: el contenido o la aplicación?
He hecho esta pregunta a miles de personas alrededor del
mundo, y la respuesta ha sido sorprendentemente igual —90% con-
tenido y 10% aplicación. Frecuentemente, cuanto más un grupo
cree que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios, cuanto más alto
es el porcentaje de contenido, incluso a veces hasta 95%.
Durante muchos años yo dedicaba 99% al contenido, ¡y estaba
orgulloso de eso! No quería quitar tiempo de la «verdadera ense-
ñanza» para perder tiempo en las cosas prácticas. Pero en medio
de este peregrinaje encontré algo que me asombró.
Recuerdo el día exacto en que este descubrimiento empezó a
aclararse para mí. Me sacudió tan profundamente que nunca me
he recuperado. Pedí a mi secretaria que me escribiera tres sermo-
nes recientes de Charles Swindoll, alguien que yo considero uno de
los predicadores más eficaces en el país. Entonces, nuestro editor
en aquel tiempo, Larry Libby, y yo tomamos esos sermones y em-
pezamos a destacar las partes de contenido en color naranja y las
partes de aplicación en color amarillo.
Fue una tarde fascinante. ¿Qué porcentaje sería aplicación?
¡Más de 50%! ¡Seguramente nos habíamos equivocado! Empeza-
mos a investigar otros predicadores conocidos como Charles Stanley
y Howard Hendricks. Los resultados eran similares. Incluso, ¡algu-
nos de los mejores sermones tenían 75% de aplicación!
No pude creer lo que estaba encontrando. Revisé un poco de
historia eclesiástica y saqué una lista de predicadores que habían
sido usados mucho por Dios en sus generaciones. Predicadores y
maestros como D. L. Moody, Jonathan Edwards, Charles Finney,

234
La ley de la ejecución

Charles Spurgeon, John Wesley, Dietrich Bonhoeffer, A. W. Tozer,


y Oswald Chambers. ¿Cuál era el porcentaje? Seguramente, pen-
sé, ¡muchos de estos hombres cabían en la categoría de los que
predicaban 90% contenido!
Empecé con D. L. Moody, uno de mis favoritos. Hicimos copias
de sus sermones y nos pusimos a trabajar, destacadores en mano.
¡Qué sorpresa! Moody —que muchos consideran la voz cristiana
más importante del siglo diecinueve —¡dedicaba más de 70% a la
aplicación! Sin excepción, no había ninguno de 90% en el grupo.
Todos dedicaban entre 45% y 75% a la aplicación. En la mayoría de
los casos, había mucho más aplicación que contenido.
¿Podría ser una característica universal de los comunicadores
que habían sido ungidos por Dios de manera especial a través de la
historia de la iglesia? Si es así, entonces estoy mal —junto con la
mayor parte de los cristianos.
Pero eran solamente hombres, razoné. ¿Dónde está el versícu-
lo bíblico que revela el porcentaje correcto de aplicación? ¿Cuál es
la voluntad de Dios para los maestros? Pasaron varios días mien-
tras buscaba una respuesta bíblica para esta pregunta crucial. No
hay muchos sermones en la Biblia para ayudar. Finalmente, me di
cuenta de que las epístolas son, en realidad, sermones escritos.
Posiblemente la respuesta esté en ellas.
¿Puede usted imaginar cuando el correo entregaba una de las
cartas de Pablo? La iglesia probablemente abandonaba su orden
de culto para esa semana, y decidía leer la carta en voz alta. Estoy
seguro de que les gustó Efesios, pero ¿puede imaginar cómo se
sentían los que cuidaban a los niños cuando llegó Romanos, con
dieciséis capítulos?
¡Con eso tenía mi respuesta! Solamente tenía que encontrar la
proporción entre contenido y aplicación en esos sermones inspira-
dos por Dios. Finalmente podría probar mi teoría del 90%. No sabía
que iba a encontrar la sorpresa de mi vida.

235
Las siete leyes del aprendizaje

Empecé con Romanos, porque es el libro más doctrinal en la


Biblia. ¡Seguramente el contenido reinaba allí! Con mis destacadores
naranja y amarillo, empecé a analizar los dieciséis capítulos de Ro-
manos. No fue difícil determinar cuáles eran los capítulos de conte-
nido y cuáles eran de aplicación:

Capítulo 1 – contenido
Capítulo 2 – contenido
Capítulo 3 – contenido
Capítulo 4 – contenido (Estaba entusiasmado; ¡iba a llegar a 90%!)
Capítulo 5 – contenido
Capítulo 6 – aplicación
Capítulo 7 – aplicación
Capítulo 8 – aplicación
Capítulo 9 – contenido
Capítulo 10 – contenido
Capítulo 11 – contenido
Capítulo 12 – aplicación
Capítulo 13 – aplicación
Capítulo 14 – aplicación (¿Qué sucede aquí?)
Capítulo 15 – aplicación
Capítulo 16 – aplicación

¡Cuéntelos, amigo! El libro de la Biblia más pesado en conteni-


do contiene ocho capítulos de contenido y ocho capítulos de aplica-
ción. ¡50-50!
Inmediatamente vino a la mente Efesios, el segundo libro más
doctrinal del Nuevo Testamento. ¡Seguramente tendrá más con-
tenido! Pero los tres primeros capítulos son de contenido y los
últimos tres son de aplicación. 50-50. El Señor estaba captando
mi atención.

236
La ley de la ejecución

Decidí ver la carta de Santiago. No pude creerlo cuando en-


contré que los cinco capítulos están llenos de aplicación. No quise
contarlo. Se acerca a 80%.
Investigué 1 Pedro. Más de 60% aplicación.
Todas son iguales: cada una de las epístolas del Nuevo Testa-
mento consisten de tanto o más aplicación que contenido. La ver-
dad me estaba acorralando rápidamente. La convicción me inun-
daba como un aluvión.
En un acto final de desesperación, saqué fotocopias de los ser-
mones principales de Jesús. El Sermón del Monte (Mateo 5—7)
tenía más de 65% de aplicación. El discurso en el aposento alto
(Juan 13—17) me pasmó con su aplicación. Uno y otro pasaje
reflejaba el mismo porcentaje. ¡Cristo era el rey de la aplica-
ción! Nunca encontramos a Jesús simplemente explicando el Anti-
guo Testamento o revelando la información del Nuevo Testamento
como un fin en sí mismo. Su contenido siempre provee una base
para la aplicación.
Hasta ese momento, esta investigación había sido un ejercicio
académico. En realidad yo quería justificar mi propia práctica. Pero
las escamas caían de mis ojos; donde sea que miraba, veía el cora-
zón de Maestro en Dios por primera vez. Ahora estaba entendien-
do por primera vez. Dios me estaba convenciendo. Y la fuerza
pesada de lo que había estado haciendo durante tantos años me
atravesó el corazón. Me encontré en el suelo de mi oficina en me-
dio de la noche, con lágrimas de arrepentimiento.
Aún ahora, al escribir esto más de una década después, me
conmueve pensar en esa experiencia de descubrir una verdad tan
esencial. Ha cambiado mi vida y mi ministerio para siempre.
¿Dónde está usted en esto? Si se encuentra bajo la convicción
de que el Señor quiere que usted cambie el propósito y la propor-
ción de su enseñanza, entonces está experimentando la misma obra
de gracia que yo experimenté.

237
Las siete leyes del aprendizaje

Ahora permítame hacerle una pregunta importante, llena de


aplicación: ¿Está dispuesto a comprometerse con el Señor que des-
de ahora en adelante, enseñará y predicará con un equilibrio apro-
piado entre información y aplicación, 50-50, y no 90-10? ¡Tal com-
promiso cambiará su enseñanza para el resto de su vida!
Antes de dejar esta máxima, sin embargo, por favor recuerde
que este asunto de equilibrio es una pauta general, y no una regla
estricta. A veces su clase puede ser como Santiago, con casi 80%
de aplicación, y a veces puede ser más como Hebreos, con más de
90% contenido. Relájese. No permita que caiga en la trampa de los
fariseos, haciendo que pautas generales se conviertan en lista de
leyes rígidas que el Señor nunca ordenó. Solamente debe tener en
mente cuando piensa en su enseñanza durante los últimos meses,
que debe estar apropiadamente equilibrada.

Máxima 4: La aplicación enfoca la Escritura hacia las


necesidades de los alumnos.
Dios dio la Biblia para cambiar nuestras vidas. Los maestros
son responsables por la aplicación de las Escrituras. Por lo menos
el 50% de nuestras presentaciones debe ser aplicación. Pero ¿cómo
se sabe cómo enfocar la aplicación? La quinta ley del aprendizaje,
la ley de la necesidad, presenta un análisis completo de este asunto,
pero por lo menos podemos tocar el tema inicialmente.
La característica más importante de la aplicación, además del
hecho de que sea bíblica, es que sea apropiada para los oyentes.
Las aplicaciones de Juan 15 (la parábola de la vid y los pámpanos)
para una clase de niños de siete años de edad serán diferentes de
las aplicaciones del mismo pasaje para un grupo de matrimonios
mayores de edad. La edad guía la aplicación. El propósito guía la
aplicación. Considere cómo aplicar Juan 15 en una conferencia de
padres y profesores en una escuela, o en un estudio bíblico para

238
La ley de la ejecución

ancianos. Las necesidades de los alumnos deben ser el ingrediente


más importante para determinar lo que debe ser la aplicación.
Todo está relacionado como una intrincada telaraña. Cuando
reina el contenido, sus necesidades son las más importantes. El
único problema es que el contenido no tiene necesidades. Cuando
la aplicación reina, entonces las necesidades de los alumnos son lo
más importante, porque son ellos quienes deben recibir la aplica-
ción y actuar de acuerdo con ella.
Las aplicaciones que influyen para hacer cambios permanen-
tes son las que están enfocadas con más precisión hacia el punto
de necesidad más grande de los alumnos. Cuando lea la ley de la
necesidad en el Capítulo 9, descubrirá cómo la enseñanza de Cristo
apuntaba a las necesidades de la gente, usando cinco pasos revolu-
cionarios que usted puede usar la próxima vez que enseñe.

Máxima 5: La aplicación tiene su máxima influencia


cuando el alumno ve la base bíblica por sí mismo.
Una de las razones principales por las cuales muchas aplica-
ciones buenas no producen cambios es que no tienen el espíritu
auténtico de «así dice el Señor» detrás de ellas. De alguna manera
hemos perdido el requisito más básico de todos para la enseñanza
cristiana. Nos hemos desviado de la necesidad absoluta de asegu-
rar que nuestros alumnos vean por sí mismos que hemos desarro-
llado nuestras aplicaciones directamente de la Biblia misma. Es
poco común que los alumnos salgan después de una clase o un
sermón diciendo: «Debo hacer esto porque el Señor me dice que
debo hacerlo —aquí mismo en este versículo». Para que nuestras
aplicaciones tengan el máximo impacto, deben tener la autoridad
de la Biblia en, alrededor, debajo, y detrás de ellas.
Hace poco enseñé el curso de Las siete leyes del aprendiza-
je en las Filipinas a líderes cristianos de más de cien países. El

239
Las siete leyes del aprendizaje

domingo en la mañana muchos fuimos al culto en una iglesia local


en Manila. El pastor abrió su Biblia, leyó ocho versículos, cerró la
Biblia, y la puso debajo del púlpito. Su mensaje fue elocuente, sí.
Pero ¿cambió vidas? No, porque no tenía la autoridad divina detrás
de sus palabras.
Su sermón fue bíblico. Su sermón fue ortodoxo. Su sermón fue
bien organizado. Pero nunca nos llevó a la montaña. Nunca puso la
voluntad de Dios directamente delante de nuestros ojos. Los hom-
bres, las mujeres, y los jóvenes que tenían hambre no comieron del
maná celestial. En vez de entregar la Palabra de Dios, entregó su
propia palabra. Escuchamos la voz de un hombre cuando lo que
queríamos escuchar era la voz del Todopoderoso.
Pocos hablan por el Señor hoy en día. Al contrario, muchos
suben los peldaños de la escalera para tener una plataforma para
sus propios pensamientos. Hemos decidido que seremos nosotros
la Palabra. Así que cerramos el Libro de Dios, abrimos nuestras
bocas, y nos preguntamos por qué no hay poder.
Amigos, a menos que nuestros alumnos tengan contacto direc-
to con los versículos bíblicos por sí mismos, y vean lo que dice la
Biblia, temo que habremos predicado nuestro mensaje y no el men-
saje de Dios. La Biblia puede permanecer abierta en nuestro púlpi-
to, pero su Palabra permanece cerrada.
¿No somos nosotros los Moisés modernos? ¿No hemos sido
llamados a reunir a la gente y decirles lo que ha ordenado el Señor?
Estoy seguro de que los israelitas salieron del monte de Sinaí segu-
ros de una cosa: que habían escuchado una palabra del Señor. No
de Moisés, ni de los ángeles, ni de un profesor o predicador —
habían escuchado la Palabra del que mora en la montaña santa.
Pero no se olvide —¡Moisés lo dijo!
¿No nos ha llamado Dios a su montaña santa, encomendándo-
nos un mensaje —no de las dos tablas, sino de los sesenta y seis
libros— y nos ha comisionado a enseñar «que guarden todas las

240
La ley de la ejecución

cosas que os he mandado»? Cuando entre al salón de clases, ase-


gúrese de que haya recién bajado de esa montaña —que su cara
esté brillando y su corazón ardiendo.
Hábleles. Han venido a escuchar lo que dice el Señor... a tra-
vés de usted.

Máxima 6: La aplicación que ha tenido un impacto en


la vida del maestro tiende a impactar más eficazmente
en la vida del alumno.
Esta máxima es lado inverso de la máxima anterior. Las aplicacio-
nes son más eficaces, no solamente cuando el alumno escucha algo
del Señor, sino también cuando escucha el mensaje a través de alguien
que ya ha recibido el impacto de la verdad que está enseñando.
El maestro es el mediador del mensaje. Está entre el Señor y
su pueblo. Es el mecanismo de comunicación que el Señor ha dado
a la iglesia. El maestro del Señor es el vínculo vivo entre la
Palabra de Dios y el Pueblo de Dios.
Los maestros no pueden mejorar las Escrituras, pero pueden
contaminarla. Un cristiano que está viviendo en pecado estorba la
comunicación. Está bloqueada en ambas direcciones —la bloquea
no solamente para con el Señor, sino también para con el pueblo.
Cuanto más nuestro carácter refleja el carácter de Cristo, más
claro es el mensaje.
El maestro puede ahogar la comunicación de las Escrituras en
una de cuatro maneras. Primero, el carácter del comunicador
puede suavizar el impacto de la aplicación, si los alumnos no perci-
ben la integridad del maestro. ¿Será auténtico? Si usted no es au-
téntico, entonces sus alumnos no creerán el mensaje tampoco. Una
persona falsa entrega un mensaje falso. Los hipócritas corrompen
la proclamación. «Lo que eres habla tan fuerte que no puedo escu-
char lo que dices.»

241
Las siete leyes del aprendizaje

Segundo, la conducta del comunicador puede bloquear la Biblia


si el maestro es culpable de conducta pecaminosa. Si el maestro está
pecando abiertamente, entonces el mensaje frecuentemente produce
alienación del Todopoderoso. La conducta carnal no solamente apaga
el Espíritu del Señor, sino también apaga el espíritu del pueblo de Dios.
Tercero, la comunicación del maestro puede dañar el mensaje.
Un estilo pobre puede minimizar un gran mensaje. La comunicación
aburrida y monótona puede hacer dormir a cualquier público.
Cuarto, el grado de cambio en el comunicador, debido a su
obediencia a la Palabra, o limita o libera la verdad en el corazón de
los oyentes. Si la verdad ha transformado al maestro, entonces la
verdad tiene más probabilidad de transformar a los alumnos. Por
eso, cuando alguien utiliza la materia de otra persona, el mensaje no
tiene poder. A menos que sus propias huellas estén en él, y a menos
que haya hecho alguna diferencia en su vida, usted puede contar
con el hecho de que no causará cambios en la vida de sus alumnos.
Cuando enseñamos, la gente constantemente investiga nuestra
integridad. Están preguntando: «¿Usted practica lo que predica, o
solamente le gusta predicar?» ¿Le gusta dictar clases acerca de la
verdad, o vive la verdad antes de hablar de ella? Pablo tenía una
filosofía clara con respecto a esto. Dijo: «Porque no osaría hablar
sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia
de los gentiles, con la palabra y con las obras....» (Romanos 15.18).
Trágicamente ha ocurrido un divorcio entre la conducta y la
comunicación de muchos maestros. Hemos separado lo que el Se-
ñor ha unido. Hemos comunicado que creemos que el carácter no
está relacionado con el contenido.
¡Qué hipocresía! ¡Qué manera de deshonrar al Señor! Para
ver qué piensa el Señor de esta mancha sobre su integridad, lea los
requisitos para liderazgo en la iglesia en 1 Timoteo 3 y Tito 2. O lea
las palabras cortantes de Jesús en Mateo 23 a los que enseñan la
verdad mientras practican una mentira.

242
La ley de la ejecución

¡El carácter es el prerrequisito principal para comunicar Su


mensaje! El maestro que sigue al Maestro de maestros se da cuen-
ta de que el qué y el cómo de la lección son importantes, el quién
del maestro que comunica la lección es aun más importante.
Hay tres pasos prácticos que puede seguir un maestro para
asegurarse de que ha obedecido la verdad antes de enseñarla. La
verdad es imitada más que aprendida, porque la vida comunica más
que los labios. ¿Cómo, entonces, puede enfocar su vida y sus lec-
ciones con eso en mente?

1. Prepare sus lecciones durante toda la semana antes de


enseñar. Ya que las aplicaciones más potentes son influenciadas
por la manera en que lo han impactado a usted, entonces olvídese
de la preparación del sábado en la noche o el domingo en la maña-
na. Dios no hace que la verdad llegue a ser auténtica en forma
milagrosa mientras dormimos el sábado en la noche. Debemos dar-
le suficiente tiempo al Señor para que obre en nosotros y por medio
de nosotros.
Asistí a la celebración del vigésimo aniversario del ministerio
de un pastor de una iglesia grande y viva. Había miles reunidos en
un gran salón de baile en Atlanta. Fue una noche de mucho amor y
respeto mutuo entre el pastor y su congregación. Cuando el pastor
le dio gracias a su congregación, dijo: «Saben, amigos, no soy espe-
cialmente inteligente. No soy el predicador más elocuente. Pero
hay algo que yo hago cada lunes en la mañana cuando me levanto
de la cama. Me pongo de rodillas y pregunto al Señor: "¿Qué me
vas a enseñar esta semana para compartir con Tu pueblo el próxi-
mo domingo?"»
Le dije a mi esposa: «Ese es el secreto del ministerio poderoso
de este hombre». El secreto no estaba en lo que hacía en el púlpito
el domingo delante de miles de personas, sino que estaba en lo que
hacía de rodillas el lunes delante del Trono. Por lo tanto, empiece a

243
Las siete leyes del aprendizaje

prepararse para la clase de la próxima semana en el momento que


termine la clase de esta semana.

2. Pida al Señor que durante la semana, aplique a su pro-


pia vida la verdad específica que va a enseñar. Pida a Dios que
la haga real para usted. Usted puede estar seguro de que el Señor
contestará esa oración, porque está en el centro de Su voluntad. El
Señor no quiere nada más que la obediencia de sus hijos.
Cuando permitimos que Dios aplique la verdad que enseñamos
a nuestras propias vidas primero, seguimos el ejemplo de Pablo,
que enseñó para cambiar vidas: «Hermanos, sed imitadores de mí,
y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en
nosotros» (Filipenses 3.17). Pablo quería que todos enseñáramos
para cambiar vidas, y no solamente para comunicar información.
Dijo: «presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en
la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irre-
prochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga
nada malo que decir de vosotros» (Tito 2.7,8). Quizás tal integridad
de vida nos permita enseñar con integridad.
Tanto la vida como los labios del maestro comunican la verdad.
Cuando comunican la verdad en armonía, el poder de Dios se libera
a través del maestro cristiano.

3. Comunique con toda su mente, su voluntad, y su emo-


ción las aplicaciones que Dios le ha enseñado en la Biblia. El
contenido viene de las Escrituras y la comunicación viene de su
vida. Asegúrese de comunicar con pasión y fervor lo que ha apren-
dido en su propia experiencia.
Los maestros casi universalmente sobreestiman el poder de
sus palabras y subestiman el poder de la emoción que fluye detrás
de sus palabras. Como presentaremos en el próximo capítulo, el
cambio de vida no sucede solamente cuando una persona cambia

244
La ley de la ejecución

su manera de pensar, sino también cuando son movidos


emocionalmente. Libérese de la esclavitud del enfoque de la ense-
ñanza que pone el énfasis en el pensamiento. Ocupe su vida entera
para tocar la vida de los alumnos. Ríase, llore, lamente, regocíjese.
Sea totalmente humano cuando enseña.
A la misma vez, tenga cuidado que no llegue a ser la estrella.
Usted y yo somos siervos, no superestrellas. Somos tutores que debe-
mos poner el énfasis, no en nuestras habilidades o en nuestras leccio-
nes, sino en los alumnos y en su progreso hacia la madurez. En ese
contexto, usted puede revelar con criterio y con autenticidad algunos
incidentes de su propia vida, incluyendo los éxitos y los fracasos.
Cristo vino a salvar al hombre completo —no solamente su mente,
no solamente sus emociones, no solamente su voluntad, y no solamen-
te su espíritu. Cristo vino a proveer una manera en que todos los hom-
bres pudieran ser todo en él. Como sus representantes, podemos se-
guir sus pasos. ¡Que la verdad siempre toque nuestras vidas antes de
que toque a nuestros alumnos! ¡Que comuniquemos el evangelio ente-
ro con una presentación entera al hombre entero!

Máxima 7: La aplicación, a fin de cuentas, tiene que


llevar al alumno desde el estudio de la Biblia hasta la
obediencia al Señor.
Esta última máxima requiere que el maestro guíe a sus alum-
nos a través de dos transiciones mayores. Primero, el maestro debe
guiar al alumno desde el estudio hacia la obediencia. Segundo, el
maestro debe cambiar el enfoque del alumno desde la Biblia hacia
el Señor. Los dos son esenciales para aplicaciones dinámicas. La
primera transición está centrada en lo que está haciendo el alumno
—o estudiar u obedecer— y la segunda está centrada en lo que
está mirando el alumno —o la Biblia o a Dios.
El cristianismo no es un sistema de datos. No es un sistema de
información o teología. El cristianismo tampoco es el resultado de en-

245
Las siete leyes del aprendizaje

tender los apuntes de las clases. El cristianismo es una relación con


una Persona viva, Jesucristo. Desdichadamente, frecuentemente
enseñamos como si fuera solo la comprensión de información.
Guíe a sus alumnos más allá de la verdad a la Persona que es la
Verdad. Con demasiada frecuencia, sin embargo, los alumnos estudian
la Palabra de Dios en nuestros salones, ¡sin haber conocido a Dios! No
estoy hablando de conocer al Señor en el sentido de la salvación. Estoy
hablando de conocer al Señor mejor como resultado del estudio, o
incluso durante el estudio. Estudiamos la Biblia durante semanas, pero
no conocemos al Señor de una manera nueva y viva.
Uno de mis escritores favoritos, A. W. Tozer, dice que somos como
alguien que selecciona piedras perfectas para construir un altar. Arre-
glamos doce piedras en una pila ordenada, cortamos el árbol y ponemos
la leña encima del altar. Matamos el ternero gordo y lo ponemos encima
del altar para sacrificarlo al Señor. Entonces quedamos mirando el altar,
conversando de las piedras, arreglando la leña, restableciendo el sacrifi-
cio. Escribimos canciones acerca del altar. Analizamos cada aspecto
del altar. Después de una hora, todos nos vamos y volvemos a nuestras
casas, satisfechos de la experiencia, pero sintiendo que falta algo.
Tozer apunta proféticamente al hecho de que hemos olvidado
que el propósito de las piedras, la leña, el altar, y nuestra reunión,
era que «caiga el fuego» del cielo para devorar nuestro sacrificio,
la leña y el altar.
Mis amigos, la gente no viene para escucharnos contar las pie-
dras. Nuestros alumnos no llegan para analizar la mejor forma de
cortar leña. Ellos quieren desesperadamente conocer al Señor. Te-
nemos que construir el altar, por supuesto, ¡pero con el fin maravi-
lloso de ver al Señor! Hemos quedado satisfechos con los sacrifi-
cios muertos, en vez de tener al Señor vivo. ¿No será esa la razón
por la cual tenemos multitudes de cristianos que anhelan semana
tras semana que alguien llame el fuego de los cielos?
¡Bienvenido, Elías! ¡Su altar lo espera!

246
La ley de la ejecución

El meollo de la ley de la ejecución

La esencia de la ley de la ejecución se resume en tres


palabras:
«¡Aplicar para cambiar!».
El maestro debe estimular el cambio en las vidas de sus
alumnos al aplicar apropiadamente la Escritura.

Conclusión

Mi oración es que usted desee profundamente ser un hombre o


una mujer cristiana, con quien y por medio de quien el Señor puede
hablar y operar de gran manera al enseñar su Palabra. Usted debe
desear profundamente tal relación con él, o no podrá llevar la cruz
que eventualmente le pedirá. Debe buscar al Señor con todo su
corazón, toda su alma, y toda su mente. Debe anhelar la mano del
Señor cuando habla.
Lo que más necesitamos es el mismo deseo que tenía Eliseo
para tener la manta de Elías. Necesitamos hombres y mujeres que
no aceptarán nada menos que la bendición completa del Señor en
sus vidas y en sus ministerios.
Dos veces en mi vida he pedido al Señor que me entregara el
manto de otro. Hace muchos años en medio de una clase del semina-
rio, cuando sentí la presencia sobrecogedora del Espíritu de Dios, aga-
ché la cabeza y pedí la manta de ese profesor. Diez años más tarde, en
medio de una conferencia nacional en que nadie parecía hablar excep-
to con el poder humano, el último mensajero —con el pelo canoso—
nos llevó al trono de gloria. Una vez más me encontré rogando con
lágrimas que el Señor me diera el manto de ese santo anciano.
Enseñar para el Señor es el llamado más alto del universo.
Algún día, antes de entrar por la puerta del cielo, espero que algún

247
Las siete leyes del aprendizaje

estudiante joven pida su manta. Podría ser su día más grande. Pero,
recuerde, los que llevan la manta tienen algo en común —un cora-
zón comprometido a hacer la aplicación.

Preguntas para reflexión

1. Dos maestros de la escuela dominical que creen en la misma


Biblia presentan la misma lección el mismo domingo a un grupo
de alumnos de la misma edad. Uno cree que es su responsabili-
dad explicar la Biblia y que es la responsabilidad del Espíritu
Santo aplicarla. El otro cree que es su responsabilidad confiar en
el Espíritu Santo por toda la lección, pero piensa que debe expli-
car y también aplicarla a los alumnos. Usted hace una investiga-
ción, y entrevista a cuatro alumnos de cada grupo. ¿Qué dife-
rencias encontrará usted en su manera de pensar y vivir?
2. ¿Qué porcentaje de contenido y qué porcentaje de aplicación
será típico para las clases que usted asiste? ¿Por qué cree que
tantos maestros piensan que el contenido es tanto más impor-
tante que la aplicación? ¿Qué organizaciones fomentan esta
actitud, y qué se puede hacer para cambiarla?
3. En una época cuando todos están presionando por un solo absolu-
to en la vida —es decir el hecho de que no hay absolutos— la
Biblia contiene muchos absolutos. El Libro no ha cambiado, pero
la sociedad sí ha cambiado... y estamos cosechando el fruto del
error. Una razón por la que tantos cristianos viven una vida derro-
tada es que los maestros bíblicos son tan elocuentes acerca de
sus propias ideas en vez de las ideas del Señor. ¿Por qué tantos
maestros tienen la tendencia de promover sus propias ideas en
vez de la verdad de Dios? ¿Cree que habría más personas trans-
formadas a la imagen de Dios si las personas se relacionaran más
con la Palabra misma de Dios? En la última clase que usted ense-
ñó, ¿los alumnos se enfrentaron con «así dice el Señor»?

248
La ley de la ejecución

4. Hay un precio que pagar al recibir una lección del Señor antes
de enseñar a otros. ¿Cómo describiría ese precio? ¿Cómo cam-
biaría su enseñanza si usted se asegurara de que cada lección
pasara por su propio filtro antes de compartirla con otros?

249
8
LA LEY DE LA EJECUCIÓN; EL
MÉTODO Y LOS MAXIMIZADORES

Había recién hablado en una conferencia de pastores acerca


de la importancia de hacer un equilibrio entre contenido y aplica-
ción. Un pastor se acercó después de la sesión, con toda su cara de
frustración.
—Apenas llegue a mi oficina —dijo—, voy a pedir a mi secre-
taria que escriba mi último sermón y que calcule el porcentaje de
contenido y de aplicación.
—Sería bueno —le dije—, pero prepárese para una sorpresa.
Entonces le pedí que me llamara para contarme lo que había
descubierto. El martes en la mañana me llamó.
—No lo puedo creer, y tengo que admitirlo. Mi sermón era
92% contenido y 8% aplicación.
Yo sí lo pude creer, porque he escuchado muchas veces estas
palabras reveladoras.
—¿Qué debo hacer? —me preguntó.
Le dije que debería hacer un equilibrio en su predicación y
enseñanza, y que tratara de hacer por lo menos el 50% aplicación,
empezando con su próximo sermón. Me dijo que predicaba cuaren-
ta minutos, así que le sugerí que dedicara los primeros veinte minu-
tos al contenido y los próximos veinte a la aplicación. Le pedí que
me llamara la próxima semana para contarme como le había ido.
El lunes me llamó de nuevo.

251
Las siete leyes del aprendizaje

—¿Cómo le fue? —pregunté.


—Interesante —contestó.
Su tono indicó que no era un buen tipo de interesante.
—Los primeros veinte minutos eran excelentes, pero temo que
tengo que admitir que no podía pensar en nada que decir después
de cinco minutos de aplicación. El culto terminó a las 11:45. Por
primera vez en la historia de nuestra iglesia, ¡el culto terminó antes
de las 12:00!
Le desafié.
—En otras palabras, pastor, ¿usted no pudo pensar en buenas
aplicaciones, en maneras en que su contenido fuera útil para su
congregación? Entonces ¡imagine lo difícil que debe ser para su
congregación! Si usted no puede pensar en aplicaciones, ¡puede
estar seguro de que ellos tampoco! Y si ellos no pueden pensar en
aplicaciones, ¿cuántos cambios estarán sucediendo en sus vidas
semana tras semana?
Estuvo callado un momento, mientras el significado de la pre-
gunta le penetraba el corazón.
—No muchos, supongo. Pero, Bruce, no sé cómo aplicar la
Biblia. Quise hacerlo, pero no sabía cómo empezar. El seminario
me ayudó a entender el contenido, pero debo haber faltado a las
clases acerca de la aplicación. ¿Qué puedo hacer? No quiero fallar
nunca más en hacer lo más importante. Quiero que lo que enseño
ayude a mi gente a crecer y no que sea un obstáculo para ello.
¿Sabe usted cómo hacer aplicaciones? ¿Sabe preparar la ma-
teria para que la Biblia se encarne en la vida de sus alumnos?
¿Sabe cooperar con el Espíritu Santo para experimentar regular-
mente su presencia y su poder?
Si su corazón está dispuesto, y su menta abierta, ¡las ideas de
las próximas páginas pueden cambiar su vida!

252
La ley de la ejecución

El método de la ley de la ejecución

¿Por qué algunos maestros nos llevan al cielo, y otros nos ha-
cen dormir? Hay muchas razones, pero una está en el corazón de
nuestra fe. La mayoría ha dejado de creer que la enseñanza pode-
rosa sea posible. Sabemos que Dios ha actuado poderosamente
por medio de maestros en el pasado. También sabemos que hay
algunos pocos maestros hoy que parecen tener la misma capacidad
increíble. Pero pensamos que está más allá del alcance del resto de
la gente normal como nosotros.
En las próximas páginas voy a describir un método poderoso
para aplicar la verdad a cualquier persona para cambiar su vida en
forma permanente. Estos principios son universales y transculturales.
Aunque estoy centrando estos cinco pasos en la enseñanza de la
Biblia, funcionan con cualquier materia, aunque sea la matemática,
la ciencia, o la antropología.
El intercambio entre los cinco pasos es dinámico y fluido. Los
pasos se traslapan y uno se edifica sobre el otro. Generalmente, los
cinco pasos comienzan con la fe y terminan con la conducta. Los
primeros pasos son más obvios y comúnmente practicados, mien-
tras los últimos pasos son más avanzados y raramente practicados.
Una parte del secreto de este método es asegurarse que no
siga al próximo paso hasta completar el paso previo. Cuando estos
pasos son practicados regularmente, la diferencia en la enseñanza
es inmediata y llamativa. Si nuestro corazón está bien, nuestro con-
tenido es bíblico, y nuestro método es eficaz, el Señor responde de
una manera que puede dejarnos sin aliento y a nuestros alumnos
más como Cristo.

253
Las siete leyes del aprendizaje

Paso 1: Pasaje
El primer paso es asegurar que sus alumnos conozcan la ver-
dad. El maestro expone el «pasaje» a los alumnos, y luego pasa a
«explicar» el «contenido».
Ya que el énfasis de este capítulo está en la aplicación y no en el
contenido, basta con decir que un maestro eficaz sabe que ha termi-
nado este paso cuando sus alumnos demuestren que entienden la
materia. El tiempo dedicado a la etapa de la explicación está contro-
lado por la dificultad del tema y la competencia de los alumnos.

Paso 2: Principio
Después de que los alumnos entiendan la materia, debe sacar
la esencia práctica del pasaje y ayudar a los alumnos a entenderla.
Esa esencia es el «principio», y normalmente es la idea principal
del pasaje. El maestro debe tomar este principio y hacerlo «expan-

254
La ley de la ejecución

dir», usando otros pasajes relacionados de la Biblia, para que el


alumno esté totalmente convencido de que es bíblico.
Este paso es un puente entre los lectores originales y los oyen-
tes actuales, y cruza el valle entre el tiempo y ambiente del primer
siglo y el siglo actual.
¡Piénselo! Usted comienza con un libro que tiene miles de años
de edad, y de alguna manera puede ayudar a los oyentes modernos
a captar su importancia fácilmente. Esa es la base de cambio —la
verdad presentada tan claramente y con tanto poder que el público
no puede evitar aplicarla. Cuando se hace eficazmente, las perso-
nas sienten que esta verdad es para ellas; llega a ser tan real que
olvidan que otros están escuchando también. Piensan que alguien
ha leído su correspondencia o incluso su mente.
El maestro debe tratar con tres distintos períodos de tiempo en
este paso. Primero, el tiempo original del pasaje. Al último, el
tiempo actual de nuestra época. En medio está el tiempo indefini-
do, el tiempo universal, donde está el principio. El maestro debe
sacar la verdad universal del texto antiguo y traducirlo a la catego-
ría de verdad universal.
El maestro tiene que encontrar la carne del pasaje. Saca el
pan, la salsa, la lechuga, y el tomate de la hamburguesa. Lo que
queda es la carne.
Lo triste es que muchos maestros no entregan la carne. En vez
de comer carne, están masticando la lechuga. Por eso muchas per-
sonas van a la iglesia todos los domingos, sin crecer. Alguien dirá:
«En realidad no querían crecer». Podría ser la verdad a veces, pero
yo he encontrado que hay cristianos por todos lados llenos de pan,
y hambrientos por la carne.
Esta etapa del principio es esencial para enseñar con poder, y
determina la cantidad de cambios entre los alumnos. Tenemos que
distinguir entre la historia y la esencia, entre el pasaje y el principio.
Los laicos saben distinguirlos. ¡Pregúnteles! Pero esté preparado;

255
Las siete leyes del aprendizaje

muchos dirán: «¡No estamos alimentándonos!» Los maestros fre-


cuentemente se sorprenden cuando lo escuchan, porque piensan
que siempre han estado enseñando la Biblia. En un sentido, lo esta-
ban haciendo. Pero en otro sentido más profundo, no lo estaban
haciendo. Alguien puede comer solamente arroz tres veces al día,
pero pronto estará desnutrido.
Es como la diferencia entre el maestro de historia que conoce
todos los datos, y otro que hace que la historia sea viva, y que tenga
un impacto en su vida.
El poder en la enseñanza viene de la esencia detrás de los
eventos, el mensaje detrás del relato, el precepto detrás del pasaje.
Los maestros que sirven la «carne» nunca están sin público. Los
alumnos siempre salen con una lección aprendida, convencidos, y
cambiados.
Hay otra diferencia entre la primera y la segunda etapa de la
aplicación. La etapa del pasaje tiene diferentes puntos de explicación
y énfasis. La etapa del principio tiene un solo punto de aplicación. La
idea es dejar de lado los detalles específicos del texto bíblico para
tejer todos los hilos en un solo tapiz hermoso. Hay que reordenar las
partes y hacer una unidad. De las muchas partes, hay que hacer una.
Hay que cernir y meditar hasta que pueda explicar la verdad eterna
en una sola oración —la verdad que está más allá de la cultura y de
la nacionalidad. En otras palabras, ¡encuentre la carne!
Aquí ofrezco algunas sugerencias acerca de cómo llegar a ser
un maestro del principio:
1. Desee encontrar la carne del pasaje. Anhélelo. Búsque-
lo. Motívese a seguir deseándolo.
2. Aférrese a la convicción de que cada pasaje contiene
por lo menos un principio clave. No hay excepción. Cuando su
corazón siente que no hay principio para descubrir en su pasaje —
o que es demasiado difícil encontrarlo— vuelva a la base: todos los
pasajes tienen por lo menos un principio. ¡No se rinda!

256
La ley de la ejecución

3. Encontrar la esencia del contenido toma tiempo y es-


fuerzo. Una vez trabajaba con otro profesor en encontrar el princi-
pio de un pasaje. Me seguía preguntando qué era, y se impacientó
conmigo y con el proceso cuando vio que no iba a ser fácil ni rápi-
do. Toma tiempo y mucho trabajo para cualquiera, así que anticipe
el proceso para que no se decepcione.
4. Pida la iluminación del Espíritu Santo para ver más allá
de las palabras en las Escrituras. No le pida más revelación,
sino más iluminación sobre lo que tiene en la mano. Cuanto más ora
al preparar el principio, más iluminación recibirá. A veces me en-
cuentro tocando las puertas del cielo pidiendo iluminación, porque
simplemente no encuentro nada. «Pedid», dijo Jesús «y se os dará».
5. ¡Piense! ¡Piense mucho! Medite sobre el pasaje una y
otra vez. Cierre el libro que está leyendo. Apague el televisor. Tome
una hoja de papel, y simplemente piense. Anote sus pensamientos
en la hoja acerca de las posibles verdades eternas. Reparta los
momentos de meditación durante la semana. No espere tener las
mejores ideas inmediatamente la primera vez. Planifique por lo
menos tres breves tiempos de meditación durante la semana, y
tendrá mejores resultados que si tratara de hacerlo todo en un solo
tiempo más largo. Ocupe el tiempo cuando está manejando el vehí-
culo solo. Ocupe su tiempo cuando está esperando a alguien. Deje
que su mente trabaje inconscientemente en el tema. Repase el pa-
saje antes de dormir y antes de ir a la oficina. Lleve una tarjeta en
el bolsillo con sus ideas, y léalas durante el día. Converse los temas
con alguien que tiene una mente despierta y que le gusta conversar
de tales cosas.
6. No busque el principio en los comentarios. En mi expe-
riencia, los comentarios casi exclusivamente explican la primera
etapa de la información. El Señor quiere que el principio llegue a
través de su propia personalidad y experiencia. Cuando lo procesa
personalmente, hace la conexión en su mente entre el pasaje y el

257
Las siete leyes del aprendizaje

principio. Cuanto más fuerte es esa conexión, más poderosa es la


proclamación.
7. Relájese. Disfrute el desarrollo del principio a través de
su personalidad. El Señor no espera que todos lleguemos al mis-
mo principio. Confíe en sí mismo y en la obra del Señor en usted. A
veces llegará el principio en una iluminación repentina y dirá: «¡Eso
es!» Posiblemente termine riéndose porque de pronto parece tan
obvio. Otras veces será lento como la salida del sol. Al practicar
esta etapa, desarrollará un sentido para saber cuando lo haya en-
contrado. El Señor desarrolla en todos este sentimiento que es difí-
cil de describir. Todos los maestros ejemplares que he entrevistado
saben de qué estoy hablando. Por lo tanto, si ha estudiado, orado, y
meditado, ¡relájese!
8. Escriba el principio en una sola oración simple y
motivadora. Que sea simple. Que sea breve. Que sea lo más directo
posible sin ser demasiado autoritario. Mi principio de 2 Timoteo 3.16,17
era simplemente: «Enseñe para cambiar vidas». Deje hervir la sopa
del mensaje hasta llegar a la comida nutritiva, entonces sírvala.
Piense como los que escriben los mensajes para los letreros a
la orilla de las carreteras. Capte la atención del público. Motívelos
a aplicar el principio. Su principio debe vender el mensaje. Aca-
bo de terminar una lección acerca del poder de pensar en la eterni-
dad, y cómo hace una diferencia significativa en nuestras vidas
ahora. ¿Mi principio? «¡Piense en el cielo —ahora!»
A veces pensamos que el principio tiene que ser complicado y
que debe ser una oración compleja que resuma todo lo que quere-
mos decir. ¿Está bromeando? Ese tipo de principio no motiva a
nadie. Si quiere observar a un maestro excelente, lea los evangelios
y observe cómo Jesús resume su punto en una frase o un comenta-
rio que capte la atención y que motive. «Venid en pos de mí». «Si
me amáis, guardaréis mis mandamientos». «Permaneced en mí».
«Mis ovejas oyen mi voz».

258
La ley de la ejecución

9. Asegúrese que su principio es totalmente bíblico. Duran-


te esta etapa, compare otros versículos bíblicos clave acerca del
mismo tema. Repase con sus alumnos otros «pasajes centrales»
acerca de su idea para comprobarla e ilustrarla.
Es como si usted guiara a sus alumnos a una sala oscura y
empezara a prender las luces una después de la otra. Cuando se
ilumina la sala, enfoque las luces en el objeto que quiere enseñar.
Su trabajo es iluminar con suficiente luz el principio, para que los
alumnos vean todas sus partes. Levante el principio y dele vuelta
en la luz, para que vean cada lado. Mírelo desde los lados, desde
abajo, desde arriba. Mírelo por dentro. Desármelo. Demuestre cómo
se juntan las partes.
10. Guíe a sus alumnos, para que saquen sus propias apli-
caciones personales del principio. Cuanto más claro es el prin-
cipio, más fácilmente la verdad llega con fuerza de convicción al
público, aun sin sus comentarios. Un principio bien redactado reve-
la sus aplicaciones inmediatamente. Es tan claro que es transpa-
rente, y los alumnos instintivamente se dan cuenta de lo que deben
hacer para obedecer el principio bíblico.
Los mejores maestros tienen mucha habilidad en esta etapa.
Todo lo que dicen en la etapa del pasaje está dirigido a proveer una
base para su principio. Sus alumnos comen carne regularmente.
Están bien nutridos. Sus maestros lo aseguran.

Paso 3: Personalizar
Cuando llegue al tercer paso, sus alumnos deben entender tan-
to el pasaje como el principio. Durante los pasos de pasaje y de
principio, el énfasis está en el contenido, pero durante el paso «per-
sonalizar», el enfoque está en los alumnos. Durante esta etapa, la
aplicación toma forma, y toca la «emoción» del alumno, para que
se sienta «corregido» por el Espíritu Santo, viendo su necesidad de
obedecer.

259
Las siete leyes del aprendizaje

Hasta este punto, la lección ha sido objetiva; ahora debe ser


subjetiva. Los alumnos se mueven del «¿qué?» hasta el «¿para
qué?». Durante esta etapa la verdad se encarna. Los hechos se
demuestran en la vida. El principio llega a ser personal. Esta terce-
ra etapa es el corazón y la esencia de la aplicación. Es el punto de
cambio de los cinco pasos, y eje del proceso entero. Los dos prime-
ros pasos preparan al alumno para este paso, y los últimos dos
pasos edifican encima de este.
Personalizar tiene dos partes distintas pero relacionadas.
Cuando se completen correctamente, el alumno debe saber qué
hacer, y debe sentirse movido a hacerlo. Cuando se cumplan las
dos condiciones, el próximo paso, el de persuadir, comienza.
La personalización ocurre cuando el principio eterno llega a ser
específico y actualizado. Durante esta etapa, el alumno debe ver
cómo puede vivir el punto del pasaje. El Sr. Teórico se va, y el Sr.
Práctico toma su lugar. Para que esto se desarrolle correctamente,
una relación especial debe formarse entre el maestro humano y el
Maestro Divino. Cada uno tiene su rol en esta obra de unión:

El rol del maestro es clarificar a los alumnos cómo se ve este


principio cuando lo aplican a su carácter («para que sea per-
fecto») o a su conducta («preparado»).

El rol del Espíritu es corregir a los alumnos, mostrándoles su


responsabilidad de obedecer el principio inmediatamente y com-
pletamente en las maneras específicas que él está mostrando.

La clarificación ocurre en la mente, y la corrección ocurre en


el corazón. La clarificación ocurre mientras el maestro muestra
cómo se ve el principio al ser aplicado a la vida y las circunstancias
de los alumnos. La corrección ocurre cuando el Espíritu toca el

260
La ley de la ejecución

corazón del alumno, causando que sienta la necesidad de obedecer


al Señor y practicar el principio.
Cuanto más claro mostremos cómo se ve el principio aplicado
en la vida de los alumnos, más rápidamente y más eficazmente la
obra del Espíritu penetrará en el corazón de los alumnos. Además,
cuanto más fuerte es la corrección, más potencial existe para cam-
bios genuinos y permanentes.
Estas actividades interrelacionadas influyen mucho en el grado
de cambio que ocurre cuando enseña. La relativa eficacia del maes-
tro como clarificador o impide o libera el Espíritu para cambiar a los
alumnos. Aunque el Espíritu es todopoderoso, casi siempre elige
obrar en cooperación con el maestro humano. Por eso algunos
maestros parecen siempre tener la unción del Espíritu, y otros no
(aunque utilizan el mismo contenido).

Cómo comunicar el principio claramente


¿Alguna vez ha dicho usted: «Simplemente no me puedo imagi-
nar haciendo eso»? Probablemente que sí. Antes de actuar, tene-
mos que poder imaginarlo. Su rol como clarificador es ayudar a sus
alumnos a «verse viviendo el principio». Tiene que ver el principio
en acción. Una razón común por la cual pocas personas experi-
mentan cambios en su vida es que el maestro nunca les ayudó a ver
los posibles cambios.
Llamamos a este tipo de visión discernimiento, la capacidad de
percibir algo que otros no ven. Cuando ayuda a sus alumnos a
imaginar el principio aplicado a sus vidas, les ayuda a percibir una
nueva área de acción, y contribuye a su percepción en áreas donde
estaban ciegos.
Muéstreles fotos. Saque sus vendas. Amplíe sus horizontes.
Ayúdeles a imaginarse viviendo ese principio. Le ofrezco unas su-
gerencias que me han ayudado:

261
Las siete leyes del aprendizaje

1. Imagine el principio aplicado en distintos ambientes y


distintas circunstancias. Presente el principio en cada oportuni-
dad. Guíe a sus alumnos en un gran viaje turístico en el glorioso país
de este principio. Muéstreles el principio en su trabajo, en su casa,
en la oficina, en un paseo a un lago. Demuéstreles que, sin importar
dónde viven o trabajan, el principio cambia su vida.
2. Aumente su perspectiva, presentándoles la familia del prin-
cipio. Muéstreles que el principio vive entre hombres, mujeres, niños
y niñas, casados y solteros, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, san-
guíneos y melancólicos. Lleve a sus alumnos a la conclusión de que
el principio quiere vivir en ellos. Demuéstreles que, sin importar quié-
nes son o cómo viven, el principio puede cambiar su vida.
3. Imagine el principio haciendo un impacto maravilloso
donde quiera que sea invitado. Revele la maravilla y el asombro
y la gloria del principio. Llame la atención de sus alumnos con los
tremendos beneficios que reciben los que abrazan el principio. Sor-
prenda a sus alumnos con las consecuencias trágicas de los que lo
rechacen.
4. Cuente historias emotivas que encarnan el principio.
Los mejores para contar historias pueden involucrar a sus alumnos
en sus historias y ayudarles a vivir el principio. Cuente historias que
capten la esencia del bien y del mal para los que practiquen o re-
chacen el principio.
Haga lo que haga, cautive la imaginación de sus alumnos. Cuan-
do lo haga, ¡muévase a un lado, porque es el momento en que el
Espíritu da a conocer su presencia!

Razones por las cuales el Espíritu no manifiesta Su poder


Hay cuatro razones principales por las cuales algunos maes-
tros cristianos no están experimentando el poder y la presencia del
Espíritu Santo cuando ministran. Las dos primeras tienen que ver
con la vida personal del maestro, la tercera se refiere a los prin-

262
La ley de la ejecución

cipados y potestades, y la cuarta hace referencia a la relación


con el Espíritu Santo.
1. La presencia de pecado sin confesar. La primera y princi-
pal razón por la que el Espíritu Santo no actúa a través de un maes-
tro cristiano es el pecado. Si hay pecado consciente, sin hacer nada
al respecto, esto entristece y apaga al Espíritu.
2. Una fortaleza de incredulidad. La segunda razón más
frecuente para la falta del poder del Espíritu Santo entre maestros
cristianos es la falta de creer que el Espíritu desea utilizarlos en
gran manera. Estos maestros ni buscan ni experimentan el poder
asombroso del Espíritu en su enseñanza, porque han dejado de creer
que Dios los vaya a utilizar.
3. Ataque de principados y potestades. No luchamos sim-
plemente en contra de personas y circunstancias y la naturaleza.
También luchamos contra los principados y potestades de las tinie-
blas de este siglo —huestes espirituales de maldad en regiones
celestes (Efesios 6.12). Muchos maestros que no están viviendo en
pecado, y que creen que el Señor los desea usar poderosamente,
todavía no son victoriosos porque les falta discernimiento en estos
asuntos. Algunos no saben reconocerlo cuando su enseñanza está
bajo ataque, y otros no saben qué hacer para tener la victoria sobre
el enemigo, aun cuando saben reconocer su oposición.
4. Falta de cooperación con el Espíritu. Para los maestros
que son serios y que están creciendo en su caminar con Dios, esta
es la razón principal por la que no experimentan regularmente el
poder asombroso del Espíritu. El Espíritu Santo no es una presen-
cia, un fantasma, o una cosa. Es la tercera persona de la Trinidad.
Piensa, siente, responde, mora en nosotros, guía, convence, ense-
ña, y se entristece. Enseña.

263
Las siete leyes del aprendizaje

Cómo cooperar con el Espíritu cuando corrige


La cooperación con el Espíritu es el punto clave de toda ense-
ñanza, causando la diferencia revolucionaria entre la enseñanza
natural y la enseñanza sobrenatural. Aquí hay tres maneras básicas
en que usted puede cooperar eficazmente con el Espíritu, supo-
niendo que los tres impedimentos han sido solucionados, que está
en comunión con el Espíritu, que usted cree que él desea obrar a
través de usted, y que no está bajo algún ataque espiritual.
1. Dependa del Espíritu. Antes de enseñar, pida que el Espíritu
lo utilice con poder. Entréguele su lealtad incondicional y dígale que
está dispuesto y deseoso de servirle. Relájese conscientemente en
su presencia y su poder. Esté en paz, descansando en su poder para
que hable a través de usted y lo utilice. Apóyese en Él. Pida que Él
utilice la materia que ha preparado —o si Él desea, que comunique
otra materia. Usted sabrá que está confiando plenamente en Él cuando
dos factores distintivos están presentes —un sentido de una profun-
da paz interior, y un sentido de gran expectación.
2. Discierna su actividad. El Espíritu Santo puede actuar en
todas las partes de la lección, pero parece actuar de una manera
más obvia y frecuente durante este tercer paso de la personalización.
Cuando la semilla de la verdad que ha enseñado está siendo planta-
da en el corazón del alumno, el Espíritu prepara la tierra. Usted
clarifica la verdad, y Él la siembra. Es en este momento que el
Espíritu actúa especialmente.
Cuando el Espíritu actúa en el corazón de una persona, o en
una congregación, se mueven las aguas. Para los que tienen dis-
cernimiento, las ondas son reconocibles y consistentes, donde sea
que estén, y sean quienes sean. Un silencio cae sobre el público y
ningún hombre, ninguna mujer, o ningún niño respira. Nadie se mue-
ve. Las caras reflejan Su presencia, o con las indicaciones de culpa
o de profunda paz y comunión. Estas señas son físicas y universa-
les, y son visibles en todos los que quieren cooperar con el viento

264
La ley de la ejecución

poderoso de Dios. Por lo tanto, mire y discierna mientras el Espíritu


del Dios vivo obra en los corazones de la gente.
3. Minimice su control. Cuando el Espíritu mueve, tiene que
hacer una sola cosa: debe descansar. Usted ha estado enseñando
para este momento, y Él ha esperado este momento. Su propio rol
ahora se cumple en Él. Hasta ahora usted ha sido un «Juan el Bautis-
ta» para el Espíritu, y ha sido llamado a «preparar el camino» para Él.
Cuando se siente Su presencia, y se ve Su obra, es el momento
para que Él «crezca» y usted «mengüe». ¡Quítese del camino!
¡Muévase a un lado para que Él pueda moverse! ¿Cómo? Suelte el
control de la clase, entregándola al Espíritu. Hable más suavemen-
te, más lentamente, y con más pausas. Tranquilice al público. Su
voz debe ser más suave, como música tranquila de fondo. No se
mueva bruscamente, y no haga gestos que llamen la atención. Si es
posible, salga del púlpito o salga desde detrás del escritorio, y acér-
quese al público. Tiene que ser totalmente sensible al Espíritu, cap-
tando lo que él está haciendo entre ellos.
Usted sabrá cuando su obra de corrección ha terminado. Sus
movimientos se pueden discernir especialmente al principio y al
final. Los alumnos empiezan a moverse de nuevo, a toser, a mirar a
otro lado, y cambiar su lenguaje corporal. ¡No trate de luchar en
contra de esto! Muchos maestros se equivocan en este momento, y
dicen al público que «presten atención», o posiblemente cuenten un
chiste, porque no han entendido la obra de Dios. ¡Cuidado! Usted
no ha perdido su atención. Lo que sucedió es que Dios los ha de-
vuelto a usted. Están pasando del terreno sobrenatural al terreno
natural. Están en su territorio de nuevo.
4. Dirija a sus alumnos. Cuando se ha terminado esta parte
de la obra del Espíritu, entonces usted debe inmediatamente tomar
la dirección de nuevo. Normalmente en este momento, los alumnos
están un poco fuera de control —están entre maestros— así que
debe cambiar su estilo; suba el volumen, haga gestos más llamati-

265
Las siete leyes del aprendizaje

vos, hable más rápido. Ahora es tiempo de mover a sus alumnos a


la acción. Debe ejercer liderazgo, dirigiendo a sus alumnos basado
en lo que el Espíritu ha hecho.
Es importante que reconozca que, aunque la obra del Espíritu es
sobrenatural, no es demasiado «misteriosa» o difícil de entender. De
hecho, mi estimado colega, esta intervención divina es parte de su
llamado, parte de su herencia. Desee profundamente, y busque siem-
pre una enseñanza que es sobrenatural. Una vez que haya gustado
de este don celestial, nunca más va a querer enseñar de nuevo sin él.
Tampoco querrán sus alumnos recibir su enseñanza sin ese don.

Paso 4. Persuadir
Cuando haya llegado a este paso, sus alumnos habrán entendi-
do el pasaje, habrán sido convencidos del principio, y habrán senti-
do la corrección del Espíritu. Este cuarto paso ocurre mientras el
énfasis cambia de las emociones a la voluntad. Ahora el enfoque
está en «persuadir» al alumno a aplicar la verdad. Los maestros
deben «exhortar» al alumno a «comprometerse» a obedecer las
Escrituras, y no solamente sentir que deberían hacerlo.
Si el alumno no decide obedecer, probablemente no lo hará.
Por lo tanto, si no persuade al alumno a actuar, probablemente no
experimentará ningún cambio en su vida. El alumno tiene que pasar
desde «yo entiendo» a «siento que debería...» y finalmente «voy a
hacer...». Esta etapa es el último vínculo en el proceso de la aplica-
ción. Sin ella, los cambios no suceden frecuentemente, y los cam-
bios permanentes nunca sucederán.
Por lo tanto, para asegurar que su compromiso de enseñar para
cambiar vidas llegue a ser una realidad, tendrá que aprender algu-
nos de los secretos de la persuasión.
Persuadir a alguien significa convencerle a hacer algo. La pa-
labra viene del latín per, que significa «completamente», y suadere,
que significa «aconsejar». Así que la persuasión contiene el con-

266
La ley de la ejecución

cepto de «aconsejar a alguien completamente, hasta el punto


de convencerle». Cuando una persona ha sido completamente
aconsejada, ha entendido el asunto desde el principio hasta el fin.
Cuando persuade a sus alumnos, les ayuda a ver los asuntos
completamente. Cuanto más completa sea su comprensión, más
persuadidos estarán. Para persuadir a sus alumnos, tendrá que en-
señar la materia con tanta eficacia que comprendan la materia cla-
ramente, y que estén plenamente convencidos. Piénselo un mo-
mento. El punto de los tres pasos anteriores de la aplicación era
esclarecer la verdad tan bien que los alumnos la puedan ver clara-
mente. La buena enseñanza es clara. ¡La buena enseñanza en-
tonces es enseñanza persuasiva!
Para aplicar las Escrituras a sus alumnos para que hagan cam-
bios, tendrá que ayudarles a comprender claramente el asunto. Una
vez que lo vean claramente, cambiará su conducta.
«Fui ciego y ahora veo» son las palabras del alumno que ha sido
bendecido por un maestro persuasivo. Cuanto mejor vean, más cam-
biarán. Cuanto más eficaz usted les guía a ver, más persuasivo serán.
Es la voluntad de Dios que sus alumnos «vean completamen-
te», hasta obedecerle completamente. Por lo tanto es la voluntad
de Dios que usted llegue a ser experto y comprometido a persuadir
a sus alumnos.
Los mejores maestros y predicadores son persuasivos.
Pero muchos maestros cristianos piensan que no deben tratar de
persuadir a sus alumnos. Por lo tanto, nunca han rogado a sus alum-
nos a hacer nada como Dios quiere. Nunca han llorado por la dureza
de sus corazones. Estos maestros piensan que la enseñanza es sim-
plemente hablar del contenido. No se dan cuenta de que cuando no
están persuadiendo, no están enseñando claramente el contenido.
No ponga el énfasis en ser un «buen» maestro. No trate de ser
un maestro «interesante». Al contrario, busque ser «persuasivo»,
porque así cambiarán sus vidas..., y eso agrada a Dios.

267
Las siete leyes del aprendizaje

Ahora que entiende la importancia de la persuasión, ¿qué puede


hacer para persuadir a sus alumnos a hacer lo correcto? Explicare-
mos esto en detalle en la ley de la necesidad y la ley del aviva-
miento, pero por ahora, hay dos áreas que podría usar la próxima vez
que enseña. La enseñanza persuasiva es causada por dos activida-
des separadas: la primera es lo que dice, y la segunda es cómo lo
dice; la primera es la sustancia, y la segunda es su estilo; la primera
es su contenido, y la segunda es su comunicación.
Cuando un alumno es persuadido, normalmente es porque su
información y su presentación lo han convencido. Dependiendo de
su personalidad, se inclinará más hacia una o la otra. O su conteni-
do será tan convincente que los alumnos estarán persuadidos, o su
estilo será tan llamativo que los alumnos estarán persuadidos. Los
maestros más eficaces unen los dos en forma magistral.

Cómo persuadir con su contenido


Considere el contenido por un momento. ¿Qué les podría decir
a sus alumnos, ahora que entienden, pero no están convencidos?
Quizás al cliente le guste su producto (la lección), pero no sabe si lo
va a comprar (aplicarla). Todo su esfuerzo culmina en este punto,
porque lo importante no es que entienda lo que debe hacer, ¡sino
que decida hacerlo! ¿Recuerda lo que mandó el Señor en la gran
comisión? «Enseñándoles que guarden todas las cosas....»
Cristo desea obediencia, no solamente asentimiento in-
telectual.
Por lo tanto, mi amigo, enseñe para que obedezcan. Enseñe
más allá del asentimiento intelectual. Nunca acepte que su trabajo
como vocero de Cristo ha terminado cuando los alumnos simple-
mente están de acuerdo acerca de lo que el Señor desea de ellos.
Como sabemos, hay un mundo de diferencia entre saber la verdad
y vivir la verdad. Nuestra tarea es guiarles a vivir lo que saben.

268
La ley de la ejecución

Esa transición vital exige persuasión. Ayúdales a «ver tan ca-


balmente», que sientan que deben actuar. Y actuar ahora.
Arregle su contenido para convencer. Amontone todas las ra-
zones que usted puede encontrar para que una persona deba obe-
decer la verdad. Comparta las razones positivas, y después las ne-
gativas. No use párrafos, sino oraciones breves y contundentes.
Sea directo. Cuénteles lo que el principio les exige. Adviértales de
los peligros de la desobediencia. Exhórtelos. ¡Llévelos al punto donde
el único paso lógico es obedecer al Señor!
No trate de convencerlos solamente con lo que está en su mente;
sino comparta de tal manera que empiecen a pensar sus propios
pensamientos a favor de la idea. Haga que estén en el mismo equi-
po. Haga que estén a favor de la verdad. Haga que empiecen a
imaginarse deseando y aplicando la verdad.
Apele a la parte más profunda de la persona. Apele a lo que es
bueno y correcto. Apele a su conciencia. Apele a su espíritu que
desea cumplir la voluntad de Dios. Apele a su sabiduría de tal ma-
nera que sus pensamientos precedan los suyos acerca de cómo
aplicar el principio.
Si quiere ver tal persuasión, lea Romanos o Santiago. Si quiere
ver la persuasión en la vida de Jesús, lea el Sermón del Monte
(Mateo 5—7) —convincente, lógico, provocativo, transformador.
Lo que sea que discierna acerca de Jesús como el Maestro de
maestros, no pierda de vista el hecho de que constantemente estaba
presentando razones para persuadir; historias que exigían acción.
Jesús enseñó para persuadir a los hombres y a las mujeres que le
siguieran, y nos mandó a seguir en sus pasos. Compélales a venir.

Cómo persuadir con su comunicación y su estilo


Segundo, persuada a sus alumnos, no solamente por lo que
dice, sino también por cómo lo dice. Engendre obediencia por su
tono de voz. Solicite acción por su intensidad. Suba el volumen,

269
Las siete leyes del aprendizaje

mueva su dedo, golpee el escritorio, de vuelta la mesa, llore con los


que lloran, opóngase a los porfiados, reprenda a los arrogantes.
¿Ve como lo hizo el Señor? Su estilo fue poderoso y convincente.
Un sermón en particular me impactó tanto una vez que pedí
una copia y lo escribí todo a mano. Quería ver el contenido. Pero
cuando lo leí, ¡no entendí cómo me había conmovido tanto! El con-
tenido no me conmovió, sino la sinceridad y la convicción con que
se comunicó. Frecuentemente, tiene mucho más poder de persua-
sión la forma en que expresa algo que lo que dice realmente. Por lo
tanto, ¡nunca murmure su mensaje!
Los maestros aburridos nunca persuaden a nadie a hacer nada
excepto evitar su clase. Los maestros aburridos han dejado que su
fuego se apague. Se han unido a las filas de los que creen que al
cubrir la materia, han enseñado. Han «cubierto» la materia, pero no
de una manera que complazca al Señor.
Enseñe más allá de la cabeza, y alcance el corazón. ¿La Pala-
bra de Dios no es acaso tan preciosa para usted, que moriría por
ella? Entonces, decida que mientras esté vivo, ¡vivirá por ella! En-
tregue su vida entera a comunicar para cambiar vidas.
Deje el hábito de entregar la verdad en una bolsa de papel y
envuélvala en la tela de su personalidad y su creatividad. Ayude a
sus alumnos a salir de la reticencia y la desobediencia. Permítales
captar su confianza, sostenerse a su fe, y disfrutar del gozo de la
obediencia plena.
Y cuando resisten la verdad y no quieren obedecerla, exprese
su preocupación a ellos. Lea 2 Corintios si quiere ver cómo un
maestro expresa sus sentimientos con fervor. No acepte nada me-
nos que la obediencia completa a la voluntad de Dios —ahora, hoy.
Si se endurecen de corazón, entonces tendrá que ser más directo.
Deben ser confrontados. No se rinda al miedo de su reacción ne-
gativa. Preocúpese más por el desagrado del Señor que por el des-
agrado de los alumnos.

270
La ley de la ejecución

Tal como Jesús buscaba a los perdidos, busque a los que no quie-
ren ser encontrados. ¿Recuerda las denuncias potentes de Moisés?
¿Recuerda las reprimendas punzantes de Jesús a los que no querían
obedecer la verdad? ¿Por qué hacemos tantos rodeos que nadie sabe
dónde vamos? ¿Por qué susurramos cuando el Señor gritaba? ¿Por
qué somos tan imprecisos cuando él era tan específico?
Hay solamente una razón, mi amigo: nuestro corazón no está
ardiendo por el bien de nuestros alumnos. No los amamos como
Cristo quiere que los amemos. Nuestro egoísmo no permite que
hablemos la verdad en amor.
Posiblemente esa sea la razón por la que el Señor le hizo al
maestro llamado Pedro la misma pregunta tres veces —no para
que entendiera, ¡sino para que obedeciera! «Si me amas, apacienta
mis ovejas». Cuanto más amamos al Señor Jesús, mejor cuidamos
sus ovejas. No son nuestras ovejas; han sido compradas por un
precio, la sangre de Cristo.
Jesús desea que se alimenten sus ovejas... que se alimenten y
que obedezcan. Aliméntelos para que obedezcan.
Rechace la noción errónea de proponer que, cuando reciben el
contenido en un paquete bonito, han sido bien alimentados. Que el
Señor no permita que pensemos que la esencia de la alimentación
de las ovejas es un sermón con un buen bosquejo. Luche en contra
de tal pensamiento. No es digno de usted. Usted ha sido llamado a
«enseñarles que guarden todas las cosas que os he mandado».
Enséñeles a obedecer. Su meta no es una lección interesante, sino
una lección que transforme.
¿No le produce emoción pensar acerca de tales cosas? ¿No
puede llegar acaso a ser tan fuerte nuestra preocupación por nues-
tros alumnos que lloremos lágrimas de desesperación por su bien?
¿No puede llegar a ser tan importante su obediencia que empezamos
a rogarles que lo hagan? ¡Por supuesto que puede ser, y debe ser! Si
hacemos menos que esto, posiblemente no persuadamos a nadie.

271
Las siete leyes del aprendizaje

Una vez serví como moderador de un comité de disciplina en una


iglesia. Uno de los hombres amenazaba con demandar a otro hermano.
Les pregunté si aceptarían que un comité de ancianos estudiara su caso
y que tomara una decisión que sería legalmente válida para los dos. Los
dos estaban de acuerdo. La reunión empezó a las 7:30 de la mañana, y
nunca salimos de la sala, ni para comer, hasta las 11:00 de la noche. Fue
intenso y emocional. Cuando los ancianos oraron por un consenso, to-
dos estuvimos de acuerdo: el que pensaba que tenía razón, estaba equi-
vocado. Tenía un punto ciego que todos podíamos detectar, menos él.
Cuando llamamos a los dos hombres y presentamos nuestra
decisión, de que el hermano culpable debería dar $30.000 dólares al
otro, y dejar de fastidiarlo, el ofensor saltó de su silla, dijo que está-
bamos equivocados, y que no lo iba a hacer.
Me asustó. Había visto muchas veces el juicio divino que cae
sobre una persona que se rebela contra la disciplina de la iglesia,
cuando es conducida de acuerdo con las pautas bíblicas. Como
moderador del comité, sentí el peso de su espíritu rebelde sobre mí.
Todos tratamos de convencerle a someterse a la decisión de los
ancianos, pero se rehusó. Desesperado, sobrecogido con tristeza y
miedo por mi amigo, me arrodillé y le rogué que no rehusara.
Estaba asombrado de ver mi agonía. Le dio vergüenza verme de
rodillas delante de él. No me importaba. No podía dejar que saliera de
la sala para experimentar la disciplina del Señor. El Señor nos ayudó
mucho en ese momento de debilidad, porque en ese momento, mi ami-
go decidió arrepentirse. Dijo que si su obediencia era tan importante
para nosotros, entonces debería hacer lo que le pedíamos.
Creo que nunca me he sentido tan exhausto como me sentí
después de las quince horas ese día. Estoy convencido, sin embar-
go, que si no me hubiera arrodillado para rogarle a mi amigo, él
habría salido directamente a sufrir la disciplina del Padre Celestial.
Todo el contenido no dio resultados. Estos hombres habían ex-
presado sus pensamientos todo el día. La verdad había sido comu-

272
La ley de la ejecución

nicada claramente. Entendió la verdad. Podría haber explicado cada


punto. Pero fue solamente la expresión apasionada de nuestro amor
por él que impidió que saliera sin arrepentirse.
Mis colegas, ¿hasta dónde están dispuestos a ir para que sus
ovejas no salgan del rebaño?
Jesús fue todo el camino a la cruz por las ovejas. La máxima
persuasión en el universo ha sido cuando Él murió voluntariamente
en la cruz para convencernos de que «de tal manera amó Dios al
mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en
él cree, no se pierda, más tenga vida eterna».
Él murió enseñando el mensaje. Jesús nos comisionó a enseñar
el mensaje con toda nuestra personalidad y pasión. Todo su mensa-
je en toda nuestra vida para todos nuestros alumnos... hasta que
sean totalmente persuadidos.

Paso 5: Practicar
El último paso es la verificación de calidad de los cambios. La
pregunta que debe plantearse ahora es el desafío más grande para
usted como profesor, y también para los alumnos: ¿Lo han hecho?
No si comprendieron el pasaje, no si estaban convencidos del prin-
cipio, no si se sentían corregidos por no haberlo hecho, no si esta-
ban persuadidos que deben hacerlo, sino ¡si lo han hecho!
Si no están haciéndolo allí mismo durante la clase, entonces
tendrá que esperar la próxima clase para hacer la pregunta. Usted
quiere saber si procedieron a «practicar» lo «comprometido». En-
tonces, debe «evaluar» si han «cambiado» o no.
Estamos llegando al fondo, ¿verdad? Esta es la única manera
de confirmar los resultados de nuestra enseñanza.
Durante este paso, usted debe moverse más allá de lo que
usted hace para descubrir lo que hacen ellos. La única manera de
saber es preguntar. Respire profundamente, espere lo mejor, y pida

273
Las siete leyes del aprendizaje

una respuesta honesta. A veces es más cómodo no saber la verdad,


pero en este caso, el Señor quiere que sepa.
Si ha estado cumpliendo su trabajo hasta ahora, está tratando
de descubrir si los alumnos estaban decididos a superar el impedi-
mento normal al cambio —que se llama hábito.
¿Se ha fijado que cuanto más edad tiene, más difícil es hacer
cambios? ¿Sabe por qué? Porque cuanto más tiempo viva, más
tiempo estará viviendo de acuerdo con sus hábitos, respondiendo
de la misma manera a los estímulos.
El cambio requiere quebrar un hábito, y sus alumnos necesitan
mucha fuerza de voluntad y mucho ánimo para romper sus hábitos
bien formados. El cambio significa romper un hábito, reemplazando
una conducta por otra. La persona ha tenido que dejar las acciones
no deseadas para empezar las nuevas acciones deseadas.
Enseñar para cambiar vidas significa que el maestro ayuda al
alumno a cooperar con el Espíritu Santo en romper un hábito exis-
tente para practicar un nuevo hábito positivo. Recuerde que la for-
mación de nuevos hábitos es difícil y requiere más de treinta días.
Llevar a los alumnos al punto de un compromiso genuino no es lo
mismo que hacer un cambio permanente. El compromiso solamente
significa intención, deseo, resolución. El compromiso provee la base
del cambio, pero el hecho de rendir cuentas asegura el cambio.
Recuerde, un cambio de vida permanente dura toda la vida.
¡Que su determinación sea suficientemente firme para enseñar para
cambiar vidas en forma permanente!

Los maximizadores de la ley de la ejecución

Después de leer los cinco pasos del método de la ley la ejecu-


ción, usted podría sentirse inseguro de su capacidad de aplicar algo.
No pierda el ánimo. Aunque estos pasos parecen mucho que apren-
der, pronto serán naturales.

274
La ley de la ejecución

Para capacitarlo en su esfuerzo de ser un maestro de la aplica-


ción, considere estos siete maximizadores.

Maximizador 1: Anhele y pida a Dios que desarrolle en


usted el corazón de quien aplica.
¿Cómo se siente cuando sabe que Dios lo ha llamado a aplicar
la verdad que está enseñando? ¿Se siente poco capaz? Yo me sen-
tía así al principio.
Cuando empecé a comprender esto, luché con sentirme incapaz
e inseguro. Sentí que no podía hacerlo. Obviamente otros deberían
hacerlo. Pensé en otros profesores que tenían este «don» de aplica-
ción, pero yo no lo tenía. Yo tenía el «don» de enseñar contenido.
En los rincones de mi corazón, sospechaba que la transición de
un ministerio de 95% contenido a un ministerio equilibrado no sería
fácil. Muchas veces recurrí a lecciones cargadas con información,
pero vacías en cuanto a aplicación significativa.
En el camino, una práctica significó mucho para mí. Debió ser
la raíz de los cambios en mi enseñanza. Empecé a pedir a Dios que
me diera algo que no tenía —un corazón de quien aplica. Busqué
un cambio en mi corazón tan profundo que me liberara para aplicar
la verdad de la manera que él quería.
¡El Señor es tan bondadoso cuando pedimos algo que está en el
centro de su voluntad! Sobre esto, Él había hecho muy clara su
voluntad: «enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado». ¿Cómo no iba a estar contento cuando pedía un cora-
zón que supiera aplicar?
Permítame animarlo a unirse conmigo en esta oración. Quizás
quiera anotar esta oración en su Biblia y poner la fecha de hoy.
Cada vez que prepare una lección, empiece su tiempo de prepara-
ción con esta oración. Quizás algún día podamos juntarnos y ani-
marnos con las respuestas que hemos visto.

275
Las siete leyes del aprendizaje

Oración para pedir un corazón que sabe aplicar

Señor, es mi deseo profundo siempre enseñar a otros a «guar-


dar todas las cosas que has mandado», y por lo tanto, te pido
que me des el poder del Espíritu Santo para enseñar con el fin
de cambiar vidas. Te invito a obrar de cualquier manera que
sea necesario para formar en mí un corazón que sabe aplicar.
¡Que me dé Su preocupación por el mundo!

Le prometo una cosa: una vez que el Señor empiece su obra


transformadora, nunca volverá a su manera antigua. Un secreto
más: una vez que empiece a cultivar un corazón para aplicar, co-
menzará a reconocerlo en otros. Será obvio, porque «de la abun-
dancia del corazón habla la boca», incluyendo las aplicaciones. Será
una prueba más de que usted se ha unido con las filas de los que
enseñan para la eternidad.

Maximizador 2: Prepare aplicaciones en relación con


las necesidades de sus alumnos.
¿Por qué los alumnos vienen a escucharlo? ¿Qué esperan de la
clase? ¿Acaso no esperan que les enseñe algo que les ayudará?
Ahora piense en sí mismo como alumno en vez de maestro.
¿Por qué usted asiste a clases en la iglesia, en la oficina, o en la
universidad? ¿No será para recibir ayuda? Si usted busca ayuda,
pero el profesor no la ofrece, ¿cómo se siente?
La enseñanza incluye una expectativa no expresada, de
que el alumno tiene un problema y el maestro tiene la solución.
Cuando ese acuerdo no se cumple, hay decepción. Los alumnos se
sienten traicionados por su maestro, y los maestros se sienten frus-
trados con sus alumnos.
Pero no tiene que ser así. ¿Por qué hacer con sus alumnos lo
que usted no quería que sus profesores hicieran con usted? Ahora

276
La ley de la ejecución

usted es el maestro, y está dentro de su poder ayudar. Elija ayudar


a sus alumnos cada vez que enseña.
Las aplicaciones potentes tocan las necesidades más profundas
de los alumnos. Muchos maestros se han desviado tanto de las necesi-
dades de los alumnos que los alumnos frustrados declaran que sus
clases son irrelevantes y una pérdida de tiempo. Si tiene la menor duda
acerca de esto, pregunte a un estudiante universitario cuántos cursos
de esos que son requisitos son una pérdida de tiempo y no le ayudan.
Por supuesto, conocemos la respuesta común: «Los alumnos no
saben lo que necesitan. Espere hasta que crezcan, y cambiarán de
opinión». Bueno, resulta que yo ya soy mayor de edad, y no he cambia-
do de parecer. Usted tiene más edad también. ¿Habría elegido la ma-
yoría de cursos que eran requisitos, si hubiese podido elegir usted? ¿Se
acuerda cuando salió de la sala diciendo que no sabía para qué servía
lo que hablaron? Mirando hacia atrás, ¿tenía razón?
Entonces, cambie su mente ahora. No se deje atrapar por la
idea de que la enseñanza no es para ayudar a los alumnos. Com-
prométase a suplir las necesidades de los alumnos, y –como dice el
Dr. Howard Hendricks— «se levantarán para bendecirle»!

Maximizador 3: Logre planear todas las partes de la


lección para que contribuyan a la aplicación.
Imagine a un arquero que compra el mejor equipo y va a prac-
ticar tirar al blanco. Estira el arco y suelta la flecha, pero en el
momento, se da cuenta de que no ha puesto el blanco. Con una
explosión de energía, toma el blanco, corre adelante de la flecha, y
justo en el momento preciso, ¡coloca el blanco para que la flecha
llegue al centro! Después se felicita por su habilidad como arquero.
Absurdo, ¿verdad? Pero algunos maestros conducen sus cla-
ses así. Enseñan durante una hora, reflexionan, y se declaran exitosos
por haber enseñado otra clase. Mientras tanto, los alumnos se van,
preguntándose qué hacer con lo que escucharon.

277
Las siete leyes del aprendizaje

Su enseñanza tiene un solo blanco: ¡cambiar vidas! Tiene que


saber qué parte de la vida de los alumnos necesita cambiar, y des-
pués buscar las aplicaciones apropiadas para ayudarles con esas
necesidades. Debe estructurar todas las partes del contenido para
llegar a ese blanco de cambios.
Si quiere ser eficaz para hacer aplicaciones, aprenda a usar to-
das las partes del proceso de aprendizaje. Una vez que se establezca
el blanco, todas las partes de la flecha —la punta, el asta, las plumas,
y el corte— son importantes para su función correcta. De la misma
manera, todas partes de la clase —la introducción, el contenido, las
transiciones, las ilustraciones, y la conclusión— son importantes para
hacer que la clase llegue al blanco de cambiar vidas.
Enfoque todo para poner énfasis en la aplicación. Ponga
el esfuerzo donde haga un impacto. No use una escopeta. Al con-
trario, utilice una ametralladora y tire una y otra vez al centro del
blanco. Dispárelo tantas veces que nadie pueda dudar del punto.
Desdichadamente, muchos maestros piensan que una aplica-
ción no es el punto principal, sino algo agregado al final de la clase
—unas palabras finales, un momento de meditación.
¡Cuán lejos está esa idea de la enseñanza de Cristo y sus discí-
pulos! Cristo no consideraba la aplicación una manera de terminar
su enseñanza, sino el punto principal. Su contenido sirvió como base
para la aplicación. Nunca desarrolle su contenido, para después
preguntarse qué aplicación se puede agregar. Nunca presente nin-
guna parte de su lección, hasta saber que apunte al blanco final.
Planifique el final desde el principio, para que pueda ubicar
estratégicamente cada recurso para llegar a la aplicación. Nunca
vaya buscando las flechas. Elija su blanco con oración y con cuida-
do. Prepare sus flechas. Entonces, con todo su fuerza, ¡tírelas!
Llegar al blanco a propósito satisface mucho más que llegar por
accidente —y no pierde tantas flechas.

278
La ley de la ejecución

Maximizador 4: Ilustre la aplicación con la Escritura,


historia, experiencia personal e imaginación.
Las ilustraciones son cuadros pintados con palabras. Las ilus-
traciones visualizan. Las ilustraciones clarifican. Las ilustraciones
motivan. Las ilustraciones destacan el punto principal, dejando que
los alumnos llenen los detalles. Un cuadro bueno, pintado o habla-
do, vale mil palabras de explicación.
Las ilustraciones pueden usarse eficazmente en cuatro distin-
tas partes de la lección:

1. Ilustraciones que introducen: Captan el interés y producen


curiosidad.
2. Ilustraciones que explican: Desarrollan la comprensión de
información y hechos.
3. Ilustraciones que aplican: Demuestran el uso de la aplica-
ción en la vida real.
4. Ilustraciones que concluyen: Profundizan el compromiso y
mueve a la acción.

Aunque sea sorprendente, la misma ilustración puede ser rees-


tructurada y usada eficazmente en las cuatro partes. Las ilustra-
ciones que aplican guían al alumno a ver cómo funciona la aplica-
ción en su vida. Las ilustraciones mueven la aplicación desde el
papel hasta la persona. Las ilustraciones conducen al alumno a
decir: «quiero hacer eso», y «voy a hacer eso».
¿Le molesta cuando lo único que dicen acerca de su lección es
que les gustó su anécdota? ¿O que lo único que pueden recordar de
sus lecciones anteriores son las historias? ¿Siente que no han cap-
tado el punto? ¿Cómo pudieron olvidar el bosquejo de cinco puntos
que formaba un acróstico, y recordar solamente una historia?
Esto sucede no solamente cuando usted enseña; sucede cuan-
do cualquiera enseña. Sucede en todas partes, sin importar el tema,

279
Las siete leyes del aprendizaje

o la edad del público. El poder de las ilustraciones es universal.


¿Para qué luchar en contra? Si el sistema es universal, ¡adivine
quién podría ser responsable!
Por lo tanto, use ilustraciones —¡muchas! Si quiere una tarea
motivadora, tome treinta minutos para ver las enseñanzas de Jesús.
Trate de ver qué porcentaje de sus palabras eran ilustraciones. Las
llamamos parábolas o alegorías, y están en cada página de los evan-
gelios. ¿Podría decirme cuál es el bosquejo del Sermón del Monte
en Mateo? ¿Y la parábola del buen samaritano? ¿No ve cómo la
historia clarifica y es fácil de recordar?
Hace poco le pregunté a mi hijo adolescente, David, qué porcen-
taje de las palabras de Jesús serían ilustraciones. Sin pensar, dijo más
de 80%. Entonces agregó: «¡Por eso Cristo es tan interesante!»
¿Por qué seguimos enseñando de una manera opuesta a lo que
hacía el Maestro de maestros? Él sabía que la gente recordaría sus
verdades en historias, más que en discursos. Quizás por eso los
mejores maestros también son excelentes para contar historias.
¿Dónde puede encontrar buenas ilustraciones? Para mí, hay
cuatro fuentes principales:

1. Ilustraciones de experiencia personal: Use las personas,


los lugares, y los eventos que ha encontrado.
2. Ilustraciones de la historia: Ocupe las personas, los luga-
res, y los eventos seculares o extrabíblicos.
3. Ilustraciones de las Escrituras: Ocupe las personas, los lu-
gares, y los eventos del Antiguo o Nuevo Testamento.
4. Ilustraciones de su imaginación: Ocupe las personas, los
lugares, y los eventos que usted ha creado con su imagina-
ción y su creatividad.

Estas cuatro fuentes de ilustraciones están en orden de uso en


nuestros días. Más de ochenta por ciento de las ilustraciones usa-

280
La ley de la ejecución

das por la mayoría de los maestros son de experiencia personal, y


el otro veinte por ciento son entre la historia y la Escritura. Es el
maestro poco común quien utiliza su imaginación para crear una
ilustración.
Si quiere reflexionar sobre algo, considere el uso que hacía
Cristo de las ilustraciones. Encontrará que su práctica era exacta-
mente lo opuesto de nosotros. La fuente principal de las ilustra-
ciones de Jesús era su imaginación —las parábolas eran histo-
rias ficticias. Los maestros modernos usan más ejemplos persona-
les que nada —creando el peligro de usar sus propias vidas como el
modelo para los demás. Ocupe su imaginación para contar histo-
rias que sus alumnos no olvidarán. Entonces la próxima vez que
uno de sus alumnos solamente recuerde su historia, sonría, porque
usó la historia para envolver la aplicación.

Maximizador 5: Conduzca a sus alumnos más allá de


una aplicación general llévelos a pasos específicos de
obediencia.
El cambio de vida no ocurre en forma general, sino siempre en
cosas específicas. Por lo tanto, los maestros deben guiar a sus
alumnos a aplicar la verdad en maneras específicas e identificables.
El desafío es guiar a los alumnos más allá de los conceptos
abstractos como «el perdón»; a acciones concretas como «perdo-
nar a tal y tal persona por tal ofensa». Si el alumno no hace esta
transición de algo que piensa a algo que hace, el cambio solamente
sucede en su imaginación, y no en su vida. El maestro debe guiar al
alumno a personalizar la aplicación. La lección que presenta en la
clase debe ser la lección que el alumno aplique después de la clase.
Su verdad debe ser encarnada en él.
He encontrado que los alumnos frecuentemente quieren hacer
algo, pero no tienen un plan, una pista para correr. Segundo, los
maestros frecuentemente apagan la obra del Espíritu Santo, ha-

281
Las siete leyes del aprendizaje

ciendo el plan tan específico y tan dogmático que todos los alumnos
empiezan a hacer lo mismo, perdiendo su identidad particular que
Dios les ha dado. En vez de decirles en detalle lo que deben hacer,
condúzcalos a una comprensión del principio relevante de la Escri-
tura. Después, anímelos a buscar lo que el Señor quiere que hagan
a la luz de ese principio. Si enseña la verdad, confíe en el Señor
para comunicarles cómo él quiere que pongan en práctica esa ver-
dad en sus vidas.
Aunque hay una sola interpretación correcta, y unos pocos prin-
cipios, hay un sin fin de aplicaciones. Nuestra responsabilidad es
presentar la interpretación y los principios, y ayudarles a descubrir
sus aplicaciones específicas y personales.
Resista la tentación de ayudarles tanto que salga del terreno de
maestro. Resista la tentación de jugar a ser Dios. No queremos
producir a cristianos «prefabricados».

Maximizador 6: Aplique un estilo apropiado al pedir un


compromiso.
Lo más importante de la enseñanza no es lo que dice el maes-
tro, sino lo que hace el alumno. ¿Decidirá el alumno a aplicar la
verdad a su vida?
Aquí hemos llegado a la médula del asunto. Ahora que sabe
aplicar, que ha descubierto las necesidades de sus alumnos, ha usado
todas las partes de la lección para apuntar a la aplicación, ha guiado
a los alumnos hacia los pasos de obediencia, y lo ha ilustrado de
manera eficaz. Sus alumnos están con usted. Lo puede ver en sus
caras. Ahora es el momento para pedir un compromiso de hacerlo.
Este es el momento de la verdad —para ellos y para usted. En
el mundo de los negocios, este momento se llama «cerrar el nego-
cio», o «pedir la orden». Desgraciadamente, la mayoría de los maes-
tros piensa que este momento es fácil, y por lo tanto cuando captan
un poco de tensión interna, lo evitan. Pero con la gracia de Dios,

282
La ley de la ejecución

usted puede y debe superar este miedo natural, y debe desafiar a


sus alumnos a «escoger hoy a quién servirán».
Muchas veces escucho a maestros y ministros eficaces llevar
a su público a este punto... y terminar con oración. Su público está
preparado y dispuesto, pero nunca se le pide un compromiso. Una
gran obra en el corazón de esos alumnos ha sido abortada. Estaban
encinta con la verdad, pero la verdad nunca nació. Si está compro-
metido a enseñar para cambiar vidas, debe pedir un compromiso.
Al final, el cambio es el resultado de una decisión —¡así que debe
pedir que tomen una decisión!
Moisés pidió una decisión: «El que esté por el Señor, venga a
mí» (Éxodo 32.26, LBLA). Jesús pidió un compromiso siempre:
«Dejad las redes, dejad vuestro oficio, y seguidme». Josué,
Nehemías, Esdras, Josías —todos enseñaron y entonces desafia-
ron. Creían tanto que la verdad tiene que ser obedecida, que a
veces guiaron a sus alumnos a hacer pactos grandes con Dios,
prometiendo dar todo para cumplir su voluntad.
¿Sabe por qué tantos cristianos son tan débiles? Nadie les de-
safía en la profundidad de su alma. Nadie toca la trompeta y dice:
«¡Vengan a unirse con el Señor!»
Permítame decirlo de nuevo. Ámelos suficientemente para
desafiarlos. Algunos huirán hacia las tinieblas. Otros se intimidarán
con la idea de un compromiso tan completo y leal. Pero otros sal-
drán de su pasividad y caminarán maravillosamente y gozosamente
en el camino de un compromiso sin límite. Hay gozo en seguir a
Jesús. Pero recuerde, aun algunos de sus alumnos lo abandonaron
cuando pidió un compromiso. Dijeron que era demasiado duro, aun
cuando el Maestro de maestros los desafió.
¡Pero algunos quedaron con él! Con el Espíritu entre ellos, y
con un compromiso sin vacilar, después de la resurrección de Je-
sús, dieron vuelta al mundo.

283
Las siete leyes del aprendizaje

Una vez que decida pedir un compromiso, la próxima pregunta


es cómo hacerlo apropiadamente. Me gustaría que hubiera una
respuesta fácil y simple para esta pregunta. Pero no hay. A veces
pedimos demasiado, y a veces pedimos muy poco. Como en mu-
chas áreas de la vida, lo «apropiado» es cuestión de equilibrio.
Algunos que predican y enseñan usan demasiada emoción o
demasiada presión cuando piden un compromiso. Quizás algunos
se hayan convertido en adictos a los resultados, y utilicen la mani-
pulación y el engaño. Tales excesos caben en cinco categorías:

1. Demasiado emocional: rogando, llorando, obligando.


2. Demasiado extendido: «Ahora durante la estrofa quince del
himno....»
3. Demasiado expansivo: «Todos lo que hayan pecado alguna
vez deben venir...»
4. Demasiado manipulador: «Si desea éxito económico...»
5. Demasiado comercial: profesional, pulido, empaquetado,
engañoso.

Cuando pide un compromiso, asegúrese de que sus palabras


pasen por un filtro de amor. Recuerde, es para el bien de los alum-
nos, y no para su propia gloria. Esas ovejas han sido puestas por
Dios bajo su liderazgo. Sea amable si responden fácilmente, pero
sea duro si lo necesitan. Filtre sus desafíos para asegurar que sean
específicos, razonables, que exijan fe, y que sean bíblicos.
Su llamado debe ser claro y conciso, y debe exigir una respues-
ta. Debe ser ubicado sólidamente sobre una presentación clara de
la verdad, y sólidamente vinculado con un pasaje específico de la
Biblia. Si ha sacado su aplicación directamente de la Biblia, sus
alumnos reconocerán que su llamado a un compromiso es un lla-
mado de Dios, y que su respuesta es para Él, y no para usted.
«Yo y mi casa pediremos un compromiso». ¿Y usted?

284
La ley de la ejecución

Maximizador 7: Refuerce las aplicaciones al pedir a sus


alumnos que se rindan cuentas mutuamente.
El hecho de rendir cuentas significa que pueden «ser responsa-
bles ante otros» por algo. En este último maximizador, se presentan
cinco maneras de asegurar que cuando sus alumnos rindan cuentas
por sus acciones, ¡estarán compartiendo las buenas noticias! Vo-
luntariamente rendir cuentas refuerza nuestra determinación de
hacer algo. Cuanto más difícil es el compromiso, más importante es
rendir cuentas, y de más ayuda hacerlo. Cuanto más extenso el
compromiso, es de más ayuda rendir cuentas. Es por eso que algu-
nos pagan dinero para poder rendir cuentas a alguien —como algu-
nos grupos dedicados a bajar de peso. Es por eso que otros dedican
algunas noches de sus fines de semana para que les exijan rendir
cuentas —como en Alcohólicos Anónimos.
Hay cinco relaciones clave disponibles a usted como maestro,
con la posibilidad de rendir cuentas:
1. El alumno puede rendir cuentas a sí mismo. Esta es la
forma más madura de rendición de cuentas, porque depende sola-
mente de la disciplina y determinación interior de la persona. Cuan-
do el alumno se comporta responsablemente, es un individuo madu-
ro, y opera con la motivación interna. Las otras relaciones de ren-
dición de cuentas son externas, y el alumno es influenciado por
otros individuos fuera de sí mismo.
Los maestros que han sacado lo mejor de nosotros frecuentemen-
te han motivado la determinación interna. Nos han ayudado a desear
tan profundamente ser evaluados, que nosotros mismos nos hacemos
responsables por cumplir la tarea. Como maestro, usted debe hacer
preguntas como: «¿Cuán comprometido está?», o «¿Qué se requiere
para que usted logre su meta, sin importar las consecuencias?»
2. El alumno puede rendir cuentas a sus compañeros. Depen-
diendo de la edad y las circunstancias, rendir cuentas a los compañe-
ros puede ser lo más eficaz y lo más simple. El maestro puede formar

285
Las siete leyes del aprendizaje

equipos para hacer una tarea, o para hacer una competencia para
logros mayores, o puede pedir que cada uno cuente a otro miembro
del grupo lo que piensa hacer. También puede hacer que los alumnos
más capaces sean responsables por enseñar a los más lentos.
3. El alumno puede rendir cuentas a otra persona significante.
Las escuelas frecuentemente utilizan este tipo de rendición de cuentas,
cuando envían tareas corregidas a la casa para que los padres las
firmen. Con ciertos problemas de disciplina, los profesores llaman a los
padres. ¡Eso sí aumenta el sentido de rendir cuentas!
A veces pregunto a un alumno qué otra persona se preocupa
más a que él logre sus metas.
¿Quién es la persona que más lo anima a que siga en esta
carrera? A veces he animado a los alumnos a llamar a sus abuelos
favoritos para contarles de su compromiso. Algunos comerciantes
que viajan mucho llaman a su mejor amigo para rendir cuentas
acerca de lo que están viendo en la televisión de la habitación del
hotel, para ayudarles a no ver películas pornográficas.
Cada vez que llamo a mi amigo Dennis Rainey, de Ministerio
a la Familia (Family Life Ministry), nos preguntamos acerca de
nuestras relaciones con nuestras esposas. ¡El simple hecho de sa-
ber que alguien va a hacer las preguntas difíciles refuerza nuestra
determinación de poder dar las respuestas correctas!
El ministerio de Caminata Bíblica ha sido bendecido con un
directorio increíble. Juntamente a ellos, somos los mayordomos de
la visión que el Señor nos ha encomendado. Cada vez que nos
reunimos, me piden cuentas de asuntos públicos y personales. Más
de una vez, esta costumbre de rendir cuentas ha servido para pro-
teger a mi familia y a mí.
4. El alumno puede rendir cuentas al profesor. Esta es la
fuente más obvia de motivación externa en el proceso de aprendi-
zaje. Cuando enseñaba en la universidad, a veces concluía la pri-
mera sesión diciendo a los alumnos que yo estaba comprometido

286
La ley de la ejecución

con ellos, y les pedía que escribieran en una hoja cuál era su com-
promiso conmigo.
A veces usted tiene que ir a un alumno con problemas para
hacerlo volver a su compromiso y seguir en el camino correcto.
Puede demorar horas antes de que un alumno decida cumplir su
compromiso. Posiblemente tendrá que ir a conversar con una per-
sona en medio de un problema para ayudarle. Lo que sea la nece-
sidad de su alumno, tiene que estar disponible para ayudarle, y tiene
que pedirle cuentas para que haga lo correcto.
5. El alumno puede rendir cuentas a Dios. Cuando sea apro-
piado, considere guiar a sus alumnos a comprometerse con el Se-
ñor. A veces puede pedirles que haga una oración en voz alta, y
usted les ayuda con las palabras. Otras veces pueden orar en silen-
cio, usando sus propias palabras. Posiblemente escriban su com-
promiso en un papel, y lo lleven consigo para orar diariamente.
La prueba final si hemos tenido éxito está en la vida de los
alumnos cuando ya no estemos presentes. ¿Hemos desarrollado en
ellos suficiente interés y motivación para aplicar la verdad, que ha
llegado a ser una parte permanente de su vida?
Recuerde, los que enseñamos tendremos que rendir cuentas al
Señor, más que otros. Por lo tanto, en preparación para ese día,
repartamos un poco de la costumbre de rendir cuentas ahora, aquí.
Entre nuestros alumnos y entre nosotros.

Conclusión

Este asunto de la aplicación siempre me llena de asombro y


admiración. ¿No es maravilloso, mi amigo, que el Señor
soberanamente nos ha permitido compartir con él algo maravilloso,
la experiencia de cambiar vidas? Dios no solamente utilizó a seres
humanos para escribir la Biblia, sino también para enseñar la Bi-

287
Las siete leyes del aprendizaje

blia. Espero que nunca perdamos de vista lo maravilloso que es


tener el privilegio de enseñar para el Maestro.
Las aplicaciones bíblicas eficaces tienen mucho poder para
cambiar vidas. Un versículo muy conocido es: «Sin profecía el pue-
blo se desenfrena» (Proverbios 29.18). La palabra hebrea traduci-
da profecía tiene el significado de «revelación divina». Por ejem-
plo, Isaías empieza con las palabras «visión de Isaías», y se refiere
a la revelación sobrenatural que recibió Isaías. ¿Cuál sería nuestra
«profecía» hoy? —La Biblia. Así que Proverbios 29.18 podría ser
traducido, «Sin la Biblia....»
Segundo, examinemos la palabra hebrea traducida «se desen-
frena». Un ejemplo de su significado se ve en el relato de Moisés,
cuando descendió del monte Sinaí con los Diez Mandamientos, y
vio el pecado descarado del pueblo. Algunas traducciones descri-
ben su condición, diciendo que andaban locos, o estaban desnudos,
o estaban participando en inmoralidad y adulterio. Todas estas des-
cripciones demuestran el significado de «desenfrenarse». La pala-
bra significa correr sin freno hacia la inmoralidad. Por lo tanto, el
versículo debe decir: «la gente corre desenfrenadamente hacia la
inmoralidad».
Al juntar estas dos frases, verá por qué usted y yo debemos
aplicar la verdad cada vez que enseñamos: «Sin la Biblia (correcta-
mente enseñada), la gente corre desenfrenadamente hacia la in-
moralidad». Obviamente, entonces, una de las razones por la que
los cristianos están viviendo como el mundo no creyente, es que no
estamos enseñando la Biblia correctamente.
Vi la profunda verdad de Proverbios 28.19 hace poco cuando
prediqué en una iglesia grande. Después del servicio, un hombre se
acercó y dijo:
—Tengo que hablar con usted. Usted no es de aquí, así que se
lo puedo decir. Tengo muy malas noticias. Estoy en medio de un
divorcio.

288
La ley de la ejecución

Le dije que estaba de acuerdo que eran malas noticias. Y agregó:


—Pero tengo noticias aun más malas: soy diácono de esta iglesia.
Le dije que según Dios, no podía hacer las dos cosas. Si estaba
divorciándose, tendría que renunciar como diácono, o tendría que
arreglar su matrimonio para seguir como diácono. Le urgí a obede-
cer la voluntad de Dios y restaurar su matrimonio.
Continuó:
—Hay noticias aun más malas. No soy el único diácono en
esta iglesia que está divorciándose. Durante los últimos tres años,
nueve diáconos se han divorciado.
—¿Nueve diáconos?
Después de recuperarme del golpe, dije:
—¿Le puedo hacer dos preguntas? [Si está entendiendo esta
ley, podrá adivinar las dos preguntas —y probablemente las res-
puestas también.] ¿Cuándo fue la última vez que su pastor predicó
acerca del matrimonio y la fidelidad matrimonial?
—Nunca —contestó. Le dije que ya lo sabía.
—Segundo, ¿qué sucede en la vida personal de su pastor y en
su matrimonio?
Nunca olvidaré su cara cuando le hice esa pregunta. Se echó
para atrás y murmuró:
—¿Quién se lo dijo?
Dije:
—Usted me dijo.
—¡No, no se lo dije! ¡Prometí que no lo diría a nadie! ¿Quién
le dijo?
Continué:
—Usted acaba de decirme. Me dijo que hay nueve diáconos que
se han divorciado. Si la gente está viviendo una vida desenfrenada en
esta iglesia, es porque no se predica la verdad. Y la única razón que
la verdad no se predica, con tanto pecado evidente, es que el mismo
pecado existe en la vida del pastor o de sus familiares cercanos.

289
Las siete leyes del aprendizaje

El pastor no podía decir la verdad porque no estaba viviendo la


verdad. Creo que ese pastor tendrá que rendir cuentas, no sola-
mente por su propio pecado, sino también por reprimir la verdad de
las vidas y familias que están sufriendo y siendo quebrantadas.
¿Puede imaginar la devastación que seguirá por generaciones en
esa iglesia? Todo esto sucede porque este pastor no aplicó la ver-
dad a las necesidades de su congregación.
Como enseña Proverbios 29.18, la gente se desenfrena cuando la
Palabra de Dios no se enseña y no se aplica. Por lo tanto, aplique la
verdad cada vez que enseña. Comprométase con el Señor que, desde
ahora en adelante, en cada lugar y en cada momento, usted va a
enseñar para cambiar vidas —por la gracia de Dios y para Su gloria.

Preguntas para reflexión

1. ¿Cómo es posible que una persona enseñe sin «alimentar las


ovejas»? ¿Qué falta cuando las ovejas no se han alimentado?
¿Cree que el maestro o el predicador se da cuenta de esto?
Cuando usted enseña, ¿cree que se alimentan sus alumnos?
2. ¿Qué porcentaje del tiempo siente usted que el Espíritu Santo
está actuando con poder cuando enseña? ¿Cree que el Espíritu
desea actuar cada vez que enseña, o solamente algunas ve-
ces? ¿Cuál es la razón principal que nos falta esta experiencia
de Su presencia en las clases hoy?
3. La mayoría de los maestros nunca han considerado el hecho
de que deben ser maestros persuasivos. ¿Por qué? ¿Cree que
Jesús, Pablo, Pedro, y Santiago eran persuasivos? Si deseara
seguir su ejemplo, ¿qué cambiaría en su enseñanza?
4. Mencione todas las diferencias que pueda entre el corazón de
quien aplica y el corazón de quien pone énfasis en el contenido.
¿Quién tiene el mejor corazón para aplicar que usted conozca?
En una escala de uno a diez, ¿cómo calificaría usted su cora-

290
La ley de la ejecución

zón para hacer aplicación? ¿Qué puede hacer para que su ca-
lificación sea mejor?
5. Repase rápidamente las palabras de Jesús en Lucas y Juan, y
seleccione tres historias que contó para enseñar un tema. Des-
pués de estudiarlas, escriba tres pasos que usted puede usar
para escribir su propia «historia con un propósito». Escriba una
para su próxima clase.

291
QUINTA LEY

LA LEY DE LA

Necesidad

293
9
LA LEY DE LA NECESIDAD;
MENTALIDAD, MODELO Y
MÁXIMAS

Hace muchos años vivía con mi esposa y nuestros dos hijos


pequeños en una granja en el sur de Georgia. La propiedad tenía un
lago pequeño con un muelle viejo y frágil.
Nunca olvidaré del día que decidimos llevar a David y Jenny a
pescar por primera vez. Compramos cuatro cañas de pescar, de las
más baratas. También compramos unos flotadores y unos anzuelos.
Cuando llegué a la casa, le dije a David que buscara unos gusa-
nos debajo de las piedras. Se fue corriendo y se divirtió con la tarea.
Jennifer, que tenía cinco años, no podía soportar la idea de un gusano.
En unos minutos, fuimos al muelle y empecé a preparar las
cañas, con flotadores y anzuelos.
—Pongamos un gusano —dije.
—¡Bien, papá! —dijo David. Inmediatamente empezó a pin-
char a un pobre gusano.
Jennifer estaba traumatizada. Se angustió y casi empieza a llorar.
—¡Papá! —gritó—. ¿Qué está haciendo David?
—Bueno, Jenny, está poniendo un gusano en el anzuelo.
—¡Papá! —dijo inocentemente—. ¿Por qué? ¿Qué maldad ha
hecho ese gusano?
—Nada, Jenny. Pero es necesario poner un gusano en el anzuelo.

295
Las siete leyes del aprendizaje

—Papá, ¿Dios no ama a los gusanos?


¡Mis estudios en el seminario no me habían preparado para esa
pregunta!
—Bueno, Jenny, sí.
—¡Yo no voy a hacer eso a un gusano!
—Jenny, tienes que poner un gusano en el anzuelo para pescar
un pez.
—¡Papá, yo no voy a hacer eso!
Ella fue al final del muelle, llevando su caña de pescar nueva, y
tiró el flotador y el anzuelo en el agua, sin gusano.
David fue al otro lado del muelle, y tiró su cuerda en el agua.
Tome en cuenta que nadie había pescado en este lago por mucho
tiempo, y estaba lleno de peces. En segundos, David tuvo su primer
pescado. Estalló de entusiasmo. El pescado estaba luchando, dan-
do vuelta por todos lados, y David estaba saltando de alegría. Sacó
el pescado del lago, lo sacó del anzuelo, y lo puso en el muelle.
Naturalmente, Jennifer corrió a ver el primer pescado. No quería
tocarlo, pero estaba muy emocionada.
Mientras tanto, David puso otro gusano.
—Jennifer, ¿quieres un gusano? —preguntó.
—No, no lo voy a hacer.
David se encogió de hombros y tiró su cuerda de nuevo. Casi
inmediatamente pescó otro pescado. Jennifer miró su propia caña, y
después miró la caña de David. Poco a poco fue moviéndose hacia el
lugar donde estaba su hermano. Supongo que pensó que los peces no
tenían hambre donde había estado. Él puso otro gusano, tiró la cuer-
da, y pescó un tercer pez. Y mi pequeña hija empezó a llorar.
—Cariño, ¿qué sucede?
—Papá, ¡David tiene una caña con suerte!
—Jenny, ¿estás segura de que esa es la razón?
—¡Sí!

296
La ley de la necesidad

Así, le sugerí que David probara con la caña de ella. Él puso un


gusano en la caña de mala suerte de Jenny, tiró la cuerda, y en
segundos tenía otro pescado. Después de unos momentos de silen-
cio, Jennifer dijo:
—¡Nunca más voy a pescar!
—Jenny —dije—, ¿tú sabes cuál es el problema?
—No.
—Adivina lo que le gusta comer a los peces.
Podría ver que su cerebro estaba trabajando. Finalmente dijo
en voz baja:
—Es decir, ¿a los peces les gusta comer gusanos?
—Sí. ¿Por qué no pones uno en tu anzuelo?
—Pero, papá, ¡mira qué lindo el anzuelo!
Según ella, el anzuelo nuevo brillante debía ser suficiente para
atraer y pescar peces.
He pensado mucho en ese día inolvidable, no solamente porque
enseñé a Jennifer a pescar, sino porque me ha dejado una lección
básica acerca de cómo pescar a los hombres. Entramos confiada-
mente al salón de clases con nuestra Biblia grande y negra, nos
paramos detrás del atril, y avisamos: «Abran sus Biblias en Ezequiel
38». Y pensamos que están ansiosos de estudiar Ezequiel 38. Ima-
ginamos que vienen corriendo a la clase pensando, ¡Espero que
hablemos hoy día de Ezequiel 38! Tratamos de pescar a los alum-
nos con un anzuelo sin nada. Con razón que nadie está interesado.
¡Con razón nos preguntamos a veces si vale la pena «pescar»!
Jenny pensaba que el anzuelo era atractivo, y por eso pensaba
que atraería a los peces. Pero estaba equivocada. Esperaba que el
público en el lago fuera a ver la vida desde su punto de vista.
Pero tengo algo que decirle: los peces no son atraídos a los
anzuelos sin carnada. Tampoco los alumnos están interesados sim-
plemente en el contenido seco. Si quiere tener a alumnos interesa-
dos y motivados, tiene que dejar de tirar anzuelos sin carnada en el

297
Las siete leyes del aprendizaje

agua. Frecuentemente estamos tan enamorados de la belleza de


nuestro contenido que olvidamos que nuestros alumnos lo evitarán,
si no les atraemos con habilidad.
«La parábola del anzuelo sin carnada» ilustra una de las raíces
de la enseñanza poco efectiva: una clase estructurada y conducida
para suplir las necesidades del maestro y no de los alumnos. No se
puede obligar a un pez a morder el anzuelo; tampoco se puede
obligar a los alumnos a aprender.
Vayamos un paso más; ¿quién debería poner la carnada en el
anzuelo? ¿El pez o el pescador? Por supuesto, ¡el pescador! Pero
esperamos que nuestros peces sean atraídos por los anzuelos va-
cíos o que pongan su propia carnada en los anzuelos.
Esa es la esencia de la ley de la necesidad. El maestro es
responsable por ayudar a sus alumnos a buscar su contenido. Lo
llamamos motivación. Si tiene alumnos que no tienen motivación,
quizás la razón es que no tiene un gusano en el anzuelo.
Para el fin del capítulo, entenderá cómo Cristo ponía carnada
en el anzuelo para sus alumnos. Descubrirá cómo poner una carna-
da en el anzuelo para cualquier materia que enseñe, para que sus
alumnos sean tan motivados que ¡saltarán solos a su bote!

La mentalidad de la ley de la necesidad

Hay una reacción física y emocional muy particular que sola-


mente experimentan los maestros. Cada maestro lo ha sentido por
lo menos una vez; otros muchas veces.
Empieza con una sensación vacía en el fondo del estómago, se-
guido por una debilidad en las piernas, un sonrojo en la cara, después
la voz se baja, le cuesta encontrar palabras, y empieza a murmurar.
Siente pánico y el maestro solamente quiere salir corriendo y esca-
par de los muros que parecen estar cerrándose sobre él.

298
La ley de la necesidad

¿Qué es? Es la depresión del «¿para qué hago esto?», que co-
mienza cuando un alumno bosteza, y después otro. Crece implaca-
blemente cuando un alumno saca una revista para esconder entre
sus libros y leer, y otro más empieza a escribir una carta de amor,
cuando el maestro pensaba que estaba escribiendo apuntes con en-
tusiasmo. Le sobrecoge cuando un alumno está mirando por la ven-
tana, soñando con una mirada de aburrido, y otro más está imaginan-
do un partido de fútbol, jugando con una moneda en su escritorio.
Ha perdido el contacto. Ya no le escuchan. Usted simplemente
está haciendo ejercicios con su mandíbula.
¿Qué puede hacer? ¿Pretender que no está pasando? ¿Echar
la culpa al tiempo, a la baja inteligencia de sus alumnos, o a la hora?
¿Decidir renunciar y cambiar de trabajo? ¿O va a tomar el control
de la situación y hacer algo al respecto?
Ahora, cambie la película un poco, e imagine que sus alumnos
están rogando que les hable, que están ansiosos de empezar la
clase, que están tristes cuando termina la clase, y que están ponien-
do en práctica en sus vidas el contenido de su clase.
«¡Está soñando!», me dice usted. «¡No conoce a mis alumnos!»
Posiblemente esté pensando así ahora, pero al final del estudio
de la ley de la necesidad, descubrirá unas ideas que revolucionarán
su enseñanza. Pero primero, consideremos este concepto del «an-
zuelo vacío».
La mentalidad común acerca de la motivación de los alumnos
es que la motivación es problema del alumno. Si están aburridos y
apáticos, es culpa de ellos. Si no quieren prestar atención, cierta-
mente no es culpa del maestro.
La ley de la necesidad presenta la perspectiva opuesta: el maes-
tro puede y debe formar la necesidad para lo que enseña. En otras
palabras, si va a pescar, ¡ponga una carnada en el anzuelo! Para
ver cómo funciona esto en la vida real, miremos al Maestro de
maestros, Jesucristo.

299
Las siete leyes del aprendizaje

Cuando estudia la vida de Cristo, no puede escaparse del he-


cho de que Jesús se dirigía a las necesidades de sus oyentes. Bus-
caba suplir esas necesidades a través de dos enfoques distintos.
Primero, cuando las necesidades de las personas eran obvias, Je-
sús las satisfacía inmediatamente allí mismo. De todos los maes-
tros que han enseñado en este mundo, Jesús era el mejor para
suplir las necesidades.
Segundo, cuando la gente no entendía sus necesidades, Jesús
trataba de clarificar cuáles eran, y después las satisfacía. En los
dos casos, Jesús enseñaba para responder a las necesidades de los
alumnos, y no a pesar de ellas. El punto de partida en la enseñanza
de Jesús eran las necesidades de sus alumnos, y no su contenido.
Como maestros, todos enfrentamos las dos situaciones todos los
días. A veces, las necesidades de los alumnos son aparentes, y pode-
mos tratar de satisfacerlas tan pronto como sea posible. Si es la
necesidad en la vida de un individuo, tratamos de ayudarle a través
de conversación privada o correspondencia. Cuando todos los alum-
nos reflejan una necesidad en común, podemos suplir esa necesidad
por medio de comentarios durante la presentación, aplicaciones es-
pecialmente apropiadas, o discusión acerca de esos temas.
En general, sin embargo, la mayoría de los maestros se en-
cuentran en la situación opuesta: tienen que enseñar una materia o
una lección que no está relacionada con los intereses o necesida-
des de los alumnos. No están enseñando para responder a las ne-
cesidades de los alumnos, sino para responder a un programa de-
signado. Si es así, usted está tirando un anzuelo sin carnada en el
lago, y no puede esperar buena respuesta de los alumnos. Los pro-
blemas de indiferencia, falta de atención, y falta de motivación de-
ben ser anticipados en las situaciones del salón de clases.
La mayoría de maestros están preocupados y asombrados cuan-
do descubren que sus alumnos no tienen interés ni motivación para
estudiar su materia. ¿Pero por qué nos sorprende? Creo que estos

300
La ley de la necesidad

sentimientos no corresponden, y solamente causan presión y tensión


para el maestro y para los alumnos. La gran mayoría de las clases
están desconectadas de las necesidades de los alumnos, y por lo
tanto siempre producen frustración, apatía y falta de motivación.
Si está preocupado por estos comentarios, deténgase un mo-
mento para recordar su experiencia como alumno. ¿No se encon-
tró frecuentemente sin interés, deseando que no tuviera que sopor-
tar un cierto curso o clase? ¿No dijo alguna vez: «Si no tuviera que
tomar este curso, podría...», y nombraba muchas cosas que pare-
cían mejor uso de su tiempo?
Cuando estaba desarrollando estos conceptos, pasé mucho tiem-
po entrevistando a alumnos acerca de sus experiencias educacio-
nales. La mayoría de los alumnos veían que muchos cursos, no
solamente no suplían sus necesidades, sino que interferían con sus
necesidades. Frecuentemente escuchaba palabras como «ese cur-
so era una pérdida de tiempo», o «totalmente irrelevante», o «no
me ayudará en nada». Recuerdo que pregunté a un grupo de vein-
ticinco estudiantes universitarios qué porcentaje de sus clases deja-
rían si pudieran. La respuesta: ¡más de la mitad!
Esta es la médula del problema educacional en las salas. En
vez de enseñar como respuesta a las necesidades de los alumnos,
frecuentemente enseñamos a pesar de sus necesidades.
¿Qué debemos hacer?
La respuesta está en el ejemplo de nuestro Maestro de maes-
tros. Enfrentaba este mismo problema, y su infinita sabiduría pro-
veyó una solución fresca. Y lo maravilloso es que su método puede
ser reproducido por cualquier maestro que quiere servir a los alum-
nos, satisfaciendo sus necesidades.
El método de cinco pasos de Jesús es transferible a cualquier
maestro; funciona en la vida de maestros en todo el mundo que
están comprometidos a enseñar como Cristo. Cuando lo hacen, los
alumnos están aun más entusiasmados que los maestros. Las cla-

301
Las siete leyes del aprendizaje

ses se convierten en increíblemente importantes y relevantes. Lle-


ga a ser vital para sus necesidades.
¿Cómo? El maestro aplica los cinco pasos que Jesús usaba
para despertar la necesidad en el corazón de los alumnos. Los alum-
nos responden como los discípulos de Jesús, y la motivación y el
entusiasmo crecen. Los alumnos están tan motivados que sacan la
enseñanza del maestro.
Si esta visión de una clase le atrae, entonces quédese con no-
sotros mientras le equipamos para aumentar la motivación de los
alumnos por medio de la ley de la necesidad. Al comenzar, vea si
puede discernir las cinco etapas de la mujer samaritana en Juan
4.5-30.

Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la


heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de
Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así jun-
to al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria
a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. (vv. 5-7)

Esa era una clase del Maestro de maestros —una mujer que
llegó al pozo para buscar agua. Tuvo que ir. Hacía calor, ella tenía
sed, y necesitaba agua. Estaba totalmente indiferente al hombre
que estaba descansando allí.
Es parecida a nuestra situación. Nuestros alumnos vienen por-
que tienen que venir. ¡Y la mayoría ni siquiera está consciente de
que tienen sed! Pero Jesús aprovecha la situación. Sabía que para
enseñar, uno tiene que hacer que el alumno aprenda. Fíjese que
Jesús asumió la responsabilidad de causar el deseo de aprender, el
interés en entender la lección.

302
La ley de la necesidad

El modelo de la ley de la necesidad

Paso 1: Captar la atención


La primera cosa que hace Cristo es «captar la atención». La
mujer vino al pozo, absorbida en sus propios pensamientos, buscan-
do lograr su propio propósito. Entonces de improviso este hombre
desconocido dice: «Dame de beber».
Aunque es difícil para nosotros entender por qué, su comenta-
rio realmente le sorprendió. No lo esperaba. Después de todo, en
esa cultura, un rabino judío nunca hablaría con una mujer samaritana
en público. No es sorprendente solamente porque le pidió agua,
sino porque le habló. Las palabras de Jesús captaron la atención
inmediatamente. El maestro sabía que sus acciones provocarían
interés inmediato, y ese era su propósito.
Cuando usted enseña, siga Sus pasos, captando inmediatamen-
te la atención de sus alumnos. Ocupe una frase provocativa, un

303
Las siete leyes del aprendizaje

minidrama, un chiste, una pregunta que les hace pensar, o incluso


un momento de silencio puede captar la atención de sus alumnos.
Recuerde, sus alumnos entran al salón con su atención dividida
entre muchas cosas. Es su trabajo reposeerla. Probablemente la
tuvo en su última clase, pero desde entonces, ha estado en cual-
quier cosa. Al empezar la clase, tome el control de la atención de
sus alumnos. ¡Agárrela! ¡Quítesela de lo que la tiene cautiva en el
momento que comienza la clase! Si no tiene su atención, nunca
llegará a ellos con su contenido. Tener la atención de los alumnos
es el primer requisito universal del aprendizaje.
La atención es maravillosa. Es inmediatamente atraída al estí-
mulo presente más vívido. Por lo tanto, para captar la atención de
su alumno, solamente tiene que superar el estímulo que capta
su atención ahora.
Ya que la mayoría de los alumnos entra a la sala con un bajo
nivel de estímulos, normalmente es fácil superar ese estímulo. Si es
difícil captar su atención, es porque el estímulo actual es más fuerte
que el suyo. ¡Así que debe hacer el suyo más fuerte!
Usted «capta la atención» de sus alumnos y la logra «cauti-
var» cuando ellos se desconectan de la fuente actual de su aten-
ción e interés. ¿Qué es esto? Si usted puede hacer que enfoquen
sus ojos y sus oídos, también sus mentes cambiarán de enfoque.
Por unos segundos breves, los tiene. Pero es imposible mantener
su atención mucho tiempo, si no se mueve al segundo de los cinco
pasos de fomentar la necesidad.

Paso 2: Crear la curiosidad


El período de prestar la atención vuela rápidamente. Tenemos
que movernos hacia el estímulo más llamativo que engancha más
que la atención temporal del alumno. Este segundo paso llega a
«crear la curiosidad» de tal manera que disminuye la dependen-
cia de los estímulos externos de vista, sonido, olfato, tacto, o gusto.

304
La ley de la necesidad

Jesús crea curiosidad en la mujer de una manera muy instructiva,


hasta que ella pide a su maestro: «Cuénteme más».

La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides


a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y
samaritanos no se tratan entre sí. (v. 9)

Fíjese cómo Jesús contesta. ¿Él dice algo que esperaríamos,


como: «Bueno, tengo sed y no tengo nada para sacar el agua?» No,
ni siquiera contesta la pregunta. Simplemente continúa formando
un sentido de necesidad.

Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y


quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te
daría agua viva. (v. 10)

Trate de ponerse en el lugar de la mujer por un momento. La


respuesta de Jesús tiene que haber despertado su curiosidad. «¿De
qué don está hablando? ¿Dónde está? ¿Cómo lo puedo conseguir?
¿Cuánto vale? ¿Quién es este hombre? ¿Por qué es tan importan-
te? ¿Qué es «agua viva»?»
Mire cómo Jesús enseñaba a su alumno. Mire cómo puso la
carnada en el anzuelo de su curiosidad. Incluso, puso carnada no
solamente en un anzuelo, ni en dos, ¡sino en tres! ¿Los ve?

Carnada 1: El don de Dios «Si conocieras el don de Dios»


Carnada 2: Su identidad «y quién es el que te dice»
Carnada 3: Agua viva «él te daría agua viva».

¿Sabía Jesús que ella no conocía la respuesta para estas pre-


guntas? ¿Estaba tratando de enganchar su mente a propósito? ¿Es-
taría Jesús planificando el proceso de aprendizaje? Si es así, enton-

305
Las siete leyes del aprendizaje

ces ¿qué implicaciones tiene Su método para el desarrollo de su


propio método? La última vez que enseñó, ¿cómo creó curiosidad
entre los alumnos? ¿O simplemente empezó la lección?
Empezar la lección sin nada para captar la atención es como
tirar un anzuelo en el agua sin carnada. Jesús sabía eso, y decidió
tirar tres anzuelos con distintas carnadas. ¿Era complicado esto?
No. Era una sola oración. ¿Tomó mucho tiempo? No. Eran unos
pocos segundos. ¿Por qué tres anzuelos? Como los distintos peces
son atraídos por distintas carnadas, los mejores maestros frecuente-
mente ponen carnada en más de un anzuelo. ¿Cuántos de estos an-
zuelos mordió la mujer? Ella mordió los tres, pero en el orden inverso.

Carnada 3: Agua viva


La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es
hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?» (v. 11)

Carnada 2: Su identidad
«¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob....?»
En el griego original, esta pregunta espera una respuesta negativa
de parte de Jesús. Ella no podía imaginar a nadie mayor que Jacob.

Carnada 1: El don de Dios


Ella menciona el don de Jacob —«...que nos dio este pozo, del
cual bebieron él, sus hijos, y sus ganados?» Indirectamente, ella
estaba preguntando: «¿Cuál es este don que usted va a dar? ¿Aca-
so será mejor que el don de este pozo que nos dio Jacob?»

Este es un ejemplo increíble de cómo Cristo enseña a una de


sus alumnas. Él poseía un conocimiento sin límite, sabiduría infinita,
y amor perfecto para su alumna, pero usa un acercamiento cuida-
doso y planificado. Crea curiosidad en ella para que busque y de-
see más información.

306
La ley de la necesidad

Ahora toma la curiosidad de la mujer y la lleva hacia asuntos más


profundos con los cuales ella se puede identificar inmediatamente.

Paso 3: Considerar la necesidad sentida


La mujer todavía no está sintonizada con la lección verdadera
que Jesús piensa enseñarle. Sabiendo eso, él sigue alimentando su
sentido de necesidad. Es la responsabilidad del maestro enfocar la
atención del alumno en el contenido de la clase. ¿Cómo lo hizo
Jesús? Decidió «considerar la necesidad sentida» de la mujer, y
la llevó a «considerar» los asuntos con más seriedad hasta que
ella sintiera, «¡Yo quiero esto!»

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua,


volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré,
no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él
una fuente de agua que salte para vida eterna (vv. 13,14).

Los dos primeros pasos son simplemente preparación para este


tercer paso. El maestro debe vincular la curiosidad del alumno con
los asuntos que toquen sus necesidades sentidas lo más rápido y
fácilmente posible. Jesús sabía que el agua y la sed eran lo más
importante en la mente de su alumna, así que empezó allí. El mejor
punto de partida para toda enseñanza es la necesidad sentida
de los alumnos. Lo que ellos sienten y piensan es el mejor trampo-
lín para comenzar nuestras lecciones.
Jesús sabía que ella daría cualquier cosa para evitar salir en el
calor para buscar agua todos los días. Su carnada, «no tendrá sed
jamás», y «será en él una fuente de agua», hacían que ella sintiera:
«¡Quiero esto!»
Cuanto más cerca esté a las necesidades sentidas de los alum-
nos, más fácil será estimular su interés. Los mejores maestros,
entonces, siempre están investigando a sus alumnos para entender

307
Las siete leyes del aprendizaje

qué les sucede en ese momento. Ellos observan el lenguaje corpo-


ral y sintonizan sus oídos a las conversaciones antes y después de
la clase. Los maestros eficaces se han entretejido con la tela de la
vida de sus alumnos, y ellos sienten instintivamente qué les sucede.
Su introducción debe hábilmente hacer un vínculo entre la lec-
ción y sus intereses existentes. No es necesario aumentar su in-
terés, sino involucrar su interés. Para ver otro ejemplo de este
vínculo importante, observe cómo Cristo siguió este mismo proce-
dimiento con Nicodemo en el capítulo anterior de Juan.
¡Qué alivio darse cuenta de que no tiene que fabricar interés
—sino solamente descubrirlo y cooperar con él. Recuerde, los es-
tudiantes siempre entran al salón de clases interesados en algo.
El próximo paso es el desafío más grande. ¿Cómo puede guiar
a sus alumnos hacia el tema que ha preparado?

Paso 4: Comprender la necesidad verdadera


Es obvio que Jesús quiere compartir con la mujer el don de la
salvación de sus pecados —pero ella está lejos de sentir su pecado
y su necesidad de ese don. Ella no fue al pozo reflexionando sobre
su situación desesperada y su necesidad de un Salvador.
Su maestro estaba consciente de esto, y por lo tanto continuó el
proceso de despertar la necesidad. Jesús está tan decidido a des-
pertar la necesidad que otra vez no contesta sus preguntas acerca
del agua milagrosa que había mencionado. Al contrario, cambia el
tema (¡en la mente de ella, no de él!) y le dice:

«Vé, llama a tu marido, y ven acá» (v. 16).

¿Qué tiene que ver con su sed? Nada. Y sin embargo, todo.
Jesús quería que tuviera sed en un nivel mucho más profundo, no
solamente el nivel sentido. Ahora observe lo que sucede.

308
La ley de la necesidad

Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo:


Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has
tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho
con verdad (vv. 17.18).

Jesús no la condenó. Incluso, le felicitó por su honestidad. Enton-


ces se detuvo para ver si seguía acercándose el pez. Y se acercó.
¡Incluso, ella tiró su propia carnada! Está motivada a aprender más.

Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nues-


tros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en
Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. (vv. 19-20)

Ella quería aprender más acerca de cómo adorar a Dios, y le


pide a Jesús indirectamente que siga comentando. Él le había ani-
mado por sus preguntas, y ahora él puede «comprender la necesi-
dad verdadera». Este es la «cumbre» del despertar de la necesi-
dad, en la que guía al alumno a sentir, «!Necesito esto¡»

Paso 5: Curar la necesidad verdadera


Una vez que los alumnos estén conscientes de sus necesidades
verdaderas debe proceder a «curar la necesidad verdadera» con
el «contenido». Cuando los alumnos están tan motivados por sus
necesidades verdaderas, ¿luchará con alumnos desinteresados?
¿Tendrá que luchar con su apatía?
¡De ninguna manera! ¡Estarán entusiasmados! Que dirán: ¡Lo
tengo! ¡Por fin «obtuve lo que quería»!

Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el


Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús
le dijo: Yo soy, el que habla contigo. (vv. 26-26)

309
Las siete leyes del aprendizaje

Jesús esperó hasta que su alumna hiciera la pregunta apropia-


da. Los maestros son más eficaces cuando siguen este mismo es-
quema. En vez de empezar la clase con nuestro contenido, debe-
mos crear hambre del contenido. Desgraciadamente, la mayoría de
los maestros ve este paso de despertar la necesidad como algo
innecesario —una pérdida de tiempo valioso.
Si no es necesario despertar la necesidad, entonces ¿por qué el
Maestro de maestros pasó un porcentaje tan grande de su tiempo
haciendo a sus alumnos conscientes de su necesidad? En este caso,
Jesús dedicó más tiempo para crear la necesidad que para
enseñar la lección misma. Así fue un ejemplo de una mentalidad
muy distinta de la enseñanza y la predicación actual. Consideró la
concienciación de la necesidad la primera parte de la lección, en
vez de considerarla como una parte agregada innecesaria.
Crear la necesidad es como poner la carnada en el anzuelo —
el primer paso para todos los que deseen pescar un pez.
Retrocedamos un momento para repasar lo que hizo Jesús.
¿Cuál fue su mentalidad a través de todo el proceso? Mientras
observamos al Maestro trabajando, ¿qué podemos aprender acer-
ca de la actitud del corazón que se necesita para satisfacer las
necesidades y pescar bien?
Primero, fíjese que Jesús llegó a ella en su propio terreno. Él
estaba sentado al lado del pozo, la mujer se acercó, y él le pidió
agua. Jesús hizo un contacto con ella en una manera natural, en un
ambiente conocido por ella, y tocó un tema que ya le interesaba.
Esto refleja el primer aspecto de la mentalidad de la ley de la nece-
sidad: es esencial que el maestro comience con el marco de
referencia de los alumnos. Para curar sus necesidades, usted debe
unirse primero en su terreno.
Segundo, el Señor asumió la responsabilidad para ganar su aten-
ción y discutir sus necesidades. Mientras progresaba la conversa-
ción, ella llegó a participar activamente. Pero Jesús era claramente

310
La ley de la necesidad

el agente responsable por causar su aprendizaje. Con sus pregun-


tas y sus comentarios, Él se aseguró de que su reunión no fuera un
intercambio casual. Este es el segundo ingrediente de la mentalidad
de la ley de la necesidad: el maestro debe asumir la responsabi-
lidad por dirigirse a las necesidades de los alumnos.
Satisfacer las necesidades no sucede accidentalmente. Si Je-
sús no hubiera sentido la responsabilidad por este encuentro con la
mujer, asegurándose de terminar satisfaciendo sus necesidades, ella
se habría ido tan necesitada como antes de venir. Lo mismo es
válido para nuestras clases. Si no asumimos la responsabilidad por
suplir las necesidades de los alumnos, seguirán sin solución.
Esto nos lleva al último, y quizás el más importante ingrediente
de la mentalidad de la ley de la necesidad. Cuando Jesús habló con
la mujer acerca de sus maridos, podría haber dicho cosas acerca
de su pasado que le habrían aplastado. Pero no lo hizo. Él la trató
con gentileza y con gracia. Ese es el tercer aspecto: Diríjase a las
necesidades de sus alumnos con gentileza y con sensibilidad.
Jesús sabía que las necesidades verdaderas no surgen a la su-
perficie fácilmente. Cuando finalmente surgen, a veces la persona
es sensible, y a veces le duele emocionalmente. Es como un niño
que corre a su madre después de caerse y lastimarse. Necesita
que limpie la herida, pero cuando la madre empieza a curarla, él se
aleja. Para poder curar su necesidad, ella tiene que usar gentileza y
sensibilidad.
Cuando empieza a dirigirse a las necesidades verdaderas de
los alumnos, no debe sorprenderse de que haya algunas heridas
abiertas y sensibles. Como maestro quien desea curar las necesi-
dades verdaderas de sus alumnos, debe ser cuidadoso.
Cuando llegue a tener más habilidad para hacer surgir las ne-
cesidades verdaderas de sus alumnos y curarlas, el último proble-
ma que tendrá es la motivación. Incluso, ¡de vez en cuando, los
peces saltarán solos a su bote!

311
Las siete leyes del aprendizaje

¡Y su mejor anécdota de la pesca no tendrá que ser acerca del


pez grande que escapó!

Las máximas de la ley de la necesidad

Máxima 1: La creación de la necesidad es la


responsabilidad del maestro.
«Un maestro excelente no simplemente imparte conocimiento
a sus alumnos», dijo un maestro ejemplar, «sino despierta su interés
y les produce el deseo de buscar el conocimiento por sí mismos. Es
una bujía, no una manguera de gasolina».
Todos los maestros ejemplares entienden este secreto de ser
responsables por despertar en el alumno el interés, antes de ense-
ñar su contenido. Planifican, a propósito, generar el entusiasmo.
Inspiran y atraen a sus alumnos. Como Jesús lo hizo con la mujer
samaritana, atraen a sus alumnos hacia algo que desean tener. Los
guían paso a paso, hasta que estén involucrados en la lección —
¡felices que por fin tienen lo que realmente querían!
Desdichadamente, la mayoría de los alumnos nunca disfruta de
enseñanza de este tipo. Sus profesores entran a la clase y proce-
den inmediatamente a dictar sobre la materia del día, sin ningún
interés en las necesidades de los alumnos o en tener su atención.
Cuando los alumnos están distraídos o aburridos, deben sopor-
tar la crítica del maestro, por que no prestaron atención. Finalmen-
te, cuando el aburrimiento de los alumnos se convierte en conducta
desordenada, los maestros se enojan y gritan a los alumnos, mos-
trando su autoridad y su poder.
Después de todo, es responsabilidad del alumno prestar aten-
ción, ¿no? ¡Tal como es la responsabilidad de un pez poner la car-
nada en el anzuelo! (Imagine al pescador gritando al pez por no
morder el anzuelo cuando no tiene ninguna carnada.)

312
La ley de la necesidad

¿Aceptará usted esta responsabilidad por poner una carnada cada


vez que enseña? Ningún pez ha puesto su propia carnada —¡y nunca
lo harán! La falta de atención de parte de los alumnos es simplemente
su manera de decirle a usted: «¡Necesita una carnada fresca!»
Nunca más debe enojarse cuando sus alumnos no están pres-
tando atención. Nunca debe dirigir su frustración hacia ellos por no
morder su materia. Al contrario, debe dedicarse a ganar su aten-
ción de nuevo. Quite su propia atención del bosquejo y diríjala a los
alumnos. Ellos necesitan otra táctica, otro enfoque, nuevos estímu-
los o incentivos. Un anzuelo vacío produce aburrimiento; un anzue-
lo con una carnada produce motivación.
Ya que Dios hizo al hombre de tal manera que tiene que sentir
una necesidad para prestar atención y aprender, debemos tragar el
orgullo y empezar a cooperar con él. Si en su enseñanza, Jesús usó
el método de despertar el sentido de necesidad, debemos destruir
nuestra independencia y seguirlo. Cuando lo hacemos, recibimos la
bendición de Dios, y disfrutamos de los alumnos.
Tome ese anzuelo, como mi hija tuvo que hacerlo, y coloque
una carnada en él.

Máxima 2: La satisfacción de la necesidad es el


llamado principal del maestro.
La primera máxima tenía que ver con la creación de la necesi-
dad antes de enseñar; esta segunda máxima tiene que ver con sa-
tisfacer las necesidades que ya existen en sus alumnos cuando
enseña. Jesús enseñó a la mujer samaritana de una manera que
ella sentía la necesidad de buscar más y más verdad de él, antes de
guiarla al punto de satisfacer su verdadera necesidad.
De todas las máximas, esta es la más difícil de comunicar —y
hay más oposición en contra de ella de parte de los que enseñan y
predican. Pero he visto increíbles cambios en los maestros y los pas-
tores que han experimentado la verdad liberadora de esta máxima.

313
Las siete leyes del aprendizaje

Escuche esta conversación que tuve con un pastor en una con-


ferencia reciente:
—Mi iglesia no está bien. La asistencia llegó a su máximo hace
más de un año, y ha estado bajando rápidamente en los últimos seis
meses. ¿Cuál piensa que es el problema?
—Quizás el problema sea con el pastor.
—¿Qué? Usted piensa que yo podría ser el problema? ¡Ni me
conoce!
—Bueno, usted es el pastor de las ovejas, ¿verdad? Usted me
ha dicho que el rebaño no está bien; que las ovejas se van, y que no
están pariendo ovejitas como antes. Cuando eso sucede, inevita-
blemente es la culpa del pastor, porque la condición del rebaño es
su responsabilidad. ¿Qué piensa que puede ser el problema?
—No sé. La gente simplemente no quiere escuchar buena en-
señanza bíblica ahora. La televisión ha echado a perder todo. La
gente quiere ser entretenida, ¡y yo no voy a rebajarme a entrete-
nerlos!
—¿De qué está predicando estos días?
—Estoy predicando de Gálatas, ¡y me gusta mucho! Estoy pre-
dicando versículo por versículo, incluso palabra por palabra. Siem-
pre he querido hacer esto. Estoy enseñándoles detalles del griego.
Estoy mostrando cosas profundas, muy profundas.
—¿De veras? ¿Hace cuánto tiempo que está predicando de
Gálatas?
—Dos años y medio, y estoy recién empezando el capítulo dos.
—¿Y le gusta mucho?
—Sí, me encanta, pero la asistencia está bajando.
—¿Por qué será? Permítame hacerle otra pregunta. ¿Cuál es
el tema especial de Gálatas?
—El tema es que la salvación no es por obras.
—Pastor —continué—, ¿cuántas personas de su congrega-
ción piensan que son salvas por obras?

314
La ley de la necesidad

—Ninguna, que yo sepa.


—Entonces ¿por qué está pasando dos años diciéndoles algo
que ya saben? ¿Por qué está enseñando Gálatas?
—¡Porque siempre he querido enseñar Gálatas!
¿No ve el error en el pensamiento de este hombre? Trágica-
mente, piensa que su deseo de predicar Gálatas es el factor deter-
minante en la decisión de lo que debe predicar. Está enfocado en sí
mismo y no en sus alumnos. Está enfocado en lo que él quiere, y no
en lo que ellos necesitan. Debe ganar el premio por el «pescador
sin carnada».
Muchas veces he tenido conversaciones similares en todo el
país. Maestros y predicadores piensan que su llamado principal es
explicar la verdad. El único problema es que la verdad no tiene
necesidades. La Biblia no tiene una necesidad de ser predicada o
enseñada.
Solamente las personas tienen necesidades. El llamado del pas-
tor es satisfacer las necesidades de sus ovejas; el llamado del pre-
dicador o maestro es satisfacer las necesidades de sus alumnos.
Si pudiéramos entrevistar a las ovejas de este pastor, encontra-
ríamos que se van por una razón legítima. Han perdido la esperan-
za de que su pastor vaya a predicar acerca de sus verdaderas
necesidades. Así que se van para buscar a un pastor que lo hará,
mientras su pastor, en su arrogancia, les echa la culpa por no res-
ponder bien a su predicación irrelevante.
¿Cómo podemos caer en una trampa tan profunda? ¿Cómo
podemos confundirnos tanto acerca del propósito de la enseñanza?
Permítame imaginar otra ilustración:
Digamos que uno de sus alumnos le llama en la noche, con la
voz temblorosa, y le pide consejo porque su matrimonio está des-
truyéndose. Pregunta si ella y su marido pudieran ir a su casa.
Usted dice que sí, que vengan inmediatamente. Usted ha esta-
do estudiando el tabernáculo toda la semana, y está preparado para

315
Las siete leyes del aprendizaje

hablar de ese tema. Cuando llegan, usted busca su Biblia y encuen-


tra un pasaje en Éxodo, y empieza a describir todas las partes del
tabernáculo —el altar, el lavacro, el lugar santísimo. Está tan entu-
siasmado que comparte con ellos todo lo que ha aprendido.
De vez en cuando usted mira a ellos, y ve sus caras perplejas.
Pero esta materia es tan buena. Después de todo, usted está expli-
cando la Palabra de Dios —y la Palabra de Dios es poderosa y no
volverá vacía. Usted sigue dictando su clase, dibujando las partes
del tabernáculo en una hoja.
Pero en medio de la mejor parte —cuando está haciendo una
exégesis del significado de los distintos colores de las cubiertas del
tabernáculo—el hombre se para, y con las venas de su cuello por
explotar, grita: «¿De qué está hablando? ¿Cómo se supone que me
va a ayudar con mi matrimonio todo esto?»
Sale enojado, y su esposa lo mira a usted con incredulidad, y
sale corriendo detrás de su marido.
Usted no lo puede creer. Se fueron. ¡Y usted estaba enseñan-
do la Biblia tan bien! ¿Cómo pueden salir justo cuando estaba ense-
ñando cosas tan profundas acerca del tabernáculo?
Usted sacude la cabeza. ¡Gente estúpida! La gente ya no quie-
re escuchar nada de la Biblia. No quieren comer «carne». Sola-
mente quieren tomar leche.
Usted nunca ve al matrimonio de nuevo. Su secretaria le dice
que el marido ha pedido el divorcio, y la esposa empezó a asistir
otra iglesia. Pero usted conoce al pastor de esa iglesia, y sabe que
no está comprometido con la enseñanza de la Palabra como usted.
Esta historia es ridícula, ¿verdad? Es patética. Es patética por-
que se repite todas las semanas en cientos de iglesias y cientos de
escuelas.
Los alumnos entran al salón de clases con problemas matrimo-
niales, problemas severos con sus hijos, problemas de sus finanzas
que están a punto de quebrar, y allí estamos parados, preparados.

316
La ley de la necesidad

Estamos listos. «Busquen en el libro de Éxodo, por favor. Quiero


compartir algunas ideas nuevas acerca del tabernáculo...»
¿Suena familiar? Créame, yo hablo acerca de esto con maes-
tros y pastores en todo el mundo, por tanto, yo sé que es muy
común. Hemos tergiversado nuestro concepto del llamado del maes-
tro y predicador. Hemos separado el mensaje de las personas que
reciben el beneficio de nuestro ministerio. Pensamos que hemos
cumplido nuestro llamado cuando enseñamos lo que dice la Biblia.
Pero solamente cumplimos nuestro llamado cuando aplicamos
la enseñanza bíblica a las necesidades de la gente. ¿Cree que ese
pastor que trató de aconsejar a la pareja con problemas matrimo-
niales con una explicación del tabernáculo estaba cumpliendo su
llamado? ¡Obviamente que no!
¿Por qué es tan claro eso en la oficina de consejería, pero no
tanto en el salón de clases? Mi colega, maestro o predicador, es
claro en el salón —para el público, no para el comunicador. La
decepción es profunda y amplia. Y según mi experiencia, es
emocionalmente explosiva.
Los maestros sienten que no es su responsabilidad satisfacer
las necesidades de sus alumnos cuando enseñan. Los pastores pien-
san que no es su responsabilidad satisfacer las necesidades de sus
alumnos cuando predican.
De alguna manera, los comunicadores piensan que su respon-
sabilidad es solamente enseñar el contenido. ¿Pero para qué? ¿Y
para quién? Si nuestro contenido debe ayudar al público, entonces
¿no debemos poner el énfasis en lo que ellos necesitan para vivir en
obediencia al Señor?
Ya que la Biblia es inspirada, pensamos que cada parte es igual-
mente importante para nuestro público. ¡Pero no lo es! Si decimos
que algunas partes no son tan importantes para predicar o enseñar,
sentimos por alguna razón que estamos diciendo que la Biblia no es
inspirada o autoritativa o inerrante. No estamos diciendo eso.

317
Las siete leyes del aprendizaje

Si usted no está de acuerdo, le desafío a ser auténtico con su


convicción. ¡Seamos consecuentes! Veamos si nuestras nociones
resisten la prueba. Empecemos la próxima semana una nueva serie
para enseñar o predicar sobre los siguientes seis versículos, pala-
bra por palabra —usando dos o tres versículos para cada lección:

Los hijos de Manasés: Asriel, al cual dio a luz su concubina la


siria, la cual también dio a luz a Maquir padre de Galaad. Y
Maquir tomó mujer de Hupim y Supim, cuya hermana tuvo
por nombre Maaca; y el nombre del segundo fue Zelofehad.
Y Zelofehad tuvo hijas. Y Maaca mujer de Maquir dio a luz un
hijo, y lo llamó Peres; y el nombre de su hermano fue Seres,
cuyos hijos fueron Ulam y Requem. Hijo de Ulam fue Bedán.
Estos fueron los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de
Manasés. Y su hermana Hamolequet dio a luz a Isod, Abiezer
y Mahala, Y los hijos de Semida fueron Ahián, Siquem, Likhi
y Aniam. (1 Crónicas 7.14-19)

Estos son solamente seis versículos de un capítulo —¡y en los


primeros nueve capítulos de 1 Crónicas, hay más de cuatrocientos
versículos adicionales iguales que estos!
Ahora pensemos en nuestro amigo, el pastor que pasó dos años
predicando el primer capítulo de Gálatas, un promedio de cuatro se-
manas por versículo. Ya que toda la Biblia es igualmente inspirada,
debemos pasar el mismo tiempo en cada versículo. Los seis versículos
de 1 Crónicas tomarían veinticuatro semanas, o seis meses de predi-
cación. De esta manera, ¡todavía estaría predicando en 1 Crónicas
1—9 después de ochocientas semanas, o más de quince años!
Espero que usted esté sonriendo, porque la ilustración es total-
mente ridícula. Si alguien predicara sobre estas genealogías duran-
te quince años, el Espíritu de Dios no podría seguir bendiciéndolo.

318
La ley de la necesidad

¿Por qué la verdad que se ilustra con este ejemplo es tan fácil
de aceptar, pero el principio que estamos presentando es tan difícil
de aceptar? ¿Por qué ni pensamos predicar quince años sobre es-
tos versículos? Porque no son relevantes a las necesidades verda-
deras que está enfrentando la gente hoy. Porque no ayudan a nues-
tra congregación. ¡Porque todos se irían!
¡Ese es el punto!
Ya que admitimos fácilmente que seleccionamos los pasajes
que enseñamos —no estamos planificando ninguna serie sobre 1
Crónicas 1—9— quiero animarle a tener más cuidado en la selec-
ción. Sea consecuente con su convicción de que no toda la
Biblia debe ser enseñada igualmente a toda la gente.
¿Enseñaría Romanos 9—11 a niños de cinco años de edad?
¿Enseñaría Ezequiel 40—48 a los nuevos creyentes? Por supuesto
que no. No son las porciones correctas para esas personas.
¿No ve que usted es selectivo? Esta máxima no está tratando
de convencerle a seleccionar; está tratando de ayudarle a seleccio-
nar con más cuidado. Ya que es sabio seleccionar, ¿no sería aun
más sabio seleccionar con más cuidado? ¿No ayudaría a su minis-
terio aprender a seleccionar el mensaje correcto en ese momento
para el público?
Tome un momento, como yo he hecho, para preguntar a cual-
quier persona que está sentada en la banca de la iglesia o en la
escuela: «¿Siente usted que la mayor parte de la predicación y la
enseñanza hoy es relevante a sus necesidades?» Menos de veinte
por ciento de los que pregunté dijo que sí. El otro ochenta por ciento
sintió como si hubiéramos estado enseñando 1 Crónicas 1—9.
Pero echamos la culpa a los alumnos por no prestar atención.
Culpamos a nuestras congregaciones por no querer escuchar «buena
predicación». En realidad, están rogando buena predicación. Están
pidiendo predicación que es buena —¡para ellos! Quieren algo que
satisfaga sus necesidades.

319
Las siete leyes del aprendizaje

Aunque lo no crea, la Biblia no tiene necesidad de ser enseña-


da. Solamente las personas tienen la necesidad de recibir la ense-
ñanza, y es su necesidad la que debe determinar nuestro pro-
grama de enseñanza y predicación.
Si usted percibe que tengo un profundo sentir acerca de esto,
tiene razón. Como he estado escuchando comentarios en todo el
país, estoy consciente de la frustración general que existe entre los
alumnos.
El maestro está alejado de ellos, enseñando algo que es inútil
para sus vidas —y no se le ocurre que en ese momento él también
es inútil para sus alumnos. El predicador está alejado de su gente,
predicando algo irrelevante para su congregación, y no se da cuen-
ta de que la asistencia baja es prueba de que ha fallado tantas
veces que sus ovejas se han ido a buscar prados más verdes. Te-
nían hambre, y fueron a buscar alimento.
Tenemos que abrir nuestros ojos, abrir nuestros corazones, abrir
nuestros oídos, al mandato de Jesús para todos los que enseñamos y
predicamos: «¡Alimenta mis ovejas!» Cuando obedezca ese man-
dato, las ovejas se quedan, crecen, y paren ovejitas. Su clase crece.
Se corre la voz que hay buenos prados para los que tienen hambre.
Satisfacer las necesidades verdaderas es el llamado principal
del maestro. Si pudiéramos entender y aplicar solamente este prin-
cipio, nuestras clases serían muy distintas. Serían relevantes. Se-
gún los que nos escuchan, la mayoría de las lecciones no son rele-
vantes; no son apropiadas, no calzan, no son pertinentes, ni aplica-
bles. No satisfacen las necesidades de los alumnos.
Muchos maestros piensan: «Es mi responsabilidad enseñar la
Palabra de Dios, y es la responsabilidad de Dios hacerla relevan-
te. No es nuestra preocupación si el tema que hemos selecciona-
do es irrelevante, es preocupación de Dios. Elija cualquier pasaje
y predíquelo. Elija cualquier pasaje y enséñelo. De alguna mane-
ra, Dios lo arreglará».

320
La ley de la necesidad

¿Cuál es el punto de partida correcta para predicar y enseñar?


La mayoría diría que la Biblia es el punto de partida —predíquelo y
será relevante. Comience con el contenido y de alguna manera
ayudará a los alumnos. El orden es: primero el contenido, en segun-
do lugar la necesidad.
¡Pero este orden está al revés! Solamente predicar un pasaje,
esperando que satisfaga necesidades es como el pastor que sube el
púlpito y abre la Biblia al azar en alguna página, confiando en Dios
para hablar a la gente por medio del pasaje donde sea que se abra.
¿Cuántos de nosotros aprobamos ese método?
¿Será correcto nuestro pensamiento tradicional acerca de la
selección del tema? ¿Jesús empezó con su contenido, para después
buscar a alguien que le escuchara? ¿O empezó con las necesida-
des de la gente, para después enseñar la verdad relacionada con
ellas? Casi sin excepción, Jesús enseñó para responder a la necesi-
dad aparente o escondida de Su público. Jesús empezó con su
necesidad.
¿El apóstol Pablo escribió las cartas del Nuevo Testamento
solamente porque tenía cosas interesantes que decir? ¿Escribió
porque quería enseñar una doctrina? ¡De ninguna manera! Pablo
escribió una y otra carta para responder a las necesidades de una
congregación o alguna persona (o personas). Primero, la necesi-
dad, después el contenido; primero el problema, después la
proclamación. No solamente Pablo y Jesús empezaron con las
necesidades de sus seguidores, sino también el resto de los apósto-
les. Mire a Pedro o Santiago o Juan o Lucas. Ellos sabían que la
única razón de su ministerio era las necesidades de sus seguidores.
Cuando veían una necesidad, esa necesidad determinó su progra-
ma. Nunca venían con un programa, esperando que satisficiera una
necesidad. Sabían que el paso más importante en la preparación
de una lección es la selección correcta de la materia. Ellos no
separaban las dos cosas. Pero nosotros tratamos de separarlas.

321
Las siete leyes del aprendizaje

¿Cómo podemos separar la selección de la materia de la prepara-


ción del pasaje? ¿Cómo podemos estar tan decididos a preparar bien
nuestro contenido, cuando seleccionamos mal nuestro contenido?
¿No será que la materia mal seleccionada, aunque sea
perfectamente preparada, es el mensaje equivocado para la
gente? Si mi paciente está muriendo de una enfermedad rara del
riñón, y yo le opero con mucha habilidad, removiendo su vejiga, ¿le
he ayudado?
Dios nos ha dado discernimiento y sabiduría para elegir el con-
tenido apropiado para la clase. Por lo tanto, seleccione con mucho
cuidado el contenido. Seleccione un tema que calce, que sea perti-
nente, que sea adecuado, que sea aplicable a su público —algo que
ellos describirían como eminentemente relevante. (El próximo ca-
pítulo le mostrará cómo seleccionar el tema que impactará a sus
alumnos cada vez que enseñe.)
¿Cuál es nuestro llamado, nuestra tarea? Satisfacer las necesi-
dades de los alumnos es el llamado principal del maestro.

Máxima 3: La creación de la necesidad es el método


principal del maestro para motivar a los alumnos.
En las clases y en las iglesias en todos los lugares, se lucha con
el problema de la motivación. ¿Cómo conquistamos la indiferencia,
y cómo eliminamos el aburrimiento del salón? ¿Cuál es el secreto
de la motivación?
La clave de la motivación es crear una necesidad. El maestro
que motiva es el maestro que crea la necesidad. Si esa necesidad
es apropiada, entonces automáticamente incentiva a los alumnos a
actuar. Cuando el aburrimiento, la apatía, y el desinterés dominan
en el salón, es culpa del maestro. El maestro no ha hecho su trabajo
de «crear la necesidad» en sus alumnos.
¿Es difícil crear la necesidad? ¿Toma mucho tiempo? En la
mayoría de los casos, toma menos de dos minutos. Tomó a Jesús

322
La ley de la necesidad

116 palabras con la mujer samaritana —un poco más de cien pala-
bras para motivarla a buscar a su Salvador.
Imite a Cristo. Utilice sus palabras para crear la necesidad.
Sea extravagante, si desea, utilizando dos veces más palabras que
Cristo —y así le tomará solamente cuatro minutos.
Si quiere pescar un pescado, tiene que poner una carnada en el
anzuelo.
Si quiere motivar a sus alumnos, cree la necesidad.

Máxima 4: La necesidad motiva en la medida que es


sentida por el alumno.
Esta es la segunda mitad del secreto de cómo los maestros
ejemplares motivan a sus alumnos. Saben que la necesidad es sen-
tida en primer lugar.
Cuando pretende servir a sus alumnos por medio del descubri-
miento de su necesidad, recuerde que debe tocar sus sentimien-
tos. Deben ser movidos para ser motivados. Cuando crea la nece-
sidad, debe crearla de tal manera que se sienta la necesidad.
Debe crear la necesidad desde lo inconsciente hasta lo conscien-
te. Debe crear y crear hasta que la necesidad rompa en la conciencia
de los alumnos. Cuando crea la necesidad, está sacándola afuera.
Una de las leyes universales de toda comunicación es que cuanto
más profundamente el alumno sienta la necesidad, más se sentirá
motivado a aprender —y al final, más aprenderá.
El primer paso debe ser el de prender el fuego en el corazón
del alumno. Debe tener el deseo de aprender. Debe sentir un anhe-
lo intenso de aprender.
Esos sentimientos deben ser estimulados por el maestro para el
alumno, antes de revelar el contenido. Deje que los alumnos persi-
gan su contenido, tal como lo hizo Jesús con la mujer samaritana.
¿No sería increíble poder crear tanta hambre por aprender, que sus
alumnos saquen la lección de usted, en vez de tratar de forzarla?

323
Las siete leyes del aprendizaje

Los maestros ejemplares saben cómo motivar a cualquier pú-


blico en cualquier momento sobre cualquier tema. ¿Cómo pueden
hacerlo? Ellos conocen los siete factores de motivación que se pre-
sentan en el próximo capítulo, y las utilizan con mucha habilidad.
¿Cuántos conoce usted? ¿Puede nombrarlos? ¿Sabe usarlos?
¿O ha decidido que la motivación de los alumnos es algo que suce-
de por casualidad? Tiene que esperar para ver qué pasa. ¿Ha deci-
dido que usted no tiene el carisma o la personalidad para motivar a
sus alumnos?
Espero que no haya decidido ninguna de las dos cosas, porque
ninguna es verdad. La verdad es que estos factores universales de
motivación funcionan con todos, todo el tiempo. Yo tenía un par de
profesores en la universidad que los usaban consistentemente cuando
enseñaban. Sus salas estaban llenas de alumnos. En cada sesión,
nos motivaban de una manera increíble.
Algunos de sus alumnos —quizás el ochenta por ciento que
dice que sus clases son aburridas— están esperando y orando que
usted descubra esos factores universales de motivación.
Pero quizás usted sea la excepción. Posiblemente sus alumnos
dirían lo opuesto acerca de sus clases. Si es así, entonces usted no
necesita leer más. Deje estos factores para leer cuando no tiene
nada que hacer. Pero para los que quieren saber cómo «incentivar»
a sus alumnos, explicaré esos factores en la sección de los
maximizadores de la ley de la necesidad.

Máxima 5: La creación de la necesidad siempre


precede nuevas unidades de contenido.
Carl F. H. Henry, uno de los grandes eruditos de nuestros días,
una vez dijo: «Tenía un profesor de filosofía muy bueno, que rehu-
saba dar respuestas hasta que las preguntas literalmente nos hicie-
ran doler por curiosidad». Si sus alumnos no están muertos de cu-
riosidad, no les dé la respuesta.

324
La ley de la necesidad

¿No es interesante que Jesús dijo: «Venid en pos de mí, y os haré


pescadores de hombres»? Cuando se pesca con mosca artificial, uno
se mete en un estero o en un lago, y empieza a dejar la línea más y
más larga hasta seis o siete metros. Entonces busca un lugar prome-
tedor para dejar la mosca, quizás debajo de un árbol, y simplemente
toca la superficie rápidamente con la mosca. No deja que se hunda la
mosca; solamente quiere llamar la atención del pez.
—¿Qué fue eso? —dice el pez.
—No sé. Se fue —dice su compañero.
—La próxima vez, ¡es mía!
Así que usted deja la mosca tocar una y otra vez. Todo el tiempo,
los peces están diciendo: «Yo quiero eso, yo quiero eso. Se ve rico.
Espero que vuelva otra vez». Finalmente uno no resiste y muerde.
Sus alumnos no deben saber que está creando la necesidad.
No deben decir: «Está motivándonos para escuchar la lección». El
pescador con experiencia esconde el anzuelo. Cuanto más hábil el
maestro, más pensarán sus alumnos: «¡No puedo esperar escuchar
esto! ¡Yo realmente necesito esto!»
Al continuar en la lección, tenga cuidado de crear la necesidad
para cada unidad de contenido, antes de enseñarla. Podría perder a
los alumnos cuando sienten que el contenido es irrelevante para ellos.
Jesús hizo esto con la mujer samaritana. Ella no quería saber
nada acerca de la salvación; ella quería agua. ¿Qué dijo Jesús?
«Antes de que le dé la respuesta acerca de la salvación, voy a
ayudarle a desearla.»
¿Cuándo fue la última vez que ayudó a sus alumnos a desear la
respuesta que les iba a dar? Un gramo de necesidad vale un kilo-
gramo de contenido, porque el contenido no tiene ningún valor
si los alumnos no quieren recibirlo.
Pienso que es por eso que Pablo, inspirado por el Espíritu San-
to, dedicó tres capítulos en el libro de Romanos al tema del pecado,
antes de hablar de la salvación. Al final de esos tres capítulos, ha

325
Las siete leyes del aprendizaje

destruido cada intento de autojustificarse. El lector está pidiendo


auxilio. Sólo entonces explica la solución.
Usted puede usar el mismo principio para testificar. Si la perso-
na no siente su necesidad de Cristo, no hay por qué explicar la
solución. No está preparada. Usted tiene que hacerle pensar en su
necesidad, probarla con las Escrituras, hasta que finalmente en-
frente el hecho y diga algo así como: «¡No tengo esperanza! ¡Voy
al infierno!» En ese momento, usted podría decir: «La Biblia ense-
ña que hay un escape —pero supongo que no está interesado en
averiguarlo». Si usted ha aprendido el secreto de crear la necesi-
dad antes de dar la respuesta, esa persona tendrá mucha motiva-
ción para saber la respuesta.
Hay cuatro distintas situaciones en que usted debe crear la
necesidad.
1. Cree la necesidad al principio de cada nueva serie. Cuan-
do comienza una nueva unidad (cuarto, semestre, serie), explique
con cuidado los beneficios que el alumno recibirá por asistir. Cuan-
to más significativa sea la necesidad que usted crea ahora, menos
tendrá que crear la necesidad después. Las explicaciones claras de
la necesidad enganchan al alumno para el período completo, para
que no quiera perder ninguna parte.
2. Cree la necesidad al principio de cada lección. No asu-
ma que el alumno recuerde la sesión en que se presentó la necesi-
dad, o que haya asistido a esa sesión. Normalmente los alumnos
entran a la sala con una confusión acerca de los beneficios de la
lección. Tiene que volver a atraer su atención al valor de cada
lección, para asegurar el aprendizaje máximo.
3. Durante la lección presente, cree la necesidad de la próxi-
ma lección. Ayude a sus alumnos a anticipar el beneficio por su
asistencia y su atención en la próxima clase.
4. Repita la necesidad en cualquier momento cuando sien-
ta que el interés está disminuyendo, que el interés se está per-

326
La ley de la necesidad

diendo, o que la apatía está aumentando. Recuerde, su arma


principal para combatir la desmotivación es la espada para crear la
necesidad.

Máxima 6: La creación de la necesidad debe ser según


las características y las circunstancias del público.
Para crear la necesidad de su contenido, debe conocer bien a
su público. Debe estar consciente de las características y las cir-
cunstancias personales de sus alumnos.
Muchos factores contribuyen a la selección de la necesidad
apropiada que se debe crear. Los métodos para crear la necesidad
en niños de tres años, en jóvenes de trece años, y en personas de
treinta años o sesenta años, varían mucho. La edad determina en
gran parte el método apropiado para crear la necesidad.
Además, el interés preexistente de un grupo determina bastan-
te los métodos apropiados. ¿Ha tratado de enseñar una clase en la
que todos los alumnos han sido obligados a asistir en contra de su
voluntad? El maestro debe usar otra estrategia para crear la nece-
sidad que usaría para enseñar a alumnos que han asistido volunta-
riamente, o alumnos que han pagado para aprender algo que deses-
peradamente necesitan saber.
Debe conocer las circunstancias y las características de sus
alumnos. La edad es obvia, pero también las ocupaciones, su vida
social, sus pasatiempos y sus personalidades.
Si está enseñando a niños de cuatro años, ¿sabrá crear necesi-
dades? «¿Saben qué, niños?», usted dice, «en esta bolsa tengo las
galletas más grandes que hayan visto en su vida. Voy a contar una
historia, y voy a dar estas galletas dulces y deliciosas a los niños
que se quedan tranquilos. ¿Alguien quiere una galleta?»
¿Debe comprar la atención de los niños con una galleta? ¡Ab-
solutamente! Sin duda. Con niños de cuatro años de edad, nunca
motiven con palabras si no es necesario. Los adultos responden a

327
Las siete leyes del aprendizaje

las palabras, aunque a veces tampoco es seguro. ¿Alguien quiere


una galleta?

Máxima 7: La creación de la necesidad puede ser


impedida por factores fuera del control del maestro.
El maestro debe ser sensible a los factores internos o externos
que impiden la motivación de los alumnos. En cuanto sea posible, el
maestro debe manejar esos factores, dándose cuenta de que en
ocasiones tendrá que ceder a ellos.
Generalmente, los principios que gobiernan el proceso de ense-
ñanza-aprendizaje son similares a las leyes que gobiernan la natu-
raleza. Por ejemplo, ponga un fósforo debajo de una hoja de papel,
y se quemará. No tiene que ser profeta para saber que este mismo
procedimiento resultará igual si lo repite cien veces.
Similarmente, si forma correctamente la necesidad, puede es-
perar que sus alumnos respondan el 100 por ciento del tiempo. Los
alumnos motivados no son un secreto —algunos maestros siempre
tienen a los alumnos motivados. Aun así, es verdad que ocasional-
mente usted puede seguir los pasos básicos, pero descubre que el
papel no encienda. Hay excepciones a la regla:

La regla: el papel siempre se enciende cuando lo quema con un


fósforo.
Excepción: El papel mojado no quema.
Excepción: El papel no se quema sin oxígeno.

En la enseñanza, las actividades apropiadas para formar la ne-


cesidad resultan en la motivación correspondiente de parte del alum-
no. Pero hay algunas reglas para el «papel mojado». Consideremos
las dos categorías básicas de factores que impiden el proceso de
crear necesidad.

328
La ley de la necesidad

1. Factores externos
Cuando la temperatura llega hasta cuarenta grados, y el aire
acondicionado no funciona, podría ser difícil hacer que sus alumnos
se concentren. Un bebé que está llorando, o alguna otra distracción
podría causar que pierda la atención de todo el público.
Si está tratando de crear necesidad, y sigue fallando, puede ser
una excepción. La ley todavía funciona, pero hay algún factor ex-
terno que está en su contra. Tendrá que reestablecer la necesidad
—captar su atención de nuevo, y seguir adelante. Su trabajo es
mantener la atención y motivación de los alumnos, creando la ne-
cesidad de escuchar su lección.

2. Factores internos
¿Cómo puede discernir cuando existen distracciones internas?
Observe el lenguaje corporal de sus alumnos —si tienen los brazos
cruzados, si están mal sentados, si se ven impacientes o molestos,
si están haciendo sonidos de aburrimiento, esos son indicios. Los
comentarios negativos o reaccionarios pueden ser otra señal. Estas
señales indican que sus alumnos tienen un conflicto interior entre la
necesidad que usted está tratando de crear y otra convicción, posi-
blemente una convicción equivocada.
¿Cuán eficaz sería usted en crear la necesidad de evangelizar
en una clase de jóvenes que no muestran ningún compromiso de
vivir una vida cristiana, y quienes no creen en la Biblia? ¿Cómo
sería tratar de convencer a algunas personas que deben dar dinero
para las misiones, cuando no están de acuerdo con la manera en
que se gasta el dinero?
Una lucha interna surge cuando tratamos de crear una necesi-
dad en un área que está en conflicto con otra convicción estableci-
da, o con algún compromiso. La lucha interna podría ser suave o
intensa, dependiendo de cualquiera de los siguientes tres factores:

329
Las siete leyes del aprendizaje

• La cercanía entre la necesidad que usted quiere crear y la


convicción actual de los alumnos que está en conflicto con
esa necesidad;
• La intensidad y la pasión con las cuales usted crea la necesidad;
• La rapidez con la cual usted hace la transición entre las
cinco etapas de la creación de la necesidad que descubrire-
mos en el próximo capítulo.

Los nuevos cristianos saltan todas estas etapas cuando com-


parten su nueva fe con sus amigos y su familia. Tratan de hacer
que sus seres queridos se comprometan con Cristo, antes de que
les muestren que él es la solución del problema del pecado. ¡Con
razón que experimentan reacciones tan violentas a su testimonio!
Pero hay otros tipos de impedimento interno que agitan el cora-
zón de sus alumnos. ¿Qué sucede cuando un pastor muy querido
que ha estado en la iglesia quince años renuncia de improviso, y
todos están traumatizados? O posiblemente usted es profesor para
los estudiantes de enseñanza secundaria, y el equipo de fútbol aca-
ba de perder un campeonato por un solo punto la noche anterior.
Quizás un alumno está ansioso porque sus padres están divorcián-
dose, o preocupado por un proyecto atrasado.
Uno de mis estudiantes de la universidad siempre se quedaba
dormido en la clase. Yo subía el volumen y hacía más esfuerzo en
presentar la necesidad, pero este joven no respondía. Finalmente
hablé con él en privado, y descubrí que él tenía que trabajar de
noche, porque su esposa tenía un embarazo difícil y no podía traba-
jar. ¡A veces tendrá que simplemente dejar que un alumno duerma!
¿Qué debe hacer si está siguiendo todos los pasos para motivar
a sus alumnos, y no resulta? Primero, intente lo obvio: traiga el
fósforo más cerca del papel y sosténgalo cerca por más tiempo. Es
decir, aumente la intensidad de su estilo y prolongue su intento unos

330
La ley de la necesidad

momentos. Si la situación no cambia, o tiene «papel mojado» o


«falta oxígeno» y necesita desarrollar otra estrategia.
La causa fundamental del obstáculo está en algún lugar en la
jerarquía de necesidades que se ordenan desde lo más importante
hasta lo menos importante. Las necesidades físicas —comida, agua,
aire— toman precedencia. En segundo lugar, las necesidades de
seguridad —organización, protección, salud. En tercer lugar, las
necesidades sociales. Y así hasta lo menos importante. Si la nece-
sidad que está tratando de crear no funciona, entonces debe haber
otra necesidad más importante que está afectando a sus alumnos.
¿Qué hacer? Ofrezco algunas opciones:
No se preocupe. Después de todo, es problema de ellos. Ade-
más, usted tiene que seguir adelante y terminar su materia. Conti-
núe enseñando, sin su atención. (Si usted elige esta opción, ¡por
favor vuelva a leer este libro desde el comienzo!)
Si es posible, deténgase y satisfaga la necesidad más urgen-
te, y después vuelva a la lección. Si están quedando dormidos, que
se paren a estirar las piernas; si tienen calor, que abran la ventana.
Si es un asunto más serio, deténgase y reconozca la ten-
sión. Primero, diga a sus alumnos que usted siente que sucede algo
extraño en la clase. Traiga el asunto a la luz en discusión general, o
quizás de una manera más directa, como pidiendo a uno de los
alumnos más extrovertidos que lo explique. Entonces pida permiso
a los alumnos para postergar su preocupación para lograr los pro-
pósitos que usted ha establecido para la clase.
Si su necesidad es más dramática, considere postergar su lec-
ción para usar el tiempo para satisfacer sus necesidades. Esto re-
quiere que usted evalúe la importancia de las necesidades —la que
está provocando ansiedad en sus alumnos y la que usted quiere
tratar en su clase. Pida la cooperación de los alumnos para hacer
significativa la lección en medio de circunstancias difíciles.

331
Las siete leyes del aprendizaje

Una vez mis alumnos tenían un examen importante en la clase


que seguía a la mía, y estaban todos tensos. Yo dije: «Realmente
están nerviosos acerca de la próxima clase, ¿verdad? Hagamos
algo —si ustedes me dan cuarenta minutos de los próximos cin-
cuenta y cinco, los dejaré estudiar los últimos quince minutos de la
clase. ¿De acuerdo?» Me resultó. Hay que pedir permiso. Trate a
sus alumnos como adultos que tienen sus propias necesidades.
Cuando piense que sus alumnos lo permitirán, vuelva a la etapa
de crear la necesidad. Relájese, disminuya el ritmo, utilice lenguaje
corporal informal, y reestablezca el control. A veces las interrup-
ciones pueden proveer oportunidades para enseñar una verdad más
personalmente y más íntimamente. Si usted siente que el Espíritu
está usando la interrupción, ministre a sus alumnos directamente
sobre el tema. Posiblemente pasar unos momentos de oración sería
la mejor forma de usar el tiempo.
Una vez un alumno murió repentinamente, y sus compañeros
supieron la noticia entre las clases. Nos detuvimos, lo conversamos,
y oramos por la familia y los amigos. Nunca volvimos a la lección que
tenía planificada, pero ¿quién habría aprendido la lección ese día?
Es necio seguir empujando su contenido cuando hay otra ne-
cesidad básica que está controlando a sus alumnos. «Sí, ¡pero
tengo que terminar la lección!» ¿Por qué? Las lecciones no tie-
nen necesidades. Las personas tienen necesidades. Y el propósi-
to de la enseñanza es satisfacer las necesidades de los alumnos,
sean lo que sean.

332
La ley de la necesidad

El meollo de la ley de la necesidad

La esencia de la ley de la necesidad se resume en tres


palabras:
«Crear la necesidad».
El maestro debe crear la necesidad antes de enseñar el
contenido.

Conclusión

El maestro debe exponer las necesidades verdaderas de los


alumnos antes de enseñar el contenido.
La ley de la necesidad surge de una verdad básica de la natu-
raleza humana: Somos motivados por nuestras propias necesida-
des. Ya que la enseñanza se realiza mejor cuando los alumnos es-
tán motivados a aprender, debemos asegurarnos de que sus necesi-
dades estén involucradas, o estaremos tirando al agua un anzuelo
bonito, sin carnada.
En muchas maneras, la etapa de crear la necesidad es seme-
jante al rol de la promoción en ventas. Los comerciales tienen un
solo propósito —incentivar al consumidor a comprar el producto.
Los billones de dólares que gastan en promoción cada año indican
que debe dar resultados.
Resultó con mi familia. Tomé un momento para hacer una lista
de medicamentos en nuestro botiquín y fui a la farmacia para pre-
guntar si podría haber comprado los mismos productos a un precio
menor. Se rió y me dijo que podría haber ahorrado entre cuarenta y
cincuenta por ciento, si hubiera comprado las versiones genéricas
en vez de comprar las marcas populares.
Yo era un «pez» que había comprado los productos populares
porque yo quería. Nadie me obligó. Yo mordí en anzuelo. Pagué

333
Las siete leyes del aprendizaje

cuarenta por ciento más, porque alguien sabía crear un sentido de


necesidad por medio de la promoción.
No hay nada malo en tratar de motivar a una persona a hacer
algo. Yo lo hice cuando pedí a mi esposa que se casara conmigo.
Lo hago cuando ruego a un no creyente que crea en nuestro mara-
villoso Jesucristo y que lo reciba. Ya que enseñamos la Palabra de
Dios, que es apta para salvar nuestras almas y llevarnos a heredar
el reino maravilloso de Cristo, ¡cuánto más debemos ayudar a otros
a interesarse en la vida de fe! ¡Es más importante que convencer-
les de comprar una hamburguesa o cierta marca de helado!
El profesor de la escuela dominical donde recién asistí con
Darlene hizo un buen trabajo en describir el templo de Ezequiel,
pero sentí que no estaba consciente de algunos problemas en el
grupo. Después de la clase, le dije que había hecho un buen trabajo
y que habíamos aprendido mucho. Entonces le dije:
—Usted sabe de algunos de los problemas en el grupo?
—¿Qué quiere decir? —me preguntó.
—Bueno, esa pareja, por ejemplo. Su hija está en el hospital
con anorexia, y pesa menos de cuarenta y cinco kilos. No han
solucionado el problema todavía. Y esta pareja aquí; él perdió su
trabajo hace ocho meses, y están perdiendo su casa. La otra pareja
allá; su padre murió hace poco, su madre tiene la enfermedad de
Parkinson. Ella se mudó para vivir con ellos, y ellos no pueden
soportar más.
Pasé por la sala, nombrando el problema más serio de cada
pareja.
—No tenía idea de que la gente de la iglesia tenía problemas
como esos; especialmente en mi clase —dijo.
—¿Cómo les ayudó la lección de hoy? —pregunté, y miré su
cara mientras se prendía la luz.
—Ah... dudo que haya ayudado mucho.

334
La ley de la necesidad

—Si una de esas parejas hubiera ido a su casa anoche para


contarle de sus problemas, ¿habría abierto su Biblia para hablarles
del templo de Ezequiel?
—¡Por supuesto que no! —se rió.
—¿Por qué no?
—Porque habría visto que necesitaban ayuda de otro pasaje de
la Biblia, y habría buscado un texto más apropiado.
—Entonces, ¿por qué no hace eso cuando enseña la clase de
la escuela dominical?
Amigos, comprometámonos hoy día a satisfacer las necesidades
de los alumnos. Esto no es un compromiso que podamos tomar
livianamente. La enseñanza verdadera es un sacrificio. Frecuentemen-
te encontrará que tiene que dejar de lado sus propias necesidades para
satisfacer las necesidades de otros. Pero de eso se trata, ¿verdad?
Espero que los alumnos llenen su salón porque saben que cada
semana les alimentará con la comida que satisface —la verdadera
carne de la Palabra de Dios.

Preguntas para reflexión

1. ¿Qué porcentaje de los maestros que usted tuvo cuando era


alumno creaban una necesidad regularmente antes de enseñar
el contenido? ¿Por qué será tan bajo el porcentaje? ¿Qué dife-
rencia habría hecho si hubieran creado primero la necesidad?
2. Haga un contraste entre la necesidad sentida y la necesidad
verdadera de los alumnos. Haga una lista de cinco necesidades
sentidas de sus alumnos, y cinco necesidades verdaderas. ¿Cuál
de los dos tipos de necesidad ha tratado de satisfacer usted
mayormente en el último año? ¿Por qué?
3. ¿Cree usted que la mayoría de los maestros sabe que su llamado
mayor es satisfacer las necesidades de sus alumnos? Si no, ¿cómo

335
Las siete leyes del aprendizaje

entienden su llamado? Describa las diferencias que verían sus


alumnos si realmente enseñaran para satisfacer necesidades.
4. La máxima #3 dice que el método principal del maestro para
motivar a los alumnos es la creación de la necesidad. Lea la
historia de Nicodemo en Juan 3, y describa cómo Jesús creó la
necesidad en él. ¿Cree que Jesús estaba consciente de crear la
necesidad de Nicodemo? Si es así, ¿qué implicaciones tiene
eso para usted la próxima vez que enseñe?
5. Dios es el Maestro de todos los maestros ejemplares. Está tan
comprometido con usted y conmigo que prometió «suplir todo lo
que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús»
(Filipenses 4.19). Aunque no lo sepamos, Dios ha estado bus-
cando activamente suplir nuestras necesidades todo el tiempo.
Si le entrevistáramos acerca de usted, ¿cuál es la necesidad que
él ha estado exponiendo en usted durante el año pasado?

336
10
LA LEY DE LA NECESIDAD; EL
MÉTODO Y LOS MAXIMIZADORES

—Estas truchas particulares son difíciles de pescar —dijo—.


Chupan la mosca, sienten el anzuelo, y lo sueltan inmediatamente.
Tiene que tirar el anzuelo en ese segundo, sino lo pierde. ¿Cree que
puede hacer eso?
—Por supuesto —contesté. Después de todo, yo había pesca-
do todo tipo de peces en lagos, ríos, y océanos. Pescar truchas en
Colorado sería fácil.
El guía siguió con sus instrucciones.
—Si tira por allí, y deja que la mosca flote unos siete o diez
metros, probablemente la van a morder.
Lo hice tal como él dijo. Pero no pasaba nada. Dentro de unos
segundos, dijo:
—Perdió uno. Allí perdió otro.
—¿De qué está hablando? —No sentí nada y no vi nada.
—No cree que las truchas realmente mordieron el anzuelo,
¿verdad? —Supongo que no podía evitar ver mi cara de escéptico.
—Páseme su caña, y le mostraré. —Tiró una sola vez la cuer-
da, y sacó una trucha grande, justo donde yo había tenido mi mos-
ca. ¡No podía creerlo!
Una y otra vez nuestro guía fiel nos ayudaba.
—Hay que sentirlo en la caña, y en el movimiento de la mosca
en el agua; tiene que aprender a tentar la trucha —decía, animán-

337
Las siete leyes del aprendizaje

donos durante horas. No pesqué nada por varias horas, y estaba


empezando a perder la esperanza. Entonces de repente empecé a
pescar esas truchas, en el mismo lugar donde habíamos intentado
antes. Ahora yo podía «sentir» el río. Todo empezó a funcionar
bien. ¡Qué emoción!
Más tarde ese día, un joven bajó al río cerca de nosotros, lle-
vando una caja grande con sus utensilios para pescar. Sonreímos
para animarlo. Pero él sacó unas carnadas artificiales que se usan
para pescar róbalos, o incluso para pescar en agua salada, pero no
para pescar truchas. Nuestro guía se le acercó y le empezó a expli-
car que esas carnadas artificiales no atraen a las truchas, pero que
ciertas moscas artificiales sí las atraen.
El joven le dijo al guía que se callara. Dijo que había pescado
siempre con sus cebos artificiales, que iba a usarlos allí también, y
que iba a pescar truchas con ellos también.
Pronto nuestro guía nos llevó a otro lugar donde el agua corría
más rápidamente. Revisó su chaqueta de pescar para buscar una
mosca particular. Sonrió cuando encontró un par de moscas.
—Estas moscas artificiales son las únicas que dan resultados
con las truchas en esta sección del río. Las hice anoche especial-
mente para este lugar. Tienen el peso suficiente para hundirse en
esta corriente fuerte; y tentarán cada vez a esas truchas.
Tenía razón. Cambiamos las moscas y empezamos a pescar
truchas más grandes. Después de un tiempo, volvimos al joven que
estaba todavía pescando. No había pescado nada, y estaba obvia-
mente frustrado.
—¡Peces estúpidos! —gritó—. No están mordiendo. ¡Yo odio
pescar!
Nuestro guía era un pescador ejemplar. Cuando le prestamos
atención y seguimos sus instrucciones y su ejemplo, poco a poco
llegamos a ser bastante buenos para pescar truchas. Como él dijo,
todo depende de la carnada que use, y también del movimiento

338
La ley de la necesidad

correcto de la caña. Los peces están allí, y los puede pescar —si
sabe cómo hacerlo.
Si usted cierra su cajita de utensilios para pescar un momento, y
me permite ser su guía, me gustaría compartir con usted cómo llegar
a ser un buen pescador de hombres en el salón de clases. Durante la
discusión del método de la ley de la necesidad, explicaré cómo selec-
cionar la carnada correcta para pescar, después cuando hablemos
de los maximizadores de la ley de la necesidad, hablaremos del me-
jor movimiento de la caña para enganchar el anzuelo.
En realidad, sin embargo, pescar hombres es más fácil que
pescar truchas. Es más fácil verlos, y no se irán o será más difícil
que se vayan, hasta que la hora completa en que usted intenta
pescarlos haya transcurrido.
Los pescadores de hombres que yo conozco son de los que
pescan a todos sus alumnos en cada sesión. Han dominado la habi-
lidad de seleccionar la carnada y de mover la caña correctamente.
Para los que insisten todavía que los «alumnos estúpidos» tie-
nen la culpa, porque «simplemente no quieren prestar atención», ya
es tiempo de guardar sus cebos artificiales y cerrar la cajita de
utensilios. La verdad es que los peces tienen hambre. Y usted aca-
ba de perder uno. Y otro más.

El método de la ley de la necesidad

Paso 1: Encontrar la necesidad


Ya que nuestra responsabilidad principal es satisfacer las ne-
cesidades de los alumnos por medio de la presentación del conteni-
do apropiado, el primer paso es casi demasiado obvio. El maestro
debe «encontrar las necesidad» de su público, e «identificarla»,
normalmente en una manera profunda «anualmente».
Mi investigación muestra, sin embargo, que el maestro normal-
mente no conoce las necesidades de su público. Cuando se les pide

339
Las siete leyes del aprendizaje

que hagan una lista de las diez necesidades más grandes de sus alum-
nos, la mayoría de los maestros fallan en un ochenta por ciento; es
decir, ¡solamente conocen dos de diez! Con razón que las clases son
tan pobres; estamos tratando de pescar con la carnada equivocada.
Me pregunto: ¿Usted puede hacer una lista de las diez necesi-
dades más grandes de sus alumnos, en orden de importancia? Piense
en la importancia de tener una lista de las necesidades mayores de
su público. Nunca más tendría que preguntarse si su lección sería
significativa para su público.
Usted puede descubrir las necesidades de sus alumnos de las
siguientes tres maneras: el método directo, el método indirecto, y el
inventario.

1. Métodos directos para encontrar las necesidades


Pocas personas pueden simplemente mirar a los alumnos y
hacer una lista de sus necesidades. Una de las razones es que la
gente ha aprendido a poner una máscara que dice «¡Estoy bien!»

340
La ley de la necesidad

No se olvide que están usando máscaras. La vida normalmen-


te no es lo que parece. La máscara es nuestro peor enemigo. Pone
una distancia entre amigos que se necesitan mutuamente. Despista
a los maestros que piensan que nadie tiene necesidades, o que na-
die quiere recibir ayuda con sus necesidades.

No te dejes engañar.
No te dejes engañar por mi cara.
Porque pongo una máscara.
Pongo miles de máscaras—
Máscaras que temo sacar,
Y ninguna de ellas soy yo.
Pretender es un arte
Que me viene naturalmente,
Pero no te engañes...
Por favor no te engañes.

Te doy la impresión
Que me siento seguro.
Que todo me va bien
Y no tengo problemas
Ni por dentro ni por fuera.
Que mi nombre es confianza.
Que mi vida es tranquila.
Y que estoy en control
Y que no necesito a nadie.

Pero no me creas.
Estoy sereno en la superficie
Pero mi superficie es una máscara.
Mi máscara siempre cambia
Y siempre me esconde...

341
Las siete leyes del aprendizaje

¿Quién soy yo?


¿Quién soy yo?, te preguntarás.
Soy alguien que tú conoces muy bien.
Soy cada persona que conoces.
Anónimo

Hace años estaba hablando en una conferencia para jóvenes.


Después del segundo día, les dije a los encargados: «Hay muchas
drogas en este grupo». Lo negaron. «Veamos», dije. La próxima
noche prediqué acerca de las drogas y pedí que los jóvenes llevaran
sus drogas para botarlas en el suelo. Era una pila grande. Los más
sorprendidos eran los líderes que no conocían las necesidades verda-
deras del grupo. Estaban enseñando temas que estaban tan alejados
de ellos, que me sorprende que alguien haya prestado atención.
El método directo hace surgir los hechos, sin ningún mediador.
Pregunte a sus alumnos usted mismo. Los maestros siempre están
sorprendidos por lo abiertos que son los alumnos cuando se les
habla de una manera personal, sin amenazarlos. No solamente es-
cuchará las respuestas directamente de la boca del alumno, sino
también recibirá el beneficio de sentir la importancia que le da al
asunto, por su intensidad y su emoción. Es frecuente que el alumno
sin darse cuenta revele otras necesidades que usted no habría ima-
ginado. Esté alerta a los mensajes entre las palabras.
Abajo hay una lista de seis métodos principales para encontrar
las necesidades de su público. Ocupe los métodos más apropiados
de acuerdo con su personalidad, los alumnos, y las circunstancias.

Preguntas directas. Cuando la situación es casual y relajada,


haga preguntas directas para encontrar las necesidades. Aquí ofrezco
unas ideas:

342
La ley de la necesidad

• «Bárbara, yo aprecio mucho tu sabiduría y tus ideas, y qui-


siera pedir que me ayudes a ser más eficaz como maestro.
Necesito que me digas cuáles son los tres problemas más
serios que las personas como tú están enfrentando hoy.»
• «Juan, estoy preocupado de que nuestra clase satisfaga las
necesidades de los alumnos. ¿Podrías ayudarme, dándome
dos o tres áreas de tu vida que quieres que yo considere en
las clases en el futuro?»
• «Sr. Pérez, ¿cuáles son los temas que le gustaría que tocara
en mis clases durante el próximo período?»

Las preguntas abiertas permiten que el alumno sea tan personal


como quiera. La gente responde a las preguntas sinceras, especial-
mente cuando el maestro pide ayuda. Quite la amenaza y el miedo.
Desarrolle la costumbre regular de hacer buenas preguntas, y estará
sorprendido, porque pronto tendrá las respuestas correctas.

Entrevistas informales. Este método es menos difícil que el


primero, en que no hace las preguntas directamente o personal-
mente, sino que consulta acerca de las necesidades generales:

• «Marta, me di cuenta de que los alumnos parecen sentirse


presionados últimamente. ¿Por qué piensa que es así?»
• «Pedro, ¡sus hijos están creciendo mucho! ¿Qué edad tie-
nen ahora? ¿Cuáles son las luchas que están enfrentando
los jóvenes de su edad ahora?»
• «Sr. y Sra. Pérez, ¿ustedes leyeron los artículos en el diario
el domingo acerca del hecho de que la gente tiene más deu-
das personales que nunca? ¿Cómo creen ustedes que las
deudas están afectando a las familias hoy?»

343
Las siete leyes del aprendizaje

Esta es una manera natural para descubrir los pensamientos y


los sentimientos de sus alumnos. Las entrevistas informales pue-
den dar ideas significativas, ayudando que su contenido sea apro-
piado y que despierte interés personal.

Cuestionario anónimo. Este es un vehículo muy eficaz. Un cues-


tionario puede ser controlado, involucra más personas de lo que pudie-
ra entrevistar personalmente, y hace preguntas acerca de varios te-
mas. La clave para que sea eficaz depende de tres condiciones.
Primero, el público debe saber cuál es el propósito del cuestio-
nario, y cómo se va a usar la información. ¿Es solamente para el
maestro, o serán publicados los resultados? Obviamente en el se-
gundo caso, habrá menos honestidad.
Segundo, el público debe estar convencido que sus respuestas
serán anónimas. Cualquier sugerencia de que podrían ser descu-
biertos cambiará las respuestas.
En tercer lugar, las preguntas deben ser formuladas de tal ma-
nera que las respuestas representen la realidad. Las preguntas son
tan importantes como las respuestas.
Frecuentemente distribuyo tarjetas con las siguientes pregun-
tas abiertas, y pido a los alumnos que las contesten anónimamente:

• El problema más grande que tengo en el trabajo es...


• Cuando mi esposa (o esposo) y yo discutimos, normalmente
es acerca de...
• Mi decepción personal más grande durante los últimos años fue...
• Mi triunfo más grande como persona es...
• Cuando me enojo con Dios, es normalmente porque...
• Cuando llegue al cielo, la revelación más importante acerca
de lo que debería haber hecho en la tierra será...
• Si alguien pudiera darme un buen consejo acerca de la crian-
za de mis hijos, sería...

344
La ley de la necesidad

• Probablemente el área de mi vida espiritual que me causa


más problemas es...
• Evalúe su vida cristiana en una escala de 1-10. El área don-
de estoy fallando más es...
• El pecado que me causa más problemas, y contra el cual
tengo poca victoria es...
• En una escala de 1-10, ¿cuán honesto ha sido para contes-
tar estas preguntas?

Pase unas horas con esas tarjetas —representan una mina de


oro para conocer las necesidades. Pronto podrá identificar las diez
necesidades más grandes en áreas como la familia, el trabajo, y el
crecimiento espiritual. Escriba esas diez necesidades en una pági-
na al final de su Biblia. Apunte especialmente a una de las tres
necesidades más frecuentes en cada clase, y toque en forma se-
cundaria una de las siete menos frecuentes. Nunca más tendrá que
preguntarse si la lección llegó al blanco.
¿Recuerda al pastor que enseñó Gálatas durante dos años, y
todavía estaba en el capítulo dos? Durante el almuerzo, me preguntó
qué debía hacer. Le expliqué el método del cuestionario anónimo.
—No puedo hacer eso el domingo —me dijo.
—Puede, si quiere —contesté—. Si le interesa su gente sufi-
cientemente para saber qué les sucede, lo puede hacer.
—Nunca me dirán.
—Sí, lo harán, si promete romper las tarjetas y botarlas a la
basura cuando haya terminado.
—Bueno, si hago el cuestionario, ¿qué hago después?
—En su sermón del domingo siguiente, tome un descanso de
Gálatas y predique la respuesta para el problema número uno. Llá-
meme para contarme lo que pasa.
Mi amigo entregó el cuestionario y me llamó el domingo en la
tarde, antes de preparar su próximo sermón.

345
Las siete leyes del aprendizaje

—Bruce, hice eso del cuestionario.


—¿Qué pasó?
—Lloré toda la tarde. Bruce, yo no tenía idea lo que suce-
día en mi congregación. ¡No puedo creer lo despistado que he
estado!
—Pastor, ¿revisó sus últimos sermones?
—Me sorprendió, no he tocado ni uno de los tres problemas
más serios en un año o más.
—Entonces, ¿qué va a hacer?
—Voy a tomar la necesidad más frecuente, y el próximo do-
mingo voy a predicar la respuesta de Dios para ese problema.
Me llamó una semana más tarde.
—Bruce, en todos mis años del ministerio, nunca he visto una
respuesta de mi gente como esta. Al salir, algunas personas que
casi nunca me saludan, me abrazaron y me dieron las gracias. Te-
nían lágrimas en sus ojos. Decían: «Gracias, pastor. Eso era justa-
mente lo que necesitaba».
—¿Va a volver a Gálatas?
—¡No todavía!
Amigos, ¿qué va a predicar este domingo? ¿Qué va a ense-
ñar? ¿Qué porcentaje de las parejas en su iglesia tienen problemas
matrimoniales? ¿Qué porcentaje de los padres están confundidos,
y no saben cómo criar a sus hijos con valores cristianos? Es mucho
más de la mitad. Y si es así, ¿qué está haciendo al respecto? No
está enseñando una serie de veinte semanas acerca del templo de
Ezequiel, ¿verdad?

Interacción con miembros de la familia. Hay dos maneras


de hacer esto: (1) comentarios del alumno acerca de su familia; y
(2) comentarios de la familia acerca del alumno.
Preguntas generales y abiertas acerca de la familia de un alumno
pueden revelar volúmenes al maestro que tiene discernimiento.

346
La ley de la necesidad

¿Cuántas necesidades puede usted descubrir en la vida de Sergio,


que tiene treinta años?

P: Sergio, ¡qué bueno verlo de nuevo! ¿Julia todavía lo trata


como un rey después de diez años de casados?
R: ¿Está bromeando? Julia está tan ocupada vendiendo pro-
piedades, que ya no está nunca en la casa.
P: ¿Muy ocupada? Bueno, el ingreso de su trabajo debe ayu-
dar a pagar todas las cuentas que todos tenemos que pagar
hoy en día.
R: ¡En absoluto! ¡Tenemos más cuentas que nunca! Julia tuvo
que comprar un segundo vehículo, y ahora me dice que nece-
sita un teléfono celular en su automóvil. ¿Lo puede creer? No
tenía idea de que el matrimonio sería tan difícil.
P: ¡Hola, María! (La hija de Sergio, que tiene diez años.) Aca-
bo de hablar con tu papá, y me dice que tu mamá está muy
ocupada estos días. ¿Te has convertido en la cocinera de la
familia?
R: No. Papá contrató a una empleada. Lo único que él hace
ahora es ver televisión y comer pizza. Además, no echo mu-
cho de menos a mi mamá...

Si usted sabe leer las señales, probablemente reconoció media


docena de problemas en esta conversación breve —algunos bas-
tante serios. El secreto de este método está en su capacidad de
proveer un ambiente aceptable, apropiado, y seguro, en que la gen-
te pueda revelar sus necesidades.

Visitas personales al hogar o al trabajo del alumno. Las


mejores percepciones se obtienen a través de una visita breve per-
sonal a la casa de la persona o a su lugar de empleo. Es la única
manera de ponerse en su lugar y caminar en sus zapatos. Las cla-

347
Las siete leyes del aprendizaje

ses son tan poco naturales y tan estructuradas, que los alumnos
difícilmente revelan su verdadera identidad. Tenemos que buscar
en otro lugar un vistazo de su realidad. El hogar es donde se sacan
las máscaras y donde las necesidades se manifiestan fácilmente.
Las actitudes, la atmósfera, la mentalidad, la armonía o falta de
armonía, el orden o el desorden —todo esto es aparente para la
visita que toma el cuidado de observar bien.
Uno de los gozos de mi vida fue servir en el directorio de la
organización Fellowship of Companies for Christ [Comunión de
Compañías para Cristo] durante muchos años. Compuesta de más
de setecientas compañías en todo el país, esta organización capaci-
ta a presidentes y dueños a dirigir sus compañías de acuerdo con
principios y procedimientos cristianos. Durante los últimos siete años,
he llegado a ser muy amigo de muchos dueños de compañías con
ventas desde $25.000 dólares hasta más de $100 millones de dólares.
Cuando conversamos, el tema de la iglesia local siempre surge.
Aunque estos hombres son cristianos muy dedicados, y apoyan
sólidamente a sus iglesias, constantemente expresan su desilusión
por el hecho de que el pastor o el profesor de la escuela dominical
pocas veces comunican lo que enseña la Biblia acerca de cómo
vivir la vida cristiana en los negocios. Hasta que la organización de
FCC comenzó, la mayoría de estos hombres había concluido que la
Biblia no tenía nada que decir con respecto a las necesidades en el
mundo de los negocios.
Una noche memorable les pregunté más: ¿Por qué piensan que
la situación es tan habitual? Inmediatamente, uno de los hombres
dijo que pensaba que su pastor ni sabía qué problemas y qué desa-
fíos enfrentaba la gente de su congregación. Los demás estaban de
acuerdo. Entonces pregunté por qué no sabían. «¡Porque el pastor
nunca pregunta!» Los ocho decían que el pastor nunca había visita-
do sus compañías en todos los años que habían sido miembros.

348
La ley de la necesidad

El maestro no puede satisfacer una necesidad si no sabe lo que


es. Si quiere conocer a sus alumnos, mire detrás de las puertas de
sus casas y sus oficinas.

Observación personal. Este método enfoca en los indicios


que están disponibles durante toda la vida. Por lo menos cinco áreas
se pueden observar:
Primero, las preguntas que hace la gente durante y después de
la clase reflejan áreas de interés y necesidad espiritual.
Segundo, el lenguaje corporal habla tan fuerte que a veces se
escucha por encima de las palabras habladas. Los brazos cruza-
dos, las manos sobre la boca, sentado muy abajo en la silla, el torso
inclinado agresivamente hacia delante —todos estos gestos dan
mensajes fuertes.
En tercer lugar, la asistencia en la clase es probablemente el
indicador más directo de si el maestro está satisfaciendo las nece-
sidades. La presencia o la ausencia son como letreros públicos,
anunciando lo que piensan de su clase. Cuanto más haya ayudado
a la clase, más vendrán buscando más ayuda.
En cuarto lugar, las discusiones en la clase reflejan las necesi-
dades que requieren más consideración. Cuando los alumnos tra-
tan de seguir hablando de un tema en particular, usted sabe que ha
tocado algo importante.
En quinto lugar, las actividades y las conversaciones que suce-
den después de la clase muestran los intereses y las preocupacio-
nes verdaderas de sus alumnos, porque no son planificadas ni
estructuradas.
Estos son los métodos directos principales para encontrar las
necesidades de sus alumnos. Pero no olvide algunos métodos indi-
rectos que se pueden usar para tener una buena idea de cuáles son
los temas más relevantes para sus alumnos.

349
Las siete leyes del aprendizaje

2. Métodos indirectos para encontrar las necesidades


Distintos de los métodos directos, en que se pone en contacto
personal con los alumnos, los métodos indirectos ofrecen mucha
información valiosa por medio de la investigación y experiencia de
otras personas. Aunque la información frecuentemente proporcio-
na ideas sólidas y válidas, debe ser evaluada con cuidado, ya que
no se trata de sus propios alumnos.
Coleccione información en dos áreas básicas: (1) temas que
interesan a sus alumnos; y (2) características de la edad de sus
alumnos, notando sus tendencias y sus problemas.
Hay muchas fuentes de este tipo de información, pero mencio-
naremos algunas de las fuentes principales:

Libros. Textos de sicología, de desarrollo de niños, y de educa-


ción cristiana normalmente sirven para resumir las características
básicas, los problemas y los intereses de cada edad. Además, sir-
ven como referencia rápida. Para tener una idea de los libros que
se venden más, y así también tener una idea de los intereses y las
necesidades actuales, se puede pasear de vez en cuando por las
librerías seculares y cristianas. Pregunte al administrador de la li-
brería qué tipo de tendencia ve en las ventas, y cuáles son los libros
que compra la gente de la edad de sus alumnos.
Cuando escribía este libro, los cuatro libros de mayor venta
tenían que ver con el dinero, los negocios, el sexo, y la salud. ¿Cuándo
fue la última vez que usted compró un libro acerca del dinero, los
negocios, el sexo, o la salud?
Un amigo mío que es pastor de una de las iglesias más grandes
del país empezó a notar una tendencia en sus sesiones de consejería.
La gente cuestionaba si se habían casado con la persona indicada.
Así que decidió predicar acerca del tema. «La próxima semana»
avisó, «voy a predicar acerca de qué pasa cuando piensa que se ha
casado con la persona equivocada». Se corrió la voz en la comuni-

350
La ley de la necesidad

dad, ¡y al domingo siguiente tenían 2.000 visitas! (¡Sí, dos mil!)


¿Cree usted que él tocó una necesidad verdadera?

Revistas y diarios. Ya que la industria de revistas está tan orien-


tada a los consumidores, y debe tocar los intereses cambiantes del
público, frecuentemente presenta un panorama de las necesidades de
su público. Preste mucha atención a los artículos que publican, y tam-
bién a los libros que describen y promocionan. Muchas revistas inclu-
yen artículos, encuestas, y columnas de respuestas a las preguntas de
lectores. Recuerde, la gente lee solamente lo que le interesa. Aunque
no esté de acuerdo con las respuestas o los consejos que dan, debe
mantenerse al día con los temas que tocan, o por los cuales provocan
muchas cartas en respuesta. Tome una revista muy conocida y bus-
que la sección de preguntas y respuestas. Esas son las preguntas que
la gente plantea. El próximo domingo, enseñe la respuesta de Dios a
esas preguntas. ¡Garantizo que nadie se irá de su clase!

Investigación y encuestas. Hay muchas encuestas que diri-


gen estudios públicos y que establecen los sentimientos y las con-
vicciones del público acerca de miles de temas.

Entrevista con individuos que tienen contacto con el públi-


co. Los doctores, dentistas, peluqueros, consejeros, psicólogos, te-
rapeutas familiares, policías, profesores, directores de escuelas, y
muchos otros profesionales toman el pulso del público, y se pueden
entrevistar acerca de las tendencias que ven. Tengo la costumbre
de preguntar a tales personas acerca de los problemas que ven.

3. Desarrollar un inventario de necesidades para sus alumnos


Después de completar su investigación inicial, organice su in-
formación en una forma útil: escriba en una hoja un resumen del
diagnóstico de sus alumnos, en orden de prioridad.

351
Las siete leyes del aprendizaje

Hay muchas maneras de organizar su información. La manera


más básica es simplemente hacer una lista de las diez necesidades
más habituales en orden de frecuencia. Ofrecemos otros formatos:

Según áreas clave. Haga una lista de todo lo que encontró,


según temas como las tentaciones, los pecados, los problemas, los
temores, las ansiedades, las debilidades, y las desilusiones. En cada
categoría, haga una lista en orden de frecuencia.

Según referencia de tiempo. Haga una lista de las necesida-


des que ya han enfrentado sus alumnos, otra de las que están en-
frentando ahora, y otra de las que enfrentarán en el futuro. Este
método ayuda a dar medicamentos preventivos. Si sus alumnos
están terminando la enseñanza secundaria, el tema de cómo tener
éxito en la universidad será muy importante para ellos.

Según los roles de las personas. Arregle las necesidades


según las responsabilidades que tenemos, incluyendo esposo(a),
padre/madre, novio(a), amigo(a), jefe, empleado(a), hijo(a),
abuelo(a), nieto(a), maestro(a), consejero(a). ¿Cuáles son las cin-
co necesidades mayores de las esposas, de los empleados, etc.?

Según las categorías más importantes de la vida. Se pue-


den ordenar las necesidades en categorías como físicas, emociona-
les, intelectuales, morales, espirituales, y financieras.

Sea cual sea el método, encuentre una manera de ordenar la


información para que sea práctica y fácil de usar. Este documento
será de mucho valor. Ver las necesidades de sus alumnos en una
hoja de papel guiará y motivará su enseñanza como nada antes.
Haga esto por lo menos una vez al año. Es el fundamento sobre el cual
descansa esta ley. Si no encuentra la necesidad, no puede dar los otros

352
La ley de la necesidad

pasos del método de la ley de la necesidad. Continuará usando la carnada


equivocada, y aunque haga mucho esfuerzo, no tendrá éxito en pescar.

Paso 2: Enfocar la necesidad


En este paso, se consideran todas las necesidades que se han
descubierto, y se «enfoca la necesidad» para «incluir» una en
especial en la lección que se tratará. Este paso debe repetirse «re-
gularmente», dependiendo del tiempo que dure la serie.
Este es un paso crítico. Si ha hecho correctamente la encuesta,
habrá descubierto muchas necesidades y heridas importantes. Los
siguientes comentarios no son poco frecuentes:

«Mi marido rehúsa dejarme participar en las decisiones fi-


nancieras. Creo que posiblemente esté escondiendo esto, en
caso de que nos divorciemos. ¿Qué debo hacer?»

«Estoy considerando declararme en bancarrota. ¿Qué dice


Dios acerca de esto?»

«No hay pasión en nuestra vida sexual. Cuando yo y mi es-


posa hacemos el amor, ella parece aburrida y apurada. ¿Con
qué derecho se quejaría si yo tuviera un romance?»

«Mi médico me dijo que tengo un tumor cerebral y que pron-


to perderé la capacidad de cuidarme solo. No quiero ser una
carga para mi familia. Si me suicido, ¿Dios me perdonará?»

En la iglesia que sea, en el país que sea, si usted hace una


encuesta anónima, descubrirá necesidades como estas —difíciles,
vitales, que rompen su corazón.
Pero no son iguales todas las necesidades. Algunas son más
importantes que otras. Su tarea es enfocar primero la más im-

353
Las siete leyes del aprendizaje

portante. Enfoque una necesidad a la vez. ¿Cómo elegir la correc-


ta? Con mucho cuidado y con mucha oración.
Aunque el primer paso de investigar las distintas necesidades
de su público se hace solamente una o dos veces al año, este paso
es necesario cada vez que prepara una nueva serie. Distinto del
primer paso, que toma mucho tiempo y esfuerzo, este paso es fácil
y no toma mucho tiempo.
Los beneficios de tomar unos momentos para enfocar la nece-
sidad más importante no se puede exagerar. ¡No lo deje al azar!
¿Por qué usar sus momentos preciosos preparando una gran lec-
ción acerca del tema equivocado? ¿De qué sirve una carnada boni-
ta para róbalos cuando quiere pescar truchas? Para el fin de este
paso, habrá seleccionado la necesidad más esencial que va a tratar
durante la próxima clase o serie.

Paso 3: Especular sobre la necesidad


Los pasos uno y dos tienen que ver con la selección de la car-
nada correcta para atraer a los alumnos, y los pasos cuatro y cinco
capacitan para pescar a sus alumnos con esa carnada.
Solamente por el hecho de discernir bien cuál es la carnada
correcta no garantiza que vaya a ser eficaz en la aplicación de la
carnada, o que los alumnos estarán motivados a morder la carna-
da. La primera habilidad tiene que ver con la selección que se hace;
la segunda tiene que ver con la habilidad de usar la selección.
Recuerde cómo yo no podía pescar truchas al principio, pero el
experto pudo pescar bien en el mismo lugar, con la misma caña y la
misma mosca artificial. Él sabía «jugar con el río» de tal manera
que la mosca pareciera atractiva para la trucha. La mía probable-
mente parecía un anzuelo que pretendía tener la apariencia de una
mosca. No era atractiva para un pez.
Como resultado del paso dos, usted tiene la carnada correcta
en la mano, pero ¿sabe usarla? ¿Sabrá enganchar a sus alumnos?

354
La ley de la necesidad

¿O su mosca simplemente va flotando por el río —desabrida y


aburrida para sus alumnos?
El paso tres es el vínculo vital entre la carnada y el alumno,
entre conocer la necesidad y ayudar al alumno a sentir la importan-
cia de esa necesidad.
La mejor manera de cumplir esta tarea es tomar el lugar de
uno de los alumnos un momento y «especular sobre la necesidad
—qué sucedería si esta no fuera satisfecha». Use su «imagina-
ción», y póngase en el lugar de los alumnos para ver la vida desde
su punto de vista. ¿Por qué deben desear que esta necesidad parti-
cular fuera satisfecha en su vida? ¿Cuáles son las razones positi-
vas y negativas para morder su carnada y tratar de satisfacer esta
necesidad? Practique esto «semanalmente» cuando enseñe.
La esencia de esta etapa de especulación está en escribir una
lista breve de los posibles beneficios en la vida de sus alumnos si
ellos lograran tener éxito, y de las consecuencias negativas si fra-
casaran. Supongamos que la necesidad que ha seleccionado para
sus alumnos adolescentes es la de «obedecer a sus padres», y us-
ted se pregunta cómo hacer que estén realmente interesados en la
serie que va a dar, y que estén deseosos de asistir y escuchar.
Empiece con una lista de las cosas buenas que sucederían si
obedecieran a sus padres, y de las cosas negativas que sucederían
si desobedecieran a sus padres. Estas dos listas son las cosas espe-
cíficas que usted utilizará para hacer que sus alumnos sientan la
necesidad de aprender a obedecer a sus padres.
Lo positivo siempre está relacionado con lo agradable y los
sentimientos como «yo quiero...». Lo negativo anticipa el dolor y
los sentimientos de «no quiero». La clave de este paso está en la
identificación de una cantidad de cosas que «quieren» y «no quie-
ren» sus alumnos. La motivación frecuentemente viene de senti-
mientos basados en la esperanza de placer o el miedo al dolor.
Cuanto más poderosas y convincentes sean las razones que tengan

355
Las siete leyes del aprendizaje

para satisfacer esta necesidad, mejor posibilidad tendrá en el próxi-


mo paso para aumentar la motivación de los alumnos.
Hay tres secretos detrás de la especulación efectiva. El prime-
ro es repasar su propia experiencia e imaginación para encon-
trar posibles ejemplos de jóvenes que obedecen o no obedecen a
sus padres. Piense en toda la gente que conoce directa o indirecta-
mente que han recibido beneficio de obedecer a sus padres o que
han sufrido por no obedecerlos. Considere libros que ha leído, his-
torias que ha escuchado, programas de televisión que ha visto. Al
hacerlo, su lista de las cosas positivas y negativas aumentará rápi-
damente. Si tiene dificultad en este punto, abra su creatividad y
suelte su imaginación —¿qué podría sucederle a un joven adoles-
cente que obedece o no obedece a sus padres?
El segundo secreto de la especulación efectiva es el empleo
del principio de los extremos. Piense en lo mejor que podría suce-
derle a un adolescente por obedecer y en lo peor que podría suce-
derle por desobedecer. Tome sus ejemplos y llévelos a un extremo
en los dos sentidos. Descubrirá una multitud de ejemplos adiciona-
les en el camino. Y cuando identifique los extremos, tendrá unas
buenas ideas. Es más fácil despertar sentimientos cuando se consi-
dera lo más maravilloso o lo más terrible. Un deseo intenso surge
de una esperanza intensa de agrado o de dolor.
El tercer secreto de la especulación efectiva es «imaginar» a
la persona en su clase que sería la más probable de obedecer ple-
namente, y a la persona que sería la más probable de desobedecer
al máximo. Cuando las haya seleccionado, imagínese en su lugar
cuando experimenten las consecuencias de su decisión. Piense en
el futuro. Especule acerca de sí mismo en el lugar de ellos. Usando
su imaginación, identifíquese con ellos, sintiendo lo que experimen-
tarían como resultado de sus decisiones.
Practicando estos tres secretos en la especulación, pronto po-
drá pensar casi inmediatamente de un número de motivaciones que

356
La ley de la necesidad

puede utilizar para que sus alumnos deseen aprender lo que ha


planificado enseñarles.

Paso 4: Experimentar la necesidad


Finalmente está preparado para llevar a sus alumnos a «expe-
rimentar la necesidad» de lo que va a enseñarles. Los tres prime-
ros pasos son preparatorios, y convergen en este momento culmi-
nante. Ahora se ha preparado, y está listo para tirar la carnada en
el agua y empezar a pescar. La manera en que use la carnada en la
clase determinará si sus alumnos buscan la carnada, tal como la
mujer samaritana respondió a la pesca efectiva de Jesús (Juan 4).
La clave del paso cuatro es «inspirar» a sus alumnos
emocionalmente mientras forma la necesidad «semanalmente».
Nunca olvide que era la habilidad de Jesús como Pescador Ex-
perto que causó que la mujer buscara la solución de su necesidad.
De la misma manera, la habilidad con la que usted utilice la carnada
en las clases determina el interés y la atención de los alumnos.
Un alumno desinteresado es el resultado de un maestro con poca
habilidad. Un alumno aburrido es también el resultado de un maestro
poco capacitado. Cuando escucho que un maestro se queja de los
alumnos «estúpidos y sin motivación», siempre sé que, o usó la car-
nada incorrecta, o no sabía usar la caña con mucha habilidad.
Nunca olvidaré el día que Glenn Alsworth fue a buscarnos a mi
hijo y a mí, en un viaje de pesca a un lago remoto en Alaska. Había-
mos pescado todo el día, y habíamos perdido la mayoría de las carna-
das. Nuestra línea estaba enredada, y no podíamos enrollarla. Tenía-
mos unos grandes pescados para compensar nuestro esfuerzo, pero
no habíamos pescado nada durante las últimas dos horas. Glenn dijo
que tenía un poco de tiempo, así que tomó la caña mala, puso una
carnada artificial que había perdido sus plumas, mostrando solamen-
te un anzuelo, y entró al agua. Sonreí, porque apreciaba el hecho de
que él nos estaba dando un poco más de tiempo para pescar.

357
Las siete leyes del aprendizaje

Pero después me fijé que él estaba pescando seriamente tam-


bién. Sostenía la caña como si fuera una extensión de su brazo. En
veinte minutos había pescado el número límite, con una caña mala,
y un anzuelo pelado, donde no estaban mordiendo los peces.
¿Cómo? Era una pescador experto entre los pescadores ex-
pertos. Sabía cómo hacer que el anzuelo vacío pareciera increíble-
mente vivo para los peces astutos que habían evitado nuestras car-
nadas bonitas casi todo el día.
¿Puede pescar a sus alumnos con un anzuelo vacío? Solamen-
te si tiene mucha experiencia y sabe cómo hacerlo. Si usted
sabe usar la caña, serán atraídos hacia un anzuelo vacío.
Como orador público, he asistido a muchas conferencias en mi
vida, y he observado que algunos maestros espantan a los alumnos,
aun con carnadas perfectas. Y he observado que algunos maestros
expertos van a una clase con un tema designado (que era comple-
tamente equivocado para los alumnos —una carnada incorrecta), y
con su habilidad excelente, llevan a los alumnos a desesperada-
mente desear el mensaje que habían preparado. Antes de empezar
sus puntos principales, los alumnos habían decidido que necesita-
ban ese mensaje más que ninguno.
Este cuarto paso es más emocional que intelectual. No se trata
de hechos, sino de sentimientos. No es una transferencia de infor-
mación, sino una manera de ganar su interés. La emoción es el
factor principal de la motivación. Por lo tanto, la emoción debe ser
su contexto principal durante esta etapa.
Considere la relación entre «necesidad» y «aprendizaje». Si la
necesidad sentida es poca, ¿cuánto aprenderán normalmente? No
mucho. Si sus alumnos se identifican fuertemente con la necesidad,
sin embargo, habrá mucha motivación para aprender. Sus alumnos
sacarán la lección de usted. Serán como la mujer samaritana, ha-
ciendo todas las preguntas correctas para llevarlo al próximo punto
en su bosquejo. En la sección de los maximizadores de la ley de la

358
La ley de la necesidad

necesidad, identificaremos siete maneras de ayudar a sus alumnos


a sentir la necesidad.

Paso 5: Explicar la solución de la necesidad


Ahora hemos llegado a la meta. Es tiempo de ayudar a sus
alumnos a implementar la solución de su necesidad por medio de
su contenido y sus aplicaciones. Este último paso es para «expli-
car la solución de la necesidad» que ha surgido e «instruir» a
sus alumnos en el contenido que les enseña «semanalmente».
¿Alguna vez ha mandado a pedir algo, pensando que sería
maravilloso, y cuando abrió el paquete fue gravemente desilusiona-
do? Probablemente se sentía estafado. Eso puede ocurrir en una
clase también. Al aprender a crear la necesidad, asegúrese de que
pueda satisfacer las expectativas que ha formado. No prometa
demasiado; no entregue demasiado poco.
Cuando promete demasiado, esto llega a ser manipulación en
vez de motivación apropiada. Su promesa debe ser realista y apro-
piada, y su estilo debe hacer que los alumnos piensen, «¡Eso fue
excelente!» Si se equivoca, es mejor errar en el lado de prometer
muy poco —entonces puede entregar más de lo que esperaban, y
no menos.
El revés de esto es entregar muy poco. Es posible establecer
una necesidad legítima y correcta, y fallar en la entrega de la solu-
ción. Normalmente esto ocurre porque el maestro no preparó bien
la lección.
Las dos situaciones quitan la motivación de los alumnos. Cada
maestro falla ocasionalmente en una o en las dos áreas. Pero fallar
regularmente en prometer demasiado o entregar muy poco, empie-
za a fomentar la apatía, la falta de energía, la falta de atención, el
sarcasmo, y la falta de respeto. Recuerde la parábola del niño que
gritó «¡Lobo! ¡Lobo!» cuando no había lobo? Los «lobos» pueden
comer la motivación de los alumnos.

359
Las siete leyes del aprendizaje

Es importante relacionar la lección que ha preparado con la


necesidad que descubrió antes. Aunque sea obvio para usted la
relación, ¿será obvio para los alumnos? Ellos son lo más importan-
te. Por lo tanto, debe mencionar la relación intermitentemente a
través de su lección, usando frases como las siguientes:

• ¿No ven como ...?


• ¿Recuerdan que dijimos al principio que...?
• ¿Ven como esto se relaciona con...?
• ¿No es bueno saber...?
Un maestro experto cose una tela de hilos casi imperceptibles
durante la lección, haciendo mención de las relaciones. Los alum-
nos ni se dan cuenta cómo sucede, pero cuando llega a la conclu-
sión, sienten un grado alto de satisfacción.
Cumpla lo que promete. Entonces agregue un poco de «hela-
do» que no esperaban, y ponga una cereza encima. Pero nunca
debe servirlo si no están rogando que les dé helados.

Los maximizadores de la ley de la necesidad

El propósito de estos maximizadores es capacitarlo con siete


maneras de «crear la necesidad» en cualquier público en cualquier
momento. Usted puede usarlos al principio de la clase, al final de la
clase, o en medio de la clase, si siente que sus alumnos no están
interesados.
Inicialmente, quizás no sienta natural usarlos. Pero con el tiempo,
serán muy naturales. Los maestros eficaces usan estos siete
maximizadores casi inconscientemente —uno o dos de ellos cada vez
que crean una necesidad. Estos maximizadores ayudan a una persona
a sentir la necesidad, sin importar dónde vive, el tema de la clase, o su
edad. Recuerde, estos se usan para mover al público emocionalmente
a desear emocionalmente lo que usted ha decidido enseñar.

360
La ley de la necesidad

Maximizador 1: Analice la necesidad con una


presentación de los hechos.
Este es el principio de la información. Frecuentemente una
presentación —con estadísticas, citas, o descripciones— puede
revelar la necesidad en maneras gráficas. El número de embarazos
de adolescentes el año pasado, el número de declaraciones de ban-
carrota, el número de adolescentes que toman alcohol, el número
de divorcios en un período de tiempo, y otras estadísticas parecidas
pueden tener un impacto poderoso en los alumnos. Las revistas son
buenas fuentes de esta información.
Yo utilizo este maximizador cuando enseño las «Siete tenden-
cias en la juventud hoy». Las estadísticas acerca del sexo, el abuso
de alcohol y de drogas, y el suicidio entre jóvenes son datos cho-
cantes. Dar uno y otro dato es eficaz, porque nos hace preocupar-
nos por los jóvenes y crea la necesidad de buscar una respuesta.

Maximizador 2: Narre la necesidad en una historia.


Este es el principio de la identificación. He usado este método
a través de este libro. Cada ley presenta una historia que represen-
ta cómo funciona la ley.
Cuando cuenta una historia, el alumno debe pensar: «Así me
siento también». La mayoría de la gente no va a recordar su bos-
quejo o sus puntos principales, pero recordarán bien una historia.
D.L. Moody era un experto en esto —sus sermones contienen
muchas historias, mezcladas con el contenido. Howard Hendricks,
Charles Swindoll, James Dobson, entre otros, son expertos en con-
tar historias para crear la necesidad.
Cuanto más cerca esté la historia a las experiencias de sus
alumnos, y cuanto más enfáticamente se describa la historia, más
sentirán la necesidad. Pronto sus alumnos estarán pensando dentro
de sí mismos, «Así me siento», y por lo tanto, «Debo prestar mucha
atención».

361
Las siete leyes del aprendizaje

Usted puede inventar una historia, tal como Jesús hizo con las
parábolas, o puede contar una historia verídica. Lo que sea que
haga, los alumnos deben poder identificarse con la historia: «No
quiero ser así», o «Quiero ser así».
Esta historia de la revista Time (11 de abril de 1983) podría
ilustrar las ilusiones de la «buena vida».

La vida de Felipe y Rita brillaba como un comercial de televi-


sión. Para cualquiera que observaba desde lejos, parecía una vida
perfecta: tenían una casa elegante en una calle tranquila en un
suburbio de Los Ángeles, con un piano, y dos hijos alegres. Felipe,
37, ganaba un buen sueldo como ingeniero de ventas de piezas para
computadoras en Silicon Valley; Rita, 34, también ganaba un buen
sueldo como contadora.
Tal como sus inteligentes y atractivos amigos en el norte de
California, Felipe y Rita jugaban tenis, comían comidas interesan-
tes, conocían los mejores vinos, y desde hace cuatro años, aspira-
ban cocaína. Y más cocaína. Y más. Esa es la razón que varias
veces el año pasado, Felipe quedó temblando con fiebre en la sala
de su casa, con la pistola cargada y apuntando a enemigos imagina-
rios que estaban escondidos en su garaje. Rita, debilitada como su
marido, tenía sus propios hombres imaginarios que estaban miran-
do desde afuera de su dormitorio con visión radiográfica. Por eso
ella se escondía en el closet.
La paranoia de la pareja desaparecía, por supuesto, cuando
estaban usando la cocaína. Respiraban un vapor destilado de co-
caína. Felipe pasaba la noche solo con su pipa de vidrio y su dedal
lleno de cocaína. Rita estaba en otra pieza con su pipa. En las
mañanas, Felipe y Rita se juntaban para buscar granitos de cocaína
que habían caído, gateando en la alfombra. ¿Esta es la vida buena?
¿Esto es divertido?

362
La ley de la necesidad

Aquí hay un ejemplo de una historia inventada para crear la


necesidad:

¿Alguna vez se ha sentido como Roberto la rana —metido en un


hoyo, incapaz de salir del barro de su vida y saltar libremente?
Roberto la rana tenía serios problemas. Allí estaba, saltando
por el camino, sin molestar a nadie, cuando ¡plop! —cayó en
un hoyo grande. Aunque lo intentaba con toda su fuerza, no
podía salir del hoyo —era demasiado profundo.
—¡Yo sé! —pensaba dentro de sí mismo—, llamaré a mis
amigos. Empezó a croar tan fuerte como pudo.
Cuando su garganta ya estaba cansada por croar tanto, es-
cuchó contestar a dos amigos. Finalmente lo encontraron.
—¿Qué pasa, Roberto?
—¡Estoy metido en este hoyo y no puedo salir! —explicó
Roberto desde el fondo del hoyo.
—¡Vamos, tú puedes! ¡Inténtalo de nuevo, Roberto! —sus
amigos le gritaban para animarle. Pero Roberto no podía re-
unir la fuerza para saltar fuera. Lo abandonaron a su suerte.
El próximo día, los dos amigos vieron a Roberto saltando
hacia ellos.
—Oye, ¿no es Roberto? —preguntó uno.
—¡Claro que sí! —dijo el otro.
—¿Cómo pudo salir?
Roberto saltaba hacia sus amigos.
—¡Hola!
—Roberto, ¿qué pasó? ¡Pensamos que no podías salir! —
exclamó uno de sus amigos.
—No podía —contestó Roberto—, «¡hasta que vi venir un
camión, y tuve que hacerlo!»

363
Las siete leyes del aprendizaje

Las buenas historias no solamente mueven a los alumnos


emocionalmente, sino también quedan con ellos mucho tiempo des-
pués de que hayan olvidado el bosquejo de la clase.

Maximizador 3: Haga a su público sensible a la


necesidad usando el drama.
Este es el principio del involucramiento. A la gente le gusta el
suspenso, el bien contra el mal, la resolución de conflicto. El drama
puede captar ese suspenso en un monólogo, en un diálogo, una entre-
vista, un minidrama espontáneo, o un drama planificado. Usted puede
involucrar a otros, planificando de antemano, o lo puede hacer solo.
El drama es distinto de una historia, porque no la cuenta; la
actúa. Usted se pone en el lugar de la gente de la historia. Usted
puede actuar distintos roles, desde un punto de vista bíblico o mo-
derno. Usted puede ser Judas, Pilato, Elías, los pilares del templo
cuando Jesús echó a los cambistas, al asno que llevó a María a
Belén, o el árbol que no fue cortado para construir el arca de Noé,
quedando para proveer sombra para la gente que observaba a Noé
cuando lo construía. Olvide que es una persona de la época moder-
na, y vístase con una túnica de antaño. Aquí ofrezco un ejemplo:

Discutimos todo el camino desde Galilea hasta la ciudad san-


ta, porque sabíamos que era la semana en que el Mesías iba a
establecer su reino. Discutimos la mitad del tiempo acerca de
quién iba a sentarse a la diestra y quién a la izquierda, acerca
de quién iba a morir si comenzaba una revolución. Sabíamos
que Jesús nos iba a resucitar para el reino.
Y cuando empezó a lavarnos los pies, me frustré mucho. No
quería lavar los pies de nadie; yo quería pelear. Eso de lavar
los pies es lo que hace un sirviente. Pero yo, yo voy a sentar-
me a su diestra algún día. Luego, cuando Jesús llegó a mí, no
quería que me lavara los pies. Me dio vergüenza.

364
La ley de la necesidad

Entonces me dijo: «Si no me dejas lavarte los pies, todo ha


terminado entre nosotros. No tienes nada que ver conmigo».
Casi caigo del asiento. ¡Había dejado la pesca; había dejado
todo para seguirlo! Y solamente porque no dejaba que lavara
mis pies, ¿me dice que todo ha terminado? No lo pude creer.
Así que le dije a Jesús que me lavara por completo, si así tenía
que ser. Y entonces, nos dijo que alguien lo iba a traicionar.
¡Y todos empezaron a mirarme a mí!

Podría seguir con el monólogo de Pedro y dramatizar sus sen-


timientos cuando vio el arresto de Jesús y cuando negó al Señor
tres veces.
Aquí tiene otro ejemplo —el hijo pródigo. En vez de leerlo y
enseñarlo, ¿por qué no tomar el lugar del hijo pródigo?

No pude creer lo que me estaba pasando. Había recibido


$24.500 dólares de mi padre —¡toda mi herencia!— cuando
empecé hace nueve meses y tres días. La pasé muy bien.
Comí la mejor carne, compré la ropa más cara, e hice amigos
en muchos lugares. Era como una fiesta interminable. Pero
ahora... ahora ¡tengo exactamente $7 dólares!

Podría involucrar a una persona de su clase o congregación, y


continuar la historia:

Sabe, Tomás, cuando llegué hace seis meses, tenía mucho


dinero. Te compré esos zapatos; gasté mucho dinero en ti,
¿recuerdas? Bueno, Tomás, ahora necesito un poco de ayu-
da. Ya no me queda mucho dinero, y tú sabes lo que diría mi
padre si yo llegara a la casa fracasado y avergonzado. Nunca
me dejaría olvidarlo.

365
Las siete leyes del aprendizaje

Incluso usted puede ser el roble cerca de la casa del hijo pródigo:

Súbitamente vi una figura que venía desde lejos. Se parecía a


él, pero no podía ser. Recuerdo cuando él subía a mis ramas. ¡Nos
divertíamos mucho! Pero, ¡mírelo ahora! Ha envejecido mucho.
Está caminando muy lento, y parece tener miedo. ¿Tendrá miedo
de la reacción de su padre? Él no sabe que su padre quedó sentado
aquí durante días, buscándolo en el horizonte, llorando y llorando.
¡Pensé que me iba a convertir en un sauce llorón!

Maximizador 4: Enfatice la necesidad con su estilo.


Este es el principio de la intensidad. Como usted dice algo,
frecuentemente tiene más impacto que lo que dice. La intensidad,
el lenguaje corporal, el tono de voz, los gestos, el contacto visual, y
la velocidad con que se habla son métodos efectivos para crear
emoción. El enojo, el miedo, la confianza, la aceptación, el amor, la
esperanza, la inseguridad, son todos sentimientos fácilmente desa-
rrollados por medio del estilo. Aun momentos de silencio pueden
aumentar la atención y la necesidad. Varíe su estilo para mayor
efectividad y sea sensible a las intensidades apropiadas.
Palabras bien elegidas y bien elaboradas que despiertan senti-
mientos pueden ser extremadamente poderosas. Lea la oración del
Padre Nuestro. O el Salmo 23. O algún discurso político famoso.
Lea esta porción de un artículo de Gabriel García Márquez, que
trata justamente de las palabras. Fíjese cómo él ha elegido su voca-
bulario, y cómo usted se siente al leer sus frases:

La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las


palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que
pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca
hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad
y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras

366
La ley de la necesidad

inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los


libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y
cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los alta-
voces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la
calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.

La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande


en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No
por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy,
sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experien-
cia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito
propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y
cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo.1

El estilo puede hacer que los temas más insignificantes parez-


can importantes. Imagine a un vendedor bien vestido, robusto, con
pulmones fuertes, hablando en la televisión:

Piense en algo que finalmente le permita organizar su vida con


mayor eficiencia. ¡Así es! Cuando utilice esto, tendrá un senti-
do de estabilidad, orden, y paz, que jamás pensaba pudiera ser
posible. En unos pocos segundos, experimentará esa confian-
za tranquila que viene cuando está todo en su lugar.
No solamente sirve esto como sistema para organizarse. Tam-
bién se puede usar como marcador de libros —nunca perderá
su lugar de nuevo. Si lo abre totalmente, también sirve como
mantelito individual atractivo y reusable —¡perfecto para una
familia desordenada! Si tiene niños o nietos, disfrutarán ex-
presar su creatividad, pintando en esto. Además, sirve como
letrero para promoción, o para vender su vehículo —lo que
quiera escribir, escríbalo en esto, y millones lo verán. ¡Inclu-
so sirve para escribir líneas rectas!

367
Las siete leyes del aprendizaje

Imagine el sentido de compañerismo al unirse a millones de


dueños. Podrían formar un club del vecindario para compartir
sus experiencias y sus ideas para encontrar otros usos de
esta herramienta increíble. Viene en un color crema hermoso
—va con cualquier estilo de decoración. Está fabricado con
precisión. Estará maravillado por la destreza del trabajo mani-
fiesto en cada uno.
¿Cuánto pagaría por algo así con millones de usos? ¿US$500?
¿$100? ¿$50? Bueno, si lo pide hoy antes de medianoche, le
enviaremos uno, sin cobrar el envío, ¡por solamente $10! ¡Así
es! ¡$10! Pero esta oferta se hace una sola vez. Pida una
docena y ahorre —¡pague solamente $119.95! Sí, imagine la
comodidad, la confianza, la estabilidad, el sentido de realiza-
ción, y la diversión que inundará su vida cuando tenga su
propio... ¡fólder de manila!

Varíe su tono y su ritmo. Cambie la intensidad. Suba el volu-


men cuando es apropiado, susurre suavemente cuando piensa que
será más eficaz. Planifique su estilo de antemano, para tener el
mayor impacto.

Maximizador 5: Levante el nivel de la necesidad con


música.
Este es el principio de la inspiración. Un solo de voz, una
pieza cantada por un coro, o una canción instrumental, aunque sea
grabada, puede levantar la necesidad de escuchar su mensaje. Elija
algo con lo cual sus alumnos se puedan identificar —posiblemente:
«Tal como soy», «Carros de fuego», «el tema de «La misión»», o
«Firmes y adelante». Relaciónelo con la necesidad que quiere crear.
Esta es una de las razones por la que cantamos himnos en las
iglesias, y que a veces escuchamos un solo musical antes del ser-
món. La música ayuda a preparar el corazón. Las necesidades

368
La ley de la necesidad

están involucradas con las emociones. Se sienten las necesidades;


no se piensan sólo con la mente, y no se expresan sólo con la volun-
tad. La música puede llegar a esas necesidades mucho más rápida-
mente que otros medios.
No use la música solamente para crear la necesidad antes de
que hable, o mientras habla. Úsela también después de hablar. Deje
tiempo para que sus alumnos piensen acerca de lo que han escu-
chado, tocando música apropiada para el ánimo y el mensaje. Ten-
drá un impacto dramático.

Maximizador 6: Asegúrese de representar la necesidad


con un diagrama.
Este es el principio de la imaginación. Es increíble lo que puede
comunicar un pequeño diagrama. La pizarra o el retroproyector puede
ayudar mucho en la enseñanza. Un círculo puede representar a una
persona, y una flecha puede representar el crecimiento personal. Un
diagrama del tabernáculo puede demostrar la necesidad de la santidad
para acercarse a Dios. Las posibilidades creativas son infinitas.
Algunos no podemos enseñar sin una pizarra o un trípode con
papeles para hacer dibujos. Permita que la pizarra sea un cuadro
movible de los conceptos que está presentando. Haga flechas, pun-
tos de exclamación, hombres de palitos. No se preocupe de la be-
lleza, sino de la comunicación efectiva.
Aunque suene extraño, el uso de gráficos puede ser emotivo. Us-
ted puede hablar con una pizarra de una manera que no puede hacer
con los alumnos. Se puede pegar la pizarra. Se pueden usar colores.
La gente se identifica con los diagramas. Estos pueden llegar al cora-
zón de lo que usted quiere enseñar. Imagine el siguiente episodio:

Digamos que este círculo representa a usted. Esta flecha es


una tentación que le llega y le pega, pero rebota. Usted simple-
mente no va a ceder a esa tentación. Entonces Satanás tira otra

369
Las siete leyes del aprendizaje

tentación. También rebota. Usted sigue diciendo que no, pero


está confiando en su propio poder, y no el poder de Dios.
Finalmente, una de las flechas de tentación le llega en un
momento de debilidad, y penetra, dejando una herida abierta
en la superficie. La próxima vez no será tan fácil decir que no.
Estas flechas siguen llegando en el mismo lugar de tentación.
Después de un tiempo, la herida ha debilitado su protección.
Sigue creciendo y creciendo, y se pone más y más negra.
Entonces enfrenta una tentación en otra área de su vida. Ya
que está débil, cede, sin darse cuenta de lo que pasa. Enton-
ces viene otro pecado. De repente, usted tiene áreas negras
de pecado en toda su vida, destruyéndolo.
Bueno, antes de terminar esta clase, usted sabrá lo que enseña
la Biblia acerca de cómo tener la victoria sobre la tentación la
próxima vez que aparece. Tendrá el poder para decir que «no».

¿No ve que puede ser muy eficaz? Un círculo con unas flechas
y manchas negras pueden mantenernos en suspenso, creando una
necesidad fuerte.

Maximizador 7: Represente la necesidad con


imágenes.
Este es el principio de la ilustración. Una foto, un cuadro pin-
tado, un video, u otra imagen, puede crear la necesidad en forma
dramática. Las fotos de niños muriendo de hambre se usan regu-
larmente en la publicidad para reunir fondos para la gente en otros
países. ¿Por qué? ¡Porque da resultados!
¿Cómo se siente usted cuando camino por un bosque hermo-
so? ¿O cuando se sienta encima de una roca a la orilla de un este-
ro? ¿O cuando está mirando las olas del mar pegar la playa? ¿O
cuando ve la puesta del sol en una noche de primavera? La crea-
ción de Dios puede movernos bastante, ¿verdad?

370
La ley de la necesidad

¿Por qué son tan populares las películas? Porque estimulan las
emociones dramáticamente por medio del impacto visual. Mire una
revista para ver cómo las fotos le mueven emocionalmente y le
provocan leer un artículo. A la gente le gusta el estímulo visual.
¿Cuánto estímulo visual usó usted en su última clase?
Recién hablé en un banquete. Al final, un hombre presentó una
serie de diapositivas maravillosas de la naturaleza, acompañadas
con música de adoración. ¡Fue maravilloso! Al final, no había ojos
sin lágrimas. Estábamos llenos de alabanza. Esa producción confir-
mó y profundizó el mensaje de la noche de una manera muy espe-
cial. ¿Por qué? Porque combinó dos medios poderosos para crear
una necesidad: la música y las imágenes. Cuanto más métodos se
pueden combinar, más efectiva es la presentación.

Conclusión

Al comienzo del estudio de esta ley de la necesidad, estudia-


mos la historia increíble de la mujer samaritana (Juan 4). En esa
historia nos fijamos en la manera en que Jesús creó una necesidad
en ella, y en la intensidad con que ella buscó la satisfacción de esa
necesidad. Ella cambió de estar desinteresada a estar intensamen-
te interesada. Ella buscó lo que él quería que buscara.
Aunque algunos resisten ver ese aspecto de Jesús, no pueden
discutir con la claridad del texto bíblico: Jesús seleccionó a propósi-
to la «carnada» y utilizó la «caña» de tal manera que el «pez» fue
atraído al «anzuelo».
Jesús era el Maestro de maestros, no solamente porque tenía
el mensaje que ella necesitaba, y no solamente porque tenía el
motivo de buscar su bien completo, sino también porque tenía el
método correcto que le atraía.

371
Las siete leyes del aprendizaje

Nadie critica el mensaje de Cristo.


Nadie critica el motivo de Cristo.
¿Por qué criticar el método de Cristo?

¿Todavía siente usted que no es apropiado arreglar el conteni-


do a propósito para sus alumnos —como lo hizo Cristo— para que
sean muy motivados a aprender la lección? Siente que no es apro-
piado llevar a sus alumnos desde la falta de interés hacia el recono-
cimiento de una necesidad verdadera como lo hizo Cristo?
¿Prefiere dejar al azar este paso de crear la necesidad? ¿Pien-
sa que sería mejor ir a su clase, «dependiendo del Espíritu Santo», y
esperar que de alguna manera, algo suceda para que sus alumnos
se sientan motivados? ¿La confusión es el método del Señor? ¿La
falta de preparación y anticipación será el camino del siervo del
Señor? ¿No debemos estudiar cómo lo hizo Jesús para poder cami-
nar en sus huellas?
¿Por qué algunas iglesias, y algunas clases están llenas de áni-
mo, de vitalidad espiritual, de crecimiento numérico, y otras sola-
mente sufren de aburrimiento, fastidio espiritual, y una baja en asis-
tencia? Aunque podríamos dar muchas respuestas acerca de la
fuente del problema, sugiero que inevitablemente existen dos ca-
racterísticas del maestro:
Primero, el maestro tiene el concepto equivocado de que él o
ella no es responsable por satisfacer las necesidades de los alum-
nos sino que de alguna manera, Dios es responsable. Piensa que
seguramente el maestro no es responsable por la selección cuida-
dosa del tema que satisfaga las necesidades principales de los alum-
nos, ¿verdad?
Segundo, el maestro tiene el concepto equivocado de que él no
es responsable por la presentación de la lección de una manera que
sus alumnos se interesen y se motiven a estudiar el tema, sino que
de alguna manera, Dios es responsable. Quizás los alumnos debie-

372
La ley de la necesidad

ran venir a las clases llenos de motivación. Piensa que en cualquier


caso, seguramente no será a través de su preparación cuidadosa
que los alumnos sean motivados a conocer y experimentar la ver-
dad que se enseña.
En los dos casos, el maestro ha abandonado su tarea como
maestro. Ha dejado al Señor lo que el Señor le asignó. Está activa-
mente impidiendo la voluntad del Señor que desea capacitarlo para
ser un «pescador de hombres». ¿Piensa que Cristo seleccionó esa
ilustración accidentalmente?
¿Todavía entra a su sala con cualquier carnada, sin haber lu-
chado con la inquietud acerca de cuál es la mejor carnada para sus
alumnos?
¿Todavía entra a su salón, esperando que automáticamente de-
seen aprender el contenido? ¿Les echa la culpa a ellos, o al sistema,
o a la hora del día por la falta de interés y por el aburrimiento?
Quizás estos dos capítulos de la ley de la necesidad hayan abier-
to sus ojos a lo que Cristo quiso decir cuando dijo: «Seguid en pos
de mí, y os haré pescadores de hombres».
Antes de dejar este concepto vital, terminemos esa historia
increíble de Juan 4. ¿Qué hizo la mujer samaritana después de que
Jesús la guió a él mismo? ¡Ella practicó con sus alumnos lo mismo
que Jesús había practicado con ella!

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a


los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo
cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? (Juan 4.28-29)

Ahora, busque su método detrás del mensaje. Primero, ella


captó su atención con decir, «Venid, ved a un hombre que me ha
dicho todo cuanto he hecho». Recuerde que esta mujer era la pros-
tituta de la ciudad, y estaba hablando con los hombres de la ciudad.
¡Imagínese cómo eso captó su atención!

373
Las siete leyes del aprendizaje

Entonces siguió al segundo paso —despertó su curiosidad al


decir: «¿No será este el Cristo?»
Por la manera en que ella se dirigió a sus alumnos, tuvo un
éxito increíble. La Biblia narra que «Entonces salieron de la ciudad,
y vinieron a él» (v. 30). ¡No lo pierda! Todos los hombres de la
ciudad cerraron sus negocios en medio de su día de trabajo. Per-
dieron clientes, sin que les importara... solamente por dos cosas
que dijo la mujer.
La mujer samaritana llegó a ser la maestra de la ciudad, pre-
sentando al Salvador del mundo. Por causa de la manera en que
creó la necesidad, la ciudad buscó a Jesús.
¿No ve la importancia vital de que ella creara la necesidad? Si
se crea la necesidad de manera efectiva, ciudades enteras pueden
buscar a Jesús.
Entonces, la próxima vez que entra por la puerta de su aula,
recuerde que ¡depende de usted! ¡He aquí su «mujer samaritana»!

Notas

1 Gabriel García Márquez, «Botella al mar para el dios de las palabras», extraído de La
Jornada, México, 8 de abril de 1997.

Preguntas para reflexión

1. Haga una lista de las diez necesidades más importantes de sus


alumnos, según usted. Póngalas en orden de importancia. Entonces
distribuya un cuestionario anónimo, y haga una comparación para
ver si realmente conoce a sus alumnos. (Recuerde, el maestro
típico solamente logra identificar menos de tres.) ¿Qué aprendió?
2. De su cuestionario, ¿cuál es la necesidad número uno entre sus
alumnos? ¿Cuáles son las causas que hicieron que fuera número
uno? Haga una lista de los posibles resultados sino satisficiera
esta necesidad en la vida de alguien —en su familia, en su traba-

374
La ley de la necesidad

jo, en el recreo, en amistades, y otras áreas. ¿Cómo se sentirían


sus alumnos si pudieran lograr una victoria en esa área?
3. Tome unos momentos para hacer el trabajo de detective. Vaya
a una librería cercana para ver cuáles son los libros más vendi-
dos. Haga una lista de las cinco necesidades que con más fre-
cuencia se tratan en los libros. Entonces vea las revistas más
populares, y haga una lista de las cinco necesidades que se
discuten en ellas. Combine estas dos listas en una. ¿Qué suce-
dería si enseñara acerca de esas cinco necesidades durante las
próximas cinco semanas? Una cosa más, haga una lista de los
cinco últimos temas que usted ha tocado en sus clases. ¿Cuán-
tos realmente rascan donde a la gente le pica?
4. Usted acaba de tener un ataque cardíaco masivo y murió. Ya
que usted había aceptado la muerte sustitutiva de Cristo para
tener el perdón de sus pecados, los ángeles le dieron la bienve-
nida en la puerta del cielo. Ahora está libre de todo egoísmo, y
usted ve la vida en la tierra desde la perspectiva de Dios. ¡Qué
diferencia! Su perspectiva ha sido cambiada dramáticamente.
Desde la perspectiva de Dios, ¿cuáles son las cinco necesida-
des más grandes en la iglesia hoy? Si las usara para determinar
el contenido de sus clases durante el próximo año, ¿cuáles se-
rían los resultados?
5. Si pudiera verse completamente como Dios lo ve, ¿cuáles se-
rían sus cinco necesidades más grandes? Como usted tiene las
Escrituras y el Espíritu Santo, ¿por qué no utiliza estas necesi-
dades para fijar el tema de estudio para su tiempo devocional
durante los próximos seis meses? ¿Cómo se sentiría acerca de
la vida si fueran satisfechas esas necesidades? ¿Por qué no
aceptar la Palabra del Señor y buscar Su sabiduría?

375
SEXTA LEY

LA LEY DEL

Desarrollo
11
LA LEY DEL DESARROLLO;
MENTALIDAD, MODELO Y
MÁXIMAS

Había estado fortaleciendo mi ánimo durante tres semanas,


pero no podía postergarlo por otro día —tenía que despedir a uno
de los miembros del equipo del ministerio Caminata Bíblica. Nun-
ca había despedido a nadie, y me tomó semanas ganar la valentía.
Incluso, había escrito mi discurso, y lo había practicado. Estaba tan
ansioso, que antes de que llegara el día, ¡había despedido a mi pe-
rro, a mis hijos, y a mi suegra!
Me sentía terriblemente culpable —el empleado era tan buena
persona. «Bueno, es culpa suya, no la mía», trataba de convencer-
me a mí mismo. «Si hubiera sido más concienzudo, cumpliendo su
trabajo, no tendría que despedirlo ahora». Así que me empujaba a
seguir adelante.
El día designado llegó, y llamé a este joven a mi oficina. Después
de conversar nerviosamente acerca del tiempo, de jugar tanto con mi
lápiz que al final se rompió la goma de borrar, y de hacerle preguntas
sin importancia acerca de su esposa e hijos (era soltero —¡yo lo
sabía!), respiré profundamente y comencé con mi discurso.
Parecía muy distinto despedir a alguien en persona. No era
como la práctica; era una persona verdadera y viva. En un segundo
me di cuenta de que él no sospechaba nada. Mis palabras bien

379
Las siete leyes del aprendizaje

ensayadas quedaban pegadas en la boca. En mi desesperación, le


pregunté: —Entonces, ¿cómo evalúas tu trabajo aquí?
Había decidido dejar que él describiera su obviamente pobre
rendimiento, y así condenarse a sí mismo. Yo iba simplemente a
decir que estaba de acuerdo y... estaba pensando dentro de mí que
esto era administración genial.
Pero para mi sorpresa, el joven inmediatamente se inclinó ha-
cia adelante, y con un brillo en los ojos, contestó:
—¡Muy bien!
Estas no eran palabras de un hombre que se condena por sí solo.
—¿Ah sí? Cuéntame de tu trabajo —yo balbuceé.
Durante los próximos veinte minutos, me contó todas las cosas
emocionantes que estaba haciendo en su ministerio. Su entusiasmo
era tanto que se levantó y empezó a pasear. No podía contener su
emoción.
Cuando llegó a su conclusión (¡casi esperaba una invitación
evangelística!), me encontré profundamente conmovido. ¡Qué lista
de logros tan maravillosos! ¡Qué buen empleado! Sin pensar, me
levanté, le di la mano, ¡y le ofrecí un aumento!
—Bruce, ¿qué has hecho? —me pregunté después. Sí, le di un
aumento. Pero ¿qué sucede con todos los problemas que tiene? De
repente me di cuenta de que él no era el problema. ¡El problema lo
tenía su jefe! El joven estaba haciendo muy buen trabajo. Desdi-
chadamente, sus actividades eran el polo opuesto de lo que yo pen-
saba que debía hacer.
Como nunca le había dado una descripción de trabajo, él tenía la
tarea difícil de tratar de adivinar lo que yo, su jefe, quería. Yo había
violado uno de los principios más básicos de administración, porque
no había comunicado claramente lo que esperaba del empleado. ¡Y
casi lo acusé de lo que era mi culpa! Fue una lección inolvidable. Nos
pusimos de acuerdo acerca de lo que yo quería que lograra en su
posición, y llegó a ser un empleado realmente extraordinario.

380
La ley del desarrollo

Una descripción de trabajo es un documento extremadamente


importante, ¿verdad? Define en términos claros y objetivos lo que
espera el líder del seguidor. El líder es responsable de definir esas
expectativas claramente, y el seguidor es responsable por cumplir
las expectativas lo mejor que pueda. Mi historia habría sido dife-
rente, si la descripción del trabajo de este joven hubiera sido clara,
y él hubiera desobedecido esas instrucciones voluntariamente y
regularmente.
Los temas principales de este capítulo son: 1) ¿Cuál es la des-
cripción de trabajo bíblica para un maestro cristiano? y 2) ¿Está
cumpliendo esas responsabilidades el maestro típico, o está des-
obedeciendo?

La mentalidad de la ley del desarrollo

Algún día, cada uno de nosotros se presentará delante del Se-


ñor para rendir cuentas de nuestra vida en ese momento de la Eva-
luación Final. Como enseñan claramente 1 Corintios 3, y 2 Corintios
5, Dios pedirá cuentas de lo que hemos hecho con nuestras vidas.
¿Qué sucederá cuando Dios le pregunte: «Cuéntame ¿cómo te
fue en la tierra?» Posiblemente cuando terminemos de contarle todo,
el Señor nos dirá: «Eso es muy interesante. Puedo ver que todas esas
cosas son importantes para ti. Pero, ¿qué pasó con todas las cosas
que yo pedí que hicieras por mí?» ¿Sabría usted de qué está ha-
blando el Señor en ese momento? ¿Sabe usted lo que el Señor ha
escrito en la «divina descripción de trabajo para maestros»?
No somos como el joven que estaba haciendo todas las cosas
equivocadas y tenía que cambiar su trabajo para lograr las metas del
jefe. Cuando usted y yo enfrentemos al Señor en ese día, será nues-
tra Evaluación Final, no solamente un correctivo a mediados del cur-
so. Cuando llegue el día, no será posible volver y reajustar nuestra
vida para cumplir con los mandamientos del Señor. Será muy tarde.

381
Las siete leyes del aprendizaje

Ya que estamos absolutamente seguros de que vendrá esta


evaluación, y sería trágico lograr metas que son nuestras, pero no
son del Señor, es importante saber dónde encontrar la «divina des-
cripción de trabajo para maestros». ¿Sabe dónde encontrarla? Si
no, podría estar apuntando a las metas equivocadas.
Esto me recuerda de un torneo de golf que auspiciaba el minis-
terio de Caminata Bíblica todos los años. Ninguno de nosotros
jugaba mucho golf, pero cada año, durante un retiro de planifica-
ción, sacudíamos el polvo de los palos de golf, y competíamos. Dale
Houchin, el administrador de nuestra imprenta, y yo, habíamos es-
tado haciendo una competencia feroz, con casi la misma cuenta,
durante los últimos años. Habíamos estado fastidiándonos mutua-
mente todo el año acerca de quién iba a ganar el torneo.
Cuando comenzó el torneo, yo estaba en el grupo justo antes
del grupo de Dale. No dejaba de hacer comentarios para fastidiar-
me, mientras me veía luchando para mantener la pelota en el cen-
tro de la pista. Finalmente llegamos a un hoyo que no se podía ver,
porque estaba al otro lado de un cerro. El primer tiro normalmente
deja en una posición donde apenas puedes ver la parte más alta de
la bandera del hoyo, y teníamos que pegar la pelota ciegamente
hacia el césped escondido en el valle.
Bueno, mi primer tiro fue muy fuerte —¡directamente en el
bosque a la derecha! Escuché más abuso verbal de Dale. (¡No
demuestran suficiente respeto por los presidentes!) Mientras nues-
tro grupo terminaba la jugada del hoyo, podía escuchar claramente
la voz de Dale, felicitándome por mi cuenta «generosa».
Estaba a punto de colocar la bandera en el hoyo, cuando se me
ocurrió... Dale no podía ver el césped. Quizás tenía una manera de
vengarme. Tomé la bandera y la planté firmemente en el obstáculo
de arena más grande cercano.
Grité a Dale que él tendría que llegar al césped con su tiro para
ganarme. Nuestro grupo se escondió en el bosque para observar el

382
La ley del desarrollo

drama que venía. El tiro de Dale pasó fácilmente sobre el cerro.


Fue su mejor tiro del día. Él lo sabía, y estaba gritando: «¡Mira eso,
Sr. Presidente! ¡Está en el césped! ¡Lo sabía! ¡Una vez más, la
oficina de la imprenta va a ganar a la oficina de los jefes!»
¡Comentarios tan irrespetuosos!
Su pelota llegó hasta un metro de la bandera que yo había puesto
en la arena, y se enterró. ¡Me habría gustado tener una foto de
Dale en el momento que llegó arriba del cerro y vio la bandera mal
ubicada, y su pelota en medio del océano de arena!
¿Cuál fue el problema con el tiro de Dale? ¿Su capacidad? ¿Su
intensidad? ¿Su deseo de hacerlo bien? ¡En absoluto! Le tenemos que
dar buenas marcas en todo eso. Dale había pegado la pelota directa-
mente hacia el blanco. ¡Pero fue el blanco equivocado! Todo su
trabajo fue inútil, porque estaba apuntando a la meta equivocada.
Como hemos mencionado desde el primer capítulo, la mayoría
de los maestros piensa que su responsabilidad principal es «cubrir
la materia», o «explicar el bosquejo» a los alumnos. Cuando esos
maestros pasan por sobre el «cerro final», me pregunto si descubri-
rán que sus vidas han apuntado a la arena, en vez de apuntar al
césped. Entonces será muy tarde. Pero no es muy tarde para que
usted haga un correctivo a mediados del curso, si descubre en este
capítulo que ha estado equivocado.
Antes de analizar la descripción de trabajo bíblica para maes-
tros, sería conveniente hacer una lista de las cosas que usted con-
sidera los puntos principales de esa descripción de trabajo.
La comunidad de maestros cristianos se puede considerar la
«facultad» de la iglesia, y Dios es el «director». Tiene que haber
ciertas cosas que él espera que hagamos en esta empresa, pero
¿qué son? ¿Cómo sabemos que recibiremos una evaluación positi-
va de parte de Dios acerca de nuestro trabajo?
Jesús nos advierte de la importancia increíble de esta Evalua-
ción Final cuando nos enseña en Mateo 25 que toda la vida es un

383
Las siete leyes del aprendizaje

asunto de mayordomía para él. En la parábola de los talentos, el


señor premió solamente a los siervos que usaron sus recursos como
él esperaba. Fueron felicitados y recibieron posiciones maravillo-
sas de liderazgo. El tercer siervo, sin embargo, fue amonestado y
disciplinado por el mal uso de los recursos del señor.
No se trata de simplemente hacer algo bueno; se trata de ha-
cer lo que el Señor manda. La ley del desarrollo se escribió para
revelar la Descripción de Trabajo para Maestros que el Señor nos
ha dado, el capítulo siguiente nos entrenará en cómo enseñar según
el plan eterno de Dios.
¿Dónde debemos buscar en la Biblia esta descripción de traba-
jo? El pasaje más completo y definitivo es Efesios 4.11-12. Léalo
cuidadosamente para captar la idea general, y después analizare-
mos las riquezas del pasaje:

Y él mismo
constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas;
a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
a fin de perfeccionar a los santos
para la obra del ministerio,
para la edificación del cuerpo de Cristo.

En este pasaje se encuentra una descripción de trabajo clara


para los que han sido llamados a enseñar en el cuerpo de Cristo.
De este pasaje surgen inmediatamente tres principios.

Principio 1: El propósito principal de los maestros es el


de capacitar.
Esto es lo más importante: La Biblia revela que los maestros
son dados por Dios principalmente para capacitar, y no mera-
mente para explicar.

384
La ley del desarrollo

Tome un grupo de alumnos —cualquier grupo. Siéntese en esa


clase y encontrará, nueve de diez, que el enfoque de la clase será la
explicación de la Biblia o del contenido de la lección.
La tragedia, repetida miles de veces cada semana en nuestras
iglesias y escuelas, es que, aunque la clase puede ser interesante,
informativa, educacional, y a veces entretenida, no es consecuente
con la descripción de trabajo que Dios ha dado a sus maestros. Un
alumno en una clase o en una iglesia puede estar bien informado,
educado, y entretenido, pero todavía no ser desarrollado.
Cristo dio a los maestros para la obra del ministerio. Desarro-
llar significa proveer lo que sea necesario para cumplir la tarea o
realizar el ministerio. La idea de la palabra en griego (katartizo)
significa preparar, hacer que esté listo, completar, o restaurar. Se
usa en Mateo 4.21 para hablar de la reparación de redes en prepa-
ración para pescar.
En Efesios 4.11, capacitar significa preparar para el servicio y
el ministerio. El apóstol Pablo está ayudándonos a aprender que la
tarea principal del maestro es preparar al alumno para hacer algo.
Nuestro enfoque debe moverse más allá, del conocimiento al uso
de ese conocimiento en la vida de la persona.

Principio 2: El público principal de los maestros es


cristiano.
Dios no solamente aclara lo que debemos hacer; también acla-
ra a quién debemos ministrar: «a fin de perfeccionar a los santos...
para la edificación del cuerpo de Cristo» (v. 12). La actividad es
discipular, y el público es cristiano.
Una de las quejas más frecuentes que escucho de laicos que
asisten a iglesias evangélicas es: «¿Por qué mi pastor/maestro pre-
senta sermones/lecciones evangelísticos a la gente nueva todas las
semanas? Hemos escuchado el evangelio muchas veces, y tene-
mos hambre de alimento sólido de la Palabra».

385
Las siete leyes del aprendizaje

Sin prestar atención al plan de Dios, muchos maestros han de-


cidido que el público principal para sus lecciones debe ser los no
creyentes. Trágicamente, los pastores y maestros están hablando
al grupo equivocado cada semana. No han discipulado a los cre-
yentes a hacer el trabajo del ministerio durante la semana, y por lo
tanto, tratan de hacer el trabajo por ellos el día domingo.

Principio 3: El resultado principal del desarrollo es que


los cristianos hagan el trabajo del ministerio,
edificando el cuerpo de Cristo.
¿Cómo sabe usted si su enseñanza está dando el resultado co-
rrecto? Los santos están haciendo su trabajo correctamente cuan-
do «...se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada
miembro, [el cuerpo] recibe su crecimiento para ir edificándose
en amor» (v. 16).

La descripción de trabajo divina para todos los maestros.


¿Qué estará buscando el Señor cuando nos evalúe como maes-
tros? Considere unos asuntos clave que, según lo que Dios mismo
ha revelado, estarán en el Examen Final:

1. La naturaleza del ministerio que están realizando nues-


tros alumnos («la obra del ministerio»).
Tendemos a tener una mentalidad distinta de Dios acerca de
nuestra enseñanza. Su énfasis siempre está en lo que hacen nues-
tros alumnos; nuestro énfasis está en lo que nosotros hacemos.
Su énfasis está en el ministerio de nuestros alumnos; nuestro én-
fasis está en el bosquejo y nuestros apuntes. La primera pregunta
que podría hacer Dios posiblemente será acerca del ministerio
específico que están realizando nuestros alumnos como resultado
de nuestras clases.

386
La ley del desarrollo

2. El porcentaje de nuestros alumnos que están ministrando


(«cada miembro»).
De nuevo, fíjese en el contraste de mentalidad. El énfasis de
Dios siempre estará en la participación de todos los alumnos; nues-
tro énfasis está en el veinte por ciento «fiel». Hemos fallado, per-
mitiendo que ochenta por ciento no participen. La norma de Dios
es que «cada miembro» participe, y por lo tanto seremos evaluados
de acuerdo con esa base.

3. El grado en que los alumnos ministran según su capaci-


dad («según la actividad propia»).
Es increíble la mentalidad que Dios presenta en este pasaje y
en otros pasajes clave del Nuevo Testamento —que Él ha dado a
cada creyente, no solamente una personalidad única, sino también
un don espiritual para el ministerio. Muchas veces pensamos que,
mientras la persona está haciendo algo para el Señor, hemos cum-
plido nuestro deber, y nuestra comisión. ¡Pero el Señor no quiere
que aceptemos el hecho de que haya personas con diez talentos
que estén haciendo el servicio de dos talentos! Tampoco está con-
tento cuando sus hijos estén mal ubicados, fuera del área en que él
soberanamente les ha dado dones.

4. La calidad y la cantidad del trabajo realizado por nues-


tros alumnos («cuando cada parte funciona bien» –Dios Ha-
bla Hoy, v. 16).
Cuando Dios terminó su obra de la creación, se detuvo para
evaluarla y exclamó: «¡Es bueno!» Dios es un Dios de excelencia,
y todas sus obras son excelentes. Él espera de nosotros, como
oficiales en su ejército, que continuamente discipulemos y mejore-
mos el rendimiento de nuestros alumnos. Nuestra mentalidad es
muy distinta a la de Dios. Pocas clases tienen otro método para
medir el aprendizaje excepto un examen sobre el contenido. Pero

387
Las siete leyes del aprendizaje

el Señor no solamente está preocupado de que nuestros alumnos


estén trabajando; está preocupado de que estén trabajando eficaz-
mente. Para tener obreros efectivos, tenemos que ser maestros
efectivos.

5. El porcentaje de crecimiento entre sus alumnos («recibe


su crecimiento»).
Cuando tomamos la Palabra del Señor en forma responsable, y
hacemos su trabajo como él quiere, podemos estar seguros que vere-
mos los resultados que él prometió. Mientras cada persona utiliza sus
dones espirituales en un ministerio eficaz, el Señor promete que cau-
sará el crecimiento del Cuerpo. ¡Los alumnos no pueden evitar el
crecimiento! Pero nuestra mentalidad no es como la de Dios; noso-
tros pensamos que nuestra enseñanza efectiva no producirá creci-
miento necesariamente. Efesios dice que la enseñanza efectiva pro-
duce crecimiento del Cuerpo, que no está limitado a crecimiento es-
piritual. Para ver un modelo bíblico, note el crecimiento explosivo de
la iglesia en los primeros capítulos de Hechos.

6. El ministerio constante, normal, y espontáneo entre los


miembros de la clase («edificándose en amor»).
La mentalidad de la mayoría de los maestros es que ellos son
casi los únicos que pueden ministrar a sus alumnos. En contraste, el
Señor espera que el desarrollo sea tan completo, que nuestros alum-
nos sean capacitados para ministrar el uno al otro, como si fueran
maestros o ministros. Dios está preocupado que los cristianos no
solamente se reúnan, sino que también que se edifiquen mutua-
mente. Él desea que cada miembro de su iglesia llegue a tener más
y más iniciativa, de tal manera que, cuando vean o escuchen de
alguna necesidad, inmediatamente respondan por causa de un sen-
tido de responsabilidad.

388
La ley del desarrollo

Como se puede ver, la mentalidad del maestro cristiano típico


frecuentemente es muy distinta de la comisión del Señor. Probable-
mente la diferencia fundamental entre cómo pensamos nosotros, y
cómo piensa Dios, es una diferencia de perspectiva. Como maestros,
siempre tendemos a enfocarnos en lo que hacemos nosotros, espe-
cialmente durante el período de la clase. El Señor nos urge a enfo-
carnos en lo que hacen los alumnos, ¡especialmente entre las clases!
Espero que esta ley del desarrollo lo prepare para su Evalua-
ción Final con su Supervisor Superior. Espero que lo escuche decir:
«¡Bien hecho, buen maestro y fiel!»

El modelo de la ley del desarrollo

Para entender mejor Efesios 4.11-12, estudiemos este diagra-


ma, que fluye de la izquierda hacia la derecha.

El primer cuadro representa al «maestro», o al orador, y la


Biblia hace dos observaciones interesantes acerca de él en este
versículo. Primero, la Biblia dice que «Dios constituyó a algunos

389
Las siete leyes del aprendizaje

.... maestros», que significa que los maestros son un don del Señor
para la iglesia. ¡Qué revelación más extraordinaria! ¡El Señor nos
considera un regalo para la gente que enseñamos! No hemos sido
colocados en la sala de clases por accidente, sino por el gran diseño
del Creador mismo.
Segundo, Dios es la fuente de los maestros. Dios no quiere
confusión con respecto a quién dio este don. Por lo tanto, la próxi-
ma vez que entre al salón de clases y se pregunte si usted es la
persona indicada para enseñar la clase, recuerde que el Señor lo
ha seleccionado soberanamente para ser Su maestro para esos
alumnos en ese día. Entre con confianza en el poder y el llamado
del Señor.
El cuadro del medio, o segundo cuadro, representa a los «san-
tos» (el término bíblico para los que conocen a Jesucristo como
Señor y Salvador) quienes son los receptores del don llamado
«maestro». Dios dio su don a los cristianos, no a los no creyentes.
Aunque somos comisionados a ir a todo el mundo, los que hemos
sido llamados como maestros tenemos la tarea principal de ministrar
entre los santos.
El tercer y último cuadro representa al «mundo», que incluye
cualquiera que no sea uno de los santos. Por lo tanto, el mundo
representa a los no creyentes, los que no son salvos.
La responsabilidad designada a los maestros es «equipar»; la
responsabilidad de todos los santos, incluyendo a los maestros, es
«evangelizar».
Lo inmediatamente claro es que el maestro típico se conduce
de maneras que no son bíblicas. Primero, frecuentemente se dirige
a la gente equivocada. El diagrama refleja el énfasis bíblico, mos-
trando que el maestro no va directamente al mundo. Si el maestro
lo hace, está desobedeciendo la responsabilidad que Dios le ha dado.
Segundo, muchos maestros no tienden a capacitar para carác-
ter santo, o para el servicio eficaz, sino para cubrir sus apuntes. El

390
La ley del desarrollo

enfoque bíblico está en el resultado en la vida de los alumnos, y no


en los apuntes del maestro.
En tercer lugar, muchos maestros se enfocan en el contenido, y
no en el carácter, como meta de la enseñanza cristiana. En la ma-
yoría de las iglesias, escuelas cristianas, y universidades cristianas,
el carácter y la integridad no son el tema de ni siquiera un curso.
Son pocas las instituciones educacionales cristianas que tratan de
desarrollar el carácter de sus alumnos, a pesar del hecho de que
Efesios 4.13 afirma claramente que uno de los objetivos del maes-
tro cristiano es enseñar hasta que seamos un «un varón perfecto, a
la medida de la estatura de la plenitud de Cristo». ¿Por qué enseña-
mos tan poco relacionado con el carácter, y evaluamos aun menos
el carácter de nuestros alumnos? Cristo espera que el carácter sea
objetivamente observable por otros, y que sea probado cuidadosa-
mente (ver 1 Timoteo y Tito).
Las otras dos flechas que apuntan hacia arriba y hacia abajo
desde los «santos» reflejan dos cosas específicas para las cuales
los maestros deben capacitar a que sus alumnos hagan. La flecha
hacia arriba, «la obra del ministerio», capta el primer resultado de
los esfuerzos para discipular. La flecha hacia abajo, «edificación
del Cuerpo», capta el segundo resultado de la capacitación.
En un sentido, «equipar» es la clave del plan de Dios para
«edificar Su iglesia». Apunta a su estrategia principal —desde el
don de los «maestros» hasta el don de Sí mismo para el mundo
como la única manera de obtener la vida eterna.
El factor decisivo en el diagrama es si nosotros, los maestros
designados por el Señor, haremos el trabajo más importante —
capacitar a los santos. Si no capacitamos a los santos, entonces los
santos no pueden hacer lo que Dios los ha comisionado a hacer; no
pueden hacer «la obra del ministerio», ni «edificar el Cuerpo»,
ni «evangelizar el mundo».

391
Las siete leyes del aprendizaje

¿Puede usted sentir cuán lejos nos hemos desviado de la estra-


tegia de Dios? Muchos de nosotros nos lamentamos de que el mi-
nisterio de la enseñanza es tan difícil. Quizá es difícil porque no nos
sometemos a las instrucciones directas del Señor.
Trágicamente, algunos de nosotros estamos decididos a hacer el
ministerio a nuestra propia manera, ¿verdad? Pensamos que lo único
que importa es lo que hacemos nosotros, y no lo que hacen ellos.
Me recuerda a las caricaturas antiguas del «correcaminos»
que veíamos cuando éramos niños. El coyote siempre perseguía al
«correcaminos» (¡bip! ¡bip!), y siempre quedaba al punto de casi
alcanzarlo. Pero cada esfuerzo genial fallaba, y sufría el fracaso y
el dolor. No puedo imaginar la cantidad de veces que caía sobre el
precipicio y terminaba en el suelo del cañón convertido en una nube
de humo.
No importaba lo rápido que corría el coyote, siempre fracasa-
ba. No importaba lo cuidadosamente que leía los letreros, siempre
fracasaba. No importaba lo bien que arreglaba su bomba o que se
balanceaba en la cima de la montaña, siempre fracasaba. No im-
portaba lo cerca que llegaba a su meta, siempre fracasaba.
El esfuerzo no es suficiente, ¿verdad? Tampoco es suficiente
la preparación. Nada es suficiente si al final va a fracasar.
Cuando nos encontremos con el Señor, no nos va a preguntar si
lo intentamos o si nos preparamos. No está interesado en que sola-
mente gastemos nuestra energía haciendo algo; él quiere que use-
mos nuestra energía haciendo lo que él nos ha mandado.
Es terrible cuando alguien no sabe lo que quiere su jefe, pero es
peor saber lo que quiere el jefe, y hacer la voluntad de uno mismo
de todas maneras.
Dios dijo que debemos capacitar a los santos para que hagan la
obra del ministerio y edifiquen el cuerpo. Ya es tiempo de realizar
nuestra descripción de trabajo a la luz de nuestra Evaluación Final.

392
La ley del desarrollo

Las máximas de la ley del desarrollo

Si la descripción de trabajo para el maestro que encontramos


en Efesios 4.11-16 le hizo reconsiderar seriamente lo que usted
hace en sus clases, entonces usted está a punto de hacer un cam-
bio explosivo en su enseñanza.
Posiblemente una de las razones principales por la cual no ex-
perimentamos los resultados que deseamos en nuestra enseñanza
es que enfatizamos las cosas equivocadas. Hacer lo equivocado
en la manera correcta —aun con los motivos correctos— ¡to-
davía constituye hacer lo incorrecto! El interés de Dios va más
allá de nuestros motivos; también se preocupa por nuestros he-
chos. Dios desea que hagamos lo que él nos ha mandado, y que
logremos los objetivos que él ha estipulado.
¿Cómo se evalúan sus clases a la luz de los objetivos del Señor,
según Efesios 4.11-16? Considere las siguientes preguntas. Deje
que le orienten acerca de cómo le habría ido en su Evaluación
Final, si el Señor lo hubiera llamado a casa hoy día.

1. ¿Mis alumnos realmente hacen mucho «trabajo del mi-


nisterio»?
2. ¿Qué porcentaje de mis alumnos está involucrado en algún
ministerio importante regularmente?
3. ¿Qué porcentaje de la capacidad de mis alumnos está sien-
do utilizado mientras ministran? ¿Están sirviendo a Cristo
con todo su corazón, su alma, y su mente?
4. ¿El servicio de mis alumnos ha llegado a ser
significativamente más eficaz por causa de mi capacitación?
Mencione ejemplos específicos.
5. ¿Cuánto crecimiento (numérico y espiritual) lograron sus
alumnos en el año pasado?

393
Las siete leyes del aprendizaje

6. ¿Cuántas actividades ministeriales que son espontáneas, y


que no sean auspiciadas por la iglesia, ocurren normalmente
entre los miembros de mi clase cada semana?
7. ¿Cuántas personas llevaron al Señor mis alumnos durante
los últimos doce meses?

Merece una reflexión seria, ¿verdad?


¿Sabe por qué es tan serio para nosotros? Porque no hemos
estado haciendo las preguntas correctas. Hemos quedado hipnoti-
zados con un sentido falso de confianza. Nos hemos permitido des-
viarnos tanto de los objetivos verdaderos del Señor, que cuando los
consideramos seriamente un momento, se nos seca la boca y las
palmas empiezan a sudar con nerviosismo.
Considere un momento el contraste entre la lista de objetivos
de Dios y la lista de un maestro típico. Lo que sigue es una lista
típica:

1. ¿He preparado el contenido?


2. ¿Llegué a la hora?
3. ¿Asistió la mayoría de mis alumnos?
4. ¿Hubo buenas preguntas y discusión?
5. ¿Cubrí mi contenido?
6. ¿Terminé a tiempo?
7. ¿Le gustó la clase a la mayoría de alumnos?

¡Imagine la revolución increíble que explotaría en el salón cuando


el maestro busca lograr los objetivos de Dios! Aquí tiene algunas
diferencias que podría desarrollar inmediatamente:

1. El énfasis cambiaría de lo que hace el maestro a lo que


hacen los alumnos.

394
La ley del desarrollo

2. El énfasis cambiaría de la lección que enseñó al ministerio


que se realizó después de la clase.
3. El énfasis cambiaría de «cubrir el contenido» a ayudar a los
alumnos a hacer la «obra del ministerio».
4. El énfasis cambiaría del ministerio del maestro al ministerio
de los alumnos.
5. El énfasis cambiaría de cuántos asistieron a cuántos
ministraron entre las clases.
6. El énfasis cambiaría de lo teórico a lo práctico —lo que
resulta en vez de lo que suena bien.
7. El énfasis cambiaría de «información para la iglesia» a «ma-
teria para el mercado» —enfocando en cómo el cristianis-
mo afecta el trabajo, el vecindario, el club social, y otros
aspectos de la vida.

¡Nos hemos desviado tanto!


Una de las más importantes recompensas de viajar y ministrar
en todo el país es que conozco a maestros y pastores que realmen-
te practican Efesios 4.11. Permítame describir una iglesia a tres
horas de Atlanta, donde pasé un fin de semana ministrando.
Todos están ministrando. Hay entusiasmo por todos lados. Tanto
la iglesia como la escuela dominical están repletas. El problema
más grande es encontrar dónde poner a tanta gente. El énfasis
siempre está en la gente, y no en el liderazgo. El liderazgo sirve a la
gente y siempre está capacitando más y más personas para el mi-
nisterio. Los líderes siempre están hablando acerca del ministerio
de las personas, el servicio y el sacrificio. Los laicos manejan todo.
Todos hacen dos o tres cosas distintas para el Señor, y están con-
tentos. La gente se siente motivada. Siente que su aporte es valio-
so. Las personas se sienten apreciadas. Se sienten realizadas. Se
sienten desafiadas. Saben que han sido llamadas a ministrar. Saben
lo que deben hacer, y siempre lo hacen.

395
Las siete leyes del aprendizaje

Un año después de visitar esa iglesia, celebramos el cumplea-


ños de uno de los vicepresidentes del ministerio Caminata Bíblica
que cumplía cincuenta años. Otro vicepresidente había vuelto re-
cién de ministrar en la misma iglesia que habíamos visitado. ¿Sabe
lo que nos dijo, mientras comíamos torta y helados? «¡Qué iglesia
más increíble! ¡Todos están involucrados! Sentí la energía en
todos lados! ¡La gente ama a su iglesia!»
¿Por qué? Porque esa iglesia ha decidido hacerlo como Dios
dice. Y como están complaciendo al Señor, su brazo poderoso de
bendición está moviéndose de una manera poderosa en su medio.
¿Sabe quién está más encantado con esa iglesia? No es el pastor, ni
el personal, ni los diáconos, ni los laicos, ni la comunidad local. Creo
que la persona más contenta con esa iglesia es el Señor mismo. Su
sueño se hace realidad. Una iglesia realmente ha decidido pro-
bar su plan, ¡y está descubriendo los resultados increíbles que
ocurren cuando lo hacen como él dice!
Entonces, mi colega, como Josué preguntó a sus alumnos, ¿por
qué no elige hoy día a quién servirá?
Si está cansado de resultados mediocres, o de clases aburridas,
de alumnos indiferentes y apáticos, de falta de participación, nunca
más apunte el dedo a nadie excepto al maestro. Hágalo como Dios
dice, y experimentará los beneficios milagrosos de su bendición.
Obedezca a Dios. Capacite a sus santos. ¡Y disfrute de sus
bendiciones!

Máxima 1: El desarrollo es responsabilidad del


maestro.
Durante los próximos momentos, al considerar estas máximas,
usted notará repetidamente cómo Dios pone el énfasis sobre el
discipulado para el servicio, en contraste con nosotros, que pone-
mos el énfasis solamente en cómo hablar para que los alumnos
comprendan algo.

396
La ley del desarrollo

Me impacta la intensidad con que Dios siente y actúa con res-


pecto al desarrollo. Por ejemplo, en la ley de la aplicación, estudia-
mos 2 Timoteo 3.16-17 y descubrimos los siguientes principios fun-
damentales:

La Palabra de Dios es un don de Dios


(«Toda la Escritura es inspirada por Dios»)

principalmente para los cristianos


(«a fin de que el hombre de Dios»)

con el propósito de equipar


(«sea perfecto», completo, maduro)

y el propósito de discipular
(«enteramente preparado»)

para lograr el resultado de buenas obras


(«para toda buena obra»).

En la ley del desarrollo, hemos considerado Efesios 4.11-16 y


hemos descubierto, entre otras cosas, los siguientes principios fun-
damentales. Compárelos con los de arriba —¡observará muchas
semejanzas increíbles!

El maestro de Dios (usted) es un don de Dios


(«Y él mismo constituyó a unos... pastores y maestros»)

principalmente para cristianos


(«a fin de perfeccionar a los santos,... para la edificación del
cuerpo»)

397
Las siete leyes del aprendizaje

con el propósito de la edificación


(«para la edificación...»)

y el propósito de discipular
(«perfeccionar a los santos..»)

para lograr el resultado de buenas obras.


(«para la obra del ministerio»)

¡Increíble!, ¿verdad? Tanto la Biblia como el maestro:

• son un don de Dios


• son para la comunidad cristiana
• son para el propósito de edificar (capacitar) y discipular
• son para lograr el resultado de buenas obras.

De todos los propósitos que Dios podría haber escogido, esco-


gió estos dos —la edificación y el desarrollo. El primero se enfoca
en el carácter y el segundo en la conducta del cristiano. Por lo
tanto, no perdamos de vista el hecho de que la capacitación es uno
de los dos propósitos fundamentales del Señor para los dos dones
más significativos.
La verdad trágica, sin embargo, es que los que han sido llama-
dos a capacitar, lo hacen con poca frecuencia. Además, muchas
veces utilizan la herramienta del desarrollo (la Biblia) como un libro
de estudio para tener conocimiento solamente, y no como un libro
para aprender a practicar sus enseñanzas.
¿No le ha llamado la atención lo que dijo Jesús: «Si me amas,
guardarás mis mandamientos»? Pero después de estar en mu-
chas salones de clases, habría pensado otra cosa: es como si hubie-
ra dicho, «si me amas, conocerás mis mandamientos».

398
La ley del desarrollo

Máxima 2: El desarrollo es más eficaz cuando el


maestro asume el rol bíblico.
Dios no murmuró ni tartamudeó cuando dijo que había dado
maestros a la iglesia para capacitar a los miembros para la obra del
ministerio y para la edificación mutua. El resultado que Dios desea
es que cien por ciento de los alumnos estén sirviéndolo con sus
buenas obras. Él ha dado a los maestros para ayudarles a ministrar
más y mejor.
Si observara al azar a cien maestros cada semana durante un
año para determinar qué están tratando de lograr, ¿cuál sería su
conclusión? ¿No sería que están enseñando a los alumnos con el
fin de prepararlos para un examen final de selección múltiple y
preguntas del tipo verdadero o falso? ¿Pero cómo se sentiría con
respecto a esa preparación si pudiera abrir el archivo en el cielo
para ver el Examen Final de Dios? Encontraría que Dios no busca
simplemente respuestas para preguntas, sino actos de servicio. Le
interesa la formación, y no la información, discípulos y no datos.
Dios ya tiene impreso ese examen final, y nos mandó a los
maestros a preparar a nuestros alumnos para Sus preguntas, no
para otras que no estarán en el examen. Yo estoy totalmente de
acuerdo que el contenido es extremadamente importante —pero
no tan importante como acciones obedientes. ¡El contenido siem-
pre debe estar al servicio de la conducta! Cuando ponemos la
información en el trono a expensas de actos de servicio, tenemos al
rey equivocado.
Por lo tanto, ¿cuál es el rol que debemos asumir para lograr
mejor los propósitos de Dios? Ya que nuestro enfoque principal
debe ser el de «desarrollar», o «entrenar», o «capacitar», debemos
ser como un entrenador de un equipo atlético. Los entrenadores
ayudan a sus equipos a jugar bien. Los entrenadores trabajan para
mejorar cada miembro del equipo. Los entrenadores guían al equi-
po para trabajar juntos para lograr las metas.

399
Las siete leyes del aprendizaje

¿El entrenador enseña información? Por supuesto —mucha


información. Pero solamente para que los jugadores puedan jugar
un partido mejor. ¿El entrenador enseña información solamente para
que los alumnos puedan repetirla en un examen? ¡No! Los exáme-
nes no cambian nada, tampoco captan la profundidad del uso de la
información de parte de los alumnos. Lo más importante no es que
los jugadores conozcan las jugadas, sino que realicen las jugadas
correctamente.
Algunos maestros, me temo, piensan que son los jugadores
«estrella», y no entrenadores. Estos maestros se visten para el par-
tido cada semana, y entran al estadio (el salón de clases o la igle-
sia), donde sus alumnos se reúnen para ver las nuevas jugadas que
han inventado durante la semana.
El maestro corre al centro de la cancha, pasa la pelota, recibe
la pelota, corre con la pelota hacia el arco, y... ¡hace un gol! La
gente aplaude y grita: ¡buena clase! La materia fue excelente —
pero trágicamente, nadie más jugó fútbol.
¿Parece familiar? Amigo, ¡salga de la cancha! ¡Quítese la ca-
miseta! ¡Sáquese los zapatos! ¡Comience a preparar a los jugado-
res! Los entrenadores no existen para jugar, sino para entrenar a
los miembros del equipo para jugar.
Dios quiere que todo el equipo salga a la cancha a jugar de todo
corazón. Nadie debe estar sentado en la banca, excepto si está
exhausto (para descansar físicamente) o si ha cometido una falta
(algún pecado serio). Las reglas de Dios no limitan el número de
jugadores en la cancha. El entrenador debe ser el único parado
fuera de la cancha —¡animando a los demás!

Máxima 3: El desarrollo se evalúa mejor por lo que


hace el alumno después de la clase.
Cuando jugué básquetbol y fútbol en la universidad, nadie se
preocupaba mucho por las prácticas. Durante las prácticas, no ha-

400
La ley del desarrollo

bía multitudes mirando, no vendían bebidas gaseosas, y no tenía-


mos barra. Pero éramos los mismos jugadores que jugábamos los
días sábado ante un estadio lleno. La gente sabía distinguir entre
una práctica y un partido verdadero. No solamente la gente sabía,
sino también los jugadores. Las prácticas eran solamente prepara-
ción para el partido verdadero.
Exactamente lo opuesto sucede en la iglesia o en el salón de
clases. Todos van a la práctica, y nadie presta mucha atención
al partido verdadero. El partido verdadero se juega en la cancha,
no en la sala de clases. El verdadero partido no se gana en las
pruebas semanales, sino en la vida diaria ordinaria. Pero extraña-
mente, sacamos la cuenta solamente en las prácticas y no en los
partidos verdaderos.
Seamos prácticos un momento. Veamos si podemos compro-
bar lo que estoy diciendo. ¿Cómo podemos evaluar un equipo de
básquetbol? La cuenta final es decisiva —determina si ganaron o
perdieron. Hay otras estadísticas, como la cantidad de veces que
perdieron la pelota, el número de tiros libres, y el número de rebotes
ganados, pero nunca son tan importantes como la cuenta final.
¿Cómo mantenemos la cuenta en la iglesia? Los pastores y los
maestros mantienen la cuenta de la misma manera en todo el mun-
do. Cada vez que asisto una conferencia de pastores, los escucho
comparar las cuentas durante el descanso.

• ¿Cuánto es la membresía total de tu iglesia?


• ¿Cuánto es el presupuesto anual?
• ¿Cuántas personas están en el personal?
• ¿Cómo va el programa de construcción?
• ¿Cuántos bautismos tuvieron el año pasado?

En la superficie, parecen metas razonables y comprensibles.


¿Pero realmente reflejan la cuenta verdadera? ¿Cuántas de ellas

401
Las siete leyes del aprendizaje

reflejan si los pastores y maestros han capacitado a los santos?


¿Cuántas de ellas indican la cuenta verdadera que Dios mantiene
en su libro eterno?
¿Cuántas de estas preguntas reflejan si los santos están ha-
ciendo el trabajo? ¿La asistencia indica una capacitación eficaz?
¿O la asistencia podría ser producto de un buen orador o un nuevo
gimnasio? ¿La cantidad de personal de la iglesia indica que están
haciendo la obra del ministerio o que están capacitando a los laicos
a hacer el trabajo del ministerio? ¿Los bautismos son resultado del
mensaje del pastor el día domingo o son resultado de la evangeliza-
ción que han hecho los alumnos?
¿Comprende el punto? ¿Qué tipo de información debemos re-
unir y registrar para medir la obra del ministerio hecha por los alum-
nos? Ofrezco unas sugerencias:

Pruebas de la eficacia del maestro en preparar a sus alumnos


para evangelizar efectivamente:

• ¿Qué porcentaje de sus alumnos compartió el evangelio con


otra persona durante la última semana?
• ¿Qué porcentaje de sus alumnos ha llevado a una persona a
Cristo durante los últimos doce meses?
• ¿Qué porcentaje de los nuevos convertidos que asiste a la
iglesia en los últimos doce meses es resultado de esfuerzos
evangelísticos de los laicos, y no de la predicación del pastor
o de contacto directo con otros miembros del personal?
• ¿Qué porcentaje de los nuevos miembros del año pasado
está involucrado en una clase de capacitación en la evange-
lización?
• ¿Qué porcentaje de los nuevos creyentes llegó por medio
del ministerio en el vecindario o en el lugar de trabajo, y no
por medio de la iglesia?

402
La ley del desarrollo

Pruebas de la eficacia del maestro en preparar a sus alumnos


para discipular a otros efectivamente:

• ¿Qué porcentaje de sus alumnos está involucrado en re-


uniones regulares con otros laicos para el propósito de ren-
dirse cuentas mutuamente y crecer —sin incluir reuniones
de la iglesia?
• ¿Cuántos cursos diferentes de discipulado ha enseñado el
pastor para proveer a los laicos de una herramienta para
discipular a otros?
• ¿Qué porcentaje de sus alumnos está involucrado en ense-
ñar un estudio bíblico o un grupo de discipulado fuera de las
reuniones oficiales de la iglesia?
• ¿Qué porcentaje de sus alumnos ha tomado una clase de
entrenamiento en los últimos doce meses, para aprender a
enseñar mejor?
• ¿Qué porcentaje de los grupos de estudio bíblico ha comen-
zado nuevos grupos durante los últimos doce meses?

Pruebas de la eficacia del maestro en preparar a sus alumnos


para su vitalidad espiritual:
• ¿Qué porcentaje de sus alumnos tiene un tiempo devocional
personal regularmente (por lo menos cinco veces por semana)?
• ¿Qué porcentaje de sus alumnos tiene un tiempo devocional
con la familia regularmente (por lo menos tres veces por
semana)?
• ¿Qué porcentaje de sus alumnos tiene un ministerio regular
en el que sirva al Señor por lo menos una vez por semana?
• ¿Qué porcentaje de sus alumnos da el diezmo?
• ¿Qué porcentaje de sus alumnos calificaría su vida espiri-
tual y su crecimiento espiritual con un siete o más en una
escala de uno a diez?

403
Las siete leyes del aprendizaje

¡Creo que usted puede ver la diferencia dramática que ocurri-


ría si empezáramos a mantener las cuentas correctas! Estas cuen-
tas cambian el enfoque desde los maestros y lo que hacen ellos
(dirigir la práctica) a los alumnos y lo que hacen estos (el partido
verdadero).

Máxima 4: El desarrollo debe hacer un impacto tanto


en el carácter como en la conducta.
Somos llamados a capacitar a la gente, no solamente para «ha-
cer el ministerio», sino para «ser ministros». Nunca debemos olvi-
dar que todo nuestro trabajo para el Señor surge de nuestro cami-
nar con el Señor. Nuestra conducta es resultado de nuestro carác-
ter. Quiénes somos determina lo que hacemos.
Por lo tanto, el discipulado debe influir tanto en acciones como
en actitudes. ¿No demostró esto el Señor cuando nos dio la lista de
requisitos para el liderazgo en la iglesia? Casi todos los requisitos
están relacionados con el carácter, no con las habilidades. Si una
persona es «irreprensible, ... sobrio, prudente, decoroso, hospedador,
... no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias des-
honestas, sino amable, apacible, no avaro...», entonces la conducta
y el ministerio de esa persona serán aceptables. Su caminar valida-
rá lo que dice, y su vida hablará más fuerte que sus palabras.
Si estamos comprometidos con el desarrollo, entonces nues-
tras actividades estarán enfocadas en las mismas metas. Por cu-
riosidad, revisé mi diario personal de las dos últimas semanas para
ver qué tipo de discipulado había estado haciendo últimamente.
¿Estaría dedicando más tiempo a la capacitación de la gente en su
carácter o en su conducta?
Pude identificar diecisiete encuentros o interacciones con per-
sonas ya sea en la iglesia, trabajo, iglesia, escuela u hogar en los
que yo había intentado capacitarlas en su carácter o su conducta.
Aquí se ven los primeros diez encuentros (con trece personas dis-

404
La ley del desarrollo

tintas en total), clasificados según el área de su vida que estaba


tratando de capacitar:

Entonces estudié los diez encuentros anteriores a estos, y los


promedios estaban al revés: El tiempo total en el desarrollo de ca-
rácter era 71%, y de conducta 29%.
Obviamente, los porcentajes en una semana normal dependen
de las necesidades de nuestros alumnos y nuestro deseo de capaci-
tarlos. Tome unos momentos para pensar acerca de las últimas
personas con quienes usted ha tenido contacto y vea si usted esta-
ba activamente capacitándolas. Si es así, ¿dedicó más tiempo a su
carácter o a su conducta? Espero que sus interacciones con las
personas tengan un enfoque y un propósito con valor eterno.

Máxima 5: El desarrollo debe enfocar con mayor


intensidad en los más comprometidos.
Una de las características más importantes de los discipuladores
más efectivos es que seleccionan con cuidado a las personas que
capacitan. ¿No es interesante que el Señor conocía a los apóstoles
un tiempo antes de seleccionarlos? El Señor llamó a la gente que él

405
Las siete leyes del aprendizaje

había seleccionado, y concentró su capacitación intensiva en esas


pocas personas.
Los líderes efectivos concentran sus recursos en las metas
más estratégicas para la organización. Los discipuladores efecti-
vos concentran sus recursos en los candidatos más fieles que de-
muestren ser los más prometedores para un ministerio largo y efi-
caz para el Señor.
Los discipuladores poco efectivos malgastan su recurso más
precioso, su tiempo de capacitación. En vez de ser proactivos,
siempre están reaccionando. En vez de buscar a las personas que
han seleccionado, permiten que las metas de otras personas reem-
placen sus propias metas.
¿Por qué Cristo no pasó la misma cantidad de tiempo
discipulando a todos? ¿Por qué pasó más tiempo con los setenta,
más con los doce, y más todavía con los tres? Él sabía que tenía
que usar bien su tiempo y su energía para maximizar el crecimiento
del reino. Debemos hacer lo mismo.
No podemos discipular a todos los alumnos, pero debemos se-
guir el ejemplo de Cristo y discipular algunos de nuestros alumnos
de manera más profunda. Cuando determine el círculo íntimo que
va a discipular, seleccione con cuidado. Pruebe su convicción. El
privilegio de ser discipulado por usted debe tener un precio subs-
tancial que pruebe su compromiso y su deseo de ser capacitado.
Uno de los discipuladores más efectivos que yo conozco prac-
ticaba este principio regularmente. Si alguien quería ser discipulado
por él, él tendría una reunión inicial para conversar de las posibilida-
des, entonces diría: «Nos encontraremos mañana a las 5:30 en el
restaurante «Dennys». Memorice estos tres versículos antes de
esa reunión». La reacción de la persona reflejaba su nivel de com-
promiso con el proceso de desarrollo.
¿No es increíble que, cuando Jesús iba a seleccionar a los doce
discípulos, oró toda la noche? Jesús sabía que el proceso de selec-

406
La ley del desarrollo

ción era muy importante. ¿Recuerda cómo probó su compromiso?


Les pidió que abandonaran sus redes de pescar y la mesa de los
impuestos para seguirle a él. Jesús probó su convicción. ¿Ha pro-
bado usted la convicción de sus alumnos últimamente?
Pablo expresa el meollo de esta máxima cuando escribe a su
alumno Timoteo: «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto
encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a
otros» (2 Timoteo 2.2). Pablo sabía que el proceso de desarrollo era
el vínculo vivo para pasar el ministerio de una generación a otra.
Por lo tanto, no concentre su tiempo en los que no sean fieles.
No solamente sería necio, sino también desobediente. Seleccione
con cuidado a los más fieles, y haga que sean los mejor equipados.

Máxima 6: El desarrollo requiere conocimiento,


habilidad, y un compromiso a largo plazo.
El desarrollo es una de las cosas más difíciles que se puede
hacer. Tendemos a subestimarlo cada vez.

Pensamos que será más fácil de lo que es.


Pensamos que será más rápido de lo que es.
Pensamos que será más breve de lo que es.
Pensamos que ha terminado cuando no ha terminado.

Pero es una de las maneras más estratégicas de invertir su


vida. Hay tan pocos discipuladores hoy en día, porque es más difícil
de lo que se espera. Es más difícil de lo que yo jamás esperé. Y por
causa de esa expectativa poco realista, al principio me sentía fre-
cuentemente decepcionado.
Cuando el ministerio Caminata Bíblica estaba recién empe-
zando en los años setenta, experimenté todo tipo de miedo y duda
acerca de su futuro. En ese tiempo, el Dr. Howard Hendricks fue a
nuestra ciudad, y lo invité a almorzar. Le pregunté:

407
Las siete leyes del aprendizaje

—Profesor, ¿qué opina del ministerio Caminata Bíblica?


—Es bueno, Bruce —dijo.
—No, profesor, ¿qué piensa usted realmente?
Sonrió y dijo:
—Bueno, obviamente está recibiendo bendiciones del Señor,
así que debe animarse.
Desgraciadamente, no estaba animado, así que le pregunté una
tercera vez.
—No, dígame la verdad, profesor. ¿Qué opina honestamente
del futuro de nuestro ministerio? —Quería que alguien me asegu-
rara que mi sueño frágil iba a funcionar.
Él se dio cuenta de que yo había dejado de comer, y debe haber
sentido que necesitaba una respuesta más profunda. Lo que dijo en
respuesta fue uno de los consejos más importantes que he recibido
en toda mi vida acerca del proceso del desarrollo.
—Bruce, no se trata de lo que está haciendo Caminata Bíbli-
ca hoy, o el próximo año, o incluso en diez años. La prueba verda-
dera es lo que estará haciendo en quince, veinte, o veinticinco años.
—En este momento, usted puede hacer todo solo, pero la prue-
ba verdadera vendrá si el Señor bendice el ministerio tanto que no
pueda hacerlo solo. ¡Es en ese momento que usted será realmente
probado! ¿Puede usted discipular a otros para expandir el ministe-
rio más allá de sus capacidades? Sí, Bruce, la verdad acerca de
Caminata Bíblica no se conocerá hasta dentro de muchos años,
cuando el fruto de su trabajo comience a madurar. Revelará que
usted supo discipular o que no supo discipular. Ese es el secreto del
éxito futuro de Caminata Bíblica.
Muy acertado, ¿verdad? Es la perspectiva a largo plazo que el
Señor quiere, no de corto plazo. Él desea nuestro compromiso con
la capacitación de otros, no para la carrera corta, sino para el maratón
de la vida.

408
La ley del desarrollo

Nunca olvidaré el momento que observé el maratón de otro


hombre. Estábamos sentados en un auditorio grande, lleno de gente
que había venido a una conferencia cristiana nacional muy impor-
tante. Yo estaba sentado muy atrás, al lado de uno de los educado-
res más destacados del país. Era legendario en la comunidad cris-
tiana, y había sido mentor para muchos hombres y muchas mujeres
con quienes yo he servido. Cada uno de ellos hablaba de este hom-
bre con mucho respeto y mucho cariño.
Mientras escuchábamos al mensajero principal, sin embargo,
era inmediatamente aparente que había dominado el arte del abu-
rrimiento. Después de un rato, este respetado anciano respiró pro-
fundamente y sacó una pila de tarjetas del bolsillo de su chaqueta.
Estaban muy gastadas, pero por la manera en que las manejaba,
era obvio que tenían algo especial escrito en ellas. Mi curiosidad
me ganó, y tuve que mirar las tarjetas. Cada una tenía tres o cuatro
nombres escritos, con seis o siete puntos debajo de cada nombre.
Revisaba cada tarjeta lentamente, y seguía con la próxima.
Después del mensaje, tomamos una taza de café y conversa-
mos. Le dije que había visto las tarjetas, y le pregunté si estaba
repasando algo para dar un examen. Sonrió y dijo:
—Es una lista de cada alumno que ha sacado un título bajo mi
liderazgo. He estado orando por ellos por nombre cada día, y me he
mantenido en contacto con muchos de ellos durante muchos años.
Ellos son mis manos, mi boca, y mis pies. Los he discipulado, y
ahora están discipulando a otros por la causa de Cristo. Al dar una
mirada atrás a mi vida, fuera de mi familia, estos hombres y muje-
res son el logro más importante de mi vida.
¡Me recuerda del apóstol Pablo! ¡Qué dedicación a la oración
y la correspondencia a largo plazo!
El fundador de la cadena de restaurantes Chick-Fil-A, Truett
Cathy, vio una planta extraordinaria en un viaje a Malasia. Su guía

409
Las siete leyes del aprendizaje

le explicó que era un tipo de bambú con una forma muy extraña de
crecer. Se siembra la semilla en un montón de tierra, hay que re-
garla y fertilizarla. Nada sucede durante el primer año. El segundo
año, la riegas y le pones fertilizante, pero no sucede nada. El tercer
año, la riegas y le pones fertilizante, y todavía no sucede nada. En
el cuarto año, la riegas y le pones fertilizante, y no sucede nada.
Finalmente, en el quinto año, la riegas y le pones fertilizante, y en
noventa días, ¡crece 30 metros!
Tenemos que evitar la «instantitis» en nuestro discipulado. A
veces requiere años de regadío y fertilizantes antes de ver el creci-
miento. El discipulado es un compromiso de largo plazo. Quizás la
persona que usted está casi a punto de abandonar necesite un solo
año más de regadío —¡no se rinda!

Máxima 7: La meta final del desarrollo es producir


discipuladores independientes.
Un domingo en la mañana me encontré con uno de los maes-
tros destacados de la iglesia donde asistimos. Parecía estar llevan-
do un tremendo saco de desánimo.
—¿Qué te pasa? —le pregunté, esperando poder animarlo.
—Otra pareja dejó mi clase esta mañana —dijo—. Mi clase es
una puerta giratoria. Después de doce o dieciocho meses, los alum-
nos se van, y tengo que empezar de nuevo. No sé que sucede, pero
estoy a punto de renunciar.
No me sonaba muy bien, pero tomé el riesgo de explorar un
poco más.
—¿Tienes alguna idea de por qué se van? ¿Tu contenido será
inapropiado?
—No, creo que el contenido está apuntando bien al blanco.
Los miembros crecen rápidamente y se van. Este año he perdido
seis matrimonios excelentes con quienes estaba trabajando. Han
dejado mi clase para enseñar sus propias clases.

410
La ley del desarrollo

No pude creer lo que estaba escuchando. ¡Qué problema más


maravilloso! Brevemente le compartí cómo el Señor debía estar
contento con su «problema». Sin duda él era un maestro muy efi-
caz, porque estaba capacitando a sus alumnos para enseñar a otros.
Posiblemente algún día sepamos suficiente para celebrar las victo-
rias correctas.
Los discipuladores independientes son los que han dominado
una habilidad ministerial, están usándola, están reclutando a otros
con dones e intereses similares para entrenarlos en el uso eficaz de
sus dones, y los envían a hacer lo mismo, guiándoles en el proceso.
¿Puede usted captar el poder inherente en el método de multi-
plicación? El Señor no quiere que simplemente capacitemos a la
gente; él quiere que también entrenemos a las personas para que
ellas también entrenen a otros para ser entrenadores.
La gente llega a nuestras clases necesitada de dirección y su-
pervisión. Nuestra tarea es continuar desarrollando a los alumnos
de acuerdo con sus dones espirituales, para que sean activos en el
ministerio de tal manera que se reproduzcan también.
El ciclo imita perfectamente el ciclo de vida divina para todos
nosotros, ¿verdad? Desde el nacimiento, hasta la madurez, el ma-
trimonio, la reproducción, hasta criar a los hijos para que sean inde-
pendientes, hasta asumir el rol de abuelos que también ayudan a
criar a sus nietos. En el fondo, el Señor quiere que el linaje piadoso
crezca y ejerza más y más influencia por medio de la multiplica-
ción física y espiritual.
Al madurar en nuestra vida y nuestra enseñanza, debemos llegar
a estar más conscientes y más comprometidos con este proceso
reproductivo. Nuestra responsabilidad más crucial, como si fuéramos
atletas en una carrera de relevo, es la de pasar el testigo 1 a la próxi-
ma generación efectivamente. Si pasamos la posta2 a corredores
que son «estériles» y no están comprometidos con el proceso de la
reproducción, entonces todo el proceso será severamente impedido.

411
Las siete leyes del aprendizaje

La realidad sobria que yace debajo de este proceso es que


cuando una sola generación de maestros enfatiza el contenido y no
el desarrollo, se deja caer el testimonio. Sea lo que sea que haga-
mos, no debemos dejar caer el testimonio que el Señor nos ha dado.
Corra, mi amigo, sabiendo que su carrera es una sola vuelta, y la
calidad y la cantidad de corredores a quienes usted pasa el testimo-
nio determinarán el impacto eterno de su carrera personal.

El meollo de la ley del desarrollo

La esencia de la ley del desarrollo se resume en tres palabras:


«Equipar para servir».
El maestro debe equipar a los estudiantes para una vida de
servicio y edificación.

Conclusión

Era muy tarde en la noche, después de una reunión intensa de


tres días con Peter Drucker, el gurú en administración. Treinta de
nosotros habíamos participado en las sesiones especiales, solamen-
te por invitación. Éramos todos líderes de organizaciones cristianas
grandes o pastores de iglesias con influencia nacional. Era un tiem-
po fascinante, y aprendimos mucho. Pero el momento que voy a
recordar más ocurrió sin esperar a través de un joven cuya iglesia
había experimentado un crecimiento increíble a través de la evan-
gelización y el discipulado. Le pedí que compartiera algunas de las
lecciones que había aprendido.
—Primero, casi me mata. Incluso, estaba considerando seria-
mente abandonar el ministerio.

412
La ley del desarrollo

Asentí con la cabeza, porque lo entendí.


—No pude mantenerme al día con las demandas que aumenta-
ban rápidamente, y empezó a destruir mi vida. Pedí al Señor un
alivio, o si no, tendría que renunciar.
—Al día siguiente en medio de mi devocional personal, di con
Efesios 4.11-16. Ya conocía esos versículos, y había predicado so-
bre ellos muchas veces. Pero me llegaron como un relámpago del
cielo. Dios me ayudó a ver lo que estaban enseñando. Creo que lo
entendí por primera vez.
Sabía que era mi trabajo preparar a los santos para la obra del
ministerio y para la edificación del cuerpo, y pensé que estaba ha-
ciendo eso. Pero el Señor me mostró que no estaba ni cerca. Me
sentía tan convencido que me puse de rodillas y prometí al Señor
que haría exactamente lo que dice la Biblia, y dejar los resul-
tados en sus manos. Si la iglesia fracasaba, no importaba, porque
iba a renunciar de todas maneras.
Bueno, les dije a los diáconos lo que el Señor me había aclara-
do, lo que estábamos haciendo mal, y les pregunté si estaban dis-
puestos a unirse conmigo en el compromiso de obediencia comple-
ta. Todos estaban emocionados con la idea. Más tarde esa semana,
hicimos una lista de toda la gente fiel que conocíamos en la iglesia,
gente que reunía los requisitos del liderazgo según Timoteo y Tito.
Identificamos a 147 hombres y mujeres.
Nos reunimos con cada uno de ellos individualmente, o en pa-
reja si eran casados, y les expliqué la comisión que el Señor nos
había dado de capacitarlos como líderes. Les pedimos que oraran
acerca de unirse con nosotros en un proceso de entrenamiento
intensivo de un año, para prepararlos para ser ordenados como
ministros laicos. No lo pude creer, pero todos dijeron que sí. Me
sorprendió y también sorprendió a nuestro equipo de líderes. La
gente estaba esperando ser invitada a ser preparada.

413
Las siete leyes del aprendizaje

Los próximos doce meses fueron intensos y emocionantes, y


de pronto, llegó el gran domingo. Allí estaba yo, enfrente de la con-
gregación, y sentados en las primeras bancas del auditorio había
147 hombres y mujeres, comprometidos y capacitados. Les pedí
que se pusieran de rodillas, y los ordené como ministros laicos.
Entonces prediqué acerca del corazón de Dios, y cómo él quiere
que estemos todos haciendo la obra del ministerio. Les dije a los
147 que estaba entregándoles el ministerio en ese momento. Les
dije que nunca más dudaran de su llamado, o de su capacidad de
satisfacer las necesidades de la gente. Les dije que deberían actuar
como yo, como un ministro comprometido con la tarea de satisfa-
cer las necesidades de la gente.
—¡Qué historia más increíble! —le dije—. ¡Qué inspiración!
¿Pero resultó? ¿Qué pasó con su sentido de estar sobrecargado y
estresado?
—¡No lo va a creer! Yo tampoco lo creía; por lo menos al
principio. Normalmente el día lunes en la mañana, el teléfono sona-
ba y sonaba, y muchas personas pedían consejo y tenían emergen-
cias. ¿Sabe lo que pasó? Nadie llamó el lunes. Pensé que el sermón
había sido un fracaso, y que había ofendido a la congregación. Ade-
más, esa mañana, uno de nuestros líderes clave había estado en un
accidente terrible, pero por causa de otras emergencias, no había
podido visitarlo hasta después de la comida en la noche.
Corrí al hospital y fui a la unidad de cuidado intensivo para
pedir permiso para visitar a mi buen amigo. La enfermera dijo que
nadie excepto la familia inmediata o el pastor podía visitarlo. Enton-
ces me preguntó el nombre de la persona que quería visitar. Le dije
el nombre y le dije que yo era su pastor.
Ella saltó de la silla y exclamó: «¡No, no, no! ¡No me vaya a
decir también que usted es su pastor!» Le pregunté de qué estaba
hablando. Ella dijo: «Usted es la octava persona hoy día que ha
venido diciendo que es su pastor!»

414
La ley del desarrollo

¡Entonces lo entendí! No teníamos ocho pastores, sino sola-


mente dos. Eso es, hasta el servicio del domingo —¡porque ahora
tenemos 147! Ocho de ellos respondieron, y no los habíamos llama-
do de la oficina.
Bruce, ese es el secreto de la explosión que ha experimentado
nuestra iglesia. Mi trabajo ha disminuido en un 90%, y el ministerio
se realiza a través de los miembros. El ministerio hecho por los
miembros ha aumentado en un 1.000%.
Anteriormente en este capítulo, prometí que, cuando nuestra
enseñanza está en armonía con la voluntad de Dios, él bendice
nuestros esfuerzos. Esta historia es prueba de eso, ¿verdad?
¿Le gustaría tener esa satisfacción cuando enseña? ¿Le gus-
taría ver el gozo y la satisfacción cuando sus alumnos descubran
que pueden hacer «la obra del ministerio»? Entonces, ¿por qué no
comprometerse con este método revolucionario de la enseñanza?
que usted, como el instructor designado por Dios, comenzará a
preparar a los alumnos que él le ha encomendado.
Donde sea que miramos, hay mucho trabajo por hacer. Pero en
cada salón de clases, los obreros tampoco han sido preparados. Así
que comprométase con la comisión del Señor: «constituyó a
unos...maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo».

Preguntas para reflexión

1. Nuestro estudio de Efesios 4 reveló unos principios clave


acerca del discipulado: (1) El propósito principal del maestro
es discipular; (2) el público principal que los maestros discipulan
es cristiano; y (3) el resultado principal entre los cristianos es
que hagan el ministerio y edifiquen el cuerpo de Cristo. Eva-
lúe su propio ministerio de enseñanza a la luz de estos princi-
pios. Pregúntese, ¿estos principios se cumplen en mi ense-

415
Las siete leyes del aprendizaje

ñanza? ¿Qué debo cambiar para que se cumplan? ¿Cómo debo


hacer ese cambio?
2. ¿Está de acuerdo usted con la afirmación que la mayor parte
de la enseñanza está enfocada en el contenido, más que en el
carácter y la conducta? ¿Por qué piensa que el carácter ha
sido una prioridad tan poco importante en los últimos años?
¿Cuál será el resultado al final? ¿Qué parte de sus últimas dos
clases contribuyeron al desarrollo de carácter cristiano?
3. ¿Qué sucedería si las iglesias locales empezaran a anotar los
resultados del discipulado, tal como se explican en la máxima 3
de la ley del desarrollo, para cada clase de la escuela domini-
cal, y cada culto del día domingo? ¿Por qué nos desviamos
tanto de los mandatos claros del Señor, y cómo sufrimos por
causa de esto?
4. El tiempo limitado y las oportunidades limitadas requieren que
invirtamos nuestras vidas con mucho cuidado. Pablo dijo que
pasáramos la verdad a los fieles. Por lo tanto, pase su tiempo
discipulando a los que sean como las personas mencionadas en 2
Timoteo y Tito. (Es importante tener una o dos personas espe-
ciales, que necesitan atención para llegar a estar en ese nivel.)
Maximice sus esfuerzos, eligiendo su equipo con cuidado. Haga
una lista de tres o cinco personas a las que usted debería estar
discipulando para el Señor. Empiece con su familia. ¿Tomará los
primeros pasos hoy? Entonces planifique tiempo con cada uno
para conversar acerca de su deseo de capacitarlos.

Notas

1 Nota del traductor: El Dr. Wilkinson usa aquí una figura deportiva. En una carrera
de relevo, un atleta pasa un pequeño bastón al próximo corredor. Este palo se llama
«testigo» en algunos países, porque garantiza que el segundo atleta espere hasta que
llegue el primero.
2 El pequeño bastón también se llama «posta» en otros países, derivado de la historia del
correo, porque la estación donde un corredor esperaba relevar al previo corredor se
llamaba «posta».

416
12
LA LEY DEL DESARROLLO; EL
MÉTODO Y LOS MAXIMIZADORES

Es el domingo en la mañana. El coro acaba de cantar su núme-


ro especial, y el director de educación cristiana entra por la puerta
del lado y susurra algo en el oído del pastor. Entonces camina hacia
el púlpito con una mirada vidriosa. De repente usted se siente an-
sioso —esto lo ha visto antes. Todos se ponen tiesos. Muchos mi-
ran al suelo. Otros fijan la vista en el boletín.
El director de educación cristiana comienza con un discurso
acerca de las maravillas de enseñar para el Señor en la escuela
dominical, y acerca de lo importante que son los maestros para la
vida de la iglesia. Ahora la gente mira al techo. Todos saben lo
que viene ahora. Cada palabra produce más y más culpa hasta
que por fin lo dice: «¡Te necesitamos! Prometemos entrenarte.
¡Te prepararemos! Pero si no tenemos seis voluntarios ahora mis-
mo, no podemos seguir con el culto. Hasta que no se levanten
seis manos, el pastor no puede predicar el sermón. Ahora, ¿quién
levantará la mano?»
Lentamente usted mete sus manos debajo de las piernas para
asegurarse que no se levanten. Solamente tres manos están levan-
tadas, y se siente la tensión. De repente, su esposa le da un codazo
en la costilla, y como reflejo, su mano va hacia arriba.

417
Las siete leyes del aprendizaje

«Yo veo esa mano. ¡Gracias, hermano! Tenemos un grupo


maravilloso de jóvenes adolescentes esperando un maestro inspirador
como usted!»
Usted mira alrededor para ver de quién está hablando, y de
repente lo entiende, ¡lo han manipulado! Su corazón está palpitan-
do. Las palmas están sudando. Está molesto con su esposa. ¡Todo
esto porque olvidé su cumpleaños! ¡Nunca más lo olvidaré!
Entonces siente un poco de alivio. Dijo que recibirían entrena-
miento. ¡Lo necesito de verdad! Probablemente un semestre de
preparación. Posiblemente no será tan terrible después de todo.
Su esposa le empuja de nuevo —pero usted ya sabe que no
debe mover la mano. Un poco mareado y atontado, usted escucha:
«Los necesitamos ahora mismo. Hoy. Por favor, vayan a verme en
el pasillo». Los otros cinco ya salieron a buscarlo. Todos los demás
están respirando con alivio, y el pastor está sonriendo.
Usted es el último de los seis para llegar al pasillo. Hay un
huracán de actividades, mientras el director de educación le tira el
cuaderno del maestro para la escuela dominical. Mientras se va
corriendo, le escucha decir: «¡Gracias hermano! ¡Muchas gracias!
¡Que Dios lo bendiga!»
Usted va hacia la clase y ve que dos sillas van volando por la
puerta. Un borrador de pizarra también vuela hacia el muro.... ¡Es
la sala donde usted tiene que enseñar!
¿Parece familiar esto? Creo que usted sabe lo que estoy diciendo.
¿Cuál es la fórmula de esta iglesia para la capacitación? Ex-
hortación más culpa más el cuaderno del maestro equivale a
capacitación.
Me pregunto qué podríamos descubrir si fuéramos una mosca en
la pared del aula de ese pobre maestro de jóvenes en este momento.
¿Cómo se sentirá él? ¿Cómo se sentirán sus alumnos? Aun más im-
portante, ¿cómo evaluaría Cristo la manera en que esta iglesia «pre-
para para la obra del ministerio»? ¿Cómo calza con Sus prioridades?

418
La ley del desarrollo

Si quiere tener una respuesta clara para estas preguntas, en-


tonces observe las prioridades de Cristo cuando ministraba en la
tierra. ¿Él simplemente tiró un cuaderno a la persona que había
manipulado? ¡De ninguna manera! Al contrario, Cristo invirtió tres
años intensos capacitando y entrenando a su «facultad» para ense-
ñar y ministrar. Si Cristo nos dio un ejemplo de un compromiso tan
profundo con el desarrollo, entonces ¿cómo debemos evaluar el
fiasco que explicamos arriba?
Con razón que en los cuestionarios anónimos, 80% a 90% de
los alumnos responden que sus clases son aburridas e irrelevantes.
Con razón que los maestros están experimentando mucho estrés.
¡No se sienten preparados! Lo pueden soportar solamente por un
tiempo limitado.
De alguna manera la iglesia ha caído presa de la idea que la
capacitación es una prioridad baja. Pero fuera de la iglesia, sucede
lo opuesto. Donde quiera que usted encuentre compañías con lo-
gros superiores, usted encontrará que estas compañías tienen pro-
gramas superiores de capacitación. Por otro lado, cuando se en-
cuentra una compañía con productos inferiores o servicio inferior,
los empleados reciben poco o nada de capacitación. Las compa-
ñías mediocres y los maestros mediocres son productos de capaci-
tación mediocre.
No me deja de sorprender cómo el mundo descubre, sin saber-
lo, los principios del éxito explicados en las Escrituras, mientras los
que tenemos la Palabra de Dios no creemos suficientemente en
esos principios para practicarlos. Cristo dedicó el corazón de su
ministerio a la capacitación de sus hombres. Dios nos mandó a
dedicar el corazón de nuestro ministerio a la capacitación de nues-
tros alumnos y nuestros maestros.
Entonces, ¿qué debemos hacer?
Mi buen amigo, Ron Blue, un consultor financiero cristiano co-
nocido, frecuentemente dice que se pueden conocer las prioridades

419
Las siete leyes del aprendizaje

de una persona por su registro de cheques y su agenda de compro-


misos. Diga lo que diga una persona acerca de sus prioridades, su
dinero y su tiempo siempre revelan la verdad.
Si quiere saber cuál es el compromiso que tiene una organiza-
ción, una escuela, o una iglesia, con respecto al entrenamiento, exa-
mine los recursos humanos, el tiempo, y el dinero que invierten en
la capacitación de su gente.
He estudiado varios presupuestos de iglesias para encontrar la
cantidad de dinero que gastan en el entrenamiento de liderazgo. La
mayoría de iglesias ni siquiera tiene una categoría en su presupues-
to para capacitación. Los que tienen una categoría, típicamente
gastan menos de 0.1% (un décimo de un por ciento) en el entre-
namiento. ¿Qué nos dice acerca de las prioridades?
En el ministerio Caminata Bíblica, tomamos muy en serio la
capacitación. Creemos que el ejemplo y la comisión de Cristo se diri-
ge no solamente a la iglesia, sino a todo tipo de trabajo y ministerio.
El entrenamiento multiplica los resultados a largo plazo. Jóve-
nes frecuentemente preguntan si recomiendo que estudien en la
universidad o que hagan estudios de postgrado. Muchas veces les
hago la siguiente ilustración.
Digamos que su vida es representada por un campo aparente-
mente sin límites. Su responsabilidad es limpiar el campo, ararlo,
sembrarlo, y cosecharlo el resto de su vida. El desafío es cosechar
los granos correctos (fruto que dura para siempre) en las cantida-
des más grandes posibles (multiplicar lo sembrado por 100). Tiene
varias opciones:

• Primero, retirarse de la escuela antes de terminar la ense-


ñanza secundaria. Tendrá que trabajar la tierra a mano con
una sola herramienta, pero puede empezar inmediatamente.
• Segundo, puede terminar la enseñanza secundaria. Podrá usar
una docena de herramientas para trabajar la tierra a mano.

420
La ley del desarrollo

• En tercer lugar, puede estudiar en la universidad. Tendrá


una máquina rotatoria simple con una cantidad de gasolina
sin límites para hacer el trabajo.
• En cuarto lugar, haga estudios de postgrado. Tendrá así un
tractor diesel con varios implementos.
• En quinto lugar, no deje de estudiar nunca, aun después del
postgrado. Siga aprendiendo, y gradualmente se juntará una
serie de tractores, máquinas para cosechar, sistemas de rie-
go —todo lo que pudiera imaginar y necesitar para trabajar
su tierra.

Ahora, se detiene antes de terminar la enseñanza secundaria,


podrá sembrar varias filas y cosechar sus frutos, antes de que otro
termine la universidad. Por un tiempo dará la impresión que habrá
hecho lo más sabio. Pero cuando el otro haya trabajado un año con
sus máquinas, verá los resultados.
¿Puede ver la diferencia increíble que hace la capacitación en
la vida de la persona, y en lo que puede hacer con los dones que
Dios le ha dado? Cuando prestamos mucha atención y dedicamos
recursos clave a la preparación de los santos para la obra del minis-
terio, multiplicamos mucho el fruto de su vida para el reino de Dios.
Aunque Cristo nos da dones a todos —y aunque da hombres y
mujeres dotados con muchos dones a la iglesia para ser maestros y
pastores—, Él nos permite decidir cómo usar esos dones. Como en
la parábola de los talentos, el Señor nos juzgará a todos de acuerdo
con lo que hicimos con los dones que nos ha dado.
El desarrollo no es una opción. No es una sugerencia. Es un
mandato. Trate de resistir la corriente. ¡Tire su herramienta simple
al suelo, y súbase al tractor!

421
Las siete leyes del aprendizaje

El método de la ley del desarrollo

En el ministerio Caminata Bíblica, les animo regularmente a


nuestro equipo de líderes con el siguiente lema:

Si quieres un producto perfecto,


perfecciona el proceso de producción.

Si se desean maestros efectivos (el producto perfecto), hay


que desarrollar y manejar un currículo eficaz y permanente para la
preparación de maestros (perfeccionar el proceso).
Los cinco pasos del método del desarrollo son universales y
funcionan para cualquier maestro en cualquier lugar con cualquier
estudiante para desarrollar cualquier habilidad. Son igualmente efec-
tivos, sin importar si está entrenando a alguien para jugar tenis,
montar a caballo, predicar un sermón, testificar en el vecindario, o

422
La ley del desarrollo

manejar el presupuesto familiar. Este proceso funciona entre maes-


tro y alumno, entre padres e hijos, entre jefes y empleados —en
casi cualquier relación.
Sin duda, usted ya está usando algunos de estos pasos, pero el
hecho de recordarle de ellos le ayudará a sentir en el futuro exactamen-
te qué se debe hacer, y en qué orden. Frecuentemente, cuando el pro-
ceso de capacitación no está funcionando bien, es porque se ha saltado
un paso, o porque uno de los pasos se ha dado en el orden equivocado.

Paso 1: Instruir
El primer paso en la enseñanza de una habilidad es el de «ins-
truir» a los alumnos con los hechos básicos y la información acer-
ca de la habilidad. El maestro debe «educar» y «preparar» a los
alumnos con las verdades fundamentales sobre las cuales está ba-
sada la habilidad.
Hace algunos años, mi hija Jennifer y yo pasamos unas sema-
nas en Colorado, mientras yo enseñaba un curso. En una de las
comidas, conocimos al hijo de una de mis alumnas casadas de mi
clase. Él era instructor de tenis, y llamó la atención de mi hija. Un
día la invitó a tomar unas clases de tenis gratis.
Después de unas horas ella volvió corriendo al apartamento.
Obviamente lo había pasado muy bien, pero no parecía que hubiera
jugado mucho tenis.
—¿Cómo te fue? —le pregunté.
—¡Genial! Pero no jugamos mucho tenis, porque pasó mucho
tiempo enseñándome las reglas y la estrategia del juego. Papá, ¡no
sabía que había tanto que aprender acerca del tenis! Ahora que
finalmente entiendo, creo que estoy lista para practicar el juego.
Ese joven tenía una gran ventaja sobre sus colegas. No sola-
mente reconocía los atributos maravillosos de mi hija, sino también
reconocía que la instrucción es el primer paso de la adquisición de
cualquier habilidad.

423
Las siete leyes del aprendizaje

Cuando termine este primer paso, sus alumnos deben sentirse re-
lajados acerca de la habilidad que les está enseñando. Hasta este mo-
mento, debería quedarse en la etapa de la presentación de los hechos.

Paso 2: Ilustrar
El segundo paso en la enseñanza de una habilidad es el de
«ilustrar» a los alumnos cómo se ve la habilidad cuando se está
utilizando. Debe «exponer» a sus alumnos al uso de la información
que aprendieron en el primer paso al practicar la habilidad. Deles a
los alumnos la oportunidad de «percibir» en sus mentes, para que
las palabras del primer paso lleguen a ser una imagen viva. Debe
moverlos desde «yo lo entiendo» hasta «yo lo veo».
Trágicamente, la gran mayoría de la capacitación nunca supe-
ra el primer paso de la explicación. Muchos maestros piensan que
han entrenado a una persona a hacer algo cuando la persona sola-
mente conoce la teoría de la habilidad.
Pero, ¿realmente sabe jugar tenis solamente porque conoce la
distinción entre el golpe derecho y el golpe izquierdo?
No debemos permitirnos definir el entrenamiento como la
capacidad de repetir información de memoria. Saber en la mente
cómo se hace algo no es lo mismo que realmente hacerlo. Pero en
todos mis años de estudio, ¡menos de cinco por ciento de mis maes-
tros intentaron este segundo paso!
Hace muchos años tomé un curso en «cómo testificar», que
duró más de tres meses. Las únicas pruebas que tomó el maestro
eran para ver si podíamos recordar sus apuntes. Ni una vez obser-
vamos al profesor tratar de demostrar cómo se hacía la evangeliza-
ción en la práctica. En la mente del profesor, el entrenamiento era
cuestión de conocimiento más que hechos. Para él, la capacitación
estaba limitada a la información. Muchos de los alumnos no tenían
más habilidad en la evangelización después del examen final de lo
que habían tenido antes de empezar el curso. Tampoco practicaban

424
La ley del desarrollo

la evangelización con más frecuencia. Sin embargo, algunos saca-


ron una «A» en este curso. El profesor debía enseñar una habili-
dad, pero los alumnos nunca vieron ninguna demostración de esa
habilidad, y tampoco la practicaron personalmente.
Trágico, ¿verdad?

Paso 3: Involucrar
El tercer paso de la enseñanza de una habilidad es el de «invo-
lucrar» a los alumnos en practicar la habilidad por sí mismos. Los
alumnos necesitan «experimentar» la habilidad de primera mano.
Guíelos a «practicar», para moverlos desde la etapa de «yo en-
tiendo» y «yo veo», hasta la de «estoy haciéndolo».
Hasta este paso, los alumnos se mantienen pasivos. En el pri-
mer paso, escuchan acerca de la habilidad, y en el segundo, obser-
van la habilidad. Ahora practican la habilidad por sí mismos.
Este es el momento cuando lo ideal llega a ser real. El conoci-
miento teórico se transforma en conocimiento real. La responsabi-
lidad del maestro es practicar la habilidad con los alumnos como un
entrenador-jugador. Debe estar cerca de ellos, siempre animándo-
los en cada esfuerzo.
Hace años, cuando serví como pastor de jóvenes en Nueva
Jersey, desafié a una docena de mis mejores jóvenes a ser entrena-
dos en un nivel avanzado de discipulado y servicio cristiano. Una
de las señoritas tenía un don para el arte, y estaba tratando de
enseñarle a usar dibujos artísticos para presentar el evangelio en
las playas de Long Island.
Después de explicarle cómo se hacía (Paso 1: Instruir) y de-
mostrarle cómo hacerlo en una reunión de jóvenes y en la playa
(Paso 2: Ilustrar), le animé participar en el proceso. Ella hacía dibu-
jos en una hoja de cartón, mientras yo hablaba (Paso 3: Involucrar).
Al día siguiente, le animé a hablar mientras yo hacía los dibu-
jos. Fuimos a una parte segura de la playa, a sugerencia suya, y al

425
Las siete leyes del aprendizaje

final del día, ella estaba haciendo todo sola. Yo estaba parado cer-
ca, haciéndole barra mientras ella presentaba en forma dinámica
las buenas noticias del evangelio a más de 125 niños y adultos.
Este paso en medio, entonces, es el punto de cambio, el eje del
método de capacitación. Determina en gran parte el grado de éxito
que sus alumnos tendrán al final. Por lo tanto, más que en cualquier
otro paso, debe prestar mucha atención al progreso y a la esta-
bilidad emocional de sus alumnos durante la etapa de la prác-
tica. Si experimentan un fracaso con mucha vergüenza o decep-
ción, puede estar seguro de que la capacitación no dará buenos
resultados. Pero si puede asegurar que tengan una buena experien-
cia de aprendizaje, y que se sientan bien acerca de sí mismos y sus
logros, entonces el resto del proceso será un placer.
¡Asegúrese que sus alumnos tengan éxito! No saque la cuenta
todavía en esta etapa; solamente anímelos en el proceso. Los estu-
diantes normales tienen mucha inseguridad y ansiedad, así que debe
afirmarlos en todo lo que hacen. Garantice el éxito de este paso,
removiendo todo riesgo de fracaso y vergüenza. Nunca tire a los
alumnos en el agua profunda para que aprendan a nadar. ¡Ellos de-
ben terminar este tercer paso amando el proceso y deseando más!

Paso 4: Incrementar
El cuarto paso de la enseñanza de una habilidad es «incremen-
tar» la capacidad de los alumnos para usar su nueva habilidad. En
este punto, los alumnos deben desarrollar la habilidad, y lograr más
«eficiencia» al «proceder» en el uso de la habilidad. Usted debe
moverlos desde «yo entiendo», «yo veo», y «estoy haciéndolo»,
hasta la etapa de «estoy mejorando».
El proceso del mejoramiento no termina nunca para todos los
que quieren ser campeones. Por lo tanto, este paso se puede ver
como una etapa sin cumplir. La adquisición de una habilidad nos
llama a todos a crecer desde el nivel de novato hasta intermedio,

426
La ley del desarrollo

experto, y finalmente campeón. En el ministerio de Caminata Bíbli-


ca, a esto lo llamamos «la búsqueda incansable de la excelencia».
Como entrenadores, queremos sacar lo mejor y lo más noble
de los talentos naturales y los dones de nuestros alumnos. Nuestro
llamado es hacer que nuestros alumnos florezcan en su potencial
máximo.
Las necesidades de nuestros alumnos varían. Algunos necesitan
ser empujados del nido, mientras otros necesitan quedarse en el nido
hasta que desarrollen más plumas. Como maestros, nosotros debe-
mos estar conscientes de las necesidades de cada alumno, y estar
dispuestos a arriesgar su desaprobación momentánea cuando tene-
mos que frenarlo o empujarlo antes de que se sienta preparado.
Hace algunos años, estaba entrenando a un joven a compartir
su fe en Cristo. Me había observado testificar a varias personas.
Poco a poco le estaba tirando la pelota, pero siempre me la devol-
vía en treinta segundos —por miedo al fracaso o por vergüenza.
Tenía miedo que le hicieran preguntas muy difíciles: «¿Qué pasa
con la gente en África que nunca ha escuchado de Jesús?» o «¿Dón-
de están los dinosaurios o los hombres de las cavernas en la Bi-
blia?» o «¿Quién era la esposa de Caín?»
Habíamos practicado cómo contestar esas preguntas, y una
docena más, hasta que yo estuve satisfecho de que él sabía dar las
respuestas bíblicas. Pero él seguía teniendo miedo. Finalmente, es-
tábamos testificando juntos a una familia entera, y yo vi esa misma
mirada vidriosa en sus ojos. Esta vez yo sabía que necesitaba ser
empujado del nido y obligado a volar solo.
Esperé hasta que alguien hiciera una de esas preguntas difíci-
les. El hijo de la familia que tenía diecisiete años, que obviamente
estaba resentido, preguntó por la gente de África. Yo dije: «Es una
buena pregunta, y mi amigo Miguel tiene una buena respuesta. Pero,
¿me permiten ocupar el baño? ¿Me pueden indicar dónde está?»
No miré a Miguel. Antes de que pudiera respirar, yo había ido por el

427
Las siete leyes del aprendizaje

pasillo y había cerrado la puerta del baño. Yo sabía que él podía


volar —pero que no lo haría, excepto si no hubiera manera de es-
capar. Felizmente, había un par de revistas que hojear mientras
tomé mi «descanso» de quince minutos.
Cuando volví a la sala, Miguel estaba sentado en la orilla de su
asiento. Estaba muy concentrado en la presentación del evangelio,
y todos estaban escuchando con mucho interés; aun el joven resen-
tido estaba abriéndose. Miguel estaba volando, y disfrutando de
cada momento.
La meta de esta etapa es capacitar a los alumnos hasta ser
competentes, para que puedan usar la habilidad con excelencia, sin
nosotros.
Cuando equipamos a alguien, lo entrenamos al nivel de
competencia. Es refrescante descubrir a maestros que entienden
y practican este principio. Uno de mis compañeros de seminario
tenía una manera especial de probar a sus alumnos, para ver si
había logrado ese nivel de capacidad. Al graduarse, volvió a su país
natal de Indonesia y empezó un seminario en el que el requisito
final para graduarse era empezar una iglesia desde la raíz y desa-
rrollarla hasta ser económicamente independiente. Solamente cuan-
do la iglesia que el alumno había empezado hubiera entrenado e
instalado a los ancianos/diáconos que estaban dirigiendo la iglesia,
podría recibir el diploma.
Ya que la meta de la educación verdadera es entrenar a una
persona al punto de usar una habilidad en forma independiente y efi-
ciente, esta paso es absolutamente vital. Efesios 4.11-16 no presenta
el desafío de preparar a los santos para «saber» acerca de la obra,
sino para «hacer»la obra. Por lo tanto, ¿no debemos evaluar nuestro
entrenamiento, no solamente según las respuestas en una prueba, sino
de acuerdo con los logros específicos de nuestros alumnos?
¿Puede ver lo poderoso que es el entrenamiento para eficien-
cia? ¿Puede imaginar cómo la facultad cambiaría sus clases si su-

428
La ley del desarrollo

piera que lo más importante es cómo se usa el conocimiento, y no la


simple acumulación de conocimiento? Todos sus alumnos sabrían
rápidamente si el contenido es correcto, ¡porque lo pondrían a prueba
durante la misma semana!
El desarrollo debe incluir el entrenamiento tanto en habilidades
avanzadas, como en las estrategias necesarias para llegar a ser un
practicante excelente de las habilidades. Cuanto más avanzados
son los alumnos, más debemos ayudarles a refinar sus técnicas y
avanzar en su estilo personal.
La información avanzada no debe ser compartida en el primer
paso (instruir), porque la información es valiosa solamente cuando
la persona ha madurado a un nivel en que la pueda usar. Cuando la
persona avanza, hay que seguir compartiendo más y más informa-
ción, técnicas y estrategias para animarla a seguir mejorando.
Acabo de ver de primera mano esta parte del proceso cuando
me reuní con los instructores del Antiguo Testamento y del Nuevo
Testamento de los seminarios del ministerio Caminata Bíblica en
una conferencia de cuatro días de capacitación. Mi propósito era
entrenarlos a enseñar Las siete leyes del aprendizaje en iglesias,
universidades, y conferencias a través del mundo.
Antes de empezar este entrenamiento, cada instructor me había
escuchado enseñar el curso en persona por lo menos dos veces,
había escuchado los audiocasetes varias veces, había leído el manual
de 560 páginas, y había enseñado el curso dos veces en sesiones
pequeñas de práctica. Sentado con ellos en la mesa, sentía que estos
hombres estaban muy preparados. Eran maestros destacados.
Después de un tiempo de oración, decidí explicar la filosofía
detrás de Las siete leyes del aprendizaje, y cómo había estructu-
rado cada ley para maximizar cambios de vida en los participantes.
Después de una hora de instrucción, me di cuenta de que estaban
todos callados. Demasiado callados. Pensé que los había perdido,
así que les pregunté qué pasaba.

429
Las siete leyes del aprendizaje

Uno de los miembros mayores de la facultad contestó:


—¡No tenía idea de que todo eso sucedía debajo de la superfi-
cie! Ahora entiendo por qué esta materia tiene tanto impacto revo-
lucionario cuando la enseño. La razón que estamos tan callados es
que nos ha impresionado lo que has dicho. Pero te digo algo, lo que
compartiste mejorará mi enseñanza desde ahora en adelante.
La capacitación efectiva continua provee una comprensión más
profunda del contenido, sin importar lo avanzados que son los alumnos.
Unas semanas después de ese entrenamiento profundo, yo
enseñé en equipo Las siete leyes con uno de esos instructores.
Cuando terminó la conferencia, celebramos las bendiciones del
Señor con una comida sabrosa. Él me pidió sugerencias para mejo-
rar el seminario.
Para cada presentación que él dio ese fin de semana, yo había
escrito seis a ocho páginas de evaluación, así que no me faltaban
afirmaciones o sugerencias. En general, había hecho un excelente
trabajo. No obstante, una debilidad en su enseñanza era que entre-
gaba la información de tal manera que los alumnos perdían la expe-
riencia de descubrir el punto clave por sí mismos. Él presentaba la
materia correcta, pero perdía la fuerza de cambiar vidas, porque
los alumnos recibían la respuesta antes de hacerse las preguntas.
Durante la próxima hora, expliqué algunos de los secretos de
incluir más dinámica en su enseñanza (Paso 1: Instruir), le mostré
cómo serían los resultados de usar los dos distintos métodos —el
que había usado, y otro que podría usar (Paso 2: Ilustrar), y traba-
jamos juntos con unos ejemplos (Paso 3: Involucrar). Al ver que él
captaba los puntos más finos de esta técnica avanzada, también vi
un brillo en sus ojos. La vez siguiente que enseñó, vi el fuego en-
cender entre los alumnos (Paso 4: Incrementar). La capacitación
efectiva continuamente provee técnicas avanzadas para el alumno,
sin importar lo avanzado que esté.

430
La ley del desarrollo

Paso 5: Inspirar
El paso final de la enseñanza de una habilidad es «inspirar» a
los alumnos a continuar usando su habilidad. Con el tiempo, su in-
fluencia llega a ser mucho más indirecta, y su rol llega a ser el de
dar «entusiasmo» al alumno para que viva un estilo de vida en que
él no solamente vaya a usar la habilidad, sino también la vaya a
«propagar» entre otros.
Usted debe mover a sus alumnos desde «yo entiendo», «yo
veo», «estoy haciéndolo», y «estoy mejorando», hasta la etapa de
«lo voy a pasar a otros».
Los maestros que capacitan en esta etapa son los verdaderos
entrenadores —los campeones de la causa. Tienen la visión para
pasar el testigo. Con habilidad, guían a sus alumnos desde ser
meros espectadores a ser aprendices, maestros, y eventualmente a
ser entrenadores de otros maestros. Entienden que hay más poder
en reproducirse que en hacerlo uno mismo. Harían cualquier cosa
para que sus alumnos sigan desarrollándose. No dejarán que sus
alumnos se vayan cuando amenazan con renunciar. Siguen nutrien-
do y animando, haciendo lo que sea necesario, para entrenar a un
equipo a lograr lo mejor.
¿Viene naturalmente pensar así: entrenar a otros a hacer el
trabajo en vez de hacerlo uno mismo? ¡No! He tenido que aprender
y reaprender esta lección una gran cantidad de veces en mi carre-
ra, pero una de las veces más importantes fue durante los primeros
días del ministerio Caminata Bíblica.
Cuando primero empecé a enseñar los seminarios de Camina-
ta Bíblica en Dallas en los años setenta, muchos de mis amigos
más cercanos me dijeron que nadie podía enseñar los seminarios
como yo. «Hagas lo que hagas, no dejes que nadie más lo enseñe,
porque lo arruinarán», me dijeron.

431
Las siete leyes del aprendizaje

Otros amigos estaban igualmente seguros que lo opuesto era


verdad. «Debes entrenar a otros a enseñar los seminarios. No pue-
des y no debes hacer todo solo».
Durante meses, luché con esta decisión. Un fin de semana
estaba tan ansioso acerca de esto que paré todo y contacté una
docena de mis amigos más cercanos y mis mentores, esperando
recibir alguna recomendación clara y unánime. Cuando había ter-
minado de llamar a todos, seis habían votado por «entrenar a otros»,
y seis habían votado «enséñalo tú mismo».
La frustración siguió aumentando, y más tarde esa semana
sentí que la tensión me iba a destruir. Finalmente, fui al sótano de
nuestra casa y empecé a orar, pidiendo que el Señor me guiara.
Llamé a uno de mis profesores favoritos y le expliqué mi dilema.
Le pregunté qué pensaba. Nunca olvidaré lo que dijo, ni la manera
en que lo dijo:
—No puedo creer que no sabes la respuesta bíblica a tu pre-
gunta. [Había sido mi profesor de Biblia, ¡Me iba a dar una nota
muy baja!] ¿Qué dice 2 Timoteo 2.2? Contesta tu pregunta directa-
mente: «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga
a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros».
Por lo tanto, si quieres recibir la bendición completa de Dios sobre
tu vida y tu ministerio, debes empezar a practicar 2 Timoteo 2.2.
¡Debes empezar a capacitar a otros inmediatamente!
Este consejo directo y bíblico resultó ser un cambio importante
en mi vida y ministerio. Esa noche, la doctrina del desarrollo
llegó a ser mi convicción acerca del discipulado. Pero tengo
que admitir que planificarlo y hacerlo son dos cosas distintas. La
primera vez que observé a un amigo enseñar el seminario Camina-
ta Bíblica, todo dentro de mí estaba gritando. «¡No! ¡No lo hagas
así! ¡Hazlo como yo lo hago!» Habría sido más fácil y mejor (por lo
menos esta vez) hacerlo yo mismo. Pero por causa de la claridad
innegable de 2 Timoteo 2.2, y también de Efesios 4.11-16, dejé de

432
La ley del desarrollo

lado mis sentimientos y fortalecí mi decisión de hacerlo como Dios


dice, no como yo pienso. Decidí obedecer al Señor y confiar en él
para los resultados.
Durante los años que siguieron, Dios hizo un cambio en mi
corazón. Lentamente y dolorosamente, mi sentido de realización
cambió de un enfoque en lo que yo hacía a un enfoque en lo que
hacían otros. Primero, disfruté ser el jugador estrella; después de
una década, disfrutaba más ser el entrenador mirando desde la
orilla de la cancha.
Frecuentemente me encuentro asintiendo con placer, hinchado
de orgullo, al observar a uno de nuestros instructores. Ahora la
mayoría de las veces me voy pensando: «¡Lo hizo mejor de lo que
yo podría haberlo hecho!»
Es un deleite darme cuenta de que nuestros jugadores han ga-
nado a su entrenador. ¿No es esa la meta del entrenamiento?—
¿ayudar a los alumnos correr más rápido que nosotros, más lejos
que nosotros, más inteligentemente que nosotros, y con más dedi-
cación que nosotros?
La meta óptima de la capacitación es entrenar a alumnos
hasta que superen a su entrenador. ¡Que su corazón responda con
un compromiso profundo con el mandato de «encargar a hombres
fieles que sean idóneos para enseñar también a otros»! ¡Que discipule
usted a otros líderes que se paren en sus hombros! ¡Que el fuego que
arde en su corazón encienda el corazón de otros que le siguen!
Haga esto y se dará cuenta de que está dedicando su vida en
maneras que durarán más allá de su vida —que harán un impacto
eterno. Entonces quizás en un siglo, cuando observemos desde la
gloria a nuestros «bisnietos espirituales», dando fruto que perdura
para siempre, entonces algunos de ellos dirán: «Todo empezó hace
cien años cuando (coloque su propio nombre) capacitó a mi bis-
abuelo en la fe».

433
Las siete leyes del aprendizaje

Los maximizadores de la ley del desarrollo

Los discípulos fueron equipados por Cristo para ministrar efec-


tivamente usando el mismo proceso de cinco pasos:

Paso 1: Instruir —ellos lo escucharon enseñar a las multitu-


des públicamente y a ellos en privado.
Paso 2: Ilustrar —ellos lo observaron ministrar en distintos
contextos y a distintos públicos, desde amable hasta hostil, mien-
tras demostraba su contenido en todo aspecto de la vida.
Paso 3: Involucrar —ellos ministraban con él en toda Judea,
Galilea y Jerusalén, y eventualmente los envió a ministrar sin
su presencia directa.
Paso 4: Incrementar —cuando volvieron a informar de sus ac-
tividades, Jesús estaba esperándolos, y se involucró inmediata-
mente en el entrenamiento y la capacitación de mejoramiento.
Paso 5: Inspirar—Jesús los visitó personalmente muchas veces
después de la resurrección, y posteriormente envió al Espíritu
Santo para entrenar y consolarlos, hasta que hubieran terminado
su vida aquí en la tierra. Jesús envió a sus discípulos a todo el
mundo, pero prometió que nunca los dejaría ni los abandonaría.

Jesús no dio a los discípulos un cuaderno para enseñar la es-


cuela dominical, enviándolos a enseñar sin ninguna preparación.
No, Él asumió la responsabilidad de prepararlos para el minis-
terio. Cuando dijo: «Os haré pescadores de hombres», declaró
que Él estaba encargado del proceso de la capacitación. Note con
cuidado: Cristo no dijo, «Os enseñaré» (una actividad), sino «Os
haré» (el resultado). No simplemente pasó la caña para pescar a
sus discípulos; Él invirtió su vida en la enseñanza, el entrenamiento,
y la capacitación de ellos para pescar a hombres.

434
La ley del desarrollo

Jesucristo dio mucha importancia al discipulado. Él sabía que la


manera en que los padres preparan a sus hijos influye de gran ma-
nera en su vida entera. Él sabía que la manera en que las iglesias
preparan a sus miembros influye de gran manera en la salud de la
iglesia. Él sabía que al final somos formados por el proceso de
discipulado —para bien o para mal.
Finalmente, los cinco pasos del método del discipulado pueden
ser usados para entrenar a cualquiera para hacer cualquier cosa.
Por ejemplo, un número creciente de padres preparan a sus hijos
para ser alcohólicos, para abusar de otros sexualmente, para abu-
sar de drogas, y para tener relaciones disfuncionales. Con pocas
excepciones, nosotros llevamos por el resto de la vida las huellas de
las manos que nos han entrenado.
Los siete maximizadores de la ley del desarrollo abajo revelan
más ideas acerca de cómo profundizar su impacto en otros para el
bien. ¡Que sus «huellas digitales» dejen una marca de piedad y
madurez donde sea que vayan!

Maximizador 1: Entrene a sus alumnos hasta que


apliquen exitosamente la habilidad por sí mismos.
Habíamos terminado tres cuartos del semestre cuando el alumno
sentado a mi lado susurró:
—Odio esta clase. Cuando termine, ¡nunca más voy a mirar
este Antiguo Testamento en hebreo! Por lo menos voy a tener una
«A» para mi nota —¡se ve bien en mi informe de calificaciones!
¿Recibió algún beneficio ese alumno de la habilidad que había
aprendido?
Considere esta realidad también. El estudio de griego era re-
quisito en el seminario, ya que es el idioma original del Nuevo Tes-
tamento. Cada alumno tiene que estudiar seis semestres de griego,
y los alumnos que estudiaban con especialización en el Nuevo Tes-
tamento tenían que estudiar varios cursos adicionales. Tres años

435
Las siete leyes del aprendizaje

sólidos del estudio de griego. El cuarto año, cuatro alumnos estaban


hablando del nivel de conocimiento que habíamos ganado, o que no
habíamos ganado. Pregunté a tres amigos cuál era su opinión. Si
cien compañeros que habían terminado el programa extensivo de
griego tuvieran que abrir su Nuevo Testamento al azar y leerlo,
¿cuántos podrían leer y traducir correctamente un párrafo?
Se rieron. «Quizás tres. Máximo cinco». En otras palabras, mis
compañeros me aseguraron que noventa y cinco a noventa y siete
por ciento de los alumnos del último año no podían leer el griego
muy bien, aun después de tres años de «preparación».
Ahora, tengo una pregunta para usted. ¿Estos dos ejemplos le
sorprenden? ¿O son muy comunes en la experiencia de casi todos?
Este primer maximizador enfoca nuestra atención en la meta
clara de la preparación: el maestro debe capacitar hasta que el
alumno use en forma independiente la habilidad en su vida real. En
el primer caso, el alumno no usará su habilidad en hebreo porque
tiene una actitud negativa. En el segundo caso, los alumnos no
usarán el griego porque su habilidad es deficiente.
Considere entonces, el valor de esos cursos. ¿La preparación
dio resultados positivos y duraderos? En el primer caso, el profesor
fracasó en desarrollar sentimientos positivos en los alumnos; por lo
tanto, a pesar del nivel de capacidad, el alumno no usará su habi-
lidad. En este caso, el profesor sobreenfatizó la información, y
minimizó el «sentimiento».
Hemos fracasado terriblemente cuando los alumnos se deses-
peran porque parece que el curso no termina nunca y cuando ter-
minan menos interesados en el tema que antes. Muchas veces he
asistido a una clase con mucha motivación para aprender, pero en
el primer mes, sufrimos demasiado. El maestro había matado el
corazón por medio de golpear la cabeza.
El segundo profesor falló en desarrollar una capacidad ade-
cuada en los alumnos. Por lo tanto, a pesar de su deseo, no podían

436
La ley del desarrollo

usar la habilidad. En este caso, el profesor enfatizó muy poco el


dominio de la habilidad, y puso mucho énfasis en la motivación.
Hemos fracasado también cuando el alumno termina el curso sin
poder usar efectivamente la habilidad.
Ya que tanto la convicción como la capacidad determinan el
éxito del alumno, estos dos factores deben determinar también el
éxito del profesor.
Algunas clases dependen la una de la otra, un alumno no puede
aprender griego y usarlo después de un semestre. Pero, ¿no es
realista esperar que tenga esa capacidad cuando se gradúe? Si, al
graduarse, los alumnos no pueden leer el Nuevo Testamento en
griego, el profesor probablemente ha fracasado en su enseñanza.
Por otro lado, si los alumnos odian el idioma, el profesor también ha
fracasado. En los dos casos, los alumnos pierden,

Maximizador 2: Que su enfoque al reproducirse esté en


las habilidades de sus alumnos, no en su propio estilo
Duplicar el estilo produce santos superficiales.
Como maestros, nuestra responsabilidad es la de entrenar a los
alumnos para que usen eficazmente una habilidad dentro de los
confines de su propia personalidad y temperamento. Somos arro-
gantes cuando sugerimos, directa o indirectamente, que nuestra
manera es inspirada. Al contrario, nuestros esfuerzos deben con-
centrarse en guiar a los alumnos a producir los resultados desea-
dos, sin importar el estilo que seleccionen.
Dios mismo enfoca en los resultados más que en el estilo. Ob-
serve los libros del Nuevo Testamento un momento. Es indiscuti-
blemente claro que Dios exhaló/inspiró las Escrituras; pero cuando
lee el primer capítulo de Santiago y lo compara con el primer capí-
tulo de Romanos o Apocalipsis, le impacta inmediatamente la dife-
rencia en la manera de comunicar su mensaje. Santiago escribe
oraciones breves, enérgicas, y directas. Pablo escribe Romanos

437
Las siete leyes del aprendizaje

con oraciones complejas y lógica extendida. Juan escribe Apoca-


lipsis con pasajes muy descriptivos y emocionales.
¿Cómo puede ser esto si el mismo Dios inspiró todos los libros
de la Biblia? ¿No deben tener el mismo estilo? No, Dios escoge
lograr su meta de la revelación, sin alterar o violar la personalidad
del autor. Ya que este es el modus operandi de Dios, ¿no debe
también ser el nuestro?
Jesús demostró el mismo compromiso en su selección de los
doce discípulos. Se gozaba de su diversidad —Pedro el impetuoso,
Santiago el práctico, Tomás el intelectual, Mateo el organizado, y
Juan el sensible. ¿Por qué no los trató de moldear en un solo estilo
y un solo enfoque? Porque Cristo también es la fuente soberana de
la personalidad, y él planifica usar cada temperamento individual
para lograr sus propósitos maravillosos.
Por lo tanto, nunca permita que sus alumnos imiten su estilo, su
método, o sus gestos. Debe guardar siempre su dignidad y su ho-
nor, respetando su diversidad.

Maximizador 3: Use diversidad en la capacitación de


acuerdo con las características y circunstancias de sus
alumnos.
El uso exitoso de las habilidades depende no solamente del
conocimiento, la práctica, y la experiencia de los alumnos, sino tam-
bién de sus habilidades innatas. Cada alumno tiene un coeficiente
intelectual distinto, tiene otro trasfondo educacional y social, y tiene
distintas habilidades físicas innatas.
Por lo tanto, cuando capacitamos a nuestros alumnos, debe-
mos alterar nuestros objetivos y nuestros planes según las caracte-
rísticas y circunstancias de nuestros alumnos. Aun la mejor prepa-
ración en el mundo no puede llevar a algunos alumnos al nivel de
capacidad deseado. Yo soy uno de esos alumnos —en ciertas áreas.

438
La ley del desarrollo

Todavía puedo recordar cuando mi clase de secundaria estaba


preparándose para la ceremonia de graduación, practicando la can-
ción «You’ll never walk alone» [Nunca caminarás solo]. Estába-
mos en uno de esos momentos de clímax musical, y con todos los
demás, yo estaba cantando con todo el volumen posible.
De repente, el director golpeó el podio con su batuta y sacudió
su cabeza con vigor. Obviamente no estaba contento.
—Tú —dijo, mirando directamente a mí—, tú en la tercera fila,
hazme un favor. Por favor, ¡mueve la boca, pero no cantes en voz alta!
Con todos los esfuerzos que hiciera el director, no podía entre-
narme para cantar. No tuvo éxito porque Dios en sus planes, no me
había dado el don del canto.
Hace poco mi esposa y yo estábamos con una amiga muy cer-
cana que es una excelente maestra del sexto año de primaria. Ella
enseña en un barrio difícil, y le pregunté si había notado alguna
tendencia entre los alumnos en los últimos cinco años. Ella suspiró
y dijo que hacía tres años había tenido cuatro alumnos con desórde-
nes de conducta; este año la mitad de su curso tenía problemas.
Durante el semestre pasado, el padre de uno de sus alumnos había
sido asesinado por causa de asuntos relacionados con drogas. Mu-
chos de sus alumnos eran regularmente abusados. La mayoría vi-
vía en un hogar con solamente la madre o con el padre. Algunos
sufrían de desnutrición. Un joven de doce años llevaba una hoja a
la casa todos los días para ser firmada por su madre y siempre la
traía sin firma. Nuestra amiga finalmente le preguntó al tercer día
qué pasaba. Él exclamó:
—¡No tengo padre, y mi madre se fue hace tres días! No la
hemos visto o escuchado de ella, así que no tengo a nadie que firme
la hoja. No sabemos cuándo volverá.
Con profunda desilusión y tristeza, nuestra amiga dijo:
—No podemos enseñar ni cerca de la misma cantidad de ma-
teria que hacíamos hace tres años. Los alumnos no lo pueden ma-

439
Las siete leyes del aprendizaje

nejar. A veces tenemos que aceptar el logro de dos tercios de los


objetivos educacionales.
Asegúrese, entonces, al esforzarse en capacitar a sus alum-
nos, de tomar en cuenta las necesidades y características indivi-
duales y de grupo.

Maximizador 4: Incremente la motivación de sus


alumnos por medio de la relación personal, el castigo y
la premiación.
Una verdad universal acerca de la capacitación es que cuanto
más deseen aprender los alumnos, más rápidamente y más efecti-
vamente lo harán. Por lo tanto, además del uso del método de ca-
pacitación de cinco pasos, este maximizador es esencial para
optimizar el progreso del alumno. ¡Aumente su motivación!
El propósito de usar la motivación con sus alumnos es
«inducirlos» a perseguir la habilidad con más decisión y más entu-
siasmo. Los tres estímulos principales a cualquier acción son:

1. Nuestra relación personal.


2. El miedo al castigo o sufrimiento.
3. La esperanza de premio, placer o beneficio.

Los tres estímulos son universales y sirven con todo público si se


usan con sensitividad, aunque no son todos igualmente efectivos
con todos los públicos y en todas las situaciones.
Por ejemplo, supongamos que usted está viajando a exceso de
velocidad en la carretera. Cuando usted ve un vehículo detrás del
suyo con una luz brillante e intermitente encima, ¿cómo espera que
el oficial trate de motivarlo a evitar el exceso de velocidad en el
futuro? ¿Diría algo como: «Si usted realmente me quisiera, si me
amara a mí y a mi familia, dejaría de exceder la velocidad». O
quizás diga: «Si usted deja de exceder la velocidad ahora, ¡pondré

440
La ley del desarrollo

su nombre en un concurso para ganar un viaje a Hawai!» O usaría


el motivo de miedo y dolor?
Los maestros efectivos usan los tres estímulos al enseñar. Ob-
viamente, las calificaciones pueden ser un premio o un castigo,
dependiendo del nivel de logro. ¿Motivan las calificaciones? ¡Sí! Y
está bien que lo hagan. Los alumnos de la enseñanza secundaria
son frecuentemente motivados por la esperanza de no tener que
dar el examen final si el promedio de sus calificaciones es suficien-
temente alto al fin del semestre. Los atletas frecuentemente son
motivados por el miedo al castigo de no poder participar en las
competencias deportivas si su promedio de calificaciones es muy
bajo; así que tratan de mantener buenas calificaciones para poder
seguir jugando en el equipo.
Recientemente mi esposa y yo asistimos a un drama de la es-
cuela donde asisten nuestros hijos. El drama había sido escrito por
su profesor favorito. Debe haber visto el esfuerzo y el sacrificio
durante los dos meses antes de la actuación. Cuando terminó el
drama, el aplauso más fuerte era de parte de los alumnos para su
profesor, el director. Gritaron y aplaudieron y le dieron regalos. Lo
abrazaban y lo llevaban en sus hombros, mostrándole cariño por
más de una hora.
¿Qué les motivó a los alumnos a trabajar tanto y actuar increí-
blemente bien? Sin duda era el amor y el respeto que tenían por su
profesor.
Evalúe las últimas tres o cuatro clases que usted ha enseñado.
¿Con qué frecuencia usted ayudó conscientemente a sus alumnos
a aprender, avivando las llamas del deseo de aprender? ¿Con qué
frecuencia usa premios, castigo y relaciones? Los maestros efecti-
vos causan el aprendizaje de sus alumnos más rápidamente por
medio del uso de la motivación apropiada.
Si quiere aprender algo increíble acerca de la motivación, haga
un estudio de cómo Dios motiva a la humanidad a decidir creer y

441
Las siete leyes del aprendizaje

actuar de acuerdo con Su voluntad. Usted encontrará que estos tres


estímulos universales son universales porque Dios los puso en cada
ser humano normal. Si estudia las Escrituras con cuidado, verá que
Dios utilizó los tres estímulos para motivarnos. Por ejemplo:
¿Cuál es el castigo por rechazar a Cristo? El sufrimiento eter-
no en el infierno.
¿Cuál es el premio por aceptar a Cristo? El gozo eterno en el cielo.
¿Qué dijo Cristo acerca del resultado de una relación en que
lo amamos? Que guardemos sus mandamientos.
He estudiado con cuidado cada pasaje principal en que Dios el
Padre, Dios el Hijo, o Dios el Espíritu Santo anima a una persona (o
a personas) a actuar de cierta manera. Sin duda, Dios utiliza los
tres estímulos regularmente.
Ya que él lo hace, y él no usa medios carnales para lograr fines
perfectos, ¿no debemos seguir su ejemplo? De hecho, yo creo que
la mayoría de maestros efectivos son como Dios en la manera en
que motivan a sus alumnos, usando relaciones, castigos, y premios.
Recuerde, nuestra responsabilidad no es solamente capacitar-
los a usar la habilidad, sino también motivarlos a desear usar la
habilidad. ¡Que sus alumnos digan a sus amigos que su clase es la
más motivadora que hayan tenido!

Maximizador 5: Posea lo básico antes de desarrollar


habilidades más avanzadas.
Cuanto más firme es el fundamento, más alto puede ser el
edificio que se construye encima. De la misma manera, cuanto
más nuestros alumnos hayan dominado y poseído las habilidades
básicas, más rápidamente y más exitosamente podrán aprender y
usar las habilidades más avanzadas.
Si usted tiene a hijos mayores, probablemente haya tenido la
experiencia de verlos proceder a materias más avanzadas antes de
entender la materia anterior. Es como aprender a dividir sin antes

442
La ley del desarrollo

aprender las tablas de la multiplicación. No solamente es imposible,


sino también produce mucha frustración y fracaso entre los alumnos.
Conocí la realidad del fracaso de muchos profesores de len-
guaje de las escuelas secundarias durante la primera semana de
enseñar en la universidad. Por lo menos cuarenta por ciento de los
alumnos no eran capaces de preparar un trabajo escrito aceptable.
¡Frecuentemente la gramática era un desastre, la ortografía era un
chiste, y el proceso maduro de seguir una línea lógica de pensa-
miento estaba en otra galaxia!
Cuando recibí los primeros trabajos, estaba tan sorprendido que
los llevé a la mesa de almuerzo para mostrárselos a mis colegas
con más experiencia. Se rieron y se miraron con comprensión.
«¡Bienvenido, Bruce, a la realidad de la enseñanza universitaria!»
Al enseñar, debemos seguir la pauta de asegurar que nuestros
alumnos posean lo mínimo requerido antes de proceder a las habi-
lidades y técnicas más avanzadas. Un profesor de matemática que
yo conozco exige que todos sus alumnos dominen las tablas de
multiplicación perfectamente desde uno a trece. Cada mes cada
alumno da una prueba, y debe contestar las preguntas perfecta-
mente, tomando cada vez un minuto menos de tiempo. Si falla en
una sola pregunta, el alumno tiene que quedarse después de las
clases cada día para dar la prueba de nuevo, hasta que conteste
perfectamente las preguntas en el tiempo estipulado. ¡Qué sabio el
profesor! Él asegura que todos sus alumnos logren por lo menos el
nivel mínimo necesario de capacidad en esa área.
Muchos maestros permiten que sus planes determinen el ritmo
de la clase, y no la capacidad de aprendizaje de los alumnos. Si no
tenemos cuidado, podemos caer en la trampa de creer que lo más
importante es cubrir la materia en vez de asegurar que todos los
alumnos aprendan la materia.

443
Las siete leyes del aprendizaje

Maximizador 6: Anime a sus alumnos con más


frecuencia durante las primeras etapas de la
capacitación.
Cuando la gente piensa en aprender una nueva habilidad, nor-
malmente sufren algún grado de ansiedad y miedo. Un poco de
tensión puede ser buena, pero frecuentemente nuestros alumnos
están paralizados con el miedo al fracaso y a la vergüenza. Estas
emociones fuertes de miedo y ansiedad disminuyen seriamente el
impacto de la enseñanza.
Por lo tanto, usted debe minimizar el miedo y aumentar el áni-
mo. El ánimo y el miedo son opuestos; cuando aumenta el ánimo, el
miedo disminuye; cuando aumenta el miedo, el ánimo disminuye.
Regale el don del ánimo regularmente.
¿No es interesante que aun un líder tan grande como Josué
luchaba con el miedo severo y la duda? Una y otra vez Dios le
decía: «No temas ni desmayes». Dios también proveyó varias ma-
neras de animar a Josué. Note estas cinco maneras de animar a
sus alumnos, tomadas de unos versículos de Josué 1:

1. Prometa su presencia. Anime a sus alumnos, recordándoles que


usted va a estar allí mismo con ellos durante el proceso de entre-
namiento. Cuando tenemos miedo, muchas veces es porque nos
sentimos solos y vulnerables. Por lo tanto, nos da mucho consuelo
saber que alguien en quien confiamos estará al lado nuestro.

«¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni


te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo donde-
quiera que vayas» (1.9, LBLA).

«Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida;


como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te
desampararé» (1.5).

444
La ley del desarrollo

2. Prometa su éxito. Anímelos, asegurándoles que tendrán éxito


cuando se esfuerzan (recuerde las palabras de Cristo, «Os haré
pescadores de hombres»). Cuando tenemos miedo muchas ve-
ces es porque lo único que podemos imaginar es que no seremos
capaces de hacerlo. Cuando estamos recién aprendiendo una
habilidad, subestimamos en gran manera las probabilidades de
éxito. Por lo tanto, nos fortalece mucho cuando el líder asume la
responsabilidad de asegurarnos que tendremos éxito.

«Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa


este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy
a los hijos de Israel» (1.2).

«Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo


lugar que pisare la planta de vuestro pie» (1.3).

«Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda


la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol,
será vuestro territorio» (1.4).

«Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo


por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a
ellos» (1.6).

3. Prometa victoria sobre las partes más difíciles. Anime a sus


alumnos, prometiendo que tendrán éxito aun en las partes más
difíciles del curso. Cuando tenemos miedo, muchas veces es
porque no podemos imaginarnos experimentando victoria so-
bre cierta parte del curso, o sobre algún aspecto de la habilidad
—algo parece imposible. Por lo tanto, recibimos un apoyo sóli-
do cuando el maestro identifica esas áreas en que tenemos

445
Las siete leyes del aprendizaje

más miedo, y nos relaja prometiendo éxito cuando trabajamos


con él en dominio de la materia.

«Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida;


como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te
desampararé» (1.5).

Así Dios prometió victoria sobre los gigantes de la tierra, sobre


las alturas fortificadas, y sobre las ciudades protegidas con
muros altos.

4. Prometa éxito cuando hacen su parte. Anime a sus alumnos,


asegurándoles que tendrán éxito si siguen su liderazgo y cum-
plen con sus responsabilidades. El aprendizaje es una calle con
tránsito en los dos sentidos, y construimos la confianza cuando
compartimos nuestras expectativas y nuestros requisitos, es-
pecialmente si están al alcance de todos los alumnos.
«Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer
conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te
apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prospe-
rado en todas las cosas que emprendas» (1.7).

5. Prometa que su aptitud asegurará el éxito. Anímelos por


medio de mostrarles que su éxito será asegurado por la capaci-
dad que tendrán pronto. Cuando estamos ansiosos, muchas veces
es porque no vemos el beneficio a largo plazo que resultará de
nuestras labores y nuestros estudios. Recibimos consuelo y
confianza al ver que seremos mejores individuos y más compe-
tentes cuando aprendamos las habilidades que están enseñan-
do. Por lo tanto, imagine a sus alumnos disfrutando del éxito en
el futuro porque sus esfuerzos actuales darán fruto.

446
La ley del desarrollo

«Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de


día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas con-
forme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás
prosperar tu camino, y todo te saldrá bien» (1.8).

Recuerde, cuanto más grande es el miedo del alumno, más


grande es la necesidad de darle ánimo. Como todos tenemos más
miedo al principio, tenemos que dar ánimo con más frecuencia du-
rante las primeras sesiones del aprendizaje de una nueva habilidad.
Además, cuando algún alumno lo hace bien en las primeras etapas
de la adquisición de una habilidad, reconózcalo públicamente.

Maximizador 7: Reafirme el valor de sus alumnos


independiente de su nivel de actuación.
Cuando Cristo reveló a los discípulos el hecho de que la mone-
da de la viuda valía más que las donaciones grandes de los ricos,
nos libró de la esclavitud de las comparaciones. Él enfocó nuestra
atención en otras cosas, recordándonos que la actuación de una
persona no se debe evaluar solamente por lo que hizo, sino también
por lo que podría haber hecho.
Esta perspectiva teológica acerca de la conducta puede mejo-
rar mucho nuestra capacitación de otros. Si limitamos nuestra apro-
bación a los que muestran un nivel destacado de logro, entonces
seremos como los fariseos que solamente felicitaban a los ricos,
minimizando el valor de la moneda de la viuda.
El entrenamiento, hecho como Cristo lo hizo, debe considerar
las habilidades innatas que Dios ha dado, y debe buscar oportunida-
des para animar a los alumnos en por lo menos cinco áreas:
1. El esfuerzo. El esfuerzo del alumno refleja su deseo de
tener éxito y debe ser considerado y afirmado.
2. El grado de mejoramiento. Una forma de evaluar es ver
cuánto ha mejorado desde su actuación previa.

447
Las siete leyes del aprendizaje

3. La demostración de espíritu de equipo y de entusiasmo.


La unidad y el apoyo mutuo es un ingrediente esencial para la ca-
pacitación máxima. Los alumnos que animan y ayudan a otros de-
ben recibir muchas felicitaciones.
4. El crédito adicional y la práctica que no son requeridos.
Observe a los alumnos que «corren unas vueltas adicionales des-
pués de la práctica», que completan tareas adicionales, y que tratan
de superar los requisitos establecidos.
5. La actuación destacada. Esta es la base más obvia y más
frecuente de la afirmación. La capacitación efectiva debe recono-
cer la excelencia y la actuación excepcional.
Una vez aconsejé a un joven que se consideraba a sí mismo un
fracaso porque no tenía calificaciones muy buenas en la matemáti-
ca. Escuche la conversación:
—No importa cuánto estudio o cuánto me esfuerzo, nunca saco
nada mejor que una «D» o una «C». Otros jóvenes en mi clase no
estudian casi nada, y siempre sacan una «A».
—¿Cómo te hace sentir eso? —le pregunté.
—Soy un fracaso... no es justo. Voy a dejar de estudiar. ¿Para
qué esforzarme cuando solamente voy a sacar una «C»?
Este joven tenía que renovar su mente de acuerdo con lo que
Dios pensaba. Dibujé un cuadro y dije:
—Este cuadro te representa a ti. Ahora, ¿quién está encarga-
do de tu inteligencia matemática?
No estaba seguro por un momento, pero como sabía lo que
enseñaba la Biblia, finalmente dijo:
—Dios, supongo.
—Bien. Ahora, ¿cuánto te has esforzado en el curso? ¿Has
dado cien por ciento? ¿cincuenta por ciento? ¿Cuánto?»
—Me esfuerzo mucho. Probablemente noventa y cinco por
ciento; no siempre, pero la mayor parte del tiempo.

448
La ley del desarrollo

—Entonces, dibuja una flecha casi hasta arriba, hasta el nivel


de noventa y cinco por ciento en tu cuadro.
Lo hizo, y yo escribí una «C» por sobre el cuadro para indicar
su calificación en matemática.
—Ahora, pensemos en tu amigo que saca una «A» sin esfor-
zarse. ¿Cuánto más inteligente es en la matemática que tú?»
—Es muy inteligente, probablemente dos veces más inteligente.
Así que al lado del cuadro que representaba este joven, dibujé
otro cuadro más grande que representaba a su compañero más
inteligente. Como el otro joven sacaba «A», puse una «A» por so-
bre el cuadro. Entonces le pregunté:
—¿Cuánto se esfuerza tu amigo? ¿Crees que está haciendo lo
mejor que pueda?
El joven se rió.
—No solamente se esfuerza poco; también se ríe de nosotros
que tenemos dificultades. Yo sé que es inteligente, pero no creo que
se esfuerce más de cincuenta por ciento. Normalmente pasa mu-
cho tiempo jugando.
Marqué una línea en el medio del segundo cuadro y escribí
«50%».
—Ahora tú ves las dos calificaciones distintas para cada uno
—expliqué—. Los que nos rodean ven las calificaciones porque
están mirando las cosas exteriores. Pero piensa en lo que Dios ve.
Él ve lo que hace la gente con el talento que él les ha dado. Dios
nos ve por dentro, y habría dado a tu amigo un cincuenta por ciento,
una F, porque solamente hizo la mitad de lo que podría haber hecho,
y quizás te dé un noventa y cinco por ciento, una A, por lo que has
hecho con lo que te ha dado.
Debería haber visto los ojos del joven iluminarse cuando se dio
cuenta de que había «dos notas» en la vida. Inmediatamente dijo que
iba a seguir sacando calificaciones de «A» en el informe de Dios.

449
Las siete leyes del aprendizaje

Jesús nos presentó con una mucho mejor ilustración de esta


perspectiva sobre nuestra actuación —especialmente en compara-
ción con otros— en Mateo 25. Unas ideas de este pasaje nos pue-
den ayudar a reafirmar a nuestros alumnos de acuerdo con las
habilidades que Dios les ha dado:
1. Dios ha dado a cada uno de nosotros distintos talentos.
«A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno
conforme a su capacidad» (25.15ª)
2. Dios prueba nuestros logros. «Después de mucho tiempo
vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos» (25.19).
3. Dios da premios de acuerdo con la capacidad, no la
cantidad. La primera persona devolvió al Señor cinco talentos, y la
segunda persona devolvió solamente dos talentos. El primer siervo
produjo 150% más que el segundo. Pero observe cómo Cristo pre-
mió (calificó) a los dos alumnos:

Logro de cinco talentos:


«Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre
mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor» (25.21)

Logro de dos talentos:


«Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre
mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor» (25.23)

¿Vio la vasta diferencia?


Sorprendente, ¿verdad? ¡No hay ninguna diferencia! Cristo vio
que, aunque el primer siervo logró mucho más que el segundo en
cantidad, los dos doblaron lo que habían recibido. Según el criterio
humano, sus logros eran radicalmente diferentes; pero según el
criterio del Señor, eran idénticos.
Ya que Cristo dijo «¡Bien hecho!» a una persona con dos talen-
tos como a una persona con cinco talentos, también debemos afir-

450
La ley del desarrollo

mar los logros de cada alumno, sin compararlo con los logros de
otro alumno.

Conclusión

¿Cuál será el impacto eventual de una vida dedicada a la capa-


citación de otros? Permítame contestar eso con una mirada a la
vida de uno de los mejores entrenadores que he conocido, el Dr.
Howard Hendricks.
El Dr. Hendricks ha enseñado a miles de hombres y mujeres a
hacer la obra del ministerio. Cada uno de esos individuos tiene su
propia historia, pero como yo conozco la mía mejor, quiero describir
el impacto que él ha tenido en mi vida y en el ministerio de Camina-
ta Bíblica.
Su discipulado me influyó antes de comenzar el ministerio de
Caminata Bíblica en los años setenta. Muchos de sus valores y
sus perspectivas me han ayudado a formar la organización, hasta
tener el ministerio internacional que tiene hoy.
Durante los primeros meses, yo enseñé todos los seminarios
por mí mismo. Pero pronto las solicitudes superaron nuestra capa-
cidad, y empecé a entrenar a algunos de mis amigos de mis estu-
dios de postgrado. Eventualmente llegó a ser muy aparente que Art
VanderVeen era no solamente un excelente instructor de semina-
rios, sino también era muy apto para ser el decano de nuestra fa-
cultad. Durante los primeros años, él entrenó a muchos instructo-
res, incluyendo a otro comunicador excelente, John Hoover. Des-
pués de varios años, John continuó desarrollando su liderazgo y fue
promovido a ser vicepresidente de nuestro ministerio internacional,
y empezó a llevar el ministerio alrededor del mundo.
Su primer paso en «plantar la visión de Caminata Bíblica» en
terreno extranjero fue en Australia cuando reclutó y entrenó a Gary
Coleman. Cuando el ministerio australiano maduró bajo su liderazgo,

451
Las siete leyes del aprendizaje

Gary hizo su propio viaje misionero y comenzó el ministerio en las


[Link]í entrenó a muchos líderes clave, incluyendo a Paul Newman.
Paul pronto llegó a una posición de liderazgo en ese país, y
empezó a entrenar a instructores filipinos, incluyendo a Ben Yngaio.
Bajo el liderazgo de Paul, Ben después entrenó a tres instructores
más a través de las Filipinas.
Uno de esos instructores llevó a veinte personas a Cristo du-
rante su primer seminario. Uno de esos veinte fue a la casa y llevó
a su esposa y sus dos hijas a Cristo esa misma noche.
¡Mire la lista increíble de discípulos!

Howard Hendricks
Bruce Wilkinson
Art VanderVeen
John Hoover
Gary Coleman
Paul Newman
Ben Yngaio
Pastor filipino
Padre
Esposa y dos hijas —se convierten a Cristo.

Diez generaciones de discípulos. Hice un dibujo de esto en una


hoja y la mostré a mi esposa, Darlene.
—¡Mira lo que este solo hombre, Howard Hendricks, ha hecho
para toda la eternidad! No solamente esta cadena, sino otras ramas
igualmente maravillosas han crecido en muchas direcciones, desde
cada persona en la lista.
Ella sonrió y dijo:
—Me pregunto si esa es la historia completa. El Dr. Hendricks no
empezó todo ese discipulado solo. ¿Recuerdas la historia que nos contó
acerca de cuando tenía diez años y vivía en Filadelfia en un hogar dividido?

452
La ley del desarrollo

El Dr. Hendricks nos había dicho que un día, él y sus amigos


estaban jugando a las canicas cuando se acercó un hombre mayor.
El hombre quedó mirando, animándoles en su juego. Pronto estaba
de rodillas jugando con ellos. Después de varias semanas, llegaron
a conocerlo como Walt. Trabajaba en una fábrica cercana.
Después de varios días de jugar a las canicas con estos niños,
Walt los invitó a una clase de escuela dominical. No sabían que ense-
ñaba una clase, y le pidieron que les explicara de qué se trataba.
—Bueno —dijo—, no tengo una clase todavía, pero ustedes
me podrían ayudar a empezar mi propia clase.
Así fue que Howard Hendricks y sus amigos empezaron a
asistir a la iglesia... gracias a Walt. Incluso, ¡cada miembro de la
clase de Walt llegó a conocer a Cristo, y once de ellos entraron en
el ministerio a tiempo completo!
Ve, mi amigo, detrás de los miles y miles de personas que han
recibido la influencia de ese discipulador famoso, el Dr. Howard
Hendricks, está la figura desconocida de un maestro de la escuela
dominical que fue fiel a su llamado.
¿Podría imaginar lo que sucederá cuando Walt entre a la gloria,
y vea las multitudes que han sido influenciadas porque él enseñó a
esos alumnos de la escuela dominical? No lo podría haber sabido
nunca. Pero lo sabrá un día. Y celebrará durante la eternidad.
Nunca más subestime el impacto eterno de su enseñanza. Nun-
ca más diga: «Esta clase no va a hacer mucha diferencia». No
piense: «Ya he cumplido con mi parte, y voy a descansar durante
los próximos cinco años». En el próximo grupo de alumnos, podría
haber otro Howard Hendricks, cuyo ministerio tendrá influencia
internacional, tocando a miles de personas para la causa de Cristo.
La próxima vez que entre a la sala de clases, tome la antorcha
con firmeza, y haga más fuerte la decisión en su corazón —¡y
encienda la antorcha de los que lo esperan!
Usted se llama Walt, ¿verdad?

453
Las siete leyes del aprendizaje

Preguntas para reflexión

1. Los mejores discipuladores saben que el secreto del desarrollo


eficaz de las habilidades de sus alumnos frecuentemente está
centrado en la identificación de sus dificultades. Piense en al-
guien a quien usted está enseñando ahora y que parece detenido
en su desarrollo. ¿Está parado porque no entiende las cosas bá-
sicas, porque nunca ha observado a alguien que fue modelo de
ellas, porque nadie le ha guiado por los primeros pasos de la
técnica, o porque está enfrascado en una actitud negativa? Des-
pués de diagnosticar su problema, haga una lista de las alternati-
vas para ayudarle a superar su problema y seguir progresando.
2. Piense otra vez en los cinco pasos del método del discipulado
—instruir, ilustrar, involucrar, incrementar, e inspirar. ¿Cuál de
sus profesores fue el mejor modelo de este proceso cuando era
alumno? Converse acerca del impacto que experimentó.
3. La motivación para aprender una habilidad es clave para el
éxito. Considere otra vez las motivaciones de relaciones perso-
nales, castigo, y premio, tal como estudiamos en el maximizador
4. Como alumno, ¿cuál de estos factores le motivó más? ¿Por
qué? Ahora, como maestro, ¿cuál de estos utiliza más? ¿Cuál
utiliza menos? ¿Cómo podría usar los tres para el curso que
está enseñando? Piense en su propia situación y cómo usted
trata de capacitar a sus alumnos. ¿En qué maneras específicas
podría usted usar los tres elementos de motivación para ani-
marlos en su progreso?
4. ¿Quién es el alumno más desanimado en su clase por causa de
su capacidad natural limitada? Considere las cinco maneras
que estudiamos bajo el maximizador 7 para reafirmar a ese
alumno, y prepare un plan simple para ayudarle a responder
correctamente a esas limitaciones. Pruebe las mejores ideas y
converse acerca de lo que sucede.

454
La ley del desarrollo

5. ¿Quién es la persona que le ha capacitado más para vivir su


vida? ¿Qué hizo, y cómo le afectó? Ahora cambie de roles un
momento. De todas las personas que usted ha discipulado, ¿quién
pensaría que ha recibido más beneficio? ¿Cómo podría multi-
plicar el impacto de su vida aun más?

455
SÉPTIMA LEY

LA LEY DEL

Avivamiento
13
LA LEY DEL AVIVAMIENTO;
MENTALIDAD, MODELO Y
MÁXIMAS

Cuando mi amigo me llamó y me pidió que hablara para el


banquete de su iglesia en el día de los enamorados, demoré menos
de un segundo en decir que no. Mis dones están en la enseñanza, y
no en el entretenimiento, así que le di algunos nombres de amigos
que serían excelentes para ese ambiente.
Después de una semana llamó de nuevo y me dijo que sentía
que yo era la persona perfecta, y que no había llamado a nadie
más. Rechacé otra vez y le animé a buscar a otro mensajero.
No pude creerlo cuando llamó la tercera vez después de otra
semana.
—Hazlo por un viejo amigo —dijo.
—¡Qué tramposo! —le dije—, pero si es tan importante, lo
haré por ti.
Trabajé mucho en el mensaje. El banquete fue bonito, y pare-
cía que habían recibido bien mi mensaje. Les conté unos chistes y
unas historias románticas, cité unos poemas apropiados —en sínte-
sis, di un mensaje de banquete típico.
Después, mi amigo y su esposa nos invitaron a comer un postre
en un restaurante. Cuando ya estaba terminando mi pastel favorito,
le pregunté qué le pareció el mensaje. Se calló y empezó a mirar su

459
Las siete leyes del aprendizaje

plato. Me fijé que estaba jugando con la cereza en su plato —la


primera indicación de que mi mensaje no había sido apropiado.
El silencio me mataba. Finalmente le pregunté:
—¿No fueron buenas las historias?
—Sí, las historias fueron buenas. —Siguió jugando con la cereza.
—Los chistes fueron un desastre, ¿verdad?
—No, fueron bastante buenos, creo.
—Entonces, ¿qué sucede?
Suspiró, bajó su tenedor, y me miró directamente en los ojos.
—Bruce, tú y Darlene saben que mi esposa y yo hemos estado
asistiendo a esta iglesia liberal durante seis años. Por seis años,
hemos estado tratando de recibir permiso para que un evangélico
hable en nuestra iglesia, y los pastores siempre han dicho que no.
Finalmente, cuando les dije que tú estabas dispuesto a venir, nos
sorprendieron diciendo que sí.
Empecé a jugar con las frutillas en mi plato.
—Después de orar seis años por una oportunidad como esta,
tú hablaste cuarenta minutos a un grupo grande de personas que no
conocen a Cristo; ¡y no les explicaste el evangelio!
Como una espada de doble filo, esas palabras me atravesaron
el corazón. Por primera vez en mi vida, no pude terminar mi pastel.
Le di las gracias a mi amigo por sus palabras sobrias, y fui
tambaleando a mi vehículo, mareado. El Espíritu Santo me recordó
todo el camino a la casa que el Señor no me había llamado a contar
chistes y citar poemas, sino a llamar a hombres y a mujeres a una
vida comprometida y entregada a Cristo.
Dios continuó su obra de purificación en mi vida durante los
meses siguientes, hasta el tiempo de la conferencia anual de la
facultad de Caminata Bíblica. Nuestra facultad llegó desde todo
el país para una semana de intenso entrenamiento, y una noche
compartí cómo el Señor me había hablado.

460
La ley del avivamiento

Al hablar entre nosotros, la presencia y la convicción del Señor


pasó sobre nuestro grupo. Pronto caímos de rodillas, y muchos
confesaron su necesidad de avivamiento. Cayeron muchas lágrimas
de arrepentimiento, y se renovaron muchos compromisos con Cristo.
El año de ministerio había terminado con la conversión de 370
personas. Mientras oramos, los hombres empezaron a rogar al Se-
ñor que los utilizara de gran manera en el ministerio. Alguien oró
que más personas conocieran a Cristo en nuestros seminarios. Otros
se unieron en esta oración. Entonces el hombre arrodillado a mi
izquierda pidió una cosecha espiritual diez veces más grande du-
rante el año siguiente —en vez de un promedio de una sola persona
por día, que Dios permitiera que lleváramos a diez por día a Cristo.
¡El primer mes después de este avivamiento, más de 400 se
entregaron a Cristo! Cuando terminó ese año, el Señor permitió
que 3.700 llegaran a conocerlo a través del ministerio.
Para mí, esta es una ilustración increíble de los resultados mara-
villosos que pueden ocurrir cuando somos reavivados y renovados.
El seminario era el mismo, la facultad era la misma, y el público era
generalmente el mismo. La única diferencia era que nuestros cora-
zones —los corazones de los maestros— habían sido renovados.

La mentalidad de la ley del avivamiento


¿Qué piensa cuando escucha la palabra avivamiento? La ma-
yoría piensa en las cruzadas evangelísticas grandes. En el Nuevo
Testamento, avivamiento es la traducción de una palabra com-
puesta en griego, anazao, que significa literalmente «otra vez —
vivir». Se usa para describir la resurrección física de Lázaro, Jesu-
cristo, y nuestra futura resurrección del cuerpo.
El avivamiento espiritual significa devolver la vida plena a un
cristiano que ha estado vivo espiritualmente, pero que ha retrocedi-
do en el pecado y la rebelión. En esta ley, el avivamiento se refiere

461
Las siete leyes del aprendizaje

al proceso de restaurar la vida plena a un cristiano que ha caído en


pecado y está viviendo en desobediencia consciente.
El cuadro clásico de este proceso se ve en la parábola del hijo
pródigo que abandonó la casa de su padre en rebelión, vivió en
desobediencia y pecado, finalmente volvió en sí, se arrepintió, y fue
restaurado a la armonía completa con su padre amoroso.
Muchos maestros creen que el avivamiento es un tema lejano
a la experiencia del salón de clases típico. Cuando se le pregunta
cómo enseña para traer avivamiento, el maestro típico se sorpren-
de porque tal pensamiento nunca pasó por su mente. El avivamien-
to es para predicadores. O, para otros, el avivamiento simplemente
no es para nuestra época.
Además, ¿quién de nosotros es capaz de dirigir un avivamien-
to? No hemos sido entrenados, y tampoco nos sentimos espiritual-
mente adecuados para tal tarea. ¿Traer un avivamiento a mis alum-
nos? ¿Está bromeando?
Ya es tiempo de mirar un pasaje clave de las Escrituras para
ver si estamos viviendo en obediencia a las enseñanzas de la Biblia.
Si tengo razón, por séptima vez descubriremos cuán lejos nos he-
mos desviado del camino que trae bendición.

El modelo de la ley del avivamiento

La ley del avivamiento se manifiesta en forma gráfica en la his-


toria del Antiguo Testamento cuando Natán confrontó a David acer-
ca de su pecado con Betsabé (2 Samuel 12.1-15). Siga los cinco
pasos que usó Natán para llevar a su alumno al arrepentimiento.

Paso 1: La comisión (2 Samuel 12.1ª)


«El Señor envió a Natán a David». Note que fue el Señor quien
envió al maestro (Natán) al alumno (David). Dios podría haber
hablado directamente con David, o usado ángeles, pero

462
La ley del avivamiento

soberanamente decidió hablar a través de una persona. Dios desea


cumplir su obra perfecta a través de personas imperfectas como
usted y yo.
El primer paso es el de recibir la «comisión», recibir la autori-
dad para llevar a cabo una tarea o un deber particular, o recibir
ciertos poderes. Aquí usted se «prepara» para ir a una persona
que necesita avivamiento.
Cuando Natán fue delante de David, estaba totalmente seguro
de que estaba haciendo la voluntad de Dios. Cuanto más profunda-
mente sintamos la misma certeza, más seguros estaremos durante
el proceso intenso del avivamiento. El problema es que muchos
maestros no tienen ese sentido de responsabilidad personal para
llamar a sus alumnos al avivamiento. Siempre piensan que Dios ha
comisionado a otros (pastores o evangelistas) a esa tarea, pero
seguramente no a ellos.
¿Cómo realizaría sus deberes de maestro si escuchara una
palabra clara de Dios, diciéndole que llamara a sus alumnos desca-

463
Las siete leyes del aprendizaje

rriados a volver al Señor? ¿No encontraría mucho ánimo y mucho


valor en esa comisión? La próxima vez que les enseñara, ¿no ten-
dría más claros los planes de Dios para su clase?
Más adelante en este capítulo, bajo la primera máxima, explo-
raremos tres pasajes clave que le llaman a traer avivamiento a sus
alumnos. Aunque no lo sepa, su apodo en el cielo es «Natán», y
todos sus alumnos se llaman «David».

Paso 2: La confrontación (2 Samuel 12.1b-9)


Cuando Natán empezó su clase, tenía una perspectiva clara
acerca de dónde tenía que ir, y cómo llegar. La comisión de Dios es
traer las ovejas descarriadas al rebaño. Por lo tanto, el primer paso
de toda restauración espiritual es ayudar a las ovejas a reconocer
su problema —que han sido desobedientes, perdiéndose del reba-
ño, y están viviendo en oposición a la voluntad de Dios.
«Confrontación» significa estar cara a cara; pararse delante
de alguien; reunirse para comparar o examinar. Originalmente la
palabra vino del latín confrontare, que significa tener una frontera
en común, y eventualmente llegó a significar llegar a un acuerdo
por medio de llamar la atención a la frontera que ha sido
transgredida.
Cuando el maestro comisionado empieza a buscar al alumno
desviado activamente, debe primero ayudarle a reconocer su des-
obediencia. El maestro ayuda al alumno a mirarse en el espejo,
enfrentando su verdadero problema. El alumno tiene que verse a sí
mismo y entender lo que ha hecho.
Natán ayudó a David a verse a sí mismo con tanta claridad que
el sentido de culpa de parte del rey era insoportable. Para hacer
esto, el profeta guió a David en tres descubrimientos:

1. Lo confrontó contando una parábola (2 Samuel 12.1b-


6). ¡Qué historia más llamativa preparó Natán para su alumno! No

464
La ley del avivamiento

hay enseñanza más efectiva que hacer que sus alumnos hagan un
juicio fuerte y emocional en contra del mismo pecado de ellos, sin
darse cuenta. Yo lo llamo «hacer un Natán». Lea la historia, y sien-
ta toda la emoción que puso Natán y vea cómo describió tan per-
fectamente a David:

Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro po-


bre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas. Pero el pobre no
tenía más que una corderita que él había comprado y criado,
la cual había crecido junto con él y con sus hijos. Comía de su
pan, bebía de su copa, y dormía en su seno, y era como a una
hija para él. Vino un viajero al hombre rico y éste no quiso
tomar de sus ovejas ni de sus vacas para preparar comida
para el caminante que había venido a él, sino que tomó la
corderita de aquel hombre pobre y la preparó para el hombre
que había venido a él. Y se encendió la ira de David en gran
manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive el Señor,
que ciertamente el hombre que hizo esto merece morir; y debe
pagar cuatro veces por la cordera, porque hizo esto y no tuvo
compasión. (LBLA)

El alumno de Natán se juzgó de antemano y se preparó para la


próxima revelación dramática.

2. Lo confrontó describiendo la naturaleza de Dios (2


Samuel 12.7-8). Natán fue totalmente directo con su alumno cuan-
do le dijo: «¡Tú eres aquel hombre!» Con su parábola, Natán prepa-
ró a David para todo lo que siguió, rompiendo su corazón sobre las
piedras del arrepentimiento. Pero primero el profeta confrontó a
David con la naturaleza del Dios que había traicionado:

465
Las siete leyes del aprendizaje

Así dice el Señor, Dios de Israel:


1) Yo te ungí por rey sobre Israel, y
2) te libré de la mano de Saúl...
3) entregué a tu cuidado la casa de tu señor, y
4) [te di]las mujeres de tu señor;
5) y te di la casa de Israel
6) y [te di] de Judá;
7) y si eso hubiera sido poco, te hubiera añadido muchas
cosas más como estas. (LBLA)

¡Qué cosas más maravillosas había dado Dios a David! Cuan-


do se hizo la lista de una cosa después de otra, David fue obligado
a mirar a los ojos del que le había dado todo eso —contra quien él
había hecho tantas cosas terribles.
¿Por qué Natán guió a su alumno por este proceso? Porque
David tenía que recordar a qué tipo de Dios había ofendido. David al
haber pecado repetida y voluntariamente, demostró que había dado
la espalda a Dios, tratando de olvidar su bondad y su amor fiel.
Cuando continuamos en el pecado, inevitablemente alteramos
la naturaleza de Dios en nuestra mente. Lo rehacemos con nuestros
propios pensamientos, haciendo que no merezca nuestra lealtad y obe-
diencia. Dios eventualmente llega a ser malo en nuestra perspectiva,
mientras volvemos al huerto de Edén, creyendo la mentira de Satanás:
que el motivo de Dios era evitar que tuviéramos cosas buenas.
Natán conocía lo engañoso que era el corazón de David, así
que lo enfrentó con siete afirmaciones verídicas acerca de Dios —
cada una cuidadosamente preparada para penetrar su corazón
malvado y abrirlo a la luz del Espíritu de Dios. ¿Puede imaginar la
fuerza del punto final, «y si eso hubiera sido poco, te hubiera añadi-
do muchas cosas más como estas»? Darse cuenta de que Dios le
había mostrado su bondad infinita, y que él la había rechazado,
tiene que haber sacudido a David hasta los huesos.

466
La ley del avivamiento

3. Lo confrontó con una lista de pecados específicos (2


Samuel 12.9-10). Observe lo directo que es Natán cuando enume-
ra cada acto de desobediencia:

1) «¿Por qué has despreciado la palabra del Señor, haciendo


lo malo a sus ojos?
2) Has matado a espada a Urías heteo,
3) has tomado a su mujer para que sea mujer tuya, y
4) lo has matado con la espada de los hijos de Amón.
5) Ahora pues, la espada nunca se apartará de tu casa, por-
que me has despreciado, y has tomado la mujer de Urías
heteo para que sea tu mujer.
6) En verdad, tú lo hiciste en secreto (v. 12)
7) Sin embargo, por cuanto con este hecho has dado ocasión
de blasfemar a los enemigos del SEÑOR (v. 14, LBLA)

¡Qué lista de pecados! Natán sabía que, para ser efectiva, la


confrontación debe ser directa, específica, y verídica. No anduvo
con rodeos —lo enfrentó directamente.
La confrontación no es fácil para nadie, pero el Señor nos insta
a «seguir la verdad en amor». En el proceso de hablar la verdad
directamente al cristiano que está en pecado, el Espíritu Santo es
liberado a convencer con más claridad y poder. Cuando otra perso-
na nos menciona nuestros pecados en voz alta en nuestra presen-
cia, es un incentivo fuerte a arrepentirse.
Hay dos secretos valiosos que seguir cuando necesita confron-
tar a un cristiano. Primero, siempre utilice la palabra bíblica para el
pecado cometido. Diga «adulterio», y no «relación amorosa»; diga
«actos homosexuales», y no «un estilo de vida distinto»; diga «men-
tira», y no «tergiversar la verdad». El uso del término bíblico, en vez
del eufemismo lo deja más claro y tiende a convencer mejor.

467
Las siete leyes del aprendizaje

Segundo, no se mueva de este paso de la confrontación, hasta


que la persona admita su pecado. Frecuentemente después de con-
frontar a una persona, le pido que ella diga en voz alta cuáles son
los pecados que ha cometido. Si no puede, o no quiere, el arrepen-
timiento completo no ocurre. La persona tiene que admitir abierta-
mente su culpa y su pecado a usted y a Dios. Si no puede confesar-
lo a usted en el momento en que lo confronta, probablemente no
podría confesarlo a Dios.
David reconoció su pecado inmediatamente después de la con-
frontación de Natán: «He pecado contra el Señor», dijo (12.13).
Hace algunos años, cuando estuve predicando en una confe-
rencia en una universidad cristiana famosa, hice un llamado al arre-
pentimiento de pecados. Al final del sermón, empecé a mencionar
pecados específicos, haciendo descripciones para que no pudiera
haber confusión.
—Algunos de ustedes cometieron adulterio o fornicación el
verano pasado —dije—, o en este mismo momento están
involucrados en una relación inmoral. Algunos de ustedes han en-
gañado en exámenes o han copiado trabajos escritos de sus com-
pañeros. Algunos han ido a las tiendas para robar cosas. Otros
están en relaciones homosexuales o lesbianas. Estaban tan calla-
dos que se podría escuchar caer una pluma.
Entonces animé a los alumnos:
—Tienen que arrepentirse de esos pecados, y tienen que em-
pezar ahora mismo. Si son culpables de algunos de estos pecados,
u otros similares, y están dispuestos a confesarlos al Señor y ser
liberados por su poder, entonces pónganse de pie.
Había un completo silencio, y podía escuchar mi propio cora-
zón palpitar. Entonces de repente, como un trueno, cientos de alum-
nos se pararon a través de toda la capilla. Muchos estaban lloran-
do, otros susurrando, y otros cayeron de rodillas.

468
La ley del avivamiento

Como usted puede imaginar, no pude atender a todos los alum-


nos que buscaron consejería. Nunca olvidaré lo que exclamó un
alumno destacado, llorando:
—Estoy en mi último año de estudios, y después de todo mi
tiempo aquí en esta universidad cristiana, nadie me había desafiado
a arreglar las cuentas con mis pecados más oscuros —hasta hoy.
¡Gracias por decir la verdad!
Posiblemente el impedimento más grande a la confrontación
honesta es el «miedo al hombre» en lugar del «miedo a Dios».
Tememos al dolor que sufriremos por hablar la verdad. Pero, ¿no
podemos amar a nuestros alumnos lo suficiente para sufrir el dolor
por su bien?

Paso 3: Los códigos (2 Samuel 12.9ª)


El fundamento de toda la confrontación cristiana debe ser la
Biblia. Debemos confrontar a la gente cuando estamos seguros
de que han quebrantado un «código» o un principio claro de las
Escrituras.
Es porque ha decidido traspasar los límites que Dios ha puesto
que el alumno necesita arrepentirse. Es nuestra responsabilidad
«probar» cuál es el límite exacto que el alumno ha transgredido.
Natán dejó en evidencia que David estaba quebrantando los man-
damientos de Dios.
Sin la Biblia, no hay absolutos. Pero con la Biblia podemos
saber si un acto es pecado o no. La Biblia establece esos límites
con mandamientos específicos y principios que gobiernan a todos
igualmente. Ya que estos principios están escritos para que todos
podamos verlos, podemos estar seguros de si la conducta de al-
guien realmente es pecaminosa según Dios. Natán llamó a las ac-
ciones de David «malo a sus ojos [de Dios]» porque había quebran-
tado esos mandamientos: «¿Por qué has despreciado la palabra del
Señor haciendo lo malo a sus ojos?» (2 Samuel 12.9ª, LBLA).

469
Las siete leyes del aprendizaje

Natán hizo una pregunta interesante cuando cuestionó por qué


David había despreciado los mandamientos del Señor. Cuando el
cristiano escoge desobedecer, mira en menos los mandamientos de
Dios. De hecho, ha decidido que su propia voluntad está por enci-
ma de la voluntad de Dios. Natán sabía que David había menospre-
ciado la Palabra de Dios, porque nadie puede sostener dos posicio-
nes conflictivas a la misma vez. Cuando actuamos, una tiene nues-
tro respeto y la otra es despreciada.
Jesús identificó esta verdad acerca de valores conflictivos cuan-
do enseñó: «Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborre-
cerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al
otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Mateo 6.24).
Natán mostró a David que la raíz de su rebelión no era sola-
mente que había «despreciado la palabra del Señor» (12.9ª), sino
que había despreciado al Señor (12.10b). Nunca permitamos que
nuestros alumnos piensen que el pecado es simplemente desobe-
diencia a la Biblia, y nada más. Al final, el pecado es un acto de
rebelión en contra de Dios mismo.
El avivamiento, entonces, debe incluir el arrepentimiento
del pecador por haber quebrantado la voluntad de Dios y por
haber quebrantado el corazón de Dios. Estas son las dos partes
de este paso: primero, demostrar a la persona que ha transgredido
el mandamiento de Dios, y después demostrar que también ha roto
el corazón de Dios. La culpa se siente por quebrantar la ley, y la
tristeza se siente por romper la relación.
Una vez pasé una hora intensa por teléfono con una amiga de
la familia que estaba siendo infiel a su marido. Después de los
primeros diez minutos, empecé a preguntarle si estaba cometiendo
adulterio. Ella cambiaba el tema cada vez, pero le hacía volver a la
pregunta. Mi esposa estaba conmigo en la habitación, y estaba oran-
do al escuchar la conversación. Cuando la conversación terminó, le
pregunté a mi esposa cuántas veces me escuchó preguntar a nues-

470
La ley del avivamiento

tra amiga: «¿Eres una mujer casada adúltera?», y me dijo que por
lo menos veinte veces.
¿Por qué insistía tanto en eso? Por que si no puede admitir que
ha cometido adulterio, no hay esperanza de restauración. Final-
mente ella admitió que era verdad. (Paso dos completado, la con-
frontación). Entonces hice la transición a este paso, el «código», y
le pregunté qué decía Dios acerca de su conducta. Con una voz
temblorosa de emoción, ella exclamó:
—Dios entiende. Incluso, creo que Dios ha traído a este hombre
a mi vida, porque Dios me ama y sabe que hace tiempo no soy feliz.
¿Suena familiar? Todos los que vivimos en pecado por un tiem-
po extendido empezamos a racionalizar nuestra conducta tanto que
el bien se convierte en mal y el mal se convierte en bien. Sin impor-
tar lo que le preguntara, ella contestaba hostilmente no solamente
que Dios comprendía su adulterio, sino también que era Su volun-
tad. Decía que, después de todo, Dios quería que estuviera feliz.
Finalmente le pregunté si había escuchado de los Diez Manda-
mientos. Ella se rió y dijo: —Por supuesto.
—Bueno —dije—, ¿podrías decirme cuál es el séptimo man-
damiento? Dice: «no cometerás _________».
Cuando no quiso contestar, le pregunté:
—Cuando rompes un mandamiento directo de Dios, ¿cómo lo
llama Dios?
Silencio.
—Comienza con la letra P y termina con la letra O.
Aunque trataba de escapar de la realidad de sus acciones, le
hacía volver al mandamiento que había quebrantado.
Finalmente, cuando dijo: «Dios llama a mi adulterio pecado»,
sabía que el Señor estaba obrando en su corazón. Pero todavía no
se arrepentía. ¿Qué debo hacer ahora?

471
Las siete leyes del aprendizaje

Paso 4: Las consecuencias (2 Samuel 12.10-14)


La meta de este proceso —usado por Natán o por nosotros—
es «restaurar» a la persona que ha sido «atrapada por algún peca-
do». Para David, el clímax es su confesión, «He pecado». Cuando
nuestro alumno expresa una confesión genuina, este proceso ha
sido acortado en forma maravillosa, y no hay necesidad de conti-
nuar con esto.
A veces cuando se guía a una persona en estos pasos, la perso-
na cae bajo tanta convicción que confiesa en el primer paso cuando
lo confronta. Otros se arrepienten durante el paso de ver los «códi-
gos». Sin embargo, si la persona admite abiertamente sus acciones
y las llama «pecado», pero todavía no vuelve a Cristo, entonces hay
que usar este cuarto paso para llevarla a una restauración genuina.
Este penetra muchos corazones, aunque sean muy duros y porfia-
dos. Preste mucha atención, porque le puede ayudar a literalmente
salvar la vida de alguien.
Después de años en el ministerio, estoy convencido de que
muchos cristianos son vencidos por el pecado y permanecen en el
pecado innecesariamente, y eventualmente caen en problemas se-
veros (como el abuso, el alcoholismo, y participación en el ocultis-
mo), que puede durar años, incluso generaciones. Digo «innecesa-
riamente» porque si alguno de la comunidad cristiana hubiese ido a
confrontar a esas personas, muchas hubieran sido restauradas.
Cuando una persona desobedece a Dios, subestima dos cosas:
(1) la seriedad de su conducta, y (2) las consecuencias negativas
de su conducta, los peligros que causa para sí misma, para otros, y
para el Señor.
Mientras la confrontación ayuda a la persona a ver sus
actos pecaminosos del pasado y del presente, hablarle de las
consecuencias le ayuda a ver los resultados negativos del pre-
sente y del futuro. Natán guió por el túnel del tiempo y ayudó a
David a ver todo lo que quería ignorar:

472
La ley del avivamiento

1. «Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada,


2. Así dice el Señor: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de
tu misma casa», y
3. Tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y
4. Las daré a tu compañero,
5. El cual se acostará con tus mujeres a plena luz del día.
6. Pero yo haré esto delante de todo Israel, y a plena luz del sol.
7. Ciertamente morirá el niño que te ha nacido» (LBLA).

¿Puede imaginar la agonía de David cuando escuchó estas


consecuencias trágicas? Cada una debe haber aplastado su espíri-
tu y roto su corazón. No solamente eran los resultados más terri-
bles que podría haber imaginado, sino también sabía que cada tra-
gedia sucedería solamente por causa de su pecado. ¿Cómo podría
culpar a otro? David recordaría por el resto de su vida la cruda
realidad de que era su culpa y de nadie más.
La confrontación y los mandamientos, y ahora las consecuencias
escalaron las rocas del corazón rebelde de David, y lo preparó para arre-
pentirse. El avivamiento llegó, y como dijo Santiago, se salvó una vida.

Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la


verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver
al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma,
y cubrirá multitud de pecados (Santiago 5.19-20).

Natán usó cinco categorías de consecuencias que son univer-


salmente aplicables a todos los que debemos usar este paso para
llevar a nuestros alumnos al arrepentimiento.
1. Consecuencias para nosotros mismos. Póngase en el lu-
gar de David un momento, entonces lea la lista de Natán una vez
más, y trate de comprender cómo se sentía David. La disciplina de
Dios apuntó directamente a David.

473
Las siete leyes del aprendizaje

2. Consecuencias para nuestra familia inmediata. No sola-


mente sufriría David por sus pecados, sino también sufrirían sus
hijos, su esposa, aun sus nietos. La disciplina de Dios alcanzó a los
que David amaba.
3. Consecuencias para la comunidad cristiana. Aunque las
palabras de Natán solamente sugieren el impacto del pecado de
David a través de Israel y Judá, el resto de 2 Samuel y 1 Reyes
hasta 2 Crónicas cuentan una historia muy triste. Muchos judíos
murieron y sufrieron por causa del pecado de David.
4. Consecuencias para la comunidad no cristiana. Ya que
Israel había sido comisionada para ser una bendición a todo el mun-
do, la comunidad no creyente también sufriría por causa de los peca-
dos del gran líder de Israel. Usted puede imaginar la angustia que
sintió David —este hombre que amaba a Dios profundamente y an-
helaba construir un templo para alabar el nombre del Señor entre las
naciones— por dar ocasión a los enemigos de Dios, no solamente
para rechazarlo, sino también para blasfemarlo. ¿Cuántos individuos
no creyentes fueron alejados aun más lejos del Señor por causa del
pecado de David? Nadie sabrá cuántos, ni tampoco conoceremos
todas las consecuencias eternas que este pecado causó en sus vidas.
5. Consecuencias para el Señor. Cuando los niños hacen
algo trágicamente malo, frecuentemente son los padres los que su-
fren más. Me pregunto si la persona que experimenta más dolor
cuando pecamos no será el Señor mismo. El hecho de que un hijo
tan noble como David —conforme al corazón de Dios— decidió
pecar en una manera tan terrible (asesinato y adulterio) tiene que
haber traído una tristeza inmedible al Santo de Israel. Tal como
Cristo lloró por la dureza y la rebelión de Jerusalén, posiblemente
lloró por su siervo caído, el rey David. Seguramente Dios se entris-
tece cuando los que han sido creados a su imagen levantan el puño
hacia él con enojo y rabia.

474
La ley del avivamiento

Cada una de estas cinco consecuencias son inmediatamente


aplicables cuando tratamos de ayudar a un hijo rebelde o una hija
rebelde a abandonar su pecado, arrepentirse, y volver a casa. Aun-
que no somos Natán, y no hemos recibido una revelación divina acerca
de las consecuencias específicas para nuestros alumnos, podemos
usar nuestra imaginación santificada para proyectar las consecuen-
cias normales del pecado en la vida de nuestros alumnos.
Para hacer efectiva esta mención de las consecuencias, debe-
mos mencionar cosas personales, específicas, realistas, visuales,
dolorosas, y cosas que afecten a muchas personas que son amadas
por la persona en pecado. Las consecuencias que mencionó Natán
reflejaron cada una de estas características. Una presentación efec-
tiva de las consecuencias muestra tanto dolor para tantas personas
distintas que produce un miedo profundo del sufrimiento severo y
duradero, de modo que finalmente pesa más que los placeres pasa-
jeros que el pecado pudiera proporcionar.
Como maestro, su meta principal es probar que el arrepenti-
miento es el paso más lógico para el alumno en pecado. Hasta este
punto, los beneficios del pecado parecen ser mejores que los bene-
ficios de la obediencia; por lo tanto sigue pecando. Todos nosotros
pecamos porque el placer anticipado del pecado parece más real
en el momento que el posible daño y la disciplina que pudiéramos
experimentar.
Por lo tanto, las consecuencias deben reajustar la fantasía de la
persona para conformarse con la realidad bíblica. Al seguir esco-
giendo el pecado, la persona se enfoca en el placer anticipado, y
evita pensar en el dolor anticipado. Cuanto más le parecen iguales
en su mente estas dos áreas de placer y dolor, más luchará con la
tentación. Cuando las consecuencias negativas finalmente superan
el placer potencial, la persona inevitablemente se arrepentirá.
Las consecuencias son simplemente las razones negativas por
las cuales una persona no debe cometer un pecado. En el libro de

475
Las siete leyes del aprendizaje

Proverbios, usted puede leer muchas consecuencias que demues-


tran repetidamente lo necio que es elegir el mal. Cuanto más gran-
de es el sentimiento de dolor anticipado, menos poder ejerce la
tentación sobre la persona.
La presentación de Natán de las consecuencias conmovió tan-
to a David que inmediatamente se quebrantó y confesó sus peca-
dos. Al ganar más habilidad en usar las consecuencias en su ense-
ñanza pública y en su consejería privada, verá que cientos de per-
sonas responden con el arrepentimiento genuino. Cambiarán de
parecer porque el dolor del pecado pesa más que el placer del
pecado. La Biblia define eso como arrepentimiento.

Paso 5: La confesión (2 Samuel 12.13)


Cuando Natán escuchó a David decir: «He pecado contra el
Señor» (LBLA), él sabía que su alumno había llegado a la meta. La
rebeldía había sido vencida, y venía el avivamiento.
Confesar significa dar a conocer a otros el error o la maldad.
La profesión del pecado es el primer paso en el lado positivo del
avivamiento, y representa el punto de cambio entre rebeldía y avi-
vamiento. Más tarde en el método del avivamiento, hablaremos de
las acciones que ayudarán a nuestros alumnos a llegar a la restau-
ración completa. (Vea Salmo 51 para la confesión completa de
David delante del Señor.)
Haga que sus alumnos florezcan mientras los lleva a un aviva-
miento tantas veces como sea necesario, usando los cinco pasos de
Natán: comisión, confrontación, códigos, consecuencias, y confesión.

Las máximas de la ley del avivamiento

El fin del aprendizaje es reparar las ruinas de nuestros prime-


ros padres a través del conocimiento correcto de Dios, y a raíz de
ese conocimiento amarlo, imitarlo, y ser como él. —John Milton.

476
La ley del avivamiento

Máxima 1: El avivamiento es una restauración


espiritual, y es responsabilidad del maestro espiritual.
De todas las máximas de este libro, esta me causó más dificul-
tad. Durante dos semanas luché con este principio día y noche, al
estudiar. Seguía descubriendo que mis nociones preconcebidas acer-
ca del avivamiento contradecían la Biblia.
Decir que tenía una mentalidad rígida sería poco. La primera
vez que escribí esta máxima, antes de estudiar las Escrituras, pro-
dujo algo así: «El avivamiento es un acto soberano de Dios, y no la
responsabilidad del hombre, excepto que el cristiano debe pedirlo
en oración».
Si usted lee de nuevo las máximas en este libro, encontrará que
todas ponen la responsabilidad sobre los hombros del maestro. Pero
yo sabía que el avivamiento no podía ser la responsabilidad del
maestro porque es un acto soberano de Dios —o por lo menos eso
es lo que me habían enseñado. Entonces, después de escribir que el
avivamiento no es nuestra responsabilidad, empecé a preguntarme:
¿podría ser otra nube de confusión entre nosotros y la verdad?
¿Podríamos haber abandonado nuestra responsabilidad sin querer?
Debajo de las montañas de lógica humana había una pregunta
inquietante: Si Dios desea que ocurra el avivamiento (y por supues-
to lo desea), y si estamos pidiéndolo en oración (y muchos de noso-
tros lo pedimos), entonces ¿por qué no concede lo que los dos de-
seamos? Todo lo que sabía de Dios rompía contra esta pared inmo-
vible. Había inconsecuencias que no podía desenredar.
Finalmente, durante la segunda semana de la lucha, empecé a
progresar, preguntándome: «¿Cuáles son los pasajes bíblicos que
son más claros acerca del avivamiento?» ¿Por qué no dejar que las
Escrituras hablen por sí mismas?

El primer pasaje clave: 2 Crónicas 7.14


Me vino a la mente inmediatamente 2 Crónicas 7.14:

477
Las siete leyes del aprendizaje

«Si se humillare mi pueblo,


sobre el cual mi nombre es invocado,
y oraren,
y buscaren mi rostro,
y se convirtieren de sus malos caminos;
entonces yo oiré desde los cielos,
y perdonaré sus pecados,
y sanaré su tierra.»

Al principio de esta revelación hay una pequeña pero poderosa


palabra de dos letras. Si. Me indica que todo lo que sigue es una
condición que cumplir. Todas las palabras de la segunda parte de
este matrimonio verbal comienzan con entonces, reflejando el re-
sultado prometido que ocurrirá si se cumple la condición.
Primero estudié la segunda mitad, la promesa, para descubrir los
resultados cuando se cumplen las condiciones de la primera mitad:

«Entonces yo La promesa de Dios, que hará algo


oiré desde los cielos, La primera promesa
y perdonaré sus pecados La segunda promesa
y sanaré su tierra». La tercera promesa

Entonces me enfoqué en las condiciones (o la condición). ¿Qué


dijo Dios acerca de los requisitos que hay que cumplir para que
envíe el avivamiento?

«Si se humillare La primera condición


mi pueblo,
sobre el cual mi nombre es
invocado, La gente que puede cumplir las
condiciones
y oraren, La segunda condición

478
La ley del avivamiento

y buscaren mi rostro, La tercera condición


y se convirtieren de sus
malos caminos;» La cuarta condición

Allí está, en blanco y negro —una revelación clara e indis-


cutible directamente de Dios, ¡diciendo que el avivamiento de-
pende totalmente de nosotros, y no de él! Claramente prometió
que enviaría el avivamiento si cumplíamos sus condiciones. No es-
tábamos haciendo lo que él pedía para que el avivamiento llegara a
nuestras vidas.
¡Cómo pude haber estado tan equivocado! Dios era fiel a su
carácter, y no estaba reteniendo un avivamiento por algún secreto
profundo y oscuro. Al contrario, Dios estaba dispuesto a enviar el
avivamiento cuando nosotros cumpliéramos lo que él requería. Si
cumpliésemos esas cuatro condiciones, ¿Dios cumpliría las tres
promesas de avivamiento? ¡Por supuesto que sí!
Entonces busqué alguna manera de pasar la culpa a otros por
no experimentar el avivamiento. No puede ser mi culpa, ¿verdad?
Obviamente, estas cuatro condiciones no son posibles —de otra
manera, gozaría del avivamiento más frecuentemente. Así que exa-
miné las cuatro condiciones para probarme a mí mismo que el avi-
vamiento no podía ser mi responsabilidad.
1. ¿Podría humillarme? Sí. Podría caer de rodillas en este
momento y humillarme sinceramente si decidiera hacerlo. Después
de todo, el Nuevo Testamento nos manda a humillarnos, así que no
puedo decir que es imposible humillarme.
2. ¿Podría orar? Sí. Podría orar en cualquier momento.
3. ¿Podría buscar el rostro de Dios? Sí. Podría buscar su
rostro de mañana y de noche. Su rostro está siempre delante de los
que lo quieren encontrar.
Después de reflexionar sobre estos puntos, ya sentía el peso de
la responsabilidad cayendo sobre mi corazón. Pero cuando abrí los

479
Las siete leyes del aprendizaje

ojos para leer la última condición, finalmente me sentí como el res-


ponsable por obedecer las cuatro condiciones, si realmente desea-
ba el avivamiento.
4. ¿Podría volver de mis malos caminos? Sí. El pecado co-
nocido en mi vida podría ser confesado y abandonado.
Pero, ¿cómo podría el paso de volver de mis malos caminos
ser una condición del avivamiento? Siempre pensé que los actos
de arrepentimiento y obediencia eran los resultados del avivamiento,
y no las condiciones. Había pensado incorrectamente que, cuando
Dios finalmente decidía, en su soberanía, enviar el avivamiento, en-
tonces yo tendría el poder para tener la victoria sobre mis pecados.
Entonces, al final, ¿a quién culpaba por mis caminos pecaminosos?
En mi confusión, ¿quién pensaba yo que era responsable por no en-
viar el avivamiento, y por no resolver todos mis problemas? ¡Dios!
Busqué alguna manera de escapar de mi responsabilidad por
mis acciones —pero no encontré ninguna. Si quiero que Dios escu-
che, perdone y sane, entonces debo volver de mis malos caminos.
¿El avivamiento puede ser tan claro? ¿El avivamiento puede
estar al alcance de cualquiera que decida obedecer las condiciones
de Dios? Sí. 2 Crónicas 7.14 contesta claramente esta pregunta
acerca de la responsabilidad del avivamiento.
Pero sentí que había tocado solamente la superficie del asunto.
2 Crónicas se refería principalmente al avivamiento nacional, pero
¿qué del avivamiento personal? Además, ¿cuál es mi responsabili-
dad, si alguna, por mis alumnos, cuando siento que necesitan res-
tauración espiritual? Seguí investigando las Escrituras.

El segundo pasaje clave: Gálatas 6.1


Gálatas 6.1 agrega más conceptos acerca de esta confusión
inquietante con respecto a la responsabilidad por el avivamiento.

480
La ley del avivamiento

Hermanos,
si alguno fuere sorprendido
en alguna falta,
vosotros que sois espirituales,
restauradle
con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo,
no sea que tú también seas tentado.

Solamente dos condiciones se requieren para que demos un


paso. Primero, debemos estar conscientes de que otra persona ha
sido derrotada por el pecado. Segundo, cuando vamos a hablar con
esa persona, no debe haber algún pecado serio consciente en nues-
tra vida, que pudiera impedir la obra del Espíritu Santo en nosotros
y a través de nosotros.
La próxima palabra, «restauradle», explica el resultado que
debemos lograr. En el griego original, «restaurar» está en el modo
imperativo, y por lo tanto es un mandato que debemos obedecer, no
una sugerencia que podemos considerar.
¡Qué contraste con la manera en que normalmente leemos este
versículo! Actuamos como si Dios hubiera dicho meramente que
debemos orar por la persona o quizás visitar a la persona. Este
versículo nos manda no solamente a aceptar la responsabilidad por
orar y visitar, sino —note claramente nuestra responsabilidad—
por restaurar. Tenemos la responsabilidad de reparar y restaurar a
una persona del daño que ha hecho el pecado.
El mensaje es claro. ¡Involúcrese, asuma la responsabilidad,
muévase! Este versículo se enfoca en el resultado deseado, y deja
el proceso para nuestra creatividad y personalidad, bajo la direc-
ción del Espíritu Santo. En un sentido, Dios nos ha delegado —con
un mandato claro— la responsabilidad de restaurar al cristiano en
pecado, bajo la dirección y en el poder del Espíritu Santo.

481
Las siete leyes del aprendizaje

El tercer pasaje: Efesios 4.11-12


Aunque la voluntad de Dios acerca del avivamiento se ponía
más y más clara, encontré todavía un asunto sin resolver. ¿Dios
había revelado en la Biblia algunas instrucciones específicas para
maestros con respecto al avivamiento? Continué mi investigación
de las Escrituras y empecé a estudiar la palabra griega para res-
taurar, esperando descubrir algún vínculo con el maestro. Encon-
tré la misma palabra en el pasaje donde Dios revela la descripción
de trabajo para maestros (Efesios 4.11-12, que estudiamos en la ley
del desarrollo). ¡No pude creerlo!

«Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; ... y a otros, pas-


tores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la
obra del ministerio....»

¡La palabra «perfeccionar» tiene la misma raíz que la palabra


restaurar en Gálatas 6.1! Claramente, entonces, la razón por la
que Dios nos dio a usted y a mí ser maestros a Su iglesia fue para
restauración y avivamiento.
¿Ha considerado al avivamiento como parte de su llamado? ¿Ha
entendido que Dios quiere que usted y yo reclamemos a sus pródigos
donde sea que hayan llegado, y en el estado que hayan caído?
¿Puede usted imaginar el impacto que haría en la iglesia, si aun
un pequeño porcentaje de los maestros cristianos asumiera esta
responsabilidad que Dios les ha dado? Nunca más podríamos ense-
ñar solamente por el contenido; ¡enseñaríamos por los corazones
de nuestros alumnos!

Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la


verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver
al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma,
y cubrirá multitud de pecados. (Santiago 5.19-20)

482
La ley del avivamiento

Máxima 2: El avivamiento solamente es posible para


los que primero han experimentado el segundo
nacimiento.
La evangelización se centra en traer a la comunidad no cre-
yente a Cristo; el avivamiento se centra en traer a los que pertene-
cen a la comunidad cristiana, pero que son desobedientes, de vuelta
a Cristo. Lo primero se llama conversión o renacimiento; lo se-
gundo es consagración o avivamiento. La primera vez que al-
guien viene a Cristo proporciona al creyente con la vida eterna; las
otras venidas traen comunión restaurada y continua.
Nos equivocamos en gran manera cuando tratamos de produ-
cir avivamiento en los alumnos, sin asegurarnos que ya hayan reci-
bido a Cristo y que hayan llegado a ser hijos de Dios, creyendo en
su nombre (Juan 1.12). Muchos maestros presuponen que sus alum-
nos ya han recibido a Cristo porque vienen de familias buenas, o
porque aparentan ser cristianos, o porque asisten a instituciones
cristianas.
¿No sería prudente, entonces, presentar el plan de la salvación
en momentos apropiados durante nuestra enseñanza? Algunos
maestros toman tan en serio esta responsabilidad que visitan a sus
alumnos individualmente para determinar su condición espiritual y
presentar el evangelio.
Recuerde, sin embargo, que cuando enseña o predica y acon-
seja para traer avivamiento a alumnos inconversos, es como predi-
car a una sala de cadáveres. Si no han aceptado a Cristo, según la
Biblia son «muertos en su pecado», y no pueden experimentar el
«avivamiento» hasta que están «vivos».

Máxima 3: El avivamiento no es un evento terminado,


sino una experiencia continua.
El avivamiento no es un evento o una reunión a la que asisti-
mos, sino que es una experiencia continua que seguirá hasta que

483
Las siete leyes del aprendizaje

nos encontremos con el Señor. El avivamiento verdadero no se


celebra anualmente en una campaña, sino que se busca conti-
nuamente. El avivamiento no debe ser definido en forma tan limi-
tada que incluya solamente los casos severos donde un creyente se
ha desviado lejos del Señor. En el sentido más amplio, el avivamien-
to ocurre cuando un cristiano se arrepiente de su pecado, sin im-
portar cuán liviano, y vuelve al Señor. Por lo tanto, cuando usted y
yo obedecemos 1 Juan 1.9 —«Si confesamos nuestros pecados, él
es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda
maldad»— nos hemos acercado al avivamiento bíblico.
Nuestros alumnos a veces se encuentran atrapados por el pe-
cado («sorprendido en alguna falta») y están buscando que alguien
—algún buen samaritano— los saque de su desesperación y les
guíe por el camino a casa.
Ya que nuestros alumnos fluctúan, estando en comunión y des-
pués fuera de comunión, debemos siempre observar las señales de
necesidad espiritual. Es su necesidad espiritual que Dios nos llama
a suplir. Por lo tanto, estemos siempre preparados para enseñar
para avivamiento.

Máxima 4: El avivamiento puede ocurrir en la vida de


un individuo, en un grupo, o en una nación.
El avivamiento no está limitado por geografía, números, o edad.
Tanto el registro bíblico como el histórico demuestran que el aviva-
miento puede ocurrir en un individuo, en una familia, en una clase o
un grupo pequeño, en una ciudad, una región, o una nación entera.
Los avivamientos han comenzado en cualquier hora del día, en
todas partes del mundo cristiano, y han surgido desde casi todas las
denominaciones y grupos independientes de todo tipo imaginable.
Los avivamientos han sido iniciados por el poder del Espíritu
Santo por medio de predicadores, evangelistas, maestros, educado-
res, comerciantes, laicos, jóvenes, y misioneros.

484
La ley del avivamiento

Algunos avivamientos han empezado en forma aparentemente


instantánea, mientras otros han crecido lentamente durante varios
años antes de estallar. Algunos avivamientos han durando menos
de un día, mientras otros han durado meses, incluso años.
Los avivamientos parecen prosperar en ciertas épocas, y estar
casi ausentes en otras. Parecen ocurrir en grandes cantidades al-
rededor de ciertas personas o ciertos lugares.
Los avivamientos han tenido impactos variados. Algunos han
alterado solamente la vida de un pequeño grupo de individuos por
períodos breves de tiempo.
¿Cuál es el punto de toda esta variedad y diversidad? Demues-
tra que, donde sea, cuando sea, con quienes sea, allí está el poder de
Dios, el poder de purificación («perdonaré sus pecados»), y restau-
ración («sanaré la tierra»). Dios envía su avivamiento a quien sea
que cumpla sus condiciones —incluyendo a usted y a mí, mi amigo.
Por lo tanto, pida un avivamiento en oración, prepárese para un
avivamiento, ruegue por un avivamiento en cada contexto de su
vida. No hay límites al poder omnipotente del Espíritu de Dios, que
opera en los corazones de sus hijos que han decidido cumplir con
sus requisitos. ¡Que le acompañe un espíritu de avivamiento donde
sea que el Señor lo llame!

Máxima 5: El avivamiento siempre requiere el


arrepentimiento real y el abandono del pecado
conocido.
Una persona necesita avivamiento por una sola razón: pecado
personal. Si los cristianos no pecáramos, por omisión o por comi-
sión, no habría necesidad de avivamiento. Pensar que podemos
guiar a nuestros alumnos a experimentar el avivamiento sin con-
frontar el pecado directamente y abiertamente es malentender la
naturaleza del avivamiento bíblico.

485
Las siete leyes del aprendizaje

En sus términos más amplios, el avivamiento tiene dos distintos


movimientos: primero, el alumno se aleja del pecado (negativo) y
vuelve al Señor (positivo). El camino a Cristo siempre es a través
de la purificación y el perdón. No podemos experimentar el aviva-
miento y comunión con Cristo, sin primero encontrarnos con Cristo
al pie de la cruz y recibir el lavamiento de nuestros pecados por su
sangre preciosa.
Si nuestros alumnos no comprenden primero la gravedad de
sus pecados para ellos mismos, para el Señor, y para otros, nunca
encontrarán la decisión interior para dejarlo en el futuro. Nunca,
entonces, trate de llevar a sus alumnos a dejar el pecado en el
futuro si no se han arrepentido primero de su participación anterior
de ese pecado.
Al final de un mensaje un día sábado en la noche en una conferen-
cia de una universidad prestigiosa, invité a los que se sentían esclaviza-
dos al pecado a verme después de la reunión. Una señorita se me
acercó, y no fue difícil darme cuenta de que estaba bajo una convic-
ción profunda de su pecado. Sacamos un par de sillas, nos sentamos, y
empezamos lo que resultó ser un avivamiento personal de tres horas.
La primera hora la llevó a un arrepentimiento profundo por su
pecado. La segunda hora era una batalla intensa para llevarla a la
decisión firme de terminar con su pecado en el futuro. Pero cuando
le pedí que llamara a la otra persona involucrada para terminarlo,
se puso pálida. Finalmente dijo:
—Lo haré la próxima semana, lo prometo.
Yo sabía que, si no llamaba esa misma noche, no estaría libre.
Con los labios temblando, y las palmas transpirando, ella rogaba —
no podía llamar y terminarlo. El miedo la tenía amarrada. Pero
mientras orábamos, la paz de Dios inundó su corazón, y ella dijo
que llamaría si yo estuviera al lado, diciéndole lo que debería decir.
Juntos caminamos al final del pasillo del hotel, lleno de gente, y
ella marcó el número de larga distancia. Ya era después de media-

486
La ley del avivamiento

noche, pero ella sabía que todavía estarían en una fiesta. Finalmen-
te la persona llegó al teléfono, y ella se puso tiesa. Yo oré, y le decía
lo que tenía que decir. Al decirle a la otra persona su decisión, ella
empezó a sollozar. De repente se colapsó contra la pared. Ella
sentía que las raíces del pecado estaban siendo extraídas y estaba
siendo liberada. Era cirugía profunda y dolorosa.
Después llamamos a su madre y a su padre en el otro extremo
del país. Lágrimas de angustia fueron reemplazadas por lágrimas
de gozo cuando escucharon de primera mano que sus oraciones
desesperadas al final habían sido contestadas.
Antes de irme, le hice prometer encontrar a sus cuatro mejores
amigas, que también estaban en la conferencia, y decirles lo que
había hecho.
—Pide que oren por ti en voz alta ahora —dije—. Entonces
quiero ver a las cinco mañana después del desayuno para planificar
la estrategia para su victoria continua.
La mañana siguiente las vi venir, cantando a todo volumen —
no cinco, sino ocho—todavía llorando, pero ahora lágrimas de gozo,
perdón, y resolución. Sabía que sus amigas la ayudarían a pasar por
las aguas turbulentas.
Su rol en la restauración de su alumno nunca es completo, has-
ta que su conducta esté en completa armonía con la obediencia. Tal
como un cirujano que ha abierto al paciente a veces encuentra más
cáncer de lo que esperaba, así la incapacidad de comprometerse
con la obediencia en el futuro comprueba que hace falta más ciru-
gía. Ni el cirujano ni el maestro pueden ignorar ese descubrimiento
y simplemente cerrar el paciente. Aunque la masa principal de cán-
cer ha sido removida, el cáncer que queda pronto se esparcirá y
llegará a ser más grande que el primero, si no lo sacan. Por lo tanto,
siga con la cirugía hasta que todo haya sido limpiado y su alumno
haya sido liberado.

487
Las siete leyes del aprendizaje

Máxima 6: El avivamiento siempre trae como resultado


el buscar y el servir a Cristo con un fervor renovado.
Cuando el pecado significante es derrotado rotundamente en un
creyente, los frutos genuinos de arrepentimiento serán evidentes. El
cambio privado e interno lleva a cambios públicos y externos.
Tomé un descanso del trabajo con este capítulo para desmalezar
un pequeño jardín cerca de nuestra casa, que había sido abandona-
do durante nuestros viajes. Las malezas medían treinta centíme-
tros, y habían robado todo el sol de las flores debajo de ellas. Al
sacar un montón de malezas, me di cuenta de que las flores eran
pequeñas, débiles, y deformadas. ¿Qué espero que suceda cuando
ya no haya malezas y el sol llegue a las hojas hambrientas de las
flores? Espero que crezcan y florezcan.
De modo similar, el pecado sofoca el corazón gozoso y ahoga
los actos de servicio. Durante esos tiempos, usted debe mirar con
cuidado para encontrar las plantas enterradas. Pero si la persona
realmente es un hijo o una hija de Cristo, la vida espiritual siempre
está presente, aunque sea apenas. Si esas plantas fueran liberadas
de las malezas y recibieran el sol y la lluvia, florecerían de nuevo.
Hay tres señales claras de renovación que debe esperar en sus
alumnos. Primero, debe haber un corazón de gratitud sincera hacia
el Señor. Segundo, se debe formar un nuevo fervor en la búsqueda
de Cristo. En tercer lugar, el alumno debe desarrollar un corazón de
servicio al Señor. El maestro sabio buscará y animará estas reac-
ciones como señales que comprueben la realidad del avivamiento.

Máxima 7: El avivamiento reestablece el sistema


central de las prioridades de la vida.
El avivamiento bíblico verdadero es un proceso profundo y es-
tratégico que restaura al creyente con su Dios, consigo mismo, y
con su mundo.

488
La ley del avivamiento

De todas las relaciones, la relación con Dios es la más impor-


tante. Cuando su condición mejora, mejoran también todas las de-
más relaciones vitales. Las historias abundan de maridos y esposas
separados que se reúnen porque han vuelto a Dios. Muchos hijos
pródigos e hijas pródigas han vuelto a casa de una vida de rebeldía,
porque se han reconciliado con Dios.
Durante un período extendido de pecado, el creyente en vez de
complacer a Dios se complace a sí mismo. El conflicto se acelera y
eventualmente reina el egoísmo. Cuando ocurre el avivamiento, no
obstante, y Dios está entronado como el Señor, él empieza a res-
taurar el orden y la armonía rápidamente.
Desdichadamente, muchos de nosotros enseñamos como si la
conducta exterior fuera la clave del crecimiento. Constantemente
exhortamos a nuestros alumnos a hacer mejoras externas mientras
sus corazones están en oposición al Señor. Tales esfuerzos desani-
man al maestro y derrotan al alumno. Debemos trabajar desde aden-
tro hacia afuera. Primero con Dios, después consigo mismo, y fi-
nalmente con otros.
Hace muchos años cuando enseñaba en Multnomah School of
the Bible, tuve el privilegio de reunirme regularmente con el Dr.
John Mitchell. En aquel entonces tenía más de ochenta años, y
tenía un programa radial diario, enseñaba casi la jornada completa
en la universidad, y hablaba regularmente en conferencias los fines
de semana. Su comprensión de las Escrituras y su caminar con
Dios eran sin igual. Recuerdo sus oraciones más que nada. Creo
que a veces se olvidaba que yo estaba en la habitación cuando
conversaba con su Padre Celestial. Sentía que estaba agarrando su
manto mientras él iba delante del trono.
Un día le pregunté si me podía hacer un gran favor. Le dije que
Dios estaba bendiciendo el ministerio de Caminata Bíblica, y le
pregunté si podría invertir el tiempo para enseñarme la Biblia como

489
Las siete leyes del aprendizaje

él la conocía. Le dije que la enseñaría a nuestros maestros, quienes


la enseñarían a gente en todo el mundo.
Después de unos momentos de silencio, me sorprendió con su
respuesta:
—No, Bruce, no lo haré.
Pensé que lo había ofendido.
—¿Qué sucede? —murmuré—. ¿Fue inapropiada mi solicitud?
Sonrió y dijo:
—No voy a enseñarte la Biblia porque eso no es lo que necesi-
tas. Pero haré otra cosa; seguiré reuniéndome contigo cada sema-
na y te ayudaré a enamorarte más del Salvador. Porque cuando
eso suceda, mi amigo, todo lo demás resultará bien.
Tenía razón, ¿verdad? Había descubierto que la prioridad cen-
tral es siempre el corazón.
Siempre recuerde Proverbios 4.23 al enseñar a sus alumnos a
amar más a Jesucristo:

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;


Porque de él mana la vida.

El meollo de la ley del avivamiento

La esencia de la ley del avivamiento se resume en tres


palabras:
«Avivar el corazón».
El maestro debe animar un avivamiento personal continuo en
la vida de los alumnos.

490
La ley del avivamiento

Conclusión

Durante los años que he enseñado esta verdad bíblica, muchas


personas han informado cuán profundamente les tocó la ley del
avivamiento. Sus corazones despertaron a la verdad que Dios los
había llamado a un ministerio de avivamiento —tanto en la sala de
clases como fuera de ella.
Había recién terminado de enseñar Las siete leyes del apren-
dizaje en una conferencia en el medio-oeste. La gente salía en fila,
expresando su gratitud por la conferencia. En medio de la fila una
señora de edad me miró directamente y me preguntó:
—¿Le puedo dar un abrazo? ¡Tengo que darle un abrazo!
Me llamó la atención, pero sonreí mientras la gente detrás de
ella esperaba, y le dije:
—¡Por supuesto, sería un honor!
Su abrazo fue muy fuerte, y sentí que ella temblaba al soltar-
me. Cuando retrocedió un paso, dijo intensamente:
—¿Usted debe saber por qué ese abrazo fue tan importante
para mí? —las lágrimas caían por su mejilla. Ella olvidó que había
cientos de personas mirando, y continuó—, Mi tío abusaba de mí, y
me violó repetidas veces cuando era una niña, y nunca he podido
perdonarlo. Pero cuando nos arrodillamos durante el fin de la ley
del avivamiento, por fin pude perdonarlo.
Sentí que venía algo más, porque sus labios temblaban. Su voz
se quebró repetidamente mientras hablaba.
—Cuando lo perdoné, empecé a sentir un calor fuerte en mi
pecho, y pasó por todo el cuerpo. Pensé que había tenido un ataque
cardíaco, así que le pregunté a Dios qué me pasaba. Dijo: «Tú has
perdonado a tu tío, y ahora te puedo perdonar a ti. Estoy quemando
toda la amargura y el enojo que han quedado en tu cuerpo».
Su rostro cambió de repente, y puso la sonrisa más radiante
que he visto. Tomó mi mano, se inclinó y susurró:

491
Las siete leyes del aprendizaje

—No he podido tocar un hombre en todos estos años. Odiaba


a los hombres. Cuando venía caminando hacia usted en la fila, sa-
bía que si podía abrazarlo, había sido realmente curada.
Entonces me abrazó de nuevo y se fue caminando, exclamando:
—¡Estoy libre! ¡Gloria a Dios! ¡Estoy libre!
En ese momento, todo valió la pena. El desafío de arrepentirse
y experimentar avivamiento había sido hecho. Ella extendió la mano
y experimentó un milagro que rompió las cadenas que la tenían
amarrada. El poder de la cruz para perdonar fue el mismo poder
que la limpió y la liberó de la tumba de la violación y el abuso.
Cuando hablamos de la responsabilidad de ir a una persona o
una clase o una iglesia que necesita avivamiento, somos inundados
con los sentimientos de miedo e inseguridad. ¿Quién entre nosotros
será adecuado en su propia fuerza para ayudar a otra persona a
redescubrir al Señor? Yo sé que no soy.
Las noticias maravillosas son que Dios no espera que ninguno
de nosotros sea adecuado. Él desea que dependamos de él y de su
capacidad. Cuando hacemos eso, el mismo Dios que envió a Natán a
David para hacerlo volver, también nos dará el poder para hacer vol-
ver a otro David —si solamente abrimos nuestro corazón a su direc-
ción. Ya que Dios lo ha comisionado, ¿no le dará también el poder?
El avivamiento es mi ley favorita. Quizás por que es la favorita
del Señor —porque es él quien anhela más profundamente el re-
greso de sus hijos descarriados. Cuando traiga de vuelta a los Da-
vid, mire arriba al monte santo, y verá al Señor corriendo hacia
ustedes—con los brazos abiertos, ya celebrando el retorno de su
hijo pródigo.
Su David se lo agradecerá por el resto de su vida, y Dios tam-
bién —por la eternidad.

492
La ley del avivamiento

Preguntas para reflexión

1. Lea de nuevo la historia que Natán contó a David. ¿Por qué


piensa que fue tan exitosa en explicar el punto? Haga una lista
de las semejanzas específicas entre la historia y el caso de
David. ¿Alguien ha sido un «Natán» para usted alguna vez? Si
es que sí, describa lo que pasó. ¿Cuáles son los secretos para
ser un buen «Natán»?
2. Piense en su vida cristiana para identificar cuándo ha experi-
mentado el avivamiento más significativo. ¿Cómo empezó, y
cuáles eran los resultados en su vida? ¿Le gustaría experimen-
tar la misma relación dinámica con Cristo otra vez? Ahora que
entiende que el avivamiento puede ser suyo en cualquier mo-
mento que lo desee, ¿qué le impide tenerlo ahora mismo?
3. De todas las personas que usted ha conocido, ¿qué amigo cris-
tiano se ha preocupado más por su condición espiritual durante
su vida? ¿Alguien ha obedecido Gálatas 6.1, buscando su res-
tauración? Describa el encuentro y cómo resultó. ¿Cómo se
siente acerca de lo que sucedió?
4. Si el avivamiento llegara a su iglesia, sería después del arre-
pentimiento y la restauración por el pecado pasado y presente.
Desde la perspectiva de Dios, ¿cuáles son los pecados princi-
pales en general en su iglesia que necesitan ser confesados y
arreglados, antes de que él esté libre para enviar un avivamien-
to? Lea Nehemías 1 y arrodíllese delante del Señor para arre-
pentirse en representación de su iglesia.

493
14
LA LEY DEL AVIVAMIENTO; EL
MÉTODO Y LOS MAXIMIZADORES

En medio de la noche, recibí un llamado telefónico de un amigo


desde el otro extremo del país. Se disculpó por llamar a tal hora,
pero estaba muy angustiado. Otro amigo en su iglesia había llama-
do esa tarde para darle las terribles noticias de un anciano clave de
su iglesia que había sido arrestado nuevamente por manejar en
estado de ebriedad.
Mi amigo había salido de su oficina inmediatamente para ir a la
cárcel, donde el anciano contó toda la historia. No solamente esta-
ba en la cárcel por manejar ebrio, sino había sido un alcohólico
secreto durante años. Además, estaba bajo mucha presión econó-
mica después de sumar una cuenta con su tarjeta de crédito por
más de $30.000. Su esposa estaba amenazando dejarlo, diciendo
que su relación había estado muerta por años.
—Pero lo peor de todo es que no le importa a este hombre —dijo
mi amigo—. Su corazón está endurecido y no quiere nada con Dios.
¿Qué debo hacer? Casi todos quieren echarlo de la iglesia y dejarlo
morir en la cárcel porque lo había escondido todo este tiempo.
Finalmente, mi amigo preguntó cómo los otros ancianos po-
drían hacer volver a su compañero de labor al Señor y restaurar su
vida y su ministerio. Lo que le dije está resumido en las próximas
páginas.

495
Las siete leyes del aprendizaje

¿Sabe usted cómo ayudar a un cristiano que se ha alejado de


Cristo? ¿Sabe guiar a sus hijos desobedientes, o a su familia, o a
sus amigos de vuelta a la obediencia? El método del avivamiento es
un concepto revolucionario de las Escrituras que cualquier padre,
pastor, maestro, o amigo puede usar para ayudar a otro cristiano a
restaurar su vida. He usado estos cinco pasos muchas veces y he
visto docenas de personas descubrir el gozo de caminar en armonía
con el Señor.
Y a propósito, resultó con mi amigo. Llamó varias semanas des-
pués con las buenas noticias que el anciano estaba en el camino de
recuperación. La iglesia se había unido para apoyarlo como un herma-
no en la fe que desesperadamente necesitaba su ayuda y su apoyo.

El método de la ley del avivamiento

Un estudio de los avivamientos en las Escrituras revela que


todos siguen los mismos pasos básicos, con diferencias menores.
Cada paso se construye estratégicamente encima del paso previo,
y no debe ser apurado ni saltado. Recuerde, no se preocupe tanto
por resultados inmediatos tanto como por resultados permanentes.
Si una persona o un grupo de alumnos no puede, por alguna razón,
aceptar y actuar de todo corazón en un paso, no proceda al próxi-
mo. Continúe reforzando y animando la acción apropiada para el
paso actual.
Recuerde también que, cuando analizamos algo tan espiritual y
delicado como el avivamiento, existe la posibilidad real de destruirlo
en el proceso de analizarlo. Debemos siempre recordar la maravi-
lla de la gracia y la misericordia de Dios, en permitir que un creyen-
te descarriado vuelva al rebaño —sin mencionar la maravilla de
usar a otro creyente descarriado para mostrarle el camino a casa.

496
La ley del avivamiento

Paso 1: La revelación
La gente necesita avivamiento simplemente porque han des-
obedecido al Señor. Necesitamos empezar, por lo tanto, con la cer-
teza de que la persona de hecho cometió pecado. Reconozca la
diferencia entre hacer algo que usted no aprueba, y hacer algo que
Dios prohíbe. No somos la voz de Dios para pronunciar algo bueno
o malo; la Biblia misma hace eso. Si la Biblia dice que algo es
pecado, entonces es pecado. No es simplemente su opinión, sino
que es la «revelación» de Dios. Por ejemplo, Dios dijo, «No hurta-
rás». Si alguien ha robado, ha pecado. No solamente ha transgredido
la ley de la nación, sino también ha transgredido la ley del cielo.
Muestre a la persona el «pasaje» específico y los «códigos» o los
principios que han sido quebrantados.
Por lo tanto, si usted sabe que una persona ha quebrantado los
mandamientos de las Escrituras, entonces Dios lo ha hecho res-
ponsable por ir a esa persona en amor para restaurarla. Cuando

497
Las siete leyes del aprendizaje

vaya, simplemente estará obedeciendo a Dios. No está dando su


propia opinión —está entregando la revelación divina.
El primer paso en ayudar a un creyente a volver al Señor es
enfrentarlo con la enseñanza bíblica acerca de su condición. Hasta
que el creyente vea que su condición es el resultado de la desobe-
diencia directa, el problema nunca será claro, y por lo tanto no
puede ser resuelto.
Imagine a un paciente enfermo visitando a su médico. «Doctor,
no sé cuál es el problema. Pero ya no me siento bien como antes».
Entonces imagine que el médico le recetara un medicamento y le
exhortara a mejorarse. Ese paciente estaría confundido, porque el
médico nunca le diagnosticó el problema. De una manera similar,
muchos maestros nunca identifican el problema verdadero, y si-
guen tratando de mejorar los síntomas.
El problema de raíz detrás de la necesidad de avivamiento es la
desobediencia del creyente al Señor.
El maestro debe identificar y exponer los pasajes clave de las
Escrituras que presentan las normas de Dios de tal manera que el
alumno sea obligado a enfrentar los hechos directamente. El maes-
tro debe presentar los pasajes bíblicos claramente, y sin interpre-
tación personal. El alumno debe ver por sí mismo que la Biblia
enseña que tal conducta es pecado. El maestro debe seguir to-
cando ese punto hasta que haya consenso de parte del alumno (o
de los alumnos).
En este primer paso, el maestro no está amonestando al alum-
no o reprendiendo al alumno por su pecado, sino solamente expo-
niendo lo que enseña la Biblia acerca de él. Tenga cuidado de acla-
rar que usted está tratando de identificar solamente lo que dice la
Biblia acerca del tema, y no lo que pueda pensar el maestro o los
alumnos acerca de tal conducta.
Mantenga la presentación directa, sin emociones. Evite los co-
mentarios subjetivos o emocionales. O la Biblia manda cierta con-

498
La ley del avivamiento

ducta o no la manda. Si lo hace, asegúrese de que no pida disculpa


y que no suavice el mensaje. Posiblemente no se sienta cómodo en
esta etapa, pero su rol es el de presentar lo que dice la Biblia.
El maestro debe buscar consenso preguntando algo así: «¿Po-
demos estar de acuerdo que, según los pasajes que hemos estudia-
do, la Biblia enseña que X es un pecado?» No proceda al siguiente
paso hasta que se haya terminado la discusión. Continúe enfocan-
do la atención del alumno en el texto, y no en su conducta personal.

Paso 2: La reprimenda
Cuando sus alumnos hayan admitido que la Biblia dice que cierta
conducta es pecaminosa, entonces usted debe lograr que reconoz-
can personalmente que su propia conducta es un pecado. Este paso
es el puente crucial entre la revelación de Dios y el arrepenti-
miento del alumno.
Este paso concentra la atención del alumno en pecados especí-
ficos que ha cometido. Para el fin de este paso, el alumno no debe
estar diciendo solamente: «Sí, la Biblia enseña que esto es un peca-
do» (paso 1), sino también «Sí, yo he desobedecido a Dios, y por lo
tanto he pecado delante de él».
Hasta este punto, tres factores ya deben estar causando una «re-
primenda» en el corazón del alumno. Estos tres «agentes de repren-
sión» incluyen su propia conciencia, el Espíritu de Dios que mora en
él, y la Biblia. Los tres, sin embargo, pueden ser ignorados. Él puede
racionalizar sus acciones en su conciencia; reprimir el Espíritu, recha-
zando su obra de convicción; y silenciar las Escrituras, evitándolas.
En tal caso el Señor tiene un agente más que usa para repren-
der. Créalo o no, la Biblia enseña que Dios lo ha comisionado a
usted y a mí para ser este agente final para reprender. Los cuatro
agentes proveen una maya de seguridad que Dios ha colocado de-
bajo de sus hijos. Vaya y trate de «persuadir» al hermano errado,
amándolo a él, pero «censurando» su conducta.

499
Las siete leyes del aprendizaje

Reprender o amonestar a alguien significa criticar fuertemente


o acusarlo. El elemento de confrontación está claramente presen-
te. Es una lástima que en nuestras escuelas, iglesias, y negocios, ya
no se practica la reprensión y la amonestación. Nuestra sociedad
ha decidido que las cosas ya no son blancas y negras, sino sola-
mente distintos tonos de gris. Ya que todo es gris, lo que yo haga no
le incumbe. Nuestra sociedad se opone agresivamente a los que
tratan de guardar las normas de Dios en una manera pública, cuan-
do reprenden lo malo.
Ya que los padres no reprenden a sus hijos y no les piden cuen-
tas por su conducta inapropiada, existe un caos en los salones de
clases. Ya que los pastores y los líderes no reprenden a sus congre-
gaciones y no les piden cuentas por su conducta, tenemos iglesias
que no se pueden distinguir del mundo.
La amonestación bíblica tiene que ver no solamente con lo que se
dice, sino también con la manera en que se dice. El qué de la amones-
tación se comunica en la confrontación; el cómo de la amonestación
consiste en el estilo y el tono con que se confronta. Muchos versículos
en la Biblia nos instruyen a ser cariñosos y guiados por el amor.
La disciplina del Señor siempre tiene como propósito traer obe-
diencia y crecimiento. A veces el Señor debe ejercer una disciplina
fuerte, tal como se manifiesta en 1 Corintios 11.29-32, donde Pablo
nos recuerda que el que toma la Santa Cena indignamente trae
juicio sobre sí mismo: «Por lo cual hay muchos enfermos y debilita-
dos entre vosotros, y muchos duermen [se han muerto]. Si, pues,
nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas
siendo juzgados [como los que están enfermos o han muerto],
somos castigados por el Señor....»
Hace poco tiempo estaba reprimiendo a una persona casada,
porque no quería dejar una relación adúltera. Finalmente tuve que
usar las consecuencias fuertes de la disciplina de Dios, y le dije que
algunas personas sufren severamente porque no se arrepienten de

500
La ley del avivamiento

su pecado, y no lo dejan. Después de dar uno y otro ejemplo, la


persona se sentía incómoda y dijo:
—¡Pare! ¡Me da miedo!
—¿Miedo de qué? —pregunté.
—Miedo de que Dios pueda castigarme si no dejo esta relación.
—Usted debe tener miedo —dije—, porque si piensa que Dios
va a quedar pasivo mientras usted destruye dos familias cristianas
y hace daño a todos los hijos y sus futuros matrimonios, usted no
conoce el nivel de compromiso que Dios tiene para protegerlo de
su pecado. Incluso, la razón por la que está actuando de manera
tan necia es que no comprende el «temor del Señor».
Si quiere ver un par de ilustraciones sólidas de esto, lea las
amonestaciones de Pablo en 1 Corintios. Algunas son suaves y
otras son directas y fuertes. O lea como Juan el Bautista reprende
a las multitudes. Piense en las reprensiones de Jesús hacia los líde-
res religiosos de su época. Lea de nuevo los libros de Números y
Deuteronomio, y observe como Dios confronta y amonesta a su
pueblo. No hay duda —el Señor predica y practica el principio de la
amonestación. ¡También debemos hacerlo nosotros!
¿Qué habría pasado conmigo si mis padres no me hubieran
amado tanto para reprenderme? No lo puedo imaginar. También
estoy agradecido que, a través de mi vida, muchos de los hijos de
Dios han obedecido su comisión de reprenderme, algunos suave-
mente y otros con fuerza, sobre asuntos de conducta, actitudes, y
ocasionalmente sobre asuntos de carácter. ¡Cuánto agradezco a
Dios su obediencia y su amor!
De la misma manera, sus hijos, su cónyuge, miembros de su
familia, y sus alumnos se levantarán para darle las gracias por su
amor en hablar la verdad cuando se han descarriado y han necesi-
tado una palabra de amonestación.
Me gustan las palabras de Pablo a un maestro colega, Timoteo,
que también se aplican a todos nosotros que servimos al Señor:

501
Las siete leyes del aprendizaje

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que


juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en
su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y
fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda pa-
ciencia y doctrina. (2 Timoteo 4.1-2)

¿Tiene un corazón que desea ser totalmente obediente al Se-


ñor? ¿Lo ama? Entonces, honre su mandamiento a reprender.
Los que luchamos con el dolor que sentimos cuando reprende-
mos a otra persona no debemos pasar por encima de la frase «con
toda paciencia». Aun Pablo conocía el dolor que frecuentemente
acompaña la reprensión. Así que no se sorprenda con el sufrimien-
to cuando obedece al Señor —aumente su compromiso con su de-
ber, y decida hacerlo sin importar las consecuencias, «con toda
paciencia».

Paso 3: El remordimiento
Este paso es el punto de cambio en la vida de la persona a
quien usted quiere ayudar. Todo hasta ahora ha sido para llegar al
remordimiento, al arrepentimiento; todo lo que sigue depende de tal
arrepentimiento. El arrepentimiento es el corazón del avivamiento.
Guíe a la persona a sentir «pesar» por su pecado y a experimentar
la verdadera «contrición».
La palabra básica para arrepentimiento en el Nuevo Testa-
mento en griego es metanoeo, que significa «cambiar de mente o
de percepción». La Biblia usa el concepto de arrepentimiento en
tres maneras principales:
1. Expresar remordimiento por un acto o una actitud
inapropiada.
2. Expresar un cambio de corazón cuando un no creyente ve
su necesidad eterna, y se da cuenta de que solo el sacrificio
de Cristo es suficiente pago por sus pecados, y por lo tanto

502
La ley del avivamiento

cambia su mente y escoge creer y recibir al Señor Jesucris-


to como redentor.
3. Expresar un cambio de corazón cuando un cristiano cambia
de mente, y como consecuencia cambia su conducta, des-
pués de actos de desobediencia personal.
Esta sección de la ley del avivamiento enfoca en la tercera
categoría del arrepentimiento. Para explicar este paso de transi-
ción en el proceso de llevar a una persona al avivamiento, me gus-
taría ampliar el significado técnico de arrepentimiento para incluir
tres conceptos relacionados.

1. El arrepentimiento debe incluir la convicción.


En el corazón de la convicción descansa la palabra raíz con-
vencer, que significa conquistar algo que una persona cree o pien-
sa, reemplazándolo con algo diferente. En el corazón del aviva-
miento debe haber arrepentimiento, un cambio de mente. La mente
cambia —se convence— porque otro pensamiento o creencia con-
quista lo que estaba en su mente antes. El fundamento del arrepen-
timiento siempre toma lugar en la mente de la persona.
Detrás de cada acción pecaminosa hay un pensamiento peca-
minoso que causa el pecado, y ese pensamiento debe ser conquis-
tado por el pensamiento bíblico correcto. Cuando guiamos a una
persona al arrepentimiento, debemos primero tratar sus pensamien-
tos. Debemos encontrar los pensamientos incorrectos detrás de la
desobediencia y vencerlos con los pensamientos correctos bíblicos.
Cuando quiere convencer a una persona que su pecado no es
sabio, debe oponer y vencer las racionalizaciones que controlan
sus pensamientos. Racionalizar significa hacer que algo irracional
parezca razonable; o justificar la conducta o debilidad, especial-
mente para sí mismo; encontrar razones posibles pero no válidas
para la conducta. Al final, las racionalizaciones son las condiciones
internas que necesitan arrepentimiento.

503
Las siete leyes del aprendizaje

Todo pecado surge de pensamientos falsos que son concepcio-


nes falsas acerca de la naturaleza de Dios o la voluntad de Dios. El
adulterio se comete porque la persona se ha convencido de que la
inmoralidad traerá más felicidad y placer que la fidelidad que Dios
ha mandado. Por lo tanto, Dios tiene que haber mentido, y sus
caminos no son los mejores.
Las racionalizaciones se fortalecen más y más cuando no son
enfrentadas. Pronto las mentiras forman una alianza y luchan jun-
tas en contra de la verdad, cuando trata de vencerlas. La persona
cambia su mente paulatinamente, desde pensar que los caminos de
Dios son los mejores hasta pensar que sus caminos no son los me-
jores. Se podría decir que el cristiano está experimentando un arre-
pentimiento al revés —sus pensamientos están siendo vencidos por
los pensamientos malos.
Finalmente, las racionalizaciones llegan a ser muy fuertes, y ejer-
cen mucho poder sobre la mente del cristiano, y por lo tanto sobre su
conducta. La Biblia llama a estas áreas de derrota mental fortalezas.
Las fortalezas son castillos poderosos que gobiernan sin piedad
sobre los dueños previos de esa parte de la mente. Su propósito es
extender su reino a través del engaño y la manipulación. Mientras
estas fortalezas crecen en poder e influencia, finalmente obligan a
la persona a someterse a su poder y la esclavizan. En vez de ser un
esclavo de Cristo, llega a ser un esclavo del enemigo.
En áreas alrededor de pecados mayores, puede estar seguro
que hay, no una sola fortaleza, sino una serie de fortalezas estraté-
gicamente ubicadas en cada puerta de la mente de la persona.
Cada vez que la persona sale de la oscuridad para encontrar la luz,
las fortalezas reúnen sus ejércitos para derrotar al cristiano.
Cuando un cristiano que ha sido casado durante mucho tiempo
seriamente considera el divorcio, por lo menos una media docena de
fortalezas mayores ya han sido construidas: el enojo no resuelto, la
falta de perdón, resentimientos, y amargura. Si alguna vez ha tratado

504
La ley del avivamiento

de cambiar la mente enferma de una persona decidida a divorciarse,


usted ha enfrentado estas fuerzas. Se ha encontrado en combate
directo con muchas racionalizaciones, castillos, y fortalezas.
En ese momento, debemos recordar que la oración es nues-
tra arma más poderosa. ¡Debemos llamar a la caballería del otro
lado del cerro!

Pues aunque andamos en la carne,


no militamos según la carne;
porque las armas de nuestra milicia no son carnales,
sino poderosas en Dios
para la destrucción de fortalezas,
derribando argumentos
y toda altivez
que se levanta contra el conocimiento de Dios,
y llevando cautivo todo pensamiento
a la obediencia a Cristo. (2 Corintios 10.3-5)

Las fortalezas son «destruidas» porque se levantan contra el


conocimiento de Dios. Las fortalezas se esfuerzan para ser el dios
para la persona, conquistando los mandamientos de Dios.
Fíjese además que nosotros debemos «derribar argumentos»
que también hacen la guerra en contra del conocimiento de Dios.
Un argumento es una razón o las razones ofrecidas en contra de
algo; un discurso que pretende persuadir o convencer. No pierda la
dirección clara de la Palabra de Dios, cuando dice que estamos
involucrados en derrotar los argumentos por medio de la con-
vicción de la verdad. ¿Qué nos hará libres? ¡La verdad!
Nunca debemos olvidarlo: nuestros pensamientos son cautivos,
o del Señor o del enemigo. Cuando los pensamientos son liberados
de la fortaleza del enemigo, usted ha ganado. La persona se ha
arrepentido en el sentido bíblico.

505
Las siete leyes del aprendizaje

El resultado es un cambio de conducta. Cuando ocurre el


arrepentimiento en la mente, el avivamiento ocurrirá en la vida.
Este vínculo vital controla casi cada parte de nuestra vida. Lo que
sea que controla nuestros pensamientos, controla también nuestra
conducta. La creencia determina la conducta.

2. El arrepentimiento debe incluir la contrición.


Desdichadamente en algunos círculos cristianos, el arrepenti-
miento está limitado a su definición más angosta: cambiar de men-
te. Aunque la palabra griega para el arrepentimiento significa cam-
biar de mente, también incluye otros matices de significado.
La contrición es otro componente del arrepentimiento bíblico.
Estar contrito significa sentirse profundamente y humildemente triste
por los pecados; sentir remordimiento. La contrición describe las
emociones y los sentimientos. Cuando una persona se arrepiente
profundamente y cambia su mente acerca de un pecado mayor o
un acto de desobediencia, sus emociones también cambian. La con-
trición acompaña o sigue a la convicción. La contrición es una
emoción de transición en el avivamiento, porque permite que
la persona haga la transición de la dureza de corazón hasta la
blandura de corazón. La contrición es el «ablandador del cora-
zón» que utiliza Dios, porque suaviza el corazón endurecido con
frialdad e indiferencia. Cuando las lágrimas lavan la cara de la
persona, el corazón también se purifica y se renueva.
Nunca debemos permitirnos limitar el avivamiento meramente
a un cambio de mente. Debe incluir también una limpieza de las
emociones. Sin la purificación de las emociones, la persona que ha
experimentado un cambio de mente posiblemente no se sienta per-
donada, aunque sepa en su mente que está perdonada.
Muchas veces en la consejería, descubro a un cristiano que ha
pecado seriamente, lo ha confesado al Señor y ha abandonado ese
pecado, pero vive derrotado porque no se siente perdonado. Fre-

506
La ley del avivamiento

cuentemente esto refleja una falta de una contrición genuina y com-


pleta. La contrición completa permite que el cristiano esté cons-
ciente del dolor que ha causado a otros, y también se perdone a sí
mismo por su pecado. Tal como la confesión asegura perdón del
Señor, la contrición nos anima a perdonarnos a nosotros mismos.
Una y otra vez en la Biblia, la contrición acompaña el avivamien-
to. Cuando se cambia la mente (convicción), el corazón se rompe
(contrición). Considere el avivamiento en 2 Crónicas 34.27, donde el
Señor describe lo que hizo el rey Josías cuando se arrepintió:

«porque se enterneció tu corazón y


te humillaste delante de Dios
cuando oíste sus palabras
contra este lugar y contra sus habitantes, y
te humillaste delante de mí,
y rasgaste tus vestidos y
lloraste delante de mí,
ciertamente te he oído»,
declara el Señor» (LBLA)

Considere también el gran avivamiento de Nehemías 8—9 cuan-


do el pueblo de Dios escuchó la Palabra de Dios, reconoció su gran
pecado, y se arrepintió en cilicio y cenizas, con llanto y tristeza.
¿Cree que la contrición es importante para Dios? ¿Cree que le
importa a Dios que nos sintamos tristes, o que solamente cambie-
mos de mente? Tenemos una respuesta clara para esa pregunta en
la oración de confesión de David.

Porque yo reconozco mis rebeliones,


Y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti, contra ti solo he pecado,

507
Las siete leyes del aprendizaje

Y he hecho lo malo delante de tus ojos;


......................................
Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
No quieres holocausto.
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado
no despreciarás tú, oh Dios.
(Salmo 51.3-4ª, 16-17)

Finalmente, la contrición debe ser apropiada de acuerdo con la


naturaleza del pecado cometido. Un acto de impaciencia, hablando
en un momento sin pensar, no es tan serio como robar algo del
supermercado, que no es tan serio como cometer adulterio con una
compañera de trabajo, que no es tan serio como el asesinato.
Esta relación crucial entre la gravedad del pecado y la profun-
didad de la tristeza muchos la ignoran, mientras llevan a alguien al
avivamiento. Cuanto más profundo y más intencional y más dañino
es el pecado, cuanto más profundamente debe sentir la tristeza y la
angustia.
Hay una barrera en cada uno de nosotros entre lo que pensa-
mos y lo que sentimos. Para algunos, esto casi no existe, y sienten
dolor de manera apropiada fácilmente. Pero otros, por algún moti-
vo, han construido una muralla para proteger sus emociones del
dolor. Debemos amarlos lo suficiente para encontrar la puerta de
esa muralla y liberar su culpa y remordimiento que han estado en-
cerrados.

3. El arrepentimiento debe incluir la confesión


El avivamiento no puede permanecer en privado. El cristiano
no solamente debe confesar su pecado al Señor, sino también debe
reconocerlo delante de usted y delante de otros que hayan sido
impactados directamente por sus actos de desobediencia.

508
La ley del avivamiento

El término bíblico confesar viene de una palabra compuesta


en griego homologeo, que significa «hablar la misma cosa», o es-
tar de acuerdo con otra persona. Cuando un criminal confiesa, sig-
nifica que el criminal está de acuerdo con las autoridades en que ha
cometido un crimen.
¿Por qué es tan importante la confesión? Porque es aquí donde
el cristiano se humilla y asume responsabilidad plena por sus accio-
nes y reconoce abiertamente que debe buscar perdón y restaura-
ción con Dios y con otros. Hasta este punto, el arrepentimiento es
interno y privado. El arrepentimiento sin confesión trata el pecado
como si fuera una isla aparte, y no como un acto que ofende tanto
el cielo como la tierra.
Una investigación de las Escrituras hace evidente que la confe-
sión no es una opción. No solamente es crucial cuando se trata de la
salvación (Mateo 3.5-6; 10.32-33; Romanos 10.9-10; Filipenses 2.9-
11; 1 Juan 4.2-3), sino también tiene un rol crucial con respecto a
nuestro pecado (Levítico 5.5-6; 16.21; 26.40-42; Salmos 32.5; 1 Juan
1.9) y con respecto a otros que herimos con nuestro pecado (Mateo
5.23-24; Santiago 5.16). Es serio darse cuenta de que la Biblia nos
manda, bajo ciertas circunstancias, a confesar nuestros pecados los
unos a los otros de una manera similar a nuestra confesión al Señor.
Cuando una persona se acerca al punto de confesar sus peca-
dos al Señor, normalmente le pido que me nombre los pecados es-
pecíficos que ha cometido. Frecuentemente la persona tratará de
decir algo muy general como: «He pecado mucho, y Dios sabe
todo». Trate de mantener a la persona en este punto, hasta que
confiese cada pecado específicamente.
La razón por la cual esto es difícil es que todavía no han plena-
mente reconocido a sí mismos que han cometido esos pecados, o
tienen miedo de que usted perderá respeto por ellos si admiten sus
pecados específicos. Discierna cuál es el problema que causa ma-
yor preocupación, y confróntelo abiertamente y honestamente.

509
Las siete leyes del aprendizaje

Recuerde, usted no es un juez, sino un amigo y un pecador


también, salvo por gracia. Ocasionalmente, el Señor puede traerle
una persona que ha caído profundamente en pecado serio. Cuando
una persona puede confesar ese pecado, está en una posición muy
vulnerable. Necesita mucho cariño y comprensión. Obviamente,
tenemos que mantener estos asuntos en estricta confidencialidad.
Cuando una persona confiesa sus pecados y usted le ha ayuda-
do a llevar el peso de sus cargas, piense en ayudarle a perdonarse
a sí misma, diciendo que usted la perdona. Mírela a los ojos directa-
mente y diga: «Lamento que hayas pecado de esta manera, pero
quiero que sepas que también te perdono. Nunca debes preguntar-
te después de salir de aquí si me puedes mirar a los ojos sin sentir
vergüenza. Tú puedes —porque todos nosotros hemos sido perdo-
nados solamente por la sangre de Cristo». Su aceptación le anima-
rá a creer que Dios también le perdona.
Después de expresar su perdón, pida a la persona que confiese
su pecado de nuevo; esta vez al Señor. Cuando confiesa su pecado a
usted primero, no solamente se asegura que esté siendo honesta, sino
también la está preparando a aceptar y recibir el perdón del Señor.
Debemos siempre llevar a una persona a procesar su pecado
de una manera apropiada, para que pueda ser sanada completa-
mente. Note la progresión lógica del arrepentimiento.
Primero: Convicción, se cambia la mente.
Segundo: Contrición, las emociones sienten remordimiento.
Tercero: Confesión, la voluntad reconoce la responsabilidad.
La mente tiene que cambiar primero, entonces las emociones
deben sentir, y finalmente la voluntad debe actuar.

Paso 4: El recomienzo
Es tiempo de enfocar rápidamente la atención de su alumno en
el futuro, y dejar de pensar en el pasado. No piense que ha termina-
do. Recuerde, el mandamiento es restaurar al que está caído en

510
La ley del avivamiento

algún pecado. ¡Qué emoción cuando alguien de su familia, un ami-


go, o algún alumno se arrepiente —pero el cambio verdadero es
cuando se asegura que la victoria permanezca.
Cuanto más tiempo la persona ha estado practicando el peca-
do, más decidido debe estar en contar con la presencia y el poder
del Espíritu Santo. El propósito final del «recomienzo» es el de
fortalecer a la persona, para que pueda seguir obedeciendo. Para
maximizar su fuerza de voluntad, hay tres pasos que se deben se-
guir, de manera que la persona «prometa» a sí misma y al Señor
que honrará su compromiso de obedecer.

1. El recomienzo debe incluir la confirmación.


Esta es la pregunta crítica: «Cuán decidido está a dejar este
pecado del cual acaba de arrepentirse?» Si usted escucha: «Nunca
más voy a ceder a esa tentación, por el poder del Señor que vive en
mí», o algo parecido, entonces felicite al alumno y anímelo. Sin
embargo, si escucha: «No estoy seguro acerca de la próxima vez,
pero estoy afligido por lo pasado», entonces suba las mangas y
prepárese para seguir trabajando, porque no ha terminado la tarea.
Identifique si la persona no está decidida a vivir en obediencia, o si
honestamente no está segura de que pueda obedecer, a pesar del
hecho de que sinceramente desea obedecer.
Recuerde, sin la confirmación acerca de lo que el alumno planea
hacer para la próxima vez que surja la tentación, él estará muy debi-
litado. Su compromiso no está reforzado con una firme decisión de
voluntad. Lo que sucede ahora influye mucho en determinar quién
domina su futuro. El único camino a la libertad completa es por me-
dio de una decisión libre de someterse a la voluntad del Señor.
Recuérdele a la persona de las promesas en 1 Corintios 10.13:

No os ha sobrevenido ninguna tentación


que no sea humana;

511
Las siete leyes del aprendizaje

pero fiel es Dios,


que no os dejará ser tentados
más de lo que podéis resistir,
sino que dará también
juntamente con la tentación la salida,
para que podáis soportar.

2. El recomienzo puede incluir un pacto.


¿Cómo podemos fortalecer la decisión de una persona de re-
sistir la tentación? ¿Recuerda lo que hizo Josué cuando quería ayu-
dar a sus alumnos a caminar en obediencia cuando no estaba allí
para guiarlos? Llevó a la nación a establecer un pacto con el Señor.
«Y el pueblo respondió a Josué: Al Señor nuestro Dios serviremos,
y a su voz obedeceremos. Entonces Josué hizo un pacto con el
pueblo aquel día» (Josué 24.24-25, LBLA)
¿Por qué un pacto? Porque era el compromiso más serio posi-
ble entre Dios y el hombre. Josué sabía que su pueblo necesitaba
tal compromiso para ayudarles a pasar sobre las rocas de tentación
que estaban por delante. Es alentador que más adelante en el mis-
mo capítulo la Biblia dice: «Y sirvió Israel al Señor todos los días de
Josué y todos los días de los ancianos que sobrevivieron a Josué...»
(24.31ª, LBLA).
En todo la discusión de esta ley del avivamiento nos hemos
referido a los avivamientos que ocurren en la Biblia. Mirando estos,
y otros avivamientos, es aparente que «hacer un pacto», o «hacer
un juramento» era el paso normal después del arrepentimiento de
pecados mayores. El acto de arrepentimiento rompía la servidum-
bre a la desobediencia y el recompromiso reestablecía la lealtad a
la obediencia.
Cuando una persona ha expresado su compromiso para el fu-
turo, usted ha visto un paso gigantesco hacia la restauración. Por
esta razón, nosotros debemos considerar llevar a nuestros alumnos

512
La ley del avivamiento

a hacer un compromiso con el Señor para obedecerlo, y también a


hacer un compromiso con usted cuando sea necesario.

3. El recomienzo debe incluir la consagración.


A estas alturas, ya debe haberse dado cuenta que estoy pre-
sentando una serie completa de pasos que podrían usarse. En la
vida real, solamente algunos se usarán.
Cuando una persona rompe con un pecado serio, está inundado
de gratitud hacia usted y hacia el Señor. Muchos están sobrecogi-
dos con la grandeza del perdón de Dios; otros están sobrecogidos
con un sentimiento de libertad y salvación. En este momento, usted
puede mejorar y enriquecer mucho la vida espiritual del alumno.
Ha ganado mucha inercia positiva. Si la situación lo permite, ayude
a su amigo a disfrutar algunos de los beneficios adicionales que le
ayudará tremendamente.
Es un momento excelente para desafiar a su alumno a con-
sagrarse a Cristo. Como nuestro enemigo usa nuestros momen-
tos más débiles para tentarnos a pecar, debemos usar nuestros
momentos más fuertes para «tentar» a otros a una piedad más
profunda. Permítame sugerir tres áreas de crecimiento que yo lla-
mo «los desafíos a la consagración».
Desafíe a sus alumnos a mayor obediencia en las áreas
específicas que les tientan. Nehemías 10 nota que los compromi-
sos eran específicos y enfocados en las áreas en que habían en-
frentado la mayor tentación —incluyendo el matrimonio con no
creyentes, el comercio en el día de reposo, la celebración del año
sabático, y asuntos relacionados con los préstamos y los intereses.
Considere enfocar la atención de sus alumnos en las tentacio-
nes «universales» para la gente de su edad y circunstancias. Si está
consciente de algunas tentaciones específicas para el individuo,
desafíelas.

513
Las siete leyes del aprendizaje

Desafíe a sus alumnos a un caminar más cercano con el


Señor, buscándolo en sus tiempos devocionales y en la vida de
oración. En el avivamiento durante el reinado del rey Asa (2 Cró-
nicas 15), la gente empezó a «buscar al Señor, Dios de sus padres,
con todo su corazón y con toda su alma» (v. 12). Cuando sus alum-
nos se hayan liberado del pecado, desafíelos a hacer de su vida
espiritual una más alta prioridad. Anímelos en sus tiempos
devocionales personales, en su oración personal, y en su participa-
ción en un grupo de estudio bíblico y compañerismo.
Desafíe a sus alumnos a obedecer más completamente la
voluntad de Dios en todas las áreas de su vida. En el aviva-
miento bajo Josías (2 Crónicas 34), el pueblo pactó «guardar sus
mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón
y con toda su alma» (v. 31). En el avivamiento en Nehemías 10, el
pueblo juró «...guardar y cumplir todos los mandamientos de Dios
nuestro Señor, y sus ordenanzas y estatutos» (LBLA).
Durante estos momentos preciosos cuando su alumno está más
abierto al Señor, invítelo a dedicarse más plenamente al Él. Cuando
tratamos de animar más crecimiento espiritual en los alumnos, es-
tamos ayudándoles a obedecer el llamado de Cristo.

Paso 5: La restauración
Finalmente, ¡la meta está a la vista! Recuerde, el mandamiento
de Dios es que «restauremos» a la persona caída en pecado. Has-
ta aquí todo es preparación para eso. Existen tres áreas amplias
que debemos considerar en este paso, todas ellas para asegurar
que su alumno lleve a la «práctica» sus promesas, de manera que
ustedes puedan «celebrar» juntos.

1. La restauración puede incluir compensación.


La compensación puede ser necesaria si el pecado fue en con-
tra de otra persona(s). Jesús hizo claro que, antes de que la plena

514
La ley del avivamiento

restauración con el Señor sea posible, debe haber completa recon-


ciliación con la parte ofendida:

«Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que


tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del
altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces
ven y presenta tu ofrenda» (Mateo 5.23-24).

Pida a su alumno que vaya a la persona que ha ofendido y que


haga lo que sea necesario para reconciliarse. Aunque sea la parte
inocente y haya sido ofendida por otra persona, debe ir a esa perso-
na y buscar la reconciliación.
Una noche después de una clase del Instituto de Caminata
Bíblica en Atlanta, un joven vino a decir que necesitaba hablar.
Privadamente me confesó:
—Yo miento todo el tiempo. Miento a mi esposa, a mi jefe, a
mis amigos, y trato de mentir a Dios. Miento cuando no hay motivo
para mentir. Estoy realmente asustado ahora, porque no puedo de-
jar de mentir.
Hablamos de su pecado, y le guié por los pasos de arrepentimiento,
en que lloró muchas lágrimas. En el paso del recompromiso, le pregunté:
—¿Estás dispuesto a hacer lo que sea necesario para tener
una conciencia limpia con Dios y con los hombres, y para sentir
liberación de esta esclavitud a la mentira?
—Sí —prometió—, haré cualquier cosa. Necesito ayuda.
Nos dimos la mano para confirmar su compromiso.
Él quería saber cuánto tiempo tomaría para volver a poner su
vida en orden.
—No será mucho tiempo; menos de un mes —le dije—, pero
tendrás que pagar un precio muy caro y humillarte repetidamente.
La primera cosa que le dije que tenía que hacer era ir a la casa,
tomar una hoja de papel, y hacer una lista de cada persona a quien

515
Las siete leyes del aprendizaje

había mentido, según recordaba. Le dije que me llamara después


para contarme a cuántas personas había puesto en su lista.
Cuando llamó al siguiente día, podría detectar en el tono de su
voz que estaba luchando con la magnitud de su mentira.
—Tengo veintiséis personas en la lista —dijo—, y puede ha-
ber más.
—¡Bien! Ahora quiero que escribas cada uno de esos nombres
en una hoja nueva. En cada hoja, escriba una lista de cada mentira
que has contado a esa persona, según puedas recordar. Mañana,
después del trabajo, me gustaría que vinieras a mostrarme esa lista.
¡Qué prueba de su decisión! La próxima noche nos juntamos
para comer una hamburguesa en un restaurante, y repasamos la
larga lista de mentiras. Se puso serio, y estaba desesperado de
encontrar la victoria. Le reafirmé y le dije que lo respetaba por su
valentía y que Dios le iba a bendecir por sus esfuerzos. Entonces le
pedí que pusiera las listas en orden, desde lo más difícil de arreglar
hasta lo más fácil.
—Ahora tienes tu prueba más grande —le dije—. Debes ir a
cada una de esas personas y confesar tus mentiras. Pide perdón y
pregunta si hay algo que puedas hacer para arreglar cuentas con ellos.
—¿Qué? —exclamó—. ¡Está bromeando! No puedo ir a toda
esa gente. La primera persona que puse en la lista es mi jefe; le
miento siempre, y si él lo supiera, me despediría. He mentido acer-
ca de mis horas de trabajo constantemente, y he recibido sueldo
por horas que no trabajé. Además, él me pide que mienta a los
clientes cuando llaman para preguntar por qué no ha llegado su
pedido, y no lo hemos enviado todavía.
Mi amigo estaba en una encrucijada. Ya se había arrepentido, y
había dado el paso de recomprometerse, pero si no podía completar
el proceso de la restauración, nunca tendría libertad.
—Yo sé que esto podría costarte tu trabajo; incluso podrías
tener que pagar a tu jefe el dinero que recibiste incorrectamente.

516
La ley del avivamiento

Pero debes tomar una decisión difícil ahora, si vas a obedecer al


Señor y hacer su voluntad, o no. La obediencia nunca es fácil, pero
siempre es lo correcto. Dios estará contigo, y aunque pierdas tu
trabajo, él guardará su promesa de suplir tus necesidades. ¡Decide
obedecer a Dios y confiar en él las consecuencias!
Después de una lucha difícil, decidió hablar con su jefe al día
siguiente. Le dije que si no podía hacerlo, que me llamara, y que yo
iría con él. Me dijo que lo haría solo.
Oré por él durante esa mañana, y fue casi la hora de almuerzo
cuando él llamó.
—¡No puedo creerlo! —dijo—. Confesé todas mis mentiras a
mi jefe. Le conté que había mentido acerca de mi horario, y que
había mentido a sus clientes por él. Le dije que era un cristiano, y
que sabía que no debía mentir, pero que lo había hecho y que lo
sentía. Le dije que le pagaría por el tiempo que le había robado,
pero que no le iba a mentir más. Y aunque él me pidiera que mintie-
ra, no lo haría. Si el producto no ha sido enviado, no voy a decir que
está en camino.
¡Qué valentía!, pensé yo.
—Entonces, ¿qué pasó?
—Hablamos por más de dos horas, y él aceptó mis disculpas. En-
tonces me sorprendió, diciendo que mi confesión le había hecho sentirse
culpable de sus mentiras. Me pidió disculpas y me dijo que no me iba
pedir más que mintiera. Me dijo que no me preocupara por el dinero,
que lo consideraría algo del pasado. Me dijo que quería que siguiera
trabajando con él, y que me respetaba por mi honestidad. ¿Lo puede
creer? ¡Le dio las gracias a un mentiroso como yo por mi honestidad!
Las próximas dos semanas él llamó o visitó a todos en su lista.
Durante la primera semana me llamaba cada dos días para infor-
marme, pero pronto, los dos ya sabíamos que estaba decidido a
terminar la tarea. En un par de semanas me mostró su cuaderno
con cada mentira rayada. Entonces hizo el comentario más intere-

517
Las siete leyes del aprendizaje

sante de toda la experiencia: —Desde que empecé a confesar es-


tos pecados a toda la gente, he dejado de mentir. Ahora estoy tan
decidido a decir la verdad, que creo que ¡nada ni nadie podría ha-
cerme mentir otra vez!
Así fue. Mi amigo estaba cruzando la meta. Había sido restaura-
do, y en el proceso Dios le había sanado. Tal como lo prometió San-
tiago. Por lo tanto, asegúrese de que sus alumnos hagan compensa-
ción por los errores de sus pecados. La restauración siempre debe
incluir el acto de arreglar cuentas con todas las personas ofendidas.

2. La restauración debe incluir la purificación.


A diferencia de la compensación, que trata de los que han sido
heridos por nuestro pecado, la purificación trata del cuidado de
nuestras propias vidas. La primera es pública, y la segunda es per-
sonal. La primera tiene que ver con arreglar las relaciones, por
causa de las cosas que hemos hecho, mientras la segunda tiene que
ver con remover todas las cosas en el presente que podrían tentar-
nos a pecar.
Hay dos enfoques de la purificación que se presentan en los
avivamientos bíblicos. Primero, la gente remueve las cosas que son
malas o que son tentaciones. Segundo, la gente agrega cosas que
aseguran la obediencia.
Muy a menudo, permitimos que «gatillos» de tentaciones que-
den en nuestras vidas, y sin embargo, después nos sorprendemos
cuando seguimos cayendo víctima de muchas tentaciones. Por otro
lado, no instalamos cultivadores de compromiso que nos animen a
ser santos como Dios.
Un «gatillo» de tentación es algo que seduce a una perso-
na a acercarse al pecado. Es el inicio de la tentación. Los
gatillos pueden incluir a los amigos de la persona, los lugares donde
pasan tiempo, los eventos a los que asisten, o las cosas que miran o
escuchan. Debemos ayudar al alumno a identificar los gatillos en

518
La ley del avivamiento

su vida y a erradicarlos, o por lo menos minimizarlos tanto como


sea posible. Cuantos más gatillos removamos, menos tentación ten-
drá que resistir la persona.
Un cultivador de compromiso es algo que motiva a la persona a
acercarse más a la obediencia y la dedicación al Señor. Los culti-
vadores nos hacen inclinar hacia el compromiso con Cristo. Inclu-
yen las mismas categorías generales que los gatillos —gente, luga-
res, cosas, eventos, actividades, hábitos y recuerdos.
Durante la etapa de la purificación, trate de ayudar al alumno a
identificar las cosas que lo harían inclinar hacia un caminar cerca-
no con el Señor. Cuanto más estén presentes estos cultivadores,
más probable será que el alumno progrese en su vida espiritual.
Los avivamientos bíblicos siempre incluyeron cultivadores de
compromiso: reconstruyeron el templo, revitalizaron el sacerdocio,
reinstituyeron las ofrendas del templo, fortalecieron a los sacerdo-
tes y los levitas, enviaron a maestros a predicar y enseñar la Biblia
a través del país, reestablecieron la práctica anual de las fiestas y
las celebraciones. ¿Ve lo obvio que es cuando tomamos un mo-
mento para verlo?
Nuestras vidas son muy influenciadas, si no controladas, por
los sistemas en que vivimos. La Biblia enseña que hay un sistema
mundial bajo el control de Satanás, donde todo es orquestado para
destruir todo lo cristiano. Su sistema está en todo lugar, y ha infiltra-
do cada parte de la vida. Derribar los gatillos de la tentación reduce
en gran manera la fuerza omnipresente de la tentación.
Dios también tiene un sistema por medio del cual él cumple su
perfecta voluntad. Sin embargo, no es como el sistema de Satanás,
porque normalmente el sistema de Dios requiere acción voluntaria
con propósito. Las Escrituras, el Espíritu Santo, y los santos son los
hilos normales entretejidos en todo el sistema de Dios. Cuanto más
un cristiano estudia las Escrituras en armonía con el Espíritu, en
sumisión a él, en comunión con otros creyentes, y en una relación

519
Las siete leyes del aprendizaje

de rendimiento de cuentas, su sistema protegerá y aumentará más


su desarrollo y crecimiento.
Por lo tanto, durante el tiempo de la purificación, ayude a
reorganizar la vida de su alumno, para que sea más inclinada a
crecer y florecer.

3. La restauración debe incluir la celebración.


Jesús reveló algo asombroso acerca de la celebración en el
cielo cuando dijo: «Así os digo que hay gozo delante de los ángeles
de Dios por un pecador que se arrepiente» (Lucas 15.10).
Reveló aun más acerca de los sentimientos de Dios cuando uno de
sus hijos se arrepiente y vuelve a casa en la parábola del hijo pródigo.

«Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y


vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos
fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había
perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse» (Lucas
15.22-24).

¡El Señor sabe hacer un final feliz! Cuando un cristiano vuelve


al Señor después de un período de rebelión seria, debemos hacer
una fiesta. ¿Lo hacemos? No recuerdo en mi vida alguna celebra-
ción con una verdadera fiesta por el avivamiento y la restauración
de un hermano cristiano. ¡Cuán lejos nos hemos desviado del mo-
delo bíblico de una celebración!
Piense lo que haría una celebración por la gente involucrada:

• ¿No pondría un punto final al proceso doloroso, dando a


conocer a todos que se ha terminado?
• ¿No haría público el hecho de que el arrepentimiento y la
restauración están completos?

520
La ley del avivamiento

• ¿No daría la oportunidad para una demostración pública de


afecto y perdón por las partes perdonadas?
• ¿No pondría fin a todos los chismes, ya que todo estaría
visible para todos?
• ¿No permitiría compartir con toda la comunidad afectada la
victoria de la restauración, o directamente o por correr la voz?
• ¿No fortalecería la voluntad de la persona que ha vuelto, ya
que tantas personas estaban involucradas en su restaura-
ción? En realidad, ¿no sería esto uno de los cultivadores de
compromiso?
• ¿No anunciaría al mundo el hecho de que la iglesia realmen-
te se preocupa por sus heridos?
• ¿No daría esperanza a los que están viviendo secretamente
en pecado y que necesitan ánimo para volver al Padre?

Cuando se complete el proceso, encuentre una manera apro-


piada de celebrar, sea en privado o en público, sea una simple pala-
bra de ánimo o una fiesta verdadera... o quizás un testimonio alegre
en el culto o en la escuela dominical. De alguna manera lleve al
creyente restaurado a la mesa de bendiciones preparada para to-
dos los hijos que han vuelto a casa.

Los maximizadores de la ley del avivamiento

«El avivamiento es la entrada urgente del Espíritu de Dios en


un cuerpo que está por ser un cadáver.» —D.M. Patton
«El hecho de esperar un avivamiento general no es una excusa
para no gozar de un avivamiento personal.» —Stephen Olford

«La mejor manera de avivar una iglesia es hacer un fuego en


el púlpito.» —D. L. Moody

521
Las siete leyes del aprendizaje

El avivamiento es un tema principal de las Escrituras, y podría


haber ocupado un libro entero, en vez de dos capítulos. Ahora que
tenemos un sentido general de cómo sería un avivamiento ideal,
tenemos que recordar que la vida no se vive en un libro, sino allá
fuera en el campo.
Cuando usted empiece a implementar los cinco pasos del avi-
vamiento, hay una gran cantidad de ideas y sugerencias prácticas
que pueden ayudarle a restaurar a los caídos.

Maximizador 1: Anhele el avivamiento con la oración


ferviente y persistente, tanto en público como en
privado.
En cada avivamiento registrado que he estudiado, he encontra-
do que la oración privada y pública se ofrecía específicamente por
el avivamiento durante bastante tiempo antes de que empezara el
avivamiento. Parece que el Señor coloca en el corazón de algunos
miembros de su remanente fiel el deseo de orar por el avivamiento.
A veces estos grupos de oración se reúnen los miércoles en la
noche en la iglesia. A veces se descubre que hay un grupo de estu-
diantes que se han comprometido a orar secretamente, pidiendo
con lágrimas que el Espíritu de Dios descienda. Posiblemente lo
más frecuente que se ve es que las personas que luchan en la
oración son damas mayores de edad —muchas son viudas o enfer-
mas— que envían sus oraciones al trono de gloria, rogando al Se-
ñor que mueva su brazo poderoso en nuestro beneficio.
¿Por qué es tan importante la oración en un avivamiento? Sin
duda es porque Dios la ha nombrado como uno de los requisitos
que se deben cumplir antes de que él conceda un avivamiento (2
Crónicas 7.14). Como la oración es un requisito del avivamiento, si
queremos llevar a nuestros alumnos a experimentar el avivamiento,
debemos orar primero por el avivamiento en nuestras propias vi-
das, y después por el avivamiento en la vida de nuestros alumnos.

522
La ley del avivamiento

No solamente debemos orar por avivamiento, sino debemos


animar a nuestros alumnos a unirse con nosotros en esto. Conside-
re hacer esta área de oración una parte regular y significativa de la
apertura y la clausura de las clases. Como dice Santiago 5.16: «La
oración eficaz del justo puede mucho».

Maximizador 2: Varíe su estilo de acuerdo con la


respuesta espiritual de sus alumnos.
Si ha criado a hijos, usted se da cuenta inmediatamente de la
necesidad de variar su método para disciplinar y restaurar a sus hijos
cuando desobedecen. Algunos necesitan una mirada intensa, otros
necesitan una palabra firme, y otros un castigo. Algunos responden
bien a la crítica constructiva, y otros sufren y se marchitan con ella.
Algunos responden a los desafíos grandes, y otros necesitan pasos
pequeños y seguros. Sea lo que sea que necesiten sus alumnos o sus
hijos para volver de su desobediencia —si han desobedecido a Dios
o al hombre— debemos observar su conducta con cuidado y selec-
cionar el estilo correcto para esa persona y esa situación.
También debemos variar el estilo de la presentación en la cla-
se. Aunque el discurso se usa frecuentemente para traer el aviva-
miento a otros, otros métodos también han sido efectivos.

• Divida a los alumnos en grupos pequeños para pedir aviva-


miento el uno por el otro. Que cada persona ore por la per-
sona a su lado derecho.
• Haga un foro con cuatro o cinco alumnos que conversen
abiertamente acerca de los pecados principales de la gente
de su edad, y acerca de lo que les impide experimentar un
avivamiento.
• Haga un minidrama en que un alumno es un ángel que dis-
cute con un «ángel caído» acerca de por qué el avivamiento

523
Las siete leyes del aprendizaje

es tan importante, y cómo uno va a ayudar y el otro va a


poner tropiezos a un cristiano esta semana.
• Tengan una conversación con el «apóstol Pablo» y uno de
los alumnos acerca de cómo tener la victoria sobre los pe-
cados que les molestan en sus vidas espirituales.

Sea lo que sea, tenemos que encontrar maneras efectivas para


ayudar a nuestros alumnos a arrepentirse de sus pecados y gozar
del avivamiento en sus corazones.

Maximizador 3: Instruya a sus alumnos en el


conocimiento y la práctica de las disciplinas
espirituales.
El avivamiento tiene dos facetas: primero, libera a sus alumnos
de la esclavitud al pecado, y segundo, les capacita para evitar el
pecado y permanecer en comunión.
El conocimiento y la práctica de las disciplinas espirituales no
están de moda. Pocos cristianos saben lo que son las disciplinas
espirituales, y menos aun las practican. Vivimos en una época cuando
las cosas externas y las pautas fáciles de cómo hacer algo están
más de moda. Todos quieren una solución rápida en vez de tener
una solución permanente.
Nunca olvidaré cuando aprendí la necesidad absoluta de alimen-
tar al hombre interior. Era pastor de jóvenes, y el ministerio era más
difícil de lo que había esperado. Encontré que todos los días recono-
cía mi necesidad de más entrenamiento. Lo que realmente quería, sin
embargo, era algo más profundo —los secretos de la vida espiri-
tual— esas verdades profundas que me liberarían a vivir en un nivel
más profundo con el Señor. Así que mi esposa y yo vendimos lo que
teníamos, empacamos todo en un camión, y empezamos nuestro pe-
regrinaje hacia el seminario, donde estaba seguro de que iba a en-
contrar esos «secretos profundos y escondidos» de la vida espiritual.

524
La ley del avivamiento

Era el primer día del seminario, y el primer culto estaba por


empezar. Yo tenía el Antiguo Testamento en hebreo sobre la rodilla
izquierda, y el Nuevo Testamento en griego sobre la rodilla dere-
cha. Tenía el dedo encima del botón de la grabadora, listo para
grabar —no quería perder nada. Saqué mi lápiz y un cuaderno.
¡Estaba preparado!
Un alumno del último año estaba sentado al lado mío. Me miró,
sacudió la cabeza lentamente, y sonrió.
—Primer año, ¿verdad? —dijo. Me preguntaba cómo sabía.
El presidente del seminario se preparaba para hablar. Había
escrito más de veinte libros de teología y profecía. Tenía pelo cano-
so, medía dos metros, y su presencia demandaba nuestra atención.
—Hoy —dijo —marca el primer día de este año del seminario.
Por esta razón, voy a hablar sobre el tema más importante para
todos nosotros: los secretos de la vida espiritual.
¡Saltó mi corazón! Miré otra vez para estar seguro que estaba
funcionando la grabadora. ¡El primer día y me iba a contar los
«secretos»!
—Hay tres secretos principales de la vida espiritual que nos
influirán más que ninguna otra cosa [¡No lo puedo creer! ¡Aquí
viene!] y son: primero, lea su Biblia cada día; segundo, camine por
el Espíritu; y tercero, ore sin cesar.
Creo que no escuché ninguna palabra más de ese mensaje.
¿Esos son los secretos de la vida espiritual? No lo pude creer.
Yo había sabido de esos «secretos» por mucho tiempo. Lo que yo
quería eran los secretos verdaderos; los secretos profundos.
Más de veinte años han pasado desde ese día memorable, y he
llegado a la firme conclusión de que el Dr. Walvoord tenía absoluta
razón. No solamente son los secretos para el Dr. Walvoord, sino
también son los secretos para usted, para mí, y para cada cristiano
sentado escuchando una sus clases. Por lo tanto, debemos entre-
nar a nuestros alumnos a caminar con Dios de una manera más

525
Las siete leyes del aprendizaje

significante y regular. Porque cuando lo hacemos, ellos pasarán


más tiempo experimentando el avivamiento que necesitando uno.

Maximizador 4: «Verbalice» el llamado final a un


compromiso claramente y con expectación.
Si estamos llamando a una o a mil personas al arrepentimiento
y al avivamiento, debemos invitarlas claramente y con un sentido
de expectación y urgencia.
¿Puede usted recordar la última vez que pasó un tiempo de
avivamiento y renovación personal? Si puede visualizar esa expe-
riencia en su mente, sin duda puede recordar los sentimientos de
miedo, incomodidad y ansiedad que enfrentó usted relacionados
con ese proceso. Cuando enfrentamos nuestra necesidad de aviva-
miento y arrepentimiento, nuestras emociones pueden ser un gran
impedimento. Muchas personas que llegan al momento del arre-
pentimiento pierden el valor cuando el miedo sacude su alma.
Por causa de la lucha desesperada que enfrentan nuestros alum-
nos, usted y yo debemos invitarlos a volver al Señor con mucha
valentía y sin vacilación. Nuestro coraje debe dar fuerza inmediata.
Nuestra confianza en el Señor debe llevarlos por el Mar Rojo.
Mil quinientos hombres estuvieron en un bosque para un retiro
espiritual. Me sentía animado a predicar un mensaje que llamara a un
compromiso profundo con el Señor durante el fin de semana. Para el
sábado en la noche, había hecho consejería extensiva, y sabía que la
inmoralidad había echado sus raíces venenosas en la vida de muchos
de estos hombres. No podrían responder al llamado del Señor y ha-
cer un compromiso, si no fueran purificados primero.
Cuando los hombres se reúnen solos en un campamento, usted
puede hablarles la verdad con franqueza. Prediqué acerca de la
inmoralidad, y les guié a través del proceso de Natán, con la «con-
frontación», los «códigos», y las «consecuencias». Les animé a
actuar —a arrepentirse, humillarse, y volver de sus malos caminos.

526
La ley del avivamiento

La presencia del Señor era evidente, y sentí que una confesión


pública era necesaria:
—Les voy a pedir que hagan algo muy difícil esta noche. Si
usted está involucrado en una relación adúltera, quiero que se pare
y que pase adelante en un acto de arrepentimiento público. Si no
puede encontrar la valentía de humillarse aquí delante de estos hom-
bres que lo quieren mucho, tampoco tendrán el coraje para llamar a
la otra mujer para poner fin a su relación adúltera.
Hice una oración en voz baja, y continué:
—Ninguna cabeza estará agachada aquí, porque los ojos del
cielo están mirando este lugar. Tiene que arrepentirse. Tiene que
humillarse. Tiene que poner fin a su adulterio. Si ese es su compro-
miso, levántese y pase adelante en un acto de humildad delante del
Señor, deme la mano, y siga inmediatamente hacia atrás donde hay
un teléfono público, y llame a la otra mujer para terminar su rela-
ción. Dígale que ha pecado contra el Señor, contra ella, contra us-
ted mismo, contra su esposa, y contra sus hijos. Pídale perdón y
dígale que no la verá más. Entonces vaya afuera al bosque
magnificente y póstrese delante del Señor, pídale perdón por su
adulterio y desobediencia.
No había música. No había coro. No había vitrales bonitos.
Nadie tenía los ojos cerrados. Y nadie se movía.
Mi corazón estaba palpitando tan fuerte que pensé que todos
podrían escucharlo. Pensé: ¿Qué estoy haciendo? ¿Pidiendo que
los hombres pasen adelante para confesar públicamente sus rela-
ciones adúlteras? ¡Qué ridículo! ¡Nadie vendrá!
En medio de mis temores, exclamé al Señor, pidiendo que la
convicción del Espíritu Santo llegara a los hombres, rompiendo el
espíritu de orgullo y rebeldía. Me entregué a Sus manos, solté mi
temor, y me comprometí de nuevo a predicar la verdad a pesar de
la respuesta. Mi corazón se calmó. Me preguntaba si debía termi-
nar en oración, pero sentí que debería esperar.

527
Las siete leyes del aprendizaje

De repente las gradillas de madera se sacudieron cuando un


hombre gigantesco en la penúltima fila casi saltó. Fue caminando
con decisión por el pasillo central y finalmente paró a diez centíme-
tros de mi cara. Pensé que me iba a pegar.
Nunca olvidaré sus palabras:
—Yo he tenido una relación; no, como usted dice, he estado
viviendo en adulterio siete años. Soy camionero. Y soy cristiano.
Usted es el primer hombre que ha predicado honestamente acerca
del adulterio y después me ha pedido que lo abandone. Usted me
dio una razón para dejarlo. Vine aquí abajo para decirle que voy a
terminar esa relación.
Entonces me dio un abrazo de oso que arregló mi espalda que
estaba mala. Dio vuelta y fue hacia los teléfonos. Mostrándome
una moneda para el teléfono, me dijo:
—Ella no lo va a creer, pero por la ayuda de Dios, todo terminó.
Eso rompió el hielo. Muchos hombres empezaron a desfilar
hacia delante; lágrimas corriendo por sus mejillas. Otros se arrodi-
llaron allí mismo donde estaban. El glorioso retorno de los hijos
pródigos estaba en proceso. Mucho más tarde, cuando miré por la
ventana de mi cabaña como a la 1:00 de la mañana, todavía había
una fila de hombres, esperando usar los teléfonos.
Dios posiblemente no le pida a usted llamar a 1.500 hombres al
arrepentimiento, pero lo ha llamado a buscar el arrepentimiento y el
avivamiento de los hombres y mujeres, niños y niñas, que están en
sus clases semana tras semana. Posiblemente no estén viviendo en
adulterio, pero estarán involucrados en algún tipo de desobediencia.
Sea lo que sea, necesitan hacer sus propias «llamadas telefónicas» y
encontrar un lugar tranquilo para arrodillarse delante de Dios.

528
La ley del avivamiento

Maximizador 5: Anticipe que el avivamiento venga


acompañado de una intensa guerra espiritual.
Por su naturaleza, el avivamiento está en directa oposición a la
obra de nuestro enemigo, Satanás. Ya que tanto el Señor como Su
ultra enemigo desean el mismo territorio —los corazones y las al-
mas de la gente— el maestro debe anticipar y estar preparado para
la resistencia a sus esfuerzos para traer el avivamiento.
No caiga víctima del concepto falso de que, solamente por el
hecho de que estamos del lado del Señor, la batalla será fácilmente
ganada. Incluso, cuanto más tiempo el enemigo tiene control de
alguna área, más difícil será el proceso. Las fuerzas que se oponen
a nosotros habrán construido campos de minas, habrán puesto alam-
bre de púas, habrán puesto trampas, incluso habrán instalado caño-
nes grandes en los cerros que nos rodean. Todos estarán esperan-
do nuestro acercamiento.
Por lo tanto, nunca concluya, solamente por el hecho de que
está experimentando presión interna o problemas externos, que el
Señor no esté con usted. Tales pensamientos surgen de un malen-
tendido de la naturaleza del ministerio al cual Dios lo ha llamado. Si
no tiene mucho conocimiento en esta área, visite una librería cris-
tiana buena, y comience un programa de lectura acerca de Sata-
nás, las fortalezas, y la guerra espiritual.

Maximizador 6: Dese cuenta de que el avivamiento lo


necesita la mayoría de las personas la mayoría del
tiempo.
Habíamos recién terminado de orar juntos, y estábamos cami-
nando hacia el inmenso auditorio para el servicio de la noche. Le
hice una pregunta a este predicador popular que ha cambiado para
siempre la manera en que me preparo para ministrar a un público
cristiano:

529
Las siete leyes del aprendizaje

—En su opinión, ¿qué porcentaje de los miembros de las igle-


sias evangélicas típicas están fuera de comunión con el Señor en
un domingo normal?
—Nunca lo había pensado —dijo—, mientras llegábamos a la
puerta del auditorio.
—Supongo que puede ser quince por ciento. Posiblemente sea
tanto como veinticinco por ciento.
Tiene que haber seguido masticando esa pregunta, porque en
medio del primer himno, se inclinó hacia mí y me susurró:
—Bueno, ¿qué porcentaje piensa usted que están fuera de co-
munión?
—Pienso que es mucho más; cerca de sesenta por ciento, qui-
zás setenta y cinco por ciento.
Reaccionó con una cara de sorpresa genuina.
—¡Imposible! ¡No en una iglesia buena! ¿Qué porcentaje de las
personas en este auditorio esta noche estarán fuera de comunión?
Pensé, si le digo la verdad, se molestará, pero si no le digo la
verdad, el Señor se molestará. Así que dije:
—No estoy seguro —porque era la verdad.
Durante la última estrofa, me incliné hacia él y le dije:
—¿Por qué no les pregunta?
Le incomodó esto, pero me di cuenta de que le inquietaba la
pregunta. Antes de que yo me parara a predicar, me dijo:
—¿Por qué no les pregunta usted? Usted es el mensajero de visita.
Así que comencé el mensaje con la pregunta:
—Su pastor y yo estábamos conversando de algo interesante,
acerca de qué porcentaje de la gente que está en una iglesia evan-
gélica esta noche en todo el país estarán fuera de comunión con el
Señor. No pudimos decidir, así que decidimos preguntarles a uste-
des. ¿Podrían votar por el porcentaje que ustedes piensan que está
fuera de comunión? Les voy a pedir que levanten la mano. ¿Cuán-

530
La ley del avivamiento

tos piensan que menos de diez por ciento está fuera de comunión?
¿20 por ciento? ¿30 por ciento?
Cuando terminamos de votar, ¡el promedio votaba por setenta
por ciento!
—Ahora, pongámonos serios —continué—. ¿Qué de esta gran
congregación? ¿Qué de la persona a tu lado izquierdo, o al lado
derecho? ¿Qué porcentaje piensa que está fuera de comunión?
Votamos de nuevo. Esta vez fue casi unánime; pensaban que
setenta por ciento estaba viviendo en algún pecado conocido en
ese momento, y que por lo tanto, estaba fuera de comunión con el
Señor.
He repetido esta prueba en varias iglesias en el país, y he en-
contrado que, aunque el promedio fluctúa, siempre está entre cin-
cuenta y ochenta por ciento.
Si eso es verdad —y usted puede probarlo por sí mismo—
entonces, ¿qué porcentaje de sus alumnos estarán en necesidad de
un avivamiento la próxima vez que predica? Correcto; ¡entre cin-
cuenta y ochenta por ciento!
Ya que la relación entre el cristiano y el Señor es el factor más
importante de su vida, y ya que la mayoría claramente está fuera
de comunión en cualquier momento, ¿no debemos poner el aviva-
miento en el primer lugar de la lista de necesidades de nuestros
alumnos? Seguramente el avivamiento debe ser una de las priori-
dades más altas cuando enseñamos.

Maximizador 7: Ofrézcase a Dios como un vaso limpio


comprometido al avivamiento.
La única cosa que falta, al terminar los maximizadores del aviva-
miento, no es hablar de cómo hacer un avivamiento, sino de quién hace
el avivamiento. Ahora que usted entiende el avivamiento bíblico, la úni-
ca pregunta que queda por contestar es si usted decidirá ser la persona
que debe ser, para que Dios haga un avivamiento a través de usted.

531
Las siete leyes del aprendizaje

La decisión es suya. ¿Seguirá siendo solamente un maestro, o


será un instrumento poderoso en la mano del Señor? No esté con-
forme con una simple transferencia de información cuando ha
sido llamado a la transformación de individuos.
Ahora que ha sido expuesto al ministerio del avivamiento, el
único requisito entre usted y ese tipo de ministerio sobrenatural es
que sea purificado delante de Dios, y comprometido a enseñar la
verdad como Dios dice.
Tome un momento al terminar este peregrinaje de enseñanza
que hemos compartido, y examínese a sí mismo en vez de pensar
en sus alumnos. Si trata de pedir avivamiento de sus alumnos cuan-
do su propio corazón está amarrado con el pecado, sus palabras
quedarán pegadas en el paladar. Su boca estará tan seca como el
desierto. En vez de dar vida y ablandar los corazones de sus alum-
nos, podrían endurecer sus corazones.
Por otro lado, no hay nada más poderoso que un maestro en
medio de un avivamiento personal propio. Él ministra desde la co-
rriente espiritual en su propia vida, y los alumnos serán llevados con
él. Frecuentemente cuando ministra, los alumnos quedan callados,
y los lápices quedan sin movimiento, porque los alumnos sienten el
movimiento del Espíritu en medio de ellos.
Si necesita arrodillarse y confesar al Señor, entonces anímese,
mi amigo. Siga los pasos de los santos a través de los siglos; humí-
llese y arrepiéntase. ¡Confiese sus pecados y reclame las prome-
sas de perdón!
Conclusión

Cuando se conversa abiertamente acerca del avivamiento, casi


quiero sacarme los zapatos, porque la zarza todavía está en llamas,
y siento que estamos en terreno sagrado.
No importa las aplicaciones que tengamos que hacer, las ne-
cesidades que tengamos que suplir, el contenido que tengamos

532
La ley del avivamiento

que enseñar, la corona de todo esto está en tomar el corazón del


alumno y dejarlo con el Señor. ¡Cuán preciosos los maestros que
unen sus corazones con el corazón del Señor para «buscar y res-
taurar a los caídos».
¿Por qué no detenerse un momento ahora, donde esté, y asegure
que su corazón esté preparado para este ministerio del avivamiento.
Espero que al leer estos dos capítulos acerca del avivamiento, su cora-
zón haya sido movido, su decisión haya sido fortalecida, y sus habilida-
des hayan sido mejoradas. Tome un momento final tranquilo para me-
ditar sobre las cosas del corazón —para asegurarse de que su corazón
esté bien delante del Señor, para que él esté libre para operar en usted,
y libre para hablar a través de usted, que ningún pecado sea un impe-
dimento, y que ninguna falta de voluntad bloquee su mensaje poderoso.
Toma entonces, Señor, un carbón caliente del altar delante de
tu trono, como lo hiciste con Isaías antaño, y purifica nuestros la-
bios —y nuestros corazones.

Después oí la voz del Señor, que decía:


«¿A quién enviaré,
y quién irá por nosotros?»
Entonces respondí yo: «Heme aquí, envíame a mí» (Isaías 6.8).

¿Irá, mi amigo? ¿Hablará por el Señor? ¿Enseñará lo que él


haya mandado? ¿Hará su parte para cumplir la gran comisión?
Recuerde las palabras de Cristo cuando nos comisionó:

«...Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por


tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizán-
dolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he man-
dado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta
el fin del mundo. Amén» (Mateo 28.18-20).

533
Las siete leyes del aprendizaje

Ahora que usted entiende el avivamiento, el Señor posiblemen-


te pruebe su obediencia a él, enviando directamente a usted alguien
que desesperadamente necesita ser restaurado al Señor.
Yo espero sinceramente que, cuando llegue ese momento, no
huya, y no se quede callado. Espero, al contrario, que se anime, que
confíe en el Señor, y que pastoree la oveja amarrada entre los espi-
nos... la que el Señor envió a usted.

Preguntas para reflexión

1. Piense en algunos amigos cristianos y miembros de su familia


cuyas vidas fueron severamente dañadas por su rebelión en
contra de lo que enseña la Biblia. ¿Cuántos de ellos fueron
confrontados por creyentes preocupados, buscando su restau-
ración? ¿Qué pasaría si tomáramos en serio nuestro llamado a
restaurar tal persona?
2. Las racionalizaciones son impedimentos poderosos al aviva-
miento personal. Cuando vivimos en desobediencia al Señor
por algún período de tiempo, naturalmente tratamos de justifi-
carnos delante de nosotros mismos. ¿Cuáles son las
racionalizaciones típicas que hacen los cristianos con respecto
a Dios, su pecado, y ellos mismos? Por ejemplo, posiblemente
digan: «Dios me ama y entiende por qué estoy haciendo esto»,
o «Nadie es perfecto, y yo tampoco. Mis problemas son nor-
males y las cosas resultarán eventualmente».
3. ¿Está de acuerdo con el maximizador, «el avivamiento lo nece-
sita la mayoría de las personas la mayoría del tiempo»? ¿Qué
porcentaje de los que asisten su iglesia estará fuera de comu-
nión con el Señor en este momento? ¿Por qué será tan alto el
porcentaje? ¿Cuales serán las tres razones o los pecados que
hacen que sea verdad? Ya que Gálatas 6.1 nos manda a res-

534
La ley del avivamiento

taurar a las personas que están en pecado, ¿cómo podría usted


obedecer este versículo como maestro?
4. Mire objetivamente a su propia vida un momento. ¿Cuáles son
los gatillos de tentaciones principales y cuáles son los cultiva-
dores de compromiso en su vida? Si el apóstol Pablo escribiera
una carta a usted hoy, aconsejándole acerca de cómo vivir una
vida victoriosa, evitando los gatillos de tentación, y agregando
cultivadores de compromiso, ¿qué diría? Si usted siguiera su
consejo, ¿cómo sería diferente su vida?
5. Piense en los períodos de crecimiento y avivamiento espiritual
en su vida. Seleccione los tiempos que estaba más cerca de
Cristo, y describa cómo se sentía y qué experimentaba. ¿Qué
trajo ese período de crecimiento? ¿Qué hacía usted durante
ese tiempo que era diferente? ¿En ese tiempo se sentía más
realizado que ahora? Para experimentar uno de esos tiempos
especiales en su vida ahora, ¿qué tendría que hacer? ¡Haga un
plan concreto y pruébelo!

535
CONCLUSIÓN

Si Las siete leyes del aprendizaje cumplieron su propósito en


su vida, entonces ahora usted ve la enseñanza desde una perspec-
tiva diferente que cuando comenzó. Después de escucharme tan-
tas páginas, probablemente haya podido ver mi corazón muchas
veces. El único problema para un autor es que la línea de comuni-
cación es de una sola vía. Muchas veces durante los meses que he
trabajado para escribir lo que estaba en mi corazón y en mi mente,
me encontraba deseando mirarlo a los ojos y asegurarme de que
estuviera comunicándome bien con usted.
Sin embargo, sabré si me he explicado bien por su vida. El
grado de mejoría en su comunicación será la mejor prueba de la
eficacia de este lápiz. Si uno de sus alumnos se acerca para decirle
que ha recibido cosas maravillosas de usted, entonces usted y yo
celebraremos juntos ese momento. Y habrá valido el esfuerzo es-
cribir este libro.
Posiblemente esté preguntándose lo que puede hacer para ase-
gurar que estos principios tomen raíz en su vida. Aquí ofrezco algu-
nas sugerencias (los recursos anotados abajo pueden ser solicita-
dos de Walk Through The Bible Ministries, P.O. Box 805887, Atlanta,
GA, 30058, [Link]., o se puede llamar el teléfono: ([Link].) 770-
458-9300.
1. Haga una lectura rápida de la misma ley durante siete días
seguidos —mire cada página, notando especialmente los gráficos y
las palabras escritas con letras grandes. Asegúrese de que entien-
da la idea principal en la primera mitad de la ley, entonces que
entienda el método en la segunda mitad. Trate de memorizar los

537
Las siete leyes del aprendizaje

cinco pasos. Ya que hay siete leyes, pasará cuarenta y nueve días
de repaso. El tiempo invertido así producirá buen fruto en su vida.
2. Auspicie una conferencia de Las siete leyes del aprendiza-
je para su iglesia o escuela. Muchas escuelas e iglesias han encon-
trado que es un evento significativo en su calendario, especialmen-
te para empezar el año escolar.
3. El libro hermano de este curso se llama Enseñando para
cambiar vidas (anteriormente se llamaba Las siete leyes del maes-
tro), por el Dr. Howard G. Hendricks. Si le gustaron los principios
de este libro, encontrará las leyes adicionales muy motivadoras, y
será un buen desafío.
4. El próximo curso en la serie de textos producidos por Cami-
nata Bíblica, después de Las siete leyes del aprendizaje y Ense-
ñando para cambiar vidas se llama Teaching with Style [Ense-
ñando con estilo], y tiene que ver con el estilo, la presentación, y la
creatividad. Si usted quisiera continuar su búsqueda de excelencia en
la comunicación, le recomendaría mucho Enseñando con estilo.
Estos son los próximos pasos que usted puede tomar para avan-
zar en su capacitación como maestro y comunicador. Hasta que
tenga la oportunidad de conocerlo(la) en persona, ¡que la gracia del
Señor le permita enseñar con excelencia!

538
Guía de Estudio
Las siete leyes del
aprendizaje

Bruce Wilkinson

Guía de estudio preparada por la


Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos
LAS SIETE LEYES DEL APRENDIZAJE
GUÍA DE ESTUDIO

© 2003 Logoi. Inc.


14540 S. W. 136 St. Suite 200
Miami, FL. 33186

Autor: Richard B. Ramsay


Diseño textual: Logoi, Inc.

Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina Valera 1960.

La universidad FLET es miembro acreditado del Consejo de Educación y Entrenamiento


a Distancia, DETC (Distance Education and Training Council).
DETC es una comisión acreditadora reconocida por el Departamento de Educación de
los Estados Unidos y miembro del Consejo de Acreditación para la Educación Supe-
rior, CHEA (Council for Higher Education Accreditation).

Todos los derechos reservados, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida,
ni procesada, ni transmitida en alguna forma o por algún medio —electrónico o
mecánico— sin permiso previo de los editores, excepto breves citas en reseñas y
debidamente identificada la fuente.
Contenido
Cómo establecer un seminario en su iglesia 543
Cómo obtener un curso acreditado por FLET 544
Cómo hacer el estudio 545
El plan de enseñanza FLET 546
Descripción del curso 547
Metas y objetivos 548
Tareas en general 548
Programa de tareas específicas 550
Pautas para escribir el proyecto 556
Lecciones (preguntas de repaso y reflexión) 560
Manual para el facilitador 591
Respuestas a las preguntas de repaso 601
Cómo establecer un seminario
en su iglesia

Para desarrollar un programa de estudios en su iglesia, usando


los cursos ofrecidos por la Universidad FLET, se recomienda que
la iglesia nombre a un comité o a un Director de Educación Cristia-
na. Luego, se deberá escribir a Miami para solicitar el catálogo
ofrecido gratuitamente por FLET.
El catálogo contiene:

1. La lista de los cursos ofrecidos, junto con programas y ofer-


tas especiales,
2. La acreditación que la Universidad FLET ofrece,
3. La manera de afiliarse a FLET para establecer un semina-
rio en su iglesia.

Luego de estudiar el catálogo y el programa de estudios ofreci-


dos por FLET, el comité o el director podrá hacer sus recomenda-
ciones al pastor y a los líderes de la iglesia para el establecimiento
de un seminario o instituto bíblico acreditado por FLET.

Universidad FLET
14540 SW 136 Street No 200
Miami, FL 33186
Teléfono: (305) 232-5880
Fax: (305) 232-3592
e-mail: admisiones@[Link]
Página web: [Link]

543
Cómo obtener un curso
acreditado por FLET
Si el estudiante desea recibir crédito por este curso, debe:

1. Llenar la solicitud de ingreso.


2. Proveer una carta de referencia de su pastor o un líder cristia-
no reconocido.
3. Pagar el costo correspondiente. (Ver «Política financiera» en
el Catálogo académico.)
4. Enviar a la oficina de FLET o entregar al representante de
FLET autorizado, una copia de su diploma, certificado de notas
o algún documento que compruebe que haya terminado los doce
años de la enseñanza secundaria (o educación media).
5. Hacer todas las tareas indicadas en esta guía.

Nota: Ver «Requisitos de admisión» en el Catálogo académi-


co para más información.

544
Cómo hacer el estudio
Cada libro describe el método de estudios ofrecido por esta
institución. Siga cada paso con cuidado. Una persona puede hacer
el curso individualmente, o se puede unir con otros miembros de la
iglesia que también deseen estudiar.

En forma individual:
Si el estudiante hace el curso como individuo, se comunicará
directamente con la oficina de la Universidad FLET. El alumno
enviará su examen y todas sus tareas a esta oficina, y recibirá toda
comunicación directamente de ella. El texto mismo servirá como
«profesor» para el curso, pero el alumno podrá dirigirse a la oficina
para hacer consultas. El estudiante deberá tener a un pastor o mo-
nitor autorizado por FLET para tomar su examen (sugerimos que
sea la misma persona que firmó la carta de recomendación).

En forma grupal:
Si el estudiante hace el curso en grupo, se nombrará un «faci-
litador» (monitor, guía) que se comunicará con la oficina de FLET.
Por tanto, los alumnos se comunicarán con el facilitador, en vez de
comunicarse directamente con la oficina de FLET. El grupo puede
escoger su propio facilitador, o el pastor puede seleccionar a uno
del grupo para ser guía o consejero, o los estudiantes pueden des-
empeñar este rol por turno. Sería aconsejable que la iglesia tenga
varios grupos de estudio y que el pastor sirva de facilitador de uno
de los grupos; cuando el pastor se involucra, su ejemplo anima a la
congregación entera y él mismo se hace partícipe del proceso de
aprendizaje.

545
Las siete leyes del aprendizaje

Estos grupos han de reunirse regularmente (normalmente una


vez por semana) bajo la supervisión del facilitador para que juntos
puedan cumplir con los requisitos de estudio (los detalles se encon-
trarán en las próximas páginas). Recomendamos que los grupos (o
«peñas») sean compuestos de 5 a no más de 10 personas.
El facilitador seguirá el «Manual para el facilitador» que se
encuentra al final del libro. El texto sirve como «profesor», mien-
tras que el facilitador sirve de coordinador que asegura que el tra-
bajo se haga correctamente.

El plan de enseñanza FLET


El proceso educacional debe ser disfrutado, no soportado. Por
lo tanto no debe convertirse en un ejercicio legalista. A su vez, debe
establecer metas. Llene los siguientes espacios:

Anote su meta diaria


o semanal de estudios: ______________________________
Horario de estudio: ______________________________
Día de la reunión: ______________________________
Lugar de la reunión: ______________________________

Opciones para realizar el curso


Este curso se puede realizar de tres maneras. Si desea hacer el
curso a un paso cómodo, lo puede realizar en el espacio de dos
meses (tiempo recomendado para aquellos que no tienen prisa). El
alumno puede escoger el plan intensivo con el cual puede comple-
tar sus estudios en un mes. Otra opción es hacer el estudio con el
plan extendido, en el cual se completan los estudios y el examen
final en tres meses. Las diversas opciones se conforman de la si-
guiente manera:

546
Guía de estudio

Plan intensivo: un mes (4 sesiones) Fecha de reunión


Primera semana: Lecciones 1-2 ______________
Segunda semana: Lecciones 3-4 ______________
Tercera semana: Lecciones 5-6 ______________
Cuarta semana: Lecciones 7-8, y
Examen final de FLET ______________

Plan regular: dos meses (8 sesiones) Fecha de reunión


Primera semana: Lección 1 ______________
Segunda semana: Lección 2 ______________
Tercera semana: Lección 3 ______________
Cuarta semana: Lección 4 ______________
Quinta semana: Lección 5 ______________
Sexta semana: Lección 6 ______________
Séptima semana: Lección 7 ______________
Octava semana: Lección 8, y
Examen final ______________

Plan extendido: tres meses (3 sesiones) Fecha de reunión


Primer mes: Lecciones 1-3 ______________
Segundo mes: Lecciones 4-6 ______________
Tercer mes: Lecciones 7-8, y
Examen final ______________

Descripción del curso


Este curso enseña siete conceptos clave del aprendizaje; pau-
tas prácticas que ayudarán al maestro o al pastor a enseñar de una
manera mucho más efectiva.

547
Las siete leyes del aprendizaje

Metas y objetivos

Metas
1. (Cognitiva) El alumno conocerá las siete pautas clave del
aprendizaje.
2. (Afectiva) El alumno estará motivado a enseñar de una mane-
ra eficaz, asumiendo la responsabilidad de hacer que sus alum-
nos aprendan.
3. (Conducta/volitiva) El alumno enseñará de una manera que
demuestre la aplicación de las siete leyes del aprendizaje.

Objetivos
El alumno demostrará que ha logrado las metas al hacer lo
siguiente:
1. Escribir de memoria los conceptos incluidos en cada una de las
siete leyes del aprendizaje.
2. Preparar una lección en la que aplique las siete leyes del
aprendizaje.

Tareas en general

El alumno:
1. Leerá el texto Las siete leyes del aprendizaje de Bruce
Wilkinson. Mantendrá una carpeta de trabajo con las respues-
tas para las preguntas de repaso y las preguntas para reflexión
de cada lección. Deberá sacar fotocopias de las páginas que
contienen las preguntas de repaso y escribir sus respuestas en
ellas o escribir sus respuestas directamente en el libro y luego
sacar fotocopias. Las preguntas para reflexión deberán ser
contestadas en una hoja de su carpeta.

548
Guía de estudio

2. Realizará una lectura adicional de 300 páginas que ha de


seleccionarse de la lista de libros recomendados, y entregará
un informe de ella. El informe debe incluir la referencia bi-
bliográfica de los libros leídos, el número de páginas leídas, y
las respuestas a las siguientes preguntas: [Nota: La lectura adi-
cional será de ayuda para el desarrollo de su proyecto escrito.]

a) ¿De qué se trata esta lectura?


b) ¿Qué le llamó la atención?
c) ¿Está en desacuerdo con el autor con respecto a algún tema?
¿por qué?
d) ¿Cómo afecta —de manera práctica— a su vida y su mi-
nisterio lo que ha aprendido en esta lectura?

3. Elaborará un proyecto escrito de la preparación y del dictado de


una lección en la que aplique las siete leyes del aprendizaje. [Nota:
Debe escribir el proyecto de acuerdo con las instrucciones que
se indican en la sección «Pautas para escribir el proyecto».]

4. Rendirá un examen final.

Nota
El estudiante debe leer las secciones del texto que corresponden
a la tarea de cada lección (ver sección «Programa de tareas especí-
ficas»), antes de contestar las «Preguntas de repaso». Después,
como una manera de repasar la materia, debe contestar por sí solo
las preguntas de repaso. ¡Que no forme el hábito malo de leer las
preguntas primero e inmediatamente después buscar las respuestas
en el libro de texto! Eso no sería una buena manera de aprender. El
estudiante mismo se perjudicaría. Luego debe verificar que sus res-
puestas estén correctas, consultando primero el libro de texto y luego
las respuestas que se encuentran en el «Manual para el facilitador».

549
Las siete leyes del aprendizaje

No es suficiente la simple memorización de las respuestas que


están en el «Manual para el facilitador» para estar preparado para
el examen final. El examen puede incluir otras preguntas del texto
y puede expresar las preguntas de una manera distinta.
Si el alumno está estudiando como individuo, el supervisor o
monitor será el encargado de administrar el examen final. El alum-
no deberá escribir a la oficina de FLET para pedir aprobación para
el supervisor o monitor que administrará el examen final, y para
pedir que envíen la copia del examen final a este supervisor. Suge-
rimos que esta persona sea la misma que recomendó al alumno. Si
el alumno está estudiando en un grupo, el facilitador será el encar-
gado de administrar el examen final.

Calificación
La nota final será calculada de acuerdo a los siguientes por-
centajes:

Carpeta de trabajo 10%


Informe de lectura adicional 10%
Proyecto escrito 40%
Examen final 40%

Total 100%

Programa de tareas específicas


Para realizar el curso en dos meses (plan regular de estudios),
el estudiante deberá seguir el plan de tareas indicado abajo. Sin
embargo, si el estudiante hace el curso según el plan intensivo, o
según el plan extendido, tendrá que adaptar las tareas de acuerdo
al período de tiempo seleccionado.

550
Guía de estudio

Lección 1
1. Leer la introducción y los capítulos 1 y 2 del texto Las siete
leyes del aprendizaje.
2. Contestar las preguntas de repaso y las preguntas para re-
flexión que corresponden a los capítulos 1 y 2.
3. Leer 50 páginas de lectura adicional.
4. Escribir un informe de su lectura adicional. El informe debe
incluir la referencia bibliográfica de los libros leídos, el número
de páginas leídas, y las respuestas a las siguientes preguntas:
a. ¿De qué se trata esta lectura?
b. ¿Qué le llamó la atención?
c. ¿Está en desacuerdo con el autor con respecto a algún tema?
¿por qué?
d. ¿Cómo afecta —de manera práctica— a su vida y su mi-
nisterio lo que ha aprendido en esta lectura?
5. Iniciar la investigación para el desarrollo del proyecto escrito.

Lección 2
1. Leer los capítulos 3 y 4 del texto.
2. Contestar las preguntas de repaso y para reflexión que corres-
ponden a los capítulos 3 y 4.
3. Leer 80 páginas de lectura adicional.
4. Escribir un informe de su lectura adicional.

Lección 3
1. Leer los capítulos 5 y 6 del texto.
2. Contestar las preguntas de repaso y para reflexión que corres-
ponden a los capítulos 5 y 6.
3. Leer 50 páginas de lectura adicional.
4. Escribir un informe de su lectura adicional.
5. Continuar la investigación para el desarrollo del proyecto escrito.

551
Las siete leyes del aprendizaje

Lección 4
1. Leer los capítulos 7 y 8 del texto.
2. Contestar las preguntas de repaso y para reflexión que corres-
ponden a los capítulos 7 y 8.
3. Leer 50 páginas de lectura adicional.
4. Escribir un informe de su lectura adicional.

Entrega de tareas a mediados del curso:


Para poder evaluar su progreso, deberá presentar las siguien-
tes tareas después de la cuarta lección:
a. La carpeta de trabajo con las respuestas para las preguntas
de repaso y las preguntas para reflexión correspondientes a
las lecciones 1—4.
b. El informe de lectura adicional correspondiente a las leccio-
nes 1—4 (200 pp).
Si está estudiando como individuo, debe enviar las tareas a la
oficina de la Universidad FLET. Si está estudiando en un grupo,
debe entregar estas tareas al facilitador.

Lección 5
1. Leer los capítulos 9 y 10 del texto.
2. Contestar las preguntas de repaso y para reflexión que corres-
ponden a los capítulos 9 y 10.
3. Leer 50 páginas de lectura adicional.
4. Escribir un informe de su lectura adicional.
5. Comenzar a desarrollar el proyecto escrito (ver pp. 556-557: 1,
2, 3a, 3b, 3c1 y 3c2).

Lección 6
1. Leer los capítulos 11 y 12 del texto.
2. Contestar las preguntas de repaso y para reflexión que corres-
ponden a los capítulos 11 y 12.

552
Guía de estudio

3. Leer 50 páginas de lectura adicional.


4. Escribir un informe de su lectura adicional.
5. Seguir desarrollando el proyecto escrito (ver pp. 557-558: 3c3,
3c4, 3c5, 3d, 3e, 3f , 3g).

Lección 7
1. Leer los capítulos 13 y 14 del texto.
2. Contestar las preguntas de repaso y para reflexión que corres-
ponden a los capítulos 13 y 14.
3. Seguir desarrollando el proyecto escrito (ver p. 558: 4)

Lección 8
Terminar el proyecto. escribir la lección en forma completa
(ver p. 558-559: 5-8).

Examen final
Si está estudiando como individuo, el supervisor o monitor que
ha sido autorizado por FLET tomará el examen final y enviará la
hoja de respuestas a la oficina de la Universidad FLET.
Si está estudiando en un grupo, el facilitador tomará el examen
final y enviará las hojas de respuestas a la oficina de FLET.
El examen final no será una mera repetición de las preguntas de
repaso; podrá incluir otras preguntas del texto. Sin embargo, si el alum-
no ha realizado un estudio consciente del texto y conoce las respues-
tas para las preguntas de repaso, podrá rendir un buen examen.

Entrega de tareas al final del curso:


Deberá presentar las siguientes tareas el día del examen final:
a. La carpeta de trabajo con las respuestas para las preguntas
de repaso y las preguntas para reflexión correspondientes a
las lecciones 5—8.

553
Las siete leyes del aprendizaje

b. El informe de lectura adicional correspondiente a las leccio-


nes 5—8.
c. El proyecto escrito completo.

Si está estudiando como individuo, debe enviar las tareas a la


oficina de la Universidad FLET o entregarlas al supervisor de su
examen para que envíe sus tareas junto con su examen final. Si
está estudiando en un grupo, debe entregarlas al facilitador.

Libros recomendados para lectura adicional


El alumno puede seleccionar su lectura adicional de los siguientes
textos. También puede pedir autorización de la oficina de FLET
para leer otros textos. [Nota: La Universidad FLET no necesaria-
mente comparte la opinión de los autores.]

Celiz, B. et. al. Educación cristiana. Grand Rapids, Michigan:


Libros Desafío, 1992.

Edge, Findley B. Pedagogía fructífera. El Paso, Texas: Casa


Bautista de Publicaciones, 1970 (Actualizada 1999).

Ford, LeRoy. Modelos para el proceso de enseñanza-apren-


dizaje. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones.

_____. Actividades dinámicas para el aprendizaje. El Paso:


Casa Bautista de Publicaciones.

Gangel, Kenneth O. Veinticuatro ideas para mejorar su en-


señanza. Puebla: Editoriales Las Américas.

Gregory, J. M. Las siete leyes de la enseñanza. El Paso, Texas:


Editorial Mundo Hispano, 1961.

554
Guía de estudio

Gritter, W. Principios de enseñanza cristiana. Grand Rapids,


Michigan: Libros
Desafío, 1997.

Pazmino, Roberto. Principios y prácticas de la educación


cristiana. Caribe, 1995.

Pérez, Humberto. El maestro y la forma de la verdad. Edito-


rial Caribe, 1995.

Schipani, Daniel S. Paulo Freire: educador cristiano. Grand


Rapids, Michigan: Libros Desafío.

_____. Teología del ministerio educativo. Grand Rapids,


Michigan: Libros Desafío,
1993.

Towns, Elmer. La escuela dominical dinámica. Miami: Edi-


torial Vida, 1991.

Willis, Wesley R. Crecer como maestro. Ediciones Crecimien-


to Cristiano.

_____. La enseñanza eficaz. Puebla: Ediciones Las Américas.

Zuck, Roy B. Poder espiritual en la enseñanza. Puebla: Edi-


ciones Las Américas.

555
Las siete leyes del aprendizaje

Pautas para escribir el proyecto

1. El proyecto consiste en hacer una redacción detallada del proceso


de preparación y de enseñanza de una lección. Este proyecto debe
constar de 10 a 15 páginas en total, y debe ser escrito a doble
espacio. (Use una letra de tamaño 10-12 puntos. ¡No emplee una
letra grande para llenar el espacio!) La primera parte, la prepara-
ción, debe constar de 3-5 páginas y la segunda, la enseñanza, de 8-
10 páginas. La primera parte debe incluir todas las pautas (anote,
haga y escriba) que se destacan con letra gruesa.

2. El alumno debe seleccionar uno de los siguientes temas:


a. ¿Cómo estar seguro de su salvación?
b. ¿Por qué debes asistir a nuestra iglesia?
c. ¿Por qué tuvo que morir Jesucristo?
d. Un estudio de Romanos 1.17
e. ¿Por qué debemos estudiar la Biblia?
f. ¿Qué significa la justificación?
• Anote el tema que eligió para la lección.

3. ¡Practique las siete leyes del aprendizaje!


a. La ley del agente
• ¡Asuma la responsabilidad de hacer que sus alumnos aprendan!
• Haga una oración, pidiendo la ayuda del Señor para prepa-
rar la lección.
• Haga un compromiso, prometiendo al Señor que hará todo
lo que pueda para hacer que los alumnos aprendan.

b. La ley del potencial


• Piense en sus alumnos y en lo que quiere lograr con la lección.
• Anote sus expectativas.

556
Guía de estudio

c. La ley de la retención
• Siga los pasos del método de la ley de la retención:
1) Haga una investigación de su tema. Escriba apuntes.
2) Fije prioridades y reduzca la materia al mínimo
«irreducible».
3) Reorganice la materia en forma más simple.
Haga un bosquejo del contenido de su lección.
4) Prepare maneras en las que pueda ayudar a los alumnos
a memorizar el «mínimo irreducible».
Anote sus ideas para ayudar en la memorización. (Pueden
ser dibujos, ilustraciones, historias, chistes, acrósticos, etc.)
5) Piense en maneras que pueda ayudar a los alumnos a
utilizar la materia en sus propias vidas. (En la práctica de
la próxima ley de la ejecución, usted anotará sus ideas de
aplicación.)

d. La ley de la ejecución
• Anote tres aplicaciones prácticas del tema que usted
desarrollará.
• Anote las maneras en que usted pueda animar a los
alumnos a hacer las aplicaciones.

e. La ley de la necesidad
• Analice las necesidades de sus alumnos y el mundo en que viven.
• Anote la manera en que usted despertará en los alum-
nos la necesidad de aprender lo que desea enseñar-
les con la lección.

f. La ley del desarrollo


• Anote las maneras en que usted puede ayudar a sus
alumnos a que apliquen en el ministerio lo que apren-
dan en su lección.

557
Las siete leyes del aprendizaje

g. La ley del avivamiento


• Anote las maneras en que usted puede inspirar a sus alum-
nos y provocar un avivamiento en sus vidas espirituales.
• Ore para que el Señor utilice su lección para cambiar las
vidas de sus alumnos.

4. Haga un nuevo bosquejo completo de su lección, toman-


do en cuenta todo lo que anotó en el ejercicio de las siete leyes
del aprendizaje. Incluya una descripción de la introducción, las
ilustraciones, las exhortaciones, y de cualquier aspecto impor-
tante de la lección. Este bosquejo lo puede usar como pauta al
momento de enseñar su lección.

5. Escriba la lección en forma completa. Incluya todo lo que


había planificado anteriormente, haciendo una introducción y
una conclusión, ilustraciones y dibujos, etc.

6. Para hacer una evaluación de su proyecto escrito antes de


entregarlo, vuelva a revisar uno de los capítulos del mismo tex-
to del Dr. Wilkinson. Observe cómo él mismo practica lo que
enseña. Note cómo despierta una necesidad en la introducción
del capítulo, cómo reduce el contenido al «mínimo irreducible»
en los «meollos», cómo hace aplicaciones prácticas, cómo usa
las Escrituras, buenas ilustraciones, excelentes gráficos, etc.
¡El libro es un modelo de lo que está enseñando! Siga este
modelo para modificar su propia lección antes de redactar el
documento final.

7. ¡Tenga cuidado con la ortografía y la gramática! Revise su


proyecto una vez más para dejarlo en excelentes condiciones,
¡digno de ser publicado!

558
Guía de estudio

8. Entregue las dos partes del trabajo (a. la descripción de su


preparación de la lección en 3-5 páginas, y b. la lección en
forma escrita en 8-10 páginas.)

Nota: Aunque no es tarea del curso que enseñe la lección que


ha preparado, le animamos a hacerlo ya sea en la escuela do-
minical, en un estudio en la casa, o en forma de un sermón.
Será de gran bendición tanto para sus alumnos como para us-
ted, además de que podrá observar los resultados de la misma
en forma práctica.

559
Lección 1
Introducción, capítulos 1 y 2

«Todo profesional si quiere verdaderamente a su universi-


dad, debe venir a ella no a pedir, sino a dar.»
— Carlos Martínez Durán

«Si al maestro no le gusta enseñar, al alumno le repugna aprender.»


— Frank Rosenkranz

Preguntas de repaso

1.1. Anote el nombre de las siete leyes del aprendizaje que se estu-
dian en el libro:

A ___________________
P ___________________
R ___________________
E ___________________
N ___________________
D ___________________
A ___________________

1.2. ¿Qué hizo el Dr. Wilkinson para probar a su profesor, el Dr.


Hendricks, y cómo respondió este?
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

560
Guía de estudio

1.3. Escriba los versículos que expresan la mentalidad de la ley del


agente:
Deuteronomio 4.1: ________________________________
_____________________________________________

Deuteronomio 5.1: _______________________________


_____________________________________________

1.4. Llene los espacios en blanco en el gráfico del modelo de la ley


del agente:

1.5. Según este modelo, ¿qué puede suceder cuando el maestro


solamente se concentra en cubrir la materia, sin poner su aten-
ción en los alumnos?
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

561
Las siete leyes del aprendizaje

1.6. Escriba las máximas de la ley del agente:


1) ______________________________________
2) ______________________________________
3) ______________________________________
4) ______________________________________
5) ______________________________________
6) ______________________________________
7) ______________________________________

1.7. Anote el «meollo» de la ley del agente:

Meollo en tres palabras: ________ _____ __________

Meollo completo: _______________________________


_______________________________

1.8. Llene los espacios en blanco en el gráfico del método de la ley


del agente:

562
Guía de estudio

[Link] la manera en que se puede identificar a la persona


orientada al contenido, a la persona orientada a los alumnos, y
a la persona orientada al estilo durante el tiempo de descanso
de una conferencia.

1.10. Escriba los «maximizadores» de la ley del agente:

A ___________________
P ___________________
R ___________________
E ___________________
N ___________________
D ___________________
A ___________________

Preguntas para reflexión

Lea las «preguntas para reflexión» al final de los capítulos 1 y


2 y escriba las respuestas en una hoja de su carpeta de trabajo.

563
Lección 2
Capítulos 3 y 4

«Tanto el que espera grandes cosas de otros como el que


espera poco, recibirá lo que espera.»
— Anónimo

Preguntas de repaso

2.1. Resuma la historia que hizo entender la ley del potencial al Dr.
Wilkinson.
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

2.2. Anote el nombre de las siete leyes del aprendizaje que se estu-
dian en el libro:
A ___________________
P ___________________
R ___________________
E ___________________
N ___________________
D ___________________
A ___________________

2.3. Escriba los versículos que expresan la mentalidad de la ley del


potencial:

564
Guía de estudio

Hebreos 10.24,25: ________________________________


_____________________________________________

Hebreos 3.12,13: ________________________________


_____________________________________________

2.4. Llene los espacios en blanco en el gráfico del modelo de la ley


del potencial:

2.5. Escriba las máximas de la ley del potencial:

1) ______________________________________
2) ______________________________________
3) ______________________________________
4) ______________________________________
5) ______________________________________
6) ______________________________________
7) ______________________________________

565
Las siete leyes del aprendizaje

2.6. Anote el «meollo» de la ley del potencial:

Meollo en tres palabras: ________ _____ __________

Meollo completo: _______________________________


_______________________________

2.7. Llene los espacios en blanco en el gráfico del método de la ley


del potencial:

2.8. Describa brevemente cada paso del método de la ley del potencial.
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

566
Guía de estudio

_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

2.9. Escriba los «maximizadores» de la ley del potencial:

E ___________________
S ___________________
P ___________________
E ___________________
R ___________________
A ___________________
R ___________________

Preguntas para reflexión

Lea las «preguntas para reflexión» al final de los capítulos 3 y


4, y escriba las respuestas en una hoja de su carpeta de trabajo.

567
Lección 3

Capítulos 5 y 6

«Cuando era joven, yo podía recordar todo, ya sea que hu-


biera ocurrido o no.»
— Mark Twain

«No es lo que riegue sobre el alumno lo que cuenta, sino lo


que le plante.»
— Eugene P. Berlin

Preguntas de repaso

3.1. Anote el nombre de las siete leyes del aprendizaje que se estu-
dian en el libro:

A ___________________
P ___________________
R ___________________
E ___________________
N ___________________
D ___________________
A ___________________

3.2. Escriba los versículos que expresan la mentalidad de la ley de


la retención:

Deuteronomio 6.4-9: ______________________________


_____________________________________________

568
Guía de estudio

_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

3.3. Llene los espacios en blanco en el gráfico del modelo de la ley


de la retención:

3.4. Escriba las máximas de la ley de la retención:

1) ______________________________________
2) ______________________________________
3) ______________________________________
4) ______________________________________
5) ______________________________________

569
Las siete leyes del aprendizaje

6) ______________________________________
7) ______________________________________

3.5. ¿Qué es el «mínimo irreducible».


_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

3.6. Anote el «meollo» de la ley de la retención:

Meollo en tres palabras: ________ _____ __________

Meollo completo: _______________________________


_______________________________

3.7. Llene los espacios en blanco en el gráfico del método de la ley


de la retención:

570
Guía de estudio

3.8. Explique la última etapa de «maestría» en el proceso de ayudar


a los alumnos a retener la enseñanza.
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
3.9. Escriba los «maximizadores» de la ley de la retención:

R ___________________
E ___________________
T ___________________
E ___________________
N ___________________
E ___________________
R ___________________

Preguntas para reflexión

Lea las «preguntas para reflexión» al final de los capítulos 5 y


6, y escriba las respuestas en una hoja de su carpeta de trabajo.

571
Lección 4

Capítulos 7 y 8

«La universidad sería impensable si no se lanzara al desarro-


llo científico y tecnológico, pero tampoco puede descuidar la
más noble de sus vocaciones: es formadora, ante todo, de
seres humanos.»
— Albán Bonilla Sandí, decano de la Facultad de Filosofía y
Letras, Universidad Nacional de Costa Rica

«La universidad debe formar profesionales que en la vida


práctica muestran sus altos valores morales.»
— Dr. Rafael Cuevas del Cid, ex-rector, Universidad de San
Carlos de Guatemala

Preguntas de repaso

4.1. Anote el nombre de las siete leyes del aprendizaje que se estu-
dian en el libro:

A ___________________
P ___________________
R ___________________
E ___________________
N ___________________
D ___________________
A ___________________

572
Guía de estudio

4.2. Escriba los versículos que expresan la mentalidad de la ley de


la ejecución:

2 Timoteo 3.16,17: _______________________________


_____________________________________________
_____________________________________________

4.3. ¿Cuál es la fuente principal que el maestro emplea en el desa-


rrollo de sus alumnos?
_____________________________________________

4.4. Llene los espacios en blanco en el gráfico del modelo de la ley


de la ejecución:

4.5. Según las encuestas del Dr. Wilkinson, ¿qué porcentaje de una
clase normal de la escuela dominical o de un sermón está dedi-
cado al contenido (lo que la Biblia significa), comparado con la
aplicación (cómo debo vivir)?
_____________________________________________

573
Las siete leyes del aprendizaje

4.6. En la carta de Pablo a los Romanos, el libro más doctrinal de la


Biblia, ¿qué porcentaje trata de contenido doctrinal, y qué por-
centaje enseña aplicación?
_____________________________________________
_____________________________________________

4.7. Escriba las máximas de la ley de la ejecución:

1) ______________________________________
2) ______________________________________
3) ______________________________________
4) ______________________________________
5) ______________________________________
6) ______________________________________
7) ______________________________________

4.8. Anote el «meollo» de la ley de la ejecución:

Meollo en tres palabras: ________ _____ __________

Meollo completo: _______________________________


_______________________________

4.9. Llene los espacios en blanco en el gráfico del método de la ley


de la ejecución:

574
Guía de estudio

4.10.¿Cuáles son las cuatro posibles explicaciones de la falta de


manifestación del poder del Espíritu Santo en la enseñanza?
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

[Link] los «maximizadores» de la ley de la ejecución:

A ______________________________
P ______________________________
L ______________________________
I ______________________________
C ______________________________
A ______________________________
R ______________________________

575
Las siete leyes del aprendizaje

Preguntas para reflexión

Lea las «preguntas para reflexión» al final de los capítulos 7 y


8, y escriba las respuestas en una hoja de su carpeta de trabajo.

576
Lección 5
Capítulos 9 y 10

«El problema básico con la mayoría de las personas es que


no están haciendo nada para resolver su problema básico.»
— Bob Richardson

Preguntas de repaso

5.1. Anote el nombre de las siete leyes del aprendizaje que se estu-
dian en el libro:

A ___________________
P ___________________
R ___________________
E ___________________
N ___________________
D ___________________
A ___________________

5.2. Escriba los versículos que expresan la mentalidad de la ley de


la necesidad:

Juan 4.10: ______________________________________


_____________________________________________

Juan 4.13,14: ___________________________________


_____________________________________________

577
Las siete leyes del aprendizaje

5.3. Llene los espacios en blanco en el gráfico del modelo de la ley


de la necesidad:

5.4. Escriba las máximas de la ley de la necesidad:

1) ______________________________________
2) ______________________________________
3) ______________________________________
4) ______________________________________
5) ______________________________________
6) ______________________________________
7) ______________________________________

578
Guía de estudio

5.5. Anote el «meollo» de la ley de la necesidad:

Meollo en tres palabras: ________ _____ __________

Meollo completo: _______________________________


_______________________________

5.6. Llene los espacios en blanco en el gráfico del método de la ley


de la necesidad:

579
Las siete leyes del aprendizaje

5.7. Mencione algunas maneras de descubrir las necesidades de


sus alumnos:

Métodos directos:________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

Métodos indirectos: _______________________________


_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

5.8. Escriba los «maximizadores» de la ley de la necesidad:

A ________________________________
N ________________________________
H ________________________________
E ________________________________
L ________________________________
A ________________________________
R ________________________________

Preguntas para reflexión

Lea las «preguntas para reflexión» al final de los capítulos 9 y


10, y escriba las respuestas en una hoja de su carpeta de trabajo.

580
Lección 6
Capítulos 11 y 12

«La medida de un gran maestro siempre ha sido el número de


sus alumnos que lo han superado.»
— Donald Robinson

«Un ministerio que no cuesta nada no logra nada tampoco.»


— John Henry Jowett

Preguntas de repaso

6.1. Anote el nombre de las siete leyes del aprendizaje que se estu-
dian en el libro:

A ___________________
P ___________________
R ___________________
E ___________________
N ___________________
D ___________________
A ___________________

6.2. Escriba los versículos que expresan la mentalidad de la ley del


desarrollo:

Efesios 4.11,12: _________________________________


_____________________________________________
_____________________________________________

581
Las siete leyes del aprendizaje

6.3. ¿Cuál es el propósito principal del maestro?


_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

6.4. ¿Cuál es el resultado principal del desarrollo?


_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

6.5. Llene los espacios en blanco en el gráfico del modelo de la ley


del desarrollo:

582
Guía de estudio

6.6. Escriba las máximas de la ley del desarrollo:


1) ______________________________________
2) ______________________________________
3) ______________________________________
4) ______________________________________
5) ______________________________________
6) ______________________________________
7) ______________________________________

6.7. Anote el «meollo» de la ley del desarrollo:

Meollo en tres palabras: ________ _____ __________

Meollo completo: _______________________________


_______________________________

6.8. Llene los espacios en blanco en el gráfico del método de la ley


del desarrollo:

583
Las siete leyes del aprendizaje

6.9. ¿Cuál es la meta óptima de la capacitación?


_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

6.10. Escriba los «maximizadores» de la ley del desarrollo:

E _______________________________
Q _______________________________
U _______________________________
I _______________________________
P _______________________________
A _______________________________
R _______________________________

Preguntas para reflexión

Lea las «preguntas para reflexión» al final de los capítulos 11 y


12, y escriba las respuestas en una hoja de su carpeta de trabajo.

584
Lección 7
Capítulos 13 y 14

«El futuro de nuestros pueblos depende, ante todo, de la


calidad humana de sus ciudadanos.»
— Declaración del consejo de facultades humanísticas de
Centro América (COFAHCA), Panamá, 15 y 16 de noviembre
de 1994

Preguntas de repaso

7.1. Anote el nombre de las siete leyes del aprendizaje que se estu-
dian en el libro:

A ___________________
P ___________________
R ___________________
E ___________________
N ___________________
D ___________________
A ___________________

7.2. Escriba el versículo que expresa la mentalidad de la ley del


avivamiento:

2 Samuel 12.9: __________________________________


_____________________________________________
_____________________________________________

585
Las siete leyes del aprendizaje

7.3. Llene los espacios en blanco en el gráfico del modelo de la ley


del avivamiento:

7.4. Mencione las tres maneras en que Natán confrontó a David.


_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

7.5. Escriba las máximas de la ley del avivamiento:

1) ______________________________________
2) ______________________________________
3) ______________________________________
4) ______________________________________
5) ______________________________________
6) ______________________________________
7) ______________________________________

586
Guía de estudio

7.6. Anote el «meollo» de la ley del avivamiento:

Meollo en tres palabras: ________ _____ __________

Meollo completo: _______________________________


_______________________________

7.7. Llene los espacios en blanco en el gráfico del método de la ley


del avivamiento:

7.8. ¿Cuáles son los tres aspectos que debe incluir el arrepenti-
miento?
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

587
Las siete leyes del aprendizaje

7.9. ¿Cuáles son los tres aspectos que debe incluir la restauración?
_____________________________________________
_____________________________________________
_____________________________________________

7.10. Escriba los «maximizadores» de la ley del avivamiento:

A _________________________________
V _________________________________
I _________________________________
V _________________________________
A _________________________________
D _________________________________
O _________________________________

Preguntas para reflexión

Lea las «preguntas para reflexión» al final de los capítulos 13 y


14, y escriba las respuestas en una hoja de su carpeta de trabajo.

588
Lección 8
• Durante esta lección, el alumno preparará su proyecto escrito
final.
• A modo de repaso, escriba las siete leyes y el meollo en tres
palabras para cada una:

1) __________________________

2) __________________________

3) __________________________

4) __________________________

5) __________________________

6) __________________________

7) __________________________

589
Manual para el facilitador
Introducción
Este material ha sido preparado para el uso del facilitador de
un grupo o peña. Dicho facilitador sirve para guiar a un grupo de 5-
10 estudiantes a fin de que completen el curso de ocho lecciones.
La tarea demandará esfuerzo de su parte, ya que, aunque el facili-
tador no es el instructor en sí (el libro de texto sirve de «maestro»),
debe conocer bien el material, animar y dar aliento al grupo, y mo-
delar la vida cristiana delante de los miembros del grupo

Instrucciones específicas
Antes de la reunión: Preparación
A. Oración: expresión de nuestra dependencia en Dios
1. Ore por usted mismo.
2. Ore por los estudiantes.
3. Ore por los que serán alcanzados y tocados por los alumnos.

B. Reconocimiento
1. Reconozca su identidad en Cristo (Romanos 6-8).
2. Reconozca su responsabilidad como maestro o facilitador
(Santiago 3.1-17).
3. Reconozca su disposición como siervo (Marcos 10.45; 2
Corintios 12.14-21).

C. Preparación
1. Estudie la porción del alumno sin mirar la guía para el faci-
litador, es decir, como si usted fuese uno de los estudiantes.
a. Note aspectos difíciles, así se anticipará a las preguntas.
b. Tome nota de ilustraciones o métodos que le vengan a la
mente mientras lee.

592
Manual para el facilitador

c. Tome nota de aspectos que le sean difíciles a fin de in-


vestigar más, usando otros recursos.
2. Estudie este manual para el facilitador, confirmando las res-
puestas para las preguntas de repaso.
3. Reúna otros materiales, ya sea para ilustraciones, para aclara-
ciones, o para proveer diferentes puntos de vista a los del texto.

Durante la reunión: Participación


Recuerde que las reuniones de grupo sirven no solo para desa-
rrollar a aquellos que están bajo su cuidado como facilitador, sino
también para edificar, entrenar y desarrollarlo a usted. La reunión
consiste de un aspecto clave en el desarrollo de todos los partici-
pantes, debido a las dinámicas de la reunión. En la peña varias
personalidades interactuarán, tanto unos con otros, como también
con Dios. Habrá personalidades diferentes en el grupo y, junto con
esto, la posibilidad para el conflicto. No le tenga temor a esto. Parte
del «currículum» será el desarrollo del amor cristiano. Tal vez Dios
quiera desarrollar en usted la habilidad de solucionar conflictos en-
tre hermanos en la fe. De cualquier modo, nuestra norma para
solucionar los problemas es la Palabra inerrante de Dios. Su propia
madurez, su capacidad e inteligencia iluminada por las Escrituras y
el Espíritu Santo lo ayudarán a mantener un ambiente de armonía.
Si es así, se cumplen los requisitos del curso y, lo más importante,
los deseos de Dios. Como facilitador, debe estar consciente de las
siguientes consideraciones:

A. El tiempo u horario:
1. La reunión debe ser siempre el mismo día, a la misma hora,
y en el mismo lugar ya que esto evitará confusión. El facili-
tador siempre debe tratar de llegar con media hora de anti-
cipación para asegurarse de que todo esté preparado para
la reunión y resolver cualquier situación inesperada.

593
Las siete leyes del aprendizaje

2. El facilitador debe estar consciente de que el enemigo a


veces tratará de interrumpir las reuniones o traer confusión.
Tenga mucho cuidado con cancelar reuniones o cambiar
horarios. Comunique a los participantes en la peña la res-
ponsabilidad mutua que tienen el uno hacia el otro. Esto no
significa que nunca se debe cambiar una reunión bajo nin-
guna circunstancia. Más bien quiere decir que se tenga cui-
dado y que no se hagan cambios innecesarios a cuenta de
personas que por una u otra razón no pueden llegar a la
reunión citada.
3. El facilitador debe completar el curso en las ocho semanas
indicadas (o de acuerdo al plan de estudios elegido).

B. El lugar:
1. El facilitador debe asegurarse de que el lugar para la re-
unión estará disponible durante el tiempo que dure el curso.
También deberá tener todas las llaves u otros recursos ne-
cesarios para utilizar el local.
2. El lugar debe ser limpio, tranquilo y tener buena ventilación,
suficiente luz, temperatura agradable y suficiente espacio a
fin de poder sacarle buen provecho y facilitar el proceso
educativo.
3. El sitio debe tener el mobiliario adecuado para el aprendiza-
je: una mesa, sillas cómodas, una pizarra para tiza o marca-
dores que se puedan borrar. Si no hay mesa, los estudiantes
deben sentarse en un círculo a fin de que todos puedan ver-
se y escucharse el uno al otro. El lugar entero debe contri-
buir a una postura dispuesta hacia el aprendizaje. El sitio
debe motivar al alumno a trabajar, compartir, cooperar y
ayudar en el proceso educativo.

594
Manual para el facilitador

C. La interacción entre los participantes:


1. Reconocimiento:
a. Saber el nombre de todos.
b. Saber los datos sencillos: familia, trabajo, nacionalidad.
c. Saber algo interesante de ellos: comida favorita, etc.
2. Respeto para todos:
a. Se debe establecer una regla en la reunión: Una persona
habla a la vez y todos los otros escuchan.
b. No burlarse de los que se equivocan ni humillarlos.
c. Entender, reflexionar, y/o pedir aclaración antes de res-
ponder a lo que otros dicen.
3. Participación de todos:
a. El facilitador debe permitir que los alumnos respondan
sin interrumpirlos. Debe dar suficiente tiempo para que
los estudiantes reflexionen y compartan sus respuestas.
b. El facilitador debe ayudar a los alumnos a pensar, a hacer
preguntas y a responder, en lugar de dar todas las res-
puestas él mismo.
c. La participación de todos no significa necesariamente que
todos los alumnos tengan que hablar en cada sesión (ni que
tengan que hablar desde el principio, es decir, desde la pri-
mera reunión), más bien quiere decir, que antes de llegar a la
última lección todos los alumnos deben sentirse cómodos al
hablar, participar y responder sin temor a ser ridiculizados.

Después de la reunión: Evaluación y oración


A. Evaluación de la reunión y oración:
1. ¿Estuvo bien organizada la reunión?
2. ¿Fue provechosa la reunión?
3. ¿Hubo buen ambiente durante la reunión?
4. ¿Qué peticiones específicas ayudarían al mejoramiento de
la reunión?

595
Las siete leyes del aprendizaje

B. Evaluación de los alumnos:


1. En cuanto a los alumnos extrovertidos y seguros de sí mis-
mos: ¿Se les permitió que participaran sin perjudicar a los
más tímidos?
2. En cuanto a los alumnos tímidos: ¿Se les animó a fin de que
participaran más?
3. En cuanto a los alumnos aburridos o desinteresados: ¿Se
tomó especial nota a fin de descubrir cómo despertar en
ellos el interés en la clase?

C. Evaluación del facilitador y oración:


1. ¿Estuvo bien preparado el facilitador?
2. ¿Enseñó la clase con buena disposición?
3. ¿Se preocupó por todos y fue justo con ellos?
4. ¿Qué peticiones específicas debe hacer al Señor a fin de
que la próxima reunión sea aun mejor?

Ayudas adicionales
1. Saludos: Para establecer un ambiente amistoso caracterizado
por el amor fraternal cristiano debemos saludarnos calurosa-
mente en el Señor. Aunque la reunión consiste de una actividad
más bien académica, no debe carecer del amor cristiano. Por
lo tanto, debemos cumplir con el mandato de saludar a otros,
como se encuentra en la mayoría de las epístolas del Nuevo
Testamento. Por ejemplo, 3 Juan concluye con las palabras:
«La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú a los
amigos, a cada uno en particular». El saludar provee una ma-
nera sencilla, pero importante, de cumplir con los principios de
autoridad de la Biblia.

596
Manual para el facilitador

2. Oración: La oración le comunica a Dios que estamos dependiendo


de Él para iluminar nuestro entendimiento, calmar nuestras ansie-
dades y protegernos del maligno. El enemigo intentará interrumpir
nuestras reuniones por medio de la confusión, la división y los es-
torbos. Es importante reconocer nuestra posición victoriosa en
Cristo y seguir adelante. El amor cristiano y la oración sincera
ayudarán a crear el ambiente idóneo para la educación cristiana.
3. Creatividad: El facilitador debe hacer el esfuerzo de emplear la
creatividad que Dios le ha dado tanto para presentar la lección
como también para mantener el interés durante la clase entera.
Su ejemplo animará a los estudiantes a esforzarse en comuni-
car la verdad de Dios de manera interesante. El Evangelio de
Marcos reporta lo siguiente acerca de Juan el Bautista: «Por-
que Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y san-
to, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo,
pero le escuchaba de buena gana» (Marcos 6.20). Y acerca de
Jesús dice: «Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana»
(Marcos 12.37b). Notamos que las personas escuchaban «de
buena gana». Nosotros debemos esforzarnos para lograr lo
mismo con la ayuda de Dios. Se ha dicho que es un pecado
aburrir a las personas con la Palabra de Dios. Pídale ayuda a
nuestro Padre bondadoso, todopoderoso y creativo a fin de que
lo ayude a crear lecciones animadas, gratas e interesantes.

Conclusión
El beneficio de este estudio dependerá de usted y de su esfuer-
zo, interés y dependencia en Dios. Si el curso resulta ser una expe-
riencia grata, educativa y edificadora para los estudiantes, ellos
querrán hacer otros cursos y progresar aún más en su vida cristia-
na. Que así sea con la ayuda de Dios.

597
Las siete leyes del aprendizaje

Estructura de la reunión
1. Dé la bienvenida a los alumnos que vienen a la reunión.
2. Ore para que el Señor calme las ansiedades, abra el entendi-
miento, y se manifieste en las vidas de los estudiantes y el
facilitador.
3. Repase la lección.
4. Converse con los alumnos las preguntas de repaso. (Ver las
respuestas en la siguiente sección, «Respuestas para las pre-
guntas de repaso».) Asegure que hayan entendido la materia y
las respuestas correctas. Pueden hablar acerca de las pregun-
tas que le dieron más dificultad, que fueron de mayor edifica-
ción, o que expresan algún concepto con el cual están en des-
acuerdo.
a. Anime a los estudiantes a completar las metas para la próxima
reunión.
b. Conversar acerca de las «preguntas para reflexión». No hay
una sola respuesta correcta para estas preguntas. Permita que
los alumnos expresen sus propias ideas.
5. Revise los cuadernos de los alumnos para asegurar que estén
haciendo sus tareas para cada lección.
6. Termine la reunión con una oración y salgan de nuevo al mun-
do para ser testigos del Señor.

Revisión de tareas
a) Carpeta de trabajo
El facilitador debe revisar la carpeta de trabajo con las hojas de
respuestas para las preguntas de repaso y para reflexión a mediados
del curso y al final de este. Para mediados del curso, el facilitador
solamente tiene que revisarlo para asegurarse de que el alumno esté

598
Manual para el facilitador

progresando en el curso. Para el final del curso, el facilitador debe


dar una nota de acuerdo al porcentaje de preguntas contestadas. Si
el alumno ha contestado las preguntas de repaso de todas las leccio-
nes, recibirá un total de 20 puntos correspondientes a esta sección de
tareas. Si no ha hecho nada, recibirá 0 puntos por esta tarea. Si ha
contestado solamente algunas preguntas, recibirá el porcentaje co-
rrespondiente. Por ejemplo, si contestó solamente 90 preguntas del
total de 120, recibirá 75% de los 20 puntos, o 15 puntos (dividir 90
entre 120, y multiplicar el resultado por 20). El facilitador no tiene que
evaluar cuán bien ha escrito las respuestas, sino solamente si el alum-
no ha hecho o no esta tarea. (Su comprensión correcta de la mate-
ria será evaluada en el examen final.) Cuando haya revisado la car-
peta, el facilitador debe enviar un informe a la oficina de FLET, seña-
lando las calificaciones de los alumnos para esta tarea.

b) Informe de lectura adicional


El facilitador debe revisar el informe parcial de lectura a media-
dos del curso, solamente para asegurarse de que el estudiante esté
progresando y que no esté dejando su lectura para el último momen-
to. También debe pedir que los alumnos le entreguen sus informes al
final del curso, el día que se toma el examen final. Este informe de
lectura debe ser enviado a la oficina de FLET para ser evaluado,
junto con la hoja de respuestas del examen final. Será evaluado por
el personal de la oficina según el porcentaje de la tarea correctamen-
te cumplida. Por ejemplo, si el alumno leyó 300 páginas y contestó las
cuatro preguntas para cada libro leído [a) ¿De qué se trata esta
lectura? b)¿Qué le llamó la atención? c) ¿Está en desacuerdo con
el autor con respecto a algún tema? ¿por qué? y d) ¿Cómo afecta —
de manera práctica— a su vida y su ministerio lo que ha aprendido
en esta lectura?], recibirá los 10 puntos que corresponden a esta
sección de tareas. Si el alumno ha leído solamente 150 páginas, reci-
birá 50% de los 10 puntos, es decir 5 puntos.

599
Las siete leyes del aprendizaje

c) Proyecto escrito
El facilitador no tiene que calificar este trabajo, sino asegurar-
se de que el alumno esté trabajando en su desarrollo final durante la
última lección del curso. El proyecto final debe ser entregado al
facilitador, quien lo enviará a la oficina de FLET para su califica-
ción junto con las hojas de respuestas del examen final y el informe
de lectura adicional.

d) Examen final
El examen será calificado en la oficina de FLET.
El facilitador debe pedir copias del examen, y las hojas de res-
puestas, con suficiente anticipación para tomar el examen en la
fecha establecida.

Calificación final
La nota final será calculada según los siguientes porcentajes:

Carpeta de trabajo 10%


Informe de lectura adicional 10%
Proyecto escrito 40%
Examen final 40%

Total 100%

600
Respuestas para las preguntas
de repaso
Lección 1

1.1. La ley del(de la):


Agente
Potencial
Retención
Ejecución
Necesidad
Desarrollo
Avivamiento

1.2. El Dr. Wilkinson se sentó atrás y miró por la ventana, sin mirar
al profesor. En tres minutos y 37 segundos, el Dr. Hendricks
fue a preguntarle qué pasaba.

1.3.
Deuteronomio 4.1
Ahora, pues, oh Israel, escucha los estatutos y los juicios que
yo os enseño, para que los ejecutéis, a fin de que viváis, y
entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, el Dios de
vuestros padres, os da. (LBLA)

Deuteronomio 5.1
Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatutos
y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos;
aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra.

601
Las siete leyes del aprendizaje

1.4.

1.5. El alumno puede caer en el «pozo de la pasividad».

1.6.
Máxima 1: Los maestros son responsables de hacer que sus
alumnos aprendan.
Máxima 2: Los maestros tendrán que rendir cuentas a Dios por
su influencia.
Máxima 3: Los maestros son responsables, porque ellos con-
trolan el contenido, el estilo, y al orador.
Máxima 4: Los maestros deben medir su éxito por el éxito de
sus alumnos.
Máxima 5: Los maestros hacen mayor impacto con su carác-
ter y su compromiso que con su comunicación.
Máxima 6: Los maestros existen para servir a sus estudiantes.
Máxima 7: Los maestros que practican la ley del agente pue-
den llegar a ser maestros ejemplares.

602
Manual para el facilitador

1.7.

La esencia de la ley del agente se resume en tres palabras:


«Hacer que aprendan».
El maestro es el agente del proceso de aprendizaje,
y debe aceptar la responsabilidad de hacer que sus alumnos
aprendan.

1.8.

1.9. La persona orientada al contenido va a mirar los libros en ven-


ta, la persona orientada a los alumnos empieza a conversar con
otras personas presentes acerca de sus familias, su trabajo,
etc., y la persona orientada al estilo empieza a hablar acerca de
la presentación, las ayudas visuales, y anota los chistes para
usarlos en su próxima clase.

603
Las siete leyes del aprendizaje

1.10.
Maximizador 1. Ame a sus estudiantes consistentemente e in-
condicionalmente.
Maximizador 2: Ponga en práctica sus talentos y dones, siendo
usted mismo.
Maximizador 3: Regularmente cambie su estilo de acuerdo con
cada situación.
Maximizador 4: Exponga el tema de acuerdo con las necesida-
des y los intereses de los alumnos.
Maximizador 5: Note constantemente las actitudes, la partici-
pación, y las acciones de sus alumnos.
Maximizador 6: Dependa del Espíritu Santo para una enseñan-
za sobrenatural.
Maximizador 7: Aprenda a usar sus habilidades fuertes para
compensar sus debilidades.

Lección 2

2.1. Cuando fue nuevo profesor, le dijeron equivocadamente que


tenía un grupo excepcional. Pensando que eran superdotados,
él esperaba mucho de ellos, y como resultado, aquellos alum-
nos en realidad hicieron mucho mejor trabajo y sacaron mejo-
res notas que los otros grupos.

2.2.
Agente
Potencial
Retención
Ejecución
Necesidad
Desarrollo
Avivamiento

604
Manual para el facilitador

2.3.
Hebreos 10.24,25
Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor
y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como al-
gunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más,
cuanto veis que aquel día se acerca.

Hebreos 3.12,13
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón
malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes
exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se
dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por
el engaño del pecado.

2.4.

605
Las siete leyes del aprendizaje

2.5.
Máxima 1: Las expectativas existen en todos, sobre todo, y en
todo tiempo.
Máxima 2. Las expectativas tienen un impacto sobre nosotros
y sobre los demás.
Máxima 3: Las expectativas tienen raíces en el pasado, in-
fluencia en el presente, y un impacto en el futuro.
Máxima 4. Las expectativas son reveladas a través de nues-
tras actitudes y acciones.
Máxima 5: Las expectativas tienen una influencia sobre el fu-
turo, sean explícitas o implícitas.
Máxima 6: Las expectativas dañan a otros si son demasiado
bajas o demasiado altas por demasiado tiempo.
Máxima 7: Las expectativas motivan a otros cuando son guia-
das por el amor.

2.6.

La esencia de la ley del potencial se resume en tres palabras:


«¡Esperar lo mejor!»
El maestro debe influenciar el aprendizaje del alumno al
ajustar las expectativas.

606
Manual para el facilitador

2.7.

2.8.
1) Examine a la persona, y busque una situación en que puede
animarla.
2) Exponga lo que hizo la persona. Diga específicamente lo
que ha hecho bien.
3) Describa su propia emoción. Explique cómo usted se sentía
al ver lo que hizo.
4) Diga lo que espera (algo positivo) de la persona en el futuro.
5) Exprese afecto con contacto físico apropiado.

2.9.
Maximizador 1. Establezca contacto visual directo.
Maximizador 2: Seleccione sus oportunidades con propósito.
Maximizador 3. Precise sus expectativas con creatividad.

607
Las siete leyes del aprendizaje

Maximizador 4: Escoja sus palabras con precisión.


Maximizador 5: Recurra al uso apropiado del tacto.
Maximizador 6. Actúe con cuidado en su lenguaje corporal.
Maximizador 7. Recuerde establecer sus expectativas con con-
fianza.

Lección 3

3.1.
Agente
Potencial
Retención
Ejecución
Necesidad
Desarrollo
Avivamiento

3.2.
Deuteronomio 6.4-9
Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,
y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy,
estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñaras a tus
hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa, y cuando
andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes.
Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias
entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus
puertas. (LBLA)

608
Manual para el facilitador

3.3.

3.4.
Máxima 1: La retención de los datos por parte del alumno es la
responsabilidad del maestro.
Máxima 2: La retención de los datos es efectiva tan solo des-
pués de que son comprendidos.
Máxima 3: La retención aumenta en la medida que el alumno
reconoce la relevancia del contenido.
Máxima 4: La retención requiere que el maestro enfoque los
datos que son más importantes.
Máxima 5: La retención requiere arreglar los datos de tal for-
ma que sean fáciles de memorizar.
Máxima 6: La retención requiere reforzar la memoria de largo
plazo a través de un repaso sistemático.
Máxima 7: La retención requiere disminuir el tiempo de la me-
morización para dar más tiempo a la aplicación.

609
Las siete leyes del aprendizaje

3.5.
Lo mínimo irreducible es la información mínima necesaria para
que los alumnos tengan una comprensión aceptable de una materia
particular.

3.6.

La esencia de la ley de la retención se resume en tres


palabras:
«Dominar lo mínimo».
El maestro debe capacitar a todos los alumnos para gozar del
dominio máximo del mínimo irreducible.

3.7.

610
Manual para el facilitador

3.8.
En la etapa de «maestría», el maestro está concentrado en
guiar a sus alumnos desde la adquisición de la información hasta la
aplicación de la información, para que tengan un dominio indepen-
diente de la enseñanza.

3.9.
Maximizador 1: Represente los datos en un cuadro.
Maximizador 2: Exponga los datos con una drama.
Maximizador 3: Transfiera los datos con el alfabeto.
Maximizador 4: Exhiba una asociación entre los datos y los
objetos y acciones.
Maximizador 5: Narre los datos con una historia.
Maximizador 6: Exprese los datos a través de la música.
Maximizador 7: Resuma los datos con diagramas y gráficos.

Lección 4

4.1.
Agente
Potencial
Retención
Ejecución
Necesidad
Desarrollo
Avivamiento

4.2.
2 Timoteo 3.16-17
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para
redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre
de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

611
Las siete leyes del aprendizaje

4.3. La fuente principal es la Biblia.

4.4.

4.5. Normalmente se dedica 90% al contenido y 10% a la aplica-


ción, en promedio.

4.6. 50% contenido doctrinal, y 50% aplicación.

4.7.
Máxima 1: La aplicación es la razón principal para la revela-
ción de Dios.
Máxima 2: La aplicación es la responsabilidad del maestro.
Máxima 3: La aplicación y la información deben estar apropia-
damente equilibradas.
Máxima 4: La aplicación enfoca la Escritura hacia las necesi-
dades de los alumnos.
Máxima 5: La aplicación tiene su máxima influencia cuando el
alumno ve la base bíblica por sí mismo.

612
Manual para el facilitador

Máxima 6: La aplicación que ha tenido un impacto en la vida


del maestro tiende a impactar más eficazmente en la vida
del alumno.
Máxima 7: La aplicación, a fin de cuentas, tiene que llevar al alum-
no desde el estudio de la Biblia hasta la obediencia al Señor.

4.8.

La esencia de la ley de la ejecución se resume en tres


palabras:
«¡Aplicar para cambiar!».
El maestro debe estimular el cambio en las vidas de sus
alumnos al aplicar apropiadamente la Escritura.

4.9.

613
Las siete leyes del aprendizaje

4.10.
a) La presencia de pecado sin confesar
b) Fortaleza de incredulidad
c) Ataque de principados y potestades
d) Falta de cooperación con el Espíritu

4.11.
Maximizador 1: Anhele y pida a Dios que desarrolle en usted el
corazón de quien aplica.
Maximizador 2: Prepare aplicaciones en relación con las nece-
sidades de sus alumnos.
Maximizador 3: Logre planear todas las partes de la lección
para que contribuyan a la aplicación.
Maximizador 4: Ilustre la aplicación con la Escritura, historia,
experiencia personal e imaginación.
Maximizador 5: Conduzca a sus alumnos más allá de una apli-
cación general, llévelos a pasos específicos de obediencia.
Maximizador 6: Aplique un estilo apropiado al pedir un compro-
miso.
Maximizador 7: Refuerce las aplicaciones al pedir a sus alum-
nos que se rindan cuentas mutuamente.

Lección 5

5.1.
Agente
Potencial
Retención
Ejecución
Necesidad
Desarrollo
Avivamiento

614
Manual para el facilitador

5.2.
Juan 4.10
Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién
es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría
agua viva.

Juan 4.13,14
Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua,
volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré,
no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él
una fuente de agua que salte para vida eterna.

5.3.

615
Las siete leyes del aprendizaje

5.4.
Máxima 1: La creación de la necesidad es la responsabilidad
del maestro.
Máxima 2: La satisfacción de la necesidad es el llamado princi-
pal del maestro.
Máxima 3: La creación de la necesidad es el método principal
del maestro para motivar a los alumnos.
Máxima 4: La necesidad motiva en la medida que es sentida
por el alumno.
Máxima 5: La creación de la necesidad siempre precede nue-
vas unidades de contenido.
Máxima 6: La creación de la necesidad debe ser según las
características y las circunstancias del público.
Máxima 7: La creación de la necesidad puede ser impedida por
factores fuera del control del maestro.

5.5.

La esencia de la ley de la necesidad se resume en tres


palabras:
«Crear la necesidad».
El maestro debe crear la necesidad antes de enseñar el
contenido.

616
Manual para el facilitador

5.6.

5.7.
Métodos directos:
Preguntas directas
Entrevistas informales
Cuestionario anónimo
Interacción con miembros de la familia
Visitas personales al hogar o al trabajo
Observación personal

Métodos indirectos
Libros
Revistas y diarios
Investigación y encuestas
Entrevistas con individuos que tienen contacto con el público

617
Las siete leyes del aprendizaje

5.8.
Maximizador 1: Analice la necesidad con una presentación de
los hechos.
Maximizador 2: Narre la necesidad en una historia.
Maximizador 3: Haga a su público sensible a la necesidad usando
el drama.
Maximizador 4: Enfatice la necesidad con su estilo.
Maximizador 5: Levante el nivel de la necesidad con música.
Maximizador 6: Asegúrese de representar la necesidad con un
diagrama.
Maximizador 7: Represente la necesidad con imágenes.

Lección 6

6.1.
Agente
Potencial
Retención
Ejecución
Necesidad
Desarrollo
Avivamiento

6.2.
Efesios 4.11,12
Y él mismo
constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas;
a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
a fin de perfeccionar a los santos
para la obra del ministerio,
para la edificación del cuerpo de Cristo.

618
Manual para el facilitador

[Link] propósito principal del maestro es el de capacitar a los


alumnos.

6.4. El resultado principal del desarrollo es que los cristianos hagan


el trabajo del ministerio, edificando el cuerpo de Cristo.

6.5.

6.6
Máxima 1: El desarrollo es responsabilidad del maestro.
Máxima 2: El desarrollo es más eficaz cuando el maestro asu-
me el rol bíblico.
Máxima 3: El desarrollo se evalúa mejor por lo que hace el
alumno después de la clase.
Máxima 4: El desarrollo debe hacer un impacto tanto en el
carácter como en la conducta.
Máxima 5: El desarrollo debe enfocar con mayor intensidad en
los más comprometidos.

619
Las siete leyes del aprendizaje

Máxima 6: El desarrollo requiere conocimiento, habilidad, y un


compromiso a largo plazo.
Máxima 7: La meta final del desarrollo es producir discipuladores
independientes.

6.7.

La esencia de la ley del desarrollo se resume en tres palabras:


«Equipar para servir».
El maestro debe equipar a los estudiantes para una vida de
servicio y edificación.

6.8

620
Manual para el facilitador

6.9. La meta óptima de la capacitación es entrenar a los alumnos


hasta que superen a su entrenador.

6.10.
Maximizador 1: Entrene a sus alumnos hasta que apliquen
exitosamente la habilidad por sí mismos.
Maximizador 2: Que su enfoque al reproducirse esté en las
habilidades de sus alumnos, no en su propio estilo.
Maximizador 3: Use diversidad en la capacitación de acuerdo
con las características y circunstancias de sus alumnos.
Maximizador 4: Incremente la motivación de sus alumnos por
medio de la relación personal, el castigo y la premiación.
Maximizador 5: Posea lo básico antes de desarrollar habilida-
des más avanzadas.
Maximizador 6: Anime a sus alumnos con más frecuencia du-
rante las primeras etapas de la capacitación.
Maximizador 7: Reafirme el valor de sus alumnos independien-
te de su nivel de actuación.

Lección 7

7.1.
Agente
Potencial
Retención
Ejecución
Necesidad
Desarrollo
Avivamiento

621
Las siete leyes del aprendizaje

7.2.
2 Samuel 12.9
¿Por qué has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo
malo a sus ojos?
Has matado a espada a Urías heteo,
has tomado a su mujer para que sea mujer tuya, y
lo has matado con la espada de los hijos de Amón.

7.3.

7.4.
a) Contó una parábola.
b) Describió la naturaleza de Dios.
c) Nombró pecados específicos.

7.5.
Máxima 1: El avivamiento es una restauración espiritual, y es
responsabilidad del maestro espiritual.

622
Manual para el facilitador

Máxima 2: El avivamiento solamente es posible para los que


primero han experimentado el segundo nacimiento.
Máxima 3: El avivamiento no es un evento terminado, sino una
experiencia continua.
Máxima 4: El avivamiento puede ocurrir en la vida de un indivi-
duo, en un grupo, o en una nación.
Máxima 5: El avivamiento siempre requiere el arrepentimiento
real y el abandono del pecado conocido.
Máxima 6: El avivamiento siempre trae como resultado el bus-
car y el servir a Cristo con un fervor renovado.
Máxima 7: El avivamiento reestablece el sistema central de las
prioridades de la vida.

7.6.

La esencia de la ley del avivamiento se resume en tres


palabras:
«Avivar el corazón».
El maestro debe animar un avivamiento personal continuo en
la vida de los alumnos.

623
Las siete leyes del aprendizaje

7.7.

7.8. Debe incluir:


a) convicción,
b) contrición, y
c) confesión

7.9. Debe incluir:


a) la compensación,
b) la purificación, y
d) la celebración.

7.10.
Maximizador 1: Anhele el avivamiento con la oración ferviente
y persistente, tanto en público como en privado.
Maximizador 2: Varíe su estilo de acuerdo con la respuesta
espiritual de sus alumnos.

624
Manual para el facilitador

Maximizador 3: Instruya a sus alumnos en el conocimiento y la


práctica de las disciplinas espirituales.
Maximizador 4: Verbalice el llamado final a un compromiso
claramente y con expectación.
Maximizador 5: Anticipe que el avivamiento venga acompaña-
do de una intensa guerra espiritual.
Maximizador 6: Dese cuenta de que el avivamiento lo necesita
la mayoría de las personas la mayoría del tiempo.
Maximizador 7: Ofrézcase a Dios como un vaso limpio com-
prometido al avivamiento.

Lección 8

1. Agente Hacer que aprendan.


2. Potencial ¡Esperar lo mejor!
3. Retención Dominar lo mínimo.
4. Ejecución ¡Aplicar para cambiar!
5. Necesidad Crear la necesidad.
6. Desarrollo Equipar para servir.
7. Avivamiento Avivar el corazón.

625

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